Al pueblo de Buenaventura, hoy, ni siquiera los truenos le silencia su voz de rebeldía


Bello puerto en el mar mi Buenaventura, donde la gente lucha y muestra bravura


Eres hoy gran ejemplo de fuerza y dignidad.


No esperaron al primer rayo de sol para custodiar el ingreso de tracto mulas con mercancía y agredir a todo aquél que tratara de evitar su paso por el Puerto. El 2 de junio, una vez más, el Esmad y el Ejército Nacional agredieron a la población de Buenaventura; pero una vez más, este pueblo le muestra al país su capacidad de resistencia.


Al amanecer, 3:00 am; amparados en la oscuridad, llegaron 2 tanquetas del Esmad y 2 del Ejército Nacional, policías motorizados y un helicóptero, todo un equipamiento como para un combate militar, pero en ese caso para rodear y tomar el control de los barrios Isla de la Paz, Oriente, Cima y Vía Alterna. Llegaron en silencio, con alevosía, desplegando toda su fuerza para atacar las viviendas y a las familias que allí residen; familias comprometidas con el impulso y defensa del paro; familias convencidas de la justeza de esta lucha. Unas pocas horas después, un camión que transitaba por el sector sufrió el impacto de las llamas. ¿Llamado de atención por su actitud violenta y de violación de los derechos humanos de decenas de familias que gozaban del derecho al descanso?


En otro territorio


Mientras en el ambiente de estos barrios aún los gases lacrimógenos lanzados por el Esmad no habían sido dispersados del todo por el viento y el ambiente en los barrios afectados era denso y de ira por lo sucedido, arribaban a Bogotá dos delegados del Comité Coordinador del Paro Cívico, asì como dos indígenas habitantes del sector La Delfina, para reunirse en la Procuraduría con delegados gubernamentales, espacio propiciado por Todd Howland alto comisionado de los derechos humanos de las Naciones Unidas para Colombia. No era para menos, en los organismos internacionales hay preocupación por los reportes de ataques y violación de los derechos que están sufriendo los bonaverenses.


El propósito de esta reunión no es negociar ni mucho menos, como informaron en horas matutinas los medios oficiosos de comunicación, los delegados viajaron a escuchar al gobierno frente a los constantes ataques que sufridos por cientos de personas que protestan de manera pacífica por parte del Esmad, la Policía y el Ejército, durante los 18 días de paro.


A la fecha, los ataques arrojan 300 heridos, de los cuales el 20 por ciento son niños, más dos madres gestantes que perdieron sus bebés a causa de los gases y ataques violentos por parte de la fuerza pública. La situación de violencia es tal, que de acuerdo con William Riascos, sacerdote de la Catedral de Buenaventura, los diálogos serán suspendidos hasta que el Esmad no sea retirado de las zonas donde la gente se concentra para hacer sentir sus cánticos de protesta.


Teniendo en cuenta esta realidad, para el viernes 2 de junio se espera la visita del ministro de Defensa, quién analizará los casos de agresión y dialogará con la comunidad frente a la presencia de la fuerza pública y su deber con el pueblo.


Un paro con fuerza y convicción de triunfo. Diecisiete días de parálisis y de cohesión social, durante los cuales el Gobierno ha dilatado de diferentes maneras el arribo a una resolución final del mismo, procurando por todos los medios llevarlo a su fin por vía de la violencia y el temor.


Son diecisiete días de protestas pacíficas y de ataques violentos por parte de la mal llamada fuerza pública; dos semanas y unos días más durante los cuales el único interés efectivo demostrado por el gobierno nacional es por la mercancía acumulada en las bodegas del Puerto, para que la misma salga hacia sus destinos en el interior del país. Y precisamente en impedir que la mercancía salga hacia tales rutas radica la posibilidad de triunfo del pueblo bonaerense. Pueblo que ya no cree ni confía en la palabra oficial, pues conoce su falsedad.


Lo que evidencia esta actitud oficial da lástima –más que lástima–, pues desnuda al alto gobierno en su mezquindad: las pérdidas económicas para los grandes empresarios y comerciantes del país tienen más peso que el bienestar de 415.640 habitantes, que durante décadas han sufrido el olvido, el abandono y la explotación propia de un país corrupto y en guerra como el nuestro.


Últimos reportes de los ataques


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Boletín 05 y Boletín 06


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Publicado enColombia
Feminicidio: el castigo a las insumisas

Reexaminar la crisis de las masculinidades patriarcales, en el contexto de una sociedad neoliberal, para entender cómo se pasó en seis décadas, de abusar, manosear y violar a las niñas y jóvenes en el ámbito privado a torturarlas y asesinarlas como una forma de escarmiento.

 

Cuando yo era todavía una niña, entre 1960 y 1970, se nos inculcaba el miedo a los hombres: se nos advertía que tuviéramos cuidado porque podían hacernos daño y que dependía de nosotras, por pequeñitas que estuviésemos, que no nos ocurriera nada malo: el peligro, por supuesto se relacionaba con el sexo y nuestra responsabilidad era ser virtuosas, recatadas, no vestirnos, ni hablar, ni actuar en una forma que desatara ese demonio irrefrenable que ellos tienen entre sus piernas.

 

Compartí, por aquel entonces, juegos con muchas niñas que no hicieron caso de esas advertencias, las más pobres de mi vecindario. Como consecuencia, ellas iniciaron una larga serie de gestaciones a partir de su primera menstruación: se marchitaron antes de haber florecido, ninguna terminó sus estudios primarios, ni el bachillerato y quedaron sometidas a un hombre que las golpeaba y las fue hundiendo en la miseria material y espiritual. Casi en todos los casos, sus hijas y aún sus nietas repitieron esa historia.

 

A pesar de todo, con algunas de ellas seguíamos jugando y correteando durante un buen tiempo de esa niñez trunca. Pero, como una pompa de jabón, su retorno a la irresponsable felicidad de la infancia se desvanecía a las 5 de la tarde cuando se acordaban de sus deberes y corrían a sus miserables viviendas a freír unos patacones, carne o huevo, cocinar de carrera un arroz, porque llegaba “él”, ese ser todopoderoso, dueño de sus corporalidades y sus vidas, a quien ni siquiera se atrevían a llamar por su nombre.

 

A estas chicas, cuando andaban en los retozos amorosos y se metían en los rastrojos con sus compañeros, se las trataba de vagamundas y putas. Pero tan pronto como el resultado de sus “vagamunderías” empezaba a abultar los casi infantiles vientres, en el barrio adquirían una nueva respetabilidad y consideración. Inclusive recolectábamos dinero para ayudarles con ropa y dotación para su hija o hijo por nacer. Estos extraños virajes del sentir colectivo me generaron siempre muchas dudas y cavilaciones.

 

Salí ilesa de esas primeras pruebas. En primer lugar lo atribuyo a mis lecturas: devoraba biografías de Madame Curie, de Juana de Arco y, debió tener mucho peso la más “perniciosa”: la vida de la famosa Catalina la Grande de Rusia con su séquito de amantes, un modelo de feminidad que, por lo prohibido, era sumamente sugestivo, hay que reconocerlo. Una segunda protección era por supuesto, el capital cultural y el apoyo familiar, gracias a los cuales me fui procurando un proyecto de vida en el cual nunca estuvo como prioridad llenarme de hijos e hijas y reproducir el ciclo de la miseria. Un tercer aspecto: gracias a mi mala costumbre de estar metida donde no debía –y recuerden que las niñas y niños pequeños no son tontas ni tontos–, me fui enterando de las muchas desgracias y abusos que padecían aún las señoras “buenas” decentes, trabajadoras, madres abnegadas, casadas por la Iglesia.

 

Y finalmente, la intensa participación comunitaria que empecé a desarrollar con la Junta de Acción Comunal, me introdujo en compromisos y tareas relacionadas con las injusticias sociales y el abandono de nuestra comunidad por parte del Estado. Destaco estos cuatro elementos, porque, quienes nos ocupamos de apoyar las ciudadanías de las niñas pertenecientes a comunidades con menos recursos, hemos concluido que aquellas que incursionan en el liderazgo y ejercicio ciudadano, acceden a un mínimo de capital cultural, tienen como heroínas a mujeres científicas, artistas, pensadoras, leen buena literatura y reconocen las historias de sus ancestras, están más protegidas frente al embarazo adolescente, al matrimonio o unión marital temprana, culminan con éxito sus proyectos educativos y tienen mayor posibilidad de elegir su proyecto de vida con más libertad.

 

Este recuento me permite identificar dos elementos que perviven en la actual cultura cotidiana y se relacionan con los asesinatos brutales de niñas y mujeres: el primero, es que la sociedad descarga sobre las niñas, desde la primera infancia, la responsabilidad de controlar la sexualidad masculina, convirtiéndolos a ellos, que están en las mismas edades (y aún si son mayores que ellas) en potenciales predadores y abusadores sexuales consentidos, tolerados y permitidos por su entorno familiar, el grupo de amistades, el ámbito educativo y el ámbito laboral: el más visible y reciente ejemplo de esta forma de educar a los varones, es el feminicida de Yuliana Samboni, el arquitecto Francisco Noguera Uribe, quien la violó, torturó y asesinó. Luego vendrían Sarita y una lista que por desgracia crece cada día y que incluye también a un varoncito de corta edad. Esas son las muertes visibles. Sin embargo, como denunciaba el periódico El Tiempo el 8 de marzo de 2017, para el año anterior, 6.265 niñas entre 10 y 14 años (el 41,53% de los casos de mujeres víctimas de violencia sexual) y 3.178 niñas entre 5 y 9 años (el 21,07% del total de mujeres víctimas de violencia sexual ) fueron sometidas a este flagelo en el año 2016.

 

El segundo elemento, es la hipervaloración de la maternidad y su imposición como un mecanismo de control y explotación de las mujeres. En la Colombia del siglo XX, como en la del siglo XXI a las niñas, desde su primera infancia, mediante juegos infantiles, se las confina a la función materna y doméstica. La ropa, las palabras, su entorno de crecimiento y desarrollo no las conducen al amor por el deporte, al arte, la política y la ciencia. Al fin de cuentas, para esta sociedad una mujer que no es madre, es una mujer incompleta. De tal manera que las van formando como personas sumisas, subordinadas, pacientes, abnegadas y, sobre todo, dispuestas a despertar el deseo sexual, Se las prepara para ser victimizables.

 

Así, que aunque parezca raro y no precisamente porque a las niñas y jóvenes les haya gustado, desde tiempos inmemoriales muchos tíos, primos, papás y aún hermanos y hermanastros y otros allegados, han manoseado y violado a las niñas y las jóvenes, al abrigo supuestamente protector de la familia patriarcal –enfrente de mamás distraídas o cómplices–. Este siempre fue un secreto entre mujeres, de eso no se hablaba, a algunas les decían que tuvieran paciencia y que no dañaran a su familia. Esta es una realidad. Las que se atrevían a romper el mandato del silencio, sufrían el grave castigo del repudio de sus familias.

 

A pesar de estos maltratos y abusos sexuales, a las niñas y las jóvenes no las asesinaban con la crueldad y sevicia, ni desde tan pequeñas, como ocurre en esta segunda década del siglo en curso.

 

Ante la crisis de las masculinidades patriarcales, se acude al feminicidio

 

Encontrar el factor desencadenante de esta violencia resulta de gran complejidad y de vital importancia. Rita Laura Segato, antropóloga argentina y estudiosa del tema, plantea que las violaciones y agresiones sexuales pretenden castigar a las mujeres por los avances que han conseguido ya que estos ponen en entredicho el control de los varones.

 

En efecto, desde los sesenta, el feminismo, en distintas vertientes y modalidades, ha realizado una lucha contrahegemónica frente a la imposición de una única manera de ser mujer. Las conquistas de los feminismos han obligado al Estado colombiano a comprometerse con la prevención, sanción y eliminación de las violencias contra las mujeres.

 

De tal forma, que en 1981, durante el gobierno de Turbay Ayala, se formuló Ley 051 de 1981, como la primera norma interna mediante la cual el país suscribió la “Convención para la eliminación de todas las formas de violencia contra la mujer” (Cedaw por sus siglas en inglés). En 1991, luego de una gran movilización de las organizaciones de mujeres y de los feminismos, se consiguió la inclusión de cuatro artículos en la nueva Constitución Política con base en los cuales se crearon las primeras políticas públicas nacionales e integrales a favor de las mujeres. En ese proceso, se han producido un conjunto de normativas e instituciones, algunas de ellas dedicadas específicamente a prevenir, sancionar y erradicar las violencias contra las mujeres, como la Ley 1257 de 2008 y más recientemente, una política específica para las mujeres víctimas de violencia sexual en el conflicto armado. Hay que advertir que la mayoría de estas normas han quedado convertidas en pura fantasía, como afirmó recientemente una abogada de la Secretaria Distrital de la Mujer: no se cumplen.

 

Además, a pesar del surgimiento de programas y entidades consagradas a promover los derechos de las niñas liderados por las organizaciones y plataformas de mujeres y por la ONU Mujer (el organismo de Naciones Unidas responsable del tema), y aunque se han conquistado derechos, se ha avanzado en el control de la fecundidad y en nuevas formas de ser mujer, el modelo sociosexual propio del patriarcalismo sigue controlando la sexualidad, la capacidad de sentir placer y de dar vida de las mujeres. Todavía sus ciudadanías están constreñidas por el poco control de su corporalidad como primer territorio de decisión, de disfrute y de libertad, y porque viven amenazadas tanto en la vida de familia y pareja, como en los barrios y veredas, en los campos y en las ciudades.

 

Los violadores, como muestran estudios, en ningún caso buscan obtener placer sexual: desean ejercer poder y someter a la víctima, demostrar que pueden hacer lo que quieran con otra persona –mujer casi siempre–, colocada en estado de indefensión. Esto queda muy claro en el caso de seis violadores que recientemente, en las fiestas de San Fermín en España, sometieron a toda clase de vejaciones sexuales a una joven viajera y luego mostraron la “prueba de su virilidad” a través de las redes sociales. Guarda también mucha similitud con los casos de víctimas de violaciones cometidas por grupos de varones que actúan como “manadas” en la India, en México o en Argentina, porque esta forma de violencia no se limita a las fronteras de un país ni de un continente, se ha convertido en una pandemia machista. En Colombia, sin llegar a la violación y al asesinato, estudiantes de la Universidad de los Andes sometieron a una profesora a matoneo por sus opiniones rebeldes y por ser feminista. Ahora, en algunos medios estudiantiles, como en la Universidad Nacional, se tilda de feminazi a las jóvenes o adultas que expresen opinión propia, o exigen ser respetadas.

 

¿Cómo colocarle un dique definitivo a esta realidad prolongada en el tiempo? ¿Cómo lograrlo si sabemos que el violador no es un enfermo mental, ni un desviado sexual y por lo tanto, elevar las penas no resuelve el problema? Para lograrlo, uno de los primeros retos es el de reconceptualizar la violación y el feminicidio, lograr que la sociedad y el Estado reconozcan que este tipo de comportamiento macho hace parte de los mecanismos de control y disciplinamiento de las mujeres que atenten o se salen de las imposiciones de la masculinidad patriarcal y de la heterosexualidad.

 

Este es un reto inmenso que se enfrenta a una carga cultural de siglos, sostenida y legitimada por un sistema social donde el hombre providente, jefe de hogar, quien tenía asegurado el derecho al mejor plato de comida y a su placer sexual, cuando quisiera, como quisiera y por donde quisiera, está en vía de extinción. Al mismo tiempo y como parte de ese modelo social, la crisis del orden sociosexual global, que es patriarcal, capitalista heterocentrado y racializado, solo reconoce como sujetos válidos a quienes tienen determinados niveles de consumo: usan zapatos de marcas costosas, perfumes y ropa cara, carros de alta gama, casas lujosas y por supuesto, tienen hermosas modelos como esposas o compañeras: es el modelo Trump. El patriarca moderno debe pertenecer o buscar parecerse a la etnia hegemónica, despreciar a la gente pobre, a los desplazados e inmigrantes y sobre todo, debe curar el dolor de identidad /subjetividad lastimada, hiriendo a las más vulnerables: las mujeres, las jóvenes y las niñas.

 

Si no lo logra lo llamarán “perdedor”, necesitado de confirmarse ante los otros patriarcas, no le anima el deseo sexual o la búsqueda de placer, sino la decisión de comprarse unos minutos, unas pocas horas de poder, agrediendo, amenazando, chantajeando, violando y matando a las mujeres. Como señala Segato, buscan castigar a las insumisas, a aquellas que se creen libres, para que todas recuerden que deben obedecer el mandato impuesto a las mujeres por el orden global y por cada varón que siente amenazada su masculinidad patriarcal.

 

* Investigadora, cofundadora de la Colectiva Feministas Emancipatorias.

Publicado enEdición Nº235
“La lenta libertad es una cadena de corazones dándose la mano”

Salvador, Buenos Aires, La Milagrosa, San Diego, Las Palmas, barrios de Medellín que también sembraron rebeldía. Hijos de esos barrios lucharon y soñaron un mundo mejor, hasta el punto de arriesgar sus vidas por lo que creían debe ser el mundo. Años ochenta duros. Algunos murieron en el camino, esa sangre regó la simiente rebelde en esta ciudad. Muchos otros, los más, permanecieron en el anonimato. Se alzaron, fueron rebeldes, se retiraron de sus organizaciones cuando lo creyeron conveniente, sin despotricar de nadie. Nunca reclamaron pago por ello, ni recibieron programas de reintegración a la sociedad, ni hicieron alharaca de su pasado. Ellos mismos se reintegraron solos, en silencio, sin abandonar sus convicciones, poniéndolas en práctica en sus pequeños espacios familiares y sociales. Son ellos el faro de mucha gente buena y culta, todo un baluarte educativo de la sociedad. A ellos, a los que nadie nombra y ahí están, van estas líneas.

 

Antioquia, territorio alzado desde siempre. Ya los investigadores han anotado que era común ver en estas montañas gente armada deambulando por ahí. Tirofijo y Timochenko tienen origen paisa (el primero de Génova, Quindío, su compañero de La Tebaida, Caldas). El barrio Manrique dio cabida a los hermanos Vásquez Castaño (Manuel, Antonio y Fabio). En estos cinco nombres están reflejadas las dos organizaciones insurgentes más grandes que ha tenido el país en cincuenta y dos años, dado que ambas nacieron a la par (1964). Todos cinco, antioqueños pobres, de antes del reordenamiento administrativo de mediados de los sesenta.

 

Medellín, la capital, no escapó a esos vientos de Café y Petróleo. Pablo Escobar, Fabio Ochoa, la mafia y los militares los tuvieron en su blanco, los hirieron, los desvertebraron en parte. De ahí que el establecimiento tanto le deba a la cultura mafiosa.

 

Pero gracias a ellos, a los anónimos, se habla hoy de derechos humanos, se tiene un mayor sentido de los derechos, se practican más los deberes comunes al hábitat urbano, se tienen visiones y prácticas de participación, se apoya y se renueva el arte urbano y popular, se comprende a la mujer como par, se defiende a los animales, al medio ambiente y a la diversidad.

 

Gracias a ellos y ellas, la administración de la ciudad incorporó sus pensamientos y entró a atender, en parte, las exigencias de la población. Sin esa izquierda insurgente Medellín sería hoy una ciudad deprimida.

 

Por estas faldas y estas planicies caminaron. No fueron pocos. Maestros y maestras, estudiantes de ambos sexos, monaguillos, sacerdotes, monjas, obreros, desempleados, amas de casa, carpinteros, cerrajeros, obreros, gente del común se alzó en Medellín en los años setenta y ochenta. Fue el auge de esas organizaciones revolucionarias.

 

No solo las dos gigantes, de la que aún queda en armas una, la última, sino también una cantidad de organizaciones y siglas de menor alcance histórico, pero no por eso inexistentes: Partido Comunista (marxista-leninista) y su Ejército Popular de Liberación (Epl), la Tendencia Marxista Leninista Maoísta (Tmlm), la Liga Marxista Leninista Maoísta, el Partido Revolucionario de los Trabajadores (Prt), el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (Mir), el M19. Un montón. Varios, muchos de sus integrantes son hoy reconocidos actores de teatro, músicos brillantes, poetas, dirigentes de Ongs, docentes, feministas, exsecretarios municipales, médicos, escritores que hacen de Medellín una ciudad interesante.

 

El M19 fue el primero de estos movimientos en conducir a su gente a reinsertarse a la sociedad. Cédula en mano, cámaras al lado, micrófonos al frente. Luego lo haría el Epl, luego la Corriente de Renovación Socialista (Crs), hoy lo hacen las Farc. Se registran, los readaptan, se incorporan a la lucha política legal. Unos terminarán defendiendo al establecimiento que antes combatieron, otros perseveran en sus ideas de un cambio profundo en la sociedad, a otros los matarán con total impunidad. El Sena, las universidades, las empresas, el sector de la cultura oficial, les abren sus puertas.

 

Pero esos otros que caminaron estas mismas calles y guardaron silencio en su retiro para no afectar a sus antiguos compañeros, en soledad rehicieron sus vidas y perseveraron en sus ideales. Gloria, Mónica, Jairo, Claudio, Javier, Miguel, Juliana, Pío, Ana María... Un montón de buenos ciudadanos que aún no han contado su historia, pero que ahí están. No hay barrio de Medellín que no los tenga.

 

Sin ayuda de nadie, apoyados en sí mismos, tercos como mulas, salieron adelante. Conservan sus ideas, sueñan y trabajan por un mundo mejor. Son hoy, callada o sonoramente, en el tejido social, baluartes fundamentales del Sí. Casa por casa, con amor, con generosidad. Fueron los mejores y siguen ahí. Como escribió Mario Benedetti: “La lenta libertad es una cadena de corazones dándose la mano”.

Publicado enEdición Nº229
Sábado, 08 Octubre 2016 15:41

Historia, psicología y política

Historia, psicología y política
 
A los ojos de la Institucionalidad, resultan sospechosos los llamados o invitaciones a la autonomía, a la reflexión propia, al buen juicio, a la libertad, a la formación de criterio propio. Las cosas se rigen, según parece, por planes, misión, visión, objetivos y metas.

 

 

En ese trabajo único de H. Arendt sobre la banalidad del mal, sobre el cual por lo demás Margarethe Von Trotta hace una magnífica película en el 2012, queda de manifiesto que el mal consiste, simple y llanamente, en gente que sigue órdenes y se integra en organizaciones e instituciones, sobre lo cual no tiene absolutamente ningún remordimiento. El argumento de que “sigo órdenes” banaliza el mal, pero con ello mismo abre las puertas de par en par, para toda clase de desmanes y despropósitos. No existe el mal, existe gente obediente y que acata las órdenes sin más.


Capturado en Buenos Aires en 1960, Eichmann es sometido inmediatamente a juicio en Israel. H. Arendt publica su libro en 1963.


Prácticamente en paralelo, en otro lugar del mundo, el psicólogo S. Milgram adelanta en la Universidad de Yale un experimento que habría de arrojar luces enormes y sorprendentes sobre los seres humanos. Milgram estaba, naturalmente, siguiendo las noticias del juicio a Eichmann, y estudiando las implicaciones y consecuencias de lo que sucedía en Jerusalén.


El experimento, repetido numerosas veces hasta la fecha, y por tanto confirmado y falseado cientos de veces, pone en evidencia que los seres humanos son aptos para la obediencia, sin límites, hasta el extremo de llegar a asesinar a otras personas, si se les ordenara. El artículo de Milgram es clásico: “Behavioral Study of Obedience”, cuya versión original aparece publicado por la Universidad de Columbia. (Ver artículo).


Sobre este experimento existe un video, elaborado por el propio psicólogo, para efectos pedagógicos. (Ver video).


La conclusión evidente de los trabajos, distintos entre sí, pero perfectamente vinculados por su interés por la obediencia por parte de Arendt y de Milgram es que la gente que acata y sigue órdenes sin más, lo hace simple y llanamente porque no piensan. Es gente que se niega a pensar o que no puede hacerlo porque no sabe hacerlo. Fueron formados con la noción de acatamiento y de normatividad, lo que les facilita enormemente la vida, pues pueden dejar de cuestionarse acerca de las cosas y del decurso del mundo y de la sociedad.


Esa es la gente normal.


No tienen que ser desalmados, sanguinarios, ni tener ideas preconcebidas o ideologías extremistas. Estos son, por el contrario, casos de patologías que también han sido estudiadas en otros contextos.


La gente normal no se hace problemas con la obediencia. Alguien o algo más, “allá arriba” o “allá afuera” ha ordenado las acciones, y acaso sean ellos los que, si acaso, deban responder. Es más, si, se dicen los obedientes, ellos no llevan a cabo las acciones comandadas, igual alguien más las llevará a cabo. Estas son algunas de las pequeñas elaboraciones que pueden hacer, pero no implican, en absoluto, un proceso de pensamiento o de reflexión.


Así las cosas, la violencia simplemente necesita de gente que no piensa y sea por tanto obediente. Gente que no cuestione y que tenga un sentido normal —eso: normal— del acatamiento. Cualquiera que sea la expresión misma de la violencia. Con una condición, como queda en evidencia de los trabajos mencionados, y es que no haya contacto visual entre la víctima y el victimario. Algo que se puede resolver sin ninguna dificultad. La tortura y el crimen son llevados a cabo, en su inmensa mayoría, por gente normal: “como usted y yo”, como gustan decir los norteamericanos.


Pues bien, en condiciones de obediencia por múltiples razones: por miedo, por costumbre, por pasividad, por seguimiento de las normas, o por amor a la noción misma de autoridad —digo, en condiciones de obediencia semejantes la importancia del desacato, de la desobediencia, por ejemplo, desobediencia civil—, de la insumisión e incluso de la insurrección, no pueden ser menoscabadas en modo alguno.


En contraste, las empresas y las instituciones de todo tipo lo que más exaltan e impulsan no es la formación de criterio propio, sino el sentido de pertenencia. Cuyo epítome es la lealtad y la fidelidad. Como resulta, luego de un estudio cuidadoso de las organizaciones mafiosas, sobre lo cual existe una amplia bibliografía, la lealtad y la fidelidad, la obediencia y el sentido de pertenencia son rasgos distintivamente mafiosos. La Yakuza, la mafia Calabresa, la mafia Siciliana, la Cosa Nostra, la Mafia Roja, el mundo del Don, o del Patrón, por ejemplo.


También la mafia tiene su ética y sus mandamientos.


A los ojos de la Institucionalidad, resultan sospechosos los llamados o invitaciones a la autonomía, a la reflexión propia, al buen juicio, a la libertad, a la formación de criterio propio. Las cosas se rigen, según parece, por planes, misión, visión, objetivos y metas. Y todos a una con ellos. Mecanismos directos y explícitos o indirectos y pasivos de sumisión y formación de gente obediente, sin más.


H. Arendt es conocida tan sólo por pequeños círculos de especialistas. Y mucho más sucede con S. Milgram. La gran base de la sociedad, aquella gente que vive con base en el sentido común, poco y nada sabe. A la gente normal no hay que forzarla a nada. Basta con hacerlos normativos. Y los mecanismos de normativización son, en verdad, numerosos, y se refuerzan entre sí de forma positiva.


Milgram como Arendt se sorprendieron con sus propias investigaciones y descubrimientos. Pero, al parecer, hay otros que los usan con toda la carga y conocimiento. Precisamente en contra de esto último hay que subrayar permanentemente la capacidad de que la gente tenga la posibilidad de juzgar por sí mismos. Incluso con el riesgo de que puedan equivocarse. Juzgar por sí mismos implica un tiempo de elaboración y reelaboración de tareas, órdenes, mandamientos, preceptos, normativas y otros imperativos semejantes. Y de mucho cuestionamiento y duda.


Es cuando la duda y la skepsis resultan necesarias y liberadoras.

 

Nota: aunque el autor de este artículo no lo incluyo.Compartimos un remake más reciente del experimento de S.Milgram llamado "Jeu de la mort" (El juego de la muerte) el cual se encuentra traducido al español (Ver video) 

 

 

 

 

Publicado enSociedad
Breve nota sobre la literatura maldita en Colombia

La literatura maldita no constituye, en absoluto, una tradición, una escuela o un movimiento. Más exactamente, cada escritor o poeta maldito es singular e individual, punto.



La literatura maldita es una categoría que nace en el siglo XIX en el diálogo entre lo mejor de una parte de la literatura francesa y la inglesa. En los circuitos de ventas, posee una franja propia, aunque en las bases de la gran sociedad ocupa un lugar muy marginal, aquí y en cualquier parte, tanto como entre los guardianes de la buena moral.


La literatura maldita cumple esa función: decir lo indecible, mostrar lo oculto, llamar a las cosas por su nombre, y señalar que la gran escuela siempre es la de la vida, que es donde se nutre la verdadera gran literatura. Ello, digámoslo de pasada, sin dejar de mencionar la verdadera condición para la existencia de una gran literatura: leer, haber leído mucho y seguir leyendo siempre. Mientras se vive y se observa y se trata de comprender al mundo.


Obviamente, también en Colombia existe la literatura maldita. Pero el abanico no es muy amplio, a decir verdad. Se compone de nombres como Julio Flórez (sí, el poeta de las flores negras y los escándalos y sospechas), José Manuel Vargas Vila (el maldito de todos los malditos), Andrés Caicedo (por poco el autor de un solo libro, el inmortal ¡Qué viva la música!), y el autoexiliado y aclamado Fernando Vallejo (el único de todos los escritores colombianos que cumplió la promesa de no volver a España mientras a los colombianos nos pidieran visa).


De acuerdo con la mejor tradición ortodoxa en la materia, un escritor maldito es aquel que, ya desde joven, se aleja de la buena moral de la sociedad y las buenas costumbres. Escribe y vive como provocación y desafío, y se comporta en general de manera peligrosa, a–social e incluso autodestructiva. Generalmente mueren antes de alcanzar el reconocimiento debido, y su escritura es difícil para los consumos normales y habituales de la sociedad. Aunque a veces, a algunos, la vida les regala años extra.


El concepto aparece por primera vez en 1832 en Francia y se proyecta con solidez hasta finales de 1880. Posteriormente la categoría se extiende a otros países, culturas y naciones, siendo uno de los primeros Inglaterra. De esta suerte, lo que podemos denominar como la primera generación de escritores y poetas malditos comprende nombres como F. Villon, Rimbaud y Beaudelaire y se extiende a figuras como G. Sand y O. Wilde. Desde entonces, hasta la fecha, la literatura maldita constituye una vertiente propia, pero subterránea, clandestina o marginal de la literatura que produce una sociedad.


Ahora bien, de manera definitiva, la literatura maldita no constituye, en absoluto, una tradición, una escuela o un movimiento. Más exactamente, cada escritor o poeta maldito es singular e individual, punto. Los críticos, a los que les gusta catalogar todo, sostienen que la literatura maldita constituye una crítica a la modernidad. ¡Como si hoy en día no existieran escritores y poetas malditos!


Desde luego que en cada ciudad, grande, mediana y pequeña existen poetas y escritores malditos, que acaso por malditos no han alcanzado el reconocimiento que pudieran merecer. Son conocidos por círculos pequeños, alternativos y muchas veces ellos se autopublicitan de maneras clandestinas o marginales.


Sin la menor duda, los escritores malditos son gente libre, o bien gente que se quiere, decididamente, libre —aunque algunos aún no lo sean—. Encuentran la libertad en la escritura, y en ellos la escritura y la vida son una sola y misma cosa. Nada de artilugios académicos. (Aunque lo contrario también hay que advertirlo, a saber: que quien hace de la literatura y la vida una sola y misma cosa no necesariamente es un escritor maldito. Una línea fina y móvil de distinciones). Libres, y no simplemente rebeldes.


Flórez, Vargas Vila, Caicedo y Vallejo, por orden histórico: cuatro voces de poetas y escritores sin deudas: ni económicas, ni morales o intelectuales. Uno tomando distancia con respecto al poeta de conveniencia —José Asunción Silva—, es liberal radical; otro blasfemo y apóstata, objeto de persecusiones en el marco de la Constitución conservadora de 1886; otro más haciendo de una ciudad periférica el centro de las miradas de admiración y exultación del cuerpo, y el último, homosexual declarado y no vergonzante, autoexiliado por voluntad propia pero faro de la realidad nacional. Con una nota: no existe (hasta la fecha) una mujer en la historia de la literatura maldita en Colombia.


Vallejo posee sobre los demás autores malditos colombianos una ventaja, que es al mismo tiempo una contradicción. Se trata de un autor a todas luces maldito que es publicado por unas de las grandes editoriales y circuitos de distribución oficiales en la lengua española: Alfaguara y Taurus. (Al fin y al cabo a las grandes editoriales les importan autores que vendan; entre otros criterios). Los demás son autores anacoretas, y varios títulos suyos difícilmente se consiguen en las buenas librerías, y definitivamente no en las librerías de centros comerciales. Es notablemente el caso de Julio Flórez, poeta proscrito de las ediciones y reediciones, de los encuentros y los números especiales. Aun cuando la editorial Sopena publicó las obras completas de Vargas Vila, parcialmente.


Caicedo acaba de ser objeto de reedición de ¡Qué viva la música! gracias a una película desafortunada y pésima. Pero Vargas Vila permanece como el más recóndito de los autores en materia editorial, de estudios, monografías, biografías o hagiografías, por ejemplo. El autor más prolífico de los malditos colombianos, sus libros se encuentran, en el mejor de los casos, en los anaqueles de eruditos y libreros de segunda. Que podemos llamar, de manera hermosa, como "libros leídos".
(Digamos entre paréntesis: esa deuda histórica que tenemos todos los amantes de los libros, de un lado, con las pequeñas editoriales y las editoriales independientes, y de otra parte con los libreros de segunda, para no mencionar los anticuarios —otra categoría aparte).


De la literatura maldita no quedan moralejas; tampoco inferencias indirectas. De hecho, no existe una única literatura maldita, y como puede apreciarse de la lectura cuidadosa de los cuatro grandes en Colombia, de cada uno cada quien saca lo que puede. Que sería el comienzo para una auténtica tertulia. Que es uno de los modos para una incubadora gratuita de ideas, proyectos, y acciones.


Vargas Vila, Julio Flórez, Andrés Caicedo, Fernando Vallejo, una línea irregular subterránea de historia, cultura, sociedad y política —abyecta, iconoclasta, irreverente y desconocida.

Publicado enCultura
Viernes, 13 Noviembre 2015 06:35

¿Hemos interiorizado el fin de la historia?

¿Hemos interiorizado el fin de la historia?

"El naufragio siempre es el momento más significativo", escribió Fernand Braudel en Historia y ciencias sociales (Escritos sobre la historia, FCE, 1991). En opinión del historiador, mucho más significativos aún que las estructuras profundas son sus puntos de ruptura, su brusco y lento deterioro bajo el efecto de presiones contradictorias.


En los debates de las izquierdas globales, parece haberse esfumado una tensión básica del pensamiento crítico, presente desde los primeros tiempos: la mirada larga en el tiempo, la negativa a jugar todo el movimiento en maniobras tácticas, tener siempre presente el legado a las generaciones futuras.


Durante más de un siglo el movimiento revolucionario en el mundo estuvo enfrentado en dos tendencias que, de forma un poco simplificada, se podían dividir entre revolucionarios y reformistas. Buena parte de la producción teórica de Marx y de Lenin estuvo dedicada a zanjar diferencias con aquellos que llevaban al movimiento hacia su adaptación en el sistema y rechazaban la necesidad de rupturas. Rosa Luxemburgo llegó a escribir, en Reforma o revolución, que la teoría del colapso capitalista es la médula del socialismo científico.


En su polémica con Eduard Bernstein argumentaba que sin el colapso del capitalismo no se puede expropiar a la clase capitalista. Toda la vida y la organización de los revolucionarios estaban dedicadas a prepararse para el momento del colapso, aunque no lo llegaran a vivir. Todo lo que hacían en los grises años de calma social consistía en esa preparación anímica y organizativa, espiritual y teórica. Esa larga preparación es lo que le permitió a hombres como el Che o Lenin estar a la altura de las situaciones cuando era necesario actuar de forma decidida.


En las últimas décadas estas tensiones se han perdido. Predomina ahora una mirada de corto plazo, demasiado ligada a la coyuntura y, en particular, a lo electoral. Las diferencias, incluso teóricas, entre reforma y revolución, parecen haberse esfumado. Rosa no rechazaba las reformas, pero decía que eran un medio, no un fin. Los argumentos que dan algunos intelectuales para defender el voto por un candidato progresista hablan por sí solos sobre este enorme retroceso. Hay, por cierto, políticas sociales positivas y necesarias. Pero ese no puede ser el eje de una argumentación que apueste por la transformación revolucionaria de la sociedad.


A mi modo de ver, hay dos razones de fondo que pueden contribuir a explicar el enorme retroceso de las izquierdas, del pensamiento crítico y de las consecuencias de haber desaprendido lo mismo el odio que la voluntad de sacrificio (Benjamin, en Tesis sobre la historia).


La primera es que la caída del socialismo real, la derrota de las revoluciones centroamericanas y de los grandes movimientos (obrero, feminista y de las minorías étnicas) ha provocado un doble y simultáneo fenómeno: crecimiento del pragmatismo y del posibilismo, y pérdida del horizonte del tiempo largo.


El pragmatismo desmadeja la ética del compromiso, a favor de la adaptación a lo que existe. No hay compromiso que contenga garantías de ventajas personales concretas. El compromiso con una causa siempre fue un salto al vacío, incierto, en el que cada quien pone el cuerpo sin esperar recompensas ni reconocimiento. Perseguir lo posible supone caer en el oportunismo y renunciar a cambiar las cosas; porque lo posible es, apenas, administrar lo existente.


La segunda se relaciona con los cambios en la cultura, tanto en la hegemónica como en la popular, e incluso en la contracultura. La necesidad de obtener resultados inmediatos, la falta de fibra para nadar contra la corriente, la dificultad para decir las cosas por su nombre por temor al rechazo y la soledad, forman parte del sentido común actual, incluso entre muchos que dicen ser de izquierda.


Un maravilloso relato de Pasolini sobre los melenudos, en Escritos corsarios, es una buena muestra de lo que pretendo explicar. La melena fue símbolo de rebeldía o de inconformismo en los años 60, pero terminó siendo adaptada por la moda, al punto que ya no es defendible porque ya no es libertad. Rechazaba con vigor, y desesperación, el afán de amoldarse al orden degradante de la horda, usando símbolos de rebeldías, absorbidos por la cultura del poder.


Por alguna razón, nada difícil de adivinar, volvemos a redescubrir a Pasolini. Como escribe Franco Berardi, Bifo, había entendido de antemano que el poder del cambio tecnológico estaba destinado a prevalecer sobre las culturas libertarias e igualitarias, abriendo un tiempo de barbarie (La mirada larga, en comune-info.net).


Estamos inmersos en una cultura en la que desaparecieron las distinciones de clase, en la que derecha e izquierda se han fundido físicamente, como apuntaba el italiano. Esa indistinción tiene su correlato en la política. Es posible que hayamos interiorizado el fin de la historia de modo involuntario e inconsciente. Si no hay diferencias culturales, tampoco habrá diferentes opciones políticas y todo se reduce a optar por lo menos malo o lo más atractivo, como en el supermercado.


Es la degradación de la política emancipatoria. El momento del naufragio. Pero hay más. Todavía debe recordarse que el mundo nuevo, el socialismo o como se llame, es fruto del trabajo, del esfuerzo cotidiano, no del reparto de lo que existe. Pero el trabajo tiene sus reglas que la cultura rentista no comprende, ni está dispuesta a aceptar.


En este recodo de la historia, cuando las derechas imperiales y financieras avanzan sin cesar, en el sur y en el norte, aprender del naufragio puede ser el mejor modo de recuperar los horizontes perdidos. El hundimiento del socialismo real no puede llevarnos al lodazal del posibilismo ni de la rendición a la cultura hegemónica. Si el riesgo es la soledad y la intemperie, habrá que afrontarlas. Lo único que no podemos hacer es dejarle a las generaciones futuras un legado de sumisión y pragmatismo sin ética.

Publicado enPolítica
La dignidad rebelde. El neozapatismo mexicano en el 2015

 

Edición 2015. Formato: 17 x 24 cm, 168 páginas.
P.V.P:$28.000 ISBN:978-958-8926-04-9

 

 

Reseña.

Después de más de dos décadas de irrupción en el escenario nacional e internacional, como manifiesta renovación del legado anticapitalista, opositor de la mundialización enrutada y dirigida a favor de los grandes conglomerados del capital, el neozapatismo mexicano está más vivo, fuerte y activo que nunca.

Más allá del sesgado silencio mediático, esta expresión social y política indígena, pero también campesina, juvenil, académica, con manifestaciones territoriales por diversas regiones y ciudades mexicanas, sigue avanzando de manera práctica para estructurar el creciente y también cada vez más potente movimiento nacional e internacional conocido como 'La Sexta', y, de manera teórica, para continuar renovando los clásicos debates de la izquierda anticapitalista y los senderos del más avanzado pensamiento crítico contemporáneo, en contra de la perversa y mutante hidra capitalista.

Los textos aquí reunidos intentan, por tanto, dar cuenta no sólo de la rica y viva herencia neozapatista, en la teoría, en el pensamiento crítico y en la acumulación de nuevas experiencias prácticas de radical transformación social, sino también de las complejas encrucijadas y las tareas hoy enfrentadas por el propio neozapatismo y el vasto conjunto de los movimientos que en todo el planeta se reconocen como anticapitalistas y antisistémicos.

 

 

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Domingo, 16 Noviembre 2014 06:13

Carta a las y los jóvenes de México

Carta a las y los jóvenes de México

Me dirijo a todos mis amigos y a todas mis amigas de México. Si me permiten, me dirijo en especial a ustedes los jóvenes y las jóvenes de México.


Una conmoción atraviesa todo el mundo por el horror de la masacre de los jóvenes de la Escuela Normal de Ayotzinapa, Guerrero, y en particular por el horror de los detalles con que se ha cometido esta acción. Comprendo su gran angustia, rabia y perplejidad: ¿Qué tipo de sociedad es esta que permite que gente aparentemente normal como nosotros cometa crímenes tan detestables? ¿Qué Estado es este que parece infiltrado hasta los huesos por la narcoviolencia? ¿Qué democracia es esta que invita a la resignación ante enemigos que parecen demasiado fuertes para poder ser combatidos, mientras se aprueban leyes que criminalizan la protesta pacífica (como las leyes bala y mordaza)? ¿Qué policía es esta que es cómplice con la desaparición forzada y tortura de ciudadanos inocentes? ¿Qué política educativa es esta que persigue a la educación rural y no permite que estos jóvenes sean héroes por la vida comunitaria que promueven, sino mártires por la muerte horrorosa que sufren? ¿Qué comisiones de derechos humanos son esas que existen en ese país, que están ausentes y omisas ante crímenes de lesa humanidad mientras que los verdaderos activistas de derechos humanos son asesinados? ¿Qué mundo es este que sigue elogiando el Presidente de la Republica por el simple y único relevante hecho de haber entregado al imperialismo la última riqueza del país que restaba en manos de los mexicanos?
Sé que son demasiadas preguntas, pero lo peor que podría pasar sería que Ustedes se dejasen dominar por la magnitud de ellas y se sintieran impotentes. La contingencia de nuestra vida y de nuestra sociedad está dominada por dos emociones: el miedo y la esperanza. Sepan Ustedes que esta violencia desatada se dirige a su resignación, dominados por el miedo y, sobre todo, por el miedo de la esperanza. Los poderosos criminales saben que sin esperanza no hay resistencia ni cambio social. Sabemos que es difícil escapar al miedo en condiciones tan dramáticas como las que viven. El miedo no se puede eliminar, pero lo importante es no rendirse al miedo, sino tomarlo en serio para poder enfrentarlo y superarlo eficazmente, a eso le llamamos: Esperanza. Ustedes tienen la fuerza para salir de esta pesadilla, resistir a la ilegalidad y violencia institucionalizadas y construir una alternativa de esperanza. Para eso es necesario organización, respaldo popular y una clara visión no solamente política, sino también ética de una sociedad donde sea posible vivir con dignidad y en paz.


Hay varias opciones y no me sorprende que Ustedes las contemplen todas. Sé que algunos buscan criar zonas autónomas, libres de opresión y de dominación. Tales zonas liberadas son fundamentales como espacio de educación, para que Ustedes muestren unos a los otros que es posible vivir de manera cooperativa y solidaria para que cada uno y cada una pueda decir: yo soy porque tú eres. Pero más allá de las zonas liberadas es necesario enfrentar el poder político, económico y cultural que oprime y aterroriza. Para eso hay dos opciones básicas y estoy seguro que Ustedes analizan las dos con mucho cuidado: por un lado, la lucha armada, por otro, la lucha pacífica, legal e ilegal. Si me permiten, les digo que la historia muestra que la primera es irrenunciable solamente cuando no hay otra posible alternativa. La razón es simple: la lucha armada difícilmente tiene respaldo popular si obliga a sacrificar la vida para defender la vida. La pregunta es ¿hay espacio de maniobra para una alternativa pacífica? Humildemente pienso que sí porque la democracia mexicana, a pesar de estar muy herida y violada, está en nuestro corazón, como bien demuestran sus luchas contra tantos y sucesivos fraudes electorales. Miren la experiencia del sur de Europa, donde el desespero de los jóvenes está dando lugar a innovaciones políticas interesantes, partidos-movimientos que asumen internamente los procesos de democracia participativa, donde los rostros conocidos son voceros de procesos de deliberación muy creativos en que participan miles de ciudadanos y ciudadanas. Y subrayo, ciudadanos y ciudadanas. Lamentablemente, en muchos países, y México no es excepción, las tradiciones de lucha tienen estilos bastante autoritarios, estilos machistas verticales. Hay que profundizar a ese nivel la democracia participativa, sobre todo cuando sabemos que las mujeres han sido tantas veces blancos privilegiados de los sicarios. ¿Será posible en México un nuevo partido-movimiento organizado por las jóvenes y los jóvenes? Ustedes saben la respuesta. Mejor aún, Ustedes son la respuesta. No va ser fácil porque los señores del poder van intentar criminalizar su lucha pacífica. Hay que asumir el costo de la resistencia pacífica aunque ésta sea declarada ilegal, asumir ese riesgo en nombre de la esperanza. El miedo de la ilegalidad tiene que ser enfrentado con la convicción de la ilegalidad del miedo. Ahí está la esperanza.
Un abrazo solidario.

Publicado enSociedad
Ellos y nosotros. I.- Las (sin) razones de arriba.

Hablan los de arriba:

 

“Nosotros somos los que mandamos. Somos más poderosos, aunque seamos menos. No nos importa lo que digas-escuches-pienses-hagas, siempre y cuando estés mudo, sordo, inmóvil.

 

Podemos imponer como gobierno a gente medianamente inteligente (aunque ya es muy difícil de encontrar en la clase política), pero elegimos a uno que ni siquiera puede simular que sabe de qué va el asunto.

 

¿Por qué? Porque podemos hacerlo.

 

Podemos usar al aparato policíaco y militar para perseguir y encarcelar a verdaderos delincuentes, pero esos criminales son parte vital nuestra. En cambio elegimos perseguirte, golpearte, detenerte, torturarte, encarcelarte, asesinarte.

 

¿Por qué? Porque podemos hacerlo.

 

¿Inocente o culpable? ¿Y a quién le importa si eres uno o lo otro? La justicia es una puta más en nuestra libreta de direcciones y, créenos, no es la más cara.

 

Y aunque cumplas al pie de la letra con el molde que imponemos, aunque no hagas nada, aunque seas inocente, te aplastaremos.

 

Y si insistes en preguntar por qué lo hacemos, te respondemos: porque podemos hacerlo.

 

 

Eso es tener el Poder. Se habla mucho de dinero, riquezas, y esas cosas. Pero créenos que lo que excita es este sentimiento de poder decidir sobre la vida, la libertad y los bienes de cualquiera. No, el poder no es el dinero, es lo que puedes tener con él. El Poder no es sólo ejercerlo impunemente, también y sobre todo, hacerlo irracionalmente. Porque tener el Poder es hacer y deshacer sin tener más razón que la posesión del Poder.

 

Y no importa quién aparezca al frente, ocultándonos. Eso de derecha e izquierda, son sólo referentes para que el chofer estacione el auto. La máquina funciona por sí sola. Ni siquiera tenemos que ordenar que castiguen la insolencia de desafiarnos. Gobiernos grandes, medianos y pequeños, de todo el espectro político, además de intelectuales, artistas, periodistas, políticos, jerarcas religiosos, se disputan el privilegio de agradarnos.

 

Así que jódete, chíngate, púdrete, muérete, desilusiónate, ríndete.

 

Para el resto del mundo no existes, eres nadie.

 

Sí, hemos sembrado el odio, el cinismo, el rencor, la desesperanza, el valemadrismo teórico y práctico, el conformismo del “mal menor”, el miedo hecho resignación.

 

Y, sin embargo, tememos que eso se transforme en rabia organizada, rebelde, sin precio.

 

Porque el caos que imponemos lo controlamos, lo administramos, lo dosificamos, lo alimentamos. Nuestras “fuerzas del orden” son nuestras fuerzas para imponer nuestro caos.

 

Pero el kaos que viene de abajo…

 

Ah, ése… ni siquiera entendemos qué dicen, quiénes son, cuánto cuestan.

 

Y luego son tan groseros de ya no mendigar, esperar, pedir, suplicar, sino ejercer su libertad. ¡Habrase visto tamaña obscenidad!

 

Eso es el verdadero peligro. Gente que mira para otro lado, que se sale del molde, o lo rompe, o lo ignora.

 

¿Sabes que nos ha dado muy buen resultado? Ese mito de la unidad a toda costa. Entenderse sólo con el jefe, dirigente, líder, caudillo, o como se llame. Controlar, administrar, contener, comprar a [email protected] es más fácil que a muchos. Sí, y más barato. Eso y las rebeldías individuales. Son tan conmovedoramente inútiles.

 

En cambio, lo que sí es un peligro, un caos verdadero, es que cada quien se haga colectivo, grupo, banda, raza, organización, y en su lado aprenda a decir “no” y a decir “sí”, y que se pongan de acuerdo entre ellos. Porque el “no” apunta a quienes mandamos. Y el “sí”… uf… eso sí es una calamidad, imagínate que cada quién construya su propio destino, y decidan qué ser y hacer. Sería tanto como señalar que nosotros somos los prescindibles, los que sobramos, los que estorbamos, los que no somos necesarios, los que debemos ser encarcelados, los que debemos desaparecer.

 


Sí, una pesadilla. Sí, claro, sólo que ahora para nosotros. ¿Te imaginas de qué mal gusto sería ese mundo? Lleno de indios, de negros, de cafés, de amarillos, de rojos, de rastas, de tatuajes, de piercings, de estoperoles, de punks, de [email protected], de [email protected], de [email protected], de esa bandera de la “A” tan sin nación para comprarla, de jóvenes, de mujeres, de [email protected], de niñ@s, de ancianos, de pachucos, de choferes, de campesinos, de obreros, de nacos, de proles, de pobres, de anónimos, de… de [email protected] Sin un espacio privilegiado para nosotros, “the beautiful people“… la “gente bien” para que nos entiendas…. porque se ve a la legua que tú no estudiaste en Harvard.

 

Sí, ese día sería noche para nosotros… Sí, todo reventaría. ¿Que qué haríamos?

 

Mmh… no habíamos pensado en eso. Pensamos, planeamos y ejecutamos qué hacer para impedir que ocurra, pero… no, no se nos había ocurrido.

 

Bueno, en el dado caso, pues… mmh… no sé… puede ser que buscaríamos culpables y luego, pues buscar, no sé, un plan “B”. Claro que para entonces todo sería inútil. Creo que entonces recordaríamos la frase de ese maldito judío rojo… no, Marx no… Einstein, Albert Einstein. Me parece que fue él quien dijo: “La teoría es cuando se sabe todo y nada funciona. La práctica es cuando todo funciona y nadie sabe por qué. En este caso hemos combinado la teoría y la práctica: nada funciona… y nadie sabe por qué.”

 

No, tienes razón, ni siquiera alcanzaríamos a sonreír. El sentido del humor siempre ha sido un patrimonio no expropiable. ¿No es una pena?

 

Sí, a no dudarlo: son tiempos de crisis.

 

Oye, ¿y no vas a tomar fotos? Digo, para arreglarnos un poco y ponernos algo más decente. Nah, ese modelito ya lo usamos en “Hola”… ah, pero qué te contamos, se ve claro que tú no has pasado del “libro vaquero”.

 

Ah, no podemos esperar a contarle a [email protected] amig@s que nos vino a entrevistar uno tan… tan… tan… otro. Les va a encantar. Y, bueno, a [email protected] nos va a dar un aire tan cosmopolita…

 

No, claro que no te tememos. En cuanto a esa profecía… bah, se trata sólo de supersticiones, tan… tan… tan autóctonas… Sí, tan de región 4… jajajaja… qué buen chiste, deja lo apuntamos para cuando veamos a [email protected] chic@s…

 

¿Qué?… ¿no es una profecía?…

 

Oh, es una promesa…

 

(…) (sonido de titutata-tatatatá, del esmartfon)

 

 

Bueno, ¿policía? Sí, para reportar que vino alguien a vernos. Sí, pensamos que era un periodista o algo así. Se veía tan… tan… tan otro, sí. No, no nos hizo nada. No, tampoco se llevó nada. Es que, ahora que salíamos al club para ver a [email protected] amig@s, estamos viendo que han pintado algo en el portón de entrada al jardín. No, los guardias no se dieron cuenta de quién. ¡Claro que no!, los fantasmas no existen. Bueno, está pintado así con muchos colores… No, no vimos ningún bote de pintura cerca… Bueno, le decíamos que está pintado con muchos colores, así, muy colorido, muy naco, muy otro, nada qué ver con las galerías donde… ¿qué? No, no queremos que mande ninguna patrulla. Sí, ya sabemos. Pero hablamos para ver si pueden investigar qué quiere decir lo que está pintado. No sabemos si es una clave, o una lengua de ésas raras que hablan los proles. Sí, es una sola palabra, pero no sabemos por qué nos produce escalofríos. Dice:

¡MARICHIWEU!”

 

(continuará…)

 

Desde cualquier rincón, en cualquiera de los mundos.

 

SupMarcos.

 

Planeta Tierra.

 

Enero del 2013.

Publicado enInternacional
Rebeldía viva. Se movilizan más de 40 mil zapatistas en 5 municipios de Chiapas

Ocosingo, Chis., 21 de diciembre. Más de 40 mil bases de apoyo zapatistas desfilaron silenciosamente esta mañana en cinco ciudades de Chiapas, en la que resulta la movilización más numerosa de dicha organización desde el levantamiento armado del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) el primero de enero de 1994.

 

Procedentes de los cinco caracoles zapatistas en la selva Lacandona, los Altos y la zona norte, los pueblos mayas en rebeldía (tzeltales, tzotziles, choles, tojolabales y mames) y zoques de Chiapas ocuparon las plazas centrales de Ocosingo, San Cristóbal de Las Casas, Palenque, Altamirano y Las Margaritas. En cada caso, en completo silencio.

 

A las 6:30 horas, cerca de 6 mil indígenas zapatistas, en su mayoría jóvenes, se concentraron en las inmediaciones de la Universidad de la Selva, cerca del sitio arqueológico de Toniná. Desde allí marcharon al parque central de Ocosingo, donde permanecieron por espacio de tres horas frente al edificio del ayuntamiento, que hace 19 años los insurgentes y milicianos del EZLN tomaron con las armas al declararle la guerra al gobierno mexicano.

 

En esta ocasión la acción fue civil y pacífica, y los únicos que hablaron fueron los puños izquierdos en alto de todos los zapatistas, que desfilaron ordenadamente sobre un templete que instalaron ex profeso. Hacia las 10:30 los últimos manifestantes abandonaron la plaza, de regreso a la selva.

 

Del mismo modo, en las demás plazas mencionadas los zapatistas colocaron templetes a los que subieron con el puño en alto todos los participantes en la movilización, en un desfile de impresionante laconismo.

 

En San Cristóbal de Las Casas desfilaron unos 20 mil hombres y mujeres zapatistas. Según reportes, en Las Margaritas se congregaron al menos 7 mil indígenas, y 8 mil en Palenque. De Altamirano se desconoce la cifra. De acuerdo con el testimonio de un transportista de la zona de Ocosingo, del caracol de La Garrucha pudieron haber salido el doble de los indígenas que llegaron a la cabecera municipal de Ocosingo, pero no hubo vehículos suficientes, por lo cual sólo fueron trasladadas 6 mil personas.

 

A lo largo de las semanas recientes, de manera intermitente, el portal electrónico Enlace Zapatista ha venido anunciando la palabra del Comité Clandestino Revolucionario Indígena, Comandancia General del EZLN, así como de las comisiones Sexta y Sexta Internacional. Se prevé que estas comunicaciones podrían darse a conocer pronto, pero aún no ha ocurrido.

 

En la fecha que muchos incautos en el mundo creyeron que el mundo se acabaría, según la interpretación oportunista de las profecías (en realidad, cálculos matemáticos) de los antiguos mayas, las comunidades bases de apoyo del EZLN, pertenecientes a los pueblos mayas contemporáneos, que en sus lenguas se denominan hombres verdaderos, con el rostro cubierto realizaron una poderosa demostración de fuerza y disciplina, perfectamente formados bajo una lluvia pertinaz (inusual en esta época del año) que acompañó las movilizaciones en las distintas localidades durante toda la mañana.

 

Hábiles para aparecer de pronto, los indígenas rebeldes desaparecieron tan pulcra y silenciosamente como habían llegado en la madrugada a esta ciudad que, a dos décadas de la traumática irrupción aquí del EZLN el año nuevo de 1994, los recibió con azoro y curiosidad, sin ninguna expresión de rechazo. Bajo los arcos de la alcaldía, que hoy suspendió sus actividades, decenas de ocosinguenses se congregaron para fotografiar con celulares y cámaras la espectacular concentración de encapuchados que colmó el parque como en un juego de Tetris, avanzando entre las jardineras con un orden que parecía coreografía, para subir a la tarima instalada con rapidez desde temprano, levantar el puño y decir, calladamente, aquí estamos. Una vez más.

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