Lunes, 25 Mayo 2020 06:46

¿Pasarán?

Partidarios del presidente estadunidense, Donald Trump, asistieron ayer al desfile de barcos Make America Great Again, en el lujoso e histórico barrio de la batería, en el centro de Charleston, Carolina del Sur. Por increíble que parezca, algunos consideran que pese al mal manejo de la pandemia del coronavirus, el magnate tiene grandes posibilidades de relegirse en noviembre.Foto Afp

En una plática entre amigos alguien pregunta: ¿ganará Trump a pesar de casi 100 mil muertos y cerca de 40 millones de desempleados por su manejo de la pandemia?, y por ahora nadie duda que increíblemente es posible, pero aún más increíble es que no se puede descartar que interrumpa y hasta anule el supuestamente sagrado proceso electoral estadunidense.

A los que piensan que es exagerado pensar que Trump podría tratar de cuestionar y hasta intentar sabotear el proceso electoral, sólo tiene que recordar que lo ha hecho desde que ganó; ha insistido, sin ninguna prueba, en que un fraude masivo fue lo que lo privó de una mayoría en el voto popular en 2016. Más recientemente ha amenazado a dos gobiernos estatales encabezados por demócratas por el gran delito de enviar solicitudes para votar por boleta vía correo en las elecciones generales de noviembre, como parte de preparativos de un voto durante una pandemia, pero que él acusó de ser "ilegal" y parte de un "escenario de fraude electoral". Esto es parte de una gama de esfuerzos no tan secreto para suprimir el voto, algo que favorece a los republicanos.

A finales de la semana pasada, al visitar una fábrica automotriz de Ford, Trump hizo un comentario raro, y por lo tanto, difícil de hacer sin un propósito consciente: “la empresa fundada por un hombre llamado Henry Ford… buenas líneas sanguíneas, buenas líneas sanguíneas. Si uno cree en esas cosas, uno consigue buena sangre”. Una organización judía progresista denunció las declaraciones: “Ford fue un simpatizante nazi, escribió El judío internacional, el problema principal del mundo… Y Hitler dijo que Ford era una ‘inspiración’ y le otorgó la condecoración nazi más alta para extranjeros”, y acusó que las palabras de Trump fueron un mensaje bien recibido por antisemitas y nacionalistas blancos en este país. No es la primera vez.

Vale recordar que hace un par de semanas Trump elogió y hasta incitó a grupos ultraderechistas, algunos armados, a manifestarse en los capitolios de un par de estados con gobernadores demócratas contra las medidas de mitigación de la pandemia, las cuales denunciaban como atropellos del gobierno de sus "libertades". Trump los califico de "gente buena", a pesar de que algunos llevaban símbolos racistas y hasta fascistas, incluyendo esvásticas.

A la vez, algunos legisladores están preocupados y han solicitado mayor información sobre poderes de emergencia secretos (existen unos 60) que pueden ser empleados por el Ejecutivo después de declarar una emergencia nacional; lo cual hizo el presidente a mediados de marzo. Trump, en algunos comentarios, ha nutrido esa preocupación: "Tengo el derecho de hacer muchas cosas que la gente ni sabe", comentó en marzo, y más recientemente proclamó, erróneamente, que como presidente tenía "autoridad total" sobre gobernadores respecto de las órdenes para reabrir la economía. Tampoco son las primeras veces que ha hecho ese tipo de comentarios en sus más de tres años en la Casa Blanca.

Por otro lado, el yerno de Trump, Jared Kushner, comentó en días recientes a la revista Time que no podría descartar la posibilidad de que se postergue la elección federal.

A la vez, se continúa intensificando la retórica oficial antichina, ampliando el abanico de discriminación y odio racial más allá de los latinos ahora a los asiáticos, y a la vez las medidas antimigrantes impulsadas bajo la falsa justificación de salud pública –incluyendo anular el derecho al asilo y protecciones para menores de edad– se están extendiendo, todo alentando la xenofobia que ha caracterizado este régimen.

Aunque algunos argumentan que la especulación sobre una ruptura fundamental con las reglas del juego democrático están teñidas con demasiada paranoia, la historia está repleta de lecciones parecidas. Pensar que no podría pasar aquí es tal vez lo más peligroso.

Y si eso o algo parecido ocurre, la siguiente pregunta es: ¿pasarán? Esa consigna de la guerra civil española otra vez está en el aire, pero ahora en inglés estadunidense.

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 Foto ▲ "En el país más rico del mundo, los ciudadanos originarios aún son marginados", denunció Jonathan Nez, presidente de la nación navajo (en imagen de hace unos días), una de las regiones más afectadas por la pandemia del coronavirus, ya que no cuenta con instalaciones médicas para cuidados intensivos.Foto Afp

Nueva York. Los multimillonarios estadunidenses incrementaron sus fortunas por 434 mil millones de dólares durante la cuarentena parcial nacional entre mediados de marzo y mediados de mayo, según un nuevo informe. Al mismo tiempo, 38.6 millones de trabajadores perdieron su empleo, el nivel de insuficiencia alimentaria se incrementó y Doctores sin Fronteras desplegó, por primera vez en su historia, un equipo de emergencia al país más rico del mundo.

Según el nuevo informe del Institute for Policy Studies y Americans for Tax Fairness, el valor neto de los poco más de 600 multimillonarios estadunidenses se incrementó en 15 por ciento en ese plazo, llegando a un total de 3.382 billones de dólares, con los cinco multimillonarios más ricos: Jeff Bezos, de Amazon; Bill Gates, de Microsoft; Mark Zuckerberg, de Facebook; Warren Buffett y Larry Ellison con los mayores incrementos ( https://ips-dc.org/us-billionaire-wealth-surges-434-billion-as-unemployment-filers-top-38-million/ ).

Aunque el virus no discrimina entre clases y fronteras, sus efectos tanto de salud como económicos se padecen de manera muy diferente entre los ricos y todos los demás.

El desempleo como resultado del manejo político de la pandemia ha devastado a todos los sectores de la economía, pero los más afectados son los que están en las situaciones más precarias, entre ellos jornaleros, trabajadores de restaurantes, hoteles y otros servicios; sectores donde se concentra la mano de obra inmigrante. En los sitios de trabajo, algunos propiedad de los multimillonarios, trabajadores denuncian falta de equipo de protección y medidas sanitarias, y son amenazados si protestan, y más si se atreven a buscar la sindicalización.

En Nueva Orleans, donde trabajadores de recolección de basura están en su tercera semana de huelga en demanda de equipo de protección personal y pago extra por trabajo peligroso, la empresa que provee ese servicio a la ciudad contrató a reos como esquiroles, a quienes se les paga menos del salario mínimo.

A la vez, aun en medio de una crisis de salud pública, la llamada "industria de salud" no ha sido inmune a la crisis económica: más de 1.4 millones han perdido su empleo en ese sector.

Al mismo tiempo, Médicos sin Fronteras, por primera vez en la historia de la organización, está enviando equipos de emergencia al país más rico del mundo. Un equipo está en Immokalee, Florida, centro de la industria agraria y donde la Coalicion de Trabajadores de Immokalee busca proteger a los jornaleros en uno de los focos rurales más graves de la pandemia. Otro equipo de doctores se dirige a la nación navajo, de más de 170 mil habitantes, en el suroeste de Estados Unidos, donde el nivel de contagio per cápita es tal vez ahora el mayor del país.

La reservación, que ocupa partes de Arizona, Nuevo México y Utah, sólo cuenta con unos pocos doctores y no tiene instalaciones para casos que requieren de cuidado intensivo. “Aquí mismo, en medio del país más poderoso… los ciudadanos originarios siguen siendo marginados”, comentó Jonathan Nez, presidente de la Nación Navajo, en entrevista para CNN.

"La verdad horrorosa es que los americanos nativos, latinos y afroestadunidenses se están muriendo a tasas muchos más altas que los blancos", señala el analista académico y ex secretario de Trabajo Robert Reich. Explicó que eso tiene que ver con una larga historia de discriminación y desigualdad económica que incluye negar el acceso a servicios de salud y empleos con salarios dignos, incluyendo ahora a los llamados trabajadores "esenciales" que arriesgan sus vidas por ir a trabajar, gran parte de los cuales son de minorías raciales. "Todos estamos enfrentando la misma tormenta, pero no todos estamos en el mismo barco. La desigualdad económica en Estados Unidos ha producido dos pandemias muy diferentes: en una, los multimillonarios se están aislando en sus yates en el Caribe, y las familias ricas pueden pasar la cuarentena en mansiones multimillonarias. En el otro barco está la gente que arriesga su vida por su empleo y personas sin ingresos que están pasando hambre", escribió.

El senador Bernie Sanders comentó que "una nación no es sostenible cuando tan pocos tienen tanto mientras tantos tienen tan poco".

Partidarios del presidente estadunidense, Donald Trump, asistieron ayer al desfile de barcos Make America Great Again, en el lujoso e histórico barrio de la batería, en el centro de Charleston, Carolina del Sur. Por increíble que parezca, algunos consideran que pese al mal manejo de la pandemia del coronavirus, el magnate tiene grandes posibilidades de relegirse en noviembre.Foto Afp

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La policía lanzó gases lacrimógenos en un distrito comercial en el momento que miles de personas se agrupaban en las calles para manifestarse contra una legislación de seguridad propuesta por China para la ciudad. Opositores la han rechazado porque prohibiría la actividad secesionista. Argumentan que la iniciativa va contra el concepto de un país, dos sistemas. Foto Afp. Agencias

Hong Kong. La policía de Hong Kong lanzó ayer gas lacrimógeno en un popular distrito comercial, cuando miles de personas tomaban las calles para marchar contra una nueva ley de seguridad propuesta por China para la ciudad.

El canciller chino, Wang Yi, aseguró a la población de Hong Kong que dicha ley no afectará sus derechos e irá destinada a restringir la "excesiva injerencia extranjera".

Los opositores rechazan la propuesta porque consideran que prohibiría la actividad secesionista y subversiva, así como las interferencias extranjeras y el terrorismo en el territorio semiautónomo.

Alegan que la iniciativa va contra del concepto de "un país, dos sistemas", que prometía a la ciudad libertades que no se aplican en el territorio continental chino.

Grupos de manifestantes vestidos de negro se reunieron en Causeway Bay, popular distrito comercial, para protestar contra el proyecto presentado el viernes pasado al grito de: "liberen a Hong Kong".

El secretario estadunidense de Estado, Mike Pompeo, describió la propuesta como "una sentencia de muerte para el alto grado de autonomía" que Pekín prometió a Hong Kong.

Bernard Chan, importante legislador de Hong Kong y delegado del Congreso Popular Nacional en Pekin, defendió la norma de seguridad nacional, al afirmar que estaba escrita en la Ley Básica de Hong Kong, que funciona como la miniconstitución de la ciudad, pero nunca había entrado en vigor

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Complicado que naciones en vías de desarrollo puedan imitar las estrategias económicas de Alemania. En la imagen la canciller alemana, Angela Merkel.Foto Ap

Der Spiegel (DS), faro y foro de los globalistas y noratlantistas en Alemania asiente: “el inicio de la globalización (https://bit.ly/3bWGg9z)”, que no es ningún "inicio" cuando lo detectamos tanto un servidor desde hace 14 años (https://bit.ly/3eevNI5) como el connotado profesor universitario francés Jacques Sapir hace nueve años (https://amzn.to/2zsHeNo).

DS se concentra en los "productores industriales de máquinas", que son grandes contribuyentes a la fenomenal economía alemana, quienes "han empezado a cambiar sus prioridades para convertir la cadena de abasto lo más segura (sic) posible, en lugar de buscar su bajo costo".

DS comenta que las aerolíneas "luchan por su supervivencia" y "varias de ellas han recurrido a rescates del sector público (sic)" cuando en el "futuro previsible", el Estado (¡mega-sic!) será el salvador (sic) de última instancia para varias empresas”, ya que "sólo posee los medios suficientes a su disposición para combatir la pandemia, minimizar sus consecuencias económicas e impulsar a todas las industrias".

¿De cuándo acá cesó el tan vilipendiado Estado, en la aciaga etapa neoliberal global, de "rescatar" a sus componentes, muchas veces en detrimento del bienestar de la mayoría de la población?

DS admite que el "Estado en Alemania provee ayuda de emergencia, empréstitos baratos y estímulo económico" y también "se asegura que el salario mínimo sea incrementado en forma significativa para los trabajadores de cuidados en las casas de retiro".

Cabe señalar que lo que es plausiblemente aplicable en Alemania –una superpotencia geoeconómica regional de alcance global (https://bit.ly/2TvPuD6), con una pirámide demográfica que ostenta un promedio de edad cercana a 48 años, con un posicionamiento geotecnológico de primer orden y un alto nivel educativo– no puede ser imitado banalmente en países asincrónicamente en vías de desarrollo, en su mayor parte endeudados hasta la médula y con pirámides demográficas de desempleo juvenil no pocas veces analfabeta.

Entre los cambios dramáticos se vislumbran la división del trabajo, deudas pantagruélicas que limitarán la "flexibilidad tanto de las naciones como de las empresas en los años por venir" cuando la "tecnología será su característica prominente".

Un punto importante que toca DS es una "globalización digitálica", poco abordada, que se refiere al intercambio de bienes virtuales (sic) cuando la "digitalización" contempla un "amplio potencial para la industria alemana".

A mi juicio, ya antes se vislumbraba la balcanización de la "globalización digitálica", donde, en el mundo "Occidental (Whateverthatmeans)", los gigantes de Silicon Valley –el GAFAT:Google/Amazon/Facebook/ Apple/Twitter, además de Microsoft y Netflix– la habían monopolizado, en detrimento de sus "aliados" de la Unión Europea, no se diga ahora con la fractura digitálica por la guerra de Trump contra el 5G de Huawei (https://bit.ly/2ZwBpZW).

DS diluye su embriagante vino cibernético y admite los "peligros significativos" por los ataques al ciberespacio y a la infraestructura digitálica que pueden ser el equivalente a una "pandemia virtual (sic)", cuyas consecuencias serían peores que las del Covid-19: hogares sin electricidad, oficinas sin conexiones de Internet, bancos impotentes para desempeñar transacciones, que constituirían un “cierre total (https://bit.ly/2ZxuGPI)”.

DS es vulgarmente economicista y descuida la multidimensionalidad, que abarca(rá) la grave crisis de la "salud pública global", que resalta su desdén a la perturbada salud mental individual/familiar/colectiva que exacerba la mal planeada y discriminativa cuarentena.

DS sentencia que la "distancia social (sic)" continuará guiando las interacciones personales. Pasa por alto que el distanciamiento ya se había instalado con la era digitálica, cuya sobreinformación de la postverdad ha llevado al auge paradójico de la desinformación.

En forma suicida, a los vasallos plutócratas de la periferia subyugada por la caduca globalización financieristano les conviene enterarse de los imparables nuevos tiempos.

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Aporrea

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El Tratado de Cielos Abiertos es el tercer convenio internacional de defensa del cual el presidente Donald Trump decide retirar a Estados Unidos. En la imagen, el magnate regresa a la Casa Blanca después de pasar el día en su club de golf de Virginia.Foto Afp

Washington. El gobierno de Donald Trump se ha planteado la posibilidad de realizar la primera prueba nuclear de Estados Unidos desde 1992, como una advertencia a Rusia y China, informó el viernes el Washington Post, lo que supondría una ruptura de la política de defensa seguida por el país.

Según el diario estadunidense, que cita a un alto funcionario del gobierno y a dos ex funcionarios, todos bajo condición de anonimato, la discusión de esa posibilidad tuvo lugar durante una reunión el 15 de mayo; luego de que funcionarios estadunidenses aseguraron que Rusia y China están haciendo ensayos nucleares.

Moscú y Pekín lo negaron, y Washington no ha aportado pruebas de sus afirmaciones.

Para la fuente del Washington Post, demostrar que Estados Unidos es capaz de realizar una prueba rápidamente sería una táctica de negociación útil en un momento en que Washington está tratando de concluir un acuerdo tripartito con Rusia y China sobre armas nucleares.

La reunión terminó sin una decisión y las fuentes divergen sobre el futuro de las discusiones.

Beatrice Fihn, de la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN), el grupo que ganó el Premio Nobel de la Paz en 2017, advirtió que una prueba nuclear de Estados Unidos podría “sumergirnos en una nueva guerra fría”.

También desmontaría cualquier posibilidad de evitar una nueva y peligrosa carrera armamentista nuclear. Terminaría por socavar el marco global para el control de armas, dijo en un comunicado.

Esta información del Washington Post se publicó después de que Trump anunció su intención retirar a su país del Tratado de Cielos Abiertos, tras acusar a Rusia de violarlo.

El tratado, que entró en vigencia en 2002, autoriza a los países signatarios a realizar vuelos de observación sobre los territorios de otros estados para verificar movimientos militares.

Es el tercer acuerdo internacional de defensa del cual el presidente Trump decide retirar a Estados Unidos, después del pacto sobre el programa nuclear iraní, denunciado en 2018, y el tratado INF sobre misiles terrestres de mediano alcance, abandonado en 2019.

Complicado que naciones en vías de desarrollo puedan imitar las estrategias económicas de Alemania. En la imagen la canciller alemana, Angela Merkel.Foto Ap

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Sábado, 23 Mayo 2020 06:41

La amenaza tecnototalitaria

La amenaza tecnototalitaria

La conectividad digital no es algo nuevo, pero, desde el inicio de la pandemia del Covid-19, se ha instalado en la cotidianidad de nuestras vidas físicamente distanciadas y de nuestros trabajos en la Red. Cada vez estamos más interconectados al tiempo que más aislados socialmente.

El tecnototalitarismo, entendido como el control total de las vidas privadas por la tecnología, tampoco es nuevo. Desde la Segunda Guerra Mundial se han ido perfeccionando técnicas de interceptación de informaciones y de control de las comunicaciones electrónicas en aras de la Seguridad Nacional. Más recientemente, los análisis de los Big Data han acaparado la atención y la denuncia sobre la invasión de los poderes políticos y del mercado en nuestra privacidad. Se ha abierto un debate sobre la legitimidad de la utilización de nuestros datos en las estrategias futuras de control social para la configuración de los vínculos sociales. De igual manera, las denominadas fake news no son solo un producto de las redes sociales, porque siempre hubo mentiras y bulos en la época de la prensa en papel, pero ahora se han intensificado. La crisis pandémica ha acelerado también algo que ya estaba ahí, es decir, la digitalización e incluso la robotización de muchos puestos de trabajo, con cambios profundos en la estructuración social.

Pero lo novedoso en este momento está en la ontologización que se está haciendo de las nuevas tecnologías y de la inteligencia artificial, en su consideración como un nuevo actor político y social con capacidad para incidir en la realidad. Se abre, a su vez, un debate acerca de las acciones que pueden ser justificadas como necesarias y las injustificables por violar derechos y libertades. Asistimos a un renovado debate en torno a las utopías o las distopias digitales, centrado en si el trabajo en red (especialmente, en el ámbito sanitario, educativo, …) y la utilización de las tecnologías avanzadas de vigilancia son o no los únicos que pueden salvar nuestras vidas en posibles pandemias futuras.

El error, a mi juicio, está en considerar las tecnologías como un sujeto en sí mismo, bueno o malo, amigo (tecnofilia) o enemigo (tecnofobia), olvidando que en realidad son un instrumento o un medio de comunicación y de interconexión. Es cierto que nos observan, pero también observamos. También es cierto que las grandes empresas tecnológicas no han sabido o no han podido predecir la actual pandemia y sus consecuencias sanitarias y económicas.

Una cosa es constatar los cambios tecnológicos acaecidos en las últimas décadas, que han conducido a una compresión del tiempo y el espacio como nunca antes se dio, y otra muy distinta es asumir determinadas prescripciones ideológicas (por ejemplo, la desregulación financiera o la laboral, la vigilancia de alta tecnología…) como si fueran una consecuencia ineludible de un determinismo tecnológico o mecanicista. Precisamente son esas prescripciones ideológicas las que nos abocan a un totalitarismo, pero no simplemente tecnológico, sino también financiero, capitalista o del mercado.

En realidad, el denominado tecnototalitarismo responde a la construcción ideológica y al proyecto financiero, empresarial y comercialmente diseñado por las grandes corporaciones tecnológicas globales, que ha permitido, por ejemplo, la racionalización a escala global de las crecientes desigualdades socioeconómicas, de etnia o de género como hechos inevitables.

Estamos ante una nueva ficción universal y universalizable, que intenta imponer una ideología pantecnológica impulsada por las grandes empresas tecnológicas, al servicio de intereses privados sin límites ni controles, y que sitúa a las sociedades del siglo XXI en un déficit democrático difícil de superar.  Este triunfo de la razón tecnológica implica una inversión ideológica que nos lleva a creer que vivimos en un tecnototalitarismo, contra cuya fuerza compulsiva no podemos hacer nada, aunque se vean afectados nuestros derechos fundamentales, libertades públicas y privacidad individual, y aunque pongamos en riesgo las estructuras democráticas liberales de las sociedades del siglo XXI.

Por María José Fariñas Dulce

Profesora de Filosofía del Derecho. Universidad Carlos III de Madrid

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EU abandona el Tratado de Cielos Abiertos; Rusia no lo respeta: Trump

El pacto permite verificar los movimientos militares de 34 estados firmantes por medio de sobrevuelos

 

Washington. El presidente Donald Trump anunció ayer que Estados Unidos se retirará del Tratado de Cielos Abiertos, que permite a unas 30 naciones verificar los movimientos militares de los estados firmantes, tras acusar a Rusia de violar el pacto.

Este es el tercer acuerdo de control de armas del que Trump decide retirar a su país desde que está en el gobierno. Ya abandonó el acuerdo internacional sobre el programa nuclear de Irán y la denuncia del tratado INF sobre misiles terrestres de mediano alcance.

"Rusia no respetó el tratado", denunció Trump en una rueda de prensa en la Casa Blanca.

"Mientras ellos no lo respeten, nosotros nos vamos a retirar", afirmó el mandatario, confirmando así una información adelantada por el New York Times.

El Tratado de Cielos Abiertos permite que los 34 países firmantes sobrevuelen sus territorios respectivos, tomar fotografías de las instalaciones y actividades militares y recabar información.

La idea es que, cuanto más se conozcan las potencias rivales, menos posibilidades habrá de que se enfrenten en una guerra. Pero las partes también usan los vuelos para examinar las vulnerabilidades de su oponente.

Estados Unidos ha señalado varias veces a Rusia por violar este tratado. El secretario estadunidense de Defensa, Mike Esper, aseguró a principios de marzo en una comparecencia ante el Congreso que "hace años que los rusos hacen trampa".

Tras el anuncio del retiro de Estados Unidos del pacto que tenía además una treintena de países miembros, Rusia denunció un golpe a la seguridad europea.

El ex presidente estadunidense Dwight Eisenhower fue el primero en proponer que Estados Unidos y la entonces Unión Soviética permitieran vuelos de reconocimiento aéreo en sus respectivos territorios, en julio de 1955. Moscú rechazó la idea, pero el ex presidente George W. Bush volvió a proponerla en mayo de 1989 y el tratado entró en vigor en enero de 2002. Hasta el momento lo han firmado 34 naciones.

Se han realizado más de mil 500 vuelos dentro de este pacto, que busca fomentar la transparencia de las actividades militares y ayudar a vigilar el control de armamentos. Cada país firmante acepta abrir todo su territorio a los vuelos de vigilancia, pero Rusia los ha restringido en ciertas zonas.

El mes pasado, legisladores demócratas de los comités de Exteriores y Fuerzas Armadas de las dos cámaras acusaron al presidente de "forzar" el retiro del tratado en momentos que el mundo entero lucha contra el Covid-19. Dijeron que socavaría las alianzas con socios europeos que utilizan el tratado para obligar a Rusia a rendir cuentas de sus actividades militares en la región.

"El intento del gobierno de efectuar un cambio importante en nuestras medidas de seguridad nacional en medio de una crisis de salud global no sólo es miope, sino también absurdo", escribieron los legisladores Adam Smith y Eliot Engel y los senadores Jack Reed y Bob Menendez.

El ministro de Asuntos Exteriores de Alemania, Heiko Maas, lamentó el anuncio estadunidense y señaló que "este tratado representa parte importante de la arquitectura europea de control de armas".

Agregó que en los últimos años Rusia ha tenido "dificultades para implementar el tratado"; sin embargo, "ello no es una excusa para abandonarlo".

Maas explicó que la decisión de Trump entrará en vigor dentro de seis meses, y "durante este tiempo trataremos de que la administración estadunidense reflexione".

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Viernes, 22 Mayo 2020 06:42

El capitalismo como pandemia

El capitalismo como pandemia

¿Es posible encontrar similitudes entre el virus del Capital y el COVID-19? Y, de ser así, ¿hay una estrategia compartida de lucha frente a ambos virus?

A la memoria de Julio Anguita

 

Estos tiempos de excepcionalidad han visto florecer las metáforas que pretendían aproximarnos a la comprensión de un suceso que ha venido a alterar nuestras vidas y nuestros horizontes de un modo inesperado. Enfrentados a lo imprevisto e inusitado, nos hemos visto abocados, con mayor o menor éxito, a leer a marchas forzadas un presente intempestivo, actualización de muchas de esas distopías virtuales que pueblan nuestra literatura o nuestro cine. En estas páginas siempre hemos defendido la imaginación como única potencia materialista capaz de ayudarnos a construir un futuro que, como indica en algunos de sus textos Marina Garcés con acierto, nos había sido robado pero que, de repente, se presenta ante nuestros ojos como una urgencia inmediata. Pues si nuestro presente resulta incierto, qué decir del porvenir por venir. Y si el futuro parecía obturado por un presente neoliberal que actuaba como agujero negro de toda esperanza, ahora, sin embargo, en estos tiempos de pánico, como también señala con acierto en un reciente artículo Jorge León Casero, se abre la posibilidad de pensar una salida a esta crisis que no suponga una quizá ya impensable vuelta al pasado. Deleuze nos dice que pensamos siempre obligados y, en ese sentido, las constricciones del presente resultan extremadamente evidentes.

 

El capitalismo como pandemia

 

Pero volvamos por un momento al terreno de las metáforas para intentar entender, una vez más, los mecanismos, múltiples, diversificados históricamente, del capitalismo. Las semejanzas y diferencias de las estrategias del Capital con los modos de comportamiento de un virus de alta capacidad de contagio y efectos letales como es el COVID-19 (ya saben ustedes, «d» de diciembre y 19 porque el primer infectado en China declaró haber leído ese número de veces el Libro rojo de Mao como, ineficaz a todas luces, estrategia terapéutica), no deja de ser una imagen que nos permite pensar que, acaso, las maneras de hacerles frente, a ambas pandemias, pudieran tener puntos en común.

Entre las evidentes semejanzas, el carácter desterritorializado de ambos virus, su carácter global, el desconocimiento del sentido de la palabra frontera. Capital y virus aprovechan con enorme eficacia los espacios lisos de la comunicación, los caminos que establecen nexos entre lugares lejanos del planeta, para deslizarse por su superficie e infectar todo cuanto sale a su paso. Por ello, las respuestas locales, nacionales, son de una eficacia muy limitada, pues, además de ser incapaces de sellar por completo un territorio, siempre se hallan a expensas de lo que suceda a su alrededor. En el caso del COVID-19, hemos echado en falta, frente a un virus global, la existencia de mecanismos globales que permitieran la toma de decisiones a la misma escala que actúa el virus. En el caso del capitalismo, Marx y Engels lo sintetizaron en una frase que devino lema: “Trabajadores de todos los países, uníos”, en un llamamiento a la internacionalización de las luchas como única estrategia para enfrentar a un capitalismo que no tiene otra patria que su beneficio. Una pequeña conclusión se extrae de esto: la necesidad, tanto en un caso como en el otro, de articular mecanismos globales de respuesta.

La virtud del COVID-19 es que ha puesto de manifiesto un hecho que las luchas políticas de la izquierda, de modo paradójico, venían reclamando desde tiempos lejanos pero para lo que nunca se estableció un programa político eficaz. Las internacionales no dejaron de ser, al menos avanzado el siglo XX, meros artefactos formales de muy escaso contenido político. Si la actual pandemia está obligando a pensar a los mayores detractores de la existencia de mecanismos políticos de carácter global en la necesidad de su existencia; si parece estar propiciando el que esa idea de «gobierno» mundial, presente en el discurso filosófico desde la antigüedad y reactivada por la Ilustración, adquiera esa dimensión «afectante», por decirlo al modo de Lordon, de la que hasta ahora había carecido; si algo que forma parte del ADN de la izquierda parece tener posibilidad de convertirse en agenda política y preocupación social, es el momento de volcar los esfuerzos en pensar formas de organización y prácticas globales que subrayen la importancia de lo común.

Un segundo elemento de coincidencia entre ambos virus es su enorme capacidad de contagio y los efectos letales que provocan para la vida. Es enormemente significativo que una palabra como «viral» venga asociada, cada vez más, a dinámicas que se desarrollan dentro del que es el instrumento fundamental de difusión del Capital en las sociedades contemporáneas: la tecnología de la información. En efecto, las dinámicas virales en la comunicación han acentuado aquello que define la enorme eficacia del capitalismo contemporáneo: su capacidad de construcción de subjetividad, de infectar con el virus del neoliberalismo a toda forma de vida humana. Con la diferencia de que, lejos de buscar formas de protección y medidas de profilaxis, las subjetividades contemporáneas se exponen alegremente, es uno de los más terribles efectos del virus, a las dinámicas de contagio.

Semejanza en la eficacia del contagio, pero diferencia en las actitudes frente al mismo. Merece la pena subrayar esta cuestión que, desde los orígenes del virus del Capital, marca un rasgo específico. Sabemos que una de las claves en la lucha contra el COVID-19 radica en la consecución de una inmunidad grupal que convirtiera a las sociedades, como colectivo, en geografías menos expuestas al virus. Por el contrario, el capitalismo nace intentando quebrar una importante inmunidad grupal que acompañaba a las sociedades de la Modernidad temprana. En efecto, dichas sociedades se asentaban, tanto en sus prácticas económicas como culturales, en potentes formas del común que se mostraban enormemente resistentes y reticentes al propietarismo individualista que el capitalismo se empeña en imponer. Con una extremada violencia, por otro lado. El virus del Capital provoca en la Europa moderna una extrema mortalidad, bajo la forma bien de hambrunas, bien de persecuciones, que acompaña su expansión territorial. Desde Marx a Federici se ha puesto de manifiesto cómo la acumulación originaria se produce violentando economías y saberes del común que entorpecían la labor disciplinante y rapaz del capital. Es la “economía moral de la multitud”, de la que habló Thompson. Las leyes de pobres inglesas de los siglos XVI en adelante provocaron decenas de miles de ejecuciones, solo 70.000 en tiempos de Enrique VIII, que sumieron en un estado de terror a las poblaciones expropiadas de sus medios de subsistencia. El éxodo a la ciudad y su disciplinamiento salarial permiten entender el despegue industrial de la Inglaterra de finales del XVIII.

Parece bastante evidente que la eficacia del capitalismo radica en su capacidad de destruir esas inmunidades de grupo, para lo que su virus no duda en mutar, haciéndose fordista o posfordista, según la ocasión, y así penetrar con mayor efectividad en colectivos con una especial capacidad de inmunidad. Como decía Baudrillard, el enemigo acaba instalándose en nuestro propio pensamiento. El virus de la temida subsunción real, la más potente de las mutaciones del virus del Capital, se encuentra siempre al acecho.

 

EN BUSCA DE UNA VACUNA: EL INTELECTO GENERAL COMO ECONOMÍA DEL COMÚN

 

Curiosamente, la pandemia del COVID-19 apunta en su posible solución vías y estrategias que pudieran ser también de utilidad en el diseño de un horizonte que fuera más allá de las prácticas de retorno, quizá ya imposible, a un pasado que ha cobijado en su seno el suelo fértil sobre el que ahora brota el virus. Inmunidad de grupo, vacuna y mecanismos globales de alerta y coordinación ante otras posibles pandemias parecen ser tres mecanismos inexcusables para hacer frente a esta y otras futuras pandemias. Mecanismos que también resultan imprescindibles para enfrentar la pandemia capitalista en su forma neoliberal.

Ya hemos señalado en alguna ocasión la pulsión suicida que caracteriza al neoliberalismo, cómo esta cepa específica del virus capitalista desprecia cualquier previsión de futuro y se caracteriza por un goce inmediato del presente. De quienes pueden gozarlo, claro. Su dimensión tremendamente letal exige la implementación inmediata de medidas profilácticas que eviten nuestra desaparición como especie, lo que denomino el conatus de la multitud. Los graves problemas que aquejan a la humanidad no pueden abordarse desde una perspectiva local, exigen, como hemos señalado más arriba, políticas coordinadas de ámbito global, por lo que los sectores críticos con el actual estado de cosas deben imaginar formas de cooperación política que desborden los marcos nacionales y que se empeñen en el diseño de una política del común. La actual coyuntura, que hace visible esa necesidad en el ámbito sanitario, debiera servir de palanca para extender dichas prácticas al ámbito de lo político en general. Algo que, desde una perspectiva ideológica, siempre hemos sabido, puede pasar a formar parte, quizá, de un nuevo sentido común crítico.

El diseño de la política de lo común al que antes hacía referencia pasa, a mi modo de ver, por abordar una cuestión que Marx señalaba en los Grundrisse, la del Intelecto General. Recordemos que con dicho concepto Marx hace referencia a los saberes sociales que son vampirizados por el Capital en beneficio privado y cuyo uso debiera revertir, propone él, en beneficio colectivo. Ya hemos señalado cómo el Capital se ha construido sobre la apropiación violenta de lo común, ya fuera este material o inmaterial. El neoliberalismo ha profundizado esa dinámica, hasta el punto de que Laval y Dardot nos hablan, metafóricamente, de una segunda ola de cercamientos. La lucha contra el virus médico, la denodada búsqueda de una vacuna, pone de relieve la importancia de que ese saber médico sea un saber compartido, que la vacuna alcance al conjunto de la población, pues de no ser así, los efectos letales del virus afectarán a amplios sectores de la población mundial, evidentemente la menos favorecida. La situación subraya la necesidad de que el saber científico, en especial aquel del campo de la salud, adquiera un estatuto común y no sea monopolizado por una industria, la farmacéutica, carente de toda vocación social.

A mi modo de ver, el de Intelecto General es un concepto que adquiere una importancia singular en el diseño de una política del común y en la imaginación de un futuro alejado de las inercias de las prácticas del Capital. Pues en los saberes socializados puede encontrarse la clave, la vacuna, para ir recuperando esa inmunidad de grupo que el capitalismo se ha empeñado en destruir. Cuanto más efectivas se muestren las prácticas del común, no solo en la lucha contra el virus, sino contra los efectos económicos que de la situación de confinamiento se derivan y derivarán, más se podrá visibilizar el carácter imperativo de las mismas en la defensa de los intereses de la mayoría social. Lo que empieza a parecer evidente en el ámbito de la salud, que sin un potente sistema público sanitario la población se hallaría tremendamente expuesta en coyunturas como la actual, podría también visibilizarse en otros ámbitos, como el de la energía, los transportes, la alimentación. Y esas visibilidades generan, sin duda, procesos de subjetivación sobre los que construir un nuevo sentido común crítico, como reivindica Sousa Santos. La reconstrucción de la inmunidad de grupo frente a las tendencias individualizadoras, idiotas, del capitalismo, la producción de una economía moral de la multitud sobre la base de un espíritu de lo común, koinota, la construcción de subjetividad antagonista, en última instancia, son estrategias necesarias para las que, de manera paradójica, la crisis del COVID-19 ha allanado, en parte, el camino. Imaginar un porvenir en el que lo común se convierta en el horizonte de nuestras políticas es una necesidad visibilizada por la crisis sanitaria y económica de nuestro presente ante la que se alza la siniestra alternativa de un fascismo en alza. De ahí que haya que imaginar, pero imaginar rápido.

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China actualiza el “arte de la guerra” (híbrida)

¿Puede EEUU declarar la guerra a China si su industria está prácticamente en el suelo?

 

En 1999, Qiao Liang, entonces coronel de alto rango de la fuerza aérea del Ejército Popular de Liberación –y Wang Xiangsui, otro coronel de alto rango– causaron un tremendo alboroto con la publicación de «Unrestricted Warfare: El Plan Maestro de China para destruir a Estados Unidos». En realidad el libro «Guerra Sin Restricciones» era esencialmente un manual del Ejército de Liberación Popular para la guerra asimétrica: una actualización del Arte de la Guerra de Sun Tzu.

En el momento de la publicación original – con China todavía muy lejos de su actual influencia geopolítica y geoeconómica- el texto solo sostenía un esquema defensivo en materia militar, muy lejos del sensacionalista «destruir Estados Unidos» añadido al título por los editores norteamericanos en 2004.

Ahora Qiao Liang es director del Consejo de Investigación sobre Seguridad Nacional, y ha dado una reveladora entrevista a la revista Zijing (Bauhinia) con sede en Hong Kong.

El General Qiao no es un miembro del Politburó y sus opiniones no representa la política oficial, pero todos los analistas con los que hablé están de acuerdo en que los puntos más importantes de su entrevista constituyen el pensamiento de muchos dirigentes del Partido Comunista de China.

Revisemos algunas de la opiniones del General Qiao

 

Bailando con los lobos

 

El grueso de su análisis se concentra en las deficiencias de la industria estadounidense: «¿Cómo puede EE.UU pretender hacer una guerra contra la mayor potencia manufacturera del mundo cuando su propia industria está prácticamente en el suelo?»

Refiriéndose al Covid-19 y a los ventiladores mecánicos da un ejemplo: «De las más de 1.400 piezas necesarias para un ventilador, más de 1.100 deben ser producidas en China, incluyendo el montaje final. Ese es el problema de los EEUU. hoy en día. Tiene tecnología de punta, pero no tiene los métodos ni capacidad de producción. Así que tienen que confiar en la producción china».

El General Qiao descarta la posibilidad que Vietnam, Filipinas, Bangladesh, India y otras naciones asiáticas puedan reemplazar la mano de obra China: “¿Cuál de estos países tiene más trabajadores cualificados que China? ¿Qué país ha invertido tanto en recursos humanos como China en los últimos 30 años? ¿Qué país está educando a más de 100 millones de estudiantes de nivel universitario? La capacidad de toda esta gente altamente preparada está todavía lejos de ser utilizada para nuestro desarrollo económico».

“Es cierto, dice, que incluso en tiempos de epidemia y dificultades económicas el poder militar de los EEUU, es capaz de interferir directa o indirectamente en la cuestión del estrecho de Taiwán y bloquear o sancionar a China impidiendo su comercio con Occidente». En consecuencia, argumenta, es «bueno» que China se comprometa con la causa de la reunificación, «pero es malo si se hace en el momento equivocado. Sólo debemos actuar en el momento adecuado. No podemos permitir que nuestra generación cometa el pecado de interrumpir el proceso de renacimiento de nuestra nación”.

El General Qiao aconseja: «Aunque la soberanía territorial está ligada a los intereses fundamentales de una nación. Hay otros tipos de soberanía: la soberanía económica, financiera, alimentaria, de defensa, de recursos, biológica y cultural …y todas están vinculadas a la supervivencia de las naciones y son componentes de la soberanía nacional».

En el caso de la reunificación con Taiwán opina: «más allá de la guerra, hay que tener en cuenta otras opciones. Hay medios para actuar en la inmensa zona gris que hay entre la guerra y la paz. Incluso hay operaciones militares que no llevan a la guerra, pero que puedan implicar un uso moderado de la fuerza».

El General Qiao da un ejemplo gráfico, «si tenemos que bailar con lobos, no debemos bailar al ritmo de los EE.UU». Debemos tener nuestro propio ritmo, e intentar romper su ritmo, minimizar su influencia. Si el poder norteamericano está blandiendo el garrote, es porque ha caído en una trampa.»

En resumen, para el General Qiao, «China debe mostrar primero su determinación para resolver la cuestión de Taiwán, y luego aplicar la paciencia estratégica oriental, aunque: “partimos de la premisa es que debemos desarrollar nuestra capacidad estratégica para resolver la cuestión de Taiwán, incluso usando la fuerza en cualquier momento.»

 

China se saca los guantes

 

Considerando el análisis del General Qiao es casi indiscutible que Beijing responderá ojo por ojo a la guerra híbrida desarrollada por el gobierno de los Estados Unidos. Al parecer China se saca los guantes definitivamente.

Así que a efectos prácticos como respuesta a la ofensiva de Trump contra Huawei, el gobierno Chino apuntará a Apple, Qualcomm, Cisco y Boeing, incluyendo “la suspensión de hacer negocios en China». Beijing está dispuesto a responder firmeza las amenazas de Donald Trump.

Una matriz de racismo tóxico y de inveterado anticomunismo es responsable del sentimiento anti chino predominante en los Estados Unidos (que abarca al menos el 66% de toda la población) Aconsejado por Steve Bannon, el presidente Trump se apropio de este sentimiento para utilizarlo como el tema central de su campaña para la reelección.

El objetivo estratégico es ir tras China en todos los campos. El objetivo táctico es forjar un frente anti-China con todo Occidente: un antiguo cerco –pero al estilo de la moderna guerra híbrido– centrado en la guerra económica.

Esto implica una ofensiva concertada, para tratar de bloquear los mercados regionales a las empresas chinas, incluyendo los embargos. Ahora la congelación de los activos chinos en los EE.UU ya no es una propuesta descabellada.

Estados Unidos está dispuesto a atacar sistemáticamente cada posible ramificación de las Nuevas Rutas de la Seda –puertos, energía, interconexión digital, ruta de la seda de la salud-. Por tanto, aquellos que soñaban que el Covid-19 podría ser el pretexto ideal para una nueva Yalta –uniendo a Trump, Xi y Putin– pueden hacer descansar en paz sus ilusiones.

La «contención» se pondrá en marcha sin más. Un ejemplo claro son las declaraciones del Almirante Philip Davidson –jefe del Comando Indo-Pacífico- que acaba de exigir 20 mil millones de dólares para construir un «robusto cordón militar» desde California hasta Japón con «redes de ataque de precisión de alta supervivencia» y «fuerzas conjuntas rotatorias para contrarrestar la renovada amenaza que enfrentamos a lo largo y ancho de la cuenca del Pacífico”. El Almirante Davidson asevera que «si Estados Unidos no cuenta con una disuasión convencional válida y convincente, China y Rusia se pueden envalentonarse y afectar nuestros intereses en la región.».

 

Que pasará en el Congreso del Pueblo Chino

 

Desde el punto de vista de los analistas del Sur Global, la actual y peligrosa Nueva Guerra Fría, es básicamente una manifestación del progresivo fin de la hegemonía de occidente sobre el planeta.

Aún así, el hegemón norteamericano exige a decenas de naciones que se posesionen a su favor con el clásico «quien NO está con nosotros o está CONTRA nosotros».

En la sesión anual del Congreso Nacional del Pueblo, que comienza este viernes, veremos cómo China se ocupará de su máxima prioridad: la reorganización interna después de la pandemia.

Por primera vez en 35 años, Beijing se verá obligada a renunciar a parte de sus objetivos de crecimiento económico. Esto significa que el objetivo de duplicar la renta per cápita para 2020 -en comparación con 2010- se tendrá que aplazar.

Lo que debemos esperar es que se apruebe el énfasis en el gasto interno y en la estabilidad social – por encima de la lucha por convertirse en un líder mundial… aunque esto no implique pasar por alto este objetivo.

Después de todo, el Presidente Xi Jinping dejó claro que “China no practicará la lógica de las Grandes Farmacéuticas en el desarrollo y despliegue de la vacuna contra el Covid-19, cuando esté fármaco disponible». Al contrario “China convertirá la vacuna en un bien público mundial asegurando su acceso a los países en desarrollo”.

Internamente, Beijing impulsará las empresas estatales que son fuertes en la innovación y asunción de riesgos. Esto es muy importante porque China siempre ha desmentido las predicciones de los «expertos» occidentales. Por ejemplo, en Abril las exportaciones aumentaron un 3,5 % cuando los expertos preveían una disminución del 15,7 %. El superávit comercial fue de 45.300 millones de dólares, cuando los expertos pronosticaban sólo 6.300 millones.

Pekín parece identificar claramente que Occidente, especialmente los EEUU, se está sumergiendo en el territorio de una nueva Gran Depresión mientras la República Popular China está a punto de reavivar su crecimiento económico. El centro de gravedad del poder económico sigue moviéndose, inexorablemente, hacia Asia.

¿Guerra híbrida? Adelante.

Por Pepe Escobar | 22/05/2020

Fuente: https://observatoriocrisis.com/2020/05/20/china-actualiza-el-arte-de-la-guerra-hibrida/

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China amenazó con "represalias" si Estados Unidos le aplica sanciones por el coronavirus

Se tensa aún más la relación entre ambos países

 

La tensión entre Estados Unidos y China por la pandemia del coronavirus no cesa. El país asiático respondió con dureza a las amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, y advirtió que tomaría “medidas de represalia” si el Congreso estadounidense adopta sanciones contra Beijing por su responsabilidad en el brote de Covid-19 . La Cancillería de China arremetió además directamente contra el secretario de Estado de EEUU, Mike Pompeo, a quien tildó de "irresponsable" por no respetar el soberanía de China. 

“Estamos resueltamente opuestos a esos proyectos legislativos y adoptaremos una respuesta firme y medidas de represalia” si son adoptados, advirtió ante el vocero de la Asamblea Nacional Popular (parlamento chino), Zhang Yesui sobre las iniciativas presentadas por los senadores republicanos que responden a Trump. Puntualmente, el proyecto daría al mandatario la facultad de imponer sanciones a China si Beijing no proporciona un “informe completo” sobre la pandemia de COVID-19.

La semana pasada, Trump había llegado a amenazar incluso con "cortar la relación" económica con el país como castigo a Beijing por haber retenido información sobre la covid-19 , como sostiene el gobierno estadounidense. Esta semana, la relación se tensó aún más por el anuncio de Washington sobre una posible venta de armas a Taiwán, que China entendió como una afrenta a su soberanía.

"(Pompeo) ha jugado a la perfección el papel de un político extremadamente irresponsable, pero sus numerosas mentiras han llevado a la bancarrota su credibilidad en el mundo", afirmó el vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores, Zhao Lijian. Taiwán es un Estado con reconocimiento limitado al que China considera parte de su territorio y "una provincia rebelde".

El miércoles, Trump anunció que había aprobado otra venta de armas a la isla, un día después de que Pompeo felicitara a la líder de Taiwán, Tsai Ing-wen, por el comienzo de su segundo mandato refiriéndose a ella como la "presidenta de Taiwán", pasando por alto que la isla no es miembro de la ONU y que tiene relaciones sólo con 14 de los 193 países de Naciones Unidas.

"Solo hay una China en el mundo, y Taiwán es una parte inalienable del territorio chino", aseveró el vocero de la Cancillería al ser consultado por los dichos de Pompeo. Recordó que “Estados Unidos reconoce al gobierno de la República Popular China como el único gobierno legal de China" y señaló que el comentario de Pompeo "viola seriamente el principio de 'Una China', los tres comunicados conjuntos China-Estados Unidos y el compromiso del gobierno de los Estados Unidos".

"Han enviado una señal equivocada a las fuerzas separatistas de "independencia de Taiwán" y han socavado gravemente la paz y la estabilidad en todo el estrecho de Taiwán, así como las relaciones bilaterales entre China y Estados Unidos", alertó Zhao en un conferencia de prensa.

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