Agua embotellada: Los puntos clave del fraude del siglo

Las multinacionales del agua embotellada están aumentando exponencialmente su presencia, sobre todo, en los países desarrollados de todo el mundo, haciéndonos creer que su producto es mucho mejor que el líquido que sale directamente de las cañerías.

 

Las cifras hablan por sí solas. Según denuncian los activistas canadienses Maude Barlow y Tony Clarke en su famoso libro 'Blue Gold: The Battle Against Corporate Theft of the World's Water' ('Oro azul: la lucha contra el robo corporativo del agua del mundo'), en la década de los 70 el volumen anual de agua embotellada que se comercializaba en todo el mundo no superaba los 1.000 millones de litros, mientras que en la siguiente década el consumo se duplicó. Ya en el año 2000, las ventas anuales ascendieron a más de 84.000 millones de litros y los pronósticos del portal Statista indican que en 2017 se consumirán 391.000 millones de litros de agua embotellada.

 

¿Qué países lideran el consumo de agua embotellada?

 

Según un informe preparado por la Beverage Marketing Corporation, México fue el país con mayor consumo per cápita de agua embotellada en 2014 y se calcula que cada mexicano toma alrededor de 264 litros de agua envasada al año. El segundo mayor consumidor de agua en este formato es Tailandia (246 litros anuales por persona), seguido por Italia, con 196 litros anuales per cápita.

 

Otros lugares que sienten cierta 'debilidad' por el agua envasada son: Luxemburgo (148 litros anuales por persona), Alemania (143,8 litros anuales por persona), Emiratos Árabes Unidos (141 litros anuales por persona), Francia (138 litros anuales por persona), EE.UU. (121 litros anuales por persona) y España (120,7 litros anuales por persona).

 

¿Por qué nos empeñamos en comprar agua envasada?

 

En la mayoría de países desarrollados, el agua del grifo es de una calidad excepcional y ofrece todas las garantías sanitarias. Bien es cierto que su sabor y olor puede variar dependiendo del lugar de procedencia (en algunos sitios puede contener más cloro, que se utiliza para potabilizarla, en otros disponer de más sulfatos y carbonatos, que le dan cierto sabor), pero esto no impide que sea absolutamente potable. La presencia de la industria embotelladora de agua a través de la publicidad y el marketing es tan palpable que, al final, muchos optan por comprar el agua cuando deberían beber directamente del grifo.

 

En este ámbito, el diseño publicitario resulta primordial, ya que las compañías están tratando de vender algo que, en realidad, tenemos gratis. Las campañas de publicidad del agua suelen ofrecer imágenes de una persona sana y guapa haciendo deporte al aire libre y bebiendo agua envasada o alguien famoso bañándose en un río. Al mismo tiempo, usan lemas tipo 'vive joven', '9 de cada 10 médicos lo recomiendan' o 'conozca la verdadera pureza', lo que hace que el producto sea más atractivo para el consumo. ¿Pero será tan pura el agua embotellada en realidad como prometen las multinacionales?

 

Razones por las que es mejor no comprar agua envasada.

 

Al contrario de lo que promete la industria embotelladora de agua, solo una pequeña parte del agua envasada proviene de manantiales o fuentes de agua subterránea: una parte considerable de su producto corre del grifo. La compañía Pepsi admitió hace un año que su agua envasada Aquafina no es agua mineral, sino la que corre del grifo. ¿Se habrán parado alguna vez a pensar cuánto cuesta potabilizar cerca de 1.000 litros de agua? Alrededor de un euro, el precio que nos cobran por una botella de agua 'pura'. Se trata de un precio abusivo que, además, conlleva un alto coste ambiental.

 

Tan solo esta semana se ha pronunciado al respecto el coordinador del Departamento de Economía del Agua del Instituto IMDEA Agua y consultor internacional de las Naciones Unidas, Gonzalo Delacámara, quien ha alertado sobre el hecho de que el precio de agua envasada en España es mil veces mejor que la del grifo. En el marco de la presentación del Foro de la Economía del Agua que se celebrará el próximo viernes en Madrid (España), Delacámara opinó que, a pesar de la similitud de las propiedades del agua embotellada y la del grifo, "se confunden prioridades" porque se considera que este recurso es "universal, barato y de calidad".

 

Por si fuera poco pagar por algo esencialmente gratis, muchas investigaciones han puesto al descubierto que el agua embotellada puede contener sustancias químicas. Por ejemplo, investigadores de la Universidad de Sevilla y del Centro Nacional de Aceleradores realizaron un análisis de 32 marcas de agua mineral y llegaron a la conclusión que las concentraciones de polonio radiactivo en algunas muestras superaban en más de 100 veces al encontrado en el agua del grifo, aunque siempre por debajo de valores de riesgo para la salud.

 

A pesar de que las empresas embotelladoras utilizan un tipo de plástico libre de BPA (bisfenol-A), considerado menos tóxico, esto no nos libra de que otros compuestos químicos pueden filtrarse al agua. Además, algunos científicos afirman que, si se reutilizan las botellas de plástico una y otra vez, el bisfenol-A acabará desprendiéndose en el agua.

 

Con el fin de tener una opción más saludable, ahorrar dinero y preservar el medioambiente, existen muchas alternativas al agua embotellada, como usar filtros que mejoran la calidad o, simplemente, dejar reposar el agua en una jarra de vidrio durante una hora.

 

 

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Lunes, 24 Agosto 2015 05:48

Obscenidades

Obscenidades

Mujeres semidesnudas en Times Square y el hackeo y divulgación de más de 30 millones de cuentas de clientes de un sitio dedicado a facilitar la infidelidad han ocupado las primeras planas de los periódicos y noticieros –y por supuesto el espacio cibernético– en los últimos días, detonando un nuevo capítulo de un viejo libro sobre el sexo y la moralidad en este país aún sorprendentemente puritano (bueno, en público).


Estos asuntos han captado igual o mayor atención que guerras, casos de corrupción oficial, crisis migratorias, balaceras, pugnas electorales, el desempleo, el hambre, el cambio climático y otros temas aparentemente menos importantes. El tema del sexo es rey en un país tan puro y fiel.


Un pequeño grupo de mujeres semidesnudas que pasea por Times Square con los senos expuestos, pero pintados, que ofrecen tomarse la foto con turistas a cambio de una contribución, ha provocado más alarma oficial y mediática que la merecida por una amenaza terrorista o el brote de alguna enfermedad peligrosa. De hecho, el alcalde de la ciudad, Bill de Blasio, anunció la formación de una comisión multiagencia encabezada nada menos que por el comisionado de policía, William Bratton, y varios jefes de dependencias gubernamentales para enfrentar esta amenaza al público. El gobernador del estado de Nueva York, Andrew Cuomo, también comentó, erróneamente (en esta ciudad, las mujeres tienen el mismo derecho siempre gozado por los hombres de ir topless en público), que esas mujeres estaban haciendo algo ilegal y que le recordaba tiempos anteriores, cuando Times Square era una zona roja de la ciudad. Los periódicos locales no han parado de publicar notas expresando horror ante tal exhibición (siempre acompañada de fotos de las semidesnudas, obvio). Hay propuestas de todo tipo para controlar o regular esta afrenta a la moralidad.


El otro escándalo que ha ocupado la atención nacional es el hackeo de Ashley Madison, un sitio que ofrecía el servicio de facilitar actividades extramaritales, o sea, affairs. "La vida es breve. Ten un affaire" era el lema del sitio, del cual los hackers divulgaron detalles de más de 33 millones de cuentas de usuarios de todo el mundo, con nombres y preferencias sexuales. Aparentemente hay varias cuentas de militares y políticos estadunidenses e ingleses, entre otros. Todo ha generado debates sobre la privacidad, los posibles delitos, la condición del matrimonio en nuestros tiempos y, obvio, condenas morales por la existencia y uso de tal sitio (mientras todos buscan si aparecen sus parejas en las listas).
Mientras políticos, medios, analistas y gente muy seria aborda estos sucesos, hay otras cosas que aparentemente no provocan tal reacción y condena moral.


Por ejemplo, el gobierno de Barack Obama batalla en los tribunales para continuar encarcelando a cientos de niños y madres migrantes en centros de detención. El viernes pasado una juez ordenó la pronta liberación de estos reos del sistema migratorio, pero el gobierno de Obama se ha opuesto, a pesar de que el fallo estipula que esta práctica viola un acuerdo legal y que organizaciones de defensa de migrantes han denunciado condiciones deplorables y un cruel limbo legal impuesto a madres y menores de edad que escapan de la violencia y la miseria en sus países. Algunos preguntan cuál es la gran diferencia, en los hechos, entre las acciones de Obama –el presidente que ha marcado récord en deportaciones y que ahora enjaula a inocentes– y Donald Trump con su retórica antimigrante que ya ha motivado actos violentos contra latinos en este país.


A la vez, continúa la concentración de la riqueza; según algunos cálculos, el 3 por ciento de los hogares más prósperos controla más de la mitad de la riqueza privada nacional, reporta el analista Chuck Collins, del Instituto de Estudios Políticos.


En tanto, se intensifica la guerra contra las mujeres por la ultraderecha que activamente ataca a Planned Parenthood, organización nacional de servicios de salud reproductiva, entre los cuales está el aborto. Miles de rabiosos activistas antiaborto, en nombre de su dios, protestaron frente a las sedes de esta organización el pasado viernes, parte de la campaña supuestamente religiosa contra el derecho al aborto, algo nutrido ahora por las posiciones extremistas de los candidatos republicanos a la presidencia que buscan, literalmente (como denunció la senadora federal Elizabeth Warren), regresar a las mujeres a los años 50.


Y más allá de las luces y las semidesnudas de Times Square, hay una cifra récord de personas –miles de familias incluidas– sin techo en la ciudad más rica del mundo.


Mientras, se celebra el décimo aniversario de la destrucción de Nueva Orleans por el huracán Katrina (el desplazamiento de más de 400 mil personas, la muerte de decenas, el éxodo forzado de miles más), herida abierta que mostró al mundo el crimen político, social y ecológico, y el cinismo y corrupción contra una población pobre en el país más rico del mundo.
Y parece que no pasa una semana sin que policías maten a jóvenes afroestadunidenses desarmados.


Y se registran índices alarmantes –algunos sin precedente en décadas– de homicidios y balaceras en ciudades como Chicago y Baltimore, en un país donde hay aproximadamente 300 millones de armas de fuego en manos privadas (equivalentes a una por cada estadunidense).


Y el gobierno de este país sigue matando a civiles –niños incluidos– en guerras a control remoto en varias partes del planeta.


Pero ninguna de estas cuestiones se considera moralmente reprobable. Ni genera tanto debate furioso, ni provoca la necesidad de establecer fuerzas de trabajo de emergencia en los más altos niveles del gobierno.
Estas son las verdaderas obscenidades.

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El acuerdo de Santos con las Farc sobre publicidad oficial a medios de comunicación

Mientras el Gobierno define cómo obligar a las autoridades a divulgar cuánto dinero entregan a cada medio de comunicación en pauta publicitaria, hay que documentar los abusos que se están cometiendo.

Hace unos meses, seis personas cercanas a la Fundación Para la Libertad de Prensa nos propusimos preguntar a cada una de las Gobernaciones y Alcaldías de ciudades capitales ¿Cuánto dinero han gastado en publicidad a medios de comunicación? ¿Cuáles medios recibieron dinero? ¿Cuánto pagaron a cada medio? y ¿Con qué criterio decidieron cuánto pagar a cada uno? Las respuestas son surreales.

El que se haya sentado en una sala de redacción a hacer periodismo sabe el problema que se arma cuando en esa sala se produce información que afecta los intereses de quien financia el medio. Basta meterse a la página web de Actualidad RT –antes llamada Russia Today- o a la de China Central Television, para ver cómo, abiertamente y sin ruborizarse, esos medios defienden la política exterior de los gobiernos que los financian. En Canadá, por ejemplo, el cubrimiento extremadamente favorable del principal periódico del país hacia la industria petrolera no se puede explicar sino por el dinero que recibe de la misma.

Acá en América Latina, la Relatoría Especial Para la Libertad de Expresión de la OEA documenta desde hace años cómo nuestros gobiernos usan la publicidad oficial como una herramienta para controlar el debate público castigando a medios críticos y premiando a medios afines. Este es uno de los grandes problemas de libertad de prensa en Colombia, pero ni a los directores de medios les gusta hablar públicamente de sus negociaciones para obtener pauta, ni a los periodistas se les aconseja comentar sobre esos asuntos "internos".

Las FARC y el gobierno colombiano redactaron en la Habana un acuerdo sobre participación política que incluye un compromiso del Gobierno a ajustar "la normatividad para que la pauta oficial (...) se asigne de acuerdo a unos criterios transparentes, objetivos y de equidad" y a que ese gasto sea "de conocimiento público, mediante la publicación de informes detallados". Aprovechando que en La Habana se trabajó el tema, nos juntamos los seis voluntarios para recolectar información sobre esos contratos. Así que enviamos 64 derechos de petición y esperamos pacientemente las reacciones de los gobiernos locales a nuestras preguntas.

Para comenzar, sólo respondieron 31 de los 64. Pero de esos 31, no a todas se les puede llamar propiamente "respuestas". La Alcaldía de Medellín envió inicialmente la imagen de una torta dividida en tres partes, cada una correspondiente al porcentaje asignado en pauta a radio, a televisión y a prensa. La Alcaldía de Riohacha respondió literalmente que no había destinado recursos para la asignación de "putas publicitarias" (sí, leyó bien). La Gobernación de Antioquia envió un archivo en pdf de 293 páginas con información que francamente parece organizada de tal modo que no se entienda. Una mención especial merece la Gobernación de Magdalena por "avisar" que se iba a tomar el doble del tiempo del que le exige la Ley para responder, para lo cual no tuvo reparo en ampararse en una norma inexistente (el artículo 14 de la Ley 1437, declarado inexequible por la Corte Constitucional).

Encontramos casos de alcaldías y gobernaciones que asignaron más del 80 % del presupuesto destinado a pauta a un solo medio de comunicación. También encontramos que mientras la Gobernación de Antioquia destinó más de 42.000 millones de pesos a pauta en el 2014, la Alcaldía de Puerto Carreño destinó sólo cinco millones de pesos. Además, nos sorprendió que alcaldías como las de Leticia y Manizales apropiaron un presupuesto mucho mayor del que finalmente asignaron, con lo cual no sabemos a dónde se fueron varios cientos de millones de pesos en cada caso.

No hay que ser científico para saber que la asignación de pauta publicitaria oficial por parte de autoridades públicas a medios de comunicación no obedece a ningún criterio de transparencia, ni de objetividad, ni muchísimo menos de equidad. Sin embargo, hace falta recolectar más evidencia que permita entender las prácticas cotidianas por medio de las cuales los gobiernos silencian a la prensa. Generalmente cuando consumimos noticias no sabemos cómo la pauta determina la información que el medio publica, ni sabemos hasta qué punto influye cuando un medio decide no informar sobre un tema. Debería ser nuestro derecho saberlo.

Mientras en Colombia sigue siendo tabú hablar de pauta por la furia que despierta entre algunos -al interior del gremio periodístico- que se benefician injustamente de ella y por gobiernos que quieren continuar usando esa herramienta sutil de censura, en Uruguay se presentará ahora en junio un proyecto de Ley -con apoyo del Ejecutivo- para reducir la discrecionalidad en el reparto de la publicidad oficial.

Mientras el gobierno colombiano define cómo obligar a las autoridades a divulgar cuánto dinero entregan a cada medio de comunicación y cuáles criterios utilizan para decidirlo –es decir, asumiendo que va a cumplir lo que prometió en el acuerdo con las FARC-, un primer paso es encontrar la manera de dar a conocer los abusos que se están documentando.

 

Por Sebastián Salamanca; coordina el Proyecto Antonio Nariño, una alianza -entre la Fundación para la Libertad de Prensa, Andiarios, la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano y Fescol- para promover la libertad de expresión.

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Ramonet: "Las redes son el perturbador más dominante"

El catedrático sostiene que la mayoría de los diarios está perdiendo dinero por el ingreso de las nuevas formas de comunicación mediante Internet. Ramonet afirma que algunos semanarios que hace algún tiempo tenían una influencia radical en la sociedad, como en EE.UU. —Time, Newsweek—, han desaparecido o se han vendido por un euro. "Estamos ante el fin de una era del periodismo", asegura.


—Ignacio Ramonet va directo al grano. Por ello sostiene que "la prensa escrita está en crisis" y señala que hay un cambio de era en este campo. El director de Le Monde Diplomatique en español cree que hay un "meteorito de Internet" que afecta a los medios tradicionales, esos dinosaurios que atraviesan graves problemas para mantenerse. Y del mismo modo reflexiona sobre el rol de las redes y del comportamiento político de los medios tradicionales con los gobiernos progresistas de nuestra región. De visita la semana pasada en nuestro país, dictó algunas charlas y sostuvo varios encuentros con políticos y periodistas para conversar sobre los acontecimientos del mundo.


¿En América Latina hay medios de comunicación y gremios que se han convertido en actores políticos incluso contradictores de los gobiernos progresistas?

Esto tiene un tiempo. Evidentemente han sido los principales opositores. En la experiencia que han vivido los países latinoamericanos donde gobiernos progresistas han sido elegidos por los ciudadanos, con base en un programa de reformas y transformaciones sociales muy importantes y no han sido elegidos, sino que han sido reelegidos. Observamos que ningún programa de transformación social en América Latina ha perdido una elección desde hace 15 años. Allí donde este tipo de reforma constructiva de izquierda, progresista, ha llegado al poder, democráticamente se ha mantenido hasta hoy, aunque los líderes han cambiado, como en Venezuela, Brasil, Paraguay...


Pero, ¿están los casos de Honduras y Paraguay?

Pero son golpes de Estado, no son los electores. En ningún caso los electores han rechazado esta propuesta. El único caso, si quieres, aunque no es pertinente, es el gobierno de Bachelet, cuando ella no podía volver a presentarse, pero el primer gobierno de Bachelet no podíamos calificarlo neoprogresista porque estaba gobernando con una alianza socialdemócrata, democratacristiano, aun en ese caso, después de la experiencia, Bachelet ha regresado con una coalición aún más ampliada con el partido comunista. Los electores no la han rechazado y, por consiguiente, eso ha significado la derrota de las fuerzas conservadoras tradicionales, que en algunos países han desaparecido, como en el caso de Ecuador.

 

¿Quién ha sustituido en esos casos a las fuerzas conservadoras?

Los medios, porque el empresariado, el poder económico, históricamente dominante en estos países, ha creído que con estos medios iba a manipular, llevar a cabo la contraofensiva conservadora. Por eso esa lucha ha sido tan importante y por ello muchos gobernantes han hecho de esa lucha una confrontación central, como es en Venezuela, Ecuador, en donde Rafael Correa, quizá de todos los presidentes de América Latina, es el que más ha tenido conciencia de que esa lucha era fundamental; también en Argentina, en donde ha habido un enfrentamiento importante contra el grupo Clarín, que domina el 80% de medios (prensa, radio y TV) de ese país. Estos medios se han erigido en oposición oficial, cuando no es su función, pues su función es informar, no ser partidos políticos.


Pero esa función tiene eco y prestigio en ciertos sectores y al mismo tiempo cuentan con un gremio (la SIP) que quiere incidir hasta en las mismas elecciones, como ocurrió en Brasil...

Claro, precisamente los amigos del Partido de los Trabajadores (PT), gobernante, Lula (Da Silva) o Dilma (Rousseff) no consagraron la importancia necesaria a crear un sistema público de comunicación e información. Primero, porque nunca tuvieron mayorías claras, gobernaron con los parlamentos que negociaban, no tuvieron las manos libres y los empresarios que en Brasil disponen de grupos importantes, como el Grupo Globo, no les permitieron. De hecho, no creo que tuvieran la voluntad, y así la hubieran tenido, no creo que les habrían dejado desarrollar un grupo público de medios como se ha hecho en otros países, como Ecuador, Venezuela y Argentina.


¿Hay un cambio en el terreno de los políticos para constituirse en comunicadores políticos y asumir como parte de su estructura formativa la comunicación?

Sí, el ejemplo lo tienes aquí. El presidente que más ha integrado esa idea es Correa. Desde el punto de vista teórico y académico, es alguien que ha estudiado la comunicación después de llegar a la Presidencia. Ha sacado una serie de conclusiones sobre el poder mediático, su funcionamiento, cómo se puede elaborar un contrapoder mediático y esto hoy en día es indispensable, es un parámetro fundamental. Pero claro, también hay que ver que eso evoluciona. Muchos dirigentes hacen un análisis de los medios, que es lo que se podía hacer hace 10 o 15 años, pero hoy la reflexión debe integrar las redes sociales, que son el principal actor en la movilización social. De hecho, si quieres, la mayoría de estos gobiernos padece una ofensiva que ya no es megamediática, sino micromediática.


¿Es aconsejable enfrentarse a la gente en redes como lo hace el presidente Correa? ¿Eso es válido en el tema de la disputa política?

No sé si un presidente debe entrar ahí. Una cosa es hacer una consideración general y otra poner en marcha igual que un gobierno o una empresa, que tienen un departamento de comunicación, y hoy día los gobiernos y empresas inteligentes tienen un departamento de respuesta rápida mediante el uso de Twitter, Facebook, blogs, páginas bien elaboradas en la web. Ese es el buen nivel de respuesta. Excepto que haya algo más importante. Yo no veo a un presidente establecer un diálogo crítico con un tuitero, o algo así.


Decía esto porque, en alguna medida, la derrota que ha infligido Rafael Correa a ese sistema de comunicación tradicional se trasladó a las redes, en las que ahora los ciudadanos son los que confrontan esa tensión con el Presidente...

De igual manera que frente a los megamedios, los medios públicos han desarrollado una política de financiación y desarrollo de megamedios públicos, de igual manera hay que desarrollar una política en el campo de la comunicación con respecto a los micromedios. Para eso hay que tener una reflexión de cómo están funcionando.


¿Hasta dónde los actores políticos progresistas, de izquierda, deben modificar sus comportamientos políticos en función de generar una comunicación política para un mundo más polarizado en ese territorio?

La mayoría de los gobernantes hoy se ha preocupado de desarrollar su comunicación, mediante Twitter, e informan personalmente, como el presidente Maduro, que tiene un seguimiento de Twitter continuo. Obama tiene 47 millones de seguidores en Twitter, tiene mayor alcance cuando comunica por Twitter antes que por la televisión, porque no hay ninguna televisión en EE.UU. que tenga 47 millones de telespectadores. Hoy forma parte de la comunicación elemental de un dirigente.


Y a pesar de ello, como ocurre en Venezuela, Maduro no logra romper el desequilibrio sobre la realidad de ese país...

Porque allí sí hay una conspiración mediática internacional y contra Venezuela siempre hubo una alianza de contrarios, porque la característica de Venezuela es que acumuló los adversarios socialdemócratas y los adversarios del conservatismo tradicional. En particular hay un odio socialdemócrata hacia Chávez, porque lideró la rebelión del 92 contra un presidente socialdemócrata con mucha influencia en la Internacional Socialista, Carlos Andrés Pérez. Eso creó mucha confusión en el seno de la izquierda durante mucho tiempo, y entonces, mientras hubo esta confusión, los medios edificaron una imagen primero de Chávez como dictador, autoritarista, cuando era lo contrario, pero esa imagen se quedó y hoy día esa ofensiva sigue con nuevas formas, porque a los medios internacionales se ha sumado la operación de tipo de 'revolución de colores' con las redes sociales que también difunden este mismo mensaje.


¿De qué manera la viralidad de la información no contrastada de estas redes afecta a la democracia? ¿Qué puede hacer el ciudadano?
Estar bien informado siempre es muy difícil; si antes no fue fácil, peor va a ser ahora; entonces el problema no ha cambiado. Lo que las redes añaden ahora es más confusión y más ruido. Las redes no imponen una versión dominante, aún no son el medio dominante. Son el perturbador dominante, pero no son el medio dominante. Por el momento, los medios dominantes siguen siendo los medios tradicionales. El problema de los medios tradicionales es que económicamente no son viables, tienen los pies sobre unos cimientos frágiles, pero siguen siendo dominantes.


En la generación de opinión pública...

Claro, siguen generando la matriz dominante.


¿Cuán mejor estamos comunicados ahora con la proliferación de medios, fuentes, redes, etc.?

La característica de la información es que siempre es mala información, siempre estar bien informado es un trabajo. Tú no puedes exigir de manera pasiva que vas a recibir buena información. Eso es prácticamente imposible. Yo digo en uno de mis libros: "Informarse cansa", es un trabajo y, si lo tomamos como tal, podemos informarnos, si no, no nos vamos a informar bien. La información se ha vuelto muy compleja y, por consiguiente, las críticas que se desarrollan obligan al sistema mediático a corregirse o a adoptar una posición dogmática afirmada. Por ejemplo, hoy se desarrollan mucho los medios partidarios que han admitido que no son objetivos, como la cadena Fox, en EE.UU., que es un canal ultrarreaccionario, ultraconservador, que así se asume y la gente lo ve porque así se reconoce.


Muchos catedráticos hablan de la telebasura, ¿es factible hablar hoy de redes basura? ¿Cómo se puede recuperar la calidad de la información en estas redes basura?

Hay telebasura y teleexcelente.


Entonces ¿ahora hay redes basura y redes excelentes...?

Así es. Si yo tengo una página de Facebook, puedo decir que no es basura, evidentemente, pero hay bastante gente que tiene redes sociales o blogs. Hoy en día hay blogs de una inmensa calidad. Recuerdo cuando ocurrió lo de Fukushima; nadie sabía qué era y hubo una cobertura mediática que ignoraba lo que era Fukushima y no sabía que era una central nuclear._Entonces los medios empezaron a decir que no había peligro, que se podía seguir consumiendo las legumbres, pero varios profesores de asuntos nucleares, en sus blogs, demostraron científicamente lo que pasaba. Y eso, reproducido por algunos periodistas que se dieron el trabajo de leerlos, tuvo una influencia muy interesante. Los blogs o la información de las redes puede ser muy buena o muy mala, pero eso forma parte de la vida.


¿Pero no ponen en riesgo la calidad de la información?

No, la mejoran, porque hoy día, por ejemplo, las redes funcionan como un gran corrector. Si un medio dice una enorme mentira, las redes lo van a corregir y van a difundir el error. Las redes han hecho las principales revelaciones de este tiempo. No son los periódicos, no son los medios los que han hecho las 2 grandes revelaciones de los últimos 5 años, como son WikiLeaks y Edward Snowden, de cómo el superpoder imperial estadounidense ocultaba información sobre los atropellos cometidos en Afganistán o en Irak. Eso no lo hubiéramos sabido por los medios, lo supimos por las redes, por WikiLeaks. Tampoco sabíamos que la NSA nos estaba vigilando; y no tanto a nosotros, que no tenemos importancia, sino que estaba vigilando a nuestros presidentes, a nuestras FF.AA., a nuestros servicios de inteligencia y a las empresas de punta; y eso lo supimos gracias a WikiLeaks y Snowden. Hoy, las redes son el complemento indispensable y, en sí, un medio de información.


Usted tiene un libro que se llama La explosión del periodismo, ¿cómo está manifestándose esa explosión de redes sociales, blogs, medios digitales, en el ejercicio real y práctico del periodismo? ¿No cree que puede ocurrir, paradójicamente, una incomunicación por saturación?

Mi último libro de comunicación esencialmente trata de la crisis de la prensa escrita. Es decir, cómo la prensa escrita está padeciendo el impacto de Internet y de las nuevas tecnologías de la información. Parto de una constatación: hoy en el mundo centenares de periódicos —que aún no hace mucho tiempo dominaban la opinión pública— han desaparecido. Llamo a esto la gran extinción, al igual como en ecología se habla de extinción de animales. Como cuando hubo un meteorito que cayó en Yucatán y puso fin a la era jurásica con la desaparición de los dinosaurios, de igual manera, el impacto de Internet ha provocado una serie de consecuencias que hace que los 'dinosaurios', los grandes grupos mediáticos de prensa, estén desapareciendo. Prácticamente hoy, en el mundo desarrollado central, no hay un periódico de prensa escrita que no tenga enormes dificultades.


¿Qué tipo de dificultades?

Que hayan reducido su paginación, si han sobrevivido, que hayan reducido su plantilla, cesando a miles de trabajadores. En este momento, en el mundo, hay decenas de miles de periodistas que han sido despedidos. Un diario como El Pais, de España, despidió hace año y medio a 30% de su plantilla de un solo golpe. La mayoría de los diarios están perdiendo dinero. Algunos semanarios que hace algún tiempo temían una influencia radical en la sociedad como en EE.UU, The Time, News Week, han desaparecido o se han vendido por un euro. Estamos ante el fin de una era del periodismo.


¿Algunos autores estadounidenses llaman el inicio del periodismo posindustrial?

La constatación es esta: donde antes había unos imperios mediáticos, basados en particular en la influencia de la prensa escrita, hoy día hay unos desiertos o unas ruinas y efectivamente porque la prensa escrita aún pertenece al mundo industrial. Por ejemplo, aquí en los pasillos de este diario he visto unas fotografías que son típicamente de la era industrial: con unas rotativas, galpones, imprentas, una clase obrera vinculada directamente, eso ya no existe; es decir eso desaparece en la era de lo inmaterial. Los aspectos industrial y material de la prensa escrita ahora juegan contra ella, en una era en donde lo inmaterial se impone. Partiendo de esa constatación, la pregunta es: ¿qué es el periodismo hoy?, por una parte está esa interrogante, pero por otro hay otro cuestionamiento fundamental: ¿qué es un periodista hoy?


¿Y qué es el periodismo hoy?

Al mismo tiempo que ocurre esa desaparición masiva, esa extinción masiva de toda una especie de periodismo, al mismo tiempo se está produciendo lo que podríamos llamar un cambio de era. Estamos viendo cómo surge una nueva generación de periodistas porque ahora se plantea una situación central: ¿qué es el periodismo? En la medida en que el periodista o el periodismo ha perdido el monopolio de la información. En una sociedad hasta ahora, la información la manejaban los periodistas.


¿Y ahora la información está manejada por los ciudadanos?

Ahora, la maneja todo el mundo y eso evidentemente es —estructuralmente— un cambio enorme. A la vez eso es la realización de un sueño de los que pensaron una democracia avanzada, en la medida que es una democratización de la información teóricamente. Por qué me cuestiono: –¿qué es la democratización de la información?– Que todo ciudadano pueda producir su información.


¿El prosumidor?

Sí, es decir el 'prosumidor' que es productor y consumidor. No es solo consumidor, sino, también, productor. Él sabe producirla y eso crea que hoy no se sepa qué es un periodista. Si todos somos periodistas, entonces ¿qué es ser un periodista? En dónde está la especificidad, quiero decir. Si tú y yo, la gente de la calle es periodista, que tiene de particular un periodista


¿Perdió ese prestigio y esa autoridad que tenía?

Perdió la autoridad, el monopolio de la información y también su rango social, el estatus social. Pero esto no quiere decir que todo esto se perdió al mismo tiempo en todos los países. He analizado como la televisión, 5 o 6 años después, está viviendo el mismo fenómeno; es decir, la desaparición de las masas de audiencia. La televisión lo que hoy pierde es la audiencia, la audiencia se le va. Ningún canal de televisión en el mundo tiene hoy decenas de millones de telespectadores porque han desaparecido por la multiplicidad de la oferta y de las posibilidades de comunicar o de ocio. Si te pasas 3 o 4 horas con tus redes sociales, pues es obvio que no estás delante de la televisión.


En esta crisis que usted menciona, de la prensa escrita frente a la tecnología, ¿se puede hablar de comunicación al poner una información en 160 caracteres cómo permiten las redes sociales como Twitter y Facebook? ¿Es esto comunicación o mera información?

No, es comunicación. No sé si sea información, esa actividad de "mosquito" perturba al funcionamiento de la información porque ahora en Twitter se puede enviar de todo, se pueden enviar fotos y video. Twitter ya no es los 140 caracteres, Twitter mismo ha evolucionado porque la tendencia general hoy de las redes sociales es de abandonar los caracteres de la escritura para ir a la imagen. Hay un cambio de la esfera Gutemberg a la esfera icónica, imagen. Evidentemente no estamos aquí hablando de calidad, sino sencillamente de masividad de la información, que crea varios problemas.


¿Qué tan bueno es que el ciudadano tenga el control de estos medios?

El ciudadano tiene la ilusión de que tiene el control de estos medios. El ciudadano lo que sabe hoy, cada vez más, es utilizar estos dispositivos. Primero porque son fáciles de utilizar, segundo porque son relativamente baratos y tercero porque estos dispositivos permiten tener una centralidad que hasta ahora no tenía el ciudadano. Hasta ahora lo que caracterizaba al ciudadano es su pasividad frente a los medios. Su única función era recibir, salvo algunas variaciones en las radios en donde se puede telefonear y dar su opinión, pero los medios centrales tenían una posición que yo llamó del sol. Eran soles, el sol solo tiene planetas que giran a su alrededor y envía sus rayos y lo que podemos hacer es padecer los rayos del sol. Hoy no hay sol, desaparecen los soles y lo que hay son soles reducidos al formato de un granito de polvo. Cada uno somos granitos de polvo. Pero si tomamos otra metáfora y decimos que somos una abeja o una avispa, entonces, cada avispa puede construir en un momento determinado un enjambre que puede actuar unido, que es lo que ha sucedido con lo que llamamos las revoluciones de los colores, la pirámide árabe, los indignados, etc. Esa pequeña posibilidad de comunicar con mis 40, 60, 200 amigos, en el mismo momento, todos aquellos que tienen 200 amigos, transmiten una información que, inmediatamente, de manera viral, comunica a decenas de millones de personas, eso pone en marcha un efecto palanca, que puede incluso tener el efecto de derrocar una dictadura como ocurrió en Túnez. Pero también puede tener la debilidad o la flaqueza de ser penetrado por un virus, que le hace hacer acciones al servicio de una inteligencia que está manipulando a ese grupo como se hace en Venezuela.


¿Los medios tradicionales deben voltear a mirar a estas nuevas plataformas?

 Hoy, un medio debe tener diferentes plataformas. Debe tener su plataforma on-line porque un periódico por definición sale una vez al día, en 24 horas ocurren cantidad de cosas. Hoy el ritmo normal de la información ya no es 24 horas, hoy el ritmo normal de la información es la instantaneidad, por muchos defectos que tenga la instantaneidad y por más críticas, que por ejemplo yo he generado para la instantaneidad. El periodista es el analista de un período, pero hoy el período es el instante. Hoy hay instantaneistas y si no hay instantaneistas hay que tener por lo menos una persona que siga al instante la información y que complete el periódico que es más de análisis, que tiene un ritmo más lento por definición. Además hay que tener sus propias redes sociales (Twitter, Facebook) y por qué no plataformas audiovisuales. La característica tecnológica permite que un medio sea todos los medios. Hoy los medios deben ser multimedia. Ya no hay distinción tecnológica entre lo escrito, sonido e imagen. No hay distinción, con la misma tecnología puedes difundir texto, imagen y sonido.

 

Libro relacionado

La explosión del periodismo, Ignacio Ramonet, Ediciones Le Monde diplomatique, edición Colombia

 

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–¿Cómo es la experiencia italiana de las radios comunitarias?

–Muy diferente al resto del mundo. Empieza en el ’75, cuando se acaba el monopolio del Estado en la radio y la televisión. En Italia, como en toda Europa, al contrario que aquí y que en Estados Unidos, existía solo la radio pública. El caso italiano fue el desarrollo de la vanguardia de la radio privada. Pero pasó muy a la italiana, en el sentido en que no se armó un cambio. Se esperó a que se acabe este monopolio y, cuando pasó, en ese momento no se hizo nada. Entonces cualquier persona podía hacer su radio, eso era perfectamente legal.

–¿Pero no estaban limitadas las ondas? ¿Cómo se distribuían?

–Ah, podías ocupar lo que quisieras. Lo importante era que no ocuparas lo que habían ocupado otros, o los espacios de la radio pública. Esto es el background de lo que pasó después con la televisión privada, el desarrollo de la televisión de Berlusconi en el sentido de que en este espacio dentro de la ley el sector de la radio y de la televisión fueron de-sarrollándose con la única ley de la jungla. Era totalmente legal.

–¿Y cómo respondió la sociedad al abrirse de un día para el otro la posibilidad?

–Nacieron algo así como cinco mil radios en un año. Verdaderamente había gente que se había hecho la radio en su casa, al lado de la cama, sobre el balcón, fue una apropiación, esto es interesante porque la cara de este fenómeno es la ley de la jungla, un desarrollo desordenado del sector. Después, a muchas radios se las comieron las emisoras comerciales, muchas se transformaron rápidamente en experiencias comerciales. Pero la otra cara es que en Italia pasó lo que no pasó en ninguna otra parte de Europa: la apropiación masiva de la radio, la pasión de hacer radio, fueron miles y miles de personas que hicieron radio en cada pequeño pueblo, en las ciudades, en todas partes.

–¿Cómo es la distribución actual?

–La radio pública con su RAI, alguna network, algunas radios privadas pero nacionales, mucha radio local comercial.

–Pequeños...

–No necesariamente. Local podemos ser nosotros, como Radio Popolare. Transmite sobre la Lombardía, con 10 millones de habitantes, el sentido de local es que no es nacional. Tiene algún límite, se puede transmitir en un cierto número de regiones y sobre una cierta cantidad de habitantes. Existen algunos límites a la dimensión de radio local, pero nuestra dimensión de radio local es un poco mayor que la región Lombardía, la región de Milán, la región más importante de nivel económico y la más importante de circulación.

–¿Y Radio Popolare surge en el ’76 en ese impulso masivo?

–Claro, cuando se abre para todo el mundo, algunas fuerzas de la izquierda y la extrema izquierda de Milán pensaron en un proyecto de radio. Estas fuerzas son de la izquierda política y sindical. No es que como fuerzas estuvieran de acuerdo políticamente, porque unas estaban a la izquierda del Partido Socialista, había agrupaciones de la extrema izquierda, y los metalúrgicos del sindicato de inspiración católica, la FIM (Federación Italiana de Metalúrgicos), que es la parte del sindicato de Milano más a la izquierda de todo el movimiento sindical italiano. Pero acordaron en el proyecto de Radio Popolare, en el sentido político de una radio de izquierda, pero al mismo tiempo que fuera una radio que pueda gustarle a la gente, que además de lo político tuviera música, algo divertido, noticias, un proyecto de comunicación, no de propaganda. Esto es lo interesante, porque está muy adelantada a su tiempo. En esa época cada agrupación hacía su radio, su diario, su televisión, su proyecto cultural.

–¿Cómo hacían para mantener una línea en temas políticos?

–Había muchos patrones y no estaban de acuerdo entre ellos, eso favoreció la autonomía de la radio. No se tenía un interlocutor, eran muchos interlocutores. No se podía preguntar a diez interlocutores qué digo sobre esto. Esto favoreció la independencia de la radio.

–¿Quién creó el proyecto?

–Un periodista que trabajaba en la RAI y que tenía mucha experiencia, era muy conocido en Milán, Piero Scaramucci. Su idea fue la de una radio muy autónoma, muy independiente. No de bajar una línea sino de dar elementos de reflexión, una actitud política muy clara, una actitud de izquierda, de clase, pero que pudiera hablar de los hechos, de las contradicciones reales, no de resolver las contradicciones con la ideología. Expresar las contradicciones del mundo real en todos los niveles. No era decir el mundo como yo lo deseo. Era el cuento del mundo como es realmente, y que pudiera quizás estar en contradicción con lo que yo tengo como fuerza política.

–Dígame lo que considere importante en aquel momento, que distinga a la Popolare

–Dos cosas, una, que hizo época, el micrófono abierto, la llamada directa de los oyentes. Ya se hacía en la RAI, pero de manera muy controlada sobre temas muy tranquilos. Mucho filtro, se tomaba la llamada, se le preguntaba “usted quién es, qué quiere decir”. Después se ponía al aire. El micrófono abierto de Radio Popolare es totalmente diferente. Se pone un tema, los oyentes llaman, no se hace filtro, no se controla nada. Los oyentes dicen lo que quieren. Los temas son políticamente importantes, polémicos, que molestan. Ahora todo el mundo hace micrófono abierto. Pero todavía no se hace sobre temas como el gobierno de Berlusconi o la política americana en Afganistán. Nosotros decidimos hacerlo sin filtro y sin control. La otra cuestión a la que le dimos importancia desde el principio fue la crónica abierta a conceptos diferentes. En el ’76, cuando en la Popolare teníamos dos meses de existir, los jóvenes de las agrupaciones en crisis de la extrema izquierda, proletariado juvenil, estudiantes, trabajadores, precarizados, organizaron una protesta contra la apertura anual de la Scala de Milán, que se realiza el 7 de diciembre, una gran protesta contra el lujo. Hubo enfrentamientos con la policía, mucha gente fue presa. La radio hizo una crónica en directo de lo que pasaba. Se llamaba desde una cabina telefónica. “La policía está haciendo esto, está haciendo aquello”, y salía en directo. Pero al mismo tiempo, del interior de la Scala, llamaba a Radio Popolare Camilla Cederna, una periodista muy conocida en Italia, que se ocupó mucho de la historia de la explosión en el banco Nazionale de Agricultura de la Piazza Fontana, en 1969: se produjo la caída de los anarquistas de la ventana de la policía y la Cederna se ocupó mucho de esto. Pero ella era una periodista de la moda y entonces desde el interior de la Scala hizo la crónica mundana de lo que estaba pasando, con una actitud polémica pero muy elegante. Eso puede ser un poco la idea de la Popolare, no solo lo político, o político pero divertido, no solo la crónica de lo que estaba pasando fuera, sino lo que había dentro también.

–¿Al inicio cómo era el proyecto, pensaban en el futuro o en la inmediatez del presente?

–En esa época prevalecía la idea de que la sociedad cambiaba, más o menos una idea de la revolución, y Radio Popolare empezó con esa actitud, ingenua. Pero la idea era hacer algo de servicio, no algo por muchos años, sino algo que exista casi como una función de servicio para la gente. Una de las cosas que caracterizan a Radio Popolare es que muchas de las experiencias radiofónicas los domingos cierran, en Navidad cierran. Radio Popolare, desde que empezó, hace radio directa todos los días. Militancia radiofónica.

–¿Y cómo avanzó? ¿Cuál fue la principal dificultad?

–Que los recursos no eran muchos, pero Milán es una ciudad rica, se recibió la ayuda de los oyentes.

–¿Ayuda de los oyentes?

–Después de la primera inversión, se desarrolló muy pronto la actitud de preguntar a los oyentes para ayudar a la radio. La Radio Popolare era una cooperativa masiva, donde cada persona que tomó la tarjeta (tessera, como una membresía) de la radio se hizo socio de la cooperativa. Al principio el financiamiento era algo de parte de las fuerzas que formaron el proyecto, dieron un dinero, y algo de dinero que dieron los oyentes, y un pequeño concierto. Después, se reestructuró como una cooperativa más normal, con trabajadores colaboradores de la radio, representantes de las fuerzas políticas y sindicales, y se volvió en parte una sociedad de responsabilidad limitada. Las fuerzas políticas formaban parte de esta sociedad. Y al final de los años ’80, se produce por parte de alguna de estas fuerzas una tentativa de controlar la radio políticamente, y una parte minoritaria se opuso. La minoría viró a mayoría y tomó el control con el proyecto de hacer algo más importante y buscar dinero sin dependencia de las fuerzas políticas. Se fundó entonces una sociedad por acciones y se vendieron las acciones.

–¿Había un límite para la compra?

–Había un límite, se necesitaba la aprobación del consejo de administración. Pero no se encontraron casos de compras de acciones en masa. Se encontró en cambio una respuesta muy amplia, de oyentes que compraron una o dos acciones. Ahora son 15 mil accionistas. En esa época se hizo la venta con una campaña que alcanzó unos miles, después otros miles. La venta de acciones empezó en el ’89 o ’90.

–¿Cómo quedaron las fuerzas políticas que habían estado interesadas en el golpe de timón?

–La cantidad de acciones que tienen no les permite nada.

–La presencia de los 15 mil oyentes accionistas debe producir algún efecto en la actividad de la radio...

–Casi nada. Se empezó haciendo cada año, como marca la ley, una asamblea de accionistas, iban cien, pero cada año fue disminuyendo, ahora van diez. Confían en nosotros. Pero en lo que sí influyó es que permitió dar un salto a una estructura más importante, con más periodistas. Al final de los 80 eran 10, 15 personas, tenían salario bajo, no todos cobraban de manera regular. En ese momento se regularizó y fueron tomados más periodistas. No tenemos trabajadores en negro. La Popolare es muy importante e hizo trabajo de formación muy importante, entonces todo el mundo nos conoce, es un fenómeno bastante extraño.

–¿Cómo es el desarrollo de las comunitarias en Italia?

–Totalmente diferente al resto del mundo. En todo el mundo lo que se hizo fue reclamarse la posibilidad de hacer radio independiente, de hacer radio de inspiración no comercial. En algunos países se luchó mucho por esto. En Italia, uno se levantó un buen día y se encontró con la posibilidad de hacer la radio. Bueno, quiero hacer una radio de izquierda porque soy de izquierda. A Radio Popolare se la considera en todo el mundo como radio comunitaria, pero no nació como radio comunitaria, nació como radio de izquierda, política. Algunas en Italia son verdaderamente comunitarias, como algunas radios religiosas católicas y protestantes, en el Piamonte. La ley italiana reconoce hoy a las radios comunitarias, pero por la ley hoy, la Radio Popolare no es una radio comunitaria porque como nació con la idea de hacer un trabajo de información giornalístico, siendo radio comunitaria no se podía pedir más que un nivel bajo de publicidad. La decisión pragmática de Radio Popolare fue hacer mucho menos publicidad que la radio comercial pero más que la radio comunitaria por la ley italiana.

–¿Qué publicidad tienen? ¿Banca, comercios?

–Todo tipo de publicidad. Al principio era todo el pequeño mundo de la empresa pequeña, de izquierda, la librería, la editora, el restaurante, todo eso. Después empezamos a tener publicidad más normal. Ahora la comercial es más que antes. Autos, por ejemplo.

¿No les genera dependencia en la información?

–Después de empezar el movimiento de accionarado popular, empezó también, una nueva manera de hacer el financiamiento normal de la radio. La idea del accionarado popular fue la idea de juntar recursos en un momento dado. Fue para dar el salto. Y después, una manera nueva de tomar el dinero, como cuando se paga el teléfono con débito automático. Les preguntamos a los oyentes si querían pagar un abbonamento a través del banco. ¿Qué se le daba al oyente por lo que pagaba?: una respuesta es el sentido de pertenencia. Entonces otros 15 mil oyentes cada año nos dan cien mil euros. Algunos de los 15 mil son los mismos que tienen las acciones, no necesariamente. Casualmente son la misma cantidad. Con la publicidad se toma la mitad de nuestro Budget y con el abbonamento de los oyentes, más o menos lo mismo. Nuestro balance se hace mitad con una cosa, mitad con la otra. Esto es una manera equilibrada de hacer publicidad y también saber qué piensan los oyentes. Pese a la crisis económica, en los últimos dos años la cantidad de los oyentes no bajó, la publicidad sí. Es importante no sólo económicamente, sino que significa que la radio está en la línea que interesa.

–¿Sufren algún tipo de censura por la publicidad comercial o la aplican ustedes mismos?

–No. Me recuerdo que una vez se habló muy mal de una discográfica que hacía publicidad. No recuerdo si se terminó con la publicidad. Un colaborador de la radio había hablado de una manera muy negativa.

–¿No surge la censura, se reúnen para decidir, cómo es el mecanismo, si es que existe?

–No puedo decir que no haya mecanismos de autocensura, no es sólo el tema de la relación con la casa discográfica, tú eres un músico, te digo de venir a la radio, no te puedo golpear si no me gustas.

–Esto sucede en lo cotidiano, me refiero a si se tiene publicidad de una banca, por ejemplo, y no se puede criticar a esa banca.

–No ocurre en Popolare, el tema no es hablar mal del auto sino hacer reflexiones sobre el modelo de desarrollo en el que se apoya la empresa que fabrica el auto.

–¿Qué le interesó más del encuentro de Amarc?

–El desarrollo de la radio en cualquier parte del mundo. Ya conocía el desarrollo en Africa, que me parece increíble. En Mali, unos de los países más pobres del mundo, se desarrolló una radio comunitaria muy grande y un sistema de comunicación muy avanzado. En Asia hasta los ’90 no existía nada. Ahora es increíble. Hay en todos lados.

–¿Por qué cree que ocurre así?

–Porque las radios son útiles. Son más adherentes a la necesidad.

–¿Cuál es el tema más importante que trae al encuentro a la Popolare?

–No tenemos un tema en particular. Es el hecho de ser parte del movimiento, que tiene un sentido. Al principio de la última sesión de la asamblea, se pasó lista a los presentes. Se leía Bolivia, Uruguay, Bangladesh, me emocionó mucho. Es lo que da la idea de que el mundo está cambiando, y que algunos cambios pueden tocarnos.

Por Horacio Cecchi
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Viernes, 05 Noviembre 2010 06:28

Medios ricos, democracia pobre

Al cierre de las elecciones de mitad de mandato en Estados Unidos, el mayor ganador aún no ha sido declarado, a saber: los grandes medios de comunicación. El mayor perdedor, mientras tanto, ha sido la democracia. Estas fueron las elecciones legislativas de mitad de mandato más caras en la historia de Estados Unidos: costaron casi cuatro mil millones de dólares, de los cuales tres mil millones se gastaron en publicidad. Me pregunto qué pasaría si el tiempo publicitario para las campañas fuera gratuito. No se oyen debates al respecto, y no se oyen porque las corporaciones que manejan los medios masivos de comunicación obtienen inmensas ganancias con los avisos publicitarios de las campañas políticas. Sin embargo, las ondas radioeléctricas que los medios utilizan para emitir sus señales son públicas.
Esto me recuerda el libro escrito en 1999 por el especialista en medios de comunicación Robert McChesney: “Rich Media, Poor Democracy” (Medios ricos, democracia pobre). En su libro, McChesney escribe: “Los medios tienen poco incentivo para brindar cobertura a los candidatos ya que resulta de su interés forzarlos a publicitar sus campañas.”

El grupo de investigación Wesleyan Media Project de la Universidad Wesleyan, hace un seguimiento de la publicidad política. Tras el reciente fallo de la Corte Suprema en el caso “Citizens United contra la Comisión Federal Electoral” por el cual se autoriza a las grandes corporaciones a destinar sumas ilimitadas de dinero a la campaña publicitaria de los candidatos, el proyecto hace notar que: “El tiempo de aire destinado a publicidad se ha saturado de anuncios relacionados con la Cámara de Representantes y el Senado, que ocupan hasta un 20 y un 79 por ciento respectivamente del total de tiempo de aire”.

Evan Tracey, fundador y presidente del grupo de análisis de campañas publicitarias Campaign Media Analysis Group, predijo el pasado mes de julio en declaraciones para el periódico USA Today que: “Habrá más dinero que espacio de aire que comprar.” Por su parte, John Nichols, del semanario The Nation, comentó que en los amables primeros tiempos de la publicidad política televisiva, los canales de TV nunca habrían emitido el aviso a favor de un candidato a continuación de un aviso publicitario en contra de ese candidato. Pero no están tomando en cuenta el patrimonio ligado a los grandes medios. Bienvenidos al “mundo feliz” de las campañas de miles de millones de dólares.

En el pasado, ha habido intentos de regular el uso de las ondas redioelétricas para que estén al servicio de la población durante las elecciones. En los últimos años, el intento más ambicioso fue el que se conoce como “Reforma del financiamiento de las campañas electorales de McCain-Feingold”. Durante el debate sobre esta histórica legislación, tanto demócratas como republicanos hicieron referencia al problema de las exorbitantes tasas de publicidad televisiva. El Senador por Nevada John Ensign, republicano, se lamentaba: “Las emisoras no querían ni pensar en las campañas electorales porque era el momento del año en que ganaban menos dinero debido a la baja tasa unitaria que existía durante ese período. Ahora es uno de sus momentos preferidos ya que, de hecho, es uno de los momentos del año con más amplio margen de ganancias.” Finalmente, para que el proyecto de ley fuera aprobado, se omitieron las cláusulas referentes al “tiempo público de aire”.

El fallo en el caso de Citizens United neutraliza eficazmente la Reforma del financiamiento de las campañas de McCain-Feingold. Ni imaginemos lo que se gastará en las elecciones presidenciales de 2012. El Senador por Wisconsin Russ Feingold perdió la oportunidad de ser reelegido en su disputa contra el prácticamente auto-financiado multimillonario Ron Johnson. El editorial del periódico Wall Street Journal celebró la esperada derrota de Feingold. El periódico es propiedad de la corporación News Corp. de Rupert Murdoch, que posee además la cadena de televisión Fox y que donó casi dos millones de dólares a la campaña de los republicanos.

“Las elecciones se han convertido en un bien comercial, un centro de ganancias para estas radios y canales de televisión”, me dijo el día de las elecciones Ralph Nader, defensor de los consumidores y ex candidato a presidente. Me dijo además: “Las ondas públicas, como sabemos, pertenecen al pueblo. El pueblo es el propietario y las cadenas de radio y televisión son las titulares de las licencias para usar esas ondas, digamos que son como inquilinos. Sin embargo, para obtener su habilitación anual, no pagan nada a la Comisión Federal de Comunicaciones. Así, resultaría bastante persuasivo, si tuviéramos políticas públicas que impusieran módicas condiciones para obtener la habilitación que permite a estas cadenas de radio y televisión acceder al inmensamente lucrativo control de las ondas públicas 24 horas al día, podríamos decirles que como parte del intercambio por controlar estos bienes comunes, por decirlo de alguna manera, deben destinar cierta cantidad de tiempo, tiempo gratuito, en la radio y la televisión a los candidatos electorales.”

Este tema debería ponerse en debate en los grandes medios de comunicación, dado que en ellos obtiene información la mayoría de los estadounidense. Pero las emisoras de radio y televisión tienen un profundo conflicto de intereses. En su orden de prioridades, sus ganancias están antes que nuestro proceso democrático. Seguramente no oiremos hablar de este tema en los programas de entrevistas políticas de los domingos por la mañana.

Por Amy Goodman
Democracy Now!

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna
Traducido por Fernanda Gerpe y Democracy Now!
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Martes, 21 Septiembre 2010 06:42

Tu intimidad está en venta

¿Se ha leído los términos del contrato de su red social favorita? ¿Le importaría que esa web supiese más de usted a cambio de que siguiese siendo gratis en el futuro? Con la respuesta a estas dos preguntas, las grandes empresas de contenido online y las agencias de publicidad están haciendo números. A través de un estudio presentado la semana pasada en Bruselas por IAB, la patronal europea de los anunciantes, las empresas que ofrecen servicios y contenido en línea pidieron a la Comisión Europea y los países de la UE que les permitan explotar comercialmente y sin trabas toda la información que recopilan de los internautas. Desde el lugar de vacaciones expresado en un comentario en una red social hasta la lista de la compra escrita en un correo electrónico; cualquier dato sirve para hacer negocio.

Según el informe, elaborado por la consultora McKinsey, en este momento el sector publicitario online está dejando de ganar 80.000 millones al año en los 23 países del mundo con el acceso mayoritario a la banda ancha, una cifra que se multiplicará en los próximos años. Para ellos, la red es demasiado barata, ya que "de media los hogares pagan 30 euros por una conexión de 5 Mbps (megabits por segundo), pero la mayoría de las aplicaciones y servicios de internet se ofrecen sin coste adicional".

El estudio asegura que un 80% de los internautas valora sobre todo que los servicios a los que accede sean gratuitos, mientras que sólo un 20% se declara dispuesto a pagar para evitar la publicidad. Según Jacques Bughin, socio de McKinsey y responsable del estudio, "el valor de los servicios es mucho más grande que la preocupación por la privacidad". Con esos datos, el mensaje de la industria, que comprende a buscadores como Google, proveedoras de internet como Orange o empresas de comunicación como Prisa, es sencillo: es necesario empezar a rentabilizar mejor las webs que ya existen porque sólo una minoría está dispuesta a pagar para que no le moleste la publicidad. La vía más rápida es conocer hasta el último detalle del usuario para que el negocio de la publicidad online deje de ser una promesa. Del usuario sólo se requiere que siga navegando mientras sus gustos se transforman en anuncios personalizados.

Sin embargo, los intereses de esta coalición de industrias (publicitaria, de servicios online y de contenidos) pueden chocar con uno de los derechos fundamentales más básicos: el de la privacidad.

La comisaria europea de Telecomunicaciones, Neelie Kroes, estuvo presente en el debate y se vio obligada a advertir a las compañías de que la UE podría endurecer la legislación actual si la industria juega sucio. Es decir, si sigue espiando al usuario hasta trazar un perfil completo de sus gustos e intereses contra su deseo expreso o sin más información que una advertencia perdida en un kilométrico contrato de uso. Kroes denunció que es algo "que sucede, por desgracia" y que merece "una clara condena por parte de ustedes [la industria publicitaria]" al tratarse de "prácticas ilegales".

La cuestión de las 'cookies'

Instalar en el ordenador del usuario cookies o programas chivatos que informan a las páginas web de la navegación del usuario por la red es legal. Estos archivos, que sirven en algunos casos para recordar las claves de acceso a una cuenta, tienen un alto valor económico para los anunciantes. Tanto la legislación europea como la española obligan de momento a la industria a informar al usuario de que esa recolección de gustos, hábitos o actividades online está teniendo lugar. Camuflar cookies o instalarlas a pesar de que el internauta esté en contra es, según Bruselas, una práctica ilegal. Sin embargo, hasta ahora no ha habido denuncias suficientes ni en España ni en la UE que hayan desembocado en una decisión judicial firme.

Según el Ejecutivo comunitario, "el usuario se preocupa cuando siente que todos sus movimientos en la red son observados, especialmente cuando él no tiene idea de lo que sucede". La comisaria sugiere que esa desconfianza, un efecto claro de la falta de transparencia de estas empresas, es la causante de que "sólo un 12% de los europeos confíe plenamente en las transacciones online". Según ella, hacer más sofisticada y efectiva la publicidad en internet podría desembocar en "un tiro en el pie"; la desconfianza amenazaría de muerte al incipiente comercio online. Por su parte, la industria defiende la autorregulación, ya que en palabras del director general del gigante publicitario WPP, Martin Sorrell, "imponer reglas ni ha funcionado ni funcionará".

De momento, Bruselas se muestra dispuesta a aceptar que el sector de la publicidad online se autorregule. A cambio, le pide "transparencia de verdad", que permita a los usuarios conocer si "alguna actividad de publicidad dirigida está teniendo lugar". Kroes, que vigilará que los 27 armonicen sus regulaciones, pide "el consentimiento" del usuario para que se rastreen sus hábitos y que la industria deje de camuflar los términos de privacidad en largos contratos de los cuales el usuario medio sólo lee un botón: "acepto".

Por DANIEL BASTEIRO Bruselas 21/09/2010 08:00
 
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En medio de un proceso de restructuración del capitalismo, donde se multiplican el desempleo, el trabajo precario, el despido libre y la pérdida de derechos laborales, las empresas trasnacionales bogan por un consumo de marcas. Hacen defensa de lo suyo y no escatiman esfuerzos. En otros términos, tratan de inducir compras con sello. En la actualidad esta práctica se traduce en una agresiva campaña publicitaria, considerando irresponsable adquirir productos blancos. Todos los anuncios de las grandes empresas concluyen con un rotundo no producimos para otras marcas”. Igualmente, han construido un relato específico: “no se engañe, envases similares no garantizan calidad”. Se sienten abandonados por los consumidores quienes han perdido la fidelidad una vez transcurrida la bonanza de los sectores medios, tan adicto a las modas como al consumo suntuario. “Antes muerto que sencillo.”

Hoy, los fabricantes de marcas consideran una competencia desleal la emergencia de productos de bajo costo. Según ellos, los ingenuos compradores se arriesgan a sufrir decepciones. Por consiguiente, son objeto de fraude. Además, optar por este tipo de consumo tiene una consecuencia nefasta: el aumento del desempleo. Si no lavan con los detergentes procedentes del futuro, desayunan con cereales para combatir el estreñimiento o meriendan con cremas de chocolate y avellanas para ser fuertes, las empresas con pedigrí se verán en la imperiosa y triste necesidad de recurrir al despido de personal. Todo tiene un precio y la irresponsabilidad, al preferir marcas blancas, conlleva profundizar la crisis y aumentar las cifras del paro. La conclusión es de Perogrullo; aporte su granito de arena. No renuncie a los consejos ni sea un mal consumidor. Evite convertirse en un pirata y un traidor. No se deje seducir por cantos de sirena. Comprar barato es una estrategia errónea y peligrosa. A la larga siempre sale caro. El ejemplo más sangrante para preservar el monopolio de las marcas con tanta explotación conseguida tiene su máxima en la actuación de las empresas farmacológicas y agroindustriales. Los grandes laboratorios se oponen al consumo de genéricos. Son cancerberos celosos de sus patentes e investigaciones. Tampoco las empresas enquistadas en el sector agrícola y alimentario se quedan atrás con su política agresiva de implantar el consumo de transgénicos. Ellos, que son los mismos que acosan y acaban con los pequeños y medianos campesinos, les obligan a consumir sus productos. Sin embargo, encolerizan cuando se cuestionan sus prácticas y se abren otras alternativas. Mutados en guardianes del mercado, no aceptan la competencia. Se consideran atacados por una plaga de ecologistas sin alma, cuyo fin pretende acabar con su existencia.

Así se presentan como honestos empresarios. Ayúdeles a sobrevivir. Gaste un poco más y obtenga en compensación el placer de olfatear olores exclusivos, paladear sabores sublimes y tener sensaciones de ensueño. No se abstenga, abra cajas con artículos 10 veces más pequeños en su interior. Practique idiomas leyendo las instrucciones en cirílico, alemán, francés o italiano. Viva la magia de envoltorios. Déjese llevar por el erotismo de las formas. Dé rienda suelta a sus emociones reprimidas cuando adquiera camisas Lacoste, sudaderas Adidas o pantalones Levi’s. Cruce la frontera, atrévase a saborear la diferencia. Siéntase deseado y admirado. Aléjese del resto de los mortales ajenos a la felicidad de vestir, comer o divertirse luciendo etiquetas de las trasnacionales comprometidas con el consumo responsable. Pero si a pesar de las recomendaciones opta por galletas, yogures, chorizos, camisas, perfumes o bolígrafos anónimos, se transforma en un canalla sin cualidades. Está condenado al fracaso y llevar una existencia gris. En definitiva, nos dicen, uno acaba siendo lo que consume. No debe conformarse con un coche cualquiera. Debe comprar un BMW, y si no paga los plazos fue feliz mientras duró, aunque le embarguen. Igualmente, no sea tacaño. Celebre el acontecimiento con champagne francés y no lo sustituya por sidra asturiana o vino espumoso. Si cae en dichas aberraciones demuestra su mediocridad.
Hasta hoy, los acólitos del capitalismo nos han dado la murga afirmando que el mercado constituye el espacio donde se despliega la libertad de elegir, base del progreso, la democracia y la acumulación de capital. Sin embargo, en medio de una crisis, cuando el principio y libertad de elegir debe primar sobre cualquier otro, su ejercicio se transforma en un obstáculo. Los consumidores apegados a sus criterios de libre elección son adjetivados de arpías, seres despreciables, sacrílegos condenados al infierno. Por esta razón, de la noche a la mañana, se elimina del manual del buen empresario la frase enseñada con tanto fervor a los empleados de sus comercios: el cliente siempre tiene razón. Ahora debe ser rechazada. Atrás queda el mercado fundamentado en los gustos del cliente. Si anteriormente los empresarios satisfacían al consumidor “mediocre” que prefería vino barato ofertando aguachirle a los mejores caldos, hoy es una alteración de las leyes de la oferta y la demanda. Este principio, otrora una verdad irrefutable para los gurús amantes de la economía de mercado, se considera obsoleto. Ahora son intervencionistas.

Por último, es curiosa la escasa o nula congruencia entre teoría y práctica de una economía de mercado. Primero se predica la libertad de elegir, y cuando se ejerce se penaliza a sus ingenuos ejecutores. Esta paradoja, inherente al capitalismo, no tiene solución dentro de sus entrañas, de lo contrario no sería una paradoja. Se vive en un mundo esquizofrénico donde no hay escapatoria, salvo transformando las paradojas en contradicción. Es decir, en enunciados dialécticos articulados a voluntades políticas para superarlos. En ello consiste el problema. Mientras tanto, las empresas cuyas marcas controlan el mercado seguirán patrocinando un consumo acorde con sus intereses en contra de toda perspectiva ética y humanista.

Por Marcos Roitman Rosenmann

 

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Tratándose de ciencias, Barack Obama no es mejor que muchos de nosotros. Hoy forma parte de una “lista de vergüenza” de figuras públicas que hicieron declaraciones científicamente insostenibles durante 2008.

Kate Moss, Oprah Winfrey y Demi Moore fueron otras personas famosas que exhibieron su analfabetismo científico.

La lista Celebridad y Ciencia 2008, preparada por el grupo Sense About Science, identifica algunos de los peores ejemplos de ignorancia sobre ciencia entre aquellos que afirman saber más, inclusive políticos de alto nivel.

Obama y John McCain tropezaron en relación con la vacuna MMR (contra sarampión, paperas y rubéola) durante sus campañas presidenciales. “Hemos visto que la tasa de autismo se ha elevado hasta las nubes –dijo Obama–. Algunas personas tienen la sospecha de que se debe a las vacunas. Me incluyo entre ellas. La ciencia no es concluyente al respecto por ahora, pero tenemos que investigar.”

McCain se hizo eco de sus palabras. “Es indiscutible que el autismo está en ascenso entre los niños; la pregunta es qué lo causa –señaló–. Hay fuertes indicios de que tiene que ver con un preservativo contenido en las vacunas.”

Investigaciones exhaustivas no han logrado sustanciar un vínculo con las vacunas o con algún preservativo. Se cree que la elevación en el autismo refleja más bien que se tiene mayor conciencia sobre ese padecimiento.

Sarah Palin, ex candidata republicana a la vicepresidencia, se metió en el lodo al desdeñar algunos proyectos gubernamentales de investigación. “A veces esos dólares van a proyectos que poco o nada tienen que ver con el bien público. Cosas como la investigación de la mosca de la fruta en París, Francia. Y no es broma”, remarcó.

La genetista Ellen Solomon reprendió a Palin por no entender la importancia de los estudios sobre la mosca de la fruta, que tiene en común casi la mitad de sus genes con los humanos. “Se le ha empleado durante más de un siglo para entender cómo funcionan los genes, lo cual tiene implicaciones, por ejemplo, en el estudio del proceso de envejecimiento”, explicó.

Hollywood no se salvó de las críticas de los reseñistas científicos, quienes fustigaron a Tom Cruise por su comentario de que la siquiatría es un crimen de lesa humanidad, y a Julianne Moore por advertir contra el uso de productos llenos de sustancias químicas no naturales.

“El verdadero crimen de lesa humanidad sigue siendo la persistente miseria causada por las principales enfermedades mentales en todo el planeta, y la continua falta de recursos para apoyar a los afectados”, expresó el siquiatra Simonn Wessely.

En respuesta a Moore, el escritor científico y químico John Emsley sostuvo que los químicos naturales no son automáticamente más seguros que los artificiales, los cuales se someten a pruebas rigurosas. “Algo que proviene de una fuente natural bien puede contener una mezcla de sustancias capaces de causar una reacción adversa”, señaló.

Kate Moss, Oprah Winfrey y Demi Moore postularon la idea de que uno puede desintoxicar el organismo con ciertas dietas, lo cual carece de fundamento científico o, en el caso de Moore, con productos como una “levadura médica altamente entrenada” que causa sangrado. Los científicos destacan que la sola dieta no puede eliminar toxinas y que la sangre en sí no es tóxica, por lo cual, aunque contenga toxinas, suprimir aunque sea un poco de ella no ayuda en nada.

Carole Caplin, el premio mayor

El premio mayor fue para Carole Caplin, gurú del estilo de vida, por tachar de “basura” un estudio que demostró que los suplementos vitamínicos ofrecen escasos o ningún beneficio a la salud. Es la tercera vez al hilo que se le menciona en el recuento. El escritor científico Ben Goldacre destacó que el estudio al que Caplin se refiere es el más autorizado que se ha publicado a la fecha. “Carole debe entender que la investigación produce a menudo resultados que contradicen nuestros conceptos prestablecidos: por eso la ciencia es más interesante que simplemente seguir una intuición”, comentó Goldacre.

Por, Steve Connor (The Independent)

Traducción: Jorge Anaya
 

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Jueves, 18 Diciembre 2008 08:34

Avisar

UNO
Mientras en Francia ya se ha anunciado que se dejará de emitir publicidad en horario nocturno, la televisión española no deja de aumentar la cantidad de avisos en sus canales abiertos. Cada vez más. Fuera de toda ley y límite. El gobierno central en Bruselas ya se ha cansado de emitir recomendaciones y ultimátums al respecto. Pero no hay caso. No pasa nada. España sigue siendo el país que más avisos lanza al contaminado aire europeo y es así como –por poner un ejemplo– una breve película de Woody Allen acaba adquiriendo la longitud panorámica de Los nibelungos de Fritz Lang. Así, uno se pone a ver una película en cualquiera de los canales de aire y antes se despide de sus familiares y amigos, porque no sabe muy bien cuándo volverá a verlos o volverá a estudios.

DOS
Lo que, por estos días, no deja de tener su gracia y consuelo. Porque así las demasiadas publicidades –en una suerte de realidad alternativa– acaban proporcionalmente convertidas en la programación. Y uno puede darse el alucinado lujo de pensar que todo lo demás –la realidad– no es otra cosa que propagandas ideadas por gente muy creativa. Propagandas muy graciosas porque, se sabe, de un tiempo a esta parte el producto no importa. Lo que importa es la gracia que –en mayor o menor grado– envuelve a ese producto. Gracia en la que el usuario, por lo general, aparece como un payaso satisfecho de serlo o como un ser con su coeficiente intelectual erosionado por los vientos de largas tandas publicitarias. Lo que importa es el chiste. Ser chistoso. El chiste y su relación con el inconsciente sentado frente a la pantalla.

TRES
La ventaja de todo esto –las virtudes de sucumbir a este tipo de idiotez catódica– es que, con algo de esfuerzo, nos permitirá pensar que todo el folletín Aznar/Zapatero sobre los aterrizajes no autorizados en España de aviones rumbo a las playas de Guantánamo es parte de un avance de 24, los zapatos que esquiva Bush anuncian una de Jim Carrey a las 21, las postales de la crisis (con españoles volviendo a trabajar después de años en la cosecha de aceituna mientras los subsaharianos vagan por ahí con cara de “¿y ahora que hacemos nosotros?”) son parte de una miniserie catástrofe y las noticias económicas son anticipo de un documental de esos que nadie ve aunque estén tan bien hechos. Apuntes breves, bosquejos, visiones con cuentagotas antes de entregarnos a lo que realmente importa: el torrente ciclos eternos, loops infinitos, secuencias zombis de avisos estacionarios de juguetes encandilantes, perfumes seductores, el depresivo y eterno “vuelve a casa, vuelve” de todos los años, la intriga develada de la campaña anual de Freixenet (que ha vuelto a sus clásicas burbujas femeninas y doradas luego del millonario fiasco à la Hitchcock que les entregó Martin Scorsese el año pasado), anticipos de rebajas rebajadas, y cómprenme algo, por el amor de Dios. Ráfagas de una vida lujosa inalcanzable (hoy se miran los avisos como se miraban esas lujosas producciones de Hollywood en los depresivos años ’20) o que comienza a bajar sus kilates. Porque –leo– los ricos también lloran. Y se devalúan: aquellos a los que no agarró Madoff deciden bajar su tren de alta velocidad de vida a humilde locomotora a carbón. Se llevan las joyas menos lujosas a los estrenos, se pone cara de circunstancia, se busca la foto junto a Al Gore o Bono, se alquila en plan Cenicienta la ropa y los collares y se devuelven con las campanadas de la medianoche o del mediodía siguiente, se deja el Maserati en el garage, la reina de Inglaterra comunica a sus nietos que se acabaron las farras en exclusivos clubes nocturnos y este año el consumo de luxe ha subido apenas un 3 por ciento en comparación al 9 del año pasado. Otros, en cambio, han optado por el desenfreno histérico: en Munich, una reciente feria de productos para millonarios –yates, aviones, paseos espaciales, abogados de divorcios– superó todas las cifras de ventas hasta la fecha. Y es que muchos magnates decepcionados por las torpezas de sus asesores financieros han decidido gastar todo lo que puedan antes de que su dinero desaparezca en un agujero negro bursátil. A comprar que se acaba el mundo y el modisto Tom Ford ya ha certificado la legitimidad de este Apocalipsis: “Aquí, en Occidente, estamos acabados. Nuestro momento llegó y pasó... Ahora nos acercamos al resurgir de culturas que siempre adoraron el lujo y que no han podido mantenerlo por mucho tiempo”. Y todos caen de rodillas mirando a un Lejano Oriente cada vez más cercano. Aquí viene.

CUATRO
Pero han sido dos los avisos que más han llamado mi atención en estas cada vez más frías noches. Los dos firmados por el gobierno español. El primero de ellos advierte del “apagón analógico” que llegará en dos años y de la necesidad de pasarse lo antes posible a la televisión digital terrestre. Y alguien tuvo la idea –ya clásica por estas latitudes– de poner a un exagerado y desagradable argentino diciendo cosas como “que no te pishe el toro” para convencer a los ibéricos de las bondades del cambio. Muy fea. Y la verdad que no se entiende. Disfrutarla en http://www.que notepilleeltoro.es/ e insisto: alguna vez alguien publicará un ya imprescindible estudio sobre la influencia del ser argentino en la mentalidad del ciudadano español a través de los comerciales y afines. La otra –luego de que las encuestas revelaran record europeo de embarazos no deseados y aumento de abortos en España– muestran a una parejita adolescente justo antes de hacerlo y conversando con ritmo hip-hop: ella dice que “Tronco, yo no corono rollos con bombos / O condón, o yo pongo stop. / Como fosos, como pozos, / Somos dos. / O con condón, o yo sobro”, a lo que él le responde “Bombón, / yo propongo, Condón, como modo / Lo cojo, lo toco, lo pongo / Con condón, yo floto pronto” para que ella cierre con un “Sólo con condón” y él con resignado “Sólo con koko”. Verla en http://www.yo pongocondon.com/ y los jóvenes consultados acerca de su efectividad sonríen con esa mezcla de desprecio y desconcierto y piedad que manifiestan cada vez que los adultos intentan hablarles, en vano, con lo que piensan es su mismo idioma pero no. Mientras la veía, yo pensé que tal vez gran parte de ellos se embaracen durante las largas tandas publicitarias.
Después, enseguida, interrumpieron la programación de avisos y volvieron –por unos pocos minutos que se me hicieron eternos– con el Lawrence de Arabia ése. Seguía cruzando el desierto.

Por Rodrigo Fresán
Desde Barcelona
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