MÚSICA DESDE OTRAS COORDENADAS

Viernes, 09 Noviembre 2018 06:05

Decir "fascismo" confunde y despolitiza

Decir "fascismo" confunde y despolitiza

La extrema derecha actual es hija del extractivismo/cuarta guerra mundial, mientras el fascismo fue parido por el capitalismo monopolista en competencia por los mercados mundiales, por el colonialismo e imperialismo en su deriva racista, como señaló Hannah Arendt en Los orígenes del totalitarismo.

Comprendo que en los debates apasionados contra esa derecha machista y racista que crece exponencialmente, hablemos de "fascistas" o "fachos" y utilicemos adjetivos similares. Muchos lo hacemos como forma de fustigarlos. Sin embargo, el análisis sereno que expide el pensamiento crítico debería ir más al fondo de la cuestión.

Una porción importante de tales analistas desgajan el crecimiento de esta ultraderecha de la realidad económica, social y cultural que vivimos, y atribuyen este proceso a la influencia de los medios, al papel del imperialismo y a otras cuestiones generales que no consiguen explicar el fenómeno y lo atribuyen o bien a causas exógenas o a fenómenos como las redes sociales que no explican nada. La Revolución Francesa no fue consecuencia de la expansión de la imprenta, ni la rusa fue hija de la electricidad o del cine, aunque estos desarrollos tecnológicos tuvieron su influencia.

Por otro lado, el capitalismo no fue siempre igual. No siempre pretendió eliminar a camadas enteras de la sociedad, como aspira hacerlo en estos tiempos. Hubo periodos en los cuales las clases dominantes buscaron integrar a las "clases peligrosas", y a esa política la denominamos estados del bienestar. Ahora se trata de explicar porqué han pasado de la integración a la segregación, para fantasear luego con el exterminio.

Para comprender el nazismo y el fascismo, Karl Polanyi se remontó a la Inglaterra de los siglos XVIII y XIX, analizando en detalle el cercamiento de los terrenos comunales (enclosures) en favor de los terratenientes. Ese proceso fue clave para promover la modernización, "liberando" a los campesinos de la tierra de la que fueron expulsados, sin más opción que ofrecer sus brazos a la naciente industria.

Pero la proletarización del campesinado fue un proceso traumático, que desarticuló la sociedad inglesa, como destaca Polanyi en La gran transformación, publicado en 1944. Con datos económicos, sociológicos y antropológicos, el autor concluye que el liberalismo económico y su "mercado autorregulado", destruyeron los cimientos materiales y espirituales de las sociedades.

En sus propias palabras, la economía de mercado procedió a "la demolición de las estructuras sociales para obtener mano de obra", y de las ruinas de la vida comunitaria nació la tentación fascista.

Las ultraderechas actuales tienen otra genealogía, aunque es evidente que hay puntos en común. Quiero destacar algunos aspectos que muestran las diferencias con el fascismo de los años 30 del siglo pasado y señalan también la necesidad de hurgar en nuestras sociedades para entender la deriva en curso.

Uno, el extractivismo expulsa a la mitad de la población (según regiones más o menos) de una vida digna, incluyendo salud, educación, vivienda, agua y seguridades mínimas. Esa población a la intemperie, debe ser controlada con nuevos modos: masificación de cámaras de seguridad, militarización, feminicidios, bandas de narcotraficantes, milicias parapoliciales, entre las más conocidas formas legales e ilegales.

Dos, el tipo de Estado que corresponde a este sistema de acumulación por despojo/cuarta guerra mundial, es el Estado policial, con sus correspondientes campos de concentración para los de abajo. Quien crea que exagero, que observe los entornos de la gran minería, de las megaobras de infraestructura y de los monocultivos, donde esto ya funciona. ¿Qué son las barriadas de las periferias urbanas, sin agua pero con abundancia de hombres armados, sino campos de concentración?

Tres, este sistema desborda violencia estructural, machista y racista, por todos sus poros. Sugiero dos lecturas. El reportaje de Katrin Beenhold en The New York Times sobre los varones de extrema derecha en Alemania del este (goo.gl/Y98L51), donde la violencia machista tiene un claro motivo sistémico; y "El laboratorio social de China en Xinjiang", en II Manifesto (goo.gl/bH9JTk), donde el poder ejerce "un control capilar" y diabólico sobre la población.

Los varones, desde Alemania hasta Brasil, no se vuelven feminicidas por su genética, sino porque perdieron muchas cosas, como consecuencia de un modo de acumulación que no reconoce fronteras. Entre lo que perdieron, está el "mandato de masculinidad", que analiza Rita Segato.

Cuatro, este sistema extractivo de guerra no puede ser desmontado paso a paso, ni desde adentro, porque sus instituciones no funcionan para la sociedad sino contra ella. No son las instituciones que conocimos durante el periodo del desarrollismo y el estado del bienestar que protegían a los ciudadanos. Las de ahora lo parasitan, en particular a quienes viven en la zona del no-ser: pobres y descartables, mujeres y jóvenes.

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“El Chapo Guzmán es la mayor ficción de la supuesta guerra del narco”

El académico Oswaldo Zavala presenta estos días en México ‘Los cárteles no existen’, un libro que dinamita el discurso oficial sobre la criminalidad en el país


¿De qué hablamos cuando hablamos del narco en México? ¿Qué significa que los cárteles ponen en jaque al estado, que la guerra arrecia en Guerrero, Tamaulipas, Jalisco o Michoacán? ¿Qué es un sicario, una plaza, un halcón, qué es esta matazón que desangra al país desde hace años?


Son palabras, expresiones, que aparecen en informes oficiales, en la prensa, las revistas, las novelas, las series de televisión... Y sin embargo, ¿qué significan? ¿Hacemos bien al usarlos, al decir "guerra del narco", al asegurar que El Chapo, Los Zetas o Jalisco Nueva Generación "controlan una plaza"? Oswaldo Zavala (Ciudad Juárez, 1975) dice que no. Un rotundo no.


Los Cárteles No Existen (Malpaso, 2018), su último ensayo, cuestiona la narrativa oficial construida en torno a la violencia en el país. Porque no hay guerra entre cárteles, dice Zavala, porque la guerra entre cárteles es una explicación entendible, digerible, de las decenas de miles de muertos y desaparecidos que deja el conflicto, carnaza de tuit. Por eso dice supuesta: supuesta guerra, supuestos cárteles, supuestos líderes criminales. Supuesto todo: "Mi interés es mostrar que hay un discurso que construye un enemigo que está por todas partes y que es el principal actor de la violencia. Y luego comprender qué hay detrás de él, un sistema político que echa mano del lenguaje para avanzar en estrategias que de otro modo resultarían inaceptables."


Pregunta: Y si lo cárteles no existen entonces, ¿qué existe?


Respuesta: Los carteles no existen pero la violencia de estado sí. Tenemos que comprender que estos tiempos violentos tienen relación con la historia del sistema político. El sistema político es la mayor condición de posibilidad de violencia en el país. A partir de la historia del estado podemos comprender qué es eso que llamamos narcotráfico. La idea de cartel es una idea recibida, creada por el discurso securitario de Estados Unidos en los 80, para hablar de los traficantes colombianos. Y que en México se volvió útil a la par de otra narrativa, que permite muy rápidamente, muy simplemente, darnos una idea concisa sobre la violencia. Y que permite justificar estrategias estatales.


P: Distingue tres fases en las relaciones entre los grupos delictivos y el estado. Una primera, primitiva, que corresponde al México previo al poderoso despliegue de la Dirección Federal de Seguridad -el temible órgano contrainsurgente del estado priista. La segunda que nace con la Operación Cóndor en los 70 y la organización de los traficantes sinaloenses en Guadalajara y luego el desmantelamiento de la DFS y la pérdida de poder del PRI ¿Y ahora qué?


R: Yo empezaría con la Operación Cóndor. En el 75 es la primera acción militarizada concertada entre EE UU y México para atacar el triángulo dorado -una región de cultivos de amapola y marihuana entre Sinaloa, Chihuahua y Durango. 10.000 efectivos llegan al triángulo dorado, quemando, despoblando. Hay un éxodo masivo de campesinos a Culiacán, Sinaloa... Eso no se vuelve a repetir hasta el Gobierno de Calderón. Al menos con esa gravedad. A partir de ahí, el sistema político concibe una estrategia nacional de gestión del tráfico. Marginan a los traficantes del poder político y producen la Federación, disciplinada por la DFS y el Ejército.


La segunda etapa inicia cuando se agota la amenaza comunista global y EE UU se queda sin enemigo securitario. Se cae la Unión Soviética y el presidente Reagan recodifica los objetivos securitarios para pensar ahora en el narcotráfico como la nueva agenda de seguridad nacional. Y se hace de un día para otro. Hasta entonces el narco era una cuestión policiaca (...) Aunque la agenda securitaria empieza en 1989 con CISEN -el servicio secreto, que sustituye a la DFS-, es con Calderón que se colombianiza México. Es decir, la verdadera colombianización no es el Chapo, o los narcos atacando a la sociedad civil, sino la respuesta del estado.


P: ¿Cómo casan sus argumentos con situaciones como las vividas en Jalisco estos meses, la desaparición de los estudiantes de cine y su asesinato; el atentado contra el exfiscal en pleno centro de Guadalajara? Si los cárteles no existen, entonces, ¿qué es todo eso?


R: Parte del problema es este. Queremos respuestas rápidas a lo que necesita trabajo periodístico. Estamos acostumbrados a recibir una explicación que nos tranquilice, que nos haga entender la lógica de la violencia. Y eso es parte de la manera en la que el discurso oficial se ha instalado en la esfera pública con tanto poder. Hay un tiroteo, la gente sale muerta e inmediatamente se significa para nosotros por medio de voceros oficiales: 'Es que está el Cartel Jalisco, que además tumbó un helicóptero y hay un operativo para detenerlos'. Y entonces todos los periodistas anotan todo, fue el cartel y se acabó. En un país con un índice de impunidad extraordinario, me sorprende la facilidad con que aceptamos el relato oficial.


P: Supongo entonces que El Chapo y su historia le parecen la mayor de las ficciones


R: Totalmente, cuando lo detienen en Sinaloa en el departamento (en febrero de 2014), está solo con su mujer. Y un reportero de The New York Times, azorado, dice, '¡qué loco, no hay túneles, soldados, no está su ejército y lo capturan ahí como si nada, increíble!'... ¡No, posiblemente es su realidad! Lo increíble es que creas que tiene 300 soldados. ¿Quién los ha visto? Nadie.


P: Sí. El Chapo es el actor principal de esta comedia que usted llama guerra del narco, supongo que la fuga del túnel es su historia favorita -en julio de 2015, las autoridades informaron de la fuga de El Chapo de una cárcel de máxima seguridad a través de un túnel.


R: No solo es inverosímil, sino que presenta un reto periodístico. ¿Quién produjo ese túnel? A mí me fascinó que todo el mundo se esmeró en describir el túnel, cómo estaba ventilado, pero nadie cuestionó que si lo había hecho o no la gente de El Chapo. Sí, se dijo que le ayudó gente de la prisión, que él corrompió. Pero fue de él la idea y gracias a sobornos lo logró. Es decir, nunca nada fuera de la narrativa oficial. Se sigue creyendo que él es factor de origen de estos eventos. Y me parece increíble que se obvie que hay intereses políticos en su fuga.


P: Entonces, ¿esta construcción teórica que usted denuncia sirve para tapar casos de corrupción? ¿O cuál es la intención? ¿Hay una, varias?


R: Hay una enorme discontinuidad en cómo se utilizan esas narrativas del narco. A veces hay recursos naturales de por medio, a veces una disputas entre grupos de poder. Tomemos el caso de Chihuahua. Allí son grupos de poder poderosísimos aliados con empresarios que están dilapidando la sierra, hay enorme extractivismo en la sierra, cosa que reporteó Miroslava Breach (asesinada hace poco más de un año). Esto que llamamos narcopoder en realidad son estos grupos de rapiña que están en la tala de árboles, haciendo chingadera y media y que se alían con empresarios y políticos, priistas en el caso de Chihuahua, que en la transición -el PAN alcanzó la gubernatura poco antes del asesinato de Miroslavas- estaban siendo amenazados. ¿Qué mejor idea que desestabilizar de entrada el estado, crear una nueva guerra y desviar la atención?

 

PABLO FERRI
México 9 JUN 2018 - 08:35 COT

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Jueves, 31 Mayo 2018 06:05

La Cepal la quiere legal

La Cepal la quiere legal

En el Foro Económico Internacional sobre América Latina y el Caribe se planteó el fracaso de la política de “guerra a las drogas” y la necesidad de corregir las desigualdades sociales en la región.

La secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), la mexicana Alicia Bárcena, dijo que América latina es la región “a la que más le conviene la legalización de las drogas y que ha llegado el momento de plantearlo seriamente” porque “la ilegalidad es lo que está matando a la gente”. El planteo lo hizo el lunes pasado, en un discurso durante el décimo Foro Económico Internacional sobre América Latina y el Caribe. En el ámbito local, la declaración deja en evidencia que la política de “guerra” contra las drogas del gobierno macrista va a contramano del mundo. Para el director del Area de Política de Drogas de la Asociación Pensamiento Penal (APP), Mariano Fusero, los dichos de la funcionaria reafirman “lo que vienen diciendo desde hace rato los miembros de la Comisión Global de Políticas de Drogas, integrada por ex presidentes, funcionarios e intelectuales” que proponen “regular para darle un golpe de mercado al narcotráfico quitándole el monopolio y descriminalizar el consumo de drogas”.


En el Ministerio de Economía y Finanzas francés, en París, la máxima autoridad de la Cepal –organismo de Naciones Unidas responsable de promover el desarrollo económico y social de la región– lanzó a su auditorio el desafío y anunció: “Voy a ser provocadora”. Luego se preguntó, de forma retórica: “¿A quién le conviene la legalización de la droga? ¡A América Latina y el Caribe, por Dios! Porque la ilegalidad es lo que está matando a la gente”, sostuvo la jefa del organismo que busca articular políticas para solucionar los problemas económicos y sociales de la región.


“Llegó la hora de plantearnos seriamente la legalización de la droga y de no entregarle al narcotráfico 165 millones de jóvenes que hoy se los estamos entregando en charola de plata porque no tenemos empleo ni instituciones”, remarcó, y planteó la necesidad de emprender transformaciones profundas en la región, a la que caracterizó por su falta de productividad y desigualdad, al cerrar el panel titulado Repensar las instituciones y Estados modernos.


Para la presidenta de Intercambios (asociación civil para el estudio y atención de problemas relacionados con las drogas) e investigadora de la Facultad de Ciencias Sociales, Graciela Touzé, que el planteo sea hecho por la titular de la Cepal “es importante y da una perspectiva clara de lo que las políticas están haciendo en la región”, y señaló que “no debe ser casual que sea mexicana. En México la política de guerra contra las drogas ha generado una catástrofe”. “La política de guerra termina poniendo su foco en los sectores más vulnerables y desprotegidos, los consumidores, autocultivadores, campesinos en países con producción, que son sobre quienes recae el peso de esas políticas. Poner fin a esa concepción es cuestionar la prohibición y empezar a hablar de regulación y del cuidado de la salud y no dejarlo librado a la nada, que es lo que ocurre con los mercados clandestinos”, explicó la especialista.


La propuesta de Bárcena ya viene siendo impulsada por la Comisión Global, conformada por los ex presidentes latinoamericanos Fernando Henrique Cardoso, César Gaviria y Ernesto Zedillo; el ex secretario general de la ONU, Kofi Annan; la ex presidenta de Suiza, Ruth Dreifuss; el ex secretario de Estado de Estados Unidos, George P. Shultz, y el escritor Mario Vargas LLosa, entre otras personalidades.


Para Fusero, el planteo de Bárcena se da en un contexto donde “en el país mentor de la cruzada bélica, Estados Unidos”, ya hay nueve estados y el Distrito de Columbia que permiten el uso de la marihuana con fines recreativos y treinta estados que permiten su uso médico, y en julio “se sumaría Canadá, un miembro del G-8”.


Sin embargo, el letrado advirtió que a contrapelo de lo que ocurre en el mundo “nuestra legislación es de las más antiguas y retrógradas, porque siguen poniendo penas a la tenencia personal y el cultivo”. Para dejarlo claro, remarcó que “la tenencia para consumo personal está penada”, y queda librada a la arbitrariedad del funcionario judicial, pese a los argumentosde la Corte Suprema sobre la inconstitucionalidad del delito de tenencia para consumo personal (fallo Arriola 2009).
Fusero recordó que desde aquella resolución se han “presentado 25 iniciativas al Congreso para despenalizar la tenencia, transversales, de la izquierda, del peronismo, del Frente para la Victoria, pero también avaladas por Margarita Stolbizer, Ricardo Gil Lavedra y Elisa Carrió”.

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Autoriza Temer al ejército para despejar los bloqueos en Brasil

Al principio de la noche de este viernes de tensión máxima en Brasil, el presidente Michel Temer recibió un texto bastante breve para que lo firmara. Se trataba del decreto que implantó en el país, hasta el lunes 4 de junio, la Garantía de la Ley y el Orden.

Con eso, las fuerzas de seguridad, con especial relevancia del ejército, están autorizadas a actuar libremente en todo el territorio nacional en situaciones que atenten contra el “orden público”. Toca al mando militar definir cuáles son esas situaciones, a su libre albedrío.

El objetivo inicial de la medida es deshacer un paro de transportistas que desde el lunes pasado bloqueó carreteras en 25 estados brasileños, creando una situación crítica de desabasto en todo el país.

Tanto el paro de camioneros, que recuerda lo que antecedió en 1973 al derrocamiento de Salvador Allende en Chile y la instalación de Augusto Pinochet en el poder, como conceder carta blanca a los militares, sonaron a pésimo presagio en Brasil. Cuando un gobierno débil como el de Temer decide recurrir a la fuerza, aumenta el riesgo del caos y la convulsión.

La medida adoptada ayer es oriunda de los cuarteles, vía la acción coordinada por el general Sergio Echegoyen, responsable del gabinete de seguridad institucional, que, entre otras funciones, controla el servicio de inteligencia. El general viene de una familia de militares con amplia trayectoria durante la dictadura (1964-1985) y es considerado por sus pares como un duro-entre-duros.

El decreto tiene dos funciones. La primera y más inmediata es desobstruir las carreteras bloqueadas por piquetes de camioneros en un movimiento que alcanzó su auge el miércoles. La segunda es asegurar un paraguas protector a los militares, sean cuales sean y resulten en lo que resulten sus actos.

Decretos similares han sido bajados al menos 11 veces desde 1985, cuando los militares abandonaron el poder, pero jamás con alcance nacional.

Al principio de la noche de este viernes, el ministro de Seguridad Nacional, Raul Jungman, ex comunista convertido, anunció solemnemente que de las 938 barreras existentes en carreteras y vías expresas de 25 estados brasileños, 419 habían sido levantadas.

Lo que no dijo el ministro es que casi la mitad de ellas lo fueron por iniciativa de los mismos camioneros, para evitar enfrentamientos con el Ejército.

La adopción de la medida extrema ocurrió luego de que Michel Temer dio nutridas y robustas pruebas de absoluta incapacidad para hacer frente a una situación límite.

Un dato aclara el panorama del sector de combustibles en Brasil: a lo largo de los ocho años de Lula da Silva, hubo ocho aumentos de precios. En los dos años de Temer, 229. Eso: 229.

¿Por qué Lula y luego Dilma contuvieron los precios? Para no presionar la inflación e incentivar el crecimiento de la actividad económica. ¿Por qué con Temer se permitió una estampida absurda de aumentos? Para atender a los intereses de los mercados, tanto el local como el global.

Si con los gobiernos de Lula y Dilma el precio al consumidor era un instrumento para determinada política, con Temer se transformó en instrumento del mercado, en lo que el lucro prevalece absoluto.

La política adoptada por la todavía estatal Petrobras, de seguir día a día las oscilaciones del mercado internacional, ha sido desde siempre duramente contestada por los transportistas. Como en los últimos meses hubo 51 elevaciones, sin espacio alguno para negociar, la opción ha sido bloquear las carreteras y, con eso, literalmente paralizar el país.

A lo largo de cuatro días, de lunes a jueves, el gobierno se mostró atónito y sin norte alguno, mientras el desabasto se extendía a todos los sectores, de supermercados a los autobuses urbanos, pasando por escuelas que suspendieron las clases, hospitales donde se instaló un cuadro de emergencia extrema al faltar insumos básicos, en resumen, un caos total que alcanzó su auge cuando, al determinar la intervención de las fuerzas armadas, hubo que examinar cuáles instalaciones militares disponían de combustible para moverse.

El viernes, 11 aeropuertos, empezando por el de Brasilia, capital del país, ya no tenían cómo reabastecer aviones, lo que llevó a la suspensión de una significativa cantidad de vuelos.

El día anterior, tras una reunión de siete horas, ministros del gobierno de Temer y dirigentes de sindicatos patronales llegaron a un acuerdo confuso que, en términos concretos, significaría una rebaja de 35 centavos de real (10 centavos de dólar), 10 por ciento del precio del litro de gasoil.

Como Petrobras no acepta ser perjudicada, la diferencia saldrá de las arcas públicas para las de la empresa, provocando un agujero de al menos mil 500 millones de dólares en la cuenta fiscal este año.

Fragilidad oficial

Al negociar con dirigentes patronales, se evidenció que por detrás de los camioneros autónomos, que representan un tercio del total en actividad, estaban las empresas. O sea, lo que se dio ha sido más un lockout que un paro en moldes tradicionales. Tal acción es ilegal en Brasil, pero el gobierno de Temer, en el auge de su fragilidad, aceptó las condiciones.

Tan pronto se reunieron en la misma mesa con ministros y autoridades, los autónomos rechazaron los términos en debate y abandonaron el local, lo que ya presagiaba lo que ocurrió el viernes: nada cambió.

En Brasil, 67 por ciento de la carga es transportada por carretera, lo que hace que el poder de los gremios, tanto el patronal como el de los autónomos, sea especialmente significativo.

Un dato es preocupante: la cada vez más evidente falta de contacto de Temer con la realidad.

El mismo jueves, mientras la situación llegaba al borde del abismo y su gobierno era presionado, impotente, el presidente comparecía, en la provincia de Río de Janeiro, a una ceremonia de entrega de automóviles a algunos consejos tutelares de menores.

Sin pestañear, Temer afirmó a una platea atónita que aquel era el acontecimiento “más relevante” de la jornada. Sería el único brasileño a creer en sus palabras, si es que él mismo se las creía.

 

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La desesperación reina en Gaza donde dos millones de personas continúan atrapadas

Con los pasos cerrados, muchas personas llevan meses esperando el permiso para salir de Gaza
Mufida llegó desde Alemania para hacer una visita corta a sus padres y lleva un año y cuatro meses sin poder salir de Gaza por la frontera con Egipto


En el sofocante estadio de baloncesto al sur de Gaza, la grada está abarrotada. Jóvenes, ancianos y familias se sientan en las butacas de plástico azules y amarillas. Sus ojos están clavados en la pista.


Pero no hay partido y esta gente no son seguidores de ningún equipo, sino viajeros esperanzados. La muchedumbre carga con maletas y lleva tiempo esperando para salir. Algunos de ellos durante meses.


En medio de la enorme sala, un funcionario se sienta en una mesa de madera con una lista de personas que han recibido aprobación ese mismo día para salir a Egipto. Cada vez que pronuncia un nombre en voz alta, esa persona se puede subir al autobús con dirección al otro lado de la frontera.


Una mujer de 60 años dice que lleva intentando recibir permiso de las autoridades egipcias para salir de Gaza un año y cuatro meses. Aunque es palestina, ha vivido durante las últimas tres décadas en Alemania, donde tiene la ciudadanía, pero volvió para lo que ella pensaba que sería una breve visita a sus padres.
“Me registré para viajar [fuera de Gaza] una semana después de llegar. Esta es la primera vez que estoy en la lista”, cuenta Mufida sosteniendo su pasaporte alemán. “Hoy no han pronunciado ni un nombre”, añade.


Mufida, que prefiere no dar su apellido, recibió una llamada la semana pasada anunciando que se le había concedido el permiso para salir, pero que tendría que esperar a que dijesen su nombre. Lleva cuatro días esperando en la pista de baloncesto. Existen rumores de que por varios miles de dólares puedes ir al otro lado de la frontera, pero Mufida sonríe y señala que no tiene ese dinero. “Nadie debería volver aquí”, señala. Sus siete hijos le esperan en Alemania.
Un bloqueo de una década sobre Gaza, la pequeña porción de tierra rodeada por Israel, Egipto y el Mediterráneo, ha llevado al derrumbe de su

economía. El enclave es calificado a menudo como una cárcel al aire libre. Se esperaba que tras dos meses de protestas desencadenadas por la ira y la desesperación, la crisis para los dos millones de palestinos amainara.


¿Seguridad o castigo colectivo?


Desde finales de marzo, decenas de miles de personas se han juntado semanalmente junto a la frontera con Israel para protestar contra las condiciones en las que viven. En medio del clamor internacional y peticiones de investigación, el Ejército israelí ha matado a tiros a 110 personas y otros miles han sufrido heridas de bala, principalmente en las piernas, según las autoridades sanitarias.


El movimiento alcanzó su momento álgido el 14 de mayo, cuando unas 40.000 personas bajaron a la zona fronteriza, muchos de ellos lanzando piedras a las fuerzas israelíes desplegadas detrás de la valla. Hubo intentos de romper el perímetro, aunque ninguno tuvo éxito y otros muchos heridos recibieron disparos decenas de metros más atrás de la valla fortificada, incluidos paramédicos.


Las concentraciones del lunes estuvieron centradas en la consternación por la apertura de la embajada estadounidense en Jerusalén ese mismo día. Y los organizadores de las propuestas han llamado al movimiento la 'Gran Marcha del Retorno', que exige que se permita a los refugiados y a sus descendientes –dos tercios de los residentes de Gaza– volver a sus hogares, los cuales perdieron en la guerra de 1948 tras la creación de Israel.


Pero el objetivo prioritario era acabar con el bloqueo, cuenta Mkhaimar Abusada, politólogo en la Universidad Al Azhar de Gaza. “Ese es el objetivo número uno de la protesta, incluso aunque el eslogan sea la Gran Marcha por el Retorno. Lo más importante de la protesta era romper el asedio y vivir en libertad y dignidad. Vivir una vida mejor”, señala Abusada.


Israel dice que está obligada a controlar el acceso al territorio por razones de seguridad, aunque la ONU ve el bloqueo como un castigo colectivo.


Egipto, que acusa a los gobernantes de Gaza, Hamás, de pasar de contrabando combatientes y armas, solo abre periódicamente el paso fronterizo de Rafah, situado al sur de la franja. La semana pasada se pudieron ver camiones con cemento y madera y El Cairo anunció que el cruce permanecería abierto durante el mes de Ramadán, la apertura sin interrupciones más larga desde 2013.


En los últimos días han cruzado unas 500 personas al día, aunque miles más permanecen en las listas. El viaje está prácticamente restringido a pacientes y estudiantes matriculados en universidades en el extranjero, así como a ciudadanos de doble nacionalidad.


Los disparos, apoyados por el 83% de Israel


Israel, sin embargo, no ha cambiado significativamente la política de acceso en sus cruces fronterizos. Israel sostiene que los palestinos prendieron fuego a un puesto de control, aunque posteriormente envió algunos suministros médicos a Gaza a través del mismo. Hamás rechazó los camiones llenos de ayuda, denunciándolos como una estrategia propagandística. Otros cuatro camiones de Jordania llenos de suministros médicos recibieron autorización el viernes para cruzar el puesto fronterizo, según informó la ONU, aunque el acceso sigue muy restringido.


Las protestas no han logrado provocar mucho apoyo en Israel, donde el baño de sangre se ha enmarcado en gran parte como una respuesta a una potencial amenaza a la seguridad contra los israelíes. Un soldado israelí ha resultado herido desde que empezaron las protestas. Una encuesta realizada este mes halló que el 83% de los israelíes judíos cree que la política de abrir fuego está justificada.


El Ejército de Israel culpa a Hamás de las muertes en las protestas, afirmando que ha puesto a civiles en la línea de fuego. El ministro de Defensa, Avigdor Liberman, calificó a Hamás como un “puñado de caníbales”.


Yehuda Shaul, uno de los fundadores de Breaking the Silence, un grupo de derechos humanos israelí en contra de la ocupación y dirigido por exmilitares, afirma que la mayor parte de la sociedad israelí judía “ha comprado, por desgracia, los argumentos del Gobierno”. “Fue desolador ver la respuesta de la mayoría de Israel”, cuenta.


La voces de indignación han sido en su mayoría silenciadas y marginadas. Pequeñas protestas por todo el país condenando el uso de munición real apenas han alcanzado unos pocos centenares. “Hay una voz de oposición. Es una minoría, pero existe”, cuenta Shaul. “Hay una voz y estamos orgullosos de ello, pero somos una minoría”, añade.

22/05/2018 - 20:03h
Traducido por Javier Biosca Azcoiti

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Viernes, 02 Marzo 2018 06:36

Brasil tras los pasos de México

Brasil tras los pasos de México

El gobierno de Michel Temer entregó la seguridad de Río de Janeiro a las fuerzas armadas, el pasado 16 de febrero. Desde los cuerpos policiales hasta los bomberos y las cárceles, pasaron a ser gestionados por los militares. La excusa, como siempre, es la violencia y el narcotráfico; que existen y son enormemente peligrosos para la población.
Río es una de las ciudades más violentas del mundo. En 2017 hubo 6 mil 731 muertos y 16 tiroteos diarios con un saldo mínimo de dos personas muertas en cada uno, casi siempre negros. De las 50 ciudades más violentas del mundo, 19 son brasileñas y 43 latinoamericanas (goo.gl/CvnFQU). En paralelo, Brasil está entre los 10 países más desiguales del mundo, algunos de ellos también los más violentos, como Haití, Colombia, Honduras, Panamá y México (goo.gl/XPKd7Y).


En el caso de Río de Janeiro, la actuación de los uniformados tiene una característica especial: se focaliza en las favelas, o sea va en contra de la población pobre, negra y joven. En las 750 favelas de Río donde viven 1.5 de los 6 millones de habitantes de la ciudad. Los militares se colocan en las salidas y fotografían a todas las personas, les piden documentos y confirman su identidad. Nunca se había hecho este tipo de control de forma tan masiva y tan específica.


No es la primera vez que los militares se encargan del orden público en Brasil. En Río los militares intervinieron 11 veces en el año anterior, en el contexto de las misiones Garantía de Ley y Orden (GLO), una legislación que se aplicó en grandes actividades como las visitas el Papa y el Mundial de Futbol. Desde 2008, en 14 ocasiones asumieron funciones de policía. Sin embargo, ahora se trata de una ocupación militar que abarca todo el estado.


Muchos analistas han enfatizado que la intervención está destinada al fracaso, ya que las anteriores, aun siendo puntuales, no consiguieron gran cosa. Agregan el fracaso de las Unidades de Policía Pacificadora (UPP), que en su momento fueron glorificadas como la gran solución al problema de la inseguridad, ya que se instalaban en las propias favelas, como una policía de cercanía.


En paralelo, los analistas recuerdan que la guerra contra las drogas en México es un fracaso estrepitoso, que por ahora se ha saldado con más de 200 mil muertos y 30 mil desaparecidos, mientras el narcotráfico está lejos de haber sido derrotado y se ha fortalecido.


Sin embargo, creo que habría que señalar que estas lecturas son parciales, porque en realidad estas intervenciones son sumamente exitosas para alcanzar los objetivos no confesables de las clases dominantes y sus gobiernos: el control y exterminio de la población potencialmente rebelde o no integrable. Esta es la razón que mueve a militarizar países enteros en América Latina, sin tocar la desigualdad, que es la causa de fondo de la violencia.


Pienso que hay cuatro razones que avalan la impresión de que estamos ante intervenciones sumamente exitosas, en Brasil, pero también en Centroamérica, México y Colombia, por poner los casos más evidentes.


La primera es que la militarización de la seguridad consigue blindar al Estado como garante de los intereses del 1 por ciento más rico, de las grandes multinacionales, de los aparatos estatales armados y de los gobiernos. Cabe preguntarse porqué es necesario, en este periodo de la historia, blindar a esos sectores. La respuesta: porque dos terceras partes de la población está a la intemperie, sin derechos sociales, a expensas de la acumulación por despojo/cuarta guerra mundial.


El sistema no le da nada a las mayorías negras (51 por ciento en Brasil), indígenas y mestizas. Sólo pobreza y pésimos servicios de salud, educación y transporte. No les ofrece empleo digno ni remuneraciones adecuadas, las empuja al subempleo y la mal llamada informalidad. A largo plazo, una población que no recibe nada o casi nada del sistema, está llamada a rebelarse. Por eso militarizan, tarea que están cumpliendo exitosamente, por ahora.


La segunda es que la militarización a escala macro se complementa con un control cada vez más refinado, que apela a las nuevas tecnologías para vigilar desde cerca y desde adentro a las comunidades que considera peligrosas. No puede ser casualidad que en todos los países son los más pobres, o sea los que pueden desestabilizar al sistema, los que están siendo controlados de modo más implacable.


Apenas un ejemplo. Cuando donaron láminas para las viviendas en Chiapas, se cuidaron de pintarlas para que desde arriba pudieran identificar a las familias no zapatistas. Las políticas sociales que ensalzan los progresistas, forman parte de esos modos de control que en los hechos funcionan como métodos de contrasubversión.
La tercera cuestión es que el doble control, macro y micro, general y singular, está atenazando a las sociedades en todo el mundo. En Europa son multas o cárcel a quienes se salen del libreto. En América Latina es muerte y desaparición para quienes se rebelan o, sencillamente, a los que denuncian y se movilizan. Ya no se reprime sólo a los que se levantan en armas, como en los años 60 y 70, sino a toda la población.


Esta mutación de los modos de control, aislando y sujetando a los que pueden llegar a ser rebeldes, o no obedientes, es uno de los cambios más notables que está aplicando el sistema en este periodo de caos, que puede terminar con el capitalismo y la dominación del 1 por ciento.


La cuarta son preguntas. ¿Qué quiere decir gobernar cuando estamos ante formas de control que sólo aceptan votar cada cuatro, cinco o seis años? ¿Qué utilidad tiene poner todo el empeño político en las urnas si hacen fraude y lo consolidan con los militares en la calle, como sucede en Honduras? No digo que no haya que votar. Me pregunto para qué.


Se trata de seguir reflexionando nuestras estrategias. El Estado es una hidra monstruosa al servicio del 1 por ciento. Eso no va a cambiar si nosotros llegáramos al timón de mando, porque en el tope de la pirámide seguirán los mismos, con todo el poder para desalojarnos cuando lo estimen conveniente.

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Estados Unidos, África y un nuevo siglo de guerra

Casi una cuarta parte de los comandos estadounidenses activos en el mundo están en África. La protección de las industrias extractivistas es un negocio que ha supuesto la militarización del continente.

 

La ignorancia de la mayoría de los estadounidenses con respecto a África es un fenómeno añejo e impulsado desde arriba. En 2008 los auxiliares de la campaña electoral de Sarah Palin temían que la gente descubriera que ella creía que África era un único país. En 2001 el entonces presidente George W Bush dijo en un encuentro en Suecia: “África es una nación que sufre terribles enfermedades”. El entonces vicepresidente Joe Biden, hablando a los mismísimos asistentes a la cumbre Estados Unidos-África en 2014, dijo: “No hay ninguna razón para que la nación africana no se sume a la lista de los países más prósperos del mundo”. Esas son dos meteduras de pata en una sola frase, Joe.


Después de que cuatro soldados estadounidenses de un grupo de elite fueran asesinados en una emboscada en Níger hace unas semanas, y luego de que el presidente Trump enviara un chapucero pésame a las familias de los fallecidos, el panorama en África se ha convertido en un tema candente de la política estadounidense. Y la incómoda pregunta es: ¿qué estaban haciendo en Níger esos cuatro soldados?


Las fuerzas especiales estadounidenses están llevando a cabo aproximadamente cien misiones militares en África.


Lindsey Graham, senador republicano de Carolina del Sur que ocupa un puesto en el Comité de Servicios Armados –que entre otras cosas supervisa al Pentágono–, parece acabar de percatarse de que Estados Unidos tiene aproximadamente mil militares posicionados en Níger. Cuando se le preguntó el porqué, Graham dio la respuesta estándar que estamos acostumbrados a recibir en esta era de la “autorización del uso de la violencia militar”: la lucha contra el terrorismo.


Es más, Estados Unidos tiene unos 6 mil soldados repartidos a lo largo y ancho de prácticamente todos los países africanos, sobre todo concentrados en el centro del continente, donde grupos como el Estado Islámico, Al-Qaeda, Boko Haram y Al-Shabaab llevan a cabo más actividad. “En 2006, sólo un 1 por ciento de todos los comandos que Estados Unidos desplegó en el extranjero se instalaron en África –escribió el periodista Nick Turse–. En 2010 fue el 3 por ciento. Para 2016 la cifra había subido a más del 17 por ciento. De hecho, y según datos facilitados por el Comando de Operaciones Especiales, ahora hay más personal de operaciones especiales dedicado a África que a ningún otro sitio, a excepción de Oriente Medio.”


Esto, continúa Turse, se añade a la extensa pero secreta guerra de drones que Estados Unidos financia en África. De acuerdo con el Mando África de Estados Unidos (Africom), sólo hay una base de drones estadounidense en ese continente, localizada en el campo Lemonnier, en Yibuti. Fue establecida poco después de los ataques del 11 de setiembre para facilitar la acción militar en Oriente Medio. Pese al secretismo, Turse ha sido capaz de armar una lista de más de 60 bases de drones y otros puestos remotos salpicados por el continente africano, todos ellos muy activos.


En Sudáfrica, por poner un ejemplo, los contratistas militares privados son más numerosos que las fuerzas armadas permanentes del gobierno


No debería sorprender que la actividad de las fuerzas armadas privadas y los contratistas de seguridad sean negocios en auge en África. Después de todo, el concepto de “contratista militar” fue creado por los británicos, holandeses y, por supuesto, los estadounidenses hace más de cincuenta años, en lugares como Sudáfrica, Angola y el Congo Belga. El objetivo de dicho personal al día de hoy es doble: servir como una estructura de apoyo amigable y abierta a las fuerzas estadounidenses, y proveer seguridad en minas y otras operaciones lucrativas que se dedican a sondear el continente en busca de recursos naturales.


No se engañe: lo más probable es que el cobalto en su teléfono inteligente haya sido extraído de una mina por una compañía que utiliza servicios de contratistas militares –de manera violenta si es necesario– para defender sus intereses. Esta es una situación peligrosamente inestable. En Sudáfrica, por poner un ejemplo, los contratistas militares privados son más numerosos que las fuerzas armadas permanentes del gobierno.


Y así, soldados estadounidenses se encuentran repartidos por el continente africano, en teoría con el objetivo de entrenar a las fuerzas armadas de docenas de países. A su vez, los contratistas –Kellog Brown & Root, Daamco Usa, Praemittas Group y R4 Inc, por nombrar algunos– ofrecen apoyo basado en la fuerza y la violencia, siempre cosechando ganancias que responden a sus intereses empresariales. La participación de Estados Unidos en África se ha disparado desde 2001 y se ha mantenido durante el mandato de tres presidentes, sin mostrar signos de que vaya a bajar de ritmo. Ciertamente, para una industria militar siempre codiciosa por explotar nuevos “mercados”, África presenta un mundo de posibilidades. Existe un “juego de tronos” en África entre Estados Unidos, China, Francia (que utiliza uranio africano para generar el 75 por ciento de su electricidad) y otros países no africanos. Es un juego de sombras del colonialismo e imperialismo que dejaron a gran parte del continente en las manos caóticas de caudillos militares y déspotas armados por Occidente durante generaciones. Las naciones más involucradas, es importante apuntar, son también las líderes mundiales en la distribución de armas y herramientas militares.


“Los africanos y africanas no quieren esta competencia sobre su territorio”, explicó a Democracy Now! Horace Campbell, especialista en paz y justicia y estudios africanos y americanos, además de profesor de ciencias políticas en la Universidad Syracuse. “Lo que quieren es la desmilitarización de su continente y que acabe la actuación hipócrita de Francia, la Unión Europea y Estados Unidos en esta llamada ‘guerra al terrorismo’. El pueblo africano quiere dinero para la reconstrucción del continente, para que en un país como Somalia, cada céntimo que es utilizado en luchar contra el terrorismo sea destinado a construir colegios, y que el despliegue policial establecido pueda ser aplicado a Al-Shabab”.


Para Estados Unidos, sus aliados occidentales e incluso sus enemigos, las decisiones con respecto a África no son más que puras cuestiones gananciales –minas, petróleo, madera– y de armas, las cuales cuestan dinero. La guerra de máquinas necesita sustento, nadie está dispuesto a prescindir de los smartphones, y pocos de aquí son conocedores de lo que está pasando allá. ¿Qué hay que saber? Que Estados Unidos cuenta con oficiales, soldados y contratistas militares en todo el continente africano, y también con drones que surcan los cielos. La intervención estadounidense crece cada día, y el rápido incremento de las fuerzas especiales en África es imparable.


Todo esto está sucediendo ahora, y sin embargo muchos de nosotros –incluso los activistas de movimientos por la paz y por la justicia social– nos mantenemos en la ignorancia con respecto a la cuestión africana y sus últimos saqueadores, por no mencionar a sus movimientos de resistencia.


“Parece haber un déficit de preocupación –o más bien de esfuerzo en preocuparse por educarse, informarse y poner manos a la obra– en la izquierda occidental sobre los asuntos, historias y el activismo en los países africanos”, escribió Devin Springer para Truthout. “Para ser consecuentes con nuestra retórica debemos hacer que nuestros estudios de historia, teoría y eventos globales incluyan las importantísimas e innegables contribuciones de revolucionarios africanos, y la difícil situación que sufren las naciones africanas y sus habitantes.”


La llamada “guerra al terrorismo” –apodada por los soldados que la combaten como “la guerra interminable” (forever war, en inglés)– tiene un frente más, provocado por los mismos intereses que dieron lugar a lo que pasó en Afganistán, Irak y Siria. A no ser que esta inercia termine, es esperable más de lo mismo, esta vez en territorio africano. Los cuatro soldados que fallecieron y dieron lugar a tal controversia son sólo el comienzo.


* Editor jefe y columnista en Truthout. También es autor de tres libros: War on Iraq. What Team Bush Doesn’t Want You to Know, The Greatest Sedition is Silence, y House of Ill Repute. Reflections on War, Lies, and America’s Ravaged Reputation.


(Tomado de su versión española en El Salto. Reproducido por convenio.)

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Tillerson, la militarización y el petróleo

En el contexto de una disputa geopolítica con competidores capitalistas extracontinentales (China, Rusia, Unión Europea) que desafían la hegemonía del imperio en su tradicional zona de influencia, la reciente gira del secretario de Estado, Rex Tillerson, por México, Argentina, Perú, Colombia y Jamaica tuvo una clara proyección expansionista con base en dos ejes principales: seguridad y energía.

Como integrante de la clase capitalista trasnacional, Tillerson, ex director ejecutivo de la corporación petrolera privada estadunidense Exxon-Mobil, cuarta compañía del ramo a escala mundial detrás de las estatales Aramco (Arabia Saudita), NIOC (Irán) y CNPC (China), esgrimió un enfoque "mercantilista primitivo" (Jorge Eduardo Navarrete dixit), tan anacrónico como la Doctrina Monroe en la que basó su discurso en la Universidad de Texas, en Austin, un día antes de su arribo a México.

El "modelo Tillerson" de relaciones hemisféricas encarna la tradicional diplomacia de guerra de Washington, acentuada ahora debido a la crisis estructural y de legitimidad del sistema capitalista mundial, caracterizada por William I. Robinson como la fusión del poder político reaccionario en el Estado, fuerzas ultraderechistas, autoritarias y neofascistas en la sociedad civil, y el capital corporativo trasnacional. Una triangulación de intereses que, en perspectiva, bajo la administración Trump, va configurando un "Estado policiaco global" de corte neofascista.

En ese contexto, las fracciones del gran capital más propensas a un fascismo del siglo XXI se sitúan en el sector financiero especulativo, el complejo militar-industrial-securitario-mediático y en las industrias extractivistas, entrelazadas con el capital de alta tecnología/digital.

Dada la magnitud de la crisis del capitalismo, su alcance global, el deterioro social y el grado de degradación ecológica que genera, para contener las protestas y/o rebeliones reales o potenciales, la plutocracia dominante viene impulsando diversos sistemas de control social de masas, represión y guerra (abiertas o clandestinas), que son utilizados, además, como herramientas para obtener ganancias y seguir acumulando capital frente al estancamiento. Lo que Robinson llama "acumulación militarizada" o "por represión".

Tal categorización alude al talón de Aquiles del capitalismo: la sobreacumulación. La creciente brecha entre lo que se produce y lo que el mercado puede absorber. Si los capitalistas no pueden vender sus productos, no obtienen ganancias. Dada la enorme concentración de la riqueza –con sus correlativos niveles de polarización social y desigualdad global sin precedente−, la clase capitalista trasnacional necesita encontrar salidas productivas rentables para descargar enormes cantidades de excedentes acumulados.

De allí que los complejos energéticos y extractivistas recurran a la intensificación y profundización del neoliberalismo vía la privatización de la infraestructura carretera, portuaria, aeroportuaria, ferrocarrilera, de oleoductos, gasoductos y electricidad (verbigracia, Pemex y la Comisión Federal de Electricidad en el caso mexicano); la superexplotación laboral y precarización del trabajo (subcontratación, tercerización), y políticas de desregulación total y mayor subsidio al capital trasnacional.

Dichas políticas de relocalización de capitales, reindustrialización y acumulación por desposesión o despojo de territorios y materias primas en economías dependientes, se ha venido dando en México, Centro y Sudamérica por conducto de golpes suaves, la imposición de facto de un estado de excepción permanente y el establecimiento de estados policiacos, cuyo soporte son la militarización de la sociedad civil y distintas modalidades de guerras tácticas sin fin, camufladas como lucha antidrogas o contra "enemigos internos" −los mapuches bajo el (des)gobierno de Mauricio Macri−, con armamentos avanzados impulsados por la inteligencia artificial, incluidos sofisticados sistemas de monitoreo, rastreo, seguridad y vigilancia.

En ese contexto cabe resaltar que en su discurso en la Universidad de Texas, Tillerson colocó la energía, en particular los hidrocarburos (petróleo, gas, aceites no convencionales), como punto nodal de la renovada estrategia hemisférica de la administración Trump. Puso como "modelo" la fuerza energética de América del Norte; la apertura (privatización) de los mercados de energía en México, y el papel de Estados Unidos como proveedor de gas natural para nuevas generadoras de electricidad en la región.

De hecho, México −que desde 2007 con la Iniciativa Mérida encabeza la lista de ayuda encubierta de inteligencia militar del Pentágono y la CIA, después de Afganistán− va camino a ser reconvertido en una plataforma de exportación de petróleo, gas natural y gasolinas producidas en la Cuenca de Permian y Luisiana, hacia el mercado asiático (Japón, China, India, Corea del Sur, Taiwán), vía los puertos de Manzanillo y el eje Coatzacoalcos/Salina Cruz, en el Istmo de Tehuantepec, que aprovechando la infraestructura instalada de Pemex, dará a las corporaciones de energía ventajas por menor tiempo y bajo costo de transporte, que si lo hicieran mediante el Canal de Panamá.

Dado que los hidrocarburos son un componente central de la estrategia neocolonial militarizada y de "seguridad energética" de Donald Trump y las corporaciones del sector −en clave de restauración conservadora y de defensa de su hegemonía−, Petróleos de Venezuela (PDVSA, quinta empresa petrolera mundial) fue otro objetivo central de la gira de Tillerson. De allí que instruyera a los gobiernos colaboracionistas cipayos de Enrique Peña Nieto, Mauricio Macri, Pedro Kuczynski y Juan Manuel Santos, las nuevas modalidades que deberán desempeñar de cara a la intensificación del cerco militar, económico y financiero contra el gobierno constitucional de Nicolás Maduro, incluido un eventual embargo petrolero como nuevo precipitador de una "crisis humanitaria" que justifique una intervención militar multilateral.

 

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Los tambores de guerra vuelven a retumbar en el mundo

Nunca, desde 1953, el punto de mayor fricción de las tensiones entre EEUU y Rusia en la Guerra Fría, el planeta ha estado tan cerca de una conflagración mundial como ahora. La errática diplomacia de Trump, la afrenta de Corea del Norte, las ínfulas hegemónicas de Rusia o la reciente escalada militar de China explican la cacofonía de la retórica bélica actual.


El año que viviremos peligrosamente. Si 2016 fue el tramo anual de las fake news y la postverdad, cuya primera señal de alerta fue el Brexit, y 2017 el año I de la Era Trump, segundo gran vestigio del neopopulismo conservador que triunfa en las urnas, 2018 tiene visos de convertirse, según los observadores internacionales, en la escenificación de nuevas y serias conflagraciones bélicas. Con riesgo muy elevado de que, además, ese previsible inicio de hostilidades desencadene las intervenciones activas de las grandes potencias globales. Con EEUU con especiales opciones de encender la mecha e involucrar a otros rivales con capacidad nuclear.

A tenor del Reloj del Apocalipsis, el panel de expertos en disciplinas que van desde el análisis de la geo-estrategia y la diplomacia mundial, hasta un amplio abanico de especialidades científicas, jamás se ha estado tan cerca del fin del mundo. Porque, a juicio de su publicación, el Boletín de Científicos Atómicos, que acoge a nada menos que 15 premios Nobel, el reloj, que mide el nivel de proximidad a una guerra nuclear, se adelantó hasta las 23:58 horas. A dos minutos de media noche, el punto que marca la destrucción del planeta. Después de adelantar la manilla treinta segundos más. Justo el mismo instante que en 1953, el momento en el que la Guerra Fría estuvo a punto de convertirse en Tercera Guerra Mundial.

Este instrumento de alerta, que evalúa cada año, el aumento o descenso de las amenazas bélicas, culpa de este salto temporal al retorno a la proliferación nuclear y a la verborrea retórica de una intervención militar atómica. Con Trump y el líder norcoreano, Kim Jong-un como principales actores. Aunque también incluyen entre los riesgos sistémicos las complejas relaciones de EEUU con Rusia y China y latitudes candentes del planeta como los conflictos de Siria o el palestino-israelí, Yemen o la elevada tensión geopolítica entre Arabia Saudí e Irán.

Corea del Norte e Irán, en el punto de mira


Pero no sólo simbólico Reloj de Apocalipsis ve el futuro inmediato tan lúgubre. El establishment estadounidense admite abiertamente esta hipótesis. El Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), un think tank de prestigio entre los analistas de Seguridad, que elabora un macro-sondeo entre 436 altos cargos del Ejecutivo americano y expertos diplomáticos sobre las amenazas prioritarias en el mundo, reconoce que “EEUU es hoy en día un actor impredecible, que causa una profunda inestabilidad”, en palabras de Paul Stares, director del Centro de Acción Preventiva del CFR. Y que esta errática, ambivalente y caprichosa estrategia exterior de la Administración Trump deja dos focos de contagio. En primer lugar, un conflicto armado entre EEUU y Corea del Norte, en el que se involucrarían los vecinos del régimen de Pyongyang. El segundo detonante tendría en el punto de mira a Irán e involucraría a los aliados saudíes, junto a Washington, y a Rusia y varias de las milicias proiraníes que operan en la región, del lado del régimen de los ayatolás.


Son sus “dos crisis más volátiles”, las dos “alertas rojas en estado de fermentación” más nítidas, explica Stares. El conflicto con Corea del Norte -dicen los expertos consultados-, que desplaza como primer riesgo a la guerra en Siria, “podría precipitar el uso de armas nucleares”. De hecho, el informe destaca la opinión de James Stavridis, almirante de la Navy retirado, que otorga entre un 20% y un 50% de opciones de que se desencadene una guerra convencional con el régimen de Pyonyang y un 10% de una conflagración con uso de material atómico si Jong-un detona el botón de su arsenal intercontinental desde Guam, el lugar más próximo al territorio de EEUU, lo que propiciaría una espiral bélica. O de John Brennan, director de la CIA con Barack Obama, para quien la actitud “incorregible de Trump” podría ocasionar que “EEUU iniciase, por primera vez en muchos años, las hostilidades”.

El caso iraní es igual de preocupante. El CFR precisa que el rechazo del presidente republicano al acuerdo firmado por Obama para frenar el programa nuclear de Teherán, presumiblemente, según cancillerías europeas y la Casa Blanca, en un estado próximo a la consecución del arma atómica, podría acabar con la frágil entente cordiale. A través de varios frentes. Si el avance en el plan nuclear iraní continúa; si se produce algún detonante en la peligrosa red de influencia de Irán en la zona (en Siria, en Irak, en Yemen, en Líbano o en las milicias que apoyan a los grupos armados palestinos) o ante un recrudecimiento de la dialéctica bélica con Riad. Cualquier paso en falso “tendrá consecuencias imprevisibles, aunque, a buen seguro, drásticas”.

Pero hay más. También revela escenarios de “alto impacto”. No descarta un atentado terrorista en suelo estadounidense, ni un ciberataque masivo contra infraestructuras estratégicas del país, ni un empeoramiento súbito de las relaciones con Rusia, a cuenta de las conexiones del equipo más cercano a Trump y, de forma cada vez más evidente, del propio presidente con el núcleo de poder de Vladimir Putin, pero también por el conflicto en Ucrania o las interferencias de Moscú en sus ex repúblicas bálticas y los Balcanes, que ha provocado el estado de alerta en la OTAN. O con Xi Jinping, sobre las posesiones de Pekín en el Mar de Sur de China, nada más obtener un sólido respaldo a su liderazgo dentro del país, como máximo dirigente del Partido Comunista de China, pero también fuera del gigante asiático, por su liderazgo global en asuntos como el libre comercio o el combate contra el cambio climático.

Vladimir Putin, con el comandante de la Fuerza Aeroespacial rusa, Sergei Surovkin, durante una conferencia sobre la operación especial en Siria. EFE
En este sentido, incorpora otros potenciales riesgos globales, más moderados. Un deterioro del conflicto en Afganistán, donde Trump ha trasladado un ambiguo mensaje de apoyo americano al país o un nuevo estallido de violencia en Siria auspiciado por Bashar el Assad. Asuntos que han desplazado de la lista de amenazas a Irak y a los combatientes del Estado Islámico (ISIS).

Alta, media y baja amenaza para EEUU


En la terna de asuntos con riesgo sobre los intereses de seguridad de EEUU, el CFR engloba tres bloques distintos. En función de si la amenaza sería alta, media o baja. Es decir, si obligaría a una intervención inmediata y directa de Washington. En el primero, cita una confrontación armada entre China y Japón por la soberanía de las Islas Senkaku-Diaoyu, en el mar oriental de Asia. Le seguirían una tormenta política o económica en Venezuela; un recrudecimiento del conflicto civil en Yemen que detonara las hostilidades entre Riad y Teherán o el retorno a la violencia en Myanmar. Y, en menor medida, el aumento del crimen organizado en México antes o después de las elecciones de este año; nuevas pérdidas de territorio del Ejército de Ucrania en beneficio de las fuerzas militares pro-rusas; intensificación de la violencia de grupos armados kurdos en territorios de Irak y Turquía; cualquier altercado de cierta gravedad en Cachemira entre India y Pakistán; el recrudecimiento del conflicto palestino o nuevas hostilidades de Hezbolá en Siria o en la frontera entre Líbano e Israel.


De las potenciales conflagraciones de media repercusión para la Casa Blanca la práctica totalidad se sitúan en África. El principal, en la República Democrática del Congo, donde se han producido asesinatos de cascos azules de la ONU; en Zimbabue, por el retiro de Robert Mugabe del poder y la compleja sucesión del dictador tras 40 años como jefe del Estado y Libia, que está lejos de la estabilidad en la era post-Gadafi. Fuera del continente africano, cita a los Balcanes, donde las tensiones han reaparecido, en gran medida por la injerencia rusa, tras la cruenta década de los noventa.

Las prioridades de baja intensidad para EEUU en 2018 contienen treinta posibles conflictos. En ellos, destaca “las inestabilidades nacionalistas y separatistas”, entre las que menciona Cataluña o Córcega, en Europa. Además de presumibles ataques en la Península del Sinaí contra intereses de Egipto.

Aparte de las hostilidades con Corea del Norte e Irán, Robert Farley, experto en doctrina militar, señala otras cuatro latitudes bajo el yugo de un conflicto armado y que podrían desencadenar una guerra de escala mundial. El primero, Taiwán, del que resalta el reciente tono beligerante de líderes diplomáticos y militares chinos en defensa de una única China, así como los ejercicios navales y de tropas terrestres en los límites fronterizos con la isla. El segundo, Ucrania, donde la fragilidad de “sus alto el fuego no debería dejar sin vigilancia” las escaramuzas y ataques de las milicias oficiales y de los grupos pro-rusos, de igual forma que un hipotético colapso del débil Gobierno de Kiev puede precipitar la llegada al poder de movimientos de extrema derecha y “anticipar un fuego abierto” con Moscú; especialmente, en las provincias del Este del país. Tras ellos, el flanco sur de la OTAN, en el que focaliza a Turquía, cuyas relaciones con los países europeos y EEUU han sufrido un deterioro en toda regla en 2017. Además de haber adquirido material bélico ruso y de intervenir sin el visto bueno de los generales de la Alianza Atlántica en Siria, Irak, Irán, los Balcanes y el Cáucaso. En este espacio, Farley también dirige su atención hacia Nagorno-Karabaj y el conflicto kurdo. Sobre cuyos movimientos separatistas el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, ha intensificado su dialéctica beligerante. El cuarto y último escenario es el Golfo Pérsico. En su opinión, la opción de un conflicto armado entre Arabia Saudí e Irán es alta. E incluiría a Israel. Y Rusia, que desea restablecer su poder de influencia en la región.

Soldados de la Armada china forman en la cubierta de su destructor durante el Día Nacional de la Armada, en Binhai (Tianjin), este domingo 23 de abril. REUTERS
Soldados de la Armada china forman en la cubierta de su destructor durante el Día Nacional de la Armada, en Binhai (Tianjin), este domingo 23 de abril. REUTERS
En definitiva -escribe Farley- “el mundo es marcadamente más peligroso” en 2018. Sobre todo, “por la confusión diplomática de la Administración Trump, que se ha caracterizado en su primer año de mandato por añadir peligrosidad e incertidumbre a lo largo y ancho del planeta”. Sin desvelar “ni sus intenciones ni sus capacidades” militares para combatir o minimizar sus riesgos.

Otros factores que alientan el conflicto global


El detonador bélico, pues, está en el juego estratégico mundial. Pero el peligro se agudiza si se tiene en cuenta que la proliferación de botones rojos ha venido acompañada de un aumento de los arsenales atómicos. El Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI) asegura que, al inicio de 2017, había 14.935 armas con la etiqueta nuclear. Y que las dos mayores potencias, EEUU y Rusia, con alrededor de 4.500 ojivas declaradas y activas (es decir, ensambladas a algún sistema de propulsión: bombas, misiles o torpedos), no son las únicas que han puesto fin a sus acuerdos de no proliferación.


Trump se ha comprometido a gastar 1,2 billones de dólares en el próximo lustro en modernizar la máquina militar americana. Mientras Vladimir Putin no ha interrumpido, ni siquiera durante la crisis, los incrementos presupuestarios en Defensa. Ahora es China la que, según acaba de publicar el diario oficial del Ejército de Liberación Popular, se ha enfrascado en un periodo de gastos para acomodar su “arsenal nuclear” a los de EEUU y Rusia. Aunque, eso sí, sin renunciar al principio “de no hacer uso inicial” de este armamento de disuasión. A pesar de que la nueva estrategia de Defensa de EEUU, que en un documento recientemente desclasificado pone en “revisión” la agenda estratégica militar estadounidense y señala a China, Rusia y Corea del Norte, por este orden, como las “principales amenazas” del país. Informe que ha servido al secretario de Defensa, Jim Mattis, para reclamar oficialmente al Congreso “unas fuerzas armadas más ágiles” y con “mayor capacidad tecnológica” para afrontar los desafíos inminentes.

12/02/2018 08:50 Actualizado: 12/02/2018 08:50

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La estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos aprobada en 2018

El pasado 30 de enero el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, compareció ante el Congreso y Senado de Estados Unidos para presentar su ¨Mensaje sobre el Estado de la Unión. Esta obligación surge del mandato establecido en el Artículo II, Sección 3 de la Constitución de Estados Unidos. El mismo dispone que el presidente, ¨de tiempo en tiempo dará al Congreso información sobre el estado de la Unión y recomendará para su consideración medidas que juzgue necesarias y convenientes¨.


Como hemos señalado antes, esta tradición de comparecer ante el Congreso la inicia el primer presidente estadounidense Jorge Washington en su mensaje efectuado en 1790. En el año 1801 el presidente Thomas Jefferson alteró la tradición limitándose a enviar su mensaje por escrito, lo que continuó ocurriendo hasta que llega a la presidencia Woodrow Wilson en 1913, el cual retoma la tradición iniciada por el presidente Washington.


Quienes leyeron o escucharon al presidente Trump en su discurso, recordarán que en materia de seguridad nacional, colocó a la Federación Rusa y a la República Popular China como estados ¨rivales¨ de Estados Unidos. El tema del terrorismo, que durante los pasados presidentes había sido el eje de la discusión en materia de seguridad, particularmente luego de los sucesos del 11 de septiembre de 2001, pasó a un segundo plano. Específicamente, Trump se refirió a Rusia y China recabando del Congreso el apoyo a su propuesta de modernizar y reconstruir el arsenal nuclear del país. A la misma vez ubicó, por un lado, a países como la República Islámica de Irán, la República Popular Democrática de Corea como países vinculados al terrorismo; y por otro lado, a la República de Cuba y la República Bolivariana de Venezuela como estados comunistas o socialistas sobre los cuales también Estados Unidos deberían presionar para modificar sus gobiernos. Fue en esencia un regreso al discurso, ya en parte trascendido, que caracterizó el mensaje de los presidentes estadounidenses durante el periodo de la guerra fría.


Estas declaraciones del presidente Trump no son el producto de un exabrupto. Tampoco son declaraciones impensadas, ni periféricas o accidentales dentro del marco de este tipo de mensaje. Tienen su asidero en el documento recientemente aprobado y dado a conocer por el gobierno de Estados Unidos titulado ¨Summary of the 2018 National Defense Strategy of the United States of America: Sharpening the American Military´s Competitive Edge¨.


Este documento, hecho público apenas unos días antes del discurso, es la porción desclasificada de un documento más detallado y amplio en el cual Estados Unidos delinea su estrategia militar para los próximos cuatro años.


El documento comienza señalando que al presente Estados Unidos se encuentra ¨emergiendo¨ de un período caracterizado por una ¨atrofia estratégica¨ donde las ventajas militares competitivas se han erosionado y el orden mundial establecido ha venido a menos. En su redacción queda establecido como umbral, que a partir de la formulación de esta nueva estrategia, será la competencia entre Estados Unidos y sus ¨rivales¨ y no el terrorismo, donde radican los fundamentos del accionar futuro de dicho país en materia de seguridad nacional.


La parte introductoria del documento señala que en la nueva estrategia, la República Popular China se considera un competidor económico ¨que intimida a sus vecinos¨, mientras militariza el Mar del Sur de China. En torno a la Federación Rusa, indica que ésta ¨ha violado las fronteras de naciones vecinas y utiliza su poder de veto sobre asuntos económicos, diplomáticos y decisiones relacionadas con la seguridad de sus vecinos.¨ Respecto a la República Popular Democrática de Corea, señala que a pesar de las sanciones impuestas por las Naciones Unidas, el país mantiene una retórica descuidada y fuera de la legalidad; mientras en el caso de la Republica Islámica de Irán, indica que su gobierno mantiene una actitud violenta, representando el mayor peligro y desafío para la estabilidad del Medio Oriente.


La propuesta de cambio que formula la nueva estrategia de defensa se centra en la importancia de aumentar la capacidad letal de Estados Unidos. Para ello propone mejorar una Fuerza Conjunta que tenga la capacidad de operar con sus aliados y que permita a su vez mantener la influencia y el balance de poderes necesario a los intereses de Estados Unidos en el orden internacional. No hacerlo, indica, degradaría la influencia de Estados Unidos, terminaría la cohesión existente hoy con sus socios y reduciría el acceso del país a los mercados, declinando así la prosperidad y los niveles de vida de los estadounidenses.


Para la prosperidad y seguridad de Estados Unidos, su principal desafío es lograr un renacer que a largo plazo le permita en términos competitivos enfrentar lo que llama ¨naciones revisionistas¨, ello en referencia a la República Popular China y la Federación Rusa, a los que acusa de sostener modelos de gobierno autoritarios. Como tal, plantea el peligro que Estados Unidos enfrenta si China, por ejemplo, logra posicionarse en la región Indo-Pacífico estableciendo allí un nuevo orden desplazando la hegemonía que hoy mantiene Estados Unidos en esa zona del mundo. El documento propone colocar ambos países en un sendero transparente y de no agresión.


En el caso de la Federación Rusa, el documento alude a sus avances frente a los países que hoy comprenden e integran la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Al hacerlo denuncia el uso del poder de veto por parte de Rusia en asuntos gubernamentales, económicos y decisiones diplomáticas para alcanzar tales fines y volver en su favor cambios en las estructuras de países europeos, y del Medio Oriente.


El documento acusa a la República Popular China y a la Federación Rusa de menoscabar el orden mundial existente, mientras denuncia a países como la República Popular Democrática de Corea y la República Islámica de Irán de desestabilizar sus respectivas regiones con el desarrollo de sus capacidades nucleares y su apoyo al terrorismo. Indica el documento que estos países han aumentado sus esfuerzos para expandir conflictos armados estableciendo nuevos frentes, violentando principios de soberanía, aprovechándose de la ambigüedad de algunos países.


En el caso del primero, denuncia su interés en incrementar el desarrollo de sus armas nucleares, biológicas, químicas, convencionales y no convencionales, al igual que el desarrollo de su capacidad para la producción de misiles con el propósito de obtener influencia sobre Japón, Corea del Sur y el propio Estados Unidos. En el caso del segundo, indica que el propósito que persigue es el respaldo a acciones terroristas y el desarrollo de sus sistemas de misiles.


Tanto la República Popular China como la Federación Rusa y estos otros países, indica el documento, compiten al presente por espacios de poder. Para ello han contribuido a incrementar esfuerzos en conflictos armados ampliando el uso de la coerción en diferentes frentes, violando los principios de soberanía, aprovechándose de la ambigüedad e interviniendo con la línea que divide los asuntos civiles de los objetivos militares.


Uno de los aspectos que el documento destaca es la intención de Estados Unidos en mantener su presencia y permanencia militar en países como Iraq y Afganistán. Como podemos recordar, han sido varios los presidentes de Estados Unidos que han ofrecido al su pueblo concluir la intervención militar en estos dos países. En el caso de Afganistán, la intervención militar de Estados Unidos se remonta a finales del año 2001 como parte del ultimátum dado al gobierno del Talibán tras los ataques a la Torres Gemelas y al Pentágono el 11 de septiembre de 2001; y en el caso de Iraq, la determinación del presidente George W, Bush de eliminar las supuestas armas de destrucción masivas que nunca fueron localizadas.


Que se indique en el documento que Estados Unidos pretende mantener su presencia en estos dos países es indicativo de que la presencia estadounidense nunca logró realmente su llamada pacificación y que dentro de los intereses de Estados Unidos en la lucha contra sus ¨rivales¨ en la región de Asia Central, éstos habrán de jugar un rol de importancia como parte de su estrategia de seguridad.


Dentro de las propuestas de desarrollo de nuevas capacidades defensivas y ofensivas para Estados Unidos, se incluyen nuevas tecnologías computadorizadas, el desarrollo de inteligencia artificial, una mayor autonomía operacional para las fuerzas armadas, el uso de robótica con fines militares, la biotecnología y otros desarrollos análogos en las ciencias, todos ellos puestos en función de las necesidades militares del país. El documento toma nota también del desarrollo del terrorismo a escala transnacional y el desarrollo de organizaciones criminales, no sólo capaces de penetrar los sistemas de informática de Estados Unidos, sino también de producir daños a los sistemas de defensa y gobierno del país.


Otro de los aspectos que destaca el documento es la importancia que reviste para la nueva estrategia de seguridad la integración de los esfuerzos que al presente llevan a cabo distintos departamentos como son los de Estado, Tesoro, Justicia, Energía, Seguridad Interna, Comercio, USAID, así como otros componentes de la comunidad de inteligencia y policía de manera que se construyan alianzas operacionales entre estas instancias. No se trata sin embargo de una idea novel. De hecho, los cambios operados en Estados Unidos en materia de seguridad desde los ataques a las Torres Gemelas y el Pentágono, ya planteaban con carácter de urgencia atender este compartir de información entre los distintos componentes de seguridad en Estados Unidos. Esta propuesta comenzó a estructurarse con las primeras Ordenes Ejecutivas promulgadas por el presidente George W. Bush tras los atentados, seguidas por la aprobación de la Ley PATRIOT y otras leyes relacionadas con la seguridad nacional de Estados Unidos. Lo mismo ocurrió a partir de esos sucesos, con el compartir de información entre los diferentes componentes de seguridad e inteligencia dentro de las fuerzas armadas en su relación con otros países, y el compartir de información crítica entre los organismos de seguridad civiles dentro de Estados Unidos y las jurisdicciones estatales y territoriales.


El documento identifica tres regiones a escala global en torno a las cuales la nueva estrategia de seguridad nacional habrá de dedicar gran atención: la región Indo-Pacífico, Europa y el Medio Oriente. Como parte de la inversión de recursos, se menciona modernizar las fuerzas nucleares, incluyendo aspectos de comando, control, comunicaciones e infraestructura de apoyo; el desarrollo de la presencia y capacidad de combate de Estados Unidos en el Ciberespacio; el mejoramiento de las funciones de comando, comunicaciones, computadoras, inteligencia, vigilancia y reconocimiento; el mejoramiento de los sistemas de misiles; mejorar la capacidad de atacar diversos objetivos mediante redes de misiles; la presencia de fuerzas de tierra, aire, mar y del espacio con capacidades de desplazamiento, operación, sobrevivencia, maniobras y regeneración en cualquier escenario de ataque; el desarrollo de las capacidades autónomas por parte de tales fuerzas de combate utilizando medios de inteligencia y equipos que compitan con los del contrario; y el desarrollo de capacidades logísticas que incluyan municiones, activos móviles, almacenaje y relaciones de Estados Unidos con sus socios y aliados.


Se trata en primera y última instancia, sin embargo, de iguales mecanismos de defensa y seguridad a los que recurren países a los cuales Estados Unidos demoniza en el documento, en la protección de su independencia y soberanía, haciendo lo propio dentro de sus respectivas fronteras. Así las cosas, lo que Estados Unidos reclama como permisible desde el punto de vista de seguridad para sí mismo, aparentemente no es permisible para otros Estados.


La nueva estrategia de seguridad nacional propone también el mejoramiento en el reclutamiento de efectivos militares y civiles, así como trabajar con el mejoramiento de los socios y aliados de Estados Unidos; ampliar sus actuales alianzas en las regiones Indo-Pacífico, Europa a través de la OTAN, las coaliciones existentes en el Medio Oriente y aquellas que existen a nivel del Hemisferio Occidental. Sobre estas últimas, el documento hace un llamado al mantenimiento por parte de Estados Unidos de su liderato en ella. Finalmente llama la atención el señalamiento en torno a atender las amenazas terroristas que hoy se desarrollan en África.


Ciertamente el documento hecho público por el gobierno de Estados Unidos, a diferencia del contenido del discurso que el presidente Trump presentó el pasado 30 de enero ante el Congreso, omite toda referencia a países como Cuba y la República Bolivariana de Venezuela. Sin embargo, tal omisión no debe señalarse como una inconsistencia. Recordemos que el documento circulado es la parte que ha sido ¨desclasificada¨ por el propio gobierno; es decir, debemos presumir que hay otras partes importantes que no han sido dadas a conocer al público. El que Trump haya mencionado en su mensaje sobre el estado de la Unión a Cuba y Venezuela, sin embargo, debe sugerirnos que ¨algo¨ en torno a estos dos países podría estar contemplado en el documento oficial no desclasificado.


Independientemente de la secretividad que sobre esa otra parte del documento se guarde, sabemos que tanto Cuba como la República Bolivariana de Venezuela están desde hace tiempo dentro de las coordenadas de intervención de Estados Unidos con los países de nuestra región. Para ambos, hace ya años Estados Unidos ha venido desarrollando importantes programas de desestabilización económica, política, diplomática y militar. Serán los pasos y las acciones que Estados Unidos vaya dando más adelante las que nos darán la certeza de que en efecto, Cuba y Venezuela sí están presentes en tan importante documento sobre seguridad nacional de Estados Unidos.

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