Por qué el capitalismo se cargó el orgasmo femenino

En Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo, Kristen Godsee señala al capitalismo como yugo principal de la mujer y destaca algunos aspectos del socialismo de Estado en materia de género

Según la intelectual, todo se basa en la seguridad social porque una sociedad que no castigue a la mujer por tener hijos, ni devalúe su trabajo, provocará que sean más felices y disfruten de su sexualidad sin que esta sea un activo comercial

 

En la última huelga por el día internacional de la mujer, Ciudadanos rehusó participar porque, en su opinión, ser feminista no es incompatible con ser capitalista. O, en otras palabras, porque faltar a trabajar el día 8 de marzo es un gesto ideológico que no ayuda a la igualdad. Como si el terreno laboral y los cuidados domésticos no fuesen dos de los principales nichos de machismo, al menos, en la sociedad occidental.

Si la escritora y etnógrafa estadounidense Kristen Ghodsee hubiese escuchado a Rivera y a Inés Arrimadas en la víspera de la marcha feminista, se hubiera echado a temblar. Hace un par de años, ella misma fue atacada por el ala republicana y las defensoras del feminismo liberal por una columna en The New York Times titulada ¿Por qué las mujeres tuvieron mejor sexo bajo el socialismo?

La premisa quedaba bastante clara en las siete palabras de la cabecera y no faltó quien la quiso echar a los leones sin siquiera haberse leído el artículo. Estalinista y defensora de los gulags fueron las acusaciones más suaves. Pero, lejos de sucumbir a la presión, Ghodsee convirtió la pieza de opinión en un ensayo de 200 páginas que llega a nuestro país de la mano de Capitán Swing.

Partiendo de la base de que el sexo y el cuerpo femenino hace tiempo que abandonaron la esfera privada, y que incluso los orgasmos fingidos son políticos, la autora encuentra en el capitalismo el peor yugo para la mujer. Su teoría es que, "cuando se desarrolla correctamente", el socialismo conduce a la independencia económica, al equilibrio entre el trabajo y la vida, a mejoras laborales "y, sí, a un mejor sexo".

"Hay evidencias empíricas de que, en el contexto de la Alemania Oriental y Occidental, las mujeres de la RDA indicaron niveles mucho más altos de satisfacción sexual que las mujeres de la RFA", explica la autora a eldiario.es. En concreto, dos tercios de las jóvenes afirmaban llegar al orgasmo "casi siempre" y un 18% "con frecuencia".

Ghodsee lleva dos décadas estudiando el impacto cotidiano y los trastornos sociales, políticos y económicos posteriores a la caída del Muro de Berlín en 1989 y su conclusión siempre es la misma: con la entrada del libre mercado, todos los avances que la mujer consiguió bajo el paraguas del socialismo se fueron a pique. Incluidos los del sexo.

Uno de los conceptos más controvertidos que derivó del libre mercado, según ella, fue la economía sexual. Mientras que en el capitalismo el sexo de las mujeres es un activo que se ven obligadas a vender o regalar para satisfacer sus necesidades básicas, en el socialismo pueden satisfacerlas por sus propios medios y, por ende, serán menos reticentes a venderlo y "más dispuestas estarán a disfrutarlo por placer".

Otros factores que devaluarían el sexo en los estados socialistas son la disponibilidad de anticonceptivos y el aborto legal. Sin embargo, tampoco obvia el papel de Stalin y otros líderes soviéticos en la restricción de todos esos derechos, además de cercenar otros: "Los gobiernos del socialismo de Estado reprimieron los debates sobre acoso sexual, la violencia doméstica y la violación".

Quien crea que Ghodsee llega a esta conclusión a través de un cúmulo de frivolidades, se equivoca. Su ensayo se cuida de parecer un "tratado académico", pero incluye sucesos históricos, encuestas, conceptos económicos y textos sociológicos del siglo XX que conforman de todo menos una lectura ligera. Como hay aspectos que nos llevaría decenas de miles de palabras explicar, qué mejor que los aborde ella misma de su puño y letra.

Ha tenido que explicar en numerosas ocasiones que no aboga por volver a un sistema como el soviético. ¿Por qué cree que la lucha contra el sistema capitalista se relaciona enseguida con los estados totalitarios?

¡Gracias! No estoy defendiendo de ninguna manera volver al socialismo de Estado del siglo XX, y me frustra cuando los críticos intentan definir el libro como una especie de nota nostálgica por el totalitarismo. Hay políticas que han sido aprobadas en países que no son estrictamente socialistas, más bien capitalistas (Europa occidental, Canadá o Australia), y podríamos aprender de ellos en EEUU.

Dondequiera que miremos, el capitalismo contemporáneo está flaqueando. Las políticas de austeridad han destruido vidas y han creado una carga increíble para las mujeres y las familias. Durante demasiado tiempo hemos vivido en un mundo donde las ganancias son más importantes que las personas. Mi libro aboga por un mundo donde las personas y el planeta sean más importantes que las ganancias. Algunas personas dirán que esta es una idea utópica, pero creo que es una visión necesaria para nuestro futuro político y económico colectivo.

Sin embargo, admite que muchas de las políticas de igualdad conseguidas por el socialismo fueron inmediatamente aplastadas por los hombres que entraban al poder, como Stalin con el aborto. ¿Funcionaba el patriarcado en Europa del Este de forma más velada?

El patriarcado nunca desapareció en el Este, pero su poder se vio atenuado por la independencia económica y un compromiso fundamental con la emancipación de las mujeres (aunque fuera solo teórica). Aunque no lograron que los hombres contribuyeran al cuidado de los niños y al trabajo doméstico, intentaron apoyar a las mujeres ampliando la red de seguridad social para proporcionar estos servicios públicamente.

En las sociedades capitalistas, el trabajo de las mujeres en el hogar no tiene valor en la economía formal, y los capitalistas pueden aumentar sus ganancias porque las mujeres dan a luz y crían a la próxima generación de trabajadores y contribuyentes de forma gratuita. Piensa en las políticas de austeridad. Cuando el trabajo de cuidar a los niños, a los enfermos y a los ancianos ahora ocurre en el hogar, la carga de ese trabajo recae sobre los hombros de las mujeres.

Por lo tanto, el patriarcado en las sociedades capitalistas es mucho más insidioso que el patriarcado en las sociedades donde hay más provisión pública de servicios sociales.

¿Y por qué no sobrevivieron esas políticas socialistas tras la caída del Telón de Acero?

Porque la transición del socialismo al capitalismo requirió despidos masivos y los estados obligaron a las mujeres a regresar al hogar para ser amas de casa, adonde supuestamente pertenecían. Al abandonar el compromiso con la igualdad de género y las garantías de empleo al mismo tiempo, los estados post-socialistas podrían reducir efectivamente la fuerza laboral a la mitad.

En los países capitalistas, las mujeres siempre han servido como un ejército de reserva de trabajo cuando es necesario, y no importa lo que quieran o no. Las mujeres de Europa del Este fueron en gran medida víctimas del proceso de transición porque los estados podían reducir sus números oficiales de desempleo al reclasificarlas como "amas de casa". En muchos estados, esta fue una política abierta e intencionada que devastó a las mujeres que habían trabajado durante toda su vida.

Hablemos ahora de la temática del libro y una de las teorías que más ha escamado en su país: el sexo femenino como moneda de cambio para conseguir amor, compromiso y/o manutención. ¿De qué manera ese intercambio sigue existiendo en los países occidentales?

Sé que esto es muy controvertido, pero claro que todavía existe, y especialmente en los Estados Unidos. La teoría económica sexual tiene muchos problemas, pero lo que me interesa es que la idea del "intercambio sexual" es esencialmente la misma que la crítica socialista del siglo XIX sobre el efecto del capitalismo en las relaciones románticas.

En las sociedades que ponen toda la carga del trabajo de cuidado en las mujeres, ellas tendrán dificultades para combinar el trabajo y la vida familiar. Esto las obliga a depender económicamente de los hombres y esa dependencia a menudo crea una situación en la que las mujeres mismas se convierten en un tipo de mercancía. Los socialistas han hablado de esto durante más de 150 años, pero el problema no ha desaparecido.

Por lo tanto, mi argumento es muy simple pero importante: cuando las mujeres pueden atender sus propias necesidades materiales y las de sus hijos, y ya no dependen económicamente de los hombres, tienen la libertad de dejar relaciones heterosexuales infelices o abusivas o insatisfactorias, si es que las tienen. Esa autonomía básicamente permite una relación más igualitaria con los hombres y más libertad en la sociedad.

Habla del intercambio sexual dentro del matrimonio. Como Silvia Federici, ¿lo considera más alienante que otras transacciones explícitas y monetarias como la prostitución?

El trabajo sexual es trabajo. Es un intercambio abierto de fuerza de trabajo. En este caso, servicios sexuales por un salario monetario. Una vez que se transfiere el dinero, se puede reutilizar en la economía para todos los demás bienes y servicios. El trabajo sexual, por supuesto, existía antes del capitalismo.

Pero las mujeres pueden intercambiar el acceso a su sexualidad por una remuneración no monetaria (cena, bebidas, ropa, un anillo de bodas) y estas cosas no se convierten fácilmente en dinero para su uso en el resto de la economía. La mercantilización de la sexualidad no es una transacción negociada explícitamente, sino un conjunto de expectativas sociales cambiantes sobre las cosas que las mujeres pueden o deberían o podrían exigir a cambio del acceso a su sexualidad.

Por último, ¿qué opina de la defensa del feminismo mainstream? Es decir, al que ha engullido el capitalismo.

Ciertamente el capitalismo se ha tragado el movimiento feminista dominante. Creo que todas las feministas deberían ser socialistas si quieren que el gobierno intervenga para corregir las deficiencias del mercado libre en términos de la devaluación del trabajo de los cuidados.

Los mercados libres solo pueden empoderar a las mujeres sin hijos. Y tal vez es por eso estamos viendo una disminución tan profunda de las tasas de natalidad en los países capitalistas avanzados.

Las mujeres saben que su trabajo de cuidado es esencialmente inútil en una economía capitalista moderna, por lo que eligen limitar o renunciar a la maternidad. Pero si las mujeres quieren tener hijos y alguna forma de independencia económica, necesitarán la ayuda de políticas sociales progresivas implementadas por el estado. En definitiva, creo que el feminismo necesita socialismo si quiere trabajar para todas las mujeres.

Por Mónica Zas Marcos 

03/10/2019 - 21:38h

Publicado enSociedad
Jueves, 14 Marzo 2019 06:14

“Este es un siglo trans”

“Este es un siglo trans”

La pornografía virtual, el “ideal” publicitario, los tatuajes, las fiestas electrónicas, las adicciones dejan marcas en el cuerpo que la especialista estudia para reflotar el análisis de por qué una persona puede amar su cuerpo y a la vez torturarlo.

 Silvia Ons estudia la problemática del cuerpo en el siglo XXI en toda su dimensión: desde cómo incide la pornografía virtual, el “ideal” que propone la industria publicitaria en torno a la representación corporal, las marcas que dejan los tatuajes, los cortes en el cuerpo, hasta llegar al fenómeno de las fiestas electrónicas y las adicciones. Realiza un estudio minucioso en El cuerpo pornográfico. Marcas y adicciones (Editorial Paidós), el nuevo libro de esta psicoanalista, analista miembro de la Escuela de la Orientación Lacaniana y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. En su nuevo trabajo, Ons reflota desde la actualidad el análisis del por qué una misma persona puede amar a su cuerpo y, a la vez, torturarlo. “Eso lo explica Lacan en relación al goce. Hay un goce en los seres humanos que, a veces, puede atentar contra la vida misma. Es también lo que Freud plantea en Más allá del principio del placer. Así que es una idea de Lacan que tiene mucho que ver con este descubrimiento de Freud que no sólo tiene que ver con la guerra (donde muestra claramente el poder de la destrucción) sino con algo que él observa que les ocurre a los neuróticos. El siglo pasado ha tenido mucho que ver con la destrucción”, plantea Ons en la entrevista con PáginaI12. 

–¿La industria publicitaria estimula el cuerpo-máquina?


–Exacto. Lo que desarrollo en el libro es un tema que tiene que ver con el síntoma que presentan muchos adolescentes que comienzan a ver cómo se produce el encuentro entre los sexos en sus diferentes variantes a partir de la pornografía. El tema es que esto los vuelve muy adictos a la pornografía y uno podría pensar que esto podría estimular la relación sexual ulterior, pero lo que advertí es que justamente esto en lugar de estimular la relación sexual la obstaculiza.

–¿Por qué?

–Porque la pornografía da un modelo de un hombre-máquina que no tiene que ver con el cuerpo real, si bien asistimos en este momento a una identificación del hombre con la máquina. Uno puede pensar distintos momentos. Por ejemplo, en El capital Marx habla de la rebelión del hombre contra la máquina. Los obreros que golpeaban a la máquina porque producía plusvalía y atentaba contra su trabajo. En el siglo XX, una película maravillosa de Charles Chaplin, Tiempos modernos, mostró cómo el hombre termina identificado con la máquina. Y lo que yo he notado es esta cuestión de “trabajar como una máquina”, “rendir”. En los gimnasios aparece una publicidad que señala “Haz de tu cuerpo una máquina”, como si eso fuese un ideal. Esto se traslada al campo sexual, ya que la pornografía muestra cuerpos que parecen estar trabajando, donde desaparece la dimensión erótica y donde se da un modelo de cuerpo que no tiene que ver con el cuerpo real porque en la realidad no hay hombres con esos penes siempre erectos y que no fallan ni esas mujeres que están con orgasmos permanentes. Eso es una idea de la sexualidad que no tiene que ver con la sexualidad real.

–Y en relación al hombre-máquina también se puede señalar desde el lenguaje publicitario que promueve “la potencia” antes que el bienestar.

–Exactamente. Se ve muy bien en los mensajes publicitarios donde se trata no tanto de la felicidad sino del consumo, y de la energía de seguir un ritmo incesante todo el tiempo. En otro libro, esto lo pensé en relación al uso del Viagra porque lo notable es que no sólo usan Viagra los adultos mayores (porque lo necesitan) sino también los adolescentes y los jóvenes. Uno puede preguntarse por qué en ese momento de vigor juvenil hay necesidad del Viagra. Estos mandatos en relación a una sexualidad sin freno, una sexualidad sin fisuras hace que los jóvenes tengan necesidad del uso del Viagra como para responder también a una idea del hombre-máquina.

–¿La pornografía dejó, entonces, de ser un complemento del acto sexual para sustituirlo?

–Exacto. ¿Cuál es la característica de la pornografía actual? La pornografía existió siempre. Lo que pasa es que tuvo un auge a partir del cine, de toda la producción industrial y las imágenes. Anteriormente, para acceder a las películas porno o a las revistas había que trazar un camino. No era inmediato. Se podía comprar en un kiosco pero había que atravesar la mirada del otro, esconderla. O en los hoteles se usaba como complemento de la relación con el partenaire. Mientras que ahora la pornografía es de fácil acceso: basta un celular. Entonces, no hay ninguna barrera. Desaparece la vergüenza, el pudor. Y con esto también desaparece el erotismo porque el erotismo tiene mucho que ver con atravesar el pudor, con los velos; en fin, con el misterio.


–¿Por eso usted rescata una idea de Michela Marzano, quien señala que se produce un agotamiento del deseo como efecto de la pornografía?


–Exacto. Es muy interesante el libro de ella. El agotamiento del deseo es interesante porque la masturbación provoca un agotamiento. Freud hablaba de la masturbación. No me estoy refiriendo a la masturbación que es algo que se da, no es ese el punto sino cuando se transforma en una adicción y sustituye a la relación con el partenaire. Por ejemplo, en el prólogo de mi libro, Gustavo Dessal marca que, por ejemplo, en Japón los varones prefieren el acto solitario antes que la relación con el otro. Produce un efecto de agotamiento. Freud habla del hombre masturbador que aparece como agotado, con el rostro pálido, mientras que la relación sexual cuando está muy vinculada con el amor introduce una dimensión de vitalidad.


–Usted plantea que la pornografía es una forma de violencia hacia la mujer. ¿Tiene que ver con la cosificación del cuerpo femenino?


–Sí, hay varias cuestiones. Por un lado, es fundamentalmente un atentado al pudor. Y el pudor tiene mucho que ver con lo femenino. Y yo creo que es una forma de violencia a pesar de que no lo parezca. Creo que es una forma de violentar el cuerpo femenino porque se violenta esa dimensión del misterio que ya los griegos la pensaban con el término “aidós”, que tiene que ver con misterio, vergüenza, pudor, velo. Y sí, creo que es una forma de violencia.


–Volviendo a la publicidad, el mensaje que se baja hoy parece ser: “Venga con el cuerpo que tiene y váyase con el que desea”. ¿Cómo incide esta desvalorización del cuerpo en las ansias de lograr la perfección corporal?


–Tengo muchas ganas de escribir otro libro porque pienso que este siglo es un siglo trans. No me estoy refiriendo específicamente a la transexualidad sino que considero lo siguiente: asistimos a una separación cada vez más grande entre las palabras y las cosas. Por ejemplo, cuando escuchamos discursos, nos preguntamos si lo que dice es realmente lo verdadero o si tiene que ver con la conducta. Por eso, se habla de relatos y demás entre el discurso, las conductas y los hechos. También en el tema de género, sobre todo cuando se lleva a ultranza, asistimos a un momento cada vez más grande de separación entre el cuerpo y la identidad. Cuando se dice: “Nací con un envase equivocado”, por ejemplo. En muchos aspectos es un siglo trans. Pero, por ejemplo, con el cuerpo femenino también. Es decir: “Entre con el cuerpo que tiene, llévese el que quiere”. Con lo cual aquí hay un rechazo al cuerpo que se tiene, en todo sentido. El rechazo al cuerpo es un fenómeno de este siglo. Y también esto se ve en la pornografía porque lo que se ofrece ahí es un cuerpo que no es el real. Por eso, después el sujeto tiene dificultades para la relación con el otro sexo: cree que tiene que implementar ese programa. Y la realidad es otra. O los chicos que consumen Viagra porque tienen que tener una performance permanente.


–¿Qué significación puede tener el tatuarse el cuerpo casi en su totalidad?


–En su totalidad es lo interesante. El tatuaje en la actualidad parece que es una moda que perdura. Uno puede decir que es una moda ya desde los 90, ahora con muchísima más intensidad, pero parece que se prolonga bastante en el tiempo. Vivimos en un mundo cambiante, un mundo donde nada es lo que era. También hay un mandato de reinvención permanente, donde los sujetos tienen que reinventarse y sienten que si no se reinventan son desechados. Es un siglo bastante cruel. La violencia también tiene que ver con estos operativos de cuerpos bellos y reinvenciones permanentes. Entonces, el tatuaje obedece a la necesidad de que algo perdure. Yo he notado, por ejemplo, el fenómeno de duelo.


–Cómo marcar la inscripción del nombre de un familiar...


–Exacto. Ahí donde todos los funerales y demás tienden a desaparecer. A veces, ni siquiera se hacen los velorios. El mandato es: “Viví tu vida. Da vuelta la página”, cuando se tiene que aceptar la pérdida de un amor. Frente a esta cuestión de “No tiene que haber duelo”, el tatuaje obedece a la necesidad de una inscripción, de una permanencia.


–El tatuaje le permite al sujeto una marca o una creencia que tiene el significado de un para siempre.


–Exacto, sobre todo cuando tiene que ver con símbolos. Hay que diferenciar los tatuajes que tienen que ver con símbolos de aquellos que solamente obedecen a una cuestión estética. En psicoanálisis es muy interesante leer los tatuajes porque, a partir de ahí, se pueden pensar muchas cuestiones.


–En relación a los sujetos, esa marca simbólica no necesariamente representa la ideología o el pensar de esa persona, ¿no? Usted cita el ejemplo de un joven que se tatuó una imagen del Che Guevara y que es algo así como el “El rey del consumismo”.


–Claro, por eso es interesante leerlos para ver si los sujetos están de acuerdo con lo que tatuaron. Por ejemplo, en ese caso, era un paciente adicto a los autos cero kilómetro; o sea, el consumo máximo. Siempre se presentaba como “el de los faroles”, por sus ojos. Tenía que ver con los autos. Sin embargo, se tatuaba las figuras del Che Guevara, de Cristo. Todos tatuajes que entraban en contradicción. Es interesante ese análisis porque eso fue lo que lo impactó: darse cuenta de la dispersión en la que vivía y en qué se ponía de acuerdo en relación a esas marcas.


–¿Qué significados se les puede otorgar a los piercings y a la utilización de objetos que lastiman o cortajean el cuerpo?


–Lo de los piercings no lo estudié demasiado pero puedo decir a grandes rasgos que eso consiste en tratar al cuerpo como un objeto.


–¿Hay una representación corporal de un objeto?


–Claro. Por ejemplo, pensaba en la artista plástica Orla

n. Ella está en desacuerdo con las imposiciones culturales, con lo que le impone la cultura al cuerpo. Entonces, se realiza toda una serie de operaciones estéticas en un quirófano. Ese quirófano está musicalizado, tiene cuadros... Y ella pretende hacer de esas operaciones un hecho artístico. Le van realizando distintas. Ahora, lo interesante es que ella dice: “Con esto no sigo los mandatos culturales sobre el cuerpo”. Pero termina imponiéndole al cuerpo sus propios mandatos. Ese es el punto interesante para pensar.


–En relación al cuerpo y las fiestas electrónicas, ¿se puede vincular la pérdida del yo en Psicología de las masas con el cuerpo en un lugar masivo?


–En las fiestas electrónicas se da una ilusión de mismidad. La música favorece una suerte de identificación grupal y de mismidad con todos los que están en la fiesta. Pero también lo interesante es que es un tipo de adicción donde el sujeto no la reconoce como síntoma. Lo digo por pacientes que toman cristal, éxtasis en esas fiestas. Esa es otra cuestión: el tema del síntoma en la actualidad. Lleva a una reflexión: los que asisten a esas fiestas tienen un medio social de clase media-alta, aunque no todos. Y como todos lo hacen no se reconoce el valor sintomático que puede tener esa adicción.


–Si en la era victoriana la represión jugaba un rol clave, ¿cuál es el concepto con el que se puede identificar al cuerpo en esta era?


–Freud caracterizaba su época, como usted dice, en términos de represión. El denunciaba una cultura hipócrita, una cultura que, en nombre de los ideales, rechazaba la sexualidad y la pulsión. Uno puede pensar en relación a esta época qué quedó de esa cultura. Yo creo que vivimos una época hipócrita. De la misma manera que Freud hablaba de su cultura como una cultura hipócrita porque rechazaba la sexualidad, creo que hay nuevos imperativos. Estos imperativos pesan sobre el cuerpo. Y esta sociedad es también una sociedad hipócrita, donde lo que impera es lo políticamente correcto. Entonces, ese cuidado en relación a no decir determinadas cuestiones y demás, lo políticamente correcto es también un nombre de la represión.

Domingo, 30 Diciembre 2018 09:53

El clítoris ese gran desconocido

El clítoris ese gran desconocido

Este nuevo espacio nace para hablar de la sexualidad sin tapujos, como algo natural e inherente a la existencia misma en el mundo. Cada miércoles compartiremos un consejo sexual para disfrutar, estudiar, conocer y experimentar tanto individualmente como con otras personas.


La iniciativa nace como proyecto conjunto entre el periódico desdeabajo y las integrantes del colectivo Vente como Eres, quienes en medio de las dificultades que tienen las mujeres y los hombres que no encajan en los modelos dominantes, así como las personas LGBTI, decidieron crear un espacio para hablar de sexualidad, de juguetes o de pornografía.


Esperamos que esta propuesta no quede únicamente entre nosotras/os, sino que motive a todas aquellas personas, colectivos u organizaciones que les interesa hablar de estos temas, y que quieran aconsejar a la sociedad sobre prácticas sexuales, educación sexual, material pedagógico para comprender, estudiar o experimentar la sexualidad, etcétera. Si desea participar de este espacio, si desea hacer una publicación, no dude en escribirnos a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

 

El clítoris ese gran desconocido


Por Colectivo Vente como Eres


El clítoris es mucho más que un botoncito mágico. Se trata de un pequeño órgano conformado por tejidos eréctiles y miles de terminaciones nerviosas, cuyo único objetivo es el placer. "El clítoris ese gran desconocido" es un documental que explora los descubrimientos, la desaparición y reaparición del clítoris en la ciencia. Aunque fue "descubierto" en el siglo XVI, todavía es muy poco lo que sabemos de este órgano. Recomendamos este documental para reconocer nuestro cuerpo, explorarlo y disfrutarlo más allá de los malestares y enfermedades que padecemos. El clítoris es el único órgano que provoca orgasmos y es posible estimularlo desde fuera (la puntita visible encima de los labios) o desde dentro de la vagina.

 


https://www.youtube.com/watch?v=Bd6JCdjC-VE

 

Publicado enColombia
Jueves, 27 Diciembre 2018 07:07

Eyacular: venirse a chorros

Eyacular: venirse a chorros

La idea de venirse a chorros se ha vuelto un fetiche cada vez más presente en círculos feministas, pero también en la estética porno y en los consejos de sexualidad de las revistas. Sin embargo, hay tendencias que sostienen que no es posible una eyaculación femenina. ¿Mito o realidad? ¿Alguna vez ha experimentado una eyaculación o sabe cómo producirla?

 

Si le preguntamos a Wikipedia qué es la eyaculación femenina, nos dirá que es un asunto controversial. La literatura científica emite dudas de la probabilidad fisiológica que posibilita la eyaculación y argumentará que sin completa certeza no se puede hablar de un patrón, aunque algunas mujeres dicen eyacular y, en efecto, expulsan grandes cantidades de líquido durante el acto sexual, el cual tiene componentes que están presentes también en la orina, por lo que hay cierta correlación, que puede llevar a la duda y, sobre todo, a tener un momento incómodo durante el acto sexual.

 

Para hablar de eyaculación femenina debemos adentrarnos en los terrenos desconocidos de nuestra propia anatomía, en primer lugar porque suele decirse que la eyaculación ocurre durante el orgasmo de una mujer, lo que no es cierto. Tanto hombres como mujeres pueden vivir estos dos fenómenos simultáneos –más común en los hombres–, pero también en momentos distintos.

 

 

¿De dónde proviene la eyaculación?

 

El orgasmo femenino es provocado por el clítoris, un órgano más grande de lo que se piensa, pues además de la cabecita visible arriba de los orificios vaginales y de la uretra tiene dos patas con tejidos eréctiles (ver imagen). El clítoris tiene erecciones cuando esta excitado, es decir se hincha, se hinchan los labios y toda la zona. Puede estimularse este órgano tocando la parte visible, directa o indirectamente, pero también desde las paredes de la vagina, especialmente desde la parte superior, dos centímetros hacia dentro, como empujando hacia el hueso púbico. Ahí, en ese tejido rugoso se encuentra lo que llaman próstata femenina, glándulas de skene o punto G, dependiendo en dónde se indague. Estas glándulas son las que producen el fluido que se eyacula.

 

¿Cómo se eyacula?

 

Todas somos distintas, pero hay mecanismos que ayudan. Una vez excitada –después de unos orgasmos, por ejemplo– se sigue estimulando la punta del clítoris y puede presionarse la próstata; se siente hinchada y rugosa, y cuando nos dan ganas de orinar, en vez de contraer los músculos para detener el fluido, se expulsa. Puede necesitarse mucha práctica, y hacerlo fuera de la cama donde nos da miedo hacer reguero (ver imagen paso a paso para masturbarse).

 

¿Qué se eyacula?

 

Estudios tuvieron que reconocer el fenómeno, pero siguen insistiendo en que a veces, o más bien, la mayoría de los casos, es orina, aunque ya se sabe que contiene –como el esperma masculina– alta concentración de antígeno prostático específico, fosfato ácido prostático, fosfatasa ácida específica de próstata y glucosa. Intentan separar la verdadera eyaculación que sería de poca cantidad con el “squirting” –el chorro– que sería mezclado o totalmente hecho de orina, según las versiones.

 

Sin embargo, lo más contundente son los numerosos testimonios de su sabor dulce, su textura y su olor que dejan claro a quienes nos conocemos que no es orina. El fluido puede tener aspecto mucoso, de color claro, lechoso o amarillento, o puede ser tan claro como el agua. Esto depende de varios factores, como la cantidad de líquido eyaculado, el momento del ciclo menstrual o los diferentes tipos de excitación.

 

¿Y nadie nos dice nada?

 

Algunas mujeres eyaculamos porque queremos, pero para otras ha sido un fenómeno incontrolable. Muchas mujeres sufren al pensar que se están orinando, incluso hay médicos que sugieren la ablación del clítoris como remedio a lo que llaman incontinencia. Diana T. es una de estas mujeres que tras descubrir en el 2005 que aquel liquido no era orina, escribió un libro donde cuenta ese largo camino de descubrimiento “coño potens”, en España, y “Putcha Potens”, en América Latina. Otras, antes de ella, se dedicaron desde los márgenes de la sociedad a difundir esa maravilla, como lo ha hecho en sus películas porno-educativas Nina Hartley.

 

La eyaculación femenina es un aspecto más para explorar dentro de la sexualidad y los placeres femeninos, querer hacerlo, poder hacerlo o no, son posibilidades abiertas, no debe ser visto como una obligación o como tabú. Vamos conociéndonos para que nuestros cuerpos disfruten la sexualidad de la manera más plena y placentera posible.

Publicado enSociedad
Una breve historia de los deleites sexuales

Más de 28.000 años de búsqueda de placer sexual, muestran a todas luces que el goce del cuerpo ha sido una reivindicación, desde siempre, de las mujeres. Aquí un recorrido en la historia con el ojo puesto en el presente y la reivindicación femenina.

 

A veces creemos que el placer es un imaginario burgués y elitista, construido desde las comodidades de la modernidad. A veces pensamos que es más urgente sobrevivir y entonces olvidamos que la vida digna también implica una vida placentera y, como parte de ello, que la búsqueda de placer sexual data de miles de años atrás.



Una búsqueda constante, materializada en el presente, con el favor de la técnica y la transformación de materias primas, en este caso del polietileno y la silicona quirúrgica, de los juguetes sexuales, algunos de ellos conocidos desde mucho antes. Estos, dependiendo de su costo, llevan pilas y son de diferentes formas para estimular distintas partes del cuerpo; estas características no son otra cosa que el resultado de miles de años en desarrollo, a veces con más libertad, a veces con menos, a veces para la liberación, a veces para patologizar los cuerpos de las mujeres.

 

¿Desde cuándo hay juguetes sexuales?

 

El objeto más antiguo que se piensa fue usado para el placer sexual, fue encontrado en una cueva en Ulm, Alemania; se trata de una piedra tallada en forma de falo de 20 centímetros de largo y 3 de ancho. Dicen que pudo haber sido usado como “ayuda sexual” hace unos 28.000 años, en la Edad de hielo1. Aunque resulta imposible saberlo con certeza, se especula, por la manera como están elaborados, que estos objetos fueron utilizados como representaciones religiosas, pero también para el placer sexual. En China se han encontrado dildos con 12.000 años de antigüedad, de materiales como madera, jade y marfil, y en una tumba de la dinastía Han se encontraron siete dildos de bronce2.

 

La mayoría de los hallazgos, sin embargo, han sido realizados por arqueólogos hombres, así que nos preguntamos, ¿es posible que hubiera otros objetos, que no reprodujeran la figura del falo, y que sirvieran para estimular los cuerpos? ¿Es posible que la representación fálica de placer sexual esté más presente en la mirada académica que en la experiencia corporal de hace miles de años? ¿Acaso nuestra lectura del placer antiguo es falocéntrca? ¿Podemos imaginarnos otras figuras del placer? Estamos ansiosas por conocer los análisis de las arqueólogas feministas al respecto.

 

De forma explícita podemos remontarnos a la Antigua Grecia, pues de esa época datan ya textos que tematizan la utilización de juguetes sexuales por parte de las mujeres, además de haber sido una sociedad occidental que tematizaba el placer y el sexo de forma explícita, tanto en los dioses que adoraban como en la cotidianidad de las personas. El argumento central de Lisístrata, la obra teatral de Aristófanes, es que si los hombres hacen la guerra las mujeres no hacen el amor, así que las mujeres se encuentran en huelga sexual. En esta obra se encuentran fragmentos donde las mujeres hablan de usar y compartir dildos para mantener su huelga. Aunque es un texto literario, muestra que en esa época ya existían objetos utilizados para el placer sexual3.

 

También se conoce, que tanto mujeres como hombres entregaban a las mujeres, cuyos esposos se iban a la guerra, objetos llamados “Olisbos; existen envases del siglo VI a.C. con imágenes de objetos fálicos usados para el placer sexual4. Acá vale la pena reconocer que las fuentes usadas para referirse a los Olisbos son fuentes escritas por hombres y es difícil saber si el placer sexual en la vida cotidiana estaba solo relacionado con matrimonio y los genitales masculinos. Una vez más, las experiencias de las mujeres –y especialmente de las mujeres que no pertenecían a la clase alta– no se han analizado. Sin embargo, es interesante ver que los juguetes sexuales eran asunto de las mujeres, era a ellas a quienes los entregaban, ¿acaso la autonomía del placer es una práctica tradicional olvidada?

 

Tenemos también el Kamasutra, que fue desarrollado entre el siglo I y VI d.C. o los huevos de jade, usados en China desde hace más de 2000 años. Este es un tema para analizar, y sería interesante entender por qué el mundo Occidental, en vez de apreciar y retomar los conocimientos sobre sexualidad presentes en otras culturas, se dedicó siglos enteros a reprimirla e invisibilizar las formas ya desarrolladas de vivir el placer.

 

 

Dildos y vibradores

 

Se cree que Cleopatra fue la inventora del vibrador: en una época sin electricidad, se dice que llenó cascabeles con avispas para que vibrara. Aunque esto no sea cierto, ¿cómo saberlo? Existe registro de Julio César dándole a Cleopatra una escultura de un pene, muy elaborada y tallada en oro. Durante diferentes épocas y en distintos lugares se usaron objetos tallados o naturales, como frutas, para la satisfacción sexual de las mujeres. Sin embargo, en Europa durante la Edad Media y el Renacimiento, los dildos se volvieron más ornamentales, y en general sobre esta información hay escasas fuentes. No sabemos muy bien qué hacían las mujeres en sus casas, y lo que se ha estudiado es que los dildos eran admirados artísticamente y en algunos casos usados como ayudas durante las orgías. En el siglo XII d.C. se conocen dos palabras para el dildo, en Francia “Godemichè” (pene artificial) y en italiano “delitto” que significa deleite y es la raíz de la que se usa ahora “dildo”5. Sin embargo, pocos estudios hay sobre otros tipos de juguetes, y la aparición más clara es en “Justine” del Marqués de Sade, novela publicada en 1791 donde se usaban cadenas y látigos.

 

En el siglo XVII, la “histeria” fue una enfermedad comúnmente diagnosticada a mujeres de las clases altas europeas y estadounidenses. Aunque las razones de esta supuesta enfermedad psiquiátrica no eran muy claras, ni tampoco sus síntomas, que eran descritos como espasmos corporales, falta de apetito, insomnio e irritabilidad, los médicos de la época desarrollaron masajes pélvicos para tratarla. Es a partir de este tratamiento que en 1869 el médico George Taylor creó el primer vibrador a vapor, que con la frotación del clítoris buscaba calmar los síntomas de la “histeria”. Lo llamó “Manipulator”. El tema de la “histeria” fue estudiado y los médicos que trataban a las mujeres diagnosticadas debían hacerles masajes pélvicos hasta que ellas llegaran al orgasmo y así se “calmaran”. Más adelante, cuando comenzó a utilizarse energía eléctrica tomaron forma los vibradores eléctricos en 18836.

 

En la Exposición Universal de 1900, en París, fueron presentados más de una docena de modelos de vibradores eléctricos para el hogar, argumentando que mantendría a las esposas jóvenes y bellas. En 1902 la empresa Hamilton Beach lanzó su colección de vibradores eléctricos para la venta comercial, con lo que este objeto se convirtió en el sexto electrodoméstico creado, antes que la aspiradora y la plancha. Un dato interesante en la historia de los electrodomésticos, pero más interesante aún, en la historia de la gestión social y política de los cuerpos femeninos. ¿En qué momento la insatisfacción sexual de las mujeres se convirtió en un asunto de interés para la medicina y para la industria?

 

Los vibradores no se vendían como juguetes sexuales, eran comercializados como un electrodoméstico para el tratamiento de esta supuesta enfermedad. Por otra parte, ya para la segunda década del siglo XX había catálogos y se hablaba de la estimulación prostática para hombres. Además, durante la Segunda Guerra Mundial las tropas de los alemanes y los japoneses comenzaron a adquirir muñecas inflables para que los soldados se masturbaran. Curiosamente, según lo que nos cuentan los documentos existentes, a diferencia de los dildos y otras representaciones fálicas, la estimulación erótica de los soldados no estuvo centrada en el placer anatómico genital, sino que se basó en la representación del cuerpo femenino en su totalidad. ¿Es a través de esta representación que se ha construido el cuerpo de las mujeres como objeto erótico, atractivo y susceptible de ser poseído?

 

Durante el siglo XX, los vibradores y los dildos se transformaron radicalmente. Hasta entonces los materiales habían sido madera, metal, pasta, cuero, vidrio y piedras minerales, y se fueron introduciendo otros como la silicona (que es hipoalergénica). Además, luego de la popularización del vibrador como electrodoméstico, en 1952 la Asociación Americana de Psiquiatría dejó de considerar a la histeria como una enfermedad. Aunque no es muy claro el motivo, hay especulaciones que van desde la importancia de los estudios de Freud sobre el inconsciente, la imposibilidad de acordar unos síntomas claros de la histeria y los movimientos feministas que ya estaban poniendo en jaque las aseveraciones no fundamentadas sobre el cuerpo de las mujeres7. Además, al popularizarse la industria del porno, los dildos y vibradores fueron relegados a fetiches sexuales y por esto dejaron de aparecer en las revistas femeninas y los catálogos del hogar. Ahora se consiguen en tiendas especializadas o por internet.

 

Buscar la historia y seguirla escribiendo con nuestro propio placer y creatividad

 

Los diferentes desarrollos, objetivos y usos de los juguetes sexuales más conocidos, como el dildo y el vibrador, muestran una doble moral: el desconocimiento del cuerpo de las mujeres y la búsqueda del control por parte de los discursos médicos, pero también la búsqueda del placer y el deleite sexual. Esta historia que conocemos es la posible de encontrar por análisis arqueológicos de hombres y fuentes creadas en su mayoría por hombres, como los análisis médicos. Habrá que buscar cómo las distintas mujeres de diferentes lugares crearon juguetes para el placer sexual. Es una tarea por venir: buscar la historia y seguirla escribiendo con nuestro propio placer y creatividad.

 

Mientras tanto, lo que conocemos ahora nos muestra más de 28.000 años de búsqueda de placer sexual. También que su desarrollo en Occidente fue acompañado por teorías misóginas sobre el comportamiento de las mujeres y que luego, con la revolución sexual en los 1960 y las imposiciones capitalistas, los vibradores empiezan a ser patentados y distribuidos por empresas grandes. Así, en vez de mayor acceso y disfrute de los juguetes, se obtuvo una diversa gama de juguetes de lujo, que pueden costar millones de pesos. Además, el mercado se ha centrado fuertemente en la continuidad de las representaciones fálicas y la construcción de imaginarios de belleza mediante la homogeneización de un “deber ser” del cuerpo, tanto de los femeninos como de los masculinos, en su tamaño, forma, color, olor, lubricación. Aunque, claro, hay otras opciones y en esas es que nos inscribimos.

 

Las mujeres seguimos construyendo espacios y formas de vivir el placer: escondidas, paralelas y disidentes de las impuestas por el mercado, la medicina y la moda. Por eso los juguetes sexuales no son necesariamente los vibradores de silicona, sino cualquier otro objeto, cosa, fruta, tela con que podamos explorar sus texturas, formas y tamaños, con erotismo y con el objetivo de vivir libre y placenteramente la sexualidad.

 


 

1 http://news.bbc.co.uk/2/hi/science/
nature/4713323.stm
2 https://www.ur.se/mb/pdf/arbetsblad/176000-176999/176374-1_63010272409_arb.pdf
3 https://www.alternet.org/sex-amp-relationships/sex-toy
4 https://www.acast.com/secretcabinet/episode11-the-electrifying-cultural-history-of-dildos
5 https://www.alternet.org/sex-amp-relationships/sex-toy
6 https://gizmodo.com/5466997/the-steam-powered-vibrator-and-other-terrifying-early-sex-machines-nsfw
7 https://rua.ua.es/dspace/bitstream/
10045/40068/3/Cultura_Cuidados_39_08.pdf

Links... en inglés
https://eugesta-revue.univ-lille3.fr//pdf/2011/King.pdf
https://web.archive.org/web/20150426234531/http://usatoday30.usatoday.com/news/health/wellness/story/2012-05-29/
vibrators-and-sex-toys-sales/55289424/1
http://bigthink.com/videos/
big-think-interview-with-rachel-maines

Publicado enColombia
Bolas chinas vaginales: Las vaginas tienen mucha fuerza.

Se conocen como bolas chinas, bolas geisha, bolas vaginales, bolas Ben Wa, bolas de kegel. Su historia explica algunos de los nombres, pues se considera que son el resultado del uso de los huevos de Jade, que tienen su origen hace más de 2000 años en la cultura taoísta. Piedras de jade en forma de huevo que se introducían las mujeres en la vagina y mediante la contracción de músculos pélvicos las subían y bajaban.

Con el tiempo se han desarrollado de otra forma y la denominación más común es bolas chinas, que además se diferencian un poco de los huevos de jade pues, primero, no son de la piedra jade, segundo, pueden venir dos unidas y, tercero, tienen otra bola dentro que genera una vibración. Otro de sus nombres, bolas de kegel, aparece bastante tiempo después, relacionado con un científico que a mediados de siglo XX crea unos ejercicios para tratar la incontinencia luego de los partos.

Más allá de su historia o de la forma correcta de nombrarlas, estas bolas son accesorios bastante interesantes, cuando se trata de hablar de vaginas. Con diferentes beneficios médicos, como efectivamente ayudar a tratar la incontinencia, fortalecer los músculos y el suelo pélvico luego de operaciones o también en casos de vaginismo, estas bolas también permiten ejercitar los músculos pélvicos para tener un mayor placer sexual. Los músculos vaginales no son músculos que estén directamente controlados y por eso puede ser difícil aprender a hacerlo, pero estas bolas nos permiten empezar a sentirlos y desarrollarlos, mediante su dilatación y contracción.

Funcionan bastante fácil, simplemente las introduces con cuidado a la vagina, pueden ser una o dos bolas, puedes introducir las dos o dejar una afuera y otra dentro. Estas bolas tienen dentro otra bola que genera un sentimiento de vibración. Su uso no produce necesariamente placer sexual, sino que busca ejercitar los músculos para tener un mejor manejo de los mismos, lo que ayuda a que en la masturbación o la relación sexual exista mayor placer; su uso también puede llegar a ser placentero.

Introducirlas para salir a caminar, arreglar la casa o montar bicicleta, permite que los músculos se ejerciten y que haya mayor conciencia de cómo se mueven estos músculos, tratando de subirlas o bajarlas mientras están adentro. Esta conciencia, como toda autoconsciencia del cuerpo, es placentera y saludable. Al introducirlas puedes mirar tu vagina, ser consciente de qué sientes y en dónde lo sientes.

Las bolas chinas las consigues en tiendas de juguetes sexuales o por internet; seguro encontrarás algún manual de cómo hacerlas de forma casera. Es importante tener en cuenta que si lo buscado es un juguete sexual, no será necesariamente la opción más recomendada, pero si lo buscado es una herramienta para conocerte y fortalecerte, estas son excelentes aliadas. Si usas la copa menstrual o tampones, si estás acostumbrada a mirar y tocar tu vagina, vale la pena que compres las dobles, pero si no estás muy acostumbrada a introducir algo en tu vagina, pero te interesa o quieres trabajar un vaginismo, las individuales también son una opción. Porque, recordemos, las vaginas también chupan, agarran, empujan y sacan lo que quieran de ellas.

Acá puedes verlas y también encontrar más información sobre otros juguetes, como también otros temas de sexualidad:

http://ventecomoeres.strikingly.com/


https://centradaenti.es/bolas-chinas-instrucciones-de-uso/


http://www.mujerhoy.com/psico-sexo/sexo/bolas-chinas-usos-colocacion-724480042013.html

 

 

Publicado enSociedad
Una breve historia de los deleites sexuales

Más de 28.000 años de búsqueda de placer sexual, muestran a todas luces que el goce del cuerpo ha sido una reivindicación, desde siempre, de las mujeres. Aquí un recorrido en la historia con el ojo puesto en el presente y la reivindicación femenina.

 

A veces creemos que el placer es un imaginario burgués y elitista, construido desde las comodidades de la modernidad. A veces pensamos que es más urgente sobrevivir y entonces olvidamos que la vida digna también implica una vida placentera y, como parte de ello, que la búsqueda de placer sexual data de miles de años atrás.



Una búsqueda constante, materializada en el presente, con el favor de la técnica y la transformación de materias primas, en este caso del polietileno y la silicona quirúrgica, de los juguetes sexuales, algunos de ellos conocidos desde mucho antes. Estos, dependiendo de su costo, llevan pilas y son de diferentes formas para estimular distintas partes del cuerpo; estas características no son otra cosa que el resultado de miles de años en desarrollo, a veces con más libertad, a veces con menos, a veces para la liberación, a veces para patologizar los cuerpos de las mujeres.

 

¿Desde cuándo hay juguetes sexuales?

 

El objeto más antiguo que se piensa fue usado para el placer sexual, fue encontrado en una cueva en Ulm, Alemania; se trata de una piedra tallada en forma de falo de 20 centímetros de largo y 3 de ancho. Dicen que pudo haber sido usado como “ayuda sexual” hace unos 28.000 años, en la Edad de hielo1. Aunque resulta imposible saberlo con certeza, se especula, por la manera como están elaborados, que estos objetos fueron utilizados como representaciones religiosas, pero también para el placer sexual. En China se han encontrado dildos con 12.000 años de antigüedad, de materiales como madera, jade y marfil, y en una tumba de la dinastía Han se encontraron siete dildos de bronce2.

 

La mayoría de los hallazgos, sin embargo, han sido realizados por arqueólogos hombres, así que nos preguntamos, ¿es posible que hubiera otros objetos, que no reprodujeran la figura del falo, y que sirvieran para estimular los cuerpos? ¿Es posible que la representación fálica de placer sexual esté más presente en la mirada académica que en la experiencia corporal de hace miles de años? ¿Acaso nuestra lectura del placer antiguo es falocéntrca? ¿Podemos imaginarnos otras figuras del placer? Estamos ansiosas por conocer los análisis de las arqueólogas feministas al respecto.

 

De forma explícita podemos remontarnos a la Antigua Grecia, pues de esa época datan ya textos que tematizan la utilización de juguetes sexuales por parte de las mujeres, además de haber sido una sociedad occidental que tematizaba el placer y el sexo de forma explícita, tanto en los dioses que adoraban como en la cotidianidad de las personas. El argumento central de Lisístrata, la obra teatral de Aristófanes, es que si los hombres hacen la guerra las mujeres no hacen el amor, así que las mujeres se encuentran en huelga sexual. En esta obra se encuentran fragmentos donde las mujeres hablan de usar y compartir dildos para mantener su huelga. Aunque es un texto literario, muestra que en esa época ya existían objetos utilizados para el placer sexual3.

 

También se conoce, que tanto mujeres como hombres entregaban a las mujeres, cuyos esposos se iban a la guerra, objetos llamados “Olisbos; existen envases del siglo VI a.C. con imágenes de objetos fálicos usados para el placer sexual4. Acá vale la pena reconocer que las fuentes usadas para referirse a los Olisbos son fuentes escritas por hombres y es difícil saber si el placer sexual en la vida cotidiana estaba solo relacionado con matrimonio y los genitales masculinos. Una vez más, las experiencias de las mujeres –y especialmente de las mujeres que no pertenecían a la clase alta– no se han analizado. Sin embargo, es interesante ver que los juguetes sexuales eran asunto de las mujeres, era a ellas a quienes los entregaban, ¿acaso la autonomía del placer es una práctica tradicional olvidada?

 

Tenemos también el Kamasutra, que fue desarrollado entre el siglo I y VI d.C. o los huevos de jade, usados en China desde hace más de 2000 años. Este es un tema para analizar, y sería interesante entender por qué el mundo Occidental, en vez de apreciar y retomar los conocimientos sobre sexualidad presentes en otras culturas, se dedicó siglos enteros a reprimirla e invisibilizar las formas ya desarrolladas de vivir el placer.

 

Dildos y vibradores

 

Se cree que Cleopatra fue la inventora del vibrador: en una época sin electricidad, se dice que llenó cascabeles con avispas para que vibrara. Aunque esto no sea cierto, ¿cómo saberlo? Existe registro de Julio César dándole a Cleopatra una escultura de un pene, muy elaborada y tallada en oro. Durante diferentes épocas y en distintos lugares se usaron objetos tallados o naturales, como frutas, para la satisfacción sexual de las mujeres. Sin embargo, en Europa durante la Edad Media y el Renacimiento, los dildos se volvieron más ornamentales, y en general sobre esta información hay escasas fuentes. No sabemos muy bien qué hacían las mujeres en sus casas, y lo que se ha estudiado es que los dildos eran admirados artísticamente y en algunos casos usados como ayudas durante las orgías. En el siglo XII d.C. se conocen dos palabras para el dildo, en Francia “Godemichè” (pene artificial) y en italiano “delitto” que significa deleite y es la raíz de la que se usa ahora “dildo”5. Sin embargo, pocos estudios hay sobre otros tipos de juguetes, y la aparición más clara es en “Justine” del Marqués de Sade, novela publicada en 1791 donde se usaban cadenas y látigos.

 

En el siglo XVII, la “histeria” fue una enfermedad comúnmente diagnosticada a mujeres de las clases altas europeas y estadounidenses. Aunque las razones de esta supuesta enfermedad psiquiátrica no eran muy claras, ni tampoco sus síntomas, que eran descritos como espasmos corporales, falta de apetito, insomnio e irritabilidad, los médicos de la época desarrollaron masajes pélvicos para tratarla. Es a partir de este tratamiento que en 1869 el médico George Taylor creó el primer vibrador a vapor, que con la frotación del clítoris buscaba calmar los síntomas de la “histeria”. Lo llamó “Manipulator”. El tema de la “histeria” fue estudiado y los médicos que trataban a las mujeres diagnosticadas debían hacerles masajes pélvicos hasta que ellas llegaran al orgasmo y así se “calmaran”. Más adelante, cuando comenzó a utilizarse energía eléctrica tomaron forma los vibradores eléctricos en 18836.

 

En la Exposición Universal de 1900, en París, fueron presentados más de una docena de modelos de vibradores eléctricos para el hogar, argumentando que mantendría a las esposas jóvenes y bellas. En 1902 la empresa Hamilton Beach lanzó su colección de vibradores eléctricos para la venta comercial, con lo que este objeto se convirtió en el sexto electrodoméstico creado, antes que la aspiradora y la plancha. Un dato interesante en la historia de los electrodomésticos, pero más interesante aún, en la historia de la gestión social y política de los cuerpos femeninos. ¿En qué momento la insatisfacción sexual de las mujeres se convirtió en un asunto de interés para la medicina y para la industria?

 

Los vibradores no se vendían como juguetes sexuales, eran comercializados como un electrodoméstico para el tratamiento de esta supuesta enfermedad. Por otra parte, ya para la segunda década del siglo XX había catálogos y se hablaba de la estimulación prostática para hombres. Además, durante la Segunda Guerra Mundial las tropas de los alemanes y los japoneses comenzaron a adquirir muñecas inflables para que los soldados se masturbaran. Curiosamente, según lo que nos cuentan los documentos existentes, a diferencia de los dildos y otras representaciones fálicas, la estimulación erótica de los soldados no estuvo centrada en el placer anatómico genital, sino que se basó en la representación del cuerpo femenino en su totalidad. ¿Es a través de esta representación que se ha construido el cuerpo de las mujeres como objeto erótico, atractivo y susceptible de ser poseído?

 

Durante el siglo XX, los vibradores y los dildos se transformaron radicalmente. Hasta entonces los materiales habían sido madera, metal, pasta, cuero, vidrio y piedras minerales, y se fueron introduciendo otros como la silicona (que es hipoalergénica). Además, luego de la popularización del vibrador como electrodoméstico, en 1952 la Asociación Americana de Psiquiatría dejó de considerar a la histeria como una enfermedad. Aunque no es muy claro el motivo, hay especulaciones que van desde la importancia de los estudios de Freud sobre el inconsciente, la imposibilidad de acordar unos síntomas claros de la histeria y los movimientos feministas que ya estaban poniendo en jaque las aseveraciones no fundamentadas sobre el cuerpo de las mujeres7. Además, al popularizarse la industria del porno, los dildos y vibradores fueron relegados a fetiches sexuales y por esto dejaron de aparecer en las revistas femeninas y los catálogos del hogar. Ahora se consiguen en tiendas especializadas o por internet.

 

Buscar la historia y seguirla escribiendo con nuestro propio placer y creatividad

 

Los diferentes desarrollos, objetivos y usos de los juguetes sexuales más conocidos, como el dildo y el vibrador, muestran una doble moral: el desconocimiento del cuerpo de las mujeres y la búsqueda del control por parte de los discursos médicos, pero también la búsqueda del placer y el deleite sexual. Esta historia que conocemos es la posible de encontrar por análisis arqueológicos de hombres y fuentes creadas en su mayoría por hombres, como los análisis médicos. Habrá que buscar cómo las distintas mujeres de diferentes lugares crearon juguetes para el placer sexual. Es una tarea por venir: buscar la historia y seguirla escribiendo con nuestro propio placer y creatividad.

 

Mientras tanto, lo que conocemos ahora nos muestra más de 28.000 años de búsqueda de placer sexual. También que su desarrollo en Occidente fue acompañado por teorías misóginas sobre el comportamiento de las mujeres y que luego, con la revolución sexual en los 1960 y las imposiciones capitalistas, los vibradores empiezan a ser patentados y distribuidos por empresas grandes. Así, en vez de mayor acceso y disfrute de los juguetes, se obtuvo una diversa gama de juguetes de lujo, que pueden costar millones de pesos. Además, el mercado se ha centrado fuertemente en la continuidad de las representaciones fálicas y la construcción de imaginarios de belleza mediante la homogeneización de un “deber ser” del cuerpo, tanto de los femeninos como de los masculinos, en su tamaño, forma, color, olor, lubricación. Aunque, claro, hay otras opciones y en esas es que nos inscribimos.

 

Las mujeres seguimos construyendo espacios y formas de vivir el placer: escondidas, paralelas y disidentes de las impuestas por el mercado, la medicina y la moda. Por eso los juguetes sexuales no son necesariamente los vibradores de silicona, sino cualquier otro objeto, cosa, fruta, tela con que podamos explorar sus texturas, formas y tamaños, con erotismo y con el objetivo de vivir libre y placenteramente la sexualidad.

 


 

1 http://news.bbc.co.uk/2/hi/science/
nature/4713323.stm
2 https://www.ur.se/mb/pdf/arbetsblad/176000-176999/176374-1_63010272409_arb.pdf
3 https://www.alternet.org/sex-amp-relationships/sex-toy
4 https://www.acast.com/secretcabinet/episode11-the-electrifying-cultural-history-of-dildos
5 https://www.alternet.org/sex-amp-relationships/sex-toy
6 https://gizmodo.com/5466997/the-steam-powered-vibrator-and-other-terrifying-early-sex-machines-nsfw
7 https://rua.ua.es/dspace/bitstream/
10045/40068/3/Cultura_Cuidados_39_08.pdf

Links... en inglés
https://eugesta-revue.univ-lille3.fr//pdf/2011/King.pdf
https://web.archive.org/web/20150426234531/http://usatoday30.usatoday.com/news/health/wellness/story/2012-05-29/
vibrators-and-sex-toys-sales/55289424/1
http://bigthink.com/videos/
big-think-interview-with-rachel-maines

Publicado enEdición Nº248
Miércoles, 04 Julio 2018 10:13

Si duele, lo estás haciendo mal

Si duele, lo estás haciendo mal

Existe la idea que el sexo anal duele como un mal necesario. Eso es una idea sostenida por una visión muy fea del sexo. El dolor en el sexo tiene lugar solo cuando ese es el propósito –hablaremos de contenciones y sado-masoquismo en otro consejo-.

Todas las personas hemos sentido diferentes sensaciones en el ano cuando sacamos sustancias de ahí, esto nos indica que es una zona rica sensorialmente; una cosa importante es que el ano está cerca a la próstata.

 

Próstata

 

Hombres y mujeres tenemos próstata. Este órgano, además de ser el sitio donde producimos líquidos eyaculatorios, es una bolita placentera que se hincha cuando está estimulada. Más se hincha, más nos gusta que la estimulen.

Para las que tienen vagina, la estimulación anal puede ser un reemplazo a la estimulación vaginal o un complemento, ya que por la inclinación del recto, una penetración de dedo, pene o juguete, suele dar justo donde es, es decir, en la próstata. Esa que los hombres le han dado mil nombres por supuestamente “descubrir”: punto G, glándulas de skene, y otros nombres.

Es un poco como una vagina, si introducen un dedo quieren entrar como 4 centímetros no más y empujar hacia el ombligo, si uno va haciendo circulitos con la punta del dedo siente dibujarse una bolita, más la masajea más crece, más rico se pone el asunto. La bolita es la próstata, descúbranla.

 

Toc toc... ¿sí?

 

Introducir un dedo en el ano o cualquier otra cosa, no se debe hacer a las carreras ni así no más, a menos que ya se tenga mucha excitación y el ano dilatado. En general debe masajearse, con lubricante, saliva o la lengua la entrada del orificio y se pone el dedo paralelo a ese, como un visitante parado frente a la puerta, y con una leve presión, como en el timbre de una casa, se va abriendo el ano cada vez más. De hecho, les agradecemos hacer lo mismo con las vaginas.

El masaje puede ser una gran fuente de placer y de orgasmos, algunos penes deciden mover su erección de la punta, hacía la base, rodeado la próstata, es decir que al ojo ya no hay erección, eso puede generar alguna inquietud a quienes asocian placer y erección externa… Los hombres especialmente heterosexuales, suelen desconocer su ano, y ese descubrimiento es un gran momento entre susto, placer inmenso y entrega total a un nuevo universo.

 

Un trapito y ya

 

Bueno, cuando ya conocemos nuestro ano, y ya sabemos cuándo parar para no irritar ni que nos duela, pero queremos ir con toda, entrando y sacando cosas de ahí, es posible que pasen muchas cosas; que se salga un gas o una manchita, pero si lo estamos disfrutando, solamente debemos tener un trapito y si algo una risa y ya.

Para evitar que estas cosas pasen, si no estamos listas a enfrentarlo, hay formas de limpiarse el recto, pero cuidado, no vayan a hacerse un lavado de colon que el plan de la noche será menos divertido. Lo que llaman un enema, es demasiado para lo que necesitamos. (https://www.youtube.com/watch?v=_W729Yz3Gvc). Pero con guantes, trapitos y condones es suficiente. Recuerden, lo que entró por el ano no se acerca a una vagina, las bacterias del ano pelean con las vaginas.

 

Como aprendo más

 

Como lo hablamos en el consejo sobre porno (https://www.desdeabajo.info/component/k2/item/34406-por-una-pornografia-subversiva-contra-el-sexismo-cotidiano.html) Tristan Taormino hizo una película maravillosa : Guía experta del sexo anal para hombres http://piensaenverde69.blogspot.com/2011/06/guia-experta-del-sexo-anal-para-hombres.html 

Además, pueden ir experimentando a solas o con alguien de confianza, puede ser el dedo, un juguete, un enchufe anal que entra y se queda o un dildo que entra y sale.

 

Darle la vuelta al mundo

 

Para muchas mujeres, ponerse un arnés y penetrar un hombre es muy placentero, los golpes de la base del dildo arribita del hueso púbico puede generar orgasmos, y para un hombre que quiere salir de los roles aprendidos y aprender a perder el control en un abismo de placer no hay mejor experiencia.

 

 

Manifiesto contra el squirt, averigua en 7 pasos cómo obtenerlo

Cuando llevas la bandera del placer como lucha, parece una locura escribir un manifiesto en contra del squirt. Yo misma me he cuestionado si el título es un tanto exagerado o si estaré cayendo en las tentadoras redes del clickbait. Lo que con convicción puedo afirmar, es que acá no leerás sobre eyaculaciones dulces como la miel, ni tampoco inventaré legendarias recompensas por cazar orgasmos mitológicos. Hoy me dedicaré a describir esa mancha de squirt en la alfombra, de la que nadie habla, pero con la que todos se resbalan al idealizar un chorro de orina diluida.

 

¿Qué y quién define la eyaculación femenina?

 

 A inicios de los ochenta, un concepto antiguo volvió a ponerse sobre la mesa; el Best Seller “The G Spot: And Other Discoveries about Human Sexuality” llegó a popularizar el punto Gräfenberg bajo un alias más chic que le daría fama internacional. Beverly Wipple, la sexóloga que lo bautizó como “Punto-G”, difundió este trabajo con la firme convicción de que ayudaría a las mujeres a sentir más seguridad en su placer, especialmente aquellas que de manera culposa y errónea creían que la eyaculación femenina se trataba de incontinencia.

El mundo abrazó con éxito este nuevo concepto, y aunque la intención de Wipple era buena, sus efectos han sido contradictorios. La descripción que realizó de este líquido, común habitante sorpresa de las sábanas, con un volumen no mayor a una cucharadita de té; poco a poco creció hasta transformarse en un producto comercializable que genera a chorros ventas millonarias con base en la inseguridad y el desconocimiento de las mujeres sobre sus propios cuerpos y las formas de sentir y obtener placer.

Mientras la especulación de los medios y el mercado que reclaman cada vez nuevos puntos G, nosotras como espectadoras nos vemos ajenas a toda esta divagación sobre nuestras vaginas. Intentamos no quedarnos fuera de la onda mainstream del placer femenino y buscamos alcanzar un poco de esta información a través de tutoriales como este, comprando la revista o el libro que revela cómo conseguirlo y como nada parece ser suficiente para llenar la inseguridad sobre nuestros orgasmos, también compramos ese dildo innovador que fue diseñado específicamente para ese punto. Vivimos en la ironía de burlarnos sobre cómo la masculinidad tóxica lleva a los hombres a hacer click en falsas publicidades agranda penes, cuando nosotras también tenemos un equiparable.

Sin adornos de unicornios y tesoros escondidos, el squirt es un reflejo físico provocado cuando nuestras vaginas son hurgadas de una manera repetitiva y específica. Si ponemos un equiparable realista, es más cercano a la reacción provocada cuando recibes un golpe en la rodilla y das una patada que a la eyaculación masculina con la que se le suele asociar.

 

¡Detente! tengo ganas de orinar; y la ausencia de consentimiento

 

Este erróneo paralelo con la eyaculación masculina ha llevado a que muchas personas asuman que entre más líquido salga, o que entre más ganas de orinar tenga su pareja, mejor se están haciendo las cosas. Lamento decepcionar, pero no hay nada más lejano de la realidad. El squirt no es indicativo de cuánto placer o goce se siente, puedes estar teniendo el sexo más incómodo que puedas imaginar, el peor polvo de tu vida; pero siempre que tengas una vagina y recibas la presión exacta en el momento justo, puede haber un squirt.

El idealizar el squirt conlleva a uno de los casos más comunes de abuso, que es fácilmente identificable si pensamos en la siguiente situación: entre charlas con amigas, conocidas, y rincones de chats abundan historias/relatos de hombres orgullosos de no detenerse cuando su pareja les pidió que parara, cuando ellas dijeron explícitamente que se sentían incómodas, que tenían ganas de orinar (No quiero ni imaginarme las que se quedaron quietas o hicieron cara de incomodidad– otra forma de comunicar que no se está a gusto!); ellos no se detuvieron, incluso continuaron con más fuerza presionando este punto. ¿Por qué lo hacen? La explicación que encuentro es que están ciegamente convencidos de que ellas van a tener un orgasmo diferente, una explosión de líquido similar a la que ellos experimentan, obviando las sensaciones o llamados a detenerse de sus parejas porque estamos en una cultura que les hace pensar que siempre tienen la razón, incluso por encima de lo que sentimos nosotras.

Frente a mujeres que prefieren callar esta incomodidad o fingir un orgasmo en lugar de herir los sentimientos de su amante, tenemos como resultado un grupo de idiotas que asegura haber capturado la legendaria criatura, conseguida a partir de una serie de métodos que han creado con otras fieles testigos de su efectividad. Una táctica efectiva para conseguir sexo entre mujeres inseguras y carentes de conocimiento propio. A la mayoría de estos hombres poco les importará si te sientes cómoda o no o si realmente obtienes placer. Esta nueva especie de mansplaining sexual va a pasar por encima de cualquier sentimiento y conocimiento propio que expreses sobre tu sexualidad, te va a decir clarito que, aunque te incomode, tienes que aguantar o si no, no vas a conseguir el squirt.

Considero que la única manera de combatir esta manipulación es con la exploración propia, el empoderamiento sexual y una relación más comprensiva de nuestro placer. La serie de tutoriales que acompaña este manifiesto, busca que no nos vendan más alargadores de pene, que ya no compremos ese vibrador de cien dólares buscando encontrar algo que creemos nos falta, espero –al igual que Wipple–, que contribuya a explorar y disfrutar sin culpas ni cuestionamientos esos orgasmos que nos gustan, vengan de donde vengan.

Tutorial para realizar squirt

  1. Beber de una botella entera de agua –entra más cantidad bebas más rápido será el efecto–
  2. Ir a la ducha o un lugar donde te sientas cómoda de mojarlo todo.
  3. Estimularte con tus juegos e ideas sexuales favoritas.
  4. Penetrarte la vagina y presionar repetitivamente su pared frontal, a unos dos o tres centímetros. Allí está la próstata y la vejiga.
  5. Presionar con golpeteos constantes, encontrar el ritmo mientras sentimos como se llena la vejiga y determinar si es placentera o no la sensación. ¡Puedes parar si no te agrada!
  6. En caso de que decidas continuar, debes persistir con el golpeteo hasta tener la sensación de orinar.
  7. Cuando hayas acumulado suficientes ganas y quieras relajar, hazlo. También puedes pujar con fuerza y ¡voila! habemus squirt (Si te suena familiar, es porque la sensación es similar a orinar, ¡aunque no es enteramente orina!).

Alguna gente decide relajar a la vez que tienen un orgasmo. Puedes probar si consigues hacerlo simultáneamente estimulando tu clítoris. Cuando llevas la bandera del placer como lucha, parece una locura escribir un manifiesto en contra del squirt. Yo misma me he cuestionado si el título es un tanto exagerado o si estaré cayendo en las tentadoras redes del clickbait. Lo que con convicción puedo afirmar, es que acá no leerás sobre eyaculaciones dulces como la miel, ni tampoco inventaré legendarias recompensas por cazar orgasmos mitológicos. Hoy me dedicaré a describir esa mancha de squirt en la alfombra, de la que nadie habla, pero con la que todos se resbalan al idealizar un chorro de orina diluida.

 

Final alternativo:

 

Si no disfrutaste la sensación, te detuviste durante el camino de este tutorial o te diste la oportunidad de completarlo y definitivamente fue un ¡Meh!, no tiene nada de malo, no estas incompleta, no significa que desconozcas tu cuerpo o hayas fallado al cortar el cable que apagaba la explosión. El placer es tan diverso como la humanidad, y más que un punto y una instrucción de contacto genital, puedes darte la oportunidad de explorar cualquier sensación que estimule tus sentidos. El resultado ideal es que descubras que hay montón de sensaciones que rebasan la potencia visual de un modelo masculino de clímax.

 

Tutorial para desbloquear el verdadero final de este manifiesto:

 

Recuerda o imagina el olor dulce del sudor que produce alguien que deseas, el tacto de tu piel con la humedad, la sensación de los vellitos al calor de un suspiro, algunas caricias suaves en un lugar que siempre te pareció prohibido, o el sonido seco seguido del ardor que produce una bofetada. Piensa en una voz con palabras acaloradas, o varias voces que te arrullan en halagos y fantasías confesas. Una canción que se balancea entre ritmos y acepta que no necesita mapa, ni ruta, ni una frecuencia precisa que permita conquistar placer a nombre del capital. o zonas erógenas favoritas. Ten en cuenta que también a algunas personas la sensación de tener la vejiga llena no les va para nada con correrse.

Si te gusta la sensación vuelve a ella cada vez que quieras, con mucha convicción. Aceptando que hay un poco de orina diluida y no tiene nada de malo. Tu placer no tiene que corresponder al imaginario sexual propio de un quirófano, tampoco hace falta que escribas otro de los muchos tratados que persisten en maquillar este placer como modelo perfecto de antisepsia.

Publicado enEdición Nº246
Lunes, 28 Mayo 2018 10:01

Eyacular: venirse a chorros

La idea de venirse a chorros se ha vuelto un fetiche cada vez más presente en círculos feministas, pero también en la estética porno y en los consejos de sexualidad de las revistas. Sin embargo, hay tendencias que sostienen que no es posible una eyaculación femenina. ¿Mito o realidad? ¿Alguna vez ha experimentado una eyaculación o sabe cómo producirla?

 

Si le preguntamos a Wikipedia qué es la eyaculación femenina, nos dirá que es un asunto controversial. La literatura científica emite dudas de la probabilidad fisiológica que posibilita la eyaculación y argumentará que sin completa certeza no se puede hablar de un patrón, aunque algunas mujeres dicen eyacular y, en efecto, expulsan grandes cantidades de líquido durante el acto sexual, el cual tiene componentes que están presentes también en la orina, por lo que hay cierta correlación, que puede llevar a la duda y, sobre todo, a tener un momento incómodo durante el acto sexual.

 

Para hablar de eyaculación femenina debemos adentrarnos en los terrenos desconocidos de nuestra propia anatomía, en primer lugar porque suele decirse que la eyaculación ocurre durante el orgasmo de una mujer, lo que no es cierto. Tanto hombres como mujeres pueden vivir estos dos fenómenos simultáneos –más común en los hombres–, pero también en momentos distintos.

 

¿De dónde proviene la eyaculación?

 

El orgasmo femenino es provocado por el clítoris, un órgano más grande de lo que se piensa, pues además de la cabecita visible arriba de los orificios vaginales y de la uretra tiene dos patas con tejidos eréctiles (ver imagen). El clítoris tiene erecciones cuando esta excitado, es decir se hincha, se hinchan los labios y toda la zona. Puede estimularse este órgano tocando la parte visible, directa o indirectamente, pero también desde las paredes de la vagina, especialmente desde la parte superior, dos centímetros hacia dentro, como empujando hacia el hueso púbico. Ahí, en ese tejido rugoso se encuentra lo que llaman próstata femenina, glándulas de skene o punto G, dependiendo en dónde se indague. Estas glándulas son las que producen el fluido que se eyacula.

 

¿Cómo se eyacula?

 

Todas somos distintas, pero hay mecanismos que ayudan. Una vez excitada –después de unos orgasmos, por ejemplo– se sigue estimulando la punta del clítoris y puede presionarse la próstata; se siente hinchada y rugosa, y cuando nos dan ganas de orinar, en vez de contraer los músculos para detener el fluido, se expulsa. Puede necesitarse mucha práctica, y hacerlo fuera de la cama donde nos da miedo hacer reguero (ver imagen paso a paso para masturbarse).

 

¿Qué se eyacula?

 

Estudios tuvieron que reconocer el fenómeno, pero siguen insistiendo en que a veces, o más bien, la mayoría de los casos, es orina, aunque ya se sabe que contiene –como el esperma masculina– alta concentración de antígeno prostático específico, fosfato ácido prostático, fosfatasa ácida específica de próstata y glucosa. Intentan separar la verdadera eyaculación que sería de poca cantidad con el “squirting” –el chorro– que sería mezclado o totalmente hecho de orina, según las versiones.

 

Sin embargo, lo más contundente son los numerosos testimonios de su sabor dulce, su textura y su olor que dejan claro a quienes nos conocemos que no es orina. El fluido puede tener aspecto mucoso, de color claro, lechoso o amarillento, o puede ser tan claro como el agua. Esto depende de varios factores, como la cantidad de líquido eyaculado, el momento del ciclo menstrual o los diferentes tipos de excitación.

 

¿Y nadie nos dice nada?

 

Algunas mujeres eyaculamos porque queremos, pero para otras ha sido un fenómeno incontrolable. Muchas mujeres sufren al pensar que se están orinando, incluso hay médicos que sugieren la ablación del clítoris como remedio a lo que llaman incontinencia. Diana T. es una de estas mujeres que tras descubrir en el 2005 que aquel liquido no era orina, escribió un libro donde cuenta ese largo camino de descubrimiento “coño potens”, en España, y “Putcha Potens”, en América Latina. Otras, antes de ella, se dedicaron desde los márgenes de la sociedad a difundir esa maravilla, como lo ha hecho en sus películas porno-educativas Nina Hartley.

 

La eyaculación femenina es un aspecto más para explorar dentro de la sexualidad y los placeres femeninos, querer hacerlo, poder hacerlo o no, son posibilidades abiertas, no debe ser visto como una obligación o como tabú. Vamos conociéndonos para que nuestros cuerpos disfruten la sexualidad de la manera más plena y placentera posible.

Publicado enEdición Nº246
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