Trump declara la guerra a las joyas tecnológicas de Silicon Valley

Unas guerras de Trump son de puro bluff. Otras son vulgarmente electoreras. Y otras son verdaderas.

En la taxonomía de las "guerras de Trump" se puede categorizar que la guerra que libra contra las joyas tecnológicas de Silicon Valley es verdadera.

WSJ, muy cercano a Trump, reportó que el Departamento de Justicia –el mismo que abrió el pestilente asunto de Odebrecht en toda Latinoamérica– inició una investigación antimonopolio ( anti-trust) contra Alphabet/Google, susceptible de "presentar una nueva línea de escrutinio regulatorio" (https://on.wsj.com/2IerSMR).

La hasta ahora indolente Comisión Federal Comercial (FTC, por sus siglas en inglés) –la autoridad antimonopolio dentro del Departamento de Justicia– se alista a un choque con los gigantes tecnológicos de Silicon Valley y ha creado una nueva comisión para desmantelar las adquisiciones del tipo de las que realizó Facebook con Instagram.

El mundo legal en EU es de los más caros y complejos del planeta y FTC ha contratado abogados que manejan "nuevas teorías antimonopolio" que pueden facilitar la atomización de empresas pantagruélicas como Amazon que llegó a un valor de "capitalización de mercado" de un billón de dólares –como Apple–, equivalente al PIB de México, la quinceava economía global.

La FTC había iniciado en 2013 una amplia investigación de Google, pero Obama se rajó.

A un año y medio de la crucial elección presidencial, el tema monopólico del GAFAT (Google/Apple/Facebook/Amazon/Twitter) es de alto impacto.

La senadora Elizabeth Warren, candidata presidencial del Partido Demócrata, ha lanzado una vigorosa campaña para la atomización de los gigantes tecnológicos de Silicon Valley.

Steve Bannon, estratega de Trump, declaró la guerra contra el "globalista" monopolio del GAFAT y arremetió contra la “destructiva presidencia de Baby Bush” a quien despreció de “instrumento de los globalistas (https://politi.co/2QGRRk4), al unísono de los "malignos" jerarcas de Silicon Valley: "2/3 partes o 3/4 partes de sus administradores provienen de Asia" y "roban los empleos de los estadunidenses" (https://bit.ly/2Wlg8C7).

The Washington Post reveló que su matriz Amazon será escrudiñada por antimonopolio ahora que ha pasado bajo la jurisdicción de FTC (https://wapo.st/2WaU0FV).
Uno de los peores pecados capitales que cometió GAFAT, en particular, el maligno Twitter, es haber censurado en forma selectiva la sacrosanta libertad de expresión para favorecer sus intereses neofascistas/neoliberales/neopinochetistas en Latinoamérica, debido a su "manejo" por el español Pepe López de Ayala, aliado del cadavérico Partido Popular (https://bit.ly/2vmxf6V).

En EU, donde Twitter cuenta con otra gerencia, ha sido imputada de perseguir la agenda de la "derecha": Trump y varios pesos pesados del Partido Republicano se han quejado que "Facebook, Google y Twitter inc, suprimen las posturas conservadoras".

Silicon Valley apoyó a Hillary Clinton contra Trump. Quizá esa fue la razón por la que Obama se rajó de perseguir al monopolio del GAFAT.

El cofundador Chris Hughes había fustigado a Facebook, en la fase de su único patrón Mark Zuckerberg –quien detenta 60 por ciento de las acciones–, como una "amenaza a la democracia" (https://bit.ly/2LCGzOU) al "controlar tres plataformas esenciales de la comunicación: Facebook/Instagram/WhatsApp".

También WhatsApp ha sido denunciada desde Brasil hasta India de manipular las tendencias electorales (https://bit.ly/2vXbwm1).

FTC se dispone a investigar a Facebook por prácticas monopólicas (https://on.wsj.com/2Kp5aob) y Bloomberg, muy hostil a Trump, enuncia que el escrutinio antimonopólico de Google, Apple y Facebook, afectó sus cotizaciones bursátiles (https://bloom.bg/2XmGIrh).

Según Shira Ovide, "Google debería estar muy temerosa. Pero muy temerosa" (https://bloom.bg/2XptvxB).

Desde hace mucho que GAFAT ha sido colocada en la picota bipartidista en EU y, en especial, en Europa, donde ha empezado a ser aplacado el máximo Leviatán tecnológico de todos los tiempos que ha sometido al género humano a una esclavitud invisible.

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Pastoral americana: cómo EE UU quiere contener el progreso tecnológico de China

China lleva más de un siglo tratando de encontrar políticas para proteger su economía de interferencias externas y, cuando finalmente parece haber encontrado la fórmula, resulta que eso la convierte en una amenaza.

 

Como si las leyes de Newton pudieran ser utilizadas a discreción y las acciones de unos no tuvieran ninguna relación de causalidad con los efectos padecidos por los otros, se nos presenta como algo natural la paradoja de una sociedad en la que unos viven en tiempos de paz y abundancia mientras otros viven en el más horrendo de los mundos. 

La escala de las desigualdades, tanto a nivel internacional como doméstico, ha llegado a un nivel tan obscenamente desproporcionado que hasta definir qué es y qué no es una guerra es parte del privilegio detentado por unos pocos. Mientras los afectados por conflictos bélicos en los que los Estados Unidos están involucrados luchan por su vida, la mayor parte de la población estadounidense se va a dormir cada día más preocupada por guerras de ficción televisiva que por conflictos armados reales.


Vivimos en una sociedad que, sin apenas oposición, cataloga el conflicto en Siria como una guerra civil a la vez que tilda de obtusos o desleales a quienes pretenden conectarla con la previa invasión unilateral de Irak.


Ahora, los que se arrogan la potestad de definir la realidad avisan de que estamos en una guerra comercial entre los Estados Unidos y China. Han decidido que hay que parar los pies al gigante asiático que quiere dominar el mundo. Sin mencionar los privilegios y beneficios derivados de ser quien ha dictado e impuesto las normas desde, como mínimo, el final de la II Guerra Mundial, definen la “guerra comercial” como el evento por el cual el presidente de los Estados Unidos, cansado de oír quejas de los empresarios norteamericanos que no pueden penetrar el mercado chino como desearían, decide que es hora de cambiar las reglas del juego.


Así que se toman medidas: se suben aranceles, se utiliza una retórica vehemente, se muestra al pueblo americano como una víctima del empuje chino, se dice que se han hecho demasiados esfuerzos para integrar a China en el comercio internacional, se reclama justicia para los trabajadores estadounidenses, aparentemente desfavorecidos por la nueva realidad derivada de décadas de presidentes blandos con el enemigo.


Este análisis, propio de una visión ahistórica, americocéntrica y puramente economicista de la situación, es el que al parecer fundamenta la necesidad de entrar en guerra (económica) contra el país más poblado del mundo. Y Trump es el presidente perfecto para tomar estas decisiones, porque no parece conocer siquiera la historia de la que pretende que hagamos caso omiso.


Sus acciones no son una sorpresa. De hecho, nada más llegar a la Casa Blanca, encargó a Peter Navarro—uno de esos “observadores de China” que básicamente entienden la realidad como un juego de poder en el que tienen que ganar los Estados Unidos, caiga quien caiga—la tarea de llevar la estrategia bilateral con Pekín.


La visión de esta elite norteamericana es más propia de la Guerra Fría; orientalista y paranoica, no parece conceder agencia al resto de la humanidad, sino que busca perpetuar la jerarquía conseguida tras las guerras mundiales del siglo pasado. En el caso de China, toma la parte—Pekín o Shanghai—por el todo e, ignorando de las evidentes desigualdades económicas omnipresentes en China, asume que el éxito económico de las capas altas de la sociedad de las grandes capitales puede hacerse extensiva a todo el país, como si la palabra “comunista” del nombre del Parido pesara más que la realidad.


¿Sería correcto afirmar, entonces, que no estamos inmersos en una guerra comercial? No, claro que no. Nos encontramos en una nueva fase de una guerra comercial y económica, pero no en una guerra iniciada por el presidente Trump—ni siquiera por los Estados Unidos—, sino en un conflicto que sería mejor denominar ideológico y no comercial, cuya escala es mucho mayor y que tiene una duración de, como mínimo, varios siglos.


La “guerra comercial” da alas, por tanto, a la perspectiva de Pekín, que toma una visión larga para legitimar domésticamente su gobierno. Su visión, que parte de unas premisas verdaderamente diferentes, muestra una realidad diametralmente opuesta, pero altamente persuasiva. Así, la “guerra comercial” no es más que una nueva afrenta en una larguísima retahíla de ataques que comenzaron mucho tiempo atrás. Se podría remontar, dicen, a las Guerras del Opio (1839–1860) que llevaron a los británicos a conquistar Hong Kong y a abrir otros puertos al comercio con el extranjero contra la voluntad del Emperador, el inicio del llamado “siglo de la humillación”.


Este conflicto ideológico está tan integrado en la política de China que sería imposible desleírlo como un elemento discreto, pues no sólo precede la fundación del propio Partido Comunista, sino que forma parte de su ideología germinal.


Si bien el siglo XIX dio pistas a China sobre por dónde iban en realidad los tiros, durante el siglo XX quedó más que claro que los discursos desarrollistas de Occidente no eran tan honestos como el país necesitaba. Especialmente durante la Guerra Fría, en la que se convirtió en enemigo por su filiación comunista, pero sobre todo en la década de los ochenta cuando Japón, el país vecino, experimentó su boom económico. Entonces, además de aparecer trajeados y con maletín en infinidad de películas de Hollywood, los aliados japoneses se convirtieron en una amenaza para la industria norteamericana. Fue preciso, pues, presionar económicamente a Japón, al que en los famosamente olvidados Acuerdos del Plaza de 1985 se “animó” a aceptar la depreciación del dólar respecto del yen para favorecer la exportación de productos estadounidenses.


Como resultado, la boyante economía japonesa entró en un anquilosamiento del que aún a día de hoy no ha logrado salir. Atenta a la evolución económica mundial, China aprendió bien esta lección. De hecho, evitó ceder ante la presión impuesta por la administración Obama, que intentó una maniobra similar con el renminbi.


Quizá también recuerden los gobernantes chinos, que una de las lecturas económicas de la invasión de Irak—esa que dicen que nada tiene que ver con la guerra “civil” de Siria— fuera que el euro se estaba convirtiendo en una moneda utilizada para pagos de petróleo, amenazando así la preeminencia del dólar. Y seguro que no han olvidado lo difíciles que fueron las negociaciones para la adhesión a la Organización Mundial del Comercio que culminaron en el acuerdo de 2001, que ahora la administración Trump cataloga como blandas por parte de sus predecesores, Bush padre y Bill Clinton.


Las condiciones no fueron, ni mucho menos, favorables para China, sin embargo, el hecho de que los trabajadores chinos estuvieran entonces dispuestos a aceptar salarios mínimos y condiciones laborales paupérrimas llevó al país a sacarle un rendimiento inesperado.


China lleva, por tanto, más de un siglo tratando de encontrar políticas para proteger su economía de interferencias externas y, cuando finalmente parece haber encontrado la fórmula, resulta que eso la convierte en una amenaza.


Se me hace difícil, pues, utilizar el velo de la ignorancia para hacer un análisis ceteris paribus que solamente se centre —como hace por ejemplo el libro de Lawrence J. Lau, The China-US Trade War and the Future Economic Relations, en el que, por cierto, se minimizan los efectos puramente económicos que este conflicto puede llegar a tener tanto para los Estados Unidos como para China— en las potenciales consecuencias económicas para unos y para otros del reciente toma y daca.


Conllevaría dejar de lado toda una serie de medidas políticas e ideológicas mucho más importantes y minimizaría las medidas de un gobierno estadounidense centrado en debilitar a un potencial rival. Por más que Huawei sea culpable de conductas reprobables, las medidas del gobierno americano son un castigo que pretende contener el progreso tecnológico de China. Aunque no habría que caer en la trampa de entender las prácticas comerciales de las grandes corporaciones chinas durante los últimos tiempos como ejemplar, definir este episodio como guerra comercial es tomar partido; es ponerse de lado de quien escribe la historia. Puestos a ser partidistas, quizá fuera más adecuado llamarlo alzamiento comercial.

2019-06-05 06:55:00

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United interviene Avianca por impago del accionista mayoritario

La compañía estadounidense entrega el control de la colombiana a Kingsland y quita el poder a Germán Efromovich



United Airlines intervino este viernes en el reparto de poder de la aerolínea colombiana Avianca, una de las principales de América y la más antigua del continente. La compañía estadounidense despojó del control de sus acciones al socio mayoritario, Germán Efromovich, y se lo entregó a "un tercero independiente". Se trata de Kingsland, dirigida por el empresario salvadoreño Roberto Kriete y hasta hoy propietaria del 20% de la empresa. United niega que la operación suponga un intento de controlar Avianca, aunque de facto dio un vuelco a su gobierno corporativo.


La decisión se debe a un acuerdo estipulado entre la aerolínea estadounidense y BRW Aviation, propiedad del grupo Sinergy, la firma de Efremovich. Este le había solicitado el pasado noviembre un crédito de alrededor de 450 millones de dólares dejando como garantía su participación en la sociedad, un 78% de las acciones con derecho a voto. "United tomó medidas debido a que no se han cumplido algunas condiciones financieras en su acuerdo con BRW Aviation. Por esto, decidió ejercer sus derechos contractuales", comunicó la compañía, que asegura que estos cambios no afectarán a la alianza comercial que mantiene con Avianca y con la panameña Copa. La maniobra tampoco tiene que ver con la suspensión de las operaciones de Avianca Brasil, que es una empresa matriz que se declaró en bancarrota las pasadas navidades.


"La labor de Kingsland", continúa United en un comunicado, será buscar un plan "que asegure la estabilidad y sostenibilidad financiera de la compañía en el largo plazo". La sociedad colombiana registró unas pérdidas de 67,9 millones de dólares en el primer trimestre de 2019, unos números casi en las antípodas de los 28,9 millones de ganancias del mismo período del año anterior. En 2017 había conseguido facturar 4.400 millones a pesar de una huelga de pilotos de 51 días que afectó a su crecimiento. Sin embargo, los más recientes resultados obligaron al grupo a suspender un pedido de 17 aviones comprometidos con Airbus, aplazar la entrega de 35 aeronaves hasta 2022 y a cancelar 11 rutas.


"United Airlines apoya fuertemente a Avianca y espera que Kingsland desarrolle un buen gobierno corporativo que traiga éxitos", prosigue la aerolínea estadounidense, que aclara que Efromovich "sigue teniendo el derecho económico sobre las acciones, pero no el derecho a voto, lo que hace que el tercero asignado tenga la capacidad de decidir sobre el management de la compañía". En cualquier caso, asegura, "United Airlines no tomará el control de Avianca, su operación, servicio, ni las decisiones empresariales".


Roberto Kriete será ahora el encargado de pilotar el grupo en esta nueva etapa. "Mi función no es ser el héroe de este drama", declaró el empresario al diario colombiano El Tiempo. "Mi función es montar un equipo y una junta directiva de clase mundial muy capaz, que tenga las habilidades necesarias para liderar realmente la transformación de Avianca". Tras conocerse la decisión de United, que ofreció un nuevo préstamo de 250 millones, ya al mediodía el título de Avianca en la Bolsa de Valores de Colombia registró un incremento de más del 30%.

Por Francesco Manetto
Bogotá 24 MAY 2019 - 17:44 COT

Publicado enColombia
Un cofundador de Facebook pide que los reguladores dividan la compañía porque tiene demasiado poder

Chris Hughes argumenta en un artículo en 'The New York Times' que Mark Zuckerberg tiene más poder "que cualquier persona en el sector privado o en el Gobierno"

 

Ha llegado la hora de dividir Facebook. Su presidente ejecutivo, Mark Zuckerberg, tiene demasiado poder, “más que cualquier persona en el sector privado o en el Gobierno”, de Estados Unidos. Lo dice Chris Hughes, uno de los cuatro compañeros de estudios de Zuckerberg que fundaron con él la empresa. Hughes publicó este jueves un artículo pidiendo que las autoridades partan la compañía en tres y atizó un debate que es parte de la conversación en torno al poder de las grandes tecnológicas desde que se reveló hace dos años hasta qué punto la red social puede ser utilizada como una arma de propaganda tóxica. Hughes propone que la compañía sea partida al menos en tres: Facebook, Instagram y Whatsapp

“Hace 15 años que cofundé Facebook en Harvard y no he trabajado en la compañía desde hace una década. Pero tengo un sentimiento de enfado y responsabilidad”, dice Hughes en un artículo titulado Ha llegado la hora de dividir Facebook y publicado en The New York Times.


Hughes dice en su artículo que Zuckerberg “es humano”. No lo presenta como alguien malévolo. “Pero su humanidad es precisamente lo que hace que sea tan problemático que tenga un poder sin control”, afirma. Zuckerberg controla el 60% de las acciones con derecho a voto de la compañía y la gente que está a su alrededor, dice Hughes, apenas sirve como control. Él solo puede decidir qué ven cada día más de mil millones de personas en Facebook o en Instagram.


“Mark es una buena persona”, dice Hughes. “Pero me irrita que su fijación con el crecimiento le haya llevado a sacrificar seguridad y civismo a cambio de clics. Estoy decepcionado conmigo mismo y con el equipo de Facebook de los primeros tiempos por no pensar más en cómo el algoritmo del chorro de noticias (news feed) podía cambiar nuestra cultura, influir en elecciones y empoderar a líderes nacionalistas. Y me preocupa que Mark se ha rodeado de un equipo que refuerza sus creencias en vez de contestarlas”.


“El Gobierno debe pedir responsabilidades” a Mark Zuckerberg, continúa el artículo. Hughes argumenta que el poder del CEO de Facebook es “antiamericano”. Estados Unidos “se construyó sobre la idea de que el poder no debía estar concentrado en una sola persona, porque todos cometemos errores. Por eso los fundadores crearon un sistema de contrapesos. No necesitaban adivinar el surgimiento de Facebook para entender la amenaza que suponen compañías gigantescas para la democracia”.


Hughes pone ejemplos de otras industrias de crecimiento rápido a lo largo de la historia en las que el Gobierno intervino para dividir las compañías que acabaron en una posición dominante, como la partición de la petrolera Standard Oil o la telefónica ATT.


Facebook fue lanzado por un grupo de amigos en 2004 en un dormitorio de Harvard para poner en contacto a estudiantes. 15 años después, su plataforma principal la utilizan 2.300 millones de personas al mes. Por el camino ha comprado otras redes de comunicación. La aplicación de mensajería Whatsapp la utilizan 1.600 millones de personas; la aplicación Messenger, 1.300 millones; su última gran adquisición, Instagram, 1.000 millones de personas. Facebook posee los datos de todas las interacciones de todos esos usuarios.


“El aspecto más problemático del poder de Facebook es el control unilateral que tiene Mark sobre el discurso. No hay precedente de esta capacidad para vigilar, organizar e incluso censurar las conversaciones de 2.000 millones de personas”, escribe Hughes.


Tras el impacto de la publicación del artículo, Facebook rechazó los argumentos de Hughes y la petición pública de que la compañía sea dividida. “Facebook acepta que con el éxito viene una responsabilidad. Pero no se aplica la responsabilidad pidiendo la partición de una compañía americana de éxito”, dijo la empresa en un comunicado firmado por su portavoz, Nick Clegg, y citado por Reuters. “La exigencia de responsabilidades a las compañías tecnológicas solo se puede hacer a través de la difícil introducción de nuevas reglas para Internet. Eso es exactamente lo que ha pedido Mark Zuckerberg”.


La influencia de Facebook en la conversación nacional de Estados Unidos y del mundo quedó patente durante las elecciones presidenciales de 2016 y la campaña del Brexit. Meses después se descubrió hasta qué punto el news feed había sido utilizado como arma de desinformación. Aparte, se descubrió que Facebook había otorgado los datos de millones de personas a una consultora política, Cambridge Analytica. La compañía también se enfrenta a una multa que se espera de unos 5.000 millones de dólares por no cumplir las normas de privacidad. Varios directivos se han ido de Facebook desde entonces, aparte de los fundadores de Whatsapp y de Instagram.

Por Pablo Ximénez de Sandoval
Los Ángeles 9 MAY 2019 - 19:24 COT

 

Miércoles, 03 Abril 2019 06:14

La batalla por la alimentación del futuro

La batalla por la alimentación del futuro

¿Cómo vamos a asegurar la alimentación de una población de 8 mil 500 millones de personas para 2030? La mayoría de la población piensa que la única forma de lograrlo es mediante la agricultura comercial de gran escala, que hoy domina el mercado mundial de alimentos. Esa es la respuesta equivocada.

La lucha por los alimentos de mañana comienza hoy. La forma de producirlos en la actualidad afecta la producción de una alimentación nutritiva y un medio ambiente saludable en el futuro. La agricultura comercial de gran escala, intensiva en capital y en insumos agroquímicos, no solamente no es la respuesta a las necesidades de producción y conservación, sino pone en peligro el abasto alimentario mundial del futuro. Es urgente revalorizar la agricultura que se rige por los principios de la producción agroecológica.

En Estados Unidos se ha publicado un libro de gran valor por el investigador Timothy A. Wise. Su título es Eating tomorrow y es el resultado de cinco años de investigaciones en México, Estados Unidos y varios países africanos (Zambia, Malawi y Mozambique). La línea conductora del análisis es la pregunta sobre los sistemas agrícolas para alimentar a una población mundial en crecimiento. La respuesta se orienta de manera convincente hacia la agricultura de pequeña escala, que hoy sigue dominando la producción mundial de alimentos (70 por ciento de los producidos en el planeta proviene de la agricultura campesina). Esta actividad productiva se desarrolla en unidades pequeñas, y aunque con frecuencia se trata de tierras que no son de la mejor calidad las técnicas de manejo de suelos, agua y recursos genéticos de estos pequeños productores les permiten obtener rendimientos suficientes para satisfacer las necesidades familiares y llevar excedentes al mercado.

Las técnicas de producción de esos productores pobres descansan en un saber campesino milenario basado en la agrobiodiversidad. Esa forma de producción va contra casi todos los principios de la producción capitalista, que prefiere la uniformización (monocultivo), la mecanización y el uso intensivo de agroquímicos (fertilizantes y plaguicidas). La producción comercial en grandes unidades es la que mejor se presta para aplicar los principios que privilegian la generación de ganancias antes que la de alimentos. Pero esa rentabilidad del complejo agrícola capitalista está dejando un rastro tóxico en el medio ambiente. El mejor ejemplo es el estado de Iowa, en Estados Unidos, que Wise califica de epicentro de una catástrofe ecológica y social.

Las corporaciones que dominan la producción agrícola y ganadera en Estados Unidos manejan las unidades productivas como si fueran una fábrica de telas. Lo que importa es la rentabilidad. Pero el complejo de la agroindustria sigue degradando acuíferos con nitratos, plaguicidas, patógenos, desechos farmacéuticos y hormonas. Un resultado es la llamada "zona muerta", en el Golfo de México, producida por el escurrimiento de nutrientes provenientes de la agricultura comercial de gran escala. Además, las prácticas de roturación y monocultivo siguen teniendo un impacto que deteriora las propiedades productivas de la tierra. En ese esquema la producción agrícola se encuentra entrelazada con gigantescas fábricas de carne, en las que millones de cerdos y pollos son objeto de un proceso de hacinamiento extremo con una huella tóxica de dimensiones bíblicas.

El problema no es sólo ambiental. Aunque muchas unidades de producción siguen siendo propiedad de una familia, la verdad es que esos propietarios no controlan el proceso productivo. La mezcla de producto (agrícola y ganadero), así como los insumos necesarios, así como cuándo llevar todo el producto al mercado, son decisiones que las familias no controlan: son las grandes corporaciones las que determinan las líneas de producción y la combinación de insumos.

Esas grandes corporaciones dominan los mercados de semillas, granos, carne, fertilizantes y plaguicidas. Están integradas horizontal y verticalmente, y los nombres de estos gigantes son bien conocidos: Monsanto, Dupont, Syngenta, Cargill, Archer Daniels, Tyson, Smithfield. Las familias propietarias de granjas se han convertido en una especie de vasallos medievales de estas corporaciones. Y aunque el american dream tiene un lugarcito bucólico para las familias dueñas de un predio, la verdad es que hoy la mayor parte de esas familias recibe ingresos anuales insuficientes para cubrir el costo de operación bajo los parámetros impuestos por estas grandes corporaciones. Muchas familias viven por debajo de la línea de pobreza y han perdido sus tierras. Estados Unidos tiene ya desde hace años un problema agrario de grandes dimensiones.

El análisis de Tim Wise muestra cómo la política agrícola tiene años castigando la pequeña agricultura y otorga privilegios exorbitantes a las grandes corporaciones. El costo puede ser muy alto, pues está en juego la sustentabilidad de la producción de alimentos en todo el planeta.

Twitter: @anadaloficial

 

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No lo llames censura, llámalo derechos de autor

Con la aprobación en el Parlamento Europeo del texto final de la directiva de Copyright, la Unión Europea ha perdido la oportunidad histórica de desarrollar legislaciones de derechos de autor adaptadas a Internet y al siglo XXI. Finalmente lo que se ha votado es un texto tecnófobo, hecho a medida de los monopolios del copyright y que además no garantiza el derecho de los autores a vivir dignamente de su trabajo. 

Solo servirá para recortar libertades y censurar a destajo, bajo la perspectiva delirante de que todo lo que no produce moneda contante y sonante para las majors –¡ojo! no para los autores– debe ser prohibido y eliminado. Una tragedia para los trabajadores del mundo de la cultura que por otra parte una vez más han sido frivolamente incapaces –salvo contadas, valientes y loables excepciones– de informarse de que va realmente el asunto. Han tragado pasivamente con la versión de sus amos y, con victimismo y gula, han sido el altavoz principal para la propaganda liberticida sin siquiera haberse enterado de que todo esto no beneficiará sus derechos, pero si va de eliminar los de todos.


Las alarmas saltaron hace casi dos años cuando descubrimos que, más allá de ser una propuesta de derechos de autor obsoleta, se estaba usando como caballo de Troya para introducir vigilancia, procesamiento automático de datos, gobierno por algoritmos opacos, censura sin mandato judicial, etc…


Esta amenaza que se ha consumado hoy para derechos tan básicos como la libertad de expresión o el acceso a la cultura y a la información se centra en las trampas ocultas principalmente en dos artículos:


Artículo 13 (luego 17): prohibido subir contenidos sin licencia


Se considerará a las plataformas -desde servicios mediano de alojamiento web hasta gigantes de Internet- responsables de cualquier infracción de derechos de autor que cometan sus usuarios y se les conmina a tomar medidas preventivas: o sea ya no se trata de eliminar contenido sino directamente de impedir que se suba. Naturalmente nadie les obliga a nada. Solo se les hace responsable de lo que suban sus usuarios. Es como si al vendedor de coches se le responsabilizara de los delitos viales comentidos por sus compradores. Esto solo puede desembocar en el filtrado algorítmico de subida (upload filters) de absolutamente todo. Es decir censura previa, automática y masiva de internet. Recientemente Youtube impedía al pianista James Rhodes subir un vídeo suyo tocando a Bach al piano. Este tipo de “errores” que siempre juegan a favor de la privatización del dominio público forman parte del dia a dia de todos los autores que usan Youtube. Y no solo estamos hablando de “errores” que privatizaron el dominio público. Estamos hablando de la dificultad o imposibilidad de subir a internet cualquier tipo de obra derivada: parodias, memes, remezclas, fandom, sátiras… la esencia misma de la cultura y de la libertad política y de expresión.


Artículo 11 (luego 15): Prohibido enlazar sin licencia


La propuesta del artículo 11, conocida como “Linktax” –impuesto al enlace– crea un nuevo “derecho” económico para la patronal de la prensa escrita. Este “derecho” además implica restringir indefinidamente la posibilidad de citarla. Si esto te suena absurdo, arbitrario y contraproducente, te invitamos a leer la propuesta en sí, un texto ambiguo que el jurista Andrej Savin ha definido como “el peor texto legal que he visto en mis 23 años de carrera académica”. Ante esta indefinición, lo más seguro para cualquier plataforma será no enlazar a ningún medio sin permiso explícito.


Esta medida perversa sería el equivalente a nivel europeo al Canon AEDE que ya está vigente en España y Alemania, un canon del que sus propios promotores se lamentaron tras el cierre de Google News en España por su aprobación. El Canon AEDE es paradoxal y los impulsores de esta iniciativa saben que no funcionará en Europa. Por ejemplo, desde Xnet destapamos que el gran grupo editorial Axel Springer se estaba pagando a sí mismo –se enlazaban para pagarse– en una estrambótica simulación de que “todo va bien”.


¿Que pretenden con esto? ¿Qué sentido tiene que la patronal de la prensa presione para aprobar una leyes que impiden que enlaces, difundas y comentes sus contenidos? ¿Se trata solo de la mezcla de ignorancia y avaricia que te llevaría a pegarte un tiro en tu propio pie? Hay un poco de eso sin duda, pero más bien creemos que se trata de la mezcla de ignorancia y avaricia que te lleva a sacarte un ojo para que a tu enemigo le saquen dos. Con leyes de este tipo la patronal de la prensa podría acosar legalmente hasta el cierre a agregadores sociales y comunidades como Meneame o Reddit, eliminando a cualquier nuevo competidor y consolidando su posición monopolística. Convirtiéndose en la única voz en un Internet en el que solo hablaran ellos y que aspiran a convertir en una nueva televisión.


Todo esto que parece una distopía de ciencia ficción, un intento imposible de ponerle puertas al campo o una profecía lúgubre exagerada por activistas preocupados ya se está implementando hoy en día en las grandes plataformas.


De momento existen dos opciones.


• Modelo Spotify


Se trata de que la plataforma adquiera todas las licencias nacionales e internacionales y disponibilice todos los contenidos unidireccionalmente impidiendo a los usuarios la subida. Incluso así, en el caso de Spotify, uno de los pocos gigantes que puede permitírselo hoy en día; pagar a los monopolios de derechos de autor ha encarecido tanto su actividad que su sostenibilidad no está garantizada a medio plazo a pesar de su éxito comercial. Si este es el caso de Spotify, podemos imaginar qué pasará con las medianas empresas en internet. Este modelo tiene otro defecto que ya es obvio para la mayoría de los artistas. La cantidad de dinero final que reciben los autores reales es cero o próxima a cero.


• Modelo Facebook/Google


Estos nuevos monopolios de Internet se niegan a compartir su tarta con los viejos monopolios del copyright así que optan ya por el filtrado masivo y automático de todos los contenidos. Su adaptación al artículo 13 será más fácil. Bastará con que los mecanismo de filtrado sean ahora previos a la subida. Esta tecnología, además de opaca y exclusiva, es muy cara y su obligatoriedad hará casi imposible que surjan y prosperen competidores de estos gigantes. Google gastó unos 100 miliones para crear la tecnología que le ha permitido hasta ahora responder a las reclamanciones por copyright que les llegan de lo que es tan solo el 1% de sus usuarios.

El efecto que tendría estas normas arbitrarias sobre la libre conversación en Internet y sobre la difusión y acceso a la cultura y a la información es devastador.


Los derechos de autor son importantes. ¿Pero de qué derechos hablamos? ¿Y de qué autores? Una propuesta democrática con vocación de consenso amplia que hubiese aspirado a garantizar el trabajo digno de los autores sin vulnerar derechos fundamentales de los ciudadanos debería haberse enfrentado audazmente y por fin a los monopolios del copyright y a entidades de gestión bajo sospecha cuando no directamente investigadas, juzgadas y condenadas como la SGAE. También debería haber partido de la base de que el concepto de autor o medio ha cambiado en los últimos 20 años. Desde el inicio de la web 2.0, el contenido generado por los usuarios ha pasado de ser un interesante experimento social a la realidad digital en la que nos sumergimos cada día. El contenido generado por los que antaño eran “grandes” medios no llega al 5% del tráfico de Internet en una sociedad como la española. La UE a perdido una oportunidad de tratar a sus ciudadanos como generadores de contenido y no como simples ladrones de los contenidos de una élite. Ninguna empresa, medio o autor ha escrito la wikipedia, convertido la Red en el repositorio de todos los videos del mundo o generado millones de tuit al día. Nosotros, la gente, lo hicimos. Internet no es de ellos.


Las amenazas ocultas dentro de la directiva de copyright que se ha aprobado hoy forman parte de un intento de volver a meter el genio dentro de la botella e instaurar una inquisición que permita por fin controlar internet. Nuestros políticos y grandes empresas envidian a China como modelo. La idea inicial de los padres y madres de la World Wide Web y de Internet tal y como lo conocemos, la idea de una arquitectura abierta para compartir enlaces sin cortapisas, fue clave en su éxito. Esta arquitectura se modificará radicalmente si se aplica está directiva tal y como está concebida Ahora la UE quiere crear un Internet con licencia: como somos una sociedad civilizada no se puede llamar censura, así que la llaman Copyright.

En la votación final todo el poder y dinero ha estado de un lado. La gente que nos situemos del otro lado-a favor de la libertad de expresión, de un internet abierto y de un copyright adaptado al s.XXI que permita a los autores vivir dignamente y no de las migajas de las entidades de gestión- en la mayor movilización que ha habido contra una directiva hemos sido vilipendiados, llamados ladrones, piratas y acusados de supuestos absurdos. Nuestra movilización no les ha impedido aprobar esta aberración, pero si hacerlo camuflado como algo positivo.


La ciudadanía activa por los derechos civiles en internet seguiremos cumplirendo con nuestra obligación y dando la batalla. Internet tiene memoria y los eurodiputados que han votado a favor de esta aberración deben asumir las cnsecuencias en las proximas elecciones. Seguiremos luchando ahora y durante la transposición de la normativa en España para preservar un Internet libre, herramienta de democracia y de futuro con o sin ayuda de “los artistas” o la “izquierda parlamentaria”, pero no sin constatar con amargura el peligroso futuro para la libertad de expresión y de información y nuestras libertades todas en el nuevo contexto de la era digital, donde una y otra vez se mata a la herramienta y al mensajero para preservar un statu quo que no debe perdurar.


Actualización del texto publicado en el nº 70 de la Revista Mongolia.


Xnet es el grupo fundador en España de la coalición #SaveYourInternet compuesta por grupos internacionales tan icónicos como la Electronic Frontier Foundation (EFF) y grupos de todos los países de la Unión Europea unidos para coordinar la campaña sobre los peligros ocultos en la nueva Directiva Europea sobre Copyright.

 

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Lunes 25 de marzo 2019

Publicado enSociedad
Miércoles, 13 Marzo 2019 06:03

Suposición y verdad

Suposición y verdad

La política en nuestro país muchas veces se manejó con un esquema de diseño militar dando lugar al desarrollo de estrategias teñidas de ocultamiento. Los centros de poder mediático ayudaron a dibujar un clima de asfixia social que hizo que el escamoteo de la información produjera un relato construido sin sustento real y jamás desmentido, a la vez que estimulando sentimientos de odio y desprecio.

Es bien sabido que en la guerra la primera víctima es la verdad. Una vez que se lucha por el poder, no importan los métodos utilizados, tampoco importa cómo se establecen las reglas de la nueva etapa. Así, el poder vencedor quiere imponer privilegios al que la inmensa mayoría no podrá acceder.


La confianza se convierte en un presupuesto de las relaciones a diversos niveles. Este a priori no necesariamente funciona sin tropiezos. Las trampas urdidas a la sombra de un acuerdo emergen con frecuencia y en formas cada vez más sofisticadas. El Presidente proclama sin ninguna argumentación o plan que lo sustente que se conduele porque “el sinceramiento es doloroso” mientras inauditamente declama que su quimera de progreso se empieza a cumplir, porque ya estamos mejor que en 2015. Pero, como no le requieren confirmarlo, puede repetir ese slogan sin titubeos.


Los presupuestos sobre los que se basan las opiniones respecto a países, personalidades y medios, tienen una historia tejida en parte sobre hechos a los que se han adosado suposiciones e interpretaciones intencionadas, ignorancia de ciertos sucesos, acentuación de situaciones menores, ininterrumpida presencia de personas o realidades que se quieran imponer. Este trasfondo que construido como realidad incontrastable se convierte en la principal materia prima para formar opiniones que, aunque alejadas de toda racionalidad o cuestionamiento, son la base de confianza con que cuentan los que deciden cuál es la verdadera historia.


Las posibilidades tecnológicas han mostrado que pueden proveer una sólida base para manipular la comunicación. No necesitan hacer explícito su mensaje, sino llevarnos a aceptar su poder como una fuerza valiosa y la inevitabilidad por los efectos que puede producirnos.


Los medios comerciales de comunicación están provocando, al menos, tres efectos principales. En primer lugar, tienden a reforzar la despolitización de la gente. Como alguna vez lo indicó G. Gerbner –uno de pioneros en el campo de la investigación en comunicación– los conglomerados de medios “no tienen nada para decir, pero mucho para vender”. En segundo lugar, tienden a desmoralizar a la población convenciéndola de que es vana toda esperanza de cambio y que sólo resta aceptar la realidad tal cual la interpretan. El tercer efecto es la producción de realidades paradójicas. Por un lado, se verifica un mayor y creciente acceso a la recepción de medios y, al mismo tiempo, los medios están cada vez en menos manos. La influencia que ejercen las corporaciones globales se extiende a todas las esferas de la vida, mientras que se procura que el papel de los estados nacionales sea cada vez más irrelevante. Son los grandes medios los que exaltan la importancia de la libertad de expresión en la vida de la sociedad, especialmente porque son ellos los que poseen los mayores centros de información. La libertad de expresión se ha ido convirtiendo en la libertad comercial para conducirla.


* Comunicador social. Ex presidente de la Asociación Mundial para las Comunicaciones Cristianas.

 

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La guerra comercial Estados Unidos-China y la batalla por la red 5G

Ayer, el secretario del tesoro estadounidense y el vice primer ministro chino confirmaron que volverán a reunirse el jueves en Washington, en busca de superar un conflicto cuyo desarrollo viene perjudicando principalmente al mismo que lo empezó. El ataque a Huawei revela las razones de fondo de que esté sucediendo así.

 

A mediados de enero de 2018, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, le declaró la guerra comercial a China con el anuncio de la imposición arancelaria de 20 por ciento a importaciones de lavadoras y de 30 por ciento a paneles solares. En marzo, aplicó un gravamen de 25 por ciento a las importaciones de acero y de 10 por ciento a las de aluminio. A partir de entonces, desde abril, Estados Unidos y China se encuentran enfrascados en la mayor guerra comercial de la historia. Con represalias tomadas por China ante cada agresión. En diciembre de 2018, en el marco del G20 en Buenos Aires, los dos países acordaron una tregua de 90 días para las agresiones arancelarias e iniciaron pláticas para negociar un acuerdo.


El tema de fondo es que el déficit externo estadounidense crece incesantemente desde hace dos décadas. Desde que China abrió su comercio internacional, en 1990, Estados Unidos decidió utilizar outsourcing y fabricar en zonas de procesamiento exportador en China para abaratar costes. Todo indica que los chinos aplicaron ingeniería de reversa a los productos que se fabrican en dichas zonas y han logrado desarrollar una tecnología propia. Fue el mismo camino que siguieron primero Japón y luego Corea del Sur. La consecuencia de esto, y de la política educativa adoptada, es que ahora China está a la cabeza de la innovación tecnológica mundial. El ejemplo es la red 5G.


De abril de 2018 a febrero de 2019 se han librado cuatro rondas de alzas arancelarias entre ambos países, y el impacto ha resultado contraproducente para el agresor. Las exportaciones estadounidenses a China han disminuido 13 por ciento entre febrero y noviembre de 2018, mientras que las importaciones han aumentado 16 por ciento en el mismo período (ver gráfico). Los saldos estadounidenses son: un incremento del déficit comercial, una prolongación de la bajada de la competitividad comercial y una disminución de su productividad, provocada por el aumento de los precios de los productos intermedios importados. Las empresas estadounidenses compran sus partes y piezas en China, ahora gravadas por el gobierno estadounidense, mientras que los chinos gravan productos finales que, en definitiva, podrían dejar de importar.


Luego de decretarse la tregua arancelaria, se iniciaron rondas de negociación. La primera reunión entre el representante de comercio de Estados Unidos, Robert Lighthizer, y el vice primer ministro chino, Liu He, tuvo lugar en Washington el 30 y el 31 de enero de 2019. La segunda reunión de negociaciones se llevó a cabo en Beijing, el 14 y el 15 de febrero, y el ánimo, según las declaraciones del ejecutivo estadounidense, parece más positivo. Aún se espera una última reunión, que será la última semana de febrero. El límite acordado es el 1 de marzo. Estados Unidos advirtió que, si en esa fecha no se ha llegado a ningún acuerdo comercial, procederá a elevar de 10 por ciento a 25 por ciento los aranceles sobre importaciones chinas, equivalentes a 200 mil millones de dólares adicionales.


Las exigencias estadounidenses centrales son: incrementar las importaciones de China de productos estadounidenses; aumentar la protección a la propiedad intelectual; poner restricciones a China en la inversión en tecnología; fortalecer la regulación en la transferencia de tecnología; atender la protección y la regulación cibernética; y, en menor medida, temas relacionados con agricultura, subsidios y servicios.3 En el corazón de esto están la pérdida de la competencia tecnológica y la caída de la productividad de la economía estadounidense. Estas exigencias son imposibles de cumplir, porque China tiene una política productiva desde hace décadas y entiende que, en el mercado libre, el más fuerte gana. Ellos son ahora los defensores de esto.


Una expresión de la condición real de la pérdida de competitividad estadounidense son los juicios y los ataques contra la empresa china de telecomunicaciones Huawei. La detención de Meng Wanzhou, su directora financiera e hija de Ren Zhengfei, presidente y dueño de la empresa, por el supuesto comercio ilegal con Irán, el robo de tecnología y la violación de los derechos de autor es, en realidad, un intento por bloquear la venta de la red 5G, en el mercado desde octubre de 2018. Esta tecnología corresponde a la quinta generación de la red de Internet, de la conectividad inalámbrica de los objetos y de las telecomunicaciones. Su implementación permite una conectividad 100 veces mayor que el 4G, lo que revolucionará el Internet de las cosas. El 5G es un nuevo paradigma tecnológico, al que Estados Unidos ha llegado tarde, con la empresa AT&T.


En el caso Huawei, Estados Unidos ha boicoteado el 5G con misiones enviadas a los países que están considerando comprarlo y ha conseguido, en nombre de la seguridad nacional estadounidense, que Alemania, Inglaterra, Australia y Nueva Zelanda no le compren a esta empresa. AT&T debe sacar su 5G pronto, mientras que en China ya está operativo. Los nuevos celulares Huawei ya son para la red 5G. Lo más probable es que Estados Unidos continúe acechando a la economía china y de Huawei específicamente. El problema de fondo es: ¿hasta dónde va a llevar Estados Unidos su falta de competitividad y retraso tecnológico, acusando al resto de sus propios problemas?, ¿hasta cuándo va a culpar al resto del mundo de su sobreconsumo?

Por Óscar Ugarteche, investigador titular del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam), Sistema Nacional de Investigadores-Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, y coordinador de obela.org.


** Economista, doctorando en estudios latinoamericanos de la Unam y miembro de obela.org.
1. https://www.bloomberg.com/news/articles/2018-05-04/here-s-what-u-s-demanded-of-china-at-the-start-of-trade-talks

 

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Google quiere tus datos (también) para ser tu banco

El gigante tecnológico Alphabet, matriz de Google, obtiene licencias en Lituania e Irlanda para poder ofrecer servicios bancarios en toda la Unión Europea y anuncia que usará los datos de los clientes para ofrecer servicios personalizados.

El pasado 28 de diciembre Google obtuvo una licencia por parte del gobierno de Lituania, uno de los países en los que es más fácil obtener este tipo de permisos, para funcionar como una fintech —empresa tecnológica que actúa en el sector financiero—. El martes día 8 fue Irlanda la que concedió a la multinacional la licencia para operar como “entidad de pago”. Estas dos nuevas licencias abren la posibilidad de ofrecer un amplio abanico de servicios financieros, no solo en esos dos países, sino en el conjunto de los Estados miembro de la Unión Europea.


El gigante tecnológico llevaba tiempo intentándolo, y lo ha conseguido. Después de todo, el sector bancario es uno de los más rentables y apetecibles del mercado, y las grandes empresas tecnológicas no se iban a quedar mirando como el todopoderoso sector financiero no compartía el gran pastel.


Bajo estas nuevas licencias, Google Payment Ireland podrá ofrecer servicios de tarjetas de crédito y débito, operaciones de cambios de divisas o transferencias de usuarios, entre otras operaciones. Google Payment Lithuania UAB podrá realizar transacciones de pago, emitir dinero electrónico, ofrecer y gestionar monederos electrónicos, envíos de dinero o transferencias.


Otras grandes del sector de la tecnología y los datos, Facebook y Amazon, tampoco se han querido quedar atrás en esta carrera y han obtenido licencias parecidas en Irlanda y Luxemburgo respectivamente, pero con ciertas diferencias a las obtenidas ahora por la empresa del conocido buscador. “Digamos que existe una carrera de adquisición de todo tipo de distintas licencias para conquistar el sector financiero y operar de la misma forma que un banco”, explica a El Salto Ekaitz Cancela, periodista y escritor que publicará en febrero su nuevo libro Despertar del sueño tecnológico (Akal, 2019), sobre esta batalla de las tecnológicas por hacerse con el sector financiero. “Por ejemplo, Amazon ha registrado 33 millones de clientes, desde 2016, para su servicio Amazon Pay y ha otorgado préstamos por un total de 3.000 millones a pequeñas empresas”, explica el periodista.


La empresa tecnológica no tiene licencia bancaria plena, o ficha bancaria, por lo que no podrá ofrecer algunos servicios, como los depósitos. Lo que le deja, de momento, fuera de uno de los principales servicios y negocios del sector financiero tradicional. Aunque, para Cancela, esto no es casual: “Ninguna quiere ser un banco, es decir, no quieren someterse a su regulación, pero cualquier otra entidad bancaria puede aliarse con ellos para agregar millones de nuevos clientes a cuentas de cheques, ahorros y diversas formas de préstamos”.


CONOCEN Y USARÁN TUS DATOS


Pero, según han anunciado, existe un tipo de servicio añadido que Google pretende ofrecer y que se basa en la misma fuente y recursos en la que se centran todos los negocios y filiales de Alphabet: el uso de nuestros datos. La multinacional podrá utilizar dichos datos para “ofrecer a clientes análisis detallados de sus patrones de consumo, a fin de diseñar planes financieros y presupuestarios personalizados”. De ese modo, la gigantesca acumulación de datos por parte de las grandes empresas tecnológicas podría ser utilizada para reorientar nuestras finanzas, ahorro o consumo.


Este nuevo tipo de utilidad de los datos en las finanzas puede tener sus ventajas desde el punto de vista de la eficiencia y la comodidad, ya que el uso del big data para crear perfiles sobre los usuarios de acuerdo a sus capacidades económicas —gracias a métricas sobre sus ingresos, consumo, posibilidades de ahorro o endeudamiento— pueden maximizar la utilidad que tiene una persona en la economía.


Pero el excesivo control de dichos datos por parte de muy pocas empresas, así como la extensión del uso del big data a sectores que van desde la medicina a la movilidad, tiene sus críticas y detractores. “Esto significa que el gran capital administra cada aspecto de la vida de una persona de manera racional mediante la tecnología —critica Cancela— ya que estas compañías han creado una infraestructura sobre la que tiene lugar toda nuestra vida —consumo y producción— y ahora pueden convertir cada instante de la vida en un servicio”.
Los largos brazos de estas grandes empresas tecnológicas parecen expandirse por todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana. Nuestras actividades bancarias y financieras parecen el siguiente paso, aunque no parezca que sea el último. “Es el poder corporativo determinando cada instante de la existencia humana”, sentencia Cancela.

YAGO ÁLVAREZ BARBA
@ECONOCABREADO

2019-01-10 06:30:00

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Paul Mason: “Los gobiernos tienen que dar un paso al frente y romper el monopolio de Facebook”

El divulgador Paul Mason no cree que sus ojos vuelvan a ver otra crisis del capitalismo y también considera que ahora es más fácil imaginar el fin del mundo que imaginar a Facebook enseñando públicamente su algoritmo.


Si rescatáramos las viejas teorías de Adam Smith y David Ricardo sobre las que se cimentó el pensamiento capitalista y las comparáramos con la realidad de la economía global actual, seguramente no encontraríamos ni un mínimo rasgo en común, más allá del “todo por la pasta” que nunca caduca. El concepto capitalismo ha evolucionado al neoliberalismo que Thatcher y Reagan expandieron por todo el globo y que ha servido de pretexto perfecto para el avance de lo privado sobre lo público. Desde la caída de Lehman Brothers, nuevos estilos de economía se están desarrollando en un escenario. Algunos lo llaman economía digital, otros economía colaborativa, otros turbocapitalismo, otros economía rentista.


Las leyes de la competencia que nos prometían una gran variedad de productos a bajo precio solo han servido para quitar barreras públicas al dominio de los grandes olipolios. Entre todo ello, un nuevo factor que lo ha cambiado todo entra en la ecuación de la economía: los datos. Desde el casi obsceno control que tienen las grandes empresas tecnológicas sobre nuestras vidas, a la reducción del coste marginal de muchos productos a cero, los datos lo están cambiando todo. Incluidas las relaciones de poder mundial. Hay una clara evolución en el ecosistema económico mundial, pero nadie le quiere poner nombre. Paul Mason sí lo hace.


Este periodista y divulgador nacido en 1960 en Leigh (Reino Unido) trabajó durante más de una década como editor de economía en la BBC. Hace tres años publicó el libro Postcapitalismo: hacia un nuevo futuro (Paidós). Un libro de referencia entre las personas que quieren visualizar cómo será el final del capitalismo y, lo más importante, quieran avanzar hacia una sociedad más justa e igualitaria. Visita Madrid para dar una conferencia en el ciclo “Seis contradicciones y el fin del presente” del Reina Sofia y recibe a El Salto.


Voy a empezar por la difícil: ¿ha muerto el capitalismo? ¿está el neoliberalismo en caída?

El neoliberalismo está roto, es como un zombi, no funciona. En el sentido en que el sistema neoliberalista claramente provocó la crisis de 2008 y lo que hicieron fue lanzar 20 billones de dólares de los bancos centrales. Ahora, si miramos a nuestro alrededor, podemos ver tipos de negocios que no existían antes desde 2008, como los coches con conductor que hacen de taxis, pero el único motivo por el que existen es gracias a esos 20 billones de dólares de dinero gratis. Sin embargo, hay un problema, que es exactamente el problema contrario al que tuvieron en la crisis de 1930: han podido salvar la economía pero no han podido salvar la narrativa. Puedes mantener una economía a flote, pero no puedes mantener a flote una narrativa porque los cerebros de la gente exigen que haya coherencia. Salvando la economía lo que hicieron fue trasladar la presión a los políticos, y estos políticos simplemente han colapsado.


Mucha gente no deja de pensar y preguntarse cuándo será la próxima crisis del neoliberalismo, y yo no pienso que vaya a ver una nueva crisis del capitalismo. Incluso si hay otro crash de las bolsas, ellos simplemente inyectarán más dinero gratis en el sistema. Lo que yo expliqué en mi libro, hace tres años, es que si no avanzamos desde el neoliberalismo, este romperá la globalización. Y esto es lo que está pasando. Podemos ver proyectos neoliberales nacionalistas como por ejemplo Trump o el Brexit, para el ala más ultraderechista del partido conservador. Pero de lo que yo hablo en el libro como neoliberalismo es algo global. Aunque China o India lo estén haciendo bien ahora, si Estados Unidos se sale, se rompe el sistema.


Pero dejando el neoliberalismo de lado, este no es el fin del capitalismo. El fin del capitalismo vendrá, para mí, como en un siglo. Pero tenemos que ser capaces de visualizar lo que eso significa. Y esto me lleva al punto central de la tesis del postcapitalismo: la tecnología de la información es diferente a otros avances tecnológicos anteriores porque desafía las raíces de una sociedad basada en el trabajo y en la escasez.


Has dicho que no crees que haya una nueva crisis del neoliberalismo porque inyectarán dinero gratis, pero la realidad es que ahora mismo están haciéndolo desde el Banco Central Europeo con el Quantitive Easing (QE). ¿Qué crees que pasará cuando acabe dentro de un año?

Bueno, recuerda que cuando acaba no acaba. Que acabe el QE significa que acabarán de lanzar nuevo dinero al mercado, pero el dinero seguirá ahí. En el Reino Unido, el Banco Central va a mantener los bonos que han comprado por lo menos durante los próximos 30 años. Sin embargo, es cierto que será una señal en la que querrán que la economía crezca por sí misma. Y lo que vamos a ver es un crecimiento muy débil. Ya es bastante débil en los Estados Unidos, incluso aunque Janet Yellen ha sido cautelosa y no ha querido sacar de una manera muy agresiva el dinero de su banco central del mercado.


Pero este no es el problema estratégico. El problema estratégico es que las fuentes de crecimiento de los últimos años son muy débiles. En los últimos 30 años hemos crecido mediante la extensión del crédito, expandiendo la fuerza laboral mundial, doblándola, y con lo que llamamos catching growing: Turquía se convierte en lo que era Croacia, Croacia se convierte en lo que era Austria, China se convierte en lo que era Turquía.


Los economistas del Banco de Inglaterra hicieron una clara predicción para los próximos 30 años. Dijeron que las fuentes de crecimiento encogen, permitiendo que solo la productividad pueda crecer. Entonces, en vez de utilizar el gran poder que tenemos con la automatización y la robótica para disminuir cada vez más la cantidad de trabajo que hacemos, lo que se está creando es lo que mi buen amigo David Graeber llama los bullshit jobs (trabajos de mierda). Pero si creamos esos bullshit jobs lo que hacemos es evitar que exista ningún tipo de productividad. Lo que haces es mantener a mucha gente en una precariedad mal pagada para que el sistema financiero siga funcionando.


No es que alguien haya diseñado este tipo de precariedad, pero el punto aquí es que todo el mundo tiene que poder comprar un teléfono, deben tener una cuenta bancaria, tiene que poder devolver su préstamo de estudiante, por lo que tiene que haber trabajo, da igual cuál sea, al sistema no le importa. Por lo que el problema no es que los bancos centrales dejen de inyectar dinero, es que siempre vamos a tener que confiar implicitamente, hasta el final, en la intervención de los bancos centrales, porque solo quedan unas pocas fuentes de crecimiento a nivel global, excepto la productividad.


Y qué hay de los datos, ¿no son ahora esa principal fuente de crecimiento?

No. Voy a intentar argumentarte por qué. El punto fundamental sobre las tecnologías de la información y los productores de datos es que colapsan sus propios costes de producción. Esto es normal cuando hablamos de datos, pero la realidad es que también afecta a la realidad. En el libro pongo el ejemplo de estos ingenieros que diseñaban, al principio de su carrera, el avión Tornado calculando doce posibles situaciones de estrés que podría sufrir la cola del avión. Al final de su carrera, diseñaron el exitoso avión Eurofighter utilizando 1,86 millones de pruebas de estrés de manera simultánea. Esto no hace necesariamente que un avión sea más barato que otro, porque no es una cuestión de solo diseñar. Se tiene que construir, hacer el prototipo, etc. Los datos están haciendo que baje el coste de todo, pero los precios no están bajando en muchas áreas. La razón es que están apareciendo monopolios como respuesta a todo esto.

Por lo que yo veo es que las GAFA (Google, Apple, Facebook y Amazon) son las respuestas distorsionadas del capitalismo para los que pretenden colapsar el coste de los productos, porque son las que necesitan mantener los costes de producción altos.


El primer estudio sobre el impacto de internet en la macroeconomía hecho por una autoridad gubernamental fue el de la OCDE en 2013. La OCDE dice “ok, miremos la productividad y miremos lo que se llama el excedente del consumidor”, que es si, por ejemplo, Amazon reduce los costes, nosotros los consumidores podremos obtener más que si nos lo vende una persona en una tienda, porque esa persona es dueña y paga esa tienda.


La OCDE dice que este excedente del consumidor está ocurriendo y es real, pero lo que también dice es que hay algo mucho más grande: el impacto en lo que queda fuera del mercado. Aquí nos encontramos un problema, porque si le preguntas a un economista te dirá que no está para nada interesado en ese impacto que queda al margen del mercado. Te dirá que no es economía. Pero, para mí, en una tesis postcapitalista, lo que está fuera del mercado es la clave, porque yo movería la economía a un estado fuera del mercado.
Por lo que la productividad de los datos está claramente creciendo exponencialmente, pero no tiene un efecto en el mercado, produce más valor y productividad gratis. Y solo pueden captar valor económico en un corto periodo de tiempo, el de la recompensa a la innovación o si mantenienes un monopolio.


Es por esto que te argumento que, ahora mismo, nos encontramos en una situación en la que donde la relación social del capitalismo está absolutamente fuera de la tecnología que está siendo creada. No solo porque “la información quiere ser libre”, como dijo Steward Brand, sino también porque la fuerza de trabajo y los salarios están disociándose.
Un patrón principal del capitalismo ha sido su obsesión por saber cuántas horas de trabajo vale cualquier cosa, pero eso ya ha dejado de importarnos. Ahora podemos producir productos sin usar trabajo.

Uno. La tecnología de la información colapsa el precio de producción. Dos. Disociar trabajo de salarios. Tres. Crear trabajo en red que pueda crear productos gratis. Y cuatro, crear democracia de la información. Por ejemplo, si desarrollo algo nuevo con mi teléfono móvil, mañana todo el mundo lo tiene gracias a una actualización. El capitalismo moderno es una reacción distorsionada de eso. La reacción a la disminución en el coste de la producción es el monopolio. La reacción a la posibilidad de la disociación son los bullshit jobs. La reacción a los efectos de las redes es lo que en inglés llamamos rent seeking [extractores de rentas]. Empresas que ya no producen riqueza, sino que la agarran de aquellos que ya la producen , como el modelo de Uber o AirBnB. Y de la democracia en la información nos podemos olvidar, porque en su lugar lo que hay es una enorme simetría de información y poder.
Existe esta frase de Fredric Jameson que decía que era más fácil imaginar el fin del mundo que imaginar el fin del capitalismo. Ahora es más fácil imaginar el fin del mundo que imaginar a Facebook enseñándome su algoritmo. Es imposible que yo lo sepa o Facebook colapsaría.


Entonces, ¿cómo podemos acabar o luchar contra esos monopolios que dominan y están instaurados a nivel mundial?

Cada uno de esos cuatro puntos que te he dicho antes tienen una solución. Para romper los monopolios están las leyes de la competencia. La de Europa dice que tiene que haber siempre por lo menos cuatro bancos, por lo menos cuatro empresas de todo. Cuando cojo un vuelo no pienso que se va a estrellar porque sé que hay cuatro empresas de turbinas que están compitiendo entre ellas para producir los aviones. Incluso si es casi un monopolio donde muchas se pertenecen unas a otras, están compitiendo. Entonces, ¿por qué no le puede pasar eso a Facebook? Mucha gente dirá que dónde van a poder ellos conectarse mejor con los amigos de sus amigos. Pero, por ejemplo, cuando vas a un cajero no siempre vas al cajero de tu banco. Tú vas a un cajero. Pues creo que Facebook podría ser ese cajero automático. Sería la pantalla frontal, pero detrás de ellos las empresas podrían ser forzadas a competir a la hora de proveer el servicio de las amistades, de la base de datos o de los algoritmos. Y así podríamos elegir. Podríamos elegir entre un proveedor de pago que no me mostrara publicidad. Podríamos elegir un proveedor que tuviera un código ético y nos prometiera que nunca va a vender nuestros datos a un gobierno o a un Cambridge Analtica. Lo más extraño de todo esto es que a la gente le resulta muy difícil imaginar esto que te estoy explicando. Pueden imaginar cuatro supermercados o cuatro bancos, pero no son capaces de imaginar cuatro Facebooks. Los gobiernos tienen que dar un paso al frente y romper el monopolio de Facebook y tienen que permitir que haya competencia para colapsar el precio.
Y hay otra cosa, estas empresas de datos sabían que esto estaba llegando y lo que realmente necesitan es que haya alguien que posea algún tipo de registro de identidad. Y hablamos de un problema que se tiene en los dos lados, porque yo creo que una sociedad civilizada no debería permitir el total anonimato. Twitter ahora mismo es el mayor hervidero de antisemitismo del mundo. Hay muchos bots, pero también hay miles de antisemitas que se aprovechan de ese anonimato que les ofrece esa red. No creo que la civilización actual deba permitir eso. Debes ser una persona real para participar en la sociedad digital.


Sin embargo, ¿quién debe ser dueño de ese registro de identificación? Yo estoy muy contento de que mi gobierno sepa dónde vivo, porque yo quiero votar y me he registrado para ello. Pero no quiero que el gobierno sepa quiénes son mis amigos o cuál es mi estado de salud. De igual forma, tampoco quiero que lo sepa Facebook. Por lo que creo que necesitamos crear un registro de identidad con una capa de propiedad pública, pero con acceso privado. A los que más les convendría sería a Google, Facebook o Amazon, porque necesitan hacer un pacto la sociedad civil. Y la única manera posible que veo es lo que está sucediendo en Barcelona, con Ada Colau y su jefa de tecnología, Francesca Bria, con tecnología blockchain. De manera que cualquiera podría dar y quitar acceso a sus datos de una manera individual. Podríamos poseer algo colectivo de manera individual. No sería ni un bien común, es una comuna.


Si construimos un registro de identidad como un propiedad común, no propiedad de gobierno ni empresas, con un esqueleto blockchain, entonces podríamos crear un poder social para todo el mundo. Esa es la forma de romper el monopolio.


Y estos que tú has llamado rent seekers...

Tenemos que atacar a esas empresas. Hay que decir: la extracción de rentas es ilegal.


O sea que tú ilegalizarías Uber.

Sí… No, bueno, lo que haría es decirles que es totalmente legal existir como empresa, pero no puedes operar en Madrid porque no te queremos. Porque la existencia de este tipo de empresas ha destruido a miles de empresas de taxis en todo el mundo y es nuestro cometido, como civilización moderna, proteger este tipo de empresas y economía. Como ha hecho Barcelona con Airbnb. Si estas empresas son capaces de remodelar su negocio en una escalada hacia abajo, pues entonces bien. Pero la realidad es que hay bancos y fondos de inversión que están metiendo mucho dinero en estas empresas con el propósito de eliminar la competencia destruyendo a todas esas empresas como las de los taxis. La sociedad civil tiene el derecho de decir que modelos como el de Uber no se permiten. Si nos dijeran que es un modelo de negocio que utiliza a trabajadores esclavos no tendríamos problema en prohibir ese tipo de modelos, pero el problema aquí es que la gente todavía no tiene del todo claro cuál es ese modelo y entonces se quedan mirando sin reaccionar. También hay que tener en cuenta que estas empresas están gastando millones y millones haciendo lobby en la Comisión Europa.


Claro, y esos lobbies son los mismos que están haciendo que se cumplan esas leyes de competencia de las que antes hablabas para presionar y obligar a gobiernos municipales a aceptar modelos de negocio como los de Uber en pro de defender esa libre competencia.

Cierto. Por eso necesitamos la victoria en Europa. Para mí, cuanto más está la Comisión Europea en el bolsillo de estas empresas, menos legitimidad va a tener Europa. Miramos a los Estados Unidos de Trump y pensamos en lo horrible que es, pero la verdad es que allí impera la ley. ¿Cuántos periodistas han muerto en Estados Unidos a manos de la mafia? Ninguno. En Europa, por lo menos, tres. Europa es grande en términos de corrupción, en crimen organizado, en corrupción a un nivel institucional europeo. La soberanía de la Comisión Europea es un espacio que nadie entiende y por eso es un patio de recreo perfecto para las grandes multinacionales.


El Ayuntamiento de Madrid acaba firmar un contrato con una empresa de Google, Carto DB, para intercambiar datos en un proyecto para mejorar la movilidad y el tráfico de la ciudad. Vemos en este caso cómo ya no se usa el típico modelo de privatización donde la empresa se hace con un servicio que antes hacía una administración pública, sino que es una partenariado entre lo público y lo privado para ofrecer un servicio que todavía la administración público no ofrecía. ¿Cómo se puede parar o revertir ese tipo de prácticas?

No conozco los detalles de ese contrato, pero el caso es que no estoy en contra de que las administraciones públicas firmen contratos con empresas para realizar proyectos innovadores. El problema es quién posee todos esos datos y sus efectos. El modelo tradicional es que estas empresas den la tecnología, porque ellas lo que quieren son los datos. Google, por ejemplo, recolectaba información de Gmail, pero tras unos años decidieron que habían recogido suficiente información. Cuando fueron capaces de predecir cómo se comunicaba la gente a una escala global, ya no necesitaban seguir recolectando datos.


Yo creo que, en unos cinco años, la ciudad de Madrid podría recoger la suficiente información para controlar, predecir y mejorar su circulación. Y creo que las ciudades tienen que aprovechar esa información y que lo hagan con una empresa externa. Pero hay un problema en lo que concierne al consentimiento. Pongo un ejemplo: ahora mismo se está experimentando con los coches autoconducidos. Estos vehículos tienen sensores y cámaras que lo graban y localizan todo. Puden recolectar una cantidad inmensa de datos. Nos pueden grabar al pasar por nuestro lado. Si la empresa que está produciendo esos coches es comprada por Google, esta empresa pasará a saberlo todo sobre nosotros. Sabrán quién es el dueño de cualquier coche y dónde y a qué horas lo suele aparcar, pero también podrán saber quién está teniendo una aventura con quién o quién es gay. Entonces el problema está en cómo le damos permiso a la empresa que recolecta información sobre el tráfico y cómo, saber para qué y para quién es utilizable toda esa información sobre nosotros. Porque la información es increíblemente poderosa y, ahí, entramos en una situación que da miedo.


¿Cómo es el uso que se le va a dar a esa información? ¿cómo puedo, o no, consentirlo? Tenemos que empezar a exigir que se nos diga qué se hace con todos esos datos que recolectan de nosotros. Algo que debería ser normal en una regulación capitalista, pero el problema es que estas grandes empresas escapan a esa regulación y les han dejado espacio para hacer lo que quieran.


¿Qué políticas o acciones puede hacer un ayuntamiento para realizar ese tránsito hacia una sociedad postcapitalista?

Atacar a los extractores de rentas, como por ejemplo ha hecho Barcelona con Airbnb. Si atacas a esos modelos, creas espacios para otros modelo que no se basan en esa extracción. Las empresas innovadoras y reales pueden competir a un mismo nivel con las grandes empresas. Además se pueden promover alternativas no capitalistas: cooperativas de crédito, servicios públicos o que sean cooperativas dueñas de los usuarios.


En Madrid, debería haber una aplicación pública donde los taxistas deberían poder ofrecer sus servicios sin pagar, porque dicha aplicación no necesite buscar beneficio. El Ayuntamiento de Madrid puede pedir a una empresa privada que desarrolle esa aplicación, pero después la aplicación debe ser municipal. Si luego Madrid se la quiere vender a otros ayuntamientos en el mundo, pues perfecto. Pero nunca debe ser privatizada.


Otro ejemplo son todas esas bicicletas de alquiler mediante una aplicación que ahora han aparecido de repente por todos los lados. Los ayuntamientos deberían regular y prohibirlas.
A nivel nacional, se tiene que avanzar hay una renta básica universal (RBU). Porque la RBU es el complemento que necesitamos para avanzar hacia una robotización del empleo y para que cada vez trabajemos menos. Pero a un nivel local también se pueden hacer muchas cosas en esta dirección. Yo he hablado con los riders de Deliveroo que se están juntando en sindicatos en el Reino Unido. Les pregunté qué querían y me dijeron que una subida de un 5% en su salario no era una medida que les fuera a solucionar mucho, pero que si podían acceder a transporte gratuito, sanidad gratuita, educación gratuita y tener garantizado el acceso a la vivienda, entonces, podrían vivir con el salario de repartidor de Deliveroo. Hay que eliminar esa necesidad de tener que ganar dinero para pagar todos.


El municipalismo ahí tiene un papel muy importante. Si consigues que todos esos servicios sean gratis, tu ciudad se convertirá en una ciudad donde la gente quiera vivir, de la cual saldrán cosas maravillosas porque la gente estará menos preocupada por llegar a final de mes y tener que estar trabajando para poder cubrir todas esas necesidades. El activismo, el arte y otras cosas pueden florecer.


Democracia en los datos y la información es otra de las labores en las que el municipalismo puede avanzar. Los ayuntamientos no pueden obligar a las grandes multinacionales a que la practiquen, pero estos si que pueden hacerlo. El ejemplo es el proyecto de Franscesca Bria con Barcelona en Común que he comentado antes. Es un proyecto que también lo ha adoptado Amsterdam y dentro de poco lo hará Berlín. O sea que ya tenemos tres ciudades importantes europeas que van a desarrollar este tipo de democracia de la información.
Los ayuntamientos deben abrir cuanta más información les sea posible. Deben desarrollar software libre y promover que se haga todo en software libre y código abierto. Las ciudades siempre han sido muy importantes en la creación de las civilizaciones, desde la era de Mesopotamia. Y en una era postcapitalista van a ser igual de importantes.

El año que viene publicas nuevo libro. ¿Qué podemos esperar de Clear Bright Future: A radical defence of the human being?

Es una defensa del humanismo. El tema es que los humanos siempre, durante toda la historia, hemos tenido un profundo temor a seres mejores que nosotros. Los humanos siempre hemos querido ser dioses, pero también podemos acabar siendo zombis. Las nuevas tecnologías nos muestran un nuevo escenario en el que esas dos posibilidades pueden ocurrir, porque en el próximo siglo vamos a crear inteligencias posthumanas que serán más inteligentes que nosotros y esto nos puede traer muchos problemas. Ahora mismo, la gente que apoya a Trump son algo así como zombis que confrontan a la razón. Y no hablo en sentido metafórico, son personas que no creen que el cambio climático les vaya a afectar.
Entonces, mi teoría es que para poder luchar contra todo lo que tiene que ver con Inteligencia Artificial, Facebook, control mediante algoritmos, Trump y la extrema derecha necesitamos defender los derechos humanos contra la mecanización, contra el control y contra la irracionalidad. Necesitamos ser humanistas.


Quiero rescatar las teorías más tempranas de Marx, que veía el comunismo como un humanismo radical, tal y como él lo llamaba. Marx decía que podemos ser libres porque tenemos un el don biológico de poder ser comunicarnos y cooperar, no porque hayamos inventado nuevas herramientas. Quiero rescatar eso, porque creo que eso es lo que puede hacer que la izquierda pueda batir el control algorítmico, la mierda de la extrema derecha, Silicon Valley, etc. Mi libro es un ataque a esa deshumanización.

 

Por Yago Álvarez
@EconoCabreado
2018-11-28 14:00:00

 

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