Miércoles, 24 Octubre 2018 16:36

El cristianismo católico en el siglo XXI

El cristianismo católico en el siglo XXI

La visita del papa Francisco a Colombia fue un acontecimiento muy importante para los católicos, pero aún más para los que somos laicos. Su discurso renovado evidencia una cercanía a una sociedad que cambia rápidamente, situación que estima un trabajo muy duro hacia el interior de una institución como es la católica, quien le había dado la espalda a sus seguidores acosados por los desafíos que plantea el mundo actual.

 

Es un hecho evidente: a la Iglesia Católica le costó mucho trabajo entender que la sociedad había cambiado. Hecho palpable a lo largo del siglo XX. Durante esas diez décadas, la Iglesia Católica en cabeza de sus representantes, el Papa y Cardenales, practicaban una Iglesia con creencias y métodos que habían evolucionado muy poco en los últimos cuatrocientos años.

 

Era una actitud regresiva ante una sociedad multiplicada en número de habitantes, intercomunicada por radio y televisión, cada vez más urbana, con imaginarios cada vez menos apegados a la tradición, a las verdades trasmitidos de padres a hijos, lo que le planteaba a la Iglesia resolver variedad de retos en este mundo concreto, para lo cual era de poca ayuda insistir con promesas de un cielo etéreo y abstracto, que ya no encontraba sintonía con las angustias y realidad apremiante de la población cristiana católica.

 

Los cambios sociales producto de dinámicas económicas perversas empujaron al mundo del siglo XX –en su mayoría de creencia católica–, a dos guerras mundiales en menos de cuarenta años y a un sin número de confrontaciones violentas en los siguientes cincuenta años.

 

En estas circunstancias, vivir en pleno siglo XX no era fácil, situación que permite preguntar ¿Y, dónde está la Iglesia Católica? En todo este caótico mundo, dónde estaba la presencia de un guía espiritual y el apoyo moral para sus seguidores, lo que hubiese aliviado el gran dolor de muchos cristianos católicos en aquella época; era lo mínimo que se esperaba. Pero la Iglesia católica por intermedio de sus representantes se encontraba cercana al poder político, en muchos casos dictadores y tiranos, y en otros casos cercana a quienes ostentaban el poder económico, ambas instituciones responsables de la debacle de los valores fundacionales de una sociedad moderna, como son la libertad, la justicia y la equidad.

 

Pero, de igual manera, hacia el interior de la Iglesia se movían manifestaciones que entendían que esta Iglesia no podía seguir al margen de las necesidades humanas, siendo solo espectador del dolor y en algunos casos complaciente, callando sin musitar palabra. Luego, el espíritu de renovación en el discurso se hizo sentir en medio de la debacle.

 

El papa Juan XXIII convoca, hacia mediados del siglo XX, al Concilio Vaticano II, con clara disposición de impulsar reformas hacia el seno de la Iglesia católica hundida en el pasado, pero solo un poco más de diez años duró la reflexión, ya que la muerte de este Papa renovador precipitó el fin de esta oportunidad histórica de lograr identificar el objetivo de la iglesia ante los cambios veloces que experimentaba la sociedad. Hacia el año de 1965, quien lo sucede, el papa Pablo VI decreta el final del Concilio Vaticano II; luego la etapa de reflexión y cambio solo se dio en algunos asuntos de poca profundidad para la Iglesia.
Pese a esto, en Latinoamérica un sector de la Iglesia católica entendió la necesidad de continuar con un discurso progresista, sin aceptar la regresión de la Iglesia en el resto del mundo, continuando así con una acción social progresista que permitiera fundar una nueva visión de la acción pastoral, con fundamento en el contacto directo con las necesidades y apremios de una gran mayoría de la población marginada, y en franca situación de pobreza, en estos países que en su mayoría se encontraban gobernados por las dictadores militares.

 

Este movimiento latinoamericano de sacerdotes progresistas definió nuevas reflexiones teológicas sobre el papel de la Iglesia católica en los países pobres, despertando polémica entre los sectores más conservadores de la Iglesia en Latinoamérica y en las élites de cada país. Esta nueva teología se empezó a denominar “Teología de la Liberación”, caracterizada por la experiencia de conocer a Dios dentro del sufrimiento y la lucha de los pobres, y en algunos casos en lograr explicar y defender esa experiencia1. Igualmente, “La Teología de la Liberación articula una experiencia de Dios en el pobre que tiene lugar en la iglesia”2.

 

Ante la aparición de una manera diferente de trabajar y acompañar al ser humano, que reclama la presencia de Dios desde sus mismas necesidades vitales, el cardenal Ratzinger, jefe de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano, dio alcance a lo que se denominó como Teología de la Liberación en América Latina en una carta denominada “Carta Ratzinger”, donde arremetía en contra de dicho movimiento, acción acompañada de la fuerte represión hecha a sacerdotes progresistas. Como se recordará este Cardenal luego fue ungido como el papa Benedicto XVI y dirigió a la Iglesia entre los años 2005-2013.

 

Pasaron algunas décadas después de este intento de renovación, que si bien no generó los cambios esperados en su momento, estos quedaron postergados hasta cuando un cardenal latinoamericano logró alcanzar la máxima posición en la estructura jerárquica de la Iglesia católica como es el papa Francisco, que, si bien no practicó este tipo de teología, si logró experimentar de cerca la acción pastoral de muchos de sus colegas en aquella época. El papa Francisco fue el que logró que la Iglesia católica abriera sus ojos ante la nueva sociedad después de un largo sueño de más de quinientos años y sin perder tiempo abordará temas de inmensa preocupación en la población cristiana católica actual, como son la violencia hacia la mujer, el aborto, la homosexualidad, la práctica de la fe en Cristo para los cristianos católicos y demás palabras que permiten ver con esperanza la necesidad de acercar a la Iglesia a sus seguidores.

 

A finales del año 2017 el papa Francisco visitó a Colombia como una acción concreta de la participación de la Iglesia en el proceso de paz en marcha en el país, haciendo una praxis dramática y comprometida con este logro, a diferencia de situaciones anteriores, en donde la Iglesia no asumió el papel protagónico que se esperaba en el acercamiento de las partes en conflicto a partir de entender que la fe cristiana no tiene color político o ideología.

 

Luego, no es atrevido pensar, que aquellas enseñanzas y lecciones aprendidas fruto del intento de algunos sacerdotes que cuarenta años atrás llevaron la acción pastoral al contacto directo con los problemas del ser humano del común, denominado por algunos “Teología de la Liberación”, hoy se encuentran presentes en algunas de la acciones y discursos concretos que este Papa utiliza como método de acercamiento a la población cristiana católica que lo sigue. Por esto, se podría afirmar que es el principio del entendimiento sobre la coherencia entre el discurso y la acción, que son las bases fundamentales para la construcción de un cristianismo más cercano a los problemas concretos del ser humano en el presente siglo. Muchos seguidores del papa Francisco animados por su espíritu renovador, desean que tenga un pontificado extenso, y que como líder de su iglesia logre reconstruir un cristianismo católico capaz de afrontar los retos que le plantea el siglo XXI.

 

1 Berryman, Phillip, Teología de la Liberación, Siglo XXI Editores. Colección Sociología y Política. Tercera edición en español. Impreso en México.
2 Ídem.

* Arquitecto con más de veinte años de experiencia de trabajo en temas urbanos y de ordenamiento territorial en entidades públicas y privadas; Especialista en Gestión y Planificación del Desarrollo Urbano Regional y Magíster en Sociología Urbana.

Bibliografía
Restrepo, Javier Darío, La Revolución de las Sotanas. Golconda 25 años después, Editorial Planeta. Segunda edición. 1995.

 

Publicado enEdición Nº251
Una breve nota de antropología de la ciencia

 

La antropología de la ciencia permite comprender el más apasionante de los fenómenos científicos, metodológicos y semánticos actuales, en curso: nos encontramos en medio de una auténtica revolución científica, en donde emergen muy buenas razones y dudas frente a la idea de un método científico único, y del estatuto de dicho método.

 

Es un hecho establecido que, en la ciencia y en la metodología normales, se habla: a) de el método científico (como si no fueran posibles otros, varios, múltiples), y b) del método científico como consistente en observación, descripción, formulación de hipótesis, verificación o contrastación o falsación de la hipótesis con la experiencia, y entonces formulación de un modelo o de una teoría acerca de los fenómenos. Hasta aquí nada nuevo.

La pregunta que surge es: ¿qué explica, por qué razón se asumió desde la modernidad que el método científico consistía o consiste en estos pasos? La antropología aporta luces que permiten entender el mito fundacional de la ciencia clásica y normal imperante.

Cada época desarrolla la ciencia que puede y, al mismo tiempo, cada época desarrolla la ciencia que necesita. Pues bien, sin ambages, toda la ciencia moderna, desde Bacon hasta Pasteur, desde Vesalius hasta Galileo, desde Leeuwenhoek hasta Newton, por ejemplo, o también, desde Descartes hasta Adam Smith, es la ciencia de la burguesía como clase social en ascenso. Esta burguesía triunfará políticamente en 1789 y económicamente con la Revolución Industrial.

Si hemos de creer a dos fuentes distintas, pero cercanas, de acuerdo con Hegel (Fenomenología del espíritu) y a Marx (Contribución a la crítica de la economía política), la burguesía no hace nada: simplemente paga para que los campesinos o los obreros hagan el trabajo. De forma habitual, un burgués no sabe coser un botón, no sabe cultivar la tierra o preparar un plato en la cocina, no sabe reparar una máquina, lavar un perro o cuidar de una vaca. Y es que no necesita saberlo porque tiene el capital que le permite pagar por el trabajo. Trabajo físico o intelectual que otros hacen.

El burgués de la modernidad temprana, mediana y tardía sencillamente observa pasar el mundo; observa los acontecimientos, incluso, si se quiere a distancia, y los describe. Desde la comodidad de su estudio, de su casa o de su hacienda, formula hipótesis y demás, pero jamás se ensucia las manos. La ciencia moderna genera una conciencia epifenoménica; es justamente la conciencia de la burguesía, en el sentido cultural, social e histórico de la palabra.

Precisamente por esta razón, el método científico nació y se estableció de la forma como se ha transmitido hasta la fecha.

El método científico nace como resultado de la mentalidad fisicalista producto del triunfo de la mecánica clásica y se corresponde perfectamente con la mentalidad deductiva o hipotético–deductiva que caracteriza a la civilización occidental: “si los hechos no se ajustan a mi modelo o a mi teoría, tanto peor para el mundo”. Los modelos jamás fallan; es, en el peor de los casos, la comprensión y la aplicación de los modelos —por parte de otros— lo que falla. La economía y las finanzas son un ejemplo conspicuo al respecto.

El mundo se observa a la distancia, y la distancia y el distanciamiento son justamente lo que da origen a la actitud, al método y a la aproximación del mundo propio de la ciencia moderna. Al fin y al cabo, la perspectiva, descubierta originariamente por Brunelleschi, implica el hecho cultural, científico y social de que cada quien tiene su (propia) perspectiva. Esto es, su punto de vista.

Así, la burguesía, contra el peso de la Iglesia en el medioevo, descubre que una perspectiva sobre el mundo y la realidad es posible, y ello va intrínsecamente ligado al descubrimiento del individualismo. Cada quien tiene su punto de vista. Y eso es respetable, se dice.

De consuno, el método científico permite y garantiza la objetividad y la universalidad de la ciencia, de los experimentos, de los argumentos. Que es justamente el fundamento de todo el mundo moderno. Y del mundo normal vigente a la fecha.

De esta suerte, el método científico se erige en canónica frente a los razonamientos tanto como frente a los fenómenos y los hechos. De partida, la primera afirmación fuerte de la conciencia moderna es el reconocimiento de los hechos, de los fenómenos: facts – data. Sin datos es imposible hacer ciencia, y los datos son susceptibles de observación y descripción, y demás.

De esta suerte, la forma normal de hacer ciencia es tomando distancia de los fenómenos, y sí, justamente, observándolos, describiéndolos y los demás pasos. Dicha ciencia y método garantiza varias cosas, así: en primer lugar que la prerrogativa de la buena conciencia consiste en observar y explicar el mundo y que, por tanto, es la prerrogativa de la buena ciencia formular modelos acerca de la realidad y la naturaleza. La capacidad comprensiva y explicativa del modelo define exactamente la realidad misma de los fenómenos.

Pues bien, la conciencia epifenoménica, fundante de el método científico es, al mismo tiempo, una conciencia distante e indolente del mundo. Como lo pusieron de manifiesto gente como I. Prigogine y S. Kauffman, desencantó el mundo. El mundo se volvió, simple y llanamente, un amasijo de hechos, datos, observaciones y modelos; y en el mejor de los casos, de teorías subsecuentes.

Una conciencia semejante no se compromete con el mundo ni con nada, porque ya tiene sus intereses creados, sus zonas de confort y sus ganancias aseguradas de antemano. La indolencia, el desapego y el desafecto son las consecuencias necesarias del método científico. “Que al mundo le duela lo que le haya doler, porque la ciencia es objetiva y universal”. Lo cual, en realidad, no es sino la traducción epistemológica de la más cara de las consignas de los poderes e imperios: “dura es la ley, pero es la ley”; desde los romanos.

Por lo demás, el desencantamiento del mundo vuelve psicótico al universo del conocimiento: es exactamente la idea de las dos culturas; las ciencias de un lado, y las humanidades de otro.

Como se aprecia, la antropología de la ciencia permite comprender el más apasionante de los fenómenos científicos, metodológicos y semánticos actuales, en curso: nos encontramos en medio de una auténtica revolución científica, en donde emergen muy buenas razones y dudas frente a la idea de un método científico único, y del estatuto de dicho método.

La historia en el futuro inmediato pondrá de manifiesto lo que pueda suceder de la revolución científica en curso en la que nos hallamos, todos, inmersos. Entonces, la propia antropología de la ciencia habrá cambiado, junto al cambio mismo de la ciencia, y del mundo.

 

 

Miércoles, 21 Septiembre 2016 07:03

Cinco reflexiones sobre Marc Bloch

Cinco reflexiones sobre Marc Bloch

 

Edición 2016. Formato 17 x 24 cm. 133 páginas.
P.V.P:$30.000 ISBN: 978-958-8926-15-5

 

Reseña:

Los instigantes ensayos de Carlo Ginzburg que incluye este libro, giran todos en torno de la obra y los aportes de Marc Bloch, quien ha sido sin duda, en la primera mitad del siglo XX,el más importante historiador a nivel mundial.

En ellos, y como testimonio de un "dialogo imaginario" de más de medio siglo, a decir del propio Carlo Ginzburg, encontramos tanto muy ricas y originales reflexiones metodológicas sobre los modos hoy más avanzados de llevar a cabo el oficio de Clío, como también muy heurísticas hipótesis sobre la compleja herencia blochiana, por ejemplo, en torno de la historia y el desciframiento de las creencias populares, o respecto de la complicada relación entre la investigación histórica y la narración de los resultados de esa investigación, pero también en relación al significado de las plabras y de los conceptos, tanto de los actores históricos como de los propios historiadores, o en cuanto al estudio de las dimensiones de los documentos y de los testimonios, que nos lleva desde las revelaciones voluntarias en los testimonios voluntarios, hasta las revelaciones involuntarias en los testimonios voluntarios, o hasta en los testimonios involuntarios, entre otros de los importantes temas aquí abordados.

El apendice aquí incluido es el primer texto que en toda su vida le fue publicado a Carlo Ginzburg, y el quinto ensayo es el texto hasta ahora inédito en cualquier lengua, de la Conferencia con la que su autor inauguró, en el año 2014, la importante Cátedra Marc Bloch de la Escuela de Historia de la Nacional Autónoma Universidad San Carlos de Guatemala.

 

Carlo Ginzburg (Turín, 1939).

Es doctor en Filosofía y Letras por la Universidad de Pisa. De 1988 a 2006 fue docente en el departamento de Historia en la Universidad de California (UCLA) y desde entonces es profesor de Historia de las Culturas Europeas en la Scuola Normale Superiore de Pisa. Asimismo, ha enseñado en las universidades de Bolonia, Harvard, Yale y Princeton, en el Warburg Institut en Londres y en la École Pratique des Hautes Études en París. Su labor le ha merecido muchos reconocimientos, entre ellos, el Aby Warburg Prize en 1992 y el Premio Salento en 2002.

Sus libros han sido traducidos a numerosas lenguas. Entre sus obras se cuentan: Los benandanti. Brujería y cultos agrarios entre los siglos XVI y XVII (1966), El queso y los gusanos. El cosmos según un molinero del siglo XVI (1976), Pesquisa sobre Piero (1981), Mitos, emblemas, indicios. Morfología e historia (1986), Historia nocturna. Un desciframiento del aquelarre (1989), El juez y el historiador. Acotaciones al margen del caso Sofri (1991), Ojazos de madera. Nueve reflexiones sobre la distancia (1998) y Ninguna isla es una isla. Cuatro visiones de la literatura inglesa desde una perspectiva mundial (2000).

 

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Martes, 20 Septiembre 2016 06:43

“Hoy llevamos la biblioteca a todos lados”

“Hoy llevamos la biblioteca a todos lados”

Mitra cuestiona los modos de enseñanza –basados en la memoria– y de evaluación –basados en el método– dominantes en el sistema educativo. Promueve la incorporación de las tecnologías informáticas al aula.

 

“Las personas que dirigen hoy el sistema educativo siguen pensado que cualquier cosa que tiene dos cables es tecnología, pero los niños no ven así el concepto y eso es un problema”, describió Sugata Mitra, uno de los principales investigadores sobre las tecnologías de la educación a nivel mundial. Mitra nació en la India hace 64 años, se graduó en el Instituto de Tecnología de Nueva Delhi y se doctoró en Física. Fue en Delhi donde realizó su experimento “El agujero en la pared”, que le dio fama internacional, cuando demostró que los niños, más allá de su conocimiento previo, podían utilizar correctamente una computadora sin que nadie les dijera cómo: les alcanzaba con observar para aprender. Mitra es crítico de los procesos educativos que excluyen las tecnologías del aula, pero también de los docentes que la utilizan sin su adecuado conocimiento. Actualmente dicta clases sobre tecnologías educativas en la Universidad de Newcastle, ciudad donde vive en Inglaterra.


“Lo que entendemos ahora por acceso a la tecnología es quién tiene acceso a internet y quién no. Después, la frecuencia con la que la usan. Existen tres categorías: las personas que no usan internet, las que la usan y no hacen mucho, y las que la utilizan las 24 horas del día. La gente que no tiene internet está decreciendo. De siete billones son dos billones los que no tienen acceso”, dice, en una entrevista con Página/12.


–¿Cómo se saldan las diferencias económicas en el acceso y el uso de las tecnologías?


–Si efectivamente hay acceso, no hay diferencia. El problema es socioeconómico. Es probable que las empresas de telecomunicaciones provean mucho menor ancho de banda donde hay menos gente, porque les interesa menos. Los gobiernos deben proveer donde las empresas no van a llegar.


–¿Hay resistencia a la tecnología en las escuelas?


–Sí, de tres tipos. Los que dicen no necesitar tecnología para enseñar, esos a veces tienen un problema de ego: el que no la necesita es porque es muy bueno, el problema es que hay muy pocos. Los que dicen saber todo acerca de la tecnología y no quieren recibir ayuda, pero sólo usan el PowerPoint pensando que eso es tecnología: son los más peligrosos, porque piensan que están actualizados, pero no. Y el tercer tipo, con el que más empatizo, son los docentes que saben que el sistema educativo tiene 200 años funcionando y, como no tienen tiempo para incorporar tecnologías a sus clases, no lo hacen: a este sujeto debe apoyar el gobierno, sacándole carga horaria para que pueda incorporar tecnología en la enseñanza.


–¿Por qué dice que la educación es invasiva?


–El viejo modelo militar-industrial asume que uno llega vacío a la escuela. Entonces el sistema te desarrolla la mente y la inteligencia, como si la mente fuera una máquina industrial, pero sabemos que no lo es. Por eso es invasiva, se apropia de la mente.


–¿Qué le critica al actual modelo de enseñanza?


–Se da por sentado que memorizar es igual a saber, pero no tiene por qué ser así. La otra premisa que no se cuestiona es que se necesita saber una cantidad de datos por si los necesitás algún día. Eso tiene su base en la idea de que no podés llevar con vos la biblioteca a todos lados, pero es un error, un concepto antiguo, porque hoy sí tenemos la capacidad de llevar la biblioteca a todos lados. Es casi una creencia que, si buscás todo el tiempo datos en tu biblioteca digital, tu cabeza esta vacía. Es una concepción peligrosa, porque cuando uno busca algo está aprendiendo. Sucede que muchas cosas se buscan sólo una vez. El sistema educativo hoy intenta amontonar todo en los primeros 17 años, pero la verdad es que la educación se expande a lo largo de toda la vida.


–¿Cuál cree que sería el mejor método para comprobar el conocimiento?


–Estamos trabajando en eso, tengo parte de la respuesta. Hay que concentrarse en el trabajo productivo por encima del método. Un ejemplo: si le pedís a alguien que te haga el desayuno, pero la evaluación es que describa cómo lo prepara, una persona que no sabe probablemente fracasaría. Pero si el examen es que traiga un desayuno que preparó, y lo hizo rico, no me interesa cómo lo hizo. A eso me refiero con el producto final y no con el proceso.


–¿Por qué se tomó siempre el proceso como lo más importante?


–Son hipótesis sobre las que seguimos elaborando. Si vas en un barco a un lugar que no conoces, y necesitás averiguar latitud y longitud, debes saber el método exacto, tenés que saber hacer ese cálculo. Ese mundo es relativamente nuevo, existe hace 150 años y exige saber el método, no había un rango de métodos. Esa sociedad creó un método de evaluación donde lo importante era el proceso, así funcionó muchos años el mundo.


–¿El método que usted pregona es superador del anterior modo de enseñanza?


–A veces estoy confundido con ese tema. Es una cuestión de flexibilidad de qué método se usa bajo qué circunstancia.


–Antes de realizar el experimento que relata en el libro El agujero en la pared usted vivió una situación similar con su hijo. ¿Dónde está la racionalidad de que quien utilizó mejor el objeto nuevo fue quien tenía menos conocimiento previo?


–El propósito de esa anécdota es para decir dos cosas: que los niños aprenden mirando, cosas complejas inclusive. Mi hijo sólo veía cómo yo utilizaba la computadora, pero un día yo no sabía qué hacer y él me orientó. La enseñanza en la actualidad no toma eso en cuenta.


El descubrimiento de Sugata Mitra fue probado en muchos países, con chicos de diferentes sectores sociales, algunos que asistían a la escuela y otros que no. Todos arrojaron resultados muy similares, que los niños aprendían rápidamente observando e interactuando entre ellos.


–¿Esto es extrapolable a la educación superior?


–Tal vez con adultos se obtengan mejores resultados, pero hasta el momento no se hizo nada. Cuando evalúan hoy a un ingeniero civil le preguntan cómo hacer un puente sobre tal río. El nuevo sistema de evaluación le diría cómo haría para averiguar qué tipo de puente hay que construir sobre este río. Ya no es cómo lo harías, sino cómo averiguas cómo hacerlo.


–¿Por qué?


–Un ingeniero que se graduó en la UBA hace varios años hoy tiene un conocimiento obsoleto, a menos que se haya actualizado. Su certificado ya no significa nada. Hace 150 años, 15 años no significaban nada, pero hoy es distinto. Yo me doctoré en Física hace 38 años, pero el 50 por ciento de lo que aprendí hoy sé que está mal. Si alguien usa ese título para hacer algo, quizá haga algo peligroso.


Antes de ponerse su boina e irse a comer un bife de chorizo a un restaurant de la zona, para después retornar a la sede del sindicato docente Fedun, donde brindó una charla para el nuevo Instituto de Investigación en Tecnologías y Aprendizaje creado por Aduba, Sugata Mitra contó que en Newcastle, hace algunos días, se cruzó con un chico al que le preguntó si le gustaba usar la tecnología. “¿Qué es la tecnología?”, le preguntó el chico. Mitra se quedó perplejo. “Hay un desfasaje muy grande –finalizó– entre quienes dirigen el sistema educativo y quienes asisten a las aulas.”

Publicado enCultura
Lunes, 20 Mayo 2013 10:46

Antimanual del mal historiador

Antimanual del mal historiador

 

3era edición 2013.Formato: 17 x 24 cm, 130 páginas
P.V.P:$20.000   ISBN:978-958-8023-22-2

 

Reseña:

Si un manual tradicional que ayuda a formar malos historiadores oficiales y tradicionales comienza siempre por ciertas definiciones, entonces, un antimanual como éste -que persigue abrir el espacio y coadyuvar a crear las condiciones para formar nuevos historiadores críticos-, debería comenzar tal vez con toda una serie de antidefiniciones. Anticonceptos y antinociones de lo que debemos entender por historia, de cuál es su objeto específico de estudio, de sus métodos principales y de sus técnicas fundamentales, lo mismo que de sus objetivos, sus resultados y sus modelos, teorías, categorías y problemáticas más esenciales.

Entonces, definiendo o estableciendo lo que para nosotros no es la historia, los problemas a los que no debería limitar su estudio, y las técnicas que no la debieran confinat, etcétera, quiza sea posible no sólo identificar con más precisión este tipo de historia tradicional y aburrida que todavía hoy padecen nuestros estudiantes a los largo de toda su formación, sino también ayudar a desbrozar el camino para superar este tipo de historia, para tener capacidad de proponer y practicar otra historia, completamente diferente y nueva para restituirle su dimensión profunda como historia crítica, vinculada a los movimientos sociales actuales y a las urgencias y demandas principales del resente, a la ve que dispuesta a contribuir y a colaborar, en la medida de lo posible, en la construcción de un futuro diferente, donde se eliminen la explotación económica, el despotismo político , la desigualdad y la discriminación sociales, con el fin de que el porvenir no sea visto, como sucede hoy, con aprehensión y temor sino , por el contrario, con verdadero optimismo y profunda esperanza.

 

Carlos Antonio Aguirre Rojas. es Doctor en Economía por la UNAM y ha realizado investigaciones posdoctorales en Historia en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París. Nació en la Ciudad de México en 1955. Organizador de las Primera Jornadas Braudelianas Internacionales (México, 1991). Sus artículos han sido traducidos al portugués, inglés, francés, italiano, alemán, ruso y chino. Desde hace más de veinte años contribuye a la difusión didáctica de metodologías de historia crítica, de Marx a Edward Thompson, pasando por Bloch, Benjamin, Elias y Ginzburg. Fue nombrado Directeur d’Etudes en la Maison des Sciences de l’Homme en seis ocasiones y profesor invitado en universidades de Francia, Estados Unidos, Cuba, Perú, Guatemala, Colombia, entre otros países

 

 

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Miércoles, 15 Junio 2011 20:25

Muerte y renacimiento de la ciencia de Marx

 Cuando la gravitación de los dogmas del poder distorsiona al método científico, éste queda como un cascarón. Y la evolución condena el sistema que lo hace, a la muerte.
 
1. El estancamiento de la ciencia marxista
 
Para derrumbar un sistema social físicamente hay que derrumbarlo primero ideológicamente. Este es el campo de batalla en que La Izquierda occidental ha fracasado desde hace un siglo. La explicación científica de este fracaso oscila entredos teoremas de Engels y Marx: 1. “Sin teoría revolucionaria no hay praxis revolucionaria” (Engels); 2. “La teoría se realiza en un pueblo sólo en la medida en la que es la realización de sus necesidades” (Marx).
 
En cuanto a la primera dimensión del problema, la ciencia de Marx y Engels en Occidente está truncada desde la muerte de Lenin, quién desarrolló los últimos grandes paradigmas científicos de la transición postcapitalista. Es comparable la situación de la ciencia de Marx/Engels a una ciencia física que se hubiera quedado en Newton, sin las posteriores evoluciones de Einstein, Planck, Heisenberg, Gell-Mann et al. ¿Qué praxis innovadora y transformadora podría tener tal ciencia en el Siglo XXI?
 
2. Los Partidos Comunistas, víctimas del modelo de Stalin
 
En los países del Socialismo del Siglo XX, las causas del estancamiento evolutivo radicanen el modelo de gobierno soviético desarrollado por Stalin. Un efecto sistémico trascendental de este modelo fue, que convirtió a los Partidos Comunistas de vanguardias de transformación en burocracias conservadoras, garantes del status quo. Al monopolizar éstas todo el poder del sistema, no quedó ningún sujeto proactivo libre que pudiera avanzar la evolución postcapitalista. El diagnóstico del Partido Comunista de Cuba,que Raúl Castro realizó en el VI Congreso del PCC, es representativo de la involución de esos sujetos colectivos. El PCC se caracteriza, dijo el gran revolucionario, por el "dogma", las "consignas vacías", el "reunionísmo", el "amiguismo" y la "mentalidad de inercia". Se repite entonces la interrogante: ¿Qué praxis innovadora y transformadora podría tener tales partidos en el Siglo XXI?
 
3. Parque jurásico
 
Dado que esos partidos controlaban extensamente la vida espiritual de los Estados y sociedades del Socialismo del Siglo XX, asfixiaron con la mediocridad y el oportunismo de sus burócratas todo ambiente libertario y de vanguardia en las ciencias sociales y el debate público. Crearon, de hecho, un parque jurásico al estilo del Vaticano, que sustituyó a la dialéctica---o, como diríamos hoy, la cibernética--- por la teología. El resultado fue que en medio siglo de existencia, sus universidades y Departamentos Ideológicos no produjeron ni un solo paradigma científico nuevo en la economía, la teoría del Estado, la democracia política o la antropología del “hombre nuevo”. En su nueva escolástica reemplazaron Aristóteles por Marx, Engels y Lenin. El desastre que provocaron se ve en todo el campo de las ideas, salvo en las ciencias naturales, donde el rigor del protocolo científico bloquea la penetración de los curas de la escolástica “socialista”.
 
Cuba es un buen ejemplo de esta situación: Sus aparatos ideológicos, incluyendo el Partido, están dominados por funcionarios mediocres, dogmáticos y arrogantes. En su sector de ciencia, en cambio, particularmente en la biotecnología y medicina, un gran número de cuadros tiene unaexcelencia y productividad de nivel mundial y, de sencillez y modestia ejemplar.
 
4. Marx en el “Mundo Libre”
 
En el “mundo libre”, fuera del gueto mental estalinista, tampoco se logró la evolución de los paradigmas científicos para la transición a la Fase Superior del Socialismo (FSS), el Socialismo del Siglo XXI. Hal Draper escribió la que, sin duda, es la mejor obra sobre el Marxismo desde la muerte de Lenin (Karl Marx´s Theory of Revolution). Desde la academia, Althusserl y Poulantzas trataron de reavivar la llama debajo de las cenizas, aportando algunos elementos positivos. Pero, no era suficiente, porque el renacimiento científico de Marx, Engels y Lenin sólo es posible mediante la simbiosis del materialismo histórico-dialéctico con los conocimientos de la vanguardia científica contemporánea.
 
Esto es lo que han hecho los científicos de la tricontinental Scientists for a Socialist Political Economy (SSPE/BRPP). Peters, Stahmer, Dieterich, Cockshott, Cottrell, Bartsch, entre otros, han logrado identificar y configurar los elementos básicos de la economía política del postcapitalismo. Este trabajo lo está ampliando actualmente la SSPE con la configuración del paradigma del Estado y de la democracia de la sociedad postcapitalista, porque no puede haber teoría del capitalismo y socialismo, sin la correspondiente teoría del Estado.
 
5. ¿Hay una ciencia “marxista”?
 
Para no volver a caer en el estéril debate de los años sesenta, acerca de que si existe una ciencia marxista, burguesa, feminista, machista, cristiana, etcétera, es necesario aclarar el carácter del proceso científico. La esencia de la ciencia empírica es el protocolo o método científico que consiste en una secuencia interactiva (dialéctica) de cinco procedimientos. Esta secuencia de pasos es independiente del fenómeno de investigación, ya sea del mundo social, ya sea del mundo natural. Es decir, el método científico no tiene adjetivos y es justo esa intersubjetividad que le permite producir conocimiento objetivo. Si se subjetiviza al método, queriendo hacerlo partidista, se destruye.
 
6. Ciencia y Revolución
 
¿Quiere decir esto que la ciencia no tiene bandera? ¿Qué es apátrida, estéril? No, de ninguna manera. Tiene una bandera, una sola. Y esta bandera se llama “verdad”. ¿Cómo se concilia, entonces, la necesaria objetividad del método científico con la praxis revolucionaria? Con relativa facilidad, entendiendo el proceso investigativo en sus tres fases diferentes. La primera y la tercera---la selección del fenómeno de investigación y la divulgación de los resultados---sí, son “partidistas”. El género, la situación de clase, la nacionalidad, la metafísica, la conciencia, en fin, toda la personalidad del investigador ysus relaciones sociales influyen en esas fases. En la fase dos, sin embargo---el procesamiento de los datos del fenómeno mediante el método científico--- esos factores de su subjetividad tienen que ser controlados. Si el investigador no logra esto, se malogra el proceso científico y no se llega a la verdad de los fenómenos.
 
Este es el secreto del dogmatismo. Cuando la gravitación de los dogmas del poder distorsiona al método científico, éste queda como un cascarón. Y la evolución condena el sistema que lo hace, a la muerte. Como experimentaron las aristocracias feudales y“socialistas” en su momento.
 
Por Heinz Dieterich en Kaos en la Red
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Publicado enInternacional
Domingo, 16 Mayo 2010 07:02

El otro método

La abstinencia como método hegemónico en el tratamiento de las adicciones fue y es constantemente criticada por quienes promueven una política de drogas más humana. Su implementación, al igual que las campañas con ese mensaje simplista y cerrado que se embandera tras el “no a las drogas”, aleja toda posibilidad de diálogo con los que consumen. “Básicamente, porque no corresponde a su realidad y el consumidor no va a mostrar interés ni en la propuesta ni en el mensaje”, asegura Nelson Feldman, un prestigioso psiquiatra argentino especializado en tratamientos de usuarios problemáticos, que atiende en el Hospital Universitario de Ginebra, Suiza. Feldman fue invitado a fines de abril al último Congreso Argentino de Psiquiatría realizado en Mar del Plata, su exposición se tituló: “Del paradigma de la abstinencia a la diversificación de tratamientos”.

Feldman es coordinador del Servicio de Abuso de Sustancias del Departamento de Psiquiatría, un programa donde se les brinda heroína a ciertos pacientes, con un grado comproblable de adicción en el tiempo, hasta tres veces por día. Los pacientes pueden pincharse en el hospital y volver seis horas después cuando se acaba el efecto. No pueden llevarse la heroína a casa, sólo pueden llevarse metadona, un sustituto derivado de opiáceos que se usa como estrategia de desintoxicación para heroinómanos. También prescribe aceite con extracto de THC, el principio psicoativo de la marihuana, como paliativo para pacientes con cáncer o VIH positivo pero también adictos a otras sustancias ilegales.

En Suiza, además, hay lugares cerrados, conocidos en otros países como “narcosalas”, donde los usuarios pueden consumir heroína, cocaína o crack sin ser molestados por la policía y con médicos, psicólogos y asistentes sociales presentes en caso de que deseen hablar, informarse o pedir ayuda. Por las calles se ven casas rodantes donde, con absoluta privacidad, el usuario puede pedir jeringas descartables a una enfermera y a un “educador”. Allí se les da información y consejos en caso de que los pida o los necesite. En unas máquinas llamadas Automats, ubicadas en la calle, también se pueden conseguir jeringas las 24 horas.

A partir del deseo del usuario de dejar o de controlar un consumo y de las necesidades urgentes para reducir el daño que provoca el uso de una droga, cientos de personas acuden al consultorio de Feldman en Ginebra. Es que allí se invierten los términos con lo que se trabaja en cientos de países: no se pasiviza ni se hace un objeto del paciente, no se lo declara “insano” para avanzar sobre su voluntad y libertad. Se lo acompaña y escucha. Se le muestra una salida acorde con lo que puede lograr.

Este psiquiatra partió de Buenos Aires a París hace casi 25 años becado para especializarse en tratamientos. Luego de ocho años en Francia decidió cruzar la frontera e instalarse en Suiza, que ya entonces tenía la política de drogas más abierta y avanzada de Europa. Sabe que en la Argentina la realidad es otra, pero no se cansa de preguntar una y otra vez sobre los avances en la legislación, quiere saber por qué la Ley de Salud Mental está frenada en el Senado y cuándo se despenalizará la tenencia de drogas para uso personal. Que los pacientes judicializados sean la norma y no la excepción le resulta “perverso”.

–¿Cómo llega el usuario al sistema médico suizo?

–Más allá de las emergencias, los usuarios llegan al servicio ambulatorio voluntariamente. En los casos de adicción, el paciente consulta por las consecuencias negativas de la adicción, como problemas personales, laborales o de salud. No llega judicializado, llega por las consecuencias negativas de su adicción, o sea, porque pierde el control, no va a trabajar o lo echaron, o porque tuvo problemas con su familia o su pareja.

–¿Cuánto tiene que ver con esto la política de territorializar el sistema sanitario y ponerlo al alcance de los usuarios?

–En la calle tenemos las garitas, los “automats”, donde no hay contacto humano, es para cambiar un jeringa vieja por una nueva. Y después está el bus. Ahí hay personal, generalmente una enfermera y un educador, y si el paciente dice “estoy mal, no sé qué hacer”, el enfermero o el educador le va a decir: “Mirá, por qué no consultás al servicio de adicciones”. Se le da un flyer con la dirección y el teléfono. Son actores de reducción de daños pero que pueden ser también vectores del servicio de atención.

–¿Sabe cuántas personas llegan a su consultorio de esta forma?

–No pasa todo a través de ellos, quizá sí, porque le hablaron de nosotros y guardó el papelito. O nos buscó en Internet. Pero no es algo tan directo. Lo que sí es cierto es que los servicios de reducción del daño son complementarios de los servicios de atención, no es algo que está contrapuesto. Digo, porque a veces se dice: ahí le promocionan la toxicomanía y después los otros tienen que curarlo. El que consume activamente en un momento va a necesitar atención y va a venir, el hecho de ir al bus de reducción de daños no le impide venir a nuestro servicio. Es una complementariedad dentro de los cuatro pilares de la política de drogas en Suiza: prevención, reducción del daño, tratamiento y represión, porque la policía tiene que hacer su trabajo, pero los pilares no son antagónicos.

–La prevención funciona en varias facetas, ¿está orientada a los que no consumen o los consumidores ocasionales y recreativos?

–A los no usuarios o a los que son usuarios recreativos, para que no vayan más allá.

–¿De qué se les habla?

–Se focaliza en el consumo problemático de alcohol, mucha prevención sobre conducta: el automóvil y consumo de sustancias, y alcohol en particular. Se hacen campañas de prevención a un público joven, sobre todo lo que llamamos “lugares festivos”: clubes, fiestas, festivales, recitales de rock, donde también aparecen asociaciones de reducción de daños y se dan mensajes y ponen stands adentro. Ahí reparten folletos sobre el efecto de cada droga y su costado negativo; son libritos con ilustraciones, están muy bien hechos. Y después está toda la información sobre la deshidratación para los que bailan en un lugar caluroso.

–¿Cobran muy cara el agua en los boliches y cierran el agua en el baño, como pasa en algunos lugares acá?

–Sí, o dejan sólo el agua caliente... justamente a través de estas campañas los clubes pueden obtener un logo que se llama safer clubbin, y que da una especie de afectación de calidad del club, por el cual se verifica que hay espacios de pausa, de chill out, que hay acceso, y el agua tiene un precio correcto y hay agua en el baño, además las organizaciones llevan botellones para recordar que hay que tomar agua.

–¿Antes cuál era el discurso oficial en Suiza?

–Era el que se daba en la escuela. Había información sobre sustancias pero hay que reconocer que no era algo exhaustivo.

–¿Que pasó al difundir más información?

–Se sabe que hay un porcentaje de jóvenes que consume, y no sólo por las estadísticas. Está la realidad, sólo hace falta abrir los ojos. Tenemos consumo de alcohol y de cannabis regular y problemático también. O sea, el discurso de prevención se dirige a ellos también, indicándoles los problemas derivados del uso de cada sustancia.

–¿Y cuáles son esas preocupaciones del usuario?

–¿Qué hay en un comprimido comprado una noche en una discoteca? El que consume no sabe nada de lo que hay adentro, quizá hay éxtasis, pero el efecto no es el mismo si hay 15 miligramos o si hay 90. Hay un riesgo de efectos secundarios, de toxicidad, más elevado si hay 90. Segundo: ¿realmente hay éxtasis en el comprimido o hay otras anfetaminas más fáciles de fabricar en forma clandestina y que son más tóxicas? Porque eso sucede. Alguien se toma una de estas pastillas, no le hace mucho efecto, se toma dos más, el problema es que estas anfetaminas que no tienen un efecto inmediato sobre el sistema nervioso central, sí tienen un efecto rápido a nivel cardíaco. Entonces, ese tercer comprimido, que le hace un poquito a nivel estimulación, le hace mucho a nivel cardíaco. Y el joven en realidad no tomó éxtasis, tomó una anfetamina más tóxica y peligrosa.

–En los boliches suizos se hacen testeos de sustancias.

–El hecho de que haya posibilidad de testear al menos le da la opción a la persona de saber que si lo toma se está exponiendo a un riesgo. O por lo menos sabe lo que hay dentro y lo que no, es una información básica.

Feldman asegura que “sin información no hay libre elección”. Este es el primer paso para solventar el llamado “uso responsable” de las sustancias. Saber distinguir entre estos usuarios y los que abusan de sustancias o dependen de ellas permite adecuar el tratamiento a realidades distintas. ¿Cuánto de estas estrategias se puede implementar en Argentina? “Sólo algunas”, dice. “La sustitución de sustancias no funcionaría con el paco porque es una droga difícil de controlar por los efectos y por el daño que produce”, informa el especialista.

Sin embargo, las salas de consumo (ver aparte) pueden ser una estrategia para acercar el sistema de salud y de contención social a los paqueros. Claro que antes habría que vencer ciertos prejuicios, las tentaciones autoritarias de quienes reclaman la internación compulsiva de los consumidores de paco, por ejemplo. Aceptar el hecho de que para tratarse puedan seguir consumiendo semejante veneno cuesta. Feldman lo sabe, con la heroína pasó lo mismo. Sin embargo, el especialista sigue apostando al gradualismo en el tratamiento: “Creo que resulta más creíble y posible que imponerle la abstención, si el paciente no quiere ni puede dejar de consumir una sustancia”.

Por Emilio Ruchansky
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