Un abrazo colectivo para despedir a un amigo

“El tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos”, reza una canción de Pablo Milanés. Mientras nuestro tiempo pasa conocemos amigos y amigas con quienes le apostamos a la utopía de transformar el país y construir un mundo con justicia y dignidad para todos y todas. En esto se nos van los días y cuando nos damos cuenta ya han pasado años, y al final de nuestra existencia parece que no hubiéramos hecho nada, o por lo menos sentimos que lo realizado es poco.

Y con el paso del tiempo llega el momento de las despedidas, cuando comenzamos a ver cómo nuestros amigos y amigas parten a otra dimensión, y entonces nos quedamos con un dolor en el corazón por no haber logrado nuestros propósitos. De esta manera en los últimos años vimos partir a Mery Pulido, Arturo Buitrago, Elizabeth Forero, Ricardo Vaca, Gloria Jiménez, Evelia Castro, Magdalena Salazar, entre otros y otras. Hoy nos tocó ver partir a nuestro amigo y compañero Pablo Clavijo, con quien compartimos alegrías y dificultades, con quien reímos y sufrimos al hacer nuestro trabajo comunitario en la localidad cuarta de San Cristóbal. Esta vez despedimos a nuestro compañero en una situación difícil, porque un mal recorre el planeta y nos impide acercarnos, abrazarnos, darnos la mano, cosas tan esenciales para los seres humanos y para la vida misma.

Queremos recordar a Pablo y despedirlo en un abrazo colectivo, queremos recordarlo como un ser vital, con el deseo y empeño de aportar para la formación de mejores seres humanos, pues como nos decía “para cambiar el mundo, primero tenemos que cambiar personalmente”.

La despedida de un amigo

Recuerdo que nos conocimos a principios de este siglo, en tiempos de la alcaldía de Lucho Garzón y toda la efervescencia que se vivía al tener un supuesto aliado de alcalde. Le apostamos y participamos en los encuentros ciudadanos, pero después de tanto esfuerzo por posicionar la comunicación alternativa como un tema prioritario dentro del Plan de Desarrollo Local, nos llevamos la decepción de que ninguno de nuestros aportes apareció en ninguna página del Plan.

Nuestra amistad floreció y conjuntamente dimos paso a la creación del colectivo de comunicación popular Loma Sur. Lidiamos hombro a hombro haciendo radio, hicimos transmisión de radio “ilegal”, montamos antenas, interferimos diales para transmitir otros contenidos con destino comunitario, construimos la radio con las historias de los barrios, él mismo se ingenió el programa semanal “Ciudad Semilla”. Volvimos a creer en que era posible constituir ejercicios de comunicación alternativa y decidimos participar, junto a otros colectivos, en la licitación de la emisora comunitaria de la localidad, ¡la ganamos!, pero tiempo después nos desilusionamos nuevamente al ver que estas emisoras se volvían pequeñas imitaciones de la radio convencional. Nos censuraron y al final quedamos sin emisora para transmitir nuestros contenidos.

Nos desfallecimos y de nuevo comenzamos a construir producciones radiales, retomamos caminos por los barrios haciendo radio en vivo, reconstruyendo la historia de nuestro territorio, escuchamos las voces de cientos de personas que se animaban a participar de esta radio itinerante, y así dimos origen a los “radio nómadas”.

Cuando la vida de los jóvenes fue amenazada por los “panfletos” de grupos paramilitares, y el miedo parecía apoderarse de nuestros barrios, dimos origen a los “liberando la noche” junto a colectivos de teatreros, artistas y organizaciones comunitarias. Vencimos el miedo, salvamos las noches para el goce colectivo.

Pasamos varios encuentros anuales de Loma Sur e innumerables reuniones donde imaginábamos otro mundo. Celebramos cumpleaños, compartimos aguapanela con pan, cantamos, despedimos años, bailamos. Era una persona muy estricta, comprometida y exigente. Debatía con pasión. La “recocha” y los chistes en las reuniones siempre los calmaba para que rindiera el tiempo, se molestaba cuando no avanzábamos por tanto joder. Se esmeraba para que las cosas se hicieran bien. Siempre fue una persona con disposición a compartir, y en toda reunión lo veíamos llegar con algo para compartir.

Hace cinco años el cáncer lo atacó, pero él seguía con su compromiso intocable. Recurrió a la medicina alternativa. Preocupado nos insistía en que hay que alimentar el cuerpo sanamente. En el 2019 se fue deteriorando y sin embargo asistía a reuniones. Luego el mal hizo metástasis en sus huesos y esto lo fue limitando poco a poco; conversábamos esporádicamente. Días antes a su partida conversamos telefónicamente, se sentía cansado, no quería ser una carga para su familia. Cada conversación era como una despedida.

En la mañana del viernes 12 de junio sonó el teléfono, era Blanca Lilia, la compañera de Pablo. La conversación fue corta, allí nos informó que en la noche del jueves la luz se apagó en los ojos de nuestro amigo y había llegado nuestro “hasta siempre”. Vuela muy alto donde estés, querido amigo. Ya la vida nos reencontrara al otro lado del silencio.

 

 

 

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Publicado enEdición Nº269
La colombiana Caterine Ibargüen gana el premio a la mejor atleta del año


La saltadora, medallista de oro en los olímpicos de Río, apunta ahora a Tokio 2020

 

La saltadora colombiana Caterine Ibargüen corroboró este martes el estatus de indestronable que disfruta desde hace años en su país al ser elegida como la mejor atleta de 2018 por la Federación Internacional de Atletismo (IAAF), apenas la segunda ocasión en que Latinoamérica obtiene la distinción. En la gala celebrada en Mónaco la acompañó el fondista keniano Eliud Kipchoge, recordman de maratón.


Ibargüen, medalla de oro en salto triple en los olímpicos de Río 2016, coronó así un año impecable. La desparpajada atleta colombiana, de 34 años, ganó las competencias de longitud y salto triple en los últimos Juegos Centroamericanos y del Caribe, en Barranquilla, y realizó la proeza de ganar estos dos títulos en la Liga de Diamante en dos ciudades diferentes en el espacio de 24 horas.


"Me gustaría agradecer a todos mis fanáticos y a toda Colombia por este premio. El apoyo que recibo de la gente de mi país es enorme", declaró Ibargüen, una figura tremendamente popular, al tiempo que admitió que las piernas le temblaban al recibir un premio que "tiene un sabor muy dulce".


Era la quinta vez que la antioqueña aspiraba oficialmente al galardón: lo hizo en 2013, 2014, 2015 y 2016, y regresaba ahora a la puja -ya entre las cinco finalistas- después de su ausencia en 2017, cuando en su camino se cruzó la venezolana Yulimar Rojas para alzarse con el título mundial en Londres.


La atleta colombiana ha crecido de la mano de técnicos cubanos. Regla Sandrino la condujo en Medellín al salto en todas sus versiones: longitud, altura y triple, y cuando se graduaba de enfermera en la Universidad Metropolitana de Puerto Rico fue rescatada para el atletismo por Ubaldo Duany, que la ha convertido en la mejor saltadora de triple del planeta.


Un salto de 15,17 metros le dio el oro olímpico en Río, cuatro años después de haber ganado la plata en las justas de Londres. Desde aquella final londinense, Caterine encadenó 33 victorias consecutivas en alta competición. Ganó la liga de Diamante de la especialidad de triple en 2013, 2014 y 2015, los títulos mundiales de Moscú 2013 y Pekín 2015, y alcanzó su actual récord personal (15,31) el 8 de julio de 2014 precisamente en Mónaco. Solo perdió en Birmingham, el 5 de junio de 2016, otra vez ante la kazaja Olga Rypakova, la misma que le había privado del oro en Londres 2012.


"Creo que terminaré mi carrera deportiva después de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, pero esto me llena de una esperanza grande para seguir dando resultados para Colombia y seguir con disciplina en este deporte, que es lo que me mantiene a pesar de los dolores", confesó Ibargüen. Cuando le preguntaron si competirá en el salto de longitud y el triple salto en el Mundial que se celebrará el próximo año en Doha, mantuvo el suspenso: "Es top secret", contestó.


Es la primera vez que Ibargüen se corona como mejor atleta del año por la IAAF, y sucede en el palmarés a la atleta belga Nafissatou Thiam. La antioqueña se convierte en la segunda latinoamericana que recibe el premio, 29 años después del éxito de la cubana Ana Fidelia Quirot.

Bogotá 4 DIC 2018 - 17:58 COT

 

Publicado enColombia
La lucha por la medalla de oro en ciencia, y en filosofía

Hacer ciencia —o filosofía— es una cosa sumamente difícil, porque solo existe medalla de oro. En todas las otras prácticas, oficios, actividades no necesariamente se tiene que ser el mejor.

 

Los griegos antiguos crearon la comedia y la tragedia. El drama fue un invento posterior. Pues bien, la tragedia en ciencia —como en filosofía— es que sólo existe medalla de oro. En ciencia no existe medalla de plata, medalla de bronce, diploma de participación o premio de consolación.

La medalla de oro consiste en que sólo se puede pensar aquello no ha sido pensado, no se puede descubrir aquello que ya ha sido descubierto, y no se puede inventar lo que ya está inventado. Esto significa, literalmente, que en la carrera de la ciencia, sólo gana quien llegue primero. Y como en todas las carreras de largo aliento, ello implica mucha preparación propia, pero también mucha estrategia y conocimiento de los contendores, tanto como considerar imponderables de última hora (el azar).

La historia de la ciencia, de una ciencia y disciplina a otra, está plagada de ejemplos de atletas (del pensamiento y la investigación) que llegaron segundos o terceros y nunca lograron ganar una medalla de oro, que bien hubieran podido merecer. El factor tiempo juega un papel crucial en la investigación y en la publicación de los resultados.

En ciencia, el proceso investigativo permite y exige al mismo tiempo adelantar avances de investigación. Pero dichos avances deben ser de tal índole que la “gran sorpresa” (si existe; cuando existe) no deba ser anticipada con obviedad antes justamente del anuncio de la misma. Esta es una situación difícil, que en la práctica se dice fácil, pero resulta más complicada de llevarla a cabo.

El gran producto de la investigación —latu sensu— debe poder ser adecuadamente ponderado, de suerte que la publicación del mismo, en forma de artículo o de libro, por ejemplo, tenga lugar en el mejor de los momentos y de los canales posibles. Muchas veces es posible anticipar, si no esta línea de acción, sí, por lo menos, el umbral mínimo posible para que ello tenga lugar.

Es aquí exactamente cuando tiene lugar la especificidad de la ciencia, a saber: tiene canales específicos, propios, y hay que saber elegirlos. Es lo que los estadounidenses llaman, apropiadamente, “The right man in the right place”, una expresión que simple y llanamente denota la buena combinación de fortuna y oportunidad con estrategia y disciplina de trabajo.

Existen muchas forma en que se expresa la medalla de oro en ciencia —o en filosofía—, pero la más determinante es la adscripción de un idea original, un descubrimiento anodino o una invención inaudita a alguien. Los premios, si los hay o si los llega a haber, son simplemente el producto derivado del reconocimiento de que “X descubrió que Y”, por así decirlo. O que “la idea A fue originalmente formulada por B”.

Si el gran premio para un artista es un aplauso cerrado y acaso sostenido en el tiempo —y si se puede con ovación y todo—, para los pensadores y científicos el equivalente es el reconocimiento explícito de haber formulado con originalidad una idea, un invento o un descubrimiento.

Desde luego que siempre habrá antecedentes, una historia o prehistoria del logro alcanzado. Ese no es el punto. Cuando alguien es grande, existe explícitamente el reconocimiento de deuda a otros. Como Newton: sobre hombros de gigantes. Aunque claro, siempre pueden haber excepciones a esta regla de nobleza e integridad intelectual (como es el caso propio de Heidegger, o de Habermas, entre otros).

Es suficientemente sabido que el mundo de la ciencia en general es un mundo de grandes egos. Pero una explicación parcial es justamente la medalla de oro que está en disputa. La verdad es que son siempre, por definición, para cada quien, muchos los competidores. Y cada uno mejor que el otro. Con todo y que siempre puede existir o aparecer un “novato” que salga con una idea, invención o descubrimiento que pueda ser sorprendente. Y que es generalmente lo que sucede.

La ciencia no avanza tanto por quienes ya son insiders, sino, muchas veces, por outliers y newcomers, que llegan con bríos, enfoques, aproximaciones y logros que pueden, al traste, lo que otros más avanzados en edad y en trabajo ya habían logrado. También la historia de la ciencia es abundante en ejemplos y casos al respecto.

La peor de las tragedias para un científico o filósofo consiste en el hecho de que un logro propio no se le reconozca como tal. No es ni siquiera que alguien le robe una idea, pues esta clase de fechorías siempre terminan por ser descubiertas. Robos existen todos los días, y malas apropiaciones de ideas. Esto es, casi, pan de cada día. Pero un gran logro es la gran apuesta, por así decirlo, de quien ha dedicado muy largas noches y días a elaborarla y, al cabo, escribirla y publicarla.

Porque, desde luego, la ciencia —como la filosofía— sólo se hacen, desde hace mucho tiempo, escribiendo y publicando. Sólo que hay que saber hacerlo, y este es un arte que se aprende con el tiempo; o con un muy buen golpe de suerte. Que también existe. (En la época laica, la diosa Fortuna ha terminado siendo subvalorada. Casi todas las culturas y civilizaciones clásicas cuentan entre sus dioses al equivalente de la diosa Fortuna. “Suerte”, dirían las gentes hoy en día)

La ciencia —al igual que la filosofía— es un asunto de mucha disciplina y pathos personal. No una cosa más que la otra. Se trata de ese pathos y disciplina que se convierten en un estilo de vida, no simplemente en un trabajo o una labor.

Hacer ciencia —o filosofía— es una cosa sumamente difícil, porque solo existe medalla de oro. En todas las otras prácticas, oficios, actividades no necesariamente se tiene que ser el mejor. Existen legiones de profesores, y los hay muy buenos, excelentes incluso. Y hay también legiones de científicos, inventores, descubridores, pensadores. Aquellos llevan a cabo una labor fundamental, a saber: contribuir a la apropiación social, a la divulgación del conocimiento. Jamás podremos pagar suficientemente la deuda con ellos. Pero es que hay, además, la legión de quienes se dan a la tarea de crear —ideas, conceptos, modelos, teorías, ciencias—. Para éstos sólo hay medalla de oro. Aunque no todos puedan ganársela, e incluso no en franca lid —como juego limpio (fair play).

Fecha: Marzo 6 de 2017

Martes, 07 Junio 2016 06:47

Muhammad Alí

Muhammad Alí

Lo llamaron Cassius Clay: se llama Muhammad Alí, por nombre elegido.


Lo hicieron cristiano: se hace musulmán, por elegida fe.


Lo obligaron a defenderse: pega como nadie, feroz y veloz, tanque liviano, demoledora pluma, indestructible dueño de la corona mundial.


Le dijeron que un buen boxeador deja la bronca en el ring: él dice que el verdadero ring es el otro, donde un negro triunfante pelea por los negros vencidos, por los que comen sobras en la cocina.


Le aconsejaron discreción: desde entonces grita. Le intervinieron el teléfono: desde entonces grita también por teléfono.


Le pusieron uniforme para enviarlo a la guerra de Vietnam: se saca el uniforme y grita que no va, porque no tiene nada contra los vietnamitas, que nada malo le han hecho a él ni a ningún otro negro norteamericano.


Le quitaron el título mundial, le prohibieron boxear, lo condenaron a cárcel y multa: gritando agradece estos elogios a su dignidad humana.


(En Memoria del Fuego III: El Siglo del Viento)

Publicado enSociedad
El mundo de los Premios Nobel… y otros premios
De premio y otros reconocimientos, entre ellos el Nobel tiene especial realce, difusión y reconocimiento. ¿Cómo surgió? ¿Qué se pretende con él? ¿Lo circundan intereses geopolíticos y de otro orden? Estos y otros interrogantes se dilucidan en la presente nota, la que también se pregunta por la ciencia en nuestro país.

Cada año, en la segunda semana de octubre, se hacen los anuncios de los más importantes o famosos de todos los premios: los premios Nobel, establecidos por Alfred Nobel, el inventor de la dinamita, a partir de 1901. De acuerdo con el testamento de A. Nobel, los premios se entregarían en seis áreas, así: física, química, fisiología o medicina, literatura, paz y economía. Los dos primeros los decide un comité de la Real Academia Sueca de Ciencias, el de medicina el Instituto Karolinska, el de literatura la Academia Sueca, y los dos últimos el Comité Nobel del Parlamento Noruego y el Banco de Suecia, respectivamente.

En general, los premios y los reconocimientos (en inglés existe la diferencia entre Prize y Award, cuyo rasgo distintivo es que un premio implica, además de un diploma o equivalente, un reconocimiento económico, mientras que el segundo es un reconocimiento puramente moral o intelectual sin un apoyo económico) corresponden a un mundo claramente definido, a saber: el mundo moderno y nuestra época contemporánea. En la historia anterior a la Modernidad, difícilmente había premios o reconocimientos para la investigación científica o las artes. Hay una historia detrás de esto.

Las obras científicas, filosóficas y literarias son, en el sentido específico de la palabra, una invención con autoría propia, gracias de manera definitiva al final de la Edad Media y la llegada del Renacimiento. Antes, los autores difícilmente firmaban sus obras y en numerosas ocasiones se trata de realizaciones anónimas. Con la notable excepción, claro, del mundo antiguo, en especial en Grecia y Roma. Pues durante el Medievo el peso de la Iglesia implicó la disminución, si no la anulación, de la individualidad. Tuvo que morir la Edad Media para que el individuo fuera (re)descubierto, en toda la acepción de la palabra.

En verdad, gracias al Renacimiento suceden varias cosas: el yo como individualidad es descubierto, el cuerpo mismo es inventado, por así decirlo, y con ello, ulteriormente, habrá de nacer la biografía. En el lenguaje filosófico, esta circunstancia es conocida en general como la revolución copernicana, de acuerdo con la cual, análogamente a como ya no es la Tierra lo que ocupa el centro del Universo, sino el sol, asimismo deja de haber un peso excesivo de la autoridad (¡de la Iglesia!) para reivindicar principios como la autonomía y la individualidad. A la postre, la Modernidad conducirá estos principios hasta la idea misma de libertad.

El mundo en el que se otorgan premios y reconocimientos corresponde estrictamente a la época en la cual la ciencia y la investigación dejaron de pertenecer a la Iglesia, en la que la nobleza no fue el principal referente de la investigación –notablemente en la figura del mecenazgo–, y en la que el Estado ya no fue la única fuente de apoyo y validación del conocimiento en general.

El otorgamiento de premios y reconocimientos a la ciencia y la investigación significan que la sociedad en general puede beneficiarse de los descubrimientos, teóricos o prácticos, que los científicos y académicos, incluidos los escritores y los luchadores por la paz, han alcanzado, como un bien de tipo colectivo (¿acaso parte de los derechos humanos de tercera generación?) o genérico para la humanidad como un todo. En otras palabras, los logros de la ciencia, el conocimiento, la investigación y la literatura ya no podrán ser adjudicados únicamente a una fuente o un destino singular.

De acuerdo una fuente de internet (http://en.wikipedia.org/wiki/List_of_Nobel_laureates_by_country), se han entregado hasta la fecha 853 premios, y alrededor de 690 han recaído sobre 10 países. Sin embargo, varios organismos internacionales han sido merecedores del Premio Nobel (habitualmente en temas de paz), contándose un total 18 a tales corporaciones.

La tabla I suministra, en orden descendente, los países más destacados en obtener los premios Nobel. La lista omite deliberadamente a algunos países que han recibido uno o dos premios, dentro de los cuales se encuentra Colombia con el otorgado a Gabriel García Márquez en 1982.

Los premios implican varias cosas: un enorme prestigio nacional, un reconocimiento expreso a las universidades, institutos y centros donde trabajan los galardonados, en fin, incluso, una enorme influencia social, política y cultural en sus países y en el mundo. Estrictamente, todo premio, distinción o reconocimiento opera como un bucle de retroalimentación positiva en el sentido de que implica la posibilidad –muy real– de que se sigan otros premios y reconocimientos. Todo dependerá, por lo demás, de una escala perfectamente establecida, pero nunca tematizada ni enseñada de jerarquías y cadenas de unos premios con otros, o de unas distinciones con otras.

Debido precisamente al prestigio que entrañan estos premios, existen –velados– numerosos intereses, grupos y fuerzas de presión que en unos casos favorecen a los ganadores o trabajan para que otros candidatos no logren ser premiados. Esta es la historia de una serie de procesos que suceden en la trasescena y que acaso, en muchas ocasiones, no llegan a hacerse públicos jamás.

Ahora bien, de la lectura de los países con más premios Nobel se deduce sin dificultad la potencia de cada uno, poderío educativo y social, tanto como académico y económico. En efecto, al prestigio que implica poseer un premio semejante se aúna la potencia científica y tecnológica, y no en última instancia militar, de cada país. Sería interesante cruzar, por ejemplo, esta lista de países con los países productores de tecnología militar y venta de armas: los rankings no variarían mucho.

Ello no implica que la investigación científica esté orientada sin más ni más al poderío militar. En manera alguna. Pero sí es verdad que un aspecto no se encuentra (muy) separado del otro. La mayor cantidad de investigaciones de punta implican manifiestamente necesidades de tipo militar, lo cual no puede decirse en forma automática en sentido contrario: es decir, que la investigación de punta conducente a la obtención de estos premios esté nutrida directamente por intereses de la industria militar.

Por lo demás, por regla general, los premios Nobel –y otros– se otorgan a académicos e investigadores que pertenecen a una universidad –con la excepción notable de los Nobel de Literatura y los de Paz, pues sus ganadores han sido generalmente independientes, afiliados o trabajadores de otras instancias.

En este orden de ideas, por universidades, veamos las 25 más destacadas y que han formado más premios Nobel. La tabla II suministra la lista de las más importantes universidades ganadoras de estos premios hasta la fecha (Sería interesante cruzar esta lista con la que elabora cada año el ranking de Shanghai de las principales 500 universidades, pero el espacio aquí es limitado).

Quienes hayan sido merecedores del Premio Nobel tienen, puede decirse, una puerta abierta para entrar en la historia. Y sin embargo no existe una relación uno-a-uno que permita sostener sin dilaciones que este sea siempre el caso. Es más, por regla general los ganadores de premios Nobel, en su mayoría, no han logrado entrar automática o necesariamente a la historia –por ejemplo, de la ciencia o la literatura. Es más todavía, con mucha frecuencia hay científicos y literatos, o luchadores por la paz y líderes sociales y políticos que nunca han sido ganadores del premio en mención pero que han logrado un espacio propio al interior de la historia.

Como quiera que sea, dos cosas son evidentes inmediatamente a la mirada reflexiva. De un lado, es el hecho de que hay una serie bastante amplia de ciencias, disciplinas, artes y actividades que no están incluidas en la exclusiva y cerrada lista de los premios establecidos desde A. Nobel. Y, de otra parte, al mismo tiempo, hay varios premios que, mucho más recientes y menos publicitados por los grandes medios, son considerados como equivalentes de los premios Nobel.

Entre estos, equivalentes al Premio Nobel, algunos de los más destacados son los siguientes:

Medalla Fields, en matemáticas.
Premio Millenium, de tecnología.
Polar Music Prize, en música.
Premio Ernst von Siemens, en música clásica.
Premio Abel (es llamado el) Nobel de matemáticas.
Premio Turing, en ciencias de la computación.
Premio Draper, en ingeniería.
Medalla Alvar Aalto, en arquitectura (se otorga cada cinco años).

Comparativamente con muchos de los países más desarrollados, es de señalar que en Colombia son muy pocos los premios (Prize) y distinciones (Awards). El sector privado no termina de comprender la importancia de crear estos incentivos como formas o bien de impulsar la ciencia y las artes, o bien de expresar reconocimientos abiertos a académicos, investigadores y artistas. Y el Estado mismo tampoco hace lo mejor en esa dirección. Hay aquí, manifiestamente, una oportunidad importante de la cual la principal beneficiada puede ser la sociedad, al lado de las universidades y centros de creación de pensamiento y estética.

Así, cada año, en el mes de octubre asistiremos a la mención de los galardonados, quienes reciben los premios efectivamente a mediados de diciembre. Lo significativo es que, en el caso de la ciencia en general, los reconocimientos aportan buenas luces sobre algunos de los avances y las tendencias más importantes, hacia futuro, de alcances de los cuales la base de la sociedad se beneficiará en el corto plazo. En el caso de la literatura, se trata en muchas ocasiones para la sociedad en general del descubrimiento de autores y de una obra que hasta la fecha era conocida sólo por los especialistas. Y en el caso de la paz, habitualmente se ha tratado de premios de buena intención que no han pasado sin producir ruido entre diversos círculos y escenarios. Pero el tema de base permanece, a saber: la confluencia entre ciencia e investigación, con artes y letras aunadas a la paz y la convivencia humana.

Nota. En la próxima edición se comentarán los premios de este año, pues al cierre de esta edición no todos habían sido anunciados.




Publicado enEdición 185