Lunes, 29 Julio 2019 06:19

Otros ritmos

Otros ritmos

La danza macabra del régimen estadunidense mantiene su ritmo. Sólo en estos últimos días Trump afirmó que el artículo segundo de la Constitución le otorga "el derecho de hacer lo que yo quiera como presidente" (falso, obviamente); declaró que entre sus opciones para "ganar" la guerra en Afganistán está una en la que ese país "sería eliminado de la faz de la tierra, y se acabaría, literalmente, en 10 días. Pero no quiero proceder por esa ruta, porque no quiero matar a 10 millones de personas". El Departamento de Justicia reactivó la pena de muerte federal por primera vez en 16 años; su régimen propone anular la asistencia federal para los que sufren hambre en este país, y anunció aún más medidas para perseguir y detener a inmigrantes, al tiempo que la Asociación Estadunidense de Pediatría difunde dibujos hechos por niños inmigrantes en centros de detención en Estados Unidos donde se autorretratan como figuritas de palo en jaulas.

 

Y después de días de su ataque racista contra cuatro diputadas federales progresistas (ninguna de ellas blanca) en respuesta a sus críticas contra su régimen, ahora incluyó en esa ofensiva a otro crítico: Elijah Cummings, diputado federal afroestadunidense por Baltimore, al acusar a su distrito de ser "un desastre repugnante infestado de ratas y roedores", donde "ningún ser humano desearía vivir", todo porque el legislador se atrevió a denunciar las condiciones de los niños inmigrantes en los centros de detención.

 

Pero algunos ritmos de resistencia también están cambiando de tono en la gran disputa por el futuro de esta nación. Además de constantes protestas, fragmentadas pero incesantes, contra las políticas del régimen a lo largo y ancho del país, ahora hay respuestas que hace poco serían impensables contra un presidente.

 

Este fin de semana, el Baltimore Sun, uno de los rotativos más antiguos del país, respondió al ataque del presidente contra esa entidad con un editorial titulado: "Mejor tener unas cuantas ratas que ser una", el cual concluyó: “le diríamos al hombre más deshonesto que jamás ocupó la oficina oval, el burlón de héroes de guerra, el feliz agarrador de las partes privadas de mujeres, el que perpetra seriales bancarrotas de negocios, el idiota útil de Vladimir Putin y el tipo que insistió en que había ‘gente buena’ entre asesinos neo-nazis, que aún no logra engañar a la mayoría de estadunidenses ni los ha hecho creer que es al menos un poco competente para su puesto actual. O de que posee un granito de integridad. Mejor tener unas alimañas que ser una”.

 

También han sucedido respuestas impulsadas por fuerzas divinas juguetonas.

 

Mientras ofrecía un discurso a jóvenes republicanos hace unos días, Trump no se dio cuenta de que en una pantalla detrás de él, se proyectó una imagen del emblema presidencial, pero tantito modificada: en lugar del águila imperial gringa, estaba un águila con dos cabezas parecida al emblema oficial ruso, y en una de sus garras empuñaba unos palos de golf y en el otro un fajo de billetes; en lugar del lema oficial en latín: E pluribus unum decía, en español: "45 es un títere" (Trump es el presidente 45 de este país).

 

Y de repente se escuchan nuevos ritmos que podrían buscar eco aquí. Poco después de que Trump repitió: "soy lo mejor que jamás le ha ocurrido a Puerto Rico", y que posee "un entendimiento real" de la isla como resultado de que él llevó un concurso de Miss Universo ahí, los boricuas dieron el ejemplo a todos los estadunidenses de cómo podrían responder ante un líder corrupto, cínico, mentiroso, homofóbico y racista. Con sus movilizaciones masivas incesantes (en parte nutridas por el trabajo de algunos periodistas de investigación) repletas de furia y ritmo –Nueva York y Washington incluidos (https://twitter.com/DavidBegnaud/ status/1153472864395452416)– triunfaron en obligar la renuncia de su gobernador el pasado miércoles. Esperan que éste sea sólo el inicio de un proceso democratizador.

 

"La hora de hacer ruido aquí en Estados Unidos llegó", recomendó la escritora puertorriqueña Lilliam Rivera en un artículo en el Washington Post, al señalar esta presidencia inaceptable. "Abran las ventanas, saquen las ollas y sartenes y empiecen a hacerlas sonar".

 

Urgen nuevos ritmos para cambiar la coreografía entre los estadunidenses, y los caribeños les acaban de regalar una buena tonada.

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Lunes, 13 Mayo 2019 06:24

Saludos terribles

Saludos terribles

La famosa escena de la película satírica Dr. Strangelove (El Doctor Insólito, en su rara traducción en México), del director Stanley Kubrick, donde el brillante Peter Sellers en el papel de un ex científico nuclear alemán ahora trabaja para el gobierno de Estados Unidos, una y otra vez tiene que agarrar su brazo para evitar que se extienda en el saludo nazi de nuevo ayuda a ilustrar en parte –más de medio siglo después– la coyuntura en Estados Unidos.

Con el mandatario abiertamente imponiendo un "bloqueo completo contra la rama legislativa" (en palabras del reportero sobre asuntos legales del New Yorker, Jeffrey Toobin) y con ello anulando la supervisión efectiva que es parte esencial de la función del Congreso al negarse a cooperar con las investigaciones de éste, varios en la cúpula política –incluida la presidenta de la Cámara de Representantes– han declarado una "crisis constitucional".

A la vez, la descalificación y amenazas contra cualquier oficial, funcionario o político que se atreva a criticar, cuestionar o contradecir al presidente, ni pensar en investigarlo –sea de la FBI o las agencias de inteligencia, un procurador, generales, jueces federales y hasta, en días recientes, su propio ex abogado de la Casa Blanca– no tiene precedente en tiempos modernos.

Junto con todo eso, Trump no deja de repetir que los medios son "el enemigo del pueblo". La semana pasada, la Casa Blanca revocó las credenciales permanentes de corresponsales como parte de un intento de imponer un nuevo protocolo para tener mayor control. El veterano senador Patrick Leahy comentó que "eso es lo que hacen los dictadores".

Y lo anterior se combina con la promoción de odio racial contra afroestadunidenses y latinos, contra los inmigrantes del sur global, y contra la comunidad musulmana. La ola de temor que esto ha generado dentro de comunidades inmigrantes se nutre cotidianamente con la retórica oficial, así como con los actos de terror de las autoridades migratorias. Un integrante de una milicia en la frontera con México recientemente citó a Hitler y comentó a su colega mientras cazaban a indocumentados: "debemos ponerlos en cámaras de gas". La semana pasada, un fanático de Trump gritó en un mitin que se debería "disparar" contra indocumentados que cruzan la frontera. El presidente se rio.

Este es, vale repetir, el gobierno de niños inmigrantes enjaulados, con una Casa Blanca que incluso contempla enviar a los menores de edad a lo que sería un campo de concentración en Guantánamo.

Los grupos de odio se han multiplicado a más de mil y el mandatario ha justificado y defendido agrupaciones ultraderechistas, incluso después de actos de violencia. Algunos de éstos en su reuniones han usado el saludo nazi en honor a Trump.

La violencia se nutre de este caldo de odio, desde actos racistas cada vez más descarados hasta matanzas aparentemente al azar; en 2018 más estudiantes murieron por armas de fuego en escuelas en este país que militares estadunidenses desplegados en el extranjero.

Y ahora hay creciente preocupación entre opositores que Trump podría negarse a abandonar el poder si es derrotado en las urnas en 2020. Antes y después de su elección en 2016, él cuestionó la legitimidad del sistema electoral, y aún repite que hubiera ganado el voto popular (el cual perdió por casi 3 millones) si no fuera por un magno fraude, que incluye el voto ilegal de inmigrantes. La líder demócrata Nancy Pelosi, al igual que el ex abogado personal de Trump, entre otros, han indicado en días recientes que el presidente es capaz de no permitir una transición pacífica del poder. Él mismo ha jugado con esta idea, dizque en broma.

Nada de esto está oculto. Muchos lo hemos reportado durante más de dos años. Y una vez más, la gran pregunta no es tanto qué harán Trump y sus aliados, sino ¿cómo es posible que tantos, dentro y fuera de este país, lo sigan tolerando?

¿Están esperando hasta ver un brazo levantado en un saludo terrible?

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Domingo, 28 Abril 2019 05:50

Assange, WikiLeaks y el Estado vigilante

Assange, WikiLeaks y el Estado vigilante

Julian Assange no la tiene fácil, pero tampoco el gobierno de Estados Unidos. Washington lleva más de cinco años investigando al fundador de WikiLeaks a través de un Gran Jurado constituido en las entrañas del complejo burocrático-militar estadounidense. Pero cuando la embajada ecuatoriana echó como a un perro a su huésped más ilustre, el Departamento de Estados apenas pudo retenerlo tras las rejas de una cárcel británica con un modesto pedido de extradición basado solo en un intento fallido de descifrar la clave de una computadora del Departamento de Defensa. Si se llegara a probar que Assange efectivamente se valió de algún acto ilegal para intentar conseguir esa contraseña, se trataría de un presunto crimen informático castigado con hasta cinco años de cárcel. La acusación menciona que Assange solo le dijo a su presunta fuente, Chelsea Manning, que había intentado conseguir la clave pero “no tuve suerte”. Si tomamos semejante confesión literalmente (formaría parte de los chats borrados y luego recuperados entre Manning y Assange) habría que preguntarse si tratar de conseguir una clave secreta constituye delito y, si la respuesta fuera afirmativa, qué pasaría si el supuesto infractor no hubiera tenido “suerte”. Sin no se agregan acusaciones más sustanciales, dichas preguntas podrían terminar determinando la culpabilidad o inocencia de Assange, tanto en el juicio de extradición como en un eventual juicio criminal en Estados Unidos.

Sin embargo, nada asegura que Assange sea juzgado por lo que ha sido acusado hasta ahora. Por un lado, Estados Unidos, habiéndose asegurado el primer objetivo de retener bajo arresto a Assange a través de su pedido de extradición, podría agregar nuevas acusaciones antes de que el juicio de extradición culminara. Algunos expertos legales calculan que los fiscales estadounidenses que lo han requerido tienen hasta 65 días para ampliar su acusación, contando desde el momento en que Assange fue detenido, el 11 de abril pasado. Por otro lado, la alternativa que más inquieta a Assange y a su equipo es que se agreguen nuevos cargos a la acusación original, una vez que el editor y ciberactivista sea deportado de Gran Bretaña. “Creemeos que la acusación que se presentó con la solicitud de extradición es solo parte de la historia”, declaró el nuevo editor de WikiLeaks y vocero histórico de la organización, el periodista islandés Kristinn Hrafnsson. “Vendrán más, se agregarán más cargos.”


James C. Goodale, abogado principal del diario The New York Times durante el juicio por los Papeles del Pentágono en la década del 70, coincide con el pronóstico de WikiLeaks. “La acusación en contra de Assange parece escrita con el único objetivo de conseguir su extradición. Una vez que llegue a Estados Unidos, sin dudas, será golpeado con cargos múltiples”, escribió el abogado en The Hill, un sitio especializado en la cobertura del Capitolio. En su artículo, Goodale hace notar que la ley británica no permite extradiciones por razones políticas y que el crimen de espionaje es considerado un crimen político por la jurisprudencia de ese país. Por esa razón, explica el especialista, los fiscales estadounidenses han evitado por ahora acusar a Assange de espionaje. Sin embargo, continúa el abogado, en la acusación, la descripción de la conspiración de la que habría participado Assange contiene lenguaje extraído de la Ley de Espionaje. “Assange y Manning tenían razones para creer que la difusión pública de los despachos de las guerras de Irak y Afganistán causarían lesión a Estrados Unidos”, dice el texto presentado por los fiscales estadounidenses a las autoridades británicas En concreto, la frase “causar lesión a Estados Unidos” proviene de la Ley de Espionaje. Y según Goodale, no fue insertada en la acusación por casualidad. “Las referencias a la conspiración bajo la Ley de Espionaje en la acusación en contra de Assange hace pensar que Estados Unidos podría cambiar la carnada. O sea, primero sacar a Assange del sistema judicial británico como sea para después acusarlo de espionaje una vez que se encuentre en territorio de Estados Unidos.”


Pero para llevar adelante semejante estrategia los fiscales deben sortear un escollo no menor: el tratado de extradición no permite que una persona sea juzgada por un crimen diferente al por el cual fue extraditado. Sin embargo, dicho escollo legal no sería insalvable, opinó el ex abogado jefe del New York Times. “Hay una excepción a la prohibición de presentar nuevas acusaciones después de la extradición. Se trata de cargos adicionales que se basen en los mismos hechos por los que la extradición fue concedida. En otras palabras, Assange podría ser acusado de espionaje si esos cargos se presentaran como una profundización de la acusación por delitos informáticos”, explicó Goodale.


Pase lo que pase es altamente improbable que Assange sea condenado a muerte. Virginia es uno de los 30 estados entre los 50 del país norteamericano que aplica la pena capital. Es el más rápido en ejecutar a sus sentenciados, con un promedio de ocho años de espera, y es segundo detrás de Texas en cantidad de ejecutados desde 1976 (114, sobre un total de casi 1500). Pero tanto la legislación británica como la europea a la que Reino Unido suscribe prohíben extraditar personas a países con pena de muerte a menos que el país receptor garantice que dicha pena no será aplicada al extraditado.


La exigencia británica del respeto a la vida del extraditado no garantiza que Assange recibirá un trato respetuoso de los derechos humanos en un centro de detención estadounidense. Su supuesta fuente en la megafiltración llamada Cablegate, Chelsea Manning, detenido en 2010, condenado a 35 años y perdonado por Barack Obama a los siete, recibió en la cárcel un trato “cruel, inhumano y degradante, equiparable a la tortura”, según dictaminó en 2012 el entonces relator especial para la tortura de la ONU, Juan Méndez. Mientras Manning recibía ese trato, sus interrogadores insistían en demandarle que involucrara a Assange en un supuesto complot de espionaje. Hace dos meses Manning fue detenido nuevamente y hasta hoy permanece en una celda de aislamiento por negarse a contestar preguntas sobre Assange ante el Gran Jurado de Alexandria.


La nueva detención de Manning y la negociación informal para sacar a Assange de la embajada ecuatoriana en Londres son apenas dos botones de muestra de la creciente intolerancia del gobierno estadounidense a la filtración de información sensible desde la llegada a la presidencia de Donald Trump dos años atrás.


Según el Comité para la Protección de Periodistas (CPJ, en inglés), seis personas han ido a juicio por espionaje debido a sus filtraciones a periodistas desde la asunción de Trump, casi el doble de rápido que en los 8 años de Obama, período en el cual diez personas fueron juzgadas. La administración Trump dictó procesamientos por filtrar a la prensa información secreta de la Agencia de Seguridad Nacional (Reality Winner fue condenada a cinco años de cárcel), el FBI (Terry Albury, condenado a cuatro años cárcel) y la CIA (Joshua Schulte, detenido por difundir herramientas de hackeo de la agencia a través de WikiLeaks, está a la espera de ser juzgado.)


Claro que juzgar y condenar a Assange, un publicador de información secreta, sería muy distinto que ir en contra de los filtradores. Los principales medios de Estados Unidos (y del mundo entero) fueron socios de WikiLeaks en la publicación de sus filtraciones más impactantes y la primera enmienda de la constitución estadounidense protege explícitamente la libertad de expresión. Por eso los fiscales de Alexandria, en sus allanamientos e interrogatorios de testigos, insisten en buscar evidencias de que Assange participó en sus filtraciones de una manera distinta a la que habitualmente hacen los periodistas y que no fue simplemente un receptor pasivo de información que le llegó de manera anónima.


En ocho años de investigación, al parecer, apenas consiguieron un chat borrado que sugiere un intento fallido de descifrar una clave secreta y una narrativa legal, sin correlato empírico, que habla de una supuesta “lesión” a Estados Unidos. En tiempos de Trump, fake news y posverdad no hace falta mucho más para castigar al principal responsable de desnudar al Estado vigilante.


“La detención de Assange” –escribió Bruno Galizzi, de la Fundación Garzón en eldiario.es– “es un paso más dado por quienes quieren retroceder a épocas pretéritas cuando reinaba la opacidad, recortando nuestros derechos fundamentales y castigando a quienes dan a conocer los secretos que avergüenzan a quienes detentan el poder”.


@santiodonnell

 

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La posición radical de EEUU contra el aborto fuerza a la ONU a rebajar sus recomendaciones para proteger a mujeres violadas en una guerra

Bajo la amenaza de veto, EEUU ha obligado este martes a eliminar de una resolución del Consejo de Seguridad toda referencia a la necesidad de dar a las víctimas acceso a servicios de salud sexual y reproductiva


"Queríamos tener la salud sexual y reproductiva en la resolución, pero estaba claro que no era posible. Para una delegación no era una opción", explicó el representante alemán, impulsor de la resolución

Bajo la amenaza de veto, Estados Unidos ha obligado este martes a eliminar de una resolución de la ONU sobre violencia sexual en conflictos toda referencia a la necesidad de dar a las víctimas acceso a servicios de salud sexual y reproductiva ante la posición radical del gobierno de Trump respecto al aborto.

La administración de Donald Trump, que ve en ese lenguaje un apoyo implícito al aborto, logró en el último momento que el resto de países aceptasen eliminar esa parte del texto para permitir así su adopción.


Al final, la resolución salió adelante con 13 votos a favor (incluido el de EEUU) y dos abstenciones, de Rusia y China, que habían forzado junto a Washington otros cambios en el proyecto, eliminando por ejemplo una propuesta para crear un mecanismo encargado de vigilar crímenes sexuales en las guerras.


El gobierno de Trump, sobre todo de la mano del vicepresidente Mike Pence, ha convertido la lucha contra el aborto en una de sus prioridades, también en el ámbito exterior.
En 2017, Trump aprobó una orden ejecutiva que prohíbe el uso de fondos del Gobierno para subvencionar a grupos u organizaciones sanitarias en el extranjero que ofrezcan o informen sobre prácticas abortivas.


El actual Ejecutivo estadounidense también ha combatido en distintos foros de la ONU referencias a la salud sexual y reproductiva.


En el caso de la resolución del Consejo de Seguridad, Washington fijó ese asunto como una "línea roja" y advirtió que vetaría el texto si no se eliminaba, según fuentes diplomáticas.
El lenguaje en cuestión ya figuraba en resoluciones anteriores del Consejo de Seguridad, que habitualmente no da marcha atrás en conceptos que ya han sido aprobados.


El borrador presentado por Alemania reconocía la "importancia de dar asistencia a tiempo a los supervivientes de violencia sexual" y urgía a las entidades de la ONU y a los donantes a facilitar "servicios sanitarios no discriminatorios y amplios, incluyendo salud sexual y reproductiva, así como apoyo psicosocial, legal y de sustento".


Para lograr que la resolución saliese adelante, la delegación alemana accedió a última hora a retirar ese párrafo, lo que llevó a Estados Unidos a votar a favor.


"Queríamos tener la salud sexual y reproductiva en la resolución, pero estaba claro que no era posible. Para una delegación no era una opción", explicó a los periodistas el embajador alemán, Christoph Heusgen.


Según Heusgen, a cambio de retirar ese párrafo, se insiste en el texto en la vigencia de una resolución anterior sobre el tema, en la que sí figuraba la salud sexual y reproductiva.
Los países europeos fueron los que más pelearon por mantener esa cuestión en el texto adoptado este martes y, en algunos casos, criticaron abiertamente la postura de Estados Unidos, un tradicional aliado.


"Estamos consternados por el hecho de que un Estado haya exigido la retirada de la referencia a la salud sexual y reproductiva", dijo el embajador francés, Francois Delattre, que subrayó la importancia de esa cuestión a la hora de proteger los derechos de las mujeres.


Pese a los cambios de última hora, Alemania defendió que la resolución supone un "hito" y un paso adelante en favor de las víctimas de violaciones y otros abusos durante las guerras.
Según el secretario general de la ONU, António Guterres, la comunidad internacional tiene que seguir presionando para terminar con la "impunidad" de la que disfrutan la mayor parte de los crímenes de este tipo.


"Pese a un puñado de condenas de perfil alto, hay una amplia impunidad para la violencia sexual en los conflictos. La mayoría de estos crímenes nunca se denuncian, investigan o persiguen", dijo Guterres.


Junto al portugués, intervinieron ante el Consejo de Seguridad el congoleño Denis Mukwege y la iraquí Nadia Murad, ganadores del Premio Nobel de la Paz por su lucha a favor de los derechos humanos y contra la violencia sexual, que exigieron justicia para las víctimas.


La abogada de derechos humanos Amal Clooney, que representa entre otros a Murad y otras yazidíes víctimas de la organización terrorista ISIS, demandó la creación de un tribunal especial para juzgar las atrocidades cometidas por los yihadistas contra mujeres.


En ese sentido, recordó los procesos contra el nazismo tras la Segunda Guerra Mundial e insistió a las potencias en que este es "su momento de Nuremberg".
"Es su oportunidad para estar en el lado correcto de la Historia. Se lo deben a Nadia y a los miles de mujeres y niñas que ven a miembros de ISIS afeitarse sus barbas y volver a una vida normal, mientras ellas, las víctimas, nunca podrán", insistió.


24/04/2019 - 11

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 Un trabajador en la línea de producción de móviles de la fábrica de Huawei en Dongguan, el pasado mes de marzo. WANG ZHAO AFP

Empleados de empresas tecnológicas protestan contra jornadas de nueve a nueve, seis días a la semana, que apoyan empresas como Alibaba22


 Mi novia me lo advirtió: me estaba cambiando el carácter. Ya no me reía con los amigos. Estaba de peor humor, y siempre cansado”. Lenny Zhang, de 24 años y especialista en medios digitales, recuerda con horror su trabajo en una startup de realidad virtual en Pekín. “Al principio no estaba mal porque aún no había mucho que hacer. Pero cuando empezamos a tener clientes, eso cambió. Había que estar siempre en la oficina trabajando hasta tarde, y por supuesto sin más paga. Los fines de semana el jefe podía llamarte, si se daba alguna urgencia, y tú tenías que ir. Si te marchabas pronto, aunque no tuvieras nada que hacer, estaba mal visto: no estabas trabajando lo suficientemente duro”, relata.


Lo que Lenny Zhang (nombre supuesto) describe es lo que en China se conoce como la cultura del “9-9-6”. Trabajar todos los días de nueve a nueve, seis días por semana. Algo que en otros países puede sonar familiar; las críticas a las duras condiciones laborales han llegado incluso a Silicon Valley. Pero en la segunda potencia mundial, la insólita protesta de los trabajadores en empresas tecnológicas surgida en las últimas semanas tiene, como casi todo en este país, especiales “características chinas”.


Es insólita tanto por haber encontrado una vía para expresarse públicamente —la plataforma para desarrolladores de código GitHub— en un país donde impera la censura, como por el debate nacional que ha generado. Un debate que se ha puesto al rojo vivo después de que magnates como Jack Ma, el fundador del gigante del comercio electrónico Alibaba, hayan salido a defender ese régimen laboral.

El descontento empezó a palparse, según cuentan empleados del sector, el año pasado. No es que hasta entonces las largas jornadas laborales fueran algo raro. Pero a partir de entonces, a la intensísima competitividad de las empresas tecnológicas chinas empezó a sumársele la desaceleración generalizada de la economía. Las compañías empezaban a contratar menos. En enero, la oferta de trabajo en el sector había caído un 15% con respecto a 12 meses antes, según la página de anuncios de empleo Zhaopin. Había que producir más con menos y por el mismo sueldo, y cada uno debía arrimar —aún más— el hombro. O correría el riesgo de quedarse en la calle, por despido o por quiebra de la empresa.
Claro que nunca dicho explícitamente, o en público. La ley china prevé horarios de trabajo de 40 horas semanales. Si se sobrepasan, el empleado debe recibir una compensación, y en todo caso el número de horas extras no debe superar las 36 por mes.


Un proyecto viral


En marzo un grupo de desarrolladores anónimos creó en GitHub, una plataforma para compartir códigos de programación, una página irónica, 996.ICU. El nombre hacía referencia a un dicho entre los trabajadores del sector en China: “si trabajas 9-9-6, acabarás en la unidad de cuidados intensivos (ICU, en sus siglas inglesas)”.


La página incluye recomendaciones —“márchate a casa sin complejos a las seis”— y un listado de más de 150 empresas que aplican ese régimen de trabajo, incluidos gigantes tecnológicos como Alibaba, Huawei, o ByteDance, la empresa madre de la aplicación de vídeos cortos TikTok. La “licencia anti996”, que ya han adoptado más de 90 proyectos en GitHub, obliga a las firmas que quieran usar el software de esos proyectos a respetar las leyes laborales. El golpe de genio de la iniciativa es que la censura, por mucho que lo desee, no puede bloquear GitHub: las tecnológicas chinas necesitan esta plataforma para compartir código.


996.ICU inmediatamente se hizo viral, el proyecto más compartido de toda la plataforma. Claramente, mucha gente se sentía identificada. Pero quizá todo hubiera quedado en una anécdota puntual.


Hasta que la semana pasada hablaron Jack Ma y Richard Liu, el presidente del otro gigante logístico, JD.com. Y levantaron ampollas. En un comentario en redes sociales, Ma, uno de los hombres más ricos de China, opinaba que los trabajadores deben ver como una bendición poder trabajar 9-9-6. Sin ese régimen —que hizo posible que su empresa despegara—, la economía del país “muy probablemente perdería ímpetu y vitalidad”. “Si entras en Alibaba, tienes que estar dispuesto a trabajar 12 horas al día. Si no, ¿para qué vienes? No necesitamos a los que trabajan ocho horas cómodamente”.


Liu, por su parte, consideraba que su empresa se ha llenado de “vagos” por los que no puede sentir ninguna simpatía. Sus opiniones son tanto más hirientes por cuanto la compañía —en situación delicada y que según el digital especializado The Information se plantea despedir a 12.000 personas, el 8% de la plantilla— advertía en un correo interno filtrado que se deshará de los que no “luchen duramente”, con independencia de sus circunstancias personales.


Comentarios como estos han disparado aún más la indignación. “En las compañías de software de Shanghái estos días no se habla de otra cosa”, apunta un analista de datos. En opinión de varios empleados de compañías tecnológicas, si el debate ha calado tan hondo es porque, por primera vez, las empresas han defendido en público y a las claras unas prácticas que “hasta ahora nadie decía directamente que había que cumplir. La presión estaba ahí, pero funcionaba por insinuaciones, por sobreentendidos”.


Los medios de comunicación oficiales, que reflejan la opinión del Gobierno chino, han participado también en el debate, ahora centrado en lo adecuado —o no— del equilibrio entre trabajo y vida personal que ofrecen las empresas chinas. El Diario del Pueblo, el periódico del Partido Comunista, aseguraba conciliador en un editorial el domingo pasado que “los trabajadores que critican el 9-9-6 no pueden ser acusados de vagos o pusilánimes. Hay que tener en cuenta sus verdaderas necesidades”.


“El problema es que el mercado chino es realmente intenso y competitivo”, opina Lenny. “A la mayor parte de la gente no se le pasa por la cabeza que no hace falta estar tantas horas. Nos han inculcado que para tener éxito y para ganar dinero hay que trabajar muy, muy duro”.


Al joven desarrollador le parece una buena noticia la movilización, aunque se declara escéptico sobre sus posibilidades de éxito. “Esto había que haberlo hecho hace 10, 20 años, cuando el sector tecnológico empezaba. Ahora es demasiado tarde, ya está todo demasiado consolidado”. Él piensa votar con los pies y marcharse a Europa a ampliar estudios en dos o tres meses. "Si puedo, me quedaré allí. No quiero volver al 9-9-6".


No todos están en contra

M.V.L.


Aunque las críticas han tenido un amplio eco, no todos los trabajadores del sector, ni mucho menos, se consideran explotados o están en contra de echar todas las horas posibles, día tras día. Amber Qi, de “veintipocos años” y empleada en una empresa de robótica en Cantón, es una de ellos. Trabaja cada día de diez a diez, seis días a la semana. A veces, siete. Pero no considera que sea algo exagerado: “Hay casos peores”, asegura.


En el suyo, “no me importa trabajar tantas horas —dice—. Me gusta el equipo que formamos en la empresa. Es útil trabajar todo este tiempo: si estamos cansados, podemos irnos a casa a descansar un rato, no somos de los que estamos en la oficina perdiendo el tiempo sin ser productivos”.


La joven resta importancia a las declaraciones de Ma: “hay que ponerlas en el contexto del típico jefe chino, que pretende adoctrinar a sus empleados. Eso puede funcionar para la gente de 30, 40 años. Pero a los más jóvenes no nos hace falta que nos lo diga el jefe. Si nos motiva el proyecto, le echaremos las horas que haga falta. Si no, nos iremos”. ¿Se ve pudiendo mantener este ritmo siempre? Cuando sea mayor —asegura—, “cambiaré de trabajo, a uno donde se hagan menos horas”.

 

Por Macarena Vidal Liy
Pekín 20 ABR 2019 - 10:56 COT

 

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Viernes, 12 Abril 2019 06:26

Control social, designio del siglo XXI

Control social, designio del siglo XXI

Cuando el control social que ejercen los estados y las empresas se convierte en una malla tan fina que atrapa y sujeta todas las manifestaciones de la vida cotidiana, ¿es importante quién gobierna? El concepto de gobierno (instituciones estatales, nacionales, federales o municipales) es absolutamente insuficiente para comprender lo que está sucediendo en el día a día de nuestras sociedades.

La semana pasada en Bogotá, escuché asombrado los relatos sobre los niveles a los que está llegando la aplicación del Código de Policía. Un joven de 22 años, trabajador y estudiante universitario, fue castigado con una multa de 280 dólares (más de cinco mil pesos mexicanos) por comprar una empanada en la calle. La vendedora también fue multada.

En apenas dos años de vigencia del código se impusieron 400 mil multas, por situaciones cotidianas como correr en una estación de autobuses, comprar a vendedores ambulantes o defender a quien sufre multa policial, por "obstrucción" de la labor de los uniformados.

El Código de Policía fue aprobado en 2017, mientras se negociaba la paz con las FARC. El objetivo es evidente: taponar los poros por donde respira la cultura popular y juvenil, ya que se castigan hábitos como beber en las plazas, hacer malabarismo, actitudes circenses hacia la policía, entre muchas otras. Para los de abajo, el nuevo código implementa el "estado de excepción permanente" del que nos hablaba Walter Benjamin, que forma parte de la vida cotidiana de las personas oprimidas.

En China el control de la sociedad por el Estado es mucho más estricto aún. El sistema de "crédito social" otorga o quita puntos a las personas que, por ejemplo, fumen en lugares prohibidos, y se los sube a los que tienen actitudes condescendientes. En el puntaje entran todos los comportamientos de las personas, incluso algunos íntimos, como el consumo de películas o libros "eróticos", o hablar en forma grosera con alguien.

Los modos de control combinan las cámaras de videovigilancia (China tiene casi la mitad de las existentes en el mundo), con la inteligencia artificial y el reconocimiento facial. De ese modo, el Estado puede saber cuántos viajes has hecho en taxi y a dónde, qué compras, tus facturas médicas y hasta tus "generosidades" con los demás, como destaca el informe de Le Monde Diplomatique titulado "Chinos buenos y chinos malos" (edición de enero).

Como ejemplo de las puntuaciones que se imponen a los ciudadanos, el mensuario destaca: un punto por ayudar a un anciano a acudir a un hospital; cinco puntos menos y una multa por arrojar la basura al río. Pero por colocar un adhesivo contra el gobierno, te quitan 50 puntos y mil yuanes de multa. Como en los buenos regímenes autoritarios, todo viene mezclado: el castigo a los disidentes con la ayuda al prójimo y los malos hábitos.

Pero ahí comienzan los verdaderos problemas. Los que se portan bien, reciben regalos el día del Año Nuevo chino o tienen facilidades para obtener créditos para viajes o estudios. Los que tienen pocos puntos no pueden postularse a ciertos empleos, tomar vacaciones, subirse a trenes rápidos durante un año, reservar una habitación en un hotel o inscribir a su hijo en una buena escuela.

Las listas negras van de la mano de humillaciones públicas, ya que los datos se ventilan en páginas web, pero en algunos pueblos "los malos puntajes y el nombre de sus titulares son repetidos por altoparlante el viernes por la noche", de modo que el sistema convierte a tus vecinos en centinelas, según Le Monde Diplomatique.

El investigador de Amnistía Internacional para China, Patrick Poon, considera que el sistema de otorgar recompensas y castigos es una "práctica de control social a gran escala que legitima la clasificación jerárquica de los ciudadanos" (https://bit.ly/2G1diaz).

Cuando se producen hechos políticos importantes, como la Asamblea Nacional Popular, el régimen impone "vacaciones forzadas" a los disidentes obligándolos a salir de la ciudad, acompañados por agentes policiales para ser alojados en hoteles y complejos turísticos alejados con todos los gastos pagados (https://bit.ly/2Z3cRp4).

Hay muchos más ejemplos sobre el control social. La realidad se acerca cada vez más al concepto de "democracia totalitaria", del portugués João Bernardo. En su libro de próxima aparición en castellano, registra la estrecha relación entre el autoritarismo empresarial y el gubernamental, ya que los trabajadores pasan buena parte de su vida sometidos a la estricta disciplina imperante en el horario laboral.

Se pregunta qué quiere decir democracia, en nuestras sociedades donde reina el poder omnímodo de las empresas. "La sociedad neoliberal llegó a un punto en que es muy difícil aplicarle las antiguas definiciones del estado de derecho que hasta hace poco distinguían las democracias de los regímenes donde impera la arbitrariedad política", sigue Bernardo. Nos queda la tarea de trazar los caminos para cambiar el mundo ante estas mutaciones sistémicas.

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Mujeres afganas: del progreso al medievalismo misógino ‘made in USA’

Los medios de comunicación de masa suelen dividir la historia de las mujeres afganas en el “antes y después de los talibanes” y con dos objetivos: a) presentar a la OTAN como la salvadora de las mujeres, y b) ocultar el hecho de que los grupos terroristas “islámico-sunnitas” han sido creados por EEUU y sus aliados, y que el daño que afligen algunos miles de individuos de extremaderecha religiosa con escopeta a las mujeres es mayor que el de una alianza de 29 países con armas más mortíferos del planeta.

Que Afganistán “fue un refugio para los terroristas” y que la OTAN tenía la “misión de salvar a las mujeres” estaban al servicio de la agresión a este país: si por un lado, los terroristas no necesitan un país-refugio y se organizarse en un piso en cualquier país del mundo, por otro, la segunda farsa parecía más a una mala imitación del argumento de La Ilíada, en el que los griegos, bajo el pretexto del rescatar a Helena, secuestrada por el Príncipe de Troya, la invaden con la intención de saquearla, sembrar el terror y la muerte: Resulta que Afganistán es el país más estratégico del mundo para EEUU.


¿Cómo podían acabar con la violencia machista si la propia guerra es la máxima expresión de dicha violencia?


Cronología de una lucha por el progreso


1920: la monarquía “progresista” de Amanullah y Soraya, funda en el marco de los proyectos modernizadores para el país a Anchuman-E-Himayat-E-Neswan (Organización para la Protección de las Mujeres) para luchar contra el analfabetismo y los malostratos, y publica el cuaderno Ershad-E-Neswan (Orientación para las mujeres), la primera revista feminista del país.


1929: Gran Bretaña, molesto por las relaciones amistosas de Kabul con la Unión Soviética, incita a los señores feudales y religiosos, y juntos derrocan a los monarcas.


1933: el nuevo rey, Zahir Shah, influido por las reformas que tienen lugar en Irán y Turquía, abre las primeras escuelas para niñas, introduce en la Constitución del 1964 la igualdad entre los sexos y reconoce el derecho al voto de la mujer.


1964: Se funda el Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA), y la Organización Democrática de la Mujer. Este año se celebra por primera vez el 8 de marzo.


1973: Zahir Sha es derrocado por los nacionalistas. Se proclama la República de Afganistán. El asesinato de Mir Akbar Khyber, escritor y dirigente marxista en 1978, de autoría desconocida, desata la protesta de miles de afganos que termina en un golpe de estado por el PDPA contra el presidente Mohammed Daud.


.Abril del 1978: PDPA instala La República Democrática de Afganistán (RDA). Es un duro golpe a EEUU, que sin recuperarse de la derrota en Vietnam, sufre el mismo año la caída del Sha en Irán y el triunfo del sandinismo en Nicaragua. Por lo que organiza a los “Yihadistas” y a “Los contras” para contener a las fuerzas de izquierda. Así, pone en marcha la «Operación Ciclón» en Afganistán enviando a decenas de miles de terroristas armados desde Pakistán, forzando a la URSS a intervenir.


La época dorada del feminismo afgano


Las reformas realizadas por la RDA en favor de las mujeres incluyen:


Construir escuelas, ambulatorios, hospitales, viviendas sociales, y declarar la sanidad y educación gratuitas y universales.


Crear el Consejo de Mujeres, que pronto tendrá 150.000 miembros, y que ofrece servicios sociales y asistencia gratuita a las mujeres por primera vez en la historia del país.
Separar la religión del Estado, y reemplazar los tribunales religiosos por civiles, liberando a las mujeres de las leyes arcaicas.


Luchar contra el analfabetismo y promover cursos de formación profesional, desde peluquería, y costura, hasta mecánica de automóviles.


Nombrar a la doctora Anahita Ratebzad (1931-2014) embajadora de Afganistán en Yugoslavia, quien ocupará después la vicepresidencia del gobierno y el Ministerio de Asuntos Sociales. Ratebzad, en 1965, fue diputada del parlamento.


Crear miles de puestos de trabajo para las mujeres, con guarderías incluidas, y establecer el permiso de maternidad de tres meses con salario.


Elevar la edad nupcial para las niñas de 8 años a 16; declarar nulos los matrimonios forzosos, y prohibir el ”baad“, la entrega de una hija para solucionar una disputa o deuda de la familia.


Legalizar la libertad de no llevar el velo.


En 1986, cerca de la mitad del personal sanitario y educativo, y el 15% de los periodistas eran mujeres. Hubo 7 mujeres diputadas, y miles en las fuerzas armadas y en las Brigadas de Defensa de la Revolución, protegiendo sus conquistas de los ataques de los Muyahedines financiados con 3.000 millones de dólares de la CIA.
1987: la RDA empieza un giro a la derecha, creyendo que así bajaría la agresividad de los “Muyahedines”. Paraliza las “desamortizaciones”, restaura el islam como la religión oficial del Estado, subvenciona la construcción de mezquitas, y paraliza las medidas feministas.


Empieza una interminable pesadilla


La unidad anticomunista de los Muyahidines, divididos en una docena de grupos, se rompe y el caos reinante perjudica a los planes de EEUU que necesita la seguridad para llevar a cabo sus proyectos militares y económicos en el país.


1992: una vez desaparecida la URSS, la CIA reconduce la situación y crea a otro grupo yihadista, el pro saudí Talibán-Al Qaeda. Adoctrina en Pakistán a miles de lumpenproletariado en el anticomunismo y antifeminismo y les envían a Afganistán: se ponen en marcha las patrullas de la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio para imponer el burka a todas las mujeres. Cierran los colegios de niñas, expulsan a las trabajadoras de sus puestos y les prohíben salir de casa sin un hombre de la familia. Aplican la lapidación y otras formas brutales de ejecución como espectáculos públicos del terror. Se disparan las violaciones, secuestros, asesinatos, y también el suicido de niñas y mujeres.


1996: Los Talibán llegan a la capital y después de brutales torturas (como castración) asesinan al presidente Nayibulá. Desatan un terror sin precedente en el país, como lanzar a los gays de las montañas o aplastarles con los buldóceres. Pero, nada de eso sale en los medios occidentales, que les apodan “Luchadores por la libertad”.


Los Talibán firman su propia pena de muerte al prohibir el cultivo de la adormidera (con cuyo negocio, la CIA pagaba a sus mercenarios), y no alcanzar un acuerdo económico sobre el gaseoducto Trans-afgano (TAPI) con Washington, quien decide acabar con ellos y tomar el control del país de forma directa, tras organizar una amplia campaña televisiva sobre la barbarie de sus viejos cómplices.


2001: Con el 11S, EEUU intentará ejecutar sus objetivos, ocupando el país. Sólo entre el octubre de 2002 y el abril del 2003, los cazas anglonorteamericanas soltaron unas 10.000 toneladas de bombas ( como “Daisy cutters”) sobre 35 millones de afganos, dejando a miles de civiles sepultados bajo los escombros. Contaminaron aguas y tierras, destruyeron cultivos y el ganado, provocando una catástrofe humanitaria. Durante el 2002 UNICEF advirtió de que 100. 000 niños podrían morir de hambre y frío. En junio del 2005, en el servicio de maternidad del hospital de Kabul nacieron 150 niños con malformaciones severas, afirmaba el doctor Mohammed Daud Miraki, Director de la Asociación Afghan DU & Recovery Fund. Se dispararon la muerte de las mujeres en el parto y sus recién nacidos.


Bush instaló una República Islámica en Afganistán, repartiendo el país entre la OTAN y los Talibán. El resultado:


La huida de millones de familias de sus hogares a causa de los bombardeos, violaciones, torturas y el asesinato de sus seres queridos por el dúo Islamistas-OTAN.

El 87% de las mujeres afganas son analfabetas, y la mayoría no tienen acceso a la atención médica.


El 60% de las menores de 15 años son forzadas a casarse.


Cerca del 90% de las mujeres y niñas sufren de depresión o trastorno por ansiedad, de las que unas 2.000 intentan quitarse la vida cada año, la mayoría inmolándose.


“La violación es la forma más habitual de la agresión contra la mujer“, afirma el Tribunal Supremo de Afganistán (marzo del 2019). Los soldados de la OTAN (que cuentan con varias bases militares y también cárceles como el Guantánamo en Afganistán), la policía, hasta el presidente de la Federación Nacional del Fútbol femenino son los acusados.


El 80% de los suicidios son cometidos por mujeres hartas de una violencia generalizada y estructural, según el gobierno afgana (2014): Nadia de 16 años, se autoinmoló a lo bonzo para liberarse de la violencia de su marido y sus suegros: sobrevivió con gran parte del cuerpo quemada; a Masumeh, de 18 años su marido le cortó ambas orejas tras una discusión; a Royá su padre le mató tras descubrir que habia sido violada por su tío; Nasrin de 20 años murió por un bombardeo de la OTAN en su casa; Gulnar de 15 años fue violada por una turba de chavales en el camino al colegio. Su cuerpo fue hallado en un río de Kabul. Samira, quería estudiar y ser médica, pero la casaron a los 11 años. Intentó quitarse la vida con matarratas por las continuas violaciones de su marido y las brutales palizas, y al no conseguirlo a los 17 años se roció con el petróleo que se usa para la cocina, y se prendió fuego. El Código Penal del 2009 estipula que los esposos pueden privar de alimentos a las esposas si se niegan a tener relaciones sexuales: o sea, matarlas de hambre.


Decenas de miles de mujeres viudas con hijos se ven forzadas a prostituirse o a mendigar. El 65% de ellas considera el suicido como una solución para acabar con su miseria, afirma un informe del Fondo para las Mujeres de la ONU.


Las callas del país están llenas de niñas y niños huérfanos de la guerra, que en vez de estar en el colegio mendigan, estando expuestos al secuestro y abusos de todo tipo. El Observatorio de Derechos Humanos decía que 2017 “cerca de dos tercios de las niñas afganas no van a la escuela“.


El 75% de las niñas y adolescentes se enfrentan a un matrimonio forzado.


Una mujer maltratada no puede huir: será acusada de adulterio por la familia y se enfrentará al “crimen de honor”: ser castigada con mutilaciones faciales o la muerte.
El 90% de los partos se realizan en el hogar, sin asistencia de profesionales, y el 17% de madres mueren durante el parto.


En agosto del 2010, y con el fin de neutralizar la decisión de Barak Obama de retirar parte de las tropas de Afganistán, la revista Time puso en su portada la imagen de la joven afgana Aisha de 18 años, con la nariz y las orejas cortadas por el consejo tribal como castigo a desobedecer a sus suegros, con el texto “¿Qué pasa si salimos de Afganistán?”.
¡Pero, si esta barbarie ha ocurrido en presencia de 300.000 soldados de la OTAN!


En febrero del 2018, Afganistán eliminó el capítulo del borrador del código penal que penalizaba la violencia contra las mujeres. Las mujeres y los hombres afganos constituyen la segunda nacionalidad más grande de la población de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial: sólo en Irán y Pakistán viven 6 millones. En Europa son invisibles.


En octubre del 2018, la ONU informó que entre enero y septiembre, al menos 2.798 civiles murieron por ataques de la OTAN y Talibán y más de 5.000 resultaron heridos.


Hoy, bajo el pretexto de “negociaciones de paz” con Talibán, EEUU pretende entregar el poder a los mismos hombros que lapidan a las mujeres y queman escuelas. Una paz para los hombres en la que sin duda los derechos de ellas son el objeto de regateo. “Los problemas de las mujeres son importantes, pero no son nuestra principal prioridad ” en las negociaciones, dice la portavoz de la embajada de EEUU en Kabul, Monica Cummings.


Dieciocho años después y 2.000 millones de dólares supuestamente invertidos por la USAID para liberar a las afganas, este país es uno de los peores lugares del mundo para nacer mujer.


No hay duda de que las valientes mujeres afganas junto con los hombres progresistas escribirán el nuevo capítulo de esta historia.

8 marzo 2019

Publicado enInternacional
Comunicado de una profesora cátedra a la opinión pública.

Max Stiner atestiguó en su texto de mediados del siglo XIX El falso principio de nuestra educación o humanismo y realismo al/la profesor/a como “aquel que se debe a una idea o una pasión teniendo en cuenta su vocación pedagógica (…) Tal vez podría explicarse así el escaso sueldo de profesores: deben sentirse ampliamente recompensados por la santidad de su misión y mirar con desprecio los deleites” (Stirner, 2003, 118). Las palabras del profesor prusiano demuestran que en 1841 el docente estaba reducido a cumplir con su misión sin esperar el reconocimiento de su tarea y del bienestar que se genera del trabajo cumplido.


En 2019 las palabras de Stirner continúan siendo acertadas para describir la vulnerabilidad laboral que se ciñe sobre el/la docente.


La vocación por la enseñanza comprendida erróneamente por el factum económico como servilismo, produce un nicho mercantil y administrativo de la educación desdeñoso e ignorante de la importancia de la investigación, la formación, la preparación de contenidos y estudios perennes de disciplinas que exigen de cada persona lo mejor de ellas en su arduo compromiso de instruirse para ser profesor/a.

Las directrices administrativas de la Universidad Tecnológica de Pereira reproducen la comprensión errónea de la vocación como servilismo al exigir a los/las profesores/as catedráticos/as retomar los cursos del semestre 2018-II durante enero y febrero sin remuneración económica al respecto. Lo anterior es justificado teniendo en cuenta que en diciembre realizaron el pago de las horas cátedras de la segunda quincena de octubre y de lo correspondiente al mes de noviembre y que no fueron pagadas oportunamente por la administración argumentando –desde el marco económico– el no cumplimiento de la cláusula contractual que obliga a la universidad a pagar “la hora cátedra efectivamente dictada” (aunque no hay refulgencia normativa que explique a qué se refiere la efectividad de lo “efectivamente” dictado).
A mediados de diciembre pagaron las horas adeudadas a profesores con un compromiso económico de por medio que acordaron con los sindicatos profesorales de la universidad.


Empero, y sin una formalidad directa, las horas pagadas significaron (para la administración) que los tiempos requeridos durante enero y febrero para la culminación del semestre 2018-II (interrumpido para demandar condiciones dignas para la educación superior en Colombia) serían horas “compensatorias” de las “horas no efectivamente dictadas” en los últimos meses del 2018-II y que fueron pagadas.

Efectivamente, la administración amparada en una perspectiva clientelista y neoliberal de la universidad no previó, ni le interesó tomar medidas humanitarias con el estamento formativo del alma mater, es decir los/as docentes. No sólo no pagaron a catedráticos/as durante la coyuntura universitaria, pese a continuar con nuestra labor docente más allá de los cursos de/formativos que dictamos cada semestre. Tampoco gozaron del carácter y la empatía de decir explícitamente cómo se trataría el tema de contratos cátedra.

La administración universitaria en gran parte del territorio nacional nunca ha mostrado disposición para generar bienestar entre el profesorado. Tal negligencia administrativa revela un desconocimiento académico y humanista del origen de la universidad pública: cuidado y formación de todos los agentes que participan del desarrollo académico, investigativo, científico y pedagógico del territorio nacional.

También, hay un desconocimiento de la ética por parte de las esferas administrativas de las IES al expresar una deficiencia moral con sus acciones solo comparada con la complicidad de quienes sabiendo que la norma está mal deciden callar o defenderla por encima de la solidaridad, lo correcto, lo bueno y lo justo, como también ha sucedido con algunos colegas que por apatía y miedo guardan silencio ante los desafueros administrativos.

Por otra parte, la administración de la UTP con sus decisiones arbitrarias omitió las garantías logradas para superar la anormalidad académica en la mesa de diálogo para la construcción de acuerdos para la educación superior pública a nivel nacional. El inciso tres de dicho acuerdo dice:

“3. El Ministerio de Educación Nacional a través de sus representantes en los Consejos Superiores de las IES públicas instará a que se brinden las garantías laborales de acuerdo con el marco legal vigente para los docentes de carrera, cátedra y ocasionales por el tiempo de la movilización y al retornar a clases, de tal forma que se respeten sus vínculos contractuales con base en las condiciones pactadas en cada caso durante el periodo académico 2018-II. De ninguna manera las movilizaciones efectuadas dentro del derecho a la protesta pueden generar afectaciones laborales y salariales a los docentes. Esta garantía tendrá la vigilancia de los entes de control y el Ministerio de Trabajo.”

Profesores/as volvimos a los cursos regulares el 16 de enero según lo determinado por los diferentes estamentos de nuestra universidad. Cabe advertir que en lo que va de enero, se han cometido un sin número de atropellos contra “los/las cátedras” al tomar medidas policivas ante nuestra labor que no es paga, pero sí se vuelve obligatoria-quizá solo “recompensados por la santidad de nuestra misión”, como diría Stirner-.

las horas pagadas en octubre y noviembre que no se dictaron “efectivamente”, seguí ejerciendo como cátedra al estar presente en las aulas de clase atendiendo a estudiantes, reuniéndome con ellos/as, dictando conferencias solicitadas por el mismo movimiento estudiantil, contestando inquietudes, y, ante todo, siempre estuve –y estoy- a disposición imprescindible del estudiantado, del programa, de la universidad, de mis cursos y mis clases.

Las medidas expresadas desde la administración demandan entonces el servilismo del/la profesor/a que no solamente debe “compensar” lo pagado en diciembre, sino mantener “la calidad” de las clases en medio de las dificultades económicas y las medidas deshumanizantes del trabajo exigido “ad honorem”.

En consecuencia, como docente cátedra hago pública que mi vinculación con la UTP está basada, ante todo, en mi vocación, amor por la enseñanza, compromiso imperativo con el estudiantado y con el programa del cual hago parte. Mis estudiantes y mis colegas más allegados siempre han apoyado y estimado mi labor, lejos de excusas económicas para no hacerlo.

Como profesora de futuros docentes deseo la vocación sea compensada y no subvalorada por la compensación del trabajo. No se puede continuar irónica y fatídicamente “esperando a Godot” In spe contra spem del trabajo re/conocido si las administraciones de las IES no muestran vocación resolutiva para hacerlo.

Enero 29 de 2019.

 

Publicado enColombia
Martes, 04 Diciembre 2018 06:03

Karl Marx, técnico de la diferencia

Karl Marx, técnico de la diferencia

Identificar un sujeto antagónico del actual tecno-capitalismo requiere ir más allá de la simple ideología de clase, y profundizar en el modo de funcionamiento de las fuerzas productivas materiales que la economía transustancia en el mero cálculo de valores de cambio.

Lejos de haber quedado obsoleta, la obra de Marx nos sigue ofreciendo claves útiles para comprender las fuerzas hegemónicas que actúan en nuestro mundo y desarticular los principales discursos idealistas que las encubren y tergiversan. En nuestra sociedad, uno de esos discursos es el economicismo entendido como aquella teoría que establece la primacía de las relaciones de producción concebidas según el valor de cambio sobre las fuerzas productivas materiales. Para poder escapar a la mistificación economicista debemos distinguir netamente entre la tecnología como palanca de la fuerza de trabajo material, y la economía como aparato de captura contable –esto es, formalista e idealista- del plusvalor producido por dicha fuerza. Esto nos permitirá redefinir en próximas entradas del blog algunos de los rasgos que deberían estar presentes en un sujeto político efectivamente antagónico respecto al tecnocapitalismo que nos invade.


RELACIONES Y FUERZAS PRODUCTIVAS


En el Prólogo a su obra de 1859, Contribución a la Crítica de la Economía Política, Marx establece una distinción fundamental entre “relaciones de producción” y “fuerzas productivas materiales”. Concretamente, afirma que “en la producción social de su existencia, los hombres establecen determinadas relaciones, necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a un determinado estadio evolutivo de sus fuerzas productivas materiales. La totalidad de esas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se alza un edificio jurídico y político, y a la cual corresponden determinadas formas de conciencia social”. Uno de los errores cometidos por el marxismo economicista de la Segunda y la Tercera Internacional radicó en no prestar suficiente atención a la distinción establecida por Marx, unificando en un único ámbito las fuerzas productivas materiales (Fuerza de trabajo + estado de la Técnica) y las relaciones de producción (Sistema económico + organización social del trabajo) en tanto que estructura que (sobre)determinaría la ideología jurídico-política.


El punto clave de la tergiversación economicista radica en el lugar en el que se ubique la tecnología. En los tres volúmenes de El Capital, Marx ubica la tecnología como parte del capital constante, mientras que la fuerza de trabajo aportada por el trabajador es la única ubicada dentro del capital variable. Esta distinción llevó a la idea de que existía una oposición neta entre tecnología y fuerza de trabajo. Debido a la disciplina corporal que conllevaba, la primera fue considerada una herramienta de opresión del capital, mientras que la segunda fue identificada como la única susceptible de producir plusvalor. Esta última consideración fue reforzada por la descontextualización de algunas frases de Marx en las que se afirmaba que “la maquinaria, como todo lo que forma parte del capital constante, no crea valor” sino que simplemente “se limita a transferir el valor que ella encierra al producto que contribuye a fabricar”.


Lo importante aquí es leer esta afirmación en clave únicamente económica –como valor de cambio-, y no ontológica (como valor de uso). Desde un punto de vista económico la máquina no aporta más valor de cambio al producto producido que el calculado en el desgaste que experimentan los materiales con los que está construida cada vez que produce un determinado producto. En este sentido, el valor de cambio aportado por la maquinaria coincide con la mera amortización del valor de cambio pagado por su propietario en el momento en que la compró.


Si Marx diferencia entre capital constante -es decir, valor de cambio constante- y capital variable -esto es, valor de cambio variable- ello se debe a que como el propio término indica, dichas formas de capital implican diferentes tiempos de maniobra y cómputo contable por parte del capitalista. La distinción es utilizada por Marx porque todo su inmenso análisis del Capital ha sido concebido desde un punto de vista dinámico estrechamente ligado con el concepto de “ciclo”. Más concretamente, con el número de ciclos productivos posibles por unidad de tiempo (normalmente, un año). La diferencia entre maquinaria como capital constante y fuerza de trabajo como capital variable es pertinente únicamente de cara a realizar una Crítica de la Economía Política burguesa. En modo alguno para hacer una Filosofía de la Técnica o una propuesta de Política comunista.


PLUSVALOR Y DIFERENCIA(L)


Desde el punto de vista ontológico del valor de uso, Marx concibe la creación de valor como la capacidad de “convertir en trabajo la fuerza de trabajo”, entendiendo esta última en términos de “energías”, “capacidades” o “potencialidades” tanto físicas como mentales, es decir, tanto mecánicas como creativas y comunicativas. A este respecto, la mejor manera de ver el impacto de la tecnología sobre la producción de valor es a través de los conceptos marxistas de plusvalía absoluta y plusvalía relativa. Según Marx, “la producción de plusvalía absoluta se consigue prolongando la jornada de trabajo más allá del punto en que el obrero se limita a producir un equivalente del valor de su fuerza de trabajo”. En cambio, la producción de plusvalía relativa es aquella en la que manteniendo constante la fuerza de trabajo aportada por el obrero –en términos temporales, permaneciendo constante la jornada de trabajo- “se consigue producir en menos tiempo el equivalente del salario”, ampliando así la parte de la jornada destinada a la producción de plusvalor. Esto último es posible únicamente por dos medios: Mejorando la tecnología, o mejorando la cooperación social del trabajo. “La producción de plusvalía relativa revoluciona desde los cimientos hasta el remate los procesos técnicos del trabajo y las agrupaciones sociales”. Tecnología y co-operación son las dos grandes palancas con las que incrementar exponencialmente la productividad de la fuerza de trabajo de los individuos, y precisamente por ello, las únicas capaces de crear aquello que Marx utilizó para medir tanto la creación de plusvalor como el grado de explotación del trabajador: Tiempo.


Lo importante de cara a una posterior identificación del sujeto político antagónico de las sociedades tecnocapitalistas es no perder de vista la primacía, completamente materialista, del valor de uso sobre el valor de cambio: De la técnica y la co-operación social frente a una economía concebida como simple formalismo idealista a partir del cual contabilizar el plusvalor producido. A este respecto, un marxista materialista no es aquel que afirma que la economía sobredetermina la producción, sino precisamente todo lo contrario. En “Karl Marx, cazador de fantasmas” mostramos cómo la creencia supuestamente sociosimbólica en el valor del dinero únicamente se produce cuando es posible cambiarlo por algo que tiene un valor de uso. Ahora intentamos mostrar cuáles son las principales fuerzas materiales que determinan la capacidad de producción de valores de uso en un momento dado: La fuerza de trabajo, la tecnología y la cooperación social. Pero no el dinero.


En nuestra sociedad, el inmenso desarrollo acaecido en la automatización del trabajo mecánico debido a la aplicación de la electrónica digital y las telecomunicaciones está promoviendo que el tiempo de trabajo dedicado por el obrero para producir el valor de uso con el que reponer su propia fuerza de trabajo tienda a cero. Ello ha conllevado un movimiento masivo de la fuerza de trabajo humana desde sectores en los que su aplicación era utilizada prioritariamente para la transformación directa de la materia hacia aquellos en los que comienza a ser ante todo inmaterial, esto es, técnico-creativa. Dentro de este último ámbito, tanto el valor de cambio ¡¡como el valor de uso!! socialmente relevantes ya no es el producido por una única persona mediante el empleo de la fuerza mecánica de su cuerpo. El trabajo realizado por un hombre con una pala, por muy digno que pueda ser considerado, es socialmente irrelevante comparado con el realizado por un equipo de ingenieros con explosivos y retroexcavadoras. En sociedades de I+D+i con altos índices de automatización que permitan realizar trabajos mecánicos sin consumir la energía ni el tiempo de un obrero, la fuerza de trabajo humana susceptible de producir un valor socialmente relevante es únicamente aquella capaz de provocar una diferencia (una innovación), por aparentemente pequeña que sea, en alguna de las dos grandes palancas del plusvalor: la técnica o la cooperación creativa.


Para ilustrar lo que queremos decir con el término diferencia usaremos una triple analogía hidráulica, eléctrica y termodinámica. En el primer caso, la corriente (energía como “fuerza de trabajo”) únicamente fluye cuando hay una diferencia de presión. En el segundo, cuando la hay de potencial. Y en el tercero, cuando la hay de temperatura. Si no hubiera diferencial, todo estaría “en equilibrio”, no existirían procesos irreversibles y ningún agenciamiento se produciría. En terminología marxista, un mundo en equilibrio ontológico sería un mundo sin producción de plusvalor. El plusvalor es la diferencia que mueve el mundo, y establecer agenciamientos es producir diferencias.


Por supuesto, existen agenciamientos puramente técnicos como los realizados durante las tres primeras revoluciones industriales, y agenciamientos puramente sociales como el modelo-fábrica tan alabado por Lenin y/o la multitud propia del proletariado inmaterial descrita por Negri, pero también agenciamientos técnico-sociales como los que Deleuze denominó agenciamientos “hombre-máquina”, posibles únicamente a partir del desarrollo de las “tecnologías del silicio”. En la actualidad, es sobre estos últimos sobre los que pende la posibilidad de generar una diferencia política efectiva mediante la conformación de un sujeto revolucionario capaz de utilizar a su favor las fuerzas productivas materiales que sobredeterminan nuestras sociedades.

Por Enrique Cano  / Jorge León Casero
Profesores de Ingeniería Mecánica y de Filosofía. Universidad de Zaragoza.

publicado
2018-12-04 10:00:00

Publicado enSociedad
Viernes, 16 Noviembre 2018 07:34

La lucha por una vida libre

La lucha por una vida libre

Acosada por la represión estatal en Turquía y la guerra en Siria, la revolución de las mujeres kurdas mantiene su avance contra las tradiciones patriarcales. No sólo se trata de milicias de autodefensa, también de organizaciones de base que buscan cambiarlo todo.


El trabajo de las mujeres en Kurdistán es una callada y constante labor de años, una “revolución mental”, “una revolución dentro de la revolución” que va más lejos de su participación en las milicias de autodefensa. Así lo explicaron a Brecha las activistas kurdas Hanaa Sido y Gülcihan Şimşek, quienes a fines de octubre participaron en diferentes actividades de la Marcha Mundial de las Mujeres en el País Vasco.


Sido es natural de Rojava (en kurdo, “Occidente”, la parte de Kurdistán bajo soberanía siria) y militante de Kongreya Star (KS), la confederación regional de organizaciones de mujeres, nacida en 2005. Şimşek, por su parte, viene de Bakur (“Norte”, el Kurdistán incluido en las fronteras turcas) y es representante de Tevgera Jinên Azad, el Movimiento de Mujeres Libres (Mml), fundado en 2016.


“Buscamos un sistema de democracia radical, de base; una sociedad organizada en torno a la moral y liderada por las mujeres: si nosotras nos liberamos, podemos hacer lo mismo con la sociedad”, declaró Şimşek. En ambas regiones, el movimiento de liberación nacional y de la mujer se organiza de menos a más: de pequeñas asambleas y comités, casa por casa, barrio por barrio, a ámbitos geográficos más amplios. La participación está abierta a toda mujer, más allá de su militancia partidaria, su origen étnico o su desempeño profesional. En estos foros, explicó Sido, “se debate sobre qué es la vida, cómo es la vida libre de la mujer, cuál es su papel en la revolución, qué modelos de organización deben adoptarse”. En los últimos años esta apuesta ha logrado enormes avances sociales y políticos de ambos lados de la frontera, que ahora, sin embargo, se ven amenazados por la represión y las incursiones del Estado turco.


REPRESIÓN Y RESISTENCIA.

Tras las elecciones de 2014 y 2015 en Turquía, un número récord de mujeres (98) había ingresado al Parlamento. De ellas, al menos 40 por ciento pertenecían al movimiento de liberación kurdo, según contó Şimşek. Además sostuvo que “de las 14 municipalidades conseguidas en las elecciones, nueve fueron ocupadas por mujeres. Entre ellas la de la ciudad de Van, por mí. En 2014, en 36 intendencias se instauró la copresidencia”, un sistema que pone a una intendenta y a un intendente al frente del gobierno local.


Para entonces se había conseguido que a lo largo de amplias zonas del país, “asambleas, municipalidades y parlamentos apoyaran las iniciativas de las mujeres, especialmente las dirigidas a su empoderamiento económico”, dijo Şimşek. Estas instancias combatían el fundamentalismo, la poligamia, los matrimonios de menores y apoyaban las Casas de Mujeres, que dan ayuda económica, jurídica y psicológica a las víctimas de maltrato.


Pero desde el intento de golpe de Estado ocurrido en Turquía en 2016 y la subsecuente represión lanzada desde el gobierno del islamista Recep Tayyip Erdogan, todas estas redes solidarias son atacadas y destruidas con especial saña: “Luchamos contra un constante ataque fascista, nacionalista y fundamentalista”, denunció Şimşek.


De acuerdo a la activista, los ataques turcos siguen la senda de los cometidos en los años noventa, cuando el Estado destruyó más de 4 mil pueblos kurdos. “Hoy las municipalidades no tienen más copresidencia. Reina el patriarcado y el Corán sustituye a la educación para niñas y mujeres. Las Casas de Mujeres han sido cerradas, el acceso al arte y la cultura, y el desenvolvimiento profesional de la mujer en estos ámbitos ahora está vedado; la asimilación lingüística y cultural de las minorías se acelera”, afirmó la integrante del Mml, quien agregó: “Tenemos 35 mil presos en Turquía. Nueve mil son mujeres, 6 mil de ellas ya condenadas; 600 niños viven con ellas”, apuntó la activista, que recordó que entre las presas “hay intendentas, parlamentarias, activistas, trabajadoras”.


Del otro lado de la frontera, en Rojava, tampoco ha sido fácil. Allí, dijo Sido, “el trabajo de las mujeres tiene dos enemigos principales: el régimen sirio y la cultura tradicional kurda”. Incluso antes de la actual guerra civil y de las incursiones militares turcas se debió enfrentar un contexto difícil. “El régimen sirio, mediante detenciones, encarcelamientos y torturas intentó detener nuestro trabajo. Eso nos hizo comprender cuán dura era la lucha contra el fascismo del Estado. El dolor nos ha permitido abrir un camino basado en nuestra propia toma de decisiones, lo que nos ha llevado a encabezar la revolución.”
Por otra parte, analizó la militante, la cultura tradicional hacía que las familias se opusieran a la participación de las mujeres en la lucha. Pero la educación y el trabajo político de estos años lograron hacer retroceder el fundamentalismo religioso. “Esta revolución mental comenzada por las mujeres se ha trasladado a toda la sociedad kurda. Un símbolo de ello es que, hoy en día, las familias se muestran orgullosas de sus mujeres luchadoras”, constató Sido.


EMPODERAMIENTO EN MARCHA.

En ese proceso han sido importantes las llamadas “leyes de igualdad” que se implementan en Rojava, que entre otras cosas abordan la herencia y el combate a la poligamia, los matrimonios de menores y la violencia de género. Sido explicó que en su puesta en práctica hay dos herramientas fundamentales: las Casas de Mujeres –comienzo y vía habitual de trabajo– y los Comités de Paz e Igualdad, que funcionan en el seno de las comunidades.


Contó que de esta manera la mayoría de los problemas de violencia se solucionan a nivel de las comunas, mediante la educación y el diálogo. Sólo el 40 por ciento acaba en juicio. De todas formas, no todas las leyes de igualdad están en marcha: “En zonas como las de mayoría árabe se avanza muy despacio”, reconoció la activista, quien recordó que “en Oriente Medio la elaboración y aplicación de cualquier ley sobre la mujer es harto difícil”. Aún hay resistencias en algunas comunidades de la región, donde “la existencia de leyes de igualdad es en sí misma una revolución”. “Buscamos el equilibrio entre la sociedad que tenemos y la sociedad que perseguimos. Vamos poco a poco, pero sin pausa”, aseguró Sido.


La clave para emprender estos cambios ha estado en la labor de base de la organización de las mujeres, un proceso que se remonta a la década del 90 y que se ha edificado sobre tres ejes: popular, civil y de autodefensa, amén del muy importante trabajo internacional. Según la militante, “la organización pretende la preparación profesional de la mujer, para que sea capaz de desempeñarse de modo autónomo en cualquiera de las facetas de la vida”. Los ejes se traducen en diferentes comités que inciden en temas concretos: autodefensa; arte y cultura (incluida la lengua y la lucha contra la asimilación); relaciones internacionales; economía de la mujer (empoderamiento económico: cooperativas, apoyo mutuo); relación con las municipalidades; justicia social (en lo cual se destacan las Casas de Mujeres). “La disciplina, la profesionalización y la sistematización de la lucha son, a nuestro juicio, indispensables”, subrayó Sido.


Similares son, señaló Şimşek, los parámetros en los que se mueve el Mml en Bakur, al norte de la frontera: “Ponemos mucho empeño en conseguir el empoderamiento económico de la mujer –a través, por ejemplo, de la formación de cooperativas– y en el funcionamiento de comités políticos de base, cuya meta es cambiar la mentalidad de la sociedad, no sólo la de las mujeres”.


Su compañera remarcó que el trabajo no es sólo la autodefensa que ha hecho conocidas a las milicias kurdas. Es, además, “la preparación para la vida cotidiana (…) cómo llevar a cabo todo lo pensado y escrito durante 15 años, cómo liberar a nuestra comunidad del patriarcado y su lacra. La diferencia entre el antes y el después de la revolución es que ahora existe una fuerza considerable, de mayor trascendencia”.


Se trata también de cambiar la perspectiva desde donde las comunidades estudian su historia. “Después de 5 mil años encerradas como amas de casa, analizamos cómo la civilización fue comenzada por las mujeres y cómo, con el paso del tiempo, el patriarcado fue invisibilizando este hecho”, dijo Şimşek. Para Sido es importante dar a conocer el papel de la mujer a través de la historia, “teniendo como umbral una sociedad natural y libre”. “Hay que tener en cuenta que esclavizando a la mujer se han esclavizado sociedades enteras. Queremos hacer una revolución dentro de la revolución, una revolución femenina y mental”, concluyó.

 

Por Álvaro Hilario
16 noviembre,

Publicado enInternacional
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