Jueves, 13 Diciembre 2018 05:58

El novelista en la butaca

El novelista en la butaca

Siempre he imaginado al novelista como un director de cine, sólo que, lejos del ajetreo de los estudios y de los rodajes a cielo abierto, trabaja en soledad, y es él mismo, además, guionista, camarógrafo, escenógrafo, y, por fin, editor, porque hace el montaje y corrige y suprime hasta conseguir la versión final.

Tolstoi es el mejor ejemplo de lo que digo. En esa gran superproducción escrita que es Guerra y Paz, sube a la grúa para tener una visión completa del campo de batalla de Borodinó, y desde la altura contempla a las tropas de Napoleón Bonaparte de un lado, y del otro a las del general Kutuzov: formaciones de soldados de infantería en la lejanía, el humo de las descargas de los fusiles, el fogonazo de los cañones, el despliegue de la caballería. Pero también es capaz de quitar los techos de los palacios de Moscú para filmar los bailes de gala, y rebana las paredes a las alcobas para que la cámara no tenga estorbos en las tomas de primer plano de las escenas de amor.

Y, al revés, el director de cine como novelista. Es la sensación que he tenido al ver Roma, de Alfonso Cuarón, una minuciosa exploración sentimental de la infancia, cada fotograma en blanco y negro una pieza infaltable de la obra de arte que es la película. Cuarón no ha querido correr riesgos con la fidelidad a su memoria, "que al fin y al cabo tampoco lo es porque es la única verdad que tenemos, y la memoria es lo que somos", dice; y por eso, como Tolstoi, además de director es el guionista, editor, camarógrafo, y no me cabe duda que también responsable de la escenografía, que es parte esencial del proceso de reconstrucción del pasado.

Una saga autobiográfica que tiene su punto de irradiación en la casa número 21 de la calle Tepeji, en la colonia Roma, construida en 1902 bajo la dictadura de Porfirio Díaz, mansiones de estilo art noveau y neoclásico en el corazón del antiguo Distrito Federal, destinadas a las élites, y que luego pasaron a ser ocupadas por familias de clase media acomodada.

Hay un doble relato en Roma: uno íntimo, que retrata la vida de una familia abandonada por el padre, médico de profesión, cuando la madre debe sacar adelante a sus cuatro hijos, aunque la historia se desliza hacia la figura de Cleo, la empleada doméstica mixteca que es el alter ego de la nana que marcó la vida de Cuarón, Libo Rodríguez, "su segunda madre" y quien se convierte en el eje sentimental, y dramático, de la película.

El otro relato corresponde a la vida pública, y lo que ocurre puertas adentro del hogar está conectado a los acontecimientos de la historia nacional. Se abre la década de los 70 con la ascensión al poder del presidente Luis Echeverría, a quien Gustavo Díaz Ordaz, responsable de la masacre de estudiantes de Tlatelolco en 1968, escoge como sucesor.

Habrá entonces otra masacre de estudiantes el jueves de Corpus de 1971, ejecutada por los Halcones, un grupo paramilitar, con 120 asesinados. El halconazo entra en la vida de los protagonistas, y por tanto en la película. "Hay periodos en la historia que asustan a las sociedades y momentos en la vida que nos transforman como individuos", dice Cuarón.

El novelista explora en su propia memoria, y utiliza las palabras para recrearla. El director de cine busca también revivir el pasado mediante imágenes, sin pasar por las palabras. Es aquí donde los dos oficios se separan, pero el proceso de reconstrucción viene a ser el mismo.

La escritura cambia al novelista una vez culminada su exploración, y el cineasta que ha puesto el ojo en el visor de la cámara para filmar su propio pasado, cambia radicalmente también. "Es imposible seguir siendo la misma persona de antes después de hacer un experimento en el que te remites a tus recuerdos más lejanos", dice Cuarón. "Son como una grieta en la pared que tratas de tapar con capas y capas de pintura, pero no desaparece, continúa allí, aunque sientas que no existe".

Es el poder inconmensurable de la obra de arte, cambiar a quien la ejecuta, y cambiar a los demás en la oscuridad de la sala, o en el sillón de lectura. En la penumbra, cuando pasan al final los créditos, mi sensación es primero de asombro. He visto desplegarse ante mis ojos un pasado de relieves concretos, imágenes hiperrealistas cuidadosamente detalladas que puestas en sucesión vienen a ser el todo.

"Esto es imposible" me dice al salir Gonzalo Celorio, quien vivió de niño en la misma colonia Roma. Cines, comercios, restaurantes, bares que ya no existen más, están en la película tal como él los conoció y los recuerda. Imposible porque se trata de un milagro. Roma es un verdadero milagro.

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Derechos humanos y derechos de la naturaleza, un aliento de esperanza

“Levántate, en pie, defiende tus derechos. 

Levántate, en pie, no dejes de luchar”


Bob Marley


Setenta años de la Declaración de los Derechos Humanos parecen nada; tal como los siglos transcurridos desde la Revolución Francesa, cuando se asumieron los Derechos del Hombre y del Ciudadano (por no mencionar el trágico destino de quien, en aquel momento, pidiera los Derechos de la Mujer y la Ciudadana). Basta abrir cualquier periódico del planeta para constatar -ya desde la primera página- (casi) siempre noticias sobre alguna violación a dichos derechos. Y eso sin mencionar las violaciones estructurales de los derechos a la vida (derechos fortalecidos no solo en los derechos políticos, sino en los derechos sociales, culturales y ambientales de individuos y pueblos, todos igualmente violados casi a diario).


A pesar de tantos discursos escuchados y acciones desplegadas por años, falta muchísimo para la real vigencia de los derechos humanos. Más allá de las buenas intenciones, las organizaciones y las instituciones especializadas, la actualidad de tales derechos es sombría más aún en el mundo empobrecido. Pero si bien la realidad induce a un pesimismo profundo, el derrotismo es inadmisible. Los avances civilizatorios son lentos, a ratos imperceptibles, pero existen y debemos evaluarlos y analizarlos, sin caer tampoco en triunfalismos de ocasión. El objetivo es redoblar esfuerzos para que los derechos humanos sean una realidad que trascienda las meras proclamas.


Pensarlos como mecanismo de medición de procesos en marcha no ha dado resultados satisfactorios. Apenas un ejemplo: medir los impactos sociales y ambientales de las políticas económicas no basta para detener la irracionalidad del capital. El saldo será siempre lúgubre y frustrante si la humanidad y su madre -la naturaleza- no son el centro de atención de la política y la economía. No bastan las políticas sociales paliativas de los impactos de la acumulación capitalista…


Buscar imposibles equilibrios macroeconómicos sacrificando y empobreciendo a poblaciones enteras debe condenarse de entrada. Siempre las políticas económicas -agrarias, industriales, comerciales, etc.- deberían diseñarse bajo el respeto pleno de los derechos humanos. A la postre el asunto no es solo económico, sino fundamentalmente de ética política. Sin olvidar las expresas restricciones en la legislación nacional e internacional sobre derechos humanos, urge dar al menos dos pasos adicionales.


Un primer paso implica superar la lógica mercantil -todo se vende y se compra, desde escrúpulos y principios hasta la propia vida- que ha penetrado en todas las esferas de la existencia incluso mercantilizando la naturaleza: se establece bancos de semen o vientres de alquiler; comercializa el clima; se construye el mercado de la información genética (que sueña con transformarnos en “maquinas inteligentes” que vuelvan irrelevante a lo “humano”)... La experiencia humana se transforma profundamente y hasta puede extinguirse, a menos que rompamos radicalmente la actual globalización del capital. A pesar de eso hay logros en temas de equidad de género, participación de la sociedad civil… avanzamos lentamente en el derrocamiento del dominio patriarcal y de la colonialidad. Pero toda esa lucha será inútil si no detenemos al desenfrenado tren de la Modernidad y sus delirios de auto-aniquilación.


Nos falta entender a plenitud -y con humildad- que la experiencia humana emerge de relaciones, significados y practicas entre seres humanos y no-humanos, todos constitutivos de la misma naturaleza de quien somos apenas una pequeñísima extensión. Todos -humanos y no humanos- somos actores indispensables en el teatro de la vida, pero no somos los únicos y menos aón los principales protagonistas. Por eso al primer paso, debe seguir un segundo: entendamos que la naturaleza es sujeto de derechos (recuperando experiencias como de la Constitución de Ecuador).


Ambos pasos, cual vigorosas alas, pueden llevarnos a la discusión y el abordaje de cuestiones vitales para la humanidad y por ende la naturaleza. Nos toca organizar la sociedad y la economía asegurando la integridad de los procesos naturales, garantizando los flujos de energía y de materiales en la biosfera, preservando siempre la biodiversidad del planeta. En estricto, los derechos a un ambiente sano para individuos y pueblos son parte de los derechos humanos, pero no son derechos de la naturaleza. Las formulaciones clásicas de derechos humanos como los derechos a un ambiente sano o calidad de vida son antropocéntricas, y deben entenderse separadamente de los derechos de la naturaleza. Tampoco cabe aceptar que los derechos humanos se subordinan a los derechos de la naturaleza, como afirmó algún solemne ignorante. Al contrario, ambos tipos de derechos se complementan y potencian.


Entender los alcances civilizatorios de los derechos de la naturaleza demanda liberarnos de dogmas y de viejos instrumentarios analíticos. En el tránsito hacia una civilización biocéntrica no solo cuenta el destino, sino también los caminos que lleven a una vida en dignidad. Garantizando a todo ser, humano y no humano, del más pequeño y humilde al más grande y majestuoso, un presente y un futuro, aseguraremos la supervivencia humana en el planeta. Supervivencia hoy amenazada por las ambiciones de lucro y de poder. Así, los derechos humanos y los derechos de la naturaleza, complementarios como son, sirven de hoja de ruta y aliento de esperanza.


Vistas así las cosas nada nos puede conducir al desánimo. Aspiremos siempre a más derechos, nunca dejemos de luchar.-


El autor es economista ecuatoriano. Expresidente de la Asamblea Constituyente. Excandidato a la Presidencia de la República del Ecuador.

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La Declaración Universal de Derechos Humanos, en su 70º aniversario: luces y sombras

La historia de los derechos humanos es la historia de la Humanidad en su lucha contra la barbarie, contra el abuso de los fuertes y de los poderosos, una lucha por la libertad y autonomía del individuo y de los pueblos y, en definitiva, una lucha por hacer más civilizadas, más humanas, las sociedades. Por eso, podemos comprobar que las declaraciones históricas de derechos se han producido generalmente tras procesos revolucionarios. Así, en 1689 surge una Declaración de Derechos en Inglaterra tras un período revolucionario que abarca desde 1642 a 1689, y ya en el siglo XVIII las grandes revoluciones de Estados Unidos en 1776 y de Francia en 1789 dan lugar a sendas declaraciones de derechos. Derechos que van siendo incorporados a las constituciones en los siglos XIX y XX. Los derechos civiles y políticos, producto de las revoluciones burguesas, y los derechos sociales, producto de las luchas obreras y populares de los siglos XIX y XX. Así, la primera constitución que incorpora derechos sociales es la mexicana en 1917, tras un largo proceso revolucionario; luego lo hará la Constitución de la Unión Soviética de 1918, y en 1919, tras la revolución alemana, eco de la soviética, lo hará la Constitución de Weimar, que tuvo gran influencia en la de la Segunda República española. Escojo estos ejemplos que considero algo más que sintomáticos de cómo, al igual que dice la letra de la Internacional (“ni en dioses reyes ni tribunos está el supremo salvador, nosotros mismos realicemos el esfuerzo redentor”, o, como dice Chomsky actualmente, hay dos superpoderes en el mundo: Estados Unidos y nosotros mismos), sin la movilización de las clases trabajadoras y la ciudadanía en general, no hay avances en materia de derechos; por eso, una sociedad que no se moviliza será una sociedad que no conseguirá avanzar en derechos o que incluso retrocederá.


Pero, a efectos de comentar algo de la importancia y significación del contexto de la elaboración de la Declaración Universal de Derechos Humanos (DUDH), también hay que consignar la amarga experiencia del siglo XX, que comienza con varios genocidios (armenio, 1915; pueblos herero y namaqua, 1904-1907; genocidio en el Congo bajo el mandato de la metrópoli belga), continúa con una Primera Guerra Mundial, sigue con el ascenso de los fascismos contra la democracia y la bárbara experiencia del genocidio nazi, y desemboca en la Segunda Guerra Mundial. Todos estos acontecimientos en la primera mitad del siglo XX van creando la conciencia en los dirigentes políticos de que, de no corregir el rumbo de las relaciones de la comunidad internacional, la Humanidad se encaminará hacia un abismo de incalculables consecuencias, de las que ni siquiera se podrían librar las élites.


En este contexto nacen las Naciones Unidas en 1945 y enseguida (junio de 1946) se crea una Comisión de Derechos Humanos con el objetivo de redactar un documento que terminaría llamándose Declaración Universal de Derechos Humanos, culminado tras dos años de trabajo. Como toda obra humana, la Declaración no es perfecta y ha recibido diversas críticas. No obstante, el hecho de que se aprobara por 58 votos sin ninguno en contra y de que, formalmente al menos, sea aceptado por los 193 países que componen hoy día las Naciones Unidas (otra cosa es el cumplimiento), le ha dado una enorme fuerza moral, política e incluso jurídica. A tal punto que hoy día es el documento traducido a más idiomas (más de 500), y refrendado por dos conferencias mundiales de esta organización (Teherán, 1968, y Viena, 1993). La Declaración es, sin duda, un hito en la historia de la Humanidad.


En su elaboración y redacción intervino una comisión de representantes de 18 países, si bien el comité redactor se redujo a ocho miembros por razones de operatividad. Para que no fuera percibida como una imposición occidental -lo que no se ha logrado del todo-, se buscó en la comisión una composición variada, participando representantes y expertos pertenecientes a diversos países (al menos, Australia, Canadá, Chile, China, Estados Unidos, Filipinas, Francia, India, Líbano y Unión Soviética), profesiones y tradiciones culturales. En paralelo a estos trabajos, la Unesco pasó un cuestionario a filósofos y pensadores notables de la época (por ejemplo, Gandhi, el escritor Aldous Huxley, el italiano Benedetto Croce o el francés Pierre Teilhard de Chardin; como se puede intuir, no habría muchas mujeres en la consulta) en el que se preguntaba por los derechos que pensaban que deberían ser incluidos en una futura declaración; las respuestas a este cuestionario fueron bastante coincidentes con el resultado de los trabajos de la comisión.


Aunque la Declaración no tiene fuerza de tratado internacional vinculante, enseguida se convirtió en un marco jurídico, político e incluso ético. Como no puede ser de otra manera, concita críticas, que se mezclan con las críticas a la propia Organización de Naciones Unidas, entre las más frecuentes:


• Que la Declaración es una imposición occidental.
• Que los derechos civiles y políticos tienen más peso y protección que los derechos sociales.
• Que fue compatible con el colonialismo (artículo 2.2).
• Que se han registrado numerosos casos de corrupción en Naciones Unidas.
• Que la existencia del derecho de veto en el Consejo de Seguridad es un déficit democrático.
• Que, para algunos sectores de la izquierda la ideología de los derechos humanos es una ideología burguesa.
Sin embargo, bajo mi punto de vista:
• La DUDH y sus instrumentos son producto de luchas históricas:
o La primera generación de derechos (derechos civiles y políticos), producto de las luchas de la burguesía contra el absolutismo y los privilegios de la nobleza.
o La segunda generación (derechos sociales, culturales y económicos), producto de las luchas del movimiento obrero.

o La tercera generación, producto de las luchas de los nuevos movimientos sociales: ecologismo, feminismo, movimientos indigenistas, pacifismo, diversidad sexual, etc.,


• La Declaración y la normativa de derechos humanos son un poderoso instrumento para las luchas sociales, que se apoyan en ellos para sus reivindicaciones.


• El problema mayor viene del incumplimiento de la normativa de Naciones Unidas, no de sus propios defectos.


• La DUDH es el documento que ha generado mayor consenso en la historia de la Humanidad.


• Parte de sus asesores, relatores, etc. son personas reconocidamente progresistas que han sido difamadas y boicoteadas por Estados Unidos (p. ej., el sociólogo Jean Ziegler, socialista, 8 años relator de Naciones Unidas para el derecho a la alimentación y actualmente asesor del Consejo de Derechos Humanos), o las feroces críticas que recibió el Informe McBride (para un Nuevo Ooden Mundial en la Información y la Comunicación).


• En España, el movimiento memorialista ha recibido un gran impulso en su lucha por el trabajo de las Naciones Unidas. La ONU condenó firmemente a España como régimen fascista en 1946 y en la actualidad emite informes que “recomiendan” la derogación de la Ley de Amnistía como ley de impunidad de los crímenes del franquismo, así como la atención del Estado a las víctimas del franquismo. También han valorado negativamente otras medidas legislativas de gobiernos españoles en materia de desahucios, la llamada “Ley Mordaza”, etc.


• En países donde hay dictaduras, la cobertura de instituciones de derechos humanos ha sido muy útil para apoyar las resistencias (por ejemplo el caso del Club de Amigos de la Unesco de Madrid en España, que fue un útil instrumento para la lucha antifranquista).


Es evidente que falta mucho para garantizar la efectividad de los derechos humanos. El ejercicio de los derechos no puede convertirse en una carrera de obstáculos de tal manera que solo los disfruten los que tienen una elevada posición social o un alto nivel adquisitivo. Pero no confundamos las críticas que pueden hacerse a la Declaración y a los instrumentos de protección de los derechos humanos ni con la falta de voluntad política de los gobiernos para garantizarlos ni con el uso fraudulento que determinados poderes hacen de ellos incorporándolos a una retórica tramposa (es el caso que denuncia, entre otros, Jean Bricmont en su espléndido libro Imperialismo humanitario: el uso de los derechos humanos para vender la guerra).

 

Por Pedro López López
Profesor de la Universidad Complutense de Madrid. Secretario general de la Asociación Pro Derechos Humanos de España
10/12/2018
Texto basado en la intervención del autor el pasado 28 de noviembre en el Club de Amigos de la Unesco de Madrid, en un acto conmemorativo del 70º aniversario de la DUDH

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Miércoles, 05 Diciembre 2018 05:31

Condenaron a 53 represores

Miguel Krassnoff con esta sentencia suma 700 años de cárcel.

La Justicia chilena impuso sentencias a ex agentes de la DINA por el secuestro, tortura y el asesinato de ocho militantes comunistas.

 La Justicia de Chile condenó ayer a prisión a 53 agentes de la dictadura del general Augusto Pinochet por su responsabilidad en el secuestro, la aplicación de torturas y el asesinato de ocho militantes del Partido Comunista en 1976. El juez especial de la Corte de Apelaciones de Santiago,


Miguel Vázquez Plaza, impuso penas de entre tres y 20 años de cárcel para los imputados de secuestro calificado y homicidio calificado, según informó el Poder Judicial en un comunicado publicado en su sitio web. Miguel Krassnoff Martchenko, uno de los imputados, con esta sentencia ya suma 700 años de cárcel por violaciones a los derechos humanos.
Los condenados prestaron servicios en la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), la policía secreta que según el juez en aquellos años tuvo una evolución operativa y su objetivo pasó a ser la persecución y represión del Partido Comunista.


De acuerdo con la sentencia, las víctimas fueron detenidas para ser interrogadas y torturadas con el fin de obtener información sobre sus actividades en el partido, así como la identificación posterior de otros miembros de esa agrupación política. Su detención se enmarcó en medio de la operación “Calle Conferencia” y la reconstrucción de la misma fue posible por los relatos del personal del Comando de Aviación del Ejército, entre otros, y de mecánicos de aviación y encargados del mantenimiento. “Dichos apremios no cesaban hasta la obtención de la información requerida o hasta la inconsciencia de las víctimas”, precisó el fallo. La resolución del juez subraya que las víctimas fueron asesinadas por varios agentes de la DINA que utilizaron para ello bolsas de plástico con las que cubrieron sus cabezas hasta asfixiarlas. Las víctimas de los exagentes de la DINA fueron Mario Zamorano Donoso, Onofre Muñoz Poutays, Uldarico Donaire Cortéz, Jaime Donato Avendaño, Elisa Escobar Cepeda, Lenin Díaz Silva, Eliana Espinoza Fernández y Víctor Díaz López.


Las cifras oficiales estiman que 3.200 personas fueron asesinadas por agentes del Estado durante la dictadura de Pinochet.

 

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Martes, 27 Noviembre 2018 05:33

Arranca la comisión de la verdad

Arranca la comisión de la verdad

Como parte de los acuerdos de paz en Colombia

La Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la No Repetición en Colombia iniciará esta semana los trabajos para la elaboración de un informe sobre el conflicto armado, que entregará dentro de tres años.


Así lo aseguró ayer el presidente de la Comisión, el sacerdote jesuita Francisco de Roux, quien recordó que dicho instrumento se creó como parte del acuerdo de paz firmado hace dos años entre el Gobierno colombiano y la entonces guerrilla de las FARC, ahora convertida en partido político. La Comisión, que tiene once miembros, forma parte del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, que incluye además la Unidad para la Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas y la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).
La entidad, que funcionará en varias regiones para abarcar todo el país, tendrá una duración de tres años y su principal objetivo será contribuir al esclarecimiento de lo ocurrido en el conflicto armado, así como promover y contribuir al reconocimiento de las víctimas.


Al término de los tres años de mandato, la Comisión deberá entregar el informe final de lo ocurrido en el “complejo conflicto armado”, explicó De Roux, quien recordó que la entidad que encabeza es estatal, no gubernamental.


“Esta no es una Comisión contra nadie, no somos una ONG de derechos humanos, somos una institución de Estado de carácter constitucional”, afirmó De Roux. Añadió que la Comisión no irá “en contra ni del Congreso, ni del Gobierno, ni del Ejército, ni de los Gobiernos anteriores”, ni tampoco “en contra del partido de las FARC, estamos en contra de la mentira, estamos contra el miedo”. En esa dirección, De Roux recordó que el conflicto armado de más de 50 años dejó en el país 8,5 millones de víctimas, entre muertos, heridos, secuestrados, desplazados y desaparecidos.


Al referirse a lo que la comunidad internacional y Colombia deben esperar de la Comisión, De Roux enfatizó que esperan “una visión amplia y compleja de lo que ocurrió en Colombia durante el conflicto” y en el que todos los afectados por la violencia sean escuchados y entendidos. “Que nadie le tenga miedo a la verdad de lo que nos pasó porque solo la verdad abrirá caminos para no repetir la barbarie en la que nos vimos enredados”, afirmó.

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Doce Apóstoles, testigos y asesinatos: Colombia se prepara para un fallo histórico contra el hermano del expresidente Uribe

Dos años después de la firma del Acuerdo de Paz con las FARC, Colombia sigue buscando justicia, esta vez, en el agujero del paramilitarismo


Entre los días 3 y 7 de diciembre se conocerá el fallo en el que se piden hasta 40 años de cárcel para Santiago Uribe, hermano del senador


Con este caso quedaría demostrado "el uso de la criminalidad para llegar al poder político", dice Daniel Prado, abogado de la parte civil en el caso de los Doce Apóstoles


La investigación en torno al hermano del expresidente de Colombia Santiago Uribe llega a su fase final. Entre los días 3 y 7 de diciembre se conocerá la sentencia contra este ganadero al que la Fiscalía acusa de dos delitos: de la conformación del grupo paramilitar de los Doce Apóstoles y del asesinato del conductor de autobús Camilo Barrientos en el año 1994.
El hermano del ahora senador lleva siendo investigado 20 años, sin embargo, el proceso ha sido archivado en varias ocasiones por falta de pruebas y porque se cuestionó la credibilidad de varios testigos. Los Uribe defendían que se trataba de una persecución política. Sin embargo, en el año 2010 todo cambió gracias al testimonio del policía Juan Carlos Meneses que señaló directamente a Santiago Uribe.


El comienzo de los años 90 en Colombia es una época oscura en la que grupos paramilitares, que primero se formaron dentro de la legalidad y que llevaban a cabo las llamadas "limpiezas sociales", se convirtieron en el brazo armado del poder contra la guerrilla. Una de las zonas calientes de la época se sitúa en Antioquia, zona en la que los Uribe tienen numerosas propiedades como la finca de la Carolina y en la que, al parecer, operó el grupo paramilitar de los Doce Apóstoles. La organización tomó este nombre porque uno de sus miembros era un sacerdote.


La cifra varía entre unas fuentes y otras, pero los defensores de los derechos humanos aseguran que el grupo paramilitar de los Doce Apóstoles fue responsable de más de 500 asesinatos a principios de los 90. El grupo se encargaba de llevar a cabo labores de 'seguridad' y ' limpieza' matando de manera aleatoria tanto a miembros de la guerrilla como a drogadictos.


"En el año 1996 se determina que las pruebas no son serias", dice Daniel Prado, abogado de la parte civil en este proceso. "En el año 2010 aparece un oficial de la policía colombiana, que prestó servicio como comandante en la sección de Yarumal y cuenta cómo prestó su colaboración para los delitos que cometieron los Doce Apóstoles", narra en la redacción de eldiario.es. "Además de eso, hace referencia a que la persona que dirigía el grupo para militar era el señor Santiago Uribe Vélez".


Según las palabras del abogado, la repercusión que puede tener un fallo en contra de Santiago Uribe es la demostración de algo que se ha denunciado en Colombia desde hace décadas: el uso de la criminalidad para llegar al poder político en el país. "Este es el inicio de lo que después se conoció como el paramilitarismo".


"Si logramos demostrar que esto no solo se produjo en la región de Antioquia sino que esta política también se utilizó en otra hacienda propiedad de los Uribe como es la de las Guacharacas en esos mismos años, podremos ver que realmente fueron ellos los que iniciaron ese laboratorio de una política para garantizar el ser dueños del poder económico y político de Colombia", asegura Prado.


¿Un hito en la justicia colombiana?


En Colombia, las autoridades han condenado a muchas personas "vinculadas a los partidos políticos que han apoyado a Uribe Vélez en diferentes candidaturas por su participación con grupos paramilitares y muchos de los miembros de los gobiernos de Uribe están hoy condenados por delitos de corrupción", recuerda Prado.


Sin embargo, este es un proceso único porque apunta directamente a un presidente y porque no hay ningún otro que haya llegado a estar tan avanzado. Prado considera que Álvaro Uribe, desde lo alto del poder, ha conseguido frenar otras investigaciones que seguramente le hubieran salpicado. "Será histórico, esperamos, en la medida de que después de 20 años se conozca por fin la verdad sobre estos homicidios del grupo de los Doce Apóstoles", asegura Andrés Celis, investigador especializado en paramilitarismo de la Universidad del Rosario.


Aún con todo, los especialistas dudan de que esto repercuta de manera directa en el senador. "Al expresidente lo pueden ver un día matando a la mamá y al otro ganar las elecciones. Es uno de los famosos populistas", dice Ariel Fernández Ávila, politólogo y subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación. "Políticamente es muy difícil que le pase algo. Ni sus militantes, ni los senadores van a renunciar. Controla su partido y todo aquel que lo apoya sabe que esto podía pasar en algún momento". Fernández Ávila ha reconocido en eldiario.es que, aunque se piden "entre 27 y 40 años de cárcel" para el ganadero Uribe, "en la vida real" cumpliría como mucho "10 o 12".


Por su parte, el nuevo Gobierno encabezado por Iván Duque, apadrinado de Uribe, parece dispuesto a enfriar el acuerdo de paz alcanzado hace dos años con las FARC y un posible acercamiento al ELN.


"Quienes manejan el poder el Colombia han entendido que si el país logra la pacificación", alerta Prado sobre la pausa en los diferentes procesos de pacificación con los grupos de guerrilla, "la sociedad va a buscar un cambio y va a tratar de escoger entre modelos económicos y futuras administraciones del país". "Colombia tiene una corrupción absoluta en todas las esferas del poder público y hay once millones de personas que salieron a la calle para pedir que se acabase con esto. Eso se puede traducir en once millones de votos y Duque consiguió diez millones", apunta.


"Necesitan la presencia de un enemigo interno, de una guerrilla armada, para seguir manteniéndose en el poder. Ellos son las mismas personas que manejan hoy el país", concluye.

Por Cristina Armunia Berges
23/11/2018 - 19:32h

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Sábado, 17 Noviembre 2018 09:56

Dignidad y humanismo socialista

Dignidad y humanismo socialista

El periódico desdeabajo publica una reseña ampliada publicada en marzo de 2015, de Luis Emiro Valencia (1922-13/11/2018), durante un evento de reconocimiento a su obra.

El pasado mes de marzo, Luis Emiro Valencia cumplió 93 años. . Para asombro de propios y extraños, su actividad mental y física en pro de una sociedad socialista, fundada sobre las bases de la democracia radical y el humanismo, continúa plena, como en aquellos años 40 del siglo XX, cuando en la casa de Jorge Eliécer Gaitán le abrieron la puerta y lo invitaron a seguir para tomar las memorias de las reuniones que dieron base al Plan Gaitán. Llegaba invitado por Antonio García Nossa, de quien aprendió y a quien continúa difundiendo aún, dado que Colombia no conoce la bastedad y profundidad de su obra.

¿Quién es Luis Emiro Valencia? -"Yo soy yo y mis circunstancias".

Es la identificación de Luis Emiro con el pensamiento de José Ortega y Gasset (1883-1955): "Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo". Es una frase síntesis de su perspectiva existencial, esto es, el ser humano está condicionado por lo que piensa y por lo que vive. La perspectiva es, entonces, de la razón vital (raciovitalismo) e histórica. En relación dialéctica se imbrican la razón, la vida como valor absoluto, la impermanencia y el fluir del tiempo y los acontecimientos socio-históricos concretos.

 

Madre-hijo

 

Detrás de un hijo que aprende hay una madre que enseña, dice el adagio popular. Existe una relación estrecha entre la producción intelectual y la experiencia vital del ser humano, pero ésta es primordial en sus comienzos y en la situación de dependencia esencial. Al comienzo de la vida, es cuando empiezan a formarse las actitudes estructurales de la personalidad (temperamento y carácter). La pareja básica madre e hijo constituye la imbricación fundamental. En los primeros años de un niño, la ayuda y el amor son de gran importancia en el establecimiento de su naturaleza o, dicho en términos simples, su capacidad para la estabilidad y la felicidad. El párvulo es el padre del intelectual.

Luis Emiro Valencia Sánchez nace en Bogotá el 25 de marzo de 1922. Valencia es un apellido toponímico español, arriba a Colombia con los inmigrantes hispánicos hace poco menos de tres siglos, sobresaliendo una inclinación hacia la intelectualidad y la política. En Luis Emiro estas dos fuerzas confluyen en una sola pasión: el humanismo socialista. Su árbol genealógico es pródigo en liberales guerrilleros y radicales, amigos de Manuel Murillo Toro (1816-1880), dos veces presidente de la República y precursor del socialismo liberal en Colombia, de estirpe reformista agrario y gran luchador contra los latifundistas. La obra de Murillo Toro será la primera influencia intelectual de Luis Emiro.

Eran otros tiempos, con una Colombia muy distinta a la actual. Su población apenas llegaba a los 6,8 millones de habitantes, con el 72 por ciento de ella habitando en zonas rurales. Era un país agrario bastante atrasado y desarticulado en sus regiones naturales, aunque constituía un nítido germen de modernización capitalista que generaba nuevas problemáticas y exclusiones económicas, sociales y políticas; nuevas clases populares y asalariadas buscaban su propia expresión en el socialismo y recibían la influencia y animación de las revoluciones mexicana y rusa. El antagonismo entre el país agrario y semicolonial, y la nación moderna y capitalista empezaba a aflorar con fuerza incontinente.

A la tierna edad de cuatro años queda Luis Emiro sin padre, consecuencia de la temprana separación de sus progenitores. Como hijo único, es educado por su dedicada y amorosa madre: Carlina Sánchez Lozano. Ella, liberal radical, poliglota (inglés, francés, castellano) y diestra pianista, heredó a su hijo la pasión por la política y la justicia social, al igual que el amor por la vida, el trabajo decente, la literatura y la música.

Luis Emiro no fue un niño corriente. Un niño dotado es más intensamente niño, sus placeres y dolores surgen rápidamente y, agudamente, su curiosidad y necesidad del conocimiento. El sentido y significado de la vida está unido a su gusto por la lectura, consejo que no deja de recomendar siempre que puede a las nuevas generaciones: lean, siempre lean y lean. De niño a adulto lo acompaña una memoria prodigiosa; a los 93 años recita un poema del poeta venezolano Elías Calixto Pompa (1834-1887) con igual frescura y claridad que lo hacía cuando solo contaba con tres años de edad:

Estudia
Es puerta de luz un libro abierto:
Entra por ella, niño, y de seguro
Que para ti serán en lo futuro
Dios más visible, su poder más cierto.

El ignorante vive en el desierto
Donde es el agua poca, el aire impuro;
Un grano le detiene el pie inseguro;
Camina tropezando; ¡vive muerto!

En ese de tu edad abril florido,
Recibe el corazón las impresiones
Como la cera el toque de las manos:
Estudia, y no serás, cuando crecido,
Ni el juguete vulgar de las pasiones,
Ni el esclavo servil de los tiranos.

La madre, activista, siempre iba acompañada de su pequeño. De la mano de ella, Luis Emiro participó de las marchas y eventos políticos que por entonces conmovían a la capital, como la "del hambre", pero también de sucesos de especial significado, como la posesión del presidente liberal Enrique Olaya Herrera en 1930.

Como podrá recordase, fecha especial para la nación, pues con tal gobierno tomaba forma en el país un período de gobiernos liberales, extendidos hasta 1946. Durante los 44 años previos los conservadores gobernaron de mano de la Iglesia con mano dura y represiva, pretendiendo acallar el surgimiento del movimiento obrero-campesino-indígena y estudiantil y la aparición de las nuevas corrientes políticas socialistas.

Ahora, bajo la influencia de las revoluciones acaecidas en Nuestra América, así como en Euro-Asia, durante las dos primeras décadas del siglo XX y la tendencia internacional de apertura, el ambiente era propicio a los proyectos de reforma social y a la ampliación de la democracia. Liberales y socialistas hacían suyos, a su manera, los ideales de reforma agraria, nacionalización de los recursos naturales y energéticos, separación de la Iglesia y el Estado, impulso a la educación obligatoria, laica y gratuita, independencia nacional, formación de sindicatos, organización y participación popular y un régimen bajo la dirección de un gobierno obrero.

Memoria y lucha. A sus escasos ocho años de edad, la impresión de la figura imponente de Enrique Olaya Herrera, "gigante, altivo y su pecho lo atraviesa la banda tricolor de la bandera nacional", quedará para siempre en la retina de Luis Emiro.

 

Salto generacional

 

Hacia el año 1925 se conforma un grupo anti élite, rebelde e iconoclasta: "Los Nuevos". De edades entre los 20 y 25 años, universitarios y provenientes de clases alta y media, eran jóvenes que empezaban a entender el sentido, significado y tendencia de los nuevos tiempos. De este grupo emergerían las ideas y los personajes que tendrían influencia en los acontecimientos de la nación durante el siglo XX.

Algunos de ellos suscriben un documento en el que dicen: "Pertenecemos al partido socialista que busca la justicia económica, la realización política de los fines humanos y cuando los partidos de la libertad se disuelven en la inacción y buscan consejo de un capitalismo intransigente, las nuevas generaciones no pueden seguir otros caminos que éste que adoptamos nosotros". Entre algunos de sus firmantes estaban Diego Montaña Cuellar, Francisco Socarrás, Roberto García Peña, Gerardo Molina.

Al grupo de "Los Nuevos" ingresan Alberto Lleras Camargo, Germán Arciniegas, Luis Tejada, Gabriel Turbay, Guillermo Hernández, Juan y Carlos Lozano y Jorge Eliecer Gaitán. Más tarde es fortalecido con la adhesión de Luis Cano, Antonio José Restrepo, Antonio García Nossa, Luis Carlos Pérez y Luis Rafael Robles, todos profesaban su simpatía con las ideas socialistas.

Entre tanto, Luis Emiro Valencia era un joven estudiante formado en los colegios de los hermanos cristianos lasallistas. Egresado de la secundaria, efectuó estudios técnicos en la Escuela Industrial anexa a la Facultad de Matemáticas e Ingeniería de la Universidad Nacional durante la década del treinta; en ese entonces su proyecto era convertirse en técnico fundidor. Pero la vida no es lo que uno quiere. Aprendió taquigrafía y mecanografía en la Academia Remington, donde por entonces estudiaban las elegantes señoritas bogotanas, para matricularse luego en los cursos de Extensión Universitaria abiertos en el marco de la reorganización de la Universidad Nacional adelantada bajo el gobierno de Alfonso López Pumarejo (1934-1938/1942-45). Después ingresaría al Instituto de Ciencias Económicas, fundado en 1945, donde se graduó en 1950 presentando la tesis "Política del Cambio Exterior", dirigida por su maestro y amigo A. García Nossa.

Tiempos de especiales recuerdos. Para Luis Emiro una de las situaciones más gratas de su vida fue haber vivido y verse beneficiado del proceso de inclusión y democratización de la educación en Colombia, impulsado por los gobiernos liberales. En la Universidad Nacional conoció a profesores como Abdón Espinosa, Indalecio Liévano Aguirre, Alfredo Vásquez Carrizosa y Antonio García Nossa. Este último se convertiría en su "padre intelectual" y pronto tejerían una profunda amistad.

Bajo la protección y orientación de Antonio García pudo ingresar y hacer parte de una generación mayor a la suya, la de aquellos intelectuales socialistas influyentes en la academia y la vida cultural y política del país. García lo hizo su secretario y amanuense gracias a la inteligencia y los conocimientos que sobre taquigrafía y mecanografía ya le otorgaban ciertas destrezas a Valencia.

De su maestro y amigo, dirá después Luis Emiro que aun Colombia no ha conocido la grandeza del pensador y la importancia del mismo para la historia nacional: "Antonio es como el mar, profundo y ancho; hasta ahora sólo conocemos su oleaje y lo poco que queda en la playa".

 

Luces de vida

 

Corren los años 40, las nuevas lecturas e influencias intelectuales marcan su huella en el joven estudiante. Una tarde, bajando las escaleras de la facultad de Derecho (el Instituto de Ciencias Económicas estaba anexo a la Facultad de Derecho), Luis Emiro tuvo una experiencia de conversión. Mirando en lontananza, asombrado, sintió en lo más profundo de su ser que había ocurrido un salto de conciencia, su cosmovisión de la vida había cambiado, la pasión por el socialismo humanista había nacido como una razón vital que nunca más abandonaría.

El año de 1947 Luis Emiro conoce a Jorge Eliecer Gaitán (1898-1948), quien con persistencia lideraba desde los años 30 una gesta por el cambio de modelo político y económico en el país. En este mismo año Gaitán, candidato a la presidencia de la República por el partido Liberal, ya figuraba como seguro triunfador de los comicios por realizarse un año después.

Ante tal posibilidad, la oligarquía colombiana juega la última carta que le quedaba: la represión violenta. Al salir de clases de la Universidad Nacional, Luis Emiro sube por la calle trece en su modesto automóvil del cual era propietario y a la altura de la Estación de la Sabana, sobresaltado, ve la turba enfurecida que baja con palos y machetes destrozando e incendiando la ciudad; guarda donde puede el vehículo y se entera que Gaitán acaba de ser asesinado. Es el 9 de abril de 1948.

En una amarga mirada retrospectiva, Luis Emiro Valencia reflexiona sobre la cruel historia que nos ha tocado vivir: "Cuando el hombre como el pueblo coinciden y se hallan listos para iniciar los procesos de cambio revolucionario, las clases o los grupos hegemónicos y dominantes dueños del poder y los privilegios generan el clima propicio para el genocidio y el magnicidio, eliminando a los jefes, líderes y seguidores dotados de la visión, y el propósito de impedir cambios reales, estructurales, socioeconómicos, institucionales y éticos. Los casos: Galán el Comunero en 1871, Rafael Uribe Uribe en 1914, Jorge Eliecer Gaitán en 1948, Jaime Pardo Leal en 1987, Luis Carlos Galán en 1989, Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro en 1990.

[...] El de Gaitán significaba el ascenso del pueblo al poder. Por eso, a Gaitán no podía dejársele pasar. La oligarquía deja pasar, aun a los de extracción humilde, en la medida que adopten y adapten sus ideales y su lucha a los intereses de la casta dominante. El revolucionario siempre está expuesto a sufrir la trayectoria de Gaitán. Es el mito de Sísifo, refrendado con la muerte de Gaitán y el genocidio practicado sobre nuestro pueblo durante todo el tiempo a lo largo y ancho de nuestra historia"1.

 

El socialismo como pasión y compromiso

 

No es fácil ser fiel a los principios socialistas en un país de tradición derechista y con una lumpen-oligarquía tan asesina e infame como la colombiana. Luis Emiro Valencia, con la sabiduría que dan los años y conocedor ilustrado de la historia del país, nos enseña que la denominada Violencia no inició el 9 de abril de 1948, como equivocadamente algunos analistas lo señalan, sino que inició una nueva fase en el siglo XX a partir de 1946, impulsada por el Estado, bajo el gobierno hegemónico conservador, represión sectaria contra el pueblo como guerra preventiva que impidió el acceso de Gaitán al poder. Su despliegue significó el triunfo de la violencia reaccionaria sobre las aspiaciones de justicia y democracia plena sentidas por el país nacional.

En este proceso, enseña Valencia, la reacción contra la reacción fue el golpe cívico-militar encabezado por el General Gustavo Rojas Pinilla, el 13 de junio de 1953, con la consigna de paz, justicia y libertad, y la entrega de las armas por la guerrilla del Llano, refrendada con el posterior asesinato en Bogotá de su máximo líder, Guadalupe Salcedo. Esta fase culmina con la heredada Asamblea Nacional Constituyente y Legislativa, en cuya ampliación estuvo el Maestro Antonio García, quien presentó proyectos de reforma estructural y planteó, en memorable discurso, la disolución de la Asamblea con el lema de que la estrategia reaccionaria de volver atrás debe dar paso a la revolución socialista. En este discurso recogió el pensamiento de Gramsci: La crisis consiste en que muere lo viejo y no nace lo nuevo.

Ante el fracaso de la dictadura de Rojas, que continuó la violencia sin propósito de cambio, la oligarquía latifundista-industrial se une convocando a Plebiscito y entronizando el Frente Nacional oligárquico con el reparto del poder hasta 1974. De aquí en adelante, hasta nuestros días, el proceso continúa con diferentes actores pero con el mismo escenario y con las mismas víctimas, a pesar de la Constitución de 1991, concluye Luis Emiro en su repaso por la historia reciente de Colombia2.

Pero ninguna tristeza, derrota o dolor ha podido apagar el fuego, la pasión y compromiso de Luis Emiro Valencia por el socialismo humanista y la democracia radical. En los más importantes programas del socialismo colombiano del siglo XX, su espíritu y mano creadora están presentes. Con su visión siempre mirando hacia delante, sin olvidar el pasado, nos advierte que es fundamental rescatar desde la propia historia de Colombia la lectura de los programas básicos, formulados para proyectos políticos de la democracia radical, socialista, desde el pueblo y para el pueblo, con el común denominador del humanismo social, sin pretender repetirlos mecánicamente sino para estudiarlos y continuarlos en sus líneas de vigencia y actualidad. Es el camino de la memoria el que conducirá a la construcción de la nueva sociedad, afirma con convencimiento.

Los programas básicos, en su desarrollo cronológico, según Luis Emiro, son:

- 1936-38 Unión Nacional Izquierdista Revolucionaria –Unirismo.
- 1942-44 Liga de Acción Política –LAP.
- 1946-47 Plataforma del Colón y El Plan Económico, Movimiento Gaitanista.
- 1950-1958 Movimiento Socialista Colombiano –Partido Popular Socialista.
- 1985-1989 Unión Patriótica –UP.

Según Valencia, las tesis contenidas en estos programas están vigentes en su esencia –interna, regional e internacional–, en la medida que durante todo el siglo XX y en lo que va del XXI, no sólo los problemas subsisten sino que se han agravado y potenciado, cuantitativa y cualitativamente3.

La izquierda actual está fragmentada y confusa, según Luis Emiro. Le duele ver como la educación quedó reducida a un vulgar negocio sin igualdad de oportunidades ni inclusión de las clases populares, así como la orfandad en que se encuentran las universidades que deberían ser el faro en estos tiempos de oscuridad. La última vez que lo invitaron a ser parte de un movimiento político fue en la persona de Fals Borda, de quien dice Valencia "era un gran humanista pero muy ingenuo". El Polo, respondió a la amable invitación de Fals Borda, es un archipiélago, ¿de cuál isla quieres que haga parte".

No obstante, Valencia sigue creyendo en la necesidad de un futuro socialista para Colombia. Su concepción de la democracia radical, elaborada en conjunto con su maestro-amigo Antonio García, sigue vigente. Es un todo indivisible, no sólo democracia política sino también económica, social, ambiental y cultural, con un nuevo estado nacional y popular que emerja desde abajo y desde las regiones como estructura política fundamentada en la organización y participación directa de los trabajadores, campesinos, pueblos originarios, estudiantado, clases medias y de los sectores progresistas del país. "La democracia, afirma Luis Emiro, es como el amor: todo o nada". Y es que Valencia sí sabe de eso, toda su existencia ha sido un enamorado de la vida, con siete hijos, demócrata radical y socialista convencido.

Pero sobre todo, Luis Emiro es un gran humanista, siempre opuesto a toda teoría y práctica que conduzca a una imagen determinista, dogmática y reductiva de la existencia humana. El socialismo en que cree tiene como objetivo central crear la igualdad de oportunidades, la satisfacción de las necesidades esenciales y las condiciones para el florecimiento de las potencialidades y la autorrealización del ser humano. Un socialismo que aspire a una concepción integradora y holística del ser humano, pluralista e incluyente, en la que tengan cabida temas tales como: democracia radical, libertad, responsabilidad, autenticidad, realización, autodeterminación, conciencia, dimensión espiritual y sentido y significado de la vida.

A sus 93 años, Luis Emiro afirma que es longevo pero no viejo. En su cálido, pulcro, sencillo y ordenado apartamento, en el centro de Bogotá, de cara a los cerros tutelares, donde vive con su hijo menor, están todos los amores y recuerdos más apreciados de la vida: músicos, pintores, pensadores, fotografías de amigos y compañeros de batallas, todo en medio de miles de cuidados, heterogéneos y queridos libros, de todos los tiempos y campos del saber humano. Hasta hace unos pocos años se desempeñó como consultor externo de la Unidad Administrativa Especial de Organizaciones Solidarias. Actualmente asesora alcaldías locales con aspiración y vocación socialista, como la de San Cristóbal, en la localidad 4 de Bogotá.

Elegante, en el mejor estilo clásico bogotano, digno y autónomo, Luis Emiro camina las calles de la capital, sonriente y enamorado de la vida, con la esperanza incorregible y la fe en la perfeccionabilidad del ser humano y la capacidad de evolucionar y revolucionar de la sociedad.

 

1 Valencia, Luis Emiro. "Gaitán, antología de su pensamiento social y económico, Ediciones desde abajo, Bogotá, 2012, pp. 15-16).
2 Valencia, Luis Emiro, 9 de abril de 1948-10 de mayo de 1957, capítulo oscuro de la historia colombiana, en: Revista Cepa, Bogotá, abril 2007, No 3, p. 78).
3 Valencia, Luis Emiro, Los programas perdidos de la democracia radical, en: Revista Cepa, Bogotá, septiembre 2007, No 4, p. 68.

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Luis Emiro Valencia, 9 de abril 2012

Luis Emiro Valencia Sánchez (1922-13/11/2018) fue un economista reconocido por su activismo político, su obra intelectual, por ser uno de los fundadores de la acción comunal en Colombia y por participar en la Asamblea Nacional Constituyente en representación del movimiento Alianza Democrática M-19. Su fallecimiento ha motivado comentarios de tristeza y solidaridad. A continuación una entrevista realizada por desdeabajo para su edición Nº 184, en el año 2012.

 

 

Luis Emiro Valencia, ex Vicepresidente de la Unión Patriótica, a sus 90 años, con base en testimonios desconocidos hasta ahora, el suyo propio y el soporte en archivos y documentos inéditos, culmina una rigurosa tarea de investigación social como contribución para esclarecer la historia política real de la UP y, de aspectos, de su atroz exterminio. A través de 20 testimonios de dirigentes como Bernardo Jaramillo Ossa, Diego Montaña Cuéllar y Jaime Pardo Leal, y documentos hasta ahora inéditos, Luis Emiro enriquece y rescata la verdad histórica hasta ahora oculta de este importante proyecto político de la izquierda colombiana. La UP fue víctima de inaudita destrucción, como respuesta del sistema dominante a las propuestas de paz democrática con progreso colectivo, sin exclusiones.

Con un trabajo que adelanta desde hace más de un año, por terminar en octubre próximo para su publicación el 22 de marzo del 2013, a 23 años del magnicidio contra Bernardo Jaramillo Ossa, candidato a la Presidencia propuesto por la UP, que Luis Emiro analiza dentro de la violencia institucional y las réplicas sociales, inmersa en el proceso deliberado, atroz y brutal, de genocidio, masacres, torturas, desarraigo, exilio y persecución contra los dirigentes y militantes de la UP. Con el soporte en sus propias vivencias y participante en la preparación programática y organización de la UP que constituyó una aspiración popular y democrática con perspectiva de nuevo poder, por los años 88, 89 y 90 del siglo XX, fortalecida mediante alianzas en varias instancias institucionales y populares en función de cambios fundamentales. Luis Emiro, da un paso en recuperar la historia real del conflicto con la visión y propósito de superar la amnesia colectiva. Con el «Fondo de ediciones desde abajo», presentará «Vida, pasión y muerte de la Unión Patriótica en la perspectiva de la solución política del conflicto, que para la interpretación y análisis denomino histórico-social armado en Colombia».

Su trabajo traza una reconstrucción histórica a fondo y detalle de la UP, desde sus orígenes hasta su destrucción y eclipse, que tiene testimonios de Jaramillo, Montaña, y voz en las vivencias de Jaime Corena, Gloria Cuartas, José Antequera (hijo), Mariela Barragán, Guillermo Banguero, Álvaro Salazar, Oscar Dueñas, Sebastián González y Daniel García Peña –Comisionado oficial del Gobierno para la Paz en 1996-1998. Sin excluir, documentos de algunos políticos que actualmente están en otros campos partidistas, como Angelino Garzón, hoy Vicepresidente de la República. Contiene 10 capítulos que señalan los antecedentes y contextos históricos, políticos, sociales e institucionales del conflicto que lleva cerca de medio siglo, con un análisis de sus causas y efectos y sus impactos en la sociedad y el pueblo víctima que no son casuales. Son causales de la injusticia y exclusión social crónica que aqueja al país desde la Colonia.

En el archivo de la UP y el personal, Luis Emiro cuenta con los documentos inéditos y las publicaciones que animaron y hacen vigente esta posición estratégica de paz negociada que formuló la Dirección de la UP. Recuerda como quehacer: “Frente al conflicto armado y la guerra en Colombia, la UP tuvo como estrategia y política fundamental y como posición doctrinaria y programática: la solución política al conflicto armado, con tesis que están en plena vigencia. Y el lema: de campaña, “Venga esa mano País” así lo reflejó”.

Y es ante todo contundente: “Todo lo planteado está vigente y por resolver, como el mensaje histórico de José Antonio Galán el Comunero, Jorge Eliécer Gaitán el Caudillo del Pueblo y los héroes y mártires de la Unión Patriótica, además del ejemplo heroico y sufrido del pueblo colombiano en todos los tiempos.

La dinámica y el potencial en desarrollo político y electoral de la UP por los años 80 y 90 del siglo XX, se manifestó en el acceso a ciertas instancias de gobierno y representación en el Congreso, Asambleas, Municipios y el crecimiento organizado de su militancia de base y amplitud de alianzas. Su propuesta política se estructuró en un concepto de paz democrática con progreso colectivo, sin exclusiones. Tiene la base de una respuesta política integral a las complejas y reales causas sociales y económicas del conflicto histórico y social colombiano. Su potencialidad y objetivos claros y transparentes, alarmaron al sistema tradicional del poder hegemónico y dominante. Causa determinante para que mediante los magnicidios y genocidios planeados se hiciera abortar el potencial de los sueños políticos y democráticos de la UP e impedir la culminación del proyecto renovador, eliminar su presencia política y electoral, por sustracción física de sus gentes, que facilitó más adelante la cancelación de su personería jurídica por el Consejo Electoral.

Los testimonios grabados y filmados, no sólo recogen información de quienes pertenecieron a la Dirección Nacional de la UP, sino de algunos militantes, ex alcaldes, dirigentes regionales y familiares de víctimas, en uno de los episodios de “un conflicto que como los volcanes hace y tiene explosión y lava en la crónica guerra que nos agrede colectivamente” sentencia Luis Emiro en una de sus respuestas.
desdeabajo –da–: Con más de siete intentos de concertar la paz, hoy de nuevo es noticia buscar acuerdos con las Farc-EP y el ELN. ¿Qué diferencia ve ahora con el ayer de la UP en el escenario político?
Luis Emiro Valencia –LEV–: Es claro, que no ha habido soluciones de fondo, en cuanto no puede disfrazarse como tales las precarias agendas de diálogo y conciliación manipuladas por varios Gobiernos, dizque en representación del Estado.

–da–: Entonces, sigue vigente la búsqueda. ¿Qué características tenía la plataforma sobre «paz democrática y duradera» de la UP?
–LEV–: Una plataforma moderna, democrática de carácter y naturaleza política, socioeconómica y cultural con mecanismos participantes, y de referentes con respeto a la vida y los Derechos Humanos y fundamentales en el propósito de una democracia orgánica real, no formal y demagógica: política, económica, social, bio-ambiental, educativa y cultural. Con el lema “¡Venga esa mano…!”, este Programa democrático y moderno de cumplimiento posible, fue aprobado en la Plenaria del II Congreso Nacional de la UP Septiembre 7, 8 y 9 de 1989 que estuvo reunido en Bogotá.

–da–: ¿Cómo llegó la UP a esa definición estratégica?
–LEV–: Tras una decisión estratégica de las farc que la concibió como instrumento para la representación y fin del bipartidismo excluyente, y en esa función la acordó con el Gobierno Betancur, la UP ganó dinámica, una vez superadas las situaciones, condiciones y contradicciones internas y con los aliados, que condujeron al expreso deslinde de los dogmas en función de una línea con autonomía democrática y propuesta de paz concertada…

–da–: …¿contradicciones y deslinde, dice?
–LEV–: Sin jamás hacer “macartismo”, es en el contexto de la nueva UP: democrática, autónoma y libertaria, socialista (no socialdemócrata), que en forma abierta y pública se propone su desvinculación con las Farc-EP, su partera, separándose además del dogmatismo, manipulación y control estratégico del PCC, implícito en la tesis de la “combinación de todas las formas de lucha”.

–da–: En un país, este, la UP y realidad política, ¿cuál fue la relación que estableció?
–LEV–: El tema transversal de la investigación es la interpretación y análisis sobre el territorio, la tierra, el poder y la violencia.

–da–: Cuatro elementos…
–LEV–: Cuatro que se perfilan desde los orígenes prehispánicos. La desigualdad está presente desde las culturas originarias y su situación en la Conquista, Colonia y República Señorial, hasta hoy.

–da–: ¿Mediante cuál mecanismo?
–LEV–: El texto identifica, explica y prueba la dramática concentración de la tierra, el poder, la riqueza, los procesos del desarraigo de los campesinos y su diáspora o desplazamiento forzado y la presencia violenta y el sicariato paramilitar, manipulado por el latifundismo, la agroindustria, las economías de enclave y parte de la institucionalidad, como la bananera en Urabá, Chocó y Llanos Orientales; hasta la tarea coludida entre los paramilitares y sectores del ejército y demás manifestaciones de la multiviolencia…

–da–: ¿“Multiviolencia” histórica y del conflicto?
–LEV–: …Estas manifestaciones de brutalidad, que no sólo se contraen a la guerra sino a la aplicación sistemática de la cultura de lo bárbaro y atroz. Así, con el propósito deliberado de infundir terror para producir el control territorial. Y, cumplir con el despojo y el robo de la tierra mediante la violencia. Todo, como medio de ejercer el poder omnímodo y el control institucional.

–da–: ¿Qué papel juega la forma de propiedad de la tierra?
–LEV–: ¡Como uno de los ejes del conflicto!, sólo basta leer la historia no sólo la colombiana. El problema de la tierra lo adorno con un cuento gracioso para despertar la curiosidad: es la narración sobre el Colón perdido en la inmensidad del mar en su viaje a Cipango en búsqueda de especias. Cuando, ya sin esperanza, escucha el grito del marinero andaluz, Triana ¡tierra! Palabra que con 4 vocales y 2 consonantes, identifican en nuestro idioma una gran tragedia. Luego, vino el encubrimiento brutal de las culturas autóctonas del territorio que hoy es América. Sin embargo, ese es otro cuento también trágico.

–da–: Tragedia. ¿Cómo decirla en pocas palabras?
–LEV–: La violencia no se manifiesta solo en los actos de guerra y el enfrentamiento militar que tiene naturaleza histórico-social y política inscrita en el enfrentamiento entre las guerrillas y el Estado representado en sus gobiernos dominantes que controlan o detentan el poder real, hegemónico. No es un “caso” del aquí y ahora, como pretenden eludir las responsabilidades los causantes y usufructuarios del desastre. Favorecidos en la amnesia de la sociedad, abonada por el monopolio de la conectividad a través de los medios masivos de comunicación públicos y privados y su mensaje con sesgo: no sólo el terror corresponde a la lucha guerrillera producto de la guerra.

–da–: ¿Con cuáles elementos usted los contradice?
–LEV–: Colombia pasa por una acumulación y gama de inequidades e iniquidades múltiples, que tienen expresión en la crónica crisis social que genera y causa el conflicto y sus violencias. El modelo socioeconómico del país, refleja en medio de sus crisis un relativo crecimiento económico cíclico con enorme subdesarrollo y atraso social: con carencia de tierra para los campesinos, desempleo crónico y ocupación improductiva de la economía popular, carencias en la salud, educación, movilidad, servicios básicos, oportunidades, etc.
–da–: Carencias insolubles durante un largo tiempo.
–LEV–: Y sobre todo, de un largo insistir en la salida militar tipo pax romana, entrega, rendición, pues a la postre se trata en el fondo de que todo cambie pero que todo siga igual, como señaló Lampedusa en el Gatopardo. Es necio y de pensamiento torpe el interés en negar el conflicto o acentuar el neocolonialismo guerrerista, como la aplicación del Plan Colombia que financian los Estados Unidos y su logística de guerra.

–da–: ¿Neocolonialismo guerrerista, largo insistir y Pax romana como estrategia?
–LEV–: Estrategia que conducirá ineludiblemente a que el conflicto, como un incendio mal apagado, siempre reproduce de sus escombros, rescoldos y cenizas la nueva llamarada para una nueva guerra. Esto es nuestra historia…

–da–: …escombros, llamarada y fuegos, ¿cuáles destaca?
–LEV–: Desde nuestro origen e identidad, José Antonio Galán el Comunero y luego Simón Bolívar, el Libertador. En otra mirada y época, llamarada en la lucha de Guadalupe Salcedo, cuya biografía y la insurrección de la guerrilla del Llano (1949-1957) de Orlando Villanueva acaba de publicarse, incluye la entrega al Gobierno cívico-militar del General Rojas Pinilla y el posterior asesinato del amnistiado jefe guerrillero, mediante la traición, igual como el Común en 1781. Desde el ayer, la respuesta histórica levantó en los años 80 con la presencia de las Farc-EP, ELN, M-19, entre otras expresiones del conflicto que ya no parece dialéctico sino pendular.

–da–: ¿Qué hubiera hecho la UP en el evento de que hubiese accedido al poder?
–LEV–: Esta investigación histórico-social trata de mostrar y demostrar cómo la UP se proponía construir, colectiva y democráticamente, en la realidad y no en el papel o los discursos electorales, un nuevo Estado. Una nueva sociedad, con base en la solución política concertada del conflicto histórico-social armado de Colombia. Esta posición de paz concertada tuvo ratificación pública en el Congreso sobre la Paz que realizó el 17 de febrero de 1987 en Ibagué.

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Lunes, 12 Noviembre 2018 07:05

Centenario de dos guerras

Centenario de dos guerras

 

En París, mandatarios de varias partes del mundo recordaron el centenario del fin de la Primera Guerra Mundial, que cobró las vidas de entre 15 y 20 millones de personas –la mitad civiles– y dejó otros 20 millones de heridos en la llamada "guerra para poner fin a toda guerra".

El Día de los Veteranos en Estados Unidos se declara en honor a ese armisticio y a los millones de veteranos militares estadunidenses de las guerras sin fin desde entonces (se conmemora este lunes). Hoy día son oficialmente representados por un "comandante en jefe" que no sólo no es veterano, sino que evadió hacer el servicio militar, como tantos otros niños ricos, durante Vietnam. Con esa autoridad moral se presentó Trump en París.

Ante los homenajes oficiales a los que se sacrificaron por la "defensa de la democracia" en esa guerra, el hecho es que "cuando concluyó, nadie podía explicar de qué se había tratado la guerra", comentó el historiador Howard Zinn.

Las voces disidentes antiguerra en Estados Unidos, con argumentos y lecciones que aún resuenan un siglo después, fueron reprimidas. Más de mil personas fueron encarceladas –entre ellas el líder nacional socialista Eugene Debs– por ese guardián de la democracia, Woodrow Wilson. Bajo sus leyes –algunas en vigor hoy día– se lanzaron redadas contra "radicales", que incluían a inmigrantes progresistas. Emma Goldman y Alexander Berkman serían primero encarcelados y después deportados con otros 250 anarquistas.

Entre las primeras voces antiguerra estaba la de Helen Keller, la joven ciega y sorda que se volvió intelectual, recordada por su valentía y voluntad ejemplar, pero casi nadie menciona que también fue una activista socialista. A principios de 1916, en su pronunciamiento contra la guerra, afirmó: "los pocos que lucran con el trabajo de las masas quieren organizar a los trabajadores en un ejército que protegerá los intereses de los capitalistas", y llamó a una huelga para frenar la guerra.

Keller agregó: "el Congreso no se está preparando para defender al pueblo de Estados Unidos. Está planeando proteger el capital de especuladores e inversionistas estadunidenses en México, América del Sur, China y las islas Filipinas", y afirmó que al mismo tiempo la preparación para la guerra beneficiaría a los de la industria armamentista.

El periodista John Reed, en una serie de artículos en 1917, calificó la Primera Guerra Mundial de aventura imperialista. “¿De quién es esta guerra? No es mía. Sé que a cientos de miles de trabajadores estadunidenses empleados por nuestros grandes ‘patriotas’ financieros no se les paga un salario digno. He visto hombres pobres enviados a la carcel para purgar largas condenas sin juicio… a huelguistas pacíficos, y sus esposas y niños, muertos por las balas, quemados vivos por detectives privados y milicias. Los ricos se han vuelto constantemente más ricos…. y esos trabajadores proporcionalmente más pobres… Estos trabajadores no quieren guerras… Pero los especuladores, los empleadores, la plutocracia, ellos la quieren… y con mentiras y sofisterías avivarán nuestra sangre hasta volvernos salvajes y después lucharemos y moriremos por ellos”. Concluyó: "esta no es nuestra guerra".

Debs, sindicalista y líder del Partido Socialista, fue encarcelado por sus discursos. En junio de 1918 afirmó: "las guerras a través de la historia han sido llevadas a cabo para la conquista y el saqueo". Añadió que “siempre te han enseñado y capacitado para creer que es tu deber patriótico ir a la guerra y ser sacrificados bajo su comando. Pero en toda la historia del mundo ustedes, el pueblo, nunca han tenido voz al declarar la guerra… ninguna guerra de ninguna nación, en ninguna época, jamás, ha sido declarada por el pueblo”.

Estos disidentes fueron acusados de traición después del ingreso de este país a la guerra mundial, "un periodo de tres años de censura sin paralelo, encarcelamiento masivo y terror antimigrante", como lo caracterizó recientemente Adam Hochschild en el New York Review of Books.

Son traidores de los verdaderos traidores de este pueblo, como dijera Debs.

 

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Domingo, 11 Noviembre 2018 05:39

Una ópera de tres centavos

Una ópera de tres centavos

En 1978, Robert DeNiro fue a visitar a Martin Scorsese a una clínica de desintoxicación en las afuera de Nueva York. DeNiro y Scorsese eran como hermanos. Habían filmado juntos Calles Peligrosas cuando nadie los conocía, habían alcanzado fama y gloria con Taxi Driver y venían de ser despedazados por hacer New York, New York. DeNiro no había padecido tanto porque él era el actor nomás, y New York New York era evidentemente una película de director, pero Scorsese había padecido un colapso triple: el fracaso de su película, la intempestiva partida a Europa de Isabella Rosellini, su novia de entonces, y su adicción a la cocaína. DeNiro no sabía con qué iba a encontrarse pero igual fue con un libro bajo el brazo. Scorsese lo esperaba con otro libro para regalarle. Los dos pensaban lo mismo: en el traslado al cine de ese libro que tenían entre las manos estaba la oportunidad de ambos para volver a la buena senda, a los buenos tiempos. El libro que Scorsese tenía para DeNiro era La última tentación de Cristo, de Kazantzakis. El que DeNiro le dio a Scorsese era la autobiografía del boxeador Jake LaMotta. 

Dos días después DeNiro volvió a la clínica y le dijo a Scorsese que el libro de Kazantzakis no le decía absolutamente nada. Scorsese le contestó que a él le pasaba exactamente lo mismo con el de Jake LaMotta. Scorsese quería que Travis Bickle hiciera de Cristo, era una idea potentísima pero él estaba demasiado débil para defenderla. Y DeNiro tenía miedo de colapsarlo si le decía lo que realmente pensaba: porque, sin decirle nada, ya había pagado de su bolsillo los derechos para llevar al cine la vida de Jake LaMotta y no se le ocurría ningún otro director que pudiera filmarla.


“Pero yo no sé nada de box, nunca me interesó”, le decía Scorsese con un hilo de voz. DeNiro insistía, apelando al corazoncito itálico de su amigo: “Imagínalo como un gladiador que sale a la arena. Imagina toda esa gente que quiere verlo devorado por los leones”. Y le describía la capacidad sobrehumana de LaMotta para asimilar el castigo sin caer a la lona, las veces que había remontado con un KO providencial peleas que estaba perdiendo alevosamente por puntos. “Marty, sólo tú puedes transmitir lo que significaba LaMotta para nuestra gente. Te estoy hablando de un tipo que perdió cinco veces contra Ray Sugar Robinson y al final de cada pelea, con la cara tumefacta y sangrante, iba a abrazarlo y le decía al oído: Tampoco esta vez pudiste noquearme, Ray. Imagina un boxeador que pelea como si no mereciera vivir. Imagina lo que puedes hacer con la cámara cuando filmes cada golpe, las gotas de sudor y de sangre volando por el aire y salpicando los tapados de piel y los smokings de la gente en el ringside. Te estoy hablando de una ópera, Marty. Las peleas serán como las arias. Sólo tú puedes convertir esta historia en una ópera del Bronx”.


Hoy es difícil imaginar un DeNiro así, pero en aquel tiempo estaba prendido fuego: venía de hacer Taxi Driver y El Padrino, y mientras convencía a Scorsese hizo El Francotirador. A mí no me parece casualidad que, en El Francotirador, eligiera mal su papel y dejara que Christopher Walken se robase la película. Tenía toda la libido puesta en convencer a su hermano Marty para hacer juntos esa ópera del Bronx. Las palabras “ópera” y “Bronx” tocaron un punto neurálgico en la vapuleada humanidad de Scorsese. En New York New York había intentado que confluyeran sus ambiciones contrapuestas de ser un grande de Holywood a la manera de Vincente Minelli o John Ford y un trangresor a la manera de Fassbinder o Godard. La crítica le había hecho saber de mala manera que no se podía ser las dos cosas al mismo tiempo, pero él seguía creyendo que sí se podía, si el vehículo elegido era el correcto.
Recordemos aquellos tiempos: Bob Fosse acababa de de filmar Lenny en blanco y negro, con Dustin Hoffman haciendo un Lenny Bruce monumental, y el gran éxito del año anterior había sido Rocky, una película de boxeo, una película de losers. En cuanto le dieron el alta a a Scorsese, DeNiro lo arrastró a un burlesque de la calle 47 donde La Motta hacía de patovica a cambio de que lo dejaran subir un rato al escenario, donde recitaba trozos de Shakespeare con su dantesco acento del Bronx, para las risotadas del público. DeNiro miró a su amigo. Scorsese ya estaba imaginando la película. Esa misma noche decidieron que había que filmar en blanco y negro, porque así era el box para el inconsciente colectivo norteamericano: como lo habíantodos visto por primera vez, por televisión, en aquellas míticas peleas de sábado a la noche en blanco y negro.


Scorsese sabía que no cotizaba nada bien después de la catástrofe de New York, New York y de su internación para desintoxicarse. Pero tenía una película de boxeadores. Y tenía a DeNiro. Y tenía también a Paul Schrader, que era una garantía: venía de una racha de guiones exitosos desde Taxi Driver. Es decir que ya tenía su ópera de tres centavos. Schrader lograría sacar, de la tosca acumulación de confesiones que era el libro de La Motta, un guión que era un directo al plexo. Empezaba con un plano negro, ruido de gritos y muebles rotos y por encima un vozarrón que decía: “¡Acábenla de una vez! ¿Son animales o qué?” (El batifondo era La Motta fajando a su mujer embarazada). Y la última escena era en un calabozo, La Motta preso en Miami por chulear pibas de catorce, en su momento de mayor degradación, solo en aquel calabozo, donde procedía a masturbarse mientras murmuraba con la cabeza gacha: “No soy un animal, no soy un animal”.


Por supuesto, en el imaginario mundial, El Toro Salvaje es la película con la que DeNiro ganó un Oscar por engordar un millón de kilos para encarnar un LaMotta crepuscular, después de haber hecho todas las escenas del LaMotta boxeador con un cuerpo que era más fibroso y eléctrico que un cable de alta tensión corcoveando. La leyenda dice que DeNiro entrenó un año entero bajo la supervisión directa del propio LaMotta, que hizo más de mil rounds de guantes con sparrings que le bajaron varios dientes y a los que él les rompió una que otra costilla, que filmó contra reloj todas las escenas de LaMotta joven y a continuación se fue cuarenta días de caravana por trattorias de pueblo del norte de Italia, comiendo siete y a veces ocho veces al día hasta agregarle treinta kilos a su fibrosa osamenta de sesenta y cinco.


El Toro Salvaje es la última gran película de DeNiro y su último Oscar. Es también la última gran película americana de los años 70, además de ser la mejor película de box de todos los tiempos y la gran derrotada de los Oscar de1980, donde perdió contra Gente como uno, y Scorsese cayó como mejor director contra Robert Redford. La leyenda dice que El Toro Salvaje perdió toda chance de Oscar cuando el loco John Hinckley quiso asesinar a Ronald Reagan bajo la influencia de Taxi Driver. Scorsese no quería ni ir a la entrega de los Oscars, finalmente asistió escoltado por agentes del FBI disfrazados de invitados, y se lo llevaron antes de que terminara la ceremonia. Había sido, una vez más, el gran derrotado de la noche. En el avión que se lo llevó de Los Angeles esa misma noche encontró consuelo releyendo por enésima vez su ejemplar recontrasubrayado de La última tentación de Cristo, sin saber que lo esperaban nueve años de penuria hasta plasmar en la pantalla grande esa preproducción mental que lo distrajo del fracaso en aquel vuelo nocturno de Los Angeles a Nueva York.

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