Nouriel Roubini: "Es demasiado lo que se ha venido abajo"

El famoso economista norteamericano Nouriel Roubini es uno de los analistas más polémicos del mundo. Lo llaman el Doctor Doom (‘Doctor Muerte’). No suele traer buenas noticias. En esta entrevista hace añicos toda esperanza de una rápida recuperación de la economía.

 

A sus 62 años, Nouriel Roubini es uno de los economistas más prominentes y polémicos del mundo. Profesor en la Stern School of Business de Nueva York, anticipó el estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos y la crisis financiera de 2008. También fue de los primeros en anunciar el hundimiento de la economía por la crisis del coronavirus.

 

XLSemanal. La pandemia ha puesto de rodillas a la economía mundial, millones de personas han perdido su empleo. ¿Esta crisis es tan grave como la Gran Depresión de los años treinta?

Nouriel Roubini. La debacle es aún mayor que entonces. Aquella vez, la verdadera dimensión de la crisis solo se empezó a vislumbrar años después del crack de 1929. Comparada con la situación actual, fue como una caída a cámara lenta. Esta vez, la economía mundial ha colapsado en cuestión de semanas, 40 millones de personas se han ido al paro solo en Estados Unidos. Muchos creen que la recuperación será igual de rápida, pero es una falacia.

 

¿No cree que vaya a producirse una recuperación en forma de uve, a pesar de los importantes paquetes de estímulo que se están aprobando? Sin ir más lejos, en mayo se crearon 2,5 millones de nuevos puestos de trabajo en Estados Unidos…

N.R. Sí, pero eso después de que 42 millones de personas hayan perdido el suyo. Como es lógico, veremos una recuperación en la segunda mitad del año, pero no será una recuperación real, será solo una ilusión. La economía se ha desplomado de tal manera que es prácticamente inevitable que acabe repuntando otra vez, pero esa recuperación no compensará en absoluto la caída. A finales de 2021, la economía estadounidense todavía seguirá por debajo de los niveles de 2020, es demasiado lo que se ha venido abajo. La tasa de desempleo oscilará entre el 16 y el 17 por ciento, mientras que durante la pasada crisis financiera se quedó en un máximo del 10 por ciento.

 

Los mercados de valores parecen verlo de otra manera, las acciones cotizan casi al mismo nivel que a comienzos de año.

N.R. Los mercados se engañan. Los inversores están apostando por que habrá más paquetes de estímulo y una recuperación de los beneficios, pero eso, aquí, a la gente de la calle no le dice nada.

 

¿Que a los norteamericanos les da igual la Bolsa? Eso sí que sería una novedad.

N.R. Matizaré mi afirmación: en Wall Street, las que marcan el rumbo son las grandes empresas; en particular, los bancos y las tecnológicas. Ellas sobrevivirán a la crisis porque el Estado nunca dejará que se hundan. Despedirán a trabajadores, reducirán costes y al final tendrán más poder que antes. Pero lo que conocemos como Main Street, es decir, las pequeñas y medianas empresas, no pueden hacer lo mismo, estas simplemente irán a la quiebra. Calculo que la mitad de los restaurantes de Nueva York acabarán teniendo que echar el cierre, pero McDonald’s sobrevivirá. Y eso no es todo.

 

¿Qué más hay?

N.R. El 10 por ciento de los norteamericanos más ricos son dueños del 90 por ciento del capital bursátil, mientras que un 75 por ciento no tiene ni una sola acción. Hay un estudio de la Reserva Federal que dice que el 40 por ciento de los estadounidenses no dispone ni de 400 dólares en efectivo para afrontar posibles emergencias o imprevistos. Y una emergencia es lo que estamos viviendo en estos momentos. El sistema está enfermo, y por eso la gente está echándose a las calles.

 

¿Quiere decir que las revueltas provocadas por la muerte violenta de George Floyd también tienen un trasfondo social?

N.R. Por supuesto. En la zona en la que yo vivo, Bowery, en el Bajo Manhattan, las tres cuartas partes de los manifestantes son blancos. Muchos de ellos son jóvenes y forman parte del precariado urbano: empleados a tiempo parcial, autónomos, personas que trabajan por horas a pesar de que bastantes cuentan con estudios superiores. La mayoría de los trabajadores que no tienen contrato a jornada completa deja de recibir transferencias estatales pasados tres meses. Ya no pueden seguir pagando el alquiler ni la factura del teléfono, les cortan el agua y la electricidad.

 

Esta situación reducirá considerablemente las posibilidades de que Donald Trump salga reelegido, ¿no es así?

N.R. Sí, así es. Pero Joe Biden tendrá que ganar con una diferencia enorme para que Donald Trump se marche de Washington él solo. Y no creo que eso sea lo que vaya a ocurrir. Veo dos escenarios diferentes: o bien Trump conserva el cargo por poco margen -a pesar de que se está desvaneciendo el respaldo que tenía de las clases trabajadoras blancas-, o bien pierde por poco y se niega a aceptar el resultado.

 

¿En serio cree que se atrincherará en la Casa Blanca?

N.R. Por supuesto que sí. Si los resultados son apretados en algunos distritos, Trump no irá a los tribunales para exigir un recuento de votos, lo que hará será culpar a China, a Rusia, a los negros o a los emigrantes, y actuará igual que el dictador de una república bananera. Llamará a sus seguidores a tomar las armas; de hecho, ya hay muchos fascistas blancos armados sueltos. Por eso cita tantas veces la Segunda Enmienda, la que permite portar armas.

 

En la enumeración de presuntos culpables ha olvidado usted mencionar a la Reserva Federal. Trump quiere que baje aún más los tipos de interés.

N.R. La Reserva Federal ya ha hecho todo tipo de cosas que no tenía que hacer. Ha rescatado bancos, fondos de riesgo, a inversores financieros y a gestores de fondos patrimoniales inundando de liquidez los mercados. Ha sido una medida correcta a corto plazo para evitar el peligro de deflación, pero la deuda pública es tan elevada que los gobiernos y las empresas solo pueden refinanciarse si los tipos se mantienen ultrabajos. La Reserva Federal tiene que asegurarse de que esto sea así comprando deuda y, por lo tanto, impulsando las cotizaciones y ejerciendo presión a la baja sobre los tipos. A largo plazo no funciona. En ese sentido, la Reserva Federal se encuentra en la misma situación que todos los grandes bancos centrales del mundo.

 

¿Quiere decir que los bancos centrales han perdido su independencia?

N.R. Totalmente. Mire, en diciembre de 2018, Jerome Powell -el presidente de la Reserva Federal- anunció que subiría los tipos de interés y reduciría el balance del banco central suspendiendo la compra de deuda. La respuesta de las Bolsas fue una fuerte caída. Powell tuvo que dar marcha atrás rápidamente, y hoy el balance general de la Reserva Federal es el doble que entonces. A largo plazo, esta situación conducirá a una subida de la inflación.

 

¿Cómo es eso posible, con tanta gente sin empleo y con la economía sin terminar de despegar?

N.R. Porque tendremos un shock de oferta negativo. Puede que suene muy técnico, pero es fácil de explicar.

 

Pues adelante.

N.R. La globalización ha mantenido los costes laborales y de producción muy bajos durante años, aunque solo haya sido por los 2500 millones de trabajadores baratos que hay en la India y China. Pero la globalización ya dejó atrás su punto más alto durante la última crisis financiera, y la pandemia del coronavirus no ha hecho más que reforzar esa tendencia. Últimamente estamos asistiendo a episodios de renacionalización, al desmantelamiento de cadenas de suministro, a un conflicto comercial entre China y Estados Unidos…

 

¿Y por eso es por lo que espera una subida de precios en todos los frentes?

N.R. Tomemos el caso del 5G, por ejemplo. Nokia y Ericsson son en torno a un 30 por ciento más caras y un 20 por ciento menos eficientes que Huawei. Por lo tanto, si un país no se decanta por Huawei para desplegar su red 5G -decisión para la que hay buenas razones de política de seguridad-, automáticamente suben los precios de todo tipo de productos finales, desde tostadoras hasta microondas, porque el 5G va a estar en todas partes. Y eso, en última instancia, acaba derivando en inflación.

 

Pero entonces los tipos de interés tendrían que subir.

N.R. Según los manuales de economía, sí, pero no es lo que va a pasar, porque entonces los estados y las empresas verían saltar por los aires sus presupuestos y balances.

 

¿Le sorprende la enorme cantidad de dinero que los europeos están movilizando para estabilizar sus economías?

N.R. No, realmente no. De lo que se trata en el fondo es de mantener unida la eurozona. Sin un acto de solidaridad, algunos países, especialmente Italia, colapsarían y tendrían que salir de la zona euro. Y entonces todo se habría acabado.

 

Olaf Scholz -el ministro alemán de Finanzas- dijo, con respecto al paquete de ayudas de 500.000 millones de euros que Berlín y París quieren cerrar, que era el momento Hamilton de Europa, en referencia al primer secretario del Tesoro de Estados Unidos, Alexander Hamilton, el hombre que sentó las bases financieras de la república. ¿Cree que Scholz exagera?

N.R. Claro que exagera. Es un buen paquete de ayudas, pero todavía faltan dos requisitos para poder hablar de unos Estados Unidos de Europa. El primero, la mutualización de las obligaciones: la deuda de Italia sigue siendo la deuda de Italia. Y el segundo, un presupuesto común con un montante significativo, de entre el 20 y el 30 por ciento del PIB, y no del uno por ciento como en la actualidad.

 

Parece que esta vez Alemania está tomando decisiones revolucionarias.

N.R. No se puede decir siempre que no a todo. Berlín no puede oponerse a que el presupuesto europeo crezca y el Banco Central Europeo tenga un papel más relevante y al mismo tiempo sorprenderse si todo se va al garete. Si no se hace nada, Europa está muerta. Por suerte, la canciller Merkel se ha dado cuenta a tiempo de lo mucho que está en juego. Y en estos momentos goza de una popularidad tan alta que es capaz de sacar adelante estas propuestas. Dudo mucho que siga siendo posible con su sucesor, da igual quién acabe siendo presidente de su partido y canciller federal.

 

A todo esto se une que ya hay otra crisis esperando a la vuelta de la esquina: la del brexit. ¿Cree que los británicos acabarán solicitando una prórroga del periodo de transición?

N.R. Hablo mucho con representantes del Gobierno británico y tengo la impresión de que van a optar claramente por un brexit duro. Londres no quiere un acuerdo de libre comercio como el que existe entre la Unión Europea y Canadá, lo que quiere es cortar amarras de una forma nítida. Y eso, obviamente, es una auténtica locura. Los camiones se amontonarán en las aduanas, las Bolsas de Europa se hundirán, la economía británica también, igual que la europea, aunque no con la misma intensidad.

 

¿Hay algo que le haga albergar esperanzas?

N.R. ¿Esperanzas? Déjeme que lo piense… Me parece positivo que los gobiernos hayan reaccionado de forma rápida y enérgica a la pandemia. ¿Pero al margen de eso? Me temo que la próxima década va a estar marcada por la ruina y el desastre. Puede que al final la economía global acabe siendo más sostenible, pero por el momento lo que va a ser es más sombría.

Roubini nació en Estambul hace 62 años. De origen judío-iraní, ha vivido en Irán, Israel e Italia. Doctor en Economía Internacional por Harvard, hoy es ciudadano de Estados Unidos. Trabajó en el Departamento del Tesoro, fue docente en Yale y ahora en Nueva York, donde preside Roubini Global Economics Monitor, una firma de consultoría y análisis financiero.

 

Fuente: https://www.xlsemanal.com/personajes/20200721/nouriel-roubini-crisis-economica-coronavirus-recuperacion.html

Publicado enEconomía
Miércoles, 29 Julio 2020 06:18

Proyecciones preocupantes de la CEPAL

Proyecciones preocupantes de la CEPAL

Con información hasta el 30 de junio del 2020, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, la CEPAL, actualizó el impacto regional de la situación económica, afectada por el receso derivado del COVID19. [1] Señala el informe, con base en el Banco Mundial, que “La economía mundial experimentará su mayor caída desde la […]

Con información hasta el 30 de junio del 2020, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, la CEPAL, actualizó el impacto regional de la situación económica, afectada por el receso derivado del COVID19. [1]

Señala el informe, con base en el Banco Mundial, que “La economía mundial experimentará su mayor caída desde la Segunda Guerra Mundial y el producto interno bruto (PIB) per cápita disminuirá en el 90% de los países, en un proceso sincrónico sin precedentes”.

El dato es en sí mismo muy grave porque afecta al orden mundial emergente en la segunda posguerra, con preminencia del dólar y el poderío ideológico y militar de EEUU.

No se trata de un problema circunstancial, sino y más allá de la disputa con China, como hemos sostenido en varias ocasiones, se constituye en un problema civilizatorio, que trasciende a la economía. No es solo la dominación lo que se discute, sino que la propia supervivencia del planeta y la humanidad está en cuestión por la afectación de la Naturaleza.

Queda claro que, si el tema es global, entonces, la región nuestramericana se ve también afectada, más aún cuando el COVID19 toma a la región como epicentro.

No solo es Brasil o México los que preocupan, con casi 87.000 y 43.000 fallecidos respectivamente, sino que tomando muertes por millón de habitantes encabeza la lista Perú, seguidos por Chile y recién Brasil y México.

Enfatizo este dato, porque ambos países andinos, Perú y Chile, han sido destacados en el último tiempo como los “modelos económicos” a seguir, tomando sus procesos de liberalización económica como paradigmas a imitar.

Las consecuencias de la mercantilización se hacen notar ahora en la pauperización de la población y el deterioro de la salud pública, que recae sobre la población más desprotegida.

Proyecta el informe de CEPAL:

“para el conjunto de la región, una caída promedio del PIB del 9,1% en 2020, con disminuciones del 9,4% en América del Sur, el 8,4% en Centroamérica y México, y el 7,9% en el Caribe, sin incluir Guyana, cuyo fuerte crecimiento lleva el total subregional a una caída del 5,4%”.

En ese marco, es Sudamérica la zona más afectada, con datos por encima del promedio para Brasil con una baja del -9,2%, la Argentina con una caída del -10,5%, Perú del -13% y Venezuela en las peores condiciones del -26%.

Hay que destacar para el caso venezolano, que más allá de los problemas locales, las sanciones y el bloqueo estadounidense perjudican seriamente el funcionamiento económico.

Sobresalen algunos datos sobre la recesión en curso, en especial se menciona que:

“La producción industrial en México cayó un 29,3% interanual en abril, mientras que la actividad total de la economía en el mismo período disminuyó un 26,4% en la Argentina, un 15,1% en el Brasil, un 14,1% en Chile, un 20,1% en Colombia y un 40,5% en el Perú.”

No se trata de la especificidad de una economía, sino que a los problemas locales se suma una situación agravada mundialmente por el coronavirus.

Dimensión social del problema

El impacto es fenomenal para buena parte de la población en Nuestramérica.

“La fuerte contracción en 2020 se traducirá en una caída del PIB per cápita regional del 9,9%. Después de que hubiera prácticamente un estancamiento entre 2014 y 2019 (cuando el crecimiento promedio anual fue de solo un 0,1%), esta caída del PIB per cápita implica un retroceso de diez años: su nivel en 2020 será similar al registrado en 2010.”

Recordemos que, para la década del 80 del siglo pasado, la CEPAL popularizó la frase de la “década perdida”, a propósito de la crisis de la deuda mexicana de 1982 y las secuelas derivadas de la generalización de la hegemonía neoliberal.

Es la década, bajo el liderazgo de Fidel, en la que se intenta crear el Club de los países deudores, para enfrentar al de los acreedores, que estaba bajo la gerencia del FMI.

Se trataba del estancamiento económico en un decenio caracterizado por políticas de ajuste y reforma estructural, las que se generalizaron y popularizaron bajo el designio del Consenso de Washington en los 90.

Así se impusieron las privatizaciones, la desregulación, la liberalización y el aliento a la iniciativa privada con normas orientadas al ajuste fiscal.

Ese saldo se proyectó en el último decenio del Siglo XX como una “media década perdida”, que se sumaba a la anterior.

Los primeros 10 años del Siglo XXI aparecen como de repunte, con crecimiento y distribución del ingreso, producto de la combinación de precios internacionales de exportación en alza y una voluntad política para la mejora en la distribución del ingreso.

El clima de cambio político en toda la región indujo la extensión de las políticas asistenciales, más allá de la orientación a izquierda o derecha de los diferentes gobiernos.

Por eso, resalta el hecho que la CEPAL nos recuerde ahora que el 2020 lleva a la región al nivel registrado en 2010, por lo que consolida otra década perdida, que supone un impacto social regresivo en materia de empleo y pobreza, agravando y consolidando la desigualdad.

El mercado laboral será fuertemente impactado, al comentar la CEPAL que:

“…la tasa de desocupación regional se ubique en alrededor del 13,5% al cierre de 2020, lo que representa una revisión al alza (2 puntos porcentuales) de la estimación presentada en abril de 2020 y un incremento de 5,4 puntos porcentuales respecto del valor registrado en 2019 (8,1%).”

Afirma que:

“Con la nueva estimación, el número de desocupados llegaría a 44,1 millones de personas, lo que representa un aumento cercano a 18 millones con respecto al nivel de 2019 (26,1 millones de desocupados).”

Agrega que:

“Estas cifras son significativamente mayores que las observadas durante la crisis financiera mundial, cuando la tasa de desocupación se incrementó del 6,7% en 2008 al 7,3% en 2009 (0,6 puntos porcentuales).”

En rigor, no es novedad, ya que la OIT contempla una escalada del desempleo y la informalidad en el ámbito global, con mayor perjuicio hacia las mujeres y los jóvenes.

Así, en un marco de ofensiva del capital contra el trabajo, las condiciones de la recesión mundial y regional consolida la iniciativa capitalista que en la coyuntura aceleró una demanda demorada por el trabajo a distancia, remoto o teletrabajo.

Es parte de la búsqueda por disminuir el costo de producción laboral, transfiriendo a las trabajadoras y trabajadores parte del gasto en mantenimiento de los instrumentos y medios de trabajo.

Por eso no hay que sorprenderse que el mercado laboral haga evidente el costo en términos de ingreso y empleo que demuestran los datos de la CEPAL.

Más grave aún resulta el tema en términos de pobreza e indigencia.

“La CEPAL proyecta que el número de personas en situación de pobreza se incrementará en 45,4 millones en 2020, con lo que el total de personas en situación de pobreza pasaría de 185,5 millones en 2019 a 230,9 millones en 2020, cifra que representa el 37,3% de la población latinoamericana. Dentro de este grupo, el número de personas en situación de pobreza extrema se incrementaría en 28,5 millones, pasando de 67,7 millones de personas en 2019 a 96,2 millones de personas en 2020, cifra que equivale al 15,5% del total de la población.”

Señala el informe que:

“Los mayores incrementos de la tasa de pobreza (de al menos 7 puntos porcentuales) se producirían en la Argentina, el Brasil, el Ecuador, México y el Perú.”.

Para el caso de la Argentina, la pobreza extrema pasa de 3,8% al 6,9%, con una variación de 3,1 puntos porcentuales de crecimiento; y la pobreza pasa del 26,7% al 37,5%, con 10,8 puntos porcentuales de incremento.

Hace tiempo que la región nuestramericana llama la atención por los niveles de desigualdad, que son crecientes y este informe corrobora.

En esta ocasión no se difunden los datos de la concentración del ingreso y de la riqueza, que agravan la situación de inequidad que configura a Latinoamérica y al Caribe como el territorio de mayor desigualdad en el sistema mundial.

Propuestas de la CEPAL

Sostiene en el informe cuatro líneas de acción:

  1. a) un ingreso básico de emergencia como instrumento de protección social;
  2. b) un bono contra el hambre;
  3. c) el apoyo a las empresas y los empleos en riesgo;
  4. d) el fortalecimiento del rol de las instituciones financieras internacionales.

Parece poco, y discutible, para un diagnóstico tan crudo, aun cuando sustenta medidas urgentes que promueven buena parte de los perjudicados social y económicamente.

Son demandas, las tres primeras, que se sostienen desde las organizaciones sociales y políticas que agrupan en el territorio a los sectores más desprotegidos.

Las dos primeras son sugerencias para la emergencia social y la tercera apunta a contener el entramado de pequeñas y medianas empresas, incluso las “micro”, que son en conjunto, el principal sustento del empleo en todos los países.

Más difícil resulta la última, que remite a un fortalecimiento de organismos que debieran incluirse más como parte del problema que, como solución, más aún cuando detrás del diagnóstico aparece la dependencia financiera y el sobreendeudamiento de varias de las economías con problemas.

Sin ir más lejos, el caso argentino es paradigmático en la coyuntura, cuando se encuentra discutiendo el refinanciamiento de su deuda con grandes Fondos Financieros y con un FMI que hundió al país con un préstamo impagable que condiciona el presente y futuro de la economía y su pueblo.

Es tiempo de pensar en una perspectiva civilizatoria en contra y más allá del capitalismo.

Nota:

[1] CEPAL. Informe especial COVID19, 15/07/2020, en:  https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/45782/1/S2000471_es.pdf

 

Por Julio C. Gambina | 29/07/2020 

Julio C. Gambina es presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP

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Un centro religioso acoge enfermos de Covid-19 en Santa Cruz, Bolivia (Juan Carlos Torrejón / EFE)

La región se enquista como principal foco de contagio del virus en el mundo

 

América Latina acumula ya cerca de cuatro millones y medio de casos de coronavirus y se aproxima a las 200.000 muertes. Más de una cuarta parte de los positivos se encuentran actualmente activos, por lo que la región sigue siendo el principal foco de contagio de la pandemia en el mundo. A pesar de que muchos países baten récords de casos y fallecidos, sus gobiernos continúan desescalando el confinamiento por una prioridad económica.

La ONU y distintas oenegés alertan de que las consecuencias sociales pueden ser devastadoras para una población de 630 millones de personas, gran parte de las cuales nunca salió del pozo del subdesarrollo. La tragedia humanitaria causada por la insuficiencia alimentaria ya se empieza a notar en el llamado corredor seco de Centroamérica, Haití, Venezuela, algunas islas caribeñas, zonas rurales andinas de Perú, Ecuador o Bolivia; barrios urbanos con hacinamiento en ciudades como São Paulo, Buenos Aires o Lima; o en situaciones particulares, como la concentración de migrantes venezolanos en Colombia o comunidades indígenas urbanas y rurales de la Amazonia.

 

Los ricos, más ricos

 

El último toque de atención lo dio ayer la oenegé Oxfam al publicar un informe que vaticina que 52 millones de personas caerán en la miseria en el subcontinente como consecuencia de la crisis sanitaria, lo que haría retroceder quince años el combate contra la pobreza. Hace unos días el Programa Mundial de Alimentos de la ONU hablaba de “pandemia de hambre” para referirse a los efectos provocados por la paralización económica a consecuencia de las distintas cuarentenas, en un territorio donde la mitad de la población depende de la economía sumergida y una quinta parte vive en una casa precaria.

“La opción es exponerse al contagio o morir de hambre”, dice el informe de Oxfam. “Para la gran mayoría de la ciudadanía, los confinamientos han acabado por ahogar los magros ahorros o mostrado la vulnerabilidad de unos servicios públicos que no alcanzan a garantizar cobertura ni derechos”, continúa. Paradójicamente, la oenegé denuncia que la brecha social está aumentando y que la renta de los más ricos –los 73 latinoamericanos que poseen una fortuna superior a mil millones de dólares– creció 41.000 millones de euros desde que en marzo se inició la pandemia en el continente. Es más, en estos cuatro meses han surgido ocho nuevos mil millonarios .

“Esta crisis es enormemente compleja”, dice a La Vanguardia Pablo Andrés Rivero desde La Paz. Rivero, uno de los portavoces de Oxfam en Latinoamérica afirma que la pandemia está evidenciando los “problemas estructurales del sistema”. La mayoría de ayudas que están otorgando los diferentes gobiernos a sus ciudadanos para capear el temporal son en forma de créditos, lo que puede agravar la situación incluso después de la pandemia. “Todo eso es una deuda que se va a tener que pagar”, sostiene Rivero.

El estudio de la organización alerta de la pérdida de servicios públicos en una región que ya adolecía de ellos, como queda demostrado ante el desbordamiento de los sistemas de salud de Ecuador o Perú. La pérdida de ingresos fiscales que la oenegé estima para este año en Latinoamérica, de unos 100.000 millones de euros, equivale al 59% de la inversión médica en el subcontinente. Por ello, Oxfam propone establecer de forma inmediata “un impuesto al patrimonio neto de entre el 2 % y el 3,5% a quienes tengan más de un millón de dólares” gracias al cual “los gobiernos latinoamericanos podrían recaudar hasta 14.200 millones de dólares, que podrían ser invertidos en salud pública y protección social”.

Robert Mur, Buenos Aires. Corresponsal

28/07/2020 06:00 | Actualizado a 28/07/2020 10:47

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La trastienda de la negociación de los líderes del bloque para superar las diferencias entre el norte y el sur

Qué significa el histórico acuerdo de la Unión Europea para enfrentar la crisis

Surge una Europa más solidaria, que se federó en torno a un Fondo de Recuperación cuya cifra es tan inédita como abultada: 750.000 millones de euros en ayudas a los países más afectados por la pandemia. 

 

Siempre hace falta un primer día para que haya historia. Este martes 21 de julio fue ese primer día, o mejor dicho, el último de 90 horas de transas, portazos, diatribas, insomnios y hasta arrebatos de pugilato que desembocaron en un acuerdo histórico entre los miembros de la Unión europea destinado a reactivar las economías de los 27 países y enfrentar la galopante recesión que dejó la covid-19. Recién en la madrugada del martes las dos fracciones hostiles superaron lo que, hasta el lunes por la noche, se había calificado de “posiciones inconciliables”. Por un lado, la mayoría de los Estados a cuyo frente estaban París y Berlín, ambos partidarios de una ayuda consistente a los países más afectados por la crisis (Italia, España, Grecia, Portugal); por el otro el eje de los llamados “cuatro frugales” compuesto por Países Bajos, Austria, Suecia y Dinamarca, más un aliado, Finlandia. Se los llama “frugales” justamente por su inclinación a la disciplina presupuestaria y su oposición radical a una Europa más federal e integrada. 

Cuatro días de negociaciones pugilísticas dieron como resultado eso que los frugales no querían: una Europa que se federó en torno a un Fondo de Recuperación cuya cifra es tan inédita como abultada: 750.000 millones de euros en ayudas a los países más afectados donde se incluyen unos 390.000 millones de euros en transferencias directas (subvenciones, de hecho). Muy inspirado en las propuestas franco- alemanas presentadas el pasado 18 de mayo, el plan adoptado diseña a partir de ahora una Europa que antes no existía: al mismo tiempo que se esgrime como una respuesta económica de masa a la crisis de la pandemia, también esboza los contornos de una Europa más federal, más solidaria e integrada. Curiosamente, hasta no hace mucho, esa era la Europa que la canciller alemana Angela Merkel rechazaba. Sin embargo, la agudeza de la pandemia-crisis la llevó a evolucionar en su posición y a aceptar el plan. Si bien es menor a los 500.000 millones solicitados bajo forma de subvenciones directas, el monto no se queda lejos:390.000 millones y, el resto hasta los 750 mil, en préstamos.

El paso no tiene referentes en la historia y, con justa razón, debe estar arrancando lágrimas de bronca en Grecia. Durante la crisis griega, a Atenas le impusieron una troika (FMI, Comisión Europea y Banco Central Europeo) y Memorandos de Entendimiento a cambio de un plan de rescate tortuoso. Los 27, juntos, apartaron esa opción y combinaron dos fuentes de financiación: los préstamos y una emisión de la Comisión Europea en los mercados que pagará entre 2026 y 2058. ”Esas noches de negociaciones fueron tórridas y expuestas a todos los golpes”, contaban ayer en la prensa quienes participaron en las maratónicas cesiones. El primer encontronazo se plasmó entre el grupo frugal y los demás en torno al monto de las subvenciones: Países Bajos, Austria, Suecia, Dinamarca y su aliado finlandés no querían que las subvenciones superaran 350.000 millones mientras que París y Berlín ponían un piso nunca inferior a 400.000 millones.

Los Países Bajos, por ejemplo, propusieron incluso que el monto no llegase ni siquiera a 100 mil millones. Se consiguieron los 390 mil mencionadas y el grupito rebelde no se fue con las manos vacías: rebaja en sus propias contribuciones financieras, reducción de las subvenciones en el presupuesto 2021-2027. En el medio hubo gente que se levantó de la mesa, que dio un par de puñetazos en la misma y que amenazó con abandonar las negociaciones. La Primera Ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, tuvo que aplazar su matrimonio por culpa de la cumbre. Según cuentan los testigos, en una de las reuniones Mette Frederiksen se mostró tan cáustica que Macron y Merkel se retiraron de la sala. Antes de este episodio todos participaron en una cena ya retratada como “envenenada” por el clima y otro antagonismo interno cuyos protagonistas fueron los bad boys de la UE, o sea, el Primer Ministro húngaro, Viktor Orbán, y su no menos radicalizado colega de Polonia, Mateusz Morawiecki. El plan de reactivación contenía un mecanismo de salvaguarda por medio del cual se condicionaba la entrega de las ayudas al respeto del Estado de Derecho, principio de cuyos ideales la Polonia y la Hungría actual están muy lejos. Orbán dijo que le querían imponer “una dictadura comunista”. El plan final dejó el tema entre brumas (“un sacrificio doloroso” dijeron algunos) y con la promesa de volver a tratarlo. Se evitó así que Orbán vetara el texto en discusión. Todo era tan incierto que el sábado 18 de julio, a las tres de la madrugada, Merkel y Macron saboreaban un vaso de vino blanco y dudaban realmente si iban o no continuar con las negociaciones.

Apostaron por el sí cuando la fisura entre el Norte y el Sur de Europa parecía más profunda. Por un lado Países Bajos y su insolente y despreciativo Primer Ministro Mark Rutte, por el otro Roma, Atenas, Madrid y Lisboa, considerados por Rutte como incapaces y gastadores. La construcción europea es hija de un compromiso y el de estos días restaura esa regla y, al mismo tiempo, inaugura otra: uno, es la primera vez que la Comisión Europea se endeuda en nombre de los 27 por un monto tan abismal. Antes, la Comisión había emitido deuda en los mercados, pero nunca por más de 100 mil millones: dos, de los 750.000 millones, 360.000 podrán ser prestados a los Estados que lo pidan y son esos mismos Estados quienes devolverán el dinero. Los otros 390.000 millones se transferirán de aquí a 2023 bajo forma de subvenciones, las cuales serán reembolsadas por los 27 países. Con este mecanismo, los europeos mutualizaron la deuda, se endeudaron juntos por 30 años y asumieron así una suerte de conducta práctica y no retórica de solidaridad que los liga más allá de sus sueños….y pesadillas.

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Italia contará con casi 209 mil millones para su recuperación económica 

 

Europa ayuda a Italia con una montaña de euros

Por Elena Llorente

Después de casi cinco días de durísimas negociaciones, los 27 países de la Unión Europea llegaron a un acuerdo sobre el llamado Fondo de Recuperación, las ayudas destinadas a las naciones europeas en serias dificultades económicas a causa de la covid 19, aprobando un total de 750 mil millones de euros. El gobierno italiano, que recibirá casi 209 mil millones, se mostró muy satisfecho por los resultados que ayudarán a relanzar la economía italiana, una de las más afectadas en Europa por la pandemia.

Se habla de que la Unión Europea sufrirá la recesión más grande de su historia y de que la crisis será la más profunda desde la gran depresión de 1929. Según la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), sólo por dar un ejemplo, la desocupación podría llegar a un máximo histórico del 9,4% en promedio a fines de 2020 en los 37 países miembros de esa organización, entre ellos varios europeos, latinoamericanos y asiáticos.

Para Italia, el futuro se presenta más complicado. Las estimaciones de la OCDE hablan de la desocupación en torno al 12,4% a fines de 2020. Pero si la cuarentena debe reimponerse por una nueva agresiva presencia del virus, como se prevé para el otoño-invierno europeo, no habría muchas mejoras en la ocupación italiana. Para el 2021, según la OCDE, y pese a que Italia estaría un poco más preparada para afrontar una nueva cuarentena, se calcula que la desocupación podría llegar al 11.5%. Los fondos europeos negociados esta semana estarán destinados en buena parte a crear fuentes de trabajo.

La insistente oposición llevada adelante por los gobiernos de centro-derecha de Holanda, Austria, Suecia y Dinamarca, entre otros, no impidieron que la UE aprobara el total de 750 mil millones de euros para restaurar la economía europea, 390 mil millones en calidad de subvenciones y 360 mil millones como préstamos. Todo se hará a través de la emisión de Eurobonos.

“Hemos conservado los 81,4 mil millones de euros a fondo perdido que nos había destinado la Comisión Europea en su primer programa, pero hemos incrementado notablemente el importe destinado a los préstamos, que pasaron de 91 mil millones de euros a 127,4 mil millones”, explicó el primer ministro Giuseppe Conte a la prensa sobre los 208,8 mil millones que Italia recibirá. El gobierno italiano está muy satisfecho de los resultados calificados por Conte como “un momento histórico para Italia y para Europa”. El primer ministro anunció además que se creará una comisión especial para un rápido y eficaz uso de ese dinero que para Italia significa el 28% del total del dinero aprobado por la UE. “Tendremos una gran responsabilidad: con casi 209 mil millones de euros Italia puede partir con fuerza y cambiar su aspecto. Pero tenemos que correr”, subrayó el primer ministro.

También el presidente de la República, Sergio Mattarella, manifestó su satisfacción por el “importante resultado del Consejo Europeo que refuerza la Unión y contribuye a la creación de condiciones que permitan a Italia disponer rápidamente de un concreto y eficaz programa de intervenciones”. Y el ministro de Economía, Roberto Gualtieri, del Partido Democrático (PD), contó: “Estamos trabajando para elaborar un programa que relance la economía italiana, que afronte problemas históricos y haga aumentar las inversiones en infraestructuras y digitalización, entre otras cosas”. Según Gualtieri se está elaborando un plan “preciso y detallado” en este sentido, que debería partir en octubre. “El gobierno sale reforzado de estas negociaciones”, concluyó Gualtieri.

El Movimiento Cinco Estrellas (M5S) -que junto con el PD integran el gobierno de Conte- se dijo igualmente satisfecho. “Es un resultado fundamental para nuestro futuro, fruto del trabajo del primer ministro Conte, de todos los ministros que participaron y del cuerpo diplomático al que agradezco -escribió por su parte en Facebook el ministro de Asuntos Exteriores, Luigi Di Maio, ex máximo dirigente del M5S -. Hoy Europa ha demostrado que ha cambiado: piensa en el interés común de todos los estados miembros. Esto demuestra que es posible una Europa diferente”.

El centro derecha italiano no parece del todo contrario al acuerdo logrado en la UE. Para Silvio Berlusconi, de Forza Italia en efecto, “La de anoche ha sido una noticia positiva para Italia. Pero el camino es todavía largo. Hay que hacer un plan que esté dirigido hacia el futuro y no de tipo asistencial. Y esta vez pedimos al gobierno que la oposición pueda participar de esas decisiones , declaró.

El que se manifiestó contrario, como siempre, a todo lo que hace el gobierno, fue el líder de la ultra derechista Liga, Matteo Salvini. “La Liga ilustrará en breve cuánto dinero llegará de Europa, en cuánto tiempo y para hacer qué cosas. Y así “evitar una estafa grande como una casa que se alcanza a vislumbrar al final del túnel”, dijo Salvini en tácita alusión a eventuales maniobras no transparentes del gobierno y de la UE a la que él combate, como el resto de los derechistas europeos. El líder de la Liga -primer partido de Italia con el 25% de los votos pese que ha perdido algunos puntos según las últimas encuestas mientras el PD ha crecido- se prepara así a las elecciones que se llevarán a cabo en siete regiones italianas, en principio a mediados de septiembre, y en las que se podrá apreciar claramente qué piensan los italianos del gobierno que ha combatido una crisis sin precedentes como la del covid, y de la Liga que se ha limitado a estimular el ultra nacionalismo y la discriminación en todas sus críticas. 

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La Cepal aseguró que el coronavirus podría dejar a casi el 40 por ciento de Latinoamérica en la pobreza

El informe estima que el número de personas en esta situación se incrementará en 45,4 millones en 2020

 

El 37,3 por ciento de toda la población latinoamericana podría verse en situación de pobreza en 2020 debido al impacto de la pandemia del coronavirus, según un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicado este miércoles.

El informe, titulado ‘Enfrentar los efectos cada vez mayores del COVID-19 para una reactivación con igualdad: nuevas proyecciones’, estima que el número de personas en situación de pobreza se incrementará en 45,4 millones en 2020, por lo que el total de personas en esa condición pasaría de 185,5 millones en 2019 a 230,9 millones este año.

Dentro de este grupo, el número de personas en situación de pobreza extrema se incrementaría en 28,5 millones, pasando de 67,7 millones de personas en 2019 a 96,2 millones de personas en 2020, cifra que equivale al 15,5 por ciento del total de la población.

El documento, presentado por la secretaria ejecutiva del organismo de Naciones Unidas, Alicia Bárcena, plantea que la caída en la actividad económica es de tal magnitud que llevará a que, al cierre de 2020, el nivel del PIB per cápita de América Latina y el Caribe sea similar al observado en 2010. Esto significa que habrá un retroceso de diez años en los niveles de ingreso por habitante.

“Se prevé ahora un aumento también mayor del desempleo, que a su vez provocará un deterioro importante en los niveles de pobreza y desigualdad”, dijo Bárcena.

En concreto, se espera que la tasa de desempleo regional se ubique alrededor del 13,5 por ciento a final de 2020, lo que representa una revisión al alza de dos puntos porcentuales de la estimación presentada en abril y un incremento de 5,4 puntos porcentuales respecto del valor registrado en 2019, un 8,1 por ciento.

Con la nueva estimación, el número de desempleados llegaría a 44,1 millones de personas, lo que representa un aumento cercano a 18 millones con respecto al nivel de 2019, cuando se situó en 26,1 millones de desempleados.

El trabajo destaca que estas cifras son "significativamente" mayores que las observadas durante la crisis financiera mundial, cuando la tasa de desempleo se incrementó del 6,7 por ciento en 2008 al 7,3 por ciento en 2009, es decir, 0,6 puntos.

MEDIDAS

El informe de CEPAL reconoce que los países de la región han anunciado grandes paquetes de medidas fiscales para hacer frente a la emergencia sanitaria y mitigar sus efectos sociales y económicos.

Así, las acciones de los bancos centrales de la región han estado encaminadas no solo a atenuar los efectos de la crisis y sentar las bases para una eventual reactivación, sino también a la preservación de la estabilidad macrofinanciera de las economías.

"Los países de la región han anunciado medidas muy importantes, en la medida que se extiende el confinamiento se requieren esfuerzos adicionales para satisfacer necesidades básicas y sostener el consumo de los hogares", ha señalado Bárcena.

No obstante, ha recordado que CEPAL ha propuesto la implementación de un ingreso básico de emergencia como instrumento de protección social y varias iniciativas de apoyo a empresas y trabajadores en riesgo, entre otras medidas.

"Para la implementación de cualquiera de estas líneas de acción es necesario fortalecer el rol de las instituciones financieras internacionales de forma que puedan apoyar mejor a los países", ha concluido Bárcena, que también ha aludido a la necesidad de la cooperación internacional en este sentido.

(Con información de Europa Press)

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El capitalismo acomoda sus peones ante la crisis sistémica y del trabajo

A pesar de las medidas extraordinarias adoptadas en todo el mundo, con frecuencia de una forma que no tiene precedentes, la crisis de la Covid-19 ha repercutido de forma muy adversa en los mercados laborales y obligará a los encargados de la formulación de políticas a afrontar retos políticos de gran alcance.

Un reciente Informe el Observatorio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sostiene que los resultados que se logren en el mercado laboral en el resto de 2020, y en años sucesivos, dependerán de las decisiones que adopten, así como de la evolución de la pandemia en el futuro, y podrían repercutir en el mundo del trabajo a largo plazo.

No todos los países deberán afrontar la misma situación. La gravedad de las dificultades que deban subsanar y los instrumentos y recursos que puedan utilizar al respecto variarán sustancialmente. No obstante, la mayoría de los países tendrán que hacer frente a una serie de dificultades fundamentales, como la armonización de las intervenciones políticas en los planos sanitario, económico y social, a fin de lograr resultados satisfactorios sostenibles para los mercados laborales.

Desde el comienzo de la pandemia ha sido necesario prioriza medidas de contención y erradicación de la propagación del virus y, pese a que ello ha redundado en costos económicos y sociales sustanciales, constituye una condición previa necesaria para impulsar una recuperación sostenible.

Por otro lado, se pide cada vez más a los encargados de la formulación de políticas que establezcan claramente un calendario para la reapertura de los lugares de trabajo y los protocolos sanitarios que deben observarse a tal efecto, y que determinen si se seguirá brindando apoyo a las empresas y a los trabajadores que no pueden retomar su actividad habitual.

La adopción de ese tipo de decisiones es compleja, habida cuenta de los costos que conllevan para los sectores público y privado la prolongación de las restricciones, la inquietud asociada a intervenciones prematuras susceptibles de propiciar una segunda fase de la pandemia y la presión cada vez mayor de la opinión pública.

Por otro lado, la aplicación y el mantenimiento de las intervenciones políticas a la escala necesaria, habida cuenta de que los recursos son cada vez más insuficientes.

El reconocimiento general de la obligación de adoptar «todas las medidas necesarias» para mantener la actividad económica, el empleo, la actividad empresarial y los ingresos a lo largo de la pandemia ha llevado a los gobiernos a fijar objetivos fiscales y monetarios de antemano.

Muchos países tendrán que afrontar un elevado nivel de deuda externa y aplicar medidas políticas monetarias muy restrictivas, aun si la pandemia remitiera en los próximos meses.

Pero los efectos adversos en los mercados de trabajo y la compleja coyuntura económica a escala mundial que se prevé a largo plazo subrayan la necesidad de seguir aplicando políticas que fomenten la recuperación, si bien ello tendrá lugar en condiciones fiscales y monetarias sin precedentes.

Una consolidación fiscal anticipada, como la que siguió a la crisis financiera de 2008-2009, podría conllevar el riesgo de desestabilización de los mercados laborales, ya menoscabados por la covid 19.

La pandemia ha puesto de manifiesto amplias deficiencias y desigualdades en el mundo del trabajo, y las ha acentuado. Las mujeres, los jóvenes y los trabajadores del sector informal, que se encontraban en una situación muy desfavorable antes de que comenzara la crisis, han padecido algunas de sus peores consecuencias.

Por otro lado, ha aumentado la concienciación pública sobre la labor, a menudo compleja e infravalorada, de determinados grupos, en particular los trabajadores de los sectores sanitario y de atención social y los servicios de limpieza, así como los trabajadores domésticos, cuya labor ha sido y sigue siendo primordial para superar la pandemia.

Obviamnte, si no se hace hincapié de forma explícita en la mejora de la situación de los grupos más desfavorecidos y vulnerables, los procesos de recuperación podrían agravar las actuales situaciones de injusticia.

Además, la OIT exhortó al mantenimiento de la solidaridad y del apoyo internacionales, en particular con respecto a los países emergentes y en desarrollo, ya que la respuesta general a la crisis mundial de la Covid-19 se ha caracterizado por una cooperación internacional deficiente: la gran cantidad de recursos utilizados por los países de ingresos elevados para hacer frente a la pandemia no ha estado al alcance de otros países.

Ello ha incidido ampliamente en la capacidad de los países en desarrollo y emergentes para proteger a sus ciudadanos y afrontar la pandemia, lo que a su vez condicionará la evolución de la situación en todos los países en el futuro.

La retórica sobre la necesidad de aplicar medidas de respuesta a escala mundial frente a la crisis de la Covid 19 debe sustituirse por acciones específicas que permitan brindar asistencia a los países que gocen de menor espacio fiscal, en particular mediante la adopción de medidas multilaterales encaminadas a facilitar la financiación y el pago de deuda.

Los debates estériles, una absurdidad dialéctica

Es obvio que la preocupación de la OIT, por advertir sobre las consecuencias nefastas de una determinada realidad no es nuevo. Pero son lo que son, recomendaciones. En realidad el debate se sitúa en otro escenario, entre los partidarios del capitalismo que atribuyen la crisis a la mala gestión de banqueros, gobiernos, empresas, o el Covid 19 el cual piensan superar, a cualquier costo y por el otro los opuestos al capitalismo, que vinculan la crisis a su existencia misma.

El sistema capitalista es caótico, y en su seno conlleva una crisis tras otra, que a su vez sólo aparece a los ojos comunes en el instante en que la gran burguesía empieza a hallar dificultades de rentabilidad y por consecuencia se ahonda la contracara natural de la inmensa riqueza que se genera en el sistema, que en el fondo no es otra que las hambrunas, miserias, precariedad y violencia desquiciante.

El mencionado funeral del capitalismo no puede ser otra cosa que el fin de una época, puesto que lo fracasado no es un orden de desarrollo económico o social sino el fin del desarrollo de un orden conocido. Por ello, toda respuesta o sugerencia a la situación por venir al interior del sistema adquiere caracteres absurdos. Encubrir la crisis, y hacerla ver como un episodio externo al sistema es un éxito de los economistas de la burguesía.

Entre sus defensores hay quienes piensan que es la última de las crisis cíclicas del moderno sistema de explotación, que acabará venciéndola y que incluso lo fortalecerá, no obstante, su extrema gravedad, como en 1929, con una refundación del capitalismo para salvarlo de su sepultura.

Otros sostienen que es la crisis integral y final de ese sistema y que el único modo de salir de ella es establecer el modo de producción, no capitalista de desarrollo. Una visión optimista de quienes piensan que este hundimiento del sistema , este fracaso sistémico, acabará con el capitalismo como por arte de magia: se haría pedazos no tanto por una presión subversiva o revolucionaria sino como resultado de la fractura de su propio organismo.

La crisis del capitalismo es integral por abarcar las crisis financiera, la real cíclica, la energética, la del sector alimentario, la ecológica, la de la agresiva política exterior imperialista, la ideológica, la moral, de gobernabilidad, la del consumismo desenfrenado, la de su conomía política, que mezcla neoliberalismo y recetas de Keynes, antes desechadas. Desde que estas crisis se hicieron una sola, querer examinarlas por separado es el más grave error.

El sistema está diseñado para la acumulación de capital, no para la satisfacción de las necesidades de quienes trabajan. La ganancia es el único motor de la actividad económica, por ello al burgués con virus o sin él, le es indiferente invertir en medicinas, drogas o tráfico de seres humanos; es un negocio como cualquier otro.

El proceso de competencia va ahogando a millones de empresas, concentrando y centralizando la producción para aprovechar economías a escala. Esa es la única forma de fructificar los recursos técnicos para aumentar los beneficios, abaratar los salarios e incrementar la tasa de ganancia.

La realidad nos muestra que a medida que se desarrolla el sistema, agudiza todas sus contradicciones y se muestra más reaccionario y salvaje.

El empleo, especie en vías de extinción en el mundo de las promesas

Antes de la pandemia, la comunidad internacional ya se había comprometido a realizar transformaciones de gran alcance en los procesos de desarrollo a escala mundial. Y también en el mundo del trabajo, a través de la adopción de la Agenda 2030 de Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible y la Declaración del Centenario de la OIT sobre el futuro del trabajo, respectivamente.

Mientras tanto, la realidad, nos enseña que los trabajadores son echados a la calle por millones, las empresas quiebran por miles, la inflación se dispara y hace imposible la subsistencia. La burguesía con sus órganos propagandísticos se dedica a explicitar subidas y bajadas de la bolsa de valores, lo que muestra la imbecilidad y mistificación ilimitada de ese «análisis».

Tras la superación de la pandemia, en el mundo habrá un mayor nivel de desempleo, desigualdad, pobreza, deuda y frustración política. Ante ello, no queda más que develar la gravedad de la crisis, porqué nos afecta profundamente, entender que no existen salidas capitalistas a la misma.

Y que tampoco hay retorno a la socialdemocracia populista, para salvar un sistema que hace aguas en las crisis ecológicas, energéticas, éticas, alimenticia, cultural, que juntas se arrullan en el cuadro sistémico de la crisis.

Pero por más que le pese a los organismos internacionales plenos de buenas intenciones, no es ni será la burguesía -clase social portadora de la acción de valorización del capital- la que, en su dinámica de acumulación y reproducción de riquezas, favorezca la apertura y creación de espacios.

Por el contrario, frente a las demandas de las clases más oprimidas siempre se ha respondido con violencia y represión. La paradoja es que sin horizonte revolucionario, ¿quien detiene la marcha del capitalismo?.

Por Eduardo Camín | 16/07/2020 |

Periodista uruguayo acreditado en ONU-Ginebra. Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

Fuente: http://estrategia.la/2020/07/15/el-capitalismo-acomoda-sus-peones-ante-la-crisis-sistemica-y-del-trabajo/

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Lunes, 13 Julio 2020 06:23

Deudas exóticas

Deudas exóticas

Se divulgó que entre 2015 y 2019 se emitieron bonos de deuda respaldados por las ganancias de compañías asociadas con los poderosos grupos que conforman la mafia italiana de ´Ndrangheta, que opera en Calabria.

Esos bonos, que superarían un valor de mil millones de euros, fueron comprados por grandes bancos y otras empresas financieras para colocarlos entre sus clientes en el mercado internacional. Entre los inversionistas que los adquirieron hay fondos de pensiones, fondos de coberturas y oficinas que gestionan los bienes de familias con grandes patrimonios (se conocen como family office).

Según el reportaje del Financial Times (julio 7, 2020), se trata de una demanda creciente por lo que denomina "deudas exóticas", creadas para ganar altos rendimientos, en una situación en que las tasas de interés se han mantenido inusualmente bajas en los principales mercados financieros. Este eufemismo sobre la extravagancia en las inversiones tendría que llamarse prosaicamente como especulación y, en muchos casos, estafa.

Hay distintos mecanismos para crear este tipo de bonos y otros instrumentos. De esto trata una parte relevante del área del negocio del dinero dedicado a la ingeniería financiera. En este caso se constituían con base en facturas no pagadas de entidades del sistema de salud italiano emitidas por empresas de servicios médicos, parte de la fachada de los negocios de aquella mafia. Las cuentas por cobrar eran un respaldo de los bonos.

Este tipo de instrumentos "exóticos" estuvieron en la base de la crisis financiera de 2008 asociada con el vertiginoso aumento de las hipotecas chatarra que finalmente se convertían, por ejemplo, en base de los certificados de deuda colaterizada, término que por sí mismo indica la nebulosidad reinante.

En esos múltiples CDC acabó por no saberse qué activos los respaldaban y, menos aún, cuál era su calidad; en buena parte era basura financiera. La situación fue tan especulativa que los mismos emisores y otros fondos acabaron por apostar a que esos títulos no serían pagados. Así se hicieron pingües ganancias y también se reforzaron las bases de un entorno financiero cada vez más distanciado de las inversiones productivas.

Es como el juego de las sillas. Cada vez que para la música, hay menos lugar dónde sentarse. Unos pocos se llevan el pozo acumulado y otros muchos salen del juego en mala forma, sin siquiera saber que participaban en él.

El exotismo en las inversiones puramente financieras, en aras de un alto rendimiento esperado, es parte de lo que se conoce como "inversiones desnudas". Responden a un motivo expreso, una alta ganancia en el corto plazo, sin importar la materialidad del uso de ese dinero.

La especulación desnuda tiene, por ello, un efecto muy adverso sobre el crecimiento económico y es un elemento clave de la mayor concentración de la riqueza. Una de las expresiones de este fenómeno es que aparece, paradójicamente, como un exceso de ahorro, que se mantiene en un circuito ajeno a la producción, amplía el desempleo, reduce los ingresos de las familias y provoca una insuficiencia del gasto agregado en inversión y consumo tanto del sector privado como del gobierno.

Mientras más capital se destina a la especulación, a la acumulación de deudas de gobiernos y grandes corporaciones, la situación se presenta como una insuficiencia de proyectos de inversión productiva suficientemente rentable y, eso, en medio de la mayor fragilidad social en general.

No hay empleo más costoso que el que no se crea. Ese incentivo es el que se ha perdido, con muy serias consecuencias. El entorno es el de una exacerbada pérdida de bienestar de grupos cada vez más grandes de la población a escala global. La austeridad fiscal, el control monetario, las fluctuaciones cambiarias, las guerras comerciales, la permisividad en los mercados de dinero y de capitales ahondan el entono recesivo y éste, a su vez, la desigualdad. El círculo perverso se cierra.

En plena pandemia se pone de manifiesto, aun de modo más evidente, el carácter del fenómeno recesivo: la insuficiencia crónica de la demanda que ahora se suma a la caída de la producción, ocurren mientras crecen los precios de las acciones en Wall Street, en medio de una fuerte volatilidad que estimula un mayor comportamiento especulativo, sin que esos fondos financien la producción.

Son las condiciones negativas que crean la desigual distribución de los recursos, ingresos y la riqueza las que definen, finalmente, las distorsiones que se advierten; sus efectos se retroalimentan en la forma de crisis económicas y financieras de mayor profundidad, en las que el bienestar social queda como un residuo cada vez más insuficiente y que crea mayor precariedad.

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La productividad industrial en América Latina es un quinto de la de Estados Unidos.  ________________________________________ Imagen: NA

Informe de CEPAL sobre el sector manufacturero en América Latina

El 92 por ciento de las ramas de mayor contenido tecnológico de la región están enfrentando una crisis fuerte y/o significativa.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) advierte que la crisis causada por el coronavirus en la estructura productiva y empresarial de los países de la región puede profundizar dificultades que se vienen gestando desde hace décadas.

La pandemia atacó a una América Latina con empresas cuya productividad llegó a ser, entre 1999 y 2018, de apenas un quinto que aquellas que funcionan en Estados Unidos. Los resultados de actividad productiva en estos meses permiten concluir que, si bien la industria en su conjunto sufre un impacto significativo,  para una parte importante de los sectores intensivos en tecnología y de los intensivos en trabajo la situación es aún peor. 

En particular, el 92 por ciento de las ramas industriales de mayor contenido tecnológico están enfrentando una crisis que puede ser considerada entre fuerte y significativa. "Estas ramas reúnen las actividades más intensivas en aprendizaje e innovación, que son fundamentales para el proceso de diversificación e incorporación de mayor valor agregado necesario para cerrar las brechas de productividad e ingresar a una senda de crecimiento sostenible de largo plazo", explica el  informe.

El impacto sobre la estructura industrial ya se puede observar en algunos países, al analizar el desempeño del primer cuatrimestre de 2020 comparado con el del mismo período de 2019. Los datos de Argentina resuenan familiares: la producción industrial se desplomó, y los sectores más afectados son el de automóviles y autopartes, asi como también algunos sectores intensivos en trabajo como textil, prendas y calzado.  

En los países de la región sucede algo similar Brasil exhibió una caída mayor al promedio en el rubro autos y autopartes (-31,1 por ciento) y “otros equipos de transporte” (-30,7 por ciento), que incluye la industria aeroespacial. En México y Colombia, los sectores más afectados fueron cuero y calzado. 

En general, el sector de alimentos creció en los países estudiados. En este escenario, "si no se implementan políticas adecuadas para fortalecer esas ramas productivas, existe una elevada probabilidad de que se genere un cambio estructural regresivo que conduciría a la reprimarización de las economías de la región", advierte el informe. 

Cepal identificó que los sectores fuertemente afectados por la crisis son el turismo, industrias culturales, comercio, reparación de bienes, hoteles y restaurantes, transporte, moda y automóviles.  El informe estima que un 34,2 por ciento del empleo formal y un 24,6 por ciento del PBI de la región corresponden a los sectores fuertemente afectados. Del otro lado, los sectores en los que la crisis impactó o impactará de manera moderada son agricultura, producción de alimentos, insumo y equipamiento médico, medicamentos, telecomunicaciones y envases.

La Cepal hizo un análisis de las medidas para mitigar los efectos de la pandemia: en 23 países de la región se adoptaron 91 medidas en las que se enfatiza la pertenencia a un sector para acceder a los beneficios. La mayor cantidad se dirigieron al turismo y las mipymes agropecuarias y de alimentación. 

En América del Sur se prefirió extender las facilidades para el acceso al crédito de los sectores más afectados. En Centroamérica, se adoptaron medidas de ayuda directa enfocadas en el turismo, la actividad agropecuaria y la alimentación, mientras que en México se ampliaron los presupuestos a programas ya existentes ligados a la agricultura, cultura y las artes. 

Dada que la recuperación será más lenta y gradual de lo inicialmente esperado y, pese a los programas puestos en marcha por los gobiernos, es esperable un alto nivel de destrucción de empresas y empleos. Ante esta situación la Cepal propone tres conjuntos de medidas: 

- Ampliar los plazos y los alcances de las líneas de intervención en materia de liquidez y financiamiento para las empresas, ya sea a traves de la postergación o cancelación de pagos de impuestos o imposiciones previsionales por lo menos hasta finales de 2020; la suspensión del pago de los servicios de luz, agua, gas y telecomunicaciones, sin multas ni corte de servicios, hasta finales de 2020; la flexibilización y mejora de las condiciones de crédito con períodos de gracia de por lo menos un año y plazos de cinco años o más. 

- Reforzar las transferencias directas a las empresas para evitar la destrucción de capacidades. 

- Apoyar a las grandes empresas de sectores estratégicos que resulten gravemente afectadas por la crisis, que representan el 39 por ciento del empleo formal y más del 90 por ciento de las exportaciones.

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Apremia la ONU a cambiar modelo de desarrollo en AL

A finales de año 230 millones de personas en la región serán pobres

 

La desigualdad en América Latina se ha vuelto insostenible; por ello es necesario abordar los problemas estructurales y transformar el modelo de desarrollo en la región, explicó António Guterres, secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

"Ello supone desarrollar sistemas integrales de bienestar social accesibles para todas las personas; implica crear sistemas tributarios más justos, promover la creación de empleos decentes, fortalecer la sostenibilidad ambiental y reforzar los mecanismos de protección social", pronunció, a propósito de la publicación El impacto de Covid-19 en América Latina y el Caribe.

El documento estima que la contracción en la actividad económica de la región –ahora epicentro de la crisis sanitaria– será de 9.1 por ciento en 2020. Ello se traduce en que a finales de año 230 millones de personas serán pobres, uno de cada tres habitantes de América Latina, y que 96 millones no tendrán ingresos suficientes para comida.

En el caso de México, la ONU estima que 50.3 por ciento de la población se encontrará en pobreza y 18.2 por ciento en pobreza extrema a finales de 2020, ambos por encima de los promedios de América Latina, que son de 37.2 y 15.5 por ciento, respectivamente.

La desigualdad aumentará 4.7 por ciento en la región, particularmente en Brasil y México, donde alcanzará hasta 5 por ciento, explicó aparte Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

En el caso del desempleo se estima que alcance una tasa de 13.5 por ciento que representa a 44 millones de latinoamericanos. Todos estos factores harán que la región pase por la crisis más profunda en 100 años.

Necesario, apoyo internacional

En este contexto, Guterres señaló que "la situación requiere urgentemente un mayor apoyo internacional" para los países de esta región. "No deben quedar excluidos de la asistencia mundial".

A excepción de Haití, los países de América Latina se consideran de ingresos medios. De hecho 77 por ciento de las personas en la región se consideran de ingreso medio, pero no tienen capacidad de ahorro, es una condición muy frágil y que en muchas ocasiones está sostenido en el endeudamiento de los hogares, explicó la secretaria ejecutiva.

Bárcena subrayó, además, que la región trae a cuestas limitaciones de balanza de pago, crisis cambiarias y alta informalidad, todos problemas que se suman a la crisis del coronavirus, por lo que serán necesarias condiciones favorables de financiamiento, exenciones, aplazamiento de pagos por servicio de la deuda y ampliar la asignación de derechos especiales de giro del Fondo Monetario Internacional.

"Nuestra región tiene interés político de invertir, pero no necesariamente tiene espacio fiscal necesario. Eso hace que tenga problemas de liquidez muy pronto y por tanto una respuesta multilateral y de las organizaciones financieras internacionales será necesaria, porque nuestros países, por ser considerados de ingreso medio, no son a veces incluidos en esta medida multilateral que ha tomado el G-20 para países de ingreso bajo", detalló.

De vuelta a los cambios estructurales y de modelo de desarrollo que son necesarios en América Latina, Guterres subrayó que también implican una mayor integración económica regional y supone que las mujeres participen plenamente y en condiciones seguras en la vida pública y económica.

También se debe reforzar la gobernanza democrática, la protección de los derechos humanos y el estado de derecho, dado que la ciudadanía se siente excluida, así como la rendición de cuentas y la transparencia que "son fundamentales".

Primero que todo, se debe "hacer más" por reducir la pobreza, la inseguridad alimentaria y la malnutrición, priorizar la educación a distancia, dar continuidad a los servicios dedicados a la infancia y enfocar apoyos a los grupos más vulnerables: las mujeres y los indígenas.

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La Cepal cifra en 325.000 millones de dólares la evasión fiscal en América Latina

El incumplimiento tributario alcanza el 6,1% del PIB en un momento en el que los erarios de la región más recursos necesitan para hacer frente a la crisis derivada de la pandemia

 

Las arcas públicas latinoamericanas llevan décadas ingresando menos de lo que necesitarían para cerrar las brechas sociales y económicas históricamente abiertas en la región. Pero el zarpazo económico derivado de la crisis sanitaria ha empeorado aún más las cosas: las necesidades se multiplican y, con un fondo de caja menor que en Europa y Estados Unidos, la respuesta contracíclica se complica. Ese es el cuadro general que pinta este lunes la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en su panorama anual sobre la situación fiscal del subcontinente, que cifra en 325.000 millones de dólares el dinero que se evade cada año a los fiscos latinoamericanos, el equivalente al 6,1% del PIB. “Es una de las principales barreras para una mayor movilización de recursos internos en la región es el elevado nivel de evasión fiscal”, constatan los técnicos del organismo.

Las últimas cifras disponibles, de 2018, apuntan a los gravámenes que pagan las empresas sobre sus beneficios (el conocido como impuesto sobre la renta corporativa o de sociedades) y a los tributos que abonan las personas físicas por sus ingresos como la principal fuente de evasión: el 3,8% del PIB. El IVA es la segunda, con alrededor del 2,3% del PIB. “Las pérdidas recaudatorias representan un desafío importante desde el punto de vista de la capacidad de reacción de la política fiscal ante choques macroeconómicos y de la movilización de recursos nacionales para el financiamiento del desarrollo sostenible”, escriben los economistas del ente con sede en Santiago de Chile.

El brazo de Naciones Unidas para el desarrollo económico de la región ve “alentadores” los “avances” registrados en los últimos años en el combate contra la evasión, pero sitúa esta lacra como “uno de los principales obstáculos que afectan a las finanzas públicas y, por ende, al proceso de desarrollo”. Y llama a un mayor rigor analítico para saber, con mayor nitidez, el tamaño del problema que enfrenta cada uno de los países de la región, donde la difusión de los resultados “ha enfrentado resistencias recurrentes y sigue siendo tarea pendiente”. Resulta, remarca, “difícil encontrar información sistemática sobre las evidencias acerca de su magnitud”.

Financiación para hacer frente a la crisis

En plena pandemia —“la mayor crisis sanitaria, humanitaria, económica y social que la región haya enfrentado en el último siglo”— la Cepal ve “clave” movilizar más recursos públicos para hacer frente tanto a las consecuencias sanitarias como al parón económico derivado de los confinamientos, tan necesarios para frenar la expansión del coronavirus como dañinos para el desempeño económico. Hasta ahora, la respuesta fiscal ha sido importante pero mucho menor que en las economías más maduras: la media de América Latina lleva gastado hasta ahora poco más del 3% de su PIB, más de cinco veces menos de lo desembolsado (entre estímulos y avales) por algunos países europeos para garantizar el sustento a quienes se han quedado sin ingresos y asegurar que el tejido productivo sobrevive a la tormenta. Las diferencias intrarregionales son, sin embargo, notables: Chile lidera la tabla de grandes países por paquetes de estímulos con el 5,7% seguido por Perú (4,8%) y Brasil (4,6%), mientras México (1,1%) y Colombia (1,7%) quedan a la cola, con una respuesta mucho más timorata ante un reto que marcará a toda a una generación.

Cerrar la vía de agua que suponen la elusión y la evasión tributaria es un imperativo desde ya. Pero en el muy corto plazo, el dinero para los planes contracíclicos tendrá que salir de otro sitio. “El financiamiento de los paquetes de medidas actuales y los que probablemente se requieran en el mediano plazo precisará de un mayor acceso a fuentes de financiamiento en condiciones adecuadas”, subraya la Cepal. A diferencia de en grandes crisis anteriores, esta vez los principales países de la región no han dejado de tener acceso a los mercados en ningún momento de la pandemia, un punto clave para que las arcas públicas latinoamericanas hayan sido capaces de levantar fondos para sus, con todo, muy limitados planes para hacer frente a una recesión bíblica.

Pero los problemas estructurales siguen ahí. En 2019, el último año precoronavirus, la debilidad económica regional contrajo aún más los ya de por sí bajos niveles de recaudación de la región. Y, ampliando algo más el foco, la tónica general sigue siendo la misma: lejos de aumentar los ingresos, las Haciendas latinoamericanas llevan una década con las entradas de caja prácticamente estancadas en el entorno del 18% del PIB, muy por debajo de la media de las economías avanzadas: atrás quedan ya las reformas fiscales en varios países del área para tratar de ganar músculo fiscal. Los técnicos del organismo ponen el foco sobre la tributación directa, “excepcionalmente débil”, con una “baja recaudación del impuesto sobre la renta y de los impuestos sobre la propiedad que no solo limitan la generación de ingresos, sino también el poder redistributivo del sistema tributario en su conjunto”. Es el mayor reto tributario que deberá afrontar el subcontinente cuando las aguas sanitarias bajen algo más calmadas.

Por IGNACIO FARIZA

Madrid - 06 JUL 2020 - 22:14 COT

Publicado enEconomía