Martes, 26 Septiembre 2017 15:17

El intento de golpe militar

El intento de golpe militar

Durante las jornadas de julio, en las que obreros y soldados recibieron una derrota, el Gobierno Provisional no dejó ni un momento de acusarlos de ser agentes de la contrarrevolución1. Y los bolcheviques, particularmente, de ser “espías alemanes”. Todo ello era evidentemente falso. Sin embargo, la contrarrevolución sí existía, y no precisamente entre las masas descontentas sino en las alturas del poder burgués, sus partidos, los restos de los monárquicos, la Iglesia y la alta oficialidad. Y lo más significativo: en el propio gobierno, a pesar de la participación en el mismo de los partidos conciliadores. Todos interesados en deshacerse de los soviets, especialmente de los revolucionarios allí presentes. El plan había comenzado a desarrollarse desde el momento mismo en que se consolidó la derrota, la cual, al mismo tiempo, había puesto de presente, paradójicamente, la debilidad e impotencia del gobierno de la última coalición. Contemplaba, como culminación, un golpe militar, el 27 de agosto, fecha que, según algunos astutos como el entonces Comisario en el Frente de Guerra, Savinkov, era la más adecuada porque se completaban los seis meses de la revolución de febrero. El líder escogido para semejante empresa era el General Kornílov a quien el propio Kerenski había entregado desde mediados de julio el mando supremo de las Fuerzas Armadas con sede en el Cuartel General de Mohilev.

 

Sobre la derrota se reorganiza la reacción

 

No hay que subestimar el impacto del fracaso y la posterior represión. Sobre todo de la gran calumnia que no sólo afectó al partido Bolchevique sino que sumió en el desconcierto y la más profunda depresión a la mayoría de los obreros y soldados más activos comenzando por los bastiones de Petrogrado, Viborg y Kronstadt. Fue precisamente este ambiente, al debilitar la resistencia, el que facilitó la represión. Aunque no significaba apoyo para el Gobierno. Es cierto que en un primer momento, los bolcheviques perdieron simpatizantes e influencia, pero el crecimiento de socialistas revolucionarios (eseristas) y mencheviques no indicaba una pérdida de radicalidad, sino, como se vería más adelante, una transformación –fraccionamiento– de los partidos conciliadores. Una vez se disipó la bruma y la pesadilla de la inverosímil calumnia, en pocas semanas se retomó el sendero de la radicalización.

 

A pesar de todo, la debilidad del gobierno era ostensible. Los conciliadores ya eran mayoría en el gabinete, pero habían perdido toda iniciativa. Definitivamente, la dualidad de poder es una situación inestable, necesariamente transitoria. Kerensky busca entonces una alternativa de recuperación y concibe la idea de convocar a una gran “Conferencia Nacional”, en esta oportunidad en Moscú considerada la pacífica ciudad de las nobles tradiciones opuesta aparentemente a la revoltosa Petrogrado. La propuesta encuentra respaldo entre los grupos del poder reaccionario y la convoca para el 13 de agosto, teniendo cuidado de excluir a los bolcheviques. En el fondo su aspiración era construir una base social que le permitiera concentrar en sus manos todos los atributos del gobierno.

 

La gran Conferencia Nacional de Moscú se inauguró pues con gran pompa. Asistieron todas las llamadas “fuerzas vivas” de la sociedad. Industriales y banqueros, los principales Generales, el Clero y el profesorado, los líderes Kadetes. Incluso algunos mencheviques y eseristas miembros del Ejecutivo de los soviets y de los sindicatos. Simultáneamente y a manera de protesta, las corrientes revolucionarias encabezadas por los bolcheviques logran decretar una huelga general en Moscú y realizan una gran manifestación el día doce. El clima político entre los obreros y soldados ya había cambiado de signo.

 

En todo caso, el proyecto reaccionario iba más allá. Otra era la solución de la “mano fuerte”. Quien realmente salió victorioso de la Conferencia, y sin estar presente, fue el Generalísimo Kornílov en quien, de manera explícita, ponían su esperanza tanto los que aspiraban a una restauración monárquica como los que buscaban un reacomodo republicano pero sin paz y sin tierra. Pero especialmente la alta oficialidad militar que venía reclamando la recuperación de la disciplina en las fuerzas armadas y el orden en los campos. Su base fundamental era el “comité principal de la Asociación de Oficiales del Ejército y la Flota”. Y detrás de éste, grupos oscurantistas como los “Caballeros de San Jorge”. Kornílov no era ni un gran militar ni un hombre inteligente. Todo su prestigio provenía de no haber tenido escrúpulos en fusilar “desertores” y perseguir a los campesinos que ocupaban las haciendas. Reputación que le había merecido al mismo tiempo el odio de la población y de los propios soldados. Sin embargo, era, según creían, el indicado para poner fin a la inestabilidad, liquidando los soviets y sus dirigentes revolucionarios. Los kadetes, cuya eminencia gris era el exministro Miliukov, ya le habían expresado su respaldo.

 

La hora de la sublevación

 

El plan era relativamente sencillo. Se trataba de atacar y ocupar (por el sur y por el norte) Petrogrado. Para ello Kornílov, con el apoyo de Kerenski, había trasladado desde el frente suroccidental a las proximidades de la ciudad, el tercer cuerpo de caballería y la llamada “División salvaje”, formada por despiadados montañeses caucásicos al mando del tenebroso Krimov. Esta era la encargada de ocupar la sede del Soviet y detener (en realidad ahorcar) a los dirigentes bolcheviques. Así mismo se había concentrado cerca de Viborg una División Cosaca. En realidad, Kornílov tenía puesta toda su seguridad y toda su confianza en los cosacos, sus paisanos, un temible cuerpo de caballería, conformado por un pueblo campesino, diferenciado étnicamente, que había hecho de esta actividad, orientada a la represión de desórdenes sociales, su razón de ser. Lo que ignoraba era que en ellos también se iba a presentar la confrontación entre soldados y oficiales.

 

El punto de partida era, paradójicamente, la derrota en el frente de la guerra. El 21 de agosto los alemanes rompen el frente ruso y toman Riga. La circunstancia (se sospecha que fue planeada) es aprovechada por la reacción para volver a las acusaciones en contra de lo bolcheviques “derrotistas”. Confiaban en una reacción “patriótica” de la población. Kerenski ayudó con la expedición el 23 de agosto de un decreto en el que elogiaba a los oficiales y criticaba las medidas democratizadoras en el ejército que permitían el “irrespeto” por parte de los soldados. Al mismo tiempo, en la ciudad se desarrolla una estrategia de provocación para llevar a los bolcheviques a un levantamiento. El 25 de agosto se prohíbe el periódico bolchevique; el 26 doblan el precio del trigo. Pero los bolcheviques no caen en la trampa. Se encarga entonces a Dutov, coronel de cosacos, organizar una simulación de levantamiento. La idea, en todo caso, era argumentar la existencia de “disturbios” para justificar la ocupación militar.

 

El 26 de agosto ya la movilización está en marcha. Fue entonces cuando se pudo apreciar, a la luz del día, la participación de las embajadas de los países aliados (y detrás, sus gobiernos), especialmente Inglaterra. Una circunstancia vino entonces a dificultar el desarrollo del plan. O mejor, se puso de presente la existencia de dos planes. En realidad Kerenski formaba parte del mismo (¡autogolpe!), pero tenía previsto que la sublevación terminara en la conformación de un Directorio (¿cívico-militar?) que habría de entregarle, como gobierno, un poder absoluto. Es en ese momento cuando descubre que Kornílov, contando con el apoyo de los grupos reaccionarios, aspiraba a lograr la dimisión del gobierno provisional y a quedarse con el poder. No sólo iba a liquidar los bolcheviques sino a barrer también a los mencheviques y socialrevolucionarios. Kerenski decide entonces remover a Kornílov y nombrar en su lugar al General Lukomski y así se lo hizo saber en un mensaje oficial del Consejo de Ministros. Le ordenan devolver a sus lugares de origen a todas las tropas desplazadas. La reacción de Kornílov no se hizo esperar y el 27 de agosto, en un airado manifiesto al pueblo ruso, abre las cartas: “Obligado a entrar en acción abiertamente, declaro que el gobierno provisional, bajo la presión de la mayoría bolchevista de los soviets, obra de completo acuerdo con el Estado mayor Alemán, y que, con miras al próximo desembarco de fuerzas enemigas en la orilla del Riga, destruye el ejército y perturba el país desde el interior2.” El problema para Kerenski era que, a pesar de haber nombrado a Savinkov (uno de los estrategas del plan) en el Ministerio de Guerra, en realidad, no tenía mando sobre tropas.

 

El triunfo fue de los obreros y los soldados

 

La idea de Kerenski era, obviamente, lavarse las manos y echar toda la culpa a Kornílov. En la madrugada del 28 reune a Alexéiev y Terechenko para acordar la explicación de los “malentendidos” ya que la Asociación de Oficiales continúa respaldándolo, pero ya era tarde y todo Petrogrado estaba enterado de la ruptura. Comienzan entonces una serie de negociaciones que se prolongan hasta el 29. Miliukov propone convencer a Kornílov de que acepte la fórmula de reemplazar a Kerenski por el General Alexéiev. Fue entonces cuando entró en escena el “Comité para la lucha contra la contra-revolución”, organismo creado en la reunión conjunta de los comités ejecutivos (obreros, soldados y campesinos) de los Soviets, el 27 de agosto. El desenlace propuesto fue otro: a cambio de una lucha consecuente contra la reacción que liquidara el golpe, se proponía la conformación de un nuevo gabinete sin los Kadetes y se aceptaba un gobierno fuerte a través de una especie de Directorio.

 

No obstante, quienes realmente aseguraron la defensa de Petrogrado y derrotaron la contrarrevolución fueron los millares de obreros movilizados, organizados y conscientes. Sólo formalmente atendían las órdenes del Gobierno Provisional; en la práctica respondían a las orientaciones del Comité de Defensa Popular que desde entonces comenzó a identificarse como el Comité Militar Revolucionario. La labor se concentró en las barriadas obreras. Un papel importante le correspondió a la Organización Militar de los Bolcheviques cuya actividad inicial se concentró en la persuasión de los soldados movilizados. Se formaron grupos de obreros (Guardia Roja) para defender barrios y fábricas. El 29 de agosto ya cubrían toda la ciudad.

 

El resultado fue asombroso. En muchos regimientos los soldados se pronunciaron en contra de Kornílov y los oficiales. Se formaron destacamentos en Kronstadt y en Viborg. Hasta el punto que Kerenski tuvo que pedir auxilio a los marinos de Kronstadt para defender el Palacio de Invierno ante cualquier eventualidad. Entraron en acción los sindicatos y particularmente los ferroviarios. La famosa División Salvaje llegó hasta Luga pero los ferroviarios impidieron la movilización de los trenes; mientras tanto el Soviet de la ciudad se encargaba de distribuir entre los soldados copias de la destitución de Kornílov. El día 29 Krimov, ante la desmoralización, reconoce que es imposible seguir adelante. Entre los cosacos ocurrió lo impensable, los soldados se enfrentaron a sus oficiales y por primera vez entraron a formar parte de un Soviet.

 

 

El 30 de agosto la sublevación ya se había evaporado. Fue ante todo un triunfo político y no el resultado de victorias militares. Kornílov ni siquiera se movió del Cuartel General en Mohilev. Lo importante no fueron los combates, aunque la demostración de fuerza y decisión cumplió su papel. Pero el alcance político fue más allá de la derrota del intento de golpe militar reaccionario. No se defendía a Kerenski sino a la revolución. No tanto a su pasado como a su futuro. Aunque todavía no se veía claro el camino que habría de seguirse. La opción de la revolución simplemente democrático-burguesa había caducado en los hechos. La descomposición del ejército había llegado a su punto máximo. Es cierto que el arreglo en las alturas se mantuvo en el plano de la reconfiguración del Gobierno Provisional a través de una suerte de dictadura de Kerenski y la oferta (de nuevo) de Asamblea Constituyente para noviembre. Es cierto también que los oficiales comprometidos en la aventura, incluido Kornílov, fueron exculpados. -Ellos fueron, por cierto, la base de la guerra civil que se desencadenaría a partir de 1918-. Sin embargo, los obreros y los soldados, y más adelante los campesinos, ya habían aprendido bastante y sobre todo habían adquirido seguridad en su propia fuerza. Contaban con una nueva base organizativa forjada precisamente en la lucha que acababan de librar. La confianza en los viejos partidos reformistas se había erosionado. La suerte estaba echada.

 

1 Ver “Las Jornadas de Julio” Desde Abajo, 20 de julio de 2017.
2 Ver Trotsky, L. “Historia de la Revolución rusa”. T. II, p. 150. Ed Sarpe, Madrid, 1985.

Publicado enEdición Nº239
Lunes, 25 Septiembre 2017 11:34

El intento de golpe militar

El intento de golpe militar

Durante las jornadas de julio, en las que obreros y soldados recibieron una derrota, el Gobierno Provisional no dejó ni un momento de acusarlos de ser agentes de la contrarrevolución1. Y los bolcheviques, particularmente, de ser “espías alemanes”. Todo ello era evidentemente falso. Sin embargo, la contrarrevolución sí existía, y no precisamente entre las masas descontentas sino en las alturas del poder burgués, sus partidos, los restos de los monárquicos, la Iglesia y la alta oficialidad. Y lo más significativo: en el propio gobierno, a pesar de la participación en el mismo de los partidos conciliadores. Todos interesados en deshacerse de los soviets, especialmente de los revolucionarios allí presentes. El plan había comenzado a desarrollarse desde el momento mismo en que se consolidó la derrota, la cual, al mismo tiempo, había puesto de presente, paradójicamente, la debilidad e impotencia del gobierno de la última coalición. Contemplaba, como culminación, un golpe militar, el 27 de agosto, fecha que, según algunos astutos como el entonces Comisario en el Frente de Guerra, Savinkov, era la más adecuada porque se completaban los seis meses de la revolución de febrero. El líder escogido para semejante empresa era el General Kornílov a quien el propio Kerenski había entregado desde mediados de julio el mando supremo de las Fuerzas Armadas con sede en el Cuartel General de Mohilev.

 

Sobre la derrota se reorganiza la reacción

 

No hay que subestimar el impacto del fracaso y la posterior represión. Sobre todo de la gran calumnia que no sólo afectó al partido Bolchevique sino que sumió en el desconcierto y la más profunda depresión a la mayoría de los obreros y soldados más activos comenzando por los bastiones de Petrogrado, Viborg y Kronstadt. Fue precisamente este ambiente, al debilitar la resistencia, el que facilitó la represión. Aunque no significaba apoyo para el Gobierno. Es cierto que en un primer momento, los bolcheviques perdieron simpatizantes e influencia, pero el crecimiento de socialistas revolucionarios (eseristas) y mencheviques no indicaba una pérdida de radicalidad, sino, como se vería más adelante, una transformación –fraccionamiento– de los partidos conciliadores. Una vez se disipó la bruma y la pesadilla de la inverosímil calumnia, en pocas semanas se retomó el sendero de la radicalización.

 

A pesar de todo, la debilidad del gobierno era ostensible. Los conciliadores ya eran mayoría en el gabinete, pero habían perdido toda iniciativa. Definitivamente, la dualidad de poder es una situación inestable, necesariamente transitoria. Kerensky busca entonces una alternativa de recuperación y concibe la idea de convocar a una gran “Conferencia Nacional”, en esta oportunidad en Moscú considerada la pacífica ciudad de las nobles tradiciones opuesta aparentemente a la revoltosa Petrogrado. La propuesta encuentra respaldo entre los grupos del poder reaccionario y la convoca para el 13 de agosto, teniendo cuidado de excluir a los bolcheviques. En el fondo su aspiración era construir una base social que le permitiera concentrar en sus manos todos los atributos del gobierno.

 

La gran Conferencia Nacional de Moscú se inauguró pues con gran pompa. Asistieron todas las llamadas “fuerzas vivas” de la sociedad. Industriales y banqueros, los principales Generales, el Clero y el profesorado, los líderes Kadetes. Incluso algunos mencheviques y eseristas miembros del Ejecutivo de los soviets y de los sindicatos. Simultáneamente y a manera de protesta, las corrientes revolucionarias encabezadas por los bolcheviques logran decretar una huelga general en Moscú y realizan una gran manifestación el día doce. El clima político entre los obreros y soldados ya había cambiado de signo.

 

En todo caso, el proyecto reaccionario iba más allá. Otra era la solución de la “mano fuerte”. Quien realmente salió victorioso de la Conferencia, y sin estar presente, fue el Generalísimo Kornílov en quien, de manera explícita, ponían su esperanza tanto los que aspiraban a una restauración monárquica como los que buscaban un reacomodo republicano pero sin paz y sin tierra. Pero especialmente la alta oficialidad militar que venía reclamando la recuperación de la disciplina en las fuerzas armadas y el orden en los campos. Su base fundamental era el “comité principal de la Asociación de Oficiales del Ejército y la Flota”. Y detrás de éste, grupos oscurantistas como los “Caballeros de San Jorge”. Kornílov no era ni un gran militar ni un hombre inteligente. Todo su prestigio provenía de no haber tenido escrúpulos en fusilar “desertores” y perseguir a los campesinos que ocupaban las haciendas. Reputación que le había merecido al mismo tiempo el odio de la población y de los propios soldados. Sin embargo, era, según creían, el indicado para poner fin a la inestabilidad, liquidando los soviets y sus dirigentes revolucionarios. Los kadetes, cuya eminencia gris era el exministro Miliukov, ya le habían expresado su respaldo.

 

La hora de la sublevación

 

El plan era relativamente sencillo. Se trataba de atacar y ocupar (por el sur y por el norte) Petrogrado. Para ello Kornílov, con el apoyo de Kerenski, había trasladado desde el frente suroccidental a las proximidades de la ciudad, el tercer cuerpo de caballería y la llamada “División salvaje”, formada por despiadados montañeses caucásicos al mando del tenebroso Krimov. Esta era la encargada de ocupar la sede del Soviet y detener (en realidad ahorcar) a los dirigentes bolcheviques. Así mismo se había concentrado cerca de Viborg una División Cosaca. En realidad, Kornílov tenía puesta toda su seguridad y toda su confianza en los cosacos, sus paisanos, un temible cuerpo de caballería, conformado por un pueblo campesino, diferenciado étnicamente, que había hecho de esta actividad, orientada a la represión de desórdenes sociales, su razón de ser. Lo que ignoraba era que en ellos también se iba a presentar la confrontación entre soldados y oficiales.

 

El punto de partida era, paradójicamente, la derrota en el frente de la guerra. El 21 de agosto los alemanes rompen el frente ruso y toman Riga. La circunstancia (se sospecha que fue planeada) es aprovechada por la reacción para volver a las acusaciones en contra de lo bolcheviques “derrotistas”. Confiaban en una reacción “patriótica” de la población. Kerenski ayudó con la expedición el 23 de agosto de un decreto en el que elogiaba a los oficiales y criticaba las medidas democratizadoras en el ejército que permitían el “irrespeto” por parte de los soldados. Al mismo tiempo, en la ciudad se desarrolla una estrategia de provocación para llevar a los bolcheviques a un levantamiento. El 25 de agosto se prohíbe el periódico bolchevique; el 26 doblan el precio del trigo. Pero los bolcheviques no caen en la trampa. Se encarga entonces a Dutov, coronel de cosacos, organizar una simulación de levantamiento. La idea, en todo caso, era argumentar la existencia de “disturbios” para justificar la ocupación militar.

 

El 26 de agosto ya la movilización está en marcha. Fue entonces cuando se pudo apreciar, a la luz del día, la participación de las embajadas de los países aliados (y detrás, sus gobiernos), especialmente Inglaterra. Una circunstancia vino entonces a dificultar el desarrollo del plan. O mejor, se puso de presente la existencia de dos planes. En realidad Kerenski formaba parte del mismo (¡autogolpe!), pero tenía previsto que la sublevación terminara en la conformación de un Directorio (¿cívico-militar?) que habría de entregarle, como gobierno, un poder absoluto. Es en ese momento cuando descubre que Kornílov, contando con el apoyo de los grupos reaccionarios, aspiraba a lograr la dimisión del gobierno provisional y a quedarse con el poder. No sólo iba a liquidar los bolcheviques sino a barrer también a los mencheviques y socialrevolucionarios. Kerenski decide entonces remover a Kornílov y nombrar en su lugar al General Lukomski y así se lo hizo saber en un mensaje oficial del Consejo de Ministros. Le ordenan devolver a sus lugares de origen a todas las tropas desplazadas. La reacción de Kornílov no se hizo esperar y el 27 de agosto, en un airado manifiesto al pueblo ruso, abre las cartas: “Obligado a entrar en acción abiertamente, declaro que el gobierno provisional, bajo la presión de la mayoría bolchevista de los soviets, obra de completo acuerdo con el Estado mayor Alemán, y que, con miras al próximo desembarco de fuerzas enemigas en la orilla del Riga, destruye el ejército y perturba el país desde el interior2.” El problema para Kerenski era que, a pesar de haber nombrado a Savinkov (uno de los estrategas del plan) en el Ministerio de Guerra, en realidad, no tenía mando sobre tropas.

 

El triunfo fue de los obreros y los soldados

 

La idea de Kerenski era, obviamente, lavarse las manos y echar toda la culpa a Kornílov. En la madrugada del 28 reune a Alexéiev y Terechenko para acordar la explicación de los “malentendidos” ya que la Asociación de Oficiales continúa respaldándolo, pero ya era tarde y todo Petrogrado estaba enterado de la ruptura. Comienzan entonces una serie de negociaciones que se prolongan hasta el 29. Miliukov propone convencer a Kornílov de que acepte la fórmula de reemplazar a Kerenski por el General Alexéiev. Fue entonces cuando entró en escena el “Comité para la lucha contra la contra-revolución”, organismo creado en la reunión conjunta de los comités ejecutivos (obreros, soldados y campesinos) de los Soviets, el 27 de agosto. El desenlace propuesto fue otro: a cambio de una lucha consecuente contra la reacción que liquidara el golpe, se proponía la conformación de un nuevo gabinete sin los Kadetes y se aceptaba un gobierno fuerte a través de una especie de Directorio.

 

No obstante, quienes realmente aseguraron la defensa de Petrogrado y derrotaron la contrarrevolución fueron los millares de obreros movilizados, organizados y conscientes. Sólo formalmente atendían las órdenes del Gobierno Provisional; en la práctica respondían a las orientaciones del Comité de Defensa Popular que desde entonces comenzó a identificarse como el Comité Militar Revolucionario. La labor se concentró en las barriadas obreras. Un papel importante le correspondió a la Organización Militar de los Bolcheviques cuya actividad inicial se concentró en la persuasión de los soldados movilizados. Se formaron grupos de obreros (Guardia Roja) para defender barrios y fábricas. El 29 de agosto ya cubrían toda la ciudad.

 

El resultado fue asombroso. En muchos regimientos los soldados se pronunciaron en contra de Kornílov y los oficiales. Se formaron destacamentos en Kronstadt y en Viborg. Hasta el punto que Kerenski tuvo que pedir auxilio a los marinos de Kronstadt para defender el Palacio de Invierno ante cualquier eventualidad. Entraron en acción los sindicatos y particularmente los ferroviarios. La famosa División Salvaje llegó hasta Luga pero los ferroviarios impidieron la movilización de los trenes; mientras tanto el Soviet de la ciudad se encargaba de distribuir entre los soldados copias de la destitución de Kornílov. El día 29 Krimov, ante la desmoralización, reconoce que es imposible seguir adelante. Entre los cosacos ocurrió lo impensable, los soldados se enfrentaron a sus oficiales y por primera vez entraron a formar parte de un Soviet.

 

El 30 de agosto la sublevación ya se había evaporado. Fue ante todo un triunfo político y no el resultado de victorias militares. Kornílov ni siquiera se movió del Cuartel General en Mohilev. Lo importante no fueron los combates, aunque la demostración de fuerza y decisión cumplió su papel. Pero el alcance político fue más allá de la derrota del intento de golpe militar reaccionario. No se defendía a Kerenski sino a la revolución. No tanto a su pasado como a su futuro. Aunque todavía no se veía claro el camino que habría de seguirse. La opción de la revolución simplemente democrático-burguesa había caducado en los hechos. La descomposición del ejército había llegado a su punto máximo. Es cierto que el arreglo en las alturas se mantuvo en el plano de la reconfiguración del Gobierno Provisional a través de una suerte de dictadura de Kerenski y la oferta (de nuevo) de Asamblea Constituyente para noviembre. Es cierto también que los oficiales comprometidos en la aventura, incluido Kornílov, fueron exculpados. -Ellos fueron, por cierto, la base de la guerra civil que se desencadenaría a partir de 1918-. Sin embargo, los obreros y los soldados, y más adelante los campesinos, ya habían aprendido bastante y sobre todo habían adquirido seguridad en su propia fuerza. Contaban con una nueva base organizativa forjada precisamente en la lucha que acababan de librar. La confianza en los viejos partidos reformistas se había erosionado. La suerte estaba echada.

 

1 Ver “Las Jornadas de Julio” Desde Abajo, 20 de julio de 2017.
2 Ver Trotsky, L. “Historia de la Revolución rusa”. T. II, p. 150. Ed Sarpe, Madrid, 1985.

Publicado enEdición Nº239
Cien años de la Revolución de Octubre: el movimiento estudiantil en Rusia

Cuando se habla o escribe de la revolución rusa, por lo general la referencia apunta hacia el movimiento obrero o campesino, a los soviet o al Posdr, pero casi nunca al movimiento estudiantil o al barrial; es como si ellos no hubieran existido, como si no hubiesen desempeñado papel alguno en la revolución, por lo cual son tratados como algo secundario y sin valor alguno.

 

Sin embargo, el movimiento estudiantil fue el precursor de la lucha revolucionaria que sacudió los cimientos del imperio zarista a finales del siglo XIX. Podría decirse, incluso, que con sus luchas se inició la revolución rusa, armando el torrente de 1905. No es exageración, pues fueron las asambleas estudiantiles uno de los lugares que dieron origen al soviet. Corresponde también a este movimiento el periodo del terrorismo, del socialismo democrático, del inicio del marxismo y de la construcción de los partidos revolucionarios en Rusia.

 

Fueron los debates y luchas de los estudiantes universitarios en 1899 el inicio de todo, o de casi todo lo que sería un poderoso movimiento revolucionario que con avances y retrocesos llegaría a 1905, 1907, a la represión y el reflujo revolucionario que solo superaría su sequía en 1917.

 

Los albores

 

En sus inicios, la oposición al zarismo estuvo en la universidad, y en cierta forma debía ser así pues allí confluían profesores, estudiantes y expulsados politizados bolcheviques, mencheviques, anarquistas, feministas, social-revolucionarios y liberales radicales. Los intelectuales y parte de la intelligentsia se expresaban en la Universidad, la que desde 1864 poseía un estatuto orgánico que le daba bastante autonomía. En el Imperio Zarista para 1870 existían diez universidades y escuelas que enseñaban filología, derecho, medicina e ingeniería, y también teología. Según historiadores, eran 35.000 los estudiantes, en su abrumadora mayoría “intelectuales pobres”, nada que ver con la intelligentsia. Eran hijos de sacerdotes, de burócratas, de comerciantes y campesinos; los nobles hereditarios eran la minoría igual que los judíos.

 

El gobierno necesitaba gente instruida pero no radical, por eso perseguía a los estudiantes, organizados o no, que tenían ideas por fuera de lo tradicional.

 

Después del asesinato del Zar Alejandro II el gobierno revisó los estatutos y recortó la autonomía universitaria, prohibió que los profes nombraran el rector, prohibió las organizaciones estudiantiles, colocó a las Universidades bajo la dirección del Min educación, nombró como responsable de la disciplina a un externo estatal que hacia las funciones de policía. La tasa se fue llenando cuando el gobierno nombró como Min educación a un conservador intransigente e indolente, el señor Mijail Bogolepov, que logró apaciguar los ánimos entre 1887-1890.

 

La tasa se llenó el día de la celebración del aniversario de la Universidad de San Petersburgo, que incluía fiestas y rochelas por las calles, las cuales no le gustaron al gobierno; dada la condición de Rusia cualquier acción callejera era tratada con dureza, lo que la convertía en un hecho político, así no lo fuera. Los policías reprimen, los estudiantes se defienden, y luego celebran asambleas durante dos días para ir a la huelga general si la policía no le respetaba sus derechos.

 

El movimiento queda en manos de los “radicales” dirigentes revolucionarios que posteriormente fueron miembros del soviet de Petrogrado (San Petersburgo). Para la conducción del movimiento se constituyó un Comité Organizador desde donde enviaron delegados a las otras universidades para cohesionar el movimiento. La mayoría de las universidades se unieron al llamado de huelga, en la que participaron 25.000 estudiantes exigiendo respeto a sus derechos y en contra la brutalidad policial. El Gobierno arrestó a los dirigentes del movimiento; se integra la comisión Vannovsky que logra levantar la huelga, y el retorno a los estatutos de 1864.

 

Los revolucionarios llaman a los estudiantes a seguir en las protestas, pues lo sucedido era una muestra de lo que significaba el régimen opresivo y, por lo tanto, la tarea era luchar por derrocar el zarismo. Sin embargo el Gobierno decidió en 1899 castigar a los estudiantes revolucionarios con el servicio militar. En 1900 son expulsados dos estudiantes de la Universidad de Kiev, lo que detonó una vez más el movimiento; en respuesta el Gobierno ordenó que 183 estudiantes fueran llevados a prestar servicio militar. La U. de San Petersburgo entra en huelga de solidaridad y la respuesta gubernamental es llevar 23 estudiantes a la leva. Acto seguido un activista social-revolucionario mata a tiros al min educación, Bogolepov, responsable de las medidas represivas.

 

Estos hechos iniciaron otra fase del movimiento revolucionario en Rusia. Las huelgas y marchas se recrudecen por todo el país. Vannovsky es nombrado min-educación, para calmar la situación de huelgas en Varsovia, Járkov, Moscú y otras universidades –en donde centenares de estudiantes habían sido expulsados–; para lograr el propósito para el cual fue nombrado trata de resolver la situación con concesiones, pero el movimiento ya estaba en su apogeo. Las universidades se van convirtiendo, paulatinamente, en centros de agitación política estudiantil, obrera y popular.

 

Los Zemstvos (organismo de autogobierno provincial) entran en agitación y en 1902 un estudiante radical mata a tiros al min-interior Sipiauguin generándose una oleada represiva de grandes proporciones por orden de Plebe, sucesor del asesinado Ministro, incluyendo el progrom antijudío de 1903 en Besarabia. Esa arbitrariedad dio lugar, entre otras cosas, a la fundación de un frente de lucha llamado Movimiento de Liberación.

 

Al mismo tiempo que toman forma sindicatos organizados y dirigidos por la policía –llamados Zubatovshchina, por el nombre de su fundador–, los Zemstvos celebran congreso nacional y realizan campañas de banquetes pidiendo democracia representativa, parlamento y Constitución; otros pedían Asamblea Nacional Constituyente. Para colmo de males para el zarismo, Rusia pierde la guerra contra Japón lo que agudizó su situación política y social.

 

Hay agitación y nuevas organizaciones, pero sin trascender la lucha a niveles cualitativamente diferentes. Pero se prende la chispa. La calma chicha fue rota por la masacre de obreros y pobladores de barrios populares en San Petersburgo el 9 de enero de 1905, “el Domingo Sangriento”, que puso en movimiento a toda Rusia. Huelgas obreras, protestas de estudiantes universitarios y de secundaria, de barrios populares, de la burguesía. El gobierno ordena cerrar todas las universidades durante el año de 1905. En esos meses ocurrieron varias masacres de obreros, como la de Odesa. En febrero de 1905 el Gobierno llama a delegados obreros a negociar y ellos celebran asambleas para tal fin: estamos ante el gérmen del soviet de San Petersburgo.

 

El Gobierno saca el Manifiesto de febrero, concediendo la Duma de Estado (asamblea consultiva), lo que da paso a una impresionante campaña de peticiones o demandas de todas las clases y sectores sociales. En este periodo surgió la Unión de Uniones impulsada por los liberales radicales, eran organizaciones de todas las profesiones por derechos políticos.

 

Pero la realidad era que los liberales burgueses, atemorizados por la revolución, no hacían nada; su pasividad propicia que en septiembre de 1905, una vez más, entren en escena los estudiantes. En respuesta el Gobierno concedió cierta autonomía, aprovechada por los revolucionarios para convertir los recintos universitarios en centros de agitación obrera y popular. Se realizaron asambleas nacionales para votar, si o no, al reinicio de las clases, ganando la reanudación pero con la concesión de que los activistas, fueran o no estudiantes, podían usar la universidad como centro de agitación política.

 

Los mencheviques, anarquistas, bolcheviques, social-revolucionarios, todos estaban de acuerdo en transformar las universidades e instituciones de educación superior en lugares de reuniones populares y mítines políticos. De manera paulatina los obreros fueron llenando los salones de clases para los debates con los estudiantes. Suceso acaecido, en parte, por la influencia de los estudiantes revolucionarios se iniciaron las huelgas en toda Rusia.

 

De septiembre a mediados de octubre las universidades fueron el centro de coordinación de la lucha huelguística, de los debates políticos, de las orientaciones, de la organización de las brigadas de agitación. Se dice que durante ese lapso miles de obreros, habitantes barriales, campesinos y estudiantes, hombres y mujeres, participaron en los mítines políticos y cursos de educación política. Una razón para que esto sucediera: la universidad era la única institución donde la policía no podía entrar.

 

Es de esta manera como en 1905, las universidades rusas se convirtieron en alternativas de poder, gérmenes activos de lo que fue llamado el soviet, después de octubre el Soviet de Petrogrado. La universidad de San Petersburgo y el instituto Tecnológico, jugaron un papel muy importante en la huelga general de octubre de 1905.

 

Los datos y cifras fueron tomados de:

 

Carr Hallett Edward, 1917, Antes y después (La revolución rusa), Sarpe, Madrid, 1985.
Kussow Samuel, “the Russian University in Crisis, 1899-1911”, tesis doctoral Universidad de Princeton, 1976, también del mismo autor otro texto del mismo tema, 1986. El texto más completo sobre el tema.
Pipes Richard, La Revolución Rusa, 1990, 2016, Debate.

Publicado enEdición Nº236
Viernes, 23 Junio 2017 15:35

El ahogado

El ahogado

“¡Abro los ojos! Una noche más sin poder conciliar el sueño, inmóvil, intentando adormitar el dolor que corre por mi espalda, intenso, una presión como si dos manos gigantes me tomaran por pecho y espalda, como si fuera un dentífrico al que presionan de afuera hacia adentro para extraer la crema que guarda.

 

Me duele el cuerpo. Intento tomar aire, labor cada vez más ardua: inhalar se convierte en una constante pelea con mi tórax, que golpetea como si fuese un motor descompuesto. Me duele el cuerpo. Cada vez es más complicado para mis agotados pulmones realizar su función; inhalan y hacen ruidos cual sapos saltando en los charcos.

 

Miro mi cuerpo de abajo hacia arriba. Sigo quieto, tanto como lo estuve toda la noche. Escucho que mi esposa se levanta. Cierro los ojos, escucho sus movimientos en la habitación; ahora sale y un alboroto de ollas suena, aunque muy sigiloso; oigo que abre la regadera.

 

Sigo en mi lecho, inmóvil. Mi pecho continúa pegado a la espalda; cada vez me es más difícil mantener la lucha contra las contracciones. Toso de nuevo la misma tos de perro, pero esta vez la tos trae una bocanada de sangre con mucosa; empalidezco y siento como mis ojos se van cerrando, adormecidos como si el cansancio de todo este esfuerzo me estuviera venciendo; mis pulmones son como un horno, más y más de esa mezcla oscurece la almohada, intento gritar para avisar a mi esposa pero es en vano pues los pulmones no me responden. Me atraganto, intento ponerme de pie, el pantalón abandona la cintura y cae “en las dos últimas semana he bajado ocho kilos”, intento sujetarlo pero la mente se nubla, un mareo gana espacio dentro de mí y caigo al suelo; debo resistir, pienso, trato de sujetarme al borde la cama y siento como otra bocanada de sangre sale por mi boca y nariz, una masa de todo ello me va tapando la garganta, me angustio y ahora solo deseo que mi esposa salga pronto del baño; cierro los ojos, intento incorporarme pero no lo logro; escucho que abren la puerta del baño, lucho contra el peso que me oprime y que arrebata las fuerzas hasta quedar de cara al suelo, sin sentido. Soy un náufrago que espera a ser encontrado”.

 

Así es el día a día de Humberto, adulto que ya refleja en su rostro la marca que deja el paso de los años, que ya son 58; sus ojos, profundos, como una fosa en la cual van a parar las alegrías y tristezas de toda una vida. Este hombre, un obrero cargado de esfuerzos y vivencias, y ahora de dolores, que por su estado me lleva a que me pregunte si la justicia en nuestro país es realmente imparcial o solamente favorece a quien mejor la seduzca.

 

Su dolor lo siento tan cerca que parece arrebatarme la tranquilidad. Me pregunto, les pregunto: ¿Alguna vez se han interrogado qué sería de su vida si la capacidad de valerse por sí mismo disminuyera? ¿De qué viviría? ¿Cómo cubriría sus necesidades? ¿Qué haría si la empresa para la que trabajó durante buena parte de su vida, responsable de su estado de salud, es indiferente ante su angustia? ¿Si la institución a la cual le canceló durante años el seguro se niega a reconocerle un derecho fundamental, en este caso la pensión?

 

A Humberto lo asiste la razón, y como a otros muchos obreros el poder los desdeña y arrincona, una vez enfermos, como útiles viejos, negándoles también el derecho a vida digna. Su historia de dolores e incapacidades se remonta al veinte de mayo del 2004, cuando fue internado por primera vez en el hospital producto de una dificultad respiratoria que el diagnostico médico resumió como una silicosis pulmonar grave “la tisis del minero”, ordenando diez días en cuidados intensivos, trece meses de incapacidad y, como consecuencia de ello, el final de su vida laboral.

 

El médico se lo dijo con toda claridad: alejarse de cualquier partícula de sílice que le pudiera seguir afectando, es lo primero por hacer; no retomar su labor en Filpa, la fábrica de insumos para fundición, en donde trabajaba con asbesto, arena, fibra de vidrio y otros compuestos desde hacía 25 años.

 

Trabajo arduo, constante, con esmero, pero sin protección o seguridad industrial alguna, por lo cual adquiere la enfermedad diagnosticada. “Lo que allí nos daban era una simple máscara, sencilla, de esas de trapo”. Luego de evidenciada su lesión el dueño de Filpa empieza a dar la dotación adecuada a sus empleados, aunque el mal sobre su cuerpo ya estaba hecho. Unos ganan con la pérdida que afecta a otros, así acumulan su riqueza los patrones y así pierden los obreros. Pero ¿qué se puede esperar de alguien que despide a un trabajador estando en incapacidad médica?, sin cumplir ni con una indemnización, porque esto fue lo que sucedió.

 

Resistir, es lo que corresponde para defender un derecho ganado tras años de labor ininterrumpida. Humberto interpone una demanda legal, tras cuyo resultado desnuda una vez más lo inconsistente y arbitraria que es la justicia en Colombia. ¿Justicia, cuando quien tiene dinero hace con la ley lo que quiera?

 

La noticia de su enfermedad dejó a Humberto prácticamente en la calle, más cuando la seguridad social no apareció por parte alguna. En defensa de sus derechos demandó y ganó en primera instancia, pero luego de doce meses le dicen que se vencieron los términos de la demanda y que no le van a responder por nada más, convirtiéndose en otra víctima de la explotación laboral y de la justicia de bolsillo.

 

El brazo no se da a torcer. Humberto se encuentra luchando contra la Aseguradora de Riesgos Laborales para recibir la pensión a que tiene derecho, la misma que debió recibir desde el mismo momento en que le diagnosticaron la silicosis, enfermedad profesional y de tipo incapacitante.

 

Mientras la justicia toma su lugar, Humberto sobrelleva sus dolores con el apoyo incansable de su esposa. Ella lo llama a comer, como lo ha hecho durante todos estos años de enfermedad incapacitante. En realidad son dos que parecen uno. Esto lo sabe el otrora obrero, que aún a pesar de las dolencias que parecen partirlo, colabora en su hogar, donde en la parte trasera de su casa se esconde una huerta en la cual siembran algunas matas de maíz, alverja, plátano, naranjas, banano, guayaba, yuca, auyama, curuba y frijoles; también se las ingeniaron para construir un galpón en el que se mueven unas veinte gallinas de las cuales obtiene huevos, y al fondo un corral con una cabra de la que goza un poco de leche.

 

Donde hay decisión de lucha, hay posibilidad de vida, así lo sabe él: la enfermedad está ahí, no lo dejará, pero contra ella se bate. También la injusticia está ahí, allí y más allá, por toda Colombia, pero contra ella también la lucha impedirá que se posesiona como diosa.

Publicado enEdición Nº236
Cien años de la Revolución de Octubre: el movimiento obrero en Rusia

¿Cómo fue la participación del movimiento obrero en las revoluciones burguesas-democráticas vividas por Rusia entre 1905-1917, y su preparación a finales del siglo XIX? Una revisión de textos de Lenin y Trosky nos permiten comprender su magnitud. Aquí un acercamiento a tal realidad.

 

Es común decir que la revolución Rusa inició en febrero de 1917, cuando en realidad fue en 1905 e incluso, siguiendo a Mao cuando dice que una revolución inicia recién se ha fundado el partido, entonces fue en 1898 con la fundación del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (Posdr).

 

Siguiendo esta tesis, es necesario decir que Rusia vivió tres revoluciones en el siglo XX: la fallida revolución de 1905 o primera revolución democrática burguesa; la de febrero de 1917 o segunda revolución democrático-burguesa, y octubre de 1917 o revolución socialista. Todo un proceso de luchas revolucionaria con flujos y reflujos, en la lucha política y de masas de la clase obrera, del campesinado, de los soldados-campesinos, de las mujeres, de los barrios, colegios y universidades, de los intelectuales, profesionales, curas ortodoxos y políticos.

 

Dado que lo que lo vivido durante doce años en el imperio ruso (1905-septiembre de 1917) fue una revolución democrático-burguesa, la lucha fue contra la autocracia zarista y por establecer, en un primer momento, una república burguesa, y en ese sentido las luchas económicas y políticas de la clase obrera tuvieron ese sello. En octubre de 1917, al triunfar la revolución socialista, se abrió otro camino para Rusia.

 

En la lectura y comprensión de lo que estaba en marcha, Lenin realizó una comparación entre el número de huelguistas que participaron en la revolución de 1905 con los huelguistas de otros países de Occidente, a partir de las estadísticas del ministerio de Comercio e Industria ruso:

 

Número de huelguistas por miles, por años y por países

 

 RusiaEEUUAlemaniaFrancia
1895-190443.000   
19052.863.000660.000527.000438.000
1906

1.108.000 Que fue el máximo correspondiente a los quince años 1894-1909  

   
1907740.000   
1908176.000   
190964.000   

Fuente: Lenin, "Sobre la estadística de las huelgas en Rusia, sept, noviembre de 1910"

 

En este cuadro resalta la tremenda movilización obrera entre 1905-1907, que sin ser el proletariado más avanzado de Occidente sí era muy combativo, enérgico, movilizado en medio de un país que vivía una revolución burguesa. Esta inmensa movilización de huelguistas también fue el trasfondo desde el cual surgieron los soviets. Lenin comenta que una muy importante caracteriza del momento fueron las huelgas repetidas y los huelguistas que participaron en varias de ellas:

 

Año% de huelguistas sobre el número total de obreros

 

% de huelgas repetidas sobre el número total de huelgas

 

1895-19041,46%-5,10%36,2%
1905163,8%85,5%
190665,8%74,5%
190741,9%51,8%
19089,7%25,4%

Fuente: Ídem t xvi

 

Las estadísticas muestran el empuje de los obreros y su capacidad y entusiasmo para participar en las huelgas, y a pesar de que en diciembre de 1905 fue derrotada la insurrección por la represión zarista y la falta de preparación de los insurrectos y de los partidos revolucionarios, “el domingo sangriento”, el movimiento revolucionario se mantuvo hasta 1907.

 

Pero el movimiento revolucionario fue desigual. Así como entre 1905-1906 disminuye en número de huelguistas en los grandes centros industriales, en iguales años aumentó en las provincias menos industrializadas y más apartadas: la ola revolucionaria de 1905 no llegó a ellos en ese año sino en el siguiente. Lenin mira las cifras por provincias, aquí mostramos solo los datos generales. En 10 provincias del imperio, en donde trabajaban 61.800 obreros, en 1905 los huelguistas totalizaron 6.564, y en 1906, fueron 21.484. Pero entre 1906-1907 el número de provincias participantes y de obreros alzados fue mayor: 19 provincias, y 572.132 obreros; en 1907 crecieron a 285.673.

 

El análisis de este proceso le permite concluir a Lenin: “Los obreros de las diferentes regiones participaron de manera desigual en el movimiento. En resumen: 1.660.000 obreros dieron 2.863.000 huelguistas, o sea, 164 huelguistas por cada centenar de obreros, algo más de la mitad de los obreros pararon en 1905, término medio dos veces”.

 

También el número de huelgas (no de huelguistas) en toda Rusia:

 

Número de huelgas 1895-1904

 

AñosEn las ciudadesFuera de ellasTotal
1895-19041.3264391.765
190511.8912.10413.995
19065.3287866.114
19073.2583153.573
1908767125892

 

Después Lenin analiza este proceso por grupos de producción: metalúrgicos, textiles, gráficos, madereros, cuero, productos químicos, alimentos sustancias minerales, para analizar la capacidad de movilización por sectores.

 

También analiza las huelgas del periodo 1911-1912, cuando comenzó el ascenso de la ola revolucionaria: en las huelgas económicas de 1911 participaron 96.730 huelguistas y 207.720 en 1912. Y en las huelgas políticas participaron 8.380 huelguistas en 1911, y 855.000 en 1912 (Lenin, “Las huelgas obreras según los fabricantes”, T XIX).

 

Para terminar el cuadro de la participación de la clase obrera en las huelgas de 1903 hasta febrero de 1917:

 

Huelguistas por año:

 

19038.70019118.000
190425.0001912550.000
19051.843.0001913502.000
1906651.0001914*1.859.000
1907540.0001915156.000
190893.0001916310.000
19098.0001917575.000
19104.000  

 

* La cifra de 1914 es solo para el primer semestre del año, y la de 1917 para los meses de enero y febrero. (León Trosky, Historia de la Revolución Rusa, TI, cap 3).

 

Para 1905 Rusia contaba con 1.660.00 obreros industriales, y para 1917 eran más de dos millones.

 

 

Publicado enEdición Nº235
Algunas reflexiones sobre los sujetos en la historia

La denominación “Ensayo General” le fue atribuida al levantamiento ruso de 1905 por parte de algunos de los protagonistas de aquel periodo revolucionario cuyo punto culminante fue Octubre de 1917. Y, en efecto, aquel suministró los ingredientes principales de éste: huelga general, insurrección y, especialmente, Consejos Obreros (Soviets). Sin embargo, la idea de “ensayo”, que parece un acto de voluntad por parte de un actor, se presta a un gran equívoco. Todo sucede como si tal actor, omnisciente y poderoso, pudiera jugar con la historia mediante un ejercicio de prueba y error. Lo peor es que ese actor pretende haber existido: el Partido. En esa medida aquellos que hemos denominado protagonistas se convierten en artífices de los acontecimientos históricos, en titiriteros de los sujetos sociales.

 

Nada más equivocado, los autores de la denominación se referían, en sentido figurado, a la Historia o, cuando más, a la clase obrera, considerada como el sujeto social de la revolución, en el entendido, claro está, de que este sujeto se construye y se reconstruye permanentemente. Es el propio proceso el que produce, mediante sucesivas diferenciaciones, dentro de los conjuntos sociales, los activistas, los dirigentes, las corrientes ideológicas, las diversas formas organizativas que se decantan. Dicho de otra manera: los partidos deben ser, a su vez, explicados históricamente. Y es un efecto del conjunto de la sociedad en todas sus dimensiones, tanto económicas como sociales, tanto políticas como culturales. Justamente es uno de los rasgos más asombrosos y maravillosos de un periodo revolucionario.

 

I

 

El Imperio Ruso de principios del Siglo XX, con sus contradicciones y paradojas, nos ofrece una contundente demostración. Nada de lo ocurrido se podría explicar si no tuviéramos en cuenta, entre otros elementos históricos, sus alcances en el campo de la cultura cuyas contribuciones sobra recordar; la formación de una notable capa de intelectuales obligada a permanecer por largos períodos en el exilio, en las fértiles y agitadas capitales europeas; el trauma de las guerras frecuentes que colocaba en el primer plano de la sociedad un enorme ejército; la incesante insubordinación de las múltiples nacionalidades oprimidas, y, en fin, la resistencia sorda y no pocas veces violenta de campesinos y obreros sometidos a una inmisericorde explotación.


Los diversos elementos se alternan y se combinan en diversas proporciones, se fusionan o se diferencian, especialmente en esos periodos vertiginosos de revolución. Para colmo de las paradojas, en 1905 se pone de presente un componente religioso: es un cura, el pope Gapón, quien promueve la gran manifestación para llevar al Zar una simple súplica confiada que fue respondida de manera violenta en lo que se conoció como el Domingo sangriento de San Petersburgo. Era él quien había promovido la primera y más amplia organización “legal” –sociedad de obreros de talleres y fábricas– en un momento en que todas eran prohibidas. No gratuitamente, algunos han señalado que uno de los principales logros de aquella revolución fue precisamente la pérdida definitiva del respeto y la confianza en el Zar a quien el pueblo con sentimiento religioso consideraba su “padrecito”.

 

Este acontecimiento decisivo puso a prueba todo lo que había de manifestaciones y núcleos revolucionarios que se activaron una vez puesta en marcha la confrontación y hasta su derrota definitiva en diciembre de 1905. Y no eran pocos, aunque puede decirse que su fortalecimiento, tanto organizativo –con centenares de nuevos activistas hasta entonces sin partido– como en su presencia pública e influencia, fue un resultado del propio levantamiento. Ya se encontraban, el Partido Socialista Revolucionario, el Partido Obrero Socialdemócrata y diversos grupos anarquistas1, pero no fue por su iniciativa que se gestó esta revolución. El primero, sin duda el más amplio, tenía, sin embargo, su mayor implantación en el campesinado, de acuerdo con la tradición rusa de los grupos de intelectuales que miraban hacia el mundo rural como fuente original de la redención social. En eso se diferenciaban los socialdemócratas cuyo objetivo explícito era el proletariado. Hay que tener en cuenta, además, que, hundiendo sus raíces en el populismo de finales del siglo XIX, la mayoría de todos estos núcleos desarrollaban en el territorio ruso, obligados en cierta forma por las circunstancias, una práctica conspirativa, y algunos no renunciaban al terrorismo y al atentado personal.

 

II

 

La utilización del término “núcleos” y no Partidos, no es gratuita, corresponde a la realidad organizativa. Y cabe aquí resaltar un rasgo fundamental de la experiencia rusa, el desarrollo organizativo en dos planos geográficos: el de la emigración y el clandestino del territorio ruso; no siempre en armonía. Los Partidos acababan de formarse, a instancias, principalmente, de los grupos en el exilio: el Social Revolucionario en 1901 y el Posdr en su segundo congreso de 1903 (el primero en 1898 había sido prácticamente simbólico). Justamente, el principal problema abordado en dicho Congreso (Lenin: “¿Qué Hacer?”) era la resistencia de la multiplicidad de núcleos socialdemócratas existente en Rusia a conformarse como un movimiento nacional integrado. Al desatarse el proceso revolucionario ya se había producido, por lo tanto, la escisión en bolcheviques y mencheviques, sin embargo, a la mayoría de los socialdemócratas revolucionarios los tenía sin cuidado; todos aspiraban, en su fuero interno, a la conservación de la unidad, sentimiento que se mantuvo hasta muchos años después. Cuando Trotski, que había entrado clandestinamente a Rusia en marzo de 1905, fue nombrado Presidente del primer Soviet de Petersburgo, era en la práctica un socialdemócrata independiente; en 1917 sería acogido por el “Comité Interdistrital de San Petersburgo” (ni bolchevique ni menchevique) presidido por Riazánov el futuro Director del Instituto Marx-Engels de Moscú2. En todo caso, la participación del conjunto de los revolucionarios fue notable. Muchos son los nombres que se podrían mencionar, por ejemplo Krasin que dirigía la estructura en Kíev, el eje de la organización clandestina del Posdr, o Uritsky quien sería después uno de los organizadores de la insurrección de octubre. Y otros, incluidos social revolucionarios, mencheviques, y anarquistas3. Muchos olvidados a pesar del papel destacado que jugaron en su momento.

 

III

 

El período que va de 1907 a 1914, que algunos denominan de la pausa o del receso, en realidad se puede subdividir en dos fases superpuestas y contrapuestas. En la primera continúa la represión más despiadada; a los asesinatos y ejecuciones se suman las deportaciones y el exilio. La vanguardia revolucionaria es diezmada. En Rusia prosiguen las labores en las condiciones de la más estricta clandestinidad las cuales impedían generalmente las consultas con la organización de los emigrados establecida en Europa. La acción directa militar vuelve a florecer; incluso en contra de las orientaciones de la dirección. Los socialistas revolucionarios forman la Organización de Combate; entre los socialdemócratas, los grupos de choque bolcheviques, especialmente en el Cáucaso donde encontramos por primera vez al poco conocido y sombrío Josef Dzhugasvili, el futuro Stalin. Pero en la segunda fase renacen y se fortalecen las organizaciones. Ingresa una nueva generación de revolucionarios tanto en Rusia como en la emigración, que se suman a los veteranos como Lenin en el Posdr y Chernov en el Partido Socialrevolucionario. Algunos nombres conocidos como Zinoviev, Kamenev y Bujarin y otros menos como Bogdanov, Radin, Sverchkov, Zlydianov y Volodarsky. Y vale la pena resaltar la figura eminente de la socialrevolucionaria María Spiridonova reconocida unánimemente en su momento. Provienen de diferentes clases y grupos sociales. Aquí debe subrayarse una vez más la contribución de soldados y marinos rebeldes, como rasgo específico de la revolución rusa. Antonov-Ovseienko, uno de los insubordinados de 1905, tendría después el comando de la insurrección de Octubre al frente de los Guardias Rojos.

 

Todos resultan involucrados en los grandes debates internacionales propiciados por la primera Guerra Mundial y por supuesto en la angustiosa y terrible situación producida por la misma dentro de la sociedad rusa. Es esta élite, que se entremezcla con miles y miles de activistas, con diversos grados de formación política, de compromiso y de actividad cotidiana, la que se encuentra al inicio de la crisis revolucionaria de 1917. Y fue esta coyuntura la que propició tanto el crecimiento de las organizaciones como la profundización de las divisiones. No obstante, como ya se dijo en una entrega anterior de esta serie4, la revolución de febrero se produjo sin que la hubieran previsto y mucho menos organizado los diferentes Partidos. Luego, en posteriores entregas, nos referiremos con algún detalle al desarrollo de los acontecimientos hasta su punto culminante. Por el momento, bástenos saber que en el breve pero intenso periodo que va hasta octubre es cuando se producen los cambios subjetivos más importantes.

 

Dos nuevos rasgos de la situación deberían añadirse. En primer lugar, el retorno de los emigrados. Entre ellos, Lenin en Abril, en una operación (el vagón “precintado”) que fue tan famosa como desgraciada por ser fuente de calumnias, y Trotski, en mayo. Atrás habían quedado las minucias doctrinarias del exilio. Así como los valiosos predecesores: Plejanov, Axelrod y la legendaria Vera Zasúlich. Se mantuvieron, aunque bajo una nueva luz, Mártov y Potrésov. La discusión se daba ahora con la referencia de la acción.

 

En segundo lugar, la reaparición de las agrupaciones anarquistas, que habían sido bastante golpeadas durante la represión y se habían extendido principalmente entre los campesinos. Estas agrupaciones fueron fundamentales tanto en las acciones como en la profundización del debate político, primero al lado de los Bolcheviques (y los socialrevolucionarios maximalistas) a propósito del carácter anti-burgués de la revolución, y luego en contra suya en la definición de la naturaleza del poder a construir. Se pueden recordar nombres como los de Gastev y Goltsman en el sindicato panruso del metal pero, sobre todo, en el movimiento de los comités de fábrica (Fabzabkoms) los de Maksímov, Petrovsky y Shatov. También Arshinov y Rybin, para no mencionar a Volin, antes citado. Fue el marinero anarquista Zhelezniakov quien tuvo a su cargo la disolución de la Asamblea Constituyente5.

 

IV

 

El punto clave y referente indiscutido de las definiciones y los deslindes era, en efecto, el Consejo Obrero. La consigna propugnada por Lenin era “Todo el poder a los Soviets” y el partido Bolchevique era consecuente con ella, a pesar de que en un principio era absoluta minoría, correspondiendo la mayoría, de manera abrumadora, a los social-revolucionarios y los mencheviques. Estos reflejaban, ciertamente, el estado de ánimo y de conciencia de los sectores populares; pero la composición va cambiando a medida que se desenvuelve la confrontación de las fuerzas. A pesar de la insistencia de esa mayoría (a partir de cierto momento, también en el Gobierno Provisional, con Kerensky) en el sentido de que el poder le correspondía por derecho propio a la burguesía, lo cierto es que esta clase carecía por completo de capacidad política y en la realidad se presentaba una dualidad de poder. A medida que se va revelando la auténtica realidad, emerge la subjetividad obrera y van tomando fuerza quienes tienen la mayor claridad y la mayor capacidad para tomar decisiones. Entre tanto, urgidos de definiciones acordes con la realidad, los socialrevolucionarios se dividen dando lugar a los maximalistas y a los socialistas revolucionarios de izquierda. A principios de septiembre ya los bolcheviques tienen mayoría en el Soviet de Petrogrado y semanas después en todo el país.

 

La fracción Bolchevique, que Lenin en 1912, renunciando a cualquier intento de reunificación, había declarado oficialmente como “El Partido”, asume un papel decisivo, absorbiendo grupos y personas de otras formaciones pero sobre todo a los “sin-partido”, dada su capacidad orgánica como núcleo aglutinante. Aunque las decisiones se tomaban en el órgano de poder amplio y legítimo de los Soviets, y así se materializó con la realización del Segundo Congreso de los Soviets de toda Rusia, base de la insurrección, era necesaria una organización con capacidad operativa –conspirativa–que pudiera no sólo ofrecer respuestas inmediatas en el momento que se necesitaban sino asegurar una preparación militar eficiente para la insurrección.

 

No cabe duda que en estos días luminosos quienes se destacaban y eran reconocidos directamente por las gentes del pueblo, como agitadores y propagandistas, como orientadores y dirigentes, eran, además de Trotski, Lunacharsky, Volodarsky y la maravillosa Alexandra Kolontai. Lenin, aunque casi invisible (tuvo que refugiarse después de las jornadas de julio en Finlandia) era, sin embargo, reconocido por su historia y, en el momento, admirado como el artífice de las condiciones para el éxito de la revolución proletaria. Como lo decía el propio Lunacharsky: el genio político de Lenin se revelaba en otra parte: en el trabajo de organización.

 

* * *

 

En fin, en estos meses de revolución los acontecimientos se atropellan y los sujetos tanto sociales como políticos, se transforman y se relevan, así como los innumerables personajes y líderes cuya importancia es indiscutible. En realidad, no se trata del viejo problema del papel del individuo en la historia sino de la historicidad de todos los sujetos. Lo que sucede es que la historiografía –que no la Historia– tiende a decantar y a seleccionar a partir del desenlace, lo cual conlleva una cierta tergiversación. Bien se dice que la historia la escriben los vencedores. Pero hay algo más importante: el papel de los sucesos posteriores, que en el caso de la revolución rusa significó una selección de hecho. Habría que retomar la tesis de Negri, según la cual el “poder constituyente” es la multiplicidad, el florecimiento de las ideas y las opciones, en cambio el “poder constituído” es la historia congelada en donde la necesidad de afirmación propicia la voluntad autoritaria y se detiene el movimiento.

 


1 A. Dubovik, “Los anarquistas rusos en el movimiento obrero a principios del siglo XX”. www.regeneracionlibertaria.org
2 I. Deutscher, “Trotsky, El Profeta Armado” Ediciones ERA, México, 1966
3 M. Eichenbaum-Volin, “La revolución desconocida”. http://www.portaloaca.com/historia/
4 Periódico desdeabajo, Nº232, febrero de 2017.
5 Además de Dubovik antes citado, puede consultarse A. Gorelin, “El anarquismo en la revolución rusa” (1922) en la compilación de Mintz, Buenos Aires, 2007 y la clásica obra de D. Guerin: “El Anarquismo”. Editorial Antorcha, 1984. O Antorcha virtual: www.antorcha.net

 


 

Recuadro 1

 

Lenin: Una impresión

 

Por Bertrand Russell*

 

La muerte de Lenin empobrece al mundo debido a la pérdida de uno de los hombres realmente grandes producidos por la guerra. Parece probable que nuestra era quedará en la historia como aquella de Lenin y de Einstein –los dos hombres que han logrado en un gran trabajo de síntesis, en una época analítica, uno en el pensamiento, y el otro en la acción. Lenin aparecía ante la indignada burguesía del mundo como un destructor, pero no fue el trabajo de destrucción lo que lo volvió preeminente. Otros podrían haber destruido, pero dudo que otro hombre vivo pudiera haber construido tan bien las nuevas fundaciones. Su mente era ordenada y creativa: era un constructor filosófico de sistemas en la esfera de la práctica. En las revoluciones, tres tipos de hombres pasan al primer plano. Están aquellos que aman la revolución porque tienen un temperamento anárquico y turbulento. Están aquellos que han sido amargados por agobios personales. Y están aquellos que tienen una concepción determinada de una sociedad diferente de la cual existe, quienes, si es que la revolución tiene éxito, se ponen a trabajar para crear un mundo estable de acuerdo con esta concepción. Lenin pertenecía a este tercer tipo– el más raro, pero por lejos el más benéfico de los tres.

 

Sólo una vez vi a Lenin: tuve una conversación de una hora con él en su habitación en el Kremlin en 1920. Pensé que se parecía más a Cromwell que a cualquier otro personaje histórico. Tal como Cromwell, se vio obligado a entrar en una dictadura por ser el único hombre competente de cosas en un movimiento popular. Tal como Cromwell, combinó una ortodoxia estrecha en pensamiento con una gran destreza y adaptabilidad para la acción, aunque nunca se permitió a si mismo terminar en concesiones que no tuvieran ningún otro propósito que el establecimiento del Comunismo. Él apareció, tal como era, completamente sincero y desprovisto de egoísmo. Estoy persuadido en que él sólo se preocupó por fines públicos, y no en su propio poder; creo que él habría dado un paso al costado en cualquier momento si, por medio de realizarlo, podría haber avanzado en la causa del Comunismo.

 

Su fuerza en la acción provino de una convicción inquebrantable. Sostenía sus creencias de un modo absoluto el cual es difícil en el Occidente más escéptico. Otras creencias apartes de las de él –por ejemplo, la creencia de que el clima o la raza podían afectar el carácter nacional de modos no explicables por causas económicas –las consideraba herejías de la burguesía o del sacerdotado. La llegada final del comunismo la consideraba como destinada, demostrable científicamente, tan certera como la llegada del próximo eclipse del sol. Esto lo mantuvo calmo en medio de las dificultades, heroico en medio de los peligros, capaz de considerar la totalidad de la Revolución Rusa como un episodio de la lucha mundial. En los primeros meses del régimen Bolchevique, él esperaba la caída en cualquier minuto; dudo si es que Scotland Yard estuviese más sorprendido por su éxito que lo que él estaba. Pero era un verdadero internacionalista; sentía que si la Revolución Rusa fracasaba, de todos modos habría acercado la revolución mundial.

 

La intensidad de sus convicciones, mientras que era la fuente de su fortaleza, también era la fuente de cierta crueldad y cierta rigidez de perspectiva. Él no podía creer que un país pudiese diferir de otro a excepción por la etapa del desarrollo económico que habían alcanzado. En mi registro de la entrevista que tuve con él, escrita inmediatamente después, encontré lo siguiente: “Le pregunté si es que y qué tan lejos él reconocida la peculiaridad de las condiciones inglesas. Él admitió que hay pocas probabilidades de revolución ahora, y que el hombre trabajador aún no será disgustado con el gobierno parlamentario. Espera que este resultado pueda ser provocado por un ministro del trabajo. Pero cuando le sugerí que lo que sea posible en Inglaterra pueda que ocurra sin derramamiento de sangre, él despidió a la sugerencia como siendo fantástica”. Espero que su opinión haya sido errónea. Pero fue parte integrante de lo que hizo su fuerza, y que sin su credo él nunca hubiera dominado a las fuerzas salvajes que habían sido desatadas en Rusia. Hombres de Estado de este calibre no aparecen en el mundo más que una vez por siglo, y pocos de nosotros puede que vivan para ver a un igual.

 

* Escritor británico, Premio Nobel de Literatura en 1950; humanista y activista social fundador del conocido Tribunal Russell que encargó de investigar y evaluar la política exterior de Estados Unidos y su intervención militar en Asia.

Publicado enEdición Nº233
Sábado, 01 Agosto 2015 05:22

Lo que encubre la palabra democracia

Lo que encubre la palabra democracia

Desde Bonn, Alemania


Se dieron a conocer públicamente los dineros que han cobrado como sueldo los presidentes ejecutivos de las empresas alemanas en el año pasado. Es increíble. Tanto dinero a personas en una democracia. Ni qué hablar lo que cobran los ejecutivos norteamericanos que superan por mucho lo que ganan sus colegas alemanes. La lista se inicia con el presidente ejecutivo de la empresa fabricante de automóviles Volkswagen, M. Winterkorn, 15 millones de euros. Es decir más de 1 millón por mes. Luego viene B. McDermott (SAP) con 7,9 millones; K. L. Kley (Merck) 7,8 millones, N. Reithofer (BMW) 7,2 millones, D. Zetsche (Daimler) 7,1 millones, J. Fitschen / A. Jain (Deutsch Bank) cada uno 7,1 millones, K. Rorsted (Henkel) 6,7 millones, M. Diekmann (Allianz) 5,9 millones, P. Terium (RWE) 5,7 millones, F. Appel (Deutsch Post) 5,5 millones, J. Kaeser (Siemens) 5,5 millones, H. Hiesinger (TyssenKrupp) 5,4 millones, K. Bock (BASF) 5,4 millones, S. Heidenreich (Beiersdorf) 5,0 millones, M. Dekkers (Bayer) 4,9 millones, B. Scheifele (Heidelberg Cement) 4,7 millones, E. Degenhart (Continental) 4,4 millones, J. Teyssen (Eón) 4,3 millones, H. Hainer (Adidas) 4,3 millones, U. M. Schneider (Fresenius) 4,2 millones, N. von Bomhard (Munich RE) 4,1 millones, R. Powell (Fresenius Medical Care) 4,0 millones, T. Hoettges (Telecom) 4,0 millones, R. Francioni (Deutsch Boerse) 3,7 millones, M. Zachert (Lanxess) 3,4 millones, W. Buechele (Linde) 3,2 millones, M. Blessing (Commerzbank) 3,1 millones, C. Spohr (Lufthansa) 2,3 millones, N. Steiner (K+S) 2,1 millones, R. Ploss (Infineon) 2,1 millones.


Es decir, haciendo resumen, los ejecutivos ganan 53 veces más que un empleado. Esto ha originado gran discusión en Alemania. Luego hay otra cifra muy sugestiva: las ganancias del último año de los poseedores de los establecimientos crecieron en porcentaje más que el aumento que obtuvieron los ejecutivos y los empleados en general. Esas ganancias subieron un 6,8 por ciento.


Pero esto no es nada, el nivel de ingreso de los ejecutivos en los Estados Unidos deja muy atrás a los europeos. En promedio, los capos de las empresas norteamericanas han llegado a una suma que alcanza a los 15,1 millones de euros. El máximo ganador es el nuevo jefe de Microsoft, Satya Nadella, con un total de 63,4 millones calculados en euros.


Ese es el capitalismo mientras en sus grandes ciudades se ve la miseria, la falta de trabajo. Más todavía, el último ataque a la Igualdad lo han hecho los empresarios alemanes que quieren terminar con las ocho horas de trabajo. Sí, aquel gran triunfo de hace un siglo de los sindicatos obreros, cien años después quiere ser eliminado. Se basan los empresarios en que el sistema de computación ha aligerado todos los trámites y permite más velocidad, más trabajo y menos cansancio. Increíble la conducta empresaria. Más dinero para los ejecutivos y más horas para los dependientes.


No sólo eso. Aunque parezca mentira, los últimos cables desde Estados Unidos revelan que aumenta día a día la pobreza de los niños en ese país.


Dicen los cables: "A pesar del momento positivo de la economía en Estados Unidos, viven hoy aquí más niños pobres que en la gran recesión de 2008". Esto está comprobado en un trabajo de la Annie Casey Foundation. En 2013 vivía en la pobreza el 22 por ciento de los niños en Estados Unidos. En 2008, esa cifra era del 18. El número de pobres entre los afroamericanos y los indios se ha duplicado. Los más grandes problemas sociales existen en el Sur y Suroeste de EE.UU. y, sin embargo, por ahora el candidato a próximo presidente de Estados Unidos por el Partido Republicano mejor ubicado es el multimillonario Donald Trump, que se distingue por sus ataques a los mexicanos y con toda arrogancia habla de los millones de dólares que ha logrado juntar. Donald Trump está primero en las encuestas.


¿Es esto democracia? ¿Acaso la democracia es cuestión sólo de dinero?


Lo que llama la atención es la situación en las dos Alemanias, es decir en lo que antes fue la Alemania comunista y hoy es parte de la Alemania unida. Y lo que fue la Alemania del oeste bajo el dominio aliado. Se comprueba que en el territorio de lo que fue la Alemania comunista se tienen más hijos. Un estudio llamado "Así la va la unidad" señala: "Los resultados nos han sorprendido a todos". En primer término las cifras económicas dan que pensar. La producción en el este alcanza sólo a los dos tercios de la Alemania del oeste. Esto se basa en que en la Alemania del este existe mucho menos gran industria y la consecuencia es que la desocupación en el este es de un once por ciento, lo que significa alrededor del doble que en la Alemania del oeste, y eso a pesar de la enorme emigración que hubo del este al oeste. El ciudadano medio de Alemania del este alcanza apenas dos tercios de las entradas de un alemán occidental.


Se nota que mientras la sociedad esté dividida en clases, la lucha no se termina. El sindicalismo debe allí tener su palabra y su alerta. En una nota titulada "Alegría en destruir", el científico norteamericano Ethan Zuckerman sostiene que vivimos en una época en la que el poder de las instituciones está amenazado y señala: "Es un motivo para alegrarnos". Y señala que en Estados Unidos las instituciones están perdiendo fuerza por falta de apoyo.


"Se nota –dice– en que la juventud ya no va a votar, y tampoco gran parte de la población. Sólo un 24 por ciento de la población sostiene hoy que le tiene confianza al gobierno." En 1964 ese valor era del 77 por ciento. Hay de pronto una búsqueda de cambiar el mundo. Ojalá se logre.

Publicado enEconomía
"Construir movimiento social y poder popular para ganar la autonomía y la independencia"

Entrevista con Francesc Blanco responsable de relaciones internacionales de la Coordinadora Obrero Sindical de la izquierda independentista de los Países Catalanes, quien a su paso por Colombia brindó declaraciones acerca de la actual situación política en España, luego de la recientes elecciones municipales en las que las formaciones políticas de izquierda lograron desplazar la hegemonía que desde 1978 tenía el bipartidismo postfranquista, entre los socialistas del Psoe (Partido Socialista Obrero Español) y los conservadores del PP (Partido Popular).

 

desdeabajo (da). ¿Qué es la Coordinadora Obrero Sindical – Cos?
Francesc Blanco (FB). La COS es básicamente un sindicato clasista del ámbito de los países catalanes. Defendemos un sindicato de clase, asambleario, para liberarnos como nación, como clase trabajadora y como personas, como género. Es un sindicato antipatriarcal. Es una organización sectorial inscrita en el movimiento de la izquierda independentista, que busca estos mismo objetivos desde otros ámbitos.

 

da. Con el resultados de las recientes elecciones municipales, en la que los partidos tradicionales Psoe y PP perdieron sus amplias mayorías en las contiendas electorales; algunos plantean que ha ocurrido la ruptura y el fin del bipartidismo. ¿Cuál es la lectura de la izquierda independentista sobre estas recientes elecciones, sobre todo desde la perspectiva de la independencia de los países catalanes?
FB. La lectura general que hacemos resalta, obviamente, la apertura de una oportunidad a partir de toda esta movilización sucedida en los últimos años, movilización social en la calle, expresada ahora en las elecciones municipales autonómicas. Por una parte, hay un potencial y hay una posibilidad de utilizar todo esto para cambiar y presionar en nuestros objetivos que es la independencia de los países catalanes. Establecer una república socialista y antipatriarcal.

 

Ahora bien, tenemos que señalar que la coyuntura también tiene muchos peligros como toda aventura institucional. Que los partidos políticos utilicen como una aspiradora a toda la gente, líderes sindicales, obreros, feministas, defensores del medio ambiente, que están luchando en la calle, creando poder popular y alternativas, los absorban para ponerlos en cargos políticos y de esta manera detener la movilización callejera. Como dije, tenemos una brecha, una posibilidad de hacer un cambio.

 

Nosotros, a través de las organizaciones que trabajan día a día en la calle y a través de la Cup –Candidatura de Unidad Popular, que es nuestra expresión electoral–, incidimos en la medida de nuestras posibilidades en esta coyuntura electoral. Aun así debe ser primordial la estabilidad de las dos patas de que hablamos en la izquierda independentista: la pata institucional y la lucha en la calle. Este equilibrio deber ser básico porque no sirve de nada tener muchos regidores, parlamentarios, sin base social. Entonces, miramos con esperanza esta vía institucional, y poco a poco hay que apoyar, pero nunca, jamás, olvidarnos de la lucha en la calle, en los barrios, en los centro de trabajo, que es lo que nos da el poder y es lo que hace que seamos movimiento democrático, socialista y rupturista.

 

da. ¿Cómo leer la emergencia de una nueva organización comoPodemosen el escenario político español?
FB: El problema de Podemos es que en lo fundamental salió de un circulo de intelectuales de la Universidad de Madrid, sin un trabajo previo colectivo desde el cual pueda valorarse lo hecho y lo por hacer, experiencia que permita valorar su capacidad y consistencia política. Es la predica con el ejemplo. Como no hay este trabajo previo, es muy difícil valorar lo que pueda pasar con esta nueva organización. Es decir, cuando cualquiera de sus líderes habla en los canales institucionales y dicen, queremos hacer esto o no haremos aquello, la única razón para confiar es una cuestión, casi diría, de fe o de confianza, porque no hay un trabajo previo que lo respalde.

 

da. Endosar la confianza ciento por ciento en una organización nueva...
FB. Así debería ser, pero es difícil confiar 100 por ciento en lo que van a hacer, si van a realizar un cambio rupturista o, digamos, si van a ser una cosa tibia al principio y luego apretarán el acelerador, si por otra parte será un proyecto como muchos otros que hemos visto en la izquierda de "Cambiar todo para que no cambie nada". Es difícil hacerse una idea, porque solo tenemos declaraciones y, como mucho, un programa político.

 

da. El programa es un aspecto para toda organización alternativa, ¿han sido constante con el mismo hasta ahora?
FB. Desde que Podemos surgió, hace un año y medio, han modulado mucho su discurso. Tenían uno potente al principio, ahora lo han suavizado un poco. Una cosa importante, desde que surgieron la movilización social en todo el Estado español ya no habla de los países catalanes, sino de todo el Estado español. Hay movimiento, ¡claro!, pero ha disminuido.

 

Valga resaltar que, pese a todo el eco que han ganado, Podemos, a diferencia de lo sucedido en América Latina con los gobiernos progresistas, no surgió fruto de los movimientos sociales.

 

Podemos irrumpe con mucha soberbia, eso lo sabemos muy bien en los países catalanes, desde la izquierda independentista y otros movimientos sociales que llevamos tiempo trabajando. Después de presentar su proyecto en público, en aras de conseguir votos de nuestro calado, ha tenido actitudes poco respetuosas respecto del movimiento (independentista). No es que digamos que rechacemos la posibilidad de entendernos con ellos, pero de desconfiar como mínimo.

 

da. ¿Puede llegar un cambio radical por su conducto?
FB. Tenemos nuestras reservas. No estamos seguros que pueda ser la clave para un cambio radical, revolucionario y estructural del sistema.

 

da. Si bien existen estas dudas de lo que pueda significar Podemos para el proyecto de transformación estructural, también decías que es una ventana, una oportunidad para la lucha desde la izquierda y el movimiento social. ¿Cuál es la oportunidad que ofrecería un proyecto como Podemos para la reivindicación histórica de los países Catalanes, el Vasco, Galicia, de lograr la independencia?
FB. Sobre el tema en Podemos hay un posición ambigua. Por ejemplo, cuando lograron buenos resultados en las elecciones europeas. En aquel programa electoral, en mas de una ocasión, si bien no abogaron por la independencia, si por garantizar el derecho a la autodeterminación de los pueblos y dar la posibilidad de que el pueblo decidiera. En aquel momento, luchando por las europeas, en un contexto electoral para ganar votos de todo el Estado español, sí que hubo un cierto apoyo a las posturas independentistas.

 

Ahora, que su objetivo son las elecciones generales (presidenciales que llaman acá) y que necesitan votos de todo el Estado español, han suavizado su discurso. Ahora sostienen una idea muy neutral, desclasada, postmoderna, para llegar a la gente. En este discurso también incluyen, o no, el apoyo a los procesos de liberación nacional dentro del Estado español. Ahora tienen un discurso integracionista, reformista. Sus líderes han dicho que ellos no son independentistas, que no quieren que se rompa la unidad de España, pero hace un tiempo sostenían lo contrario.

 

Esto tiene su explicación. En Podemos toda su maquinaria se basa en las elecciones, y eso significa cuidar su discurso, su comunicación política, cuidar sus señas de identidad, sus afirmaciones, para no molestar a unos y otros, porque lo que quieren es conseguir el máximo de votos. Los medios de comunicación los están explotando muy bien, pero al mismo tiempo –desde mi punto de vista–esto hace que no tengan un discurso claro, contundente.

 

da.Hablando del contexto europeo. Tenemos una experiencia reciente con la llegada de la izquierda griega –Syriza– al gobierno, levantando cierta esperanza frente a lo que podía ser una ruptura con las medidas neoliberales impuestas por la banca y el Fondo Monetario Internacional ante la crisis económica. Pero lo que se ve es que están solos en el contexto europeo, lo que dificulta cualquier cambio. ¿Cómo se vería España en el eventual caso de que llegue la izquierda al gobierno?, ¿cuál sería su posición frente a la Unión Europea?
FB.El propósito de Podemos con la Unión Europea (UE) es reformarla, garantizando una orientación más democrática y social.

 

Dentro del Estado español, y dentro de los países catalanes, la gran mayoría apuestan por una idea de seguir dentro de la UE, reformándola desde dentro con las posiciones y fuerzas que puedan aliarse. Nosotros, como izquierda independentista, apostamos claramente por salirnos de la UE, que no es más que una cárcel de pueblos, lo mismo que a nivel estatal el Estado Español, porque en ningún caso, en todos estos 50 años de confluencia europea se ha realizado esfuerzo alguno por reconocer una reclamación nacional dentro de los países sin Estado.

 

da. ¿No se perdería mucho rompiendo la UE?
FB. No, ganamos. Mire que la UE es un proyecto absolutamente neoliberal, que desde sus inicios fue diseñada para el desarrollo de las burguesías y las oligarquías europeas, para reforzarse ellas mismas a costa de las clases populares y para competir con los Estados Unidos. Entonces, la izquierda independentista aboga por salir de la unión europea, por salir del euro y buscar otro tipo de integración. De alguna manera la estrategia es establecer un bloque desde el sur de Europa, más golpeada por la crisis capitalista, que frene las consecuencias de las medidas neoliberales dentro de la UE.

 

da. Finalmente, ¿cuál es la apuesta estrategia de la izquierda independentista en este contexto?
FB. No tenemos fórmulas mágicas, pero básicamente el proyecto estratégico es seguir creando poder popular desde los centros sociales, desde los centros de trabajo, desde la Cos, desde el sindicato de estudiantes, obviamente desde la Cup; desde nuestra humilde ayuda aportar para seguir tejiendo estas redes que son bastantes potentes y que durante estos últimos años están creciendo. Y si en algún momento vemos que hay la posibilidad de lanzarnos para obtener poder a nivel institucional, lo hacemos, pero básicamente la estrategia es seguir trabajando en esta línea de construir movimiento social y poder popular para ganar la autonomía y la independencia, desde una apuesta socialista, feminista, porque no sirve de nada un cambio de banderas si no tenemos un proyecto estratégico claro y una ase social firme.

Publicado enEdición Nº 214
Miércoles, 10 Junio 2015 06:34

Empleo precario: adiós al reloj de oro

Empleo precario: adiós al reloj de oro

Durante la crisis en los años 80 se intensificó el debate sobre desempleo en los países capitalistas desarrollados. Eran los años de la llamada recesión Volcker, en honor del presidente de la Reserva Federal cuya decisión de incrementar la tasa de interés provocó una recesión mundial. En Estados Unidos se habló mucho de redundancias en el mercado laboral y de las dificultades para conseguir un ajuste. Pero nadie estaba preocupado por la inestabilidad y la precariedad del empleo. Durante los años ochenta se esperaba que con la recuperación todo volvería a la normalidad y las grandes empresas del capitalismo moderno restablecerían su capacidad de generación de empleos estables.


Pero al regresar el crecimiento económico en la década de los 90, el mercado laboral no se comportó como en los mejores años de la historia del capitalismo. Todo había cambiado: había mucho menos probabilidades de obtener empleos que estuvieran vinculados a la idea de hacer carrera en una de esas grandes empresas emblemáticas de la era dorada del capitalismo (1945-1975). Algo extraño estaba ocurriendo con el famoso mercado laboral.


En los años radiantes de la acumulación capitalista obtener un empleo en una gran empresa era sinónimo de iniciar una carrera. La trayectoria podía ir desde los niveles más modestos en el escalafón hasta los puntos más altos en la jerarquía de la misma compañía. La mayor parte de la vida laboral de una persona se desarrollaba en la misma industria y frecuentemente en una sola empresa. El camino trazaba de manera puntual el ciclo de vida de cada empleado. La mitología capitalista contaba que al final de su carrera, el gerente le entregaría un clásico reloj de oro en reconocimiento a sus servicios de varias décadas. La jubilación y una pensión decente, con cuidados médicos, le esperaban a la salida.


Todo eso se ha ido para siempre. El proyecto de hacer carrera en una empresa desapareció hace más de 20 años. Desde entonces aumentó la preocupación por la mala calidad del empleo, la inestabilidad y lo precario de las condiciones de trabajo. En la actualidad, la mayor parte de los integrantes de la fuerza de trabajo en una economía capitalista habrá estado en muchos empleos antes de que le llegue la hora de la jubilación. Y no habrá reloj de oro al final de esa trayectoria.


Esta transformación en el mundo del empleo es resultado de múltiples causas. Una de ellas (pero no la única) es el cambio tecnológico, que en el capitalismo conlleva la expropiación del saber obrero y su incorporación en máquinas y procesos productivos. Así la incorporación de la microelectrónica abrió las puertas a la manufactura flexible y a la fragmentación de los procesos de producción en todo tipo de industrias. De manera complementaria las innovaciones en el campo de las llamadas técnicas de la información hicieron posible la dispersión de las distintas etapas de la producción al interior de una industria.
Para la producción capitalista todo esto ofrecía oportunidades atractivas en su gestión de los procesos productivos y la reducción de costos de todo tipo. En el ámbito de los costos laborales las oportunidades resultaron ser muy atractivas.


Se piensa que la lucha contra las organizaciones laborales comienza bajo la presidencia de Reagan. En realidad los antecedentes vienen desde antes: en 1947 la ley Taft-Hartley limitó la acción de las organizaciones obreras en Estados Unidos, prohibió las huelgas de solidaridad y debilitó su influencia política. También hay que observar que mucho antes del éxodo hacia China se presentó la relocalización de plantas e industrias completas de ciudades como Chicago, Cleveland y Detroit, en el norte, hacia ciudades del sur y suroeste de Estados Unidos (como Atlanta, Birmingham y Houston). El capital se desplazó hacia ciudades en las que la legislación laboral era más flexible (es decir, francamente hostil a las organizaciones obreras).
En la década de los 90 el desplazamiento de empleos fue hacia los nuevos espacios en países como México, China, Vietnam, Indonesia y Malasia. Los salarios de hambre y las condiciones de trabajo (inseguras e insalubres) revelan la tristemente célebre carrera al sótano. La enorme pérdida de empleos en la industria manufacturera en Estados Unidos es el resultado de una transformación estructural que muy pocos analistas pudieron predecir.


Europa pudo mitigar parcialmente los efectos de la transformación, pero la crisis está cambiando todo esto. La recuperación llevará a nuevos territorios los patrones de ocupación y empleo, espacios en los que los llamados Mac-empleos de mala calidad serán cada vez más importantes. La estructura del empleo en México refleja estas tendencias a escala mundial. Las características son precarización, inseguridad, inestabilidad, escasa remuneración y condiciones peligrosas sin responsabilidad para el empleador.


Estas tendencias tienen otras dos dimensiones: hacia el desempleo creciente y la declinación política de la clase trabajadora. Regresaremos sobre estos temas.


Twitter: @anadaloficial

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