Martes, 06 Julio 2010 10:17

4 de julio, guardad las banderas

En este 4 de julio, haríamos bien en renunciar al nacionalismo y a todos sus símbolos: sus banderas, sus promesas de lealtad, sus anatemas, su insistencia en la canción de que Dios debe elegir a América para que sea bendecida.

¿Acaso el nacionalismo (esta devoción a una bandera, a un anatema, una línea divisoria tan furibunda que engendra el asesinato masivo) no es uno de los grandes males de nuestro tiempo junto con el racismo y el odio religioso?

Estas maneras de pensar, cultivadas, alimentadas, adoctrinadas desde la infancia, han sido útiles para quienes están en el poder y mortales para quienes están fuera de él.

El espíritu nacional puede ser benigno en un país pequeño y que carece tanto de poderío militar como de ansias de expansión (Suiza, Noruega, Costa Rica y muchos más). Pero en una nación como la nuestra, inmensa, que posee miles de armas de destrucción masiva, lo que podría ser un orgullo inofensivo se convierte en un arrogante nacionalismo peligroso para los demás y para nosotros mismos.

Nuestra ciudadanía fue educada para considerar a su nación diferente de las demás, una excepción en el mundo, excepcionalmente moral y que se expande a otras tierras para llevar la civilización, la libertada y la democracia.

Este autoengaño empezó muy pronto.

Cuando los primeros colonos ingleses se trasladaron a territorio indio en la bahía de Massachusetts y se encontraron con resistencia, la violencia acabó en una guerra con los indios pequot. Se consideraba que Dios aprobaba el asesinato de indios y que la Biblia ordenaba apoderarse de la tierra. Los puritanos citaban uno de los salmos que decía: “Pídemelo y te daré en herencia las naciones y en posesión los confines de la tierra”.

Cuando los ingleses prendieron fuego a un poblado pequot y masacraron a los hombres, mujeres y niños, el teólogo puritano Cotton Mather afirmó: “Se suponía que no menos de 600 almas pequot fueron llevadas al infierno en ese día”.

La víspera de la Guerra de México un periodista estadounidense la declaró nuestro “Destino Manifiesto de expandir el continente concedido por la Providencia”. Después de que empezara la invasión de México, el New York Herald anunció: “Creemos que es parte de nuestro destino civilizar este hermoso país”.

Supuestamente, nuestro país siempre emprendía la guerra por propósitos benignos.

En 1898 invadimos Cuba para liberar a los cubanos y poco después fuimos a la guerra en Filipinas, como afirmó el presidente McKinley, “para civilizar y cristianizar” al pueblo filipino.

Mientras nuestros ejércitos estaba cometiendo masacres en Filipinas (al menos 600.000 filipinos murieron en unos pocos años de conflicto) Elihu Root, nuestro Secretario de la guerra, afirmaba: “El soldado estadounidense es diferente de todos los demás soldados de todos los demás países desde que empieza la guerra. Él es la avanzada de la libertad y la justicia, de la ley y el orden, y de la paz y la felicidad”.

En Iraq vemos que nuestros soldados no son diferentes. Han asesinado a miles de civiles iraquíes, quizá en contra de su mejor naturaleza. Y algunos soldados han demostrado ser capaces de cometer bestialidades, de torturar.

Sin embargo, ellos también son víctimas de las mentiras del nuestro Gobierno.

¿Cuántas veces hemos oído al presidente Bush decir a los soldados que si morían, que si volvían sin brazos o piernas, o ciegos, era por la “libertad”, por la “democracia”?

Uno de los efectos del pensamiento nacionalista es la pérdida del sentido de la proporción. El asesinato de 2.300 personas en Pearl Harbor se convierte en la justificación para asesinar a 240.000 personas en Hiroshima y Nagasaki. El asesinato de 3.000 personas el 11 de septiembre se convierte en una justificación para asesinar a decenas de miles de personas en Afganistán e Iraq.

Y el nacionalismo adquiere una virulencia especial cuando se dice que está bendecido por la Providencia. Hoy tenemos un presidente, invasor de dos países en cuatro años, que en plena campaña electoral de 2004 anunció que Dios hablaba a través de él.

Tenemos que refutar la idea de que nuestra nación es diferente de otras potencias imperialistas de la historia mundial y moralmente superior.

Tenemos que afirmar nuestra lealtad a la raza humana y no a ninguna nación única.

Howard Zinn, piloto de un bombardero durante la Segunda Guerra Mundial, era el autor de "La otra historia de Estados Unidos", Hiru, 2005 (ed. corregida y revisada por el autor), traducción Toni Strubel. Este artículo fue distribuido por Progressive Media Project en 2006.

Howard Zinn murió el 7 de enero de 2010. Para saber más acerca de su legado, véase de Matthew Rothschild “Thank you, Howard Zinn”.

Howard Zinn
The Progressive
Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos
Fuente: http://www.progressive.org/media_mpzinn070106
Publicado enInternacional
Lunes, 30 Marzo 2009 17:40

El océano que divide a Perú y Chile

La victoria de la selección chilena de fútbol el domingo ante el combinado peruano no fue un triunfo más. Era el primero en 24 años de partidos entre ambos equipos. Y llegaba en un momento especial, después de diez días de tensiones a raíz de la decisión del Gobierno de Alan García de interponer una demanda contra Chile en La Haya en la que reclama la soberanía de 35.000 kilómetros de área marítima. Aunque las aguas parecen haberse calmado, la tempestad golpeó de lleno las relaciones de ambos países, y salpicó a un tercero, Bolivia, en un complicado juego diplomático a tres bandas.

Según la versión oficial, la pretensión de Perú es lograr una resolución judicial que dibuje los límites marítimos, puesto que ellos sólo los consideran pesqueros. Para Santiago, sin embargo, los límites ya fueron fijados en una declaración de 1952 y en otra de 1954. La demanda abarca una extensión del océano Pacífico en la zona fronteriza entre las ciudades de Tacna (Perú) y Arica (Chile). Esta localidad perteneció a Perú hasta la Guerra del Pacífico (1879-1884), en la que Chile arrebató a Bolivia su territorio de costa, situado al sur de Arica. Una eventual declaración a favor de Perú bloquearía cualquier posibilidad de salida al mar para La Paz.

"Buscamos una solución pacífica, de equidad, a un tema que lleva anclado muchos años", defiende en conversación telefónica con EL PAÍS el canciller peruano, José García Belaúnde, quien al ser preguntado acerca de qué tiene que perder Perú en este tema, responde tajante: "No tenemos nada que perder, hemos hecho una oferta de paz para solucionar un asunto", insiste.

Su homólogo chileno, Mariano Fernández, discrepa: "La pretensión peruana de hacer un trazado distinto del existente está alejada de la realidad de lo que ocurre en toda la costa del Pacífico de nuestra subregión. De norte a sur de la costa del Pacífico, en América del Sur, existe un sistema jurídico de límites marítimos fijados sobre los paralelos. Perú quiere introducir ahora otra figura geográfica, lo que francamente carece de consistencia", argumenta Fernández a este periódico.

Más allá de lograr o no recuperar los 35.000 kilómetros de área marítima, hay quien piensa, sobre todo desde la vertiente chilena, que la demanda de Perú ha de interpretarse en clave interna. "Uno de los motivos es detener el avance nacionalista de Ollanta Humala [líder del Partido Nacionalista Peruano y rival presidencial de Alan García en las últimas elecciones]", explica Cristian Garay, profesor de la Universidad de Chile. Desde el inicio de su segundo mandato en julio de 2006, García ha sufrido el desgaste de los grupos nacionalistas. Su popularidad, que ha remontado los últimos meses, estaba por los suelos. El argumentario antichileno da bastantes réditos en Perú, por lo que la demanda puede catapultar de nuevo al líder del APRA. A pesar de todo, el canciller García Belaúnde niega esta posibilidad. "El presidente no tiene otros problemas que no tengan otros Gobiernos. No lo manejamos en clave interna", enfatiza.

Chile, cuyas relaciones con el mundo son excelentes, pero muy complicadas con sus vecinos, no ha impugnado aún la competencia de La Haya -tampoco lo ha descartado, según confirma el propio canciller- porque se encuentra dentro del plazo de tres meses para presentar lo que se denominan excepciones preliminares, es decir, hasta el 19 de junio. Aunque en un primer momento, la no impugnación se ha considerado como una primera derrota chilena, para muchos analistas la presentación de la memoria de Perú es muy débil y los argumentos chilenos, bastantes sólidos como para dejar actuar a la Corte Internacional en una primera instancia. Chile podría pedir la incompetencia de La Haya durante la contramemoria, en un plazo de un año, o durante el juicio oral.

Aunque no se trata de un proceso negociador, Chile ha puesto a trabajar un fuerte equipo diplomático, encabezado por la segunda autoridad de la Cancillería, el subsecretario Alberto Van Klaveren. La demanda es una cuestión de Estado en Chile, apenas hay voces disonantes entre las distintas formaciones políticas.

En todo este mar de roces entre ambos países, hay un tercero, Bolivia, que no se ha querido mantener al margen y ha provocado un conflicto triangular. Si La Haya diese la razón a Perú en su demanda, se bloquearía una de las posibles salidas al mar que tanto ansía La Paz. La crítica a la actuación de Lima ha llegado a poner de acuerdo a políticos enfrentados permanentemente con el ex presidente Jorge Quiroga o el actual mandatario, Evo Morales. Si ejecutivo no descartó la semana pasada la posibilidad de llevar también a La Haya su exigencia. "Si fuese boliviano, yo lo haría", asegura Cristian Garay, quien reconoce que "es más compleja" la petición de La Paz que la de Lima.

Aunque ambos Ejecutivos niegan un enfriamiento de las relaciones bilaterales, Alan García y la presidenta chilena, Michelle Bachelet, apenas han tenido contacto estos días. Pero lo cierto es que el tejido empresarial chileno en Perú es fuerte. En medio de una crisis económica profunda, es una garantía, según los analistas, de que no van a permitir que el caso vaya a más.

JAVIER LAFUENTE - Madrid
Publicado enInternacional
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