Viernes, 28 Abril 2017 16:02

La marcha del uribe-popeyismo

La marcha del uribe-popeyismo

En la realización de la marcha del 1 de abril quedó evidente la apertura de una fisura importante que puede aprovecharse para interpelar el pueblo, construir ciudadanía y evitar que la sociedad colombiana siga siendo una masa manipulable.

 

El pasado 1 de abril se realizó una nueva manifestación convocada por los distintos sectores políticos coaligados en torno al expresidente Uribe. En apariencia, el confuso, y a la postre difuminado, rechazo a la “corrupción” consiguió aglutinar personajes con proyectos particulares y potencialmente antagónicos como el destituido exprocurador Alejandro Ordónez, la exministra Martha Lucía Ramírez o los uribistas “Pachito” Santos, Carlos Holmes Trujillo e Iván Duque.

 

Hasta supuestos venezolanos anónimos anunciaron su participación para impedir, según ellos, que el “castrochavismo” se apoderara de Colombia. Lo que parecía una exitosa convocatoria se vio opacada con la participación de alias “Popeye”, antiguo sicario del cartel de Medellín, y la defensa que de ella hicieron reconocidos personajes.

 

Algunos analistas llamaron la atención sobre la doble moral de los convocantes, varios de ellos con procesos judiciales abiertos por corrupción, mientras otros vieron en la marcha, cuyas consignas se enfocaron contra el proceso de paz, una advertencia de lo que puede ocurrir en las elecciones de 2018 en el caso de que no se consolide una coalición que asegure la implementación de los acuerdos con las Farc. Sin negar la pertinencia de estas interpretaciones, la marcha del 1 de abril permite observar importantes cambios en las formas y en la capacidad de convocatoria del uribismo.

 

Las masas contra el pueblo

 

La convocatoria del uribismo y los demás sectores contrarios al proceso de paz se ha dirigido fundamentalmente a las masas, evitando la interpelación del pueblo. Desde la psicología de las masas de Gustave Le Bon, quien a fines del siglo XIX quiso explicar “científicamente” la emergencia de grandes movilizaciones en Europa, sabemos que una masa es sustancialmente distinta a un pueblo. Según el teórico francés, en una masa la racionalidad individual se disuelve en favor de lógicas de contagio, sugestión y manipulación. El pueblo, en cambio, hace referencia al conjunto de ciudadanos, integrantes de una comunidad política, capaces de uso público de la razón.

 

Fue Le Bon, antes que Goebbels, quien descubrió la efectividad que tiene la afirmación de una mentira, repetida mil veces, para movilizar a las masas. Así, más que al discernimiento racional, la movilización de las masas apela a las pasiones; más que a la argumentación lógica, a la eficacia de la retórica. Es precisamente la estrategia que durante años ha implementado con éxito el uribismo. Por eso, el principio de no contradicción lógica tiene poco que decir a la hora de entender el carácter masivo de muchas de sus acciones colectivas, desde las marchas contra las Farc en 2008 o la invitación a votar contra la “ideología de género” en el plebiscito de 2016 hasta la reciente convocatoria contra la corrupción por parte de personajes condenados por ese delito.

 

Esta estrategia es totalmente contraria a la interpelación del pueblo que han puesto en práctica recientemente movimientos sociales como la Marcha Patriótica, el Congreso de los Pueblos o la Cumbre Agraria. Movilizar al pueblo supone un proceso de empoderamiento, de fortalecimiento de la ciudadanía y de educación política popular por la vía de la experiencia. Participar en un movimiento social, con todos los costos que eso supone en Colombia, que empiezan por poner en riesgo la propia vida, conlleva una apropiación de la ciudadanía, que no puede conseguirse sin un paciente proceso de concientización y organización que difícilmente se reduce a la movilización de las pasiones, aunque no necesariamente las excluye. Por esta razón, mientras las estrategias del uribismo para movilizar a las masas están basadas en liderazgos consolidados y preexistentes –de partidos políticos, gremios y sobre todo sectas evangélicas– que producen llamamientos de arriba hacia abajo, los movimientos sociales apuestan por un paciente esfuerzo de organización popular para agenciar la acción política de abajo hacia arriba.

 

Lo peor que podría pasarle al uribismo y su coalición en contra del proceso de paz es la emergencia de un pueblo, un sujeto político formado por ciudadanos capaces de discernir por sí mismos lo que conviene a los asuntos de la vida en común.

 

Desinformar para manipular

 

Pero la formación de ese pueblo tiene quizás su principal obstáculo en los mecanismos de manipulación que caracterizan nuestra contemporánea sociedad de la des-información. Hace dos décadas el sociólogo español Manuel Castells anunciaba nuestro ingreso a la “era de la información”, mientras el magnate Bill Gates se alegraba porque en el mundo virtual, donde “todos somos creados iguales”, sería más fácil alcanzar la elusiva equidad. El optimismo de aquellos tiempos ha dado paso a una visión más realista de las “nuevas” tecnologías de la información y la comunicación, pues pese al carácter horizontal de los intercambios que muchas de ellas permiten, la desigualdad en el acceso a la información no sólo persiste sino que incluso ha creado mayores problemas.

 

Si bien es cierto que las estrategias de comunicación política del uribismo no han descuidado para nada el papel de los grandes medios, la radio y la televisión, cuya característica principal es una forma de comunicación monológica que va del emisor al receptor sin posibilidad de intercambio, no es casualidad que buena parte del despliegue publicitario haya aprovechado las “nuevas” tecnologías de información y comunicación, por ejemplo mediante campañas con falsos perfiles en redes sociales virtuales para difundir sus contradictorios pero pasionales mensajes. Y es que las redes sociales y otras plataformas virtuales parecen ser más apropiadas para movilizar a las masas que para construir pueblo.

 

En efecto, la subordinación del acceso a la información a los criterios del mercado produce un exceso de oferta permanente, hasta el punto de que cada vez hay mayor dificultad para distinguir lo relevante de lo accesorio dentro de las desbordantes cantidades de datos con las que somos bombardeados diariamente. Esto dificulta que las personas accedan a la información necesaria para formarse un juicio sobre la realidad política e imposibilita cualquier reflexión paciente, puesto que en la competencia por captar la atención las noticias se suceden aceleradamente, impidiendo que los acontecimientos se fijen en la memoria individual y colectiva, a no ser aquellas informaciones sobre farándula u otros hechos banales que apelan a las pasiones y que el mercado posiciona como los más vistos o como contenidos virales.

 

Pero, sobre todo, el funcionamiento de estas tecnologías no es radicalmente distinto al de los medios de comunicación convencionales, porque en ambos casos prima la cantidad de recursos de que se disponga para posicionar contenidos. Por ejemplo, el posicionamiento de una página web en reconocidos motores de búsqueda tiene un precio, de tal manera que nuestras búsquedas no conducen a los mejores contenidos sino a aquellos que lo han pagado o esos otros que miles de cibernautas han considerado “relevantes” –graciosos, divertidos, sensuales, etcétera, y con más frecuencia a una combinación de los dos. Así pues, una de las paradojas del mundo contemporáneo es tener mayor acceso a la información y, al mismo tiempo, estar más desinformados. De ahí que la interpelación de las pasiones sea útil para asegurar un compromiso efímero con una manifestación o en unos comicios electorales, resultando más difícil canalizarla para la organización popular que caracteriza el tipo de acción colectiva de los movimientos sociales.

 

El lento declive de la estrategia uribista y las elecciones que vienen

 

En Tres ataúdes blancos*, la novela de Antonio Ungar, el presidente Del Pito, quien vía reelección domina desde muchos años atrás la imaginaria República de Miranda con apoyo de las mafias y los escuadrones de la muerte, obtiene un apoyo irrestricto de los votantes no a pesar sino gracias a que conocen su prontuario delictivo e incluso se sienten orgullosos de él. Se trata de una sociedad donde los antivalores son predominantes, en lugar de constituir onerosas cargas morales se han convertido en un importante capital político y, por consiguiente, en donde es prácticamente imposible determinar qué puede indignar, dado que precisamente aquello que debería indignar se halla revestido de importante reconocimiento social. Algo similar puede inferirse de la defensa que ciertos sectores hicieron de la participación de alias “Popeye” en la marcha del 1 de abril: hemos llegado a ese oscuro punto en el que un historial delictivo provee la autoridad necesaria para convertirse en adalid de la moralidad y de la lucha contra la corrupción.

 

Sin embargo, si bien eso puede decirse respecto de quienes apoyaron la participación de “Popeye”, la tímida discusión que tal hecho propició permite inferir que en el conjunto de la sociedad colombiana la manifestación dejó al uribismo muy cercano a ese otro punto en donde emerge la indignación. Varios analistas han lamentado que reconocidos personajes de la política nacional, hasta no hace mucho auto-erigidos en faros morales, hayan justificado su marcha al lado de “Popeye”. En realidad, no hay nada novedoso en un comportamiento que justifica los medios en función de los fines, pues desde hace muchos años reconocidos miembros del uribismo han sido cuestionados y procesados judicialmente, las cifras son incomparables con cualquier otro gobierno o movimiento político en la historia del país, e incluso mientras era presidente Uribe optó por pedir el respaldo de los “parapolíticos” a sus proyectos en el Congreso mientras no estuvieran en la cárcel. Lo novedoso es que hubo personas que se apartaron de esas justificaciones, incluso personas que anteriormente se habrían sentido de plácemes marchando con Uribe y “Popeye”.

 

Según datos de la Policía Nacional, el 1 de abril en todo el país apenas marcharon 55 mil personas, cifra reducida si se compara con otras movilizaciones del uribismo e incluso con los 250 mil marchantes que posteriormente reivindicaron los organizadores. A juzgar por las imágenes que rotaron por redes sociales y por la televisión, a la manifestación concurrió la base real del uribismo y de quienes se oponen al proceso de paz, esto es, en su mayoría personas de clase alta y media alta, articulados predominantemente por convicciones ideológicas, en particular por el odio a las Farc, y personas de otros segmentos provenientes de sectas evangélicas. Lo cierto es que la estrategia de movilización de las masas parece entrar en declive o, por lo menos, experimentar una caída enorme en términos de efectividad. El odio a las Farc, laboriosamente construido durante el gobierno Uribe, no consiguió movilizar como lo había hecho en oportunidades anteriores. Además, esta vez el llamado a la movilización en virtud de las pasiones fue incapaz de ocultar con la retórica anticorrupción los intereses particulares de los distintos sectores que convergen en la coalición uribista y en contra del proceso de paz.

 

En suma, la novedad de la marcha del 1 de abril no es que sectores disímiles sigan articulados en contra del proceso de paz, de las Farc o, en sus términos, de la “ideología de género” y del “castrochavismo”. El hecho relevante es que ese discurso ya no es suficiente para movilizar masivamente, a pesar de camuflarse de lucha contra la corrupción. Más que nunca, en la coalición uribista tiende a predominar la racionalidad instrumental: son los cálculos electorales individuales del conjunto de personajes que animaron la marcha lo que hasta ahora los mantiene unidos, pero todos ellos esperan capitalizar en su beneficio particular el caudal electoral de Uribe, lo que en últimas la hace una coalición frágil. Aunque siempre habrá la oportunidad de apelar a las pasiones para movilizar a las masas, y más si se tienen en cuenta las oportunidades que brinda nuestra sociedad de la des-información y un contexto donde ciertos antivalores tienden a predominar, se ha abierto una fisura importante que puede aprovecharse para interpelar el pueblo, construir ciudadanía y evitar que la sociedad colombiana siga siendo una masa manipulable.

 

* Anagrama, 2011, p. 129.

Publicado enEdición Nº234
Reza un grafiti: “No sólo de paz vive el hambre...”

El Nobel a Santos aplazó cambios de gabinete que estaban listos. En Colombia la paz arma lío, “preocupa, el discurso del Sí arranca con limitaciones de audiencia”, advirtió un artículo, en nuestra edición anterior. Visto en profundo, el resultado del plebiscito ya suma dos capítulos: en 2014, Santos también perdió la primera vuelta. Ahora repite, con desprestigio y crisis en el poder. A su vez, la izquierda deja desnuda, una grieta con la gente. Con distancia en la opinión, ¿desde 1991 o 2002?, el actor insurgente lleva a cuestas, un ancho margen de impopularidad. Y la abstención indica, el desprestigio de la politiquería, pero no significa un triunfo con eje organizable.

 

Cómo ...remendar el temporal retorcimiento/de un entorno popular, voto silvestre/permeable a la derecha
y su contagio.
Cómo ...nutrir afinidades que trastoquen el asueto/y liviano aumento de las bases,/sin acople ni grosor de mayorías auténticas.
(Turbulencia y víspera. O.R.R.)

 

Hace poco, en mayo de 2014, Óscar Iván Zuluaga venció al Presidente en la primera vuelta, de su reelección. Sin sacar aprendizajes ni acudir al [...] análisis más exacto, objetivamente comprobable, de la correlación de las clases y de las peculiaridades concretas de cada momento histórico*, la izquierda y el activismo salieron del paso. Con la idea fija, de que la reelección victoriosa de Santos, tuvo como artífices del momento definitivo: a la izquierda y “la paz con Mesa en La Habana”, a galope en el supuesto “tenemos pueblo, mayoría”. Convencido en esta hipótesis, el círculo cercano de Gustavo Petro hizo lobby para reclamar un ministerio. Y no faltaron espontáneos, como en las corridas. Más que con retardo, como por no dejar, Clara López, con soporte en la imagen del Polo, resultó Ministra del Trabajo. Ante el «No» del Plebiscito, flota una pregunta en el ambiente: En su consistencia y dinámica, ¿qué mejoró en la izquierda y sus partidos, desde aquel junio 2014? El resultado adverso al Sí, ¿es sólo una sorpresa secundaria o, hay debilitamientos?

 

En este marco, inconformes de Colombia votaron por el No, y también, inconformes dijeron Sí. Otros inconformes, anularon su voto o no respondieron al llamado institucional. Situación ésta del país, de la correlación política y su desventaja, en que ningún inconforme es superior a otro, aunque por ahora..., no existe un liderazgo suficiente, legítimo y con potencialidad para convocar a todos. Sin tomar el toro por los cachos, Iván Orozco –intelectual, activista y exfuncionario nacional de los derechos humanos– anticipaba en sus conversaciones, que las encuestas “ponían en ventaja al Si, para bajar la guardia de los activistas por la paz”. En verdad, estamos en ausencia de un sujeto social, con iniciativa de gobierno y de poder propio.

 

Plebiscito y crisis de desprestigio del poder

 

Timochenko dijo a Caracol el 12 de octubre: “fue hasta bueno que hubiera sucedido esto... ayuda a corregir la metodología y a presentar sencillo el objetivo de paz”.

 

De poco sirvió el carrerón final en la Mesa (Ver: “Acuerdo final Gobierno-Farc” con interrogantes, editorial de la edición anterior). Cuando los festejos de Nueva York, Cartagena y La Habana aún no apagaban luces, ante el atónito de muchos, hace años no ocurría en Colombia la coyuntura o momento buscado por la izquierda: una crisis de gobernabilidad con efectos en el prestigio del régimen y la cohesión del bloque de poder.

 

Momento que asomó en la tarde del domingo 2 de octubre, cuando el Presidente quedó grogui y habló al país, acompañado del equipo de negociadores con las Farc. Fue patente que decían cualquier cosa para calmar las aguas. Sabían que el triunfo del No, ponía en aumento una crisis de gobernabilidad. En efecto, las medidas por aplicar ante su proyectado triunfo, quedaron postergadas en lo económico, político, militar e internacional. Es el caso, de una reunión en Cartagena que Santos suspendió. Nada menos que con el Fiscal de Estados Unidos, un delegado del Departamento del Tesoro, otros cuatro fiscales de esa nacionalidad y, el Fiscal Martínez Neira, que tenía el propósito de detallar la forma de encausar a las Farc por lavado de activos..

 

Crisis de gobernabilidad con agrietamiento del régimen. Obvio, cuando la contraparte uribista ganó más espacio para atravesar palos al gobierno. Fácil ante la incertidumbre en el qué hacer y la mayor pérdida de la imagen oficial, por efecto de la alta abstención y el desconocimiento a la gestión del Gobierno en La Habana. Con ofensiva en el nuevo escenario, saltó el Centro Democrático con imagen de cogobernar con respecto al conflicto y actor de ‘diálogo nacional’. Asumió un tono conciliador ante el país y las mismas Farc. Una iniciativa de amnistía para la guerrillerada y un “no queremos la guerra...”. Proceder que despreviene a una parte del país, y que obligó a Santos a radicalizarse.

 

Así, el Gobierno anunció que el cese de fuegos iría sólo hasta el día 30. Su efecto fue el que buscó Santos: hacer creer que al fin de mes, las hostilidades prenderían de nuevo sus fogonazos y sollozos. Con esta jugada, el Centro Democrático queda de nuevo con el balón en su cancha: debe concretar sus negativas y reformas con los Acuerdos de La Habana. Y no solo esto. También tiene que favorecerlas en el Congreso, para que las negociaciones Gobierno-Farc no lleguen a romperse. Temor que aborda a la opinión pública y señalaría un culpable, ya no tanto en las Farc –cuña que Santos usa para apretar a su otrora jefe y aliado.

 

Situación y factores de crisis, percibidos con preocupación y puntualidad por parte de la comunidad internacional y su debate por valijas, y por la ONU –bajo presión de tiempo, 8 de noviembre, día de la elección en Estados Unidos– no ajeno al acomodo último, o, a la acción de mantener el Premio Nobel.

 

Rectificación necesaria por parte de la izquierda

 

...no sólo con angostas atarrayas y tarimas/de oradores con oficio/y cada grupo aparte,/granizo y goterones escarlatas/sin soldador de todos los fragmentos,/añade otro difícil. (Turbulencia...)

 

En este tire y afloje con efectos hacia 2018, irrumpen los jóvenes bajo un interrogante más de fondo, ¿palpita en la nueva generación la decisión de ir hasta donde sea necesario? De inmediato exigen que la paz no quede refundida y haya respeto al cese bilateral de fuegos. Queja en común, con los impulsores del Sí. ¿Y qué es necesario, desde un sentido de ruptura de la naturaleza oligárquica del régimen y su intento de legitimar otro peldaño de 20-30 años? Ahondar la crisis del propio régimen, es la respuesta.

 

Tomar iniciativa en procesar con emplazamientos locales y cabildos y plazas tricolores, la exigencia de demandas que vayan más allá de los propios Acuerdos –en su caso, quienes aúpan el No, demandan revisarlos–, como son: 1. congelar el paquete legislativo de la reforma tributaria, 2. defender un aumento del salario mínimo –equitativo con necesidades básicas–, 3. levantar la bandera de un “estatuto de oposición” con garantías para la autonomía de los movimientos sociales, atento a formas de corrupción y cooptación, y 4. poner en marcha acciones de alerta –informativas y de neutralización social– frente al riesgo latente de una contraofensiva de los poderes nacionales y sus afirmaciones regionales con instrumentos de derecha extrema. Un desafío que de conjunto –ante las incapacidades de la izquierda–, parece un tanto distante.

 

Infortunadamente, parece más predecible que los sectores oligárquicos, aun con la fractura del bloque de poder que cruza, se salgan con la suya, y conjuguen un acuerdo que les tranquilice las aguas.

 

Paz ingenua..., Paz tricolor..., paz blanca (política) de Mesas..., paz de militante..., etcétera., y la paz que busca Colombia, tiene adjetivos. En todo caso, hacen falta territorios con un ordenamiento nuevo, inclusión y tiempo; para avanzar de manera cierta, en una paz mayúscula, de creación colectiva e integración primera del mapa colombiano.

 

Con el Eln en Mesa, queda en la calle y en debate abierto, un itinerario de participación social para lograr una paz mayúscula, con ¡Otra democracia, Sí!

 

Cómo salir de esta ...larga defensiva y despego con el pueblo/que postergan/la inmediata alternativa.
(Turbulencia...)

 

* Cartas sobre táctica. V.I. Lenin. p. 5, primer párrafo. Editorial Progreso. 1972

 


 

Recuadro 1

 

 

 


 

Recuadro 2

 

 

 

Publicado enEdición Nº229
El Senado abre el proceso de ‘impeachment’ contra Rousseff y la aparta del poder
La Cámara estudiará ahora y durante 180 días las acusaciones contra la presidenta brasileña por alterar supuestamente las cuentas públicas

 

 

Brasilia 12 MAY 2016 

 

Tras una sesión plenaria histórica y extenuante, una mayoría simple de senadores brasileños (55 de 81) dio luz verde al proceso de destitución o ‘impeachment’ contra la presidenta del país, Dilma Rousseff. 22 votaron en contra. La dirigente del Partido de los Trabajadores saldrá hoy mismo por la puerta principal del palacio de Planalto, sede presidencial, en un gesto explícito que quiere decir que acata pero no aprueba la decisión. Más tarde, Rousseff se recluirá en el futurista Palacio de la Alborada, su residencia oficial, donde se le permite quedarse en su nueva condición de presidenta espectral. El vicepresidente del país, Michel Temer, líder del Partido Democrático do Movimento Brasileiro (PMDB), asumirá la jefatura del Estado.

 

Lo que los senadores brasileños decidieron este jueves, de facto, es la apertura formal del impeachment, el proceso de destitución, el juicio político que discurrirá en el Senado, como máximo y a partir de hoy, durante 180 días. En estos seis meses los 81 senadores discutirán si Rousseff cometió crimen de responsabilidad hacia la República al alterar las cuentas públicas para equilibrar los balances presupuestarios de un año para otro a base de pedir dinero a grandes bancos públicos. Una posterior votación, que se celebrará probablemente en octubre, decidirá el destino final de Rousseff. Para entonces no servirá sólo la mayoría simple. Pero eso queda lejos. Y lo determinante es que durante todo ese tiempo la presidenta deja de ser presidenta real. El poder, automática y plenamente, pasa a las manos del vicepresidente, Michel Temer, hasta hace un mes y medio aliado político de Rousseff y ahora su peor enemigo y, en palabras de ella misma, "un traidor y el padre de los conspiradores".

 

En la tribuna, los defensores del impeachment, la mayoría de partidos de centro y de derecha, hablaron de esas maniobras fiscales. Pero se refirieron más, para justificar su decisión, a la catastrófica marcha de la economía (que retrocede a razón de un 3% del PIB al año), a las sucesivas rebajas de las agencias de calificación, que ya han colocado los bonos brasileños al nivel de bono basura y, en general, a la necesidad de cambiar de Gobierno para que la perspectiva cambie. Los defensores de Rousseff replicaron en su mayoría con un argumento simple: no se puede echar a una presidenta elegida por el pueblo, con 54 millones de votos detrás, apelando a unas maniobras fiscales que no constituyen a su juicio un delito grave o a la situación económica, porque para eso están las urnas.

 

 
Sesión maratoniana

 

Con todo, la sesión plenaria, más allá de su maratoniana extensión (todos los senadores que quisieron tuvieron el derecho de hablar por 15 minutos), discurrió sin los excesos chocantes y algo ridículos de la votación hermana en el Congreso, celebrada hace varias semanas. Entonces, los diputados abundaron en gritos, cánticos, lanzamientos de confeti, manteos e invocaciones que o no venían al caso ("voto por mi tía que me cuidó de pequeño") o eran sencillamente repugnantes, como la del parlamentario Emir Bolsonaro, que dedicó su voto (contrario a Rousseff) a un torturador de tiempos de la dictadura.

 

El presidente del Senado, Renan Calheiros, tuvo cuidado de que el pleno no se le fuera de las manos. De hecho, en un momento caldeado en que los asistentes se pusieron a hablar de más impidiendo que se oyese al orador de turno, llamó al orden: "No voy a dejar que esto acabe como en el Congreso".

 

Mientras, fuera, en Brasilia y São Paulo se celebraban manifestaciones a favor y en contra de Rousseff, en Brasilia separadas por un muro metálico y en la Avenida Paulista por la policía. En cualquier caso, fueron mucho menos numerosas que las organizadas el día de la votación del Congreso, lo que indica que la población, de alguna forma, ha asumido el resultado de la votación, cantado desde hacía días, ya que todas las encuestas así lo anunciaban.

 

Al tiempo que los senadores hablaban uno detrás de otro, en el Palacio de Jaburu, el vicepresidente Temer, ya sabiéndose jefe del Estado, se reunió con la plana mayor de lo que será su próximo gabinete. Con un ojo puesto en la economía y otro en las medidas de austeridad a su juicio necesarias para enderezar el rumbo financiero del país, el flamante nuevo presidente se dirigirá al país a las tres de la tarde de este jueves. A esa hora, Rousseff habrá ingresado ya en su extraña condición de presidenta sin presidencia. A Fernando Collor de Melo, hasta ahora el único presidente democrático de Brasil apartado del poder por un impeachment, en 1992, le rebajaron el sueldo y le suprimieron las prerrogativas. En una televisión brasileña contó que le redujeron hasta el combustible del avión que utilizaba para sus desplazamientos de modo que no se podía desviar ni un milímetro de la ruta prefijada. Collor renunció un día antes del juicio definitivo, viviendo durante dos meses esa suerte de limbo presidencial. Rousseff ha asegurado que no va a renunciar nunca, que sólo le apartaran del cargo que ganó en las urnas a la fuerza.

 

 


 

 

Auge y caída del Partido de los Trabajadores

 


El PT tendrá que reconstruirse para ganarse la confianza de la parte de la izquierda que se ha sentido traicionada

 

Talita Bedinelli

 

Cuando, la tarde del 1 de enero de 2003, el tornero mecánico Luiz Inácio Lula da Silva se dirigía al Congreso Nacional para pronunciar su primer discurso como presidente, ocho de cada 10 brasileños creían que su Gobierno sería excelente o bueno. El nivel de esperanza, una palabra que se había convertido en su lema de campaña, era el más alto jamás visto en un inicio de mandato desde el retorno de la democracia al país. Después de transitar en un coche abierto, rodeado de simpatizantes, y de ser agarrado hasta casi caerse del automóvil, Lula dejó claro su objetivo para los años siguientes: “Si al final de mi mandato todos los brasileños tuvieran la posibilidad de desayunar, comer y cenar, habré cumplido con la misión de mi vida”, afirmó ante los parlamentarios.

 

El Brasil de 2003 estaba en crisis y quería cambios. El presidente Fernando Henrique Cardoso, padrino de la estabilidad económica derivada del Plan Real, dejaba el país con una inflación del 12,53% acumulado al año, una deuda interna que había llegado al 60% del Producto Interno Bruto y un crecimiento económico, en la víspera de las elecciones, que apenas sobrepasaba el 1% al año. Casi un 30% de los brasileños vivía en la pobreza.

 

Lula llegó al poder después de tres intentos frustrados de vencer la disputa presidencial. Se benefició no solo del mal momento al que la crisis económica había llevado a la oposición, sino de un giro en la forma del PT de tratar la política. En primer lugar, le propuso al empresariado, que le tenía miedo a la izquierda, un pacto que le aseguraba al mercado un continuismo en el área económica. Se sumergió en el pragmatismo político, que antes condenaba, para tejer las alianzas que necesitaba. Y se apoyó en el llamado fisiologismo del PMDB, un comportamiento caracterizado por estar motivado más por intereses que por ideología para gobernar. Alió sus habilidades como negociador, adquiridas cuando lideraba las históricas huelgas sindicales de los 70, con el apoyo de políticos expertos del Partido de los Trabajadores (PT), como Genoino y José Dirceu, que nueve años más tarde fueron condenados por el escándalo de compra de votos en el Parlamento conocido como mensalão. El PT estaba en su apogeo. Las investigaciones mostraron que el partido era el favorito de los brasileños. Al pueblo le agradaba el carisma de Lula en sus discursos inflamados. En la cresta de la ola de su popularidad, pudo gobernar sin mayores sobresaltos en el Congreso y emprender el cambio social que había prometido.

 

En 2010, último año de su Gobierno, los más entusiastas denominaban su período en la presidencia como "Década de la inclusión". Debido a políticas de distribución de ingresos como el programa Bolsa Familia, en 10 años logró reducir en un 45% el número de pobres y en un 47% el número de personas extremadamente pobres, según los datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). En el mismo período, el Programa Luz para Todos, creado para llevar energía eléctrica a las zonas más remotas del país, casi universalizó el acceso a la electricidad en Brasil y sacó de la oscuridad a ciudades como Queimada Nova, en un rincón del Estado de Piauí, donde solo el 12,62% de los hogares tenía energía en 2000. En 2010 eran el 96%. Entre 2002 y 2012, la tasa real de aumento del salario mínimo al año fue del 5,26%, frente a la reducción anual del 0,22% registrada en la década anterior, según el Instituto de Investigación Económica Aplicada (IPEA).

 

Con la crisis económica internacional, Brasil implementó una política económica anticíclica: estimuló la producción nacional mediante la reducción de los impuestos, con lo que disminuyeron las tasas de desempleo y se inundó el mercado con productos. También facilitó el acceso al crédito personal y se impulsó el consumo de una nueva clase media que surgía, sacada de la pobreza, especialmente en el noreste del país. Entre 2001 y 2011, el número de hogares con nevera, por ejemplo, había aumentado un 12% en el país y un 52%, por ejemplo, en el Estado de Maranhão. El índice de los que tenían lavadora subió un 51% general y un 190% en el Estado de Alagoas; y el de los que tenían televisión en color, creció un 16% nacional y un 51% en Piauí.

 

Ante la buena aceptación de su Gobierno y el impacto positivo del boom de la compra de materias primas por parte de China, a Lula, reelegido en 2006, no le resultó difícil colocar a su sucesora en 2010. Dilma Rousseff, su exministra, recibió de su padrino político el apodo de madre del PAC (Programa de Aceleración del Crecimiento), un conjunto de obras de infraestructura puesto en práctica por el Gobierno. En su primer mandato, Rousseff consiguió mantener y ampliar los logros de su antecesor. En 2014, la ONU declaró Brasil como un país sin hambre. De alguna manera, Lula había cumplido su promesa. En diciembre de 2014 la tasa de desempleo alcanzó el índice histórico mensual más bajo. Pero, mientras el área social del Gobierno celebraba sus conquistas, la economía comenzaba a dar señales de que las políticas anticíclicas se habían mantenido durante demasiado tiempo. A finales de 2015 el dólar batía récords históricos y la inflación comenzaba a volver a los niveles de finales del Gobierno Cardoso.

 

La difícil campaña que llevó a la reelección de Rousseff en 2014 se produjo en medio de un escenario tumultuoso. La vida del brasileño había mejorado de puertas adentro, pero la población exigía servicios públicos acordes con los impuestos que pagaba, como mostraron las protestas de 2013, que, en suma, pedían mejores condiciones de salud y educación. La conducción económica, vista como desastrosa por expertos, desagradaba al mercado, que rompió el pacto con Lula años antes. Y la base del PT en las calles estaba debilitada, después de años de tolerancia con un Gobierno que, en nombre de la gobernabilidad, no fue más allá de la implementación de políticas progresistas. Para agradar al grupo ruralista en la Cámara Baja dejó de demarcar tierras indígenas y de hacer la reforma agraria. Para complacer a los aliados evangélicos, no defendió la ampliación del aborto. Era el caldo de cultivo perfecto para que el Parlamento, que nunca había tolerado la falta de tacto político de la presidenta, se rebelase.

 

Este miércoles, al dejar el Palacio del Planalto junto a la presidenta más impopular de la historia democrática del país, el PT cerrará un ciclo de 13 años en el poder. El partido sale involucrado en un nuevo escándalo de corrupción, todavía en plena investigación. Tendrá que reconstruirse si quiere volver a ganarse la confianza de la parte de la izquierda que se ha sentido traicionada. Su principal estrella, Lula, tendrá que convivir con el fantasma de la cárcel, despertado por el caso Petrobras, sin gran parte del capital político que tuvo otrora. Y la población tendrá como legado un país que, a lo largo de los últimos años, se ha convertido en socialmente más justo, pero que aún nutre la esperanza de ser una nación mejor y más ética.

 

 

 

Publicado enInternacional
Dilma prepara la resistencia democrática
Rousseff reconoce que probablemente el miércoles o jueves el Senado aprobará el inicio del impeachment, a pesar de que hasta ahora no haya ninguna evidencia en su contra. “Esto no se acabó”, afirma Lula sobre el escenario posterior.

 


Página/12 En Brasil


Desde Brasilia


“Esto no se acabó”, sentenció el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva a un allegado que lo consultó sobre el horizonte político que se avecina en Brasil, según informó ayer la prensa local. Lula tanto como Dilma Rousseff reconoce que probablemente el miércoles o jueves de esta semana el Senado aprobará el inicio del juicio político contra la presidenta tras lo cual será obligada a tomarse licencia por hasta seis meses cuando el Palacio del Planalto quedará a cargo el vicepresidente Michel Temer. Alias “el usurpador del poder” o el “golpista”, según Dilma quien ayer festejó el Día de las Madres en la sureña Porto Alegre junto a su hija y dos nietos con quienes se reunió tras su rutinario paseo matinal en bicicleta.

 

La suerte está echada, es imposible que esta semana haya 41 senadores, sobre un total de 81, dispuestos a rechazar al inicio del proceso a pesar de que hasta el momento no haya ninguna evidencia de que Rousseff delinquió. El efecto manada hará que en el Plenario la oposición obtenga una victoria holgada acaso similar a la registrada el viernes pasado en la Comisión Especial de Impeachment donde se impuso por 15 votos a 5 del gobierno y una abstención.

 

Hoy el dictamen de ese organismo será recibido por la presidencia de la Cámara alta iniciándose así el rito que continuará dos o tres días después. A Lula no le preocupa el país del jueves sino el de la semana que viene. Cuando Dilma pase a la oposición denunciando el golpe dentro y fuera del país mientras el blancuzco Michel Temer –su tez recuerda a la de Drácula según el humorista Macaco Simao– salga a la luz para asumir la administración de un país a la deriva después de casi un mes de las negociaciones para formar el nuevo gabinete realizadas en el Palacio de Jaburú, la residencia oficial de Brasilia que alternó con su casa en San Pablo, de donde se tuvo que ir hace diez días debido a un escrache realizado por jóvenes universitarios y movimientos sociales.

 

Suponer que Temer controlará la tempestad es ilusorio, sostiene el líder del Partido de los Trabajadores, uno de los dirigentes que mejor conoce, por haberla recorrido, a la realidad de un país continental en el que la diferencias de raza y clase se atizaron como consecuencia de la campaña orquestada por una derecha racista y tan clasista como para atacar a las políticas de inclusión social que no amenazaron sus privilegios.

 

Habrá protestas populares, cuya magnitud está por verse, y una previsible impaciencia de empresarios y banqueros que aguardan una pronta respuesta a su demandas de ajuste, precarización laboral y privatizaciones.

 


El muro

 

Ayer los empleados de la gobernación de Brasilia volvieron a colocar altas placas de acero a lo largo de la avenida central para separar a los manifestantes vestidos de rojo que expresarán su rechazo al golpe y los de amarillo adictos a la caída del gobierno.

 

El “Muro de Berlín”, que aún no fue concluido pero lo estará para cuando voten los senadores, ya había sido montado durante la sesión extraordinaria realizada en Diputados el domingo 17 de abril cuando 317 legisladores apoyaron el impeachment frente al rechazo de sólo 137.

 

El mentor de esa sesión fue el entonces titular de Diputados Eduardo Cunha, un “emperador gangsteril” (definición del congresista Chico Alencar) que el jueves pasado fue separado del cargo por el Supremo Tribunal Federal debido a las evidencias sobre sobornos cobrados en el escándalo de Petrobras y la coacción ejercida sobre sus pares. La caída de Cunha representa un potencial frente de tormenta para Temer, quien sabe que su antiguo socio está dispuesto a contar a la justicia secretos que podrían derribar al inminente gobierno de excepción, según el bien informado diario Valor Económico.

 

Lo ocurrido en la sesión que abrió paso al impeachment en la Cámara baja , cuando Cunha desplegó su tropa de choque, fue “un show de terror” comentó Lula quien tuvo acceso a encuestas cualitativas sobre la reacción de los millones de televidentes que ese domingo asistieron a la votación, puesto que la cadena Globo acordó con las ligas de fútbol suspender los partidos de los campeonatos regionales.

 

Los sondeos a los que tuvo acceso Lula indican que conforme el público conoció más a los mentores del impeachment, éste perdió parte del alto apoyo que tuvo meses atrás mientras creció el respaldo a la estabilidad institucional.

 

Un primer test de la temperatura popular que recibirá al gobierno entrante se tendrá esta semana cuando podrá medirse el caudal de manifestantes rojos y amarillos que se reunirá a cada lado del muro frente al Congreso. Y poco después cuantos dilmistas aguardarán a la presidenta en el posible, todavía no confirmado, descenso que realizará por la rampa del Palacio del Planalto, para trasladarse a la residencia de Alvorada desde donde comandará la “resistencia democrática”.

 

 

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Sábado, 07 Mayo 2016 07:15

Penúltimo acto para suspender a Dilma

Festejos opositores por el voto en la comisión del Senado a favor de la suspensión de la presidenta.

La Comisión de Juicio Político aprobó por 15 votos contra cinco que se avance hacia la destitución. La mandataria respondió que no renunciará y calificó al vicepresidente Michel Temer de golpista y usurpador del poder.

 

 

La Comisión de Juicio Político del Senado brasileño aprobó ayer el envió al plenario de la Cámara alta del proceso para decidir si aprueba la suspensión por seis meses de la presidenta Dilma Rousseff. Frente a esta situación la mandataria respondió que no renunciará y calificó al vicepresidente Michel Temer de ser un usurpador del poder.

 

La oposición logró imponerse en torno al informe del senador Antonio Anastasia que condena a Rousseff por medidas administrativas que alteraron le fecha de ciertos gastos presupuestarios, las llamadas “pedaleadas fiscales” en 2015. El mandato de Rousseff está desde ayer en manos del pleno de 81 senadores, después de que una comisión de esa cámara aprobase por mayoría de 15 votos contra 5 que se avance hacia la destitución. La comisión debatió durante diez sesiones los méritos jurídicos de las acusaciones formuladas en contra de la presidenta y descartó los alegatos de su defensa de que no cometió un crimen de responsabilidad, tal como requiere la constitución para destituirla. También rechazó que el proceso pueda suponer un golpe de Estado, como sostiene Rousseff.

 

A medida que se extingue el tiempo de su mandato, la presidenta comenzó a citar directamente a Temer, luego de que acusó al presidente de la Cámara baja, Eduardo Cunha, de haber abierto su juicio político porque el gobierno se negó a darle cobertura. En un discurso en el Palacio del Planalto durante la ceremonia de entrega viviendas construidas por cooperativas del movimiento de trabajadores sin techo, la jefa del Estado dijo ayer que no va a renunciar. “Si yo renuncio, entierro la prueba viva de un golpe absolutamente sin base legal y que tiene como objetivo herir intereses y conquistas de los últimos 13 años”, sostuvo la mandataria. “Todos los beneficiarios de este proceso, que están usurpando el poder, lastimosamente como el vicepresidente, son cómplices de un proceso extremadamente grave”, agregó ante los movimientos sociales, que gritaban “No al Golpe”. Horas más tarde, durante una visita a una represa en Cabrobró, estado de Pernambuco, Rousserff volvió a tildar de golpistas a sus acusadores. “No hay legitimidad, ya que es un golpe que no es sólo contra la democracia, es contra los programas sociales y contra los compromisos que tomamos a lo largo de estos años con los brasileños”, declaró.

 

Rousseff prepara su alojamiento en una casa de Brasilia para cuando sea suspendida -cobrando la mitad de su salario- hasta que el Senado ofrezca el veredicto sobre su continuidad, esta vez con una matemática más incierta, ya que se necesita dos tercios de los votos para expulsarla de la presidencia.

 

La aprobación de la denuncia será votada en el recinto el miércoles por los 81 senadores y la suspensión se definirá por mayoría simple. La oposición cuenta con más de 41 votos para suspender por 6 meses a la mandataria, con lo cual asumiría Temer, del Partido del Movimiento de la Democracia Brasileña (PMDB), quien desde hace un mes se declaró en rebeldía y apoyó la destitución de su compañera de fórmula en el Congreso.

 

En la comisión del Senado el Partido de los Trabajadores pidió sin éxito la nulidad del juicio político. A través de la senadora Gleisi Hoffman, argumentó que se trata de una venganza de Cunha, quien, antes de ser suspendido por el Tribunal Supremo Federal tras ser acusado de abusar de su cargo para obstruir investigaciones de corrupción en su contra, cargó contra la presidenta porque ésta se habría negado a protegerla. “Lo que están haciendo es aplicar pena de muerte para una infracción de tránsito”, aseguró Hoffman. Además, para el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva no hay retorno una vez que Temer instale un gabinete con el apoyo de 11 partidos en el Congreso y un agenda proporcionada por el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), del candidato derrotado por Dilma en 2014, el senador Aecio Neves.

 

El PSDB, según la prensa local, negocia con Temer ocupar la presidencia de la cámara de diputados en lugar de Cunha, mientras que, sin Cunha, se robustece otra figura del PMDB, el presidente del Senado, Renán Calheiros, quien será el segundo en la sucesión presidencial. Según sectores empresariales citados por el diario Valor Económico, la caída de Cunha facilitó en términos políticos un eventual gobierno de Temer, pero complicó el escenario para aprobar proyectos arriesgados de ajustes económicos en la cámara baja.

 

En la comisión del Senado, el presidente del cuerpo, Raimundo Lira, se negó a votar adhiriendo al regimiento interno. Discusiones nerviosas marcaron la sesión decisiva en la comisión, sobre todo porque el senador Lindbergh Farias, del PT, acusó a Aécio Neves de apoyar a Temer para cambiar la legislación laboral, como buscan las cámaras empresariales que financiaron la campaña pública y publicitaria a favor del impeachment. “La historia absolverá a Dilma”, dijo Farias, parafraseando a Fidel Castro. En 1992, como líder estudiantil, Farías fue uno de los dirigentes que logró el juicio político del entonces presidente Fernando Collor de Mello, acusado de corrupción. El miércoles Collor de Mello, senador del Partido Trabalhista Brasileño (PTB), será uno de los jueces de Rousseff.

 

 

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Rousseff se sorprendió al conocer que el fiscal Janot pidió al Supremo que se la investigue.
El fiscal Janot sostiene que Dilma habría intentado burlar a la Justicia cuando designó como ministro a Lula. La mandataria dijo que él busca incendiar el ambiente político antes de que se debata en el Senado el impeachment.

 

Desde Brasilia

 

Un golpe inminente y (mal) disimulado. Con el tono solemne de los jurisconsultos el senador Antonio Anastasia, del opositor Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), leyó ayer ante la Comisión Especial de Impeachment las 126 páginas de su dictamen a favor de la apertura de un proceso contra la presidenta Dilma Rousseff apoyado en referencias doctrinarias tomadas de la tradición consuetudinaria británica y la legislación estadounidense.

 

En casi dos horas de alocución el legislador del PSDB repitió la misma tesis frágil que se cita desde hace un año: la Constitución contempla el impeachment como un instituto adecuado para separar del cargo a un presidente que haya cometido algún crimen de responsabilidad (crimen de Estado) por lo tanto aplicarlo contra Rousseff es ajustarse a derecho.

 

Pero Anastasia no fue convincente al tratar de fundamentar por qué se echa mano de una ley “excepcional” como es el impeachment, tan grave como la que autoriza el estado de sitio –que requiere de una mayoría extraordinaria para su aprobación– contra una mandataria a quien se imputan desviaciones menores como son las “pedaleadas fiscales”. Que es así como se dio en llamar a los manejos contables con los que Rousseff se hizo de recursos a destinados, entre otros fines, a pagar planes de promoción rural y programas sociales.

 

Como dijo el constitucionalista Marcelo Lavenere: encuadrar a Rousseff en el impeachment por transgredir normas presupuestarias se asemeja a tratar con quimioterapia a una persona resfriada. “Los efectos terribles de la quimioterapia pueden matar al paciente”, señaló el martes en la Comisión Especial de Impeachment el experto Lavenere, al defender un argumento que contrario al utilizado ayer por el senador Anastasia, en lo que fue uno de los últimos pasos del “rito sumario”, según la definición de varios senadores del Partido de los Trabajadores. Se ve a las claras que la coreografía republicana es una justificación con vistas a la prácticamente inexorable separación del cargo de Rousseff pues no se hizo lugar a ninguno de los pedidos presentados por la Abogacía General de la Unión, que defiende a Dilma, para que se debata seriamente, y en extenso, sobre las pruebas de la parte acusatoria.

 

Se trata de colocar un biombo pequeño para ocultar a una verdad grande como es la del golpe en curso cuya mención es recibida como una ofensa. Así ocurrió la semana pasada cuando algunos senadores se molestaron ante la breve intervención del premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel quien expresó en el recinto su solidaridad al pueblo brasileño y mencionó la palabra “golpe”. Que causó tanta irritación a un grupo opositor que debió ser borrada de la versión taquigráfica.

 

El laudo leído ayer por Anastasia, brazo derecho del ex candidato presidencial Aécio Neves que es uno de los referentes del plan destituyente, será votado mañana en la Comisión Especial donde la oposición se impondrá holgadamente ya que cuenta con 15 de los 21 miembros de ese organismo.

 

Posteriormente ese parecer se someterá al Plenario del Senado, posiblemente el 11 de mayo, donde se da por descontado que habrá un amplio respaldo a la apertura de proceso por lo que Rousseff será obligada a tomar licencia de su cargo por hasta 180 días en los que la jefatura de Estado será ejercida por el vicepresidente Michel Temer.

 

Por lo visto hasta el momento los senadores fracasaron en su propósito de guardar compostura para diferenciarse del grotesco visto en la sesión de la Cámara de Diputados el 17 de abril cuando decenas de congresistas apoyaron el enjuiciamiento de la presidenta con votos dedicados a sus esposas, hijos y dioses, sin fundamentar jurídicamente su decisión. Y un par en memoria de la dictadura y los torturadores. Ciertamente el mes pasado los diputados votaron para voltear a Dilma a como sea, conscientes del vacío legal de esa posición, algo que tiende a repetirse la semana próxima en la Cámara alta.

 

Hubo un tumulto ayer al inicio de la exposición del senador Anastasia que fue cuestionado por los colegas del PT Gleisi Hoffmann y Lindeberg Farias. La petista Hoffmann dijo que el documento presentado por Anastasia no pasaba de un fraude, pues el legislador opositor lo elaboró sin asistir a parte de los debates de la Comisión Especial cuando fueron presentados los fundamentos del gobierno.

 

Mientras Farias definió como “cinismo” al hecho de que se haya escogido a Anastasia como relator, siendo que cuando éste fue gobernador del estado de Minas Gerais aplicó 55 veces las medidas contables conocidas como “pedaleadas fiscales”. Horas antes de la sesión en el Senado la presidenta habló con la prensa en el Palacio del Planalto donde manifestó su sorpresa al tomar conocimiento de que el fiscal general Rodrigo Janot, había enviado a la Corte un pedido para que se la investigara.

 

El motivo alegado por Janot es que Rousseff habría intentado burlar a la justicia cuando designó como ministro al ex presidente Lula, cuando estaba en la mira del juez de primera instancia Sergio Moro, a cargo de la causa por corrupción a costillas de Petrobras, en el escándalo del “Petrolao”.

 

Por tratarse de una causa que está bajo secreto de sumario Dilma afirmó que quienes la filtraron a la prensa están movidos por intereses políticos “inconfesables”. Y no se quedó en eso: dijo que haber entregado a los medios este pedido de procesamiento demuestra que quien lo hizo busca incendiar el ambiente político justo antes de que se debata en el Senado el inicio de un impeachment.

 

Fue una declaración de tres minutos, los suficientes como para demostrar la sospecha de que la Fiscalía se asoció a la estrategia destituyente. En la que Dilma es uno de los blancos y Lula el otro, pues también se recomendó a la Corte que lo investigue por el “Petrolao”. Debajo de esta segunda iniciativa judicial podría soslayarse otra motivación política,la de imputar al líder del PT para proscribirlo de las elecciones de 2018.

 

 

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Peñalosa presenta: La pantomima de una promesa vacía.

La mañana del 4 de febrero pasado no fue buena para el alcalde Peñalosa, quien al recorrer la carrera séptima con algunos de los integrantes de su gabinete y representantes de la fuerza pública, fue abucheado por vendedores callejeros y otras personas inconformes con las que se cruzó. Entre todas las personas que los increparon, relució la señora Ana Isabel Hernández, vendedora ambulante, quien con dignidad le reclamó por los desalojos de quienes se ganan el sustento diario ofertando diversidad de mercancías a la intemperie.

“Deme una respuesta ¿¡por qué manda atropellar a los vendedores de tinto!? ¿¡Por qué!? [...] ¿¡A su merced le gustaría ser perseguido, entonces!? ¿¡Por qué no nos ubican!? ¡Deme una respuesta que nos satisfaga! ¿¡Por qué no vienen a hablar con nosotros!? ¡Acérquese al parque Santander, donde les están regando hasta el tinto a las personas, yo soy una de esas personas y me duele! ¡¡Su merced mismo lo dijo, que prefería ver no sé cuántos ladrones en cada esquina de Bogotá y no cuatro vendedores ambulantes!! ¿¡Entonces!? ¡Que lo atraquen a usted a ver cómo le parece! ¡¡Tenemos derecho al trabajo!!”. Así, respirando de manera acelerada, con su cara cubierta por el rubor y la rabia, entre lágrimas y rabia por las medidas del alcalde Peñalosa, terminó el efusivo y digno reclamo de doña Ana Isabel.


Dicen por ahí que perro viejo ladra echado. Y este can de pelo blanco, que con dificultad hila sus ideas, no fue la excepción. Unas horas después sus responsables de prensa comunicaron a la ciudad que doña Ana había sido invitada para que el 8 del mismo mes llegara al palacio Liévano pues el Alcalde deseaba hablar con ella.


Así fue. Doña Ana Isabel llegó en la fecha indicada a las 8 am a la oficina del Alcalde, quien sin pudor alguno le dijo: “Quiero pedirle disculpas por todo lo que pueda haberla molestado, de ninguna manera nosotros queremos que haya ningún maltrato a nadie, y menos a una mujer trabajadora y humilde”. Ana Isabel también pronunció algunas palabras: “Lamento las palabras que le dije, de que lo atracaran, uno no debe desearle mal a nadie, yo sé que su merced es una buena persona y le deseo lo mejor”.


Pero el burgomaestre no se limitó a lo dicho. Al final del encuentro, con su visita al frente, habló para los medios: “Le hemos ofrecido que va a tener en La Candelaria un puesto fijo, donde va a poder vender bien sus tintos, aguas aromáticas y un pequeñito capital para que comience a comprar las... el primer arranque de unas almojábanas y demás, ¿a usted le parece ese un buen sitio, no cierto?” pregunta a la que la señora Hernández asintió satisfecha.


Humildad del y para el espectáculo. Sin embargo, la visita no fue tan espontánea ni tan voluntaria.


En una entrevista realizada por el concejal Hollman Morris a la señora Ana Isabel, oriunda de Sogamoso, Boyacá, dio su versión del contexto y las causas que previeron dicho encuentro con el burgomaestre. “Siento hasta rabia conmigo misma, porque nunca debí yo haber ido a esa alcaldía, ¡pero ese periodista me tenía desesperada, Dios mío! Persígame, allí son testigos, yo tengo cómo comprobarlo; la manera como me persiguió ese señor, y utilizó la estrategia: como sabe que nosotros somos personas sufridas, a diario aguantando por parte de la policía miles de atropellos y malos tratos y todo. Como ellos saben que tal vez estamos en un estado de vulnerabilidad o de mucha sensibilidad [...] tienen la estrategia para enredarlo a uno... ‘señora Isabelita, que se acerque, el señor alcalde le manda decir que no tenga ningún temor, acérquese al despacho que él la va a ayudar’, que no sé qué ¿¡Cuál ayudar!? Si lo del tal abrazo lo tenían planeado para conveniencia de él. A mí nunca me dijeron que iban a editar ningún video, ni nada; me utilizaron”.


La manipulación no termina ahí. De la cita espectáculo se desprendieron consecuencias; así lo narra doña Ana: “Me hicieron ir al Ipes, y dijeron que me iban a dar un carro mecatero en un Cade del 20 de Julio, y con el supuesto capital que iba a dar el alcalde, con eso que lo surtiera”.


Pero como en campaña electoral, nada de lo prometido fue cumplido, solo evasivas, al final los funcionarios del Ipes, por iniciativa y como avergonzados por la actitud politiquera de la cabeza oficial de la Alcaldía, le ofrecieron 150 mil pesos reunidos entre ellos y un carro mecatero, cosa muy distinta al puesto fijo prometido por el agente de pelo blanco y sonrisa de yo se nada.

 

Aunque necesita, doña Ana Isabel Hernández, cuya dignidad le brotaba por todos sus poros, rechazó el ofrecimiento de los funcionarios, y en seguida pidió anular el acta de cumplimiento que le habían hecho firmar, porque se sintió engañada.


Adolorida por la manipulación, cuenta la señora Ana que sus compañeros de trabajo callejero, que hasta no hacía mucho le extendían su admiración por haber encarado al Alcalde, poco después empezaron a injuriarla por salir abrazada con el Alcalde. Ella cuenta con razón, que nunca pensó que la cita era una simple estratagema para hacer propaganda politiquera.


La lección que deja este suceso es simple: Peñalosa no negocia, no dialoga con los vendedores ambulantes, ni con el gremio de recicladores, como quiere hacer creer a la ciudadanía; sólo los usa como pantomima que disfraza sus verdaderas intenciones. No le preocupan los más pobres, él trabaja por quienes financiaron su campaña, los mismos que quieren ampliar la periferia de Bogotá y llenar de buses de articulados las calles de la ciudad.

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Penumbras y demonios en la política colombiana

 

 Reseña:

Clientelismo, politiquería, corripción. Son palabras comunes para la sociedad colombiana, sometida desde hace años a escándalos y denuncias sobre robos, cohechos, favores a terceros y venta de sus principales bienes públicos a menor precio.

¿Cómo funciona la maquinaria que se posibilita todo esto? ¿Cómo opera la politiquería tradicional en un país que deforma el sentido elevado que contiene la Política? ¿Cuáles son las características de los sujetos que así alternan el significado de una ciencia que, para serlo, debe servirle a la gente? ¿Por qué la sociedad colombiana acepta que una y otra vez le prometan y no cumplan? ¿Qué tipos de clientelismo hay y cómo se interrelacionan?

De todo esto trata "Penumbras y demonios en la política colombiana. Un buen análisis sobre el clientelismo, obra escrita de manera sencilla pero profunda por Alfredo De León Monsalvo, estudioso del tema y quien, basado en herramientas de la ciencia política, la sociología y la psicología, logra desnudar admirablemente el entramado de la políitiquería colombiana.Una buena elección para estudiosos y profanos, sobre las diferencias entre política y la deformación de la misma, es decir la politiquería.

 

Edición:2011. Formato: 14 x 21 cm. Páginas: 248

P.V.P.: 25.000 USD: $8,5 ISBN: 978-958-8454-37-5

 

 

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