¿Nos dirigimos al totalitarismo? ¿No estábamos ya ahí?

El 11 de marzo de 1889, el ahora olvidado ex presidente de Estados Unidos Rutherford Hayes escribió en su diario: “En el Congreso nacional y en las legislaturas estatales se aprueban cientos de leyes dictadas por el interés de las grandes compañías y en contra de los intereses de los trabajadores… Este no es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Es el gobierno de las corporaciones, por las corporaciones y para las corporaciones”. Tres años después estallaría la mayor crisis económica del siglo XIX y cuarenta años más tarde, por las mismas razones, la mayor crisis económica del siglo XX, la cual sería mitigada por las políticas sociales del presidente F. D. Roosevelt. Treinta años más y el neoliberalismo de los Milton Friedman contraatacaría para revertir estas “políticas socialistas” (según las acusaciones de la época) que habían salvado a millones de trabajadores del hambre y a Estados Unidos de la desintegración.

El 18 de julio de 2019, el USA Today publicó una investigación sobre la dinámica de la democracia estadounidense. Solo en un período de ocho años, los congresos estatales de los cincuenta estados de la nación habían recibido 10.163 proyectos de leyes escritos por las grandes corporaciones, de los cuales más de 2.100 fueron aprobados. En muchos casos se trató de un simple copia-y-pega con mínimas variaciones. Nada nuevo y, mucho menos, obsoleto. Secuestrar el progreso de la humanidad ha sido siempre una especialidad de las todopoderosas compañías privadas que luego reclaman todo el crédito del bienestar ajeno y del bien moral propio.

A lo largo de la historia, con frecuencia las pandemias han cambiado formas de ver el mundo y han derrumbado verdades incuestionables. Aunque todo depende de la gravedad y del tiempo que dure la que nos ocupa ahora, si no derriba el muro neoliberal al menos dejará su huella en las políticas sociales, en la forma de gestionar las necesidades humanas que no pueden ser resueltas ni por la mano invisible del mercado ni por la visible miopía del interés propio. También ayudará a confirmar la conciencia de que nadie se puede defender de un virus ni con las armas ni con los ejércitos más poderosos del mundo, por lo cual pronto una nueva mayoría en países belicosos, como Estados Unidos, tal vez comiencen a cuestionarse el sentido de los gastos astronómicos para unos y el desprecio tradicional hacia los otros.

Una consecuencia indeseada, según la advertencia de diversos críticos y analistas, sería el incremento de los Estados autoritarios. Esta probabilidad, aparte de real, es también una antigua expresión de otro autoritarismo que domina las narrativas y los miedos desde hace muchas generaciones y que, por ello mismo, no se reconoce como autoritarismo. Este miedo y esta advertencia no son altruistas ni son inocentes. Son una herencia que proviene del modelo capitalista en sus variadas formas, que necesita demonizar todo lo que está en las manos de los gobiernos, de los sindicatos, de las organizaciones sociales y hasta de las pequeñas empresas familiares o comunitarias, y diviniza la dictadura de las mega corporaciones privadas.

Las tendencias autoritarias no son patrimonio de quienes están a favor del protagonismo de los Estados (todo depende de qué Estado estamos hablando) ni nació con la pandemia. La actual ola neofacista y autoritaria precede la misma aparición de Covid 19. Pero ambos son la consecuencia de una realidad destructiva basada en la acumulación infinita de los poderes financieros y de las sectas corporativas, de su insaciable sed de beneficios, de poder y de una cultura consumista que, al igual que un individuo enfermo, ha ido cambiando de forma progresiva el placer de una adicción por la depresión y el suicidio. En las clases excluidas (es decir, en la mayoría del pueblo), la respuesta emocional y errática de los grupos fragmentados intenta llenar este vaciamiento de sentido social, individual y existencial, con los colores de una bandera o de una secta, con el repetido efecto de desprecio y hasta odio por todo lo demás que no cae dentro de su pequeñísimo círculo (los otros excluidos), el que confunden con una verdad universal a la cual, se supone, solo ellos tienen acceso de forma mágica, secreta y excluyente. La distracción perfecta.

Esta nueva crisis ha probado no solo la crónica ineficacia de los modelos neoliberales para enfrentar un problema global y hasta nacional, no solo ha revelado la superstición inoculada en los pueblos (“los privados lo hacen todo mejor”, “libre empresa y libertad son la misma cosa”) sino que, además, son la misma causa del problema. La pandemia no puede ser desvinculada de su marco general: el consumismo y la crisis ecológica.

Si bien en sus orígenes el capitalismo significó una democratización de la vieja y rígida sociedad feudalista (el dinero aumentó la movilidad de los comunes), pronto se convirtió en un sistema neofeudal donde las sectas financieras y empresariales de unas pocas familias terminaron por concentrar y monopolizar las riquezas de las naciones, dominando la política de los países a través de sus sistemas democráticos e, incluso, prescindiendo totalmente de esta formalidad.

¿Quiénes votan a los dueños de los capitales, a los gerentes de los bancos nacionales e internacionales, a las transnacionales que se arrogaban y se arrogan el derecho de acosar o derribar gobiernos y movimientos populares en países lejanos? A esa larga historia de autoritarismo ahora hay que agregar la dictadura más amable y más sexy de gigantes como Google, Facebook, Twitter y otros medios en los cuales vive, se informa y piensa la mayoría del mundo. ¿Qué pueblo los votó? ¿Por qué los gobiernos democráticos tienen tan poca decisión en su decisiones que afectan a miles de millones de personas? ¿A qué intereses responden, aparte de su propia clase ultra millonaria en nombre de la democratización de la información? ¿Hay algo más demagógico que esto? ¿Cómo hacen para adivinar lo que dos amigos conversaron la tarde anterior, escalando una montaña o caminando por una playa sin usar ningún instrumento electrónico? Adivinan (ideas, deseos) lo que ellos mismos indujeron. Esas dos personas solo recorrían un camino establecido o previsto por las corporaciones que conocen hasta lo que pensará un individuo en un mes, en un año, como si fuesen dioses.

El dominio es de tal grado que los pueblos que están por debajo, confinados al consumo pasivo y sin ningún poder de decisión sobre los algoritmos, las políticas sociales y la ideología que rige sus deseos, son los primeros en defender con fanatismo la idea de la “libertad individual” y de los beneficios que proceden de estos dioses omnipresentes.

Es decir, el temor de que nos diriginos a un totalitarismo estatal procede, en gran medida, del interés contrario: el temor del autoritarismo corporativo de que los Estados puedan, de alguna forma, llegar a regular sus tradicionales y altruistas abusos de poder.

25 de noviembre de 2020

 

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Miércoles, 25 Noviembre 2020 05:33

El "testamento" político de Friedrich Engels

El "testamento" político de Friedrich Engels

Cualquiera que haya sido puesto a prueba por su lealtad a la constitución en los años 70 y siguientes en la antigua República Federal y haya sido sospechoso de ser un "enemigo de la constitución" probablemente se acordará del "último Engels". Desear un orden económico y social diferente está permitido en la constitución; el derrocamiento violento del orden político no. Como joven de izquierda uno podía remitirse al "último Engels" para pasar como amigo de la constitución, aunque con opiniones radicales.

Con el "último Engels" se hace referencia, ante todo, a un texto que Friedrich Engels escribió a principios de 1895, pocos meses antes de su muerte: una introducción a la nueva edición de "Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850" de Karl Marx. Casualmente, este fue el último gran texto que escribió y publicó antes de su muerte. No pretendía ser su "testamento político". Recibió este dudoso estatus por una serie de coincidencias.

Engels nunca había estado tan cerca del SPD y sus partidos hermanos europeos como en los últimos cinco años de su vida. Sin Engels, difícilmente hubiera sido posible -contrariamente a lo esperado- la exitosa refundación de una Internacional de partidos socialistas y socialdemócratas en el verano de 1889. En los primeros años de la llamada "segunda" Internacional, antes de que existiera una organización formal y un buró conjunto en Bruselas, muchos de los contactos entre los partidos socialistas de Europa y América del Norte pasaban por Engels. Mantenía correspondencia con todos los que tenían rango y nombre en el movimiento socialista, con Kautsky, con Bernstein, con August Bebel y otros miembros del ejecutivo del SPD, con Viktor Adler, con Domela Nieuwenhuis, con Filippo Turati, con Pablo Iglesias, con Paul Lafargue y muchos otros.

En 1890 cayó la Ley Socialista (Sozialistengesetz), y el SPD pudo operar legalmente de nuevo en el Reich alemán. Engels estaba entusiasmado. Vio el comienzo de una nueva época política en Alemania, que requería un lenguaje político diferente y una estrategia y táctica políticas diferente. Con el congreso del partido de Erfurt de 1891, logró una obra maestra: por primera vez, un partido de masas europeo con cientos de miles de miembros y votantes, el SPD, había adoptado un programa decididamente socialista que estaba claramente determinado por el "socialismo científico" de Marx y Engels. Engels consideraba al SPD como el centro, el núcleo central más importante del movimiento obrero europeo e internacional; por lo tanto, le dedicó toda su atención. Para atraer a socialistas y marxistas, era necesario no sólo completar el tan esperado tercer volumen de El Capital, sino también reeditar muchos de los escritos marxistas que estaban agotados y eran apenas conocidos.

Las luchas de clases en Francia de Marx

Por eso estuvo encantado cuando Richard Fischer, el director de la editorial del Vorwärts, le preguntó si estaba dispuesto a publicar una edición separada de la serie de artículos de Marx, originalmente titulada "1848 a 1849" en la Neue Rheinische Zeitung. Politisch ökonomische Revue y escribir un prólogo. Engels estuvo de acuerdo y escribió el texto, una introducción extensa en lugar de un breve prefacio, entre el 14 de febrero y el 8 de marzo de 1895. Para la reedición de los tres artículos originales en la Revue. Mai bis Oktober 1850, que había escrito junto con Marx, elaboró una cuarta parte y la incluyó al final. El resultado fue, como escribió a Richard Fischer, un "capítulo correcto y decente" y una "conclusión objetiva del conjunto, sin la cual permanecería como un fragmento"(1). Propuso para este texto el título que se usa hoy en día, "Las luchas de clases en Francia de 1848 a 1850" (2). Bajo este título también se publicó en abril de 1895 como un folleto con la introducción de Engels, en una edición de 3.000 ejemplares.

A principios de diciembre de 1894, el Canciller del Reich, el Príncipe von Hohenlohe-Schillingfürst, introdujo un nuevo proyecto de ley contra la subversión (Umsturzvorlage) en el Reichstag, dirigido contra la agitación socialdemócrata. En consecuencia, la dirección del SPD reaccionó nerviosamente a todo lo que pudiera aumentar el peligro de una nueva edición de la Ley Socialista. Engels estaba dispuesto a ceder a las propuestas de cambio del ejecutivo del partido. Consideró que algunas de ellas eran exageradas, y advirtió que no se debían subordinar por puro miedo a una línea de "legalidad absoluta, legalidad a cualquier precio", incluso frente a violaciones claras de la constitución y a actos de golpe de estado; nadie creía en tales declaraciones. Se quejó a Kautsky de que su texto había "sufrido bastante por las temibles reservas de nuestros amigos de Berlín sobre el golpe, que tuve que tener en cuenta dadas las circunstancias" (3). Wilhelm Liebknecht, sin embargo, cogió el texto de Engels, lo adaptó por su cuenta y lo publicó en Vorwärts. Engels protestó firmemente contra esta versión no autorizada y abreviada de su texto: el texto fue "tan recortado que parezco un pacífico adorador de la ley quand même" (4). Kautsky se aseguró de que la introducción de Engels, en la versión que autorizó, también se publicara en la Neue Zeit. Así, en muy poco tiempo, se distribuyó ampliamente entre la opinión pública socialista internacional (5).

Así pues, había tres versiones del texto de Engels: la versión original, la versión editada, en la que se habían suprimido algunos pasajes con el conocimiento y el consentimiento de Engels, y la versión no autorizada, recortada, de Wilhelm Liebknecht. El asunto se volvió explosivo cuando, después de la muerte de Engels, su introducción fue citada por algunos partidarios del revisionismo como prueba de que incluso Engels, en sus días de vejez, se había despedido de las fantasías revolucionarias de su juventud. Kautsky y otros estaban en desacuerdo con esta osada interpretación, que sólo podía basarse en el recorte de Liebknecht, pero no en el texto publicado con el consentimiento de Engels. La disputa volvió a estallar cuando David Riazanov, el director del Instituto Marx-Engels de Moscú, encontró el manuscrito original en el legado de Engels y lo publicó en 1925. Esto permitió reconstruir las partes suprimidas que el mismo Engels había hecho o, en parte, aceptado a regañadientes (6). Sin embargo, las críticas que los revisionistas del SPD habían falseado deliberadamente de las palabras de Engels, pudieron ser fácilmente refutadas por Kautsky (7).

Engels después de Marx

¿Cómo pudo un texto relativamente corto de Engels convertirse en la manzana de la discordia? En 1895 el viejo Engels era una leyenda, el puente viviente hacia Marx, el único que, a pesar de su "impertinente modestia", podía hablar con plena autoridad en nombre de Marx, la instancia suprema en asuntos de "marxismo", que sin él no hubieran existido (8). Desde el verano de 1844 había sido el más estrecho amigo y colaborador de Marx, ambos habían perseguido muchos proyectos juntos hasta el final. El gestor y capitalista, el erudito privado sin título académico se había formado un gran nombre como escritor y periodista. El "General", como lo llamaban sus amigos, era considerado una autoridad destacada en todo lo militar (9). Pero se veía sobre todo como albacea de su amigo fallecido, y la publicación de los volúmenes segundo y tercero de El Capital (1885 y 1894) como su trabajo más importante. Dado que no había un texto comparablemente extenso de los escritos de Marx sobre política y estado, fue Engels quien, en su extensa correspondencia y en muchos pequeños textos, a menudo introducciones a nuevas ediciones de viejos escritos de Marx y de él mismo, contribuyó decisivamente para aclarar cuestiones centrales del movimiento socialista en Europa.

La introducción de Engels de 1895

Inicialmente este texto no trataba en absoluto de política, sino de ciencia: la serie de artículos de Marx fue la prueba de fuego, el primer intento "de explicar, a partir de una situación económica determinada, una parte de la historia contemporánea mediante su [es decir, marxista] modo materialista". Aquí se trataba de “demostrar la relación causa-efecto interna de un proceso de varios años, tanto crítico como típico para toda Europa… es decir, atribuir los acontecimientos políticos a los efectos de causas, en última instancia, económicas (10). Esto no era fácil, porque "una visión clara de la historia económica de un período determinado nunca se consigue de forma simultánea, sólo puede obtenerse retrospectivamente, después de que el material se haya recogido y examinado". En consecuencia, para Engels, el "método materialista" debía limitarse a los análisis históricos contemporáneos. Difícilmente se puede superar la evidencia de que los "conflictos políticos" están relacionados con "conflictos de interés de las clases sociales y fracciones de clase determinadas por el desarrollo económico" y los actores políticos (como los partidos) son la "expresión más o menos adecuada de estas... clases y fracciones de clase". Gracias a su conocimiento preciso de la historia económica y política de Francia, Marx había logrado dar "una descripción de los acontecimientos que revela su coherencia interna de una manera que nunca antes se había logrado" (11). Engels se refería a la posterior obra de Marx, el 18º Brumario de Luis Bonaparte de 1852, en el que continuó este análisis del curso de los acontecimientos hasta el golpe de Estado de Napoleón III y la caída de la Segunda República francesa (12).

El análisis de la historia contemporánea no es una teoría general, sólo tiene una validez histórica limitada. Engels expuso, de forma totalmente autocrítica, la perspectiva histórica que Marx y él compartían en 1850. Como los demócratas radicales y comunistas que eran, tenían la historia de la Revolución Francesa en sus mentes. Estaban completamente hechizados por este gran modelo y esperaban que la revolución europea, que comenzó con la Revolución de febrero de 1848 en París, siguiera un curso muy similar. Estaban completamente equivocados. Engels quiso explicar a los lectores de 1895 por qué "en aquella época estábamos autorizados a contar con una victoria inminente y definitiva del proletariado, por qué no se produjo y en qué medida los acontecimientos contribuyeron a que hoy viéramos las cosas de manera diferente a como las veíamos entonces" (13). En el otoño de 1850 habían comprendido que el período revolucionario había terminado; pero esperaban una continuación, una nueva ola de revolución en la línea de la anterior, desencadenada por una nueva "crisis económica mundial" (14).

Pero, continuó Engels, "la historia no nos ha dado la razón, a nosotros y a todos los que pensaban de manera similar" (15). En 1848, el estado de desarrollo económico en Europa, especialmente industrial, estaba lejos de estar tan avanzado en ese momento como ellos pensaban. El rápido desarrollo del capitalismo industrial que tuvo lugar después de 1848, la revolución económica y sobre todo industrial que se extendió por todo el continente europeo, demostró que el capitalismo moderno estaba lejos de estar al final de su desarrollo, más bien se encontraba al principio. El desarrollo hacia las formas políticas modernas, hacia el estado nacional y la república, también estaba lejos de ser completo. El breve episodio de la Comuna de París de 1871 demostró una vez más como de imposible era el dominio de la clase obrera en Europa por entonces (16).

Por consiguiente, estaba claro para Engels que "el modo de lucha de 1848 está hoy anticuado en todos los aspectos", especialmente la "rebelión a la vieja usanza, las luchas callejeras (Straβenkampf) con barricadas, que se producían por todas partes hasta 1848"; las condiciones completamente cambiadas permitían y requerían hoy un "modo de lucha del proletariado totalmente nuevo" (17). Los modelos de 1789, 1830 y 1848 ya no servían como orientación (18).

La nueva estrategia y táctica. ¿Cómo vencerá la socialdemocracia?

En sólo unas pocas páginas, Engels desarrolló la estrategia que hoy, con Gramsci, llamaríamos "guerra de posiciones" (Stellungskrieg), la estrategia de una lenta conquista del poder, parte por parte, posición a posición, con tiempo por delante (19). Esta estrategia se hizo posible y necesaria porque se juntaron algunos elementos nuevos: el ascenso de los partidos socialistas de masas, la introducción del sufragio universal (masculino) en diferentes países europeos y los cambios en la tecnología militar. Para Engels era crucial el hecho de que los partidos obreros habían aprendido a utilizar el sufragio universal, a participar en las elecciones a todos los niveles, en los parlamentos nacionales, en los "parlamentos estatales, consejos locales, tribunales laborales", a dirigir campañas electorales, a "disputar cualquier puesto" a la burguesía, a hacerse oír en la opinión pública política con sus propios órganos de prensa, también a utilizar el parlamento para trabajar en la opinión pública política, en resumen, a llevar a cabo luchas políticas legalmente, dentro del marco de las leyes y la constitución. Engels confió en que los grandes partidos obreros desarrollarían esta estrategia cada vez más, todos los socialistas aprenderían que el "trabajo largo y perseverante", el "trabajo lento de la propaganda", la continua "actividad parlamentaria" serían necesarios para alcanzar el objetivo. Esta prolongada labor era necesaria porque la revolución socialista no podía ser una sorpresa, una toma del poder por una pequeña minoría "a la cabeza de masas inconscientes", sino una gran revolución, el “completo cambio radical de la organización social". Aquí "las masas" (es decir, en primera línea, la clase obrera) debían participar activamente, y por lo tanto habrían comprendido por sí mismas de qué tipo de revolución se trata; finalmente debían llevarla a cabo (20).

Engels se opuso claramente a las tácticas dirigidas a la toma del poder mediante insurrección o golpe de estado, y de ninguna manera sólo por razones militares. También le preocupaba el argumento ético y moral contra una táctica que tomara la masa de trabajadores sólo como infantería y carne de cañón de la revolución. De todos modos, en el estado actual de la tecnología militar, los intentos de insurrección tendrían pocas posibilidades de éxito, en tanto el ejército estuviera intacto y los soldados obedecieran a sus oficiales. Advirtió a todos los partidos socialistas que no se dejaran convencer para provocar actos violentos o lo que sólo podría terminar en derrotas sangrientas, en derramamiento de sangre como en París en 1871, que haría retroceder décadas el movimiento obrero. Las organizaciones de masas socialistas, el movimiento obrero, como mejor se conducen es cuando se mueven dentro del marco legal, usan sus derechos sabiamente y construyen sus posiciones en el estado y la sociedad paso a paso. La "tarea principal" del SPD en particular es mantenerse intacto, que el movimiento y sus organizaciones de masas se cuenten por millones, no dejar que se desgaste en escaramuzas, continuar el crecimiento de su propio poder político con medios legales y pacíficos hasta que haya crecido "el poder decisivo del país", un poder que "crece por encima del sistema político existente" (21). Engels dejó aquí abierto lo que sucedería si el movimiento socialista de la clase trabajadora se convirtiera un día en el poder más grande en el estado. Terminó su introducción con una analogía histórica y se refirió al ascenso de los cristianos en el Imperio Romano, de ser una secta a ser la religión del estado (22). Hay que destacar esta analogía, porque muestra muy claramente que Engels imaginó la lucha política de la socialdemocracia como una lucha prolongada por la hegemonía en el estado y la sociedad. Al final, el movimiento obrero ganaría porque sus pensamientos, sus valores, sus objetivos serían los pensamientos, valores y objetivos dominantes.

En los pasajes borrados de su manuscrito, también habló de un posible futuro de Straβenkämpfen: todavía podrían ocurrir, pero las condiciones serían mucho menos favorables que antes. Algo muy diferente a eso era crucial: si el movimiento socialista continuaba creciendo como lo había hecho hasta ahora, entonces, en un futuro previsible, la mayoría de los soldados de leva consistirían, en gran mayoría, en jóvenes socialistas, y por lo tanto ya no serían utilizables contra su propio pueblo. Por supuesto, Engels, como buen demócrata, no renunciaba al derecho a resistir en situaciones que consideraba probables: violaciones abiertas de la constitución, golpes de estado por parte de los poderes dominantes, que no veían otra manera de controlar el exitoso movimiento legal de masas de los socialistas. Pero mejor no hablar hoy de lo que uno habría hecho entonces (23).

El "revisionismo" de Engels: ¿Cambió Engels su concepción política?

Esta era la opinión de muchos que consideraban a Engels y especialmente a Marx como revolucionarios peligrosos. Los partidarios en el SPD de la táctica de quedarse quieto y esperar se sintieron confirmados. Sin embargo, Engels subrayó que consideraba que las tácticas pacíficas y legales de las campañas electorales y la labor parlamentaria sólo eran útiles para ciertos países y en ciertas condiciones (24). Por supuesto, sólo entonces y únicamente allí donde había sufragio universal y donde las reglas democráticas del juego fueran respetadas por los poderes dominantes. Pero eso no lo harían siempre, Engels estaba convencido de ello. La estrategia de Stellungskriegs y las tácticas de acción legal y pacífica, según las reglas de juego democráticas, llegarían a su fin porque los gobernantes recurrirían a la violencia mucho antes de que el partido socialista pudiera lograr una mayoría y llegar legalmente al poder. Y esto los conduciría "del terreno de la mayoría de los votos al terreno de la revolución" (25).

Esta posición no era nueva. Las revoluciones pacíficas, de forma legal y democrática, eran probablemente concebibles en algunos países (Francia, EE.UU., Gran Bretaña), había escrito Engels en 1891. En los países "donde la representación del pueblo concentra todo el poder en sí mismo, donde se puede hacer lo que se quiera de forma constitucional tan pronto como se tenga a la mayoría del pueblo detrás de sí" (26). Marx había dicho públicamente exactamente lo mismo en Ámsterdam en 1872: en algunos países como los EE.UU., Gran Bretaña, tal vez también Holanda, es posible que "los trabajadores puedan alcanzar su objetivo por medios pacíficos"; esto depende de las "instituciones... costumbres y tradiciones de los diferentes países" (27). Y veinte años antes, en 1852, Marx había escrito que la implantación del sufragio universal en Inglaterra sería un "logro de contenido socialista" porque conduciría inevitablemente a un "gobierno político de la clase obrera" (28).

Tanto Marx como Engels estaban convencidos de que la república democrática era la más alta y última forma política de la sociedad burguesa, a la que se podía combatir definitivamente en la moderna lucha de clases. Está claro, dijo Engels en 1891, "que nuestro partido y la clase obrera sólo pueden llegar al poder bajo la forma de la república democrática" (29). En su texto de 1895, Engels elogió el enorme progreso que tanto el partido como el mismo movimiento socialdemócrata habían sido capaces de llevar a cabo bajo las restrictivas condiciones del aún entonces Imperio Alemán. ¡Qué avances no habrían logrado en las condiciones de una república democrática! Tanto Engels como Marx se habían opuesto repetida y firmemente a las frases y jugueteos revolucionarios; este fue el núcleo de sus discusiones con los anarquistas.

No hay ruptura entre el viejo Engels, asesor de un movimiento internacional de masas que ya era una potencia en Europa, y el joven revolucionario que participó en el levantamiento de Baden de 1848/49. Ambos, tanto el viejo como el joven, insisten en el histórico "derecho a la revolución", ya que todos los estados del presente (así como del pasado) han surgido de revoluciones. Bismarck fue, como Robespierre, un revolucionario; nuevas formas políticas pueden surgir de "revoluciones desde abajo" así como de "revoluciones desde arriba". Todo pueblo tiene derecho a cambiar la forma de estado y de gobierno, de dotarse de una nueva constitución o de otra república, e incluso pretender e instaurar una nueva forma de democracia política. Tanto el viejo como el joven Engels insisten en el primordial "derecho a la resistencia" democrática contra los actos violentos de los respectivos gobernantes. Y tanto el joven como el viejo se vuelven decididamente contra los "alquimistas de la revolución" que juegan con el levantamiento y con las vidas de decenas de miles. Incluso la huelga general, una de las ideas favoritas de los anarquistas, fue considerada un disparate por el viejo Engels.

Notas

  1. Friedrich Engels, Carta a Richard Fischer del 13 de febrero de 1895, en: MEW Vol. 39, p. 410.
  2. En 1850, mientras estaban en el exilio británico, Marx y Engels habían iniciado inmediatamente un nuevo proyecto de revista, la continuación de la Neue Rheinische Zeitung, esta vez como una revista político-económica. En cada número analizaban y comentaban los principales acontecimientos económicos y políticos de los meses anteriores.
  3. Friedrich Engels, Carta a Richard Fischer del 8 de marzo de 1895, en: MEW Vol. 39, p. 424; Friedrich Engels, Carta a Karl Kautsky del 25 de marzo de 1895, en: MEW Vol. 39, p. 446.
  4. Friedrich Engels, Carta a Karl Kautsky del 1 de abril de 1895, en: MEW Vol. 39, p. 452.

5.La introducción de Engels tuvo un efecto directo en los debates durante la segunda discusión del proyecto de ley de subversión en el Reichstag. Los parlamentarios liberales como Theodor Barth lo citaron como prueba de que la socialdemocracia de hoy no sigue ninguna "política de violencia". En los discursos del Reichstag, Ignaz Auer y August Bebel también se refirieron con aprobación al texto de Engels y lo citaron (véase Informes taquigráficos sobre las negociaciones del Reichstag. novena legislatura, tercer período de sesiones, 1894/1895, volumen 1, Berlín 1895, págs. 2143, 2149/2150, 2227). El proyecto de ley fue rechazado.

  1. En la edición de MEW, los pasajes eliminados se indican en el texto mediante corchetes angulares.

7.Karl Kautsky, El testamento político de Engels, en: Der Kampf, vol. 18, 1925, no. 12, pp. 472 - 478.

  1. Sin embargo, Engels no estaba en absoluto contento con el término "marxismo" inventado por los bakuninistas y otros oponentes de Marx. Sabía muy bien que Marx se había resistido fuertemente a ser visto como un "marxista".

9.Cf. por ejemplo su folleto de 1893 "¿Puede Europa desarmarse?" (en: MEW Vol. 22, pp. 371 - 399).

  1. Friedrich Engels, Introducción [a "Klassenkämpfe in Frankreich 1848 bis 1850" de Karl Marx], en: MEW Vol. 22, p. 509.

11.Friedrich Engels, ibíd., págs. 509, 510. Se puede ver que Engels, a diferencia de los filósofos marxistas, vio la prueba de la utilidad de la nueva teoría no en las reflexiones generales sobre el concepto de práctica o historia, sino en las investigaciones empíricas e históricas (contemporáneas) de las luchas políticas y sociales reales en los países capitalistas. La falta total de tales investigaciones históricas contemporáneas, combinada con la simultánea abundancia de reflexiones puramente filosóficas sobre la teoría marxista como tal, es la carencia básica de todos los "marxismos" actuales.

12.Friedrich Engels, ibíd., pág. 511.

13.Friedrich Engels, Carta a Paul Lafargue del 26 de febrero de 1895, en: MEW Vol. 39, p. 412.

14.cf. Friedrich Engels, Introducción ..., p. 513. Desde la crisis económica mundial de 1857/58, Marx y Engels vieron la conexión entre crisis económica y revolución con creciente escepticismo.

  1. Friedrich Engels, Introducción [a Karl Marx "Luchas de clases en Francia 1848 a 1850"], en: MEW Vol. 22, S. 515.
  2. Cf. Engels, ibid., pp. 516, 517.

17.Engels, ibíd., págs. 513, 519.

  1. "La era de las barricadas y las peleas callejeras se ha acabado para siempre... Así que uno está obligado a encontrar una nueva táctica revolucionaria. He estado pensando en esto durante algún tiempo, pero aún no he llegado a ninguna conclusión", escribió Engels a Paul Lafargue en 1892 (Friedrich Engels, Carta a Paul Lafargue del 3 de noviembre de 1892, en: MEW Vol. 38, p. 505).
  2. La distinción entre "guerra de posiciones" y "guerra de movimiento", que hoy en día se asocia con el nombre de Gramsci, había sido décadas antes desarrollada por Engels y otros. Gramsci es muy poco original en este sentido (como en muchos otros).
  3. Friedrich Engels, Introducción [a Karl Marx "Klassenkämpfe in Frankreich 1848 bis 1850"], en: MEW Vol. 22, p. 519, 523.

21.Engels, ibíd., págs. 523, 524, 525 y ss.

  1. Engels, ibíd., págs. 526, 527. En una carta privada, sin embargo, habló del momento "en que seríamos lo suficientemente fuertes para dar el paso a la legislación positiva", por lo que no descartó en absoluto una labor parlamentaria y legislativa (véase Friedrich Engels, Carta a Edouard Vaillaint de 5 de marzo de 1895, en: MEW Vol. 39, pág. 420).
  2. Cf. Engels, ibíd., págs. 522, 525, 526.

24." Predico esta táctica solo para la Alemania actual, y con no pocas considerables reservas. Para Francia, Bélgica, Italia, Austria, esta táctica no sirve en su totalidad, y para Alemania puede llegar a ser inaplicable mañana mismo" (Friedrich Engels, Carta a Paul Lafargue del 3 de abril de 1895, en: MEW Vol. 39, p. 458).

  1. Friedrich Engels, Respuesta al Honorable Giovanni Bovio, en: MEW Vol. 22, p. 580. En su artículo "Der Sozialismus in Deutschland" (El socialismo en Alemania), que apareció en 1892 en la Neue Zeit, había expresado esta expectativa de manera inequívoca: Los "burgueses y su gobierno" serán los primeros en violar la ley y el derecho en el Reich alemán para detener el ascenso de la socialdemocracia: "Sin duda, dispararán primero" (Friedrich Engels, Der Sozialismus in Deutschland, en: MEW Vol. 22, p. 251).
  2. Friedrich Engels, Zur Kritik des sozialdemokratischen Programmentwurfs, en: MEW Vol. 22, p. 234.

27.Karl Marx, Discurso sobre el Congreso de La Haya, en: MEW Vol. 18, p. 160.

28.Karl Marx, Los Cartistas, en: MEW vol. 8, p. 344.

  1. Friedrich Engels, Zur Kritik des sozialdemokratischen Programmentwurfs, en: MEW Bd. 22, S. 235.

Michael R. Krätke 

es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso, profesor de economía política en la Universidad de Lancaster y colaborador asiduo de Der Freitag. Meses atrás publicó el libro "Friedrich Engels oder: Wie ein Cotton-Lord" den Marxismus erfand (Friedrich Engels o cómo un "señor del algodón" inventó el marxismo) en la editorial Karl Dietz de Berlin.

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Margaret MacMillan, historiadora (Emilia Gutiérrez)

La historiadora critica que la política exterior de Trump “ha sido tan incoherente y dependiente de sus caprichos que no ha contrarrestado los movimientos de potencias como China, Rusia o Turquía”

 

Catedrática de Historia de las Relaciones Internacionales en Oxford y Toronto y autora de obras que son best sellers siempre con el largo plazo por guía, Margaret MacMillan (Toronto, 1943), biznieta del premier británico que negoció el tratado de Versalles tras la Primera Guerra Mundial, David Lloyd George; nieta de un médico que sirvió al virrey británico en la India, e hija de un padre que luchó en la Segunda Guerra Mundial en las filas canadienses, considera que pese a la victoria de Biden en las presidenciales y el adiós de Trump a la Casa Blanca EE.UU. evitará dar un vuelco total a su política exterior. Lo novedoso, resalta, es que el populismo parece batirse en retirada.

El resultado de las elecciones en EE.UU. ha sido muy ajustado: la victoria de Biden sólo se ha confirmado cuatro días después del voto, y llega de la mano de una evidente tensión social... ¿Afectará a su liderazgo y capacidad de influencia global?

Es muy pronto para decirlo. El hecho de que EE.UU. haya logrado celebrar las elecciones con éxito, sin evidencias de fraude y relativa poca tensión sugiere que los valores e instituciones democráticas están más fuertes de lo que muchos habíamos pensado. Es cierto que bajo Trump EE.UU. ha mermado bastante su soft power, pero éste puede ser restaurado. En política exterior Biden pondrá por delante los intereses de EE.UU. y, ciertamente, será menos internacionalista que muchos de sus predecesores, pero sí que entiende que EE.UU. necesita trabajar con otros y armar coaliciones.

¿Las diferencias entre Trump y Biden son menores de las que se les suponen?

La diferencia entre Biden y Trump no es pequeña. El primero es un centrista y moderado que quiere mantener a los norteamericanos unidos y respeta las instituciones; el segundo ha dañado la política e instituciones americanas y apela sólo a una parte del electorado.

Donald Trump durante un mítin este 2020. (Doug Mills / Bloomberg L.P. Limited Partnership)

¿El trumpismo sin Trump puede marcar las relaciones internacionales los próximos años? Porque no son pocos los que repiten que el populismo ha llegado para quedarse sea en América que en Europa.

Eso es mucho decir. ¿Y si el populismo está en declive? Puedes interpretar la derrota de Trump como tal. Cuando los populistas alcanzan el poder, no pueden llevar a cabo todas las promesas que hacen y el electorado se aleja de ellos. El resultado de los populistas en Italia y en algunos otros países europeos lo demuestra.

¿La disputada elección presidencial, más allá de quién ha ganado, debilita la posición de EE.UU. respecto a por ejemplo China, el otro gran actor en la política y economía internacional? ¿Pekín, por ejemplo, podría considerar a EE.UU. menos fuerte de lo que fue en el pasado y dar pasos adelante en sus intereses globales?

Los chinos miran con gran interés lo que está pasando en EE.UU. ¿pero quieren enfrentarse con él? Yo creo que preferirían una relación razonable, aunque sea un rival más que un amigo. China, como otras potencias como por ejemplo Rusia o Turquía, ha tomado ventaja del paso atrás dado por EE.UU. en sus compromisos globales bajo la Administración Trump y ha extendido su influencia e intereses. La política exterior de Trump, a su vez, ha sido tan incoherente y dependiente de sus caprichos personales que no ha contrarrestado tales movimientos. Pero la Administración Biden trabajará con gobiernos afines para contener poderes como el de China.

El presidente de la República Popular china, Xi Jinping, en 2013 junto al entonces vicepresidente Joe Biden, hoy presidente electo. (POOL New / Reuters)

En otras ocasiones ha repetido que, normalmente, pequeños cambios, crisis o sucesos son claves al hacer estallar luego un conflicto más extenso. Dada la división entre demócratas y republicanos en EE.UU., que parece profunda, ¿qué consecuencias pueden esperarse? ¿Ello puede pasar en EE.UU.?

Imposible decirlo. Los accidentes son impredecibles, y cuando llega uno, el daño que causa depende de factores contingentes como el liderazgo, los tiempos o la acción de otros además de que no estoy muy segura sobre cómo de profunda es la división en EE.UU. Yo diría que la mayoría de norteamericanos son centristas y que las opiniones y políticas de los demócratas y republicanos se les superponen. En algunos estados los votantes escogen a un demócrata para presidente pero a representantes republicanos. Así que sí, hoy EE.UU. tiene problemas, pero las sociedades pueden atemperar estas tormentas si cuentan con instituciones políticas y sociales fuertes.

En sus obras ha repetido que hay personas con poder que hacen grandes cosas y son muy inteligentes, pero que después algo va mal y simplemente no saben parar. ¿De alguna forma es lo que le ha pasado a la política exterior de EE.UU.?

Si te refieres a que EE.UU. no conoce los límites a su poder, yo diría más bien lo contrario, ya que la principal razón por la que quiere retirarse de sus enredos internacionales es por todo lo que pasó en Afganistán e Irak.

Biden será menos internacionalista que muchos de sus predecesores

Las tensiones políticas dentro de EE.UU. se añaden a la emergencia del coronavirus y a la paralela crisis económica global. También a finales del siglo XIX se repitió un escenario parecido, con la figura polarizante del republicano Grover Cleveland, la pandemia de cólera, etcétera. ¿Si en el XIX marcó la ascensión de EE.UU. como superpotencia el XXI señala su decadencia?

En realidad EE.UU. no se tornó en una superpotencia a finales del siglo XIX sino que necesitó de dos guerras mundiales en el siglo XX para trasladar su potencia social y económica a la militar, y ésta todavía continúa siendo muy fuerte aunque comparada con el pasado no lo sea tanto como lo fue. Está de moda hablar de la decadencia y del declive de Roma, pero es muy pronto para ello.

Por Alexis Rodríguez-Rata

23/11/2020 06:00 | Actualizado a 23/11/2020 09:42

Publicado enPolítica
Sábado, 21 Noviembre 2020 05:39

Genealogía del autoritarismo

Genealogía del autoritarismo

Panorama del debate sobre autoritarismo

El debate sobre autoritarismo, en singular, o autoritarismos, en plural, en América Latina, tiene como dos referentes concretos. El primero, la dictaduras militares de la década de los setenta, incluso alargándose en la década de los ochenta, que pueden haber comenzado antes, en la década de los sesenta, como en el caso boliviano; el segundo, los “gobiernos progresistas”, particularmente centrada la discusión en las gestiones del gobierno de la revolución bolivariana de Venezuela. El primer referente tiene como horizonte, de la interpelación críticaypolítica en los análisis, la transición a la democracia; el segundo referente tiene como eje argumentativo del análisis o de la interpretación la defensa de la Constitución, aprobada en los “procesos de cambio”, que encumbraron a los “gobiernos progresistas”. En este caso, es notoria la diferencia de las procedencias discursivas; la distinción de la interpelación de procedencia conservadora o como comúnmente se señala, de procedencia de “derecha”, de la interpelación crítica de procedencia radical o de la “izquierda” crítica.

En la historia del debate sobre autoritarismo, considerando los dos referentes señalados, es decir, las dos etapas del debate sobre autoritarismo, ambos campos discursivos, a pesar de sus diferentes preocupaciones enunciadas, comparten el juicio teórico político sobre el autoritarismo. Consideran al autoritarismo como una entidad o fenómeno aislable, como una anomalía política, respecto de la norma y regularidad política moderna, respecto de la institucionalidad establecida.  Por otra parte, tienden a la denuncia moral del autoritarismo, dejando entrever más la descalificación moral del autoritarismo que su análisis, comprensión, entendimiento y conocimiento del fenómeno y su funcionamiento. Aunque hay que remarcar, sobre todo con respecto al primer referente y la primera etapa del debate, la minuciosa descripción del ejercicio de poder de la dictaduras militares. En la segunda etapa, la relativa al segundo referente, no se puede decir lo mismo; pues se nota, mas bien, una premura en interpelar, denunciar y acusar al “gobierno progresista” por sus incumplimientos, que un esmero por describir lo que ocurre.

Las diferencias, lo que no comparten los dos campos discursivos del debate, tienen que ver, primero, con la coyuntura y el período. Se trata de coyunturas y períodos distintos, que manifiestan problemáticas distintas. Las dictaduras militares conculcan la democracia institucional por medio de las armas; el golpe militar es el procedimiento para hacerlo; en cambio, los “gobiernos progresistas” emergen del ejercicio de la democracia, de la votación de mayoría absoluta. La crítica de “derecha” asume que se trata de “gobiernos socialistas” y que aplican el método “bolchevique”; argumento delirante, fuera de contexto y falto de conocimiento. La crítica de “izquierda”, mas bien, hace hincapié en la “traición” al “proceso de cambio”; remarca el retroceso y la degradación de la “revolución”, dada en las formas de transición democráticas. La conculcación de la democracia no solo aparece, en este caso, como incumplimiento de la Constitución, como desinstitucionalización del ejercicio político, sino por no ejercer la democracia participativa.

El autoritarismo en ambos casos, en los dos campos discursivos, cobra distinto sentido teórico y político. El autoritarismo de las dictaduras militares es concebido como “fascismo” criollo; en cambio, el autoritarismo de los “gobiernos progresistas” es concebido como monopolio de la cúpula de poder, en los marcos de la democracia formal, incluso como usurpación de la voluntad popular. En consecuencia, no se habla de lo mismo, no se habla de la misma manera de autoritarismo; se trata de autoritarismos diferentes. Entonces, por lo menos se debe tener en cuenta la polisemia del término autoritarismo.

Un balance rápido de ambos contextos del debate sobre autoritarismo, puede resumirse de la siguiente manera: El debate sobre autoritarismo en la segunda etapa, relativo al segundo referente, el de los “gobiernos progresistas”, aparece endémico, provisional, apresurado; mostrando más elocuencia en la denuncia que en el análisis y la comprensión del fenómeno; en cambio, el debate en la primera etapa, relativo al primer referente, el de las dictaduras militares, aparece más sólido, más consistente, más elaborado, sobre todo en lo que respecta a las detalladas y minuciosas descripciones, que ya hacen a la comprensión del fenómeno.

Los límites epistemológicos en ambos campos discursivos, relacionados a las dos etapas del debate, se encuentran cuando se considera al autoritarismo como anomalía y no ver que se trata de síntomas sobresalientes en el acontecer político y en el ejercicio de poder. Este aislar el autoritarismo de los procesos efectivos políticos y del poder, limita el alcance analítico y crítico de los mencionados debates. Otra limitante se encuentra en la premisa moral de los juicios, que tienden más a la denuncia que a la comprensión del fenómeno político desmesurado.

Jerarquía, autoridad y poder 

Hay que tomar también al poder como efecto; es decir, como consecuencia de un monopolio o de una diferencia establecida institucionalmente; por ejemplo, la jerarquía; así también la autoridad. El sentido común ha llamado al abuso de autoridad autoritarismo. El autoritarismo vendría a ser entonces algo así como el exceso del uso de la autoridad, más allá de las atribuciones otorgadas institucionalmente. Solo que este abuso de autoridad es legalizado por interpretaciones arbitrarias de las mismas atribuciones otorgadas institucionalmente; por ejemplo, por la democracia formal. Del autoritarismo al totalitarismo hay un trecho que hay que recorrer. Esto ocurre cuando incluso se descartan las atribuciones institucionales otorgadas por la Ley; suspendiendo la institucionalidad establecida, con la excusa de que se está en emergencia; de que se requiere salvar el origen mismo de la institucionalidad; la nación, el Estado, la seguridad del Estado, el bien común de la nación. 

Desde la perspectiva expuesta, se puede hacer varias historias del autoritarismo,  incluso encontrar peculiaridades lugareñas y de períodos, indicando diferencias y analogías. Se puede hacer una sociología del autoritarismo, también una psicología; incluso teorizar sobre este fenómeno generalizado. Sin embargo, a pesar de todas estas interpretaciones del autoritarismo, no parece no solamente agotado el tema, sino, sobre todo, no logrado explicar en sus genealogías. ¿Cómo nacen los autoritarismos? ¿Cuándo emergen y en qué condiciones? ¿Son estos abusos de atribuciones, otorgadas institucionalmente, autoritarismos o, mas bien, encuentran su explicación en otras significaciones y conceptualizaciones  más amplias? Vamos a tratar de abordar los problemas que plantean estas preguntas.

No parece encontrarse su origen, el origen del autoritarismo, sino en las mismas relaciones y estructuras sociales, que establecen las sociedades humanas. Es en estas relaciones sociales que debemos buscar el germen, por así decirlo, de lo que comúnmente se denomina autoritarismo. ¿Éste se encuentra en la delegación y reconocimiento de un mando? No estamos suponiendo, en la pregunta, que todo mando implica el devenir autoritario; sino que el mismo mando contiene esa posibilidad de emergencia del autoritarismo, que puede darse bajo ciertas condiciones de posibilidad históricas.

El mando es la conducción del grupo, del colectivo, del pueblo, de la sociedad. Esta conducción puede quedar circunscrita a la persona, que encarna el símbolo cultural del mando o, mas bien, puede estar regida por reglas compartidas. Pero, de todas maneras, el mando ya es una designación social, además de otorgarle atribuciones acordadas. El mando también es un lugar preciso en lo que puede considerarse el nacimiento de la jerarquía. El mando marca la diferencia entre el que manda y los y las mandadas.

No se puede, por lo tanto, zafar el fenómeno de autoritarismo del cuadro de las jerarquíassociales establecidas. La autoridad, sin ser todavía autoritarismo, es inmediatamente una jerarquía; marca la diferencia. Tampoco la jerarquía es, de ninguna manera, autoritarismo,  sino que aparece como una de las condiciones de posibilidad del autoritarismo. La jerarquía, que es la marca de la diferencia, puede, bajo determinadas condiciones de posibilidad, ser usada en función del autoritarismo. El uso excedentario del puesto de autoridad, el usoexagerado de la jerarquía, derivan en este fenómenodel ejercicio del poder en su forma de autoritarismo.

¿Cuáles son las otras condiciones de posibilidad del autoritarismo? Desde la perspectiva de la complejidad, el fenómeno del autoritarismo – manteniendo todavía este término – no responde a una causa o algunas causas, no es un fenómeno determinado por determinismos claros y evidentes; sino que integra o, si se quiere, sintetiza varios procesos concurrentes. La autoridad y la jerarquía están ungidas de simbolismos compartidos en la cultura asumida y heredada. Estos simbolismos, las alegorías simbólicas, las narrativas culturales, cargan de densidadesimaginarias a la autoridad y a la jerarquía. En otras palabras, la autoridad y la jerarquía son asumidas a través de los mitos heredados, las narrativas transmitidas, las alegorías redituadas y los símbolos compartidos.

La autoridad y la jerarquía aparecen no como comúnmente se dice, con naturalidad, sino como realidadmanifestada en sus diferencias y distinciones; en otras palabras, como cultura, considerando la diferencia entre cultura y naturaleza, que establece Claude Lévi-Strauss en sus investigaciones sobre la racionalidad inherente a las mitologías. Se hable de divinidad en el caso del soberano o monarca, se hable de mediación con la divinidad, o se le atribuya la descendencia de los héroes fundadores, se narra la ineludible presencia de la realidadimaginada, que aparece en los conglomerados de sus cuadros de diferencias y jerarquías sociales. La cultura es pues la condición deposibilidad del imaginario social, donde se refleja la realidad. Pero, también, bajo determinadas condiciones puede convertirse en condición de posibilidad del autoritarismo. Dicho de manera muy simple y esquemática, pasa como la cultura nos digiera: tu deber es obedecer; tu lugar es el de la obediencia. La cultura aparece pues como el substrato imaginarioe institucional que sostiene las relaciones sociales establecidas, sus estructuras, sus mallas institucionales. También, puede convertirse en el substrato que sostiene el fenómeno del autoritarismo.

Hasta aquí, que todavía es poco, tomando en consideración lo expuesto, se puede anotar que las tesis que apuntan a explicar el autoritarismo como un fenómeno que se desvía de lo instituido quedan levitando; sobre todo, cuando caen en la inclinación moral por la culpa, por culpabilizar; el espíritu culpable. Como si los personajes referenciales del autoritarismo fuesen los culpables del autoritarismo que despliegan. El autoritarismo no responde al mal, que es el mismo demonio, oculto en este conceptoreligioso. El autoritarismo ha sido largamente labrado en los ámbitos de las relaciones sociales, en sus estructuras estructurantes, en las armaduras culturales.

Puede decirse, para escapar de esta generalización, que la democracia – tal como se ha formalizado e institucionalizado en la modernidad – precisamente sale de las tradiciones y de las formas de poder heredadas, anteriores a la modernidad. Sin embargo, esta escapatoria teórica no es sostenible. La misma democracia formal, al preservar la autoridad y la jerarquía como cimientos de la estructura de la república, contiene también la posibilidad que bajo determinadas condiciones se genere el autoritarismo. Aunque se puede aceptar que la democracia es la que obstaculiza la generación del autoritarismo.

¿A dónde vamos con todo esto? Adelantándonos, apuntamos a la crítica deconstructiva de la cultura, de las relaciones sociales, de la autoridad, de la jerarquía, incluso del mando.   

Hipótesis teóricas hacia una 

crítica deconstructiva de las formaciones discursivas y las estructuras prácticas de los autoritarismos

1. Las relaciones sociales no solo son prácticas, recurrentes o nuevas; tampoco solo asociaciones, composiciones y combinaciones de composiciones dadas por las asociaciones, como dijimos; mucho menos son lazos, como supone la sociología, de manera figurativa; sin embargo, esta metáfora dice mucho en lo que denota y connota. Las relaciones sociales están internalizadas, forman parte de esquemas de comportamiento y de conductas, inclusos de maneras de pensar. Las relaciones sociales hacen al mundo social.

2. Las relaciones sociales son cultura, economía, política, en ejercicio. Contienen en su seno, por así decirlo, las posibilidadesoperatorias de las prácticas mismas sociales.

3. Las relaciones de poder se realizan en las relaciones sociales, que las contienen. En parte el secreto del poder se halla en las estructuras estructurantes y en las composiciones fundamentales de las relaciones sociales. Se puede decir que el poder anida en las relaciones sociales.

4. El fenómeno comúnmente llamado autoritarismo, también se halla incubado en las relaciones sociales.

5. En el caso del autoritarismo, las culturas signadas por las tradiciones patriarcales son terrenos fértiles donde germina el autoritarismo.

6. Las culturas propensas al autoritarismo conforman composicionesfundamentales simbólicas, alegóricas, míticas y narrativas, definiendo el centro del imaginario cultural en la figura inaugural del gran padre, el patriarca de todos los tiempos, el varón por excelencia, el masculino por antonomasia, la virilidad suprema. Las religiones monoteístas son las que mejor expresan esta narrativa patriarcal.

7. Con la supuesta desacralización, tesis sociológica de la modernidad, las narrativasmodernas no han salido de las tramas patriarcales. Al contrario, las han reestablecidos en las narrativas modernas; la novela, la filosofía moderna, las ciencias humanas y sociales. Las narrativas políticas son elocuentes en las nuevas figuras y tramas patriarcales

8. La herencia y la continuidad patriarcal, en otras tramas y narrativas, las modernas, presenta de manera distribuida las figuras patriarcales, menos condensadas y densas que las figuras patriarcales de las religiones monoteístas; empero, más proliferantes.

9. Esta proliferación patriarcal, en la variedad de sus tonalidades y formas, sostiene también la variedad proliferante de las figuras y formas del autoritarismo, en distintas escalas; desde micro-escalas hasta macro-escalas.

10. La aparición de formas autoritarias políticas en las sociedades regidas por la democracia formal, las repúblicas, muestra claramente que la democracia institucionalizada no ha salido de las esferas y horizontes-culturales definidos por las estructuras estructurantes patriarcales. De manera más evidente se nota este anclaje en el patriarcalismo en otra ideología moderna, la socialista; ideología que condensa figuras fuertes patriarcales en los lideres y caudillos “revolucionarios”. Liberalismo y socialismo son las dos grandes narrativas del patriarcalismomoderno.

11. De una manera barroca se presentan las figuras patriarcales en la ideología populista. En este caso, los patriarcas, símbolos enaltecidos y hasta endiosados, no son solo la apología del conductor de la “revolución”, algo que puede apreciarse en las exposiciones de la estética del realismo socialista, sino que los caudillos nacional-populares aparecen como si fuesen encarnaciones mesiánicas. En consecuencia, lo barroco de la expresión es esta combinación entre la memoria religiosa y la promesa populista, incluso, en algunos casos y recientemente, la promesa socialista.

12.Se puede decir que lo anterior más se refiere a las condiciones de posibilidad culturales del autoritarismo. Las condiciones de posibilidad sociológicas del autoritarismo tienen que ver con las instituciones sociales constituidas e institucionalizadas por el Estado.

13. Las condiciones de posibilidades culturales y sociológicas del autoritarismo como que articulan, en los nudos de sus tejidos, las condiciones de posibilidad políticas del autoritarismo.

14. En gran parte del transcurso de la modernidad, la política era un asunto de hombres. Las luchas feministas por la igualdad, primero política, suponiendo la igualdad jurídica, politizaron el referente, hasta entonces pasivo, de la mujer. Politizando sus prácticas, sus quehaceres, sus formas corporales y sus formas expresivas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que ésta es una política de emancipación o, si se quiere, política en pleno sentido de la palabra; no la política, en sentido restringido, como la democracia formal.

15. La interpelación feminista ha logrado poner en evidencia el mitomasculino, afincado en el paradigma patriarcal Ha logrado cuestionar las pretensiones machistas, en lo que respecta a la diferencia instituida de género. En esta perspectiva ha dado apertura al ejerciciodeprácticas democrática de mayor alcance que el ejercicio de la democracia institucional. Sin embargo, el sistema-mundo político sigue estructurado en los cimientos patriarcales. En consecuencia, los autoritarismos siguen proliferando.

 

Genealogías modernas de los autoritarismos 

Hemos dicho que la autoridad no es inmediatamente ni exactamente autoritarismo, ni lleva necesariamente al autoritarismo; el autoritarismo corresponde al uso excedentario de la autoridad. Este uso excedentario adquiere no solo características privadas, el uso de la autoridad para beneficio privado, no solo implica la imposición de una voluntad personal por sobe la voluntad general, sino que a este uso excedentario se lo unge de simbolismos que lo legitiman imaginariamente, por así decirlo. Los mitos, la ideología, el sentido común, juegan su papel en esta legitimación imaginaria del uso excedentario. Ocurre como que las prácticas asociadas a la reproducción de los mitos, de la ideología, del sentido común, conformen otras reglas fuera de las reglas constituidas institucionalmente. Por ejemplo, estas reglas  excedentarias tienen que ver con las atribuciones imaginarias que se le otorgan a la autoridad; la figura de una especie de mesías es de las atribuciones imaginarias repetidas por pueblos, que encuentran la encarnación de la promesa en un líder, en un caudillo. Otro ejemplo es cuando se figura al conductor o al ideólogo como la encarnación misma de la “revolución” en marcha. Algo parecido a la figura de mesías de los caudillospopulistas, sin embargo, distinto por su modulación más moderna, más abstracta e instrumental. Entre los dos casos, el de la convocatoria del mito, la del caudillo, y el de la convocatoria ideológica, se puede citar un tercer ejemplo, el del jefe, que encarna el espíritu de la nación. En este caso, la figura es mixta, responde por analogías a la convocatoria del mito, al símbolo del caudillo, combinada por analogías con la convocatoria ideológica, con el significado iluminista del ingeniero social. En este caso funciona como legitimación imaginaria una ideología menos elaborada, más elemental, atiborrada por mitos.

En los tres casos mencionados, como ejemplos, el paradigma culturaldelpatriarca es elocuente. ¿Por qué el paradigma patriarcal sustenta la proliferación de autoritarismos, sobre todo de los autoritarismos en los de modos de gubernamentalidad totalitarias?  ¿Qué tiene el paradigma patriarcal para que esto ocurra? Hay que aclarar que cuando hablamos del paradigma patriarcal no nos referimos a la pluralidad de perfiles de padres concretos; en la realidad efectiva la pluralidad de perfiles de padres responde a multiplicidad de procesos culturales, sociales, económicos, articulados de manera singular en períodos y contextos determinados. Hablamos del imaginario simbólico aterido en las subjetividades sociales, colectivas, populares. Este imaginario concibe un padre simbólico no solo como autoridad familiar sino con derecho consuetudinario a ser autoritario. Este autoritarismo es valorado como indispensable y necesario, además de apreciado como bueno. Parece que este padre simbólico tiene como substrato el imaginario religioso del Dios monoteísta, más cerca de Jehová que del perfil del Dios cristiano, mucho más lejos del Dios más abstracto musulmán.  Jehová hasta llega a ser iracundo; en el viejo testamento Jehová aparece, en varios pasajes, despiadado en el castigo, exigente en las pruebas, que se vuelven supremas, aunque también aparece, en otros pasajes, como misericordioso.

El padre simbólico del paradigma patriarcal es como una mediación de Dios en la tierra; aparece como absoluta autoridad, además con plenos derechos al castigo y a las exigencias; su autoritarismo es prácticamente sacralizado, pues su potestad es de todo poderoso, aunque en una escala pequeña, comparándolo con la omnipresencia de Dios. ¿Por qué esta aproximación del imaginario patriarcal con el imaginario religioso? ¿Por qué se unge al padre imaginado con estos simbolismosabsolutos? Los atributos del padre simbólico no se los busca en el derecho familiar, sino en los atributos divinos. Este acercamiento imaginario puede demandar lo mismo que la religión demanda; la fe, la entrega, la servidumbre, la obediencia. Como decían los críticos iluministas, lo repetimos para ilustrar, que en estas relaciones de dependencia absoluta no entra la razón sino la creencia.

Por otra parte, para seguir situándonos, no es exactamente en las familias donde se pone en juego este imaginario del padre absoluto, aunque se lo haga de manera matizada, sino, mas bien, en los ámbitos sociales, sobre todo donde se ponen en juego las relaciones del poder, en escala nacional. Donde se insiste, figurativamente, sobre los atributos absolutos del patriarca es en la política. Se exige al pueblo fe, creencia ciega, entrega, obediencia, sumisión, ante el caudillo, el líder o el jefe. Incluso cuando se trata del despliegue de la ideología, aunque las formaciones discursivas desenvueltas en la ideología pretendan cierta exposición “racional”, la demanda de obediencia y sumisión, abnegación y entrega, no emerge de esta argumentación, sino de la recóndita tramadelmito

La primera consecuencia que sacamos, de manera hipotética e interpretativa, de lo expuesto, es que lo que se denomina autoritarismo, como fenómeno político peculiar, no responde a factores individuales, psicológicos, carismáticos, como el análisis político se inclina a explicar; tampoco se explica por transgresiones a la institucionalidad y a la Ley; así como a suspender el Estado de Derecho; que son otras interpretaciones del análisis político. Sino que tiene raíces en el subsuelo mismo de la cultura.

En las historias políticas de la modernidad no es un fenómeno general el de la forma de gubernamentalidad autoritaria; tampoco son una excepción en la regla; sino que se dan en momentos de crisis múltiple del Estado-nación. Siendo, mas bien, la expresión misma de la crisis política, que se encubre con la máscara la autoridad autoritariasuprema, con la pretensión de salvar al Estado y la nación. Esto no quiere decir que en los demás casos no se da el autoritarismo; en los demás casos no se da en la forma desmesurada tal como se presenta en la forma de gubernamentalidad autoritaria. Sin embargo, aparece en formas matizadas en las repúblicas, que se presentan como ejemplo del respeto a la institucionalidad y a la Constitución. Se puede hablar, en estos casos, de una especie de autoritarismo burocrático; autoritarismo solapado, que se encubre en el manejo de la institucionalidad y de las leyes de una manera leguleya, esquemática e indiscutible; la interpretación correcta es la que da el gobierno y los poderes del Estado. Sin embargo, en estas situaciones se puede acudir a los tribunales competentes, apelando y pidiendo el cumplimiento adecuado de las leyes, la Constitución y los Convenios Internacionales. Quizás estos mecanismos de la república obstaculizan el surgimiento de la emergenciapolítica ante la crisis de la forma de gubernamentalidad autoritaria; empero, las repúblicas no dejan de acudir, cuando pueden y es necesario al autoritarismo burocrático.

La segunda observación que hacemos es que el denominado fenómeno del autoritarismo no puede atribuirse solo a la forma de gubernamentalidad autoritaria, que incluso, en ciertos casos, deriva en la forma de gubernamentalidad totalitaria, sino que debe ser atendido y estudiado en toda su cobertura, abarcando a las formas de gubernamentalidad liberales y las formas de gubernamentalidad neoliberales, además, claro está, de las formas de gubernamentalidad conservadoras. De esta manera tendríamos un panorama completo, donde se desenvuelven y se despliegan las proliferantes formas del autoritarismo, en distintos grados y niveles.

Por otra parte, hay que atender a las situaciones donde incluso los tribunales competentes, nacionales e internacionales, responden a las denuncias, demandas y apelaciones de la misma manera que el autoritarismo burocrático; asumiendo los Derechos Humanos o los Derechos Internacionales establecidos, de una manera esquemática, acudiendo a una interpretación leguleya indiscutible. Esto lo hacen ante determinados problemas que se presentan; por ejemplo, los Derechos de los Pueblos Indígenas; a pesar que ya se cuenta con la Declaración sobre Pueblos Indígenas de Naciones Unidas. Las resoluciones al respecto son, en el mejor de los casos tibias; en otros casos, inútiles o declarativas; en el peor de los casos, mudas. Esto también lo hacen en lo que respecta a la crisis ecológica, llamada “Cambio Climático”; a pesar de que la vida humana en el planeta y la vida de los ecosistemas está en peligro, el comportamiento de los Tribunales Internacionales, de la ONU y la conducta de los organismos internacionales competentes es de una pasmosa apatía. Algo parecido pasa cuando se constatan atropellos contra pueblos y naciones agredidas. Hay más ejemplos, pero no se trata de hacer una lista larga, sino de anotar esta situación. Cuando estamos ante esta situación nos hallamos dentro del autoritarismosolapado globalizado.

La tercera observación anota que el fenómeno del autoritarismo no es un fenómeno circunscrito a la forma de gubernamentalidad autoritaria, tampoco a la forma del autoritarismo burocrático, sino que es un fenómeno globalizado, atendiendo a sus diferentes grados, niveles, intensidades de manifestación.

Ahora bien, ¿este fenómeno proliferante de formas excedentarias del uso de la autoridad es adecuado nombrarlo como autoritarismo? Considerando la interpretación expuesta, el fenómeno del autoritarismo corresponde a substratos histórico-culturales heredados, substratos que sostienen los planos de intensidad cambiantes de la modernidad. En este sentido nos retrotraen a los nacimientosgenealógicos del autoritarismo, que forman parte de las genealogías del poder. El autoritarismo en sus formas más desmesuradas y descomunales nos muestra el origen de la institucionalidad, de la Ley, incluso de la república, que es el de la fuerza, de la guerra inicial, de la guerra de conquista. El autoritarismo devela el origen del Estado, el Estado de Sitio.  Se vuelve a las formas descarnadas del poder, desgarrando las formas institucionales, jurídicas, políticas, del poder constituido e instituido, incluyendo a la república.

Nuestra tesis es que el autoritarismo muestra el vórtice del círculo vicioso del poder. Que las formas institucionales del poder han legitimado las dominaciones polimorfas en las estructuras constituidas; que la república, a pesar de la democracia institucionalizada, tampoco escapa a la vorágine mutante del círculo vicioso del poder. Que las formas de Estado del llamado socialismo real son también otra muestra de la pertenencia a las mutaciones del círculo vicioso del poder. La diferencia radica en que la democracia institucionalizada, la república, recurre a los mismos instrumentos institucionales, a la Constitución, a la Ley, para preservar, sobre todo, para reproducir el poder; cuando la república se encuentra en peligro ante la rebelión social, el Estado moderno recurre legalmente a la declaración del Estado de Sitio, por razones de seguridad. En cambio los socialismos reales instauraron un Estado policial, para proteger, defender y garantizar el curso de la “revolución”. En otras palabras, se vive en un permanente Estado de Sitio, defendiendo el Estado socialista contra la sociedad alterativa. Las formas de gubernamentalidad clientelar, las relativas a los populismos, usan la república como escenario de la convocatoria del mito, usan la autoridad, la Constitución, las leyes, las instituciones, de la manera excedentaria de modo permanente.

Tampoco parece adecuado hablar de totalitarismo, como lo hace Hannah Arendt, en sus excelentes exposiciones y análisis sobre el tema, centrando su enfoque en las experiencias contrastantes del estalinismo, la forma de gubernamentalidad del socialismo real, y del nacional socialismo alemán, más conocido como partido nazi.  Se puede considerar al totalitarismo como el autoritarismo absoluto, cuya desmesura alcanza la totalidad de su manifestación, al abolir la libertad y toda posibilidad de disenso, suspendiendo las formas de la democracia institucionalizadas. Sin embargo, no hay que olvidar que tanto el autoritarismo como el totalitarismo se hallan como posibilidad inherente en las formas de gubernamentalidad establecidas en la historia política de la modernidad. El término totalitarismo es, mas bien, una metáfora teórica de la pretensión desmesurada y obsesiva de control absoluto, de vigilancia completa, de disciplina plena, de parte de del poder.  El concepto de totalitarismo no llega a explicar el fenómeno políticodesmesurado que alude; aunque pueda describirlo de manera exhaustiva y minuciosa.

Es menester insertar el fenómeno de los autoritarismos proliferantes, remarcando, si se quiere, los autoritarismos políticos desmesurados, insertar el fenómeno de los totalitarismos, que son la extensión e intensificación absoluta de los autoritarismos, como partes, composiciones y manifestaciones sintomáticas del círculo vicioso del poder, con todos sus múltiples procesos estructurantes, estructurados, institucionalizados y en decadencia. Comprender sus desenvolvimientos y despliegues como formas perversasdel círculo vicioso del poder. No se pueden aislar estos fenómenos políticos desmesurados del conjunto variado de formas políticas, formas de Estado, sobre todo, tratándose de los Estado-nación y de la república. Genealógicamente no están disociados, ni separados, ni son algo distinto, sino que forman parte, con el conjunto de estas formas de poder institucionalizadas, de la reproducción misma del poder, del devenir del poder, que compone, combina, muta sus diagramas de poder y sus cartografías políticas

Conclusiones

  1. El denominado autoritarismo y su extensión intensiva y demoledora del totalitarismo no son fenómenos aislados en el acontecer político ni tampoco aislables en el análisis; forman parte de las cartografías políticas y de las genealogías del poder. Se puede decir que son como la erupción misma de la crisis política y de la crisis múltiple del Estado-nación.
  1. El fenómeno político del autoritarismo afinca sus raíces en la cultura. La cultura es el substrato que legitima las estructuras de poder establecidas; lo hace a través de símbolos heredados, de mitos que hacen al mundo imaginario, de alegorías que son los hilos de la trama trágica y épica.
  1. El mando, la jerarquía y la autoridad corresponde a distinciones sociales en la organización y funcionamiento sociales; sin embargo, son también los lugares donde germina la genealogía del autoritarismo.
  1. Las relaciones sociales contienen la posibilidad del autoritarismo, sobre todo se realiza esta posibilidad en la proliferación de autoritarismos en distintos niveles y graduaciones en los mapas extendidos por la sociedad.
  1. Se puede hablar del paradigma patriarcal como modelo fundamental,modulador de las conductas y comportamientos sociales; paradigma que opera en los imaginarios sociales, en la cultura, también en la ideología. El paradigma patriarcal hace de estructura codificante y estructura de-codificante; funcionando como heurística y hermenéuticalegitimadora de las dominaciones polimorfas.
  1. El paradigma patriarcal se transfiere a otras narrativas en la modernidad, donde aparece de manera matizada y hasta enmascarada; empero, la función legitimadora sigue siendo efectiva.
  1. La realización y manifestación más evidente del diagrama de poder patriarcal aparece en la convocatoria del mito de la forma de gubernamentalidad populista, también en la forma gubernamental del Estado policial, aunque en este último caso funciona más la ideología, con pretensiones “racionales”, que los mitos e imaginarios
  1. Las luchas emancipadoras, entre ellas las luchas feministas, han cuestionado la ideología dominante, así también el imaginariocultural del paradigma patriarcal, deconstruyéndolo en parte; sin embargo, el paradigma sigue vigente, inscrito en los esquemas de comportamiento y conductas

 Bibliografía

 

Arendt, Hannah:

Los orígenes del totalitarismo. Taurus; Madrid 1998. ¿Qué es la política? Paidós; Barcelona  1997.

CLACSO:

Nación y nacionalismo en América Latina. Jorge Enrique Gonzáles (Editor). CLACSO; Buenos Aires 2007.

De Oro Gutiérrez, Andrés C.:

Hugo Chávez y el autoritarismo en Venezuela en el marco del proceso revolucionario bolivariano (PRB). Monografía de grado presentada como requisito para optar al título de Internacionalista en la Facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Universidad colegio mayor de nuestra señora del rosario facultad de relaciones internacionales; bogotá, d.c octubre de 2005.  

Giroux, Henry A.:

El nuevo autoritarismo, la pedagogía crítica y la promesa de la democracia. Revista Electrónica Sinéctica. Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente; Jalisco 2006.

Lévi-Strauss, Claude:

Mítológicas; Tomos I-IV. Siglo XXI; México 1976.

Prada Alcoreza, Raúl:

Acontecimiento político. Amazon; Seattle 2014. También en la serie Cuadernos activistas. Amazon;  Seattle 2017. Círculo vicioso del poder. Amazon; Seattle 2016. Crítica de la ideología. Amazon; Seattle 2015. El lado oscuro del poder. Amazon; Seattle 2016. La ilusión del poder. Amazon; Seattle 2016. La paradoja conservadurismo-progresismo. Amazon; Seattle 2015. Paradojas de la revolución. Amazon; Seattle 2015. Encrucijadas histórico-políticas. Amazon; Seattle 2015. Imaginación e imaginarios radicales. Amazon; Seattle 2015. Episteme compleja. Amazon; Seattle 2015. 

Secretaria de Cultura. Presidencia de la Nación:

América Latina, 200 años y nuevos horizontes. 200 años Bicentenario Argentino; Buenos Aires 2010.

 

Sarsfield, Rodolfo:

La democracia controvertida. Debates y acuerdos en la teoría democrática contemporánea. CLACSO; Buenos Aires 2006.

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Lunes, 16 Noviembre 2020 06:32

¿A dónde va la China de Xi?

¿A dónde va la China de Xi?

Para intentar comprender hacia dónde se dirige la China del presidente Xi Jinping, lo primero es echar una mirada hacia atrás, en concreto, a 1921.

Una de las campañas ideológicas más intensas de su mandato es la que lleva por título “permanecer fieles a la misión fundacional”. El relevo que debe acompañarle en la dirección del PCCh a partir de 2022, la sexta generación, tendrá en su bagaje haber vivido la China de la reforma de Deng Xiaoping pero la experiencia de Mao, la más dura y agria, constituirá para muchos un relato remoto.

El énfasis de Xi en sintetizar y nunca contraponer las Chinas de Mao y Deng pretende resaltar el hilo de continuidad de un mismo ideario. En buena medida, lo que algunos califican de manifestaciones de retorno a la época maoísta responden a esa lógica. Xi vivió esa etapa. Tenía 23 años cuando Mao falleció. La insistencia en rescatar términos o exaltar conmemoraciones de circunstancias de aquella etapa a modo de coqueteo con cierto neomaoísmo, tanto que pareciera sugerir la consideración del denguismo como un “desvío”, apunta a no perder de vista la motivación inicial del proyecto, donde radica el “espíritu” del PCCh. Es verdad que líderes anteriores también secundaban esta práctica pero con un sentido más ritual y plagado de advertencias.

De ese empeño surge el “nacionalismo rojo” como marca distintiva del xiísmo. De una parte, el propósito de revitalización nacional; de otro, la prosperidad común. El modelo político inaugurado en 1949 permanece prácticamente intacto; por el contrario, la realidad económica y social ha cambiado drásticamente, como también la significación de China en el concierto mundial. El hecho más notorio en esta trayectoria es la reconciliación operada con la propia cultura, también el más reciente de su metamorfosis ideológica.

Pesan por tanto en este desarrollo una ingente infinidad de claves locales, las singularidades chinas que el PCCh reivindica como justificación de una originalidad diferenciadora. Y aunque podemos contraponerlas a la experiencia occidental, ya sea en su formulación liberal o marxista, lo más que podemos inferir es el orgullo del PCCh por tener al alcance de la mano lo que la URSS no pudo alcanzar. Y lo manifiesta, sobre todo, desde la exhibición de la eficiencia, no desde la santificación de un dogma alternativo con vocación irradiadora de alcance global.

La argamasa que moldea la China de Xi viene conformada por dichas tres corrientes: la fundacional, la histórica y la cultural. A la postre, el PCCh no ha podido evitar dejarse influir por la fuerza de la cultura de su propio país. Ahí está el Instituto Confucio como mascarón de proa de su poder blando tras desatar, una tras otra, campañas ideológicas en su contra. No sorprende incluso que se llegue a defender la planificación económica atendiendo a la inspiración confuciana y huyendo de la lógica soviética.

La conjugación de estos factores define tanto el ritmo y orientación de su transformación interna como su papel en el mundo. Cuando Joseph Needham trataba de explicar la imposibilidad del nacimiento de la ciencia moderna en la China imperial centró su atención en la eficaz actuación de una burocracia confuciana que organizó el país creando un marco general de estabilidad e impidiendo la emergencia de una clase mercantil que compitiese con su hegemonía. Es lo mismo que hoy practica el PCCh a respecto de ese entorno que pulula alrededor de los sectores emergentes, impidiéndoles el asalto a un Estado que defiende a capa y espada como última garantía de un rumbo alternativo. El estricto control de la economía por parte del aparato del Partido tiene fuertes reminiscencias en la ideología imperial.

Por otra parte, lo queramos o no, el gigantismo chino hace inevitable la reestructuración del orden mundial. Hay quien ve en ello un propósito de revancha o quizá esa interpretación es mero producto de nuestra mala conciencia. En cualquier caso, acabamos de ser testigos de una importante inflexión. Del discurso de China campeona de la mundialización frente al unilateralismo y el proteccionismo de EEUU hemos pasado en un santiamén a las loas a la autosuficiencia económica y tecnológica para resistir las presiones occidentales. China se enroca para defender su soberanía y el derecho a transitar por una senda propia.

Este nuevo rumbo deja más en claro si cabe que no aspira a expandir su modelo, por lo demás difícilmente comprensible para terceros, ambiguo en muchas cuestiones y fuertemente impregnado de una cultura de escasa proyección global. Trasplantar mecánicamente valores del sistema político chino a Occidente no funcionaría como tampoco está claro que puedan funcionar sin más los valores políticos occidentales en China. En las experiencias históricas recientes en estos empeños predominan más los fracasos que los aciertos y, sobre todo, las tragedias.

Ahora, como consecuencia de la pandemia y las tensiones globales liderada por unos Estados Unidos temerosos de verse ultrapasados, el nuevo patrón de desarrollo que presidirá el impulso económico chino en los próximos años sugiere tomar distancias de un exterior en el que crece la hostilidad. Y no es probable que eso cambie con la nueva presidencia de Joe Biden.

Por Xulio Ríos | 16/11/2020

Xulio Ríos es director del Observatorio de la Política China

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Donald Trump, Qanon y el lado oscuro de la derecha

La secta conspirativa que se expande por el mundo

La habitan los antisemitas y racistas, se obsesiona con un gobierno secreto mundial dedicado a la pedofilia, y ve a Trump como el primero en decir la verdad, un cruzado por los pueblos.

 

Desde París. La locura se exporta muy bien, sobre todo si proviene de Estados Unidos y su origen son grupos que hacen de las teorías conspirativas un campo de acción y una deslegitimación de las democracias. Uno de esos grupos es Qanon. Se trata de una secta virtual que se comunica mediante mensajes encriptados cuyo sentido oculto millones de personas a través del mundo se encargan de descifrar. Después de prosperar en el territorio estadounidense a partir de 2017, gracias al foro 4chan, se ramificó en Canadá, Brasil, Gran Bretaña, Bélgica, Alemania y ahora llega a Francia. Ya se empiezan a ver en París algunos grafitis que representan, en rojo y en negro, la letra Q. 

Qanon es una mezcolanza de sensibilidades cuyo principal postulado consiste en creer que existe una suerte de “Estado Profundo”, tentacular e híper organizado, que controla Estados Unidos y el resto del planeta. Ese Deep State está compuesto por una elite de “criminales pedófilos satanistas” al mando del clan Clinton-Obama cuya misión esencial es, desde las sombras, boicotear la presidencia de Donald Trump e impedirle salvar al país y al mundo. Toda esta galaxia se articula en torno a los mensajes criptografiados y a una persona que se hace llamar “Q”, quien se presenta como un funcionario de Washington con acceso a altísimos niveles de seguridad en el sector de la energía. En esos mensajes, Trump aparece como un héroe investido de una misión: sanear la podredumbre de Hollywood, la pedofilia y la corrupción, y devolverle la grandeza a Estados Unidos. Quienes alimentan esta red han logrado plasmar uno de los mitos más estrafalarios de la actualidad y convencer con él a millones de personas a lo largo del planeta.

François es un miembro francés de esta trama y solía instalarse con frecuencia ante su computadora para deleitarse con la página francófona que el grupo abrió en Facebook, 17FR, cerrada por Facebook el 6 de octubre. ”Ni profetas, ni fachos. Lúcidos. Trump es el único soldado que ha osado enfrentar a esa secta pedosatánica que se esconde en las administraciones”, afirma François con mucha autoridad. ”Cuando uno de nosotros va, vamos todos”, dice su slogan principal. La pandemia y todas las teorías conspirativas que circulan en torno al coronavirus han acrecentado su influencia a escala planetaria. Para este joven francés Qanon no es una secta sino “una perspectiva de transformación completa del mundo. Trump no ha mentido. Contrariamente a los demás dirigentes del mundo, Donald Trump cumplió con sus promesas”. 

Esta teoría conspirativa global tiene a la extrema derecha como inspiración y ha sabido infiltrar a los movimientos que se oponen al Estado, a los militantes contra los oligopolios, a un sector de las extremas izquierdas y a los individuos que sienten una profunda desconfianza en las instituciones democráticas. En Francia, los primeros grafitis de Qanon aparecieron justamente entre 2018 y 2019 durante las manifestaciones de los chalecos amarillos. El pasado 6 de septiembre, en el curso de una manifestación contra la pedocriminalidad, varios de sus miembros franceses iban mezclados a los manifestantes. Entre ellos estaba Jérémie, un abogado recién egresado para quien “ya no se puede negar que existe una elite globalizada, tan corrupta como viciosa, que conspira contra los valores. Ahí está el partido demócrata de Estados Unidos, Georges Soros, el Príncipe Andrew y su gran amigo violador de mujeres, Jeffrey Epstein, y también Bill Gates”.

La pandemia y la desconfianza que esta hizo prosperar hacia el Estado, el liberalismo, los laboratorios multinacionales (los “Big Pharma”) o las medidas de protección social ampliaron considerablemente su audiencia. No es una casualidad el hecho de que, en casi todos los países donde Qanon está muy activo, los antimáscaras adhieren a sus teorías complotistas. La doctora Eve Engerer fue suspendida por el Colegio Médico de Francia a raíz de que, en Facebook, difundió un falso certificado médico que permitía a la gente no usar las máscaras. Esta doctora de la región francesa de Alsacia considera que la “máscara es un ritual de los pedo-satánicos. Es un acto de sumisión”. La suspensión que le impusieron le importó un bledo porque, dijo, “juré ante Dios y por Hipócrates, no ante Bill Gates y Big Pharma”.

Su retórica es la misma que circula en los portales de Qanon a través del planeta: el presidente norteamericano es el jinete de la salvación y el infectólogo francés Didier Raoult, el promotor de la cloroquina, su mano derecha”. Jérémie acota al respecto: "Antes de Trump, todos los mandatarios fueron marionetas, unos títeres cobardes de esa elite sumergida en la profundidad del Estado que tiene sólo dos intereses: ganar toda la plata del mundo y celebrar sus cultos pedosatánicos”. El portal francés de Qanon y su pagina en YouTube (Dissept.com y DéQodeurs) reproducen con repetitiva eficacia la temática del complot de esa elite. Ambos portales cuentan con decenas de miles de seguidores y bajo su ascendente se han creado muchos más con una retórica similar. En Francia, Alemania, Canadá o Estados Unidos esos portales siguen el hilo de los mensajes de Q y la filosofía de su contenido.

La primera cruzada parece tomada del lenguaje de la izquierda. Para ellos existe un complot “de los medios dominantes”. La salvación primera es leer los mensajes de Q e interpretar su sentido. Aquí, afirma el portal francés, encontrará “información verificada, cierta, autentica, no manipulada”. Ocurre que esas informaciones “verificadas” son un catálogo de disparates y aserciones fantasmagóricas sin prueba alguna. Pero funciona. François, el primer Qanon francés, explica en la más pura tradición trumpista que ”lo que dicen los medios es todo un fake colosal. Ellos nunca hablan de la otra realidad porque protegen a la secta pedosatánica que les paga el salario. Son agentes de la misma orgia encubierta”. 

Qanon funciona como una metateoría que se mueve como un camaleón: se adapta al país en el que se despliega. Por ello puede modificar su narrativa según la región del mundo donde va ganando adeptos. La elite pedófila y el Partido Demócrata en los Estados Unidos, el Estado tramposo y “cómplice” de las multinacionales en Francia, la “invención de la covid-19 como instrumento de sometimiento de la sociedad en Alemania, etc, etc. ”Les DéQodeurs nos explican extraordinariamente bien el sistema mundial y las elites que nos dirigen”, afirma uno de los Canales YouTube afiliados a esta galaxia.

Más allá de los mensajes del gurú Q, Qanon carece de estructura piramidal. Este flujo se articula un poco por adhesión metódica en torno a valores donde no faltan los platos fuertes de la extrema derecha como al antisemitismo o los anti musulmanes. Jérémie, el segundo Qanon francés, nos explica que ese mundo Q “nos deja en libertad, no nos inculca ideologías, sino que nos muestra lo que está detrás del telón y nos permite que busquemos el secreto por nosotros mismos. Somos exploradores de la verdad verdadera sin que haya un guía diciéndonos lo que debemos hacer. Nadie puede ser tan inocente como para no percibir que detrás de teatro democrático existe una entidad secreta y viciosa que gobierna el mundo. Cuanto más numerosos seamos los Qanon, más rápido los vamos a desenmascarar. La poderosa injusticia que sentimos todos y que vimos en directo con los chalecos amarillos es promovida por esa elite del Deep state”. François completa su pensamiento y alega: ”pronto vendrá el día del Gran Despertar". Los Q designan con esa expresión el esperado gran momento del “despertar” global”, o sea, cuando esas “elites manipuladoras serán vencidas”.

Qanon es un producto genuino de la subcultura de internet y ha crecido mundialmente como una enredadera en la pared de las fallas democráticas y la ingenuidad de la sociedad. Postula cualquier cosa: desde que la superficie de Venus no existe, pasando a que el asesinato del ex presidente John Fitzgerald Kennedy fue un simulacro, la afirmación según la cual todas las pruebas sobre la trama rusa son un montaje de las elites pedófilas diseñado para perjudicar a Trump, hasta que Bill e Hillary Clinton manejan una fundación que roba dinero del Estado y se dedica al tráfico de niños del tercer mundo, en especial de Haití. 

En los últimos meses, sobre todo en Estados Unidos, Canadá y Alemania, han participado en actos violentos como la toma del Reichstag, en Berlín, en agosto de 2020. El éxito sorprende incluso a sus portavoces en Europa. Léonard Sojli, el animador del portal francés Dissept.com y del canal YouTube DéQodeurs, reconoce que “si bien fundé el portal en marzo pasado, desde el mes de junio el canal y el portal explotaron hacia arriba”. Sojli asegura, no obstante, que ”no tengo la intención de convertirme en un gurú con miles de personas que me siguen. La particularidad de Qanon reside en que no es ni de izquierda ni de derecha, que hay todo tipo de gente, desde abogados, policías, bomberos, médicos o amas de casa. Nosotros no somos guías y siempre estamos defendiendo la autonomía intelectual”. 

François, Jérémie o Léonard Sojli nunca han tenido tanta fe como ahora. Para ellos, el “Storm” (la tempestad) está muy cerca: ”el mundo será pronto más libre, más justo y más limpio”, asegura François lleno de emoción. El rey de la elite corrupta y evasora de impuestos, Donald Trump, ha conseguido convencer a millones de personas que él es el elegido para limpiar a esos “satanes sin moral”. La extensión global de Qanon es una prueba más de que nuestros sistemas democráticos están en una zona muy peligrosa, donde ya no los amenaza un tirano, sino la tiranía sutil de la mentira, la manipulación, el delirio la estafa moral y la ilusión de una metamorfosis esencial. ”De alguna manera –dice Jérémie—nuestro lema puede traducirse como 'todos para uno, uno para todos' (Where We Go One We Go All). Allí donde vamos somos una multitud. Eso quiere decir que hemos dejado de ser un pueblo de solitarios”.

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David Harvey: los socialistas deben ser los campeones de la libertad

La propaganda de derecha afirma que el socialismo es enemigo de la libertad individual. Exactamente lo contrario es cierto: los socialistas trabajan para crear las condiciones materiales bajo las cuales las personas puedan ser verdaderamente libres, sin las rígidas restricciones que el capitalismo impone a sus vidas.

El tema de la libertad se planteó cuando estaba dando unas charlas en Perú. Los estudiantes estaban muy interesados ​​en la pregunta: "¿El socialismo requiere una entrega de la libertad individual?"

La derecha ha logrado apropiarse del concepto de libertad como propio y utilizarlo como arma en la lucha de clases contra los socialistas. La sumisión del individuo al control estatal impuesto por el socialismo o el comunismo es algo que debe evitarse, dijeron, a toda costa.

Mi respuesta fue que no deberíamos renunciar a la idea de la libertad individual como parte de lo que trata un proyecto socialista emancipador. El logro de las libertades individuales y las libertades es, sostuve, un objetivo central de tales proyectos emancipadores. Pero ese logro requiere construir colectivamente una sociedad en la que cada uno de nosotros tenga las oportunidades de vida adecuadas y las posibilidades de vida para realizar cada una de nuestras propias potencialidades.

Marx y la libertad

Marx tenía algunas cosas interesantes que decir sobre este tema. Uno de ellos es que “el reino de la libertad comienza cuando se deja atrás el reino de la necesidad”. La libertad no significa nada si no tiene suficiente para comer, si se le niega el acceso a una atención médica adecuada, vivienda, transporte, educación, etc. El papel del socialismo es proporcionar esas necesidades básicas para que la gente sea libre de hacer exactamente lo que quiera.

El punto final de una transición socialista es un mundo en el que las capacidades y los poderes individuales se liberan por completo de los deseos, las necesidades y otras limitaciones políticas y sociales. En lugar de admitir que la derecha tiene el monopolio de la noción de libertad individual, necesitamos reclamar la idea de libertad para el socialismo mismo.

Pero Marx también señaló que la libertad es un arma de doble filo. Los trabajadores en una sociedad capitalista, dice, son libres en un doble sentido. Pueden ofrecer libremente su fuerza de trabajo a quien quieran en el mercado laboral. Pueden ofrecerlo en cualquier condición de contrato que puedan negociar libremente.

Pero al mismo tiempo no son libres, porque han sido "liberados" de cualquier control o acceso a los medios de producción. Por lo tanto, tienen que entregar su fuerza de trabajo al capitalista para poder vivir.

Esto constituye su libertad de doble filo. Para Marx, esta es la contradicción central de la libertad bajo el capitalismo. En el capítulo sobre la jornada laboral en Capital , lo expresa de esta manera: el capitalista es libre de decirle al trabajador: “Quiero contratarte con el salario más bajo posible por la mayor cantidad de horas posible haciendo exactamente el trabajo que especifico . Eso es lo que le exijo cuando lo contrate ". Y el capitalista es libre de hacer eso en una sociedad de mercado porque, como sabemos, la sociedad de mercado consiste en pujar por esto y por aquello.

Por otro lado, el trabajador también es libre de decir: “No tienes derecho a hacerme trabajar 14 horas al día. No tiene derecho a hacer lo que quiera con mi fuerza de trabajo, especialmente si eso acorta mi vida y pone en peligro mi salud y bienestar. Solo estoy dispuesto a hacer un día de trabajo justo con un salario justo ".

Dada la naturaleza de una sociedad de mercado, tanto el capitalista como el trabajador tienen razón en lo que están exigiendo. Entonces, dice Marx, ambos tienen la misma razón por la ley de los intercambios que domina el mercado. Entre igualdad de derechos, dice entonces, la fuerza decide. La lucha de clases entre el capital y el trabajo decide la cuestión. El resultado se basa en la relación de poder entre el capital y el trabajo, que en algún momento puede volverse coercitiva y violenta.

Una espada de doble filo

Es muy importante analizar esta idea de la libertad como un arma de doble filo con más detalle. Una de las mejores elaboraciones sobre el tema es un ensayo de Karl Polanyi. En su libro The Great Transformation , Polanyi dice que hay buenas formas de libertad y malas formas de libertad.

Entre las malas formas de libertad que enumeró estaban las libertades de explotar al prójimo sin límite; la libertad de obtener ganancias desmesuradas sin un servicio acorde a la comunidad; la libertad de evitar que las invenciones tecnológicas se utilicen en beneficio público; la libertad de beneficiarse de las calamidades públicas o las calamidades inducidas naturalmente, algunas de las cuales están diseñadas en secreto para obtener ventajas privadas.

Pero, prosigue Polanyi, la economía de mercado en la que prosperaron estas libertades también produjo libertades que valoramos mucho: libertad de conciencia, libertad de expresión, libertad de reunión, libertad de asociación, libertad para elegir el propio trabajo.

Si bien podemos apreciar estas libertades por sí mismas, son, en gran medida, subproductos de la misma economía que también es responsable de las malas libertades. La respuesta de Polanyi a esta dualidad resulta en una lectura muy extraña, dada la hegemonía actual del pensamiento neoliberal y la forma en que el poder político existente nos presenta la libertad.

Él escribe sobre ello de esta manera: "El paso de la economía de mercado", es decir, ir más allá de la economía de mercado, "puede convertirse en el comienzo de una era de libertad sin precedentes". Ahora, esa es una declaración bastante impactante: decir que la verdadera libertad comienza después de que dejamos atrás la economía de mercado. Él continúa:

La libertad jurídica y real puede ampliarse y generalizarse más que nunca. La regulación y el control pueden lograr la libertad no solo para unos pocos, sino para todos: la libertad no como un accesorio de un privilegio, manchado en la fuente, sino como un derecho prescriptivo, que se extiende mucho más allá de los estrechos confines de la esfera política hacia la organización íntima de la sociedad misma. Así, las viejas libertades y los derechos cívicos se sumarán al fondo de nuevas libertades generadas por el ocio y la seguridad que la sociedad industrial ofrece a todos. Una sociedad así puede permitirse ser a la vez justa y libre.

Libertad sin justicia

Ahora bien, esta idea de una sociedad basada en la justicia y la libertad, la justicia y la libertad, me parece que ha sido la agenda política del movimiento estudiantil de la década de 1960 y la llamada generación del 68. Había una demanda generalizada tanto de justicia como de libertad: libertad de la coerción del estado, libertad de la coerción impuesta por el capital empresarial, libertad de las coacciones del mercado pero también atenuada por la demanda de justicia social.

La respuesta política capitalista a esto en la década de 1970 fue interesante. Implicó trabajar a través de estas demandas y, en efecto, decir: “Te cedemos en las libertades (aunque con algunas salvedades) pero te olvidas de la justicia”.

Ceder a las libertades estaba circunscrito. Significaba en su mayor parte libertad de elección en el mercado. El libre mercado y la libertad de la regulación estatal fueron las respuestas a la cuestión de la libertad. Pero olvídate de la justicia. Eso se lograría mediante la competencia del mercado, que supuestamente estaba organizada de manera que se asegurara que todos obtendrían lo que merecían. El efecto, sin embargo, fue dar rienda suelta a muchas de las libertades malvadas (por ejemplo, la explotación de otros) en nombre de las libertades virtuosas.

Este giro fue algo que Polanyi reconoció claramente. El paso al futuro que él imaginaba está bloqueado por un obstáculo moral, observó, y el obstáculo moral era algo que él llamó "utopismo liberal". Creo que todavía nos enfrentamos a los problemas que plantea este utopismo liberal. Es una ideología omnipresente en los medios y en los discursos políticos.

El utopismo liberal de, digamos, el Partido Demócrata es una de las cosas que se interpone en el camino del logro de la libertad real. “La planificación y el control”, escribió Polanyi, “están siendo atacados como una negación de la libertad. Se declara que la libre empresa y la propiedad privada son los elementos esenciales de la libertad ". Esto fue lo que plantearon los principales ideólogos del neoliberalismo.

Más allá del mercado

Para mí, este es uno de los temas clave de nuestro tiempo. ¿Vamos a ir más allá de las limitadas libertades del mercado y la regulación de nuestras vidas por las leyes de la oferta y la demanda, o vamos a aceptar, como dijo Margaret Thatcher, que no hay alternativa? Nos volvemos libres del control estatal pero esclavos del mercado. A esto no hay alternativa, más allá de esto no hay libertad. Esto es lo que predica la derecha y esto es lo que mucha gente ha llegado a creer.

Ésta es la paradoja de nuestra situación actual: que en nombre de la libertad, hemos adoptado una ideología utópica liberal que es una barrera para el logro de la libertad real. No creo que sea un mundo de libertad cuando alguien que quiere obtener una educación tiene que pagar una inmensa cantidad de dinero y la deuda estudiantil se extiende hacia su futuro.

En Gran Bretaña, una gran proporción de la oferta de vivienda en la década de 1960 estaba en el sector público; era vivienda social. Cuando era pequeño, esa vivienda social era la provisión básica de una necesidad a un costo razonablemente bajo. Entonces apareció Margaret Thatcher y lo privatizó todo, y básicamente dijo: "Serás mucho más libre si eres dueño de tu propiedad y puedes llegar a ser parte de una democracia propietaria".

Y así, en lugar de que el 60 por ciento de la vivienda esté en el sector público, de repente pasamos a una situación en la que solo alrededor del 20 por ciento, o tal vez incluso menos, de la vivienda está en el sector público. La vivienda se convierte en una mercancía y la mercancía pasa a formar parte de la actividad especulativa. En la medida en que se convierte en un vehículo de especulación, el precio de la propiedad aumenta y se obtiene un costo de la vivienda en aumento sin un aumento real en la provisión directa.

Estamos construyendo ciudades, construyendo viviendas, de una manera que proporciona una tremenda libertad para las clases altas al mismo tiempo que en realidad produce falta de libertad para el resto de la población. Esto es lo que creo que se quiere decir cuando Marx hizo ese famoso comentario: que el reino de la necesidad en realidad tiene que ser superado para alcanzar el reino de la libertad.

El reino de la libertad

Esta es la forma en que las libertades del mercado limitan las posibilidades, y desde ese punto de vista, creo que la perspectiva socialista debe hacer lo que sugiere Polanyi; es decir, colectivizamos la cuestión del acceso a la libertad, el acceso a la vivienda. Dejamos de ser algo que está simplemente en el mercado y lo convertimos en algo de dominio público. Vivienda en el dominio público es nuestro lema. Esta es una de las ideas básicas del socialismo en el sistema contemporáneo: poner las cosas en el dominio público.

A menudo se dice que para alcanzar el socialismo tenemos que renunciar a nuestra individualidad y tenemos que renunciar a algo. Bueno, hasta cierto punto, sí, eso podría ser cierto; pero hay, como insistió Polanyi, una mayor libertad que se puede lograr cuando vamos más allá de las crueles realidades de las libertades de mercado individualizadas.

Leo a Marx diciendo que la tarea es maximizar el ámbito de la libertad individual, pero eso solo puede suceder cuando se resuelve el ámbito de la necesidad. La tarea de una sociedad socialista no es regular todo lo que sucede en la sociedad; De ningún modo. La tarea de una sociedad socialista es asegurarse de que todas las necesidades básicas sean atendidas, proporcionadas libremente, para que la gente pueda hacer exactamente lo que quiera cuando quiera.

Si les pregunta a todos en este momento: "¿Cuánto tiempo libre tienen?" la respuesta típica es “Casi no tengo tiempo libre. Todo está relacionado con esto, aquello y todo lo demás ". Si la libertad real es un mundo en el que tenemos tiempo libre para hacer lo que queramos, entonces el proyecto emancipatorio socialista lo propone como central para su misión política. Esto es algo en lo que podemos y debemos trabajar todos.

Este es un extracto del nuevo libro de David Harvey, The Anti-Capitalist Chronicles , publicado por Pluto Press.

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Viernes, 16 Octubre 2020 05:37

Sobre la tradición radical negra

Sobre la tradición radical negra

Entrevista a Angela Davis

 

Futures of Black Radicalism [Futuros del radicalismo negro] (Verso, 2020) es una obra que reúne a militantes, académicos y pensadores de la tradición radical negra como un reconocimiento y celebración de las obras de Cedric J. Robinson, quien fuera el primero en definir el término. Los ensayos recogidos en el libro miran hacia el pasado, el presente y el futuro del radicalismo negro, así como a las influencias que ha ejercido en otros movimientos sociales. El «capitalismo racial», otra potente idea desarrollada por Robinson, conecta con los movimientos sociales internacionales de hoy, explorando las conexiones entre la resistencia negra y el anticapitalismo. En esta entrevista, Angela Davis, una de las participantes del libro, aborda varios tópicos de esta tradición política e intelectual. Davis es filósofa y activista, autora de Mujeres, raza y clase [1981] (Akal, Barcelona, 2004), Women, Culture, and Politics [Mujeres, cultura y política] (Random House, Nueva York, 1989) y Abolition Democracy: Beyond Prisons, Torture, and Empire [Democracia de abolición. Más allá de las cárceles, la tortura y el imperio] (Seven Stories Press, Nueva York, 2005).

En su investigación se ha centrado en el abolicionismo carcelario, el feminismo negro, la cultura popular y el blues, y el internacionalismo negro, con una mirada a Palestina. ¿En qué sentido se inspira este libro en la tradición radical negra, a la vez que la desarrolla?

Cedric Robinson nos desafió a pensar sobre el papel de los teóricos y activistas radicales negros en la formación de las historias sociales y culturales que nos motivan a vincular nuestras ideas y nuestras prácticas políticas con profundas críticas al capitalismo racial. Me alegra haber vivido lo suficiente como para ver cómo las generaciones más jóvenes de académicos y activistas comenzaron a desarrollar su propia noción de tradición radical negra. El marxismo negro desarrolló una importante genealogía que giraba en torno del trabajo de C.L.R. James, W.E.B. Du Bois y Richard Wright. Como ha señalado H.L.T. Quan, si miramos el trabajo de Robinson en su conjunto, incluidos Black Movements in America [Movimientos negros en Estados Unidos] (1997) y An Anthropology of Marxism [Una antropología del marxismo] (2001), no podemos dejar de observar lo centrales que han sido las mujeres a la hora de forjar una tradición radical negra. Quan dice que cuando le preguntan por qué en su trabajo hay un enfoque tan central en el papel de la mujer y su resistencia, Robinson responde: «¿Por qué no? Toda resistencia, en efecto, se manifiesta en el género, se manifiesta como género. El género es de hecho un lenguaje de opresión [y] un lenguaje de resistencia»1.

He aprendido mucho de Robinson respecto a los usos de la historia: formas de teorizar la historia, o de permitir que se teorice, que son cruciales para nuestra comprensión del presente y para nuestra capacidad de concebir colectivamente un futuro más habitable. Cedric ha explicado que sus notables excavaciones en la historia emanan de la asunción de objetivos políticos en el presente. Siento mucha afinidad con su enfoque desde la primera vez que leí su libro sobre el marxismo negro. El primer artículo que publiqué, escrito mientras estaba en la cárcel, centrado en las mujeres negras y la esclavitud, fue un esfuerzo por refutar el discurso dañino, pero cada vez más popular, sobre el matriarcado negro, tal y como se representaba a través de informes oficiales del gobierno, así como a través de ideas masculinistas generalizadas (como la necesidad de jerarquías de liderazgo basadas en el género, diseñadas para garantizar el predominio de los hombres negros) que circulaban dentro del movimiento negro a finales de la década de 1960 y principios de la de 1970. Aunque no era así como estaba enfocando mi trabajo en ese momento, ciertamente no dudaría hoy en vincular esa investigación con el esfuerzo de hacer más visible una tradición radical negra y feminista.

Los estudios críticos sobre prisiones en un marco explícitamente abolicionista se sitúan dentro de la tradición radical negra, tanto a través de su reconocida relación genealógica con el periodo de la historia estadounidense que llamamos Reconstrucción Radical como, por supuesto, a través de su relación con el trabajo de W.E.B. Du Bois y el feminismo negro histórico. El trabajo de Sarah Haley, Kelly Lytle Hernández y una nueva y emocionante generación de estudiosos, al vincular su valiosa investigación con su activismo, está ayudando a revitalizar la tradición radical negra.

Parece que con cada generación de activismo antirracista, un estrecho nacionalismo negro regresa como un ave fénix para reclamar la lealtad de nuestros movimientos. El trabajo de Cedric fue inspirado en parte por su deseo de responder al estrecho nacionalismo negro de la era de su (y mi) juventud. Es extremadamente frustrante presenciar el resurgimiento de formas de nacionalismo que no solo son contraproducentes, sino que además contravienen lo que debería ser nuestro objetivo: el florecimiento negro y, por lo tanto, humano. Al mismo tiempo, es emocionante presenciar las formas en que las nuevas formaciones juveniles, Black Lives Matter, Black Youth Project 100 (byp100), Dream Defenders, están ayudando a dar forma a un nuevo internacionalismo negro influido por las feministas y que resalta el valor de las teorías y prácticas queer.

¿Cuál es su balance del movimiento Black Lives Matter, particularmente a la luz de su participación en el Partido Pantera Negra durante la década de 1970? ¿Black Lives Matter, en su opinión, tiene un análisis y una teoría de la libertad consistente? ¿Ve alguna similitud entre ambos movimientos?

Cuando consideramos la relación entre el Partido Pantera Negra y el movimiento Black Lives Matter, parece que las décadas y generaciones que separan a uno de otro crean una inconmensurabilidad que es consecuencia de los cambios económicos, políticos, culturales y tecnológicos. Cambios que hacen que el momento contemporáneo sea tan diferente en muchos aspectos importantes de lo que fueron los años 60. Por eso quizás debemos buscar conexiones entre ambos movimientos que se revelan no tanto en las similitudes, sino más bien en sus diferencias radicales.

El Partido Pantera Negra surgió como una respuesta a la ocupación policial de las comunidades de Oakland, California y las zonas negras urbanas de todo el país. Fue un gesto brillante por parte de Huey Newton y Bobby Seale patrullar los barrios con armas y tratados de derecho para vigilar a la policía. Al mismo tiempo, su estrategia también estaba inspirada en el surgimiento de luchas guerrilleras en Cuba, los ejércitos de liberación en el sur de África y Oriente Medio, o la exitosa resistencia del Frente de Liberación Nacional en Vietnam. En retrospectiva, esto también refleja un fracaso para reconocer, como dijo Audre Lorde, que «las herramientas del amo nunca desmantelarán su casa». De alguna manera, el uso de las armas, aunque principalmente como símbolo de resistencia, transmitió el mensaje de que se podía desafiar a la policía de forma eficaz mediante estrategias policiales.

El hashtag #BlackLivesMatter, desarrollado por Patrisse Cullors, Alicia Garza y Opal Tometi tras el asesinato de Trayvon Martin por parte de un guardia, comenzó a transformarse en una red como respuesta directa a las crecientes protestas en Ferguson, Missouri, que manifestaron un deseo colectivo de exigir justicia para Mike Brown y para todas las vidas negras sacrificadas en el altar del terror racista de la policía. Al pedirnos que resistiéramos radicalmente a la violencia racista en el corazón de las estructuras y estrategias policiales, Black Lives Matter reconoció desde el principio que, si queríamos avanzar de un modo colectivo hacia una nueva idea de justicia, tendríamos que colocar la demanda de desmilitarizar a la policía en el centro de nuestros esfuerzos. En última instancia, esta reflexión está vinculada a un enfoque que exige la abolición de la vigilancia policial tal como la conocemos y experimentamos, planteando la forma en que las estrategias policiales se han transnacionalizado dentro de los circuitos que vinculan a los pequeños departamentos de policía de eeuu con Israel, que domina este campo a través de la policía militarizada asociada a la ocupación de Palestina.

Aprecio el análisis más complejo que adoptan muchos activistas de Black Lives Matter porque refleja con precisión una lectura histórica que es capaz de construir, asumir y criticar radicalmente los activismos y las teorías antirracistas del pasado. Mientras que el Partido Pantera Negra intentó, a veces sin éxito, abrazar los feminismos emergentes y lo que luego se denominó el movimiento de liberación gay, los líderes y activistas de Black Lives Matter han desarrollado enfoques que abordan de manera más productiva las teorías y prácticas feministas y queer. Pero las teorías de la libertad son siempre tentativas. He aprendido de Cedric Robinson que cualquier teoría o estrategia política que pretenda poseer una teoría total de la libertad, o una que pueda entenderse categóricamente, no ha tenido en cuenta la multiplicidad de posibilidades. Esto significa que tal vez una teoría de la libertad solo puede representarse de manera evocativa en el reino de la cultura.

Su investigación más reciente se centra en la cuestión de Palestina y su conexión con el movimiento de liberación negro. ¿Cuándo se hizo evidente esta conexión y qué circunstancias, o coyunturas, hicieron posible esta idea?

En realidad, mis conferencias y entrevistas más recientes reflejan una comprensión cada vez más extendida de la necesidad de un marco internacionalista, dentro del cual la tarea en curso de desmantelar las estructuras del racismo, el heteropatriarcado y la injusticia económica dentro de eeuu puede ser más duradera y más relevante. En mi propia trayectoria política, Palestina siempre ha ocupado un lugar fundamental, precisamente por las similitudes entre Israel y eeuu: su colonialismo y sus procesos de limpieza étnica con respecto a los pueblos indígenas, sus sistemas de segregación, su uso de la ley, sus sistemas para promover la represión sistemática, etc. A menudo señalo que mi toma de conciencia sobre la situación de Palestina se remonta a mis años de licenciatura en la Universidad de Brandeis, que fue fundada el mismo año que el Estado de Israel. Además, durante mi propio encarcelamiento, recibí el apoyo de los presos políticos palestinos, así como de abogados israelíes defensores de palestinos.

En 1973, cuando asistí al Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en Berlín (en la República Democrática Alemana), tuve la oportunidad de conocer a Yasser Arafat, quien siempre reconoció la relación entre la lucha palestina y la lucha por la libertad negra en eeuu. Como el Che Guevara, Fidel Castro, Patrice Lumumba y Amílcar Cabral, Arafat fue una figura venerada dentro del movimiento negro de liberación. En aquella época, el internacionalismo comunista –en África, Oriente Medio, Europa, Asia, Australia, América del Sur y el Caribe– era una fuerza poderosa. Yo seguramente habría seguido una trayectoria diferente si este internacionalismo no hubiera jugado un papel tan importante.

Los encuentros entre las luchas de liberación negra en eeuu y los movimientos contra la ocupación israelí de Palestina tienen una larga historia. El libro de Alex Lubin, Geographies of Liberation: The Making of an Afro-Arab Political Imaginary [Geografías de la liberación. La creación de un imaginario político afro-árabe] intenta cartografiar aspectos importantes de esta historia. Sin embargo, a menudo no es en el ámbito explícitamente político donde se descubren los momentos de contacto. Como destacó Cedric Robinson, a veces estos operan en el ámbito cultural. Por supuesto, Freedom Dreams: The Making of the Black Radical Imagination [Sueños de libertad. La creación de la imaginación radical negra], de Robin Kelley, sitúa el campo del surrealismo como una zona de contacto especialmente productiva. A fines del siglo xx, fue la poeta feminista negra June Jordan quien puso en primer plano el tema de la ocupación de Palestina. A pesar de los ataques que sufrió por parte del sionismo, y de perder temporalmente su amistad con Adrienne Rich2 (quien más tarde también se convirtió en crítica de la ocupación), June se volvió una poderosa defensora de Palestina. En su poesía encarnó la causa de la liberación negra y palestina: «Nací una mujer negra / y ahora me he convertido en palestina / contra la risa implacable del mal / cada vez hay menos espacio para vivir / ¿y dónde están mis seres queridos? / Es hora de regresar a casa»3.

En un momento en que las feministas negras intentaban crear estrategias basadas en lo que ahora llamamos interseccionalidad, June, que representaba lo mejor de la tradición radical negra, nos enseñó sobre el potencial de las afinidades políticas más allá de las fronteras nacionales, culturales y supuestamente raciales, ayudándonos a imaginar futuros más habitables.

Como he señalado en muchas ocasiones, tuve la impresión de que entendí completamente la ocupación cuando en 2011 me uní a una delegación de activistas académicas feministas indígenas y de mujeres de color en Cisjordania y Jerusalén Este. Aunque todas nosotras ya estábamos vinculadas al movimiento de solidaridad, todas estábamos completamente conmocionadas por lo poco que realmente sabíamos sobre la violencia cotidiana de la ocupación. Al concluir nuestra visita, decidimos colectivamente dedicar nuestras energías a participar en la campaña Boicot, Desinversiones y Sanciones (bds) y ayudar a elevar la conciencia de nuestros diversos grupos con respecto al papel de eeuu en el mantenimiento de la ocupación militar. Así que sigo profundamente conectada a este proyecto, con Chandra Mohanty, Beverly Guy-Sheall, Barbara Ransby, Gina Dent y las otras compañeras de la delegación.

En los años posteriores a nuestro viaje, muchas otras delegaciones de académicos y activistas han visitado Palestina y han ayudado a acelerar, ampliar e intensificar el movimiento de solidaridad. En la medida en que los impulsores del movimiento de bds se han inspirado en la campaña contra el apartheid de Sudáfrica, los activistas estadounidenses han señalado que se pueden extraer lecciones profundas de aquella política de boicot. Muchas organizaciones y movimientos dentro de eeuu han visto cómo la incorporación de estrategias anti-apartheid a sus agendas transformaba radicalmente su propio trabajo. La campaña contra el apartheid no solo ayudó a fortalecer los esfuerzos internacionales para acabar con el estado de apartheid, sino que también revitalizó y enriqueció muchos movimientos nacionales contra el racismo, la misoginia y la injusticia económica.

De la misma manera, la solidaridad con Palestina tiene el potencial de transformar y ampliar la conciencia política de nuestros movimientos contemporáneos. Los activistas de Black Lives Matter y otros vinculados con este momento histórico tan importante demuestran una creciente conciencia colectiva en este terreno que puede desempeñar un papel importante en obligar a otros sectores del activismo por la justicia social a asumir la causa de la solidaridad palestina, en concreto, el bds. Las alianzas en los campus universitarios que incluyen a organizaciones estudiantiles negras, Students for Justice in Palestine [Estudiantes por la Justicia en Palestina] y los Jewish Voice for Peace [Voz Judía por la Paz] nos recuerdan la profunda necesidad de unir los esfuerzos antirracistas y desafiar la islamofobia y el antisemitismo mediante la resistencia global a las políticas y prácticas de apartheid del Estado de Israel.

Teórica e ideológicamente, Palestina también nos ha ayudado a ampliar nuestra visión de la abolición, entendida como la abolición del encarcelamiento y la vigilancia. La experiencia de Palestina nos empuja a revisitar conceptos como el de «Estado carcelario» para comprender seriamente las vicisitudes cotidianas de la ocupación y la vigilancia por parte no solo de las fuerzas israelíes, sino también de la Autoridad Palestina. Esto, a su vez, ha estimulado otras vías de investigación sobre los usos del encarcelamiento y su papel, por ejemplo, en la perpetuación de nociones binarias con respecto al género y en la naturalización de la segregación basada en la capacidad física, mental e intelectual.

¿Qué tipo de movimientos sociales pueden o deberían existir en la coyuntura actual, teniendo en cuenta la hegemonía global estadounidense, las relaciones económicas neoliberales, la contrainsurgencia militarizada dentro del país y el «daltonismo» racial?

En un momento en que el discurso popular está cambiando rápidamente, en respuesta directa a las presiones que emanan de las protestas sostenidas contra la violencia estatal y de las prácticas de representación vinculadas a las nuevas tecnologías de comunicación, sugiero que necesitamos movimientos que presten tanta atención a la educación política popular como a las movilizaciones que han logrado colocar la violencia policial y el encarcelamiento masivo en la agenda política nacional. Creo que esto significa tratar de forjar un análisis de la coyuntura actual que extraiga lecciones importantes de los ciclos relativamente recientes, que han llevado nuestra conciencia colectiva más allá de los límites anteriores. En otras palabras, necesitamos movimientos que estén preparados para resistir las inevitables presiones hacia la asimilación. El movimiento Occupy nos permitió desarrollar un vocabulario anticapitalista: el 99% frente al 1% es un concepto que se ha incorporado al lenguaje popular. La cuestión no es solo cómo preservar este vocabulario, como hizo, por ejemplo, la plataforma de Bernie Sanders, sino también cómo construir sobre esto o enriquecerlo con la idea del capitalismo racial, lo cual no puede expresarse en términos que asuman la homogeneidad que siempre subyace al racismo.

Cedric Robinson nunca dejó de investigar ideas, productos culturales y movimientos políticos del pasado. Intentó comprender por qué coexistieron las trayectorias de asimilación y resistencia en los movimientos negros de liberación en eeuu. Las estrategias asimilacionistas que dejan intactas las circunstancias y las estructuras que perpetúan la exclusión y la marginación siempre se han ofrecido como la alternativa más razonable a la abolición, que, por supuesto, no solo requiere resistencia y desmantelamiento, sino también reinvenciones y reconstrucciones radicales.

Quizás este sea el momento de crear las bases para un nuevo partido político, uno que hable con un número mucho mayor de personas de las que los partidos políticos progresistas tradicionales han demostrado ser capaces de hacer. Este partido tendría que estar orgánicamente vinculado a la gama de movimientos radicales que emergieron tras el surgimiento del capitalismo global. Al reflexionar sobre el valor del trabajo de Robinson en relación con el activismo radical contemporáneo, me parece que este partido tendría que estar anclado en la idea del capitalismo racial: sería antirracista, anticapitalista, feminista y abolicionista. Pero lo más importante de todo, tendría que reconocer la prioridad de los movimientos en el terreno, movimientos que reconocen la interseccionalidad de los problemas actuales, movimientos que son lo suficientemente abiertos como para permitir la aparición futura de problemas, ideas y movimientos que ni siquiera podemos empezar a imaginar hoy.

¿Usted hace una distinción, en su investigación y activismo, entre el marxismo y el «marxismo negro»?

He pasado la mayor parte de mi vida estudiando las ideas marxistas y me he identificado con grupos que no solo han asumido las críticas inspiradas por los marxistas sobre el orden socioeconómico dominante, sino que también han luchado por comprender la relación coconstitutiva entre el racismo y el capitalismo. Habiendo seguido especialmente las teorías y prácticas de los comunistas negros y antiimperialistas en eeuu, África, el Caribe y otras partes del mundo, y habiendo trabajado durante varios años dentro del Partido Comunista con una formación negra que tomó como referencia al Che Guevara y a Patrice Lumumba, el marxismo, desde mi punto de vista, siempre ha sido un método y un objeto de crítica. En consecuencia, no necesariamente veo las expresiones «marxismo» y «marxismo negro» como opuestas.Me tomo muy en serio los argumentos de Robinson en Black Marxism: The Making of the Black Radical Tradition [Marxismo negro. La creación de la tradición radical negra]4. Si asumimos la centralidad incuestionable de Occidente y de su desarrollo económico, filosófico y cultural, entonces los modos económicos, las historias intelectuales, las religiones y las culturas asociadas a África, Asia y los pueblos indígenas no serán reconocidos como dimensiones significativas de la humanidad. El concepto mismo de humanidad siempre ocultará una racialización interna y clandestina, que excluirá las posibilidades de igualdad racial. Huelga decir que el marxismo está firmemente anclado en esta tradición de la Ilustración. Los brillantes análisis de Robinson revelaron nuevas formas de pensar y actuar generadas precisamente a través de los encuentros entre el marxismo y los intelectuales y activistas negros, que ayudaron a constituir la tradición radical negra.

El concepto asociado al marxismo negro que considero más productivo y potencialmente más transformador es el de «capitalismo racial». Aunque Capitalismo y esclavitud de Eric Williams se publicó en 1944, los esfuerzos académicos que exploran esta relación han permanecido relativamente en los márgenes5. Con suerte, las nuevas investigaciones sobre el capitalismo y la esclavitud ayudarán a legitimar aún más la noción de capitalismo racial. Si bien es importante reconocer el papel fundamental que desempeñó la esclavitud en la consolidación histórica del capitalismo, los desarrollos más recientes vinculados al capitalismo global no se pueden comprender adecuadamente si se ignora la dimensión racial del capitalismo.

Nota: la versión original de esta entrevista en inglés se publicó en el blog de Verso Books y fue traducida por la revista Viento Sur. Revisión de la traducción: Pablo Stefanoni.

  • 1. H.L.T. Quan: «Geniuses of Resistance: Feminist Consciousness and the Black Radical Tradition» en Race & Class vol. 47 N° 2, 2005.
  • 2. Poeta, intelectual, crítica, feminista y activista lesbiana estadounidense (1929-2012) [N. del E.].
  • 3. «I was born a Black woman / and now / I am become a Palestinian / against the relentless laughter of evil / there is less and less living room / and where are my loved ones? / It is time to make our way home».
  • 4. De próxima publicación en español por Traficantes de Sueños.
  • 5. Hay edición en español: Traficantes de Sueños, Madrid, 2011.

Sección: Tribuna global
NUSO Nº 289 / Septiembre - Octubre 2020

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Socialdemocracia: ¿entre «comunitaristas» y «cosmopolitas»?

El paradigma estratégico básico que permitió el éxito electoral socialdemócrata de la posguerra ya no existe. Ahora, los socialistas democráticos tienen más de una perspectiva. Y algunas de ellas han entrado en disputa. Para algunos analistas todo se reduce a que los partidos socialdemócratas se debaten entre trabajadores y trabajadoras «comunitaristas» y profesionales «cosmopolitas». Pero la cuestión no es tan sencilla.

 

Los partidos socialdemócratas enfrentan desafíos estructurales sin precedentes. Desde la década de 1970, han hecho esfuerzos para ofrecer a los votantes una alternativa a las políticas económicas neoliberales de la derecha, abandonando el modelo keynesiano de pleno empleo y corporativismo social. Se dice que la globalización y la integración europea han erosionado la solidaridad de los Estados nacionales de Bienestar y reducido las herramientas gubernamentales de política social. Mientras tanto, los recursos de poder tradicionales de la socialdemocracia de Europa occidental se redujeron en forma drástica debido a la desindustrialización y a las transformaciones del mercado laboral, de manera tal que la base trabajadora de la socialdemocracia es hoy solo una fracción de lo que era en el pasado.

Para decirlo de una manera simple, el paradigma estratégico básico que permitió el éxito electoral socialdemócrata de la posguerra durante los Treinta Gloriosos ya no existe. La «tercera vía» intentó reconciliar el clima económico globalizado con la formulación de políticas socialdemócratas, pero a largo plazo se convirtió en un fracaso electoral.

Ante el éxodo de su electorado de clase trabajadora, muchos partidos socialdemócratas adoptaron una posición «más dura» respecto a la inmigración y se inclinaron por la asimilación en cuestiones de integración. Sus dificultades para asumir una postura coherente respecto a la política social y la inmigración/integración durante las últimas décadas se pueden atribuir principalmente a los dilemas estratégicos que han venido enfrentando, mientras intentan construir una coalición de votantes más duradera y buscan volver a plantarse como una (muy necesaria) fuerza electoral estable en los sistemas de partidos de Europa occidental.

Un nuevo clivaje

El cambio ocupacional a gran escala asociado al relativo declive de la clase trabajadora ha reducido lo que los politólogos describen como el «destaque» del «clivaje» de clase y ha transformado la estructura de clase en Europa occidental. La bibliografía académica ha alcanzado un consenso creciente en cuanto a que la nueva coalición electoral de la socialdemocracia está compuesta especialmente por trabajadores de la producción y profesionales del ámbito sociocultural (como docentes, trabajadores sociales y personal médico asalariado). Mientras que el clivaje de clase tradicional perdió destaque, también se ha vuelto cada vez más evidente que la globalización resultó en un nuevo clivaje destacado, el que contrapone a «ganadores» y «perdedores» de la globalización en términos de cosmovisión (respectivamente) universalista y particularista.

Utilizando datos de la Encuesta sobre Elecciones Nacionales en Bélgica, he demostrado que esta oposición literalmente divide al electorado socialdemócrata flamenco. Apelar tanto a los trabajadores de la producción particularistas de izquierda como a los profesionales del área sociocultural universalistas de izquierda está resultando difícil cuando el nuevo clivaje tiene un lugar destacado, en especial en la medida en que los partidos populistas de derecha radical se posicionan estratégicamente para alinearse con los trabajadores de la producción, mientras que los partidos verdes se especializan cada vez más en dirigirse a los profesionales del ámbito sociocultural.

Tampoco se alinean completamente las preferencias de estos electorados en cuanto al Estado de Bienestar. Si bien ambos apoyan un Estado intervencionista, 30% de los trabajadores de la producción, pero tan solo un insignificante 2% de los profesionales del área sociocultural adoptan una postura populista, que combina un igualitarismo nativista excluyente con una crítica del funcionamiento del Estado nacional de Bienestar. Los profesionales del ámbito sociocultural son más proclives a creer en una solidaridad universal, más allá de los límites de cada grupo, que los trabajadores de la producción (15% y 7%, respectivamente), y a tener un perfil de izquierda favorable a la inversión social (52%, en comparación con 23% de los trabajadores de la producción). Tanto los trabajadores de la producción como los profesionales del ámbito sociocultural pueden sin embargo estar de acuerdo en cuanto a la importancia de un Estado redistributivo e intervencionista.

El dilema agravado

Los electorados socialdemócratas están internamente divididos entre estos dos grupos, al tiempo que se esfuerzan por forjar una coalición duradera entre clases. Este dilema electoral se agrava debido a su postura ambigua y a veces lisa y llanamente conservadora respecto a la inmigración y la integración, lo que razonablemente puede desanimar a los votantes de minorías étnicas. La bibliografía reconoce cada vez en mayor medida que los intereses de las minorías étnicas juegan un rol fundamental en el cálculo electoral de sus integrantes, y los partidos socialdemócratas pueden perder votantes de las minorías al adoptar una postura que dañe esos intereses.

Una vez más, los patrones de competencia electoral son cruciales. En un buen número de países de Europa occidental asoman la cabeza partidos basados en minorías étnicas, lo que constituye tal vez el atractivo más creíble para defender los intereses de esas minorías allí donde los socialdemócratas están fracasando, si bien esos partidos parecen enfrentar el obstáculo de los umbrales electorales. Cuando en Amberes, un antiguo baluarte de su agrupación, los socialdemócratas adoptaron algunas políticas controvertidas en su esfuerzo por contener el avance de la derecha radical, fue el Partido del Trabajo de Bélgica (PVDA, por sus siglas en neerlandés), de izquierda radical, el que se benefició con sus devaneos respecto al tema de la integración.

Una mayor percepción de discriminación étnica se conecta con un voto por la izquierda radical, y no por los socialdemócratas, lo que explica al menos en parte el aluvión de votantes de minorías en favor del PVDA en las elecciones recientes. Al tratar de recuperar algo de su anterior electorado de trabajadores de la producción particularistas de izquierda, los socialdemócratas se ponen en posición de perder su electorado de minorías étnicas, que podría decirse que ha sido el único sector sistemáticamente leal en las décadas recientes.

Potencial de movilización

Es cuestionable que pueda considerarse que los votantes de la clase trabajadora particularista de izquierda, el antiguo núcleo del electorado socialdemócrata, tengan todavía un potencial de movilización, en particular allí donde los partidos de derecha radical apuntan a estos votantes con un programa de asistencia social populista. Sin embargo, las pérdidas en este grupo de votantes no indican la muerte de la socialdemocracia, ni convierten necesariamente a los partidos socialdemócratas en partidos «de clase media», indistinguibles de los verdes.

En primer lugar, una buena parte de los trabajadores de la producción (7% en Flandes) tiene una visión de izquierda universalista, y una porción aún más grande (23%) apoya la inversión social. Los votantes de la clase trabajadora con un perfil similar están aliados ideológicamente con los profesionales del ámbito sociocultural, y esto constituye la base para una coalición interclasista contemporánea de la socialdemocracia. Para los partidos socialdemócratas, esto significa que pueden combinar un enfoque en la política de clasetrabajadora y el universalismo, al tiempo que conservan su raison d’être como partidos que representan las demandas de la clase trabajadora sin tener que recurrir a políticas de inmigración conservadoras.

Además, si bien sus preferencias en cuanto a política social pueden diferir, los tres electorados fundamentales de la socialdemocracia apoyan un Estado fuerte e intervencionista que redistribuya recursos mediante impuestos, la primera y principal incumbencia de la socialdemocracia. Sacar provecho de su imagen como defensores primarios del Estado de Bienestar requerirá sin embargo que los partidos socialdemócratas avancen más allá del paradigma neoliberal de «responsabilidad» presupuestaria y recorte del Estado de Bienestar, si es que pretenden satisfacer los diferentes intereses de una coalición electoral diversa.

Traducción: María Alejandra Cucchi

Fuente: Social Europe

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El dueño de la vacuna Hugo Sigman: de la izquierda a la farmacéutica

¿Quién es el empresario argentino que producirá la vacuna contra el covid-19 para América Latina? Sus lazos históricos con el Partido Comunista, su ingreso al mundo empresarial, su mirada de la política: el perfil de un personaje peculiar.

 

El pasado 12 de agosto, el gobierno argentino anunció la coproducción con México de la vacuna contra el coronavirus AZD1222, diseñada por la Universidad de Oxford. El acuerdo permitirá fabricar 250 millones de dosis de esta vacuna (que se encuentra ahora en fase experimental) y abastecer a toda América Latina (excepto a Brasil) con vacunas que costarán entre 3 y 4 dólares.

Se trata de un acuerdo de transferencia de tecnología entre el laboratorio británico AstraZeneca, dueño de la fórmula, el argentino mAbxience, que fabricará el principio activo, y el mexicano Liomont, que se encargará de la estabilización, fabricación y envasado. La Fundación Slim financiará todo el proyecto. Detrás de esta trama empresarial hay dos personas: Carlos Slim, el quinto hombre más rico del mundo, y el mucho menos conocido Hugo Sigman, el argentino dueño de un imperio farmacológico que se extiende desde Vietnam hasta Barcelona, desde Marruecos hasta Paraguay, desde Rusia hasta la Patagonia argentina.

El misterio de Sigman radica en su «exterioridad interna» al capitalismo farmacéutico: formado como psiquiatra en Argentina, progresista de pasado comunista, amante del arte y la intelectualidad, comenzó su carrera empresarial en Europa y nunca deja de definirse como alguien ajeno a un mundo de los negocios que, por otra parte, maneja con maestría: aprovechando los vacíos legales de la industria farmacológica, tejiendo alianzas con el Estado y rentabilizando de una u otra manera sus variados mecenazgos.

La acumulación originaria

La historia de Sigman es inseparable de la de su esposa y socia, Silvia Gold. Doctora en Bioquímica, es hija de Roberto Gold, dueño de los laboratorios Sintyal y miembro del «directorio» del Partido Comunista Argentino (PCA), una comisión auxiliar creada en la década de 1940 para financiar al partido (tal como lo indica Isidoro Gilbert en su libro El oro de Moscú). Sus integrantes eran empresarios no afiliados como el propio Gold, Samuel Sivak o José Ber Gelbard, quien llegaría a ser ministro de Economía del tercer gobierno de Juan Perón en 1974.

A través del «directorio», el PCA, que fracasó como partido revolucionario, tuvo un éxito notable como empresa capitalista: llegó a controlar constructoras, agencias publicitarias, la embotelladora de Coca Cola y ChemotécnicaSintyal, adquirida por Gold en 1959. Luego del golpe de Estado de 1976, el grupo se desbandó y muchas de las empresas pasaron a estar bajo control de sus propios miembros. Gold se asentó en Barcelona y se asoció con capitales italianos en una nueva farmoquímica. Luego llegaron su hija y el esposo, Hugo Sigman, un bohemio psiquiatra becado. «Aquella decepción inicial con la que llegué a España después de haber tenido que dejar mi país me facilitó el cambio de mentalidad. Fue decisiva la inteligencia de mi suegro, que me llevó de la mano lentamente, sin que yo me diera cuenta. Yo creo que él pensaba en su hija, en sus nietos y se diría: 'Este, como psiquiatra, ¿qué futuro tiene?'. Con preocupación de padre me fue llevando sin que yo me diera cuenta, tranquilamente, hacia la actividad empresarial», aseguró en el libro Los que dejan huella: 20 historias de éxito empresarial.

Gold les propuso a su hija y a su yerno colocar en el mercado europeo los principios activos que él desarrollaba. Un medicamento está compuesto por dos tipos de sustancia: los excipientes, que ayudan a la absorción pero no provocan efectos medicinales, y los principios activos o API (ingredientes farmacéuticos activos), que son los que permiten prevenir, tratar o curar. En 1977, Sigman y Silvia Gold fundaron Chemo, la empresa española dedicada a la comercialización de API. En 1984 pasaron a la producción y adquirieron Industriale Chimica, una pequeña fábrica en Italia.

El mercado farmacéutico no era amigable, pero Sigman confiaba en su mirada no empresarial: «Nos diferenciamos de los demás porque los bróker tradicionales eran comerciantes sin formación científica (…) me entusiasmaba la idea de adelantarme a las prácticas estrictamente comerciales y tratar de ver con años de anticipación los productos que podrían necesitarse en el mercado».

Sin embargo, la suerte empresaria de Sigman conoce otras causas. Una es el padrinazgo de Gold, quien les prestó su prestigio y contactos farmacéuticos en Europa y Sudamérica. Algunos iban más allá de la cortina de hierro: los lazos de Gold con el PCA le dieron a Sigman acceso a laboratorios de Cuba, China y la Unión Soviética.

Otra causa la relata el propio Sigman: «Hasta 1978 Italia no tuvo una ley de patentes. Italia era en esa época el gran suministrador mundial de materias primas para la industria farmacéutica (…) Al implantar Italia la Ley de Patentes en 1978, España, sin norma de patentes, pasa a ocupar el lugar que Italia tenía hasta ese momento. Y nosotros estábamos en España…». Sigman operaba sobre los vacíos legales de una Europa que se unificaba muy lentamente, como más adelante hará con los laboratorios de China y el ex-bloque oriental. Esa práctica lo vincula, pese a su «mirada no empresarial», a una de las más arraigadas prácticas del capitalismo farmacéutico argentino.

El capital que no teme al vacío

La industria farmacéutica argentina se desarrolló de manera casi salvaje, antes que el resto de la industria local, en un estado de vacío legal casi constante. A fines del siglo XIX se asentaron en el país distribuidores europeos de medicamentos que pronto comenzaron a producir. Así empezaron algunas de las dinastías que aún hoy controlan el mercado, como Bagó o Roemmers. Bajo un marco legal mínimo, los laboratorios consolidaron una posición de mercado dominante, que a lo largo de todo el siglo XX supieron defender de cada intento gubernamental de regulación. Tan tarde como en 1992, y ante la epidemia de cólera, que afectó sobre todo al noroeste del país, se creó un ente destinado a regular la producción y distribución de medicamentos: la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT).

Hoy el mercado farmacéutico argentino es un enclave asimétrico y cartelizado, con fuerte presencia de capitales locales: 20 laboratorios (de los cuales 13 son nacionales) que concentran 67% de la facturación total pero participan modestamente del crecimiento económico (1% del PIB, 6% del sector industrial), en parte debido a su carácter de punta (empleo calificado, capital intensivo), que aísla al sector de su entorno subdesarrollado; en parte, debido a su deficitaria dependencia de insumos importados.

Uno de los vacíos legales que más duramente defendieron los laboratorios fue su negativa a pagar patentes por el uso de fórmulas extranjeras, pese a los reclamos de laboratorios e incluso gobiernos de otros países. Recién en 1995 fue aprobada una ley de patentes y aun así los laboratorios nacionales pudieron prorrogarla por cinco años, mantener el control del mercado interno y forzar a los laboratorios internacionales a importar directamente o a dedicarse a vender patentes.

En ese mercado salvaje desembarcó Sigman a la vuelta de su exilio, durante las reformas neoliberales de los años 90. Asociado con la familia Sielecki (de laboratorios Phoenix) y al resto de la familia Gold (de Sintyal), adquirió Elea, una empresa especializada en productos hormonales de alta complejidad, que desde entonces provee a compañías como Merck, Pfizer y AstraZeneca.

La campaña antiaftosa de 1994 fue la siguiente oportunidad de Sigman para formar un consorcio. La fiebre aftosa asolaba al ganado de la región desde principios del siglo XX, con grandes epidemias locales en 1942 y 1966. A fines de los años 70 se optó por reemplazar las vacunas tradicionales por otras de tipo oleoso, que fueron obligatorias a partir de 1994. Para fabricar la nueva vacuna, los laboratorios debieron encarar una costosa reconversión. Chemotécnica Sintyal se fusionó con Biogénesis y dio a luz Biogénesis Sintyal, que pronto exportó la vacuna a toda la región.

En 1998 murió Roberto Gold. La empresa de Hugo y Silvia había alcanzado la mayoría de edad. Era hora de saltar al mundo.

La metástasis de un imperio

«Siempre tuve la convicción de querer tener una empresa internacional. No tenía el dinero para que lo sea», aseguró Sigman en su día. En 1986 Chemo adquirió Química Sintética de España, su primera planta aprobada por la Food and Drug Administration de Estados Unidos, que les daba acceso al mercado de ese país. Al año siguiente, el grupo empezó a operar en China, que atravesaba un momento crítico de sus reformas económicas. Pero fue recién en el nuevo milenio cuando Sigman se globalizó.

Entre 2003 y 2015 Chemo se lanzó a un raid de adquisiciones en Brasil, México, Rusia, Estados Unidos, Marruecos y Turquía, además de la formación de consorcios regionales como Altian (América Central), Ladee Pharma (Europa Central), Gold Pharma (China) y Exeltis (India), la marca que desde entonces engloba a toda la red de empresas y su centro de investigación, el Ladee Pharma Research Institute, centrado en la salud femenina.

En medio de ese despliegue, Biogénesis Sintyal se fusionó con Bagó y nació Biogénesis Bagó, un ciclópeo trust de biotecnología y sanidad animal, habilitado para exportar a Europa y Estados Unidos, a los que provee de antígenos. En 2009 la planta de Biogénesis Bagó, con un predio de 10.000 metros cuadrados en Garín, al norte de la provincia de Buenos Aires, fue incluida entre los 300 lugares del mundo que el Departamento de Estado de Estados Unidos debía proteger de un ataque terrorista. En 2013 Biogénesis se asoció a la china Hile Biotechnology en una joint-venture que provee al gobierno chino de 90% de las vacunas antiaftosa.

Hoy Chemo tiene 5.000 profesionales en más de 12 centros de alto rendimiento en Investigación y Desarrollo que proveen a una red de fabricación propia con puntos de contacto comercial en más de 95 países. «Siempre quise que mis hijos conocieran otras culturas. A casa venían hindúes, chinos, asiáticos…». La periferia es el espacio vital de Chemo: América Latina, Oriente Medio, Sudeste asiático y la ex-Unión Soviética. La marginalidad que Sigman se atribuye en el mundo de los negocios se tradujo en su predilección por hacer negocios en los márgenes del mundo.

mAbxience: el reseteo biotecnológico

«Si me voy ahora, me voy, porque si me quedo, no vamos a trabajar bien, tendremos conflictos, porque vos tenés tu estilo y yo el mío, vos tenés una formación y yo la mía... ¡Así que me voy!». El que habla es Hugo Sigman. El que escucha es Leandro, su hijo. Había empezado a trabajar para su padre durante la adolescencia, como visitador médico, usando otro apellido. Se formó como economista y llegó a CEO de Chemo Group España. El choque generacional fue inevitable.«A pesar de mi voluntad, los primeros años no fui capaz de retirarme totalmente –admitió Hugo más tarde– y, consciente o inconscientemente, no llegué a renunciar del todo. Se produjeron algunos cortocircuitos con Leandro por culpa mía».

En 2007, el patriarca por fin se retiró de Chemo y concentró su energía en otro rincón del capitalismo farmacéutico: la compra y capitalización de pequeños emprendimiento biotecnológicos, un nuevo vacío legal en donde innovar: «Las agencias de regulación todavía están confundidas respecto a los productos biotecnológicos».

Los fármacos biológicos son sustancias medicinales producidas a partir de seres vivos: una hormona, una enzima o un anticuerpo monoclonal. Se emplean para tratar enfermedades complejas y su costo es muy elevado. «Los productos biotecnológicos son pocas unidades a altísimo precio y son de uso perentorio para enfermedades donde el paciente se juega la vida», dice Sigman. Un biosimilar en un clon de un fármaco biológico. Su costo es sensiblemente menor y su mercado, prometedor: hoy representan 15% del mercado mundial de medicamentos, más de 600.000 millones de dólares, y se prevé que lleguen a ser 25% en los próximos diez años, especialmente por la expiración de patentes.

En 2009 Sigman creó mAbxience, una división de Chemo especializada en anticuerpos monoclonales, o mAbs, biosimilares empleados para neutralizar objetos extraños como tumores. En 2012 inauguró la planta piloto en Munro, viejo polo industrial semiabandonado al norte de la provincia de Buenos Aires. La empresa pronto hizo acuerdos con laboratorios de Rusia, Irán, Turquía y el Sudeste asiático.

Las aventuras biotecnológicas de Sigman en América conocen dos hitos. El primero es el desarrollo de una vacuna para tratar el cáncer de pulmón. Un proyecto que Sigman comenzó a mediados de la década de 1990 en Cuba, con el desarrollo del antígeno NgcCM3, y culminó en 2013 con la presentación de Racotumomab, la primera vacuna que logra cronificar el cáncer pulmonar, transformando un mal mortífero en una enfermedad tratable, como la diabetes o la hipertensión. Los 18 años de investigación y desarrollo involucraron a las empresas de Sigman, universidades nacionales, centros de investigación cubanos y argentinos (incluyendo al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas de Argentina) y el respaldo de dos ministerios.

El segundo hito fue la creación de Sinergium Biotech. Durante la pandemia de gripe A H1N1 de 2009, Sigman le propuso al gobierno argentino, a través del entonces ministro de Salud Juan Manzur, un proyecto de transferencia de tecnologías farmacéuticas a cambio de la concesión de un monopolio provisorio, inspirado en un proyecto similar del gobierno brasileño. La licitación se presentó privilegiando a Sigman como «autor de la iniciativa», con el compromiso de adquirir todas las vacunas producidas. El acuerdo se hizo con la multinacional Novartis, que tendría un monopolio de tres años sobre la vacuna antigripal, mientras transfería la tecnología a Elea y Biogénesis Bagó, a través de una empresa creada a tal fin: Sinergium Biotech. Pasados los tres años, Sinergium sería la fabricante exclusiva.

En 2012, la Organización Mundial de la Salud (OMS) desconoció a la gripe A, como pandemia pero el negocio mundial ya estaba hecho. Sinergium siguió operando acuerdos de transferencia de tecnología con Pfizer para la vacuna neumocócica y con Merck & Co para la vacuna contra el papiloma, ambas incluidas por el gobierno argentino en el calendario de vacunación obligatorio. El mismo tipo de acuerdo que hoy alcanzó con AstraZeneca para la producción de la vacuna contra el covid-19.

Coleccionista y mecenas

En oposición a buena parte de la alta burguesía argentina, más proclive al fútbol, el turismo de alta gama y la evasión fiscal, Hugo Sigman profesa una devoción por el mundo de la cultura que lo posiciona como mecenas. Quizás por su pasado comunista, quizás por el volumen que representan las industrias de contenidos a escala mundial, una serie de proyectos e iniciativas se encadenan como gemas incrustadas en su corona.

La cadena de producción de valor cultural de Sigman como mecenas empieza por la «sustentabilidad». Más allá de poseer miles de hectáreas utilizadas por sus empresas de ganadería bovina y ovina, agricultura y producción de madera –su cabaña Garruchos tiene 75.000 hectáreas dedicadas a la siembra directa y al pastoreo en San Luis, y Sigman posee más de 200.000 hectáreas dedicadas a estos mismos fines en la Patagonia, rankeando apenas detrás de Lázaro Báez y Luciano Benetton–, al mecenas le gusta mostrar sus emprendimientos sustentables con valor agregado a base de diseño.

Solantu, por ejemplo, diseña, produce y exporta las materias primas tanto de sus estancias australes como los cueros y la carne de los yacarés que se crían en la provincia de Corrientes. Cuencos, floreros, cajas y tablas de maderas nobles son comercializados tanto en internet como en locales europeos de diseño. La sustentabilidad de Solantu tiene un tercer vértice: el hotel boutique Puerto Valle, instalado sobre una estancia construida en 1868, localizado en los Esteros del Iberá, en la provincia de Corrientes. Una construcción de tan solo 13 habitaciones, también orientada al mercado del lujo. Galerías, pequeños livings, proximidad a las playas y oferta de turismo ecológico, que incluye avistaje de especies en los esteros y visitas al criadero de Yacaré Porá, una granja modelo donde se trabajan el yacaré overo y el yacaré negro, especies locales en peligro de extinción.

En una época en que la sociedad occidental no ve con buenos ojos la matanza de animales salvajes para producir objetos de lujo, ni la deforestación para confeccionar habaneras que cotizan en euros, este impacto negativo es licuado por las estrategias de sustentabilidad y el desarrollo socioeconómico de las regiones donde intervienen. Como si esto fuera poco, Solantu posee en su plantel a una empleada de lujo: Lucía González, hijastra de Felipe, ex-presidente del gobierno y hombre influyente en el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), se encarga del marketing y la comercialización de la firma.

El particular mecenazgo de Sigman se completa con la creación de empresas culturales y de la producción de películas. Es dueño de la franquicia argentina de Le Monde diplomatique y de la editorial Capital Intelectual (en España, Clave Intelectual). En la producción audiovisual, a través de Kramer & Sigman, produjo desde 2005 films como El perro, El último Elvis, El pasado, Relatos salvajes y El clan, entre otras. Fue pionero en el mundo de las revistas periodísticas progresistas con TresPuntos y TXT. Circulan diversos rumores sobre los motivos del cierre. El primero y el más fuerte es que se trataba de publicaciones que iban a pérdida. Y como los emprendimientos culturales dependen exclusivamente de su voluntad, un día Sigman se cansó. Al cansancio habrían contribuido los frecuentes llamados de políticos, muchos de ellos socios, amigos o conocidos suyos a lo largo de su ajetreada historia empresaria.

Esto no logró que Sigman dejase de disfrutar de rodearse de figuras del mundo de la cultura, un puñado de elegidos para frecuentar su cuartel del palacio Díaz Vélez, sede corporativa de Insud, el grupo que engloba sus empresas argentinas. Una construcción de estilo francés ubicada en el Barrio Norte porteño, forjada en 1900, con más de 1.000 metros cuadrados cubiertos restaurados. Cerca de la entrada, el palacio posee una monumental escultura del alemán Anselm Kiefer, uno de los artistas europeos más cotizados en la actualidad. La colección de Sigman posee también obras de Guillermo Kuitca, Jorge de la Vega, Juan Carlos Distéfano; esculturas del británico Tony Cragg y pinturas de los españoles Pablo Palazuelo, Jaume Plenza y Sevilla. Apoyó también los envíos de Jorge Macchi y del mismo Kuitca a bienales de Venecia, e integra el comité del Museo Nacional de Bellas Artes.

Uno de los proyectos que más entusiasmó a Sigman fue el documental sobre el ex-presidente uruguayo José «Pepe» Mujica. Porque, cerca de los 75 años, el mecenas aún navega en busca de su identidad. «Tratamos de armar una compañía universal, globalizada y coherente en todas sus ramas, desde la ciencia a la cultura. Todo se integra, no tengo contradicciones al respecto. Pero tampoco soy un ser súper especialista en todas las ramas que tengo, sino que trabajo con grupos humanos que me revitalizan y me permiten conocer cosas distintas. Todavía tengo el sueño de ir armando mi propio personaje, es lo que busco en este momento de mi vida», supo declarar.

Sigman, el pharmakon

Amigo personal de Felipe González, Sigman no pierde oportunidad de ponderar el modelo europeo de cooperación público-privada como tercera vía entre un socialismo que ya dejó atrás y un neoliberalismo en el que nunca confió del todo. No se trata de una idea abstracta: el rubro farmacéutico necesariamente se articula con las políticas sanitarias de cada Estado y Sigman se maneja allí con la misma exterioridad interna que en todos lados, como un antígeno extraño pero influyente en los cuerpos que habita.

Durante el conflicto por la Ley de Patentes, Sigman hizo causa común con el proteccionismo de los laboratorios locales a pesar de ser dueño de un laboratorio multinacional e importar los principios activos para sus medicamentos. Sigman también fue parte de la resistencia de los laboratorios a la Ley de Genéricos, sancionada durante la crisis de 2002, que obliga a los médicos a recetar el medicamento genérico y no la marca, para permitirle al paciente elegir. Para 2014, solo 25% de las recetas cumplía con la ley.

Ese mismo año, ante un aumento generalizado de los precios de los medicamentos, la entonces presidenta argentina Cristina Fernández, quien nunca dejó de beneficiar a Sigman con contratos y licitaciones, denunció desde su cuenta de Twitter a Elea y Biogénesis como dos de las farmacéuticas de mayor facturación, sin olvidar consignar el nombre de sus titulares: Hugo Sigman, Luis Alberto Gold y la familia Sielecki (parientes políticos de su propio canciller de entonces, Héctor Timerman).

La crisis económica obligó a Elea a pedir un procedimiento preventivo de crisis en 2019, pese a las estrechas relaciones de Silvia Gold con el gobierno de Mauricio Macri. Con el retorno del peronismo, Sigman inauguró una nueva planta de mAbxience junto a la plana mayor del nuevo gobierno y reclamó menos impuestos para los laboratorios locales.

Hasta que llegó el covid-19. Paracelso, un alquimista del siglo XV, llamaba pharmakon a la enfermedad entendida como posible cura. El elemento externo que el cuerpo debe incorporar. En el otoño de su vida y al frente del que seguramente será su último consorcio farmacéutico, Sigman busca la oportunidad para salvarnos de la peste y reivindicarse como un ser exterior e interior al sistema, un pharmakon que invade el cuerpo social para inmunizarlo.

Este perfil es una adaptación del publicado en el libro Los dueños del futuro (Planeta, Buenos Aires, 2017).

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