Paul Mason: “Los gobiernos tienen que dar un paso al frente y romper el monopolio de Facebook”

El divulgador Paul Mason no cree que sus ojos vuelvan a ver otra crisis del capitalismo y también considera que ahora es más fácil imaginar el fin del mundo que imaginar a Facebook enseñando públicamente su algoritmo.


Si rescatáramos las viejas teorías de Adam Smith y David Ricardo sobre las que se cimentó el pensamiento capitalista y las comparáramos con la realidad de la economía global actual, seguramente no encontraríamos ni un mínimo rasgo en común, más allá del “todo por la pasta” que nunca caduca. El concepto capitalismo ha evolucionado al neoliberalismo que Thatcher y Reagan expandieron por todo el globo y que ha servido de pretexto perfecto para el avance de lo privado sobre lo público. Desde la caída de Lehman Brothers, nuevos estilos de economía se están desarrollando en un escenario. Algunos lo llaman economía digital, otros economía colaborativa, otros turbocapitalismo, otros economía rentista.


Las leyes de la competencia que nos prometían una gran variedad de productos a bajo precio solo han servido para quitar barreras públicas al dominio de los grandes olipolios. Entre todo ello, un nuevo factor que lo ha cambiado todo entra en la ecuación de la economía: los datos. Desde el casi obsceno control que tienen las grandes empresas tecnológicas sobre nuestras vidas, a la reducción del coste marginal de muchos productos a cero, los datos lo están cambiando todo. Incluidas las relaciones de poder mundial. Hay una clara evolución en el ecosistema económico mundial, pero nadie le quiere poner nombre. Paul Mason sí lo hace.


Este periodista y divulgador nacido en 1960 en Leigh (Reino Unido) trabajó durante más de una década como editor de economía en la BBC. Hace tres años publicó el libro Postcapitalismo: hacia un nuevo futuro (Paidós). Un libro de referencia entre las personas que quieren visualizar cómo será el final del capitalismo y, lo más importante, quieran avanzar hacia una sociedad más justa e igualitaria. Visita Madrid para dar una conferencia en el ciclo “Seis contradicciones y el fin del presente” del Reina Sofia y recibe a El Salto.


Voy a empezar por la difícil: ¿ha muerto el capitalismo? ¿está el neoliberalismo en caída?

El neoliberalismo está roto, es como un zombi, no funciona. En el sentido en que el sistema neoliberalista claramente provocó la crisis de 2008 y lo que hicieron fue lanzar 20 billones de dólares de los bancos centrales. Ahora, si miramos a nuestro alrededor, podemos ver tipos de negocios que no existían antes desde 2008, como los coches con conductor que hacen de taxis, pero el único motivo por el que existen es gracias a esos 20 billones de dólares de dinero gratis. Sin embargo, hay un problema, que es exactamente el problema contrario al que tuvieron en la crisis de 1930: han podido salvar la economía pero no han podido salvar la narrativa. Puedes mantener una economía a flote, pero no puedes mantener a flote una narrativa porque los cerebros de la gente exigen que haya coherencia. Salvando la economía lo que hicieron fue trasladar la presión a los políticos, y estos políticos simplemente han colapsado.


Mucha gente no deja de pensar y preguntarse cuándo será la próxima crisis del neoliberalismo, y yo no pienso que vaya a ver una nueva crisis del capitalismo. Incluso si hay otro crash de las bolsas, ellos simplemente inyectarán más dinero gratis en el sistema. Lo que yo expliqué en mi libro, hace tres años, es que si no avanzamos desde el neoliberalismo, este romperá la globalización. Y esto es lo que está pasando. Podemos ver proyectos neoliberales nacionalistas como por ejemplo Trump o el Brexit, para el ala más ultraderechista del partido conservador. Pero de lo que yo hablo en el libro como neoliberalismo es algo global. Aunque China o India lo estén haciendo bien ahora, si Estados Unidos se sale, se rompe el sistema.


Pero dejando el neoliberalismo de lado, este no es el fin del capitalismo. El fin del capitalismo vendrá, para mí, como en un siglo. Pero tenemos que ser capaces de visualizar lo que eso significa. Y esto me lleva al punto central de la tesis del postcapitalismo: la tecnología de la información es diferente a otros avances tecnológicos anteriores porque desafía las raíces de una sociedad basada en el trabajo y en la escasez.


Has dicho que no crees que haya una nueva crisis del neoliberalismo porque inyectarán dinero gratis, pero la realidad es que ahora mismo están haciéndolo desde el Banco Central Europeo con el Quantitive Easing (QE). ¿Qué crees que pasará cuando acabe dentro de un año?

Bueno, recuerda que cuando acaba no acaba. Que acabe el QE significa que acabarán de lanzar nuevo dinero al mercado, pero el dinero seguirá ahí. En el Reino Unido, el Banco Central va a mantener los bonos que han comprado por lo menos durante los próximos 30 años. Sin embargo, es cierto que será una señal en la que querrán que la economía crezca por sí misma. Y lo que vamos a ver es un crecimiento muy débil. Ya es bastante débil en los Estados Unidos, incluso aunque Janet Yellen ha sido cautelosa y no ha querido sacar de una manera muy agresiva el dinero de su banco central del mercado.


Pero este no es el problema estratégico. El problema estratégico es que las fuentes de crecimiento de los últimos años son muy débiles. En los últimos 30 años hemos crecido mediante la extensión del crédito, expandiendo la fuerza laboral mundial, doblándola, y con lo que llamamos catching growing: Turquía se convierte en lo que era Croacia, Croacia se convierte en lo que era Austria, China se convierte en lo que era Turquía.


Los economistas del Banco de Inglaterra hicieron una clara predicción para los próximos 30 años. Dijeron que las fuentes de crecimiento encogen, permitiendo que solo la productividad pueda crecer. Entonces, en vez de utilizar el gran poder que tenemos con la automatización y la robótica para disminuir cada vez más la cantidad de trabajo que hacemos, lo que se está creando es lo que mi buen amigo David Graeber llama los bullshit jobs (trabajos de mierda). Pero si creamos esos bullshit jobs lo que hacemos es evitar que exista ningún tipo de productividad. Lo que haces es mantener a mucha gente en una precariedad mal pagada para que el sistema financiero siga funcionando.


No es que alguien haya diseñado este tipo de precariedad, pero el punto aquí es que todo el mundo tiene que poder comprar un teléfono, deben tener una cuenta bancaria, tiene que poder devolver su préstamo de estudiante, por lo que tiene que haber trabajo, da igual cuál sea, al sistema no le importa. Por lo que el problema no es que los bancos centrales dejen de inyectar dinero, es que siempre vamos a tener que confiar implicitamente, hasta el final, en la intervención de los bancos centrales, porque solo quedan unas pocas fuentes de crecimiento a nivel global, excepto la productividad.


Y qué hay de los datos, ¿no son ahora esa principal fuente de crecimiento?

No. Voy a intentar argumentarte por qué. El punto fundamental sobre las tecnologías de la información y los productores de datos es que colapsan sus propios costes de producción. Esto es normal cuando hablamos de datos, pero la realidad es que también afecta a la realidad. En el libro pongo el ejemplo de estos ingenieros que diseñaban, al principio de su carrera, el avión Tornado calculando doce posibles situaciones de estrés que podría sufrir la cola del avión. Al final de su carrera, diseñaron el exitoso avión Eurofighter utilizando 1,86 millones de pruebas de estrés de manera simultánea. Esto no hace necesariamente que un avión sea más barato que otro, porque no es una cuestión de solo diseñar. Se tiene que construir, hacer el prototipo, etc. Los datos están haciendo que baje el coste de todo, pero los precios no están bajando en muchas áreas. La razón es que están apareciendo monopolios como respuesta a todo esto.

Por lo que yo veo es que las GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon) son las respuestas distorsionadas del capitalismo para los que pretenden colapsar el coste de los productos, porque son las que necesitan mantener los costes de producción altos.


El primer estudio sobre el impacto de internet en la macroeconomía hecho por una autoridad gubernamental fue el de la OCDE en 2013. La OCDE dice “ok, miremos la productividad y miremos lo que se llama el excedente del consumidor”, que es si, por ejemplo, Amazon reduce los costes, nosotros los consumidores podremos obtener más que si nos lo vende una persona en una tienda, porque esa persona es dueña y paga esa tienda.


La OCDE dice que este excedente del consumidor está ocurriendo y es real, pero lo que también dice es que hay algo mucho más grande: el impacto en lo que queda fuera del mercado. Aquí nos encontramos un problema, porque si le preguntas a un economista te dirá que no está para nada interesado en ese impacto que queda al margen del mercado. Te dirá que no es economía. Pero, para mí, en una tesis postcapitalista, lo que está fuera del mercado es la clave, porque yo movería la economía a un estado fuera del mercado.
Por lo que la productividad de los datos está claramente creciendo exponencialmente, pero no tiene un efecto en el mercado, produce más valor y productividad gratis. Y solo pueden captar valor económico en un corto periodo de tiempo, el de la recompensa a la innovación o si mantenienes un monopolio.


Es por esto que te argumento que, ahora mismo, nos encontramos en una situación en la que donde la relación social del capitalismo está absolutamente fuera de la tecnología que está siendo creada. No solo porque “la información quiere ser libre”, como dijo Steward Brand, sino también porque la fuerza de trabajo y los salarios están disociándose.
Un patrón principal del capitalismo ha sido su obsesión por saber cuántas horas de trabajo vale cualquier cosa, pero eso ya ha dejado de importarnos. Ahora podemos producir productos sin usar trabajo.

Uno. La tecnología de la información colapsa el precio de producción. Dos. Disociar trabajo de salarios. Tres. Crear trabajo en red que pueda crear productos gratis. Y cuatro, crear democracia de la información. Por ejemplo, si desarrollo algo nuevo con mi teléfono móvil, mañana todo el mundo lo tiene gracias a una actualización. El capitalismo moderno es una reacción distorsionada de eso. La reacción a la disminución en el coste de la producción es el monopolio. La reacción a la posibilidad de la disociación son los bullshit jobs. La reacción a los efectos de las redes es lo que en inglés llamamos rent seeking [extractores de rentas]. Empresas que ya no producen riqueza, sino que la agarran de aquellos que ya la producen , como el modelo de Uber o AirBnB. Y de la democracia en la información nos podemos olvidar, porque en su lugar lo que hay es una enorme simetría de información y poder.
Existe esta frase de Fredric Jameson que decía que era más fácil imaginar el fin del mundo que imaginar el fin del capitalismo. Ahora es más fácil imaginar el fin del mundo que imaginar a Facebook enseñándome su algoritmo. Es imposible que yo lo sepa o Facebook colapsaría.


Entonces, ¿cómo podemos acabar o luchar contra esos monopolios que dominan y están instaurados a nivel mundial?

Cada uno de esos cuatro puntos que te he dicho antes tienen una solución. Para romper los monopolios están las leyes de la competencia. La de Europa dice que tiene que haber siempre por lo menos cuatro bancos, por lo menos cuatro empresas de todo. Cuando cojo un vuelo no pienso que se va a estrellar porque sé que hay cuatro empresas de turbinas que están compitiendo entre ellas para producir los aviones. Incluso si es casi un monopolio donde muchas se pertenecen unas a otras, están compitiendo. Entonces, ¿por qué no le puede pasar eso a Facebook? Mucha gente dirá que dónde van a poder ellos conectarse mejor con los amigos de sus amigos. Pero, por ejemplo, cuando vas a un cajero no siempre vas al cajero de tu banco. Tú vas a un cajero. Pues creo que Facebook podría ser ese cajero automático. Sería la pantalla frontal, pero detrás de ellos las empresas podrían ser forzadas a competir a la hora de proveer el servicio de las amistades, de la base de datos o de los algoritmos. Y así podríamos elegir. Podríamos elegir entre un proveedor de pago que no me mostrara publicidad. Podríamos elegir un proveedor que tuviera un código ético y nos prometiera que nunca va a vender nuestros datos a un gobierno o a un Cambridge Analtica. Lo más extraño de todo esto es que a la gente le resulta muy difícil imaginar esto que te estoy explicando. Pueden imaginar cuatro supermercados o cuatro bancos, pero no son capaces de imaginar cuatro Facebooks. Los gobiernos tienen que dar un paso al frente y romper el monopolio de Facebook y tienen que permitir que haya competencia para colapsar el precio.
Y hay otra cosa, estas empresas de datos sabían que esto estaba llegando y lo que realmente necesitan es que haya alguien que posea algún tipo de registro de identidad. Y hablamos de un problema que se tiene en los dos lados, porque yo creo que una sociedad civilizada no debería permitir el total anonimato. Twitter ahora mismo es el mayor hervidero de antisemitismo del mundo. Hay muchos bots, pero también hay miles de antisemitas que se aprovechan de ese anonimato que les ofrece esa red. No creo que la civilización actual deba permitir eso. Debes ser una persona real para participar en la sociedad digital.


Sin embargo, ¿quién debe ser dueño de ese registro de identificación? Yo estoy muy contento de que mi gobierno sepa dónde vivo, porque yo quiero votar y me he registrado para ello. Pero no quiero que el gobierno sepa quiénes son mis amigos o cuál es mi estado de salud. De igual forma, tampoco quiero que lo sepa Facebook. Por lo que creo que necesitamos crear un registro de identidad con una capa de propiedad pública, pero con acceso privado. A los que más les convendría sería a Google, Facebook o Amazon, porque necesitan hacer un pacto la sociedad civil. Y la única manera posible que veo es lo que está sucediendo en Barcelona, con Ada Colau y su jefa de tecnología, Francesca Bria, con tecnología blockchain. De manera que cualquiera podría dar y quitar acceso a sus datos de una manera individual. Podríamos poseer algo colectivo de manera individual. No sería ni un bien común, es una comuna.


Si construimos un registro de identidad como un propiedad común, no propiedad de gobierno ni empresas, con un esqueleto blockchain, entonces podríamos crear un poder social para todo el mundo. Esa es la forma de romper el monopolio.


Y estos que tú has llamado rent seekers...

Tenemos que atacar a esas empresas. Hay que decir: la extracción de rentas es ilegal.


O sea que tú ilegalizarías Uber.

Sí… No, bueno, lo que haría es decirles que es totalmente legal existir como empresa, pero no puedes operar en Madrid porque no te queremos. Porque la existencia de este tipo de empresas ha destruido a miles de empresas de taxis en todo el mundo y es nuestro cometido, como civilización moderna, proteger este tipo de empresas y economía. Como ha hecho Barcelona con Airbnb. Si estas empresas son capaces de remodelar su negocio en una escalada hacia abajo, pues entonces bien. Pero la realidad es que hay bancos y fondos de inversión que están metiendo mucho dinero en estas empresas con el propósito de eliminar la competencia destruyendo a todas esas empresas como las de los taxis. La sociedad civil tiene el derecho de decir que modelos como el de Uber no se permiten. Si nos dijeran que es un modelo de negocio que utiliza a trabajadores esclavos no tendríamos problema en prohibir ese tipo de modelos, pero el problema aquí es que la gente todavía no tiene del todo claro cuál es ese modelo y entonces se quedan mirando sin reaccionar. También hay que tener en cuenta que estas empresas están gastando millones y millones haciendo lobby en la Comisión Europa.


Claro, y esos lobbies son los mismos que están haciendo que se cumplan esas leyes de competencia de las que antes hablabas para presionar y obligar a gobiernos municipales a aceptar modelos de negocio como los de Uber en pro de defender esa libre competencia.

Cierto. Por eso necesitamos la victoria en Europa. Para mí, cuanto más está la Comisión Europea en el bolsillo de estas empresas, menos legitimidad va a tener Europa. Miramos a los Estados Unidos de Trump y pensamos en lo horrible que es, pero la verdad es que allí impera la ley. ¿Cuántos periodistas han muerto en Estados Unidos a manos de la mafia? Ninguno. En Europa, por lo menos, tres. Europa es grande en términos de corrupción, en crimen organizado, en corrupción a un nivel institucional europeo. La soberanía de la Comisión Europea es un espacio que nadie entiende y por eso es un patio de recreo perfecto para las grandes multinacionales.


El Ayuntamiento de Madrid acaba firmar un contrato con una empresa de Google, Carto DB, para intercambiar datos en un proyecto para mejorar la movilidad y el tráfico de la ciudad. Vemos en este caso cómo ya no se usa el típico modelo de privatización donde la empresa se hace con un servicio que antes hacía una administración pública, sino que es una partenariado entre lo público y lo privado para ofrecer un servicio que todavía la administración público no ofrecía. ¿Cómo se puede parar o revertir ese tipo de prácticas?

No conozco los detalles de ese contrato, pero el caso es que no estoy en contra de que las administraciones públicas firmen contratos con empresas para realizar proyectos innovadores. El problema es quién posee todos esos datos y sus efectos. El modelo tradicional es que estas empresas den la tecnología, porque ellas lo que quieren son los datos. Google, por ejemplo, recolectaba información de Gmail, pero tras unos años decidieron que habían recogido suficiente información. Cuando fueron capaces de predecir cómo se comunicaba la gente a una escala global, ya no necesitaban seguir recolectando datos.


Yo creo que, en unos cinco años, la ciudad de Madrid podría recoger la suficiente información para controlar, predecir y mejorar su circulación. Y creo que las ciudades tienen que aprovechar esa información y que lo hagan con una empresa externa. Pero hay un problema en lo que concierne al consentimiento. Pongo un ejemplo: ahora mismo se está experimentando con los coches autoconducidos. Estos vehículos tienen sensores y cámaras que lo graban y localizan todo. Puden recolectar una cantidad inmensa de datos. Nos pueden grabar al pasar por nuestro lado. Si la empresa que está produciendo esos coches es comprada por Google, esta empresa pasará a saberlo todo sobre nosotros. Sabrán quién es el dueño de cualquier coche y dónde y a qué horas lo suele aparcar, pero también podrán saber quién está teniendo una aventura con quién o quién es gay. Entonces el problema está en cómo le damos permiso a la empresa que recolecta información sobre el tráfico y cómo, saber para qué y para quién es utilizable toda esa información sobre nosotros. Porque la información es increíblemente poderosa y, ahí, entramos en una situación que da miedo.


¿Cómo es el uso que se le va a dar a esa información? ¿cómo puedo, o no, consentirlo? Tenemos que empezar a exigir que se nos diga qué se hace con todos esos datos que recolectan de nosotros. Algo que debería ser normal en una regulación capitalista, pero el problema es que estas grandes empresas escapan a esa regulación y les han dejado espacio para hacer lo que quieran.


¿Qué políticas o acciones puede hacer un ayuntamiento para realizar ese tránsito hacia una sociedad postcapitalista?

Atacar a los extractores de rentas, como por ejemplo ha hecho Barcelona con Airbnb. Si atacas a esos modelos, creas espacios para otros modelo que no se basan en esa extracción. Las empresas innovadoras y reales pueden competir a un mismo nivel con las grandes empresas. Además se pueden promover alternativas no capitalistas: cooperativas de crédito, servicios públicos o que sean cooperativas dueñas de los usuarios.


En Madrid, debería haber una aplicación pública donde los taxistas deberían poder ofrecer sus servicios sin pagar, porque dicha aplicación no necesite buscar beneficio. El Ayuntamiento de Madrid puede pedir a una empresa privada que desarrolle esa aplicación, pero después la aplicación debe ser municipal. Si luego Madrid se la quiere vender a otros ayuntamientos en el mundo, pues perfecto. Pero nunca debe ser privatizada.


Otro ejemplo son todas esas bicicletas de alquiler mediante una aplicación que ahora han aparecido de repente por todos los lados. Los ayuntamientos deberían regular y prohibirlas.
A nivel nacional, se tiene que avanzar hay una renta básica universal (RBU). Porque la RBU es el complemento que necesitamos para avanzar hacia una robotización del empleo y para que cada vez trabajemos menos. Pero a un nivel local también se pueden hacer muchas cosas en esta dirección. Yo he hablado con los riders de Deliveroo que se están juntando en sindicatos en el Reino Unido. Les pregunté qué querían y me dijeron que una subida de un 5% en su salario no era una medida que les fuera a solucionar mucho, pero que si podían acceder a transporte gratuito, sanidad gratuita, educación gratuita y tener garantizado el acceso a la vivienda, entonces, podrían vivir con el salario de repartidor de Deliveroo. Hay que eliminar esa necesidad de tener que ganar dinero para pagar todos.


El municipalismo ahí tiene un papel muy importante. Si consigues que todos esos servicios sean gratis, tu ciudad se convertirá en una ciudad donde la gente quiera vivir, de la cual saldrán cosas maravillosas porque la gente estará menos preocupada por llegar a final de mes y tener que estar trabajando para poder cubrir todas esas necesidades. El activismo, el arte y otras cosas pueden florecer.


Democracia en los datos y la información es otra de las labores en las que el municipalismo puede avanzar. Los ayuntamientos no pueden obligar a las grandes multinacionales a que la practiquen, pero estos si que pueden hacerlo. El ejemplo es el proyecto de Franscesca Bria con Barcelona en Común que he comentado antes. Es un proyecto que también lo ha adoptado Amsterdam y dentro de poco lo hará Berlín. O sea que ya tenemos tres ciudades importantes europeas que van a desarrollar este tipo de democracia de la información.
Los ayuntamientos deben abrir cuanta más información les sea posible. Deben desarrollar software libre y promover que se haga todo en software libre y código abierto. Las ciudades siempre han sido muy importantes en la creación de las civilizaciones, desde la era de Mesopotamia. Y en una era postcapitalista van a ser igual de importantes.

El año que viene publicas nuevo libro. ¿Qué podemos esperar de Clear Bright Future: A radical defence of the human being?

Es una defensa del humanismo. El tema es que los humanos siempre, durante toda la historia, hemos tenido un profundo temor a seres mejores que nosotros. Los humanos siempre hemos querido ser dioses, pero también podemos acabar siendo zombis. Las nuevas tecnologías nos muestran un nuevo escenario en el que esas dos posibilidades pueden ocurrir, porque en el próximo siglo vamos a crear inteligencias posthumanas que serán más inteligentes que nosotros y esto nos puede traer muchos problemas. Ahora mismo, la gente que apoya a Trump son algo así como zombis que confrontan a la razón. Y no hablo en sentido metafórico, son personas que no creen que el cambio climático les vaya a afectar.
Entonces, mi teoría es que para poder luchar contra todo lo que tiene que ver con Inteligencia Artificial, Facebook, control mediante algoritmos, Trump y la extrema derecha necesitamos defender los derechos humanos contra la mecanización, contra el control y contra la irracionalidad. Necesitamos ser humanistas.


Quiero rescatar las teorías más tempranas de Marx, que veía el comunismo como un humanismo radical, tal y como él lo llamaba. Marx decía que podemos ser libres porque tenemos un el don biológico de poder ser comunicarnos y cooperar, no porque hayamos inventado nuevas herramientas. Quiero rescatar eso, porque creo que eso es lo que puede hacer que la izquierda pueda batir el control algorítmico, la mierda de la extrema derecha, Silicon Valley, etc. Mi libro es un ataque a esa deshumanización.

 

Por Yago Álvarez
@EconoCabreado
2018-11-28 14:00:00

 

Publicado enInternacional
Miércoles, 24 Octubre 2018 17:03

Bogotá contenerizada

Bogotá contenerizada

En la supuesta búsqueda de un modelo de basuras a la altura de las necesidades de Bogotá, en el mes de octubre comienza la instalación de un modelo de recolección de basuras a partir de recipientes o contenedores. Las organizaciones de recicladores, como prestadores de la actividad de aprovechamiento en el servicio público de aseo, cuestionaron este modelo, ¿por qué?

 

El pasado 12 de octubre se cumplió el plazo para que los concesionarios que ganaron la licitación de aseo en Bogotá, comenzaran a instalar los contenedores de recolección de basuras –uno para ordinarios y otro para reciclaje–, proyectados para el 25 por ciento de la ciudad1. Este modelo, que abre un ejercicio experimental para esta urbe, inició con un desfase: no tomó en cuenta ni articuló con la organización de recicladores la recolección de los desechos que por toneladas producen a diario los pobladores capitalinos.

 

A propósito de este desfase, vale la pena recordar que los pliegos para la licitación de aseo de Bogotá presentados en el 2016 a la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos –Uaesp–, tuvieron que ser cambiados por efecto de una tutela que obligó a reconocer la articulación de las organizaciones de recicladores como prestadores de la actividad de aprovechamiento en el servicio público de aseo, como lo ha exigido la Corte Constitucional en sentencias y autos de seguimiento desde 2003.

 

En tales pliegos, a los concesionarios les exigían que para iniciar con el proceso de instalación de contenedores, lo primero que debían seguir –y que en la realidad aún no cumplen– era un análisis “[…] técnico a cargo del prestador, el cual deberá elaborarse durante los cuatro (4) meses siguientes de la firma del acta de inicio y tendrá como propósito definir el esquema operativo de atención y distribución de estos elementos”2.

 

Tal análisis debía incluir el reconocimiento de las rutas históricas de los recicladores de oficio, proyectando y consolidando microrutas más eficientes que garanticen el trabajo a todos los recicladores. Sin embargo, lo que realizó la Uaesp fue un formato donde les pidió a las organizaciones que puntualizaran dónde querían los contenedores, sin avanzar en una verdadera articulación y concertación entre organizaciones, recicladores independientes y concesionarios. En este sentido, estos últimos manifestaron en Audiencia Pública celebrada el 27 de julio 2018, que ya habían entregado la propuesta a la Uaesp para que la validara y así poder avanzar con la ejecución de la licitación.

 

Ante esta respuesta las organizaciones de recicladores, específicamente la Unión Nacional Independiente de Recicladores –Unir3– respondió que el proceso en cuestión no se hizo correctamente ya que en algunos casos llamaron solo a recicladores independientes, y no se conocía la propuesta final de cada concesionario. Adicionalmente tampoco desarrolla bien la exigencia de: “[…] el adjudicatario se obliga a desarrollar campañas rigurosas de sensibilización y pedagogía social a partir de la firma del acta de inicio; enfocadas a promover la separación en la fuente, así mismo debe instruir al usuario sobre el uso debido de los contenedores para residuos aprovechables y no aprovechables que sean instalados, el respeto por las frecuencias y horarios de atención del servicio y demás tópicos que permitan lograr los objetivos de la contenerización […]”4.

 

Un modelo que promueve la desigualdad

 

Lo que quedó claro con este proceder de los concesionarios y la Uaesp es que con el nuevo modelo de recolección de basuras no desean incluir a los recicladores de oficio, ni mucho menos reconocer sus organizaciones, no de otra manera puede entenderse que unas semanas antes de cumplirse la fecha de su implementación aún no hubieran realizado suficientes campañas o se hubieran hecho, pero sin incluir a los recicladores; adicionalmente los usuarios no habían recibido una información clara y suficiente.

 

Estamos ante un modelo sin garantías para los recicladores. Siguen sin garantizar el acceso cierto y seguro, incumpliendo que las estructuras de los contenedores deben “[…] facilitar a los recicladores de oficio acceder al material aprovechable […]”5. Por el contrario, todas las propuestas presentadas por los diferentes modelos para procesar basuras tienen en común que no son de fácil acceso para los recicladores. Inclusive, algunos modelos de contenedores tienen llantas, lo que puede convertirse en un riesgo para producir o multiplicar accidentes, lo cual está prohibido en el marco de la salud y la seguridad en el trabajo.

 

Es importante tener en cuenta, también, que la ciudadanía aún no tiene conciencia sobre la necesidad de separar los desechos en la fuente, razón por la cual parte de las exigencias de las organizaciones de recicladores es tener acceso al contenedor de no aprovechables, pues allí se va a perder mucho material. Sin embargo, este acceso aún no está bien definido.

 

Y esto no es una obsesión nuestra. Para poder argumentar en este proceso nos dimos a la tarea de revisar experiencias similares –exitosas– en otros países y una de sus características es que tienen un contenedor para residuos ordinarios y tres o cuatro para reciclaje, evitando su contaminación, lo cual también es un tema por revisar.


El análisis de lo decidido para este modelo nos lleva a prever múltiples conflictos entre los recicladores, pues se presentarán tensiones por los contenedores entre los recicladores que pasan por la misma ruta. Además, por falta de conciencia y educación para la separación de residuos, existe la posibilidad que estos contenedores se conviertan en puntos críticos de acumulación de basura. Por esta razón, por exigencia de toda la ciudadanía en el mes de septiembre retiraron los contenedores del centro de la ciudad de Manizales.

 

Un tema que debe ir más allá de los recicladores

 

Ahora, pese a lo anotado, desde Unir consideramos que el modelo de contenerización y micro-rutas es correcto para Bogotá. Pero, para que sea exitoso es indispensable garantizar la concertación y la articulación con toda la ciudadanía y con las organizaciones de recicladores, lo que implica, además, invertir recursos públicos en la recolección y el transporte que realizan los recicladores, de lo contrario será un gran fracaso. En la mencionada Audiencia Pública del pasado 27 de julio, fueron presentadas estas y otras denuncias. Una vez hecho esto público, y conociéndolo también Procuraduría, esperamos esté atenta para ejercer la vigilancia respectiva y los correctivos necesarios.

 

Por las razones expuestas, instamos a las autoridades competentes, al gremio reciclador de oficio y a la ciudadanía en general, para que evitemos futuros desórdenes ya que, al fin y al cabo, toda la inversión viene del pago del servicio público que todos y cada uno de los usuarios realizamos.



* Sociólogo Universidad Nacional de Colombia. Asesor: Emrs esp y Unir Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
1 Toda la información de la licitación puede verse en el Anexo 11 denominado “Criterio de calidad para la prestación de la actividad de recolección de residuos sólidos a través de recipientes o contenedores en la ciudad de Bogotá D.C.” En: https://community.secop.gov.co/Public/Tendering/OpportunityDetail/Index?noticeUID=CO1.NTC.198502&isModal=true&asPopupView=true
2 Ibíd, p. 4.
3 Organización de recicladores de segundo nivel, conformada desde febrero de 2017, que tiene como objetivos el avanzar en el proceso de formalización, exigiendo los recursos necesarios a las instituciones públicas, en el marco de beneficiar a todo el gremio reciclador de oficio. Está conformada en el momento por las organizaciones de primer nivel: Emrs Esp, Aramb, Ger 8, Arbo, Fesnopmaoesp, Buenos Aires, Sineambore y Remarek.
4 Anexo 11, p. 4.
5 Ibíd. p, 5.

Publicado enEdición Nº251
Jaron Lanier: “Los monopolios han arruinado Internet”

Jaron Lanier, analista del mundo digital, asegura que las redes sociales usan técnicas conductistas de adicción para favorecer a sus clientes y aboga por que sean de pago

“Bienvenido a la jaula que te acompaña donde quiera que vayas”. El último libro de Jaron Lanier no se anda con rodeos y esa es su primera frase. Lanier (Nueva York, 58 años) fue uno de los pioneros de Internet en los ochenta y se le conoce por haber dado los primeros pasos de la realidad virtual. Pero sobre todo es uno de los filósofos más lúcidos sobre el mundo digital que ha inundado nuestras vidas en pocos años. Su nuevo libro tiene título de artículo viral: 10 razones para borrar tus redes sociales de inmediato (Debate). Quedamos con él en Saul’s, un conocido deli judío al lado de la Universidad de Berkeley. Entre un bagel tostado y una ensalada de pescado, despliega su elocuencia contra los señores de las redes.

PREGUNTA. En el libro dice que borremos nuestras redes sociales, pero al mismo tiempo que aprendamos a usar bien Internet. ¿Qué hacemos?


RESPUESTA. Yo todavía soy un verdadero creyente en Internet, pero unas pocas compañías monopolísticas han tomado el control de Internet y lo han arruinado. Nunca he tenido una cuenta en una red social, ni Facebook, ni Twitter, ni nada. Nunca. ¿Cómo lo hago? Porque estos servicios realmente no añaden nada a los que Internet te da. Usando las capacidades normales de Internet, como hacer una página web o mandar un email, no necesitas estas compañías. La gente ha llegado a la conclusión de que las necesita, pero no es verdad. A lo que me opongo es a ese control por parte de monopolios gigantes en el que cualquier conexión entre personas solo se puede financiar si hay una tercera persona que quiere manipular a esas dos personas. Creo que eso es la receta para la locura y la negatividad. Y ha calado tanto que quizá no sobrevivamos. Internet en sí mismo sigue siendo genial.


P. ¿Pero qué explica el éxito masivo de Facebook?


R. No creo que Facebook añada ninguna utilidad. Lo que hizo fue integrar técnicas conductistas para crear adicción. Es muy similar a la expansión de los cigarrillos. Es un uso deliberado de métodos conductistas. Esto no lo digo yo, sino algunos de los fundadores de Facebook como Sean Parker. La razón de que lo use tanta gente no es que añada ninguna utilidad, lo que añade son técnicas de adicción. Esa diferencia es extremadamente importante.


P. ¿Hay alguna forma de hacer bien estas redes sociales?


R. Sí. Lo que requiere son dos pasos. Uno de ellos es reformar el modelo económico. Cambiar las redes sociales de forma que el verdadero cliente sea el usuario, en vez de esa misteriosa tercera persona que está intentando manipular al usuario. Eso quitaría el incentivo perverso que amplifica toda la locura, la acritud, la paranoia, la tensión y la negatividad. Y lo otro que tenemos que hacer es reforzar instituciones intermedias. Esto es más sutil. Cuando Facebook empezó tenía un lema que era ‘muévete rápido y rompe cosas’. Concretamente, lo que se rompió fue las organizaciones intermediarias, como los periódicos. Fueron debilitadas. Y el caso es que estas organizaciones proveían un recurso que era absolutamente necesario.


P. Resulta paradójico. Parece que el viejo mundo, en el que se criticaba a los grandes medios por controlar el discurso, en realidad era más sano que el nuevo mundo.


R. Lo que ocurre es que en el intento de hacerlo todo muy abierto lo que hemos creado son híper monopolios que se han vuelto controladores y autoritarios. Intentamos hacerlo más abierto y fallamos. Intentando hacer el mundo mejor, lo hicimos peor. Eso es lo que pasó

.
P. ¿Hay una rebelión, o este discurso es solo para intelectuales y élites?


R. Es difícil de medir. Yo también creo que la gente empieza a darse cuenta. Una cosa increíble fue que cuando Twitter y Facebook purgaron las cuentas falsas, creadas sobre todo por actores malignos rusos, sus acciones bajaron como un 20%. Algo está muy mal en una estructura de incentivos en la que te penalizan por ser honesto y te premian por ser deshonesto. Hay una generación de ingenieros jóvenes en el mundo tecnológico que sienten asco y vergüenza y quieren cambiarlo.


P. Los niños que están creciendo con ello, ¿tendrán más poder para controlarlo?


R. Desgraciadamente, no. Un individuo por sí mismo puede hacer muy poco. Necesitamos organizarnos como sociedad. Déjeme ser muy claro. Tenemos un problema de adicción masiva. Es muy parecido a lo que pasó con los cigarrillos. O cuando la gente conducía borracha. En los dos casos había grandes intereses corporativos en esa adicción masiva. Pero de alguna forma pudimos tener una conversación como sociedad y nos dimos cuenta de que era muy estúpido. Y lo cambiamos. De la misma forma, aquí necesitamos tener una conversación como sociedad para cambiar. Este mito de que los jóvenes al ser nativos digitales de alguna forma pueden usar los ordenadores tan bien que no caen bajo el control de la tecnología adictiva es falso. Porque las técnicas de adicción son poderosas y están bien estudiadas. Mi prueba es que mis amigos en la industria no dejan que sus hijos utilicen sus productos. Si eso fuera así, la gente de Facebook y Google dejaría que sus hijos lo usaran. No lo hacen.


P. ¿Cuál es el elemento adictivo?


R. Utilizan una rama de la ciencia llamada conductismo que empieza en el siglo XIX. Se basa en la idea de que puedes alterar de forma fiable el patrón de comportamiento de una criatura, persona o animal, a través de un ciclo de retroalimentación, y puedes medir lo que hace la criatura. Lo que es diferente de formas anteriores de medios y de publicidad es que puedes medir constantemente todo, desde tu expresión facial, con quién hablas, lo que dices, y por supuesto lo que buscas. Y metes eso en algoritmos con los que decides qué tipo de alimentación recibe esa persona, en redes sociales o información, y buscas correlaciones, de qué forma el cambio en el feed cambia su comportamiento. Más concretamente, buscas esas correlaciones en millones de personas que parecen compartir algún aspecto con esa persona. Y gradualmente, por estadística, sin ni siquiera entender por qué, te das cuenta de que puedes cambiar a la persona a través de cambios en el feed. Y el objetivo número uno es convertirlos en adictos, de forma que sigan usándolo, que sientan que tienen que estar ahí todo el tiempo. El objetivo número dos es satisfacer a los verdaderos clientes, que son los que pagan por manipular y cambiara a la gente, que puede ser para que compren algo o para que se desencanten y no voten. Lo negativo funciona mejor que lo positivo, y así es como el mundo se convierte en una mierda.


P. ¿Cómo se mejora? ¿Cómo sería un Facebook mejorado?


R. En el cambio de siglo, había un convencimiento general de que todo en Internet debía ser gratis, y que el único modelo de negocio era el de la publicidad. Pero entonces empresas como Netflix decidieron probar otra cosa. Vieron que gracias a Internet podían tener una relación directa con la gente y probaron a ver si la gente pagaría por ver lo que les gustaba. Y eso ha traído un resultado muy positivo para la industria y un escenario que muchos describen como la época cumbre de la televisión. Has pasado de un modelo gratis a un modelo pagado. Creo que de la misma manera ahora creemos que Facebook es lo único posible, porque mucha gente ha crecido con él. Si hubiera una manera de pagar, habría más acceso a información de calidad y más periodistas. Nadie sabe cómo sería exactamente. Nadie sabía cómo sería Netflix.Hay que inventarlo. Pero asumir que no se puede hacer es ridículo.


P. ¿La gente pagará por información fiable?


R. Hay que preguntarse por qué pagaban por los periódicos en un principio. Cuando un periódico crea una fama de fiable, eso es parte de su valor. La gente que buscaba calidad tenía dónde encontrarla. Ese fue un gran error de la primera filosofía de Internet, que debían desaparecer todos los intermediarios. Eso lo que ha hecho es dar todo el poder a un monopolio central.

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Ley de Convergencia: eliminación de la televisión pública y monopolización del sector

Dentro de las recomendaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo-OCDE-, selecto club de los “ricos”, en el cual Colombia acaba de ser aceptada, está la creación de un único regulador convergente para la provisión de redes y servicios de telecomunicaciones, de televisión y de radiodifusión. Ante esto, el Presidente Santos envió un mensaje de urgencia para que se debata en el Congreso una la ley a propósito: Proyecto de Ley 174 de 2017, Cámara, y 224 de 2018, Senado.

En él se propone un único regulador que se ocupe de la televisión, las redes y la infraestructura de las telecomunicaciones, acabando de tajo el concepto de las comunicaciones como un servicio de interés social y dejando sin garantía de financiación a los 10 canales de la televisión (8 regionales y 2 nacionales) y los medios audiovisuales públicos.

En el proyecto de ley se liquida la Autoridad Nacional de Televisión-ANTV-, se fusiona el Fondo de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones-FONTIC- con el Fondo para el Desarrollo de la Televisión y los Contenidos-FONDTV-, y se crea un fondo único convergente, Fondo Universal Único-FUU-, administrado con criterios políticos por el gobierno de turno, a través del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones-MINTIC-.

Según el Departamento de Planeación, los ingresos del sector TIC para 2015 provenientes de los operadores con servicios convergentes, denominados TELCO, fueron de $25.664 millones. En 2016 el FONTIC recibió $968.000 millones, de los cuales $568.000 millones provienen de contraprestaciones. El mismo año, los ingresos del FONDTV fueron $224.000 millones, de los cuales el 58.4% provienen de la televisión por subscripción. Entre 2013 y 2016, el 87% de las inversiones de FONDTV se destinaron a financiar el operador público (RTVC) y los 8 canales regionales.

Todos estos fondos se verán drásticamente reducidos. El Proyecto de Ley fija la contraprestación periódica que deberán pagar los prestadores del servicio de televisión por suscripción al FUU, la cual no podrá ser superior al 1.96% sobre los ingresos brutos. Esto reduce sustancialmente los aportes al Fondo de parte de los prestadores con título habilitante. Se les bajan más de 3 puntos, lo que reduce en miles de millones de pesos los fondos que recibirá el FUU. Los aportes podrían disminuir en un 60%, cerca de $123.000 millones, solo para el 2019. A ello se suma que el MINTIC “establecerá una senda de decrecimiento de la contraprestación para que la misma alcance los niveles más eficientes de la establecida en los países que conforman la OCDE” (Artículo 8), desfinanciando, aún más en el futuro, y debilitando la televisión pública hasta su extinción.

Están en juego miles de empleos de técnicos, autores, actores, artistas y técnicos que trabajan en el sector. Y están en riesgo la independencia de los medios, el usufructo del espectro, las creaciones nacionales, y la función de los medios como educadores y promotores de la cultura y de los valores de nuestra nación.

Al eliminar la Comisión de Regulación de Comunicaciones-CRC- y ANTV, y con la creación de la Autoridad Nacional de Regulación de Comunicaciones-ANRC-, la independencia y la autonomía, así como los contenidos de la televisión pública que sobreviva (si sobrevive) serán puestos bajo la vigilancia y control del MINTIC. Las funciones de control y vigilancia en manos de ANRC, bajo dependencia de MINTIC van incluso más allá de las recomendaciones de la OCDE que es enfática en señalar que:

“La CRC debe ser reformada y adquirir auténtica independencia con respecto al gobierno. No debe permitirse la participación directa del MINTIC u otros departamentos gubernamentales.” ” Así mismo debe mantenerse la financiación del sector, independiente del MINTIC.” ” La CRC y la ANTV deben fusionarse y crear un regulador convergente, INDEPENDIENTE, que se encargue de los mercados de comunicaciones y radiodifusión.”

El control gubernamental se extenderá hasta en la designación de los 5 miembros que harán parte del órgano de dirección de la ANRC, denominado Junta de Expertos Comisionados. Su designación “se hará a través de procesos de selección que adelantará el MINTIC”, escogiendo para cada proceso una universidad pública o privada. Los 5 expertos son: dos economistas, un abogado, un ingeniero, y un último, abogado o ingeniero. No se incluye ningún experto en materias audiovisuales, en producción, o en contenidos, lo cual refleja que no se contempla el papel vital que tienen los medios audiovisuales públicos en la educación y formación de valores e identidad de la sociedad. Quienes lleguen a la nueva Autoridad serán los encargados de adecuar su estructura y reglamento interno, con total libertad.

La ANRC será el órgano “encargado de promover competencia y regular los mercados de las redes y los servicios de comunicaciones; con el fin de que la prestación de los servicios sea económicamente eficiente y refleje altos niveles de calidad.” … “Para estos efectos, la ANRC adoptará una regulación que incentive la construcción de un mercado competitivo…” La historia mundial ha demostrado que el criterio de libertad competitiva se aplica precisamente para que suceda lo contrario. El libre comercio es, y ha sido, la vía al monopolio. En la medida en que las grandes transnacionales eliminan del mercado a sus competidores, no solo establecen las reglas y los contenidos, sino que determinan precios monopólicos.

Al hablar de convergencia no se habla de neutralidad en la red (solo se menciona neutralidad tecnológica), o de las OTT (Over The TOP), las plataformas de servicios que se brindan a través de internet (Netflix, etc.), pero que no necesitan de elevadas intervenciones de infraestructura o espectro y no están sujetas al marco regulatorio de los operadores. “La llegada de las OTT y los servicios interactivos y online ha generado enormes asimetrías en las responsabilidades normativas y financieras entre los operadores que circulan en diferentes plataformas.” (Sergio Andrés Urquijo y Gabriel E. Levy B.; ¿Quiere el Congreso de Colombia acabar la TV Pública?; ExpoAndina Link2018). Las OTT tienen la mejor tajada del pastel, al no ser reguladas, no pagar impuestos y operar, impunemente, sin controles. Son transnacionales con total libertad para imponer contenidos, fijar tarifas y saltarse todas las reglas que rigen aún en el mundo de las multinacionales.

Los operadores TELCO viven un momento coyuntural y la competencia inequitativa de la OTT las pone en riesgo. Sin embargo, las TELCO, al igual que ellas, las multinacionales de la comunicación, han visto un alivio de sus cargas con el nuevo régimen de contraprestaciones y de televisión por subscripción que estableció la ANTV. No es posible que con estas medidas se pretenda afectar toda la producción pública audiovisual, mientras se fortalece o se deja en libertad a las grandes transnacionales de la comunicación. Estas continuarán enriqueciéndose, imponiendo sus contenidos y monopolizando el conocimiento.

La UNESCO, en su documento de indicadores de calidad de las emisoras públicas, establece pautas para determinar el impacto y la misión de la TV pública. Entre estas se mencionan: la transparencia de la gestión, la diversidad cultural, la independencia y el carácter público del financiamiento. Colombia no cumple las recomendaciones de las cuales es signataria y sobrepasa las recomendaciones de sus llamados socios de la OCDE.

Los grandes avances tecnológicos han permitido la digitalización de los procesos de producción, distribución y consumo de las comunicaciones, lo cual se potencia con la expansión de las redes y permite que sistemas antes incompatibles ahora puedan convivir y se ofrezcan combinados. Todo ello debería redundar en un bien para los individuos y la sociedad, para el enriquecimiento del saber, para la mayor oferta cultural y de contenidos, para el fortalecimiento de la televisión y los medios audiovisuales públicos y el trabajo de los nacionales que se ocupan en estos medios. Sin embargo, este proyecto de ley, al igual que las leyes que han sido aprobadas recientemente para seguir las imposiciones de los Tratados de Libre Comercio y de la OCDE, como la Ley Lleras 6 o la Ley de Economía Naranja (todas relacionadas y parte del mismo paquete), van en la dirección contraria.

Finalmente, como aguinaldo, los permisos para el uso y explotación del espectro, patrimonio y propiedad de la Nación, serán ampliados a 30 años renovables. Mientras desaparece el uso público del mismo, aumentamos su usufructo para unos pocos monopolios que cuentan con el músculo financiero y político para hacer de las suyas. Hay socios a los que le toca la parte del león, y a otros, la del ratón.

¡Convocamos a todos los colombianos a defender los medios públicos de comunicación y cultura que el gobierno pretende privatizar y entregar a la voracidad de las multinacionales del entretenimiento!

UNIDAD NACIONAL DE ARTISTAS

Junio 3, 2018

 

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23 de mayo de 2018

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Publicado enColombia
Martes, 29 Mayo 2018 17:47

Socializar las finanzas*

Socializar las finanzas*

En términos elementales, las finanzas son mera contabilidad: un registro de obligaciones y compromisos monetarios. Sin embargo, las finanzas son también una forma de planificación: un conjunto de instituciones para organizar intereses sobre el reparto del producto social.

 

La fusión de estas dos funciones –contabilidad y planificación–, que obedecen a lógicas distintas, es tan antigua como el capitalismo y, durante casi tanto tiempo, ha soliviantado la conciencia burguesa. La creación de poder adquisitivo a través de préstamos bancarios es difícil de congeniar con la máxima ideológica del capitalismo de que los precios de mercado ofrecen una medida neutral de alguna realidad material preexistente. El fracaso manifiesto del capitalismo para ajustarse a esta idea de sistema natural ha sido atribuido, por los defensores de estas tesis, a la capacidad de los bancos (instigados por el Estado) para alejar los precios de mercado de sus verdaderos valores.

 

De alguna manera, separar estas dos funciones del sistema bancario –contabilidad y planificación–, es el hilo conductor de los 250 años de propuestas de reforma monetaria de economistas burgueses, demagogos y chiflados. Podemos rastrearlo desde David Hume, quien creía que una “circulación perfecta” era una en la que el oro solo se usaba para pagos, y que dudaba de si los préstamos bancarios deberían permitirse en absoluto; a los defensores decimonónicos de un patrón oro estricto o de la doctrina de billetes reales (dos propuestas enfrentadas que supuestamente restaurarían la automaticidad a la creación de crédito bancario); a las propuestas de Proudhon de otorgar al dinero una base objetiva vinculada al tiempo de trabajo; a los temores preconcebidos de Wicksell sobre la inestabilidad de un sistema no regulado de dinero bancario; a las propuestas, a menudo revividas, de reservas bancarias al 100%; a las propuestas de Milton Friedman para una regla estricta de creci-miento de la oferta monetaria; a las fantasías de la ortodoxia actual de un banco central que siga una regla in-violable que emule la “tasa de interés natural”.

 

Lo que todas estas admoniciones y propuestas tienen en común es que buscan restaurar la objetividad del sistema monetario; legislar para que existan los valores supuestamente reales que subyacen al precio del dinero. Buscan obligar al dinero a cumplir, de facto, sus presupuestos ideológicos: una medida objetiva del valor que refleja el valor real de las mercancías, libre de juicios de banqueros y políticos.

 

Los socialistas rechazamos esta fantasía. Sabemos que el desarrollo del capitalismo ha sido desde el principio un proceso de “financiarización”; de expansión de la esfera crediticia a todo ámbito de la actividad humana, y de representación del mundo social en términos de pagos y compromisos monetarios.

 

Sabemos que no hubo un mundo precapitalista de producción e intercambio sobre el cual el dinero, y luego el crédito, fueron superpuestos con posterioridad: las redes de crédito (de reclamos monetarios) son el sustrato sobre el que la producción de mercancías se ha desarrollado y organizado. Y sabemos que el excedente social bajo el capitalismo no es resultado de la asignación de los “mercados”, como dicen los cuentos de hadas de los economistas. El excedente es el resultado de la asignación realizada por bancos y otras instituciones financieras, cuyas actividades son coordinadas por planificadores, no por mercados.

 

Aunque descentralizada en teoría, la producción de mercado está de hecho organizada a través de un sistema financiero altamente centralizado. Y donde existe algo así como mercados competitivos, es generalmente gracias a una extensa intervención estatal: desde leyes antimonopolio hasta toda la compleja maquinaria del Obamacare para apuntalar un mercado desvencijado como el de seguros de salud privado. Como reconocieron Marx y Keynes, la tendencia del capitalismo es hacia el desarrollo de formas de producción más colectivas y sociales, ampliando el dominio de la planificación consciente y disminuyendo el ámbito del mercado. (Un pun-to que también han entendido algunos economistas liberales más avispados y con una aproximación más histórica a los problemas). Preservar el mercado se convierte en un proyecto cada vez más utópico, que requiere una intervención cada vez más activa por parte del gobierno. Piensa en la vasta financiación, inversión y regu-lación públicas que son requeridas para la provisión “privada” de vivienda, educación, transporte, etcétera.

 

En un mundo en el que la producción se guía por una planificación consciente, pública o privada, simplemente no tiene sentido pensar que los valores monetarios reflejan el resultado objetivo de los mercados, o el crédito simplemente como un registro de flujos “reales” de ingresos y gastos.

 

Pero es muy difícil resistir a la “ilusión de lo real”, como lo llama Perry Mehrling. Debemos recordar constantemente que los valores de mercado nunca han sido, y nunca podrían ser, una medida objetiva de las necesida-des y posibilidades humanas. Debemos recordar que los valores medidos en dinero –precios y cantidades, producción y consumo– no tienen existencia independiente de las transacciones de mercado que les dan forma cuantitativa.

 

De aquí se sigue que el socialismo no puede describirse en términos de la cantidad de mercancías producidas o distribuidas. El socialismo es la emancipación de la forma mercancía. No se define por la disposición de cosas, sino por la condición del ser humano. Es la extensión progresiva del dominio de la libertad humana, de esa parte de nuestras vidas gobernada por el amor y la razón.

 

Muchos críticos de las finanzas ven éstas como el enemigo de un capitalismo más humano o auténtico. Esta es la crítica tanto de reformistas gerenciales que se oponen a las finanzas por ser un parásito de las empresas pro-ductivas (recuérdese el “soviet de ingenieros” de Veblen), como de populistas que odian las finanzas como el destructor de su pequeño capital, o de sinceros creyentes en la competencia de mercado que ven a las finanzas como receptores de rentas ilegítimas. En términos prácticos, hay mucho terreno común entre estas posiciones y un programa socialista. Pero no podemos aceptar la idea de que las finanzas sean una distorsión de algunos valores verdaderos de mercado naturales, objetivos o justos.

 

Las finanzas deben comprenderse como un momento más del proceso capitalista, integral a él, pero con dos caras contradictorias. Por un lado, están las finanzas como institución concreta que genera y hace cumplir compromisos crediticios a cualquier tipo de agente social –personas, empresas, Estados–. Desde este punto de vista, su rol es extender y mantener la lógica de la producción de mercancías. (Los préstamos estudiantiles refuerzan la disciplina del trabajo asalariado, la deuda soberana mantiene la división internacional del trabajo).

 

Sin embargo, por otro lado, el sistema financiero es también donde la planificación consciente toma su forma más desarrollada bajo el capitalismo. Los bancos son, en palabras de Schumpeter, el equivalente privado de Gosplan, la agencia de planificación soviética. Sus decisiones de préstamo determinan qué nuevos proyectos obtendrán una parte de los recursos de la sociedad, e imponen (o infligen) el “juicio del mercado” sobre otras.

 

Un programa socialista debe responder a estas dos caras de las finanzas. Nos oponemos al poder de las finan-zas para reducir progresivamente el grado en que nuestras vidas se organizan en torno a la acumulación de dinero. Pero abrazamos la planificación ya inherente a las finanzas porque queremos expandir el dominio de la elección consciente y reducir el dominio de la necesidad ciega.

 

El desarrollo de las finanzas revela el desplazamiento progresivo de la coordinación del mercado en favor de la planificación. Capitalismo significa producción para obtener beneficio; pero, en la realidad concreta, los crite-rios de beneficio siempre están subordinados a los criterios financieros. El juicio del mercado solo tiene fuerza en la medida en que sea ejecutado por las finanzas. El mundo está lleno de negocios cuyos ingresos exceden sus costes, pero se ven obligados a reducir volumen o cerrar debido a las exigencias financieras en su contra. El mundo también está lleno de negocios que operan durante años, o indefinidamente, con costes que exceden sus ingresos, gracias a su acceso a la financiación. Las instituciones que toman estas decisiones de financiación lo hacen en función de su propio juicio subjetivo, y limitado solo en última instancia por los términos estable-cidos del banco central, y no por unos criterios objetivos de valor.

 

Existe una contradicción básica entre el principio de competencia y el de finanzas. Se supone que la compe-tencia es una forma de selección natural: las empresas que obtienen ganancias las reinvierten y crecen, mien-tras que las empresas que pierden no pueden invertir y merman, hasta finalmente desaparecer. Se supone que esto es una gran ventaja de los mercados sobre la planificación. Pero el objetivo de las finanzas es romper este vínculo entre las ganancias de ayer y las inversiones de hoy. El excedente pagado en forma de dividendos e intereses está disponible para la inversión en cualquier lugar de la economía, no solo donde se generó.

 

Y viceversa, hay empresarios que pueden emprender nuevos proyectos que nunca han sido rentables en el pasado si pueden convencer a alguien para que los financien. La competencia mira hacia atrás: los recursos de hoy dependen de cómo te haya ido en el pasado. Las finanzas miran a futuro: los recursos de hoy dependen de cómo (¡alguien!) se espera que lo hagas en el futuro. Por lo tanto, a diferencia de la idea de que las empresas triunfan o fracasan por selección natural, las empresas predilectas de las finanzas –desde Amazon hasta Uber y toda la manada de unicornios–, pueden invertir y crecer indefinidamente sin tener beneficios. Se supone que esto también es una gran ventaja de los mercados.

 

En el mundo sin fricciones imaginado por los economistas, la primacía de las finanzas sobre la competencia ya se ha llevado al límite. Las empresas no controlan ni dependen de su propio excedente. Todo el excedente se asigna de manera centralizada por los mercados financieros. Todos los recursos para la inversión provienen de los mercados financieros y todos los beneficios regresan inmediatamente a ellos en forma de dinero. Esto tiene dos implicaciones contradictorias. Por un lado, elimina cualquier consideración de la empresa como organismo social, de la actividad que realiza para reproducirse, de su búsqueda de fines distintos a la ganancia máxima para sus “dueños”.

 

De hecho, la empresa nace nueva cada día por el beneplácito de quienes la financian. Pero, por la misma razón, la lógica de la maximización de los beneficios pierde su base objetiva. El proceso cuasi evolutivo de la competencia deja de funcionar si los propios beneficios de la empresa ya no son su fuente de inversión, sino que fluyen hacia un fondo común. En este mundo, qué empresas crecen y cuáles fracasan depende de las deci-siones de los planificadores financieros que asignan capital a cada una de ellas.

 

La contradicción entre producción de mercado y finanzas socializadas se agudiza a medida que los propios fondos financieros se unen o se vuelven más homogéneos. Este fue un punto clave para los marxistas de inicios del siglo pasado como Hilferding (y Lenin), pero también está detrás del alboroto reciente en la prensa económica por el aumento de los fondos indexados. Estos fondos tienen acciones de todas las empresas que pertenecen a un determinado índice; a diferencia de los fondos administrados activamente, que tratan de in-vertir en la empresa que se cree irá mejor, éstos tienen acciones en muchas compañías que compiten entre sí.

 

Según un estudio reciente, “la probabilidad de que dos empresas seleccionadas al azar en el S&P 1500 de la misma industria tengan un accionista común con al menos un 5% de participación en ambas aumentó de me-nos del 20% en 1999 a alrededor del 90% en 2014”. El problema es obvio: si las empresas trabajan para sus accionistas, ¿por qué competirían entre sí si sus acciones están en manos de los mismos fondos?

 

Obviamente, una solución propuesta es una mayor intervención estatal para preservar la forma de los mercados, limitando o desfavoreciendo la propiedad accionarial a través de fondos. Otra respuesta, y quizás la más lógica, sería: si ya confiamos en los corporate managers para ser fieles representantes de la clase rentista en su conjunto, ¿por qué no dar el siguiente paso y convertirlos en representantes de la sociedad en general?

 

Además, los términos sobre los cuales el sistema financiero redirige el capital son fijados en última instancia por el banco central. Sus decisiones –la política monetaria en sentido estricto, pero también la regulación fi-nanciera o los rescates durante la crisis a entidades– determinan no solo el ritmo de expansión del crédito sino también el criterio de rentabilidad mismo. Esto es muy evidente en las crisis, pero también está implícito en la política monetaria rutinaria. A menos que los reducidos tipos de interés conviertan a algunos proyectos pre-viamente no rentables en rentables, ¿cómo sino podrían salir adelante?

 

Al mismo tiempo, la legitimidad del sistema capitalista –la justificación ideológica de su evidente injusticia y desperdicio– proviene de la idea de que los resultados económicos están determinados por “el mercado” y no por la elección de nadie. Por lo tanto, la función de planificación del banco central debe mantenerse fuera de la vista.

 

Los propios banqueros centrales son muy conscientes del papel que juegan. A principios de la década de 1980, cuando la Reserva Federal cambió su principal instrumento de política monetaria, sus responsables se preocu-paron porque su elección preservara la ficción de que eran los mercados los que establecían el tipo de interés. Como dijo el gobernador de la Fed, Wayne Angell, era esencial elegir una técnica que “tuviera el camuflaje de las fuerzas del mercado en acción”.

 

Los libros de texto de la economía dominante describen de manera explícita la trayectoria a largo plazo de las economías capitalistas en términos de un planificador ideal, que determina la producción y precios para toda la eternidad con el fin de maximizar el bienestar general. La contradicción entre esta visión macro y la ideología de la competencia de mercado queda relegada por la suposición de que a largo plazo esta trayectoria es la misma que la “natural” de un mercado competitivo perfecto sin dinero ni bancos.

 

Fuera del mundo académico es más difícil mantener la fe en que los planificadores del banco central eligen de manera infalible los resultados que el mercado debería haber alcanzado por sí mismo. Muchas críticas a los bancos centrales provenientes de la derecha –y también de la izquierda– entienden claramente que estos bancos se dedican a una planificación activa, pero lo consideran intrínsecamente ilegítimo. Su creencia en los resultados “naturales” del mercado les lleva a las fantasías de retorno a un patrón monetario independiente del juicio humano: ya sea el oro o el bitcoin.

 

Los socialistas, que vemos a través de la fachada del supuesto juicio experto neutro de los banqueros centrales y reconocemos su estrecha asociación con las finanzas privadas, podríamos vernos tentados por ideas simila-res. Pero el camino hacia el socialismo va por otro lado. No buscamos organizar la vida humana en una red objetiva de valores de mercado, libre de la influencia distorsionante de las finanzas y los bancos centrales. Más bien buscamos sacar a la luz la planificación consciente que ya existe, convertirla en terreno de la política y dirigirla hacia la satisfacción de las necesidades humanas, y no hacia el refuerzo de las relaciones de dominación. En resumen: socializar las finanzas.

 

En el contexto de los Estados Unidos, el análisis anterior sugeriría un programa de transición tal vez en las siguientes líneas:


Desmercantilizar el dinero

 

Aunque no haya forma de separar el dinero y los mercados de las finanzas, eso no significa que las funciones rutinarias del sistema monetario deban ser una fuente de beneficios privados. Migrar la responsabilidad de las infraestructuras monetarias elementales a organismos públicos o semipúblicos es una reforma no-reformista: aborda algunos de los abusos manifiestos e inestabilidad del sistema monetario existente al tiempo que abre el camino hacia transformaciones más profundas.

 

En particular, esto podría implicar:

 

1. Un sistema de pagos públicos.
En un pasado no muy lejano, si alguien quería dar algo de dinero a cambio de un bien o servicio, no teníamos que pagar a un tercero por el permiso para realizar el intercambio. Sin embargo, con el reemplazo del efectivo por cargos electrónicos, los pagos rutinarios se han convertido en una fuente de beneficio. Las transacciones y el resto de la fontanería rutinaria del sistema de pagos debe ser un monopolio público, al igual que la moneda.


2. Banca postal.
Los servicios bancarios deberían proporcionarse igualmente a través de las oficinas de correos, como en muchos otros países. Las transacciones rutinarias entre cuentas (verificar y guardar) son un servicio que puede ser proporcionado directamente por el Estado.


3. Calificaciones de crédito públicas, tanto para bonos como para individuos.
Esta información debe estar ampliamente disponible para realizar su función; incluso es un elemento im-portante para la provisión pública dentro de la lógica del capitalismo. Ello implica además desafiar la función coercitiva y disciplinaria que, cada vez más, realizan las agencias privadas de calificación crediticia en Estados Unidos.


4. Financiación pública de la vivienda.
Las hipotecas para primeras viviendas son otra área donde una pátina de transacciones de mercado oculta un sistema que ya es sustancialmente público. El mercado hipotecario a treinta años es totalmente una creación de la regulación, es mantenido por los creadores de mercado públicos, y los organismos públicos son, en gran medida, los prestamistas de última instancia. Los socialistas no tenemos especial interés en el cultivo de una sociedad de pequeños propietarios a través de la propiedad de la vivienda; pero mientras el Estado lo haga, exigimos que sea de manera abierta y directa en lugar de disfrazarse de transacciones privadas.


5. Pensiones de jubilación públicas.
Ahorrar para la jubilación, junto con la vivienda, es donde el Estado hace más por fomentar lo que Gerald Davis llama la “ficción de capital”: concebir la relación de cada uno con la sociedad en términos de propie-dad de activos.

Pero aquí, a diferencia de la propiedad de la vivienda, la provisión social bajo la apariencia de sistema financieros ha fallado incluso en sus propios términos. Muchos hogares de clase trabajadora en los Estados Unidos y en otros países ricos sí tienen sus casas en propiedad, pero solo un pequeño porcentaje puede acceder a una pensión digna solo con el ahorro privado. Del mismo modo, los sistemas públicos de pensiones están mucho más desarrollados que la provisión pública de vivienda. Esto sugiere apostar por la eliminación de programas existentes que fomentan el ahorro privado para la jubilación y por una gran expansión de la Seguridad Social y sistemas similares de seguro social.

 

Contención de las finanzas

 

No es tarea de los socialistas mantener al gran casino funcionando plácidamente. Pero mientras existan insti-tuciones financieras privadas, no podemos evitar la cuestión de cómo regularlas. Históricamente, la regulación financiera a veces ha tomado la forma de “contención financiera”, en la cual los tipos de activos que poseen las instituciones financieras son decretados sustancialmente por el Estado.

 

Esto permite que el crédito se dirija de manera más efectiva a la inversión socialmente útil. Lo cual también permite mantener bajos tipos de interés en el mercado, que -en un contexto de inflación mayor- disminuye tanto la carga de la deuda como el poder de los acreedores. El sistema financiero liberalizado ya tiene críticos muy elocuentes; no es necesario duplicar su trabajo con una propuesta de reforma detallada, pero podemos exponer algunos principios generales:

 

1. Si no está permitido, está prohibido.
La regulación eficaz siempre ha consistido en especificar funciones para cada institución, y prohibir cual-quier otra cosa. De lo contrario, es demasiado fácil escometar la norma con algo que es formalmente diferente pero sustancialmente equivalente. Los bancos centrales también necesitan este tipo de regulación para controlar el flujo de crédito, con independencia de que continúen o no siendo los principales impulsores de la demanda agregada


2. Proteger las funciones, no las instituciones.
El poder político de las finanzas se deriva de su capacidad de poner en peligro la contabilidad social rutina-ria y la seguridad de los pequeños propietarios. (“¡Si no rescatamos a los bancos, los cajeros automáticos cerrarán! ¿Qué pasa con mi pensión?”)
Mientras las instituciones financieras privadas desempeñen funciones socialmente necesarias, la política debe dirigirse a preservar esas funciones, y no las instituciones que las realizan. Esto significa que las inter-venciones deben ser lo más cercanas posible al usuario final (no financiero), y no en el ámbito del tejemaneje bancario. Un ejemplo en esta línea: el sistema de garantía de depósito.


3. Requerir grandes tenencias de deuda pública.
La amenaza de especuladores contra los bonos del gobierno federal estadounidense ha sido exagerada; así lo demostró, por ejemplo, la farsa del techo de deuda y la rebaja crediticia de 2012. Pero para los gobiernos más pequeños -incluidos los gobiernos estatales y locales en los Estados Unidos- no es tan fácil ignorar a los mercados. Las grandes tenencias de deuda pública reducen además la frecuencia y gravedad de las crisis financieras cíclicas que son, perversamente, una de las principales formas en que se mantiene el poder so-cial de las finanzas.


4. Controlar los niveles de deuda con menores tipos de interés y mayor inflación.
El apalancamiento de los hogares en los Estados Unidos ha aumentado dramáticamente en los últimos treinta años; algunos creen que esto se debe a que se recurrió al endeudamiento para elevar los niveles de vida ante el estancamiento o la disminución de los ingresos reales.

 

Pero este no es el caso; el crecimiento más lento de los ingresos simplemente ha significado un crecimiento más lento del consumo. O, mejor dicho, la causa principal del aumento de la deuda de los hogares en los últimos treinta años ha sido la combinación de baja inflación y elevados tipos de interés para los hogares de ma-nera continuada. En cambio, la forma más efectiva de reducir la carga de la deuda -para los hogares, y también para los gobiernos- es mantener bajos tipos de interés y, al mismo tiempo, permitir una mayor inflación.

 

Corolario: podemos rechazar cualquier reclamo moral en favor de las rentas derivadas de esos intereses. No hay derecho a ejercer ningún reclamo sobre el trabajo de otros derivados de la propiedad de activos financieros. Que la prestación privada de servicios socialmente necesarios como los seguros y las pensiones se vea socavada por los bajos tipos de interés, es un argumento para trasladar estos servicios al sector público, no para aumentar las exigencias de los rentistas.

 

Democratizar los bancos centrales

 

Los bancos centrales siempre han sido planificadores centrales. Las decisiones sobre tipos de interés y los tér-minos en los cuales las instituciones financieras son reguladas y rescatadas, inevitablemente condiciona la ren-tabilidad, así como la dirección y nivel de actividad productiva. Este papel se ha ocultado detrás de una ideología que imagina que el banco central se comporta de manera automática, de acuerdo con una regla que de alguna manera reproduce el comportamiento “natural” de los mercados.

 

Las propias actuaciones de los bancos centrales desde 2008 han dejado esta ideología en ruinas. La respuesta inmediata a la crisis ha obligado a los bancos centrales a intervenir más directamente en los mercados de crédi-to, a comprar una gama más amplia de activos e incluso a reemplazar a las instituciones financieras privadas para prestar directamente a las empresas no financieras. Desde entonces, el fracaso de la política monetaria convencional ha obligado a los bancos centrales a asumir involuntariamente una gama más amplia de inter-venciones, canalizando directamente el crédito hacia los prestatarios seleccionados.

 

Este giro hacia la “política crediticia” supone admitir, a regañadientes y forzados por los acontecimientos, que la anarquía de la competencia es incapaz de coordinar la producción. Los bancos centrales no pueden, como imaginan los libros de texto, estabilizar el sistema capitalista pulsando un simple botón con la etiqueta “oferta monetaria” o “tipo de interés”. Su propio juicio debe sustituir al resultado del mercado en una amplia y creciente gama de mercados de activos y crédito.

 

El desafío ahora es politizar a los bancos centrales: hacerlos objeto de debate público y presión popular. En Europa, los bancos centrales nacionales serán un terreno central de disputa para el próximo gobierno de iz-quierda que busca romper con la austeridad y el liberalismo. A pesar de la percepción errónea de la centralización de funciones en el Banco Central Europeo (BCE), los bancos centrales nacionales todavía ejecutan mu-chas de sus antiguas funciones.

 

En Estados Unidos podemos renunciar definitivamente a la idea de la política monetaria como dominio exclu-sivo de la pericia tecnocrática, y poner de manifiesto su programa de mantener un elevado desempleo para frenar el crecimiento salarial y el poder de los trabajadores. Como propuesta en positivo, podríamos exigir que la Fed use tenazmente su autoridad legal existente para comprar deuda municipal, privando a los rentistas de su poder sobre gobiernos locales con limitaciones financieras (como Detroit o Puerto Rico); y, con carácter general, atenuar el poder de “los mercados de deuda” que actúan como restricción de las políticas populares a nivel estatal y local. En definitiva, los bancos centrales deberían ser responsables de redirigir activamente el crédito hacia fines socialmente útiles.

 

Desempoderar a los accionistas

 

El capitalismo realmente existente consiste en limitados flujos de transacciones de mercado que fluyen entre grandes áreas no de mercado. Una función central de las finanzas es actuar como el arma en manos de la clase capitalista para hacer cumplir la lógica del valor en estas estructuras no de mercado. Las demandas de los ac-cionistas sobre empresas no financieras y las de tenedores de bonos sobre los gobiernos nacionales aseguran que todos estos dominios de la actividad humana permanezcan subordinados a la lógica de la acumulación. Queremos defensas más fuertes contra estas demandas; no porque tengamos fe en el capitalismo productivos o las burguesías nacionales, sino porque ocupan el espacio en el que la política es posible.

 

En particular, deberíamos apoyar a las empresas frente a los accionistas. La empresa, como Marx señaló hace mucho tiempo, es “la abolición del modo de producción capitalista dentro del propio modo de producción capitalista”. Dentro de la empresa, la actividad se coordina a través de planes, no de mercados; y la orienta-ción de esta actividad es hacia la producción de un valor de uso particular en lugar de dinero como tal.

 

“La tendencia de la gran empresa”, escribió Keynes, “es a socializarse”. La función política fundamental de las finanzas es mantener esta tendencia bajo control. Sin la amenaza de adquisición y la presión de los accionistas, la empresa se convierte en un espacio donde los trabajadores y otras partes interesadas pueden cuestionar el control sobre la producción y el excedente que genera; una posibilidad que los capitalistas nunca pierden de vista.

 

Huelga decir que esto no implica ningún apego a los individuos particulares en lo alto de la jerarquía empresa-rial, que en la actualidad son frecuentemente rentistas reales o potenciales sin ninguna conexión orgánica con el proceso de producción. Más bien, es el reconocimiento del valor de la empresa como organismo social; como un espacio estructurado por relaciones de confianza y lealtad, con motivaciones de “conciencia profesional”; y como el lugar de la planificación consciente de la producción de valores de uso.

 

El papel de las finanzas con respecto a la empresa moderna no es proporcionarle recursos para la inversión, sino garantizar que su orientación hacia la producción como fin en sí mismo esté en realidad subordinada a la acumulación de dinero.

 

Resistir esta presión no es un sustituto de otras luchas, como las que afectan al proceso de trabajo o el reparto de recursos y autoridad dentro de la empresa. (La historia da muchos ejemplos de producción de valores de uso como un fin en sí mismo que se lleva a cabo bajo condiciones tan coercitivas y alienadas como en la producción con fines de beneficio). Pero resistir la presión de las finanzas crea más espacio para esas luchas y para la evolución del socialismo dentro de la forma corporativa.

 

Cerrar las fronteras al dinero (y abrirlas a la gente)

 

Del mismo modo que el poder accionarial impone la lógica de la acumulación a las empresas, la movilidad del capital hace lo mismo con los Estados. En las universidades, se escucha la supuesta eficiencia de la libre circu-lación de capitales, pero en el ámbito político se escucha más su poder para “disciplinar” a los gobiernos na-cionales. La amenaza de fuga de capitales y crisis de balanza de pagos protege a la lógica de la acumulación frente a las incursiones de los gobiernos nacionales.

 

Los Estados pueden ser vehículos para el control consciente de la economía solo en la medida en que los reclamos financieros transfronterizos sean limitados. En un mundo donde los flujos de capital son amplios y sin restricciones, la actividad concreta de producción y reproducción debe ajustarse constantemente a los capri-chos cambiantes de los inversores extranjeros.

 

Esto es incompatible con cualquier estrategia para el desarrollo de las fuerzas de producción a nivel nacional; todos los casos exitosos de industrialización tardía han dependido de la redirección consciente del crédito a través del sistema bancario nacional. Aún más, el requisito de que la actividad real se acomode a los flujos financieros transfronterizos es incompatible incluso con la reproducción estable del capitalismo en la periferia. Hemos aprendido esta lección muchas veces en América Latina y en otras partes del Sur, y la estamos aprendiendo de nuevo en Europa.

 

Por lo tanto, un programa socialista sobre finanzas debe incluir el apoyo a los esfuerzos de gobiernos naciona-les por desvincularse de la economía global y por mantener o recuperar el control sobre sus sistemas financieros. Hoy en día, tales esfuerzos están a menudo vinculados a políticas de racismo, nativismo y xenofobia que debemos rechazar sin compromiso. Pero es posible avanzar hacia un mundo en el que las fronteras nacionales no representen un obstáculo para las personas y las ideas, sino que limiten el movimiento de bienes y sean barreras imposibles de alcanzar para demandas financieras privadas.

 

En Estados Unidos y otros países ricos, también es importante oponerse a cualquier uso de la autoridad, legal o no, de nuestros propios Estados para hacer cumplir las demandas financieras contra Estados más débiles. Argentina y Grecia , por tomar dos ejemplos recientes, no fueron forzados a aceptar los términos de sus acreedores por las acciones de particulares dispersos en los mercados financieros, sino respectivamente por las acciones del Juez Griesa del Segundo Circuito de EE.UU. y Trichet y Mario Draghi del BCE. Para que los estados periféricos fomenten el desarrollo y sirvan como vehículo para la política popular, deben aislarse de los mercados financieros internacionales. Pero el poder de esos mercados proviene en última instancia de los cañones, figurativos o literales, mediante los cuales se imponen las demandas financieras privadas.

 

En relación a los Estados fuertes, los mercados no tienen poder excepto sobre el imaginario. Como hemos visto repetidamente en los últimos años, más dramáticamente en el sainete del límite de deuda de 2011-2013, no hay especuladores al acecho; los términos sobre los cuales los gobiernos se endeudan están completamente determinados por su propia autoridad monetaria. Todo lo que se necesita aquí para acabar con el poder del mercado de deuda es simplemente reconocer que ya no tiene poder alguno.

 

En resumen, deberíamos rechazar la idea de las finanzas como la intrusión en un orden de mercado preexistente. Debemos resistir al poder de las finanzas como ejecutor de la lógica de la acumulación. Y deberíamos reclamar co-mo espacio para una política democrática la planificación social ya realizada a través de las finanzas.

 

* Sin permiso, www.sinpermiso.info, 09/05/2018.

 

Miércoles, 18 Abril 2018 06:33

Facebook en el capitalismo crepuscular

Facebook en el capitalismo crepuscular

En junio de 1999 un estudiante universitario llamado Shawn Fanning puso en operación una plataforma para compartir música. La innovación permitía a los usuarios acceder a la música almacenada en sus computadoras en condiciones de reciprocidad. Fanning bautizó su plataforma como Napster, apodo que usaba para burlarse de los hackers.


Napster no era una red centralizada y permitía a los participantes tener acceso a una vasta discoteca a un costo marginal: en su apogeo llegó a contar con más de 70 millones de usuarios. Y luego, las cosas se pusieron feas.


Fanning fue demandado por las compañías disqueras y en 2001 perdió el juicio por promover la descarga ilegal de material protegido por las leyes de derechos de autor que amparaban a las disqueras. Así se impusieron los esquemas centralizados y de paga. Los nostálgicos de los años en que se pensaba que el capitalismo desaparecería porque las redes sociales hacían obsoletos los viejos esquemas de concentración de poder deben reconsiderar su análisis.


La comparecencia de Mark Zuckerberg ante el Congreso estadunidense hace unos días fue una farsa y un episodio más de la campaña de pido perdón del creador de Facebook. También mostró que la mayoría de los legisladores no sabía nada sobre el funcionamiento de la plataforma. Cada legislador tuvo cinco minutos para hacer preguntas, así que el interrogatorio fue superficial y sólo sirvió como operación de relaciones públicas del jefe de Facebook. También reveló que Zuckerberg no sabe nada de historia, economía ni ética.


No es la primera vez que un escándalo marca las operaciones de Facebook. En 2010, el Wall Street Journal descubrió que esa aplicación estaba vendiendo información privada sin el consentimiento de los usuarios a compañías rastreadoras de Internet y agencias de publicidad. Peor aún: en 2014, Facebook llevó a cabo experimentos sobre las cuentas de 689 mil usuarios (sin su conocimiento) y mostró que era posible hacerlos sentir más optimistas o pesimistas mediante la manipulación de las informaciones que supuestamente les enviaban sus amigos en un proceso denominado contagio emocional. El experimento mostró que la formación de opiniones podía condicionarse por el consumo dirigido de noticias y que esto podía tener graves repercusiones sobre preferencias electorales.


Hay sabemos que entre 2015 y 2016, Facebook vendió más de 100 mil dólares de espacio publicitario a “granjas de trolls” en Rusia y que 126 millones de cuentas de usuarios estadunidenses estuvieron expuestas a noticias enviadas por estos perfiles falsos de supuestos ciudadanos concernidos. No estoy implicando que la elección de Trump se decidió de este modo, eso nunca lo sabremos (las corruptelas y el entreguismo del Partido Demócrata fueron más importantes). Lo que quiero destacar es que hoy que se destapa la cloaca con los tratos con la empresa Cambridge Analytica se abren nuevas perspectivas sobre las relaciones entre la agregación de datos individuales y el modus operandi del capitalismo contemporáneo.


Las palabras big data denotan un acervo gigantesco de información personalizada que sólo un poderoso algoritmo puede procesar para elaborar un perfil preciso de cada usuario con fines comerciales. Lo importante es no sólo el uso comercial de estas bases de datos, sino el hecho de que colosos como Amazon, Google o Facebook pueden ahora incursionar en la manipulación política y hasta en funciones propias de un gobierno. El modelo de capitalismo financiero que hoy domina la economía mundial tolera y parece promover estas nuevas incursiones en el mundo del big data.


Y es que la acumulación y procesamiento de datos personales permite profundizar la apropiación de nuevos espacios de rentabilidad para un capitalismo que sufre una caída crónica en la tasa media de ganancia desde hace cuatro décadas. El neoliberalismo se ha basado en la supresión salarial y la destrucción del poder social y político de la clase trabajadora. Aun así no ha podido contrarrestar su crisis de rentabilidad ni evitar la concentración de la riqueza y tampoco ha podido evitar el semiestancamiento en el que se encuentra la economía mundial. En ese contexto, agregar y cosechar datos es una oportunidad que el capitalismo no quiere desperdiciar. Y para aprovecharla se ha llevado a un nuevo estándar la mercantilización de las relaciones sociales. El gigantismo y la concentración de poder se han intensificado para convertir la esfera de la vida privada en mercancía.


Por cierto, en México el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE) anunció hace poco que se había firmado un convenio con Facebook para evitar que las noticias falsas desorientaran a los votantes y afectaran el proceso de las próximas elecciones. El momento escogido para suscribir tal convenio no pudo ser más desafortunado. En medio del peor escándalo en la historia de Facebook, poco faltó para que el INE lo elevara a rango de autoridad electoral. ¿Quién decidirá lo que es noticia falsa? ¿El INE? El atraso e incompetencia de los funcionarios del instituto electoral son ejemplares.


Twitter: @anadaloficia

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Monsanto-Bayer y la "ciencia" transgénica

La adquisición de la megaempresa transgénica Monsanto por la vieja fabricante de venenos y farmacéuticos Bayer fue aprobada en marzo de este año por la Dirección General de Competencia de la Unión Europea y la semana pasada por el Departamento de Justicia de Estados Unidos.

Aunque falta la aprobación de otros países, estas decisiones marcan la consolidación de la última de las megafusiones de las industria de semillas y agrotóxicos que comenzó en 2015. Las otras fueron la de las trasnacionales estadunidenses Dow y DuPont, que formaron una nueva división agrícola para sus negocios de semillas y agrotóxicos llamada Corteva Agrisciences y la de la trasnacional de origen suizo Syngenta con la empresa nacional de ChemChina, que planea fusionarse además con Sinochem, otra estatal china.

Las oficinas de competencia consideraron que las tres fusiones eran problemáticas, pero especialmente la de Monsanto-Bayer. Para aprobar las fusiones, plantearon a todas que debían deshacerse de parte de sus negocios "para evitar el dominio del mercado", una expresión a todas luces retórica y sin sentido real.

En efecto, quien ha cosechado las actividades de las que se han ido desprendiendo las otras empresas ha sido BASF, otra rancia trasnacional alemana fabricante de venenos químicos.

Bayer accedió a vender a BASF su negocio de semillas y una parte del negocio de agrotóxicos, especialmente glufosinato, ya que varias de sus semillas transgénicas son tolerantes a este herbicida. Pero de ninguna manera abandona el terreno: seguirá con el negocio de semillas transgénicas y nuevas biotecnologías –como CRISPR-Cas9– que tiene Monsanto, y agroquímicos aún más tóxicos como Dicamba, también de Monsanto.

Quedan así solamente cuatro megaempresas que tendrán entre ellas más de 60 por ciento del mercado global de semillas comerciales, 100 por ciento del de semillas transgénicas y más de 70 por ciento del mercado global de agrotóxicos. Las supuestas "condiciones" de las oficinas de competencia parecen más bien una broma, ya que en realidad engordaron a BASF, la única empresa de agrotóxicos y transgénicos que quedaba fuera de la ronda de fusiones que inició en 2015.

Otro motor de las fusiones ha sido acaparar el manejo de datos masivos (big data) agrícolas y climáticos. Por esta razón, Estados Unidos le planteó a Bayer que debía vender parte de sus activos en agricultura digital, cosa que finalmente Bayer accedió, pero manteniendo la licencia de uso de éstos. Básicamente, todas los probables movimientos que anunció el Grupo ETC desde 2015 sobre las fusiones se han cumplido. Sigue ahora la próxima ronda de fusiones, en la cual las empresas de maquinaria –como John Deere, AGCO y CNH– probablemente se tragarán a las cuatro anteriores, para pasar a tener control de todos los primeros eslabones de la cadena agrícola: semillas, agrotóxicos, maquinaria, datos agrícolas y climáticos, y seguros. (https://tinyurl.com/y9dnpano)

Este es el contexto real de las semillas transgénicas: cuatro empresas gigantes y sin escrúpulos, cuya fuente principal de lucro ha sido fabricar venenos, y todas con con un historial negro de crímenes contra el ambiente y la salud, incluyendo catástrofes como el derrame químico en Bhopal, India, que mató a miles de personas y envenenó a casi medio millón.

Es un contexto que no se puede olvidar, no sólo porque son las mismas empresas y el mismo afán de lucro a cualquier costo, también porque significan una garra de acero cada vez más apretada sobre los mercados agrícolas en todo el planeta.

Cualquiera que defienda las semillas transgénicas sin referirse a este contexto está ocultando la realidad. No existen semillas transgénicas en el mercado que no sean propiedad de esas cuatro megaempresas. Es tan claro que su interés es la venta de agrotóxicos, que por ello la aplicación de éstos, sobre todo glifosato, ha crecido exponencialmente, más de mil por ciento en los pasados 20 años en los países donde se producen más transgénicos, como Estados Unidos, Argentina y Brasil.

Es por ello falaz y cínica la charla de Francisco Bolívar Zapata en el reciente seminario Los alimentos transgénicos a debate (UNAM, 11-13 abril, https://tinyurl.com/y9hq2y84), en la que afirma que el uso de transgénicos disminuye el uso de agrotóxicos. Se refiere en forma notablemente anticientífica a datos parciales para falsear conclusiones: asegura que el maíz transgénico Bt, usa menos herbicida que el convencional. Oculta decir que la cifra total de agrotóxicos (herbicidas, funguicidas, etcétera) en maíz de Estados Unidos aumentó con el uso de transgénicos y que las empresas de transgénicos ahora venden maíz Bt con tolerancia a herbicidas, con lo que el aumento de uso de agrotóxicos está asegurado.

En el mismo debate, Rosaura Ruiz, quien moderó la mesa, afirmó que disentir en ciencia es sano y que cada uno seguirá luchando por su posición. Por supuesto, la duda y el debate honesto es la base de la ciencia. Pero para que eso sea válido la premisa debe ser que no se libere ningún transgénico al ambiente ni al consumo hasta que exista consenso sobre sus riesgos. De lo contrario, no es un debate científico, sencillamente se está usando a la población, la biodiversidad y la naturaleza como conejillos de Indias de cuatro megaempresas trasnacionales y unos cuantos científicos que se alquilan para ellas.

Por Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo ETC

 

Sábado, 31 Marzo 2018 09:22

El pulso por el control de la Fifa

El pulso por el control de la Fifa

Ahora que se acerca el mes de junio y con éste el mundial de fútbol Rusia 2018, los millones de aficionados, como los seguidores ocasionales, estarán atentos a los diversos partidos ansiosos de saber quién se alzará con la anhelada copa. Pero en la Fifa, uno de los grandes monopolios del mundo, todo es hecho a la medida de la máxima ganancia, por lo cual los escándalos gansteriles son parte de su práctica. Esa es la cara horrible del ente rector del fútbol mundial.

 

No es nada nuevo que tres años atrás estallara toda una cadena de delitos en la Fifa1, lo nuevo es que sean instituciones judiciales de los Estados Unidos –como el Departamento de Justicia, el Servicio Urbano de Impuestos (IRS) y el FBI–, quienes abocaran durante años una investigación que terminó con la orden de captura de siete altos funcionarios de la institución mundial de fútbol, acusados de lavado de activos, pago de sobornos, transacciones financieras ilegales, concierto para delinquir, entre los 54 delitos imputados2.

 

El núcleo del problema versa sobre la entrega de derechos mediáticos y de mercadotecnia, soborno de dirigentes de Estados Unidos y Suramérica, para garantizar con ello el control de eventos deportivos por realizarse en la región. Por lo tanto, no es un problema solamente judicial y penal, sino también geopolítico. ¿Qué es lo que está detrás de estas denuncias y detenciones?

 

El malestar de Estados Unidos

 

Un problema internacional. No debe olvidarse que en la disputa por la sede para el mundial de 2018, Estados Unidos y Rusia se encontraron como posibles sedes para el evento, pulso que finalmente ganó el país euroasiático; bofetada a la Federación de Fútbol de EU, la Concacaf3 y a los poderes políticos y económicos de Estados Unidos, quienes sostienen que fue con sobornos que los rusos ganaron la sede. A esto se suman los ingleses, que también querían la copa mundial y exigieron revisar la forma como Rusia fue elegida.

 

En el último congreso de la Fifa, en medio del escándalo por sobornos y de detenciones, Joseph Blatter –apoyado por Vladimir Putin– fue reelegido por quinta vez a la presidencia de uno de los mega-monopolios más poderosos del planeta, derrotando a su adversario el príncipe jordano Al Bin Al Husáin, quien contaba con el apoyo de Barack Obama, David Cameron, Ángela Merkel, François Hollande, el FBI, Scoltlan Yard y un largo etcétera.

 

Después de dos días de ser elegido, Blatter tuvo que renunciar debido a las presiones, sin embargo estuvo en el cargo hasta inicios del 2016 cuando fue celebrado un congreso extraordinario para elegir el sucesor en la dirección del gran-monopolio, que recayó en el suizo Gianni Infantino.

 

Estados Unidos no le perdona a Blatter no haber expulsado a Irán de la Fifa, de la misma manera que intenta que Israel ingrese a la Federación Mundial con la oposición de Palestina. Habrá que esperar la repercusión en la Fifa del acuerdo sobre armas nucleares entre los EU e Irán repudiado por Donald Trump. En principio Irán no será expulsado y a Israel le costará ingresar.

 

Limpiando terreno. Los estadounidenses quieren controlar la Fifa y para ello debían salir de Blatter y sus asociados, así como buscar acuerdos con los que quedaron al frente de la entidad. Hicieron la misma maniobra con Odebrecht: denunciar problemas de corrupción para reducir poderes. En la Fifa golpearon un sector con este discurso, lo cual no quiere decir que quienes quedaron en el poder del organismo internacional de fútbol estén exentos de corrupción.

 

Cambio de táctica

 

Por primera vez en la historia de la Fifa se postuló a un delegado de EU al Comité Ejecutivo de esa institución. Ya se escuchan voces para formar la Confederación Americana de Fútbol, que tendría sede en los Estados Unidos, de esta manera le restarían poder a la Conmebol, en especial a las asociaciones suramericanas como la AFA de Argentina, la FBF de Brasil y AUF de Uruguay, y así consolidar su poder en la región, lo que abriría posibles alianzas con los anti Blatter, para así hacerse al mando de la entidad internacional de fútbol.

 

Un gran nicho de billones de dólares. Los Estados Unidos no tienen tradición futbolera, sin embargo en las actuales condiciones políticas internacionales se metería de lleno a propiciar un enfoque en la Fifa. Su interés en el fútbol lo evidenciaron con la realización de la Copa América Centenario en 2016, donde mostraron su capacidad de llenar estadios con los latinos –hispanos como los llaman– que suman más de 80 millones, además de otros espectadores. El mercado está listo para un mundial.

 

¡La competencia para el mundial de 2026 ya arrancó! En una gambeta de Trump, Estados Unidos se prepara para ser sede, sus contrincantes hasta el momento son México, Canadá y Marruecos –que tiene 104 votos de 211–. Los norteamericanos van perdiendo el partido pues los suramericanos están con posiciones antiestadounidenses, ya que la mayoría de los dirigentes del fútbol de la región están presos en los EU; por otra parte hay un sentimiento anti Trump entre varios dirigentes debido a las posiciones antiinmigrantes y racistas del actual presidente.

 

Las disputas por el poder del fútbol

 

Durante los 17 años que Joseph Blatter estuvo al frente de la Fifa la dirigió apoyándose en la Conmebol, Concacaf y las Confederaciones de Asia, África y Australia, lo que dio lugar a jugosos contratos, campeonatos y a los mundiales de Corea-Japón 2002, Suráfrica 2010, Brasil 2014, Rusia 2018 y Qatar 2022.

 

Como presidente del máximo organismo de fútbol, el suizo fue un decidido promotor del fútbol femenino en todas las categorías; impulsó la modernización de la salud en el deporte; inició escuelas de árbitros y técnicos. Todo esto en contra o por lo menos en detrimento de la Uefa (Unión de Asociaciones de Fútbol de Europa).

 

Gran Bretaña, acérrima enemiga de Blatter, estuvo dispuesta a sabotear el mundial de Rusia 2018 si este se mantenía en la presidencia. A raíz de una posible intervención de Rusia en la muerte de un exagente de inteligencia, Londres advierte que si se prueba la participación rusa, Inglaterra se retiraría del mundial 2018.

 

Disputas al interior de la Uefa. Los ingleses tienen diferencias con sus dirigentes; las rencillas no han terminado y pueden evidenciarse diferencias al interior del organismo; Gran Bretaña perdió en las votaciones para el mundial 2018 con Rusia; España y Francia, siendo de la Uefa, votaron con Blatter, y el resto de Europa votó con Platini –otro opositor de Blatter apoyado principalmente por Alemania–, quien se propuso como candidato a dirigir la Fifa y hoy está suspendido por seis años de toda actividad en la Fifa, junto con Blatter.

 

Los dirigentes del fútbol europeo y suramericano, así como los cronistas deportivos pro Uefa, ven que el único fútbol que vale la pena ver y costear es el europeo; sus argumentos se basan en las estadísticas de audiencia en campeonatos como la Champions League, Europa Ligue, Eurocopa, ligas como la española, inglesa, italiana, francesa y alemana; lo que deja a un lado los torneos y campeonatos de los demás continentes, además de seguir viendo regiones como América Latina para extraer talentos y llevarlos al fútbol europeo.

 

Por lo tanto, si la Fifa queda en las manos de la Uefa, es posible que inicie un proyecto internacional de fortalecimiento del fútbol europeo y se quede atrás o de lado todo el fútbol del resto de contenientes. Suramérica tiene para el mundial cuatro cupos y un quinto de repechaje, que lo podría perder a favor de los europeos si se reforman los estatutos a favor de éstos. La Copa América Centenario se realizó en 2016 en los EU precisamente por los acuerdos y presiones, cuando lo más lógico en apariencia era que se realizara en un país suramericano, pues de las 99 ediciones de la Copa ninguna se realizó en los EU.

 

Finalmente, las denuncias y casos de corrupción al interior de la Fifa son ciertos, pero su destape es una maniobra para propiciar el fortalecimiento de un sector que quiere disputar la organización, acabando con lo poco de fútbol que existe en otros continentes.

 

Es evidente que la Fifa, como un gran monopolio del capital financiero internacional, usa métodos delincuenciales como los usan todos los poderosos del capital financiero, tratar de limpiarla y darle un nuevo esquema no quiere decir volverla algo diferente.

 

1 El periodista deportivo de investigación, Andrew Jennings denunció fraudes y sobornos desde 1998 y nadie hizo nada.
2 Acción apoyada por las autoridades suizas y la Interpol el 27 de mayo de 2015, dos días antes del 65 Congreso de la Fifa.
3 Confederación de fútbol de América del Norte, Centro América y el Caribe.

Publicado enEdición Nº244
Miércoles, 14 Febrero 2018 06:54

Poder de mercado y enigmas macroeconómicos

Poder de mercado y enigmas macroeconómicos

La concentración de poder económico es algo que salta a la vista. Todos los días observamos cómo las empresas más grandes en la economía aumentan su influencia. Sabemos que ese poder les permite desplegar un comportamiento nocivo (por ejemplo, al manipular precios). Pero ese incremento del poder de mercado, ¿también tiene efectos macroeconómicos? Es decir, ¿puede explicar fenómenos como el lento crecimiento, el desempleo o la desigualdad creciente?

Para reflexionar sobre estas preguntas podemos recurrir al laboratorio más completo del capitalismo: la economía de Estados Unidos. Para ese país los datos macroeconómicos de los pasados 40 años proporcionan un marco de referencia invaluable. Pero esos datos dibujan un cuadro intrigante, en el que abundan los enigmas y las paradojas. No sorprende que la teoría económica tradicional no pueda explicar los contornos de ese paisaje.

Al revisar los datos macroeconómicos surgen varias preguntas inquietantes. Por ejemplo, ¿cómo es posible que la riqueza financiera haya crecido tanto en Estados Unidos mientras la inversión real haya permanecido en el estancamiento? Otra: ¿Cómo explicar que el valor financiero de muchas empresas haya podido mantenerse durante cuatro décadas por encima del costo de sus activos? Y quizás la interrogante más preocupante: ¿Por qué a pesar de que muchas empresas mantuvieron tasas de ganancia altas en un entorno de bajas tasas de interés no procedieron a invertir en capital y fuerza de trabajo?

Recientemente, tres economistas del Centro para el Crecimiento Equitativo en Washington se dieron a la tarea de explicar esas grandes paradojas. El trabajo de Gauti Eggertsson, Jacob Robbins y Ella Getz Wold (www.equitablegrowth.org) es muy importante por su enfoque metodológico y sus hallazgos.

Para Eggertsson y sus colegas, los temas del aumento de la riqueza financiera, el valor financiero de las empresas y el estancamiento de la inversión real se encuentran íntimamente vinculados. Su investigación identifica dos grandes motores que permiten explicar la persistencia de ese vínculo a lo largo de cuatro décadas: el creciente poder de mercado y la disminución de la tasa de interés.

Quizás la presencia de la tasa de interés en este análisis no sorprende demasiado, pues se trata de una variable típicamente macroeconómica. Pero el tema del poder de mercado, es decir, el poder que tienen las empresas en industrias altamente concentradas, llama la atención porque normalmente ese dato no se incorpora en los modelos macroeconómicos. La razón es que la noción de poder de mercado sólo es inteligible a nivel de lo que acontece en una sola rama de la actividad económica. Así, el poder de mercado está asociado con la capacidad que tienen las empresas dominantes en cada rama para incrementar sus precios con un margen adicional que depende de la concentración industrial y las barreras a la entrada de competidores. Por así decirlo, el poder de mercado es idiosincrático a cada rama mientras los modelos macroeconómicos buscan analizar el comportamiento de toda la economía en su conjunto.

La integración de la variable poder de mercado permite a los autores del estudio concluir que el aumento del poder de mercado de una empresa le permite obtener rentas monopólicas (por encima de las ganancias normales), lo que provoca un incremento del valor de las acciones que otorgan derechos sobre esas rentas monopólicas. Todo eso conduce a un aumento de la riqueza financiera y es, desde luego, consistente con el incremento de la participación de las rentas monopólicas en el ingreso nacional.

El aumento del poder de mercado tiene además el efecto de reducir la inversión en equipo y maquinaria, lo que normalmente constituye el canal para incrementar la productividad. Así que a escala macroeconómica la expansión del poder de mercado afecta el crecimiento, la generación de empleo y la desigualdad de ingreso y riqueza.

La investigación de Eggertsson y sus colegas representa un avance sobre los modelos macro que suponen competencia perfecta y un poder de mercado inexistente. Pero todavía arrastra defectos que son el legado de la teoría neoclásica. Uno de las principales fallas es su tratamiento del sistema bancario, que sigue descansando en la teoría tradicional de los fondos prestables, según la cual los bancos son simples intermediarios entre ahorradores y demandantes de capital para invertir. Esta es una teoría absurda que nada tiene que ver con la realidad y que ignora la función de creación monetaria de los bancos comerciales.

Irónicamente, mientras esta investigación es capaz de innovar al integrar en el modelo una variable de la economía real, como es el poder de mercado, sigue arrastrando los vicios de las viejas y obsoletas teorías, como el tema de los fondos prestables. Pero como decía Keynes, "el problema no está en las nuevas ideas, sino en escapar de las viejas formas de pensar que se ramifican, para nosotros que hemos sido educados en sus tradiciones, hasta ocupar todos los rincones de nuestra mente".

Twitter: @anadaloficial

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Desde el antiguo Egipto, ninguna otra cultura había dado tanta importancia a los gatos como la digital. Los vídeos e imágenes de gatos domésticos son los contenidos más vistos y generan millones de memes, por lo que han sido adoptados como uno de los símbolos por la lucha por las libertades de Internet.

Todas las libertades que dieron forma a la red abierta y democrática inicial han sido atacadas. EEUU ha tocado de muerte su neutralidad al permitir que las operadoras prioricen los datos del mejor postor (o de quien más les interese políticamente). Sin ella, Internet puede quedarse en un gran y autoritario centro comercial virtual.

Durante los primeros años de este siglo Yochai Benkler intentaba no caer en el optimismo descontrolado que invadía a algunos de sus colegas. Internet era lo más en las universidades. Estaba de moda vaticinar qué pasaría con ese mundo virtual que se desarrollaba vertiginosamente surfeando una ola de democracia radical: miles de usuarios conectados a una misma red, sin filtros, sin poderes políticos o económicos diciendo qué o quién era bueno o malo.


En ella estaban ocurriendo cosas extrañas. Esos usuarios eran anónimos o adoptaban identidades inventadas, algo que tenía el efecto secundario de dificultar las discriminaciones y blindar la libertad de expresión. Además, se habían cargado la necesidad de un árbitro (el Estado) adoptando lógicas colaborativas para desarrollar las incipientes herramientas digitales. Apenas había intercambios monetarios y parecía que no eran demasiado necesarios: su principal recurso económico, la información, se consideraba un bien común y de libre acceso. Una cosa de locos.


Internet tenía el potencial para cambiarlo todo. ¿Cómo lo haría? Los investigadores dejaron volar su imaginación. Trasladar cada vez más aspectos de la sociedad a un terreno con ese tipo de lógicas parecía prometedor, daba pie a la utopía. Muchos análisis se perdieron en el océano de posibilidades abierto por esa red de redes.


Benkler en cambio, puede que como un ejercicio para evitar que ese optimismo cegara su investigación, trató la cuestión desde una perspectiva liberal. En 2006 publicó La riqueza de las redes: cómo la producción social transforma los mercados y la libertad (Icaria), que rápidamente se convirtió en la biblia de Internet, un manual que explicaba todo lo que allí estaba pasando. Benkler logró la cátedra de Derecho Empresarial de Harvard un año después.


Su análisis alcanzó tal relevancia que en 2013 fue citado por un tribunal militar de EEUU para uno de sus juicios del siglo. Los abogados de la defensa lo consideraban su testigo estrella. Su cliente podía ser condenado a muerte o cadena perpetua si el académico no conseguía convencer a la juez castrense con su tesis: Internet había crecido hasta hacer florecer una esfera pública propia, que se desarrolló creyéndose libre e independiente, al calor de esa democracia radical.


Benkler tenía que salvar a la persona que creyó que la información sobre los crímenes de guerra de EEUU en Irak y Afganistán era un bien común. Que se la suministró la organización que sabía que la convertiría en dominio público. Iba a ser testigo de la defensa del filtrador de Wikileaks Bradley Manning.


El catedrático de Harvard explicó en el juicio que el proceder del soldado no era diferente al de cualquier filtrador de la prensa convencional: Wikileaks "cumplía en el periodismo en Internet el papel específico de proporcionar una solución en red para el periodismo de investigación basado en filtraciones, que en el pasado solo realizaban organizaciones relativamente grandes y unificadas". Que los de Julian Assange consideraran la información como un bien común y permitieran la descarga en masa de todos los documentos en su poder (también por los enemigos de EEUU) no cambiaba nada. Funcionaba como cuarto poder en red, pero había mejorado la experiencia del usuario.


Manning no se libró de una condena ejemplarizante de 35 años, la mayor impuesta nunca en EEUU a un filtrador. Pero sí del cargo de "colaborar con el enemigo" que le habría costado la muerte o la cadena perpetua. Solo los sectores más reaccionarios consideraron justa su pena, razón por la que Chelsea Manning no la cumplió. Aunque esa es otra historia.


¿Quién teme al lobo feroz?


La condena de Manning fue la prueba definitiva de cómo los poderes tradicionales iban a actuar contra Internet y sus principios originales. No les gustaba nada ese potencial de influir en la agenda política. Menos que los usuarios aspiraran a ser un cuarto poder al que no se podía poner cara, al que no se podía presionar ni sentar en un consejo de administración. Todo ese discurso propio, tan crítico con la manera en la que se había gobernado el mundo hasta entonces, que ganaba adeptos a toda velocidad, que espoleaba protestas prodemocracia como el 15-M o Occupy Wall Street. Tenía muy mala pinta. Había que pararlo.


Desde entonces se han atacado todos y cada uno de los valores que dieron forma a la esfera pública original de la red. El anonimato, intrínseco en derechos como el sufragio universal, se asoció con los peores delitos imaginables, como la pederastia y el terrorismo. Se ha recortado la libertad de expresión en Internet hasta el punto de que la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información ha calificado el 2017 como el año de los delitos de opinión. Se ha permitido al capitalismo reproducirse por la red pervirtiendo sus lógicas colaborativas hasta convertirlas en meras estrategias de marketing.


Quedaba una. Quizá la libertad más fundamental, la más radical, la más propia de Internet. Se denomina neutralidad de la red y, aunque Internet no es neutral y nunca lo ha sido, es el principio que hacía que la red trate todos datos por igual: los de tu blog, las fotos de tus gatos y la Wikipedia corren tan rápido por los cables de fibra óptica como cualquier otro, y daba igual lo que opinaran las empresas propietarias de esos cables. ¿Una explicación rápida de lo que ha pasado? Que Donald Trump ha puesto a un exejecutivo de una esas compañías (Verizon) al mando del organismo que protegía la neutralidad de la red en EEUU y se la ha cargado a la primera oportunidad.


Lo que queda por delante se entiende mejor con un ejemplo: ese vídeo de Youtube que va a trompicones a pesar de que el anuncio previo se ve perfectamente. Youtube prioriza el anuncio respecto al youtuber cualquiera que tú querías ver. A partir de ahora, EEUU permitirá a las compañías que ofrecen conexión a Internet hacer lo mismo, pero en toda la red. La empresa que pague irá rápido y todos aquellos que no, no. Pero el dinero no será el único motivo para priorizar unos datos sobre otros, también se hará por motivos políticos.


Lo sabemos porque hay políticos sentados en los consejos de administración de estas empresas y sus exejecutivos están en el Gobierno. Pero sobre todo, lo sabemos porque ya ha pasado: lo de Wikileaks.


Resistencia


El diccionario de Oxford ha seleccionado la expresión fake news (noticias falsas) como la palabra del año 2017. La Fundeu la tiene entre sus tres nominadas. ¿Por qué un fenómeno que ha existido siempre está tan de moda? Las noticias falsas se han convertido en una de las mayores preocupaciones de un sector de la prensa, precisamente de aquella a la que se ha pillado transmitiendo bulos bastante gordos. El motivo es simple. Se trata de un ataque más a Internet, esta vez en forma de enmienda a la totalidad: el mensaje que queda es que la esfera pública digital está llena de mentiras, que su discurso propio está contaminado.


La única prueba que han podido ofrecer las grandes cabeceras que han informado sobre el asunto es la propia pérdida repercusión de sus cabeceras entre los usuarios. Aseguran que no es que la esfera pública digital les haya dado la espalda, sino que Rusia ha desatado una campaña de desinformación que confunde a los ciudadanos. Sí, es lo que parece: están intentado llevar a Internet el contexto de la Guerra Fría de conmigo o contra mí.


Diversas organizaciones, entre ellas este medio, han señalado que la voluntad de crear comités para censurar noticias falsas resulta mucho más peligrosa que las propias noticias falsas. "Tomar medidas para que los malos no puedan generar problemas a la gente normal" ningunea la capacidad crítica del ciudadano y aspira a recortar sus derechos en pos de mantenerlo a salvo. Se parece mucho a lo que hacen sistemas autoritarios como Rusia, China o Turquía al prohibir el acceso a algunas redes sociales por la amenaza de discursos que no son capaces de confrontar. El antónimo de desinformación es información, no censura.


Internet es ahora un lugar hostil para todo aquel que pretenda conservar libertades como el anonimato, pero hay herramientas para hacerlo. La teoría es relativamente sencilla, pero no la práctica. Todas las facilidades de uso, accesos directos y dinamismo entre plataformas desaparecerán, puesto que están diseñadas precisamente para que el usuario acepte intercambiar sus datos por comodidad. Básicamente hay que navegar como una guerrilla, teniendo preparados caminos independientes que permitan evitar las autopistas de información oficiales si están son cortadas y sobre todo, no permitir que el ejercicio de derechos fundamentales quede supeditado a las decisiones de plataformas que están más cerca del poder que del ciudadano.

 

@CdelCastilloM

 

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