La economía boliviana impulsa a Evo Morales hacia su reelección

El 43% de los ciudadanos cree que está "un poco mejor" que hace un año, pero los especialistas advierten de la necesidad de reducir el déficit comercial

La percepción económica de la población impulsa el proyecto del presidente de Bolivia, Evo Morales, de reelegirse por cuarta vez en octubre, cuando se celebrarán unas elecciones presidenciales en las que parte como gran favorito. Según una encuesta de Ciesmori publicada por el diario El Deber, el 36% de los bolivianos piensa que la situación económica del país hoy es “buena” y el 27%, que es “regular”. Pese a la crisis de Argentina y Brasil, y al débil comportamiento de las economías sudamericanas en general, el PIB boliviano crecerá más del 4% en 2019, una tasa algo más baja que en años anteriores, pero todavía capaz de despertar ilusiones. El 40% de los consultados para el sondeo considera que su situación personal y familiar estará “un poco mejor” dentro de un año, frente al 15% que cree que estará “mucho mejor” y el 13% que considera que estará “igual”.

Estas previsiones contrastan agudamente con las advertencias de los analistas opositores respecto al callejón sin salida al que supuestamente se encamina la economía boliviana. Un último informe de la Fundación Milenio, de corte liberal, asegura que la pérdida de casi 2.000 millones de dólares anuales causada por el déficit comercial del país (la diferencia entre las exportaciones y las importaciones), que a su vez se debe a la caída de los precios internacionales del gas, deteriorará en los próximos años el nivel de las reservas de divisas -uno de los talones de Aquiles de muchas economías de la región- hasta un punto peligroso para la estabilidad financiera del país. Para evitarlo, dice, el próximo Gobierno debería “ajustar”, es decir, reducir, la inversión pública y disminuir las importaciones —en su mayoría de productos industriales—, lo que a su vez ralentizaría el crecimiento.

Intención de voto del 37%

El factor que contará para el voto de octubre será, sin embargo, las percepciones de la gente y no las de los expertos de los centros de investigación. Y el 43% de la gente cree que hoy está “un poco mejor” que hace un año (10% mucho mejor; 21%, igual). Estos datos constituyen una parte de la explicación de por qué el desplome de la imagen de Evo Morales, pronosticado por muchos hace un tiempo, no se ha producido finalmente. Aunque el líder nacionalista ya no logra una intención de voto superior al 50%, como hizo en sus primeras postulaciones, casi todas las encuestas permiten pronosticar que ganará estas elecciones en la primera vuelta, para lo que la ley le exige obtener más del 40% de la votación y una diferencia de diez puntos porcentuales sobre el segundo, el expresidente Carlos Mesa. El sondeo de Ciesmori le da a Morales una intención de voto del 37% y a Mesa, una del 26%.

Morales es cuestionado por haber trastornado las leyes bolivianas para poder postular indefinidamente, pero este asunto parece haber perdido peso en la opinión de los electores. En cambio, alrededor del 40% de la población aprueba la gestión gubernamental, centrada en el crecimiento de los distintos sectores de la economía, la construcción de infraestructura, el aumento del gasto y el ingreso público, así como en la redistribución de la riqueza colectada por el Estado mediante innumerables programas sociales de diverso grado de eficiencia.

El Gobierno publicita los logros de su gestión con una campaña de comunicación de grandes alcances, que satura los espacios comerciales de los canales de televisión, mientras la Ley Electoral prohíbe a los partidos poner anuncios políticos hasta septiembre. Esta desproporción fue denunciada por los candidatos opositores al Tribunal Electoral, sin lograr que este organismo reaccionara.

Resistencia en las grandes ciudades

El apoyo a Morales se explica también por otras razones, además de las puramente económicas. El presidente no estaría tan bien situado en esta campaña si solo votaran los habitantes de las principales ciudades, que es donde encuentra más resistencia. En cambio, el voto rural continúa respaldándolo con cifras de 80 y 90% de adhesión. En general, se puede decir que los bolivianos que se reconocen indígenas y que tienen bajos ingresos -lo que incluye a la inmensa mayoría de los que viven en el campo- constituyen el electorado constante y “duro” del primer presidente indígena de la historia nacional.

Todavía existe alrededor de un 10% de votantes “indecisos” que podrían cambiar los resultados de modo que Morales se viera obligado a concurrir a una segunda vuelta o “balotaje”, que sería una contienda mucho más difícil para él, ya que permitiría la unificación de la oposición, ahora dividida en varias facciones. En el hipotético caso de que se sumaran los votos de Mesa con los de quien aparece tercero en las encuestas, el candidato de la próspera región de Santa Cruz, Óscar Ortiz, entonces una segunda vuelta sería un hecho. En cambio, Ortiz decidió atacar a Mesa para elevar su porcentaje de 10%. Las cosas pintan bien para el hombre que algunos consideran un dictador en ciernes y otros, un héroe de la lucha desarrollista que ha obsesionado a Bolivia a lo largo de toda su historia. Igual de bien que lo que se pinta la economía, en el presente, para la mayoría de los bolivianos.

Por Fernando Molina

La Paz 21 AGO 2019 - 11:33 COT

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Los Medios de 'descomunicación' en América Latina

Los medios de comunicación tradicionales desarrollarán una beligerancia extrema ante los gobiernos de izquierda que emergen desde los primeros años del siglo XXI. Se reconvierten y asumen el rol de oposición política en un claro desbordamiento de sus funciones comunicativas e informativas.

 

Los medios de comunicación masiva en América Latina comparten con los del llamado mundo occidental las dos principales características que hoy les definen. De una parte, su alta concentración en cada vez menos manos, conformando auténticos oligopolios mediáticos; de otra, la homogeneidad ideológica para la defensa del sistema neoliberal.

Sin embargo, esos mismos medios latinoamericanos comparten entre ellos y de forma especial durante las últimas dos décadas, una característica más, específica del continente: Los medios de comunicación tradicionales desarrollarán una beligerancia extrema ante los nuevos escenarios de gobiernos de izquierda que se operan desde los primeros años del siglo XXI. Se reconvierten y asumen el rol de oposición política en un claro desbordamiento de sus funciones comunicativas e informativas, sustituyendo en gran medida a las fuerzas hegemónicas hasta entonces del sistema, ahora desubicadas, descolocadas ante los profundos cambios que se producen en ese escenario continental.

 

Hay que recordar, una vez más, que la práctica totalidad de estos nuevos gobiernos provienen de situaciones de agudas crisis sociales y económicas que se tradujeron de un lado, en fuertes protestas de la población por su empobrecimiento continuo y el aumento escandaloso de la brecha de desigualdades; por otro lado, en criminalizaciones y represiones constantes del sistema como mecanismos para frenar la protesta social. Sin embargo, la llegada a los gobiernos de las nuevas fuerzas sociales y políticas no es consecuencia de estallidos más o menos revolucionarios, sino de victorias electorales en absoluto respeto a la legalidad democrática en los diferentes países. Es importante remarcar esta realidad pues será, posteriormente, una constante la acusación a estos gobiernos de ser tiranías o dictaduras.

 

La articulación e implantación de medidas que cierran en alto grado el ciclo del neoliberalismo suponen programas de profundas reformas institucionales y sociales (asambleas constituyentes, autonomías indígenas, recuperación pública de sectores productivos estratégicos, extensión de derechos) que hacen tambalearse al propio sistema dominante durante las últimas décadas. Son momentos de emergencia de nuevos movimientos sociales (indígenas, campesinos, barriales, feministas) y de novedosos liderazgos políticos (Hugo Chávez, Rafael Correa, Lula da Silva, Nestor Kichner y Cristina Fernández, Evo Morales, Fernando Lugo, Manuel Zelaya, José Múgica), que alterarán totalmente la escena geopolítica de América Latina. Por otro lado, aquellos sectores que fueron dominantes durante las décadas precedentes, las élites económicas oligárquicas y la llamada clase política tradicional asimilada y defensora del sistema neoliberal y capitalista, entran en una fase de desarticulación, de rencillas, de desorientación, resultado del fracaso de sus postulados neoliberales que no han provocado sino un empobrecimiento brutal de las grandes mayorías.

 

Se puede afirmar también que junto a esas tradicionales oligarquías y partidos latinoamericanos los gobiernos occidentales (EE.UU y Europa) igualmente entran en una momentánea fase de desubicación sobre lo que realmente acontece en el continente latinoamericano. Y serán precisamente los medios de comunicación masiva los que van a ir llenando ese vacío político y social hasta el punto de asumir la dirección en gran medida de la que se constituirá como oposición a los gobiernos de izquierda en todo el continente o como refuerzo de aquellos otros que permanecen en el marco neoliberal.

 

A partir de aquí, es fácil entender el clima de polarización, de enfrentamiento que se irá articulando desde estos medios hacia todas las medidas transformadoras que se vayan implantando y hacia la globalidad de estos nuevos gobiernos, y todo ello desde una evidente defensa de clase y de sus intereses económicos e ideológicos. De esta forma, a la par que se empiezan a operativizar todo tipo de acciones contra estos gobiernos (sabotajes a la economía, boicot diplomático, los llamados golpes de Estado blandos…), serán los medios de comunicación los que jueguen un papel determinante en el intento de generar ambientes de convulsión social, de desgaste, de difamación, de manipulación de la opinión pública e incluso dirigiendo las orientaciones precisas para articular esas acciones antes señaladas y reconstruir las opciones derechistas y/o socialdemócratas, neoliberales ambas, a fin de recuperar el status quo anterior.

 

La agresión informativa y comunicacional entra así en una fase importante, jugando un papel esencial en la lucha política y parapolítica contra los gobiernos progresistas y los movimientos sociales que ahora ocupan un lugar protagonista en la escena de los diferentes países. Veamos algunas de sus líneas de acción en este objetivo.

 

Serán estos medios, entre otras acciones, los que junto a europeos (españoles especialmente) y norteamericanos inician procesos de diferenciación entre “gobiernos buenos”, los más afines al modelo como México, Colombia, Perú; y los “gobiernos malos”, aquellos que mayor cuestionamiento hacen al sistema neoliberal hasta entonces dominante, como Venezuela, Bolivia, Ecuador, Argentina. Y afinarán desde los primeros momentos el intento de división también al interior de este segundo hipotético bloque al separar a blandos (Brasil, Chile, Uruguay) de radicales, según el nivel de profundización de las transformaciones que propongan unos y otros. Todo es válido para generar división e impedir la constitución de una largamente buscada integración latinoamericana.

 

Una acción más, perfectamente coordinada, será la focalización de los ataques. Se coloca con preferencia en el punto de mira no a los gobiernos, parlamentos o movimientos en su totalidad, sino a los diferentes liderazgos. De esta forma, resulta más fácil manipular el imaginario colectivo, mediante la proliferación de artículos y editoriales, que señalan al líder como tirano, loco, ignorante o deshonesto y corrupto aún sin pruebas objetivas que sostengan estas acusaciones. De esta forma, el proceso que éste dirija quedará igualmente contaminado y descalificado.

 

Ligado a todo ello, en ese mismo intento machacón por focalizar los liderazgos, está la calificación de populistas. Aunque difícilmente habría una definición mayoritariamente aceptada de este término, se teje un halo de negatividad sobre quienes se dice que lo practican. Se habla así de los líderes de izquierda como populistas y como políticos irresponsables, demagogos, sin contenidos ideológicos claros, con actuaciones y discursos que apelan solo a la pasión y emoción de “las masas” y no a las ideas y a la razón.

 

De esta forma, los medios de comunicación tradicionales consiguen dirigir sus ataques contra las características personales de estos liderazgos y evitar entrar en análisis rigurosos y en la disputa narrativa sobre la validez o no de las políticas sociales o económicas que estos gobiernos tratarán de instaurar. La dialéctica política no interesa pues se saben perdedores, por lo que es mejor pasar el debate a términos populistas en el intento de la descalificación fácil y sin más explicaciones y/o consideraciones políticas. Este ambiente crea y recrea también las condiciones para los procesos de judicialización que se convierten ahora en una herramienta estratégica para destituir (golpes de estado blandos), desgastar o cerrar el paso a posibles nuevas victorias electorales imposibilitando su reelección o directamente encarcelando a esos liderazgos.

 

Estos son, en gran medida, algunos de los nuevos roles asumidos por los medios de comunicación masiva en América Latina en los últimos tiempos; además del ataque sistemático contra las medidas políticas y económicas que estos procesos irán definiendo y que suponen un cuestionamiento profundo del anterior régimen neoliberal. Teniendo esto muy en cuenta se puede entender mejor algunas de las circunstancias y coyunturas de los diferentes procesos que el sistema hoy teje y entreteje, con la complicidad de los medios de comunicación tradicionales, para recuperar el papel dominante perdido en las sociedades latinoamericanas.

Por Byron MaherSancho Ruiz Somalo / Jesús González Pazos

Miembro de Mugarik Gabe
publicado

2019-07-16 10:20:00

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Trump calificó las protestas de “fake news”

Ambientalistas, feministas, pacifistas, musulmanes, proinmigrantes, laboristas y sindicatos repudiaron la presencia del mandatario de EE.UU. en Londres.

La conferencia de prensa entre un presidente que aspira a seguir en el poder hasta 2025 y una primera ministra que abandona la jefatura de su partido este viernes y será sustituida en julio al frente del ejecutivo, no podía ofrecer grandes anuncios. El showman Trump se las arregló para que no fuera un evento aburrido, calificando a los cientos de miles que protestaban en su contra de “fake news”, sugiriendo que Theresa May se quedara en el puesto hasta firmar un tratado de libre comercio con Estados Unidos, anticipando que Boris Johnson será el sucesor de la primera ministra y denostando al líder de la oposición, Jeremy Corbyn y al alcalde de Londres, Sadiq Khan. “Yo no vi ninguna manifestación. Lo que vi ayer (por el lunes) fue miles de personas vitoreándonos. Y hoy (este martes) también vi gente vitoreándonos. Así que lo de las protestas es “fake news”, dijo Trump.


En el mundo Trump la realidad parece ser lo que él dice, remedo de la presunta respuesta que le dio un asistente al dictador paraguayo Alfredo Stroessner cuando le preguntó la hora: “la que usted quiera, general”. Con su tosca, casi pintoresca prepotencia, el mandatario dejó en claro que el Tratado de Libre Comercio que quiere Estados Unidos con este debilitado Reino Unido del Brexit incluye el Servicio Nacional de Salud (NHS). “Todo tiene que estar sobre la mesa en una negociación. El NHS y el resto. Mucho más también. Todo”, dijo Trump.
Era uno de los temas principales de esa multitud de “fake news” que saturó el centro de Londres. En medio de la incertidumbre de la salida británica del Reino Unido, la posibilidad de un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos es central en la agenda que están impulsando los candidatos a suceder a May y sus medios afines. Con su rampante nacionalismo imperial, Trump logró que ambientalistas, feministas, pacifistas, musulmanes, pro-inmigrantes, pro-Assange, laboristas, verdes, la izquierda, los sindicatos, ONGs agrupaciones de base y estudiantiles desafiaran la llovizna y el día desangelado para marchar desde Trafalgar Square en el centro de Londres hasta la plaza del Parlamento.


Entre los “fake news” había dos notables globos inflables. Uno presente en la marcha de julio del año pasado contra la visita oficial (no de estado) de Trump era un gigantesco globo amarillo del bebé Trump en pañales. La otra, escatológica, era el presidente estadounidense sentado en retrete. Un carnaval habían prometido los manifestantes y entre tambores, bombos y trompetas llamaron la atención los disfraces, las máscaras alusivas y se llevaron el premio, una docena de mujeres vestidas al estilo de la serie “The handmaiden”. “Trump representa todo lo que anda mal en este mundo. Misoginia, racismo, prepotencia, odio”, dijo a PáginaI12Jane una manifestante de unos 40 años que enarbolaba un cartel que decía “no to bigots” (no a los intolerantes y fanáticos)


El líder laborista, Jeremy Corbyn, se dirigió a los manifestantes diciendo que estaba abierto al diálogo con todos. “Queremos tener un diálogo para llegar a un mundo mejor y más pacífico. Pero estoy especialmente desilusionado con el ataque contra el alcalde de Londres Sadiq Khan. Estoy orgulloso que nuestra ciudad tenga un alcalde musulmán y que podamos combatir la islamofobia, el antisemitismo y toda forma de racismo. El racismo divide, la explotación de las minorías genera odio. Estamos en medio de un debate sobre nuestro relación con Europea y el mundo. La base de esta negociación debe ser la protección de puestos de trabajo, los servicios públicos y las condiciones de vida. Y no debe basarse en la idea de que tenemos que ofrecer nuestro querido Servicio Nacional de Salud a las corporaciones estadounidenses”, dijo Corbyn.


El líder laborista no asistió al banquete de estado que ofreció el lunes por la noche la Reina Isabel II en honor al mandatario estadounidense. En su conferencia de prensa este martes Donald Trump indicó que Corbyn había solicitado un encuentro y él no se lo había concedido. “Es una fuerza negativa. No me gusta la gente que critica. Me gusta la gente que hace cosas. Así que decidí que no me reuniría con él”, dijo Trump.


Un portavoz del Laborismo confirmó que Corbyn había solicitado el encuentro con el mandatario estadounidense. “Jeremy está dispuesto a discutir con el presidente una serie de temas, entre ellos la emergencia climática, la amenaza a la paz y la crisis de refugiados”, dijo.


Es de imaginar que con esa agenda sobre la mesa la reunión no hubiera durado mucho.

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Sábado, 13 Abril 2019 06:32

Good Bye Lenín

Good Bye Lenín

Se va y él lo sabe. Ni siquiera ha llegado a los dos años y su imagen positiva sigue en caída libre. Según las dos últimas encuestas realizadas por Celag, Lenín Moreno pasó de tener un saldo neto positivo de 2,8 puntos en noviembre de 2018 a uno negativo de 19 en marzo de este año. A estas alturas, pocos creen que sea él quién esté gobernando. Con datos de la misma encuesta, la mayoría de los ecuatorianos piensa que son los grupos económicos, el Gobierno de Estados Unidos y Jaime Nebot los que realmente dirigen al país, muy por delante de la rectoría del propio presidente. 

Se mire por donde se mire, Lenín tiene los días contados y él es consciente de ello. No tiene apoyo popular, como bien se demostró en los resultados de las recientes elecciones seccionales; tampoco tiene estructura partidaria propia; y ni siquiera tiene gabinete propio porque la mayoría de los ministros son representantes de intereses corporativos. Por su parte, los aliados políticos han iniciado un proceso de alejamiento sin retorno, porque ya no le necesitan para lo que fue la transición soñada que debía poner freno a Rafael Correa.


El sector empresarial también ha marcado distancia con el presidente; lo ven muy débil, saben que se aproxima su final, y es mejor no quedar pegado a él. A partir de ahora, la presión subirá. Los dueños de los dólares dejarán de liquidar exportaciones y acelerarán el proceso de llevarse el dinero al exterior gracias, precisamente, a la decisión de Lenín de eliminar el impuesto de salida de divisas. Así generarán la tormenta perfecta en base a una sensación de caos e incertidumbre, terreno en el que se mueven como pez en el agua, autoerigiéndose como imprescindibles. De esta forma, a Lenín se le va esfumando de su lado toda la batería de “amigos”, salvo los medios de comunicación, que por ahora no han virado de línea editorial, aunque les queda poco. Ya conocemos bien a estas grandes empresas: son de fácil conversión y siempre les gusta jugar con viento a favor. Seguramente ya han apostado por el nuevo caballo ganador. O sea, según ellos, Nebot.


Lenín hizo todo lo que estaba en el papel. Cumplió su tarea. Y entonces le llega su turno. Fue de usar y tirar, de la misma manera que ha sucedido con tantos otros presidentes latinoamericanos (véase el caso de Michel Temer en Brasil). Hizo lo debido en todos los frentes: a) persiguió judicialmente a Correa y a muchos otros políticos de la revolución ciudadana hasta el punto de meter preso a su propio vicepresidente; b) a marcha forzada, desmanteló todo lo que pudo del Estado para debilitarlo como mandan los cánones neoliberales; c) reformó a su antojo toda la megaestructura judicial cambiando a fiscales, jueces y miembros del Tribunal Constitucional así como al Órgano Electoral; d) en lo económico ha dado sus primeros pasos (especialmente en lo tributario) y dejado todo listo para que el FMI entre con todo, incluida la reforma laboral; y e) en lo internacional se fue rápidamente a servir a los Estados Unidos en todos los frentes: abriendo oficinas de Estados Unidos en el país para que puedan actuar como en la época de las bases militares; se lanzó contra Venezuela incluso reconociendo y recibiendo a Juan Guaidó como presidente interino; en la OEA se sumó a votar siempre según indicara el país hegemón; pidió a gritos ser miembro de la Alianza del Pacífico, y se sumó a Prosur al mismo tiempo que quiso enterrar a Unasur. Su última decisión desesperada, como manotazo de ahogado, ha sido retirar el asilo a Julian Assange, violando toda la normativa del derecho internacional, y ponérselo en bandeja a Estados Unidos para su extradición. Con ello mató dos pájaros de un tiro: por un lado, haciendo uso y abuso del Estado, se vengó de quien descubrió una trama de corrupción muy importante en la que el protagonista era él mismo, el mismísimo presidente; y, por otro lado, seguramente hizo su último gesto a favor de los Estados Unidos para que le garantizaran una salida digna y confortable al acabar su periplo presidencial.


Lenín es una magnífica demostración de que no hay que fiarse de aquél que sonríe demasiado en medio de la escena política. Quien fuera el máximo representante de la Misión Ternura acabó entregando a Assange, dando un paso definitivo para que se incrementen las probabilidades de que lo condenen a la pena de muerte. Otra paradoja más en la vida política de este personaje que se presentó en su momento como “centrista fanático”, a traer paz en tiempos de confrontación, y ciertamente sí, era verdad que no venía para confrontar, al menos no en el sentido de defender la soberanía del país, permitiendo que Estados Unidos haga de Ecuador lo mismo que hace en su vecina Colombia.


El final ya está escrito. No sabemos exactamente cuándo, pero seguramente será más pronto que tarde. Ya lo ha dicho hasta el mismo Nebot: no se puede esperar más, el 2021 es demasiado tarde. Y, por su parte, Correa sigue más vivo que nunca, lo que es inversamente proporcional al tiempo de vida política de Lenín. Las vías para salir son múltiples: muerte cruzada, revocatorio o simple renuncia y anticipo electoral. Sea como fuere el canal institucional, la política ya ha fijado la fecha de caducidad.


¡Good bye Lenin!


Alfredo Serrano Mancilla: Director, Celag.

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La imagen de Bolsonaro se desploma en Brasil

Perdió más de un cuarto de su apoyo en menos de cien días, dice la última encuesta

En febrero, el 38,7 por ciento de los ciudadanos valoraba la gestión de Bolsonaro como “buena” o “excelente”. Esa cifra cayó a 30,5 por ciento.

A una semana de cumplir sus primeros cien días de gobierno, la aprobación del Gobierno de Jair Bolsonaro en Brasil se encuentra en caída libre, según una encuesta que publicó ayer el diario El País de España. En febrero, el 38,7 por ciento de los ciudadanos del país sudamericano valoraba la gestión de Bolsonaro como “buena” o “excelente”, frente al 29,6 que la consideraba “regular” y el 22,5 al que le parecía “mala” o “pésima”. La tendencia ha cambiado. Según las cifras del sondeo de Atlas Político citadas por el diario español, basada en 2.000 personas encuestadas 1 y 2 de abril, la proporción de brasileños que califican la gestión del ultraderechista como “buena” o “excelente” cayó a un 30,5 por ciento, mientras que el 32,4 la calificaron de “regular y el 31,2 “mala” o “pésima”. O sea, los que aprueban de manera más enfática al presidente ya están numéricamente por detrás de los que la desaprueban su gestión o les parece regular.


Las cifras de esta encuesta son incluso peores que los de la última encuesta del Ibope, que situaba la aprobación de Bolsonaro –personas que ven su gestión “excelente” o “buena”– en el 34 por ciento.


La encuesta de Atlas Político, elaborada con entrevistados seleccionados por Internet y con un margen de error de dos puntos porcentuales, según El País, indica que no todos los ministros de Bolsonaro se han visto afectados por el flojo arranque del mandato. La popularidad del ministro de Justicia Sergio Moro, quien alcanzara la fama como juez del caso Petrobras, se mantiene en niveles alto y supera por mucho a la del presidente. El 61,5 por ciento de los encuestados tienen una imagen positiva del ministro que siendo juez condenó al expresidente Luiz Inácio Lula da Silva a prisión. en cambio para menos de la mitad de los consultados, el 49,5 por ciento, la imagen de Bolsonaro es positiva. “Creo que la postura de Moro está siendo más formal y adecuada a su cargo, mientras que el presidente tiene una postura menos adecuada y no cumple las expectativas de cambio inmediato que prometió durante la campaña”, sostiene el politólogo Andrei Roman, director de Atlas Político, citado por el matutiño madrileño.


La encuesta de Atlas Político también pregunta las principales propuestas del Gobierno brasileño. Los resultados muestran que ninguna de ellas enamora a la opinión pública brasileña. A saber, el 50,7 por ciento está en contra de la ampliación de la tenencia de armas, frente al 41,6 que se muestra favorable. Sin embargo, la mayoría de los entrevistados, casi el setenta por ciento, considera que la delincuencia está en aumento, a pesar del discurso de línea dura del presidente.


Tampoco es popular la reforma del sistema de pensiones, principal proyecto económico del Gobierno, que se debate en el Congreso brasileño. El 45,7 por ciento está en contra de las propuestas del ministro de Economía, Paulo Guedes, frente al 43,9 que está a favor.


Pese al discurso anticorrupción que ayudó a Bolsonaro a convertirse en presidente, dice El País, el 44,2 por ciento todavía cree que la corrupción está aumentando, contra un 27,7 que dice que está disminuyendo. Lo que sí queda claro es que la decisión de la justicia de detener por corrupción al ex presidente de facto Michel Temer concitó un apoyo masivo (Temer recuperó su libertad condicional a la espera de su juicio luego de permanecer cuatro días encarcelado). El 87,1 por ciento de los entrevistados estuvo a favor de su encarcelamiento. En cambio la opinión pública se encuentra dividida con respecto a la detención del ex presidente Lula, condenado por la “intima convicción” del ahora ministro Moro. Casi el 58 por ciento dice estar a favor de la prisión del expresidente del Partido de los Trabajadores (PT), fogoneada por los grandes medios del país. Sin embargo, la encuesta publicada por El País señala que el PT es el partido el predilecto de la mayoría de los electores, a pesar de haber perdido las últimas elecciones presidenciales contra Bolsonaro con Lula impedido de competir por estar proscripto. El 60 por ciento dice no sentirse cercano a ningún partido, pero el un 15,8 dice apoyar al PT. Muy lejos, con el 5,5, aparece el Partido Social Liberal de Bolsonaro.

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Miércoles, 13 Marzo 2019 06:03

Suposición y verdad

Suposición y verdad

La política en nuestro país muchas veces se manejó con un esquema de diseño militar dando lugar al desarrollo de estrategias teñidas de ocultamiento. Los centros de poder mediático ayudaron a dibujar un clima de asfixia social que hizo que el escamoteo de la información produjera un relato construido sin sustento real y jamás desmentido, a la vez que estimulando sentimientos de odio y desprecio.

Es bien sabido que en la guerra la primera víctima es la verdad. Una vez que se lucha por el poder, no importan los métodos utilizados, tampoco importa cómo se establecen las reglas de la nueva etapa. Así, el poder vencedor quiere imponer privilegios al que la inmensa mayoría no podrá acceder.


La confianza se convierte en un presupuesto de las relaciones a diversos niveles. Este a priori no necesariamente funciona sin tropiezos. Las trampas urdidas a la sombra de un acuerdo emergen con frecuencia y en formas cada vez más sofisticadas. El Presidente proclama sin ninguna argumentación o plan que lo sustente que se conduele porque “el sinceramiento es doloroso” mientras inauditamente declama que su quimera de progreso se empieza a cumplir, porque ya estamos mejor que en 2015. Pero, como no le requieren confirmarlo, puede repetir ese slogan sin titubeos.


Los presupuestos sobre los que se basan las opiniones respecto a países, personalidades y medios, tienen una historia tejida en parte sobre hechos a los que se han adosado suposiciones e interpretaciones intencionadas, ignorancia de ciertos sucesos, acentuación de situaciones menores, ininterrumpida presencia de personas o realidades que se quieran imponer. Este trasfondo que construido como realidad incontrastable se convierte en la principal materia prima para formar opiniones que, aunque alejadas de toda racionalidad o cuestionamiento, son la base de confianza con que cuentan los que deciden cuál es la verdadera historia.


Las posibilidades tecnológicas han mostrado que pueden proveer una sólida base para manipular la comunicación. No necesitan hacer explícito su mensaje, sino llevarnos a aceptar su poder como una fuerza valiosa y la inevitabilidad por los efectos que puede producirnos.


Los medios comerciales de comunicación están provocando, al menos, tres efectos principales. En primer lugar, tienden a reforzar la despolitización de la gente. Como alguna vez lo indicó G. Gerbner –uno de pioneros en el campo de la investigación en comunicación– los conglomerados de medios “no tienen nada para decir, pero mucho para vender”. En segundo lugar, tienden a desmoralizar a la población convenciéndola de que es vana toda esperanza de cambio y que sólo resta aceptar la realidad tal cual la interpretan. El tercer efecto es la producción de realidades paradójicas. Por un lado, se verifica un mayor y creciente acceso a la recepción de medios y, al mismo tiempo, los medios están cada vez en menos manos. La influencia que ejercen las corporaciones globales se extiende a todas las esferas de la vida, mientras que se procura que el papel de los estados nacionales sea cada vez más irrelevante. Son los grandes medios los que exaltan la importancia de la libertad de expresión en la vida de la sociedad, especialmente porque son ellos los que poseen los mayores centros de información. La libertad de expresión se ha ido convirtiendo en la libertad comercial para conducirla.


* Comunicador social. Ex presidente de la Asociación Mundial para las Comunicaciones Cristianas.

 

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Chalecos amarillos lanzan marcha pacifista de Marsella a París

Integrantes del movimiento de los chalecos amarillos en Francia anunciaron que realizarán una marcha pacifista desde Marsella (sur) hasta esta capital, una nueva iniciativa dirigida a reforzar la movilización en el país.


En conferencia de prensa, los organizadores detallaron que un primer grupo de seis activistas partirá el domingo de la comuna de Boulou, en la frontera con España, y el 16 de febrero saldrá una decena de personas de la ciudad costera de Marsella.


Ambos cortejos convergerán el 19 de febrero en Avignon para continuar juntos la marcha hasta París, a donde pretender llegar el 17 de marzo.


Según las precisiones ofrecidas, el objetivo es que se sumen más chalecos amarillos procedentes de otros departamentos.


‘Estamos en contacto con grupos que saldrán de Bretaña, de Dunkerque, de Bordeaux, de Estrasburgo, para que se unan a nosotros’, indicó Sarah Chabut, una de las promotoras.
El plan es hacer trayectos diarios de 25 a 35 kilómetros, y hospedarse en casa de integrantes del movimiento en cada localidad.


Con la marcha pacifista, los chalecos amarillos buscan reforzar la movilización en defensa de sus reclamos.


‘Queremos un referendo ciudadano sin restricciones, luchamos por la justicia social y fiscal, por la ecología, y para dar nuestro apoyo a los manifestantes víctimas de violencia policial y de decisiones abusivas de la justicia’, explicó la joven.


En noviembre de 2018 comenzó el movimiento de chalecos amarillos con protestas en todo el país y ya sumen 12 sábados consecutivos de acciones.


Aunque el origen de la movilización fue el aumento de precios del combustible decretado por el Ejecutivo, luego las reivindicaciones se ampliaron al aumento de impuestos en general y la pérdida del poder adquisitivo como resultado de la política gubernamental.


Los chalecos amarillos ahora reclaman también reformar la Constitución en aras de una democracia plena y que los ciudadanos tengan la posibilidad de pedir e impulsar la realización de referendos nacionales sobre temas relevantes.

8 febrero 2019 


(Con información de Prensa Latina)

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Asumir el reto histórico de crear un nuevo ethos cultural y recrear la Universidad

El acuerdo firmado entre el gobierno nacional y los estudiantes, en diciembre pasado, tras dos meses de paro en las 32 universidades públicas del país, lo ha valorado la opinión pública como un éxito. Aunque transciende más lo simbólico que lo real, expresan algunos desde otra orilla. En todo caso, su peso y su significado lo señalarán los estudiantes en las asambleas citadas para los primeros días de reingreso a labores en todos y cada uno de los centros de estudio comprometidos en esta lucha.

 

La agenda de tal lucha –financiamiento, autonomía, democracia y garantías para la movilización–, en la práctica, quedó centrada en la primera de las reivindicaciones. Todas ellas mantienen vigencia y pueden ser elevadas para el debate en las mesas de trabajo aprobadas dentro del acuerdo, debates que deben llegar a un punto crucial: el futuro de la Universidad misma, con su carácter público y gratuito por establecer tras otras muchas jornadas de lucha que conocerá el país.

 

¿Cómo lograr este carácter público de la Universidad, abierta a los miles de estudiantes que terminan bachillerato cada año? ¿Cómo lograr que la educación superior, íntegra, sea una preocupación y una prioridad nacionales? ¿Cómo articular de manera virtuosa los ciclos educativos, para que todo el proceso educativo, desde 0 y hasta último nivel, constituyan apartes de un mismo tronco? ¿Cómo hacer para que su rol central esté inspirado en las necesidades y el proyecto de país que defina la sociedad toda? ¿Cómo conseguir que esté a la altura de las demandas de la crisis sistémica que vive la sociedad global en campos como el ambiental y el social? ¿Cómo diseñar sus retos actuales para que de verdad responda a los requerimientos de las revoluciones científica –tercera– e industrial –cuarta–, que hoy han llevado al sistema capitalista y su soporte central –democracia– a una crisis sin precedentes?

 

 Adentrarse –para buscar respuestas adecuadas a estos y otros muchos interrogantes– en el carácter del sistema educativo y de la Universidad en particular (pág. 8-9) es una pista para ello. Otro camino en tal senda (pág. 6) es la reestructuración del sistema educativo, poniéndolo patas arriba, como vía para generar un nuevo ethos cultural. Hacerlo con la potencia de lo social (pág. 10-11), sabiendo valorar los tiempos y la fuerza de las mayorías, es parte del método que nos llama a propiciar y saber articular agendas entre los sectores activos y alternativos de lo social, para entre todos arrinconar a quienes impiden que nuestra sociedad se encamine por un camino de justicia que tiene como base la satisfacción de los Derechos Humanos, todos, entre ellos el derecho a una educación plena, universal, gratuita, laica, abierta a lo mejor del conocimiento global, en que su dinámica diaria no esté marcada por la productividad, la eficiencia, las apariencias, todo aquello que pretende sumir en las formas a los estamentos universitarios para alejarlos del debate crítico, esencia misma de la educación.

 

Son éstos los interrogantes y los retos que hoy la sociedad puede encarar como un solo cuerpo y resolver de igual manera. Los tiempos lo permiten, y también las circunstancias en que irrumpimos.

 

Abrir las puertas para que así sea pasa por encarar debates en todos los niveles y en todos los espacios sociales, a la vez que copar el escenario nacional con las voces que compartan la necesidad de enfrentar estos retos.

 

El movimiento universitario que logró el acuerdo económico con el actual presidente Iván Duque presenta características inéditas. Es la primera vez que participan tanto directivas, como el profesorado y el estudiantado en un proyecto común: salvar la universidad pública. El vigor del movimiento tuvo como acicate superar un peligro existencial. La sociedad en su conjunto acompañó al movimiento en el proyecto.

 

La conciencia de ese peligro se fue incubando poco a poco. Habrá que reconstruir el proceso que convirtió el tema de las finanzas universitarias en asunto central para la supervivencia de la Universidad. En las reuniones de los rectores, que tiene como escenario el llamado SUE (sistema universitario estatal), los agobios presupuestales estaban siempre en primer plano. Aspu (Asociación de profesores Universitarios) denunciaba sistemáticamente el deterioro constante de los recursos del presupuesto general de la nación asignado a las universidades. Las organizaciones estudiantiles captaron las consecuencias de ese estado de cosas y se sincronizaron con las directivas y el profesorado.


Ese proceso de deterioro tuvo, sin embargo, un punto de inflexión: el programa Ser pilo paga (SPP) Recordemos brevemente cómo surgió ese proyecto. En el primer gobierno de Juan Manuel Santos se quiso imponer una reforma en la normativa universitaria para facilitar la creación de universidades con ánimo de lucro. Los estudiantes y un núcleo de profesores denunció inmediatamente el propósito último de la iniciativa: liquidar la universidad pública. Los estudiantes se organizaron en la Mane y enfrentaron en la calle la defensa de la Universidad. El Gobierno tuvo que dar marcha atrás en su propósito pero luego inventó el programa Ser Pilo Paga.

 

Este programa partía de un supuesto perverso. En una sociedad donde por la paga los magistrados dictan sentencias, proponerles a los jóvenes de las familias de los trabajadores que por la paga debían esforzarse para obtener un cupo en una universidad privada era una broma macabra. En términos financieros el programa que beneficiaba a 40.000 estudiantes costaba 3.5 billones, mientras la matrícula total de las universidades pública (611.000 estudiantes) recibía 2.93 billones. Esa desproporción en la asignación de los recursos develó el sinsentido de la política gubernamental y aceleró la toma de conciencia de la sociedad en su conjunto acerca del peligro existencial en que el gobierno colocaba a la universidad pública.

 

El reciente acuerdo entre el gobierno y los estudiantes ha sido valorado como un éxito y simultáneamente se han hecho las advertencias acerca de la necesidad de monitorear el cumplimiento del mismo y mantenerse vigilantes. Pero hay un componente del acuerdo que mira hacia el futuro. Se conformaron mesas de trabajo para tratar temas, por ejemplo, la función del Icetex, que permiten avanzar en una dirección más ambiciosa: el futuro de la Universidad misma. La Universidad arrastra una crisis que se remonta a cincuenta años atrás. Estamos recordando a Mayo del 68. La tensión esencial de esa crisis la crea el tránsito de la Universidad como institución para formar pequeñas élites a la Universidad como ciclo universal de formación de las nuevas generaciones.

 

Jean François Lyotard le dio forma sintética a las paradojas desencadenadas por esa perspectiva. En su famoso Informe sobre el saber donde formuló la pauta que nombró como Condición postmoderna, le decreta la muerte a la Universidad y le da partida de nacimiento a los institutos politécnicos. La dedicatoria de tal informe, que califica de “escrito de circunstancias” dice lo siguiente: “Tal y como está lo dedicamos al Instituto Politécnico de filosofía de la Universidad de París VIII (Vincennes), en el momento muy postmoderno en que esta universidad se expone a desaparecer y ese instituto a nacer”1.

 

Ahora bien, no todo Instituto tiene garantizada su existencia. Sólo los que cumplan los requisitos exigidos por los administradores de los negocios capitalistas. Lyotard sentencia: “El criterio de performatividad es invocado explícitamente por los administradores para justificar la negativa a habilitar cualquier centro de investigación”2. En esas condiciones generales, postmodernas, los jóvenes egresados de la agonizante universidad son parias que ni siquiera aparecen en las estadísticas: “[…] los jóvenes presentes en la Universidad son, en su mayor parte, parados no contabilizados en las estadísticas de demanda de empleo. Son, en efecto, excedentes con respecto a las salidas correspondientes a las disciplinas en las que se los encuentra”3.

 

Las políticas universitarias globales y sus diferentes formas locales, se han convertido en acuerdos entre administradores y empresarios. La retórica de la eficiencia, la productividad, los estándares, los créditos, es un indicador de ese hecho. Este modo de existencia espurio obliga a repensar la Universidad más allá de la lógica capitalista postmoderna. En el debate sobre la crisis civilizatoria y la emergencia de una nueva época la reinvención de la Universidad es una tarea al orden del día. El actual movimiento universitario de directivas, maestros y estudiantes debe asumir ese reto histórico.

 

En Colombia ese reto se esbozó en el debate que acompañó la elaboración de la Ley General de Educación y la Ley 30 de 1992. En el informe titulado “Al filo de la oportunidad”, el neurocientífico Rodolfo Llinás planteó lo siguiente hace ya casi dos décadas: “Las recientes crisis sociales y ambientales de los países industrializados demuestran que la productividad y los avances del conocimiento humano requieren una fundamentación en un contexto civilizador, cuyo fin ha de ser el bienestar social y el respeto por la vida. Esta lección importante señala que el desarrollo como avance económico, político y cultural debe significar un legado humano de información al servicio de estilos de vida inteligentes y garantes de la creatividad humana para futuras generaciones.

 

Lo anterior requiere una reestructuración y una revolución educativa que generen un nuevo ethos cultural, que a la vez permita la maximización de las capacidades intelectuales y organizativas de los colombianos. La manera innovativa de entender y actuar –no el simple saber y hacer– debe permitir que se adquieran nuevas habilidades humanas, basadas en el desarrollo de múltiples saberes y talentos, tanto científicos como artísticos y literarios, de nuevas formas de organización productiva”4.

 

Este reto es el que es necesario desarrollar y están dadas todas las condiciones para su realización exitosa.

 


 

1 Lyotard J. F., La condición postmoderna, Cátedra, Madrid, 1989, p. 11.
2 Ibídem., p. 88.
3 Ibídem., pp. 91,92.
4 Llinás Riascos R., Colombia: Al filo de la oportunidad, Ed. Magisterio, Bogotá, p. 25.

Publicado enColombia
Asumir el reto histórico de crear un nuevo ethos cultural y recrear la Universidad

El acuerdo firmado entre el gobierno nacional y los estudiantes, en diciembre pasado, tras dos meses de paro en las 32 universidades públicas del país, lo ha valorado la opinión pública como un éxito. Aunque transciende más lo simbólico que lo real, expresan algunos desde otra orilla. En todo caso, su peso y su significado lo señalarán los estudiantes en las asambleas citadas para los primeros días de reingreso a labores en todos y cada uno de los centros de estudio comprometidos en esta lucha.

 

La agenda de tal lucha –financiamiento, autonomía, democracia y garantías para la movilización–, en la práctica, quedó centrada en la primera de las reivindicaciones. Todas ellas mantienen vigencia y pueden ser elevadas para el debate en las mesas de trabajo aprobadas dentro del acuerdo, debates que deben llegar a un punto crucial: el futuro de la Universidad misma, con su carácter público y gratuito por establecer tras otras muchas jornadas de lucha que conocerá el país.

 

¿Cómo lograr este carácter público de la Universidad, abierta a los miles de estudiantes que terminan bachillerato cada año? ¿Cómo lograr que la educación superior, íntegra, sea una preocupación y una prioridad nacionales? ¿Cómo articular de manera virtuosa los ciclos educativos, para que todo el proceso educativo, desde 0 y hasta último nivel, constituyan apartes de un mismo tronco? ¿Cómo hacer para que su rol central esté inspirado en las necesidades y el proyecto de país que defina la sociedad toda? ¿Cómo conseguir que esté a la altura de las demandas de la crisis sistémica que vive la sociedad global en campos como el ambiental y el social? ¿Cómo diseñar sus retos actuales para que de verdad responda a los requerimientos de las revoluciones científica –tercera– e industrial –cuarta–, que hoy han llevado al sistema capitalista y su soporte central –democracia– a una crisis sin precedentes?

 

Adentrarse –para buscar respuestas adecuadas a estos y otros muchos interrogantes– en el carácter del sistema educativo y de la Universidad en particular (pág. 8-9) es una pista para ello. Otro camino en tal senda (pág. 6) es la reestructuración del sistema educativo, poniéndolo patas arriba, como vía para generar un nuevo ethos cultural. Hacerlo con la potencia de lo social (pág. 10-11), sabiendo valorar los tiempos y la fuerza de las mayorías, es parte del método que nos llama a propiciar y saber articular agendas entre los sectores activos y alternativos de lo social, para entre todos arrinconar a quienes impiden que nuestra sociedad se encamine por un camino de justicia que tiene como base la satisfacción de los Derechos Humanos, todos, entre ellos el derecho a una educación plena, universal, gratuita, laica, abierta a lo mejor del conocimiento global, en que su dinámica diaria no esté marcada por la productividad, la eficiencia, las apariencias, todo aquello que pretende sumir en las formas a los estamentos universitarios para alejarlos del debate crítico, esencia misma de la educación.

 

Son éstos los interrogantes y los retos que hoy la sociedad puede encarar como un solo cuerpo y resolver de igual manera. Los tiempos lo permiten, y también las circunstancias en que irrumpimos.

 

Abrir las puertas para que así sea pasa por encarar debates en todos los niveles y en todos los espacios sociales, a la vez que copar el escenario nacional con las voces que compartan la necesidad de enfrentar estos retos.

 

El movimiento universitario que logró el acuerdo económico con el actual presidente Iván Duque presenta características inéditas. Es la primera vez que participan tanto directivas, como el profesorado y el estudiantado en un proyecto común: salvar la universidad pública. El vigor del movimiento tuvo como acicate superar un peligro existencial. La sociedad en su conjunto acompañó al movimiento en el proyecto.

 

La conciencia de ese peligro se fue incubando poco a poco. Habrá que reconstruir el proceso que convirtió el tema de las finanzas universitarias en asunto central para la supervivencia de la Universidad. En las reuniones de los rectores, que tiene como escenario el llamado SUE (sistema universitario estatal), los agobios presupuestales estaban siempre en primer plano. Aspu (Asociación de profesores Universitarios) denunciaba sistemáticamente el deterioro constante de los recursos del presupuesto general de la nación asignado a las universidades. Las organizaciones estudiantiles captaron las consecuencias de ese estado de cosas y se sincronizaron con las directivas y el profesorado.


Ese proceso de deterioro tuvo, sin embargo, un punto de inflexión: el programa Ser pilo paga (SPP) Recordemos brevemente cómo surgió ese proyecto. En el primer gobierno de Juan Manuel Santos se quiso imponer una reforma en la normativa universitaria para facilitar la creación de universidades con ánimo de lucro. Los estudiantes y un núcleo de profesores denunció inmediatamente el propósito último de la iniciativa: liquidar la universidad pública. Los estudiantes se organizaron en la Mane y enfrentaron en la calle la defensa de la Universidad. El Gobierno tuvo que dar marcha atrás en su propósito pero luego inventó el programa Ser Pilo Paga.

 

Este programa partía de un supuesto perverso. En una sociedad donde por la paga los magistrados dictan sentencias, proponerles a los jóvenes de las familias de los trabajadores que por la paga debían esforzarse para obtener un cupo en una universidad privada era una broma macabra. En términos financieros el programa que beneficiaba a 40.000 estudiantes costaba 3.5 billones, mientras la matrícula total de las universidades pública (611.000 estudiantes) recibía 2.93 billones. Esa desproporción en la asignación de los recursos develó el sinsentido de la política gubernamental y aceleró la toma de conciencia de la sociedad en su conjunto acerca del peligro existencial en que el gobierno colocaba a la universidad pública.

 

El reciente acuerdo entre el gobierno y los estudiantes ha sido valorado como un éxito y simultáneamente se han hecho las advertencias acerca de la necesidad de monitorear el cumplimiento del mismo y mantenerse vigilantes. Pero hay un componente del acuerdo que mira hacia el futuro. Se conformaron mesas de trabajo para tratar temas, por ejemplo, la función del Icetex, que permiten avanzar en una dirección más ambiciosa: el futuro de la Universidad misma. La Universidad arrastra una crisis que se remonta a cincuenta años atrás. Estamos recordando a Mayo del 68. La tensión esencial de esa crisis la crea el tránsito de la Universidad como institución para formar pequeñas élites a la Universidad como ciclo universal de formación de las nuevas generaciones.

 

Jean François Lyotard le dio forma sintética a las paradojas desencadenadas por esa perspectiva. En su famoso Informe sobre el saber donde formuló la pauta que nombró como Condición postmoderna, le decreta la muerte a la Universidad y le da partida de nacimiento a los institutos politécnicos. La dedicatoria de tal informe, que califica de “escrito de circunstancias” dice lo siguiente: “Tal y como está lo dedicamos al Instituto Politécnico de filosofía de la Universidad de París VIII (Vincennes), en el momento muy postmoderno en que esta universidad se expone a desaparecer y ese instituto a nacer”1.

 

Ahora bien, no todo Instituto tiene garantizada su existencia. Sólo los que cumplan los requisitos exigidos por los administradores de los negocios capitalistas. Lyotard sentencia: “El criterio de performatividad es invocado explícitamente por los administradores para justificar la negativa a habilitar cualquier centro de investigación”2. En esas condiciones generales, postmodernas, los jóvenes egresados de la agonizante universidad son parias que ni siquiera aparecen en las estadísticas: “[…] los jóvenes presentes en la Universidad son, en su mayor parte, parados no contabilizados en las estadísticas de demanda de empleo. Son, en efecto, excedentes con respecto a las salidas correspondientes a las disciplinas en las que se los encuentra”3.

 

Las políticas universitarias globales y sus diferentes formas locales, se han convertido en acuerdos entre administradores y empresarios. La retórica de la eficiencia, la productividad, los estándares, los créditos, es un indicador de ese hecho. Este modo de existencia espurio obliga a repensar la Universidad más allá de la lógica capitalista postmoderna. En el debate sobre la crisis civilizatoria y la emergencia de una nueva época la reinvención de la Universidad es una tarea al orden del día. El actual movimiento universitario de directivas, maestros y estudiantes debe asumir ese reto histórico.

 

En Colombia ese reto se esbozó en el debate que acompañó la elaboración de la Ley General de Educación y la Ley 30 de 1992. En el informe titulado “Al filo de la oportunidad”, el neurocientífico Rodolfo Llinás planteó lo siguiente hace ya casi dos décadas: “Las recientes crisis sociales y ambientales de los países industrializados demuestran que la productividad y los avances del conocimiento humano requieren una fundamentación en un contexto civilizador, cuyo fin ha de ser el bienestar social y el respeto por la vida. Esta lección importante señala que el desarrollo como avance económico, político y cultural debe significar un legado humano de información al servicio de estilos de vida inteligentes y garantes de la creatividad humana para futuras generaciones.

 

Lo anterior requiere una reestructuración y una revolución educativa que generen un nuevo ethos cultural, que a la vez permita la maximización de las capacidades intelectuales y organizativas de los colombianos. La manera innovativa de entender y actuar –no el simple saber y hacer– debe permitir que se adquieran nuevas habilidades humanas, basadas en el desarrollo de múltiples saberes y talentos, tanto científicos como artísticos y literarios, de nuevas formas de organización productiva”4.

 

Este reto es el que es necesario desarrollar y están dadas todas las condiciones para su realización exitosa.

 


 

1 Lyotard J. F., La condición postmoderna, Cátedra, Madrid, 1989, p. 11.
2 Ibídem., p. 88.
3 Ibídem., pp. 91,92.
4 Llinás Riascos R., Colombia: Al filo de la oportunidad, Ed. Magisterio, Bogotá, p. 25.

Publicado enEdición Nº253
El desesperado señor Trump, o Trump dice que él importa

Donald Trump utiliza todas sus habilidades retóricas para mantener los ojos de todo mundo enfocados en él y sólo en él. Se esfuerza tanto precisamente porque es más y más evidente a la mayoría de políticos y figuras públicas, en Estados Unidos y en otras partes, que va perdiendo terreno constantemente. Más y más protagonistas ignoran sus exigencias. Quién tiene mayor claridad en esto es el propio Donald Trump.


Así que él le hace cosas hirientes a todos y cada uno simplemente para evitar que otros reúnan los votos para excluir al señor Trump del centro de la acción mundial.


Él ya clausuró el gobierno estadunidense, o al menos aquella parte que no ha recibido renovación de vida alguna en unos cuantos meses. Él afirma que se siente orgulloso de haber logrado esto, para escándalo de la mayoría de los actores políticos. Él alega que no se ablandará hasta que la absurda cantidad de dinero que pide para la construcción de su querido muro sea aprobada por votación. El dinero no será votado.


¿Por qué, me preguntan, hace esto? La respuesta es tan simple que termina siendo boba. Él hace estas cosas porque nada más de lo que haga puede usarlo para validar lo que a él le importa.


Se fue en absoluto secreto a visitar a las tropas estadunidenses a Irak. Dice que está retirando sus tropas por completo de Siria, y parcialmente de Afganistán. Habremos de ver si realmente lo cumple. O más bien, si falta a su palabra como hicieron los tres presidentes que lo antecedieron.


Pero esto no importa en el presente. Ahora él reafirma lo que a él le importa. Es seguro que sigue siendo el presidente de Estados Unidos. Tiene ciertos poderes que puede utilizar. Eso es precisamente lo que asusta a la gente por todo el mundo.


Así que al mundo le ofrece un trato: “Digan que Trump importa aunque no lo crean y me repliego de nuevo”. Consideren qué inútil es este juego, en realidad. Pero esto no le importa al señor Trump, que lo único que quiere es garantizar su reelección en 2020. ¡Hurra por los juegos peligrosos!!
Traducción: Ramón Vera-Herrera

Publicado enInternacional
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