Las campeonas durante la ceremonia de premiación del BMX femenino en los Juegos Olímpicos 2020. — José Méndez / EFE

Las deportistas luchan en Tokio 2020 por unos juegos sin sexismo y con la mirada puesta en la igualdad de género.

 

El movimiento feminista está creciendo continuamente, haciéndose más visible, incordiando a quienes no quieren un cambio en el patriarcado. Esta lucha se ha internacionalizado y extendido a todas las áreas de la sociedad, entre ellas el deporte, y por ende los Juegos Olímpicos.

Las mujeres en el deporte han hecho historia, desde la primera vez que pudieron participar en las Olimpiadas de 1900 celebradas en París, hasta la inclusión de deportistas en 1928 en disciplinas como atletismo, esgrima, natación y gimnasia. Después de 121 años desde la participación de las féminas, los Juegos Olímpicos de Tokio cuentan con una participación femenina del 49%, rozando la paridad. 

 "Cada país tiene unas discriminaciones diferentes, pero la igualdad es una premisa que se busca conseguir en el deporte" expone Mar Mas, presidenta de la Asociación para Mujeres en el Deporte Profesional (AMDP). "El Comité Olímpico está haciendo mucho esfuerzo en conseguir la igualdad: competiciones mixtas, abanderados paritarios, incluso se rechaza a los países que lleven un equipo masculino, por ejemplo de baloncesto, y no uno femenino".

La marea morada ha renacido en la era de las redes sociales; sumando apoyos bajo una misma consigna, unas pocas palabras que se convertían en las abanderadas de toda una batalla. Un lema para luchar contra las agresiones sexuales y el acoso como fue el #MeToo o un grito frente al Ministerio de Justicia cuando se puso en duda el testimonio de la víctima de la ‘Manada: Yo sí te creo. Esta ola feminista que ha aparecido en los últimos años se ve reflejada en los Juegos Olímpicos.

Si las deportistas se visten con una prenda larga es un problema, pero si es más corta de lo habitual también

Hay una necesidad creciente de abordar todas las desigualdades, de hacerlo de una forma tajante. Sin preguntar. Por eso las jugadoras de balonmano playa no tuvieron miedo ante las penalizaciones por llevar un pantalón que no las sexualizara, por eso las gimnastas alemanas vistieron un mono entero para evitar que su disciplina fuera vista desde la mirada depredadora del sexismo. Y si se visten con una prenda larga es un problema, pero si es más corta de lo habitual también, como la crítica de una jueza de los Juegos Olímpicos a Olivia Breen, campeona paralímpica de salto de longitud, por usar un pantalón "demasiado corto". Mas sentencia que el comité olímpico "debe seguir avanzando" porque si no las Olimpiadas terminarán siendo simplemente "una gran inversión a nivel infraestructuras y un evento comunicativo, si las mujeres no estamos en igualdad de condiciones".

Nuevas generaciones de deportistas

"Ahora las patinadoras se están atreviendo a lanzarse, antes no se les entrenaba, no se les motivaba a intentarlo"

Las deportistas más jóvenes, aquellas que están en la adolescencia o su veintena, han crecido con la insurgente oleada feminista, es por ello que luchan por la igualdad en el deporte. Lucía del Prado Montero, excampeona de España Novice en patinaje artístico, explica como últimamente multitud de mujeres están realizando saltos que solo hacían los hombres: "Al principio se pensaba que las mujeres no podían hacerlos porque no tenían suficiente fuerza". Es el caso de Alexandra Trusova, la primera mujer en hacer un cuádruple axel en competición. "Ahora todas las patinadoras se están atreviendo a lanzarse y hacerlo, antes no se les entrenaba para ello, no se les motivaba a intentarlo".

El patinaje artístico, al igual que la gimnasia rítmica son dos deportes muy feminizados y donde el sexismo permanece todavía. Marta González, entrenadora de rítmica, ha notado a lo largo de su carrera esta diferenciación entre mujeres y hombres compitiendo en su disciplina: "Cuando yo entré a hacer rítmica había un chico más mayor en el equipo, era buenísimo, le teníamos como referente" -explica la gimnasta- "al crecer y competir en el equipo conjunto contra otros chicos aparecieron los comentarios sexistas".

El camino hacia la igualdad

"Hemos tenido problemas con las mujeres que están en estado de lactancia, no han podido entrar en los Juegos con su bebé"

Sin embargo, pese a esos esfuerzos todavía queda una larga retahíla de problemas que solucionar como las políticas de conciliación en el deporte. "Hemos tenido problemas con las mujeres que están en estado de lactancia -denuncia Mas- no han podido entrar en los Juegos con su bebé". Al igual que la maternidad, existe una desigualdad mucho más visible: la salarial. La presidenta de la AMDP recuerda que el dinero público debe garantizar la no discriminación de la ciudadanía y en el deporte no se cumple con las mujeres: "Estados Unidos abrió una batalla muy fuerte en el fútbol con el equal play, equal pay (mismo juego, mismo salario) ¿Por qué si entreno lo mismo, me lesiono lo mismo, juego lo mismo, por qué voy a cobrar mucho menos? Hay una Ley de Igualdad del año 2007 en España que a nadie se le ocurre aplicar, les interesa seguir ganando ese dinero y no perder sus privilegios. Es una cuestión política que ningún partido ha abordado".

La clave para conseguir la igualdad en el deporte la tiene Mas: "Todo eso pasa por tener una independencia económica, un Estado que regule y proteja esos derechos, y sobre todo, una ciudadanía en la que confiar para que cuando salga un titular machista hacia las mujeres deportistas, se condene. Las mujeres debemos de tener la mitad de dinero, la mitad de tiempo, la mitad de las infraestructuras. La mitad de todo porque somos la mitad de la población; y la mitad de todo es nuestro".

madrid

01/08/2021 13:42

Sara Pardo García@pardosarag

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La travesía zapatista desborda al movimiento antiglobalización

Propongo pensar la Travesía por la Vida que organiza el EZLN como la superación del movimiento antiglobalización que despegó en la década de 1990, recuperando las tradiciones de movilización internacionalista, pero, a su vez, superando algunas de las limitaciones que permitieron que fuera neutralizado.

A finales de la década de 1980 comenzaron a realizarse encuentros y concentraciones de los movimientos contra la globalización, en cada ocasión en que se producían cumbres del Banco Mundial, del FMI y otros organismos internacionales. En la década de 1990, nacieron coordinaciones internacionales, como Vía Campesina (1992) y la Asociación por la Tasación de las Transacciones financieras (ATTAC, en 1998). Ese año nacieron la Acción Global de los Pueblos contra el Libre Comercio y la Organización Mundial de Comercio (OMC).

En 1999 se organizaron grandes manifestaciones en Seattle, donde más de 50 mil manifestantes consiguieron abortar la reunión de la OMC. En adelante, cada reunión del G-7 o de los diversos organismos internacionales se topó con una “contracumbre”, cuya máxima expresión se dio en Génova en 2001, donde el movimiento sufrió una brutal represión.

En 2001 se realizó el Primer Foro Social Mundial en Porto Alegre, que fue replicado durante años en diversas ciudades del mundo. Fueron encuentros de movimientos, ONG y partidos donde predominaron la heterogeneidad y la diversidad por abajo y una tendencia homogeneizadora en las instancias de coordinación.

Como señala un excelente trabajo de tres miembros de Ecologistas en Acción (Luis González Reyes, Tom Kucharz y Beatriz Sevilla), estos encuentros estuvieron “en la génesis del siguiente ciclo de luchas, que fue cualitativamente y cuantitativamente más importante: el movimiento indignado y de ocupación de plazas que eclosionó entre 2008 y 2011 en diferentes países”(https://bit.ly/2VaElvk).

El movimiento contra la globalización, nombre que prefieren al de “alterglobalizador” o “altermundialista”, porque la globalización capitalista es “la única existente”, no consiguió sostenerse en el tiempo, en gran medida porque buena parte de sus referentes, en particular después de la crisis de 2008, optaron por incrustarse en las instituciones, como sucedió con Syriza en Grecia, con Podemos en España y en los países latinoamericanos donde hubo gobiernos progresistas.

Así, las potentes luchas en América Latina, así como el 15-M en la península ibérica y la primavera árabe, se diluyeron entre las contraofensivas de las derechas y la esterilidad del juego parlamentario. Lo cierto es que aquellas coordinaciones y contracumbres, con que se respondía a las cumbres del sistema, desaparecieron del mapa político.

Por el contrario, los zapatistas que convocaron el Primer Encuentro Intercontinental por la Humanidad y contra el Neoliberalismo, en 1996 en La Realidad, nunca dejaron de organizar reuniones internacionales en estos 25 años, incluyendo la Escuelita que fue mucho más que un encuentro: una convivencia para el aprendizaje entre los de abajo en las comunidades, municipios autónomos y caracoles.

Creo que la Travesía por la Vida es la superación de las experiencias que acabo de reseñar de forma brevísima e incompleta. Lo es por varias razones.

La primera, porque supera el concepto de “ciclo de movilización” o “ciclo de protesta”, concepto acuñado por el sociólogo Sidney Tarrow para explicar la acumulación de acciones en breve tiempo. Cuando finaliza un ciclo sobreviene la desorganización, la crisis del movimiento, su cooptación por el Estado o los partidos y las luchas decaen hasta casi desaparecer. Superar el ciclo implica la organización permanente, sin descanso, aunque la movilización no lo sea.

La segunda, consiste en ir más allá de la movilización reactiva contra gobiernos e instituciones, para presentarles demandas o impedir ciertas iniciativas. Se reacciona a la agenda del poder que, siendo necesaria e imprescindible para ponernos en movimiento, al no conseguir crear una agenda propia, nos deja como prisioneros de las iniciativas de arriba.

A mi modo de ver, esta es una de las mayores debilidades de los movimientos porque de ese modo no consiguen construir lo propio, lo que nos termina volviendo funcionales al sistema de dominación. El FMI y el Banco Mundial tienen su agenda, la van manejando a su modo y con sus tiempos, pero nosotros necesitamos nuestros tiempos y agendas para ser verdaderamente autónomos.

Por último, la Travesía por la Vida profundiza los modos anticapitalistas, contra el patriarcado y el colonialismo porque son encuentros entre los abajos, en los espacios cotidianos de quienes resisten, pagados por quienes luchan y no por ONG y gobiernos, para hablar de nuestras limitaciones y el modo de superarlas.

Quiero entender la travesía como un inmenso abrazo colectivo, para hacernos comunidades más fuertes, enfrentando juntas la tormenta.

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Una mujer afro-colombiana de 23 años en la primera línea. Antonio Cascio

Las mujeres y los pueblos indígenas son dos de los protagonistas de un levantamiento que ha sacudido la sociedad colombiana.

 

“Muchas mujeres están luchando, no solo por sus derechos, sino por los derechos de todos”, asegura Yomali Torres, activista afrocolombiana y una de las tantas que se han unido al paro nacional para demandar el fin del sistema neoliberal y patriarcal. 

Las mujeres colombianas han ejercido un papel protagonista en el actual ciclo de protestas, por una parte como organizadoras y por otra como víctimas. Actores nacionales e internacionales se han pronunciado en contra de los múltiples casos de violencia y abuso sexual reportados en todo el país. Estos hechos, sin embargo, no son exclusivos de la crisis que se vive actualmente. Tanto la policía, como las fuerzas armadas y los grupos ilegales han usado por décadas los cuerpos de las mujeres como armas de guerra. 

El paro nacional, que cumplió un mes el pasado 28 de mayo, se inició como rechazo a un plan de reforma tributaria propuesta por el Gobierno. Dicha reforma afectaría desproporcionadamente a las clases medias y bajas, en medio de la crisis económica generada por la pandemia. 

A causa de la fuerte presión de los manifestantes, el presidente Iván Duque pidió al Congreso retirar la propuesta. No obstante, el descontento social de los colombianos va mucho más allá de esta singular reforma. Prueba fehaciente de esto son las continuas, incansables y escaladas manifestaciones que se siguen desarrollando en todo el país. 

A finales de 2019, Colombia presenció varias protestas multitudinarias donde participaron diversos sectores de la sociedad. Entre los principales puntos de inconformidad se encontraban las políticas económicas, sociales y del medio ambiente, la mala implantación de los acuerdos del tratado de paz, y el alto índice de líderes sociales asesinados. De acuerdo con el reporte de la Unidad de Investigación y Acusación, 904 líderes han sido asesinados entre diciembre de 2016 y abril de 2021. 

Violencia de género: un tema que nunca acaba

Históricamente, las mujeres han sido las más afectadas por el conflicto armado y las desigualdades sociales. La violencia y los abusos sexuales son utilizados para tomar control sobre los territorios y los recursos naturales de las comunidades. En el 2005, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) publicó un documento donde indicaba que el 52% de las mujeres desplazadas reportaban haber sufrido algún tipo de abuso físico y el 36% habían sido obligadas a tener relaciones sexuales con desconocidos. 

Actualmente y bajo un contexto de múltiples transgresiones de los derechos humanos —incluyendo ejecuciones extrajudiciales, personas desaparecidas, casos de tortura, detenciones arbitrarias y uso de armas de fuego—, la violencia de género sigue siendo desplegada en contra de la población. Según la Defensoría del Pueblo, se han reportado 106 casos de violencia de género, de los cuales 23 corresponden a actos de violencia sexual. 

Con consignas como “la revolución será feminista o no será”, “no parimos hijxs para la guerra”, y “aguante por ellas, por temor a ser violadas”, manifestantes han rechazado la violencia en contra de la mujer y las desigualdades de género. 

Uno de los casos que ha ocasionado mayor indignación, es el de Alison Meléndez, una joven de 17 años de Popayán que se suicidó después de ser arrestada por la policía. Antes de quitarse la vida escribió una declaración donde acusaba a cuatro miembros del escuadrón antidisturbios (ESMAD) de abuso sexual. La víctima publicó en sus redes sociales que la policía solo la dejó en libertad al darse cuenta de que era la hija de un agente de policía. 

Grupos feministas y sus demandas 

Las mujeres de todo el país han tomado las calles demandando igualdad en aspectos como la educación, el acceso a la salud y las condiciones laborales. Su presencia ha sido significativa en grupos de defensores de derechos humanos, participantes de la primera línea y como organizadoras dentro de las comunidades. Aunque la instigación ha sido visible en todos los frentes, el caso de los defensores de los derechos humanos —en su mayoría mujeres— sale a relucir. 

“Nosotros hemos recibido amenazas de muerte de parte del ESMAD. Nos dijeron que no nos querían vivos”, asegura Isabella Galvis, del colectivo de derechos humanos Waman Iware. “En el momento nosotros no tenemos garantías. Ellos están usando armas de fuego durante las protestas y esto es ilegal bajo la ley colombiana”, asegura. 

Organizaciones feministas, por su parte, han coordinado varias concentraciones en apoyo al paro y en rechazo a las violaciones de los derechos humanos de las mujeres. El 10 de mayo, una coalición de 173 grupos feministas presentaron una lista de propuestas, donde se incluía una negociación inclusiva donde participaran todos los grupos que han tomado parte en el paro nacional, la desmilitarización inmediata de las ciudades y los territorios y una renta básica universal priorizando a las mujeres afectadas por la pandemia. 

Vulnerabilidad de las mujeres frente a la violencia y las desiguales

Los grupos afrocolombianos e indígenas han sido afectados —directa o indirectamente— por el racismo durante las actuales protestas. Cali, donde se ha reportado el índice más alto de represión y muertos, es la ciudad con la mayor concentración de comunidades afrocolombianas, según el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas

Las desigualdades existentes en Cali se verían incrementadas con la ejecución de la reforma tributaría, de salud, pensión y laboral, afectando fuertemente a las comunidades afro e indígenas, y a las mujeres pertenecientes a esos grupos en particular. 

“Estamos aquí conmemorando el día de la afrocolombianidad. Queremos luchar por nuestros derechos y por un mejor futuro”, explica María Niza Obregón, afrocolombiana de 17 años que tomó parte en las manifestaciones. “Se trata de vivir, no de sobrevivir”, resume. 

La reforma de la salud —que fue archivada después de 20 días de protestas— es un claro ejemplo de cómo estos proyectos iban a aumentar las desigualdades existentes. Las regiones con mayor concentración de comunidades negras e indígenas tienen a su vez los sistemas de salud más deficientes del país, según la organización Así Vamos en Salud

Yomali Torres, de 26 años, participa en la organización por la paz y los derechos de los afrocolombianos Cococauca. Denuncia la falta de hospitales y especialistas en el territorio de la costa pacífica del Cauca, donde ella habita: “Aquí, si alguien tiene un dolor en el pecho, tiene que ser transferido a Cali o a Popayán. Si nosotros no nos morimos es gracias a la medicina ancestral”. 

Torres condena las violaciones a los derechos de las mujeres y de la población colombiana. “De una forma u otra, nosotros estamos tomando provecho del paro para demandar justicia para todas las mujeres que han sido violadas, golpeadas y desaparecidas”, dice. 

De acuerdo con las Naciones Unidas, las mujeres indígenas y afrodescendientes han sido afectadas desproporcionadamente por la violencia derivada del conflicto. “De 3.445 casos de homicidios de personas indígenas y afrocolombianas, el 65,5% eran mujeres”, según cifras publicadas por la organización. 

Como símbolo de indignación, el 7 de mayo la comunidad de Guapi, ubicada en la Costa Pacífica del Cauca, organizó un evento llamado “La última noche”. Con expresiones culturales y tradicionales, la comunidad conmemoró a aquellos que perdieron la vida luchando por los derechos de los afrocolombianos y del resto de la población. El evento estuvo acompañado por representaciones de tumbas y alabaos —cantos ancestrales para los muertos—. 

Del mismo modo, las comunidades indígenas han ejercido una presencia significativa en el paro nacional. El 5 de mayo, más de 1.500 miembros de la minga indígena se movilizaron hacia Cali en una caravana humanitaria. Durante su estadía distribuyeron alimentos a personas de bajos recursos y realizaron actividades de acompañamiento durante las manifestaciones. 

La minga, sin embargo, tuvo que retirarse antes de lo previsto al ser atacados con armas de fuego por individuos vestidos de civil. Las “familias ricas de Cali en unión con la policía (…) dispararon de manera indiscriminada” contra miembros de la guardia indígena, denunció Feliciano Valencia, senador y líder indígena. Actualmente, las comunidades permanecen en paro desde sus territorios y un grupo de ellos se encuentra apoyando los procesos en Bogotá. 

El fin del estallido social no parece estar cerca, a pesar del desabastecimiento en algunas partes del país. “Nosotros no vamos a dar nuestro brazo a torcer por los bloqueos”, asegura Torres, de Cococauca. “Históricamente hemos aguantado hambre por más de 200 años. Para nosotros, esto no es un obstáculo”. 

Por Antonio Cascio / Natalia Torres Garzón

3 jun 2021 06:00

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Sábado, 22 Mayo 2021 05:40

La machi Linconao

La machi Linconao

Hasta 2008, la vida de la machi Francisca Linconao transcurrió tranquila en su pequeña comunidad, arraigada ancestralmente en la ladera del cerro Rahue, rodeada del frondoso bosque nativo y varios manantiales. Un día, la familia Taladriz, dueños de la Sociedad Palermo Limitada, compró las tierras linderas. Poco después, la comunidad mapuche que integraba la machi Linconao vio con estupor que varias cuadrillas plantaban filas de pinos jóvenes, como si todo lo que había y era mucho no alcanzara.

La machi vio además que los pinos invadían un menoko --un humedal sagrado, en el que hacía siglos las sucesivas machis realizaban sus contactos con los espíritus de su cosmovisión--. Para hacer entrar pinos, talaban allí lo que se interponía, y cada árbol que se les interponía era sagrado y medicinal.

La machi Linconao recurrió a la Justicia. Un año más tarde, y para sorpresa de todos, la Corte de Apelaciones de Temuco le dio la razón: por primera vez y sentando precedente, la Corte Suprema de Chile ratificó el fallo, que fue el primero en aplicar disposiciones del Convenio 169 sobre Pueblos Indígenas. Se prohibió talar a menos de 400 metros de los lugares sagrados señalados en la demanda.

Parecía una reconquista de territorio arrebatado, pero no lo era. Cuatro años más tarde, en 2013, hubo un incendio en las cercanías de la comunidad, en cuyo transcurso murió un matrimonio: Werner Luchsinger y Vivianne Mackay fallecieron entre las llamas. Inmediatamente la machi Linconao fue acusada de doble asesinato, se le aplicó la ley antiterrorista y se le dio curso al testimonio de un policía que dijo haber encontrado una escopeta en la casa de la machi. Pero ese policía, del que ni siquiera figuraba el nombre, nunca apareció en el estrado. Sin esa única prueba, el juicio fue dejado sin efecto. La machi fue absuelta y hasta se dispuso el pago de una indemnización. Parecía que ganaba la verdad, pero no lo hacía.

Ya con la ley antiterrorista y otros planes para esos territorios, tres años más tarde, en 2016, la machi fue nuevamente encarcelada porque se reabrió el caso. Sin más pruebas que el anterior, pero se reabrió igual. La machi fue encarcelada y después de nueve meses de prisión preventiva, inició una huelga de hambre. Recién la abandonó dos semanas después, cuando la Corte de Apelaciones de Temuco, la misma que antes la había absuelto en la misma causa, cambió la prisión efectiva por “arresto”, lo que le permitió a la machi Linconao seguir el juicio pero en prisión domiciliaria.

En agosto del año siguiente, 2017, los principales organismos de Derechos Humanos de Chile (la OMCT y la FIDH) se pronunciaron por abusos en la aplicación de la ley antiterrorista contra los diez comuneros mapuche y la machi Linconao. Otro tribunal, en un juicio oral, volvió a anular el juicio por falta de pruebas y la machi fue absuelta nuevamente.

En el curso de todos esos años, la machi se volvió conocida y una referente en la lucha mapuche frente al Estado chileno. El domingo pasado ella fue una de las grandes sorpresas que depararon las elecciones. De todos los postulantes de pueblos originarios --la constituyente les había reservado 17 lugares--, la que más votos sacó, más de 15.000, fue la machi Francisca Linconao.

En medio de la sorpresa incluso de los que esperaban que el oficialismo no obtuviera poco más del tercio que necesitaba para tener poder de veto en la redacción de la nueva Constitución, comenzaron a sumarse voces postulando a la machi Linconao para que sea ella la que presida la nueva Asamblea Constituyente.

Esa demanda se corresponde con las imágenes que vimos cuando todo era humo, disparos en los ojos, pelea callejera constante, y en la Plaza Dignidad se veía ondear la bandera mapuche: era un símbolo de lo que el Chile derrotado mucho antes de l973 recogía de persecuciones e injusticias más antiguas. Hoy la machi no sólo representa a su pueblo, sino a muchos sectores que fueron los que sacaron la cabeza del barro después de que un grupo de estudiantes secundarios saltara los molinetes del metro porque les pedían 30 centavos más que el día anterior. No son 30 centavos, son 30 años, fue lo que elaboraron todos juntos. En el caso de Linconao, son muchísimo más que 30 años. Son más de cinco siglos de arrebato y violencia. 

Por Sandra Russo

22 de mayo de 2021

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Jueves, 20 Mayo 2021 05:43

Palestina: rebelión sin precedente

Palestina: rebelión sin precedente

Fueron las agresiones e intentos por paramilitares extremistas de quitar sus casas a palestinos en el barrio de Sheik Jarrah, en Jerusalén, y la ocupación por Israel de la mezquita de Al Aqsa, en pleno mes sagrado del ramadán, la gota que colmó la copa de la paciencia palestina y desembocó en las gravísimas acciones actuales de Israel contra Gaza y la represión generalizada contra los palestinos. La mezquita es uno de los tres lugares más sagrados del Islam. Hamas dio un plazo para que Israel cesara sus agresiones contra los inquilinos y la ocupación de la mezquita, cumplido el cual iniciaría el lanzamiento de misiles desde la paupérrima, insalubre y bloqueada franja de Gaza. Al vencer el plazo, empezó una andanada de misiles y el Estado hebreo respondió, con su arrogancia habitual, disparando misiles muchísimo más mortíferos y atacando a la franja con su aviación de combate. Es ridículo hablar de guerra porque los agredidos no tienen ni la sombra de un ejército, mucho menos comparado con Israel, que posee una de las cuatro o cinco fuerzas armadas mejor equipadas del mundo gracias a la espléndida generosidad de su aliado incondicional Estados Unidos. No sólo eso, lo ha dotado, en abierta violación del derecho internacional, de entre 250 y 300 armas atómicas. No ha de extrañar que Washington apunte a Teherán, que no tiene armas nucleares, con el dedo acusador, y calle ante el arsenal atómico de su protegido. Es el mismo cinismo con que arguye el "derecho a defenderse" de Israel y que lo hace bloquear una orden de alto el fuego en el Consejo de Seguridad de la ONU. Pero con una fuerte ala progresista demócrata que ha llamado apartheid a la política israelí y la sorprendente solidaridad mundial, no parece que Biden pueda mantener mucho tiempo esa postura.

Siempre han existido los robos de tierras y de fuentes de agua a los palestinos por la parte israelí. Se acaban de cumplir el 15 de mayo 73 años de la Nabka, el gran despojo territorial consecuencia de la guerra de 1948, que fue precedido de una ola de terrorismo sionista.

Pero mucho más importante que los misiles lanzados de Gaza contra el ocupante es la masiva huelga general y movilización popular palestina iniciada el martes 18 de mayo de 2021, con cientos de miles de participantes, las mayores en muchos años de resistencia. “Es la primera vez en décadas que vemos a los palestinos, por encima de sus divisiones políticas, tomar parte en tamaña huelga general, escribió Nida Ibraim, corresponsal de la cadena Al Jazeera en Ramalá. Los palestinos marcharon en las calles repletas de escombros de Gaza –ahora acaso bombardeada con más furia que nunca por mortíferos F-35 de fabricación estadunidense–, y en las de Cisjordania y Jerusalén ocupados y bajo las balas. También en pueblos palestinos dentro de Israel: Al-Lud, Umm Al-Fahm, Kufr Qana y otros, donde algunos afirman que se está al borde de la guerra civil. No se recuerda otra protesta en la que haya participado mayoritariamente la población de origen árabe en lo que antes fuera Palestina, incluyendo la residente en Israel. Hay que ver en los videos las caras decididas de muchachas y muchachos, porque aunque es un levantamiento general, son ellas y ellos los principales protagonistas y el liderazgo de esta nueva revolución palestina que ya tiene nombre: Intifada de la Unidad. Una acumulación infinita de criminales agravios es lo que subyace a este estallido. En Palestina se ha luchado siempre bravamente contra la ocupación, pero es reveladora esta afirmación de la Internacional Progresista: la última huelga general palestina se efectuó en 1936 y duró 174 días.

Un manifiesto al pueblo palestino titulado La intifada de la unidad fue hecho circular el martes a los manifestantes en todos los territorios, aldeas y pueblos: esta larga intifada –afirma– es en su corazón, la intifada de la conciencia. Es una intifada para despojarnos de la costra de la quietud y el derrotismo. Debido a ella, las bravas generaciones por venir, serán criadas, una vez más, en el principio fundamental de nuestra unidad. Ella se parará ante la cara –y aquí el manifiesto formula una crítica dentro del lado palestino– de las élites que trabajan para profundizar y hacer inmutables las divisiones, en y dentro de nuestras comunidades.

Y, en efecto, lo que está ocurriendo es que las masas palestinas, por encima de su eventual relación con alguna de las facciones, han estado actuando con absoluto entendimiento y prescindiendo de esas líneas divisorias que tanto daño han hecho a la resistencia. Muchos sienten orgullo de los humildes misiles lanzados con tanta efectividad contra el lado israelí por Hamas y la Yihad Islámica, pues los valoran como una acción de autodefensa a escala de sus precarios recursos, digno complemento de las acciones de masa en marcha que, tal vez como nunca, hacen sentir verdadero temor del lado del ocupante.

Twitter: @aguerraguerra

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Colombia: Uribe ‘desencadenado’. Revolución Molecular Disipada, extrema derecha y criminalización de la protesta

En la sexta jornada del Paro Nacional, dos días después de que una madre en Ibagué implorara en grito sordo a la policía que la mataran, así como acababan de matar a su hijo Santiago Murillo (19 años), solo unas horas antes de que esa misma policía asesinara sorprendido e indefenso, no demasiado lejos de allí, a Nicolás Guerrero (27 años) en las tumultuosas protestas de Cali, el expresidente Álvaro Uribe, líder indiscutible de la derecha colombiana durante los últimos 20 años, recibió una inspiración mística.

Tres días antes, la red social Twitter había decidido retirar una de sus publicaciones, en la que sugería que policía y fuerzas armadas deberían utilizar armas de fuego contra los manifestantes, por considerarse que ‘glorificaba’ la violencia. A la luz de los datos y durante los siguientes días, la propia policía le habría de dar la razón.

El lunes a las 11 de la mañana, casi al tiempo de la renuncia del Ministro de Hacienda tras la decisión por parte del gobierno de retirar el polémico proyecto de reforma tributaria que hizo estallar la indignación en las calles de Colombia, un críptico tweet en su cuenta prendió la curiosidad de un gran número de usuarios, desviando incluso parte de la atención de la noticia política del momento y desatando un intenso debate acerca del origen de dicha intervención. Reproduciendo textualmente lo compartido por el expresidente y líder del partido político Centro Democrático, más que una propuesta de acción política, su redacción sugiere una suerte de revelación extática:

  1. Fortalecer FFAA, debilitadas al igualarlas con terroristas, La Habana y JEP. Y con narrativa para anular su accionar legítimo;
  2. Reconocer: Terrorismo más grande de lo imaginado;
  3. Acelerar lo social;
  4. Resistir Revolución Molecular Disipada: impide normalidad, escala y copa

Muchas y muchos se sorprendieron por el inesperado uso, por parte de un político carismático de la extrema derecha, de un concepto ‘revolucionario’ surgido en el contexto post-mayo del 68. Nada más lejos de la realidad, con su ‘Revolución Molecular Disipada’ Uribe no estaba citando al psicoanalista francés Felix Guattari y su famoso libro, del año 1977, ‘La Revolución Molecular’.

Uribe se refería con el último de los términos al concepto repostulado por el político chileno Alexis López, de inspiración ideológica nacional-socialista, fundador y presidente –hasta su disolución en 2010- del movimiento Patria Nueva Sociedad en Chile, fugazmente famoso en la escena política chilena por ser el principal organizador en el año 2000 del ‘Encuentro Ideológico Internacional de Nacionalidad y Socialismo’ -o ‘Congreso Nazi’, tal y como lo denominaron las publicaciones de la época- y acérrimo defensor del revisionismo del holocausto judío, entre otras propuestas de inspiración neofascista. Conferencista también, en reiteradas ocasiones, en la Universidad Militar Nueva Granada, institución donde se forman algunos de los principales cuadros militares de Colombia.

Con el concepto de ‘Revolución Molecular Disipada’, López describe un ataque organizado desde sectores de vanguardia de la izquierda internacional y la masonería, en el que se utilizarían a diferentes actores de la sociedad civil infiltrados por la delincuencia organizada y el terrorismo, de carácter “total y encubierto” y dirigido como un ataque a todas las instituciones responsables de mantener el orden en el país, con el objetivo de derribarlas y ser reemplazadas por una nueva institución. Para ello, el propio ideólogo chileno reconoce la impronta de Guattari en la definición original del concepto, pero lejos de lo propuesto por el filósofo francés, López asegura que la estrategia orientadora responde a la destrucción de las sociedades a través del terror social, continuo y organizado, para su sustitución por una nueva hegemonía. El concepto, por tanto, es utilizado como una alerta para los diferentes gobiernos e institucionalidades que asumen su veracidad como un riesgo para el ejercicio mismo de la democracia, por lo cual debe ser erradicada a cualquier costo, ya sea en el incremento de los niveles de impopularidad de un gobierno o a través de la supresión de vidas civiles en las calles.

En ese sentido, la propia acepción del concepto tiene una clara inspiración paternalista, por la que gran parte de los individuos que conforman el actor ‘movimiento’ o ‘revolución’ ni siquiera serían conscientes de los fines últimos por los que se están movilizando. El papel, entonces, de las instituciones, resultará en develar la conspiración izquierdista-masónica para persuadir a los agentes del cambio a desistir de ofrecer su energía en pro de la destrucción del Estado. En caso de no lograr dicha persuasión, el ejercicio de la violencia sobre los agentes de destrucción del Estado estará, por tanto, justificada desde el pragmatismo que destila su urgencia.

Cabe decir que para el antiguo movimiento fundado por Alexis López, Patria Nueva Sociedad, el Estado es considerado como un ente natural orgánico, surgido de la nación misma, en el cual la lucha de clases debía ser erradicada para ser sustituida por la cooperación entre dichas clases, en favor de una democracia gremial que favorezca el corporativismo como sistema que guíe el devenir político de las sociedades. Para contextualizar su impronta, el sistema corporativista fue uno de los caballos de batalla del fascio durante la dictadura de Benito Mussolini, siendo su adaptación para América Latina el denominado ‘integralismo’ brasileño, del populista Getulio Vargas.  

Por el contrario, la ‘revolución molecular’ propuesta por Félix Guattari y elaborada en torno a ideas dispersas, en dialogo con su compañero Gilles Deleuze a lo largo de diferentes e imprescindibles publicaciones para el avance del pensamiento político contemporáneo -tales como ‘Mil mesetas’ (1980) o ‘El Anti-Edipo' (1972)- ofrece una lectura mucho más heterogénea, heterodoxa y consciente de las características de su propio tiempo. Ante la imposibilidad de abarcar la amplitud de su definición, y a fin de centrarnos en las posibles relaciones con el concepto apropiado por la extrema derecha latinoamericana, en este texto sólo nos centraremos en su carácter más estructural.

En su definición materialista, la propuesta misma de ‘revolución molecular' surge en un momento social concreto de transformación en el que, a partir de los años 70, las luchas de clase -eminentemente sindicales- van cediendo terreno a otro tipo de actores sociales organizados, de una multiplicidad variable en sus estructuras, deudores no solo de la reivindicación de una temática propia y alternativa, sino de su surgimiento en un contexto social y temporal específico. Prueba de ello es la multiplicidad de procesos geopolíticos subsumidos en la década (desde la ampliación y ordenación del ‘Capitalismo Mundial Integrado’ a la estabilización de las luchas decoloniales en gran parte de los países de África y Asia), lo cual añadía una apertura en los paradigmas de acción social y evidenciaba la enormidad de reivindicaciones que se escondían tras la clásica -y caduca, en su definición más vulgar- lucha de clases. Estas nuevas conciencias surgen de las nuevas ‘segmentariedades’ de un capitalismo desterritorializado, ubicuo, descabezado pero homogeneizador, que amplía sus estructuras sobre nuevos nichos de acumulación e integran espacios hasta entonces ajenos a su impronta, tales como el ocio o el deseo.

Precisamente por ello, ambos teóricos comienzan a discernir sobre formas de acción distintas, heterodoxas, más allá de la lucha de clases tradicional y basadas en una multiplicidad de quiebres que rompe (o cuanto menos cuestiona) la dialéctica epistémica hasta ese momento aplicada, e intenta comprender las formas de resistencia y acción frente a las posibilidades y cercamientos de este nuevo tipo de capitalismo. Es en este punto que Guattari, aun consciente de la imposibilidad de predecir las nuevas formas de revolución y lucha, considera que estas, al menos, compartirán una serie de características entre las que se incluyen:

  • No centrarse únicamente en objetivos cuantitativos, sino que pondrán en tela de juicio las finalidades del trabajo, y por consiguiente, las del ocio y la cultura, entre muchas otras representaciones.
  • No centrarse únicamente en las clases obreras-industriales-cualificadas-blancas-masculinas-adultas, dado que la producción ya no puede identificarse con la industria pesada.
  • No centrarse únicamente en un partido de vanguardia concebido como sujeto pensante de las luchas y con arreglo al cual será determinado el conjunto de los «movimientos de masas».
  • Ser policéntricas, tanto así que los sujetos que participen no estarán necesariamente coordinados y entre ellas podrán surgir contradicciones, incluso antagonismos irreductibles.
  • No centrarse en un ámbito nacional.
  • No centrarse en un corpus teórico único.
  • Rechazar la compartimentación entre valores de cambio, valores de uso y valores de deseo.

Estas ‘nuevas’ formas de acción que configurarían la ‘revolución molecular’ surgen como una propuesta asumible por las luchas pensadas para América Latina desde la década de los 70 y en adelante, en la conquista por la democracia en muchos casos y en contextos en los que es necesario ‘inventar’ nuevas formas de organización entre las luchas de clases occidentales y las luchas de emancipación inherentes a las repúblicas poscoloniales en sociedades híbridas y con múltiples tensiones.

En la comprensión de su posible éxito en el contexto de los estados latinoamericanos es donde empiezan y terminan las similitudes entre ambas acepciones. Si para Guattari la revolución es potencia, para López es tragedia. Si para Guattari es distribuida, para López es jerárquica. Si para Guattari es deseo, para López es terror. Si para Guattari es esperanza, para López es traición.

Y Uribe, gran conocedor del poder del marketing en la justificación de los intereses propios aun en contra de los de todo un pueblo, del valor de la emocionalidad en la construcción de mecanismos de poder y legitimación, gran populista, asume providencial la deformación del concepto. De esta forma, alimenta su serie de grandes éxitos que inician con el ‘castrochavismo’ y continúan con otras deformidades tales como aquella de la ‘ideología de género’ o la alargada sombra del Foro de São Paulo, algunos de los argumentos más difundidos para la negativa de apoyo al proceso de paz en el referéndum de 2016.

Álvaro Uribe Vélez asume en estos casos la inspiración del esperpento, y se erige en un Max Estrella de camisa blanca y pecho descubierto para el que el reflejo en espejos cóncavos de aquello que construye lo más democrático de las sociedades, el ejercicio crítico de la ciudadanía, se torne desfigurado en la mayor amenaza para la democracia: aquello que combatir. Adaptando la genial frase de Valle Inclán, podría decirse que el sentido trágico de la vida colombiana sólo puede entenderse a través de una política sistemáticamente deformada.

La estrategia no es nueva por parte de la derecha, y es realmente sencilla. La desinformación se nutre del anonimato en la generación del mensaje y del capital simbólico de la figura que lo difunde. Su único fin es el de reforzar sesgos, crear narrativas paralelas y afianzar el pánico colectivo a través de una manipulación consciente de la información presentada. Información falsa presentada como veraz con una clara orientación de interés político. Si a ello unimos un entorno favorecido por el avance de la posverdad, cuyo principal requisito es el de contar con una sociedad en crisis económica y de representación, polarizada en lo social, tenemos una oportunidad perfecta para que figuras políticas carismáticas logren romper el cerco del anonimato de propuestas más o menos marginales y vanas y ubicarlas, a través de la apelación a las emociones (la utilización sistemática de la amenaza del terrorismo), en el centro del debate político.

Paradójicamente, y contrario a lo que proponen López o Uribe, el mayor problema para la democracia surge cuando el político de inspiración populista utiliza herramientas propicias de la posverdad para instigar a la utilización de formas de violencia y represión interna por frente a otras formas de persuasión sobre la propia ciudadanía, una de las principales y más claras fronteras teóricas que marcan la diferencia entre el populismo y el fascismo.

La criminalización de la ciudadanía y del derecho a la protesta marcan el golpe de gracia a un supuesto Estado de Derecho terriblemente azotado por la enorme desigualdad penitente, los indecentes niveles de concentración de su riqueza, el asesinato sistemático de sus líderes sociales y la terrible pesadilla de los falsos positivos, entre otros crímenes. Es importante recordar que en Colombia es solo hasta la Constitución de 1991 que la reunión y manifestación pública y pacífica se reconocen como derecho fundamental. Antes, diferentes gobiernos, por medio de decretos y estatutos, habían restringido e incluso anulado el derecho a la 'reunión pacífica’ consagrada en la Constitución de 1886, equiparándolo a un delito de alteración del orden público.

Paradójicamente, durante los gobiernos del propio Uribe (2002-2010), y amparado por la doctrina política de la seguridad nacional que orientó sus mandatos, fue usual la judicialización de los activistas sociales en torno a delitos asociados al conflicto armado. En ese sentido, el carácter abierto, ambiguo e indeterminado de los delitos asociados al terrorismo implican un enorme riesgo frente a la criminalización de la protesta en Colombia, especialmente en la indeterminación de los tipos penales y el uso abusivo del derecho penal. La protesta judicializada por un sistema judicial politizado, marcado por la desconfianza de los actores institucionales sobre el ejercicio de su garantía y la subsunción de imaginarios que equiparan protesta con terrorismo, manifestación pública con delincuencia, insertos en la tradición histórica de la derecha política más reaccionaria, ejerciendo la sospecha de las verdaderas intenciones de aquella parte de la ciudadanía que desea ejercer su derecho a movilizarse. Algo que aúna, de nuevo, el devenir de Colombia y Chile, especialmente en la redacción en ambos casos de su carta magna y el reconocimiento de la garantía al derecho de reunión pacífica. En Colombia, justificada en la mentada sospecha de la infiltración terrorista. En Chile, la desconfianza de la herencia pinochetista hacia las leales intenciones de los manifestantes, traducida en los últimos tiempos en ejemplos tan claros como la criminalización del pueblo mapuche o de la revuelta estudiantil.

Y es que, llegados a este punto, ya no solo se trata de la ‘revolución molecular’ de Guattari, o de la inspiración neonazi de algunos tweets de Uribe, sino de la sistemática subsunción movilizada por los imaginarios autorreferencialmente sustentados de la extrema derecha. Estos imaginarios reducen, de forma utilitaria, cualquier manifestación que los cuestione a las lógicas de justificación de su propio sistema de valores, en mora de conseguir una comprensión y actuar de las propias instituciones del estado que quiebren sus límites y respondan a sus propios intereses.

Para el caso de la subsunción de la movilización social actual (o cualquiera en los últimos tiempos), el imaginario deforme es el del ‘terrorismo’ y la ‘Revolución Molecular Disipada’ es la tergiversación utilitaria para subsumir a las lógicas de la guerra cualquier cuestionamiento de la ‘seguridad democrática’ de las instituciones. Mientras que para Guattari la ‘revolución molecular’ implica la participación de “un pueblo múltiple, un pueblo de mutantes, un pueblo de potencialidades que aparece y desaparece”, y que es capaz de materializarse en “encuentros”, “instituciones”, “afectos” y “reflexiones”, en el imaginario deforme del ‘terrorismo’, las expresiones de múltiples actores, diversos y con intereses disímiles, es inmediatamente subsumido a una concepción vetusta de la masa informe y descontrolada, incapaz de comprender la responsabilidad de sus actos pero capaz de llevarlos a cabo en fin último, peligrosa en tanto desestabiliza los cimientos del esquema axiológico que justifica el orden existente, independientemente que sea fallido.

La revolución molecular tiene en la heterogeneidad de la movilización su razón de ser, lo cual implica la necesidad de desmantelar las lógicas de relacionamiento basadas en la exclusión, la asimilación o la dominación de lo diferente. En cambio, en la lógica de la mismidad u homogeneización del imaginario del ‘terrorismo’, para la ‘Revolución Molecular Disipada’, ante la imposibilidad de dominar lo diferente, su eliminación es el único camino.

Solo queda por asistir a la inminente batalla por el relato.

Juan Ramos Martín

Director del Doctorado en Comunicación, Lenguajes e Información. Pontificia Universidad Javeriana (Colombia).

María Reneé Barrientos Garrido

Investigadora del Instituto de Iberoamérica. Universidad de Salamanca (España).

Juan Pablo Bermúdez González

Profesor-investigador del Departamento de Lenguas. Pontificia Universidad Javeriana (Colombia).

Nathalia Lamprea Abril

Directora de la Licenciatura en Lenguas Modernas. Pontificia Universidad Javeriana (Colombia).

Fuente:

www.sinpermiso.info, 8 de mayo 2021

Publicado enColombia
Fuentes: Rebelión - Imagen: En Chicago los trabajadores exigen 8 horas de trabajo, 8 de recreación y 8 de descanso (mayo de 1886)

Chicago, Illinois. 1º de mayo de 1886, los trabajadores que desde febrero se negaban a que les descuenten más de su salario para construir una iglesia, redoblaron la apuesta y exigieron una ley que proteja el derecho a las ocho horas laborales. Como un reguero de pólvora, doscientos mil obreros iniciaron una huelga masiva en reclamo por los tres ochos que hacen un día de 24 horas: ocho horas para dormir, ocho para trabajar y ocho para vivir como seres humanos.

Tres días después, las protestas pacíficas terminaron con la masacre de Haymarket y, finalmente, en la condena a muerte de los trabajadores que no estaban del lado del más fuerte. Ocho líderes sindicalistas fueron acusados de anarquismo y cinco de ellos lo pagarán con sus vidas. La tragedia fue una de tantas otras y la culminación de años de reivindicaciones laborales y de una persistente demonización por parte de la gran prensa al servicio de los grandes inversores.

Como es costumbre, unas pocas décadas después, un poderoso empresario de los de arriba secuestró las viejas reivindicaciones de los de abajo. Henrry Ford prohibió todos los sindicatos en su micro repúblicas y presumió de haber inventado el beneficio de las ocho horas laborales. El genio racista, admirador y colaborador de Hitler, había calculado que si los asalariados del país no tenían algún tiempo libre para consumir, nadie podía comprar sus productos.

En recuerdo a la masacre y las ejecuciones en Chicago, los primeros de mayo son feriados no laborables en casi todo el mundo, menos en Estados Unidos y, por extensión, en Canadá. Para los fanáticos nacionalistas, creyentes en el derecho divino de los dueños del mundo, las dos palabras (internacional y trabajadores) suenan muy peligrosas. La reciente derrota política de la Confederación en favor de la esclavitud se desquitó con varios triunfos culturales e ideológicos. Todos pasaron inadvertidos. Uno de ellos consistió en idealizar a los amos y demonizar a los esclavos. Por eso, por las muchas generaciones por venir, en Estados Unidos se celebrará el Memorial Day (en memoria de los caídos en las guerras) y el Veterans Day (en honor a los excombatientes de esas guerras infinitas). Uno, es un título abstracto; el otro, algo concreto por demás. Para los trabajadores no hubo ni hay Día de los Trabajadores y, mucho menos, un primero de mayo. Para olvidar este inconveniente, el presidente Cleveland oficializó el Labor Day (Día del Trabajo) en setiembre, casi en las antípodas de mayo, como si hubiese trabajo sin trabajadores, lo cual significa un oculto triunfo de los esclavistas derrotados en la Guerra Civil: los negros, los pobres, los de abajo, los que trabajan, no sólo son holgazanes, inferiores y, al decir del futuro presidente Theodore Roosevelt, “perfectamente idiotas”, sino también son perfectamente peligrosos. Sobre todo por su número, como, decían, lo eran los negros. Sobre todo por esa costumbre de proponer uniones. 

Los amos (blancos), los de arriba, los sacrificados del champagne, son quienes crean trabajo con sus inversiones. Son quienes, cada tanto, deben ser protegidos por las iglesias y por los militares (en Estados Unidos con el culto al veterano de guerra que “protege nuestra libertad” y en América Latina los militares que corrigen los errores de la democracia con sangrientas dictaduras o con eternas amenazas). Para la vieja tradición esclavista, para los amos de lo que el viento se llevó pero siempre vuelve, los verdaderos responsables del progreso, de la estabilidad, de la paz y de la civilización son los amos de las plantaciones, los empresarios de las industrias. Son la elite del pueblo elegido y representan todo eso que los sucios y mal hablados esclavos (luego blancos asalariados venidos de la pobre Europa; luego mestizos del enfermo y corrupto Sur) siempre quieren destruir.

Por supuesto que no hay poder completo sin poderosos aliados, como la prensa dominante, como las iglesias complacientes. El 17 de mayo de 1886, como tantos otros prestigiosos diarios de diferentes estados, el St. Louis Globe-Democrat de Missouri, en su página cinco y a siete amplias columnas se explayó sobre el conflicto de los trabajadores que no quieren trabajar más de ocho horas por día: 

En esta disputa, la única institución imparcial es la iglesia, sostenida por capitalistas y trabajadores, ya que fue fundada por Cristo, un carpintero y, por lo tanto, tiene todo el derecho de hablar por todos trabajadores; la iglesia es dueña del planeta Tierra, del Sistema solar y del Universo entero, por lo cual también puede hablar por los capitalistas.”

Por Jorge Majfud | 01/05/2021

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Domingo, 07 Marzo 2021 05:59

La lucha por la vida del pueblo saharaui

La lucha por la vida del pueblo saharaui

De las célebres palabras de Karl von Clausewitz, que sostienen que la guerra es la continuación de la política por otros medios, podemos intuir que las armas son buenas guardianas de la economía y, en ocasiones, condición para la paz y la vida digna.

Voluntad de paz y vida digna definen al pueblo saharaui. Apostaron por la paz durante casi 30 años de alto al fuego bajo condiciones de despojo, a la espera de un referéndum de autodeterminación. Creyeron en la paz pese a que Marruecos levantara 2 mil 720 kilómetros de muro sembrado de millones de minas antipersona que han causado muerte y soledad, desplazamiento y pobreza.

En noviembre de 2020, el Frente Polisario, movimiento de liberación nacional del pueblo saharaui, retoma la lucha armada. ¿Qué lleva a un ejército popular a declarar estado de guerra? A esta pregunta la precede otra: ¿Qué lleva a un pueblo a crear un ejército popular?

Mientras el mundo en el siglo XX avanza hacia la descolonización, la dictadura de Franco convierte la colonia del Sahara español en una provincia más cuyos habitantes adquieren la ciudadanía española. A pesar de la argucia, en 1963 la Organización de Naciones Unidas (ONU) incluye al Sahara Occidental en la lista de territorios a descolonizar. El franquismo prometió un referéndum que nunca llegaría.

En ese escenario, se crea el Movimiento de Liberación, cuyo referente, Basiri, será detenido y desaparecido en 1970 durante una manifestación anticolonial que acaba con varios muertos y numerosos heridos por la Legión Española, que abre fuego contra la multitud. Bebiendo de esos lodos, nace en 1973 el Frente Polisario (Frente Popular por la Liberación de Saguia Hamra y Río de Oro), que recurre a la guerra de guerrillas para luchar contra la ocupación española y defender su derecho a la independencia.

En 1975 se decide el destino próximo de este pueblo. Documentos de la CIA desclasificados en 2019 revelan el proyecto geoestratégico de Estados Unidos para sacar a España del territorio. El todavía príncipe Juan Carlos, alertado, negocia con el secretario de Estado Henry Kissinger la entrega del Sahara a cambio del apoyo estadunidense al futuro rey. Moribundo el dictador, Juan Carlos asume la jefatura del Estado y firma un pacto secreto con Estados Unidos y Marruecos. Consumada la traición, el hoy rey emérito va al Sahara y defiende ante sus tropas el derecho del pueblo saharaui a ser libre. No dudéis que vuestro comandante en jefe estará aquí, con todos vosotros, en cuanto suene el primer disparo. Cuatro días después, la Marcha Verde entra a territorio saharaui con miles de colonos respaldados por el ejército marroquí. Las tropas españolas dejan hacer. España entrega el territorio a Marruecos y Mauritania a espaldas de la ONU, a cambio de ventajas comerciales y aguas para la pesca.

Retirada España del territorio en 1976, el Polisario proclama la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). La ocupación cambia de actores, el conflicto se intensifica y comienza el éxodo de miles de saharauis a campos de refugiados en Argelia, donde malviven al día de hoy alrededor de 173 mil 600 personas.

El Frente Polisario hará capitular a Mauritania, no así a Marruecos, que tutelado por Estados Unidos con apoyo de inteligencia militar, recursos y armas, levanta el muro de la vergüenza que divide el Sahara en dos. Al este, territorio libre, sin acceso al mar; al oeste, territorio ocupado, mil 200 kilómetros de costa con acceso a codiciadas aguas pesqueras del Atlántico y los mejores yacimientos de fosfato del mundo. Asoman los motivos económicos y el carácter extractivista de la guerra colonial.

En 1991 se declara un alto al fuego. Marruecos se compromete a convocar un referéndum. Compromiso a la altura del que otrora asumiera el régimen franquista. Ese alto al fuego es el que se rompe en noviembre de 2020. Tras 24 días de movilización de civiles saharauis en la brecha ilegal del Guerguerat, protestando por la pasividad de la ONU, el ejército marroquí ataca incursionando en zona desmilitarizada y el frente responde defendiendo a los civiles; se intercambian disparos. El Frente Polisario declara el estado de guerra y moviliza a sus tropas.

Horas antes de la acción militar en Guerguerat, el general de división estadunidense Andrew Rohling se reúne con el comandante marroquí de la zona ocupada. En diciembre, Estados Unidos reconoce por vez primera la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental. Un Estado saharaui independiente no es una opción realista para resolver el conflicto, la auténtica autonomía bajo la soberanía marroquí es la única solución viable, dirá Donald Trump. De nuevo, la voluntad de guerra custodiando espurios intereses económicos.

El gobierno de la RASD y el Frente Polisario responden condenando el inédito paso: “constituye una flagrante violación de la Carta de Naciones Unidas (…). El pueblo saharaui continuará su legítima lucha para completar su soberanía por todos los medios y asumiendo los sacrificios que esto requiere”. Y de nuevo, la voluntad de vida digna levantando la cerviz sobre la infamia.

Por Vanessa Pérez Gordillo y Raúl García, periodistas

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Mural homenaje a los 50 años de existencia del CRIC. Foto: Javier Silva

El Consejo Regional Indígena del Cauca recuperó entre los 70 y los 90 más de 70.000 hectáreas de las manos de terratenientes colonos. Con el acceso a derechos diferenciales, su lucha se ha visto transformada.

 

“Esas tierras no son del arzobispo sino de los indígenas, que se las han arrebatado de sus manos. Entonces compañeros, nosotros lo que debemos de contestar cuando el señor juez nos pregunte que quién nos manda, que quién a nosotros nos dirige, nosotros le diremos que nos dirigen el hambre y la necesidad“. El registro audiovisual de esta joven del pueblo originario kokonuco data de 1974 y se puede encontrar en el documental Nuestra voz de tierra, de la documentalista Marta Rodríguez. Miles de comuneros y comuneras de los pueblos originarios que habitan la cordillera central andina en Colombia se organizaron a inicios de la década de los 70 para recuperar los territorios donde sabían bien que estaban enterrados sus abuelos y abuelas.

Lo empezaron a hacer a través de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos (ANUC), creada en 1967, pero “la concepción de la tierra fue la que marcó la diferencia: nosotros necesitábamos el territorio para vivir y para construir vida, para reconstruir nuestra cultura, nuestra familia, nuestros lazos con la Ley de Origen”, explica Ana Alicia Chocué, lideresa del pueblo nasa y coordinadora pedagógica del Programa de Educación Bilingüe Intercultural del CRIC. El hambre y esa concepción integrada con la tierra, hicieron posible que el 24 de febrero de 1971 se fundara en el Resguardo Indígena de Tacueyó, en el norte del departamento, el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) bajo los lemas de “Unidad, Tierra y Cultura”.

El eje histórico: la recuperación de tierras

Juan Tama de la Estrella, legendario cacique del pueblo nasa, logró en 1700 que la corona española reconociera legalmente los territorios indígenas del departamento del Cauca y parte del Huila. Más allá de la ancestralidad de sus tierras, esos títulos de resguardo coloniales y la Ley 89 de 1890, “por la cual se determina la manera como deben ser gobernados los salvajes que se reduzcan a la vida civilizada” y que define los cabildos como su forma de organización propia, fueron los instrumentos legales que las comunidades indígenas de los 70 utilizaron para empezar a sacudirse los terratenientes de encima. Gracias a la capacidad organizativa del CRIC, muchos lograron dejar atrás la servidumbre y pusieron fin, lentamente, al sistema que los obligaba a trabajar a cambio del derecho a vivir y cultivar pequeñas parcelas que les habían sido anteriormente arrebatadas, el famoso terraje.

Una de las primeras fincas recuperadas fue la de Cobaló, en territorio Kokonuco, propiedad del arzobispo de Popayán Monseñor Arce Vivas, en 1971. De las 13.000 hectáreas que hoy tiene el Resguardo de Kokonuco, antes de las recuperaciones solo se conservaban, de la época colonial, 1.688. Las recuperaciones de tierras avanzaron en el norte y oriente del Cauca a pesar de la capacidad manipuladora de la religión y de la violencia ejercida por los terratenientes, el Estado y la iglesia que se recrudeció de manera brutal en la década de los 80.

En 1984, durante la recuperación de la finca Lopezadentro del Resguardo Indígena de Corinto, fueron asesinados por grupos armados de los terratenientes, en aquella época llamados “Los Pájaros” —los paramilitares de hoy—, cinco recuperadores de tierra del pueblo nasa, entre ellos una niña de siete años. Quien llevó esos comuneros hasta el hospital y celebró una misa en su honor en la tierra recuperada regada de sangre, fue el primer sacerdote indígena de Colombia, el padre Álvaro Ulcué Chocué. Este nasa, oriundo del Resguardo Indígena de Pueblo Nuevo, en Caldono, defendía la legalidad y legitimidad de la recuperación de tierras indígenas ante gobiernos, ejércitos y terratenientes. Pocos meses después de la masacre en Lopezadentro, el padre Álvaro era asesinado a bala en las calles de Santander de Quilichao, capital del norte del Cauca.

La necesidad de las armas

Esa fue, posiblemente, la muerte que agotó la paciencia de la resistencia pacífica ejercida por las comunidades indígenas organizadas de aquel momento. Y las armas no eran precisamente algo desconocido en estas tierras. Como relató el sociólogo Alfredo Molano, “todas las guerras han pasado por el Cauca. La gente se acostumbró a vivir en esa zozobra”. Desde las Guerras de Liberación del siglo XVI protagonizadas por la Cacica Wey Tama o Gaitana, quién logró unir a pueblos históricamente enemistados en un gran ejército que enfrentara los colonizadores españoles encabezados por Sebastián de Belalcázar, hasta la guerra de los 1000 días, alrededor de 1900, que puso soldados indígenas en ambos frentes de batalla, el de los conservadores y el de los liberales, a matarse entre ellos en nombre de una patria.

De modo que cuando el Movimiento Armado Quintín Lame (MAQL) se alzó públicamente en armas ese mismo 1984, las comunidades lo recibieron con alegría. Se llamaba así por “el indio Quintín Lame”, para seguir citando al gran Alfredo Molano, quién en los años 1920, “encarcelado, perseguido con saña, logró sin embargo crear un corredor de lucha indígena entre Popayán y Chaparral y agitar en Bogotá, frente a los “altos poderes”, las banderas indígenas”. El MAQL, primera guerrilla indígena de América Latina, se erigía para garantizar la recuperación de territorios ancestrales indígenas ante la barbarie de los terratenientes.

Que otros reconozcan tus derechos

Si bien se alió y caminó las montañas del Cauca al lado de guerrillas como el M-19, el Quintín Lame funcionó más como una autodefensa del pueblo nasa que, sin embargó contó con miembros imprescindibles externos como Luis Ángel Monroy, el primer comandante del MAQL, de origen afro, asesinado en 1985 o Pablo Tattay, miembro de la dirección política, original de Hungría, quién vive en Popayán. En 1991, en una desmovilización ejemplar, el Quintin Lame logró una representación indígena en la Asamblea Nacional Constituyente. Ésta resultó en una Constitución Política que reconoce y protege “la diversidad étnica y cultural de la nación colombiana”, y que permitió la entrada a las instituciones políticas de una fuerza electoral indígena, la Alianza Social Indígena.

El primer senador originario, Anatolio Quirá, del pueblo kokonuco, dio la pelea para que quedara establecida la entrega de un 0,52% de los recursos del Sistema General de Participaciones a los cabildos indígenas para poder ejercer sus gobiernos propios con más garantías. Con eso, y en la medida en que las comunidades han podido —o se han visto obligadas a— prepararse administrativamente para poder recibir estas transferencias del estado, muchos territorios cuentan hoy con sistemas de educación propia indígena, programas de salud basados en la medicina tradicional o centros de armonización que, de la mano de la Jurisdicción Especial Indígena, sustituyen las cárceles punitivas.

Con la entrada a la Constitución del 91 y “a pulso de luchas y de movilizaciones, a sangre y fuego hemos logrado normas que nos ayudan. Cada decreto ha costado dos, tres vidas de compañeros, y así hemos logrado crecer en lo institucional, en lo electoral”, asegura Chocué, “pero con eso seguramente descuidamos los principios de unidad, tierra y cultura y nos enmarcamos mucho (en lo administrativo). Hoy existen unos vacíos en nuestros jóvenes en términos de identidad. Las que ya estamos viejas, vemos que ahí fallamos y estamos tratando de reconstruirnos, tenemos que ser pueblos verdaderos, tenemos que hablar de identidad, pero de corazón”, asevera un tanto emocionada.

Institucionalidad y defensa del territorio

La amplia llegada de recursos económicos a los cabildos y asociaciones regionales de cabildos, sumada al reconocimiento de derechos diferenciales, ha hecho que en muchas ocasiones estar censado como indígena signifique tener acceso a una mejor prestación de salud o dejar de pagar un impuesto ordinario, unos beneficios fácilmente deseados por una población rural precarizada y marginalizada que habita uno de los departamentos históricamente más golpeados por la guerra. Además, la remuneración de tareas que anteriormente se hacían de manera militante ha implicado también la creación, dentro del movimiento indígena, de un creciente aparato burocrático institucionalizado que inevitablemente acarrea consigo dinámicas de meritocracia, profesionalismo y verticalidad.

“Lo indígena aún es muy fuerte y valoramos la fuerza que tiene el CRIC, la capacidad de convocatoria, pero la forma en que se ha institucionalizado también la cuestionamos, por ejemplo, con la educación, ahí estamos en un camino prestado todavía”, asegura Gentil Guejia, nasa de la región de Tierradentro que impulsa los procesos de educación desde la tulpa, el centro espiritual del pueblo nasa. “Nuestros mayores tenían muy claro que lo espiritual estaba conectado y por encima de lo político”, sigue Guejia, “ahora se ve una ausencia. Queremos lo propio, pero siempre estamos trabajando y definiéndonos en función de lo de afuera —lo occidental— y eso es lo que nos tiene enredados”.

Esa coyuntura interna, sumada a la persistencia, a pesar de la firma de los acuerdos de paz entre las FARC y el estado colombiano, de la guerra en los territorios, propician que las comunidades vivan sumidas en complejas contradicciones. La recuperación de tierras, que resiste solo en el norte del Cauca con el proceso de Liberación de la Madre Tierra, ya no es la principal tarea de los procesos de lucha. Defender el territorio y la vida —desde el año 2000 con un cuerpo comunitario de paz reconocido ya internacionalmente cómo la Guardia Indígena —ante la presencia de grupos armados que administran el negocio del narcotráfico ha sido el motivo por el cual han matado en los últimos años a comuneros, guardias y autoridades indígenas como Edwin Dagua, asesinado en el Resguardo de Huellas Caloto en diciembre de 2018 y Cristina Bautista, asesinada en el Resguardo de Tacueyó en octubre de 2019.

Contradicciones y diversidades

En los últimos 15 años la organización ha crecido mucho y se ha complejizado y diversificado. Si en 1971 fueron siete los cabildos que dieron origen al CRIC, hoy éste articula a 127 autoridades tradicionales pertenecientes a diez pueblos indígenas del departamento del Cauca, que va de los Andes hasta el Pacífico. Y si durante los primeros años de organización las reuniones eran en voz bajita y los canales de comunicación totalmente clandestinos, los 50 años del Consejo Regional Indígena del Cauca se han celebrado por todo lo alto en un ambiente festivo lleno de grandes carpas, tarimas y pantallas y entre más de 20.000 comuneros y comuneras, representantes de organizaciones sociales nacionales e internacionales, delegados de otros pueblos étnicos y simpatizantes del CRIC.

Durante cinco días de celebración, con una programación a base de ponencias sobre temáticas sociales y políticas y de música y danzas andinas, propias y prestadas, acompañadas del tradicional chirrincho, agua ardiente artesanal, la mayoría de oradores en tarima han sido hombres. Y es que, en el presente, —y los espacios de mujeres se cuestionan que ancestralmente haya sido así— los principales liderazgos indígenas en Colombia son masculinos. Uno de los más visibles, por su actividad política y mediática como senador de la República, es Feliciano Valencia, nasa del norte del Cauca.

Visiblemente molesto con la presencia del uribista ministro del interior en la celebración de los 50 años del CRIC, Valencia asegura que “debemos reconocer que hay contradicciones, pero lo más importante es que estamos unidos bajo un solo proyecto, la pervivencia y la lucha por la tierra.”“Hay gente que desde los resguardos está celebrando este aniversario de otra forma, brindando desde los sitios sagrados dándole fuerza al CRIC. Esa es la diversidad, y la contradicción, que nos representan y por eso habrá CRIC para rato”, continua Valencia. Los contrastes si existen: en el aniversario vemos desde los médicos tradicionales que hacen ofrendas al fuego y “a los espíritus de la naturaleza”, tal como ellos los nombran y sienten, hasta los dirigentes de la organización que recientemente han pactado una “reactivación económica” con el Ministerio de Interior y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), organismo promotor de megaproyectos extractivistas en América Latina.

Transformaciones y desafíos

Feliciano Valencia asume como retos del CRIC, llegar a ejercer una autonomía real, seguir “defendiendo la vida, ante tanta masacre” y darle a la mujer “el espacio que se merece: no tenerla a un lado, no tenerla atrás como a veces alegremente decimos, sino en su sitio, valorada, respetada y escuchada”, afirmación novedosa en un líder como Valencia. En ese sentido, existe una transformación muy lenta, pero mujeres de los distintos pueblos, inspiradas en la lucha de la Cacica Gaitana, cada vez golpean más fuertemente una pared que sigue firme, de piedra, pero que va poco a poco agrietándose.

Dan golpes como el reconocimiento que el Programa Mujer del CRIC hizo a los aportes invisibilizados de 35 mujeres mayoras en los 50 años de lucha del CRIC. O como este llamado de atención que la lideresa del pueblo misak Ascención Tunubulá hizo a la multitud indígena el pasado 24 de febrero: “Muchas compañeras dieron su vida por este proceso de lucha y de recuperación. Yo les digo a nuestros hombres, a nuestros esposos, que valoremos a nuestras mujeres porque gracias a ellas es que tenemos nuestros territorios, ellas son las tejedoras de vida. Hay que darle ese valor, ese realce y esa dignidad a la mujer”, exclamó en su lengua propia, el namrik.

Por ahora, de los nueve consejeros del CRIC, una es mujer, y de los diez de la Organización Nacional Indígena de Colombia, solo dos lo son. Una de ellas es Aida Quilcué, mujer nasa de Tierradentro históricamente perseguida por unos y otros, erigida como defensora de derechos humanos después de que las FARC asesinara a su compañero y articuladora de luchas con otros pueblos. De las que sabe aterrizar su discurso a las problemáticas presentes con cierta reflexión autocrítica, parada en la tarima ante unos 10.000 comuneros y comuneras, aconseja: “Revisémonos hacia adentro, kwe’sx le'cxkwe puutxwe'weka, kwe'sx fxi'jzenxi's le'cxkwe the’guka”, afirma en su lengua propia porque sabe que no es lo mismo que hablar en la que llaman “lengua prestada”. “Hagamos lo que ustedes, la comunidad, han denominado la Minga hacia adentro, ir hacia la vida que nos identifica a nosotros desde las raíces, eso es parte de la resistencia”, asevera Quilcué.

“Nos corresponde necesariamente caminar hacia adentro, y así llegar al seno de la familia, para mirar cómo conversamos con ellos y generar un camino. Y ese camino tiene que reafirmarse en la identidad y la cosmovisión propia que son las que están en riesgo”, asegura el mayor Gentil Guejia. Una tarea compleja teniendo en cuenta lo que Aida Quilcué denomina una “invasión política, cultural y espiritual de 500 años”, pero que, sin duda, las comunidades del CRIC sabrán seguir haciendo, porque de ello, de la posibilidad de seguir viendo y viviendo el mundo desde otros paradigmas que no sean el occidental, depende que el CRIC y el resto de la humanidad puedan celebrar 50 años más de vida.

Por Berta Camprubí

Cauca (Colombia)

7 mar 2021 06:00

Publicado enColombia
Sahara Occidental: referendo y autodeterminación

La decisión de Estados Unidos de reconocer la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental ha vuelto a arrojar luz sobre el conflicto y con ello el debate sobre el derecho de los saharauis a la autodeterminación.

Según el relato predominante en los medios de comunicación, Marruecos habría obstruido el trabajo de la ONU, imposibilitando la consecución de una solución definitiva.

Sin embargo, una lectura objetiva y racional del Plan de Arreglo muestra la vacuidad de estas alegaciones. Pese a que Marruecos y el Polisario acordaron seguir adelante con el plan, ambas partes tenían múltiples discrepancias y reservas al respecto. Sus discrepancias desembocaron en el fracaso de todo esfuerzo encaminado a implementarlo.

Para el Polisario, los saharauis elegibles para participar en el referendo eran sólo aquellos incluidos en el censo español de 1974. Para Marruecos todos los saharauis con vínculos familiares o de sangre con la región eran elegibles, independientemente de si fueron incluidos o no en dicho censo.

El entonces secretario general de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar, respaldaba la posición marroquí. De Cuéllar estimaba que el censo español de 1974 no podía servir como única base para un referendo y sostenía que, dado el modo de vida nómada de los saharauis –con el movimiento constante de personas y familias a través de las fronteras nacionales, ya sea para huir del colonialismo y de los conflictos, por razones económicas o para proseguir estudios– el censo español no pudo incluirlos a todos.

La posición que el Polisario mantuvo desde 1991 contrasta con la que había expresado a principios de los años 80. En junio de 1981, Marruecos propuso la celebración de un referendo sobre la base del censo español de 1974. Pero Argelia y el Polisario lo rechazaron, alegando que había 750 mil saharauis que tenían el derecho de participar en dicha consulta.

En su libro Sahara Occidental: anatomía de un estancamiento, Erik Jensen, ex jefe de la Misión de Naciones Unidas para el Referendo del Sahara Occidental (Minurso) entre 1994 y 1998, explica que los españoles mismos admitieron que su censo no abarcó todo el territorio, y muchos jefes tribales dijeron que miles de saharauis y refugiados fueron omitidos del mismo.

Las reservas

Erik Jensen considera que Marruecos y el Polisario nunca aceptaron plenamente el Plan de Arreglo de 1991. Aunque estuvieron de acuerdo en principio, tenían reservas que no fueron tomadas en cuenta.

Desde el principio, el plan no tenía posibilidades de ser implementado porque adolecía de una falla de procedimiento importante. Tanto Marruecos como el Polisario han tendido a interpretar sus párrafos más relevantes de manera diferente. Aun así, el Consejo de Seguridad lo adoptó.

El resultado de las deliberaciones que precedieron a la adopción del Plan de Arreglo podría haber sido diferente si los funcionarios de la ONU a cargo de redactarlo hubieran informado al Consejo de Seguridad de todas las reservas expresadas por las partes.

Issa Diallo, un miembro de confianza del grupo de trabajo de Pérez de Cuéllar a cargo de elaborar los detalles del Plan de Arreglo, jugó un papel mayor en el fracaso del plan. Según Jensen, Diallo llevó a cabo reuniones confidenciales separadas tanto con Marruecos como con el Polisario y luego no compartió las reservas de ambas partes ni con los demás miembros del grupo de trabajo ni con el Consejo de Seguridad. Lo anterior explica por qué Marruecos y el Polisario reaccionaron de forma furiosa cuando el Consejo de Seguridad presentó el plan.

Antes de la adopción del plan, Marruecos expresó reiteradamente su preocupación por muchos de los párrafos del proyecto. En una carta dirigida al secretario general el 30 de julio de 1990, el rey Hassan II expresó su frustración de que el documento presentado al Consejo de Seguridad no hubiera tenido en cuenta las reservas de Marruecos. Sin embargo, esta carta no alcanzó ni al Consejo de Seguridad ni al grupo de trabajo encargado de redactar el Plan de Arreglo.

La forma en que éste fue adoptado muestra que el principal objetivo de la ONU en ese momento era llegar rápidamente a un entendimiento entre las partes y poner fin a la guerra, en lugar de elaborar una propuesta viable que pudiera desembocar en una solución factible.

Las mismas discrepancias entre las partes persistieron a lo largo de los años 90. En un informe al Consejo de Seguridad en febrero de 2000, el entonces secretario general Kofi Annan enfatizó la falta de medios para hacer cumplir el resultado de un referendo incluso en el caso de que fuera posible organizarlo. Con lo cual instó a su representante personal, James Baker, a estudiar otras vías que pudieran ayudar a las partes a llegar a una solución política consensuada.

Partidarios del Polisario pueden persistir en su afán de hacer creer lo contrario y en tratar de controlar el relato sobre el conflicto, pero sería más edificante y constructivo que se reconciliaran con los hechos y se deshicieran de los puntos de vista tendenciosos y parcializados.

Cuanto más pronto los partidarios del Polisario admitan la realidad, acepten que el referendo nació muerto y comprendan que se deben buscar otras vías para conseguir una solución consensuada, será mejor para la paz, la prosperidad y la estabilidad en la región y, por ende, para los intereses de los países del Mediterráneo y el norte de África.

Samir Bennis, Doctor, analista político, asesor político senior en una embajada árabe en Washington DC. Es cofundador y editor en jefe de Morocco World News

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