El nuevo triunfo de Evo Morales en el referendo constitucional ratifica, por tercera vez consecutiva, su extraordinario liderazgo en la sociedad boliviana y el apoyo de un gran sector de ésta, superior al 60 %, a la nueva constitución política del estado. En relación a lo primero hay que recordar, más allá de las (previsibles) quejas y mezquindades de sus críticos, que para un país que ha ungido como presidentes a personajes que obtuvieron 34 % de los votos (Sánchez de Lozada en 1993), o 23 % (Banzer, en 1997 o Sánchez de Lozada, otra vez, en 2002) la formidable (y continua) gravitación electoral de Evo constituye un acontecimiento extraordinario, un parteaguas que lo identifica como el primer presidente genuinamente legítimo de la historia boliviana al paso que convierte a cualquiera de los demás en verdaderos pigmeos políticos. 
 
Claro está que dejando de lado el necesario debate sobre el nuevo texto constitucional, y las numerosas leyes que deberán dictarse para hacer realidad sus prescripciones, uno de los problemas más urgentes y graves que se le presentarán al Palacio Quemado tiene que ver con esta pregunta: ¿cuál será el sujeto social que sostenga la vigencia de la nueva constitución? Es preciso aventar los fantasmas del fetichismo constitucionalista, según el cual una vez aprobada una nueva pieza legal ésta adquiere vida propia y se sostiene por sí misma gracias al embrujo que ejerce sobre amigos y adversarios, o a la irresistible disuasión que emana de la presunta majestuosidad de la ley. A propósito de la llamada Constitución de Cádiz de 1812, que instituía significativos avances en la España de la época, Hegel advirtió sobre la inevitable precariedad de un nuevo ordenamiento constitucional que no repose sobre sólidos fundamentos sociales. Tal como lo afirmara en su Filosofía del Derecho, bajo tales condiciones su revocación no demorará ni un minuto más de lo que necesiten las viejas coaliciones conservadoras para reponerse, rearmar su estrategia, diseñar su táctica y salir al campo de batalla, cosa que efectivamente ocurrió a los pocos días de producida la restauración de Fernando VII en el trono de España. En línea con estas observaciones Marx concibió al derecho, y toda la superestructura jurídica, como una expresión de la correlación de fuerzas entre alianzas de clases antagónicas. Correlación que se constituye en varios niveles: electoral, social, político, militar, y donde el primero está lejos de ser el único o el más importante. Por lo tanto, lo que sostiene a la ley no es su racionalidad, su prudencia, su sensatez o su justicia sino el sujeto social (múltiple, plural, pero unificado organizacionalmente) que la hace suya y está dispuesto a defenderla aún a costa de su vida.
 
¿Podrá Bolivia ser la excepción a esta regla? De ninguna manera. Por eso, aparte de celebrar los avances que la nueva constitución instituye para el pueblo boliviano se impone la necesidad de acelerar la construcción del sujeto social que deberá otorgarle el anclaje social imprescindible para evitar que dicho corpus legal se convierta en una letra muerta. No será con la poética romántica de la multitud como se evitará que la reacción fascista termine por anular la vigencia práctica de la nueva constitución. Esa gente no se postra humildemente ante la ley, y no se arredra ante otra cosa que no sea la fuerza. Por eso, lo que se requiere para sortear este peligro es un paciente trabajo de concientización, movilización y organización del campo popular. En este terreno no hay nada nuevo bajo el sol, y el viejo dictum leninista que decía que la única arma que tiene el pueblo es la organización adquiere, en el escenario boliviano, una renovada actualidad. Desechar esa enseñanza del revolucionario ruso es el camino más seguro para sufrir una catastrófica derrota. La organización del campo popular será lo que permitirá que la nueva constitución se convierta en lo que Gramsci llamaba “un libro viviente” y una plataforma indispensable desde la cual proseguir la siempre inconclusa marcha en pos del socialismo.
 
La misma noche en que se conocían los primero resultados del referendo algunos de los líderes sediciosos de la Media Luna, especialmente Branco Marinkovic, ya hablaba de fraude, y pretendía vanamente erosionar la legitimidad del triunfo de Evo. Antes había dicho que el referendo sería una farsa; luego de verificada la victoria del proyecto oficial sacó de la galera la peregrina idea de que a menos que la nueva constitución fuese aprobada mayoritariamente en cada uno de los departamentos de Bolivia carecería de toda validez y legitimidad. La lógica política subyacente a este reclamo es muy clara, y para nada inocente: se trata nada menos que de preparar el clima ideológico para justificar, según se desenvuelva el conflicto entre Evo y los jefes de la sedición, la partición de Bolivia. Una mitad, la oriental, que rechaza la constitución y la otra, el altiplano, que sí la acepta. No hay que olvidar que la secesión ha sido el recurso prioritario del imperio en los últimos tiempos, y que el expulsado embajador Philip Goldberg es un especialista en esta clase de tramoyas: las ejercitó intensivamente en los Balcanes y, según algunos observadores, su influencia fue decisiva en viabilizar la secesión de Kosovo. No es casual que ante la progresiva consolidación de gobiernos antagónicos al imperio en Venezuela, Bolivia y Ecuador Washington trabaje pacientemente en cultivar los regionalismos y los autonomismos de todo tipo: el Zulia, en Venezuela; la “república del Guayas”, para oponerse a Correa en el Ecuador; y la Media Luna oriental en Bolivia. El principio en todos los casos es el mismo: si no se puede tumbar al gobierno contestatario hay que fomentar la desmembración territorial mediante una persistente campaña de agitación y propaganda que exalte los sentimientos autonómicos de las regiones y estimule la rebeldía en contra del poder central y su “ilegítima” constitución.
 
Derrotada en un campo de batalla: el referendo constitucional, la derecha elegirá un nuevo “teatro de operaciones” para, desde un terreno presuntamente más favorable, intentar quebrar la mano de Evo. Ya intentó un golpe de estado el pasado invierno y fracasó, motivando su repliegue táctico, su cambio de discurso (ahora más “razonable y dialoguista”) y su momentánea adopción de la piel de cordero para ocultar su determinación golpista. Pero no hay que hacerse ilusión alguna: no se convertirán en demócratas de la noche a la mañana, ni purgarán su escandaloso racismo y jamás adherirán a nada que se asemeje al socialismo. Aunque Evo obtenga el 95 % de los votos nunca cesarán de acusar al gobierno de ilegítimo y tramposo. Es de crucial importancia que nadie en La Paz tome en serio sus cantos de sirena. Son enemigos irreconciliables, y la masacre perpetrada en Pando no fue un rayo en un día sereno sino una advertencia de lo que puede llegar a ocurrir una vez que los sediciosos se convenzan de la inutilidad de seguir transitando por los caminos de la legalidad y la democracia. Si ahora lo hacen es por un oportunismo táctico, obligado por la derrota de su tentativa golpista. Ante este cuadro lo único que salvará a la nueva constitución y al gobierno popular será la eficacia organizativa y la voluntad de lucha que exhiban las clases y capas populares, y las etnias oprimidas, de Bolivia. 

Atilio Borón
La Epoca
www.atilioboron.com
Publicado enInternacional
Bajo el liderazgo de trabajadores de la educación y pensadores sobre la problemática social de Colombia, en el Primer Encuentro de Educación Popular se abre un espacio para consolidar experiencias de muchas décadas. Se afirma la metodología de discutir los temas desde la base de las comunidades.

Con este lema, nos reunimos en Bogotá los días 25 y 26 de septiembre más de dos centenares de educadoras y educadores populares de 46 colectivos y organizaciones sociales provenientes de Bogotá, Medellín, Cali, Cauca y el Caribe. Buscábamos, a partir de la reflexión sobre las preguntas y saberes que hoy se hacen viejas y nuevas experiencias educativas alternativas, propiciar procesos y espacios de articulación que contribuyeran a la formación de un movimiento de Educación Popular en Colombia. Esta importante jornada era el resultado de una iniciativa surgida a comienzos del año pero que hundía sus raíces en procesos lejanos.

Un antecedente de más de tres décadas


En efecto, a finales de los años 70 del siglo XX, en diferentes lugares del país surgían las primeras experiencias educativas inspiradas en las ideas de Paulo Freire, en el contexto de un período de ascenso de los movimientos populares en América Latina. Los primeros grupos se congregaron en torno a la alfabetización y la educación de adultos de sectores urbanos y campesinos, pero a lo largo de la década de los 80 y comienzos de los 90, la labor educativa se amplió al trabajo con mujeres y jóvenes, la educación en derechos humanos, la economía solidaria y el desarrollo alternativo, entre otros.

Articulada a procesos organizativos y movimientos populares, en varios países de América Latina, la EP llegó a conformarse como corriente educativa alternativa, y también como movimiento de educadores y organizaciones de base y de apoyo. En Colombia se constituyeron redes e instancias de coordinación en algunas ciudades y regiones, que realizaban encuentros y procesos formativos y de acción colectiva comunes.

En el marco de los cambios políticos mundiales y nacionales producidos en la década de los 90 (crisis del socialismo soviético, fin de dictaduras militares, nuevos órdenes constitucionales, desmovilización y procesos de paz con organizaciones insurgentes, incremento de la guerra sucia), el ímpetu de la educación popular perdió fuerza. Algunas de las experiencias surgidas en la década pasada se extinguieron, y otras sobrevivieron al incorporarse a procesos de descentralización y participación impulsados por el Estado.

En contraste, a lo largo de los últimos años asistimos a un renacer de grupos de educadores y experiencias inspirados en la EP. En el nuevo contexto político latinoamericano (efectos sociales de las políticas neoliberales, presencia de gobiernos de izquierda en varios países y ciudades, reactivación de movimientos sociales y emergencia de nuevas luchas), en la actualidad proliferan colectivos y organizaciones de educación popular alrededor del trabajo artístico con jóvenes, con niños, en lo ambiental y territorial, y en los temas de economía solidaria y lo alimentario.

El Encuentro y sus significaciones

En este panorama de procesos y experiencias de Educación Popular, una decena de personas y grupos ‘históricos' y nuevos tomamos la decisión de convocar a este Primer Encuentro de Educación Popular. Para que su planeación y desarrollo fuera coherente con una concepción pedagógica crítica, realizamos varias reuniones previas con grupos y organizaciones populares, con el propósito de reconocer las preguntas que se estaban haciendo en este momento, para explorar acumulados y expectativas, así como para ampliar la base de organización del evento.

Luego de largas discusiones y debates, el Encuentro se estructuró en varios momentos de reflexión y proyección conjunta. El primer momento fue un hermoso ritual en el que tuvieron presencia símbolos poderosos como la oscuridad y la luz; se presenciaron imágenes de movimientos y luchas sociales en América Latina, mientras se escuchaba música andina, la voz de Paulo Freire y el testimonio espontáneo de los asistentes.

De ahí pasamos a un ejercicio de reconstrucción de la memoria de los caminos recorridos por los participantes en el campo de la educación popular, a través de una línea del tiempo en la que íbamos ubicándonos según el momento de iniciación de estos procesos. Muchos participantes llevaron materiales y objetos representativos de cada período, otros evocaron los recuerdos más significativos, todos reconstruimos el marco internacional y nacional, y presentamos los momentos más importantes de cada experiencia. Finalmente, se hizo un primer balance sobre continuidades y cambios en los discursos, tanto como en las prácticas educativas en cada década.

El tercer momento buscó hacer un balance más analítico en torno a las problemáticas y tensiones que veníamos identificando en las reuniones preparatorias. Así, se trabajó en diferentes grupos que discutieron los aprendizajes y los desafíos con relación a temas como las relaciones con el Estado y sus políticas, a las vicisitudes de la construcción y el apoyo al movimiento popular, y a las propias prácticas educativas y de formación. Este momento permitió ratificar la riqueza del saber y niveles de reflexión de los participantes,  y asimismo identificar los asuntos no resueltos y que generan debate dentro de los grupos y entre ellos.

El cuarto momento fue de trabajo grupal y una plenaria en que se recogieron los desafíos comunes y singulares identificados, y se discutió sobre posibles iniciativas para llevar ante los colectivos regionales. De allí surgieron ideas y compromisos, como realizar dentro de un año el Segundo Encuentro, crear un espacio educativo itinerante en el cual se retomen y profundicen las problemáticas comunes, y se haga un inventario de las experiencias formativas e investigativas, desarrolladas y en curso. El evento culminó con la observación de videos traídos por grupos participantes y con un ritual en el que se recompartieron las impresiones sobre el evento.

La gran acogida que tuvo el certamen, expresada en la amplia convocatoria y la entusiasta participación, confirma el deseo colectivo de crear y sostener espacios y procesos de encuentro y articulación entre quienes mantenemos la convicción de que otro mundo es posible desde la acción educativa comprometida con opciones de transformación; también, que la educación popular sigue siendo un emancipador referente político para muchas personas y grupos, desde su trabajo cultural, social y organizativo en los territorios populares; y que estamos en un momento propicio para avanzar en procesos de articulación desde el respeto a las singularidades y procesos de los diferentes grupos y organizaciones populares.

Por último, se evidenció que el empleo de las metodologías participativas, expresivas, dialógicas y de construcción conjunta de acuerdos tienen un gran potencial pedagógico y político; se afirmaron los valores democráticos, solidarios y de defensa de la vida, el pensamiento critico y la imaginación creadora; se fortalecieron los vínculos y procesos alternativos y de resistencia respecto de las prácticas y los valores hegemónicos, signados por el autoritarismo, el mercantilismo y la muerte.

Por Alfonso Torres Carrillo
Cátedra Paulo Freire, UPN

Publicado enEdición 163
Las organizaciones sociales colombianas viven un momento especial. Como no se veía desde hace muchos años, hay disposición a escuchar y expresar ideas sobre proyectos abiertos al debate y al esfuerzo mancomunado en el mediano y el largo plazo. Es tal el espíritu que se siente por estos días, que se puede decir que la articulación y la dinamización de la organización social pueden llegar a nuevos niveles en Colombia.

Parte de estas dinámicas es el Encuentro Nacional de Unidad Popular, “por la paz con justicia social”, que se llevará a cabo en Bogotá del 4 al 6 de junio próximos. El Encuentro, primer fruto público de un lago proceso de articulación de distintas experiencias sociales de base, es citado por la Coalición de Movimientos y Organizaciones Sociales de Colombia (Comosoc).

Con dos de sus voceros, Ómar Fernández y Gustavo Arturo, nos dimos cita para conocer de manera directa el sentido, los objetivos, los tiempos, el método, etcétera, que anteceden e impulsan la citación a este Encuentro.

Desde abajo: ¿Qué es la Comosoc y por qué se tomó la decisión de constituirla?
Ómar Fernández: La Comosoc es una coalición de movimientos y organizaciones sociales que agrupa expresiones nacionales, regionales y locales.
Gustavo Arturo: Hace unos seis años, tres organizaciones de movimientos de mujeres, de indígenas y de cristianos, veíamos que, si no se articulaban agendas y acciones, el impacto en la realidad iba a ser muy leve. Este fue principalmente el punto de partida: el esfuerzo de ganar un mayor impacto en la realidad del país, desde las agendas y desde el “qué hacer” de las organizaciones sociales.

da: ¿Cuáles son las organizaciones que la integran?
GA: La Organización Nacional Indígena de Colombia, la Organización Femenina Popular y el Movimiento de Cristianos y Cristianas por la Paz con Justicia y Dignidad, fuimos los iniciadores. Muy rápidamente se fueron incluyendo otras organizaciones de carácter nacional, del movimiento afrocolombiano, por ejemplo, el Proceso de Comunidades Negras, y el Movimiento Nacional por la Defensa de la Salud y la Seguridad Social. También se sumaron algunas organizaciones campesinas que fueron integrándose poco a poco. En esa primera época, la dinámica estuvo principalmente marcada por las decisiones que tomábamos en estos espacios nacionales. Pero hace unos tres años, el proceso recae más en el peso de las organizaciones regionales y locales.

da: ¿En este proceso constitutivo se invitó a otras organizaciones que por algún motivo no hayan participado o se hayan retirado?
OF: La única organización que se ha retirado del proceso de la Comosoc es la CNA (Coordinación Nacional Agraria). Del resto, las demás organizaciones que han llegado al proceso del Comosoc se han enamorado de él y siguen trabajando en él, tanto las ocho organizaciones nacionales como las 80 organizaciones de tipo regional que hoy día la conforman.

da: ¿Al tomar la decisión de conformar la Comosoc, qué diagnóstico tenían del momento que atravesaba el movimiento social?
GA: En el primer momento, hace seis años, el diagnóstico que hacíamos era el de una crisis muy aguda que se expresaba sobre todo en la capacidad de convocatoria, la escasez de líderes de las organizaciones, una escasa cobertura, y en el nivel político se adolecía de agendas más sustanciales para enfrentar los problemas estructurales del país. Además, en su momento, la arremetida paramilitar estaba en un período muy fuerte en casi todas las zonas del país.

da: ¿Cuál es el eje articulador de la política que impulsa la Comosoc?
OF: Uno de los principales ejes articuladores es la unidad. El otro elemento es lo que tiene que ver con la agenda, que es la paz con justicia social. Estos son los dos elementos fundamentales que articulan al proceso de la Comosoc.

da: En esta perspectiva ¿cuáles serán los componentes indispensables por concretar para consolidar la paz con justicia social?
GA: Esta agenda de paz con justicia social ha resultado de confrontar las distintas agendas de los movimientos. Hay un componente básico que es la convicción de que las organizaciones y los movimientos sociales somos actores políticos de primer orden, y estamos llamados a jugar un papel protagónico en el escenario político, nacional e internacional. Y en términos de cómo construir la paz con justicia social, tiene que ver con una dinámica que parte de los procesos locales de base. La agenda de paz con justicia aborda cuatros ejes temáticos: la solución política al conflicto armado y social que vive Colombia, la soberanía territorial, la democracia real y la calidad de vida en términos de dignidad. Son los cuatro temas que, unidos y atravesados transversalmente por el tema del modelo de desarrollo, constituyen la temática que permite que en este país se pueda hablar de paz con justicia social.

da: La Comosoc ha llamado a la realización del Encuentro Nacional de Unidad Popular (ENUP). ¿De qué se trata este Encuentro?
OF: Lo que queremos hacer con el ENUP es, primero, poner en común la agenda política que en este momento desarrolla la Comosoc, junto con la agenda de otras expresiones organizativas, tanto locales como regionales y nacionales. Siempre en la perspectiva de trabajar por la construcción de una agenda común que unifique el sector popular colombiano, mediado por un tema transversal: el modelo de desarrollo y la construcción del sujeto político. A la vez, hay que tener en cuenta que esta construcción se hace adentro de un territorio.
GA: Hay otro elemento en el Encuentro Nacional que en cierto sentido marca un salto de la Comosoc a la vida pública nacional. Podemos decir que la Comosoc no es un actor conocido en el nivel nacional, y que con el Encuentro se quiere marcar una etapa más pública, orientada a sostener una interlocución con las organizaciones y movimientos sociales para tratar de construir un actor unificado, más potente y que lidere procesos más significativos de cambio.

da: ¿Qué los ha llevado a identificar que el presente es el mejor momento para hacer este salto a la vida pública?
OF: El gobierno actual ha sumido el país en una situación crítica. Al mismo tiempo la izquierda no tiene unas propuestas alternativas que realmente convoquen al pueblo colombiano. Hay un resurgimiento de iniciativas populares que es necesario canalizar en este momento, invitando a sumarse al propósito de buscar caminos de cambio social.

da: Están hablando de una coalición con iniciativas para salir realmente a una vida pública. ¿Pueden decirnos algo más sobre este punto?
GA: La agenda política pretende construir planes de trabajo, de acción política, que articulen muchas expresiones populares y que permitan insistir en los campos temáticos. Se espera que la Comosoc sea un actor percibido como portador de propuestas y que vaya logrando niveles de desarrollo principalmente desde lo territorial, y con niveles de unidad tales que incluso cobijan aportes del campo internacional.

da: ¿Cuáles organizaciones están invitadas a este Encuentro?
OF: Todas las organizaciones que hacen parte del Comosoc, pero también otras, cercanas y amigas del Comosoc en las localidades, en las regiones y también del nivel nacional, así como algunas organizaciones amigas en el campo internacional.

GA: Hay un aspecto en el que la Comosoc quiere hacer un camino: es el elemento de la autonomía. La Comosoc es un proceso que se propone dentro de nuevas lógicas sobre el “qué hacer” político. Una de esas lógicas tiene que ver con la autonomía de los movimientos sociales, y la autonomía tiene que ver en buena medida con el tema financiero y económico. Este encuentro de unidad será autofinanciado, lo cual limitará en gran medida la participación, pero al mismo tiempo le agregará un factor de cualificación. Se calcula que entre 1.000 y 1.500 personas vendrán de todo el país. Básicamente llegarán delegaciones de la región central (Huila, Tolima, Valle, Antioquia, Meta...). De otras regiones más alejadas participarán pequeñas delegaciones pero muy representativas.

da: ¿Cuáles son los objetivos que se le han trazado a este Encuentro?
OF: Unos de los objetivos del Encuentro es trabajar un poco con el modelo de desarrollo social, articular elementos que nos lleven a confortar un agenda común, crear un espacio de expresión organizativa que nos permite la integración de sectores populares, y definir elementos de planes estratégicos para la construcción de organizaciones sociales y movimientos en Colombia.

da: En la perspectiva de lograr estos objetivos, ¿cómo ha sido la metodología?
GA: La herramienta principal del Encuentro es la agenda política, construida en el marco de una propuesta metodológica hecha en el Foro Social Mundial, principalmente por Boaventura de Sousa, que plantea una propuesta de diálogo entre agendas de movimientos sociales. Podemos decir que el resultado al que llegamos es fruto de todo un proceso de diálogo entre las construcciones políticas que se han hecho desde diversas miradas: desde lo indígena, desde lo afrocolombiano, desde la mirada de género y de otros movimientos sociales. Esto es un elemento clave de la metodología del Encuentro. Lo que se quiere con éste es tomar la agenda y llevarla a la práctica.

da: ¿Cuándo y dónde se llevará a cabo el Encuentro?
OF: Se va a realizar del 4 al 6 de junio en la ciudad de Bogotá, concretamente en el colegio Claretiano de Bosa.

da: ¿Algo que añadir?
GA: Es importante precisar que la convocatoria es muy amplia y con la aspiración de que toda organización social de base que quiera construir alternativas se sienta parte esencial de este proceso de unidad que estamos construyendo. La Comosoc es un esfuerzo común. Esperamos que muy pronto este esfuerzo logre encauzar positivamente la mayoría de expresiones organizadas del campo social y popular, articulándonos como una sola expresión que gane óptimos niveles de interlocución y de incidencia.
Paz con justicia social integral, sostenible y duradera

La Comosoc ha definido tomar la paz con justicia social integral, sostenible y duradera como el eje articulador de su agenda política y como elemento principal de su accionar, considerando que, al resolver el tema de la paz en Colombia, se está resolviendo un factor estructural, generador de injusticia, que ha definido y marcado negativamente la sociedad colombiana.
Contrario al sentido social y político de paz que impone y desarrolla el Estado y otros actores de la sociedad colombiana, afirmamos el concepto de paz con justicia social integral, sostenible y duradera como condición para la reconciliación nacional y para superar las causas estructurales del conflicto social y armado, y evitar la continuidad de la guerra por otros medios, guerra nunca más. Ello implica propugnar por un verdadero Estado Social de Derecho, y avanzar en la construcción de una sociedad justa, pluralista, de bienestar, igualitaria e incluyente desde la diversidad, que humanice a todos, y que reivindique el derecho a la felicidad de los pueblos y los seres humanos como buen vivir.
La paz es un anhelo del pueblo colombiano, y sólo mediante la superación de las realidades que han sido causa insuperable del conflicto será posible alcanzarla integral, sostenible y duraderamente. Algunas realidades que impiden la paz son.
La inequidad, la pobreza y la precarización de las condiciones de vida de amplios sectores sociales.
La implementación de modelos y políticas económicas y sociales que favorecen intereses privados nacionales e internacionales, en detrimento de las grandes mayorías de la población y la nación colombianas. Algunas de estas políticas se expresan en la implementación de procesos amplios de privatización de bienes y servicios, en desarrollo de un productivo modelo agroexportador y el énfasis de un modelo de exportación acelerado y sin medida de recursos naturales no renovables y de la biodiversidad y el narcotráfico como factor que estimula y aviva el conflicto.
La adopción y la implementación de ideologías y políticas militaristas justifican la guerra como el principal medio de pacificación y control, y suponen una estrategia de vulneración de derechos humanos, comisión de crímenes de lesa humanidad, y desplazamiento forzado de comunidades campesinas, indígenas, afrodescendientes y urbanas que son despojadas de sus tierras y bienes.
La criminalización de la movilización y la protesta social menoscaba sistemáticamente el derecho a la libertad de opinión, expresión y asociación, el Estado social de derecho y la democracia misma.
La impunidad, como estrategia que les niega a las víctimas el derecho a la verdad, la justicia y la reparación, crea condiciones para perpetuar el conflicto, y premia al victimario al exonerarlo de sus crímenes y reproducir el caldo de cultivo para la repetición de estos mecanismos de represión, y en últimas de una nueva etapa de la guerra.
La exclusión de los sectores populares en la solución del conflicto social y armado, en especial de los movimientos sociales que han sido objeto de verdaderas estrategias de extermino político.

*    Tomado de la Agenda política de la Comosoc (borrador de trabajo)..


Publicado enEdición 157
La caravana de innumerables vehículos (más de 220, entre chivas, caminones) que compone la Minga social y comunera de los pueblos indígenas, se deslizó este martes 18 de noviembre como un gran cienpiés por la carretera que conduce de Fusagasugá hasta el sur de Bogotá, para arribar en horas de la tarde al municipio de Soacha.

Al llegar al peaje instalado en las goteras del municipio, los miles de indígenas, delegados de cientos de cabildos de todo el país, se apearon de los vehículos e iniciaron la marcha hacia el Parque central de Soacha. Fue en este mismo momento en el cual los Mayores curanderos de distintos cabildos, con cantos y rezos sagrados, hicieron un ritual en honor al agua. Ritual que tuvo como telón de fondo el compromiso de los pueblos indígenas por defender este recurso vital. Todo en el marco del Referendo por el agua, el cual pasó el umbral de firmas exigido por la legislación colombiana para ser considerado como proyecto prioritario por el Senado.

Luego, un río humano monumental partió por el Autopista Sur, mientras los transeúntes curiosos miraban y saludaban a los marchantes. Atisbos de cansancio pero manifestaciones innegables de regocijo marcaron los pasos de los miles de caminantes. Al llegar al Parque central de la municipalidad hubo un acto en el que se le dio bienvenenida a la Minga. Allí se permaneció alrededor de una hora. Después se partió hacia el Coliseo León XIII de Bosa.
La minga se acerca al punto final de su recorrido para instalar un Plan de acción y un debate nacional capaz de cimentar una agenda de los pueblos y sectores sociales de Colombia.

Pero, como lo indica Feliciano Valencia, Consejero del Cric y uno de los voceros de esta movilización, “La Minga no se agota allí. Se trata de una perspectiva que trasciende el paso por distintos municipios y ciudades. Esta movilización espera avanzar y poner ante el gobierno nacional nuestras exigencias”.

Exigencias que giran entorno a la negativa de firmar tratados de libre comercio lesivos, en los que se le entregaría los recursos naturales a las transnacionales; la derogación de marcos legislativos perjudiciales como la Ley forestal, Código minero y demás estatutos; el respeto a la vida de los pueblos indígenas; y el cumplimiento de los acuerdos pactados.

Los comuneros pernoctarán en Soacha hasta el próximo jueves, día en el que la Minga marchará hacia la Universidad Nacional, luego de la Audiencia por celebrarse sobre el asesinato de numerosos jóvenes habitantes de esta parte del país o los “falsos positivos”.

El miércoles 19 se llevará a cabo un encuentro con organizaciones sociales, donde se compartirá la palabra con los habitantes de este municipio y numerosas delegaciones que se espera lleguen de Bogotá. Sin duda, un espacio donde se continuará dedondeando el qué hacer del movimiento social y sus expresiones política en Colombia.

Por: Julián Carreño

Publicado enColombia
A pesar de las órdenes del presidente Álvaro Uribe Vélez de no permitir el arribo de los indígenas a la capital del departamento del Tolima, Ibagué, éste 12 de noviembre comuneros, mujeres y hombres, jóvenes, niños y adultos, ingresaron hasta su parque principal.

Como estaba previsto, a las 8 a.m., la marcha tomó rumbo hacia el centro de  Armenia, capital del departamento del Quindio, región cafetera de Colombia. Desde el estadio Centenario, lugar donde instalaron sus carpas y cambuches los más de 5.000 indígenas que hasta ahora se han reunido procedentes de los distintos resguardos del Cauca y otras regiones del país, se tomó rumbo hacia la Plaza de Bolívar, principal parque de la ciudad. Allí se llevó a cabo un emotivo recibimiento en el cual consejeros indígenas y representantes de organizaciones sociales locales, hablaron del sentido de la resistencia en un contexto de globalización económica y expropiación de tierras que ocupan estas comunidades milenaria y ancestralmente.

Luego, entre chivas y camiones, los marchantes se dirigieron hacia la ciudad de Ibagué, atravesando las escarpadas montañas que componen el conocido alto de la Línea. Se bordeó el municipio de Cajamarca, donde una comisión de médicos tradicionales se adelantó para realizar una ceremonia de autorización dirigida al volcán cerro Machín, con actividad sísmica durante los últimos días. Con el ritual se le pedía permiso al volcán, para poder proseguir y regresar sin tropiezos.

Aunque los rumores de gresca en Ibagué podrían socavar la valentía, los indígenas siempre estuvieron firmes. Los rostros seguros y un ritmo fuerte y rápido. Una marcha que no vaciló un solo paso durante el día. Para evitar enfrentamientos se logró comunicación directa con el alcalde de la ciudad, así como con su secretario de Gobierno, los cuales autorizaron la entrada a la urbe.

En efecto, al avanzar por el sitio conocido como el Boqueron (a 6 kilómetros de la ciudad) apareció el Ejército, el cual dispuso una operación psicológica dirigida hacia la Minga: brindaron agua y recibieron el equipo humano con una valla de bienvenida. Más adelante estaba apostado el Esmad, los carabineros y la Policía, los cuales, contrario a lo asegurado por las autoridades civiles locales, aplicaron un embudo para impedir que la marcha prosiguiera en pro de su meta. Los roces y las palabras fueron y vinieron pero los comuneros no se contuvieron y con decisión mantuvieron su rumbo. Se rompió el embudo y se corrió para ganar el conjunto de la calle.
Finalmente, las autoridades dejaron la provocación a un lado y permitieron el paso de la marcha. Con alborozo y el sabor de no darle la razón al Gobierno nacional, la Minga entró en la ciudad, dirigiéndose de inmediato al centro de la misma. La recepción corrió por cuenta del Consejo Regional Indígena del Tolima (Crit) quien se sumó con varios cientos de sus miembros a la Minga. Luego de un mitin, los miles de integrantes de esta gesta indígena y popular se dirigieron a descansar a la salida de la ciudad, en el barrio Picaleña. Allí esperan que mañana lleguen las delegaciones indígenas procedentes de los departamentos de Risaralda, Caldas y Chocó. 

Hacia Chicoral

Esta Minga tiene lugar tras los sucesos que se presentaron en días pasados en La María Piendamó, en donde fueron heridas más de 150 indígenas y asesinados otros tres. La Minga demanda autonomía de sus pueblos, la liberación de la Madre Tierra, no aplicación del TLC con los Estados Unidos, y el desmonte de leyes que entreguen los recursos naturales a multinacionales, entre otras exigencias.

Este es un aspecto. Pero el otro, evidente, es que el proceso de levantamiento indígena se va conjugando con las demandas populares postergadas en Colombia por décadas. Se espera que ese conjunto de aspiraciones y necesidades se puedan discutir y revisar en Bogotá, en medio, así reza una valla que portan los indígenas, de un parlamento indígena y popular.

Este jueves 13 de noviembre la Minga partirá hacia el corregimiento de Chicoral, jurisdicción del municipio del Espinal, Tolima, recordado por ser el territorio donde la oligarquía colombiana firmó en los años 70 del siglo XX el pacto de conrarreforma agraria, conocido precisamente como el “pacto de Chicoral”, con el cual se ahogaría en más guerra al país. Luego se tomará rumbo hacia  Gualanday, en donde la comitiva indígena pernoctará.

Por: Julián Carreño


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