Una mujer lleva a su hijo en un balde después de recoger agua de un camión cisterna municipal en las afueras de Chennai, India, 4 de julio de 2019. Foto: P. Ravi Kumar/Reuters.

Casi al finalizar el año, la agencia de prensa, Reuters, nos regala las mejores fotos de 2019, en cuanto a medio ambiente y naturaleza se refiere. A través de sus lentes, los fotógrafos no solo nos descubren las bellezas naturales, sino que también nos construyen el panorama de cambio climático, desastres naturales, contaminación... en el cual estamos viviendo y que nos llama a reflexionar. Aquí les dejamos algunas.

 

Las mujeres hindúes adoran al dios del sol en las aguas contaminadas del río Yamuna durante el festival religioso hindú de Chhath Puja en Nueva Delhi, India, 3 de noviembre de 2019. Foto: Adnan Abidi/Reuters.

Se muestra una rana en una hoja de loto en un estanque después de la lluvia en Lalitpur, Nepal, 26 de septiembre de 2019. Foto: Navesh Chitrakar/Reuters.

La aurora boreal se ve en el cielo en Ivalo, Laponia, Finlandia, el 27 de septiembre de 2019. Foto: Alexander Kuznetsov/Reuters.

Gotas de rocío se sientan en una telaraña en la niebla de la mañana en Los Ángeles, California, el 19 de agosto de 2019. Foto: Lucy Nicholson/Reuters.

Una mujer intenta atrapar los copos de nieve con la lengua durante una nevada en las colinas de Chandragiri en Katmandú, Nepal, el 23 de enero de 2019. Foto: Navesh Chitrakar/Reuters.

Una bailarina posa para su propio fotógrafo frente a los cerezos rosados ​​durante una mañana soleada de primavera en los jardines del Parc de Sceaux, cerca de París, Francia, el 12 de abril de 2019. Foto: Christian Hartmann/Reuters.

Una mujer se sienta junto a la puerta de su tienda durante las inundaciones en Venecia, Italia, 17 de noviembre de 2019. Foto: Manuel Silvestri/Reuters.

Una vista de un área deforestada en el Bosque Nacional Bom Futuro en Río Pardo, estado de Rondonia, Brasil, 12 de septiembre de 2019. Foto: Bruno Kelly/Reuters.

La activista sueca de 16 años Greta Thunberg navega en el puerto de Nueva York mientras se acerca a la finalización de su cruce transatlántico para asistir a la cumbre de las Naciones Unidas sobre el cambio climático en Nueva York. Foto: Mike Segar/Reuters.

(Con información de Reuters)

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Los países más emisores rechazan endurecer sus recortes de gases de efecto invernadero

Hasta 84 Estados, entre los que no figuran EE UU, China, India ni Rusia, se comprometen a revisar sus objetivos de reducción de dióxido de carbono en 2020

 “Hay una brecha enorme entre lo que sucede fuera de aquí y lo que sucede dentro”, ha reprochado este miércoles Jennifer Morgan, directora ejecutiva de Greenpeace internacional, a los representantes de los casi 200 países que se reúnen en Madrid hasta el viernes en la Cumbre del Clima, conocida por las siglas COP25. Morgan les ha contado que lleva 25 años asistiendo a estas reuniones internacionales y que nunca había visto una distancia tan grande entre lo que ocurre en la calle —con las protestas multitudinarias por medio planeta lideradas por los jóvenes activistas climáticos— y lo que pasa en una COP —con unas negociaciones que se estancan y sin liderazgos claros contra la crisis climática entre los países—. La falta de ambición de los principales emisores se refleja en la lentitud con la que avanzan las conversaciones para cerrar el desarrollo de los mercados de carbono o la declaración final de esta cumbre. Pero, fundamentalmente, en la ausencia de ambición de las grandes potencias emisoras de gases de efecto invernadero, que no dan señal alguna de estar dispuestas a endurecer sus planes de recortes de CO2como se pide desde la ciencia y desde las principales agencias de la ONU.

El secretario general de la ONU, Antònio Guterres, organizó en septiembre otra cumbre climática en Nueva York para intentar relanzar la ambición. Y se formó una coalición de 68 países que se comprometían a incrementar sus metas de reducción de emisiones para la próxima década. Tres meses después, esa coalición ha sumado 16 Estados más, según la actualización presentada este miércoles en la COP25.

Entre los nuevos países figuran Reino Unido, Suecia o Pakistán. Pero, de nuevo, faltan cuatro de los cinco grandes emisores, que acumulan más del 60% de todos los gases de efecto invernadero del planeta: EE UU —que ha iniciado ya los trámites para dejar el Acuerdo de París—, China, India y Rusia. El quinto actor de ese bloque de los grandes emisores es la Unión Europea, que tampoco figura como tal en esa coalición al estar todavía negociando Bruselas y los Veintiocho cómo y cuánto se debe endurecer el plan de recorte de emisiones que van a presentar ante la ONU en el marco del Acuerdo de París en 2020. Sí están dentro del compromiso lanzado en septiembre en Nueva York Alemania, Francia y España.

Que los esfuerzos que tienen previsto hacer los países contra el cambio climático no son suficientes lo admiten todos los que participan en la Cumbre del Clima. “No llevamos la velocidad adecuada”, ha reiterado la ministra chilena de Medio Ambiente, Carolina Schmidt, que ejerce la presidencia de esta COP25. “El mundo se está calentando y volviendo más peligroso más rápido de lo que creíamos”, ha insistido Guterres, que ha vuelto a esgrimir los informes científicos para urgir a los países, entre otras cosas, a endurecer sus objetivos de reducción de gases de efecto invernadero.

Todos los firmantes del Acuerdo de París deben presentar planes de recorte de emisiones que, juntos, deben conseguir que el calentamiento global se quede dentro de unos límites manejables, Pero la suma de esos planes no es suficiente. La ONU advirtió hace un par de semanas de que se deben multiplicar por cinco los esfuerzos globales previstos si se quiere que el incremento de la temperatura se quede por debajo de 1,5 grados respecto a los niveles preindustriales. Y por tres si se aspira a que ese incremento esté por debajo de los dos grados (la otra meta que se establece en el Acuerdo de París). Los planes (que se conocen por las siglas en inglés NDC) que tienen ahora los países llevarán al menos a 3,2 grados de incremento, calcula la ONU.

Por eso se necesitan compromisos como los de los 84 países que endurecerán sus planes durante 2020, como fija el Acuerdo de París. Pero, sobre todo, se necesita que se involucren los grandes emisores, algo que no está ocurriendo. Mientras EE UU se despide de París, China —a través de su viceministro de Ecología y Medio Ambiente, Yingmin Zhao— no ha dado ninguna señal este miércoles de que su intención sea endurecer su programa nacional de reducción de emisiones para la próxima década. Lo mismo ocurre con Rusia, que aún no ha presentado su plan, o India, que tampoco se ha sumado a ese listado de 84 países más ambiciosos.

La alianza de estos 84 Estados busca elevar los recortes a medio plazo, es decir, para la próxima década. Paralelamente, desde la presidencia chilena de la COP25 se ha impulsado también que los Estados se comprometan a buscar la neutralidad de carbono —que el CO2 expulsado sea igual al que se capture, por ejemplo, a través de bosques— en 2050. A este segundo objetivo se han comprometido ya 73 países, con las mismas grandes ausencias. También 14 regiones, 398 ciudades, 786 empresas y 16 grupos inversores. “Ya no basta con los países, necesitamos a otros actores”, ha resumido Schmidt.

Por MANUEL PLANELLES

Madrid 11 DIC 2019 - 14:27 COT

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Manifestante durante las protestas de Hong Kong EFE

En los seis meses que llevan las protestas, la policía ha arrojado grandes cantidades de gas lacrimógeno, compradas a China, sin aclarar cuál es su composición

El Gobierno dice que los gases hacen menos daño que el humo de una barbacoa. La OMS alerta de que las dioxinas como un compuesto altamente tóxico.

"Se han hecho esfuerzos mínimos para proporcionar pautas de descontaminación y protección de la salud", denuncia el artículo de la revista médica The Lancet


En estos días, Angel Chan tiene más cuidado a la hora de elegir los lugares de juego de sus dos hijos, de tres y cinco años. "La policía ha arrojado gases lacrimógenos por toda la ciudad y algunas de las personas con las que tengo amistad dicen que a sus hijos les han salido ronchas", afirma. "Sencillamente ya no sé dónde encontrar un lugar seguro".

Su preocupación es algo común entre las madres y padres de Hong Kong que temen el efecto nocivo del gas lacrimógeno sobre la salud de sus hijos. La semana pasada, el grupo Madres de Hong Kong afirmó haber registrado 1.188 afecciones, entre las que había tos, alergias cutáneas y pacientes tan jóvenes como un bebé de dos meses. El grupo ha pedido al Gobierno que haga pública la lista de químicos que componen el gas lacrimógeno usado por la policía.

En los seis meses que lleva la crisis política y los violentos enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas de seguridad, la policía ha arrojado unos 10.000 botes de gas lacrimógeno en casi todos los barrios de esta ciudad superpoblada.

El miedo por el efecto nocivo que los gases pueden tener sobre la salud de los residentes se ha disparado tras el hallazgo de pájaros muertos en varios de los barrios donde la policía los arrojó. También, por una enfermedad cutánea por exposición a dioxinas (cloracné) contraída por un periodista en la primera línea de los enfrentamientos.

Hasta ahora, el Gobierno ha dicho que no hay ningún indicio de riesgos para la salud pública o el medio ambiente debido a los gases lacrimógenos, pero se niega a publicar el detalle de su composición química alegando que se comprometería la "capacidad operativa" de la policía.

El secretario de Bienestar Social y Trabajo, Law Chi-kwong, insistió este miércoles en la legislatura de Hong Kong en que el gas lacrimógeno hace menos daño que encender una barbacoa. Según dijo, sólo causa una leve irritación en la piel y vías respiratorias.

"En cuanto a las dioxinas resultantes de los gases lacrimógenos, creo que la literatura demuestra que son mínimas o incluso inexistentes", respondió a los legisladores que preguntaron sobre los posibles efectos en la salud, de acuerdo con un informe de la cadena pública de televisión RTHK. Repitiendo lo que otras autoridades habían dicho antes, Chi-kwong responsabilizó de las dioxinas tóxicas a las vallas de plástico quemadas en las carreteras por los manifestantes.

La secretaria de Alimentación y Salud, Sophia Chan, también dijo en el Parlamento que las estaciones de monitoreo del Departamento de Protección Medioambiental en las zonas donde se habían lanzado gases no estaban detectando anomalías en los niveles de partículas en suspensión. "Esto demuestra que los gases lacrimógenos no causan ningún aumento significativo en la concentración de partículas en suspensión", dijo.

La Organización Mundial de la Salud cataloga las dioxinas como un compuesto altamente tóxico que puede causar problemas reproductivos y de desarrollo, dañar el sistema inmunológico, alterar las hormonas y provocar cáncer.

Después de que varios países occidentales como el Reino Unido dejaran de exportar gas lacrimógeno a Hong Kong, la policía informó en octubre que lo estaba adquiriendo en China. Kenneth Kwong, exprofesor de química de la Universidad China de Hong Kong, afirma estar particularmente preocupado por el uso de gases fabricados en China, donde se queman a una temperatura superior que en Occidente por lo que sus componentes (entre los que hay cloro, materia orgánica y metales) pueden transformarse en dioxinas altamente tóxicas.

Según Kwong, las dioxinas se acumulan en el cuerpo humano y no pueden eliminarse. "El Gobierno debería enseñar las pruebas en lugar de hacernos adivinar", dice. Los residentes de Hong Kong y miembros de la legislatura no entienden el motivo de la opacidad y exigen que el Gobierno hable claro para recuperar la confianza. "No nos dicen cuál es la composición del gas y esperan que pensemos que está todo bien, ¿creen que somos estúpidos?", sostiene Angel Chan.

En opinión del legislador Kenneth Leung, el Gobierno está disparando piedras contra su propio tejado y los temores por la salud podrían desencadenar otra crisis política: "Un problema de salud pública se está convirtiendo en un problema político, se está profundizando la desconfianza de la gente en el Gobierno y aumentando su descontento".

En un artículo publicado en octubre por la revista médica The Lancet, la profesora de Medicina de la Universidad China de Hong Kong Emily Chan sostiene que el lacrimógeno arrojado en estaciones de metro, cercanías de centros comerciales y zonas de alta densidad residencial podría haber dejado a la población expuesta a altas concentraciones del gas durante períodos prolongados. "Se han hecho esfuerzos mínimos para proporcionar pautas de descontaminación y protección de la salud", denuncia el artículo.

Un grupo formado por miembros actuales y anteriores del consejo asesor medioambiental publicó una carta abierta pidiendo a la líder de la ciudad, Carrie Lam, una evaluación de las posibles consecuencias para la salud pública del uso extensivo de gases antidisturbios y la implementación de medidas que reduzcan la crisis y el uso de estas sustancias.

Por Verna Yu - Hong Kong

08/12/2019 - 21:02h

Traducido por Francisco de Zárate

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Vista parcial de la mina El Cerrejón, Guajira-Colombia

Las minas de carbón están cerradas por orden Europea desde el 31 de diciembre de 2018, pero algunas centrales siguen operativas e importan el carbón para funcionar

El carbón que se consume en España, que produce aún un 14,1% de la electricidad, viene principalmente de Colombia, Rusia, Indonesia y Sudáfrica

Greenpeace denuncia que el carbón se extrae en estos países con un coste inasumible: para la salud de las comunidades locales, medioambiental, en derechos humanos y con amenazas y violencia contra la población

España viven una situación paradójica con el carbón. La UE ordenó que para el 31 de diciembre de 2018 las minas nacionales estuvieran cerradas. Y se cumplió. Pero las centrales siguen operativas –aunque está ya previsto el cierre de la inmensa mayoría de las centrales que quedan en España–, y por supuesto necesitan carbón para operar. De algún sitio tiene que salir.

En el caso de España, esos sitios son Colombia, Rusia, Indonesia y Sudáfrica, principalmente. Y, según Greenpeace, el coste que pagan las poblaciones locales por la extracción de cabrón para exportar es alto. "Tiene altos costes para la salud, el medio ambiente y los derechos humanos de sus habitantes. La represión, la persecución, las amenazas y la violencia a las comunidades acompañan la extracción de carbón", asegura la ONG en su informe Heridas del Carbón, que ha hecho público este lunes.

En España, el 14,1% de la producción eléctrica procede de centrales térmicas, según Greenpeace. Para ello se importaron 16.435.474,33 toneladas de carbón en 2018. Esta actividad generó casi 40 millones de toneladas de CO2 el pasado año. 

El principal proveedor español en 2018 fue Indonesia, de donde importamos más de un cuarto del carbón que utilizamos (un 27,34%). Le siguieron Rusia (22,48%) y Colombia (21,17%). En los últimos años, a estos actores se sumaban Sudáfrica, Alemania, Países Bajos y Francia, que a su vez lo importaban de los mismos países que España.

Pagar un precio muy alto

Pero la extracción afecta gravemente a ciudadanos de estos países. "En lugares remotos de Indonesia, Rusia, Colombia y Sudáfrica hay personas que pagan un precio muy alto por la energía contaminante que se genera en centrales térmicas de carbón de España y Europa", asegura Greenpeace.

El problema añadido, continúa la organización, es que todo esto ocurre "con el apoyo de las autoridades, que se amparan en el mantra del desarrollo económico del país", pese a que el desarrollo "no se produce en las comunidades donde se instalan; allí las promesas de las mineras se convierten en problemas".

La vida de Yana Tannagasheva ejemplifica el problema en Rusia. Esta indígena, del pueblo shor, en la región de Kemerovo (Siberia), uno de los grupos étnicos minoritarios del país, con una vida muy pegada y dependiente de la tierra, ha visto cómo "con la llegada de las primeras compañías del carbón, el pescado comenzó a desaparecer. El agua se volvió inadecuada para beber, las minas devastaron los terrenos de caza", relata.

La situación se agrava por otras circunstancias, explica Greenpeace: por ejemplo, que las compañías extractoras explotan el carbón lo más cerca que pueden de los pueblos porque es más barato. "En muchos casos, la mina ha llegado hasta las localidades, obligando a la gente a ser reubicada o a quedarse escuchando las explosiones a lo largo del día", según explican activistas locales.

En la otra punta del planeta, en Colombia, la situación es muy parecida. "En general, las inversiones de minería se hacen sin el consentimiento de la gente y ese es el punto crítico: cómo se insertan estas actividades sin informar a la gente (...). Bajo el discurso del desarrollo económico del país, la gente local rara vez se beneficia", ilustra Alejandro Parellada, experto en Derechos Territoriales y Gobierno Indígenas Autónomos del Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígencas (IWGIA).

El ejemplo más sangrante para Greenpeace está en La Guajira. "Está la mina abierta más grande del mundo. Allí está la comunidad Wuayú, que se está viendo exterminada por la mina de Cerrejón. Es una mina que gasta al día más de 30 millones de litros de agua mientras que la gente se está muriendo de sed", denuncia Diego Alejandro Rojas Fonseca, del colectivo Arbelaez. Expropiaciones de tierra, contaminación del aire o pérdida de suelo agrícola llegaron de la mano de la minería.

Una mina en el paraíso

En Indonesia, los Dayak Basap llevan siete generaciones viviendo en una granja de selva de 300 kilómetros. Hasta hace poco vivían de la caza de ciervos y jabalíes y de cultivar arroz y verduras en un fértil suelo. Todo es más difícil ahora.

En los últimos 15 años, la producción de carbón en el país ha aumentado exponencialmente favorecida por un crecimiento caótico, dice Greenpeace, de la concesión de licencias. Con esta expansión llegó la corrupción, la minería ilegal, la deforestación, reclamaciones por la tierra o la esterilidad del terreno.

"Las comunidades afectadas no sabían nada de la capacidad destructiva de las minas de carbón. Las empresas que se reunieron con las comunidades locales nunca les hablaron de los daños, solo de que les iban a dar trabajo y bienestar", explica Alwiya Shahbanu, un activista del país. Su ONG, Jatam, calcula que el 43% de la superficie de la zona de Kalimantan Oriental ha sido entregada a empresas mineras.

En Sudáfrica la minería no es cosa nueva. En parte es responsable de que sea el país más potente económicamente del continente. Allí las violaciones de derechos humanos se repiten, asegura Greenpeace. "Falta información a las comunidades locales, desplazamientos sin compensación, persecución y daños ambientales con afecciones directas en la salud de los habitantes", denuncia la ONG.

Las propuestas

Pero Greenpeace no solo denuncia y afea. La organización concluye su informe con una serie de recomendaciones dirigidas a todas las partes: desde las empresas y países de origen hasta las compañías y gobiernos de las naciones importadoras.

A los exportadores, la ONG les propone que establezcan un marco normativo "que incluya estándares  obligaciones en temas de transparencia y acceso a la información", uno de los principales escollos que se ha encontrado la organización a la hora de recabar información.

También les pide que protejan y promuevan el goce efectivo de los derechos humanos de las comunidades que sufren los impactos negativos del negocio del carbón y que se establezcan mecanismos efectivos de reparación de los abusos que se puedan cometer. Además, solicitan que se analicen sistemáticamente los niveles de contaminación ambiental y que se aceleren los procesos de rendición de cuentas. Y todo ello sin perder de vista el objetivo final de implementar un modelo energético 100% renovable y democrático.

Al Gobierno español, Greenpeace le pide que fije una fecha vinculante para acabar con la producción de electricidad con carbón, que cierre las centrales térmicas que no se han adaptado a la normativa europea para 2020 y que vigile que las que sigan operando cumplan con los límites de emisiones establecidos.

Para las empresas importadoras de carbón hay cinco peticiones: que asuman públicamente el compromiso de respetar los derechos humanos y el medio ambiente; que implementen procesos de diligencia debida para prevenir y mitigar los efectos adversos provocados por sus actividades; que utilicen su capacidad de influencia para prevenir las consecuencias las consecuencias negativas sobre los derechos humanos y contribuyan a una transición energética y que mejoren la transparencia e identificación de riesgos en la cadena de suministro del carbón.

Por Daniel Sánchez Caballero

09/12/2019 - 09:05h

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La activista sueca Greta Thunberg, antes de su intervención la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York. EFE/Justin Lane

 Cuentan que, en la Europa medieval, un chaval de 10 años llamado Nicholas se presentó como enviado de Dios, reclutando a decenas de miles de niños con el fin de conquistar Palestina, la Tierra Santa. Ninguno llegó, obviamente: murieron de hambre, de enfermedades o fueron traficados por los adultos. Los “yihadistas” también reclutan a los niños, no solo como su carne de cañón o para limpiar campos de minas antes de que crucen los adultos, sino para avergonzar a los hombres que se niegan a ir a matar a otros.

Hoy, en la era de la globalización, una tropa universal de menores, dirigida por Greta, la adolescente de cara angelical, con su tono de predicador y con la seguridad que da el estar respaldada por una fuerza sobrenatural que deja mudos a los poderosos mandatarios adultos del mundo, nos transmite el sagrado mensaje del IPCC, el alias de la nueva divinidad llamada Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático. El Fin del Mundo ya tiene fecha: será dentro de 11 años (y unos meses) si la humanidad incrédula no sigue sus instrucciones.

En la misión de la nueva superheroína, cuya carrera meteórica la ha convertido en la rival del mismísimo Trump para recibir el Nobel de la Paz (premio que es una inversión en alguien para que juegue un papel en el futuro; Donald ya es pasado), se destacan dos  cuestiones: 1) el fenómeno de la “Generación Z”, y 2) los intereses que ella o Jamie Margolin, su colega estadounidense, representan.

 

La Generación Z

Ser joven, rico y guapo es una virtud en la sociedad capitalista. En la mente de Greta, “los mayores”, que son parte del problema del calentamiento global, no pueden ofrecer soluciones. Pero, ¿cómo unos niños que ni han terminado la escuela y no son investigadores de nada se atreven a dar lecciones al mundo adulto y menospreciar el conocimiento y la sabiduría (que sólo se consigue a golpe de años) de millones de expertos en la lucha de clases, del feminismo, de la sociología de la pobreza, o del complejo funcionamiento del poder? Si ella hubiera oído algo sobre la primera científica que habló del «efecto invernadero», la feminista y mayor Eunice Foote (1819-1888, EEUU), por ejemplo, hubiera elaborado un discurso algo humilde, además de coherente y lógico.

Los “niños digitales” o la “Generación Z” , nombre dado en EEUU a los nacidos entre 1995 y la década de los 2000, y cuya característica es el uso de la tecnología e internet, se han convertido en actores sociales por: a) ser el 40% de los consumidores en las potencias mundiales y el 10% en el resto del mundo, estando en el centro de las políticas de mercado de las empresas; b) ser una generación programada no para pensar sino para consumir y “seguir a” alguien, y c) por la influencia que tienen en el gasto familiar, debido a su conocimiento digital, que además les da un estatus de poder.

Ella se equivoca al afirmar que el cambio climático es el principal problema de la humanidad: ¡se trata solo de una de las consecuencias de un sistema económico-político llamado capitalismo que hoy y ahora ha convertido en un infierno la vida de la mitad de los habitantes de la Tierra, que padece pobreza, que muere en las guerras de rapiña, o en las minas de diamantes y coltán! Mienten las encuestas en EEUU cuando indican que el cambio climático ya es la principal preocupación de los ciudadanos: ¿que un país donde 45 millones de personas viven en el umbral de la pobreza, sufre un profundo racismo contra la población no blanca y una violencia social que es única entre los países occidentales, donde medio millón de sus mujeres son víctimas de agresiones sexuales y rapto, pierde el sueño por el deshielo del Ártico? ¿En serio?

Condenar el consumismo sin situarlo en el lugar y el tiempo es populismo: un estadounidense medio gasta casi 2.000 veces más agua que un residente en Senegal.

Thunberg reprocha a los políticos que la contaminación “le ha robado la infancia”, no sabemos cómo, pero su movimiento elitista no habla de cientos de millones de niños y niñas a quienes les roba la infancia el ser explotados en los talleres oscuros y húmedos, recibiendo a cambio un solo plato de comida al día; por ser víctimas de las guerras de rapiña y sus consecuencias más brutales; ser traficados por la megaindustria de pornografía en un capitalismo que lo convierte todo incluido a los fetos y niños en una mercancía. 

 

Las “soluciones” de la pequeña Greta

Ya tenemos todos los hechos y soluciones –afirma la joven– y todo lo que tenemos que hacer es despertar y cambiar».

Los defensores de Greta pueden desmontar los argumentos de la derecha negacionista, pero no son capaces de responder las preguntas del ecologismo progresista.

Los niños como ella desconocen que el capitalismo depende del crecimiento, y este se consigue reduciendo los gastos, explotando más y más a los seres humanos y a la naturaleza y destruyendo a ambos, aumentando los beneficios. Tampoco saben que la acumulación de capital es el núcleo del sistema que pretenden reformar, y que las compañías privadas para crecer, e incluso para existir, deben apartar y/o devorar a sus competidores gastando cada vez más los recursos públicos. Un sistema que ha feminizado la pobreza o que fuerza a millones de personas huir de sus tierras, porque unas compañías o estados quieren robar sus recursos, genera graves desequilibrios ambientales. Es imposible salvar la Tierra sin reducir la pobreza y luchar contra la desigualdad, sin el empoderamiento de las mujeres, la protección de los derechos de los animales, o sin impedir que el Sur Global se convierta en el basurero tecnológico de los ricos caprichosos, esos jóvenes que cambian de móvil como de camisa, sin preguntarse de dónde viene su batería, y a dónde va el aparato que aún no está obsoleto.

Obviamente, ningún movimiento de esta envergadura llamado “Nuevo Poder” es espontáneo, ni hay nada nuevo en esta otro peligroso movimiento de masas.

 

¿A quiénes beneficia?

  • Al “imperialismo climático”: la «Cuarta revolución industrial» del complejo industrial busca un New Deal Verde. Y lo busca a través del Instituto de Gobernanza de los Recursos Naturales que pretende sacar 100.000 millones de dólares de las arcas públicas de todos los países del mundo para salvar el capitalismo tiñéndolo de verde. Y tiene mucha prisa, de ahí la “emergencia”: presiona para desregular el sectorconseguir la autorización para explotar aún más los recursos naturales, y la financiarización- privatización más grande de la naturaleza jamás realizada, y así poder atraer a los inversores con fines especulativos. Y están apropiándose de más tierras arboladas y el agua de todos los continentes produciendo biomasa para energía, destrozando las selvas y la biodiversidad de aquellos espacios. Ganarían con el endeudamiento de los países pobres, que se verán obligados a comprar la biotecnología verde (coches eléctricos, turbinas eólicas, etc.).
  • A la industria nuclear: Greta desea “alinear Suecia con el Acuerdo de París”,  cuando este acuerdo otorga a la energía nuclear el papel de “mitigar el cambio climático”, y así reducir el “CO2 a gran escala».
  • Al Instituto Global de Captura y Almacenamiento de Carbono(IGCAC), que impulsa biotecnología para lanzar «emisiones negativas», operación para la cual consumirá una ingente cantidad de combustible fósil. Tiene preparado unos 3.800 proyectos que permitirán a la industria petrolífera, por ejemplo, seguir esparciendo carbono por la atmósfera. La energía fósil es tan rentable para sus empresarios que para obtenerla han matado a millones de personas, han destrozado la vida animal, arrasando bosques, contaminando aguas. Según el ambientalista Ernest McKibben «Un barril de petróleo, actualmente de unos 70 dólares, proporciona la energía equivalente a unas 23.000 horas de trabajo humano«. La justicia climática es incompatible con un capitalismo que está basado en el ánimo de lucro y a cualquier precio.
  • A las megafundaciones de apariencia filantrópica, corporaciones que controlaron los negocios de energía, y políticos hipócritas. El Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, un entusiasta de la joven sueca, cuyo gobierno compró con el dinero público el oleoducto Trans Mountain por 45.000 millones de dólares, los gobiernos europeos que siguen vendiendo ilegalmente armas a los países en guerra, Google que sigue invirtiendo en las compañías que niegan el cambio climático, o la industria de los combustibles fósiles, que dedica sólo el 1% de sus inversiones a energía baja en carbono, pero depositan 50.000 millones de dólares en nuevos proyectos de exploración de petróleo y gas. El objetivo de MacArthur Fundation (2010) es, por ejemplo, “acelerar la transición a la economía circular”. Además de donar diez millones de dólares a Climate Nexus, es la que dirigió, junto con otros lobbies del capitalismo verde (Avaaz, 350.org, Extinction Rebellion, etc.) la Marcha Popular del Clima del 21 de septiembre de 2014. Otras empresas como Ikea, el promotor de “compra, tira y vuelve a comprar«, que ha convertido sus tiendas en el lugar del paseo de las familias, o Avaaz, la red dirigida a cambiar mente y corazones en todo el mundo, o Johnson & Johnson -que ha tenido que pagar mil millones de dólares a veintidós mujeres por el cáncer de ovarios que causaron sus productos, ganan dinero y prestigio.
  • A la “Oenegeización” de la militancia política de los jóvenes, neutralizando los movimientos ecologistas auténticos, y sustituyendo la conciencia de clase por un “asunto gris de masas” ajeno a la causa común de la humanidad.
  • Al complejo industrial-militargracias a la omisión de este movimiento que borra el  factor guerra de las Marchas Verdes, ni menciona las cerca de 18.000 bombas nucleares que amenazan la vida en el planeta, ni el hecho de que Donald Trump tras romper los dos históricos acuerdos nucleares con Irán y Rusia no solo ha sugerido al Pentágono aumentar hasta diez veces el arsenal nuclear, sino que ha insinuado el uso de estas bombas contra Irán y Afganistán.

Estas personas pretenden cambiarlo todo, para que todo siga igual: Malala Yousafzai, la muchacha paquistaní, recogió el Nobel de la Paz en 2014, después de haber recibido varios disparos de los Taliban (grupo anticomunista armado por la CIA) cuando tenía catorce años por defender la alfabetización de las niñas en su país Pakistán. Hoy, su país sigue siendo uno de los peores del mundo en esta materia.

 

¿Cómo se salva el planeta, de verdad?

Cuando Marx llamó la «Ruptura metabólica» a la desconexión entre la humanidad y el resto de la naturaleza generada por la producción capitalista, y la “ruptura irreparable en el proceso interdependiente del metabolismo social”, estaba señalando que la destrucción de la naturaleza es inherente al capitalismo.

Sólo un sistema de producción dirigida a satisfacer las necesidades humanas, siempre en su vinculación con los derechos del resto de la naturaleza, que no a las ganancias de unos cuantos, puede impedir el apocalipsis. Y esto se consigue con la propiedad pública sobre la tierra, la industria, los grandes bancos, corporaciones, y servicios y un control democrático sobre el poder, que en vez de promocionar coches eléctricos particulares, por ejemplo, proporcione el transporte público gratuito, el uso de la energía solar y eólica, entre otras medidas.

La justicia climática es anticapitalista o no lo es.

 

3 DICIEMBRE 2019

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Incendios en el Amazonas, este agosto. Imagen: NASA

Los autores de un estudio alertan de que la presión económica de la agricultura intensiva sobre el Amazonas puede tener consecuencia en los glaciares de la cordillera de los Andes, y sobre las comunidades que viven de sus aguas.

 La biomasa incendiada en la cuenca del Amazonas es un factor determinante para el derretimiento de los glaciares de la cordillera de los Andes, según han demostrado seis investigadores en un informe publicado a finales de noviembre en la revista Nature.

“Observamos que existe un efecto medible en la pérdida de masa de hielo”, explican los autores, después de trabajar en una combinación de enfoques de observación y modelado. Por primera vez, explican, han examinado científicamente la posible relación entre los incendios de biomasa y la fusión de hielo y glaciares y han llegado a la conclusión de que las columnas de humo de la cuenca del Amazonas “pueden superar la barrera orográfica y llegar a los glaciares andinos tropicales”. Cada año, explican, los incendios en las masas forestales latinoamericanas emiten 800.000 toneladas de nanopartículas de “carbono negro” a la atmósfera.

La deforestación a gran escala de la cuenca del río Amazonas es una consecuencia directa de las prácticas económicas y la ocupación humana de este área, también los incendios de biomasa. De esos incendios, generados por el avance inexorable de las extensiones agrícolas en las extensiones de la selva amazónica, surge el carbono negro, que, según ha quedado demostrado en investigaciones en Groenlandia, el Himalaya y China, precipita la fusión sobre capas de hielo y glaciares.

La enorme cantidad de carbono negro, que casi duplica la cantidad emitida en la Unión Europea a través de combustibles fósiles y biofósiles, se traslada, merced a los vientos predominantes en los meses de agosto, septiembre y octubre, a las crestas de Ecuador, Peru, Bolivia, y el norte de Chile, pero también se expande hacia otros territorios. El estudio se ha centrado en el glaciar Zongo, en Bolivia, escogido por sus condiciones estables. En ese punto ha sido donde el equipo de investigadores ha determinado que los incendios de 2010 incrementaron un 4,5% la velocidad de fundición del hielo depositado allí.

El estudio, que fue realizado sobre la base de todos los incendios sobre las riberas amazónicas entre el año 2000 y 2016, no abarca la situación tras la catástrofe ambiental provocada por el incendio masivo de bosques en el Amazonas el pasado verano. El informe alerta sin embargo del incremento de las quemas que, a partir de 2013, afectan a los territorios amazónicos de Brasil y Bolivia. 

 “Las proyecciones futuras del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), apuntan a una climatología más seca del este de la Amazonía: este es un escenario favorable para el aumento del riesgo de quema de biomasa”, explican los investigadores en su estudio. Añaden como factores de riesgo los cambios en el ciclo hidrológico sudamericano que pueden generar más aridez, así como los riesgos económico-políticos derivados de la “demanda mundial de alimentos, que puede conducir a una expansión progresiva de los dominios agrícolas brasileños, lo que da como resultado una mayor proyección de las emisiones de carbono negro y CO2”. 

La fundición de estos glaciares y hielos tiene efectos sobre las comunidades que se proveen del agua de esas cordilleras. Por ese motivo, la pérdida de biodiversidad que provoca el aumento de incendios en el Amazonas, tiene implicaciones a nivel continental, según los autores del estudio.

2019-12-03 05:40

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"Si hay una COP25 quiere decir que se han reunido 24 veces y han fracasado"

Entrevista al ecologista Antonio Elio Brailovsky

 

Por Mario Hernández

 

M.H.: El próximo 2 de diciembre se reúne la COP 25 en Madrid, han tenido que cambiar el escenario por la situación política que se vive en Chile, particularmente en Santiago de Chile. ¿Qué expectativas podemos tener de esta reunión?

E.B.: Ninguna. El sólo hecho de que haya una reunión número 25 para discutir los problemas del clima, quiere decir que se han reunido 24 veces y han fracasado en llegar a un acuerdo que funcione. Siempre prometen algo y luego no lo cumplen. De modo que tenemos 24 ejemplos de fracaso de Cumbres del clima en las que dijeron un montón de cosas y no cumplieron ninguna. Por lo tanto, no veo razones para pensar que esta vez sea diferente.

M.H.: Más de 11.000 científicos de todo el mundo han suscrito un manifiesto en el que declaran la emergencia climática y plantean 6 medidas urgentes para hacerle frente.

E.B.: El problema es que a ningún político le preocupa qué va a pasar con el mundo cuando termine su mandato. Le preocupa lo que pase durante su mandato. De modo que hablarle a alguien del 2040 o 2050 cuando están pensando en cómo terminan el 2019 y cómo comienzan el 2020, esto es ciencia ficción. Es como si les hablaran del año 25.000.

El sistema político y económico están diseñados para pensar en el muy corto plazo y no en el largo, y esto requiere hacer cambios profundos rápido, que se van a ver dentro de un tiempo mediano, en varias décadas y en realidad ni siquiera se van a ver, porque si las cosas se hacen bien lo que vamos a ver es que no empeora.

¿Qué político renuncia a juntar dólares para que dentro de 20 años la situación no empeore? Teniendo en cuenta además que las grandes empresas que contaminan y alteran el clima son las que han pagado todas las campañas electorales del mundo, las de los que yo voto y las de unos cuantos oyentes que votan distinto.

Esto es parte del mundo real. No tenemos sistemas políticos pensados para diseñar el largo plazo y somos víctimas de eso. Más allá de que uno tenga grandes simpatías por algunos líderes y grandes enojos con otros. Son nuestros sistemas políticos.

M.H.: Frente a esta situación, ¿qué debemos hacer los seres humanos?

E.B.: Reclamar y reclamar todos los días. No hay otra. No olvidarse de esto. Ocuparse del clima tiene un costo económico. Es mucho más fácil seguir quemando petróleo y seguir contaminando el clima. Darle importancia al clima tiene un costo político, gobierne el que gobierne. Gobiernen los que nos caen simpáticos o los otros, pero nos encuentran ante lo mismo. Si no hay fuerte presión de la ciudadanía van a seguir recibiendo presiones muy fuertes de las empresas que contaminan.

M.H.: En los últimos 20 años la cantidad de agrotóxicos arrojados en la parte más poblada de nuestro país aumentó en más de un 1.000 % pasando los 500 millones de litros anuales. La resistencia de las malezas aumenta, las inundaciones se hacen cíclicas y el cambio climático se hace sentir. La desforestación y la pérdida de biodiversidad son incesantes, todo inherente y consecuencia del modelo agrícola químico dependiente inventado por las corporaciones y avalado por todos los gobiernos de turno. ¿Qué podemos hacer ante esta realidad?  

Necesitamos poner nuestro sistema científico en función de proyectos de agroecología  

E.B.: Yo creo que Argentina tiene un gran sistema científico, agronómico inclusive, que empezó con Manuel Belgrano hace dos siglos, para plantear tecnologías agrarias limpias. Esto de que los que estén trabajando con tecnologías agrarias limpias sean gente de buena onda, la que quiere hacer lo mejor para el país, etc.

Tenemos un sistema agronómico en el INTA y en un montón de Facultades de Agronomía, que hasta ahora tienen prácticamente prohibido trabajar en agro ecología. Necesitamos poner nuestro sistema científico en función de proyectos de agroecología. Desde la ciencia, no solamente desde la buena voluntad de nuestros amigos con huertas orgánicas, sino desde la ciencia para plantear un cambio en el sistema productivo. Estamos sosteniendo un sistema científico de excelencia que está en gran medida desperdiciado aumentando las dosis de plaguicidas de Monsanto.

M.H.: Me llamó la atención que el CONICET encontró atrazina y endosulfán, dos pesticidas sintéticos cuyo uso y comercialización está prohibido en el país desde 2011, en el aire de la Antártida. ¿Cómo es esto posible?

E.B.: La atmósfera es una sola, de modo que la circulación atmosférica lleva todo a todas partes, hacen 20 o 30 años habían encontrado plaguicidas de tipo DDT en la sangre de los esquimales, los indígenas del Polo Norte. En este momento estamos aprendiendo que no hay nada que quede lejos. El mundo, la atmosfera, la circulación de contaminantes por el aire y por el mar es uno solo, sigue los patrones de las corrientes. Vamos a encontrar plaguicidas en todas partes. Están en mi sangre y en la suya y están cada vez que vamos al inodoro en la orina de todos.

En algún momento necesitamos políticas responsables para ir eliminando los venenos que no benefician a nadie, porque durante 10.000 años se produjo y cultivó comida sin venenos y pudimos alimentar a la humanidad. Ahora que tenemos científicos de envergadura usemos ese conocimiento para alimentar a la gente sin envenenarla.

M.H.: Hemos hablado muchas veces del tema de la absorción del monte nativo, de la lluvia, un dato del INTA de Marcos Juárez: “El monte nativo absorbe por hora 300 ml de agua de lluvia y un cultivo de soja transgénica fumigado e impermeabilizado solo 30ml por hora.

E.B.: Los servicios ambientales que presta el monte nativo son de regulación hídrica, son de recibir el agua de lluvia, alimentar las napas, de evitar que los grandes torrentes lleguen a los ríos. Lo que pasa es que el que destruye un bosque tiene un beneficio económico inmediato. Tala el bosque, siembra soja, la vende y tiene la plata en el Banco. No es inmediato ni individualizado el daño a la sociedad, entonces es mucho más difícil que la gente perciba que le han hecho daño porque talaron unos árboles que estaban a muchos kilómetros y que las personas nunca vieron, es necesario un conocimiento mucho más amplio. Por algo nuestro sistema educativo es tan débil en materia de educación ambiental, para permitir que sigan ocurriendo estos abusos.

Rebelión

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¿Quién manda matar? ¿Y por qué? Violencia restauradora en América Latina.

“Tal vez la noche sea la vida
y el sol la muerte.”
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En menos de 48 horas la TV Globo presentó un informe sobre el caso de Marielle Franco basado en la declaración de un empleado de seguridad, el presidente de Brasil respondió a través de un video y al otro día el Ministerio Público desmintió al testigo-testimonio por “información falsa”. Son tiempos de transmisiones, de mensajes y reenvíos, de videos caseros y de espectaculares producciones, de amenazas por redes sociales a través de cuentas con nombre propio y sin él. Tiempos en los que el simulacro se impone: lo que va sucediendo está al alcance de un clic y una pantalla. Los dispositivos aceleran los procesos de producción de información y hacen que el descarte sea inmediato. Son tiempos en los que certezas y dudas parecen sinónimos; entonces, oponerse, reconfigurar, resituar, recomenzar, son tal vez los significantes posibles.

El 14 de marzo de 2018 Marielle Franco fue asesinada por el impacto de cuatro balas. Un auto alcanzó al suyo a la salida de un acto por los derechos de las mujeres negras en el barrio de Lapa y disparó más de nueve tiros. También murió el conductor del vehículo, Anderson Pedro Gomes. El rostro de Marielle quedó destrozado.

Marielle había sido electa concejala por el Partido Socialismo y Libertad en una votación histórica. Una mujer negra, de la favela de Maré, activista y lesbiana, elegida concejala de la ciudad de Rio de Janeiro. Desde su muerte, a pesar de la notoriedad que tomó el caso, la investigación ha sido cada vez más espinosa y plagada de irregularidades. Dos días antes de cumplirse un año del crimen, y con buena parte del movimiento activista internacional organizando manifestaciones por el aniversario, fueron detenidos Ronnie Lessa, sargento jubilado de la policía de Rio, y Vieira de Queiroz, que había sido dado de baja de esa fuerza por sospechas respecto a su vínculo con fuerzas parapoliciales. Ambos fueron acusados como presuntos autores materiales de los homicidios, pero no intelectuales.

La mediatización es parte del complejo entramado del caso: montajes y desmontajes, audios y videos, Lava Jato y corrupción, autores materiales y asesinos intelectuales. El pasado 29 de octubre el Jornal Nacional de TV Globo presentó un informe en horario central que relaciona directamente al actual presidente con el crimen de Marielle y Anderson a partir de una filtración. Inmediatamente, Jair Bolsonaro grabó un extenso video desde Arabia Saudí, difundido en redes sociales, en el que acusó a TV Globo de estar desarrollando una campaña en su contra para apartarlo del poder. Sobre el final, pidió disculpas por mostrarse “alterado”. A través de un comunicado, el ministro de Justicia y Seguridad Pública, Sérgio Moro, señaló que tras la filtración podría haber crímenes de obstrucción a la justicia y falso testimonio.

¿Cómo se filtra información de una investigación judicial?¿Cómo puede ser dicho con tanta liviandad en un programa televisivo de audiencia masiva? ¿De qué forma puede analizarse el uso de las redes sociales que hace un presidente? ¿Qué rol ocupan los medios masivos (ciertamente TV Globo y Twitter lo son) en el desarrollo de una investigación judicial?

***

Frente a la excesiva y urgente narrativa actual surgen voces que demandan datos, evidencias, cifras comparativas y dispositivos que viabilicen la comprensión cabal del contexto. A fines de 2018 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos presentó un informe sobre la situación de Brasil y declaró su especial inquietud respecto a la criminalización y tipificación de los movimientos populares como terroristas, y a los ataques y homicidios de activistas de derechos humanos.

En mayo de 2019 Amnistía Internacional alertó en su informe “Brasil para el mundo” que en el país hay una amenaza alarmante a los derechos humanos representada por la flexibilización del porte de armas, el paquete de leyes anticrimen, la política de control de drogas y la demarcación de territorios indígenas. Subrayó que activistas y defensores de la tierra y los derechos humanos se encuentran en riesgo, y solicitó una entrevista con el presidente Bolsonaro, que fue negada.

El de Brasil no es un caso aislado. A Berta Cáceres la asesinaron en marzo de 2016. Activista hondureña, defensora de la tierra, cofundadora del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (Copinh), se había convertido en una de las voces más potentes en el enfrentamiento contra los megaproyectos extractivos en su país. El Tribunal de Sentencia de Tegucigalpa condenó a siete hombres por su asesinato y determinó que fueron contratados por ejecutivos de una empresa hidroeléctrica situada en territorio indígena.

La historiadora y antropóloga mexicana Raquel Padilla Ramos fue asesinada el pasado jueves 7 de noviembre. Era una de las interlocutoras más respetadas de la cultura yaqui. Además de su producción académica, era activista, feminista y defensora de los derechos de las poblaciones originarias. Doctora en etnología por la Universidad de Hamburgo, su muerte da cuenta –como si hiciera falta, una vez más– de que lo personal es político cuando de violencia de género se trata. Raquel Padilla fue víctima de feminicidio, su pareja la mató con un arma blanca en su casa de Sonora. En su reporte de 2018, Global Witness denunció que México es el cuarto país más peligroso para los defensores de la Tierra. También es uno de los más peligrosos para las mujeres.

El 12 de noviembre se cumplieron 17 años del asesinato, en Chile, del comunero mapuche Alex Lemún. Su caso estuvo muchos años estancado en la justicia militar hasta que se reabrió el expediente en 2017. Hoy, un carabinero se encuentra en prisión preventiva, acusado de matarlo. Dos días después se cumplió un año del crimen del también comunero mapuche Camilo Catrillanca. Fue asesinado por la espalda en la comunidad de Temucuicui, también por un carabinero.

Chile se encuentra en un estado de emergencia permanente, aunque el presidente Sebastián Piñera haya dictado su levantamiento. La criminalización de la protesta deriva en acciones represivas: torturas, heridas irreversibles, violencia sexual, abusos y muertes. Las armas apuntan directamente a los ojos de los manifestantes. Mientras, ellos, con los ojos emparchados, continúan en las calles.

***

El grito que demanda datos y su circulación pone en evidencia el hambriento ejercicio de registrar ausencias. Es ingenuo concebir que la violencia patriarcal, racista, armada, alimentaria, empresarial o farmacéutica logren convertirse siempre en denuncia medible. Que, si incluso eso fuera posible, los datos y cifras partirían de instituciones imparciales o de algo parecido a la objetividad. E, incluso, si así fuera: ¿qué sucede luego con todos esos datos? ¿Cuántos informes internacionales más hay que listar para advertir lo que está sucediendo en América Latina?

Marielle se enfrentó al poder que legitima la violencia sistémica hacia los vulnerados de siempre y la mandaron matar. Su muerte no fue una muerte más, fue la de tantos que ya no pueden ser ni siquiera nombrados. Por eso, todos los días la periodista Eliane Brum y la activista Mónica Benicio preguntan públicamente: “Quem mandou matar Marielle? E por quê?”.

No se trata de ganar o perder, ni siquiera de una posibilidad ontológica positiva. Tal vez se trate, sí, de inscribir una praxis, una falla o un excedente en la estructura; una necesidad. Esa praxis une, solidariza, socializa y tiende lazos históricos. Crea y potencia formas de vivir y pensar que cada vez son más escasas pero necesarias. También inscribe un universal, una forma de oponerse, una posibilidad y una esperanza que debe pegar en el pecho del mundo. Las praxis existen, las hay: en la autogestión, en las revueltas chilenas, en los levantamientos indígenas, pero también en las cosas cotidianas.

Las luchas identitarias han sido cuestionadas desde el pensamiento crítico y reducidas en su potencia política a una superficie inocua de “agenda de derechos”. También los feminismos se encuentran en tensión, son corpus en disputa entre la democracia liberal y la resistencia. Esto le viene muy bien a una fuerza reaccionaria que encuentra en esa tensión el espacio posible para legitimar su discurso restaurador.

Las megacorporaciones religiosas, las transnacionales neoextractivas, los intereses restauradores y la furia de un dios que ha muerto juegan a ser el esclavo mientras los territorios llenos de sangre de Bolivia, Chile y Brasil son transmitidos por redes sociales. En diciembre de 2009, el visionario escritor chileno Pedro Lemebel se dirigió en una carta abierta a Sebastián Piñera, quien unos meses después asumiría como presidente: “¿Cómo puede haber gente dueña de tanto horizonte? ¿Cómo puede haber gente tan enguatada de paisaje? Me parece obscena esa glotonería de tanto tener”.

Por, María José Olivera Mazzini

21 noviembre, 2019

  1. “La noche”, de Alejandra Pizarnik.
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Sábado, 23 Noviembre 2019 06:57

Un tsunami llamado 5G

Un tsunami llamado 5G

El mundo feliz, del siglo XXI, es un mundo conectado. Tiene refrigeradores que avisan a nuestro teléfono móvil que falta leche o se está pudriendo una lechuga –mejor aún, avisa directamente a la multinacional Amazon u otra red de ventas electrónicas que lo incluya en la entrega semanal. Pañales con chips que avisen que hay que cambiar al bebé, zapatos que miden cuántos pasos damos, ropa con chips que interactúan con teléfonos y monitorean nuestros movimientos y estado de salud, y muchas otras formas digitales y robóticas de que las cosas se comuniquen entre sí e intercambien información sobre nosotros para las empresas.

El Internet de las Cosas se trata justamente de comunicar objetos, no personas, explicó Andrés Barreda, profesor e investigador de la UNAM, en el seminario Navegar la tormenta digital, que realizaron la Red Social de Evaluación de Tecnologías en América Latina y otras organizaciones los pasados 19 y 20 de noviembre. Una forma de favorecer exponencialmente ganancias para los que fabrican y comercian esos objetos, mientras al mismo tiempo mina la comunicación real entre seres humanos y las relaciones comunitarias que son el sustento para entender, dar significados y pensar cómo cambiar la realidad y qué necesitamos realmente (https://tinyurl.com/wxm24ec).

En esta visión de un mundo hiperconectado también nuestros cuerpos pasan a ser objetos de monitoreo, obtención de datos e intervenciones, en lo que la industria de la salud (farmacéuticas, fabricantes de dispositivos médicos, vendedores de atención médica) llaman Internet de los cuerpos.

La distopía de hiperconexión global de las cosas, cuerpos y capitales avanza a pasos acelerados, aunque por ahora la mayoría sólo vemos fragmentos. Como arañas en la red global dominan siete empresas de plataformas electrónicas: Microsoft, Apple, Amazon, Alphabet (Google), Facebook, Alibaba, Tencent. Son las que pueden gestionar los gigantescos volúmenes de datos digitales que estas nuevas formas de (in)comunicación conllevan y los sistemas de inteligencia artificial para poder lucrar con ellos. Alibaba y Tencent tienen sede en China. Las demás, en Estados Unidos. Todas están entre las 10 empresas de mayor capitalización de mercado a escala global. Este mes Amazon superó a Walmart como el mayor vendedor minorista a nivel internacional.

Un aspecto central y clave de estos desarrollos –que avanzan sin supervisión ni regulación pública­­­– es el aumento de la conectividad electrónica. Por ello, las redes de comunicación 5G son claves y merecieron una sesión especial en el seminario aludido. El nombre se refiere a la quinta generación de comunicación electrónica y remite a las anteriores 2G, 3G y 4G, que conectan teléfonos móviles. No es apenas una actualización, sino una ruptura cualitativa en la forma de trasmisión y los impactos que tendrá, tanto económicos como ambientales y en la salud.

Con redes 5G se pretende obtener mayor capacidad para trasmitir datos (volúmenes de 20 a 40 veces superiores), menor latencia (demora en recibir/enviar datos) y continuidad de conexión en cualquier parte.

Las redes 5G usarán ondas de transmisión milimétricas, mucho más cortas que las que están en uso, con mayor densidad, pero corto alcance. Requieren, entonces, torres de recepción/emisión cada 100 metros, que deberían ser instaladas cada 10-12 casas. Para garantizar las condiciones nombradas, la propuesta de las empresas es instalar además 20 mil sátelites de baja altura que se comunicarán con esas torres. Todo esto significa que el nivel de radiación electromagnética a que estaremos expuestos en todo el planeta, cada ser vivo y ecosistema, aumentará exponencialmente, con mucho mayor densidad de onda, durante las 24 horas del día y los 365 días del año.

Aunque existen cientos de estudios científicos que indican que las radiaciones de la telefonía móvil y wifi tienen efectos negativos en la salud de humanos y animales, incluso potencialmente muy graves como cáncer, industria y gobiernos han contestado al debate sugiriendo usar audífonos para evitar el contacto directo, conexiones por cable en escuelas, bibliotecas y otros centros públicos, apagar las fuentes de emisión en la noche, limitar tiempos de exposición, etcétera. Pero con las redes 5G los impactos se multiplicarán enormemente, ya que al estar en medio de las zonas de trasmisión entre la atmósfera y los millones de aparatos conectados todo el tiempo la radiación no será manejable de forma individual ni local.

Ariel Guzik, artista, científico, médico e inventor, quien desde su Laboratorio de Investigación en Resonancia y Expresión de la Naturaleza se ha dedicado a escuchar y dialogar con los sonidos de la naturaleza, explicó cómo las redes 5G tienen un gravísimo potencial de disrupción en el campo magnético de la Tierra, cuyas ondas son esenciales, entre otras cosas, como guía de animales migratorios y la sobrevivencia de muchas especies.

Ante la gravedad de los impactos en salud y ambiente, un grupo internacional de científicos lanzó en 2015 un llamado a Naciones Unidas para detener el despliegue de 5G, que actualmente han suscrito expertos y organizaciones de más de 200 países. (https://tinyurl.com/ujkq3rp). Pese a ello, sigue avanzando acríticamente el despliegue de 5G. Urge el análisis, debate y acciones colectivas sobre este y otros aspectos de la tormenta digital empresarial a la que estamos sometidos.

*Por  Silvia Ribeiro, investigadora de Grupo ETC

 Restos óseos de mamut en Tultepec. EFE

El descubrimiento representa un hito en el estudio de la Prehistoria por ser la primera vez que se prueba esta forma de cacería, según el Instituto Nacional de Antropología e Historia mexicano

 

Tultepec se ha convertido oficialmente en tierra de mamuts. El municipio, a unos 40 kilómetros al norte de Ciudad de México, ha visto el hallazgo de 824 huesos pertenecientes a 14 mamuts. El descubrimiento se produjo en febrero cuando trabajadores del municipio intentaban construir un basural y, al excavar unos cinco metros, dieron con restos óseos. “Son de hace aproximadamente 15.000 años”, ha anunciado este miércoles Luis Córdoba, investigador de la Dirección de Salvamento arqueológico del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH), a cargo de la excavación. Los más de diez meses de trabajo por parte de los arqueólogos han revelado algo inédito: por primera vez han sido encontrado huesos de mamuts dentro de trampas excavadas por cazadores. Una novedad que cambia la forma en la que se ha pensado la relación entre los humanos y estos paquidermos.

“En la primera visita ya encontramos varios restos de mamuts”, cuenta Córdoba en un vídeo publicado por el Gobierno mexicano. Junto a unos enormes colmillos aún medio enterrados, como quien muestra una preciada colección, el arqueólogo mexicano exhibe los ocho cráneos, las cinco mandíbulas, las 179 costillas, entre otros cientos de huesos. Él ha participado en el rescate de al menos 22 esqueletos de estos enormes paquidermos en México. Uno de ellos fue en diciembre de 2015, también en Tultepec, cuando la construcción de un drenaje sacó a la luz una enorme osamenta, hoy atracción turística expuesta en el Museo del Mamut de ese municipio.

Después de ese primer hallazgo, la misión de recuperar estos nuevos esqueletos fue nombrada Tultepec II. La gran cantidad de huesos en ese sitio ha abierto ahora la puerta a México para ingresar en la lista de Megasitios de Mamut, donde se encuentran países como Rusia o Estados Unidos, en los que se han hallado cientos de restos óseos.

El descubrimiento revelado este miércoles “representa un parteaguas” en el estudio de la Prehistoria, ha asegurado Pedro Sánchez Nava, coordinador de Arqueología del INAH, en un comunicado. Las excavaciones hablan por primera vez de la forma en la que los pobladores de hace 15.000 años se relacionaban con estos animales, cómo los cazaban con el fin de alimentarse.“Este hallazgo cambia esa escena azarosa y eventual que los libros de texto manejaban sobre la caza del mamut: la de un animal al que se atacaba únicamente cuando caía en un pantano”, celebra Sánchez Nava.

Los restos de estos 14 mamuts han sido hallados en fosas que, según el equipo de arqueólogos, fueron utilizadas por los “cazadores recolectores” como trampas. “Hasta ahora se pensaba que los espantaban para que cayeran en un pantano o que esperaban a que murieran, pero nunca se sugirió un ataque directo”, asegura Córdoba, “aunque aquí está la prueba de que sí hubo ataques directos”.

Efecto del cambio climático

Los arqueólogos que aún trabajan en el lugar afirman que los restos datan del período conocido como Máximo Glacial, una época en que la aridez llevó a los lagos de la región a secarse. “Estos cambios climáticos ocasionaron que mucha del agua de todo el mundo se concentrara en los polos y en las altas montañas, y muchas áreas se volvieran más secas, ese fue el caso de la cuenca de México”, explica Córdoba.

“Se nota que el lago de Xaltocan [que estaba en Tultepec en esa época] bajó de nivel y su fondo quedó expuesto en forma de una llanura muy grande. Ahí es donde aprovecharon los cazadores recolectores para excavar las trampas, en el fondo de lo que había sido el lago”. La composición de la tierra alrededor de los restos fue lo que dio la clave a los investigadores para determinar qué parte de la excavación era formación natural y cuál había sido modificada por el hombre.

La hipótesis de los investigadores sugiere que las trampas halladas de los cazadores recolectores no son intentos aislados, sino “un conjunto [de trampas] en línea muy bien planteado por los cazadores”. “Todo ese esfuerzo debió ser utilizado durante muchos años, por eso la cantidad de restos de mamuts”, dice Córdoba. El INAH incluso ha detallado que han recibido información de al menos otros tres sitios en los alrededores de Tultepec en los que podría haber más restos. Todo a 10 kilómetros de la base aérea de Santa Lucía, donde el presidente Andrés Manuel López Obrador ha empezado a construir la mayúscula obra del aeropuerto internacional de la capital mexicana.

Por Georgina Zerega

México 8 NOV 2019 - 04:30 COT

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