Jueves, 26 Mayo 2016 10:27

La guerra sí tiene rostro de mujer

La guerra sí tiene rostro de mujer

"El manuscrito lleva mucho tiempo sobre la mesa...

Llevo dos años recibiendo cartas de rechazo de las editoriales.
Las revistas guardan silencio. El veredicto siempre es el mismo: es una guerra demasiado espantosa.
El horror sobra. Sobra naturalismo. No se percibe el papel dominante y dirigente del Partido Comunista.
En resumen, no es una guerra correcta [...]”.

Svetlana Alexiévich.

 

Ni la Unión Soviética fue el “socialismo real” que nos quisieron ‘vender’ los ideólogos del Partido Comunista de dicha gran nación, que para 1991 –año de su implosión– sumaba 22 millones de kilómetros cuadrados y casi 250 millones de habitantes; ni tampoco fue el “mal” que sus contradictores hoy propagan, al estilo de sal para la tierra arrasada.

A la sociedad soviética le faltó crítica, pero sobre todo autocrítica. Nunca fue leninista. Fue stalinista. En un principio, un sistema basado en el terror y persecución contra su propio pueblo, en medio de un jefe paranoico, al cual hasta sus propios consejeros le temieron. Con el pasar de los años, especialmente en la década del 70 del siglo pasado, la situación se suavizó, podríamos decir, no fue la democracia obrera perfecta, pero tampoco el régimen de terror que hoy difunden por algunos medios de comunicación. Los años 80, los de nuestra época estudiantil en Bielorrusia, fueron frescos y delirantes, en medio de la influencia occidental que alcanzó a percibir la juventud soviética, la cual ya empezaba a olvidar la guerra de sus abuelos y padres, actuando deseosa de cambios. Por cierto, quien lo creyera, el “camarada” Putin ha rescatado el honor y patriotismo de la nación rusa.

Siete años de estadía en la entonces Unión Soviética así nos lo demostraron. Pero crítica al diario vivir, sí que faltó. Sin embargo, cuando las exigencias lo requerían, los rusos eran capaces de sobreponerse a cualquier adversidad. Eran eso, “rústicos” ante el problema que tenían que enfrentar, y lo hacían con patriotismo, algo tan ausente en el mundo occidental actual. Precisamente por esto el pueblo ruso fue el héroe olvidado de la Segunda Guerra Mundial, lo que en parte es rescatado a través del género femenino que es fielmente representado en el Premio Nobel de Literatura otorgado a la bielorrusa Svetlana Alexiévich.

Para quienes tuvimos esa gran oportunidad de conocer y departir con el “alma rusa”, en mi caso, durante siete años, concretamente en la facultad de periodismo de la Universidad Estatal de Bielorrusia, Minsk, capital de dicha república de la entonces Unión Soviética, y centro de educación superior de donde egresó Svetlana Alexiévich, sí que fue una experiencia para entender los silencios emotivos propagados a voces en el socialismo, fuera a veces real o irreal. Sin embargo, pese al conocimiento logrado del valor de la mujer soviética, lo no aclarado fue el por qué tuvo que guardar silencio durante mucho tiempo para que luego fuera rescatado el papel de su heroíco protagonismo en contra de la ocupación nazi y su fe en el Estado socialista, así como su lucha por la paz y contra la guerra. Analicemos situaciones, y después rescatemos.

 

Un oscuro período

 

“Oksana, el camarada Stalin lucha. Aniquila a los malvados. Pero ellos son muchos”. “No –me respondió–, eres tonta. Mi padre enseñaba Historia en la escuela y me decía: “Un día el camarada Stalin pagará por sus crímenes [...]”.

Fue Stalin y su famoso stalinismo, quien impuso un régimen de terror, sobre el cual se ha hablado mucho y corrido tinta a kilómetros en libros y revistas de todo el mundo, pero aún no se ha explicado con claridad por qué un individuo paranoico y enfermizo, aterrorizó a toda una sociedad que estaba llamada a salvar el mundo de la explotación capitalista y crear el llamado “hombre nuevo”.

Se dice que fue por los Kulaks, que más que terratenientes, era medianos campesinos con capacidad de alimentar a Rusia. Los enterraron vivos, y nunca más la Madre Rusia pudo solucionar su problema de abastecimiento alimenticio. De ahí en adelante, cualquiera se convirtió en enemigo del pueblo. Incluso, dirigentes probos de la revolución rusa, por ciento, próxima a cumplir en el 2017 los cien años, no sólo fueron arrestados, sino asesinados sin justa causa, incluido un gran sector del alto mando militar, acción por la que Rusia estuvo a punto de caer en el invierno de 1941 ante la maquinaria alemana.

Rusia se recuperó en plena guerra, y fue más por el tesón de su pueblo que por el culto a la personalidad de Stalin. Este inmenso país estuvo a punto de perecer en 1941, y con ella el mundo.

“Somos una tribu en vías de extinción. ¡Unos mamuts! Somos de una generación que creía que en la vida hay cosas que están por encima de la vida humana. La patria y la Gran Idea. Bueno, y también Stalin. ¿Por qué negarlo? Las cosas como son”. (Nina Yákovlevna Vishnévskaia, técnica sanitaria, batallón carros de combate).

“Mi padre era un héroe de la guerra civil, comandante del tren acorazado que había luchado contra la rebelión de las legiones checoslovacas (invasores de Rusia en 1917). En 1931 fue condecorado con la Orden de la Bandera Roja [...] En 1937 interpusieron una denuncia contra él, trataron de difamarle. De convertirlo en un enemigo del pueblo. Eran aquellas horribles purgas de Stalin [...] pero mi padre logró ser atendido por Kalinin1) y recuperó su buen nombre. Todos conocían a mi padre. Valentina Pávlovna Chudaeva, sargento, comandante de una unidad de artillería”.

 

La guerra y el valor soviético / El horror del fascismo alemán

 

“Me acuerdo de [...] Entramos en un pueblo, los cadáveres de los partisanos yacían desde donde comenzaba el bosque. No soy capaz de relatar cómo les habían torturado, mi corazón reventaría. Les habían cortado a trozos [...] les habían sacado las entrañas, como a los cerdos [...] Estaban allí tirados [...] Muy cerca pastaban los caballos. Se veían que eran de los partisanos, algunos estaban ensillados. A lo mejor se habían escapado de los alemanes y después habían regresado, o tal vez no se los habían llevado por las prisas, a saber. El caso es que estaban allí cerca. Había mucha hierba. Y también pensé: “¿Cómo la gente se atreve a cometer esas cosas delante de los caballos? Delante de los animales”. Los caballos tal vez lo estarían viendo [...]”.

Lo increíble del libro de la Nobel Svetlana Alexiévich La guerra no tiene rostro de mujer es, ante todo, el rescate del valor y heroísmo de los soviéticos en la cruel Segunda Guerra Mundial. No en vano murieron durante ella más de 20 millones de rusos, bielorrusos, ucranianos y demás. Pueblos enteros fueron barridos, niños, jóvenes, mujeres, ancianos, la retaguardia en general fue violentada. La economía recién reconstruida de la guerra civil fue bombardeada. A los soviéticos siempre les escuché decir en mi paso por ese gran país, que los americanos, los gringos, amén de su propia guerra civil, no han padecido el sufrimiento de una guerra de invasión. Antes, por el contrario, han invadido.

Una cosa es leer y otra escuchar de viva voz, de los pocos que quedan, sobre lo sucedido en la Segunda Guerra Mundial y lo duro que le costó la invasión fascista a la Unión Soviética, reflejado en pérdidas humanas y materiales. Se dice que fueron 20 millones de soviéticos muertos en la guerra de aquella época. Es, entonces, cuando uno se pregunta, ¿para qué la guerra, si al final, en vez de contar muertos nos corresponde iniciar el resurgimiento nuevamente? En Colombia llevamos más de un siglo matándonos, reconstruyendo, destruyendo y robando (las élites). Ha sido una guerra de baja y alta densidad. De seudo “clase dominante” contra el pueblo, pero también de pueblo contra pueblo.

A los soviéticos, aparte de todo, les crearon un Estado, y les enseñaron que éste lo era todo. Y, en efecto, así fue. Se trató de un Estado capaz de desarrollar una economía. De feudal, hacerla industrial. Educó a su pueblo, lo igualó y le dio bienestar social. Pagó por un expansionismo imperial que nunca tuvo, y creó una clase dirigente parasitaria, que al primer intento que tuvo, se convirtió en capitalista de corte mafiosa, y borró de un plumazo todo el orden social y político por el cual murieron millares de idealista en el Tercer Mundo. He ahí las paradojas de la vida, donde hoy los nietos o bisnietos, unos pocos, por supuesto, descendientes de luchadores contra la invasión del fascismo alemán en tierras eslavas, se enorgullecen de lo capitalista que son: hasta equipos de fútbol de Inglaterra compran. ¿Qué dirán los “camaradas” colombianos?

De esta manera, quien lea el libro de Svetlana Alexiévich se encontrará con los horrores de la guerra, pero ante todo, con el sufrimiento de un pueblo que contra y en medio de la mayor adversidad, lo dio todo, hasta sobreponerse. En sus páginas nos presenta, especialmente, el odio fascista hacia los eslavos, en concreto hacia los rusos. La forma como eran exterminados pueblos enteros, y como los sobrevivientes, hasta comiendo barro y hojas, se enfrentaron a una fuerza superior pese a lo cual, contra viento y marea, guiados por la denominada dirección del partido y por el Estado soviético, triunfaron. Por eso entiendo al “patriota” Putin, cuando protesta ante quien osa destruir un monumento de quienes dieron la vida por derrotar a Hitler y se dieron el lujo de llegar primeros a Berlín un 8 de Mayo de 1945 e izar la añorada bandera del Ejército Rojo sobre el Reichstag.

“Tomamos una aldea [...] Buscábamos agua. Entramos en un patio donde habíamos divisado un pozo con cigoñal. Un pozo artesanal, tallado a mano [...] En el patio yacía el dueño de la casa, fusilado [...] A su lado estaba su perro. Nos vio y comenzó a gañir. Tardamos en comprender que nos estaba llamando. El perro nos llevó a la casa [...] En la puerta hallamos a la mujer y a tres niños [...].

“El perro se sentó y lloró de verdad. Como lloraban los humanos [...]”.

 

Las mujeres rusas, valentía femenina ante el olvido

 

“Quiero hablar [...] ¡Hablar! ¡Desahogarme! Por fin alguien nos quiere oír. Llevamos tantos años calladas, incluso en casa teníamos que tener las bocas cerradas. Décadas. El primer año, al volver de la guerra, hablé sin parar. Nadie me escuchaba. Al final me callé [...] Me alegro de que hayas venido. Me he pasado todo el tiempo esperando a alguien, sabía que alguien vendría. Tenía que venir. Entonces era joven. Muy joven. Qué pena. ¿Sabes por qué? No fui capaz de memorizarlo [...]” (Natalia Ivánvna Serguéeva, soldado, auxiliar de enfermería).

Pero como en el poema de Brecht, era necesario conocer a ese Estado. Y en éste, para quienes lo conocimos, las mujeres eran y fueron superior a sus dirigentes. Recordemos que las soviéticas se destacaron de inmediato al comienzo de la revolución rusa por igualarse laboralmente a los hombres. Pero en la guerra fueron superiores, ya que combatieron, ayudaban a sus similares masculinos, les aconsejaban y se sobrepusieron espiritualmente a éstos. Fueron la esencia del gran triunfo soviético en la Gran Guerra Patria de 1941-1945.

Pero, ¿por qué les violentaron la palabra? He ahí lo que muchos nos preguntamos, y sobre lo cual habla la premio Nobel de Literatura 2015, a través de las verdaderas protagonistas de quienes dieron su vida por la defensa de la patria soviética: la valiente mujer rusa.

Niñas ya adolescentes que sintieron en sus corazones el llamado a la defensa de su patria, que nunca se consideraron inferiores a sus congéneres masculinos, que quisieron estar al lado de sus padres y hermanos, y que en tal sentido, vieron los sufrimientos de la guerra con rostro de mujer, quizás peor, o tan igual, que como lo han hecho las mujeres de los Montes de María, de Bojayá, de Apartadó, al igual que las viudas de los asesinados líderes sindicales, sociales y de la Unión Patriótica. Mujeres todas, pero al fin y al cabo, seres humanos que desde sus rostros femeninos hoy le dicen no a la guerra, sí a la paz, pero en democracia y con justicia social. Por eso, La guerra sí tiene rostro de mujer, y sea esta una invitación para leer el libro acá comentado, y de esta manera entender de primera mano lo duro de la guerra y el por qué debemos luchar por construir democracia “desde abajo” y en paz.

“Mi historia es corta [...] El cabo preguntó: niña, ¿cuántos años tienes? Dieciséis, ¿por qué? Porque –dijo– no aceptamos a menores. Haré lo que sea. Hornearé el pan –me dejaron quedarme”. (Natalia Mujamedínova, soldado, panadera).

“Cuando empezó la guerra [...] Yo tenía 19 años [...] Vivía en la ciudad de Múrom, en la región de Vladímirskaia. En el mes de octubre de 1941, a nosotros, los miembros del Komsomol, nos enviaron a construir la carretera Múrom-Gorki-Kulebaki. Regresamos y nos llamaron a filas”. (María Alexiévna Rémneva, subteniente, empleada de correos”).

 

* Comentarios al libro, La guerra no tiene rostro de mujer, de Svetlana Alexiévich, Premio Nobel de Literatura 2015.
** Periodista y magister en periodismo, Universidad Estatal de Bielorrusia
1 Kalinin: Uno de los pocos grandes dirigentes amigos de Lenin que sobrevivió al stalinismo.

Publicado enEdición Nº224
Jueves, 26 Mayo 2016 09:34

La leyenda del arroz

La leyenda del arroz

En el universo, el caos había terminado. El Augusto de Jade, padre de los dioses que reinaba sentado en un trono de zafiros y a cuya diestra se sentaba la Estrella del Sur, Nam Tao, que llevaba el registro de nacimientos, bajó a visitar el globo acompañado por el Genio de la Tierra, Tho Dia. Más al verlo tan triste y desolado, semejante a una pelota de arcilla amarilla, no hacía más que cavilar pensando qué podría hacer. Por fin, dijo a uno de sus oficiales, el viejo Kim Kuang:

–He decidido crear hombres y animales sobre la tierra. Pero antes, tú, querido Kim Kuang, irás a echar este haz de hierbas, cada una por separado, y estos dos enormes granos de arroz, así ellos tendrán con qué alimentarse cuando lleguen.

Después de inclinarse respetuosamente ante el Señor del Cielo, Kim Kuang montó en el arco iris para cumplir la misión que le habían confiado. Y cuando estuvo cerca de la tierra arrojó el manojo de hierbas. Pero, sea por negligencia o por incapacidad del oficial, el manojo de hierba cayó junto y no por separado, como lo había ordenado el padre de los dioses. Kim Kuang vio que la mancha crecía rápidamente, y que muy pronto la hierba cubría todo el espacio que no estaba sumergido por las aguas.

Al ver aquello, miró los dos granos de arroz, y se dijo: –Si cada grano se multiplica como la hierba, no quedará en la tierra lugar para los hombres y los animales.

Decidió, entonces, echar sólo un grano; el otro se lo comió. Poco después, cuando el padre de los dioses creó los hombres y los animales, observó sorprendido que en la tierra había más hierba que espigas de arroz. Indignado, llamó a su presencia a Kim Kuang.

–Has estropeado lo que debía ser mi obra más hermosa –le dijo– ahora la tierra es una enorme pelota de hierba, y a los hombres y a ciertos animales les costará mucho hallar alimento. Por eso voy a crear otro animal y tú mismo serás el que baje a la tierra bajo esa forma. Te condeno a comer toda esa hierba hasta que logres librar de ella a la tierra.

De nada sirvieron las protestas del infeliz Kim Kuang, pronto vio como se iba convirtiendo en un animal de cuatro patas.

Y desde entonces, el búfalo come hierba sin cesar con la esperanza de acabar, algún día, con toda la que hay en la tierra.

 

Datos histórico-geográficos

 

Uno de los países más extensos del planeta, está compuesto por grandes cordilleras y mesetas. Tiene varias regiones topográficas: Zungaria, Turquestán chino, El Tibet, China septentrional, China meridional, China del nordeste o antigua Manchuria. Parece ser una de las regiones más antiguamente pobladas por el hombre. Los restos del célebre Sinántropo (hombre de Pekín) demuestra la existencia humana desde el paleolítico inferior.

Es uno de los países del mundo con más antiguo desarrollo económico. Hace cinco o seis mil años, la gente que vivía en la cuenca del río Amarillo ya se dedicaba a la agricultura y a la cría de ganado. En la dinastía Shang, de hace más de 3.000 años, ya se conocía la técnica de fundir el bronce, utilizaban instrumentos de hierro, y producían utensilios de alfarería blanca y esmaltada.


La producción de seda y su tejeduría también estaban bastante desarrolladas en esa época. En el Período de Primavera y Otoño (770-476 a.n.e.), apareció la técnica de producción de acero.

En el Período de los Reinos Combatientes (475-221 a.n.e.) la famosa obra hidráulica de Dujiangyan fue construída en las cercanías de la actual ciudad suroccidental de Chengdu, y ha venido desempeñando, durante más de dos mil años, un papel importante en el regadío, desviación de inundaciones y la evacuación de arenas. Durante la dinastía Han (206 a.n.e. - 220 n.e.), la agricultura, la artesanía y el comercio experimentaron un enorme desarrollo. El emperador Wudi mandó a Zhang Qian a una misión hacia el oeste, abriendo la famosa “Ruta de la Seda”, que partía de Chang An (hoy Xian, provincia noroccidental de Shaanxi) hacia la costa oriental del mar Mediterráneo, pasando por Xinjiang y Asia Central, ruta que hizo posible el transporte continuo de las prendas de seda de China hacia Occidente.

En la dinastía Tang (618-907), la agricultura, las artesanías y el comercio se expandieron en grandes medidas. La agricultura, la alfarería, la siderurgia y la astillería vieron nuevos progresos técnicos. Las comunicaciones por agua y tierra registraron un gran desarrollo y se establecieron amplios contactos económicos y culturales con Japón, Corea, India, Persia y los países árabes.

La última dinastía fue la de los manchúes que instauraron la dinastía Tsing que gobernó hasta 1911 año en el cual se proclamó la república.

China contribuyó al progreso del mundo con inventos como el de la brújula, relojes de agua, molinos para mover los fuelles de las fundiciones de hierro, el compás, el sismógrafo, la imprenta de madera y descubrimientos como la pólvora, la tinta, el papel, la seda y otros más.


En l949 Mao-Tse-Tung junto al ejército revolucionario comunista proclamó la República Popular China, de carácter democrático. Posteriormente adelantó la gran revolución cultural con la cual llevó al país a un cambio significativo. Hoy China, con avances notables en su economía, en la ciencia, y en la tecnología se ha abierto de nuevo a occidente y se mantiene bajo un gobierno socialista.

 

 

Algunos datos sobre el arroz:

Según lo hasta ahora investigado, el arroz tuvo su origen en el sudeste asiático y aunque se encuentran aún hoy todavía algunas plantas silvestres de esta familia de gramíneas en India y china, fue en China hacia los 7000 años A.C que se realizó su cultivo. El Oriza sativa es la especie que se desarrolló en Asia, sin embargo también se ha encontrado otra variedad la oriza glabérrima en el delta del Níger en África. Es una planta semi-acuática y crece en climas tropicales. Es rica en niacina, vitamina B6, tiamina y es buena fuente de magnesio. Los griegos y romanos la conocieron más como planta medicinal. Los moros la introdujeron a España y por supuesto a Europa y de ahí viajó a América. Es en la actualidad un cereal de consumo mundial muy importante tanto que la ONU declaró el año 2004 como el año mundial del arroz. Ocupa lugar de preferencia junto al maíz y el trigo en el consumo humano.

 



Publicado enEdición Nº224
Jueves, 26 Mayo 2016 09:19

Crímines sublimes

Crímines sublimes

“Visitemos cogidos de la mano la gran galería del asesinato, poseídos 

de deliciosa admiración…”

 

Thomas De Quincey

 

 

 

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Crímines sublimes 

Publicado enEdición Nº224
Jueves, 28 Abril 2016 14:30

¡Hola, soy chaquespeare!

¡Hola, soy chaquespeare!

¿Cuál es el papel de la Feria del Libro? ¿Cuál es el papel del escritor? La segunda pregunta tiene múltiples respuestas que implican la subjetividad de cada persona, aunque pueden reunirse afirmaciones como: “el escritor debe entretener”, “estimular nuestra imaginación”, “el escritor debe denunciar” o, incluso, todo lo anterior. En parte considero que el escritor debe ser sincero y crítico con la realidad que lo envuelve al momento de generar un texto de cualquier tipo; y aunque dejo de lado muchas respuestas que podrían dar respuesta a esa segunda pregunta hay una realidad: en Colombia no somos consumidores consientes y mucho menos de libros.

 

En un estudio realizado por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe –Cerlalc– tomaron a seis países de Latinoamérica, incluida Colombia, y concluyeron que el nuestro es el país donde menos se lee (el estudio se reflejó en la página web de Portafolio), confirmando otro estudio mostrado en eltiempo.com en el cual se afirma que la mitad de la gente que no lee (55,9%), evita este buen habito porque simplemente no les gusta o no les interesa; otras personas argumentan que no tienen tiempo y otras que prefieren las revistas a los libros, dejando claro que para no leer hay muchas excusas y poco agrado.


¿Debe entonces el escritor hacer más llamativa, más interesantes, sus narraciones para que más gente lo lea? La pregunta es insultante desde el punto de vista de un escritor joven y nuevo, pero desde el punto de vista de grandes maestros creo que la pregunta sería llevada a la hoguera o se dejaría marchitar en una esquina sombría ignorándola, pues no vale la pena contestarla. Con maestros como Lewis Carrol, Borges, Bioy Casares, Bécquer, Dickens, Hemingway, Doyle, ‘Gabo’, Rulfo, Nabokov, Kafka, Ortega y Gasset (que es una sola persona), Tolstoi, Twain, Bolaño y la lista continua... decir que la literatura no es entretenida solo muestra el bajo interés que se tiene por la palabra escrita. Las narraciones, los libros, largos o cortos, con o sin dibujitos son narraciones entretenidas. Incluso para los que no pueden concebir las narraciones sin su correspondiente dibujo se les podrían recomendar novelas gráficas y narraciones como carta a un rey de Tonke Dragt (que por cierto es de los Países Bajos el país invitado a esta feria) o El principito; y en cuanto a novelas gráficas Maus o V for Vendetta hablando de algunas populares e incluso unas menos populares como El fotógrafo o la obra de Joe Sacco que suelen, además de ser muy entretenidas, también muy interesantes porque abordan distintos temas de manera crítica.


Si es así, si hay tanta variedad, ¿por qué a la gente no le gusta leer? Como dije anteriormente hay un mundo de lecturas para que las personas puedan escoger, lecturas que van de la izquierda a la derecha, de la inmensidad de las nubes –pasando por el reino de los cielos– deteniéndose en la tierra y en las cosas más mundanas e inmundas (según gustos) y llegando al averno, para colarnos de alguna forma al infierno. Literatura que va desde la realidad más cruda hasta la inagotable fantasía y aun así la gente se alza diciendo que no tiene tiempo para la lectura o que prefiere las revistas a los libros (evidentemente Soho le gana la partida a Lost Girls). Pues bien, si este es un país de no lectores y de doctores falsos, ¿por qué se vendieron la totalidad de las entradas a la Feria del Libro en Bogotá el día que vino el youtuber Germán?


Teniendo en cuenta ese mar de libros, algunos muy valiosos y otros sin ningún valor en absoluto, no es de extrañar que un youtuber publique un libro (si no nos asombramos por el libro de poemas del Ilustre Roy Barrera llamado Que la paz sea contigo, y que es tan malo para el verso como el autor para la politica) pero sí debemos preguntarnos, ¿por qué la gente prefiere un libro de un youtuber al de un escritor? Este interrogante está evidentemente relacionado con la pregunta que abre este escrito, ¿cuál es el papel o la función de la Feria del Libro?


Antes de contestar debemos tener en cuenta que hay una nueva era en que las redes sociales no sólo son un espacio para conectarnos y para dar nuestras opiniones sino también para volvernos más populares. La cajita estupidizadora llamada televisión, la cual le imponía sus contenidos a la tele-audiencia, ha dado un paso al costado en pro de las nuevas tecnología que ahora nos permiten, como usuarios, elegir que queremos ver, que queremos consumir, y seguimos prefiriendo entretenimiento estilo hamburguesa de Mc Donalds, a esas cosas desabridas y sin sabor que en verdad nos alimentan (seguimos eligiendo los dulces de la tienda a las sopas de mamá) y YouTube es una plataforma que muchos usamos –al igual que Facebook o Twitter– para entretenernos, comunicarnos, informarnos e incluso, como lo hace el youtuber, para ganar dinero y fama.


Ahora bien, la Feria del Libro no es tan solo un espacio cultural en donde podemos encontrar cosas como países invitados, los cuales nos enseñaran algo de su historia, de sus costumbres y su cultura; o espacios de discusión donde se promueven lectura y distintas formas de escritura como algo necesario para el desarrollo personal y social. No, por desgracia la Feria no es solo ese espacio cultural, la Feria también es un espacio de comercio en donde además de la lectura se promociona la industria editorial. Industria que promueve los libros bajo un enunciado mercantilista básico: ¡lo importante es vender!, muchas veces no interesa si hay o no un contenido de fondo en el libro, lo importante es que haya un comprador que desee tenerlo y ¿acaso se debe juzgar a un youtuber por querer escribir un libro y por querer venderlo? O ¿más bien se debería señalar a la industria editorial por vender lo que vende? Tal vez debamos señalar a esas grandes empresas por vender la basura que venden, sin embargo es momento de que el colombiano promedio se vea al ombligo (ese que en muchos casos cuelga por causa del sedentarismo y la ingesta inadecuada) y se percate de que muchas empresas venden ese tipo de productos porque esas personas que no leen están dispuestos a aceptarlos, porque no tienen una opinión crítica ni una educación para saber qué consumir.


Me parece que no es justo invalidar un texto de un youtuber solo porque este lo escribió, sin embargo yo haría dos precisiones: la primera es que la gente que lo compró no sabe de qué se trata el libro, aunque saben al menos que significa el nombre del libro Chupa el perro (y no se asombren pero así se llama y es uno de los libros más vendidos en esta edición de la Feria); y la segunda es que buscando en internet uno puede encontrarse con que el youtuber, por medio de un video, invita a comprar el libro y dice que es una mezcla entre libro y revista, muestra que en el interior del libro hay fotos del autor, lee los agradecimientos y básicamente afirma que solo sus seguidores lo podrán entender. También en un artículo del portal Shock dicen que “la intención [del autor] es dar respuesta a problemáticas sobre las confusiones de la adolescencia”. No sé qué tan capacitado esté el youtuber para dar respuestas a ese tipo de problemáticas, y no sé si la cantidad de personas que fueron a Corferias tenían ese tipo confusiones de adolescentes, supongo desde mi profunda ignorancia que muchas de las personas que conforman ese 55 por ciento acudieron a ver no al autor de un libro sino a su ídolo de YouTube. Y queda claro que fue gracias a la popularidad del youtuber que vendió, y en grandes cantidades, ese libro que en una traducción libre al inglés se llamaría Blowdog.


Como ven mi intención no es señalar al youtuber, sino a los fanáticos y a las editoriales. Es obvio que las editoriales vieron en la popularidad del youtuber una oportunidad de agrandar más sus arcas, y digo agrandar porque es la editorial Alfaragua la que decidió darle vida al libro y esto fue aprovechado tanto por ellos como por el autor, para cumplir con ese fin de vender y de ganar mucho dinero. Y es muy triste entender que hay gente que no lee porque no le gusta o que prefiere leer revistas o que simplemente no tiene tiempo para leer (porque siempre es preferible dormir en el bus que leer allí, y si no me creen pregúntenle al oftalmólogo o al optómetra) y es terrible imaginarse a mucha de esa gente (muchos de esos niños con padres que seguramente leerán menos que sus hijos) haciendo filas interminables para ir a ver a su ídolo de internet y para leer un libro que muy probablemente no entre a la historia como uno de los mejores y sí como uno de los más vendidos de la Filbo 2016.


Hay quienes consideramos a la Feria un lugar en donde deben ir buenos escritores con buenos libros, un lugar donde la cultura prime sobre el comercio, y no recibimos un amable despertar por parte de un muchacho que gracias a su popularidad en las redes movió a sus fanáticos y les vendió lo que les vendió (como algún periodista lo afirmo). Contrario a eso, la gente que se preocupa por leer y que va a la Feria para encontrar libros a precios bajos o algún libro que no ha podido encontrar en las librerías o en las bibliotecas; libros que los entretengan o los hagan reflexionar, pudo darse cuenta de dos cosas: 1-. que los libros que se ofertan en ese lugar también pueden encontrarse en las librerías locales y al mismo precio, es decir que es muy difícil encontrar en la Feria algún tipo de descuento o de promoción por el que valga la pena pagar la entrada y, 2-. la verdad es que, contrario a lo que dijo el periodista, recibimos un amargo despertar en donde nos hemos dado cuenta de que las personas de este país no saben que le meten a sus cuerpos y compran lo que compran porque está de moda.


Realidad de apuño que bofetea a muchos y muchas, precisamente cuando se cumplen 4 siglos de conmemoración de Shakespeare y de Cervantes (quienes murieron, según calendario gregoriano, en 1616). Y en Colombia se prefiere leer a un youtuber que a estos grandes autores. Posiblemente para que a estos dos grandes los tuvieran en cuenta en un buen horario y en un buen lugar de la Feria les hubiese tocado anunciarse por Facebook, Twitter y hacer unos cuantos videos en YouTube, y aun así nada es seguro, porque un canal en YouTube llamado Hola, soy Shakespeare (que seguramente muchos leerían como chaquespeare) y otro canal llamado Hola, soy Cervantes (un mocho que si no hace de doña Cleofe no tendría mucha gracia en este país) nunca serán tan populares como el del youtuber German.

 

Por John Rodríguez
Filósofo UNAL

Publicado enColombia
Jueves, 28 Abril 2016 14:03

Novela, historia, memoria y ficción

 

                   

      

           

 

 

 

 

Lunes, 25 Abril 2016 15:04

La guerra de los mil olvidos

La guerra de los mil olvidos

Más de cien mil muertos en una guerra que duró cerca de cuatro años. Madres sin hijos, huérfanos, viudas, hermanos sin hermanos, tierras sin hombres, frutos cayendo podridos sobre una tierra infértil luego de tanta sangre derramada, pueblos inhóspitos donde arreció el olvido como un temporal, destierro, hambre y pobreza. Campesinos, indígenas y pobres quienes más perecieron en batalla. Y ¿a costa de quién murieron tantas personas, tantos colombianos? A costa del odio intrincado entre políticos de dos bandos que querían el poder a como diera lugar. Uno de ellos: retenedores del poderío a partir del fraude, la fuerza y la religión; el otro: librepensadores que deseaban romper con la cadena que ataba al país a la pobreza e ignorancia.

Este triste fragmento de la historia colombiana ha sido llamado La Guerra de los mil días, aunque por su época se conoció como la Guerra de Uribe, haciendo referencia al General liberal Rafael Uribe Uribe quien defendió a sus huestes con su propia sangre, especialmente en el enfrentamiento que tuvo lugar sobre el río Peralonso donde el General atravesó los maderos desvencijados del puente y de la mano del capitán Zuleta y otros diez temerarios soldados, logró tomar posesión de las trincheras en las que se encontraba apostado el ejército gobiernista que no tuvo oportunidad de reaccionar al observar el heroísmo de sus enemigos.

Lo más extraño es que este acontecimiento ocurrido hace ya más de un siglo, parece una copia demasiado antigua y olvidada de los atropellos a los que se ven sometidos hoy día muchos de los campesinos y pobres de nuestro país. Y al leer sobre dichos eventos catastróficos, como la relatada en la batalla de Palonegro donde se enfrentaron cerca de veinticinco mil combatientes y murieron algo más de quince mil (por supuesto la gran mayoría pobres sin esperanzas) queda absolutamente claro que Colombia ha viajado por una carretera en ruinas donde siempre se ha tropezado con las mismas dos piedras, una de ellas representada en la avaricia de los políticos de todos los tiempos que desean a como dé lugar retener el poder y como “buenos” políticos son cobardes que envían a sus seguidores a matar y a morir en los campos de batalla para que defiendan una serie de ideas ególatras y narcisas; y la otra piedra es el desconocimiento que tenemos los colombianos de nuestra historia, ignorancia que nos arroja al abismo del odio por el otro que es distinto y a elegir a los mismos para que nos dirijan y para que sigan endilgando sus rencores.

Sin embargo, debo reconocer que al inicio de las lecturas sobre la Guerra de los Mil Días me sentí fascinado intentando imaginar cómo el desgobierno obligó a los más pobres y a los campesinos a pelear en su ejército; cómo los insurrectos liberales pelearon con armas exhumadas de las guerras pasadas y hasta con palos y piedras; cómo las mujeres y los niños siempre estaban en medio del fuego cruzado recogiendo las cápsulas de las balas para venderlas luego; cómo las batallas se dieron de forma desorganizada pues los rebeldes no hacían caso a sus comandantes y los soldados del ejército gobiernista debían ir amarrados y en fila para luchar; cómo los políticos en Bogotá se regodeaban en sus salones y muertos de la risa mientras los demás se mataban en el campo; cómo la valentía de sus combatientes (claro ejemplo del general Rafael Uribe Uribe en la batalla de Peralonso) y de algunos soldados rayaba con el desapego a la vida y cómo la sevicia inimaginable, la valentía o la estupidez fueron características principales en batallas como la de Palonegro.

Muchos de esos acontecimientos me marcaron y me hicieron reflexionar a propósito de la situación actual del país que en nada se diferencia con la de esa época, pero aquella batalla de Palonegro, ya citada, fue la que más me desconcertó y la que determinó la coartada para que me decidiera a escribir la novela Rifles bajo la lluvia, editada bajo el sello Desde Abajo.

En libros como La guerra de los mil días de Aída Martínez Carreño, La guerra de los mil días de Jorge Villegas y José Yunis, Memorias de la guerra de los mil días de Lucas Caballero, en la biografía El general Uribe de Rafael Serrano Camargo, Historia militar de Colombia de Jorge Martínez Landínez (en el cual hay unas reproducciones bellísimas de los croquis de batalla de algunos generales gobiernistas) y en Palonegro de Henrique Arboleda Cortés, se da cuenta de los horrores que se vivieron en dicha batalla que inició el día 11 de mayo de 1900 hasta el día 25 del mismo mes en proximidades a las casas de Palonegro (donde actualmente queda ubicado el aeropuerto de Bucaramanga), por el camino de los Chorizos que se bifurcaba en otros cuatro caminos: Los Chorizos al norte, la mesa de los Puyanas al occidente, Lebrija al sudoeste y el Boquerón al sur, donde quedaron diseminados los cuerpos de los combatientes como amapolas cadavéricas.

Lo más extraño de esta batalla fueron los pormenores de los que me fui enterando entretanto avanzaba en mis lecturas. Al inicio los dos ejércitos se enfrentaron fieros por el control de la zona y el aniquilamiento del enemigo, pero con el paso de los días, de las noches insomnes y debido a las altas temperaturas registradas en dicha geografía, los ejércitos se fueron mermando, las fuerzas iban desapareciendo y el espanto acumulando. Los miles de soldados caídos en batalla no eran recogidos para darles sepultura y los olores fétidos que emanaban desesperaron a los sobrevivientes que dicen duraron meses circundando la zona, hedores que por lo demás jamás pudieron olvidar. El miedo había entrado en los huesos de las tropas a lo que los generales debían suministrar aguardiente mezclado con pólvora para que se envalentonaran. Y era ya tanto el plomo que se habían dado que los últimos días de la guerra los soldados no podían ver más allá de cinco metros de sus narices porque las implosiones de la pólvora no se los permitía, además por el cansancio ya ningún soldado sabía a qué bando pertenecía, no recordaban si estaban vivos en medio de un infierno o si ya estaban muertos y de eso se trataba la expurga de sus pecados; pero lo que sí sabían con certeza era que todos habían perdido. Esto quiere decir que los únicos que se enorgullecieron con esta catástrofe fueron los generales que registraron la batalla desde las cimas de las montañas y daban órdenes y los políticos en el país, que se jactaban de la fuerza de sus tropas.

Y esta batalla también la perdió el general Uribe Uribe, el amigo del gran poeta Silva; el General a quien el expresidente Caro engañó otorgándole un salvoconducto de paz pero que de igual forma ordenó apresarlo en la Costa Atlántica, en el río Magdalena, en cercanías de Mompox; General que vio morir a su padre al final de dicha travesía tras rescatarlo de la cárcel; el mismo General errante que debió huir en cientos de ocasiones para librarse de la muerte, abandonando a su esposa Tulia y a sus hijos; aquel fatídico General que no ganó una sola guerra y que inmortalizó Gabriel García Márquez con el nombre del coronel Aureliano Buendía; el triste y bizarro General que tuvo la valentía de cruzar el puente del río Peralonso a pesar de que en la otra orilla lo estaba esperando apostado el ejército enemigo siendo tal su demostración de valor que los hizo recular y retirar; el General poeta que envalentonaba a sus seguidores a partir de su discurso lleno de flores y de balas. Pero para la historia viva de nuestro país no queda nada de esto, tampoco la valentía de los miles de soldados que pelearon por conducción ajena e intereses personales de los mismos todopoderosos de siempre, en aquella guerra que se llamó de los Mil Días pero que para nuestra historia reciente debiera llamarse La guerra de los Mil Olvidos.

De esta forma, el eterno retorno de nuestra historia ha causado el enriquecimiento del poderoso y el debilitamiento del menos favorecido, es por esto que me aterra cuando cientos o miles de colombianos piden aniquilar por medio de las armas al enemigo sin llegar a imaginar que ya hartos están nuestros campos de tanta barbarie. Así que, la guerra que se dio en 1899 y la que se da hoy, es de todos los tiempos, es un relato que se repite y que pareciera, lo lleváramos asido a nuestro ser para seguir reproduciéndolo sin ser advertido.

 

Libro relacionado

Rifles bajo la lluvia

Ediciones desdeabajo, abril 2016

Publicado enEdición Nº223
Lunes, 25 Abril 2016 15:02

Franskentein, el moderno Prometeo

Franskentein, el moderno Prometeo

Doscientos años después de ser escrita (1816), Frankenstein, el moderno Prometeo, la obra de Mary Shelley, sigue en la galería de las inmortales de la imaginería popular.

De ella han dicho que es gótica, que representa el inicio de la ciencia ficción, fundadora de la literatura fantástica y de horror, o también no apta para niños. Una obra sobre la cual han realizado análisis psicológicos, psiquiátricos, psicoanalíticos, socio-lingüísticos, metafóricos.

 

Progenitores

 

Mary Shelley, era hija de dos intelectuales de la época: su madre, la siempre recordada Mary Wollstencraft, quien en su libro “La vindicación de los derechos de los hombres”, polemizo con Burke sobre los derechos sociales, mujer activa recordada como una de las primeras feministas, autora del primer libro sobre el tema: la “Vindicación de la mujer”. Su padre fue el escritor y filósofo anarquista William Godwin, autor de “ Investigación acerca de la justicia política”. Tal vez fue una hija no deseada, la madre murió después del parto y el padre nunca la quiso. Ella siempre llevó el apellido de su madre, no el de su padre, pero la obra se la dedicó al padre.

 

El origen de la obra

 

Cuando Mary tenía diecinueve años viajó por Europa con su pareja, el poeta Percey Shelley; en realidad huyó de la casa de su padre para casarse, lo que no sucedió sino años más tarde, viaje apresurado y presionado por su novio, que ya estaba casado, y expulsado de Oxford por ateo. En su periplo hicieron una parada en Ginebra, en específico en la Villa Diodati, a orillas del lago Ginebra; la razón fue que Claire Clarmon, hermanastra de Mary, había quedado embarazada tras un fugaz romance con el poeta Lord Byron. La visita era para dirimir el asunto. Byron llegó con su médico personal el Dr. John Polidori. Era una reunión de románticos.

Los cinco personajes tuvieron que pasar varias noches oscuras y tormentosas encerrados, discutiendo sobre ciencia y ocultismo y leyendo una colección de cuentos alemanes sobre fantasmas. Una de las discusiones giró en torno a la muerte y la vida, de si era posible que un ser humano fuese capaz de crear vida de manera artificial, debate que puso el poeta Shelley, aficionado a la alquimia e interesado en el conocimiento primordial, al que el doctor Polidori respondió con los últimos avances de la ciencia sobre el galvanismo, o la importancia del magnetismo en los seres vivos.

En medio de la discusión el poeta Byron propuso una apuesta: escribir un texto de horror mientras estaban de visita, a lo que los cinco respondieron con sus respectivos textos. Es muy probable que los contertulios no se imaginaran que ese ejercicio literario los llevaría a crear el género fantástico en la literatura.

El doctor Polidori escribió el primer tema que se conoce sobre vampiros, titulado Vampiro, y lo mismo hizo Byron pero sin éxito, mientras Mary escribió un cuento de horror llamado Frankenstein, después de una noche en que se soñó con una criatura anormal y creada por fuera de las leyes conocidas de la ciencia.

 

¿Quién fue Frankenstein?

 

El relato cuenta la historia de un estudiante de medicina, Víctor Frankenstein, en la universidad de Ingolstadt quien estaba obsesionado por conocer los secretos del cielo y la tierra y desentrañar el misterio del alma humana. Para ello crea un cuerpo a partir de la unión de varias partes de cadáveres diseccionados. El experimento tiene su culmen en el momento en que Víctor infunde una chispa de vida al monstruo por medio de la electricidad, cuerpo que mide 2,44 metros de alto. Pero en realidad Víctor intentó darle al monstruo parte de su vitalidad y al fallar usó la electricidad. Víctor se asusta y huye del laboratorio, El monstruo huye y es despreciado por la gente, lo que le despierta odio y venganza. Se encuentran después y el monstruo le cuenta como aprendió a hablar viendo a una familia, a pensar y reflexionar, comprende que necesita una compañera y le pide a Víctor que la cree igual que hizo con él. Víctor trabaja en la creación de la mujer monstruo pero se arrepiente y la destruye, a lo que la criatura se venga matando a los más cercanos amigos de su creador. Muere primero Víctor y el monstruo se supone preparó una pira para prenderse fuego y morir alejado del mundo que lo desprecio.

 

Origen del nombre

 

El titulo completo es Frankenstein o el moderno Prometeo. La llaman Prometeo por referencia al Prometeo de Esquilo, el mito griego del dador del fuego a los humanos, el creador del hombre a partir de la arcilla. Para la caracterización del monstruo Mary también tomño como referencia el Satán del “Paraíso perdido” de John Milton.

En la novela no le dan al monstruo el nombre de Frankenstein, lo nombran como la “criatura”, “ser demoniaco” “engendro”, “horrendo huésped”, corresponde a la cultura popular haberlo bautizado como Frankenstein, pues al final de cuentas era el hijo artificial de Víctor Frankenstein.

Se considera que el personaje Víctor hace referencia a un científico que tuvo existencia real, Andrew Crosse, quien experimentó con cadáveres y electricidad y aseguró revivir perros, y que lo hizo con humanos a partir de lo que llamó “electro-cristalización” de materia inanimada. Fue catalogado de anticientífico, demoniaco, sus propiedades fueron exorcizadas, así como sus equipos y hasta su mismo ser; la presión de la época lo llevó a que sufriera una parálisis; al morir fueron quemados sus archivos, laboratorio y propiedades, así que sus descubrimientos sobre crear vida quedaron ocultos. Los Shelley lo conocieron y asistieron a sus conferencias.
Algunos historiadores hacen referencia a la similitud del nombre de la novela de Mary Shelley con el apellido del científico alemán Von Frankenau, el fundador de la Palingenésica o ciencia de los sucesivos renacimientos a partir de cenizas de plantas y animales, en la que cultivaban microorganismos por medio de los cuales se supone creaban vida. Otros dicen que el nombre hace referencia a una población hoy localizada en Polonia, o que se refirió al castillo donde el alquimista Johan Dippel se dice hizo experimentos con cuerpos humanos y que Mary conoció.

Algunos sostienen que la elección de la universidad Bávara de Ingolstadt se refiere a que en esa población fue fundada la sociedad secreta los Iluminati, de la que su esposo Percey era miembro.

 

Ciencia y ocultismo

 

El padre de Mary era aficionado a las ciencias ocultas, en especial conocía los escritos de Paracelso y sus experimentos sobre el Homúnculos, un ser diminuto creado en una vasija de cristal, a partir de la sangre mezclada con otros elementos; también fue lector de Alberto Magno, el alquimista. También estuvo al tanto de los avances de la ciencia moderna. Percey Shelley era aficionado a la alquimia y conocedor de los avances de la física y la química. La biblioteca de Víctor Frankenstein era la misma del papá de Mary. En sus diarios Mary relata como su recorrido por Europa tuvo que ver con investigar sobre la ciencia moderna y buscar a las organizaciones secretas ocultistas que proponían una concepción del mundo diferente a la ciencia oficial.

Mary Shelley era conocedora de las teorías de Luis Galván sobre el magnetismo animal, las teorías sobre la resurrección de humanos y animales por medio de la electricidad, los experimentos de Erasmo Darwin sobre resurrecciones de animales, y conoció los debates sobre los robos de cadáveres para experimentos. Leyó a Goethe, Milton y Plutarco, a Cornelio Agripa, Giordano Bruno y al Conde de Volney, los mismos que leyó su personaje Víctor Frankenstein antes de ingresar a la universidad.

El tiempo en que ella vive es considerada como la gran época de las investigaciones sobre el sueño, el ensueño, el inconsciente, el conocimiento intuitivo, como opuesto al positivista, y de conocer la religión pagana. Fue la época donde la sangre, el sexo y la electricidad estuvieron en el centro de la discusión. Y al mismo tiempo la lucha por las reivindicaciones sociales y políticas favorables a las mayorías.

No olvidemos que el siglo XVII fue el de las posesiones, el XVIII el del racionalismo y el XIX el de la la mezcla de ciencia moderna, magia, y religión, no en vano se crearon en ese siglo tres clásicos del horror: Frankenstein de Mary Shelley, 1816, El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde de Robert Louis Stevenson, 1886, y Drácula de Bran Stocker, 1897.

Publicado enEdición Nº223
Domingo, 24 Abril 2016 06:40

Una vida quijotesca

Una vida quijotesca

Le bautizaron en octubre de 1547 en Alcalá de Henares, sin que haya constancia del día de su nacimiento.


Navegó el Mediterráneo y saboreó las hieles de las cárceles otomanas.


Caminó la Mancha y disfrutó de las mieles de las aventuras en la piel de su personaje más universal.

Murió en Madrid, empobrecido y sin ser todo lo reconocido en vida que hubiera merecido.


Tal día como hoy de hace cuatrocientos años se iba de este mundo, tras una vida quijotesca, uno de los padres de la literatura en lengua castellana. Moría Miguel de Cervantes Saavedra, el “manco de Lepanto”.


Nos dejaba la compañía de su alter ego, Alonso Quijano, uno de “sus hijos literarios”, que fueron y son muchos. Pero, sobre todo, nos regalaba la herencia del antihéroe de las novelas de caballerías, del hombre que luchaba contra lo que fuera con tal de defender lo que creía justo y salvaguardar la honra y el buen nombre de su amada.


Acompañado de la conciencia y la sensatez en la figura de su fiel escudero, don Quijote de la Mancha ha significado y significa la honradez y la defensa de las causas perdidas, la locura más cuerda y la cordura más loca.


Por eso eran, tanto Cervantes como Quijote, demócratas de izquierdas, tal como alguna vez lo señaló Germán Arciniegas. Porque se apartaban de lo que dictaban la razón y el juicio (definición de “izquierdear”).


No sabemos si Cervantes fue quijotesco o Quijote cervantino. O si ambos son la misma cosa y juntos nos han dado razones y motivos para quitarnos, a través de sus aventuras, las anteojeras y así poder ver el mundo con otra mirada. La de la inocencia y el deseo, la de la justicia y la equidad, vistiéndolas de locuras pasajeras para poderlas salvar de quienes no nos permiten soñar.

Envuelto todo ello en deseos de libertad y rebeldía, las que les daban fuerzas y argumentos para enfrentar gigantes, huestes malignas o malvados caballeros.


Frente a ellos, pero siempre a su lado, la sensatez de Sancho Panza que, pese a conocer la enferma y dura realidad, permite que luchemos por la sana e ilusionante utopía.


Decía Erasmo, otro artista de la locura, que “Nada hay más necio que hablar en serio de lo que es pura necedad, ni nada más divertido que hablar en broma de aquello que no se sospecharía que lo fuera”. Tal vez por eso Cervantes nos habla, entre bromas y aventuras alocadas, de las verdades de su tiempo cuestionando el statu quo y poniendo en solfa las artimañas de los poderes de entonces que no se alejan mucho de los de ahora: la economía, el Estado y la iglesia. A los que habría que añadir los medios y su eduentretenimiento.


En estos días de recuerdos del autor y de su personaje, se están llevando a cabo multitud de actos para celebrarlos a ambos, y al resto de protagonistas de la vida y el teatro creados por ese soldado de las letras.


En Bogotá, en la Biblioteca Luis Ángel Arango (BLAA) se ha inaugurado la exposición “16 personajes que maravillan y... Miguel de Cervantes”. Un recorrido por su vida y su obra a partir de las y los intérpretes de sus historias. Con 9 paneles en forma de libros abiertos, a los que se puede acceder a través de una puerta también en formato de un volumen publicado, se nos presentan retazos de sus textos y semblanzas de su existencia; acompañados de una larga mesa en la que se recoge, en orden cronológico, un recorrido por la propia historia de la vida de Cervantes y el contexto histórico y social de su época.


Inaugurada el 21 de abril con la presencia de la directora de la biblioteca, Natalia Ruiz Rodgers, y del embajador de España en Colombia, Ramón Gandarias, estará abierta al público hasta el 16 de junio del presente año. Está organizada por Acción Cultural Española con la colaboración del Banco de la República y cuenta con los dibujos de Pedro Moreno (premio Nacional de Teatro 2015).


En la exposición se encuentran y nos cuentan Galatea, Persiles y Segismunda, Rinconete y Cortadillo, Dorotea, el caballero de la Blanca Luna, los duques, el caballo de madera Clavileño, el licenciado Vidriera, la gitanilla, Chanfalla y los perros Cipión y Berganza. Y por supuesto, Sancho Panza y don Quijote y su creador el casi inefable Miguel de Cervantes.


La muestra es itinerante y visitará varias ciudades latinoamericanas a la vez que su réplica estará recorriendo parte de España.
También la capital colombiana acogerá otros actos y eventos en memoria del Quijote y su autor, o de Cervantes y su obra. En el teatro Colón se darán cita:


“Quijote, cabaret literario”, a cargo de la compañía L’explose Danza, dirigida por Tino Fernández, es una representación en donde la actriz Mónica Giraldo cuenta los seis primeros capítulos de El Quijote con el acompañamiento a la guitarra de Diego Bejarano y el baile flamenco de Marcela Hormaza.


“En un lugar del Quijote”, de la compañía española Ron Lalá que hace una adaptación libre y posmoderna del clásico de Cervantes “con espíritu dialéctico entre tradición y modernidad”, recreando “las correrías del caballero andante y su escudero y, simultáneamente, el proceso de escritura de la novela por parte de un Cervantes desencantado, sarcástico y lúcido espejo de la terrible situación social, económica y política de la España del Siglo de Oro”.


Además, en la propia BLAA se han programado otras actividades paralelas como: “Quijote a viva voz”, que invita a la lectura del libro ante el público; un ciclo de conferencias sobre la obra de Cervantes desde cuatro perspectivas, y una serie de talleres de (re) escritura creativa.


Todo esto y mucho más para resaltar la vida y la obra de un genio de las letras que, a falta de retratos autenticados, se describía a sí mismo como: “de rostro aguileño, de cabello castaño, frente lisa y desembarazada, de alegres ojos y de nariz corva, aunque bien proporcionada; las barbas de plata, que no ha veinte años que fueron de oro, los bigotes grandes, la boca pequeña, los dientes ni menudos ni crecidos, porque no tiene sino seis, y ésos mal acondicionados y peor puestos, porque no tienen correspondencia los unos con los otros; el cuerpo entre dos extremos, ni grande, ni pequeño, la color viva, antes blanca que morena, algo cargado de espaldas, y no muy ligero de pies.”


Su ingenio inmortalizó muchos lugares, situaciones y personajes, aunque tal vez el más conocido sea aquel que abre la obra considerada por muchos como el mejor trabajo literario jamás escrito, “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo...”.

Publicado enCultura
Viernes, 22 Abril 2016 20:04

1851

1851

 

Formato: 14 x 21 cm, 312 páginas. Edición: 2016.
P.V.P:32.000 ISBN:978-958-8926-17-9

 

Reseña:

Mientras los abogados discuten los títulos de propiedad de las tierras, arrieros y campesinos se juegan la vida en el monte. Juan Escobar viaja al sur en busca de la fortuna y lo que encuentra es un amor que parece imposible y la injusticia de un país lleno de violencias.

Las entregas mensuales de esta pervertidísima novela histórica galopan la colonización antioqueña al ritmo de una película de acción.Ironía, erotismo y humor de caballero andante son algunos de los elementos que el lector encontrará en este folletín de cabo roto, apasionante e innovador.

 

“Extraña, divertida, inteligente y original [...] esta novela es una apuesta, sin ningún viso de estridencia malabarista, por una escritura que cuestiona cómo narrar un pasado”.

Pablo Montoya

 

 

Octavio Escobar Giraldo.es uno de los narradores más versátiles.Premio Nacional de Literatura del Ministerio de Cultura y la Universidad de Antioquia por los libros de cuentos "De música ligera" (1998) y" Hotel en Shangri-La" (2004), puede corromper a R.L. Stevenson (La posada del Almirante Benbow, 1997) o convertir los setenta neoyorkinos en una fragmentada pesadilla posmoderna ( El último diario de Tony Flowers,1995)."Saide" (1995) y "Destinos intermedios" (2010) , sus títulos del género negro públicados en España, retratan a violenta realidad colombiana, mientras "Cielo  nublado" (2013) refleja las contradicciones del ciudadano común frente a los procesos de paz. Con "Despues y antes de Dios" (2014) obtuvo el Premio internacional de novela corta "Ciudad de Barbastro".Para los más jóvenes ha escrito "Las laminas más difíciles del album" (1995, Premio Comfamiliar del Atlántico de Literatura infantil y juvenil) y el mapa de Sara (2016). Es profesor de la Universidad del Caldas en su ciudad Natal, Manizales.

 

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Publicado enRíos de letras
Todos vienen porque todos quieren ver a Papá

EN LOS LARGOS AÑOS DE EMBARGOS Y AGRESIONES, ERNEST HEMINGWAY HA SIDO EL LAZO ENTRE CUBA Y ESTADOS UNIDOS.

 

 

El mito de Ernest Hemingway ha sido y es tan poderoso que sigue intacto en esta Habana que se reconfigura en el siglo XXI. Hasta el cóctel daiquiri, inventado en Cuba en el siglo XIX, es el más consumido en Estados Unidos y parte del mundo.

Toda la gente viene a ver a Papá. Antes de atravesar la puerta se olvidaron de lo que eran y una vez adentro ya no se acuerdan de lo que desean ser. Circundan el espacio donde toca la orquesta y van hasta el rincón donde está Papá. Lo abrazan, lo besan, lo acarician, se sacan fotos con él. La gente se pelea por estar a su lado, por pegar sus mejillas a las suyas, por tocar con sus manos esa figura de ojos entrecerrados, capturada para siempre en la inmortalidad romántica de una resaca tranquila, o de una borrachera naciente. Nunca sabremos. El magnetismo de Papá Hemingway –así lo llaman los cubanos– sus libros, sus historias, verdaderas o falsas, la estatua que lo fijó en el tiempo en este rincón de uno de los bares más celebres del mundo, el Floridita, la música endiablada de la orquesta y los reconfortantes daiquiris provocan un estado de levitación física y espiritual del cual Papá Hemingway es el centro. En todos estos años de embargos y agresiones, Ernest Hemingway ha sido el lazo entre Cuba y Estados Unidos. Su leyenda fue, a su manera, una forma de relación entre la isla y los continentes. Los mitos despliegan sus alas y nos envuelven en la eternidad de su vuelo. El de Ernest Hemingway ha sido y es tan poderoso que sigue intacto en esta Habana que se reconfigura en el siglo XXI. Hasta el cóctel daiquiri, inventado en Cuba en el siglo XIX, es el más consumido en Estados Unidos y parte del mundo.


Un abogado norteamericano, oriundo de Florida, “de la Isla del Tesoro” según precisa, llora a lágrima tendida mientras se apoya en la estatua de Hemingway. “Hubiese querido ser escritor”, confiesa rodeado por un guardaespaldas costarricense y un miembro de la seguridad cubana que impide que la gente se acerque a Papá Hemingway. Adentro del Floridita hay un ambiente de algarabía humana volcánica y contagiosa. Chinos, coreanos, argentinos, alemanes, norteamericanos, ingleses, singapurenses, mexicanos, italianos, franceses o canadienses celebran una fiesta sin motivo. Aplauden, bailan como pueden sobre el compás de los tambores ejecutados por dos bellas cubanas, se abren paso a codazos para conseguir un ángulo y tomar una foto de la estatua de Papá Hemingway acodado a la barra, justo delante de la foto donde está Hemingway con Fidel Castro tomada el día en que el escritor norteamericano le entregó a Fidel el premio al mejor pescador.


Hay algo conmovedoramente humano en esta isla mundo que subyuga y atraviesa todas las corazas. El planeta entero ha venido y continúa viniendo aquí. Cuba no es una isla, sino un continente isla de un magnetismo frondoso. Cuba embriaga, con o sin Revolución. “Bienvenido al mundo sin Monsanto”, dice con tanto orgullo como insolencia Roberto, un joven habanero que alquila por minutos su tablet y el acceso a internet en la calle 23. Es cierto, aquí no están ni Monsanto, ni internet en todas las calles, ni McDonald’s, ni avisos con mujeres pomposas que venden cepillos de dientes, ni publicidades de perfumes con seres andróginos, ni la marca de la manzana, ni todas esas agujas con las cuales el liberalismo tienta o inventa falsos deseos. Casi no hay nada de lo que hay en el liberalismo mundial, y en muchos casos faltan cosas esenciales. Puede, de pronto, ser un inconveniente, pero las más de las veces es una salvación.


El liberalismo continental ha levantado tribunas en torno a Cuba para presenciar la agonía del socialismo cubano. Es mal conocer la historia de Cuba, y a los cubanos. “No somos un pueblo de pescadores adormecidos que espera la redención capitalista, sino una sociedad cabalmente consciente de los defectos que quiere corregir y de los horrores que no quiere importar”, precisa con una amplia sonrisa provocativa Iván, otro joven habanero que se esta estrenando en las nuevas formas de comercio que se abren paulatinamente en medio de cierta confusión. Eso se respira en cada calle, en cada hora: una suerte de fiereza orgullosa, de frontera soberana cuya entereza precede la Revolución. Por algo un aventurero como Hemingway puso sus raíces en la isla cuando llegó en la primavera de 1928 con su segunda mujer, Pauline Pfeiffer, a bordo del barco Orita, proveniente del puerto francés de La Rochelle. Había venido a pescar el espadón, pero lo embrujó la magia de aquella Habana. Pasó dos días y regresó unos años después para instalarse primero en la habitación 511 del hotel Ambos Mundos. Casi como hoy, salsa, son, rumba, chachachá o boleros salpicaban las noches habaneras. “El Hotel Ambos Mundos es un buen sitio para escribir”, contó Hemingway sobre su vida en aquellos tiempos en los que, en Cuba, escribía Por quién doblan las campanas. El hotel y la habitación son hoy una suerte de patrimonio cultural de Cuba. Hemingway presintió lo que cualquier turista o candidato a inversor percibe en La Habana: hay un ingrediente poderoso e inasible, una energía orgullosa, un humor que sabe hacerles frente a todas las contingencias y una lectura de la historia nacional permanentemente reactualizada. “Lo más lindo que tenemos en este país es nuestra historia”, dice Iván.


Ahí está esa historia, o esas historias, para demostrarlo. La de la Revolución, para empezar, que no es un “episodio” o un “golpecito” sino el resultado de una construcción histórica y colectiva. La prensa esclava del relato liberal o de la restauración conservadora que se rearmó en América latina con el golpe de Estado en Honduras contra Manuel Zelaya usa el término “revolución” con un significado burlón, maldito o peyorativo. Estén o no con ella, la Revolución es para los cubanos como la democracia para los franceses: es una pertenencia, una reformulación de su realidad. Quien sueñe con ver a los cubanos arrodillados ante las sucursales que, tal vez, los imperios abrirán algún día en la isla están perdidos. En La Habana se siente la potencia del ansia por las transformaciones, al mismo tiempo que la decisión de no ceder más allá de lo que la dignidad dicta. La literatura fundacional de Cuba lo cuenta todo. Como el Martín Fierro argentino, Cuba tiene su poema épico, “El espejo de paciencia”, escrito en 1608 por Silvestre de Balboa. La obra narra un hecho ocurrido en el Puerto de Manzanillo, cuando el obispo de Cuba, Don Juan de las Cabezas Altamirano, fue secuestrado por un pirata francés, Gilberto Girón. El pirata buscaba extorsionar a la comunidad a cambio de la libertad del obispo. Pero los cubanos dijeron que no y decidieron atacar a los piratas durante la transacción por el rescate. En la pelea perdieron los piratas y el obispo fue salvado por el esclavo Salvador Golomon. Quizás, cuando vengan en masa los nuevos piratas del capitalismo, ese soberanismo radical que define la cubanidad interceda a favor de la isla. Algunos signos de piratería ya surgen aquí o allá, en los sectores restaurados de La Habana Vieja, sobre todo en la calle Obispo, cuyo lujo, aunque modesto, contrasta con la pobreza de otras zonas del centro. Esta arteria peatonal intenta parecerse a esas horrendas hermanas llenas de comercios contaminantes tan comunes en las capitales donde manda el liberalismo parlamentario. Pero la Cuba de los sueños que subyugó a Hemingway siempre acecha con su magia implícita. En la misma calle Obispo hay un restaurant de los que parecen imposibles: La Lluvia de Oro. De afuera, parece común, adentro vive lo extraordinario. La orquesta de músicos vestidos con una camiseta verde encendió la sala llena de cubanos auténticos mezclados con algunos turistas que no resisten la llama del ritmo. Todos bailan entremezclados. A un lado de la orquesta, un hombre blanco, vestido con pantalones cortos, mocasines, medias blancas y una camiseta verde, toca su trombón acompañando la orquesta. El hombre, muy entrado en años, parece poseído por la felicidad. Su trombón suena al unísono de la orquesta, hermanado con ella, su fisionomía no. Es un turista, alemán o del Norte de Europa, a quien la magia de una noche y de su gente le permitió realizar su sueño: tocar la salsa endiablada junto a una orquesta cubana.


La gente sigue peleándose para llegar a donde está Papá Hemingway. Se acaba de ir Barack Obama y también pasaron los Rolling Stones. Se siente en las entrañas que algo cambiará y de esa intuición surge algo igualmente potente: Cuba respira el futuro, sea cuál fuere el perfil de la Revolución. Tantas cosas les hicieron, los arrinconaron, los bloquearon, los agredieron, los humillaron, los privaron de todo como Occidente no lo hizo con ninguna de las más aborrecibles dictaduras de la historia: les vendió armas, productos y hasta tecnologías para espiar a sus ciudadanos. A Cuba le embargaron hasta el arroz. Y sin embargo, están de pie, y como no se rindieron elegirán plenamente su futuro. Cuba es un espejo en el que nos podemos mirar. Un espejo de paciencia y de resistencia. En La Habana sobran los símbolos y los relatos mitológicos, y también falta de todo. Falta internet, pero sobra la humanidad. A la hora en que el resto del mundo se encierra en sus casas y sus pantallas y sus smartphones, La Habana sale a la calle en ese preciso instante encantado del atardecer. La Habana corre a reunirse en el Malecón, frente al mar. Miles y miles de personas se hablan y se codean a lo largo de kilómetros y kilómetros de un paisaje que mira al mar, al futuro, al no miedo. Aquí no hay miedo. Europa tiembla ante la amenaza de que la cultura musulmana reemplace a la europea. En México, la gente tiene un complejo de inferioridad ante Estados Unidos. En Argentina le tienen miedo a Telesur. Los cubanos no le tienen miedo al imperio.

Hay, como se dice en voz baja, una “guerra incruenta”. Iván conduce su auto a lo largo del Malecón poblado de humanidad. Entre mar, atardecer y chispas de multitud, desliza una frase de la sabiduría local: “De todas formas, esta guerra contra el imperio nunca se va a terminar. Porque si se acaba, no vamos a saber qué hacer...”. En la radio suena la voz del cantante y poeta Polo Montañez: “Para qué sufrir, para qué llorar, si me queda un mundo todavía por delante”.


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