Sábado, 01 Junio 2019 06:50

5G: Pinky en el mundo digital

5G: Pinky en el mundo digital

Imaginemos un satélite capaz de filtrar imágenes de la Tierra donde sólo aparecieran las señales que emiten nuestros dispositivos digitales (celulares, laptops, controles, Pcs…), las conexiones se verían en color azul, los mensajes en tenues líneas blancas. Probablemente, el efecto sería muy parecido al que se obtiene cuando se fotografía un cerebro humano con tecnología 3D. Un enjambre pulsante de nerviosas conexiones.

Un cerebro, que al igual que el cerebro humano –aunque sin muchas de sus funciones– tendría su propio discurrir fuera del alcance de la voluntad de quienes integra como cuerpo. En este caso, el planeta humano. La paradoja sería que lejos de acercar a cada uno de los cuerpos que lo componen los habrá abismado entre sí a tal grado que quede poco o nada de su inmanencia. Porque si algo ha traído consigo la conectividad digital es la más grave crisis de la presencia que se recuerde en la historia de la modernidad.

De alguna manera hemos dejado de ser seres para convertirnos en usuarios. Embotados y aislados durante horas y horas al día somos abducidos por el vértigo de las energías y los deseos que se evaporan en la red. Tan sólo para encontrar que lo que antes llamabamos "realidad" es un simple páramo o un pie de página de lo que nos ha ocurrido –o mejor dicho: no sucedido– en el incrédulo abismo de las pantallas de cristal líquido. Como en la fatal predicción de Niklas Luhmann, frente al exocerebro digital, el ser humano aparece como su simple y maleable entorno.

Hasta hoy la conectividad del sistema se regía por la tecnología de Cuarta Generación, 4G. Una conectividad basada en redes de microondas que llegaban hasta nuestros cuerpos a través de la telefonía celular. Incluso cuando se empezo a divulgar hace década y media en su versión 3G, se suponían graves efectos biomentales: angustia, insomnio, depresión… hasta los más severos: cáncer y tumores. Sin duda los produce sin alcanzar todavía sus variantes más agravantes.

Lo que está por inaugurarse en los meses próximos es la denominada Quinta Generación de los sistemas de conectividad, la tecnología 5G. La diferencia con la 4G es que sus ondas son más cortas, precisas y manipulables. Y habrá de permitir la conexión ya no sólo de celulares, sino de todos los artefactos denuestra geografía cotidiana: automóviles, televisores, puertas, estufas, camáras, baños, camas, lo que se quiera. El dilema es que en estas frecuencias, las microondas ya no son traslúcidas a los muros, los árboles y los parques. De ahí que sea preciso instalar cajas celulares cada 100 o 150 metros en edificios, calles, casas y departamentos, parques y paradas de transportes. En los próximos años, 20 mil satélites habrán de proveer esta tecnología, que en palabras de una de sus más firmes detractoras, la doctora. Sharon Goldberg, habrán de "cocinar a la humanidad con radiación de microondas".

Las impugnaciones a la tecnología 5G datan desde 2017 en un documento firmado por 185 científicos notables de 35 naciones. Hace poco, en una audencia en Washington, el senador Patrick Colbeck recogió una cantidad impresionante de estudios y testimonios que mostraban los efectos biomentales devastadores de la 5G.

Las compañías imbricadas en su desarrollo y diseminación han desoído por completo las críticas. Es muy simple. La 5G traerá consigo "la necesidad" de cambiar ¡todo! el parque celular del planeta y renovar la mayoría de los artefactos que nos rodean, desde el cochecito de juego de los niños hasta el automóvil. Una nueva fuente casi infinita de acumulación de capital.

Es aquí donde la Casa Blanca en alianza con Google ha entrado en conflicto con Huawei, la compañía china de tecnología digital. El argumento principal de Washington es que Huawei –léase: el Estado chino– pondrá en peligro la seguridad nacional de Estados Unidos. Lo que no dicen es que Google y las empresas estadunidenses pondrán bajo la vigilancia más inimaginable a la mayor parte de sus habitantes y una buena parte de la ciudadanía de Occidente. La 5G volverá transparentes todas y cada una de las acciones de los individuos en su habitat cotidiano.

La discusión parece entresacada de esa vieja caricatura que circuló en la década de los años 90, Pinky y Cerebro, que ironizaba sobre los sueños de control mundial. Cada capítulo daba inicio siempre de la misma manera:

“-¿Qué vamos hacer hoy?- preguntaba Pinky.

“-Vamos a conquistar el mundo- respondía Cerebro.”

Y Pinky, que era el supuesto bobalicón del par, se encargaba de refutar todas las ambiciones de Cerebro.

La diferencia es que la 5G sí ofrece una precisión de control sobre deseos, voluntades y acciones que incluso hoy resulta inconcebible. En realidad, la discusión ya ha llegado a México. Todo el debate sobre la necesidad de ampliar Internet a una cobertura nacional no es en realidad más que la fachada donde se dirimen los intereses que habrán de definir a la teconología dominante en México. ¿Cablear con cables de fibra óptica el territorio o adquirir satélites que hagan posible la implantación de la tecnología 5G? El más grave error sería dejar todo en manos de la 5G.

 

“Las redes sociales son una amenaza para la democracia”

El filósofo británico A. C Grayling reflexiona sobre los fallos de las sociedades contemporáneas

No hay desafío intelectual que acobarde a A.C. Grayling. Porte y habla elegantes, mirada curiosa y discurso que mezcla teorías, alguna broma y ejemplos epatantes, el filósofo británico se sumerge en cada charco que se le pone delante durante la mañana que comparte con EL PAÍS en Segovia, donde es uno de los intelectuales invitados al Hay Festival. Primero por los pasillos del Convento de Santa Cruz la Real, luego en una conferencia ante varias decenas de adolescentes que solo rompen su silencio para reír y finalmente durante la entrevista, Grayling ataca y defiende las redes sociales y el mundo digital, busca soluciones a las fallas de la democracia y levanta la voz contra el Brexit.

“Todo lo relacionado con las redes sociales tiene dos caras, como el dios Jano, la buena y la mala. El problema es que la mala está empezando a ganar por paliza”, asegura este activo usuario de Twitter con más de 51.000 seguidores. “Existen noticias falsas y gente sexista, racista, fascista que ahora tiene una voz amplificada. Las redes son una amenaza para la democracia porque son tan fáciles de manipular, tan fáciles de usar para desinformar, para difundir propaganda y mentiras… Lo hemos visto en la elección de Trump y más todavía en el referéndum sobre el Brexit. Ha ido todo a peor desde los griegos. Ahora los sofistas tienen un enorme altavoz para sus mentiras y sus trucos retóricos”, añade.


Cuando Grayling (Zambia, 1949) ataca no le importa caer en contradicciones aparentes. Fundador de la Nueva Universidad de Humanidades en Londres, el autor de Democracy and Its Crisis viaja de Tito Livio a la actualidad para buscar respuestas: “Sí, la democracia fue hecha para fracasar en múltiples vías, pero ha funcionado. ¿Por qué? No porque sea un buen sistema sino porque lo era la gente que trabajaba en él. Las instituciones están sustentadas en ideas sólidas pero creo que han sido atacadas desde dentro y desde fuera. La política ha dejado de ser lo que era en los viejos tiempos, ya no es un gran debate ideológico entre la izquierda y la derecha. Ahora se trata de ver quién puede conducir mejor el coche”, explica, siempre pendiente de captar al interlocutor.


Ahora bien, si mezclamos el avance de las tecnologías –”la existencia de algoritmos que lo saben todo sobre nosotros porque así lo hemos querido”– con la crisis hay gente que se ha quedado en la cuneta del progreso y se echa en brazos del Brexit, Viktor Orbán (primer ministro húngaro), Trump o quien sea menester, reflexiona el autor. ¿Qué puede hacer la democracia? “Frenar la desigualdad exacerbada y poner fin a la austeridad que está castigando a tanta gente. Invertir en los ciudadanos y ser conscientes de las oportunidades que existen. Y, también, necesitamos una conversación de más nivel, aunque ya sé que esto es muy optimista”.


“Todo puede volver a ir mal, muy mal”, reflexiona después de un rato de conversación sobre las teorías de Steve Pinker –"amigo mío y profesor en mi universidad”– que aseguran que estamos viviendo el momento más pacífico de la historia de la humanidad. Aquí no hay dos caras, Grayling apuesta por esa idea pero se pregunta por qué la gente no lo percibe así. “Lo que Pinker asegura está muy fundamentado. Ahora, ¿por qué nos preocupamos tanto por la violencia? Porque, como ya sabemos, las buenas noticias no son noticias y nos pasamos el día recibiendo información negativa desde los medios”.

Ateo confeso, Grayling es un azote impenitente de lo religioso. “Estamos viviendo el final de la influencia de la religión, no de la religión en sí misma. Pasa en todas las sociedades avanzadas: el secularismo domina, con independencia de que la mayor parte de la gente tenga creencias religiosas. Ahora bien, cuando la bestia está amenazada, lanza sus zarpazos y eso es lo que estamos viendo, especialmente en el mundo islámico”, cuenta sin ceder un centímetro. “Sí que ha habido algo positivo: el gran arte y la gran música que generó la Iglesia porque era la que tenía el dinero. Ahí tienes a Stalin usando las mismas técnicas que empleó el inquisidor Tomás de Torquemada, que trabajó bajo estos muros”, asegura, como quien pone un ejemplo casual, presto a meterse en el siguiente lío dialéctico. Le da igual que sea en un pasillo de un convento convertido en universidad, o en un periódico, o en un aula. Qué más da. “Esto es lo que me gusta hacer. Es mi vida y es una gran vida”.

 

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Agencias de ¿noticias? Industrias de la posverdad y la plusmentira

Todas las aberraciones imaginables para deformar la realidad y linchar mediáticamente a las luchas sociales tienen una fuente generosa en las agencias internacionales de noticias. Se llamen como se llamen. Aunque tienen fachadas mercantiles distintas, su dispositivo ideológico (falsa conciencia) es exactamente el mismo. Operan con premeditación, alevosía, ventaja e impunidad pública trasnacional. Con la dictadura del negocio informativo y la concentración de la información, esas empresas se han convertido en oligopolio, con 90 por ciento del mercado dominado por seis compañías principalmente: Bertelsmann, Disney, General Electric, News Corporation, Time Warner y Viacom.

Se barnizan con credibilidad de mercado gracias a su complicidad con la ideología de la clase dominante y se hacen rentables con todos lo artilugios monopólicos ilegales. El colmo es que se infiltran por todas partes y (no pocas veces) imprimen su influencia deformante en espacios que, en apariencia, no comparten su lógica. Hay casos a raudales.

Desde 1945 y hasta el año 90, 80 por ciento de las mercancías informativas provenía de cinco grandes agencias: dos estadunidenses, Associated Press (Ap) y United Press International (Upi); una británica, Reuters; una francesa, France Presse (Afp), y una soviética, Tass. Las cinco empresas de mercancías de noticias internacionales se fusionaron bajo el imperio de los servicios de noticias a la radio, la televisión, el cable y la televisión por satélite. La verdad ya no importa, sólo la mentira que seduce, ilusiona, narcotiza y vende.

Operan con impunidad e impudicia. Las 10 agencias más poderosas hoy: 1.-Reuters, creada en 1851, vende información en más de 20 idiomas. 2.- Agence France Presse, la más antigua, de 1835, de París, vende en 110 países. 3.- Associated Press, de Estados Unidos, creada en 1846, comercia información en cinco idiomas. 4.- ANSA, italiana de 1945, vende en más en 74 países. 5.- United Press International, yanqui y de 1907. 6.- Press Association, de Reino Unido. 7.- Xinhua News Agency, de China, tiene 107 oficinas en el mundo. 8.- Europa Press, de 1957 y española. 9.- RIA Novosti, creada en 1941, rusa. 10.- Interfax Information Services Group, comercializadora rusa fundada en 1989. Las agencias comercializadoras de noticias se convirtieron en cliché fabricante de información-mercancía, de carácter internacional, que son compradas por medios nacionales. Son negocios que venden lo que fabrican como hechos o noticias, a sus clientes o abonados. No tienen capacidad sistemática de análisis crítico de la realidad ni son objetivas ni veraces en la información que venden, siempre plagada con los matices ideológicos de la empresa comercializadora. Son, por ejemplo, corresponsables de las peores canalladas fabricadas por la SIP.

Las agencias mercantilizadoras de información son consecuencia de la expansión del capitalismo y su ataque a la clase trabajadora, incluso con las nuevas tecnologías. Semejante tarea exige la supresión de las barreras regulatorias de información y contenidos culturales para garantizar la libre circulación de las mercancías noticiosas y vender sus productos informativos cargados ideológicamente con cobertura mundial. No es negocio entre amigos, sino guerra monopólica que tiene de base un todos contra todos internacional. Hasta los años 90, Time Warner y Disney controlaban 15 por ciento del mercado internacional hasta 1990, y ya en 1997 lograron 30-35 por ciento.

Los resortes ideológicos

Es necesario intervenir en los flujos mundiales de la información, es decir, en su modo de producción, sus relaciones de producción y su semántica colonialista. Urge un nuevo orden mundial de la información y comunicación (NOMIC). Democratización de la producción, distribución y consumo de la información a escala global y proponer cambios profundos en las fuentes de redacción, en la sintaxis y en los sujetos de la enunciación. El nuevo territorio que hoy dominan los negocios de las noticias internacionales está ampliamente globalizado, es enorme y tiene de base el poder económico, político y social.

Se ensayan, paradójicamente, todas las formas de la censura más sofisticada. La concentración de agencias y pequeñas empresas informativas satélite en los llamados países centrales y la escasez de ellas en países llamados periféricos tiene efectos severos en la dependencia informativa, en el perfil de lo informado y en la orientación ideológica que transita, sistemáticamente, en las venas de cada noticia. Dejan ver lo que conviene, incluso cuando parece inconveniente, es decir, aquello que se informa porque se trata de un juego de espejos altamente sofisticado a pesar de su apariencia rudimentaria poco profesional.

El alcance de semejante poder de concentración monopólica, de lo que algunos autores ya caracterizan como la de la riqueza informativa y de las herramientas de producción y de divulgación, ha venido generando estragos culturales severos en el campo simbólico de los destinatarios o usuarios de esa información industrializada. En primer lugar, la cultura de la competencia de mercado como alma mater de la información. En segundo, la cultura de la uniformidad. Esa situación ya ha generado un formato autoritario en el flujo informativo y ha creado una red de influencias ideológicas en las que se multiplica el poder de las agencias más allá de su carácter de sólo vendedoras de noticias. Algunos creen que su dependencia de las agencias de noticias es un signo de estatus o de proximidad cosmopolita con los poderes reales o con la dominación de conciencias. Mientras, linchan mediáticamente a los lideres sociales.

La industria mundial de la producción de información en manos de las agencias de noticias ha constituido una derrota cultural y comunicacional inmensa, especialmente en América Latina, donde han operado como medios golpistas auxiliares de la antidemocracia. El caso chileno es emblemático, tanto como la ofensiva brutal contra Cuba y Venezuela. Deberían ser, las agencias de noticias, una gran victoria de los pueblos para informarse de sí y de otros con libertad y profesionalismo, pero una vez más, como en muchos otros casos, el lastre ideológico latifundista y la práctica mercantil monopólica reducen la jerarquía histórica de la información y su dialéctica humana a mercancías desechables. Basura.

Por Fernando Buen Abad Domínguez, director del Centro para la Información y Comunicación Sean McBride. Universidad Nacional de Lanús.

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EE UU se dispone a poner fin a la neutralidad en la Red

La medida, que se vota este jueves, acabará con la igualdad de los usuarios en internet y permitirá imponer un sistema de diferentes velocidades y pagos.

 

La era de la neutralidad en la red toca este jueves a su fin en Estados Unidos. La Comisión Federal de Comunicaciones (FCC, en su siglas inglesas), bajo control republicano, tiene previsto aprobar la retirada de las medidas establecidas en 2015 para blindar la equidad en internet. Frente a una red entendida como “bien público”, donde los proveedores están obligados a tratar por igual todos los datos sin importar su origen, tipo y destino, se va a imponer un sistema que permite diferentes velocidades en función del pago y de los intereses de los operadores.

El cambio ha llegado de la mano de los grandes proveedores. Gigantes de las telecomunicaciones como Comcast, AT&T o Verizon se han aliado con la Administración de Donald Trump para romper el dique legal que evitaba precisamente que esas empresas acabasen imponiendo sus dictados en el tráfico y los contenidos de la red. Bajo el sistema aprobado en la era de Barack Obama, el operador debía ofrecer siempre el mismo trato. Se le impedía bloquear el acceso a páginas web, lentificar la conexión o acelerarla bajo pago. El criterio era la equidad. Evitar la discriminación. Salvaguardar la neutralidad del sistema nervioso del conocimiento mundial. Todo ello se viene abajo si este jueves, como todo indica, se aprueba el cambio.

Las consecuencias de esta desregulación pueden ser profundas. “La neutralidad en la red garantizaba la competitividad darwiniana entre todos los posibles usos de Internet de forma que sobreviviesen los mejores”, ha escrito Tim Wu, el profesor de la Universidad de Columbia que acuñó el concepto. Derribado este blindaje, empieza el juego de la discriminación.

Aunque los proveedores no han manifestado sus planes, se abre la puerta a que negocien acuerdos con portales, a que puedan ofrecer paquetes de servicios de internet parecidos a los de las televisiones por cable, y que, a la postre, doten de mayor velocidad a sus asociados en detrimento de los que no. E incluso que bloqueen a quienes compitan con sus ofertas.

Rota la neutralidad, el caleidoscopio de escenarios es casi inagotable, pero se resume en la posibilidad de escalas de servicio y, por tanto, precios distintos para el usuario y también para las grandes compañías. Este último punto es especialmente delicado. Una queja antigua de los operadores es el gasto generado por los portales más grandes y su uso masivo de datos. Esto puede dar pie a tarifas especiales, algo asumible posiblemente por Google, Amazon o Facebook, pero oneroso para nuevas empresas o aquellas en situaciones financieras precarias.

El presidente de la FCC, Ajit Pai, principal enemigo de la neutralidad en la red, ha negado reiteradamente que los cambios vayan a aumentar costes al usuario, frenar la velocidad o permitir bloqueos. Entre sus argumentos figuran que nada de esto ocurría antes de 2015 y que, por el contrario, la reforma ha reducido la inversión en banda ancha hasta el punto que de continuar esta caída no solo peligraba la velocidad en la red sino que el consumidor se iba enfrentar a un aumento de los precios.

“La retirada de la neutralidad supondrá volver a un internet libre y abierto; el gobierno dejará de regular cómo los proveedores deben manejarse, y estos tendrán incentivos para afrontar la próxima generación de redes y servicios”, ha declarado Pai.

El control de los operadores y la persecución de las prácticas injustas o lesivas recaerá en la Comisión de Comercio Federal, con autoridad en competencia y consumo, mientras que la FCC, que regula las telecomunicaciones, supervisará que mantengan la transparencia e informen sobre su actividad respecto al tráfico y los datos. Ambos organismos son agencias federales independientes. La mayoría de la FCC es de designación republicana.

Una vez aprobada la iniciativa, solo hay dos formas de impedir la aplicación. Los tribunales o una ley. Ninguna parece fácil de lograr en el corto plazo. Pero el frente opositor no deja de ser amplio y poderoso. Los demócratas, al igual que las grandes compañías de internet, consideran que la desregulación ataca el nervio central de la red. “La medida sólo se la pueden creer aquellos que piensan que los proveedores de Internet van a poner el interés del publico por delante del de sus inversores”, ha llegado a declarar uno de los comisarios demócratas de la FCC. “Para saber lo que va a ocurrir basta con mirar cómo en la última década los operadores han intentado aplastar a sus competidores”, dijo el martes el congresista demócrata, Mike Doyle, quien ha anunciado la presentación de una ley para impedir la desregulación. Una iniciativa destinada al fracaso ante la casi monolítica oposición de los republicanos a la reforma de Obama. Otro golpe de Trump a su legado.

Domingo, 22 Enero 2017 05:59

Mito y realidad de la posverdad

Mito y realidad de la posverdad

Desde la victoria de Donald Trump hay un nuevo concepto que persigue a los lectores de los medios de comunicación: “posverdad”. Hasta los diccionarios de Oxford han elegido post-truth como la palabra del año a causa del incremento en su uso en 2016. El aumento es del 2 mil por ciento. Es decir, muy pocos la usabanantes y ahora está en todos los sitios.

 

En su definición, el diccionario de Oxford explica que posverdad “se refiere a las circunstancias en que los hechos objetivos son menos influyentes a la hora de condicionar a la opinión pública que las apelaciones a las emociones y creencias personales”.

La definición es correcta, aunque uno siente la tentación de pensar que podría encontrar múltiples ejemplos de esa situación en un número no pequeño de países en épocas en que nadie sabía que existía ese término.


Si se habla ahora tanto de posverdad es principalmente a causa de dos acontecimientos políticos: el referéndum del Brexit en Reino Unido y las elecciones de Estados Unidos. En ambos casos, una parte muy importante del poder político, económico, cultural y periodístico estaba a favor de un resultado que fue derrotado en las urnas (eso es más cierto en el caso británico que en el estadounidense). Esa derrota no se debió sólo a errores propios –y muy evidentes, como se ha visto después– de las campañas a favor del Sí a la UE o de Hillary Clinton, sino también al triunfo, entre el electorado, de ciertos prejuicios muy arraigados y no confirmados por los hechos y la realidad económica. Por ejemplo, la xenofobia y el rechazo a la inmigración fueron factores decisivos en ambos resultados, pero no los únicos.


La apelación a “hechos objetivos” en la definición nos lleva a pensar en uno de los ámbitos profesionales en los que más se habla de objetividad, que no es otro que el periodismo. La extensión del concepto de posverdad no puede desligarse de la crisis de credibilidad de los medios de comunicación, en especial de las grandes cabeceras periodísticas, lo que años atrás se llamaba la “prensa seria”, para diferenciarla de los tabloides.


En Reino Unido todos los periódicos que llevan ese sello, menos el Daily Telegraph, pidieron el voto a favor de continuar en la UE. En Estados Unidos, medios que durante décadas habían apoyado a candidatos presidenciales republicanos, en algún caso desde hacía un siglo, rechazaron como absurda la idea de votar a Trump.


Es obvio que los votantes del candidato republicano no prestaron mucha atención a esas recomendaciones.


La discusión sobre la posverdad se vio acompañada en la campaña por la polémica de las fake news, noticias falsas que la gente comparte gracias fundamentalmente a Facebook. Varios artículos han demostrado que su origen está en una perversa variante del libre mercado. Hay demanda en Estados Unidos para ciertas “noticias”, y desde varios países de Europa del este unos cuantos emprendedores (pocas veces ha resultado tan adecuada esta palabra) ganaban mucho dinero produciéndolas. A veces las inventaban, a veces utilizaban artículos de otras páginas web y los manipulaban para lograr el efecto deseado en los lectores.


Esa demanda existe desde hace tiempo entre votantes conservadores que desconfían de los grandes medios estadounidenses. La oferta es nueva, pero ha resultado mucho más efectiva que la dieta informativa que facilita cada día Fox News.


Esa combinación de posverdad y fake news ofrece un panorama sombrío para las democracias occidentales. Es también cualquier cosa menos nuevo. Y las fuentes no son siempre aquellas en las que están pensando los que denuncian alarmados este panorama.


The Economist dio antes del referéndum italiano un buen ejemplo de posverdad. En un editorial criticó los planes de Matteo Renzi y pidió el voto negativo en la consulta (que terminó triunfando por una amplia mayoría). Todos los partidos de la oposición, de diferentes ideologías, pedían el No, por lo que la postura de la revista no debe extrañar. Son los argumentos los que chirrían.


The Economist está a favor de reformas institucionales en Italia, pero no las que propuso Renzi. Confunde esa reforma constitucional ahora fracasada con el sistema electoral, abunda en estereotipos típicos sobre Italia (“el país que produjo a Benito Mussolini y Silvio Berlusconi”), comete errores gruesos (sobre la inmunidad de los senadores y sobre la posibilidad de que Beppe Grillo se convierta en primer ministro; no puede), y dice que la idea de que futuros senadores procedan no del voto directo sino de las asambleas regionales “ofende los principios democráticos”. Esto último sería toda una sorpresa para los alemanes, por el método de elección del Bundesrat, por no hablar del país donde se publica The Economist, que cuenta con una segunda institución legislativa llamada Cámara de los Lores, cuyos miembros son designados por el gobierno.


Es sólo un editorial y la revista tiene todo el derecho de criticar a Renzi o a cualquier otro político. Pero sus argumentos están más allá de la posverdad. Son una manipulación de la realidad política italiana y ocultan demasiada ignorancia como para pasarla por alto.


Dejemos a un lado The Economist y veamos otro artículo de finales de noviembre de otra institución periodística de larga trayectoria, The Washington Post. Bajo el titular “Russian propaganda effort helped spread ‘fake news’ during election, experts say”, el reportaje de 2 mil palabras, que fue destacado en primera página, denunciaba que “un diluvio de noticias falsas recibió apoyo de una sofisticada campaña de propaganda rusa que creó y difundió artículos manipuladores con el objetivo de perjudicar a la demócrata Hillary Clinton, ayudar al republicano Donald Trump y socavar la fe en la democracia estadou¬nidense, según investigadores independientes que han rastreado esa operación”.


Esta guerra de propaganda psicológica no estaba dirigida sólo contra Clinton, sino que pretendía “atacar la democracia estadounidense en un momento especialmente vulnerable”, decía el artículo en otro párrafo. Para llegar a esa alarmante conclusión se basaba en dos informes. Uno de la página web War on the Rocks, con el nada ambiguo título “Cómo Rusia está intentando destruir nuestra democracia”. El segundo informe era obra de un grupo desconocido llamado Prop Or Not, que si bien tiene su web y cuenta de Twi¬tter, es anónimo, porque el periódico no dio los nombres de sus responsables. Sólo dijo que son “investigadores independientes con experiencia en asuntos de política exterior, defensa y tecnología”.


Ese informe contaba cosas conocidas sobre la política propagandística del gobierno ruso, otras no sustentadas en ninguna prueba, y una lista de 200 páginas web de derecha e izquierda que habían colaborado con esa operación de guerra psicológica contra Estados Unidos. Por ejemplo: Wikileaks, Drudge Report, Zero Hedge, Truthout, Truthdig, Naked Capitalism y Antiwar.com. Y decía el artículo del Post: “Algunos participantes en esa cámara de difusión digital, concluyeron los investigadores, intervinieron voluntariamente en la campaña de propaganda, mientras otros eran ‘tontos útiles’, un término originado en la Guerra Fría para describir a personas e instituciones que sin saberlo ayudaron a las campañas de propaganda de la Unión Soviética”.


No había más pruebas que los típicos análisis que se realizan a través de las conexiones de enlaces entre distintas páginas web, que a veces sirven para establecer el origen de las informaciones entre varios medios y otras no explican nada, a menos que se piense que enlazar un determinado artículo te convierte en cómplice de las intenciones del artículo original.
Lo más alarmante es que la gravedad de la acusación estaba respaldada por un informe hecho por una organización desconocida y de intenciones obviamente partidistas que ocultaba la identidad de sus responsables con el argumento de que no quería ser atacada “por legiones de experimentados hackers rusos”. Sea o no cierto, el Post dio cobertura a una denuncia anónima de la que sus lectores no tenían derecho a conocer el origen. Ni sus lectores ni los medios que fueron acusados de traición o estupidez.


La lista de medios ya no aparece en el informe de Prop Or Not (pero sí en su web), probablemente porque varios de ellos amenazaron con presentar una demanda.


A causa de la polémica generada, el Post terminó incluyendo una aclaración en su artículo en la web, no una rectificación. Afirmó que no había dado los nombres de esos medios señalados ni suscribía las acusaciones concretas realizadas por Prop Or Not contra esos medios. No lo había hecho, pero sus lectores habían conocido a esa organización anónima gracias a su artículo, y habían leído en él que había una larga lista de medios que estaban colaborando con un intento de acabar con la democracia estadounidense o eran lo bastante idiotas como para picar en el anzuelo tendido por Moscú. Todo ello empleando un viejo truco de la prensa estadounidense, que es añadir al titular las palabras “experts say”, como si no fueran ellos quienes eligieron a los expertos entrevistados.


Por mucho que luego intentaran marcar distancia, habían ayudado a difundir una lista negra de la que el senador McCarthy hubiera estado orgulloso en los años cincuenta.


El artículo del Post fue criticado en varios medios y blogs, pero esa reacción tuvo mucha menos repercusión en las redes sociales que la historia original, lo que no debe sorprendernos. A dos semanas de las elecciones en Estados Unidos, recibió una amplia difusión en Twitter y Facebook, en primer lugar a través de las cuentas del periódico y de sus periodistas. Entre ellos su director, Marty Baron, más conocido por su gran trabajo como responsable del Boston Globe en la historia que contó la película Spotlight.


No nos engañemos. El gobierno ruso tiene una serie de medios de comunicación a su servicio cuya función es desacreditar a los adversarios de Putin en Europa y Estados Unidos. Otra institución que comparte un estilo similar es el Partido Republicano, cuyos dirigentes han propagado en los últimos años historias falsas o manipuladas sobre, por ejemplo, el certificado de nacimiento de Obama, su ley de reforma de la salud o el ataque al consulado estadounidense en Bengasi con la intención de minar a sus rivales. Y en esta última campaña electoral, y tras la victoria de Trump, hemos visto al Partido Demócrata intentar presentar la derrota de Clinton no como la suma de una serie de factores políticos y económicos, además de los errores de su candidata, sino como el resultado de una gran conspiración cuyo origen –al igual que en la época de McCarthy– está en Moscú. Y los medios más cercanos a esos dos partidos, además de hacer con otros temas un gran trabajo, han bebido de esa fuente conspirativa para producir historias insostenibles.


Hay poco material nuevo en el debate sobre la posverdad y las fake news. No hay que remontarse al incidente del Golfo de Tonkín o al hundimiento del Maine. Todos tenemos que recordar la campaña de desinformación con que se vendió en 2003 en Estados Unidos y Europa la imperiosa necesidad de invadir Irak. En cada país podemos encontrar ejemplos similares, hasta cierto punto, de algo que se repite con frecuencia y que hay que definir de esta manera: nadie tiene más capacidad de difundir hechos falsos con intencionalidad política que los gobiernos. Y su herramienta principal suelen ser los medios de comunicación de toda la vida. Los ejemplos que he dado de The Economist y The Washington Post llaman la atención porque no son nada originales.


Ahora hay nuevos protagonistas en eso que podríamos llamar el mercado de la información (y probablemente ninguno es tan poderoso como Facebook), y cuentan con una audiencia que está dispuesta a creerse cualquier cosa si eso confirma sus prejuicios o ideas políticas. Obviamente, el hecho de que esa situación no sea nueva no la hace menos alarmante.
No conocíamos la palabra posverdad, pero lo que esconde nos acompaña desde hace mucho tiempo. Quizá si estuviéramos menos obsesionados por la palabra “verdad” y dedicáramos más tiempo a la palabra “hechos”, nos iría mejor, pero estamos muy condicionados por eso que solemos llamar la naturaleza humana.

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Edward Snowden: "Internet no es el enemigo al igual que no lo es Irak"

Pocos tienen el privilegio de entrevistar a Edward Snowden, aún por videoconferencia, después de que destapara, por medio de filtraciones a los periodistas, uno de los mayores escándalos, o el que más, de la Agencia de Seguridad Nacional estadounidense (NSA por sus siglas en inglés).


TED Talks lo ha conseguido. El programa de Tecnología, Entretenimiento y Diseño con más de 900 charlas (que se pueden descargar gratuitamente), traducidas a 80 idiomas y, hasta 2011, visitadas por más de 400 millones de veces, lo ha entrevistado en una curiosa videoconferencia. Al parecer, el programa estadounidense ha creído que las de Snowden sí eran "Ideas dignas de difundir" (el lema del espacio televisivo), al contrario de lo que pueda pensar su país.


Te han calificado de muchas maneras en los últimos meses. Te llamaron soplón, traidor, héroe. ¿Con qué palabras te describirías?
Quién soy realmente no importa. Si soy la peor persona del mundo, puedes odiarme y pasar a otra cosa. Lo que de verdad importa son los problemas. Lo que en verdad importa es la clase de gobierno que queremos, el tipo de Internet que queremos, el tipo de relación entre las personas y las sociedades. Hacia allí quiero que vaya el debate y lo vemos cada vez más con el tiempo. Si tuviera que describirme, no usaría "héroe", ni "patriota", ni "traidor". Diría que soy un ciudadano estadounidense como cualquier otro.


Hace un año, estabas en Hawái trabajando como consultor para la NSA. Como administrador de sistemas, tenías acceso a sus sistemas y empezaste a revelar ciertos documentos clasificados a algunos periodistas elegidos cuidadosamente, lo que desembocó en las revelaciones de junio. ¿Qué te impulsó a hacer eso?
Si iba al Congreso, corría el riesgo de que me enterraran junto con la información y que la gente nunca se enterara. No había leyes, no había protección legal para un empleado privado, para un analista privado como yo. Pero la Primera enmienda de la Constitución de los EEUU nos garantiza la libertad de prensa por una razón: permitir una prensa antagonista que desafíe al Gobierno.


Algunas personas están furiosas con lo que hiciste. Oí una frase de Dick Cheney que dijo que Julian Assange era una picadura de pulga, Edward Snowden es el león que decapitó al perro. Dice que cometiste uno de los mayores actos de traición en la historia de EEUU. ¿Qué les dirías a las personas que piensan así?
Dick Cheney es especial. Es increíble porque cuando Julian Assange estaba haciendo su mejor trabajo, Dick Cheney decía que iba a terminar con los gobiernos del mundo, los cielos arderían en llamas y los mares entrarían en ebullición, y ahora dice que es una picadura de pulga. Deberíamos sospechar del mismo tipo de declaraciones exageradas sobre el daño a la seguridad nacional por parte de estos funcionarios. Pero pensemos que estas personas realmente creen lo que dicen. Yo diría que tienen una concepción muy cerrada de la seguridad nacional. Las declaraciones de gente como Dick Cheney no mantienen seguro al país. El interés del público no siempre es el mismo que el interés nacional. Ir a la guerra contra personas que no son nuestro enemigo en lugares que no son una amenaza no nos hace más seguros, y eso es válido en Irak o en Internet. Internet no es el enemigo. Nuestra economía no es el enemigo. Los negocios estadounidenses, chinos, y cualquier otra empresa son parte de nuestra sociedad. Son parte de nuestro mundo interconectado. Hay lazos de fraternidad que nos unen, y si se destruyen estos lazos socavando los estándares, la seguridad, la forma de conducta, los países y los ciudadanos del mundo esperan que nos atengamos a ellos.


Pero se dice que robaste 1,7 millones de documentos. Parece que solo algunos miles fueron compartidos con periodistas hasta ahora. ¿Habrá más revelaciones?
Seguro que hay más revelaciones por venir. Creo que sin dudas todavía están por hacerse algunos de los informes más importantes.


Hicieron el cálculo de que valía la pena reducir la seguridad de nuestras comunicaciones como parte de la defensa de EE.UU. contra el terrorismo. ¿Es un precio que vale la pena pagar?
Al analizar los resultados de estos programas contra el terrorismo, verán que no tienen fundamento y no hace falta que crean mi palabra, porque tuvimos la primera audiencia pública, el primer tribunal federal que lo analizó, fuera del arreglo secreto, y tildó a los programas de orwellianos y posiblemente inconstitucionales. El Congreso, que tiene acceso para instruir sobre estas cosas, y ahora desea hacerlo, ha presentado proyectos de ley para reformarlo, y dos paneles independientes de la Casa Blanca que revisaron toda la evidencia clasificada dijeron que estos programas nunca han detenido ni un solo ataque terrorista inminente para EE.UU. Entonces, ¿realmente estamos parando el terrorismo? ¿Estos programas tienen algún valor? Yo digo que no y los 3 poderes del gobierno estadounidense también dicen que no.


¿Crees que hay una motivación más profunda para ellos que la guerra contra el terrorismo?
La conclusión es que el terrorismo siempre ha sido lo que en el mundo de la inteligencia llamaríamos una excusa para la acción. El terrorismo es algo que provoca una respuesta emocional que permite que las personas razonen autorizando poderes y programas que de otra manera no harían. En la era post 11-S, usaron el secreto y la justificación del terrorismo para empezar estos programas en secreto sin consultar al Congreso, ni al pueblo de EE.UU., y es de ese tipo de gobierno a puertas cerradas del que tenemos que protegernos, porque nos hace menos seguros y no aporta valor.


Me parece que este debate no se divide por las líneas políticas tradicionales. No es izquierda o derecha, no se trata de estar a favor del gobierno, de ser libertario ni nada de eso. En parte es un problema generacional. Ustedes son parte de una generación que creció con Internet y parece que se ven ofendidos a un nivel casi visceral si ven algo que creen que puede dañar a Internet. ¿Hay algo de cierto en eso?
Sí, creo que es cierto. No se trata de ser de izquierda o derecha. Nuestras libertades básicas, y cuando digo nuestras, no me refiero solo a los estadounidenses, sino a las personas de todo el mundo, no tiene que ver con un problema partidario. Estas cosas en las que creen todas las personas, y depende de todos nosotros protegerlas, y de las personas que han visto y disfrutado de una Internet libre y gratuita depende de nosotros preservar esa libertad para que la próxima generación pueda disfrutarla, y si no cambiamos las cosas, si no nos paramos para hacer los cambios que hay que hacer para mantener la seguridad en Internet, no solo por nosotros sino por todos, vamos a perderla, y será una pérdida tremenda, para nosotros y para todo el mundo.


Hace 30 años que se fundó TED, en 1984. Hubo muchas charlas desde entonces siguiendo el razonamiento de que en realidad George Orwell estaba equivocado. No hay un Gran Hermano que nos mira. Nosotros, gracias al poder de la Web, y la transparencia, estamos mirando al Gran Hermano. De alguna manera, tus revelaciones le dieron una puñalada al corazón de esa mirada más bien optimista, pero todavía crees que hay algo para hacer al respecto.

Exacto, se puede argumentar que los poderes del Gran Hermano han aumentado muchísimo. Hace poco salió un artículo legal en Yale que establecía el principio Bankston-Soltani que decía que nuestra expectativa de privacidad es violada cuando las capacidades de vigilancia del gobierno se vuelven más baratas en un orden de magnitud, y cada vez que eso sucede, tenemos que revisar y reequilibrar nuestros derechos de privacidad. Eso no ha sucedido desde que los poderes de vigilancia del gobierno aumentaron en varios órdenes de magnitud, y por eso tenemos el problema que tenemos hoy pero todavía hay esperanza, porque los poderes de los individuos también se incrementaron con la tecnología. Soy una prueba viviente de que un individuo puede ir cabeza a cabeza contra los adversarios más poderosos y las agencias de inteligencia más poderosas del mundo y ganar, y creo que eso es algo que nos da esperanza, y tenemos que construir sobre eso para que sea accesible no solo para los expertos técnicos sino también para los ciudadanos comunes. El periodismo no es un delito, la comunicación no es un delito y no tienen que monitorear nuestras actividades cotidianas.


El New York Times pidió una amnistía para ti. ¿Aceptarías una oportunidad para volver a EEUU?
Claro. Sin dudas, los principios que han sido el fundamento de este proyecto han sido el interés público y los principios que subyacen al establishment periodístico de EE.UU. y del mundo, y creo que la prensa ahora dice apoyamos esto, esto es algo que tenía que pasar, es un argumento fuerte pero no es el argumento final, es el público el que debe decidir. Pero al mismo tiempo, el gobierno dio a entender que quiere un tipo de acuerdo, que quieren que comprometa a los periodistas con los que trabajé, a regresar, y quiero dejar en claro que no hice esto para estar a salvo. Hice esto para hacer lo correcto, y no voy a detener mi trabajo en interés del público solo para beneficiarme.

Martes, 15 Julio 2014 10:34

Compartir no es delito

Diego Gómez es un biólogo de la Universidad del Quindío que enfrenta un proceso penal por compartir una tesis por Internet.
http://www.karisma.org.co/compartirnoesdelito/


Si bien siempre hemos reconocido la necesidad de respetar los derechos de autor, desde hace tiempo insistimos que estos no solo cubren la protección del autor y sus obras, sino que también incluyen otros derechos que deben ser igualmente contemplados, como la garantia al acceso al conocimiento por parte de todos, el acceso a la educación, la libertad de expresión, el derecho a intimidad y un largo etcétera que simplemente son nuestros derechos humanos ahora considerados en medios digitales.


Sin embargo, durante años nuestras leyes han buscado solo proteger los derechos comerciales de unos pocos, lo que ha llevado, en lo concreto a que un estudiante, voluntario de la conservación de especies, amante de la investigación esté enfrentando la posibilidad de pagar con cárcel de 4 a 8 años y multa de 16 a 600 millones de pesos el "delito" de subir una tesis para compartirla por Internet con otros amantes e interesados en la conservación, la investigación y la biología.


Este "delito" según el código penal colombiano es igual o más grave que efectuar un acto sexual violento que se paga con 3-6 años de cárcel, o el contrabando penado con 3 a 5 años o la trata de personas que tiene una condena de 4 a 6 años.
http://www.karisma.org.co/compartirnoesdelito/?page_id=85


Queremos compartir este caso con todos e invitarlos a compartirlo en sus propias redes para acompañar a Diego con mensajes de solidaridad y apoyo mientras esperamos la decisión del juez.


Los invitamos a todos a repetir con nosotros que #CompartirNoEsDelito
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http://redpatodos.co - Respeto a los derechos en el entorno digital.
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Publicado enColombia
Cuando escuchar es obsceno y ocultar es impúdico

El suicidio de Aaron Swartz, programador y activista por el acceso libre a la información en la Red, el 11 de enero de 2013, inauguraba un año que se ha mostrado prodigo en sucesos relacionados con el manejo y las políticas de la información que circula en los medios electromagnéticos. Swartz, un joven genio de la informática, fue acusado de descargar alrededor de 4,8 millones de documentos, entre artículos y otros productos científicos, de la base de datos Jstor (por la siglas en inglés de "almacén de publicaciones periódicas –Journal Storage–) para compartirlos a través de sitios de descarga gratuita. Recluido en su domicilio, que le había sido asignado por la justicia como sitio de detención, poco antes de que se iniciara el juicio, el joven de 26 años se quitó la vida.


El 3 de junio, también de éste año, se inició el juicio a Bradley Manning, el soldado estadounidense que reconoció haber filtrado a Wikileaks (cuyo director, Julián Assange, aún se encuentra refugiado en la embajada ecuatoriana en Londres) más de 700.000 documentos, entre los que se encontraba el video "Asesinato Colateral" que muestra un helicóptero militar de USA matando en Bagdad –año 2007– a 12 civiles, de los cuales dos eran trabajadores de la agencia de noticias Reuters e hiriendo a dos niños. En el video también se puede observar como un tanque de guerra norteamericano pasa por encima de uno de los cadáveres, partiéndolo en dos.

 

Y como corolario de lo anterior, entre el 6 de junio, el diario inglés The Guardian divulga que la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos (NSA) tiene acceso a registros telefónicos y de Internet de millones de usuarios a través de sendos programas secretos de espionaje. La información indica que los servicios de inteligencia parecen acceder directamente a datos de los servidores de Microsoft, Yahoo, Google, Facebook, PalTalk, AOL, Skype, YouTube y Apple. El 9 de junio, un joven de nacionalidad estadounidense, ex-técnico de la CIA, que responde al nombre de Edward Snowden, declara ser la fuente del diario inglés. Se inicia, entonces, el drama de su solicitud de asilo, que parece tan solo comparable a la que vivó el revolucionario ruso León Trotsky entre 1929 y 1936, y que dio lugar a la expresión de "un mundo sin visa". Como se sabe, el derecho de asilo fue posible, en su momento, gracias a la actitud soberana del Méjico nacionalista de Lázaro Cárdenas y hoy, parece repetirse la historia, pues ante la negativa de la mayoría de países del mundo a la solicitud del joven Snowden, tan sólo Venezuela y Nicaragua se muestran firmes en conceder el refugio.

 

Un poco de historia

 

Con el inicio de la llamada "Guerra Fría" entre las potencias occidentales y la Unión Soviética, luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial, el mundo del espionaje adquiere una gran dimensión y un tinte casi novelesco. En ese ambiente surge Echelon, el proyecto de interceptación de comunicaciones electrónicas liderado por los EE.UU. y la Gran Bretaña, que en compañía de Canadá, Australia y Nueva Zelanda, conforman la comunidad Ukusa (hoy conocidas como los cinco ojos). Hasta acá no hay nada nuevo, pues la existencia de Echelon se hace pública en 1976 en un informe producto de una investigación del Parlamento Europeo, aunque esa institución tan sólo reconoce oficialmente la existencia del programa en 2001, y se ve obligada a recomendar a sus ciudadanos tomar precauciones cuando se comunican a través de medios electrónicos. Lo nuevo es, entonces, el propósito de las interceptaciones, que luego de tener por objeto los estados comunistas enemigos, pasa a tener como mira a todos los ciudadanos de forma indiscriminada, incluidos los nativos de los países espías. De la defensa nacional se pasa al control de los individuos y a una sociedad autoritaria y disciplinaria.

 

La internacionalización y transnacionalización de las comunicaciones indujo la preocupación de muchos activistas de derechos humanos desde la década del setenta del siglo pasado. Y algunos países de la periferia percibieron pronto que un sistema de comunicaciones electrónico centralizado y controlado por las grandes potencias, era un lazo adicional a sus condiciones de dependencia. Es así como bajo la guía del movimiento de Países No Alineados surge el impulso de estructurar desde la ONU una reflexión sobre las condiciones que debían regir la circulación y regulación de la información y la comunicación, para crear un Nuevo Orden Mundial de la Información y la Comunicación (Nomic).

 

En 1977 el abogado irlandés Sean MacBride (premio Nobel de la paz en 1974 y Premio Lenin de la paz en 1977), es comisionado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), para presidir una comisión que estudie el problema de la información y la comunicación en el mundo, de la que hicieron parte entre otros, Marshall McLuhan, quien acuño el término de "aldea global" para caracterizar el mundo moderno, y el Nobel de literatura colombiano Gabriel García Márquez. El resultado del estudio se hizo público en 1980 con el título de "Voces múltiples, un solo mundo", más tarde conocido como el Informe MacBride, que de inmediato generó el rechazo del mundo anglosajón liderado por los Estados Unidos.

 

El informe trataba, entre otros temas, el de la concentración y la centralización de la información y la comunicación, los sesgos derivados de su origen, y la transnacionalización, abogando por una democratización y diversidad en la fuente que debía reforzar la multiplicidad cultural. El malestar de EE.UU fue de tal magnitud que motivó su retiro de la Unesco, hecho efectivo en 1984 y prolongado hasta 2003. La visión de una información monopolizada y mercantilizada que el grupo Ukisa sostiene hasta hoy, está en la raíz del tipo de propuestas que los norteamericanos defienden, en contravía del resto de países, y que se han traducido en proyectos de ley como el que en el 2010 formularon contra la falsificación y delitos online (conocido como Coica por sus siglas en inglés), o los dos presentados en el 2011: La Stop Online Piracy Act (Acta de cese a la piratería en línea) también conocida como Ley Sopa, y la ley de prevención contra el robo a la propiedad intelectual (Pipa), que tienen como característica no sólo fortalecer el control de acceso a la red sino el pretender ser leyes jurídicas con validez transnacional.

 

La disputa por la regulación del espectro electromagnético lleva, entonces, más de treinta años, y en ella se juega el futuro de la privacidad de las personas, la seguridad de los Estados más débiles, y por tanto su autonomía, así como la posibilidad del disenso y la multiculturalidad. Los derechos de autor y la "lucha contra el terrorismo", no son más que la disculpa para la imposición de una sociedad totalitaria, y los nombres de Swartz, Assange, Maning y ahora Snowden, son apenas los primeros de una lucha que tan sólo es una parte de una guerra virtual que los países anglosajones le han declarado al resto del mundo y en la que equivocarse de qué lado se está representa hipotecar la posibilidad de un futuro verdaderamente libre y amable.

 

Algunos mitos y realidades del mundo virtual

 

Las cifras que se citan sobre las telecomunicaciones se presentan siempre con el ánimo de abrumar. La empresa de procesadores Intel, por ejemplo, ha estimado que cada minuto, en el buscador Google se producen más de 2 millones de búsquedas y en Facebook 277.000 usuarios se conectan a sus cuentas. Lo que significa que diariamente las búsquedas serían de 2.880 millones, mientras que las conexiones a la red social mencionada se acercarían a los 400 millones. En ese mismo sentido, el blog de Youtube, en enero del año pasado, estimó que se veían 4.000 millones de vídeos por día.

 

Sin embargo, pese a lo espectaculares que puedan parecer las cifras, si miramos el tamaño relativo de la economía de la información electrónica éste parece más bien pequeño. Según los datos de la Unión Internacional de las Telecomunicaciones (UIT), ente de la ONU encargado de dictar las normas y regulaciones sobre los servicios de telecomunicaciones en el mundo, este tipo de servicios sumaron 1,5 billones de USD en 2010, lo que corresponde al 2,4% del Producto Interno Bruto (PIB) mundial –en un país como USA ese porcentaje no llega al 1,5%–, y las inversiones en el sector se calcula que representan 2% de la formación bruta de capital fijo total en el mundo. En cuanto a la fuerza de trabajo destinada al sector, las cifras tampoco son gran cosa, en países como Méjico y Brasil, los dos gigantes latinoamericanos, los servicios de las telecomunicaciones ocupan el 2,2% de la fuerza de trabajo total, mientras que en un país como EE.UU. ese porcentaje llega al 4%; en Colombia ese índice es tan sólo del 0,56%.

 

Sin pretender negar la importancia de internet, y en general de la transmisión moderna de voz, datos e imágenes, no deja de ser cierto también que en muchos casos y sobre algunos aspectos se sobredimensiona el fenómeno. Entre 1996 y 2000 se vivió en las bolsas de valores la burbuja de las "empresas punto com", que quintuplicaron el valor de sus acciones en ese período, para desplomarse a partir de ahí hasta el punto que en el 2003 habían regresado a los valores que tenían en 1996. Igual sucedió con el valor de las acciones de la red social Facebook que entre mayo y septiembre de 2012, año en el que la empresa salió a la bolsa, perdió el 46% de su precio inicial, en una muestra de la sobrevaloración, que por lo menos desde la perspectiva económica, se da a los servicios de la Red (en la actualidad el valor nominal de dicha acción es menor en 38% al inicial).

 

Entre 2008 y 2011 el precio de los servicios de las tecnologías de la información y la comunicación disminuyó en promedio 30% en el mundo, siendo los de Internet de banda ancha fija, los que más bajaron (75% en promedio). Sin embargo, las diferencias de los precios relativos de este tipo de productos entre los países del centro capitalista y los de la periferia sigue siendo abismal. Mientras que en los primeros, según la UIT, el servicio de banda ancha fija residencial representa el 1,7% del PIB per cápita, en los segundos se estima alrededor del 30%.

 

El consumo de servicios de telecomunicación en el mundo muestra las mismas asimetrías que las que padecen los servicios tradicionales. El Secretario General de la UIT, Hamadoun Touré, reconocía en el Congreso Mundial de la Telefonía Móvil en Barcelona, realizado en 2012, que dos tercios de la población mundial (alrededor de 4.500 millones de personas) carecen de acceso a la Red. Pero, mientras que en los países marginales el 70% de personas está privada de dicho acceso, en los dominantes tan sólo el 23% está desconectado. Incluso, las diferencias de género se manifiestan en este tipo de consumo, como quiera que en las naciones periféricas la brecha entre el número de hombres y de mujeres que acceden a la red es de 16% a favor de los hombres (en el mundo de capitalismo avanzado la diferencia es de 2%). No se trata, entonces, que la brecha tecnológica sea causa de la pobreza y la discriminación, sino que son estas últimas la que explican la brecha tecnológica existente, lo que altera los términos del problema.

 

El desarrollo computacional ha posibilitado y abaratado la recopilación y clasificación de información, que como insumo del conocimiento se convierte en una herramienta estratégica de la producción y el control de las personas. De allí que, pese al relativo tamaño reducido del sector, los estados imperiales estén inmersos en una agria disputa por su monopolio. La prioridad de la seguridad sobre la libertad, que los gobiernos hacen cada vez más explícita, se explica por la tensión social que se vive actualmente frente a la inequidad creciente. Razón de más para que los poderosos aspiren a verlo todo y escucharlo todo, convirtiendo ese deseo de omnipresencia en meta de un Estado que se adentra cada vez más en la ruta del totalitarismo.

 

De la esperanza al Puma

 

Espionaje, control de datos y personas que no es ajeno a nuestro país. Como se conoce, avanza el desarrollo de la Plataforma Única de Monitoreo y Análisis (Puma), que es un sistema de interceptación de lo que se hable o escriba a través de correos electrónicos, o de cualquier otro medio que utilice internet. El proyecto, aprobado por un Conpes del 2011, tendrá un costo de 100.000 millones de pesos y aspira a tener 700 estaciones de monitoreo en todo el país, de las cuales 300 se localizarán en Bogotá. La cuantiosa inversión busca reemplazar el actual sistema de interceptaciones conocido como Esperanza, que según los impulsores de la nueva plataforma ha quedado obsoleto.

 

Llama la atención que Colombia, un país que invierte tan sólo 0,44% del PIB en ciencia y tecnología, y donde el 51% de municipios aún carecen de fibra óptica, gaste una cantidad tan grande en un programa de interceptaciones, máxime cuando en el periodo que va de 2002 a 2008 se dio el escándalo de las chuzadas del Departamento Administrativo de Seguridad (DAS) a los magistrados de la Corte y a miembros de la oposición política al gobierno de la época.

 

No parece simple coincidencia que cuando el mundo anglosajón se mueve en una dirección determinada, Colombia lo haga en el mismo sentido. La firma de tratados de libre comercio, como el suscrito con EE.UU, obliga a aceptar los lineamientos que en materia de telecomunicaciones y propiedad intelectual defienden los países de Ukusa, por lo que no suenan extraños los rumores de que la compañía israelí Comverse Technology sea la más opcionada para el desarrollo de Puma.

 

Los casos de Swartz, Maning y Snowden están entrelazados pero encierran mensajes diferentes. Aaron Swartz estaba siendo enjuiciado, en el momento de su muerte, por defender el derecho al conocimiento, Maning está siendo juzgado por reclamar que la verdad debe ser conocida y Snowden es perseguido por denunciar violaciones a la intimidad. Conocimiento, verdad e intimidad son reclamos que empiezan a colocarse en primera fila, en un mundo inequitativo que en su afán de lucro y conservación de privilegios para unos pocos, amenaza con violar incluso los valores más generales que la humanidad ha aceptado como patrimonio común.

 

Publicado enEdición N°193
Edward Snowden y el programa de espionaje inconstitucional de Estados Unidos

Edward Snowden admitió públicamente esta semana ser el responsable de lo que podría ser la filtración más importante de documentos secretos del gobierno en la historia de Estados Unidos. El ex funcionario de la CIA y analista de la empresa privada de consultoría de inteligencia Booz Allen Hamilton habló en Hong Kong con Glenn Greenwald, del periódico The Guardian, con la cineasta independiente Laura Poitras y con Barton Gellman, del Washington Post. Snowden les proporcionó pruebas fehacientes de que el gobierno de Estados Unidos, principalmente a través de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), está llevando a cabo un amplio programa de vigilancia y espionaje a nivel mundial y, lo que es quizá más controvertido, de prácticamente todos los ciudadanos estadounidenses, por fuera de las atribuciones constitucionales.

 

La condena mundial a Snowden ha sido implacable y no se hizo esperar. Jeffrey Toobin, especialista en asuntos jurídicos, rápidamente publicó en su blog que Snowden es "un gran narcisista que debería estar preso". Los columnistas del New York Times se sumaron. Thomas Friedman escribió: "No creo que Edward Snowden, el responsable de haber filtrado todo este material secreto, sea un informante heroico". Su compañero David Brooks realizó un psicoanálisis especultativo de Snowden, al opinar: "A pesar de que, obviamente, es muy inteligente, no le fue muy bien en la secundaria ni en la Universidad", escribió Brooks.

 

La trayectoria educativa de Snowden llamó especialmente la atención de los políticos. En una reciente audiencia del Comité de Asignaciones del Senado, varios senadores, entre ellos el senador progresista del Partido Demócrata Dick Durbin, de Illinois, interrogaron en un tono extremadamente amable al Director de la NSA, el General Keith Alexander, y a otros funcionarios. Los senadores se hicieron eco de la incredulidad planteada por Brooks en cuanto a que alguien que ni siquiera terminó formalmente la escuela secundaria pudiera engañar a todo el aparato de inteligencia de Estados Unidos. El general Alexander confesó: "En el ambiente de la informática, en el ambiente cibernético, los tipos como él tienen tremenda capacidad para manejar las redes. Ese era su trabajo en gran medida. Administraba los sistemas informáticos dentro de esas redes desde 2009 o 2010. Tenía grandes capacidades en esa área, pero no servía para otras cosas. Tenemos que analizar los diferentes procesos, la vigilancia de esos procesos y determinar en qué fallaron".

 

El legendario informante Daniel Ellsberg respondió a las críticas contra Snowden: "En mi opinión, no ha habido en la historia de Estados Unidos una filtración tan importante como la publicación de Edward Snowden del material de la NSA, ni siquiera mi filtración de los documentos del Pentágono hace 40 años. La filtración de Snowden nos da la posibilidad de recuperar una parte fundamental de lo que ha significado un 'golpe del Poder Ejecutivo' contra la Constitución de Estados Unidos", escribió Ellsberg.

 

La histórica filtración de Snowden reveló lo que él denomina una "arquitectura de la opresión": una serie de programas de vigilancia ultrasecretos que van más allá de lo que ha sido conocido públicamente hasta la fecha. El primer documento revelado fue una orden del Tribunal de Vigilancia de Inteligencia Extranjera de Estados Unidos que solicitaba a una sección de la empresa de telefonía Verizon que entregara "todos los registros detallados de las llamadas telefónicas" de sus clientes realizadas desde Estados Unidos hacia el extranjero y de las llamadas dentro de Estados Unidos, incluso las llamadas locales. Otro de los documentos era una presentación de diapositivas que revelaba un programa conocido como "PRISM", que supuestamente autoriza a la NSA a tener acceso no autorizado a todos los datos privados almacenados en los servidores de grandes empresas de Internet como Microsoft, AOL, Skype, Google, Apple y Facebook. Esto incluye los correos electrónicos, los chats, las fotografías y la transferencia de archivos, entre otros.

 

Snowden también hizo pública la Directiva política presidencial número 20, un memorando ultrasecreto del Presidente Barack Obama que ordena a las agencias de inteligencia de Estados Unidos a hacer una lista de blancos de ataques cibernéticos de Estados Unidos. Finalmente, publicó pruebas del programa denominado "Boundless Informant" (Informante sin fronteras), que crea un mapa que detalla los países de donde provienen los 97.000 millones de registros electrónicos interceptados y recopilados por la NSA en marzo de 2013. Entre los principales blancos del plan de espionaje se encuentran Irán, Pakistán, Egipto y Jordania. El mapa filtrado utiliza los colores rojo, amarillo y verde para clasificar a los países según el nivel de comunicaciones interceptadas. En marzo del año pasado, Estados Unidos aparecía en el mapa con color amarillo, lo que significa que la NSA interceptó alrededor de 2.900 millones de comunicaciones dentro del país.

 

La Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por sus siglas en inglés) entabló una demanda inmediatamente después de que se revelaran los programas, alegando que la "práctica es similar a robar la libreta de teléfonos de todos los estadounidenses, con anotaciones que detallan con quiénes hemos hablado, cuándo, durante cuánto tiempo y desde dónde. Esta práctica le da al gobierno un amplio registro de nuestras asociaciones y movimientos públicos y le revela una gran cantidad de detalles sobre nuestra vida familiar, política, profesional, religiosa e íntima", sostuvo la ACLU.

 

El abogado de la ACLU, Alex Abdo, afirmó: "En virtud de este programa, las agencias de inteligencia espían una gran cantidad de información sin precedentes. Están literalmente rastreando cada llamada que se realiza en el país y la Constitución simplemente no permite al gobierno hacer eso. Si el gobierno tiene motivos para pensar que un determinado ciudadano estadounidense es sospechoso de cometer un delito, entonces debería perseguir a esa persona para que sea investigada o vigilada, pero no debería vigilar en forma indiscriminada las llamadas de millones de estadounidenses inocentes".

 

En este preciso momento, Edward Snowden está oculto. Supuestamente aún está en Hong Kong, donde le dijo al periódico South China Morning Post: "No estoy aquí para ocultarme de la justicia, estoy aquí para denunciar la delincuencia". En la entrevista con Greenwald y Poitras, Snowden habló de sus motivos para realizar las filtraciones: "Desde mi escritorio tenía el poder de escuchar las conversaciones de todo el mundo, desde ustedes o su contador, hasta un juez federal o incluso el Presidente si tuviera su correo electrónico personal. ...No nos corresponde a nosotros decidir sobre estas cosas. Es la población la que debe decidir si estos programas y políticas son correctos".

 

Denis Moynihan colaboró en la producción periodística de esta columna.

 

© 2013 Amy Goodman

 

Texto en inglés traducido por Mercedes Camps. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. 

Publicado enInternacional
Red cuántica: un sueño cercano para EE.UU.

Investigadores del laboratorio estadounidense de Los Álamos confirmaron que cuentan con un prototipo de Red cuántica —uno de los grandes anhelos de los expertos en seguridad y criptografía— que llevaría funcionando en secreto más de dos años.


 
La comunicación ordinaria en Internet se produce a través de pulsos de luz, pero la saturación de información y conexiones hace que esos pulsos se vuelvan cada vez más débiles.


 
Para solucionar este problema se han tomado como punto de partida los principios de la mecánica cuántica, según los cuales un fotón (unidad de luz indivisible) puede pasar por dos caminos diferentes a la vez. De esta forma, con ayuda de una memoria cuántica para almacenar la información en átomos, el Internet cuántico eliminaría las limitaciones actuales de transferencias. Además, este tipo de redes conllevarían un mayor nivel de seguridad en el procesamiento de información.


 
La aplicación de las leyes de la mecánica cuántica podrían traducirse en importantes avances en el mundo de las telecomunicaciones. Sin embargo, el empleo de nuevos sistemas de criptografía aún se ven limitados por la tecnología actual. A pesar de que existen grupos de especialistas y expertos en varios países intentando avanzar en este concepto, todo parece indicar que las propuestas existentes hasta el momento aún están lejos de ser una realidad comercial.


 
En cualquier caso, el avance desarrollado por investigadores del Laboratorio Nacional de Los Álamos, en Estados Unidos, podría acercarnos a esta idea y, por consiguiente, a la modernización de los sistemas de comunicación que existen en la actualidad. Su prototipo lleva funcionando ya dos años y medio, según han reconocido ellos mismos.


 
Sus investigaciones se han plasmado en la creación de una Red cuántica en torno a un nodo o ‘hub’ central. Los bits cuánticos son transformados en convencionales al llegar a este punto, y a la salida vuelven a ser convertidos en bits cuánticos, por lo que mientras se garantice la seguridad del ‘hub’, la Red cuántica también lo sería.


 
Aunque todavía falta mucho que investigar, estos científicos se muestran optimistas y están seguros de que sus estudios van por el buen camino.

 

14 mayo 2013
 
(Con información de Russia Today)

Publicado enInternacional
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