El peligroso discurso de la emergencia climática

No hay duda de que estamos en una situación muy grave de crisis climática: desde que el planeta era inhabitable para la vida hace millones de años, nunca había habido tal concentración de CO2 en la atmósfera. Esto se traduce en calentamiento global, que con sólo 1 grado más de aumento en el promedio global de temperatura desde 1850, está produciendo violentos huracanes y tormentas, inundaciones, sequías, muerte de arrecifes coralinos, todo ello con graves consecuencias para los pueblos, sobre todo para quienes dependen directamente de la salud de los ecosistemas en sus formas de subsistencia, como los pueblos indígenas y campesinos. Que son a su vez quienes alimentan a la mayoría de la población mundial.

La crisis por tanto es real y es grave. No obstante, la manipulación discursiva que de ella hacen quienes son sus principales responsables – las mayores empresas de petróleo, carbón y gas, las de agronegocios, químicos, construcción, transporte y la docena de gobiernos de países que cargan con la mayor responsabilidad histórica por el calentamiento – garantiza que será peor.

La injusticia climática es un característica fundamental del cambio climático. Dos terceras partes del calentamiento global ha sido provocado por apenas 90 grandes empresas de petróleo, gas, carbón y cemento. A su vez, solamente 10 países son responsables históricos por más de dos terceras partes del calentamiento global, con Estados Unidos a la cabeza, con mucha diferencia. Desde 2010, China sobrepasó a EU como principal emisor,pero en distribución de emisiones per cápita, China sigue estando más de 10 veces por debajo de Estados Unidos. Actualmente, 10 países, incluidas China e India, además de Estados Unidos, Rusia, Unión Europea, Japón, Arabia Saudita y otros son responsables de más de 70 por ciento de las emisiones.

Todo ello para avanzar un modelo de producción y consumo industrial basado en combustible fósiles, que es la base del capitalismo.

Casi la totalidad del calentamiento global sucedió después de 1970, cuando ya se conocía que el proceso estaba ocurriendo y los riesgos que significaba. También se conocían sus causas y en la última década se las definió con mayor detalle: Según las cifras de expertos oficiales, como el IPCC en su 5º Informe Global; el calentamiento se debe a los siguientes factores: 25 % a la producción de energía de fuentes fósiles, 24 % a agricultura y deforestación, 21 % a emisiones industriales, 14% a transportes.

Estudios de organizaciones como Grain, Grupo ETC y la Coalición Mundial por los Bosques, entre otras, han extrapolado estos datos del IPCC, concluyendo que el sistema alimentario agroindustrial (incluyendo la ganadería a gran escala) debido a su alto uso de fertilizantes sintéticos y agrotóxicos –que son derivados de petróleo­– , el hecho de que la expansión agropecuaria es el principal factor de deforestación a nivel global, los masivos transportes de alimentos a grandes distancias y la generación de basura orgánica que emite metano, son responsables del 44 al 57 por ciento de las emisiones que causan el calentamiento.

Tanto empresas como gobiernos conocen las causas de la crisis, pero sus acciones no se dirigen a modificar las causas del calentamiento global, sino a ver cómo “manejar” la crisis, buscando con ello crear nuevas fuentes de negocios, principalmente a través de mercados de carbono y nuevas tecnologías.

Recientemente, Secretario general de Naciones Unidas y algunos gobiernos, como el de Reino Unido, frente a las protestas masivas encabezadas por jóvenes, han comenzado a hablar de la necesidad de declarar un estado de “emergencia climática”.

Pero nuevamente, estos discursos en nada cuestionan las causas del calentamiento global ni pretenden cambiarlas. Si así fuera, lo lógico y coherente sería desmantelar aceleradamente la explotación de petróleo, carbón y gas, cambiar el sistema alimentario industrial basado dominado por trasnacionales, parar la producción de vehículos, cambiar radicalmente los sistemas de transporte para que sean públicos y colectivos y otras medidas por el estilo.

Pero por cínico que parezca, lo que sucede es lo contrario: se nombran las causas, para a continuación ignorarlas y ver cómo seguir con todo el sistema de emisiones de CO2, pero “compensando” esas emisiones con tecnologías de geoingeniería y mercados de carbono.

Este discurso de emergencia climática desde el poder es altamente riesgoso, porque justifica la geoingeniería, es decir la manipulación del planeta a nivel global por medios tecnológicos, para bajar la temperatura o remover gases de la atmósfera. Son propuestas tecnológicas que si realmente se desplegaran a la escala necesaria para influir en el clima global, provocarían un aumento catastrófico de las sequías e inundaciones en todos los trópicos, particularmente en Asia y África.

Ya las proponían desde hace una década, pero las llamaban un plan B. Ahora, con el llamado a enfrentar la emergencia climática, se proponen como plan A: si la situación es tan grave y urgente, solo queda usar tecnologías extremas para controlarla. Y encima lo ponen como si fuera una respuesta a las demandas de millones de jóvenes y gente preocupada por el cambio climático en todo el mundo, cuando en realidad es una renovada forma de hipotecar su futuro.

¿Significa esto que en realidad no existe “emergencia”? Sí existe, pero no sólo emergencia climática, también de desigualdad, de migrantes, desplazadas y desplazados en todo el mundo, de feminicidios, de guerras contra campesinas, campesinos y los pueblos indígenas, de guerras contra los pobres y muchas otras guerras, de extinción masiva de especies, de contaminación de oceános y suelos, de basura, de salud, de epidemias de cáncer y crisis inmunológica y muchas otras. La selección desde el poder de una de éstas como la central, en desmedro de las otras, es para obligarnos a aceptar medidas extremas y desde arriba, como si nos estuvieran salvando de algo.

Son las luchas colectivas desde abajo, por la defensa de la vida comunitaria en campo y ciudad, por las formas de producción sanas, por mantener la diversidad cultural y natural y/o por crear culturas nuevas y justas que restituyan la relación entre y dentro de las comunidades humanas y con la naturaleza, las que verdaderamente responden a las crisis, además de entrañar el tejido de resistencias y cuestionamiento real al sistema capitalista, ecocida y genocida.

22 octubre 2019

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El escritor Paul Kingsnorth en una imagen de archivo. CEDIDA POR EL AUTOR

El escritor publica una colección de ensayos en los que asegura que la crisis climática es inevitable y en los que critica las dinámicas de los verdes

"Necesitamos asumir que los cambios que necesitamos generar conllevarán vivir de una forma más austera. Y no creo que estemos dispuestos a hacerlo"

Paul Kingsnorth (Inglaterra, 1972) soñó que la sociedad acabaría despertando. Que más pronto que tarde abriría los ojos, buscaría soluciones o cambiaría su vida para evitar las consecuencias de la crisis climática. Soñó que como activista podría salvar la Tierra y evitar el 'ecocidio'. Pero él fue el que acabó despertando. Fue él el que tuvo que asumir que entre mantener una vida plagada de comodidades o renunciar a algunas de ellas para frenar la destrucción ambiental, la humanidad había optado por lo primero.

"Después de años trabajando en el ecologismo para 'salvar el mundo', había dejado de creer que la lucha tradicional fuera efectiva", escribe el activista en Confesiones de un ecologista en rehabilitación (errata naturae, 2019). En esta colección de ensayos Kingsnorth –exeditor de la revista The Ecologist, de las publicaciones de Greenpeace y de openDemocracy– asegura que la crisis climática es inevitable y explica por qué cree que el movimiento ecologista ha olvidado cuál es su objetivo. Les critica que hayan sido "absorbidos" por los partidos de izquierdas, que abandonaran el ecocentrismo en favor del utilitarismo y el capitalismo o que su mensaje se base en una "obsesión monomaniaca": el CO2 y la reducción de emisiones.

En sus ensayos es bastante crítico con el movimiento ecologista. Reconoce que han logrado colocar sus reivindicaciones en el centro del debate social y político, pero también asegura que esos éxitos "le han costado el alma". ¿En qué se equivocaron?

Ese es uno de los grandes interrogantes que se plantean en el libro. Y lo que siento es que durante mucho tiempo los verdes han tenido miedo de tratar a la Tierra como a un ser vivo más o de hacer valer los derechos del resto de seres vivos sobre los de los humanos. A medida que ha ido pasando el tiempo, los verdes se han ido volviendo cada vez más utilitaristas. Creo que esto era inevitable porque están intentando cambiar una sociedad que no habla de otra cosa que no sean números y que no está interesada en nada más allá del crecimiento. Pero quizás esto está empezando a cambiar de nuevo.

¿No supieron ver que estaban adoptando un discurso cada vez más utilitarista o no quisieron verlo?

Tal vez un poco de ambas. Para los primeros grupos ecologistas fue una decisión pragmática adquirir ese discurso –el del utilitarismo, el crecimiento o el capitalismo– porque querían ser tomados en serio por el poder. Pero en muchos casos el poder acabó masticándolos y escupiéndolos. Los verdes necesitan ser muy transparentes en esto y dejar claro que no solo están haciendo frente a la tecnología y a los acuerdos políticos, sino que están contra toda la cosmovisión que existe detrás de las sociedades basadas en el crecimiento industrial: el progreso, el crecimiento, el antropocentrismo o el individualismo. Es muy difícil de hacer, pero es lo que hay que hacer.

También les critica el haber optado por un "enfoque reduccionista" a la hora de plantear cómo debemos afrontar el desafío que supone la crisis climática.

Hay una tendencia –y esto podemos verlo en los grupos radicales más nuevos– a enfrentar a lo que llamamos "la gente" con otra cosa que llamamos "la élite". Pero, en el caso del discurso ecologista, hay que afrontar que "la gente" –nosotros incluidos– no está dispuesta a renunciar a sus smartphones, a la comida rápida, los viajes 'low cost', la ropa barata, los automóviles o la tecnología. Necesitamos asumir que los cambios que necesitamos generar conllevarán que todos nosotros tengamos que empezar a vivir de una forma más simple y más austera. Y no creo que estemos dispuestos a hacerlo.

No creo que se pueda culpar a los verdes de intentar generar esos cambios sistémicos y fracasar en la mayoría de las ocasiones. En retrospectiva es muy fácil criticarles o quejarse, pero fui activista durante décadas, así que yo soy tan responsable como cualquiera de todo esto. No se les puede culpar porque se están enfrentando a un sistema muy poderoso, que tiene un alcance global y en el que están encerradas millones de personas.

¿Fue un error que los verdes se acercaran a la política?

Sus reclamos son políticos, eso es inevitable. Lo que yo lamento es el hecho de que se aliaran de forma tan estrecha con los partidos de izquierdas. La política ecológica debería estar mucho más allá del eje izquierda-derecha, al menos tal y como lo entendemos ahora. Pero también es verdad que los partidos de derechas han adoptado una posición generalmente hostil frente a los reclamos de los verdes. Desde la política se puede generar un cambio sistémico, pero no creo que este tipo de cambios sean posibles.

Sostiene que ya no se puede evitar la crisis climática, que reducir las emisiones no resolverá el problema.

Debemos hacer lo que sea necesario para reducir las emisiones lo máximo posible, pero ya hay demasiado CO2 en la atmósfera. Ahora que todos estamos masivamente comprometidos con el cambio climático tenemos que hacer lo que esté en nuestra mano para reducir todos los impactos, pero no podemos revertirlo ni evitarlo. Reducir las emisiones es bueno. Pero si alguien te dice que evitará la crisis climática reduciendo las emisiones, no te está diciendo la verdad.

Usted propone apartarse de la lucha, dejar atrás la acción y pasar a la inacción. ¿En qué debería consistir ese proceso de reflexión?

Nuestras sociedades necesitan aprender a parar. Deja de crecer, deja de expandirte, deja de consumir, deja de crear. Vive, y hazlo de forma austera y simple, presta atención e intenta reducir tu impacto en el mundo. Ya sabemos lo que hay que hacer, pero las estructuras de crecimiento que existen en nuestras sociedades lo hacen prácticamente imposible.

Otra de sus propuestas pasa por construir relatos que hablen del futuro, que nos sirvan para entender la naturaleza como un valor en sí misma. ¿Se puede cambiar el mundo a base de relatos?

No sé si podemos hacerlo, pero sí sé que ya existen relatos que podrían ayudarnos. Las sociedades tribales y las culturas de bajo impacto climático se los han estado contando durante milenios. Son historias en las que la Tierra tiene un valor en sí misma, en las que las personas solo somos un animal más y en las que existe un vínculo espiritual entre los humanos y el resto del planeta. Tenemos que volver a aprender a vivir a pequeña escala, y esos relatos pueden ayudarnos.

¿Se puede convencer a las sociedades modernas de que la naturaleza debe entenderse como un valor en sí mismas y no como un medio para alcanzar un fin?

Probablemente, no. Pero tenemos que intentarlo porque si la sociedad no empieza a entender esto, colapsará y lo aprenderemos de una forma bastante más difícil.

¿Ha cambiado algo desde que escribió estos ensayos?

Todo ha cambiado mucho. Y estos cambios, como la aparición de algunos grandes movimientos activistas –como Extinction Rebellion o Friday For Future–, han dejado claro que el acuerdo neoliberal posterior a 1990 se está derrumbando y está surgiendo algo diferente. Además, los impactos del cambio climático son cada vez más rápidos y difíciles de negar. Estamos viviendo en lo que Winston Churchill llamó "la era de las consecuencias". Ahora hay que ver a dónde nos conduce.

Matías de Diego

Por 20/10/2019 - 22:01h

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Los ecosistemas marinos son los más afectados por la pérdida de especies. / María Dornelas

La pérdida de especies se está produciendo en todo el mundo, pero a escala local las tendencias varían. Un equipo de científicos ha revisado más de 200 investigaciones y concluye que la crisis de la biodiversidad no es solo un declive. Los océanos tropicales son los que sufren la mayor pérdida de especies.

 

Los humanos están remodelando los patrones de la biodiversidad. Las altas tasas de extinción de especies están cambiando el panorama en diferentes regiones del planeta, sobre todo por el uso intensivo del suelo y el cambio climático.

Pero aunque a escala global las evidencias son claras, a escala local -la escala a la que sentimos realmente las contribuciones de la biodiversidad-las tendencias son muy variables.

Un nuevo estudio, publicado este viernes en la revista Science, indica que las proyecciones globales de biodiversidad no siempre encajan con las tendencias altamente variables observadas a nivel local.

El equipo de científicos, liderado por el German Centre for Integrative Biodiversity Research (iDiv) en Alemania y el Centro para la Diversidad Biológica en la Universidad de St. Andrews (Reino Unido), ha examinado la variación espacial y geográfica en la riqueza de especies y la alteración en la composición de la biodiversidad mapeando las tendencias en el mar, la tierra y el agua dulce de todo el mundo.

El análisis ha sido posible gracias a la utilización de datos de 239 estudios científicos con más de 50.000 series temporales procedentes de la base de datos BioTIME, la mayor colección de series temporales de biodiversidad local hasta la fecha.

"Encontramos una clara variación geográfica en el cambio de la biodiversidad", aclaran los autores en su trabajo. Según los científicos, estos hallazgos son importantes ya que históricamente ha sido "sorprendentemente difícil y controvertido" identificar tendencias globales en la biodiversidad de los ecosistemas locales.

En su análisis, Shane Blowes del centro alemán y sus colegas encontraron que la composición de los conjuntos de especies locales se está reorganizando rápidamente.

Mayores cambios en los océanos

El estudio muestra que la pérdida de biodiversidad no es homogénea. Las mayores alteraciones se están produciendo en los océanos, con cambios ascendentes o descendentes de hasta el 20% al año, sobre todo en los biomas marinos tropicales, que son puntos críticos de pérdida de riqueza de especies.

Estos resultados, que ha supuesto un desafío para sus autores, pueden ayudar a informar sobre cómo priorizar en temas de conservación. Los científicos proponen que nuestra comprensión de la pérdida de biodiversidad esté condicionada por el contexto y la localización de cada ecosistema, y no tienen duda de que los impactos del cambio climático y otras actividades humanas están causando alteraciones sin precedentes a la biodiversidad en todo el mundo.

madrid

18/10/2019 10:50 Actualizado: 18/10/2019 10:50

sinc

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Expertos de Japón sugieren la ingesta regular de champiñones y setas, entre otros, además de una dieta equilibrada. La imagen, en Bocoyna, Chihuahua.Foto Notimex

Son fuente de vitaminas, minerales y antioxidantes, los cuales protegen de una inflamación crónica que conduce a la enfermedad, destacan

 

Los resultados del primer estudio de cohorte (investigación observacional y analítica) a largo plazo sobre más de 36 mil hombres durante décadas sugieren una asociación entre comer champiñones, setas y otros hongos y menor riesgo de cáncer de próstata, según publican sus autores en la revista International Journal of Cancer.

El cáncer de próstata comienza cuando las células de la glándula prostática, pequeño órgano con forma de nuez que produce el líquido seminal, comienzan a crecer. Es uno de los más comunes problemas oncológicos que afectan a los hombres, con más de 1.2 millones de casos nuevos diagnosticados en el mundo en 2018, y cuyo riesgo aumenta con la edad.

Los hongos se usan ampliamente en Asia tanto por su valor nutricional como por sus propiedades medicinales. Los estudios de laboratorio en probetas y organismos vivos han demostrado que los hongos tienen el potencial de prevenir los tumores de próstata. Sin embargo, "la relación entre su consumo y la enfermedad en humanos nunca se había investigado", señaló Shu Zhang, profesor asistente de epidemiología en el Departamento de Informática y Salud Pública de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Tohoku, en Japón.

“Hasta donde sabemos, es el primer estudio de cohorte que indica el potencial preventivo de los hongos a nivel de población en esta enfermedad. Aunque nuestra investigación sugiere que su consumo regular puede reducir el riesgo de ese cáncer, también queremos enfatizar que llevar una dieta saludable y equilibrada es mucho más importante que llenar la cesta de la compra con esos productos, destacó Zhang.

Para este estudio, los investigadores analizaron a 36 mil 499 hombres entre 40 y 79 años en Miyagi y Ohsaki (Japón), desde 1990 y 1994, respectivamente, con una duración del seguimiento para el primero de 24.5 años, y de 13.25 años en el segundo. Se les pidió a que completaran un cuestionario relacionado con su estilo de vida, como el consumo de hongos y otros alimentos, actividad física, hábitos de fumar y beber, así como que proporcionaran información sobre su educación y antecedentes familiares y médicos.

El seguimiento a largo plazo de los participantes indicó que el consumo de hongos de forma regular reduce el riesgo de cáncer de próstata, y fue significativo en especial en hombres de 50 años o más y en los que tenían una dieta basada principalmente en carne y productos lácteos, con un consumo limitado de frutas y verduras.

El análisis estadístico de los datos (utilizando el modelo de riesgos proporcionales de Cox) también señaló que el consumo regular de hongos estaba relacionado con menor peligro de padecer ese mal, independientemente de la cantidad de frutas y verduras, o de carne y productos lácteos. De los participantes, 3.3 por ciento desarrollaron la enfermedad en el periodo de seguimiento. Los que consumieron hongos una o dos veces por semana tenían un riesgo 8 por ciento menor, comparado con los que los comieron menos de una vez por semana.

Según Zhang, "los hongos son una buena fuente de vitaminas, minerales y antioxidantes, especialmente L-ergotioneina", que se cree que mitiga el estrés oxidativo, desequilibrio celular resultante de una dieta pobre y elecciones de estilo de vida y exposición a toxinas ambientales que pueden conducir a una inflamación crónica que es causante de enfermedades crónicas como el cáncer.

"Los resultados de nuestro estudio sugieren que los hongos pueden tener un efecto positivo en la salud de los humanos", precisó Zhang.

“Se requieren más estudios que brinden mayor información sobre la ingesta dietética de hongos en otras poblaciones y entornos para confirmar esta relación.

"Teniendo en cuenta que el estadunidense promedio consume menos de 5 gramos de hongos por día, que es más bajo que el que comieron los participantes en este estudio (7.6 g/día), uno esperaría que incluso un pequeño aumento en el consumo de hongos ofrezca beneficios potenciales para la salud", concluyó Zhang.

Lunes, 14 Octubre 2019 07:10

Ecuador a mediodía

Volcan Chimborazo

Más allá de que los países son inventos que nos hacemos, de que las fronteras suelen ser por capricho y luego sirven como pretexto supremo para cualquier clase de arbitrariedades, en Ecuador lo maravilloso y lo real transcurren simultáneos. Quizá por ser uno de los lugares más altos del planeta, donde uno aprende a no marearse, es también uno de los lugares donde la gente en sus pueblos y ciudades parece tener los pies más firmes sobre el suelo. Eso ayuda a explicar la historia reciente, el dolor de estos días causado por un gobierno devenido cri-minal, de momento el más criminal en el continente de los Trump y los Bolsonaro. En este pequeño lugar a mitad del mundo el mediodía coincide siempre con el cenit, día y noche son simétricos, y la dinámica física del globo se invierte y revoluciona. Apenas algo más grande que Chihuahua, o para el caso que el Reino Unido, en sus 283 mil kilómetros cuadrados de superficie se extiende el muestrario completo de las posibilidades de la Tierra al natural, pues también es uno de los lugares menos destruidos y más ecodiversos de este mundo hoy tan próximo al precipicio.


En hermandad equinoccial con Río Grande del Norte en Brasil, la provincia congoleña de Équateur y el archipiélago indonesio (el resto del ecuador geográfico surca los grandes mares), Ecuador es donde todo cabe como en un jarrito. Donde la naturaleza mejor se supo acomodar y dio sitio a una humanidad entrañable. Su columna vertebral coincide con el corazón de los Andes en cuyo Páramo nacen las agua del Amazonas, y lo resguardan las montañas mayores del continente: nueve de sus volcanes rebasan 5 mil metros de altura y el Chimborazo da para 6 mil 268. País de nieve y agua viva, le crece al oriente la selva amazónica que se interna en cinco naciones más, pero en ninguna sigue hoy tan límpida y hermosa, con su humanidad y su selva menos destruidas a pesar de la abundancia petrolera y mineral. El occidente desciende a la generosa costa del Pacífico. Y todavía océano adentro, son ecuatorianas (aunque el Pentágono anda sobres) las islas Galápagos de darwiniana fama.


Con 14 lenguas originarias en sus territorios, es un país sumamente indígena, sólo comparable con Bolivia y Guatemala. En Ecuador los pueblos indígenas lograron un admirable grado de conciencia, organización y contundencia política. En los pasados 30 años han encabezado protestas e insurrecciones nacionales. Saben paralizar el país donde son mayoría y saben tirar gobiernos nefastos. Saben gobernarse, y el movimiento indígena ya participó una ocasión en el gobierno nacional, cometió los errores del caso, fue traicionado por el presidente en turno, y rectificó. Ha sido emocionante verlos aprender. Los indígenas evitan caer rehenes del clientelismo oficial, como sucede ahora en México y Bolivia, y se atreven a desairar al Fondo Monetario Internacional.


Estas líneas sólo aspiran a expresar una sincera admiración por ese pueblo del mediodía americano cuando nuevamente conmueve al mundo con su resistencia. Allí vive la dignidad, allí los pueblos originarios defienden como pocos sus ríos, selvas, montañas y horizontes sagrados. Se trata de los kichwa, shuar, achuar, chachi, epera, huaorani, siona, andoas, shiwiar, secoya, awa, tsachila, cofán y sápara. Aunque la esperanza esté hoy explicablemente desprestigiada (¡ay, Pandora!), en Ecuador respira la resistencia popular de la esperanza, que incluye a trabajadores y estudiantes de las ciudades altas.


"Tierra equinoccial, patria del colibrí / del árbol de la leche y del árbol del pan, / de nuevo oigo tus grillos y cigarras / moviendo entre las hojas / su herrumbosa, chirriante maquinaria", saludaba a su patria Jorge Carrera Andrade, su poeta mayor.


País de nieve y de fuego, participa del universo andino de la yuca y las mil patatas, todas hijas predilectas de la tierra, raíz y fruto del subsuelo. Cuna del agua y el verdor pleno, tierra de grandes sabios y chamanes, como don Sabino Gualinga de la comunidad amazónica de Sarayaku, a su vez ejemplo continental de autonomía y buen vivir (o sumak kawsay), hay en ese Pulgarcito de Su-damérica un espíritu humano inigualable. Comparte con sus vecinos la mágica liana de la ayahuasca ("soga de los espíritus" en kichwa) y con sus hermanos indígenas de Bolivia la determinación de morir por la vida y resistir en nombre de las generaciones futuras.


Balanza de la dignidad, es en la mitad del mundo donde la brújula se desorienta, donde los huevos se ponen de pie y no se rompen. No quitemos de Ecuador nuestros ojos ni nuestros corazones.

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Sábado, 12 Octubre 2019 06:05

El sínodo por la Amazonia

El sínodo por la Amazonia

Primero parecían “gestos”. Una palabra que se usa mucho. Pero el Papa rara vez hizo “gestos”. Lo suyo son acciones. Por “gestos” se entiende un guiño, algo más perecido a la insinuación, que da a entender una perspectiva política. El propio Francisco se ocupó hace un par de años, en una conferencia de prensa, de pasar en limpio a qué le llama él “política”, porque para la prensa concentrada, así como para sus mandantes, la política es genéricamente mala, es connnotada como herramienta de manipulación o instrumento de la ambición de poder o codicia. Aquella vez el Papa le paró el carro a un enviado que insinuaba que sus “gestos” eran demasiado “políticos”. “La alta política es algo muy noble”, dijo.

Sabe que el trampolín a través del que las nuevas elites financieras se han encaramado al poder casi irrestricto (e ilegal) en la turbulenta época en la que le ha tocado ejercer su papado, es precisamente la antipolítica. La abonan a chorro tanto medios como empresarios y CEOS. Es el aprovechamiento del desencanto o la impugnación de la política de millones de personas en el mundo que han sido traicionadas por dirigentes que han reemplazado la política por algo raro, algo sucio, algo desolador. ¿Macri hace política? ¿Lenín Moreno hace política? ¿Peña Nieto hizo política? ¿Duque hace política? Sí, pero incluso la política, aunque sea mala, aunque sea solamente para privilegiar al 1 por ciento de la población, se termina cuando el FMI entra a escena. Nombres variopintos. Dos salidos de la política traicionera y dos productos de laboratorio. Sólo pueden hacer política sana y noble quienes hayan sellado un compromiso de sangre con sus representados. A esos los persiguen o los encarcelan. Los estigmatizan como “chorros” o “dictadores” los chorros y los dictadores de nuestro tiempo.

Cuando el Papa hizo su primera visita a la región fue a Brasil. Al encuentro de jóvenes. Y allí dijo su recordado “hagan lío”. Seguramente quiso decir varias cosas, pero entre ellas aquél fue un cruce a la ola que muy pocos veían venir, y son estos nuevos cultos que apañan al neofascismo, y que están pensados como la nueva religión hegemónica de la región. Los que depositan en cada individuo recortado de los otros la posibilidad de su salvación en la tierra: tener suerte, si así fue la voluntad de Dios. No piensan en política. No hablan de política. Viven en un mundo aparte, en el que las desgracias son parte de la vida que les ha tocado. No luchan. Rezan. “Hagan lío” puede entenderse como “hagan política”, en la acepción general que le da el Papa, la que tiene que ver con lograr comunitariamente una vida más digna para todos pero especialmente para los que nunca pudieron sacar la cabeza del lodo.

Esta semana en Roma el Papa inauguró el Sínodo por la Amazonía. No es otro “gesto”. Es pura acción. Fue por pedido de los obispos de diversos países a los que esta nueva camada de gobiernos odiadores los enfrentó de pronto con el hambre y el fuego. Esta semana se vio la foto de las decenas de camiones que empresas ganaderas mandan a las zonas deforestadas por el fuego.

En el Vaticano ahora están los delegados de las etnias aplastadas. El Papa recibe a los habitantes ancestrales --a quienes pidió perdón por la colonización ya hace unos años en Bolivia, pero eso que era una enorme noticia fue como otras miles de enormes noticias borroneada por los grandes medios--. El Papa recibe a los Garabombos de todos los tiempos, pero esta vez encarnado en esas etnias deslumbrantes que brotan de la Amazonía. Recibe a esos invisibles.

En la apertura del Sínodo, Francisco fue al hueso y nos compete, aunque la lectura puede hacerse extensiva a cualquiera de nuestros países. Se refirió a la disyuntiva sarmientina “civilización o barbarie”. En estas notas se ha apuntado varias veces que esos términos se han invertido. “El lema de civilización o barbarie se ha usado para aniquilar pueblos originarios”, dijo. Los que se identifican con la civilización están trayendo una nuevo colonialismo”, dijo.

Las elites financieras que desplazaron a la política, entroncadas con las oligarquías, hoy son los bárbaros sanguinarios que por dinero están dispuestos a sacrificar millones de vidas humanas, animales y vegetales. El Papa después tiró una flecha hacia Pichetto, aunque nombrando sólo a la Argentina. Dijo que en nombre de la civilización (con distintos voceros, portadores del mismo discurso de odio que late en la región desde hace cinco siglos), se escuchan palabras denigratorias, “con el desprecio a los 'bolitas', a los ´paraguas´y a los cabecitas negras”.

Los que tenía enfrente mientras decía eso eran los guardianes de la naturaleza, los que como ha dicho también Chomsky, “han sido los que en la historia más han luchado por defensa de la vida en el planeta”. Son los que perseveran hace siglos y siglos, cuando nuestros países no existían, en el buen vivir, que no le demanda a la tierra más de lo que la tierra pueda dar sin arruinarse ni seguir estando allí, disponible y pródiga para las generaciones futuras.

Esos pueblos, que tienen su propia medicina, que han sobrevivido contra viento y marea, con contacto o no con los blancos, y algunos de ellos han tomado decisiones de una sabiduría extraordinaria, como los más populosos, que en lugar de vivir todos juntos se han repartido por diferentes zonas de la Amazonía para evitar desequilibrios. Esos invisibles que hoy deben huir de sus tierras porque el fuego las devora, en estos días tienen un interlocutor. Mientras desde la “civilización” llegan las fotos del hijo de Bolsonaro haciendo gracias con sus armas, mientras Ecuador se desangra, mientras en Colombia los activistas ambientales son asesinados todos los días, mientras en la Argentina se fumiga glifosato sobre escuelas rurales y hay niños y adultos enfermos soportando la amplia gama de envenenamiento que produce la ganadería o el cultivo transgénico a gran escala, ellos, los pueblos originarios, siguen guardando sus secretos y aspiran solamente a que los dejen en paz.

 Hoy son ellos la civilización a la que hay que mirar con interés político. Bolivia es el único país que ha logrado quedar en pie y sigue repartiendo justicia y felicidad, junto con desarollo. Nos los tenemos que tomar en serio. No por “un gesto”. Por algo mucho más profundo y lúcido: si logramos romper la fetichización del dinero como vara del poder político, se abrirá una nueva fase de nuestra cultura común. Ellos nunca fueron del todo incorporados como sujetos políticos en paridad con los demás. Como el machismo, el racismo es algo que a veces parece encapsulado como un virus transversal. Ese es el hueso. Porque el hueso es la tierra, pero también el modo de ser y estar en ella. Y los pueblos originarios saben de eso mucho más que nosotros. Muchísimo más.

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 Más de un tercio de los cultivos humanos necesitan de los insectos y aves para su polinización Natural Capital Project

La mitad de la población mundial sufrirá la merma de beneficios naturales como la polinización o la limpieza del agua en treinta años

 

En 30 años, más de la mitad de la población mundial sufrirá las consecuencias de una naturaleza malherida. Un amplio estudio ha modelado lo que los distintos ecosistemas y procesos biológicos ofrecen hoy a los humanos y lo que podrán darles en 2050. Por diversas causas, la mayoría antropogénicas, procesos naturales como la polinización de los cultivos o la renovación del agua reducirán su aportación al bienestar humano. La peor parte se la llevarán regiones que hoy tienen un mayor capital natural, como África y buena parte de Asia.

Los autores de la investigación determinaron la contribución natural de los diversos ecosistemas a tres procesos claves para los humanos: la polinización por parte de insectos y aves, la regeneración del agua mediante la retirada del exceso de nitrógeno procedente de la ganadería y la agricultura o la protección que diversas barreras naturales dan en la línea de costa. "La naturaleza ofrece mucho más a los humanos, en un anterior trabajo planteamos 18 grandes familias de contribuciones naturales, pero no hay datos de todas ellas y para todo el planeta", dice el investigador Ikerbasque en el Basque Centre for Climate Change (BC3) y coautor del estudio, Unai Pascual, para explicar la elección de estas tres contribuciones.

Solaparon aquellos datos con los de la población actual y la prevista en 2050 a escala local. El modelo incluyó también los distintos factores que más están deteriorando la naturaleza, como los cambios en el uso de la tierra en forma de deforestación y avance de la agricultura, la acelerada urbanización o el cambio climático. Por último, aplicaron su modelo a tres posibles escenarios: uno en el que las sociedades seguirán basadas en el uso de los combustibles fósiles como ahora, otro emergente que denominaron de rivalidad regional y un tercero protagonizado por la sostenibilidad.

El trabajo, publicado en Science, concluye que, en el peor de los escenarios, hasta 4.450 millones de personas podrían tener problemas con la calidad del agua por la incapacidad de los distintos ecosistemas de regenerarla. Además, casi 5.000 millones de humanos tendrán que soportar una significativa merma en los rendimientos de sus cultivos por una deficiente polinización.

Los peores resultados no se dan en el escenario donde el petróleo (y las emisiones de CO2) son la base del sistema, sino en el nuevo de rivalidad regional. "Es en un escenario de generación de bloques, donde el comercio internacional se regionaliza, algo que ya estamos viendo con el Brexit o Trump", comenta Pascual, que es también copresidente del informe de Evaluación sobre los Valores de la Naturaleza de la IPBES (Plataforma Intergubernamental sobre Biodiversidad y Servicios de los Ecosistemas). En este panorama de nacionalización de la globalización, el aumento de la población intensificará la presión sobre los recursos que la naturaleza puede ofrecer en muchas regiones del planeta.

Solo una apuesta por una trayectoria sostenible podría reducir el número de personas afectadas por el deterioro de los ecosistemas entre tres y diez veces. Sin embargo, sea cual sea el escenario que se dé dentro de 30 años, unos 500 millones de habitantes de las zonas costeras tendrán un mayor riesgo de erosión del litoral o de inundaciones.

El trabajo, que se ha plasmado en una potente herramienta visual del Proyecto Capital Natural, permite saber quiénes serán los que mas pierdan. Hasta 2.500 millones de personas del este y sur de Asia y otros 1.100 en África sufrirán una reducción en la calidad de su agua. Los riesgos costeros se concentrarán en el sur y el norte de Asia. Mientras, los mayores problemas con la polinización natural los tendrán de nuevo en el sudeste asiático y África, pero también en Europa y América Latina. En ambas regiones las personas afectadas podrían acercarse a los 900 millones.

"Los países en desarrollo, que ya estaban en desventaja social y económica, contaban con la supuestas ventajas del mayor capital natural, pero es aquí donde se degrada más rápidamente", señala Pascual.

Aunque la tecnología ha venido supliendo un número creciente de servicios que antes prestaba la naturaleza, esta vez podría no ser la respuesta. "Si nos referimos a tecnologías como aquellas que reemplacen por completo las contribuciones de la naturaleza, como puede ser la polinización manual de cultivos que hacen en China, o plantas de tratamiento de agua para eliminar el nitrógeno, o la elaboración de estructuras sólidas para proteger las costas, no me parece que sean solución", explica en un correo la investigadora de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Patricia Balvanera, no relacionada con el estudio.

Especializada en la interrelación entre biodiversidad y bienestar humano, Balvanera lo explica: "No son soluciones, por un lado, porque no cumplen todas las funciones que cumple la naturaleza. El tener vegetación a lo largo de los ríos o los bordes de los lagos no solo contribuye a la retención de nitrógeno, sino también contribuye a la infiltración del agua, a bombear agua a la atmósfera, además de ser un lugar apto para la recreación. Lo mismo con los manglares, arrecifes, pastos marinos. No solo contribuyen a la protección costera, sino que son las guarderías de los peces y por lo tanto contribuyen a la regulación de las pesquerías".

La concentración de las mayores pérdidas de capital natural en las zonas más pobres que revela el estudio también hace inviable la apuesta tecnológica. Así lo argumenta la investigadora mexicana: "No es realista que Madagascar pueda invertir en construcciones costosas para la protección costera. No es realista que la India pudiera poner cientos o miles de plantas de tratamiento de agua. Tampoco es realista que China compense toda la polinización con trabajo manual".

Más realista parece conservar la biodiversidad allí donde más ofrece. Y, como dice en una nota la científica del Proyecto Capital Natural y coautora del estudio Becky Chaplin-Kramer, "contamos con la información que necesitamos para evitar los peores escenarios que proyectan nuestros modelos y avanzar hacia un futuro justo y sostenible".

11 OCT 2019 - 04:47 COT

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El humano tiene la misma molécula que las salamandras para regenerar sus cartílagos dañados

El hallazgo puede mejorar el tratamiento de la artrosis, una dolencia que padece el 30% de la población española

 

No poder escribir y apenas teclear, tener dificultades para andar o sujetar una cuchara y sentir ansiedad y depresión por falta de movilidad son algunas de las consecuencias de la artrosis causada por lesiones, sobrepeso o envejecimiento. La doctora Virginia Kraus, de la Sociedad Internacional de Investigación de OsteoArtrosis (OARSI) e investigadora en la Facultad de medicina de la Universidad Duke, destaca como uno de los países más afectados por esta enfermedad a España, donde el 30% de la población la padece. Aunque el humano es incapaz de regenerar a la perfección una extremidad de su cuerpo como la salamandra lo hace con su cola, un estudio que se publica este miércoles en la revista Science Advances, demuestra que el cuerpo contiene la misma molécula que ella, llamada microRNA, en cantidades más pequeñas. Este elemento biológico tiene un papel crucial en la reconstrucción de un cartílago dañado y el aumento de su presencia puede mejorar el tratamiento de esta enfermedad tan expandida.

La salamandra se beneficia de una gran cantidad de estas moléculas que le permite reparar una y otra vez cualquiera de sus miembros dañados. El proceso de regeneración de proteínas en los cartílagos del animal o del humano es constante e incrementado por el estado de estrés de la molécula, explica Kraus, coautora del estudio. El cartílago puede regenerarse una y otra vez aunque poco a poco su actividad se vaya desgastando.

Para Josep Verges, el presidente de la Fundación Internacional de Artrosis, con sede en Barcelona, la asociación exclusiva de esta dolencia y envejecimiento es “un error”. El 20% de la gente de avanzada edad no tiene artrosis y el 23,5% de las mujeres mayores de 15 años, sí. “Es más una enfermedad de género que de envejecimiento”, añade el especialista. España se ve tan afectada por dos motivos principales: porque su población es de las más longevas del mundo y porque tiene una gran actividad deportista y un alto nivel de competición. Sea por el paso del tiempo o por el exceso de ejercicio, las articulaciones se ven perjudicadas. “Se considera una enfermedad grave. Los pacientes aumentan porque la esperanza de vida crece. Es como un tsunami. El problema es muy importante y cuesta hasta 4.800 millones de euros al año tratar este sufrimiento”, explica Verges.

El cartílago es un tejido muy difícil de recuperar y cada articulación es muy diferente, precisa el experto español de acuerdo con el trabajo publicado. El estudio desvela la complejidad del mecanismo y sobre todo, "lo más sorprendente e importante" para Kraus, que las proteínas presentes en las distintas zonas del cuerpo no son de la misma edad. El tobillo, cuya articulación se cura con rapidez y no puede originar artrosis primaria, tiene proteínas más jóvenes que la rodilla (de edad media) y que la cadera (proteínas viejas). Las moléculas microRNA son las líderes de la cadena de reparación. En función de la cantidad, permiten regenerar las proteínas del tejido gracias a un sistema de rotación: las viejas desaparecen y nacen unas nuevas. En el tobillo, por ejemplo, las moléculas son más activas y por lo tanto hay un nacimiento constante de proteínas. 

“Los humanos no podemos regenerar un miembro como la salamandra o el pez cebra porque no tenemos suficiente moléculas y probablemente carezcamos de las más importantes”, cuenta Kraus, “tenemos que encontrar las que nos faltan y podremos actuar”, prosigue. A la espera de un tal descubrimiento, la científica cree que es posible inyectar más moléculas clave para estimular la reparación natural del cartílago. Además, en un ensayo que se hizo sobre una rata, la inyección redujo el dolor del animal. La investigadora está segura de que gracias al nuevo conocimiento se podrá prevenir el sufrimiento y el deterioro de las articulaciones.

La prevención y la educación son los dos elementos esenciales para luchar contra esta enfermedad, declara Verges, amigo y colaborador de Kraus. El tratamiento de la artrosis es muy complejo y el proceso que propone el estudio también, opina. "Es un gran paso adelante, pero la solución no va a salir mañana”, prosigue.

Por ahora, hay algunas medidas previas para no entrar en el círculo vicioso de la artrosis: evitar la sobrecarga en las articulaciones, mantener una musculatura mínima necesaria y llevar un buen calzado. Para tratar los pacientes afectados, ya existen algunos fármacos que frenan el desarrollo de la enfermedad y disminuyen el dolor del paciente. También se efectúan trasplantes de condrocitos sanos (células presentes en el cartílago) en la zona afectada para mejorar su movilidad. 

10 OCT 2019 - 03:22 COT

	 Janet y Norka, activistas de Fuerza de Mujeres Wayúu, posan en un río seco cercano a una multinacional minera que actúa en La Guajira, al norte de Colombia. Janet y Norka, activistas de Fuerza de Mujeres Wayúu, posan en un río seco cercano a una multinacional minera que actúa en La Guajira, al norte de Colombia. Pablo Tosco Oxfam

Oxfam entrega un informe en el que acusa al Gobierno de Iván Duque de aplicar “medidas cosméticas” que no detienen los ataques

 

Desde 2016, cuando se firmó el acuerdo final entre las FARC y el Gobierno colombiano, hasta la fecha, 55 defensoras de la tierra y el medio ambiente han sido asesinadas. En el primer semestre de este año hubo un homicidio de una líder social cada dos semanas y los ataques contra ellas han aumentado un 97% respecto al mismo periodo del año anterior, según el informe Arriesgando la vida por la paz, de Oxfam, que se publica en varios países.

La confederación internacional formada por 19 organizaciones no gubernamentales denuncia que estas agresiones son sistemáticas y convierten a Colombia en el segundo país más peligroso del mundo para defensoras del medio ambiente, después de Filipinas, de acuerdo con la clasificación de Global Witness. ¨La conclusión no da lugar a dudas: la violencia contra lideresas y líderes tiene una naturaleza repetitiva, invariable y continúa, y no responde a una casuística accidental o aleatoria. Las víctimas son selectivas (lo que se demuestra porque más del 50% de las personas fueron atacadas o asesinadas en sus casas), se busca aquellas víctimas con menor protección (todas ellas llevaban a cabo su labor a nivel territorial con poca visibilidad nacional) y la gran mayoría se caracteriza por ir en contra del poder hegemónico (grupos ilegales o grupos económicos con intereses en el territorio¨, afirman en el informe.

La organización hace fuertes críticas al Gobierno de Iván Duque por su respuesta ante estos crímenes. ¨Las que persisten en la lucha están en grave peligro, y ningún indicio apunta a que esta escalada de la violencia vaya a disminuir. Las medidas que ha tomado, como el Plan de Acción Oportuna (PAO), son más cosméticas que avances reales. No se aborda la necesidad de garantizar un entorno habilitante para que defensoras y defensores puedan actuar en sus comunidades¨.

En ese sentido, Oxfam, que está presente en Colombia desde 1982, le hace recomendaciones al Gobierno. Sugiere ¨convertir la seguridad de las defensoras en política de Estado y, propone marcarse como objetivo “semanas a cero”, es decir, semanas sin ninguna víctima ni ataques¨. También, retomar las negociaciones de paz con la guerrilla del ELN y apostar por el acuerdo de paz con las FARC, entre otras cosas.

El documento es parte de la campaña internacional Juntas Somos Victoria, con la que esta organización junto a la Plataforma de Incidencia Política de Mujeres Rurales Colombianas, International Land Coalition y Somos Defensores, hacen un llamamiento a los distintos Gobiernos del mundo para salvaguardar la vida de las defensoras. Varias de ellas estarán de gira por Europa, Estados Unidos y en la sede de la ONU en Nueva York, para contar directamente los peligros a los que se enfrentan.

A la Unión Europea, por ejemplo, le recomiendan que se cree un grupo de trabajo sobre la situación de las defensoras en la comisión del Parlamento Europeo sobre Derechos de la Mujer e Igualdad de Género (FEMM). Y que allí se expida una resolución de urgencia para establecer mecanismos de protección. A España, donde se presentará el informe, le piden que frene la ¨venta de armas a Colombia¨, que se da en el marco del Tratado de Comercio de Armas, que España ratificó, así como en la Ley de Comercio de Armas de 2007. Y, finalmente, que continúe con el liderazgo que ha mostrado en la Mesa Nacional de Garantías y lidere dentro del Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas una agenda específica sobre las defensoras medioambientales de Colombia.

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 El entrenador del ave espera que las fotografías sacudan la apatía del mundo para que actúe de manera más rápida.Foto Ap

París. Las imágenes serán impactantes, pero también una muestra de consecuencias funestas. Con una cámara montada entre sus alas, un águila de cola blanca llamada Victor observará el mundo mientras vuela sobre los Alpes y captará imágenes de magníficos glaciares que se están derritiendo debido al calentamiento del planeta.

Es poco probable que su desaparición sea un espectáculo agradable y ese es precisamente el punto. Victor hará hasta cinco vuelos esta semana sobre los Alpes. Los organizadores esperan que el espectacular visión del águila ayude a que el mundo se sacuda la apatía sobre el cambio climático y trabaje en acciones más rápidas para combatir sus efectos.

Su adiestrador espera que ver el mundo como lo ve un águila también ayude a convencer a los espectadores de la importancia de proteger a las aves y sus entornos, en especial después de un reporte reciente que da testimonio de su declive devastador.

La humanidad tiene dos sueños: nadar con delfines y volar con águilas, afirmó Jacques-Olivier Travers, experto en halcones y fundador de Freedom Conservation. Esta es la primera vez que realmente montaremos sobre la espalda de un águila a tal distancia y con estas panorámicas ver cómo vuela.

Si el tiempo lo permite, el águila de nueve años emprenderá el vuelo desde el pico del monte suizo Piz Corvatsch con una cámara de 360 grados montada en su espalda y un localizador satelital GPS para seguir su recorrido. Victor volará sobre Alemania, Austria e Italia antes de llegar a Francia el 7 de octubre.

Durante cada vuelo, el ave volará entre 3 y 5 kilómetros y descenderá de mil 500 a 3 mil metros en busca de Travers.

No tengo un control remoto. Si él no me ve o decide no acercarse, podría irse a donde sea, explicó Travers. Es por eso que los vuelos dependen del tiempo. Si la visión de Victor se oscurece por las nubes, no vendrá, es esencial que me vea.

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