La titular del FMI aseguró que la caída de la economía mundial será mayor a la proyectada

Georgieva advierte sobre la quiebra de bancos

 

"Las condiciones financieras siguen dependiendo de desarrollos económicos y sanitarios inciertos y los países se enfrentan ahora a la perspectiva de un aumento de bancarrotas que podría afectar a los bancos, particularmente a los bancos con bases débiles", sostuvo este jueves la directora gerente del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva. 

La jefe del FMI advirtió en las Naciones Unidas durante un panel sobre la "devastación financiera" que genera la Covid-19 en la economía global, reconoció que el organismo deberá ajustar a la baja sus proyecciones de recesión para este año, que estimó serán superiores al 3 por ciento.

"La necesidad de medidas fiscales para construir un puente sobre el parón" de la actividad económica, y destacó que la contracción de la economía global será más grave del 3 por ciento estimado inicialmente por el FMI, aunque admitió que espera una "recuperación parcial en 2021", según informó la agencia internacional EFE. 

Georgieva, lejos de las habituales recetas de ajuste que debilitaron las economías en desarrollo previo a la pandemia, insistió "en la necesidad de medidas fiscales para seguir construyendo un puente sobre la recesión de la actividad económica".

Enfatizó que los mercados emergentes y en desarrollo perdieron unos 100.000 millones de dólares debido a la "búsqueda de seguridad", tres veces más que durante la crisis financiera global de 2008, pero que gracias a las acciones de incremento de liquidez de las bancas centrales hubo una "reversión de la tendencia".

El FMI está centrado en los países con "cimientos débiles" y altos niveles de deuda que dependen de la exportación de mercancías básicas o del turismo, así como de las naciones en guerra que partían "de una posición mucho más dura". Georgieva mencionó como puntos calientes las regiones del África subsahariana y el Caribe.

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El gobierno alemán salva a Lufthansa y se queda con un 20 por ciento de la empresa 

Estado será el principal accionista de la aerolínea  

La compañía aérea Lufthansa y el gobierno alemán acordaron un plan de salvación de 9.000 millones de euros que convertirá al Estado en el principal accionista del grupo con el 20% del capital.

 

"Antes de la pandemia del nuevo coronavirus, la compañía tenía buena salud, era rentable y tenía buenas perspectivas de futuro", dijo el ministerio de Economía alemán en un comunicado en el que anunció la mezcla de inversiones del Estado y préstamos, mientras que Lufthansa aseguró que el Estado alemán se retirará como accionista a finales de 2023.

El gobierno aprobó el plan a través del fondo de estabilidad económica del gobierno federal (WSF), creado para amortiguar las repercusiones de la pandemia del coronavirus.

El acuerdo se produce tras largas negociaciones sobre ayudas en un momento en que la compañía, como el conjunto del sector del transporte aéreo, atraviesa una crisis sin precedentes.

Según el acuerdo, el Estado adquirirá el 20% del grupo por 300 millones de euros, es decir, 2,56 euros por acción, un precio muy inferior al del mercado, que le garantizará su presencia en la compañía como accionista principal.

También inyectará 4.700 millones de euros de fondos aunque sin derecho de voto en el marco de una "participación silenciosa", sobre la que Lufthansa pagará un interés progresivo que va del 4% en 2020 y 2021 al 7,5% en 2027, señala el grupo en un comunicado.

Quedan otros 1.000 millones de fondos adicionales, con los que Berlín puede aumentar su participación hasta el 25% y una acción, lo que significa una minoría de bloqueo según el derecho alemán. La convertibilidad podría hacerse "en caso de oferta pública de compra por un tercero" para hacerla fracasar.

El Estado obtiene igualmente dos asientos en el consejo de vigilancia de Lufthansa, pero renuncia a su derecho de voto en las asambleas generales "salvo en caso de oferta de compra".

A todo ello, se suma un crédito de 3.000 millones de euros por el grupo, que no podrá pagar dividendos a sus accionistas. Para el ejercicio 2019, Lufthansa ya había suspendido el pago de dividendos para mantener su solvencia.

El WSF debe vender sus participaciones al precio del mercado para el 31 de diciembre de 2023 si el grupo ha reembolsado los fondos inyectados, precisó la compañía aérea.

Actualmente, cerca de 700 de los 760 aviones del grupo están en tierra y en abril, Lufthansa transportó a unos 3.000 pasajeros frente a 350.000 de antes de la crisis. En el primer trimestre, la pérdida de explotación se elevó a 1.200 millones de euros y debería ser peor en el segundo trimestre.

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Lunes, 25 Mayo 2020 06:21

El mercado laboral en problemas

El mercado laboral en problemas

Cepal advierte sobre los riesgos que supone el coronavirus

La desocupación crecera al menos 3,4 puntos en la región, llegando a 11,5 por ciento. La cifra equivale a más de 11,5 millones de nuevos desempleados.

 

Cepal informó que la actividad económica de América Latina y el Caribe se contraerá 5,3 por ciento este año. Como consecuencia de esta contracción, la tasa de desocupación crecerá al menos 3,4 puntos porcentuales, hasta alcanzar una tasa del 11,5 por ciento, lo que equivale a más de 11,5 millones de nuevos desempleados. No obstante, el organismo advirtió que en la medida en que la dinámica de la pandemia se prolongue y las medidas de distanciamiento físico sigan siendo necesarias, cabe esperar que la contracción y el impacto en el empleo sean todavía mayores a los proyectados. Además, se espera un marcado deterioro de la calidad del empleo.

Muchos de los trabajadores de la región no tienen acceso a servicios de salud de calidad y, dadas las características de su trabajo, están más expuestos al contagio. Asimismo, sus ingresos son generalmente bajos, por lo que cuentan con una capacidad de ahorro limitada para hacer frente a períodos prolongados de inactividad. Tampoco disponen de mecanismos de sustitución de ingresos, como los seguros de desempleo, que generalmente están vinculados al trabajo formal.

El impacto en los mercados laborales de cada país de la región dependerá, entre otras cosas, de la estructura productiva y la composición del empleo de cada sector. Entre las áreas que se verán gravemente afectadas se encuentran las relacionadas con el turismo (aerolíneas, alojamiento, restaurantes y hoteles), el comercio y la industria, así como las actividades inmobiliarias y administrativas. Estos sectores son intensivos en mano de obra y algunos concentran una elevada proporción de empleo informal. De acuerdo a estimaciones de la OIT, la tasa media de informalidad es del 54 por ciento en la región, situación que expone todavía más a esos trabajadores.

En América Latina se estima que un 42,4 por ciento del empleo se encuentra en sectores de riesgo alto y otro 16,5 por ciento, en sectores de riesgo medio-alto. A raíz de ello, la probabilidad de que estos trabajadores vean reducidas sus horas de trabajo, sufran recortes salariales o pierdan el empleo es elevada.

En lo que refiere al impacto de la pandemia sobre el mercado laboral por sexo, se observa que las áreas en las que se considera que existe un riesgo alto de pérdida de empleos concentran una mayor cantidad de fuerza laboral masculina. De hecho, se estima que en promedio la proporción de mujeres empleadas en sectores de alto riesgo es de un 44 por ciento. Por otro lado, algunos de los sectores en los que el riesgo de paralización de la actividad se considera medio-bajo, como la educación y la salud, presentan una elevada concentración de empleo femenino. No obstante, Cepal advierte que hay que tener en cuenta que este menor riesgo de pérdida de empleo no implica que las condiciones de trabajo no se vayan a ver afectadas.

Por último, el informe también subraya que el impacto en los mercados laborales regionales dependerá de la capacidad de los países de adaptarse a nuevas formas de trabajo. “Si bien el trabajo a distancia, o teletrabajo, es una posibilidad para muchos trabajadores, no todos los países cuentan con la infraestructura tecnológica adecuada para ello. En la región, un 67 por ciento de la población es usuaria de internet, pero existen diferencias significativas tanto entre los países como dentro de ellos, que obedecen a factores como el nivel socioeconómico y la ubicación geográfica”, destaca el trabajo. 

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Jerome H. Powell, presidente de la Reserva Federal, se unió a varios de sus colegas para advertir que la economía estaba en un territorio incierto y que no estaba claro cuándo se recuperarían los empleos y la actividad. Foto: Erin Schaff / The New York Times

Jerome H. Powell, presidente de la Reserva Federal, y otros altos funcionarios del banco central advirtieron el jueves que Estados Unidos estaba experimentando un shock excepcional en la pandemia de coronavirus, y que no estaba muy claro cuándo y cuán bajo sería el desempleo y la prosperidad generalizada.

La economía de los Estados Unidos se encuentra en una "recesión sin precedentes modernos", dijo Powell, pocas horas después de que los datos del gobierno mostraran que otros 2.4 millones de personas presentaron nuevas solicitudes de desempleo la semana pasada.

"En el mejor de los casos, es difícil predecir el camino de la economía con certeza", agregó. "Ahora estamos experimentando un nuevo nivel de incertidumbre, ya que las preguntas que solo el virus puede responder complican las perspectivas".

Los comentarios del jefe de la Fed subrayaron un punto que sus colegas hicieron repetidamente en una serie de compromisos el jueves: El camino hacia la recuperación no es obvio ya que la economía y el mercado laboral absorben el mayor impacto en generaciones. En ese contexto, dijeron varios, tanto los formuladores de políticas de la Fed como los del Congreso y la Casa Blanca deberían estar preparados para hacer más si es necesario.

 

Las solicitudes de desempleo en EE.UU alcanzan los 38,6 millones

 

A pesar de que las restricciones a las empresas comenzaron a levantarse en los Estados Unidos, otros 2,4 millones de trabajadores solicitaron beneficios por desempleo la semana pasada, informó el gobierno el jueves, lo que eleva el total de nuevas reclamaciones a más de 38 millones en nueve semanas.

"La hemorragia ha continuado", dijo Torsten Slok, economista jefe de Deutsche Bank Securities, sobre las crecientes pérdidas de empleos. Él espera que la tasa oficial de desempleo para mayo se acerque al 20 por ciento, por encima del 14.7 por ciento reportado por el Departamento de Trabajo en abril.

Una reciente encuesta de hogares de la Oficina del Censo sugiere que el dolor está muy extendido: el cuarenta y siete por ciento de los adultos dijeron que ellos o un miembro de su hogar habían perdido ingresos laborales desde mediados de marzo. Casi el 40 por ciento esperaba que la pérdida continuara durante las próximas cuatro semanas.

Y existe una creciente preocupación de que muchos trabajos no regresen, incluso para aquellos que se consideran despedidos temporalmente.

 

The Atlantic despide a decenas de trabajadores

 

The Atlantic despedirá a 68 trabajadores en "eventos, ventas y editorial", dijo el jueves David G. Bradley, presidente de Atlantic Media, en un correo electrónico del personal, mientras la publicación lucha con las mismas fuerzas, principalmente una caída en la tecnología digital. publicidad, que ha afectado a decenas de miles de empleos en los medios de comunicación durante la crisis del coronavirus, incluso cuando ha experimentado un fuerte aumento de suscriptores.

Los despedidos representan el 17 por ciento del personal total, dijo The Atlantic en un comunicado. Los ejecutivos tendrán su recorte salarial, y habrá congelaciones salariales generales.

Bradley dijo que un pivote estratégico a largo plazo para un modelo de negocio que se basa principalmente en los ingresos de los lectores, "se acelera, y se hace necesario, por la anulación casi completa de los eventos en persona de la noche a la mañana y, por ahora, un refuerzo. disminución de la publicidad ".

The Atlantic instituyó un muro de pago en línea el año pasado y desde entonces ha agregado 160,000 nuevos suscriptores, dijo Bradley. Más de 90,000 de ellos se han agregado desde marzo. La revista, que tiene 163 años y que alguna vez fue editada por Ralph Waldo Emerson, ha recibido grandes elogios por su cobertura de la pandemia.

Hace tres años, Bradley vendió una participación mayoritaria en Atlantic Media a Emerson Collective , la organización fundada por la multimillonaria Laurene Powell Jobs.

(Informaciones de agencias, The New York Times, BBC)

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Varias personas esperan el autobús cerca del mercado donde se sospecha que surgió el virus EFE

Los países reunidos la Asamblea Mundial de la Salud intentan poner en marcha una misión científica para determinar el origen de la pandemia

 

Pocas veces una Asamblea Mundial de la Salud ha recibido tanta atención internacional. Durante este lunes y martes, como sucede una vez al año, cientos de delegados de los países miembros se reúnen en el que es el mayor órgano de toma de decisiones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Sin embargo, a juicio de muchos, esta es una asamblea "sin precedentes" por las circunstancias en las que se desarrolla: la pandemia de coronavirus marca el fondo y la forma.

La agenda ha tenido que abreviarse y concentrarse en dos días, y por primera vez se celebra de manera virtual – y no en Ginebra (Suiza) – debido a la crisis del coronavirus. El telón de fondo, marcado por las tensiones políticas, también ha añadido expectación al encuentro, con una OMS muy cuestionada por Estados Unidos y atrapada en el fuego cruzado con China, pero que ha salido fortalecida en esta primera jornada en la que se han sucedido las muestras de apoyo de los Estados a la agencia especializada de Naciones Unidas.

Sobre la mesa está una propuesta de resolución presentada por la Unión Europea junto a decenas de países miembros en la que se pide iniciar lo antes posible "un proceso gradual de evaluación imparcial, independiente y exhaustivo" de la respuesta sanitaria internacional coordinada por la OMS. El documento – que firman el grupo de Estados de África y otros 40 países como Rusia, Japón o Australia – no menciona a China pero pide, además, que se continúe trabajando para "identificar la fuente zoonótica del virus y la ruta de introducción a la población humana, incluido el posible papel de los huéspedes intermedios, incluso a través de esfuerzos como misiones de campo científicas y colaborativas". La OMS ya había anunciado que valora enviar una nueva misión de expertos a China para buscar el origen de la COVID-19.

Hasta ahora, Pekín ha visto la mayoría de los llamamientos políticos a una investigación internacional independiente sobre los orígenes de la COVID-19 como un intento de culparlo del estallido de la enfermedad a nivel mundial, algo que también ha generado tensiones con otros países, como Australia. Durante esta primera jornada, el gigante asiático se ha mostrado abierto a una investigación liderada por la OMS y una vez la pandemia esté controlada. Hace unas semanas, se mostró favorable a una eventual misión del organismo para " concluir el origen del virus en un momento adecuado" .

En la asamblea mundial, los Estados miembros discuten el proyecto de resolución y determinan si les interesa apoyarla. Como explica la OMS, el objetivo es trabajar por consenso y casi todas las resoluciones se adoptan sin votación. Cuando se vota, se decide por mayoría en la asamblea, que consta de 194 miembros. Se espera que haya un resultado este martes. Las resoluciones dirigen a la OMS e instan a los países a que tomen medidas específicas, recopilen más evidencia o presenten informes sobre su puesta en marcha.

La asamblea, que es la 73ª, se ha inaugurado en la mañana de este lunes con un primer tramo centrado en cumplir los protocolos y los procedimientos habituales. Entre intentos de agilizar las intervenciones, varias delegaciones han participado con ciertas dificultades debido a problemas técnicos de conexión y de sonido que a su vez complicaban los servicios de interpretación en diferentes idiomas.

Las declaraciones de los diferentes países han estado centradas en la pandemia de COVID-19 y en su respuesta a la enfermedad. Son varias las delegaciones que han apelado a la solidaridad global, llamando a "no politizar" el virus, y en general han mostrado su apoyo al liderazgo de la OMS en su respuesta al coronavirus.

A este respaldo se ha unido Antonio Guterres, secretario general de la ONU, quien ha afirmado que el organismo, como coordinador de una respuesta sanitaria a gran escala, es "insustituible" y que la "mayor preocupación" tiene que ser cómo dotarla de "recursos mejorados", en un momento en el que EEUU ha anunciado el cese de su financiación a la OMS. También ha deslizado una crítica contundente a las "estrategias diferentes, a veces contradictorias" adoptadas por diferentes países contra el virus. "Todos estamos pagando un precio muy alto. Muchos países han ignorado las recomendaciones de la OMS. Como resultado, el virus se ha extendido por todo el mundo y ahora se está moviendo hacia el Sur Global, donde su impacto puede ser aún más devastador", ha aseverado Guterres.

La OMS iniciará una evaluación independiente

En su discurso de inauguración, el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus ha recogido el guante de la resolución presentada por decenas países miembros, en la que piden iniciar, en el momento adecuado y lo más pronto posible "un proceso gradual de evaluación imparcial, independiente y exhaustiva para examinar la experiencia adquirida y las enseñanzas extraídas de la respuesta sanitaria internacional coordinada por la OMS" a la COVID-19.

El jefe del organismo ha asegurado que acoge "con beneplácito" la propuesta y ha afirmado que iniciará "una evaluación independiente lo antes posible para revisar la experiencia adquirida y las lecciones aprendidas" . Son mecanismos que ya existen y que se pusieron en marcha por ejemplo tras el brote de ébola de 2014. De hecho, una primera evaluación independiente sostiene que la actuación de la OMS "fue más rápida que para las epidemias del MERS o el SARS", pero los Estados Miembros no fueron igual de rápidos en su reacción.

No obstante, Tedros Adhanom Ghebreyesus ha dejado claro que la revisión debe abarcar la responsabilidad de "todos los actores de buena fe". "Cada país y cada organización deben examinar su respuesta y aprender de su experiencia" para garantizar que "esto nunca vuelva a suceder", ha indicado.

Por su parte, el presidente chino, Xi Jinping, ha defendido ante la asamblea anual su gestión de la epidemia, detectada por primera vez en la ciudad china de Wuhan, asegurando que su país ha "actuado con apertura, transparencia y responsabilidad". También ha dicho que apoya la idea de una "evaluación exhaustiva de la respuesta mundial a la COVID-19 para resumir la experiencia y subsanar las deficiencias". Ha dicho que tal revisión "debería basarse en la ciencia y ser profesional, dirigida por la OMS y realizada de manera objetiva e imparcial". No obstante, también ha indicado que tal examen debe efectuarse una vez el virus esté bajo control. Asimismo, ha dicho que "es necesario seguir apoyando la investigación mundial de los científicos sobre el origen y las vías de transmisión del virus".

Uno de los más críticos con la OMS ha sido el secretario de Sanidad de Estados Unidos, Alex Azar, que en línea con las acusaciones vertidas por la administración Trump ha asegurado que este organismo "fracasó en su misión" de compartir información con la comunidad internacional. "La OMS no consiguió la suficiente información para atender al mundo, y murieron muchas personas", ha dicho el responsable del país con más casos y fallecidos con COVID-19 del mundo. "Esto no puede volver a ocurrir, la OMS debe ser mucho más transparente y rendir cuentas", ha zanjado durante su intervención por videoconferencia.

Por Icíar Gutiérrez

18/05/2020 - 22:10h

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En el hospital de campo Gilberto Novaes, en Manaos, Brasil, los pacientes con Covid-19 son tratados dentro de un sistema de ventilación no invasivo llamado Cápsula de Vanessa. Brasil, con un total de 254 mil 220 casos, se convirtió en el tercer país del mundo con mayor número de contagios.Foto Ap

Francia y Alemania propusieron ayer un plan de reactivación de 500 mil millones de euros para hacer frente al impacto económico del Covid-19, que está sumiendo al continente en una recesión histórica y causó más de 317 mil muertos en todo el mundo.

El mundo espera con ansia una cura que ponga freno a la epidemia, y el presidente chino, Xi Jinping, prometió que si China la encuentra, ésta será un "bien público mundial".

Tras semanas de polémica sobre un asunto que enfrentaba a los países del norte y del sur de Europa y que amenazaba con fracturar la cohesión de la Unión Europea (UE), el presidente francés, Emmanuel Macron, y la canciller alemana, Angela Merkel, abrieron la vía a una mutualización de la deuda en el seno del club.

Los dos mandatarios propusieron que la Comisión Europea financie y apoye la reactivación económica recurriendo a los mercados de deuda "en nombre de la UE" y que luego entregue ese dinero a los países europeos y a "los sectores y regiones más afectados".

Los mercados europeos reaccionaron positivamente a esos anuncios, con fuertes alzas (5.6 por ciento en Fráncfort, 5.1 en París, 4.7 en Madrid, 4.29 en Londres y 3.26 en Milán). Falta que París y Berlín convenzan al conjunto de los estados miembros de la UE. Austria ya advirtió que las ayudas de la UE se realicen en forma de préstamos y no de subvenciones.

En Ginebra, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, señaló en la asamblea anual de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que reunió a 194 países por videoconferencia, que el mundo está pagando un "alto precio" por las estrategias divergentes emprendidas contra la pandemia.

"Como consecuencia de ello, el virus se ha propagado por todo el mundo y se dirige ahora hacia los países del sur, donde podría causar efectos todavía más devastadores", agregó. Es necesario un "esfuerzo multilateral enorme" frente a esta "tragedia".

Eventual vacuna china sería bien público mundial

El presidente chino, Xi Jinping, aseguró que una posible vacuna china se convertiría en un "bien público mundial" y prometió que su país destinaría 2 mil millones de dólares en un plazo de dos años para la lucha mundial contra el Covid-19.

Pese a la escalada de tensiones entre Washington y Pekín, los participantes esperaban adoptar por consenso una resolución propuesta por la UE para pedir un "proceso de evaluación" de las medidas tomadas por la organización frente la pandemia.

Para el secretario estadunidense de Salud, Alex Azar, la OMS "fracasó en obtener las informaciones que necesitaba el mundo y su derrota ha costado muchas vidas". Más tarde, el presidente Donald Trump fue más allá y acusó a la organización de ser "una marioneta de China".

En un contexto tan tenso, el director de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, prometió que promoverá una investigación "independiente" sobre la respuesta que la agencia de la ONU y sus estados miembros dieron a la pandemia, "lo más pronto posible, en el momento apropiado".

Hasta este lunes, la pandemia ha dejado 317 mil 695 muertos, 4 millones 782 mil 539 contagiados y un millón 776 mil 388 pacientes recuperados en el mundo, de acuerdo con la Universidad Johns Hopkins.

La basílica de San Pedro de Roma reabrió sus puertas al público, símbolo de un retorno a una relativa normalidad en Italia donde el desconfinamiento entra en la "fase dos", con la reapertura de los comercios, los cafés y las terrazas y la reanudación de las misas.

Otro monumento emblemático del viejo continente también comenzó a recibir visitantes: la Acrópolis de Atenas reabrió en una ceremonia encabezada por la presidenta, Katerina Sakellaropoulou, en presencia de algunos periodistas y empleados con mascarillas.

"Nunca vimos tan poca gente en la Acrópolis. Es como si tuviésemos una visita privada", declaró una ciudadana rusa, quien vive en Atenas desde hace cinco años.

Cientos de personas, entre ellas líderes del parido de ultraderecha Vox, protestaron al grito de "libertad" en varias partes de Madrid para exigir que se quiten las restricciones de movilidad en la capital y que dimita el gobierno del socialista Pedro Sánchez, informó el diario español El País.

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El desempleo en EEUU como un mapa de la pobreza

Entre los que menos ganan, la tasa de paro llega al 40 por ciento

 

Estados Unidos tiene treinta millones de nuevos desempleados y una de las conclusiones que circulan entre comentaristas económicos es que la pandemia "destruyó una década entera de construcción de empleo". Pero la siguiente conclusión es que una gran parte de ese empleo era "basura", no sólo sin beneficios sino con salarios de miseria. Si la tasa general de desempleo en la mayor economía mundial es del 14,7 por ciento, la tasa real entre los peor pagos está tocando el 40 por ciento. Y entre los que mejor ganan, apenas llega al 1,5 por ciento.

Lo que destruyó el coronavirus fueron los puestos en las actividades más tercerizadas, precarias y peor pagas. No es casual que la hotelería, la gastronomía y la sanidad sean las más afectadas, ya que son las que tradicionalmente peor pagan y menos estabilidad ofrecen. Que la "hospitalidad", como la llaman los del sector, fuera afectada por las cuarentenas se entiende naturalmente. Pero la crisis del empleo en sanidad, pese a la crisis de la covid-19, se entiende porque los hospitales y clínicas perdieron su verdadero negocio el de la medicina "de tiempos normales", la que factura grueso.

Según la Reserva Federal de Estados Unidos, el banco central del país, ya para marzo y principios de abril se notaba la crisis y un veinte por ciento de los más pobres informaba que había perdido su trabajo o lo habían licenciado sin fecha de retorno. La Reserva define al sector de pobres no desempleados a los que tienen un ingreso familiar de hasta 40.000 dólares al año. Esto puede sonar más que razonable frente a nuestro peso devaluado, pero frente al costo de vida norteamericano es garantía de pobreza.

La crisis se ensañó en este sector social más precarizado. Para la clase media, con ingresos de entre 40.000 y 100.000 dólares anuales por grupo familiar, los problemas de empleo afectaron al 19 por ciento. En la clase media alta, con ingresos de más de cien mil dólares al año, un 13 por ciento informó de algún tipo de problema laboral.

Además del nivel de desempleo, esta clase social más pobre suele no tener ahorros para enfrentar una crisis, ni vivienda propia. Las condiciones de trabajo en tiempos normales mantienen a estos trabajadores bien abajo. Las mozas y mozos de restaurantes, por ejemplo, cobran con suerte el salario mínimo legal y viven de hecho de las propinas de cada día. Peor todavía les va a los que hacen delivery, que cobran un pequeño sobreprecio sobre el valor de menú y la propina que puedan recibir. De hecho, son "socios" del restaurante y cobran más si hay muchos pedidos. Los trabajadores de sanidad suelen tener contratos-basura que los mantienen en un estado de freelance permanente: si hay trabajo, cobran por hora, pero si no hay, no cobran. 

Prácticamente nadie en la clase más baja en Estados Unidos tiene derecho a una indemniszación por despido, algo que ni se discute porque es parte de la "libertad de hacer negocios" de las patronales. De hecho, lo que los republicanos sí están discutiendo en el Congreso y usan para bloquear los paquetes de ayuda salarial, es cuánto están cobrando los desempleados durante la crisis. Resulta que con el dinero extra de emergencia que lograron introducir los demócratas en el primer paquete, muchos están cobrando lo mismo y hasta más que cuando trabajaban. Los republicanos pregunta abiertamente quién va a querer volver a trabajar por los bajos salarios anteriores cuando puedan "reabrir" la economía.

El valor de este informe es que describe el desempleo por clases sociales. Es un estudio anual que hace la Reserva Federal y la información es de la primera quincena de abril. Desde entonces, las cosas empeoraron y mucho en Estados Unidos, que ya tiene más de 36 millones de personas pidiendo o cobrando el seguro de desempleo. El temor es que la tasa actual llegue al veinte por ciento de desempleados al que se llegó en la Gran Depresión de 1930. Y en todos los casos, las estadísticas no pueden contar a millones de inmigrantes sin papeles que tienen empleo informal y no pueden pedir desempleo.

Pero según el Departamento de Trabajo norteamericano, la composición de clase del desempleo no parece estar cambiando y el desempleo entre los mejor pagos no llega al dos por ciento. 

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Italia: miles de millones para relanzar la economía

El gobierno planea invertir 55.000 millones de euros en ayuda a los distintos sectores de la sociedad

Después de varios días de discusión entre los distintos partidos que forman el gobierno, el llamado “Decreto Relanzamiento” por valor de 55.000 millones de euros para relanzar la sociedad italiana y su economía gravemente afectadas por la pandemia del coronavirus, fue aprobada por el Consejo de Ministros, según anunció el primer ministro Giuseppe Conte en una rueda de prensa. Pero el decreto deberá pasar por el voto del Parlamento que tiene la última palabra.

¿De dónde sacará Italia todo este dinero?, es la pregunta que muchos se hacen. Una parte vendrá seguramente de la Unión Europea que ha decidido ayudar a los países en crisis. El resto deberá venir de fondos italianos. Se habla incluso de que el Estado italiano está programando la venta de varios edificios de su propiedad para reunir los fondos que necesita.

El Decreto, que tiene más de 200 artículos, prevé invertir los 55.000 millones de euros en ayuda a los distintos sectores de la sociedad y de la economía. Entre las muchas cosas que promete, aparece la reducción de los impuestos y la suspensión del IVA (impuesto al valor agregado) hasta setiembre. También aparece la reducción de algunas boletas (gas y luz entre ellas), la asignación de ayudas por valor de 600 euros a las personas en dificultad pero también algunos bonos para los trabajadores autónomos.

De los 55.000 millones previstos, 10.000 estarán dedicados a la llamada “Cassa integrazione”, una ayuda que da el Estado a las empresas en dificultad para que puedan pagar los sueldos a sus empleados, 4.000 millones para ayudar a las regiones italianas (que equivalen más o menos a las provincias argentinas), 6.000 millones para ayudar a las pequeñas y medianas empresas y 5.000 millones para la salud y la seguridad además de unos 2.500 millones para turismo y cultura, entre otras áreas.“Tenemos que responder a la crisis más grave desde la Segunda Guerra Mundial, con medidas excepcionales”, comentó el viceministro de Economía, Antonio Misiani en relación al decreto.

El tema salud pública ha estado al centro de las preocupaciones de los ministros, dado los problemas que muchos hospitales han vivido durante la pandemia. Por eso se han destinado 3.250 millones de euros específicamente a mejorar la salud pública, que en Italia no es completamente gratis pero cubre bastante las necesidades de la población. Buena parte se destinará a la prevención. Serán contratadas 9.600 nuevas enfermeras y se preparará a los hospitales para una eventual recaída de la pandemia, pasando de los actuales 5.179 puestos en terapia intensiva a 11.109, gracias a los nuevos fondos.

Otro de los puntos importantes del decreto fue dedicado a los trabajadores “en negro” o no reconocidos legalmente, tanto del área agricultura como de las (o los) empleadas domésticas, cuidadoras de ancianos y niñeras, a los que se les concederá un permiso temporario de estadía en el país. Así podrían salir a la luz los miles de trabajadores que no están legalizados y que por eso no gozan de un sueldo normal, los beneficios de la salud, vacaciones, aportes jubilatorios, etc. 

“La intención del gobierno es garantizar la dignidad de las personas, tutelar la legalidad y las exigencias del mercado del trabajo”, había dicho ante el Senado, refiriéndose a este punto, la ministra del Interior, Luciana Lamorgese. Fue la ministra de las Políticas Agrícolas, Teresa Bellanova, la que había llevado adelante el tema y lo presentó en la rueda de prensa con Conte. La cuestión de la legalización de migrantes había sido muy criticada por la derecha pero también por algunos exponentes del Movimiento Cinco Estrellas (M5S) que forma parte del gobierno. El M5S no quería normalizar la situación de los inmigrantes llamados “ilegales”, aunque tal vez esos jóvenes trabajan desde hace años como casi esclavos en los campos de los empresarios italianos. “Los invisibles serán ahora menos invisibles. Los que trabajan en los campos tendrán ahora un permiso de estadía y de trabajo. Con esta medida gana el Estado, que así se demuestra más fuerte que la mafia y el ‘caporalato’ (quien explota ilegalmente la mano de obra)”, dijo emocionada hasta las lágrimas la ministra Bellanova.

Quedan de todas maneras varios puntos sin aclarar, porque lo más probable es que las regiones deban decidir ciertas medidas según como marche la pandemia en su propio territorio. Por ejemplo, el uso de las playas en el verano que en el hemisferio norte comienza el 21 de junio.

 

¿Vamos a la playa?

 

Será un verano completamente distinto del normal el que tendrán que pasar los italianos, que algunos prevén con una marea de prohibiciones y sobre todo de límites de distancia entre las personas, tanto en la playa como en el mar, de uso de tapabocas incluso en la playa, etc. Este verano se verá muy limitado, todo lo contrario de lo que suelen ser las maravillosas y multitudinarias playas italianas especialmente en el mes de agosto. Tal vez con restricciones similares a las que se están imponiendo para bares y restaurantes, que podrán estar abiertos a partir del 18 de mayo (fecha a partir de la cual se podrá también visitar a amigos y no sólo a familiares) pero con medidas muy estrictas como la distancia entre las personas, las barreras con láminas de plástico trasparente o los menús ahora sólo copiados en pizarras gigantes, para que la gente no se lo pase de mano en mano.

En cuanto al turismo, que para Italia representa el 13% de su Producto Interno Bruto, y pese a que el decreto le asignó varios millones, hay mucha preocupación porque los turistas extranjeros, después que Italia fue el país más infectado de Europa (aunque ahora pasó al quinto lugar después de Estados Unidos, Rusia, el Reino Unido y España según la Johns Hopkins University), difícilmente quieran visitar la península si no se les ofrecen ciertas garantías. Una de esas garantías es sin duda la marcha de la pandemia. Hasta el 13 de mayo, los datos de la protección civil italiana han sido bastante positivos. El número de casos positivos ha ido disminuyendo cada día desde fines de abril, llegando a 78.457 el 13 de mayo. Pero según los expertos, no es suficiente para pensar que la pandemia se está acabando. 

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El FMI presta 3.483 millones de dólares a 11 países de América Latina, pero con las temidas 'recetas' de ajuste pospandemia

El Fondo Monetario Internacional (FMI) otorgó préstamos por 3.483 millones de dólares a 11 de los 17 países de América Latina y el Caribe que le han solicitado créditos para enfrentar la crisis sanitaria provocada por la pandemia de coronavirus.

 

De acuerdo con el reporte más reciente del organismo, entre el 15 de abril y el 1 de Mayo fueron aprobados préstamos a Bolivia, Costa Rica, Dominica, Ecuador, El Salvador, Granada, Haití, Panamá, Paraguay, República Dominicana y Santa Lucía.

El menor monto correspondió a Dominica, con 14 millones de dólares, mientras que el más alto, de 650 millones de dólares, fue para República Dominicana, pero las líneas de crédito permanecen abiertas porque hay otros países que las han solicitado.

En el caso de Jamaica, su petición se evaluará en la reunión que la Junta Ejecutiva del FMI sostendrá el próximo viernes, mientras que están pendientes los trámites de Colombia, que solicitó 11.000 millones de dólares, mismo monto que pide Perú. Honduras, en tanto, solicitó 340 millones de dólares.

Hasta ahora, el organismo solo les ha negado financiamiento de emergencia a Venezuela y Nicaragua.

El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, pidió un crédito de 5.000 millones de dólares, pero el organismo no se lo otorgó con el argumento de que hay una "confusión" sobre quién encabeza el gobierno, ya que algunos países reconocen al autoproclamado Juan Guaidó. El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, por su parte, solicitó 470 millones de dólares, pero las autoridades del FMI lo rechazaron al considerar que estaba haciendo un "mal manejo" de la crisis.

 

¿Cuáles son las condiciones?

 

Con el resto de los países, el Fondo ha recurrido a dos herramientas de emergencia. Una es el Mecanismo de Crédito Rápido, conocido como RFC por sus siglas en inglés, y que presta asistencia inmediata con condiciones limitadas a Estados de bajos ingresos que tienen necesidades urgentes de equilibrar su balanza de pagos. La segunda es el Instrumento de Financiamiento Rápido (RFI), que tiene los mismos objetivos, pero para todos los países miembros del organismo. En ambos casos se flexibilizan los créditos sin que ello implique revisiones de las políticas económicas de los beneficiarios, que sí se aplican en otros tipos de deuda.

En América Latina obtuvieron los préstamos a través del RFC Dominica, Granada, Haití y Santa Lucía, mientras que a Bolivia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Panamá y Paraguay se les adjudicaron a través del RFI. En todos los casos, el FMI autorizó los desembolsos para paliar la emergencia sanitaria y reconoció las políticas sociales aplicadas hasta ahora por los gobiernos, pero advirtió que, en la etapa pospandemia, se deberán repetir las añejas recetas de ajuste del gasto público.

 

Exigencias para cuando pase la crisis

 

El primer país beneficiado con un préstamo del FMI debido a la pandemia fue El Salvador, ya que el 14 de abril se autorizó un crédito de 389 millones de dólares. Al anunciar la medida, Mitsuhiro Furusawa, subdirector gerente del organismo, reconoció que la necesidad de incrementar el déficit presupuestario para preservar la salud pública y contener el impacto económico del coronavirus, pero solo de manera eventual.

"La estabilidad macroeconómica debe preservarse permitiendo que estas medidas temporales caduquen el próximo año, una vez que termine la pandemia, y comprometiéndose con un ajuste fiscal gradual a partir de 2021. Dicha estrategia debería apuntar a un saldo fiscal primario del 3,5 % del PIB para fines de 2024 y poner la deuda pública en una senda firmemente decreciente para alcanzar el 60 % del PIB para 2030", dijo.

El 16 de abril, Panamá recibió un crédito por 515 millones. El organismo reconoció que las perspectivas macroeconómicas de este país habían cambiado debido a la pandemia hasta abrir una brecha en la balanza de pagos estimada en 3.700 millones de dólares. En ese momento, Furusawa reiteró que cuando termine la emergencia habrá que modificar el gasto público.

"Volver a un ajuste gradual una vez que la pandemia retroceda aseguraría que la relación deuda pública / PIB se mantenga en un camino sostenible (…) Las respuestas políticas y las medidas macroprudenciales tendrían que recalibrarse a medida que evoluciona la situación", señaló.

Bolivia recibió el 17 de abril un préstamo por 320 millones de dólares que había solicitado el gobierno de la autoproclamada presidenta Janine Añez. El crédito avanzó sin comentario alguno por parte del FMI a la anómala situación que hay en un país en donde el año pasado hubo un golpe de Estado que terminó con el gobierno de Evo Morales, el expresidente que jamás quiso solicitar deuda al organismo. Las elecciones para recuperar el sistema democrático estaban previstas para el 3 de mayo, pero se postergaron al 20 de junio debido a la pandemia.

Al avalar el financiamiento, Furusawa aseguró que la respuesta de Bolivia a la crisis sanitaria ha sido "oportuna, bien focalizada y apropiada" y confió en la determinación del gobierno para "garantizar la estabilidad macroeconómica y la sostenibilidad de la deuda" una vez que haya pasado la emergencia.

Ese mismo día se autorizó un préstamo de 111,6 millones de dólares para Haití, el país más pobre de la región, que padece una caída brusca de sus remesas y una reducción de sus exportaciones textiles a raíz de la pandemia. Este es el único caso en el que el FMI anunció de manera explícita que auditará los recursos y aludió de manera directa a la corrupción del gobierno de Jovenel Moïse.

"Para garantizar el uso apropiado del financiamiento de emergencia, las autoridades deben preparar informes mensuales de ejecución del presupuesto sobre los gastos de Covid-19 y llevar a cabo una auditoría financiera y operativa (…) el FMI tiene la intención de seguir apoyando a Haití a través de un programa supervisado por el personal para ayudar a comenzar el proceso de restaurar la estabilidad y la sostenibilidad macroeconómicas, construir una mejor red de seguridad social y abordar las debilidades y la corrupción de la gobernanza", expresó Tao Zhang, director general adjunto del organismo.

El 21 de abril, Paraguay recibió un crédito por 274 millones de dólares. El FMI lamentó que la pandemia haya interrumpido la recuperación económica que se preveía este año en ese país. Ahora, en cambio, la recesión proyectada es del 1,0 % y el déficit fiscal, del 4,5 % del PIB.

"Una vez que la crisis disminuya, será necesario reducir el déficit presupuestario y Paraguay debería restablecer su regla fiscal, que ha anclado con éxito la estabilidad macroeconómica en los últimos cinco años", advirtió Furusawa.

Una semana después, el 28 de abril, el FMI avaló el préstamo de 65,6 millones de dólares para Dominica, Granada y Santa Lucía, países caribeños que, por sus dimensiones, son vulnerables a las crisis y cuyas economías dependen del turismo que quedó paralizado con la pandemia. Al otorgar el financiamiento, el organismo advirtió que estas naciones se habían comprometido a cumplir con el objetivo de que la deuda regional represente el 60 % del PIB para 2030, por lo que tendrán que aplicar las políticas de ajuste una vez que pase la crisis.

Costa Rica obtuvo financiamiento por 504 millones de dólares el 29 de abril. El FMI destacó en un comunicado la relajación temporal de los límites de gasto bajo la Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas, la política monetaria y el tipo de cambio flexible aplicados por el gobierno de Carlos Álvaro Quesada. Furusawa admitió, de nuevo, que las necesidades médicas, sociales y económicas importantes e inmediatas provocadas por la crisis requieren ahora un mayor gasto fiscal, pero reiteró que habrá que revertirlas en cuanto se disipe la crisis de salud.

n esa misma fecha se confirmó el préstamo por 650 millones de dólares para República Dominicana, país que a raíz de esta emergencia debilitó sus perspectivas macroeconómicas. Zhang precisó entonces que, una vez que la pandemia retroceda, "será importante volver a una consolidación fiscal gradual, incluido el establecimiento de un marco fiscal a mediano plazo, para garantizar que la relación entre la deuda pública y el PIB se mantenga sostenible y en una senda en declive".

El 1 de mayo fue el turno de Ecuador, país que recibió asistencia por 469,7 millones de dólares. Al anunciar el préstamo, la directora del FMI, Kristalina Georgieva, señaló que la pandemia y la fuerte caída de los precios del petróleo plantearon un gran desafío para la economía ecuatoriana y generaron importantes restricciones financieras, ya que es uno de los mayores exportadores de crudo de América Latina.

"Las autoridades se comprometen a abordar los riesgos para la sostenibilidad fiscal y de la deuda. Con este fin, han tomado algunas medidas iniciales sustanciales, incluida la participación con acreedores del sector privado en una operación de deuda", destacó el FMI, al explicar el compromiso del presidente Lenín Moreno para garantizar la sostenibilidad de la deuda global del país y buscar una reestructuración en el mediano plazo.

Publicado enEconomía
Domingo, 10 Mayo 2020 07:42

El Estado al rescate

 El presidente Emmanuel Macron en una visita a la escuela Pierre de Ronsard, de París / Foto: Afp, Ian Langsdon

Keynesianismo de ocasión en tiempos de emergencia.

Banqueros que auguran el fin del capitalismo salvaje y la llegada de un Estado más “maternal”; ministros liberales que no hacen ascos a las nacionalizaciones; gobiernos ajustadores que anuncian planes de gastos millonarios… Sin embargo, detrás de apariencias e ilusiones, la nueva normalidad aún no se aleja mucho de la vieja.

 

Sucede a menudo en ocasiones de grandes crisis: el Estado toma sus armas de caballero y a capa y espada sale a escena a dar la cara. Cuanto más grande era antes de la crisis, más dinero podrá poner el valiente para salvar también a quienes antes querían achicarlo, adelgazarlo, vaciarlo, y volverán a querer hacerlo cuando todo pase y la “nueva normalidad” se instale, tan parecida ella a la vieja.

Un escenario así se está viendo ahora. En casa (véase contratapa de Brecha, 9-IV-20) y en “el mundo”. A veces incluso las sorpresas son grandes. Se hizo famoso un editorial del Financial Times, vocero consuetudinario de ese protagonista tan invisible como el coronavirus al que llaman “los mercados”, que al comienzo de esta crisis global, el 3 de abril, llamó a que tras la pandemia se pongan sobre la mesa de discusión de los grandes del planeta “reformas radicales que reviertan la dirección principal de las políticas de las últimas cuatro décadas” y apunten a dar al Estado un papel mucho más protagónico en la economía. Los gobiernos, afirmó el señero diario británico, “deberán ver a los servicios públicos como inversiones, no como cargas, y buscar fórmulas para que los mercados laborales sean menos inseguros. La redistribución será debatida otra vez; los privilegios de las personas mayores y de los más ricos serán cuestionados. Políticas consideradas excéntricas hasta ahora, como la renta básica y los impuestos a las rentas más altas, tendrán que formar parte de las propuestas”. No sólo el Financial Times se internó por ese camino de la conversión. Banqueros, políticos, economistas habitualmente ubicados en su misma cuerda fueron más o menos en igual sentido. En Francia, por ejemplo, Patrick Artus, economista del banco de inversión Natixis, dijo que si alguna conclusión se puede sacar del desastre causado por la pandemia, es que el“capitalismo neoliberal, que optó por la globalización, la reducción del papel del Estado y de la presión fiscal, las privatizaciones y una protección social débil, llegó a su fin”(Libération, 1-IV-20). Y previó también que la era del Después del Coronavirus será menos salvaje. Más “maternal”, dijo otro banquero, italiano él, de vieja raigambre liberal él, pensando en un Estado que arrope y deje a la “menor cantidad posible” de gente por el camino. “Quizá cuando las imágenes tan fuertes que estamos viendo ahora de hospitales desbordados, de cuerpos amontonados en morgues, de ciudades como Bérgamo casi diezmadas, pasen, como pasó la de Aylan, el niñito sirio que se ahogó en las costas italianas, podamos creer otra vez en lo mismo. La peste por ahora no nos deja, pero quién sabe.”

Quién sabe.

***

La megacrisis ha llevado a que señores que hasta hace muy, muy poco no hablaban más que de privatizaciones hoy piensen en la posibilidad de incrementar la participación del Estado en algunas grandes empresas al borde de la quiebra o incluso en nacionalizarlas. Bruno Le Maire, ministro de Finanzas del gobierno francés, se dijo, mes y medio atrás, dispuesto a estudiar “todas las posibilidades” para salvar compañías que la pandemia “ha puesto de rodillas”, como Air France o Renault. “Se podrá proceder a recapitalizaciones, a tomas de participación, puedo incluso emplear el término ‘nacionalizaciones’”, afirmó el muy liberal ministro que condujo unos pocos años atrás la privatización en condiciones bastante escandalosas de La Française des Jeux, una empresa pública que desde 1976 tenía el monopolio de las loterías y las apuestas deportivas, y la no menos escandalosa de Aeropuertos de París, aún no terminada. En 2006, cuando operaba para otro gobierno liberal, tuvo un papel central en las privatizaciones de la empresa estatal de gas y de las autopistas, que generaron gigantescas ganancias a los concesionarios, y respaldó la venta de una de las empresas que hoy “no descarta” nacionalizar, la compañía aérea Air France. A fines de marzo, Le Maire recibió de inmediato el apoyo entusiasta de Geoffroy Roux de Bézieux, presidente del Medef, la confederación patronal. “No hay que aferrarse a tabúes en estos temas. El Estado deberá efectivamente estar allí para asistir cuando sea el caso de aquellas empresas que pasen por una situación financiera muy compleja”, dijo este hombre, presente en los consejos de administración de empresas de variados sectores y autor, en 2011, del libro Pour sortir de la crise, le capitalisme (“Para salir de la crisis, el capitalismo”).

“Difícil creer que el ministro de Finanzas haya cambiado en unas pocas semanas de convicciones”, afirma el portal francés Mediapart en un informe consagrado al “concurso de hipocresías que rodea a la idea de nacionalizaciones” (28-III-20). Lo que Le Maire, Roux de Bézieux y otros grandes empresarios pretenden preservar, dice el autor de la nota, Laurent Mauduit, “es al capitalismo financiero, promoviendo ahora soluciones de emergencia”, de salvataje, que están en línea con los intereses de los accionistas privados de la empresa. Lo mismo que hicieron los gobiernos occidentales en la crisis de 2008 y otras anteriores, cuando destinaron miles de millones de euros de las arcas públicas al salvataje de bancos en quiebra. “Es el viejo principio del liberalismo: el Estado debe estar presente para socializar las pérdidas y ya será tiempo, cuando la crisis se supere, de reprivatizar las ganancias”, recuerda Mauduit. El Estado actuó, entonces, como “soporte del desarrollo del neoliberalismo”, señaló en declaraciones para otra nota de Mediapart Lenny Benbara, encargada de publicaciones del Instituto Rousseau, un laboratorio de ideas recientemente creado en Franciaal margen de los partidos de izquierda.

Con ese espíritu es que se ha movido en general el gobierno de Emmanuel Macron, como la mayoría de sus pares occidentales, en esta crisis en la que tanto se insiste acerca de los cambios copernicanos que tendrán lugar, casi como por encanto, cuando la pandemia sea historia y una suerte de neokeynesianismo se apodere de las mentes de los Connie Hughes del universo. Contribuyó a la confusión que en tantos y tantos países el freno de mano impuesto a “la economía” haya obligado a destinar paladas de dinero a planes sociales de todo tipo y a colocar en consecuencia algunos dogmas en el congelador; o que muchos liberales reconocieran que habían ido demasiado lejos con la idea de manejar los servicios públicos como si fueran empresas, en especial los de la salud; o que por estos lares algunos ilustres defensores del “todo al mercado” murmuraran que, bueno, y por qué no una vuelta a la sustitución de importaciones; o que en Europa surjan en filas del centroderecha discursos contra una mundialización que llevó, por ejemplo, a deslocalizar la producción de artículos de primera necesidad.

Pero basta mirar con un poco de detenimiento la composición de las políticas implementadas en la mayor parte de los países occidentales para darse cuenta de que nada ha cambiado demasiado y que esa famosa “nueva normalidad” tal vez no se aleje demasiado de la vieja. “Desde hace 30 años, cada gran crisis alimenta la esperanza desrazonable de un retorno a la razón, de una toma de conciencia, de un basta ya”, escribe Serge Halimi, director editorial de Le Monde Diplomatique en la edición de abril de este mensuario. “Hace un poco más de una década, para salvar su sistema en peligro, los liberales ya habían aceptado un aumento espectacular del endeudamiento, nacionalizaciones, estímulos fiscales, el restablecimiento parcial del control de capitales. Luego, las políticas de austeridad les permitieron retomar aquello de lo que habían debido desprenderse en el marco de ese sálvese quien pueda general.” No sólo recuperaron el terreno perdido, sino que adelantaron un poco más sus peones: “Los asalariados trabajaron más, y más tiempo, y en condiciones de mayor precariedad, mientras los ‘inversores’ y los rentistas pagaron menos impuestos”. El cambio civilizatorio del que tanto se habló por entonces lejos estuvo de producirse.

Aunque la pandemia coloque las cosas en otro lugar –no necesariamente en el de una “crisis del sistema”–, Halimi piensa que un escenario del mismo tipo de aquel de hace 10-11 años, o de los períodos posteriores a otras grandes debacles globales, está entre los más esperables.

Lo que el historiador económico Luis Bértola prevé para Uruguay en una reciente entrevista de Brecha (24-IV-20) –“un conjunto de reestructuraciones muy proempresariales y debilitadoras del rol del Estado”–, las notas de Mediapart lo extienden a Francia y a la mayor parte de los países europeos. A pesar de todas las apariencias.

***

En un artículo publicado el martes 5, Romaric Godin, periodista económico del izquierdizante portal francés, reconstruye grosso modo el escenario que se ha visto un poco por todos lados desde que se declaró la pandemia y más de la mitad de la población mundial fue puesta bajo confinamiento: las actividades económicas no esenciales quedaron en el limbo, mientras el Estado tomó la posta para “asegurar una apariencia de funcionamiento normal” a través de mecanismos de seguros de paro, que garantizan parte de los ingresos de algunos asalariados durante cierto tiempo, ayudas a algunas categorías de trabajadores independientes y préstamos a las empresas para compensar sus pérdidas. Este sistema, “bastante inédito en regímenes capitalistas”, se sustenta en una “congelación de la economía”: “No se modifica nada de lo anteriormente existente, o apenas marginalmente, sino que se lo preserva en la perspectiva de un retorno a cierta normalidad” apostando a que la reactivación limite las pérdidas por vía del consumo. Pero superada la crisis sanitaria, “el doble choque de una menor oferta y una menor demanda” hará que las crisis económica y social tengan efectos tal vez más letales que el covid-19, sugiere Godin. Máxime cuando a pesar de todos los discursos, las salidas que se avizoran en la mayor parte de los países no difieren demasiado de las políticas de mercado implementadas hasta ahora. En Francia, apunta la nota, el gobierno de Macron está dando signos de que las medidas actuales de seguros de paro parciales bonificados se irán eliminando y que se dejará progresivamente el mercado del empleo librado a lo que puedan hacer o no las empresas. El presidente francés no ha renunciado a sus planes de reforma de la seguridad social, frenados primero por las movilizaciones sociales de chalecos amarillos y sindicatos, y luego por la pandemia. Apenas los postergó hasta el otoño europeo. Varios de sus ministros anunciaron por estos días que de ninguna manera se olvidaron de ellos. Pocos siguen hablando hoy en el gobierno francés y aledaños de medidas como la instauración de una renta básica (aunque más no sea por unos meses), aumento de impuestos a los más ricos, prohibición de desalojos por no pago de alquileres, o congelamiento de tarifas públicas, medidas todas de perfil “social” que habían sido evocadas apenas algunas semanas atrás. Hablan, sí, por el contrario, de aumentar la jornada de trabajo, de “aliviar las cargas de las empresas para que puedan invertir y crear empleos”, de suavizar algunas restricciones ambientales, con idéntico objetivo, etcétera, etcétera.

“Como el neoliberalismo contiene elementos keynesianos, esta opción no es necesariamente incompatible con medidas de estímulo, buscando un equilibrio socialmente menos doloroso”, escribe Godin. Pero “si se piensa que es la acumulación de capital la que debe crear empleo y que ‘la economía’ se limita a esa necesidad infinita de acumulación, la función del Estado se limitará a acompañar esta búsqueda de ganancias”, sustituyéndola en tiempos de crisis y retirándose nuevamente a cuarteles de invierno en períodos de calma. La misma visión neoliberal de 2008, que ahora vuelve por sus fueros, concluye el periodista de Mediapart.

***

La discusión en torno al viejo-nuevo papel del Estado en la economía ha generado en la alicaída progresía francesa nuevas esperanzas de que tal vez haya llegado la hora de que sus propuestas puedan volver a tener apoyo en la sociedad. De Francia Insumisa a sectores socialistas, pasando por el Partido Comunista y la ecología política, se vuelve a debatir de nacionalizaciones, de aumento de la protección social y ambiental, de reindustrialización, de impuestos a los más ricos, de renta básica, universal permanente, de planificación, hasta de “anulación de la deuda”. Las discusiones arrecian entre las distintas sensibilidades de la izquierda y tienen muchas aristas: ¿de qué se habla cuando se habla de “un papel más protagónico del Estado”? ¿Qué tipo de Estado, con qué funciones? ¿Más Estado o mejor Estado? ¿No habría acaso que promover desde la izquierda iniciativas de poder popular por fuera de las estructuras estatales, desarrollar estructuras como las cooperativas, por ejemplo, u otras, apostar más a impulsar instancias descentralizadas? ¿Qué estatuto acordar a los servicios públicos: de propiedad estatal, lo que equivale a dar al Estado la potestad de enajenarlos, o declararlos bienes comunes invendibles? “Todas estas discusiones son básicas para los tiempos que se vienen. Partamos de la base de que el Estado no es neutro ni monolítico. Y que no es suficiente para luchar contra fenómenos como el cambio climático, que debe ser pensado evidentemente por fuera de las fronteras nacionales”, dijo al diario Libération la diputada comunista Clémentine Autain.

En su informe sobre las hipocresías que rodean al eventual reimpulso de las nacionalizaciones, Mediapart englobaba entre los “hipócritas” a muchos socialistas que compartieron las políticas de privatizaciones y las impulsaron desde el gobierno con igual fervor que los partidos de derecha o centroderecha. Desconfiemos cuando conceptos como ese salen de la boca de gente que no se diferenció demasiado de los Le Maire, advierte el portal. También para ellos las nacionalizaciones fueron una forma de socializar las pérdidas y sacarles las castañas del fuego a capitalistas en dificultades, señala. En Francia y en España los partidos socialistas hablan ahora de nacionalizaciones temporarias, igual que cuando se plantean instaurar un sistema de renta básica, piensan en un ingreso mínimo de emergencia, mientras que en Unidas Podemos o en Francia Insumisa apuntan a una renta básica universal y permanente, y se habla de nacionalizar empresas estratégicas.

Mediapart se sorprendió, por otra parte, de la debilidad propositiva de algunos de los planteos que están más en boga en ambientes que buscan nuevas confluencias en la izquierda francesa. Cita entre otros un documento publicado el 25 de marzo en Libération por un colectivo de militantes de distintas corrientes de la izquierda, en el que se habla de “nacionalizar el sistema de salud”. El texto parte de “supuestos muy loables”, hace una descripción detallada y precisa  cómo el sistema ha sido desmantelado en función de los intereses de los privados, pero a la hora de proponer alternativas se limita a plantear la participación del Estado como accionista minoritario en algunos laboratorios, evalúa Mediapart.“Bien se sabe que cuando el Estado tiene una participación minoritaria en una empresa –se lo vio en Air France o en Renault–, no cambia en nada las lógicas del capitalismo de accionistas, que destroza al mundo del trabajo y cubre de oro a los privados.” Hay como una resignación de fondo en cierta izquierda, lamenta el autor de la nota.

“Esta demanda de retorno a un Estado protector, regulador, anticipador, es un balón de oxígeno en el contexto actual”, constata Clémentine Autain. Pero habría que hacer un esfuerzo para que “surgiera un nuevo imaginario” de izquierda, dice.

Después de todo, nunca las crisis por sí mismas parieron ninguna revolución. Si no hay fuerzas que los impulsen, los cambios no se producen. Tampoco cuando el miedo prima sobre el deseo de cambio o la rebelión. Y si algo ha hecho el coronavirus o los humanos que lo manejan, es meter mucho miedo y congelar la rebelión.

Por Daniel Gatti

8 mayo, 2020

Publicado enSociedad