La Tabla periódica de los elementos en un solo alimento

Las exageraciones publicitarias en determinados alimentos y suplementos dietéticos llevan a afirmar que contienen hasta 88 elementos de la Tabla Periódica, incluyendo algunos radiactivos e incluso transuránidos. Habrá quien piense que esta abundancia da al producto mayor capacidad de sanación. La credulidad de cierto público es inconmensurable.

Fue Justus von Liebig quién aclaró de forma científica las principales necesidades de nutrición de las plantas: compuestos de nitrógeno y fósforo, y dióxido de carbono y agua. A su vez, las necesidades de los animales se satisfacen con la ingestión de los compuestos sintetizados por las plantas: proteínas, grasas e hidratos de carbono. Pero este simple esquema se complicó inmediatamente. Los estudios metabólicos posteriores pusieron de manifiesto la necesidad de disponer de varias sustancias en cantidades muy pequeñas, como las vitaminas o las sales minerales. Algunas vitaminas podían ser sintetizadas por el organismo, pero otras tenían que ser ingeridas con los alimentos. Todas las sales minerales tenían que venir con los alimentos también.

Se fue confeccionando así una lista de elementos imprescindibles para un correcto metabolismo del organismo. La tabla periódica adjunta muestra los elementos que tienen que estar disponibles en el cuerpo humano para una correcta nutrición, de acuerdo con lo que hoy se conoce. A los cuatro elementos básicos C, N, H y O, que constituyen los aminoácidos, grasas y azúcares, se añaden un conjunto de oligoelementos. Así, el azufre está presente en la molécula de varios aminoácidos. Algunos elementos, como el calcio y el fósforo, constituyen huesos y dientes.. Los cationes potasio y sodio son imprescindibles en la transmisión del impulso nervioso. El magnesio, que forma parte de la molécula de clorofila de las plantas, es presente en los huesos, y participa en las reacciones suministradoras de energía a las células. Estos elementos Ca, P, S, K, Na y Mg, junto con Fe, presente en la molécula de hemoglobina, fueron reconocidos desde un principio como básicos e imprescindibles para una correcta nutrición.

 

 

Los avances en el conocimiento de las vías metabólicas y reguladoras del organismo han permitido conocer la función biológica de otros elementos, que tienen que proceder de la alimentación. Son los elementos traza, requeridos en cantidades muy pequeñas, pero también imprescindibles. En conjunto son, pues, 28 elementos que el cuerpo requiere y que hemos de ingerir.

Desde hace años, la industria farmacéuticaprepara medicamentos y suplementos por paliar el déficit temporal o crónico de algunos de estos elementos. Yodo para la glándula tiroides, compuestos de hierro por las anemias, compuestos de flúor para asegurar una dentición sana, o suplementos de calcio por la osteoporosis son muy conocidos. Esto dio pie, hace quince años, a la publicación en la revista de la Sociedad Catalana de Química (2004, n.º 1, p.82 a 85) del texto "La Taula periòdica dels Aliments" donde comentaba la presencia de nombres de elementos químicos en la publicidad de varios alimentos.

Ahora este tema se ha desbordado. La industria alimentaria ha diseñado gran número de alimentos funcionales, que suministran, junto con el alimento, algunos minerales o compuestos complementarios - calcio, magnesio, fitosteroles, ácido fólico -, y suplementos minerales variadísimos, en plena carrera hacia quien hace la afirmación más exagerada. Veremos tres ejemplos.

Los ácidos fúlvicos pronto se pondrán de moda. Son, junto con los ácidos húmicos, unos componentes del humus, fracción orgánica del suelo que procede de la descomposición bacteriana de las plantas. Los ácidos fúlvicos se pueden extraer en forma de disoluciones acuosas, o más exactamente dispersiones coloidales, y venderlos como suplemento alimentario. El análisis exhaustivo de estas dispersiones, mediante las técnicas analíticas más modernas, permite identificar hasta 72 elementos, como se puede ver de la figura adjunta de la publicidad de uno de estos suplementos. Este número es elevadísimo. A la mayoría de estos elementos no se les conoce ninguna función biológica, y se encuentran en proporciones de partes por trillón. Sorprendentemente, afirman que contiene prometio, un metal radiactivo del que en toda la Tierra no hay más que unos 600 g, y que deriva de la descomposición del uranio. Se detecta a nivel de partes por quintillón. No sé cuánto prometio puede haber en cada botellita de suplemento. Supongo que una cantidad análofa a los principios activos de los medicamentos homeopáticos, es decir, nada. Otros elementos sorprendentes de la lista son varios elementos de las tierras raras -samario, praseodimio, lutecio, disprosio y otros – y también están presentes los denostados metales pesados, como el plomo, el mercurio o el cadmio, tan rechazados cuando se encuentran en los pescados, pero aquí están en la lista y todo suma.

Los 72 elementos del suplemento alimentario son muchos, pero el agua de mar alimentaria lo supera. Afirma que contiene 78 minerales y oligoelementos. No distingue entre ambos tipos de producto, y no queda claro si por mineral entiende cada una de las sales que se van formando en cristalizar del agua, como serían el cloruro de sodio o el de magnesio, o se refiere a mineral como sinónimo de elemento. Dice que contiene todos los imprescindibles para la vida, y de hecho hay unos cuantos más. En la etiqueta no indica la composición completa, y solo destaca catorce elementos. Pero sabemos, de estudios serios hechos hace bastante tiempo, que en el medio marino se encuentran la mayor parte de iones existentes en la naturaleza, o sea que no dudamos de la afirmación publicitaria. Otra cuestión es que tengan algún efecto.

Pero la sal del Himalaya gana a todos. En su publicidad la sal del Himalaya -que es bien sabido que no es del Himalaya sino de unas minas del Pakistán a más de 600 km de la cordillera- se afirma que contiene 88 elementos diferentes. Merece la pena poner la lista completa, suministrada por una web denominada The Meadows.
En orden alfabético aparecen: actinio, aluminio, antimonio, arsénico, astato, azufre, bario, berilio, bismuto, boro, bromo, cadmio, calcio, carbono, cerio, cesio, circonio, cloro, cobalto, cobre, cromo, disprosio, erbio, escandio, estaño, estroncio, europio, hierro, flúor, fósforo, francio, gadolinio, galio, germanio, hafnio, hidrógeno, holmio, indio, , iridio, iterbio, itrio, lantano, litio, lutecio, magnesio, manganeso, mercurio, molibdeno, neodimio, neptunio, niobio, níquel, nitrógeno, oro, osmio, oxígeno, paladio, plata, platino, plomo, plutonio, polonio, potasio, praseodimio, protactinio, radio, renio, rodio, rubidio, rutenio, samario, selenio, silicio, sodio, talio, tántalo, telurio, terbio, titanio, torio, tulio, uranio, vanadio, wolframio, yodo y zinc.

Eso sí que es la Tabla periódica de los elementos... ¡en un solo alimento! Sorprende la presencia de los siguientes elementos: plutonio y neptunio, ambos transuránidos, sintéticos y radiactivos; y francio y astato, también radiactivos y de los que hay poquísima cantidad en el planeta, como era el caso del prometio del suplemento alimentario primero. También en la lista están presentes toda la serie de metales pesados, indeseados en los alimentos pero que aquí deben de tener mágicamente propiedades deseables.

¿Qué decir de tal tipo de publicidad? Simplemente hay que recordar ideas básicas sobre la nutrición.

Hay que distinguir entre cualitativo y cuantitativo: ¿cuál es la cantidad mínima de un componente que tiene algún efecto? En estos planteamientos hay la visión mágica de que la simple presencia de un ingrediente ya hace que el producto tenga las propiedades que el ingrediente le daría. Por ello las legislaciones obligan a las empresas a indicar, en las alegaciones de los productos funcionales, una cantidad mínima del componente: suele ser al menos el 15% de la cantidad diaria recomendada.

El principio clásico de Paracelso de que la dosis es el veneno -o la virtud- se aplica aquí, evidentemente, teniendo en cuenta que muchos oligoelementos son beneficiosos o tóxicos según la dosis. Pero, en las cantidades tan pequeñas que deben haber en los productos mostrados, no debería haber problema, si exceptuamos el cloruro de sodio presente en el agua de mar y en la sal del Himalaya.

Y, finalmente, y no menos importante: la visión actual de las dietas destaca el hecho de que lo importante es el conjunto, la globalidad de la dieta, lo que se tiene que mirar, y no solo la presencia de determinado componente. Puede ser que el componente se inhiba cuando esté en presencia de otros ingredientes, o , a la inversa, se potencien sus efectos. Las alegaciones publicitarias de la presencia de un determinado ingrediente, pues, son de valor muy limitado.

De la lista de 118 elementos que se conocen, solo 90 están presentes de forma natural en la Tierra. A los publicistas de futuros productos casi se les ha terminado la posibilidad de inventar nuevas exageraciones...


Catedrático emérito de Ingeniería Química por la Universidad de Barcelona. Autor de varios libros de divulgación científica. Director científico del Comité Español de la Detergencia, Tensioactivos y Afines (CED). Vocal de la junta de la Associació Catalana de Ciències de l'Alimentació (ACCA) y del Colegio-Agrupación de Químicos de Catalunya.


Fuente: https://www.investigacionyciencia.es/blogs/fisica-y-quimica/24/posts/la-tabla-peridica-de-los-elementos-en-un-solo-alimento-17457

Publicado enSociedad
Un servicio público en peligro de extinción

La gratuidad de la información en Internet generó recortes en las redacciones, un empeoramiento de la calidad de la prensa y una concentración de los medios en manos de conglomerados. ¿Cómo han enfrentado esta tendencia la prensa y los estados en diferentes lugares del mundo?

 

No hay cómo negarlo: los medios de comunicación tradicionales en general están en crisis. Aquí y acullá, en países con poca o mucha tradición de lectura de periódicos, cierran diarios, revistas, semanarios todos los días. La cosa no es de ahora, precisamente, pero desde la aparición y sobre todo la consolidación de Internet y su galaxia se ha acentuado exponencialmente. Los medios audiovisuales, verdugos tradicionales de la prensa escrita, no salen tampoco indemnes y aparecen ellos también en el pelotón de víctimas del avance de ese monstruo cibernético imperial sobre el que se vuelcan todas las miradas acusadoras. Desde la crisis de 2008, es decir hace diez años, el ritmo de desaparición de publicaciones no paró de acelerarse. Un informe publicado por el periodista francoespañol Ignacio Ramonet (Le Monde Diplomatique, 4-X-09) da cuenta de que en menos de un año –entre 2008 y 2009– y sólo en Estados Unidos desaparecieron 120 medios, algunos de alcance nacional, y se perdieron 21 mil empleos en el sector. En Europa el terremoto fue similar: diarios tradicionales debieron o bien cerrar por completo, o pasar a editarse sólo en Internet, o restringir su oferta hasta el punto de perder parte de su identidad (el Washington Post dejando de editar su suplemento literario Bookworld, por ejemplo), además de destruir un tendal de puestos de trabajo. En España, de acuerdo a datos publicados a comienzos del año pasado por la Asociación de Editores de Diarios (Aede), entre 2008 y 2015 los cotidianos redujeron un 43 por ciento de sus plantillas (prnoticias.com, 3-I-17). En América Latina, la Federación Latinoamericana de Periodistas dio cuenta en 2016 de la pérdida de decenas de miles de puestos de trabajo en la región desde mediados de la década de los noventa. La sangría no ha cesado.


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La crisis de la prensa no es producto de una caída de su audiencia.


La penetración de los medios, por el contrario, se ha multiplicado. Sólo que los lectores están migrando desde las versiones impresas hacia las digitales. Al Guardian británico, por ejemplo, lo leen actualmente alrededor de 36 millones de personas por mes en todo el mundo a través de Internet, pero el venerable diario liberal vende menos de 300 mil copias por día; la versión digital del New York Times tiene 22 veces más lectores que la tradicional en papel; la del Times de Londres casi otro tanto; y algo similar sucede con el madrileño El País de Madrid, el francés Le Monde, el italiano La Repubblica. Sólo por hablar de los grandes medios “internacionales”. El fenómeno se repite, por supuesto, por estos lares: a menor difusión de las ediciones pagas, mucho más audiencia de las ediciones inmateriales.


Todos han ido apostando a “estar en Internet” para disminuir las pérdidas o simplemente no desaparecer. El País español, por ejemplo, cerró a fines del año pasado su imprenta en Madrid, pero destina fondos cada vez mayores a sus ediciones digitales, una de ellas para la América hispánica y otra en portugués, para el mercado brasileño. El Times o el Guardian británicos están realizando apuestas similares en el mundo anglófono. Entre abrir la canilla por completo y cerrarla a cal y canto, las fórmulas varían. A veces algunos medios prueban todas las opciones, a golpes de ensayo y error: van de ofrecer versiones digitales totalmente “abiertas”, idénticas o casi idénticas a las impresas, a partir de la premisa de que a mayor penetración y mayor audiencia mayor volumen de publicidad, hasta –una vez constatado el fracaso económico de esa variante– cobrar por todo lo que llega en unos y ceros. Otros –o los mismos– combinan, cobrando a partir de cierto número de artículos “bajados” y dejando “abiertos” otros. La preocupación principal de los medios impresos con versiones digitales es que éstas no terminen fagocitando a las primeras. Todavía no se ha encontrado la fórmula.


Uno de los problemas es que los ingresos de las versiones digitales de los medios escritos no han crecido en la misma proporción que su “lectorado”: sus consumidores las ojean por lo general gratuitamente o a través de “agregadores” de contenidos como Google, o de proveedores de servicios, que se han convertido en los grandes captadores de la publicidad y son denunciados como vampiros cibernéticos o parásitos que lucran con la producción de terceros. Datos sobre el mercado publicitario elaborados por la empresa Price Waterhouse Coopers (Pwc) indican que en 2017 el 27 por ciento de lo invertido en publicidad en todo el planeta fue a Internet, el 24 por ciento a la televisión abierta y apenas el 10 por ciento a publicaciones en papel. En 2010, es decir, sólo siete años antes, la tajada mayor de la torta publicitaria (26 por ciento) se la llevaban los canales abiertos, el 19 por ciento los diarios y otras publicaciones y sólo el 16 por ciento la red de redes informática (revistawacho.com, “Todos contra Facebook”, 2-V-18). Lo peor para los medios que tienen versiones digitales es que las fabulosas masas de dinero que se vuelcan cada vez más en Internet no van a ellos sino a Google o Facebook. El año pasado, en Estados Unidos, el mayor mercado publicitario del planeta, el 73 por ciento de lo invertido en publicidad en Internet fue a parar a esos dos gigantes, señala el documento de Pwc. Peor, peor aún: los anunciantes pagan por publicitar en Internet mucho, pero mucho menos que lo que pagan en medios en papel.


Google y Facebook se han ido convirtiendo cada vez más en “decidores” en el mercado informativo. “Como los grandes derivadores de tráfico a los portales de los medios son Google y Facebook cada decisión que ellos toman nos termina afectando”, dice la nota de Wacho. Su autor, Tomas Vio, destaca las dificultades que tienen los medios para hacerse valer frente a estos “parásitos”. “En 2014 el gobierno español incorporó un artículo a la ley de propiedad intelectual que establecía que Google y el resto de los buscadores estaban obligados a pagarle un monto fijo a cada medio por cada link que apareciera en ellos. Esto, que se pensó como una solución a la falta de ingresos por publicidad que tenían los medios, terminó hundiéndolos todavía más. En respuesta Google eliminó en España Google News y sacó cualquier link de un medio español en sus búsquedas en otros países. Esto afectó a todos los medios españoles, principalmente a los más chicos que vieron como las visitas a sus sitios cayeron un 16 por ciento. En poco tiempo los mismos medios que habían presionado para que se modificara la ley, reclamaron para que el gobierno diera marcha atrás. Casos parecidos pasaron en otras partes de Europa y siempre tuvieron a Google como el ganador.”


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Es como el perro que se muerde la cola, sugiere Ignacio Ramonet. Desesperados por su desplome y por encontrar una vía de salida, los medios de prensa tradicionales, hijos de la era industrial y de un modelo de circulación de la información ya obsoleto, al tiempo que invierten más y más dinero en tecnología, estiran como chicle y precarizan a sus cada vez más escasos periodistas para que escriban, filmen, fotografíen y se repartan entre los distintos soportes, y rebajan contenidos para adaptarse a los nuevos modos de consumo. La calidad de la oferta está entre lo primero que decae. “Hoy la información tiene como objetivo mercantil llegar al más amplio número de personas. Se llega bajando el nivel y bajando el costo, es decir, regalando una información que puedan leer hasta aquellas personas que apenas saben deletrear. El comercio de la información no consiste en vender información a la gente; consiste en vender gente a los anunciantes”, apunta el periodista hispanofrancés.


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El diagnóstico de la Aede para España podría extenderse a cualquier otro país de cualquier continente: la acción conjugada de la reducción de la publicidad y de la difusión de ejemplares pagos y una fallida migración a Internet han llevado a la prensa escrita a un estado de cuestionamiento existencial del que aún no sale. Los vaticinios sobre “la muerte inminente de la prensa diaria” no son de ahora, pero es relativamente reciente que se hayan convertido en lugar común, en certeza incuestionable. Los han formulado analistas externos al sector o gente del riñón mismo de la prensa. Ramonet citó en su nota de 2009 a Michael Wolf, de la consultora especializada Newser, que previó en enero de aquel año en el Washington Post que en Estados Unidos sólo subsistirían a corto plazo 20 por ciento de las publicaciones en papel, y al magnate australiano británico Rupert Murdoch, mandamás del grupo multimedia News Corporation, para quien la década que está ahora acabando quedaría marcada también como la de la extinción de la prensa diaria.

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La creciente concentración es otro de los fenómenos mayores en el sector. En los años ochenta y noventa era sobre todo endógena: se manifestaba en la creación de grandes grupos multimedia, que abarcaban publicaciones de todo tipo y pelaje, radios, canales abiertos y de cable, medios digitales. Pero también estas grandes corporaciones (Hearst Corporation, News Corp y otras) zozobran: pierden dinero, recortan los medios de los que son propietarios a tijeretazos. Ahora es común que los periódicos formen parte de grandes corporaciones industriales que los usan como pañuelos desechables en estrategias globales de poder.


En Francia, “todos los grandes medios pertenecen a cuatro o cinco empresas que nada tienen que ver con la información; se dedican a la fabricación y venta de armas, a la telefonía o a negocios por Internet”, dijo Ramonet en una entrevista publicada en el dominical argentino Perfil hace siete años (11-IX-11) que nada ha perdido de actualidad. “Un grupo que vende armas posee la radio más importante y el periódico del fin de semana más importante (Le Journal du Dimanche), mientras un constructor de autopistas tiene el canal de televisión más importante con el informativo de mayor audiencia.”


Un estudio sobre “Pluralidad informativa y libertad de prensa” realizado por el European Centre for Press and Media Freedom y la Plataforma en Defensa de la Libertad de Información, difundido en enero pasado, consignó el fenomenal nivel de concentración en este sector en Europa: en 15 países de la región, cuatro grupos son propietarios del 80 por ciento de los medios (público.es, 29-I-18).


Para el “ecosistema informativo” de la región, se comentó en un seminario madrileño en que el informe fue presentado, “ello supone una gigantesca pérdida de diversidad, y para la democracia un peligro mayúsculo, al estar la información en manos de unos pocos actores privados en tiempos, además, en que, producto de su propia crisis, los medios están perdiendo calidad”.
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Profesor en la Escuela de Ciencias Sociales de Manchester, en Inglaterra, Peter Humphreys realizó unos años atrás una investigación comparada sobre las ayudas a la prensa en Europa.1 El trabajo, publicado en 2008, cuando la debacle no había llegado a las dimensiones actuales, demuestra cómo desde hace décadas la mayoría de los países del continente han desarrollado políticas “para promover la diversidad de la prensa, por lo general mediante normas contra la concentración de medios y/o mediante subvenciones”. En Estados Unidos, “la patria del liberalismo económico”, las ayudas a la prensa remontan a los inicios de la república y eran concebidas como “un subsidio público para la democracia”, señala Humphreys. Este “fundamento democrático sigue siendo el argumento más sólido para el apoyo económico público a los medios de comunicación de masas hasta la actualidad”.


Las subvenciones o las ayudas han variado según los tiempos y las orientaciones políticas. “Se ha facilitado ‘ayuda de emergencia’ temporal a publicaciones en dificultades financieras. Se han destinado subvenciones a periódicos ‘minoritarios’ (…). Se han concedido subvenciones para la modernización (introducción de nuevas tecnologías, recapacitación, etcétera) y en ciertos casos se han dirigido hacia funciones periodísticas concretas, como el periodismo de investigación”, escribe el investigador. Desde los primeros años de la década de 1970, cuando despuntó la crisis de la prensa escrita, no ha habido país de Europa occidental que no haya establecido alguna modalidad de asistencia al sector. Todos implementaron tipos de Iva preferentes, la mayoría adoptó tarifas postales, de comunicaciones y de transporte diferenciadas (en algunos casos incluso para los desplazamientos de los periodistas), y han sido habituales las desgravaciones fiscales por inversiones. En esa clase de ayudas indirectas los países han sido unánimes.

Los de tradición liberal como los anglosajones se quedaron en la facilitación de un “ambiente favorable para todos los medios”, para “no distorsionar el mercado” ni generar mecanismos de dependencia de los medios respecto a los gobiernos, según resumió en 1977 un informe de la británica Comisión McGregor, que excluyó cualquier tipo de subvención directa a los medios. Países de tradición estatista como Francia (“el primero en introducir un complejo sistema de subvenciones, directas e indirectas”) o de “corporativismo democrático” como los nórdicos establecieron en cambio ayudas “orientadas” de diverso calibre, y sistemas de regulaciones que incluían cierto nivel de discriminación “positiva”. El sistema francés se instauró poco después de la Segunda Guerra Mundial, “con el objetivo declarado de fomentar el pluralismo entre las cabeceras de periódicos y estimular el acceso de los lectores a diferentes fuentes de periódicos”, apunta Humphreys citando The Media in France, un estudio del profesor de ciencia política británico Raymond Kuhn publicado en 1995. Desde entonces se ha ido adaptando y, por momentos, amplificando. Hacia fines de 2014, escribió en diciembre de ese año en Le Monde Diplomatique el periodista Pierre Rimbert, los subsidios a la prensa representaban un 19 por ciento del volumen anual de negocios de los periódicos de información política y general de Francia. En promedio, el Estado francés destinaba entonces 1.600 millones de euros por año al conjunto del sector. “La persistencia de estas ayudas públicas masivas pero pasivas expresa el reconocimiento implícito de que (…) al igual que la educación o la salud, una información de calidad no podría florecer bajo las reglas de la oferta y la demanda”, apuntaba Rimbert. El periodista criticaba de todas maneras la forma en que esas ayudas eran implementadas. “Desviado del interés general hacia los conglomerados comerciales, el modelo” francés ha demostrado no sólo su ineficacia, al ser incapaz de resolver la crisis de los medios, sino también su injusticia, señalaba. Titulada “Proyecto para una prensa libre”, la nota de Rimbert proponía un modelo radicalmente diferente de financiación de la prensa destinado a “producir una información de calidad por fuera de la ley del mercado y de las presiones del poder político”.


Humphreys destaca por su lado las bondades de los mecanismos de ayuda a la prensa implementados en Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Austria, Holanda (véase recuadro). Se trata, precisamente, de los países que más subvenciones han destinado al sector, con el fin de “preservar un importante grado de pluralismo político frente a una creciente concentración de los medios de comunicación”. El británico cita un trabajo de los investigadores Daniel Hallin y Paolo Mancini (Comparing Media Systems: Three Models of Media and Politics) para la Universidad de Cambridge según el cual en los países nórdicos “los medios eran más respetuosos con las elites políticas antes de la aplicación de estos sistemas de subvenciones que después. (…) El aumento del profesionalismo crítico en el periodismo de la Europa septentrional se produjo en el período en que las subvenciones eran más elevadas”.


En Holanda y Bélgica se han instaurado mecanismos estatales de apoyo al periodismo de investigación. El caso del Fondo Pascal Decroos de la región flamenca belga, creado en 1998, es particularmente llamativo. Humphreys cita el texto, subido a su página web, con el que los promotores de esta iniciativa la fundamentaron: “los medios están bajo presión. La economía de mercado determina cada vez más qué se considera noticia y qué no. El resultado de esta tendencia es que apenas queda espacio para un periodismo en profundidad y con amplitud de miras. A pesar de disponer del talento periodístico y de existir un genuino interés público, el periodismo especializado y de investigación rara vez se practica en Flandes. El principal obstáculo parece ser siempre la financiación de tales proyectos”. El gobierno flamenco aporta dinero a este fondo, que cuenta con unos 250 miembros, en su mayor parte surgidos de los medios, y un Consejo Asesor de “notables”.


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“Aunque se han esgrimido diversos argumentos para cuestionar la eficacia o la conveniencia de las subvenciones a la prensa”, escribía Humphreys en los párrafos finales de su trabajo, “el hecho es que un importante número de países europeos occidentales parece estar comprometido con el mantenimiento de sus sistemas de apoyo y ha sido evidente un cierto grado de innovación en sus sistemas de subvenciones. A los fundamentos iniciales de carácter democrático pluralista y económico a favor de la intervención se ha añadido el fundamento de la racionalización industrial (…) y un fundamento de proyectos de investigación periodística. (…) La convergencia digital ha producido una apremiante necesidad de replanteamiento de las políticas intervencionistas de manera que en el futuro la financiación pública de la comunicación de ‘servicio público’ dependerá cada vez más de la función, en lugar de ser específica de una determinada tecnología. Para la prensa, ya sea impresa o digital, esto podría implicar un mayor apoyo –nunca menos– para funciones periodísticas concretas de ‘servicio público’ amenazadas por la creciente comercialización y competencia entre los distintos medios”.


1. “Subvenciones a la prensa en Europa. Una visión histórica”, Revista Telos, abril-junio de 2008.



Para asegurar una pluralidad


La opción de los pequeños países


Noruega, Dinamarca, Suecia, Finlandia, Austria y Holanda tienen en común que son pequeños, tienen poco peso económico y diplomático a nivel internacional y, por lo tanto, sus mercados mediáticos son limitados al propio país. La prensa en estos países no puede pretender emular un modelo como los de The Guardian o El País que tienen un millonario lectorado en la web fuera de sus fronteras nacionales, que les permite vender grandes cantidades de avisos en Internet; para leer un diario holandés hay que saber hablar ese idioma, y la actualidad de un pequeño país como Dinamarca, sólo interesa a los propios daneses. La pluralidad de la prensa no se puede asegurar en mercados tan pequeños. Por eso, en Suecia, un país de sólo 9 millones de habitantes, es gracias a una subvención pública que circulan casi 100 revistas de corte cultural y político de las más variadas orientaciones ideológicas.


Florencia Rovira Torres

Publicado enCultura
Miércoles, 25 Abril 2018 11:27

¿Ser o no ser?

¿Ser o no ser?

La publicidad, como la televisión y la comunicación en general, no son neutrales, su carga es evidente como queda develado en este artículo.


Que la televisión entretiene, eso siempre nos han dicho de la llamada pantalla chica. Pero hay más: la televisión es un canal para las ventas, un canal para cultivar mentes consumidoras: esto no lo dicen pero sí lo sabemos. Es más, sabemos que lo que la televisión vende a sus anunciantes es precisamente eso: consumidores en potencia, de ahí la importancia de los informes sobre audiencia, así como de los perfiles de quienes están al frente de la pantalla.

Tenemos así, con la televisión y la publicidad, una alianza perversa en la que están comprometidos profesionales de distinto perfil y saberes, enfocados en lograr una programación conductal y emocional que arroje como resultado consumidores de ciertos productos, e inevitablemente ciudadanos de cierto carácter.

Así lo podemos precisar cuando nos sentamos a “disfrutar” pasivamente los adorables comerciales, que ofrecen y estimulan la adquisición de productos o servicios, todo lo cual puede resultar más peligroso de lo imaginado. Un análisis detallado de una pauta publicitaria que aparece en los medios televisivos nacionales, sobre el Politécnico Internacional, con una duración de apenas 15 segundos*, muestra como se tocan las fibras necesarias para «convertir el producto en la mejor decisión a tomar, a la hora de planificar un futuro feliz y lleno de éxito”,

El anuncio empieza llenado la pantalla con la imagen de una dulce niña suspendida en el espacio y el tiempo, adornada con flores en la cabeza y en las manos, en un plano medio con el fondo totalmente fuera de foco. Una dulce sonrisa ilumina su rostro. Es una hermosa publicidad.

Lo que representa esa imagen perfecta de la niñez, rebosante de alegría y salud, alejada del miedo, el dolor, representa un mundo de posibilidades. La intencionalidad del comercial es enfocar tus propósitos en un solo fin, el ideal de un mundo perfecto que ofrecer a tu hija, abstraído de las realidades externas.

La generación que se encuentra en ejercicio de la maternidad, parece heredar el modelo sobre protector, basado en la máxima “que mis hijos no pasen lo que yo pasé”. Por supuesto, la intencionalidad de esta cuña publicitaria, es la de activar y estimular ese deseo de bienestar que naturalmente tiene la madre: el de asegurar la felicidad de su hija. El mensaje resulta contradictorio, porque ella se verá en la necesidad de abandonar al infante para estudiar y trabajar, lo que contribuirá a generar apegos inseguros en el niño o niña, y lo incapacitará como persona adulta para relacionarse sanamente en casi cualquier ámbito.

En relación a esto, estudios importantes sobre vínculos y elementos de apego, que desarrollan los niños, y los capacitan después como adultos en su desempeño relacional, han evidenciado que un porcentaje importante de jóvenes carecen de esas habilidades emocionales. Tales carencias son producidas, en gran medida, por factores como la ausencia definitiva o itinerante de las madres durante los tres primeros años de vida, en los que, precisamente, se ha demostrado la importancia de la presencia casi total de las madres en la formación de un modelo interno, el mismo que determina las creencias acerca de sí mismo y de los demás, así como los juicios que influyen en la formación y mantenimiento de las dinámicas relacionales durante toda la vida del individuo.

Por otro lado, ya que la madre hace esto, en busca de ofrecer un futuro optimo para el bienestar de su hijo, intentará de maneras inimaginables evitar estados de frustración en él, evitándole afrontar conflictos, resolviendo en muchas ocasiones esos temas con regalos o accediendo a cualquiera de las demandas y exigencias del menor, lo que en parte, como lo sabe la ciencia, está relacionado con sentimientos de culpa. Entonces, por un lado la madre abandona y se siente culpable por ello, y por el otro sobre protege ofreciendo seguridad material, inhabilitando al niño de capacidades emocionales que le permitan manejar la frustración para convertirse en un adulto sano.

-Ana María, mi hija, es mi vida, dice la joven madre con tono enfático y emocionado. Está vestida de enfermera y al fondo puede verse, en un plano difuso, un posible médico, otro par de enfermeras; el lugar luce prolijo, extremadamente pulcro.

Esta escena ahonda explícitamente, cuál debe ser la posición de la mujer y madre, frente a sus roles, y dicta también sus prioridades. Hablamos de las demandas socialmente aceptadas. Hay implícitamente la disculpa argumentada, que si estás dedicando tiempo y posiblemente dinero a tu crecimiento personal y laboral debes hacerlo por una razón socialmente válida. Hay que recordar que todos los elementos forman parte del lenguaje, todo comunica, incluso lo que se omite. Por eso en esta pauta publicitaria, como en la gran mayoría de ellas, se muestra un entorno deseable, óptimo al que todos aspirarían, debe generar deseo de tenerlo, si es un producto, o de pertenecer, si se trata de estatus o lugar.

Un detalle. Que la madre esté con el uniforme de enfermera le brinda un espacio en la sociedad, más valido incluso que el lugar maravilloso que ya se vislumbra para trabajar; también le ofrece el estatus social que implica el ejercicio de la profesión –una vez terminados sus estudios. En cuanto al uniforme, en teorías de estrategias de poder, se referencia al uniforme como un elemento clave que genera pertenencia: su uso le muestra al mundo parte de lo que crees, haces, piensas y tienes, cosas que influyen en la auto-imagen o visión de sí mismo.

–Es por ella que trabajo, para poder estudiar, superarme y ser alguien en la vida, añade. Aparece un plano general de los exteriores del Politécnico, muy iluminado, ocupado por gente pulcra y linda, y un par de autos estacionados o pasando por el lugar.

La declaración de la madre define la intencionalidad del comercial. La primera negación es “trabajo por y para mi hija”, es por ella que hago o haré esto. La motivación, es lo que impulsa. Motivación viene del latín motus, lo que causa el movimiento, que cosas, lugares o personas hacen salir del letargo e impulsan a moverse. En este caso la joven madre afirma que no lo haría si fuera por y para ella, su motivo es más grande, más loable y valioso, es una oda al amor maternal que biológicamente impulsa, la gran mayoría de las veces, y socialmente se ratifica; nada más vergonzoso que ser una “mala madre”

La parte más neurálgica de la cuña publicitaria se condensa en la expresión “ser alguien en la vida”, es el hito mayor de la cultura popular, el leitmotiv del discurso y las aspiraciones de la clase media escolarizada, como se ha dado en llamarles. Esta expresión podría representar la síntesis del sistema de creencias en la sociedad occidental, no soy nadie, una negación total de nuestra existencia y por ende de nuestros derechos. No ser nadie, si la sociedad no reconoce y permite serlo; ser alguien en la vida, es una posibilidad que requiere requisitos para lograrlo. Es la expresión más aterradora de validarse solo en las demandas que configuran la existencia, de acuerdo a los criterios del otro, de los otros.

¿Y cómo ser alguien en la vida? En este caso estudiando y superándose, tal vez sería mejor decir: superando a otros, al fin y al cabo lo pretendido por la estrategia social generares la competencia necesaria para impulsarte a superar a los demás, para poder medir las capacidades, comparar el desempeño en cada área. No se trata de ser el mejor sino de ser mejor que alguien.

Queda explícito que se debe ser alguien, lo que implica que mientras no se tenga, en este caso el título ofrecido por el Politécnico, no serás nadie.

-Estudio enfermería en el Politécnico Internacional –continúa la joven madre.
-Porque quiero darle el mejor futuro.

Por supuesto, queda sentado cuál es el mejor futuro por ofrecer a los hijos. Según el Politécnico una madre con título de técnica con el que “supuestamente” podrá obtener las mejores oportunidades de trabajo aquí o en el exterior. Vale recordar que gran parte de las madres que trabajan fuera del país no llevan a sus hijos con ellas y terminan criándose con abuelos o familiares. –Fenómeno a ser analizado en otras líneas–.

Luego una voz en off ofrece estudiar mecánica dental, salud oral o auxiliar de enfermería, como promesa de lograr mejores oportunidades de trabajo aquí o en el exterior, para lo cual aparece un gran buque sonando la sirena grave y profunda.

Esta escena embriaga de anhelo las aspiraciones del televidente, porque el buque representa la libertad a la que todo colombiano aspira, es un deseo ya heredado que se trasmite generacionalmente y que es motivo de orgullo para cualquier padre. Vivir y trabajar en el exterior, es eslogan de éxito. Como buena estrategia comercial toca todas las fibras emocionales posibles, para impulsar al televidente a buscar tan deseado sueño.

Como quedó referido en párrafos anteriores, los elementos que se excluyen también forman parte del mensaje trasmitido, es un producto para un sector de la población que cuenta con el privilegio de pagarlo, o la que hace el sacrificio de endeudarse, invirtiendo allí el dinero: los sacrificios y esperanzas de las familias, en espera de un paraíso prometido al que ocasionalmente llegan unos pocos.

 

* https://www.youtube.com/watch?v=jvhqcr6zvQ0- Minuto 4:30.

 

Publicado enEdición Nº245
Miércoles, 25 Abril 2018 11:04

La cereza del consumo

La cereza del consumo

Inmersos en el nuevo mundo donde hay Internet en cada bolsillo, nos acostumbramos a vivir y convivir con la publicidad y su gran estimulo al consumo; tanto en el exterior, cuando tomamos nuestro amado transporte, como a la hora de consumir contenido, sea por medios tradicionales –como la televisión– o a través de la red más grande de información a la cual ya podemos acceder desde nuestros celulares; pareciera que la gran crítica al capitalismo moderno se ha vuelto totalmente real, la publicidad y el consumo nos han seducido casi que por completo. Pero ha llegado la cereza del pastel.

 

Comencemos con nuestros celulares, el precio que pagamos por ellos. Sea de gama media o alta, la extravagancia está socialmente aceptada; nos da prestigio e integración social tener uno de estos dispositivos y mostrarle al mundo a cada instante lo que estamos comiendo, a donde vamos en nuestras bicicletas o los lugares que visitamos en Semana Santa. Ya nos hemos acostumbrado a eso, y no está mal tampoco, trabajamos duro como para no merecernos unos cuantos lujos. También hay que decir que vivir conectados no es solo una tendencia, se ha convertido en una necesidad; muchos trabajamos con ello, buscamos clientes, arreglamos negocios, escribimos artículos y explotamos a fondo las posibilidades que nos brindan estos dispositivos.

 

Ahora bien, consumimos estos lujosos productos gracias a las influencias que nos rodean, publicidad, círculos sociales, tendencias de consumo, etcétera. Pero en esta ocasión, y haciendo un esfuerzo por no parecer un punk radical en contra del capitalismo, me encantaría que conocieran lo que para mí ha llegado a ser el extremo consumo.

 

Pensar en un buen vestir es pan de cada día en esta sociedad. Sin discriminar a nadie, tanto estudiantes universitarios como adultos jóvenes nos preocupamos por cómo nos vemos y qué demostramos con nuestra apariencia. En mayor o menor medida nos hemos vuelto cada vez más vanidosos y esto lo vemos reflejado, por ejemplo, en la tendencia de las barbas sexys que se alimenta de las redes sociales, de la cultura hipster, de las migraciones desde el Pacifico y hasta de los deportistas como Gerard Piqué, Arturo Vidal o Isco Alarcón, que sirven de inspiración a quienes compramos desesperadamente tratamientos capilares y buscamos que nos consientan en alguna de las barberías que aparecieron en el mapa de la noche a la mañana, después de pasar 10 años afeitando con una cuchilla desechable los 3 pelos que teníamos.

 

A diferencia de comprar nuestros lujosos celulares que nos mantienen conectados e informados, o de soñar con tener nuestra barba de leñador para exhibirla en Instagram, esta nueva tendencia de consumo nos lleva a ver qué tanto estamos dispuestos a pagar para ser aceptados dentro de un grupo de personas. El “HypeBeast” es una tendencia derivada del “Street Wear” o moda urbana, muy conocida a través de redes sociales, más específicamente en Instagram, donde encontramos gente que no compra su ropa por amor a la marca o por ser una necesidad de primera mano, tampoco porque sean amantes de la moda. Lo hacen siguiendo el ideal de ser un chico cool a quien no le importa el precio o la marca; la prioridad es consumir y sobre todo tener esa prenda que algún famoso usó.

 

Hasta ahora todo suena muy normal, gente comprando ropa y luciendo su compra. Pero siendo específico, podría asegurar que pocas personas tienen presupuesto a final de mes para comprar uno de estos “outfits”, o ¿por qué no? No se les antoja iniciar el mes con una gorra Palace por solo $170.000, con un abrigo Superdry en $340.000; hay que pensar en estos climas fríos y nada mejor que un Jersey Hackett por $391.000, una buena camisa Ralph Lauren por $374.000. Aunque nos falta la mitad, unos jeans de cualquier marca medianamente renombrada nos costarían alrededor de $119.000, y nada mejor que darle un buen estilo con un cinturón Gucci de $850.000; para terminar, unas buenas zapatillas Jordan Retro 8 en $500.000. Perfecto, estamos totalmente a la par con la moda urbana de hoy en día, y nos costó $2’744.000, mal contados.

 

No suelo ser el gran comprador de ropa, o al menos eso creo; pero algo me dice que si en mi próxima quincena me compro este outfit, comeré sopas instantáneas todo el mes y los del banco me romperán las piernas. Por suerte y dios nos libre de este mal, esta tendencia no ha llegado a ser gran cosa en países latinoamericanos; en Europa y Estados Unidos es mucho más fuerte, y ojalá que ni se acerque al país del Sagrado Corazón donde un pasaje de servicio público vale más que una lata de cerveza.

 

Pero todo esto no está lejos de un ejecutivo de alguna multinacional, un traje última colección de Emporio Armani llega a costar $2’676.000. Ahora bien, es muy diferente tener más de 40 años, manejar una empresa exitosa, ganar un jugoso salario e ir a reuniones con clientes. Pero resalto con diferencia el gasto sin motivo de los amantes de esta moda urbana, estamos hablando que por el mismo precio podría comprar 61 canastas de cerveza, ¡61! Lo sé, es una mala analogía, pero 61 canastas son mucha vida social y todos lo sabemos; pero para no parecer tan alcohólico, equivale también a tres y medio salarios mínimos.

 

Tal vez muchos de nosotros nos gastaríamos ese dinero pagando un par de materias pendientes en la universidad, ¿o por qué no? invertiríamos en un nuevo computador, en arreglar nuestra bici, meternos al gimnasio, un curso de inglés, pagar deudas, la cuota del carro o del apartamento, el estudio de nuestros hijos; cosas importantes para nuestras vidas, realmente importantes. Más allá que despilfarrar comprando ropa de marca que algún Dj o futbolista usó en su Instagram. Es cuestión de prioridades, somos demasiado susceptibles al contenido que consumimos a través de las nuevas plataformas, y allí es cuando no debemos olvidar ser autónomos a la hora de elegir qué comprar y sí realmente lo que compramos nos es útil, o simplemente es una vuelta más para la bola de nieve que llamamos consumo.

 

¿Y usted? ¿Qué haría con esos $2’744.000?

 

*Publicista

Publicado enEdición Nº245
Con Neymar, Qatar deja a sus rivales sin armas

Desde hace varios días, nadie habla de la imagen negativa de Qatar sino únicamente de la transferencia del jugador. El deporte sirve para contrarrestar la campaña de desprestigio que lanzaron Arabia Saudita, Bahreim, Egipto y Emiratos Arabes Unidos.



Las 10 mil camisetas con el número 10 y el nombre de Neymar vendidas por el equipo francés PSG en apenas 24 horas son un suspiro de bebé comparado con el alto grado geopolítico que encierra esta millonaria y aberrante operación de transferencia cuyo principal beneficiario no es el jugador, ni el equipo del PSG ni el fútbol en sí sino el propietario del club, Qatar. Sin disparar un sólo cañón y a través de las delicadas influencias del Soft Power Qatar, con la compra de Neymar al Barcelona y la puesta en escena que la acompañó, se metió en el bolsillo a la opinión pública mundial y con ello ganó una batalla considerable en la guerra diplomática y militar que opone a Qatar con Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Bahreim y Egipto. El pasado 5 de junio, estos cuatro países rompieron sus relaciones diplomáticas con Qatar al tiempo que le impusieron sanciones económicas. Liderados por Arabia Saudita, los antiguos socios de Qatar acusan al emirato de mantener lazos estrechos con grupos extremistas y de no marcar las suficientes distancias con Irán. Desde principio de junio, Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Bahreim y Egipto han lanzado también una voraz campaña de desprestigio en los medios de prensa internacionales con el fin de aislar a los qataríes. En un par de semanas, el pequeño emirato de 2,6 millones de habitantes dejó a sus adversarios sin armas con que combatirlo. El fútbol, más un emblema intacto como la capital francesa y Neymar le ofrecieron a los qataríes un primer plano de lujo. Mathieu Guidère, un reconocido profesor de geopolítica árabe, comentó que “por el momento, los adversarios de Qatar están paralizados frente a esta estrategia. Ninguno de ellos cuenta con un argumento de comunicación tan poderoso en el plano internacional. Desde hace varios días, nadie habla de la imagen negativa de Qatar sino únicamente de la transferencia de Neymar. Resulta claro aquí que el deporte sirve para romper el aislamiento político de Qatar. La idea del deporte se impone sobre todo lo demás”.


El futbol ha trascendido los ceñidos espacios de las canchas. La dimensión política de este deporte no es nueva pero “el golpe” de carácter universal que ha dado Qatar con la compra y transferencia de Neymar al PSG es una demostración magistral de cómo ganar una guerra con instrumentos incruentos. No por nada la FIFA cuenta con más adherentes (211) que las Naciones Unidas (192). Como lo señaló hace algunos años Pascal Boniface, director del IFRI (Instituto Francés de Relaciones Internacionales) y, entre otros, autor del ensayo La Terre est ronde comme un ballon; Géopolitique du football (La tierra es redonda como una pelota: Geopolítica del fútbol) “el fútbol se ha expandido más que la democracia, internet o la economía de mercado”. En el mismo ensayo, Boniface escribió: “El fútbol es un elemento constitutivo de las relaciones internacionales contemporáneas (...) La vida del fútbol tiene repercusiones sobre la imagen de las naciones, sobre la política internacional, los problemas ligados a la paz y a las guerras”. Los qataríes entendieron el alcance de ese “Soft Power” aplicado al fútbol. Tampoco son nuevos en la disciplina. Qatar maneja desde hace muchos años varios símbolos de ese “Soft Power”, empezando por los canales de televisión que le pertenecen, Al-Jazeera y Bein Sport, la compañía Qatar Airways, antaño patrocinadora del Barcelona de Messi (2010-2016, 171 millones de euros), y, desde luego, la organización del mundial de fútbol de 2022, cuya atribución a los qataríes constituye un precioso manual de corrupción de las instancias deportivas y políticas del mundo.


Qatar cuenta con una infinita cuenta corriente bancaria alimentada con los beneficios de las exportaciones del Gas Natural Líquido, del cual es el primer exportador mundial. Su expansión a escala internacional ha sido una constante de los últimos 20 años. Los qataríes han realizado gigantescas inversiones internacionales en la rama inmobiliaria, la hotelería de lujo, el transporte aéreo, los medios de comunicación y el deporte. París y su equipo de fútbol, el PSG, han sido un eje mayor de esa trama de influencias. Desde que en 2011 el emir de Qatar Tamim bin Hamad Al Thani y Nasser Al-Khelaïfi (hoy presidente del PSG y de Bein Sport) se hicieran cargo del club de la capital francesa, el PSG gastó unos mil millones de dólares en compra de jugadores, entre ellos Javier Pastore (41 millones de euros) y Ángel Di María por quien se pagaron 63 millones de euros. Sólo lo supera otro dirigente del Golfo Pérsico, el jeque de Abu Dabi Mansour bin Zayed Al-Nahyan, propietario del Manchester City, quien gastó 1050 millones de euros.


Qatar, con el fútbol y ahora con Neymar, se compró una pantalla gigante abierta hacia el mundo. Ante el obscurantismo confesional de sus vecinos, el papel que desempeñan (Arabia Saudita) en las guerras regionales (Irak, Siria, Yemen) y la macabra dictadura egipcia, Qatar se parece a un jardín paradisíaco gracias a estos operativos deportivos. Su imagen ha quedado pegada a la de la magia de los pies de Neymar. Christophe Lepetit, economista en el Centro del Derecho y la Economía del deporte, comenta que “se trata de una estrategia perfectamente coherente y muy bien pensada. Ante una imagen no siempre buena, Qatar apostó por el deporte”. Para ello, el emirato necesitaba mucho más que el patrocinio de un club, incluso si se trataba del Barcelona. La salvación la encontró cuando adquirió al Paris Saint Germain mediante el fondo Qatar Sports Investments (100 millones de euros). Le faltaban aún dos cosas: ganar la Champions y una estrella universal. La Champions, hasta ahora, el PSG nunca la pudo ganar pero sí llevó hasta el final la “Operación Neymar” la cual es, según argumenta Christophe Petit, el “resultado de una estrategia diseñada en el mismo corazón del poder qatarí” y en la cual Neymar es “la proa del navío”. Alfred Wahl, historiador especialista de la historia del fútbol, recuerda que “Qatar es un pequeño país, muy rico pero sin poder militar. Uno tiene la impresión de que el poder que ha adquirido a través del deporte reemplaza el poder que otorga un ejército de alto nivel. De alguna manera, Neymar es un como como la bomba atómica de Qatar”. La inversión futbolística es infinitamente menor que la militar y trae, por ahora, más réditos. En 2017 Qatar compró aviones de combate norteamericanos F-15 por unos 11 mil millones de unos y gastó otros cinco mil millones en la compra de siete barcos de guerra a Italia. El pequeño emirato es una verdadera empresa de expansión global. De los pies de Neymar dependen sus futuras conquistas y las formas con que el emirato puede derrotar a sus antagonistas regionales.


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Medios en EU advierten sobre dominio duopólico en Internet

La agrupación de medios de comunicación de Estados Unidos News Media Alliance advirtió ayer sobre el "duopolio" que forman Google y Facebook, por lo que pidió negociar con esas empresas que dominan la difusión de noticias y publicidad en Internet.

En un comunicado difundido ayer, la asociación consideró que el dominio de ambas compañías ha obligado a los medios de comunicación a "jugar según sus reglas respecto a cómo se despliegan, jerarquizan y monetizan las noticias y la información".

De acuerdo con la asociación, que integra a casi 2 mil grupos de medios, "esas reglas han comercializado las noticias, abriéndole paso a las noticias falsas, que no se pueden diferenciar de las verdaderas".

El documento agrega que las empresas de comunicación “están muy limitadas en poder de negociación contra el duopolio formado de facto y que absorbe el siempre descendiente segmento de ingresos publicitarios”.

En tanto, el presidente de Alliance, David Chavern, escribió en The Wall Street Journal que las plataformas de Internet "distorsionan el valor económico que se obtiene haciendo buen periodismo".

Dijo que ambas compañías se llevan más de 70 por ciento de los 73 mil millones de dólares que se gastan anualmente en publicidad en la web. "Pero esos dos gigantes digitales no emplean reporteros. No hurgan en los archivos públicos para descubrir corrupción, ni envían corresponsales a zonas de guerra ni cubren el juego de anoche", escribió.

"Ellos esperan que la económicamente exprimida industria de noticias haga por ellos ese costoso trabajo", añadió.

Sostuvo que las empresas periodísticas "deben poder negociar colectivamente con las plataformas digitales que controlan la distribución y el acceso".

El reclamo se produce en medio de la imparable caída en la demanda de noticias impresas, mientras los ingresos de publicidad también han caído por que se han trasladado a plataformas de Internet, que son mas consultadas por los lectores en la actualidad.

Facebook y Google se combinan para representar 60 por ciento del mercado de publicidad digital en línea este año, según el despacho de investigación eMarketer.

El grupo, antes llamado Newspaper Association of America, incluye periódicos de gran talla como The New York Times y The Wall Street Journal, así como cientos de grupos de medios más pequeños y organizaciones regionales de noticias.

Ayuda a los editores

La asociación busca el permiso del Congreso para obtener el derecho a negociar de manera conjunta con ambas empresas, aunque no será fácil obtener una exención antimonopolio del gobierno para negociar de manera conjunta. Sin embargo, el director ejecutivo de la alianza, David Chavern, dijo en entrevista a que es mejor intentar a no hacer nada.

Los medios de comunicación buscan una mayor protección para la propiedad intelectual, respaldo para los modelos de suscripción y una mayor porción del mercado de publicidad en línea.

Sobre este reclamo, Facebook y Google respondieron que han buscado ayudar a los grupos de medios haciéndoles algunas concesiones."Estamos comprometidos en ayudar al periodismo de calidad a desarrollarse en Facebook. Hemos avanzado en nuestro trabajo con los medios y hay mucho por hacer", dijo el director de alianzas informativas de Facebook, Campbell Brown.

Por su parte, Google dijo en un comunicado que busca "ayudar a los editores a triunfar en su transición hacia lo digital", incluso, en años recientes, ha creado varios productos especializados y tecnologías específicas para ayudar a los periódicos, añadió.

De acuerdo con el portal PuroMarkenting, en 2016 el mercado de la publicidad en línea en Estados Unidos creció en 12 mil millones de dólares y las dos empresas de Internet se llevaron el 77 por ciento de ese monto. Así, por cada dólar invertido, Google se llevó 40 centavos, Facebook 37 y el resto de los jugadores se debieron repartir 23.

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Google dejará de espiar correos de usuarios de Gmail

 

Google informó el viernes que dejará de explorar el contenido de las bandejas de entrada de los usuarios de Gmail para la orientación de anuncios publicitarios, con lo que pone fin a una práctica que ha alimentado las preocupaciones sobre la privacidad desde que se lanzó el servicio gratuito de correo electrónico.

Google explicó en un comunicado que los usuarios de Gmail seguirán viendo anuncios "personalizados" y mensajes de marketing, pero que éstos estarán basados en otros datos, como consultas de búsqueda o hábitos de navegación.

La vicepresidenta senior de Google Cloud, Diane Greene, dijo en un blog que el servicio gratuito de Gmail seguirá las mismas prácticas que su empresa G Suite Gmail. "El contenido de los consumidores de Gmail no se utilizará ni explorará para la personalización de anuncios después de este cambio", aseguró.

"Esta decisión hace que los anuncios de Gmail se alineen con la forma en que personalizamos los anuncios de otros productos de Google. Los anuncios que se muestran se basan en la configuración de los usuarios. Los usuarios pueden cambiar esa configuración en cualquier momento, incluyendo inhabilitar los avisos personalizados", agregó.

Los defensores de la privacidad se han quejado desde hace tiempo de que la exploración de los contenidos de correo electrónico equivale a una "escucha indebida" no autorizada por los usuarios. El gigante de internet llegó a un acuerdo a principios de este año en una demanda colectiva en la materia, pero una jueza federal lo rechazó por inadecuado.

Danny Sullivan, editor fundador del blog en línea Search Engine Land, calificó la medida como un "gran cambio" para Gmail, señalando que la exploración de contenido de correo electrónico "ha sido el mayor golpe contra los servicios desde que comenzó". Pero Sullivan escribió en Twitter: "Por otro lado, ¿tranquiliza a los consumidores saber que Google tiene mejor información ahora para perfilarlos que leyendo sus correos electrónicos?"

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Sábado, 04 Marzo 2017 07:03

El progresismo caníbal

El progresismo caníbal

 

Algunas lecciones de las elecciones en Ecuador

 

 

Las recientes elecciones generales en Ecuador ofrecen varias lecciones que deben ser atendidas en todo el continente. Esa disputa electoral despertó mucho interés, como por ejemplo entre los que entendían que podía corroborar o rechazar la hipótesis del “fin” de los progresismos. A su vez, muestra las reacciones electorales frente a las estrategias desarrollistas del gobierno de Rafael Correa, fuertemente basadas en los extractivismos.

Ese tipo de cuestiones hace que sea muy importante analizar lo sucedido en Ecuador, aunque sin caer en los simplismos. Sea aquel de la superficialidad de una defensa publicitaria del gobierno como si fuese perfecto, ni tampoco el que lo concibe como un demonio rojo que está destruyendo todo a su paso. Hay demasiados ejemplos de esos dos dogmatismos en muchos medios de prensa y todos sabemos que poco sirven. De la misma manera, vale como advertencia que esta es una mirada desde “afuera” con todo lo que tiene de limitaciones como de bueno, enfocada en solo algunas lecciones, varias de ellas relacionadas con las estrategias de desarrollo, y que son relevantes para los demás países sudamericanos.

 
Los candidatos y los agrupamientos políticos

 

Lo primero que debe señalarse es que el agrupamiento de gobierno, Alianza Pais (Patria Altiva i Soberana), consiguió un muy importante respaldo ciudadano (39.3% de los votos). Es un apoyo sustantivo ya que ocurre a pesar del esperado desgaste de casi diez años de gobiernos ininterrumpido de Correa, de la crisis económica que vive el país, y que la candidatura estaba en manos de otra persona, Lenin Moreno.

Esto arroja varias lecciones. Aunque es necesario un ballotage para decidir la presidencia, es evidente que no hay un “final” del progresismo. Alianza Pais tiene una mayoría simple en el parlamento (se estiman por lo menos 73 legisladores). Está claro que hay amplios sectores sociales valoran ciertas mejoras (las que son muy visibles en algunos sectores sociales y en infraestructura). Moreno tuvo un fuerte respaldo en provincias de la sierra y la costa, y en las grandes ciudades; ganó en 15 capitales provinciales, incluyendo las principales ciudades (Quito, Guayaquil y Cuenca).

Asimismo, no se forzó una reforma constitucional para una nueva reelección de Correa, lo que debe ser observado con atención, especialmente desde Bolivia, donde el MAS sigue insistiendo con esa idea. Son debatibles las razones por las cuales eso no ocurrió en Ecuador, pero finalmente optaron por un candidato distinto (Lenin Moreno), lo que puede revigorizar al conglomerado político de gobierno. El contrapeso en ello es la omnipresencia de Correa, tanto sobre el candidato como sobre el movimiento político, frenando así las renovaciones.

Un segundo aspecto es que los sectores conservadores votaron divididos en por lo menos dos grandes corrientes (la alianza Movimiento Creo de Guillermo Lasso, 28%, y el Partido Social Cristiano con Cynthia Viteri, 16%). No es descabellado pensar que si hubieran unido posiblemente triunfaban en la primera vuelta; el total de las dos corrientes suma 44%. Por lo tanto, la victoria de Alianza Pais también refleja que perdieron los sectores conservadores tradicionales al no poder coordinar una misma candidatura. Lo que tradicionalmente se rotula como “la derecha” no es un sector unitario, y esa particularidad está presente en los países vecinos y debe ser examinada con atención (es muy clara también en Bolivia, Colombia, Perú y Chile, por ejemplo).

Esas dinámicas resultaron en que el candidato oficialista ganara en varios bastiones conservadores, como la ciudad de Guayaquil y en provincias de la costa.

En tercer lugar, la votación de la izquierda independiente, agrupada con el candidato Paco Moncayo, fue reducida (6,7%), aunque es casi el doble de las elecciones anteriores (y con ello ampliará su bancada legislativa). En este caso la izquierda participó en una coalición (Acuerdo Nacional por el Cambio) que incluyó a la Izquierda Democrática, Unidad Popular, el partido indígena Pachakutik y distintos movimientos sociales. De todos modos, una vez más la coordinación dentro de esa coalición se resquebrajó, ya que hubieron candidatos sectoriales que sacaron más votos que el candidato a la presidencia.

La existencia de esta izquierda independiente sirve para insistir en que los progresismos son una manifestación política distinta. La divergencia entre progresismo e izquierda ocurrió en Ecuador hace ya varios años, y no ha dejado de acentuarse.

 

Territorios, extractivismos y votos

 

Uno de los aspectos más llamativos en el caso ecuatoriano, es que en las zonas más golpeadas por los extractivismos minero y petrolero, ubicados en la Amazonia, se votó abrumadoramente contra el gobierno. Son regiones donde predominan colonos y comunidades indígenas, y muchos han sufrido impactos sociales y ambientales, o una creciente violencia. Recordemos que en plena campaña, el gobierno Correa militarizó territorios del pueblo indígena shuar, quienes resistían a una empresa minera china, y además judicializó a varios de sus líderes.

Desde las comunidades que enfrentan los extractivismos la evaluación del gobierno Correa es muy negativa. Las promesas gubernamentales de beneficios económicos y sociales a cambio de aceptar a mineras o petroleras no tuvieron mayor efecto en conseguir adhesión electoral. O bien, esos comunarios ya saben por su propia experiencia que por más dinero que les prometan o reciban, terminan perdiéndose la calidad ambiental de sus territorios.

Sin embargo, como cuarto aspecto, hay que señalar que en esas regiones amazónicas los votos de esos descontentos fueron al candidato conservador (Lasso), y no necesariamente a la izquierda independiente opositora a Correa. Por ejemplo, hay provincias amazónicas donde Lasso casi duplica al gubernamental Moreno; en Napo, la oposición recibió el 55% de los votos contra 25% para Moreno (otras máximas votaciones de ese candidato fueron en Morona Santiago con 52% y en Pastaza 48%). Es como si muchos, desde la resistencia social local, sólo encontraran una salida caminando hacia la derecha.

Aquí asoman varias lecciones que deben ser analizadas detenidamente. Parece claro que desde las comunidades locales se rechazan los extractivismos por sus impactos y a la vez se considera que el gobierno no ofrece garantías en cuanto a calidad de vida y ambiente en esos sitios, sino que activamente impone a las mineras o petroleras. Es más, el propio gobierno es una fuente de violencia en sus apoyos extractivistas. Por lo tanto, en esos sitios predomina el rechazo a los candidatos oficialistas. Es un fenómeno similar al que se observa en Perú o Bolivia.

En el caso ecuatoriano, ese rechazo no resulta en un mayor apoyo a la izquierda independiente sino que una proporción significativa parece haber optado por un “voto útil” a la derecha política buscando impedir que Alianza Pais se mantenga en el gobierno.

Eso debería ser mirado con especial atención por ejemplo desde Perú, ya que en su coalición Frente Amplio hay una tensión entre un ala más progresista (y proclive a los extractivismos) y unos sectores que enfatizan la protección territorial y ambiental. No olvidemos que la candidata Veronika Mendoza participó del último encuentro progresista latinoamericano organizado por el gobierno Correa. Entonces es importante observar que en el caso ecuatoriano, el amparo a proyectos extractivistas brindó muchos votos urbanos que le permitieron llegar al gobierno, pero a la vez, eso le alejó de las comunidades locales y de cualquier proyecto de izquierda.

Esas comunidades locales están tan golpeadas, que parecería que no votan ni siquiera a la izquierda independiente como si tuvieran miedo que ella también se conviertan en un nuevo progresismo. Los progresistas de esa manera impiden una renovación hacia la izquierda pero además anula a la izquierda independiente.

La paradoja de esta situación es que un candidato conservador como Lasso sin duda avanzará con los extractivismos, aunque de modos distintos, tal como se observa ahora en Argentina bajo el gobierno Macri o en Brasil con Temer. No existirá un alivio en las presiones extractivistas apoyando a la oposición conservadora.

La situación amazónica contrasta con lo observado en varias zonas rurales de los Andes y la costa, donde el candidato del gobierno tuvo muy buena votación. En efecto, Moreno logró las proporciones más altas de voto en las provincias de Manabí 54% y Santa Elena 48%. Sin duda hay muchos problemas rurales en la sierra y la costa, como la desigualdad en el acceso a las tierras, limitada rentabilidad, avance del agronegocio, deterioro de suelos y aguas, etc. Son problemas que el gobierno Correa no ha logrado solucionar y que por momentos no están en el centro de su atención. Pero esa situación no alimentó un rechazo electoral masivo a Alianza País, y muchos votantes rurales terminaron apoyando a Moreno. De todos modos, el opositor Lasso obtuvo buen apoyo en zonas rurales, por ejemplo en Cotopaxi, Chimborazo, Tungurahua y Bolívar.

Habría que analizar en más detalle si el deterioro rural, en tanto se expresa crónicamente, no produce la misma conflictividad social que los extractivismos, lo que estalla en problemas más agudos y visibles. Como ejemplo podría recordarse, para la sierra, los procesos de erosión que han sido señalados desde hace mucho tiempo, mientras que en la Amazonia la llegada de las mineras y sus excavaciones generan amputaciones ecológicas en lapsos muy breves.

De todos modos queda en claro que los extractivismos desencadenan reacciones ciudadanas que afectan directamente las votaciones, lo que debería ser observado detenidamente en los países vecinos. Debe subrayarse esto ante la cantidad de artículos superficiales que son ciegos ante esta problemática, y en especial por los textos que abusan de las metáforas de enormes batalles parecen no entender que la verdadera guerra es contra las comunidades locales, los indígenas y la naturaleza.

 
Publicidad, medios y corrupción

 

La campaña electoral ecuatoriana también fe una disputa publicitaria, y una confrontación sobre el poder que realmente tendrían los medios. En ese contexto, la publicidad de todos los candidatos fue simplista, repetitiva, agobiante, casi asfixiante, y para muchos aburrida.

Tampoco puede ignorarse que la publicidad por el candidato oficialista se duplicaba, ya que por un lado estaban los avisos del propio movimiento político y por otro lado la que sin inhibiciones desplegaba el gobierno. En unos casos alcanzó ribetes de posverdad algo cómicos, como por ejemplo el anuncio de una mega inversión de 3 mil millones de dólares para fabricar autos eléctricos, que el secretario de educación presentó rodeado de banderas y logos de grandes corporaciones, y que terminó con desmentidos desde esas transnacionales.

Aunque Correa se burló de una supuesta revolución de los smartphones, las redes sociales y webs alternativas jugaron un papel importante, en paralelo a los medios convencionales. Desde allí se ventilan todo tipo de informaciones, denuncias, reportes, etc., y su penetración es cada vez mayor.

Justamente las denuncias de corrupción contra el gobierno Correa centraron mucha atención tanto desde medios convencionales como desde las redes sociales. Esas denuncias, especialmente las que involucraban a la petrolera estatal Petroecuador, fueron intensas, y con ribetes rocambolescos aprovechados por sectores opositores (por ejemplo, distribuyendo mini videos con declaraciones de un ex ejecutivo de esa empresa que huyó de Ecuador).

Sin embargo es difícil afirmar que todo eso jugó un papel decisivo en alentar un voto contra el gobierno. No puede negarse que existe un problema con la corrupción, y que muchos casos están asociadas con los extractivismos –otro de los asuntos negados por los analistas superficiales. No es un problema exclusivo de Ecuador sino que se repite en todos los países. Pero de todos modos, no parecería que la lucha contra la corrupción fuese determinante en decidir premios y castigos electorales. Es como si muchos aceptaran a la corrupción como una característica inmodificable de la vida política.

 

Institucionalidad política y electoral

 

El caso ecuatoriano también es una alerta sobre la enorme importancia de la institucionalidad electoral. El proceso de conteo de los votos estuvo bajo fuerte controversia, se sumaron denuncias en las redes sociales, duras declaraciones de los partidos de oposición, movilización ciudadana en las calles en varias ciudades, y para completar todas las posibilidades, hasta Alianza Pais criticó a las autoridades electorales. O sea, todos están descontentos con la autoridad electoral.

Los movimientos ciudadanos ya habían alertado sobre eso; recordemos que ese consejo electoral fue el que trabó de distintos modos una consulta ciudadana sobre la explotación petrolera en la Amazonia.

La lección es que cuando un gobierno juega a incidir sobre la autoridad electoral la democracia pierde, pero también se afecta su propia legitimidad. Hay un efecto boomerang, ya que aún si Lenin Moreno gana esa segunda vuelta, su legitimidad presidencial estaría afectada si persisten todos estos problemas.

Los países vecinos, en especial Perú y Bolivia, deben asegurar la independencia y rigurosidad en las autoridades electorales, para no caer en problemas similares a los ecuatorianos (y a los de Venezuela).

 
Un progresismo caníbal

 

Como un balance preliminar, la situación ecuatoriana muestra a un progresismo que mantiene un núcleo duro de adhesión ciudadana, y con ello podrá controlar la agenda del poder legislativo. Desde ese punto de vista es una expresión política que sigue viva, pero a la vez no logra generar nuevas innovaciones políticas y se vuelve cada vez más dependiente de estrategias de desarrollo convencionales. Por esa razón es que se describe un progresismo agotado.

Los progresismos han tenido éxitos electorales iniciales, especialmente por tomar algunas medidas propias de la izquierda y por una retórica que también aprovecha imágenes de la izquierda. Pero los componentes centrales en sus estrategias de desarrollo son convencionales, y ello impone políticas públicas que, por ejemplo, toleran todo tipo de impactos sociales y ambientales, y a la vez, rediseñan los entendidos de la democracia, volcándose a prácticas cada vez más verticalistas y menos participativas, y son ese tipo de factores los que resultan en su agotamiento. El proceso ecuatoriano da muchos ejemplos de esta problemática.

Paradójicamente, ese agotamiento genera condiciones políticas que hace que muchas bases de apoyo, en lugar de buscar las alternativas hacia la izquierda, se vuelquen a los sectores conservadores. Es como si el progresismo tuviera una veta caníbal.

En efecto, el progresismo devora aquellos componentes de izquierda en sus propias estrategias de desarrollo bajo la obsesión con el crecimiento económico y las exportaciones. Devora sus bases políticas, y cuando éstas lo abandonan, muchas de ellas se corren hacia la derecha. El progresismo se presenta a sí mismo como la única y verdadera izquierda, y golpea a la izquierda independiente; la ataca, calificándola como infantil por ejemplo, y con ello impide alianzas con ella para renovarse genuinamente hacia la izquierda. Esta problemática también es visible en las elecciones ecuatorianas, y procesos análogos se han observado en Brasil y Argentina.

Es por todo este tipo de razones que las elecciones en Ecuador ofrecen muchas enseñanzas que deberían ser analizadas con detenimiento por quienes, en los demás países, siguen comprometidos con la justicia social y ambiental.

 

Eduardo Gudynas es analista en el Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES). Una versión inicial de estas ideas se publicó como nota de opinión en Los Tiempos (Cochabamba), 23 febrero 2017; y en una entrevista con Página Siete (La Paz), 28 febrero 2017. La versión final se publicó en www.DemocraciaSur.com (con imágenes y tablas), el 3 de marzo 2017.

 

 

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“No”, dice Kosinski con calma mientras agita su cabeza, “esto no es culpa mía. Yo no construí la bomba. Sólo demostré que existía”.

 

El 9 de noviembre sobre las 8:30am, Michal Kosinski se despertaba en el Hotel Sunnehus en Zurich. El investigador, de 34 años, había venido a dar una charla al Instituto Federal de Tecnología Suizo (ETH) sobre los peligros del Big Data y la revolución digital. Kosinski da estas charlas con frecuencia en todo el mundo. Kosinski es experto en psicometría, una rama de la psicología donde se miden y cuantifican variables psicológicas. Cuando encendió la televisión esa mañana, descubrió que la bomba había explotado: En contra de lo previsto por los mejores estadistas, Donald J. Trump había sido elegido Presidente de los Estados Unidos.

Durante un rato, Kosinski observó las celebraciones de la victoria de Trump y los resultados de cada estado. Tenía el presentimiento de que el resultado de las elecciones tenían algo que ver con sus investigaciones. Respiró profundamente y apagó la televisión.

Ese mismo día, una pequeña y poco conocida empresa británica ubicada en Londres enviaba una nota de prensa: “Estamos encantados de que nuestro revolucionario método de comunicación basado en datos haya jugado un papel tan importante en la extraordinaria victoria del presidente electo Donald Trump”, firmaba un tal Alexander James Ashburner Nix. Nix es británico, de 41 años, y CEO de Cambridge Analytica. Siempre luce inmaculado en trajes a medida y gafas de diseño, con su ondulado pelo rubio peinado hacia atrás.

De estos tres individuos – el reflexivo Kosinski, el inmaculado Nix y el sonriente Trump -, uno de ellos permitió la revolución digital, otro la hizo realidad y otro se benefició de ella.

 

 

¿Cómo de peligroso es el Big Data?

 

 

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Vía Pablo Reyes.

 

 

Todo aquel que no haya pasado los últimos cinco años viviendo en otro planeta estará ya familiarizado con el término Big Data. Big Data significa que todo lo que hacemos, ya sea online u offline, deja una huella digital. Cada compra que hacemos con nuestras tarjetas, cada búsqueda que hacemos en Google, cada sitio al que vamos con nuestro teléfono en el bolsillo, cada “me gusta” es recolectado. Especialmente cada “me gusta”. Durante mucho tiempo, no estaba del todo claro qué uso podríamos darle a esta información – más allá de recibir anuncios de medicamentos para la presión sanguínea tras haber buscado en Google “reducir presión sanguínea”. Tampoco estaba claro si el Big Data pondría en peligro o beneficiaría a la raza humana. El 9 de Noviembre supimos la respuesta. La compañía detrás de la campaña online de Trump, así como la del Brexit, era una compañía de Big Data: Cambridge Analytica, cuyo CEO es Alexander Nix.

Para entender el resultado de las elecciones -y lo que puede llegar a Europa en los próximos meses- tenemos que empezar con un extraño incidente en la Universidad de Cambridge en 2014, en el Centro de Psicometría de Kosinski.

La psicometría, a veces denominada psicografía, se centra en medir rasgos psicológicos como la personalidad. En los años 80, dos equipos de psicólogos demostraron que cada rasgo del ser humano se puede evaluar basándose en cinco dimensiones de la personalidad, conocidos como los Big Five. Estos son: Disposición (¿cómo de dispuesto estás a nuevas experiencias?), conciencia (¿cómo de perfeccionista eres?), extraversión (¿cómo de sociable eres?), amabilidad (¿cómo de considerado y cooperativo eres?) y neuroticismo (¿eres fácil de enfadar?). En base a estas dimensiones -conocidas como OCEAN por el acrónimo del inglés: openness, conscientiousness, extroversion, agreeableness, neuroticism– podemos hacernos una idea bastante acertada de la persona que tenemos delante. Esto incluye sus necesidades, sus miedos y su comportamiento. El “Big Five” se ha convertido en la técnica estándar de la psicometría. Pero durante mucho tiempo, el problema de esta técnica era la recolección de estos datos, ya que implicaban el relleno de un largo formulario muy personal. Pero llegó Internet. Y Facebook. Y Kosinski.

Michal Kosinski era estudiante en Varsovia cuando su vida tomó una nueva dirección en 2008. Fue aceptado en la Universidad de Cambridge para realizar su Doctorado en el Centro de Psicometría, uno de las instituciones más antiguas en esta materia. Kosinski se unió a David Stillwell (ahora profesor en la de Universidad de Cambridge) un año después de que Stillwell hubiera lanzado una pequeña aplicación de Facebook, cuando Facebook no era el gigante que es hoy en día. Su aplicación MyPersonality hacía a los usuarios responder a unas preguntas, muchas de ellas del cuestionario del Big Five (“Me pongo nervioso fácilmente” – “Contradigo a los demás”). Una vez evaluadas esas respuestas, los usuarios recibían un “Perfil de Personalidad” -de los valores del Big Five- y podían compartir su perfil con los investigadores. Kosinski esperaba que algunas docenas de compañeros de universidad rellenaran el cuestionario, pero antes de lo que esperaba, cientos, miles y hasta millones de personas le habían revelado sus más íntimas convicciones. De repente, los dos estudiantes de doctorado tenían la mayor base de datos que combinaba evaluaciones psicométricas con perfiles de Facebook.

El método que Kosinski y sus compañeros desarrollaron durante los siguientes años era bastante simple. Primero, presentaban a los participantes un formulario online. De sus respuestas, los psicólogos calculaban los valores de sus Big Five. El equipo de Kosinksi comparaba entonces los resultados con toda la demás información que pudieran obtener del sujeto: a qué hacían “me gusta”, qué compartían y que escribían en Facebook, qué edad tenían, género o lugar de residencia. Esto permitía a los investigadores unir puntos y crear correlaciones. Por ejemplo, los hombres que hacían “me gusta” en cosméticos MAC eran, por lo general, gays; uno de los mayores indicadores de heterosexualidad es que hubiera hecho like al Wu-Tang Clan. Los seguidores de Lady Gaga tendían a ser más extrovertidos, mientras más “filosóficos” tendían a ser más introvertidos. Aunque una sóla pieza de esta información es irrelevante para hacer una predicción, cuando se combinan decenas, centenas o miles de estos datos, los resultados de las predicciones llegan a ser muy acertados.

 

 

Los seguidores de Lady Gaga tendían a ser más extrovertidos, mientras más “filosóficos” tendían a ser más introvertidos.

 

 

Kosinski y su equipo siguieron redefiniendo sus modelos. En 2012, Kosinski demostró que con una media de 68 “me gusta” de un usuario, era posible predecir su color de piel (en un 95 por ciento), su orientación sexual (88 por ciento) y su afiliación al partido Demócrata o Republicano (85 por ciento). Pero no acababa ahí. Inteligencia, religión, consumo de alcohol y tabaco, podían predecirse. De estos datos, podía incluso saberse si los padres de una persona estaban divorciados. La robustez del modelo podía ilustrarse sobre cómo de bueno era éste prediciendo las respuestas del sujeto. Kosinski continuó trabajando en su modelo de forma incesante: en poco tiempo, el modelo era capaz de evaluar a una persona mejor que un compañero de trabajo, basándose sólo en 10 “me gusta”. 70 “me gusta” eran suficiente para para hacerlo mejor que un amigo, 150 mejor que sus padres, y 300 mejor que su pareja. Más “me gusta” podían incluso predecir más de lo que la misma persona sabía sobre ella misma. El día en que Kosinski publicó estos descubrimientos, recibió dos llamadas de teléfono: Una amenaza de denuncia y una oferta de trabajo. Las dos eran de Facebook.

Unas semanas después, los “me gusta” en Facebook pasaron a ser privados por defecto. Antes, la configuración por defecto era que cualquier persona podía ver tus “me gusta”. Esto no fue inconveniente para los recolectores de datos: mientras que Kosinski siempre pedía el consentimiento de los usuarios, muchas aplicaciones y cuestionarios online requerían acceso a la información privada como precondición para poder rellenar el test. (Quien quiera evaluarse a sí mismo basándose en sus likes de Facebook puede hacerlo en la web de Kosinski: applymagicsauce.com, y luego comparar los resultados con los del clásico cuestionario de los Big Five:discovermyprofile.com/personality.html)

Pero no sólo se trata de “me gustas”, ni siquiera sólo de Facebook. Kosinski y su equipo pueden predecir valores de los Big Five basándose en el número de fotos de perfil o cuántos contactos tiene una persona (buen indicador de la extraversión). Pero también revelamos información cuando estamos offline. Por ejemplo, el sensor de movimiento de nuestros teléfonos indica cómo de rápido nos movemos y cómo de lejos viajamos (lo cual tiene correlación con inestabilidad emocional). Nuestro teléfono, concluye Kosinski, es un gran cuestionario psicológico que siempre estamos rellenando, ya sea consciente o inconscientemente. Lo mejor es que, sin embargo -y esto es clave- también funciona al revés: tus datos no sólo pueden generar un perfil psicológico, sino que pueden usarse al revés para encontrar ciertos perfiles de personas: padres con ansiedad, introvertidos furiosos, por ejemplo – ¿o quizás incluso todos los demócratas indecisos? Básicamente, lo que Kosinski había inventado era un buscador de personas.

 

 

Nuestro teléfono, concluye Kosinski, es un gran cuestionario psicológico que siempre estamos rellenando, ya sea consciente o inconscientemente.

 

 

Kosinski empezó a reconocer el potencial -aunque también el peligro inherente- de su obra. Para él, Internet había sido una especie de regalo del cielo. Lo que él pretendía era devolver el favor, compartirlo. Los datos se pueden copiar, así que ¿por qué no íbamos todos a aprovecharnos de ello? Era el espíritu de una nueva generación, el comienzo de una nueva era que traspasaba las limitaciones del mundo físico. ¿Pero qué pasaría, se preguntaba Kosinski, si alguien abusara de su buscador de personas para manipular a la gente? Comenzó a añadir advertencias a casi todo su trabajo científico. Su método, advertía, “podía suponer una amenaza para el bienestar, libertad e incluso, para la vida del individuo”. Pero parece que nadie entendió lo que quería decir.

Sobre esta fecha, a principios de 2014, un joven profesor asistente llamado Aleksandr Kogan se acercó a Kosinski. Le comentó que, hablando en nombre de una empresa, estaba interesado en su método. Dicha compañía quería tener acceso a la base de datos de myPersonality, recuerda Kosinski. Kogan no podía decir con qué objetivo quería esta empresa esta información; debía guardar el secreto. Al principio, Kosinski y su equipo consideraron la oferta, puesto que supondría un buen ingreso de dinero en el centro -pero entonces dudó. Al final, recuerda Kosinski, Kogan desveló el nombre de la compañía: SCL- Strategic Communication Laboratories. Kosinski buscó en Google la compañía: “[Somos] la principal agencia de gestión electoral”, explicaba la web de la compañía. SCL ofrecía marketing basado en modelos psicológicos. Unos de sus principales objetivos: Influenciar en elecciones. ¿Influenciar en elecciones? Perturbado, Kosinski indagó en la web. ¿Qué tipo de compañía era esta? ¿Y qué tenía entre manos?

Había algo que Kosinski no conocía en aquel momento: SCL es la matriz de un grupo de compañías. A quién pertenece SCL y sus diversas ramas no está claro, gracias a una difusa estructura corporativa, como puede comprobarse en el registro de compañías británico, los papeles de Panamá y su registro como compañía en Delaware. Algunas de las ramas de SCL han estado involucradas en el derrocamiento de gobiernos en países en desarrollo, mientras que otras han desarrollado métodos de manipulación psicológica al pueblo afgano a petición de la OTAN. Además, SCL es la empresa madre de Cambridge Analytica, la siniestra compañía de Big Data que luego trabajó para la campaña online de Trump y el Brexit.

Kosinski no sabía nada en absoluto de todo esto, pero tenía un presentimiento. “Todo empezaba a oler mal”, recuerda. Tras más investigaciones, descubrió que Aleksandr Kogan había registrado, de forma secreta, una compañía que hacía negocios con SCL. Como demostró posteriormente The Guardian en Diciembre de 2015, y por documentos revisados por Das Magazin, SCL había descubierto el método de Kosinski a través de Kogan. De repente Kosinski pensó que habían conseguido reproducir (¿o copiar?) su método de medida del Big Five usando los “me gusta” de Facebook para venderlo a esta compañía de “gestión de elecciones”. Kosinski cortó directamente el contacto con Kogan e informó al director del instituto, generando así un difícil conflicto en la universidad. El instituto temía por su reputación. Aleksander Kogan se mudó a Singapur, se casó, y se cambió el nombre a “Dr. Spectre”. Michal Kosinski terminó su doctorado, obtuvo un trabajo en Stanford y se mudó a Estados Unidos.

Todo se mantuvo en calma durante un año. Hasta que, en Noviembre de 2015, la más radical de las campañas de Brexit, “Leave.EU”, liderado por Nigel Farage, anunciaba que había encargado a una compañía de Big Data llevar su campaña online: Cambridge Analytica. El mayor potencial de la compañía: novedoso marketing político -microtargeting- midiendo la personalidad de la gente por sus huellas en la nube, basado en el modelo OCEAN.

Kosinski empezó a recibir emails preguntando qué tenía él que ver con eso -las palabras Cambridge, personalidad y análisis llevaban a mucha gente a pensar directamente en Kosinski. Era la primera vez que Kosinski escuchaba sobre esta compañía. Preocupado, buscó en la web. ¿Estaban usando su método a gran escala con intereses políticos?

Tras el resultado del Brexit, amigos y conocidos le escribían: Mira lo que has conseguido. A cada sitio que iba, Kosinski tenía que explicar que no tenía nada que ver con esta compañía.

 

 

Tras el resultado del Brexit, amigos y conocidos le escribían: Mira lo que has conseguido.

 

 

Pasaron meses. El 19 de Septiembre de 2016 llegó; las elecciones americanas se acercaban rápidamente. Riffs de guitarra llenaban la recepción azul oscura del New York Grand Hyatt Hotel; “Bad Moon Risin” de Creedence Clearwater Revival. El Concordia Summit es una especie de Foro Económico Mundial en miniatura. Dirigentes de todo el mundo habían sido invitados, entre ellos el presidente suizo Schenider-Ammann. “Por favor, den la bienvenida a Alexander Nix, CEO de Cambridge Analytica”, anunciaba una suave voz femenina. Un hombre delgado en traje oscuro subía al escenario. De repente, silencio. (El vídeo está en Youtube). Muchos de los presentes sabían que el presente era el nuevo hombre de Trump para su estrategia digital. “Pronto me llamareis Mr. Brexit”, Trump twiteaba recientemente, de forma un poco críptica, unas semanas antes. Algunos analistas políticos ya habían percibido algunas similaridades inquietantes entre la agenda de Trump y la de la del movimiento de Leave del Brexit. Pero pocos habían caído en la reciente contratación de una compañía de marketing llamada Cambridge Analytica.

Hasta este momento, la campaña digital de Trump había consistido en básicamente una persona: Brad Parscale, un emprendedor publicitario y fallido fundador de una startup que creó una web para Trump por 1500 dólares. Trump, con 70 años, no es demasiado amante de la tecnología -ni siquiera tiene ordenador en su escritorio. Trump no usa emails, según revelaba su asistenta personal. Ella misma le insistía en tener un smartphone- desde donde ahora twittea sin parar.

Hillary Clinton, por otro lado, confiaba plenamente en el legado del primer “presidente de redes sociales”, Barack Obama. Tenía la lista de direcciones de todo el Partido Demócrata, conseguido gracias a análisis de alta tecnología de “BlueLabs” y recibía soporte de Google y DramWorks. Cuando se anunció en junio de 2016 que Trump había contratado a Cambridge Analytica, el “establishment” de Washington renegó y lo criticó. ¿Extranjeros en trajes a medida que no entienden ni nuestro país ni nuestra gente? ¿En serio?

“Es un privilegio para mí el hablar antes ustedes hoy sobre el poder del Big Data y la psicografía en el proceso electoral”. El logo de Cambridge Analytica – un cerebro compuesto de nodos de una red, como un mapa, aparecía tras Alexander Nix. “Hace sólo dieciocho meses, el Senador Cruz era uno de los candidatos menos populares”, explicaba el hombre rubio con su distinguido acento británico, que deja a los americanos igual de incómodos que un acento puro alemán deja a un suizo. “Menos del 40 por ciento de la población había escuchado hablar de él”, decía otra diapositiva. Al final de 2014, Cambridge Analytica se había involucrado en las campañas electorales de Estados Unidos, en un principio como consultora para el republicano Ted Cruz, subvencionado por el reservado billonario del software Robert Mercer. Todos en la sala conocían el meteórico ascenso del Senador conservador Cruz. Era uno de los sucesos más extraños de la campaña electoral: ¿Cómo había conseguido el Senador Cruz llegar a ser la última competencia directa de Trump para las primarias Republicanas, subiendo del 5 al 35 por ciento? “¿Cómo lo hizo?”. Hasta ahora, explica Nix, las campañas electorales se han basado en conceptos demográficos. “Una idea ridícula. La idea de que todas las mujeres debían recibir el mismo mensaje sólo por su género o que todos los afroamericanos debían hacerlo por su raza.” Lo que Nix quiere decir es que los demás han confiado en la demografía, mientras que Cambridge Analytica está usando psicometría.

Aunque esto sea cierto, el papel de Cambridge Analytica en la campaña de Cruz no está libre de disputas. En Diciembre de 2015, el equipo de Cruz reconocía su exitoso ascenso gracias al uso psicológico de datos y análisis. En la “Era de la Publicidad”, un cliente político calificó al personal de Cambridge como “una rueda de respuesto”, pero consideró que su producto principal, el modelo de datos de votantes de Cambridge, continuaba siendo “excelente”. Aún así, no está claro hasta qué punto estaba Cambridge Analytica involucrada en la campaña de “Leave”. Cambridge Analytica no discutirá estas preguntas.

Nix pasa a la siguiente diapositiva: cinco caras diferentes, cada una correspondiente a un perfil de personalidad. Es el Big Five, o el modelo OCEAN. “En Cambridge”, comenta Nix, “somos capaces de crear un modelo para predecir la personalidad de cada uno de los adultos en los Estados Unidos de América.”. La audiencia presta atención. Según Nix, el éxito del marketing de Cambridge Analytica se basa en una combinación de tres elementos: ciencia del comportamiento usando el modelo OCEAN, análisis de Big Data, y publicidad especializada. La publicidad especializada, en otras palabras, es una publicidad dirigida y formulada de forma muy concreta para la personalidad de cada individuo.

Nix explica cómo su compañía consigue estos resultados. Primero, Cambridge Analytica compra datos personales de distintas fuentes como registros de propiedades, datos de transporte, de compras, tarjetas de bonus, pertenencia a clubs, que revistas lees, a qué iglesias vas, etc. Nix enseña los logos de varias compañías especializadas en este tipo de información como Acxiom y Experian -en los Estados Unidos, casi toda la información personal está a la venta. Por ejemplo, si quieres saber dónde vienen las mujeres judías, puedes comprar la información, con números de teléfono incluido. Luego, Cambridge Analytica agrega todos esos datos con la lista miembros del Partido Republicano y datos online como los “me gusta” de facebook- hoy en día la compañía dice no usar datos de facebook y calcula un perfil de personalidad de Big Five. Las huellas digitales de repente se convierten en una persona real, con miedos, necesidades, intereses y dirección física.

La metodología es bastante similar a la que desarrolló en aquel momento Michal Kosinski. Cambridge Analytica usaba además, según Nix, “encuestas en redes sociales” y datos de Facebook. Y Cambridge Analytica hacía precisamente lo mismo que Kosinski advertía: “Hemos creado perfiles de todos los adultos de Estados Unidos, 220 millones de personas”, se enorgullecía Nix. Abre una captura de pantalla. “Este es el panel resumen que preparamos para la campaña de Cruz”. Un panel de control aparece. A la izquierda están los diagramas, a la derecha un mapa de Iowa, donde Cruz ganó un importante número de votos en las primarias. Y en el mapa, aparecen cientos de miles de puntos rojos y azules. Nix ajusta el filtro aún más: “Republicanos”, -los puntos azules desaparecen; “Indesisos”- más puntos desaparecen; “hombres”, etc. Finalmente, sólo una persona queda en el mapa, incluyendo edad, dirección, intereses, personalidad e inclinación política. ¿Cómo hace Cambridge Analytica para actuar específicamente sobre esta persona con el mensaje político correcto?

Nix enseña cómo pueden dirigirse de forma distinta a votantes que han sido categorizados psicológicamente, usando como ejemplo el derecho al uso de armas, la Segunda Enmienda: “Para un público neurótico y diligente, la amenaza de un robo -y la póliza de seguro de un arma”. Una imagen a la izquierda muestra la mano de un ladrón rompiendo una ventana. A la derecha, una foto de un hombre con su hijo contemplando el atardecer, ambos con armas en la mano, disparando a patos. “Por otro lado, para un público más cercano y afable. Gente que se preocupa de las tradiciones, los hábitos, la familia”.

 

 
Cómo mantener a los votantes de Clinton lejos de las urnas

 

 

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Las huellas digitales de repente se convierten en una persona real, con miedos, necesidades, intereses y dirección física. Foto: Gointeraction.biz

 

 

Las continuas inconsistencias de Trump, su muy criticada inconsistencia, y sus consecuentes mensajes contradictorios, de repente se convirtieron en su principal arma: un mensaje distinto para cada votante. El que Trump actuara como un perfecto algoritmo oportunista siguiendo únicamente la reacción del público es algo que el matemático Cathy O’Neil ya había mencionado en Agosto de 2016. “Prácticamente cada mensaje de Trump fue diseñado por el análisis de los datos”, recuerda Alexander Nix. El día del tercer debate entre Trump y Clinton, el equipo de Trump probó 175 mil variaciones de sus argumentos para encontrar la mejor, todo basado en Facebook. Los mensajes se distinguían en su mayoría por detalles microscópicos, con el objetivo de llegar al espectador de la mejor forma posible: diferentes cabeceras, colores, ilustraciones con fotos o vídeos. El perfeccionismo llegaba hasta los grupos más minoritarios, explica Nix en una entrevista a Das Magazin. “Podemos llegar a pueblos o bloques de apartamentos de una forma concreta. Incluso a particulares”.

 

 

“Prácticamente cada mensaje de Trump fue diseñado por el análisis de los datos”, recuerda Alexander Nix.

 

 

En el distrito de Miami de Little Haiti, la campaña de Trump mostraba a sus habitantes noticias acerca del fracaso de la fundación de Clinton en la ayuda tras el terremoto de Haití -con el objetivo de que no votaran a Hillary Clinton. Este era uno de los objetivos: mantener a potenciales votantes de Clinton (incluyendo gente de izquierda insegura, afroamericanos y mujeres jóvenes) lejos de las urnas, “borrar” su voto, cómo decía uno de los empleados de Trump.

Estos “puntos oscuros”- publicidad encubierta en la lista de noticias de facebook de forma que sólo ciertos perfiles específicos pueden verlo – incluían videos únicamente para afroamericanos donde Hillary Clinton se refería a los hombres negros como “depredadores”, por ejemplo.

Nix acaba su presentación en el Concordia Summit dejando claro que la publicidad tradicional está muerta. “Mis hijos seguramente nunca, jamás, entenderán este concepto de comunicación masiva.”. Antes de dejar el escenario, anunciaba que uno de los dos candidatos que aún quedaban estaba usando esta nueva tecnología.

La precisión con la que la población americana se estaba abordando por las tropas digitales de Trump en ese momento no estaba claro -porque atacaban menos en la televisión tradicional, y más con mensajes personalizados en redes sociales o televisión digital. Y mientras que el equipo de Clinton pensaba que estaba en cabeza basado en proyecciones demográficas, la periodista de Bloomberg Sasha Issenberg se sorprendía en una visita a San Antonio -donde se basa la campaña digital de Trump- cuando vio que se estaban creando unas segundas sedes. El equipo integrado de Cambridge Analytica, aparentemente sólo 12 personas, recibió 100.000 dólares de Trump en Julio, 250 mil en agosto, y 5 millones en septiembre. Según nuestras últimas conversaciones con Mr. Nix, ganaron más de 15 millones de dólares en total.

Y los efectos fueron radicales: Desde Julio de 2016, los “corredores” de Trump que iban puerta por puerta tenían una aplicación móvil donde podían identificar las ideas políticas de los habitantes de una vivienda. Fue la misma app que se usó durante el Brexit. La gente de Trump sólo pegaba en las puertas de gente que la app consideraba receptivas a sus mensajes. Iban preparados con guiones para conversaciones personalizadas según el tipo de persona. Además, éstos rellenaban las reacciones de la gente en la propia aplicación – y a aplicación llegaba directamente al panel de control de la campaña de Trump.

Esto no es nada nuevo. El equipo de Clinton hizo cosas similares -pero hasta donde sabemos, no crearon perfiles psicométricos. Cambridge Analytica, sin embargo, dividió la población americana en 32 tipos de personalidades, y se enfocó en sólo 17 estados. Y tal y como Kosinski estableció que un hombre interesado en productos MAC tiene alta probabilidad de ser gay, Cambridge Analytica descubrió que tener preferencia por coches hechos en Estados Unidos era un buen indicador de cercanía a las ideas de Trump. Entre otras cosas, estos descubrimientos mostraron qué mensajes de Trump funcionaban mejor y dónde. La decisión de centrarse en Wisconsin y Michigan en las últimas semanas de la campaña se tomó basada en los datos analizados. El candidato se convirtió en el instrumento para implementar un modelo.

 

 

 ¿Qué está haciendo Cambridge Analytica en Europa?

 

¿Pero hasta qué punto influenciaron los métodos psicométricos el resultado de las elecciones? Cuando preguntamos, Cambridge Analytica no quiere dar ningún detalle sobre la efectividad de su campaña. Y quizás la pregunta de si los métodos psicométricos tuvieron algún efecto en el resultado de las elecciones de 2016 sea imposible de responder. Aún así existen pistas: Hay un incremento inesperado de Ted Cruz durante las primarias. También incrementó el voto en las zonas rurales. Hubo un descenso en los votos de los afroamericanos primerizos. El hecho de que Trump empleó tan poco dinero también podría ser explicado por la efectividad del método de la publicidad basada en personalidad. Así como el hecho de que gastó mucho más en su campaña digital que en televisión comparado con Hillary Clinton. Facebook resultó ser el arma definitiva y el mejor aliado en la campaña, como muestran los tweets de muchos empleados de Trump.

Muchos han dicho que los estadistas perdieron las elecciones con sus predicciones tan alejadas de la realidad. ¿Pero y si es al revés?: Los estadistas de hecho ganaron las elecciones -pero sólo los que usaron el nuevo método. Es una ironía de la vida que Trump se quejara con la investigación científica, mientras usaba un método puramente científico en su campaña.

Otro gran ganador es Cambridge Analytica. Steve Bannon, conocido miembro del comité directivo de la compañía y antiguo ejecutivo del periódico conservador Breitbart News, ha sido elegido como Consejero Senior de Donald Trump y Jefe de Estrategia. Marion Maréchal-Le Pen, la activista del Front-National y sobrina del candidato presidencial a Francia, ya ha comentado en twitter que aceptaría una invitación para colaborar con él, y en un video interno de Cambridge Analytica, la grabación de una reunión se titula “Italia”. Ya en 2012 SCL Elections estaba presente en la política italiana. Aunque Cambridge Analytica no comenta nada sobre sus supuestas conversaciones con la Primera Ministra británica Theresa May, Alexander Nix asegura que está formando su cartera de clientes en todo el mundo, y que tiene peticiones de Suiza y Alemania.

Kosinski ha observado todo desde su oficina en Stanford. Tras las elecciones, existe cierta confusión en la Universidad. Kosinski responde con la mejor arma para un investigador: análisis científico. Junto con su compañera Sandra Matz, ha llevado a cabo una serie de pruebas, las cuales serán pronto publicadas. Los resultados iniciales, a los que ha tenido acceso Das Magazin, son alarmantes: El estudio muestra que la efectividad del método de la publicidad personalizada por perfil puede conseguir un 63 por ciento más de clicks y un mil 400 por ciento más de conversión en campañas publicitarias en facebook dirigidas a personas basadas en sus características específicas. Demuestran además la escalabilidad de este método, mostrando como la mayoría de las páginas de facebook que promocionan productos o marcas están muy marcadas por la personalidad de sus miembros, y que una gran parte de consumidores pueden ser bien categorizados basados en su reacción con una sola página de facebook.

El mundo está del revés. Gran Bretaña deja Europa, Donald Trump es presidente de los Estados Unidos de América. Y en Stanford, el investigador polaco Michal Kosinski, que quería advertir sobre el riesgo de usar el análisis psicométrico en la publicidad política, sigue recibiendo emails acusatorios. “No”, dice Kosinski con calma mientras agita su cabeza, “esto no es culpa mía. Yo no construí la bomba. Sólo demostré que existía”.

 

Nota:

Este artículo es una traducción personal al castellano del original “Ich habe nur gezeigt, dass es die Bombe gibt”, publicado por Das Magazin. La traducción no se hizo en base al original alemán, sino a una versión inglesa ahora desaparecida, encontrada en aNtiDiTe Zine, y que ahora está disponible en VICE.

 

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Es una ironía de la vida que Trump se quejara con la investigación científica, mientras usaba un método puramente científico en su campaña. Foto: Omni.se

 

 

Miércoles, 13 Julio 2016 07:31

Nuestra mente, esa pequeña casa

Nuestra mente, esa pequeña casa


Marta Riskin sostiene que los medios de comunicación distribuyen contenidos e instalan matrices lógicas y resortes de pensamiento automático frente a lo cual es necesario interrogarnos por qué cuestionar acciones e ideas siempre fue una elección, pero hoy es de supervivencia. A partir del análisis de la oferta televisiva dirigida a jóvenes y adolescentes.

No requiere mucho esfuerzo evocar otros gobiernos ejecutando las mismas medidas que negaron enfáticamente, durante la campaña electoral.


Ni demasiada imaginación para, frente a los ajustes tarifarios, equiparar la sensibilidad de un funcionario diciendo “si el consumidor considera que este nivel de precios es alto en comparación a otros gastos de su economía, dejará de consumir”, con la de aquella reina que habría sugerido al pueblo de Francia, en 1789, que si no tenía pan, comiera tortas.


La novedad está en la actual visibilidad de las paradojas culturales y en la oportunidad de observar a los votantes afrontando la naturalidad neoliberal de sus cirujanos. Por ejemplo, a quien interpreta el acceso al consumo como una ofrenda al propio mérito y renuncia a las mismas cosas que antes reclamaba.


Los argumentos pivotean sobre las “duras medidas adoptadas” como productos inevitables de “la herencia recibida” y soslayan, sistemáticamente, la comparación de datos.


Hay quienes aseguran “No podíamos seguir así” y lamentan su “irreal” calidad de vida anterior y “opositores” que niegan la coherencia entre ideología y medidas del gobierno y aquellos que pierden memoria histórica e insisten en “darles tiempo”, confiando en persuadirlos pra corregir “errores”.


Muchos de estos planteos proceden de personas inteligentes, que descreen de la estabilidad de los mercados y dudan que exista una sola economía real.


¿Por qué aceptarían fallidas recetas económicas como única medicina? ¿Algo así como “Si duele, cura y si es horrible, pasa más rápido”? Clásicos, como La rama dorada de Frazer, describen los caminos de resolución mágica de las contradicciones y explican ciertas estrategias de las políticas de ajuste.


También, un cuento popular y común a varias tradiciones.


Un pobre campesino vivía con su numerosa familia en una minúscula habitación que era toda su casa. Nadie podía descansar allí. Cuando la falta de sueño ya lo estaba volviendo loco, el padre decide recurrir al sabio de la aldea, en busca de consejo. El erudito reflexiona y afirma tener la solución. Entonces, indicará que esa noche lleve una vaca a la morada. Al día siguiente, el hombre está desesperado pero el consejero insiste para que, noche tras noche, además de la vaca, introduzca en la casa a dos ovejas, tres cabras, la yegua y por último, a las gallinas. Recién al cabo de una semana de penurias, se le permitirá retirar todos los animales. Por la mañana, el pobre agradecerá al cielo lo bien que ha dormido y el gozar de una casa que ya no juzga tan pequeña.


Esta fábula tiene dos moralejas. Una expresa la sensatez de apreciar y cuidar lo que se tiene. La otra, exhibe un modo de estructuración lógica del pensamiento humano.


En la actualidad, nichos compactos de producción y divulgación ideológica despliegan idénticos valores y consignas –organizados según nivel socio-económico, género, edad y paladar del consumidor– en múltiples ficciones y publicidades.
Los medios de comunicación no solo distribuyen contenidos. También instalan matrices lógicas y resortes de pensamiento automático.


Aunque estudios sobre las redes sociales han revelado algoritmos administrando las opiniones dominantes de los grupos de referencia, aún nos preguntamos si es posible que baste la construcción virtual de una masa crítica de pares para que algunos ciudadanos se crean en la peor situación posible y luego, agradezcan cambios negativos y sinceramientos falaces.


El pensamiento mágico no resuelve problemas ni paradojas pero investigarlo desenmascara sus aplicaciones, resultados prácticos y consecuencias emocionales.


Así, los “cambios” que recorren el mundo, re significan al descripto por Lampedusa.


Ya no se trata del cambio para que todo siga igual sino de un cambio feroz, impuesto por marketing a conciencias globalizadas y que conduce el deseo de las masas hacia un proyecto mundial de retorno a servidumbres feudales.
Ricas tradiciones intelectuales y religiosas exhortan a abandonar prejuicios y concentrar la atención en el presente, sin negar el pasado y soñando futuros.


La escucha y la mirada, interior y exterior, son a esta altura de los acontecimientos, actos estrictamente prácticos para lograr cierta perspectiva personal y advertir como y cuánto estamos conectados con los demás.
Acciones tan simples y complejas como interrogarnos a nosotros mismos y a nuestros conciudadanos acerca de “qué veo, oigo, pienso, siento” conectan mente y corazón, evitan ingerir precocinados cantos de sirena y permiten disputar lógicas de construcción de realidades automáticas.


Cuestionar acciones e ideas siempre fue una elección pero hoy, es de supervivencia.


El Régimen impone y cada ser humano del planeta, elige.


* Antropóloga UNR.

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