“Simple: EE.UU. primero, EE.UU. primero”

Trump echó mano al libreto nacionalista y prometió una fuerte inversión en obra pública para modernizar el país y generar empleo. Dejó en claro su inclinación proteccionista y su disgusto con la globalización. Dios, patria y “la gente”.


Duró apenas 16 minutos y dejó sin aliento a los analistas de la derechista cadena Fox. En las escalinatas del Capitolio, frente a una multitud de caras blancas, Trump dio el mejor discurso de su vida, coincidieron unos cuantos. En todo caso fue el más escuchado. “Juntos haremos a Estados Unidos fuerte otra vez. Haremos que Estados Unidos sea rico otra vez, haremos que Estados Unidos sea orgulloso otra vez, haremos que Estados Unidos sea grandioso otra vez.”.
El mensaje podrá gustar o no, lo mismo que el personaje, pero como en los mejores momentos de su reality show “El Aprendiz” de la década pasada, Trump fue claro, directo, conciso y eficaz.


Después de los saludos de rigor y de agradecer la hospitalidad del matrimonio Obama, casi sin cambiar el tono de su voz, y sin mirarlos, trató de usurpadores al presidente saliente y a los congresistas que rodeaban el podio. Con su llegada a la presidencia “la gente” había recuperado el gobierno que había perdido a manos de la elite política capitalina, dijo el magnate inmobiliario neoyorquino. “Hoy no estamos simplemente transfiriendo el poder de una administración a otra, o de un partido a otro, estamos arrebatándole el poder a Washington D.C. y se lo estamos devolviendo a ustedes, la gente.”


Y siguió: “ Desde hace demasiado tiempo un pequeño grupo en la capital de nuestra nación se ha alzado con los beneficios de pertenecer al gobierno mientras la gente pagó el costo. Washington se enriqueció, pero la gente no compartió esa riqueza. Los políticos prosperaron, pero los trabajos se fueron y las fábricas cerraron. El establishment se protegió a sí mismo, pero no a los ciudadanos de este país. Todo eso cambia a partir de este momento porque este es su momento.”


No fue un discurso conservador. Trump debe ser el primer presidente Republicano de Abraham Lincoln a esta parte que no habló de bajar los impuestos ni recortar gastos del gobierno. Al contrario, prometió una fuerte inversión en obra pública para modernizar el país y generar empleo. “Construiremos nuevas carreteras, y autopistas, y puentes, y aeropuertos, y túneles a lo largo y a lo ancho de nuestro maravilloso país. Sacaremos a nuestra gente de los programas de desempleo y la pondremos a trabajar en la reconstrucción de nuestro país con manos estadounidenses y trabajo estadounidense.”


Dejó en claro su inclinación proteccionista y su disgusto con la globalización con una frase lapidaria. “Nos manejaremos con dos reglas muy simples: compre estadounidense y contrate estadounidense.” Para martillar el mensaje hasta disipar la última duda insistió, solemne: “Los aquí reunidos hemos decretado, para que se escuche en cada ciudad, en cada capital extranjera, en cada centro de poder. A partir de hoy, sólo será Estados Unidos primero, Estados Unidos primero”


Prometió “recuperar las fronteras” pero evitó frases irritantes sobre muros y criminales venidos de otros países. Habló directamente de “terrorismo islámico radical”, algo que sus antecesores habían evitado, al prometer que trabajará con otros países para “erradicarlo de la faz de la tierra.”


Significativamente, Trump anunció que durante su gobierno Estados Unidos no intentará exportar sus ideas acerca de la democracia y la sociedad civil. “No buscaremos imponer nuestra forma de vida a nadie, sino que brillaremos como ejemplo. Brillaremos y los demás seguirán.”


En un estudiado intento por dejar atrás su larga lista de comentarios racistas y xenófobos, el flamante presidente parafraseó el famoso discurso “I have a dream” que Martin Luther King diera en esa misma ciudad en 1963. En la versión de Trump, los ciudadanos “de montaña a montaña, de océano a océano” no serán olvidados, y tanto en el conurbano de Detroit (de población negra) como en las planicies de Nebraska (población blanca) “miran el mismo cielo y llenan sus corazones con el mismo sueño.”


No olvidó a los veteranos de guerra y abundó en invocaciones al patriotismo, a Dios, la Biblia y El Creador.


Mezcló a Dios con el patriotismo: “No debemos tener miedo. Estamos protegidos y siempre estaremos protegidos. Estaremos protegidos por los grandes hombres y mujeres de nuestras fuerzas armadas y, más importante aún, estaremos protegidos por Dios.”


Y mezcló el patriotismo con la lucha contra el racismo: “Es hora de recordar un consejo sabio que nuestros soldados nunca olvidan: seamos negros o marrones o blancos, todos sangramos la misma sangre roja de los patriotas, todos gozamos de las mismas gloriosas libertades, y todos saludamos la misma gran bandera estadounidense...cuando abres tu corazón al patriotismo, no hay lugar para la discriminación”


Aunque el tono nacionalista-aislacionista sobrevoló todo el discurso, Trump también le dedicó un párrafo o dos a lo que será su política exterior. “Buscaremos la amistad y la buena voluntad de las naciones del mundo, pero lo haremos con el convencimiento de que todas las naciones priorizan sus propios intereses.”


En un hombre tan autoreferencial, que le puso su apellido casinos y rascacielos, a perfumes y canchas de golf, llamó la atención el uso constante que hizo del “nosotros”, evitando en todo momento a la primera persona.


También, para alguien tan pendenciero y provocador, llamó la atención que no dedicara tan siquiera un sarcasmo a su larga lista de enemigos, empezando por los medios de comunicación.


No es el primer presidente que llega a Washington con promesas de sacudir el establishment a favor del bienestar de “la gente”, de vencer a la burocracia capitalina y a los grupos de interés que atentan en contra del bien común. Sus antecesores fracasaron, pero hoy es hoy y Trump es Trump y Estados Unidos nunca tuvo un presidente como él.


Traje azul, corbata roja, jopo naranja sacudiéndose en el viento, su esposa-modelo Melania de celeste, pelo recogido a lo Jackie Kennedy. Durante toda la ceremonia Melania pareció poco más que una figura decorativa a la que en ningún momento su marido le dedicó una mirada, ni hablar de un gesto afectuoso, en marcado contraste con los Obama, los Biden o los Pence. Hasta los Clintons parecían acaramelados en comparación.


Podrá gustar o no, podrá dar asco o meter miedo. Pero después del discurso de ayer nadie podrá decir que no estaba avisado.
@santiodonnell

Publicado enInternacional
Sábado, 21 Enero 2017 07:03

EU primero: Trump

EU primero: Trump

Donald Trump, en punto de las 12 horas, y ante la aguda incertidumbre de buena parte del país y del mundo, ocupó Washington como el presidente novato más impopular en la historia moderna, y advirtió que determinará el curso del mundo

Bajo la llovizna de un día gris, ante un público de fanáticos mucho más reducido que en la primera inauguración de su antecesor, Barack Obama (según los primeros cálculos, como un tercio de los que acudieron en 2009), la ceremonia oficial de investidura procedió con Trump rindiendo su juramento con la mano sobre la Biblia que utilizó Abraham Lincoln (la misma que también usó Obama) y ante el jefe de la Suprema Corte, John Roberts. Con ello se coronó como el presidente número 45 de Estados Unidos.

Ofreció un mensaje populista, proteccionista e imperial: denunció a la clase política por promover sus intereses sobre los de los ciudadanos y afirmó: "hoy estamos trasladando poder de Washington DC a ustedes, el pueblo". Con ello, proclamó que ahora “impulsamos un gran esfuerzo nacional para reconstruir nuestro país y restaurar su promesa para todo nuestro pueblo. Sentenció: "juntos determinaremos el curso de América y el mundo para los años venideros".

"América primero", es la consigna, anunció, al prometer que reconstruirá la economía, retomará el control sobre las fronteras y restablecerá el "respeto" para Estados Unidos en el mundo. Denunció que “por demasiado tiempo, un pequeño grupo en la capital de la nación se ha beneficiado con las recompensas del gobierno, mientras el pueblo ha aguantado el costo... El establishment se protegió a sí mismo, pero no a los ciudadanos de nuestro país... Los hombres y mujeres olvidadas de este país ya no serán olvidados más”.

Después de agradecer al pueblo de Estados Unidos y, por alguna razón, "a los pueblos del mundo", hizo énfasis en que este viernes será recordado "como el día en que el pueblo volvió a ser el gobernante de esta nación". Dijo que esto es el resultado de "un movimiento histórico nunca antes visto por el mundo".

Pintó una visión de un país desindustrializado, un sistema de educación fracasado y devastación en zonas marginales. A partir de ahora esto llega a su fin, prometió. "Durante muchas décadas hemos enriquecido a la industria extranjera a costa de la estadunidense y subsidiado los ejércitos de otros países" mientras no se financiaba el nacional, "hemos defendido las fronteras de otros países al tiempo que rehusamos defender las nuestras". Agregó: "La riqueza de nuestra clase media ha sido arrancada de sus hogares y redistribuida por todo el mundo"

Advirtió que de hoy en adelante "una nueva visión gobernara nuestra tierra. Desde este día será América primero, América primero". Eso será lo que determinará toda decisión. Tanto en temas domésticos como externos todo se hará para beneficiar "al trabajador y las familias estadunidenses".

Prometió que "la protección llevará a gran prosperidad y fuerza" y con ello, "recuperaremos nuestros empleos, nuestras fronteras, nuestra riqueza".

En el ámbito exterior, dijo que se buscará la "amistad y buena fe" con todos, y aseguró: “no buscamos imponer nuestra forma de vida a nadie, sino dejarla brillar como ejemplo... Brillaremos para que todos nos sigan”.

Y prometió erradicar el "terrorismo radical islámico".

Llamó a la unidad, por un patriotismo que implica la no discriminación, ya que la "sangre del patriotismo" es del mismo color para todos. Afirmó que "no debe haber temor", ya que "estamos protegidos" por las fuerzas armadas y las de seguridad pública, y, "más importante, seremos protegidos por Dios".

Concluyó que "juntos" Estados Unidos será una nación "fuerte de nuevo, rica de nuevo, orgullosa de nuevo, segura de nuevo y sí, juntos haremos grande otra vez a Estados Unidos".

En la ceremonia, que siempre es curiosa por su mezcla político-religosa, el cardenal de Nueva York Timothy Dolan, el reverendo Samuel Rodríguez, la pastor Paula White-Cain, el rabino Marvin Hier y el ultraconservador antigay reverendo Franklin Graham ofrecieron lecturas bíblicas.

El himno nacional fue entonado por la adolescente Jackie Evancho, quien saltó a la fama en el programa America’s Got Talent.

También cantó el famoso coro mormón Tabernacle, con la ausencia de por lo menos una de sus integrantes, que rehusó participar afirmando que no cantaría por un "fascista".

Hubo poca asistencia de simpatizantes en las ceremonias oficiales en contraste con la presencia multiétnica de 1.8 millones de personas hace ocho años en la inauguración de Obama.

El gigantesco parque conocido como el Mall estaba semivacío, con un mar de caras blancas y cachuchas rojas con el lema del presidente "Volver a hacer grande a Estado Unidos".

Al concierto previo a la inauguración, la noche del jueves, se calcula que asistieron unas 10 mil personas, mientras al concierto de la primera inauguración de Obama acudieron 400 mil.

Todo esto fue un indicador de la falta de apoyo a este mandatario. Las decenas de actos de protesta en varios puntos de la ciudad fueron la expresión más amplia de repudio que se ha registrado contra la llegada de un nuevo presidente en la historia del país.

En la ceremonia destacó la presencia de Hillary Clinton (junto con su esposo, el ex presidente Bill Clinton), pues muchos suponían –hasta el 8 de noviembre– que ella sería la que prestaría juramento. Llegó vestida de blanco, con una sonrisa forzada.

Los ex presidentes George W. Bush y Jimmy Carter también asistieron. Todos con el pretexto de que estaban festejando la transición pacífica del poder en nombre de la democracia. Ninguno de ellos deseaba que ganara Trump.

Rodeado de la cúpula política de ambos partidos, cuyos integrantes lo rechazaron e hicieron de todo para evitar su triunfo, recibió sonrisas y buenos deseos. Trump ofendió a casi todos y a sus familias.

Aproximadamente un tercio de los diputados demócratas boicoteó el encuentro; más de 60 en total.

El presidente Trump tomó posesión de la Casa Blanca bajo más nubes que las que pintaron el cielo ayer: sospechas de la influencia de la mano rusa en la elección y su triunfo. El New York Times reportó este viernes que agencias de inteligencia están investigando comunicaciones interceptadas en relación con posibles interacciones del gobierno de Vladimir Putin con representantes de Trump.

Ese viernes el magnate se volvió el primer presidente sin previo servicio en el sector público o en las fuerzas armadas, y entre los más ricos. A sus 70 años, es el presidente novato más viejo en asumir el cargo.

Al final, el presidente Trump acompañó a Barack Obama al otro lado del Capitolio donde él y su esposa Michelle abordaron el helicóptero presidencial para despedirse del gobierno.

La transición se registró de inmediato, a partir de las 12 horas, el sitio de Internet de la Casa Blanca borró a Obama; la nueva imagen de la página excluyó temas como el ambiental y presentó un nuevo mensaje (ver: whitehouse.gov).

Poco más tarde, después de una comida ofrecida por el Congreso, arrancó el desfile desde el Capitolio a la Casa Blanca a lo largo de la avenida Pensilvania para llevar al presidente a su nueva residencia.

En el tramo, las familias de Trump y la del vicepresidente Mike Pence –transportadas en limosinas– se bajaron a caminar durante media cuadra para saludar a algunos simpatizantes y tratar de ignorar a otros, pero en una escena que se repitió todo el día fueron notables las gradas vacías a lo largo de este recorrido. La ruta pasó frente al nuevo hotel de Trump, ubicado a pocas cuadras de la Casa Blanca.

Bandas militares (y algunas escolares) marcharon después de que Trump subió a su palco frente a la Casa Blanca y pasaron revista ante su nuevo comandante en jefe, a pesar de que él evitó el servicio militar durante la guerra de Vietnam.

La noche culminó con la visita del presidente a tres fiestas de gala oficiales (muchas menos de las acostumbradas).

Mientras tanto, el Senado ratificó a los primeros dos integrantes del gabinete: los generales John Mattis, en Defensa, y John Kelly, en Seguridad Interna. Pero esta noche el país –ni el mundo, cuyo curso dice que determinará– no se siente más seguro.

Publicado enInternacional
Hechos y salidas a la crisis actual de la sociedad venezolana

Ell chavismo perdió la elecciones parlamentarias del 6 de diciembre de 2015 y desde entonces la coalición de los partidos ganadores, agrupados en la llamada Mesa de la Unidad Democrática (MUD) que controla la Asamblea Nacional, en aplicación del plan Obama-Kerry, planteó la salida del gobierno del presidente Maduro antes de finalizar el mes de junio del año 2016. La valoración de una cadena de hechos en este año indica que la contrarrevolución, bajo la combinación de diversas formas de acción, pretende lograr la reversibilidad del proceso bolivariano –como ya ocurrió con los llamados procesos progresistas nacionalistas en Honduras, Paraguay, Argentina y Brasil. Y de otra parte, los hechos indican que la conducción del proceso bolivariano y la autogestión comunal y obrera, apuntan a no permitir su reversibilidad. Veamos pues varios hechos, y luego las posibles salidas a la crisis.

 

Hechos 2016

 

La búsqueda del objetivo del Plan Obama-Kerry de salir del presidente Maduro, se apoyó en la aplicación de tres estrategias: a) La sistemática presión internacional de asedio y aislamiento al gobierno, b) El levantamiento callejero de la mayoría del pueblo venezolano, exigiendo la renuncia del presidente Maduro y c) La división de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb) exigiendo lo mismo. El nutriente de las estrategias del adversario, aunado a las dificultades propias de la Revolución Bolivariana, fue y sigue siendo la articulación del desabastecimiento de alimentos, medicamentos y artículos de aseo, la elevación continua de los precios de todos los artículos de consumo masivo, los asesinatos selectivos, la instrumentalización de la delincuencia común atracando a ciudadanos en la calle o dentro de sus casas, y el uso sistemático de la red de mensajería telefónica demeritando la labor de todos los miembros de gobierno.

 

No obstante la continuidad del descontento de la población, al terminar el mes de junio 2016 la explosión social del pueblo en la calle no ocurrió, tampoco se fracturó la Fanb. Lo que si alcanzó un alto grado de desarrollo fue la estrategia internacional de asedio al gobierno del presidente Maduro; Obama ratificó su decreto ejecutivo que declara a Venezuela enemigo inusual de la Seguridad Nacional de los Estados Unidos y extendió al congreso de los Estados Unidos el apoyo a su decreto; Almagro a la cabeza administrativa de la OEA, intentó activar la denominada Carta Democrática para provocar una intervención directa en Venezuela de una coalición de países “salvadores”, pero no lo logró; la “alianza del bien” presidida por Uribe y Aznar, desde una reunión en México, pidió la conformación de un ejército internacional para intervenir en Venezuela, y la suma belicosa de Macri y Temer hicieron lo propio: declarar a Venezuela como país no apto para presidir al Mercosur debido a una supuesta y continua violación de los derechos humanos. Pero en suma, ya ingresando al fin del año 2016, el presidente Maduro no renunció, como lo quiso y predijo la MUD en aplicación del Plan Obama-Kerry, por el contrario se sostiene gobernando con la puesta en marcha de varias iniciativas que detallamos más adelante.

 

Ante esta realidad, y el temor a una recuperación de la economía, la MUD decidió agregar como nutriente de las estrategias del Plan Obama-Kerry, la exigencia de la convocatoria a un referéndum revocatorio del presidente Maduro antes de terminar el año 2016. Debió la MUD, para lograr la realización del referéndum en el año 2016 acorde a los pasos y tiempos que exige la ley, activar su solicitud en enero de 2016, pero no lo hizo. De ahí que su solicitud de activar el referéndum en el 2016 –realizada en abril de 2016, acorde a la ley– no procedía, según lo dictaminó el Consejo Nacional Electoral (CNE), para realizar el referéndum, sino en marzo del año 2017; momento en el cual, en caso de que el pueblo en las urnas decidiera revocar el mandato del presidente Maduro, le correspondería al vicepresidente chavista asumir la presidencia de la República hasta el año 2019. El objetivo de la MUD, de salir de Maduro en su nuevo plazo del fin de año 2016, era legalmente inviable; una parte del pueblo seguidor de la MUD así lo entendió.

 

Ante esta realidad, la MUD enfureció y organizó en su posición actual de estrategia ofensiva otro ataque. Propuso tomar la calle el primero de septiembre; decía contar con un mayoritario y masivo apoyo popular proveniente del descontento por el desabastecimiento de artículos de primera necesidad, y el soporte comunicacional de la mediática liberal nacional e internacional. Su objetivo era imponer el referéndum en el año 2016 por fuera de los plazos fijados por ley. Por su parte el liderazgo del chavismo, en cabeza del vicepresidente del Partido Socialista de Venezuela (Psuv), Diosdado Cabello, en público, expresó de manera reiterada, “estamos en una guerra que se libra en varios frentes contra la Revolución Bolivariana; no se la vamos a poner fácil a la MUD”. En efecto, el primero de septiembre la MUD movilizó sus fuerzas de calle, no en la magnitud que esperaba. El Psuv, y las organizaciones defensoras de la Revolución Bolivariana movilizaron una fuerza superior en Caracas y otras ciudades del país, y contrarrestaron la iniciativa opositora. La señal fue clara: en la lucha de calle la MUD no lograría derrotar a las fuerzas bolivarianas.

 

Respecto a la continuidad del descontento por el desabastecimiento, y la llamada inseguridad que proviene en buena parte de la delincuencia instrumentalizada, hay que reconocer que se manifiesta no sólo en sectores afectos a la MUD, sino también en sectores del chavismo y en el sector abstencionista de la población. En ese marco, un número no despreciable de venezolanos y venezolanas migran al exterior, buscando ingreso en divisas, para luego convertirlo en Bolívares. Las iniciativas del gobierno, reconocidas por un sector de la población, por ejemplo, las continuas alzas de salarios y el abastecimiento parcial a precios regulados a través de los Comités Locales de Abastecimiento y Producción (Clap), no surten por ahora los efectos buscados. Los elevados precios de los artículos de primera necesidad destrozan el alza de salarios, y los Clap despegan con lentitud; su acción en territorios específicos –y según una periodicidad no precisada– tiene serios reparos. Pero se observa en varios epicentros que la iniciativa de los Clap ha recuperado la participación comunal en el tratamiento de sus problemas. Valga anotar que el gobierno no cuenta, como en años anteriores, con moneda-divisa para incrementar la importación de alimentos y medicamentos para fortalecer las acciones de los Clap, y tampoco logra controlar la corrupción y el espíritu clientelar que deforma la aplicación de las políticas sociales. De otra parte, persiste un problema estructural: la distribución mayoritaria de productos de primera necesidad se hace por el mercado legal e ilegal, cuyo control estatal y comunal es muy incipiente.

 

El aumento de nuevas divisas provenientes del aumento de los precios del petróleo, y de la nueva exportación de minerales estratégicos –como oro y coltán–, así como un posible incremento de la producción nacional de alimentos, provocan pánico en la MUD. Y a ello se suma el reconocimiento internacional del gobierno del presidente Maduro, manifestado en el encargo a Venezuela para presidir el Movimiento de Países no Alineados, el éxito de la cumbre de Turquía de países Opep y no Opep (con la presencia de Rusia) en el intento por superar el estancamiento de los precios del petróleo, el establecimiento de la Mesa de Diálogo Nacional con el aval del Vaticano, y un creciente compromiso nacional, obrero y comunal por salvar los logros sociales y políticos de la Revolución Bolivariana, a través de la participación sustantiva.

 

Por ello la MUD propuso la realización de una huelga general para el día jueves 27 de octubre, a la par que insistió en la idea de procesar al presidente Maduro en la Asamblea Nacional, por ausentarse del país sin el permiso de la Asamblea Nacional (AN), cuestión que a su vez el gobierno bolivariano no acepta por considerar que la AN ha entrado en desacato de la Constitución Nacional. Y como refuerzo la MUD entró en un primer intento de atacar verbal y abiertamente a la conducción de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb) por su actitud de no confrontar al gobierno de Maduro.

 

El choque entre poder y contra poder es evidente. Lo cierto es que el 27 de octubre la parálisis empresarial y del transporte público no sobrepasó el 20 por ciento. De nuevo la movilización del Psuv y de las fuerzas obreras y comuneras superaron la convocatoria de la MUD. Los hechos de calle, y la instalación de la Mesa de Diálogo Nacional*, obligan a la MUD a reconsiderar su postura. Además, la MUD sabe que vienen las largas celebraciones del fin de año y de comienzos del 2017 y, de otra parte, que debe esperar las orientaciones sobre Venezuela que decida el nuevo gobierno de los Estados Unidos.

 

Salidas a la crisis

 

Hay que recordar que la crisis se reproducirá mientras no se superen tres de sus componente, y sus mutuas influencias: a) la manifestación en Venezuela de la crisis estructural y general del sistema del capital, que lo abarca todo (desde la economía política, pasando por la ética, hasta el clima), y que sigue golpeando fuerte en el país con la caída de los precios del petróleo. El ingreso petrolero es un gran soporte del presupuesto nacional y el desarrollo social. b) la aplicación de un plan de agresión, de los cerebros internacionales y nacionales, para hacer reversible la revolución bolivariana y con ello romper el posible fortalecimiento de la propuesta socialista Alba, integrada por Ecuador, Cuba, Nicaragua, Bolivia, Venezuela y algunos países del Caribe. c) el continuo de errores-problemas no resueltos de la gestión bolivariana, que vienen de años atrás, entre los cuales destacan las deficiencias en la planificación y el control en el ejercicio de su economía política, que todavía no avanza explícitamente hacia una economía política del trabajo; la corrupción y el burocratismo; la poca formación de la conciencia socialista (el individualismo y el grupismo tiene aún mucha fuerza en la sociedad), conexa con el retardo en el establecimiento de nuevas formas sustantivas de poder político obrero y comunal.

 

Las salidas a la vista. a. La salida de las multinacionales y sus planes globales intercontinentales, aplicadas a través del gobierno de los Estados Unidos y sus países aliados –como España e Inglaterra–, consiste en lograr la reversibilidad de la Revolución Bolivariana. Veremos que nombre adopta el plan ajustado al respecto que trae el nuevo gobierno de la Casa Blanca, al cual se subordinará la MUD. b. La salida de pacto nacional, o proyecto estratégico de centro; sería un acuerdo temporal avalado por las multinacionales y sectores de la Revolución Bolivariana, mientras la salida revolucionaria socialista o la del capital encuentran mejores condiciones para avanzar. Se trataría de un supuesto nacionalismo limitado, con un capitalismo de rostro humano. c. La salida revolucionaria socialista. Comprende 1) la construcción del área de la economía socialista comunal no estatista, con la participación obrera y comunera sustantiva (no adjetiva) en su gestión eficiente y productiva. 2) la construcción del nuevo poder político, superando la AN representativa, por las redes de los consejos obreros y comunales, herramientas (de conciencia y organización) con las cuales Maduro estaría en mejores condiciones de aplicar la rectificación socialista. Y 3) el avance en la síntesis teórica colectiva de la orientación de transición socialista, con la cual se amplía la formación de la conciencia, de la praxis socialista, que abarca a otro componente relevante del sujeto histórico social, la Fanb soberana.

 

* En la Mesa de Dialogo, establecida con la mediación de un vocero del Papa Francisco, participa el equipo compuesto por los expresidentes Torrijos de Panamá, Rodríguez Zapatero de España, Leonel Fernández de República Dominicana, y el secretario de Unasur Ernesto Samper. A la mesa se suma un delegado del Departamento de Estado de Estados Unidos.

Publicado enEdición Nº230
Martes, 25 Octubre 2016 14:40

Himnos y banderas

Himnos y banderas

Sucede ante nuestros ojos, o tal vez somos parte del espectáculo. Enarbolar las banderas y cantar los himnos de los diferentes países, proyecta la impresión de que el nacionalismo, en medio de un mundo globalizado, está exacerbándose, y sin embargo es un nacionalismo diferente al conocido y vivido por siglos; ahora, en el que está tomando forma, compiten, en todo caso, tres tendencias: la nacionalista, la cosmopolita y la patriótica cosmopolita.

 

Parece imposible pero así es. Sensación que alcanza a sentirse en las diferentes competencias o campeonatos internacionales: Copa América, Eurocopa, mundiales de fútbol, Olímpicos, en las vueltas en bicicleta a diferentes países, en competencias de atletismo, etcétera.

 

Es un fenómeno palpable. Toma forma, y puede llegar hasta lo impensable cuando las banderas son ondeadas, los himnos entonados, las camisetas exhibidas, pero también cuando son enarboladas pancartas con los nombres de los deportistas; también puede suceder cuando se llama al apoyo de cantantes y otros representantes de la ‘tierra’, impulsándolos para que sobresalga como “el mejor”. Fenómeno de identidad que dura tanto como el tiempo que se tome el espectáculo en cuestión, al final lo que concitó a unos y otros, fue el apoyo a los colores de tal o cual país. Están ahí por la persona, por el equipo, pero también por el país. Es el nacionalismo deportivo, fenómeno de ondas connotaciones, potenciado por la globalización imperialista, la misma que ha fragmentado, y a la vez resignificado, las identidades territoriales, pues hoy es posible ver en los estadios a ciudadanos de un país portando la camiseta de uno diferente al suyo, así como apreciar parejas y familias compartiendo camisetas de sus respectivas procedencias.

 

Los colombianos que agitan banderas, se visten con la camiseta de la selección y cantan el himno nacional, no necesariamente son nacionalistas, en el sentido de defender “mi patria por encima de todo”, aunque también los hay, en cambio sí expresan un sentimiento de identidad entre connacionales, desechado rápidamente una vez finalizado el evento en cuestión, momento en el cual resurge la realidad de las desigualdades. Y también por el orgullo por los que “nos representan”, al final no somos tan malos.

 

Los medios de comunicación definen

 

Desde la década de los 90 del siglo pasado, cuando el mundo vivió un cambio profundo, dando paso de manera contundente a la mercantilización/mundialización/digitalización en todas las manifestaciones de la vida, el deporte quedó inserto en tal proceso. Desde entonces, con mayor potencia, los medios de comunicación entraron a ser parte del andamiaje deportivo, de tal manera que pudieron verse múltiples deportes en vivo, en tiempo real, llevando al jugador, atleta, o equipo de la preferencia, a la teleaudiencia. Acercamiento casi cotidiano que comenzó a (re)construir y/o resignificar identidades, ahora a partir de otro contexto mundial y nacional en el cual la persona aficionada decide ponerse la camiseta, agitar la bandera y cantar el himno, acciones que no solo realiza en los estadios sino también en calles, parques, restaurantes, oficinas, y otros muchos sitios.

 

Las interpretaciones elaboradas sobre el impacto y significado de estos hechos son diversas, reflejando posturas morales frente a la nación: los nacionalistas y patriotas, los cosmopolitas, y los patriotas cosmopolitas, términos usados por los filósofos políticos y filósofos morales a la hora de discernir sobre el asunto.
Proceso imposible de tomar amplitud global si no fuera por la era digital en que estamos insertos, en la cual los medios de comunicación juegan un papel primordial en la medida en que la diversidad productiva, apoyada en la tecnología de punta, y en la innovación a corto plazo, desterritorializadas y tomando en cuenta características culturales de los países, promueven los contenidos de amplitud mundial en tiempo real, lo que permite la visibilización de las diferentes expresiones nacionales concentradas en colores, canciones e himnos. Por este camino, los colombianos, o cualquier otro grupo humano poblador de un territorio dado, se visibiliza por el mundo como un todo.

 

Mi terruño y el mundo

 

Sugieren desde tiempo atrás que la globalización (capitalista-imperialista) a la vez que fragmenta los modos de vida tendiendo a la uniformidad, fortalece los nacionalismos, los patriotismos y el cosmopolitismo. Ser nacionalista y ser patriota no es lo mismo, el nacionalismo propone una definición política, es un planteamiento sobre lo que es o debe ser una nación y ese nacionalismo puede ser de derecha o de izquierda, según los intereses a resolver, mientras que el patriotismo y el cosmopolitismo son un sentimiento. El patriotismo se expresa en el orgullo nacional, por ello puede haber nacionalistas que son patriotas, muchas veces en un mal sentido. El cosmopolita siente orgullo de mundo, se refiere a que como ciudadano del mundo respeta a los demás pobladores del planeta, inclusive algunos lo extienden al respeto a los animales. Pero todo ello también está llevando a que se fortalezcan las identidades locales, étnicas y culturales.

 

Es cierto que existe el nacionalismo extremo, el que exige la defensa de las fronteras nacionales y la exclusión de extranjeros, y también los nacionalistas que plantean la defensa de la soberanía nacional, así como aquellos que pregonan la defensa o preferencia de la identidad de los connacionales, que no es lo mismo que defender los conciudadanos, pues en un mismo estado y/o nación –sobre todo si son Estados multinacionales– hay connacionales de la nacionalidad y conciudadanos del mismo Estado. Por eso los españoles enarbolan la roja en los estadios en un mundial de futbol en tanto conciudadanos, pero no en cuanto connacionales.

 

Y el cosmopolitismo que propone ser ciudadanos del mundo antes que de un país en particular, que también se presenta como los cosmopolitas que entienden la importancia política y emocional de la humanidad del planeta Tierra, y a la vez saben que el terruño es el basamento desde donde partir y centrarse. El terruño es lo que uno carga en la mochila cuando se va, y un cosmopolita quiere al mundo pero también al lugar donde nació.

 

Identidades y cambios novedosos. Hoy en día, por medio del deporte en particular, la gente de éste y otros países del mundo está resignificando el sentido de nación y patriotismo pues las diásporas, las migraciones y desplazamientos, han aportado para que aquellos que sufren tal realidad afronten y comprendan de manera diferente estos conceptos, más en sentido positivo, hacia el futuro, que en retroceder a posiciones ya superadas por la vida misma.

Publicado enEdición Nº229
Las elecciones de Berlín ratifican el desgaste de Merkel y el ascenso de la ultraderecha

La CDU de la canciller y el SPD (socialdemócratas) no suman lo suficiente para repetir una coalición en la ciudad-estado y capital del país


El SPD tendrá que pactar con las formaciones de izquierda para así aislar a la ultraderecha Alternativa para Alemania, que se hizo con el 13,8% de los votos

 

El elector de Berlín ha plasmado este domingo en los comicios regionales de la ciudad-estado y capital alemana, la erosión que sufre la gran coalición de la canciller Angela Merkel, así como el auge de la ultraderecha de AfD, imparable a un año de las generales de 2017 tras obtener un 13,8% de sufragios.


La Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel sufrió un nuevo revés y quedó en el 17,7% -un mínimo histórico desde 1948, destacó el diario conservador "Frankfurter Allgemeine"-, más de cinco puntos por debajo de sus resultados de 2011 en la capital.


Su socio en la gran coalición, el Partido Socialdemócrata (SPD), se defendió como primera fuerza en el "Land", pero quedó en un 21,9%, seis puntos y medio menos que en 2011, según los resultados parciales de la televisión pública ARD, a las 19.00 GMT, tres horas después del cierre de los colegios electorales.


Entre ambas grandes formaciones tradicionales no suman lo suficiente para reeditar la alianza con la que ha gobernado hasta ahora el alcalde-gobernador, el socialdemócrata Michael Müller.


Ello aboca al SPD, fuerza dominante en la ciudad-estado desde 2001, a tratar de armar un tripartito con la Izquierda -que ganó cuatro puntos hasta alcanzar los 15,6%- y los Verdes -un 15,3%, una caída de dos puntos-.


Al margen del previsible giro izquierdista en la capital, los comicios berlineses apuntalaron a un partido que, hoy por hoy, está descartado como socio por el resto de las fuerzas: la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD).


La representante de la ultraderecha obtuvo un 13,8%, lo que le garantiza una sólida representación en otra Cámara regional, la décima donde consigue escaños del total de 16 "Länder" del país.


Las regionales de Berlín, con 2,5 millones de electores, seguían a las celebradas quince días atrás en Mecklenburgo-Antepomerania, en el este del país, donde la CDU se vio humillada y superada en votos por la AfD, que obtuvo un 20,8%.
Tras los comicios de este domingo, esta formación se ve como imparable en su siguiente gran objetivo, las generales previstas exactamente para dentro de un año, el 17 o el 24 de septiembre de 2017.


Ninguna formación ultraderechista logró nunca escaños en el Parlamento federal (Bundestag); la misma AfD se quedó en 2013 a las puertas de lograrlo, al situarse unas décimas por debajo del mínimo requerido del 5%.


Entonces representaba al voto euroescéptico -y no cuajó entre el elector alemán-, mientras que con la crisis migratoria giró hacia la xenofobia y reclutó el voto contra la acogida de refugiados.


Por encima de la sangría de votos, al SPD le quedaban hoy ánimos para festejar, puesto que sigue siendo la fuerza dominante en la capital, después de haber liderado todos sus gobiernos desde 2001.


Para el socialdemócrata Müller, que accedió al puesto en 2014 tras la retirada de su correligionario Klaus Wowereit, ha sido una trayectoria fácil, pese a la situación de endeudamiento, creciente especulación inmobiliaria y precariedad que vive la capital, los grandes quebraderos de cabeza de sus conciudadanos.


Teóricamente podría tratar de gobernar apuntalado por la CDU y el tradicionalmente acomodaticio Partido Liberal (FDP), que tras una legislatura sin escaños regresara a la Cámara al obtener un 6,7%.


Lo más probable, sin embargo, es que se decida por el tripartito con ecologistas e izquierdistas, partidos ambos a los que Wowereit ya tuvo como aliados en gobiernos sucesivos.


El hecho de mantenerse como primera fuerza -tanto en Berlín como en Mecklenburgo-Antepomerania- alivia la pérdida de votos del SPD.


En cambio, para Merkel se acentúa el desgaste y presumiblemente también las presiones de su hermanada Unión Socialcristiana de Baviera (CSU), que desde hace meses la apremia a que dé un giro derechista y endurezca la política de refugiados.


Una encuesta de cara a las generales de 2017 reflejaba este domingo la persistente caída en intención de voto del bloque conservador, que obtendría un 32% -un punto menos que una semana atrás-, mientras que el SPD obtendría un 24%.
AfD sería la tercera fuerza con un 14%, por delante de los Verdes y la Izquierda, las actuales formaciones de la oposición en el Bundestag.

Publicado enInternacional
Jeremy Corbyn y Bernie Sanders.

 

La política en las economías avanzadas de Occidente está en la tesitura de una reestructuración política como no se ha visto desde los años 30. La Gran Deflación que tiene acogotados a ambos lados del Atlántico está haciendo que revivan fuerzas políticas que habían estado dormidas desde el final de la II Guerra Mundial. Está volviendo la pasión a la política, pero no de la forma que muchos habíamos esperado.

 

La derecha se ha visto animada por un fervor contrario al “establishment” que era, hasta hace poco, patrimonio de la izquierda. En los Estados Unidos, Donald Trump, candidato republicano a la presidencia, mete en vereda – bastante creíblemente – a Hillary Clinton, su oponente demócrata, por sus estrechos lazos con Wall Street, sus ganas de invadir tierras foráneas, su disposición a adherirse a acuerdos de libre comercio que han socavado el nivel de vida de millones de trabajadores. En el Reino Unido, el Brexit ha asignado a ardientes thatcherianos el papel de entusiastas defensores del National Health Service [el sistema sanitario británico].


Esta transformación no carece de precedentes. La derecha populista ha adoptado tradicionalmente una retórica cuasi izquierdista en tiempos de deflación. Cualquiera que tenga estómago para revisar los discursos de los más destacados fascistas y nazis de los años 20 y 30, encontrará apelaciones – los panegíricos de Benito Mussolini a la seguridad social o las punzantes críticas del sector financiero por parte de Joseph Goebbels – que parecen, a primera vista, indistinguibles de metas progresistas.


Lo que hoy estamos experimentando es la implosión natural de la política centrista, debido a una crisis del capitalismo global en la que un derrumbe financiero condujo a una Gran Recesión y luego a la Gran Deflación de hoy. La derecha está repitiendo sencillamente su viejo truco de sacar partido de la ira justificada y las aspiraciones frustradas de las víctimas para hacer que avance su repugnante orden del día.


Todo empezó con la muerte del sistema monetario internacional establecido en Bretton Woods en 1944, que había forjado un consenso político de postguerra basado en una economía “mixta”, límites a la desigualdad y una sólida regulación financiera. Esa “era dorada” terminó con el llamado “shock” de Nixon en 1971, cuando Norteamérica perdió los superávits que, reciclados internacionalmente, mantenían estable el capitalismo global.


De manera notable, la hegemonía de los Estados Unidos creció en esta segunda fase de postguerra, en paralelo a su déficit comercial y presupuestario. Pero para seguir financiando estos déficits, los banqueros tenían que desengancharse de sus restricciones del New Deal y de Bretton Woods. Sólo ellos alentarían y gestionarían los flujos de entrada de capital necesarios para financiar los déficis parejos de Norteamérica en fiscalidad y por cuenta corriente.


La meta era la financiarización de la economía, el neoliberalismo su manto ideológico, su gatillo fue la subida de los tipos de interés de la época Paul Volcker en la Reserva Federal, y el presidente Clinton fue en última instancia el que cerró este pacto fáustico. Y el momento no podría haber sido más amigable: el desmoronamiento del imperio soviético y la apertura de China generaron una oferta de trabajo para el capitalismo global – mil millones de trabajadores adicionales – que hicieron que se disparasen los precios y ahogaron el crecimiento de los salarios en todo Occidente.


El resultado de la extrema financiarización fue una enorme desigualdad y una profunda vulnerabilidad. Pero por lo menos la clase trabajadora de Occidente tenía acceso a préstamos baratos y precios de vivienda desorbitados para compensar el impacto de salarios estancados y transferencia de rentas fiscales en declive.


Luego llegó el derrumbe de 2008, que produjo en los EE.UU. y en Europa un masivo exceso de oferta, tanto de dinero como de gente. Aunque muchos perdieron empleos, hogares y esperanzas, billones de dólares en ahorros han ido derramándose por los centros financieros del mundo desde entonces, sumándose a otros billones bombeados por desesperados bancos centrales dispuestos a substituir el dinero tóxico de los financieros. Con empresas e inversores demasiado temerosos como para invertir en la economía real, los precios de las acciones se han puesto por las nubes y el 0,1% más alto no da crédito a su suerte, y el resto mira impotente cómo las uvas de la ira van“...llenándose y haciéndose copiosas, haciéndose copiosas para la cosecha”.


Y así fue como ingentes partes de la humanidad en Norteamérica y en Europa quedaron demasiado endeudadas y se volvieron demasiado caras como para ser otra cosa que desecho, y quedaron listas para verse tentadas por Trump atizando el miedo, por la xenofobia de la dirigente del Front National, Marine Le Pen, o la refulgente visión de los adalides del Brexit de una Britania que rige de nuevo las olas. A medida que crece su número, los partidos tradicionales están cayendo en la irrelevancia, suplantados por el surgimiento de dos nuevos bloques políticos.


Un bloque representa la vieja troika de la liberalización, la globalización y la financiarización. Puede que todavía esté en el poder, pero sus acciones están cayendo rápidamente, como pueden atestiguar David Cameron, los socialdemócratas europeos, Hillary Clinton, la Comisión Europea y hasta el gobierno de Syriza posterior a la capitulación.


Trump, Le Pen, los partidarios derechistas del Brexit en Gran Bretaña, los intolerantes gobiernos de Polonia y Hungría, y el presidente ruso, Vladimir Putin, forman el segundo bloque. La suya es una internacional nacionalista – una criatura clásica de un periodo deflacionario – unida por el desprecio por la democracia liberal y la capacidad de movilizar a los que la aplastarían.

 

El choque entre estos dos bloques es a la vez real y motivo de confusion. Clinton versus Trump constituye una auténtica batalla, por ejemplo, como lo es la Unión Europea contra los partidarios del Brexit; pero los contendientes son cómplices, no enemigos, que perpetúan un bucle inacabable en el que se refuerzan mutuamente y en el que cada lado se define – y moviliza a sus apoyos sobre esa base – por aquello a lo que se opone.

 

La única manera de salir de esta trampa política es el internacionalismo progresista, basado en la solidaridad entre las grandes mayorías en todo el mundo que están preparadas para reavivar la política democrática a escala planetaria. Si esto suena utópico, vale la pena poner de relieve que ya se encuentran disponibles las materias primas.


La “revolución política” de Bernie Sanders en los EE.UU., el liderazgo de Jeremy Corbyn en el Partido Laborista del Reino Unido, el MDeE25 (Movimiento por la Democracia en Europa, DiEM25) en el continente: estos son los heraldos de un movimiento internacional progresista que puede definir el terreno intelectual sobre el que debe erigirse la política democrática. Pero nos encontramos en un estadio muy temprano y nos enfrentamos a un notable contragolpe de la troika global: véase el tratamiento dispensado a Sanders por el Comité Nacional de los demócratas norteamericanos, la competencia contra Corbyn de un antiguo cabildero farmacéutico y el intento de encausarme por osar oponerme al plan de la UE para Grecia.


La Gran Deflación plantea una gran pregunta: ¿puede la humanidad concebir y llevar a la práctica un nuevo Bretton Woods “verde” y tecnológicamente avanzado – un sistema que haga nuestro planeta ecológica y económicamente sostenible – sin el inmenso sufrimiento y destrucción que precedieron al primitivo Bretton Woods?


Si nosotros – los internacionalistas progresistas – no conseguimos responder la cuestión, ¿quién la contestará? Ninguno de los dos bloques que hoy rivalizan por el poder en Occidente quiere siquiera que se plantee.

 

Traducción: Lucas Antón

 

 

Publicado enPolítica

¿Evo Morales quiere reestablecer la cultura y la civilización pre-colombina? Al menos eso es lo que afirma el artículo publicado por Miguel Angel Bastenier en El País el 25 de mayo pasado. A diferencia de Chávez y Correa, el presidente de Bolivia tendría un proyecto más radical. "Más que un mandato está cumpliendo una misión puesto que aspira a restablecer una cultura y civilización pre-colombinas, a las que encuentra todas las gracias, en contraste con lo que califica de capitalismo deshumanizador, producto de la conquista europea". ¿Pero van por ahí los tiros en el proceso boliviano iniciado hace siete años?

 

Sin duda, este tipo de análisis son funcionales a una visión -con alguna difusión- de que el Gobierno instaurado en 2006 propiciaría una suerte de racismo al revés o venganza étnica contra los blanco-mestizos -o "blancoides" como se los denomina en Bolivia- en paralelo al recambio de élites que vive el país. Pero la cosa es algo más complicada. El proyecto de Evo Morales es, ante todo, un proyecto desarrollista y modernizante. Por eso no es casual la batería de proyectos político/simbólicos con vistas a la re-reelección, con un satélite de comunicaciones a la cabeza. En diciembre será lanzado desde el centro de Jiuquan (en China) el satélite Tupac Katari, construido en el país asiático con un costo de 300 millones de dólares.

 

El nombre -que refiere al caudillo anticolonial aymara- junto a la puesta en marcha de la Agencia Boliviana Espacial es en sí mismo una buena síntesis de las inestables identidades indígenas que conjugan a geometría variable modernidad y tradición. Otro de los proyectos es un teleférico de transporte público que va a unir a La Paz con El Alto, que ya empezó a ser construido por una firma austriaca. Además de las gestiones personales de Morales para que el rally Dakar pase este año por Bolivia (en la zona del Salar de Uyuni).

 

Y hay más: Bolivia volvió este año al mercado internacional de capitales con la emisión de un bono global y captó fondos a una tasa bastante baja: 4,875% anual. Y Morales se enorgullece de haber expandido internet y telefonía celular por todo Bolivia, incluyendo las zonas rurales. De hecho, la gestión macroeconómica es uno de los fuertes del gobierno. Los 14.000 millones de dólares de reservas son solo un emergente de la mezcla entre buen contexto macroeconómico -favorecido por los altos precios de las materias primas-, nacionalización del gas y una gestión prolija liderada por el ministro de Economía Luis Arce Catacora, que se mantiene en el cargo desde 2006.

 

La demanda interna creció de la mano de la expansión del gasto público, que se triplicó en los últimos siete años y la inversión pública se sextuplicó en poco más de media década. Los problemas de Morales no tienen nada que ver con sus supuestos intentos de imponer una suerte de retorno al inkario. De hecho, uno de los conflictos más serios que enfrentó fue la oposición de los habitantes del Territorio Indígena Parque Nacional Isiboro Sécure (TIPNIS) a la construcción de una carretera destinada a integrar oriente y occidente de Bolivia, que partía en dos a ese espacio protegido.

 

Y la mayoría de los actuales intelectuales disidentes se fueron del gobierno precisamente por considerar que no toma en serio la construcción del Estado plurinacional y es demasiado desarrollista/modernizador. Otra cosa es que esos proyectos puedan efectivamente modernizar al país y no se queden en las tradicionales ilusiones desarrollistas, o que eso sea vía no tenga costos que es necesario discutir, pero esas son las metas de la "agenda patriótica" aprobada por el oficialismo. Y son estos imaginarios del salto industrial los que explican los vínculos entre Bolivia y Corea del Sur (sí, con Seúl, no con Pyongyang), que hoy se materializan en una presencia inédita de su embajador en La Paz, que incluso da conferencias y escribe columnas sobre el modelo coreano y el Movimiento Nueva Aldea que transformó las zonas rurales de esa nación asiática.

 

La idea de que el proceso boliviano se propone -a secas- "negar todo lo occidental" sólo refleja un fuerte desconocimiento empírico de cómo funcionan las identidades y prácticas indígenas desde la colonia hasta la actualidad. Que los comerciantes aymaras hayan pedido recientemente la inclusión del chino mandarín en las escuelas -para facilitar sus viajes a las ferias chinas, a las que ya viajan anualmente muchos de ellos- quizás se puede leer como un "sentimiento antioccidental" pero difícilmente sea representa una estrecha demanda del retorno al Tawantinsuyo, una aspiración al aislacionismo étnico, o un pedido de avanzar en un anticapitalismo radical o "socialismo premarxista" (Bastenier dixit).

 

Sin duda, Evo Morales enfrenta una serie de problemas vinculados a las demanda de redistribución de la riqueza en una economía extractivista, además del desgaste de siete años de gestión y cierta pérdida de apoyo urbano. Pero los desafíos no vienen de la Central Obrera Boliviana (COB) que estos días llevó adelante bloqueos para pedir un aumento en las jubilaciones. El partido de trabajadores alentado por sectores de la COB apunta a ser una fuerza testimonial. La clave está en si la oposición de centroderecha y centroizquierda logrará o no (unida o separada) construir una fuerza articulada y presentar un candidato atractivo para las elecciones de fines de 2014.

 

Eso determinará que el escenario sea más parecido al de Venezuela (donde Henrique Capriles le disputó la elección a Nicolás Maduro) o Ecuador, donde Rafael Correa arrasó. En cualquier, caso Bolivia vive un poderoso cambio de élites (una suerte de revolución política) que rompió varios de los techos de cristal que condenaban a los indígenas a la subalternidad, pero esas nuevas élites están lejos de los imaginarios orientalistas sobre indios de museo con los que a veces se lee el proceso boliviano.

 

28/05/2013 07:00

 

Pablo Stefanoni es jefe de redacción de 'Nueva Sociedad' y ex director de 'Le Monde Diplomatique/Bolivia'

Publicado enInternacional
Domingo, 16 Diciembre 2012 06:02

Europa se vuelve ultraconservadora

Europa se vuelve ultraconservadora

La crisis ha sido en Europa el cultivo para el retorno al primer plano de los ultraconservadores. Partidos de extrema derecha en pleno auge, recuperación por parte de los sectores más reaccionarios de los espacios conquistados en las últimas décadas por los derechos civiles, xenofobia latente, populismo, resurgimiento del discurso católico integrista y de la defensa de los valores del cristianismo, antieuropeísmo y un nacionalismo patriotero como pasión mágica contra todos los males del mundo son algunas de las manifestaciones más evidentes de la reconfiguración que está atravesando Europa.

 

Hace unas semanas, un importante senador de la extrema derecha húngara, Márton Gyöngyösi, pidió que se preparasen “listas de los judíos que viven aquí, sobre todo aquellos que están en el gobierno y en el Parlamento, quienes, de hecho, suponen un riesgo para la seguridad de Hungría”. Con 44 diputados en una cámara que consta de 386, el partido de Gyöngyösi, Jobbik, es la tercera fuerza húngara. Lejos de limitarse a los países del Este de Europa, la marcha de los ultraconservadores ha llagado también al corazón del sistema europeo de gobierno.

 

A finales de noviembre, el Parlamento europeo dio el visto bueno a la designación de Tonio Borg al puesto de comisario europeo de Sanidad y Consumo. Este nombramiento es una paradoja absoluta: Borg es un hombre político de la Isla de Malta cuyo catalogo ideológico va en contra de las leyes y principios que la mayoría de las democracias europeas defiende: se opone al aborto, al divorcio y al matrimonio entre personas del mismo sexo.

 

La emergencia de estos personajes responde al crédito que han recuperado en la sociedad. Francia, que es un símbolo universal de los derechos cívicos y sociales, de la libertad y el carácter laico de la sociedad, conoce un férreo movimiento de protesta contra una serie de leyes que, entre otras cosas, apuntan a legalizar el matrimonio entre homosexuales. Los “anti” derechos ya reunieron en la calle a más de 100.000 personas y este fin de semana se aprestan a protagonizar una nueva manifestación contra las leyes promovidas por el Ejecutivo socialista del presidente François Hollande. La igualdad ya no es percibida como un progreso, sino como una amenaza, una extensión contaminante del sistema político y económico. Los partidarios del “matrimonio para todos” y sus adversarios se miden hoy en las calles del país. La respuesta política se traduce en las urnas: peso en aumento de la extrema derecha y vuelta a la arena de los llamados “tradicionalistas”, o sea, los representantes de la corriente conservadora de inspiración religiosa. Estos partidos o movimientos salieron de la discreción para ocupar amplios espacios de poder. No sólo conquistan carteras ministeriales sino que, además, influencian a los partidos de la derecha que terminan incluyendo su ideario en los programas electorales. La derecha de gobierno (UMP) tiene en Francia un componente ultraconservador en su seno, la llamada “derecha popular”. En las elecciones presidenciales abril y mayo pasado, la extrema derecha del Frente Nacional obtuvo casi el 18 por ciento de los votos, con lo que, al igual que en Hungría, pasó a ser el tercer partido detrás de la conservadora UMP y los socialistas. El ex presidente francés Nicolas Sarkozy hacía constantes referencias a los “valores cristianos” de Francia y de Europa. Sin embargo, ninguna estadística ha constatado un renacimiento de la práctica religiosa, muy por el contrario. Más bien, esos valores conservadores y cristianos aparecen como un amparo ante la agresividad desestabilizante de mundo. La apuesta parece totalmente contradictoria: esos partidos populistas, ultraderechistas y conservadores se presentan como una alternativa modernizadora.

 

La época en que el ingreso a una coalición de gobierno de un miembro de la ultraderecha provocaba crisis europeas está muy lejos. La ultraderecha se ha banalizado y lo mismo está ocurriendo con el populismo conservador. Un estudio sobre la derecha europea publicado en Gran Bretaña por el centro de estudios Chatham House, destaca que “los partidos populistas extremistas (PEP) representan uno de los desafíos más apremiantes a las democracias europeas”. El mismo informe explica que los “partidos populistas extremistas han cambiado sus estrategias en las últimas décadas. Esto les permitió responder a las nuevas cuestiones que se plantean y a los acontecimientos de forma más innovadora y eficaz que los partidos ya establecidos”. Los analistas del Viejo Continente coinciden en aceptar que los votantes de esos partidos son lo que el informe de Chatham House llama los losers of globalization, los perdedores de la globalización. Se trata de vastos sectores sociales, sin calificación, a menudo de cierta edad, para quienes la globalización representó un castigo. La frustración ante un sistema que les pasó por encima buscó un culpable y lo encontró enseguida: los extranjeros y todas las formas de trastorno cultural. El investigador Matthew Goodwin escribe en el informe de Chatham House que todos los seguidores de los partidos populistas extremistas “comparten una característica fundamental: su profunda hostilidad hacia la inmigración, el multiculturalismo y el aumento de la diversidad cultural y étnica”. Patria, familia y pureza. Esa consigna resuena hoy en todas partes. El periodista Daniel Vernet, ex jefe de redacción del vespertino Le Monde, agrega un análisis más al pertinente informe de Chatham House. Además de su hostilidad hacia los extranjeros, los electores ultraconservadores del Viejo Continente tienen otra característica común: “La designación de la Unión europea como deus ex machina de la gran empresa de destrucción de las protecciones nacionales. Tecnócratas apátridas estarían dictando su ley a los gobiernos y a los pueblos despojados de su soberanía”. Además de los millones de pobres que dejó en el mundo, la globalización cuenta ya con sus hijos políticos: los populistas ultras. La defensa de la identidad nacional, la restauración de la idea de frontera, la culpabilización de los extranjeros y la denuncia de la corrupción del sistema político son sus caballitos de batalla. Esa ideología se expandió en toda Europa en los años ’30. En su renacimiento de hoy sólo un par de figuras han variado: el causante de todos los males ya no es el judío sino el musulmán. El musulmán es “el otro” por excelencia, el corruptor, el responsable de la dilución de la identidad nacional, del desempleo, de la inseguridad. Es él quien pone en peligro las bases de la sociedad occidental y cristiana. El otro eje de su discurso es el ataque al cosmopolitismo financiero y a una presunta tecnocracia que actúa en las sombras para destruir lo nacional. La ofensiva ultraconservadora mezcla todo en un mismo proyectil y da en el blanco.

Publicado enInternacional
Martes, 04 Diciembre 2012 07:06

Texas no quiere ser estadounidense

Texas no quiere ser estadounidense

El nacionalismo recorre el Estado de Texas. Los ciudadanos han recogido más de 100.000 firmas en solo un mes para pedirle a Barack Obama la independencia de los Estados Unidos de América.


 
Hasta 20 estados se han sumado a la petición de independencia que instigan los tejanos como reacción a la reelección de Barack Obama, según explica The Telegraph.


 
La mayoría pertenecen a la mitad sur de Estados Unidos, la más conservadora. Alabama, Colorado, Arkansas, Florida, Mississippi, Missouri o Lusiana no están contentos con la reelección de un presidente democrata.


 
Cualquier persona mayor de trece puede inscribirse en la página web de la Casa Blanca y firmar a favor de la petición de independencia. De momento ya se ha rebasado con creces el umbral de las 25.000 firmas necesarias para que la administración Obama tenga la obligación de dar una respuesta oficial a la demanda, que probablemente sea un rotundo “No”.
 


Los deseos de secesión de Texas no son nuevos. Ya en el año 2009 el entonces Gobernador de este estado, Rick Perry animaba a la insumisión. “El Gobierno federal está estrangulando a los estadounidenses con los impuestos, el gasto y la deuda”. Perry sugirió que los tejanos podrían en algún momento “cansarse tanto que querrían separarse de la unión”.


 
“Hay un montón de escenarios diferentes”, dijo Perry. “Tenemos una gran unión. No hay absolutamente ninguna razón para que se disuelva. Pero si Washington continúa metiéndo el dedo en el ojo al pueblo estadounidense, ¿quién sabe lo que puede salir de eso?. Texas es un lugar muy especial y somos lo bastante independientes como para poder arrancar nosotros solos”, recoge The Huffington Post.


 
El estado de gran parte de la derecha es de puro desanimo y es cierto que Texas es junto con Hawai el único que ha sido independiente en algún momento de la historia de Estados Unidos. Pero de momento nada hace pensar que la sangre vaya a llegar al río y es probable que la acción se quede en la mera anécdota.
 

 3 Diciembre 2012


(Con información de ABC.es)

Publicado enInternacional
Siempre ha sido tabú, pero después de tres meses sin Gobierno, los dirigentes políticos francófonos se plantean por primera vez un futuro sin Bélgica. El choque de trenes entre la izquierda predominante en Valonia, la parte sur y francófona del país, y el nacionalismo separatista de la próspera región de Flandes, al norte, ha dejado al país al borde de la quiebra. Sin embargo, es una quiebra política que los ciudadanos belgas no acaban de creerse, acostumbrados a vivir en un país con más crisis de Gobierno que de periodos de estabilidad institucional.

La resignación de la población belga, que mantiene de momento sus diversas banderas plegadas, contrasta con el plan B de los socialistas francófonos, liderados por el popular Elio di Rupo, todavía favorito para convertirse en primer ministro con el apoyo del separatista Bart de Wever, de la Nueva Alianza Flamenca (N-VA).

"Debemos empezar a prepararnos para el fin de Bélgica", aseguró la semana pasada Laurette Onkelinx, viceprimera ministra en funciones y una de las figuras más destacadas del partido. "Si no, seremos los que paguemos el pato, No podemos ignorar que, para una gran parte de la población flamenca, la independencia es un anhelo", añadió.

"Quizás estemos entrando en [el proceso de] la organización progresiva de la separación", reconoció, Philippe Moureaux, otro dirigente de los socialistas valones en Bruselas. "¿Qué responsable francófono aceptaría una reforma que pudiera provocar un empobrecimiento de los valones o los bruselenses?", se preguntó Di Rupo hace diez días, cuando tiró la toalla tras siete semanas de negociaciones con las principales formaciones políticas para reformar el país sin desmantelar el Estado. "No es nuestra misión encontrar un acuerdo a cualquier precio", amenazó, en clara referencia a los flamencos de la N-VA, el partido mayoritario, y el CD&V, los democristianos nacionalistas flamencos del primer ministro en funciones, Yves Leterme.

Fuera del entorno socialista valón nadie duda de que este paso adelante es sólo una estrategia que sale del hartazgo. En otras palabras: un farol para que la atención recaiga sobre Flandes y las ambiciones de poder de sus dirigentes. Pero escindir Bélgica es incluso más difícil que mantenerla unida, y sólo convence en estos momentos a un 14% de los belgas, según los sondeos.

Incluso De Wever, que dirige la gran formación separatista en Flandes, apeló al "sentido de la responsabilidad", insistiendo en que él no busca una escisión inmediata, sino una "evaporación gradual" del Estado de forma natural. Según la mayoría de los economistas, la escisión sería sobre todo perjudicial para Valonia, una región con menos poderío industrial y más desempleados que Flandes. Por otra parte, Flandes no está dispuesta a prescindir de la francófona Bruselas, capital europea y motor económico imprescindible para ambas regiones.

Tres meses después de las elecciones del 13 de junio, los asuntos que agrietan Bélgica permanecen invariables: una mayor descentralización que dote de más poderes a las regiones, el control fiscal, el papel de la región de Bruselas, a caballo entre las dos grandes regiones, o el estatus de los suburbios de la capital, en territorio flamenco pero con privilegios lingüísticos para los 100.000 francófonos que los habitan.

El rey Alberto II, que marca los tiempos de la formación de Gobierno y encarga labores de mediación, echó mano la semana pasada de los presidentes del Congreso y Senado para que traten de desbloquear una situación seguida con celo desde el exterior. Bélgica preside este semestre la Unión Europea, y su ingobernabilidad resta credibilidad a unas instituciones comunitarias que luchan a su manera por delimitar sus cuotas de poder ante los estados nacionales. Por otra parte, Francia ha celebrado ya discretas reuniones, presididas por el secretario de Estado para Asuntos Europeos, Pierre Lellouche, que han analizado las consecuencias de un agravamiento de las tensiones territoriales en el país vecino.

Nuevos mediadores

El empeño de Elio di Rupo por formar Gobierno, valorado en todo el país, deja a los dos nuevos mediadores nombrados por Alberto II escaso margen para lograr un acuerdo a corto plazo, por lo que Bélgica comienza a recordar las elecciones de junio de 2007, tras las cuales Yves Leterme tardó nueve meses en formar Gobierno.

Mientras tanto, las encuestas favorecen a los dos hombres sobre los que recae el grueso de la responsabilidad. Elio di Rupo ha elevado en dos puntos desde las elecciones hasta el 39,5% la intención de voto a los socialistas francófonos. Bart de Wever, el separatista flamenco, lo ha hecho en cuatro hasta el 32%, según un sondeo del diario La Libre Belgique.

Casi dos siglos de convivencia difícil

1. Independencia de Holanda

El Reino de Bélgica nació en 1830 tras la rebelión del sur de los Países Bajos, cuya población, a diferencia del norte protestante, era católica y en su mayoría francófona. Durante mucho tiempo Valonia era la parte dominante gracias a las minas y la industrialización. Con el declive de la industria pesada y el auge de las actividades comerciales de Flandes cambió el balance de poder económico y demográfico en el estado federal. Hoy el 60% de los 10,8 millones de belgas son flamencos. También hay una minoría de unos 80.000 ciudadanos de habla alemana.

2. Dos sistemas políticos

Bélgica tiene tres regiones, Flandes, Valonia y Bruselas, que es oficialmente bilingüe aunque la gran mayoría habla francés. La división del país marca el panorama político. En Flandes y en Valonia se votan listas separadas. Cada región tiene sus propios partidos: socialistas, liberales, conservadores etc. El Gobierno federal se compone por partes iguales de ministros valones y flamencos. 

3. Elecciones de junio

Los dos ganadores de las elecciones del pasado 13 de junio, los separatistas flamencos de Bart de Wever, y los socialistas valones de Elio di Rupo, llevan ahora tres meses intentado formar una coalición. 

Por DANIEL BASTEIRO CORRESPONSAL EN BRUSELAS 13/09/2010 07:00
Publicado enInternacional