La OCDE urge a impulsar la participación laboral de la mujer en América Latina

El organismo que reúne a las economías más industrializadas hace un nuevo llamamiento a reducir la informalidad en los mercados de trabajo de la región y advierte de sus efectos negativos

 

 

La informalidad y la baja participación de la mujer en los mercados de trabajo son dos losas para los principales países latinoamericanos. La primera se traduce en la ausencia total de coberturas para el trabajador y en una menor recaudación para el sostenimiento de los servicios públicos; la segunda, en un rasgo de desigualdad que lastra un crecimiento de por sí más bajo que en otros países emergentes. En este caldo de cultivo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha urgido este viernes a los Gobiernos de la región a poner en marcha medidas que cierren la brecha de género y a atajar de una vez por todas los elevados ratios de trabajo informal, una disfunción común —con distintos grados— de Tijuana a Ushuaia.

Las cifras hablan por sí solas. La tasa de participación laboral de la mujer en América Latina es en promedio 20 puntos porcentuales inferior a la de sus pares hombres, según los últimos datos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT): solo una de cada dos mujeres participan en los mercados de trabajo regionales, frente a una ratio de tres de cada cuatro en el caso de los hombres. Las cifras mejoran, como reconocía la propia OIT en su último informe anual, pero aún queda un largo trecho por recorrer hasta que se nivele la participación de ambos sexos. Y esa menor participación se traduce, a su vez, en menor ocupación femenina: del 45% frente al 69% de los hombres.

La informalidad es igualmente preocupante: más de la mitad de los trabajadores latinoamericanos acude cada día a su puesto sin ningún tipo de cobertura ni garantías, de las que sí gozan los trabajadores registrados, como el acceso a la sanidad o la cotización para una futura pensión de retiro. Y ejerce de freno sobre la productividad en una región que no está ni mucho menos para tirar cohetes.

De ahí el interés de la OCDE en su última edición del informe anual Going for Growth, un libreto de recomendaciones a todos los países miembros de la organización —que reúne en su seno a las economías más industrializadas del mundo, entre ellas México, Colombia y Chile— y a un ramillete de naciones que, pese a no formar parte, son analizadas —con Brasil, Argentina y Costa Rica como grandes exponentes latinoamericanos—. Los consejos de política pública son individuales y distan mucho entre unos y otros, pero la preocupación por la equidad del mercado laboral regional y la informalidad son una constante.

México, la segunda economía de la región y la cuarta más grande del continente americano —a pesar de que las condiciones de su mercado laboral (formalidad, salarios y derechos laborales, como vacaciones), distan mucho de lo que cabría esperar para su nivel de renta— centra buena parte de la zozobra regional. Tanto en lo tocante a la incorporación femenina al trabajo —"la media de horas trabajadas está entre las más altas de la OCDE, pero la baja participación de la mujer reducen la contribución del empleo sobre el crecimiento"— como en lo referente a la informalidad —"que persiste y arrastra consigo a la productividad y el crecimiento económico, y constituye una fuente de desigualdades en el ingreso y en el acceso a los servicios públicos"—.

Para poner coto a la galopante tasa de empleo informal en México (que roza el 60%, según los últimos datos disponibles), los técnicos de la organización llaman al Gobierno a reducir las contribuciones a la seguridad social de los trabajadores de menor cualificación, y a mejorar los servicios públicos de cuidado de los más pequeños. También a la simplificación de las regulaciones fiscales y regulatorias, y a aumentar el número de inspectores que velan por su cumplimiento.

Una conclusión similar se desprende del análisis de Costa Rica, donde la informalidad sigue siendo "elevada" para los estándares de la OCDE y donde —aunque sus autoridades acaban de tomar cartas en el asunto— a diferencia de otros países de la región, no ha disminuido. En el caso del país centroamericano, la receta pasa, según el organismo dirigido por el mexicano Ángel Gurría, por "fortalecer la aplicación de las regulaciones laborales" y, sobre todo, por "garantizar a los inspectores la facultad de imponer sanciones".

Para Colombia el mensaje es claro: debe reducir las barreras a la formalidad. Y subraya que "no se ha tomado ninguna acción" en ese sentido. "Los altos costes no laborales, en combinación con complejos y costosos sistemas para declarar trabajadores formales promueven la informalidad, contribuyendo a altos niveles de desigualdad y baja productividad". Un duro aviso que debería encender las alarmas en Bogotá.

Una llamada a la igualdad en el cono sur

En el caso de Argentina, donde la tasa de participación laboral de la mujer es de solo el 51%, 27 puntos menos que la masculina, el think tank de los países ricos llama a "facilitarla", lo que tendría un "impacto significativo sobre el crecimiento y reduciría la desigualdad". Entre las recomendaciones sugeridas por sus especialistas al Gobierno de Mauricio Macri —que en octubre se enfrentará a las urnas en unas elecciones en las que esta cuestión sigue fuera de la agenda— destaca la promoción de un esquema que luche contra las diferencias salariales por sexos, la mejora en el acceso a las guarderías para niños menores de tres años, la reducción de los "desincentivos fiscales" que frenan la incorporación de la mujer al mercado de trabajo, la inversión en políticas activas de empleo especialmente dirigidas al colectivo femenino y la igualación de los permisos de paternidad y maternidad —hoy, de solo dos días para el padre y de tres meses para la madre—. Buenos Aires, subraya la OCDE, también debe "promover la diversidad de género en las posiciones de liderazgo, tanto en el sector público como en las empresas, mediante la promoción de la transparencia y el establecimiento de objetivos [cuotas]".

La participación laboral de las mujeres chilenas es aún más baja que en Argentina, con el 48,5%, y la OCDE pide a Chile que incentive su inserción en el mercado como una forma de reducir el desempleo, informa Federico Rivas. El informe destaca que hasta 2017 el Gobierno había sumado 38.000 niños de hasta cinco años al sistema educativo como una forma de reducir la carga horaria de las madres que deseen trabajar. Pero pide también que promueva una educación de calidad y que las instituciones extiendan su horario de apertura en los barrios más pobres y en las poblaciones rurales. El ente con sede en París alerta, asimismo, sobre la necesidad de eliminar los problemas que encuentran las mujeres para ingresar a un mundo universitario dominado por hombres, base de un “estereotipo de género” que pone en duda sus capacidades académicas. En cualquier caso, tanto para Argentina como para Chile, el desafío es igualar las posibilidades de inserción de las mujeres al mercado de trabajo, hoy lastradas por miradas relacionadas con el cuidado del hogar y problemas para acceder a una formación de calidad, sobre todo en los segmentos más vulnerables. Una tarea que, de no acelerar pronto, tardará aún varios años en ser completada.

Por Ignacio Fariza

México 12 JUL 2019 - 17:55 COT

 

Publicado enEconomía
“Nos juramos nocturnas, nos juramos rebeldes”*

El pasado 26 de mayo, en la ciudad de Bogotá inició la IV semana contra el acoso callejero, actividad en la que se realizaron diversas acciones y contó con la participación de distintas colectividades y voluntades que se juntaron en el reclamo por las calles libres de acoso, por las noches para la vida y no para la muerte. ¿Quiénes habitan esas noches y de qué maneras? ¿Qué pasa con quienes se atreven a estar en el espacio público por fuera de lo establecido o impuesto? ¿Qué pasa con quienes la noche es su medio de relación o trabajo? ¿Por qué las calles parecen no ser nuestras?

 

En esta ocasión nos reunimos precisamente alrededor de los significados de “la noche” y la reivindicación del aquelarre urbano, articulando diversos debates y voces que, desde contextos y experiencias diversas, muestran las condiciones que para cada cuerpo implica transgredir las fronteras y conspirar rebeldías en las calles. A la cita de organización llegaron varios parches con una amplia gama de acciones que se unieron desde cada uno de sus espacios y posibilidades al grito: ¡Por las calles libres de acoso!

 


 

El silencio no es una opción: el reto de organizar y el esfuerzo colectivo*

 

La semana contra el acoso callejero, nace de un colectivo neoyorkino llamado “Stop Street Harassment” en el año 2011 –aproximadamente–, quienes plantearon la organización de una semana de denuncia donde se visibilizaran las violencias normalizadas en la calle a través de actividades en el espacio público.

Esta incitativa se extendió a nivel internacional y en Colombia la realizamos por primera vez en el 2014, cuando la Colectiva “No Me Calle” tenía el nombre de “Observatorio contra el acoso callejero”; fue una experiencia muy enriquecedora que contó con actividades como cine foros, clases de defensa personal, talleres sobre acoso callejero y culminó con una marcha en la que participaron muchas personas y colectivas feministas de Bogotá; para el año 2015 también pudimos hacerla con una dinámica muy similar.

En el 2017, bajo el nombre de “No Me Calle”, organizamos como colectiva una semana con participación más inclusiva, llegando a la intervención con 12 parches más o menos. Esta experiencia contó con muchas discusiones que desde agrupaciones en las universidades se iban generando, así mismo colectivas que ya venían ocupándose de estos debates en sus contextos se unieron con sus talleres, actividades y posturas al interior de los claustros. Allí se desarrollaron varias acciones de denuncia a partir de rayar e intervenir los espacios y de tomarnos los mismos con arengas, performances, tendederos, gráficos etc., cerramos también con marchas, en la que se contó con batucadas feministas.

La iniciativa siempre procura plantear actividades de toma de espacios y pensarnos estos temas naturalizados en la cotidianidad de las personas, es emocionante que de momento la gente se encuentre con mujeres que visibilizan esto de muchas formas, que nuestra apuesta sea siempre contar que “nos matan, nos violan y nadie dice nada”.

En este sentido decidimos abrirnos este año 2019 para invitar más colectivos. Además de ser una experiencia enriquecedora fue muy divertida, conocimos el trabajo de todas, y procuramos la descentralización ya que siempre hacemos las cosas en los mismos lugares y aunque ha sido complejo poner y activar estas discusiones, seguiremos trabajando.

Hubo tendederos, cartografías, tejido, cine foro, talleres en universidades, conversatorios sobre las perspectivas de mujeres trans, sobre las agresiones en las universidades, hablamos con grafiteras, con mujeres ciclistas urbanas, con trabajadoras nocturnas y consideramos muy poderosa la articulación.

Nuestros retos serán precisamente estos desde la diversidad y cómo seguirnos uniendo para dialogar sobre la noche, la calle, la resistencia; estas iniciativas nacen para visibilizar el tema, pero necesitamos hacerlo de diferentes formas, pensarnos entre todas como irrumpir de formas creativas en la cotidianidad y posicionarnos.

Queremos, llegar a la semana nacional contra el acoso callejero, la actividad sigue creciendo y esperamos que siga así.

 

*Colectiva NoMeCalle, transcribe Mujeres de Mi Barrio


 

Uniendo voluntades, conspirando la noche en dos ruedas*

 

Tuvimos una experiencia muy fuerte y poderosa, articulando nuestras acciones en contexto a la semana contra el acoso, nuestra apuesta de poder seguir trabajando juntas, sin importar las distancias y los territorios, se materializaron en la bici rodada que tuvimos el 31 de mayo. Se unieron desde Medellín, Cali, Barranquilla, Paipa y llegó también a Quito, eso visibiliza el poder de las mujeres y nuestros alcances.

Estuvimos presentes en el conversatorio “Nos juramos nocturnas” y como relatoras en el conversatorio de la Red Popular Trans. Fue interesante, porque pensamos que íbamos a estar las mismas de siempre o parches de solo gente de la bici, pero nos sorprendimos con la diversidad de opiniones y de posturas, fueron otras personas que nos exigen también dar otras discusiones y de otras maneras, son otros diálogos.

Por ejemplo, a veces no estamos en espacios donde haya tanta presencia masculina, pero cuando existe el reto, nos planteamos cómo mostrar estas reflexiones y cómo hacer para que también allí se cuestionen. De esa actividad salieron preguntas sobre el cambio de esos comportamientos y eso es interesante en la discusión sobre el acoso.


Logramos ver también la noche desde diferentes lugares y como las habitamos, como la resignificamos, es interesante aprender desde otras perspectivas en la existencia nocturna, las discusiones sobre la valentía, el miedo, el arriesgarse, el colectivo, el poder, la defensa y también la diversión, porque la calle es nuestra.


El día de la rodada, a pesar de las dificultades empezando con el clima, creemos que se cumplió con el objetivo que era rodar. Por primera vez fuimos más chicas que chicos, pudimos poner nuestra música, hacer nuestras rutas y vemos que nos podemos organizar muy bien, cuidarnos entre nosotras, e incluso a pesar del tema, vimos cómo nos acosaban en la calle cuando estábamos en las bicis y con tanta gente.
Seguiremos mejorando, aprendiendo y apostándole a la noche.

 

* Colectivo Ciclodelicas y Red nacional interseccional de mujeres y disidencias en bicicleta (Redimit), transcribe Mujeres de mi Barrio

 


 

Nos tomamos los barrios, la loma, la noche y el corazón*

 

Nuestra propuesta en esta actividad, ha sido posicionar el feminismo en el barrio y el barrio en el feminismo; encontramos que el acoso callejero se vive de maneras diferentes en los barrios populares de Bogotá, y que pocas veces estas discusiones llegan a las calles y a las mujeres que allí vivimos.

Durante mucho tiempo se ha abanderado la actividad contra el acoso desde los contextos universitarios y claro que coincidimos en su importancia, potencialidad y trascendencia; sin embargo, queremos insistir en que esta situación también puede complejizarse y se amplía la discusión entonces cuando encontramos otros significados de las violencias en otros contextos, en nuestro caso desde las lomas de la localidad de San Cristóbal.

La apuesta de “Las Fuchas”, brujas del territorio ancestral, como agrupación de voluntades de mujeres de diferentes organizaciones populares de esta localidad para la semana contra el acoso, fue visibilizar estas diversidades. Nuestros temas giran en torno a la noche y la calle, donde por supuesto hablamos del peligro, el cuidado, la defensa y la invisibilización y naturalización de las violencias; pero también donde reivindicamos la resistencia, las alternativas populares, las voces de las mujeres qué poco importan para muchxs y la vida misma, ante la supervivencia y la habitabilidad del espacio; en lugares con discusiones importantes de la marginalidad del sistema y la reivindicación y el cuestionamiento de las realidades de la llamada “periferia”.

Allí, desde esta potencialización del margen y el borde, también nos apropiamos y resignificamos los espacios públicos con intervenciones gráficas, tendederos, fotografía, proyecciones audiovisuales en la noche y nos unimos para apostarle a la alegría de celebrarse en las calles que hacemos nuestras de muchas formas.

* Las Fuchas

 



Entrelazando tejidos de resistencia en las calles*

 

El acoso que sufren las mujeres en los espacios públicos es un tema que ha tomado fuerza en las discusiones sobre el derecho a la ciudad. En Bogotá es urgente crear iniciativas que promuevan espacios públicos libres de violencias ya que según el reporte de la organización Plan Internacional, “[Bogotá] reúne todas las características para ser la ciudad con mayor riesgo de acoso sexual para niñas y mujeres jóvenes en el mundo”**. Por tanto, buscamos hacer juntanza con varias colectividades para transformar imaginarios sexistas desde diferentes acciones directas en la ciudad y con distintos lenguajes. Una de estas actividades fue la realizada mediante el lenguaje de tejido por la colectiva Entrelazadas en la Plaza Chorro de Quevedo donde se expuso un tendedero con mensajes contra el acoso, se invitó a diferentes personas a dejar su mensaje y se hicieron con telas muchos banderines para la rodada contra el acoso callejero del viernes 31 de mayo.

* Entrelazadas, transcribe Mujeres de mi Barrio

 


 

La fortaleza que tenemos las mujeres cuando nos juntamos

 

La semana contra el acoso callejero va tomando más fuerza en cuanto se logran articular y poner en diálogo la diversidad de mujeres que habitamos la ciudad. Esta iniciativa es la muestra de los lenguajes, capacidades y acciones que las mujeres bogotanas hemos ido construyendo y posicionando en el espacio público y político, al tiempo que nos demuestra la fortaleza que tenemos las mujeres cuando nos juntamos. La expectativa queda más alta cada versión que pasa, pues cada colectividad y/o individualidad que se suma a trabajar por este tipo de espacios enciende una luz para alumbrar el camino de resistencia y (re)existencia para las mujeres, no sólo en las ciudades, sino en todos los espacios que habitamos.

 


 

* Este artículo está construido desde las voces de algunos de los colectivos que hicieron parte de la materialización de esta apuesta, visibilizando las experiencias que desde cada parche nos permitió juntarnos.
** Redacción Bogotá. Periódico El Espectador (04/10/2018). Disponible en: https://www.elespectador.com/bogota-la-ciudad-mas-insegura-para-ninas-y-mujeres-por-acoso-sexual-nivel-mundial-articulo-816181

Publicado enColombia
“Nos juramos nocturnas, nos juramos rebeldes”*

El pasado 26 de mayo, en la ciudad de Bogotá inició la IV semana contra el acoso callejero, actividad en la que se realizaron diversas acciones y contó con la participación de distintas colectividades y voluntades que se juntaron en el reclamo por las calles libres de acoso, por las noches para la vida y no para la muerte. ¿Quiénes habitan esas noches y de qué maneras? ¿Qué pasa con quienes se atreven a estar en el espacio público por fuera de lo establecido o impuesto? ¿Qué pasa con quienes la noche es su medio de relación o trabajo? ¿Por qué las calles parecen no ser nuestras?

 

En esta ocasión nos reunimos precisamente alrededor de los significados de “la noche” y la reivindicación del aquelarre urbano, articulando diversos debates y voces que, desde contextos y experiencias diversas, muestran las condiciones que para cada cuerpo implica transgredir las fronteras y conspirar rebeldías en las calles. A la cita de organización llegaron varios parches con una amplia gama de acciones que se unieron desde cada uno de sus espacios y posibilidades al grito: ¡Por las calles libres de acoso!

 


 

El silencio no es una opción: el reto de organizar y el esfuerzo colectivo*

 

La semana contra el acoso callejero, nace de un colectivo neoyorkino llamado “Stop Street Harassment” en el año 2011 –aproximadamente–, quienes plantearon la organización de una semana de denuncia donde se visibilizaran las violencias normalizadas en la calle a través de actividades en el espacio público.

Esta incitativa se extendió a nivel internacional y en Colombia la realizamos por primera vez en el 2014, cuando la Colectiva “No Me Calle” tenía el nombre de “Observatorio contra el acoso callejero”; fue una experiencia muy enriquecedora que contó con actividades como cine foros, clases de defensa personal, talleres sobre acoso callejero y culminó con una marcha en la que participaron muchas personas y colectivas feministas de Bogotá; para el año 2015 también pudimos hacerla con una dinámica muy similar.

En el 2017, bajo el nombre de “No Me Calle”, organizamos como colectiva una semana con participación más inclusiva, llegando a la intervención con 12 parches más o menos. Esta experiencia contó con muchas discusiones que desde agrupaciones en las universidades se iban generando, así mismo colectivas que ya venían ocupándose de estos debates en sus contextos se unieron con sus talleres, actividades y posturas al interior de los claustros. Allí se desarrollaron varias acciones de denuncia a partir de rayar e intervenir los espacios y de tomarnos los mismos con arengas, performances, tendederos, gráficos etc., cerramos también con marchas, en la que se contó con batucadas feministas.

La iniciativa siempre procura plantear actividades de toma de espacios y pensarnos estos temas naturalizados en la cotidianidad de las personas, es emocionante que de momento la gente se encuentre con mujeres que visibilizan esto de muchas formas, que nuestra apuesta sea siempre contar que “nos matan, nos violan y nadie dice nada”.

En este sentido decidimos abrirnos este año 2019 para invitar más colectivos. Además de ser una experiencia enriquecedora fue muy divertida, conocimos el trabajo de todas, y procuramos la descentralización ya que siempre hacemos las cosas en los mismos lugares y aunque ha sido complejo poner y activar estas discusiones, seguiremos trabajando.

Hubo tendederos, cartografías, tejido, cine foro, talleres en universidades, conversatorios sobre las perspectivas de mujeres trans, sobre las agresiones en las universidades, hablamos con grafiteras, con mujeres ciclistas urbanas, con trabajadoras nocturnas y consideramos muy poderosa la articulación.

Nuestros retos serán precisamente estos desde la diversidad y cómo seguirnos uniendo para dialogar sobre la noche, la calle, la resistencia; estas iniciativas nacen para visibilizar el tema, pero necesitamos hacerlo de diferentes formas, pensarnos entre todas como irrumpir de formas creativas en la cotidianidad y posicionarnos.

Queremos, llegar a la semana nacional contra el acoso callejero, la actividad sigue creciendo y esperamos que siga así.

 

*Colectiva NoMeCalle, transcribe Mujeres de Mi Barrio


 

Uniendo voluntades, conspirando la noche en dos ruedas*

 

Tuvimos una experiencia muy fuerte y poderosa, articulando nuestras acciones en contexto a la semana contra el acoso, nuestra apuesta de poder seguir trabajando juntas, sin importar las distancias y los territorios, se materializaron en la bici rodada que tuvimos el 31 de mayo. Se unieron desde Medellín, Cali, Barranquilla, Paipa y llegó también a Quito, eso visibiliza el poder de las mujeres y nuestros alcances.

Estuvimos presentes en el conversatorio “Nos juramos nocturnas” y como relatoras en el conversatorio de la Red Popular Trans. Fue interesante, porque pensamos que íbamos a estar las mismas de siempre o parches de solo gente de la bici, pero nos sorprendimos con la diversidad de opiniones y de posturas, fueron otras personas que nos exigen también dar otras discusiones y de otras maneras, son otros diálogos.

Por ejemplo, a veces no estamos en espacios donde haya tanta presencia masculina, pero cuando existe el reto, nos planteamos cómo mostrar estas reflexiones y cómo hacer para que también allí se cuestionen. De esa actividad salieron preguntas sobre el cambio de esos comportamientos y eso es interesante en la discusión sobre el acoso.


Logramos ver también la noche desde diferentes lugares y como las habitamos, como la resignificamos, es interesante aprender desde otras perspectivas en la existencia nocturna, las discusiones sobre la valentía, el miedo, el arriesgarse, el colectivo, el poder, la defensa y también la diversión, porque la calle es nuestra.


El día de la rodada, a pesar de las dificultades empezando con el clima, creemos que se cumplió con el objetivo que era rodar. Por primera vez fuimos más chicas que chicos, pudimos poner nuestra música, hacer nuestras rutas y vemos que nos podemos organizar muy bien, cuidarnos entre nosotras, e incluso a pesar del tema, vimos cómo nos acosaban en la calle cuando estábamos en las bicis y con tanta gente.
Seguiremos mejorando, aprendiendo y apostándole a la noche.

 

* Colectivo Ciclodelicas y Red nacional interseccional de mujeres y disidencias en bicicleta (Redimit), transcribe Mujeres de mi Barrio

 


 

Nos tomamos los barrios, la loma, la noche y el corazón*

 

Nuestra propuesta en esta actividad, ha sido posicionar el feminismo en el barrio y el barrio en el feminismo; encontramos que el acoso callejero se vive de maneras diferentes en los barrios populares de Bogotá, y que pocas veces estas discusiones llegan a las calles y a las mujeres que allí vivimos.

Durante mucho tiempo se ha abanderado la actividad contra el acoso desde los contextos universitarios y claro que coincidimos en su importancia, potencialidad y trascendencia; sin embargo, queremos insistir en que esta situación también puede complejizarse y se amplía la discusión entonces cuando encontramos otros significados de las violencias en otros contextos, en nuestro caso desde las lomas de la localidad de San Cristóbal.

La apuesta de “Las Fuchas”, brujas del territorio ancestral, como agrupación de voluntades de mujeres de diferentes organizaciones populares de esta localidad para la semana contra el acoso, fue visibilizar estas diversidades. Nuestros temas giran en torno a la noche y la calle, donde por supuesto hablamos del peligro, el cuidado, la defensa y la invisibilización y naturalización de las violencias; pero también donde reivindicamos la resistencia, las alternativas populares, las voces de las mujeres qué poco importan para muchxs y la vida misma, ante la supervivencia y la habitabilidad del espacio; en lugares con discusiones importantes de la marginalidad del sistema y la reivindicación y el cuestionamiento de las realidades de la llamada “periferia”.

Allí, desde esta potencialización del margen y el borde, también nos apropiamos y resignificamos los espacios públicos con intervenciones gráficas, tendederos, fotografía, proyecciones audiovisuales en la noche y nos unimos para apostarle a la alegría de celebrarse en las calles que hacemos nuestras de muchas formas.

* Las Fuchas

 



Entrelazando tejidos de resistencia en las calles*

 

El acoso que sufren las mujeres en los espacios públicos es un tema que ha tomado fuerza en las discusiones sobre el derecho a la ciudad. En Bogotá es urgente crear iniciativas que promuevan espacios públicos libres de violencias ya que según el reporte de la organización Plan Internacional, “[Bogotá] reúne todas las características para ser la ciudad con mayor riesgo de acoso sexual para niñas y mujeres jóvenes en el mundo”**. Por tanto, buscamos hacer juntanza con varias colectividades para transformar imaginarios sexistas desde diferentes acciones directas en la ciudad y con distintos lenguajes. Una de estas actividades fue la realizada mediante el lenguaje de tejido por la colectiva Entrelazadas en la Plaza Chorro de Quevedo donde se expuso un tendedero con mensajes contra el acoso, se invitó a diferentes personas a dejar su mensaje y se hicieron con telas muchos banderines para la rodada contra el acoso callejero del viernes 31 de mayo.

* Entrelazadas, transcribe Mujeres de mi Barrio

 


 

La fortaleza que tenemos las mujeres cuando nos juntamos

 

La semana contra el acoso callejero va tomando más fuerza en cuanto se logran articular y poner en diálogo la diversidad de mujeres que habitamos la ciudad. Esta iniciativa es la muestra de los lenguajes, capacidades y acciones que las mujeres bogotanas hemos ido construyendo y posicionando en el espacio público y político, al tiempo que nos demuestra la fortaleza que tenemos las mujeres cuando nos juntamos. La expectativa queda más alta cada versión que pasa, pues cada colectividad y/o individualidad que se suma a trabajar por este tipo de espacios enciende una luz para alumbrar el camino de resistencia y (re)existencia para las mujeres, no sólo en las ciudades, sino en todos los espacios que habitamos.

 


 

* Este artículo está construido desde las voces de algunos de los colectivos que hicieron parte de la materialización de esta apuesta, visibilizando las experiencias que desde cada parche nos permitió juntarnos.
** Redacción Bogotá. Periódico El Espectador (04/10/2018). Disponible en: https://www.elespectador.com/bogota-la-ciudad-mas-insegura-para-ninas-y-mujeres-por-acoso-sexual-nivel-mundial-articulo-816181

Publicado enEdición Nº258
Martes, 11 Junio 2019 06:31

Desmontar el mandato de masculinidad

Desmontar el mandato de masculinidad

 

Rita Segato relata que el concepto de mandato de masculinidad lo formuló en Buenaventura, puerto de la costa del Pacífico de Colombia, cuando mujeres negras le preguntaron cómo se hace para poner fin a la guerra y la violencia. “Desmontando el mandato de masculinidad”, fue su respuesta.

La última semana de mayo tuvimos la oportunidad de compartir y debatir en el marco del “Congreso Resiste” convocado por la Universidad Iberoamericana y la revista Concilium, en Ciudad de México, para luego hacerlo en el Cideci, en San Cristóbal de las Casas, y en los espacios La Reci y la librería La Cosecha de esa ciudad.

Los debates fueron intensos y convocaron cientos de personas, participaron ponentes de varios continentes, incluyendo miembros del Congreso Nacional Indígena y del Concejo Indígena de Gobierno. En uno de los debates, además de Rita y quien escribe, participó el madrileño Amador Fernández-Savater, quien afirmó que en la izquierda (se refería al español Podemos), se registra un “deseo monoteísta” que se concreta en los objetivos de capturar del poder y uniformizar los movimientos.

Aunque me resulta imposible sintetizar en un par de cuartillas la riqueza de los debates, quisiera recoger la importancia de la participación de las mujeres, que mostraron un profundo espíritu crítico y autocrítico, que incluye al propio movimiento feminista.

Así, Elsa y Rebeca de la Asamblea Nos Queremos Vivas Neza, del estado de México, explicaron cómo se vive en “una sociedad atravesada por la violencia”, en la que no se aplican las políticas públicas porque el Estado no funciona y es, apenas, “una estructura patriarcal”. Dibujando un puente con los pueblos originarios, explicaron que “no partimos de un feminismo ortodoxo que impone cosas, sino del autocuidado de las mujeres”.

María Macario del CIG enfatizó en la necesidad del trabajo conjunto de varones y mujeres en estrecho contacto con el medio natural, al punto que de destacar que “la tierra se siembra en nosotras”. Explicando sus sentimientos al comprobar los desastres que el capitalismo genera en la madre tierra, dijo: “Estoy dejando de ser mujer porque el arroyo se está acabando”.

Siobhan Guerrero, filósofa de la ciencia, licenciada en biología y activista trans en temas de género, analizó el papel de las iglesias evangélicas en América Latina y cómo la ideología de género de las nuevas derechas se inserta en un discurso de derechos humanos, lo que las potencia. Destacó la complementariedad varones-mujeres y llamó a desarrollar formas de conciencia no mediadas por el Estado. “Es un problema que el movimiento de mujeres se piense en términos de derechos liberales”, concluyó.

Los intercambios con Rita giraron en torno a su concepto mandato de masculinidad y mostró sintonía con los debates que propone el zapatismo al criticar una política centrada en el enemigo, a la que considera fascista, “porque en ese caso es el enemigo el que nos mancomuna”.

En los intercambios pudimos constatar varias confluencias. La primera fue que el mandato de masculinidad no se desmonta desde el Estado, con leyes y procesos institucionales, sino en el trabajo directo con las personas, varones y mujeres, que pasa por cambios personales y de personalidad, por el modo como se establecen los vínculos en los espacios de la vida cotidiana.

En este aspecto, adivino dos procesos simultáneos: la organización de las mujeres que potencie movimientos y acciones, y a cada una de ellas; y los necesarios cambios entre nosotros, los varones, que pasan por perder los privilegios que tenemos, algo que es imposible procesar sin atravesar una crisis profunda porque se trata de cambiar nuestro lugar en el mundo. En lo personal, puedo decir que no se trata de “una” crisis puntual y acotada en el tiempo, sino un proceso ininterrumpido y continuo, sin final o con final abierto, para ir asumiendo, en la mejor hipótesis, una configuración interna otra que permita relacionarnos desde un lugar de sencillez y humildad naturales.

La segunda es que el mandato de masculinidad se desmonta en plazos muy largos, lo que requiere pensar y actuar en términos de larga duración. La persistencia y la permanencia permiten no sólo cambios en las relaciones, sino comprender a las y los otros, sus dolores y frustraciones, esas rabias y heridas que el patriarcado y el machismo han cincelado en el alma y en el cuerpo de las mujeres, pero también de los varones.

Publicado enSociedad
Reflexiones en torno a ideas y prácticas del entre-mujeres a principios del siglo XXI

La violencia misógina ha adquirido dimensiones que corresponden a las de una guerra mundial contra el 49.6% de la humanidad, que si bien está dividido en clases sociales, naciones y grupos racializados de mujeres, “tiene una común vulnerabilidad a las agresiones de la otra mitad de la humanidad. ¿Qué efectos produce sobre los feminismos más allá de volver a sacar en México como en Argentina, y de ahí en el resto del mundo, a masas –de mujeres a la calle? ¿Defenderse de la violencia permite, a la vez, seguir actuando la liberación política de las mujeres en los campos del arte, la convivencia, la ecología, el trabajo, los estudios, la libre expresión de las sexualidades y afectividades?

“En Rojava conocí la humildad y la generosidad”

Cientos de voluntarios internacionales han participado en el norte de Siria en la lucha armada contra la organización yihadista liderada por Abu Bakr al Baghdadi. Brecha conversó con uno de ellos, que partió de Barcelona para integrar en los últimos meses las fuerzas de autodefensa del pueblo yazidí.


Cuando vio las “barbaridades” que Estado Islámico (EI) cometía en Siria e Irak, tomó una decisión que nunca se le hubiera pasado por la cabeza. Robin Poe –nombre que utiliza por cuestiones de seguridad– es un ciudadano de Barcelona con “casa, moto, coche y mujer”, como él mismo dice. Hace varios meses, decidió viajar a Rojava (el Kurdistán sirio) y ponerse a disposición de las fuerzas de autodefensa kurdas para combatir al grupo yihadista, que, en su esplendor, llegó a tener bajo su control entre ocho y diez millones de personas.


Desde que las Unidades de Protección del Pueblo (Ypg/Ypg, por sus siglas en kurdo) comenzaron a defender el territorio sirio, cientos de internacionalistas viajaron para sumarse a la resistencia contra EI, que fue coronada en marzo, cuando los últimos yihadistas fueron derrotados en la pequeña aldea de Baghouz, en la provincia de Deir Ezzor, fronteriza con Irak (véase Brecha, 29-III-19).


Poe –que todavía se encuentra en el norte de Siria– recuerda, en diálogo con Brecha: “Mi vida antes de tomar la decisión de partir hacia Rojava era la de cualquier persona de a pie, con un trabajo humilde”. Para el internacionalista, el punto de inflexión fue ver todos los días “en los noticieros las barbaridades que cometía Estado Islámico ante los ojos del mundo y que nadie hiciera nada”.


Sin explicar demasiado de qué forma, cuenta que se puso en contacto con las Unidades de Resistencia de Shengal (Ybs), las fuerzas de autodefensa aliadas a las Ypg/Ypg que el pueblo yazidí organizó cuando EI arrasó las regiones del norte de Irak en 2014, y masacró y secuestró a miles de pobladores. “Tras unos meses conversando, me dijeron que podía viajar cuando estuviese listo para unirme”, confirma. Durante un mes, luego de arribar al territorio, recibió un curso de formación militar y política, un proceso por el que pasan todos los voluntarios internacionales.


Los yazidíes son un pueblo originario de Oriente Medio que profesa una religión sincrética, monoteísta, que toma conceptos del cristianismo, el islam y el zoroastrismo. Erróneamente, son conocidos como

“adoradores del diablo”. El pueblo yazidí se encuentra distribuido en el norte de Irak –especialmente en la planicie y las montañas cercanas a Mosul–, en el sur de Qamishli –en Rojava– y en la provincia de Mardin, en el Kurdistán turco. También hay yazidíes en Armenia, Georgia y Europa central, sobre todo en Alemania, como parte de la diáspora que escapó luego de sufrir persecuciones, masacres y hasta genocidios.


LA LUCHA POR EL TERRITORIO.


Una vez en Rojava, Poe se sumó a las fuerzas de autodefensa con el objetivo principal de redoblar los combates contra EI. “He luchado durante siete meses; en concreto, en la zona de Deir Ezzor, en el desierto”, cuenta. Reconoce que participó en 14 operaciones –emboscadas, sabotajes, ofensivas y contraofensivas– y que hubo momentos en los cuales pensó en cometer “locuras” luego de arrestar a los yihadistas de EI. El odio que le despiertan los miembros de ese grupo es tan grande que ni siquiera intentaba comunicarse con ninguno cuando se entregaban luego de las derrotas.


Si bien las Fuerzas Democráticas de Siria (Fds), que nuclean a las Ypg/Ypg y a milicias de otras nacionalidades de la región, tienen el apoyo de la coalición internacional liderada por Estados Unidos, Poe reconoce que lo que más le impactó “fue ver que Estados Unidos y sus aliados han podido parar este conflicto desde el minuto cero, y no lo han hecho, por el único interés que mueve al mundo: el dinero; hay que tener en cuenta que todas las guerras tienen un fin, y es el económico”.


Al ingresar a las Ybs, el barcelonés se sintió contenido y apoyado. “La relación con los combatientes de las Ybs siempre fue genial: son personas muy agradecidas. Desde el primer momento, nos hicieron sentir como en casa. Nos daban sus propias mantas cuando había, algún colchón flaquito, comida, en fin, de todo. Lo poco que tuviesen era primero para nosotros”, relata.


“En las Ybs son auténticos guerreros, sin miedo a morir”, remarca. “No creo que conozcan qué es el miedo en combate; son increíbles. Todos fuimos a luchar por algo en lo que creíamos y contra la barbarie radical islamista, contra el maldito Daesh.”


Al referirse al pueblo yazidí, no duda en calificarlo como “maravilloso, muy hospitalario”: “Nos hacían todo más fácil”. “Lo que me asombró de la población yazidí es la generosidad y la hospitalidad con el extranjero”, dice. “A veces, he llegado a sentir vergüenza de cómo nos han tratado: como si fuéramos reyes, preparándonos manjares. Ellos robaron un pedacito de mi corazón.”


INTERNACIONALISMO CONTRA EI.


La lucha del pueblo kurdo despertó admiración en muchas partes del mundo. Desde militantes de organizaciones de izquierda hasta personas sin contacto alguno con la historia de Kurdistán, estas personas decidieron lanzarse a un territorio que todavía se encuentra cruzado por la violencia armada, el desplazamiento forzado de personas y una disputa geopolítica en la que confluyen las principales potencias mundiales y regionales.


Robin Poe tiene presente todo el tiempo los días de guerra cruenta. “En las operaciones de Deir Ezzor estaba todo minado; había cadáveres, bombas trampa por todos lados”, rememora. “Las personas apenas tenían comida: Estado Islámico las estaba matando de hambre y sed.” Cuando las milicias kurdas avanzaban liberando pueblos y aldeas, los miembros de EI “huían y mataban a todos los que podían”. “Por eso, me ponía muy contento cuando acabábamos con ellos. Sabía que así nunca más violarían a una niña.”


Las masacres cometidas por EI –ahora transformadas en atentados focalizados en diferentes partes el mundo– dejaron una marca que será muy difícil borrar. Las heridas todavía están presentes en los pueblos que sufrieron a manos de los seguidores de Abu Bakr al Baghdadi, que después de cinco años reapareció, a fines de abril, en un video de 18 minutos difundido por Al-Furqan, medio vinculado a EI.


“Después de haber combatido, creo que soy mejor persona –analiza Robin Poe–. Sabía que, llegado el momento, no me temblarían las manos para acabar con esos criminales. Pero jamás pensé que se me daría acabar con esa gentuza. En Rojava conocí también la humildad, la generosidad, que la gente se entregara toda sin querer nada a cambio.”


Ahora, Robin Poe espera salir del territorio, luego de que las Fds ordenaran el retiro de algunos contingentes de internacionalistas. Por estos días, disfruta, junto con los pobladores, de los festejos por haber liberado Baghouz y haber dado uno de los golpes mortales más poderosos a EI. Los días futuros de Robin son una incógnita. Sabe que en su país volverá a los trabajos esporádicos de siempre. Uno de sus sueños, aunque luego de la guerra pueda sonar simple, es aprender el oficio de soldador. “Ahora toca volver, pero antes, terminar con lo que vinimos a hacer”, dice.


Por estos días, en Rojava se define un futuro incierto. La autonomía defendida por los kurdos y los pueblos que habitan el norte de Siria se encuentra amenazada por Turquía y, en menor medida, el propio gobierno sirio. Ninguno de estos poderes muestra interés en el proyecto que encabezan los kurdos, basado en el empoderamiento de las mujeres y la convivencia entre nacionalidades y religiones.
Como última reflexión de su experiencia, Robin Poe afirma: “La revolución en Rojava ha sido maravillosa desde el punto de vista de cómo hombres y mujeres caminan juntos a luchar, a la guerra, sin miedo, con la alegría de defender y luchar por lo que ellos creen: la consigna ‘mujer, vida, libertad’”.

Por Leandro Albani
31 mayo, 2019

 

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Más de 500 marchas en EU contra ofensiva para anular el derecho al aborto

Más de 500 manifestaciones se realizaron en decenas de ciudades a lo largo del país en protesta contra la ofensiva conservadora para anular el derecho al aborto impulsada por el régimen de Donald Trump y sectores derechistas, calificada de "guerra contra las mujeres" por defensores de derechos civiles.

Las acciones responden a una serie de nuevas leyes promulgadas por fuerzas conservadoras en varios estados para limitar severamente e incluso prohibir la suspensión del embarazo con el objetivo final de provocar una disputa legal en la Suprema Corte para anular el fallo que legalizó el aborto a escala nacional hace cuatro décadas.

El estado de Alabama promulgó este mes la ley más severa del país, que en los hechos prohíbe el aborto aun en casos de embarazo por violación sexual o incesto y establece penas hasta de 99 años de cárcel para doctores que se atrevan a incumplir esta norma. Otras leyes estatales recién aprobadas (no todas han sido promulgadas todavía) en por lo menos ocho estados prohíben el aborto después de que se detecta un latido de corazón en el feto, aproximadamente seis semanas, plazo en el cual muchas mujeres ni están enteradas de que están encintas.

El propósito detrás de este impulso a restricciones más extremas contra el aborto en décadas, es que activistas "pro vida", sobre todo de la derecha cristiana y la Iglesia católica, están confiados en que ahora podrán lograr su sueño después de que Trump instaló a dos jueces antiaborto en la Suprema Corte. Con ello, ahora existe una mayoría conservadora de cinco contra cuatro en el máximo tribunal, y se supone que con ello se podrá revertir el fallo histórico de 1973 conocido como Roe v Wade que legalizó el aborto en Estados Unidos.

El propio Trump, en esta coyuntura, ha reiterado su posición "pro vida" al invitar a esta disputa.

Ante esto, ayer se realizaron protestas a lo largo del país, incluida una frente a la Suprema Corte, en Washington, y los tribunales federales en Nueva York, donde en cada lugar cientos de activistas pro aborto y pro derechos de la mujer y políticos, incluyendo algunos de los precandidatos presidenciales demócratas, expresaron su repudio a las nuevas leyes.

Las protestas fueron convocadas por una gama de organizaciones que han estado al frente de la defensa del derecho de la mujer al aborto, entre ellas NARAL, Planned Parenthood, la Unión Estadunidense por las Libertades Civiles (ACLU) y Women’s March.

"Este es el inicio de la guerra del presidente Trump contra las mujeres", declaró la senadora demócrata y precandidata presidencial Kirsten Gillibrand ante los manifestantes en Washington. Advirtió que "si él quiere esta guerra la tendrá y va a perder". Otros políticos y activistas hicieron eco de estas posiciones.

Algunos activistas indican que la ofensiva contra el aborto es sólo parte de una guerra más amplia contra las mujeres en este país. La ACLU tuiteó, por ejemplo, que aunque las mujeres en Estados Unidos representan sólo 4 por ciento de la población femenina mundial, son 33 por ciento de las encarceladas en el mundo y 80 por ciento de éstas son madres.

Otros señalan la hipocresía de líderes políticos y religiosos pretendiendo defender la "vida sagrada" de los aún no nacidos en lugares como Alabama, estado con la tasa más alta de mortalidad infantil en el país, con el mayor nivel de pobreza de los menores de edad y que ocupa el lugar 46, de 50, en educación, reporta la periodista de Los Angeles Times Jackie Calmes.

Señalando que muchas de estas leyes fueron aprobadas por el género masculino en las legislaturas (la de Alabama, por ejemplo, por 25 hombres blancos en el Senado estatal), la comediante Samantha Bee concluyó: "supongo que los hombres no aman nada más que ser policías de los cuerpos de las mujeres", pero "lo que todas estos proyectos de ley tienen en común es que demuestran que quienes los están formulando no tienen ni puta idea de cómo funciona el sistema reproductivo" y, por lo tanto, dedicó su programa Full Frontal a "ofrecer educación sexual a los senadores".

Mientras, el régimen de Trump ha llevado su guerra contra las mujeres a escala mundial, al suspender todo financiamiento de organizaciones internacionales de salud y de servicios de apoyo a familias que ofrecen servicios de aborto o incluso si sólo educa a la gente sobre esa opción.

 

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Las adolescentes en Reino Unido tendrán tampones y compresas gratuitas en los colegios

Los profesores de este país habían manifestado su inquietud por la cantidad de menores que no podían comprar estos productos sanitarios por la situación económica de sus familias.


Las escolares del Reino Unido recibirán tampones y compresas gratuitas en los colegios del Reino Unido, con la incorporación de Inglaterra el próximo año a esta medida, que ya ha comenzado a aplicarse en el resto del país.

El ministerio británico de Educación (DoE) informó este martes de que la iniciativa se aplicará entre las adolescentes de secundaria (entre 11 y 18 años) y se ampliará a las de primaria, tras llevar a cabo una consulta con maestros, estudiantes y padres.

El Gobierno británico quiere que todas las niñas lleven una vida "activa, sana y feliz" y ha decidido extender el suministro de compresas y tampones a menores de más de 20.000 escuelas, señaló en una nota la secretaria de Estado de Educación, Nadhim Zahawi.

Los profesores de este país habían manifestado su inquietud por la cantidad de menores que no podían comprar estos productos sanitarios por la situación económica de sus familias.

Según una encuesta de la organización benéfica Plan International UK, realizada entre un millar de mujeres y niñas en el Reino Unido, el 10% no había podido pagar productos sanitarios, mientras que el 15% había tenido problemas para comprarlos y el 12% había utilizado protección improvisada.

La medida ha sido bien recibida por organizaciones benéficas como FreePeriods, cuya fundadora, Amica George, señaló que se trata de una "noticia fantástica" y recalcó que el no poder comprar estos accesorios no se puede convertir en "una barrera para la educación".

"Con el acceso gratuito a productos para la regla para cada niña en periodo educativo, cada estudiante puede ir a la escuela sin ansiedad o estrés de preocuparse de dónde sacará la próxima compresa o tampón. Este compromiso asegurará que todas las niñas puedan participar plenamente y concentrarse en las clases", añadió George.


16/04/2019 12:16 Actualizado: 16/04/2019 15:36
EFE

 

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"No me puedo creer que una película sobre la menstruación haya ganado un Oscar"

Rayka Zehtabchi y Melissa Berton ganan el Oscar a Mejor Corto documental con una película contra el estigma de la menstruación en una comunidad de mujeres de la India

"No lloro por la regla, ¿eh?. ¡Es que no me creo que una película sobre la menstruación acaba de llevarse un Oscar!", ha exclamado la realizadora Rayka Zehtabchi tras recoger el premio a Mejor Cortometraje Documental en la 91 Edición de los Premios Oscars.


"Gracias a Netflix por darnos una plataforma en la que poder exhibir este corto. Gracias a mi madre y a mi hermana: estáis empoderando a mujeres de todo el mundo para que luchen por la igualdad", ha defendido la realizadora en uno de los discursos más comprometidos de la gala.


"Gracias a todas las mujeres que quisieron marcar la diferencia, sin ellas no estaríamos aquí", ha dicho la productora del film, Melissa Berton. "El período debería ser un punto importante, pero no un punto final en la educación de ninguna mujer".


Period. End of Sentence. nos traslada a un pueblo rural de Delhi -India-, en el que las mujeres han comenzado una revolución pacífica. Luchan contra el estigma de la menstruación. Durante generaciones, las mujeres no han tenido acceso a productos sanitarios de primera necesidad, viéndose obligadas en muchos casos a abandonar sus funciones o incluso los colegios en los que estaban estudiando. Sin embargo, un día una compañía instala en el pueblo una máquina dispensadora de compresas que les permite crear sus propios productos.

 

eldiarioes cultura
25/02/2019 - 04:05h

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Sobre fragmentos de Doris Salcedo. El futuro se escribe con pasado

A finesde 2018 se inauguró Fragmentos, la obra creada por Doris Salcedo con el producto de la fundición de las armas entregadas por las Farc, como parte del acuerdo de paz. Las grandes baldosas metálicas fueron martilladas por 20 mujeres víctimas de violencia sexual, para simbolizar las cicatrices de la guerra, y ubicadas en el piso de lo que será un museo, en las ruinas de una casa de La Candelaria, en Bogotá.

 

La artista concibió su obra como un “contramonumento”, con la intención de evitar otorgarle a la violencia una forma estética, más allá del “vacío y la ausencia”, o erigir “una versión grandiosa y totalitaria de la historia”, “una visión triunfalista del pasado bélico de una nación”. Por el contrario, Fragmentos apuesta por permitir el encuentro entre memorias diversas y antagónicas sobre la guerra, que se expresarán en sus espacios a través del arte, durante los próximos 53 años.

 

Por las características de la obra, pensada inicialmente como un monumento por encargo de los acuerdos de paz, su significación es y será objeto de disputa, independientemente de las motivaciones de la autora. Sin embargo, tanto en el discurso de Salcedo como en Fragmentos misma se advierte una preocupación predominante sobre el futuro. El postulado básico parece ser: dado que las memorias sobre la guerra siempre van a ser plurales y antagónicas, más que un signo estético que clausure las posibilidades de significación del pasado, un monumento, el contramonumento apuesta por propiciar el encuentro y el diálogo entre ellas. Como afirmó la artista en el evento de presentación, en julio de 2018, el arte “nos permite pensar una visión de futuro en la que los opuestos conviven y lo incompatible coexiste pacíficamente”.

 

Aunque la intención es a todas luces loable, dicho postulado se apoya en unas premisas discutibles, sobre la naturaleza de lo “monumentalizable”, la interpretación de la guerra, el significado de la paz, la historia y la memoria colectivas.

 

El presente

 

El rechazo a la monumentalización o estetización de la violencia, presente en otros trabajos de Salcedo, es justo. No obstante, en este caso no se trataba de hacer un monumento a la guerra, pues el hecho que motivó la obra fue el acuerdo de paz. La negativa a hacer un monumento parece entonces ser un reflejo de la escasa significación social que ha tenido este acontecimiento. El acuerdo de paz, así la fecha en que se firmó no se haya grabado en nuestra memoria colectiva, introdujo una discontinuidad inédita en la historia, cuyas consecuencias estamos enfrentando. En contraste, la orientación al futuro que caracteriza la obra omite elaborar el significado del acontecimiento en el presente y, con él, la posibilidad de otorgar a la paz la significación que reclama, lo que resulta muy problemático en un contexto de gran desconocimiento de los acuerdos por parte de la ciudadanía y de creciente adversidad a su implementación.

 

Ahora bien, el contramonumento en este caso es un museo, que puede erigirse en un símbolo de la paz en tanto lugar para la convivencia de distintas versiones artísticas de la guerra. La paz adquiere así un significado como un espacio de convivencia con la otredad, la diversidad e incluso con lo antagónico. No obstante, la “museificación” tiene tantas consecuencias como la “monumentalización”.

 

Por una parte, a diferencia del monumento, el museo no reduce la experiencia estética a la contemplación, sino que estimula la audiencia a la participación activa. Así, como resaltó Salcedo, el hecho de que en el piso metálico todos podamos situarnos en igualdad de condiciones, formalmente “como si” fuésemos iguales, es una invitación a la civilidad y a la modernidad política, necesarias para fundar un país en paz.

 

Por otra parte, pese a su vocación democratizante, la obra sigue siendo un museo, un lugar con un estatus en la frontera entre lo público y lo privado. Un monumento se sitúa claramente en el espacio público político, esto es, abierto al acceso y a la vista de todos, generalmente en un lugar céntrico de la ciudad, para producir algún efecto en la cotidianidad. En cambio, Fragmentos, si bien está revestido con el estatus jurídico de lo público y en ese sentido es abierto a todos, no produce un efecto similar, no se ubica en un lugar central de la ciudad, a la vista de todos, ni afecta la vida cotidiana. Esto sin mencionar las connotaciones que para un “ciudadano de a pie” puede tener el museo: ‘allí donde se guardan reliquias del pasado’.

 

En vez de disputar el cada vez más reducido espacio público con artefactos artísticos que posibilitaran dotar la paz de significación, y de esa manera llevar el arte a la cotidianidad, se optó por una forma convencional que confina la creación de significado en un espacio delimitado y que únicamente será accesible a quienes tengan conocimiento e interés en él. Muchos ciudadanos se quedarán sin conocer el contramonumento y por lo tanto sin realizar alguna reflexión sobre la paz, la guerra, el pasado o el futuro, como habría posibilitado una alternativa más cercana al convencional monumento.

 

El pasado

 

Los monumentos se vinculan al pasado de un modo ambiguo. Están ahí para recordar y evocar, y de esa manera pueden hacer presente el pasado. La estatua o el busto de un prócer de la patria, la obra o las ruinas alusivas a un acontecimiento histórico, vinculan nuestro presente con un momento que no solo lo precede sino que eventualmente lo explica. Pero los monumentos, en nuestra acelerada y convulsiva época, también pueden dejar el pasado en el pasado, porque contribuyen a delimitar lo que pertenece a él, lo que “ya pasó”, y, de esa forma, lo desligan del presente, confinándolo incluso en el terreno de aquello que es susceptible de olvido: personajes y procesos complejos, cargados de conflictos, colores y matices, de vida en una palabra, se convierten por obra del monumento en artefactos mohosos librados a la corrosión, desligados de la experiencia y sin mayores posibilidades de significación.

 

Por sus motivaciones, Fragmentos también intenta hacer presente el pasado por vía de la memoria. En la medida en que en sus espacios hagan presencia diversas y antagónicas memorias sobre el conflicto armado, se tratará de un diálogo permanente con el pasado. Es una apuesta por el proceso más que por el resultado, pues si hubiere tal resultado no sería “una” memoria sobre la guerra, sino el diálogo entre distintas versiones del pasado. De esa manera, el pasado se hará presente y, a diferencia de lo que ocurriría con un convencional monumento, no se confinará al lugar del potencial olvido. Así las cosas, el rechazo al monumento es también un rechazo a dejar el pasado en el pasado.

 

La construcción de un país en paz plantea precisamente el reto de no desligar el presente del pasado. Sin embargo, ese pasado, en particular el de la guerra, no se reduce a las distintas memorias que sobre él se construyan. En Fragmentos parece subyacer una concepción del pasado, y más en general de la historia, que lo reduce a narrativas subjetivas, a memorias, por una parte, y a un proceso dialógico, que apuesta por la coexistencia de distintas narrativas del pasado en forma inclusiva, plural y tolerante, por otra. Por esa razón, en lugar de una toma de partido en el presente por un significado de ese pasado, la obra optó por la apertura de un espacio en donde coexistan y dialoguen dichas narrativas.

 

La cuestión es hasta qué punto las distintas narrativas nos permitirán asumir nuestro pasado, saldar cuentas con él, para proyectarnos al futuro como comunidad política. El problema radica en que no solo de narrativas y memorias está hecho nuestro pasado, también está atravesado por vectores estructurales, objetivos e incluso inconscientes: aquello que no se quiere o no se puede articular como parte las narrativas sobre el recuerdo y el olvido, por plurales que sean; que no se quiere o no se puede recordar, pero tampoco está olvidado, y que si se expresa lo hace bajo la forma de lo indecible, el silencio.

 

Es probable que esa dimensión del pasado llegue a expresarse alguna vez en los espacios del museo, pero la representación de narrativas o memorias antagónicas, suponiendo que puedan coexistir, no necesariamente nos permite acceder a ella ni, por lo tanto, saldar cuentas con el pasado. Nada garantiza que el contramonumento propicie la convivencia de contrarios, en lugar de constituirse en otro de los lugares en donde prosigue el diálogo de sordos que caracteriza la disputa por el pasado de la guerra. Sin duda, contar con tales lugares es restar espacio a la violencia, pero el arte también está llamado a posibilitar formas de acceso a esa dimensión estructural del pasado, a ese pasado que nos constituye, que no queremos o no podemos reconocer o develar, más que concebirse como un lugar de encuentro de lo diverso y lo antagónico. Por el momento, la obra de Salcedo parece haber optado por aplazar la revelación de tal dimensión, ha privilegiado la forma en la que puede tener lugar ese des-cubrimiento, en vez de tomar partido por un contenido determinado.

 

El futuro

 

El rechazo a monumentalizar también parece estar relacionado con una concepción particular del conflicto armado que orienta Fragmentos. En la resistencia a la estetización de la guerra hay implícita una visión del conflicto armado que lo reduce a una violencia irracional, incomprensible, como producto de la incapacidad o imposibilidad de convivir con lo diferente y lo antagónico. De ahí que la paz se signifique como un espacio de encuentro capaz de conjurar la violencia. Vectores estructurales de la historia colombiana como la injusticia, la desigualdad y la exclusión, no tienen cabida en esta interpretación del conflicto armado.

 

Se trata de una concepción predominante, cuando menos desde hace dos décadas, que orientó al gobierno de Santos (2010-2018). Como es sabido, el alto comisionado para la paz, Sergio Jaramillo, fue también redactor de la política de seguridad y defensa del gobierno Uribe (2003), y si bien la negociación con las Farc obligó a matizar la tesis de la “agresión terrorista” reconociendo que había en el país un “conflicto armado”, en lo sustancial hubo una continuidad. Esa política tenía como objeto “disuadir” militarmente a la guerrilla para obligarla a negociar, reconociendo la complejidad de la confrontación militar y el hecho de que necesariamente la guerra terminaría en una mesa de diálogos. El conflicto armado se asumió como un problema de violencias y violentos, por momentos incluso despolitizándolo, y no como una serie de problemas estructurales que están en las raíces mismas de nuestra sociedad. De manera que Santos no mintió cuando afirmó que su gobierno daba continuidad al de Uribe, pues culminó con éxito la implementación de su política.

 

Pero una vez que se ha firmado la paz, retornan los problemas que, más allá de esa violencia irracional, estuvieron en el origen del conflicto: injusticia, desigualdad, exclusión, etcétera, y se pone de presente que la paz no es únicamente cuestión de formas, de espacios de convivencia, sino que definitivamente no puede apartarse de los contenidos, esto es, de la discusión sobre ese conjunto de problemas que han impedido la convivencia pacífica. En otras palabras, tras la firma de la paz podemos ver que el conflicto no se reduce a intolerancia o incapacidad para convivir con lo diferente, sino que existe un legado de problemas del pasado que, independientemente de nuestra voluntad, siguen ahí, produciendo chispas que pueden convertirse nuevamente en una gran conflagración. Con ese pasado es necesario saldar cuentas como condición para proyectarnos al futuro, para construir un país en paz.

 

El reto que plantea el contramonumento es que su piso no se convierta en una tabula rasa, en donde todos podamos pararnos sobre el pasado de violencia, simbolizado en el metal que alguna vez formó armas, como si estuviéramos en igualdad de condiciones y, sin embargo, continuemos teniendo la misma estatura histórica, imposibilitados para asumir el pasado y responder a los problemas que propician la guerra.

 

En fin

 

El pasado no es una materia absolutamente maleable, de la cual podamos desprendernos únicamente cambiando la narrativa o invocando la pluralidad de las memorias que ha producido. Por el contrario, lo llevamos a cuestas aunque no deseemos o no podamos asumirlo. Por esa razón, los acontecimientos históricos a veces funcionan como revelaciones para un ser colectivo, destellos en la oscuridad que posibilitan un mejor auto-reconocimiento de una comunidad política.

 

Octavio Paz afirmó en varios de sus ensayos que una de las mayores consecuencias de la Revolución Mexicana fue permitir la asunción por parte de los mexicanos de su pasado, un pasado enterrado –incluso literalmente–, ocultado u olvidado. Se trató, en suma, de un autodescubrimiento, cuya evidencia son los temas predominantes de las artes en la época inmediatamente posterior, particularmente del muralismo.

 

Claramente, la firma del acuerdo de paz no puede asimilarse a una revolución, ni a la mexicana en particular, pues son acontecimientos de distinta naturaleza, con temporalidades muy diferentes, entre muchas otras cosas. Sin embargo, el mayor contraste podría residir en que, pese a ser un acontecimiento inédito, aunque muy esperado, el acuerdo de paz tenga tantas dificultades para propiciar una asunción de nuestro pasado. Sus consecuencias prácticas marchan a una mayor velocidad respecto de la apropiación y la construcción colectiva de su significado.

 

Un monumento es una negociación con el pasado, con los muertos, pero también con una parte inconsciente y colectiva que a pesar de estar ahí, de que nos constituye en el presente, nos negamos a, o estamos imposibilitados para, hacer nuestra, y nos impide proyectarnos al futuro al implicar una ruptura permanente en la continuidad imaginaria del tiempo histórico. Fragmentos, el contramonumento, apuesta por una revelación de ese pasado en la forma de memorias plurales y antagónicas que se expresarán en su espacio, pero evita conferirle un contenido en el presente. Representa de ese modo lo que parece haber significado alcanzar la paz, o más bien la ausencia de significado que en el presente está teniendo entre nosotros, y la consiguiente prolongación de la disputa por el significado de ese acontecimiento y de su pasado a un porvenir en el que convivan nuestros antagonismos de forma no violenta.

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