Gravar riqueza es ruta contra la crisis que desató el virus

No hay lugar para la austeridad como medida para combatir la crisis causada por el Covid-19. En vez de esa salida, para atenuar la caída de los ingresos, se necesitan esquemas fiscales sin beneficios para las grandes empresas, incluidas las tecnológicas, e impuestos progresivos a la riqueza, expusieron ayer integrantes de la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional (Icrict, por sus siglas en inglés).

En videoconferencia, Jayati Ghosh, Joseph Stiglitz, José Antonio Ocampo y Thomas Piketty, miembros de esa comisión, recalcaron que los incentivos fiscales a empresas son regresivos y no han mostrado ser vehículo para atraer la inversión. Así, de cara a la recuperación, propusieron fijar impuestos a los servicios digitales y gravar los "beneficios extraordinarios" en los "sectores oligopolizados".

Además, imponer 25 por ciento de tasa mínima efectiva de impuesto a las compañías, que las beneficiarias del Estado reporten la principal información financiera y tributaria en cada país en el que operan y establecer bases de datos mundiales sobre la riqueza offshore.

Respecto a México, Ocampo, presidente del Icrict y ex secretario ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, subrayó que el país arrastra “uno de los peores casos de la región en gestión de la crisis actual (…) No hay argumento para la austeridad en las condiciones de hoy día. Necesitamos más gasto para los más pobres y vulnerables, dado que ellos terminan sin ingresos”.

Jayati Ghosh, economista especializada en desarrollo, sostuvo que reducir el gasto de gobierno acarreará "riesgos horribles" para la actividad económica y el empleo en los países en desarrollo. No obstante, ese tipo de medidas en tiempos de crisis hacen más lejanas las recuperaciones, completó Stiglitz, Premio Nobel de Economía 2001.

"Ahora no es el momento para la austeridad (...) Si quieren que la recuperación dure 10 años, pongan medidas de ese tipo", expresó el investigador. Añadió que una de las causas de que la Gran Depresión se extendiera 10 años fue la política de recorte al gasto que realizó el presidente estadunidense Herbert Hoover.

Thomas Piketty, investigador y autor de El capital en el siglo XXI, recalcó que no sólo es necesario garantizar el pago de impuestos de las empresas, que hasta ahora se han basado en concesiones inmorales, sino fijar un sistema progresivo a los ingresos y patrimonio de las personas.

“El impuesto de sociedades mínimo de 25 por ciento es bueno y útil, pero como parte de algo más grande (…) Tenemos una crisis sin precedente ahora y un sistema fiscal más equitativo tiene que ser parte de la solución”, aseveró.

El sistema fiscal era regresivo antes de la crisis, por el trato a las grandes tecnológicas, por las prácticas de las trasnacionales de mudar sus ganancias a paraísos fiscales y porque los propios esquemas tributarios implican que las pequeñas y medianas compañías paguen más que los corporativos.

De hecho, explicó Stiglitz, es necesario fiscalizar a las grandes ganadoras de esta crisis, las tecnológicas, porque la magnitud de recursos que se necesitan en la coyuntura actual y el riesgo de no gravar lo suficiente es 100 veces mayor que en 2008 y 2009, cuando ocurrió la crisis financiera mundial. Volver a un "sistema injusto dañará la recuperación".

Publicado enEconomía
Por una condonación de la deuda pública externa de América latina

Documento de un grupo de investigadores de diferentes países*

 

De autoría colectiva, el texto señala que la deuda externa es una fuente perpetua de extracción de excedentes de las economías de América latina, sobre la base una deuda impagable. Apunta que resolver esto demanda la condonación inmediata de dicha deuda. Y propone que ha llegado el momento de transformar el sistema de que las deudas se pagan con nuevas deudas y, además, los intereses se agregan, con lo que la deuda total crece sin más límite hasta hacerla impagable. 

 

  1. El crecimiento económico como política y el endeudamiento como adicción.

La globalización neoliberal encumbró la “sociedad del crecimiento”. El crecimiento se convirtió en la política central que supuestamente sostendría el consumo, la inversión, el empleo y el bienestar social.

El pretendido crecimiento ad infinitum resultó tener “efectos colaterales” (humanos y ecológicos), pero se asumió que el libre mercado y el desarrollo tecnológico lograrían contrarrestarlos. Y si no lograban solucionarlos, entonces no habría solución alguna: el progreso demanda “sacrificios”.

La teoría económica neoliberal dio un viraje de 180 grados: el “ahorro de hoy” dejo de ser la fuente para el consumo y la inversión “de mañana” (tesis keynesiana). El consumo por el consumo (consumismo) se convirtió en el motor del crecimiento, y la inversión productiva perdió el sentido de incrementar la “capacidad productiva” para considerarse casi exclusivamente en términos de su rentabilidad de corto plazo. Entre 1970 y 2007 se impusieron el capitalismo de casino y la financiarización, dominando la economía real. La crisis del 2008 fue interpretada como un tropezón normal en el frenesí de “exuberancia irracional”.

El consumismo desenfrenado y la inversión financiera se apuntalaron fuertemente en el crédito: a los hogares, empresas y Estados; desmantelando, además, las políticas del Estado de bienestar. Se generó una dependencia adictiva entre el crecimiento económico (la acumulación de capital) y el endeudamiento sin límite.

  1. El pago de la deuda como genocidio.

El capitalismo se fundamenta en el crecimiento económico, y como ya no puede hacerlo con saltos de productividad, se alimenta de nuevas “acumulaciones originarias” y de un endeudamiento tóxico que conduce a deudas perpetuas e impagables. Después del estallido de la crisis de la deuda en los años ochenta, podría esperarse que la situación de la región mejorara en el mediano plazo, pero se ha agravado. La deuda externa se duplicó hacia 1990, y para 2019 había crecido 10 veces, superando los 2,0 billones de dólares, con un pago de intereses que sumó un poco más de 1,1 billones de dólares. En realidad, todo el aumento de la deuda hasta 2010 ha sido resultado de pagos de intereses. El ingreso neto por nuevos créditos externos fue nulo hasta 2010. El pago de intereses corresponde a un dinero jamás entregado, se trata de una brutal usura. Hasta 2018, el 60 por ciento del aumento de la deuda externa lo constituyó la capitalización de intereses, los que se “pagaron” con nueva deuda, que seguirá exigiendo pago de intereses por recursos financieros que nunca han servido a los países de América Latina.

Esta situación es extensiva a la deuda pública: en los próximos cinco años el 32 por ciento del servicio de la deuda correspondería a pagos de intereses, lo que se agrava con la Pandemia de la Covid-19. La deuda externa es una fuente perpetua de extracción de excedentes de las economías de América Latina, sobre la base una deuda impagable. Resolver esto demanda la condonación inmediata de dicha deuda.

Este terrible año hay que pagar la deuda, tanto su capital como los intereses. Este pago en muchas sociedades, en especial las de América latina, impide atender demandas sociales en salud, educación, protección social, cultura y demás servicios sociales y de protección del ambiente. El pago del capital y los intereses es la primera prioridad del presupuesto nacional, aunque miles o millones de ciudadanos no logren satisfacer sus necesidades básicas. La pandemia de la Covid-19 ha puesto al desnudo este genocidio económico-social.

  1. Las crisis de deuda y su papel como estrategias de sometimiento.

El endeudamiento es un gran negocio de los bancos y las empresas transnacionales, especialmente cuando las deudas se vuelven impagables. El país que no pueda pagar tendrá que ceder su soberanía, sus recursos naturales más valiosos y sus empresas públicas. Este pillaje incluso se hace calculadamente para que el país endeudado pueda seguir pagando, y cada tiempo se renegocia la deuda y hasta se permiten condonaciones parciales de intereses.

El endeudamiento externo hizo posible someter a toda América latina durante la crisis de la deuda de los años 80 del siglo pasado, transformándola en un proceso de expropiación bajo el eufemismo de los “ajustes estructurales”.

  1. El Acuerdo de Londres de 1953.

El Tratado de Versalles (1919) fue un ejemplo de la ceguera de la “voluntad de poder”. Los ganadores de la I Guerra Mundial impusieron a Alemania costos de guerra a todas luces impagables. El tratamiento de la deuda alemana y el de otras naciones europeas después de la II Guerra fue muy diferente. Empezaba la guerra fría y las medidas para “salvar el sistema” incluyeron la eliminación de la mayor parte del pago de las deudas alemanas con el resto de Europa occidental y otros países aliados, Grecia incluida, además del Plan Marshall y la concesión de nuevos créditos sin intereses.

Ante los efectos económicos y sociales devastadores a causa de la pandemia de la Covid-19, el FMI se niega a discutir una posibilidad semejante, y sólo considera condonaciones parciales o posposición de pagos de intereses para los países más pobres y endeudados. Quieren repetir el Tratado de Versalles, solo que ahora con los “perdedores” (víctimas) de la globalización.

  1. El Fondo Monetario Internacional: la aparente paradoja de la condonación de las deudas. ¿Se debe pagar, aunque no se pueda pagar?

Desde el estallido de la crisis latinoamericana de la deuda en 1982, han sido múltiples los llamados a la condonación total de la deuda. La negativa del FMI y del Banco Mundial se respalda en la “responsabilidad de los deudores”, de gobiernos que irresponsablemente incurrieron en esa deuda. Según este argumento, ni siquiera la incapacidad de pago justifica la condonación de las deudas. El deudor es culpable de su incapacidad y el acreedor es exonerado de no anticipar que el deudor no podía pagar. Pero el argumento se desmorona cuando cualquier auditoria de la deuda muestra el pillaje del acreedor o la corrupción de los gobiernos de turno.

Entonces el FMI y el BM recurren a otro argumento: “la ley y el orden” de los mercados financieros y la continuidad de los préstamos en el futuro. La condonación de la deuda lesionaría la capacidad de las instituciones de crédito de seguir prestando y socavaría la confianza en el sistema financiero. Tal argumento es indefendible, cuando gobiernos y bancos centrales de los países ricos compran billones de dólares en valores o sencillamente emiten billones en monedas duras para salvar de la quiebra a bancos, empresas y mercados de valores, acrecentando la desigualdad y la injusticia.

  1. Por una condonación de la deuda pública externa de América Latina.

Cuando las deudas, supuestamente, se pagan con nuevas deudas y, además, los intereses se agregan, la deuda total crece sin más límite que el impuesto por la progresión del interés compuesto. Ha llegado el momento de transformar el sistema.

La crisis en curso ha ratificado que el futuro de la humanidad está en riesgo. Tenemos una oportunidad para corregir situaciones que muestran tendencias catastróficas. Recuperar la solidaridad como un valor global permitirá poner en el centro valores sociales fundamentales que la globalización neoliberal ha relegado o incluso aplastado.

La reconstrucción de las relaciones humanas, en la perspectiva de la vida y el bien común, exige cambios radicales: en nuestro metabolismo social, en las relaciones laborales, en la división sexual del trabajo, en los servicios básicos para toda la población, en los sistemas tributarios, en la propiedad intelectual y la cultura, en el dinero y las finanzas, en los organismos financieros internacionales, en la cooperación entre las Naciones. Una Condonación Mundial de la Deuda Externa Pública sería sólo un primer paso, pero uno que puede cimentar la construcción de un futuro mejor para todas y todos, pero especialmente, para las víctimas del capitalismo neoliberal, colonial y financiarizado.

* Este artículo fue publicado por Franz Hinkelammert (Alemania-Costa Rica) , Orlando Delgado (México), Yamandú Acosta (Uruguay), Henry Mora (Costa Rica), William Hughes (Panamá) y Jorge Zúñiga M. (México), este martes 16 de junio en forma coordinada en diferentes medios gráficos de América latina.

Publicado enEconomía
La canciller alemana, Angela Merkel, con una maqueta de un A380, en la sede de Lufthansa el 18 de noviembre de 2015.

Compañías como Lufthansa y el grupo turístico TUI han anunciado despidos de miles de trabajadores tras recibir ayudas públicas millonarias. "Un consorcio que en este tiempo recibe miles de millones de euros del estado como apoyo tiene ante la sociedad una responsabilidad social", ha recordado el sindicato Ver.di

 

La crisis económica que han generado las medidas para hacer frente al SARS-CoV-2, el virus de la COVID-19, será la peor que se recuerda en generaciones. Esto parece estar fuera de toda duda. Sí parece más cuestionable, sin embargo, el comportamiento de algunas grandes empresas que, en Alemania, han recibido ayudas por valor de miles de millones de euros y que, pese a ello, ahora quieren despedir a miles de empleados.

Alemania pasa por ser uno de los países que primero se ha movido para proteger su tejido empresarial. La semana pasada se planteaban a las empresas ayudas en forma de rebajas fiscales, algo que se suma a los miles de millones en ayudas o créditos garantizados por el estado que ya han recibido grandes y pequeñas compañías necesitadas de liquidez en pleno parón económico por culpa del coronavirus.

Se asume, por tanto, que el Gobierno de 'gran coalición' de la canciller Angela Merkel ha actuado rápido. Sin embargo, parece que, con la celeridad, se han dejado lagunas. Una cuestión fundamental que genera debate ahora mismo es la de mantener puestos de trabajo en empresas que han recibido ayudas multimillonarias.

De esto son claros ejemplos la compañía aérea Lufthansa y el grupo turístico TUI. Ambas son empresas acostumbradas a mover volúmenes de negocio de miles de millones de euros. Pero la crisis del coronavirus les ha golpeado de lleno.

Frente al coronavirus, la aerolínea germana, la mayor de Europa, ha recibido ayudas por valor de 9.000 millones de euros. Esa ayuda ha supuesto la entrada del estado en el capital de la empresa, pero eso no es garantía para mantener empleos a salvo en un consorcio con algo más de de 138.000 trabajadores. De hecho, esta semana  la compañía ha anunciado que pretende realizar despidos masivos. Hasta 22.000 empleos están ahora en entredicho.

"Sin una reducción significativa de los costes de personal durante la crisis corremos el riesgo de perder la oportunidad de recomenzar bien tras la crisis y de que el Grupo Lufthansa salga claramente debilitado de la crisis", justifican desde la compañía aérea. Pero habiendo dinero público de por medio, un salvamento de Lufthansa en el que miles de empleados acaben en la calle despierta críticas.

El Gobierno podría haberlo evitado

Bernd Riexinger, presidente de Die Linke, el partido más izquierdista de la oposición que hay en el Bundestag, ha señalado que los 9.000 millones de euros de dinero público inyectados en Lufthansa "no pueden ser un cheque en blanco para realizar despidos". "El Gobierno federal había tenido en su poder el evitar este escenario de antemano y haber garantizado la ayuda pública con garantías", según Riexinger. Por su parte, los sindicatos de los trabajadores de Lufthansa reprochan a la empresa estar utilizando las ayudas públicas para llevar a cabo despidos.

No es la primera vez que hay críticas a la actuación del Ejecutivo de Merkel ante grandes grupos empresariales tocados o casi hundidos que han salido rescatados en la pandemia. El grupo turístico TUI fue de las primeras grandes compañías en recibir ayudas multimillonarias para hacer frente al temporal levantado por la COVID-19. A principios de abril, hasta 1.800 millones de euros recibía esta empresa en forma de créditos garantizados por el estado a través del Instituto de Crédito para la Reconstrucción (KfW, por sus siglas alemanas), una entidad de titularidad pública. Poco después la empresa hizo público su deseo de deshacerse de 8.000 de sus cerca de 70.000 empleados.

En vista de esos planes, el salvamento de TUI levantó ampollas hasta en el sector más neoliberal alemán. Así, en el diario económico Handelsblatt hubo editoriales el pasado mes de mayo que señalaban en titulares que "las ayudas del estado para TUI fueron un error".

"El dinero [para salvar a TUI] habría sido suficiente para mantener a flote a las 10.000 agencias de viajes y sus 100.000 empleados", señalaban en este diario. En lugar de eso, salvar a TUI supone hacer un favor a grandes oligarcas, como el ruso "Alexei Mordashov, propietario de un cuarto de TUI", recordaban en ese periódico.

La COVID-19: dos crisis en una

En la empresa se defienden asegurando que la compañía "tiene que cambiar", según los términos de Friedrich Joussen, presidente de TUI. "No hemos recibido un regalo, sino deudas", según ha definido él los 1.800 millones de euros en créditos del KfW. En Ver.di, el principal sindicato del sector servicios, reclaman a la compañía "responsabilidad social".

"Un consorcio que en este tiempo recibe miles de millones de euros del estado como apoyo tiene ante la sociedad una responsabilidad social", han manifestado en Ver.di.

En realidad, la crisis del coronavirus ha puesto de manifiesto que son dos crisis en una. Una primera crisis se ha producido debido al parón. Junto a esta crisis hay otra de "adaptación" de las empresas que peor ha dejado la COVID-19.

"Hay empresas que están sufriendo una crisis de adaptación, que tiene hacerse más pequeñas y reducir costes. Por ejemplo, para Lufthansa, en el futuro habrá menos vuelos y ahora mismo la empresa está sobrecapacitada y tiene que reaccionar", dice a eldiario.es Hubertus Bardt, responsable en el Instituto de la Economía Alemana, un centro de estudios con sede en Colonia (oeste germano). A su entender, sin las ayudas recibidas, "Lufthansa no estaría ahí, ni siquiera los puestos de trabajo que se van a mantener".

Si bien Merkel y compañía han sido de los primeros – sino el primer Ejecutivo – en tomar iniciativas serias para ayudar a empresas y relanzar la economía frente a la crisis que ha supuesto el coronavirus, en Berlín no hay discurso ni medidas para paliar las traumáticas "adaptaciones" de Lufthansa o TUI. Al menos, de momento.

Por Aldo Mas

12/06/2020 - 21:40h

Publicado enEconomía
Sábado, 13 Junio 2020 06:22

Cuando un acto brutal ultraja a todos

Cuando un acto brutal ultraja a todos

El 8 de junio pasado, el National Bureau of Economic Research ‑‑la máxima autoridad académica del estudio de los ciclos de la economía de Estados Unidos‑‑ dictaminó que ese país entró en recesión en febrero de 2020, por primera vez desde 2009. Pero la noticia se difundió con gato encerrado: el New York Times, la agencia AP y otros medios agregaron que ello ocurrió por el cierre de la economía norteamericana debido a la pandemia del covid-19, lo cual es mentira. Esa falsedad insinúa que el problema no radica en un agotamiento estructural de la economía norteamericana, sino en esta fortuita plaga biológica.

No obstante, los analistas suelen considerar recesión al efecto de dos cuatrimestres consecutivos de contracción económica, lo que sitúa los orígenes de la crisis económica en el último período del año 2019, antes de que ese virus entrase en escena. Sin embargo, para ese entonces los reportes sobre la inminencia de una recesión en Estados Unidos ‑‑y en Europa‑‑ ya eran frecuentes en la prensa internacional. Y para los latinoamericanos la cuestión era aún más evidente, porque nuestras economías ya venían de mal en peor desde mucho antes.

Ese equívoco poco tiene de inocente. El primer enfermo por covid‑19 en Estados Unidos se anunció el 21 de enero de 2020 y fue un viajero que hacía poco había regresado de Wuhan al estado de Washington. Pero no fue sino hasta el 30 de enero y el 26 de febrero que los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) confirmaron el primer y segundo casos de pacientes sin exposición al virus por viajes o contacto con alguna persona infectada. Hasta esa fecha, los demás casos conocidos correspondían a individuos que recién habían visitado China. No fue sino al final de febrero, el día 29, cuando en el estado de Washington se dio la primera muerte por covid‑19 en Estados Unidos.[1]

Estadísticamente, la curva de los casos de enfermedad y de fallecimiento de víctimas de la pandemia en ese país permaneció baja hasta mediados de marzo, cuando se disparó, volviéndose muy alta en abril. Por lo tanto, no cabe atribuir al covid-19 una recesión comenzada en febrero. Porque esa contracción económica surgió antes y debido a causas endógenas. Lo cual no es una observación casual: señala que cuando la pandemia haya concluido las causas originales de la crisis económica aún seguirán activas, puesto que tienen otro origen. Para cuando ello pase no será fácil definir si eso corresponderá a la vieja o a una nueva “normalidad”.

Esto, obviamente, no implica que esta pandemia sea ajena al actual fenómeno. Al contrario, al expandirse ella enseguida aceleró la recesión, le imprimió insólita complejidad y agravó sus repercusiones. La suma de la recesión más la pandemia ‑‑con los efectos tanto de paralización de actividades como de alto riesgo de su reapertura‑‑ pronto implicó que la economía estadunidense retrocediese más aún, anticipando una caída adicional del PIB. La tasa de desempleo subió del 3.5% de enero a un 14.7% en marzo, la mayor registrada desde la Gan Depresión.

El Banco Mundial afirma que esta será la peor recesión desde la Segunda Guerra Mundial, ya que este año la economía estadunidense se contraerá un 6,1% y la de Zona del Euro un 9,1%, mientras que el crecimiento económico de China será un 1% más lento. Si bien el Banco espera que en 2021 la economía global pueda repuntar un 4.2%, la pandemia todavía será una amenaza para el mercado financiero y el comercio mundial. A su vez, la OCDE prevé una crisis mundial sin precedentes, con dos opciones: con o sin rebrotes al reiniciar actividades. Mientras, seguirá en la cuerda floja de la incertidumbre hasta tanto haya una vacuna al alcance de todos. Pero predice que el PIB mundial se contraerá un 7.5%, incluso si no hay rebrotes.

Anthony Fauci, el principal responsable científico de la lucha contra el covid‑19 en Estados Unidos, advirtió que ese país “aún está en el inicio” de la pandemia. Aunque esta sigue causando estragos, los estados de la Unión continúan sin contar con un criterio unificado ni siquiera para aumentar los testeos, indispensables para combatir la enfermedad. Es un virus nuevo, fácilmente transmitible, que además de afectar las vías respiratorias puede causar otros daños a los enfermos, y Fauci se reconoce sorprendido por “lo rápido que se extendió por el planeta”. Los expertos reiteran que la falta de una estrategia nacional ‑‑cosa que el presidente Trump está lejos de aportar‑‑ deja a los estadunidenses librados al azar.[

Pero no todos la pasan mal. Según un informe del Institute for Policy Studies y Americans fo Tax Fairness, entre mediados de marzo y mediados de mayo ‑‑durante la cuarentena parcial‑‑ los estadunidenses más ricos aumentaron sus fortunas en 434 mil millones de dólares. Aunque hay quien dice que el virus no discrimina entre clases y fronteras, al mismo tiempo 38.6 millones de trabajadores perdieron su empleo en Estados Unidos, y el nivel de insuficiencia alimentaria creció.

Como ha escrito el analista académico y ex secretario de Trabajo Robert Reich, “Todos estamos enfrentando la misma tormenta, pero no todos estamos en el mismo barco. La desigualdad económica en Estados Unidos ha producido dos pandemias muy diferentes: en una, los multimillonarios se están aislando en sus yates en el Caribe, y las familias ricas pueden pasar la cuarentena en mansiones multimillonarias. En el otro barco está la gente que arriesga la vida por su empleo y las personas sin ingresos que están pasando hambre”.

Más lacónico pero no menos elocuente fue el senador Bernie Sanders, quien comentó que “una nación no es sostenible cuando tan pocos tienen tanto mientras tantos tienen tan poco”.

En semejantes circunstancias cómo puede extrañar que el brutal asesinato de Geroge Floyd, como gota que derrama la copa, tras ultrajar a toda la sociedad, movilice a millones de mujeres y hombres blancos, latinos, indígenas, mestizos, capas medias, trabajadores, empleados precarios e intelectuales de todo color, junto a los negros, igualmente hartos de semejante régimen de extrema desigualdad y múltiples discriminaciones, que insiste en retornar a su “normalidad”, a la cual ‑‑crisis tras crisis‑‑ una y otra vez quiere volver.

Por Nils Castro

Intelectual panameño.

Publicado enEconomía
“El imperio estadounidense está implosionando”

Entrevista al profesor y activista afroamericano Cornel West

 

Cornel West, filósofo y activista por los derechos humanos y miembro de Socialistas Democráticos de América, dice: «…me gustaría establecer la conexión entre lo local y lo global, porque cuando se siembran las semillas de la avaricia: en la arena doméstica, desigualdad y, en la arena internacional, los tentáculos imperiales, con 800 unidades militares en el exterior, la violencia y AFRICOM en África, cuando se apoyan diversos regímenes, algunos dictatoriales en Asia, y todo lo demás. Hay una relación entre las semillas de la violencia que siembras fuera y también dentro».

Mientras miles de personas, de costa a costa, se han lanzado a las calles estos últimos días para protestar por el asesinato, sancionado por el Estado, de personas negras, el país se enfrenta a la mayor crisis de salud pública en generaciones y la tasa de desempleo es la más alta desde la Gran Depresión, el profesor Cornel West califica a Estados Unidos de “civilización capitalista depredadora obsesionada con el dinero, el dinero, el dinero”. West también establece conexiones entre la violencia estadounidense en el extranjero y dentro del país: “Hay una conexión entre las semillas que siembras de violencia externa e internamente”. Cornel West (Tulsa, 1953) es filósofo y activista por los derechos humanos y miembro de Socialistas Democráticos de América. Ha enseñado en la Universidad de Harvard y de Princeton. Su obra se centra en el estudio del papel de la raza, género y clase en la sociedad estadounidense. 

NERMEEN SHAIKH: Dr. Cornel West, ¿podría responder a lo que ha dicho la profesora Yamahtta Taylor? Estará lógicamente de acuerdo en que el asesinato de George Floyd ha sido un linchamiento. Usted también ha expresado que este asesinato y las manifestaciones que se han producido después demuestran que EE.UU. es un experimento social fallido. ¿Podría responder a eso y también a la manera en que el Estado y las fuerzas policiales han respondido a las manifestaciones, tras el asesinato de George Floyd, que ha sido llamar a la Guardia Nacional en tantas ciudades y estados del país?

CORNEL WEST: No cabe ninguna duda de que esta es la hora de la verdad para Estados Unidos. Pero lo que me gustaría es establecer la conexión entre lo local y lo global, porque cuando se siembran las semillas de la avaricia: en la arena doméstica, desigualdad y, en la arena internacional, los tentáculos imperiales, con 800 unidades militares en el exterior, la violencia y AFRICOM en África, cuando se apoyan diversos regímenes, algunos dictatoriales en Asia, y todo lo demás. Hay una relación entre las semillas de la violencia que siembras fuera y también dentro. Lo mismo puede decirse de las semillas del odio, del supremacismo blanco que odia a las personas negras, del odio antinegros, que tiene su propia dinámica en el contexto de una civilización capitalista depredadora que está obsesionada con el dinero, dinero, dinero, la dominación de los trabajadores, la marginalización de los que no encajan (hermanos gais, hermanas lesbianas, transexuales y demás). Esa es precisamente la relación de la que habla mi querida hermana profesora Taylor, de cómo el imperio estadounidense está implosionando, de cómo se están tambaleando sus cimientos, a raíz de las sublevaciones desde abajo.

El catalizador ha sido, sin duda, el linchamiento público del hermano George Floyd, pero los fallos que tiene la economía capitalista depredadora para satisfacer las necesidades básicas de comida, asistencia sanitaria y educación de calidad, de trabajos con un salario digno y, por otra parte, la desintegración de la clase política, la desintegración de la clase profesional. Su legitimidad ha sido puesta en tela de juicio de forma radical desde una perspectiva multirracial. Pero esa es la dimensión neofascista de Trump; esa es la dimensión neoliberal de Biden, de Obama, de los Clinton y de todos los demás. Y eso también incluye a una gran parte de los medios de comunicación; incluye a muchos de los profesores de universidad. Los jóvenes están diciendo: “Sois todos unos hipócritas. No os preocupa nuestro sufrimiento, nuestra miseria. Y ya no creemos en vuestra legitimidad”. Y eso desemboca en una explosión violenta.

Y ya está aquí. No quiero extenderme, pero me refiero a que ya ha llegado, que en mi opinión Ella Baker y Fannie Lou Hamer y Rabbi Heschel y Edward Said, y sobre todo los hermanos Martin y Malcolm, sus legados, en mi opinión, se han vuelto fundamentales, porque proporcionan el tipo de testimonio de la verdad; porque aportan la relación entre justicia y compasión con su ejemplo, con la forma de organizarse. Y eso es lo que hace falta ahora mismo. Una rebelión no es para nada lo mismo que una revolución. Y lo que necesitamos es un proyecto revolucionario no violento a gran escala que promueva una democracia de compartir: el poder, la riqueza, los recursos, el respeto, la organización, y que promueva una transformación fundamental del imperio estadounidense.

AMY GOODMAN: ¿Y qué piensa, profesor West, del gobernador de Minnesota, que ha dicho que están investigando la relación de los supremacistas blancos con el saqueo y la quema de la ciudad, y luego del presidente Trump, que ha tuiteado que va a intentar incluir a Antifa, los activistas antifascistas, en la lista de terroristas (algo que no puede hacer) y William Barr [Fiscal general de EE.UU.] haciendo hincapié en lo mismo, que va a ir detrás de la extrema izquierda para investigarlos?

CORNEL WEST:  Eso es ridículo. Ya sabe, se acordará, hermana Amy (con todo mi amor y respeto), que Antifa me salvó la vida en Charlottesville. No cabe ninguna duda al respecto, que garantizaron la seguridad, ¿sabe? Así que la simple idea de que puedan ser candidatos para ser considerados una organización terrorista, mientras que la gente que estaba intentando acabar con nuestras vidas: los nazis, el Ku Klux Klan, que esos no sean candidatos para obtener el estatus de organización terrorista… pero eso es lo que va a pasar. Lo que va a pasar es que se va a producir una reacción neofascista dirigida por Trump y una restricción sobre lo que está pasando. Eso tiene que quedar muy claro. El neofascismo tiene esa clase de obsesión con la imposición militar para enfrentarse a cualquier tipo de desorden. Y por eso tenemos que fortalecernos frente a eso.

Pero hay algo más importante. Creo que tenemos que asegurarnos de que conservamos nuestro propio enfoque moral, espiritual, cualitativo, esencial, en cuanto a la verdad y la justicia, y no perder de vista ese saqueo legalizado que es la avaricia de Wall Street; los asesinatos legalizados de la policía; los asesinatos legalizados en el exterior: en Yemen, en Pakistán, en África con AFRICOM y así sucesivamente. Eso es en lo que tenemos que concentrarnos, porque toda esta energía de rebelión tiene que canalizarse a través de organizaciones que tengan sus raíces en la búsqueda de la verdad y la justicia.

Cornel West es profesor de Práctica de la Filosofía Pública en la Universidad Harvard.

Por Amy Goodman, Nermeen Shaikh | 12/06/2020

Esta conversación se difundió en Democracy Now en inglés.

Traducción de Álvaro San José para CTXT: https://ctxt.es/es/20200601/Politica/32455/cornel-roland-west-filosofo-democracy-now-USA-George-Floyd-racismo.htm

Publicado enInternacional
Viernes, 12 Junio 2020 06:09

Más impuestos a los ricos

Más impuestos a los ricos

Ya lo pide hasta el Fondo Monetario

El Fondo Monetario Internacional recomendó aumentar impuestos a quienes perciben más ingresos. La titular del organismo Kristalina Geogieva dijo este jueves que “a mediano plazo habrá espacio para hacer una reforma tributaria que se traduzca en aumentar las tasas impositivas a ingresos personales más altos sin desacelerar el crecimiento”. También planteó la posibilidad de mejorar la eficiencia del gasto.

La directora del Fondo también recomendó que el sistema de impuestos corporativos capture una parte apropiada de las ganancias “inusuales recibidas por los ganadores de la crisis”, como las actividades digitales. Además de combatir los flujos ilícitos y cerrar las lagunas fiscales, tanto a nivel nacional como internacional.

Georgieva indicó que habrá un aumento significativo en la desigualdad de ingresos, tal como en la crisis financiera de hace más de una década, pese a que en 2020 los países han inyectado en conjunto 10 billones de dólares para mitigar la pandemia por la covid-19. “La realidad es que los hogares de bajos ingresos enfrentan mayores riesgos de salud por el virus. Llevan la peor parte del desempleo récord y tienen menos probabilidades recibir un beneficio de la educación a distancia”, remarcó.

Estimaciones del Banco Mundial apuntan que 100 millones de personas en el mundo serán empujadas a la pobreza extrema en 2020. Además, proyecciones de Naciones Unidas reportan que más de 500 millones de niños han perdido su acceso a la educación por la pandemia.

Publicado enEconomía
Crisis económica en tiempos de pandemia: Europa se prepara para la nacionalización masiva de empresas

Bruselas ultima la aprobación de una norma que permitirá la entrada de los Estados en el capital de sus compañías, grandes o pequeñas y cotizadas o no, para evitar su quiebra ante el tsunami del coronavirus. España apoya la iniciativa pero pide que se extremen las garantías para evitar distorsiones en la competencia y asimetrías en el mercado interior. La Comisión pide que se notifiquen las inyecciones de más de 100 millones, umbral que Alemania y Francia quieren elevar a 500 millones.

La pandemia del coronavirus no solo ha puesto en jaque el concepto de globalización, sino que ha trastocado por completo el orden económico mundial, confinando al libre mercado y dando rienda suelta a las tentaciones proteccionistas. La Comisión Europea, hasta ahora adalid de la competencia y el libre comercio y azote de cualquier auxilio estatal al sector privado, perfila la modificación del marco temporal de ayudas públicas para hacer frente a los destrozos económicos de la COVID-19, abriendo la puerta en su último borrador del proyecto, al que ha tenido acceso EXPANSIÓN y que Bruselas prevé aprobar en los próximos días, a una suerte de nacionalización generalizada de empresas en apuros en Europa, cotizadas y no cotizadas, grandes y pequeñas.

Es un cambio radical respecto al proyecto original, adoptado el pasado 19 de marzo, que se circunscribía a facilitar las actuaciones de los Estados miembros a la hora de garantizar liquidez a las empresas (esencialmente mediante avales públicos a préstamos); conceder subsidios salariales; suspender o aplazar el pago de impuestos, u otorgar ayudas directas a los consumidores por los servicios cancelados a raíz de las medidas de cuarentena.

Apenas tres semanas después y tras una primera revisión el 3 de abril, en la que se amplió el marco temporal para que los gobiernos pudieran conceder ayudas públicas a la investigación y desarrollo de productos vinculados con la lucha contra el coronavirus, el último borrador, que Bruselas tiene intención de aprobar este mismo mes de abril, aborda ya sin ambages la irrupción del Estado en el capital de las empresas en riesgo de colapso so pretexto de que esta eventual nacionalización de tejido empresarial reduciría el riesgo que para la economía de la UE representaría “un número significativo de insolvencias”; ayudaría a “preservar la continuidad de la actividad económica” durante el brote pandémico y respaldaría “la recuperación posterior”.

Presión de los grandes

Se trata de un giro de 180 grados respecto al planteamiento inicial tras el que se encuentra la fuerte presión de las mayores economías del euro: Alemania, Francia (en cuyo ADN está incrustado el virus del proteccionismo) e Italia, que en las últimas semanas no han ocultado su intención de recurrir a las nacionalizaciones para salvar a sus empresas emblemáticas.

En el borrador de su propuesta, que rema en la dirección contraria a lo que el Ejecutivo comunitario ha defendido a lo largo de su trayectoria, la propia Comisión reconoce que “varios Estados miembros están considerando tomar una participación en el capital de empresas estratégicas para garantizar que su aportación al buen funcionamiento de la economía de la UE no se vea comprometida”.

Curiosamente, Bruselas subraya que si dichas naciones (que no menciona) adquieren las acciones de esas compañías a precios de mercado o en igualdad de condiciones que inversores privados, “esto en principio no constituye ayuda estatal”. Italia, junto a España uno de los dos países europeos más castigados por la pandemia, ya anunció la nacionalización de la compañía aérea Alitalia a principios de mes, mientras que Alemania, que ya ha acudido al rescate de empresas como Adidas vía préstamo, no descarta tomar una participación en la aerolínea Lufthansa para evitar un fatal desenlace.

Por su parte, Francia, que ya es accionista de referencia en empresas clave de diferentes sectores estratégicos, como las energéticas Engie y EDF, la teleco Orange, la automovilística Renault o la aerolínea Air France-KLM, ha reiterado por activa y por pasiva que hará lo que sea preciso para salvaguardar a sus empresas más emblemáticas.

Reticencias de España

Esta operación de macrosalvamento empresarial no convence a España, más partidaria de una respuesta a escala europea, según informan a EXPANSIÓN fuentes próximas a la negociación en Bruselas, que señalan que la vicepresidenta económica, Nadia Calviño, manifestó en el Eurogrupo muy serias reservas a la propuesta por el riesgo de generar distorsiones de competencia en el mercado europeo ante la distinta capacidad financiera de los países para acometer nacionalizaciones.

Unas reticencias a las que se sumó Holanda (el azote de España en la frustrada reclamación de los eurobonos), pero que, en cualquier caso, no parecen suficientes para hacer descarrilar la iniciativa, que, previsiblemente, saldrá adelante con un respaldo mayoritario.

La situación que está a punto de vivir Europa trae a la memoria lo sucedido en España en las décadas de los 70 y 80, cuando el fallido experimento del Instituto Nacional de Industria (INI) evidenció que el rescate generalizado de empresas públicas era una trampa para las finanzas públicas, cuyo riesgo crecía exponencialmente a medida que se incrementaba el número de participaciones estatales en empresas en apuros. Eran compañías a las que no se dejaba quebrar por el fuerte coste reputacional y político, pero que dejaban tras de sí un ingente reguero de pérdidas. A mediados de los noventa, sólo el déficit público derivado del respaldo financiero a las compañías nacionalizadas ascendía todavía al 4% del PIB, obstaculizando la entrada de España en la Unión Monetaria.

Alemania, Francia e Italia, que esgrimen que las nacionalizaciones ya se produjeron tras la crisis de 2008, aunque soslayan que se limitaron a los bancos y no a todos, buscan ahora mayor manga ancha para recapitalizar a sus empresas sin pasar por el filtro de Bruselas, que fija en 100 millones de euros el umbral a partir del cual deben notificarse las inyecciones de capital en empresas individuales. Mientras que gobiernos como el francés defienden un incremento sustancial de ese suelo, el Ejecutivo español no solo pide reducirlo aún más, sino también endurecer los requisitos para que las empresas accedan a la recapitalización.

Para Calviño, que en una entrevista en Financial Times lamentó que los países con más músculo económico “puedan apoyar sus economías de una manera más generosa que otros” y reclamó ya que “las garantías otorgadas a las empresas sean similares en toda la UE”, la respuesta a la catástrofe económica es un fondo de recuperación común dotado con 1,5 billones de euros que evite que la competitividad de los países más afectados por la pandemia se vea mermada en beneficio de los estados más pudientes.

Injerencias en la gestión

Otro riesgo importante para la economía de mercado es la tentación de interferir en la gestión de las empresas nacionalizadas, un peligro que en el caso de España y del Gobierno de coalición de PSOE-Podemos ya se materializó de forma nítida en enero, antes del inicio de la pandemia, con la dimisión de Jordi Sevilla como presidente de Red Eléctrica por las constantes injerencias de la vicepresidenta para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, en una compañía cotizada y en la que el Estado tiene una participación minoritaria, del 20%.

Pero el riesgo no se ciñe únicamente a las empresas estratégicas. Bruselas contempla permitir a los Estados recapitalizar sus empresas, grandes o pequeñas, cotizadas o no, siempre que se demuestre que sin la intervención del Estado esa compañía estaría abocada al cierre o tendría “serias dificultades” para mantener su actividad. Una generalización que los expertos temen que pueda derivar en una falta de control y en la imposición de criterios políticos y clientelismo.

Por ello, quizás en un intento de curarse en salud, la Comisión advierte de que la presencia pública en el capital debería ser una opción de “último recurso” dado su carácter “altamente distorsionador de la competencia entre empresas”. Bruselas también aboga por una permanencia temporal, lo más corta posible, del Estado como accionista, pero esto corre el riesgo de quedar en un mero wishful thinking, pues una vez bajo el paraguas público resultará difícil que una empresa recompre la participación pública. Más si como propone la Comisión la salida se penaliza sensiblemente.

10 junio 2020

(Tomado de El Cronista)

Publicado enEconomía
Un mercadillo ambulante, el pasado jueves, en Lima (Perú, uno de los países más golpeados por el virus). Rodrigo Abd / AP

En el contexto de la caída de la actividad económica internacional más extendida de los últimos 150 años, América Latina será la zona más afectada, aseguró ayer el Banco Mundial (BM). El organismo prevé una contracción de 7.2 por ciento para la región este año. Será "una recesión más profunda que la causada por la crisis financiera global de 2008-2009 y la de deuda latinoamericana de la década de 1980", subrayó.

En ese contexto, según el organismo, México se contraerá 7.5 por ciento este año; su economía "será fuertemente golpeada desde múltiples ángulos", entre ellos difíciles condiciones financieras, derrumbe de los precios del petróleo y de las exportaciones, parálisis del turismo y restricciones a la movilidad para reducir la velocidad a la que se propaga el Covid-19, agregó.

En el informe Perspectivas económicas mundiales, el BM estima una caída de 5.2 por ciento de la actividad económica internacional y de 6.2 del producto interno bruto (PIB) per cápita. Esta última será la baja más aguda desde la Segunda Guerra Mundial, pero en cuanto al número de países que resentirán la crisis en riqueza por habitante, el precedente más cercano es 1870.

"A pesar del apoyo sin precedente a la política macroeconómica, la proporción de países que experimentan contracciones en el PIB per cápita alcanzará su nivel más alto desde 1870."

Desde ese año la economía global ha experimentado 14 recesiones mundiales y en cada uno de esos episodios la riqueza por habitante cayó. La crisis actual amenaza con reducir ese indicador en más de 90 por ciento de las economías del planeta, incluso más que el 85 por ciento de la Gran Depresión.

Para América Latina, donde el BM prevé el mayor deterioro en crecimiento, estima: Brasil, contracción de 8 por ciento; Argentina, 7.3; Perú, 12; Chile, 4.3, y Colombia, 4.9.

Belice, 13.5; El Salvador, 5.4; Guatemala, tres, y Honduras, 5.8. Para Guyana –donde despunta la industria petrolera– hay una previsión de crecimiento de 51.1.

"Los avances recientes de la región en cuanto a alivio de la pobreza y desigualdad podrían estar en riesgo", advirtió. Y recalcó que es la "informalidad generalizada" la principal limitante para que los programas sociales tengan efecto. Además, el endeudamiento en 2020 aumentará la presión al sector financiero y podría causar problemas en el servicio de la deuda, debido al alza de las tasas de interés en la recuperación.

Para las economías de ingresos altos se prevé una contracción de 7 por ciento –Estados Unidos, 6.1; zona euro 9.1, y Japón, 6.1–, mientras que para las emergentes y en desarrollo se estima en 2.5, con China creciendo a uno por ciento en 2020.

"Esta es una perspectiva profundamente aleccionadora, pues es probable que la crisis deje cicatrices duraderas y plantee importantes desafíos mundiales", comentó al respecto Ceyla Pazarbasioglu, vicepresidenta de Crecimiento Equitativo, Finanzas e Instituciones del BM.

Para 2021 el organismo calcula que México crecerá 3 por ciento, América Latina 2.8 y la economía mundial 4.2.

Publicado enEconomía
Estados Unidos: coronacapitalismo y su inminente colapso

La riqueza privada siempre ha prevalecido sobre la salud pública en el manual de instrucciones capitalista. Aun así la enormidad de la crisis y el potencial explosivo de transformación que ésta encierra están cambiando las reglas y puntos de vista sobre el bien común.

 

En su rápido y despiadado auge desde su primera etapa basada en el laissez faire, el capitalismo parece haber llegado de manera inadvertida a su último adiós con la pandemia del covid-19. El coronacapitalismo es portador de enfermedades sociales crónicas, acumuladas en muchas décadas de explotación brutal, pero también ha contraído una nueva enfermedad fatal que no se había experimentado o esperado con anterioridad. Más de 22 millones de estadounidenses se encuentran ahora súbitamente desempleados, y las hinchadas filas de los desempleados, aquí y fuera, crecen cada día que pasa debido a la pandemia.

Este desempleo de masas impuesto está chupando progresivamente el fluido vital, la plusvalía, del capital en general y amenaza con colapsar todo el castillo de naipes levantado por la maximización del beneficio privado. Sin que el trabajo pueda crear más riqueza a través de su productividad en aumento en el lugar de trabajo que la necesitada para su propia supervivencia, hay beneficios en caída o nulos para la mayoría de propietarios privados e inversores corporativos. De ahí las actuales prisas por “abrir América” a pesar de los enormes riesgos para la salud pública. La riqueza privada siempre ha prevalecido sobre la salud pública en el manual de instrucciones capitalista. Aun así la enormidad de la crisis y el potencial explosivo de transformación que ésta encierra están cambiando las reglas y puntos de vista sobre el bien común. La caída del capitalismo, al menos tal y como lo conocemos, está en el horizonte.

La base material para un cambio cualitativo tan deseado se ha estado desarrollando desde hace décadas de decadencia y desesperación; la pandemia tan solo ha acelerado en gran medida y ha expuesto de manera espantosa la depravación y la fragilidad que afrontamos. Si había alguna red de seguridad, la inhumana concentración de riqueza y las políticas misántropas no han hecho más que disolverla. Después de unos 50 años de constante aumento de la desigualdad, los 400 norteamericanos más ricos ahora poseen más riqueza que los 150 millones más pobres de entre nosotros; el 22% de la riqueza generada por el trabajo en EE UU termina en la cartera de la décima parte del 1% más rico, mientras casi el 60% de los hogares norteamericanos carecen de suficientes ahorros como para pagar una factura médica de 1.000 dólares por una emergencia o una reparación del coche. Esas concentraciones obscenas de riqueza y evidentes brechas de desigualdad no se habían vivido desde 1928, justo antes de la Gran Depresión. Y aun así la marcha hacia el abismo continúa.

Las políticas públicas en favor de los ricos, junto con la ideología de darwinismo social que condena a los pobres, alimentan esta desigualdad. Para cualquiera al tanto de las dinámicas de la economía política, está claro que el Estado es un órgano de la clase dirigente, pero no fue hasta el advenimiento del régimen de Trump y la pandemia del coronavirus que este órgano se reveló como su recto. Las políticas públicas predominantes de este régimen misántropo apestan a distancia. El recorte de todos los fondos dirigidos a la Organización Mundial de la Salud (OMS) socava directamente los esfuerzos mundiales para contener y superar la pandemia. Mientras aumenta la venta de armas en EE UU, Trump llamó de manera implícita a una insurrección armada para “liberar” a determinados estados de sus medidas de contención de la pandemia.

Con el recorte legal de la tasa impositiva a las empresas del 35 al 21% en 2017 impulsada por el régimen de Trump, la Hacienda norteamericana dejó de ingresar cerca de 1 billón de dólares, que se añadieron a la cartera de valores corporativos con el objetivo de dedicarlas a lucrativas operaciones de compraventa de acciones. El gargantuesco regalo para los súper ricos norteamericanos en 2020, que lleva el nombre de ley CARES, exaspera en gran medida el robo legal de fondos públicos. Unos 500.000 millones de dólares en así llamados préstamos han sido entregados directamente a las mayores empresas de EE UU sin una supervisión ni rendición de cuentas significativa.

Debido a manejos fiscales, otros 1,2 millones de dólares han sido entregados de media a unos 43.000 millonarios, mientras los estadounidenses en dificultades pueden recibir un ingreso extraordinario de 1.200 dólares. Hay pocas dudas de que el régimen de Trump dirigirá una buena parte de esta generosidad a sus entusiastas simpatizantes y leales socios de negocios. El capitalismo de amiguetes no es nada nuevo para Trump, especialmente cuando en lo referido a su medicamento favorito para combatir el Covid-19: la hydroxychloroquina.

Conflicto de interés

Varias empresas farmacéuticas propiedad de partidarios de Trump están dando por hecho que la agencia sanitaria (Food and Drug Administration, FDA) les va a otorgar un trato de favor en sus esfuerzos de producir en masa esta sustancia no autorizada y potencialmente peligrosa. Sanofi, la empresa francesa que produce la HCQ bajo la marca Plaquenli, también ha atraído a estos partidarios, incluidos tres miembros de la familia Trump que poseen parte de sus acciones, así como al millonario y acérrimo aliado de Trump Ken Fischer, el principal accionista de Sanofi. El secretario de Comercio de Trump, Wilbur Ross, también tiene acciones de Sanofi. Si llega la autorización de la FDA, todos están a la espera de estos beneficios caídos del cielo.

Como principal portavoz y camello de la HCQ, Trump muestra su desdén por las advertencias científicas y su irracional lealtad a las prácticas de darwinismo social. Bajo su mandato la dirección de Prisiones compró pastillas de HCQ por valor de 60.000 dólares, sin duda dirigidas a uso experimental entre determinados reclusos de las prisiones federales. De manera similar, su búsqueda alocada de una solución milagrosa para la pandemia ha influido muy probablemente la decisión del gobierno indio de establecer posibles pruebas de la sustancia, como profilaxis, entre miles de habitantes de las villas miseria de Mumbai afectados por la pobreza. De nuevo, humanos vulnerables van a ser usados como conejillos de indias.

Mientras que trapichear con sustancias no testadas es una prioridad para este régimen, no lo es el impulso a políticas conocidas que puedan contrarrestar la inseguridad alimentaria y económica en rápido crecimiento. La New Poor People's Campaign estima que 140 millones de estadounidenses son pobres, un sorprendente 52% de niños estadounidenses son empobrecidos o de bajos ingresos, la mitad de los inquilinos gasta un tercio de sus modestos ingresos en la vivienda, y unos 49 millones de familias soporta una deuda colectiva de 1,5 billones de dólares en préstamos estudiantiles. Y aún así no se hace nada para aliviar ninguno de estos urgentes problemas sociales.

Incluso antes de la pandemia, unos 27 millones de estadounidenses carecían de seguro sanitario, cerca del 66% de los impagos de los hogares se debían a la incapacidad de pagar facturas médicas, y solo en 2018 cerca de 250.000 campañas médicas de la plataforma GoFundMe fueron lanzadas por familias en apuros. En las últimas dos semanas de marzo, 3,5 millones de estadounidenses perdieron la cobertura sanitaria dependiente de su contrato de trabajo y millones más no tenían permisos familiares ni bajas por enfermedad retribuidas.

Ningún otro país en lucha contra la pandemia se enfrenta a estos retos adicionales para la supervivencia. El hambre comienza a asomar su fea cabeza en EE UU como nunca lo había hecho en tiempos modernos; 11 millones de niños viven en hogares con alimentación precaria, Feeding America, una organización nacional de 200 bancos de alimentos, estima que unos 17 millones de estadounidenses pueden pasar hambre pronto. Y aún así el régimen de Trump propone recortes en las cartillas de alimentación y en el Programa Suplementario de Asistencia Nutricional (SNAP, por sus siglas en inglés). La mentalidad tipo “que coman pasteles” ha arraigado y se cobra su peaje.

Mientras los animales salvajes deambulan cada vez más por algunas calles desiertas y se amontonan las kilométricas filas de coches para conseguir alimentos, hay quienes no solo han escapado del mortífero impacto de la pandemia, sino que durante ella han incrementado en gran medida su riqueza. Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo con una riqueza neta de 138.000 millones de dólares, ganó recientemente otros 24.000 millones extraídos de la plusvalía generada por los expuestos trabajadores de Amazon.

Varios otros milmillonarios estadounidenses (Mark Zuckerberg, Warren Buffett, Elton Musk, Larry Ellison, Larry Page, Bill Gates) vieron su enorme riqueza crecer 20.000 millones en total a comienzos de abril. En el mismo periodo, cerca de cinco millones de trabajadores norteamericanos solicitaron seguro de desempleo, la mayoría de ellos mientras perdía la cobertura sanitaria asociada a sus contratos. Millones de norteamericanos que antes vivían pendientes de las ayudas ahora sobreviven día a día. Muchos no lo han logrado. A mediados de abril cerca de 34.000 norteamericanos han muerto de covid-19 (la cifra superaba los 100.000 a finales de mayo). Las víctimas mortales en todo el mundo se proyectan por millones para este verano, y la tasa de desempleo en EE UU puede llegar a un 30% sin precedentes. Una atrocidad sin precedentes requiere de una respuesta sin precedentes.

Si los milmillonarios y el sistema que los produce han perdido alguna vez su razón de ser es ahora. Hay que distribuir la riqueza. Fomentar la sanidad pública. Acabar con la pesadilla. Dona Nobis Pacem (Danos la paz)

 

1 jun 2020 06:51

counterpunch

Werner Lange es profesor de sociología retirado y veterano activista pacifista. Artículo original: Corona Capitalism and its Coming Collapse Traducido para El Salto por Eduardo Pérez.

Publicado enInternacional
El desempleo en Colombia se dispara hasta el 19,8% en abril

Los desempleados pasan de 2,5 millones hasta más de 4 millones en el primer mes completo de cuarentena para frenar la pandemia

 

Colombia ya siente con fuerza la dentellada económica provocada por el coronavirus. La tasa de desempleo, el tradicional talón de Aquiles de una de las economías más estables de América Latina, se disparó hasta el 19,8% en abril, el primer mes completo de la cuarentena nacional decretada por el Gobierno de Iván Duque para frenar la propagación de la covid-19. El dato divulgado este viernes por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística está en línea con las proyecciones más pesimistas y representa casi el doble con respecto a la tasa de abril de 2019.

En un mes, más de 5,3 millones personas dejaron de estar ocupadas en el país andino, la cuarta parte de los puestos de trabajo. En ese mismo periodo, los desempleados pasaron de 2,5 millones a 4,1 millones, mientras la población ocupada se ubicó en 16,5 millones de personas. Como se anticipaba, los sectores más golpeados fueron industria manufacturera, comercio, restaurantes, actividades artísticas y de entretenimiento. Si se amplía el periodo de febrero a abril, la tasa de desempleo se ubica en 14,6 %. El pasado marzo, cuando los colombianos llevaban cerca de una semana sometidos a las inéditas medidas de confinamiento, el desempleo ya había subido al 12,6%.

Colombia arrancó este año con los mejores números entre los países grandes de la región. El crecimiento de los dos primeros meses superaba el 4%, pero la incertidumbre de marzo, cuando se inició la cuarentena, bastó para frenar ese impulso y cerrar el trimestre con un crecimiento de 1,1%. Es probable que el pasado abril quede registrado como el mes de peor desempeño económico en la historia de Colombia, coinciden diversos analistas. Para este año, el Ministerio de Hacienda prevé una desaceleración en torno a -5,5%, aunque para el Fondo Monetario Internacional la caída será de -2,4%.

Después de más de dos meses del llamado “aislamiento preventivo obligatorio”, el país se apresta a pasar a una nueva fase que relaja las medidas de confinamiento a partir del lunes. El Ejecutivo ha insistido en recuperar la “vida productiva” –más no la “vida social”– mediante una reactivación económica escalonada. Desde hace varias semanas, sectores como la construcción, la manufactura y algunos comercios están autorizados a salir a las calles bajo ciertos protocolos, y a partir de junio las numerosas excepciones también cobijan las "actividades profesionales, técnicas y de servicios en general”, el comercio al por mayor y al por menor, incluido el funcionamiento de centros comerciales, así como los museos, bibliotecas y peluquerías, entre muchas otras.

Aunque exhibe con orgullo una de las economías más estables de América Latina, que solo ha acabado un año en negativo en más de medio siglo, Colombia también ha mantenido una tasa de desempleo “inaceptablemente alta”, como reconocía en noviembre el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla. El año pasado volvió a ubicarse por encima de los dos dígitos (10,5%) y el coronavirus amenaza con llevarla por encima del 20 % en 2020.

La preocupación también se asienta en el frente de la larga lucha contra la pobreza y la desigualdad. Para 2018, Colombia había reducido el porcentaje de su población por debajo de la línea de pobreza hasta el 27 %. Un reciente estudio de la Universidad de Los Andes advierte que la pandemia puede representar un retroceso de dos décadas, hasta los tiempos en que cerca de la mitad de la población se ubicaba por debajo de ese umbral.

Publicado enColombia