Miércoles, 03 Julio 2019 07:02

¡Desnudos!

¡Desnudos!

Como en el refrán, así anda la izquierda en política comunicativa. En días recientes, decenas de opinadores de este perfil ideológico, regulares en las redes sociales, no cesaron de expresar su inconformidad y su desconcierto una vez conocido el despido de Daniel Coronell de la revista que por años acogió sus escritos (Ver pág. 6). “Censura” era uno de sus razones para explicar la cancelación de las funciones del periodista. A renglón seguido estaban, en otro plano, la manifiesta preocupación por las denuncias en contra del uribismo y otros comentarios sobre el establecimiento que ya no circularían de manera regular.

“Desnudos” de información, así se sentían o al menos así dejaban traslucir en sus correos y trinos quienes lamentaban la decisión de los propietarios de la revista. ¿Quién podía suplirles ahora lo que regularmente brindaba el cesado? No se equivoca el refrán de marras cuando sentencia que “Al que de ajeno se viste en la calle le desnudan”.

Es una sentencia del saber milenario plenamente comprobada en esta ocasión, cuando aquellos que siempre han integrado la cúspide del poder nacional deciden, como lo permite la propiedad de una empresa –en este caso una casa editorial–, zanjar las diferencias que puedan tener con uno de sus empleados informándole –no se sabe si con la formalidad del sobre sellado o si con la informalidad hoy impuesta por las redes sociales o si, como gesto de respeto con el otro, en reunión privada, acompañados de un aperitivo y de las remembranzas de mejores épocas compartidas. ¡Vaya usted a saber!

Lo cierto es que la noticia progresó como mecha detonante por variedad de círculos, no solo de izquierda sino también liberales –como apenas es obvio– y de otro carácter, todos concitados por iguales razones y razonamientos, como si no tuvieran diferencia alguna en la manera de encarar el reto de las comunicaciones y de la información en general.

Tal reacción y la ausencia de disconformidad preocupan, por decir lo menos, ya que exteriorizan una vez más una realidad que caracteriza a los sectores que pretenden cambiar la estructura económica, social, militar, política, cultural, del país: su desinterés por la construcción de una política en comunicaciones propia –¡en plena época del Big Data!– de un carácter y una potencia que precisamente impidan que en cualquier momento les quiten la ropa facilitada de manera ‘gentil’ por quienes, contradictoriamente, dicen querer confrontar y desplazar del control del país.

Ese desinterés no es de ahora sino de siempre, con desprecio y desperdicio de la información que reúnen y no procesan las organizaciones sociales –sindicatos y otras– pero que en los últimos 20 años es más notable, toda vez que la información dejó de ser complemento de algo –la política o cualquiera de los vectores sustanciales del gobierno y del Estado– para constituirse en el centro de la sociedad misma –en tanto la atraviesa por todos sus poros–, en factor fundamental para la lucha por la vida y, con ella, en la disputa por la cultura –esencial en cualquier pretensión de verdadero cambio social– y la opinión pública como un todo.

Sorprende que esta realidad perdure en el tiempo y que estos sectores depositen su posibilidad de informarse sobre asuntos del poder, así como sobre sus disputas internas, en una casa editorial que hace parte del corazón del propio poder, como también lo son los pocos diarios con pretensión nacional que aún sobreviven en el país.

Y sorprende, pero al mismo tiempo es incomprensible tal actitud, porque ahora nos encontramos insertos en una revolución industrial de colosal tamaño y que desprende posibilidades de nuevo tipo, para, entre otros asuntos, encarar con éxito un proyecto comunicativo de nuevo tipo, uno del tamaño del sueño que cada proyecto social tenga. Y si esto es así, ¿por qué seguir apegados a la mano de aquellos a quienes se pretende desconocer? ¿Por qué no aprender a caminar por cuenta y riesgo propios?

Estamos ante una fuerte dependencia informativa, histórica y presente, que tiene explicaciones desde la primera de todas: los sectores dotados de vocación por un país distinto no se han apropiado de la realidad que constituye la revolución industrial en curso y sus implicaciones en multiplicidad de planos y órdenes. En efecto, además de las implícitas en lo que aquí abordamos, existe el hecho real de que hoy la información es patrimonio del conjunto humano, información que –bien tratada– permite intuir, deducir y comprender las particularidades del poder y las disputas desatadas a su sombra. Pero aquellos sectores tampoco han construido, como segunda de estas razones, un proyecto político con vocación y sentido propios y que no dependa de los ires y venires de su contraparte sino que se soporte y proyecte, profundamente, en un ideario de largo plazo y que dé cuenta de la totalidad de la estructura sobre la cual está parado, avivado por lo mejor de la historia y las luchas de las generaciones que le anteceden en el territorio nacional, así como de las luchas, los sueños, los idearios, de lo mejor de la humanidad en su conjunto, retomando también de tales experiencias y sueños, alimento ideológico y político.


Así, parece ganar terreno una preocupante incomprensión, acompañada de desinterés, de la revolución industrial en curso, lo que impide percibir que la construcción de un proyecto comunicativo, que otrora demandaba la inversión de un capital imposible para sectores alternos, hoy no bordea las cifras de antaño. Con una potencia mayor: actualmente resulta en alguna medida fácil un proyecto alterno, que de verdad quiera trascender o asuma la integridad de lo comunicativo como bastión para concretar su utopía, o simplemente reconozca que nunca dejará de ser marginal, aferrado a lo ideológico como balso para no desaparecer, pero con altas posibilidades de convertirse en referente.

Miremos el panorama. Hasta hace poco, para construir comunicación era necesario definirse por un segmento de la misma: escrita (periódicos, revistas y similares), visual (televisión y cine), oral (radio). Esos eran los sectores en que antes se podía incursionar, y cada uno por separado. Desde hace años, esto dejó de ser así. Hoy es posible –mucho más que factible, para ser enfáticos– irrumpir de manera simultánea e integrada en estos tres sectores de la comunicación, pero además como extensión de los mismos o vehículo para concretarlos, en redes sociales, la producción de libros, así como la materialización de una política educativa de índole masiva, todo esto como lo más evidente, y todo ello al mismo tiempo, si así se pretende, y de manera colectiva, además, como concreción de un sueño de nueva sociedad que demanda cooperación y complementariedad, dejando atrás los afanes protagónicos, competencia y sed de ganancia. Claro, así ha de ser si de verdad se pretende construir un proyecto diferente de comunicación.

Tenemos ante nosotros todo un mar de posibilidades, factible de acometer, sin necesidad de grandes edificios y grandes máquinas o equipos físicos. Y esas posibilidades se pueden asumir en una misma edificación (casa, bodega, oficina), en forma descentralizada (varios equipos humanos, cada uno de ellos desde lugares diferentes), entrelazados vía chat o similar. ¿Qué es lo determinante a la hora de afrontar este reto? Sencillo: el proyecto por liderar debe tener sentido propio –de país, región, mundo–, así como sentido histórico –de tiempo.

Un proyecto así, por sus demandas técnicas –unos cuantos computadores, cámaras de video, software para edición–, es factible de ser encarado por cualquier grupo social y político que lo pretenda. ¿Qué es lo fundamental al tomar esta decisión, como segunda demanda por resolver? Es claro: el conjunto humano que afronte y lidere el reto, el cual, sin duda alguna, es el sine qua non que habrá de resolver las dificultades, en este aspecto como en cualquier otro que se encamine hacia el cambio social.

Formar un equipo humano es la principal de las labores por desarrollar, de modo que con toda conciencia logre apropiarse del momento, las posibilidades que le rodean, el territorio que habita, las formas de ser y relacionarse de quienes allí viven, sus demandas, aspiraciones, sueños y disposiciones, simultáneamente con un amplio bagaje cultural que le permita moverse con libertad por la filosofía, la sociología, la antropología y las más diversas ciencias sociales, tanto con raíz de antaño como de reciente surgimiento. La comprensión de su tiempo habrá de permitirle la operación de las nuevas tecnologías, adentrándose y ganando solvencia en el manejo de software libre y web profunda, proponiéndose en todo momento la necesaria autonomía ante el software comercial, desde la conciencia de que ahora todo está controlado y bajo sospecha, además de que todos los programas tienen puertas traseras desde donde el poder existente puede llegar a conocer los quehaceres de los grupos contraculturales, por lo cual también pueden explosionarlos cuando así lo defina quien está interesado en controlar y dominar.

En la realización de estas finalidades, no es exigible la garantía de cada una de las personas que integran el equipo social y político comprometido en tal propósito. Debemos tener claro que el trabajo ha de estar fundamentado en la acción del conjunto humano como equipo y no simplemente como agregado físico y sin unidad. Un proyecto histórico depende de la complementariedad de quienes lo integran y no de la virtud de alguno de sus líderes.

Justo en esa lógica se ha movido el proyecto comunicacional que lleva por nombre desdeabajo, no ahora sino desde hace dos décadas, cuando en el año 2000 realizamos el foro “La prensa se hace a diario y entre todos”, propuesta que no logró recepción positiva, como tampoco la consiguió años después la propuesta de constituir, entre el conjunto social por el cambio, un Sistema Nacional de Comunicaciones Alternativo (Snca). Esas propuestas han carecido de la necesaria fuerza social que rompa el enconchamiento, el protagonismo y la incomprensión del momento histórico que estamos viviendo. Tal incomprensión por parte de las fuerzas alternativas nos lleva a seguir vistiéndonos con la ropa que nos presta el establecimiento, el mismo que decide cuándo dejarnos desnudos.

 

Periódico desdeabajo Nº258

 

 

Publicado enColombia
Domingo, 30 Junio 2019 16:24

¡Desnudos!

¡Desnudos!

Como en el refrán, así anda la izquierda en política comunicativa. En días recientes, decenas de opinadores de este perfil ideológico, regulares en las redes sociales, no cesaron de expresar su inconformidad y su desconcierto una vez conocido el despido de Daniel Coronell de la revista que por años acogió sus escritos (Ver pág. 6). “Censura” era uno de sus razones para explicar la cancelación de las funciones del periodista. A renglón seguido estaban, en otro plano, la manifiesta preocupación por las denuncias en contra del uribismo y otros comentarios sobre el establecimiento que ya no circularían de manera regular.

“Desnudos” de información, así se sentían o al menos así dejaban traslucir en sus correos y trinos quienes lamentaban la decisión de los propietarios de la revista. ¿Quién podía suplirles ahora lo que regularmente brindaba el cesado? No se equivoca el refrán de marras cuando sentencia que “Al que de ajeno se viste en la calle le desnudan”.

Es una sentencia del saber milenario plenamente comprobada en esta ocasión, cuando aquellos que siempre han integrado la cúspide del poder nacional deciden, como lo permite la propiedad de una empresa –en este caso una casa editorial–, zanjar las diferencias que puedan tener con uno de sus empleados informándole –no se sabe si con la formalidad del sobre sellado o si con la informalidad hoy impuesta por las redes sociales o si, como gesto de respeto con el otro, en reunión privada, acompañados de un aperitivo y de las remembranzas de mejores épocas compartidas. ¡Vaya usted a saber!

Lo cierto es que la noticia progresó como mecha detonante por variedad de círculos, no solo de izquierda sino también liberales –como apenas es obvio– y de otro carácter, todos concitados por iguales razones y razonamientos, como si no tuvieran diferencia alguna en la manera de encarar el reto de las comunicaciones y de la información en general.

Tal reacción y la ausencia de disconformidad preocupan, por decir lo menos, ya que exteriorizan una vez más una realidad que caracteriza a los sectores que pretenden cambiar la estructura económica, social, militar, política, cultural, del país: su desinterés por la construcción de una política en comunicaciones propia –¡en plena época del Big Data!– de un carácter y una potencia que precisamente impidan que en cualquier momento les quiten la ropa facilitada de manera ‘gentil’ por quienes, contradictoriamente, dicen querer confrontar y desplazar del control del país.

Ese desinterés no es de ahora sino de siempre, con desprecio y desperdicio de la información que reúnen y no procesan las organizaciones sociales –sindicatos y otras– pero que en los últimos 20 años es más notable, toda vez que la información dejó de ser complemento de algo –la política o cualquiera de los vectores sustanciales del gobierno y del Estado– para constituirse en el centro de la sociedad misma –en tanto la atraviesa por todos sus poros–, en factor fundamental para la lucha por la vida y, con ella, en la disputa por la cultura –esencial en cualquier pretensión de verdadero cambio social– y la opinión pública como un todo.

Sorprende que esta realidad perdure en el tiempo y que estos sectores depositen su posibilidad de informarse sobre asuntos del poder, así como sobre sus disputas internas, en una casa editorial que hace parte del corazón del propio poder, como también lo son los pocos diarios con pretensión nacional que aún sobreviven en el país.

Y sorprende, pero al mismo tiempo es incomprensible tal actitud, porque ahora nos encontramos insertos en una revolución industrial de colosal tamaño y que desprende posibilidades de nuevo tipo, para, entre otros asuntos, encarar con éxito un proyecto comunicativo de nuevo tipo, uno del tamaño del sueño que cada proyecto social tenga. Y si esto es así, ¿por qué seguir apegados a la mano de aquellos a quienes se pretende desconocer? ¿Por qué no aprender a caminar por cuenta y riesgo propios?

Estamos ante una fuerte dependencia informativa, histórica y presente, que tiene explicaciones desde la primera de todas: los sectores dotados de vocación por un país distinto no se han apropiado de la realidad que constituye la revolución industrial en curso y sus implicaciones en multiplicidad de planos y órdenes. En efecto, además de las implícitas en lo que aquí abordamos, existe el hecho real de que hoy la información es patrimonio del conjunto humano, información que –bien tratada– permite intuir, deducir y comprender las particularidades del poder y las disputas desatadas a su sombra. Pero aquellos sectores tampoco han construido, como segunda de estas razones, un proyecto político con vocación y sentido propios y que no dependa de los ires y venires de su contraparte sino que se soporte y proyecte, profundamente, en un ideario de largo plazo y que dé cuenta de la totalidad de la estructura sobre la cual está parado, avivado por lo mejor de la historia y las luchas de las generaciones que le anteceden en el territorio nacional, así como de las luchas, los sueños, los idearios, de lo mejor de la humanidad en su conjunto, retomando también de tales experiencias y sueños, alimento ideológico y político.


Así, parece ganar terreno una preocupante incomprensión, acompañada de desinterés, de la revolución industrial en curso, lo que impide percibir que la construcción de un proyecto comunicativo, que otrora demandaba la inversión de un capital imposible para sectores alternos, hoy no bordea las cifras de antaño. Con una potencia mayor: actualmente resulta en alguna medida fácil un proyecto alterno, que de verdad quiera trascender o asuma la integridad de lo comunicativo como bastión para concretar su utopía, o simplemente reconozca que nunca dejará de ser marginal, aferrado a lo ideológico como balso para no desaparecer, pero con altas posibilidades de convertirse en referente.

Miremos el panorama. Hasta hace poco, para construir comunicación era necesario definirse por un segmento de la misma: escrita (periódicos, revistas y similares), visual (televisión y cine), oral (radio). Esos eran los sectores en que antes se podía incursionar, y cada uno por separado. Desde hace años, esto dejó de ser así. Hoy es posible –mucho más que factible, para ser enfáticos– irrumpir de manera simultánea e integrada en estos tres sectores de la comunicación, pero además como extensión de los mismos o vehículo para concretarlos, en redes sociales, la producción de libros, así como la materialización de una política educativa de índole masiva, todo esto como lo más evidente, y todo ello al mismo tiempo, si así se pretende, y de manera colectiva, además, como concreción de un sueño de nueva sociedad que demanda cooperación y complementariedad, dejando atrás los afanes protagónicos, competencia y sed de ganancia. Claro, así ha de ser si de verdad se pretende construir un proyecto diferente de comunicación.

Tenemos ante nosotros todo un mar de posibilidades, factible de acometer, sin necesidad de grandes edificios y grandes máquinas o equipos físicos. Y esas posibilidades se pueden asumir en una misma edificación (casa, bodega, oficina), en forma descentralizada (varios equipos humanos, cada uno de ellos desde lugares diferentes), entrelazados vía chat o similar. ¿Qué es lo determinante a la hora de afrontar este reto? Sencillo: el proyecto por liderar debe tener sentido propio –de país, región, mundo–, así como sentido histórico –de tiempo.

Un proyecto así, por sus demandas técnicas –unos cuantos computadores, cámaras de video, software para edición–, es factible de ser encarado por cualquier grupo social y político que lo pretenda. ¿Qué es lo fundamental al tomar esta decisión, como segunda demanda por resolver? Es claro: el conjunto humano que afronte y lidere el reto, el cual, sin duda alguna, es el sine qua non que habrá de resolver las dificultades, en este aspecto como en cualquier otro que se encamine hacia el cambio social.

Formar un equipo humano es la principal de las labores por desarrollar, de modo que con toda conciencia logre apropiarse del momento, las posibilidades que le rodean, el territorio que habita, las formas de ser y relacionarse de quienes allí viven, sus demandas, aspiraciones, sueños y disposiciones, simultáneamente con un amplio bagaje cultural que le permita moverse con libertad por la filosofía, la sociología, la antropología y las más diversas ciencias sociales, tanto con raíz de antaño como de reciente surgimiento. La comprensión de su tiempo habrá de permitirle la operación de las nuevas tecnologías, adentrándose y ganando solvencia en el manejo de software libre y web profunda, proponiéndose en todo momento la necesaria autonomía ante el software comercial, desde la conciencia de que ahora todo está controlado y bajo sospecha, además de que todos los programas tienen puertas traseras desde donde el poder existente puede llegar a conocer los quehaceres de los grupos contraculturales, por lo cual también pueden explosionarlos cuando así lo defina quien está interesado en controlar y dominar.

En la realización de estas finalidades, no es exigible la garantía de cada una de las personas que integran el equipo social y político comprometido en tal propósito. Debemos tener claro que el trabajo ha de estar fundamentado en la acción del conjunto humano como equipo y no simplemente como agregado físico y sin unidad. Un proyecto histórico depende de la complementariedad de quienes lo integran y no de la virtud de alguno de sus líderes.

Justo en esa lógica se ha movido el proyecto comunicacional que lleva por nombre desdeabajo, no ahora sino desde hace dos décadas, cuando en el año 2000 realizamos el foro “La prensa se hace a diario y entre todos”, propuesta que no logró recepción positiva, como tampoco la consiguió años después la propuesta de constituir, entre el conjunto social por el cambio, un Sistema Nacional de Comunicaciones Alternativo (Snca). Esas propuestas han carecido de la necesaria fuerza social que rompa el enconchamiento, el protagonismo y la incomprensión del momento histórico que estamos viviendo. Tal incomprensión por parte de las fuerzas alternativas nos lleva a seguir vistiéndonos con la ropa que nos presta el establecimiento, el mismo que decide cuándo dejarnos desnudos.

Publicado enEdición Nº258
La convergencia digital según Duque. En nombre de los pobres, gana Slims, Netflix, Apple

Describir las experiencias sobre los mundos digitales siempre será un acto inútil, ya que lo digital se mueve de modos que es imposible alcanzarlo: las creaciones estéticas, las experimentaciones de formatos y las expansiones narrativas van siempre más allá de nuestras teorías políticas, ensayos académicos y políticas públicas. Por eso, las leyes de convergencia digital deben ser más abiertas, imaginativa e incluyentes. Y eso es lo que le falta a los gurús TICs de Duque, ya que favorecen a los empresarios como Slims y Ardilla Lulle a costillas de lo público, se olvida de la soberanía nacional audiovisual en favor de Facebook, Google, Netfix y Apple tv, y convierte al Min Tics en censor oficial del régimen.

El mundo era tranquilo en la modernidad mediática: uno se ilustraba por los libros y la prensa, se acompañaba del sonido popular de la radio y se emocionaba con la televisión, en los medios estaba el poder. Pero cayó un meteorito y creó una mutación cultural y política. Este meteorito comenzó con Arpanet (1969), siguió con la WWW (1990), se hizo cotidiana con el celular (1984), se volvió todo con el Iphone (2008). Llegaron los que van a decidir el mundo: Amazon (1994), Google (1998), Wikipedia (2001), Facebook (2004), Youtube (2005), Twitter (2006), Whats app (2009)… y vinieron mucho más aplicaciones, plataformas y con todo culminó en el reinado del big data, la nueva ideología. Y la vida y el modo de habitar la realidad mutó para siempre.

Estamos en otro mundo. Lo digital es la palabra mágica para decir que se habita esta época. Lo digital se hace posible en “promiscuidad” de pantallas, plataformas, aplicaciones (apps) y redes. Y a eso que sale de ahí se le dice transmedia que nos indica que en lo narrativo cada dispositivo complementa, no copia, al otro; en lo interactivo invita a diversos modos del participar y crear; en el negocio cada creación es un modo de ganar dinero. Por el lado de los criterios de narración y expresión, los conceptos mágicos son los ejes de conexión (red–comunidad), participación (interacción y co–producción), narración (hipertexto–flujo–navegación) y programación (autonomía en la producción y el consumo). Según Carlos Scolari, el profesor argentino experto en nuevos medios –lo transmedia–, hemos llegado a una nueva experiencia textual: nada muere, todo se transforma. A este mundo digital se le llama revolución, nuevo paradigma, ecología de medios y muchas más invenciones.

Y la democracia tuvo un sueño de renovación: todos podíamos ser ciudadanos digitales, ejercer nuestro poder desde la vida cotidiana. Y esto porque el ejercicio de la ciudadanía encontró nuevos lugares de conectarse, expresarse y tejer poder. Los medios potentes del siglo XX y el periodismo “moderno”, ahora sin centro, cayeron en una crisis de sentido y de relato, se convirtieron en jurásicos para estos tiempos de velocidad y flujo. Wikipedia es conocimiento colectivo, Facebook es periodismo de algoritmo, Twitter es comunicación visceral, Ebay es una tienda sin dueños.

Las tecnologías han hecho las revoluciones productivas del mundo, siempre. Y siempre han surgido utopías que afirman que estas tecnologías de la comunicación resuelven los problemas más acuciantes de la sociedad. Se dijo que la televisión sería educación para todos, y resultó poco educativa, un tris informativa y mucho espectáculo (y es que la televisión es eso: relajación sin cabeza). Ahora el sueño son las Tics: la magia de la nueva democracia.

Desde el gobierno Uribe en Colombia alucinamos en digital. Cada gobierno reparte obsesivamente tabletas, crean centros digitales, dicen que llegó la revolución. Y nos decimos pioneros por tener aparatos, tabletas, celulares cuando todos los países de derecha e izquierda hacen exactamente lo mismo. En lo que si somos campeones es en usar lo público (espectro, recursos y leyes) a favor de los privados.

Y todos los Ministros de Tic se parecen en que legislan en favor de los empresarios y en contra del Estado, lo público y lo ciudadano. El que hasta ahora le ha hecho más daño a la política nacional Tic fue el autor de la anterior ley de convergencia digital que llegó a decir que “Vive Digital ha hecho que seamos un país moderno y próspero. De ahora en adelante la forma de arreglar los problemas de educación, justicia, agricultura, salud pública, pobreza y corrupción será con las TIC”, ese era el Ministro Molano. Ojalá fuera todo tan determinista: una tableta y todo solucionado. Mucha hispteria, demasiado cinismo, poca verdad.

Y ahora llega la ministra Constaín con el mismo discurso, cierra los “Vive Digital” de Molano, entrega todo el manejo digital a Slims, Movistar y Tigo, y todo en nombre de reducir la brecha digital, ya que se cree que al Estado le quedó grande la gestión de lo digital y el ciudadano será libre, tomará decisiones, hará la democracia suya y entraremos al paraíso Trump/Bolsonaro.

Molano le hacía caso a su amo, Telefónica-Movistar, y por eso con su ley intentó acabar con la televisión en nombre de lo digital. Ahora, Constaín quiere en otra ley acabar con la televisión pública, premiar a RCN y Caracol, entregar el manejo de lo público a los privados como Claro y dejar libres a las plataformas para que hagan lo que se les de la gana. La soberanía nacional audiovisual y digital entregada a los privados. El Estado al servicio de los privados. Y a eso lo llaman economía naranja.

El Estado y la soberanía nacional se inmolan ante el discurso determinista de que las redes y las tecnologías nos harán libres y competitivos. En un ideal tecno-optimista a lo Trump y Bolsonaro, no hay medios, hay redes y los ciudadanos ejercerán la democracia con “inteligencia”. La realidad dice que no es automático el empoderamiento ciudadano; ya vemos como Trump y Bolsonaro con whats app y twitter dominan la política, los medios y los ciudadanos.

El Proyecto de Ley para proveer convergencia de la provisión de los servicios de redes, telecomunicaciones y tv es necesario porque hay que legislar en convergencia de pantallas, más que por medios; hay que regular los servicios audiovisuales independiente de la tecnología que se utilice; hay que cerrar la brecha digital. Solo que, también, habría que proteger y expandir la soberanía audiovisual.

Esta ley de “urgencia”, que sabemos es de urgencia para dejar feliz al amo Slim, no pasó en el 2018 porque no hubo tiempo. Entonces, el gobierno en su deseo de complacer a sus amos, mete el gol en el plan de desarrollo donde en artículo 167 bajo el título de “expansión del servicio de telecomunicaciones”, allí se autoriza al Estado a contratar privados (por ejemplo, Claro) para cerrar la brecha y usar que sus obligaciones de pago al fondo publico TIC lo hagan “en especie” con lo cual se desfinancia a la televisión pública.

El proyecto de ley de convergencia digital se aprobará ahora en las sesiones ordinarias de marzo. Y este proyecto tiene 3 defectos que podrían fácilmente arreglarse si el gobierno tuviese voluntad:

• Hacerlo realmente de convergencia digital. Esto significaría no solo hacer converger a los viejos medios (Cable, RCN, Caracol, Canal Uno, canales públicos), sino meter con las mismas condiciones a todos los proveedores audiovisuales como Netflix, Facebook, Apple TV. Sin poner a todos en la misma cancha, esta es una ley de viejos medios y no una de convergencia digital.
• Proveer soberanía audiovisual. No existe una disposición para defender la industria audiovisual nacional y que obligue a que todos los proveedores de servicios tengan un mínimo de contenidos nacionales. Así mientras Europa y Brasil ponen un mínimo de contenidos nacionales y de producción en todas las plataformas audiovisuales, en Colombia nada por ley.
• El Fontics será del Ministerio Tic. Esto significa que el gobierno decidirá los contenidos de los medios públicos como táctica de premio a amigos y castigo a contradictores, se gubernamentalizaran los contenidos y se perderá la autonomía de los servicios audiovisuales.

El cerrar la brecha digital es loable pero no a nombre de la soberanía audiovisual colombiana. A la colombiana, al amo se le obedece y punto. Y el amo es Claro, Movistar, Directv, Facebook, Google, Apple. Quiero dejar constancia de tres hechos si se aprueba la ley como está:

• Asistiremos a la quiebra de la televisión pública regional, Señal, canal Uno y de los canales nacionales privados como Caracol, RCN y City TV.
• Asistiremos a la desaparición de los contenidos nacionales de las pantallas audiovisuales y, por tanto, a la desaparición de los productores audiovisuales made in Colombia.
• Tendremos una pérdida total de soberanía cultural audiovisual.

Todo se puede resolver fácil: metiendo en la ley de convergencia a Facebook, Netflix, Google y demás OTT; priorizando contenidos y productores nacionales; desgubernamentalizando la autoridad que se crea.

Lo perverso, como siempre, es que se regula solo desde lo tecnológico y se pierde la oportunidad de lo cultural y la producción televisiva. Otra oportunidad perdida para reinventar otro modo de gestión y funcionamiento de la TV Pública y los servicios audiovisuales. Se desaprovecha para legislar sobre servicios como Netflix y los demás. Y la olvidada de siempre es la producción de contenidos locales, que haya más producción nacional.

Se propone llegar a una “smart regulation”, una propuesta de regulación democrática y mínima que regule a los gigantes tecnológicos para garantizar una Internet libre y abierta, así como el pleno ejercicio de la libertad de expresión e información y la soberanía audiovisual. Se sugiere una regulación NO de los contenidos de redes, plataformas y servicios audiovisuales, sino una regulación de los dueños de esas plataformas y los canales con el objetivo de proteger a los ciudadanos ante su creciente poder. Una regulación mínima que siga los instrumentos internacionales sobre derechos humanos y que deberá tomar en cuenta las asimetrías existentes.

Esto ya lo ha está haciendo Europa. El informe de la Comisión del Parlamento del Reino Unido afirma, por ejemplo, que Facebook y las plataformas son unos “gangsters digitales”, ya que estas empresas “no pueden esconderse detrás de la afirmación de ser simplemente una “plataforma” y mantener que ellos no tienen ninguna responsabilidad en la regulación del contenido de sus sitios”.

La regla de oro del mundo digital es escuchar. Pero la ministra Constaín solo oye a sus amos: los empresarios y se hace la sorda con los ciudadanos y el sector del audiovisual en Colombia.

 

*Profesor Universidad de los Andes.

 


 

Publicado enEdición Nº255
La convergencia digital según Duque. En nombre de los pobres, gana Slims, Netflix, Apple

Describir las experiencias sobre los mundos digitales siempre será un acto inútil, ya que lo digital se mueve de modos que es imposible alcanzarlo: las creaciones estéticas, las experimentaciones de formatos y las expansiones narrativas van siempre más allá de nuestras teorías políticas, ensayos académicos y políticas públicas. Por eso, las leyes de convergencia digital deben ser más abiertas, imaginativa e incluyentes. Y eso es lo que le falta a los gurús TICs de Duque, ya que favorecen a los empresarios como Slims y Ardilla Lulle a costillas de lo público, se olvida de la soberanía nacional audiovisual en favor de Facebook, Google, Netfix y Apple tv, y convierte al Min Tics en censor oficial del régimen.

El mundo era tranquilo en la modernidad mediática: uno se ilustraba por los libros y la prensa, se acompañaba del sonido popular de la radio y se emocionaba con la televisión, en los medios estaba el poder. Pero cayó un meteorito y creó una mutación cultural y política. Este meteorito comenzó con Arpanet (1969), siguió con la WWW (1990), se hizo cotidiana con el celular (1984), se volvió todo con el Iphone (2008). Llegaron los que van a decidir el mundo: Amazon (1994), Google (1998), Wikipedia (2001), Facebook (2004), Youtube (2005), Twitter (2006), Whats app (2009)… y vinieron mucho más aplicaciones, plataformas y con todo culminó en el reinado del big data, la nueva ideología. Y la vida y el modo de habitar la realidad mutó para siempre.

Estamos en otro mundo. Lo digital es la palabra mágica para decir que se habita esta época. Lo digital se hace posible en “promiscuidad” de pantallas, plataformas, aplicaciones (apps) y redes. Y a eso que sale de ahí se le dice transmedia que nos indica que en lo narrativo cada dispositivo complementa, no copia, al otro; en lo interactivo invita a diversos modos del participar y crear; en el negocio cada creación es un modo de ganar dinero. Por el lado de los criterios de narración y expresión, los conceptos mágicos son los ejes de conexión (red–comunidad), participación (interacción y co–producción), narración (hipertexto–flujo–navegación) y programación (autonomía en la producción y el consumo). Según Carlos Scolari, el profesor argentino experto en nuevos medios –lo transmedia–, hemos llegado a una nueva experiencia textual: nada muere, todo se transforma. A este mundo digital se le llama revolución, nuevo paradigma, ecología de medios y muchas más invenciones.

Y la democracia tuvo un sueño de renovación: todos podíamos ser ciudadanos digitales, ejercer nuestro poder desde la vida cotidiana. Y esto porque el ejercicio de la ciudadanía encontró nuevos lugares de conectarse, expresarse y tejer poder. Los medios potentes del siglo XX y el periodismo “moderno”, ahora sin centro, cayeron en una crisis de sentido y de relato, se convirtieron en jurásicos para estos tiempos de velocidad y flujo. Wikipedia es conocimiento colectivo, Facebook es periodismo de algoritmo, Twitter es comunicación visceral, Ebay es una tienda sin dueños.

Las tecnologías han hecho las revoluciones productivas del mundo, siempre. Y siempre han surgido utopías que afirman que estas tecnologías de la comunicación resuelven los problemas más acuciantes de la sociedad. Se dijo que la televisión sería educación para todos, y resultó poco educativa, un tris informativa y mucho espectáculo (y es que la televisión es eso: relajación sin cabeza). Ahora el sueño son las Tics: la magia de la nueva democracia.

Desde el gobierno Uribe en Colombia alucinamos en digital. Cada gobierno reparte obsesivamente tabletas, crean centros digitales, dicen que llegó la revolución. Y nos decimos pioneros por tener aparatos, tabletas, celulares cuando todos los países de derecha e izquierda hacen exactamente lo mismo. En lo que si somos campeones es en usar lo público (espectro, recursos y leyes) a favor de los privados.

Y todos los Ministros de Tic se parecen en que legislan en favor de los empresarios y en contra del Estado, lo público y lo ciudadano. El que hasta ahora le ha hecho más daño a la política nacional Tic fue el autor de la anterior ley de convergencia digital que llegó a decir que “Vive Digital ha hecho que seamos un país moderno y próspero. De ahora en adelante la forma de arreglar los problemas de educación, justicia, agricultura, salud pública, pobreza y corrupción será con las TIC”, ese era el Ministro Molano. Ojalá fuera todo tan determinista: una tableta y todo solucionado. Mucha hispteria, demasiado cinismo, poca verdad.

Y ahora llega la ministra Constaín con el mismo discurso, cierra los “Vive Digital” de Molano, entrega todo el manejo digital a Slims, Movistar y Tigo, y todo en nombre de reducir la brecha digital, ya que se cree que al Estado le quedó grande la gestión de lo digital y el ciudadano será libre, tomará decisiones, hará la democracia suya y entraremos al paraíso Trump/Bolsonaro.

Molano le hacía caso a su amo, Telefónica-Movistar, y por eso con su ley intentó acabar con la televisión en nombre de lo digital. Ahora, Constaín quiere en otra ley acabar con la televisión pública, premiar a RCN y Caracol, entregar el manejo de lo público a los privados como Claro y dejar libres a las plataformas para que hagan lo que se les de la gana. La soberanía nacional audiovisual y digital entregada a los privados. El Estado al servicio de los privados. Y a eso lo llaman economía naranja.

El Estado y la soberanía nacional se inmolan ante el discurso determinista de que las redes y las tecnologías nos harán libres y competitivos. En un ideal tecno-optimista a lo Trump y Bolsonaro, no hay medios, hay redes y los ciudadanos ejercerán la democracia con “inteligencia”. La realidad dice que no es automático el empoderamiento ciudadano; ya vemos como Trump y Bolsonaro con whats app y twitter dominan la política, los medios y los ciudadanos.

El Proyecto de Ley para proveer convergencia de la provisión de los servicios de redes, telecomunicaciones y tv es necesario porque hay que legislar en convergencia de pantallas, más que por medios; hay que regular los servicios audiovisuales independiente de la tecnología que se utilice; hay que cerrar la brecha digital. Solo que, también, habría que proteger y expandir la soberanía audiovisual.

Esta ley de “urgencia”, que sabemos es de urgencia para dejar feliz al amo Slim, no pasó en el 2018 porque no hubo tiempo. Entonces, el gobierno en su deseo de complacer a sus amos, mete el gol en el plan de desarrollo donde en artículo 167 bajo el título de “expansión del servicio de telecomunicaciones”, allí se autoriza al Estado a contratar privados (por ejemplo, Claro) para cerrar la brecha y usar que sus obligaciones de pago al fondo publico TIC lo hagan “en especie” con lo cual se desfinancia a la televisión pública.

El proyecto de ley de convergencia digital se aprobará ahora en las sesiones ordinarias de marzo. Y este proyecto tiene 3 defectos que podrían fácilmente arreglarse si el gobierno tuviese voluntad:

• Hacerlo realmente de convergencia digital. Esto significaría no solo hacer converger a los viejos medios (Cable, RCN, Caracol, Canal Uno, canales públicos), sino meter con las mismas condiciones a todos los proveedores audiovisuales como Netflix, Facebook, Apple TV. Sin poner a todos en la misma cancha, esta es una ley de viejos medios y no una de convergencia digital.
• Proveer soberanía audiovisual. No existe una disposición para defender la industria audiovisual nacional y que obligue a que todos los proveedores de servicios tengan un mínimo de contenidos nacionales. Así mientras Europa y Brasil ponen un mínimo de contenidos nacionales y de producción en todas las plataformas audiovisuales, en Colombia nada por ley.
• El Fontics será del Ministerio Tic. Esto significa que el gobierno decidirá los contenidos de los medios públicos como táctica de premio a amigos y castigo a contradictores, se gubernamentalizaran los contenidos y se perderá la autonomía de los servicios audiovisuales.

El cerrar la brecha digital es loable pero no a nombre de la soberanía audiovisual colombiana. A la colombiana, al amo se le obedece y punto. Y el amo es Claro, Movistar, Directv, Facebook, Google, Apple. Quiero dejar constancia de tres hechos si se aprueba la ley como está:

• Asistiremos a la quiebra de la televisión pública regional, Señal, canal Uno y de los canales nacionales privados como Caracol, RCN y City TV.
• Asistiremos a la desaparición de los contenidos nacionales de las pantallas audiovisuales y, por tanto, a la desaparición de los productores audiovisuales made in Colombia.
• Tendremos una pérdida total de soberanía cultural audiovisual.

Todo se puede resolver fácil: metiendo en la ley de convergencia a Facebook, Netflix, Google y demás OTT; priorizando contenidos y productores nacionales; desgubernamentalizando la autoridad que se crea.

Lo perverso, como siempre, es que se regula solo desde lo tecnológico y se pierde la oportunidad de lo cultural y la producción televisiva. Otra oportunidad perdida para reinventar otro modo de gestión y funcionamiento de la TV Pública y los servicios audiovisuales. Se desaprovecha para legislar sobre servicios como Netflix y los demás. Y la olvidada de siempre es la producción de contenidos locales, que haya más producción nacional.

Se propone llegar a una “smart regulation”, una propuesta de regulación democrática y mínima que regule a los gigantes tecnológicos para garantizar una Internet libre y abierta, así como el pleno ejercicio de la libertad de expresión e información y la soberanía audiovisual. Se sugiere una regulación NO de los contenidos de redes, plataformas y servicios audiovisuales, sino una regulación de los dueños de esas plataformas y los canales con el objetivo de proteger a los ciudadanos ante su creciente poder. Una regulación mínima que siga los instrumentos internacionales sobre derechos humanos y que deberá tomar en cuenta las asimetrías existentes.

Esto ya lo ha está haciendo Europa. El informe de la Comisión del Parlamento del Reino Unido afirma, por ejemplo, que Facebook y las plataformas son unos “gangsters digitales”, ya que estas empresas “no pueden esconderse detrás de la afirmación de ser simplemente una “plataforma” y mantener que ellos no tienen ninguna responsabilidad en la regulación del contenido de sus sitios”.

La regla de oro del mundo digital es escuchar. Pero la ministra Constaín solo oye a sus amos: los empresarios y se hace la sorda con los ciudadanos y el sector del audiovisual en Colombia.

 

*Profesor Universidad de los Andes.

 


 

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Se agrava la crisis en Argentina. Macri aprueba fusión de medios y da poder absoluto a Grupo Clarín

En un escenario de crisis económica, corrida del dólar que cerró a 30 pesos el pasado viernes, despidos masivos, que en el caso de la prensa se transformaron en persecución política, y mientras las sedes de la agencia nacional Télam permanecen ocupadas por sus trabajadores despedidos, el gobierno del presidente argentino, Mauricio Macri, aprobó la fusión de Cablevisión y Telecom, entregando al Grupo Clarín un poder omnímodo en la comunicación.

La fusión entre la operadora de cable, cuyos principales accionistas son los mismos que el Grupo Clarín, y Telecom conforman un “gigante dentro del universo empresarial argentino, con negocios desde la transmisión de contenidos audiovisuales y los datos hasta la telefonía móvil y fija, con una valuación de mercado estimada por fuentes privadas en torno a los 11 mil millones, de dólares , según estimó el diario La Nación, como cita el analista Federico Bernal en el portal el Destape.

Que esto suceda cuando el gobierno está desguazando las empresas periodísticas estatales, despidiendo periodistas en momentos en que suman ya 3 mil trabajadores de prensa despedidos, que no tendrán ninguna posibilidad de conseguir trabajo dada la profundidad de la crisis en lo económico y social, agrava más la situación y afrenta a los trabajadores de prensa, que a la vez denuncian que se intenta acabar con toda libertad de expresión.

La corrida del dólar se une a la fuga de cifras millonarias en dólares y a la realidad de que no llegan inversiones al país y las señales son todas negativas llegando a una inflación inostenible, ante lo cual el presidente Macri no calma precisamente la situación asegurando que no se desviará en su plan de "achicar el déficit fiscal", a la vez que reconoció que ya no hay créditos para el país después del acuerdo firmado con el Fondo Monetario Internacional (FMI) acusando a factores externos en lo que llamó "un mundo alborotado".

Lo hizo después de un paro nacional, el más grande en los años recientes y remarcó su decisión de achicar el déficit ( y por supuesto el Estado) en un mensaje al "mercado", durante un acto en Basavilbaso, Entre Ríos, y sostuvo que iba a cumplir con el crecimiento del país, que va a ser "ilimitado, infinito", invitando a pensar en "todas las cosas que vamos a festejar en el futuro", un futuro que nadie imagina.

Esto lo dijo horas después de que la Unión de Trabajadores de la Tierra, integrada por pequeños productores, presentó al Ministerio de Agricultura, cuyo titular es Luis Miguel Etchevehere, ex presidente de la Sociedad Rural, un pedido para la inscripción de más familias en el Monotributo, y la respuesta fue negar este pedido y dar de baja el beneficio que ya tenían cien mil beneficiarios, dejándolos sin seguridad social, en la informalidad absoluta.

Si en lo social la situación ha llegado, como señalan varios analistas, a las puertas del estallido, en materia de derechos humanos el gobierno continúa tomando medidas con jueces afines, en el contexto del control casi mayoritario de la justicia en el país. Luis Antonio Falco, apropiador del ahora diputado Juan Cabandié, a quien arrancó de su madre poco después del parto en un centro clandestino de detención y que fue desaparecida luego junto al padre del niño, fue condenado a 18 años de prisión, pero la Cámara Federal había reducido la pena a 14 años y ahora apenas cumplida la mitad de la condena le concedieron la prisión domiciliaria en un lujoso barrio cerrado.

Abuelas de Plaza de Mayo e hijos de desaparecidos repudiaron esta decisión de la juez María Servini de Cubría y apelarán de esta decisión "que convierte la prisión domiciliaria, cada vez más en un privilegio para los represores. El único lugar para los genocidas es la cárcel común", señalan.

Por otra parte, dos delegados gremiales de la agencia Télam y un grupo de trabajadores despedidos fueron ilegalmente detenidos cerca de la ciudad de Basavilbaso, Entre Ríos, cuando viajaban para acompañar a los corresponsales provinciales, ya que también despidieron a la mayoría de éstos.

Los trabajadores denunciaron un montaje policial en una acción de descrédito público destinada a deslegitimar la enorme resistencia de los trabajadores de Télam que está siendo desmantelada, como denunció el Sindicato de Prensa de Buenos Aires en un comunicado.

La semana pasada se desarrolló con grandes movilizaciones de protesta, con acciones de represión contra maestros, como en Chubut y estudiantes en Buenos Aires, despliegues espectaculares de las fuerzas de seguridad contra los periodistas despedidos, las cifras hablan de más de 60 por ciento de la población con graves problemas de alimentación, mientras se están disparando los precios de los alimentos , del combustible, los alquileres y casi 5 mil personas duermen en las calles de Buenos Aires y quienes tomaron créditos para tener una vivienda no saben si podrán continuar pagando porque deben hacerlo ajustados al dólar, que al parecer continuará subiendo, mientras la austeridad llegó a los principales hospitales públicos y especialmente a los más nuevos que construyeron en la administración pasada y son modelo en la provincia de Buenos Aires.

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Imagen tomada de: http://bit.ly/2DE1v0f

 

 

Se suele hablar mucho de la autocensura en los periodistas pero, en estos tiempos, en los que gran parte del periodismo se concreta a través de las redes sociales, también es importante analizar cuánta se produce en las redes. Una investigación elaborada conjuntamente por Facebook y la Universidad Carnegie Mellon afirma que “de los 3,9 millones de usuarios de nuestro estudio, el 71% se autocensuró en al menos un post o un comentario a lo largo de los 17 días que duró nuestro análisis, confirmando que este comportamiento es algo habitual. Los posts se censuraron más que los comentarios (33% versus 13%). También encontramos que los usuarios que tienen como objetivo una audiencia específica se autocensuran más que los que no buscan un público concreto”. Si bien pensar las cosas antes de lanzarlas al ciberespacio es algo muy acertado, los analistas señalan que acudimos a las redes sociales a socializar, informarnos, conocer gente, reafirmarnos... Si no se generan historias e interacciones suficientes, la red pierde valor según el estudio. En Facebook se juntan nuestros compañeros del colegio, de la universidad, del trabajo, la familia... Nuestra diversificada red de amigos nos puede conducir a lo que se conoce como un colapso del contexto. Para gestionar este riesgo la gente recurre a estrategias mentales como limitar sus revelaciones a un contenido que les parece apropiado para todos los miembros de su red. A esto se le conoce como enfoque del menor denominador común. Los investigadores señalan que “muchas cuestiones relacionadas con la autocensura se deben a preocupaciones relacionadas con la audiencia”.

Uno de los temas importantes relacionados con el comportamiento humano y la opinión pública que se estudia en comunicación y sociología es la tendencia de la gente a no hablar sobre cuestiones de política en público, o entre sus familiares, amigos y compañeros de trabajo, cuando creen que su propio punto de vista no es ampliamente compartido. De modo que terminan callando sus opiniones si piensan que no son populares o no van a lograr la aprobación de sus interlocutores. Esta tendencia se llama la “espiral del silencio” y fue desarrollada en 1974 por la alemana Elisabeth Noelle-Neumann.

Según la tesis de esta autora las corrientes de opinión dominantes o percibidas como vencedoras generan un efecto de atracción que incrementa su fuerza final. Los movimientos de adhesión a las grandes corrientes de opinión son un acto reflejo del sentimiento de protección que confiere la mayoría y el rechazo al aislamiento, al silencio y la exclusión. Es más, quienes se identifican con corrientes que no tienen el reconocimiento mayoritario, tratan de ocultar sus opiniones. Téngase en cuenta que Noelle-Neumann estuvo afiliada al partido nazi por lo que, sin duda, sus reflexiones son significativas en el apoyo popular que este movimiento logró entre los alemanes.

La sensación de sentirte de pensamiento minoritario es lo que en el lenguaje coloquial se suele llamar “síndrome de perro verde”. Esa percepción que se tiene cuando, escuchando conversaciones en el autobús, en el mercado o la cafetería, uno llega a la conclusión de que los asuntos y los temas que nos preocupan no tienen nada que ver con lo que le interesa a la gente de alrededor.

Pero todo esto era antes de la llegada de internet y las redes sociales. Muchos pudimos pensar que plataformas como Facebook o Twitter permitirían encontrarnos con nuestros afines y terminar, primero con el “síndrome de perro verde”, y segundo con cualquier inhibición social que pudiésemos adoptar como consecuencia del miedo al rechazo y el cambio de actitud en la búsqueda de la aprobación de la mayoría. Sin duda, eso pudo suceder al principio en la medida en que internet y las redes no eran masivas y servían para encontrarse y crearse comunidades. Pero ahora la presencia ciudadana en las redes es mayoritaria y, más que buscar encontrarnos con nuestros cercanos en afinidades, son muchos los que persiguen acumular seguidores, apoyos y aplausos. A diferencia de la vida real, donde no nos obsesiona acumular amigos ni aplausos -entre otros motivos, porque ni el tiempo ni el espacio del mundo real nos permite esa acumulación-, en el mundo virtual la persecución de cifras altas de seguidores y “me gusta” resulta obsesiva para muchos internautas, incluso como forma de sentirse valorado.

El centro de investigación Pew Research, en Estados Unidos, realizó una investigación para detectar en qué medida los ciudadanos se encontraban más cómodos y predispuestos a expresar su posición ante un tema controvertido en las redes sociales que en las situaciones tradicionales cara a cara. Es decir, si la presencia social dejaba de ser eficaz y la espiral de silencio dejaba de funcionar en las redes sociales. Entrevistaron a 1.801 personas y eligieron el tema de Edward Snowden y sus revelaciones de la vigilancia gubernamental generalizada al teléfono y al correo electrónico de los estadounidenses. Las encuestas mostraban que era un tema que tenía divididos a los ciudadanos de su país sobre si estaban justificadas las filtraciones de Snowden y si la política de vigilancia del gobierno era buena o mala idea.

El resultado fue que la gente estaba menos dispuesto a discutir la historia Snowden-NSA en los medios sociales que en persona. Estos últimos eran un 86%, pero sólo el 42% de los usuarios de Facebook y Twitter estaban dispuestos a escribir sobre esto en esas plataformas. Los encuestados estaban más dispuestos a compartir sus puntos de vista si creyeran que su audiencia estaba de acuerdo con ellos. Los usuarios de Facebook dijeron que compartirían sus puntos de vista si pensaban que sus seguidores estaban de acuerdo con ellos. En conclusión, las nuevas redes sociales, no solo no han terminado con la espiral de silencio, sino que son todavía más vulnerables que las relaciones sociales interpersonales. Los ciudadanos buscan ser reconocidos socialmente a través del número de seguidores, los “me gusta” o los comentarios positivos en las redes. Y para ello, aparcan los temas espinosos o sobre los que consideran que sus opiniones son minoritarias. Eso lo saben bien los community manager que trabajan para pequeñas empresas. Aparte de los contenidos publicitarios han comprobado que, para conseguir seguidores en sus plataformas, deben evitar temas controvertidos y centrarse en asuntos planos que generan consensos: fotos de amanecer, imágenes de niños cándidos, odas al terruño a la amistad o al amor. Los posicionamientos, si los hay, son al equipo de fútbol local o al deportista de la zona. Que nada chirríe. Si hace unos días comprobamos que el puritanismo de las redes sociales había llegado al punto de censurar en Facebook las portadas de Interviú de hace 40 años (no se hagan ilusiones, no lo hacían por ser machistas), ahora vemos que nuestra propia autocensura en esas redes supera la que muchos regímenes coercitivos hubieran deseado. Como bien predijo Aldous Huxley, parece que la revolución tecnológica nos aboca a la ausencia de libertad bajo el formato de un mundo feliz.

 

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Lunes, 13 Marzo 2017 07:21

La guerra mediática y la posverdad

La guerra mediática y la posverdad

 

En momentos en que desde la Casa Blanca se asoma el rostro del fascismo del siglo XXI como la encarnación de la dictadura emergente de la clase capitalista trasnacional, es dado suponer que los patrocinadores de la guerra y el terrorismo mediáticos contra Venezuela, Cuba, Bolivia, Ecuador y los demás países de la ALBA intensificarán, renovados, sus afanes injerencistas, desestabilizadores y golpistas como parte de la política imperial de cambio de régimen en los países considerados hostiles por la diplomacia de guerra de Washington.

Como dice Ignacio Ramonet, con el perfeccionamiento de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, sin que nos demos cuenta, millones de ciudadanos de a pie estamos siendo observados, espiados, controlados y fichados por Estados orwellianos que llevan a cabo una vigilancia clandestina masiva en alianza con aparatos militares de seguridad y las industrias gigantes de la web.

De esa estructura panóptica o especie de imperio de la vigilancia da cuenta la reciente divulgación por Wikileaks de 8 mil 761 páginas web que detallan los métodos de espionaje electrónico del Centro Cibernético de la Agencia Central de Inteligencia, para extraer mensajes de texto y audio de dispositivos como teléfonos móviles, computadoras, tablets y televisores inteligentes, mediante malware, virus y herramientas que permiten a más de 5 mil piratas informáticos (los hackers globales de la CIA) explotar vulnerabilidades de seguridad para burlar el cifrado de aplicaciones de mensajería.

Pero de manera paralela y complementaria, cuando se abre paso la era de la llamada posverdad (o el arte de la mentira flagrante), tiene lugar otra guerra en el espacio simbólico, que es librada por los medios hegemónicos cartelizados contra los pueblos de Nuestra América, con el objetivo de imponer imaginarios colectivos con los contenidos y sentidos afines a la ideología y la cultura dominantes, que utiliza además medios cibernéticos, audiovisuales y gráficos para manipular y controlar las conciencias de manera masiva.

El terrorismo mediático es parte esencial de la guerra de cuarta generación, la última fase de la guerra en la era de la tecnología; es consustancial a los conflictos asimétricos e irregulares de nuestros días. Con su lógica antiterrorista y contrainsurgente, los manuales de la guerra no convencional del Pentágono dan gran importancia a la lucha ideológica en el campo de la información y al papel de los medios de difusión masiva como arma estratégica y política. El poder multimediático conformado por cinco megamonopolios –con sus expertos, sus intelectuales orgánicos y sus sicarios mediáticos− es parte integral de una estrategia y un sistema avanzado de manipulación y control político y social. Pero los medios convertidos en armas de guerra ideológica son, además, una de las principales fuentes de obtención de superganancias.

En ese contexto, más allá de lo que ocurra en la realidad, la narrativa de los medios es clave en la fabricación de determinada percepción de la población y las audiencias mundiales. De allí que mientras impulsan una guerra de espectro completo, el Pentágono y la CIA intensifican sus acciones abiertas y clandestinas contra gobiernos constitucionales y legítimos.

A modo de ejemplo cabe consignar que en el ataque continuado contra el proceso bolivariano de Venezuela, los guiones del golpe de Estado de factura estadunidense exhiben sucesivas fases de intoxicación (des)informativa a través de los medios de difusión bajo control monopólico privado –en particular los electrónicos−, combinadas con medidas de coerción sicológica unilaterales y extraterritoriales y un vasto accionar sedicioso articulados con redes digitales de grandes corporaciones en la web, partidos políticos y dirigentes de la derecha internacional, poderes fácticos y grupos económicos trasnacionales, fundaciones, ONG y la injerencia de organismos como la Organización de Estados Americanos (OEA), a través de ese cadáver político que es hoy su secretario general, Luis Almagro.

Todo lo anterior ha sido reforzado en la coyuntura con la puesta en práctica de ese neologismo de resonancias orwellianas entronizado por el Diccionario Oxford como palabra del año: la posverdad, un híbrido bastante ambiguo cuyo significado denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal. Según un editorial de The Economist de Londres, Donald Trump “es el máximo exponente de la política ‘posverdad’ (...) una confianza en afirmaciones que se ‘sienten verdad’, pero no se apoyan en la realidad”. Su victoria electoral habría estado fundada en aseveraciones que sonaban ciertas, pero que no tenían base fáctica; en verdades a medias basadas en emociones y no en hechos.

Lo que nos conduce al arte de la desinformación. Al uso de la propaganda como una tentativa de ejercer influencia en la opinión y en la conducta de la sociedad, de manera que las personas adopten una opinión y una conducta predeterminadas; se trata de incitar o provocar emociones, positivas o negativas, para conformar la voluntad de la población. En ese contexto, y ante la llegada de Donald Trump a la Oficina Oval con su gabinete de megamillonarios corporativos, militares imperialistas, expansionistas territoriales y fanáticos delirantes, es previsible pensar que las guerras asimétricas impulsadas por la plutocracia trasnacional se profundizarán bajo diferentes modalidades.

México ya lo está padeciendo: a golpes de Twitter y órdenes ejecutivas, la anunciada palestinización del país a través de la continuación del muro fronterizo iniciado en los años 80 y el lanzamiento de una cacería de millones de indocumentados sigue alimentando la teoría de los bad hombres como chivos expiatorios en el socorrido discurso neoautoritario y con reminiscencias hitlerianas y de poder desnudo del nuevo inquilino de la Casa Blanca.

 

 

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“La verdad es la pieza maestra que puede abrir una época histórica nueva en Colombia”

El filósofo y actual senador de la república por el Polo Democrático, Iván Cepeda, habló con desdeabajo sobre los temas centrales del proceso de paz en Colombia y del panorama regional y nacional de la izquierda.

Héctor Arenas (HA): Comencemos con la verdad. Existía una gran expectativa con el informe de la Comisión de Verdad que se presentó en La Habana, pero los medios masivos de comunicación no acompañaron la divulgación de algunas verdades esenciales que fueron reveladas en él, ¿qué opina sobre eso?
Iván Cepeda (IC). Coincido con el Alto Comisionado de Paz, Sergio Jaramillo, y en con dicho por la propia delegación de las farc: la verdad es la pieza maestra que puede abrir una época histórica nueva en Colombia, porque, sin lugar a dudas, uno de los aspectos más graves del régimen anti-democrático que hemos padecido en Colombia es esa sistemática desfiguración y ocultamiento de la realidad. La realidad del conflicto armado, la realidad del manejo del poder político y económico, nuestra historia toda está plagada de secretos celosamente guardados, que podrían estremecer los cimientos de la representación que tenemos de la realidad social del país.

I.C. Coincido con el Alto Comisionado de Paz, Sergio Jaramillo, y en lo que ha dicho la propia delegación de las Farc; en que la verdad es la pieza maestra que puede abrir una época histórica nueva en Colombia, porque sin lugar a dudas uno de los aspectos más graves del régimen anti-demoratico que hemos padecido en Colombia es precisamente esa sistemática desfiguración y ocultamiento de la realidad.


La realidad del conflicto armado, la realidad del manejo del poder político, la realidad del manejo del poder económico, nuestra historia esta plagada de secretos, celosamente guardados, y que podrían estremecer los cimientos de la representación que tenemos de la realidad social del país.


Desde esa perspectiva, los mecanismos que diseña y que esta diseñando la Mesa de Conversaciones son fundamentales. Esta Comisión de Esclarecimiento Histórico del Conflicto y de sus Víctimas es novedosa, es una experiencia inédita en el proceso de escritura de nuestra historia y de las vicisitudes de la violencia en el país, porque es la primera vez en que realmente tenemos unas visiones contrastadas de la realidad del conflicto armado. No es la primera comisión que se ha creado, existen otras que se han hecho en distintos momentos de la realidad política del país, pero es la primera vez en que tenemos realmente dos visiones que tienen puntos contradictorios. Una, una visión ceñida al relato oficial que reproduce una serie de estereotipos que se han intentado convertir en el sentido común de la comprensión de nuestra historia del conflicto armado; y otra, una visión critica, una visión que no había sido protocolizada a través de una de estas comisiones de esclarecimiento, y es la visión en la cual aparecen elementos y importantes que han sido ocultados, negados, silenciados, desconocidos; reprimidos, sobre temas substanciales: la intervención de Estados Unidos en el conflicto armado del colombiano, el papel de la economía política en el conflicto, el papel del Estado y la controversia sobre esa tesis de que el Estado colombiano es un Estado débil y que ha sido victima prácticamente de factores ilegales y de violencia, la visión mucho mas histórica y sociológica o social del fenómeno insurgente, el papel del campesinado y su rol histórico en Colombia, las discusiones sobre la violencia de estado, la criminalidad política; todos esos son aspectos que están ahí en controversia.


Y por esto es tan interesante este nuevo informe que se ha presentado al país y la manera como han reaccionado los medios ante el mismo. Los medios, que en Colombia han jugado un papel de ser transmisores de la ideología, de la visión de los círculos gobernantes y de las elites, por supuesto no han tenido mucho interés en que se popularice este informe. Pero, este es un primer paso, porque el segundo paso en esta dirección, de buscar que la paz se haga con verdad, es la creación de la Comisión de Esclarecimiento y no repetición, o sea la Comisión de la Verdad que está discutiendo en este momento la Mesa de Conversaciones, y que va a tener unas tareas colosales y también inéditas; al parecer se va a tratar de un ejercicio público en el que se va a tener que expresar todo lo concerniente a las responsabilidades y a la manera en como se han presentado los hechos de la violencia en el país; y por supuesto esa verdad hecha pública va a interpelar a sectores que han querido a toda costa negar siempre cualquier tipo de responsabilidad con lo que ha acontecido y que se han presentado más como víctimas, o como espectadoras de este conflicto. Así que esa comisión va a tener un papel clave, fundamental en el proceso de democratización y reconciliación en Colombia.
Igualmente el tratamiento del problema del paramilitarismo es un capitulo obligado del cierre del conflicto armado, y por supuesto de la creación de un mecanismo, que entre otras cosas comience por dejar muy firmemente establecida la responsabilidad sobre el fenómeno paramilitar y sobre la manera como ese fenómeno ha permeado a la sociedad colombiana.


Así que ese también va a ser otro mecanismo, pero no sé si integrado a la propia Comisión de la Verdad, o un mecanismo independiente de esa Comisión, pero que va a tener que jugar un papel también, es decir, una instancia, un órgano encargado de generar toda clase de estrategias para eliminar el fenómeno paramilitar y buscar su no repetición; así que ese también va a ser un momento clave.


E igualmente todos los mecanismos que se adopten en la mesa y todos los acuerdos relativos al punto de las víctimas y sus derechos. Así que para resumir esta idea, lo que podría ocurrir con los acuerdos de paz en Colombia, es que se desencadene un proceso no visto, inédito también, de expresión pública de muchos aspectos que se han guardado en el silencio y en la sombra con relación a la guerra que ha acontecido en el país.


H.A. Uno de ellos ha sido la intervención del Gobierno de los Estados Unidos en toda la región, en América Latina, y con especial fuerza en Colombia, por diversas circunstancias, ha sido determinante en nuestro devenir, pero este nivel de incidencia en los asuntos de nuestra población no se conoce....
I.C. Lo primero que considero se debe decir es que es sustancial la designación del señor Aronson como delegado del gobierno de Estados Unidos al Proceso de Paz, porque eso muestra el nivel de desarrollo del proceso, y se constituye en un paso esencial para que el acuerdo de paz pueda tener un contenido pleno y serio. Los Estados Unidos, no se puede desconocer, han sido parte de la confrontación en Colombia, este papel precisamente debe ser esclarecido, en distintas etapas, en todas las formas que ha acontecido, y el hecho de que el Gobierno Obama decida nombrar un representante en estas conversaciones muestra que tanto el proceso es considerado un proceso viable, serio, como también la disposición a discutir cuál va a ser la nueva etapa de las relaciones con Estados Unidos en una eventual post guerra.


Ahora, las modalidades que adquieren estas conversaciones son reservadas, por lo menos hasta ahora, no podemos tener claridad sobre todos los alcances que tienen esas conversaciones, sabemos ya de algunos de los aspectos, pero seguramente en la reserva y en la confidencialidad de esas conversaciones habrá muchos temas relacionados con la realidad del país, con el manejo del problema del narcotráfico, con relación a cómo generar unas relaciones de respeto y de soberanía para Colombia, y también unas relaciones diplomáticas y de carácter político y económico con este país tan poderoso de nuestro hemisferio y de nuestro continente y, del mundo, que correspondan a una nueva situación en la que por fin exista punto final al conflicto armado.


Ahora, por supuesto, aquí no hay que llamarse a ningún tipo de ingenuidades: Estados Unidos sigue teniendo intereses geoestratégicos y económicos en Colombia, por supuesto que participa de este proceso de paz con la mira de sus propios intereses, pero en este caso creo que, repito, es necesario valorar esta designación, más porque está en contradicción con lo que quieren sectores militaristas y armamentistas en Estados Unidos, mas cercanos a lo que se llama el complejo militar industrial, que se expresan en el Congreso de Estados Unidos. Precisamente, a raíz de la visita que hizo Álvaro Uribe con algunos de sus colegas congresistas a Estados Unidos (en representación de su partido), se pudo evidenciar por lo menos una parte de ese sector guerrerista, algunos de los congresistas republicanos provenientes del estado de Florida, como el señor Marco Rubio, que considera que el Proceso de Paz es inconveniente, que no se está llevando de la forma en que ellos quisieran, y que no corresponde a ese esquema tan regresivo que se impuso en EE.UU. de la llamada guerra contra el terrorismo.


Así que, por supuesto, ahí en el plano internacional también se libra un intenso forcejeo o lucha por lograr que el Proceso de Paz sea objeto de respaldo, y yo creo que se viene avanzando en esa dirección, por eso, repito, hay que valorar esa designación, y así lo ha hecho la guerrilla de las Farc y así lo ha hecho la Mesa de Conversaciones.


H.A. Estamos a las puertas de un proceso de democratización represado desde el segundo lustro de los años cuarenta, ¿ hay un partido político alterno al bipartidismo y capaz de encarnar el decoro, la visión , la unidad que exige el horizonte inédito que se está abriendo paso en Colombia?
I.C. La finalización del conflicto puede desencadenar una apertura democrática. Creo que eso está reflejado en los alcances que tiene el acuerdo sobre el punto de apertura política y democrática, segundo punto que fue abordado en la agenda de La Habana. Podría ocurrir que la finalización del conflicto también implique una segunda transformación, es decir, no solamente de la guerra, a un estado de finalización de la misma, sino también de un estado anti-democrático a un estado en el que se construyan condiciones de vida política democrática, eso supone e implica múltiples cosas, no solamente el hecho elemental de que se deje de asesinar a los opositores políticos, y que se deje de perseguir con métodos ilegales, o también legales arbitrarios, a la oposición y a los movimientos sociales, sino, también implica la irrupción de nuevos actores y sujetos políticos en la escena del país.


En el segundo acuerdo de La Habana está prevista la irrupción en condiciones de equidad para los movimientos sociales, y para sectores que han sido históricamente perseguidos en las zonas rurales; implica la posibilidad de la participación equitativa en las justas electorales y en la vida pública, en los debates, en las decisiones; la constitución de nuevos mecanismos de participación, junto a los que quedaron plasmados en la constitución del 91, mecanismos que permitan una participación real de muchos sectores sociales.


Esto, por supuesto, siempre y cuando se cumplan los acuerdo, se respete la vida de quienes dejan las armas y se desmantele el paramilitarismo, como ya lo dijimos. Pero también implica el hecho de que se desencadena un proceso constituyente. –creo que es evidente que es necesaria una nueva institucionalidad para la paz, es decir que con esta institucionalidad que tenemos hoy no se puede construir un escenario político nuevo, porque las instituciones, sabemos, y lo hemos dicho y denunciado, están corroídas por la corrupción, por el clientelismo, por, precisamente, conductas y atavismos políticos anti-democráticos.


Entonces, en ese escenario nuevo, por supuesto, todas las organizaciones, los movimientos de izquierda y los nuevos movimientos deben buscar una convergencia, y deben protagonizar esos procesos democraticos; ya venimos viendo que aparecen nuevos factores políticos, venimos asistiendo al surgimiento de nuevas expresiones del movimiento social, como la Marcha Patriótica, El Congreso de los Pueblos, la aparición de La Cumbre Agraria, Ètnica y Popular, la configuración del Frente Amplio, la expresión unificada de los estudiantes a través de la Mane, la aparición del Movimiento Nacional Carcelario. En la marcha del pasado jueves nueve de abril fue impactante contemplar el surgimiento de Juventud Rebelde, y también la fuerza de las nuevas ciudadanías que la alcaldía de Gustavo Petro ha estimulado.


Todas esas son expresiones que se están anticipando desde mi punto de vista a una nueva realidad política, y, ya que se menciona al Polo que es el partido que tiene hoy representación parlamentaria, que ha cumplido un papel que a mi modo de ver no puede ser desconocido en estos años, y lo que pensamos ad portas del IV congreso nacional de esta colectividad, es que se debe producir en ese congreso un debate que concluya en una estrategia renovada del Polo para ponerse a tono con esta realidad de la que vengo hablando, es decir, del Polo volcado hacia la constitución de la paz, de los acuerdos de paz, hacia la congruencia de todos los sectores que pueden generar una transformación política, involucrado muy seriamente en un proceso constituyente, y, como lo han hecho hasta hoy, intrínsecamente ligado a las luchas sociales y populares, esa es a mi modo de ver la responsabilidad, pero también la oportunidad que tenemos que cumplir en este IV congreso; por supuesto habrá intensos debates sobre la visión que tenemos de la realidad política, pero yo creo que esta línea es la que debería primar.


H.A. La economía del narcotráfico. El país lleva décadas involucrando su economía en el narcotráfico, y uno diría que la captura del Estado, o de una buena parte del Estado por el narcotráfico, obedeció a esa realidad de base. ¿Como variar esta realidad si se mantiene la prohibición internacional?

I.C. Aquí es necesario profundizar en el acuerdo sobre el cambio de un paradigma en el tratamiento de la cuestión del narcotráfico. Esa es parte de la novedad que tiene los acuerdos a los que se ha llegado en La Habana. Implican, por una parte, un cambio de economía. El problema del narcotráfico no es un problema de derecho penal, o de una política criminal, sino que es ante todo una realidad económica, a la cual hay que responder con otra realidad económica.


La realidad económica con la que se debe responder a la sustitución de la economía del narcotráfico es la economía democrática, que es la que plantea el acuerdo de La Habana: una sustitución voluntaria de los cultivos de uso ilícito por programas (que deben ser financiados por el Estado) con la construcción de infraestructura y con una reforma rural integral que acompañe ese proceso, esa es la solución del problema, o por lo menos parte de la solución.


La otra tiene que ver con la discusión de cómo cambiar ese esquema de política criminal por una política que cada vez se discute y se adopta más en el mundo, empezando por EE.UU. que es la de la legalización, o por lo menos, la de la despenalización progresiva de las drogas de uso ilícito, y también de un tratamiento en materia de salud pública, en materia de una política social destinada a resolver los problemas que ha generado el narcotráfico; y digo que hay que desarrollar esos acuerdos porque, en "el congelador" - como se ha llamado metafóricamente la figura donde están las salvedades que hay en la discusión de los acuerdos- está prevista la realización de la conferencia internacional para discutir no solamente estos temas, sino otros, como es el papel del capital financiero y de la banca en toda la economía del narcotráfico, y los problemas que tienen que ver precisamente con esa relación entre la política y el narcotráfico, todos esos asuntos que hacen parte de esta realidad.


H.A. Aparece ahí un tema que también es decisivo y que está en este momento en el escenario y es el tema de la justicia transicional.
I.C. Bueno, yo en este tema me atengo a la circunstancia de que es en La Mesa de Conversaciones de Paz donde se está desarrollando esta discusión y esta búsqueda de acuerdo, como se sabe La Mesa de Conversaciones realizó o auspició la entrega de propuestas desde las organizaciones de víctimas, desde las organizaciones de DD.HH., también desde grupos de expertos internacionales sobre esta materia, y hay toda clase de propuestas que se hicieron en los foros con la Universidad Nacional, y con las Naciones Unidas, que se hicieron a través del congreso y de las Mesas Regionales de Paz, miles de propuestas. También está la elaboración que hizo el Congreso y que tramitó la Corte Constitucional del llamado Marco Jurídico para la Paz; en fin, hay numerosas posiciones sobre este tema. Y por supuesto también la posición del Gobierno y de la guerrilla, la visita que hicieron las víctimas a La Habana, por lo menos unas muy representativas que presentaron allí también sus posiciones; así que tenemos un amplio conjunto de propuestas.


También tenemos una realidad, y es que el Estado colombiano ha aplicado una política criminal contra la guerrilla, en las cárceles de este país hay miles de combatientes de la guerrilla que están siendo procesados o que han sido condenados, y también, otro tanto hay miles de miembros de las Fuerzas Militares que están, por distintos delitos, acusados o condenados, especialmente por los mal llamados falsos positivos. Hay propuestas que se han hecho con relación a la responsabilidad de aquellos que precisamente todavía no han sido involucrados: los políticos, los empresarios, y hay también una discusión que, como dije anteriormente, se está haciendo sobre la Comisión de la Verdad.


Así que desde ese punto de vista confluyen múltiples dimensiones de esta discusión, que tendrá que plasmarse en el acuerdo al que llegue la Mesa de Conversaciones, y que tiene que ser un acuerdo satisfactorio, tiene que satisfacer a la sociedad colombiana, a las víctimas, tiene que satisfacer la propia visión que tienen los combatientes.


Así que para saber cuál será ese modelo de verdad, justicia y reparación creo que lo que se requiere ahora es trabajar, y creo que es en eso en lo que están trabajando las delegaciones de la guerrilla y del Gobierno.


H.A. Ya que menciona el tema carcelario, sería valioso conocer las novedades que hay en ese ámbito en el que usted ha bregado tanto por lograr la defensa de los derechos elementales de la población reclusa.
I.C. Bueno, yo en esto acostumbro a referirme a esa idea de Foucault de que la cárcel es un espejo, una imagen que muestra la sociedad, es un microcosmos donde aparece claramente plasmada la tecnología del poder que se utiliza en una sociedad. Esa expresión de Foucault, quien escribió mucho sobre la realidad de las cárceles, nos lleva a pensar en cuál es el modelo de cárcel que se aplica actualmente en Colombia, y la realidad es que es un sistema vetusto, anacrónico, profundamente inhumano el que ha existido en Colombia, con grandes niveles de hacinamiento. Además, hacia el comienzo de este siglo, especialmente en el gobierno o en los gobiernos de Uribe- se vino a superponer una nueva realidad, que es el diseño de cárceles de EE.UU importado a nuestra realidad por el Plan Colombia.


Las cárceles llamadas Eron, es una sigla para estas nuevas prisiones, diseñadas con el propósito de convertirse en un mecanismo que tiene tres aspectos esenciales y que, a mi modo de ver, es el que plasma hoy la realidad de las cárceles en Colombia. Uno, la cárcel como tortura, como aparato destinado a denegar completamente todos los derechos y la dignidad de la persona, sea a través del hacinamiento, de la negación del servicio de salud, de los maltratos, de la forma en como se procesa al ser humano para hacer de su estadía en la cárcel una estadía lo más dolorosa, cruel e inhumana posible. Dos, la cárcel como sistema de información, es decir, convertir a la cárcel en una fuente de delación y de extracción de datos que le sirvan al Estado para desarrollar la confrontación armada o aspectos de la confrontación armada o también de sus políticas represivas de cara al resto de la sociedad. Y tres, la cárcel como un símbolo de sumisión o de búsqueda de dominación de la inconformidad social, y de la protesta social, y de la oposición política que es amenazada con la cárcel, y las prisiones. Así que ese mecanismo que se ha estructurado, es uno de los eslabones de esa cadena que especialmente se incentivó con la aplicación de la seguridad democrática y con las políticas posteriores al 11 de septiembre en Colombia. La realidad es que la cárcel en Colombia, las penitenciarias, son uno de los aspectos más preocupantes en materia de DD.HH. y que reflejan, repito, cuál es el estado general del tratamiento de los problemas y de los conflictos sociales en Colombia.


H.A. Es posible que nos brindes un horizonte temporal posible del Proceso de Paz es posible?
No soy amigo de hacer este tipo de cálculos, pero lo que sí se puede decir es que esos ritmos no son ni tan veloces como se quiere hacer ver, pero tampoco tan lentos como los enemigos del Proceso quieren hacer ver. Yo creo que La Mesa ha llegado a un punto de discusiones, de dinámica del trabajo, del método del trabajo que se está implementando, se está realizando, que permite avanzar de una manera eficaz y muy dinámica hacia un acuerdo general.
Sé que estamos en el momento en que se están discutiendo los temas más álgidos, pero también es evidente, y en esto hay que juzgar no por los discursos, sino por los hechos, que se está avanzando, que hay disposición y voluntad para hacerlo, y que tanto el Gobierno como la guerrilla han puesto 'todos sus restos en la Mesa', es decir, aquí ya es evidente que tanto el Gobierno como la guerrilla están apostando de una manera muy seria a la terminación del conflicto, y eso se evidencia por los múltiples gestos que ha emprendido las Farc, se evidencia también por las reacciones o muchas limitaciones que ha tenido el Gobierno; se evidencia en la creación de las subcomisiones que trabajan de manera paralela a la Mesa, se evidencia en que se están avocando los temas más difíciles sin traumatismos, es decir, está transcurriendo una deliberación sobre estos temas de una manera serena, independientemente de los sobresaltos que generan declaraciones públicas y de todas las circunstancias que pueden haber paralelamente a las discusiones que se están dando.
Pero bueno, para responder a tu pregunta como tal, yo diría que no está a la vuelta de la esquina, pero tampoco creo que el Proceso vaya más allá de los primeros meses del 2016, es mi opinión y es además lo que yo considero, digamos, puede soportar el proceso mismo.


H.A. ¿...y la inclusión del ELN?
I.C. Ese es el aspecto tal vez más preocupante de todo este Proceso de Paz, el hecho de que no comiencen todavía esas conversaciones... Yo creo que es urgente, imperativo que comiencen. Y como siempre lo hago aprovecho también esta entrevista para reiterar el llamado al Gobierno y al ELN a que cuanto antes comiencen este proceso de conversaciones, que no son conversaciones fáciles, que no están exentas de problemas, de dificultades, pero que deben de fortalecer y complementar el proceso que se está dando con las Farc.


H.A. Hay una pregunta con la que me gustaría cerrar y es la siguiente: En América Latina hay un mosaico de una nueva dirigencia de izquierda. Está el ejemplo del presidente Mujica, que es un referente de las juventudes, está Correa, está lo que está pasando en Bolivia, que también es muy interesante, con unos avances legislativos en los que por ejemplo se reconoce el carácter viviente de la Madre Tierra, y uno te ve a ti y a Alirio Uribe como hombres que encarnan esos valores, llamémoslo del post acumulación, de una sociedad post capitalista, con una extraordinaria laboriosidad y un proceder decoroso que infunde animo y formidable aliento ¿cómo contemplas tu oficio en este escenario latinoamericano y colombiano?
I.C. Yo creo que en general nosotros debemos hacer mayores esfuerzos para integrarnos a toda esa corriente política novedosa y tan importante que se está dando en nuestro vecindario, no solamente por razones de profunda convicción política y ética, sino porque eso es estar a la altura de la historia, más cuando se denuncia que hay un intento de lo que se ha llamado una restauración conservadora, es decir, de una mimetización de la derecha y de la extrema derecha que busca con métodos un poco más matizados y discretos, pero igualmente violentos y reaccionarios, echar al traste esos procesos.


Entonces aquí la solidaridad no debe ser simplemente de palabra y simbólica, la mejor contribución que nosotros podemos hacer a ese contexto latinoamericano es culminar de manera exitosa esta tarea del Proceso de Paz; y también denunciar y desenmascarar a los sectores de la extrema derecha que utilizan a Colombia como un trampolín para intervenir e intentar desestabilizar los procesos políticos en Venezuela, por ejemplo. Toda esa animadversión que se quiere generar en torno a Nicaragua, desde Colombia, e incluso esa intención cada vez menos velada de generar una situación muy conflictiva. Así que nuestro deber, nuestro imperativo es también enfrentar esas fuerzas no solamente desde nuestra perspectiva doméstica, sino también como parte de una contribución a que se fortalezca el proceso de integración entre los pueblos y los gobiernos progresistas de América Latina.


H.A. Hay una tarea largo tiempo postergada con relación a nuestra niñez y nuestros jóvenes, está pendiente hacer efectivos sus derechos, ofrendar amor que sea cuidado integral, volcar los presupuestos destinados a la muerte, al cuidado de la vida ...
Sí, yo creo que esa es parte, por supuesto, de esa tarea. Nosotros creemos que en ese proceso de construcción de la post- guerra, del ejecutar los acuerdos es, en esos territorios, con esas fuerzas sociales, con las que hay que construir la paz, precisamente; con las grandes víctimas del conflicto armado, y de lo que ha significado el conflicto armado, y aprender de esa sabiduría popular y de esas relaciones comunitarias que están, las lecciones necesarias para construir una convivencia de un signo distinto.


Y hay que buscar precisamente las fuerzas sociales para eso; una de esas fuerzas es el campesinado, por supuesto, y los sectores más deprimidos en términos sociales en las grandes urbes, pero también los jóvenes. En las comisiones de paz estamos discutiendo ahora un proyecto para crear el servicio social para la paz, que implicaría por primera vez en el país involucrar a los jóvenes ya no en la guerra, ya no en el servicio militar, sino en labores que tengan que ver con los DD.HH., con la construcción de la paz, de los acuerdos de paz; así que hay que diseñar muchos mecanismos novedosos para que esos sectores puedan desarrollar o seguir desarrollando ese tipo de experiencias de una manera mucho más pública y con más repercusión sobre otros sectores de la sociedad.

Publicado enEdición Nº 212
Martes, 20 Enero 2015 17:27

Claves para repensar

Claves para repensar

Ardua tarea plantear, en un mundo tan tecnologizado, tan virtual, tan pendiente de la imagen y tan mediatizado por los medios, claves para repensar estos y entender aquél. Saber dónde estamos, quiénes somos y hacia qué lugar nos dirigimos. Si además pretendemos explicar esas coordenadas para mejorar el planeta, el trabajo es de dimensiones titánicas. Pero esa faena fue abordada por Manuel Chaparro.

Claves para repensar los medios y el mundo que habitamos. La distopía del desarrollo es su último trabajo que será publicado por ediciones Desde Abajo el próximo mes de febrero. Con un lenguaje ameno, fácil de leer y facilitador de la reflexión, para quien se quiera tomar el esfuerzo de hacerlo, nos presenta viejos y nuevos códigos y sentidos para descifrar este mundo y la comunicación que lo circunda. Es una apuesta más, pero no menor, a favor de la comunicación y en contra del tan manido y tramposo desarrollo.

Una propuesta crítica y con criterio para "desnudar" algunas de las falacias que los medios masivos de difusión de noticias, para algunos erróneamente de comunicación, nos venden sobre su propia información y sobre el supuesto y maravilloso desarrollo occidental.

Se han encargado, en los últimos sesenta años, de vestir y desvestir al "santo" según sus intereses y los de las grandes corporaciones, las financieras y las mediáticas y del entretenimiento. A partir de un falso desarrollo y una engañosa comunicación han creado una distopía, a su imagen y semejanza, que nos han vendido como un buen lugar para vivir pero que solamente les ha beneficiado a ellos, a los poderosos, a los "exclusivos" detentadores del poder y propietarios del dinero. Con todo eso nos han hecho perder de vista la utopía, tan necesaria para seguir caminando.

Las casi cuatrocientas páginas del nuevo texto de Chaparro están dedicadas a reflexionar sobre los medios y lo que nos han estado publicitando sobre el desarrollo y sus "beneficios", olvidando lo que realmente importa: el ser humano y su papel como un ser vivo más de un planeta finito que esquilman día a día.

El libro dará que hablar porque sus planteamientos critican lo que a muchos no les interesa que se diga, porque mueve el piso bajo la fe del dinero, porque no se casa con lo establecido y porque pone en duda la información de los medios y la formación académica.

No cree en lo "desarrollado" del desarrollo occidental, blanco, masculino y judeo-cristiano; frente a lo que resalta el valor de lo comunitario, de la Tierra, de las tradiciones y los ancestros. Demandando lo original, lo identitario y lo "auténtico"; desde el respeto, apelando a la soberanía popular y al reconocimiento de los (as) otros (as). Recuperando la memoria y la capacidad para decidir libremente. Resaltando la ética del ser humano por encima del consumismo y de los beneficios empresariales.

No es fácil ejercer de comunicador, de los de verdad, tener la capacidad de mirar por encima de la estrechez de miras de muchos medios y algunos periodistas para enfrentarse a la comunicación, a la cooperación y al desarrollo sin las lentes "occidentales", a través de las que se ve todo lo ajeno como si fuera peor o "subdesarrollado". Salir del "ombliguismo" y del etnocentrismo para intentar observar de manera más limpia, escuchar con oídos bien abiertos y entender con mente menos prejuiciosa.

Su extenso e intenso bagaje, tanto teórico desde la academia como práctico sobre el terreno, en proyectos y procesos de comunicación participativa, le ha servido a Chaparro, como él mismo nos dice en su texto, para incidir en "un nuevo aprendizaje y en planteamientos críticos tendentes a examinar y revisar desde una nueva mirada los problemas del desarrollo, su fracaso y el accionar cómplice de los medios".

Aboga Manuel Chaparro, desde planteamientos compartidos con grandes maestros y algunos colegas, por una mirada distinta, ética, humanista, igualitaria y equitativa para abordar la comunicación, los medios, el posdesarrollo y la vida en el planeta.

Alejarnos de la distopía de ese "bendito" desarrollo para volver a pensar en la utopía, esa que nos hace seguir creyendo que otro mundo es posible (y que puede ser mejor).

Para buscar la justicia social hay que romper los viejos esquemas y los modelos caducos, hay que trabajar por otra comunicación y otro significado y sentido del desarrollo que contribuyan a constituir sociedades felices y democráticas. Tenemos que encontrarnos en el "buen vivir" renunciando al mercantilista y consumista "vivir bien".

De todo eso nos habla el autor en su libro. Desde manifiestos, como Última llamada, a grandes y olvidados informes, como el MacBride, pasando por provocadores panfletos como ¡Indignaos!, Chaparro nos escribe un texto que ha sido concebido "con el ánimo de provocar, de animar en la búsqueda de nuevas vías que superen estadios pasados desde la reflexión y la investigación centrada en la innovación social de utilidades para la vida, sin renunciar a la utopía".

En las facultades de información, de periodismo o de comunicación, habría que proponerles a las y los estudiantes todos los debates que Chaparro nos presenta y que muchas veces ni siquiera son comentados en las aulas universitarias. Un texto más que recomendable para todas y todos. Porque necesitamos repensar y, cuando lo hayamos hecho, recomunicar.

* Sociólogo – comunicador. Autor del blog Pateras al Sur (http://paterasalsur.blogspot.com/). Docente investigador Universidad Santo Tomás

 

 Recuadro


Manuel Chaparro es periodista, doctor en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y profesor en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Málaga (España). En Colombia, ha sido docente en la maestría en Comunicación, desarrollo y cambio social de la Universidad Santo Tomás en Bogotá.

Fundador y director, en 1984, de la Asociación de Emisoras Municipales y Comunitarias de Andalucía de Radio y Televisión (www.emartv.com). Es miembro de la red europea IREN y presidente de iMedea (Asociación para la Investigación de Medios, desarrollo de estrategias y Análisis).

Es autor, entre otros libros, de La democratización de los medios (ed., iMedea y Diputación de Sevilla, 1999), Sorprender al futuro: Comunicación para el desarrollo e Información Audiovisual (Los libros de la Frontera, 2002) y Luis Ramiro Beltrán. Comunicología de la liberación, desarrollismo y políticas públicas (ed., Luces de gálibo, 2014).

 

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Claves para repensar los medios y el mundo que habitamos

Publicado enEdición 209
Brasil. Ley de medios y un viaje a Washington

El ministro del Comunicaciones aseguró que se promoverá el debate por una ley de regulación de los medios de comunicación y el ministro del Interior anunció que Dilma realizará una visita oficial a Estados Unidos antes de septiembre.

Al día siguiente de haber asumido su segundo mandato, la presidenta del Brasil, Dilma Rousseff, dio indicios de alguna de las políticas que signarán su nuevo gobierno. En su primer día de trabajo, Rousseff se reunió con el primer ministro de Suecia, Stefan Lofven; con el vicepresidente de China, Li Yuanchao, y con el presidente de Guinea Bissau, Mario José Vaz. No obstante, el encuentro más esperado, teniendo en cuenta el contexto político y económico, fue con el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, con quien conversó acerca de cooperación económica entre ambas naciones. Al mismo tiempo, su ministro de Comunicaciones dio a conocer que se promoverá el debate por una ley de regulación económica de los medios de comunicación. Además, el ministro del Interior anunció ayer que Dilma realizará una visita oficial a Estados Unidos antes de septiembre.

Respecto del encuentro con Maduro, él mismo anunció a los medios que los gobiernos de Brasil y Venezuela pretenden dinamizar la relación bilateral. "Vamos a dinamizar toda la agenda, sobre todo de cooperación económica, industrial, tecnológica, agrícola, agroalimentaria. Tenemos una base de confianza política muy bien construida en los últimos 12 años", expresó Maduro a la prensa, que lo esperaba al final de la reunión, la cual calificó como auspiciosa.

El mandatario venezolano anticipó que las negociaciones con Brasil incluyen el planeamiento de un proceso de industrialización en el ámbito del Mercosur, que conforman los dos países, además de Argentina, Paraguay y Uruguay), así como proyectos bilaterales. Agregó que los dos países también planean reactivar el mecanismo de cumbres trimestrales inaugurado en la década pasada por el fallecido presidente Hugo Chávez y por el entonces presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, pero que ha sido abandonado en los últimos años. Por último, el presidente venezolano dijo que agradeció a Rousseff el apoyo de Brasil a su país frente a las sanciones aprobadas por el Senado de Estados Unidos.

Mientras Dilma estaba ocupada con las visitas, el nuevo ministro de Comunicaciones, Ricardo Berzoini, anunció que promoverá el debate por una ley de regulación económica sobre los medios de comunicación.

Berzoini aseguró que cualquier reglamentación en el sector de medios de comunicación no afectará la libertad de expresión. "Vamos a hacer un proceso con tranquilidad, sin prisa, vamos a trabajar con un concepto amplio de democracia, escuchar todas las propuestas y si hay participación popular, haremos un buen trabajo", declaró el ministro.

La reglamentación económica de los medios de comunicación audiovisuales, otorgados mediante concesiones públicas a privados, está contemplada en tres artículos de la Constitución de 1988, aunque nunca fue oficializada por el Congreso.

"Todos los sectores de la economía que tienen gran impacto social, democrático y económico son reglamentados, queremos un debate profundo especialmente al tema de concesiones públicas", argumentó.

El Partido de los Trabajadores (PT) de Rousseff defiende históricamente la aprobación de una nueva ley de medios de comunicación, por lo que el nuevo ministro dijo que el proceso que impulsará será "con tranquilidad y con un concepto amplio de democracia".

El ministro saliente, Bernardo, durante la ceremonia defendió su gestión al afirmar que entre 2010 y 2014 el acceso a la banda ancha de Internet en Brasil creció más del 300 por ciento. Sin embargo, Berzoini señaló que una de las prioridades de su gestión será ampliar la conectividad.

"Cuando me confió la jefatura de la cartera de Comunicaciones, la presidenta Dilma estableció como prioridad trabajar por el acceso a la banda ancha y ampliar el acceso a las comunicaciones", sostuvo Berzoini.

Coincidió con Bernardo en que entre diciembre de 2010 y agosto de 2014 el acceso a la banda ancha creció más de 300 por ciento, con un crecimiento de 57 por ciento en la banda ancha fija y de más de 600 por ciento en la banda ancha móvil, como 3G y 4G.

Una de las misiones de Berzoini será universalizar el acceso a Internet en el país. Además de eso, el ministro entrante tendrá que concluir el proceso de migración de la TV analógica a la TV Digital, iniciado en la gestión anterior.

Por otro lado, el ministro del Interior, Aloizio Mercadante, anunció ayer que Dilma hará una visita oficial a Estados Unidos antes de septiembre. Se trata de un gesto que tiene como fin estrechar las relaciones entre los dos países, golpeadas por las revelaciones de espionaje de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense a las comunicaciones de la mandataria y de la petrolera estatal brasileña Petrobras.

Mercadante dijo que la visita tendrá carácter de Estado, lo que incluye encuentros con jefes de los tres poderes, y que se realizaría cerca de la sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas.

El jueves, poco después de prestar juramento en su segundo mandato, Rousseff había mantenido un encuentro con el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden. La reunión se había realizado al margen de la cena ofrecida a los invitados brasileños y extranjeros. Ya en su discurso de toma de posesión, Dilma había dado señales amistosas hacia Washington. "Es de gran relevancia mejorar nuestro relacionamiento con Estados Unidos, por su importancia económica, política, científica y tecnológica, sin hablar del volumen de nuestro comercio bilateral", había dicho la mandataria tras reasumir la presidencia. El resultado de las gestiones norteamericanas para retomar su agenda estratégica con Brasilia es el anuncio que ayer hizo Mercadante.

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