2020, el año en el que se derrumbaron los mantras y dogmas de la economía

La pandemia lo ha cambiado todo. No ha destruido el sistema, ni lo hará, pero nos muestra sus fallos y abre el debate hacia qué tipo de economía mundial queremos avanzar.

 

Repetir una y otra vez hasta que las suposiciones se conviertan en dogmas. Aplastar el conocimiento y la imaginación machacando con que there is no alternative. Tratar como locos o ignorantes a todo aquel que se descarrile de la ortodoxia que ellos mismos han convertido en ley divina. Y, si esas supuestas normas inviolables fallan, pues se le echa la culpa a las “externalidades”, o sea, se exculpa de todo error y pecado a sus métodos y recetas: si la mano invisible no funciona es porque no le dejan. Así se ha fraguado la corriente económica dominante de las últimas décadas y todo el tinglado financiarizado al servicio del capital que se ha construido sobre él. Pero el 2020 lo ha cambiado todo.

Este no va a ser uno de esos artículos donde se explica que el capitalismo está llegando a su fin. Aquellos que lo manejan tienen mucho poder y nos llevan mucha ventaja, y su renovación y subsistencia ya se lleva fraguando desde la anterior crisis. Pero 2020 ha mostrado los fallos del sistema, y en entender dichos fallos se encuentra la clave para marcar una agenda política y social que sea capaz de labrar un futuro mejor para todo el mundo. El covid-19 ha señalado al rey desnudo mientras sus fieles vasallos insisten en convencernos de que sigue llevando ropa, pero que sus prendas necesitan una renovación. Un año donde hasta el Papa parece permitirse el lujo de señalar directamente al capitalismo y sus dogmas como causantes de la desigualdad en el mundo y la inminente crisis ecológica. Donde las instituciones que siempre han defendido sus reglas divinas se han visto obligadas a dar marcha atrás. Donde a Hayek se le esconde y todos se convierten en keynesianos.

Y, como siempre, se nos señala a la externalidad. Hemos pasado de culpar al que “ha vivido por encima de sus posibilidades” a “nos vemos obligado a tomar esta medida por el virus”, aliñados con muchas noticias de gente joven haciendo botellón, para imprimir en nuestras mentes la idea de que la culpa de que la pandemia sea más larga de lo que esperábamos es de esa gente joven y no de metros abarrotados y centros de trabajo repleto de currelas. Pero no nos engañemos, la economía ya estaba enferma y el covid solo ha sido una nueva excusa para poder justificar sus fallos estructurales.

Botón de “pausa” a la austeridad

Era comienzos de marzo y en España todavía nos estábamos riendo de “esos chinos totalitarios que encierran a ciudades enteras para la gripe esa” cuando Jerom Powell y Christine Lagarde, directores de la Reserva Federal Estadounidense (FED) y el Banco Central Europeo (BCE) respectivamente, anunciaron que harían lo necesario para sostener a un sistema económico que ya se resentía y se anotaba, en forma de caídas mundiales en los mercados bursátiles, sus primeros coletazos de la nueva crisis que se nos venía encima. En occidente todavía no teníamos conciencia de lo que estaba pasando al otro lado del globo y nuestra vida era totalmente normal, pero los mercados ya habían entrado en pánico total. Por supuesto, los bancos centrales salieron en su rescate.

Todos los bancos centrales anunciaron paquetes de medidas extraordinarios que básicamente venían a inyectar ingentes cantidades de dinero en los mercados para, otra vez, intentar “que fluya el crédito a familias y pymes”. No era suficiente. Los bancos querían que esos créditos fueran seguros y los gobiernos también salieron en su rescate a modo de avales a esos préstamos, como en el caso español con los créditos ICO avalados por el Estado central en un 80%, 90% para el sector de la hostelería.

Pero sin duda, el mayor golpe a las recetas aplicadas en las últimas décadas a los países del sur y en la última a los Estados del sur de Europa, lo dio la presidenta de la Comisión Europea el viernes 20 de marzo. Von der Leyen anunciaba que suspendía el Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

El límite del 60% de deuda pública respecto al PIB, que ya casi nadie en Europa cumplía, y el de déficit del 3%, se desvanecían ante un nuevo escenario de nueva crisis y de fuerzas eurófobas donde aplicar austeridad hubiera supuesto la descomposición de la Unión Europea y el ahondamiento en una profunda crisis económica sin solución fácil. La Comisión Europea, con la boca pequeña, desnudaba y ponía en evidencia las recetas austericidas aplicadas en la anterior crisis. Resultó que las reglas sagradas de la “estabilidad económica” europea no era más que, como algunos llevan años denunciando, un corsé absurdo al servicio de la estabilidad de los mercados financieros y no de los Estados. Tras 2008, viniendo de una burbuja inmobiliaria y financiera, había margen para apretar pero, en este nuevo episodio, apretar hubiera ahogado.

El “mea culpa” de la austeridad con boca pequeña se replicó en todos los gobiernos que lo habían abrazado anteriormente. Las instituciones supranacionales que habían sido el brazo ejecutor de dichas recetas también tuvieron que rectificar su mantra dominante. Tan solo un par de días antes de Navidad, el FMI publicaba el documento final de su revisión económica anual. Entre sus análisis y recomendaciones se desliza un mensaje clave, algo que muchos economistas a los que el FMI nunca ha querido escuchar llevan una década argumentando, un cambio de paradigma ya no solo en las políticas contra una crisis, sino de entender el destino de la economía global.

El FMI se ha dado cuenta de que expoliar mediante la austeridad, traducida en privatizaciones de todo lo público, y la apertura de sus economías, entendida como abrir las puertas a los expoliadores, estaba bien cuando se trataba de eso, de expoliar. En la anterior crisis, la financiera que arrancaba en 2008, se aplicaron esas medidas de austeridad a los países del norte y (¡oh, sorpresa!) funcionaron igual de mal que lo habían hecho en los países del sur. Desmantelaron nuestros servicios sanitarios y de protección social, desmantelaron una industria tan prometedora y necesaria como la de las energías renovables, rebajaron los impuestos a empresas y grandes capitales, nos dejaron indefensos ante nuevos impactos de la economía e indefensos, o al menos peor preparados, ante una crisis sanitaria.

Pero lo dicen con la boca pequeña. Nadie en Bruselas se atreve a decir en voz alta que la austeridad nunca volverá o que los objetivos del déficit no tendrán que cumplirse en unos años. De hecho, la solución divina a la crisis que se propone y abraza en Europa, los fondos de reconstrucción Next Generation UE, son un contrato de préstamo donde las condiciones de devolución siguen difuminadas. Otra vez, si no hay un cambio decisivo y valiente a nivel europeo en el destino de nuestra economía, lo que se presenta como la salvación a corto plazo puede ser nuestra tumba dentro de unos años.

El monocultivo económico

El “reparto en la cadena productiva global” u otros eufemismos para explicar que los países han sido empujados en esto de la globalización a especializarse en un tipo de industria, delegando en las bondades del libre comercio nuestro abastecimiento de otros servicios, es otro de esos castillo de naipes que se ha derrumbado. Ese monocultivo económico que es el turismo en España ha pasado de ser nuestro motor a nuestra tumba. El cierre de fronteras y la paralización casi por completo del turismo ha defenestrado nuestra economía de un plumazo, mostrando la debilidad de un país que ha confiado en un sector tan sensible a los shocks internacionales.

Las compañías aéreas son rescatadas, el sector de la hostelería también reclama su salvación, miles de personas esperan el trágico destino de las colas del paro al finalizar los ERTE. El panorama que deja la pandemia a un país como España es desolador y los fondos europeos, destinados a inversiones verdes y a la digitalización, no lo van a solucionar. 

En cuanto a las cadenas globales logísticas, también pudimos ver los fallos del sistema. La fábrica del mundo, China, paralizaba casi por completo su producción industrial al poner sus ciudades y centros de trabajo en confinamiento. Las cadenas logísticas de suministros globales se descomponían y congelaban. Las empresas de occidente temían el desabastecimiento de productos y componentes asiáticos que afectara a su oferta. No sabían todavía que su demanda, nosotros, estaríamos encerrados en casa sin poder consumir un par de semanas más tarde. Las bondades de la deslocalización productiva de la globalización se deshacían al mismo tiempo que faltaban EPI, respiradores o mascarillas en países europeos, con cada subasta en aeropuertos donde enviados de países competían por un container de productos que ya no se fabricaban en Europa o Estados Unidos, cada vez que producto básico y necesario en pandemia no llegaba a la balda de un supermercado porque no había salido de un puerto chino.

Nuevos actores, mismo poder

Mientras las guerras comerciales por la hegemonía mundial nos han despistado, la financiarización de la economía no ha hecho más que dar otro paso de gigante aprovechando esta nueva crisis. Las ingentes cantidades de dinero inyectadas en los mercados por parte de los bancos centrales no ha hecho más que engordar una economía especulativa que poco o nada tiene que ver con la economía real y con una recuperación efectiva de la economía y el empleo. Mientras el desempleo no se recupera y la gente hace interminables papeleos para conseguir el Ingreso Mínimo Vital, las bolsas de todo el planeta ya han recuperado sus niveles anteriores a la crisis impulsadas primordialmente por los dos sectores que controlan el planeta: el financiero y el tecnológico.

Trump intentó mostrar que defendía su Make America Great Again, cuando lo que pretendía era salvar la hegemonía norteamericana frente a China. La mejor forma de hacerlo ha sido rescatar con liquidez a esos dos sectores como puntas de lanza de su poder mundial. Los capos del mundo digital, como Jeff Bezos o Mark Zuckerberg, han aumentado su riqueza exponencialmente durante esta pandemia. Los grandes fondos estadounidenses, como Black Rock, salen a la compra de gangas bursátiles en los países más afectados por la pandemia. Alimentar a empresas rentistas, de dinero o de datos que se convierten en dinero, es la principal vía del capitalismo para mantener el orden de las cosas tal y como están, y esta crisis no iba a ser menos. Visibilizar ese poder y cómo los Estados lo están apuntalando es una tarea esencial para poder vislumbrar nuevas formas de lucha y resistencia ante dichos poderes.

Si no sirve en crisis, no sirve

Alemania entró en el accionariado de una de las empresas que están en la carrera de la vacuna para asegurarle su financiación. España limitó el precio de las mascarillas. Los bancos centrales del Reino Unido o Japón han financiado directamente a sus Estados. Los que abogan por la no intervención de los Estados en la economía han (otra vez) lloriquedado a sus puertas para exigir más dinero. Todos los sectores han exigido la intervención pública para ser rescatados. Todo ello y mucho más en tan solo unos meses, incluso semanas, de crisis económicas. El capitalismo presume de una fuerza y estabilidad que no aguanta ni dos meses sin tener que llorar y reclamar ayudas públicas.

En esos lloros debemos cimentar las bases de una economía que atienda más a las necesides públicas, de las personas, que a las de los mercados financieros. De esta pandemia quedarán secuelas y, como he dicho al comienzo, el capital ya está conformando su salida y su nueva posición dentro de esa recuperación económica para no perder su lugar dominante (de cómo los capitales están dando forma a esa transformación verde y a la digitalización lo dejamos para otro artículo). Pero de esas cenizas es de dónde debería salir esa nueva forma de entender la economía. De los restos de esas recetas fallidas debe cocinarse una nueva forma de entender la economía. Abandonar esos dogmas para crear unas nuevas fórmulas que pongan la vida en el medio. Que los mantras de la nueva recuperación hablen de que la economía y la ciencia deban estar al servicio de la sociedad, sobre sistemas más resilientes a las crisis o que directamente las evite, sobre cómo poner por encima los intereses del planeta sobre el de los accionistas y donde el cortoplacismo capitalista se sustituya por la necesidad de hacer un planeta que beneficie a todas y todos. Porque esta crisis ha mostrado que el sistema actual es débil, que los mantras mil veces repetidos no tienen por qué ser ciertos y que los dogmas de la economía son eso, dogmas, pero que la economía es, o debe ser, otra cosa.

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El ataque contra la sede legislativa dejó un saldo de al menos 22 detenidos, heridos e intoxicados por gas lacrimógeno y las llamas dentro del edificio.Foto Afp

 

Recortes en educación, salud y combate a la pobreza, los detonantes de las movilizaciones

 

Ciudad de Guatemala., Un grupo de manifestantes destrozó e incendió ayer una parte de las oficinas del Congreso de Guatemala durante una masiva protesta contra el presidente Alejandro Giammattei y el cuerpo legislativo por la aprobación del presupuesto general de la nación para 2021, el más alto en la historia del país, pero que no considera aumento a las partidas sociales.

Ante la gran movilización, el mandatario tuiteó: "Previo a recibir el presupuesto del Congreso, me estoy reuniendo con sectores y grupos de la sociedad para analizar las modificaciones que en los próximos días se presenten". En su mensaje apuntó que trasladará una iniciativa de ley al Congreso para conocer y materializar los cambios, aunque no precisó qué sectores y grupos negocian el reajuste en el gasto proyectado. "En desarrollo del proceso, seguiremos informando", agregó.

Las llamas en el Congreso se veían desde la calle mientras algunos inconformes lograron ingresar al recinto. Los bomberos dijeron que una parte importante del palacio fue consumida por el fuego, específicamente la sección adonde ingresan las propuestas de ley.

La irrupción, achacada a grupos de infiltrados, dejó varios heridos e intoxicados por el gas lacrimógeno lanzado por la policía y el humo de las llamas dentro del edificio legislativo. Los bomberos y miembros de la Cruz Roja atendieron a los afectados.

"Reitero que se tiene el derecho de manifestar conforme la ley. Pero tampoco podemos permitir que se vandalice con la propiedad pública o privada. Al que se le compruebe su participación en estos hechos delictivos les caerá todo el peso de la ley", advirtió Giammattei en otro tuit.

Los hechos de violencia, que se saldaron con al menos 22 detenidos, contrastaron con las 7 mil personas que tomaron pacíficamente la Plaza de la Constitución para manifestarse frente al Palacio Nacional, como pasó en las protestas de 2015 que rechazaban a las denuncias de corrupción en el gobierno y que llevaron a la renuncia del general Otto Pérez Molina y su vicepresidenta, Rosario Murillo.

"No más corrupción", "Fuera Giammattei" y "Se metieron con la generación equivocada" fueron algunas consignas coreadas o escritas en pancartas mientras los manifestantes ondeaban banderas azul con blanco, los colores nacionales. "Nos indigna la pobreza, la injusticia, cómo se han robado el dinero del pueblo", señaló Rosa de Chavarría, profesora de sicología de la universidad pública de San Marcos de Guatemala.

En calles aledañas del centro histórico capitalino, los grupos antimotines lanzaron gas lacrimógeno contra los manifestantes, pero la acción no detuvo la movilización. Casi entrada la noche, los manifestantes fueron dispersados nuevamente por la policía, pero regresaron a la plaza para continuar con la protesta.

Cientos de personas en varios departamentos del país, con pancartas y mantas, exigían vetar el presupuesto, transparencia en el gasto público y control a los diputados, varios de ellos señalados por actos de corrupción. En redes sociales, varias fotografías mostraron a grupos de personas frente a las sedes diplomáticas guatemaltecas en Argentina o Alemania en señal de solidaridad a la protesta.

Estas manifestaciones se producen después de que el vicepresidente de Guatemala, Guillermo Castillo, propuso el viernes a Gia-mmattei que ambos renuncien a sus cargos "por el bien del país" porque "las cosas no están bien" en el gobierno.

Además de la renuncia de ambos, Castillo pidió a Giammattei vetar los presupuestos de 2021 porque tienen "anomalías", por lo que deberían ser devueltos al Congreso y ser modificados, explicó, apelando a "la eficiencia, transparencia y austeridad para no tener más endeudamiento".

El descontento e indignación de los guatemaltecos contra el Congreso y el gobierno de Giammattei se incrementó por la opacidad de los recursos para enfrentar la pandemia de Covid-19 y por los estragos que dejó el huracán Iota.

La movilización también se dirigió contra la Corte Suprema de Justicia por tramitar el retiro de inmunidad a magistrados constitucionales y sus fallos, que han frenado varios intentos de políticos por detener la lucha contra la corrupción e impunidad.

El Congreso, en su mayoría integrado por el oficialismo y partidos afines, aprobaron el miércoles el mayor presupuesto en la historia del país, de casi 12 mil 800 millones de dólares, un aumento de cerca de 25 por ciento respecto a las cuentas de este año.

La mayoría de fondos están dirigidos a infraestructuras con el sector privado y no prevé aumentar las partidas de salud o de educación ni las destinadas a combatir la pobreza y la desnutrición infantil, así como a la defensa de los derechos humanos ni la atención primaria a pacientes con Covid-19, entre otros rubros.

En Guatemala, 59.3 por ciento de los casi 17 millones de habitantes viven en la pobreza, y la desnutrición afecta a casi 50 por ciento de los niños menores de cinco años. Varias entidades económicas y analistas advierten que es un riesgo que un tercio del presupuesto sea financiado por deuda.

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Manifestantes en el barrio madrileño de Vallecas exigieron ayer más recursos a la salud pública. España reporta más de 31 mil muertos por Covid-19 y de acuerdo con expertos atraviesa por la segunda ola de contagios.Foto Ap

Recortes al presupuesto hacen estragos

 La red pública del país estaba entre las 10 mejores del mundo

 

Madrid. España vivía convencida de que su Sistema Nacional de Salud (SNS) era fuerte, eficiente y de excelente calidad. Una idea, además, confirmada por informes internacionales que lo situaban entre los 10 mejores del mundo. Sin embargo, la pandemia del Covid-19, que ha atacado con ferocidad en este país, puso en evidencia las profundas carencias acumuladas en la sanidad pública, sobre todo tras los recortes por la crisis económica de 2008, la precarización de los salarios y los contratos del personal sanitario, ahora convertidos en héroes anónimos.

En estos días ver largas filas en cualquier área de atención pública en un hospital es lo habitual. También es común ver el nerviosismo y el cansancio en los profesionales de la salud frente a la desesperación de pacientes y familiares que sufren con impotencia su situación.

El problema se agrava sobre todo en los centros de atención primaria, donde resulta prácticamente imposible conseguir una cita antes de dos o tres meses, y donde el agotamiento de sus trabajadores se traduce en frustración y en datos globales que confirman que algo ha fallado: en España han muerto, según cifras oficiales, más de 31 mil personas –las extraoficiales elevan este número a más de 53 mil–, en total se han registrado 780 mil infectados, de los cuales se han aliviado 150 mil.

Los informes de organismos internacionales o publicaciones especializadas, como The Lancet o la Universidad Johns Hopkins, sitúan a España entre los países que peor han gestionado la crisis de la pandemia, a pesar de que cuenta con un sistema de salud pública universal y gratuito, además de profesionales bien preparados, que muchas veces emigran por los bajos salarios que reciben en comparación con otros países europeos.

El sistema sanitario español cuenta con 13 mil centros de atención primaria, 10 mil consultorios, 2 mil puntos de atención de urgencia extrahospitalaria, 466 hospitales, 112 mil camas, 18 mil puestos de hospital de día, 281 centros, servicios y unidades de referencia y 44 hospitales autorizados con unidad de trasplantes. Todo ello es atendido por un ejército de profesionales sanitarios integrado por 147 mil médicos, 182 mil enfermeros y 317 mil empleados de atención primaria. Es decir, más de 650 mil trabajadores de salud, a los que habría que sumar los de áreas administrativas y de seguridad.

El sistema exige recursos públicos por más de 75 mil millones de euros, lo que representa alrededor de 6.3 por ciento del producto interno bruto, cifra que si se compara con los países punteros en la materia de la Unión Europea (UE), es baja; en Alemania, Francia o Suecia es superior a 9 por ciento del PIB.

Gasto sanitario cae 13%

El gasto sanitario público en España se desplomó durante la crisis de 2008: en términos reales cayó 13 por ciento entre 2009 y 2013. Después de 2014 hubo cierta recuperación, pero todavía el gasto público sanitario total y por persona en 2018, últimos datos disponibles de la OCDE, era inferior al de 2009, explicó a La Jornada Félix Lobo, catedrático emérito de la Universidad Carlos III de Madrid y director de Economía y Políticas de Salud.

Estos recortes, aplicados sobre todo durante los gobiernos del socialista José Luis Rodríguez Zapatero y el derechista Mariano Rajoy, tuvieron una incidencia directa en la capacidad de atención. Por ejemplo, por primera vez en décadas España registró cifras inferiores a la media europea en la ratio de enfermeras por cada mil habitantes (que fue de 5.7) o del número de camas hospitalarias por cada cien mil habitantes, que fue de 297 frente a las 541 de la media en la UE.

La falta de presupuesto dio un golpe a la línea de flotación del sistema, y con el estallido de la pandemia del Covid-19 provocaron que afloraran otras carencias o problemas estructurales como la precarización de los salarios de médicos y enfermeros, las plantillas insuficientes en los centros sanitarios, la falta de material ya sea básico o especializado para este tipo de crisis (desde cubrebocas hasta respiradores artificiales).

Lobo añadió que en una pandemia así, ni el sistema sanitario mejor dotado puede hacer frente a la avalancha si no se han contenido los contagios antes. Es más importante el grado de preparación y despliegue rápido de las armas de la salud pública que se tengan planificadas y dispuestas para cuando llega la ola de contagios; el blindaje de los profesionales sanitarios y otros aspectos esenciales; la detección temprana mediante pruebas y el aislamiento eficaz de los grupos vulnerables, como las residencias de ancianos y las personas con discapacidad.

La vocera de Médicos del Mundo, Eva Aguilera, sostuvo que tras el golpe que sufrió la sanidad pública española en la crisis, una situación como ésta la pone a prueba más allá del límite. El sistema sanitario siempre ha tenido insuficiencia de recursos, pero en una crisis así estas carencias resultan letales.

De hecho, este problema ya se advirtió en el último informe sobre personal sanitario elaborado por la Comisión Europea, que advirtió que en España parte importante de los profesionales de la salud tienen contratos temporales, lo que aumenta la tasa de rotación del personal; además, hay una inquietud creciente sobre la escasez de enfermeras y médicos familiares, ya que muchos se aproximan a la edad de jubilación.

España enfrenta ahora lo que expertos denominan la segunda ola del virus, al registrar los peores datos de contagio y mortandad de la UE, si bien se advierte que esta vez las consecuencias en la salud pública podrían ser incluso peores, sobre todo porque los profesionales sanitarios están exhaustos y superados y los recursos de los hospitales y centros de atención primera están al límite

Por Armando G. Tejeda

Corresponsal

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El coronavirus fuerza a Europa a poner pausa al ajuste

Qué significa la suspensión del Pacto de Estabilidad y Crecimiento

Se trata de una decisión inédita y temporal para que los gobiernos de la Unión Europea liberen el gasto público y asuman los costos de la pandemia.

El Covid-19 arrasó con muchas cosas: vidas humanas, la libertad, tal vez la sensación de que éramos eternos y algunos de los cimientos que habían sustentado la construcción liberal del mundo y el híperconsumo exterminador. En Europa, ese cimiento se llamaba el Pacto de Estabilidad y Crecimiento. 

Ante el congelamiento de las economías y la crisis sanitaria que la provocó, la Comisión Europea determinó la suspensión temporal del Pacto de Estabilidad y Crecimiento cuyo principal postulado consistía en obligar a los Estados miembros de la Unión a mantener bajo estricto control el déficit público (3%) y la deuda (60% del PIB). 

Ha sido, desde su aprobación en junio de 1997, la disposición más criticada por las oposiciones políticas de izquierda y el instrumento mediante el cual Alemania trasladó a sus socios europeos su propia disciplina fiscal. Se trata de una decisión inédita para que los gobiernos liberen el gasto público y asuman los costos de la pandemia.

Es la primera vez en la historia que Bruselas hace jugar la llamada “cláusula de escape general” prevista en casos de crisis graves. Esta disposición ni siquiera se puso en juego durante la crisis financiera de 2008. La UE optó entonces por un plan de reactivación por un monto de 200.000 millones de euros. Salvaron a los bancos mientras que ahora necesitan salvar a la gente, a las empresas, los puestos de trabajo y las economías.

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, reconoció que “esto nunca se ha hecho antes”. La meta, en todo, caso, equivale a que “los Gobiernos nacionales pueden inyectar en la economía todo necesario”. El pacto de estabilidad ha sido desde el inicio el jinete apocalíptico que, al mismo tiempo que introdujo una disciplina fiscal drástica, privó a los Estados de su libertad de acción. 

El virus acabó devolviéndole a los gobiernos lo que la crisis bancaria de 2008 y la siguiente de 2011 no habían conseguido. Alemania y Holanda, los padres titulares del rigor en el seno de la zona euro, fueron esta vez, al menos temporalmente, derrotados por el coronavirus y las abismales necesidades que la pandemia plantea a los poderes públicos. La suspensión del Pacto de Estabilidad es temporal, pero con ella cae uno de los símbolos más negativos de la construcción europea iniciada después de la Segunda Guerra Mundial y reforzada luego con la instauración de la moneda única, el Euro, mediante el Tratado de Maastricht (1992) que abrió la ruta para la Unión Económica y Monetaria diseñada en 1990. 

A diferencia de las dos crisis precedentes que azotó a la zona euro, ahora no se trata de reaccionar ante los mercados ofuscados por la gestión de las cuentas públicas sino de una crisis mundial, mutante e imprevisible. El camino ascendente es doble: por un lado, contar con los medios necesarios para luchar contra el coronavirus, por el otro, crear las condiciones para una posterior reactivación de las economías. El dinero público servirá a evitar los despidos, el desempleo en masa y, por consiguiente, la quiebra masiva de las empresas y la posterior recesión.

En 2008 los Estados salvaron al sistema, en 2020 el sistema hace una pausa para salvarse a si mismo concediéndole autonomía presupuestaria a los Estados. Sin embargo, no hay soluciones mágicas. 

La suspensión del Pacto de Estabilidad también trajo a las orillas europeas tres ideas que, antes, eran la peste: mutualizar los costos de la crisis, lanzar una suerte de “corona empréstito” o activar el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MES). Este dispositivo está dotado de una capacidad de préstamo de 410 mil millones de euros que pueden ser prestados sin condición a los Estados. Esta tercera opción es la que mejor conviene a la visión fiscal de Alemania y Holanda porque el MES es, de hecho, una suerte de ente intergubernamental supervisado por los Parlamentos. Tiene, no obstante, una contrapartida bien conocida y sufrida por los griegos, o sea, la obligación de llevar a cabo ajustes y reformas.

El presidente francés, Emmanuel Macron, pugna por el lanzamiento de un “eurobono” que asentiría una emisión de deuda común a todos los países de la Unión, pero su idea choca con la hostilidad de la canciller alemana Angela Merkel. No hay todavía un acuerdo dentro de la UE en torno a un plan de estimulo fiscal supervisado por la Unión Europea. El Banco Central Europeo desbloqueó 750.000 millones de euros destinados a los estragos causados por el coronavirus, pero ello no tiene el mismo alcance que una solución global. Europa se desgarra en tres planos: el de la salud, el de sus economías y, una vez más, en el plano de la dificultad para elaborar un consenso. 

Pese a que, como lo señaló el ministro francés de Economía, Bruno Le Maire, el “único punto común de comparación que existe son las dos guerras mundiales y la recesión de 1929”, no se plasma una línea común. Los ciudadanos de muchos países de la UE están confiados en sus casas y la Unión Europea sigue confinada en sus históricas desavenencias entre una visión ultraliberal y disciplinada y otra menos sacrificante.

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Lunes, 09 Diciembre 2019 06:23

Obsceno

El museo Guggenheim ofreció el año pasado al presidente Donald Trump un escusado de oro de 18 kilates, obra de Maurizio Cattelan llamada America, en préstamo para decorar la Casa Blanca. El magnate había pedido un Van Gogh.Foto del Museo Guggenheim

La semana pasada, entre la cacofonía del impeachment, el berrinche en la OTAN y las amenazas contra el país vecino (designar como terroristas a los cárteles mexicanos y el envío de inspectores para cuestiones de derechos laborales en México que, por cierto, no se respetan en Estados Unidos), brotaron varias noticias que por sí solas y/o en combinación son obscenas.

Primero, una combinación obscena: el régimen de Trump anunció la semana pasada que aprobó una medida que anula la asistencia alimentaria federal para unos 700 mil estadunidenses con el objetivo de expulsar a un total de 3 millones –entre ellos cientos de miles de niños– del programa para combatir hambre. Ese es el regalo de Navidad para los pobres.

En esa misma semana se reportó que el uno por ciento de los más ricos ahora concentran una riqueza de 35.4 billones de dólares, casi lo mismo que toda la clase media de Estados Unidos. Y el 10 por ciento más rico de los hogares ahora concentran 63.8 de la riqueza, casi el doble del total en manos de todos los demás, según estadísticas oficiales reportadas por Bloomberg.

Según algunos cálculos, las reducciones de impuestos otorgadas por el régimen actual a los más ricos supera un billón de dólares, mientras ese mismo gobierno busca ahorrar al reducir los programas para combatir el hambre entre su población.

Vale recordar que en la última elección presidencial, 40 por ciento del total de las contribuciones a las campañas presidenciales provino del .001 por ciento más rico de estadunidenses, un grupo compuesto de 24 mil 949 mega ricos.

No fue la única obscenidad.

Según un informe que se difundió casi sin atraer atención, el inspector general del Departamento de Seguridad Interna reveló que en mayo de 2018 al implementarse las medidas para separar a niños de sus familias inmigrantes, el gobierno calculaba que más de 26 mil menores de edad serían separados bajo su política de cero tolerancia. O sea, el régimen de Trump estaba preparado para imponer la máxima crueldad posible de separación, más bien secuestro, de por lo menos otros 20 mil niños antes de que tribunales federales ordenaran un alto (no se sabe la cifra exacta hasta la fecha, pero se calcula que aproximadamente entre 4 y 5 mil niños fueron separados desde 2017).

en tanto, no cesa la campaña oficial contra la verdad. Tan efectiva ha sido la táctica del régimen para poner en duda los hechos y la verdad misma, así como a los mensajeros (sobre todo los periodistas), que aunque todas estas obscenidades son reportadas todo continúa como si nada. 63 por ciento de estadunidenses confía poco o nada en políticos electos, 57 no confía en funcionarios nombrados por presidentes, y 52 confía poco o nada en los medios noticieros, según el Centro de Investigación Pew. Entonces, políticos y periodistas pueden debatir o reportar estas obscenidades, pero las mayorías no les creen.

Mientras, siguen asombrando las opiniones de los que si le creen al presidente que más ha engañado o distorsionado los hechos (según el conteo del Washington Post más de 13 mil mentiras): la mayoría (53 por ciento contra 47 de republicanos, opina que Trump es mejor presidente que Abraham Lincoln, según una encuesta de la revista Economist.

Para acabar en el baño… Trump comentó el viernes en una reunión en la Casa Blanca que impulsará una investigación sobre las normas de eficiencia del uso de agua, señalando que hay asuntos que le preocupan relacionados con elementos de baño en el país, sobre todo los inodoros. La gente los está usando 10, 15 veces, en lugar de una sola, desperdiciando mucha agua, y el líder del último superpoder mundial indicó que la agencia federal de regulación ambiental está indagando este asunto bajo mi sugerencia.

No se sabe si esta obsesión es resultado de que su Casa Blanca supuestamente rechazó el año pasado un ofrecimiento del Museo Guggenheim de un escusado de oro sólido de 18 kilates –obra de arte de Maurizio Cattelan llamada America– para instalar en la residencia presidencial.

Lo obsceno –por supuesto incluyendo las guerras y las intervenciones– es por ahora política oficial.

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EEUU consagra su hegemonía militar en el mundo y triplica los recursos bélicos de su rival, China

El ranking de Global Firepower constata la supremacía del ejército de EEUU, por su arsenal atómico y sus operativos bélicos en el ámbito naval y aéreo, por delante de Rusia y China, que acorta distancias con sus presupuestos de crecimientos anuales intensos. 

La multinacional armamentística y consultora de seguridad Global Firepower acaba de publicar su ranking 2019 sobre el poder militar en el mundo. Una fuente de datos a la que acuden tanto los expertos en asuntos de Defensa, como altos cargos de los ejércitos de todo el planeta, o investigadores en su cometido de acceder a los últimos movimientos tácticos en un tema sobre el que la práctica totalidad de las naciones guarda una escrupulosa ocultación. Impera la ley del silencio. Sin embargo, esta corporación se ha convertido en la más recurrente referencia sobre la capacidad real de los distintos ejércitos. Hasta el punto de haber superado las históricas bases de datos de la CIA.

Su clasificación diagnostica 55 factores que determinan su nota final. Es su Índice de Poder que analiza en 137 países, después de que en esta edición se sumara a su repertorio Moldavia y que, en esta ocasión -según resaltan los autores del estudio- ha cambiado su metodología para ganar en precisión, enfatizan.

Los datos que manejan son el resultado de su acceso a una amplia variedad de especificidades de la capacidad armamentística de cada país. Con especial atención -destacan- a la productividad y eficiencia de la mano de obra que contribuye a la escalada y a la modernización de los distintos ejércitos, así como a parámetros geográficos, el acceso a fuentes naturales o el estatus de las industrias vinculadas a la producción de los arsenales militares.

En su calificación también otorgan puntuaciones específicas adicionales a las naciones con la vitola de potencias atómicas o a los socios de la OTAN, con el propósito de calibrar su valoración real dentro de una organización que comparte recursos operativos, financieros y estratégicos y que tienen fijado en sus estatutos un concepto de defensa colectiva en caso de ataque a alguno de sus miembros.

El ranking de Global Firepower constata la supremacía militar de EEUU y Rusia. En consonancia a otros informes metodológicos que otorgan a las dos grandes superpotencias nucleares el cetro del poder bélico mundial. Aunque ambas redujeron sus arsenales atómicos en 2018; una especie de tregua momentánea, un paso hacia atrás para tomar impulso. Porque en las dos se avecina un inminente incremento de sus censos armamentísticos, al calor de sus respectivos procesos de modernización de sus ejércitos, que elevarán en próximos años, aún más, su poder nuclear en una carrera sin cuartel a la que ha dado alas sus sendos abandonos -propiciado por la salida unilateral, una vez más, de la Administración Trump- de los tratados de no proliferación.

El resto de las siete potencias atómicas, en cambio, aumentaron su capacidad destructiva. De forma que, al inicio de este año, había 13.865 cabezas nucleares. Así lo atestigua el Instituto Internacional de Estudios para la Paz (SIPRI, según sus siglas en inglés), un "think tank" con sede en Estocolmo y considerada la máxima autoridad independiente en la vigilancia armamentística de las grandes potencias.

La metodología de Firepower concede una nota de 0,0000 a la "meta inalcanzable, en realidad", según reconocen, de una supremacía plena. Pero que, sin embargo, sirve para evaluar bajo unos mismos parámetros, la capacidad armamentística de cada país analizado. Cuanto más próximo esté una nación de esta calificación, más capacidad militar posee.

Con estos criterios, estos son los veinticinco ejércitos más poderosos del planeta, por orden decreciente.

25. Arabia Saudí 

Rating de su Índice de Poder: 0,4268. Con una población de 33 millones de habitantes, destina 230.000 efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 848 aviones, las decimosegundas del mundo, de los que 244 son de combate; 1.062 tanques y vehículos acorazados; 55 buques de guerra y un presupuesto destinado a Defensa de 70.000 millones de dólares.

24. Polonia

Rating de su Índice de Poder: 0,4059. Con una población de 38,4 millones de habitantes, destina 105.000 efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 469 aviones, en el puesto vigesimoséptimo del mundo, de los que 93 son de combate; 1.100 tanques y vehículos acorazados; 83 buques de guerra y un presupuesto destinado a Defensa de 9.360 millones de dólares. Miembro de la OTAN.

23. Vietnam

Rating de su Índice de Poder: 0,3988. Con una población de 97 millones de habitantes, destina 5,4 millones de efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 318 aviones, en el puesto trigésimo tercero del mundo, de los que 108 son de combate; 2.575 tanques y vehículos acorazados; 65 buques de guerra y un presupuesto destinado a Defensa de 3.365 millones de dólares.

22. Taiwán

Rating de su Índice de Poder: 0,3956. Con una población de 23,5 millones de habitantes, destina 1,8 millones de efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 837 aviones, en el puesto decimotercero del mundo, de los que 286 son de combate; 1.885 tanques y vehículos acorazados; 87 buques de guerra y un presupuesto destinado a Defensa de 10.725 millones de dólares.

21. Canadá

Rating de su Índice de Poder: 0,3941. Con una población de 35,8 millones de habitantes, destina 94.000 efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 384 aviones, en el puesto trigésimo primero del mundo, de los que 53 son de combate; 80 tanques y vehículos acorazados; 63 buques de guerra y un presupuesto destinado a Defensa de 21.200 millones de dólares. Miembro de la OTAN.

20. España

Rating de su Índice de Poder: 0,3921. Con una población de 49,3 millones de habitantes, destina 139.500 efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 522 aviones, en el puesto vigésimo tercero del mundo, de los que 136 son de combate; 327 tanques y vehículos acorazados; 46 buques de guerra y un presupuesto destinado a Defensa de 11.600 millones de dólares. Miembro de la OTAN.

19. Australia

Rating de su Índice de Poder: 0,3277. Con una población de 23,4 millones de habitantes, destina 79.700 efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 467 aviones, en el puesto vigésimo octavo del mundo, de los que 78 son de combate; 66 tanques y vehículos acorazados; 47 buques de guerra (dos de ellos portaviones) y un presupuesto destinado a Defensa de 26.300 millones de dólares.

18. Corea del Norte

Rating de su Índice de Poder: 0,3274. Con una población de 25,3 millones de habitantes, destina 7,58 millones de efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 949 aviones, en el puesto undécimo del mundo, de los que 458 son de combate; 6.075 tanques y vehículos acorazados; 967 buques de guerra y un presupuesto destinado a Defensa de 7.500 millones de dólares. Potencia nuclear.

17. Israel

 Israel. Rating de su Índice de Poder: 0,2964. Con una población de 8,4 millones de habitantes, destina 615.000 efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 595 aviones, en el puesto décimo octavo del mundo, de los que 253 son de combate; 2.760 tanques y vehículos acorazados; 65 buques de guerra y un presupuesto destinado a Defensa de 19.600 millones de dólares. Potencia nuclear no reconocida.

16. Indonesia

Rating de su Índice de Poder: 0,2804. Con una población de 262,7 millones de habitantes, destina 800.000 efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 451 aviones, en el puesto trigésimo del mundo, de los que 41 son de combate; 315 tanques y vehículos acorazados; 221 buques de guerra y un presupuesto destinado a Defensa de 6.900 millones de dólares.

15. Pakistán

Rating de su Índice de Poder: 0,2798. Con una población de 207,8 millones de habitantes, destina 1,2 millones de efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 1.342 aviones, en el puesto séptimo del mundo, de los que 348 son de combate; 2.200 tanques y vehículos acorazados; 197 buques de guerra y un presupuesto destinado a Defensa de 7.000 millones de dólares. Potencia nuclear.

14. Irán

Rating de su Índice de Poder: 0,2606. Con una población de 83,02 millones de habitantes, destina 873.000 efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 509 aviones, en el puesto décimo séptimo del mundo, de los que 142 son de combate; 1.634 tanques y vehículos acorazados; 398 buques de guerra y un presupuesto destinado a Defensa de 6.300 millones de dólares.

13. Brasil

Rating de su Índice de Poder: 0,2487. Con una población de 208,8 millones de habitantes, destina 1,6 millones de efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 706 aviones, en el puesto décimo sexto del mundo, de los que 43 son de combate; 437 tanques y vehículos acorazados; 110 buques de guerra y un presupuesto destinado a Defensa de 29.300 millones de dólares.

12. Egipto

Rating de su Índice de Poder: 0,2283. Con una población de 99,4 millones de habitantes, destina 920.000 efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 1.092 aviones, en el puesto noveno del mundo, de los que 211 son de combate; 2.160 tanques y vehículos acorazados; 319 buques de guerra (de los que dos son portaviones) y un presupuesto destinado a Defensa de 4.400 millones de dólares.

11. Italia

Rating de su Índice de Poder: 0,2277. Con una población de 62,2 millones de habitantes, destina 357.000 efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 831 aviones, en el puesto décimo cuarto del mundo, de los que 94 son de combate; 200 tanques y vehículos acorazados; 137 buques de guerra (de los que cinco son portaviones) y un presupuesto destinado a Defensa de 29.200 millones de dólares. Miembro de la OTAN.

10. Alemania

Rating de su Índice de Poder: 0,2097. Con una población de 80,4 millones de habitantes, destina 208.641 efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 613 aviones, en el puesto vigésimo sexto del mundo, de los que 122 son de combate; 900 tanques y vehículos acorazados; 81 buques de guerra y un presupuesto destinado a Defensa de 49.100 millones de dólares. Miembro de la OTAN.

9. Turquía

Rating de su Índice de Poder: 0,2089. Con una población de 81,2 millones de habitantes, destina 735.000 efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 1.067 aviones, en el puesto décimo del mundo, de los que 207 son de combate; 3.200 tanques y vehículos acorazados; 194 buques de guerra y un presupuesto destinado a Defensa de 8.600 millones de dólares. Miembro de la OTAN.

8. Reino Unido

Rating de su Índice de Poder: 0,1797. Con una población de 65,1 millones de habitantes, destina 233.000 efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 811 aviones, en el puesto décimo quinto del mundo, de los que 129 son de combate; 331 tanques y vehículos acorazados; 76 buques de guerra (un porta-aviones) y un presupuesto destinado a Defensa de 47.500 millones de dólares. Miembro de la OTAN. Potencia nuclear.

7. Corea del Sur

Rating de su Índice de Poder: 0,1761. Con una población de 51,4 millones de habitantes, destina 5,8 millones de efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 1.614 aviones, en el puesto quinto del mundo, de los que 406 son de combate; 2.654 tanques y vehículos acorazados; 166 buques de guerra (un porta-aviones) y un presupuesto destinado a Defensa de 38.300 millones de dólares.

6. Japón

Rating de su Índice de Poder: 0,1707. Con una población de 126,1 millones de habitantes, destina 303.157 efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 1.572 aviones, en el puesto sexto del mundo, de los que 297 son de combate; 1.004 tanques y vehículos acorazados; 131 buques de guerra (de los que cuatro son portaviones) y un presupuesto destinado a Defensa de 47.000 millones de dólares.

5. Francia

Rating de su Índice de Poder: 0,1584. Con una población de 67,3 millones de habitantes, destina 388.635 efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 1.248 aviones, en el puesto octavo del mundo, de los que 273 son de combate; 1.004 tanques y vehículos acorazados; 118 buques de guerra (de los que cuatro son portaviones) y un presupuesto destinado a Defensa de 40.500 millones de dólares. Miembro de la OTAN. Potencia nuclear.

4. India

Rating de su Índice de Poder: 0,1065. Con una población de 1.296,8 millones de habitantes, destina 3,4 millones de efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 2.082 aviones, en el puesto cuarto del mundo, de los que 520 son de combate; 4.184 tanques y vehículos acorazados; 295 buques de guerra (un porta-aviones) y un presupuesto destinado a Defensa de 55.200 millones de dólares. Potencia nuclear.

3. China

Rating de su Índice de Poder: 0,0673. Con una población de 1.384,6 millones de habitantes, destina 2,6 millones de efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 3.187 aviones, en el puesto tercero del mundo, de los que 1.222 son de combate; 13.050 tanques y vehículos acorazados; 714 buques de guerra (un porta-aviones) y un presupuesto destinado a Defensa de 224.200 millones de dólares. Potencia nuclear.

2. Rusia

Rating de su Índice de Poder: 0,0639. Con una población de 142,1 millones de habitantes, destina 3,5 millones de efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 4.078 aviones, en el puesto segundo del mundo, de los que 869 son de combate; 21.932 tanques y vehículos acorazados; 352 buques de guerra (un porta-aviones) y un presupuesto destinado a Defensa de 44.000 millones de dólares. Potencia nuclear.

1. EEUU

Rating de su Índice de Poder: 0,0651. Con una población de 329,2 millones de habitantes, destina 2,1 millones de efectivos a su ejército (cifra estimada). Dispone de unas fuerzas aéreas de 13.398 aviones, en el puesto primero del mundo, de los que 2.362 son de combate; 6.287 tanques y vehículos acorazados; 415 buques de guerra (de los que 24 son portaviones) y un presupuesto destinado a Defensa de 716.000 millones de dólares. Miembro de la OTAN. Potencia nuclear.

 

madrid

23/10/2019 07:56 Actualizado: 23/10/2019 07:56

Por DIEGO HERRANZ

Publicado enInternacional
Sábado, 13 Julio 2019 05:46

Cuánto cuesta un soldado

Cuánto cuesta un soldado

EE.UU. gasta hasta 17.000 dólares por cada marine o infante

Llevan hasta setenta kilos encima y cada cosa cuesta una fortuna: armaduras de 1600 dólares, cascos de más de 300, mochilas de mil dólares.

 

 La evidencia está en los noticieros en blanco y negro, en las obras maestras del reportaje de guerra, en las toneladas lineales de imágenes de lugares como Kursk, Anzio, Iwo Jima o Berlín. Ahí se ve, jóvenes para siempre, a soldados ingleses, alemanes, rusos, americanos, franceses, japoneses y varios, varios etcéteras, peleando la mayor guerra jamás vista. Van con un uniforme de brin, un casco de metal, un cinturón y botas de cuero, un arma en la mano. A lo sumo, se molestan en colgar de la cintura una cantimplora, alguna granada, cargadores, un puñal. Si se los ve con una mochila, es chiquita como las que usan hoy los chicos, o una bolsa con tres piolines, a la rusa. Esa era gente que ganaba sus guerras sin accesorios, durmiendo en el suelo, comiendo lo que hubiera.

 Los países por los que peleaban no habían inventado lo que Estados Unidos inventó a partir de los años sesenta y sobre todo al profesionalizar sus fuerzas armadas, eliminando todo servicio militar. Para la Francia de 1940, para la Gran Bretaña de Churchill, para el Japón de Hirohito, para la URSS amenazada de exterminio, para los Estados Unidos después de Pearl Harbor y para la Alemania después de Stalingrado, la guerra era un peligro existencial, una carga atroz. Pagar una guerra era fundirse, empeñarse por años. Pero arrancando en Corea, acelerando en Vietnam, afirmándose en la guerra fría y la colección de guerra imperiales que no se podían perder, Estados Unidos transformó la guerra en un negocio espectacular. Fue el triunfo de lo que el presidente Eisenhower, que era general y había comandado Europa en la segunda guerra mundial, llamó el complejo industrial militar.

La carga de todo esto la llevan, literalmente, los soldados americanos de hoy, que van como burros llevando encima hasta 70 kilos de equipo obligatorio. Que necesiten todo es debatible, porque últimamente si un americano muere en combate es porque lo mató un insurgente en chancletas y de civil, armado con un Kalashnikov usado, una bolsa de pan y una botella de agua envuelta en un trapo. Pero lo que no queda duda es que equipar al marine o al infante moderno puede costar hasta 17.500 dólares, un negocio soñado para más de uno.

Esto se gasta en darle una armadura, rodilleras, coderas, antiparras, máscara antigás, radio, visión nocturna, guantes con tejido antiflama, un casco de kevlar y una carabina modular M4 con más accesorios que una Ferrari. Para darse una idea, el casquito de plástico laminado le cuesta al ejército, que los compra de a centenares de miles, 322 dólares, la radio 580 y el chaleco antibalas 1620. La mochila llena de cachivaches cierra a 1031 dólares y los borceguíes a 105. El fusil básico bajó de los 1200 que cobraba cada uno la Colt, su creador, a 700 y ahora a 642 en la última licitación, que compró 120.000 unidades por 77 millones. Esta baja subraya el sobreprecio que se paga por la munición, que se calcula en 787 dólares por hombre para que salga en descubierta, nomás. Y por supuesto, falta considerar la cantidad de cosas que se le pueden adosar a un M4: dos tipos de lanzagranadas, dos tipos de agarres frontales, tres tipos de mira laser, dos tipos de mira telescópica, de cerca y de lejos.

A todo esto, lo más barato es el soldado raso, que gana cincuenta dólares por día –una miseria en Estados Unidos- más un extra de cinco si está en una zona de combate. Que el negocio no es para el que lleva la mochila queda claro cuando se calcula el costo total de tener un hombre bajo bandera en una unidad de combate. La OTAN calcula un promedio de 180.000 dólares por año por persona, cifra en la que los 26.000 anuales de salario básico es lo de menos. Cada soldado en operaciones en Afganistán le cuesta a Washington 2.100.000 por año.

Roosevelt se debe estar revolviendo en su tumba viendo estos gastos. Cuando el presidente mandó tropas a medio mundo, cada soldado llevaba 170 dólares encima, a moneda corregida y actualizada. Los GI iban con un casco metálico, pesado e incómodo, un rifle M1 que pateaba como una mula, borcegos de cuero, ropa de algodón, un cinturón con bolsitas para cargadores y un Zippo. Para Vietnam, el costo de cada hombre equipado ya había subido a 1112 dólares, en buena parte porque los fusiles M16 costaban casi 600 cada uno. Vale la pena anotar que Estados Unidos movilizó 11.300.000 hombres y mujeres en la segunda guerra mundial, y 2.300.000 en Vietnam, pero hoy apenas araña los 800.000 en unidades de combate.

Quien tenga vocación de estudiar estas cosas puede encontrar en internet –cuando no- un vívido debate sobre la cantidad de cachivaches que lleva encima un infante. Según un estudio encargado por el mismo Pentágono, un soldado no debería llevar encima más que el 33 por ciento del peso corporal. En promedio, esto significa que en todo concepto un soldado no debería cargar más de 27 kilos y una mujer bajo bandera hasta 20. El estudio se encargó porque los soldados llevan hasta el 60 por ciento de su peso encima, con picos absurdos como el final del examen de oficiales de los Marines, en que los candidatos tienen que marchar quince kilómetros en menos de tres horas, cargando setenta kilos de equipo encima. Alguien se debe haber acordado de los soldaditos de la gran guerra, tan livianos ellos, y hasta haber recordado que los legionarios romanos caminaron medio mundo conocido llevando hasta la mitad de su peso, contando las armaduras de metal martillado.

El informe fue prolijamente ignorado porque sacarle equipo de encima a los soldados significa cancelar contratos, algo que de ninguna manera es una opción. No asombra que los militares estén invirtiendo en soluciones más caras y lucrativas, como robots de carga que le lleven el bolso al pelotón, o exoesqueletos como los de la película Elysium para que cada uno sea un superhombre cargado de accesorios.

Mientras, en el resto del mundo en el que se acuerdan que la guerra es un sacrificio más que una industria, los costos son otros. Los chinos ponen un soldado en el campo con 1523 dólares, y la principal crítica que les hacen –y aceptan- es que hay muy pocas radios como para coordinar movimientos. El precio es relativamente alto porque el arma de combate, el Modelo 95 –nieto o bisnieto de un Kalashnikov- cuesta 4300 yuan, unos 700 dólares.

Pero si se quiere una comparación precio-calidad que desgaste la excusa americana de “lo nuestro es más avanzado”, hay que ir a Rusia. Moscú acaba de presentar la super-armadura integrada Ratnik-2, un sistema que consta de casco, chaleco antibalas, radio, antiparra inteligente con visor infrarrojo y de visión nocturna, tanquecito de agua con filtros, un botiquín y hasta una bolsa de dormir. Esta pieza pesa apenas 20 kilos y cuesta 3500 dólares, mayorista, pero le resulta tan cara al Kremlin que la van a usar únicamente los comandos de las fuerzas especiales. Al final, son los rusos los que saben de economía y los especialistas en defensa ya se acostumbraron a ver equipos de rendimiento comparable al occidental, a un tercio del costo. Por ejemplo, el nuevo supertanque Armata, que no llega a los cuatro millones de dólares y es el par de cualquier cosa que produce la OTAN a doce millones.

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Los estudiantes salen a defender la universidad

Cientos de miles de docentes y estudiantes se manifestaron en todo el país, manteniendo la vitalidad mostrada el 15 de mayo o “15M”.

Por segunda vez en quince días los estudiantes se movilizaron en una centena de ciudades para defender la educación pública y contra el recorte presupuestario ordenado por Jair Bolsonaro y su ministro de Educación, el circense Abraham Weintraub. La primer concentración comenzó a las 10 de la mañana en Brasilia donde miles de jóvenes marcharon hacia el Congreso. Fueron movilizadas tropas federales, como si el acto amenazara la seguridad nacional, y hubo represión.

La marcha más esperada ocurrió a la tarde en San Pablo, coincidiendo con la visita del ex presidente Barack Obama, al convite de un grupo de empresas multinacionales. Obama hizo un discurso que tal vez haya sido bien recibido por la Unión Nacional de Estudiantes (UNE) brasileña y seguro resultó indigesto para Bolsonaro. Recomendó que los profesores sean “debidamente valorados” con salarios a la altura de su papel en la sociedad porque “dar una buena educación no es caridad, es algo necesario para el desarrollo económico de un país”.
El panorama observado al cierre de esta crónica, cuando aún no habían concluido las marchas en San Pablo y Río de Janeiro, mostraba que la capacidad de convocatoria de la UNE, la UBES (Unión Brasileña de Estudiantes Secundarios), y de los profesores mantiene la vitalidad mostrada el 15 de mayo o el “15M”, una fecha bisagra en el enfrentamiento al gobierno que mañana cumplirá cinco meses de gestión, en los que perdió alrededor de veinte puntos de aprobación. Es casi seguro que ayer no se movilizaron 1,5 o 2 millones de personas como ocurrió el 15M, pero sí cientos de miles, y esto es un aliciente de cara a la huelga general convocada para el próximo 14 de junio por todas las organizaciones sindicales.


Las protestas de este jueves y la huelga del mes que viene, que tendrá como principal bandera el rechazo a la reforma previsional, están “totalmente ligadas”, aseguró Mayara Souza, presidenta de la Unión Estadual de los Estudiantes de San Pablo. “Este gobierno chantajista y autoritario” quiere condicionar la revisión del recorte del 30 por ciento de gastos de la educación a la aprobación de la reforma jubilatoria, sostuvo. “Los banqueros no pagan impuestos y quieren que la educación y los más pobres paguen el pato de la crisis económica”, arengó la joven a las cuatro y media de la tarde en el Largo da Batata, oeste de la ciudad, cuando las batucadas marcaban el ritmo. De allí iban a partir las columnas hacia la Avenida Paulista. Los organizadores dijeron que a esa hora ya había 50 mil personas. Las imágenes en las redes sociales indicaban que había un considerable número de personas que iba al acto principal previsto para las 20 horas en el Museo de Arte de San Pablo. A las 18 horas la cadena Globo, a la que no se le puede reprochar favoritismo por los estudiantes, informó que había actos en 92 ciudades de 23 de los 27 estados de la Unión. En ese momento miles de personas se encontraban frente a la iglesia de la Candelaria en el centro de Río de Janeiro, aguardando para comenzar la movilización.


En Salvador de Bahía, nordeste del país, la capital con más proporción de habitantes afrodescendientes, la movida arrancó poco antes del mediodía en el Largo de Campo Grande, zona céntrica, donde fue desplegado un pasa calles blanco con letras rojas: “Bolsonaro sacá las manos de la educación pública, porque ella es nuestra”.


Los estudiantes de San Pablo, Río, Brasilia y Salvador de Bahía, en general recibieron el saludo y hasta el aplauso del público. La pelea por la educación ganó contornos de demanda compartida por amplios sectores populares y de las clases medias, incluso con la simpatía de estudiantes de escuelas privadas. De ese sector proviene el público que ayer fue a escuchar a Obama, y lo aplaudió cuando aconsejó más fondos para escuelas y universidades.


El capitán retirado del Ejército Bolsonaro concibió el enfrentamiento como una forma de guerra propia contra los estudiantes, y está descubriendo que su táctica puede haber sido ser un boomerang. El domingo pasado decenas de miles de bolsonaristas salieron en su defensa con consignas apologéticas de la dictadura y en favor del autogolpe a través del cierre del Congreso. Globo y la mayoría de los medios poderosos intentaron disimular a los extremistas. Una faena difícil, dado que las tesis radicales son expresadas por el mandatario y su ministro de Educación Abraham Weintraub, que esta semana volvió a defender el ingreso de la policía en los campus, lo que está prohibido por la Autonomía universitaria. Ayer pidió a los padres de estudiantes secundarios que delaten a los profesores sospechados de izquierdistas.


Weintraub sorprende por vía doble: presenta argumentos del gurú de la extrema derecha Olavo de Carvalho en perfomances que lindan con lo ridículo. Así sucedió ayer cuando grabó un video para denostar lo que él llamó “lluvia de fake news” contra el gobierno, munido de un paraguas y meneándose al ritmo de la canción Danzando bajo la Lluvia.


Mucho más que un recorte


Por Andrés Ferrari Haines

Desde Porto Alegre*


En Brasil, los estudiantes marcharon de nuevo, continuando la gran marcha del 15 de mayo, cuando dos millones se movilizaron en todos los estados del país. En Recife, Porto Alegre, Belo Horizonte, Salvador, San Pablo y Río de Janeiro, las imágenes fueron impactantes. Escenas pocas veces vistas en Brasil.


El domingo los bolsonaristas marcharon en respuesta. Y la concurrencia resultó bastante pobre. Sólo en San Pablo y Rio de Janeiro fueron de consideración, pero bastante inferiores a la de los estudiantes. En el resto, sólo puñado de personas. Grabaciones difundidas por las redes muestran algunas hasta cómicas, con mucho ruido de altavoces y pocas nueces... Había expectativa porque, aunque el presidente viene perdiendo credibilidad y apoyo a alta velocidad, en octubre obtuvo casi 58 millones de votos y porque se comunica a través de las tinieblas de las redes. Hashtags en su favor fueron líderes; algunos, a nivel mundial, difundidos con beneplácito por bolsonaristas. Sólo que aparecían con banderas de Brasil y EE.UU., indicando el origen doble de sus seguidores. En efecto, en el apuro, un hashtag apoyaba a “Boldonaro”... Por eso, los estudiantes se convocaron confiados: los robots no marchan.

La gran movilización de los estudiantes se gestó contra el fuerte recorte educativo del gobierno que deja a las universidades sin recursos para funcionar en septiembre. El rechazo se hizo social, distintos sectores afirmando que la educación es esencial para el país. Incluso estudiantes secundarios participaron entendiendo que se busca desmantelar la educación pública: es decir, cuando tengan edad, no tendrán universidades. No se equivocan. El ministro de Educación Weintraub dejó claro su desinterés en la educación pública. Sin presentar datos, pero en contradicción con ellos, afirmó que las universidades públicas son de bajo nivel y de peor calidad que las privadas. En las listas de mejores universidades elaboradas en Brasil y en otros países, no sólo las públicas dominan los rankings nacionales sino, también, algunas se destacan en los internacionales. Esa actitud del ministro, además, es congruente con otros proyectos de arancelar o desfinanciar las áreas sociales y humanas. Bolsonaro directamente llamó imbéciles e idiotas útiles a los estudiantes que, azuzados, dicen que le respondieron con esta segunda marcha porque “sin educación, alcanza con Bolsonaro”.


Las reacciones bolsonaristas también revelaron, ya sin ningún maquillaje, su lado autoritario. Convocaron su marcha del domingo con agresiones al Congreso y a la Corte, generando un clima de posible autogolpe. Varios sectores se pronunciaron en contra de este tono antidemocrático: el ejército, partidos aliados y miembros de su propio partido, hasta grandes medios de comunicación. La alianza de Bolsonaro se quebró. Bolsonaro, que había avalado el embate a los otros dos poderes, intentó despegarse. Pero hubo el domingo demandas en favor del cierre del Parlamento y de la Corte.


El apoyo inicial del presidente había tenido un fuerte fundamento personal. En el Congreso no avanzan las propuestas neoliberales de su “superministro” Guedes –en particular, la reforma previsional–, mientras muchos parlamentarios coinciden, con parte de la sociedad, en que Bolsonaro no tiene capacidad para gobernar. Impeachment se escucha fuerte –sobre todo en la derecha, que considera que las medidas sólo avanzarán si asume su vice, el General Mourão–. En la justicia, su hijo Flavio está siendo investigando por lavado de dinero y asociación ilícita junto a casi cien personas, incluyendo la esposa del presidente. Sus socios serían los para-policías cariocas vinculados con el asesinato de Marielle Franco. Según el conocido periodista Luis Nassif, de las tres hipótesis sobre el crimen, una está relacionada con el presidente.


La segunda marcha por la educación es parte de la batalla por las calles que se instaló en Brasil. Hecho novedoso en una sociedad, hasta ahora, poca politizada. Curiosamente, fue la autodenominada “nueva derecha” la que inició esta forma de disputa política cuando se movilizó en contra Dilma Rousseff, primero en 2013 y, después, en 2015. Grupos como “Vení a la calle” y “Movimiento Brasil Libre” que estuvieron detrás de ellas y de las del triunfo de Bolsonaro, hoy se alejan del gobierno. Pero la disputa se mantiene. Y la marcha por la educación dejó de ser vista por los estudiantes como meramente contra un recorte para entenderse como una crítica al proyecto de país del actual gobierno. Y la educación pública expresa la diferencia entre ellos: el domingo bolsonaristas arrancaron vivando un cartel en defensa de la educación en la Universidad de Paraná. Conscientes de esto, los estudiantes dicen que ayer las clases fueron en las calles -y que las próximas clases callejeras se dictarán en la huelga general del 14 de junio.


* Profesor UFRGS (Brasil) @Argentreotros.

 

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Viernes, 12 Octubre 2018 15:07

Un reto que moviliza a multitudes

Un reto que moviliza a multitudes

El pasado 10 de octubre estuvimos acompañando la marcha de los estudiantes de la educación superior en Bogotá. Las movilizaciones fueron un desfiles de color, alegría y juventud. Se escucharon cánticos al son de tambores, trompetas, acordeones: “porropopom, porropopom, él que no salte quiere privatización", "Amigo mirón, únase al montón, su hijo es estudiante y usted es trabajador", "Lucha, lucha, lucha, por una educación feminista y popular" y "Adolorido, adolorido, adolorido del corazón, por un gobierno, por un gobierno que se ha robado la educación”. Coloridas vestimentas, carrozas, y la vitalidad de una generación que lucha para que la educación no se convierta en un negocio al servicio de unos privilegiados, o la tumba de aquellos que deben endeudarse toda una vida por acceder al legado y saber humano.

 

 

En la ciudad de Bogotá, más de 20.000 manifestantes se tomaron las principales vías con destino a la emblemática Plaza de Bolívar, con el fin de exigir al gobierno nacional, adecuar y organizar el presupuesto para la educación superior. La movilización tomó forma a una semana de la discusión en el senado del Presupuesto General de la Nación 2019.

La convocatoria fue multitudinaria en todo el país. Más de 150 mil personas marcharon en diferentes ciudades, convocadas por la Unión Nacional de Estudiantes de la Educación Superior (Unees), marchas a las que también concurrieron, además, rectores y sindicatos universitarios, la Federación Nacional de Educadores, la Organización Nacional Indígena, los estudiantes de universidades privadas y del Sena, la guardia campesina, entre otros, quienes en esta ocasión se unieron a las exigencias de los estudiantes alrededor del pliego de peticiones de la Uness, que busca garantizar una educación digna, gratuita y de excelencia.

Yisel Sarmiento profesora vinculada a la Secretaria de Educación de Bogotá nos dijo que “estamos apoyando la movilización en pro de la universidad pública, poquito a poco están matando la universidad pública, están permitiendo que lo que muchas personas tienen como acceso a la educación se esté muriendo”.

El pliego que alimenta estas protestas contiene 10 exigencias puntuales: la primera concierne al incremento de 4.5 billones de pesos para sanear el déficit provocado por la ley 30 de 1992 de educación superior, seguida de la reliquidación de las deudas del Icetex con tasa real de interés 0%, condonación de la deuda de los estudiantes del programa Ser Pilo Pago, congelar el costo de matrículas de instituciones de educación superior privadas algunas de las cuales llegan a 20 millones de pesos un semestre de pregrado, aumento en un 100% al presupuesto de Colciencias, pago de la deuda histórica a las universidades públicas que hoy asciende a 16 billones en un plazo no mayo de 10 años, mantener los recursos del Sena, derogar la Ley 1911 de financiación contingente al ingreso, la construcción de una nueva regla fiscal: además, que los procesos de acreditación de alta calidad no sean los determinantes a la hora de transferir recursos a las universidades; derogar la ley 1740 y, por último, respeto y garantías para la movilización sin represalias en universidades públicas y privadas.

 

 

Los y las estudiantes se tomaron las calles. Las movilizaciones exigen la solución al déficit presupuestario de las instituciones de educación superior. Esta es la forma de responder a esa “crónica de una muerte anunciada” desde promulgación de la ley 30 de 1992, que establece parámetros de financiamiento, organización y funcionamiento contrarias a las exigencias sociales y académicas de los centros de educación, crónica que viven diariamente quienes están en las instituciones educativas, que día a día ven como las instalaciones ensanchan su deterioro, así como la reducción y disminución de espacios extracurriculares de extensión, bienestar y un largo etcétera.

Nicolás Albarracín, estudiante de la Universidad Pedagógica Nacional, nos dijó que se debe “empezar a reestructurar una serie de decretos que desde 1992 (ley 30) por la que se ha venido desfinanciando (la educación) por ser una ley anacrónica que aún está financiando la Universidad de 1992, lo que se quiere es que se financie una Universidad del día de hoy”.

En Colombia existen 62 instituciones de educación superior que congregan universidades, instituciones universitarias, instituciones técnicas e instituciones técnicas profesionales de carácter público, cada una afronta problemas de infraestructura, vinculación docente, investigación y extensión además de los recursos necesarios para su buen funcionamiento, considerando que la universidad amplié su cobertura a más sectores, pues los recursos solicitados cubren el déficit acumulado, no la proyección para ampliar la demanda, la investigación, la extensión social y la creación de nuevos programas académicos.

La educación superior pública cumple la función social de permitir el acceso al conocimiento, los saberes y avances en los diferentes campos del saber humano, en condiciones dignas, de calidad y pertinencia social. Su desfinanciamiento responde al proceso de su desmonte, iniciado en 1991 y concretado con mayor decisión en la ley 30 del 92, y que aboca a las universidades a buscar recursos a través de la venta de servicios, convirtiéndolas en instituciones-empresas. El llamado de los estudiantes y de quienes los acompañaron en la movilización es para dar soluciones, destinando menos presupuesto para la guerra y más para la educación.

 Al respecto Valentina Londoño, estudiante del Sena sede Bogotá, nos dijo “Estamos en desacuerdo con que los que están en la política nos quiten presupuesto y nos bajen beneficios solamente para la guerra”.


De esta manera los estudiantes, la comunidad educativa, los procesos sociales, le dicen al gobierno de Iván Duque que no van a permitir que la educación prosiga en su proceso de privatización, mercantilización y elitización.

Como prolongación de la protesta, desde el 12 de octubre varias universidades se declararon en paro parcial o indefinido, tomando forma un ciclo de lucha estudiantil impulsado por un movimiento que reconoce las dificultades de este tipo de luchas y que carga con las enseñanzas de décadas de movilización y lucha por una educación a la altura de las necesidades del país.

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Siete reflexiones (libertarias) para apoyar la movilización estudiantil del 10 de octubre

1) El Estado constituye una forma fetichizada, falsa, de comunidad; conlleva la creación de un pueblo o nación que no se corresponde nunca con la multiplicidad, complejidad y extensión de las relaciones sociales. Es importante, por ende, no confundir lo público en general, ni lo común, con lo “público” estatal. Un aumento en el presupuesto para las universidades, obtenido a partir de la organización de estudiantes, trabajadores/as y docentes, es una manera de recuperar lo que el Estado nos roba (para nutrir y reproducir ciertos segmentos parasitarios de clase) a través de los impuestos, que, como su nombre lo indica, son impuestos mediante un ejercicio violento (donde el famoso tema weberiano del monopolio de la fuerza se ve necesariamente involucrado).


2) En la medida en que el aumento de presupuesto es una forma de devolverle ciertos “recursos” a la comunidad, la cual no debe ser confundida con el Estado, es importante que la gestión de ese dinero venga acompañada de un control efectivo mediante una combinación de formas de democracia participativa, directa, deliberativa y, en determinados asuntos, representativa.


3) En virtud de los puntos anteriores, la discusión de la financiación no puede ser desligada de la discusión sobre la democracia universitaria y la democracia en general.


4) No confundir la comunidad con el Estado implica también que los diversos grupos que intentamos reapropiarnos de lo que el Estado usurpa constantemente debemos articularnos con otros grupos que tratan de hacer algo análogo en terrenos diferentes: comunidades indígenas, campesinas, afro, de educación experimental y no institucional, etc.

5) La movilización, en consecuencia, no puede tener como objetivo la construcción de “un proyecto de país”, sino de diversos proyectos de comunidad articulados que sean capaces de rebasar las fronteras estatales. ¡La educación no pude seguir estando al servicio del Estado ni del Capital!


6) Si de reapropiarnos de la educación se trata, es de suma importancia que pensemos colectivamente cómo queremos formarnos (y/o deformarnos/transformarnos) y qué tipo de espacios físicos, técnicas, formas de organización, etc., implica eso.


7) Finalmente, no podemos dejar de lado la reapropiación de las instituciones privadas, que, como su nombre lo indica, nos privan constantemente de definir nuestra propia educación y sus objetivos. La articulación con dichas iniciativas es, asimismo, de vital relevancia.


¡Por dentro o por fuera de lo que hoy es “público” estatal, a moverse por lo que es de todas y todos!

 

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Crisis financiera universidad pública

https://youtu.be/C8ZHDehlU2k

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