Lunes, 28 Mayo 2018 11:16

Del sueño a la realidad

Del sueño a la realidad

La campaña de Gustavo Petro aglomera en plazas de barrios y municipios. Da para tanto que pudiera ser verdad que, ante el 27 de mayo, ¿Colombia está ad portas de otro 19 de abril de 1970?

 

Con un gran número de reacios a participar, los días que pasan de discurso electoral y trapisonda prenden en una parte del país, con realidades entre la ciencia política, la inconformidad y la fantasía –en la esperanza (de la oposición) y en la desesperanza (de los excluidos), cualquier cifra es vista como avance o triunfo. Estas elecciones (2018-2022) resultaron con un abrebocas que no es garantía ni prenda de buen sabor.

 

Sucede que una ola de optimismo recorre al movimiento social colombiano y contagia a sus variados activismos con pasajes de memoria. Es motivo de alegría. Se trata de una irrupción en la exaltación de ánimo que tiene origen en la campaña presidencial de quien ahora aparece como aglutinador de la inconformidad de izquierda, cuyas propuestas de gobierno encuentran sintonía con capas poblacionales a lo largo y ancho del país. Incluso, silban en conglomerados sociales hasta ahora arrinconados, y silenciados, por una guerra contrainsurgente y paramilitar que dejó entre estos sectores un temor generalizado, y una amarra de silencios que apretaban pechos y hondas huellas en la memoria.

 

Es un optimismo que parece o llega a extremo, exagera, dado el antecedente de situación a flor de números, no solo en los recientes resultados de las elecciones, las consultas de marzo y la cifra anterior con continuidad del “referendo por la paz”, con efectos sobre la presente campaña, sino porque no repara en el asunto substancial con factores críticos: de las lecciones dejadas por las formas organizativas, partidistas, de gobierno, gestión e ¿identidad y pertenencia popular? aplicadas en América Latina durante los últimos años. Tampoco avista en las lecciones de nuestra propia historia cuyo reflejo más paradigmático descansa en Jorge Eliécer Gaitán, en el movimiento gaitanista y su exterminio. Y por supuesto con menor medida, en las consecuencias del fraude a Rojas Pinilla.

 

De ahí que llamen la atención, e incluso asusten, mensajes que ahora llegan por las redes sociales festejando el surgimiento de “un nuevo caudillo”. Una barbaridad y un contrasentido de múltiples dimensiones: social, organizativo, político, histórico, contradictorio ante el desafío actual por ¡Otra Democracia!, la que implica espacios, procesos y dinámicas participativas, deliberativas, consultivas, de otro tipo y otro ritmo, en todo el quehacer social, de lo cual no están exentas las nuevas formas de organización y participación, las nuevas formas por potenciar para ser gobierno y poder.

 

Precisamente, la primera lección por apropiar del inolvidable legado de Gaitán es que su potencial de liderazgo no se tradujo en fuerza organizada. Quedó un vacío que impidió la respuesta coherente de las mayorías ante la acción violenta del establecimiento, facilitando el genocidio que luego padecieron por decenas miles de sus adeptos. Es la misma lección que arroja el progresismo por toda América Latina: el más notorio aspecto que logran constituir y articular estos proyectos de gobierno es el de unos partidos de ascenso de otra clase dirigente, con vocación y funcionamiento electoral, simples instrumentos para tales jornadas. Todo un error que adelgaza el apoyo y las mayorías iniciales.

 

Otra de sus enseñanzas, en las circunstancias del tiempo en que vivió, fue el limitado sentido educativo de sus mensajes. En efecto, para conformar un sujeto social activo y protagónico por el cambio estructural, no basta con denunciar y agitar en la campaña electoral. Más allá de la misma y de sus semanas o meses de contienda, un proyecto de nuevo país debe asumir que en todo tiempo y circunstancias –como una de las funciones de quien tiene la palabra y la atención de quienes le escuchan– hay una tarea urgente: la de pronunciar mensajes llenos de ruptura con la política tradicional en su implicación de sentido pedagógico. Entre los primeros y fundamentales mensajes que debiera repetir una y otra vez, es que el líder resulta circunstancial y está en cuestión con Gaitán…, con Chávez…, con Evo…, la arenga “Yo no soy un hombre, soy un pueblo”.

 

Para el tiempo de hoy y su desenlace pronto con victoria, los liderazgos deben ser colectivos. En todo proceso con vocación de cambio resulta central la configuración y la suma de las estructuras sociales plurales y horizontales, sumergidas con reconocimiento en territorios, donde todas las miradas de país tengan espacio, donde la propia gente se articule no solamente un día, con identidad e iniciativa, dando paso a la discusión y la planeación sobre cómo ser gobierno directo y en todo momento. Con proyección de los bosquejos diversos que amplíen el consenso social con raíz popular, y, de este modo, con un alcance definitivo de asidero –con margen para diversas formaciones políticas, no sólo de “partido único”–, bien por vía autónoma, bien de manera concertada con instituciones de variado carácter.

 

Extraña, por tanto, que en la campaña en marcha el candidato Petro no aluda a una ni a otra de estas particularidades, como si pretendiera tener asiento indispensable; como si la situación que ahora sucede con Lula en Brasil no ampliara ondas aleccionadoras por toda nuestra región: como si la curva con descenso en la popularidad de Chávez no hubiera sembrado lección alguna; como si el presente y la repetición en Bolivia de un liderazgo que no cuenta o pareciera no contar con sucesión no fuera suficiente para adentrarse en debates sobre estos temas de gobierno y poder.

 

Desprendida del genocidio padecido por el gaitanismo, llegan las imágenes que nos indican que sin movimiento(s) social(es), como soporte y alma de los procesos de cambio a que llama el candidato, toda esperanza de transformación efectiva es pura palabrería o “discurso de candidato y de político”. En verdad, sin mecanismos de control por parte de los propios movimientos, sobre quién interpreta o lleva por un tiempo la palabra de todos, lo único que queda en siembra es la continuidad de un personalismo, de un ‘presidencialismo’ funcional con las leyes del capital y, con este marco, de desilusiones.

 

Una lección de experiencias vividas en toda la región, y más allá, pero también desprendida de nuestro propio territorio con sus vivencias, es que una cosa es el gobierno y otra el poder. Mucho más cuando el acceso que otorga un hipotético triunfo electoral es al control del Ejecutivo, sin desconocer que Congreso, Cortes, Fuerzas Armadas, gremios económicos (entre ellos los banqueros), medios de comunicación, organismos multilaterales, etcétera, estarán en otras manos. O sea que ese optimismo desbordado que ahora se siente en amplios sectores del activismo y una franja alternativa ni siquiera pondera en que ese supuesto gobierno, sin un previo o paralelo hecho social motor de diferenciación, dentro de una situación en la cual el poder oligárquico cuenta con la iniciativa ante la opinión del habitante común, contaría con un escaso margen que condiciona y fuerza a conciliar y negociar las propuestas que ahora agita por plazas y auditorios, teniendo que –muy seguramente– ejecutar muchas de las medidas y programas que ahora mismo rechaza. En la desventaja derivada de la correlación de fuerzas, hay medidas impuestas de facto por el poder real que está detrás del escenario: el poder financiero, con sus cohortes de congresistas, jueces y militares que lo protegen y legalizan.

 

De ahí que sea sustancial que quien ahora atrae todas las miradas insista en que las gentes del país asuman sus formas de reunión, de organización, y obtengan espacios de deliberación, reflexión y decisión, para debatir en un primer momento el plan de gobierno que ahora es el eje de la campaña, y su aplicación, para que se lo apropien, lo amplíen en argumentos y lo reformulen en todo o en parte, según el sentimiento frente a la deuda social que el país padece bajo la responsabilidad tradicional. De ahí igualmente que insista el candidato en que esas mismas gentes con paso rápido, y bajo un impulso diario de una porción institucional en contradicción que salga a la vista, se constituyan, en todo espacio y lugar, en cientos, en miles, de comités de gobierno. Es una conexión de reuniones y organismos que deberán constituirse en soporte fundamental de control y ahondamiento de una política alterna, dentro de las variantes con realismo de a) la progresión y la continuidad en un nuevo proyecto de articulación y acción social alterna en Colombia, y b) de una gestión presidencial de nuevo tipo.

 

En cualquier caso, está a la orden una articulación arcoíris de las gentes de toda procedencia que siembre las instancias y mecanismos necesarios para que esa fuerza ahora despertada no vuelva a contraerse, no regrese a la contemplación, sino que ahora ocupe todo el territorio nacional en una animada campaña por un país soportado en vida digna y democracia plena, una frase que pudiera resumir todo aquello que anhelan unas y otros, tanto en el campo como en las ciudades.

 

Y así debe ser, pues, recordemos, un buen gobierno es el que garantiza la felicidad de todos sus gobernados, para lo cual un factor fundamental precisamente es lo ya resumido en la máxima de vida digna y democracia plena. Y un buen dirigente es aquel que, sin generar dependencias ni someter voluntades ni cortarle energía a la inconformidad social, crea las circunstancias requeridas para que, al tiempo que él actúa, surjan otros cientos de liderazgos del más diverso tipo, locales, regionales y nacionales. Son lecciones para tomar en cuenta. “Seamos realistas: proyectemos lo imposible”.

 

Rectificar en el mensaje y los instrumentos para la comunicación con la ciudadanía de a pie y del común, organizar, movilizar, educar, sembrar confianzas, acercar compromisos, disponer espacios y métodos para procesar las divergencias, identificar y proyectar un liderazgo de diverso tipo y colectivo de nación, mirar el presente pero siempre con perspectivas de inmediato, son apartes de una campaña y una acción social electoral que deben ser mucho más que eso.

 

De esta manera, así se pierda en el propósito de ser electo, se gana en el propósito de ser más país. Un triunfo por concretar en la calle, en una dualidad de poderes por darle forma constituyendo y poniendo en marcha miles de asociaciones solidarias en pro de otra economía necesaria, base presente y futura para darle piso a otra política, una que no amarre ni someta con clientelas y chantajes provenientes de la casa de gobierno nacional, departamental, municipal, veredal, del corregimiento, de la comuna, la localidad, la JAL, el barrio, la acción comunal o similares. Una economía y una política otras, asentadas a través de juntas de vecinos autónomos que asuman el ordenamiento y el cuidado de sus barrios y sus cuadras como un asunto prioritario en beneficio de la vida digna, la cual no es posible por fuera de la vida colectiva y solidaria. Como proyección de este actuar, un entretejido de movimientos sociales del más diverso carácter deberá tomar forma por todo el país. Su interrelación, en intercambio de productos, experiencias, discusiones, campañas, etcétera, será fundamental para que gane músculo.

 

Al actuar así, lo electoral será una simple circunstancia en el ejercicio de reconstruir nuestro país, devastado por años de confrontaciones armadas, con la proyección de un modelo paramilitar, contrainsurgente, que centró su mira en el “enemigo interno”, arrasando con los liderazgos sociales, con la instrumentalización de narcotráfico y narcotraficantes, en un desbarajuste de valores, tradiciones y tejidos sociales, y por su conducto en un ahondamiento del neoliberalismo por la senda cultural, levantando ante las propuestas de otro país posible inmensas murallas por sortear, todo lo cual fue y sigue complementado por una pléyade de pésimos gobiernos.

 

Con la primera vuelta de esta campaña, este 27 de mayo –y de darse el caso con la segunda el 17 de junio– se cierra una fase de optimismo social y deberá arrancar, de inmediato, otra fase: la de un alternativo reencuentro nacional. Hay que proceder así, pues no hay espacio para la desesperanza.

Publicado enEdición Nº246
Jueves, 23 Abril 2015 15:40

“Como vamos, vamos mal”

“Como vamos, vamos mal”

Abril abrió su calendario con nuevos aires. Durante su segunda semana (6-12), Bogotá fue el escenario de la Cumbre Mundial de Arte y Cultura para la Paz, a la que asistieron más de 130 mil personas, para escuchar, ver, compartir y discutir visiones sobre la paz con académicos y actores sociales de diferentes procedencias, tanto del país como del exterior.

Las actividades fueron diversas, como lo es nuestra cultura. Danza, música, cantos, teatro, todas las expresiones artísticas hicieron parte de esta gran Cumbre que llevó a diferentes conclusiones, pero que propició un espacio reflexivo hasta no visto. Un lugar para discutir sobre el significado de la tan mencionada palabra paz, y descubrir cómo la valoran y proyectan desde diferentes ángulos.

La educación y la paz

La educación es un tema central en la construcción de un país, más aún cuando la pretensión es alcanzar la paz. Es por eso que en esta Cumbre no podía faltar este importante tema. Fueron dos sesiones las organizadas para tratar la educación, en los que se evidenció lo que muchos ya saben: en nuestra sociedad, la cultura, las artes, la música y hasta el juego son ajenos a la formación de la mayoría de sus miembros.

Experiencias en educación artística

El lunes 6 tuvo lugar un encuentro de experiencias sobre la educación artística en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán –TJEG. Los invitados fueron Evert Peña, músico fundador de la Escuela de Puertas Abiertas de Música Tradicional, espacio de enseñanza de la marimba como forma de resistencia "Semillas del Litoral" en El Charco, Nariño; Ramiro Noriega, exagregado cultural de Ecuador en Francia, ministro y viceministro; y Carlos Miñana, doctor en antropología social y cultural, magister en educación y licenciado en pedagogía musical. Ellos compartieron sus experiencias desde diferentes puntos de partida.

Evert Peña, un hombre alto, con sombrero de paja y de piel negra, dio a conocer los avances en la educación de la Marimba y destacó la música como parte fundamental de su cultura, desde que nacen hasta que mueren. Ramiro Noriega, habló sobre cómo le están apostando en Ecuador a que el arte y los artistas hagan parte de la universidad, para dejar de ser simples invitados a distintos eventos.

Carlos Miñana, planteó que es una falacia pensar en la música como formadora de paz, pues con ella también se partió hacia distintas guerras, pero también la han utilizado para engañar gente y violentar a otros. La música es una herramienta que es posible de utilizar para lo bueno y lo malo, la decisión de qué hacer con ella es de cada uno; fue su mensaje.

Finalmente, sobre una investigación que realizó a diferentes iniciativas de educación artística en el país, compartió su conclusión: no existe fórmula para enseñar la música y el arte en general, una fórmula que conlleve a la construcción de paz, todo depende de la gente, de la historia, de los conflictos, de las costumbres, todo depende del contexto.

Arte y educación

Al día siguiente, el martes 7, en el mismo escenario –TJEG–, un panel con cuatro invitados discertó sobre el arte en la educación: Jesús Martín Barbero, teórico de la educación y la cultura; Mario Hernández, médico y el candidato ganador de las elecciones entre estudiantes y funcionarios para ser el rector de la Universidad Nacional; Renato Ortíz, teórico en cultura, diversidad y globalización; y Patricia Ariza, dramaturga, directora de la Corporación Colombiana de Teatro.

Uno a uno, opinaron desde su experiencia, señalaron y propusieron los aspectos que consideran están ausentes en la educación colombiana para la formación de sujetos activos. Sus apreciaciones fueron aplaudidas por los asistentes que llenaron el teatro y que salieron con más argumentos para sostener la premisa que muchos ya han pronunciado y que sintetizó Hernández en una frase: "Como vamos, vamos mal". Pero aún más importante, salieron con varias ideas, propuestas, y con la convicción que el país requiere un cambio, que su concreción debe ser lo más pronto posible.

La sensibilidad humana, el arte y la paz

Jesús Martín Barbero enfocó su ponencia sobre la importancia de la sensibilidad en el ser humano. De la cual se desprende la creatividad, el gusto por la lectura y la escritura, y básicamente la posibilidad de formar sujetos modernos.

La escuela, después del kínder se convierte en algo ajeno al juego, dijo, "se acabó el mundo expresivo, se acabó el mundo de los sentidos, y de los sentires. Al maestro le importa un carajo lo que le pase a los sentidos de sus alumnos [...] porque enseñan un saber racional. Resulta que la dimensión del sentir es la dimensión del gozo y del dolor que pasa por el cuerpo, no solo por la cabeza, y eso lo sabemos los latinoamericanos mejor que nadie".

Los aplausos para el profesor llegaron sin espera. El discurso, que realizó con tono fuerte, resaltó que sin la estimulación de los sentidos es imposible el arte, así como es imposible lograr la paz.

"Antes de que se hablara de modernidad, un filósofo alemán ya planteó que la formación estética, la formación de la expresividad y de la creatividad era la clave de formación del ciudadano. Es decir, sin formación de la subjetividad no hay sujeto moderno [...]. María Teresa Uribe Hincapié –tuvo que ser una mujer la que se atrevió a decirlo: miren, ¿saben por qué Colombia está tan atrasada?, porque su escuela no fue capaz de gestar sujetos modernos. El sujeto moderno no es solo el que piensa con la cabeza sino el que siente con su propio cuerpo, con sus propios sentidos".

En concordancia con su intervención, preguntó: "¿Qué vamos a hacer con este cuento en el que se ha metido el gobierno pero no sabe de qué habla: transformar la educación en Colombia? [...] O la escuela crea autores o crea meros imitadores. [...]", agregó.

Y terminó con la importancia de la imaginación: "Necesitamos mucha imaginación para que la memoria de este país deje de ser una memoria vengativa. La memoria que necesitamos es la que sea capaz de hacer el duelo por todos los muertos, por todos los desplazados, por todos los trastornados [...]. Solo una ciudadanía abierta al riesgo, abierta a la improvisación, abierta a la negociación va a entender qué tipo de memoria va a necesitar la negociación de La Habana para hacer posible un país nuevo, un país reconciliado".

Contra la lógica del "sálvese quien pueda"

Mario Hernández trató de responder al interrogante, ¿Cuál educación es aquella que contribuye a construir paz en una sociedad concreta como la colombiana?

En primer lugar recordó que la firma de un acuerdo en La Habano no implica tener una sociedad en paz, "de hecho la mejor expresión para lo que sigue debería ser la expresión postacuerdo como muchos lo han propuesto y no postconflicto".

Fue enfático en criticar el "individualismo liberal": "Una sociedad que a falta de pactos políticos respetados y sólidos en el largo plazo aprendió a vivir bajo la lógica del "sálvese quien pueda", del "cómo voy yo ahí" y del "más vale ser rico y sano que pobre y enfermo", como dijo Pambelé".

Para él, cambiar esa lógica afectaría todo: las relaciones políticas, las estructuras en las instituciones, toda relación humana, disminuyendo considerablemente las reacciones violentas y creando sociedad.

"Una sociedad en paz significa una forma de organización solidaria e interdependiente que combina el reconocimiento de las diferencias con la redistribución de recursos para superar desigualdades injustas a partir de procesos, reglas y escenarios de participación para el ejercicio democrático de todos. Esa sociedad, seguramente no podrá seguir atada al comportamiento depredatorio del capitalismo y tendrá que afectar las formas de poder, económico, político y militar, que reproducen la trayectoria de la sociedad colombiana", agregó.

La educación, dijo, debería llegar a todos como derecho fundamental, pero también, debería darse sobre la premisa de que todos somos diferentes, por lo cual se debe estimular cada proyecto, sin importar lo diversos que puedan llegar a ser. No homogeneizar a través de la repetición.

La educación debería dejar de establecerse sobre "La asociación cada vez más marcada entre el acceso y la capacidad de pago de las familias, y así mismo a la calidad", dijo.

"Esa lógica dinero-calidad se consolida en el PND pero con dos elementos más, la concepción de pobres buenos, pobres malos, que tiene que ver con el esfuerzo de cada uno, de portarse bien y el fomento entre instituciones públicas y privadas en un mercado regulado por sellos de acreditación en el cual, quien no logre adaptarse y autosostenerse desaparece. Y eso está pasando en la Universidad Nacional, por eso reeligieron a Mantilla, con quien han podido instalar este tema".

Concluyó, "Bajo este modelo no se logra la equidad, menos a través de esa educación [...]. No podrá ir más allá de un acuerdo de paz con una parte de la insurgencia. Se requiere un nuevo pacto social y político en que podamos afectar las estructuras que reproducen las causas de la guerra".

La cultura como espacio de poder

El brasilero Renato Ortiz habló sobre la esfera de la política y la cultura. Su idea principal fue la cultura como lugar de poder y los cambios generados desde ella sin que seamos conscientes.

"Voy a poner un ejemplo: en París, Mayo del 68, en los grafittis en el metro estaba escrito Métro, Bouleau, Dodo –metro, trabajo y sueño–, lo que quiere decir la gente sale de casa, toma el metro, va a trabaja, vuelve al metro, va a la casa, duerme y al día siguiente una repetición infernal de este ciclo. Entonces, estamos hablando de prácticas sociales cotidianas y al tematizar las prácticas sistematizan relaciones de poder que no pasarían sobre el tema de la consciencia".

De igual manera, expuso como ejemplo la transformación del concepto de diversidad, cómo en la globalización se convirtió en un tema de gran importancia, y cómo los actores sociales colaboran en esta.

"Por cada movilización, la problemática de la diversidad pasa a tener una importancia icónica en el mundo contemporáneo. Eso significa que en este mundo existen los movimientos, un movimiento de globalización, pero también una valorización de lo particular en el proceso de globalización. La diversidad está asociada con la pluralidad, democracia, tolerancia".

¿Cómo poder hacer arte que contribuya a disminuir la violencia?

Patricia Ariza finalizó el panel. Su ponencia estuvo acompañada de un video en el cual demostró cómo el arte puede transformar el dolor y cómo todos pueden colaborar para ello. Se centró en el drama del desplazamiento, y cómo han sido las personas desplazadas, las que han transformado la cotidianidad colombiana, especialmente en Bogotá, pero también cómo han sido víctimas del conflicto cultural.

"Cuando una persona se desplaza, se desplaza una historia, se desplaza un relato, se desplaza una canción. Bogotá, por ejemplo, creo que tiene una deuda enorme con la población en situación de desplazamiento [...]. Bogotá era una ciudad gris, donde toda la gente andaba con abrigo negro, donde la gente no sabía bailar, ahora, en esta ciudad se baila muy bien, se come chontaduro, la gente se viste de color. Bogotá es una ciudad distinta, entonces es la gente en situación de desplazamiento a la que le debemos la transformación cultural".

Fue enfática al resaltar la necesidad del cese al fuego cultural para llegar a verdaderos acuerdos en La Habana. Asímismo, hizo críticas a los medios de comunicación, a la televisión, por los valores que transmiten, dejando de lado la cultura, basándose solo en la farándula.

Y formuló una pregunta que tiene algunas respuestas, pero no las suficientes, ¿Cómo poder hacer arte que contribuya a disminuir la violencia?

El video que compartió con la concurrencia, fue sobre la construcción de una obra de teatro en la que la mitad de los participantes eran víctimas y representaban escenas que ellos ya habían vivido en sus calvarios. "En la Corporación de teatro trabajamos con las víctimas, han trabajado la transformación del dolor, han comprendido que en esas personas hay unos saberes muy complejos, son los saberes de esas regiones [...]".

Finalizó diciendo que a través de ese trabajo pudo ver, "Cómo el dolor se permuta de saberes, cómo juntos pueden hacer un trabajo común".

 

De forjadores de sueños

“Somos hijos de la violencia, desde hace setenta años Colombia no concilia un solo día de paz”. Hablar de paz es una utopia, y quienes más la reflexionan e intentan acercarse desde distintas miradas a la misma, son los artistas, a continuación presentamos diversas reflexiones de artistas (poetas, dramaturgos y cineastas), que en el marco de la Cumbre Mundial de Arte y Cultura para la Paz de Colombia, respondieron la pregunta: ¿Qué papel desempeña el arte en la construcción de la paz?*

*    Ver video Arte, conflicto y paz, con más entrevistas y muestras de obras de diferentes artistas, en nuestra página www.desdeabajo.info o en el canal de Youtube desdeabajo

Carlos Satizabal

(Dramaturgo y poeta)

“El teatro tiene un lugar muy importante en la construcción de la paz porque explora los conflictos humanos, nos expone las fuerzas en pugna de la sociedad. En esa lucha, el teatro construye metáforas para pensar quiénes hemos sido, quiénes somos y cómo podemos construir otro mundo posible.

La potencia esencial de las artes es que le conceden a la humanidad la posibilidad de transformar el dolor en poesía, en fuerza, en resistencia, en afirmación de la vida. Como decía el filosofo Espinoza, el ser persevera en existir, y lo puede hacer gracias a los dones de la poesía”.

 

Juan Carlos Moyano

(Dramaturgo y director)

“El teatro colombiano siempre ha tenido un lugar de cercanía con la realidad del país, y por eso estoy convencido que el papel que ha jugado, que está jugando y que puede jugar, en un sentido optimista, es decisivo (en la construcción de la paz); porque el teatro ha logrado relacionarse con la gente, tratar temáticas cercanas al imaginario colectivo y ha permitido elaborar elementos de creación en ámbitos donde lo destructivo ha sido predominante.

Desde hace décadas el teatro colombiano acompaña los procesos de la historia, y creo que precisamente ahora, como nunca, está destinado a ser una herramienta de sensibilización, de construcción de circunstancias que permitan reconciliarse. El teatro es una enseñanza permanente, respecto a la oportunidad de que los seres humanos podamos tener nuevas formas de comunicarnos sin el inconveniente de la violencia o de la confrontación física.

El drama en un país trágico debe florecer, para que precisamente esa tragedia amaine y podamos encontrar nuevos sentidos, nuevos significados. El teatro, la historia y la gente son convergencias necesarias”.

 

Roxana Pineda

(Dramaturga y directora de teatro, Cuba)

“El tipo de teatro, no el complaciente, que se arriesga a construir la imagen que queremos de un país, que se arriesga a investigar la espiritualidad y el dolor de éste, es un escenario imprescindible para contribuir, junto a otros espacios, a tener una paz con justicia, una paz real, solidaria y profunda; donde el individuo, sin olvidar su memoria, pueda construir sus sueños, un país diferente, donde todas las voces tengan espacio, donde la muerte sea un destino lógico y no una condena por las circunstancias.

Es un privilegio que desde el teatro podamos denunciar muchas cosas en vivo, en directo, sin censura, sin ambages; desligándonos de los discursos de turno, con otro lenguaje, la fuerza de la imagen artística, que compromete, que sacude, que conmueve, que permite activar la participación, una participación más activa, más conmovedora”.

 

Víctor Viviescas

(Dramaturgo y director)

“Cada vez siento más claro que la paz es algo que tenemos que construir entre todas y todos los colombianos, y dentro de este proceso el artista es un ciudadano más, es decir, los artistas tenemos las mismas tareas que tienen las y los ciudadanos en ese compromiso con la construcción de la paz.

Vamos a seguir haciendo teatro en la dirección de reconstruir la memoria, este ha sido un aspecto fundamental en el teatro colombiano; seguiremos haciendo teatro provocando un diálogo con la comunidad, es decir, poniendo en la esfera pública el debate de cómo se construye esta paz; vamos a seguir haciendo teatro como un instrumento que pueden utilizar las comunidades para apropiarse de él, y hacer que su historia emerja, que sea compartida; porque finalmente, el teatro tiene esa cosa conveniente: crear un espacio donde lo público se puede compartir y debatir”.

 

María Gamboa (Cineasta)

“El cine contribuye a la construcción de paz de distintas maneras. El simple hecho de hacer espacios donde se puedan proyectar películas, videos, o que las personas puedan hablar, registrar, archivar su historia, ya es un aporte inmenso.

Creo también que la mejor manera de construir la paz es mostrando salidas. Hacer películas de paz, en donde se pueda mostrar un conflicto y el dolor, pero que además de mostrar, salga de ahí, que logre de alguna manera redimir el dolor y muestre su transformación”.

 

Patricia Ariza,

(Dramaturga, Directora de la Corporación Colombiana de Teatro)

“El arte ha contribuido en Colombia de muchas maneras, pero esa contribución está dispersa, necesitamos conformar un verdadero movimiento cultural y resignificar, tanto a nivel del Estado como de la sociedad, el valor tan grande que tiene el arte en un cambio social”.

 

Carlos Sánchez

(Dramaturgo y director)

“Universalmente el teatro siempre ha jugado un papel muy importante en la construcción de la paz, por un lado reflejando las contradicciones internas, reflejando un poco lo terrible, el dolor, la injusticia que crea la guerra, pero por otro lado formulando una visión más esperanzadora, una visión reconciliadora.

Los que nos hemos dedicado a este oficio, estamos tratando de recomponer un rompecabezas que es esta crisis social, que son muchas violencias, no es solo la violencia política, sino la violencia que se da en todos los niveles de la sociedad, la violencia intrafamiliar, el sexismo, la falta de respeto por la opinión de los otros, o sea, que no es solamente la guerra de las balas, sino que son los conflictos del espíritu humano.

El teatro siempre tendrá que aportarle a la paz, a la convivencia y a la reconciliación de los seres humanos en la sociedad”.

 

Ricardo Restrepo

(Productor de Pathos Audiovisual)

“Todas las artes, sobre todo el cine y más el documental, aportan muchísimo al entendimiento, a la construcción de esa historia presente y a la reflexión sobre lo que pasará; porque nos tenemos que narrar, nos tenemos que conocer; conocer nuestro pasado para no repetir la misma historia.

Espacios como las salas alternas o centros culturales son importantísimos porque no hay otra manera de difundir las películas documentales o películas alternativas. Entonces, creo que este tipo de escenarios no solamente son claves sino que deberían multiplicarse. Quisiera ver que todas las películas fueran vistas no solamente en un centro cultural sino en todos los municipios y que hubiera un centro de difusión para que la gente, los chicos, sobre todo en los colegios, pudieran tener acceso a las películas nacionales”.

Publicado enEdición Nº 212
Salario mínimo diferencial por regiones

Diferenciar el salario no es una propuesta nueva, pues así rigió la remuneración mínima durante los años 40 del siglo XX, cuando fue implementado en Colombia. Sin embargo, los tiempos no son los mismos y a los derechos no puede renunciarse. La reconsideración por parte del Gobierno de aplicarla a raíz de un estudio reciente de Fedesarrollo amerita una evaluación de sus implicaciones para el país.

Desde 1945, cuando se constituyó oficialmente el salario mínimo legal (SML) en Colombia, su cantidad ya se encontraba ligada a la región y actividad económica del sitio donde se aplicara. La diversidad de salarios era mucha, pues dependía de la zona del país, el tamaño de la empresa, su sector económico y la edad de sus trabajadores. Con el ánimo de llegar a una posible estandarización, hacia 1964 fue realizada una reforma que condicionó su cantidad a partir de dos factores: la actividad económica (comercio, manufacturera, servicios, transporte, construcción, etcétera) y el sector en que se aplicara (urbano, rural)1.

Es importante retomar este periodo pues fue el tiempo en que Colombia hizo oficial, por primera vez, una diferencia de salario entre las urbes y las zonas rurales, es decir, le dio existencia a un salario mínimo rural, bajo el entendido de que en las ciudades la manutención y vivienda tiene un costo mayor, en cambio, para sostenerse en las zonas rurales no se justifica un SML muy alto.

Una última reforma data del año 1983, cuando se consiguió la unificación del salario mínimo para la totalidad de los trabajadores colombianos. Según Álvaro Zerda, Doctor en Economía y profesor de la Universidad Nacional de Colombia, la reforma se dio porque "En su momento se consideró que no había que hacer esa diferenciación; legalmente los trabajadores tenían los mismos derechos y por tanto el salario debía ser igual; por otro lado, también, el salario hace parte de la demanda agregada y lo que estimula la economía es la demanda, por lo tanto, garantizar un mismo salario en todas las regiones implica que, en contraste con un salario diferencial, la demanda está nivelada en todo el territorio nacional y de esa forma se estimula la economía, generando más empleo".

Sin embargo, en la última década varias organizaciones, entre ellas la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde) y Fedesarrollo, han propuesto nuevamente una diferenciación del salario mínimo, cuya base para asignarlo sería, esta vez, el nivel de productividad, los ingresos regionales y las condiciones de vida según el lugar de aplicación.

El principal argumento para tomar nuevamente en consideración la propuesta es que existen diferencias muy grandes entre regiones en lo que respecta a niveles de productividad, y por consiguiente una brecha entre las condiciones de vida, cuyo origen radica en que el salario mínimo en los sitios donde la productividad es menor cohíbe a los empresarios para contratar trabajadores, ocasionando así un mayor nivel de desempleo e informalidad laboral.

César Augusto Pabón, economista investigador en Fedesarrollo y uno de los autores del informe en que la entidad soporta nuevamente su propuesta2, afirma que "Las consecuencias positivas son muy plausibles; mayores niveles de productividad en las regiones, mejores ingresos, y una formalización del mercado laboral, pues hay muchas personas que no se pueden contratar; se estima que el nivel de informalidad en las zonas rurales es de aproximadamente el 70 por ciento, entonces, en caso de ser aprobada, en estos sitios se permitirá mayor contratación, y tal vez llegar al nivel de informalidad que se maneja en las ciudades, aproximadamente de 40 o 30 por ciento".

Bemoles. A pesar de que la propuesta tenga la pretensión de diferenciar el SML por regiones, hay una realidad que no puede negarse: esta diferenciación ya existe y es latente en todo el país; de acuerdo a cálculos del Dane, mientras en las zonas rurales el rango de pobreza mínimo está alrededor de cuatrocientos cincuenta mil pesos, en las zonas urbanas éste llega a ser de ochocientos a ochocientos cincuenta mil pesos, aunque la cifra es cuestionable pues se presume que este rango es muy optimista con respecto a la situación real de Colombia.

Así las cosas, la principal razón para la implementación de la medida por parte de sus impulsores no es reducir la inequidad social, sino restar cifras al índice de informalidad que existe lo cual "[...] es una falacia completa, así como también lo es que reduciría el desempleo, nada se reduce, sino que se mantiene en las mismas condiciones. Tampoco estimularía la creación de empleo, pues su estimulante es que haya más demanda para que las empresas puedan responder a una mayor demanda en el mercado, así como el aparato productivo en general, y que la población tenga una mayor capacidad adquisitiva".

De tal manera, la posible aplicación de la medida no estaría en pro de mejorar las condiciones laborales de los trabajadores sino que, por el contrario, implicaría una regresión al salario mínimo rural y un empobrecimiento de las condiciones laborales para los de overol.

Para Luis Pedraza, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (Cut), "Esa es una propuesta de exclusión social. Es un asunto absolutamente neoliberal, absolutamente desconsiderado con el país y es el clásico planteamiento de Fedesarrollo. Es como decir que en Bogotá debe haber un salario mínimo para los trabajadores que están en el norte o en el centro, y uno diferente para Ciudad Bolívar o para las zonas rurales de la capital. Tanto un campesino como un indígena tienen los mismos derechos derivados de la Constitución Política, como un trabajador de las capitales de los departamentos o de las ciudades más desarrolladas. Se trata es de construir equidad social y no de profundizar la desigualdad".

Pensando con el bolsillo. La perspectiva que plantea Fedesarrollo y las demás entidades que han apoyado y promovido la propuesta se limita a una visión del mercado, sin tener en cuenta las implicaciones sociales que conlleva, como la desigualdad que podría generarse entre departamentos, la profundización de la brecha social, la improductividad laboral ante un menor salario, y la posible migración masiva que podría presentarse de los lugares con menor salario a aquellos en que la paga es mayor.

Ante el posible riesgo, Pabón asegura que "El impacto negativo que ve Fedesarrollo a corto/mediano plazo es precisamente ese, sin embargo, por leyes del mercado, el equilibrio tenderá a que esa posibilidad no sea tan fuerte como se espera. Claramente el Gobierno tendrá que tener eso en cuenta e implementar medidas para que no se genere tal migración entre zonas rurales y urbanas".

En esa medida, la propuesta no tiene cubiertos factores e implicaciones vitales en el caso de aplicarse a Colombia, y su fin último sería acabar con el salario mínimo, formalizando y profundizando la inequidad social. "Los empresarios y los teóricos" –agrega Zerda–, "entidades como Fedesarrollo y demás, conciben el salario como un costo de producción. Si sube el salario, sube el costo de producción de las mercancías y los empresarios tienen menos ganancias, lo que conlleva un menor estimulo y disposición a invertir; entre menos se invierte, menos empleo se genera".

De esa manera –continúa Zerda–, "[...] los costos de los productores disminuyen y con ese margen que queda, contratarán más trabajadores. La idea es absurda, no contratarán más trabajadores. Todas las reformas laborales hechas desde el 93 para acá, las han realizado con el argumento de generar más empleo. Falso. Las tasas de desempleo desde los 80 y 90 han disminuido, pero más por fenómenos externos, como la bonanza de los recursos primarios, y también por procesos de informalidad, que porque se haya generado empleo digno [...]".

De las entidades proponentes a lo largo de los años de este tipo de medidas, la Ocde es una de las que ha enfatizado esta y otras propuestas, como la de elevar la edad de jubilación de la mujer a 62 años. Las reacciones en el Gobierno han sido variadas pues, en 2013, ante la reiteración de implementar un salario mínimo regional, la entonces Alta consejera para la gestión pública y privada, Catalina Crane, consideró que en la práctica "[...] es totalmente imposible implementar salarios diferenciales por regiones, pues ellos lo proponen en su contexto, sin entender la dificultad de aplicar eso en Colombia". Por su parte el ministro de Trabajo, Luis Eduardo Garzón, la calificó en enero de este año como "Una propuesta con más pros que contras, pues cabe la posibilidad de establecer un salario mínimo específico para cada región que esté acorde con sus necesidades".

Según informes, el Gobierno iniciaría una gira por todos los departamentos para estudiar y valorar la propuesta. Si tal posibilidad es cierta, es importante tener en cuenta todas las implicaciones, tanto políticas, económicas y sociales que tendría su aplicación, pues, como afirma Pedraza, "Es por la vía de las reformas estructurales que la situación del país se puede trascender y no por la vía de socializar la pobreza como sucedería con ese tipo de medidas".

 

1 Portafolio, La historia detrás del Salario Mínimo - Liliana Rojas, 09/01/2009 http://www.portafolio.co/opinion/blogs/viva-vision-de-valores-sa/la-historia-detras-del-salario-minimo
2 Fedesarrollo, Informe Mensual del Mercado Laboral, Algunas Consideraciones sobre el Mercado Laboral Regional en Colombia, http://www.fedesarrollo.org.co/wp-content/uploads/IML-Noviembre-2014.pdf

Publicado enEdición 211
Miércoles, 23 Abril 2014 06:22

Comunicación alternativa

Comunicación alternativa

En general, hay una idea vaga respecto de lo que se denomina comunicación alternativa. Se la suele asociar con medios pequeños y pobres, que tienen un sentido social y con poco poder económico respecto de los grandes medios. A la comunicación alternativa se la nombra también de maneras diferentes: comunicación para el desarrollo, popular, comunitaria, para el cambio social, entre otros. No quiere decir que estén metidos en la misma bolsa, pero tienen en común principios en los que el lucro y mantenerse en el mercado de la información no son los esenciales. La comunicación alternativa (por tomar una de sus denominaciones) tiene como propósito principal contemplar la comunicación como un derecho, un espacio y camino de transformación social.


Para aterrizar la idea, vayamos a ejemplos. Las radios siempre han llevado la bandera en este campo. Radio Paj Sachama, emisora del Movimiento Campesino de Santiago del Estero, funciona con paneles solares y fue creada con la intención de tener una agenda propia, incluyendo temas como la defensa del territorio. Otra experiencia, esta vez en Buenos Aires, combina la comunicación con la salud mental. Se trata de La Colifata, creada por la asociación civil que tiene su mismo nombre. Ahí hay programas en los cuales los pacientes narran lo que sienten y piensan del mundo, desde su perspectiva. Tenemos así un grupo de radios que se relacionan de manera diferente con la comunidad y que además de desarrollar un proyecto de comunicación, cumplen una función social. ¿De dónde viene todo esto?


La comunicación alternativa nació en el año 1948 en latitudes colombianas, mucho antes de que fuera bautizada así por los teóricos. Se fue forjando con radios, como Sutatenza, que buscaban hacer partícipes a los campesinos colombianos, no sólo para informarlos, sino también para comunicar sus necesidades y opiniones, para enseñarles a leer y escribir, y construir con ellos soluciones a sus problemas. En la misma trayectoria se ubica el trabajo de la red de radios mineras en Bolivia (conformada por 33 emisoras), claves en la búsqueda de una revolución nacionalista radical, encaminada a instaurar el voto universal, promover la reforma agraria y la nacionalización de la minería. En la revisión histórica habría que incluir también el aporte de la cooperación internacional que financió muchos proyectos en comunicación, que si bien estaban planteados para "ayudar" al "desarrollo" de los países del "tercer mundo", permitió visibilizar la comunicación como una herramienta facilitadora de crecimiento social.


Años después vino la crisis económica de los '70, acelerada por la escasez del petróleo. La reflexión dio origen a la "teoría de la dependencia" y se comenzó a hablar también de "dominación cultural" ejercida a través de los medios de comunicación. Distintos teóricos empezaron a formular ideas que manifestaban el deseo de una comunicación más equitativa. ¿Qué pasó entonces? Aunque las razones son numerosas, Luis Ramiro Beltrán, teórico latinoamericano de la comunicación, señala que la fuerte oposición del sector privado y las maniobras de los políticos afectados en sus intereses hicieron que a esta idea se le fuera deteniendo el pulso. Así fue como treinta recomendaciones de la Unesco para una comunicación más democrática, el llamado Informe McBride y las propuestas de los Países No Alineados se quedaron en el papel.


La búsqueda por una comunicación que sume a la transformación de nuestras realidades lleva más de cuarenta años y no han bastado los acuerdos teóricos para materializarla en proyectos palpables en la vida real. Por eso, aunque son importantes los adelantos en legislación que buscan la desconcentración de los medios, como sucede hoy en la Argentina, en la mayoría de los países latinoamericanos el capital extranjero sigue controlando gran parte del sistema mediático. Tendríamos que recordar que no se puede confiar un derecho que es de todos sólo a acuerdos escritos. Democratizar la comunicación supone discutir sobre la propiedad de los grandes medios, pero sin perder de vista también que la comunicación, en sus distintas manifestaciones, es ante todo un espacio donde las personas crecen como sujetos sociales. De eso se preocupa la comunicación alternativa.


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Publicado enInternacional
La MANE no arría sus banderas. Con paciencia, teje sueños, y con ellos un sistema de educación universitaria y superior a la altura del país que también dibujan. Para conocer lo realizado en los últimos meses de labor, los convocamos al diálogo que aquí reproducimos.

Carlos Valbuena (CV). Empecemos con una caracterización general del momento actual.
Andrés Rincón –AR– (FUN Comisiones). En este momento se inició un nuevo período en el país. La Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE) tiene como una de sus tareas políticas centrales el tema de la construcción de articulado, luego de terminar y sancionar la exposición de motivos en su quinto plenario, realizado durante los días 7 y 9 de septiembre en Bucaramanga. Este articulado será sancionado entre el 3 y el 5 de noviembre, durante su sexto plenario, logrando completar así las dos partes de la ley alternativa de educación superior.

La metodología diseñada desde diciembre del año pasado surtió muy buenos frutos, producto de lo cual es la construcción de la exposición de motivos que condensa los criterios básicos de la apuesta política de la MANE, y se específica qué entendemos por derecho, por bien común, y qué por sistema de educación superior.

Hoy la apuesta fundamental es la construcción de articulado, además del avance organizativo de la MANE, cuyas dos apuestas básicas pasan por el fortalecimiento de cada una de las instancias del proceso, sus comisiones nacionales y los procesos locales y regionales. Un tercer elemento serían las reivindicaciones y políticas referidas al tema de las garantías, en concreto el tema financiero y el billón de pesos que les debiera entregar el Gobierno a las universidades públicas estatales para empezar a solucionar los problemas más acuciantes de la crisis, y una serie de garantías en derechos humanos, que son violados reiteradamente en las universidades.

CV: Recordemos el proceso de la MANE para contextualizar el presente momento y sus nuevas características.
Felipe Marín –FM– (FUN Comisiones). La MANE surge en una coyuntura histórica en que el gobierno nacional, en cabeza de la ministra María Fernanda Campo, radica la propuesta de reforma a la Ley 30 de 1992. Previamente, los estudiantes habíamos sostenido debates que nos llevaron a unirnos en la MANE, una apuesta que en principio se plantea dos tareas: 1. Tumbar la propuesta de reforma del gobierno de Santos; y, 2. Construir una ley alternativa de educación superior que resuelva los problemas estructurales que hasta el momento caracterizan a nuestra educación superior.

Un primer período de esta lucha fue el paro nacional universitario, que logró dar al traste con la propuesta oficial. El segundo es la construcción programática, que permite recoger insumos para elaborar una propuesta argumentada y que exprese la manera cómo entendemos la educación superior (exposición de motivos), y la construcción de articulado que concreta y condensa de modo más específico esa exposición de motivos, que sería como la apuesta política de la MANE. Finalmente, un tercer período, la difusión y popularización de la propuesta.

Gonzalo Arcila (GA). Cuéntenos sobre la reunión de la semana pasada en el Congreso, sobre la Mesa allí constituida y cómo caracterizan ustedes ese nuevo escenario.
Óscar Aponte –OA– (REO). Desde la presidencia del Senado, el señor Roy Barreras citó a una reunión (en un primer momento se llamó Comisión de Estudio del Senado para una Reforma de la Educación Superior). Una vez que llegamos, nos dimos cuenta de que había diferentes actores de la educación superior (ES), como el SUE, Asacun, rectores (de las universidades de Antioquia y Nacional, el vicerrector de la del Valle, la Universidad Nacional Abierta y a Distancia), Colciencias y varios congresistas de la Comisión Sexta. Posteriormente llegó el Ministerio de Educación. Lo que concluimos de ese espacio es que los diferentes actores muestran tres ideas fuertes: primera, es necesaria una reforma a la educación superior; segunda, tal reforma no puede surgir de un mesa más de discusión sino que tiene que ser producto de un proceso, y, tercera, el proceso debe construir una reforma a la educación superior, que no puede ser otro escenario sino esa Mesa.

Al llegar, el Ministerio de Educación dice que ellos llevan proceso con no sé cuántas supuestas mesas, y que tienen una serie de acumulados que también los van a presentar a la Mesa. Una cosa sorprendente es que Roy Barreras afirma que es errado lo dicho por la Ministra con respecto a que no habrá reforma a la educación, y que el Congreso está en posición de sacarla adelante, así el Ministerio no quiera. La gran conclusión de este espacio: se instala una mesa de concertación para construir una reforma a la ES para marzo del próximo año.

La MANE aclara que todavía no va a participar en este espacio con carácter de una mesa de concertación, porque es una definición que no se toma hasta el mes de noviembre. Se asiste, por tanto, en calidad de observadores, pero sobre todo con el objetivo de enterarnos de qué es lo que dicen sobre la educación desde otros sectores y también de posicionar la propuesta que desarrolla la MANE.

GA. ¿Esta experiencia les permite sacar conclusiones?
OA. Sí. Una: no podemos pensar que la iniciativa del Congreso es aislada de lo que desarrolla el Ministerio de Educación. Inclusive, en una audiencia pública desarrollada en septiembre, demostramos cómo el Ministerio de Educación le hacía conejo a la educación superior e implementaba la reforma que tumbamos el año pasado mediante pequeños artículos. Obviamente, Roy Barreras –que seguramente será el presidente del partido de la U– no actúa de manera aislada. Podemos decir que esta iniciativa se convierte en un nuevo escenario para oxigenar el proceso, debido a la pérdida de legitimidad del Ministerio. Dos: es importante participar en ese espacio, pero la MANE en particular y otros sectores con los que construimos juntos no vamos a ser actores consultivos del proceso. Tenemos una propuesta y estamos dispuestos a defenderla con la movilización y los argumentos que ya tenemos para consolidar el derecho fundamental a la educación superior como bien común.

CV. ¿Cómo procede el Gobierno para que ustedes consideren que les hacen conejo?
Brayan Rojas –BR– (Sindicato Estudiantil del Sena). El tema del conejo es una consigna que surge ante la violación de los acuerdos públicos (no acuerdos firmados, como dijo el Viceministro de Educación) establecidos con el Gobierno en el momento de levantar el paro en 2012, acuerdos que son condición o garantías necesarias para mantener en desarrollo la posibilidad de construir una propuesta de educación superior.

CV.
¿Cuáles son los acuerdos violados?
BR. El primero, el respeto a los derechos humanos dentro de las instituciones de educación superior; en concreto, respetar el derecho de organización y movilización, pero ha sucedido todo lo contrario: tenemos estudiantes desaparecidos, asesinados, presos, perseguidos y amenazados. El segundo, garantías para terminar el semestre académico, alterado con el paro. La única universidad que está al día en calendario es la Nacional, pues la UIS apenas está acabando el primer semestre. Estas garantías académicas implican que el Gobierno debe cubrir el vacío financiero que tienen las universidades: la del Pacífico no tiene ningún profesor de planta, los edificios de la Nacional se están cayendo, la Pedagógica Nacional ya declaró su bancarrota, la del Atlántico está en ley de quiebras y dice que ya no tiene plata con qué funcionar, y al parecer en poco embargarán sus edificios.

En vez de solucionar estas condiciones mínimas para el buen desarrollo de la academia, el Gobierno se ha dedicado a embargar; y los grandes anuncios del Ministerio son que entregarán 160.000 millones más a la educación superior, que en términos concretos representa un aumento de 100.000 o 150.000 pesos por estudiante. Por último, está la obligatoriedad que tenía el Gobierno de no presentar ante el Congreso, en este período, ninguna ley relacionada con la educación superior, pero lo que hizo con la ley que tumbamos fue implementarla de a poquito; por ejemplo, impulsó una nueva propuesta de educación a distancia. Con esta fueron siete reformas las que impulsó el Gobierno.

CV. ¿Cómo han cubierto este año los medios el proceso de la MANE?
AR. Los medios han cambiado su apuesta. Apenas la MANE se concentra en la construcción de su propuesta, los medios de comunicación cambian radicalmente la forma como cubren la MANE, y empiezan todo un proceso de señalamiento y estigmatización del movimiento estudiantil. Los medios han jugado un papel de deslegitimar, de desvirtuar y de crear un cerco para arrinconar a la MANE y decir que es un actor que no quiere dialogar, que es un actor violento.

GA. El tema financiero también es preocupación de los rectores de las universidades públicas. ¿Cómo son las relaciones de la MANE con esas autoridades universitarias?
FM. En efecto, tenemos una preocupación financiera, por lo que hemos denominado en la exposición de motivos como la deuda histórica que en términos financieros tiene el Gobierno con las universidades. Esta deuda histórica se configura a partir de un patrón muy simple: el presupuesto de las universidades es básicamente el mismo desde 1992 porque no aumenta con respecto al incremento de las necesidades crecientes, como la multimedia, la conectividad, el crecimiento de cobertura, la infraestructura, etcétera.

La deuda histórica la ha caracterizado el Sistema Universitario Estatal (SUE), en su último estudio, en 11 billones de pesos, que sería lo necesario para sanear la crisis de las universidades. Ante esta situación, mantenemos un diálogo fluido con el SUE y con Asociación Colombiana de Universidades (ASCUN). Buscamos unidades de acción; por ejemplo, posicionar consignas como la de un billón de pesos más para la educación. Entendemos y advertimos que ese billón de pesos no es la solución o el fin de los problemas de la universidad. Lo que exigimos es una muestra de buena voluntad de parte del gobierno nacional. El panorama es complejo. Retomando el caso de la Universidad del Pacífico, vemos que no tiene un desarrollo misional porque no cuenta con profesores de planta para que investiguen ni para que hagan proyección social. Entonces, en estas condiciones, ¿qué tipo de universidad tenemos?

GA. Insisto en el tema porque así como hay asuntos de largo plazo, también hay asuntos de corto plazo o inmediatos. Me gustaría saber cómo visualizan ustedes la participación de los estudiantes con respecto a los debates urgentes de esta crisis financiera para tratar de arrancarle al Gobierno decisiones financieras que resuelvan y no que mantengan esa situación, que van produciendo unos deterioros imperceptibles y que en la práctica se van resolviendo, como ustedes ya lo han captado, en procesos legales, en quiebras y en cierres, situaciones que se vuelven irreversibles y sin salida práctica.
FM. En la última audiencia pública que tuvimos en el Congreso con la Ministra, planteamos la necesidad del billón de pesos. Esta consigna la venimos empoderando como solución a unos problemas básicos en materia de funcionamiento y de inversión para las universidades. Hasta el momento, lo que el Ministerio responde es que dará un presupuesto de cien mil millones de pesos para repartirlo entre las 33 universidades. Nosotros entendemos y advertimos que esa es una cifra insuficiente para el problema que vivimos. Por eso mantenemos la consigna del billón de pesos, consigna que debe permitirnos vincular al grueso del estudiantado y otros sectores alrededor de esta lucha financiara para enfrentar la crisis universitaria, que ya tiene manifestaciones concretas que no sólo lesionan la misión de la universidad sino que además ponen en cuestión su existencia misma. Hay luchas regionales que la MANE ha acompañado con su acumulado político, como es el caso del recorte de las estampillas pro Universidad de Caldas, implantado allí, y que ha significado el 1 por ciento menos de recursos que van directamente al presupuesto de inversión.

OA. El estudio del SUE de 2011 hablaba de un billón, mientras que este año es de 11 billones. Ese cambio no es gratis, pues la deuda no apareció de un día para otro. Ese es el presupuesto que necesitan las universidades públicas para seguir existiendo, y sale a la luz pública como otro de los logros de la movilización del estudiantado encabezada por la MANE. Para mirar un ejemplo: en el escenario que citó Roy Barreras, todos los representantes del SUE y de ASCUN hacían un llamado, no sólo a transformar la ES sino igualmente a un gesto inmediato del Gobierno en el presupuesto general de la nación para el año 2013. Nosotros agitamos lo del billón desde hace ya bastante tiempo. Para hacer la denuncia, hay que decir que el Gobierno viene subiendo 150.000 millones de pesos para la educación superior, la cual queda entonces con 2,5 o 2,6 billones en total, mientras que el presupuesto para la deuda pública está en 48 billones. Y para seguridad interna y guerra está en cerca de 30 billones de pesos.

CV. ¿Qué propuestas de financiación tienen los estudiantes?
BR. Las propuestas concretas de financiamiento que tenemos son: el cobro de impuestos a las empresas multinacionales o igualmente a las grandes empresas, que son apuestas sencillas, como la reducción de presupuesto en materia de defensa, para que se les aplique a los derechos sociales.

Otra propuesta es que la regla de la sostenibilidad fiscal no aplique para la educación, pues tal sostenibilidad es un límite a los derechos en Colombia porque se prioriza el gasto público en la deuda externa y en la guerra, mientras que los derechos sociales quedan recortados a lo que sobre de ese presupuesto. Todo esto pasa por varios debates, uno de ellos consistente en ver los criterios que tiene el Gobierno en materia de gasto público, sus prioridades económicas y políticas, que no priorizan los derechos sociales.

AR. Como hablamos de educación como derecho fundamental y bien común, decimos que el Estado debe ser garante de la educación, de lo cual se desprende una serie de debates. El primero, ¿de dónde salen los recursos o cuáles son las posibles fuentes de financiación para las universidades y la educación superior? Para nosotros. por lo menos, hay tres fuentes: la primera es revisar los contratos de estabilidad jurídica en zonas francas; el segundo, el tema de las exenciones tributarias a las multinacionales, que es un segundo punto donde se generan grandes recursos que tiene nuestro país; el tercero, la integralidad de los recursos parafiscales, que son fundamentales para la financiación de la educación superior, incluido el problema del Sena y el de Bienestar Familiar; y el cuarto punto, muy importante, la ley de sostenibilidad fiscal, que deja amarrada la garantía del derecho humano al problema de la estabilidad de la macroeconomía del país.

De estos cuatro aspectos se desprenden otros dos, que son esenciales: el primero, la reducción paulatina de la participación estatal en el presupuesto de las universidades, por lo cual la mayoría del presupuesto que le destina el Estado se concentra en la partida de gastos; y el segundo: el problema de la inversión, por lo cual le decimos al Gobierno que debe generar un presupuesto que sea complementario a las funciones y al quehacer mismo de la universidad, y eso implica que las universidades públicas dejen de autofinanciarse, dejen a un lado todas las actividades que ofrecen con el único objeto de recaudar dinero. Aquí viene otro problema: el índice de precios universitarios, que es muy importante y ahora se explicará.

GA. Esa formulación que la MANE ha cristalizado, que se puede sintetizar en la idea de una reforma estructural que implica también cambios estructurales, por ejemplo, en la manera como está distribuido el presupuesto, pues esa es una tarea que implica un horizonte de mediano y largo plazo, y esas escalas temporales y una tensión especial para mantener los intereses, la preocupación, eso cómo lo piensan ustedes, porque de todas maneras los jóvenes universitarios son una categoría social que tiene un ciclo establecido como estudiantes, y luego inevitablemente tienen que pasar a actividades profesionales y demás. Por tanto, ¿cómo garantizar la continuidad y la renovación? ¿Cómo vienen palpando ustedes este asunto?

OA. Recordar, en primer lugar, la consigna central que tiene la MANE: “Por una educación para un país con soberanía, democracia y paz”. ¿Por qué tocar este elemento? Porque en parte cristaliza el horizonte de la MANE, porque la educación superior y la propuesta que para ella tiene la MANE no se pueden entender fuera de un país con soberanía, democracia y paz.

Nosotros creemos que hay que transformar el país en profundidad y lo que estamos poniendo sobre la mesa es nuestra propuesta de educación superior para ese país. Su primer gran hito tiene que ver con la construcción del articulado por entregar en noviembre de este año, lo que en ninguna forma significa que por medio de este articulado se haya acabado el movimiento estudiantil, o que materializamos parte de esa propuesta y hasta ahí llegamos.

Entendemos que una propuesta de educación superior diferente para un país diferente es una tarea cuya construcción debe ser del pueblo colombiano; en segundo lugar, que es un proceso de largo plazo. Un ejemplo muy concreto es que una de las banderas que venía levantando la MANE tiene que ver con la gratuidad de la educación superior, y para hacerla realidad hemos hablado de progresividad, apuntando hacia la universalidad, lo que significa presupuesto y además nuevas instituciones de educación, constitución real de un sistema de educación superior, relanzamiento de un proyecto público de educación superior, implementación de políticas de bienestar y autonomía, todo lo cual demanda un proyecto de largo plazo que el movimiento estudiantil ha decidido iniciar.

Para reforzar lo dicho: partimos de retomar las luchas estudiantiles del 71. Somos continuidad y por ello decimos que no queremos que la MANE sea una experiencia más de la lucha coyuntural de un momento específico del movimiento estudiantil. No. Queremos consolidar una propuesta política y una propuesta organizativa que le permitan al movimiento estudiantil trascender coyunturalismos y establecerse como actor político en el seno del movimiento estudiantil colombiano, o quiere decir que le apuntamos a la construcción de una organización de estudiantes de Colombia. La MANE no lo es todavía, pues tenemos muchas discusiones entre nosotros.

AR. Según la pregunta, hay puntos neurálgicos como la financiación. Por eso la consigna del billón de pesos, el tema de derechos humanos; por eso la exigencia de que el Gobierno respete los derechos humanos en las universidades, y el tema de la autonomía universitaria. La MANE muestra hoy dos cosas muy importantes: una, que entiende el papel político en su proyección y la necesidad de sacar adelante la propuesta de reforma; y, dos, que desarrolla luchas reivindicativas de carácter regional y nacional. La exigencia del billón de pesos y la insistencia en que no sigan haciéndole conejo a la educación es una lucha muy concreta del ahora que pretendemos que no se desarticule de la lucha a mediano y largo plazo. Eso es lo que se viene haciendo, y por eso los compañeros hablan de la lucha en la Universidad Tecnológica del Chocó y en la UIS, y, si vemos, todas las universidades han tenido sus luchas locales, pero hoy el movimiento tiene un carácter distinto: tiene un programa mínimo, una exposición de motivos. Entonces, esto permite que las luchas nacionales tengan un referente y una proyección nacional, incluso el Sena. Antes, la lucha del Sena era una lucha aislada, pero hoy se tiene conciencia de que su lucha no es un asunto aislado. Este tipo de cosas logra darle una cualidad distinta al movimiento estudiantil que se ha aprovechado y potenciado.

CV. Ya que se han mencionado varios conceptos centrales, veamos una presentación de aquellos que estructuran el espíritu de la propuesta de la exposición de motivos.
OA. Los objetivos son cuatro: 1. Consolidar la educación superior como derecho fundamental y como bien común del conjunto de la sociedad colombiana; 2. Avanzar hacia una educación superior de carácter democrático, popular, antipatriarcal, científico, nacional, que ayude a consolidar la independencia política, económica y cultural del país; 3. Solución de las problemáticas históricas que sobrelleva la educación superior; 4. Construcción de un sistema de educación superior. La Ley 30 nombra un sistema, pero jamás lo construyó. Además de estos objetivos, tenemos unos principios: autonomía, dignidad educativa, bienestar y gratuidad, elementos permeados por el espíritu de la propuesta de educación superior como derecho fundamental y bien común.

BR. En el proceso de la MANE le hemos dado otro sentido semántico a conceptos y temas. Por ejemplo, el Gobierno dice que ofrece una educación de calidad, pero a la luz de la realidad no es así. Otro caso es el sistema de educación superior, que hemos considerado subsistema de un nuevo modelo de educación. Sería un sistema que comprenda las diferentes instituciones de educación superior con sus diversos contenidos curriculares, pero también es un elemento del subsistema dentro del nuevo sistema de educación que debe incluir desde kínder hasta posdoctorado.

Entendemos la educación superior como un sistema que abarca todas las instituciones relacionadas y todos los contenidos curriculares, como es el Sena, que no es una institución de educación superior pero que efectivamente tiene carreras con contenidos que deben estar inmersos en el sistema que estamos pensando con educación de calidad, bienestar, gratuidad, etcétera, pero entenderlo como un sistema nos permite una compresión integral u holística.

Hay un segundo elemento fundamental: caracterizar esto como un sistema nos permite entender que hay áreas del saber que se complementan, que no hay una educación superior a otra, y por eso hemos intentado darle otro significado a la idea de educación superior; por ejemplo, la educación universitaria no es que sea superior a la técnica o tecnológica, sino diferente en métodos y contenidos, pero lo fundamental es que cada una de estas modalidades de la educación sirva para el país, y que lo que hay que hacer es potenciar la discusión entre estas áreas del saber, y en este sentido poder construir lo que hemos denominado un nuevo sistema de educación superior.

OA. Veamos el tema de que la educación en todas sus modalidades y niveles es un derecho fundamental. Para este propósito no partimos de la división clásica del Derecho, que dice que éste es parte de la dignidad del individuo; partimos de concebir un derecho pluridimensional, no sólo porque tiene dimensiones individuales y colectivas sino también porque el argumento fuerte para decir que es un derecho fundamental es que resulta ser garantía para el goce efectivo de otros derechos sociales y políticos, inclusive para el desarrollo del país. Sin investigación, sin universidades, sin ciencia crítica, no hay desarrollo individual, colectivo y social, y por eso decimos que es sustento para el goce efectivo de los derechos sociales, económicos y culturales.

FM. La educación, desde la perspectiva de la MANE, debe ser considerada un bien común, partiendo de que el bien común es desconocido en nuestra jurisdicción. ¿Por qué la MANE considera necesario entender la educación superior como bien común? La era neoliberal nos demuestra que todos los bienes públicos que estaban insertos en esa matriz de acumulación capitalista de Estado –antes de la entrada en vigencia del neoliberalismo– fueron susceptibles de privatización. El bien público es susceptible, en cualquier momento en que cambie la correlación de fuerzas, de que se le mercantilice y se le privatice. El bien común, por lo contrario, es una suerte de blindaje para la Universidad contra su privatización y su mercantilización, en tanto su función social; pero además permite que sean las comunidades académicas, la sociedad, las instancias en quienes descansen las decisiones centrales que en ella se tomen.

BR. Un tema importante en la coyuntura que tiene que ver con esta discusión es el relacionado con los parafiscales. El debate lo abre el Gobierno en forma atropellada, pues no se esperaba que presentara tan rápido la reforma tributaria. Sólo voy a referirme a una pequeña parte del debate. El gobierno de Santos se ha atrevido a lo que no se ha atrevido ninguno; así como en un momento se atrevió a plantear universidades con ánimo de lucro, ahora se plantea acabar la figura de los parafiscales en Colombia. No dudamos en ningún momento de que lo que quiere hacer el gobierno de Santos es privatizar el Sena, lo cual tiene unos elementos con respecto a privatizar el modelo neoliberal en Colombia en relación a lo laboral, lo educativo y lo social.

En el tema laboral, en lo de la articulación, el Sena ya no es tan necesario para el país porque la mano de obra barata ya la están formando en los colegios mediante el modelo de articulación de décimo y once. Esta mano de obra no sale para la universidad pública sino directamente a trabajar o buscar trabajo. Ya tiene el Sena 25 instituciones del orden nacional, pero además tiene más de 300 colegios articulados en el país, lo que significa cerca de 50.000 jóvenes que no cobran y ya los tiene trabajando en las empresas del país. Todo esto se articula también al debate sobre el primer empleo, pero está fundamentalmente articulado a privatizar pronto el Sena.

En la reforma tributaria se plantea que las nóminas ya no producirán los recursos para el Sena sino que esto quedará atado a la productividad de las empresas, situación que, en medio de la crisis global, lleva directo a la privatización. Se ha hecho una reforma interna que favorece la privatización, y en este momento en el Sena está permitido cobrar la educación por medio de la Resolución 03176 de 2010, que dejó firmada Darío Montoya. Es decir, que a partir del primero de enero de 2013 el Sena cobrará, acabando con la posibilidad de gratuidad, algo que está vinculado con este debate. Entonces, dice el Gobierno, que en vez de darnos plata para solucionar los problemas de la educación, lo que hará es todo lo contrario: acabar una institución tan importante como el Sena.

Los parafiscales atienden a unos 26 millones de personas en el país, y cuya desaparición significa acabar con las posibilidades de bienestar y educación para los sectores populares. El hijo de Santos no va a ir al Sena a un curso de tendido de cama. Hay que invitar al pueblo colombiano a rechazar esta nueva reforma tributaria, porque no está en tela de juicio sólo aquello de los parafiscales sino también la canasta familiar, los impuestos sobre el salario, entre otros, derechos ganados por la clase trabajadora del país.

Andrés. Para el fortalecimiento de la MANE, hoy es muy importante que los estudiantes de nivel local y en todo el país se vinculen a las luchas por el derecho a la educación. Desde la Mesa se viene argumentando que el movimiento pasa y la organización queda. Hoy es un escenario de lo que será en un futuro una organización mucho más fuerte, una organización estudiantil consolidada, una organización estudiantil que dé ejemplo en América Latina, como viene haciéndolo. Entonces, hoy se debe fortalecer este proceso en lo local, lo regional y lo nacional; por supuesto, caminando hacia el fortalecimiento de la unidad del movimiento estudiantil.

Felipe. A los estudiantes, las estudiantes, los profesores, las profesoras, los trabajadores y trabajadoras, va la invitación de la MANE, tejiendo la propuesta que hemos elaborado alrededor de la necesidad de construir una educación superior nueva para un país nuevo, con soberanía, democracia y paz. Como lo hemos planteado, se trata de una tarea que demanda lucha y sacrifico, pero es un esfuerzo que abre posibilidades históricas. Esta es la lucha y por eso les hacemos una invitación a la madre comunitaria, a los obreros, a la señora de la tienda de la esquina, a la sociedad en general, a todos y todas, a que nos vinculemos a la lucha por la educación, porque se trata de desnudar el modelo neoliberal y decir que este no nos sirve. Además, hay la posibilidad de tener una generación que piense distinto, que construya las ideas en forma distinta, que se relacione con el conocimiento en forma distinta. Es decir, una sola generación que logremos con estas características es una generación que puede transformar la sociedad y hacer del nuestro un mejor país para todos. Por eso invitamos a toda la sociedad para que se vincule a esta lucha.

OA. Queda por decir que esta lucha por la educación, como bien común y derecho fundamental, hace rato que dejó de ser una lucha solamente de la MANE, de los estudiantes y la comunidad educativa. Llegados a este momento, lo que tenemos en el país son dos propuestas de educación superior, dos propuestas de país sobre la Mesa. Hacemos la invitación al pueblo colombiano a que decida, a que llenemos las calles de alegría y de revolución.

Viernes, 20 Enero 2012 18:50

¿Cómo ha sido la vuelta?

El cálculo oficial estaba errado. Menospreciando la capacidad de movilización y resistencia de los estudiantes universitarios, en abril de 2011 el gobierno de Juan Manuel Santos presentó al Congreso de la República un proyecto de ley que reformaba la Ley 30 con el propósito de privatizar, de una vez por todas, la educación superior en Colombia. Entre mayo y noviembre, una oleada de marchas y marchas de estudiantes recorrieron las calles, unidos brazo con brazo, como un viento fresco y libre, cantando y gritando en jubilosa algarabía: “A ver, a ver ¿quién lleva la batuta, los estudiantes o el gobierno hijueputa? A ver, a ver…”, exclamaban a coro miles de muchachos en gozosa rebeldía.

Entonces vuelven y nos asaltan las frecuentes preguntas: ¿cuándo comenzó esta insumisión juvenil? ¿Siempre ha estado ahí? ¿Cuál es su historia?

Ecos de la marsellesa


“Es claro que estos ideales del movimiento social no nacieron súbitamente en la época de la Revolución Francesa: tenían ya una larga historia detrás de ellos; incluso, habían sido algunas veces planteados por movimientos de protesta religiosa. Pero la Revolución Francesa los transformó completamente, en primer lugar porque les confirió una forma laica e independiente de toda religión. En segundo lugar, porque les dio también legitimidad social tal que incluso los pensadores conscientemente conservadores […] se comprometieron por vez primera en un combate sistemático en contra de ellos, reconociendo de esta manera su creciente fuerza y presencia social. Finalmente, la Revolución Francesa los expandió por el mundo entero, convirtiéndolos en ideales generales que no estaban asociados con ningún lugar, con ningún grupo humano o con ningún pueblo o nación”1.

Pasada la Revolución Francesa, París era un febril hervidero de nuevas ideas. Jacobinos, volterianos, girondinos, hebertistas, enragés, rusonianos, radicales, enciclopedistas, racionalistas, masones, republicanos, agitadores, idealistas, subversivos, rebeldes y librepensadores se mezclan en un asombroso caos de democracia montonera, de chusma ilustrada e insurrecta, con la idea fija de consolidar una educación pública, gratuita y universal como base de cualquier cambio duradero. Fue ese ímpetu de volcán incendiario lo que permitió que el 23 de octubre de 1794 se estableciera la Ecole de l ‘de Marte2 por el Comité de Salud Pública, y a partir de aquí se multiplicaran los liceos y las escuelas públicas; y con ellos las protestas estudiantiles. En 1829, en París, los estudiantes paran las clases, urgiendo una educación laica. De los 25 rectores de los colegios, 20 eran sacerdotes; el ministro de Instrucción Pública era monseñor Frayssinous y además, 60 de los 80 catedráticos de filosofía eran curas. Al principio nadie los tomó en serio, pues eran, al fin de cuentas, colegiales que jugueteaban a la insubordinación. A pesar de esto, en medio de los amotinamientos y las proclamas incendiarias, la guardia asesina al estudiante de derecho Nicolás Lallemand3.

No tardaron los sucesos en explayarse por la vieja Europa. Los alemanes más ñoños y acuciosos organizaron las primeras agremiaciones estudiantiles; se denominaban: Studentenverbindungen (fraternidades de estudiantes) y Burschenschaften (asociaciones de estudiantes universitarios). La más antigua se fundó hacia 1815 en Jena. Estas colectividades estudiantiles impulsaron en algunos casos las revoluciones de 1848 en Alemania, Francia, Italia y el centro de Europa4. La emergencia juvenil no se quedó allí: hacia 1800 aparece una serie de organizaciones como La Joven Inglaterra, Joven Irlanda, Italia Joven y Joven Alemania, pluralidad de formaciones muy diversa entre sí; mientras que Italia Joven tenía un carácter profundamente revolucionario, integrada por republicanos y carbonarios, uno de sus miembros más destacados fue el patriota italiano Giuseppe Garibaldi. La Joven Inglaterra, por el contrario, era más conservadora, y alejada de la contestación y la revuelta; por su parte, La Joven Alemania mantuvo un punto de vista progresista y La joven Irlanda fue una organización nacionalista5.

La Joven Rusia, por los años de 1861 y 1862, más en la senda conspirativa, funda grupos clandestinos que se confabulan contra el régimen zarista. El movimiento se consolida durante el invierno de 1901 cuando una huelga vincula a 30.000 estudiantes6. En la legendaria Turquía, a mitad de camino entre Europa y Asia, los jóvenes se juntan en las Sociedades Secretas de los Estudiantes Universitarios Progresistas. En 1860, Los Jóvenes Turcos proponen modernizar el país, inspirados en la cultura europea. El 23 de julio de 1908 derrocan al sultán y toman el poder. Un año después triunfa la contrarrevolución.

Del lado de acá


“La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar su pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes [...]. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa”.
Manifiesto Liminar - Córdoba,
Argentina - 1918

La revuelta juvenil latinoamericana se anuncia con el cordobazo (Córdoba, Argentina, 1918), cuando los estudiantes demandan un carácter más laico para la educación superior, en oposición a una academia conservadora y clerical. De la misma manera, solicitan autonomía, innovaciones en los planes de estudio, acceso a la cátedra por concurso y gobierno universitario. Ya en 1910, los estudiantes colombianos habían tomado muchos puntos del cordobazo con ocasión de la celebración del Primer Congreso de Estudiantes de la Gran Colombia, al cual siguieron otros cuatro concilios entre 1922 y 1930, y la creación de la Federación Nacional de Estudiantes en 19227. Sin embargo, la propuesta se quedó en pura labia porque de movilización y lucha más bien pocón. Tal como lo comenta Le Bot, “ni en esta época ni en la anterior (los años 20), el movimiento estudiantil llega a constituirse en una organización real, comparable a las organizaciones sindicales”8. Y la revista Semana del 7 de junio de 1954 dice: “Después del 8 de junio del 29 no participaron, por ejemplo, en la reforma constitucional del 36, ni en la del 45, ni reaccionaron, como muchos esperaban, ante los años de violencia política que vivió el país (1948-1953) ni ante el cierre del Congreso ni ante la censura de prensa9”.

En 1929, la ciudadanía bogotana se volcó a las calles para reprobar las tramas corrompidas de un grupo de políticos ligados al presidente de la república y en rechazo al nombramiento del coronel Cortés Vargas como jefe de la policía de Bogotá (Cortés Vargas había conducido las tropas en la Masacre de las Bananeras un año atrás). En la noche del 8 de junio, un grupo de policías asesina al estudiante de Derecho de la Universidad Nacional Gonzalo Bravo Páez (algunos autores lo nombran como Gonzalo Bravo Pérez), partícipe de las marchas. Luego de 25 años, el 8 de junio de 1954, en los actos de conmemoración del crimen contra Bravo Páez, muere el estudiante Uriel Gutiérrez Restrepo. Al día siguiente ocurre una gigantesca movilización hasta la Plaza de Bolívar, y el Ejército acribilla a 10 estudiantes10 y otros 41 quedan heridos. Un mes más tarde, el 8 de julio de 1954, comunistas y liberales alumbran la Federación de Estudiantes Colombianos (FEC).

En los primeros años de la década de los 60, al tropel e insubordinación de los chicos se les concede cierta tolerancia. El establecimiento estimaba que tenía una deuda con los jóvenes por su concurso en los acontecimientos que permitieron la caída de la dictadura de Rojas Pinilla, tal como lo expresa el presidente Alberto Lleras Camargo con motivo de la inauguración de las residencias femeninas de la Universidad Nacional: “En mayo de 1957 los estudiantes, como lo habían hecho en todas las grandes jornadas de nuestra historia, se colocaron a la vanguardia del movimiento restaurador de la libertad. Cuando amaneció sobre Colombia, un día inolvidable para la libertad americana, la primera gratitud fue para ellos, los precursores y los mártires”11. Toda la década de los 60 será generosa en acontecimientos y protestas muy centradas en el rechazo a la intromisión de los estadounidenses en la educación colombiana. “La novedad del año 1962 es la intervención creciente de los Estados Unidos en el desarrollo de la enseñanza universitaria colombiana y la oposición cada vez más firme del movimiento estudiantil a esta penetración cultural”12. El Ministerio de Educación de Colombia había acogido sin reservas los planes de enseñanza propuestos por los americanos en el Seminario de Rectores de América Latina realizado en El Paso (Texas), en enero de 1962, adelantando varias reformas educativas orientadas por asesores gringos.

Sin embargo, la tolerancia a la protesta estudiantil decae a medida que avanzaba la década. “En 1967, el entonces presidente Carlos Lleras Restrepo visitó la facultad de Veterinaria y se hizo acompañar de uno de los Rockefeller. La provocación era tan manifiesta que la reacción estudiantil no se hizo esperar: a los silbidos e imprecaciones pronto sucedieron las pedradas, y el primer magistrado de la nación vio cómo su frente comenzaba a sangrar, aunque parece ser, como se dijo después, que el proyectil no fue una piedra sino un tomate. La cuestión es que el Presidente y su aterrado huésped huyeron de la Universidad, aunque su reacción no tardó en manifestarse. Unas horas más tarde, varios helicópteros sobrevolaron el campus en ejercicio de una evidente composición de lugar […]. Poco después, un destacamento de tanques violó implacablemente el Alma Máter, neutralizándola en sus puntos más sensibles: la calle 25, la carrera 30 y las cercanías de Gorgona. Simultáneamente, nuevos helicópteros trasladaron contingentes de soldados de élite. Con uniformes de camuflaje y las caras tiznadas y fuertemente armados: camiones y jeep complementaron la rápida operación, y en cuestión de 15 minutos toda la ciudad [universitaria] había sido tomada. […] Casi 10.000 estudiantes fueron detenidos y llevados a diversos campos de concentración, y de tan masiva captura no se salvó nadie, ni celadores ni conserjes ni decanos13”.

Estos sucesos espléndidamente relatados por Moreno-Durán darán pie a que el gobierno de Lleras Restrepo se imponga como tarea acabar con la organización estudiantil, tal como lo expresó en 1968: “Hay una entidad que no sé si tenga personería jurídica […], que se denomina a sí misma Federación Universitaria Nacional (FUN) […]. Me siento obligado a decir que no reconozco a los individuos que forman parte de tal entidad el derecho de dirigirse así al Gobierno Nacional. Y desde luego, con esa FUN o Federación Universitaria Nacional no mantendrá relaciones el Gobierno”14. La ya señalada FUN, antes de desaparecer en medio de una acre persecución, logró congregar representaciones de más de 30 universidades y estuvo al frente de luchas tan destacadas como la marcha de estudiantes de 1964, desde Bucaramanga hasta Bogotá.

Los años del tropel

“El 26 de febrero prendimos la ciudad
de la 15 para arriba, la tropa en todas partes, vi matar muchachos a bala, niñas a bolillo,
a Guillermito Tejada lo mataron a culata.
Eso no se me olvida. Que dí piedra
y me contestaron con metralleta”
El atravesado, Andrés Caicedo


Cuando me hice imberbe activista estudiantil de secundaria, aún el piso estaba mojado con la tormenta del movimiento estudiantil de 1971 en Colombia. Las gigantescas figuras de Mao, el Che y Ho Chi-Minh, pintadas en las paredes de las residencias Gonzalo Jiménez de Quesada, ya se empezaban a descascarar. Aún se podían escuchar relatos de prodigiosas batallas como el tropel de la Universidad del Tolima que duró tres días con sus respectivas noches (6 de agosto), y no faltaba quien repetía de memoria un poema a Tuto González, estudiante del Liceo Humboldt de Popayán, asesinado por el ejército (4 de marzo).

Misael Pastrana había llegado a la Presidencia en 1970 en medio de rumores de fraude; por tanto carecía de legitimidad ante algunos sectores de la opinión pública. Los hijos de las riadas de desplazados que arribaron a las ciudades durante los años 50 y 60 habían copado el sistema educativo básico, y muchos de ellos ya demandaban educación superior; vertiginosamente cambiaba la sociedad colombiana, y nuevos juicios y criterios estaban a la orden del día.

El 26 de febrero, cuando la tomba intentaba meterse a la Universidad del Valle, muere un dirigente estudiantil, los disturbios se riegan por toda la Sultana. Al final de la jornada, más de 30 ciudadanos son asesinados en Cali. A partir de este momento se desarrolla una agitación que lleva a 35 universidades al paro, es decir, prácticamente todas las públicas y algunas privadas como la Javeriana, los Andes, la Tadeo, la Libre, la Santo Tomás, la Inca y la Gran Colombia. En reuniones y congresos clandestinos se construye un “programa mínimo”. ¿Qué solicitaban estos jóvenes del 71? 1. Salida de las universidades de los organismos estadounidenses (Fundación Ford, Fundación Kellogs, Usaid, Cuerpos de Paz…). 2. Reforma de los Consejos Superiores Universitarios (de los cuales formaban parte la Iglesia, la Andi, Fenalco, el Ministerio de Defensa y otras entidades que no representaban a la comunidad universitaria). 3. mayor presupuesto para la educación superior. 4. Cogobierno en las universidades públicas (me refiero a una administración conjunta entre gobierno, estudiantes, profesores y trabajadores de los centros educativos)15. Fue un año de grandes movilizaciones que permitió ganar el cogobierno en las universidades de Antioquia y la Nacional de Bogotá. En la corta primavera del cogobierno, los estudiantes lograron elevar el presupuesto de investigación, ampliar cupos, reincorporar expulsados, defender la libertad de cátedra y fortalecer financieramente la universidad pública.

En “1972 las ocupaciones militares, los cierres de la universidades, expulsiones de profesores y estudiantes, […] ‘La operación limpieza’ en la Universidad Nacional y la expulsión de la de los Andes de los militantes de tendencia maoísta […] abren un periodo de relativa paz académica”16.

Pasan los años. En los 80, el establecimiento arrecia contra el movimiento estudiantil y la universidad pública. El asesinato de Alberto Álava (agosto 1982), profesor de la Universidad Nacional; la desaparición en 1983 de los hermanos Sanjuán y González, estudiantes de la Universidad Distrital, el crimen de Jesús León Patiño (9 mayo 1984), estudiante de la Universidad del Valle, y la masacre del 16 de mayo en la Universidad Nacional, en la que murió un número indeterminado de jóvenes17, cierran con sangre una época de movilización estudiantil.

El ciclo se abre de nuevo en mayo de 1986, cuando se realiza el Encuentro Nacional Estudiantil “Chucho Peña”. El 26 de agosto es asesinado Luis Alberto Parada, estudiante de Derecho de la Universidad Nacional, lo que motiva la toma de las residencias estudiantiles y los edificios administrativos de la Universidad, con el fin de solicitar el retorno de las políticas de bienestar que se habían perdido durante el cierre de 1984. En Medellín, el 24 de noviembre de 1987, un grupo paramilitar ingresa a la sede de la Juventud Comunista y asesina a varios militantes. En agosto de 1988, Cristóbal Triana, estudiante de Economía de la Universidad Autónoma de Colombia de Bogotá, es desaparecido, y en marzo del 89 cae asesinado José Quinche, estudiante de Ingeniería. La ofensiva a sangre y fuego consigue debilitar la organización estudiantil.

El sol volvió a alumbrarnos

Por todas partes oigo el ruido
de pies en marcha y a la carga, chico.
El verano ya está aquí,
el tiempo para pelear en las
calles es correcto.


Street Fighting Man
Rolling Stones



El 10 de mayo de 2007, más de 20.000 estudiantes de las universidades Nacional, Pedagógica y Distrital marchan en Bogotá en rechazo a la medida del gobierno de Álvaro Uribe de incluir dentro del Plan Nacional de Desarrollo un artículo que obliga a las universidades públicas a responder por los pasivos pensionales de sus trabajadores. La prensa se admira del número de manifestantes y lo colorida de la marcha: “Esta vez lo hicieron sin piedras ni grafitis pero cargados de disfraces, pitos y zancos”18. La respuesta de la rectoría de la UN fue cerrar las sedes de Bogotá, Palmira, Manizales y Medellín; en la UIS se presentan fuertes disturbios.

Para el 15 de mayo se encontraban cerradas las universidades Pedagógica, UIS, Cauca, Nacional y Surcolombiana. El 17 de mayo se realiza una nueva movilización en Bogotá con la participación de más de 30.000 jóvenes. Esta sirve de escenario para que Fecode anuncie un paro nacional a partir del 23 de mayo contra la propuesta del gobierno de reducir los recursos de las transferencias que hace la Nación a los municipios, para educación. La reducción de las transferencias durante el gobierno de Andrés Pastrana (Acto conocido como el 012) había sacado a la calle a miles de jóvenes en todo el país. 

El 23 de mayo se movilizan en Bogotá más de 70.000 personas, entre docentes, estudiantes universitarios, y estudiantes del Sena y secundaria. Con los días, los estudiantes de secundaria se ponen al frente de la huelga, garantizándola mediante la toma de colegios. Ya en abril, estudiantes del Colegio La Estancia, de Ciudad Bolívar, e INEM de Kennedy habían ocupado los planteles por problemas internos. En mayo, sólo en Bogotá, los muchachos ocuparon 120 colegios en una acción improvisada; muchos de ellos sin comida, sin redes de comunicación que les permitieran responder a un desalojo de la policía, y en particular sin una estructura que articulara el proceso. A partir de aquí se suceden, una tras otra, marchas y marchas y marchas (Fecode habló, sólo en Bogotá, de 100.000 participantes en cada jornada), hasta el 14 de junio, cuando son aprobadas las transferencias. Uribe había impuesto sus proyectos y con ellos se ahogaba la educación pública.

La más reciente


Entre este año y 2011 no dejan de sucederse las protestas de los estudiantes, con el tema presupuestal como uno de sus motivos principales. Ni las marchas ni los concurrentes son pocos. Pero sólo en 2011 se logra una articulación y una potencia que conmueven a todo el país, y que llevan en noviembre de este año a que Juan Manuel Santos, muy a pesar de su “no hay nada por qué protestar”, opte por retirar el proyecto radicado en abril en el Congreso de la República.

Esta es una historia que todavía no termina y que seguramente se dirimirá entre los años 2012 y 2013 en las calles de todo el país.

1 Wallerstein, Immanuel. Historia y dilemas de los movimientos sociales antisísmicos. Ediciones desde abajo, Bogotá, 2008.
2 Escuela de Marte, que, a pesar de nombre, no se trataba de un colegio militar.
3 Caron, Jean-Claude. “La segunda enseñanza en Francia y en Europa, desde finales del siglo XVIII: colegios religiosos e institutos, en: Levi, Giovanni y Schmitt, Jean-Claude, Historia de los jóvenes, tomo II. Editorial Taurus, Barcelona, 1996.
4 Carlos Marx detalla estos acontecimientos en El 18 Brumario de Luis Bonaparte.
5 Los jóvenes siempre han sido partícipes de las movilizaciones sociales. Seguramente estuvieron con Espartaco, las luchas campesinas y las nacientes luchas obreras. Sin embargo, la extensión de la escolaridad durante los siglos XVIII y XIX permitió que se consolidara un nuevo rol social, el de estudiante, donde los jóvenes eran actores mayoritarios.
6 Mencionado en Tierra y Libertad, periódico anarquista ruso fundado en 1888. Historia del Partido Comunista Bolchevique de la Unión Soviética, redactado por una comisión del PC (B) de la URSS, Edición en Lenguas Extranjeras, Editorial Progreso, Moscú, 1940.
7 Gómez, Alberto. Movimientos estudiantiles, fascículo 36, Historia de Colombia. Editorial Oveja Negra, Bogotá, 1986.
8 Le Bot, Yvon. “El movimiento estudiantil durante el Frente Nacional”, en Educación e ideología en Colombia. Editorial La Carreta, Bogotá, 1985.
9 Gómez, Alberto, íd.
10 Sobre este acontecimiento no se tiene claro el número de víctimas. Alberto Gómez y Manuel Ruiz hablan de 10 estudiantes asesinados; Yvon Le Bot, de 14; la revista Deslinde, de 12; la prensa bogotana de esos días inicia el conteo con 18 muertos y con los días cae a 8; Gómez y Ruiz entregan una lista de 10 estudiantes asesinados: Álvaro Gutiérrez Góngora, Elmo Gómez Lucich (peruano), Hernando Morales, Rafael Chávez Matallana, Jaime Moore Ramírez, Hernando Ospina López, Hugo León Velásquez Arroyabe, Jaime Pacheco Mora, Hernán Ramírez Henao y Carlos J. Grisales.
11 Ruiz Montealegre, Manuel. Sueños y realidades. Procesos de organización estudiantil 1954-1966, Unibiblos-Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2002.
12 Le Bot, Yvon. íd.
13 Moreno-Durán, R.H. “La memoria irreconciliable de los justos”, El Espectador, Magazín Dominical, Nº 266, Bogotá, mayo 1988.
14 Torres, Fernán. Trayectoria histórica de la universidad colombiana-Modelo de interpretación, Ministerio de Educación, Instituto Colombiano de Pedagogía, Bogotá, 1975.
15 Federación de Estudiantes de la Universidad del Valle (FEUV) 1971-1972, Desarrollo político del movimiento estudiantil, Editado por FEUV, Cali, 1973 y revista Deslinde, año 1, número 1, junio 1971, Medellín.
16 Le Bot, íd.
17 Universidad Naciona, tiempos turbulentos, periódico desde abajo Nº 146.
18 “Masiva marcha contra el Plan de Desarrollo”, El Tiempo, 11 de mayo 2007, p. 1-17.
Miércoles, 23 Junio 2010 16:29

Lecciones 2010. Retos para 2014

Aunque son diversas las lecturas, una vez cumplidas las elecciones presidenciales del 30 de mayo –pendientes de procesar las del 20 de junio–, ante el riesgo de un ‘unanimismo’ de opinión con el poder, está en la agenda, salta a la vista, un deber para el movimiento social, las expresiones políticas alternativas y la fuerza centrípeta, de remolino, con resonancia del Congreso de los Pueblos: extraer lecciones y ubicar errores. A continuación, consignamos unos aportes para estimular este ejercicio colectivo.

1. Miedo y conformismo. Con un país cruzado así, la votación no fue sorpresa. Así votó ese 30 por ciento que resulta ser: el que siempre decide la selección del Ejecutivo. Por efecto del clientelismo de los subsidios y el clientelismo del terror. Es el efecto del poder y de todas sus artimañas. Ante sus malas artes, los sectores alternativos necesitamos más audacia y capacidad de comunicación con el país nacional para conseguir un giro de la situación. Sin duda, un logro que requiere no parecerse al poder que se crítica.

Con el 47 por ciento del uribismo en la primera vuelta, cabe intuir su intento de ganar de un solo envión. Algo les falló. De todos modos, dieron la sensación, nacional e internacional, de su poder y su capacidad de prolongación por mucho más tiempo. Es una capacidad que ahora trasladan al eslogan de “unidad nacional”, en busca de que un sector del “partido verde” agarre cuota burocrática. Una vez consolidada su cifra en la segunda vuelta, esa consigna quedará para el recuerdo. Aducirán que Colombia está de acuerdo con el proyecto dominante.

Con ese escenario, el reto queda planteado para el Polo Democrático Alternativo, como única voz de oposición institucional: Buscar comunicación con la franja social que imanta o imantó el “partido verde”, y tenderle un puente de unidad y acción contra el unanimismo que socavará al país.

2. ¿Fraude o maquinaria? Luego de las elecciones, y como explicación del ‘sorpresivo’ resultado, corren rumores no desdeñables de un inmenso fraude –manipulaciones electrónicas, por ejemplo. Eso y mucho más es posible por parte de la cúpula uribista y sus soportes.

No obstante, es un hecho ineludible que el uribismo cultiva un poder económico, estatal, y una zona importante de opinión, sumados a las operaciones de un aceitado clientelismo de viejo y nuevo cuño, y de un inmenso aparato de intimidación con raíces oficiales, paramilitares, latifundistas, del narcotráfico y de la base social contrarrevolucionaria-‘anticomunista’; todas con ramificaciones internacionales.

Por tanto, es equivocado llegar a creer o hacer creer que con relación a los resultados electorales todo funciona por trampa. Es ésta una imagen que lleva a perder el sentido de rectificación y de las tareas más importantes por emprender por parte de los movimientos sociales, en el sendero de recuperar la dignidad y la rebeldía de las mayorías nacionales.

Absolutizar la teoría del fraude transmite una inmensa carga negativa que no se pondera por parte de los denunciantes: si no hay capacidad para revertir el resultado, y movilizar la población y exigir respeto por el voto emitido, los denunciantes quedarán como incapaces o pendejos, imagen que, en contrario, termina por validar a quien se denuncia.

En ésta como en otras coyunturas, el reto fundamental es uno: poder social. La tecnología y el conocimiento sobre sus usos y posibilidades son importantes, pero lo básico es la capacidad de movilización de la población.

3. El poder de los medios. Quedó demostrado una vez más que el escenario donde se escenifican las elecciones es la opinión pública, y que desde el poder de los medios de comunicación esta opinión se crea, se alimenta, se sostiene, se impulsa; impone la cotidianidad.

Ante su tamaño, dominio de los sectores medios, penetración de los sectores populares. Es una lógica por comprender en toda su dimensión. De este modo, definir tareas para contrarrestar su efecto. Participar bajo su marco y, a la par, crear un Sistema Nacional de Comunicación Alternativo que les de vía a las propuestas de nuevo tinte nacional y popular, para una comunicación sugestiva y potencial con las comunidades y el conjunto de la opinión pública.

Esta es una vía. Otra, busca iniciativas en la vía de batallar contra las ideas y las imágenes hegemónicas, y recorre la ruta de ignorar la lógica impuesta. Intenta competir con la influencia informativa y cultural del poder. Opta por retomar un camino largo: comunicación puerta a puerta, contacto personal con la sociedad mediante otro mensaje, pero, sobre todo, con creación de espacios para que un inmenso sector social se active y participe como actor de primera línea, tanto en la esfera electoral como en el conjunto de la actividad política cotidiana.

Se trata, entonces, de un proceder que implica construir una estrategia de largo plazo en la cual lo cotidiano y lo coyuntural –electoral– no tienen desarticulación. Son una sola y única expresión: participación ciudadana en pos de unos objetivos delineados con cada comunidad, con la sociedad en su conjunto.

De esta manera, el aspecto coyuntural –institucional– no procede como fenómeno artificial que rompe la continuidad de los procesos en brega por identidad ni crea expectativas artificiales. Además, permite que los liderazgos –de esta manera más colectivos– se profundicen en el mediano y el largo plazo, no sólo como un fenómeno de marketing.

4. El liderazgo (dos vías) y la unidad. Una vez definidos el sujeto particular de cada realidad o país, y una estrategia y una táctica, todo proceso social en disputa del cambio y el poder descansa en estas dos premisas y su legitimidad. Son factores muy esquivos en la experiencia nacional y su izquierda.

a. Veamos, en primer término, la unidad. Hasta ahora es un ‘amor platónico’ de cada grupo. Y como tal, le concede ventaja desde hace tiempo al poder y la iniciativa de la oligarquía. En los últimos ocho años, al uribismo. Y somos culpables. Para dar un vuelco, hace falta superar esta quimera, siempre presente en las consignas de la izquierda. Pero siempre, de igual manera, ajena a sus prácticas.

En su vía crucis, es necesario replantearla con varias estaciones: como coordinación o escala de agendas comunes. Es o puede ser más sencillo el esfuerzo por alcanzar algún nivel de acuerdo –coordinación– que proceder por la vía de la renuncia a identidades propias; y cuando todavía no hay presión social ni popular que las obligue a deponer.

Mal ejemplo. Reciente es el intento por hacer del Congreso de los Pueblos una agenda común del conjunto social. Tras llegar a un acuerdo sobre su necesidad y luego de convocar públicamente a su instalación, un sector de los firmantes, en medio de una reunión nacional con delegados de las fuerzas convocantes, se retracta con un solo argumento: la prevención. Un factor ideológico se impone y prevalece sobre la realidad, a pesar de las urgencias del momento.

La coordinación táctica es un objetivo por alcanzar de parte del conjunto de la organización social. Ese es uno de los propósitos que plantea el Congreso de los Pueblos, como respuesta enfocada ante la realidad que atraviesa el país, razón más que urgente para instalarlo. Mucho más cuando el uribismo intenta arrebatar y maquillar su acción como baluarte de la “unidad nacional”.

b. El liderazgo y dos vías. Bajo la hegemonía del capitalismo, todas las experiencias de lucha política enseñan que los liderazgos son fundamentales para cohesionar la fuerza, la movilización y la resistencia. Los liderazgos pueden ser colectivos o individuales, conversados o impuestos. En todo caso, sin su peso no es posible superar las prevenciones, la atomización, el individualismo, el vanguardismo, el localismo, las desconfianzas y los aferramientos en creencias irrenunciables de lo propio y los pasados, etcétera.

Al respecto, aún no actuamos con precaución. A su pesar, la tarea electoral concentra en la figura individual la esencia del liderazgo. Sin duda, es una vía en la tarea de acumulación, pero repite el modelo institucional dominante. Esta es la ruta elegida por el Polo pero no puede ser aislada y única, con esperas y episodios institucionales cada cuatro años.

El reto exige caminos alternos, complementarios, con el agravante de que la vía social no logra asfalto todavía. Luego de tal propósito, una vez más, el Congreso de los Pueblos se esfuerza por recuperar el vigor de un tejido social, a la par que lograr cuerpo para un liderazgo colectivo –que no excluye, y puede congregar y tener expresiones individuales– pero que intenta metas de reunir en procesos y agendas de discusión al conjunto de las expresiones de lo social y lo político.

La coyuntura electoral pasa. Los retos son cada vez más meridianos. Por tanto, es inadmisible la pasividad frente a los errores. Sin corrección damos ventaja.
Publicado enEdición 158
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