Olla popular en Perú.   ________________________________________ Imagen: EFE

"El virus, como el terrorismo, no respeta fronteras" afirma Antonio Guterres

Entre 83 millones y 132 millones de personas se agregarán en 2020 a las que ya sufrían el hambre: será consecuencia de la recesión económica provocada por la pandemia. 

 

Desde Roma. Naciones Unidas estima que a causa de la covid 19, el hambre aumentará de modo alarmante en el mundo, agregando un mínimo de 83 millones y un máximo de 132 millones, a los 690 millones de personas que ya padecían hambre en el mundo en 2019, según un informe difundido este lunes.

En el mundo se habla sobre todo de las consecuencias económicas del coronavirus, centrando las preocupaciones en el gran nivel de desocupación generado (la Organización Internacional del Trabajo calcula la pérdida de unos 195 millones de puestos de trabajo a tiempo completo), en la alarmante pobreza y el hambre. Pero el secretario de Naciones Unidas, Antonio Guterres, al inaugurar el 6 de julio en la ONU de Nueva York la Semana contra el Terrorismo, mencionó además la posibilidad de que las debilidades del sistema que han salido a relucir con la pandemia, puedan ser aprovechadas por “formas nuevas de terrorismo” como ataques cibernéticos, bioterrorismo y mal uso de las tecnologías. “Como el virus, el terrorismo no respeta fronteras”, dijo Guterres, señalado que “afecta a todas las naciones y sólo puede vencerse colectivamente”.

Según el Estado de la Seguridad Alimentaria y la Nutrición en el Mundo, el estudio realizado por distintas instituciones de Naciones Unidas difundido este lunes, los 690 millones de hambrientos de 2019 significan un aumento de 10 millones respecto a 2018. El informe fue difundido pocos días después de que el secretario Guterres presentara el 9 de julio otro documento sobre el impacto del covid-19 en América Latina y el Caribe, aconsejando a los gobiernos a tomar ciertas medidas para la recuperación de la crisis, reduciendo la pobreza, la inseguridad alimentaria y la malnutrición.

Aunque la ONU reconoce que todavía es un poco temprano para establecer los efectos reales de las cuarentenas en los distintos países y de las otras medidas de contención aplicadas, estima sin embargo que los 83/132 millones que se agregarán en 2020 a los que ya sufrían el hambre, serán el efecto de la recesión económica provocada por el coronavirus. Estos datos hacen cada vez más difícil conseguir el objetivo de “Cero Hambre en 2030” que se había propuesto la ONU, dice el informe elaborado entre otros por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), el Programa Alimentario mundial (PAM) y el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (FIDA), las tres con sede en Roma, además de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF).

Asia es el continente con más desnutridos (381 millones), seguido por África (250 millones) y América Latina y Caribe (48 millones), dijo el informe ONU. Es necesario aclarar que Asia es el continente con más población (más de 4.600 millones según estimaciones para el 2020), seguido por África (unos 1.300 millones). América Latina y Caribe en torno a los 650 millones de habitantes pero eso no la salva de la pobreza y el hambre. El mayor porcentaje de desnutridos en proporción a la población está en Africa (19,1%), seguido de Asia (8,3%) y América Latina (7,4%), precisó el informe ONU. Si se continúa con esta tendencia, en 2030, África será el lugar donde se encontrará más de la mitad de las personas que sufren hambre en el mundo, añadió.

“La pandemia intensificó la vulnerabilidad y las deficiencias del sistema alimentario mundial”, afectando las actividades productivas, la distribución y el consumo de alimentos. Por eso el estudio llamó a todos los gobiernos a incorporar el tema nutrición en sus políticas agrícolas, tratando de disminuir los costos de la producción, transporte y distribución y apoyando a los productores pequeños y locales para cultivar y vender más alimentos nutritivos, asegurando su acceso a los mercados. La idea es dar prioridad además a la nutrición de los niños, fomentando cambios en la educación y en los medios de comunicación, a fin de favorecerla, pero también facilitar el acceso a dietas saludables que podrán ser diferentes de un país a otro.

En cuanto a América Latina y el Caribe en particular, el documento difundido por la ONU el 9 de julio destacó que la región se ha transformado en un punto de acceso de la pandemia donde los más vulnerables sectores de la población son una vez más los más afectados y mencionando en este sentido a las mujeres, los ancianos, los indígenas, los africano-descendientes, los migrantes y refugiados, entre otros.

“Para Latinoamérica y el Caribe la comunidad internacional debe proveer liquidez (dinero efectivo), asistencia financiera y aliviar sus deudas”, subrayó Guterres al presentar el documento sobre Latinoamérica. “En una región donde las desigualdades se han hecho insostenibles, es necesario desarrollar un sistema de asistencia social accesible a todos”, creando además un sistemas de impuestos equitativo, promoviendo trabajos decentes y reforzando los mecanismos de protección social, fomentando, entre otras cosas, la participación masiva de las mujeres en la vida pública y económica. “Junto podemos superar esta crisis y construir una sociedad sostenible para todos”, concluyó el secretario general de Naciones Unidas.

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Participantes en el Occupy City Hall de Nueva York pasan el rato tirados en una explanada. SARAH YÁÑEZ-RICHARDS

Entre 500 y 2.000 personas se organizan en la ciudad de la costa este de Estados Unidos tras las protestas por la muerte de George Floyd. La principal proclama es reducir los fondos destinados al cuerpo de Policía.

 

Servicio de lavandería, biblioteca, enfermería, una pequeña huerta, una bodega y reparto de comida constante son algunas de las prestaciones de las que disfrutan los activistas y los sintecho que acampan en una de las esquinas del parque de la municipalidad de Nueva York, espacio que el 23 de junio fue tomado por cientos de personas y que ahora se llama Occupy City Hall (Ocupar el Ayuntamiento).

Lejos de ser una utopía, esta comunidad multirracial se enfrenta a nuevos retos diariamente, que van desde cómo hacerse oír sin dejar de ser un movimiento pacifista a cómo garantizar la salud a los participantes en medio de una pandemia, pasando por cómo evitar que el patriarcado y el racismo surjan en la acampada o qué hacer si uno de ellos es detenido.

Detrás de una mascarilla con el mensaje: "Parar de matar a la gente negra", Brandon West, uno de los muchos organizadores del espacio, explicó a Público que el movimiento -en el que participan entre 500 y 2.000 personas- empezó de manera orgánica. "Después de una manifestación la gente tomó el espacio", recalcó.

Desde finales de mayo, es normal ver por la Gran Manzana protestas en contra del racismo y la brutalidad policial bajo el lema de "Black Lives Matter". Marchas en las que se corean los nombres de George Floyd y Breonna Taylor, afroamericanos que murieron bajo custodia policial en 2020, entre otros.

"Nos juntamos distintos organizadores negros que queríamos hacer algo en Nueva York después de la muerte de Floyd. Hicimos algunas protestas, pero algunos queríamos tratar el tema del presupuesto (que la ciudad da al Departamento de Policía de Nueva York) por lo que decidimos ocupar el ayuntamiento y ocupar este parque", recalcó West.

En 2020 Nueva York destinó a la policía 5.900 millones de dólaresLa principal petición de esta toma era un recorte de 1.000 millones de dólares en el presupuesto del Departamento de Policía de la ciudad (NYPD), para luego reinyectar ese dinero a otras áreas con muchos menos fondos como educación, sanidad o servicios sociales. En 2020 Nueva York destinó a la policía 5.900 millones de dólares.

El alcalde, Bill de Blasio, no tardó mucho en contestar y anunció, un día antes de hacer oficial el presupuesto, que iba a recortar 1.000 millones de dólares al NYPD y redistribuir ese dinero en distintos programas sociales. En la acampada -zona repleta de coloridas hamacas, esterillas de yoga y parasoles- la noticia del ayuntamiento no fue recibida como una victoria, sino como una derrota o tomadura de pelo.

"La propuesta es una vergüenza, no es realmente un recorte de 1.000 millones de dólares. Ya que una gran parte se basa en mover el presupuesto de la Policía en las escuelas para ponerlo en otros lugares que tienen otro nombre pero ejercen la misma función. Algunos de los recortes no son sustanciales y, en general, no cambian lo que la policía es en la ciudad", subrayó West, quien se dedica profesionalmente a organizar acciones relacionadas con los derechos civiles.

El tema de liberar las escuelas de policías y poner más consejeros en los centros es una cuestión especialmente sensible para West, pues fue en el instituto donde el activista presenció por primera vez brutalidad policial contra uno de sus compañeros.

"Eso cambió todo para mí. Antes no me había fijado, pero cuando por fin lo vi, todo fue diferente. Llegué a la conclusión de que la policía no nos protegía, pues ellos protegen algo distinto que no somos nosotros", relató el treintañero afroamericano.

Occupy City Hall, el legado de Occupy Wall Street

A diferencia de muchos de los participantes, West es lo suficientemente mayor como para recordar los diversos movimientos que surgieron en 2011 a raíz de la crisis económica del 2008, como el 15-M en Madrid u Occupy Wall Street en Nueva York. Es más, él se acercó al distrito financiero de la Gran Manzana para mostrar su apoyo.

Aunque en esa ocasión este activista norteamericano no participó en la organización del evento, West destacó que algunos de los coordinadores de Occupy City Hall también se encargaron de Occupy Wall Street y que estos ahora están "aportando muchas estrategias que aprendieron en el primer evento".
Una de las cosas que más sorprende de esta toma es el constante flujo de comida. Dunkin' Donuts para desayunar, porciones de Joe's Pizza para merendar y catering vegetariano para cenar son algunas de las opciones que se pueden encontrar en este recinto.

La pandemia también está presente. Tanto de manera invisible como la causante de la pérdida de trabajo de mucho de los participantes. Como de manera visible con desinfectante para manos en cada mesa o mascarillas tapando todos los rostros.

Además de comida, se reparten otros bienes que los activistas han pedido, como crema solar, tapones para los oídos o tabaco. "La gente quiere cigarrillos, damos a la gente lo que quiere", dice West.

El límite de las peticiones está en el alcohol y los estupefacientes, ya que los organizadores intentan que este sea un "espacio seguro" en el que la gente está "alerta". Aunque si alguien lo trae por sí mismo no ponen impedimento para su consumo.

La estructura del campamento

El campamento, que está delineado por vallas, cuenta con dos secciones. Por un lado está la parte oficial donde se encuentran diversas carpas dedicadas a la comida, la inscripción de voluntarios, una mesa para pinchar música, la biblioteca, atención a la prensa, enfermería, un pequeño jardín comunitario, así como la zona de acampada, que está sobre un pequeño triángulo de césped.
La segunda zona es una gran explanada, en la que la gente se suele sentar para leer, pintar o jugar a las cartas.

Ambas zonas están divididas por la boca del metro de City Hall, entrada a la estación que está completamente tapada con una pequeña barricada.
Sentadas en el suelo y sin desvelar sus nombres, dos chicas contaron que esta era la primera vez que se desplazaban a esta zona, pero que llevan semanas participando en las marchas pacíficas.

"Los neoyorquinos hemos gastado miles de dólares para dar protección antidisturbios a los oficiales durante las manifestaciones, pero nuestros doctores no tienen suficiente dinero para equipos de protección personal que cuestan casi nada", indicó una de ellas. Haciendo referencia a que el presupuesto de 2020 dedicado a la sanidad en esta ciudad, que fue epicentro de la covid-19, fue de 1.900 millones de dólares.

Estas dos jóvenes actrices comentaron también que intentan ayudar a la causa hablando del tema con sus familiares. Una de ellas es originaria de Virginia y señaló que, aunque su madre no está de acuerdo con la semántica de "Defund The Police" (Quiten fondos a la Policía), ambas están en contra de que los agentes gocen de inmunidad calificada.

Mientras que la otra activista, que nació en Nuevo Hampshire, recalcó que ha podido dialogar con su madre sobre el tema, pero que cuando quiso tener una conversación con su padre, que es más conservador y sólo consume las noticias de Fox, este le acusó de ser una "ingenua" por querer cambiar el sistema policial a esos niveles.

Desde la improvisada biblioteca, Elizabeth, que es una bibliotecaria tanto en Occupy City Hall como en la vida real, apostilló que uno de los temas que más le preocupa es el actual complejo industrial de prisiones, sistema que, en su opinión, "no garantiza que la gente esté a salvo" y no da "oportunidades para que los presos vuelvan a formar parte de la sociedad".

Como buena amante de los libros, la joven activista recomendó que la gente lea "El Color de la Justicia: La nueva segregación racial en Estados Unidos", de Michelle Alexander, para informarse sobre el tema.

Elizabeth sólo se pasa por el ayuntamiento de día, pues a finales de mayo -cuando muchas de las protestas terminaron en violentas confrontaciones y saqueos- tuvo una experiencia traumática con la policía y ahora prefiere evitar la noche.

"Cuando mi madre me pide que no vaya a las protestas y me dice que le da miedo que me pase algo, yo respondo: Ahora sabes cómo se siente la madre de un afroamericano todos los días", añadió.

Tensión con la Policía

Vandalismo y aumento de tensión entre los ocupantes y la policía
Elizabeth hizo bien en irse a casa esa noche porque en la madrugada del martes, día en el que se tenía que aprobar el presupuesto de Nueva York, hubo un encontronazo entre la policía y los activistas.

Tal como pasó con los últimos minutos de vida de George Floyd, el enfrentamiento entre los dos bandos quedó registrado en vídeos filmados con teléfonos que luego fueron subidos a las redes sociales.

Sobre las tres de la mañana, oficiales con protección antidisturbios cercaron el lugar. Según activistas que estuvieron presentes durante el incidente, no era la primera noche que este tipo de policías venían -por el día hay oficiales en el recinto, pero vestidos con sus uniformes convencionales-. Además, los participantes relataron que el conflicto empezó después de que los oficiales retiraran bruscamente unos parasoles que tapaban una cámara de la avenida.

Con la llegada del alba, la policía intentó romper una barrera de activistas que estaba en una de las calles que rodean a la plaza. El enfrentamiento terminó con dos detenciones y la retirada de varias de las vallas que ejercían de barricada.
El vandalismo también se dejó ver durante esa noche, ya que uno de los edificios de la zona amaneció recubierto de pintadas en las que se podían leer "Sin justicia no hay paz", "La vida de los negros importan" o "cerdos", entre otras. Además, dos estatuas de aborígenes de su fachada fueron recubiertas de pintura negra.

"No somos una revuelta, somos una protesta pacífica, a no ser que consideres un par de grafitis como una revuelta", comenta una de las voluntarias responsables de los primeros auxilios. De acuerdo con esta joven de Nueva Jersey que prefiere mantenerse en el anonimato, fueron varios los activistas que resultaron heridos durante el enfrentamiento.

La joven tildó la actuación de los oficiales de "brutalidad policial" y dijo que "temió por su seguridad", pero que al ser una mujer blanca su experiencia nada tiene que ver con el temor que sienten diariamente sus compañeros negros o trans.

Por su parte, otra activista que estaba descansando en la hierba, destacó las pintadas como una manera de mostrar a la policía que no son sumisos. En ese sentido, explicó que la conversación de acción o inacción estuvo presente en este terreno durante días.

"Los primeros días a la gente no se le animaba a interactuar con la policía para no intensificar el conflicto de ninguna manera. Pero algunos decían: 'Esto parece más un campamento de verano, con un montón de gente blanca sentada en el césped bebiendo'", apuntó la joven de ojos azules y larga melena pelirroja.


Durante la asamblea matutina, uno de los organizadores dijo por un megáfono: "Hoy va a ser un gran día, no sabemos qué va a pasar y cambiar", haciendo referencia tanto a la votación del presupuesto como al futuro de Occupy City Hall. A gritos, también señaló diversas tácticas que los participantes tienen que tener en cuenta en caso de detención, como llevar una identificación con foto o tener el número de teléfono del equipo legal que trabaja con el movimiento.


En general, el martes el ambiente en el campamento había cambiado, se notaba que los activistas estaban agotados y preocupados por la detención de dos de sus compañeros. Tras discusiones en público y en privado, los organizadores decidieron mandar a un grupo a protestar delante del centro en el que estaba detenido uno de sus compañeros.

T.J., una joven nacida en Texas pero de familia filipina, y G.J., también estadounidense pero de padres salvadoreños, se ofrecieron voluntarios para ir a hacer presión.

Cuando llegaron al centro la policía les dijo que no tenían a la persona que estaban buscando, pero los manifestantes estaban seguros de estar en el lugar adecuado. Su táctica fue quedarse frente al edificio y no dejar ni que la repentina lluvia veraniega ni que la presencia policial les desanimara.
"Hubo un momento que aparcaron cerca de nosotros un autobús policial y pensé que nos iban a detener a todos", recordó T.J.. Pero nadie terminó detenido, los oficiales confirmaron que el detenido estaba en sus instalaciones y después de que este se pusiera en contacto con uno de los organizadores para confirmar que estaba bien todos volvieron al ayuntamiento.

La votación del presupuesto y la retirada

En medio de la plaza, el martes por la noche se proyectó la votación del presupuesto por parte de los miembros del consejo municipal. El resultado final se supo a la entrada del miércoles. La ciudad aprobó el presupuesto de 88.100 millones de dólares del ayuntamiento, con un recorte de 1.000 millones para la policía.

El miércoles por la mañana, De Blasio, al ser preguntado en una conferencia de prensa por el descontento de varias organizaciones sobre el recorte del Departamento de Policía, contestó: "Algunas personas nunca están felices".
Por su parte, la ONG-VOCAL, una de las organizaciones que fundó Occupy City Hall, anunció que se retiraba de la acampada.

Katie, que lleva desde el principio, aunque de tanto en tanto va a su casa para ducharse, echarse la siesta o trabajar, dice que desde el primer momento surgió un movimiento paralelo que iba más allá del presupuesto y se centraba más en la abolición de la policía y que, en tanto, en la acampada se sabía que muchos se iban a quedar pasada la votación.

"Más o menos es lo mismo, estamos el mismo número de personas, tenemos la misma infraestructura con un increíble equipo que facilita comida, electricidad y toda esas cosas que necesitamos. Pero es diferente en el sentido de que ahora las conversaciones de las distintas asambleas van más dirigidas a empujar la conversación hacia la abolición de la policía", recalcó. Pero el optimismo de Katie no fue realista, pues el miércoles, como consecuencia del mal tiempo y del cansancio general, fueron muchos los activistas que decidieron ir a sus casas a descansar.

"Por la noche, éramos tan pocos que nos pidieron que nos mantuviéramos todos juntos en la zona del césped", relató T.J., quién también dijo que estaba "preparada para lo peor", ya que en la acampada se temía que los oficiales aprovechasen el bajo número de participantes para entrar.

El hecho de que ese mismo día la policía de Seattle hubiese desmantelado la zona autónoma de Capitol Hill, también conocida como CHOP, ocupada por manifestantes desde hace semanas, ayudó a aumentar la paranoia de los presentes.

"Esa noche no vinieron los antidisturbios, pero sí que pasaron varios coches patrulla", remarcó G.J., quien antes de la pandemia trabajaba con T.J. en una tienda.

El reflorecer de Occupy City Hall

Pese a la dura noche, el jueves amaneció soleado y con el buen tiempo el recinto se volvió a llenar.

"Hoy hay mucha actividad. Hay buena energía, hemos tenido un concierto antes, nos estamos preparando para una reunión comunal. A mí no me parece que la ocupación esté muerta, sino que está muy viva", comentó Bianca Cunningham, una de las organizadoras.

Esta mujer afroamericana, que también es miembro de la Unión de Demócratas Socialistas de América, destacó que a partir del viernes habrá una zona de prueba de coronavirus y que uno de los temas que se estaban discutiendo es cómo se celebraría el Día de la Independencia del sábado, entre las opciones está hacer una "fiesta anticolonial".

Para Cunningham, Occupy City Hall es una manera de demostrar que se puede abolir el sistema policial en la sociedad. "Este es un proyecto en el que tratamos de modelar cómo es vivir en una sociedad sin policía, hemos tenido a gente peligrosa aquí, hemos tenido a gente con problemas mentales, hemos tenido conflictos interpersonales, hemos tenido emergencias médicas y hemos sido capaces de dar servir y mediar en estas situaciones sin tener que llamar a la policía", recalcó.

"Las ocupaciones son complicadas, soy una socialista y muchas veces hablamos de que los más vulnerables en la sociedad deberían de ser los que hablan. Los más vulnerables en la sociedad serán los que nos lideren. Creo que eso es muy fácil de decir, pero es muy complicado cuando estás en un espacio así", concluyó.

nueva york (EEUU)

04/07/2020 12:49

Sarah Yáñez-Richards

@SarahYanezR

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Brasil: las hinchadas de fútbol en primera línea defienden la democracia

Una de las mayores sorpresas de este año la ofrecen las hinchadas de fútbol brasileñas que dejaron de lado su rivalidad para manifestarse contra el Gobierno de Jair Bolsonaro y en defensa de la democracia. Los hechos han venido sucediendo en las últimas semanas en las principales ciudades del país y marcan un hito en la historia político-deportiva.

 

Este domingo 7 de junio se repitieron las manifestaciones a favor y en contra de Bolsonaro. Los opositores llevaban pancartas de "Fuera, Bolsonaro fascista" y de "antirracismo". Destacaban los hinchas de Corinthians y trabajadores de la salud. Entre los bolsonaristas las pancartas decían "libertad", "familia" e "intervención cívico militar"

El presidente acusó a los manifestantes de "terroristas", mientras el vicepresidente Hamilton Mourao exigió reprimir a quienes se manifiestan por la democracia y, en claro contraste, declaró que los bolsonaristas que piden golpe militar para cerrar el Congreso y el Supremo Tribunal de Justicia ejercen su "libertad de expresión".

Lo cierto es que gracias a las hinchadas de fútbol, a las que ahora se sumaron grupos de izquierda y movimientos sociales, la ultraderecha ya no tiene el monopolio de la calle. Este hecho insólito merece una explicación, ya que no es en absoluto común que los fanáticos del deporte jueguen un papel político destacado en defensa de las libertades. En Europa, por ejemplo, buena parte de las barras militan en la ultraderecha racista y xenófoba.

En Brasil cada club de fútbol cuenta con varias hinchadas, que se identifican con nombres, símbolos y con los colores del club. Resistencia Alvinegra, por ejemplo, la barra de izquierda de Cruzeiro, movilizó cerca de 200 hinchas en Belo Horizonte durante dos fines de semana consecutivos.

En Río de Janeiro y en Sao Paulo las hinchadas de Santos, Sao Paulo y Palmeiras hicieron otro tanto frente a las sedes de los Gobiernos de sus Estados. Gavioes da Fiel, la barra del Corinthians, no solo es una de las mayores hinchadas organizadas de Brasil, sino también una escuela de samba que sale en carnaval. Fue creada en 1969, cuenta con 120.000 asociados y tiene una estructura interna administrativa regida por estatutos.

"Nuestra protesta nació de una organización autónoma de hinchas miembros de Gavioes", relata Danilo Passaro, de 27 años. Debe decirse que en Corinthians jugaba Sócrates, ídolo nacional bajo el régimen militar en la década de 1980. Contribuyó a formar el grupo Democracia Corinthiana, "un movimiento revolucionario en el fútbol brasileño, en el que los jugadores no solo participaban en las decisiones del club, sino que se manifestaban públicamente por la redemocratización en plena dictadura".

Ese espíritu democrático que anida en muchos hinchas de fútbol y en numerosos jugadores, que estos días firmaron manifiestos a favor de la democracia, confluyó bajo los gobiernos de Lula (2003-2011) en la creación de la Associaçao Nacional de Torcidas Organizadas (ANATORG) en 2014, en el marco de la celebración Copa del Mundo, ese mismo año, y de las Olimpíadas en 2016.

ANATORG reunió inicialmente unas 103 hinchadas de clubes de todo el país, pero actualmente pueden llegar a 200 grupos. La antropóloga Rosana da Cámara Teixeira de la Universidad Federal Fluminense, publicó en 2017 en la revista Antípoda, los resultados de una investigación del proceso que llevó a las hinchadas a agruparse en una asociación nacional.

La antropóloga destaca que en los años anteriores las hinchadas habían sido duramente criminalizadas por los medios y perseguidas por la policía. En ese marco comprendieron que debían cambiar o tendrían un futuro incierto.

Destaca tres razones que explican el nacimiento de ANATORG: la mercantilización del fútbol siguiendo el modelo europeo, con reducción de los estadios para que estén todos los espectadores sentados, entradas muy caras y estrecha vigilancia, lo que tendía a impedir las prácticas habituales de las hinchadas.

En segundo lugar, los cambios en la arquitectura de los estadios tornaron imposibles las "fiestas catárticas" de las barras en las gradas, disciplinando a sus actores, en general varones de 14 a 25 años. Finalmente, la actuación del Ministerio de Deportes jugó un papel decisivo, ya que en los foros que convocó para debatir la violencia en el deporte, se conocieron las hinchadas que decidieron formar la asociación.

La política del Gobierno de Lula buscaba reducir una violencia desbordada. "Entre 1999 y 2008 Brasil fue el campeón mundial con 42 hinchas muertos", escribe Teixeira. Solo en 2012, hubo 23 hinchas asesinados en el marco de los conflictos entre barras, y en 2014 hubo 18. Con este panorama, era imperioso hacer algo ante la celebración de megaeventos como el Mundial y los Juegos Olímpicos.

Las hinchadas también necesitaban unirse para no ser barridas por la represión y la criminalización. En 2010 el Gobierno Federal aprobó una ley que endureció el Estatuto del Hincha, responsabilizando jurídicamente a las hinchadas organizadas de los daños causados por sus integrantes dentro y fuera de los estadios.

Esta fue una de las demandas centrales de ANATORG. "Nuestra lucha es por el cambio del estatuto del hincha donde se castiga a la hinchada por el delito provocado por un único individuo", señala uno de sus primeros comunicados.

De este modo, escribe Teixeira, las hinchadas organizadas se politizaron al punto que "se perciben como movimiento social, cuyo papel no solo es organizar la fiesta en las gradas, sino también representar al colectivo de hinchas".

La politización de las hinchadas durante el Gobierno de Luis Inacio Lula da Silva, producto de la historia de algunas hinchadas y por la mencionada mercantilización del deporte, las llevó a establecer puentes entre ellas (un proceso plagado de dificultades) y acentuar sus definiciones políticas democráticas.

Se trata de un "movimiento" que incluye, de modo informal y laxo, a dos millones de jóvenes en todo Brasil. La caída de la presidenta Dilma Rousseff en 2016 por un impeachment en el Congreso y el autoritarismo de Bolsonaro y de los militares, acentuaron el activismo de las barras.

Pero no debe olvidarse que el protagonismo de las barras de los clubes de fútbol se debe a la crisis de las izquierdas en Brasil. Solo pequeños grupos organizados como Pueblo Sin Miedo, vinculado al Movimiento Sin Techo, se manifestaron el primer domingo de junio junto a las barras y los jóvenes antirracistas.

21:17 GMT 08.06.2020(actualizada a las 21:29 GMT 08.06.2020) URL corto

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Manifestantes ayer sobre la avenida Pennsylvania, en Washington, en repudio a la muerte del afroestadunidense George Floyd en un caso de brutalidad policiaca. Foto Afp

Nueva York. En el noveno día de protestas de decenas de miles de personas en todo el país, la amenaza de represión militar del comandante en jefe fue repudiada por el secretario de Defensa y condenada por el ex titular del ramo y dos ex jefes del estado mayor, mientras se presentaron cargos criminales contra todos los policías involucrados en el muerte de George Floyd en Minneapolis, incidente que detonó las mayores movilizaciones sobre derechos civiles en más de medio siglo.

Una vez más, decenas de miles de personas salieron a las calles en manifestaciones generalmente pacíficas desde la capital Washington, hasta Denver, Minneapolis, Nueva York y Los Ángeles, en una expresión incesante de indignación por la violencia racista oficial, y en desafío a las medidas de control que incluyen toques de queda, el despliegue de Guardia Nacional en la mitad de los estados del país, y un presidente que proclama que impondrá "la ley y el orden".

La amenaza de Trump de militarizar la represión en las manifestaciones continúa generando expresiones de desacuerdo y hasta condena, entre las cuales la que más sorprendió ayer es la del secretario de Defensa, Mark Esper, quien expresó que se oponía a la propuesta de su jefe de usar la Ley de Insurrección de 1807, ya que ésta debe ser empleada sólo en “las situaciones más urgentes y severas… No estamos en una de esas situaciones ahora”.

Fuentes dentro de la Casa Blanca filtraron a medios que Trump estaba "molesto" con los comentarios de su secretario de Defensa. Poco después, la vocera de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany, respondió ominosamente a la pregunta sobre si Esper aún contaba con la confianza de su jefe: “por ahora, el secretario Esper es todavía ‘el secretario Esper’”.

Luego, el ex titular de Defensa de Trump, general James Mattis, sacudió la capital al romper el silencio por primera vez desde que dejó ese gobierno y condenó al comandante en jefe, a quien acusó de dividir al país recordando que “la consigna de los nazis en la Segunda Guerra Mundial para destruirnos era ‘dividir y conquistar’, mientras la respuesta estadunidense es ‘en la unión está la fuerza’”.

Mattis escribió en un comunicado: “He observado los eventos de esta semana enojado y aterrado… Las protestas son definidas por decenas de miles de personas de conciencia que insisten en que cumplamos con nuestros valores…. Necesitamos rechazar y hacer que rindan cuentas aquellos que desde sus puestos se burlan de nuestra Constitución.”

“Estamos viendo las consecuencias de este esfuerzo deliberado… y sin liderazgo maduro”, e invita a “unirnos sin él (Trump), sobre las fuerzas inherentes en nuestra sociedad civil… se lo debemos a nuestros conciudadanos, a generaciones del pasado que sangraron para defender nuestra promesa, y a nuestros hijos”. Concluyó que juró defender la Constitución al sumarse a las filas militares hace 50 años y "nunca soñé que a tropas que han tomado ese mismo juramento les sería ordenado, bajo ninguna circunstancia, violar los derechos constitucionales de sus conciudadanos".

Los conciudadanos no son el enemigo: almirante Mullen

Otro ex jefe del estado mayor (el general Martin Dempsey fue el primero) condenó al comandante en jefe. El almirante retirado Mike Mullen escribió: "no puedo permanecer en silencio", y acusó que se ha demostrado "el desdén de Trump hacia el derecho a la protesta pacífica en este país, el dar alivio a los líderes de otros países que se confortan con nuestros conflictos domésticos y el riesgo de politizar a hombres y mujeres de nuestras fuerzas armadas". Subrayó que las ciudades y los pueblos del país “no son espacios de batalla para ser dominados, y nunca deben serlo… nuestros conciudadanos no son el enemigo, y nunca deben serlo”.

En los últimos días, todos los ex comandantes en jefe vivos –Jimmy Carter, Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama– se han pronunciado en torno al asesinato de Floyd, el problema de la fuerza excesiva empleada por policías y el racismo en Estados Unidos, en apoyo a las protestas pacíficas, y de manera explícita o implícita, criticado a Trump.

Pero el jefe de la Casa Blanca continuó defendiendo sus posiciones y despotricando contra sus críticos y los medios en otra tormenta de tuits ayer por la mañana, en los cuales afirmó que ha hecho más por los afroestadunidenses "que cualquier otro presidente, con la posible excepción" de Abraham Lincoln. Ayer proclamó una vez más: "lo que necesita este país es la ley y el orden".

Ahora el número de tropas de la Guardia Nacional activas en Estados Unidos es equivalente al total de las fuerzas estadunidenses desplegadas en Irak, Siria y Afganistán. Más de 17 mil integrantes de la Guardia Nacional, la cual opera por ahora al mando de cada gobernador, están desplegados en 23 estados y la capital. Mientras, mantienen unidades militares en diversos puntos de la capital.

En tanto, el procurador general de Minnesotta, Keith Ellison, anunció ayer un cargo más severo de homicidio contra el policía Derek Chauvin, quien colocó su rodilla sobre el cuello de George Floyd, afroestadunidense de 46 años, durante casi nueve minutos provocando su muerte por asfixia, y agregó cargos de complicidad criminal a los otros tres oficiales que participaron en el incidente.

La familia de Floyd declaró que era bienvenido "un paso significativo hacia a la justicia". Pero aunque ese caso detonó la ola de protestas en más de 140 ciudades en casi todo el país, el movimiento expresa un hartazgo acumulado ante la larga lista de casos parecidos, todos con ecos históricos en la violencia racista oficial de Estados Unidos. Por lo tanto, justicia en el caso de Floyd es una demanda inmediata dentro de una exigencia más amplia para abordar el racismo sistémico en el país.

"Fue un linchamiento a plena luz del día", escribió este miércoles el reverendo Jesse Jackson, veterano líder de derechos civiles. "Por mucho tiempo, muy frecuentemente, los afroestadunidenses han sido brutalizados sin consecuencias", añadió en un artículo publicado en el Chicago Sun Times. "Los que declaran la ley y el orden no ofrecen ni uno ni otro a los afroestadunidenses". Concluyó que “en medio de una pandemia, algunos marchan con la esperanza de que Estados Unidos escuchará, algunos marchan sin esperanza, pero porque el silencio ya no es aceptable… Nos uniremos, o quedaremos deshechos”.

Mientras, por alguna coincidencia que muestra que existe un sentido de humor en el universo, el gobierno de Trump declaró que "honra a aquellos chinos valientes que se manifestaron en oposición a las políticas del gobierno en la Plaza Tiananmen", marcando el aniversario de lo ocurrido en 1989, cuando el gobierno "puso un fin violento" a ese movimiento con "tanques y armas".

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Miércoles, 29 Abril 2020 07:00

No la desaprovechemos

No la desaprovechemos

La coyuntura giró, y no pocos grados, y nos obliga a resituarnos en la totalidad que somos, sin quedar exentas de ello las más diversas expresiones de lo social-alternativo. Es un giro fenomenal, con profundas connotaciones e implicaciones en todos los órdenes, tanto que da pavor revisarlas y proyectar sus posibles desenlaces.

Ese giro no va de 0 a 180, en tanto el ángulo ya estaba desplazado varios grados, es decir, las tensiones ahora incrementadas y que tienen enfrentadas a las potencias en diversidad de escenarios ya habían obligado a sentar sus piezas en temas como comercio, mercados, divisas, control territorial, armamentismo, ciencia, energía, medio ambiente, etcétera. Pero, aunque la inclinación es muy profunda, no lo es como para llegar al punto máximo de la contradicción capitalista, por alcanzar cuando el generalizado conflicto armado entre potencias tome forma. ¿10, 20, 30 años?

El desplazamiento es lento pero continuo, con ascenso hacia los extremos como en Oriente Medio, o con otros pulsos menos violentos pero no por ello menos riesgosos, como la llamada guerra comercial. Y en esas aparece este nuevo ingrediente del virus que, con su potente carga, implosionó la vieja estructura económica capitalista, que ya venía resquebrajada. ¿De las potencias y los imperios, quién saldrá mejor librado del vuelo y la caída de hierros viejos, lanzados por doquier por el diminuto engranaje que tiene encerrados a millones en todo el mundo?

De momento, y como factor desfavorable para quienes nos esforzamos por una sociedad global en democracia plena, directa, participativa, radical, plebiscitaria, nos llega con pasos agigantados la sociedad del control y el disciplinamiento, cuyo ensayo, tramitado mediante la tarea de atizar el miedo a la parca, halla en la totalidad de los Estados el espacio y el eco suficientes para darle espacio. Es esta una realidad que nos regresa varias décadas en la lucha por la efectiva concreción de los Derechos Humanos, cuya carta ya cuenta con diversos ítems que no van más allá de la letra muerta.

Bien. Mientras quede claro si el imperio aún hoy dominante en el nivel global puede sostenerse sin ceder mucho espacio, o si sus contrarios, China a la cabeza, avanzan de manera notoria en la disputa por desplazarlo, lo importante para los sectores alternativos es “aprovechar en río revuelto”, dicho de la mejor manera, sacándole la mejor tajada a la oportunidad. Y para así lograrlo, qué mejor que:

1. Retomar y exprimir aquella enseñanza que llamaba la atención sobre las posibilidades de aprendizaje en el escaso tiempo desprendido de las crisis, tiempo breve por lo general, en el que se aprende lo que en tiempo frío toma años.
2. Como parte de ello, desplegar en la integridad del cuerpo social una campaña, con subcampañas, reivindicando todo lo público como beneficio colectivo, y con planeación, administración y control pleno de sus propietarios.
3. Reivindicar lo público, que debe ir más allá del Estado, saltándolo y pasando a lo común, para recuperar entre todos lo que es precisamente de todos.
4. Apropiarse el conjunto social de lo que le pertenece, que debe comenzar por exigir y hacer realidad que la salud no esté en manos de empresas privadas, manejada con criterios de compra-venta y rentabilidad como su razón de ser. La salud, como derecho fundamental, tiene como propósito la garantía de la vida en toda la extensión de la palabra, y para así conseguirlo la sociedad, a través del aparato que la representa, no puede ahorrar dinero ni esfuerzos.
5. Garantizar el acceso a los servicios de agua, luz y gas. ¿Pero cómo alcanzar una vida digna si al refugio donde recuperamos fuerza, donde compartimos con los seres más cercanos nuestras tristezas y nuestras alegrías, no llega el vital líquido que, dicen, representa el 60 por ciento del cuerpo humano? ¿Y cómo satisfacer nuestras necesidades mínimas si no podemos encender una resistencia para cocinar o calentar los alimentos, o encender una bombilla para iluminar nuestras dolencias y nuestras quimeras? La mayor vileza del espíritu de negocio predomina en las empresas propietarias de lo que es de todos. Aquellas, afanadas por la rentabilidad, venden en tarjetas prepago el ‘derecho’ a recibir luz y pagar la reconexión para que podamos gozar del fluir de agua por los grifos instalados en nuestra vivienda. ¿Para qué mostrar en los balances de las empresas, llamadas públicas, tantos millones de rentabilidad si parte de los propietarios de esas empresas no pueden beneficiarse de la existencia de las mismas?
6. Conseguir que la estructura política, a través de la cual nos administramos, tome como reto la reorganización de las megaciudades, territorios que, de ser evidencia del desarrollo humano, han terminado por constituirse en epicentros de muerte y no futuro. Y como parte de su reorganización, que debe partir por despoblarlas notablemente, para el caso de las que cuentan con varios millones de seres humanos –con aceptación plena y consciente de quienes allí habitan– reubicar el 30 o el 40 por ciento de las mismas, fundando con esos millones nuevas ciudades, o repoblando algunas que tengan algunos miles y cuenten a su alrededor con suficientes recursos renovables.

En fin, se trata de un conjunto de retos mayúsculos, estos y otros, posibles de encarar y concretar. Es evidente que sí es posible, como lo ha dejado ver la actual crisis, en que los gobernantes, salvando sus intereses y los de la clase que representan, han soltado amarras y satisfecho un conjunto de gastos e inversiones a los que se negaban hasta no hace más de un mes, siempre bajo el prurito de “la economía no lo permite”, “eso es populismo” y otras muchas frases de cajón para justificar la continuidad de un injusto estado de cosas.

Sí se puede. Otro mundo es posible. Otra sociedad es posible. Otra democracia sí es posible, y para ello, además de lo ya anotado, debemos enrutarnos hacia:

Acometer la construcción de redes de producción, transporte, mercadeo, alimentos, ropa, implementos deportivos.
Emprender la limpieza/desintoxicación de terrenos rurales y sembrar todo tipo de alimentos fundamentales, priorizando fuentes de proteínas y sus complementos para su buena digestión, así como aporte de minerales, carbohidratos, vitaminas y demás sustancias fundamentales para la vida.

Fortalecer redes ya existentes, como las de acueductos comunitarios, impidiendo la privatización de los varios centenares de los que aún protegen de manera comunitaria los ríos, las cuencas y los territorios aledaños a sus municipios.

Brindar todo tipo de apoyo para potenciar la diversidad de procesos comunitarios que tienen como propósito la protección de bosques, ríos, páramos, humedales, que lideran procesos, siempre en procura de un mejor ambiente para que la variedad de especies animales, incluida la humana, lleven una vida de calidad y en armonía.

Darles fuerza y extensión a las redes de protectores de semillas, poniendo un dique contra la agricultura industrial y los organismos genéticamente modificados, recuperando la memoria de nuestros bosques y sentando bases para que la soberanía alimentaria sea una realidad.

Poner en práctica la asamblea local como espacio de base y encuentro, deliberación y toma de decisiones abiertas, en todas las comunidades, sean barrios, colegios, empresas, conjuntos residenciales o veredas. Sesionar como mínimo una vez al mes, y, con la conciencia y la participación del mayor número de personas, avanzar hacia la toma –en manos de la comunidad– de todo aquello que le pertenece, y que hoy está en manos de un Estado ausente o bajo control del capital.

Potenciar un tejido entre asambleas, desde lo local a lo regional y nacional, que estimule y potencie el encuentro, la deliberación y la toma de decisiones de manera colectiva, para ir más allá de nuestros intereses inmediatos como comunidad, y, englobándonos con otros, delineemos el país que soñamos. Con ello, materializar la certeza de que otra democracia sí es posible.

Toda crisis trae una oportunidad. No desaprovechemos la que tenemos ante nosotros para encarar los retos y las transformaciones que nos demanda el ahondamiento de la lucha social en los meses que se avecinan.

 

 

Periódico desdeabajo Nº267, pdf interactivo

 

 

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Lunes, 27 Abril 2020 18:25

No la desaprovechemos

No la desaprovechemos

La coyuntura giró, y no pocos grados, y nos obliga a resituarnos en la totalidad que somos, sin quedar exentas de ello las más diversas expresiones de lo social-alternativo. Es un giro fenomenal, con profundas connotaciones e implicaciones en todos los órdenes, tanto que da pavor revisarlas y proyectar sus posibles desenlaces.

Ese giro no va de 0 a 180, en tanto el ángulo ya estaba desplazado varios grados, es decir, las tensiones ahora incrementadas y que tienen enfrentadas a las potencias en diversidad de escenarios ya habían obligado a sentar sus piezas en temas como comercio, mercados, divisas, control territorial, armamentismo, ciencia, energía, medio ambiente, etcétera. Pero, aunque la inclinación es muy profunda, no lo es como para llegar al punto máximo de la contradicción capitalista, por alcanzar cuando el generalizado conflicto armado entre potencias tome forma. ¿10, 20, 30 años?

El desplazamiento es lento pero continuo, con ascenso hacia los extremos como en Oriente Medio, o con otros pulsos menos violentos pero no por ello menos riesgosos, como la llamada guerra comercial. Y en esas aparece este nuevo ingrediente del virus que, con su potente carga, implosionó la vieja estructura económica capitalista, que ya venía resquebrajada. ¿De las potencias y los imperios, quién saldrá mejor librado del vuelo y la caída de hierros viejos, lanzados por doquier por el diminuto engranaje que tiene encerrados a millones en todo el mundo?

De momento, y como factor desfavorable para quienes nos esforzamos por una sociedad global en democracia plena, directa, participativa, radical, plebiscitaria, nos llega con pasos agigantados la sociedad del control y el disciplinamiento, cuyo ensayo, tramitado mediante la tarea de atizar el miedo a la parca, halla en la totalidad de los Estados el espacio y el eco suficientes para darle espacio. Es esta una realidad que nos regresa varias décadas en la lucha por la efectiva concreción de los Derechos Humanos, cuya carta ya cuenta con diversos ítems que no van más allá de la letra muerta.

Bien. Mientras quede claro si el imperio aún hoy dominante en el nivel global puede sostenerse sin ceder mucho espacio, o si sus contrarios, China a la cabeza, avanzan de manera notoria en la disputa por desplazarlo, lo importante para los sectores alternativos es “aprovechar en río revuelto”, dicho de la mejor manera, sacándole la mejor tajada a la oportunidad. Y para así lograrlo, qué mejor que:

1. Retomar y exprimir aquella enseñanza que llamaba la atención sobre las posibilidades de aprendizaje en el escaso tiempo desprendido de las crisis, tiempo breve por lo general, en el que se aprende lo que en tiempo frío toma años.
2. Como parte de ello, desplegar en la integridad del cuerpo social una campaña, con subcampañas, reivindicando todo lo público como beneficio colectivo, y con planeación, administración y control pleno de sus propietarios.
3. Reivindicar lo público, que debe ir más allá del Estado, saltándolo y pasando a lo común, para recuperar entre todos lo que es precisamente de todos.
4. Apropiarse el conjunto social de lo que le pertenece, que debe comenzar por exigir y hacer realidad que la salud no esté en manos de empresas privadas, manejada con criterios de compra-venta y rentabilidad como su razón de ser. La salud, como derecho fundamental, tiene como propósito la garantía de la vida en toda la extensión de la palabra, y para así conseguirlo la sociedad, a través del aparato que la representa, no puede ahorrar dinero ni esfuerzos.
5. Garantizar el acceso a los servicios de agua, luz y gas. ¿Pero cómo alcanzar una vida digna si al refugio donde recuperamos fuerza, donde compartimos con los seres más cercanos nuestras tristezas y nuestras alegrías, no llega el vital líquido que, dicen, representa el 60 por ciento del cuerpo humano? ¿Y cómo satisfacer nuestras necesidades mínimas si no podemos encender una resistencia para cocinar o calentar los alimentos, o encender una bombilla para iluminar nuestras dolencias y nuestras quimeras? La mayor vileza del espíritu de negocio predomina en las empresas propietarias de lo que es de todos. Aquellas, afanadas por la rentabilidad, venden en tarjetas prepago el ‘derecho’ a recibir luz y pagar la reconexión para que podamos gozar del fluir de agua por los grifos instalados en nuestra vivienda. ¿Para qué mostrar en los balances de las empresas, llamadas públicas, tantos millones de rentabilidad si parte de los propietarios de esas empresas no pueden beneficiarse de la existencia de las mismas?
6. Conseguir que la estructura política, a través de la cual nos administramos, tome como reto la reorganización de las megaciudades, territorios que, de ser evidencia del desarrollo humano, han terminado por constituirse en epicentros de muerte y no futuro. Y como parte de su reorganización, que debe partir por despoblarlas notablemente, para el caso de las que cuentan con varios millones de seres humanos –con aceptación plena y consciente de quienes allí habitan– reubicar el 30 o el 40 por ciento de las mismas, fundando con esos millones nuevas ciudades, o repoblando algunas que tengan algunos miles y cuenten a su alrededor con suficientes recursos renovables.

En fin, se trata de un conjunto de retos mayúsculos, estos y otros, posibles de encarar y concretar. Es evidente que sí es posible, como lo ha dejado ver la actual crisis, en que los gobernantes, salvando sus intereses y los de la clase que representan, han soltado amarras y satisfecho un conjunto de gastos e inversiones a los que se negaban hasta no hace más de un mes, siempre bajo el prurito de “la economía no lo permite”, “eso es populismo” y otras muchas frases de cajón para justificar la continuidad de un injusto estado de cosas.

Sí se puede. Otro mundo es posible. Otra sociedad es posible. Otra democracia sí es posible, y para ello, además de lo ya anotado, debemos enrutarnos hacia:

Acometer la construcción de redes de producción, transporte, mercadeo, alimentos, ropa, implementos deportivos.
Emprender la limpieza/desintoxicación de terrenos rurales y sembrar todo tipo de alimentos fundamentales, priorizando fuentes de proteínas y sus complementos para su buena digestión, así como aporte de minerales, carbohidratos, vitaminas y demás sustancias fundamentales para la vida.

Fortalecer redes ya existentes, como las de acueductos comunitarios, impidiendo la privatización de los varios centenares de los que aún protegen de manera comunitaria los ríos, las cuencas y los territorios aledaños a sus municipios.

Brindar todo tipo de apoyo para potenciar la diversidad de procesos comunitarios que tienen como propósito la protección de bosques, ríos, páramos, humedales, que lideran procesos, siempre en procura de un mejor ambiente para que la variedad de especies animales, incluida la humana, lleven una vida de calidad y en armonía.

Darles fuerza y extensión a las redes de protectores de semillas, poniendo un dique contra la agricultura industrial y los organismos genéticamente modificados, recuperando la memoria de nuestros bosques y sentando bases para que la soberanía alimentaria sea una realidad.

Poner en práctica la asamblea local como espacio de base y encuentro, deliberación y toma de decisiones abiertas, en todas las comunidades, sean barrios, colegios, empresas, conjuntos residenciales o veredas. Sesionar como mínimo una vez al mes, y, con la conciencia y la participación del mayor número de personas, avanzar hacia la toma –en manos de la comunidad– de todo aquello que le pertenece, y que hoy está en manos de un Estado ausente o bajo control del capital.

Potenciar un tejido entre asambleas, desde lo local a lo regional y nacional, que estimule y potencie el encuentro, la deliberación y la toma de decisiones de manera colectiva, para ir más allá de nuestros intereses inmediatos como comunidad, y, englobándonos con otros, delineemos el país que soñamos. Con ello, materializar la certeza de que otra democracia sí es posible.

Toda crisis trae una oportunidad. No desaprovechemos la que tenemos ante nosotros para encarar los retos y las transformaciones que nos demanda el ahondamiento de la lucha social en los meses que se avecinan.

 

 

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Publicado enEdición Nº267
Lunes, 02 Marzo 2020 19:14

Nuevas derechas, nuevas resistencias

Nuevas derechas, nuevas resistencias

En un período como éste, sería irresponsable lanzar las campanas al vuelo creyendo que el triunfo del mundo nuevo está a la vuelta de la esquina, un sentimiento que cultivamos con fruición los setentistas y que, ahora, vuelve de la mano de las culturas juveniles y feministas, quizá por el agobio de tantas opresiones y la necesidad de respirar nuevos aires, sin más demora, aquí y ahora. Siento que es positivo para la lucha emancipatoria, porque lo peor sería congelarnos en el lugar de víctimas, esperando una mano del Estado o del caudillo de turno.

Para avanzar, necesitamos practicar un doble ejercicio. Por un lado, tantear el terreno, reconocer la realidad por desagradable que sea, sin concesiones pero incluyendo también nuestros errores e insuficiencias. La otra tarea consiste en potenciar lo que ya somos, los espacios y potencialidades de los mundos otros, no capitalistas ni patriarcales ni coloniales. En suma, resistir y crear, resistir creando, porque necesitamos espacios propios (de los pueblos, de las mujeres, de las más diversas opresiones) para fortalecer las resistencias.

Ecuador:  balance del paro nacional. Habla Jaime Vargas, presidente de la Conaie

Entrevista de Gloria Muñoz Ramírez

Quito, Ecuador. En octubre de 2019 Ecuador vivió un levantamiento popular con el involucramiento de todos los sectores sociales del país. La participación de los pueblos indígenas definió la derogación del decreto 833 con el que el gobierno de Lenín Moreno pretendía eliminar el subsidio a los combustibles, haciendo así imposible la vida. La Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) fue clave durante los 13 días del Paro Nacional en el que el Estado reprimió las movilizaciones, dejando un saldo de 11 muertos y cientos de heridos y detenidos. Jaime Vargas Vargas, presidente de la Conaie desde 2017, fue uno de los dirigentes de la protesta emblemática. De origen amazónico, Vargas hace una valoración del levantamiento indígena y popular, repasa lo que significó para los pueblos la llegada de los presidentes Rafael Correa y Lenín Moreno “de supuesta izquierda”, y habla de los planes electorales de la Conaie, que no se descarta para la contienda presidencial.

–¿Cuál es la valoración que hace la Conaie del proceso del paro nacional y levantamiento indígena de octubre?

–El levantamiento de octubre fue diez veces más grande que el primer levantamiento de 1990. Hemos posicionado la fuerza política, ideológica y de resistencia. En estos últimos 12 años, los pueblos y nacionalidades hemos estado viviendo un momento muy crítico, de atropello a nuestros derechos humanos, despojos de nuestros territorios, invasiones de las transnacionales, pero hemos resistido desde nuestras bases. Durante estos 12 años hemos estado llenos de persecución política. Muchos líderes fuimos declarados terroristas, secuestradores, subversivos, guerrilleros, de todo nos han calificado. Pero ésa es nuestra dinámica de seguir luchando.

–¿En qué momento político y organizativo se encuentra la Conaie?

–En este momento, luego del paro nacional, la Conaie se posicionó como una de las organizaciones más fuertes en el Ecuador y en toda América Latina, porque hemos despertado a todos los pueblos en América. La Conaie es una organización nacional que ha hecho escuchar su voz y se ha hecho respetar. En anteriores movilizaciones la Conaie sacaba a su gente, hacía una marcha y a veces teníamos que paralizar, pero la gente de la ciudad nunca salía o nos decían que éramos indios y que nos regresáramos a la selva, que éramos vagos, que solamente éramos atrasapueblos que veníamos a ensuciar las ciudades. Pero esta vez no. Tuvimos otra plataforma, otra forma de pensar, con la interculturalidad del pueblo ecuatoriano. Era no pensar en mí, sino en que mi lucha debía ser para la sociedad, para un pueblo organizado.

Se derogó el decreto 883 impuesto por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y eso quiere decir que se luchó para el pueblo ecuatoriano, para los 16 millones de ecuatorianos. Sólo 1 por ciento, los banqueros y los que se creen dueños de la patria, dijo que los indígenas no los representamos. Nosotros dijimos que claro que nunca los vamos a representar, así como ellos tampoco nunca nos van a representar a nosotros. La Conaie representa a las 15 nacionalidades y 18 pueblos, a las organizaciones sociales. Y eso es lo que hemos hecho. Cuando estaba Correa nos decían que la patria era de todos, ¿pero qué patria es de todos? La que está llena de corrupción, de odio, de discriminación, de racismo, de desigualdades, de injusticia social, de asesinatos e inseguridad nacional.

–¿Cómo vivieron ustedes el proceso de su lucha en el gobierno de Rafael Correa y el discurso progresista?

–En tiempos del expresidente Correa el movimiento indígena vivió un momento muy crítico porque dividió a las organizaciones, a los pueblos y nacionalidades. Había un grupo que defendía al correísmo y había otros que defendían a su pueblo. En la Amazonía tenemos a la organización histórica de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonía Ecuatoriana (Confeniaie) y ahí había dos presidentes de la misma organización. Uno avalado por el correísmo y otro por el gobierno tradicional. Unos gritaban por el correísmo, otros por su libertad, por el territorio. Eso es lo que vivimos.

–¿Y con los megaproyectos en los territorios indígenas qué pasó?

–Hubo gente que decía sí al correísmo e iba a favor de las transnacionales. Entonces había una pelea entre nosotros, había amenazas en nuestras comunidades. Había quienes defendían la minería, el petróleo, la consulta, el convenio. Eso ha pasado en todo el mundo y por eso han desaparecido pueblos indígenas, por los intereses económicos. Los gobiernos neoliberales tienen que asesinar, tienen que matar al pueblo para acabar con él y quedarse con sus territorios para sacar los recursos que necesitan.

¿En Bolivia a quién están matando? ¿A un banquero? ¿A un empresario? ¿A una derecha? Asesinan a los indígenas, y eso es lo que nos indigna a nosotros. En Chile están matando al pueblo mapuche, en Colombia al pueblo nasa, al pueblo indígena, al campesino, al que lucha por defender su territorio y su derecho. En México han matado al campesino, en Brasil a los pueblos indígenas. Los grandes empresarios quieren acabar con todo. En Perú acabaron con el movimiento indígena, con los hermanos awajún, aquí han asesinado a los shuar, achuar, kichwa.

–¿Qué es lo que pasa cuando presidentes como Rafael Correa o Lenín Moreno se presentan como progresistas o de izquierda y promueven proyectos extractivistas?

–Rafael Correa y Lenín Moreno decían que eran de la izquierda progresista y ahora están con la derecha, en vez de entregarse al pueblo. Por eso es importante la oposición. Mucha gente del gobierno piensa que la oposición es un enemigo y tiene que pelear contra ella. Escuché un discurso medio favorable del nuevo presidente de Argentina que decía que la oposición que perdió no será su enemigo, sino una persona que le permita avanzar. A ver si lo cumple.

La oposición te permite mejorar tu pensamiento y tu estrategia de gobierno. Se trata de conversar y asegurar que no vas a aceptar sus intereses personales, pero sí los colectivos que generen desarrollos para el país. Aquí en el Ecuador se explota desde hace más de 40 años, pero nuestras comunidades siguen viviendo en la miseria. Por eso decimos que no somos pobres, sino que nos hicieron pobres. Trajeron la pobreza a nuestros territorios, que son ricos. La gente pobrepobre vive en las ciudades llenas de criminales, prostitución, alcoholismo, drogadicción, corrupción. No tienen ni ríos dónde bañarse.

El Sumak kawsay del que hablamos en la Constitución es vivir en nuestro mundo, que si te enfermas encuentras la farmacia en la selva, donde el mercado es libre porque un niño puede tomar un anzuelo, coger un pescado y cocinar.

–¿Cuál es la situación en Ecuador respecto a las consultas sobre proyectos en territorios indígenas?

 

 –Aquí está el derecho a la consulta previa, libre e informada, pero no hay una herramienta o mecanismo que garantice este proceso, porque no es vinculante. He estado reunido con todos los pueblos de América Latina y tenemos la misma situación y la misma problemática de invasiones, de asesinatos, de criminalización, de despojo y consultas. Cuando hablamos de consulta no sólo está enfocado al tema del extractivismo, sino también a la construcción de vías y de grandes proyectos.

En el Ecuador el derecho a una consulta no garantiza nada, porque preguntan y dices que sí o que no pero ellos en el gobierno toman las decisiones y aplican la ley. Ese es uno de los problemas. En las consultas llegan y te dicen, “miren compañeros indígenas, ustedes no tienen agua potable, sus hijos no tienen becas, pero habrá bonos solidarios, bonos de vivienda, becas y cada dirigente ganará dos mil dólares”. ¿Eso es consulta o es engaño? La gente acepta, pero no les dan ni proyecto ni los dos mil, solamente trago, pan, coca cola. Eso pasó en Ecuador durante estos años, son las estrategias para engañar a los pueblos indígenas desde el Estado y las transnacionales.

–¿Cómo fue el diálogo de la Conaie con el gobierno durante el paro y qué proceso siguió? ¿Qué pasó con el Parlamento de los pueblos?

–Nunca hubo diálogo ni negociación. Lo único que hicimos fue decirle al gobierno que ese decreto no lo aceptaba el pueblo ecuatoriano, porque se afectaba todo y se decretó sin consulta. De ahí el levantamiento. Se instaló la mesa técnica no para dialogar, sino para debatir, que es otra cosa. Dijimos que no discutiéramos sólo el subsidio, sino también la política económica del país. Le dije al ministro de Economía Richard Martínez que necesitábamos que trajera todos los contratos petroleros para revisarlos y saber cómo estaban funcionando las empresas públicas, bajo qué términos llegaron los acuerdos con el FMI, qué busca el Fondo, dijimos que queremos discutir también el tema de la deuda externa con China. Nos dijo que eso lo podíamos discutir después. En este contexto la Conaie convocó y abrió el abanico para que llegaran todos los sectores sociales e instaló el Parlamento de los pueblos, nacionalidades y organizaciones sociales, con casi 200 organizaciones del país con las que discutimos la parte económica, política y social-ambiental. Debemos discutir qué vamos a hacer. Hablar sobre el extractivismo, sobre las inversiones internacionales. Definimos una propuesta del pueblo ecuatoriano y el gobierno debe cumplirla. No debe ser una propuesta del indígena, no de un sector, sino del pueblo ecuatoriano. Y así estamos, eso estamos construyendo en este momento. Eso es lo que habla el parlamento de pueblos, nacionalidades y organizaciones. Están los estudiantes, los académicos, nuestros científicos, todos.

–¿Cuál es la postura electoral de la Conaie?

–Estamos pensando en una posición electoral. No puedo decir nada oficialmente, pero ese es el camino. Cuando te proyectas a ese nivel tienes que empezar desde abajo, y para eso tenemos que construir una plataforma de unidad, de acuerdos, de todo. No sería impensable un candidato de la Conaie para la presidencia. Cuando salgo la gente a veces me saluda llamándome el próximo presidente de la República, lo mismo le sucede a Leonidas Iza. Lo dice el pueblo.

–Un presidente indígena parece que no es garantía de nada...

–El presidente puede llegar a ser indígena, puede ser cholo, puede ser afro, puede ser hombre o mujer, un campesino, una maestra, un abogado, pero que sea presidente del pueblo. Ser indígena no garantiza exactamente ser bueno, es cierto.

–Hay ejemplo ya en otros países...

–Bueno, no puedo hablar de Bolivia, pero están ahí las cosas. Puede ser un indígena que sea más derechista que cualquiera, pero todo depende de cómo actúen.

–¿Y tampoco se garantiza el plurinacionalismo?

–Ser indígena tampoco garantizaría el plurinacionalismo, eso se debe construir entendiéndonos, participando, debatiendo. El gobierno no puede construir solito un Estado plurinacional. Sin indígenas, no se puede construir, sin mestizos tampoco. Si el policía se pone una whipala ya dicen que es plurinacional, pero eso no es. El Estado plurinacional es garantizar derechos, tomar decisiones, hablar de libertades, de autonomía, de verdadera justicia social donde la gente viva feliz. Pero para llegar a eso hay que hacer un trabajo duro y complicado.

–Pero a la derecha no le va a gustar…

–Nuestros militares y policías se han hecho robocops, pero esperemos que no se transformen en Power Rangers. Nosotros los pueblos y las nacionalidades estamos también organizados, estamos viviendo en nuestros territorios. No estamos armados, estamos decididos a defender el territorio, la patria, la soberanía nacional, a hablar de derechos humanos, de libertades. El Estado invierte casi dos mil millones de dólares anuales para sostener a la policía y las fuerzas armadas.

¿Qué beneficio sacamos? El Estado tiene miedo. ¿Por qué están armándose? ¿Es guerra con quién? Con el pueblo. Así no se construye ni se hace un buen gobierno, eso no significa ser un gobierno de todos. Habrá que dialogar y reclamar nuestros derechos, pero parados. Yo no tengo miedo al gobierno, pero sí algo puedo temer a la derecha, porque son terribles. Hemos recibido amenazas. Anteayer dejaron un mensaje en el departamento en Puyo y sólo pensé, “está bien, si creen que matando o amenazando a un dirigente indígena van a sacar algo es mejor, pero es encender, es explotar”.

–¿Coincide con que es tiempo de los indígenas y de las mujeres?

–Es tiempo de la juventud, de los pueblos indígenas en América Latina y del mundo. Es el momento. Tenemos toda la capacidad de decidir y de demostrar que hay una posibilidad. Es tiempo de las mujeres también. Hay grandes lideresas.

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Francia: la huelga contra la reforma de pensiones bate records

Las huelgas en los transportes, que hicieron de las fiestas navideñas un rompecabezas para la gente, superaron incluso las que paralizaron al país en 1995 y 1986.

Cambió el año, aunque no el conflicto. El movimiento social que estalló el 5 de diciembre de 2019 contra la reforma del sistema de pensiones promovido por el presidente Emmanuel Macron continúa en plena vigencia. Es, hoy, la crisis social más extensa de la historia contemporánea. Las huelgas en los transportes, que hicieron de las fiestas navideñas un rompecabezas para la gente, superaron incluso las que paralizaron a Francia en 1995 cuando el entonces primer ministro liberal Alain Juppé presentó una reforma sobre el mismo tema.


En 2020, tanto la presidencia como los sindicatos, incluidos los reformistas, mantienen sus posiciones. Durante el saludo de Año Nuevo, Emmanuel Macron reiteró que “el proyecto se llevará adelante”. El jefe del Estado volvió a defender la idea según la cual se trata de “un proyecto de justicia y de progreso social”. Esa era en todo caso la filosofía que figuraba en la plataforma electoral de Macron durante la campaña electoral para las elecciones presidenciales de 2017.


La idea de una reforma del sistema de pensiones ya aparecía en las propuestas y apuntaba a transformar el actual sistema por una “jubilación universal por puntos” y terminar así con los 42 regímenes jubilatorios existentes. El proyecto inicial, cuya meta consistía en “renovar el modelo social”, pasó a ser un factor de confrontación.


El Ejecutivo mantuvo sus intenciones difusas y cuando al fin detalló el contenido de la reforma surgieron tres dudas: una, el valor real del punto: dos, la casi certeza de que, envuelta en una retórica de caramelo, la reforma extendería de facto la edad de la jubilación a los 64 años ante los 62 actuales: tres, la fuerte sospecha de que, al final, los cambios introducidos pretenden transformar el sistema de reparto por el de capitalización.


Desde entonces, hubo varias jornadas de manifestaciones, paros de trenes, metros y autobuses y una postura invariable de los sindicados: no a la reforma. Se esperaba que el jefe del Estado abriera una ventana hacia alguna negociación posible, pero sus palabras de año nuevo cerraron esa perspectiva.


El tema lo lleva el jprimer ministro Edouard Philippe y las negociaciones con los sindicatos están, por el momento, bloqueadas. Habrá que esperar hasta después de la próxima jornada de manifestaciones convocada para el 9 de enero por el frente sindical para observar si, según su peso, se produce algún avance.


Con cada semana que transcurre asoma una nueva sospecha. La última puso en escena al monstruo de las conquistas sociales, la multinacional norteamericana de las finanzas BlackRock, de quien se asegura que está detrás de la reforma macronista. Y como el jefe de la rama francesa de BlackRock, Jean-François Cirelli, recibió hace algunos días una de las distinciones más altas que otorga el Estado francés, La Legión de Honor, los rumores no hicieron más que acentuarse. Este gesto fue denunciado como una “provocación” por la izquierda francesa, tanto más provocativo cuanto que los sindicatos, los partidos de oposición y ciertos comentaristas han denunciado los intentos de BlackRock por “influenciar” la controvertida reforma macronista.


Varios sectores sociales temen que la reforma de las pensiones, con esa empresa como operador oculto, desemboque en una drástica transformación del modelo actual. La diferencia es radical: en el modelo francés, las jubilaciones están financiadas mediante las cotizaciones que pagan los trabajadores. Estas son luego “repartidas” o distribuidas por el Estado entre los cotizantes. En un sistema por capitalización, es el capital que han acumulado los trabajadores el que finanza la jubilación. En realidad, esta eventualidad es más un fantasma que una realidad. Incluso si hay sectores que sí podrían optar por la capitalización, no es el caso de la mayoría. Sin embargo, en un momento de alta sensibilidad como este, cualquier rumor adquiere la dimensión de una verdad, sobre todo porque buena parte de la opinión pública se siente traicionada por el mandatario. Su planteo de “renovar” el modelo francés ha mostrado que se trata también de hacer recortes y economías. Allí radica la desconfianza con la que, una mayoría de franceses, percibe al Ejecutivo. El gesto de entregarle la Legión de Honor al directivo de una empresa que hace fortuna con la especulación financiera es una torpeza más en la larga serie negra que ha acumulado el gobierno.


La confrontación persiste en su máxima intensidad. El gobierno, a través de el secretario de Estado de Transportes, Jean-Baptiste Djebbari, acusa a la CGT de asumir un sindicalismo de “oposición sistemática a toda reforma”, e incluso “intimidatorio”. El líder de la CGT, Philippe Martinez, responsabiliza al gobierno de estar jugando a que “la situación se pudra” para forzar la aceptación de la reforma. Lo cierto es que ya se entró en una marca histórica con los 30 días ininterrumpidos de huelga. Se superó el record de 1995 y hasta el de 1986-1987, cuando una huelga en los transportes se había prolongado durante 28 días. Con lógico mal humor y paciencia, la gente hace largas colas para intentar subirse a los pocos transportes públicos que circulan. El 9 de enero están previstas las próximas manifestaciones y recién el 22 de el proyecto de ley será presentado en el Consejo de Ministros. De aquí en adelante la única opción es caminar.


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Chile insurrecto en 2019: el derecho de vivir en rebeldía

“Miren como nos hablan de libertad, cuando de ella nos privan en realidad, …miren como nos hablan del paraíso, cuando nos llueven balas como granizo”.

Violeta Parra, canción “¿Qué dirá el Santo Padre?”, 1963.

 

La insurrección espontánea del pueblo chileno

Cuando el presidente Sebastián Piñera, semanas antes del 18 de octubre de 2019, declaró que Chile era como un “Oasis” de estabilidad, dentro de la convulsionada América Latina, estaba lejos de imaginar lo que pocos días después sucedería en su propio país. Es decir, el estallido social múltiple y espontáneo de todas las clases populares y todos los sectores subalternos chilenos, desplegado en absolutamente todo el territorio de esa extensa faja de tierra que se llama Chile. Una desafortunada declaración del presidente, que es reveladora del alto grado de divorcio que tiene toda la clase política chilena respecto de su propio pueblo, y también, de la enorme insensibilidad de esa degradada y corrompida elite política respecto de la situación social real que vive la inmensa mayoría de su población.

Divorcio profundo e insensibilidad enorme frente al pueblo y a sus sufrimientos cotidianos, que se expresó una vez más en el ridículo “Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución”, firmado por casi todos los partidos políticos chilenos el 15 de noviembre de 2019, acuerdo que absurdamente propone diferir seis meses, un año, y hasta dos años y medio la solución de las muy urgentes demandas populares, además de “administrar” el conflicto y proponer por enésima vez que sea resuelto desde arriba y por los de arriba, por los políticos y por los ricos, cuando son precisamente ellos los principales responsables de la terrible situación que hoy padecen todos los sectores subalternos de la sociedad chilena.

Grave y terrible situación social del pueblo chileno en general, que es la que explica la masiva y contundente respuesta que toda la gente tuvo al apoyar a los estudiantes que se brincaban los torniquetes del metro, en protesta por el aumento de treinta pesos en el precio de un viaje (aumento de cuatro centavos de dólar aproximadamente). Apoyo que se desencadenó principalmente frente a la brutal represión que esos estudiantes sufrieron por parte de la policía de los carabineros, en respuesta de su acto de protesta, y que casi de inmediato derivó en la irrupción de las diversas y múltiples demandas específicas de cada uno de los diferentes sectores que componen al hoy insurrecto pueblo chileno.

Por eso, uno de los primeros lemas de la rebelión, fue el de la consigna de “No son treinta pesos, son treinta años”, lo que aludía al hecho de que más allá de ese injusto pequeño aumento al precio del transporte, lo que ya era demasiado era la acumulación de ofensas y de agravios en contra de todos los sectores subalternos chilenos, realizados durante las tres décadas del llamado régimen de la “concertación”, por parte de las clases y sectores dominantes de ese país. Porque durante los seis lustros posteriores a la terrible dictadura de Augusto Pinochet, la educación chilena se convirtió en la más cara del planeta, mientras los servicios de salud se degradaban en calidad y subían también de precio, al mismo tiempo en que las pensiones de los jubilados se evaporaban y reducían a casi nada, y los salarios también se encogían considerablemente. Y todo esto dentro de un país que, si solamente renacionalizara sus minas de cobre, como lo hizo en su tiempo Salvador Allende, podría recibir muchísimo dinero, el que sería sin duda suficiente para financiar los cambios económicos urgentes que hoy demanda el conjunto de la población de Chile.[1]

Educación y salud exageradamente caras y malas, y salarios y pensiones ridículamente bajos, que se explican por el hecho de que Chile fue el primer país del mundo en donde se aplicaron las medidas económicas neoliberales, las que además, fueron implementadas por una dictadura militar feroz y sanguinaria, lo que hizo de ese país una suerte de experimento puro y radical de dicho montaje neoliberal. Es decir, un caso extremo donde florecieron los efectos más negativamente neoliberales del planeta, en esos campos mencionados de la educación, la salud, el salario o las pensiones, pero también en el funcionamiento de un Estado desmantelado, ineficaz y fallido, y por ende, más brutalmente represivo, o en la conformación de una clase política parasitaria, puramente decorativa e inútil, o hasta en la proliferación de servicios caros y malos, como en el caso del transporte, entre muchas otras de las expresiones de este neoliberalismo extremo y desmesurado.[2]

Además, y como complemento de este contexto neoliberal extremo, los erráticos y perversos gobiernos de la concertación, igual los de derecha que los de pretendida izquierda, han criminalizado siempre al digno movimiento mapuche, aplicando absurdamente en contra de él una ley antiterrorista. Al mismo tiempo, y como ha sucedido en todo el mundo, también en Chile se ha acendrado y agudizado la violencia machista contra las mujeres, aumentando los abusos, la discriminación en mil formas, y también los trágicos y criminales feminicidios.

Suma terrible de agravios y ofensas de los grupos dominantes chilenos en contra de sus clases populares, que el 18 de octubre de 2019 llegó al punto de ebullición de la “economía moral de las multitudes” chilenas, desencadenando el “¡Ya basta!” de toda la población, a todo lo largo y ancho del amplio territorio chileno.[3]

De este modo, todo Chile reaccionó frente a esos treinta años de agravios y burlas de los gobiernos de la “concertación”, y de las clases dominantes que controlan a estos gobiernos, para apoyar primero a los estudiantes en lucha en contra del aumento al precio del transporte, pero luego y de inmediato, para establecer la agenda social de sus propias y más fundamentales demandas. Y esto lo hizo saliendo masivamente a la calle de modo espontáneo, autoconvocado, y llenando las principales avenidas de todo Santiago, de Valparaíso, de Concepción, de Temuco, y de todo Chile, con masivas y combativas marchas, mítines y manifestaciones, pero también con pintas, con grafitis, con murales, con periódicos murales, lo mismo que con performances, con alegría, con solidaridad, con camaradería, y con una inmensa avalancha de creatividad popular, de sabiduría subalterna y de arte callejero, es decir, del original arte verdadero. Y todas estas enérgicas luchas y protestas, realizadas en medio de risas, cantos, bailes, juegos, parodias y montajes, que nos recuerdan una vez más que la fuente de todas las creaciones sociales realmente relevantes es el pueblo mismo, las clases y los sectores subalternos, o sea el noventa y nueve por ciento de la población explotada, despojada, despreciada y reprimida por el todavía dominante sistema capitalista, en sus expresiones nacionales, y también a nivel mundial.

Vasta y firme protesta popular, que el 25 de octubre de 2019, logró reunir en la Plaza de la Dignidad de Santiago de Chile, antes conocida como Plaza Italia, a un millón quinientas mil personas, movilizando simultáneamente en el resto del territorio chileno a otro millón y medio de gente, dando así la medida de esta verdadera rebelión popular chilena, hoy todavía en curso.

Las premisas de la insurrección: los movimientos sociales en Chile

Tal y como ha acontecido con la mayoría de las movilizaciones y los movimientos antisistémicos de los últimos cinco lustros, también la insurrección chilena reciente es una mezcla compleja de elementos claramente espontáneos, con otros elementos derivados de estructuras y de movimientos organizados anteriormente. Porque si las jornadas recientes de lucha de octubre, noviembre y diciembre de 2019, desplegadas en todo el suelo chileno, son un claro conjunto de impresionantes, masivas y combativas movilizaciones sociales de todo el pueblo chileno, y no todavía, un claro movimiento antisistémico global y articulado de ese mismo pueblo, también es cierto que al interior de esas movilizaciones, y como parte de sus protagonistas centrales, convergen varios movimientos sociales chilenos, de diferentes grados de radicalidad, pero también de antigüedad, extensión, grado de organización y de implantación dentro del tejido social, claramente diversos.[4]

Convergencia de varios movimientos y organizaciones anteriormente existentes, provocada por la enérgica acción contestataria y espontánea de todos los subalternos chilenos, que nos permite entender tanto los perfiles y las configuraciones concretas de los modos de protesta en las marchas, mítines, plantones, performances y manifestaciones de las últimas ocho semanas transcurridas, como también la agenda social de las principales demandas de esta vasta y masiva movilización de toda la sociedad chilena en general.

Entonces, el primer movimiento importante que está presente dentro de esta amplia movilización general, es sin duda el movimiento estudiantil chileno, movimiento que es central dentro del conjunto, y no sólo porque fue él quien produjo la chispa inicial que detonó el incendio popular, ni tampoco solamente porque de sus filas salen la mayoría de los combatientes populares de la llamada “primera línea” de la confrontación con los criminales carabineros,[5] sino también y sobre todo, porque es este movimiento estudiantil el que había protagonizado, hasta antes de ahora, las principales protestas sociales masivas en contra de los sucesivos gobiernos de la concertación, escenificando la protesta del “Mochilazo” en 2001, la revolución pingüina en 2006, y la amplia rebelión estudiantil en 2011, la que con su demanda de “Educación gratuita y de calidad”, logró el 4 de agosto de ese mismo año de 2011, sacar a la calle en todo Chile a dos millones de personas descontentas y solidarias con dicha protesta estudiantil.[6]

Movimiento estudiantil que en Chile, igual que en todo el mundo, nació al calor de la revolución cultural mundial de 1968, y que desde entonces y hasta hoy, ha sido un activo y audaz protagonista de todas las protestas sociales rebeldes, a la vez que una fuente nutricia importante de las organizaciones de izquierda y de los movimientos sociales más diversos. Por ejemplo, en Chile, del importante Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), o de las fracciones urbanas (mapurbes) del movimiento mapuche, aunque también, en ocasiones, de líderes que rápidamente se integran a la corrupta clase política chilena, y olvidando su inmediato pasado radical, se reconvierten en vacíos y domesticados políticos “políticamente correctos”.

Un segundo movimiento social, que ha estado también presente en la insurrección reciente del pueblo chileno, es el movimiento indígena mapuche. Lo que, entre muchos otros modos de manifestación, también se hizo evidente en la multitudinaria concentración del 25 de octubre en Santiago de Chile, en la que las banderas que agitaban los manifestantes no eran las banderas de la nación chilena, sino más bien las banderas mapuche, enarboladas tanto por los propios mapurbes o mapuches urbanos, como también por los miles y miles de simpatizantes de su justa y combativa causa. Porque al igual que todos los pueblos indígenas de América Latina, que después del 1 de enero de 1994 y de los saludables efectos que en todos los movimientos indígenas latinoamericanos tuvo el levantamiento neozapatista, también el movimiento mapuche pasó a la ofensiva desde hace dos décadas, en particular, después de los radicales e importantes sucesos de Lumaco del año de 1997.

Con lo cual, y desde su sector más avanzado, el que se ha agrupado en la Coordinadora Arauco Malleco, este movimiento mapuche se ha declarado explícitamente como un movimiento radicalmente anticapitalista, que al fusionar la mejor herencia de la cosmovisión mapuche, leída en clave radical y contestataria, con los mejores aportes de las tradiciones marxistas igualmente críticas y antisistémicas, nos recuerda y no casualmente, a la rica y compleja experiencia del neozapatismo mexicano. Lo que no solamente ubica a esta Coordinadora Arauco Malleco como uno de los movimientos indígenas anticapitalistas más avanzados de Latinoamérica, sino que la convierte también en un potente y protagónico actor de las vastas movilizaciones sociales recientes, actor que además, alimenta la vertiente y el sentido potencialmente antisistémicos y radicales de estas mismas movilizaciones.[7]

El tercer movimiento que se ha hecho presente en la amplia movilización generalizada de los subalternos chilenos, es la llamada “Ola feminista”, la que irrumpió con mucha fuerza hace dos o tres años, y que también le ha impreso su sello a dicha movilización. Pues más allá de que el vistoso y agudo performance del colectivo feminista “Las Tesis” de Valparaíso, escenificado originalmente el 25 de noviembre de 2019 en el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, fue replicado, adoptado y adaptado en todo el planeta, está el hecho de que este movimiento feminista chileno ha sido muy activo y ha estado muy presente en las ocho semanas de movilización hasta hoy transcurridas. Presencia evidente y llamativa de las mujeres, que no sólo deriva de que ellas son “la mitad del cielo”, como dijo Mao Tse Tung, sino también de la circunstancia de que en Chile, al igual que en muchas otras partes del mundo, se ha acendrado enormemente en los últimos años la violencia machista, la que abarca desde maltratos, abusos y excesos de todo tipo, hasta el terrible feminicidio. Lo que naturalmente, ha potenciado también la protesta de las mujeres y la respuesta feminista de muchas de ellas.

Respuesta feminista que en sus corrientes más avanzadas, ha superado ya las limitadas posturas del “empoderamiento” de la mujer frente al hombre, y de ubicar al hombre como su enemigo, para asumir en cambio que los verdaderos enemigos, tanto de mujeres como de hombres, son el sistema capitalista mundial todavía vigente, y junto a él, el patriarcado también refuncionalizado en términos capitalistas, los que limitan y empobrecen tanto a las mujeres como a los hombres, al asignarle a cada género absurdos y ridículos roles y funciones sociales hoy ya totalmente insostenibles. Postura feminista inteligente y avanzada, que no casualmente coincide con las posturas de las compañeras neozapatistas respecto de estos mismos problemas.[8]

Además de estos tres movimientos señalados, el volcán chileno hoy activado por la erupción popular, ha relanzado hacia el centro del proscenio a otros movimientos más pequeños en cuanto a su base social, o a otras formas de descontento menos organizadas y menos constantes, como el movimiento en contra de las Administradoras de los Fondos de Pensiones (No +AFP), o las luchas por un sistema de salud barato y de buena calidad, pero también el combate por el aumento de los salarios, por el aumento de las pensiones, o en contra de la escandalosa corrupción tanto de la clase política como de la clase empresarial chilenas.

E igualmente, y en mucho como un resultado directo de la muy vasta y generalizada movilización de todo el pueblo chileno, se han multiplicado por todas partes las Asambleas y los Cabildos de barrios, de territorios, de instituciones, de centros, o de corporaciones de todo tipo, despertando nuevamente el natural e instintivo sentido comunitario que poseen siempre todas las clases populares y subalternas del globo terráqueo, sentido que en cuanto encuentra un espacio propicio, vuelve a generar de manera espontánea y natural las formas de la democracia directa, el funcionamiento dialógico de los debates y las discusiones de los grandes problemas, y las formas de organización horizontales y abiertas, que cada vez más caracterizan a todos los movimientos realmente anticapitalistas y antisistémicos del mundo. Rasgos diversos que materializan ese sentido comunitario, que se hicieron evidentes hace pocos años en todas las rebeliones populares de 2011, incluida la rebelión estudiantil chilena, pero que también caracterizan sin duda a todos los movimientos antisistémicos de América Latina, como el neozapatismo mexicano, o las bases de los Asentamentos y de los Acampamentos del Movimiento de los Sin Tierra brasileño (pero no sus líderes), o como las comunidades indígenas realmente radicales de Bolivia, Ecuador, Colombia, o también Chile, entre otras.

Formas asamblearias y de funcionamiento a partir de la democracia directa, de las extensas bases de la movilización chilena de estos finales de 2019, que nos recuerdan a la Argentina del año de 2002, cuando como se ha dicho, “todo el país era como una inmensa Asamblea”, y cuando las movilizaciones pacificas del pueblo argentino lograron derrocar en un sólo año a cinco presidentes sucesivos, acuñando además la sabia consigna dirigida a la totalidad de su clase política, incluidos desde los partidos de la ultraderecha y la derecha hasta los de las supuestas izquierda y ultraizquierda, de “¡Que se vayan todos, que se vayan todos y que no quede ni uno solo!”.[9]

Sabia consigna de rechazo total a la entera clase política argentina, que hoy ha sido retomada también por el pueblo chileno, el que se ha dado cuenta por enésima vez de lo lejanos que están todos los políticos y todos los partidos políticos chilenos, sin excepción, de la sociedad civil y de los ciudadanos de a pie de ese país. Lo que se hace evidente nuevamente, en la absurda y vacía propuesta del “Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución”, la que una vez más sería convocada, elaborada y definida, desde arriba y por los de arriba, y organizada y administrada de acuerdo a los tiempos, las componendas, los límites y los sesgos de esos mismos políticos corruptos que no representan a nadie más que a sí mismos, y que no responden a ningún interés social, sino solamente a sus más mezquinos y limitados intereses personales.

Frente a lo cual, el Chile hoy insurrecto debate la opción de reivindicar en cambio una Constitución construida desde abajo y por el pueblo subalterno mismo, la que podría comenzar a discutirse y elaborarse inmediatamente desde las Asambleas y Cabildos de base ya existentes, y de manera paralela a la construcción de una Asamblea Nacional Popular de todos los subalternos de Chile, Asamblea que más adelante podría refrendar y erigir en ley esa nueva Constitución, desde la conformación de un también nuevo gobierno, basado en el principio del “Mandar obedeciendo”.

Porque uno de los desafíos centrales que hoy se plantean a la vasta movilización general y al conjunto de los movimientos sociales de esta insurrección chilena, es el de dar este paso hacia adelante, y entonces oponer al vacío proyecto de su degradada clase política, este proyecto de conformar de inmediato una gran Asamblea Nacional de Asambleas y Cabildos, o Asamblea General Nacional, que construya desde abajo y de inmediato un nuevo gobierno que mande obedeciendo, junto a una nueva Constitución que defina el modo de funcionar del nuevo Chile postcapitalista, sin explotación, sin desigualdad, sin despotismo, sin despojo, sin jerarquías y sin discriminaciones de ningún tipo.

Las encrucijadas actuales de la insurrección chilena

Como lo ha explicado agudamente Walter Benjamin, en sus Tesis sobre la Filosofía de la Historia, cada presente que busca los elementos de su propia autocomprensión esencial, establece para ello conexiones selectivas y diferentes con los respectivos pasados que le anteceden. Lo que significa que, para entender la esencia profunda de esta insurrección popular chilena de finales de 2019, puede ser útil compararla y conectarla no con los sucesos y procesos de los tres trimestres anteriores de 2019, ni con los de los recientes años de 2018, 2017, 2016, etc., sino con otros pasados anteriores y un poco más lejanos. Por ejemplo, con el Chile de 1970-72, y sobre todo el de octubre de 1972 a septiembre de 1973.

Porque pensamos que la tarea que el pueblo chileno está abordando ahora mismo, en estos umbrales del año cronológico de 2020, es la misma tarea que intentaba acometer entre octubre de 1972 y septiembre de 1973, hasta antes del infame golpe de Estado pinochetista. Y esa tarea no es otra que la de la construcción del poder popular de todas las clases y sectores subalternos chilenos, y desde ella, como una perspectiva futura posible, la de la supresión de todo el sistema capitalista en Chile, con su inmensa cauda de explotación, opresión, represión y desigualdad.

Pues si repasamos la historia del gobierno de la Unidad Popular y el papel que dentro de ella tuvo el Movimiento de Izquierda Revolucionaria chileno, veremos que desde 1970 y hasta septiembre de 1972, el MIR impulsó siempre la amplia movilización de las masas, las tomas de fábricas, fundos y territorios, la ampliación progresiva del 'Área social del Estado', y la creación de formas de poder local de los trabajadores del campo y la ciudad, que sentaran las bases de un futuro poder revolucionario.

Pero cuando la situación social y política comienza a polarizarse, y comienza a aparecer claramente, a fines de 1972, el riesgo de un golpe de Estado militar en contra del gobierno de Salvador Allende, el MIR radicaliza sus planteamientos y su discurso. Entonces, y haciendo suya la iniciativa de las clases populares mismas, de la creación espontánea que el propio pueblo ha hecho de los Comandos o Consejos comunales en octubre de 1972, como respuesta a los paros patronales y al paro capitalista, el MIR propone generalizar, extender y profundizar esta creación popular, multiplicando esos Consejos o Comandos comunales en todo Chile, y conformándolos como las nuevas formas del poder popular.

De este modo, y durante todo el periodo que va de octubre de 1972 hasta el 11 de septiembre de 1973, el MIR asumirá la consigna de “Crear, crear, crear, poder popular”, promoviendo la expropiación de empresas, industrias, campos y territorios, e impulsando la gestación de una “Asamblea del Pueblo” que sustituya al propio Parlamento, Asamblea apoyada en los cientos y miles de Asambleas permanentes de fábricas, oficinas, liceos, escuelas, fundos y poblaciones, y también en los Comités Coordinadores Comunales, que agrupan y coordinan a los Comités de Vigilancia y Autodefensa, a las Juntas de Vecinos, a las Juntas de Abastecimiento Popular, a los Centros de Madres, a las Organizaciones de Estudiantes, y a un largo etcétera de estructuras asamblearias de base que entonces prosperan y proliferan por todo el tejido de la activa y combativa sociedad chilena de aquellos tiempos.[10]

Observando entonces con cuidado este año de 1973 en la historia de Chile, y comparándolo con la situación actual de la insurrección chilena de 2019, es inevitable recordar también el año de 1917 en la historia de Rusia. Porque igual que Lenin asumió esa creación espontánea y desde abajo gestada por el pueblo ruso, que fue la organización de los Soviets de Obreros, Campesinos y Soldados, descubriendo en ella las formas del genuino poder popular, y también las bases principales de la situación de la dualidad de poderes que entonces vivía el proceso de la revolución rusa, así también el MIR recuperó la creación espontánea y desde abajo de los Consejos Comunales de los Trabajadores chilenos, impulsándolos como formas y embriones del poder popular, y también como figuras de la situación del doble poder que vivió Chile en ese año de 1973. Porque en ambas historias, la encrucijada principal que se planteaba al pueblo ruso y al pueblo chileno respectivamente, era la de potenciar, consolidar y estructurar más orgánicamente ese poder popular de los subalternos, para entonces pasar a la ofensiva, y derrocando a los poderes burgueses dominantes, sustituirlos con ese nuevo poder popular recién conformado. Una encrucijada central, que aunque sea de una manera muy incipiente y germinal, parece dibujarse también ahora en este Chile insurrecto de las vísperas del año 2020. Y si en el caso de Rusia, esa encrucijada abrió el camino a la imponente experiencia de la revolución rusa de 1917-1927, luego tristemente desmontada, desconstruida y anulada por el stalinismo,[11] en el caso de Chile dicha encrucijada fue atajada y reprimida brutalmente por el infame golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973.

Pero la historia es testaruda, y trabaja siempre tenazmente por caminos complejos, a veces ocultos y subterráneos, pero no por ello menos eficaces ni poderosos. Pues ese umbral abierto por el MIR y por el pueblo chileno en 1973, que alcanzó a vislumbrar la posibilidad real de “tomar el cielo por asalto”, no desapareció para nada de la contramemoria subalterna de las clases y los sectores populares chilenos, alimentando constantemente a todas las rebeliones, protestas, movilizaciones y movimientos del pueblo chileno, durante los últimos nueve lustros transcurridos. Y también, naturalmente a la actual insurrección de estos finales de 2019. Porque dada la amplitud territorial, la masividad, y también la gran diversidad de sectores, grupos, clases y movimientos que hoy confluyen en esta rebelión general de todo el pueblo chileno, pensamos que una vez más comienza a esbozarse la pregunta respecto de la posible conformación más orgánica, consciente y sistemática, del poder popular de los subalternos en Chile. El que se perfila ya en las decenas y centenas de Asambleas y Cabildos que proliferan en todo el territorio, y que con su activa deliberación y acción constantes, han mantenido viva la protesta y la movilización por ya más de dos meses continuos.

Sin embargo, si la tarea de construir el poder popular, y desde él destruir y superar al capitalismo, sigue siendo tan vigente y urgente como en 1917 y en 1973, en cambio los modos y las estrategias para organizar ese poder popular, y para enfrentar eficazmente y eliminar totalmente al capitalismo, se han modificado profundamente. Porque después de la revolución cultural mundial de 1968, comenzó lentamente a caducar la estrategia del cambio social radical basada en la construcción de un Partido de vanguardia altamente centralizado, jerarquizado y vertical, que encarnando la consciencia lúcida de todo el proceso histórico, dirigía a las masas populares hacia la victoria. En cambio, y a diferencia de esa estrategia pre-1968, que fue totalmente válida y legítima hasta 1968, las nuevas condiciones del actual capitalismo mundial en su etapa de crisis terminal, imponen también nuevas formas de lucha y una nueva estrategia global, en la que una red de resistencias plural y múltiple, estructurada de manera horizontal y desconcentrada, y en la que ningún grupo, individuo, sector o movimiento hegemoniza a los demás, ni tampoco los homogeneiza, lleva a cabo, simultáneamente, múltiples luchas diversas en todos los frentes posibles de la resistencia anticapitalista, y también acciones coordinadas de todos los miembros de esa red de resistencias. Luchas diversas y acciones coordinadas que, por acumulación de miles de pequeñas heridas infligidas al capitalismo, y de miles de pequeñas o de grandes victorias obtenidas en estas luchas anticapitalistas, terminan por hacer colapsar al entero sistema capitalista, primero a nivel nacional y después a nivel mundial.

Modo radicalmente diverso de crear el poder popular y de enfrentar y eliminar al capitalismo, que ha sido generado y defendido por los nuevos movimientos antisistémicos de todo el mundo y también de América Latina, como por ejemplo por el neozapatismo mexicano,[12] pero también por los sectores autonomistas radicales de los piqueteros argentinos, o por las bases aunque no por los líderes del Movimiento de los Sin Tierra brasileño, lo mismo que por los indígenas radicales y realmente anticapitalistas del Movimiento Pachacutik de Bolivia, del sector amazónico de la CONAIE ecuatoriana, o de la propia Coordinadora Arauco Malleco de Chile.

Formas horizontales, dialógicas, no hegemonizantes ni homogeneizantes de organizar la lucha y los movimientos, que de modo espontáneo se ha reproducido también en la actual rebelión del pueblo chileno, la que funciona de manera horizontal, desde los métodos de la democracia directa, y apoyada en las estructuras de las Asambleas y Cabildos, para exigirle al poder y a los poderosos de Chile la satisfacción de sus principales demandas.

           

***

El gobierno de Sebastián Piñera y las clases dominantes chilenas están realmente asustados y preocupados frente a la amplitud, la masividad, la fuerza, la determinación, la diversidad y el coraje rebeldes mostrados por el pueblo chileno en los dos últimos meses. Por eso, oscilan entre proponer o conceder pequeños cambios cosméticos e insustanciales, como los magros aumentos de las pensiones y los salarios, o la ridícula propuesta del Acuerdo por la Paz Social y la Nueva Constitución, y de otra parte intensificar la represión y el terrorismo en contra de los sectores y grupos insurrectos, llegando hasta el sádico uso de una cierta variante del gas pimienta, o aprobando leyes absurdas para justificar su persecución política a los militantes populares, lo mismo que agitando incluso el espantajo de la amenaza de un nuevo golpe militar.

Y eso es porque, en un lapso muy breve, la insurrección de octubre-diciembre de 2019 ha logrado movilizar a todo el pueblo chileno, creando los embriones de un posible poder popular de todos los subalternos, y definiendo una agenda social que, asumida radicalmente, podría más adelante encaminar a esta vasta movilización popular por una senda genuinamente anticapitalista y antisistémica. Aunque es claro que existe siempre el riesgo de un camino contrario, en el que esta masiva e imponente movilización general comience a decaer y refluya, aceptando una vez más la usurpación de la inútil clase política chilena, la que en este escenario se apropiaría la demanda de una nueva Constitución, y realizaría un proceso en el que al final quedaría en pie la misma constitución pinochetista actual, sólo levemente remozada y maquillada, y en la que las clases dominantes irían otorgando pequeñas e irrelevantes concesiones a cuentagotas, mediante minúsculos e insustanciales cambios en la educación, las pensiones, la salud y los salarios, como los que ya han desarrollado en el pasado los sucesivos gobiernos de la concertación, tanto de supuesta izquierda como de derecha, en los últimos treinta años.

Pero por ahora la moneda está todavía en el aire. Y Chile está hoy, sin duda alguna, en una de las posiciones de vanguardia dentro de las actuales luchas sociales de toda América Latina. Y el modo en que esta moneda caiga, definirá el futuro general de la sociedad chilena para las próximas tres o cinco décadas por venir. Entonces, y desde la rica experiencia de la contramemoria popular chilena, que atesora y mantiene vivas las principales herencias del MIR, junto a la potencia hasta hoy acumulada por los más activos y combativos movimientos chilenos recientes, el movimiento estudiantil, el movimiento mapuche, el movimiento feminista, el movimiento barrial y territorial, unidas a la fuerza y poder de los tradicionales e importantes movimientos obreros y campesinos, seamos tenazmente optimistas, recordando la sabia sentencia de Jules Michelet: “Creo en el futuro, porque yo mismo participo activamente en su propia construcción”.

 

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[1] Sobre este punto, cfr. Julián Alcayaga, “El cobre y el financiamiento de las demandas sociales”, en el sitio en internet América Latina en Movimiento, en https://www.alainet.org/es/articulo/203932.

[2] Sobre este contexto neoliberal extremo del caso chileno, cfr. la entrevista al historiador Sergio Grez, “Esta vez el poder se siente realmente amenazado”, en El Ciudadano, año 15, núm. 237, nov. de 2019, pp. 8-9.

[3] Sobre este concepto fundamental de la “economía moral de la multitud”, cfr. Edward P. Thompson, Costumbres en común, Ed. Crítica, Barcelona, 1995, y Carlos Antonio Aguirre Rojas, “Edward Palmer Thompson y la ‘economía moral de la multitud’ en el mundo del siglo XXI”, en el libro De Carlos Marx a Immanuel Wallerstein. Nueve Ensayos de Historiografía Contemporánea, Ed. Universidad Católica Silva Henríquez, Santiago de Chile, 2010, pp. 191-228, y "Edward Palmer Thompson en América Latina: sobre la economía moral de las multitudes latinoamericanas", en Autoctonía, vol. III, núm. 1, enero-junio de 2019.

[4] Sobre la diferencia de caracterización entre una movilización social y un movimiento social, y sobre sus principales implicaciones, cfr. Carlos Antonio Aguirre Rojas, “Planeta Tierra, los movimientos antisistémicos hoy”, que es el Prólogo del libro de Immanuel Wallerstein, Historia y dilemas de los movimientos antisistémicos, Ed. Contrahistorias, México, 2008, y también Antimanual del buen rebelde, Ed. Quimantú, Santiago de Chile, 2015.

[5] Sobre esta “primera línea” de los combates callejeros, y sobre su modo logístico de actuar y de enfrentar a los infames criminales carabineros, cfr. Camilo Cáceres, “Crónica de la Primera Línea: una batalla de David contra Goliat”, en The Clinic, 7 de noviembre de 2019, p. 23. Y es importante subrayar que el comportamiento extremadamente brutal y criminal de esos carabineros, que tiran directamente a la cara y a los ojos de los manifestantes, se hizo posible por el hecho de que Sebastián Piñera decretó el “Estado de Emergencia”, después de declarar que este conflicto social era una “guerra”, lo que dio manos libres y permiso de impunidad total a dichos carabineros. Pero se trata de un verdadero crimen que ha causado asombro y escándalo en el mundo entero, razón por la cual Piñera, que además tiene menos del 5% de aprobación de los chilenos, debería de renunciar de inmediato.

[6] Sobre el movimiento estudiantil chileno de 2011, cfr. Raúl Zibechi, “Chile: otra educación es posible”, y Joana Salem Vasconcelos, “Sobre el movimiento estudiantil chileno de 2011”, ambos textos incluidos en Contrahistorias, núm. 18, México, 2012. Véase también la revista Diatriba. Revista de Pedagogía Militante, núm. 1, Ed. Quimantú, Santiago de Chile, noviembre de 2011.

[7] Sobre la historia general del movimiento mapuche, cfr. Fernando Pairican, Malon. La rebelión del movimiento mapuche 1990-2013, Ed. Pehuén, Santiago de Chile, 2014, libro muy interesante aunque con conclusiones muy poco radicales y muy discutibles, de las que nosotros diferimos completamente. Sobre la Coordinadora Arauco Malleco, cfr. la “Declaración de Principios de la CAM”, en Contrahistorias, núm. 25, 2016, y Héctor Llaitul y Jorge Arrate, Weichan. Conversaciones con un weichafe en la prisión política, Ed. Ceibo, Santiago de Chile, 2012. Sobre el contexto más general de las luchas indígenas actuales en América Latina, cfr. Carlos Antonio Aguirre Rojas, Movimientos antisistémicos y cuestión indígena en América Latina, Ed. Quimantú, Santiago de Chile, 2018.

[8] Sobre este tema en general, cfr. Pierre Bourdieu, La dominación masculina, Ed. Anagrama, Barcelona, 2000. Sobre la postura de las mujeres neozapatistas, vale la pena ver sus distintos discursos incluidos en el libro El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista I. Participación de la Comisión Sexta del EZLN, Ed. EZLN, México, 2015, y sobre el grupo feminista de “Las Tesis”, cfr. el periódico The Clinic, 5 de diciembre de 2019.

[9] Sobre esta proliferación de Asambleas y Cabildos de todo tipo, en todo el territorio chileno, cfr. el artículo “Calle, Asambleas y Cabildos”, de Margarita Iglesias y Ximena Valdez, en el periódico Le Monde Diplomatique, núm. 213, año XX, diciembre de 2019, pp. 10-11. Respecto de este punto, es interesante también revisar los trabajos del historiador Gabriel Salazar, quien plantea la tesis de que en Chile habría una fuerte tradición histórica, que podríamos nosotros calificar de verdadera larga duración, de funcionamiento asambleario popular y de gestación del poder popular constituyente, tradición que se habría hecho presente tres veces en los siglos XIX y XX, y que aparecería nuevamente hoy. Sobre esta tesis, cfr. Gabriel Salazar, En el nombre del poder popular constituyente (Siglo XXI), Ed. LOM, Santiago de Chile, 2016, El poder nuestro de cada día, Ed. LOM, Santiago de Chile, 2016, y la entrevista “El tipo de Asamblea Constituyente que se propone, no representa realmente la voluntad soberana del pueblo”, en el periódico El Ciudadano, año 15, núm. 238, diciembre de 2019, pp. 4-6.

[10] Sobre este papel del MIR en el periodo de 1970-1972, y luego de octubre de 1972 a septiembre de 1973, cfr. los textos de Miguel Enríquez reunidos en el libro Miguel Enríquez y el proyecto revolucionario en Chile. Discursos y documentos del Movimiento de Izquierda Revolucionaria, Coedición del Centro de Estudios Miguel Enríquez-Ed. LOM, Santiago de Chile, 2004. Véanse también el folleto Chile. Movimiento de Izquierda Revolucionaria. Textos escogidos 1970-1975, Ed. del MIR, Santiago de Chile, 1978, y el folleto En el camino del poder popular, folleto núm. 1 de la “Serie del Poder Popular”, Ediciones El Rebelde, Santiago de Chile, agosto de 1973, donde los discursos originales de Miguel Enríquez presentan ligeras variantes, a veces importantes, respecto de las transcripciones incluidas en el libro recién citado.

[11] Sobre esta trágica suerte de la revolución rusa de 1917, y sobre su ulterior involución histórica, cfr. Carlos Antonio Aguirre Rojas, “La revolución rusa en el espejo de la larga duración”, en Revista de Historia y Geografía, núm. 37, Ed. Universidad Católica Silva Henríquez, Santiago de Chile, noviembre de 2017.

[12] Sobre esta nueva estrategia para la revolución social radical, que se ha desarrollado después de 1968, y que ahora es defendida y promovida entre otros movimientos antisistémicos del mundo, también por el neozapatismo mexicano, cfr. Carlos Antonio Aguirre Rojas, Mandar Obedeciendo. Las lecciones políticas del neozapatismo mexicano, Ed. Quimantú, Santiago de Chile, 2015, y La tierna furia. Nuevos ensayos sobre el neozapatismo mexicano, Ed. Quimantú, Santiago de Chile, 2019.

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