AL, la región más afectada en economía y salud por Covid-19: BM

Los gobiernos deberán atender a los más vulnerables y reorientar el gasto a generar empleo, señaló

 

América Latina y el Caribe son la región más castigada en el mundo por la pandemia de Covid-19, lo que pone de relieve la necesidad de proteger a la población mientras se recupera el rumbo de crecimiento, sostuvo el Banco Mundial (BM). Para esto se necesitará una combinación de medidas de salud pública y gestión económica, añadió. El organismo anticipa para México una caída del producto interno bruto (PIB) de 10 por ciento en 2020, más profunda que el 7.5 por ciento que calculó en junio.

La contracción esperada para México supera al promedio regional para este año, que será de 7.9 por ciento, expuso.

Las economías de la región se ven afectadas por la caída de la demanda externa, mayor incertidumbre económica, colapso del turismo y las consecuencias de meses de confinamiento para contener la propagación de la enfermedad, apuntó.

Con una pandemia que se prevé continúe por un tiempo prolongado, plantea que los sistemas de salud deben considerar reformas tendientes a mejorar la efectividad y reducir los costos que deben asumir gobiernos e individuos, señala el organismo en el reporte El costo de mantenerse sano, publicado este viernes.

Asimismo, plantea que los gobiernos deberán hallar la manera de retomar la consolidación fiscal, es decir, la reducción de la deuda respecto del tamaño de sus economías, luego de un periodo de gasto elevado en estímulos económicos y transferencias sociales de emergencia.

"Nuestra región soporta el peor impacto económico y en salud debido al Covid-19 de todo el mundo, algo que exige mayor claridad respecto a cómo combatir la pandemia y recuperar el rumbo económico de cara a una rápida recuperación", sostuvo Carlos Felipe Jaramillo, vicepresidente del BM para América Latina y el Caribe. "Debemos repensar el futuro para volver a construir mejor", señaló.

El BM prevé que, debido a la pandemia, el producto interno bruto (PIB) en América Latina y el Caribe (excepto Venezuela) retroceda 7.9 por ciento en 2020. La previsión es más negativa que la de junio, cuando calculó una contracción de 7.2 por ciento. Para 2021 espera un crecimiento de 4.0 por ciento.

Para México espera que la economía crezca 3.7 por ciento el próximo año y 2.8 por ciento en 2022. El resultado de esos años será insuficiente para compensar el desplome previsto para 2020.

Esta crisis llega tras años de lento crecimiento económico y escaso progreso en términos de indicadores sociales e inmediatamente después de una ola de disturbios sociales en muchos países de la región, señaló el organismo.

Además, destacó, el impacto de las medidas de confinamiento recayó con desproporción en hogares con trabajos informales, lo que reafirma la necesidad de políticas que apunten a promover la formalización, sin penalizar la tan necesaria creación de empleo.

En su informe advirtió que para lograr una recuperación sustentable, los gobiernos deberán atender a los más vulnerables y al mismo tiempo reorientar los gastos a sectores que generen empleo. Si no lo hacen, advirtió, "podría ser el presagio de nuevas olas de descontento social y el posible retorno de las políticas populistas a la región, y ése sería el peor costo de la pandemia de Covid-19".

Esta pandemia puso el foco en aquellos sistemas de salud fragmentados que no proporcionan cobertura de calidad a toda la población. Mejorar los servicios de salud debería formar parte de las políticas diseñadas para enfrentar esta crisis, planteó.

El BM aborda el impacto de la crisis sanitaria en una región con países muy poblados y con altas tasas de mortalidad y de contagios como Brasil, México y Perú. En la región “el número de muertos por millones de personas es tan alto como en las economías avanzadas, pero los recursos disponibles para hacer frente al golpe son mucho más restringidos.

"Los medicamentos representan una parte sustancial de los gastos de bolsillo (es decir, el gasto familiar) en atención médica. Un sistema público para la adquisición de medicamentos, incluidas las vacunas contra el Covid-19, será clave para el regreso a la normalidad", indicó.

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El FMI dijo que la recesión del 2020 no va a ser tan severa, pero la recuperación será “larga, desigual e incierta”

La directora gerente del organismo Kristalina Georgieva destacó que el apoyo estatal fue clave para “poner un piso” bajo la economía global. No obstante, advirtió que en los países de bajos ingresos, "el golpe es tan profundo que hay un riesgo de que haya una ‘generación perdida’”

 

La recesión global en 2020 por la crisis de la pandemia va a ser menos severa de lo previsto, pero la “ascensión” hacia una recuperación va a ser “larga, desigual e incierta”, advirtió este martes la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) Kristalina Georgieva.

“El panorama es menos nefasto hoy. Estimamos que la evolución en el segundo y tercer trimestre fue mejor a lo esperado, lo que permite una pequeña revisión al alza del pronóstico global para 2020”, Georgieva en un discurso previo a la reunión semestral del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial que comienza la próxima semana, en formato virtual.

El 24 de junio, el FMI publicó una actualización muy sombría de sus previsiones, en la que estimó una contracción de la economía global de 4,9%, frente a una proyección de una caída del PIB mundial de 3% hecha en abril.

La jefa del FMI no adelantó cifras este martes antes de la publicación la próxima semana del informe de Perspectivas de la Economía Mundial (WEO por sus siglas en inglés).

Sin embargo, Georgieva advirtió que el camino a la recuperación va a ser “una larga ascensión” y dijo que la mejoría de la economía va a ser “larga, desigual e incierta”.

Para 2021, el FMI sigue proyectando una recuperación “parcial” y “desigual”.

Los riesgos de “una generación perdida”

La directiva señaló que el apoyo estatal fue clave para “poner un piso” bajo la economía global, con cerca de 12 billones de dólares en ayudas para los hogares y las empresas.

Pero este apoyo ha sido en la medida de las capacidades de cada país y en los estados ricos la política fue dar “lo que fuera necesario” y en los más pobres “lo que fuera posible”.

“Esta brecha es la razón por la cual vemos diferentes resultados”, indicó Georgieva.

En Estados Unidos y en Europa, la recesión -pese a que fue dolorosa- no fue tan pronunciada como temían los economistas, dijo la jefa del FMI desde septiembre de 2019, quien que destacó también una “recuperación más rápida a lo esperado” en China.

 “En los países de bajos ingresos, el golpe es tan profundo que hay un riesgo de que haya una ‘generación perdida’”, advirtió Georgieva, la segunda mujer en liderar el Fondo, tras su antecesora Christine Lagarde.

La jefa del FMI también indicó que hay riesgo de que la crisis deje cicatrices importantes como “pérdidas de empleo, bancarrotas e interrupciones en la educación”.

“Mantener los salvavidas”

Para Latinoamérica y el Caribe en junio el FMI pronosticó una contracción del PIB de 9,4% en 2020 y las contadas actualizaciones muestran un escenario dispar.

El lunes el Fondo mejoró sustancialmente la previsión para Brasil este año de una contracción de 9,1% anticipada en junio a una caída del PIB de 5,8%.

A finales de septiembre empeoró su pronóstico para Colombia, proyectando una caída del PIB de 8,2% en 2020 frente a una previsión de un decrecimiento de 7,8% hecha a mediados de año.

En su discurso Georgieva indicó que en los lugares donde persista la pandemia “es crítico mantener los salvavidas” para la economía, las empresas y los trabajadores.

“Si se cortan los salvavidas muy pronto, el largo ascenso se convierte en una caída precipitada”, indicó.

El comercio mundial, menos enfermo de los esperado

Por otro lado, este martes también se conocieron los datos sobre el comercio mundial, con la Organización Mundial del Comercio que estimó que el comercio internacional caerá “solo” un 9,2% en volumen este año, frente a una previsión de caída del 12,9% en abril, según su escenario más optimista.

Para 2021, la organización espera un aumento del 7,2%, frente al 21,3% que preveía en su pronóstico de abril.

La OMC advirtió contra los riesgos a la baja relacionados con el resurgimiento del virus en algunas regiones que podrían obligar a tomar nuevas medidas de confinamiento.

La OMC también consideró que “el ritmo de expansión podría disminuir una vez que se haya agotado la demanda y se hayan repuesto las existencias de las empresas”.

Todo ello podría “costar hasta 4 puntos porcentuales del crecimiento proyectado del comercio de mercancías en 2021”, dijo el director general adjunto Xiaozhun Yi en una conferencia de prensa.

A la inversa, la llegada de una vacuna el próximo año podría dar “hasta 3 puntos porcentuales” al aumento del comercio de mercancías

7 de Octubre de 2020

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Sufre la economía de Estados Unidos su mayor cáida en al menos 73 años

La economía de Estados Unidos sufrió su mayor contracción en al menos 73 años en el segundo trimestre, debido a las alteraciones del coronavirus, informó ayer el Departamento de Comercio. El producto interno bruto de la mayor economía mundial se desplomó 31.4 por ciento anual, la caída más profunda de la producción desde que el gobierno comenzó a llevar registros en 1947. Con datos revisados, la contracción fue menor a 31.7 por ciento prevista el mes pasado. El cálculo anualizado se obtiene al multiplicar por cuatro la variación de un trimestre. En México se compara con el mismo periodo del año anterior; de seguir el método estadunidense, la economía mexicana reflejaría una caída de 51 por ciento en el segundo trimestre. Foto Afp

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AL, la región más afectada por la pandemia: Banco Mundial

El mayor riesgo es para aquellos que están menos capacitados y peor remunerados

 

América Latina es la región del mundo más afectada por la pandemia de Covid-19, con un impacto de salud tan fuerte como en los países avanzados, pero sin medios comparables para mitigar sus efectos sobre la actividad económica y el empleo, sostuvo el Banco Mundial (BM).

Es un escenario complejo, doloroso, en el que millones de personas padecen a diario las dificultades que atraviesa la región y sus consecuencias devastadoras sobre el mundo del trabajo, expuso.

"Los trabajadores informales han sido los más golpeados: si por las cuarentenas no pueden salir, no pueden generar ingresos para sus familias, y como no están cubiertos por seguros de desempleo y otros programas sociales, es difícil ayudarlos. Los empleos formales han resistido mejor hasta ahora, pero es posible que se vean fuertemente impactados en los meses que vienen, a medida que los problemas de liquidez de las empresas dificulten su solvencia y muchas deban cerrar", planteó el organismo en el reporte Efecto viral: la Covid-19 y la transformación acelerada del empleo en América Latina y el Caribe.

En la región, el empleo en el sector industrial se estancó en niveles inferiores a los de la economías avanzadas y los países emergentes del este asiático, mencionó ayer Carlos Felipe Jaramillo, vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe.

La mayor parte del empleo en América Latina y el Caribe se encuentra en los servicios, un sector típicamente más informal y con una mayor participación del autoempleo. La transformación tecnológica amplifica estas tendencias, agregó Jaramillo.

Los gigantescos costos económicos y sociales de la pandemia han acelerado la transformación del mercado laboral y vuelven este desafío más urgente, comentó.

De acuerdo con el informe, los servicios que podían prestarse electrónicamente se han mantenido, e incluso han prosperado, mientras los sectores que requieren presencia física son los que han tenido mayores dificultades.

Si bien es posible que el número total de puestos de trabajo no disminuya de manera drástica, la tendencia podría acelerarse por las prácticas de distanciamiento social que fomenta la epidemia de Covid-19, advirtió. Son los trabajadores peor remunerados y menos capacitados, que realizan las tareas más sencillas y rutinarias, quienes corren el mayor riesgo de ser remplazados por máquinas, apuntó el funcionario.

De acuerdo con el enfoque basado en ocupaciones, Ecuador, Honduras, México y El Salvador tienen una mayor proporción de trabajadores empleados en labores que tienen más probabilidades de ser automatizadas. En el otro extremo, países como Argentina, Chile y Panamá parecen tener apenas menos puestos de trabajo en riesgo. El promedio de la región es de 50 por ciento, mismo rango en que se sitúa México.


El coronavirus aceleró los cambios que ya se estaban produciendo en el mundo del trabajo

El Banco Mundial alertó que los gobiernos de América Latina deben preparar a su población para la “cuarta revolución industrial” acelerada por el coronavirus

28 de Septiembre de 2020

América Latina y el Caribe se encuentra inmersa en su ‘cuarta revolución industrial’, que involucra un proceso de innovación tecnológica y que requiere mejorar la productividad del sector servicios, invertir en capital humano y reconfigurar la normativa laboral de la región ante la aparición de la automatización y sus consecuencias sobre el mercado laboral.

En un nuevo informe, el Banco Mundial concluye que la aparición de las tecnologías de la automatización, que amenazan con destruir un número sustancial de puestos de trabajo y provocar un desempleo masivo, plantea especial inquietud entre los responsables de la formulación de políticas y los trabajadores.

Aunque el análisis observa que el ‘desempleo tecnológico’ masivo es poco probable, el mercado laboral está experimentando una gran transformación y es necesaria una respuesta urgente por parte de los gobiernos para preparar a la fuerza laboral del futuro.

“Muchos puestos de trabajo en la región corren peligro debido a la menor demanda externa, un periodo prolongado de cuarentenas y aislamientos, problemas de solvencia empresarial y, en algunos casos, crisis financieras”, advierte el estudio.

Además, los precios de los productos primarios, que ayudaron a impulsar el crecimiento durante la llamada Década Dorada (2003-2013), es muy probable que se mantengan estables en el corto y medio plazo. Por lo tanto, la región necesita encontrar fuentes internas de crecimiento, lo que sugiere que se debería dar prioridad a un programa de reformas centrado en el crecimiento de la productividad.

Desindustrialización prematura

El organismo con sede en Washington explica que la región está entrando en la fase de desindustrialización con una mayor anticipación y alcanzando picos más bajos de participación industrial con relación a los países desarrollados.

Así, las economías más desarrolladas como Argentina y Chile han estado desindustrializándose durante décadas; mientras que Brasil, Colombia y México muestran estancamiento o ligeros aumentos en su participación del empleo industrial. Por su parte, el país menos desarrollado de la muestra, Bolivia, todavía se encuentra en fase de desarrollo de la industrialización.

 “En general, es probable que el sector industrial continúe contribuyendo positivamente al crecimiento de la productividad agregada y al valor agregado, pero no tanto a la creación de empleo, especialmente de mano de obra no cualificada”, destaca el informe.

De cara al futuro, el Banco Mundial aconseja para la región un programa de productividad centrado especialmente en el sector servicios. Se espera que este sector, que ya es el mayor empleador de la región con más del 60% de la fuerza laboral, crezca aún más y que desempeñe un papel cada vez más importante como proveedor de insumos para la economía en general.

Información de Infobae

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Lunes, 28 Septiembre 2020 05:36

Todos hundidos

Todos hundidos

Ciertamente no es este un tiempo para utopías en el mundo. La situación que prevalece en las sociedades, todas ellas, favorecen en cambio las distopías que se formulan desde distintas perspectivas. Hay en ellas valores entendidos, preferencias políticas manifiestas o encubiertas y manipulación. Habría que devolver un lugar central a la reflexión, trabajo y compromiso colectivos; además de un cuestionamiento permanente del ejercicio del poder.

Sin eso último, sea lo que pase no augura nada feliz. Este no es el momento en que George Orwell, Aldous Huxley y otros más propusieron sus distintas visiones de un mundo por venir; hoy todo pasa más de prisa, o como se suele decir, "en tiempo real", condición cuyo contenido debería meditarse más.

Es obvio que en el escenario predominante se genera una gran incertidumbre en todos los planos de la vida privada y colectiva, más profunda de laque por su misma naturaleza define la existencia humana. Pero aun así no todo debería darse por perdido, pues podría ejercerse con más decisión y mejor orden neuronal alguna forma de pensamiento que cuestione con claridad lo que sucede.

Esto sería mejor, por supuesto, sin fanatismos de uno y otro lado de lo que solía figurarse como el pasillo entre derecha e izquierda, o conservadores y progresistas o el binomio que se quiera. Me parece que hoy una imagen útil es la de una estructura geométrica compleja de muchas aristas, que expresan las condiciones interconectadas de la vida en sociedad, las que cada vez más aparecen como formas de conflicto y con menos espacio para la colaboración y el entendimiento. Esta situación podrá, deseablemente, enriquecer el panorama intelectual y político, aunque puede, también, provocar más ensañamiento. Nada es seguro.

Formular buenas preguntas es el paso inicial para conseguir respuestas que sirvan de algo, o de mucho. Esto también escasea. Y los medios disponibles para enunciar ese tipo de preguntas y debatirlas no demuestran ser los más adecuados.

Ni por su forma ni por el control que se ejerce sobre ellos. En cambio, crece el ruido en el que se desenvuelven y la inmediatez que las enmarca; las redes sociales que tanto entusiasmo han generado se convierten en mecanismos insulsos, así como de fricción, incluso –desafortunadamente– cuando alientan la organización cuasi espontánea para cualquier propósito e intensión. La sociedad en manos de los intereses y criterios de los Zuckerbergs del mundo y cada vez más monopolizados, no es algo que se antoje para nada.

Hacer buenas preguntas, ayuda a fijar la atención, a pulir nuestros puntos de vista y definir la manera en que queremos hablar, comunicarnos, actuar o no. Hace ya más de una década, el francés Jaques Attali hizo un ejercicio de este tipo y puede servir como una referencia; ancla sus argumentos en la historia, la experiencia, el ámbito de las posibilidades alcanzables. Me refiero a su texto titulado: Una breve historia del futuro; ahí propone una controversia sobre el siglo XXI. Y vaya que estos 20 años se prestan al cuestionamiento profundo y la polémica que, mientras más civilizada, sería mejor. Parte de las condiciones que hoy vivimos, la expone con nitidez y de modo directo el escritor Antonio Muñoz Molina en La otra pandemia, texto sobre la situación política española, pero trasladable literalmente a muchas partes. Con respecto a los políticos establece: “No sé qué podemos hacer los ciudadanos normales, los no contagiados de odio, los que quisiéramos ver la vida política regida por los mismos principios de pragmatismo y concordia por los que casi todo el mundo se guía en la vida diaria.

Nos ponemos la mascarilla, guardamos distancias, salimos poco, nos lavamos las manos, hacemos nuestro trabajo lo mejor que podemos. Si no hacemos algo más esta gente va a hundirnos a todos”.

Observemos lo que acontece hoy en Estados Unidos con respecto al proceso electoral y la negación expresa de Donald Trump para admitir sin cortapisas que respetará el resultado electoral de noviembre. Esto ha abierto un escenario sin precedente en ese país que, si de algo se precia en su sistema político es precisamente de la cesión del poder cada cuatro años (incluye, claro la posibilidad de una relección).

Ronald Reagan, en su discurso de toma de posesión de la presidencia en 1981, planteó este asunto que es explícito en la Constitución. No es necesario estar de acuerdo política o ideológicamente con Reagan. Se trata de que una sociedad, un país tiene que sustentarse en leyes y no en ocurrencias o los deseos de un potencial tirano; tiene que sostenerse en instituciones firmes y aceptadas como la norma, sin los caprichos de un hombre como Trump que ha conseguido polarizar a su nación para su propio beneficio.

Un entorno que prevenga que políticos, legisladores y jueces persigan su conveniencia personal y, así, sean capaces de todo. Se abrirá una polémica sobre el voto, una controversia legal que puede llegar de nuevo hasta la Suprema Corte como ocurrió en el caso de George Bush II y Al Gore en el año 2000, pero con consecuencias mucho más graves e impredecibles. Se habla expresamente de que esta elección puede quebrar a Estados Unidos. Habrá quienes se regocijen con esa posibilidad y eso me parece irresponsable. Ese interregnum expresaría una verdadera decadencia política en Estados Unidos, sin remedio y con una fuerte ola expansiva.

Además, con una pandemia descontrolada, una economía destartalada, el enfrentamiento racial desatado y una desigualdad económica creciente. Como cité más arriba: "Si no hacemos algo más, esta gente va a hundirnos a todos".

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La Organización Mundial del Trabajo calcula que se han perdido 500 millones de empleos en cuatro meses

La Organización Mundial del Trabajo aumenta en cien millones la previsión de pérdida de empleos proyectada en junio.

Redacción El Salto

24 sep 2020 06:13

El primer síntoma de la crisis económica derivada del covid-19 es la pérdida de empleos en todo el mundo. Son ya 500 millones de trabajos perdidos en el segundo cuatrimestre del año en comparación con los meses de septiembre a diciembre de 2019. La cifra aumenta en cien millones las pérdidas que la Organización Mundial del Trabajo estimó el pasado mes de junio.

En el segundo cuatrimestre del año se perdieron un 17,3% de las horas trabajadas en el mundo en el periodo anterior al covid-19, si bien las diferencias entre áreas geográficas son significativas. En el sur europeo la pérdida de horas fue del 23,9%. En esta zona se han perdido 23 millones de puestos de trabajo en lo que va de año. 

La evolución de la crisis sigue poniendo en solfa el trabajo en todo el mundo. Los continentes americanos son los más afectados en el tercer cuatrimestre. Se perderán casi un 20% de las horas de trabajo realizadas en el último tramo de 2019. La caída, no obstante, se apacigua en todo el mundo: se pasa del 17,3% al 12,1% en el porcentaje de horas perdidas.

Para la OIT, el escenario optimista para el último cuarto del año incluye una pérdida de solo el 5,7% respecto al mismo periodo del año anterior. El escenario base sitúa las horas en un -8,6% y el escenario pesimista estima un nuevo récord en la destrucción de empleos: una pérdida del 18% de las horas trabajadas. Es decir, se produciría una destrucción de 515 millones puestos de trabajo en una jornada base de 48 horas semanales.

España es el decimoprimer país en el que se han perdido más empleos, por detrás de Moldavia y nueve países americanos (EE UU, Brasil, Canadá, México, Chile, Ecuador, Costa Rica, Colombia y Perú por orden de menor a mayor pérdida). En todo caso, la OIT estima que el 92,2% del empleo perdido en España se ha producido como inactividad —es decir, a través de mecanismos como los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo— y solo un 7,8% se acumula al paro ya existente.

La caída masiva de las rentas y salarios es otro de los aspectos más preocupante de la evolución de la crisis: se han perdido uno de cada diez dólares desde enero.

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La covid-19 precipita a América Latina a otra década perdida: 45 millones más de pobres en 2020

 

La Gran Pandemia -sanitaria y económica- ha desembarcado con especial virulencia en la comunidad latinoamericana, donde varias decenas de millones de personas se verán inmersas en la extrema pobreza. Unos 45 millones sólo este año, según cálculos de Cepal, la agencia de la ONU para el desarrollo económico de la región.

21/09/2020 07:18

DIEGO HERRANZ

El año de la pandemia será otro ejercicio maldito para América Latina. Unos 45 millones de personas pasarán a sobrevivir en situaciones de pobreza extrema en una de las latitudes con uno de los diferenciales de riqueza más acusados del planeta. Un reciente estudio de Cepal, la agencia de Naciones Unidas, advierte de un repunte substancial de ciudadanos de la comunidad latinoamericana que soportarán los rigores de la pandemia. Con más de una tercera parte de su población bajo una amenaza real de perder sus empleos y el yugo de que la inseguridad alimenticia impacte directamente sobre su estabilidad familiar.

También por el déficit de fondos que han puesto en marcha los gobiernos de la región. Frente a las inversiones próximas al 40% del PIB que ha movilizado Europa para combatir la doble crisis, sanitaria y económica, los planes de gasto instaurados por las autoridades latinoamericanas no alcanzan, ni de lejos, el 10% de su capacidad productiva anual. Para la secretaria ejecutiva de Cepal, la diplomática mexicana Alicia Bárcena, el escenario es de suma gravedad. Hasta el punto de asegurar que el Hemisferio Sur de América se enfrenta a una década perdida. La covid-19 ha puesto a sus países ante la disyuntiva de articular medidas como la renta básica, los subsidios a los productos alimenticios y una táctica geoestratégica en toda línea de renegociación de sus, cada vez, más voluminosas ratios de deuda si desean tener éxito en la instauración de un ciclo de negocios sostenible en el tiempo. En otro diagnóstico de situación, la Cepal y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) dan por descontado que "sólo si se logra revertir la curva de contagio de la pandemia se podrán reactivar las economías de la región".

Para lo cual, ambas instituciones proponen un enfoque en tres fases, que incluye una agenda reformista con políticas sanitarias, económicas, sociales y de índole productivo dirigidas a reactivar, con salvaguardas de protección, una reconstrucción de sus patrones de crecimiento que favorezcan la prosperidad y la distribución inclusiva de riqueza. El coronavirus aterrizó en América Latina el 26 de febrero, cuando Brasil confirmó el primer caso en Sao Paulo. Desde entonces, certifica uno de cada cuatro casos de contagio en el mundo. Tras superar, a comienzos de mes, los 7,5 millones de afectados y los 280.000 fallecidos. Con Brasil, -más de 4,2 millones de contagiados y más de 130.000 muertes-; Perú (más de 657.000 casos y 29.000 decesos); Colombia (unos 624.000 enfermos y unas 20.000 defunciones); México (más de 606.000 casos y más de 70.000 fallecidos) y Argentina (428.200 infectados y 8.971 decesos) entre las diez naciones con más defunciones por covid-19.

El coste humano "continúa siendo demasiado alto, inaceptable, porque se certifican casi 4.000 muertes al día en nuestra región", afirma la directora de la OPS, Carissa Etienne. La epidemia "ha afectado profundamente, no sólo a la vida diaria de las personas en la región, sino también sus medios de vida", además de dirigir al conjunto de Latinoamérica a "la recesión más abrupta de su historia". Según Cepal, el receso de actividad en 2020 será del 9,1%, con un alza del desempleo que superará la barrera del 13,5% de la población activa en la totalidad de sus territorios y un repunte de la tasa de pobreza de 7 puntos básicos, hasta alcanzar al 37,3% de la población, que se traducirá en un empeoramiento notable de la brecha social. Por si fuera poco, ambas organizaciones señalan otro foco de tensión con daños colaterales directos sobre las sociedades civiles de la región: "Sus sistemas de Salud, ya infradotados financieramente y muy fragmentados" antes de la covid-19, se enfrentan a una respuesta incierta ante la pandemia por las debilidades de gestión de sus rectores".

El gasto público en Sanidad apenas registra de promedio el 3,7% del PIB, por debajo del 6% recomendado por la OPS. Lo que supone que una tercera parte de la población todavía enfrenta algún tipo de barrera para acceder a los servicios de salud que necesita.

América Latina contabiliza uno de cada cuatro contagios del planeta, con Brasil, Perú, Colombia, México y Argentina entre las diez naciones con más defunciones por covid-19.

Sistemas sanitarios débiles

"Los elevados niveles de desigualdad, junto a las altas tasas de pobreza, la lacra estructural de unas economías con grandes dosis de informalidad -contratación opaca y actividad sumergida- y el limitado acceso a una atención médica de calidad, explican -a juicio de Cepal y la OPS- los cuantiosos costes sociales que la epidemia está teniendo en la región". Además del fenómeno de urbanización y metropolización -más de un tercio de la población habita en ciudades de un millón o más habitantes- y de los déficits acumulados en las capitales del área latinoamericana en materia de hacinamiento e infraviviendas, falta de servicios públicos esenciales como el agua y sus instalaciones de saneamiento o un transporte urbano atestado. Todo ello se suma a la gran fragilidad histórica de sus modelos sanitarios, que ha contribuido a su vulnerabilidad. En materia de salud, "los hogares financian más de un tercio de los gastos en atención de salud con pagos directos; cerca de 95 millones de personas han afrontado desembolsos familiares por covid-19 y casi 12 millones se han empobrecido por ello. Además, y según la OCDE, "la disponibilidad de médicos y de camas hospitalarias no llega ni a la mitad de la que tienen países más desarrollados.
El estudio habla de varios grupos sociales especialmente vulnerables: las personas mayores (85 millones), trabajadores informales (54% del empleo regional), mujeres (mayoría en actividades informales, con trabajo no remunerado aumentado y mayor exposición a violencia doméstica), pueblos indígenas (60 millones y con comunidades que pueden desaparecer), afrodescendientes (130 millones de personas en 2015), con discapacidad (70 millones de personas) y migrantes.

En una entrevista en Foreign Policy, Bárcena explica más pormenorizadamente los efectos de la pandemia social, derivada de la sanitaria y, por supuesto, de la económica, con datos sobre la década perdida que se avecina en la región. "El PIB per cápita volverá a los niveles de 2010 y se retrocederá 14 años en términos de tasa de pobreza -cuantitativamente, se pasará de 186 a 231 millones de los 630 de su censo poblacional, con 44 millones de personas fuera de los mercados laborales". Al menos 491 millones tendrán que sobrevivir con menos de 500 dólares al mes. Pero también pasa revista a las tensiones con productos de primera necesidad como la alimentación. Bárcena hace referencia, sobre todo, a las naciones caribeñas. "Por ejemplo, Bahamas importa el 60% de su consumo y Antigua y Barbuda, el 55%; así que algo de vulnerabilidad existe también en este ámbito", explica.

Al igual que en materia de malnutrición. "Otro gran problema en estos países y en América Central, incluido México". Muchos de ellos relacionados con la obesidad y que son factores que empeoran los contagios por covid-19, afirma Bárcena.

La Cepal alerta de que el PIB per cápita volverá a los niveles de 2010 y se retrocederá 14 años en términos de tasa de pobreza; al menos, 491 millones tendrán que sobrevivir con menos de 500 dólares al mes

Soluciones de cooperación internacional

La máxima autoridad de la Cepal precisa la ayuda multilateral. El FMI, con sus recursos contra el coronavirus, por las que ha desplegado 88.000 millones de dólares por todo el mundo, ha hecho llegar a veinte naciones latinoamericanas 51.000 millones. "Pero dispone de mayor margen de asistencia financiera. A través de una ampliación de sus derechos especiales de giro, la moneda de la institución. Podría alcanzar los 275.000 millones que inyectó en 2009 para contener el daño colateral del credit crunch. Esa debe ser su prioridad número uno".

Una segunda opción sería la búsqueda de fórmulas para capitalizar créditos multilaterales. En principio, mediante los bancos que operan con préstamos a la prosperidad de la región. Todos ellos pueden llegar a mayores arsenales financieros. En tercer término, incentivando un proceso de renegociación de la deuda. Para las naciones caribeñas, con exigencias de adaptación jurídica para combatir el cambio climático. La mayor parte de ellas tienen una losa de endeudamiento que les impide un crecimiento inclusivo. Y, finalmente, promoviendo instrumentos de innovación, con objeto de sufragar las capacidades económicas de la comunidad latinoamericana.

Alejandro Werner, director para el Hemisferio Occidental del FMI, según la denominación de la jerga multilateral, incide en un reciente blog personal en que el desconfinamiento de la covid-19 precisa de soluciones "guiadas por la ciencia y los datos empíricos" si quiere dejar de ser el epicentro de la pandemia y animar con suficiente brío la recuperación. "La distancia social y las medidas de prevención están íntimamente relacionadas con el despegue de la actividad en este segundo semestre del año", asegura. Y restablecer los indicadores de comercio y generación de empleo.

A su juicio, las políticas monetarias a lo largo y ancho de la región pueden aún reducir el precio del dinero y recortar así los riesgos financieros, demasiado elevados, y contribuir con ello a una corrección de los niveles de desigualdad. Y, desde la órbita fiscal, activar medidas para llegar a los estratos más débiles de las sociedades. Para, más tarde, a medio plazo, adoptar mecanismos de consolidación presupuestaria combinadas con políticas activas de empleo; en especial, la de los desempleados de larga duración. Pero, en estos momentos, la urgencia es activar todos los recursos precisos para evitar una segunda oleada de contagios. Porque la coyuntura se ha deteriorado con suma rapidez.

El FMI reclama a los bancos centrales rebajas más agresivas de tipos y a los gobiernos medidas dirigidas a los estratos más desfavorecidos porque la urgencia es evitar una segunda oleada; a medio plazo, consolidación fiscal

Una región en recesión sincronizada

Argentina. El FMI espera una recesión del 10% en 2020. Con crecientes riesgos. Porque el Fondo admite que se revisará a la baja, dada la prolongada cuarentena impuesta por Buenos Aires, así como la drástica pérdida de demanda externa y el descenso del precio de las materias primas y las dudas que levanta el proceso de reestructuración de su deuda, que resta confianza inversora.

Brasil. Las proyecciones de comienzo del verano hablan de unos números rojos del 9% y de una reactivación del 3,6% en 2021. Ensalza los programas fiscales y la política monetaria, pero afirma que la retirada de ayudas podría perjudicar el crecimiento del próximo ejercicio. Tras un ciclo de negocios demasiado corto, tras la contracción de 2015-2016. Una agenda de reformas sociales y económicas de carácter estructural será ineludible si la mayor economía regional desea volver a su potencial de prosperidad.

Chile. Caída del PIB del 7,5% y rebote del 5% el próximo año. Con el punto de inflexión en el tercer trimestre. A pesar de las impredecibles medidas fiscales, monetarias y financieras que se han implantado en el país.

Colombia. Tampoco eludirá su primera recesión en dos décadas. Del 7,8%, aunque con un alza del 4% para 2021, si la emergencia sanitaria se estabiliza. Su banco central ha cumplido con unos precios del dinero laxos. Pero el gobierno no ha seguido sus pasos. Ha suspendido dos años los recursos previstos para, en teoría, proveer de mayor flexibilidad a la respuesta sanitaria y la crisis económica.

México. La contracción de la segunda economía regional responde a un compendio de factores. Desde la caída de los precios del petróleo, a la volatilidad de los mercados de capitales, pasando por la interrupción de las cadenas de valor empresariales, la debilidad de la confianza del sector privado o el descenso de inversiones. El PIB mexicano retrocederá un 10,5% con un despegue modesto el próximo año. El banco central tiene margen de maniobra para bajar tipos y devolver su poder de atracción de capitales foráneos. También el Ejecutivo, que ha activado el programa fiscal más pobre entre los socios del G-20. Un riesgo para frenar la contracción y facilitar un ciclo de negocios dinámico. Los esfuerzos de protección social por la pandemia requerirán un proceso de consolidación fiscal creíble a medio plazo capaz de corregir la brecha de desigualdad del país.

Perú. La crudeza de la epidemia y la baja demanda externa dirige su PIB a una recesión del 14%. A pesar del "significativo respaldo económico" del Gobierno, el desempleo se ha disparado. Aun así, el FMI espera una reactivación notable para 2021, del 6,5%. Un despegue que depende más que en ningún otro país de la región de que se logre frenar la pandemia y se reactive la economía global.

América Central, República Dominicana y Panamá. Todos sus países tienen como denominador común unas profundas contracciones este año con graduales recuperaciones en 2021, una vez pueda superarse las trabas al turismo, se reanime el comercio y vuelvan a entran remesas de su población en el exterior. El freno de los flujos comerciales está teniendo un impacto mayor en Panamá, El Salvador y Nicaragua. El colapso del turismo, en República Dominicana y Costa Rica y el parón de entrada de remesas en el triángulo del norte centroamericano y Nicaragua. En esta zona también tienen un efecto negativo los desastres naturales, particularmente, en El Salvador. Todos ellos han elevado sus tasas de vulnerabilidad social, ante la interrupción de ingresos en la órbita familiar. Los tipos de interés bajos, las garantías crediticias y el apoyo financiero al sector privado con recursos presupuestarios han relajado las condiciones prestamistas.

Países caribeños. Son los que han logrado doblegar la curva de contagios de la covid-19. Pero sus coyunturas no lograrán eludir la recesión. Esencialmente, por el freno turístico. Volverán a sus niveles de renta per cápita y capacidad productiva en tres años. El descenso de cotización del crudo ha dañado su vigor exportador y ha hecho mella en las arcas de sus Haciendas. La caída de recaudación fiscal también se ha interrumpido por la estación de huracanes.

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Francia: una huelga inaugura la confrontación social en pleno rebrote

El impacto económico y sanitario del coronavirus

Empleo, salarios, jubilaciones y servicios públicos fueron las consignas de una jornada en la cual, apenas salieron de la Place de la Republique, los manifestantes gritaban “No queremos un mundo peor que el de antes”.

 

El nuevísimo gobierno del primer ministro Jean Castex estrenó este jueves 17 de septiembre su primer movimiento social con una serie de huelgas y manifestaciones que se prenden en el horizonte incierto de la crisis sanitaria en plena resurrección. Huelgas y manifestaciones convocadas por la CGT y organizaciones juveniles inauguran la confrontación social con un Ejecutivo trastornado por la amenaza de una “segunda ola” de contaminaciones cuya gestión responde al imperativo fijado por el presidente Emmanuel Macron: “vivir con el virus” sin adoptar medidas drásticas como, por ejemplo, un segundo confinamiento generalizado. Empleo, salarios, jubilaciones y servicios públicos fueron las consignas de una jornada en la cual, apenas salieron de la Place de la Republique, los manifestantes gritaban “No queremos un mundo peor que el de antes”.

No se percibe, por el momento, un clima de revuelta, aunque si de exasperación en el cual la sociedad busca sus marcas. Hay dos lecturas de la situación y los sindicatos apostaron por la segunda: la primera apunta a que las restricciones en vigor y lo ignoto y plural de la crisis disuadan todo intento de manifestación masiva: la segunda radica en que, pese a ello, la gente asiste al cierre de empresas que se acumulan, al desempleo y la nebulosa cada vez más extendida que ha dejado el virus. 

Aunque huelgas y Covid se han combinado en un espacio con mucha confusión, la movilización social ha sido más bien tímida y muchos analistas se preguntaban qué le pasó por la cabeza a la CGT para activar una protesta social en un momento de arenas movedizas. La confusión es un elemento muy arraigado, tanto más cuanto que las informaciones pueden ser percibidas como contradictorias. Cada semana hay más y más contagios, pero estos no tienen por ahora el impacto de antes. Hoy hay 796 personas en reanimación en los hospitales contra 7.000 en el peor momento de la pandemia (abril de 2020). Con todo, se contabilizan entre 7.000 y casi 10.000 nuevos casos por día. 2.100 clases fueron clausuradas y 81 estabelecimientos escolares cerrados, lo que representa un 0,13% de los 6.0000 existentes. A su vez, la Organización Mundial de la Salud no cesa de advertir sobre “la alarma” implícita en la progresión constante de infecciones en Europa. La zona Europa de la OMS comprende 53 países con Rusia incluida y en esa área se registraron 5 millones de casos oficiales y 227.000 mil muertos provocados directamente por la covid-19.

Antes que imponer una salva de restricciones el Ejecutivo decidió apoyarse en el argumento de la responsabilidad colectiva para contener el empuje de la pandemia. También optó por mejorar los dispositivos vigentes, particularmente el triángulo de las pruebas, la trazabilidad de los contagiados y su aislamiento. La otra opción hubiese sido activar protocolos y prohibiciones cuyo impacto político y económico no habría tardado en ser negativo. La sociedad ha tomado conciencia de que el virus permanecerá activo mucho tiempo más y el gobierno también advirtió que el plan de reactivación económica que presentó al final del verano europeo tenía un aliento muy corto. El consejo científico que asesora al gobierno ya consideró que la estrategia de contención elegida había sido “un fracaso”. Como en muchos otros lugares el mundo, en Francia también se filtra una lectura científica y otra política de la situación. En el medio se meten un ejército de charlatanes, pseudo científicos y comentaristas cuyas opiniones no hacen más que incrementar la sensación de un barco a la deriva. 

El delirio es la palabra clave. Cualquier apresurado sale con sus previsiones al mejor estilo Nostradamus, cuando no son los mismos médicos quienes siembran desconfianza y temor. Un clérigo de expertos patentados dice un día una cosa y al otro día un clérigo del otro bando afirma lo contrario. El pasado 11 de septiembre unos 30 investigadores, médicos y universitarios se pronunciaron en el diario Le Parisien para criticar el discurso del gobierno “tendiente a inducir”, y hasta pusieron en tela de juicio la legitimidad del consejo científico. El epidemiólogo Laurent Toubiana afirmó que “en este momento la amenaza no existe, sino que la fabrican”. Dos días después, en otro diario, Le Journal de Dimanche (ambos populares), un grupo de médicos hizo un llamado contrario: "hay que permanecer atentos frente la segunda ola que se anuncia y limitar los desplazamientos”. Delirios, manipulaciones, batalla de egos y de circuitos científicos, la cacofonía es otro de los espectáculos de una actualidad indigerible. En este contexto, el ministro francés de Salud, Olivier Veran, adelantó nuevas medidas y protocolos sanitarios destinados a las escuelas, así como esfuerzos suplementarios que se concentrarán en las ciudades de Paris, Lille, Toulouse, Rennes, Dijon y dos regiones del sur. Es allí donde la covid-19 circula con más frecuencia.

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Dani Rodrik propone un "nuevo Estado de Bienestar"

Definiciones del economista turco en la Universidad Di Tella

Si bien es crítico de lo que llama la “hiperglobalización”, advierte que la solución no es volver a aplicar las políticas clásicas del Estado de Bienestar. 

 

“Restituir las estrategias de desarrollo a través de un mayor permiso para introducir protección cuando sea necesario, tanto para la regulación de la inversión extranjera como para el intercambio comercial”, es el camino que se debería adoptar a nivel global para evitar la ruptura del contrato social, afirmó el reconocido

Rodrik es uno de los economistas más influyentes del mundo. De origen turco, es profesor de Política Económica Internacional en la Escuela John F. Kennedy de la Universidad de Harvard y tiene una posición muy crítica sobre el rumbo que adoptó el capitalismo desde comienzos de los ´90. "No generó más consumo ni diversificación, sino crisis más frecuentes y más dolorosas. La globalización de las finanzas no implica nada bueno en término de las cosas que más importan", indicó en una charla organizada por la Universidad Torcuato Di Tella que tuvo como moderador a Eduardo Levy-Yeyati, decano de la Escuela de Gobierno de ese centro de estudios.

Si bien Rodrik es muy crítico de lo que llama la “hiperglobalización”, también advierte que la solución no es volver a aplicar las políticas clásicas del Estado de Bienestar. En cambio, plantea que el desafío es más complejo, ya que el futuro del empleo no radicaría en la manufactura sino en los servicios y considera que el Estado no debe solo asegurar educación, salud e ingresos mínimos sino también involucrarse junto al sector privado en la generación de conocimiento y empleos para evitar el "dualismo productivo", uno de los grandes problemas de economías como la Argentina.

El dualismo está dado por un nicho muy productivo que genera poco empleo y otra gran cantidad de sectores poco productivos que emplean a mucha gente.

La pandemia aceleró problemas

Para Rodrik, la crisis de la pandemia del coronavirus profundizó tendencias pre-existentes que venían poniendo en jaque la sostenibilidad de la actual organización de la economía mundial.

En primer lugar está la caída del comercio mundial, que no comenzó con el coronavirus sino hace más de diez años, después del estallido de la crisis financiera de 2008. “Esto rompe con la tendencia que comenzó a principios de los ´90, de creciente integración comercial. La retracción se explica en primer lugar por la dramática caída de las exportaciones chinas en relación a su producto bruto interno, del 35 por ciento en 2007 al 20 por ciento en la actualidad. Algo similar a lo que ocurre en la India”, explicó Rodrik.

El economista también subrayó la “creciente tensión entre los supuestos beneficios de la hiper-especialización productiva y la diversificación”. La especialización radica en que cada país del mundo ocupe un rol en la cadena de valor según su mayor ventaja comparativa (bajos salarios, tecnología o recursos naturales, por ejemplo) mientras que la diversificación supone protección comercial para que el aparato productivo nacional amplíe el rango de actividades que abarca. Sucede que el neoliberalismo extremo y sus instituciones globales como la OMC y el FMI hacen énfasis en el supuesto beneficio de la especialización y en el perjuicio de la política de protección comercial y otras medidas regulatorias. Pero está claro que el capitalismo globalizado en su organización actual genera creciente desigualdad y exclusión social, considera Rodrik.

Vinculado a lo anterior está la tendencia a la desmejora en la distribución del ingreso, que también es previa a la pandemia. “Cada vez es más evidente que es imposible compensar a los ‘perdedores’ con las ‘ganancias’ de la hiperglobalización”, dice Rodrik.

El gran problema: la falta de autonomía

El mayor problema es la falta de autonomía que tienen los países para poder aplicar políticas tendientes a mantener el contrato social y apuntar al crecimiento”, explica el economista, y advierte que esta falta de grados de libertad para la política pública es una de las grandes diferencias frente al período de Bretton Woods, que rigió entre el final de la segunda guerra mundial y la disolución de la URSS.

Para Rodrik, hay un “buen escenario” posible en la post pandemia que consiste en lo siguiente: “un mayor permiso para introducir protección cuando sea necesario, tanto como para la regulación de la inversión extranjera como para el intercambio comercial, para poder restituir las estrategias de desarrollo”. El “mal escenario” sería un endurecimiento del conflicto comercial, similar a la etapa que siguió a la crisis del ´30.

Un nuevo Estado de Bienestar

“América latina sufre un dualismo productivo, con sectores que tiene alta productividad pero no generan empleo y sectores muy atrasados que generan mucho empleo. Esto achica oportunidades para la franja de ingresos medios. El Estado de Bienestar tradicional plantea que con mayor educación y salud pública, los trabajadores pueden acceder a mejores trabajos y así elevar su condición de vida. Pero esto ya no funciona, porque no está disponible la oferta laboral de buenos trabajos. Hay que cambiar la perspectiva”, explica Rodrik.

Para el economista, el “nuevo Estado de Bienestar” debe involucrar más políticas de producción, con fuerte integración del sector privado. Indica que es una prioridad mejorar las habilidades de los trabajadores para que puedan maniobrar la tecnología pero también acomodar la tecnología a las habilidades de los trabajadores. En este sentido, elogió el camino institucional recorrido por el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

“La mejora de la productividad no tiene que venir únicamente del crecimiento de los sectores de punta. Teniendo en cuenta el grado de atraso de gran parte de la sociedad, simplemente sacar a la gente de la informalidad en favor de empleos de productividad media ya mejoraría mucho la situación”, considera Rodrik.

El futuro del empleo

“Puede haber protección para que determinadas industrias se modernicen. Pero no creo que los empleos manufactureros vayan a volver, no creo que ese sea el futuro en la economía. Los grandes generadores de empleo serán los sectores de servicios, salud, educación y retail”, analiza el economista.

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Lunes, 03 Agosto 2020 06:29

Oro

Oro

El carácter tan particular de la crisis económica derivada de la pandemia de coronavirus exhibe que “cuando la economía se queda sin consumidores se pone de manifiesto que nada se sostiene sin la gente”. La aseveración (de David Trueba, El País, 28/7/20) parece obvia y, sin embargo, enunciarla así de modo directo le confiere una contundencia argumentativa que no debe perderse de vista.

Ahora, no se trata de una caída del gasto total por las razones usuales asociadas con el comportamiento cíclico de la acumulación del capital; las distorsiones que suelen provocar los déficits públicos; los efectos de la inflación que puede desbocarse, o bien los recurrentes excesos financieros que generan crisis.

Lo que ocurre hoy es el desplome de plano del consumo por efecto del confinamiento para enfrentar la pandemia. ¡No hay quién gaste! Las ventas y la producción en sectores enteros de la economía se han derrumbado de tajo. Eso tuvo que compensarse con gasto público, con recursos asignados directamente a las personas y empresas que perdieron sus fuentes de ingreso.

La pandemia y la gestión de los gobiernos ha provocado que ese gasto, enorme en muchos casos: más de 2 billones ( trillions) de dólares en Estados Unidos hayan sido insuficientes y ahora se debata un nuevo presupuesto de ayudas. Lo mismo ocurre en la Unión Europea.

Por eso hay premura por reabrir la actividad económica y retomar el proceso de ingreso-gasto, pero la cosa no sale bien, pues se provocan rebrotes de contagio y se tiene que dar marcha atrás. Ese dilema está ocurriendo ahora por todas partes, en unas mucho más que en otras, como sucede en México, donde el reconocimiento oficial explícito de la magnitud de la crisis económica está ausente.

Esta situación debería provocar un vuelco en el pensamiento acerca del proceso económico y las políticas públicas, o sea, cómo generar ingresos para la población, ganancias para las empresas, crédito para consumir y producir e impuestos para que recaude el gobierno. El arreglo no se va a dar de modo automático y, de cualquier modo, va a tardar mucho tiempo.

Mientras tanto, la caída del nivel de la actividad económica ha sido brutal en el segundo trimestre del año en todas partes. Muchas actividades económicas cambiarán de modo significativo su estructura y muchos participantes desaparecerán.

Una de las expresiones de la crisis que provoca profundas distorsiones ocurre en las actividades financieras. Desde hace largo tiempo se extiende como reguero una creciente especulación y, a la par, la mayor concentración de la propiedad y la riqueza.

La pandemia refuerza su efecto adverso en el mercado, que se hace cada vez más monopólico y también modifica buena parte de las formas de consumo, de comunicación e interacción social. Esto se advierte, por ejemplo, en el caso de las grandes empresas, en el campo de la tecnología (Amazon, Google, Facebook, Apple) y otras en las que se ha inflado su valor hasta el exceso.

La actividad financiera se distancia de la inversión que crea empleos e ingresos; se aleja de la producción y de la generación de riqueza asociada con mecanismos socialmente eficaces de tipo distributivo.

Los gobiernos en Estados Unidos y Europa están creando dinero a borbotones para incitar la recuperación económica. El precio del crédito es prácticamente cero, cuando no negativo. El dinero no tiene valor ni poder intrínseco, sólo vale lo que representa: capacidad de compra.

Cada dólar, euro o peso mexicano debería apuntar a que sea usado, en algún lado, para producir una unidad de riqueza mediante la producción. El crédito creado por los bancos debería significar que en algún lugar y de alguna manera un dólar, euro o peso mexicano está en proceso de crear producción; para repetir, riqueza.

Pero las finanzas están perdidas en su propio mundo, distanciadas del proceso de generación de riqueza productiva, del proceso que crea recursos que pueden ser distribuidos. En este sentido es una forma de desperdicio social.

La especulación es la reina y cuando ésta misma se convierte en fuente insuficiente de recursos o en un mecanismo con riesgos que se consideran excesivos resurge el atesoramiento. El dinero se puede usar para consumir o ahorrar. El ahorro se entiende como la parte no gastada del ingreso, pero queda disponible para que otros lo gasten o inviertan productivamente.

Cuando el riesgo percibido de las transacciones dinerarias crece en demasía se recurre al atesoramiento, sacarlo del circuito productivo. Una forma primordial es tener oro; una indicación de la esencia atávica del valor del metal y lo primitivo de la esencia humana.

Se admite que puede fluctuar mucho su valor, no es fácil deshacerse de él; preferiblemente debería tenerse de modo físico y no mediante un título que ampare la propiedad y esté guardado en alguna bóveda suiza al cuidado de alguien cuya reputación es finalmente desconocida. Eso está ocurriendo ahora de nuevo con el oro, signo de la desconfianza radical en las condiciones económicas y políticas en el mundo.

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