Soldados custodian las calles de Cali, Colombia, luego que el presidente Iván Duque ordenara más presencia militar por los hechos de violencia presentados durante protestas por el Paro Nacional. EFE/ Ernesto Guzmán Jr

Este decreto fue expedido por el Gobierno nacional en la madrugada del 29 de mayo para reestablecer el orden en algunas capitales, cuando se cumplía un mes del paro nacional.

 

El Consejo de Estado de Colombia suspendió este viernes de manera provisional el decreto expedido por el Gobierno nacional que contempla la asistencia militar para afrontar y superar los problemas de orden público durante las protestas sociales que se desarrollan en el país.

Esta decisión del Consejo de Estado determina que el decreto 575 de 2021, expedido por Iván Duque en la madrugada del 29 de mayo, con la intención de reestablecer el orden en distintas ciudades del país en el marco de las manifestaciones sociales del paro nacional, se suspende hasta que se emita un veredicto con relación a la legalidad de este acto administrativo.

“La determinación obedece a una demanda que, en ejercicio de la acción de tutela, presentaron varios ciudadanos de Cali, que consideraron que la respuesta de las fuerzas policiales y militares a las alteraciones al orden público originadas en las manifestaciones ciudadanas y protestas en esa ciudad estaba poniendo en riesgo el ejercicio de su derecho a la protesta social, a la vida e integridad personal, al debido proceso y a no ser sometidos a desaparición forzada”, indicó el Consejo de Estado en un comunicado.

La determinación fue tomada por la Sección Cuarta del Consejo de Estado que, luego de conocer esta demanda en primera instancia, otorgó el amparo constitucional y ordenó la suspensión transitoria de este acto administrativo, mientras la Jurisdicción de lo Contencioso Administrativo determina si este acto se ajusta o no al derecho.

A su vez, ordenó al ministro de Defensa, Diego Molano, y al director de la Policía Nacional, general Jorge Luis Vargas, que a través de sus directivas sean acatados los protocolos establecidos para la protección de la protesta social y la reacción, uso y verificación de la fuerza legítima del Estado.

De igual forma, instó a los participantes de las mesas de diálogo a continuar con este proceso de concertación como medida para superar las problemáticas que han sido expuestas durante las movilizaciones contra el gobierno de Iván Duque desde el pasado 28 de abril.

“Se encontró que ese acto administrativo amenaza el derecho a la protesta social porque los hechos que se mencionan como perturbadores del orden público tienen que ver con disturbios internos, con seguridad ciudadana, con la protección y control de civiles, funciones que están a cargo de la Policía Nacional por mandato constitucional, mas no de las Fuerzas Militares”, indicó el Consejo de Estado.

De igual manera, la Sección Cuarta argumentó que si bien se puede limitar el derecho a la reunión y a la manifestación si se presentan graves afectaciones de orden público, en estos casos es admisible el uso de la fuerza policial, con criterios de necesidad y proporcionalidad, más no de las Fuerzas Militares.

Soldados prestan seguridad en medio de una manifestación de indígenas en Cali (Colombia). EFE/ Pablo Rodríguez

Por otra parte, la Sala se refirió al empleo de la fuerza y de armas de fuego, señalando que fueron reportadas 15 muertes producto de la violencia durante las protestas sociales, de las cuales tres fueron atribuibles a la fuerza pública, razón por la cual manifestó que si bien la Policía podía limitar algunos derechos de la protesta con el fin de retornar el orden, no se podía perder la garantía a la vida, integridad personal y debido proceso en estos hechos.

“La Sección Cuarta también resaltó que ese tipo de actuaciones por parte de la Policía Nacional deslegitiman su intervención en las manifestaciones pacíficas y desconocen los estándares internacionales y constitucionales que protegen el derecho a la protesta social y que, por lo tanto, debía concederse el amparo del derecho a la vida y a la integridad personal de los demandantes y demás manifestantes, al encontrarlos amenazados por el uso excesivo de la fuerza”, indicó el Consejo de Estado

23 de Julio de 2021

Publicado enColombia
Viernes, 23 Julio 2021 06:08

Un alarido

Un alarido

El escritor cubano Leonardo Padura pidió difundir este texto con su opinión sobre la situación en Cuba a partir de las protestas del domingo 11 de julio: "es el resultado de la desesperación de una sociedad que atraviesa no solo una larga crisis económica y una puntual crisis sanitaria, sino también una crisis de confianza y una pérdida de expectativas"

 

Parece muy posible que todo lo ocurrido en Cuba a partir del pasado domingo 11 de julio lo hayan alentado un número mayor o menor de personas opuestas al sistema, pagadas incluso algunas de ellas, con intenciones de desestabilizar el país y provocar una situación de caos e inseguridad. También es cierto que luego, como suele suceder en estos eventos, ocurrieron oportunistas y lamentables actos de vandalismo. Pero pienso que ni una ni otra evidencia le quitan un ápice de razón al alarido que hemos escuchado. Un grito que es también el resultado de la desesperación de una sociedad que atraviesa no solo una larga crisis económica y una puntual crisis sanitaria, sino también una crisis de confianza y una pérdida de expectativas.

Un grito que es también el resultado de la desesperación de una sociedad que atraviesa no solo una larga crisis económica y una puntual crisis sanitaria, sino también una crisis de confianza y una pérdida de expectativas.

A ese reclamo desesperado, las autoridades cubanas no deberían responder con las habituales consignas, repetidas durante años, y con las respuestas que esas autoridades quieren escuchar. Ni siquiera con explicaciones, por convincentes y necesarias que sean. Lo que se impone son las soluciones que muchos ciudadanos esperan o reclaman, unos manifestándose en la calle, otros opinando en las redes sociales y expresando su desencanto o inconformidad, muchos contando los pocos y devaluados pesos que tienen en sus empobrecidos bolsillos y muchos, muchos más, haciendo en resignado silencio colas de varias horas bajo el sol o la lluvia, con pandemia incluida, colas en los mercados para comprar alimentos, colas en las farmacias para comprar medicinas, colas para alcanzar el pan nuestro de cada día y para todo lo imaginable y necesario.

Creo que nadie con un mínimo de sentimiento de pertenencia, con un sentido de la soberanía, con una responsabilidad cívica puede querer (ni siquiera creer) que la solución de esos problemas venga de cualquier tipo de intervención extranjera, mucho menos de carácter militar, como han llegado a pedir algunos, y que, también es cierto, representa una amenaza que no deja de ser un escenario posible.

Creo además que cualquier cubano dentro o fuera de la isla sabe que el bloqueo o embargo comercial y financiero estadounidense, como quieran llamarlo, es real y se ha internacionalizado y recrudecido en los últimos años y que es un fardo demasiado pesado para la economía cubana (como lo sería para cualquier otra economía). Los que viven fuera de la isla y hoy mismo quieren ayudar a sus familiares en medio de una situación crítica, han podido comprobar que existe y cuánto existe al verse prácticamente imposibilitados de enviar una remesa a sus allegados, por solo citar una situación que afecta a muchos. Se trata de una vieja política que, por cierto (a veces algunos lo olvidan) prácticamente todo el mundo ha condenado por muchos años en sucesivas asambleas de Naciones Unidas.

Y creo que tampoco nadie puede negar que también se ha desatado una campaña mediática en la que, hasta de las formas más burdas, se han lanzado informaciones falsas que al principio y al final solo sirven para restar credibilidad a sus gestores.

Pero creo, junto con todo lo anterior, que los cubanos necesitan recuperar la esperanza y tener una imagen posible de su futuro. Si se pierde la esperanza se pierde el sentido de cualquier proyecto social humanista. Y la esperanza no se recupera con la fuerza. Se le rescata y alimenta con esas soluciones y los cambios y los diálogos sociales, que, por no llegar, han causado, entre otros muchos efectos devastadores, las ansias migratorias de tantos cubanos y ahora provocaron el grito de desesperación de gentes entre las que seguramente hubo personas pagadas y delincuentes oportunistas, aunque me niego a creer que en mi país, a estas alturas, pueda haber tanta gente, tantas personas nacidas y educadas entre nosotros que se vendan o delincan. Porque si así fuera, sería el resultado de la sociedad que los ha fomentado.

La manera espontánea, sin la atadura a ningún liderazgo, sin recibir nada a cambio ni robar nada en el camino, con que también una cantidad notable de personas se ha manifestado en las calles y en las redes, debe ser una advertencia y pienso que es una muestra alarmante de las distancias que se han abierto entre las esferas políticas dirigentes y la calle (y así lo han reconocido incluso dirigentes cubanos). Y es que solo así se explica que haya ocurrido lo que ha ocurrido, más en un país donde casi todo se sabe cuando quiere saberse, como todos también sabemos.

Para convencer y calmar a esos desesperados el método no puede ser las soluciones de fuerza y oscuridad, como imponer el apagón digital que ha cortado por días las comunicaciones de muchos, pero que sin embargo no ha impedido las conexiones de los que quieren decir algo, a favor o en contra. Mucho menos puede emplearse como argumento de convencimiento la respuesta violenta, en especial contra los no violentos. Y ya se sabe que la violencia puede ser no solo física.

Muchas cosas parecen estar hoy en juego. Quizás incluso si tras la tempestad regresa la calma. Tal vez los extremistas y fundamentalistas no logren imponer sus soluciones extremistas y fundamentalistas, y no se enraíce un peligroso estado de odio que ha ido creciendo en los últimos años.

Pero, en cualquier caso, resulta necesario que lleguen las soluciones, unas respuestas que no solo deberían ser de índole material sino también de carácter político, y así una Cuba inclusiva y mejor pueda atender las razones de este grito de desesperación y extravío de la esperanza que, en silencio pero con fuerza, desde antes del 11 de julio, venían dando muchos de nuestros compatriotas, esos lamentos que no fueron oídos y de cuyas lluvias surgieron estos lodos.

Como cubano que vive en Cuba y trabaja y crea en Cuba, asumo que es mi derecho pensar y opinar sobre el país en que vivo, trabajo y donde creo. Ya sé que en tiempos como este y por intentar decir una opinión, suele suceder que «Siempre se es reaccionario para alguien y rojo para alguien», como alguna vez dijera Claudio Sánchez Albornoz. También asumo ese riesgo, como hombre que pretende ser libre, que espera ser cada vez más libre.

Leonardo Padura

Escritor, periodista y guionista

16 de julio de 2021 21:55h

En Mantilla, 15 de julio de 2021. 

Publicado enInternacional
20 de julio: jornada de terror contra los jóvenes de Cali

Un nuevo día de terror fue lo vivido en Cali el pasado 20 de julio, donde el poder nuevamente mostró sus dientes en forma de paramilitarismo urbano e implementó un tratamiento de guerra contra la protesta social, dejando un saldo de un joven asesinado en el barrio Alcázares y varios heridos en la ciudad, evidenciando una y otra vez el terrorismo de Estado que se impone en Colombia como norma.

La jornada de movilización en la ciudad se llevó a cabo desde horas de la mañana. Alrededor de cinco movilizaciones salieron desde diversos puntos de la ciudad y tenían como sitio de llegada la antigua Loma de la cruz hoy rebautizada Loma de la dignidad, en donde se desarrollaría un evento cultural con múltiples presentaciones musicales y artísticas.


En el escenario había participación de jóvenes, niños y niñas, adultos mayores, mascotas y una diversidad de ciudadanía que festejaría este 20 de julio de una manera inédita, donde el militarismo no sería el principal protagonista, sino que la alegría popular se tomaría la calle en un gran festejo. Sin embargo, todo el evento fue transformado en caos producto de la incursión paramilitar y policial que arremetió contra la población.

Una fuente cercana a desdeabajo nos narró la situación de la siguiente manera: “Desde que salimos del “Paso del aguante” veníamos muy contentos, festejando, habíamos coordinado hasta que el Tránsito prestara apoyo, ellos iban cerrando las vías por dónde íbamos a pasar, solo se cerraban momentáneamente mientras nos movilizábamos. Cuando íbamos llegando a la Loma, en el puente de la quinta con 10, había una olla comunitaria, allí había niños, mascotas, adultos mayores y llegaron varios drones. De un momento a otro los muchachos empezaron a avisar que sobre la 10 había mucha policía y sobre la cuarta venían bajando unos seis muchachos como si fueran primera línea junto al Esmad, ellos nos empezaron a disparar con armas de fuego, entonces nos tocó tirarnos al piso y luego salir a correr porque al mismo tiempo empezaron a tirarnos gases, ahí se nos empezó a asfixiar la gente, todos los niños y ancianos tuvieron que respirar estos gases, que puedo decirte han sido unos de los peores que nos han tirado en todas las manifestaciones”.


El periodista José Alberto Tejada, director del Canal 2, denunció lo ocurrido en la noche del mismo día, donde comentó: “la jornada del 20 de julio, como se preveía ha sido una jornada criminal por parte del Estado colombiano, por parte del gobierno colombiano a tres niveles: el central, regional y local (…) hoy viendo el acto criminal que me tocó presenciar en la "Loma de la dignidad", donde fueron vilmente atacados, cantidad de muchachos y muchachas y personas de la comunidad que estaban allí esperando desde antes del mediodía a las manifestaciones que venían de varios lugares de la ciudad a aglutinarse en este punto emblemático de Cali, para hacer una gran fiesta (…) civiles de nuevo, entremezclados con la policía disparando a matar, disparándole a la comunidad. Hoy usaron de nuevo la maquina Venom” (1).


Paso del aguante

Mientras este era el escenario en la Loma de la cruz, en la maloca comunitaria Nicolás Guerrero se realizaba un operativo policial para ingresar al espacio y destruirlo. Desde las 2:30 de la tarde la comunidad se percató de la presencia de personas desconocidas, según nos cuenta Laura Guerrero, defensora de derechos humanos y madre del joven Nicolás Guerrero –asesinado en el mes de mayo–, “entre esas personas, dicen, que uno sacó un arma y le disparó a la policía, en ese momento fue cuando nos empezaron a lanzar gases lacrimógenos, todo quedó nublado, nadie veía nada y se escuchaban disparos. Lo que no nos explicamos es por qué la policía no cogió a la persona que les disparó de frente, sino que capturaron a un venezolano que iba pasando y a otro chico que pasó en la calle corriendo de los gases”.


Según Laura, el actuar de la “fuerza pública” era completamente arbitrario, así como agresivo, pues en ningún momento escuchaban razones y fue gracias a la exigencia de la comunidad y la mediación de distintos actores que se encontraban en el lugar (Procuraduría, defensores de derechos humanos y la ONU), que los policías y agentes del Esmad se retiraron. Sin embargo, cuando había pocas personas en la biblioteca y otros se encontraban almorzando, la arremetida volvió con más fuerza.


“Cuando tratamos de acercarnos nos dispararon nuevamente con sus gases, no nos permitían acercarnos ni sacar nada del espacio. Empezaron a violentar la puerta y al romperla entraron al espacio. Yo me acerqué como defensora de derechos humanos y al no valer nada para ellos, entonces me arrimé como la mamá de Nicolás y me planté en el lugar. En ese momento empiezan a decirme que me quite, que me fuera, pero yo no me dejaba quitar. Al ver la situación me empezaron a grabar la cara todo el tiempo, me echaron algo en el cuerpo y al preguntar qué era, se empezó a reír y no dieron ninguna explicación.


Al final llegó a mediar el secretario de educación e hicimos un acta donde nos encontramos como actores: la comunidad, el mayor de la policía, el secretario de educación y chicos de la primera línea. La idea es que tenemos plazo hasta el 29 de julio para establecer esta mesa y llegar a los acuerdos para que nos den un espacio para la biblioteca o nos asignen este que ya tenemos”.


Noche de terror

Los ánimos estaban caldeados desde la incursión a la biblioteca Nicolás Guerrero. En el barrio Alcázares, junto al cementerio del norte, los jóvenes comenzaron a enfrentarse con el Esmad minutos después de la agresión contra el espacio comunitario que genero indignación y rabia. Mundo, un joven primera línea que estuvo en el lugar nos cuenta que desde que llegó la noche la situación empezó a empeorar. Las balaceras eran constantes contra los manifestantes, disparos de fusil se escuchaban e impactaban el cuerpo de los jóvenes:

“Heridos de fusil hasta donde conté y pude cargar fueron cuatro, pero sé que fueron muchos más, a uno le destrozaron la pierna con las balas. Pero lo más impresionante que vi fue cuando llevábamos dos heridos cargados y comenzaron a gasearnos hasta dejarnos asfixiados, teníamos una cortina de humo que no nos dejaba ver y no pudimos más, nos tocó dejar el lugar. Tratamos de arrastrar el cuerpo de un muchacho herido, pero ahí nos empezaron a dar más bala, sabemos que en ese momento remataron en el piso a una persona, habían heridos por todo lado.


Cuando la cortina de humo se fue, ya no estaba ni el cuerpo ni la policía. No sabemos el nombre del muchacho, pero en mi Facebook grabé donde se ve la sangre y como lo arrastraron (2). Yo me replegué a las 2:30 de la mañana, hasta esa hora ellos seguían con el cuerpo, ahí cometí el error de dejar la moto en la calle y me la robaron, ahora no tengo como movilizarme, ando sin plata, sin saber que voy a hacer porque desde que empezó el paro me echaron de la casa”.


*Integrante del equipo desdeabajo y del colectivo Loma Sur

1. Ver: https://www.facebook.com/canal2cali/videos/4453892187974614
2. Ver: https://www.facebook.com/kevinandres.canavalvalencia/videos/320730333061858/

 

Videos relacionado:

https://twitter.com/caliresiste_pn/status/1417664661256818691?s=20

 

Publicado enColombia
Viernes, 16 Julio 2021 15:53

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Video relacionado

https://youtu.be/5F3P967PiwU

Biblioteca Popular La Dignidad,antes CAI Loma de la Cruz.

En La Loma de La Dignidad, en el centro de Cali, convergen distintos procesos, recién organizados por la comunidad en el marco del Paro Nacional que desde el 28A alcanza eco en Colombia. Aunque las personas tienen temor ante el riesgo de ser asesinados o desaparecidos, su motivación y organización está proyectada para largo aliento.

 

Resignificar espacios de poder en medio de las recientes movilizaciones en Colombia ha sido una de las expresiones espontáneas de los y las manifestantes. Tomas culturales y artísticas que durante los más de 50 días que suma el llamado a paro iniciado el 28A toman forma y con mayor fuerza.

En particular, en la ciudad de Cali ya se han resignificado 4 distintos Comandos de Atención Inmediata (CAI), así: el situado en el Barrio Metropolitano del Norte, ahora Biblioteca Popular Nicolás Guerrero, el de Puerto Rellena, renombrado como Biblioteca Popular Marcelo Agredo, el ubicado en el Paso del Comercio conocido por quienes habitan el sector como La biblio-huerta del Aguante, y el correspondiente a la Loma de la Cruz llamado Biblioteca Popular de La Dignidad. Y también está la Biblioteca Móvil Mil Caras de la Literatura - Punto de Resistencia Meléndez.

La Biblioteca Popular La Dignidad fue la primera que resignificó un espacio de poder en Cali. El espacio donde está ubicad es el mismo donde antes funcionaba el CAI de La Loma, y el cual fue tomado luego de dos días de duros enfrentamientos acaecidos entre los días 28 y 29 de abril.

 

Biblioteca Popular La Dignidad, una re-significación de espacios de poder

 

El 1 de Mayo, con el deseo de compartir saberes y disposiciones, llegó Jonathan Valencia con demás integrantes del Colectivo La Dignidad, limpiaron y barrieron el lugar y empezaron a colocar libros. El colectivo está integrado por 14 personas entre hombres y mujeres, que espontáneamente fueron llegando y se fueron quedando. La mayoría tienen formación humanística.

“Creemos que esa re-significación artística y cultural que se le ha dado a un espacio de poder es digno. Digno en el momento en el que estamos tratando de visibilizar los cuerpos, que somos las personas, que integran el Colectivo La Dignidad pronunciándose políticamente ante un aparato represor y cuerpos de poder, como los policías y militares. Cuerpos de poder que nos han intimidado persiguiendo a algunxs compañerxs”, contó Jonathan, uno de los voceros de la Biblioteca Popular La Dignidad e integrante del equipo dinamizador del paro de La Loma de La Dignidad.

En La Loma de La Dignidad convergen distintos procesos como poesía al viento, danza, el mercado comunitario, la primera línea y el cabildo abierto. Además, desde la primera semana de mayo en La Dignidad se reúnen una vez por semana y delegan las tareas de las varias comisiones: insumos, agenda cultural, biblioteca, gobernanza, punto violeta, ambiental y comunicaciones. El equipo desdeabajo con el apoyo periodístico de Sebastián N. entabló una entrevista con Jonathan en torno al proceso de la Biblioteca Popular y esto fue lo que nos contó:

desdeabajo (da): ¿Por qué el nombre de Biblioteca Popular La Dignidad?
Jonathan Valencia (JV): Ese nombre no lo dimos nosotros, tiene una relación muy cercana al inicio del Paro Nacional del 28 de abril. Se empezó a re-significar los espacios. Ya no se llama Loma de La Cruz sino Loma de La Dignidad. Entonces, como el concepto ya estaba la Biblioteca se llamó igual para darle consecutividad. Lo mismo pasó con la zona Paso del Comercio que ahora es Paso del Aguante, o el Puente de los Mil Días ahora conocido como el Puente de las Mil Luchas, o Puerto Rellena se resignificó como Puerto Resistencia y así.

da: ¿Qué ha dicho la comunidad?
JV: La comunidad no se ha pronunciado.Este CAI tiene la particularidad de ser un punto de atención turístico. Entonces, un sector de la comunidad siempre ha querido la biblioteca y otro sector tiene una relación simbólica con la presencia del CAI y la sensación de seguridad. Realizamos una Asamblea Popular el día 11 de mayo a las 5 de la tarde, en la que intervino la comunidad, la Secretaría de Cultura, la Sub-Secretaría de Artes y la Red de Bibliotecas Públicas y el consenso general que arrojó la misma fue que quieren tanto la biblioteca como el CAI.

da: ¿Cuál ha sido la respuesta de la Policía después de la toma del CAI y la apertura de la biblioteca popular?
JV: La Policía no se ha pronunciado al respecto. Nos ha intimidado. El viernes 14 de mayo vinieron 8 policías, sin identificación en sus chalecos o placas de las motos, y nos tomaron fotos y vídeos. No se ha establecido con la Policía ningún diálogo. Con los militares sí tuvimos un encuentro el 2 de mayo. Llegamos y estaban en la Biblioteca Popular con armas y explosivos. Les dijimos que íbamos a entrar y no nos dejaron. Sin embargo, colocamos los libros afuera del CAI y convivimos con ellos toda una tarde.

da: ¿Qué actividades desarrollan en la Biblioteca?
JV: Hacemos recitales de poesía, circo, talleres de dibujo para infantes o lecturas con la primera línea. Como las bibliotecas públicas están cerradas, promotores de lectura han venido a realizar eventos. Hemos creado un Comité Pedagógico, articulado con el Comité del Paro de La Loma, espacio a partir del cual hemos logrado entablar conversación con la comunidad, sin condicionar a que estén de acuerdo con el proceso, para invitarlos a participar en la Asamblea Popular que se realiza todos los sábados en la rotonda de la Loma de La Dignidad y conversar sobre quiénes somos, cuáles han sido los aciertos y desaciertos del proceso.

da: ¿Hasta cuándo creen que esta situación dure?
JV: Esto lo respondo como miembro del Comité del Paro de La Loma, y es que no sabemos. No sabemos hasta cuándo va el bloqueo, ni sabemos hasta cuándo va el decreto que expidió el Alcalde Jorge Iván Ospina con la Unión de Resistencias de Cali. No sabemos a quiénes de los que estamos acá nos van a desaparecer o matar. Nada de eso está claro, ni tampoco para las otras compañeras y compañeros de las demás bibliotecas con quiénes hemos creado la Unión de Bibliotecas de la Resistencia Caleña. En ese sentido estamos pensado en actividades colectivas a corto plazo, sin embargo tanto el Comité del Paro de La Loma como la Biblioteca Popular la Dignidad son de largo aliento, sin importar que el Paro Nacional siga o termine. Creo que es muy importante proyectarse para las próximas elecciones, para que todo este proceso tenga una calada en el incremento de la conciencia política de las personas.

da: Cuéntenos más de esta Unión de Bibliotecas de la Resistencia Caleña
JV: Estas no son actividades aisladas, sino que es un movimiento artístico y cultural que sin articularse en un principio todas las bibliotecas, nos hemos dado cuenta que la espontaneidad ha llevado a reconsiderar las bibliotecas como un espacio pre-dilecto para la democratización del conocimiento. Una ciudad como Cali, golpeada por tanta desigualdad, los sectores populares están en un alto nivel de inasistencia escolar, y creemos que a través de estas bibliotecas se puede impactar positivamente en la asistencia, para bien.

En los primeros días de funcionamiento de la Biblioteca Popular la Dignidad nos percatamos que estábamos pensando muy individual, y tocaba darle tuerca al asunto a un sentido más colectivo, por lo cual buscamos y entablamos conversación con las demás bibliotecas y así creamos la Unión. Entonces, así después nos saquen a todas las bibliotecas de los CAI, la Unión de Bibliotecas de la Resistencia Caleña seguirá actuando. Yo siento, puede ser uno de los caminos, que a largo plazo se terminará concretando una co-acción con la institucionalidad, porque la Red de Bibliotecas Públicas de Cali, a diferencia de la de Medellín o Bogotá, nació fruto de procesos de bibliotecas comunitarias y populares que luego se convirtieron en bibliotecas públicas.

 

Integrantes Colectivo Mal-Hablar, Universidad Pa’l Barrio y Biblioteca Popular la Dignidad
 


Universidad Pa’l Barrio y Colectivo Mal-Hablar

Al terminar la entrevista, al frente de la Biblioteca empezó un evento de Universidad Pa’l Barrio, un proyecto en alianza con colectivos y profesores de distintas universidades que llevan las clases a las calles. Karen Sofía Camacho, estudiante de la Universidad del Valle, contó que este proceso tiene como intención aportar con actividades pedagógicas y académicas a la movilización social en el marco del Paro Nacional en los distintos puntos de resistencia en Cali. “Nos articulamos con los voceros de cada punto y con las bibliotecas populares. Creemos que como ciudadanos y academia podemos tener un papel protagónico en la construcción de un país. Y estamos aprovechando el despertar de la conciencia colectiva. La idea es también trascender después de la coyuntura que estamos viviendo”, puntualizó Karen.

Al instante empezó una mesa de escucha del Colectivo Mal-Hablar, un evento articulado con Universidad Pa’l Barrio. Con el ejercicio de escucha colectiva se trata de que las personas reaccionen creativamente a ello e identifiquen dónde se aloja corporalmente su escucha y también reflexionen sobre las preguntas que les genera el Paro Nacional.

Andrea Martínez, una de sus integrantes, contó que la idea del colectivo es romper los significados de los conceptos que se utilizan en el cotidiano del Paro Nacional. El colectivo escoge una palabra que les parece pertinente y recogen las definiciones que sobre la misma les da la gente.La idea es hablar con todo tipo de personas: infantes, personas de acuerdo y en desacuerdo con la movilización. Y después, procesar esta información, ponerle música, y a circular.

“Nos sucede con frecuencia que hablamos mucho y casi no nos escuchamos. Reconocer la diferencia es muy importante para la transformación que queremos en Colombia. Hasta el momento nuestras series de palabras han sido: paro, vándalo y desaparecidos. Palabras que empiezan a habitar en nuestra cotidianidad, no tradicionalmente sino reformuladas por la gente” concluyó Andrea.

Diversas personas participaron de esta mesa de escucha. Ciclistas de paso, artesanas, estudiantes y adultos mayores. Una vendedora informal, que no sabía escribir, le pidió el favor a una mujer que le escribiera una carta para la primera línea. Amarraron una cuerda de un poste a un tubo anclado en el suelo, y colgaron las cartas. “Que Dios los proteja y ojalá todo cambie para una Colombia mejor”,terminabadiciendo la carta de la señora.

* Texto y fotografías.

 

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Biblioteca Popular La Dignidad,antes CAI Loma de la Cruz.

En La Loma de La Dignidad, en el centro de Cali, convergen distintos procesos, recién organizados por la comunidad en el marco del Paro Nacional que desde el 28A alcanza eco en Colombia. Aunque las personas tienen temor ante el riesgo de ser asesinados o desaparecidos, su motivación y organización está proyectada para largo aliento.

 

Resignificar espacios de poder en medio de las recientes movilizaciones en Colombia ha sido una de las expresiones espontáneas de los y las manifestantes. Tomas culturales y artísticas que durante los más de 50 días que suma el llamado a paro iniciado el 28A toman forma y con mayor fuerza.

En particular, en la ciudad de Cali ya se han resignificado 4 distintos Comandos de Atención Inmediata (CAI), así: el situado en el Barrio Metropolitano del Norte, ahora Biblioteca Popular Nicolás Guerrero, el de Puerto Rellena, renombrado como Biblioteca Popular Marcelo Agredo, el ubicado en el Paso del Comercio conocido por quienes habitan el sector como La biblio-huerta del Aguante, y el correspondiente a la Loma de la Cruz llamado Biblioteca Popular de La Dignidad. Y también está la Biblioteca Móvil Mil Caras de la Literatura - Punto de Resistencia Meléndez.

La Biblioteca Popular La Dignidad fue la primera que resignificó un espacio de poder en Cali. El espacio donde está ubicad es el mismo donde antes funcionaba el CAI de La Loma, y el cual fue tomado luego de dos días de duros enfrentamientos acaecidos entre los días 28 y 29 de abril.

 

Biblioteca Popular La Dignidad, una re-significación de espacios de poder

 

El 1 de Mayo, con el deseo de compartir saberes y disposiciones, llegó Jonathan Valencia con demás integrantes del Colectivo La Dignidad, limpiaron y barrieron el lugar y empezaron a colocar libros. El colectivo está integrado por 14 personas entre hombres y mujeres, que espontáneamente fueron llegando y se fueron quedando. La mayoría tienen formación humanística.

“Creemos que esa re-significación artística y cultural que se le ha dado a un espacio de poder es digno. Digno en el momento en el que estamos tratando de visibilizar los cuerpos, que somos las personas, que integran el Colectivo La Dignidad pronunciándose políticamente ante un aparato represor y cuerpos de poder, como los policías y militares. Cuerpos de poder que nos han intimidado persiguiendo a algunxs compañerxs”, contó Jonathan, uno de los voceros de la Biblioteca Popular La Dignidad e integrante del equipo dinamizador del paro de La Loma de La Dignidad.

En La Loma de La Dignidad convergen distintos procesos como poesía al viento, danza, el mercado comunitario, la primera línea y el cabildo abierto. Además, desde la primera semana de mayo en La Dignidad se reúnen una vez por semana y delegan las tareas de las varias comisiones: insumos, agenda cultural, biblioteca, gobernanza, punto violeta, ambiental y comunicaciones. El equipo desdeabajo con el apoyo periodístico de Sebastián N. entabló una entrevista con Jonathan en torno al proceso de la Biblioteca Popular y esto fue lo que nos contó:

desdeabajo (da): ¿Por qué el nombre de Biblioteca Popular La Dignidad?
Jonathan Valencia (JV): Ese nombre no lo dimos nosotros, tiene una relación muy cercana al inicio del Paro Nacional del 28 de abril. Se empezó a re-significar los espacios. Ya no se llama Loma de La Cruz sino Loma de La Dignidad. Entonces, como el concepto ya estaba la Biblioteca se llamó igual para darle consecutividad. Lo mismo pasó con la zona Paso del Comercio que ahora es Paso del Aguante, o el Puente de los Mil Días ahora conocido como el Puente de las Mil Luchas, o Puerto Rellena se resignificó como Puerto Resistencia y así.

da: ¿Qué ha dicho la comunidad?
JV: La comunidad no se ha pronunciado.Este CAI tiene la particularidad de ser un punto de atención turístico. Entonces, un sector de la comunidad siempre ha querido la biblioteca y otro sector tiene una relación simbólica con la presencia del CAI y la sensación de seguridad. Realizamos una Asamblea Popular el día 11 de mayo a las 5 de la tarde, en la que intervino la comunidad, la Secretaría de Cultura, la Sub-Secretaría de Artes y la Red de Bibliotecas Públicas y el consenso general que arrojó la misma fue que quieren tanto la biblioteca como el CAI.

da: ¿Cuál ha sido la respuesta de la Policía después de la toma del CAI y la apertura de la biblioteca popular?
JV: La Policía no se ha pronunciado al respecto. Nos ha intimidado. El viernes 14 de mayo vinieron 8 policías, sin identificación en sus chalecos o placas de las motos, y nos tomaron fotos y vídeos. No se ha establecido con la Policía ningún diálogo. Con los militares sí tuvimos un encuentro el 2 de mayo. Llegamos y estaban en la Biblioteca Popular con armas y explosivos. Les dijimos que íbamos a entrar y no nos dejaron. Sin embargo, colocamos los libros afuera del CAI y convivimos con ellos toda una tarde.

da: ¿Qué actividades desarrollan en la Biblioteca?
JV: Hacemos recitales de poesía, circo, talleres de dibujo para infantes o lecturas con la primera línea. Como las bibliotecas públicas están cerradas, promotores de lectura han venido a realizar eventos. Hemos creado un Comité Pedagógico, articulado con el Comité del Paro de La Loma, espacio a partir del cual hemos logrado entablar conversación con la comunidad, sin condicionar a que estén de acuerdo con el proceso, para invitarlos a participar en la Asamblea Popular que se realiza todos los sábados en la rotonda de la Loma de La Dignidad y conversar sobre quiénes somos, cuáles han sido los aciertos y desaciertos del proceso.

da: ¿Hasta cuándo creen que esta situación dure?
JV: Esto lo respondo como miembro del Comité del Paro de La Loma, y es que no sabemos. No sabemos hasta cuándo va el bloqueo, ni sabemos hasta cuándo va el decreto que expidió el Alcalde Jorge Iván Ospina con la Unión de Resistencias de Cali. No sabemos a quiénes de los que estamos acá nos van a desaparecer o matar. Nada de eso está claro, ni tampoco para las otras compañeras y compañeros de las demás bibliotecas con quiénes hemos creado la Unión de Bibliotecas de la Resistencia Caleña. En ese sentido estamos pensado en actividades colectivas a corto plazo, sin embargo tanto el Comité del Paro de La Loma como la Biblioteca Popular la Dignidad son de largo aliento, sin importar que el Paro Nacional siga o termine. Creo que es muy importante proyectarse para las próximas elecciones, para que todo este proceso tenga una calada en el incremento de la conciencia política de las personas.

da: Cuéntenos más de esta Unión de Bibliotecas de la Resistencia Caleña
JV: Estas no son actividades aisladas, sino que es un movimiento artístico y cultural que sin articularse en un principio todas las bibliotecas, nos hemos dado cuenta que la espontaneidad ha llevado a reconsiderar las bibliotecas como un espacio pre-dilecto para la democratización del conocimiento. Una ciudad como Cali, golpeada por tanta desigualdad, los sectores populares están en un alto nivel de inasistencia escolar, y creemos que a través de estas bibliotecas se puede impactar positivamente en la asistencia, para bien.

En los primeros días de funcionamiento de la Biblioteca Popular la Dignidad nos percatamos que estábamos pensando muy individual, y tocaba darle tuerca al asunto a un sentido más colectivo, por lo cual buscamos y entablamos conversación con las demás bibliotecas y así creamos la Unión. Entonces, así después nos saquen a todas las bibliotecas de los CAI, la Unión de Bibliotecas de la Resistencia Caleña seguirá actuando. Yo siento, puede ser uno de los caminos, que a largo plazo se terminará concretando una co-acción con la institucionalidad, porque la Red de Bibliotecas Públicas de Cali, a diferencia de la de Medellín o Bogotá, nació fruto de procesos de bibliotecas comunitarias y populares que luego se convirtieron en bibliotecas públicas.

 

Integrantes Colectivo Mal-Hablar, Universidad Pa’l Barrio y Biblioteca Popular la Dignidad
 


Universidad Pa’l Barrio y Colectivo Mal-Hablar

Al terminar la entrevista, al frente de la Biblioteca empezó un evento de Universidad Pa’l Barrio, un proyecto en alianza con colectivos y profesores de distintas universidades que llevan las clases a las calles. Karen Sofía Camacho, estudiante de la Universidad del Valle, contó que este proceso tiene como intención aportar con actividades pedagógicas y académicas a la movilización social en el marco del Paro Nacional en los distintos puntos de resistencia en Cali. “Nos articulamos con los voceros de cada punto y con las bibliotecas populares. Creemos que como ciudadanos y academia podemos tener un papel protagónico en la construcción de un país. Y estamos aprovechando el despertar de la conciencia colectiva. La idea es también trascender después de la coyuntura que estamos viviendo”, puntualizó Karen.

Al instante empezó una mesa de escucha del Colectivo Mal-Hablar, un evento articulado con Universidad Pa’l Barrio. Con el ejercicio de escucha colectiva se trata de que las personas reaccionen creativamente a ello e identifiquen dónde se aloja corporalmente su escucha y también reflexionen sobre las preguntas que les genera el Paro Nacional.

Andrea Martínez, una de sus integrantes, contó que la idea del colectivo es romper los significados de los conceptos que se utilizan en el cotidiano del Paro Nacional. El colectivo escoge una palabra que les parece pertinente y recogen las definiciones que sobre la misma les da la gente.La idea es hablar con todo tipo de personas: infantes, personas de acuerdo y en desacuerdo con la movilización. Y después, procesar esta información, ponerle música, y a circular.

“Nos sucede con frecuencia que hablamos mucho y casi no nos escuchamos. Reconocer la diferencia es muy importante para la transformación que queremos en Colombia. Hasta el momento nuestras series de palabras han sido: paro, vándalo y desaparecidos. Palabras que empiezan a habitar en nuestra cotidianidad, no tradicionalmente sino reformuladas por la gente” concluyó Andrea.

Diversas personas participaron de esta mesa de escucha. Ciclistas de paso, artesanas, estudiantes y adultos mayores. Una vendedora informal, que no sabía escribir, le pidió el favor a una mujer que le escribiera una carta para la primera línea. Amarraron una cuerda de un poste a un tubo anclado en el suelo, y colgaron las cartas. “Que Dios los proteja y ojalá todo cambie para una Colombia mejor”,terminabadiciendo la carta de la señora.

* Texto y fotografías.

 

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Publicado enColombia
Laura Guerrero, madre de Nicolás: “Él era muy soñador con todo eso...”

Perder un hijo o un familiar por exigir un país mejor no debería suceder, sin embargo, en Colombia esta realidad parece la norma. Son cientos de familias que han perdido a sus seres queridos desde el 28A, ya sea por la muerte o la desaparición. Laura Guerrero es una madre víctima del terrorismo de Estado, también es ejemplo de dignidad y fortaleza para toda la sociedad.

 

Su semblante está tranquilo, a pesar del dolor que con seguridad la embarga. Ella está allí, recibida con cariño por unos y otras, y a pesar de la nostalgia, de los recuerdos de madre y amiga, expresa alegría por lo que ve.

En realidad, la juventud la llena de confianza de que vendrán días de cambio, días de esperanza, días de mejor vida, con seguridad los mismos anhelos que inspiraban a su hijo Nicolás para plasmar en paredes antes abandonadas y deterioradas, en compañía de compañeros, grandes murales para alegrar la ciudad, para llenar de color la vista de quienes por allí transitarán.

Cuando la saludamos y le pedimos la entrevista no duda, accede de una, y no demora en responder a nuestra primera pregunta: –“Mi nombre es Laura Guerrero, soy la mamá de Nicolás. Vengo hoy a la biblioteca porque un amigo muy cercano de mi hijo me cuenta que van a pintar lo que era el CAI, que fue quemado y quedó muy dañado. Me dicen que el proyecto es que esto sea una biblioteca…”.

Al expresar esta palabra parece rememorar algo y enfatiza: –“La idea me pareció muy buena, y me llevó a recordar a mi hijo que le gustaba mucho leer y que se hizo a una llave del saber para poder estar yendo a la biblioteca con su niña pequeña y con su hermanito menor. Por eso le entré de una al proyecto, porque vi que era algo bueno y cuando ya llego y me encuentro con esta cantidad de jóvenes maravillosos, con tantas ideas, empieza a formarse una lluvia de ideas y veo que una es más encantadora que le otra; realmente, digamos, que también me metí en el cuento”.

 

Fotografía Felipe Martínez

 

Mientras Laura, como de una la llamamos con confianza, al sentir su espíritu y ver su joven semblante, así como al sentir su afinidad con la juventud, atiende a nuestras preguntas, el espacio gana más concurrencia y una y otra expresión artística encuentra lugar para compartir con toda la gente allí convocada. Hay lugar para la creación y para fraternizar, y todos están felices de que así sea.

Ella nos cuenta que el espacio apenas tiene con ocho días de existencia, y prosigue con la entrevista: –“Todo lo vivido en estos pocos días de construcción de la biblioteca es la muestra de que la gente tiene necesidad de contar con sitios y oportunidades para satisfacer su sed de cultura, que hay una aceptación de la comunidad, que la gente quiere y necesita este espacio para que haya una oferta cultural más cercana”.

Hay alegría en su narración, pero también nostalgia, no es para menos. Aprovechamos los segundos de meditación en lo que nos está compartiendo para dirigir nuestra mirada hacia los músicos que se presentan con alegría ante la multitud de comunidad. Pero solo tras unos segundos más su palabra convoca de nuevo nuestra atención: –“Esto es como un oasis en medio de tanta tensión; aún estamos a la defensiva, en muchos momentos de tranquilidad igual no deja de pasar la policía, no dejamos de sentirnos merodeados, pero hemos podido permanecer y la compañía de tanta comunidad ha sido increíble, han traído muchos libros, han donado dinero y pintura; el dinero se ha invertido en reparaciones y en seguridad, en candados, y en otras muchas cosas.

En este momento nos vemos respaldados por la comunidad, que tenía la biblioteca más cercana realmente lejos: entonces, la gente ha podido acercarse al picnic literario y ha encontrado muchísima oferta cultural”.

 

Fotografía Felipe Martínez

 


¿Cómo era Nicolás?

Del presente para el pasado, el inmediato y el más lejano. A pesar de las fibras que pudiera sensibilizar no podíamos dejar de preguntar por el ser humano, y ante la pregunta, con serenidad, la madre cuenta: –“Era un joven con muchos sueños, sueños de una mejor ciudad y por consecuencia, de un mejor país. Soñaba con traer a su hija al país, soñaba con que existiera, a menor costo, muchísimo material para que los jóvenes pudieran expresarse culturalmente, porque él sentía que dentro de las escuelas y colegios había un vacío en cuanto a lo que muchos jóvenes quieren; entonces, pensaba en talleres, en muchos momentos especiales con los muchachos más pequeños para que pudieran aprender.

Mucho de estas cosas que a él le gustaban, como era el arte de pintar, el grafiti, no se lo patrocinan sino las mamás, y a veces nos vimos en dificultades para poder comprar materiales, por lo costosos, mucho más para él que le gustaba pintar piezas grandes y eso demanda muchos aerosoles.

En medio de sus anhelos él pensaba en todas las personas que tienen capacidades artísticas, para pintar, pero que no pueden explotarlas porque precisamente no tienen los recursos. Era muy soñador con todo eso, tenía esperanzas de que la ciudad y el país podía ser habitado por personas civilizadas que respetaran, porque muchas veces se sintió agredido, irrespetado por parte de la misma fuerza pública que llegaba simplemente a atropellarlos; cuando así sucedía regresaba aburrido a la casa y decía ‘mamá estábamos pintando un lugar bien feo, estábamos tratando de dejarlo bien y no faltó quien llegara a importunar, a impedir’, y muchas veces me dijo que les quitaban materiales; algunos de sus amigos me decían: ‘la policía nos quitó la cámara, la policía nos robó el celular’. Entonces, eso es muy triste, así que él esperaba que no tuvieran ese tipo de situaciones para vivir libres y en paz.

A él y a ellos lo motivaba, los motiva, sus manifestaciones artísticas, querían hacerlo simplemente sin ninguna oposición, no tanto por vandalizar y rayar y dañar, sino porque querían recuperar muchos espacios de la ciudad abandonados, que de hecho ya nadie pintaba, lugares donde la Alcaldía no lo hacía.

Él estaba con un colectivo, tenían muchas ideas, incluso para presentarlas a la Alcaldía. Él, digamos, que murió esperando esa oportunidad porque había que presentarlos como un proyecto y él no sabía hacerlo, entonces en alguna ocasión le dije mándemelo y lo revisamos y me decía: no mamá, yo quiero aprender a hacerlo porque a muchos se los van a pedir y quizás pueda enseñarles a otros cómo hacerlo”.

 

Fotografía Felipe Martínez

 

 


El asesinato

Su relato avanza sin voces de duda o inseguridad, lo que denota confianza en los proyectos de su hijo, en sus gustos artísticos, en su amor por lo que hacía y quería entregar a toda la ciudad. Agarrados por su voz y gestos, de madre, pero también de amiga de quienes estuvieron con su hijo, seguimos atentos a su testimonio:

–“Era una persona completamente independiente, ya vivía aparte, tenía su familia, sus ideas muy claras de lo que quería y quizá por eso el día que suceden los hechos estaba lleno de frustración y también de rabia por el momento que se estaba viviendo alrededor. Ese día ellos habían estado en una velatón por los muertos; él también estuvo llevando ayudas humanitarias para los puntos, lo que respecta a alimentos y a insumos médicos.

Así que en la noche estaba cansado, tomó su última comida y se iba a ir a dormir, pero en algún momento escuchó que había pocas personas aquí para resistir y se vino otra vez hacía este lado; entiendo que la velatón estuvo pacífica hasta que llegó el Esmad a intimidarlos, luego hay gases; dicen que había un sentimiento de mucha rabia, impotencia y frustración por el gas que lo cubría todo –las unidades residenciales están ahí cercanas–, así que él toma la decisión de ir adelante; la verdad no puedo saber en ese último instante las cosas que hayan pasado por su cabeza, pero ellos estaban haciendo resistencia y la policía no tuvo ningún problema en dispararle a mi hijo en su cabeza y pues cayó inconsciente, no tuvieron en ningún momento la más mínima consideración hacía mi hijo y parar, por el contrario, estando en el piso no lo dejaban auxiliar sino que tiraban más gases sobre los muchachos, ellos aguantaron y lo cogieron como pudieron y se lo llevaron para que fuera atendido, pero solo resistió unas horas conectado a aparatos y finalmente no pudo más. Esa fue la situación, bastante triste, que derivó en la muerte de mi hijo ese día después de haber estado en paz.

Tuve la oportunidad de regresar al día siguiente al lugar donde murió y era una escena de guerra, había cualquier cantidad de indicativos de que era una guerra. Revisando los videos grabados de lo sucedido, estoy segura que, si la fuerza pública se hubiera parado a evitar cualquier desmán, simplemente no hubiera pasado de allí porque los muchachos no estaban en son de pelear con nadie, y ese es el común denominador en todos estos lados, no hay afán por impedir, por cerrar la vía, como muchos dicen”.
¿Qué ha pasado con el caso?

–“Nada. Hasta el día de hoy solo vi unas declaraciones mentirosas del Ministro diciendo que el caso estaba siendo investigado y que había unas personas comprometidas, lo cual es falso.

Para reunir pruebas me ha tocado caminar la misma escena, los mismos escenarios, para poder buscar la información, porque en su momento también atrevidamente afirmaron que ese día habían vandalizado el D1, cuando mi hijo cae es en el TCC, y entre ambos puntos hay una distancia bien pronunciada; además, los daños en el D1 fueron muchos días después”.

¿Qué ha sucedido después de la muerte de su hijo?

–“Perder a Nico ha sido muy doloroso y cada día hay algo más que liberar, pero siento que me ha fortalecido muchísimo caminar al lado de los muchachos, verlos, conocerlos, escucharlos, saber el por qué están ahí, porque ellos la tienen clara y saben por qué están allí: sus pretensiones de que todo sea mejor, de no pedir nada regalado, pues es falso que aquí estén pidiendo cosas regaladas, por el contrario, acá estamos regalando arte, cultura y todo esto no ha costado un peso a ninguna institución, todo lo ha donado la comunidad, todos nosotros; el acompañamiento y la solidaridad que se ha encontrado es increíble.

Más allá de que sea mi hijo, su muerte ha sido algo que ha unido también en pensamiento a muchos, ha transformado el pensamiento de otros, porque habían personas que pensaban que el gobierno estaba haciendo lo que tenía que hacer y en el momento en el que ven que es Nicolás, al que conocían como persona, como ser humano, creo que fue un despertar para muchos que pensaron: mire, si están matando a los jóvenes, si están matando a los artistas, si están matando y queriendo callar a todas las voces que se levantan a pedir un mundo mejor es porque estamos muy mal.

Y esa es como parte de las razones que llevan a todos estos jóvenes a protestar. Una realidad en la que es muy triste que se hayan perdido vidas de lado y lado, tanto de la fuerza pública como de nuestros jóvenes, como personas que ahora están desaparecidas, de las jóvenes violadas, todo esto se suma en un indicativo muy grande de que nuestra sociedad no está bien, de que es necesario un cambio. Tenemos que pensar, más allá del dolor de cada uno, más allá de saber que he perdido a Nicolás, pues no soy la única madre que sufre o que llora por la pérdida de un hijo, de un familiar, entonces, si yo lo miro desde ahí también hago parte de ese resurgir de esta sociedad, porque realmente como sociedad estamos muy mal, muy mal, y si esto no cambia en este momento de la historia, realmente no sé cuándo será”.

Al concluir esta idea nos miramos mutuamente y reconocemos en su rostro el dolor pero también la esperanza en que esta sociedad logre el necesario cambio que los marginados, que son mayoría, han exigido desde siempre, deseo y exigencia que ahora mantiene en la calle a miles, cerrando vías o alzando su voz de protesta y de esperanza.

Y como eco de voces y tonos de luz que así lo presagian, llegan a nuestros oídos las palabras de quienes en los talleres de lectura comparten con quienes se han animado a congregarse allí, así como los alegres tonos desprendidos por las gargantas de quienes comparten su saber musical, así como las sombras que se proyectan desde los malabaristas. Las familias allí reunidas, con sus hijos, así como los jóvenes de distintas edades y sexos que llenan el espacio, le brindan a Laura, la madre de Nicolás Guerrero confianza en que así será. A nosotros también.


Las dos muertes

Julián Malatesta. Santiago de Cali, 20 de mayo de 2021

 

La tarde caía vertiginosa,
los estallidos y la pólvora le hurtaban la luz.
Los muchachos con sus escudos de lata y trozos de madera,
se ejercitaban como legionarios antiguos
en las tácticas del repliegue y la ofensiva.

Josué levantó la mano e imploró al sol que se detuviera,
ansiaba ponerle el tatequieto a la noche
que se les venía encima con sus densas manos negras.
A empellones me abrí paso hasta la barricada
y me puse en la primera línea.

Ese es mi muchacho, me dije,
y halé a Josué de la camisa, ordenando:
Nos vamos ya, es hora de irse.

¿Usted quién es? Contestó airado.
Soy tu muerte, la tuya, la propia.
Mi hermana, que trabaja a sueldo con las tropas,
La mercenaria, la traidora, te tiene en la lista.
Es hora de irse…
La vida del muchacho alucinaba con el brillo de los explosivos,
Lo sacudí con fuerza y grité:
¡Hasta que tu vida y yo cerremos el último umbral,
soy tu muerte, carajo!
¡Ese es nuestro pacto!

Pero mi hermana,
la mercenaria, la ajena, la súbita,
del otro lado ultima los detalles,
esos hombres de negro le pagan a destajo.

Estaba yo en estas, encontrando palabras…
Usted me entiende, señora,
cuando un balazo dobló a Josué entre mis brazos
y ya no pude traerlo a casa.

 

 

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Fotografía: Felipe Martínez

Perder un hijo o un familiar por exigir un país mejor no debería suceder, sin embargo, en Colombia esta realidad parece la norma. Son cientos de familias que han perdido a sus seres queridos desde el 28A, ya sea por la muerte o la desaparición. Laura Guerrero es una madre víctima del terrorismo de Estado, también es ejemplo de dignidad y fortaleza para toda la sociedad.

 

Su semblante está tranquilo, a pesar del dolor que con seguridad la embarga. Ella está allí, recibida con cariño por unos y otras, y a pesar de la nostalgia, de los recuerdos de madre y amiga, expresa alegría por lo que ve.

En realidad, la juventud la llena de confianza de que vendrán días de cambio, días de esperanza, días de mejor vida, con seguridad los mismos anhelos que inspiraban a su hijo Nicolás para plasmar en paredes antes abandonadas y deterioradas, en compañía de compañeros, grandes murales para alegrar la ciudad, para llenar de color la vista de quienes por allí transitarán.

Cuando la saludamos y le pedimos la entrevista no duda, accede de una, y no demora en responder a nuestra primera pregunta: –“Mi nombre es Laura Guerrero, soy la mamá de Nicolás. Vengo hoy a la biblioteca porque un amigo muy cercano de mi hijo me cuenta que van a pintar lo que era el CAI, que fue quemado y quedó muy dañado. Me dicen que el proyecto es que esto sea una biblioteca…”.

Al expresar esta palabra parece rememorar algo y enfatiza: –“La idea me pareció muy buena, y me llevó a recordar a mi hijo que le gustaba mucho leer y que se hizo a una llave del saber para poder estar yendo a la biblioteca con su niña pequeña y con su hermanito menor. Por eso le entré de una al proyecto, porque vi que era algo bueno y cuando ya llego y me encuentro con esta cantidad de jóvenes maravillosos, con tantas ideas, empieza a formarse una lluvia de ideas y veo que una es más encantadora que le otra; realmente, digamos, que también me metí en el cuento”.

 

Fotografía Felipe Martínez

 

Mientras Laura, como de una la llamamos con confianza, al sentir su espíritu y ver su joven semblante, así como al sentir su afinidad con la juventud, atiende a nuestras preguntas, el espacio gana más concurrencia y una y otra expresión artística encuentra lugar para compartir con toda la gente allí convocada. Hay lugar para la creación y para fraternizar, y todos están felices de que así sea.

Ella nos cuenta que el espacio apenas tiene con ocho días de existencia, y prosigue con la entrevista: –“Todo lo vivido en estos pocos días de construcción de la biblioteca es la muestra de que la gente tiene necesidad de contar con sitios y oportunidades para satisfacer su sed de cultura, que hay una aceptación de la comunidad, que la gente quiere y necesita este espacio para que haya una oferta cultural más cercana”.

Hay alegría en su narración, pero también nostalgia, no es para menos. Aprovechamos los segundos de meditación en lo que nos está compartiendo para dirigir nuestra mirada hacia los músicos que se presentan con alegría ante la multitud de comunidad. Pero solo tras unos segundos más su palabra convoca de nuevo nuestra atención: –“Esto es como un oasis en medio de tanta tensión; aún estamos a la defensiva, en muchos momentos de tranquilidad igual no deja de pasar la policía, no dejamos de sentirnos merodeados, pero hemos podido permanecer y la compañía de tanta comunidad ha sido increíble, han traído muchos libros, han donado dinero y pintura; el dinero se ha invertido en reparaciones y en seguridad, en candados, y en otras muchas cosas.

En este momento nos vemos respaldados por la comunidad, que tenía la biblioteca más cercana realmente lejos: entonces, la gente ha podido acercarse al picnic literario y ha encontrado muchísima oferta cultural”.

 

Fotografía Felipe Martínez

 


¿Cómo era Nicolás?

Del presente para el pasado, el inmediato y el más lejano. A pesar de las fibras que pudiera sensibilizar no podíamos dejar de preguntar por el ser humano, y ante la pregunta, con serenidad, la madre cuenta: –“Era un joven con muchos sueños, sueños de una mejor ciudad y por consecuencia, de un mejor país. Soñaba con traer a su hija al país, soñaba con que existiera, a menor costo, muchísimo material para que los jóvenes pudieran expresarse culturalmente, porque él sentía que dentro de las escuelas y colegios había un vacío en cuanto a lo que muchos jóvenes quieren; entonces, pensaba en talleres, en muchos momentos especiales con los muchachos más pequeños para que pudieran aprender.

Mucho de estas cosas que a él le gustaban, como era el arte de pintar, el grafiti, no se lo patrocinan sino las mamás, y a veces nos vimos en dificultades para poder comprar materiales, por lo costosos, mucho más para él que le gustaba pintar piezas grandes y eso demanda muchos aerosoles.

En medio de sus anhelos él pensaba en todas las personas que tienen capacidades artísticas, para pintar, pero que no pueden explotarlas porque precisamente no tienen los recursos. Era muy soñador con todo eso, tenía esperanzas de que la ciudad y el país podía ser habitado por personas civilizadas que respetaran, porque muchas veces se sintió agredido, irrespetado por parte de la misma fuerza pública que llegaba simplemente a atropellarlos; cuando así sucedía regresaba aburrido a la casa y decía ‘mamá estábamos pintando un lugar bien feo, estábamos tratando de dejarlo bien y no faltó quien llegara a importunar, a impedir’, y muchas veces me dijo que les quitaban materiales; algunos de sus amigos me decían: ‘la policía nos quitó la cámara, la policía nos robó el celular’. Entonces, eso es muy triste, así que él esperaba que no tuvieran ese tipo de situaciones para vivir libres y en paz.

A él y a ellos lo motivaba, los motiva, sus manifestaciones artísticas, querían hacerlo simplemente sin ninguna oposición, no tanto por vandalizar y rayar y dañar, sino porque querían recuperar muchos espacios de la ciudad abandonados, que de hecho ya nadie pintaba, lugares donde la Alcaldía no lo hacía.

Él estaba con un colectivo, tenían muchas ideas, incluso para presentarlas a la Alcaldía. Él, digamos, que murió esperando esa oportunidad porque había que presentarlos como un proyecto y él no sabía hacerlo, entonces en alguna ocasión le dije mándemelo y lo revisamos y me decía: no mamá, yo quiero aprender a hacerlo porque a muchos se los van a pedir y quizás pueda enseñarles a otros cómo hacerlo”.

 

Fotografía Felipe Martínez

 

 


El asesinato

Su relato avanza sin voces de duda o inseguridad, lo que denota confianza en los proyectos de su hijo, en sus gustos artísticos, en su amor por lo que hacía y quería entregar a toda la ciudad. Agarrados por su voz y gestos, de madre, pero también de amiga de quienes estuvieron con su hijo, seguimos atentos a su testimonio:

–“Era una persona completamente independiente, ya vivía aparte, tenía su familia, sus ideas muy claras de lo que quería y quizá por eso el día que suceden los hechos estaba lleno de frustración y también de rabia por el momento que se estaba viviendo alrededor. Ese día ellos habían estado en una velatón por los muertos; él también estuvo llevando ayudas humanitarias para los puntos, lo que respecta a alimentos y a insumos médicos.

Así que en la noche estaba cansado, tomó su última comida y se iba a ir a dormir, pero en algún momento escuchó que había pocas personas aquí para resistir y se vino otra vez hacía este lado; entiendo que la velatón estuvo pacífica hasta que llegó el Esmad a intimidarlos, luego hay gases; dicen que había un sentimiento de mucha rabia, impotencia y frustración por el gas que lo cubría todo –las unidades residenciales están ahí cercanas–, así que él toma la decisión de ir adelante; la verdad no puedo saber en ese último instante las cosas que hayan pasado por su cabeza, pero ellos estaban haciendo resistencia y la policía no tuvo ningún problema en dispararle a mi hijo en su cabeza y pues cayó inconsciente, no tuvieron en ningún momento la más mínima consideración hacía mi hijo y parar, por el contrario, estando en el piso no lo dejaban auxiliar sino que tiraban más gases sobre los muchachos, ellos aguantaron y lo cogieron como pudieron y se lo llevaron para que fuera atendido, pero solo resistió unas horas conectado a aparatos y finalmente no pudo más. Esa fue la situación, bastante triste, que derivó en la muerte de mi hijo ese día después de haber estado en paz.

Tuve la oportunidad de regresar al día siguiente al lugar donde murió y era una escena de guerra, había cualquier cantidad de indicativos de que era una guerra. Revisando los videos grabados de lo sucedido, estoy segura que, si la fuerza pública se hubiera parado a evitar cualquier desmán, simplemente no hubiera pasado de allí porque los muchachos no estaban en son de pelear con nadie, y ese es el común denominador en todos estos lados, no hay afán por impedir, por cerrar la vía, como muchos dicen”.
¿Qué ha pasado con el caso?

–“Nada. Hasta el día de hoy solo vi unas declaraciones mentirosas del Ministro diciendo que el caso estaba siendo investigado y que había unas personas comprometidas, lo cual es falso.

Para reunir pruebas me ha tocado caminar la misma escena, los mismos escenarios, para poder buscar la información, porque en su momento también atrevidamente afirmaron que ese día habían vandalizado el D1, cuando mi hijo cae es en el TCC, y entre ambos puntos hay una distancia bien pronunciada; además, los daños en el D1 fueron muchos días después”.

¿Qué ha sucedido después de la muerte de su hijo?

–“Perder a Nico ha sido muy doloroso y cada día hay algo más que liberar, pero siento que me ha fortalecido muchísimo caminar al lado de los muchachos, verlos, conocerlos, escucharlos, saber el por qué están ahí, porque ellos la tienen clara y saben por qué están allí: sus pretensiones de que todo sea mejor, de no pedir nada regalado, pues es falso que aquí estén pidiendo cosas regaladas, por el contrario, acá estamos regalando arte, cultura y todo esto no ha costado un peso a ninguna institución, todo lo ha donado la comunidad, todos nosotros; el acompañamiento y la solidaridad que se ha encontrado es increíble.

Más allá de que sea mi hijo, su muerte ha sido algo que ha unido también en pensamiento a muchos, ha transformado el pensamiento de otros, porque habían personas que pensaban que el gobierno estaba haciendo lo que tenía que hacer y en el momento en el que ven que es Nicolás, al que conocían como persona, como ser humano, creo que fue un despertar para muchos que pensaron: mire, si están matando a los jóvenes, si están matando a los artistas, si están matando y queriendo callar a todas las voces que se levantan a pedir un mundo mejor es porque estamos muy mal.

Y esa es como parte de las razones que llevan a todos estos jóvenes a protestar. Una realidad en la que es muy triste que se hayan perdido vidas de lado y lado, tanto de la fuerza pública como de nuestros jóvenes, como personas que ahora están desaparecidas, de las jóvenes violadas, todo esto se suma en un indicativo muy grande de que nuestra sociedad no está bien, de que es necesario un cambio. Tenemos que pensar, más allá del dolor de cada uno, más allá de saber que he perdido a Nicolás, pues no soy la única madre que sufre o que llora por la pérdida de un hijo, de un familiar, entonces, si yo lo miro desde ahí también hago parte de ese resurgir de esta sociedad, porque realmente como sociedad estamos muy mal, muy mal, y si esto no cambia en este momento de la historia, realmente no sé cuándo será”.

Al concluir esta idea nos miramos mutuamente y reconocemos en su rostro el dolor pero también la esperanza en que esta sociedad logre el necesario cambio que los marginados, que son mayoría, han exigido desde siempre, deseo y exigencia que ahora mantiene en la calle a miles, cerrando vías o alzando su voz de protesta y de esperanza.

Y como eco de voces y tonos de luz que así lo presagian, llegan a nuestros oídos las palabras de quienes en los talleres de lectura comparten con quienes se han animado a congregarse allí, así como los alegres tonos desprendidos por las gargantas de quienes comparten su saber musical, así como las sombras que se proyectan desde los malabaristas. Las familias allí reunidas, con sus hijos, así como los jóvenes de distintas edades y sexos que llenan el espacio, le brindan a Laura, la madre de Nicolás Guerrero confianza en que así será. A nosotros también.


Las dos muertes

Julián Malatesta. Santiago de Cali, 20 de mayo de 2021

 

La tarde caía vertiginosa,
los estallidos y la pólvora le hurtaban la luz.
Los muchachos con sus escudos de lata y trozos de madera,
se ejercitaban como legionarios antiguos
en las tácticas del repliegue y la ofensiva.

Josué levantó la mano e imploró al sol que se detuviera,
ansiaba ponerle el tatequieto a la noche
que se les venía encima con sus densas manos negras.
A empellones me abrí paso hasta la barricada
y me puse en la primera línea.

Ese es mi muchacho, me dije,
y halé a Josué de la camisa, ordenando:
Nos vamos ya, es hora de irse.

¿Usted quién es? Contestó airado.
Soy tu muerte, la tuya, la propia.
Mi hermana, que trabaja a sueldo con las tropas,
La mercenaria, la traidora, te tiene en la lista.
Es hora de irse…
La vida del muchacho alucinaba con el brillo de los explosivos,
Lo sacudí con fuerza y grité:
¡Hasta que tu vida y yo cerremos el último umbral,
soy tu muerte, carajo!
¡Ese es nuestro pacto!

Pero mi hermana,
la mercenaria, la ajena, la súbita,
del otro lado ultima los detalles,
esos hombres de negro le pagan a destajo.

Estaba yo en estas, encontrando palabras…
Usted me entiende, señora,
cuando un balazo dobló a Josué entre mis brazos
y ya no pude traerlo a casa.

 

 

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Publicado enColombia
Sábado, 26 Junio 2021 18:08

Viviendo en la primera línea*

Fotografía: Felipe Martínez

“Aquí una vez llegó un carro rojo disparando, le pegaron a un amigo en la cabeza y lo dejaron muerto, nosotros fuimos a recoger el cuerpo y logramos que el carro se fuera a punta de rocazos, pero después volvieron disparando y ahí si nos tocó salir a correr. Vos no me lo vas a creer, pero… –en ese momento duda si contarlo o no– se bajaron, montaron el cuerpo y lavaron la calle para desaparecer la sangre”.

De este calibre son las terribles historias que escuchamos en nuestro corto viaje de tres días a la ciudad de Cali a finales de mayo. En medio de las barricadas artesanales que bloquean las principales avenidas de la ciudad, nos fuimos acercando a los jóvenes populares que hacen parte de la primera línea, y que, aunque no ocultan su recelo y desconfianza con quienes llegan a conocer su experiencia, pudimos conversar con ellos y ellas, y así entender un poco lo que implica la vida en la primera línea.

 

Fotografía Felipe Martínez

 

La juventud que dijo: ¡ya basta!

Seguramente ninguna organización de las que integra el Comité Nacional de Paro –CNP– se imaginó que su convocatoria a la parálisis y protesta nacional del 28 de Abril, alcanzaría eco y masiva sintonía entre cientos de jóvenes pobladores de las diversas barriadas populares que forman las ciudades colombianas, con especial repunte en Cali.

Seguramente que esos jóvenes nunca serían considerados como un actor político, mucho menos con capacidad para marcar la diferencia en la actualidad, pues como era evidente a simple vista no estaban organizados como lo manda la tradición política, y no integraban ninguna plataforma o movimiento social o político que pudiera mostrar algún potencial.

Seguramente estos habitantes de las barriadas, de las periferias urbanas, desclasados, desempleados, en rebusque permanente, integrantes en no pocas ocasiones de las llamadas pandillas, siempre fueron vistos y tachados como los “ñeros”, “viciosos”, “barristas”, “ladrones” que nunca construirían un escenario de resistencia popular. Pero la vida sorprende y alecciona. Hoy son esos sectores excluidos, despreciados, los miserables, los ninguneados que han vivido la vida en medio de la precariedad, en ambientes delincuenciales, que en las estadísticas se les nombra como “ninis”, quienes enfrentan con más furia a la Policía y a las fuerzas paramilitares que atacan continuamente la movilización social.

 

Fotografía: Felipe Martínez

 

Son ellos, quienes junto a otra multiplicidad de juventudes (estudiantes, trabajadores informales, profesionales sin oportunidades laborales, artistas, deportistas, activistas sociales, desempleados, entre otros) hoy toman la cabeza del levantamiento popular juvenil urbano, y bajo el nombre de primera línea, son quienes han puesto la mayoría de muertos y quienes insisten en mantener los bloqueos permanentes o puntos de resistencia en la ciudad de Cali.

Cuando escuchan la pregunta, ¿y cuándo levantarán el bloqueo? Responden sin duda alguna con sus rostros que no van a retirarse de los puntos, que allí es donde han construido una vida diferente, donde dijeron ¡ya basta! de tanta miseria y precariedad. En esa resistencia es donde podemos observar lo que hoy parece ser una frase cliché “son jóvenes que no tienen nada que perder”, pero que cuando son abordados en un diálogo entre iguales se comprueba de inmediato que es cierto, que en efecto están dispuestos a morir, de ser necesario, todo sea por y para conseguir una vida digna para todos y todas.

Paso del comercio o “Paso del aguante”

Caminando entre los distintos puntos de resistencia que animan la vida del norte de la ciudad llegamos al Paso del comercio hoy rebautizado “Paso del aguante”. Allí, como en el resto de puntos, la brutalidad policial, militar y paramilitar ha sido permanente. Los jóvenes que se atreven a mantenerse en el escenario han vivido un tratamiento de guerra nunca visto en las ciudades colombianas, ejemplo de lo cual fue la denuncia de la Red de Derechos Humanos Francisco Javier Ocampo Cepeda, quienes documentaron que el pasado 4 de junio se realizó un “operativo combinado entre la Policía nacional, Esmad, Goes y Ejército en contra de los manifestantes y la comunidad del sector, que dejó el lamentable resultado de 4 jóvenes asesinados por arma de fuego, más de 20 heridos, uno de gravedad, más de 15 jóvenes aprehendidos arbitrariamente, detenciones ampliamente ilegales por el uso desmedido de la fuerza, tratos crueles y degradantes a los que fueron sometidos, tres allanamientos arbitrarios, prensa agredida y amenazada, misiones médicas atacadas, desapariciones forzosas y hostigamiento permanente a la comunidad”.

 

Fotografía: Felipe Martínez

 

En este punto, sin pretenderlo, un joven encapuchado se nos acercó y comenzó a contarnos su historia en esta coyuntura, no hubo necesidad de hacerle muchas preguntas para que su palabra nos hiciera comprender lo que está pasando:

“Ponernos en pie de lucha para que nuestro gobierno nos escuchara se convirtió como en un pecado capital porque nos comenzaron a oprimir, a restringirnos nuestra opinión, a desaparecernos nuestros amigos, a matarlos delante de los ojos de muchas personas (madres, amigos, hermanos), tenemos personas que en este momento no figuran ni en las morgues de Cali, están apareciendo fosas comunes a las afueras de la ciudad. Todo esto ha llevado a que la rebeldía del pueblo y la ira nuestra surja cada día más.

A medida que el gobierno no escucha y hace caso omiso, la policía, las fuerzas que nosotros considerábamos que nos protegían de todo lo malo y perverso que podía suceder, se volvieron todo lo contrario, ahora no sabemos quién está de parte del pueblo, quién nos ayuda, quién nos brinda un apoyo.

Los puntos de misión médica que tenemos en las resistencias aquí en Cali (Paso del comercio, Sameco, Puerto Rellena, Juanchito, Calipso, y muchos otros más) son puntos de control ante un genocidio que estamos viviendo los jóvenes que solo buscamos un futuro. Y si esto se va a volver una masacre, no sé a quién pedirle ayuda, no nos quieren escuchar realmente y todos los días son una zozobra porque todos los días hay muertos y no sabemos a quién acudir”.

Siempre atento a lo que ocurre en la zona de su control, este joven de unos 25 años y que prefiere ser anónimo, continúa contándonos su indignación que estaba urgida de un oído atento. Ante la pregunta, ¿Cómo es vivir un día en la primera línea?, respondió con crudeza:

“Para muchos que prestamos el servicio militar y tenemos experiencia de guerra o de combate son 12 horas, casi 24 de pelea. Pasas días sin dormir, sin poder ir a tu casa, protegiendo a tus amigos, tratando de ayudar a la gente que lo necesita, resistiendo en los puntos de control que la policía quiere tomar a las malas. Vivir tras la primera línea de fuego es prácticamente combatir, como lo que tú ves en televisión, como la guerra en Palestina, la franja de Gaza, es lo mismo, pero a un nivel más bajo de violencia porque no se tienen los recursos para poder sostener un combate contra el Esmad, sino con productos artesanales y las mismas guevas que nosotros los jóvenes estamos poniendo frente a toda esta masacre que ellos prolongan. Aquí un minuto es una hora, un segundo es eterno, sinceramente mucha gente peligra, muchos dejamos de trabajar para que esto se organice y la primera línea cree una conciencia en todo el país”.

Cuando termina su respuesta, inmediatamente le preguntamos ¿Quiénes son los jóvenes que están en la primera línea? Se queda un momento en silencio, respira profundo y con contundencia responde:

“Mirá, son personas de estrato 1, 2 y máximo 3, personas que tenían un empleo, que vivían de un mínimo, personas que vivían de la calle, en los semáforos, que tenían que cumplir un horario, personas del común. No son delincuentes –resalta con firmeza–, de pronto los podrán llamar delincuentes y vándalos por acciones que ellos mismos toman debido a que la autoridad los ataca y atentan contra su vida, pero son personas como vos o como yo, que tenemos sueños, que tenemos derechos, también tenemos deberes, pero es que no sentimos que estemos en igualdad de muchas personas y pues todo tiene que ser parejo, una educación, salud, todo tiene que ser equilibrado, debe haber recursos para que los jóvenes salgamos adelante, este es un país que tiene como hacerlo, pero no quieren y no entiendo el por qué”.

 

Fotografía: Felipe Martínez

 

Puerto Madera

El punto de resistencia levantado en Puerto Madera también ha sido uno de los más golpeados y donde la ofensiva policial ha cometido los crímenes más atroces contra la juventud, solo basta recordar el denunciado por la comunidad centro de tortura en que se convirtió el almacén Éxito de Calipso, en donde muchos testimonios, llenos de miedo y terror, nos denunciaban en voz baja que allí descuartizaron jóvenes. Los barrios populares que componen este sector de Puerto Madera son San Pedro, Diamante, Julio Rincón y Calipso.

Allí, en medio de las barricadas llenas de vecinos y vecinas, ollas comunitarias y música, conocimos a Luclau, una mujer joven líder comunitaria, quien nada más viendo las marcas que carga en su cuerpo puede notarse la vida dura que ha sobrellevado. Es oriunda del barrio Julio Rincón, con respecto al cual nos dice fue tomando forma a partir de una lucha popular potenciada por Provivienda, una organización popular cuyo nombre resume su propósito sin tapujos, y “por eso la comunidad se ha hecho afín con la protesta y la ha apoyado”.

Luclau nos cuenta sobre lo difícil que ha sido vivir esta coyuntura, así como las cosas bonitas que se dan en medio de la resistencia de los jóvenes populares, o “los muchachos” (como denominan a lo largo y ancho de la ciudad a la primera línea), también habló de la unión vecinal en el punto de bloqueo:

“Mirá, una cosa que no se habla es que en los primeros días del paro aquí hubo siete muertos, pero el gobierno municipal solo habló de uno. Aquí la gente está con mucho miedo y nadie ha venido a hablar con nosotros, ni el gobierno municipal o nacional, mucho menos el Comité del Paro.

En el día a día la comunidad colabora todo el tiempo, se acerca mucha gente a brindar la alimentación, no recibimos nada preparado, todo se prepara directamente en una olla comunitaria y los jóvenes están enumerados para poder llevar un orden y saber quiénes faltan, porque por temas de seguridad no se puede estar gritando aquí por nombres.


Aquí hubo algo muy bonito y es que los mismos muchachos que tenían enfrentamientos entre pandillas hicieron una tregua de paz, eso nos tocó mucho y verlos ahora juntos es esperanzador.

Hay días que la comunidad sale y apoya, pero después de las 8 de la noche se vive una zozobra, hay gente que dice que es una “paz tensa”, un silencio que lo rompen las balas que vienen desde el sector del Éxito de Calipso, allí hay una concentración de policías que nadie nos ha dado una explicación de por qué el supermercado permite que ahí viva la Policía permanentemente”.

Luclau nos hace un recorrido por todo el punto y nos lleva a conversar con “los muchachos”. Fumando cigarrillo, sentada junto a otros jóvenes primera línea, encontramos a #34, una joven menudita que se anima a darnos su relato como mujer en este proceso de resistencia:

“En este momento estamos timbrados, asustados por lo que está pasando, porque aquí vienen las “personas de bien” a dispararnos, sabiendo que aquí no estamos haciendo nada malo, estamos en una protesta pacífica, aquí no hay ningún problema, no se te cobra peaje, a nadie se le cobra nada. Si la gente quiere dar dinero nosotros le decimos ‘más bien tráiganos una gaseosa, pero con dinero no’.

Nosotros estamos mirando que está pasando, nosotros no vamos a bajar la cabeza, esto no se va a acabar, vamos a seguir hasta que veamos un cambio. En este momento tenemos muchos desaparecidos en el Éxito y no nos han respondido por ninguno… desde antier no aparece una peladita que es una guerrera que todos la conocemos y le tenemos aprecio y se la llevaron para el Éxito y no aparece, nadie sabe de ella.

¿Ser mujer en la primera línea? Principalmente ha sido un reto. Cuando yo me encapucho parezco un niño, entonces me empiezan a gritar “mano no sé qué o socio por aquí”, pero entonces cuando ven que me quito la capucha porque estoy asfixiada cuando hay mucho gas y se dan cuenta que soy una mujer entonces todos quedan como asombrados y dicen ‘¡uy! ¿una mujer aquí en primera línea dando la lucha?’, eso es una cosa que no podría explicarte, al igual que lo que sientes cuando estás ahí en pleno combate y vas corriendo y puedes ayudar a salvarle la vida a alguien o no digamos salvarle, mejor alargarle la vida un poquito más.


Después te vas dando cuenta que ya no tenés conocidos, sino una familia, porque eso somos ahora, hermanos capuchos que nos cuidamos unos a otros y para eso es la primera línea, para no dejar morir a nadie. Ver que conozco tantas personas aquí que sé que en cualquier momento me van a servir de mucho apoyo y no me van a dejar morir, es un sentimiento muy bonito que llena también de tristeza a la vez, ¿no? Porque a veces también de la nada llegan personas llorándote y diciéndote ¡gracias! por haberlo cubierto en algo que es una guerra totalmente ilógica”.

El sol va bajando y la temperatura gana algo de fresco, los jóvenes conversan y se ríen a carcajadas, alguno ya nos tiene listo un casquillo de una bala que les dispararon la noche anterior para que le tomemos una foto. El cigarrillo se consume, #34 lo aspira profundo y soltando el humo culmina su relato de una manera completamente asombrosa:

“Yo soy madre, soy hija, soy hermana y estoy muy consciente que no le puedo dejar el país así a mi hijo, ni mucho menos el barrio donde va a crecer, donde se va a criar y a conocer mucha gente. A mí siempre me ha gustado mucho ayudar a las personas, siempre velo por el bienestar de las otras personas y después por el mío, entonces mientras mis compañeros y mi familia (que es este país) estén bien yo voy a estar bien”.

 

Fotografía Felipe Martínez

 


Puente de las mil luchas

La diversidad de las primeras líneas es tal que en las barricadas es común encontrar también personas transgénero, homosexuales y lesbianas, allí nadie discrimina por orientación sexual. Así mismo, las mujeres en todo este ejercicio se han posicionado de una manera que todos los hombres con los que hablamos las admiran por su valentía para enfrentar la represión.

En el Puente de los mil días, hoy bautizado como “Puente de las mil luchas”, conocimos a La ratona, una mujer asombrosa, que con su voz fuerte y animada reflejaba el papel que las mujeres tienen en todos los puntos de resistencia. Luego de pasar sus esquemas de seguridad y verificar la existencia del periódico desdeabajo, sin problema accedió a darnos la entrevista:

“Bueno, este puente literalmente se llama ‘de los mil días’ ¿ya?, pero se le ha cambiado por el “Puente de las mil luchas” Este punto salió exactamente con el apoyo de casi todo lo que es Distrito. Esta parte del norte y del oriente que no se siente, que es la trabajadora, la que tiene que empezar totalmente desde abajo, la que le quitan lo poco y nada que tiene, la gente de acá tiene que rebuscársela porque no hay forma de un estudio, porque hasta los colegios públicos que existen por acá se vuelven privados. Entonces, de acá surge este punto, este lecho de todos esos pelados guerreros, esos chinos que tienen que volverse carpinteros sabiendo que quieren ser ingenieros, pero les toca, porque no hay opción, porque no hay estudio que les pueda dar esa garantía de poder explotar eso que tienen, ese conocimiento que pueden dar”.

Al preguntarle ¿Cómo es la cotidianidad de un día normal en la primera línea?, responde con sinceridad:

“Bueno, un día normal en la primera línea es levantarse desde las seis de la mañana, hora en la que normalmente llegamos al punto, y reunirnos todos y saber que siempre viene la policía a molestar en las mañanas, siempre, esa es la hora en que ellos quieren venir a quitar las barricadas, a pelear con uno, entonces siempre se presenta como ese va y ven. De ahí empezamos con la cocina, empieza el acto cultural, eventos para los niños, canto, dibujo y demás. Entonces, siempre empieza la mañana así; ya se hace la concentración completa, llegan más eventos y mientras tanto nosotros somos como la protección del evento, porque ha sucedido el caso de tener un evento en vivo aquí, con niños, familias y sin importar llegan civiles por esta vía a hostigar, a balear, entonces nos ha tocado a nosotros contener, tener la protección de todos los puntos mientras nos desplegamos, y pues poder formarnos así.

[…] aquí las noches son pesadas, muy pesadas, porque las condiciones del punto no son muy seguras, nos pueden atacar por muchos lados, entonces uno sabe que aquí tipo 5:30 a 6:00 de la tarde ya uno se va preparando, ya la moral le va subiendo, uno dice: ‘bueno ya se aproxima la hora y vamos a hacerle’”.

Mientras conversamos el ambiente aún no está pesado, como lo califican cuando se acerca o hay confrontación, quienes integran la primera línea descansan o cumplen de manera tranquila con sus funciones. Nosotros miramos sobre todo el entorno, y sentimos la tranquilidad, como vemos en los ojos de nuestra entrevistada la sinceridad con que nos narra sus vivencias, que son las de otros muchos. Y proseguimos:

¿Cómo ha sido su experiencia como mujer en esta primera línea?

“¡Uy!, cómo mujer en esta primera línea ha sido como complicado porque siempre una tiene esa confrontación con el hombre patán, con el hombre machista, de no, pues entonces déjame pasar y todo y pues armarse una de valor y así le peguen un bofetazo vamos a ver quién aguanta más. Entonces, siempre ha sido como ese carácter de mujer así guerrera y el de siempre salir como adelante, esa experiencia acá ha sido muy bacana porque una conoce muchas personalidades y muchos sueños, ¿sabes?, y eso lo motiva más.

La experiencia como mujer ha sido brava, aquí hay mamás, madres cabeza de hogar jóvenes que no han podido encontrar futuro. Entonces, es ver esa unión entre todos aquí, ha sido muy bonita, la experiencia ha sido hasta bacana porque literalmente uno conoce muchas personalidades y aquí hay muchos sueños, demasiados, detrás de esas barricadas, detrás de esos escudos, detrás de esos tapados, detrás de estas máscaras hay un millón de sueños y es bonito conocerlo y saber que todos los días una se para aquí por el sueño de uno y el de cada uno, eso es bacano, ha sido una experiencia muy chévere”.

Las horas pasan y al fondo de donde estamos situados realizando la entrevista algunos jóvenes van fortaleciendo las barricadas, agregando palos, varillas, piedras y todo lo que se encuentran; otros intentan tumbar un poste, suenan radios que informan lo que sucede en otras partes del puente; así mismo, como es viernes, la música empieza a sonar y muchos jóvenes comienzan a bailar salsa. En ese momento le preguntamos a La ratona sobre la coordinación entre puntos de resistencia:

“Bueno, la coordinación empezó desde que se vio dominado cada punto y se vio totalmente estable, que se sostenía, iba la gente, estaban parando y la cosa iba en serio, entonces comenzamos a tratar de contactarnos con las personas de primeras líneas, ya entre nosotros empezamos a hablar y pues consideramos que ya somos bastantes puntos y de ahí se escoge uno o dos voceros que vayan en representación a las reuniones de todos los puntos. Así empezamos, digámoslo así, a concordar qué vas hacer de evento, cómo están allá, mirá, los muchachos se perdieron, los cogieron y así. Nos mantenemos comunicados para llevarnos ayuda, para decirnos “no, pues mandá, mirá por donde aparecen o busquémoslos”, y así miramos cómo nos encontramos entre todos. Entonces, ha sido más que todo eso, una comunicación hasta para nuestra seguridad”.

El diálogo fue fluyendo y las preguntas también: ¿Cómo aprendieron a luchar y a aguantar toda la represión?

“Yo creo que… no sé, eso se fue aprendiendo cada día, a dar el aguante, a mirar que cada día habían más desaparecidos, más daño nos estaban haciendo, pero que de pronto podíamos, ahorita sí, este fue el momento, este fue el boom de la generación y dijimos pues vamos a hacerle. Literalmente aquí, mirá, fueron muchos instructivos la verdad, porque uno, como las demás personas, ve cómo nos podemos levantar lo que vamos necesitando: las personas que manejan los escudos, muchachos hagamos esto, miremos cómo es que se para, así se hacen los escudos. Aquí hay universitarios que conocen de muchas cositas que han estudiado, entonces dicen: no, así no, vení hagamos esto y esto va así. Entonces, ha sido como ese tipo de aguante, aquí realmente nos hemos ido construyendo poco a poco. Bajo conocimiento propio. Así. Literal”.

Para cerrar la entrevista, le preguntamos sobre el futuro que deseaba y esperaba, y ahí fue cuando nos percatamos que esta juventud tiene claro hacia dónde va caminando, y tiene esperanzas y disposición para lograr y vivir un futuro mejor:

“¿Qué espero que pase? –se asombra– ¡Uy!, yo quiero que, o bueno, esperaría que literalmente fuera una Colombia nueva, que en serio ya dejemos que soñar con ir al extranjero a cumplir un sueño y estudiar, sino que el sueño lo cumplamos aquí, que estudiemos aquí, que nos preparemos aquí, que no tengamos que separarnos de la familia simplemente porque aquí el país no da. Me gustaría que hasta del extranjero vinieran a estudiar aquí; que dijeran ‘allá en Colombia es donde tengo que estudiar porque me quiero volver profesional’, y no que nosotros tengamos que pensar en tener que salir, porque nos toca, porque el Estado nunca da garantías de nada. Yo soñaría demasiado, por lo menos que mi familia, que tengo en el extranjero, empezando por mis sobrinos y mi papá, volvieran y acá se pudiera hacer una vida totalmente estable. Eso me gustaría, que aquí se sintiera que esto es Colombia, que lo que quizás hablan mal allá de Colombia lo borremos con todo lo bueno que podemos dar, eso, que digan, Colombia, un país berraco, esos hijuemadres se pararon durísimo por lo suyo y vea ahorita lo que son”.

Asentimos con la cabeza a su respuesta, y sentimos que compartimos su sueño, que es el de todos y todas en este país: que algún día, ojalá más temprano que tarde, podamos gozar de una vida en felicidad, que podamos satisfacernos por vivir en dignidad, que si alguién tiene que migrar no lo haga por falta de empleo o por falta de un cupo en la universidad, que nadie tenga que dejar a los suyos para irse a rebuscar más allá del mar para levantar los pesos para la comida. Nos colocamos en pie, y le damos gracias por su franqueza, por permitirnos conocer algo de su vida, así solo sea los pasajes de los días más recientes. Y partimos en procura de ser recibidos en otro punto de bloqueo.


Imaginando otro país, luchando por conseguirlo

 

Lo que pudimos observar en las visitas a los diferentes puntos, es que cada uno tiene su dinámica, al tiempo que están coordinados. En los puntos a los que ingresamos vimos a jóvenes llenos de esperanza en medio de sus dificultades, aprendiendo de su intensa experiencia, y con ganas de dar mucho más.

Sus exigencias y demandas son muy diversas, y por lo general poco desarrolladas, debido, en lo fundamental al constante hostigamiento a que están sometidos, el mismo que no les permite concentrarse y generar sus propios espacios para construir sus agendas. Estos son jóvenes que inicialmente la pelearon por tumbar la reforma tributaria, pero de ahí se han ido generando otras exigencias y peticiones que con el paso de los días la sociedad en general, y la juventud en particular, comienzan a procesar y a desarrollar.

Las primeras líneas van tejiendo mecanismos de comunicación y discusión propios, al parecer empieza a surgir propuestas de articulación nacional, las cuales van por fuera de los movimientos sociales de izquierda y de escenarios políticos como el Comité Nacional del Paro.

Una realidad dura y aleccionadora. Aunque el CNP llegue a una negociación y declaren que el paro se terminó, estos jóvenes populares que están movilizados en las calles de Cali difícilmente abandonarán su lugar, ellos están exigiendo otros tipos de negociación, otro tipo de lugares para ser escuchados. Estamos ante el surgimiento de un nuevo actor político popular en el país; seguramente serán ellos y ellas quienes, dándole vida a otras formas de organizarse y luchar, tal vez sin las condicionantes del tiempo electoral o similares, continúen resistiendo en exigencia de un nuevo país. Llega un tiempo de inmensos retos y de intenso aprendizaje.

 

* Integrante del equipo desdeabajo y del colectivo Loma Sur. Este artículo contó con la colaboración de Sebastián Delgado, quien se encargó de transcribir parte de las entrevistas.

 

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Publicado enColombia
Fotografía: Sebastián Navarrete Aldana

“En medio del pesimismo de nuestra época surge la lucha de los proletarios que ya saben que un trabajo insensato no se paga con nada, ni con automóviles ni con televisores; surge la rebelión magnífica de las mujeres que no aceptan una situación de inferioridad a cambio de halagos y protecciones; surge la insurrección desesperada de los jóvenes que no pueden aceptar el destino que se les ha fabricado. Este enfoque nuevo nos permite decir como Fausto: También esta noche, Tierra, permaneciste firme. Y ahora renaces de nuevo a mi alrededor. Y alientas otra vez en mí la aspiración de luchar sin descanso por una altísima existencia”
Elogio de la dificultad.
Estanislao Zuleta

 

Santiago de Cali registra, desde el 28 de abril de 2021 y hasta el final de la primera quincena de junio, uno de sus momentos más aciagos y ensombrecidos. Como respuesta violenta del gobierno de Duque, al Paro Nacional y al gran y sostenido estallido juvenil y social que logró en esta ciudad, queda un mar de sangre sobre sus calles: más de 30 muertos, 500 heridos, una docena de jóvenes que han perdido al menos uno de sus ojos, 100 desaparecidos y un escenario diario de confrontaciones, bloqueos, protestas pacíficas y otras acciones que aumentan la crisis social y de derechos humanos, potencian odios y rencores, y elevan los niveles de agresiones y confrontaciones.

En tales circunstancias, los caminos parecen perderse en la maleza y las esperanzas esfumarse como las burbujas de las olas en el mar; se observa poco interés en algunos sectores en ceder y proceder en caminos de diálogo y paz.

El gobierno nacional, por ejemplo, se ampara en decretos para blindar y promover sus acciones bélicas en contra de la población, como el 575 de 2021 expedido el 29 de mayo, con el cual ordena la asistencia militar para ocho departamentos y 13 ciudades del país con el fin de “recuperar el control del orden público”.

Los gobiernos municipales, como el del Distrito de Santiago de Cali, intenta jurídicamente proceder al diálogo, reconocer actores e incipientes organizaciones de los jóvenes en cada uno de los 25 puntos de resistencia, y para ello expide el Decreto 0304 del 31 de mayo de 2021, por medio del cual adopta garantías para la construcción de acuerdos y se institucionaliza la mesa de diálogo con los jóvenes que hacen parte de los grupos Unión de Resistencias Cali, Primera Línea Somos Todos y Todas. Con la firma de estas garantías se continúa un proceso de diálogo, para comenzar a transformar los puntos de concentración existentes en la ciudad en espacios de deliberación y de diálogo social. Contrario al pretendido diálogo distrital, el gobierno nacional y los partidos que lo apoyan, se oponen y confrontan.

Por su parte, los jóvenes resisten y persisten en sus acciones sociales, artísticas, deportivas, recreativas y de confrontación en los puntos de resistencia.

En el marco de esta confrontación política y jurídica, el Juzgado 16 administrativo oral de Cali emite el Auto 603 del 11 de junio de 2021, como respuesta a una demanda de acción de nulidad simple; este Auto admite y decide medida cautelar de urgencia, suspende provisionalmente el acto administrativo 0304 de 2021, por lo cual la Administración Distrital, conforme a esta medida, suspende las mesas de trabajo con la Unión de Resistencias Cali, notifica a las partes la decisión de la juez, solicita que se mantenga una mesa de trabajo con la Iglesia y la comunidad internacional y expresa que se cumplirán los acuerdos firmados antes del 11 de junio, fecha del Auto de la medida cautelar, que implica que en los 22 puntos de resistencia y bloqueo levantados como proceso de diálogo, se cumplirán los acuerdos referentes a inclusión social, reconocimiento a personas víctimas, a quienes han tenido dificultades por la crisis actual y se buscará construcción colectiva de soluciones entre Universidades, Iglesia, Empresa privada, Alcaldía Distrital.

 

 

Fotografía Felipe Martínez

 

En desarrollo de ello, la Alcaldía anuncia un Fondo solidario y de oportunidades, financiado con más de 50 mil millones, para microcréditos y la implementación del Plan de Inclusión Social de Emergencia que reúne más de 11 mil millones y por ejecutar en 5 ejes: asistencia alimentaria, salud, empleabilidad, fortalecimiento de procesos sociales y cultura.

Las partes, de igual manera, se han pronunciado al respecto, entre ellas algunos puntos de resistencia, como los de Siloé (Glorieta y la Nave) que lamentan la demanda de nulidad como artimaña para frenar los diálogos y bloquear las soluciones concertadas; reafirman su voluntad de diálogo a través de kermese o actos culturales. En medio de esa dinámica, Puerto Resistencia, ícono nacional y mundial de la resistencia caleña, inaugura un enorme monumento en memoria de los jóvenes asesinados, heridos y desaparecidos, en multitudinario y vistoso acto sociocultural y político y con nutrida asistencia de delegaciones de otros puntos de resistencia como Sameco, Paso del aguante, Calipso, Puerto madero, Puente de las mil luchas, La portada, El ancla, Jamundí, Yumbo, Buga y otros municipios del Valle del Cauca.

Asimismo, como producto de las tensiones generadas en el paro y el estallido juvenil, el 16 de junio el sector privado caleño, en concertación con el sector público y la Arquidiócesis, presentó el proyecto “Compromiso Valle” que reúne más de 28 mil millones de pesos por invertir en más de 30.000 personas en 7 ciudades del Valle del Cauca: Cali, Buga, Candelaria, Yumbo, Jamundí, Palmira y Buenaventura; en 7 líneas de acción: seguridad alimentaria, transformación de proyectos de vida, empleabilidad, liderazgo, emprendimiento y educación.

Son evidentes, entonces, los logros e insospechados resultados parciales del levantamiento juvenil y social vivido en la ciudad. Vendrán, seguramente, otras réplicas de parte de los inconformes.

 

Fotografía Felipe Martínez

 

Paro barrio adentro

El replanteamiento de estrategias por parte del sector juvenil en Cali alcanzó beneplácito de parte de la ciudadanía. Replanteamiento concretado en el paso de los bloqueos y barricadas a las acciones sociales en comunidad, expresadas en la estrategia titulada Paro barrio adentro, iniciativa social, cultural y pedagógica que fortalece la relación del joven rebelde con su comunidad barrial y territorial al desplazar su accionar hacia todo el barrio, refrescar y sanar heridas, evitar la confrontación con las autoridades policiales, afianzar la formación sociopolítica y emitir comunicados por las redes sociales con alcance local, nacional e internacional, evidenciando los logros de todo tipo alcanzados a lo largo de 50 días de lucha.

Como corolario, se debaten quehaceres en la coyuntura que van desde recriminar a los jóvenes en su proceder, reprimir su conducta social; admirar y acompañar las luchas juveniles por parte de un gran sector de la ciudadanía y de viejos luchadores; dejar al libre albedrío del destino que los caminos se abran; y una premisa que resurge en el mundo adulto y el país político: no se trata hoy que el país salve a la juventud, se trata, más bien, de generar las condiciones para que sea la juventud quien salve el país ya que el mundo adulto y el país político no pudo. Renace entonces lo que Jorge Eliécer Gaitán, líder social y político asesinado en 1948, había anunciado: el momento histórico en el cual el pueblo es superior a sus dirigentes.

 

Fotografía Felipe Martínez

 

Todo lo anterior refleja, entonces, una sociedad distrital y un país no solamente convulsionado, sino también inquieto, preocupado, exigido de respuestas ante la salvaje expresión del neoliberalismo, con su estela de corrupción, exclusión social, violencia y muerte. Una sociedad que presencia la debacle del uribismo, y al mismo tiempo la creciente de rebeldía juvenil y popular, favorecida con el potencial de la era digital y la crisis económica y de salud pública potenciadas por el covid-19.

En una crisis y un estallido popular en el cual la juventud representa la punta del iceberg, pero en el cual subyace todo un respaldo ciudadano y reconocimiento de razones puras para un estallido que ya tatuó en el imaginario ciudadano una Cali y una Colombia diferentes, erguidas, que desperezan miembros entumecidos de tanto estar de rodillas y testimonia que la juventud hoy es el presente y no el futuro, como se había anunciado socialmente.

 

Fotografía Felipe Martínez

 

 

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