Jueves, 13 Diciembre 2018 09:08

Divide et impera

Rosenell Baud, detalle de la serie “Florilegio”, temple sobre papel hecho a mano, 10 x 15 cm (Cortesía de la autora)

El presidente Trump canceló una vez más su anunciada visita a su par colombiano, en esta ocasión prevista para diciembre con escala en Bogotá en su viaje para la reunión del G 20 en Argentina. Trump, pese a su reciente pérdida de las mayorías en la Cámara de Representantes, mantiene su decisión de imponer a Colombia la falsa guerra contra las drogas y usar al país en sus designios sobre Venezuela.

 

La agenda del gobierno de Donald Trump con Colombia puede ser comprendida como una guía tóxica envuelta en el celofán perfumado de nobles ideales patrióticos y loas a la amistad. La agenda real está perfilada por las líneas estratégicas regionales adoptadas por Trump conforme a los intereses que representa en un escenario global abordado con la divisa America First, consigna que se traduce para nuestra región en el conjunto de medidas desnudas y encubiertas dirigidas a profundizar el dominio territorial en el marco del enfrentamiento geoestratégico que sostiene con China por la supremacía planetaria.


Desde su posesión como Presidente de los Estados Unidos en enero de 2017, el gobierno de Trump desató un conjunto de acciones que varían cursos de política regional sostenidos por el establecimiento demócrata. En el caso de Colombia, los asuntos y los enfoques que privilegia la administración Trump afectan de manera grave diversos y vitales intereses nacionales, de un país considerado en la región como estrecho aliado y amigo de los Estados Unidos.


En la primera reunión que Trump sostuvo con el presidente Duque el 25 de septiembre de este año en Nueva York, la lucha contra los cultivos ilícitos y la situación con Venezuela fueron los ejes centrales del encuentro. Trece días antes de la reunión el presidente Maduro había viajado a China en busca de mayor soporte financiero para enfrentar las severas dificultades de su economía. En este momento Venezuela exporta hacia China el doble de la cantidad de petróleo que embarca hacia los Estados Unidos. En este siglo Venezuela se ha convertido en el receptor del 52 por ciento de la inversión del gigante asiático en la región latinoamericana. Y Venezuela es el país que posee las más grandes reservas de petróleo en el mundo.


Trump se dirigió a Duque en estos términos: “Su victoria fue monumental, lo cual quiere decir que el pueblo de Colombia está de acuerdo con lo que usted representa y usted ha librado una lucha y seguirá librando una lucha muy fuerte contra el narcotráfico. Y agregó: “Usted ha sido un gran amigo de Estados Unidos y estamos deseosos de seguir trabajando con usted”.


De la reunión de los dos mandatarios resultó revelador el hecho de que Trump llegase acompañado de algunos de los más destacados miembros de su gabinete y con mayor poder de decisión en asuntos militares. Con el mandatario estadounidense estuvo el vicepresidente Mike Pence, quizás el más notable cerebro republicano de una política exterior fundada en el uso sin restricciones del poderío militar y del despliegue de todo tipo de inteligencia para mantener la preeminencia planetaria de los Estados Unidos de América.


También fueron agendados el secretario de Estado Mike Pompeo, el asesor de Seguridad Nacional, John Bolton, quien es el responsable de tomar cualquier decisión en cuestiones militares, y el general John Kelly, el jefe de su gabinete. Provienen del sector más ultraconservador del ala republicana y se han caracterizado por alentar el uso del poder militar estadounidense en diversos lugares del mundo, en aras de recuperar lo que consideran cómo una dramática pérdida de influencia. Pompeo viene de dirigir la CIA y se encarga ahora de la política exterior de los Estados Unidos. Kelly es un General del Cuerpo de Marines, con extraordinario conocimiento de América Latina; su dirección durante cuatro años (2012-2016) del Comando Sur da fe de ello.


Por su parte, Duque aprovechó la reunión para compartir con Trump la firma del decreto que le permite a la Policía confiscar la dosis mínima de marihuana en Colombia, dando de baja la despenalización que sobre el particular regía en el país desde 1974. Unos días antes, el miércoles 12 de septiembre, el presidente Duque señaló que no descartaba la posibilidad de que los cultivos de coca volviesen a ser fumigados con glifosato. El decreto y el anuncio eran las modestas señales de su disposición a cumplir con prontitud las directrices que le fueran trazadas en la reunión privada.


Justo un año antes, el 13 de septiembre de 2017, un memorando de la Casa Blanca había esgrimido la posibilidad de que Colombia fuese descertificada por no cumplir con sus obligaciones en virtud de los acuerdos internacionales contra el narcotráfico, debido al extraordinario crecimiento del cultivo de coca y la producción de cocaína durante los últimos tres años. En marzo de ese mismo año, en el informe anual que elabora el Departamento de Estado para que el poder Ejecutivo de la potencia del Norte decida si certifica o no a los países que decide examinar, señaló: “Colombia es el primer productor mundial de cocaína, así como un país fuente de heroína y marihuana. Aunque el Gobierno colombiano continúa contrarrestando la producción y el tráfico de drogas ilícitas a través de las operaciones de erradicación, la agresiva interdicción y la actividad policial, la producción potencial de cocaína en 2015 aumentó en un 60% a 495 toneladas métricas”.


Lo que no reveló el informe del Departamento de Estado fue el anunció que en julio del 2018 realizó el entonces del vicepresidente de la Republica Óscar Naranjo: entre 1999 y 2015 los gobiernos sucesivos fumigaron 1.800.000 hectáreas y esa acción sostenida no acabó con el arbusto, ni con la siembra. Generó más desplazamiento de comunidades y más talas de selva para nuevas siembras. Los campesinos también idearon formas de rociar con preparados de panela los cultivos, para impermeabilizarlos. Las fumigaciones elevaron los costes previsibles para la siembra industrial, pero también el precio de venta en las calles, y los márgenes de utilidad para los que lograban mantenerse o ingresar en el negocio.


La decisión sobre el uso del glifosato, compartida por el presidente Duque a Trump, tenía el antecente de lo decidido por Juan Manuel Santos, quien antes de entregar el poder ya había decidido el retorno del uso de tal agrotóxico, esta vez con drones. En el año 2015 se habían suspendido las fumigaciones aéreas con glifosato, por conceptos del Ministerio de Salud y de Medio Ambiente por los daños ocasionados en el ecosistema y en la salud de las comunidades.


Menos de un mes después del anuncio de la Casa Blanca del 13 de septiembre sobre una posible descertificación, el cinco de octubre de 2017, en la vereda Tandil, cerca de Tumaco, más de dos mil quinientos campesinos cultivadores de coca, desarmados, se movilizaron para tratar de impedir la erradicación forzosa de los cultivos de coca por parte de la Fuerza Pública. Muchos campesinos habían llegado de manera voluntaria a la protesta porque habían firmado acuerdos de erradicación voluntaria, otros habían recibido la orden de los propietarios de los cultivos de concurrir a la movilización. Estaban presentes quinientos soldados del Ejercito Nacional, doscientos policías, trescientos erradicadores e integrantes del Esmad. Se produjo un incidente y la Fuerza Pública disparó cegando la vida de siete campesinos. En ese tiempo, en menos de seis meses, se dieron más de ciento diez enfrentamientos violentos entre comunidades y grupos de erradicación forzada, con más de 20 civiles muertos.


Los erradicadores, unas veces son civiles protegidos por la policía, y otras veces son policías o soldados. Recuerdo la respuesta de los campesinos al preguntarles el año pasado cómo funcionaban las fumigaciones antes del cese de las mismas en el 2015: muy sencillo doctor –me respondieron– donde estábamos los pequeños cultivadors, indígenas o campesinos, nos fumigaban a todos. Y donde estaban los cultivos industriales inmensos, no fumigaban.


El retorno a la erradicación forzada violenta con fumigaciones significa que la política de erradicación se militariza de nuevo, en un país con más de quinientas mil personas que derivan su sustento de los cultivos de la hoja de coca. 77.000 familias habían firmado pactos de sustitución en el marco del punto cuarto de los Acuerdos de paz. Las familias se comprometían a tumbar la coca, a sustituir cultivos, y el Gobierno les pagaría unos auxilios económicos e implementaría unos proyectos productivos agrarios. Se trataba de privilegiar un enfoque de eliminación de los cultivos de coca fundado en el acuerdo, en la concertación con las comunidades. Existían también 90.000 familias que estaban a la espera de nuevos acuerdos de sustitución. Lo usual es que los pequeños cultivadores tengan entre una y cinco hectáreas. Retornar a la erradicación violenta significa abrir de nuevo un frente de guerra interno.


Después de la masacre del 5 de octubre de 2017, el gobierno de los Estados Unidos anunció que certificaba a Colombia, con el mensaje tácito, pero insoslayable, de que el nuevo Presidente colombiano tendría que cumplir las tareas que le asignaran.


El 24 de septiembre de 2018, tuvo lugar la reunión de delegados de 124 países organizada por el gobierno de Trump para definir acciones frente al problema global de las drogas. Al día siguiente, en el encuentro bilateral entre los presidentes Trump y Duque ya referenciado, el primero le señaló al segundo: si no logra resultados concretos en un asunto considerado de Seguridad Nacional, “será un presidente más para Colombia”.


Por supuesto, es claro que el gobierno de los Estados Unidos no ignora la inutilidad de las fumigaciones para eliminar, o al menos mitigar de manera severa, el problema del narcotráfico comprendido como el consumo que afecta a su población. Es necesario, entonces, preguntarse qué intereses y qué razones están detrás de sus decisiones en este campo. De la amenaza de descertificación y de la presión ejercida para que retornen las fumigaciones aéreas y se recrudezca una persecución con la Fuerza Pública que termina lucrando a quienes estan vinculados al comercio de narcóticos, y a algunos de los mandos encargados de la persecución. La militarización de la erradicación y la autorización al poder policial para perseguir las dosis mínimas, aumentan el control policial sobre la vida cotidiana de millones de personas. Eleva también de manera notoria el número de ciudadanos que no han delinquido y que son apresados por porte de pequeñas cantidades de una sustancia sicoactiva, arrojando a una parte de ellos a las fauces de un sistema penitenciario atiborrado, en el que las cárceles son todo lo contrario al eufeminista ideal de “centros de corrección”. (Ver recuadro)


El informe del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos de la ONU, en 2017, señaló que en Colombia se cultivaron 171.000 hectáreas de coca y se produjeron 1.379 toneladas de cocaína (1). En 1995 existían 50.000 hectáreas de coca, multiplicadas a 170.000 en 2001 (2), año en el que ya estaba en pleno vigor el mal llamado Plan Colombia, difundido y justificado ante la opinión pública con el mismo discurso de protección de la nación estadounidese con en el que ahora se exige al país retornar a la “guerra contra las drogas”. Como se recordará, con aquel Plan, diseñado y aprobado por el Congreso de los Estados Unidos, el gobierno colombiano los autorizaba a enviar cientos de asesores y contratistas militares para enfrentar a las Farc, catalogada como la más poderosa fuente de producción y tráfico de narcóticos del mundo.


Con el paso de los años el Plan fue catalogado como un notable éxito transformador de la diplomacia estadounidense y las políticas bipartidistas en asuntos exteriores por la Comisión presidida por los senadores Roy Blunt (republicano) y Bent Cardin (demócrata), que elaboraron el Informe A Roadmap for U.S. Engagement with Colombia. Una de las bondades del Plan Colombia, señala el Informe en cuestión, consistió en que más del 90 por ciento de sus costos fue sufragado por los colombianos. El Informe fue entregado de mano al presidente Santos el 17 de mayo de 2017. Es importante recordar que Roy Blunt, de acuerdo a medios de comunicación de su país es “El hombre de la Monsanto” en el Congreso norteamericano (3).


En el 2016 dejaron de existir las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, pero la mediciones del 2017 mostraron que lejos de cesar o disminuir la producción y tráfico de cocaína, ambos niveles no sólo se mantuvieron sino que crecieron.


Si a la geopolítica del enfrentamiento de Estados Unidos con China, incorporamos la geopolítica del petróleo y de las drogas, y tenemos en cuenta que William Brownfield, embajador de Estados Unidos en Colombia hace algunos años, y actual Secretario de Estado Adjunto para asuntos de narcóticos, aseveró que en este momento –más de la mitad de la droga producida en Colombia sale por Venezuela (4), no es difícil comprender la presión del gobierno de Trump para encender de nuevo una guerra interna contra las drogas, librada entre colombianos.


Prender de nuevo esa guerra inocua contra el problema del consumo de cocaína de los estadounidenses significa seguir condenando a decenas de miles de niños y jóvenes estadounidenses a la adicción letal y al uso zafio de una planta milenaria que en muchas de nuestras comunidades indígenas cumple una función medicinal, de energía y claridad gracias a los sabedores que reciben sus conocimientos generación tras generación.


Pero también significa demoler la vía del acuerdo eficaz para reducir de modo real la extensión de los cultivos de coca para cocaína en Colombia. Un complejo consenso arduamente alcanzado en la mesa de negociaciones entre el Gobierno y las Farc. Un logro histórico del gobierno de Juan Manuel Santos y las Farc que permanece sin ser conocido y valorado en todas sus repercusiones posibles para superar la doble plaga que nos ha azotado, aquí y allá, durante casi siete décadas: la cocaína como producto de exportación y la falsa guerra contra las drogas.

 

1. https://www.semana.com/nacion/articulo/coca-aumento-en-17-y-la-produccion-de-cocaina-en-31-segun-naciones-unidas/583537
2. http://www.proyectohombre.es/archivos/2.pdf
3. Contra el Miedo
4. https://www.voanoticias.com/a/droga-colombia-pasa-por-venezuela/3034639.html

 


Recuadro

 

Acostumbrados a la unilateralidad

 

En este escenario es indispensable visibilizar, primero, la unilateralidad y la no reciprocidad del procedimiento de descertificación, y la naturalidad con la que la asume el poder hegemónico en Colombia gracias, en el mejor de los casos, a la labor no reflexiva de los medios oficiosos de comunicación.
Y es necesario también preguntarse por la historia del uso geopolítico de los mercados de producción y de tráfico de narcóticos*. Como señala el investigador Michel Fonte: El concepto de geopolítica de la droga nace del hecho de que el narcotráfico es muy importante no solo por el flujo de dinero que mueve (las ganancias anuales las estiman entre 426.000 y 652.000 millones de dólares, informe “Transnational Crime and the Developing World” elaborado por la la organización Global Financial Integrity en marzo de 2017 con actualización de los datos 2014 , sino también por ser el principal instrumento de aportación para las organizaciones criminales y rebeldes de diferente inspiración ideológica, étnica y religiosa. Ninguna nación que quiere conservar o conseguir una posición dominante en el escenario planetario puede desatender las implicaciones que este comercio conlleva a nivel global, eso EE. UU. lo sabe muy bien desde siempre, a tal punto que derrocha muchos recursos y energías en la que es impropiamente apodada como “Guerra contra las drogas ”, de hecho, al gobierno norteamericano no le importa y nunca le interesó acabar con el narcotráfico, sino controlarlo a su antojo y de manera conforme a los objetivos estratégicos a corto, mediano y largo plazo.
La DEA es la agencia encargada, con la supervisión y colaboración de la CIA, de condicionar las dinámicas del mercado para determinar: 1) El sitio o los sitios de producción de la droga (países, regiones y departamentos) 2) La cantidad y la cualidad de las sustancias psicotrópicas elaboradas 3) Los sujetos que deben fabricar la droga y los que deben comercializarla 4) Los territorios de destinación de los narcóticos (continentes, naciones y macrorregiones) 5) Los beneficiarios de la venta 6) Los damnificados por el consumo 7) La logística del tráfico de los estupefacientes (por donde deben pasar y la cadena o cadenas de intermediación) 8) Los lugares, sectores y finalidades de la inversión de las ganancias originadas por el narcotráfico.

* Ver Politics of Heroine de Alfred Mc Coy, Cocaine Politics de Peter Dale Scott y Geopolítica de la droga de Michel Fonte.

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Lunes, 10 Diciembre 2018 08:03

El coletazo de Pizano

El coletazo de Pizano

Sorbo a sorbo, así llega la muerte, provocada, no natural. Como en las mejores series de espionaje en televisión, aunque aquí, como sucede tantas veces en nuestro país, la realidad supera a la ficción.

El más reciente escándalo de corrupción del que el país se entera, que estalló ante el rostro de millones de colombianos sorprendidos por efecto de una manipulada y maquiavélica acción del poder realmente existente, fue el que les costó la vida a Jorge Enrique Pizano y a su hijo, Alejandro Pizano Ponce de León.

El señor Jorge Enrique era el auditor del contrato vial Ruta del Sol II, ganado en licitación por las empresas Odebrecht y Episol –esta última, parte del Grupo Aval, uno de los mayores conglomerados económicos colombianos, verdadero poder detrás de la Casa de Nariño y su inquilino de turno–, obra que compromete 3,2 billones de pesos en la construcción de un tramo de 528 kilómetros en una carretera que va hacia la costa caribe. Y como dicen por ahí, “por la plata baila el perro”, y muerde, con rabia, hasta matar.

Todo indica que el señor Pizano muere por enterarse de lo que no le correspondía, no de lo evidente: que más de 30 mil millones de pesos estaban siendo hurtados, sino de los nombres y apellidos de quienes desangran al país, de quienes han llevado a esta parte del mundo al sitial de deshonor que una y otra vez lo resalta como uno de los más desiguales de todos los que integran el sistema mundo capitalista.

Por las denuncias ahora públicas, se conoce que el señor Pizano, en cumplimiento de sus funciones, comparte en el año 2015 las irregularidades que detecta con uno de los abogados fiables del señor Luis Carlos Sarmiento, el mismo que por aquellas cosas del poder hoy ejerce como fiscal general de la Nación, el doctor Néstor Humberto Martínez.

En el momento de escuchar lo narrado por el interventor de la obra, el abogado del Grupo Aval comprende de inmediato que las fugas de dinero correspondían al pago de coimas, muy seguramente a favor de paramilitares. ¿Quién(es) facilita(n) la información para el cobro correspondiente? Es éste uno de los interrogantes que hoy quedan en el aire. Pero hay otro, que inquiere fuerte: ¿Quién cancela tales sumas de dinero y a quién se las cancela?

Como todo parece indicarlo, descubrir esto por parte del interventor, ingeniero civil y no sociólogo, es comprender cuáles son los factores de poder que mantienen a Colombia en guerra, sirviéndose de la misma para su beneficio particular.

Al avanzar así en su comprensión de la realidad nacional, tal vez por la seguridad que sentía con funcionarios de supuesta confianza, a los que muy seguramente consideraba como ‘amigos’, es de suponer que Pizano exterioriza lo que está viendo y comprendiendo, sin saber que sus contertulios son en verdad unas fichas de esos factores de poder a los que les está desnudando su corazón. Franqueza que le salió cara.

Así lo comprendió en algún momento de su vida, por los años 2015-2017, seguramente cuando le llegan las primeras citaciones judiciales, sindicado de corrupto, o tal vez cuando en su computador descarga correos intimidatorios o al recibir mensajes amenazantes de manera directa o a través de tercera persona.

Su vida le había cambiado totalmente. Y entre citas judiciales y de otra índole, vino a comprender que para los negociantes no hay amigos sino únicamente intereses. Aislado, solo, siente que la vida se le va, por lo que opta por negociar con el sistema judicial de los Estados Unidos, interesado, como siempre, no en ejercer justicia sino en recuperar para ellos los dineros en fuga, así como de apretar funcionarios y agentes del poder, a fin de mantener –por su conducto– apaciguada, sometida a su servicio, a la clase dominante de uno y otro país.

¡Una pésima decisión! Conocedores de que en algún momento, al amanecer de un día cualquiera, aparecerá con chaleco antibalas, escoltado por agentes nacionales y extranjeros, abordando un avión rumbo al país del norte, aquellos que controlan los hilos del poder –involucrados mediante contratos con Odebrecht en el desfalco del tesoro nacional– toman la decisión de “borrarlo del mapa”, así como se hizo en otro país con Jamal Khashoggi por igual motivo: por ser incómodo para el poder.

Es aquella una decisión que llevan a cabo con total conocimiento de la vida privada de su víctima, a punto de que saben el tipo de agua que le gusta, cuándo y dónde la bebe, tal vez el sitio donde la compra. Y así, poco a poco, lo llevan a la tumba, aunque el diagnóstico médico diga otra cosa. Mas, como en las buenas películas, los desenlaces son impredecibles. Cuando se suponía que todo había terminado con la cremación del occiso, aparece el hijo para beber de esa misma agua maldita y fallecer de inmediato. Un giro resalta en la pantalla nacional: que tras la muerte del ingeniero Enrique Pizano algo no fue normal.

Él lo sabía. Él tenía la firme convicción de que querían asesinarlo, y por ello se aseguró de filtrar secretos que develaban parte de lo sucedido, y de los intereses que están detrás de su trágico final. Es como pensar: “Me matan pero me llevó a estos por los cachos”.

Bien. El coletazo de su cuerpo ahora reducido a cenizas logró su cometido. De su denuncia se puede concluir que la corrupción, como la conocemos hoy, no es posible sin neoliberalismo, máxima y moderna expresión del capital en la cual “primero, segundo y tercero yo, y los demás que se jodan”.

Ahora, con Pizano muerto, el país puede ver que esto de la corrupción va mucho más allá de los factores que pretendió enfrentar la campaña anticorrupción, pues –como ahora es evidente– la corrupción, en su grado máximo, no es un factor individual sino un componente más del poder. En verdad, en muchas ocasiones los condenados por este delito son agentes del poder, actúan no para beneficio propio sino para un poderío que se sostiene sobre bayonetas, cianuro y otras sustancias que –bebidas, olidas, untadas, sin dejar rastro inmediato– terminan con la vida de quien resulta incómodo para el poder.

Estamos ante un poder que en Colombia no repara en formas, prácticas, estilos, etcétera. Un poder que se ganó el reconocimiento de otros pares en el mundo, mayores que él, por lo cual ahora es de confianza en la Otan y otras instancias militares del globo. Alumno del poder israelí, surafricano, estadounidense, inglés, desde hace mucho el colombiano está graduado como un buen alumno, como un maldito.

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EE.UU.: Elecciones de mitad de mandato históricas, cifra de votantes vergonzosa

Las pasadas elecciones de mitad de mandato estadounidenses hicieron historia, sobre todo porque el Partido Demócrata volvió a liderar la Cámara de Representantes de Estados Unidos y una cifra sin precedentes de cien mujeres resultaron electas para el Congreso, entre ellas, las primeras indígenas, musulmanas, afroestadounidenses, latinas y LGTBQ.

Pero también es cierto que menos de la mitad del electorado acudió a las urnas: un 47%. A pesar de ser la participación en elecciones de mitad de mandato más alta en medio siglo, es una cifra vergonzosa. El motivo principal son las agresivas acciones de supresión de votantes que el Partido Republicano ha llevado a cabo con éxito durante décadas, principalmente en los estados en los que detentan la mayoría en la legislatura estatal y que son gobernados por republicanos. La población se está organizando en contra de esta privación del derecho al voto generalizada y puede sacar dos importantes lecciones de estas elecciones de mitad de mandato: primero, que la organización de base obtiene resultados; y segundo, que aún queda mucho trabajo por hacer para garantizar una democracia justa y representativa con un electorado comprometido y empoderado.


Basta con ver lo que sucedió en el estado de Misisipi, donde se acaba de realizar una segunda vuelta para el Senado de los Estados Unidos. En una elección cargada de racismo, la republicana Cynthia Hyde-Smith derrotó por aproximadamente ocho puntos porcentuales al demócrata afroestadounidense Mike Espy, que ha sido miembro del Congreso y secretario de Agricultura de Estados Unido. Si bien puede parecer una victoria sólida, uno de los dirigentes sociales más brillantes y experimentados del sur, el reverendo Dr. William Barber, lo ve de otra manera: “Mike Espy, en cierta forma, ya ha hecho historia al llegar a una segunda vuelta. Hace cinco o diez años, no se veía lo que estamos viendo en Georgia, Florida, Texas y ahora en Misisipi”.


El Reverendo William Barber se está refiriendo al fuerte avance de personas de color y progresistas en estados que se consideraban fortalezas conservadoras.


En Georgia, Stacey Abrams, quien bien podría haber sido la primera mujer gobernadora afroestadounidense en Estados Unidos, perdió por un margen muy reducido ante el republicano Brian Kemp, que se desempeñaba como secretario de Estado de Georgia durante la campaña. Kemp se negó a renunciar al cargo y finalmente supervisó la elección en la que era candidato. Como secretario de Estado, Kemp eliminó a 1,3 millones de votantes del registro electoral de Georgia y dejó en suspenso el procesamiento de 53.000 formularios de registro de votantes que en su mayoría eran de personas de color, que tienden a votar por los demócratas. Una orden judicial finalmente lo obligó a registrar a esos votantes. Stacey Abrams anunció que creó una nueva organización, Fair Fight Action, que ha presentado una demanda federal para forzar a los funcionarios electorales de Georgia a solucionar lo que, según afirma, son problemas sistémicos del sistema electoral de Georgia.


En Florida, el afroestadounidense Andrew Gillum, alcalde de Tallahassee, perdió por estrecho margen ante Ron DeSantis, el protegido de Donald Trump, en una campaña también empañada por llamadas automáticas con mensajes racistas y comentarios racistas por parte de DeSantis, entre los que se cuenta el convocar a la ciudadanía a “no hacer la monería” de apoyar a Gillum. La contienda fue lo suficientemente estrecha como para forzar un recuento de los votos y aunque Gillum finalmente perdió, en la misma elección los votantes de Florida aprobaron la Enmienda 4, que restaura el derecho al voto de 1,4 millones de floridenses con antecedentes penales.


Barber ha estado organizando lo que llama la “tercera reconstrucción”, una reorganización política en el sur de Estados Unidos. El reverendo explicó cómo la segunda vuelta para el Senado de Misisipi sirvió como oportunidad de organización: “Pude ir allí y estar en iglesias con las personas que acudieron, blancas, negras y latinas, que se estaban organizando, que reconocen que Misisipi no es un estado republicano, sino que es su estado, y que tienen posibilidades en Misisipi porque los índices demográficos han cambiado. Y tenemos que empezar a ver eso también. Comprenden que, en 2016, el 45% de las personas no votaron. Comprenden que solo el 29% del electorado acudió a votar en 2014 en la elección que ganó [el exsenador republicano Thad] Cochran. Este ganó por solamente 125.000 votos, y unos 600.000 afroestadounidenses que podrían haber votado no lo hicieron, y casi un millón de personas blancas que podrían haber votado tampoco lo hicieron”.


Mike Espy, exsecretario de Agricultura de Estados Unidos y excongresista de Misisipi, perdió ante la actual senadora republicana de Misisipi por poco más de 68.000 votos, un margen menor al 8% (Hyde-Smith fue designada para reemplazar a Thad Cochran en abril de este año, cuando este renunció por motivos de salud). La victoria de Hyde-Smith se produjo después de que ella bromeara sobre los ahorcamientos públicos en la campaña electoral y luego de que se hiciera pública una fotografía en Facebook que la mostraba posando con una gorra y un rifle del Ejército Confederado, en la que escribió como pie de foto: “¡Lo mejor de la historia de Misisipi!”.


Como señala el reverendo Dr. William Barber, hay más de 600.000 afroestadounidenses en Misisipi que reúnen las condiciones para votar, pero que no acudieron a las urnas. Un esfuerzo concertado para lograr la participación de estos ciudadanos, para empoderarlos con el fin de que ejerzan el voto, podría cambiar fácilmente los resultados de las elecciones en Misisipi.


Barber concluyó: “El sur está cambiando. La llamada “Estrategia sureña” del Partido Republicano comienza a romperse. Ya vamos sintiendo el dolor de parto de esta tercera reconstrucción”.

 

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En medio de las crisis latinoamericanas, ¿por qué florece la Bolivia de Evo Morales?

El país del altiplano mantiene hace más de una década una estabilidad, crecimiento económico y mejora de los índices sociales que contrasta con sus vecinos.

En enero de 2006, por primera vez en la historia de Bolivia, asumía el Gobierno un presidente indígena. Evo Morales Ayma, dirigente sindical cocalero, había triunfado meses antes con más del 50% de los votos en una elección sin precedentes.


Su victoria se inscribió en una oleada progresista y de izquierda que llegó a los Gobiernos de América Latina durante los primeros años del siglo XXI. Para ese entonces ya estaban en la presidencia Hugo Chávez en Venezuela, Lula da Silva en Brasil, Néstor Kirchner en Argentina y Tabaré Vázquez en Uruguay. Unos meses después se sumaría Daniel Ortega en Nicaragua y en 2007 Rafael Correa en Ecuador.


No obstante, en comparación con sus pares (quizás exceptuando el caso uruguayo), Bolivia logró consolidarse como un modelo social, político y económico estable que no sufrió las crisis económicas y políticas de Venezuela o Nicaragua ni perdió el Gobierno mediante golpes de Estado e 'impeachments' –como en Brasil, Honduras y Paraguay– o elecciones –como en Argentina–. ¿A qué se debe esta excepcionalidad?


Estadísticas contundentes


Según datos del Banco Mundial, en 2006 el Producto Bruto Interno (PBI) boliviano era de 11.452 millones de dólares. Para 2017 ese número había aumentado más de tres veces llegando a 37.509 millones. En el mismo período de tiempo, el ingreso anual per cápita pasó de 1.120 dólares a 3.130 y la esperanza de vida subió de 64 a 71 años. A su vez, el Instituto Nacional de Estadísticas (INE) del país, sostiene que la pobreza se redujo del 59,9% cuando asumió Evo Morales al 36,4% el año pasado.


Por otra parte, como remarca el investigador y máster en Desarrollo Económico y Sostenibilidad Sergio Martín-Carrillo, Bolivia "ha sido el país suramericano que mayor crecimiento económico ha experimentado, incluso manteniendo un ritmo por encima del 4% a pesar del contexto de debilidad que vive la región desde el año 2015". Esto fue acompañado de un descenso constante de la inflación, que pasó de un 12% en 2007 a menos de un 2% en lo que va de 2018.


Estos logros se sostuvieron en una política que contradice los postulados neoliberales que impulsan hoy Gobiernos de países vecinos como Argentina, Chile, Paraguay o el electo presidente de Brasil, Jair Bolsonaro.


Las razones


El sociólogo y escritor boliviano Antonio Abal enumeró en diálogo con este medio "los ejes del sostenido crecimiento de la economía de Bolivia".


Según su mirada, se trata de una política basada en "nacionalizaciones de sectores estratégicos, como las comunicaciones, los hidrocarburos y la minería"; la redistribución de los ingresos estatales, "sobre todo en infraestructura productiva"; el "fortalecimiento del mercado interno"; una política monetaria de "apreciación de la moneda nacional", es decir, una "desdolarización de la economía"; y finalmente una fuerte inversión en procesos industriales como el "litio, lácteos, textiles, etc. y fomento de las pequeñas y medianas empresas, con facilidades en los soportes crediticios".


En el mismo sentido se expresó el vicepresidente del país, Álvaro García Linera, en una entrevista con Página/12, donde explicó lo que para él son los cuatro factores principales de este éxito económico.


En primer lugar, que el Estado controle como propietario los principales sectores generadores de excedente económico: hidrocarburos, electricidad y telecomunicaciones. Por otra parte, llevar a cabo una redistribución de la riqueza, "pero de una manera sostenible", de forma que "los procesos de reconocimiento y ascenso social de los sectores subalternos populares e indígenas tenga una sostenibilidad en el tiempo".


En tercer lugar, al igual que como sostiene Abal, "apuntalar el mercado interno" y, por último, la "articulación entre el capital bancario y el productivo, lo que implica que el 60% de los ahorros de los bancos se dirige al sector productivo, generando mano de obra".


Políticas públicas de redistribución


A esto se suma una serie de programas sociales que han acompañado la mejora económica y han sido los dispositivos que han garantizado una redistribución de la riqueza. En ese sentido, Martín-Carrillo enumeró tres que considera los más importantes: el Bono Juancito Pinto, la Renta Dignidad y el Bono Juana Azurduy


El primero de estos fue lanzado durante el primer año de Gobierno y apunta a que los niños y niñas finalicen la escuela. Supone un aporte de 200 bolivianos (29 dólares) a estudiantes de escuelas públicas a cambio de que sostengan un mínimo de un 80% de asistencia a clases. Durante 2018 hubo 2.221.000 de estudiantes beneficiados por esta iniciativa. A su vez, esto logró que entre 2006 y 2017 la deserción escolar en primaria cayese del 6,5% al 1,8% y en la educación secundaria fue del 8,5% al 4%.


Por su parte, la Renta Dignidad, vigente desde 2007, apunta a la población de adultos mayores –60 años o más– e implica 250 bolivianos (36 dólares) para las personas con pensiones de jubilación y 300 (43 dólares) para personas que no tienen pensiones de jubilación.


Finalmente, el Bono Juana Azurduy está dirigido a mujeres gestantes a las cuales estipula el cumplimiento de cuatro controles prenatales, parto institucional y control postparto, así como para niños y niñas condicionado a 12 controles integrales de salud bimensual.


También ha habido una política agresiva de incremento del Salario Mínimo Nacional, que en 2005 equivalía a 440 pesos bolivianos (57 dólares de aquel entonces) y en la actualidad llega a 2.060 (298 dólares). Asimismo, este año, debido al crecimiento económico, tal como informó la Agencia Boliviana de Información, el Ejecutivo dispuso el pago del doble aguinaldo para todos los trabajadores públicos y privados.


Un proceso con debates y tensiones


Más allá de su situación actual, los Gobiernos del Movimiento al Socialismo (MAS) no han estado al margen de problemas, algunos incluso muy graves. Quizás, el punto más álgido fue en el año 2008, cuando la llamada 'Media Luna', que incluía cuatro departamentos orientales del país, intentó escindirse del resto del territorio por acción de los sectores de la derecha boliviana que contaban con el apoyo solapado de EE.UU.


No obstante, con respaldo de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur), esa crisis logró ser superada y apenas unos meses después el proceso avanzaba proclamando una nueva Constitución a comienzos de 2009, la que declaró el carácter "Plurinacional" del Estado, reconociendo en la ley suprema del país a los pueblos originarios históricamente negados. Evo Morales pasó a encarnar así, ya no solo simbólica sino institucionalmente, el ascenso definitivo de los sectores marginados durante siglos de la política nacional.


Si bien para Abal no se puede "hablar de etapas, sino de una sostenida aplicación de un modelo económico", a partir de ese momento se puede analizar una profundización de algunos aspectos. Se trata de un punto de inflexión en el cual se comienza a hablar de "socialismo comunitario", lo que el sociólogo define como "una aproximación teórica a la aplicación del marxismo y sus categorías para comprender las lógicas de los 'ayllus' (comunidades)", que como indicaron muchos autores, mantenían estructuras de 'comunismo primitivo' o comunitarias contrarias a la propiedad privada y la acumulación individual.


Por su parte, García Linera sostiene que, una vez superada esa ofensiva de la derecha, se abrió un nuevo momento en la revolución boliviana que él ha denominado de "tensiones creativas". Es decir, debates al interior del proceso que lo hacen avanzar.


Al respecto, Abal asegura que en los movimientos sociales conviven dos tendencias político-ideológicas: "una la sindical, centrada en la reivindicaciones sectoriales, y la otra revolucionaria, como parte del proceso de cambio y parte del gobierno". Es en la disputa de esas dos miradas donde se dan las tensiones creativas que, desde su punto de vista, son "la dialéctica del movimiento de conciencia de la clase".


La lógica "obrerista", según el sociólogo, no logra terminar de comprender "la otra lógica organizativa e ideológica de los pueblos originarios". Y esto lo atribuye a una contradicción impulsada durante décadas de enfrentar "indios contra obreros" y que "fue fomentada en una etapa del nacionalismo revolucionario (1952 – 1985)".


Finalmente, el analista apunta que "el vínculo potente se encuentra entre el Gobierno y los movimientos sociales", donde "el gran articulador de este bloque es, sin duda, Evo Morales, incluso más allá del instrumento político". Como contracara, Estado y movimientos sociales "aún se encuentran distanciados", porque este último "mantiene su matriz colonial no superada".


Una revolución con futuro


Si bien los procesos políticos nacionales difícilmente pueden sobrevivir mucho tiempo aislados, además de sus fortalezas internas, Bolivia cuenta todavía con aliados en el continente. Más allá de sus propios conflictos están Venezuela, Nicaragua y también Cuba, países con los que integra la Alianza Bolivariana para los pueblos de Nuestra América (Alba). Cabe recordar que, con colaboración de La Habana, en 2008 se declaró "libre de analfabetismo" a todo el territorio boliviano.


Por otra parte, a pesar del traspié sufrido en el referéndum de comienzos de 2016, que impedía a Morales volver a presentarse en las elecciones presidenciales de 2019, esto finalmente fue habilitado por el Tribunal Supremo. Con su candidatura y una derecha por ahora dividida, la continuidad del proceso parece estar asegurada.


Por último, pero no menos importante, García Linera pronosticó en el reciente Foro Mundial de Pensamiento Crítico, llevado a cabo en Buenos Aires, que los Gobiernos conservadores de la región durarán poco tiempo y luego vendrá un nuevo auge progresista y de izquierda.


"Estamos enfrentando una oleada conservadora neoliberal que tiene dos limites intrínsecos: es fosilizada y es en sí misma contradictoria", apuntó. Y detalló que en estos países se están "repitiendo las recetas que hace veinte años fracasaron", por lo que "no hay inventiva, no hay creatividad, no hay esperanza".


A su vez, "el neoliberalismo actual solamente moviliza odios y resentimientos". Es decir, que está "fundado en la negatividad y no en la proposición. No en la esperanza de mediano plazo, sino en el rechazo emotivo de corto plazo. Y eso tiene patas cortas", completó el vicepresidente boliviano.


Por eso, con optimismo, sentenció: "En vez de vivir una larga noche neoliberal, hemos de vivir una corta noche de verano neoliberal. Y ahí es donde nos toca a nosotros reconocer lo que hicimos bien, reconocer lo que hicimos mal, y prepararnos". "La izquierda tiene que volver a prepararse para tomar el poder en los siguientes años en el continente", concluyó.

 

Publicado: 27 nov 2018 18:54 GMT

 

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Lunes, 26 Noviembre 2018 05:41

Referéndum en Suiza

Referéndum en Suiza

Los ciudadanos suizos fueron llamados ayer a votar tres referendos. Uno buscaba aprobar una iniciativa de imponer la supremacía de la Constitución de Suiza sobre los tratados internacionales; otro, reforzar las capacidades de vigilancia de los seguros de salud para impedir fraudes, y el tercero, dar subvenciones a los ganaderos que preservaran los cuernos de su ganado. Sólo la segunda propuesta tuvo un resultado positivo. 

El texto que proponía que la Constitución suiza tuviera prioridad en relación a los tratados internacionales firmados por la Confederación sólo obtuvo el 33 por ciento de votos favorables. La iniciativa, propuesta por el partido de derecha populista Unión Democrática del Centro (UDC), fue titulada “El derecho suizo en vez de jueces extranjeros (iniciativa para la autodeterminación)”. La medida preveía adaptar o incluso denunciar las obligaciones de derecho internacional si no estaban conformes con la Constitución nacional. “Es una gran derrota”, admitió Céline Amaudruz, vicepresidenta de la UDC. “Hay que saber ganar con modestia y perder con una sonrisa. Es una ocasión perdida, tenemos que tomar nota y continuar luchando, fue claramente una mala campaña”, agregó.


En la segunda consulta, entre el 64,7 y el 67 por ciento de los electores votaron a favor de un texto de ley llamado “Base legal para la vigilancia de los asegurados”. El texto fue propuesto en marzo por el Consejo Federal (gobierno suizo) y prevé una extensión de las prerrogativas de las aseguradoras para prevenir fraudes. “Lo que los suizos quisieron demostrar, es que la solidaridad social es muy importante pero que uno tiene que sentirse absolutamente responsable”, declaró en la cadena pública RTS Benjamin Roduit, del Partido Demócrata Cristiano, uno de los líderes de la campaña a favor de la iniciativa.


Sin embargo, sólo alrededor del 45 por ciento de los electores suizos se mostraron favorables sobre la iniciativa bautizada “Vacas con cuerno”, que preveía dar subvenciones a los ganaderos que preservaran los cuernos de su ganado. El texto fue sometido a los electores de la Confederación por iniciativa de Armin Capaul (foto), un ganadero ecologista que logró reunir más firmas que las 100.000 necesarias para que se organizara la consulta. “No es una derrota amarga”, comentó en RTS el impulsor de la consulta. “Sensibilicé a la gente sobre el sufrimiento de los animales y coloqué a las vacas en el corazón de la gente”, se satisfizo declarándose dispuesto a continuar su combate a favor de los animales. Capaul, pequeño ganadero de un valle cerca de Moutier, en el Jura suizo (noroeste), multiplica desde hace meses sus presencia mediática en defensa del bienestar animal.


Su iniciativa reclamaba subvenciones para los ganaderos que adapten los establos a las vacas y no lo contrario, con el objetivo de garantizar su seguridad y la del ganadero.
El gobierno suizo se pronunció en contra de esta iniciativa, al explicar en un comunicado que se rehusaba a otorgar contribuciones específicas, ya que, aseguró, no existe ningún estudio que afirme que el bienestar de las vacas y las cabras sin cuernos se ve dificultado desmesuradamente. La práctica del descuerne, que consiste en retirar los cuernos a un animal, tiene por principal objetivo proteger a los animales de cría y a los ganaderos de posibles heridas. Facilita, según un documento técnico del Instituto de Ganadería francés (Idele), “disminuir los riesgos sanitarios y las causas de depreciación de carnes y cueros”.


Según los primeros resultados, la consulta recabó el apoyo favorable de los electores de las ciudades, no así el de las zonas rurales. “En las ciudades aún tienen corazón, en el campo sólo piensan en el dinero”, dijo Capaul.

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Viernes, 23 Noviembre 2018 08:34

Una apuesta por la filosofía

Richard Stainthorp, Freefaller, 2007.

En tiempos de tanto avance tecnológico e indiferencia social, los colegios aún no comprenden la importancia de la filosofía en sus aulas. ¿Pero por qué es tan importante la filosofía para los jóvenes? El filósofo Damián Pachón Soto lo expone así: “La filosofía debe ayudar al hombre a soportar esta pasmosa realidad, alejarlo de sus trivialidades y abalorios, a mantenerlo a flote en este barco que se hunde, a liberarlo de los encadenamientos nocivos de la época moderna”. Y continúa “es en este sentido que la filosofía es terapéutica, en vez de dedicarse a los vericuetos formalistas” (pág. 210-211). En tiempos de vida frenesí, de modas absurdas y de una existencia carente de sentido, la apuesta por la filosofía es más que necesaria. Es momento de repensar nuestro pasado, reflexionar el presente y hacerle un sendero al futuro. Por esa razón, Damián Pachón presenta su nuevo libro Filosofía para [email protected] Una guía para profesores y estudiantes.


Habían pasado tal vez cinco años cuando Damián me contó el interés de construir un libro que estuviera compuesto por sus artículos más relevantes sobre la filosofía, la antropología, la política colombiana, las reflexiones sobre la muerte, sobre filósofos colombianos como Nicolás Gómez Dávila, Fernando González Ochoa, Guillermo Hoyos, Rafael Gutiérrez Girardot, Orlando Fals Borda y otros en constante diálogo con los grandes pensadores de la historia de la filosofía. En esa ardua clasificación, se construyó el libro pensando que fuera una herramienta para los docentes escolares, para los estudiantes y para todo aquel que quisiera adentrarse en la filosofía y sus grandes problemas. Como su nombre lo dice, es para [email protected], para personas que no son cercanas a este saber, a este ejercicio reflexivo tan importante para la humanidad pero despreciado por muchos.


El libro está dividido en dos partes. La primera contiene trece artículos que giran en torno a los diferentes cuestionamientos del hombre por medio de los grandes pensadores. Esta sección es un acercamiento a algunos problemas fundamentales de la filosofía y la vida misma, a los conceptos, a los filósofos y sus teorías que no son otra cosa que el foco por el cual se puede visualizar y reflexionar sobre la propia existencia. El segundo apartado se refiere a nosotros. Lo digo de esta forma porque este grupo de textos son las reflexiones y los ejercicios filosóficos de nuestro continente, de nuestras problemáticas, de nuestras formas de habitar esta tierra que ha cruzado por tantos problemas de orden social, político, académico y cultural. Son nueve artículos los que cierran la totalidad del libro dejando sobre la mesa el poder de la filosofía en los seres humanos, en los pueblos, en la sociedad que necesita cambiar la forma en cómo se mueve, la forma en cómo está enfrentándose al mundo que le toca vivir.


Lo más importante de este libro y su gran apuesta, es la estructura didáctica con la cual se expone cada texto. En los márgenes de cada artículo, el autor se esforzó por elaborar aclaraciones de conceptos, biografías cortas de los filósofos, analogías que permiten que los docentes y estudiantes puedan llegar con más claridad al fondo de los artículos, permitiendo así un mayor conocimiento sobre lo que se está leyendo para evitar el nefasto hábito de consumir lecturas sin consultar lo desconocido, lo importante. El libro cuenta con la explicación precisa de palabras como democracia, transmodernidad, neoliberalismo, populismo, la diferencia entre existencia y vida y adicional a ello, la diversidad de links que pueden ser consultados en YouTube para una mayor profundización en puntos clave para que el estudiante siga yendo más allá...


El libro llegó por fin y como docente de colegio que fui en el área de filosofía, entiendo los vericuetos y las problemáticas que existen para acercar a los estudiantes a la filosofía. Encuentro en este libro un agregado crucial y definitivo que hace honor a su objetivo. En la parte final de cada texto, Damián deja tres preguntas para reflexionar. Preguntas que son una herramienta pedagógica, evaluativa, debatible y precisa que funciona como una llave que abre puertas, que abre ventanas, que sirve para que el estudiante empiece a navegar solito por los senderos del conocimiento. ¿Cómo acercar a los estudiantes al poder del filosofar? Hay dos puntos a considerar, el primero tiene que ver con el afán de encarrilar la existencia de los jóvenes lejos de las banalidades, de la vida frenesí, de la vida sin sentido para evitar tanto vacío y afán de suicidio, de nostalgia y de falta de aceptación en una sociedad dogmática, abusiva y excluyente. El otro aspecto tiene que ver con el compromiso que debe tener el docente, y el colegio como un todo, para ayudar a entender el mundo que se les presenta, para decirle al joven cuál es el camino a seguir y para eso, quizás, está la filosofía, para abrir senderos, no para asegurar ni dar verdades, pero sí para enseñar a dudar, a cuestionar e indagar.

Entendido esto, es más fácil exponer la filosofía como una herramienta del diario vivir, algo que sea más aterrizado a los intereses de los jóvenes, sin que este ejercicio haga perder la rigurosidad de la misma. La forma de acercarles el pensamiento filosófico es por el trayecto de la realidad, de exponerles como diría Ortega y Gasset: “el yo y su circunstancia”.

 

Este libro, publicado por la Ediciones Desde Abajo, es una muestra clara para entender que la filosofía necesita más espacio, más rigurosidad, más caminos para ser transitados. Los colegios deben concebir que en la educación no se trata de acumular conocimiento, es necesario enseñar a pensar, enseñar a reflexionar en un mundo tan caótico, tan diverso que cada día despierta con una nueva forma de mover a las masas, de engañar, de injuriar, de conquistar por medio de las pasiones, por medio de la mercancía sexual y bajo falsos ídolos como los influenciadores que tienen el poder de regir la forma en cómo se debe vivir, qué usar y hasta cómo pensar. Además, no solo este es el problema, también lo es la política marrullera que se consume a este país, lo es el abuso de los derechos, las injusticias padecidas día a día, la caída de los ideales, la falsa esperanza de un futuro mejor y la destrucción de los sueños de cambio. Todo y cada una de estas cosas recalan en la cabeza, pero es más fácil afrontarlo cuando existe una vida construida, formada por medio de la filosofía, es más fácil cuando se ha enseñado a dudar porque no se caerá en las palabras bonitas del político, sino en las reflexiones reales que sean capaces de exponer el mundo en el que vivimos.


“[…] en momentos de crisis, debemos tomar decisiones sensatas para corregir el rumbo de las cosas, para producir un vuelco, un viraje del presente” (p. 35). Estamos pasando por momentos de crisis pero ¿cómo debemos actuar si nunca nos preparamos para esto? La respuesta es sencilla: No sabemos. La solución ante la respuesta desalentadora es: Apostarle a la filosofía como un arte para la vida, como un camino para emprender cambios, pequeñas resistencias que nos permitan mover el presente tan absurdo a nivel político, cultural y social que estamos viviendo. El futuro no es de nadie, pero el presente sí, y al igual que Damián, es importante dar un paso al frente y asumir la realidad como es, sin atajos, sin pañitos de agua tibia, sino con la razón, con la pasión, con la construcción rigurosa de nosotros mismos y de nuestra sociedad. No vender “verdades”, sino caminos para llegar a ella.

 

 

 

 

 

Filosofía para [email protected]

Una guía para profesores y estudiantes

Damián Pachón Soto
Ediciones desdeabajo, octubre de 2018. 264 páginas

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“Evo es el único que puede dar continuidad a este proyecto”

García Linera sostiene que, a diferencia de otros países, en Bolivia el modelo económico no está en debate, porque “la derecha no tuvo la capacidad de interpelar las estructuras de crecimiento”. Habla de los desafíos de la izquierda.


Este es un corto invierno para las fuerzas progresistas, augura el vicepresidente de Bolivia Álvaro García Linera, en conversación con PáginaI12, en su corta y aclamada pasada por Buenos Aires. El pensador boliviano intervino en el Primer Foro Mundial de Pensamiento Crítico de Clacso y delineó las claves para el regreso de las izquierdas en la región. “En lo práctico las izquierdas tienen que hacer otras combinaciones de gestión económica y en lo político tienen que construir otro relato, otra manera orgánica de concentrar expectativas distintas a las que han prevalecido en las últimas décadas”, afirmó. Linera junto al presidente indígena Evo Morales lideran un proceso transformador en Bolivia que va por su cuarta elección.


–En estas dos semanas en curso Buenos Aires es sede dos eventos importantes. El primer foro de pensamiento crítico de Clacso, pero también del G-20. ¿Qué cuestiones se disputan en cada uno de esos espacios?


–Yo veo al encuentro convocado por Clacso como un gran escenario de construcción de un horizonte colectivo frente al conjunto de problemas y retrocesos que se presentan en el mundo –y que se irán agudizando–. De este encuentro la izquierda mundial tiene que sacar lecciones tanto de los logros pero también de las derrotas. Y en cambio el encuentro del G-20 va a ser el encuentro de un capitalismo esquizofrénico, carente de horizonte compartido y lleno de confrontaciones porque los países que alaban la iniciativa privada, como Estados Unidos, ahora hablan de protección. Y los países que tenían una fuerte presencia estatal en la economía ahora hablan de globalización y librecambio. Entonces el encuentro de Clacso es en cierta medida el esfuerzo más racional que tenemos hasta ahora de buscar salidas y alternativas, desde el ámbito de lo popular, a este derrumbe de certidumbres y horizontes compartido por parte de las grandes potencias mundiales.


–¿Hace falta una actualización de las categorías para entender este nuevo desorden?


–Necesariamente necesitamos una profunda renovación de los lenguajes que nos permita generar nuevas preguntas donde las antiguas no son suficientes para proponer algo en el mundo. Ahora hay un gran desorden, un caos de sentido y para sobrepasar este momento necesitamos una gran dosis de creatividad.


–¿A qué se debe la pérdida de horizonte y este caos de sentido?


–Es que se agotó la narrativa y se agotó el combustible de la acumulación neoliberal que surgió en los años 70. La lógica de un mundo dirigido a procesos cada vez más globalizadores y de aperturas de fronteras que se supone que iba a generar bienestar y progreso para todos, no funcionó. Los primeros malestares aparecieron en América Latina donde las fuerzas progresistas intentaron dar una respuesta a ello. Pero después vimos cómo llegaron los descontentos a las articulaciones centrales de la economía mundial. Lo vimos en Grecia, España, Francia e Italia, y últimamente en Gran Bretaña con el Brexit y en Estados Unidos con Trump. Entonces, la idea de que la globalización era el medio mediante el cual la humanidad iba a progresar fracasó, es una promesa fallida.


–Sin embargo, Bolivia parece ser el único país de América latina que logró mantener un gobierno progresista que además tiene un gran crecimiento económico. ¿Cuáles son las claves para entender este proceso?


–Una de las claves de la sostenibilidad de un gobierno progresista es y tiene que ser la economía. Al mismo tiempo esa es quizás una de las debilidades que se ha mostrado en esta primera oleada. En el caso de Bolivia, parte del éxito radica en esta preocupación de la economía, fruto de que nuestra generación vivió la derrota de la izquierda hace 20 años precisamente por una mala gestión económica que abrió paso a que la derecha avasallara durante 20, 25 años. De aquella experiencia apuntamos cuatro cuestiones centrales. Primero que el Estado controle como propietario los principales sectores generadores de excedente económico: hidrocarburos, electricidad y telecomunicaciones. Segundo: redistribuir la riqueza pero de una manera sostenible de forma que los procesos de reconocimiento y ascenso social de los sectores subalternos populares e indígenas tenga una sostenibilidad en el tiempo. Tercero: apuntalar el mercado interno; cuarto: articulación entre el capital bancario y el productivo, lo que implica que el 60 por ciento de los ahorros de los bancos se dirige al sector productivo, generando mano de obra. Y por último, estabilizamos la moneda y bolivianizamos los ahorros.


–En el último tiempo aparecieron en escena las fake news. ¿Qué lectura hace de este fenómeno?


–No considero que las redes fabrican victorias. Si no que lo que hacen las redes es debilitar fortalezas del opositor. Me parece que la pregunta que tenemos que hacernos en este momento es: “¿qué condiciones latentes hay en la sociedad que pueden ser explotadas y radicalizadas mediante las redes?”. Lo que es interpelado con las redes es un conjunto de componentes del sentido común neoliberal: el miedo, el individualismo, la competencia, el gregarismo, el racismo y la salvación externa. Este sentido común popular está latente desde hace mucho tiempo y el momento progresista no lo pudo anular, simplemente los fracturó temporalmente.


–Además se ve un uso de la información personal con fines políticos...


– Todo ese tema nos agarró a los gobiernos progresistas en pañales, como quien dice. Porque quienes son más hábiles para manejar esos temas son los que usan los algoritmos en las empresas, los que ya hacen negocios. Cuando entras al celular, esas empresas ya saben tus compras, tus preferencias. Hay un algoritmo que es utilizado para incentivar a comprar otra cosa. Mientras nosotros estamos pensando como mostrarnos buenas gentes en las redes, otros supieron utilizar las emociones para generar animadversión contra los compañeros. “¿quiénes tuvieron esa facilidad?”, fueron las personas que se movían ya tiempo atrás en el uso de los algoritmos para fomentar las compras empresariales. Ahí el sector empresarial nos llevaba ventaja por lo menos de media década. Lo que hicieron fue traspasar el uso económico de las redes al uso político, mientras que nosotros recién estábamos descubriendo el uso político de las redes de una manera muy ingenua. Y eso ha contribuido a que estemos atrasados en esta batalla.


–¿Cómo se puede fortalecer la democracia y no permitir que los gobiernos sean víctimas de golpes blandos como los que sucedieron en la región?


–No puedo hacer consideraciones particulares de lo que sucede en otros gobiernos, pero si sé que no es posible ser permanentemente impune ante los agravios, ante la gente. Los abusos que se están incrementando en América latina no pueden ni van a ser indefinidos. La gente tiene tolerancia, es flexible, pero eso no es un cheque en blanco para un uso indefinido de esas tolerancias morales de la gente. Los agravios se acumulan, los abusos se sedimentan y habrá un momento en que la gente se canse de los abusos y de los maltratos. Y ahí es cuando estallan las protestas, las resistencias y las indignaciones morales que mueven a sociedades. Entonces, todo gobernante tiene que saber que no se puede abusar indefinidamente de la buena fe de las personas y que la gente tarde o temprano despierta, rompe los moldes, las tolerancias y pasa factura al gobernante.


–El año que viene hay elecciones presidenciales en Bolivia, sin embargo hasta ahora la oposición va fragmentada. ¿Cómo ve ese escenario?


–Nosotros tenemos una ventaja y es que la derecha en Bolivia no tuvo la capacidad de interpelar las estructuras de crecimiento de nuestro país, es decir que lo que está en debate en las próximas elecciones no es un modelo económico, como si pasa en el resto de la región. Si no que el debate gira en torno a quien le da continuidad a nuestro proyecto económico. Esa es nuestra ventaja y lo que tenemos que transmitir, que Evo es el único que puede garantizar la continuidad.


–¿Qué opina de Trump?


–Me provoca curiosidad. En cierta medida Trump es una respuesta anómala a un malestar popular y laboral norteamericano que el ala demócrata no supo entender, no supo captar. En el fondo los populismos de derecha son el resultado de una audaz y agresiva política progresista y de izquierda. Y en cierta medida (Bernie) Sanders expresaba lo que se estaba gestando, un malestar frente a la globalización. Un malestar frente al incumplimiento de las expectativas de la globalización y la izquierda en vez de articular ese malestar y canalizarlo progresivamente, se volvió cómplice de esas políticas. Y al hacerlo provocó que el ala de los republicanos canalizara ese malestar pero hacia el ala más pervertida, buscando la explicación de la frustración o de la falta de empleo de cierto sectores no en la globalización sino en los migrantes, en los extranjeros. Algo parecido al fenómeno de Trump, pasó en Italia y estuvo a punto de suceder en Francia. Por eso esto es un llamado más de atención a las fuerzas progresistas porque era la izquierda la llamada a armar un relato movilizador de ese descontento y no lo hizo.


–¿Cree que en la región tenemos para largo rato con la vuelta de estas derechas neoliberales?


–No es lo que esperamos. Este es un corto invierno para nosotros porque la vuelta al mando de las fuerzas neoliberales carece de expectativas de mediano y largo plazo. Los gobiernos que están dirigiendo ahora la política latinoamericana no han fundado su regreso en el diseño de un horizonte de esperanzas, de expectativas, sino que han basado su regreso en una muralla de resentimientos y de odio, y ese no es un combustible que dure mucho. Despierta emociones muy intensas, despierta pasiones muy acentuadas pero también pasiones y emociones efímeras. La derecha está ahora en un momento de impasse histórico. La derecha planetaria y las derechas continentales no saben el rumbo que van a tomar, se apegan de manera casi ciega y desesperada a viejas prácticas y viejas decisiones que están empeorando la economías de sus países -que están generando más malestar que el que quisieron resolver- y no tienen otro libreto. Esta es una derecha tacticista y no puede mantener indefinidamente una sociedad en una situación de incertidumbre estratégica. Ninguna sociedad aguanta. Esta es una derecha sin brillo y que no puede generar adhesiones fuertes y duraderas.


–¿Qué camino deben tomar ahora las izquierdas?


– En principio las fuerzas progresistas tienen que crear la capacidad de remontar el ruido y volver a redefinir un camino más o menos claro y preciso de cómo superar este conjunto de adversidades que ahora agobia a la gente. En lo práctico las izquierdas tienen que hacer otras combinaciones de gestión económica y en lo político tienen que construir otro relato, otra manera orgánica de concentrar expectativas distintas a las que han prevalecido en las últimas décadas. Porque la izquierda llega al gobierno con un discurso movilizador agrupando a los agraviados, planteando una reivindicación, pero cuando fruto de sus acciones hay una parte que asciende socialmente, el discurso del desagravio ya no funciona. Y ahí es cuando tienen que complejizar el discurso. Y la otra cuestión clave es que las políticas de movilidad social de los sectores populares tienen que tener una sostenibilidad en el tiempo porque cuando no lo son, los sectores sociales que ascendieron fácilmente pueden adoptar el punto de vista de los sectores más conservadores que desde un inicio se opusieron a estas políticas de movilidad social. Y entonces se da la paradoja que gobiernos progresistas pierden por la votación de personas que habían logrado ascender socialmente gracias a la política económica de los gobiernos progresistas.

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Martes, 20 Noviembre 2018 18:31

Los primeros cien, de 1.460 días

Víctor Hugo Ruiz, sin título (Cortesía del autor)

Parece simple formalidad pero es mucho más que eso. Posesionado como presidente el pasado 7 de agosto, Iván Duque se esfuerza con persistencia por quitarse de encima dos inmensas sombras que caen sobre su cuerpo: la imagen y el estilo de Juan Manuel Santos, que está en la memoria reciente del país luego de sus ocho años al frente del mismo; y la de Álvaro Uribe, gestor y conductor del nuevo mandatario, líder de una contrarrevolución que de manera inédita antecedió a una buscada y frustrada revolución que movilizó en Colombia a muy amplios sectores sociales en los años 80 del siglo XX, quien con su obra marcó y polarizó la vida nacional desde hace tres décadas.


No es un esfuerzo menor ni caprichoso, pues todo gobernante pretende brillar con luz propia y ser recordado por su capacidad administrativa y política, su personalidad, su proyecto y sus obras, nunca por lo que no hizo y mucho menos que pase a la posterioridad como alguien que figuró pero no obró.


Marcar el terreno y sellarlo con su estilo puede ser la realización que más sobresale en los primeros cien días de la gestión de Iván Duque, logro parcial o total…, cada uno tendrá su valoración. Pero lo palpable es que Duque va impregnando el día a día de la política nacional con su tono pausado, su mirada fresca, su propósito de apaciguar a posibles contradictores, partiendo de un discurso general que una y otra vez acude al supuesto beneficio de todos los connacionales, y esconde los reales beneficiarios de su política económica y social, así como la reiteración en temas como la economía naranja, Venezuela, seguridad y otros más.


Se trata de un discurso que le da cuerpo a la pretensión central de su plan de gobierno, el “Pacto por Colombia”, concretado, en el caso de la agenda anticorrupción, en lo acordado con las diferentes fuerzas impulsoras de tal campaña; y que siempre está retomado en casos como trabajo, impuestos, educación, equidad. La reunión, los compromisos y la foto con los rectores de las principales universidades públicas del país, además de instituciones técnicas, tecnológicas y universitarias el pasado 26 de octubre, así lo reafirman. Pactos y acuerdos que, de llegar a encontrar obstáculos, el gobernante se esfuerza para que no sean percibidos como provenientes de su mano. En distintas ocasiones –por ejemplo, las variadas proposiciones frente a la agenda anticorrupción o la prolongación del mandato presidencial– han salido a terciar dirigentes del Centro Democrático, con inmediato deslinde del Ejecutivo, lo que, de acuerdo con el manejo mediático dado a los temas, lo blinda como un gobernante “realmente autónomo”, incluso de su partido –pues “gobierna para todos”, según el recurrente, desgastado y correcto decir político.


Tenemos así un nuevo inquilino de la Casa de los presidentes que ante todo se afana por las formas. Los contenidos quedan para la negociación con cada sector, en lo cual entran a jugar las explicaciones varias de por qué no es posible concretar una u otra aspiración de los diversos sectores nacionales y, claro, la dilación como arte supremo de la política criolla.


Duque es un inquilino que se esmera, en estos primeros días de gestión, por liderar agendas ganadoras, creciendo en popularidad, al tiempo que reserva fuerzas para las batallas sustanciales: las reformas que lleven a recoger más dinero y las que le den más oxígeno al empresariado para resistir la avalancha proteccionista patrocinada por Trump en los Estados Unidos.


Consciente de que el gobierno moderno se mide cada día en los medios de comunicación y en las redes sociales, Duque se apropia de agendas ganadoras y las lidera: en primera instancia, la campaña anticorrupción, para luego asumir –como adalid de las buenas maneras– la lucha contra el consumo de narcóticos, en particular la marihuana, propósito que encuentra apoyo en todas las familias que cuentan con un adicto entre sus miembros, pero que también es bien vista entre adultos y personas de la tercera edad, así como entre la mayoría de los miembros de las Fuerzas Armadas y todas aquellas instituciones soportes e impulsoras del orden y la tradición. Como también es ‘ganadora’ la agenda de la seguridad ciudadana, presente una y otra vez en los talleres “Construyendo País”. Tal agenda está centrada en el discurso de la seguridad, siempre explotada por los mandatarios no sólo en Colombia sino asimismo en todos los países donde llegue a sentirse algún nivel de intranquilidad al salir a la calle, al sacar el teléfono para realizar o contestar una llamada, o al dejar la vivienda sola, por ejemplo. Las gentes no reclaman por la explicación de por qué la delincuencia conserva su presencia, e incluso por qué se multiplica, así como las reformas sociales demandadas por tal realidad; ellas simplemente esperan que la fuerza pública esté presente en todo el territorio nacional, demanda y preocupación que los gobernantes no pierden para recoger este guante, el más dúctil para golpear, y proceden.


El discurso, de la seguridad y el orden, se resume en la frase “Quien la hace la paga”, que pretende aparentar que la justicia es igual para todos y que aquello de la impunidad es cosa del pasado. Como es evidente, nada más ajeno a una sociedad en que la justicia es clasista, y los excluidos y empobrecidos padecen en su cotidianidad la persecución y la montadera de las “fuerzas del orden”. Los ricos, por el contrario, gozan de todos los beneficios del poder del dinero: casa por cárcel, llegado el caso; benevolencia de quien lo requiere por alguna infracción o delito, beneficio de la duda de los fiscales, etcétera.


Es aquella una política de respeto al Estado y de resaltar que la justicia le será aplicada sin miramientos a todo aquel que infrinja el orden establecido, que también le sirve para ocultar la decisión tomada desde mucho antes por el Centro Democrático de bloquear la negociación instalada con el Eln por el gobierno nacional que le anatecedió desde dos años atrás. La exigencia de que este grupo insurgente renuncie al secuestro y en la práctica declare un cese unilateral de fuegos al poner fin “[…] a todas sus actividades criminales” (1), como condición para darle nuevo oxígeno a la Mesa instalada, primero en Quito y ahora en La Habana, no es más que una mala disculpa para ocultar un propósito real: buscar la aniquilación de los insurgentes como paso previo para que acepten todas las condiciones del establecimiento, entre ellas, como ahora lo demandan, renegociar la agenda de diálogo ya acordada.


Está presente aquí, sin duda alguna, la sombra uribista, prolongación de una tesis y un propósito que alimentaron la ofensiva paramilitar sobre el sur de Bolívar en los años 90, cuando Carlos Castaño aseguró que en pocos meses acabaría con el “santuario del Eln” –aludiendo así al copamiento de la Serranía de San Lucas–, promesa que no cumplió. Sin duda, es el mismo cálculo hoy presente en la anunciada decisión gubernamental de congelar los diálogos: derrotar militarmente a esta fuerza –aniquilando con operaciones de comando a su dirigencia– y ahí obligarla a aceptar una ‘negociación’, es decir, su sometimiento. Sería ésta la ruptura práctica de una negociación de paz, pese a que el ahora Presidente argumenta que las políticas de gobierno deben transformarse en políticas de Estado. Son disculpas que ocultan reales propósitos, las mismas que ahora descargan en la escasez de recursos y proyectos mal financiados por el gobierno anterior la explicación de por qué no se cumple a cabalidad con los compromisos suscritos con las desmovilizadas Farc. Como en el anterior caso, la sombra uribista también prolonga sus contornos en su real propósito de llevar a mal puerto lo acordado.


Es esta táctica una herencia del jefe del Centro Democrático que no puede negarse, en su añoranza de la total derrota de sus contrarios, ahora plasmada en reformas y más reformas de los textos acordados en La Habana, como en la dilación de muchas de las medidas e inversiones allí proyectadas, herencia que también va más allá de temas nacionales, extendiéndose hacia Venezuela, a cuyo Presidente califican una y otra vez como dictador, anunciando, como lo hizo Francisco Santos, embajador en Estados Unidos, la ejecución de cualquier medida para dar cuenta de su gobierno (ver “Trump en el Orinoco”, pág. 8), así luego uno u otro funcionario de la Casa de Nariño trate de relativizar lo reafirmado por un funcionario de tan alto nivel. La decisión hace parte de la histórica y sometida agenda internacional del Estado colombiano, en la cual la Unión americana marca el ritmo, prolongación de la que también hace parte el “[…] respaldo hacia las acciones que venimos empleando para denunciar al dictador ante la Corte Penal Internacional” (2).


La de Duque es una política injerencista con un país vecino, como nunca antes se había visto, política que llegará a otras coordenadas del globo, toda vez que la aceptación lograda por la dirigencia tradicional del país, de que la Otan lo acepte como primer socio global en América Latina, implicará que cuerpos especiales de las fuerzas armadas colombianas jueguen papeles formativos, y seguramente de combate allí donde lo disponga el mando estratégico de la alianza del Tratado del Atlántico Norte. El actual Presidente lo ha afirmado: “[…] quisiera agradecer a la OTAN por todo el apoyo que le han dado a Colombia para lograr la certificación de nuestras capacidades militares” (3).


El tema, de la seguridad, también está presente en las reuniones con representantes del capital internacional y nacional, a quienes el gobierno colombiano les resalta que el país cuenta con “[…] una red de participación cívica que ya está por superar las 400 mil personas que son ciudadanos que trabajan todos los días con nuestra Policía, con nuestro Ejército […] para generar alertas oportunas” (4).


A los posibles inversores se les garantizan también seguridad jurídica y agilidad en trámites de todo tipo, así como reducirles la carga tributaria, “[…] deducir el IVA de las inversiones que se hacen en bienes de capital para la transformación industrial… [pero también] deducir impuestos como el ICA [y] una parte importante de lo que se paga por gravámenes a los movimientos financieros […]. En caso de invertir en el campo y generar empleo, otorgaría “[…] una exención de 10 años del impuesto de renta […] Y lo mismo con los start apps, con las nuevas empresas de tecnología en temas como robótica, inteligencia artificial, internet de las cosas, blockchain, fintech, economía naranja; también cero impuesto de renta por los primeros cinco años, a cambio, por supuesto, de generar un mínimo de puestos de trabajo. Eso también hace parte de este paquete”, para más adelante enfatizar en la preocupación real que tienen los dueños del capital en Colombia: alcanzar equidad, es decir “[…], saber llegar con la inversión social y con los bienes públicos a quienes más lo necesitan [para] convertirlos en un sector que crezca, que consuma…” (5).


Este afán económico y social no repara en el enrutamiento del país por vía propia, de acuerdo a sus necesidades, proyectando a Colombia a partir de un plan estratégico a 40 y más años, con el cual romper su dependencia de los Estados Unidos, a la par que supere la dependencia tecnológica que mantiene en todos los niveles, así como con el extractivismo, sabiendo valorar, proteger y poner al servicio de los suyos las potencialidades naturales que en diversos órdenes tiene el país. En esto, como en otros aspectos, en sus primeros cien días, Duque no rompe con la herencia ni de Santos ni de Uribe, como de toda la clase dominante que lo antecedió, renegados de la causa nacional, prolongando los ya conocidos males que maniatan la inventiva y la participación decisoria de las mayorías, principal potencial con que cuenta cualquier nación, y a la cual hay que acudir si quiere dar un viraje estratégico en su maltrecho destino.


Estamos ante acciones de continuidad y de deslinde con gobiernos anteriores que superan su sombra o se cubren con la misma en los talleres “Construyendo País”, copia de los “consejos comunitarios” realizados en su época por el jefe de su partido, reuniones donde la concurrencia se siente a plácemes porque tiene cerca al gobernante, quien atiende y resuelve algunas de las demandas que le presentan, pero en que se construye de mala manera la democracia profunda, sin trascender la formalidad, toda vez que ningún tema estructural es abordado y resuelto de manera colectiva por las gentes allí reunidas. Así, la participación se reduce a los aplausos, y la democracia es la forma pero no el contenido ni sus resultados.


En realidad, pura clientela, la misma que sobresale en el actual Legislativo, no controlado en sus mayorías absolutas por este gobierno, que, por efecto de las disputas al interior del establecimiento, lo hace proclive a la mermelada y todo tipo de concesiones para poder sacar adelante su agenda. Por ello, aunque aparente anticorrupción, no podrá deslindarse de la misma: otra herencia que no puede denegar.


El gobierno, con estilo, formas y lenguaje renovados, pero sin ruptura estructural, invita a un imposible pacto, toda vez que está comprometido y se debe a los ricos (6); sus acciones, en sus primeros cien días, así lo confirman. En su defecto, ¿sería posible un pacto de los excluidos, soportado en ejes como medio ambiente, tierra, vivienda, trabajo, educación, salud, Derechos Humanos, democracia radical? No debieran desaprovechar el escenario abierto por el actual mandatario para convocarlo y concretarlo.
Dicen en el campo que “desde el desayuno se sabe cómo será el almuerzo”. ¿Será esto cierto para el caso del gobernante de Colombia que ocupa la Casa de Nariño desde el pasado 7 de agosto?

 

1. Palabras del presidente Iván Duque Márquez al iniciar el Taller Construyendo País, número 12. Malambo (Atlántico), octubre 20 de 2018. https://id.presidencia.gov.co/Paginas/prensa/2018/.
2. Declaración del presidente Iván Duque Márquez al término de su reunión con la presidenta del Senado de Italia, María Elisabetta Alberti Casellati, https://id.presidencia.gov.co/Paginas/prensa/2018/181023.
3. Declaración del presidente Iván Duque Márquez al término de su reunión con el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, https://id.presidencia.gov.co/Paginas/prensa/2018/181023.
4. https://id.presidencia.gov.co/Paginas/prensa/2018/181029.
5. ídem.
6. Le Monde diplomatique, “El gobierno corporativo y los círculos del poder”, edición Colombia Nº181, septiembre de 2018.

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Lunes, 19 Noviembre 2018 09:55

Trump en el Orinoco

Hernando Carrizosa, de la serie “Referentes” (Cortesía del autor)

La anunciada visita de Trump a Colombia en noviembre es una etapa más en la escalada para usar de fachada al país para una intervención que busca objetivos estratégicos más allá de la remoción del régimen del presidente Maduro.

 

 

Los dos salteadores

 

Dos salteadores de caminos estaban sentados tomando un trago, en un refugio a un costado del camino, comparando sus aventuras nocturnas.

–Yo le paré al Jefe de Policía –dijo el Primer Salteador–, y me fui con todo lo que tenía.

–Y yo –dijo el Segundo Salteador –paré al Fiscal del Distrito de los 

Estados Unidos, y me fui con …

–¡Buen Dios! –interrumpió el otro colmado de asombro y admiración– ¿Te fuiste con todo lo que ese tipo tenía?

–No –explicó el infortunado narrador–. Solo una pequeña parte de lo que tenía yo.

Ambrose Bierce

 

 

No existe un antecedente conocido en la historia colombiana de injerencia para deponer un gobierno extranjero, mucho menos el de un país vecino. Ni en los conflictos con Perú en el Amazonas, en 1932, ni en las diferencias con Nicaragua desde el siglo diecinueve en torno al mar e islas frente de la antiguamente llamada Costa de Mosquitos, ni en el incidente diplomático con el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez en torno a Los Monjes en el Golfo de Venezuela, que en ese momento se quiso denominar, desde Colombia Golfo de Coquivacoa, en ninguno de estos casos, pese a la conflictividad que alcanzaron se había visto un pronunciamiento como el expresado en Washington por el embajador colombiano ante ese país: «Se escuchan voces que hablan de operaciones militares unilaterales. Creemos que debe darse una respuesta colectiva a esta crisis. Pero creemos, y déjeme ser bastante claro, que todas las opciones deben ser consideradas» (1). 

Francisco Santos quien, después del Ministro de Relaciones Exteriores, ejerce el cargo más influyente dentro del cuerpo diplomático colombiano, señaló a Venezuela como «una bomba de tiempo lista para estallar» y enfatizó que «el objetivo prioritario es restablecer la democracia en Venezuela». 

El lenguaje utilizado es característico del empleado por los Estados Unidos en vísperas de lanzar ataques contra objetivos estratégicos para sus intereses como ocurrió en las guerras del Golfo Pérsico cuando el propósito expresado –sobre todo en la segunda–, fue «liberar al pueblo iraquí del dictador Hussein». Santos insistió, para no dejar lugar a dudas: «Obviamente, Estados Unidos y Colombia tienen las sillas más importantes en esa mesa». Y, para acabar de remarcar el punto: «es muy ingenuo pensar que puede haber una solución sin un cambio de régimen» (2).

Esta explosión verbal usual en quien fue vicepresidente de Colombia en el periodo 2002-2010, en los sucesivos gobiernos de Uribe Vélez, lo han hecho blanco de humoristas y caricaturistas como niño o adolescente imprudente, ingenuo y desenfocado. Pero lejos de rayar en la ingenuidad ese estilo hace el juego que los gobernantes necesitan para decir lo que ellos no pueden o no quieren expresar abiertamente. En otras palabras, históricamente el bufón de la corte siempre tuvo licencia real para decir las verdades que nadie más podía expresar ante el rey o de boca del rey.

El presidente Duque salió al quite de las palabras de su embajador para decir que él no tiene «ánimos belicistas», pero lo dicho dicho estaba y quedó explícito lo que era un secreto a voces: una alianza entre Estados Unidos y Colombia, su principal aliado en la estratégica esquina noroccidental del continente sudamericano –territorio que los Estados Unidos siempre ha considerado su backyard o patio de atrás– para deponer a Maduro y poner en su lugar un gobierno afecto a los intereses estadounidenses, como lo ha hecho decenas de veces en distintos lugares del mundo.

En el par de visitas realizadas por Duque a Washington, antes y después de su posesión en agosto pasado, el tema de Venezuela siempre estuvo en la agenda, además, del innegable hecho del aumento de hectáreas sembradas de coca en el país. 

En realidad, a Trump, en su intención de «volver a América (es decir, los Estados Unidos) grande de nuevo» –grito de batalla que lo catapultó a la presidencia–, poco le interesa cuántas hectáreas de más o de menos de coca se cultivan en Colombia o qué tipo de régimen está sentado en el Palacio de Miraflores en Caracas o si la ola de migrantes venezolanos llega hasta la Patagonia o no.

Lo cierto es, en primer lugar, que la historia de Colombia está marcada por la injerencia de los Estados Unidos desde tiempos remotos como 1846, cuando mediante el tratado Mallarino-Bidlack le confirieron privilegios a ese país para utilizar el istmo de Panamá, casi sesenta años antes que Teodoro Roosevelt decidiera arrebatarlo en 1903.  En 1942 el embajador de Estados Unidos en Colombia manifestó: “Hemos obtenido todo lo que hemos solicitado a este país […] Colombia no ha regateado sino que de todo corazón ha salido en apoyo de nuestra política […] y no existe país en Sur América que se haya desempeñado en forma más cooperadora» (3). 

La subordinación estratégica de Colombia ante los intereses de los Estados Unidos no ha parado desde entonces, en especial durante los años de la lucha contrainsurgente y el Plan Colombia. Cuando el presidente ecuatoriano Rafael Correa no renovó el permiso a los Estados Unidos para usar la base de Manta, el presidente Uribe Vélez concedió, mediante «un acuerdo» en el 2009, el uso de siete bases militares: Palanquero, Apiay, Malambo, Cartagena, Tolemaida, Larandia y Bahía Málaga (4). Si bien la Corte Constitucional tumbó este «acuerdo», por no haber hecho tramite a través del Congreso, los militares estadounidenses no se marcharon, y a través de lo que Sebastián Bitar de las escuelas de Gobierno de la Universidad de los Andes llama «cuasibases» (5) las fuerzas armadas gringas han mantenido su presencia en suelo colombiano aprovechando existentes acuerdos de cooperación (6).

En segundo lugar, y más importante aun, el verdadero interés de los Estados Unidos en Venezuela es su petróleo, cuyas reservas suman, con  300.900 millones de barriles, más que cualquier otro país en el mundo, muy por encima de Canadá, Irán, Irak. Kuwait, Emiratos Árabes y Rusia (7). A lo anterior hay que agregar que la producción petrolera venezolana, que ya tocó bajas históricas de apenas un millón de barriles diarios y que amenaza con colapsar, ha sido enajenada e hipotecada. China ha salido presto a oxigenar la frágil economía del país bolivariano a cambio, por supuesto, de su petróleo.

Las frecuentes visitas de Maduro a su aliado Xi Jinping, demuestran la dependencia de Venezuela con el principal prestamista que tiene la nación sudamericana. La más reciente, en septiembre de este año, sirvió para que ambos países firmaron 28 acuerdos de cooperación, con los cuales la deuda de Venezuela con China subió de 23.000 a 28.000 millones de dólares (8). En otras palabras, la economía de la otrora “Arabia suramericana” vive gracias a la liquidez que le garantiza la potencia asiática a cambio de la producción actual y futura del hasta ahora vital recurso energético, única forma de honrar sus compromisos económicos. 

Antes de que ocurra la anunciada guerra mundial por el agua, la próxima guerra mundial será, no es atrevido afirmarlo, por las últimas reservas petroleras en un mundo globalizado que no logra dar el paso decisivo hacia energías renovables. Esto lo tienen claro dirigentes mundiales como Putin, Xi Jinping y Trump, los tres mandatarios más poderosos del mundo que a la manera de la distopía de Orwell en la novela1984, rotan alianzas y enemistades. Cada uno, por su lado, mueve fichas sobre el tablero global para cuando llegue el momento de disputar hasta el último barril de petróleo con que aún cuenta el planeta.

La segunda guerra del Golfo, impulsada por George W. Bush, en el 2003, y justificada por la denuncia de que el régimen de Hussein fabricaba armas químicas (9), en realidad no tuvo intensión distinta de arrebatar los pozos petroleros del otrora imperio persa, como ya antes había ocurrido con los de Kuwait, en la Primera Guerra del Golfo entre 1990 y 1991, liderada,  a su vez, por el padre de Bush. Hoy día, los cinco mil soldados norteamericanos que quedaron después de la invasión y que fueron retirados por Obama, regresaron dos años después para supuestamente luchar contra el estado Islámico. Quienes nunca se retiraron, después de cada una de las guerras del Golfo, fueron las empresas occidentales afectas a los Estados Unidos, como ExxonMobil, BP y Shell (10).

La presencia militar de los Estados Unidos llega a 177 países, es decir, el 70 por ciento de los países del mundo. Lo anterior lo anunció el pasado 23 de julio el presidente de su Estado Mayor Conjunto, el general Joe Dunford (11). En América Latina, tienen presencia, bien sea en bases locales, las llamadas «cuasibases» o bases propias, en México, tres bases, Honduras, tres, Panamá trece, Colombia, siete, Perú, ocho, Paraguay dos (12). Además, el presidente Macri ha autorizado bases norteamericanas en la Triple Frontera y en la provincia sureña de Tierra de Fuego (13). También existe una base en el corazón del Amazonas, en territorio brasileño, en la confluencia de Leticia (Colombia), Tabatinga (Brasil) y Santa Rosa (Perú), en donde desarrollaron operaciones conjuntas en noviembre de 2017 (14).

Por todo lo anterior, no hay duda de que la visita del presidente Trump a Colombia es un paso más en el objetivo final, en medio de la ya declarada guerra comercial con China que emprendió desde que ascendió al poder, y en contravía a todo lo efectuado por su predecesor en la Casa Blanca, de tender puentes de cooperación entre ambos países, de arrebatarle el petróleo venezolano al régimen de Xi Jianping, algo que los chinos no estarán dispuestos a tolerar. En la reciente visita de Maduro a Pekín, el canciller chino y consejero de Estado, Wang Yi manifestó que «pese a las complejas circunstancias internacionales, China está dispuesta a trabajar con Venezuela para fortalecer los intercambios y la amistad entre ambos países», para lo cual será necesario «optimizar los modelos de cooperación a fin de enriquecer la asociación estratégica» (15). 

 Por su parte, el presidente Duque, con su conocida admiración por los Estados Unidos, expresada ya desde sus columnas de opinión en Portafolio entre 2010 y 2013 (16) antes de soñar con ser ungido por Uribe Vélez para ser presidente de Colombia, es un maleable instrumento, solícito a los intereses norteamericanos, dada su inexperiencia política y de estadista. Presionado por la ominosa figura de Trump, podría sucumbir a la tentación intervencionista y servir a los intereses de su principal aliado económico y militar, para fraguar, directa o indirectamente, un abanico de opciones que van desde el apoyo a intentonas golpistas –que ya se comienzan a manifestarse entre oficiales descontentos–, la del magnicidio a través de oscuros agentes o en caso extremo, improbable pero no descartable, un conflicto armado en el que todas las partes saldrían perdiendo. Por ahora, Trump y su gobierno proseguirá presionando en lo diplomático, ahogando en lo económico, amenazando con mensajes velados como el expresado por el embajador de Colombia en ese país. Toda una serie de recursos para dificultar la recuperación económica de Venezuela, incrementar el descontento entre la población y aislarla en lo internacional, para de esa forma tenderle una base social al cambio de régimen que conduzca al objetivo final: el petróleo venezolano.  ν

 

1. Portafolio 18 de septiembre 2018, en https://www.portafolio.co/tendencias/no-se-descarta-intervencion-militar-en-venezuela-521280

2. Revista Semana, 18 de septiembre 2018 en https://www.semana.com/nacion/articulo/crisis-de-venezuela-pacho-santos-no-descarta-ninguna-opcion/583516

3.  Vega Cantor, Renán, La dimensión internacional del conflicto social y armado en Colombia: injerencia de los Estados Unidos, contrainsurgencia y terrorismo de Estado, en Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas, Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia, Ediciones Desde Abajo, Bogotá, 2015, p. 729

4. Vega Cantor, p. 778.

5. Bitar, Sebastián, Sebastián Bitar, “La presencia militar de Estados Unidos en América Latina: bases y cuasibases”, Ediciones Uniandes, Bogotá, 2017

6. http://pacifista.co/mitos-y-verdades-sobre-la-presencia-militar-gringa-en-colombia/

7. https://www.businessinsider.es/10-paises-mayores-reservas-petroleo-mundo-249164

8. http://www.eluniversal.com/economia/20689/china-y-venezuela-firman-28-acuerdos-de-cooperacion

9. La cual después se demostró infundada y no más que un complot en el que cayó el propio general Colin Powell, quien ante una asamblea de la ONU en Johannesburgo mostró una probeta con, supuestamente, ántrax, fabricado en Irak y, basado en esa «evidencia» lideró la invasión a Irak. Concluida la guerra admitió haber sido engañado por las fuerzas de inteligencia de su propio país cuando le entregaron la probeta con la supuesta arma química, y por ello renunció discretamente de su cargo como Secretario de Estado.

10. https://iraqsolidaridad.wordpress.com/2012/01/30/las-empresas-petroleras-occidentales-se-quedan-en-iraq-aunque-las-fuerzas-estadounidenses-se-vayan/

11. https://www.hispantv.com/noticias/ee-uu-/383472/presencia-militar-fuerzas-guerra-dunford

12. http://www.granma.cu/mundo/2018-08-09/bases-militares-de-eeuu-en-america-latina-y-el-caribe-el-plan-suramerica-09-08-2018-17-08-04

13. https://www.hispantv.com/noticias/argentina/257204/eeuu-instala-base-militar-argentina-macri

14.  https://www.clarin.com/mundo/brasil-ee-uu-paises-crearan-base-militar-amazonas_0_S1Z-CZYCW.html

15. http://www.eluniversal.com/economia/20689/china-y-venezuela-firman-28-acuerdos-de-cooperacion

16. Duque Márquez, Iván, El efecto naranja, innovación e ideas políticas en la sociedad poscrisis, cuarta edición, Bogotá, Planeta, 2018. 

 

* Escritor. Integrante del Consejo de Redacción del periódico Le Monde diplomatique, edición Colombia.

 

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Lunes, 19 Noviembre 2018 06:21

La administración de la miseria

La administración de la miseria

Hace algunos meses, en Brasil, el intendente de la ciudad de San Pablo, Joao Doria, lanzó un proyecto para alimentar a los niños de familias carenciadas con unas pequeñas bolitas deshidratadas de alimento balanceado que contienen “todos los nutrientes” y que están disponibles en varios colores. Se trata de un alimento elaborado con productos con fecha de vencimiento cercano, que cuenta con “todos los respaldos académicos y científicos”. El intendente Doria señaló haber degustado el alimento: “tiene varios sabores y lo usa el ejército en situaciones de emergencia”. Como señala Marcelo Rubinstein en su artículo “Historia de una pandemia” (Vertex, 2018), el antecedente a este tipo de alimentos –poco saludables– fue creado por Estados Unidos en la década del 40, con el fin de alimentar a los tropas en la Segunda Guerra Mundial. La “ración de combate K”, llamada así por haber sido inventada por el cardiólogo Ancel Keys, aportaba 3200 calorías en una salchicha desecada, bizcochos duros, caramelos y una barra de chocolate. Todo cabía en una pequeña caja metálica y hermética que facilitaba su distribución y durabilidad. Keys se convirtió en un héroe nacional. Sus ideas sentaron las bases de la pirámide nutricional que todos conocemos, cuya base está constituida por cereales, harinas y azúcares; influencia que ha provocado una epidemia de obesidad y malnutrición. El problema en nuestro país, con más de 13 millones de personas que viven bajo la línea de la pobreza, ha provocado por parte del Estado un tipo de respuesta singular. El pasado 10 de octubre, el Senado aprobó la Ley de Donación de Alimentos, con modificación de un controversial artículo (el 9), vetado en 2004, que ahora exime de responsabilidad legal a los donantes de alimentos frente a la posibilidad de demandas. La iniciativa permite a las empresas deshacerse de los alimentos próximos a vencer (16 millones de toneladas anuales) y así poder entregarlos a “sectores vulnerables de la población”. Cada año, un cuarto de la producción alimenticia (particularmente hortalizas y frutas) es arrojado a la basura, de donde cientos de personas lo recogen, lavan e ingieren. Los administradores de la miseria postulan que esos alimentos con fecha próxima de vencimiento deben ser distribuidos por los doscientos “Bancos de alimentos” que existen en territorio nacional y que nacieron en la crisis de 2001. Distribuir la comida que sobra y que está próxima a descomponerse puede parecer una idea solidaria y práctica con el prójimo, pero al mismo tiempo es una maniobra inquietante. Empresas donantes, excedente de productos y manos agradecidas, conforman una postal que define algo más que una buena iniciativa samaritana. Estas prácticas reflejan una noción específica y singular acerca del rol y protagonismo del Estado frente a los fenómenos de exclusión social. Hace pocos días, en el Congreso de la Nación el juez Gustavo Hornos señaló: “Argentina produce alimentos para diez veces su población y sin embargo hay hambre”. Se reparte lo que sobra, y con cronómetro en mano, porque la fecha de vencimiento está demasiado cerca. Un ejemplo nutricional de la teoría del derrame. Nuestros legisladores parecen preocupados en encontrar soluciones en el eslabón equivocado del problema, en dar analgésicos cada vez más potentes a una infección severa que requiere otro tipo de medidas. La enorme cifra de alimentos que se desperdicia anualmente, no obstante, representa sólo el 12 por ciento de la producción, lo que explica el valor político de esta medida, apoyada por diversos sectores políticos y actores sociales: se reparte lo que sobra y no lo que se produce. Más allá de la comida potencialmente en mal estado que se va a repartir, lo que huele mal es la putrefacción del tejido social que estamos experimentando minuto a minuto. Los comedores no dan abasto y alimentan ya no solo a niños, sino a personas de todas las edades. Según el Observatorio de la Deuda Social (UCA) la pobreza infantil aumentó al 68 por ciento y uno de cada diez niños pasa hambre. Una auténtica gangrena. En 1727, el sacerdote y escritor Jonathan Swift escribió “Una modesta proposición”, un breve relato en donde los niños de los pobres son vendidos como manjar para los ricos. Si bien Swift recibió enardecidas críticas por su “mal gusto y falta de límites”, no faltaron quienes valorizaron el texto como una sátira, la descripción burlesca de una conducta naturalizada. La pobreza. Swift retrató magistralmente a los campesinos de las afueras de Dublín endeudados para siempre con sus terratenientes, condenados a una existencia miserable.

A casi trescientos años del texto de Swift, en épocas de niños deambulando por las calles, demorados en comisarías, fusilados o buscando restos de comida en la basura; vale la pena recordar algunos pasajes del mismo:


“Es motivo de tristeza para quienes pasean por esta gran ciudad o viajan por el país, ver las calles, los caminos y las puertas de las casuchas abarrotadas por pordioseros, seguidas de tres, cuatro o seis niños, todos harapientos y andrajosos, importunando a cada viajero”.


Frente a este panorama Swift realiza su “modesta proposición”: resolver el problema de los campesinos que no pueden alimentar a sus hijos y están crónicamente endeudados, proponiendo que los padres los vendan como un alimento de élite, como un manjar exquisito. Incluso da instrucciones muy precisas. Los niños deben ser alimentados un año (no más) a pecho por la madre antes de ser comercializados. Swift está convencido de que así ambas partes quedan satisfechas: los ricos disponen de un manjar a precio justo y las familias pobres por fin tienen un bien que pueden vender y así progresar.


“Propongo que nos preocupemos de la suerte de esos pequeños de tal modo que, en lugar de ser una carga para sus padres o la parroquia, o de carecer de comida y vestido por el resto de sus vidas, cooperen, por el contrario, a la alimentación, y a la vestimenta de muchos miles. Mi sistema tiene otra gran ventaja, ya que con él se evitarían los abortos voluntarios, esa práctica horrenda y frecuente entre nosotros”.


Ser pobre y excluido era, hace trescientos años, un status social tan cristalizado y desesperanzador como hoy. Se es pobre. Es un estado permanente. Nos acomodamos a la idea de que existe la miseria y el hambre como algo natural e inevitable. En la política nacional surgen ideas vigorosas, y en muchos casos bienintencionadas, para administrar la miseria y enmascarar el espasmo de los que no tienen nada. Todo es presentado como una propuesta lógica y empática.


Swift tuvo que aclarar durante toda su vida que se trataba de un escrito de denuncia y no de una propuesta pragmática. Tal necesidad permanente de aclaración solo hace más grande su texto y más fiel su retrato de la desigualdad. Dice Swift en el final de su proyecto: “No me impulsa otro motivo que procurar el bien de mi patria, desarrollando nuestro comercio, cuidando a los niños, socorriendo al pobre y proporcionando algún deleite al rico. No tengo hijos de los que pueda obtener beneficios; el más joven tiene nueve años y mi amada esposa ya no es fértil”.


Si ya estamos alimentando a los pobres con comida para mascotas, o sancionando leyes para que accedan a nuestros desechos, quizá no estemos tan lejos de la sátira del clérigo Swift.

 

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