El ocaso de Bannon y el golpe al ‘movimiento’ de la extrema derecha populista

La imputación del exasesor de Trump por parte de la fiscalía de Nueva York llega el mismo día en que un juez federal neoyorkino denegara un recurso del presidente en el caso de su declaración de impuestos, que el mandatario se niega a hacer pública.

washington

21/08/2020 09:00

Manuel Ruiz Rico

@ManuelRuizRico

La detención ayer del ideólogo de la extrema derecha populista Steve Bannon, casi dos años exactos después de que Trump lo despidiera de asesor de la Casa Blanca, supone la confirmación definitiva del ocaso de su figura y un golpe a la línea de flotación de su proyecto ideológico, cuya fuerza legitimadora y capacidad de influir prácticamente sólo pende ya del hilo de la reelección o no del presidente norteamericano en las elecciones de noviembre. Bannon es el sexto hombre del entorno cercano de Trump en ser imputado por un tribunal federal o en entrar en la cárcel. 

Su arresto, además, se produjo el mismo día que otros dos acontecimientos que se conectan entre sí. Por un lado, ocurrió mientras se celebraba el último día de la Convención Demócrata en la que se ha nominado oficialmente a Joe Biden como candidato del partido a las elecciones, y que ayer aprovechó que el Pisuerga pasaba por Valladolid para denunciar que la administración de Trump es "la más corrupta de la historia"; por otra parte, fue también el día en que un juez federal de Nueva York denegó el recurso de Trump en el caso abierto sobre la declaración de impuestos que el presidente se niega a hacer pública. Que todo esto esté sucediendo en los tribunales neoyorkinos dista de ser una casualidad puesto que ésa es la ciudad de Donald Trump.

La operación contra Bannon, de 66 años, se produjo además dos meses exactos después de que el controvertido fiscal general William Barr despidiera al fiscal general de Nueva York, Geoffrey Berman, que llevaba meses investigando presuntos casos de corrupción del entorno del presidente, como el de Michael Cohen y del abogado personal del presidente, Rudolf Giuliani. La imputación de Bannon fue ejecutada precisamente por la sustituta de Berman en la fiscalía, Audrey Strauss.

La detención del ideólogo de Trump, que se produjo en su barco en las aguas de Connecticut, al norte de Nueva York, donde llevaba viviendo varios meses, reunió dos elementos muy significativos. Primero, según el escrito de la fiscal federal de Nueva York, Bannon está imputado junto a otros tres socios suyos, de dos delitos de fraude cibernético y de conspiración para el fraude, por lo que se enfrenta a una pena de hasta 40 años; una losa de plomo para su credibilidad, más teniendo en cuenta que ese fraude consistió, según el auto de imputación, en desviar dinero para su uso privado de la campaña para construir el muro con México.

El segundo elemento, éste de tipo más simbólico, es que Bannon fue detenido por… inspectores del Servio de Correos de Estados Unidos, justo la empresa pública que Trump quiere sabotear para impedir todo lo que pueda el voto por correo en las elecciones presidenciales. Según informó la cadena CBS, los inspectores del servicio postal tienen competencias en cuanto a los delitos de fraude online.

El efecto de un elemento y otro en la derecha norteamericana no se hizo esperar. El propio Trump no tardó en reaccionar ayer. En una comparecencia ante la prensa en la Casa Blanca, al ser preguntado por este asunto, criticó a Bannon y se deshizo de él, aunque esto lo hizo tras afirmar que se sentía "muy mal" y "triste" por la noticia. Sin embargo, acto seguido y tras asegurar no haber tenido contacto con él "en un período muy largo de tiempo", pasó a las críticas: "No me gusta ese proyecto [de recaudar fondos para construir el muro]. Creo que lo lanzaron para fardar. Es inapropiado financiar un muro fronterizo con fondos privados". Así despachó Trump el asunto Bannon.

No fue sólo Trump. La cadena ultraderechista Fox informó de la detención de Bannon y lo trató como el ídolo caído que ya es el otrora hombre más influyente de la administración Trump. El analista judicial de la cadena, el exjuez Andrew Napolitano, criticó que Bannon y sus socios "consiguieron cientos de miles de dólares de gente que dio ese dinero pensando que iría para el muro" y no para financiar "sus lujosos estilos de vida", y sentenció: "El hecho de que usaran una tercera parte para ocultar las huellas porque sabían que estaban engañando a sus donantes no pinta nada bien para Bannon ahora mismo".

Fox, además, dio pábulo a las declaraciones de la subdirectora de la campana de Biden, Kate Bedingfield, quien aseguró que "Trump ha dirigido la administración más corrupta en la historia de Estados Unidos. La ha usado constantemente para enriquecerse a sí mismo, a su familia y a sus compinches".

El efecto de esta detención provoca en Bannon no sólo se queda en las fronteras de Estados Unidos puesto que quien fuera el ideólogo de la campaña de Trump en 2016 había extendido sus redes fuera del país, especialmente en Europa, donde quería exportar esa especie de populismo obrero de extrema derecha nacionalista, por parafrasear una expresión suya, en la que quiso basar su ideología; aunque eso fue sólo la mitad de la misma: la otra mitad fue marketing, redes sociales y desinformación, que para algo Bannon procedía del mundo del espectáculo; elementos, por cierto, copiados en mayor o menor medida por la extrema derecha europea.

Sexto hombre de Trump imputado o en la cárcel

Tras su detención e imputación ayer por fraude cibernético y conspiración para el fraude, Steve Bannon se convirtió en el sexto hombre del entorno cercano de Donald Trump en ser imputado o acabar entre rejas. Los otros cinco de esa lista son: Roger Stone, Michael Flynn, Paul Manafort, Rick Gates y Michael Cohen.

Roger Stone, ex asesor de campaña de Trump, fue condenado a 40 meses de prisión por diversos delitos como obstrucción a la justicia, manipulación de testigos y mentir en sus declaraciones ante el Congreso. El pasado mes de julio, Trump lo indultó.

Michael Flynn, exasesor de seguridad nacional de Trump, se declaró culpable en 2017 de mentir al FBI sobre sus conversaciones con el antiguo embajador ruso en Estados Unidos. El Departamento de Justicia actuó después para retirar su procesamiento pero un juez federal rechazó en primera instancia dicha acción al haberse declarado culpable y el caso está pendiente de ser tratado en un tribunal de apelación.

Paul Manafort, expresidente de la campaña de Trump, fue condenado en 2019 a de 7,5 años de prisión por delitos relacionados con su trabajo como consultor político en Ucrania así como por fraude bancario y fiscal. Él mismo se declaró culpable de dos cargos de conspiración en 2018.

Rick Gates, exvicepresidente de la campaña de Trump y uno de los principales asociados de Manafort, se declaró culpable en 2018 de conspiración contra los Estados Unidos y de mentir al FBI. Fue sentenciado a finales de 2018 a 45 días de cárcel, que se cumpliría sólo los fines de semana. Su escasa condena, en comparación con la que recibió su jefe Manafort, se debió a que cooperó con la investigación del informe Mueller.

Por último, está el caso de Michael Cohen, exabogado personal y fontanero del presidente. Se declaró culpable de mentir, tras pedírselo el presidente, al Comité de Inteligencia del Senado en 2017 sobre la duración y el alcance de su trabajo en los planes para construir una Torre Trump en Moscú. Está cumpliendo una condena de tres años de prisión en régimen de reclusión domiciliaria. Cohen ha anunciado la publicación inminente de un libro del que ya se conoce su prólogo y que se titula Desleal. La verdadera historia del abogado personal del presidente Donald Trump. En estas memorias, Cohen se describe "como uno de los chicos malos de Trump".

En dicho libro, según recoge la CNN, Cohen asegura, sin tapujos: "En ciertos aspectos, lo conozco [a Trump] mejor incluso que su familia porque fui testigo del verdadero hombre en clubes de striptease, en reuniones de negocios turbias y en los momentos en que reveló quién era realmente: un tramposo, un mentiroso, un fraude, un matón, un racista, un depredador, un estafador".

El velo que poco a poco parece ir cayendo en torno a la figura de Trump es el mismo que cayó ayer alrededor de la figura de Steve Bannon, quien durante un año estuvo paseándose a sus anchas, enredando y siendo entrevistado a diestro y siniestro por toda Europa. Todo ese relumbrón ayer cayó de golpe con su detención en su yate de las aguas de Connecticut y los cargos que se le imputan, zas, zas, zas. Fue el punto final a una carrera de ascenso fulgurante hasta su despido como asesor de la Casa Blanca en agosto de 2017.

Bannon y su desembarco en Europa

La puerta de Europa se le abrió a Bannon cuando su declive americano estaba consumándose. Según The Guardian, el artífice de abrirla fue el político de extrema derecha belga Mischaël Modrikamen. Éste, cuando Trump ganó las elecciones de noviembre de 2016, le hizo llegar una carta al magnate neoyorkino a través de un conocido que ambos tienen en común: Nigel Farage. Modrikamen le reclamaba a Trump trabajar en común para crear un levantamiento populista global. Para allanar el camino, Modrikamen registró en enero de 2017 El Movimiento, una fundación para este fin con sede en belga.

Desde Washington sólo le llegaba silencio hasta que en julio de 2018, Bannon, que llevaba casi un año fuera de la Casa Blanca, no dejó pasar la oportunidad y respondió la misiva. Quería asumir el mando de la Fundación. Modrikamen haría de director gerente y ambos transformarían El Movimiento hacia una máquina de campaña electoral para los partidos de extrema derecha europeas de cara a las elecciones a la Eurocámara de mayo de 2019. Así fue como desembarcó en Europa, un continente que se le apareció en forma de salvavidas.

Bannon creció en Norfolk, Virginia, 320 kilómetros al sur de Washington, en una familia católica de clase trabajadora de origen irlandés. Estuvo cuatro años en la marina (Norfolk tiene la base naval más grande del país) y después estudió un MBA en Harvard. Se dedicó primero al sector bancario, del que pasó al mundo del espectáculo: fue uno de los socios de la serie Seinfeld, éxito absoluto de la televisión americana de los años 90. De ahí saltó a Hollywood, donde produjo 18 películas y dirigió nueve, fundamentalmente documentales de ideología conservadora.

A principios de siglo, con las nuevas tecnologías empujando por tomar el sitio privilegiado que tienen ya, conoció a Andrew Breitbart, un periodista de extrema derecha que ansiaba crear una web de información y opinión ultraconservadora para combatir la ideología progresista en Estados Unidos. A mediados de 2007, el periodista fundó Breitbart News, en cuyo nacimiento participó Bannon. Breitbart falleció de un infarto en 2012 y Bannon encabezó el proyecto, que pasó a considerar como "plataforma de la derecha alternativa", es decir, la extrema derecha populista, una plataforma para eso que se llama la White America: ese Estados Unidos blanco, ultranacionalista, muy religioso y racista.

Según The Guardian, el primer encuentro entre el magnate de Nueva York y Bannon se produjo en 2010. A Bannon parecieron entusiasmarle las ideas de Trump sobre China y sobre el comercio internacional. Para la campaña a las elecciones presidenciales de 2016, Bannon ya era el jefe de campaña del candidato republicano, un millonario que había tomado una estrategia que ya se había visto antes en Europa en las figuras de Jesús Gil y de Silvio Berlusconi: el millonario antiestablishment. Trump se montó por su cuenta su campaña en contra del aparato republicano y acabó conquistando el cuerpo y el alma de un partido que no era el suyo. Porque Trump no es republicano. Trump es Trump. Bannon fue crucial en el uso de las redes sociales, de la campaña agresiva, faltona y en el empleo de los bulos masivos y la desinformación. En enero de 2017, Trump tomó posesión como el 45º presidente de Estados Unidos y Steve Bannon era calificado como el segundo hombre más influyente del país. En agosto de ese año, tras sus desavenencias con Ivanka Trump y su marido Jared Kushner, Bannon fue despedido.

Cuando en 2018 llegó a Europa, en la antesala de las elecciones comunitarias del año siguiente, la extrema derecha populista, nacionalista y antieuropea mantenía una tendencia ascendente, un terreno abonado para la semilla populista de Bannon. Boris Johnson en Reino Unido; Marinne Le Pen en Francia; Matteo Salvini en Italia; Viktor Orban en Hungría; Santiago Abascal y Vox empezaban a asomar en España. Con todos esos partidos tuvo contactos Bannon. Según una información de El Confidencial de febrero de 2020, Rafael Bardají, exasesor de Aznar y exdirector de política internacional de FAES y asesor de Vox, se entrevistó en la Casa Blanca con Bannon. "Vox es el que más se adecúa a sus ideas; de hecho, fue él quien se interesó por nuestra formación; considera que su discurso casa perfectamente con las ideas que defiende nuestro partido", declaró Bardají a El Confidencial en 2018.

Sin embargo, a pesar del auge electoral de muchos de esos partidos (Boris Johnson es incluso primer ministro británico), esa especie de alianza de extrema derecha populista europea no pareció cuajar en ningún momento como movimiento articulado europeo o como alianza organizada en torno a La Fundación. Poco a poco, Bannon dejó de estar presente hasta que ayer, mucho tiempo después de sus últimas apariciones estelares en el viejo continente, saltó la noticia de su detención acusado de dos cargos por fraude que lo podrían meter en la cárcel durante 40 años, es decir, para el resto de su vida. Era la confirmación definitiva de su declive. El interruptor que apaga una de las luces más intensas y demagogas que ha alentado esa derecha alternativa en los últimos años. Y todo sucede a dos meses y medio de las elecciones presidenciales en las que Trump se disputará la Casa Blanca con Joe Biden.

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El Acuerdo Abraham y la peligrosa entrada de Israel en el Golfo Pérsico en 27 notas

Mientras bombardea Siria y Gaza, y pocos días después del misterioso incendio del puerto del Líbano y un mes después de los discretos ataques a varios centros estratégicos de Irán, Israel anuncia a bombo y platillo la firma del Acuerdo Abraham con Emiratos Árabes Unidos (EAU), con el que es reconocido oficialmente por el primer estado situado en el Golfo Pérsico. Será el tercer régimen árabe, – después de Egipto (1977) y Jordania (1994)-, que establece relaciones oficiales con el país que hace 72 años fue establecido en las tierras palestinas.

  1. El hecho considerado "histórico", y vendido como "el triunfo de la diplomacia por haber parado la anexión de Cisjordania a Israel", no fue la decisión tomada en los parlamentos de los firmantes, sino que es un acuerdo opaco entre unos hombres corruptos de extrema derecha: Donald Trump, su yerno Jared Kushner, Benjamín Netanyahu, el príncipe heredero del Reino de Arabia Saudí (RAS) Mohammed bin Salman (MbS), y el mandatario emiratí, Mohammed bin Zayed (MbZ).
¿En qué consiste el acuerdo?
  1. Es falso que EAU se ha sacrificado con este pacto para que Netanyahu abandonase el plan de anexionar gran parte de Cisjordania que anunció en julio, porque:
  2. Israel nunca ha parado de ocupar más tierras palestinas, ni lo hará. De hecho, el propio Netanyahu aseguró que se trata sólo de una suspensión temporal del proyecto, que hace de espada de Damocles colgada encima del cuello de los países "musulmanes" para arrodillarles aun más. El objetivo de Israel ha sido y es imposibilitar un estado palestino, y obligarles a su gente asimilar con una sonrisa su sometimiento a un sistema de Apartheid.
  3. En el momento que todas las potencias mundiales, salvo EEUU, se opusieron a este proyecto, al igual que su socio del gobierno Benny Gantz y los sionistas liberales -que priorizan la resolución del conflicto con palestina con el fin de garantizar la seguridad de Israel-, el viejo político judío se dio cuenta de que llevar a cabo el proyecto sería un grave error estratégico. Por lo que, sacó esta carta de la manga, tapando un escándalo con otro, disfrazándolo de papel rosa, para salir de una embarazosa situación: ¿Quién sino él puede, con una sola amenaza y sin dar nada a cambio (ni siquiera la paralización de nuevos asentamientos), obtener tanto, e incluso pasar de ser "corrupto e incompetente" ante su propio pueblo a ser un "héroe"?
Lo que obtiene Israel

3 . Entrar en el Golfo Pérsico e instalarse a pocos kilómetros de Irán, país que ya está rodeado de las bases militares de EEUU y al OTAN por los cuatro costados. De hecho, todos los contactos oficiales previos al acuerdo que han tendido ambos estados desde 1996 han girado en torno a cómo contener a la República Islámica de Irán (RII). La teocracia chiita, en un gravísimo error, nada más nacer en 1978 declaró una guerra religiosa contra Israel, EEUU y también los regímenes sunnitas tanto las repúblicas (como Iraq de Sadam Husein o Libia de Gadafi) como las monarquías, poniendo a los iraníes y a la integridad territorial de Irán en un serio peligro ante el poder arrasador de EEUU y sus socios, quienes han borrado del mapa a varios estados, sin piedad.

  1. Crear una alianza militar conjunta contra el enemigo iraní, ahora que la prioridad de la política exterior de EEUU – más allá de quien sea su presidente-, es China que no la RII. Desde 2016, las fuerzas aéreas de ambos países participan en las maniobras militares de la OTAN.
  2. Un inmenso mercado de armas. Israel se llevará una buena tajada del presupuesto anual de defensa de los EAU, unos 23.000 millones de dólares. La empresa emiratí Group 42 se ha asociado con la israelí Industrias Aeroespaciales y Rafael Advanced Defense Systems, para la compra de drones, artefactos de reconocimiento facial (AnyVision), vigilancia cibernética, e incluso el sistema antimisiles Cúpula de Hierro, que tras el misterioso ataque contra las instalaciones petrolíferas saudíesde Aramco, ha encontrado mercado en esta zona. Israel, de paso, roba este cliente a EEUU que en 2019 firmó un contrato de armas por 5.5 mil millones de dólares, que incluye el sistema de misiles Patriot. Ahora, aunque EEUU pueda vender armas avanzadas a este país árabe, incluidos los "prohibidos" F35 sacándole miles de millones de dólares, nunca le otorgará sus claves para que pueda usarlas de forma independiente: Israel siempre tendrá la superioridad militar.
  3. La posibilidad de hacerse con el control del Comando Central de EEUU en el Golfo Pérsico, por lo que no sólo Irán, sino ningún estado se salvará del chantaje israelí que ve el mundo solo desde la óptica de sus propios y estrechos intereses.
  4. Poder infiltrarse en los servicios de inteligencia y en la inteligencia militar emiratí, para tomarle como rehén. Los regímenes de Iraq, Siria y Libia, por ejemplo, no podían haberse sido desmontado de esta manera si no fuera, en parte, porque EEUU les obligó a cooperar en la supuesta lucha contra el terror, accediendo a sus servicios de seguridad nacionales.
  5. Cambiar la alineación geopolítica de la zona: los países árabes, como RAS y EAU, han pasado de unirse contra Israel a unirse con él contra Irán. Dijo Mike Pompeo que este acuerdo será una "pesadilla" para Irán.
  6. Aislar aún más a Irán, justo cuando estaba mejorando sus relaciones con las monarquías del Golfo Pérsico. Da igual que la RII haya dejado de lanzar la consigna "muerte de Israel" (y sus mandatarios quieren que este cambio se sepa en Occidente), haya levantado la prohibición a los atletas iraníes de competir con los israelíes, y haya autorizado a Hizbolá tener contacto con Tel Aviv, que es un reconocimiento indirectamente de aquel estado.
  7. Convertir a EAU en un socio y cómplice en sus agresiones militares a otras naciones. Pues, el diminuto país cuenta con ejércitos privados en Siria, Yemen y Libia. Además, es el único país árabe con tácticas y estrategias claras, y el mejor organizado en su política expansionista.
  8. Obtener una fuente segura de petróleo. Israel importa unos 240.000 barriles por día, y EAU posee inmensas reservas el 6% de las reservas mundiales: hasta la década de 1950, vivía del cultivo de dátiles, la pesca y el buceo de perlas.
  9. Enterrar la Iniciativa de Paz Árabe del 2002 que condicionaba la normalización de las relaciones con Israel a la desocupación de las tierras palestinas.
  10. Aleja a otro poderoso y rico país árabe de los palestinos

14 . Recibirá inversiones millonarias de los jeques, sangre inyectada en la economía israelí afatada por la crisis económica. EAU es la segunda economía más grande árabe, después del RAS.

¿Y qué consigue EAU?
  1. Mientras la fiesta por el acuerdo en Israel era pública, en Abu Dabi había silencio, no por estar avergonzados, sino por el miedo a provocar más protestas en los países "musulmanes", a pesar de haberlo vendido como un acuerdo para "salvar a los palestinos de la anexiona". Aun así, el jeque Zayed puede:
  2. Presentarse como el líder de la diplomacia en la región, a pesar de las bombas que sigue lanzando sobre "las naciones musulmanas" de Yemen y Libia. Ya ven que eso de "choque de civilizaciones" no era más que una coartada de la extremaderecha del Occidente y de Orienye, en su asalto a los derechos de los ciudadanos, también en ambos lados.
  3. Presentar su "modelo" de país musulmán, ahora que han fracasado las versiones iraní, turca, y saudí. Vale, las mujeres (extranjeras) pueden ir en bikini a las playas, pero la disidencia se castiga con tortura y desapariciones, igual que en todo Oriente Próximo.
  4. Protegerse de las exigencias de la democratización del país por parte de su propia población, teniendo a un "primo zumosol" como Israel; la familia real piensa que sería una póliza de seguro. Las dictaduras de la región se han dado cuenta de que la amenaza a su poder y privilegio provine más del interior que de fuera (Irán, 2009las verdaderas"primaveras árabes" de 2011). Las consignas contra Israel, lanzadas desde los países árabes, Turquía e Irán, son simple distracción por dichos regímenes de derecha y corruptos, acusando a sus ciudadanos críticos de estar al servicio de un régimen impresentable como Israel.
  5. Meter un gol al RAS en Washington, donde los saudíes, incluso entre los republicanos, han perdido su peso.MBS no puede reconocer a Israel mientras vive su padre el rey Salman, muy anti israelí, y quien llegó a señalar al Mosad como el autor de los atentados del 11S.
  6. Recibirá no solo tecnología, sino muchos turistas israelíes, que podrán disfrutar (no sé cómo) del Burj Khalifa, el edificio más alto del mundo.
  7. Se apoyará en Israel en su afán expansionista. En Siria, ambos patrocinaron al Estado Islámico. ¿Quién hubiera pensado que unos diminutos emiratos consiguieran hacerse con el control de las vías fluviales estratégicas en los mares Árabe y Rojo, ocupando el sur de Yemen?
  8. Sustituir sus frágiles relaciones con EEUU por Israel de forma progresiva, al igual que otros países árabes. Bahréin, Kuwait, Omán e incluso Qatar se van preparando para reconocer el Estado de Israel a precio de mantener el statu quo de la ocupación de las tierras palestinas.
  9. Utilizar su alianza con Israel para resolver las disputas que tiene en la región con países como Omán y Qatar. Es curioso que la Irán también recurrió a Israelpara luchar contra sus enemigos: le compró armas en su guerra contra Iraq en los años ochenta.
Las ganancias de Trump
  1. Tras su fracaso en poner en marcha el Acuerdo del Sigloy perder un Noble de la Paz, Donald Trump puede presumir de su única victoria en la política exterior, tras sus derrotas con Irán, Corea del Norte, Venezuela, Afganistán y China. Pero, este acuerdo no se traducirá en votos para las elecciones presidenciales de noviembre: no solo porque los estadounidenses seguramente ni saben dónde está EAU, sino porque están indignados por la gestión de la pandemia por el presidente y por la situación económica que ha dejado otros 22 millones de parados. Jimmy Carter consiguió la firma de paz entre Israel y Egipto en 1978, pero perdió las elecciones de 1980 -en parte por una alianza entre Teherán y el candidato republicano Ronald Reagan-, y George Bush, el artífice del Nuevo Orden Mundial, que supuestamente expulsó a Iraq de Kuwait, perdió la reelección por ignorar el aumento de la pobreza y desempleo.
  2. La indignación de los ciudadanos es tal que Trump no se ha atrevido a convertir este acuerdo en una gran celebración como la hizo Carter en Camp David.
Palestina tendrá la última palabra
  1. El error clásico de las élites es menospreciar la fuerza de los pueblos en la lucha por sus derechos, y este acuerdo morirá justamente por no haber contado son las sociedades palestina y emiratí. Está por ver 1) si utilizar estrategias como la emisión televisiva del deporte, sobre todo el futbol, por los firmantes de Abraham, normalizará la opresión de los palestinos entre los espectadores, y 2) si la sociedad palestina consigue apartar a la extremaderecha religiosa y a la derecha desfallecida e inmóvil del liderazgo de su batalla y tarazar nuevas estrategias y tácticas para la nueva situación y ser protagonista de su propio destino. Habría que acabar con el error de pedir la solidaridad con la "causa árabe", concepto despojado del enfoque de la lucha y la alianza de clases a nivel nacional, regional y mundial.
  2. El Oriente Próximo, a pesar de estar acostumbrado de resolver sus problemas con violencia, siempre tiene un lugar para el "tit-for-tatism", "La toma y daca" en la teoría de juegos. Cierto, los pueblos de esta región están cansados de tantas guerras, y deben incluir el dialogo y negociación con el enemigo en su política exterior, pero este tipo de "paz" injusta con un régimen como el israelísolo significa más guerras contra otros millones de personas indefensas. No es tarde para organizar un movimiento antimilitarista a nivel mundial y sobre todo en esta región tan azotada del planeta, y poner fin a las guerras contra los palestinos, los kurdos, yemeníes, iraquíes, afganos, sirios, libios y sudaneses, entre otros integrantes de una larga lista de nombres.

20 AGOSTO 2020

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Miércoles, 19 Agosto 2020 05:42

La geopolítica transgénica en Suramérica

La geopolítica transgénica en Suramérica

Un despliegue de discursos protransgénicos y contra regulaciones ambientales internacionales coinciden con la pandemia en la región. Desde el segundo trimestre operadores neoliberales pretenden expandir en Suramérica el campo, infinito y letal, de organismos genéticamente modificados (OGM) en agricultura. Que en solo 25 años, entre Brasil, Argentina, Paraguay, Bolivia y Uruguay, ya se cultivan en 94 millones de hectáreas en ecosistemas atlánticos, el Gran Chaco y la Amazonía. Para las que se utilizan más de 1.500 millones de toneladas de agrotóxicos por año. Todo el subcontinente regado y alimentado con herbicidas de unos cuantos laboratorios, altamente dañinos para la salud humana y de toda forma de vida, como consta en sentencias judiciales emblemáticas y cientos de estudios [1].

En mayo, el golpista Gobierno transitorio de Bolivia autorizó al Comité Nacional de Bioseguridad (CNB), formado recién en 2019 e integrado por ningún especialista en genética, establecer procesos abreviados de evaluación del uso de cuatro semillas modificadas (maíz, caña de azúcar, algodón y trigo). En la gestión de Evo Morales se introdujo al país la soya transgénica para fabricación de biocombustible, que el Estado iría a comprar. Ahora la clase empresarial quiere diversificarse hacia los transgénicos para alimentación humana y ampliar la producción soyera para vender biodiésel, sobrevalorado, a la administración de Jeanine Áñez. Es la trama lumpen capitalista de ocasión. El sistema y su condición natural detrás de estas plantaciones y la ganadería industrial que causan la deforestación anual de 350 mil hectáreas de bosques en Bolivia, de acuerdo a estimaciones de la fundación Friedich Ebert Stiftung.

El territorio boliviano es parte de un megapoderoso corredor internacional de soya transgénica que triplica en tamaño a Alemania. Suramérica es un laboratorio para los patrones del planeta: después de Estados Unidos, Brasil y Argentina son los dos países con más sembríos de OGM.

A la vez, el Ministerio de Agricultura del Perú presentó, a un año del fin de la moratoria de una década al ingreso de transgénicos para cultivos o crianza ganadera, el proyecto de Reglamento Interno Sectorial sobre Seguridad de la Biotecnología para el Desarrollo de Actividades con Organismos Vivos Modificados para el Sector Agrario (RISBA). La propuesta, sobre el papel, consiste en“recoger las opiniones de entidades públicas y privadas”, a fin de eventuales desarrollos y pruebas de OGM en el ámbito agrícola.

Recordemos que la moratoria fue la respuesta a los intereses de multinacionales y la banda de terratenientes y turbas políticas peruanas que, a la batuta de Alan García, forcejearon el ingreso de transgénicos al Perú en 2011. Porque no había -ni habrá- estudios reales que respalden la inocuidad de los agrotóxicos. Los mismos capataces piden más cultivos transgénicos en el vecino del Altiplano, que ya cuenta 1 millón 700 mil hectáreas de estos y el 62% de tierras productivas concentrado en el 16% de propietarios [2].

En el caso peruano, ¿de dónde llegarán los “aportes” a sistematizar por el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA)? ¿Serán públicas las fuentes y sus intereses? ¿Opinión de qué puede emitir el Comité Sin Expertos de Bolivia? El ADN del capitalismo en la ciencia manda sobre las oficinas técnicas estatales a cargo de los marcos legales y de acción de la biotecnología. En Suramérica, al servicio de los mayores poderes mundiales: más del 80% de poroto de soya de Argentina y Brasil es vendido a China, por citar un ejemplo.

“Caso testigo es la Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (Conabia) de Argentina, creada en 1991. Su integración fue secreta durante 26 años, hasta 2017, cuando la nómina fue filtrada por la prensa. De 34 integrantes, 26 pertenecían a las empresas o tenían conflictos de intereses. Martín Lema, director nacional de Biotecnología desde 2011 y máxima autoridad de la Conabia, es autor de papers científicos firmados por las mismas empresas a las que debería controlar: Bayer-Monsanto, Syngenta, Basf y Dow Agroscience. El organismo responsable de liberar semillas de soja, maíz, algodón, papa y caña de azúcar no cuenta con ningún científico crítico a los transgénicos. Tampoco permite la participación de entidades de la sociedad civil. Desde 1996, la Conabia aprobó 61 transgénicos. Las empresas beneficiadas fueron las misma que dominan la Conabia y publicitan que los transgénicos son seguros”, indica el estudio Atlas del agronegocio transgénico en el Cono Sur (Acción por la Biodiversidad, 2020), realizado por especialistas en ciencia de Argentina, Brasil, Bolivia, Uruguay y Paraguay.

El cuento sin bandera de la soberanía

El ocultamiento de información y su sustento con estudios científicos a sueldo, financiados por los mismos creadores de semillas transgénicas y químicos para su tratamiento, son las reglas de juego de un modelo neocolonial del agro.

“Hasta el momento de su aprobación comercial, no se habían realizado estudios -aparte de los entregados por la propia Monsanto- para evaluar la toxicidad ni los efectos secundarios de los transgénicos. Los expedientes de aprobación son confidenciales en todos los países: ni organizaciones de la sociedad civil, ni especialistas en ciencia independientes, ni funcionarios pueden acceder”, resalta el informe.

Precisamente, el libre acceso de toda persona a información, participación y justicia en materia ambiental son los objetivos centrales del  Acuerdo de Escazú, firmado por el Perú en 2018 y a la espera de su ratificación en el Congreso desde hace un año. Once de los 22 países de América Latina y el Caribe que lo suscribieron deben ratificar -faltan dos- el tratado internacional para que entre en vigencia. En julio, también por azares, el sicariato político-económico de Lima lo puso en su mira.

A la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (Confiep) del Perú le preocupa “la abdicación a nuestra soberanía sobre nuestro territorio nacional, la Amazonía, un tratado que genera inestabilidad jurídica en el país, afectando indudablemente a las inversiones y al propio desarrollo de las poblaciones”. Declaración de parte patronal contraria a la posición de la entonces ministra del Ambiente, Fabiola Muñoz. Y en coro con la Cancillería y cinco cárteles políticos de centro y derecha en el Parlamento.

Como el gran capital no tiene patria, el peruano Grupo Romero, pilar de la Confiep alarmado por la soberanía en una orilla del lago Titicaca, posee una millonaria presencia en el mercado boliviano de transgénicos desde que en 2003 compró el 74% de acciones de Industrias de Aceite FINO. Y como tampoco tiene ley, es el primer terranetiente de la Amazonia peruana, monopolizando con 25 mil has. los cultivos de palma aceitera que arrasan bosques primarios.

El comunicado de estos oligarcas es literatura de caucheros. La sangría de la Amazonía y sus pueblos es la consecuencia de sus inversiones. Otro relato protransgénico, para las nuevas crónicas de las indias, es la negación de la concentración y acaparamiento de tierras por parte de las grandes inversiones extranjeras. Cuando la mayoría de territorios de América Latina ya está en manos de pocas multinacionales y transnacionales regionales, como la propietaria del Banco de Crédito del Perú. En Santa Cruz (Bolivia) el 2% de productores tiene el 70% de tierras. En Argentina el 1% de productores posee el 36% de tierras y al 55% de productores le queda el 2% de tierras. En Paraguay, el 3% de productores concentra el 85% de tierras y al 91% de productores le sobran el 6% de tierras.

Desligar la biotecnología del modelo latifundista privado de monocultivos y la amenaza a la biodiversidad es un acto reflejo de colonialismo cultural, de derecha o izquierda. El lobby científico corporativo tiene sus encomenderos en filas liberales, de centro, progresistas. En Argentina colocó de ministro de Relaciones Exteriores a Felipe Solá, quien fuera secretario de Agricultura cuando, en 1996, el país se convirtió en el primero de la región en permitir el ingreso de cultivos transgénicos a punta de informes de Monsanto ni siquiera traducidos. El estanciero firmó en pandemia millonarios contratos de producción industrial porcina.

Y están los que dudan de los efectos de agroquímicos o incluso lo niegan. Un cabildo donde brillan académicos, políticos, empresarios, periodistas; hombres blancos de ciudad. Supremacismo, aunque sea de izquierda, extrapolando una idea de la activista y escritora gitana española Pastora Filigrana. No les importa si en Argentina dos tercios de personas con cáncer viven en regiones agrícolas transgénicas bañadas en glifosato, como Entre Ríos, donde el 40% de muertes es por tumores malignos [3]. Que el Ministerio de Salud de ese país advirtió desde 2012 que en poblaciones expuestas a agroquímicos hay 30% más casos de cáncer. Son catedráticos, líderes de opinión, hasta gobiernan. Demócratas o librepensadores panzudos, limeños, santacrucinos o bonaerenses, que recurren al hambre mundial [4] y eructan un abecé de beneficios de la ciencia genética para la humanidad por todo argumento.

No da para más la inteligencia criolla colonizada, la de la gran prensa de la región concentrada y sus referentes; la de su dirigencia financiera y política. Son productos descartables de un orden mundial de factura neoliberal. Piezas del ecocida esquema de transgénicos y agrotóxicos impuesto, en masa y en inglés [5], a Suramérica sin aguardar evidencias de campo [6]. Un modelo potencialmente enriquecedor en nuevos virus y probadamente efectivo en profundizar la desigualdad. Una comunidad científica independiente, autónoma y del lado de los pueblos, aliada a la sociedad civil y canales de información libre, tiene el deber de contribuir a la reparación de la Tierra, las mujeres campesinas que alimentan al planeta, los despojos, las contaminaciones. De garantizar la seguridad y soberanía alimentaria. Los empresarios financistas de la Ciencia y funcionaros públicos, mientras no cambie de raíz la configuración de los Estados capitalistas modernos –o su existencia-, no lo harán. No nos quedará otro cuarto de siglo.

 

Por Javier Bedia Prado

18 agosto 2020 

Referencias

[1] En 2015 la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, de la Organización Mundial de Salud, calificó al glifosato de potencialmente cancerígeno para humanos. En Bolivia este año el Comité Nacional de Defensa de la Democracia presentó al Ministerio de Salud más de 1.100 estudios de evidencias científicas del impacto de glifosato en salud. Se le liga al desarrollo de diferentes tipos de cáncer. El químico ya llegó a la Antártida. En el fondo del río Paraná se encuentra por toneladas.

[2] Atlas del Agronegocio Trasnsgénico en el Cono Sur. Monocultivos, resistencias y propuestas de los pueblos (Acción por la Biodiversidad, 2020). Las estadísticas usadas en este artículo provienen del informe, de libre acceso: www.biodiversidadla.org

[3] Agro tóxico. Argentina como laboratorio a cielo abierto para el control de la alimentación mundial (Patricio Eleisegui, Editorial Sudestada, 2019, Argentina).

[4] Falacia que derriba el megadesperdicio planetario de alimentos, no faltan, falla a conveniencia su acceso y distribución. Gran parte de soya transgénica es para engordar ganado, un lujo en cualquier canasta básica. Expropiaciones y pobreza aumentan en regiones de cultivos trans.

[5] La primera semilla transgénica, de soya, usada en Argentina se aprobó en base a un documento presentado por Monsanto sin siquiera traducirlo de su idioma original. El Perú, Ecuador y Venezuela son los países que impiden, hasta el momento, los cultivos transgénicos en Suramérica.

[6] “Los sectores que defienden la modificación genética de organismos asumen como cierto que los OGM tienen los mismos comportamientos a los observados en el laboratorio cuando son liberados en la naturaleza. Es decir que son equivalentes a los no modificados, asumiendo que la técnica experimental empleada es precisa, segura y predecible y que es equivalente al mejoramiento clásico de la agricultura. Esto es un grueso error y muestra un desconocimiento por parte del campo biotecnológico de las teorías y conocimientos de la biología moderna” (Andrés Carrasco, científico argentino que fue director del Laboratorio de Embriología Molecular de la Universidad de Buenos Aires).

Publicado originalmente en Plaza Tomada

Publicado enMedio Ambiente
Fuentes: Jacobin Magazine - CTXT

Elecciones en EE.UU.

 

Ambos son en esencia el mismo político, siempre en el lado equivocado de la historia.

Bueno, finalmente ha sucedido. Después de meses y semanas de discusiones, críticas, reverencias y ruidos, y varios plazos incumplidos, Joe Biden ha elegido finalmente a su compañera de fórmula: la antigua fiscal y actual senadora de California, Kamala Harris.

Lo que se puede hacer es observar la senda que ha recorrido Biden para llegar a este punto como anticipo de lo que nos espera si gana las elecciones. El proceso de selección de la vicepresidencia ha sido especialmente caótico porque había bandos distintos y antagónicos (desde informantes de Biden, hasta activistas progresistas, funcionarios demócratas y grupos de donantes principales), compitiendo por influir, persuadir y hasta amenazar a Biden para que eligiera a su favorito.

Hubo ávidos contendientes que subieron hasta lo más alto, se reunieron en privado con Biden, aparecieron en televisión con él, recaudaron fondos para su campaña con ansias y luego, de repente, cayeron en desgracia. En algunas ocasiones aplastó cruelmente sus esperanzas en directos de televisión y en otras ocasiones se hundieron bajo una tormenta de filtraciones que pretendían debilitarlos. En última instancia, con todo este caótico proceso, Biden terminó saltándose al menos tres de sus plazos autoimpuestos.

Biden es conocido desde hace tiempo por su falta de disciplina y por su indecisión

Sin embargo, esto dista mucho de ser algo exclusivo de la búsqueda de vicepresidente. Biden es conocido desde hace tiempo por su falta de disciplina y por su indecisión, algo que ha trasladado a la actual campaña, hasta el punto de casi haberse saboteado a sí mismo antes de empezar, por un comienzo atrasado que le hizo perderse los principales fichajes. Hasta el Times tuvo dificultades para encontrar los eufemismos que le permitieran adornar esas carencias, a las que se refirió como “procesos de decisión no lineares” y “costumbre de extender los plazos de tal forma que algunos demócratas se muestran ansiosos y molestos”.

O lo que es lo mismo, Biden dirigió una campaña que puede describirse de forma generosa como relajada, en la que su eventual resurgimiento y victoria en las primarias se debió casi en exclusiva a una coalición de medios centristas y al trabajo y sacrificio de los demócratas para arrastrarlo hasta la meta, incluso a pesar de él. No obstante, aunque no es seguro aún que este proceso caracterice la presidencia de Biden, ya hemos sido testigos de cómo la lucha entre las diferentes facciones del partido ha tenido como resultado que elija a Harris como vicepresidenta.

El posible ascenso de Harris a la Casa Blanca consolida lo que la nominación de Biden ya representaba: la derrota, al menos de forma temporal, de la izquierda del partido demócrata a manos de la facción corporativa del partido, y la fijación de sus élites por seguir adelante con la política superficial y corporativa de la era Obama, que se basa ante todo en rebajar las expectativas de la gente común y corriente.

De hecho, una de las razones de que fuera tan difícil imaginar que otra persona, aparte de Harris, fuera quien acabara liderando la lista es que ella encarna a la perfección al partido demócrata moderno, lo que también significa que casi todo lo que se va a escuchar sobre ella a partir de ahora no tiene nada que ver con quién es en realidad.

Incluso en un partido que hizo suyo el estilo de políticas inflexibles con la delincuencia como las que promovieron Biden y Clinton, Harris destaca por su crueldad

Harris está lejos de ser la “fiscal progresista” por la que lleva haciéndose pasar desde que presentó su candidatura en 2019, su historial no guarda ninguna similitud con otras personas que sí podrían ajustarse a esa descripción, como por ejemplo Larry Krasner o Keith Ellison. Incluso en un partido que hizo suyo el estilo de políticas inflexibles con la delincuencia como las que promovieron Biden y Clinton, Harris destaca por su crueldad: luchó por mantener a gente inocente en la cárcel, bloqueó las indemnizaciones a personas injustamente condenadas, defendió que los delincuentes no violentos permanecieran en la cárcel y siguieran trabajando como mano de obra barata, ocultó pruebas que podrían haber liberado a numerosos detenidos, intentó desestimar una demanda para terminar con el régimen de aislamiento en California y negó la operación de reasignación de género a presos transexuales. Un informe reciente detallaba cómo casi se la acusa de cometer desacato al tribunal por resistirse a una orden judicial que decretaba la liberación de presos no violentos, y que un profesor de derecho comparó con la resistencia del sur de EE.UU. a las leyes desegregadoras de los años 50.

A Harris le encanta reírse. Harris desternillándose como un malvado de dibujos animados al hablar de procesar a los padres por las ausencias repetidas de los niños en edad escolar es posiblemente una de las cosas más escalofriantes que se pueden ver en política. ¿Otras cosas que le hayan hecho gracia a Harris? La idea de construir escuelas en lugar de cárceles y la noción de legalizar la marihuana. Cinco años después volvió a reírse, en esa ocasión cuando se estaba postulando para presidenta y recordó con cariño sus días de fumar porros para embelesar a una audiencia más bien joven. Supergracioso fue también que su oficina hubiera condenado a casi 2.000 personas por delitos relacionados con la marihuana cuando trabajaba como fiscal de distrito en San Francisco.

La falta de sensibilidad que Harris muestra hacia los pobres e indefensos solo es comparable a la simpatía que siente por los ricos y poderosos. Lo más destacado fue cuando Harris desestimó la recomendación de su propia oficina para procesar al banco de rapiña del actual secretario de Hacienda, Steve Mnuchin (que más tarde hizo una donación a su campaña para el Senado), y luego supuestamente intentó ocultar su pasividad.

A pesar del estatus de California como el epicentro de las estafas de ejecución hipotecaria, la Fuerza de Ataque contra el Fraude Hipotecario de Harris procesó menos casos de estafas de consultores en ejecuciones hipotecarias que muchos otros fiscales de distrito de otros condados.  En lugar de utilizar su despacho para frenar el crecimiento de los monopolios tecnológicos, algunos correos a los que tuvo acceso hace poco el Huffington Post muestran cómo les hacía la corte, a cambio de lo que recibió un considerable apoyo financiero de Silicon Valley.

Hace poco se ha decretado como inapropiado hablar de su ambición, aunque la verdad es que a Harris, al igual que a Biden, a Obama y, tristemente, a la mayoría de los políticos, le motiva por encima de todo su propia trayectoria profesional. Solo hay que ver estosvídeos de una Harris con 44 años explicando en agosto de 2008 (cuando la pobreza, la guerra y una crisis inmobiliaria en ciernes atenazaba a EE.UU. y a su estado en particular) qué es lo que cambiaría después de ocho años de una presidencia con ella a la cabeza: que “estaríamos dispuestos a abrazar la idea de que realmente poseemos una increíble cantera de talentos”, que Estados Unidos tendría “una población de gente que estaría informada no solo sobre su gran historia, sino también sobre historia internacional” y que “decidiríamos con orgullo que todos somos, como estadounidenses, patriotas”, que llevarían, todos, banderas en las solapas.

O lo que es lo mismo, que no tenía ni idea.

Por ese motivo, si Harris no es en realidad una progresista con ambiciosos compromisos políticos, ¿qué aporta realmente a la candidatura? Los medios alineados con el partido demócrata han mencionado su ascendencia mixta, india y jamaicana, porque confían que estimulará a los votantes de color en noviembre, y su inflexibilidad y agresividad, que anticipan que desplegará contra Trump y, sobre todo, contra el vicepresidente Mike Pence en su eventual debate.

Tras abandonar la carrera presidencial, casi todos los expertos declararon su sorpresa por el fracaso de Harris a la hora de conseguir el apoyo de los votantes negros

Pero es difícil compatibilizar esas dos cosas con la realidad. En contra de lo que afirma el extraño mundo de los consultores y medios liberales, la población afroamericana y latina no vota a quien sea solo porque comparte su color de piel o sus raíces nacionales. Tras abandonar la carrera presidencial, casi todos los expertos declararon su sorpresa por el fracaso de Harris a la hora de conseguir el apoyo de los votantes negros; apenas si consiguió inscribirse en su propio estado cuando terminó todo. Al final se retiró de la carrera antes de que se celebrara ninguna primaria y se ahorró el bochorno de dar un espectáculo en Iowa –y los siguientes estados– como el que dio Biden en las primarias de 2008.

En lo que respecta al segundo elemento, la débil actuación de Harris en las encuestas vino acompañada de una vacilante campaña en la que se vio a la antigua fiscal decepcionar en los debates y alejarse de sus propias posturas. Tras copatrocinar en 2017 el proyecto Medicare for All de Bernie Sanders, se unió a este para ser uno de los dos únicos candidatos demócratas que defendieron en un debate, que se celebró junio de 2019, la abolición de los seguros privados de salud, antes de dar rápidamente marcha atrás el día después y decir que no había entendido bien la pregunta.

Luego presentó su propio plan de salud nacional que ampliaba el papel de los seguros privados en la sanidad y añadía un absurdo período de transición de diez años, o dos mandatos presidenciales y medio.

Otro tanto sucedió en el momento más memorable de Harris en un debate: atacar a su actual compañero de ticket por el papel protagonista que tuvo en el movimiento racista antibusing [el transporte de desegregación es la práctica de asignar y transportar estudiantes a escuelas dentro o fuera de sus distritos escolares locales en un esfuerzo por reducir la segregación racial]. Por algún motivo, la campaña de Harris ya tenía listas para vender las camisetas que conmemoraban el momento a las pocas horas de que acabara el debate, pero Harris no tardó en aclarar que ella también había defendido la misma postura sobre el busing que la que acababa de reprochar a Biden. Más tarde, Harris se quedó sin palabras cuando Tulsi Gabbard la criticó en un debate por su historial como fiscal. Para finalizar, su intento de desafiar a Elizabeth Warren para que exigiera a Twitter que prohibiera la cuenta de Trump quedó en agua de borrajas.

Cada vez está más claro que los planes de Biden son conformar un gobierno que será muy parecido al de Obama, si no más conservador

Pero no, el valor real de Harris para Biden es triple. Por una parte está su popularidad entre la clase donante, pues consiguió embolsarse cantidades enormes de dinero para su campaña procedentes no solo de las grandes tecnológicas, sino también de Wall Street, los seguros privados y las farmacéuticas, además de varios multimillonarios. Poco después de que Biden la eligiera, aparecieron algunos ejecutivos de Wall Street en la cadena CNBC y alabaron la sabiduría de la decisión, en particular porque demostraba que Biden no se estaba desplazando hacia la izquierda, como se había repetido en numerosas ocasiones.

Esto nos lleva al segundo elemento. Cada vez está más claro que los planes de Biden son conformar un gobierno que será muy parecido al de Obama, si no más conservador, aunque tenga al frente un abanderado menos popular y menos inspirador. Mientras que el propio Biden carece del carisma y la base popular necesarios para convertirse en el cuidador eficaz de un sistema disfuncional que se está desmoronando, ese sí es un papel que Harris (que cuenta con una fanática cohorte de seguidores y los atributos para hacer historia que le faltan a la candidatura de Biden) puede hábilmente protagonizar, mejor de lo que podría haberlo hecho una relativamente desconocida Karen Bass, o alguien con menor carisma y sin base popular como Susan Rice.

Con la campaña de Biden, que se está centrando en dejar ver y oír lo menos posible del disminuido candidato, podemos esperar que la mayor parte de la atención y la propaganda se consagre a promover a Harris. Lo que también podemos esperar es ver a Harris defendiendo cualquier medida reaccionaria que el presidente Biden no pueda justificar por sí solo.

Puede que Harris posea el carisma de Obama para movilizar a la base del partido y para venderles un programa político conservador, al igual que lo  hizo el antiguo presidente. Pero eso también acarrea sus riesgos: seguiría siendo la presidencia de Biden y ella podría verse arrastrada por el peso de cualquier tipo de medida impopular que decida implementar el presidente.

Aunque por otro lado, ella estaría preparada para liderar el partido una vez que Biden desapareciera de escena, y conseguiría así neutralizar cualquier futura victoria del ala izquierda del Partido Demócrata y mantendría, tanto a la formación como a Washington, en manos de la élite corporativa.

Por último, Harris cumple el deseo de Biden de encontrar una vicepresidenta que esté en su misma sintonía. Si dejamos de lado las diferencias superficiales, Biden y Harris son en esencia el mismo político. Los dos han estado permanentemente en el lado equivocado de la historia; los dos persiguieron objetivos crueles y de derechas durante la mayor parte de sus vidas con el fin de avanzar en sus carreras profesionales; y los dos tienen la costumbre de tergiversar sus creencias e historiales. Es lo más apropiado: al fin y al cabo, Biden es uno de los creadores de la vieja escuela que dio pie a la política demócrata de favorecer a las corporaciones que Harris ha promovido durante toda su carrera.

Puede resultar absurdo o paradójico, pero mientras en Estados Unidos se vive un malestar social sin parangón, como consecuencia de la brutal represión policial, y mientras sus habitantes claman contra la histórica desigualdad económica y la dominación corporativa, el Partido Demócrata ha elegido como avatares a uno de los principales arquitectos de ese sistema y a una de sus soldados más entusiastas.

No obstante, tanto Harris como Biden, aunque este en menor medida, han demostrado una limitada, pero prometedora, propensión hacia los gestos de izquierda cuando se encuentran bajo presión. Las actuales condiciones sin precedentes, junto con el aún pequeño, pero creciente, poder de la izquierda en EE.UU., significan que los próximos cuatro años no están necesariamente condenados a ser una repetición de los años de Obama.

Veremos si eso marca la diferencia entre llevar a cabo el cambio sistémico que hace falta para evitar el desastre o realizar un mero “programa de condonación de la deuda estudiantil para los receptores de la beca Pell que funden una empresa que tenga sus actividades durante tres años en alguna comunidad desfavorecida”.

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Por Branko Marcetic, redactor de Jacobin y autor de Yesterday’s Man: The Case Against Joe Biden [El hombre de ayer: La causa contra Joe Biden]. Reside en Toronto, Canadá.

Este artículo fue publicado originalmente en Jacobin.

Traducción de Álvaro San José.

 

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Facebook es una clase nueva de imperio cuya expansión parecía tan circunscrita a lo virtual que no reparamos en sus manifestaciones físicas, como que proporciona la única infraestructura de red a cientos de millones de personas en todo el mundo EFE

En la última década, el imperio de las grandes plataformas tecnológicas se ha expandido hasta ocupar todas las industrias, como una flota tentacular de cables y servidores, imponiendo su propio modelo de negocio y legislación. ¿Es más grande el poder de las plataformas digitales que el de los estados nación?

 

Hubo un momento en que parecía que Mark Zuckerberg quería ser presidente de los EE UU. A nadie le pareció un disparate porque era 2017 y acababa de ganar Donald Trump. El joven CEO anunció que su propósito para el nuevo año sería "conocer gente en cada estado de los Estados Unidos" y que, como había estado ya en veinte, le quedaban treinta por visitar. Los escándalos sobre el papel de Facebook como escenario y facilitador de las campañas de desinformación rusa, las manipulaciones de Cambridge Analytica y el genocidio de Myanmar estallaron casi simultáneamente mientras él visitaba fábricas, estrechaba manos y besaba bebés, como un nuevo Kennedy entrenando para las primarias. La compañía perdió más de cien mil millones de dólares en valores bursátiles antes de que se decidiera a volver. Era un mal momento para pensar en democracia. Tendría que seguir siendo emperador.

"Zuckerberg es una de las pocas personas del mundo para las que ser presidente sería bajar de categoría", ironizaba Nick Bilton en un artículo de Vanity Fair. En aquel momento, su plataforma tenía "solo" 1.800 millones de usuarios, un cuarto de la población del planeta. Hoy tiene más de 2.500 millones de usuarios, un tercio, y sin contar Instagram y WhatsApp. Nos faltan herramientas para comprender lo que significa eso exactamente. Si Facebook fuera un país, sería el más grande de la historia. Si fuera la herramienta de la revolución, como se declaró durante la Primavera Árabe, habría ganado la revolución. Si fuera una unión global de trabajadores, el mundo sería un lugar radicalmente distinto.

Pero Facebook es una clase nueva de imperio cuya expansión parecía tan circunscrita a lo estrictamente virtual que no reparamos en sus manifestaciones físicas. Como el hecho de que proporciona la única infraestructura de red a cientos de millones de personas en todo el mundo a través de su programa FreeBasics, o que lidera la construcción de la siguiente generación de cables submarinos de fibra óptica junto con Google, aparente némesis pero frecuente colaborador. Como los datos no se mueven solos y las antenas solo sirven para las distancias cortas, el grueso de Internet son unos 380 cables submarinos que transportan el 99.5% del tráfico transoceánico. El 0,5% restante es gestionado por lentos y caros satélites, el futuro de una industria que se prepara para perder sus infraestructuras en manos de desastres climáticos. Ese espacio también está siendo rápidamente colonizado por Facebook, Google y SpaceX, la empresa de Elon Musk, con su flota de nanosatélites StartLink.

El feudalismo digital

Hay pocas plataformas como Facebook, con el poder gravitacional de sus miles de millones de usuarios. Google, Amazon, Apple y Netflix en occidente; en oriente Alibaba, Tencent y Baidu. Pero, en la última década, su imperio se ha expandido hasta ocupar todas las industrias, como una flota tentacular de cables, servidores y líquido refrigerante, imponiendo en ellas su propio modelo de negocio y de legislación. Su lógica opaca y cambiante, que incluye protocolos, algoritmos y un ejército de moderadores, se superpone al gobierno descentralizado del Internet sobre el que transita y también a las leyes de los estados soberanos cuyas democracias asfixia sin sufrir repercusiones. Ese imperio se sienta sobre esos territorios como una impenetrable capa de látex, interponiendo entre ambos una aduana de intermediación.

Alrededor del corazón amurallado de sus centros de datos linda, por un lado, el territorio poroso de las APIs donde viven las aplicaciones que operan en el feudo a cambio de subordinar derechos y pagar impuestos. Google y Apple, con Android y iPhone, gobiernan el mercado de las aplicaciones móviles y no hay aplicación que sobreviva en su mercado sin someterse a su jurisdicción. Lo mismo para Amazon, que hospeda la mitad de la World Wide Web. Sus reinos se relacionan íntimamente entre ellos, no siempre de manera hostil. Apple tiene su nube en Amazon Web Services, Facebook tiene sus aplicaciones en las tiendas de Apple y de Google.

Con el resto la relación de poder es 100% unidireccional y revela frecuentemente sus prioridades internas, como cuando Amazon expulsó a Wikileaks de sus servidores o Apple eliminó de su tienda la aplicación de los manifestantes de Hong Kong para evitar los enfrentamientos policiales pero mantuvo las que usa el gobierno chino para saber quiénes son y dónde están. En el reino del capitalismo digital, la extracción de datos es delito solo cuando no perjudica a la empresa y los derechos humanos importan solo cuando no entren en conflicto con el mercado. No es lo mismo censurar a los ciudadanos de la primavera árabe que enfrentarse a un régimen que controla el mercado de un séptimo de la población mundial.

Por el otro, el agujero negro por el que caen los contenidos y datos de los usuarios está legislado por Términos y Condiciones cuidadosamente diseñados para repeler la lectura y sacudirse responsabilidad. Ese imperio resiste mapas y definiciones y desborda el calificativo más generalista de Feudalismo Digital, porque es digital pero también es físico y cognitivo. En su discurso en la Universidad de Georgetown en Washington, Mark Zuckerberg lo llamó "el Quinto Poder".

Paradojas productivas del "Quinto Poder"

Zuckerberg define el Quinto Poder como "la habilidad [que tienen los usuarios] de compartir sus pensamientos con las masas". Que es una interpretación dudosa pero involuntariamente provocadora. Contra lo que nos sugiere la intuición contemporánea, la prensa no se convirtió en el cuarto poder después del legislativo, ejecutivo y judicial porque Edmund Burke lo propusiera en 1787 y entonces no había democracia sino la jerarquía parlamentaria del Reino Unido. Allí los tres poderes iniciales eran los Lores Espirituales (iglesia), los Lores Temporales (nobleza) y los Comunes (políticos). Según cuenta Thomas Carlyle, Burke declaró que la prensa era el más influyente puesto que tiene el poder de crear opinión pública, además de reflejarla.

Zuckerberg quiere dar a entender que el quinto poder es el del los Comunes vulgaris (la masas), esa inteligencia colectiva que caracterizó la retórica de la web 2.0. y que iba a cambiar el mundo y hacerlo más justo y equilibrado. Solo que la Inteligencia Colectiva y la web 2.0 resultaron ser los ejes de una campaña de branding diseñada para oscurecer la verdadera operación: la extracción de cantidades masivas de datos, pensamientos y experiencias de los usuarios para entrenar algoritmos predictivos de inteligencia artificial. Algoritmos entrenados para entender, predecir y modificar los pensamientos de las masas. El quinto poder tiene la capacidad de persuadir a las masas de consumir cosas que no necesitan, votar a candidatos que no les convienen o quemar casas de vecinos que no han hecho nada. Podemos llamarlo, en honor a Zuckerberg, el Quinto Imperio. Burke diría que es el más peligroso porque tiene el poder de doblegar a los cuatro anteriores porque ha conseguido poner el proceso democrático a trabajar en su propia destrucción.

Como decía Alex Angulo en El Día de la Bestia, el diablo imita a Dios para burlarse pero también para apropiarse de sus cualidades divinas. En el caso de Facebook, la retórica democrática que empezó con su fallida campaña pre-presidencial ha ido incorporando una parodia de poder legislativo independiente. Primero llegaron los fact-checkers, periodistas externos certificados por la International Fact-Checking Network que verifican las excreciones del reino sin poder modificarlo y la novedad de este año, un "tribunal supremo" de apelaciones que dictará sentencia vinculante sobre aquellos temas que superen a los algoritmos y a los verificadores y den trabajo al departamento de Relaciones Públicas. Ambos asumen una responsabilidad sin poderes y facilitan que el reino ejerza un poder sin responsabilidad.

La gran parodia democrática

En el Quinto Imperio no existe la cárcel pero hay una pena máxima: desplataformar. Significa "impedir el acceso a una plataforma para expresar su opinión". El wikidiccionario propone los siguientes sinónimos: censurar, expurgar, suprimir, incidiendo en la expulsión como el bloqueo del ejercicio de la libertad de expresión en un lugar donde se tiene el derecho. Solo que el usuario no tiene derechos como la privacidad o la libertad de expresión porque no es ciudadano sino un súbdito que no ha elegido a sus gobernantes. Por lo tanto, la palabra apropiada es desterrar. Según la RAE, "dicho de quien tiene poder o autoridad para ello: expulsar a alguien de un territorio" y "apartar de sí algo inmaterial o hacerlo desaparecer". Aquí notamos que el imperio ejerce un monopolio del espacio público, político, cognitivo y también comercial. Para un usuario, el destierro significa censura. Para un desarrollador, un fabricante o un político, significa desaparecer.

Hay un contenido que no está sujeto al aparato legislativo independiente: la propaganda política. Incluyendo la clase de propaganda que escandalizó al mundo con Cambridge Analytica y que ahora es el lugar común del marketing político digital. "No creo que esté bien que una empresa privada censure a los políticos o las noticias en democracia", declaró Zuckerberg en Georgetown. En su reino, censurar usuarios no es censura ni está reñido con la democracia porque no entra en conflicto con su mercado y ayudar a sus grandes clientes a diseñar y distribuir noticias falsas en campañas oscuras que no puede monitorizar ni la prensa libre ni legislar las leyes democráticas es proteger la libertad de expresión.

"En tiempos de revuelta social, tendemos a retroceder en libre expresión. Queremos el progreso que viene de la libre expresión pero sin las tensiones que trae con ella –declaró Zuckerberg–. Lo vemos en la famosa carta que escribió Martin Luther King Jr. desde la cárcel de Birmingham, donde había sido ilegalmente encarcelado por manifestarse pacíficamente". Por suerte, hay momentos en que la disonancia cognitiva es denunciada con suficiente claridad. "Quisiera ayudar a Facebook a entender mejor lo que significaron para MLK las campañas de desinformación lanzadas por políticos –le respondió en Twitter la hija del Doctor King–. Esas campañas crearon la atmósfera para su asesinato". A diferencia de nuestra democracia, ese templo tenía un buen dragón.

Por Marta Peirano

@minipetite

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Lunes, 17 Agosto 2020 06:49

Colombia. La otra pandemia

Colombia. La otra pandemia

Contra las violencias que asolan el territorio colombiano

En los últimos días las cifras de delitos violentos en el país han aumentado de manera alarmante. Asesinatos de jóvenes, de mujeres, de defensoras y defensores de derechos humanos, de indígenas o de excombatientes son más graves, si cabe, que las muertes causadas por el coronavirus.

Es hora de volver a gritar ¡basta ya!, tal como rezaba el informe del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) de 2013 que recogía una parte de la historia de violencia de Colombia. De poner nuevamente en el orden del día de todas las instituciones y colectivos una demanda cívica contra todas las violencias que desangran este país. Un grito sordo, a lo que parece por el poco caso prestado desde las autoridades, para atajar los delitos contra la vida.

Es hora de terminar con los crímenes que señalan a Colombia como una nación violenta. No se puede seguir cayendo en el delito de silencio, como escribió Mayor Zaragoza “Ha llegado, por fin, el momento de los pueblos, de las mujeres y hombres del mundo entero de tomar en sus manos las riendas de su destino. Ha llegado el momento de no admitir lo inadmisible. De alzarse. De elevar la voz y tender la mano”.

En la guerra contra el coronavirus están quedando en la cuneta las otras luchas, las de las gentes de abajo, las de quienes nunca cuentan, salvo que se conviertan en portada de noticieros por el drama que suponen. Está volviendo, si es que alguna vez se fue, la violencia extremista de la derecha más recalcitrante del continente.

Nada justifica un asesinato. No sirve el “algo habría hecho”, no es pertinente aludir a la condición social o sexual de las víctimas. Matan a las mujeres por su género, a las y los jóvenes por serlo, a excombatientes por haberlo sido. No vale afirmar que “se llegará al fondo del asunto”, no se necesitan palabras huecas, falsos discursos y vanas promesas. Se requiere un cambio profundo, de mentalidad, de actitud y de manera de ver y entender el mundo. Y sobre todo, un cambio de política de Estado.

El presidente está más pendiente de cómo intentar cambiar la justicia a favor de los suyos que de legislar para que se aplique y se cumpla la ley. Ni la firma de los acuerdos de La Habana ni ninguna otra resolución “oficial” y burocrática podrá instaurar la paz si el Gobierno no se pone a trabajar en serio y se compromete con ella de verdad.

El papel de los medios masivos de difusión de noticias, los tradicionales, es penoso -de lástima y de vergüenza-, dedicándole más tinta a la situación del preso número x, aislado en su finca mansión, o a la farándula que a los crímenes contra la población civil.

Una ciudadanía a la que se pide guardar una cuarentena para cuidar su salud mientras otros se dedican a quitársela a tiros. El aislamiento favorece que el poder no se sienta presionado por la sociedad y así seguir haciendo lo que quiera. Es decir, NADA.

El informe del CNMH empezaba con una cita de Todorov que dice “El mal sufrido debe inscribirse en la memoria colectiva, pero para dar una nueva oportunidad al porvenir”. Hoy en Colombia, el presente y el futuro pintan oscuros y tristes por esta otra pandemia.

16AGO2020

Publicado enColombia
Más de 200 mil personas se manifestaron en Minsk para exigir la dimisión del presidente, quien ha encabezado la nación eslava desde 1994. Especialistas califi caron la protesta como la más numerosa de la historia postsoviética. La concentración se dio en respuesta a un mitin de apoyo al mandatario, organizado por las autoridades, con miles de acarreados. En discurso, Lukashenko advirtió que el país le debe todo y que sin él desaparecerá como Estado soberano. Volvió a rechazar nuevos comicios. Foto Afp Juan Pablo Duch

Moscú. La capital de Bielorrusia, Minsk, se convirtió ayer en escenario de un mitin que reunió al menos a 200 mil personas que pidieron la dimisión de quien ha sido, desde 1994, su invariable líder, Aleksandr Luka-shenko, en lo que los observadores califican de la protesta más numerosa de la historia postsoviética de este pequeño país eslavo.

El día comenzó con un mitin de apoyo al mandatario, organizado por las autoridades con los recursos todavía a su alcance (las empresas públicas son 70 por ciento de la economía bielorrusa): miles de acarreados desde varias ciudades –el propio Lukashenko estimó que asistieron 50 mil seguidores suyos–, entre jubilados, soldados de civil y trabajadores bajo la amenaza de perder subsidios o el empleo en caso de no asistir, según numerosos testimonios.

Lukashenko –acompañado de su hijo Nikolai, de quien ha llegado a decir que le gustaría que algún día fuera su sucesor– agradeció las muestras de respaldo y dedicó la media hora que duró su discurso a advertir que Bielorrusia le debe todo y que sin él desaparecerá como Estado soberano, ante la agresividad de sus vecinos, Ucrania y varios países de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, que exigen a Bielorrusia repetir los comicios, lo cual él de ningún modo acepta por, sostiene, haberlos ganado sin trampas.

La inmediata respuesta de la mayoría de los bielorrusos que no temen el despido –muchas empresas del sector público ya se declararon en huelga– y consideran que, después del escandaloso fraude que Lukashenko cometió hace una semana, debe dimitir ya, se dieron cita de manera espontánea en otro mitin, esta vez de rechazo al todavía presidente, que reunió cuatro veces más participantes: al menos 200 mil personas frente a las 50 mil que por la mañana tuvieron que acudir al mitin de apoyo.

"¡Vete ya!", "¡Vivan las mujeres!" (en alusión a Svetlana Tijanovskaya, candidata unificada de la oposición que desconoció la victoria de Luka-shenko, se declaró ganadora y tuvo que exiliarse en Lituania, así como a las miles de mujeres que estos días salieron a protestar), "¡Las mujeres débiles son más fuertes que los tiranos!" y "¡Gloria a Bielorrusia!", entre otras consignas acompañaron la intervención de María Kolesnikova, quien ejerce de portavoz de Viktor Babariko, candidato presidencial encarcelado, y que forma parte del equipo de Tijanovskaya.

Al terminar el mitin, decenas de miles de inconformes –formando una columna de tres kilómetros de largo– marcharon hacia el centro de Minsk, a la plaza de la Independencia, para reiterar –en otro discurso de Kolesnikova– sus demandas frente a la sede del gobierno bielorruso, la principal de ellas: la renuncia inmediata de Lukashenko.

También exigen la libertad de los presos políticos y de los 4 mil manifestantes que aún permanecen entre rejas, así como castigar a quienes dieron la orden de reprimir a la gente que expresaba de manera pacífica su inconformidad.

Los actos de repudio a Luka-shenko ayer se extendieron por 27 ciudades de Bielorrusia, entre otras Baranovichy, Borisov, Bobruisk, Brest, Gomel, Grodno, Moguiliov, Vitevsk y Zhlovin.

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Carter da a Trump el secreto del éxito chino: no dilapida ningún centavo en guerras

Vale la pena rememorar la llamada telefónica que recibió el ex presidente Carter, demócrata, de parte de Trump hace 16 meses, cuando le externa su preocupación de que China "haya superado a EU" (https://bit.ly/3g4S1Nm).

Carter, hoy de 95 años, divulgó el contenido de su charla a la Iglesia Bautista Maranatha –de característica bibliocentrista, que, por cierto, tiene una sede en Pachuca, Hidalgo–, en su terruño de Plains (Georgia).

La palabra "Maranatha" proviene del arameo, el idioma semita de Cristo que aún conserva la Iglesia católica-maronita de Líbano, que significa "El Señor está por llegar".

Trump le comentó a Carter que se encontraba preocupado porque "China se nos adelantó", a lo que el ex presidente le sugirió que tenía razón de estar alarmado.

Fue justamente Carter, asesorado por su entonces consejero en Seguridad Nacional, Zbigniew Brzezinski, quien estableció las relaciones diplomáticas de EU y China en el histórico año de 1979.

Ya antes el ex presidente Nixon, con su ex asesor en Seguridad Nacional Kissinger, había visitado al Gran Timonel Mao Zedong y a su primer ministro, Zhou Enlai, en 1973 para construir los primeros puentes.

Según la versión de Carter, "Trump temía la creciente fortaleza económica de China" y calculó que, de acuerdo con "modelos (sic) económicos", China superaría a EU como la primera economía global en 2030 (sic).

Pues aquí se equivocaron los "modelos económicos" ya que hoy el PIB, cuando se mide por su poder adquisitivo, ya superó a EU (https://bit.ly/2E3tb32), y no falta mucho para que el "PIB nominal (sic)" de China rebase a EU cuando el mundo experimenta el "Siglo chino" que suplanta al desfalleciente "Siglo estadunidense" – a fortiori, después de la pandemia del Covid-19 que dejó mal paradas a las dos principales economías financieristas anglosajonas de EU y Gran Bretaña–, mientras que China retomó, al segundo trimestre de este año, su ruta ascendente con un crecimiento de 3.2 por ciento (https://bit.ly/2PPWlFk), lo cual demuestra que los "modelos económicos" o no sirven o no tuvieron en el radar al Covid-19.

Carter preguntó a su congregación de fieles: "Desde 1979 ¿Saben cuántas veces China ha tenido guerra con alguien?". Y contestó: "ninguna. Y nosotros hemos permanecido en guerras".

Carter hizo notar que, en sus 242 años de historia, en ese momento, EU solamente había gozado "16 (sic) años de paz", siendo el país "más bélico en la historia del mundo", lo cual se debe "a la proclividad (sic) de EU de forzar a otros países a adoptar los principios (sic) estadunidenses".

La brutal crítica de Carter fue in crescendo: "EU dilapidaba 3 millones de millones de dólares (trillones en anglosajón) en gasto militar", mientras China ostenta alrededor de 30 mil kioómetros. para ferrocarriles de alta velocidad.

Carter libra el "secreto del éxito de China" que "no ha gastado un solo centavo en la guerra y es la razón por la que nos han superado. Casi en todos los ámbitos".

El ex presidente alega que si EU hubiera invertido en infraestructura en lugar de tantas guerras, "tendría ferrocarriles de alta velocidad. Tendría puentes que no se estarían colapsando, tendría carreteras mantenidas adecuadamente" y su "sistema educativo sería tan bueno como el de Sudcorea y Hong Kong".

Y eso que Carter se concretó solamente al desastre de la infraestructura en EU y no abordó el azorante avance tecnológico de China: desde el 5G de Huawei hasta su reciente alunizaje en la parte oscura de la luna.

Pues parece que hasta ahora Trump le ha hecho caso a Carter en lo que concierne a no librar más guerras en el mundo, salvo sus asfixiantes guerras geoeconómicas y sanciones financieras y de tarifas que a veces suelen provocar mucho más daño que las mismas guerras militares, como es el caso flagrante de Irán, para satisfacer a su aliado Israel y a sus seguidores "evangelistas sionistas" de los dos Mike: Pence y Pompeo (https://bit.ly/2Y4fckx).

Se deduce, entonces, que quizá Trump esté bluffeando en una guerra militar contra China, cuya teatralidad sólo le serviría para su relección (https://bit.ly/31UZvx8).

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¿Brasil se doblega en la disputa EEUU-China?

Aunque China es el principal socio comercial de Brasil, que le compra tres veces más que Estados Unidos, el Gobierno de Jair Bolsonaro insiste en una relación asimétrica con Washington que provoca hondos perjuicios a su país.

 

Son demasiado evidentes los fracasos cosechados por la subordinación de Brasil a Estados Unidos, como lo prueba la patada en el trasero de Boeing a Embraer, que deja a la aeronáutica brasileña en condiciones difíciles para seguir adelante en medio de una fuerte crisis del sector.

Ahora Brasilia está utilizando "barreras técnicas" para frenar las inversiones de China en el área de energía y telecomunicaciones, aunque también puede afectar al área comercial. Un informe de Folha de Sao Paulo asegura que uno de los proyectos más importantes paralizados es la reanudación de la planta de energía nuclear Angra 3.

Para esta obra la empresa favorita, porque ofrece los costos más competitivos, es la China National Nuclear Corporation (CNNC), pero el gobierno estaría dispuesto a concederla a la estadounidense Westinghouse, desplazando además a la francesa EDF y la rusa Rosatom. El concurso para adjudicar la obra aún no tiene fecha definida.

La administración de Angra 3 corresponde a la brasileña Eletronuclear, empresa estatal vinculada a Eletrobras que es la responsable del proyecto, paralizado en 2015 con el 60% de las obras ya terminadas. La empresa fue investigada por la Policía Federal porque su director, el almirante Othon Luiz Pinheiro, fue parte de un esquema de corrupción con el pago de sobornos por parte del contratist.

El almirante fue procesado a 43 años de prisión por el juez Sergio Moro en el marco de la Operación Lava Jato, pero fue puesto en libertad dos años después. Othon Luiz Pinheiro es considerado el padre del programa nuclear brasileño, ya que fue uno de los principales responsables del desarrollo de una tecnología para el enriquecimiento de uranio llamada ultracentrifugación.

De ahí que militares brasileños hayan considerado en su momento que el objetivo del juez Moro, en sintonía con Washington, giraba en torno a razones "geopolíticas". Despejado el camino, ahora sería una empresa estadounidense la encargada de finalizar las obras de la central nuclear.

El segundo proyecto que está siendo retrasado, esta vez por el ministro de Economía, el ultraliberal Paulo Guedes, es la participación china en un fondo de inversiones para proyectos de infraestructura creado en 2017, por 20.000 millones de dólares de los cuales Pekín aportará tres cuartas partes.

"Desde que Guedes asumió el ministerio de Economía el fondo se ha estancado por la resistencia del Gobierno brasileño", asegura Folha de Sao Paulo.

Más grave aún es la amenaza del embajador de EEUU en Brasilia, Todd Chapman, quien en una entrevista a O Globo dijo que Brasil sufrirá "consecuencias económicas negativas" en caso de optar por la tecnología de Huawei para las redes telefónicas 5G.

Tanto Bolsonaro como su ministro de Relaciones Exteriores, Ernesto Araújo, y el de Seguridad Institucional, general Augusto Heleno, se muestran favorables a vetar a Huawei, aunque el vicepresidente Hamilton Mourao, también general en situación de retiro, no descartó que Brasil se incline por la empresa china.

Quien realmente muestra preocupación por la decisión del gobierno respecto a la telefonía 5G, es la ministra de Agricultura, Tereza Cristina, porque sospecha que China puede sustituir a Brasil en sus compras agrícolas. En efecto, en los primeros cuatro meses de 2020 las ventas agroindustriales a China representaron el 47% de las exportaciones, con una cifra récord de 31.400 millones de dólares.

Sobre este asunto existen lecturas muy distintas en Brasil. Las compras de EEUU representan apenas el 6,1% del total de las exportaciones brasileñas y varios técnicos aseguran que China podría diversificar las compras de soja, el principal producto de importación.

"Las simulaciones indican que si los chinos dejan de comprar sólo el 10% de nuestros productos, habrá una pérdida de al menos 8.000 millones de ventas y se eliminarán 800.000 empleos directos", explicaron técnicos agrícolas a los medios.

Por el contrario, el canciller Araújo, que profesa una ideología ultraderechista y se lo considera muy cercano a Donald Trump, sostiene que es China la que depende de los productos agrícolas brasileños y defiende la propuesta estadounidense de no considerar a China como una economía de mercado, lo que equivale a colocarla fuera de la Organización Mundial de Comercio.

Estas opiniones coinciden con las del área económica. El secretario de Comercio Exterior del Ministerio de Economía, Roberto Fendt, dijo a Folha que no habrá consecuencias ante un eventual veto a Huawei. "China tiene poco agua y siempre va a necesitar proveedores de alimentos y de otras materias primas".

Fendt razona que si China no le compra a Brasil, no podrá comprarle productos agrícolas a grandes exportadores como EEUU o Australia, porque con esos países también mantiene conflictos diplomáticos y comerciales.

De las declaraciones de la autoridades brasileñas de las últimas semanas pueden desprenderse algunas conclusiones.

La primera es que al interior del Gobierno de Bolsonaro se están evaluando decisiones estratégicas respecto a China. Todo indica que el alineamiento con EEUU es sólido, pero existen temores de que un veto a Huawei pueda enfurecer a China, que podría tomar represalias comerciales. Sin embargo, hasta ahora China no ha dado ese paso con Australia, donde compra importantes cantidades de mineral de hierro y con la que mantiene un serio contencioso con ramificaciones en el Mar del Sur de China.

La segunda es que más allá de las opciones geopolíticas e ideológicas que llevan a Brasil a seguir las orientaciones de Washington, el gabinete económico de Bolsonaro está enseñando fisuras importantes. Estos días se produjo una "desbandada" en el ministerio de Economía con la renuncia de dos secretarios por la demora en iniciar el proceso de privatizaciones.

No son las primeras bajas en el equipo de Guedes, que meses atrás se vio diezmado por otras renuncias importantes como la del presidente del Banco do Brasil, Ruben Noaes, y el secretario del Tesoro, Mansueto Almeida.

Según el diario O Globo, se trata de una "fractura" dentro del gabinete, dividido entre el ministro de Economía Guedes, partidario de las privatizaciones, mientras del otro lado se situaría el general Walter Souza Braga Netto, el poderoso ministro de la Casa Civil que representa el ala militar.

La división interna del Gobierno y la necesidad de aumentar el gasto público por la pandemia, están apartando a Bolsonaro de su programa electoral original. En este momento se registra una fuerte pugna que enseña, como apunta el periodista Tales Faria, que "los militares están más para el desarrollismo que para el ultraliberalismo económico".

17:28 GMT 14.08.2020

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Viernes, 14 Agosto 2020 06:11

¡No somos basura!

¡No somos basura!

“Llámense falsos positivos, exterminio, limpieza social o asesinato selectivo, lo ocurrido con los 5 adolescentes afrodescendientes en el sector Llano Verde, de la comuna 15 de Cali, es parte del infanticidio que ocurre en estas barriadas marginales pero que la sociedad olvida ante otros eventos no menos dolorosos que castigan a los nadie, a los desposeídos”.

 

Bogotá, D.C., 13 de agosto de 2020 | El miércoles 12 de agosto, distintos medios de comunicación publicaron la noticia del asesinato de 5 adolescentes afrodescendientes en Llano Verde, de la comuna 15, que pertenece al distrito de Aguablanca enCali, una zona periférica y altamente vulnerable.  Unas horas antes de leer la noticia, estaba escuchando la conferencia Herramientas para acercar a niños y jóvenes a la realidad de la guerra de la escritora de literatura infantil y juvenil Pilar Lozano, quien trabaja como mediadora de lectura con niños, niñas y jóvenes en distintas zonas del país, afectadas por el conflicto armado, la pobreza y el olvido estatal.

Una de las anécdotas más dolorosas y conmovedoras de la charla ocurrió en un barrio limítrofe entre Bosa y Ciudad Bolívar, después de una lectura en voz alta del libro Tengo miedo de Ivar Da Coll, una niña de 10 años se acerca a la escritora y le confiesa que en su barrio se hace la limpieza social, deacuerdo con su testimonio,  los jueves y los viernes una camioneta negra sube y mata a los niños, la menor  remata su relato con la siguiente la frase: “a mí me da mucha rabia, porque limpieza tiene que ver con mugre y nosotros no somos basura, somos seres humanos”.

Este testimonio llevó a la periodista a escribir un libro sobre esta repugnante práctica que tituló No somos basura. Llámense falsos positivos, exterminio, limpieza social o asesinato selectivo, lo ocurrido es parte del infanticidio que ocurre en estas barriadas marginales pero que la sociedad olvida ante otros eventos no menos dolorosos que castigan a los nadie, a los desposeídos.    

Del mismo modo que conmueve escuchar el relato de la escritora, resulta indignante y repulsivo leer los comentarios que algunos de los ciudadanos hacen frente a esta noticia, uno de ellos dice: “Qué hacían los angelitos en el cañaduzal donde permanentemente atracan?” Sin duda esta noticia parte de las sentencias discursivas de connivencia fratricida que se vienen repitiendo desde cuando el entonces presidente de Colombia Álvaro Uribe Vélez, se refirió a los jóvenes desaparecidos en Soacha y que más tarde pasarían a llenar las listas de los falsos positivos. Esto nos hace pensar en una doble victimización que comete el Estado colombiano y sus ciudadanos, en donde el primer crimen que comete un niño o una niña que nace en un barrio periférico y olvidado, es ser pobre y, por lo tanto, delincuente; en comparación con otros y otras ciudadanas, estos niños y niñas antes denacer son culpables, no cuentan con la presunción de inocencia a la que ahora apela el presidente Duque en defensa de su mentor y padrino político.

¡No somos basura!

Por Valeria Maldonado, integrante del equipo de Territorios y Derechos Humanos de la organización Pensamiento y Acción Social (PAS).  Pedagoga, promotora de lectura y defensora de los derechos de los niños y las niñas.

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