Lectura, enseñanzas y retos desprendidos de una cita deliberativa en procura de autonomía para los movimientos sociales. ¿Es posible hacer parte de los estadios oficiales a la par que impulsar una institucionalidad extra-estatal?

 

Circundada por la fuerte revitalización del movimiento estudiantil, sesionó en Bogotá los pasados 9, 10 y 11 de octubre, la Asamblea Legislativa Popular y de los Pueblos por la unidad, la vida, el territorio y la paz (ALP). Al llamado respondieron 1.300 delegados y delegadas de diferentes movimientos y regiones del país, en hermanamiento con delegaciones de organizaciones populares de Nuestra América y Europa, con el fin de adelantar un ejercicio legislativo autónomo que contribuya a la unidad estratégica del campo popular, y concertar una agenda de movilización y acción política para el 2019.

 

En la Asamblea, pese a sus pretensiones de unidad, fue notoria la ausencia de un amplio margen de organizaciones del campo popular, lo que la redujo a un evento de ciertas corrientes políticas y matrices ideológicas en proceso de reagrupamiento. No obstante la ALP marca una nueva etapa de construcción colectiva que podría ser potente si asumiera los retos de lo que implica una autocrítica sincera de su accionar histórico, una discusión sobre lo que implica el horizonte de construcción de poder popular y un llamamiento de país.

 

El largo camino del poder popular

 

En los antecedentes de esta Asamblea se encuentra como primer referente el Congreso de los Pueblos (CP), plataforma constituida en 2010 como una transición que anteponía la construcción de poder popular a la ilusoria toma del poder que había marcado por décadas los objetivos estratégicos de la vieja izquierda partidista. Tiene como antecedente, de igual manera, la irrupción del indigenismo en todo el continente, propulsor de convergencias sociales, a través de la disputa por sus derechos históricos, elevando a primera plana la construcción de autonomía en las agendas del movimiento social.

 

Es producto de ello que toman forma: la “Minga por la vida, la justicia, la alegría, la autonomía y la libertad de los pueblos”, con la participación de comunidades indígenas y campesinas, promulgando en Cali el mandato indígena y popular en 2004. La cumbre de organizaciones sociales en 2006, en contra de la arremetida de la Fuerza Pública en los territorios. La minga de resistencia social y comunitaria de 2008, formulada como una propuesta del norte del Cauca con el objetivo de ganar aliados y fuerza con la gente “caminando la palabra por el territorio nacional”. La mencionada constitución del CP en 2010, así como el Congreso de tierras territorio y soberanía en 2011, y el Congreso para la paz en 2013.

 

Desde allí y hasta hoy, en medio de estos procesos de encuentro social y popular, el CP fue perdiendo importantes integrantes, mermando así su impulso inicial, al imponerse en su accionar cotidiano viejas prácticas autoritarias, vanguardistas y sectarias que lo desgastan: el peso preponderante de las estructuras organizativas más fuertes; la exclusión de las organizaciones no afines al “camilismo”; la imposición de una lectura sobre la negociación política del conflicto armado y su adopción como núcleo de la acción principal del CP, todo ello, también, como conformación de un polo diferenciado a la matriz ideológica del “bolivarianismo” afincada en la Marcha Patriótica (MP). Así mismo, la constante subsunción a la agenda institucional sin una discusión sesuda desde la base llevaron a que se profundizaran sus contradicciones internas.


No obstante, ambas plataformas (MP y CP) tuvieron el oxígeno inyectado por la supuesta apertura del proceso de paz con las Farc, generando numerosas movilizaciones, lo que dio nacimiento en 2014 a la Cumbre agraria campesina, étnica y popular. proceso convertido en el nuevo escenario de articulación popular, logrando conquistas parciales que hoy llegan nuevamente a un momento de desgaste, en tanto su acción quedó limitada a la interlocución con el gobierno, arrancando promesas parciales que en su mayoría no han sido cumplidas.

 

En esta misma senda, después de la última gran minga nacional de finales de octubre y principios de noviembre de 2017, tomó forma la contienda electoral cuyos resultados, y reunión de fuerzas en torno a la Colombia Humana, sitúa al movimiento popular en una situación de marcado antagonismo con las tendencias más retardatarias de la élite política y económica. Es en este contexto que surge la iniciativa de la ALP, con el reto de articular el accionar alternativo, a la par que modificar el balance desfavorable que mantiene la correlación de fuerzas para el campo popular y democrático.

 

La Asamblea

 

La Asamblea Legislativa, con la intención de legislar desde la base construyendo organismos de poder popular, en la perspectiva de romper esa costumbre de alzar siempre la mirada hacia el Estado para ver cómo respondemos a sus iniciativas, potencia el acumulado de protesta, movilización y articulación mediante la síntesis de mandatos populares para el corto, mediano y largo plazo.

 

En la convocatoria, en la que participaron 47 organizaciones, se enfatizaba en que para variar la correlación de fuerzas es necesario retomar los planes de vida, los pliegos sectoriales, las propuestas temáticas, las plataformas de lucha, las propuestas de paz y la agenda de la oposición parlamentaria construida en los últimos años, para unificar una base programática que derive en la constitución de un Bloque Popular y Democrático Alternativo. Alianza de organizaciones estimulada con una hoja de ruta para la movilización, la disputa de una agenda social y el mismo estímulo a la agenda de paz –ahora congelada en La Habana–, al tiempo que la lucha institucional/parlamentaria y el desarrollo de los gobiernos propios, tanto en lo rural como en lo urbano.

 

El punto fuerte de la Asamblea fue el trabajo por comisiones, donde cada uno de los asistentes expresó su opinión, en un ejercicio de democracia participativa subyacente en la idea de los mandatos populares. Ahí los asistente deliberaron sobre temas como: Movilización, unidad y organización, comunicación, formación, educación, cultura, arte, otras relaciones de poder –anti patriarcales–, tierras y territorios, lo ambiental y minero-energético, la agenda urbana, paz y DH, guardias populares, campesinas, cimarronas e indígenas, y la cuestión internacional.

 

Cada uno de estos escenarios arrojó un conjunto de mandatos a ser socializados e implementados en los territorios; así como una agenda de confrontación al gobierno de Duque durante el 2019 que, entre otros, incluya dos ejes claves: 1. Movilización nacional durante el primer semestre, en defensa de los territorios, por la solución política al conflicto social y armado, el cese de asesinatos de líderes y defensores de DH, el desmonte el paquete normativo antipopular de reformas: pensional, laboral y tributaria, y en rechazo a la reglamentación de mecanismos de participación y el derecho a la consulta previa; 2. La articulación política y programática para la participación en las elecciones municipales y departamentales del próximo año, que permita concertar mecanismos democráticos para la definición de las candidaturas y acordar mandatos que interpreten fielmente los intereses del pueblo colombiano.

 

¿Mandatar para construir el poder popular y la unidad?

 

Como lo expresa su declaración final, la ALP, con su perspectiva de “constituirse como un órgano coordinador del poder popular con expresiones territoriales, sectoriales y temáticas, que fortalezca los gobiernos propios, los mecanismos de defensa y protección de la vida y los territorios”, podría convertirse no solo en una respuesta coyuntural a los problemas del gobierno actual, sino en un intento, que tiene que ver con dar respuesta a la pregunta histórica sobre el qué hacer metodológico en las diferentes faces de la transición hacia una sociedad más libre e igualitaria. En ese proceso ¿qué es y cómo construir poder popular?

 

Según diferentes tradiciones, se ha planteado toda una gama de exigencias durante el trayecto de cambio, lo que se conoce comúnmente como las 3 fases: 1. “fase de acumulación de fuerzas”; 2. período de enfrentamiento, contando ya con fuerza sociales en capacidad de iniciar un nuevo ordenamiento social; 3. Consolidación, sin las fuerzas enemigas a la vista, de la construcción de una nueva sociedad.

 

Fiel a este esquema, es claro que en la primera fase es necesario destacar algo que es fundamental, y es que hay un conjunto de actividades que pueden y deben ser realizadas en el seno de la actual sociedad, actividades sociales y políticas que permitan un ejercicio de participación y resolución de problemas de la población. Estas actividades deben generar, al mismo tiempo, nociones y experiencias que contribuyan con el crecimiento de la consciencia y la confianza en las propias fuerzas, proceso que devendrá en la potencia capaz de confrontar el sistema y generar las condiciones para su ruptura. Esta primera fase es la etapa de la construcción del poder popular, de un pueblo fuerte.

 

Si en palabras de la declaración política de la Asamblea lo que se pretende con los mandatos es: “construir instrumentos que permitan confrontar el sistema capitalista y el régimen de dominación, en una perspectiva de unidad estratégica, profundizando la movilización y la construcción de poder popular”, podríamos decir que la propuesta de la Asamblea es interesante si plantea una solución al empantanamiento en el que se encuentra lo popular debido al desgaste táctico de movilizaciones, acuerdos con el gobierno e incumplimiento de los mismos.

 

Pero, para que no se repita lo sucedido con el Congreso de los Pueblos, esta nueva iniciativa debe también y sobre todo, superar el obstáculo que traen consigo los diversos modelos leninistas, persistentes en la inercia histórica de la izquierda colombiana, condicionada por circunstancias de sobrevivencia de su funesta experiencia, modelos que han impedido su real reconfiguración, ajustada a los cambios del mundo contemporáneo, con autocrítica sin tapujos, dejando a un lado su discurso panfletario, dogmático, sumamente simplista y distorsionante, que no se percata de la desconexión que tiene con las amplias mayorías del país.

 

La constitución de una Comisión de Seguimiento de la Asamblea, como mecanismo organizativo en el que tengan representación los procesos y organizaciones que se articulan, debería ser un espacio de dinamización de los mandatos a nivel regional y local, que fortalezcan el gobierno propio a través de alternativas, gestionadas por y desde las mismas comunidades, con base en el fortalecimiento de las guardias de distinta índole, como brazo ejecutivo y presencia real, visible, de las capacidades organizativas de los procesos, pues es así como se expresa el poder popular, que es poder político desde una visión libertaria e igualitaria.

 

Si los mandatos y la hoja de ruta, se territorializan, y se mejoran con la participación comunitaria local, este evento podría constituir un salto cualitativo hacia la unidad estratégica de los sectores alternativos, a partir del reconocimiento de las experiencias e iniciativas de coordinación y articulación sectorial, temática, territorial y nacional ya existentes. Solamente tejiendo desde abajo, como un experimento profundo de democracia participativa y comunitaria, es que tiene sentido una articulación desde arriba, como la planteada en la materialización de un Bloque Popular y Democrático, que es lo inmediatamente propuesta por esta ALP.

Publicado enEdición Nº251
Una triada para avanzar: sindicato, comunidad y medio ambiente

Una organización sindical con inquietudes e iniciativas en campos como la organización social territorial, el medio ambiente y la defensa del patrimonio público, clara evidencia de la renovación sindical en proceso, está representada en la Unión Sindical de trabajadores de Emcali (USE), sindicato filial de la federación Únete*. Acá un diálogo con su dirigencia.

 

En un foro realizado el pasado 18 de mayo, la Unión Sindical de trabajadores de Emcali (USE) presentó ante diversos procesos y organizaciones sociales de “la sucursal del cielo” su larga experiencia de re-configuración y su apremiante preocupación de trascender más allá de sí mismos. Experiencia y proceso social digno de ser conocido a nivel nacional. Luego de lo escuchado acordamos con Roosevelt Lugo, presidente del sindicato y el equipo de trabajo comprometido en tal labor, una entrevista, para indagar más acerca del proyecto que lideran y poder llevar a otras organizaciones sindicales y otros sectores obreros del país los aportes de esta experiencia, ejemplar para toda la lucha popular.

 

desdeabajo (da). José Roosevelt ¿Qué nos puede contar de USE?
José Roosevelt (JR). Podemos hablar de la transformación que hemos inspirado para los trabajadores desde la organización sindical. Una transformación que no olvida los principios sindicales, la defensa del trabajo, la dignidad y, por supuesto, de las empresas, especialmente porque somos un sindicato del patrimonio público de todos los colombianos y siempre hemos tenido presente defenderlo. En concreto, la transformación para nosotros se refiere a un asunto que es mucho mayor: poner en blanco y negro aquellos proyectos de los que hablamos muchas veces como sociedad pero que no logramos realizar, quizás por falta de recursos, o de avanzar, desde las organizaciones sindicales, con posiciones firmes frente al gobierno.

 

USE, desde el derecho de negociación colectiva puso un artículo, el 61 de nuestra convención, que nos permite discutir no solo de derechos laborales sino también de derechos de orden social, en este caso de orden ambiental, comprometiendo unos recursos específicos para poder trabajar temas relacionados con el medio ambiente y el agua en nuestra ciudad.

 

Entonces, el sindicato propugna hoy por una política clara frente a temas de orden colectivo –en los que todos debemos coincidir como sociedad: la defensa del agua como patrimonio de todos, la defensa del medio ambiente y el derecho que tenemos de gozar dignamente de la naturaleza de manera igualitaria y responsable. Para que así sea, concretamos una articulación a través de proyectos, y a través de una vinculación de organizaciones sociales –tanto fundaciones como alianzas con otros sindicatos–, que son ricos en planes de transformación, pero que el gobierno nacional no pone recursos a su favor.

 

da. ¿Qué logros han tenido en lo que lleva de largo esta perspectiva en la organización sindical?
JR. Quiero destacar uno, que a su vez integra otros: es el acuerdo ambiental con una organización llamada Acuacali, una especie de Ong que trabaja por el río Cali y los otros 6 ríos que atraviesan la ciudad. Ahí hay una lucha contra la minería, legal e ilegal que contaminan las fuentes hídricas, haciendo un llamado de atención frente a la provisión de agua para la ciudad de Cali y todos los corregimientos atravesados por estos ríos.

 

Para este propósito y como primer aporte, USE contribuyó para pagos por compensación ambiental en aquellos sectores donde hay que hacer encerramientos o fincas privadas, concientizando a las personas en temas de compensación ambiental, en pro de que cambien un poco sus prácticas y puedan hacer reforestación, porque esas fincas tuvieron bosques y hoy ya no los hay. Ese proyecto lo trabajamos directamente en las veredas de Pichindé, en la Leonera y en Felidia.

 

La organización sindical invirtió cerca de 70 mil dólares en esto, cosa que ninguna organización sindical en el mundo ha aportado, y a partir de ello construimos el plan denominado maestros del agua, el cual ya tuvo la fase 1 y 2, y que lo volvimos diplomado con la intervención de la Universidad del Valle –sede Tuluá–, el cual fue dictado a los campesinos de la región, así como a trabajadores afiliados a USE y otros sindicatos, quienes obtuvieron el título de maestros del agua.

 

da. Todo suena muy interesante, ¿cómo han traducido estos espacios de formación en procesos sobre el territorio?
JR. Pues el otro aspecto, después del segundo diplomado, tiene que ver con el diseño de los planes estratégicos de los acueductos comunitarios, para lo cual el sindicato contribuyó para una organización que trabaja este tema en la parte alta de los farallones de Cali, en las veredas La Reforma, La Sirena y otros sitios cercanos a la ciudad.

 

Además, con Fecoser, que es la federación que agrupa 1.800 acueductos comunitarios en el Valle del Cauca, acompañamos la elaboración de una nueva normatividad jurídica, la ley de los acueductos comunitarios que ellos han impulsado. Es una labor que nos ha parecido importante, porque hay sitios donde las empresas de acueducto no llegan, el Estado no llega y le corresponde a la misma comunidad organizarse y utilizar el río u otras fuentes de agua con que cuente su territorio, con unas prácticas distintas, que a pesar de estar reguladas todavía no tienen en Colombia una ley propia, cosa que deja a las comunidades indefensas ante agentes externos.

 

Adicional a esto, en discusiones sobre el efecto de la minería que desvía ríos y que los contamina, también tuvimos una discusión. Hace 2 años fue firmado el Pacto social por el agua, con un llamado de atención sobre la parte alta de los farallones de Cali donde habían desviado la quebrada El Socorro en función de la minería. Debo destacar el trabajo de Sintracuavalle, Sintrambiente y demás organizaciones, logrando que el Batallón de Alta Montaña se pusiera las pilas pues les hicieron presión para que tuviera un poco más de control frente al tema de la minería.

Igualmente, la USE participó en lo que se llamó el Ecofestival Rio Cali, realizando a lo largo de varios kilómetros del río actividades de limpieza, además de promoción de temas de emprendimiento comunitario y temas de desarrollo cultural.


da. Bueno, entendemos que todo esto han querido convertirlo en una política ambiental de carácter más general, que es uno de los propósitos centrales de la organización sindical, ¿de qué trata esta política?
JR. Bueno, el 18 de mayo hicimos una convocatoria con distintas comunidades para crear un comité grande, un comité técnico para volver a tomar una iniciativa que se va a llamar: El foro por el agua y que tiene un subtema que es el agua como derecho fundamental, con el cual, en lo fundamental tratamos de incidir en la política pública del agua, construir una política del agua para ser vinculada en los planes de desarrollo, bien sea municipal, departamental o, incluso, en los planes nacionales, si lo logramos.

 

Pero este proceso no solo nos llevará al Foro por el agua, sino también a un simposio internacional por sesionar el año que viene, con organizaciones internacionales, como la internacional de servicios públicos, la organización de Waterlab y Contaguas, que es una organización en la que existen 45 mil mujeres, argentinas y uruguayas, que trabajan por el tema de la protección del agua y que luchan contra el fracking. Pero hay otra intencionalidad posible, que es llamar la atención poderosamente sobre lo que está pasando para poder que haya una economía más sostenible con el medio ambiente. Estos foros tratan de concienciar y USE lo está impulsando como filial de Únete.

 

da. Algo que ustedes mencionaron al principio es la importancia de la gestión que ha hecho USE para financiar todos estos proyectos, ¿qué tal ha sido el proceso de financiación y cómo funciona?
JR. Bueno, USE realiza una inversión de 270 mil dólares –casi 800 millones de pesos–, por invertir a lo largo de los años 2018–2022; para ello motivamos la construcción de un banco de proyectos desde las comunidades, buscando en todo momento tejer una articulación a través de la financiación que podamos brindar como organización sindical, como ya expuse, a través del artículo 61 que ganamos en la negociación colectiva.

 

Por eso hablamos que este es un sindicalismo también transformador, un sindicalismo que llega no solo con el convencimiento de la gente de que aquí hay una lucha de clases y de intereses comunes, sino también con un asunto que es lógico: la necesidad de recursos para poder avanzar, recursos que la organización logró pactar a través de la negociación colectiva. Esto nos permite estar en lo que estamos; podríamos hacer cualquier otro tipo de cosas, pero hoy estamos al nivel de lo que espera la gente: que el dinero que es de todos sea visible en los proyectos comunitarios, en los proyectos urbanos y rurales que necesita específicamente la ciudad.

 

da. ¿Cómo influye esta perspectiva de transformación organizativa al interior del trabajo sindical de la empresa?
JR. Todo es parte de la política pública que estamos iniciando, pero también es parte del trabajo sindical como actuación conjunta y organizada de los trabajadores, pues en el plano sindical seguimos en la defensa del patrimonio público en las empresas municipales de Cali, empresa que como todos sabemos es prestadora de servicios públicos, de energía, acueducto y telecomunicaciones.

 

Consecuentes con ello, organizamos entre los afiliados dispuestos una mesa técnica, una mesa digamos de profesionales de alto nivel, en la que estamos trabajando por un plan estratégico y una transformación integral de la empresa, para hablar de lo público con eficacia y eficiencia, pero también para superar graves problemas que tenemos al interior. Uno de los más grandes radica en la malformación política que permite que, efectivamente, a veces la gente incorporada a la empresa no cuente con grandes calidades, sino con amigos, incorporados por favoritismos políticos, por burocracia, lo cual no contribuye a una buena gestión en las empresas públicas.

 

Y en el plano sindical, pues seguimos construyendo, no solo presentando los informes como debe ser, una rendición de cuenta a todos los afiliados, sino también un plan estratégico que nos está llevando tanto a la transformación de la misma sede sindical, la cual queremos que funcione con energías renovables, sino también en distintas comisiones, desde los trabajadores afiliados, empoderándoles para poder presentar proyectos a la empresa, hecho que es una gran transformación, pues nosotros no solo nos quedamos en la protesta, sino que pasamos a la propuesta.

 

Con esto, consideramos, vamos ganando recorrido en el debate de lo que hay que hacer más allá de la empresa, en los barrios, veredas, en la ciudad, que es lo que hay que hacer con lo púbico; es así como, finalmente, le respondemos de manera eficiente y eficaz a todos los ciudadanos, pues son trabajadores/as como nosotros, no solo en materia de la prestación de los servicios públicos, sino también como le respondemos en la satisfacción de sus necesidades, ojo sin asistencialismo, sino generando niveles de conciencia ambiental y de clase, a través de proyectos que permitan que tengamos una matriz un poco más lógica y, sobre todo, más respetuosa frente a lo que esperan también las comunidades de nosotros.

 

da. En pos de lo que están impulsando, más o menos, ¿cuántos procesos comunitarios u organizaciones inscritas tienen en este momento en su convocatoria?
JR. Hoy hay 18 organizaciones inscritas, esto seguramente se va a ampliar con la convocatoria a los presidentes de junta de acción comunal y a los comuneros, pero la idea es que podamos avanzar en un comité ampliado donde cada uno de ellos tenga participación en el diseño de los proyectos, pues son ellos los que finalmente los van a presentar y ejecutar.

 

Aquí estamos como lo dice su periódico “desde abajo”, para poder en esa línea, más allá de un banco de proyectos en la organización sindical, satisfacer efectivamente las necesidades sociales y posibilitar a mucha gente que no tiene oportunidades, que presenten los proyectos y poner esos proyectos también no solo en el medio de comunicación adecuado para articularlos, sino poder seguirlos impulsando y avanzando con ellos, proyectos de sostenibilidad con innovación. Sabemos que hay mucha gente, en la mayoría de barrios de la ciudad, que no tiene posibilidades económicas para hacerlo, pero tiene la idea y tienen el conocimiento, les falta el tema del recurso, podemos hacerlo a través de un recurso limitado, pero que definitivamente algo les aportará, y sin arrodillarse a ningún partido político. Como ya está expresado, no solo para satisfacer necesidades, también para generar una matriz de concientización colectiva.

 

Para que así sea, estamos pensando con las universidades poder articular algo que nos parece fundamental: la cátedra del agua, en la cual debemos retomar la historia, que anteriormente la sacaron del pensum, y poner esta cátedra del agua en los colegios públicos y privados para tener una incidencia en el tema de la educación, respecto a lo que representa la naturaleza y el agua en la vida de todos; lo que busca USE es la armonía en todos los niveles.

 

* Federación Unión nacional de los trabajadores del Estado, los servicios públicos y la comunidad.

 

Publicado enColombia
Una triada para avanzar: sindicato, comunidad y medio ambiente

Una organización sindical con inquietudes e iniciativas en campos como la organización social territorial, el medio ambiente y la defensa del patrimonio público, clara evidencia de la renovación sindical en proceso, está representada en la Unión Sindical de trabajadores de Emcali (USE), sindicato filial de la federación Únete*. Acá un diálogo con su dirigencia.

 

En un foro realizado el pasado 18 de mayo, la Unión Sindical de trabajadores de Emcali (USE) presentó ante diversos procesos y organizaciones sociales de “la sucursal del cielo” su larga experiencia de re-configuración y su apremiante preocupación de trascender más allá de sí mismos. Experiencia y proceso social digno de ser conocido a nivel nacional. Luego de lo escuchado acordamos con Roosevelt Lugo, presidente del sindicato y el equipo de trabajo comprometido en tal labor, una entrevista, para indagar más acerca del proyecto que lideran y poder llevar a otras organizaciones sindicales y otros sectores obreros del país los aportes de esta experiencia, ejemplar para toda la lucha popular.

 

desdeabajo (da). José Roosevelt ¿Qué nos puede contar de USE?
José Roosevelt (JR). Podemos hablar de la transformación que hemos inspirado para los trabajadores desde la organización sindical. Una transformación que no olvida los principios sindicales, la defensa del trabajo, la dignidad y, por supuesto, de las empresas, especialmente porque somos un sindicato del patrimonio público de todos los colombianos y siempre hemos tenido presente defenderlo. En concreto, la transformación para nosotros se refiere a un asunto que es mucho mayor: poner en blanco y negro aquellos proyectos de los que hablamos muchas veces como sociedad pero que no logramos realizar, quizás por falta de recursos, o de avanzar, desde las organizaciones sindicales, con posiciones firmes frente al gobierno.

 

USE, desde el derecho de negociación colectiva puso un artículo, el 61 de nuestra convención, que nos permite discutir no solo de derechos laborales sino también de derechos de orden social, en este caso de orden ambiental, comprometiendo unos recursos específicos para poder trabajar temas relacionados con el medio ambiente y el agua en nuestra ciudad.

 

Entonces, el sindicato propugna hoy por una política clara frente a temas de orden colectivo –en los que todos debemos coincidir como sociedad: la defensa del agua como patrimonio de todos, la defensa del medio ambiente y el derecho que tenemos de gozar dignamente de la naturaleza de manera igualitaria y responsable. Para que así sea, concretamos una articulación a través de proyectos, y a través de una vinculación de organizaciones sociales –tanto fundaciones como alianzas con otros sindicatos–, que son ricos en planes de transformación, pero que el gobierno nacional no pone recursos a su favor.

 

da. ¿Qué logros han tenido en lo que lleva de largo esta perspectiva en la organización sindical?
JR. Quiero destacar uno, que a su vez integra otros: es el acuerdo ambiental con una organización llamada Acuacali, una especie de Ong que trabaja por el río Cali y los otros 6 ríos que atraviesan la ciudad. Ahí hay una lucha contra la minería, legal e ilegal que contaminan las fuentes hídricas, haciendo un llamado de atención frente a la provisión de agua para la ciudad de Cali y todos los corregimientos atravesados por estos ríos.

 

Para este propósito y como primer aporte, USE contribuyó para pagos por compensación ambiental en aquellos sectores donde hay que hacer encerramientos o fincas privadas, concientizando a las personas en temas de compensación ambiental, en pro de que cambien un poco sus prácticas y puedan hacer reforestación, porque esas fincas tuvieron bosques y hoy ya no los hay. Ese proyecto lo trabajamos directamente en las veredas de Pichindé, en la Leonera y en Felidia.

 

La organización sindical invirtió cerca de 70 mil dólares en esto, cosa que ninguna organización sindical en el mundo ha aportado, y a partir de ello construimos el plan denominado maestros del agua, el cual ya tuvo la fase 1 y 2, y que lo volvimos diplomado con la intervención de la Universidad del Valle –sede Tuluá–, el cual fue dictado a los campesinos de la región, así como a trabajadores afiliados a USE y otros sindicatos, quienes obtuvieron el título de maestros del agua.

 

da. Todo suena muy interesante, ¿cómo han traducido estos espacios de formación en procesos sobre el territorio?
JR. Pues el otro aspecto, después del segundo diplomado, tiene que ver con el diseño de los planes estratégicos de los acueductos comunitarios, para lo cual el sindicato contribuyó para una organización que trabaja este tema en la parte alta de los farallones de Cali, en las veredas La Reforma, La Sirena y otros sitios cercanos a la ciudad.

 

Además, con Fecoser, que es la federación que agrupa 1.800 acueductos comunitarios en el Valle del Cauca, acompañamos la elaboración de una nueva normatividad jurídica, la ley de los acueductos comunitarios que ellos han impulsado. Es una labor que nos ha parecido importante, porque hay sitios donde las empresas de acueducto no llegan, el Estado no llega y le corresponde a la misma comunidad organizarse y utilizar el río u otras fuentes de agua con que cuente su territorio, con unas prácticas distintas, que a pesar de estar reguladas todavía no tienen en Colombia una ley propia, cosa que deja a las comunidades indefensas ante agentes externos.

 

Adicional a esto, en discusiones sobre el efecto de la minería que desvía ríos y que los contamina, también tuvimos una discusión. Hace 2 años fue firmado el Pacto social por el agua, con un llamado de atención sobre la parte alta de los farallones de Cali donde habían desviado la quebrada El Socorro en función de la minería. Debo destacar el trabajo de Sintracuavalle, Sintrambiente y demás organizaciones, logrando que el Batallón de Alta Montaña se pusiera las pilas pues les hicieron presión para que tuviera un poco más de control frente al tema de la minería.

Igualmente, la USE participó en lo que se llamó el Ecofestival Rio Cali, realizando a lo largo de varios kilómetros del río actividades de limpieza, además de promoción de temas de emprendimiento comunitario y temas de desarrollo cultural.


da. Bueno, entendemos que todo esto han querido convertirlo en una política ambiental de carácter más general, que es uno de los propósitos centrales de la organización sindical, ¿de qué trata esta política?
JR. Bueno, el 18 de mayo hicimos una convocatoria con distintas comunidades para crear un comité grande, un comité técnico para volver a tomar una iniciativa que se va a llamar: El foro por el agua y que tiene un subtema que es el agua como derecho fundamental, con el cual, en lo fundamental tratamos de incidir en la política pública del agua, construir una política del agua para ser vinculada en los planes de desarrollo, bien sea municipal, departamental o, incluso, en los planes nacionales, si lo logramos.

 

Pero este proceso no solo nos llevará al Foro por el agua, sino también a un simposio internacional por sesionar el año que viene, con organizaciones internacionales, como la internacional de servicios públicos, la organización de Waterlab y Contaguas, que es una organización en la que existen 45 mil mujeres, argentinas y uruguayas, que trabajan por el tema de la protección del agua y que luchan contra el fracking. Pero hay otra intencionalidad posible, que es llamar la atención poderosamente sobre lo que está pasando para poder que haya una economía más sostenible con el medio ambiente. Estos foros tratan de concienciar y USE lo está impulsando como filial de Únete.

 

da. Algo que ustedes mencionaron al principio es la importancia de la gestión que ha hecho USE para financiar todos estos proyectos, ¿qué tal ha sido el proceso de financiación y cómo funciona?
JR. Bueno, USE realiza una inversión de 270 mil dólares –casi 800 millones de pesos–, por invertir a lo largo de los años 2018–2022; para ello motivamos la construcción de un banco de proyectos desde las comunidades, buscando en todo momento tejer una articulación a través de la financiación que podamos brindar como organización sindical, como ya expuse, a través del artículo 61 que ganamos en la negociación colectiva.

 

Por eso hablamos que este es un sindicalismo también transformador, un sindicalismo que llega no solo con el convencimiento de la gente de que aquí hay una lucha de clases y de intereses comunes, sino también con un asunto que es lógico: la necesidad de recursos para poder avanzar, recursos que la organización logró pactar a través de la negociación colectiva. Esto nos permite estar en lo que estamos; podríamos hacer cualquier otro tipo de cosas, pero hoy estamos al nivel de lo que espera la gente: que el dinero que es de todos sea visible en los proyectos comunitarios, en los proyectos urbanos y rurales que necesita específicamente la ciudad.

 

da. ¿Cómo influye esta perspectiva de transformación organizativa al interior del trabajo sindical de la empresa?
JR. Todo es parte de la política pública que estamos iniciando, pero también es parte del trabajo sindical como actuación conjunta y organizada de los trabajadores, pues en el plano sindical seguimos en la defensa del patrimonio público en las empresas municipales de Cali, empresa que como todos sabemos es prestadora de servicios públicos, de energía, acueducto y telecomunicaciones.

 

Consecuentes con ello, organizamos entre los afiliados dispuestos una mesa técnica, una mesa digamos de profesionales de alto nivel, en la que estamos trabajando por un plan estratégico y una transformación integral de la empresa, para hablar de lo público con eficacia y eficiencia, pero también para superar graves problemas que tenemos al interior. Uno de los más grandes radica en la malformación política que permite que, efectivamente, a veces la gente incorporada a la empresa no cuente con grandes calidades, sino con amigos, incorporados por favoritismos políticos, por burocracia, lo cual no contribuye a una buena gestión en las empresas públicas.

 

Y en el plano sindical, pues seguimos construyendo, no solo presentando los informes como debe ser, una rendición de cuenta a todos los afiliados, sino también un plan estratégico que nos está llevando tanto a la transformación de la misma sede sindical, la cual queremos que funcione con energías renovables, sino también en distintas comisiones, desde los trabajadores afiliados, empoderándoles para poder presentar proyectos a la empresa, hecho que es una gran transformación, pues nosotros no solo nos quedamos en la protesta, sino que pasamos a la propuesta.

 

Con esto, consideramos, vamos ganando recorrido en el debate de lo que hay que hacer más allá de la empresa, en los barrios, veredas, en la ciudad, que es lo que hay que hacer con lo púbico; es así como, finalmente, le respondemos de manera eficiente y eficaz a todos los ciudadanos, pues son trabajadores/as como nosotros, no solo en materia de la prestación de los servicios públicos, sino también como le respondemos en la satisfacción de sus necesidades, ojo sin asistencialismo, sino generando niveles de conciencia ambiental y de clase, a través de proyectos que permitan que tengamos una matriz un poco más lógica y, sobre todo, más respetuosa frente a lo que esperan también las comunidades de nosotros.

 

da. En pos de lo que están impulsando, más o menos, ¿cuántos procesos comunitarios u organizaciones inscritas tienen en este momento en su convocatoria?
JR. Hoy hay 18 organizaciones inscritas, esto seguramente se va a ampliar con la convocatoria a los presidentes de junta de acción comunal y a los comuneros, pero la idea es que podamos avanzar en un comité ampliado donde cada uno de ellos tenga participación en el diseño de los proyectos, pues son ellos los que finalmente los van a presentar y ejecutar.

 

Aquí estamos como lo dice su periódico “desde abajo”, para poder en esa línea, más allá de un banco de proyectos en la organización sindical, satisfacer efectivamente las necesidades sociales y posibilitar a mucha gente que no tiene oportunidades, que presenten los proyectos y poner esos proyectos también no solo en el medio de comunicación adecuado para articularlos, sino poder seguirlos impulsando y avanzando con ellos, proyectos de sostenibilidad con innovación. Sabemos que hay mucha gente, en la mayoría de barrios de la ciudad, que no tiene posibilidades económicas para hacerlo, pero tiene la idea y tienen el conocimiento, les falta el tema del recurso, podemos hacerlo a través de un recurso limitado, pero que definitivamente algo les aportará, y sin arrodillarse a ningún partido político. Como ya está expresado, no solo para satisfacer necesidades, también para generar una matriz de concientización colectiva.

 

Para que así sea, estamos pensando con las universidades poder articular algo que nos parece fundamental: la cátedra del agua, en la cual debemos retomar la historia, que anteriormente la sacaron del pensum, y poner esta cátedra del agua en los colegios públicos y privados para tener una incidencia en el tema de la educación, respecto a lo que representa la naturaleza y el agua en la vida de todos; lo que busca USE es la armonía en todos los niveles.

 

* Federación Unión nacional de los trabajadores del Estado, los servicios públicos y la comunidad.

 

Publicado enEdición Nº247
La minga: aprender sin escuela, sin esperar aprender

Los saberes son bienes comunes que no desaparecen al compartirse. El que los transmite no se despoja de ellos al compartirlos. En este caso son saberes para vivir mejor. […] Estos espacios no se organizan con la lógica del capital. Se organizan desde abajo, con cooperación horizontal. Sin jefes, ni controladores. No circulan con las reglas del capital: tanto tiempo, tantos títulos, a tanto la hora, cada uno paga tanto. Y generan otros sentimientos: fraternizan, dan sentido a la existencia, el otro aparece como alguien que hace más grata la vida. No como un competidor que debes acabar antes que te acabe.

 

Llega el día miércoles y como todos los miércoles en el área rural de Cachipay y de Zipacón (Cundinamarca), nos alistamos para participar en la minga que comienza a las nueve a.m. Se trata de un colectivo diverso que se reúne cada semana en torno a la labor conjunta, bajo el signo de la fraternidad y la alegría en diferentes espacios. La minga es un bien común y cada minga es diferente. Por temporadas pueden concurrir unos y no otros, dependiendo de la vida de cada participante y sus exigencias; en ocasiones vienen seres que viajan, personas interesadas en conocer la experiencia, echar una mano y quizás compartir un saber.

 

Esta vez la minga es en Trinitaria, en la vereda Laguna Verde, en casa de Zarabanda Opalina, quien tiene un niño de seis años y una niña de casi tres. Después de tres años de labor están cerca de terminar su hogar en bioconstrucción con materiales de la región. Una forma de respetar la naturaleza, de disminuir de manera notoria los costos en dinero de la obra y de incursionar en una estética armónica con un entorno de belleza asombrosa por la diversidad de expresiones de la vida.

 

El clima primaveral y la abundancia de aves y de cantos, de especies frutales y de flores, han ejercido desde hace muchos años una fuerte atracción por esta geografía de naturaleza exuberante ubicada en la ladera occidental de la Cordillera Oriental. En apenas unos centenares de metros es posible elegir entre las tierras más cálidas o las zonas frescas de la partes altas de las montañas. En Trinitaria la atmósfera es fresca y húmeda en la temporada de lluvias. Pero en un día invernal no es improbable que el sol irrumpa entre la niebla con todo el esplendor de la Cordillera Andina.

 

El primero en llegar es Arnulfo, quien con su vitalidad, alegría y la lozanía de su piel, no revela en absoluto los sesenta y cinco años que ha cumplido. Atribuye su formidable salud a las caminatas que realiza por la región cada fin de semana, acompañado de personas que vienen desde la ciudad, visitantes que aprecian su extraordinario conocimiento de las plantas y el privilegio de visitar su jardín, el que alberga una asombrosa variedad de orquídeas, bromelias y plantas medicinales. Hace casi diez años renunció a la ciudad y a los negocios y se vino a las montañas. Minutos después llega Jorge, un joven nativo de la región que sabe de plantas y de cocina, ha apoyado diversos procesos; su vida no la guía por el dinero. Entre sus saberes cuenta, además, con el arte de hacer pequeñas esculturas con rocas superpuestas, que hace poco aprendió.

 

La tercera en llegar a Trinitaria es Manuela, llega acompaña con su padre Víctor que vino a visitarla, y con un grupo de tres artistas que también ha invitado. Manuela ha fungido como el espíritu de la minga. Su carácter dulce y su disposición permanente a echar una mano allí donde se precisa han generado una dinámica fraterna en el colectivo. Muy pocos podrían adivinar que detrás de su apariencia de joven rebelde, con su corte de cabello alejado de la estética normalizada, con su sonrisa blanca y transparente, su piel bronceada por el sol de Peña Negra, y con su overol de trabajo en escultura y dibujo, habitó hasta hace poco tiempo una abogada muy capaz y responsable que vestía de sastre y acudía puntual a su horario de trabajo en una entidad oficial. Manuela dejó trabajo y ciudad y se vino a la vereda hace cinco años.

 

Un tesoro del proceso de la minga radica en la comunicación, que permite conocernos y descubrir diferentes dimensiones que el ritmo trepidante de la vida cotidiana en la ciudad no facilita. Nos vamos conociendo en la labor y compartiendo los alimentos que cada uno prepara y trae. De este modo el espacio fraterniza y gesta complicidades en almas afines, o con proyectos o trayectos que reúnen.

 

Manuela, con la confianza labrada entre todos, me pide que me ocupe de los invitados que ha traído porque vienen a conocer y no se quedaran a trabajar en la minga, mientras ella acude a la casa de Trinitaria para unirse a la labor que ya han iniciado Zarabanda, Arnulfo y Jorge: limpiar el barro que recubre las guaduas de la estructura de la vivienda y su suelo de tablas.

 

Invito al pequeño grupo que llegó con Manuela a un café en Riohaché Payko, un espacio colindante con Trinitaria al cual pertenezco y cuyo acento está en investigar y promover prácticas de educación alternativa y, también, de alternativas a la educación. Primero les escucho: Víctor trabaja en Bogotá en la Fundación Pepazo y desde hace años apoyan procesos de emprendimientos comunitarios dirigidos a mejorar, entre todos, la vida de todos. Felipe es psicólogo egresado de la U. Nacional, además de fotógrafo, y forma parte de un colectivo ubicado en Anolaima: Accionart. César es historiador no académico y durante años ha adelantado una minuciosa investigación sobre la historia regional de esta geografía. Fausto es italiano y vive en el país Vasco donde tiene una tienda de pastas y salsas. A él le pregunto si viene como parte de un proyecto de una Ong, de una ecoaldea. y me responde: tengo sesenta y cinco años, mi salud está quebrantada, y mi único proyecto es vivir cada día que puedo de la mejor manera. Su franqueza ruda me agrada y les propongo narrarles de modo breve el trabajo de cuatro años en la zona, mientras caminamos por la zona de huertas, de restauración de bosque y biblioteca veredal, para concluir el recorrido en Trinitaria. Me han dicho que deben regresar en media hora a Anolaima.

 

Mientras caminamos entre las arracachas, el maizal, los frijoles y arvejas, los yacones, albacas, tomates, lechugas, rosales y anturios, ocobos y cauchos, les comento que hace una semana estuvimos en la minga con Manuela, Anna, Arnulfo y Leo en la escuelita veredal de Cartagena, ubicada a quince minutos de Trinitaria. Todos ellos, como la gran mayoría de integrantes de la Red de Permacultura del Tequendama, comparten el carácter de seres fugados de la urbe y del sistema imperante. Leo es, entre otras muchas cosas, un extraordinario maestro de música, con un muy valioso camino de evolución espiritual. Renunció a su trabajo en una universidad pública por diversas razones, una de ellas: no verse inmerso en las miasmas de la politiquería que ha capturado buena parte de las academias y afecta al delicado trabajo de enseñanza que no sólo tendría que estar libre de los juegos de poder, sino que tendría que contar con todo el reconocimiento, el cuidado y acompañamiento a su alquímica forja de seres libres y creadores. Con sus ahorros consiguió un pequeño terreno en Peña Negra y ahora inicia la construcción de su casa, al tiempo que enseña música a un grupo de cinco niños de la Red de Permacultura en el hogar fraterno que le ha acogido mientras termina su vivienda: Gaiacpa, Jardin del Alma, liderado por un ser decisivo para el tejido comunitario de la red y sus emprendimientos: Girasol.

 

A muchos puede no asombrar, pero a otros sí: los talleres de inmersión en la música funcionan los martes, y los miércoles Mimby, Aluna, Manu, Mauli, Tzie, Ainoa, están preguntando: ¿cuándo es que vuelve a haber taller de música?


El reconocimiento a la labor de Leo por parte de los entornos familiares de los niños se hace, una parte en dinero y otra en trueque o en Ibis: la moneda local que está funcionando para potenciar las diversas labores y posibilidades de los integrantes de la red. Los trueques y los ibis ayudan a no depender tanto del dinero. Así Leo recibe por su invaluable labor: quinua, cremas dentales artesanales, tortas con frutos orgánicos, mambe, cremas de caléndula, etcétera.

 

Anna, pedagoga de la Universidad de Barcelona, llegó hace un par de años interesada por conocer experiencias de educación alternativa. En Medellín, Daniela Cardona, una chica vinculada a la Centro de Estudios Estanislao Zuleta y vinculada a Confiar, le habló de la región. Anna vino por un par de días, sucumbió a la magia del bosque andino tropical y con sus últimos ahorros adquirió un predio en uno de los proyectos que existen en la zona: Samay. Ahora construye allí su casa en bioconstrucción, junto a su amiga, hermana, maestra y cómplice: Melissa.

 

Creo –le confieso al pequeño grupo al que narro el proceso de Riohaché–, que comulgamos a diario con ruedas de molino. Habitamos en el peor sistema para todos, como si fuera lo más normal del mundo. Pero muchas mujeres y hombres están desertando. Prefieren renunciar a los ingresos fijos y tener tiempo para sí. Prefieren reducir al máximo la necesidad de dinero y encontrar el alimento, el abrigo y la salud con formas de cooperación fraterna. Cada vez más gente comprende que habitamos un sistema que ha elevado el absurdo hasta umbrales delirantes, y no esperan ya que ningún poder estatal ayude a resolver sus necesidades. Prefieren buscar un mínimo de cordura en el trabajo con la tierra, en erosionar el poder en la vida cotidiana en casa, en el conocimiento de sí, en la creación de espacios de comunicación, cooperación y coordinación de iniciativas que sirven a la tierra, a la vida y su dignidad. En participar, en la revolución relacional que está teniendo lugar con base en la liberación del ser femenino. Hay una (re)evolución cultural antes que política, vinculada al volver a habitar la tierra de modo sostenible.

 

Hace ocho días llegamos a la escuela veredal y saludamos a Luz Marina y Francy, las profesoras de planta. Ellas nos indicaron las labores que estaban precisando: cortar las guaduas que amenazan con tumbar los cables de alta tensión de la energía, arreglar la huerta, limpiar el área aledaña a la quebrada que baja junto a la escuela.

 

Estas dos profesoras son una invaluable excepción a lo que sucede con buena parte del cuerpo profesoral en las áreas rurales de Cundinamarca: las dos viven cerca de la escuela en la que laboran. Muchas profesoras y profesores vienen desde muy lejos: desde Facatativa, Mosquera, Funza e incluso Bogotá. Las distancias afectan no solo sus economías, sino su energía para ejercer las artes exigentes y decisivas del maestro. Esta es una situación no resuelta por los encargados gubernamentales de la educación, realidad que incide en alto grado en la calidad del proceso formativo. Si no se habita en los lugares en los que viven niños y jóvenes, es muy difícil desarrollar dinámicas educativas que permitan a los estudiantes conocer sus entornos, cuidarlos, defenderlos, y aprender los oficios que les permitan habitar en ellos.

 

La profesora Luz Marina se ganó a pulso el reconocimiento profundo de sus estudiantes y sus familias. El año pasado se empeñó en demostrar que los viajes son una experiencia de aprendizaje de extraordinaria potencia formativa y decidió, alentada por el sueño entusiasta de de sus chicos, a realizar una tarea imposible: viajar con las niñas y niños a conocer el mar. Ni siquiera buena parte de las madres y padres de las niñas y niños lo conocen. Era una responsabilidad tremenda. Luz Marina desplegó una energía huracanada, no se arredró ante las negativas y las indiferencias, y obtuvo apoyos decisivos e inesperados de gente que no la conocía, como una fundación de mujeres en San Andrés que les facilitó el hospedaje en la isla y logró que no tuviesen que pagar el impuesto de entrada. Llevaron en sus equipajes, para preparar con sus propias manos, los mercados que allegaron las familias. Y por encima de la incredulidad de casi todos pudieron viajar, llorar de júbilo ante el espectáculo sobrecogedor del mar Caribe, y regresar sanos y salvos de la más audaz y hermosa aventura acometida en sus breves vidas.

 

Pedro, el rector de la Institución Educativa Cartagena, ha logrado abrir canales de comunicación y cooperación con diversos actores locales en beneficio de su estudiantado. Los niños y los jóvenes han podido viajar y conocer el modo de vida urbano en sectores socioeconómicos diferentes a los de sus veredas, y jóvenes de la capital han venido por temporadas a vivir en Laguna Verde. Para los dos grupos la experiencia ha sido transformadora. Dos mundos que se ignoran: el urbano y el rural, y dos universos distanciados por la economía, pudieron saludarse y conocerse. También la Universidad del Rosario se vinculó a la experimentación y los jóvenes de la vereda tuvieron la oportunidad de tomar un curso intensivo de emprendimiento, junto a jóvenes de primeros semestres de diversas universidades de Bogotá. Algunas de las jóvenes que viajaron desde la vereda regresaron con una determinación invencible: estudiar, estudiar, estudiar, como forma de traspasar los encierros que limitan de modo inexorable los porvenires posibles. No es un cambio de actitud banal, más cuando acontece en un medio en el que el conocimiento es contemplado como algo no práctico, ni útil, además de aburrido.

 

Hace dos meses Manuela, con Diana y Alejandro, padres de la niña Ainoa, e integrantes del proyecto Ecocirco, ubicado en la vereda Cayunda, realizaron un taller de pintura con los niños de la escuela y elaboraron un bello mural en la pared frontal de la escuela.

 

Las profesoras Luz Marina y Francy vienen periódicamente con sus estudiantes a Riohaché Payko, llevan libros de la biblioteca, realizan para ello una caminata que les permite, además, recuperar el bellísimo entorno natural como senda de aprendizajes no formales.

 

La Minga nos enseña a todas y a todos que cuando brota la cooperación es posible hacer mucho con poco. Cuando aprendemos a brindar sin esperar nada a cambio. Para decirlo con Martí: el deber ha de cumplirse sencilla y naturalmente. Está germinando, como ya está dicho, una (re)evolución cultural antes que política, se está dando desde abajo, como movimiento social antes que político. Es mejor conversar con el azadón en la mano que participar en las interminables discusiones urbanas en las que rivalizan los egos y las doctrinas y cada uno vuelve a casa sin llevar consigo, por lo menos, el goce de ayudar donde se precisa, sin el placer de producir de modo conjunto, sin al menos haber sembrado una lechuga o un arbolito.


Mientras comenzamos la labor con el corte de las guaduas, Manuela y Anna convocan, junto a las profes y los niños, al arreglo de la huerta. Acuden entusiastas, incluida la pequeña y brillante Ruth, hija de la profesora Luz Marina. Arnulfo y Leo se vinculan a la labor con los niños en la huerta.

 

Hay una evolución espiritual que es más decisiva en los escenarios formativos que todos los doctorados del mundo. Para nuestro infortunio, una parte no despreciable de la academia se precipitó en el juego de apariencias de los estudios y escritos para ascender en los escalafones y las tablas de ingresos. No se estudia porque se ama el oficio sino para ubicarse mejor en el escenario de los puntajes que miden los rangos salariales y la posibilidad de adquirir mejores autos. No se escribe sobre lo que se comprende y lo que se aporta al vivir mejor sino para sumar puntos, o incrementar ingresos en el marco de la feroz competencia en la que no se repara en medios, con tal de obtener fines. La lógica del capital ha permeado la vida académica y las consecuencias son pavorosas.

 

Junto a la huerta de la escuela hay una estructura de tanques y tubos que sirve para purificar el agua que baja de la montaña y toman los niños. Fue instalada en tiempos de la anterior gobernación. Cuando la instalaron, se fueron y nunca explicaron cómo funcionaba. Al mes volvieron a tomarse una foto junto a la planta de tratamiento, y volvieron a irse sin capacitar a los funcionarios del colegio en su manejo. Aún no ha sido posible poner en funcionamiento la planta y los niños toman el agua sin tratar.

 

Este tipo de actuaciones no son excepcionales en los asuntos públicos. Falta el amor. Están ausentes las moléculas de amor indispensables para desatar dinámica de perfeccionamiento en las comunidades. Contratan para girar presupuestos a las personas o entidades aliadas que antes o después remuneran a quien les contrató. Lo importante es figurar, lo importante es la foto que demuestra que se montó la estructura y que permite cobrar. No importa si quedó funcionando o no.

 

Nuestra caminata por Riohache conversando nos condujo hasta Trinitaria, y los visitantes se asombran ante la sencilla y hermosa estructura de guadua en la que ahora laboran los mingueros. Les proponemos compartir algo del alimento que cada uno de los participantes de la minga ha traído y expresan su malestar por no haber contemplado traer algo para compartir.

 

En ese momento Facundo nos dice que si le facilitamos unos huevos, un poco de sal y de harina él puede enseñar a hacer la pasta, los tallarines. El pequeño Tzie y Arnulfo se entusiasman con la propuesta y acomodamos una mesa para realizar el taller inesperado. Entre Fausto y Arnulfo se genera una empatía por la edad, el humor y el saber que comparten sobre especies vegetales alimenticias. Al taller se vincula como observadora la pequeña Jadeina. La prisa del regreso desaparece y el grupo se reúne en torno al aprendizaje. El ánimo de Fausto varía, le alegra la compañía y el reconocimiento que genera su enseñanza. Con la ayuda de Arnulfo deciden ir hasta la preparación de la pasta, revelando los secretos para que los tallarines queden al dente, finalizando su cocción con una salsa maravillosa elaborada con los frutos de la huerta que Arnulfo cosecha en unos instantes. Fausto ignoraba que actúa muy bien como maestro. Hoy la minga ha devenido en espacio de aprendizaje intergeneracional. Los saberes son bienes comunes que no desaparecen al compartirse. El que los transmite no se despoja de ellos al compartirlos. En este caso son saberes para vivir mejor. El Buen Vivir lo llaman en el sur los Aymaras. Los bienes comunes circulan recreando, sirviendo a otros saberes. Estos espacios no se organizan con la lógica del capital. Se organizan desde abajo, con cooperación horizontal. Sin jefes, ni controladores. No circulan con las reglas del capital: tanto tiempo, tantos títulos, a tanto la hora, cada uno paga tanto. Y generan otros sentimientos: fraternizan, dan sentido a la existencia, el otro aparece como alguien que hace más grata la vida. No como un competidor que debes acabar antes que te acabe.

 

Recuerdo, al terminar de escribir estas notas, las mingas en las que algunas de las mujeres nos han enseñado –a algunos de los hombres– la dureza que tiene y lo normalizado que permanece el patriarcalismo; o los niños y las niñas han enseñado a los adultos un poco de la sensibilidad, el juego creador, la ternura y el aprender a valorar lo que vale, y no valorar lo que no vale, que tanta falta nos hace. Recuerdo los aprendizajes, de la mano de Casilda Rodrigañez, que nos ha revelado el engaño de hacernos creer que el egoísmo y la competencia son parte de la esencia humana; que ha desnudado los efectos tremendos de la represión temprana de los deseos de amar y ser amados. El mismo patriarcalismo que ha condenado la libertad sexual de la mujer y que denunció y enfrentó, en la escritura y en su vida, Alexandra Kollontay. La confusión entre amar y poseer, entre amar y dominar, que tanto sufrimiento y violencia engendra. Son parte de una cultura y de una economía que se derrumba sin remedio por su incapacidad manifiesta de acompañar y preservar la vida, por su incapacidad absoluta de abrir cauce al caudal creador de la humanidad, que ya no cabe en los rígidos y estrechos marcos y represas establecidas por la lógica del capital, y su escasez artificial instaurada. 

 

Educación y comunicación popular y campesina

A 21 kilómetros de Bogotá, en uno de los 116 municipios de Cundinamarca, se encuentra Madrid en el occidente de una sabana que ahora todo tipo de construcciones la van cubriendo. Allí, en la zona rural, se ha instalado desde hace tres años la Asociación Herrera, un colectivo de mujeres integrada principalmente por extrabajadoras de las flores, sus hijos e hijas.

En sus inicios, hace ocho años ya, fueron las más jóvenes quienes empezaron a reunirse, alrededor de procesos organizativos que las conectaran con el arte, los derechos laborales, de género, la soberanía alimentaria. Con estas inquietudes iniciaron una labor que las fue vinculando, o más bien entrelazando, con otras organizaciones que comparten esa intencionalidad de buscar formas distintas de producir, crear y formar.

En la actualidad ya cuentan con varios proyectos, como el llamado “campo en economía solidaria y agroecológica”, pensado como proyecto auto-sostenible y hasta el momento, totalmente auto-gestionado, porque no cuentan con el patrocinio de ninguna otra organización o institución. Ellas siembran en su propia huerta flores orgánicas, y venden las cosechas: también cuentan con una modesta papelería, en respuesta a una necesidad de la zona, y un restaurante dominical llamado Amaranto y Canela, donde ofrecen comida orgánica, vegetaría y también tradicional.

Cuentan, asimismo, con el proyecto “campo en educación y comunicación popular”, en el que imparten la primaria y el bachillerato popular para la población campesina.

“En la vereda no hay otro lugar donde hacer el bachillerato –nos dice una de las madres estudiantes, que además puede asistir a clases con su pequeño niño de unos seis años, pues no tiene con quien dejarlo–, eso sí –enfatiza– las profes tienen métodos diferentes para enseñar, no hay la presión que se padece en los colegios, pero sí debemos ser muy responsables, agrega.
En la animada charla que va tomando forma a partir de las preguntas que les vamos presentando para comprender el cómo y el por qué de este espacio de vida colectiva, otras lenguas se van desentumeciendo: “Es buscar que la vida esté en la educación y la educación en la vida como una sola cosa”, así define la visión del proyecto la profesora que dicta español a los ocho estudiantes adultos que asisten animosamente al aula. Las clases son integrales y con un mismo proyecto, en este caso la realización de un plato típico de una región colombiana; cada grupo investiga, describe, realiza un plegable con la información de ingredientes, cantidades, cualidades alimenticias y exposición teórica ante los demás compañeros. Según explicaron, usan un mismo proyecto, incluso para matemáticas, donde trabajan cantidades y regla de tres para determinar las porciones.

El bachillerato está validado ya que trabajan en convenio con una organización ubicada en la localidad de Bosa, una organización llamada red de bachilleratos populares y campesinos. La Asociación Herrera también hace parte de la Red de mujeres de la Sabana y de la red de de Raíces de la Sabana; en ambos casos la labor fundamental es crear esperanza y resistir con alternativas a las falencias del presente.

En la sede actual funcionan dos bachilleratos y un proceso de alfabetización con los y las trabajadoras de las flores, proyecto que sueñan con abrirlo también en La Sabana de occidente, formar docentes en educación popular y comunitaria, para replicar esta forma de educar, de acuerdo a la realidad y necesidades de la comunidad.

La integralidad de los proyectos involucra a los estudiantes en el proceso de sembradío y elaboración de los alimentos: los días jueves realizan una minga, o reunión comunitaria, donde todos participan en la siembra y preparación de la comida. También han ofrecido cursos diversos como economía solidaria, en un convenio con la Universidad Javeriana, uno de tecnologías, de teatro, de artes y oficios, y todos los que involucren adquirir nuevas habilidades para los estudiantes.

Así, la Asociación Herrera busca integrar educación y expresión, escuchar los relatos de vida como, coherentemente expresa Gisela Lara –una de las gestoras de la sede– intentando consolidar acciones. En ese escuchar, después de muchas reflexiones sobre el territorio y la situación de la población rural, fue lo que las llevó a trasladarse más cerca de los trabajadores, para entender cómo está configurado el campesinado de La Sabana, que aunque muy cerca de Bogotá igualmente permanece muy invisible para los citadinos.

Entre educación, compartir de saberes, proyectos económicos, superación de necesidades, complementariedad entre jóvenes y adultos, entre mujeres y hombres, retomando tradiciones y costumbres, van protegiendo el territorio, comprendiéndolo, encontrando cada día que en el campo sí hay esperanza y posibilidades de vida, muchas más que las ofertadas por la deslumbrante urbe, que precisamente es eso: un centelleo de luces que enceguece, predispone para la colaboración, haciendo de unos y otros enemigos, cuando lo que debiéramos ser es todo lo contrario, entretejiendo con nuestra manos solidarias el soporte para una vida otra en donde la acumulación individual deja de ser el centro del constante y diario esfuerzo con el cual los negados de siempre intentamos superar la no vida que nos ha tocado como modelo de vida, como centro de aquello que nos dicen es el desarrollo. l

Lunes, 25 Septiembre 2017 11:14

Nadezhda Kurpskaya: pedagoga y comunista

Nadezhda Kurpskaya: pedagoga y comunista

Brilló con luz propia, pese a lo cual es conocida y recordada como “la mujer de Lenin”, relegada así a una posición subordinada que invisibiliza sus logros durante la revolución rusa. Nadezhda Kurpskaya, se forjó un lugar entre la izquierda de su país como conspiradora, organizadora, dirigente y pedagoga. Aquí una semblanza de su obra.

 

El alma de la organización y de las redes conspirativas y clandestinas que desde Europa tomaron forma e hicieron posible que la propaganda sobre la necesidad de la revolución circulara por buena parte de Rusia, fue Nadezhda Krupskaya, quien se ganó las desavenencias de diversidad de emigrados rusos por mantener los hilos de esas redes además de ser la secretaria de prensa bolchevique. Animadversión que en realidad, para muchos, tenía como real alicente el ferreo control que le dio a la lista de colaboradores económicos que facilitaron que gran parte de la propaganda tomara cuerpo efectivo.

 

Estos logros la convirtieron en una de las revolucionarias europeas y rusas más capaces en la técnica de la conspiración, clandestinidad, elaboración y difusión de propaganda clandestina, como cuando organizó la logística conspirativa para que Lenin lograra huir a Finlandia en 1917.

 

También ganó realce por la organización de la Comisión para la Ayuda de los presos políticos rusos.

 

Escritora y pedagoga

 

Nadezhda, profesora de primaria como profesión, nació el 14 de febrero de 1869 en San Petersburgo y murió en Moscú en 1936. “La mujer trabajadora”, su primera obra, tuvo bastante éxito por su contenido pedagógico; desde sus inicios como militante organizó y educó obreros en escuelas nocturnas de alfabetización, algo parecido a lo que hoy se llama educación popular.

 

Sus escritos están recogidos en 84 tomos, una parte de los cuales son su prolífica correspondencia; los demás versan sobre educación en sus diversos matices. Escribió sobre la importancia de las bibliotecas y su organización, sobre los currículos, la organización de las escuelas, la formación de los docentes, la educación para adultos, la educación continuada, las campañas para la eliminación del analfabetismo, sobre la formación de niños y niñas.

 

Es considerada, junto con otras comunistas, como la fundadora de la pedagogía comunista –o marxista-leninista–, y teórica de esa pedagogía. Fue la impulsora de lo que se llamó la autoeducación u auto-orientación en educación.

 

Sobre estos temas, sus tesis parten de sostener que la educación en Rusia debía ser completa o gratuita, universal y sin discriminaciones, para impulsar las libertades civiles y la tolerancia. Consideró que las instituciones educativas no deberían tener el control del Estado central sino solo de los gobiernos locales, por lo cual no debería existir plan nacional de educación sino planes locales, a partir de los problemas concretos de la producción y de la vida social de las comunidades.

 

Impulsó la constitución de los soviets educativos locales, compuestos por la comunidad educativa de los docentes y sus sindicatos. Mejor dicho, órganos de poder en la educación que dieran fuerza y realidad a las tareas de la enseñanza. Propuso cinco grados para primaria y once para la secundaria nocturna, diseñada para obreros campesinos y trabajadores.

 

Decía que para los obreros deberían construirse escuelas unificadas y continuadas en los diferentes grados, para ser abordados en pocos años; tipo de enseñanza que hoy es conocida como educación por ciclos.

 

De acuerdo a su visión, dividió la primaria en inferior y superior; a las escuelas secundarias –de carácter cultural– con énfasis en el idioma ruso o de las nacionalidades. Enfatizó en la conformación de escuelas para estudios técnicos; y propuso prohibir la especialización en los saberes antes de los 16 años.
El núcleo de su propuesta educativa se llamó educación politécnica: la relación entre la teoría y la práctica entre las diferentes ramas de la producción, el trabajo manual y la técnica.

 

Para el desarrollo de estas propuestas, los docentes eran preparados con una visión amplia de la pedagogía y con un acercamiento amplio a las experiencias nacionales y extranjeras.

 

Según Kruspkaya, la educación en general y la politécnica en particular debían partir del principio filosófico de que primero el estudiante siente las emociones, después razona –y logra consciencia– y después aplica dando lugar a hábitos sociales. Es decir, sentir, pensar y actuar. Sus críticos, así como los historiadores de la educación, distorsionaron su enfoque diciendo que para ella lo central era el instinto, pero es claro que una cosa es el instinto y otra el sentir.
Es decir, tres criterios para la “educación social”: 1. los instintos sociales, 2. la conciencia social y, 3. los hábitos sociales.

 

Entre el ideal y la realidad

 

En 1920, después de duros debates, Lenin no aceptó la propuesta de reforma educativa de Kruspkaya y de otros pedagogos, argumentando que en las condiciones políticas, económicas, militares y culturales del momento la centralización estatal de la educación era prioritaria, y a cambio de aplicar el politécnico orientó la preparación acelerada de técnicos con métodos tradicionales para garantizar la reactivación económica. Luego de duros debates Nadezhda aceptó la centralización de la educación por parte del poder central, y también las purgas a los textos y profesores que no aplicaron las orientaciones oficiales. Consideró importante procesar la experiencia de la educación zarista.

 

Debe tenerse en cuenta que al momento de estos virajes Rusia estaba sometida a una dura guerra civil, al “comunismo de guerra” y a la implementación de la NEP (Nueva Política Económica). La educación politécnica, de la cual Lenin también fue defensor, se aplicó durante la “era de Stalin”, del cual Krupskaya fue una de sus asesoras en educación.

 

Cuando vivió en Europa exiliada, Nadhiezda Krupskaya conoció y estudió sobre las bibliotecas de los diferentes países, habló con profesores, visitó escuelas, profundizó sobre las teorías de avanzada en educación y pudo hacer un análisis crítico de esas experiencias, formulando con todo ello una posición científica, con profundo calado marxista, en educación, elaboración que logró sistematizar en su trabajo “Educación pública y democracia”.

 

En honor a su obra, es importante recordar que con sus métodos y planes de estudio, entre 1920-1940, más de 60 millones de adultos aprendieron a leer y escribir en las escuelas primarias, muchos millones de los cuales también participaron de la red de bibliotecas públicas.

 


 

Referencias:
Krupskaya Nadezhda, La educación de la juventud.
Krupskaya N, La educación comunista.
Krupskaya N, “A cerca de la escuela y la educación politécnica”.

 

A cien años de la revolución de octubre vale la pena una mirada a su concepción y practica comunista en la pedagogía soviética, preguntándonos por cuáles de sus ideas pueden hoy ser tenidas en cuenta y cuáles no, en la perspectiva de una nueva educación para una nueva sociedad. (esto no lo incluí pues lo pretendido no se aborda de manera amplia en el escrito, lo que no permite contrastar ni sacar tales conclusiones por parte de quien lea el artículo)

Publicado enEdición Nº239
Martes, 05 Septiembre 2017 18:18

Economía popular desdeabajo

Economía popular desdeabajo

¿Qué tienen en común una recicladora, un taxista, un vendedor de San Andresito o un ambulante? La respuesta es que todos realizan actividades que se inscriben en la economía popular. Todos son “rebuscadores”, trabajadores que le entregan su vida a la sociedad, suministrándole bienes y servicios básicos, pero que a pesar de ello, no son reconocidos ni reciben un mínimo de derechos sociales. ¿Qué se entiende por economía popular?, ésta es la cuestión central que se plantea en el presente libro.

 

Edición 2017. Formato: 

P.V.P.: $ 35.000, USD $ 12, ISBN: 978-958-8926-50-6

 

Sábado, 02 Septiembre 2017 09:43

Entepola

Entepola

“Yo llegué acá por casualidad, soy vecino del sector y viendo este Entepola me parece muy bueno que hayan hecho este tipo de eventos en estos barrios porque por acá hacen falta muchas cosas así... Lástima que la gente no sepa o no valore estas actividades porque le hace un beneficio a toda la comunidad”.

 

Con estas palabras, uno de los habitantes del barrio Lourdes, en el centro-oriente de Bogotá, da su opinión en el “Foro Resistencias Latinoamericanas desde el Arte y la Cultura Popular” donde diferentes agrupaciones artísticas, pedagógicas y culturales de Bogotá, Colombia y de América Latina se dieron cita para reconocerse y realizar un intercambio de aprendizajes entre artistas y comunidad.

 

Este foro fue, en palabras de uno de los organizadores, “una semilla para posibilitar un espacio donde se permita reflexionar alrededor del quehacer del arte y la cultura popular en resistencia que hay en todo el continente”.

 

La primera vez que conocí y participé en el Entepola fue en agosto de 2015, el festival se llevó a cabo durante una semana en el barrio Juan Rey y sus alrededores de la localidad de San Cristóbal, al suroriente de la ciudad. Hoy, creo que la magia de este festival es el encuentro que va caminando año tras año por las periferias urbanas de Bogotá.

 

Un evento para reactivar la solidaridad de los pueblos

 

El Encuentro de Arte y Cultura Popular Latinoamericano nace a finales de la dictadura militar en chile hacia 1987. Por esta época en Latinoamérica irradiaba la idea del arte popular como elemento para transformar la realidad; el despliegue de esto fue tal que hoy en día se encuentra en Perú, Venezuela, México, Ecuador y otros países; es necesario decir que no todos los encuentros son autogestionados e itinerantes como el de Colombia.

 

En 2017, Entepola cumple 15 años de itinerancia en Colombia, aniversario celebrado “Desde el corazón de Bakatá” en la localidad tercera de Santa Fe. El festival se realizó en la semana del 6 al 13 de agosto, en los históricos barrios de Girardot, Las Cruces, Lourdes, Egipto y Belén, que configuraron a principios de 1900, las periferias urbanas del sur que las élites cachacas optaron por dejar a la deriva de las gentes que llegaban víctimas de la violencia económica del campo, mientras organizaban Chapinero y Teusaquillo al estilo inglés y francés.

 

Décadas más adelante, el alcalde bogotano Jorge Eliécer Gaitán nacido en Las Cruces, construiría teatros, centros comunitarios, acueductos y lavaderos colectivos en Lourdes y los territorios donde habitaban las muchedumbres que vengarían su muerte, ebrios de históricos olvidos e irrumpiendo en la ciudad formal para cambiar el rumbo de la historia nacional.

 

Este festival se toma territorios construidos por la gente obrera, desplazada, despojada y marginada del orden urbano rolo, también construye historias desde el 2002, siglo que es atravesado por la globalización cultural, la gentrificación urbana, los POT, el plan centro, las ollas de microtráfico y ONGs que se han ido enquistando en las periferias de nuestra Bakatá.

 

Por este motivo, y como homenaje al trabajo autogestionado de colectivos, artistas y comunidades articulados por la solidaridad, fui a entrevistar a algunas de las personas que han realizado durante cada año más de 9 asambleas preparatorias, en las cuales deciden adelantar por una semana, todo un festival de arte y cultura con invitados de toda América Latina en algún sector popular de la ciudad como Bosa, Engativá, Fontibón, Suba, San Cristóbal, Usme, Ciudad Bolívar, Codito, Danubio, Nuevo Chile, Lourdes, Juan Rey, etc. Y lo más importante “Sin dinero, ni politiquería. Sólo la solidaridad, el trueque y el apoyo de los vecinos”.

 

Todo el festival es organizado sin apoyos económicos de instituciones de ningún tipo. Diez comisiones hacen realidad este encuentro internacional que trabajan desde meses antes con las comunidades que deciden hospedar el evento. No es una tarea fácil. Toca ir puerta a puerta, abriendo puertas tejiendo redes de apoyo con los vecinos para suplir no sólo aspectos técnicos como sonidos, carpas, consolas, micrófonos, transporte, etc., sino garantizar la salud, el alimento, la dormida y demás aspectos comunitarios que van más allá del arte.

 

¿Cómo poder hacer un evento de esta magnitud donde en vez de dinero existen trueques, donaciones y solidaridad pura y dura de los mismos barrios populares? ¿Cómo construir escenarios para que habiten el teatro, la danza, el circo, la música, además de talleres, foros, murales y demás formas de intercambiar culturas a nivel latinoamericano con compañías, artistas, habitantes, colegios, universidades y gestores populares?

 

El trabajo por comisiones

 

Organización horizontal que gestiona todo lo necesario para este festival “Porque la gente es muy escéptica. No cree. Piensa que uno tiene unos intereses políticos. Pero ya cuando ven a los chicos tres meses antes construyendo el festival con la comunidad, no solo pidiendo por ejemplo donaciones, préstamos, en fin; sino adecuando los espacios, para el festival, con presentaciones artísticas mucho antes de que inicie, entonces la gente sí comienza a integrarse y a decir: bueno estos chinos sí están haciendo algo por lo menos por el barrio”.

 

Estas 10 comisiones contaron cómo realizan su trabajo siendo ‘Entepoleros’, donde se organizan en tres ejes principales: Autogestión, Comunidad y Arte. Forjando así un sujeto colectivo, que evita personalismos innecesarios e invita a escuchar la unión de las voces que hace este encuentro posible.

 

“Nos organizamos con los principios ‘Entepoleros’ que se basan sobre todo en [...] la construcción de afectos y lazos, el reconocimiento de la comunidad. Así se llega al territorio con Entepola, para darle voz al que no se le ha dado voz, y ¿qué se trae? Pues ya toda una memoria y una historia de un evento internacional que logra movilizar a mucha gente y generar muchas redes de intercambios y de rupturas del tiempo ¿no?, de vivir otra temporalidad. Romper la cotidianidad, porque en la gente esto no hace parte de su día a día”.

 

“Hay comisiones que tienen un perfil y una labor específica en función de las necesidades de la semana del encuentro. Pero que también atienden a necesidades propias de la comunidad como lo son el transporte, la vivienda, la alimentación y la economía. Eso tiene que ver con el eje de Autonomía [...]. Responde a elementos de identidad también del territorio. Aquí (entre el barrio Lourdes y el Girardot) descubrimos el Carnaval de la Alegría que unió muchos actores del territorio y que la comparsa inaugural de estos 15 años vino a revivir este elemento de unión”. De eso se trata el Entepola, de diseñar estrategias según los territorios para no necesitar más que la unidad de la vecindad para traer espectáculos de calidad para la gente, además de ir sembrando posibilidades reales al modelo económico y cultural que diseñan en países totalmente ajenos a la realidad de los barrios populares de Latinoamérica.

 

Eje de autogestión para garantizar el evento

 

La primera comisión, y una de las más importantes para el desarrollo del evento es Alimentación encargada de “Suplir el alimento durante los días de festival para todos los artistas. En promedio estamos sirviendo de 100 a 150 platos de desayuno, almuerzo y comida durante los 8 días, ahí se hace el cálculo de cuántos platos servimos en todo el festival”.

 

La comida la consiguen principalmente en la central de Abastos junto a la comisión de Donaciones que también va puerta a puerta del mismo barrio contando acerca del Entepola y acudiendo a colegios, familias, Juntas de Acción Comunal y demás espacios claves del territorio solicitando alimentos no perecederos para los artistas invitados. “La comunidad se involucra con su fuerza de trabajo, vienen las abuelitas a picar, los abuelos, las mamás [...] este es un espacio que recuperamos, era un garaje lleno de cosas y entonces hicimos una minga, lo recuperamos y lo volvimos cocina, esa relación con la comunidad es mucho más chévere que con una institución que le toca a uno pedir cartas y hacer una mano de permisos y una mano de trabas, en cambio la comunidad colabora sin necesidad de tantas trabas [...] otra de las cosas bonitas del Entepola es eso, que se hagan esos lazos comunitarios, que realmente permiten que las cosas funcionen mucho mejor que con las instituciones. Y bueno es una comisión muy bonita, muy ardua, de mucho trabajo pero muy bacana”.

 

La mayoría de artistas que vienen de América Latina y de otras ciudades de Colombia tienen garantizado el hospedaje gracias a la comisión de Vivienda encargada de conseguir cuartos, casas, colchonetas y cobijas, para la acogida de artistas y organizadores. “En la comisión de vivienda estamos alojando cerca de 200 personas en este festival [...] Este año hay 3 casas. Una es el salón comunal de Lourdes, otro es una casa que una vecina nos prestó que estaba desocupada y la otra es un apartamento que nos prestó otra vecina en un edificio donde también tenemos el comedor [...] Las cobijas y las colchonetas las conseguimos comunitariamente haciendo puerta a puerta. Son ellos, la misma comunidad la que nos brinda día tras día los elementos que podamos necesitar, son los plomeros de la comunidad los que nos ayudan a instalar las duchas, los obreros nos ayudan a gestionar los arreglos de las casas, electricidad, bombillos, etc.”.

 

Algunos de los vecinos del barrio Girardot se ofrecieron con su tiempo y recursos para llevar, dejar y traer todo lo necesario para el festival. Estas labores hacen parte de la comisión de Transporte que es la única que recurre al dinero (igualmente a través de la autogestión como rifas, eventos y ventas) para pagar la gasolina que es lo único que nadie truequea.

 

Eje comunidad para consolidar el evento

 

Una de las comisiones que conforma este eje es la de Comunicaciones “que tiene que ver con esos canales rotos impresionantes”. También “[...] se encarga de la difusión del festival [...], para que la comunidad lo conozca se apropie y participe de las obras y de las diferentes comisiones. [...] también es traer lo popular a ese tipo de experiencias comunicativas, no sólo se usan las redes sociales, sino también el ‘voz a voz’, el perifoneo en las Juntas de Acción Comunal, las radios comunitarias, se pasa ‘saloniando’ por los colegios para contarle a los chicos qué es el Entepola, cuáles son sus principios: la autogestión, la no politiquería. Para rescatar esas otras formas comunicativas desde lo barrial, desde lo popular y hacer crecer el festival, que las cosas fluyan y que la gente nos conozca”. Se encarga de tener una estrecha relación con el territorio, con sus gestores locales, con sus dinámicas y canales de comunicación con el festival.

 

Para que el festival sea saludable, seguro y cobijado por la misma comunidad, existe la comisión de Cuidado que “[...] Se encarga de velar por el bienestar colectivo e individual. Temas como la salud (cambios de altura, tratamos de contar tanto con medicamentos como con plantas ancestrales), tener planes de contingencia, rutas seguras, botiquines y reacción ante cualquier emergencia, son organizados por un método de ‘apadrinar’ los artistas invitados por parte de la comunidad. En este festival tenemos de 100 a 150 padrinos que van desde niños hasta los adultos mayores” .


“La estrategia del apadrinamiento ha funcionado buscando personas de la localidad, comunidades de adultos mayores, de los niños, también de los colegios que puedan colaborarnos [...] buscamos otras estrategias de cuidado como por ejemplo el autocuidado, les brindamos unas recomendaciones a los artistas que vienen de otros países para que tengan rutas seguras y puedan hacer sus diligencias sin exponerse”.

 

Todos los temas que se trataron en el foro fueron programados por la comisión Académica que se encarga de pensarse pedagógicamente los principios y horizontes del arte y la cultura en el contexto del barrio popular. “[...] es esta apuesta política donde el poder no está en el discurso, en la mente y en las ideas [...], sino está es en las manos, en el quehacer [...] y el Entepola es la suma de esas manos que hacen. Entonces, claro: Empodera la comunidad [...] pensarse ese proceso de empoderamiento es lo que hace esta la comisión”.

 

Arte como eje fundamental

 

El fundamento de todo este festival y el centro en torno al cual gira todo este despliegue organizativo es el arte popular. Este eje se encarga de programar, montar y garantizar todo el escenario para los artistas y sus funciones. Por ejemplo, la comisión Técnica y logística es la encargada “de atender las necesidades de los artistas en el mismo escenario, nosotros tenemos que estar muy pendientes de esa parte, como del sonido, las puestas en escena, saber qué necesitan, cuidar el lugar, los equipos. Además de gestionar con la comunidad previamente los equipos y escenarios necesarios para el festival”.

 

En trabajo mancomunado, la comisión de Programación se encarga de la comunicación con los artistas, la convocatoria, organización de las presentaciones y también abrir espacios para los artistas locales; además preparan con las otras comisiones la cantidad de invitados con bases de datos que van creciendo con los años por el ‘voz a voz’ a nivel latinoamericano.

 

“El festival es autogestionado y realizado por jóvenes universitarios que le apuestan a una forma diferente de mundo que se da por medio de la autogestión y el trueque. No tiene nada que ver con las instituciones ni politiquería, ni nada de eso [...] Los artistas no llegan al hotel cinco estrellas ni nada, ellos están aquí con la comunidad. Es importante generar esa conciencia en los artistas cuando vienen, aunque la mayoría hace parte de procesos populares y ya conocen”.

 

La comisión de Sub-Sedes es una apuesta para que el festival logre tejer redes artísticas en los territorios de Bakatá, además de la itinerancia anual. Es la que realiza articulación con otros barrios aledaños, con universidades (generalmente públicas), para llevar el festival a otro nivel de acción.

 

En este sentido, el Entepola es una apuesta real de un nuevo mundo, un trabajo de mucho pueblo movilizándose por el arte y la cultura desde los barrios. Sin temer a la escasez cuando se tiene el tejido social. Una construcción de nuevas lógicas, de diálogos, de entender a las comunidades y vivir las dificultades que configuran su día a día.

 

* Gestor barrial -Colectivo Olla Artística Tiguaque.

Publicado enEdición Nº238
La afición del St. Pauli durante un reciente encuentro.- REUTERS

 

Ante la creciente gentrificación del fútbol surgen voces que reivindican sus orígenes y la necesidad de repensar el negocio.

 

MADRID / JUAN LOSA @jotalosa


Son tiempos difíciles para pensar otro fútbol. Las trifulcas protagonizadas por padres y madres de alevines no invitan al optimismo. Tampoco el rostro complacido y esmerilado de Cristiano Ronaldo mientras la megafonía del avión dice aquello de: “Bienvenidos al aeropuerto Cristiano Ronaldo de Madeira”. Dos extremos de una misma cuerda; una competitividad mal entendida que desemboca en una suerte de megalomanía desquiciante y desquiciada.

Afortunadamente hay clubes que se apean de esa lógica capitalista incapaz de salir del binomio éxito-fracaso. Da fe de ello el historiador catalán Carles Viñas, quien, junto al abogado laboralista Natxo Parra, acaba de publicar St. Pauli. Otro fútbol es posible (Capitán Swing). Retrato de un equipo que, pese a contar con un palmarés más bien exiguo, dispone de 11 millones de seguidores en Alemania y más de 500 peñas repartidas por toda Europa, media docena de ellas en España.

“Se está produciendo un desplazamiento de fidelidades fruto de que muchos aficionados no están de acuerdo con el modo en que sus clubes gestionan su vinculación con el capitalismo. Quizá por ello buscan referentes que les devuelvan a la esencia, o a lo que ellos creen que debe ser la esencia del fútbol”, explica Viñas. Una esencia que poco o nada tiene que ver con rebautizar un estadio con el nombre de un conglomerado financiero chino o con el progresivo encarecimiento de las entradas.

Una de las derivadas de esto, como apunta Viñas, es “el repunte de las categorías inferiores”, un fútbol de raigambre con el que resulta mucho más sencillo identificarse. En otras palabras; frente a la gentrificación balompédica con el selfie por bandera, bocadillo de tortilla, bufanda y pipas. Testigo de facto de esa transición del barro a las cámaras aéreas es Ángel Cappa, asistente de entrenadores como Menotti o Valdano y autor junto a su hija de También nos roban el fútbol (Akal, 2016). “Los clubes luchan para que la gente sea cliente, ya no buscan hinchas, y esto lo cambia todo. Se lo han cargado, no interesa ese fútbol que pertenecía a la clase obrera, esa fiesta que los pueblos se daban a sí mismos”, explica el argentino.

Así las cosas, y citando a Menotti, nos encontramos con dos perfiles bien diferenciados. El público, que se compenetra con el juego, lo analiza y entra en un diálogo con lo que acontece, y el espectador, que se limita a disfrutar o no con lo que sucede en la cancha. “Si voy a la ópera —contaba el que fuera seleccionador argentino— soy un mero espectador, pero si voy al fútbol, no cabe duda de que seré público”.

 

El empoderamiento de la afición


No pinta bien. Preservar el fútbol como acontecimiento sociocultural frente a la vorágine comercial parece que exige ir contra natura. Si las víctimas de la gentrificación se justifican en aras de una suerte de regeneración urbana, la seguridad en el fútbol sirvió de pretexto para convertirlo en un espectáculo aséptico, cuyos protagonistas son ajenos a la barriada aledaña al estadio. Cambió el consumo de fútbol y de ahí la importancia de la experiencia del St. Pauli, “la aldea gala del fútbol”, como la define Carles Viñas. “El empoderamiento del club por parte de los aficionados es la única solución a esta deriva”, apunta el historiador, para quien “la preservación de modelos de propiedad de los clubes en manos de aficionados es una forma de revertir esta situación”.

En ese sentido, la legislación alemana acompaña. La ley del 50+1 obliga a que la mayor parte de las acciones del club estén en manos de sus seguidores. Así se consiguen “anomalías” en el mundo del fútbol como que la afición del St. Pauli llegara a vetar que un patrocinador cambiara el nombre de su estadio. Algo impensable en España hasta para la más contestataria de nuestras gradas; la afición del Rayo Vallecano. Dos clubes cuyos hinchas comparten una misma filosofía obrera y un carácter comprometido con causas sociales, pero que, en el caso de los franjirrojos, la capacidad de decisión no alcanza los despachos.

 

 

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Pulso Gobierno vs. Cumbre Agraria: ¿Un solo vencedor?

En Colombia ninguna conquista social se logra sin lucha. Es más, toda conquista social demanda más de un jornada de protesta, pues el Gobierno –mejor, el poder– es experto en dilatar, hacer propaganda, distraer, confundir, dividir y...

 

Para el movimiento social de la ruralidad colombiana, empezado a gestar en medio de estas luchas, y transformado en parte en la Cumbe Agraria, Campesina, étnica y popular (Cacep), no es diferente. A pesar de sus potentes movilizaciones de los últimos tres años, en especial la prolongada entre el 19 de agosto al 12 de septiembre de 2013, y de lo suscrito al momento de levantar todas y cada una de las protestas, ahora le toca salir de nuevo al ruedo.

 

La Cacep, conformada por 13 procesos de la ruralidad, fue reconocida como interlocutora de la política púbica mediante el decreto 870 de 2014, firmado por el entonces ministro del interior Aurelio Iragorri Valencia, quien creó un escenario de negociación denominado Mesa Única Nacional (MUN), conformada por: Ministro del Interior o delegado, Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, Ministerio de Minas y Energía, Ministerio de Hacienda y Crédito Público, Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, y 35 voceros de la Cacep.

 

Esta mesa centró su discusión alrededor de los 8 puntos del pliego de exigencias de la Cacep, Mandatos para el buen vivir: Tierras, territorios colectivos y ordenamiento territorial, Economía propia contra modelo de despojo, Minería, energía y ruralidad, Cultivos de coca, marihuana y amapola, Derechos políticos, Garantías, víctimas y justicia, Derechos sociales, Relación campo-ciudad y, Paz, justicia social y solución política.

 

La mesa fue instalada hace dos años y 10 meses, y pese al paso del tiempo sus avances son pocos. Por ello, luego de los constantes incumplimientos y dilaciones por parte del gobierno nacional, la Cacep rompió la mesa de negociación y convocó en el 2016 a la Minga Nacional Agraria, para levantarla fueron suscritos el 13 de junio los “Acuerdos de Santander de Quilichao”, comprometiendo una vez más al gobierno nacional a cumplir con los compromisos suscritos y ofrecer garantías a la Cacep para seguir conversando y negociando el Pliego de exigencias.

 

Dicen que “al perro no lo capan sino una vez”, pero no es cierto. Por ser así, el 8 de marzo de 2017, por falta de garantías e incumplimientos, vuelve a presentarse un pulso entre la Cacep y el gobierno nacional; esta vez la acción de protesta tomó como centro de su acción el Ministerio del Interior, en pleno centro de Bogotá.

 

¿Acción desesperada? o ¿Rabia condensada?

 

Ante el constante asesinato –suman 150 entre 2016-2017, 30 de ellos en lo corrido del 2017–, persecución y amenaza de líderes y lideresas del movimiento social, el aumento de la presencia paramilitar en varias regiones y el incumplimiento, dilación y falta de seriedad con la Mesa Única Nacional –el gobierno no envía a las sesiones de negociación funcionarios con poder de decisión–, la comisión política de la Cacep decidió declararse en sesión permanente dentro de la sede del Ministerio del Interior, hasta tanto no se hicieran presentes: el Presidente Juan Manuel Santos, Ministro del Interior en su calidad de coordinador de la mesa, Ministro Aurelio Iragorri como cabeza del gabinete de agricultura y desarrollo rural; El Ministro de Hacienda Mauricio Cárdenas; Ministro de Minas y Energía, el Procurador General de la Nación, el Defensor Nacional del Pueblo, Fernando Carrillo Flórez, y el Fiscal General de la Nación Néstor Humberto Martínez. Esta exigencia fue enviada a través de una carta formal que contiene 13 consideraciones, así como 8 exigencias y propuestas.

 

Las consideraciones expuestas tienen que ver con que luego de pasados 2 años y 10 meses desde la creación de la MUN (Decreto 870/2014) no se ha avanzado en los temas gruesos, pues la negociación se centró en temas mínimos de aclimatación en torno a garantías y derechos humanos –incumplidos, como es evidente–, al tiempo que el gobierno impone leyes que van en contravía de los acuerdos alcanzados en la MUN, como las Zidres o el nuevo Código de Policía, entre otras.

 

La Cacep considera que las comunidades rurales no solo han sido víctimas de la guerra, sino que existen experiencias y propuestas desde los territorios que contribuyen a la paz, las mismas que el gobierno nacional niega, desconociendo la posibilidad de su participación en los espacios de diálogo, negociación e implementación que se adelantan con las insurgencias armadas. En lo que respecta a la implementación normativa del Acuerdo Final, la Cacep considera que a través de la vía rápida (Fast track) están imponiendo una serie de modificaciones legales que desconocen las propuestas y exigencias presentadas por las organizaciones rurales, dejando en el vacío el objetivo mismo de la Mesa Única Nacional, medidas que apuntalan una política pública favorable a la agroindustria y el extractivismo.

 

Las exigencias y propuestas presentadas por la Cacep, versan sobre: 1) mecanismos rápidos, ágiles y efectivos para las garantías individuales y colectivas para la vida e integridad de las comunidades, sus líderes y lideresas; 2) Evaluación exhaustiva, con el Presidente y su gabinete, para establecer una agenda de negociación y una ruta eficaz de cumplimiento de los acuerdos; 3) traslado de la MUN de Bogotá a otras regiones del país; 4) debate público de control político sobre el estado de cumplimiento de los acuerdos suscritos; 5) reconocimiento constitucional y legal del campesinado como sujeto de derecho; 6) conocer y participar del proceso de implementación normativa por la vía rápida (Fast track) de los acuerdos entre Farc-Ep y Gobierno y, 7) garantías para participar de forma autónoma, amplia y vinculante, a propósito del proceso de negociación que se adelanta entre el Gobierno y el Ejército de Liberación Nacional.

 

La respuesta inmediata del Ministro del Interior Juan Fernando Cristo, el día 8 de marzo, fue enviar a Luis Ernesto Gómez, su joven viceministro para la participación e Igualdad de derechos, quien pese a su actitud jovial y aparente sencillez (porta corbata y usa tenis), se mostró intransigente y despreciativo ante las propuestas que recibió. En su papel de negociador este funcionario solo reaccionó con amenazas de represión, insistiendo en desalojar el edificio –envió un grupo de la fuerza disponible de la Policía Nacional a la entrada del Ministerio a la espera de la orden de entrar a desalojar–; negó el ingreso de alimentos para las 47 personas que se encontraban dentro del Ministerio, cortó el agua de los baños y afectó la señal de internet, queriendo así imposibilitar la comunicación pública sobre lo que acontecía dentro del recinto. Cabe resaltar que la Defensoría del Pueblo y Naciones Unidas no estuvieron presentes durante toda la jornada, solo acompañaron un par de horas, se retiraron a las 7 de la noche, comprometiendo su palabra que regresarían, lo que no hicieron sino hasta el día siguiente pero por presión de la Cacep y parlamentarios amigos.

 

Negociación de papel

 

A las 5 de la mañana del día 9 de marzo, el ambiente se tensó, fuera del edificio estacionaron 13 motos, un camión y dos camionetas de la Policía Nacional; la orden era desalojar el edificio a las 9 de la mañana. La única persona autorizada para entrar al edificio fue el senador Iván Cepeda –finalmente logran ingresar el senador Alberto Castilla y el representante Alirio Uribe– como garante y enlace directo con el ministro Cristo. Luego de un largo tire y afloje entre las partes se acuerda –en borrador– la cita con el ministro Cristo en su despacho, a la que asistirían 13 representantes de la comisión política de la Cacep. Una vez iniciada la reunión en cuestión los demás miembros de la Comisión allí presentes se retirarían del piso 11 del Ministerio.

 

Arrogancia y cinismo. Antes de confirmar la reunión planteada, Cristo y Santos se reúnen, luego de lo cual el viceministro Luis Ernesto Gómez regresa al piso 11 y le plantea a la Cumbre que para llegar a la reunión con el Ministro del interior debía construirse una agenda para la negociación; la Cumbre insistió en que eso ya estaba en la carta enviada el día anterior, pese a esto la Cacep, en un gesto de buena voluntad accede a construir con el Viceministro una acta y declaración conjunta que contiene 3 puntos:


1. Garantías y protección individuales y colectivas: Se acuerda que el Viceministerio de participación e igualdad de derechos, y la dirección de derechos humanos del Ministerio del Interior, realizarán una evaluación del funcionamiento de la subcomisión de derechos humanos y de las misiones de verificación, entregando un informe sobre la aplicación del protocolo y la adopción de medidas de investigación, prevención y protección de acuerdo al reglamento y actas suscritas en Santander de Quilichao relacionadas con el tema; además que el Ministerio del Interior oficializará el 21 de marzo de 2017 la respuesta al derecho de petición entregado por la comisión de derechos humanos de Cumbre Agraria y que el Gobierno convocará a la Fiscalía General de la Nación para que presente un informe sobre el estado de las investigaciones por violaciones sistemáticas a los derechos humanos, con especial atención de los asesinatos de líderes, lideresas y defensores de derechos humanos. Finalmente, realizar una priorización que brinde garantía y protección individual y colectiva de las comunidades y sus territorios, creando instrumento de reacción inmediata. 

 

2. Mesa Única Nacional, evaluación, seguimiento y cumplimiento: Se acuerda la realización anticipada (la Cumbre propone 10 días) de la reunión de balance del proceso de negociación llevado entre las partes, con el Presidente de la República, prevista inicialmente para el mes de junio de 2017. Asimismo, el Ministro se compromete a gestionar y coordinar reuniones sectoriales con los ministros competentes para el cumplimiento de los acuerdos con la Cumbre Agraria, todo ello dentro de un término no mayor a un mes. Además, el Ministro del Interior se compromete a participar en un Debate de Control Político sobre el estado de cumplimiento de los acuerdos suscritos entre el gobierno nacional y la Cumbre.

 

 3. Participación en la construcción de paz: Se manifiesta que las propuestas presentadas por la Cumbre Agraria son una contribución de la sociedad a la construcción de una paz con justicia social; en tal sentido el gobierno nacional se compromete a incorporar los acuerdos suscritos en la Mesa Única Nacional en el marco de implementación normativa de los acuerdos de paz –Acuerdo Final– con base en el principio de Profundización de la democracia y “construir sobre lo construido”. De igual manera, el Ministerio del Interior promoverá la participación de la Cumbre Agraria en la Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación del Acuerdo Final; y, finalmente, el gobierno nacional brindará garantías a la participación autónoma, amplia y vinculante, a propósito del proceso de negociación que se adelanta entre el Gobierno y el Ejército de Liberación Nacional, así como el gobierno nacional garantizará la implementación del Capítulo Étnico de los Acuerdos de Paz.

 

Todos estos puntos son trabajados en la tarde y parte de la noche del día 9 de marzo junto al viceministro del Interior, el que los trasmite al ministro Cristo, el cual dice, a través de un nuevo funcionario pues el Viceministro no regresa, que el documento trabajado “no esta a su medida”. ¿A la medida de sus intereses? Ante esta respuesta, los voceros de la Cacep deciden, a altas horas de la noche, abandonar la sede del Ministerio.

 

Así culminó la sesión permanente la Cacep, cuyos propósitos no fueron logrados. Conscientes de ello ahora inicia la preparación de una nueva gesta, para poder encarar en mejores condiciones un nuevo pulso con el gobierno: vendrá la movilización y minga por los derechos, la vida y la paz, como lo confirmaron sus voceros en rueda de prensa. Amanecerá y veremos.

 

¿Seguir por la misma vía? O ¿Inventar otras formas?

 

Lo sucedido en el Ministerio del Interior demuestra una cosa: El gobierno nacional solo escucha a la Cacep en la movilización, y simplemente firma actas de acuerdo para quitarse los problemas de encima.

 

Despertar del adormecimiento. Es momento para que la Cacep retorne a sus orígenes: las regiones, las comunidades y las organizaciones con base territorial. Solo allí podrá tener claro qué se quiere con cada acción y así replantear los alcances de las “vías democráticas”. Es allá, en el territorio, donde está su fuerza, y este nuevo pulso que se viene únicamente podrá salir airoso si la Cacep se mueve desde abajo hacia arriba. Es un momento para que la Cacep se reconsidere completamente, para dejar los diálogos ineficaces; es momento de encontrar y construir caminos de unidad para lograr un movimiento fuerte que consiga levantar de nuevo la voz y la razón de las comunidades agrarias.


Así hay que obrar, mucho más si recordamos la cercanía de la campaña electoral, y con ello que dentro de pocos meses el gabinete ministerial empezará a entregar las llaves de sus despachos a sus nuevos inquilinos.

 

Ante todo esto es procedente preguntar: ¿Cómo garantizar que en esta nueva ocasión el gobierno sí cumpla, a pesar de ir ya de salida? O, por el contrario, ¿No negociar más con el establecimiento? ¿Empezar a consolidar experiencias concretas de autonomía en todos los ámbitos (económico, educativo, social, cultural, etc.)? ¿Crear un movimiento cuya esencia sea el anticapitalismo? ¿Por dónde encausar los mayores esfuerzos?

 

Los interrogantes son mayúsculos, y es hora de encararlos.

Publicado enEdición Nº233
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