Ciudadanos del No, movilícense por la paz

Nunca olvidaremos el 2 de octubre de 2016. Tras conocer los resultados del plebiscito, mi sentimiento inmediato fue de desolación y soledad. Verse de repente dentro de un colectivo que no tiene el don de la compasión y la solidaridad fue devastador. Es aterrador caminar sin dirección y tropezarse constantemente con el vecino, el familiar o el pasante y tener miedo a sentir empatía por el otro, por existir un abismo infranqueable entre nuestros principios y valores fundamentales.

Supongo que ante tanta desolación el cuerpo y el inconsciente reaccionan para evitar su desplome. Por acto de fe en la humanidad la explicación que más aceptó mi espíritu fue la que no todos los que votaron por el No están realmente a favor de la guerra. Todos compartimos, o al menos la inmensa mayoría, principios fundamentales a favor de la paz y la compasión. Así lo compartí con mi hijo.


Bajo estas circunstancias me fue posible reconocer con humildad la victoria del No y superar el resentimiento y la desesperanza. Compartimos el fin y debemos afinar los medios, las condiciones, las consecuencias para lograrlo de la mejor manera.


Indudablemente durante el proceso de paz se protegió con terquedad la confidencialidad de los diálogos, con el altísimo costo de sacrificar una participación abierta de diferentes sectores sociales y políticos. Las partes lograron efectivamente un corpus de acuerdos que, a pesar de contener elementos que uno quisiera fueran diferentes, en su integralidad configuran un país posible, éticamente aceptable, vivible, en donde a todos nos correspondería aportar desde nuestras pasiones y posibilidades, un grano de arena hacia la convivencia.


Solo en su conjunto y no desde la visión fragmentada de sus partes, era posible digerirlos. Así mismo, los resultados del plebiscito mostraron como mayoritariamente las víctimas votaron con amplias mayorías a favor del Sí. Su dolor vivido en carne propia, el deseo profundo de no repetir estas experiencias y evitar a toda costa que algo similar ocurriera a sus hijos y su enorme voluntad y capacidad de perdón y resiliencia, se reflejan en ese voto mayoritario. Ellas votaron esperanzadas por el Sí a la paz y de repente las mayorías de nuestra sociedad miraron hacia otro lado o las condenaron nuevamente a una posible reanudación de la confrontación. Esas mayorías que, si acaso, sentirán los coletazos de la violencia, mientras que ante su indolencia, volverá la sangre y el miedo a las casas de los más humildes.


En la conciencia de quienes votamos por el Sí, intentar la perfección de esta ecuación ponía en riesgo principios supremos. Y esto no valía la pena ni era moralmente aceptable. Creo que el voto por el Sí, en su gran mayoría fue un voto ético, enmarcado en el ideal de la paz.


Ahora, con inmenso temor de que el sueño se desvanezca frente a nuestros ojos, y mientras actuamos apasionadamente a favor de nuestras convicciones, miramos expectantes a quienes votaron por el No, a quienes afirman con vehemencia que votaron por la paz. Y nos preguntamos “¿Si este no es el camino hacia la paz, entonces cuál es?” “¿Si este no era el mejor acuerdo posible, entonces como lo mejoramos?”, “¿Dónde están esas renombradas propuestas de una paz posible y mejorada?”


Y entonces me lleno de confianza en que aquello que nos une a todos los ciudadanos, a los del Sí y a los del No, es el deseo profundo por alcanzar la paz. Confío, quiero confiar, en que cada uno de quienes votaron por el No, luchará incansablemente para que sus dirigentes, en quienes ellos depositaron su confianza y el futuro de Colombia, presenten sus propuestas de manera generosa. Propuestas destinadas a construir la paz y no a sentar las mismas posiciones irreconciliables que nos han condenado por décadas a la guerra.


Miro nuevamente a mi alrededor y quisiera ver a los votantes por el No, marchando decididos en las calles levantando su voz, defendiendo masivamente ese principio supremo que es la paz. Reclamando, exigiendo de sus dirigentes las propuestas concretas, posibles, viables que nos conduzcan a salvar los acuerdos. Aportando y construyendo desde sus conciencias el camino que permita que la crisis generada haya valido la pena y se convierta realmente en un escenario de acuerdo nacional por la paz y finalmente seamos todos quienes la defendamos.


Si cada una de esas personas no invierte hasta su último aliento en esta tarea, lastimosamente se demostrará que no somos iguales. Que al final solo nos robaron el discurso de la paz de manera descarada, y lo que es peor, nos robaron la posibilidad de construir entre todos, con ellos, un país en paz para nuestros hijos. Y eso lo llevarán en su conciencia.


Nosotros mantendremos incansables nuestra voluntad de paz y revisaremos nuestras acciones del pasado para no incurrir en los mismos errores en el futuro.


Confío aún.

Publicado enColombia
Miércoles, 05 Octubre 2016 06:55

Una humilde petición

Una humilde petición

Se requiere un manifiesto por la paz y el respaldo de quienes piensan que es posible.


Si queremos la paz positiva, animo a todas y todos los colombianos, en el país y en el exterior, y a toda persona que resida en Colombia, o en cualquier lugar del mundo, que crea que la paz es el camino, a recoger firmas en respaldo de un manifiesto en el que expresemos nuestro deseo de mantener las negociaciones para el fin del conflicto armado y nuestro apoyo a las personas que, en nombre del Gobierno y en representación de las FARC-EP, han trabajado duramente a lo largo de más de cuatro años por alcanzar unos acuerdos para la pacificación del país. No es mucho pedir.


A quienes han secundado el no, les pediría que se sentaran a negociar y digan qué quieren. Si lo que desean es tener sus quince minutos de gloria, que se personen y se comprometan. Pero con argumentos, que no confundan a la población con falacias y palabras vacuas. Que dejen a un lado las referencias a la familia, la religión, las opciones sexuales y las dependencias de sustancias psicoactivas y que le digan sí a la paz.


Los acuerdos de La Habana son un compromiso político entre dos de los actores armados del conflicto, las FARC-EP que se comprometen a entregar las armas y reintegrarse a la vida civil y el Estado que lo respetará y no usará la fuerza para combatirlos. Ambos entienden que la violencia no es la solución. En esos puntos no se está vendiendo la patria, esa patria que pareciera boba todavía, no se está deshaciendo la familia tradicional, no se obliga a que todas y todos seamos homosexuales ni a que tengamos que consumir drogas, no se plantea convertir el país en otra Venezuela (que dicho sea de paso, igual habría que copiar de allá algunas cosas buenas, que las tienen, como en todas partes).


Querer imponer una postura apelando a otros sentimientos es un rasgo de poco carácter democrático. Creo que una muestra paradigmática del espíritu godo que guía a los negadores de los acuerdos se observa en las paredes de la capital colombiana. Disponiendo de espacio suficiente para que cada opción declarara sus preferencias, los partidarios del no se dedicaron a plantar sus carteles encima de aquellos que promueven el sí. No pretendían ganar en el debate, querían imponer su criterio.


Otro argumento a favor del no era criticar el documento de los acuerdos: que no tenía claridad suficiente, que era un documento de demasiadas páginas, que la gente común no lo podría entender. Me pregunto cuántas de las personas que están en contra se han leído los trescientos ochenta artículos de la Constitución Política de 1991, más los sesenta y siete artículos transitorios. Esa que dicen haber salvado votando no a lo firmado en La Habana y ratificado en Cartagena.
Pues les sugiero que revisen el artículo 22 de la Carta Magna colombiana, incluido entre los Derechos Fundamentales. Dice textualmente “La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento.”


Las ciudadanas y ciudadanos que habitan Colombia necesitan creer, confiar en que sí se puede alcanzar esa paz positiva, esa que supone mucho más que la ausencia de guerra. Pero es una fe social que no tiene nada que ver con los dioses que cada quien ama ni con las religiones que cada cual profesa.


Para trabajar por la paz positiva tenemos que entender que no todo es blanco o negro, que existen una gran gama de grises y de matices donde caben todas las diferencias, las ricas diversidades que alberga un hermoso país como éste.


Decir, como excusa, que el pueblo es soberano y que las víctimas no han estado presentes en el acuerdo, también es desconocer lo negociado. Precisamente las regiones que más víctimas y desplazamientos han pagado por la guerra son las que han votado mayoritariamente sí.


Si le queremos dar una oportunidad a la paz, comprometámonos con ella. Pero de verdad. Respetemos a las gentes que realmente han sufrido la guerra y que no quieren seguir poniendo su sangre y los muertos. No queramos ser los dueños de la verdad, porque verdades hay muchas. Al menos tres: la tuya, la mía y la de los demás. Pero la justicia debería ser una y la paz también. Un buen principio sería poner en práctica los principios de la Carta para un mundo sin violencia.


El miércoles 5 de octubre se da un paso más con la “Marcha universitaria por la paz” que recorrerá, de blanco, en silencio y con velas, el centro de Bogotá desde el Planetario Distrital hasta la plaza de Bolívar. Que no sea el único ni el último acto. La ciudadanía tiene que tomar la palabra. Porque la propuesta que se votó el domingo 2 de octubre era para construir juntos, para entender que, por suerte, no somos iguales, que somos diversos pero queremos vivir en paz y de una manera socialmente más justa y equitativa.


La paz es un derecho y los derechos no se silencian. Se gritan. Gritemos: PAZ.

05 Oct 2016

Publicado enColombia
Diálogo amplio nacional para salvar el Acuerdo de Paz

El Colectivo de Abogados “José Alvear Restrepo”, Cajar, organización que ha dedicado su existencia a la defensa de derechos humanos y a la construcción de paz en Colombia, frente al resultado electoral del plebiscito por la paz, y las salidas que se han propuesto para avanzar en el cumplimiento del Acuerdo Final de La Habana, llama a todas las fuerzas concernidas a encontrar un compromiso urgente para salvar el proceso entre el gobierno y las Farc-EP. La altísima abstención de 22 millones de personas (62,5 % del censo electoral) tal como lo expresó la Misión de Observación Electoral, MOE, es de las más altas en los últimos 20 años, un dato realmente preocupante que no puede ser despreciado a la hora de evaluar el tipo de democracia que vivimos, así como la legitimidad de la jornada plebiscitaria.

De otro lado, los 6´431.376 votos que desaprobaron los acuerdos de La Habana corresponden a un 18,4 % del censo electoral, por lo que el reconocimiento a los resultados de la votación no puede obviar que estos corresponden a un porcentaje mínimo de la población, y que, frente al Sí, la diferencia fue de tan sólo 53.894 votos.


De los 32 departamentos del país, en 19 de ellos, más Bogotá y el exterior, la expresión mayoritaria fue por el Sí a lo pactado en La Habana, y de hecho en las zonas que más han sufrido los rigores del conflicto armado, la votación fue positiva. Paradójicamente, el No se impuso sobre el clamor, esperanzas y sueños de las propias víctimas de la guerrilla y del Estado.


La Corte Constitucional, en la decisión que dio vía libre al plebiscito, determinó con claridad que “el mecanismo escogido debe ser genuinamente democrático, lo que obliga a que esté precedido de instancias de suficiente deliberación, que además sean compatibles con la libertad del elector... es imprescindible que la decisión de los ciudadanos sea informada, de forma que conozcan adecuadamente el contenido de la decisión política”.


La campaña del No, en contravía de lo señalado por la Corte, acudió a propagandas engañosas, tergiversaciones sobre los contenidos del acuerdo,mentiras que generaron un clima de miedo con el claro propósito de viciar la voluntad de las y los sufragantes, como efectivamente ocurrió.


Se señaló por ejemplo que el Acuerdo Final era un riesgo a la propiedad privada, porque dispuso un fondo de tierras de 3 millones de hectáreas para el campesinado. Que la participación política para las Farc-EP era instaurar el ‘castrochavismo’ y entregar el país a la guerrilla, desconociendo la esencia del acuerdo que es lograr que las guerrillas cambien el uso de las armas por la lucha política en democracia. Que los pensionados verían reducidos sus montos de jubilación, que los guerrilleros recibirían $1.800.000 mensuales, que se impondría la ‘ideología de género’ porque se contemplaron medidas de reconocimiento de los derechos de las mujeres y la población LGBTI.


En fin, se acudió a una larga lista de tergiversaciones y falacias para infundir miedo y repudio al Acuerdo, que logró intimidar a sectores importantes del electorado para que se expresaran rechazándolo, lo que constituye un desconocimiento del fallo de la Corte Constitucional, que quiso asegurar la debida información y la protección de la libertad y el libre albedrio del elector.


La campaña en contra de los Acuerdos, no fue motivada por un interés nacional, sino con el afán de obstaculizar los avances democráticos y de derechos de las víctimas que se pretenden alcanzar, para favorecer su propia impunidad. Queda también en evidencia que su pretensión es impedir el acceso a la tierra de campesinos pobres y el retorno de la población desplazada a sus predios, así como evitar que se establezca la Comisión de la Verdad y el Tribunal de Justicia Especial para la Paz que podrían ocuparse de quienes han promovido el paramilitarismo y cometido graves violaciones de derechos humanos. Lo que realmente se propone el partido Centro Democrático, que abandera el No, es mantener la verdad sepultada, impedir reformas democráticas y asegurar sus propias impunidades.


Por ello llama la atención, que desde diferentes sectores se esté promoviendo que el Gobierno Nacional y un sólo partido político lleguen a un pacto, cuando este no representa a las mayorías del país. No puede quedar en cabeza de las élites la definición del futuro de la paz de Colombia.


Por tanto, proponemos que se conforme una Mesa Amplia de Diálogo Nacional que además de los sectores políticos, involucre a la representación de los territorios que respaldaron electoralmente los Acuerdos, a las comunidades étnicas, campesinas, a las víctimas, a las organizaciones sociales y de derechos humanos, para que en un plazo corto puedan consensuar propuestas que permitan, tomando en cuenta lo acordado, culminar de manera efectiva este proceso de paz.


Es de señalar que, tanto el gobierno como las Farc-EP, acordaron acoger el fallo de la Corte Constitucional sobre el plebiscito. En él se determinó que el Presidente es la única autoridad que queda vinculada con el resultado del mismo, no así las otras ramas del poder público. Toda vez que el No resultó mayoritario, el Presidente ha perdido su facultad de iniciativa legislativa, pero el Congreso conserva su plena facultad para adoptar los acuerdos firmados.


Es decir que el Congreso de la República podría fijar un plazo razonable para que el gobierno, las Farc-EP, el Centro Democrático y las otras fuerzas políticas y sociales convocadas a la Mesa Amplia de Diálogo Nacional alcancen acuerdos para discutir y aprobar por consenso propuestas que serían acogidas por el legislador. Si el consenso no se logra, el Congreso de la República debería dar trámite al Acuerdo de La Habana, mediante el “Procedimiento Legislativo Especial para la Paz”, (Acto Legislativo 01 del 7 de julio de 2016).


Reconocemos la invaluable solidaridad de la comunidad internacional en la búsqueda de una salida negociada al conflicto armado en Colombia y llamamos a que el apoyo se mantenga en aras de respaldar un diálogo amplio y nacional para salvaguardar los acuerdos de paz logrados hasta ahora.
Llamamos a las organizaciones sociales, movimientos políticos, votantes del Sí, y otros sectores de la sociedad colombiana a que nos unamos en la movilización social, en reclamo de respeto de los acuerdos ya firmados. En consecuencia, respaldamos decididamente las acciones que ya se han convocado desde los jóvenes y otros sectores para salirle al paso a las fuerzas que, so pretexto de querer introducir cambios a los acuerdos, pretenden aniquilarlos y frustrar los anhelos de paz del pueblo colombiano.

Martes 4 de octubre de 2016,

Publicado enColombia
Lunes, 03 Octubre 2016 20:17

País descuadernado

País descuadernado

Un resultado que, aunque antecedido por encuestas que desde semanas atrás habían llegado a la Casa de Nariño vaticinándolo, sorprendió a buena parte del país. Para evitarlo, de nada sirvieron los cientos de millones en propaganda y conformación de equipos de activistas juveniles para rellenar, por aquí y por allí, las protestas por el no con las voces por el sí. Clientelismo y abuso de poder insuficiente. Como también lo fue el carrerón y embalaje final de Timochenko y el Presidente para una firma final, en el cual fueron cedidos por las Farc varios reclamos congelados durante meses dentro de la negociación. Tampoco sirvió la ceremonia en Cartagena, con aires de absolución y triunfo del Estado y “ofrecimiento de perdón” del exgrupo insurgente. Menos, la declaración del papa Francisco el día antes del plebiscito “si gana el sí, voy a Colombia en marzo próximo”. Mucho menos, la declaración en esa víspera del cantante Bono haciendo una referencia al acuerdo de Paz en Irlanda.


Pasó el 2 de octubre, el que muchos decían que era definitivo, y lo único que se posó ante todos fue la imagen del verdadero país que tenemos: el descuadernado. Sus hojas las lleva de aquí para allá, como cualquier papalote, la desconfianza, el desinterés y el repudio popular, así como la capacidad de convocatoria de un dirigente de derecha que encubre sus intereses particulares tras el beneficio general.


Un duro bofetón. El 63 por ciento de abstención arrojada por el plebiscito realza, con luz cegadora, (sin considerar los cerca de 300 mil votos anulados y tachados que con toda seguridad son de rechazo al tipo de consulta realizada), que el país cuenta con una dirigencia ilegítima, sin capacidad para concitar ni movilizar a las mayorías sociales, así sea para decidir sobre un tema que se supone es de vida o muerte: la guerra. Dirigencia que para esas mayorías vive en pos de sus negocios, o en otras palabras, es corrupta. Si la realidad no se acomodara a la conveniencia del poder de turno, los resultados del plebiscito, además, tendrían que ser insuficientes pues no alcanzan al umbral definido desde siempre (37 por ciento, no al reducido 13 por ciento que se inventaron para esta consulta), esto por no aludir al 51 por ciento del electorado, que debería ser mayoría en toda consulta.


Incapacidad de sembrar credibilidad social por parte de esta dirigencia que evidencia, además, que la negociación Gobierno-Farc no logró sintonizarse con el país nacional, en el cual sienten que lo acordado, no los vinculó, ni implicó ni favoreció. En estas circunstancias, la votación difícilmente podía arrojar un resultado diferente. Por esta vía como puede deducirse de una lectura del mapa adjunto queda en el terreno una polarización entre campo-ciudad, entre el centro del país y sus alrededores.

 

 


Dirigencia, la misma de siempre, la que por doscientos largos años ha impedido que Colombia cuente con la posibilidad de otros caminos para organizar su vida diaria. ¿Alguién recuerda en este país haber vivido siquiera un día sin los Santos, Lleras, López y semejantes al frente del país? Familias oligárquicas, intereses de clase que, impuestos sobre las necesidades de millones de connacionales, han terminado por hacer del nuestro uno de los países más desiguales del mundo, además de otros muchos males.


Dirigencia que abusando hasta el extremo de su poder, desplegó en este referendo un exceso de propaganda, exageraciones y mentiras, a pesar de las cuales no logró credibilidad social. Como lo puede constatar cualquier connacional, durante las semanas previas a esta elección no pasaba un minuto de cada día, de cada hora, donde las bondades exacerbadas de una paz que no alcanzó a revestirse de los intereses de los pobres del campo y de las ciudades, no aparecieran por la radio, la televisión, la prensa escrita, las redes sociales.


Excesos que en su abuso de poder los llevó a firmar varios acuerdos finales de paz (La Habana y Cartagena), a reunir en Colombia a dirigentes de diferentes países y de la comunidad internacional, incluso, a poner a decir al papa que no vendría a Colombia sino ganaba el sí; al tiempo que artistas de diversa trayectoria también fueron utilizados para crear el clima general de que solo había un camino posible para el país. Con igual propósito las encuestas fueron retorcidas y acomodadas según el interés del príncipe. Incluso, hasta la izquierda más tradicional denegó de sus interés y se colgó a la cola del discurso oficial, ampliando el eco de sus consignas, sin alcanzar a diferenciarse del poder oficial en asuntos económicos, políticos y sociales en general.


Y así y todo, la bronca y el rencor que amplios sectores sociales le tienen a las Farc, a la par de la capacidad de conexión que desde años atrás logró la derecha más recalcitrante con un amplio sector de la sociedad colombiana, alcanzó lo inimaginable para muchos: vencer al traicionero Santos, y llevar al país a una crisis de gobernabilidad que no tendrá salida por la izquierda. Esta es la consecuencia inmediata de colocarse a la cola de sus supuestos “amigos”.


¿Crisis sin responsables?


Toda crisis debería tener sus consecuencias, una vez identificados los responsables. Así pasa en otros países: caen primeros ministros, apresan a dirigentes, pasan a la sombra voceros de una u otra causa. Pero en Colombia, no, aquí cada día todo es peor, pero quien cae no llega al piso –caen para arriba– ahí siguen inmutables, con cara de “yo no fui”. Veamos algunos ejemplos de esto:
La cabeza de la campaña gubernamental para el plebiscito, el expresidente César Gaviria, el mismo que abrió el país a todas las privatizaciones que ahondaron la concentración de la riqueza para una minoría, no logró que el país le creyera. Repudiado, desoído, debería entender que es hora para su retiro, al fin y al cabo ahí deja a su delfín a la cabeza del Departamento Nacional de Planeación, en carrera para repetir sus pasos. Más de lo mismo.


El presidente Santos, quien enrutó una negociaciones de paz de acuerdo a los intereses de su clase, impidiendo que en la misma se discutieran los temas estructurales que han llevado al país al extremo donde se encuentran las mayorías, bloqueando así que esas mismas mayorías sintieran que el tema era con ellas, que de acuerdo a la paz firmada su presente y el futuro de los suyos tendería a cambiar, que el país ya no sería el mismo de antes.


La señora Clara López, que llevó hasta el máximo la crisis del Polo Democrático Alternativo, animada solamente por posicionarse como candidata a la vicepresidencia de una u otra campaña electoral. Ahora le corresponderá, ante el ministerio de Trabajo, oficina que le sirvió durante varios meses como trampolín para animar la misma campaña oficial plebiscitaria sin diferencia alguna con un modelo económico que ahoga cada día a las mayorías, ahora le corresponderá garantizar que el propósito de la Ocde de congelar el salario mínimo no llegue a hacerse realidad. ¿La sostendrá Santos en su función si así actuara? Con seguridad que no, ya cumplió su papel, ya fue instrumentalizada –y por su conducto una amplia franja de la izquierda– ahora sobra. Aún está a tiempo de renunciar para no ser retirada.


Pero el agua sucia también enloda a Piedad Córdoba que como vocera de diferentes procesos en pro de la paz llegó a decir en la Casa de Nariño, sin diferenciarse con el mismo señor Santos y su política económica y social, que “vamos por 10 millones de votos”. No diferenciarse de su contrario, es el principal error de la izquierda, descolorida, sin personalidad. Generar esta confusión es su yerro, y la exageración de los millones de votos el otro, el mismo que denota que no logra tomarle el pulso al país, y sigue pensando y actuando de acuerdo a su deseo.


Baldados de esa agua sucia también mojan a la dirigencia de las Farc, que no solo ha escondido los sentidos reales de lo negociado, ensalzando e idealizando ante sus bases lo alcanzado como logros para todo el país, sino que en un afán incomprensible facilitó todo el terreno para que Santos convocara y realizara el plebiscito, y de manera simultánea quedara con el terreno libre para presentar al Congreso la reforma tributaria. Si fuera un partido, sin duda alguna, su dirigencia tendría que renunciar. En una fuerza militar impera el mando, y de no haber cadáveres éste difícilmente reconoce sus errores; mucho menos es cuestionado de manera tranquila por quienes obedecen órdenes.


Como si fuera una ola, esta agua deja emparamadas a las empresas encuestadoras, que sin pudor alguno, aliadas y aduladoras del poder, maquillaron para el público los sondeos que realizaron durante estos meses.


Y del chapuzón no se libra la izquierda electoral como conjunto, que perdió una coyuntura histórica para enrutar a esta sociedad en la lucha por otro modelo económico, social y político, al endosarle la iniciativa y todo el espacio político al gobierno. Por su error, acumulado y extendido en su opción por “el mal menor”, el ciudadano de a pie la va relacionando como un partido tradicional.


De no ser por estos errores de la izquierda, hoy, ante esta crisis de gobierno, el país podría encuadernase por vía alterna, la sociedad estaría exigiendo, no solo la renuncia de Santos sino que se implementara otro modelo económico, social y político, soportado sobre la base de otra democracia, que sí es posible y necesaria.


Una alternativa, una necesidad para construir un país en justicia y paz. El reto está ante todos: es urgente sintonizarse, no sólo de palabra sino de hecho, con las mayorías del país, construyendo al mismo tiempo una alternativa social que levante las banderas reclamadas por las mayorías, dejando atrás el afán por acomodarse al menor de los males.

Publicado enColombia
Santos vendió el oso (la paz) antes de cazarlo

Se equivocaron las encuestas, que pronosticaban una clara victoria del sí en el referéndum sobre los acuerdos de paz con la guerrilla de las FARC, y se equivocó el presidente, Juan Manuel Santos, que vendió la piel del oso antes de cazarlo y montó un grandioso espectáculo internacional en Cartagena de Indias –Ban Ki-moon, Raúl Castro y el rey emérito español incluidos– que, al día siguiente de la votación, le deja humillado, con cara de pasmo y al borde del ridículo.


Como presión adicional a los votantes, Santos presentó al mundo la solemne e “histórica” firma de los acuerdos negociados laboriosamente durante cuatro años en La Habana, como el fin irreversible de un proceso cuando, a la vista de los resultados, fue tan solo otra etapa del camino repleto de obstáculos que debe conducir al cese definitivo de la violencia.


El expresidente Álvaro Uribe, que rechazaba rotundamente la “rendición” ante los insurgentes –que para él no son sino fanáticos asesinos y narcotraficantes– puede proclamarse hoy legítimamente vencedor, aunque quizás le haya hecho un flaco servicio a su país. Eso sí, se ha cobrado cumplida venganza de su ex ministro de Defensa y hoy jefe de Estado, cuyo ascenso al poder promovió para ver luego como le traicionaba y seguía una vía para resolver el conflicto rotundamente contraria a la que él siguió en sus dos mandatos, cuando arrinconó a las FARC y redujo sus efectivos a menos de la mitad, aunque la guerra –pese a su práctica erradicación de las ciudades- dejó tras de sí un rastro de miles de muertos. En términos globales, el balance de 52 años de enfrentamientos ha sido de 220.000 muertos y siete millones de desplazados.


Uribe puede estar contento pero, aunque sea como consecuencia de la libre y respetable voluntad de la ciudadanía expresada en las urnas, por mínima que haya sido, Colombia sale perdiendo y entra en una vía incierta, que no tiene por qué suponer el regreso inmediato a la vía armada, pero que aleja el horizonte de una paz que parecía al alcance de la mano.


El tono que hoy predomina –más allá de un país fracturado en dos partes casi iguales-es, por supuesto, el de la decepción, pero tampoco hay motivos para un pesimismo cercano a la desesperación. Lo que ocurre, simple y llanamente, es que se ha impuesto la tesis de Uribe: “Queremos la paz, pero no esta paz. La paz es ilusionante, pero esta es decepcionante”. Es decir, que hay que renegociar, y aunque el líder de las FARC, Rodrigo Londoño, Timochenko, afirmase antes del referéndum que era todo o nada, al día siguiente mantiene el alto el fuego y se muestra dispuesto a adaptarse a la nueva realidad y resignado a una negociación en la que las cuestiones clave serán la impunidad, las reparaciones a las víctimas, y las garantías a la conversión de la guerrilla en un partido político constitucional.


El problema es que el ex presidente –cuyo poder oficioso rivaliza hoy con el del propio Uribe– ha defendido siempre que no se efectuase una negociación entre iguales, sino entre vencedor (el Estado) y vencido (la guerrilla). De haber estado él los últimos años en el palacio de Nariño, habría tratado de imponer esa senda debilitando al máximo a las FARC hasta llevarlas al borde de la extinción, aún a costa de prolongar la sangría. Es decir, habría buscado algo parecido a la capitulación. Por el contrario, Santos ha optado por la vía negociadora, convencido de que es la única razonable cuando uno de los bandos no tiene capacidad para exterminar al otro, sobre todo cuando el conflicto es civil y, más allá de que callen las armas, es imprescindible la compleja labor de la reconciliación. Casi todo el mundo y algo menos de la mitad de los colombianos están de acuerdo con él.


Como cabía esperar, mientras unos cantan victoria y otros lamen sus heridas, hoy es el día en que, tras el rechazo en las urnas de los acuerdos de paz, todo el mundo habla de paz, desde Santos a Uribe pasando por Timochenko. Sin embargo, la cuestión clave es de qué paz habla cada uno de ellos, y hasta qué punto será posible reconciliar posiciones tan enfrentadas como para partir al país en dos.


Un aspecto especialmente sensible será el de la impunidad, es decir si el castigo a los responsables de crímenes que con frecuencia han rozado la delincuencia común será tan leve como para permitirles evitar la cárcel como establecían los acuerdos que hoy son papel mojado. También si se establecerá un doble rasero a la hora de juzgar a los guerrilleros y a los miembros del Ejército y la policía responsables de incontables violaciones de los derechos humanos en la lucha contra la insurgencia. Uribe quiere proteger a estos últimos porque fueron su ariete para arrinconar a la guerrilla entre 2002 y 2010. Santos, por el contrario, y aunque sin admitir la igualdad de culpas entre unos y otros, admitió el principio de que hubo excesos en los dos bandos y de que la justicia –más bien la clemencia– no debe aplicarse con doble rasero.


En el plano estrictamente político, Santos queda derrotado y humillado. El gran objetivo de su presidencia era la paz, y está ya claro que no llegará mientras él esté aún en el poder. Además, se ralentizará el impulso definitivo, el salto de gigante que el cese de la violencia debía dar al desarrollo económico de un país que no ha podido desarrollar todo su potencial en el último medio siglo a causa del conflicto.


Como nota al pie, pero no por ello irrelevante, hay que señalar que los acuerdos de paz con las FARC no iban a acabar por completo con la violencia guerrillera en Colombia, donde hay otros grupos armados menos importantes que no se sumaron el proceso, especialmente el ELN, del que incluso se especulaba que podría llenar algunos de los huecos que las fuerzas de Timochenko abandonaran en un proceso de desmovilización que ya estaba en marcha. Se trata de un indicio más de que la paz que todos dicen anhelar aún queda muy lejos.

Publicado enColombia
Martes, 27 Septiembre 2016 08:25

Iglesia católica: indignación

Iglesia católica: indignación

La Conferencia Episcopal Colombiana ha dicho que “de ninguna manera la Iglesia induce a los colombianos a votar por el Sí o por el No”, justo cuando sus prédicas siempre han girado en torno a la reconciliación, el perdón y la bienaventuranza.

Esta proclama neutral contradice el papel que ha jugado la Iglesia Católica en Colombia, quién siempre ha sido un actor clave en todos los momentos en donde se ha discutido temas de conflicto, derechos humanos, Paz, liberación de secuestrados, etc. Sorprende que ahora, cuando está más cerca que nunca la posibilidad de superar un estadio de confrontación armada, la Iglesia esconda sus buenos oficios y siembre con ello un manto de duda en una sociedad que hace rato perdió su rumbo y que necesita urgentemente enderezarlo.

Ahora más que nunca es que se necesitan sus buenos oficios y bastaría con orientar a sus feligreses hacia el reconocimiento del Acuerdo de La Habana. La tarea no es difícil, todos sus creyentes confían ciegamente en sus prédicas y en ustedes propiamente, hasta el punto que todavía se confiesan. Bajo este reconocimiento y suponiendo que la Conferencia Episcopal ya leyó el Acuerdo ¿por qué dudan? ¿qué no les queda claro allí? Expongan sus inconformidades antes todos, no siembre más temor y miedos que algunos en el país ya estamos cansados de esa oscuridad y de esas tinieblas que nos han impedido ver nuevas luces. Convendría mejor que predicaran los beneficios de superar el conflicto y de aceptar un Acuerdo que si bien no es perfecto, sí es el mejor acuerdo que se ha podido firmar para superar una situación compleja y longeva que atormenta, intimida y mata.

No permitan que su postura atente contra un trabajo que han cumplido en otras ocasiones con seriedad y vocación de servicio misional. No permitan que su supuesta neutralidad mine un camino de confianza ganado entre algunos de sus seguidores.

Su postura me parece contradictoria, desde hace algún tiempo veo que están ponderando diversos hechos bajo extraños criterios inteligibles, pues les atentan contra imágenes sagradas y callan (Paloma Valencia y su emblemático cuadro artístico), cuando estoy seguro de que, si esto hubiese ocurrido con alguien de otra orilla política, no dudarían en condenarlo públicamente.

Lean los acuerdos ustedes por sus feligreses para que luego les puedan contar lo que allí se dice. Así les podrían decir que el paraíso posiblemente se recreará con todos aquellos programas y planes que se piensan implementar para el desarrollo rural, por ejemplo; y que ello contribuiría sinceramente a la superación de una deuda eterna en este tema y en la reducción de la pobreza, otro asunto que a ustedes también les interesa...o al menos, eso es lo que nos han dicho en todos estos años de evangelización.

 

*Economista y Profesor U. de Medellín, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enColombia
En el plebiscito decimos: Otra Democracia Sí
Recogiendo el sentir de activistas, colectivos y expresiones organizativas territoriales, los abajo firmantes acordamos impulsar unitariamente una actividad y campaña por el ’sí’, en el plebiscito del próximo 2 de octubre.

 

El anuncio del “Acuerdo final” entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc-EP, abre la posibilidad de cerrar un ciclo de guerra que suma ya 52 años. Sin embargo, sabemos que para hablar de una terminación del conflicto armado aún falta que avance el proceso de negociación con el Ejército de Liberación Nacional y haya escenarios de reconocimiento y diálogo con el Ejército Popular de Liberación. ¡Aún falta camino para construir la paz!

 

En efecto, sin la suficiente participación de la sociedad y de la voz que guardan los siempre excluidos, quedan varios interrogantes con respecto a la voluntad para cumplir los acuerdos por parte de la clase política tradicional, del sector financiero, de los terratenientes y de los poderes económicos locales e internacionales.

 

No obstante, los acuerdos entre el gobierno y las Farc-EP, si bien no recogen la agenda de paz que viene impulsando el movimiento social, contienen iniciativas frente a los derechos de las víctimas y la sociedad al esclarecimiento de la verdad, la justicia y reparación; la problemática agraria y el acceso a la tierra; los cultivos de uso ilícito; y las garantías para la participación política. Estos aspectos, puestos en el debate público, abren una posibilidad a las luchas del pueblo para transformar su empeño por el buen vivir, la autonomía y la democratización de la sociedad.

 

Dentro de la nueva situación política, la campaña del plebiscito genera controversia y muchas posiciones enfrentadas. De una parte, nos encontramos quienes promovemos el ’sí’, con diferencia de la postura oficial, que legitima la gestión del presidente Santos, y la de los movimientos que buscamos transformaciones estructurales de la sociedad colombiana.

 

De otro lado, están quienes activan el ’no’, ya sea desde la orilla guerrerista del uribismo, o desde una franja popular que no confía en pactos con los gobernantes de siempre o de quienes cargan resentimiento, ante los errores y equivocaciones de la insurgencia.

 

Por último, quienes impulsan la abstención activa o la anulación del voto invocando una asamblea nacional constituyente y, de otro lado, amplios sectores de la población que no suelen votar o son apáticos a la actividad política. Estamos ante un panorama difícil.

 

Aunque el ’sí’ no está a pedir de boca, hemos acordado impulsar nuestra actividad y campaña bajo las siguientes consideraciones:

 

Nos distanciamos radicalmente del proyecto político y económico del gobierno de Juan Manuel Santos. Nos oponemos a su modelo extractivista y de especulación financiera porque profundiza la desigualdad, la sobreexplotación, y afecta social y ambientalmente la vida en su conjunto, en beneficio de los grandes monopolios nacionales y extranjeros.

 

Si bien es cierto que cesan oficialmente las hostilidades entre el Estado y las Farc-EP y que el número de víctimas ha disminuido, preocupa que no está cercano el fin de las acciones criminales de los grupos paramilitares ni de sus cómplices en el Estado, estructuras mafiosas que ejercen control territorial con sus códigos de la infamia. Asimismo, están por verse las verdaderas garantías a las libertades de expresión, organización, protesta social y oposición.

 

Es fundamental reiterar que las iniciativas, sueños y proyectos por los que millones han luchado en Colombia, todavía son expresión del conflicto social como parte de las agendas populares de reivindicación política. En consecuencia, seguiremos luchando para transformar las condiciones de vida de los territorios urbanos y rurales en armonía con la naturaleza, abriendo el debate político sobre el modelo de desarrollo, la distribución de los bienes comunes y la equidad.

 

En estos momentos, la energía, capacidad y creatividad popular, deben fortalecer la organización social y política, sus acumulados territoriales y sus aprendizajes. Nuestro compromiso es el de fortalecer proyectos comunes que forjen alternativas de poder popular. Contamos con la capacidad, la convicción y la fortaleza para construir un nuevo país, desde la participación plural, diversa y equitativa de mujeres, grupos étnicos, jóvenes, trabajadoras, pobladores urbanos, entre otros.

 
¡Otra democracia es posible!

 

Firmantes:


Coalición de Movimientos y Organizaciones Sociales de Colombia-Comosoc, Movimiento por la Defensa de los Derechos del Pueblo-Modep, Equipo Desde Abajo, Agenda Caribe, Amautas: Pedagogía crítica y formación de sujetos. Grupo de investigación Universidad Distrital Francisco José de Caldas, Asociación Ambiental Por la Vida de Boyacá, Asociación Campesina Popular-Asocampo, Asociación Comunitaria Nueva Esperanza, Asociación de Campesinos Sin Tierra de Sincelejo Sucre-Acatiss, Asociación de Campesinos y Comunidades Sin Tierra del Cesar, Asociación de Consejos Comunitarios y Organizaciones Étnico Territoriales de Nariño–Asocoetnar, Asociación de cultivadores de frutales “La Morenita”, Asociación de Docentes y Trabajadores de la Educación de Sucre-Asodes, Asociación de Guardianes de La Sierra-Asogiasierra, Asociación de Jóvenes Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Informal-Asoinformal, Asociación de Mujeres Rurales de Coloso-Amucol, Asociación de Ovinocultores de Güicán–Güicaove, Asociación de Productores de Avanzada por el Desarrollo Agropecuario–Asoprovandes, Asociación Innovadora Tubérculos Andinos Boyacá-Aitab, Asociación para el Desarrollo Ambiental y Sostenible de Coloso-Asodesco, Asociación por la Defensa de los Derechos de los Hijos del Pueblo-Addhip, Asociación por la Dignidad y los Derechos Agrarios-Digniagrarios, Autoridades Indígenas Wayúu Araurayu, Católicas por el Derecho a Decidir-Colombia, Centro de Formación y Empoderamiento de la Mujer-Ambulua, Colectivo de expresión kirius, Colectivo Popular Música y Resistencia, Colectivo Rebeldía Diversa, Colectivo Social La Panela-Piedecuesta, Santander, Colectivo Suamena, Boyacá, Comisión Claretiana de justicia, Paz e Integridad de la Creación Colombia Ecuador, Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer-Cladem, Comite sindical clasista del Corredor Minero Cesar-Guajira-Magdalena-Atlantico, Comités de Obreros y Trabajadores Ignacio Torres Giraldo, Corporación Arazá por la Justicia Social y Ambiental, Corporación Claretiana Norman Pérez Bello, Corporación Colectivo de DDHH Tierra de Todos, Corporación de Derechos Humanos Guasimí-Nariño, Corporación de Mujeres Cordobesas, Corporación Escuela Sindical y Popular Ignacio Torres Giraldo, Corporación para la educación y autogestión ciudadana Ceac. Barranquilla, Corporación por el Desarrollo, La paz y la Protección Ambiental-Codepam, Corriente Nacional Nuevos Maestros por la Educación, Escuela de Arte y Desarrollo Humano Mario González-Piedecuesta, Santander, Escuela Popular Akana Warmi Qhispicay, Fundación Casa de la Mujer Valledupar, Fundación Escuela del Saber, Fundación ExplorArte, Fundación Familias Unidas, Cartagéna, Fundación para la Comunicación y el Desarrollo Social-Fedesol, Fundación Surcos, Fundación Vida Digna, Buenaventura, Generación Terranova, Grupo Derecho y Política Ambiental Universidad Nacional de Colombia, Grupo Ecuménico de Mujeres Constructoras de Paz-Gempaz, Grupo Guillermo Fergusson, Grupo Raíces-Irlanda, Huellas Africanas, Iglesia Apostólica Guadalupana, La Federación Universitaria Nacional FUN-Comisiones, La Red de Mujeres Afrolatinas, Afrocaribes y de la Diáspora, capítulo Colombia, Minga Urbana Bakatá, Organización de Autoridades Indígenas Wayúu Painwashi, Organización de Mujeres “olla comunitaria” de Montería, Organización de mujeres del Suroriente de Montería, Organización Juvenil Rastros, OrganizaciónToumain, Red Caribe Por La Paz, Red de Mujeres del Caribe Colombiano, Red Párala, Nada Justifica la Violencia Contra las Mujeres. Valledupar, Red Rojo y Violeta, Revista Viento del Sur, Servicio Paz y Justicia Para América Latina-Serpaj, Sindicato de Trabajadores de Uniminuto-Sintrauniminuto, Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria, Metal-Mecánica, Metálica, Metalúrgica, Siderúrgica, Electrometálica, Ferroviaria, Comercializadoras,Transportadoras, afines y similares del Sector-Sintraime. Seccional Soledad, Atlantico, Sindicato Nacional de Trabajadores del Transporte de Colombia-Sntt, Sintramienergetica Seccional Codazzi, Unión Sindical de Trabajadoras de los Hogares de Bienestar -Ustrahbin de Córdoba, Wayuumunsurat Mujeres Tejiendo Paz.

Colombia, 2 de septiembre 2016

Publicado enEdición Nº228
La firma de la paz con las FARC busca impulsar el ‘sí’ al plebiscito

Es recurrente aludir al universo macondiano a la hora de hablar de Colombia. Muchas veces, resulta inevitable. Es el caso, por ejemplo de este lunes. Después de 52 años de guerra, cuatro de negociaciones y varios anuncios adscritos a la categoría de históricos, el presidente del Gobierno y el líder de las FARC firmarán, ante 13 jefes de Estado, casi una treintena de cancilleres y más de 2.500 invitados, el acuerdo para la terminación del conflicto armado más longevo del hemisferio occidental. En cualquier parte del mundo un momento así sería el punto de inflexión para el arranque de una nueva era. Salvo en Colombia, donde habrá que esperar una semana. El apretón de manos entre Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño, alias Timochenko, será, en definitiva, el punto álgido en la campaña por el ‘sí’ del plebiscito que deberá refrendar los acuerdos el próximo domingo. Solo entonces, se podrá pasar página en la historia.


Nunca una cita con tanto simbolismo ha estado cubierta por tamaño halo de incertidumbre. Las encuestas auguran una victoria del ‘sí’ en la consulta, pero la montaña rusa en que se han convertido los sondeos en el último mes, además de la falta de credibilidad después de casos como el Brexit en Reino Unido, no permite atisbar certidumbre. Cuando se lanzó la campaña por el plebiscito, el rechazo a los acuerdos con las FARC era superior; el anuncio de que se había alcanzado un pacto de paz con la guerrilla pegó un revolcón en las encuestas, a favor del sí, que se ha mantenido con hasta 30 puntos de ventajas en algunos sondeos. Esta última semana, la diferencia se ha visto reducida: según el sondeo de Opinómetro de Datexco, el 55,3% votaría a favor, mientras que un 38,3% se inclinaría por el ‘no’ y el 4,3% está indeciso.


En el Gobierno colombiano y en el entorno de las FARC cunde cierto nerviosismo de puertas para adentro. En el equipo negociador hay quien piensa que esta tendencia en las encuestas les favorece, porque consideran que movilizará a muchos partidarios del sí que no tenían claro si iban a ir a votar. En Colombia, como cualquier régimen presidencialista, la abstención es altísima. No obstante, este hecho, sumado a los pronósticos, asoma a los negociadores también a un escenario poco probable, pero no descartable, ideal para los detractores del proceso: una victoria del ‘sí’ por poco margen y sin alcanzar el umbral de los 4,5 millones de votos necesarios.


Ambas partes confían en que el acto de este lunes suponga un impulso para el ‘sí’, a modo de cierre de campaña. De hecho, hasta el próximo domingo no habrá una celebración que se le parezca ni por asomo a lo que se vivirá en Cartagena. A lo largo del fin de semana han ido llegando la mayoría de jefes de Estado y representantes de instituciones internacionales. Los miembros de las FARC se encuentran desde el sábado a una hora de la ciudad caribeña, en unas instalaciones alejadas de los focos, donde tienen previsto mantener una serie de encuentros bilaterales con muchos de los invitados.


La guerrilla llegó directamente desde su X Conferencia donde han conseguido trasladar una imagen cuando menos idílica después de décadas de atrocidades. Los negociadores del Gobierno, en cierta manera, vieron con buenos ojos el resultado del congreso fariano, ya que, siendo la primera vez que se abrían al público, no se dañó la imagen del proceso, un temor que sobrevolaba en los días previos.


La ciudad, sin duda el epicentro turístico del país, se ha blindado para acoger el mayor acontecimiento de la historia reciente de Colombia. La seguridad, sobre todo al interior de la ciudad amurallada es exhaustiva. La elección de Cartagena para la sede del acuerdo no ha sido baladí. Pese a que una parte de la ciudad está asociada como lugar de descanso de una élite del país, es, junto a Bogotá y Medellín, una de las pocas que goza con la suficiente infraestructura para albergar a tantos invitados de postín y medios de comunicación. Además, fuentes diplomáticas confirmaron que ha jugado un papel importante el hecho de que el presidente de Cuba, Raúl Castro, no podía viajar a la capital médica por recomendación médica debido a la altura de Bogotá, a 2.600 metros sobre el nivel del mar.

Cartagena de Indias 25 SEP 2016 - 17:03 COT

Publicado enColombia
En el plebiscito. No hay preguntas mal intencionadas

¿Está mal construida o elaborada la pregunta para el plebiscito? A saber, ¿Apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera? Debemos decir que la pregunta en términos lingüísticos y, por lo mismo sintácticos, está bien compuesta y cumple con las reglas que exige la composición de enunciados tipo pregunta. En la elección dentro de la pregunta, se ha elegido el verbo infinitivo “apoyar” en lugar de “aprobar” –como muchos creían y era la costumbre en anteriores plebiscitos- hay sin lugar a dudas una diferencia que supone por una parte una intención esperada y una acción a desarrollar. Por ejemplo “apoyar” supone desde la RAE favorecer, patrocinar, ayudar, es decir, estar a favor de determinada persona y confiar en ella, supone un compromiso con algo, además de confianza. Por su parte, “aprobar” pide dar por bueno o suficiente algo o a alguien, pretender considerar que algo está bien, darlo por bueno o suficiente. Esto nos lleva a decir que tanto apoyar como aprobar implicar dar por bueno algo, por ejemplo “el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”.

 

Como vemos bien sea apoyar como aprobar no deslegitiman la construcción lingüística de una pregunta, sigue estando bien formulada pues hace alusión directa a algo que hay que apoyar, es decir el título de los acuerdos “Acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera”. Entonces para evitar luchas viscerales sobre cuál pudo haber sido el verbo más exacto o adecuado, habría que entrecomillar o poner con bastardilla este título y así todo equívoco alejaría sospechas. El asunto es que no se hizo eso, ni se entrecomilló el título del acuerdo o se puso en otro tipo de título y es allí donde está la confusión. Seguramente se dirá que quien formuló esta pregunta tiene una “mala intención”, es decir, confundir y lograr una respuesta a su favor. Esta podría ser entendida como una técnica utilizada: la percepción persuasiva, en otras palabras, hacerle ver al otro lo que quiero hacerle ver. Con firmeza hay que decirlo: no se puede hablar de “mala intención”, sino en términos morales, porque desde la lingüística y las teorías de los Actos de habla (Austin y Searle) no hay ni mala ni buena intención.

 

Todo tiene una intención y por lo mismo busca un efecto y una acción, en este caso, la pregunta del plebiscito es un “acto de habla directivo” puesto que es un intento para que un oyente realice una acción futura; se expresa un deseo o una aspiración para que los colombianos voten. Es posible que esto lo sabe el que finalmente redactó la pregunta, y ese alguien no es el Gobierno, es un sujeto que tiene una intención, pero eso supone dos cosas: 1) Creer que el oyente no tiene también intenciones 2) Que no sabe leer y que por lo mismo desde aspectos meramente “psicológicos” se decantará por lo que yo deseo que responda. Es decir es fácil de manipular al electorado. Si esto es así, sugiere un grado de subestimación de los electores colombianos, pero no creemos que se piense eso y que se conozca con detalle las filigranas y reglas de tales enunciados. Desde la teoría de los Actos de habla, un enunciado válido y lo que suceda, es decir, la respuesta, cae en el espacio inescrutable, pues como Kant y Goethe advierten, y que se nos olvida a menudo a los colombianos “el corazón del hombre es insondable”.

 

Al tener claro lo anterior, habría que deliberar si en la pregunta hay un asunto moral y político que se pretende lograr y adscribir al elector, esto habría que juzgarlo de parte y parte porque siempre en una proferencia dada hay una intención. Cualquier formulación de la pregunta trae conflicto y a ninguna de las partes le va a gustar. Lo que tenemos es una pregunta con muchas y diferentes intenciones al proferirla. Podríamos preguntarnos finalmente si faltaron algunos elementos de ampliación en la pregunta, como por ejemplo, incluir en el título los actores que suscriben el acuerdo (FARC-Gobierno) y por lo mismo, qué conflicto exacto se busca resolver, si no se debió incluir el sustantivo y además femenino “paz”. Lo anterior llevaría una pregunta mucho más grande y que tal vez se prestará a más confusiones y discusiones que superan el buen uso del lenguaje.

 

*Doctor en Filosofía y Letras (Universidad Pontificia de Salamanca)

Profesor de Filosofía del lenguaje y análisis filosófico.
Docente Universidad Pontificia Bolivariana
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enPolítica
Miércoles, 07 Septiembre 2016 16:26

En el plebiscito decimos: ¡Otra democracia sí!

En el plebiscito decimos: ¡Otra democracia sí!

Recogiendo el sentir de activistas, colectivos y expresiones organizativas territoriales, los abajo firmantes acordamos impulsar unitariamente una actividad y campaña por el 'sí', en el plebiscito del próximo 2 de octubre.


El anuncio del "Acuerdo final" entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC-EP abre la posibilidad de cerrar un ciclo de guerra que suma ya 52 años. Sin embargo, sabemos que para hablar de una terminación del conflicto armado aún falta que avance el proceso de negociación con el Ejército de Liberación Nacional y haya escenarios de reconocimiento y diálogo con el Ejército Popular de Liberación. ¡Aún falta camino para construir la paz!


En efecto, sin la suficiente participación de la sociedad y de la voz que guardan los siempre excluidos, quedan varios interrogantes con respecto a la voluntad para cumplir los acuerdos por parte de la clase política tradicional, del sector financiero, de los terratenientes y de lo poderes económicos locales e internacionales.


No obstante, si bien los acuerdos entre el gobierno y las FARC-EP no recogen la agenda de paz que viene impulsando el movimiento social, contienen iniciativas frente a los derechos de las víctimas y la sociedad al esclarecimiento de la verdad, la justicia y reparación; a la problemática agraria y el acceso a la tierra; a los cultivos de uso ilícito; y a las garantías para la participación política. Estos aspectos, puestos en el debate público, abren una posibilidad a las luchas del pueblo para transformar y continuar en su empeño por el buen vivir, la autonomía y la democratización de la sociedad.


Dentro de la nueva situación política, la campaña del plebiscito genera controversia y muchas posiciones enfrentadas. De una parte, nos encontramos quienes promovemos el 'sí', con diferencia de la postura oficial, que legitima la gestión del presidente Santos, y la de los movimientos que buscamos transformaciones estructurales de la sociedad colombiana.


De otro lado, están quienes impulsan el 'no', ya sea desde la orilla guerrerista del uribismo o desde una franja popular que no confía en pactos con los gobernantes de siempre. Allí también se encuentran muchos que cargan resentimiento ante los errores y equivocaciones de la insurgencia.
Por último, están quienes impulsan la abstención activa o la anulación del voto, invocando una asamblea nacional constituyente, y, de otro lado, amplios sectores de la población que no suelen votar o son apáticos a la actividad política. Estamos ante un panorama difícil.


Aunque el 'sí' no está a pedir de boca, hemos acordado impulsar nuestra actividad y campaña bajo las siguientes consideraciones:
1. Nos distanciamos radicalmente del proyecto político y económico del gobierno de Juan Manuel Santos. Nos oponemos a su modelo extractivista y de especulación financiera porque profundiza la desigualdad y la sobreexplotación, y afecta social y ambientalmente la vida en su conjunto, en beneficio de los grandes monopolios nacionales y extranjeros.


2. Si bien es cierto que cesan oficialmente las hostilidades entre el Estado y las FARC-EP y que el número de víctimas ha disminuido, preocupa que no está cercano el fin de las acciones criminales de los grupos paramilitares ni de sus cómplices en el Estado, estructuras mafiosas que ejercen control territorial con sus códigos de la infamia. Asimismo, están por verse las verdaderas garantías a las libertades de expresión, organización, protesta social y oposición.


3. Es fundamental reiterar que las iniciativas, sueños y proyectos por los que millones han luchado en Colombia todavía son expresión del conflicto social como parte de las agendas populares de reivindicación política. En consecuencia, seguiremos luchando para transformar las condiciones de vida de los territorios urbanos y rurales en armonía con la naturaleza, abriendo el debate político sobre el modelo de desarrollo, la distribución de los bienes comunes y la equidad.


En estos momentos, la energía, capacidad y creatividad popular deben fortalecer la organización social y política, sus acumulados territoriales y sus aprendizajes. Nuestro compromiso es el de fortalecer proyectos comunes que forjen alternativas de poder popular. Contamos con la capacidad, la convicción y la fortaleza para construir un nuevo país desde la participación plural, diversa y equitativa de mujeres, grupos étnicos, jóvenes, trabajadoras, pobladores urbanos, entre otros.


¡Otra democracia es posible!


Colombia, 2 de septiembre de 2016

Firmantes: Coalición de Movimientos y Organizaciones Sociales de Colombia - Comosoc • Movimiento por la Defensa de los Derechos del Pueblo - Modep • Equipo Desde Abajo • Agenda Caribe • Amautas: Pedagogía Crítica y Formación de Sujetos, Universidad Distrital Francisco José de Caldas • Asamblea Permanente de la Sociedad Civil por la Paz • Asociación Ambiental Por la Vida de Boyacá • Asociación Campesina Popular - Asocampo • Asociación Comunitaria Nueva Esperanza • Asociación de Campesinos sin Tierra de Sincelejo Sucre - Acatiss • Asociación de Campesinos y Comunidades sin Tierra del Cesar • Asociación de Consejos Comunitarios y Organizaciones Étnico Territoriales de Nariño - Asocoetnar • Asociación de Cultivadores de Frutales La Morenita • Asociación de Docentes y Trabajadores de la Educación de Sucre - Asodes • Asociación de Guardianes de La Sierra - Asogiasierra • Asociación de Jóvenes Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Informal - Asoinformal • Asociación de Mujeres Rurales de Coloso - Amucol • Asociación de Productores de Avanzada por el Desarrollo Agropecuario - Asoprovandes • Asociación Innovadora Tubérculos Andinos Boyacá - Aitab • Asociación para el Desarrollo Ambiental y Sostenible de Coloso - Asodesco • Asociación por la Defensa de los Derechos de los Hijos del Pueblo - Addhip • Asociación por la Dignidad y los Derechos Agrarios - Digniagrarios • Católicas por el Derecho a Decidir Colombia • Centro de Formación y Empoderamiento de La Mujer Ambulua • Ciudadanas Autónomas • Colectivo de Abogadas de Cartagena • Colectivo de Expresión Juvenil Kirius • Colectivo Popular Música y Resistencia • Colectivo Rebeldía Diversa • Colectivo Suamena Boyacá • Comisión Claretiana de Justicia, Paz e Integridad de la Creación Colombia Ecuador • Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer - Cladem • Comité Sindical Clasista del Corredor Minero Cesar La Guajira Magdalena Atlántico • Comités de Obreros y Trabajadores Ignacio Torres Giraldo • Corporación Arazá por la Justicia Social y Ambiental • Corporacion Ceeniug • Corporación Claretiana Norman Pérez Bello • Corporación Colectivo de Derechos Humanos Tierra de Todos • Corporación de Derechos Humanos Guasimí, Nariño • Corporación de Mujeres Cordobesas • Corporación Escuela Sindical y Popular Ignacio Torres Giraldo • Corporación para la Educación y Autogestión Ciudadana CEAC Barranquilla • Corporación por el Desarrollo, la Paz y la Protección Ambiental - Codepam • Corriente Nacional Nuevos Maestros por la Educación • Escuela Mario González • Escuela Popular Akana Warmi Qhispicay • Federación Universitaria Nacional FUN - Comisiones • Fundación Aguanile • Fundación Casa de la Mujer Valledupar • Fundación Escuela del Saber • Fundación ExplorArte • Fundación Familias Unidas • Fundación IriArtes • Fundación para la Comunicación y el Desarrollo Social - Fedesol • Fundación Surcos • Fundación Vida Digna, Buenaventura • Generación Terranova • Grupo Derecho y Política Ambiental, Universidad Nacional de Colombia • Grupo Ecuménico de Mujeres Constructoras de Paz - Gempaz • Grupo Guillermo Fergusson • Grupo Raíces, Irlanda • Huellas Africanas • Iglesia Apostólica Guadalupana • Mesa Ecuménica por la Paz • Minga Urbana Bakatá • Organización de Autoridades Indígenas Wayúu Araurayú • Organización de Autoridades Indígenas Wayúu Painwashi • Organización de Mujeres Olla Comunitaria de Montería • Organización de Mujeres del Suroriente de Montería • Organización Juvenil Rastros • Organización Toumain • Red Caribe por la Paz • Red de Mujeres Afrolatinas, Afrocaribes y de la Diáspora capítulo Colombia • Red de Mujeres del Caribe Colombiano • Red ¡Párala Ya! Nada Justifica la Violencia contra las Mujeres Valledupar • Red Rojo y Violeta • Revista Viento del Sur • Servicio de Paz y Justicia en América Latina • Sindicato de Trabajadores de Uniminuto - Sintrauniminuto Sintraime seccional Soledad (Atlántico) • Sintramienergética Seccional Codazzi (Cesar) • Unión Sindical de Trabajadoras de los Hogares de Bienestar - Ustrahbin Córdoba • Wayuumunsurat Mujeres Tejiendo Paz.

Publicado enColombia