Lunes, 16 Octubre 2017 17:37

Teoría de las irregularidades

Teoría de las irregularidades

La teoría de las irregularidades es algo que incluso en la comunidad de los estudiosos de la complejidad no termina por asimilarse plenamente. Hay otros lugares más comunes, como la ciencia de redes complejas, por ejemplo.


Ser occidentales, en la mejor tradición que se inaugura con Platón y Euclides, y todo lo que se sigue de ellos, consiste creer que existen regularidades en la naturaleza. Así, por ejemplo, que la naturaleza tiene leyes, que existen leyes de la historia, que la sociedad se hace posible sobre la base de normas, en fin, que los tiempos y el espacio son regulares y estables. Dicho con la mecánica clásica, que existen ciclos, periodicidades, movimientos pendulares. Que sean unos más cortos o más largos es algo que no altera para nada el cuadro general.


La idea de regularidad se traduce filosóficamente con la noción del “ser”, y políticamente con los conceptos de control y de manipulación. Sociológica o arquitectónicamente, se trata de la creencia de que existen y son necesarias las jerarquías. En fin, que el mundo y la naturaleza son estables.


En la comunidad de complejólogos —esto es, quienes trabajan en ciencias de la complejidad—, existen caotólogos y también fractalistas, por ejemplo. Pues bien, el padre de los fractalistas es B. Mandelbrot, el fundador de la geometría de fractales.


La geometría de fractales es exactamente una teoría de irregularidades. Más exactamente, prácticamente la totalidad de los patrones en la naturaleza son irregulares. Y en la sociedad. La irregularidad se dice técnicamente como fractus, fractal. Posee una dimensión propia —o mejor, varias dimensiones (fractales)— y logra una comprensión inédita del mundo y la realidad, a saber: la naturaleza y la vida están marcadas o constituidas por intermitencias.


La marca de calidad de la naturaleza —como de la vida— es el cambio. Pero los cambios no son fijos, periódicos ni regulares. Por el contrario, son esencialmente imprevisibles, marcados por azar y contingencias, perfectamente aperiódicos. Análogamente al caos.


La idea de intermitencia significa que los sistemas irregulares son esencialmente abiertos, y que no existe, en absoluto, estabilidad alguna en sus dinámicas y estructuras. Los fractales son fenómenos o sistemas inestables y con turbulencias. El sello mismo de la complejidad.


Pues bien, la primera vez en la historia de la humanidad que la irregularidad nace es gracias a la geometría de fractales. Desde luego que existen aspectos técnicos, pero éstos pueden quedar aquí implícitos. La fractalidad de la naturaleza, y mejor aún, la multifractalidad apunta de manera precisa a la ausencia de cualquier tipo de estabilidad.


Digámoslo mejor: la estabilidad existe, pero sólo a escala local y en tiempos muy breves. En tiempos cortos y a escala local las cosas parecen permanentes, estables, regulares, sujetas a leyes. Pero la fractalidad permite una mirada en escalas múltiples, y esa multiescalaridad permite exactamente entender que la regla en el mundo y la naturaleza son los cambios, las transformaciones, la irregularidad.


Todas las teorías estándar habidas en la historia, en ciencia o en filosofía, así como todas las teoría normales vigentes en ciencias y disciplinas, actualmente son teorías de regularidades, de control, de estabilidad, de permanencia, de cambios graduales; en fin, de ciclos y periodicidades. Y por ello mismo no logran ver la complejidad del mundo y de la vida; esto es, el papel del azar y la aleatoriedad. En el “mejor” de los casos, la aleatoriedad es sometida a la teoría de probabilidades. Una teoría del control y del ser.


La geometría de fractales nace en ningún campo; o lo que es equivalente, en el cruce entre diversos terrenos. No nace más en la economía que en las finanzas, más en la matemática que en la termodinámica, o más en la geometría que la física estadística. Cuando la ciencia revolucionaria nace, no hay un sólo nicho donde haya sido engendrada. Esto es algo que Th. Kuhn no alcanzó a ver. Por el contrario, dada la riqueza y las dinámicas del conocimiento hoy en día, la ciencia revolucionaria engendra su propio nicho de nacimiento, que no es uno específico, sino uno donde se cruzan tradiciones, métodos, lenguajes. Este fue el nacimiento de los fractales, esto es, de la teoría de las irregularidades.


Un rasgo biográfico, pero al mismo tiempo sociológico e histórico permea el nacimiento de la ciencia revolucionaria. Se trata del alto inconformismo por parte del investigador o pensador, y de la capacidad para identificar la ciencia normal y alejarse rápidamente de ella. Dos condiciones que se dicen fácilmente, pero que es muy difícil de llevar a cabo. Al fin y al cabo, el precio del inconformismo es la soledad y el aislamiento. Algo de lo cual un investigador verdadero se precia más que se duele. También en la ciencia y en la academia prima, como decía Nietzsche, el espíritu gregario.


Pero, ¿cómo identificar claramente las fronteras del conocimiento?; esto es, ¿cómo ver el lugar en donde termina la ciencia normal y comienza... el vacío? Existen muy buenos indicios. Por ejemplo, la ciencia normal es aquello de lo que las mayorías hablan, o de lo que se ocupan “muchos”. La ciencia normal es aquella que está siempre a la mano, y que convoca fácilmente. La ciencia revolucionaria, por el contrario, sólo tiene indicios, vestigios, señales; pero nunca textos claros, establecidos.


Esto fue lo que experimentó B. Mandelbrot, y lo que es evidente ante una mirada sensible y reflexiva en el panorama intelectual y cultural en general. Tenemos con nosotros una teoría de irregularidades. Pero el triunfo de la misma no fue nunca algo evidente, aunque sí sólido y robusto. La biografía se mezcla con el momento social y con la situación histórica. De esa compleja amalgama nacen ideas nuevas, enfoques creativos, lenguajes novedosos.


La teoría de las irregularidades es algo que incluso en la comunidad de los estudiosos de la complejidad no termina por asimilarse plenamente. Hay otros lugares más comunes, como la ciencia de redes complejas, por ejemplo. La plena consolidación de la teoría de las irregularidades tiene lugar a partir de 1995. Una historia que no está muy lejos de nosotros, y apenas da sus primeros pasos. Pero agigantados.

La propuesta del nuevo Plan Nacional de Desarrollo presentado por el segundo gobierno de Santos al Congreso está soportado en 200 artículos cargados de veneno. El tiempo apremia y ya no es oportuno dar una discusión detenida sobre el contenido del mismo, ahora hay que centrar el análisis en un articulado que está lleno de bombas y que en menos de un mes puede introducir cambios insospechados para el presente y el futuro inmediato de las mayorías habitantes de nuestro país.

Se supone que el Plan Nacional de Desarrollo es el documento en el cual un gobierno fija sus prioridades, formula sus políticas, y expresa en proyectos y programas concretos la materialización de lo propuesto. Teóricamente ese era el sentido del documento entregado en noviembre del año pasado, titulado "Todos por un nuevo país", y mostrado a la "sociedad civil" para su discusión. Dentro de este contexto el Consejo Nacional de Planeación, y los Consejos Territoriales, emitieron un concepto a comienzos del presente año, que el Gobierno debía incorporar para una segunda versión del Plan.

Pero, como por arte de magia, ese documento desapareció y llegó otro, que no tiene nada que ver con las Bases del Plan, donde incorporaron 200 artículos cargados de veneno, que modificarían la legislación existente en sinnúmero de campos cruciales. Se trata de un paquetazo que incorpora todas las reformas que no habían podido ejecutar en temas tales como tierras, minería, salud, educación, y privatizaciones, entre otras. Con el Plan las pretenden despachar de un plumazo porque los tiempos para su discusión son reducidos.

Las doscientas normas

La planeación en Colombia fue introducida con el Plan Decenal del gobierno de Alberto Lleras Camargo (1958-1962), que partía del principio que el Estado dirigía la economía, y el Plan le informaba a la sociedad cuáles eran las prioridades, expresadas en programas y proyectos, que posteriormente tenían su expresión en las asignaciones del Presupuesto Nacional. Era un proceso transparente, independientemente de los juicios que en ese entonces, o ahora, pudieran hacerse sobre el modelo de desarrollo implícito.

El Plan actual tiene un discurso, que puede ser objeto de la discusión, pero en la práctica son las 200 normas del proyecto de ley las que materializan el Plan, y que no hacen referencia a ese discurso. Estas normas son las que no habían logrado aprobar y que favorecen los intereses de los poderes financiero, terrateniente, minero, y del capital transnacional. Pero en el marco del Plan deben ser aprobadas en paquete en un período muy corto.

Al tomar como referencia el documento del año pasado, que supuestamente son las "Bases del Plan", encontramos tres ejes: paz, equidad y educación.

La educación aparece como el camino hacia la equidad al promover la movilidad social, porque a través de ella las personas lograrían la inserción en el mercado laboral lo que les permitiría la generación de ingresos. Por esta razón, quienes aspiran a tener una formación universitaria deben endeudarse asumiendo una inversión que se redituará con ingresos futuros. Desde esta visión no importa la diferencia entre la educación universitaria y técnica, ahora todo englobado en educación terciaria, porque en el fondo todo es formación para el trabajo. Cada uno está aumentando su dotación de capital humano, y con ella va a competir con otros capitalistas (de capital humano) en el mercado de trabajo. Es el individuo al servicio de la economía, no ésta al servicio del ser humano. La educación es vista como una mercancía que valoran en el mercado, no como un derecho social, como bien lo denuncia la Mane.

En el Plan, la movilidad social depende de la educación, (como lo reclama James Robinson, quien escribió el libro "¿Por qué fracasan las naciones?"), y no del despojo de los campesinos por un poder terrateniente armado, ni de la concentración de la riqueza en los grupos económicos que controlan los medios de comunicación, ni de las condicionalidades del capital financiero. La educación permitiría el ascenso de los pobres hacia las clases medias, pero el mismo Plan atenta contra dichas clases cuando en el articulado presentado ante el Congreso, por una parte, defiende los contratos laborales basura de prestación de servicios, los obliga a pagar el 100 por ciento de la seguridad social (incluida la cuota patronal) y les arrebata el sesenta por ciento de sus prestaciones sociales (art. 127), y por la otra, reitera que son los trabajadores quienes asumen el riesgo financiero de la especulación que con sus ahorros pensionales hacen los grupos económicos. Los grupos no asumen ningún riesgo (arts. 129 al 131). Seguramente esto lo consultaron con los grupos y no con los trabajadores. El cuento de la clase media en el Plan más allá de un mal chiste, es un fraude.

En cuanto a la política social no hay nada nuevo. Señala que todavía el mercado laboral es rígido (pág. 55) (los trabajadores tienen todavía muchos privilegios, aunque ellos lo llamen derechos) de forma que es necesario flexibilizarlo más. Pero como los procesos de flexibilización no han permitido disminuir el desempleo en el largo plazo, entonces hay que generarlo a través del emprendimiento y el microcrédito. Pero ese emprendimiento desconoce los territorios, prácticas y saberes de la economía popular, la que debe ser erradicada al ser considerada ilegal y de baja productividad (pág. 111).
Sin embargo, ya no hay tiempo para dar una discusión sobre el contenido de las Bases del Plan. Ahora hay que centrar el análisis en un articulado que está lleno de bombas y que en menos de un mes puede introducir cambios insospechados para el presente y el futuro inmediato de quienes habitan el país. Los abogados, los expertos, y los diferentes interesados, deben mirar con lupa ese articulado antes que se introduzcan cambios legales que alteren las reglas de juego. Lo único que puede hacerse por ahora es presentar una lista de mercado de lo que se ve por encima y formular algunas preguntas:

- En Salud, Saúl Franco denunció en Unperiódico* que se profundiza la mercantilización del servicio y se fortalece la intermediación financiera a través de las EPSs (arts. 61 al 72).
- El artículo 49 desconoce el derecho fundamental a la restitución de tierras a las víctimas del conflicto armado, tal como lo denuncia la Comisión Colombiana de Juristas.
- ¿Por qué es importante acelerar el mecanismo de liquidación de las empresas del Estado? (art. 71).
- ¿Por qué se autoriza inversión extranjera en los medios de comunicación? (art. 13) ¿Qué empresas están detrás del negocio?
- El artículo 30 acaba con la posibilidad de subsidiar el transporte público, cuando esta modalidad es subsidiada en el resto del mundo
- ¿Por qué se promueve la titularización de la cartera hipotecaria? (art. 46). ¿Acaso se les olvidó que este fue el mecanismo que llevó a la crisis del subprime en Estados Unidos en el 2008?
- ¿Por qué se cambia el concepto de educación superior por el de terciaria? (art. 54). ¿Acaso se sigue insistiendo que la educación universitaria y la formación para el trabajo son la misma cosa?
- Se amplía el mecanismo de crédito educativo como eje de financiación de la educación superior (art. 57). Esto no sólo abre la pregunta de qué pasa con el financiamiento de las universidades públicas, sino que a las nuevas generaciones les crean "una deuda cierta con un trabajo incierto" (expresión de la Mane). En Estados Unidos la deuda estudiantil es la segunda después de la deuda hipotecaria, y hay quienes afirman que se está dirigiendo hacia una crisis similar a la del 2008.
- En cuanto a los Fondos de Pensiones, propiedad de los principales grupos económicos, ¿por qué se crea un mecanismo para que el gobierno asuma el desfase de la renta vitalicia? (art. 130)
- Las estadísticas públicas ahora estarán más controladas por el poder público (art. 150). ¿Será que en adelante estarán pensando con el deseo y los datos serán menos objetivos?
- ¿Dónde queda la autonomía de los gobiernos locales si van a estar amarrados al gobierno nacional con los famosos Contratos Plan? (arts. 171 y 172).
- Se pide carta blanca para reformar la institucionalidad del sector rural (art. 102). Dada la sensibilidad del tema de cara al posconflicto, sería bueno al menos tener una explicación.
- Hay un importante paquete de reformas para el sector minero-energético (arts. 18 al 29) ¿Que hay detrás?
- Finalmente, el artículo 200 deroga 85 normas ¿cuáles son las consecuencias de ello?

Con seguridad, al realizar un análisis detallado del proyecto de ley se encontrarán otras muchas perlas. Entonces, volvemos a la pregunta inicial, ¿Qué es el Plan de Desarrollo? Por lo visto, un asalto a la democracia.

* Edición de 8 de marzo del 2015 que circuló con el periódico El Tiempo.

Publicado enEdición 211
Jueves, 22 Agosto 2013 06:10

La Constitución y el caos

La Constitución y el caos

A veces me pregunto por qué he dedicado tanto trabajo al estudio de los tribunales en los últimos 40 años. He estudiado los tribunales no sólo de Portugal, sino también de otros países y, en el proyecto que actualmente realizo, financiado por el European Research Council, coordino un equipo de investigación internacional dedicado, entre otros temas, al estudio de lo que yo llamo “constitucionalismo transformador”. Esto no es más que la ocurrencia de varios países que quieren conseguir una nueva visibilidad y centralidad de la legalidad constitucional, a través de la promulgación de nuevas Constituciones. Algo que se conseguiría por la vía del recurso a los tribunales constitucionales, o con funciones constitucionales, en situaciones consideradas decisivas para la supervivencia o para la calidad de la democracia.
 


Antes de esto, mi interés en los tribunales nació de una perplejidad creativa sobre el papel de los tribunales en la consolidación o, por el contrario, en la fragilización de la democracia, en una época en que la utopía de una sociedad socialista estaba siendo sustituida por la idea de un “capitalismo democrático”: la consagración constitucional de un vasto conjunto de derechos sociales y económicos capaz de garantizar a la mayoría de la población una medida de bienestar suficientemente significativa para mostrar que la democracia no era un gobierno de las élites, ejercido por las élites, para beneficio exclusivo de las élites.


 
Esta garantía dependía de la efectividad del Derecho y de los derechos, y ésta, en última instancia, de los tribunales encargados de hacerla valer. ¿Estarían los tribunales a la altura de tal encargo? ¿Qué modelos se podrían extraer de la historia jurídica y judicial moderna? Para mí, lo intrigante de estas preguntas residía en una intuición teórica y en una condición contextual. La intuición teórica me decía que eran simplistas las dos respuestas que entonces dominaban el campo de la sociología jurídica sobre el papel de los tribunales en las sociedades contemporáneas. Una era que, siendo esas sociedades capitalistas, los tribunales acabarían siempre por decidir a favor de las clases dominantes. La otra, que la independencia de los tribunales no nos permitía ni siquiera poner en duda la voluntad y la capacidad de los tribunales para garantizar la efectividad de los derechos, incluso aunque fueran en contra de los intereses dominantes. Ni una teoría ni la otra me parecían convincentes. De ahí mi interés en analizar la función concreta de los tribunales en diferentes contextos. Y el contexto portugués era particularmente desafiante.


 
Por un lado, Portugal acababa de salir de 48 años de una dictadura en la que un puñado de familias oligárquicas, vencidas por una Iglesia católica conservadora, mantenía a su servicio no sólo a un dictador -que ahora servía, ahora mandaba para mejor servir-, sino también a un aparato del Estado excluyente y autoritario del que los tribunales eran un apéndice apagado, apenas brillando en el cielo del tribunal plenario, a juzgar por los opositores políticos. Por otro lado, durante un breve período (el del “Verano caliente” de 1975), Portugal había convertido el momento luminoso de la Revolución de Abril en un anuncio de un proyecto socialista que llevó a la sociedad a una polarización sin precedentes. La despolarización sólo fue posible el 25 de noviembre del 75, mediante un acuerdo que no sólo garantizó la continuidad y la plena legalidad del partido que más fuertemente favoreció a la sociedad socialista (PCP), proponiendo una Constitución avanzada, basada en el modelo de cohesión social que englobaba un sólido conjunto de derechos sociales y económicos: la Constitución de 1976. El impulso socializador era entonces tan fuerte que el “capitalismo democrático” que se comenzaba a construir fue designado  durante unos años como socialismo y las fuerzas políticas de derechas , hoy en el poder, como socialistas.


 
Nadie de buena fe puede poner en duda los beneficios que el modelo de cohesión social definido entonces nos ha traído. Hoy, empeñado en lograr la mayor transferencia de riqueza que recuerda el Portugal moderno, desde las mayorías empobrecidas a una pequeña minoría nunca tan rica como hoy, el Gobierno quiere poner fin a ese modelo, aún sabiendo que eso puede traer el caos. La Constitución que tenemos nos defendió hasta ahora del caos. Para que nos continúe defendiendo, Ella misma debe ser defendida.

 

22 ago 2013

Publicado enInternacional
Mursi promulga la nueva Constitución de Egipto e invita a un diálogo nacional

El Cairo, 26 de diciembre. El presidente de Egipto, Mohamed Mursi, promulgó hoy la nueva Constitución y se congratuló por su adopción en referendo, al tiempo que instó a todos los poderes políticos a formar parte de un diálogo nacional para resolver las persistentes tensiones y prometió adoptar las medidas necesarias para recomponer la economía del país.

 

Afirmó que la consulta sobre la nueva Constitución se celebró con total transparencia y bajo la completa supervisión de la sociedad civil y la judicatura. En un discurso a la nación transmitido por la televisión, Mursi dijo que la Comisión Electoral cumplió plenamente su papel y subrayó que el texto aprobado es el alba del nuevo Egipto.

 

La Constitución, redactada por un panel encabezado por islamitas, fue aprobada después de semanas de protestas con 63.8 por ciento de los votos en un referendo celebrado en dos rondas los días 15 y 22 de diciembre, de acuerdo con los resultados oficiales anunciados el martes. No obstante, sólo 33 por ciento del electorado acudió a votar.

 

Reitero a todos los partidos y fuerzas políticas mi llamado a comprometerse con el diálogo, dijo Mursi. Agradeció a quienes dieron el sí al texto constitucional, al emitir su mensaje al pueblo egipcio tras firmar la entrada en vigor de la nueva carta magna. Hubo varios errores y grietas, pero Dios sabe que cualquier decisión que tome es por el bien del país, agregó.

 

Los opositores creen que la nueva Constitución se inclina demasiado al islamismo y no refleja el objetivo de la revolución que derrocó a Hosni Mubarak. Pero el presidente expresó que daba la bienvenida a quienes dijeron no al referendo y aseguró que el pueblo egipcio no regresará a los tiempos en los que había sólo una opinión.

 

Todos rechazamos la violencia y la violación de leyes y subrayamos que la revolución del 25 de enero dio un gran ejemplo a todo el mundo sobre la naturaleza pacífica de la acción política y revolucionaria y su alto nivel de ética, sostuvo. Por ello, Mursi criticó a quienes no diferencian entre la libertad de expresión pacífica y quienes recurren a la violencia e intentan imponer un punto de vista.

 

Con la nueva ley fundamental, las autoridades del islam tienen más influencia sobre asuntos sociales y de Estado. Liberales, partidos de izquierda, cristianos y numerosas mujeres temen una aplicación estricta de la sharia, la ley islámica.

 

Asimismo, el mandatario anunció un próximo reajuste ministerial para responder a la grave crisis económica que afecta al país, por lo que se mantiene en contacto con el primer ministro Hicham Qandil. En ese sentido, afirmó que mejorar la economía será prioridad. Desplegaré todos mis esfuerzos para mejorar la economía egipcia, que enfrenta numerosos desafíos, asentó.

 

En tanto, la cámara alta (Shura) del Parlamento asumió este miércoles provisionalmente las facultades legislativas del presidente Mohamed Mursi, tras la aprobación de la nueva Constitución. El 70 por ciento de los 270 miembros de la Shura son islamitas, la corriente de la Hermandad Musulmana a la que pertenece el gobernante.

 

La televisión pública mostró imágenes de la primera sesión plenaria de la Shura, que será la encargada de legislar hasta que se escoja un nuevo Parlamento en elecciones que deben celebrarse en los próximos dos meses.

 

La justicia egipcia disolvió el Parlamento elegido en los comicios del verano pasado, debido a que miembros de partidos políticos se presentaron para mandatos directos que estaban reservados a candidatos independientes

Dpa, Afp, Reuters y The Independent

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