Cumbre sobre Siria: Putin, Rohaní y Erdogan reunidos en Sochi

Los presidentes de Rusia, Turquía e Irán, Vladímir Putin, Recep Tayyip Erdogan y Hasan Rohaní, respectivamente, iniciaron una cumbre trilateral sobre Siria con el deseo de dar un impulso a la resolución del conflicto en el país.


Al comienzo de la cita en el balneario ruso de Sochi, a orillas del mar Negro, la cuarta reunión al más alto nivel de los Estados garantes del alto el fuego decretado en diciembre de 2016 en Siria conocido como proceso de Astaná, Putin consideró que “prácticamente en todo el país se cumple el cese de hostilidades y que el nivel de la violencia disminuye constantemente”.


No obstante, dijo, es necesario acordar “cómo garantizar la rebaja de la tensión en Idlib”, la única región importante aún en manos de las milicias rebeldes.


Esta provincia, indicó Putin, mantiene el cese de hostilidades, pero “esto no significa que tengamos que resignarnos a la presencia de grupos terroristas”.


Por ello, propuso “examinar pasos prácticos concretos” que Rusia, Turquía e Irán puedan dar conjuntamente “para destruir totalmente el foco terrorista” en Idlib.


Rusia y Turquía habían acordado en septiembre pasado, sin éxito hasta ahora, el establecimiento de una zona de seguridad y la creación en torno a ella de un área desmilitarizada.


El anfitrión de la cumbre también mencionó el reciente anuncio de la retirada de los soldados estadounidenses del noreste de Siria, al afirmar que los problemas de seguridad en esa zona “deben ser resueltos únicamente sobre la base del respeto estricto a la soberanía y la integridad territorial del país árabe”.


Moscú ha abogado en su lugar ante Erdogan por el diálogo entre Damasco y los kurdosirios para que el régimen del presidente de Siria, Bachar al Asad, tome el control del territorio una vez que Estados Unidos lo abandone.


Turquía está negociando con Estados Unidos crear y controlar una franja de seguridad de 32 kilómetros de ancho a lo largo de la frontera turco-siria, expulsando de ella a las milicias kurdosirias YPG, aliadas de EE.UU. en la lucha contra el grupo yihadista Estado Islámico (EI).


Ankara considera terrorista a las YPG por sus vínculos con el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), la guerrilla kurda de Turquía, y quiere acabar con la administración autónoma que las milicias kurdas han establecido en el norte de Siria.


El mandatario iraní manifestó, por su parte, que quedan pocos territorios controlados por los terroristas en Siria, pero que hay que establecer la paz en Idlib y el noreste del país.


“La presencia de fuerzas extranjeras, incluidas la estadounidenses, sin la autorización del Gobierno de Siria debe concluir cuanto antes”, sostuvo.


Rohaní señaló que entiende las preocupaciones de Turquía, pero subrayó que estas inquietudes pueden ser resueltas a través de la cooperación de Ankara con Damasco.


“Desde luego, hay que tomar en consideración la preocupación del Gobierno de Turquía. Entendemos esa preocupación, pero, sin embargo, consideramos que la cooperación con el Gobierno legítimo de Siria y el emplazamiento de fuerzas sirias en la frontera internacional es el mejor camino para eliminar esa preocupación”, recalcó.


A juicio del líder iraní, esta tarea “debe cumplirse conservando los derechos de todos los ciudadanos que viven en Siria, y también de los kurdos, que llevan viviendo desde hace muchos años en este territorio y son parte inalienable del pueblo sirio”.


Mientras, Erdogan expresó su deseo de que la cumbre de Sochi permita a las partes encontrar puntos de consenso para seguir acabando con las fuerzas destructivas en Siria.


“Durante ocho años, los sirios han intentado sobrevivir bajo las bombas. Esperan buenas noticias de nosotros acerca de una solución permanente”, según el presidente turco.

 

14 febrero 2019 | 10 |
(Tomado de El Diario)

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Jueves, 14 Febrero 2019 08:01

En 2019 el terrorismo llegó de mañanita

Adriana Gómez, detalle Simulación, mixta sobre lienzo, 30 x 90 cms, 2013 (Cortesía de la autora)

Los dolorosos hechos del 17 de enero han disparado de nuevo la insensatez: han puesto a decir cosas incoherentes a las autoridades. Al dolor, al llanto y a la soledad de los padres que perdieron sus hijos, se suma otra pena, que invita al examen y a la reflexión: la falta de madurez y la carencia de estatura de los líderes políticos. El poder enceguece y perturba. Por eso, quienes lo ejercen actúan como orates: el Presidente, el Fiscal, los ministros, los legisladores, los generales, en fin.

 

El pasado 17 de enero, el Eln estalló un carro bomba en la Escuela de Cadetes General Santander de Bogotá, dejando sin vida a 21 personas. Desde ese mismo momento los ecos de la explosión crecen en todos los ámbitos de la sociedad, por dos motivos. En primer término, se destapó un debate que parecía congelado en el tiempo –el significado del terrorismo–. Y, en segundo lugar, le permitió al Gobierno tender una espesa bruma sobre los episodios de corrupción que lo tenían apercollado, facilitándole tiempo y espacios mediáticos, para superar la improvisación que lo caracteriza. Las ondas de esta acción también golpearán a los activistas sociales, quines verán afectados sus derechos en muchos aspectos, si se tiene en cuenta lo dicho por los más cercanos colaboradores del presidente Duque, con relación a las redes sociales, donde se propaga la “desinformación”.


Terrosimo, esbozo del concepto


No existe un concepto de terrorismo universalmente aceptado por la academia o por los estudiosos de sociología política, pero en la actualidad los estamentos oficiales y sus voceros, los medios de comunicación, presentan este vocablo como un simple acto de violencia ejecutado por criminales y desadaptados. Según este punto de vista, el terrorismo no es más que la expresión de los “agentes del mal”, ignorando el terrorismo ejercido desde el poder, tan antiguo como el poder mismo, a la hora de juzgar su antítesis, el terrorismo insurreccional. En efecto, el terrorismo que hoy conocemos no es un hecho aislado sino un fenómeno dialéctico que obedece a múltiples factores. Es la respuesta a la represión del Estado, a las injusticias sociales, a los enormes desequilibrios, a los agresivos desarrollos económicos, a la confrontación de fuerzas políticas.


En su accionar el terrorismo es una forma de violencia que persigue, en esencia, dos fines. En primer término, generar unos efectos psicológicos, tales como reacciones emocionales de ansiedad y miedo entre los miembros de la población. Y, en segundo lugar, enviar un mensaje. Es decir, el miedo y las amenazas mismas se convierten en un medio de comunicación. Aunque el impacto terrorista ocasione pérdida de vidas humanas y daños físicos en las edificaciones y en las cosas en general, estos, en todo caso, por graves y numerosos que resulten, siempre serán inferiores a los efectos psicológicos y de comunicación que se persiguen.


Para el caso colombiano, el terrorismo tiene múltiples expresiones: las bandas oficiales o paraoficiales que pretenden preservar la injusticia social y el orden político establecido; el terrorismo de mafias organizadas que buscan amedrentar a las autoridades, y a los sectores de la sociedad que no les dejan el camino libre para desarrollar sus actividades ilícitas, como, por ejemplo, los carteles del narcotráfico; las minorías étnicas sometidas, que aspiran a la autonomía política y cultural; los movimientos armados de liberación o guerra de guerrillas de países subdesarrollados, y finalmente, el terrorismo ideológico, de grupos políticos sin poder que, mediante la lucha armada, quieren transformar de forma radical el orden existente.


Prescindiendo del terrorismo proveniente de la delincuencia organizada, todas las demás expresiones violentas de esta modalidad, se pueden agrupar en dos categorías: el terrorismo de Estado y el terrorismo insurgente. El primero busca acallar cualquier voz disidente, para consolidar o afianzar en el poder al régimen político existente, mediante agencias oficiales especializadas o por medio de individuos y grupos que reciben el apoyo directo e indirecto del gobierno. El segundo pretende sustituir o alterar sustancialmente la distribución de poder.


El terrorismo insurgente a su vez, tiene dos modalidades: individual, o terrorismo puro, y el de insurrección colectiva. El terrorismo puro o individual es un recurso personal o de sectas muy pequeñas, desesperadas y desconectadas de toda lucha política, sin una formación teórica capaz de construir un movimiento de masas para buscar un cambio real.


Aunque a cualquier demostración de inconformidad o manifestación de disidencia se le endilgue el terrorífico título de “terrorista”, aquél no pasa de ser un acto de rebelión, simples sabotajes o actos de guerra, como una emboscada, el asalto a una base militar o policial o la voladura de puentes, torres eléctricas o edificios del Estado. Si estas acciones alcanzan el grado de terrorismo, pertenecen al terrorismo de insurrección colectiva.


Contextos del atentado


Está claro que los hechos acaecidos el 17 de enero en la Escuela de Cadetes, se enmarcan dentro del terrorismo de insurrección colectiva. Ahora bien, cabe preguntar, ¿en qué momento ocurren? En el preciso momento en que las élites del establecimiento afrontan el más grande escándalo de corrupción de toda la historia, han perdido el norte y no encuentran la manera de salir del atolladero, que les permita seguir editando cuatrienio tras cuatrenio. Duque lleva seis meses en el Palacio de Nariño y aun no se halla como presidente. Nada le sale bien: ni siquiera los saludos que a nombre de Uribe debe darle a la monarquía española, ni el servilismo con que trata al Secretario de Estado de Estados Unidos, haciendo apología de los méritos, que los “padres fundadores” de esa nación, no tienen en la independencia de la Nueva Granada.


Uribe, como mentor y jefe de Duque, se quedó sin discurso que le aporte votos, porque las Farc se desarmaron, y se convirtieron en partido político. A esa falta de oxígeno, al líder del sector más retardatario y ultramontano del establecimiento, se le reduce el espacio, porque la Corte Suprema lo ha llamado a indagatoria, en uno de los 289 procesos que en su contra cursan en Colombia.


Néstor Humberto Martínez, puesto en la fiscalía general por todas las élites para que las proteja, ha perdido legitimidad y respaldo en la opinión pública. En efecto, ha quedado al descubierto que defiende los intereses de su cliente Luis Carlos Sarmiento Angulo, socio de Odebrech, la empresa que sobornó a todos los gobiernos del continente para monopolizar los grandes contratos de infraestructura. Los compromisos del hombre más rico de Colombia con la compañía Odebrech, son tan de bulto que le han abierto investigación en Estados Unidos. En el marco de la pérdida de legitimidad, la población civil organiza mítines en contra de Martínez y le pide su renuncia. Entre tanto, un grupo de juristas demanda su elección ante el Consejo de Estado, porque fue desleal con la Corte Suprema, al no hacer explícito su conflicto de intereses.


En medio de todo ello, ahora el país se entera que los organismos de inteligencia sabían, que desde hacía diez meses se venía fraguando un atentado contra la policía. ¿Por qué no le avisaron a esa entidad para que tomara todas las precauciones? ¿Néstor Humberto Martínez sabía? ¿También obró con deslealtad? Más grave aún: ¿enterado de que estaba en marcha un atentado contra la Escuela de Cadetes no hizo nada para detenerla, con la certeza íntima de que le daría una tregua en medio de sus dificultades personales y políticas?


En ese contexto, en el que todas las élites del establecimiento han perdido credibilidad, y en la antesala de unas elecciones territoriales, en las que no tenían argumentos para capturar las mayorías y continuar en su carrusel de corrupción, se produce el hecho terrorista de la insurgencia del Eln.

Error estratégico: efecto contrario al buscado


Como no se sabe exactamente cuál era el efecto que buscaba el Eln, hay que encontrarlo en el comunicado en el que reconoce la autoría de los hechos. En esta declaración presenta varios argumentos: que el presidente Duque no le dio la dimensión a los gestos de paz que esa guerrilla realizó en Navidad; que la fuerza pública aprovechó la tregua para avanzar y bombardear; que la Escuela de Cadetes atacada es una institución militar, que por eso es “lícita” la acción que realizaron; que en sus campamentos también se da capacitación y que también han sido bombardeados; que han insistido en el cese bilateral de fuegos; que actuaron en legítima defensa; que los contendientes en la guerra deben respetarse; que proponen un debate político sobre estos temas. Finalmente, esa guerrilla le pide al presidente Duque que envié su delegación de diálogo a la mesa, para darle continuidad al proceso de paz.


Todo el contenido del comuncado se enmarca dentro de la lógica de la guerra, que será perversa siempre, porque ninguna guerra es limpia, ninguna es justa, ninguna guerra es humanitaria. Con esa lógica con la que actuó el Eln, quiso ablandar a Duque y al establecimiento para obligarlos a continuar el proceso de paz que habían iniciado con el gobierno Santos. Pero por no tener en cuenta los contextos sociales y políticos, y las circunstancias de tiempo y de lugar, esa agrupación guerrillera incurrió en un error de gran hondura. Logró el efecto contrario al buscado. El hecho fue de tal torpeza, que resultó demasiado perfecto para los intereses de las élites del establecimiento. Fue tan magnífico, que antes de que los insurgentes reivindicaran semejante despropósito político, muchos analistas pensaron que habría sido la extrema derecha la causante del crimen.


Sin proponérselo, con su actuación el Eln les dio un segundo aire a las élites del establecimiento. A partir del 17 de enero andan disparadas, dando lecciones de moral, y anunciando una lucha frontal contra el terrorismo y la corrupción. Es posible que ese hecho se convierta en el punto de quiebre para que Duque comience a gobernar con cabeza propia. Ojalá fuera para consolidar la paz, y no para reinventar la guerra total.


En efecto, Duque, que hasta hoy no es Duque sino Uribe, se ha endurecido en el discurso, y pronto lo será en los hechos. Vendrá una arremetida sin cuartel contra las propias estructuras de esa guerrilla, pero también contra todo aquel que se aparte de las posiciones del Centro Democrático, que son con las que en estos seis meses ha desgobernado al país. Duque ha reafirmado su discurso de unidad nacional, pero en la praxis contradice su propia narrativa. Hace estratagemas, convocando a todos los partidos políticos a su despacho, para engañar a la opinión pública, porque no hay ningún diálogo que permita el entendimiento de los diversos sectores de la sociedad. Entonces, todos nos damos cuenta de que no es unidad nacional lo que pretende, sino unanimismo en torno a su figura de bacán, que ejecuta bien la guitarra, baila como un trompo y hace mil cabecitas, mientras los líderes sociales, defensores de rechos humanos y excombatientes de las Farc son exterminados. Quizás entendiera que no es la hora de infundir más miedo, con el tableteo de las ametralladoras, sino el momento de negociar la paz: no sólo con quienes se hallan alzados en armas, sino con todos los sectores inconformes de la sociedad.


El discurso oficial es razonamiento de orates


No hay coherencia en la versión oficial relacionada con el ingreso de la camioneta Nissan Patrol gris, modelo 1993, con placas LAF–565, a la Escuela de Cadetes, e1 17 de enero. Unas versiones afirman que una vez que el vehículo llegó a la portería, el perro detectó el explosivo, y, que al verse descubierto, el chofer aceleró, llevándose por delante al vigilante, a quien “dejó ahí tendido”. Esa misma versión dice que tres policías corrieron tras la camioneta, pero que perecieron en el momento en que esta explotó. Otra versión señala que la puerta de entrada estaba fuera de servicio, y que el conductor de la camioneta aprovechó la salida de un camión para ingresar a los predios de la Escuela; que el vehículo se desplazó con toda tranquilidad por las calles internas, sin que nadie lo hubiera detenido. Sólo hasta cuando un policía se vino de frente hacia la camioneta, el conductor dio reversa, giró a la izquierda y luego se estrelló. Cuando alguien cuestiona la seguridad de la Escuela de Cadetes, el ministro de Defensa, en tono airado, contesta que no es hora de atacar la seguridad de ese establecimiento sino a quienes ingresaron el carro bomba.


Por otra parte, el fiscal general, Néstor Humberto Martínez, en menos de veintidós horas después de ocurridos los hechos, el viernes 18 de enero a las 7:30 de la mañana, en rueda de prensa en la que también participaron el ministro de Defensa, la cúpula de la fuerza pública y el Comisionado de Paz, dijo que tenía plenamente identificados a los autores intelectuales de los hechos. Se le abona la eficiencia, que ojalá fuera en todos los casos. Lo que no es de rigor investigativo ni de procedimiento judicial, es que dijera, en vivo y en directo, que les imputaría cargos a la dirigencia del Eln. Por más flagrancia que haya, eso debe decirlo en una providencia, no ante los micrófonos.


Los más incoherente y desatinados de todos los agentes oficiales, han sido el propio Duque, su Canciller y su comisionado de Paz. Todos ellos a los gritos, le han exigido al gobierno cubano que entregue los diez delegados del Eln que están en La Habana. El canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, dijo en su cuenta de Twitter que su gobierno “actuará en estricto respeto a los protocolos de paz firmados entre el Gobierno y el Eln, incluido el protocolo en caso de ruptura de la negociación”. Pero sigue sin reconocerse a sí mismo como jefe de Estado, en cuya cabeza está la responsabilidad de la política internacional, desconoce los protocolos y actúa como un particular guiado por la “ley de la selva”. Se siente herido, y quiere hacerse justicia por sí y ante sí: “Ningún acto de esa naturaleza amerita ningún protocolo que evite que se haga justicia”, afirma. Sus íntimos del Centro Democrático van más allá. Le aconsejan que le pida al gobierno de Cuba que extradite a los negociadores, y que si no lo hace rompa relaciones con ese país.


Duque, su Canciller y su comisionado de Paz reiteran que a ellos no le importa ningún protocolo. Como buenos alumnos de Uribe, pretenden confundir a la opinión pública, con argumentos, en los que no se sabe qué es más ofensivo: si las mentiras o su convicción de que todos somos imbéciles. Miguel Ceballos, comisionado de Paz, dice: “No hay ni puede haber ninguna manifestación de perdón ni de amparo a un grupo que ya reconoció la autoría criminal, de ese acto que no tiene justificación alguna” (1). El cumplimiento del protocolo nada tiene que ver con el perdón ni la justificación de los hechos, ni nadie en el país ha hablado de eso, pero Ceballos hace el oficio de confundir. Al respecto, El Espectador, anota: “Que el Eln incumpla no significa que el Estado colombiano pueda utilizar argucias retóricas para amañar la realidad y faltar a su palabra” (2).
Con sus actitudes y narrativas, el mensaje que transmiten Duque y su equipo de política exterior y de paz, es que con ellos se llegó al fin de la Historia. Se ignoran los protocolos, se desconocen los países garantes, porque ya nunca jamás habrá negociación. No habrá con quien hacerla, porque se ha consolidado la democracia y los grupos terroristas desaparecerán de la faz de la tierra para siempre.


Quien más réditos políticos le ha sacado al carro bomba, ha sido el senador Álvaro Uribe, siempre para echarle la culpa a Santos. Después del antentado trinó: “Que grave que la paz hubiera sido un proceso de sometimiento del Estado al terrorismo”. En la marcha del domingo 20 de enero, fue más explícito: “No podemos permitir que los eln sigan el ejemplo de los terroristas de la Farc”. Siempre tan hábil para convertir las mentiras en verdades y las verdaddes en mentiras, Uribe pretende hacerle creer a la opinión pública que el hecho terrorista acaecido el 17 de enero, es la consecuencia lógica del proceso de paz con las Farc, cuando es precisamente todo lo contrario: gracias a la firma de los acuerdos de paz con esa guerrilla, se han evitado muchos muertos. Y, si el Eln hubiera seguido el ejemplo de las Farc, y hubiera firmado un acuerdo de paz con Santos, no se hubieran presentado los dolorosos hechos, que hoy lamentamos y repudiamos todos.

 

1. El Espectador, “Protocolo al El: ¿aplicable o no?”, Bogotá, martes
22 de enero de 2019.
2. Ibíd., “El terror no es excusa para dejar de hacer lo correcto”, (editorial principal).

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Miércoles, 06 Febrero 2019 06:13

Rusia apuntala a los talibanes afganos

Rusia apuntala a los talibanes afganos

Representantes del grupo islámico confirmaron que una delegación viajaría a la tierra de su anterior enemigo. Se unirán a opositores como el ex presidente Hamid Karzai.

 

Desde Moscú. Moscú comenzó a celebrar ayer conversaciones de paz que han generado controversia aún antes de que haber comenzado. Hay enojo por el “diálogo intra-afgano” de dos días, tanto de los talibanes, que asistirán, como de la administración marginada del presidente Ashraf Ghani.


Representantes del grupo islámico fundado en la resistencia antisoviética confirmaron que una delegación arribó a la tierra de su anterior enemigo. Se unen a varias docenas de prominentes figuras de la oposición, entre ellas el ex presidente Hamid Karzai y Hanif Atmar, que se postula contra Ghani en las elecciones presidenciales de este año.


El gobierno afgano rechazado ha reaccionado enojado ante la perspectiva de conversaciones, describiéndolos como un intento de “ganar poder” y “no en los intereses de Afganistán”. Los talibanes, por su parte, se han negado durante mucho tiempo a comprometerse con el gobierno de Ghani, calificándolo de “títere” de los Estados Unidos.


Las tensiones y las controversias podrían explicar por qué el Kremlin se está distanciando de un evento que conserva claramente sus huellas dactilares. Oficialmente, Rusia afirma que las conversaciones están siendo organizadas por un oscuro grupo de refugiados afganos llamado Consejo para la Comunidad Afgana, con sede en Moscú, y no bajo los auspicios del Ministerio de Relaciones Exteriores, el Kremlin o incluso una plataforma asociada.


Sin embargo, sería difícil que un evento de este tipo continúe sin el apoyo organizativo, de visas y de seguridad de las autoridades rusas. A los representantes talibanes les resultaría difícil pasar el control de pasaportes dado que su grupo sigue en la lista de organizaciones terroristas. Este detalle en particular se ha magnificado hasta el absurdo en los medios de comunicación rusos, que todavía están obligados a referirse al estado “prohibido” de los talibanes cuando informan sobre la invitación a Moscú.


El conflicto afgano liderado por Estados Unidos está ahora en su décimo octavo año. Durante mucho tiempo, Rusia no estaba dispuesta a involucrase. Pocos en Moscú se deleitaron ante la posibilidad de otra batalla prolongada en las montañas afganas; los recuerdos de la desastrosa campaña de la Unión Soviética en la década de 1980 aún están frescos en la mente. Pero en las etapas posteriores del conflicto, a medida que los talibanes fortalecían su posición y Estados Unidos debilitaba la suya, Rusia buscó recuperarse y cultivar una relación cercana con el grupo radical islámico.


Según varios informes, esa relación ahora tiene una dimensión militar. En 2017, el secretario de estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, acusó abiertamente al Kremlin de armar a los talibanes mientras combatía a las tropas estadounidenses. En marzo siguiente, el general John Nicholson, jefe de las fuerzas estadounidenses en Afganistán, repitió la declaración.


* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Páginal12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.

 

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Negociadores de paz del ELN niegan vínculo alguno con atentado en Bogotá

El comandante del guerrillero ELN Pablo Beltrán negó hoy cualquier vínculo de los miembros de su delegación de negociadores con el atentado ocurrido en Bogotá el 17 de enero que dejó una veintena de muertos.

La tarea nuestra en Cuba es sacar adelante la agenda de conversaciones, los hechos que ocurren en Colombia ni los conocemos ni tenemos injerencia o algo que ver con ellos, afirmó el dirigente del Ejército de Liberación Nacional (ELN), en declaraciones a Prensa Latina.


Beltrán insistió en que a su llegada a La Habana el gobierno cubano les dio la bienvenida y les ofreció su ayuda como garante y sede de la mesa de pláticas pero a la vez pidió a los voceros de esa agrupación insurgente limitarse exclusivamente a los diálogos de paz.


Nosotros hemos cumplido al pie de la letra eso y nos hemos centrado en adelantar las conversaciones, enfatizó.


El ELN se atribuyó la autoría del hecho a raíz del cual el presidente colombiano, Iván Duque, decidió suspender las negociaciones con esa agrupación, iniciadas por su antecesor Juan Manuel Santos en Quito y trasladadas luego a esta capital, adicionalmente el mandatario activó las órdenes de captura contra los 10 integrantes de la delegación de paz.


Esta comisión sigue activa trabajando para se reabran las rondas de debates, mientras los países garantes y acompañantes están interesados en que se mantengan los protocolos iniciales previstos en caso de una ruptura de las conversaciones, en darle un buen cierre al proceso para que los que hemos impulsado este esfuerzo no terminemos pagando lo que no debemos, añadió Beltrán.


El líder del ELN subrayó que tal acuerdo para el retorno seguro a las selvas del país sudamericano debe ser acatado por el actual ocupante de la Casa de Nariño por su carácter vinculante.


Hay un protocolo que dice que en caso de interrupción de las conversaciones el propio Estado debe dar garantías para nuestro regreso, entonces lo que debe es cumplir lo pactado en vez de pedirle cosas imposibles a Cuba, comentó Beltrán al referirse a la solicitud de Bogotá para que el país caribeño entregue a dichos voceros.


Respetamos la posición de la isla, país garante y sede de la mesa (…) cualquier actividad por fuera de ella no le incumbe y no tiene por qué responder por ella.


Cuba jamás ha permitido ni permitirá que su territorio sea usado para la organización de actos terroristas contra ningún Estado, Cuba ha cumplido estrictamente su papel como Garante y Sede Alternativa de la Mesa de Diálogos de Colombia entre el Gobierno y el ELN, escribió el canciller Bruno Rodríguez en uno de sus tweets.


En diálogo con Prensa Latina el jefe del grupo del ELN nombrado para platicar con los representantes del gobierno colombiano consideró que no obstante las dificultades actuales hay que persistir en la salida política al largo conflicto armado, el cual causó la muerte a casi 300 mil personas.


En total la guerra interna ha dejado alrededor de ocho millones de víctimas, cifra que incluye también a unos siete millones de desplazados de sus lugares de origen y miles de desaparecidos.


Con el gobierno previo comenzamos estas reuniones bajo el entendido de que transcurrirían en medio de la confrontación, llegó esta administración pero demoró en acudir a la mesa porque esperaba debilitar al ELN con operaciones militares, estos seis meses que hemos estado esperando en La Habana han sido de una ofensiva militar en contra nuestra, dijo.
Frente a tal realidad -añadió- ha habido respuestas como la del jueves, pero por encima de los problemas y enfrentamientos hay que insistir en una salida concertada al conflicto, a nosotros nos critican por este ataque pero aun así mucha gente dice que tiene que seguir el proceso de paz y la presión de la sociedad logrará que se reanuden los diálogos, opinó.
Finalmente Beltrán anunció que entregarían los protocolos y acuerdos conseguidos para que sirvan como punto de partida de una futura negociación.


Millones de colombianos exigen tanto al gobierno como al ELN que volvamos a la mesa, manifestó.


Menos numeroso que las antiguas FARC-EP, ya desmovilizadas, el Ejército de Liberación Nacional está activo hace más de medio siglo.
(Información de Prensa Latina)

21 enero 2019


 "Esperamos que nos den garantías para volver"

 

Redacción Web Con AFP

El nuevo siglo

Bogotá

Enero 21, 2019 - 07:39 PM

Para el Ejército de Liberación Nacional (ELN), el ataque contra una academia policial en Colombia que dejó 20 muertos es una respuesta a las acciones del gobierno. Pese a ello, su jefe negociador en La Habana, Pablo Beltrán, dice que no han renunciado a un acuerdo de paz.


En la siguiente entrevista, Beltrán se refiere al fin de la mesa de diálogo decretada por el presidente Iván Duque y a los pedidos de este para que Cuba los entregue a la justicia.
P: ¿Por qué el ELN comete un acto de esta naturaleza mientras pregona un diálogo?


R: Hemos esperado seis meses. Hicimos liberaciones de soldados y policías. A fines de año hicimos un cese al fuego unilateral y en esa tregua recibimos ataques, bombardeos y, al terminar la tregua han venido habiendo combates, ataques, y dentro de esos hechos militares ocurre el que usted me dice. (...) Ojalá el diálogo (con Duque) se pueda hacer en medio de un cese bilateral para crear confianza.


P: ¿Hay acaso espacio para que el diálogo continúe?


R: En Colombia pasan cosas terribles todos los días. La agenda de diálogo dice que el objetivo uno es ponerle fin al conflicto armado interno. Ese objetivo hay que mantenerlo. Mientras que se logra por supuesto que habrán combates.


P: ¿Por qué atacar una escuela de alumnos de la policía?


R: En cualquier país del mundo la policía es un cuerpo de orden interno. Pero en Colombia existe una policía militarizada. La población no la quiere. Eso es algo común, es una parte más del plan contrainsurgente y es un objetivo.


P: ¿El comité central y la comisión de diálogos del ELN tenían información de que ese ataque iba a ocurrir?


R: No, por supuesto. Nosotros estamos en Cuba desde hace ocho meses.


P: En Colombia se habla de un sector del ELN descontento con las negociaciones de paz, responsable del ataque. ¿Hay disidencias?


R: No. Los acuerdos que hemos firmado en esta mesa, ejemplo, los acuerdos de cese (al fuego), han sido totalmente cumplidos por todos los frentes del ELN.
P: Este ha sido un ataque kamikaze, algo que no se veía en América Latina. ¿Lo planearon así o fue un accidente?


R: Pienso que estas cosas son irrepetibles. Esa no es la política del ELN, ni ese tipo de modalidades y, si ocurre una vez, me imagino que tendrá alguna explicación operativa que no conozco.


P: ¿Cómo se producirá su retiro?


R: En 2016 se firmó el protocolo en caso de ruptura (...) Se estipularon garantías para que el ELN vuelva a sus zonas y hay estados que avalan eso y esperamos que el gobierno dé las garantías para el retorno.


P: Duque ha dicho que ese protocolo fue firmado por otro gobierno y que no puede respetarse después del atentado. Además le han pedido a Cuba que los entregue.


R: La paz para que funcione tiene que ser una política de Estado. Lo que avanza un gobierno debe tener continuidad con el otro. Nosotros firmamos con el Estado y le exigimos a ese Estado que cumpla ese protocolo de retorno del ELN.


P: Pero tiene a una ciudadanía marchando en contra del ELN...


R: Vemos que muchos sectores en Colombia critican esta acción militar del ELN, pero exigen que se le de continuidad al proceso de paz. Esa es la realidad política hoy de Colombia (...) Con ese criterio de que lo que firmó Santos no vale para Duque, dónde van a quedar los acuerdos firmados con las FARC.


P: Cuba, anfitriona, condenó el ataque pero queda en una posición complicada tras confiar en ustedes..

.
R: El gobierno cubano fue explícito en decir que con mucho gusto brindaba el territorio para ser sede de la mesa pero nos pidieron que no se proyecte de aquí ningún tipo de actividades aparte de las del proceso de paz. Hemos cumplido eso y lo que haga el ELN en territorio colombiano no tiene por qué afectar a un gobierno amigo de la paz.


P: ¿Cuba les ha pedido que se retiren?


R: El protocolo dice que hay 15 días para el retorno de la delegación (vence el 2 de febrero) y vamos a actuar dentro de ese protocolo.


P: ¿Han evaluado pedir asilo en otro lugar, entonces?


R: Descartamos cualquier posibilidad de asilo y vamos a mantener el retorno dentro de los 15 días contemplados en el protocolo.


P: Colombia ha pedido a Cuba que los entregue...


R: La Cancillería cubana ha dicho que va a aplicar el protocolo y nos atenemos a eso.


P: Después de lo ocurrido, qué le diría a los colombianos que lloran la muerte de 20 estudiantes de la escuela policial por un atentado del ELN.

..
R: Pese a los ambientes bélicos y ataques que haya, la decisión del ELN es no apartarse de un camino de solución política. Y si en este momento hay una situación más tirante, tenemos la disposición a esperar y a crear condiciones para una reanudación de las conversaciones.


P: Ante lo ocurrido, la imagen del ELN en la comunidad internacional ha perdido credibilidad..

.
R: Es posible (...) Tenemos que persistir en el diálogo. En Colombia hay respuestas que no dependen de esta delegación. Nadie nos puede pedir que si nos atacan nos amarremos los brazos atrás. Aspiro a que ese ambiente se distensione y que se puedan reanudar las conversaciones.

 

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Sábado, 19 Enero 2019 05:18

Duque rompe con el ELN

Duque rompe con el ELN

Para el gobierno, se trató de una demostración de fuerza de la guerrilla del ELN. Sin embargo, otros creen que podría ser un autoatentado como los provocados por el ejército colombiano durante el gobierno de Alvaro Uribe Vélez.

Un poco después de las 11 de la mañana, la cuenta de Twitter de la Delegación de Paz del ELN fue suspendida. Están acusados de ser los responsables del atentado al corazón de la Policía de Colombia en Bogotá que dejó 20 policías muertos, más de 60 heridos, un sospechoso capturado y varias hipótesis. La del gobierno es que se trató de una demostración de fuerza de la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN). Otros creen que podría ser un autoatentado como los provocados por el ejército colombiano durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez.


Para el Ministro de Defensa del gobierno de Iván Duque, ungido de Uribe, este acto terrorista es uno de los más graves que ha sacudido a la capital. La intensidad del conflicto armado se ha visto disminuida en los últimos años por cuenta del fin de la guerra con las Farc. Un proceso de Paz con esa ex guerrilla logró la deposición de más de once mil armas en 2017, y el regreso a la vida civil de 7 mil combatientes. Algo así se esperaba del desenlace de la Mesa de Conversaciones del gobierno con los rebeldes del ELN. El gobierno puso fin a estos diálogos ayer, horas después de que la Fiscalía General de la Nación imputara cargos de terrorismo a los integrantes del COCE (Comando Central del ELN). Según las autoridades judiciales José Aldemar Rojas, quien habría ingresado a la escuela policial la camioneta Nissan Patrol cargada de explosivos y resultó inmolado, habría estado en la guardia de alias Gabino, el número uno del ELN. Era conocido con el alias de “Mocho” o “Kiko”.


Además un hombre fue capturado en un barrio popular bogotano. Ricardo Andrés Carvajal fue acusado de haber participado “en grado de autor en el acto terrorista”, explicó el cuestionado Fiscal General de la Nación, Néstor Humberto Martínez, a quien miles de personas le exigieron la renuncia del cargo en multitudinarias marchas en las ciudades capitales. Según el fiscal sus enemigos le interceptaron algunas conversaciones telefónicas comprometedoras.


Sobre “El Mocho” el gobierno asegura que desde hace 25 años se desempeñaba como miliciano de este grupo insurgente, y habría sido cabecilla de diversos frentes, entre ellos el Frente Domingo Laín. En los últimos años se volvió cabecilla y entrenador explosivista, detalló el Ministro de Defensa, que ofreció una versión muy detallada a los medios la tarde de ayer. A continuación, el Alto Comisionado para la Paz dio a entender que los Diálogos llegaron a su fin.


“El ELN no ha hecho una sola manifestación de su voluntad de paz, y a las luces de estos eventos, el Gobierno sabe y entiende que no tiene voluntad de paz. Por eso el señor Presidente, luego de conversar otros detalles, hará un anuncio sobre la decisión de sobre los diálogos con ese grupo”, puntualizó Miguel Ceballos. Al cierre de esta edición el presidente Duque no se había manifestado públicamente. Sin embargo Ceballos dijo que no habría más diálogo. El Alto Comisionado increpó a los elenos a no usar el terrorismo y devolver a la libertad a los secuestrados.


Esta guerrilla, hoy la más poderosa del país, que podría contar con unos cuatro mil combatientes, había decretado varios ceses unilaterales al fuego. Desde que se sentó en la Mesa de Conversaciones en Quito, Ecuador, en 2017, todos los fines de año la organización alzada en armas se declaraba en tregua. Sin embargo, continuaron secuestrando militares y civiles, y según denuncias del gobierno y las comunidades también reclutando adolescentes para sus filas.


Entre tanto, la derecha utilizó el dolor del atentado para tergiversar la situación y, por extraño que parezca, justificar la violencia contra la policía en la búsqueda de la paz. Las víctimas y la sociedad civil progresista colombiana insistieron en que hay que seguir adelante con la paz. Los representantes del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición expresaron su rechazo frente al atentado contra la Escuela General Santander e hicieron un llamado por la defensa de la construcción de paz.

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Gobierno de Colombia sindica al ELN como autor de atentado que deja 21 muertos

En declaraciones ofrecidas en Bogotá a partir de las 7:48 de la mañana del 18 de enero, el gobierno colombiano confirmó que el ataque a las instalaciones de la Escuela General Santander de la Policía Nacional y que arrojó un saldo final de 21 muertos, corresponde al Ejército de Liberación Nacional (Eln).

Los asesinados producto del ataque con explosivos, en su mayoría eran policías nacionales o provenientes de países como Ecuador y Panamá, en su mayoría jóvenes con edades menores a los 25 años; pero también fueron impactados por la onda explosiva, y perdieron la vida, hijos de éstos.

De acuerdo a pruebas presentadas por el ministro de defensa, Guillermo Botero, el fiscal general de la nación, Néstor Humberto Martínez, el director de la Policía Nacional, mayor general Óscar Atehortúa Duque y otros integrantes del gobierno nacional, el autor directo del ataque fue José Aldemar Rojas Rodríguez, que según lo explicado por los voceros oficiales era un veterano integrante de esa organización insurgente, experto explosivista, y quien también perdió la vida al momento de activar los explosivos con que fue cargado el automotor que condujo hasta el sitio de los sucesos.

En la acción oficial contra los posibles autores del ataque, en primeras horas del día 18 de enero fue detenido Ricardo Andrés Carvajal, habitante del barrio Los Laches, un sector populoso del nororiente bogotano, y quien, de acuerdo a los voceros del gobierno, reconoció su participación en los hechos.

El atentado, presentado en momentos en que la negociación de paz entre Gobierno-insurgencia, con Mesa en La Habana, está bloqueada por un conjunto de exigencias interpuestas por el gobierno de Iván Duque, las mismas que su contraparte denuncia como que no hacían parte de lo estipulado para abrir la negociación de paz entre las partes.

Este ataque, por tanto, favorece la pretensión oficial y lleva la Mesa a su final. alejando, al menos mientras cumple su periodo el gobierno encabezado por Iván Duque, una negociación de paz que lleve al final del conflicto armado en Colombia, proceso iniciado por el acuerdo logrado con las Farc.

El ataque sufrido por la instalación policial, por tanto, es una contradicción en sí misma, ya que durante meses la delegación del grupo insurgente para estos diálogos se negó a reconocer que la Mesa estaba moribunda, mucho menos que estaba muerta, manteniendo así viva la esperanza en una resolución dialogada a la guerra que afecta al país, desde décadas atrás.

 

Interrogantes

 

El atentado de la organización insurgente, de ser comprobada a plenitud, deja abierta diversidad de interrogantes para todas aquellas personas que están por la vida y en contra de la muerte y todo lo asociado a ella.

Entre ellos, resalta con fuerza propia, el favor que le hace este tipo de operaciones a un Gobierno que, más allá de anunciar medidas para contener el asesinato de dirigentes sociales y de activistas de los derechos humanos, no activa medidas efectivas. Es decir, este ataque ayuda a ocultar la violencia que está afectando a amplios sectores sociales populares de Colombia, la misma que ha significado el asesinato de cientos de activistas sociales en los últimos años, y no menos de 7 en los primeros días del año en curso.

Favores que también le dan aire a la demanda de más mano dura en Colombia, como desde meses atrás lo reclaman diversos sectores de partidos del poder, así como de algunos gremios económicos. Una “cacería de brujas” tendría así las manos desatadas, y con seguridad llegará, afectando las estructuras de todos aquellos que tratan de levantar alguna esperanza de cambio para los empobrecidos de nuestros país.

Acción que, de igual manera, entra como parte de la agenda contra Venezuela y las maniobras coordinadas en todo el Continente, con el impulso de los Estados Unidos, para dar al traste con el gobierno de Nicolás Maduro. Las voces que incluso preguntan por el gobierno venezolano como motivador de esta acción también se escuchan en Colombia. Su pretensión es obvia: motivar, incluso, una acción militar contra el país vecino. Las próximas jornadas de presión contra el gobierno venezolano, que ahora están en la fase de dualidad de poderes, darán luces sobre las implicaciones en la geopolítica de este tipo de ataques.

Son un tipo de presiones que se extienden al gobierno cubano, que dio alojamiento a las negociaciones de paz, presionado desde semanas atrás para que entregue al comandante de esa organización, Nicolás Rodríguez, de quien han reconocido fue recibido en la isla del Caribe para tratamiento médico y a quien el gobierno nacional no reconoce como negociador. Una denuncia de este país como terrorista podría también estar en curso, con todas las implicaciones que la misma depara en el plano global. Las manos de los Estados Unidos en cabeza de Trump, negado a darle vitalidad a las restablecidas relaciones entre las partes durante el gobierno Obama, estarían sacando provecho de ello.

Llama también la atención, como un nuevo factor en la historia colombiana –de comprobarse la sindicación del gobierno nacional– que un guerrillero llevara a cabo un ataque que en la práctica es suicida. Como se sabe, la filosofía de reclamar el derecho a justicia en toda sociedad se sustenta en el reclamo y defensa del más alto valor que hay en toda sociedad: la vida, en dignidad, y en ello no cabe la muerte, la cual puede suceder pero en combate entre dos o más partes, pero no de manera desprevenida, comprometiendo incluso la del propio actor del ataque.

Distinto sucede en organizaciones terroristas con fundamento religioso, donde incluso la inmolación es parte de sus propios ataques pues así cumplen de mejor manera un mandato divino. Por el contrario, en concepciones de izquierda, la felicidad, la vida plena, se concreta aquí y ahora. El mañana, en manos divinas, simplemente no existe.

Como año electoral que es el 2019, estos meses prometen, como lo anuncia de manera clara la sangre que corre como efecto del asesinato de líderes sociales y defensores de derechos humanos, y ahora de quienes cayeron en la Escuela General Santander, una espiral de muerte y dolor que en nada ayudará a que quienes habitan Colombia puedan gozar de paz y felicidad.

 

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26 de septiembre de 2018, periódico desdeabajo Nº250

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Alexandria Ocasio-Cortez y la política del baile

Se cuenta que Emma Goldman, gran pensadora anarquista, escritora y activista por la justicia social de principios del siglo XX, manifestó alguna vez: “Si no puedo bailar, no quiero ser parte de tu revolución”. Si bien es posible que no haya pronunciado exactamente estas mismas palabras, el sentido de la frase tuvo su actualización en el Congreso de Estados Unidos la semana pasada cuando empezó a circular en las redes sociales un video de la congresista Alexandria Ocasio-Cortez bailando con amigos cuando era estudiante de la Universidad de Boston, hace 10 años. El video salió a la luz en un intento fallido de desacreditar a la nueva integrante del Congreso mientras asumía como la mujer más joven electa para integrar la Cámara de Representantes en la historia de Estados Unidos.

La respuesta de Ocasio-Cortez a las críticas en internet fue concisa y brillante: un tuit con un video de ella bailando mientras se dirigía a su nueva oficina del Congreso. El video captó una atención tremenda. Lo que se pasó por alto fue el son al que bailaba: el clásico himno contra la guerra de 1970, “War”, cantado por Edwin Starr. Este tema se convirtió rápidamente en el número uno en el verano de 1970 y ha sido un importante himno contra la guerra desde entonces. “Guerra / Para qué sirve / Para absolutamente nada”, dice el estribillo. Ocasio-Cortez va pronunciando las palabras mientras baila hacia la puerta de su oficina en el Congreso.

El sitio web de la campaña de Ocasio-Cortez detalla una serie de políticas progresistas, entre las que se incluye la propuesta de una “economía de paz”. “Desde 2018 participamos en acciones militares en Libia, Siria, Irak, Afganistán, Yemen, Pakistán y Somalia. Cientos de miles de civiles en estos países han muerto como daño colateral de los ataques estadounidenses o por la inestabilidad causada por las intervenciones de Estados Unidos. Millones más han huido de sus fracturados países, lo que contribuye a la crisis mundial de refugiados (…) Debemos poner fin a la “guerra eterna” implementando la retirada de nuestras tropas y poniendo fin a los ataques aéreos que perpetúan el ciclo del terrorismo en todo el mundo”.

Ocasio-Cortez corrigió recientemente a Sean Hannity, presentador de Fox News y asesor no oficial del presidente Donald Trump, quien la acusó de la herejía de exigir el “fin de los ataques aéreos militares”. La representante respondió con un tuit en el que afirma estar a favor de “acabar con las guerras injustas” por completo.

Desde su victoria en las elecciones primarias demócratas para representar al 14° Distrito de Nueva York, en las que derrotó al poderoso demócrata Joe Crowley, en aquel momento congresista en funciones, Ocasio-Cortez ha sido atacada regularmente por la derecha. En julio del año pasado declaró en una entrevista para Democracy Now!: “Los temas en los que basé mi campaña eran muy claros y creo que fueron una parte importante de nuestra victoria: mejorar Medicare y ampliarlo a toda la población, educación superior pública gratuita, un New Deal ecológico, justicia para Puerto Rico, una plataforma sin concesiones en torno a la reforma de la justicia penal y el fin de la guerra contra las drogas, y también afrontar al poder con la verdad y hablar sobre el dinero en la política”.

El New Deal ecológico —en referencia a las políticas implementadas en Estados Unidos por el presidente Franklin D. Roosevelt para luchar contra los efectos de la Gran Depresión de 1929— exige una descarbonización rápida y radical de toda la economía, con una transición de los combustibles fósiles hacia fuentes de energía renovable, con la esperanza de evitar los peores efectos del cambio climático mientras aún quede tiempo. El New Deal ecológico también exige una “transición justa”, que asegure que los trabajadores desplazados de las industrias a cerrar, como la minería del carbón, obtengan el apoyo que necesitan para pasar a otro trabajo productivo.

Ocasio-Cortez se unió a una protesta del movimiento Sunrise, liderado por jóvenes, que tuvo lugar en la oficina de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi. Ocasio-Cortez estaba reclamando que la nueva mayoría demócrata de esta cámara promoviera un “Comité Selecto para un New Deal ecológico”, que tendría amplia autoridad, incluido un poder de citación, para impulsar el proyecto. Claramente, la campaña de presión tuvo efecto, pero no alcanzó las demandas de los activistas. Pelosi reactivó el Comité Selecto de la Cámara de Representantes para la Crisis Climática pero con carácter exclusivamente asesor. La nueva presidenta de ese comité será la demócrata Kathy Castor, de Florida, quien, según críticos, ha recibido decenas de miles de dólares de intereses de los combustibles fósiles (aunque un portavoz de la congresista manifestó que iba a renunciar a tales contribuciones en el futuro). Ocasio-Cortez tuiteó en respuesta: “No tenemos tiempo para quedarnos de brazos cruzados mientras nuestro planeta arde. Para las personas jóvenes, el cambio climático es más importante que la elección o la reelección. Es un asunto de vida o muerte”.

En la ceremonia de jura en el Congreso el 3 de enero, la representante Alexandria Ocasio-Cortez vistió de blanco, según indicó, “para homenajear a las mujeres que pavimentaron el camino antes que yo, y para todas las mujeres que están por venir. Desde las sufragistas hasta Shirley Chisholm, no estaría aquí si no fuera por las madres del movimiento”.

Alexandria Ocasio-Cortez respeta a sus mayores. La vieja guardia del Congreso, tanto republicana como demócrata, no debería temer que esta mujer, la más joven en ser electa para el Congreso, se ponga a bailar en círculos a su alrededor. En su lugar, deberían imitar sus pasos.

Columna 11 de enero 2019

Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta

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"Cerca del 40 % del presupuesto de Colombia se destina a la guerra y a la deuda”

El economista colombiano William Gaviria Ocampo hace una alarmante descripción de la situación que afronta el pueblo colombiano tras culminar la negociación de paz entre el Gobierno y la guerrilla de las FARC.

 

William Gaviria Ocampo es un economista y profesor universitario colombiano. Forma parte del movimiento sindical del país y desde hace más de 30 años en el que es dirigente del sindicato de Industria Unión Nacional de Empleados Bancarios (UNEB). Además es el Fiscal Nacional de la Federación Colombiana de Sindicatos Bancarios, Fenasibancol, organizaciones que hacen parte de la red del Comité para la Abolición de las Deudas Ilegítimas (CADTM) y de la Plataforma para la Auditoría Ciudadana de la Deuda Pública en Colombia.


¿Cuál es la situación del pueblo colombiano respecto a la satisfacción de necesidades elementales?


Colombia ha sido un país privilegiado en América Latina porque es uno de los más ricos en biodiversidad, recursos naturales y producción de materias primas en el mundo. Es un país que tiene recursos para mantener a toda la población con una calidad de vida excelente. No obstante, históricamente ha sido un país saqueado y sometido por el Imperio y por los países que han tenido una posición dominante sobre el resto de los países del sur. Situación que ha llevado a que Colombia no le garantice una buena calidad de vida a su población. Por el contrario, los gobiernos que se sucedieron al poder en los últimos 50 años han implementado mecanismos para conseguir recursos de crédito y para garantizar el pago de la deuda.


También imponen una política monetaria y fiscal restrictiva en contra de la población, lo que hace que el saqueo a los más pobres se haya desorbitado y la concentración de la riqueza sea escandalosa. Según el Banco Mundial , qué es la misma entidad que coloca recursos de crédito para continuar desangrando a los más pobres, Colombia ocupa el vergonzoso y aberrante segundo lugar como país con una mayor desigualdad de América Latina.


¿Cuánto representa el presupuesto nacional en Colombia y cuál es la evolución de lo que se dedica para las fuerzas armadas y para la deuda respecto de servicios sociales esenciales?


Colombia tiene un presupuesto para 2018 de 235,6 billones de pesos equivalente a unos 80.000 millones de dólares, de los cuales una cuarta parte, 59,1 billones de pesos (20.000 millones de dolares), están destinados al servicio de la deuda pública interna y externa. Al tiempo que para gastos militares se destinarán 31,6 billones de pesos, unos 11.000 millones de dolares. Cerca del 40 % del presupuesto colombiano se destina a la guerra y a la deuda.


Suena paradójico que después de haber suscrito un acuerdo de paz con la guerrilla de las FARC, el Gobierno colombiano siga incrementando el presupuesto para gastos militares. Si verdaderamente el objetivo del acuerdo fuera la paz, este presupuesto tendría que ser considerablemente inferior, para dedicar mayor cantidad de recursos a la educación, niñez, salud y otras necesidades fundamentales que la población requiere. Sin embargo, si se revisa el presupuesto, solo a manera de ejemplo, se puede encontrar que para el sector agropecuario, con relación al año 2017, que tuvo 2,9 billones de pesos, para el 2018 se redujo el presupuesto en un 20,5 % porque solo se destinarán escasos 2,3 billones de pesos (unos 793 millones de dolares). Cantidad abiertamente insuficiente para garantizar la restitución de tierras para reparar a las víctimas con los terrenos y baldíos que perdieron por el desplazamiento forzoso de campesinos que ocasionó la guerra.


Resulta apenas obvio que para el posacuerdo tendría que haber mayor inversión del Estado para dinamizar económicamente el sector productivo en el campo, lo que permite concluir que el proceso de paz del Gobierno no garantiza la inclusión ni justicia social en un Estado supuestamente democrático como Colombia.


¿Cuál ha sido la evolución de la deuda en los últimos años?


Primero hay que explicar que históricamente Colombia ha incrementado su deuda casi geométricamente. Entre los años 1976 y 2006, la deuda colombiana se duplicó cada diez años. Fue así como en 1976 era de unos 3.600 millones de dolares, en 1986 ascendía a 7.200 millones; en 1996 era de más de 16.000 millones de dolares y de 36.000 millones en el 2006.


Como consecuencia de la crisis de 1998, que fue desastrosa, la deuda en Colombia se duplicó en cinco años porque en 2011 ascendió a 72.000 millones de dolares y en 2017 a 124.000 millones, lo que demuestra que en menos de 10 años la deuda externa colombiana se triplicó. El saldo vigente de la deuda externa es el 40 % del PIB, situación preocupante porque a pesar de estar dedicando alrededor de 20.000 millones de dolares anuales al pago de la deuda, esta crece de manera galopante. Colombia está afrontando una crisis progresiva de la cual no va a salir en el corto plazo.


¿Cómo ves el panorama colombiano en el contexto del posacuerdo de paz respecto a cómo ha venido funcionando?


El conflicto armado que existió desde 1964 hasta el año pasado entre las fuerzas regulares del Estado y las FARC se degradó en la década de los setenta debido a que se crearon los grupos paramilitares con el auspicio del Estado a través de sus fuerzas regulares y el apoyo financiero y militar de muchos empresarios colombianos de las élites del poder económico. Degeneró en una guerra fratricida para la cual todos los gobiernos destinaron entre el 20 % y el 40 % de los presupuestos anuales desde la década de los años 60, incrementando el endeudamiento externo y desde los años 90 también el endeudamiento interno.


Aunque para que la población aceptara el proceso de paz con las FARC, el Gobierno siempre argumentó que al acabar el conflicto armado el presupuesto para la guerra se reduciría considerablemente, liberando recursos para la inversión social. Pero el presupuesto para 2018 demuestra que ese rubro sigue en ascenso: 59,1 billones de pesos (20.000 millones de dólares) y al mismo tiempo el propio Gobierno afirma que la puesta en marcha del posconflicto costará unos 80.000 millones de dolares en los próximos 10 años, que servirán para dinamizar y fortalecer cada uno de los sectores, de manera que se garantice el fortalecimiento del agro y la industria para mejorar el empleo y la educación entre todos los factores necesarios para que haya una paz viable y duradera. Esto permite suponer que el nivel de endeudamiento se disparará unos 10.000 millones de dólares anuales y que la política fiscal será más restrictiva, trayendo consigo un incremento de la carga tributaria que afectará a la población más pobre de Colombia.


Esta breve descripción de la situación colombiana permite afirmar que de 124.000 millones de dólares a los que asciende hoy la deuda externa, podrá subir a unos 220.000 millones en los próximos 10 años, porque a la necesidad de recursos para el posconflicto hay que sumarle dinero que se requiere para garantizar otras inversiones para el bienestar de la población y el desarrollo del país. Así, la deuda externa en los próximos 10 años crecerá alrededor de 100.000 millones de dólares. Entonces hay que preguntarse, ¿quién pagará la deuda? Y la respuesta resulta elemental: el pueblo, que será víctima de la oleada de reformas estructurales que el Gobierno impondrá y que de hecho empezaron hace 2 años.


Hay que recordar que hace muy poco tiempo se le hicieron ajustes a la nefasta política de seguridad social en pensiones y que en el año 2017 se impuso una reforma tributaria que además de disminuir la base gravable para el impuesto de renta incrementó el IVA del 16 al 19 %, afectando a la población más pobre, incorporando al circuito tributario a millones de colombianos trabajadores que también tendrán que seguir declarando renta. Lo peor es que muy seguramente Colombia no se va a sobreponer de la desaceleración económica y la crisis que ha venido afrontando los últimos años y que se van a incrementar las vergonzosas desigualdad e inequidad que han profundizado las diferencias sociales en la historia reciente de este país.


Por Jérôme Duval, miembro del CADTM, Comité para la abolición de las deudas ilegítimas (www.cadtm.org) y de la PACD, la Plataforma de Auditoría Ciudadana de la Deuda en el Estado español (http://auditoriaciudadana.net/). Es autor junto con Fátima Martín del libro Construcción europea al servicio de los mercados financieros, Icaria editorial 2016 y es también coautor del libro La Deuda o la vida, (Icaria, 2011), libro colectivo coordinado por Damien Millet y Eric Toussaint, que ha recibido el Premio al libro político en Lieja, Bélgica, en 2011.

 

 

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“Quizá no sea el tiempo de negociar, o no ha llegado el gobierno que de verdad quiera y pueda”

La paz, ese viejo sueño de la humanidad encuentra en Colombia un amplio territorio de anhelos, así como un mar de promesas, intentos de negociarla, logros parciales y fracasos. Desde cuando en 1984 el gobierno del entonces presidente Belisario Betancur abrió la fase que aún no llega a su fin de paz negociada con las guerrillas revolucionarias, múltiples diálogos y Mesas para darle curso se han llevado a cabo e instalado por los gobiernos que desde entonces ha conocido el país. De tales episodios brotaron, en una primera fase, firmas de paz entre las guerrillas con una columna vertebral urbana y el establecimiento, y en la segunda, la recién concretada firma con las Farc, de arraigada raíz campesina.


En esos años, que ya suman 34, el Ejército de Liberación Nacional (Eln) ha tenido asiento en varias Mesas bilaterales, frente a frente con el gobierno nacional en Costa Rica, México, Caracas, La Habana (vez anterior) …, todas ellas truncas. En todas y cada una de estas ocasiones participó, en una u otra de sus fases, Antonio García, segundo comandante al mando de esta guerrilla, y con quien este periódico sostuvo una entrevista vía electrónica en procura de respuestas ante un conjunto de interrogantes que hoy acompañan a líderes sociales, políticos, periodistas, de Colombia y otros países de la región y del mundo.


En ese ciclo de paz lograda con diversos grupos guerrilleros e intentos de diálogo abortados con otras, el pasado 30 de marzo de 2016 un nuevo intento fue oficializado entre esta veterana agrupación guerrillera y el gobierno nacional. Transcurridos dos años largos, con una agenda de 5 puntos concertada entre las partes, y luego de cuatro ciclos en Quito –Ecuador– la Mesa que debió ser trasladada a La Habana, no solo cojea sino que está sufriendo el corte de sus patas. La razón: las reglas de juego cambiaron: Ahora, a pesar de sus avances, los aspectos acordados no tienen peso alguno. así parece desprenderse de lo dicho una y otra vez por el presidente Duque: “Si quieren hablar de paz estamos listos, pero si y solo si le ponen fin a todas las actividades criminales y liberan todos los secuestrados”.


Al respecto, Antonio García subraya que “esa declaración desconoce que hubo un acuerdo de agenda, de orden temático y un orden de discusión con el anterior gobierno y dicho acuerdo debe respetarse”. Afirmación que este mando guerrillero no deja solo ahí. Puntualiza que el actual Gobierno “[…] desconoce que el Eln es una organización alzada en armas y que en esta condición no acepta el sometimiento al Estado […]. No somos una organización sometida a su normatividad, no hemos hecho ese acuerdo, al menos no está en la agenda. El derecho a la rebelión nos confiere la potestad para romper los monopolios atribuidos al Estado, según el Tratado de Westfalia” (1).


Desde la campaña electoral estaba casi seguro que de ser ungido como presidente, Duque no le daría continuidad a la negociación con ustedes, le escribimos a nuestro entrevistado, de lo cual podría inferirse que lo expresado ahora por el Presidente es una forma ‘disimulada’ de enfriar la negociación y descargar en la contraparte el costo político de romper la mesa, ¿qué piensa de eso?

García retoma cuáles fueron los términos acordados con el gobierno Santos: “Tres condiciones fueron las que nos puso: que las conversaciones fueran en el exterior, directas y secretas en la fase exploratoria, y en medio de la confrontación militar. El Eln no compartía algunas de ellas, pero se aceptaron, pues eran condiciones de tiempo, de espacio y operacionales mas no referidas a la naturaleza de nuestra organización”.

Así las cosas, para el Eln el Gobierno no es caballero en la Mesa. García amplía su opinión, “el asunto no es la Mesa, que está siempre ahí, o en cualquier lugar. El lío es quiénes se sienten en ella. El Eln está sentado y no ha dicho que vaya a romperla, además ha cumplido siempre. La delegación de Duque no asiste a las conversaciones. Eso lo pueden adornar como quieran o pueden vociferar cuanto quieran, pero es tan evidente que no requiere de explicaciones. Como presidente, Duque renuncia a continuar una responsabilidad de Estado y honrar los acuerdos del gobierno anterior (2). Mal precedente, ¿quién se atreverá a firmar acuerdos con futuros gobiernos? Y de nuestra parte, pregunto: ¿En qué ha incumplido el Eln?”.


Esta respuesta nos lleva a insistir en un interrogante anterior: parece que Duque no quiere asumir el costo de levantarse de la Mesa, ustedes tampoco, ¿cómo van a asumir ese tiempo de espera? ¿Consideran que tal paréntesis irá en contra del gobierno?


Tratado el tema antes, encontramos que nuestro interlocutor mantiene interés en retomarlo: Sería mezquino responder que queremos que sea el Presidente quien pague un costo político. No nos interesa eso. Es la sociedad en su conjunto quien resulta afectada. Nos interesa la paz de Colombia que traiga justicia, felicidad y equidad para las actuales y futuras generaciones. Lo cierto es que el actual y el anterior gobierno no están en condiciones de negociar, de establecer acuerdos que puedan cumplir. Como dice Trump sin tantas vueltas: ‘sí ganamos los ricos, ¿para qué negociar?’”.


Y continúa en la misma letra: “Quizá no sea el tiempo de negociar, o como dice el sentido común: no ha llegado el tiempo, o como diría otro: no ha llegado el gobierno que de verdad quiera y pueda. Pues son recurrentes las negociaciones y acuerdos incumplidos por los gobiernos a todas las protestas y conflictos sociales. Los gobiernos no pueden seguir mamando gallo”.


La respuesta, con tantos bemoles, nos deja dubitativos pues podemos pensar que esta guerrilla está de verdad dispuesta a una paz negociada, pero también a un alargue del conflicto armado por el tiempo que sea. El ciclo de las negociaciones de paz en Colombia seguirá abierto por mucho más tiempo, pensamos. Una perspectiva del conflicto armado, en cuyas escaramuzas, maniobras, distracciones y golpes de opinión es determinante el aspecto militar, pero asimismo la geopolítica, la misma que, con la caída del Muro de Berlín en 1989, condujo a las insurgencias urbanas a pensar que su escenario estaba cerrado y que era la hora de buscar una paz dialogada. Por eso, es una inquietud muy repetida: ¿De qué manera influye en el estado actual de la Mesa y en sus orientaciones como Comandante con la máxima responsabilidad militar, la situación internacional y, en particular, la de América Latina, o es que la Mesa expresa simplemente el deseo de derrota militar que no oculta un sector de quienes dominan en Colombia?


En el otro lado de la red, de un lugar tal vez lejano, en el monte o en la ciudad, cercano o lejos de una frontera, llega escrito. “El tiempo lleva implícito unas circunstancias, una realidad y muy seguramente el contexto internacional tiene una incidencia, pero lo esencial está en nuestro país. Por ejemplo, hay falta de consenso en la clase dominante, pues para unos la negociación debe hacerse como remate de un triunfo militar; para otros como parte de una victoria en curso, y de otros que consideran que para superar la confrontación militar se requiere la vía política, que contemple cambios en muchos órdenes, que no se trata sólo del silenciamiento de los fusiles”.


Suponemos que en este momento, posiblemente hizo una pausa o escuchó una noticia en radio como acostumbran los guerrilleros. “Hace unos días volví a leer una entrevista con María Alejandra Villamizar en 2005, ahí encontramos las mismas exigencias que hoy nos hace Duque, pero colocadas por Uribe; no es una coincidencia. A parte de lo anterior, y lo más grave es que se asume como política de Estado, que al no haber consensos en los sectores de la clase dominante, ni en los poderes del Estado, cualquier acuerdo debe someterse a sucesivas negociaciones que terminan triturando cualquier acuerdo, eso aconteció y sigue aconteciendo con el acuerdo con las Farc, sin desconocer que ellos cometieron errores en su forma de negociar; aunque también, en los contenidos de la negociación expresan su visión, una negociación más centrada en ellos mismos”.


En lo concerniente con la paz, el presidente Duque obra apegado al relato opositor del Centro Democrático y su discurso tras el resultado del Referendo, que acusa a Santos de “burlarse y dar un golpe de Estado” a la victoria del No. Por tanto, a la Mesa le está tocando el barro y un lapso de dificultades más grandes que las normales de una negociación. En este marco, es primordial saber si con el propósito de no cerrar el diálogo, ¿el Eln estará listo a recomenzar de cero. Está dispuesto a aceptar que ante un nuevo gobierno y su ventaja, el paso sea definir una nueva agenda que guíe la negociación? Pronto, en el buzón de entrada nos llegó un mensaje electrónico. “El que no quiere negociar no es el Eln, ni hemos amenazado con cerrar nada, solo se trata de continuar en los puntos que se acordaron. Hay un problema de fondo, es la manera como los gobiernos hacen sus empalmes, en cómo le dan continuidad como Estado a los asuntos que son de orden constitucional como es el asunto de la paz. Si el problema es de este orden, es pertinente que haya una política de Estado clara, al igual que los roles para las delegaciones de los gobiernos, pues se requiere saber con quién se negocia, si es con el poder ejecutivo, con el legislativo, con el judicial o con el militar; o si es con un empleado, a quien le interesa más el salario que el futuro del país”.


Negociación versus sometimiento


El tiempo, en medio de las matrices de opinión existentes acerca de la insurgencia, corre a favor del gobierno, ¿qué van a hacer? ¿Van a esperar indefinidamente? ¿En esta circunstancia, no tendrían que replantear el diseño estratégico? En ese caso, ¿en cuáles aspectos en cuál mínimo pondrían el énfasis? Es notorio que nuestro entrevistado piensa más en el país como conjunto y no en nosotros, como sus entrevistadores. Su respuesta más que un sí o un no es una explicación: “Nosotros acordamos una Agenda, un orden temático, que se anunció con toda formalidad. Todo mundo la conoció el 30 de marzo de 2016. ¿Por qué nosotros debemos cambiar un acuerdo que hicimos con el gobierno anterior? Ese es un asunto de Estado. y la paz no es un juego. ¿Por qué nosotros tenemos que resolver un problema del establecimiento?”.


Y sigue de inmediato. “Si quieren usar el tiempo como presión, lo pueden seguir haciendo, en eso perdemos todos, pero aceptar imposiciones no va con nosotros. Corresponde que Duque envíe su delegación a la Mesa y ahí, con mucho gusto, se conversan las cosas. Ahí, lo que sea razonable y en el marco del respeto que somos una organización rebelde alzada en armas, se examinará con igual respeto y consideración. Nuestra delegación tiene la orientación de mantenerse en la Mesa”.


Retomando las consideraciones que recalcan y difunden una y otra vez los medios de comunicación, preguntamos: en una perspectiva o viraje, de recomenzar, ¿estarían dispuestos a ofrecer un cese unilateral de fuego, incluyendo lo que el gobierno llama devolución de secuestrados? Con énfasis, dando por sentado que el Eln constituye otro Estado, ya sea en formación o ejerciendo en territorios pequeños y delimitados dentro del Estado que es conocido como Colombia, el segundo al mando del Eln escribe: “Los gobiernos son caprichosos. Santos dijo que la negociación debía ser en medio de la confrontación militar. Luego, se le ocurrió que debía ser como a él se le antojara”.


En este punto, García precisa el procedimiento en una conversación para dar fin a las hostilidades. “El principio elemental de una negociación es que se habla sobre lo que las dos partes acuerdan, y no lo que una sola quiera. Es así de sencillo”. Un sencillo que en los hechos no resulta así. “Siendo francos, a costa de qué el Eln debe hacer lo que el gobierno quiere, pues si a nosotros se nos antojara exigir otro tanto, estaríamos con el mismo derecho. Si aceptáramos las imposiciones del gobierno no estaríamos en una negociación, sino en un proceso que se llama sometimiento. Nosotros no estamos para eso. Si hablamos de reciprocidad podríamos considerar el asunto”. Y quien está al otro lado de la red recuerda una vez más que, “hemos hecho gestos puntuales, la mayoría sin reciprocidad del gobierno, por eso los gobiernos se malacostumbran y creen que todo es a precio de huevo –un dicho que toca replantear, pues ahora los huevos están muy caros”.


¿Y los secuestrados? “Sobre el tema de las retenciones, en derecho se denominan acciones de privación de la libertad, es pertinente tratarlo con franqueza. Todos los gobiernos del mundo, todos, sin excepción, realizan acciones de privación de la libertad por diversas razones, motivos o justificaciones: políticos, tributarios, control social y protección, etcétera. ¿En qué se diferencian de las que hace una organización rebelde en armas? La única diferencia es que ellos dicen que pueden hacerlas, dizque porque son legales, porque están dentro de sus leyes. Conclusión: las que hacen los gobiernos son legales y las nuestras no. ¡Qué bonito!, la relatividad del derecho y la justicia. Como si la legalidad fuera ‘patente de corso’ para hacer de manera ‘legal’ cualquier delito. Es un asunto político”.

Y prosigue en su alegato: “Pregunto, ¿qué son las cárceles?, no me digan que son centros d reclusión voluntaria o espacios de retiros. Para salir de allá también hay que pagar, así los detenidos cumplan las condenas; hay mucha gente sin causa justificada o sin condena establecida, no por uno o dos años, ¿cómo puede llamarse este fenómeno? Como les decía antes, la rebelión armada es la ruptura de esos tres monopolios de los Estados, ahí radica el fondo del asunto. Si ellos lo hacen, nosotros también. La rebelión es una ruptura de la legalidad existente sobre la que se soportan dichos monopolios”.

Cabe reconocer que hay coherencia doctrinaria en esta consideración con desafío que hace García. Pero, nos interesa tocar la coyuntura y volvemos a la carga: ¿no creen que un “gesto de paz” es el paso que esperan, tanto la comunidad internacional como los más amplios sectores de la opinión pública? “Sería muy bueno un gesto de paz recíproco, no lo estoy negando, pues las dos partes debemos ser generosas, que bueno sería. Pero es como todo, aquí volvería a cumplirse la máxima de la vida, que solo es generoso el pobre, que comparte el pedazo de pan con el necesitado; mientras el rico, en medio de la opulencia, solo ofrece las migajas”.

La guerra y la política

En toda lucha militar hay cinco aspectos que son determinantes, según el pensamiento de Sun Tzu: la vía, el tiempo, el terreno, el mando y la disciplina. En lo relativo a la negociación de un conflicto no hay un modelo acerca de los pasos a dar. No hay una experiencia reconocida con aporte universal. La clave es descubrir y afrontar ante las cosas inesperadas. Todos sabemos que en el logro de una solución política está de por medio el efecto de la correlación de fuerza en la opinión. Aquí, el gobierno cuenta con factores a favor y se siente más fuerte, con pretensiones para imponer sus criterios. Entonces, ¿cómo se plantean ustedes torcerle el cuello a la correlación de fuerzas existente entre las partes en conflicto? “Tanto el gobierno como nosotros tenemos nuestras estrategias, unas son públicas y otras secretas. De las públicas estamos hablando, de las otras nos reservamos. Vamos a persistir porque consideramos justo que se respete un acuerdo. Si se violan los acuerdos ahora, apenas empezando, ¿qué será después? Estamos en una negociación, lo que ustedes plantean es hacer la guerra en la mesa. Nosotros nos apartamos de ese criterio, pues una negociación, si es con voluntad, no debe colocarse alrededor de la mesa los batallones, las brigadas o las divisiones, porque en ese instante se convertiría en un campo de batalla, y lo que se trata es de superarla”.


La respuesta nos lleva a recordar que el Eln no es un ejército, como en su caso se autodefinían las Farc, sino una organización político-militar, que ahora le está dando más peso a lo político: ¿Y no han pensado, inquerimos, que el movimiento por la paz y los 8 millones que votaron distinto también están esperando lo mismo? ¿No tienen demasiada confianza en ese movimiento? “Ojalá pudiésemos escuchar a los ocho millones directamente, que nos contaran qué es lo que quieren y a quién le hacen las exigencias” –empieza por escribir Antonio García. Y prosigue: “No nos vamos a comer el cuento que dicen que dijeron; estamos muy grandecitos para eso. No es la primera negociación en la que estamos. Preferimos la certeza a la confianza. Confianza viene de con-fio, de fiar. La confianza nace de un camino de certezas. La movilización cierta es la de los estudiantes que poco son escuchados, al igual de los demás sectores sociales que protestan y nadie los escucha, y cuando por milagro los escuchan es para mamarles gallo y seguir los incumplimientos. Por eso, poco confían en el gobierno, al que siempre le fían y casi nunca paga. En sentido contrario, al gobierno le interesa la certeza de nuestros gestos, que no actuemos militarmente, y quieren que la sociedad y nosotros les fiemos los cambios, las transformaciones. Hagámosle primero a las certezas”.


En el lugar de las certezas, la reciente firma con las Farc es un capítulo con preguntas pendientes. ¿Las Farc repitieron el modelo de otra desmovilización?, ante la desventaja en la correlación política entre las fuerzas populares y las del poder. O, ¿sin tamaño, las Farc intentaron un procedimiento diferente de dejación de armas que no empelotara el cumplimiento de los Acuerdos? Que lo dejara desvestido ante las trampas institucionales y burocráticas, y los intereses del Estado y el poder. Son preguntas que por supuesto, le quitan fondo y blanco a la Mesa Gobierno-Eln. En concreto, si ustedes llegaran a admitir que la opinión pública quiere la paz, “como sea”, ¿estarían dispuestos a “someterse a la justicia”, a ‘rendirse’? O ¿preferirían, como en su momento lo hicieron las Fuerzas armadas de liberación nacional (Faln) en Venezuela y recientemente la ETA, unilateralmente, dar por terminado el proyecto revolucionario armado? “Cada organización y cada pueblo son autónomos de escoger sus propios caminos, es una lección dejada por la historia, por la soberanía de sus actores. Por nuestra parte, hemos sostenido con claridad que someterse no le ha pasado al Eln por la cabeza, menos claudicar. Para nosotros la búsqueda de la paz debe ser un camino hacia los cambios para bien de los colombianos, sobre todo de los más empobrecidos, es el mismo camino hacia una democratización de la sociedad y un camino de revolución; pues revolución debe ser cambio, equidad, empoderamiento de la sociedad, que los de abajo gobiernen y cada día sean más como seres humanos disfrutando de una vida mejor. En esta ruta de sociedad o de ‘paz para la sociedad’ nos identificamos con muchos sectores y organizaciones sociales del país, lo que habría que mirar es si eso es posible de conseguirse en una Mesa, o de qué otra manera. Habría que preguntarle a los sectores que controlan el poder económico, político, militar y demás, si están en la misma ruta, pues todos dicen ser ‘demócratas’, pero a la hora de las verdades les duele mucho el bolsillo. Como puede ver, eso no sólo depende de nosotros, sino de cómo puede ser posible concretar un deseo de cambio de la sociedad; porque el Eln existe como expresión de esa necesidad de cambio. Si la dirección de un proceso de paz no abre las puertas para los cambios, el Eln no va”.


Leemos con atención la respuesta y continuamos desgranando el momento que vive el país y su entorno: El gobierno de Duque ha logrado que la Unión Europea avale su exigencia con respecto a ustedes, ¿rompe esta complacencia la neutralidad que debieran mantener con respecto a la mesa en curso? ¿Esto obliga a recomponer los acompañantes de la misma, ya de por sí diezmados por el rechazo del gobierno a la presencia de Venezuela en ella? “En las conversaciones que nuestra delegación ha mantenido con la comunidad internacional, personalidades nacionales e internacionales, se recibe el apoyo a la continuidad de las negociaciones. Ahora, es fastidioso meterse en los problemas de los demás. Siempre ha sido fácil querer que otros hagan lo que uno nunca hizo en el pasado. Me sucedió hace unos años, había un país europeo que se consideraba muy pacífico y nos cuestionaba el uso de explosivos en la guerra, hasta que me vi obligado a mostrarle una factura de una empresa de dicho país donde constaba un envío, a la industria militar del gobierno colombiano, de materia prima para fabricar explosivos; aún recuerdo la cara que puso; no volvió a tocar el tema. […] Para no meterme en honduras, quien esté de buena fe, con verdadera voluntad, es quien debe estar, cada cual escoge su camino, pero todo país tiene sus aliados, unos de oportunidad y otros estratégicos, en eso no nos llamemos a engaños […]. Siempre estaremos agradecidos de quienes con honestidad ayudan en la construcción de la paz. Cuando se configuró el grupo de países garantes negociamos un relativo equilibrio entre las dos partes, es eso lo que vale”.


Entorno regional, soberanía y guerra híbrida


Para la mayoría de analistas y estudiosos de la geopolítica regional es claro que con el agotamiento de los gobiernos progresistas el espacio y favorecimiento para una negociación entre iguales, con beneficio general para quienes habitan Colombia, ha quedado atrás, ahora gana espacio la derrota del contrario, así sea en la Mesa. Mirando hacia Venezuela, y la tensión de su relación con los Estados Unidos, así como el interés de este país en que caiga el gobierno de Nicolás Maduro, incluso vía magnicidio o golpe de Estado –para lo cual han logrado concretar una alianza con buena parte de los países de la región, incluida Colombia–, con el escenario de una guerra civil abierto, continuamos con la impersonal entrevista, ¿afecta este escenario la negociación de paz que ustedes intentan proseguir con el gobierno Duque?


"Todo lo que afecte el vecindario nos afectará a los colombianos. Si no hay paz en la región, muy difícilmente la habrá en nuestro país”. Este sentido de mirada global, tan ajena en Colombia, donde la mayoría de sus dirigentes y población han crecido ensimismados, contemplándose en sus fortalezas y debilidades, nos lleva a pensar que lo que ahora está sucediendo ante nuestros ojos pasa desapercibido para la mayoría, por lo cual desean que el gobierno del país vecino caiga, a como de lugar, como si ello no tuviera consecuencias inmediatas y mediatas. Mientras así compartimos, recordamos que debemos acabar de leer la respuesta para dar paso a otra posible pregunta.


"Hay un derecho o normatividad internacional que debe respetarse, la soberanía de los pueblos, gobiernos y naciones para tratar y solucionar sus diferencias, sus problemas. Los demás lo que deben hacer es cooperar. Estados Unidos y sus aliados han hecho de todo, desde cuando estaba Chávez, bloquear, impedir y golpear los procesos de cambio. Lógico, en la Venezuela de 2002, hubiesen querido que aconteciera lo del Chile de Allende en 1973, pero no fue. ¿A qué costo para la sociedad, para el pueblo? (3). Venezuela ha demostrado su compromiso por la paz de Colombia, por encima de muchos incrédulos. El escenario de negociación, o lo que nosotros llamamos espacio, se negoció que fuera en el entorno de Colombia y sobre todo en América del Sur. Al Gobierno le gusta más Estados Unidos, y los tienen de aliados, deberíamos compensar con China o Rusia, por aquello de los equilibrios”.


¿Y no temen que un escenario de ese tenor inscriba a nuestro país en un posible conflicto entre potencias, donde actuemos como simples peones, como le ocurrió a Siria? “Nosotros, precisa Antonio García, no somos los que andamos ofreciéndonos a la Otan para sus planes intervencionistas en otras latitudes, como gran potencia militar regional, o somos los que tenemos como objetivo de nuestra Doctrina Militar el ser líder militar regional, como sí lo tienen las Fuerzas Armadas del Estado colombiano, es bueno que lean la Doctrina Damasco. Para hacer esto no se requiere justificaciones internas, pues el gobierno colombiano ya había decretado el fin del conflicto, y se prepara para una ‘guerra hibrida’ en el entorno regional y continental, que mucho se estudió en la Universidad Nueva Granada”.

Tomando en consideración los dardos soltados por nuestro entrevistado, vamos estructurando una nueva inquietud: Los acuerdos de paz logrados por las Farc han entrado en un escenario poco claro, tanto por su incumplimiento por parte del Gobierno como por el rearme de una parte de esa fuerza. Valorando tal realidad, y con la interrupción o ruptura de la negociación que ustedes llevaban con el gobierno ¿podríamos decir que la anhelada fase de paz duradera en Colombia ha quedado en el congelador? ¿Qué implicará esto para el país y que opciones le quedan a los movimientos sociales para no verse afectados de manera violenta por esta realidad?

“La intensidad de la confrontación militar dicen que ha bajado. Para nosotros no, pues hay una ofensiva del gobierno, y cuando nos logra golpear le dan un gran despliegue. Pero no acontece lo mismo cuando reciben nuestros golpes, se han especializado en ocultar los ataques exitosos de nuestra fuerza (4). La guerra mediática para nosotros juega, como también la paz mediática juega para la opinión. Pero la cruda realidad son los centenares de asesinatos de dirigentes sociales a lo largo de este último año, eso dice qué tan cierta es la paz, o mejor la crudeza de la realidad. Dicen los entendidos que cuando se hacen solicitudes a los gobiernos y estos las conceden en el marco de la institucionalidad, sin que nada cambie, se llama reformismo, pero la cruda realidad del capitalismo actual y de siempre, es que solo acepta las reformas cuando siente la amenaza de una revolución, le da temor y cede”.


La respuesta nos lleva a pensar en la inexistencia de una teoría global que le de base a una acción revolucionaria que rompa al capitalismo, como también a la inexistencia de apoyos por parte de país alguno para que fuerzas irregulares alternativas se mantengan en pie y avancen, de ahí que escribamos en el nuevo mensaje: pero, precisamente, esa situación de posible revolución es lo que se reconoce ampliamente como perdida o, por lo menos, envolatada, ¿consideran ustedes que aún es posible una revolución en Colombia? Y de ser así, ¿cuáles son las ideas fuerza y las acciones básicas que así lo posibilitaran? La historia jamás es en línea recta, hay muchas curvas, así como subidas y bajadas. Sería muy fácil luchar cuando uno tuviese más fuerza que el oponente –dice el segundo al mando en esta guerrilla–, de eso se trata una guerra de resistencia, los pueblos tienen más edad que un individuo, ellos van entregando a las nuevas generaciones los objetivos de su futuro; eso está suficientemente claro en el Eln”. Cuandopensamos que ya había argumentado, prosigue: “Si no hubiese razones para luchar por los cambios y transformaciones de una realidad injusta, no existiría la guerrilla y tampoco habría las movilizaciones de estas semanas, tan masivas y de carácter nacional, donde se muestra muy poca capacidad del gobierno para buscar y construir soluciones. Cuando al menos en Colombia se acepte la existencia de los presos políticos, podrá decirse que un gobierno ha empezado a pensar en la solución política como una posibilidad real, le respondo esta pregunta de manera inversa, porque de toda esta lucha actual se seguirán llenando las cárceles con dirigentes y activistas sociales, y los muertos, por la misma razón, siguen sin parar”.


Las respuestas de nuestro entrevistado dan un ángulo mayor en la mirada de la disputa por la Mesa, por su (re)instalación o quiebre, lo que estará en disputa durante los años que dure el gobierno Duque, y la paz negociada, esa ventana abierta en 1984 por primera vez tardará unos años más en ver cerrado su ciclo. El segundo al mando del Eln deja en claro la disposición de esta fuerza insurgente para negociar la paz como para afrontar la guerra. ¿Tienen fuerza los movimientos sociales para cambiar este escenario?

1. Según este Tratado, los monopolios aludidos al Estado son: el uso de la fuerza y de las armas, el monopolio para recoger tributos o impuestos y aplicar su normatividad jurídica, en la que cabe el monopolio para realizar acciones de privación de libertad.
2. En su disertación coloca un ejemplo: “Qué tal que un arrendatario de una vivienda, por el solo hecho que la empresa arrendadora cambie de dueño, al día siguiente se encuentre en la calle desconociendo que había firmado con el anterior dueño un contrato legal, con respaldo jurídico. Es un asunto elemental, de sentido común. De cortesía diría otro”.
3. Y enfatiza: “A los gringos no le interesa la democracia o la gente, pues no vengan con el cuento que en Chile se imponía a Pinochet para reposicionar la democracia. La historia no puede seguir siendo la justificación de la ignominia: yo debí ser bueno en el pasado”.
4. “Ocultan numerosos ataques contra instalaciones militares con cargas explosivas de gran envergadura, cierran calles o sus instalaciones para que los medios no lleguen ni se enteren. También cuando sus embarcaciones, como nodrizas o tanquetas son igualmente atacadas por nuestras fuerzas, por ningún lado se sabe, pero pregúntele a la gente en las regiones donde están ubicadas nuestras fuerzas”.

 


Correlación de fuerzas y fakenews

Cabe decir aquí que según la historia, las negociaciones de conflictos armados toman uno u otro sendero, uno u otro ritmo, de acuerdo a la correlación de fuerzas que se desprende del campo de batalla, de manera que en Colombia, pese al mayor peso de las Fuerzas Armadas oficiales la guerra irregular está en tablas. Entonces, cada una de las partes estará tratando de asestar un golpe que incline la Mesa a su favor. Sin embargo, algo en que concuerdan los analistas es que el Eln no cuenta con la fuerza militar para eso, ¿qué sigue, entonces? Desde el Eln los términos son de reafirmación en la Agenda que acordaron: “Si tenemos o no capacidad operativa para que el actual gobierno respete lo acordado –enfatiza Antonio García–, por ahora no ha sido discutido como un mecanismo para la implementación. La afirmación que ustedes señalan suena a eso: que para negociar algo con el Estado hay que tener capacidad militar para hacerlo cumplir. Si eso es así, habría que examinar el asunto. Aunque sobre este tema también hay enfoques caprichosos: a los gobiernos y los operadores de opinión les gusta decir que la guerrilla del Eln no tiene capacidad militar, pero cuando se hace cualquier acción militar ponen el grito en cielo, entonces uno no los entiende”.


Con su presencia en la Mesa, el Eln quedó a la vista, en el escenario de los titulares y la política de por medio, con mayor blanco de la “maniobra política” del poder y de los fake news, en ese marco que no es exclusivo de la clandestinidad, tiene el Eln cómo contrarrestar y cómo aclarar el mensaje dominante? La respuesta aporta en una definición acerca de cómo conciben una negociación. “Estamos, se trata de una negociación, no de lo que se quiera decir por un micrófono. En una negociación el instrumento es la mesa de conversaciones, la agenda que se pacta, las regulaciones que pactan las dos partes para adelantar el debate. Si se tratara de adelantar una campaña política, los instrumentos y los acuerdos serían de otra naturaleza. No hay nada que hayamos incumplido a la luz de lo acordado, quien está incumpliendo es el gobierno al no querer hacer presencia en la Mesa”.

 


Coca, narcotráfico, ética y el Catatumbo

 

Cada día es más frecuente escuchar por los medios de comunicación que ustedes son narcotraficantes, ¿cómo han pensado contrarrestar esta propaganda oficial y mediática?
“Dicen que en una guerra lo primero que se pierde es la verdad. Inglaterra mintió sobre Irak, siguen mintiendo Inglaterra y Francia sobre Siria, y las agresiones militares continúan. La propaganda no es un tipo de guerra sutil o un accesorio de ella, no, es la misma guerra, y es más brutal que la física. Por ejemplo, en una guerra una persona se muere, y ya. Pero con la guerra mediática se sigue matando la historia, la dignidad y por tanto el futuro. ¿Narcotraficantes nosotros? ¡Ave María!, como diría un paisa, primero eleno muerto, que ... Pues ¿se podrían imaginar al cura Camilo Torres o al cura Manuel Pérez con un alijo de cocaína? En el Eln primero está nuestro espíritu de servicio por encima de todo”.


Entonces, ¿tal información es desinformación?
“No hay la menor duda. Jamás han agarrado ni van a agarrar a un militante nuestro con un gramo de cocaína, menos tenemos laboratorios o rutas o ventas en el exterior. Como tampoco andamos como la DEA armando trampas para agarrar y penalizar incautos, para luego quedarse con los alijos de cocaína; ni tampoco lo que hacen otras agencias financiando operaciones de intervención a otros países con este tipo de negocios. La gente nos conoce, tenemos historia en nuestras regiones”.


¿Cuál es la relación entonces que tienen con este asunto?
“Cobramos un impuesto, como lo hacemos con cualquier actividad productiva. Ahora, si el gobierno o los gobiernos quieren pasar por rigurosos, penalizando el daño que causan actividades ilícitas, deberían empezar con la corrupción, que es el robo, de frente y con apoyo de la ley y de las instituciones de los bienes, recursos y riquezas de todas las gentes; por eso la población se queda sin salud, sin educación y pare de contar. Al Eln la gente lo puede ver sin tapujos, nuestra gente sabe como vivimos, como vestimos y comemos, muy humildemente, como todos los pobres de Colombia y del mundo”.


Cuando los medios aluden a este tema del narcotráfico, en relación con el Eln, lo relacionan con la famosa “disputa” por territorios y “corredores” con las mafias. Así explican, por ejemplo, ciertas acciones en el Chocó y, en especial, el enfrentamiento con el Epl en el Catatumbo. ¿Creen que es posible quitarse de encima ese “San Benito”? ¿Cómo?


“El enfrentamiento con el grupo del Epl, o como popularmente los llama la gente, “los pelusos” o “paramegas”, ese es otro cuento. Con el llamado Mando Nacional del Epl, la conducción estratégica del Eln realizó varias reuniones para establecer acuerdos, pero nunca se cumplieron donde ellos existen, en el Catatumbo, pues no están en otro lado; siempre los incumplieron. La razón del incumplimiento estaba en la alianza que tenían y tienen con los paramilitares en la región, para repartirse el control territorial y supuestamente el vacío dejado por las Farc, y por tanto controlar los negocios. Esa alianza se demostró, los paramegas están revueltos con los paramilitares, incluso varios de sus mandos operativos en el territorio son paramilitares; alguna gente nos dice que debemos llegar a un acuerdo con ellos, ¿cómo hacer acuerdos con los paramilitares?, ¿será que se puede? Complicado este asunto. Nosotros no somos los que estamos negando la naturaleza revolucionaria de una fuerza, si es ella la que hace las alianzas, y eso viene desde hace rato, desde cuando estaba vivo Megateo.


Si una fuerza paramilitar nos quiere cortar un corredor de movilidad, nosotros no podemos quedarnos quietos, pues es elemental mantener la libertad de movimientos y de acción, es uno de los tres principios de la guerra. No somos ingenuos, los paramilitares son una fuerza funcional al Estado, eso está documentado ahora y en el pasado.


El tema del ‘San Benito’, es un asunto mediático, y en eso el que tiene el micrófono es el que habla, pero nosotros no vamos a asustarnos por eso y dejar de hacer lo que tenemos que hacer. Por fortuna toda guerra deja sus registros. Por ejemplo, luego de los ataques que nuestra unidades realizaron el 1 de noviembre, contra varios grupos paramegas, ubicados en las veredas de Mesitas, Limoncito y Castrillón, en la Provincia de Ocaña, los paramegas sacaron unos comunicados hablando falsedades sobre nuestra actuación; nuestros mandos permitieron la entrada a los sitios de los combates de unas comisiones del Cicr y de la Defensoría del Pueblo para que miraran lo que había sucedido, que hablaran con la población y ellos mismos se llevaran la información de manera directa. Seria bueno escuchar lo que esas instituciones tengan para informar, por eso de la objetividad que hay que tener con la opinión”.


La condición impersonal de la entrevista nos impide ver el rostro de quien nos responde. En todo caso, imaginamos al segundo al mando del Eln repasando las debilidades no superadas como guerrilleros, el efecto de sus operaciones y la distancia con la opinión pública, los coletazos en ciertos territorios de la “guerra contra las drogas” atizada por los Estados Unidos, el efecto de la crisis económica, política, social y humana de Venezuela sobre toda la frontera, la inanición en que cayó la Mesa de negociación, y otros muchos aspectos que cuestionan la existencia, o cuando menos la posibilidad histórica del Eln, la última de las insurgencias sobrevivientes en Colombia, dispuesta, como lo deja entrever Antonio García, para la guerra o para la paz.

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“Quizá no sea el tiempo de negociar, o no ha llegado el gobierno que de verdad quiera y pueda”

La paz, ese viejo sueño de la humanidad encuentra en Colombia un amplio territorio de anhelos, así como un mar de promesas, intentos de negociarla, logros parciales y fracasos. Desde cuando en 1984 el gobierno del entonces presidente Belisario Betancur abrió la fase que aún no llega a su fin de paz negociada con las guerrillas revolucionarias, múltiples diálogos y Mesas para darle curso se han llevado a cabo e instalado por los gobiernos que desde entonces ha conocido el país. De tales episodios brotaron, en una primera fase, firmas de paz entre las guerrillas con una columna vertebral urbana y el establecimiento, y en la segunda, la recién concretada firma con las Farc, de arraigada raíz campesina.


En esos años, que ya suman 34, el Ejército de Liberación Nacional (Eln) ha tenido asiento en varias Mesas bilaterales, frente a frente con el gobierno nacional en Costa Rica, México, Caracas, La Habana (vez anterior) …, todas ellas truncas. En todas y cada una de estas ocasiones participó, en una u otra de sus fases, Antonio García, segundo comandante al mando de esta guerrilla, y con quien este periódico sostuvo una entrevista vía electrónica en procura de respuestas ante un conjunto de interrogantes que hoy acompañan a líderes sociales, políticos, periodistas, de Colombia y otros países de la región y del mundo.


En ese ciclo de paz lograda con diversos grupos guerrilleros e intentos de diálogo abortados con otras, el pasado 30 de marzo de 2016 un nuevo intento fue oficializado entre esta veterana agrupación guerrillera y el gobierno nacional. Transcurridos dos años largos, con una agenda de 5 puntos concertada entre las partes, y luego de cuatro ciclos en Quito –Ecuador– la Mesa que debió ser trasladada a La Habana, no solo cojea sino que está sufriendo el corte de sus patas. La razón: las reglas de juego cambiaron: Ahora, a pesar de sus avances, los aspectos acordados no tienen peso alguno. así parece desprenderse de lo dicho una y otra vez por el presidente Duque: “Si quieren hablar de paz estamos listos, pero si y solo si le ponen fin a todas las actividades criminales y liberan todos los secuestrados”.


Al respecto, Antonio García subraya que “esa declaración desconoce que hubo un acuerdo de agenda, de orden temático y un orden de discusión con el anterior gobierno y dicho acuerdo debe respetarse”. Afirmación que este mando guerrillero no deja solo ahí. Puntualiza que el actual Gobierno “[…] desconoce que el Eln es una organización alzada en armas y que en esta condición no acepta el sometimiento al Estado […]. No somos una organización sometida a su normatividad, no hemos hecho ese acuerdo, al menos no está en la agenda. El derecho a la rebelión nos confiere la potestad para romper los monopolios atribuidos al Estado, según el Tratado de Westfalia” (1).


Desde la campaña electoral estaba casi seguro que de ser ungido como presidente, Duque no le daría continuidad a la negociación con ustedes, le escribimos a nuestro entrevistado, de lo cual podría inferirse que lo expresado ahora por el Presidente es una forma ‘disimulada’ de enfriar la negociación y descargar en la contraparte el costo político de romper la mesa, ¿qué piensa de eso?

García retoma cuáles fueron los términos acordados con el gobierno Santos: “Tres condiciones fueron las que nos puso: que las conversaciones fueran en el exterior, directas y secretas en la fase exploratoria, y en medio de la confrontación militar. El Eln no compartía algunas de ellas, pero se aceptaron, pues eran condiciones de tiempo, de espacio y operacionales mas no referidas a la naturaleza de nuestra organización”.

Así las cosas, para el Eln el Gobierno no es caballero en la Mesa. García amplía su opinión, “el asunto no es la Mesa, que está siempre ahí, o en cualquier lugar. El lío es quiénes se sienten en ella. El Eln está sentado y no ha dicho que vaya a romperla, además ha cumplido siempre. La delegación de Duque no asiste a las conversaciones. Eso lo pueden adornar como quieran o pueden vociferar cuanto quieran, pero es tan evidente que no requiere de explicaciones. Como presidente, Duque renuncia a continuar una responsabilidad de Estado y honrar los acuerdos del gobierno anterior (2). Mal precedente, ¿quién se atreverá a firmar acuerdos con futuros gobiernos? Y de nuestra parte, pregunto: ¿En qué ha incumplido el Eln?”.


Esta respuesta nos lleva a insistir en un interrogante anterior: parece que Duque no quiere asumir el costo de levantarse de la Mesa, ustedes tampoco, ¿cómo van a asumir ese tiempo de espera? ¿Consideran que tal paréntesis irá en contra del gobierno?


Tratado el tema antes, encontramos que nuestro interlocutor mantiene interés en retomarlo: Sería mezquino responder que queremos que sea el Presidente quien pague un costo político. No nos interesa eso. Es la sociedad en su conjunto quien resulta afectada. Nos interesa la paz de Colombia que traiga justicia, felicidad y equidad para las actuales y futuras generaciones. Lo cierto es que el actual y el anterior gobierno no están en condiciones de negociar, de establecer acuerdos que puedan cumplir. Como dice Trump sin tantas vueltas: ‘sí ganamos los ricos, ¿para qué negociar?’”.


Y continúa en la misma letra: “Quizá no sea el tiempo de negociar, o como dice el sentido común: no ha llegado el tiempo, o como diría otro: no ha llegado el gobierno que de verdad quiera y pueda. Pues son recurrentes las negociaciones y acuerdos incumplidos por los gobiernos a todas las protestas y conflictos sociales. Los gobiernos no pueden seguir mamando gallo”.


La respuesta, con tantos bemoles, nos deja dubitativos pues podemos pensar que esta guerrilla está de verdad dispuesta a una paz negociada, pero también a un alargue del conflicto armado por el tiempo que sea. El ciclo de las negociaciones de paz en Colombia seguirá abierto por mucho más tiempo, pensamos. Una perspectiva del conflicto armado, en cuyas escaramuzas, maniobras, distracciones y golpes de opinión es determinante el aspecto militar, pero asimismo la geopolítica, la misma que, con la caída del Muro de Berlín en 1989, condujo a las insurgencias urbanas a pensar que su escenario estaba cerrado y que era la hora de buscar una paz dialogada. Por eso, es una inquietud muy repetida: ¿De qué manera influye en el estado actual de la Mesa y en sus orientaciones como Comandante con la máxima responsabilidad militar, la situación internacional y, en particular, la de América Latina, o es que la Mesa expresa simplemente el deseo de derrota militar que no oculta un sector de quienes dominan en Colombia?


En el otro lado de la red, de un lugar tal vez lejano, en el monte o en la ciudad, cercano o lejos de una frontera, llega escrito. “El tiempo lleva implícito unas circunstancias, una realidad y muy seguramente el contexto internacional tiene una incidencia, pero lo esencial está en nuestro país. Por ejemplo, hay falta de consenso en la clase dominante, pues para unos la negociación debe hacerse como remate de un triunfo militar; para otros como parte de una victoria en curso, y de otros que consideran que para superar la confrontación militar se requiere la vía política, que contemple cambios en muchos órdenes, que no se trata sólo del silenciamiento de los fusiles”.


Suponemos que en este momento, posiblemente hizo una pausa o escuchó una noticia en radio como acostumbran los guerrilleros. “Hace unos días volví a leer una entrevista con María Alejandra Villamizar en 2005, ahí encontramos las mismas exigencias que hoy nos hace Duque, pero colocadas por Uribe; no es una coincidencia. A parte de lo anterior, y lo más grave es que se asume como política de Estado, que al no haber consensos en los sectores de la clase dominante, ni en los poderes del Estado, cualquier acuerdo debe someterse a sucesivas negociaciones que terminan triturando cualquier acuerdo, eso aconteció y sigue aconteciendo con el acuerdo con las Farc, sin desconocer que ellos cometieron errores en su forma de negociar; aunque también, en los contenidos de la negociación expresan su visión, una negociación más centrada en ellos mismos”.


En lo concerniente con la paz, el presidente Duque obra apegado al relato opositor del Centro Democrático y su discurso tras el resultado del Referendo, que acusa a Santos de “burlarse y dar un golpe de Estado” a la victoria del No. Por tanto, a la Mesa le está tocando el barro y un lapso de dificultades más grandes que las normales de una negociación. En este marco, es primordial saber si con el propósito de no cerrar el diálogo, ¿el Eln estará listo a recomenzar de cero. Está dispuesto a aceptar que ante un nuevo gobierno y su ventaja, el paso sea definir una nueva agenda que guíe la negociación? Pronto, en el buzón de entrada nos llegó un mensaje electrónico. “El que no quiere negociar no es el Eln, ni hemos amenazado con cerrar nada, solo se trata de continuar en los puntos que se acordaron. Hay un problema de fondo, es la manera como los gobiernos hacen sus empalmes, en cómo le dan continuidad como Estado a los asuntos que son de orden constitucional como es el asunto de la paz. Si el problema es de este orden, es pertinente que haya una política de Estado clara, al igual que los roles para las delegaciones de los gobiernos, pues se requiere saber con quién se negocia, si es con el poder ejecutivo, con el legislativo, con el judicial o con el militar; o si es con un empleado, a quien le interesa más el salario que el futuro del país”.


Negociación versus sometimiento


El tiempo, en medio de las matrices de opinión existentes acerca de la insurgencia, corre a favor del gobierno, ¿qué van a hacer? ¿Van a esperar indefinidamente? ¿En esta circunstancia, no tendrían que replantear el diseño estratégico? En ese caso, ¿en cuáles aspectos en cuál mínimo pondrían el énfasis? Es notorio que nuestro entrevistado piensa más en el país como conjunto y no en nosotros, como sus entrevistadores. Su respuesta más que un sí o un no es una explicación: “Nosotros acordamos una Agenda, un orden temático, que se anunció con toda formalidad. Todo mundo la conoció el 30 de marzo de 2016. ¿Por qué nosotros debemos cambiar un acuerdo que hicimos con el gobierno anterior? Ese es un asunto de Estado. y la paz no es un juego. ¿Por qué nosotros tenemos que resolver un problema del establecimiento?”.


Y sigue de inmediato. “Si quieren usar el tiempo como presión, lo pueden seguir haciendo, en eso perdemos todos, pero aceptar imposiciones no va con nosotros. Corresponde que Duque envíe su delegación a la Mesa y ahí, con mucho gusto, se conversan las cosas. Ahí, lo que sea razonable y en el marco del respeto que somos una organización rebelde alzada en armas, se examinará con igual respeto y consideración. Nuestra delegación tiene la orientación de mantenerse en la Mesa”.


Retomando las consideraciones que recalcan y difunden una y otra vez los medios de comunicación, preguntamos: en una perspectiva o viraje, de recomenzar, ¿estarían dispuestos a ofrecer un cese unilateral de fuego, incluyendo lo que el gobierno llama devolución de secuestrados? Con énfasis, dando por sentado que el Eln constituye otro Estado, ya sea en formación o ejerciendo en territorios pequeños y delimitados dentro del Estado que es conocido como Colombia, el segundo al mando del Eln escribe: “Los gobiernos son caprichosos. Santos dijo que la negociación debía ser en medio de la confrontación militar. Luego, se le ocurrió que debía ser como a él se le antojara”.


En este punto, García precisa el procedimiento en una conversación para dar fin a las hostilidades. “El principio elemental de una negociación es que se habla sobre lo que las dos partes acuerdan, y no lo que una sola quiera. Es así de sencillo”. Un sencillo que en los hechos no resulta así. “Siendo francos, a costa de qué el Eln debe hacer lo que el gobierno quiere, pues si a nosotros se nos antojara exigir otro tanto, estaríamos con el mismo derecho. Si aceptáramos las imposiciones del gobierno no estaríamos en una negociación, sino en un proceso que se llama sometimiento. Nosotros no estamos para eso. Si hablamos de reciprocidad podríamos considerar el asunto”. Y quien está al otro lado de la red recuerda una vez más que, “hemos hecho gestos puntuales, la mayoría sin reciprocidad del gobierno, por eso los gobiernos se malacostumbran y creen que todo es a precio de huevo –un dicho que toca replantear, pues ahora los huevos están muy caros”.


¿Y los secuestrados? “Sobre el tema de las retenciones, en derecho se denominan acciones de privación de la libertad, es pertinente tratarlo con franqueza. Todos los gobiernos del mundo, todos, sin excepción, realizan acciones de privación de la libertad por diversas razones, motivos o justificaciones: políticos, tributarios, control social y protección, etcétera. ¿En qué se diferencian de las que hace una organización rebelde en armas? La única diferencia es que ellos dicen que pueden hacerlas, dizque porque son legales, porque están dentro de sus leyes. Conclusión: las que hacen los gobiernos son legales y las nuestras no. ¡Qué bonito!, la relatividad del derecho y la justicia. Como si la legalidad fuera ‘patente de corso’ para hacer de manera ‘legal’ cualquier delito. Es un asunto político”.

Y prosigue en su alegato: “Pregunto, ¿qué son las cárceles?, no me digan que son centros d reclusión voluntaria o espacios de retiros. Para salir de allá también hay que pagar, así los detenidos cumplan las condenas; hay mucha gente sin causa justificada o sin condena establecida, no por uno o dos años, ¿cómo puede llamarse este fenómeno? Como les decía antes, la rebelión armada es la ruptura de esos tres monopolios de los Estados, ahí radica el fondo del asunto. Si ellos lo hacen, nosotros también. La rebelión es una ruptura de la legalidad existente sobre la que se soportan dichos monopolios”.

Cabe reconocer que hay coherencia doctrinaria en esta consideración con desafío que hace García. Pero, nos interesa tocar la coyuntura y volvemos a la carga: ¿no creen que un “gesto de paz” es el paso que esperan, tanto la comunidad internacional como los más amplios sectores de la opinión pública? “Sería muy bueno un gesto de paz recíproco, no lo estoy negando, pues las dos partes debemos ser generosas, que bueno sería. Pero es como todo, aquí volvería a cumplirse la máxima de la vida, que solo es generoso el pobre, que comparte el pedazo de pan con el necesitado; mientras el rico, en medio de la opulencia, solo ofrece las migajas”.

La guerra y la política

En toda lucha militar hay cinco aspectos que son determinantes, según el pensamiento de Sun Tzu: la vía, el tiempo, el terreno, el mando y la disciplina. En lo relativo a la negociación de un conflicto no hay un modelo acerca de los pasos a dar. No hay una experiencia reconocida con aporte universal. La clave es descubrir y afrontar ante las cosas inesperadas. Todos sabemos que en el logro de una solución política está de por medio el efecto de la correlación de fuerza en la opinión. Aquí, el gobierno cuenta con factores a favor y se siente más fuerte, con pretensiones para imponer sus criterios. Entonces, ¿cómo se plantean ustedes torcerle el cuello a la correlación de fuerzas existente entre las partes en conflicto? “Tanto el gobierno como nosotros tenemos nuestras estrategias, unas son públicas y otras secretas. De las públicas estamos hablando, de las otras nos reservamos. Vamos a persistir porque consideramos justo que se respete un acuerdo. Si se violan los acuerdos ahora, apenas empezando, ¿qué será después? Estamos en una negociación, lo que ustedes plantean es hacer la guerra en la mesa. Nosotros nos apartamos de ese criterio, pues una negociación, si es con voluntad, no debe colocarse alrededor de la mesa los batallones, las brigadas o las divisiones, porque en ese instante se convertiría en un campo de batalla, y lo que se trata es de superarla”.


La respuesta nos lleva a recordar que el Eln no es un ejército, como en su caso se autodefinían las Farc, sino una organización político-militar, que ahora le está dando más peso a lo político: ¿Y no han pensado, inquerimos, que el movimiento por la paz y los 8 millones que votaron distinto también están esperando lo mismo? ¿No tienen demasiada confianza en ese movimiento? “Ojalá pudiésemos escuchar a los ocho millones directamente, que nos contaran qué es lo que quieren y a quién le hacen las exigencias” –empieza por escribir Antonio García. Y prosigue: “No nos vamos a comer el cuento que dicen que dijeron; estamos muy grandecitos para eso. No es la primera negociación en la que estamos. Preferimos la certeza a la confianza. Confianza viene de con-fio, de fiar. La confianza nace de un camino de certezas. La movilización cierta es la de los estudiantes que poco son escuchados, al igual de los demás sectores sociales que protestan y nadie los escucha, y cuando por milagro los escuchan es para mamarles gallo y seguir los incumplimientos. Por eso, poco confían en el gobierno, al que siempre le fían y casi nunca paga. En sentido contrario, al gobierno le interesa la certeza de nuestros gestos, que no actuemos militarmente, y quieren que la sociedad y nosotros les fiemos los cambios, las transformaciones. Hagámosle primero a las certezas”.


En el lugar de las certezas, la reciente firma con las Farc es un capítulo con preguntas pendientes. ¿Las Farc repitieron el modelo de otra desmovilización?, ante la desventaja en la correlación política entre las fuerzas populares y las del poder. O, ¿sin tamaño, las Farc intentaron un procedimiento diferente de dejación de armas que no empelotara el cumplimiento de los Acuerdos? Que lo dejara desvestido ante las trampas institucionales y burocráticas, y los intereses del Estado y el poder. Son preguntas que por supuesto, le quitan fondo y blanco a la Mesa Gobierno-Eln. En concreto, si ustedes llegaran a admitir que la opinión pública quiere la paz, “como sea”, ¿estarían dispuestos a “someterse a la justicia”, a ‘rendirse’? O ¿preferirían, como en su momento lo hicieron las Fuerzas armadas de liberación nacional (Faln) en Venezuela y recientemente la ETA, unilateralmente, dar por terminado el proyecto revolucionario armado? “Cada organización y cada pueblo son autónomos de escoger sus propios caminos, es una lección dejada por la historia, por la soberanía de sus actores. Por nuestra parte, hemos sostenido con claridad que someterse no le ha pasado al Eln por la cabeza, menos claudicar. Para nosotros la búsqueda de la paz debe ser un camino hacia los cambios para bien de los colombianos, sobre todo de los más empobrecidos, es el mismo camino hacia una democratización de la sociedad y un camino de revolución; pues revolución debe ser cambio, equidad, empoderamiento de la sociedad, que los de abajo gobiernen y cada día sean más como seres humanos disfrutando de una vida mejor. En esta ruta de sociedad o de ‘paz para la sociedad’ nos identificamos con muchos sectores y organizaciones sociales del país, lo que habría que mirar es si eso es posible de conseguirse en una Mesa, o de qué otra manera. Habría que preguntarle a los sectores que controlan el poder económico, político, militar y demás, si están en la misma ruta, pues todos dicen ser ‘demócratas’, pero a la hora de las verdades les duele mucho el bolsillo. Como puede ver, eso no sólo depende de nosotros, sino de cómo puede ser posible concretar un deseo de cambio de la sociedad; porque el Eln existe como expresión de esa necesidad de cambio. Si la dirección de un proceso de paz no abre las puertas para los cambios, el Eln no va”.


Leemos con atención la respuesta y continuamos desgranando el momento que vive el país y su entorno: El gobierno de Duque ha logrado que la Unión Europea avale su exigencia con respecto a ustedes, ¿rompe esta complacencia la neutralidad que debieran mantener con respecto a la mesa en curso? ¿Esto obliga a recomponer los acompañantes de la misma, ya de por sí diezmados por el rechazo del gobierno a la presencia de Venezuela en ella? “En las conversaciones que nuestra delegación ha mantenido con la comunidad internacional, personalidades nacionales e internacionales, se recibe el apoyo a la continuidad de las negociaciones. Ahora, es fastidioso meterse en los problemas de los demás. Siempre ha sido fácil querer que otros hagan lo que uno nunca hizo en el pasado. Me sucedió hace unos años, había un país europeo que se consideraba muy pacífico y nos cuestionaba el uso de explosivos en la guerra, hasta que me vi obligado a mostrarle una factura de una empresa de dicho país donde constaba un envío, a la industria militar del gobierno colombiano, de materia prima para fabricar explosivos; aún recuerdo la cara que puso; no volvió a tocar el tema. […] Para no meterme en honduras, quien esté de buena fe, con verdadera voluntad, es quien debe estar, cada cual escoge su camino, pero todo país tiene sus aliados, unos de oportunidad y otros estratégicos, en eso no nos llamemos a engaños […]. Siempre estaremos agradecidos de quienes con honestidad ayudan en la construcción de la paz. Cuando se configuró el grupo de países garantes negociamos un relativo equilibrio entre las dos partes, es eso lo que vale”.


Entorno regional, soberanía y guerra híbrida


Para la mayoría de analistas y estudiosos de la geopolítica regional es claro que con el agotamiento de los gobiernos progresistas el espacio y favorecimiento para una negociación entre iguales, con beneficio general para quienes habitan Colombia, ha quedado atrás, ahora gana espacio la derrota del contrario, así sea en la Mesa. Mirando hacia Venezuela, y la tensión de su relación con los Estados Unidos, así como el interés de este país en que caiga el gobierno de Nicolás Maduro, incluso vía magnicidio o golpe de Estado –para lo cual han logrado concretar una alianza con buena parte de los países de la región, incluida Colombia–, con el escenario de una guerra civil abierto, continuamos con la impersonal entrevista, ¿afecta este escenario la negociación de paz que ustedes intentan proseguir con el gobierno Duque?


"Todo lo que afecte el vecindario nos afectará a los colombianos. Si no hay paz en la región, muy difícilmente la habrá en nuestro país”. Este sentido de mirada global, tan ajena en Colombia, donde la mayoría de sus dirigentes y población han crecido ensimismados, contemplándose en sus fortalezas y debilidades, nos lleva a pensar que lo que ahora está sucediendo ante nuestros ojos pasa desapercibido para la mayoría, por lo cual desean que el gobierno del país vecino caiga, a como de lugar, como si ello no tuviera consecuencias inmediatas y mediatas. Mientras así compartimos, recordamos que debemos acabar de leer la respuesta para dar paso a otra posible pregunta.


"Hay un derecho o normatividad internacional que debe respetarse, la soberanía de los pueblos, gobiernos y naciones para tratar y solucionar sus diferencias, sus problemas. Los demás lo que deben hacer es cooperar. Estados Unidos y sus aliados han hecho de todo, desde cuando estaba Chávez, bloquear, impedir y golpear los procesos de cambio. Lógico, en la Venezuela de 2002, hubiesen querido que aconteciera lo del Chile de Allende en 1973, pero no fue. ¿A qué costo para la sociedad, para el pueblo? (3). Venezuela ha demostrado su compromiso por la paz de Colombia, por encima de muchos incrédulos. El escenario de negociación, o lo que nosotros llamamos espacio, se negoció que fuera en el entorno de Colombia y sobre todo en América del Sur. Al Gobierno le gusta más Estados Unidos, y los tienen de aliados, deberíamos compensar con China o Rusia, por aquello de los equilibrios”.


¿Y no temen que un escenario de ese tenor inscriba a nuestro país en un posible conflicto entre potencias, donde actuemos como simples peones, como le ocurrió a Siria? “Nosotros, precisa Antonio García, no somos los que andamos ofreciéndonos a la Otan para sus planes intervencionistas en otras latitudes, como gran potencia militar regional, o somos los que tenemos como objetivo de nuestra Doctrina Militar el ser líder militar regional, como sí lo tienen las Fuerzas Armadas del Estado colombiano, es bueno que lean la Doctrina Damasco. Para hacer esto no se requiere justificaciones internas, pues el gobierno colombiano ya había decretado el fin del conflicto, y se prepara para una ‘guerra hibrida’ en el entorno regional y continental, que mucho se estudió en la Universidad Nueva Granada”.

Tomando en consideración los dardos soltados por nuestro entrevistado, vamos estructurando una nueva inquietud: Los acuerdos de paz logrados por las Farc han entrado en un escenario poco claro, tanto por su incumplimiento por parte del Gobierno como por el rearme de una parte de esa fuerza. Valorando tal realidad, y con la interrupción o ruptura de la negociación que ustedes llevaban con el gobierno ¿podríamos decir que la anhelada fase de paz duradera en Colombia ha quedado en el congelador? ¿Qué implicará esto para el país y que opciones le quedan a los movimientos sociales para no verse afectados de manera violenta por esta realidad?

“La intensidad de la confrontación militar dicen que ha bajado. Para nosotros no, pues hay una ofensiva del gobierno, y cuando nos logra golpear le dan un gran despliegue. Pero no acontece lo mismo cuando reciben nuestros golpes, se han especializado en ocultar los ataques exitosos de nuestra fuerza (4). La guerra mediática para nosotros juega, como también la paz mediática juega para la opinión. Pero la cruda realidad son los centenares de asesinatos de dirigentes sociales a lo largo de este último año, eso dice qué tan cierta es la paz, o mejor la crudeza de la realidad. Dicen los entendidos que cuando se hacen solicitudes a los gobiernos y estos las conceden en el marco de la institucionalidad, sin que nada cambie, se llama reformismo, pero la cruda realidad del capitalismo actual y de siempre, es que solo acepta las reformas cuando siente la amenaza de una revolución, le da temor y cede”.


La respuesta nos lleva a pensar en la inexistencia de una teoría global que le de base a una acción revolucionaria que rompa al capitalismo, como también a la inexistencia de apoyos por parte de país alguno para que fuerzas irregulares alternativas se mantengan en pie y avancen, de ahí que escribamos en el nuevo mensaje: pero, precisamente, esa situación de posible revolución es lo que se reconoce ampliamente como perdida o, por lo menos, envolatada, ¿consideran ustedes que aún es posible una revolución en Colombia? Y de ser así, ¿cuáles son las ideas fuerza y las acciones básicas que así lo posibilitaran? La historia jamás es en línea recta, hay muchas curvas, así como subidas y bajadas. Sería muy fácil luchar cuando uno tuviese más fuerza que el oponente –dice el segundo al mando en esta guerrilla–, de eso se trata una guerra de resistencia, los pueblos tienen más edad que un individuo, ellos van entregando a las nuevas generaciones los objetivos de su futuro; eso está suficientemente claro en el Eln”. Cuandopensamos que ya había argumentado, prosigue: “Si no hubiese razones para luchar por los cambios y transformaciones de una realidad injusta, no existiría la guerrilla y tampoco habría las movilizaciones de estas semanas, tan masivas y de carácter nacional, donde se muestra muy poca capacidad del gobierno para buscar y construir soluciones. Cuando al menos en Colombia se acepte la existencia de los presos políticos, podrá decirse que un gobierno ha empezado a pensar en la solución política como una posibilidad real, le respondo esta pregunta de manera inversa, porque de toda esta lucha actual se seguirán llenando las cárceles con dirigentes y activistas sociales, y los muertos, por la misma razón, siguen sin parar”.


Las respuestas de nuestro entrevistado dan un ángulo mayor en la mirada de la disputa por la Mesa, por su (re)instalación o quiebre, lo que estará en disputa durante los años que dure el gobierno Duque, y la paz negociada, esa ventana abierta en 1984 por primera vez tardará unos años más en ver cerrado su ciclo. El segundo al mando del Eln deja en claro la disposición de esta fuerza insurgente para negociar la paz como para afrontar la guerra. ¿Tienen fuerza los movimientos sociales para cambiar este escenario?

1. Según este Tratado, los monopolios aludidos al Estado son: el uso de la fuerza y de las armas, el monopolio para recoger tributos o impuestos y aplicar su normatividad jurídica, en la que cabe el monopolio para realizar acciones de privación de libertad.
2. En su disertación coloca un ejemplo: “Qué tal que un arrendatario de una vivienda, por el solo hecho que la empresa arrendadora cambie de dueño, al día siguiente se encuentre en la calle desconociendo que había firmado con el anterior dueño un contrato legal, con respaldo jurídico. Es un asunto elemental, de sentido común. De cortesía diría otro”.
3. Y enfatiza: “A los gringos no le interesa la democracia o la gente, pues no vengan con el cuento que en Chile se imponía a Pinochet para reposicionar la democracia. La historia no puede seguir siendo la justificación de la ignominia: yo debí ser bueno en el pasado”.
4. “Ocultan numerosos ataques contra instalaciones militares con cargas explosivas de gran envergadura, cierran calles o sus instalaciones para que los medios no lleguen ni se enteren. También cuando sus embarcaciones, como nodrizas o tanquetas son igualmente atacadas por nuestras fuerzas, por ningún lado se sabe, pero pregúntele a la gente en las regiones donde están ubicadas nuestras fuerzas”.

 


Correlación de fuerzas y fakenews

Cabe decir aquí que según la historia, las negociaciones de conflictos armados toman uno u otro sendero, uno u otro ritmo, de acuerdo a la correlación de fuerzas que se desprende del campo de batalla, de manera que en Colombia, pese al mayor peso de las Fuerzas Armadas oficiales la guerra irregular está en tablas. Entonces, cada una de las partes estará tratando de asestar un golpe que incline la Mesa a su favor. Sin embargo, algo en que concuerdan los analistas es que el Eln no cuenta con la fuerza militar para eso, ¿qué sigue, entonces? Desde el Eln los términos son de reafirmación en la Agenda que acordaron: “Si tenemos o no capacidad operativa para que el actual gobierno respete lo acordado –enfatiza Antonio García–, por ahora no ha sido discutido como un mecanismo para la implementación. La afirmación que ustedes señalan suena a eso: que para negociar algo con el Estado hay que tener capacidad militar para hacerlo cumplir. Si eso es así, habría que examinar el asunto. Aunque sobre este tema también hay enfoques caprichosos: a los gobiernos y los operadores de opinión les gusta decir que la guerrilla del Eln no tiene capacidad militar, pero cuando se hace cualquier acción militar ponen el grito en cielo, entonces uno no los entiende”.


Con su presencia en la Mesa, el Eln quedó a la vista, en el escenario de los titulares y la política de por medio, con mayor blanco de la “maniobra política” del poder y de los fake news, en ese marco que no es exclusivo de la clandestinidad, tiene el Eln cómo contrarrestar y cómo aclarar el mensaje dominante? La respuesta aporta en una definición acerca de cómo conciben una negociación. “Estamos, se trata de una negociación, no de lo que se quiera decir por un micrófono. En una negociación el instrumento es la mesa de conversaciones, la agenda que se pacta, las regulaciones que pactan las dos partes para adelantar el debate. Si se tratara de adelantar una campaña política, los instrumentos y los acuerdos serían de otra naturaleza. No hay nada que hayamos incumplido a la luz de lo acordado, quien está incumpliendo es el gobierno al no querer hacer presencia en la Mesa”.

 


Coca, narcotráfico, ética y el Catatumbo

 

Cada día es más frecuente escuchar por los medios de comunicación que ustedes son narcotraficantes, ¿cómo han pensado contrarrestar esta propaganda oficial y mediática?
“Dicen que en una guerra lo primero que se pierde es la verdad. Inglaterra mintió sobre Irak, siguen mintiendo Inglaterra y Francia sobre Siria, y las agresiones militares continúan. La propaganda no es un tipo de guerra sutil o un accesorio de ella, no, es la misma guerra, y es más brutal que la física. Por ejemplo, en una guerra una persona se muere, y ya. Pero con la guerra mediática se sigue matando la historia, la dignidad y por tanto el futuro. ¿Narcotraficantes nosotros? ¡Ave María!, como diría un paisa, primero eleno muerto, que ... Pues ¿se podrían imaginar al cura Camilo Torres o al cura Manuel Pérez con un alijo de cocaína? En el Eln primero está nuestro espíritu de servicio por encima de todo”.


Entonces, ¿tal información es desinformación?
“No hay la menor duda. Jamás han agarrado ni van a agarrar a un militante nuestro con un gramo de cocaína, menos tenemos laboratorios o rutas o ventas en el exterior. Como tampoco andamos como la DEA armando trampas para agarrar y penalizar incautos, para luego quedarse con los alijos de cocaína; ni tampoco lo que hacen otras agencias financiando operaciones de intervención a otros países con este tipo de negocios. La gente nos conoce, tenemos historia en nuestras regiones”.


¿Cuál es la relación entonces que tienen con este asunto?
“Cobramos un impuesto, como lo hacemos con cualquier actividad productiva. Ahora, si el gobierno o los gobiernos quieren pasar por rigurosos, penalizando el daño que causan actividades ilícitas, deberían empezar con la corrupción, que es el robo, de frente y con apoyo de la ley y de las instituciones de los bienes, recursos y riquezas de todas las gentes; por eso la población se queda sin salud, sin educación y pare de contar. Al Eln la gente lo puede ver sin tapujos, nuestra gente sabe como vivimos, como vestimos y comemos, muy humildemente, como todos los pobres de Colombia y del mundo”.


Cuando los medios aluden a este tema del narcotráfico, en relación con el Eln, lo relacionan con la famosa “disputa” por territorios y “corredores” con las mafias. Así explican, por ejemplo, ciertas acciones en el Chocó y, en especial, el enfrentamiento con el Epl en el Catatumbo. ¿Creen que es posible quitarse de encima ese “San Benito”? ¿Cómo?


“El enfrentamiento con el grupo del Epl, o como popularmente los llama la gente, “los pelusos” o “paramegas”, ese es otro cuento. Con el llamado Mando Nacional del Epl, la conducción estratégica del Eln realizó varias reuniones para establecer acuerdos, pero nunca se cumplieron donde ellos existen, en el Catatumbo, pues no están en otro lado; siempre los incumplieron. La razón del incumplimiento estaba en la alianza que tenían y tienen con los paramilitares en la región, para repartirse el control territorial y supuestamente el vacío dejado por las Farc, y por tanto controlar los negocios. Esa alianza se demostró, los paramegas están revueltos con los paramilitares, incluso varios de sus mandos operativos en el territorio son paramilitares; alguna gente nos dice que debemos llegar a un acuerdo con ellos, ¿cómo hacer acuerdos con los paramilitares?, ¿será que se puede? Complicado este asunto. Nosotros no somos los que estamos negando la naturaleza revolucionaria de una fuerza, si es ella la que hace las alianzas, y eso viene desde hace rato, desde cuando estaba vivo Megateo.


Si una fuerza paramilitar nos quiere cortar un corredor de movilidad, nosotros no podemos quedarnos quietos, pues es elemental mantener la libertad de movimientos y de acción, es uno de los tres principios de la guerra. No somos ingenuos, los paramilitares son una fuerza funcional al Estado, eso está documentado ahora y en el pasado.


El tema del ‘San Benito’, es un asunto mediático, y en eso el que tiene el micrófono es el que habla, pero nosotros no vamos a asustarnos por eso y dejar de hacer lo que tenemos que hacer. Por fortuna toda guerra deja sus registros. Por ejemplo, luego de los ataques que nuestra unidades realizaron el 1 de noviembre, contra varios grupos paramegas, ubicados en las veredas de Mesitas, Limoncito y Castrillón, en la Provincia de Ocaña, los paramegas sacaron unos comunicados hablando falsedades sobre nuestra actuación; nuestros mandos permitieron la entrada a los sitios de los combates de unas comisiones del Cicr y de la Defensoría del Pueblo para que miraran lo que había sucedido, que hablaran con la población y ellos mismos se llevaran la información de manera directa. Seria bueno escuchar lo que esas instituciones tengan para informar, por eso de la objetividad que hay que tener con la opinión”.


La condición impersonal de la entrevista nos impide ver el rostro de quien nos responde. En todo caso, imaginamos al segundo al mando del Eln repasando las debilidades no superadas como guerrilleros, el efecto de sus operaciones y la distancia con la opinión pública, los coletazos en ciertos territorios de la “guerra contra las drogas” atizada por los Estados Unidos, el efecto de la crisis económica, política, social y humana de Venezuela sobre toda la frontera, la inanición en que cayó la Mesa de negociación, y otros muchos aspectos que cuestionan la existencia, o cuando menos la posibilidad histórica del Eln, la última de las insurgencias sobrevivientes en Colombia, dispuesta, como lo deja entrever Antonio García, para la guerra o para la paz.

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