Viernes, 27 Julio 2018 17:11

Un mundial reloco, el de Rusia 2018

Un mundial reloco, el de Rusia 2018

Terminó el Mundial de Fútbol Rusia 2018, con el equipo francés como campeón al derrotar a Croacia 4 a 2. Como nunca antes, tuvimos un Mundial reloco, para locos. Un gran Mundial. Las pollas no dieron pie con bola, entre otras cosas porque los equipos que debían quedarse se fueron y algunos que se suponía no llegarían a cuartos de final, llegaron. En esta nota algo de lo ocurrido, aunque después haremos un balance más amplio.

 

El juego ha sido intenso, también el espectáculo. Según la FIFA, en los estadios estuvieron tres millones de espectadores, y siete millones en los “fan fest”; por TV lo vieron tres mil millones, y para la final esperaban una audiencia de mil millones de espectadores. El mercado se frota las manos con los dividendos por recibir. Las fases del Mundial fueron pasando: fase de grupos, octavos, cuartos de final, semifinales y final. Se jugaron 64 partidos, en los cuales se marcaron 169 goles, un promedio de 2,6 goles por partido, que no es malo.

 

Lo más atípico de este Mundial: la mayoría de los goles se marcaron con pelota parada, ya sean penales, tiros libres o tiros de esquina, más de setenta goles por este camino, por ejemplo 28 penales.

 

Diecinueve goles después del minuto 90, en tiempo descuento, varios más que los anotados en tal tiempo en Francia o en Brasil. Esto es muy importante a la hora de mirar los eliminados y los que se quedaron, pues debido al trabajo defensivo los tiros de pelota parada son claves, de allí la importancia que están logrando los cabeceadores. Argentina cobró en total 26 tiros de pelota parada y no aprovechó ninguno.

 

Se realizaron un total de 49,647 pases, o sea, 775,5 pases por partido. Se sacaron 219 tarjetas amarillas y cuatro tarjetas rojas, un promedio de 3,5 tarjetas amarillas por partido y el 0,07 por ciento de rojas por partido. Un árbitro se mide si es bueno o no por las tarjeteadas en un partido, como el estadounidense que le faltó tarjetear a la tribuna colombiana.

 

La selección que más pases completos realizó fue la de Inglaterra, con 3.336; la mejor defensa la de Rusia, con 259 jugadas defensivas. El mejor arquero del Mundial fue Thibaut Courtois de Bélgica, mejor jugador joven Kylian Mbappe de Francia, mejor jugador del Mundial: Luca Modric de Croacia. Goleador (botín de oro): Harry Kane de Inglaterra, con seis goles.

 

Reloco todo esto, porque en esta competencia durísima de más nivel futbolístico que Brasil 2014, fueron eliminadas favoritas como Alemania, Brasil, España, Uruguay y Argentina, o posibles finalistas como Colombia. Y fueron sorpresa Rusia, Bélgica, Suecia, o ¿alguien daba un peso por ellas? Y la gran sorpresa, la selección de Croacia. Al final, una “mini copa-europea”, y esto ya es todo un tema, problema y disgusto. Los seleccionados de Sur América salieron y lo mismo México.

 

También reloco porque la emoción ha estado al máximo debido, entre otras cosas, a que los equipos decidieron jugar con más intensidad los últimos minutos de los partidos y, entonces, vienen los goles y el alargue, y de pronto los penales.

 

¿Qué ocurrió?

 

Los debates, críticas positivas y negativas, no se han hecho esperar: técnicos, directivos y jugadores, y claro, la prensa deportiva, dan una y mil explicaciones, pero de todo lo dicho vale destacar las siguientes: 1. La disciplina y el orden táctico le ganaron a la creación, al “jugo bonito”, a la “gambeta”. 2. Primó la estructura (que también es orden), la velocidad, fuerza y potencia. 3. Primó el juego de bloques defensivos, de aquí lo clave de la pelota parada.

 

También hay analistas europeos que dicen que sería bueno mirar el biotipo, la genética y la condición física de los jugadores latinos, en relación con los europeos. Como la potencia y velocidad de un Lukaku, o que no es de extrañar que el colombiano Jerry Mina haya hecho tres goles de cabeza pues se están buscando jugadores en defensa de talla de 1.90 y más, que también cabeceen en el área rival. Es decir, el fútbol también está evolucionando.

 

¿Y nosotros?

 

Colombia llegó a los cuartos de final en Brasil 2014, y en esta ocasión solo avanzó hasta octavos, que para muchos es un fracaso en los objetivos.

 

Pese a ello, hay que anotar que se contó con una buena selección que estuvo a punto de llegar a cuartos, pero como el “camino al infierno está empedrado de buenas intenciones”, simplemente nos sacaron los ingleses, con árbitro malo y todo. Solo queda prepararse para Qatar 2022, que debe pasar por los cuatro partidos Fifa amistosos de fin de este año, en preparación para la Copa América de junio de 2019.

 

Y aquí es donde viene el problema, pues la mayoría de la prensa deportiva, que a su vez tiene intereses económicos por jugadores de la liga colombiana, llegarán (aunque ya empezaron) a “barrer el piso” con el técnico Peckerman y los jugadores que no les gustan. Para que así no vuelva a suceder deberíamos acordarnos de 1998, cuando Inglaterra nos eliminó en la fase de grupos y la prensa y los directivos de la Federación de Fútbol barrieron con todo, y nos costó ¡12 años! volver a un Mundial.



Por ahora, ojalá se hayan gozado los partidos del Mundial, y que aquellos que hicieron pollas los dioses los hayan acompañado.

Publicado enEdición Nº248
Lunes, 30 Abril 2018 06:19

Crear valor

Crear valor

Para comprender el proceso de crecimiento de la economía y así provocar la expansión productiva del ingreso y su mejor distribución es necesario distinguir de la manera más clara posible el asunto del valor.


Hay tres cuestiones relevantes al respecto: ¿Quién lo crea? ¿Quién lo extrae?, y ¿Quién lo destruye? Esto es precisamente lo que plantea en un libro reciente Mariana Mazzucato. La confusión entre estos tres fenómenos, sugiere la autora, es una fuente de ineficiencia, empobrecimiento y de la desigualdad reinante en la economía global.


La noción de valor es clave en la formulación de cómo funciona una economía. Las cosas tiene valor porque sirven para algo –por su uso–, pero tienen también un valor de cambio que proviene de la necesidad de canjear unas cosas por otras; éstas son las mercancías, los servicios o los títulos financieros sean de deuda (bonos) o de propiedad (acciones) y también el trabajo.


La manera convencional de tratar el asunto del valor es por medio de las condiciones de la oferta y la demanda en el mercado. El precio, entonces, se asimila con el valor. Lo que no entra en el campo del mercado no tiene precio y, por lo tanto, tampoco un valor reconocido económicamente (el trabajo doméstico).


Mazzucato argumenta que además hay que considerar lo que ocurre en la interrelación del mercado y el gobierno para distinguir entre quienes crean valor (riqueza) y quienes sólo lo extraen y se lo apropian.


Esto tiene que ver con un aspecto de índole colectivo, como ocurre por ejemplo con el medio ambiente o las inversiones con rendimientos sociales de mediano y largo plazo, y que hoy no son rentables para el capital privado (infraestructura, educación).


Hoy, en la economía de mercado se generan grandes acumulaciones de riqueza privada a partir de la extracción de valor creada en otros segmentos de la sociedad.


Un caso que destaca la autora son ciertas actividades predominantes en el sector financiero, como fue la enorme acumulación de deuda en el mercado inmobiliario, una causa primordial de la crisis de 2008. Esto dejó un gran sobrendeudamiento de las familias mientras representó ganancias extraordinarias para los que promovieron y manipularon esas deudas. Se extrajo y se apropió valor por un lado, mientras se destruía por otro.


Buena parte de la intermediación financiera es esencialmente especulativa y de manipulación de los precios de los activos en los mercados. Esta es una práctica predominante de los bancos más grandes y significa ese mismo tipo de extracción de valor.


La pugna en torno a la regulación de las actividades financieras se ubica en este plano. Los intereses económicos que están en juego son enormes y el debate político y teórico sobre el libre mercado y la regulación es muy intenso. El efecto sobre las inversiones productivas de largo plazo es adverso y, con ello, el mismo potencial de crecimiento del producto y su distribución en la sociedad.


Mazzucato destaca también lo que sucede en el sector de las tecnologías de la información en el que se generan grandes beneficios por concepto de los derechos de la propiedad intelectual y las patentes (como lo señala en el caso de la industria farmacéutica).


Este aspecto tiene que ver igualmente con el poder monopólico de las empresas tecnológicas como Google, Facebook y otras, que restringen las opciones para los consumidores y fijan los precios y extraen valor.


La discusión sobre el carácter de la actividad económica del gobierno ofrece ángulos interesantes. Esto ocurre con cuestiones como la educación, la salud, las obras de infraestructura, el financiamiento de la investigación básica o la promoción directa de inversiones productivas. Indica el caso del gobierno de Estados Unidos que jugó un papel clave en el desarrollo de tecnologías transformadoras como Internet y el GPS, que hoy se aplican ampliamente en el sector privado.


Los puntos que señala refieren de nuevo a la distinción entre los procesos que crean valor y aquellos por medio de los que éste se extrae y destruye.


Los conceptos dominantes en el análisis económico y la misma medición del producto que se genera cada año (PIB), se refieren a las transacciones en el mercado y, por ello, a los precios a los que se intercambian. Esto provoca que casi por definición se considere que toda actividad del gobierno es improductiva y que sólo extrae valor de la sociedad.
El impacto que esto tiene en la definición de las políticas públicas (incluyendo la austeridad) es políticamente muy relevante. Por cierto que la capacidad económica de los gobiernos es muy diferente y, con ello, los efectos de la inyección de recursos para crear valor. También lo son las consecuencias en la extracción de valor de la sociedad (la inflación, los impuestos sin contraparte equivalente o la corrupción y la ineptitud), lo que tiende a situarlos en la discusión pública como entes parasitarios.


Estos son temas que habrían de estar en la agenda de las discusiones políticas en todas partes. Hoy mismo en México se ejecutan políticas de relevancia, como puede ser entre otras el caso de la estrategia comercial, decisiones de inversión, presupuestales, de la generación y asignación de recursos privados y públicos, y muchos más que se pierden en una pugna política chata y con campañas electores que parecen fuera de foco.

Publicado enEconomía