Yo fui una de las primeras personas en Facebook y no debería haber confiado en Mark Zuckerberg

Cuando era estudiante de Harvard, mis amigos y yo oímos hablar de una nueva web que mejoraría nuestras vidas. Catorce años más tarde, veo lo equivocados que estábamos

La verdad es que el gran valor de Facebook ha nacido de haber logrado que todos nosotros perdiéramos el control

 

 

Hace catorce años, dos meses y ocho días, cometí un error. Igual que muchos errores que uno comete siendo muy joven en la universidad, esto tuvo que ver con fiarme de un hombre en quien no debería haber confiado. Y este error me afecta hasta el día de hoy.

 

No, Mark Zuckerberg no me contagió herpes. Pero tras el escándalo de Cambridge Analytica, he estado reflexionando sobre mi decisión de unirme a thefacebook.com el quinto día de su existencia, y me impresionan las similitudes entre la creación de Zuckerberg y un virus molesto (aunque mayormente benigno). Facebook no me va a matar, pero ha afectado a todas mis relaciones personales, me ha hecho contagiar a otras personas y nunca lograré deshacerme del todo de él.

 

La semana pasada, Zuckerberg tuvo que asumir ciertas consecuencias. Durante los dos días en que tuvo que responder las preguntas del Congreso, Zuckerberg buscó asegurar a la población que nosotros, y no él, tenemos un "control absoluto" de nuestras relaciones en Facebook. Repitió esta garantía una docena de veces, volviendo una y otra vez a la idea de que los usuarios pueden controlar la información que Facebook tiene sobre ellos.

 

Sin embargo, el Zuckerberg de 2018 sonaba muy parecido al "Mark E Zuckerberg ’06" que fue entrevistado sobre su nueva web el 9 de febrero de 2004 por el periódico universitario Harvard Crimson. Fue gracias a este artículo que mis amigos y yo decidimos confiar en este extraño detrás del ordenador y darle las claves de nuestra identidad: nombres, fechas de nacimiento, fotografías, correos electrónicos, y mucho más.

 

"Hay muchas opciones de privacidad", dijo en ese momento al entrevistador. "La gente tiene mucho control sobre quién puede ver su información".

 

"En Facebook, tienes control sobre todo lo que compartes", dijo al senador Dean Heller justo después de no poder responder con seguridad si Facebook alguna vez registró el contenido de las llamadas telefónicas de sus usuarios. "Tú puedes decir ‘no quiero que esta información esté allí’. Tienes acceso total a comprender todo, cada pequeña información que Facebook tiene sobre ti, y puedes borrarlo todo".

 

Zuckerberg mintió en aquel momento y miente ahora también. No tenemos "control absoluto" y nunca lo hemos tenido, como lo prueba el hecho de que incluso personas que nunca han tenido una cuenta de Facebook tienen "perfiles en sombra" creados sin su consentimiento.

 

Hace 14 años, dos meses y ocho días que se sale con la suya con el mismo cuento. Mientras lo miraba desarmarse delante del Congreso, no podía evitar verlo como uno de esos muchachos de Harvard de rostro juvenil que pasaban con gracia de su instituto de la zona de Nueva Inglaterra a las universidades de lujo de la Ivy League y lograban mantener contacto visual con el profesor mientras opinaban sobre libros que no habían leído.

 

Todavía recuerdo la emoción y la curiosidad por esta nueva web que prometía mejorar y reemplazar los anuarios universitarios que Harvard entregaba a los estudiantes de primer año. Aquellos volúmenes delgados de tapa dura solían ser una fuente de información útil y entretenimiento picante. Solíamos estudiar el anuario en detalle, intentando encontrar el nombre de un chico de la clase o de aquella chica del sábado por la noche, juzgando por las fotos de los estudiantes y generalmente ejerciendo un poco de ciberacoso precibernético: intentando saber cosas de otras personas sin tener que preguntarles directamente.

 

La web de Zuckerberg lanzó a Facebook a un nivel desconocido. Durante los primeros meses y semanas, fuimos testigos del poder de Facebook para redefinir las relaciones sociales. Con Facebook, erais amigos o no; tenías una relación, eras soltero, o "es complicado"; la popularidad era fácilmente cuantificable; aquellos que decidían no estar en Facebook se definían como abstemios, lo quisieran o no. Todo lo hermoso y doloroso que son las interacciones humanas quedaba reducido a datos en un gráfico social.

 

Recibimos este reajuste de las relaciones sociales sin pensar en quién o qué estaba detrás. Pasamos de juzgar a las personas por su foto del anuario a juzgar a las personas por su perfil de Facebook y sus hábitos en Facebook. Ahora me avergüenzo de mi decisión, nacida de mi propio sentimiento de ser muy guay, de que sólo aceptaría las solicitudes de amistad de otros pero no pediría amistad yo, como si esto fuese una forma significativa de autodefinirme.

 

Me gustaría poder decir que me detuve a pensar en las motivaciones del hombre que estaba detrás de la pantalla del ordenador, pero estoy segura de que no fue así. Incluso si hubiera querido asignarle una palabra, o incluso un valor, a la idea de que yo debería tener control sobre la información que otros utilizan para conocerme y juzgarme –creo que a esto llamamos "privacidad"–, seguramente me habría creído las palabras de Zuckerberg en aquella primera entrevista en la que aseguraba que su web era perfectamente segura.

 

La verdad es que el gran valor de Facebook ha nacido de haber logrado que todos nosotros perdiéramos el control. Sí, podemos decidir qué fotos y actualizaciones de estado y datos biográficos lanzamos a las enormes fauces de Facebook. Pero el verdadero valor está en la información que ni siquiera sabíamos que estábamos entregando.

 

Facebook sabe lo que leo en internet, dónde me voy de vacaciones, si me quedo despierta hasta tarde por las noches, las publicaciones de quiénes paso por alto y las de quienes me detengo a leer. Sabe que viajé a Montana, Seattle y San Diego, aunque nunca permití que me siguiera el GPS. Sabe el número de móvil de mi padre, aunque él nunca ha aceptado ser parte de la red social, porque yo fui lo bastante tonta como para compartirlo con mis contactos una vez hace varios años.

 

Sabe todas estas cosas que, en mi opinión, no le incumben en absoluto.

 

Si algo he aprendido de Mark Zuckerberg es que el conocimiento más valioso sobre otras personas es saber aquellas cosas que no te contarían sobre sí mismas.

 

Así que esto es lo que yo sé sobre Mark Zuckerberg. Durante esas primeras semanas de la existencia de Facebook, mientras él aseguraba a los estudiantes universitarios que podían confiarle sus identidades, Zuckerberg tuvo una conversación privada por Instant Messenger con un amigo suyo. Esa conversación luego se filtró y fue publicada en el Silicon Valley Insider. Y es la siguiente:

 

- ZUCK: vale, pues si alguna vez necesitas info de cualquier persona de harvard

- ZUCK: solo pídemela

- ZUCK: tengo más de 4.000 correos, fotos, direcciones, sms

- AMIGO: ¿qué? ¿Cómo lograste eso?

- ZUCK: la gente me la entregó

- ZUCK: no sé por qué

- ZUCK: "confiaron en mí"

- ZUCK: gilipollas

 

En los años siguientes, supe que Zuckerberg cuida tanto su privacidad que tiene guardias de seguridad que revisan su basura, que compró las cuatro casas que rodeaban su propia casa para no tener vecinos, que demandó a cientos de hawaianos que reclamaban tener derechos sobre pequeñas parcelas de tierra en su gigantesca propiedad en Kauai, y que armó mecanismos secretos para impedir que mensajes privados de su pasado reaparecieran y le trajeran problemas.

Lo que no he visto es que haya cambiado de opinión sobre la inteligencia de sus usuarios. Este es el mundo de Zuckerberg, y todos nosotros somos una banda de gilipollas viviendo en él.

Miércoles, 18 Abril 2018 06:33

Facebook en el capitalismo crepuscular

Facebook en el capitalismo crepuscular

En junio de 1999 un estudiante universitario llamado Shawn Fanning puso en operación una plataforma para compartir música. La innovación permitía a los usuarios acceder a la música almacenada en sus computadoras en condiciones de reciprocidad. Fanning bautizó su plataforma como Napster, apodo que usaba para burlarse de los hackers.


Napster no era una red centralizada y permitía a los participantes tener acceso a una vasta discoteca a un costo marginal: en su apogeo llegó a contar con más de 70 millones de usuarios. Y luego, las cosas se pusieron feas.


Fanning fue demandado por las compañías disqueras y en 2001 perdió el juicio por promover la descarga ilegal de material protegido por las leyes de derechos de autor que amparaban a las disqueras. Así se impusieron los esquemas centralizados y de paga. Los nostálgicos de los años en que se pensaba que el capitalismo desaparecería porque las redes sociales hacían obsoletos los viejos esquemas de concentración de poder deben reconsiderar su análisis.


La comparecencia de Mark Zuckerberg ante el Congreso estadunidense hace unos días fue una farsa y un episodio más de la campaña de pido perdón del creador de Facebook. También mostró que la mayoría de los legisladores no sabía nada sobre el funcionamiento de la plataforma. Cada legislador tuvo cinco minutos para hacer preguntas, así que el interrogatorio fue superficial y sólo sirvió como operación de relaciones públicas del jefe de Facebook. También reveló que Zuckerberg no sabe nada de historia, economía ni ética.


No es la primera vez que un escándalo marca las operaciones de Facebook. En 2010, el Wall Street Journal descubrió que esa aplicación estaba vendiendo información privada sin el consentimiento de los usuarios a compañías rastreadoras de Internet y agencias de publicidad. Peor aún: en 2014, Facebook llevó a cabo experimentos sobre las cuentas de 689 mil usuarios (sin su conocimiento) y mostró que era posible hacerlos sentir más optimistas o pesimistas mediante la manipulación de las informaciones que supuestamente les enviaban sus amigos en un proceso denominado contagio emocional. El experimento mostró que la formación de opiniones podía condicionarse por el consumo dirigido de noticias y que esto podía tener graves repercusiones sobre preferencias electorales.


Hay sabemos que entre 2015 y 2016, Facebook vendió más de 100 mil dólares de espacio publicitario a “granjas de trolls” en Rusia y que 126 millones de cuentas de usuarios estadunidenses estuvieron expuestas a noticias enviadas por estos perfiles falsos de supuestos ciudadanos concernidos. No estoy implicando que la elección de Trump se decidió de este modo, eso nunca lo sabremos (las corruptelas y el entreguismo del Partido Demócrata fueron más importantes). Lo que quiero destacar es que hoy que se destapa la cloaca con los tratos con la empresa Cambridge Analytica se abren nuevas perspectivas sobre las relaciones entre la agregación de datos individuales y el modus operandi del capitalismo contemporáneo.


Las palabras big data denotan un acervo gigantesco de información personalizada que sólo un poderoso algoritmo puede procesar para elaborar un perfil preciso de cada usuario con fines comerciales. Lo importante es no sólo el uso comercial de estas bases de datos, sino el hecho de que colosos como Amazon, Google o Facebook pueden ahora incursionar en la manipulación política y hasta en funciones propias de un gobierno. El modelo de capitalismo financiero que hoy domina la economía mundial tolera y parece promover estas nuevas incursiones en el mundo del big data.


Y es que la acumulación y procesamiento de datos personales permite profundizar la apropiación de nuevos espacios de rentabilidad para un capitalismo que sufre una caída crónica en la tasa media de ganancia desde hace cuatro décadas. El neoliberalismo se ha basado en la supresión salarial y la destrucción del poder social y político de la clase trabajadora. Aun así no ha podido contrarrestar su crisis de rentabilidad ni evitar la concentración de la riqueza y tampoco ha podido evitar el semiestancamiento en el que se encuentra la economía mundial. En ese contexto, agregar y cosechar datos es una oportunidad que el capitalismo no quiere desperdiciar. Y para aprovecharla se ha llevado a un nuevo estándar la mercantilización de las relaciones sociales. El gigantismo y la concentración de poder se han intensificado para convertir la esfera de la vida privada en mercancía.


Por cierto, en México el consejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE) anunció hace poco que se había firmado un convenio con Facebook para evitar que las noticias falsas desorientaran a los votantes y afectaran el proceso de las próximas elecciones. El momento escogido para suscribir tal convenio no pudo ser más desafortunado. En medio del peor escándalo en la historia de Facebook, poco faltó para que el INE lo elevara a rango de autoridad electoral. ¿Quién decidirá lo que es noticia falsa? ¿El INE? El atraso e incompetencia de los funcionarios del instituto electoral son ejemplares.


Twitter: @anadaloficia

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Sábado, 14 Abril 2018 09:24

Facebook ya no es amigo de la democracia

Facebook ya no es amigo de la democracia

Facebook, la gigante red social con fines de lucro, recopila grandes cantidades de datos de cada uno de sus 2.000 millones de usuarios en todo el mundo. Este paquete de información le da a Facebook un poder comercial inigualable. También resulta cada vez más evidente que le da la capacidad de influir en importantes acontecimientos, como elecciones presidenciales y otro tipo de elecciones en diferentes partes del mundo. Las revelaciones sobre el papel de Facebook en la explotación de información de usuarios por parte de una empresa llamada Cambridge Analytica, que usó esa información para apoyar la campaña presidencial de Donald Trump, así como en el resultado del “Brexit”, el referéndum que llevó a Reino Unido a abandonar la Unión Europea, ha generado una demanda de leyes más estrictas en torno al resguardo de la privacidad de la información.

El multimillonario Mark Zuckerberg, fundador y director ejecutivo de Facebook, compareció por primera vez ante el Congreso estadounidense esta semana. Entre quienes lo interrogaron el martes en la primera de las dos audiencias programadas se encontraba el senador demócrata de Illinois, Dick Durbin. Así fue el intercambio que tuvieron:


Sen. Durbin: “¿Se sentiría cómodo de compartir con nosotros el nombre del hotel en el que se alojó anoche?”


Mark Zuckerberg: “Ehh… no”.


Durbin: “Si le ha mandado mensajes a alguien esta semana, ¿compartiría con nosotros los nombres de las personas a las que le ha escrito?”


Zuckerberg: “Definitivamente no, senador. Preferiría no hacer pública esa información aquí”.


Durbin: “Creo que de eso se trata todo esto: del derecho a la privacidad, de los límites del derecho a la privacidad y de cuánto cedemos en el Estados Unidos moderno en nombre de, cito, ‘conectar a las personas en todo el mundo’”.


Estas audiencias sin precedentes del Congreso generaron mucha polémica pero poca claridad, tal como lo predijo Zeynep Tufekci, profesora de la Universidad de Carolina del Norte, en Chapel Hill. Tufekci es una de las investigadoras más agudas en lo que respecta a Facebook y al desarrollo de nuestro panorama digital. La profesora expresó: “Realmente no necesitamos que Mark Zuckerberg explique los conceptos básicos de Facebook a un grupo de senadores que ni siquiera parecen entender del tema. Necesitamos sentarnos y preguntarnos: ‘¿Cómo nos manejamos con los nuevos recursos de información? ¿Cómo nos manejamos con la nueva esfera pública tal como funciona ahora? Mucha gente piensa erróneamente que Facebook vende los datos de uno. Pero Facebook no vende tus datos; Facebook te vende a ti”.


La empresa Cambridge Analytica, cofundada por el exasesor de Trump, Stephen Bannon, y el multimillonario donante de Trump, Robert Mercer, un ideólogo de extrema derecha, afirmó que podía crear “perfiles psicográficos” de las personas en función de sus datos de Facebook. Un informante de la empresa reveló que habían asesorado a la campaña de Trump en torno a cómo hacer publicidad específica con el fin de favorecer a Trump, así como para desalentar la participación de votantes demócratas.


La explotación masiva de datos personales en todo el planeta tiene consecuencias nefastas. La profesora Tufekci señaló al respecto: “Podríamos entrar en una fase a la que llamo ‘autoritarismo de la vigilancia’, en donde no nos enfrentamos al tipo de modelo orwelliano de la novela ‘1984’, esto es, un totalitarismo abierto, en el que suceden cosas como ser sacado a rastras en medio de la noche y ese tipo de cosas, sino que somos velada y silenciosamente presionados y manipulados, persona por persona, pantalla por pantalla, de acuerdo a nuestras vulnerabilidades individuales”.


Tufekci afirma que la especificidad que brindan los datos de los usuarios de Facebook es escalofriante y da como ejemplo la capacidad de determinar si una persona es bipolar: “Se puede predecir si es probable que una persona entre en una depresión clínica o si es probable que entre en una fase maníaca, si tiene problemas de salud mental, problemas de bipolaridad, antes del inicio de los síntomas clínicos”.
A partir de este seguimiento, se podrían ofrecer vuelos baratos a Las Vegas, por ejemplo, a personas cuya actividad en Facebook indique que están entrando a una fase maníaca. Estas personas podrían ser inducidas a realizar una compra impulsiva con mayor facilidad.


Y también están los niños y las niñas. Esta población se ha convertido en blanco reciente de Facebook con el desarrollo de su aplicación “Facebook Messenger Kids”. Esto permitiría que Facebook reclute usuarios nuevos, más jóvenes que la edad mínima actual de 13 años. Incluso a pequeños de 6 años de edad. La Campaña por una infancia libre de publicidad está tomando medidas para eliminar esta aplicación.


Josh Golin, director ejecutivo de esta campaña, nos dijo en una entrevista para Democracy Now!: “Hay una gran cantidad de investigaciones que demuestran que las redes sociales son perjudiciales para los adolescentes, que el tiempo excesivo en las redes sociales se relaciona con problemas como la depresión y la infelicidad. Las niñas que están en las redes sociales tienen más probabilidades de sentirse disconformes con sus cuerpos. Facebook tiene conocimiento de estas investigaciones y aun así procura deliberadamente que niños cada vez más pequeños usen su plataforma. Y creemos que es un gran error. En un momento en que la mayoría de los padres ya están preocupados por el tiempo que pasan sus hijos frente a la pantalla, en un momento en que niños y niñas no tienen suficiente tiempo cara a cara con sus amigos, lo último que necesitan los niños es normalizar esta idea de que las relaciones se desarrollan en internet, que las relaciones deben tener lugar a través de un producto comercial”.


Facebook, Google, Twitter y otras plataformas de redes sociales se han convertido en ámbitos centrales de nuestras vidas modernas de interconexión digital. Pero cada vez hay más pruebas de que nuestros “amigos” en las redes sociales, lo que “nos gusta” y lo que compartimos, pueden ser utilizados por grupos malintencionados para atacar a sectores enteros de la población con el simple tecleo de un par de letras. Si la democracia ha de sobrevivir en este (nuevo) mundo feliz, los movimientos sociales tendrán que unirse y organizarse para contener a estos gigantes corporativos y proteger nuestros bienes comunes digitales.
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Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

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Jueves, 12 Abril 2018 06:24

“Si los usuarios lo publican...

“Si los usuarios lo publican...

El fundador de Facebook aseguró que los usuarios son responsables del contenido que difunden. Y admitió que la regulación de las redes sociales será “inevitable”, aunque debería estudiarse cuidadosamente.

 

Mark Zuckerberg volvió a defender ayer ante los congresistas estadounidenses el modelo económico de Facebook, a pesar de los casos probados de manipulación y mal uso de los datos personales de sus usuarios, al tiempo que admitió que la regulación de las redes sociales es “inevitable”. “En todo el mundo, la importancia de internet en la vida de las personas está creciendo, y creo que es inevitable que deba haber alguna regulación”, dijo el CEO y fundador de Facebook, aclarando que esto debería ser “estudiado cuidadosamente”.


Antes, había asegurado a los miembros de una comisión de la Cámara de Representantes que los usuarios son responsables del contenido que publican. “Cada vez que alguien decide publicar algo en Facebook elige compartir una imagen o escribir un mensaje. Cada vez, hay un control justo en ese momento”, aseguró.


El empresario de 33 años, que pasó anteayer cinco horas respondiendo las preguntas de los senadores, admitió no haber protegido adecuadamente la privacidad de los usuarios y anunció controles adicionales.


Zuckerberg no deja de pedir disculpas desde la revelación del escándalo de Cambridge Analytica a mediados de marzo, que ha dañado significativamente la imagen del grupo y ha reducido su valor bursátil.


Según Facebook, los datos de unos 87 millones de usuarios –incluidos los de Zuckerberg, admitió él mismo– quedaron en manos de la empresa de análisis de datos antes de que la red social comenzara a introducir restricciones en 2014. La firma británica trabajó para la campaña del candidato presidencial republicano Donald Trump en 2016.


Después de admitir que su compañía había sido “lenta” en identificar compras de publicidad política por parte de Rusia durante la campaña electoral, Zuckerberg aseguró que Facebook estaba haciendo “cada vez mejor” la tarea de eliminar cuentas falsas.


El fiscal especial Robert Mueller, que investiga desde mayo de 2017 una posible alianza entre el equipo de campaña de Trump y funcionarios rusos para influir en las elecciones, cree que internet y en particular Facebook han servido de plataforma para una gran operación de propaganda destinada a promover la victoria del magnate de bienes raíces.


Al comenzar la audiencia, el legislador Frank Pallone calificó la filtración de datos como un “desastre” y exhortó al Congreso a “tomar medidas inmediatas para proteger” la “democracia”. “Las advertencias estaban en todas partes, ¿por qué nadie las veía?”, preguntó.

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Miércoles, 11 Abril 2018 05:58

No quiso decir ni dónde se alojaba

No quiso decir ni dónde se alojaba

El fundador de Facebook dio explicaciones ante el Senado de Estados Unidos sobre la masiva fuga de datos de usuarios. A contramano del uso discrecional de la información, Zuckerberg se negó a decir con quiénes se reunía.

 

El fundador y director ejecutivo de Facebook, Mark Zuckerberg, dijo que había sido su error y que él era responsable del uso ilegal de datos de sus usuarios por parte de la empresa Cambridge Analytica. El joven empresario, de 33 años, se presentó ayer ante el Senado de Estados Unidos para dar testimonio sobre el caso.


En sus primeras palabras en el Congreso, Zuckerberg dijo que Facebook no advirtió el alcance de su responsabilidad. “Eso fue un gran error. Fue mi error”, expresó. Zuckerberg, que cambió el habitual atuendo de remera y jeans por traje y corbata, fue recibido por decenas de fotógrafos en Washington para comparecer como testigo en una sesión conjunta de los comités de Justicia y Comercio del Senado. Los senadores de ambos partidos cuestionaron agresivamente al fundador de Facebook desde privacidad de la información hasta la desinformación llevada a cabo por parte de los rusos. Los legisladores exigieron más detalles acerca de cómo la red social recolecta y usa la información y exigieron garantías de que se implementarían grandes mejoras en la protección de la privacidad de los usuarios, informó The Washington Post.

En uno de los momentos más picantes de la audiencia uno de los senadores le preguntó al CEO de Facebook si estaría dispuesto a compartir el nombre del hotel en que había dirmedo esa noche.


“No,” contestó Zukerberg.


¿Y el nombre de las personas con las que había chateado ese día? Insistió el senador.


“No, tampoco,” volvió a decir el testigo estrella.


“Bueno, de eso se trata esta audiencia,” remató el legislador.


La amenaza de mayores regulaciones –no sólo para Facebook , suno para toda la industria tecnológica– sobrevoló la audiencia.


“Yo inicié Facebook, yo lo conduzco, y soy responsable de lo que pase aquí”, dijo Zuckerberg.


Al comienzo de la audiencia, el titular de la Comisión de Comercio, John Thune, indicó que tal vez sea tiempo de implementar más regulación, en lugar de compromisos unilaterales por parte de las empresas. Y dijo no estar seguro de si los usuarios tienen total comprensión de las consecuencias de entregar sus datos a compañías de internet.


“Facebook está investigando decenas de miles de aplicaciones, y si encontramos cualquier actividad sospechosa, vamos a llevar a cabo una auditoría completa de esas apps para entender cómo están usando los datos y si están haciendo algo inapropiado.”, afirmó Zuckerberg. “Si encontramos que estuviesen haciendo algo inapropiado, vamos a expulsarlos de Facebook y vamos a informar a todos los que hayan sido afectados”, advirtió.


El CEO de Facebook compareció rodeado de sus principales ejecutivos de políticas y asuntos legales y parecía estar bien entrenado, según el diario The New York Times. El empresario respondió a las preguntas de manera directa y sin mostrarse a la defensiva. Señaló que la mayor prioridad de la red social es conectar a las personas, y que eso seguirá siendo siempre más importante que los intereses de los anunciantes. “Al menos mientras dirija Facebook”, enfatizó.


Por su parte, la senadora Dianne Feinstein, la demócrata de más jerarquía dentro del comité judicial, apretó a Zuckerberg en cuanto a la explotación de la plataforma por parte de Rusia durante las elecciones presidenciales de 2016. El empresario admitió que el esfuerzo de la compañía de encontrar y detener las intromisiones rusas fue lento, y calificó a ese error como uno de sus mayores arrepentimientos. “Hay gente en Rusia cuyo trabajo es explotar nuestros sistemas”, dijo Zuckerberg. “Esto es una carrera de armamentos”, añadió. Pero el fundador de Facebook dijo que la compañía desarrolló nuevas herramientas de inteligencia artificial para detectar actividades maliciosas en las elecciones de Francia, Italia y en el Senado de Alabama. Dijo que él creía que la nueva tecnología ayudaría a proteger la integridad de las elecciones alrededor del mundo de la manipulación vía Facebook.


Zuckerberg, antes de la audiencia, hizo uso de su cuenta en la red social más discutida del momento y publicó una foto del edificio del Capitolio rodeado de árboles de cerezo en flor y un mensaje sobre lo que planeaba decir a los legisladores. “Dentro de una hora voy a testificar ante el Senado acerca de cómo Facebook necesita tomar una visión más amplia sobre nuestra responsabildad -no sólo construir herramientas, pero asegurarnos que esas herramientas sean usadas para el bien. Voy a hacer todo lo que pueda para hacer de Facebook un lugar donde todos puedan estar más cerca de sus seres queridos, y para asegurarnos de que es una fuerza positiva en el mundo.”


El empresario se someterá hoy a las preguntas del comité de Energía y Comercio de la Cámara de Representantes. Según las declaraciones de varios congresistas en los últimos días, el CEO de Facebook se enfrentará a duros interrogatorios.


La compañía venía tambaleándose desde las elecciones de noviembre de 2016 durante las que se propagaron noticias falsas en dicha plataforma y operadores rusos montaron una campaña para dividir a los votantes estadounidenses, dañando a la demócrata Hillary Clinton y aumentando las chances de elección del republicano Donald Trump.


Facebook parecía estar recuperándose de esas controversias cuando el mes pasado se destapó el escándalo de Cambridge Analytica, una empresa de análisis de datos contratada, entre otros, para la campaña de Trump y otros republicanos. Hace más de cuatro años, el desarrollador de una aplicación de encuestas de personalidad envió ilegalmente informaciones de usuarios de Facebook a Cambridge Analytica. Y no se trataba sólo de los datos de los participantes en la encuesta, sino también de sus contactos de la popular red social.
Así, según Facebook, podrían haberse visto afectados los datos de hasta 87 millones de usuarios en todo el mundo, entre ellos 70 millones de estadounidenses.

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El control social de la mente en la era digital

Los dispositivos para el dominio de la mente y el cuerpo, con el fin de garantizar la sumisión al poder, se han reforzado en la era digital. Joseph Goebbels, a la sazón ministro de Ilustración y Propaganda en la Alemania del Tercer Reich, comprendió el significado de la difusión masiva de mensajes.

Goebbels hizo fabricar una radio de bajo costo para que fueran adquiridas por las clases trabajadoras y los sectores medios. Se le denominó "la radio del pueblo". Limitada a la recepción de emisoras alemanas, en 1933 su producción incorporaba una esvástica encima del dial. Fue una revolución. Goebbels convenció a Hitler.

El control de la mente del pueblo alemán se extendió. Las ondas hertzianas fueron el mecanismo utilizado para penetrar en los hogares. Noticias, discursos, partes de guerra, concursos, música, etcétera. Todo estaba diligentemente seleccionado. El nazismo hizo del radiotransmisor un instrumento de control político. Era perfecto. Las familias arremolinadas frente al aparato recibían las instrucciones para acudir a manifestaciones, estar a la moda o participar en actos políticos.

Por primera vez los radioescuchas, en tiempo real, asistían a una transmisión deportiva. Nadie dudó de su eficacia. El pueblo alemán fue agradecido. Se transformó en un devoto nazi pasivo, gracias a este regalo envenenado de Goebbels.

En 1933, sólo 25 por ciento de hogares poseía una radio. En 1941, en plena ofensiva nazi, la proporción se elevó a 67 por ciento. Todos los fabricantes de aparatos de radiodifusión fueron obligados a producir el modelo. Su precio, 76 marcos, era una bicoca frente a los oscilantes 200 a 400 que costaban los convencionales.

Hoy, junto al ordenador personal, en sus diferentes modalidades, tabletas, smartphones, se hace posible dirigir, controlar, manipular y proyectar el mundo acorde con las grandes compañías del big data. Los vínculos existentes entre Microsoft y Apple con el poder y su complicidad se hacen patentes cuando se destapan los escándalos de la dominación informática. Tanto Bill Gates como el desaparecido Steve Jobs siguieron la senda inaugurada por el Tercer Reich.

Bajo una especie de mecenazgo, actos de filantropía, donan y reparten ordenadores a países dependientes, colegios públicos, instituciones públicas, ministerios, etcétera. A la par, crean aulas de informática en universidades de los cinco continentes. Todo bajo el sello de una obra en bien de la comunidad, ocultando la verdadera razón de tales comportamientos. Acceder a información global, antes insospechada y menos aún posible de almacenar, dirigir y manipular. Hoy, estas empresas construyen perfiles específicos para usuarios individualizados. La línea entre el espacio público, lo privado y lo íntimo ha desaparecido. Han penetrado hasta lo más profundo de nuestro ser. No hace falta una orden de registro dictada por un juez para entrar en tu domicilio y realizar un registro. No es necesario abrir cajones, hurgar en el desván de tu casa para descubrir tus gustos de lectura, pasatiempos y amistades. La información se consigue de forma sibilina, menos tosca, sin violencia física. El control del cuerpo y la mente se hace global. De la biopolítica a la sicopolítica. El poder entró vía web. Se rastrean tus correos electrónicos, compras, cuentas bancarias, vacaciones. Con un algoritmo adecuado se construye el perfil que define tu personalidad, comportamiento, aficiones, ideología, si eres sumiso, dócil, conflictivo, etcétera. Gracias al GPS, la localización no es un problema.

Los estándares de la web están controlados. Google, Facebook, Amazon, Youtube y PayPal pertenecen al consorcio W3C, articulado al protocolo Http, sin el cual la World Wide Web no existiría. Los navegadores Chrome, Safari, Mozilla y Firefox tienen dueños: Microsoft y Apple. La informática de la dominación, ensamblada a los servicios de inteligencia, facilita el control de la mente. Por nuestras entradas editan perfiles exactos. No se trata sólo del uso de nuevas formas de identificación, como el reconocimiento facial. Saben los gustos, controlan nuestras emociones, sentimientos. Tienen acceso al conjunto de los ingresos, la ubicación. No es extraño que los dispositivos de hardware tengan como función prioritaria acceder a la web y sus servicios. Los nuevos amos de esta red, a decir del colectivo Ippolita, en su ensayo ¿La red es libre y democrática?, concluyen: "Poseen los códigos del software que usamos, las informaciones que les regalamos, la potencia de cálculo y la mano de obra para mantener todo en constante movimiento (mano de obra gratuita de los usuarios). Los nuevos amos digitales han plasmado una mentalidad, han proporcionado una idea del mundo y cada día van anunciando la buena nueva de la web 2.0. Más de 20 años después de la puesta online del primer sitio www, nos descubrimos adeptos a una nueva religión, de la que desconocemos origen y estructura, pero cuya liturgia aplicamos cada día con meticulosa diligencia".

El capitalismo de la era digital articula un sistema totalitario, en el cual, curiosamente, nos sentimos cada vez más libres, creyendo que nuestras navegaciones en red acaban con el control social del poder analógico ejercido por una clase social o una élite dominante transversal. La gratuidad de los servicios de la web debería hacernos pensar. El capitalismo no regala nada a cambio de nada. Sin dudarlo, el complejo industrial, militar, tecnológico y financiero ha sido capaz de entrar en nuestra mente, minar la capacidad de resistencia, favoreciendo la adoración de nuevos dioses articulados a los dispositivos fetiches de la web.

 

 

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Cómo ganar elecciones contando “me gusta”

Usando modelos computacionales y psicología cognitiva, CA pudo construir un perfil de la personalidad de cada uno de los 250 millones de votantes en las elecciones de EE.UU.

 La empresa Cambridge Analytica (CA) que utilizó datos personales de Facebook de mas de 50 millones de usuarios, causó una verdadera revolución por la metodología que usó en las campañas de Donald Trump y del Brexit.


Para la campaña presidencial de Trump, usando modelos computacionales y psicología cognitiva, pudo construir un perfil de la personalidad de cada uno de los 250 millones de votantes en las elecciones estadounidenses. Lo hicieron a partir de al menos 5000 “datos” de cada uno de ellos (gastos con tarjeta de crédito, movilidad por el uso de los smartphones, lectura de diarios, programas de TV vistos y sobre todo los “me gusta” en Facebook). Así consiguieron conocer los gustos, valores, temores de cada votante y a partir de esto pudieron crear un mensaje de campaña personalizado a la medida de cada uno de ellos.


Para entender cómo trabaja CA se puede ver en Youtube una charla que su CEO, Alexander Nix, dio en marzo de 2017 en Berlín, en el “Online Marketing Rockstar”. Allí Nix, un británico de 42 años, educado en exclusivísimo Eton College, explica que CA utiliza tres metodologías que –usadas conjuntamente– cambiaron la manera en que se hace marketing político: Las Ciencias del Comportamiento (Psicología), el Análisis de Data (Big Data) y la publicidad personalizada.


Para CA los datos demográficos (sexo, edad, religión, raza) inciden en la forma en que la gente ve el mundo, pero la personalidad es la clave para saber por qué la gente compra o vota de determinada manera. Según este enfoque, la personalidad determina la toma de decisiones.


Para clasificar a los individuos según el tipo de personalidad CA usa el modelo OCEAN (por sus siglas en inglés) que define cinco grandes tipos:


factor O (apertura a las nuevas experiencias), factor C (responsabilidad), factor E (extroversión), factor A (amabilidad) y factor N (neuroticismo o inestabilidad emocional).
No es que CA haya realizado este test a cada uno de los 250 millones de votantes norteamericanos, aquí viene la verdadera innovación: ellos tomaron un modelo computacional creado por Michal Kosinski para el Centro de Psicometría de la Universidad de Cambridge y lo aplicaron al marketing político. En 2012, Kosinski había generado su modelo: con 68 “me gusta” de un usuario de Facebook podía predecir con un bajo margen de error su color de piel (en un 95 por ciento), su orientación sexual (88) y su afiliación al partido Demócrata o Republicano (85). También la inteligencia, la religión, el consumo de alcohol y tabaco podían predecirse. Analizando sólo 10 “me gusta” su modelo era capaz de evaluar a una persona mejor que un compañero de trabajo, con 70 “me gusta” podía hacerlo mejor que un amigo, y con 300 mejor que su pareja.


Además de la psicología CA se vale del big data, que es la agregación de datos. Cada vez que hacemos algo vamos dejando “huellas digitales” que son grabadas, recolectadas y analizadas. Se puede recolectar distinto tipo de información sobre una persona para entender sus puntos de vista: datos demográficos (edad, género, religión, etc), datos actitudinales (qué auto maneja, qué revistas lee, qué medios consume, qué hobbies practica, qué películas mira) y datos de comportamiento (cuántos contactos o fotos tiene en Facebook, cuántas llamadas hace, a qué horas está despierto, etc).


Usando modelos computacionales se cruzan esos datos y se crea un perfil individual de acuerdo a un modelo de personalidad que permite hacer una comunicación individualizada, conociendo de antemano qué mensaje quiere escuchar cada uno de los receptores.


Para CA la idea de que millones de personas tienen que recibir el mismo mensaje es cosa del pasado. Ellos creen fervientemente que en este momento las marcas y los políticos tienen que establecer una comunicación personalizada con sus clientes/votantes. Una mujer y su marido, aun viviendo en la misma casa, recibirán un mensaje distinto del mismo producto. Todas las grandes empresas (Walmart, Amazon, etc.) lo saben y están invirtiendo fortunas en construir centros de análisis de datos para refinar su comunicación y llegar mejor a sus clientes.


En la charla en Berlín el CEO de CA dijo que empezaron a trabajar para Trump en junio del 2016, y en base a información previa supieron que en Wisconsin, un Estado tradicionalmente demócrata, había posibilidades de convencer a muchos votantes. Para captarlos, primero identificaron qué “asuntos” les interesaban (derecho de portación de armas, inmigración, economía) y después los sub-segmentaron de acuerdo a su personalidad para dirigirles mensajes personalizados.


Por ejemplo, para quienes se habían mostrado a favor de la portación de armas, crearon distintos tipos de mensajes de acuerdo a cómo los tenían identificados dentro del modelo de personalidad OCEAN: a los “muy responsables y algo inestables emocionalmente” les mandaron un mensaje racional basado en el miedo: un texto relacionado con la importancia de la seguridad acompañado por una fotografía de un ladrón rompiendo una puerta. En cambio a los que tenían identificados como “conservadores” (a quienes les importan las tradiciones, la familia, los hábitos) les enviaron otro texto que decía “Desde el nacimiento de la Nación” acompañado por una fotografía de un atardecer que recorta las siluetas de un padre y un hijo cazando con rifles.


Finalmente, en Wisconsin, Trump terminó ganando por 50 mil votos. Según Nix “En las elecciones que se ganan por un margen muy pequeño, esta tecnología puede hacer la diferencia,” dijo Nix.


CA es la subsidiaria norteamericana de la firma inglesa SCL (Strategic Communication Laboratories) Group, que se dedica a la comunicación estratégica y las ciencias del comportamiento, y fue fundada por Nigel Oakes, un ex empleado de la megaagencia de publicidad Saatchi & Saatchi encargado de la imagen de Margaret Thatcher. SCL Group trabajó durante el ultimo cuarto de siglo para el Pentágono, la OTAN, los ministerios de Defensa de Canadá, Reino Unido y Ucrania, entre muchos otros. Alexander Nix admite públicamente que “persuadir a alguien para que vote de determinada manera es muy similar a persuadir a los muchachos de entre 14 y 25 años de Indonesia para que no se unan a Al Qaeda”.


CA es propiedad del multimillonario Robert Mercer, alguien desconocido en casi todo el mundo, pero con una enorme influencia en las altas esferas de poder. Mercer es un graduado en física y matemática, con un doctorado en informática, que inició su carrera en IBM y años más tarde pasó al fondo de inversión Renaissance Technologies, del que actualmente es el CEO. Desde allí se dedicó a cambiar la industria financiera con el uso de algoritmos, gracias a los cuales maneja el fondo de inversión mas rentable de Estados Unidos. Desde que en 2010 la Corte Suprema de EE.UU. eliminó el techo de las donaciones particulares a las campañas políticas, Mercer lleva donados la friolera de 100 millones de dólares. La mitad fue para candidatos republicanos y la otra mitad para distintas ONGs, todas de derecha ( entre ellas una que desmiente el cambio climático, otra que ataca a los Clinton, y otra que se propone combatir las ideas de izquierda en los medios). En 2016 Mercer fue el primer donante individual de la campaña de Donald Trump, con 13,5 millones de dólares. También donó nueve millones más a otros candidatos republicanos a distintos puestos (gobernadores, senadores, diputados). Además invirtió 10 millones de dólares en Breitbart News, el sitio de noticias numero uno en Facebook y Twitter, con una línea editorial de derecha y plagado de opiniones xenófobas, racistas, antisemitas y machistas.


Hasta el año pasado el director de Breitbart News era Steve Bannon, ex Jefe de Gabinete de Trump. Antes de su paso por la Casa Blanca, Bannon había trabajado para la Marina, Goldman Sachs, fue productor televisivo y cinematográfico, director y guionista de documentales, pero por sobre todas las cosas fue la persona encargada de dirigir la campaña que llevó a Donald Trump a la Presidencia de los EE.UU. Mercer y Bannon trabajan juntos desde 2012 y hasta que el último se hizo cargo de la campaña de Trump, figuraba en el directorio de CA. Todo tiene que ver con todo.


Aunque en una cámara oculta que Channel 4 de Gran Bretaña le hiciera a Nix en enero de este año aparece mencionada la Argentina, aun no está comprobado que efectivamente CA haya trabajado en nuestro país, aunque si lo hicieron es fácil suponer para quién, porque siempre, en todo el mundo, han trabajado para partidos de derecha.

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“Más protección de datos no es suficiente para frenar el poder de Facebook o Google”

Para Evgeny Morozov, considerado uno de los azotes intelectuales de Silicon Valley, las grandes compañías de EEUU y China se están haciendo con el control de infraestructuras. "Hay toda una nueva política por hacer", afirma.

 

Justo cuando truena sobre Facebook por el uso que Cambridge Analytica hizo de los datos de millones de estadounidenses sin permiso para tratar de influir en las presidenciales que ganó Donald Trump, es bueno dar unos cuantos pasos hacia atrás y asomarse a un panorama más general. ¿Se trata de un problema de protección de datos y de oscuras influencias políticas, o es un síntoma más de algo mucho más complejo? ¿No es acaso “lo digital” un reflejo de nuestro sistema capitalista?


Evgeny Morozov (1984), uno de los grandes escépticos que critican el discurso amable y atractivo de Silicon Valley, ha venido al Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de Madrid a participar en un ciclo de seminarios titulado “Seis contradicciones y el fin del presente”. Para él, tenemos un problema con el capitalismo digital. Grandes compañías estadounidenses (Google, Facebook, Microsoft, Amazon, Apple…) y chinas (Alibaba, Tencent…) acumulan enormes cantidades de datos. Poco a poco, de forma imparable, esas compañías se están haciendo con el control de infraestructuras. Y, paulatinamente, establecen sus propias condiciones. Toda una privatización del espacio originariamente público, a plena luz del día y delante de nuestras narices. Tienen demasiado poder.

Autor de El desengaño de Internet. Los mitos de la libertad en la red (Destino, 2012) y La locura del solucionismo tecnológico (Clave Intelectual, 2015), Morozov sostiene que el “capitalismo digital” es mucho más que Facebook o Twitter, es decir, de la mera monetización de nuestros datos; tiene que ver con la salud, el transporte, con el control de las infraestructuras. “Algo que va más allá de la protección de los datos personales”. También afirma que “no se puede hablar del capitalismo digital sin hablar del capitalismo financiero”. Y todo ello, sin perder de vista la dimensión política del asunto.


Personalmente, Morozov cree que abordar esas cuestiones como una asunto legal o de protección de los consumidores (mejor dicho, de protección de los datos de los consumidores) es quedarse a las puertas de la cuestión, ya que las soluciones previstas –más regulación, mayor protección de los datos- “no serán suficientes para abordar el creciente poder de esas compañías, para frenarlo”.


Influencia 'relativa'


El asunto de Facebook y Cambridge Analytica tiene que ver, precisamente, con el uso de nuestros datos en la red. ¿Es simplemente ruido? ¿Es un síntoma del mundo en el que vivimos? ¿O es algo más? “Depende mucho de cuánta fe tengas en los sistemas electorales de las democracias avanzadas”, comenta, y se pregunta si no han sido manipuladas con anterioridad mediante el uso de datos y el análisis del comportamiento, incluso antes del surgimiento de las redes sociales e internet.


“Necesitamos tener un punto de referencia, y para mí no está en una idílica arcadia anterior a internet, sino cómo han sido tradicionalmente las campañas políticas y qué medios han influido decisivamente en ellas, al menos en EEUU”, comenta, y añade: “Fox News ha estado sacudiendo el paisaje electoral americano durante años, y sinceramente no puedo poner al mismo nivel el trabajo de Cambridge Analytica, el términos de propaganda y manipulación de lo que la gente piensa”.


No obstante, en el caso de los datos que proporcionan no sólo Facebook, sino las demás redes sociales y las búsquedas en Internet, es apabullante. Y el nivel de conocimiento que pueden tener sobre nosotros es altísimo. “Bueno, pero es que para mí eso es un grano de sal”, afirma, y explica: “Si sigues el dinero, tienes que fijarte en las grandes compañías y cuestionarte: dado que en los últimos años han invertido grandes cantidades de dinero en anuncios en las redes sociales, ¿tienen fe en el poder de ese tipo de anuncios? ¿O esa fe está descendiendo? Me da la impresión de que se están dando cuenta de que esa forma de publicidad, de fijar el objetivo de la misma, es un fraude; no es demasiado efectiva”. Y apunta: “Muchas grandes marcas, como Procter & Gamble, están reduciendo su inversiónahí, porque no lo ven efectivo”

“La idea de uno vea un anuncio de Donald Trump y que, de repente, se dé cuenta de que su postura sobre la inmigración o el control de armas es completamente diferente a la de Hillary Clinton, es asumir que la gente es completamente idiota”, añade.


Lo cierto es que la polémica del uso de ‘microtargeting’ va por otro camino: gira en torno a la idea de que determinados mensajes a determinados votantes (muchos de ellos indecisos) pueden adecuarse a sus gustos, o a sus miedos y temores. La respuesta de Morozov no decepciona: “Eso es lo que ellos dicen, eso es lo que la gente de Cambridge Analytica dice, y si yo me dedicara al marketing también diría ese tipo de cosas”, ironiza.


“La forma en la que esos grupos objetivo de determinados mensajes, y la efectividad de esos mensajes, su efecto real, es algo que debería ser cuestionado e investigado”, afirma este experto. “La idea de tomar en serio afirmaciones de una compañía de marketing es un poco exagerado, y me cuesta trabajo tomar esas afirmaciones como algo real”, asegura, “tendría que ver todas y cada una de las pruebas que sustentan esas afirmaciones sobre la persuasión de un montón de personas mediante los anuncios que vieron en Facebook”. “En cualquier caso, comparado con otras formas de propaganda y marketing político, yo podría más atención en lo que hacen cadenas como Fox News que en la actividad de Cambridge Analytica”, insiste.


Un panorama más amplio


Entonces, ¿por qué una campaña política iba a gastar dinero en algo así, como hicieron Trump o la campaña del Brexit al contratar los servicios de Cambridge Analytica? ¿Cómo nos protegemos para los posibles efectos de esta supuestas manipulaciones? Porque al final, el último escándalo es la constatación de que las empresas de internet recolectan masivamente nuestros datos que luego son usados para experimentos para los que no hemos dado nuestro consentimiento.

“Es que al final todo depende de dónde quieras enmarcar este problema digital”, comenta Morozov, “que es ambiguo y difícil de definir: ¿de qué hablamos? ¿Qué ángulos tiene? ¿Es un problema legal? ¿Es una cuestión de protección de los consumidores? ¿Es un problema económico? ¿O político?”. Y celebra que, al menos ahora, “por fin el problema está empezando a ser abordado desde una escala apropiada, y hay ya espacio de maniobra suficiente como para buscar varios enfoques”.


Para Morozov, la situación actual puede verse como una oportunidad, más que como un problema, y sería deseable que en Europa se abriesen “amplias intervenciones” en asuntos tipo cómo usamos los datos en las infraestruturas. O bien cómo podemos podemos usar nuestros propios datos para poder impulsar nuestra propia inteligencia artificial –sin regalárselo a terceros- y no depender tanto de los desarrollos estadounidenses y chinos, que claramente lideran ese sector. En definitiva, cómo podemos recuperar la llamada 'soberanía tecnológica' en Europa, no en cada estado sino en el continente en general.

“Es que al final todo depende de dónde quieras enmarcar este problema digital”, comenta Morozov, “que es ambiguo y difícil de definir: ¿de qué hablamos? ¿Qué ángulos tiene? ¿Es un problema legal? ¿Es una cuestión de protección de los consumidores? ¿Es un problema económico? ¿O político?”. Y celebra que, al menos ahora, “por fin el problema está empezando a ser abordado desde una escala apropiada, y hay ya espacio de maniobra suficiente como para buscar varios enfoques”.


Para Morozov, la situación actual puede verse como una oportunidad, más que como un problema, y sería deseable que en Europa se abriesen “amplias intervenciones” en asuntos tipo cómo usamos los datos en las infraestruturas. O bien cómo podemos podemos usar nuestros propios datos para poder impulsar nuestra propia inteligencia artificial –sin regalárselo a terceros- y no depender tanto de los desarrollos estadounidenses y chinos, que claramente lideran ese sector. En definitiva, cómo podemos recuperar la llamada 'soberanía tecnológica' en Europa, no en cada estado sino en el continente en general.

En cualquier caso, para Morozov existe el peligro de quer los ‘problemas digitales’ se conviertan en un solo problema, como el ecologismo en los 70, con partidos políticos centrados en ello. ¿Veremos partidos centrados en el ‘problema digital’? “Sería lo mismo que estar centrados en el capitalismo en sí”, contesta, y recuerda los partidos piratas que surgieron en Europa hace unos años–centrados en asuntos de propiedad intelectual en la red- y dejaron de lado el resto de problemas, lo que resultó ser su principal fallo.
“Cuando hablo de capitalismo, de mercado, de Europa… es porque ahí está la cuestión digital de verdad, no simplemente en la protección de datos en plataformas comerciales, o en los algoritmos”, afirma. Y al final, en mitad de tanto escepticismo surge una chispa de esperanza: “Soy optimista en el sentido que hay toda una nueva política por hacer sobre la base de estos problemas”.

 

PABLO ROMERO
@pabloromero

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Martes, 27 Marzo 2018 05:45

“Manipulan la agenda política”

“Manipulan la agenda política”

La investigadora Julia Ebner señala que la ultraderecha usa sofisticadas técnicas de manipulación y logra modificar la atmósfera política. Lo importante será “educar al público para que sepa distinguir las noticias falsas de las verdaderas”.

 

El hecho de que la extrema derecha haya progresado considerablemente en las elecciones de varios países del mundo se explica en parte por la manipulación que grupos expertos hacen de los networks o redes sociales como Facebook, Instagram, WhatsApp, Telegram, Twitter, YouTube, entre otros. Y los países latinoamericanos podrían no estar lejos de un proceso similar que pone en peligro la democracia. Esto fue, en apretada síntesis, el contenido de un encuentro con la periodista e investigadora austríaca Julia Ebner, que presentó en Roma sus investigaciones sobre este tema.


El asunto adquiere particular interés después del escándalo de la compañía inglesa Cambridge Analytica, que usó miles de cuentas de Facebook para describir el comportamiento y los deseos de sus propietarios, pero sin su consentimiento. En el caso de los estadounidenses, esos resultados fueron entregados a los que armaban la campaña electoral a favor del presidente Donald Trump.


Ebner trabaja en el Instituto para el Diálogo Estratégico de Londres (Institute for Strategic Dialogue), una institución que se define como un centro global “contra las organizaciones extremistas dedicado a fortalecer las nuevas generaciones contra el odio y el extremismo”. Ebner estudió periodismo en el London School of Economics and Political Science, acaba de publicar un libro en inglés y en alemán titulado La Rabia, el círculo malvado del extremismo islámico y de ultraderecha.


La investigadora contó que desde las elecciones que eligieron al presidente Donald Trump en Estados Unidos se ha prestado mucha más atención a la influencia de los networks de derecha en las elecciones. Se han podido identificar modelos de colaboración entre ciertas redes sociales y se ha tratado de estudiar cómo los mensajes de la derecha pasan de portales internet de ultraderecha al público en general, es decir a la corriente dominante (que los expertos llaman “mainstream”) en los networks.


Uno de los métodos usados por la ultraderecha es también ir a plataformas de internet más públicas como Facebook, YouTube, etc. Allí “intercambian mensajes con otras personas usando sobre todo palabras y frases interesantes para los jóvenes, y tratan de arrastrarlos a las plataformas encriptadas. Pero antes de ser admitidos en estas plataformas, los candidatos son entrevistados y luego se decide si se los acepta. Si entran, intercambian con ellos literatura y todo tipo de información de extrema derecha”, dijo Ebner.


El caso de Alemania aparece como uno de los más claros. Según la investigadora, en las últimas semanas previas a las elecciones del pasado mes de septiembre, la derecha invadió plataformas como Facebook, Twitter y otros, con mensajes anti-Angela Merkel (que era y es de nuevo la primera ministra). “En general la derecha usa sofisticadas y coordinadas técnicas de manipulación de los medios de comunicación y técnicas perturbadoras de los social networks”, agregó la experta, aclarando que las técnicas usadas por estos grupos de derecha son similares a las que se adoptan en la comunidad internacional de juegos electrónicos on line. Porque se puede jugar con gente de cualquier país o región y luego compartir con tu adversario otras cosas. “Es posible que detrás de estas plataformas haya un esfuerzo coordinado para influenciar a la gente y llevarla hacia la derecha. Pero esto por ahora es sólo una sospecha, no ha sido demostrado eficazmente”, indicó.


Contó además que en Alemania se ha podido verificar que las plataformas de ultra derecha se intercambian manuales militares de comportamiento donde se dan consejos para poder infiltrarse en el chat del enemigo político y generar disturbio. También, dijo, han logrado “manipular los algoritmos de búsqueda de Internet”, de modo de que cuando se busca una palabra, ciertos textos favorables a ellos son los primeros que aparecen. Algunos además, usan “técnicas miméticas”: es decir los ultra se mimetizan como si fueran moderados y se infiltran en los chat de los moderados de derecha para llevarlos a posiciones de ultra derecha. Y así introducen sus mensajes en los comunes chat transformándolos en temas de discusión entre la gente común.


Otro caso ha sido Italia, sobre todo en relación al gran problema de los migrantes que llegan por miles a las costas italianas desde Africa. “En Internet se ha venido hablando mucho de Italia últimamente, sobre todo exaltando una guerra de razas”, dijo. Un extremista que atentó contra migrantes sin ninguna razón objetiva, como un tal Traini en la ciudad de Macerata, ha sido presentado en el web como un héroe, como un símbolo de la raza blanca. “Las personas que incitan campañas contra los migrantes no usan su verdadero nombre en los social media sino nombres falsos. Pero seguramente inspiran ciertos ataques. Los ataques organizados son coordinados por plataformas encriptadas. Las plataformas públicas pueden inspirar ataques pero no coordinar toda la acción”, precisó.


–¿Considera que todo esto es una amenaza para la democracia?


–Definitivamente sí, porque esta metodología hace creer que ciertos puntos de vista de extrema derecha son compartidos por muchas más personas, cuando en realidad no lo son. No hay que olvidar que una misma persona puede actuar sobre distintas cuentas o plataformas. Algunos estudios del sector han demostrado, por ejemplo, que en Alemania el 5 por ciento de las cuentas es responsable de más de 50 por ciento de los mensajes de odio. De este modo tienden a influenciar a los políticos (que tienen equipos de gente que recoge estos datos) que suponen que hay mucha gente que piensa en un cierto modo cuando en realidad no es así. Y así la ultraderecha modifica la atmósfera política y dicta la agenda de los políticos.


–¿Esta metodología la aplican también los grupos de derecha y los políticos de América latina?


–Es muy difícil de decirlo con certeza porque no estamos estudiando específicamente América Latina. Pero de hecho hay un aumento de la influencia internacional de estas cosas, por lo cual eventualmente América latina también puede estar influenciada.


–¿Qué se puede hacer para controlar esto?


–Lo más importante es educar al público, para que la gente no sea víctima de estas campañas de manipulación. Educar a la gente joven para que sepa distinguir las “fake news” (noticias falsas) de las verdaderas, saber cómo funcionan estos portales de propaganda, no sentirse intimidados por campañas que parecen arrastrar a grandes masas pero que en realidad son hechas por pocas docenas o centenares de personas.

 

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Lunes, 26 Marzo 2018 06:20

2018

2018

La carrera es vertiginosa y desigual. Al tiempo que crece la acción de los gobiernos para proteger la identidad y los datos de las personas, éstos se fugan sin cesar. Nosotros mismos facilitamos gran cantidad de información que se hace pública, en unas ocasiones porque lo exigen múltiples trámites; en otras, porque pensamos que es inocuo hacerlo y de forma tácita damos nuestro consentimiento.

También hay robos. Este es el caso del serio conflicto en el que se ha metido Facebook en relación con los 50 millones de datos sobre usuarios de esa plataforma y que extrajo la empresa Cambridge Analytica para influir en la propaganda política y tratar de orientar el voto en las pasadas elecciones, en este caso, de Estados Unidos.

El poder se ha acumulado en quienes generan, acumulan, controlan y manipulan información. En una aproximación muy simple, Big Data, según la define IBM, es una tecnología para ordenar y describir enormes cantidades de datos, estructurados o no, y que permite un enfoque nuevo en el entendimiento de procesos y para tomar decisiones.

Lo que ha hecho Cambridge Analytica, con Steve Bannon incluido, pues fue vicepresidente de esa consultora, es precisamente reconocer el poder que tienen los datos masivos y la posibilidad que hay de usarlos mediante la minería, el análisis y la comunicación para fines específicos y muy diversos. En particular sirven para enfocarse con bastante precisión en los individuos, no en la masa.

Esto es muy similar a lo que hacen Netflix cuando sugiere a los suscriptores los programas que exhibe; Google cuando dirige la publicidad según las consultas que se hacen en su buscador o Amazon cuando enfoca la atención a ciertos productos según las preferencias de compra de los usuarios.

El robo de Cambridge Analytica fue posible debido al mismo negocio de Facebook que ha usado extensamente a los llamados desarrolladores para ampliar el uso de sus bases de datos. Según explica la misma empresa esos desarrolladores constituyen un programa guiado por las comunidades locales y cuyo objetivo es compartir el conocimiento que resulta de la acumulación de datos de quienes participan de la red.

Facebook, como no podía ser de otra manera, se concentra en el desarrollo de sus negocios y de sus crecientes posibilidades tecnológicas. Como Mark Zuckerberg ha dicho, las nuevas normas sociales con respecto a la privacidad están cambiando y sobre esa base cuando los ingresos de su empresa empezaron a crecer, se centró en el verdadero caudal que representan los datos; business is business.

Bannon ha sido más brutal como acostumbra y sin empacho ha dicho que ese negocio implica tomar gratis los datos de los usuarios y venderlos, luego se formulan los algoritmos para dirigir sus vidas. Debió añadir que también los ha sustraído, ante la pasividad de Facebook. Ante el escándalo, Zuckerberg afirmó que si su plataforma no puede proteger la información entonces no merecemos servirlos. En efecto, así es. ¡En buenas manos estamos!

Aquí destacan varias cuestiones acerca de la salvaguarda de la identidad y los datos personales que no acaban de ser protegidos en las áreas de los negocios y de las campañas políticas. Pero tampoco lo son en el campo más preciso del ejercicio del poder del Estado y de los gobiernos que ejercen una vigilancia de los ciudadanos mediante el espionaje, la intervención de las comunicaciones y hasta la promulgación de leyes que atentan frontalmente en contra del derecho a la privacidad.

Todo esto puede parecerle a muchos algo inocuo, ingenuo o trivial, pero no lo es. El uso de algoritmos cada vez más precisos puede provocarnos una sensación positiva como consumidores o como miembros de una colectividad en las redes sociales. Después de todo, la definición de cada uno se resume en un me gusta o sus derivaciones: me encanta, me entristece, me enfurece y me asombra. Un buen perfil sicológico es el que así se aporta sin contrapartida alguna y para el lucro de otros.

Pero, como nos damos cuenta cada vez más, esto es una invasión de la privacidad; la Real Academia Española la define como el ámbito de la vida privada que se tiene derecho a proteger de cualquier intromisión.

Admitamos pues que cambia la percepción sobre la privacidad en la sociedad. En efecto, eso parece desprenderse del crecimiento acelerado de las redes sociales y su influencia. Mucha gente se siente más identificada como parte de esa red aun a expensas de su individualidad.

Este es un asunto muy relevante y, sin embargo, la privacidad es un derecho que debería salvaguardarse a toda costa y no por otra razón sino porque en esencia cada uno de nosotros es un individuo.

Bienvenido al futuro, brother Orwell. Qué lejos y qué cerca está 1984 de 2018.

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