China supera a EEUU en el ranking mundial de la riqueza

El banco suizo Credit Suisse publicó el Informe Anual Global de Riqueza 2019. Según el estudio, durante el año pasado, la riqueza mundial creció un 2,6%, a 360 billones de dólares, y el nivel de bienestar por adulto alcanzó el nivel récord de 70.850 dólares.

En todo el mundo, hay 47 millones de millonarios, 1,1 millones más que el año pasado. "En los últimos 10 años, la creación de nuevas fortunas se ha concentrado en China y Estados Unidos. Este año, Estados Unidos continuó manteniendo su posición de liderazgo en la creación de riqueza desde 2008: ahora el 40% de todos los millonarios en dólares del mundo vive en este país", señalan los economistas.

Sin embargo, por primera vez en la historia, China superó a Estados Unidos en términos del número de ciudadanos en el ranking del 10% mundial de personas más ricas del planeta: 100 millones de personas en comparación contra los 99 millones de ciudadanos estadounidenses. Al mismo tiempo, en Estados Unidos, el número de millonarios ha aumentado en más del 50% del incremento total: 675.000 personas.

En términos de crecimiento promedio del bienestar por adulto, Suiza ocupó el primer lugar (17.790 dólares), seguido de Estados Unidos (11.980 dólares), Japón (9.180 dólares) y los Países Bajos (9.160 dólares).

La mayor disminución se observó en Australia (en 28.670 dólares), principalmente debido al impacto del tipo de cambio. Los indicadores disminuyeron significativamente también en Noruega (en 7.520 dólares), Turquía (en 5.230 dólares) y Bélgica (en 4.330 dólares).

55.920 personas con capital privado extragrande (más de 50 millones de dólares por persona) poseen al menos 100 millones de dólares. Por su parte, 4.830 personas tienen activos netos por un valor de más de 500 millones de dólares.

Norteamérica lidera entre todas las regiones en términos del número de millonarios, 84.050 (50% a nivel mundial), mientras que en Europa hay 33.550 (20%) y 22.660 viven en la región de Asia y el Pacífico, excluyendo China e India.

Credit Suisse afirma que "a principios de este siglo, la desigualdad en la distribución de la riqueza ha disminuido en la mayoría de los países. Hoy, el 90% de las personas más pobres representa el 18% de la riqueza mundial, en comparación con el 11% en 2000. Aunque todavía es demasiado pronto para hablar de una tendencia hacia una disminución de la desigualdad en la propiedad, los datos disponibles indican que la mayor diferencia se registró en 2016 y en el futuro cercano este resultado no se repetirá"

07:45 23.10.2019URL corto

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El FMI avisa de que el 40% de la inversión internacional de las multinacionales solo busca la elusión fiscal
  • La inversión extranjera directa mueve 40 billones de dólares en el mundo, de los que 15 billones son inversiones de multinacionales en sociedades instrumentales o "vacías" radicadas en otro país para pagar menos impuestos, según el FMI
  • El Fondo Monetario Internacional publica estos datos en el informe "El ascenso de las inversiones fantasma: las sociedades instrumentales socavan la recaudación de impuestos en mercados avanzados, emergentes y en desarrollo"
  • Luxemburgo y Holanda, países que reciben la mitad de la inversión extranjera directa "fantasma", están entre los preferidos por las empresas españolas del Ibex 35 para establecer filiales

 

Cada día en los periódicos aparecen noticias sobre inversiones y operaciones de compañías multinacionales en países como Luxemburgo, Suiza, Holanda o Irlanda, y a través de ellos (en el caso de Holanda) en algunas de sus excolonias, directamente tachadas como paraísos fiscales. Esta misma semana se recogía en los medios la resistencia de la tecnológica Apple a pagar los 13.000 millones de euros que Bruselas considera que adeuda por las ventajas fiscales de las que lleva décadas disfrutando en Dublín, donde mantiene su sede principal europea. También han sido noticia los acuerdos de la familia Berlusconi con una empresa de inversión con sede en Luxemburgo, Peninsula Holding S.a.r.l., para evitar que se torpedee la fusión entre Mediaset España y Mediaset Italia, operación que tiene entre sus objetivos llevarse la sede a Holanda (aunque han asegurado que seguirán sometidos a la fiscalidad italiana).

La ingeniería fiscal de las compañías para mover el dinero entre países tiene como objetivo la elusión o rebaja del pago de impuestos a través de los mecanismos que les ofrece la globalización financiera y de la economía. El último organismo que ha analizado este fenómeno y le ha puesto cifras es el Fondo Monetario Internacional (FMI), a través de un estudio de sus economistas Jannick Damgaard, Thomas Elkjaer y Niels Johannensen.

Según un informe titulado "El ascenso de las inversiones fantasma: las sociedades instrumentales socavan la recaudación de impuestos en mercados avanzados, emergentes y en desarrollo" y publicado este mes, en el año 2017 se movieron en el mundo 40 billones de dólares (36,2 billones de euros) en inversión extranjera directa. De ellos, el 40% (15 billones, equivalentes a la suma del PIB anual de China y Alemania) son "inversiones fantasma". Es así como se denominan las operaciones que hacen las multinacionales entre sus filiales para eludir el pago de tributos.

El porcentaje total de "inversión fantasma" ha pasado del 30% al 40% en menos de una década, como se puede observar en el siguiente gráfico elaborado por los autores:

De los 15 billones de dólares (13,582 billones de euros) de inversión a través de "cascarones" sin actividad, las llamadas empresas instrumentales o sociedades fantasma, el 85% se concentró en 10 economías consideras como "nichos" o como paraísos fiscales: Luxemburgo, Holanda, Hong Kong, las Islas Vírgenes Británicas, las Bermudas, Singapur, las Islas Caimán, Irlanda y Mauricio. En los dos primeros países se concentró la mitad del movimiento de dinero.

Durante 2017, lo que el FMI considera inversión extranjera "fantasma" ascendió a 3,809 billones de dólares (3,449 billones de euros) en Luxemburgo. En segundo lugar se situó Holanda, con 3,317 billones de dólares (3,003 billones de euros), al tiempo que la cifra en Irlanda fue de 545.000 millones de dólares (493.494 millones de euros). Todos estos países, situados en la Unión Europea, son tachados por los economistas del FMI como "paraísos fiscales", si bien la propia UE los excluye de su "lista negra", que tan solo contempla países fuera del club comunitario.

Un informe del Observatorio de Responsabilidad Social Corporativa del año 2017 distingue entre "paraísos" y "nichos fiscales". Estos últimos son los que bajo determinadas condiciones permiten una tributación extremadamente baja, aunque el régimen fiscal habitual sea normal. Estas condiciones o excepciones "con frecuencia están diseñadas deliberadamente para ciertos tipos de actividades corporativas que pueden ser empleadas por multinacionales para reducir considerablemente su carga impositiva total".

Ejemplos de estos nichos fiscales pueden ser Irlanda o Luxemburgo. Las empresas que cotizan en el Ibex 35 tienen como favoritos para sus filiales a Holanda, Suiza, Luxemburgo e Irlanda, como se observa en el siguiente esquema del Observatorio RSC. Según sus cálculos, las empresas del Ibex tienen casi mil sociedades entre nichos y paraísos fiscales.

"Algunas multinacionales utilizan agujeros en la ley irlandesa utilizando innovadoras técnicas de ingeniería fiscal con nombres creativos como 'doble café irlandés con sándwich holandés', que implica transferencia de beneficios entre filiales en Irlanda y Holanda hacia paraísos fiscales en el Caribe como destino más habitual", explica el informe del FMI. En España uno de los primeros condenados por aplicar estos esquemas fue Andrés Guillamot, el entonces socio del dirigente de Vox Iván Espinosa de los Monteros.

"Hoy en día, una multinacional puede usar ingeniería financiera para transferir grandes sumas de dinero por todo el mundo, trasladar activos intangibles muy rentables o vender servicios digitales desde paraísos fiscales sin tener una presencia física", aseguran los economistas del FMI, que recuerdan que estas estrategias pueden ser beneficiosas para países como Irlanda, donde la recaudación por sociedades se ha elevado a pesar de las rebajas impositivas, pero "erosiona" las bases imponibles en el resto de los países.

 

Cuándo es delito y cuándo no

 

La línea que separa la posibilidad o no de entrar en conflicto con Hacienda para empresas radicadas en España la marca, básicamente, que se pueda demostrar que la filial en otro país, a través de la que se tributa, tiene actividad real y que se cumplen los principios de precios de transferencia –es decir, asegurar que el valor que se atribuye a un activo que se va a transmitir entre empresas de un mismo grupo es real, no ficticio con el fin de trasladar de manera artificial beneficios o pérdidas de unas sociedades a otras–.

Como explicaba en una entrevista con eldiario.es el inspector de Hacienda José María Peláez, uno de los expertos que compareció ante el Parlamento Europeo en la comisión de investigación sobre los Papeles de Panamá, "situar dinero en lo que se conoce como paraísos fiscales no incumple ninguna norma. Lo que la incumple es utilizar esos territorios para ocultar la identidad del verdadero titular de esa cuenta corriente, esos inmuebles o bienes, con ánimo o bien de defraudar o de blanquear dinero".

Muchos de los protagonistas de este tipo de maniobras y otras similares, siempre con ánimo de eludir el pago de impuestos, se han ido desvelando en investigaciones periodísticas como la citada de los Papeles de Panamá, los Papeles de Castellana y los Papeles del Paraíso, y abarcan un espectro diverso como Apple, Nike, Uber, el ex ministro de Industria José Manuel Soria, Shakira, o la familia del rey.

Por Marina Estévez Torreblanca

20/09/2019 - 21:06h

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El estómago de los pobres tiene un límite, la codicia de los ricos no

El Gobierno de Estados Unidos planea eliminar o reducir al máximo la ayuda a los pobres, lo cual incluye asistencia a la salud y cupones de alimentación. Su argumento es que la economía está mucho mejor que en el 2008 y, por lo tanto, los pobres ya no necesitan esta ayuda. Nótese, una vez más, el factor racial que lo permea casi todo. No por casualidad, el patrón histórico de pobreza en este país se ha ensañado especialmente con los negros, los latinos, los niños, las mujeres y todo grupo fuera de la órbita del poder. De los multimillonarios subsidios que reciben los agricultores en EE.UU. desde que fueron implementados como ayuda durante la Gran Depresión de los años treinta no se habla porque esos Estados rurales son votantes de los de arriba. Los de arriba siempre se aprovecharon de estas limosnas selectivas y del temor de los del medio por los de bajo.

Ahora, a las desventajas históricas de ser pobres se suma el estrés social del neonazismo. Si antes la narrativa social tenía algún respeto por los más débiles, ahora son objeto de acoso y bullying, lo cual hace de la objetiva condición de ser mujer, negro, mestizo, joven y pobre un motivo más de estrés psicológico, moral y social. Esa es la pobreza que no se puede medir: la pobreza moral.

Resulta que el país más poderoso del planeta necesita ahorrar U$ 2.000 millones en comida para los más pobres poco después de pasar una ley de recorte de impuestos que “alivió” a los supermillonarios en una cifra 1.000 veces superior.

Es lógico que alguien que nació en la insensibilidad de la opulencia del dinero y del poder como Donald Trump piense así (esto de la mayor insensibilidad de los ricos no es una opinión sino que ha sido demostrado por diversos estudios). Para este tipo de gente, si los números macros están bien, todo el mundo debe estar bien porque todos se benefician en algún grado de la misma economía. No importa si unos se llevan un millón de dólares y otros agradecen las monedas que caen en el desbande.

Ahora, si es cierto que los salarios se han recuperado 1,5% en el último año, y suponiendo que esa mejoría también llegó a las clases más necesitadas, pues entonces descontémosle un 1,5% de la comida que reciben los pobres (un vaso menos de agua, una miga de pan menos). Pero no los dejemos sin comer.

La mentalidad insensible que gobierna el mundo supone que un trabajador mendiga un cupón de alimento por holgazán o que millones acuden a los comederos públicos por diversión. ¿Que los pobres ya no necesitan tanto? Los pobres tienen un límite estomacal cuando el Estado les “regala” un plato de comida al día. Los ricos no tienen un límite en codicia cuando ese mismo Estado gasta billones de dólares protegiendo sus intereses de las maneras más diversas.

Desde el Gobierno hasta la prensa opositora resumen la situación actual del país como de “una sobresaliente fortaleza y prosperidad económica”. Debajo de esos titulares y fuera de esos mismos medios, uno de cada cinco jóvenes vive en la pobreza mientras el 40% de la población está a un mes de caer en la pobreza si pierde su trabajo. ¿Contradicción? No. Situación ideal para los grandes negocios.

El masivo recorte de impuestos de 2017 pasó desapercibido para la mayoría. En la macroeconomía provocó un estímulo que duró un año y un endeudamiento que durará décadas. La “responsabilidad fiscal” ha sido una bandera histórica de los republicanos al mismo tiempo que han sido gobiernos republicanos (desde que el partido adoptó el neoliberalismo como ideología en los 70) los que han aumentado las deudas del gobierno de forma masiva. El Gobierno actual no es la excepción. En dos años y medio aumentó el déficit fiscal en un 17% (U$779. 000.000.000) y la deuda externa (hoy en U$ 22.000.000.000.000) un 30% al final de 2020.

Nada de esto es invento de Trump. En 2013 el 0,1% de la población ya había pasado a tener más capital que el 90%. En 2016, 40 millones (12,7%) vivían en situación de pobreza. Hoy se cuentan con los dedos de una mano los hombres que tienen más dinero que la mitad más pobre del país mientras medio millón de personas viven en las calles. En 2017, ya en la administración Trump, 140 millones de estadounidenses vivía en “inestabilidad económica” según la Oficina de Estadísticas Laborales.

Estos datos y esta práctica ideológica tienen otros derivados directos: en Estados Unidos, cada año mueren 50.000 personas por sobredosis solo de opioide. La famosa epidemia fue iniciada y sostenida por la codicia de las grandes farmacéuticas, como ya ha quedado demostrado (el negocio suma U$78.500.000.000, más que el PIB de Uruguay o Guatemala).

A este panorama de canibalismo, desprotección y vulnerabilidad hay que agregar que la FED no está preparada para la recesión de 2020 o 2021, ya que no cuenta con un mínimo de 5% de tasas para reducir. Tampoco la población está preparada. Hay más gente sin seguros de salud. Hay más estudiantes con más deudas. Aunque la pobreza se redujo un 2,5% desde 2015 (12,3%) simplemente ha seguido un patrón histórico muy obvio: con cada recesión se borran todos los progresos de reducción de pobreza (hoy el porcentaje es el mismo que en 1965) y todos los progresos salariales de los trabajadores que, además, no pueden ahorrar sino endeudarse.

En el mayor periodo de expansión macroeconómica de las últimas generaciones, la reducción de la pobreza en unos pocos puntos porcentuales y el alto grado de precarización de la mayoría de los habitantes del país que imprime la divisa global y todavía domina la geopolítica indica que en la próxima recesión (en 2020 el censo nacional agregará cientos de miles de puestos de trabajos temporales) el número de quienes caigan en pobreza será doloroso. La falta de contención de programas sociales (educación, salud, movilidad social) harán el resto.

Las redes de protección sociales no sólo son justas sino, además, convenientes, incluso para los de arriba. Un caso demasiado obvio fue la Argentina de Mauricio Macri (la de Menem y la de tantos otros). Los efectos del neoliberalismo alegre son más obvios allí porque Argentina es una economía sensible, ya que no puede imprimir la divisa global ni imponerle nada a nadie, además de su tendencia genética a la rebeldía intermitente.

Las sociedades no cambian ni reaccionan ante su propia explotación sino por grandes crisis. Medias crisis nunca son suficientes. A la orgía neoliberal en Estados Unidos todavía le espera el Big One, un temblor social mucho más dramático que el terremoto que desde hace décadas espera California.

Una forma de aplazar unas décadas más ese quiebre será una fuerte reacción de la izquierda en algún momento de la próxima década. Los nuevos años 60. De lo contrario estaremos condenados a revivir los años 30 justo un siglo después.

Por Jorge Majfud

Rebelión

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Martes, 09 Abril 2019 06:04

¿Qué es el capitaloceno?

¿Qué es el capitaloceno?

El pecado mayor del ambientalismo, el conjunto de movimientos en defensa de la naturaleza y sus autores, fue habernos hecho creer que los culpables de la destrucción del mundo natural éramos todos los seres humanos sin excepción. Ya no sólo debíamos paliar y enfrentar un mundo de destrucción y deterioro, sino también debíamos vivir eternamente bajo el estigma de haberlo provocado. Entonces nos volvimos la especie más culpable del planeta. Imagine decirle a una familia que ha vivido en la miseria –896 millones viven en extrema pobreza y alrededor de 2 mil 200 millones en pobreza normal– que la crisis ecológica es también su culpa y que debe hacer sacrificios para contribuir a solucionarla. Esta idea, alimentada por la visión estrecha e incompleta de la biología, predominó durante décadas, y si bien sirvió para un saludable cambio de conducta a escalas individual, familiar y grupal, también operó como eficaz mecanismo que desvió la atención de los verdaderos culpables. En la arena científica, la cúspide de esta concepción se alcanzó con la adopción en la jerga académica del concepto de antropoceno, formulada por Paul Crutzen, premio Nobel de Química y uno de los estudiosos más destacados de la atmósfera. El antropoceno quedó definido como una nueva era geológica en la que la acción humana (la civilización moderna e industrial) se ha convertido en una nueva fuerza capaz de alterar los mayores procesos y ciclos del planeta. Hubo que esperar el desarrollo y proliferación de una ecología política para cuestionar mediante evidencias bien documentadas, las limitaciones de esa visión. A ello contribuyeron numerosos autores que fueron develando los mecanismos de la devastación de manera crítica. Por ejemplo, en 2015, la mitad de las emisiones totales de CO2 fueron responsabilidad de 10 por ciento de la población con más riqueza –700 millones de personas–, mientras la mitad de la población mundial –3 mil 500 millones– sólo generó 10 por ciento de las emisiones. Aún peor: según Oxfam, las emisiones de carbono de uno por ciento más rico son 30 veces mayores que las de 50 por ciento más pobre. Los agentes más contaminantes en la historia son las corporaciones petroleras, gaseras y cementeras. Como vimos en un artículo anterior (https://bit.ly/2uVIEu6), entre 1751 y 2010, tan sólo 90 corporaciones emitieron 63 por ciento del total de gases de efecto invernadero.

Las numerosas críticas a la idea de un antropoceno quedaron finalmente condensadas en el concepto de capitaloceno, formalmente desarrollado en el libro de Jason W. Moore (Anthropocene or Capitalocene? Nature, History and the Crisis of Capitalism, 2016), ampliamente glosado en el número 53 de la revista Ecología Política (https://bit.ly/2UmMPyd ). Moore establece en su libro que es la coacción forzada del trabajo (tanto humano como no humano), subordinada al imperativo del beneficio a cualquier precio (la acumulación ilimitada del capital), lo que provoca la ruptura del equilibrio del ecosistema planetario. No es pues la humanidad sino una pequeñísima parte de ella la principal causante. El cambio climático no debe entonces atribuirse al mero hecho de que el planeta esté poblado por 7 mil millones, sino al reducido número de personas (uno por ciento) que controlan los medios de producción y deciden cómo se ha de usar la energía. Se trata entonces de actuar contra el capital fósil. En contraposición con lo anterior, todo el aparato del sistema opera para que los ciudadanos no reconozcan y adopten esa posición. En lenguaje diplomático: se trata de no politizar la situación. No sólo los negacionistas de la crisis ecológica y climática actúan en esa línea, sino también entidades enteras como el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma), que desde 2012 impulsa con mucha fuerza la llamada economía verde, una estrategia para ocultar el papel de las corporaciones y hacer compatible el capitalismo con la ecología, o la FAO, que a regañadientes ha aceptado hasta recientemente a la agroecología y al campesinado como opción ante los sistemas destructivos agroindustriales, que es la vía capitalista en la agricultura. En el ocultamiento antropogénico participan también científicos conservadores. En México, como hemos señalado, existe el caso de que conocidas figuras de la ecología encabecen las campañas de lavado verde (green-washing) de las mayores corporaciones como Coca Cola, Volkswagen, Cemex, Bimbo, Telmex, Grupo México (https://bit.ly/2YYZtC7) e impulsen conceptos como el de capital natural, que apuesta por el carácter virtuoso de la mercantilización de la naturaleza. En suma, hoy resulta cada vez más difícil negar que vivimos inmersos en una nueva era geológica, que más que antropoceno debe llamarse capitaloceno, y que debemos salir de ella lo más rápido posible, antes de que el destino nos rebase.

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Se acentuó la desigualdad en 2018: Oxfam

Poseen 26 millonarios más dinero que los 3 mil 800 millones en mayor pobreza

 

Davos. La concentración de la riqueza se acentuó a tal punto en 2018 en el mundo, que 26 multimillonarios poseen más dinero que las 3 mil 800 millones de personas más pobres del planeta, según el informe anual de Oxfam Internacional.

"El abismo que aumenta entre ricos y pobres penaliza la lucha contra la pobreza, perjudica la economía y alimenta la rabia en el planeta", afirmó Winnie Byanyima, directora ejecutiva de Oxfam Internacional, citada en un comunicado.

Según la organización no gubernamental (ONG), en 2017 la proporción era de 43 multimillonarios posedores de mayor riqueza que la mitad más pobre de la humanidad.

Los gobiernos "deben asegurarse de que las empresas y los más ricos paguen su parte de impuestos", subrayó.

Byanyima habló con motivo de la publicación del tradicional informe anual de Oxfam sobre las desigualdades antes del comienzo del Foro Económico Mundial, que se celebra en Davos.

Las cifras de la ONG se basan en datos publicados por la revista Forbes y el banco Crédit Suisse, metodología que ha sido cuestionada por algunos economistas.

De acuerdo con la ONG, la fortuna del hombre más rico del mundo, Jeff Bezos, dueño de Amazon, alcanzó el año pasado 112 mil millones de dólares. "El presupuesto de salud de Etiopía equivale a uno por ciento de su fortuna", enfatizó.

Crecen fortunas

En tanto, la riqueza de los multimillonarios del mundo aumentó 900 mil millones de dólares el año pasado, a un ritmo de 2 mil 500 millones de dólares por día. En contraste, los ingresos de la mitad más pobre de la población del planeta cayeron 11 por ciento.

Desde la crisis financiera de 2008 la cantidad de multimillonarios se ha duplicado, añadió.

Además, Oxfam destacó que “los ricos se benefician no sólo de una fortuna en plena expansión, sino de los niveles impositivos menos elevados desde hace décadas.

"Si la tendencia fuera contraria, la mayoría de los gobiernos tendrían suficientes recursos para financiar los servicios públicos", subrayó Oxfam, que estima que "la riqueza está particularmente subgravada".

Precisa que de un dólar de impuestos a los ingresos, sólo cuatro céntimos provienen del gravamen a la riqueza.

Oxfam estima que los más ricos esconden al fisco 7.6 billones de dólares. En ese sentido, en algunos países, como Brasil o Reino Unido, "el 10 por ciento de los más pobres paga impuestos más altos en proporción con sus ingresos que los más ricos".

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Lunes, 21 Mayo 2018 06:24

Violencias

Violencias

Otra vez, otra vez.


Hasta la fecha en este 2018, hay más bajas mortales de estudiantes y maestros en escuelas que de militares estadunidenses reporta el Washington Post. Van 22 incidentes de tiroteos en escuelas en Estados Unidos en las 20 semanas de 2018, o sea en promedio un tiroteo escolar por semana, reporta CNN. Unos 214 mil menores de edad han sido testigos de violencia por armas de fuego en 216 escuelas desde la matanza en la preparatoria de Columbine en 1999; por lo menos 141 niños y educadores han perecido y 284 han resultado heridos, calcula el Washington Post.


Tal vez lo peor es que ya no sorprende. Una estudiante en Santa Fe, Texas, que sobrevivió el tiroteo el viernes comentó que ha estado ocurriendo en todas partes. Siempre había sentido que eventualmente ocurriría aquí también. Los estudiantes en Parkland, Florida, que detonaron un movimiento nacional por el control de armas de fuego después de sufrir una tragedia similar hace sólo tres meses expresaron su solidaridad y acusaron a los políticos cómplices de los promotores de armas de que ahora tienen más sangre de jóvenes en sus manos.


Estados Unidos se distingue por ser de los pueblos más armados del mundo y le gana, por mucho, a todos en la tasa de tiroteos masivos (en segundo lugar está Yemen). Según una investigación, los estadunidenses representan alrededor de 4.4 por ciento de la población mundial, pero son dueños de 42 por ciento de la armas en manos privadas en el mundo y se comprueba la correlación directa entre la tasa de armas en manos privadas y los tiroteos masivos.


Estos episodios sacuden a esta sociedad, pero no lo suficiente. Tal vez porque este es uno de los países más violentos del mundo. Hoy día tiene por lo menos siete frentes de guerra en el extranjero con un incesante incremento de víctimas civiles; nadie sabe cuántos, ni sus nombres, ni cuántos son estudiantes o maestros igualitos a los de Florida y Texas.


Los balazos dentro y fuera de sus fronteras son sólo una de las expresiones de violencia en este país. La violencia ejercida por las autoridades dentro del país –contra inmigrantes, contra jóvenes negros desarmados, en el sistema carcelario más numeroso del planeta– es sólo una expresión de la violencia sistémica que azota a esta población.


Una parte se manifiesta claramente en las actuales políticas contra los más vulnerables, incluida la reducción de programas de bienestar social, la asistencia alimentaria, apoyos para salud y vivienda, para menores de edad, la desregulación de normas ambientales y laborales, el ataque frontal contra programas de salud de las mujeres incluyendo el aborto, y ni hablar, las medidas brutales contra los inmigrantes.


Pero tal vez la violencia más extrema y enmascarada es la desigualdad económica. En medio de un auge económico –la tasa de desempleo históricamente baja, la tasa de ganancias empresariales alta, nuevos récords de alzas en los mercados bursátiles– resulta que alrededor de la mitad de la población está viviendo en condiciones cada vez más precarias en el país más rico en la historia.


Varios informes recientes documentan esta realidad. En uno realizado por la organización caritativa nacional United Way, recién emitido, se descubrió que más de 40 por ciento de los hogares estadunidenses no pueden pagar los costos básicos de vida como renta, transporte, cuidado de los niños y teléfono celular. Otros 16.1 millones de hogares sobreviven en la pobreza; uno de cada seis menores de edad viven en hogares que batallan para tener comida suficiente cada día.


A la vez, el uno por ciento más rico duplicó su concentración del ingreso nacional de 11 por ciento en 1980 a 20 por ciento en 2016; mientras 50 por ciento de los de abajo, que antes captaban 21 por ciento del ingreso nacional, bajó a 13 por ciento en ese periodo, según el Informe Mundial sobre Desigualdad Económica 2018 de Thomas Piketty y otros.


El tercer hombre más rico del planeta, Warren Buffet, al señalar que la riqueza de los 400 estadunidenses más ricos se multiplicó 29 veces entre 1982 y hoy día, comentó que el problema con la economía eran los multimillonarios como él, argumentando que la concentración aguda de riqueza es a costo de millones de desamparados. Según otro informe, esos 400 más ricos ahora concentran más riqueza 204 millones, o el 64 por ciento de la población de abajo.


Buffett, junto con Bill Gates y Jeff Bezos, el trío más rico de todos los estadunidenses, concentran más riqueza que el total de 50 por ciento de la población de abajo; más de 160 millones de personas, según un informe del Institute for Policy Studies.


En años recientes, incluso antes de Trump, figuras como el economista Premio Nobel Joseph Stiglitz, el ex presidente Jimmy Carter y el senador Bernie Sanders han advertido sobre cómo la democracia estadunidense está amenazada por el surgimiento de lo que algunos llaman una oligarquía, o una plutocracia, o el uno por ciento (contribución al debate público de Ocupa Wall Street).


Ante todo esto, está más vigente que nunca la Campaña de los Pobres, el movimiento originalmente impulsado por Martin Luther King hace 50 años, que renace ahora con el mismo llamado moral contra lo que definen como la violencia sistémica e interrelacionada del militarismo, el racismo y la pobreza.
También es en este contexto en que se detonó la serie de huelgas sin precedente en seis estados durante los últimos meses, precedente con miles de maestros no sólo para exigir mayores salarios, sino por el fin de las políticas de austeridad.


Y es que aquí no existe sólo la violencia física con armas, sino que hay otra aún más letal que golpea con políticas (algunas de las cuales nutren la física). No es que esto pueda explicar la violencia de las armas, pero tampoco se puede entender sin ese contexto.


Las políticas neoliberales promovidas por Washington y sus aliados por todo el mundo durante más de tres décadas también se han aplicado dentro de Estados Unidos. Las consecuencias, igual que en otros países, son violentas.

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El secretario del Tesoro de EE UU recibe una caja de estiércol por Navidad

Un hombre deja una caja de regalo llena de excrementos en la puerta de la mansión de Steve Mnuchin en Bel Air para "devolverle" la reforma fiscal

 

Un equipo de artificieros de la policía de Los Ángeles acudió en Nochebuena a la mansión en Bel Air de Steve Mnuchin, secretario del Tesoro de Estados Unidos, para investigar un paquete sospechoso que alguien había dejado en la puerta. Se trataba de una caja decorada con motivos navideños, a modo de regalo. Cuando la abrieron, se encontraron con que estaba llena de estiércol. Llevaba una nota que decía: “Señores Mnuchin y Trump, les devolvemos el “regalo” de la reforma fiscal de Navidad. Es mierda. Con los mejores deseos, el pueblo americano”.
El responsable de la broma asegura ser un tipo llamado Robert Strong. El 24 de diciembre publicó una foto suya en Twitter con una pala, frente a un montón de estiércol y la caja en cuestión. “Un día de trabajo. Si el Partido Republicano puede desplumar al pueblo americano de una forma tan desvergonzada, tenemos que denunciarlo de manera desvergonzada. Como dijo Hunter S. Thompson: “Cuando el camino se vuelve raro, lo raro triunfa”.


Poco antes, había tuiteado una foto de la tarjeta de felicitación, en la que califica la reforma fiscal como bullshit (mierda de toro, estiércol), el genérico despectivo norteamericano para decir que algo es ofensivo.

Mnuchin se encontraba en su casa de Bel Air por Nochebuena, según confirmó la policía a la NBC local. Fue informado de la situación. Bel Air, una zona de las montañas de Los Ángeles entre Westwood y Beverly Hills, es uno de los barrios más excusivos del mundo.


El Servicio Secreto, la policía especial que protege al Gobierno, se hizo cargo de la investigación e interrogó al sospechoso, aunque no divulgó el nombre. Es el propio Strong el que reivindicó su acción en las redes sociales y en entrevistas durante el domingo.


“Me gustaría comparar lo que hice con lo que hizo Jesús cuando entró en el templo y volcó las mesas de los usureros, que estaban explotando económicamente a la gente en nombre de la religión. Siento que eso es lo que el Partido Republicano ha hecho con los americanos”, dijo Strong a la radio pública de Los Ángeles, KPCC. Según Strong, consiguió el estiércol de un amigo suyo que tiene caballos.
Steve Mnuchin trabajó en Goldman Sachs y había hecho fortuna como gestor de fondos y financiero de Hollywood antes de ser nombrado secretario del Tesoro por el presidente Donald Trump en enero. Es uno de los principales promotores de la reforma fiscal aprobada esta semana, el cambio más profundo en décadas en las normas fiscales de Estados Unidos y que ha sido criticada como una gran rebaja fiscal para millonarios, al tiempo que recorta servicios sociales y no está claro que beneficie a la clase media. Mnuchin ha sido criticado además por la ostentación de su riqueza, especialmente tras su boda con la actriz Louise Linton.

Los Ángeles 25 DIC 2017 - 22:15 COT

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Oxfam: ocho magnates poseen más riqueza que la mitad de la humanidad

La brecha de desigualdad global sigue agravándose: apenas ocho multimillonarios –entre ellos el mexicano Carlos Slim Helú– poseen más riquezas que la mitad de la humanidad, plantea un informe que publicó hoy Oxfam, en el que la organización urge a la ciudadanía global y a los tomadores de decisión a reponer la economía “al servicio de 99% de la población”.


Estos ocho magnates –Bill Gates, Warren Buffett, Carlos Slim, Jeff Bezos, Mark Zuckerberg, Amancio Ortega, Larry Ellison y Michael Bloomberg– detentan una riqueza neta de 426 mil millones de dólares, cuando la riqueza global asciende a 255 billones de dólares, donde la la mitad de la población más pobre apenas detenta 0.25%, abundó Oxfam.


La razón: los Estados abandonaron a la mayoría de la población y “se contentan con ser una extensión de la élite en el poder”. Por ello recortaron los impuestos a los más ricos –y limitaron con ello la redistribución de las riquezas–, desincentivaron la sindicalización de los trabajadores y alimentaron la sobreexplotación de los recursos naturales.
“Bastaría con utilizar los recursos existentes para erradicar desde ahora las tres cuartas partes de la pobreza extrema, ajustando los impuestos y reduciendo los presupuestos militares y otros gastos regresivos”, sostuvo Oxfam.


La organización recordó que desde el año 2015, el 1% de la población más adinerada posee más riquezas que el 99% restante, y que en los últimos 30 años el ingreso de los estadunidenses más pobres no creció, mientras que el del 1% más rico se disparó en 300%. En América Latina, el 1% de las explotaciones agrícolas más grandes suman más tierras que el 99% restante.


En las próximas dos décadas, tan sólo 500 personas entregarán unos 2 billones 100 mil millones de dólares a sus herederos, señaló Oxfam.


También subrayo que una tercera parte de los mil 810 multimillonarios que registró Forbes en 2016 no generó su fortuna, sino la heredó de sus antecesores.


“Desde el año 2000, la mitad más pobre de la población nunca ha obtenido más de 1.5% de las riquezas mundiales, y el 1% más rico nunca ha pasado por debajo de 46%”, deploró Oxfam, al añadir que el ingreso del 10% más pobre del planeta apenas se incrementó en tres dólares anuales entre 1988 y 2011.


La desigualdad en la repartición de riquezas afecta en mayor medida a las mujeres, quienes ingresan entre 31% y 75% menos que los hombres, sostuvo la organización.


A la par que se agravan las desigualdades y se ejercen presiones más importantes sobre los empleados –se disminuyó la parte de trabajadores sindicalizados en las últimas décadas– y los productores, las ganancias de las empresas transnacionales de mayor tamaño se disparan, y con ellas los dividendos de sus accionistas.


Así, entre 2015 y 2016 las diez empresas más poderosas del mundo sumaron un balance mayor a los presupuestos acumulados de 180 países, entre ellos Indonesia, Israel o Colombia. Y, a la fecha, 69 de las 100 entidades internacionales con mayores ingresos no son Estados, sino empresas.


De acuerdo con Oxfam, las empresas destinan ahora 70% de sus ganancias en dividendos para los inversionistas, mientras en los años setenta esta tasa alcanzaba apenas 10% de las ganancias.


En 40 años, 60% de las ganancias dejó de ser redistribuida a los trabajadores o invertido en nuevas plantas de producción. Y, en el mismo tiempo, los países disminuyeron los impuestos sobre los ingresos de capital. En otras palabras: los accionistas ganan más y pagan menos impuestos.


Un ejemplo es el de Apple: cerca de las tres cuartas partes del precio de sus teléfonos iPhone son puras ganancias, mientras apenas 5.3% representa el costo de la mano de obra que los fabricó.


La organización lamentó que, pese a las promesas de los gobiernos en erradicar la extrema concentración de riquezas –el décimo punto de los Objetivos para el Desarrollo Sostenible consiste en “reducir las desigualdades en los países”–, las políticas que se aplican resultan “amañadas”.


Este poder económico permite a las empresas incidir de manera directa en los asuntos internos de los Estados mediante el cabildeo, sobre todo en la toma de decisiones y las legislaciones que les podrían afectar, y en reducir los impuestos que les tocaría pagar.


Oxfam determinó que en los países en desarrollo la tasa de imposición sobre el ingreso se eleva a apenas 30%, “y que la mayor parte nunca se cobra”, y observó que en 1990 los países del G20 cobraban un impuesto de 40% a las empresas, y que 25 años después esta tasa disminuyó a 28.7%.


Para ilustrar este “capitalismo de connivencia”, Oxfam puso como ejemplo a Carlos Slim, quien controla siete de cada diez líneas de telefonía móvil en el país, así como 65% de las líneas fijas, y ello equivale a 2% del PIB nacional; a la par, la organización sostuvo que el gasto social se redujo en 129 mil 200 millones de dólares entre 2005 y 2009, “debido al sector amañado de las telecomunicaciones”.


Por si fuera poco, las empresas escapan a las agencias tributarias de los países donde operan, al abusar de los servicios que ofrecen los paraísos fiscales, tal y como lo reveló el año pasado la investigación global Los Papeles de Panamá, en la que participó Proceso.


De acuerdo con Oxfam, el modelo neoliberal es tan insostenible que amenaza con “dislocar” nuestras sociedades. Además, éste se basa en seis planteamientos engañosos, entre ellos que el mercado debe prevalecer sobre el Estado, que las empresas deben orientarse a maximizar las ganancias de los accionistas, o que el modelo no es sexista.
Cambiar de modelo


Superando el discurso fatalista, Oxfam llamó a la humanidad a explotar su “talento increíble, riquezas enormes e imaginación sin fronteras”, e imponerse un modelo económico que se centre en el ser humano “antes de que sea demasiado tarde”.


“Una economía enfocada sobre el ser humano debe combatir el reforzamiento de los principios neoliberales que, bajo el pretexto de la globalización, colocan a los países unos contra otros, nivelan hacia abajo los impuestos y los salarios, explotan a las poblaciones y los recursos en las cadenas de surtimiento globales, y donde las empresas transnacionales no rinden cuentas a nadie”, aseveró.


En este modelo, los gobiernos estarían al servicio de 99% de la población más pobre, los Estados cooperarían en lugar de hacerse competencia –en materia fiscal, entre otros–, se promovería la igualdad de género, se emplearía energías renovables y se incrementaría el impuesto a las empresas y las personas más adineradas.


Oxfam exigió a los gobiernos que abran las instituciones a un abanico de personas más amplio –y no sólo a la élite–, incentiven la rendición de cuentas –sobre todo en materia de cabildeo–, y que los Estados reasuman la prestación de servicios públicos de calidad, como la salud y la educación.


Asimismo, pidió apostar a los modelos de economía social, como el modelo cooperativista, que no ofrecen “recompensas indebidas” a los accionistas.


Incluso aseveró que, tan sólo al recaudar 1.5% de impuestos sobre las fortunas que superan los mil millones de dólares, se aseguraría la educación y la salud de seis millones de niños. Y los multimillonarios ni cuenta se darían: sus ingresos se incrementan en 10% en promedio cada año.

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La clase de Davos selló el destino de Estados Unidos

Le echarán la culpa a James Comey y la Oficina Federal de Investigaciones (FBI). Le echarán la culpa a la supresión del voto y al racismo. Le echarán la culpa a Bernie y a la misoginia. Le echarán la culpa a los otros partidos y a los candidatos independientes. Le echarán la culpa a los grandes medios por darle una plataforma, a las redes sociales por ser un altavoz y a Wikileaks por sacar los trapitos al sol.

Pero todo esto no toma en cuenta la fuerza más responsable de crear la pesadilla en la cual estamos bien despiertos: el neoliberalismo. Esa visión del mundo –encarnada por Hillary Clinton y su maquinaria– no le hace competencia al extremismo estilo Donald Trump. La decisión de poner a competir a uno contra el otro es lo que selló nuestro destino. Si no aprendemos nada más, ¿podemos por favor aprender de este error?

Esto es lo que necesitamos entender: mucha gente está adolorida. Bajo las políticas neoliberales de desregulación, privatización, austeridad y comercio empresarial, sus estándares de vida han caído drásticamente. Han perdido sus empleos. Han perdido sus pensiones. Han perdido buena parte de la seguridad social que permitía que estas pérdidas fueran menos aterradoras. Ven un futuro aún peor que su precario presente.

Al mismo tiempo, son testigos del ascenso de la clase de Davos, una ultraconectada red de multimillonarios de los sectores banquero y tecnológico, líderes electos por el voto popular que están terriblemente cómodos con esos intereses, y celebridades de Hollywood que hacen que todo se vea insoportablemente glamoroso. El éxito es una fiesta a la cual no fueron invitados, y muy dentro de sí mismos saben que esta creciente riqueza y poder de alguna manera está conectada con sus crecientes deudas e impotencia.

Para la gente que asumía la seguridad y el estatus como un derecho de nacimiento –sobre todo los hombres blancos–, estas pérdidas son insoportables.

Trump le habla directamente a ese dolor. La campaña del Brexit le habló a ese dolor. También lo hacen todos los partidos de extrema derecha en ascenso en Europa. Responden a ese dolor con un nacionalismo nostálgico y un enojo contra las lejanas burocracias económicas, ya sea Washington, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, la Organización Mundial del Comercio o la Unión Europea. Y, claro, responden a él atacando a los inmigrantes y las personas de color, vilipendiando a los musulmanes y degradando a las mujeres. El neoliberalismo de élite no puede ofrecer algo contra ese dolor, porque el neoliberalismo dio rienda suelta a la clase de Davos. Gente como Hillary y Bill Clinton son el brindis de la fiesta de Davos. De hecho, ellos la organizaron.

El mensaje de Trump fue: "Todo está del demonio". Clinton contestó: "Todo está bien". Pero no está bien: está lejos de estarlo.

Las respuestas neofascistas a la desenfrenada inseguridad y desigualdad no se van a ir. Pero lo que sabemos de los años 30 del siglo pasado es que lo que hace falta para enfrentar al fascismo es una izquierda verdadera. Se le podría quitar buena parte del apoyo a Trump si hubiera una auténtica agenda de redistribución sobre la mesa, que enfrente a la clase multimillonaria con algo más que retórica y que use el dinero para un nuevo pacto verde. Un plan de este tipo podría crear una oleada de empleos sindicalizados bien pagados; llevar recursos y oportunidades, tan necesarios, a las comunidades afroestadunidenses e insistir en que quienes contaminan paguen para que los trabajadores vuelvan a ser capacitados y sean incluidos en este futuro.

Podría crear políticas que luchen, a la vez, contra el racismo institucional, la desigualdad económica y el cambio climático. Podría enfrentar los malos acuerdos comerciales y la violencia policiaca, y respetar a los pueblos indígenas como los protectores originales del territorio, el agua y el aire.

La gente tiene derecho a estar enojada, y una poderosa agenda de izquierda, intersectorial, puede canalizar ese enojo adonde debe estar, mientras lucha por soluciones holísticas que unifiquen a una crispada sociedad.

Una coalición así es posible. En Canadá comenzamos a construirla bajo la bandera de una agenda popular llamada El Manifiesto Dar el Salto, suscrito por más de 220 organizaciones, desde Greenpeace Canadá a Las Vidas Negras Importan-Toronto y algunos de nuestros mayores sindicatos.

La impresionante campaña de Bernie Sanders avanzó en la construcción de una coalición de este tipo, y demostró que hay hambre de un socialismo democrático. Pero al inicio la campaña falló en conectar con votantes latinos y negros de mayor edad, quienes son el sector demográfico que más sufre con nuestro actual modelo económico. Esa falla no dejó que la campaña alcanzara su máximo potencial. Esos errores pueden ser corregidos, y una audaz y transformadora coalición ya está ahí para construir sobre ella.

Esa es la principal tarea por delante. El Partido Demócrata necesita ser arrebatado de manos de los neoliberales pro empresariales o ser abandonado. Desde Elizabeth Warren a Nina Turner, a los egresados de Ocupa que llevaron la campaña de Bernie a escala supernova, este el más fuerte conjunto de líderes progresistas, promotores de una coalición, que haya habido en mi vida. Estamos "llenos de líderes", como dicen muchos en el Movimiento por las Vidas Negras.

Así que salgamos del shock lo más rápido posible y construyamos un movimiento radical que tenga una auténtica respuesta al odio y al miedo que representan los Trumps de este mundo. Hagamos a un lado lo que sea que nos separa y comencemos ahora mismo.

Traducción: Tania Molina Ramírez

Por Naomi Klein, autora de This Changes Everything

(Thischangeseverything.org). @NaomiAKlein

Este artículo se publicó en The Guardian

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No hay cambio posible sin debilitar a las grandes empresas y fortunas

 

Las empresas gigantes y las grandes fortunas. Estos son los actores más importantes de una economía crecientemente globalizada, los que determinan las reglas del juego y los que cosechan los mayores beneficios.

 


Según la Conferencia de Naciones Unidas y el Desarrollo (UNCTAD) las 100 empresas transnacionales (ET) más importantes tenían en 2015 activos valorados en cerca de 13 billones de dólares, una cantidad superior al Producto Interior Bruto (PIB) de los países que forman parte de la Unión Económica y Monetaria, superaba en un 159% el de toda Latinoamérica y el Caribe, en un 789% el del África Subsahariana, en un 973% el de la economía española y en un 3174% el del conjunto de los países de ingreso bajo, según la clasificación utilizada por el Banco Mundial.


Si las comparaciones se hacen teniendo en cuenta las diez ET más importantes, atendiendo al volumen de activos que manejan (Royal Dutch Shell, General Electric, Total, British Petroleum, Exxon Mobil, Chevron, Volkswagen, Vodafone y Apple) las asimetrías son asimismo muy destacadas. Este selecto grupo de grandes corporaciones atesora activos por valor de 3,3 billones de dólares, lo que equivale al 28% del PIB de la zona euro y al 63% del de Latinoamérica y el Caribe, el 108% del contabilizado en el África Subsahariana, el 272% del de España y el 731% del registrado en los países de ingreso bajo.


Las grandes empresas no sólo lo son por su tamaño, medido por el volumen de activos que controlan y por las exportaciones que realizan. También tienen conexiones accionariales, entre sí y con otras muchas firmas, creando una tupida malla de intereses y relaciones, revelando un panorama corporativo mucho más concentrado que el reflejado por las estadísticas oficiales.


La tendencia a la concentración empresarial –empresas cada vez más grandes para competir con éxito en los mercados, doméstico y global- y también a la formación de alianzas y grupos de presión que refuerzan el poder oligopólico de las grandes corporaciones forman parte del adn del capitalismo. La crisis económica, lejos de atenuar este proceso concentrador, lo ha impulsado, con el aumento de las fusiones y adquisiciones empresariales, la mercantilización de los espacios públicos y el debilitamiento de la capacidad reguladora de los estados nacionales. El capitalismo que emerge de la crisis es más corporativo y oligárquico.


El Credit Suisse (Research Institute, 15 de octubre de 2015) aporta información regular sobre la distribución mundial de la riqueza. Dada la carencia de la datos fiables y contrastados –ante la capacidad que tienen los poderosos para ocultar una parte de su riqueza e ingresos- y la falta de interés mostrada por los gobiernos y las agencias internacionales al respecto, la información aportada por esta institución es del máximo interés.


Encontramos en este ámbito un panorama similar al referido a las ET (en realidad, forman parte del mismo proceso, la concentración empresarial y la de la riqueza se retroalimentan). Según el Credit Suisse, en Europa, algo más de 10 millones de personas, el 1,7% de la población adulta, acumulaban una riqueza superior a un millón de dólares. En el estado español gozaban de la misma situación de privilegio 360 mil personas, el 1% de los adultos.


Centrando nuestra atención en los mega ricos, los que concentran una riqueza superior a los mil millones de dólares, el Credit Suisse contabiliza en 2015 a 439 adultos; si se amplía el abanico a todos aquellos cuya riqueza se sitúa entre los 500 y los mil millones habría que añadir otros 696. En nuestro país, 20 personas se encuentran en el tramo superior, más de mil millones, y 33 en el siguiente.


Nada de esto es relevante para la economía estándar, que permanece instalada en un relato donde los actores son los países y donde el libre juego de la oferta y la demanda, alimentado por una supuesta mano invisible, se configuran como el motor de la economía. Un capitalismo sustentado en la competencia perfecta, donde ninguna empresa puede operar, de manera duradera, con beneficios extraordinarios, y donde no influyen en los procesos de toma de decisiones, en la operativa de los mercados y en la gestión de los asuntos públicos las enormes y crecientes diferencias en la distribución de la renta y riqueza.


Este es el discurso de los poderosos, que oculta, deliberadamente, la existencia de las “manos visibles” de los mercados, que son las de las grandes corporaciones y fortunas, con el inestimable apoyo de las redes y medios de comunicación (intoxicación, más bien) que controlan y, sin el menor pudor, ponen a su servicio. No solo condicionan de manera decisiva las agendas de los gobiernos, sino que han ocupado, en el sentido más literal del término, el espacio de la política y de lo público.


Sin debilitar su poder, ningún cambio es posible.

 

Fernando Luengo, profesor de economía aplicada de la Universidad Complutense de Madrid y miembro del colectivo Reinicia Podemos

https://fernandoluengo.wordpress.com.

@fluengoe

 

 

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