Desde fines de los años 90, América Latina viene transitando lo que a falta de términos más precisos se ha definido como pos-neoliberalismo, y que el presidente ecuatoriano Rafael Correa denominó "cambio de época". Se trata, sin duda, de una variedad de experiencias difícilmente reductibles a la extendida clasificación de las "dos izquierdas". Este clivaje, que Álvaro Vargas Llosa sintetizó –apelando a metáforas maniqueas- como izquierdas vegetarianas (Chile, Brasil, Uruguay) contra izquierdas carnívoras (Venezuela, Bolivia, Ecuador) corre el riesgo de congelar imágenes demasiado acotadas de procesos atravesados por una gran diversidad de pliegues y ángulos de análisis –pero tampoco capta las convergencias entre ambas orillas-. Problemas similares encontramos con quienes, desde la izquierda radical, realizan la misma disección pero colocando del lado correcto a los gobiernos revolucionarios y del negativo a los reformistas. Que recientemente un largo artículo en The New York Times elogie la gestión macroeconómica de Evo Morales con el término "prudente" (1), que La Nación –"el diario de la oligarquía argentina"- titule un artículo "Bolivia da la nota" (2) o que el programa "Dinero" de la CNN le haya entregado la "medalla de oro" al país andino diciendo que "Bolivia está mejor desde 2005" (3) constituyen ilustrativas advertencias tanto para los antipopulistas furibundos como para quienes creen que en el bloque bolivariano se estaría transitando la salida del capitalismo. Lo mismo ocurre con el interesante proceso ecuatoriano, que combina transformaciones profundas –e incluso refundacionales- con un nacionalismo dolarizado.


En el análisis de las experiencias de las izquierdas en el poder no puede dejarse de lado el hecho de que esos gobiernos de cambio son precisamente pos-neoliberales porque, si bien buscan revertir los efectos de la "larga noche" del Consenso de Washington, se proponen recuperar el rol del Estado en sociedades profundamente modificadas por esas reformas estructurales y por el actual capitalismo globalizado, individualista y consumista que el italiano Raffaele Simone ha llamado "el monstruo amable" (4), y en general se busca evitar volver al viejo estatismo cuya crisis habilitó las privatizaciones. En casos como Bolivia y Ecuador, los gobiernos populares han hecho del crecimiento y la estabilidad económica una de sus banderas. Por eso Evo Morales acumuló uno de los stocks de reservas internacionales más altos del mundo en relación al PBI, una de las cosas que precisamente resaltaban The New York Times y el Fondo Monetario Internacional (5). Esto, sin duda, distingue a estas dos naciones bolivarianas de Venezuela, donde parte de la complicada situación que atraviesa Nicolás Maduro se vincula a un manejo de la economía con fuertes tendencias redistribuitivas pero también derrochadoras y desinstitucionalizantes.

El fin del socialismo del siglo XXI

Después de más de una década del giro a la izquierda (quince años en Venezuela y mocho en Bolivia y Ecuador), la "etapa heroica" ha quedado atrás: se visualiza un amesetamiento de la integración antiliberal –por ejemplo en el caso de la Unasur (6)- y las izquierdas han perdido el monopolio de las banderas del cambio. Una nueva derecha, capaz de combinar populismo securitario, liberalismo cultural y una "cara social", ha comenzado a desafiar al bloque pos-neoliberal en el terreno regional (por ejemplo, mediante la eficaz instalación simbólica de la Alianza del Pacífico como una mejor y más moderna alternativa para la región) y en los espacios nacionales: Sergio Massa y Mauricio Macri en Argentina, Henrique Capriles en Venezuela o Mauricio Rodas, quien acaba de ganarle al correísmo la alcaldía de Quito, en Ecuador.


Esto no significa que la izquierda no conserve posibilidades de ganar en varios países (Evo Morales, Dilma Rousseff y Tabaré Vázquez corren hoy con ventaja para ser reelegidos de manera consecutiva o con deley, y la propia Michelle Bachelet derrotó por amplio margen a la derecha en diciembre pasado). Pero lo que en algún momento se imaginó como un tránsito lineal a algún tipo de socialismo del siglo XXI estaba más ligado al hiperactivismo voluntarista de Hugo Chávez que a un consenso regional, y la crisis venezolana ha dejado camino libre a un Brasil que promueve un capitalismo desarrollista muy vinculado transnacionales. Brasil juega a la vez el rol de "locomotora regional" y de subpotencia con sus propios intereses en el juego global. Parte de este lugar se puede ver en el aumento de su influencia en Cuba, donde ha incrementado notablemente su presencia económica (y política) de la mano del aura de Lula. Si Fidel Castro era un estrecho aliado –político y emocional- de Chávez, no es sorprendente que los más fríos militares cubanos, que controlan los sectores estratégicos de la economía, y la élite tecnocrática "raulista" tengan más afinidad con los brasileños, aunque por el momento sigan dependiendo del petróleo venezolano- (7). El diario El País, por ejempolo, informó que Lula llevó en uno de sus viajes a La Habana al llamado "rey de la soja", el ex gobernador de Mato Grosso Blairo Maggi, para enseñarle a los cubanos a producir la oleaginosa con mejor calidad (8).


Tampoco el ex sindicalista de San Pablo se privó de aconsejar –no sin una dosis de paternalismo- al presidente venezolano: "Maduro debería intentar disminuir el debate político para dedicarse enteramente a gobernar, establecer una política de coalición, construir un programa mínimo y disminuir la tensión" (9).


El consenso neodesarrollista


En todas partes, las izquierdas en el poder han combinado una ampliación de las fronteras extractivas con un despliegue de políticas sociales en el marco de un cierto consenso desarrollista. Ello ha habilitado una serie de conflictos ambientales (en Argentina, Perú, Ecuador, Brasil y Bolivia) y numerosos debates acerca de la reprimarización de las economías, la creciente influencia china, las infraestructuras y explotaciones en áreas protegidas (como el caso del TIPNIS en Bolivia y de Yasuní en Ecuador) y los problemas del extractivismo en la propia integración regional (10). En el caso argentino, brasileño y paraguayo se suma al debate la sojización, que desde hace años ha transformado profundamente la producción agraria y la vida rural, precisamente impulsada por la demanda asiática.


Pero este imaginario desarrollista no opera sólo en las grandes economías regionales. Rafael Correa viene de inaugurar, con lágrimas en los ojos, la Ciudad del Conocimiento Yachay (11). Concebida en su inicio con apoyo surcoreano, esta "ciudad" busca fomentar la economía del talento en estrecha alianza con varias empresas y centros de investigación del exterior. Evo Morales, con la misma emoción –junto al vicepresidente Alvaro García Linera, que tampoco ocultó sus lágrimas- siguió desde China el lanzamiento del satélite boliviano Túpac Katari (TKSAT-1), en el que el Estado invirtió 300 millones de dólares; en una reciente entrevista nombró tres veces a Corea del Sur, a la que se mira con interés en Bolivia y Ecuador.


Frente a estas ilusiones desarrollistas, han surgido algunos discursos impugnadores con un peso político relativo. Una parte de ellos refiere a los conflictos socioambientales realmente existentes y busca deconstruir un "Consenso de los Commodities" que habría reemplazado al de Consenso Washington de los años 90 (12). Otra parte, no siempre en relación directa con la primera, enarbola el discurso del "buen vivir", supuestamente vinculado a las cosmovisiones indígenas, pero que debido a su carácter demasiado genérico y "filosófico" carece de apoyo social significativo frente a la integración vía el consumo que predomina desde Brasil hasta Bolivia y genera la base social de los gobiernos progresistas.
Pero la duda de fondo es si estos países podrán superar la actual dependencia de las materias primas.

¿Progresistas o populares?


En el terreno ético-moral, los nuevos gobiernos se enfrentan a otra tensión: a menudo son más populares (y antiliberales) que progresistas. Si en Argentina el kirchnerismo mantiene su oposición a discutir el aborto pero avanzó de manera inédita en los derechos de las diversidades sexuales, en el resto de la región las izquierdas en el poder se mostraron más cautelosas en la ampliación de los derechos civiles a las diversidades sexuales.


Un ejemplo es Rafael Correa. Aunque en diciembre de 2013 se reunión con colectivos LGBIT, en la primera cita con un mandatario ecuatoriano con ese sector, poco despué lanzó un virulento alegato contra los "excesos de la ideología de género". "De repente –dijo Correa- hay unos excesos, unos fundamentalismos en los que se proponen cosas absurdas. Ya no es igualdad de derechos, sino igualdad en todos los aspectos, que los hombres parezcan mujeres y las mujeres hombres. ¡Ya basta!" (13). Fiel a su adhesión al catolicismo, amenazó con renunciar si proseguía la discusión sobre el aborto en su propio partido, donde varios dirigentes defienden la despenalización. A pesar de esto, desde fines de 2012 se promueve como política de Estado la píldora del día después en los hospitales públicos (14), dejando ver que todos estos procesos no se resumen solamente en las declaraciones de los líderes.

En Bolivia, Evo Morales llamó a silencio a los ministros y ministras que apoyaron la apertura del debate sobre la interrupción del embarazo. Y más recientemente, el Parlamento aprobó un nuevo Código del Niño y la Niña que establece que la vida comienza desde la concepción. Aunque en casos de violación se puede solicitar a la justicia una interrupción del embarazo, el Código introduce un nuevo candado para discutir el tema. En cuanto a diversidad sexual, aunque se ha creado una Unidad de Despatriarcalización dependiente del Viceministerio de Descolonización, los avances han sido muy moderados. Sin duda, como decía una de las marchas del orgullo gay de los 2000, "Bolivia es más diversa de lo que te contaron", es decir, la diversidad no se agota en lo étnico-cultural. Pero el Código de Familias en proceso de modificación sigue estableciendo para matrimonios e incluso uniones de hecho el requisito de que los mismos sean entre un hombre y una mujer.


En el caso ecuatoriano, la nueva Constitución sí avala las uniones civiles: el artículo 68 reconoce "la unión estable y monogámica entre dos personas" sin especificar el sexo (15).


En Argentina, la ley de matrimonio igualitario y la de identidad de género, que permite cambiar de género en el documento de identidad con sólo presentarse en el registro civil, se ubican entre las normas más avanzadas del mundo en términos de reconocimientos de derechos. Significativamente, en lugar de quitarle votos al gobierno, esas decisiones dieron lugar a spots de campaña electoral. También el matrimonio igualitario se aprobó en Uruguay y en Brasil (pero por decisión judicial, no política).


Todo ello remite no obstante a la capacidad de movilización social: en muchos países es mucho más fuerte la convocatoria de los grupos católicos y evangélicos que la de los LGBTI (el tema de la expansión evangélica entre los sectores populares sigue siendo poco abordada por las izquierdas). Y a menudo las propias organizaciones LGBTI se encuentran divididas, actúan de manera autorreferencial –con fuertes divisiones faccionales- y la consigna de la lucha por el matrimonio igualitario genera divisiones internas, todo lo cual contribuye a fortalecer a las tendencias conservadoras al interior de los gobiernos (16).


Presente y futuro

Con luces y sombras, América Latina cambió en muchos sentidos, y las izquierdas contribuyeron a ello. Hoy, con la experiencia venezolana en crisis y sin capacidad de liderazgo regional, las supuestas "dos izquierdas" parecen converger en una: con tonalidades más lulistas, como ha observado Franklin Ramírez. De esto modo, se apuesta a un modelo de crecimiento, regulaciones de los mercados y distribución (entre la inclusión y la ciudadanía asistida según los casos) (17) /cambié el lugar de la nota/. El pos-neoliberalismo tiende a uniformizarse en una vía menos antisistémica, con más o menos profundidad de acuerdo a las reformas estructurales que cada gobierno ha efectuado: por ejemplo Ecuador y Uruguay avanzaron en reformas impositivas ausentes en Argentina. Los acuerdos de Evo Morales con la burguesía de Santa Cruz pueden incluirse en esta tendencia. Y en cualquier caso, esta deriva lulista reduce los experimentos económicos "poscapitalistas" a un espacio marginal.


El hecho de que las nuevas derechas no tengan abiertamente en su agenda propuestas reprivatizadoras y a veces incluso compitan con los gobiernos progresistas por las propuestas de mayor inclusión, más allá de la sinceridad con la que eso se exprese, da cuenta de un clima de época, que presenta nuevos escenarios y dificultades. Para las izquierdas nacional-populares, la posibilidad de derrota electoral está fuera de su horizonte. El problema para los partidos que se consideran la expresión indiscutida de la sustancia del pueblo es que "no pueden" perder, y ni siquiera pensar en abandonar transitoriamente el poder sin leer el retroceso como una contrarrevolución. En ese marco, cualquier medida institucional para asegurar la alternancia en el poder parece menor frente a las necesidades del pueblo o de la revolución. Pero como las actuales revoluciones ("ciudadana" en Ecuador, "bolivariana" en Venezuela, "democrática y cultural" en Bolivia) fueron habilitadas por triunfos electorales, también los electores podrían quitarles el respaldo. Todo ello obliga a forzar reelecciones indefinidas. El propio Correa, después del traspié en las recientes elecciones locales, se mostró dispuesto a rever su decisión de no buscar otra reelección, aunque buena parte de la cúpula de Alianza País se ha pronunciado en contra. En el caso de los gobiernos más reformistas, se buscó resolver la continuidad con mayor institucionalidad en los partidos y con reelecciones no consecutivas: Bachelet ya retornó al poder, Tabaré espera su turno y Lula funciona como reserva frente a cualquier traspié de Dilma y como posible candidato a futuro. Todo esto demuestra que incluso en las izquierdas partidarias más institucionalizadas no hay un nítido proceso de recambio de elites y que el peso de los líderes es enorme: para decirlo en pocas palabras, más lulismo que petismo.

En cualquier caso, las izquierdas enfrentan hoy el desafío de pensar nuevas agendas para profundizar los cambios: la referencia a la larga noche neoliberal resulta cada vez menos eficaz en la medida en que las generaciones más jóvenes no la vivieron y las otras comenzaron a olvidarla y a plantear demandas vinculadas a los nuevos problemas. Brasil vive precisamente esas tensiones, con un PT más estatalizado y anquilosado y una nueva generación que plantea nuevas reivindicaciones en relación al espacio público, la educación, el ambiente, el transporte o los gastos de la Copa del Mundo, en medio de una desaceleración de la economía. En Bolivia, los nuevos sectores incluidos en el consumo pronto serán indígenas de una naturaleza diferente a los antiguos excluidos por el capital étnico de la blanquitud de la piel. El caso uruguayo merece aún más análisis, con su combinación de audaces medidas societales (legalización del aborto y de la marihuana) y políticas económicas más bien convencionales y pro-inversión extranjera.

En síntesis: a diferencia de los primeros años, donde la oposición era fácilmente asimilable al ancien régime neoliberal, hoy el destino de las izquierdas se juega en su creatividad, su apertura a las nuevas formas de hacer política y su capacidad para mantener la estabilidad y el crecimiento. Y no menos importante, en su habilidad para evitar que la bandera del cambio les sea arrebatada por una derecha posmoderna con nuevas caras, discursos renovados y candidatos más jóvenes y más entrenados para desplegar sus campañas en los escenarios pos-neoliberales pavimentados por las propias izquierdas.


Notas
1) William Neuman, "Turnabout in Bolivia as Economy Rises From Instability", New York Times, 16/2/2014.
2) Rubén Guillemí, "Bolivia da la nota: ya es uno de los países más pujantes de la región", La Nación, 13/4/2014
3) http://www.economiayfinanzas.gob.bo/index.php?opcion=com_media&ver=video&id_item=100&categoria=31&idcm=761
4) José Fernández Vega, "El monstruo amable Nuevas visiones sobre la derecha y la izquierda", Nueva Sociedad, Nº 244, marzo-abril de 2013.
5) Las reservas internacionales ya superan el 50% del PBI.
6) Ver: Nicolás Comini y Alejandro Frenkel: "Una Unasur de baja intensidad. Modelos en pugna y desaceleración del proceso", Nueva Sociedad, Nº 250, marzo-abril, 2014.
7) "Necesitamos reducir el papel del Estado en la sociedad, y no soy del Tea Party por decir eso", señaló hace poco un ex diplomático, y aun consejero del gobierno.
8) Juan Arias, "El sueño secreto de Lula con Cuba", El País, 6/3/2014.
9) El Universal, Caracas, 8/4/2014.
10) Eduardo "Izquierda y progresismo: Dos actitudes ante el mundo Gudynas", El Desacuerdo, La Paz, 17/4/2014.
11) Soraya Constante, "Ecuador inaugura su 'Silicon Valley'", El País, 6/4/2014
12) Maristella Svampa, «Consenso de los Commodities» y lenguajes de valoración en América Latina", Nueva Sociedad, Nº 244, marzo-abril de 2013.
13) Noticias eclesiales, 11/1/2014. http://www.eclesiales.org/noticia.php?id=002097
14) "Ministerio de Salud de Ecuador entregará la pastilla del día después de forma gratuita", El Universo, Quito, 26/3/2013
15) "Doce parejas homosexuales legalizaron su unión de hecho en Ecuador", Sentido G, 2/7/2010.
16) Sobre las estrategias en la lucha de las organizaciones LGBT y las tensiones al interior de los movimientos, ver: Bruno Bimbi, Matrimonio igualitario, Planeta, Buenos Aires, 2010.
17) Franklin Ramírez, "La confluencia post-neoliberal", mimeo, 2014.
Le Monde Diplomatique, Buenos Aires, mayo 2014
Edición especial "Fracturas en América Latina"

Publicado enInternacional
Jueves, 19 Junio 2014 06:07

América Latina: dos océanos, una voz

América Latina: dos océanos, una voz

Asistimos a tiempos de convergencia en América Latina, sobre todo en Sudamérica. Puede que un individuo miope, viendo únicamente las encontradas tendencias ideológicas de nuestra región, pusiera en cuestión esta afirmación. Pero la verdad es que bajo la superficie se está desarrollando una identidad más colaborativa, que creará una identidad latinoamericana para el siglo XXI.

Durante la primera semana de abril una delegación de la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), compuesta por representantes de Cuba, Costa Rica y Ecuador, mantuvo importantes reuniones en Pekín con objeto de acordar una agenda para el Foro CELAC-China, de reciente creación, que en julio tiene previsto celebrar su primera reunión oficial en Brasil, inmediatamente después de una cumbre de Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.


En abril, también se reunieron en Quito, capital de Ecuador, delegados de Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela, para inaugurar la Escuela Suramericana de Defensa, que plasma la existencia de una misma concepción de la defensa regional, ajena a injerencias o hegemonías externas.


A pesar de esos acontecimientos, los negacionistas se empeñan incluso en rechazar la posibilidad de que América Latina pueda avanzar hacia la unidad, manteniendo que el establecimiento de más vínculos entre los países del Atlántico y el Pacífico no tiene sentido. Es una actitud que ha llevado a más de un periodista a plantear preguntas como ésta: "Junto con México, Perú y Colombia, Chile forma parte de la Alianza del Pacífico. Los analistas señalan que ese bloque, considerado progresista, surgió como contrapunto a Mercosur. ¿Es así?" Por supuesto que no. Pero es preciso definir una visión estratégica clara e irrefutable. En América Latina podemos bascular tanto hacia el Atlántico como hacia el Pacífico, lo cual constituye un privilegio en medio del reordenamiento global al que asistimos. Además, al estar en medio, nuestras iniciativas deben coordinarse para poder aprovechar las oportunidades que se presentan.


Por una parte, tenemos una historia secular en el Atlántico, una red económica que nos une a África, Europa y el Mediterráneo. Por otra, está el Pacífico, donde tenemos acceso a potencias económicas como Japón, China y la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, además de a Australia y Nueva Zelanda. América Latina tiene una insólita oportunidad histórica, ya que se encuentra allí donde comienzan a confluir corrientes procedentes del Atlántico y el Pacífico. Pero este desafío actual exige a nuestras comunidades que, en ambos océanos, ahora y no más adelante, modulen mejor su voz.


Es un desafío que de nuevo nos conduce a una palabra con mucha frecuencia repetida a lo largo de nuestra historia como Estados independientes: integración. A través de la integración debemos ir más allá de los muchos esfuerzos regionales fallidos del pasado, para alcanzar los supuestos objetivos que estos tenían. Otros actores sociales —emprendedores, sindicalistas, artistas, estudiantes, turistas— han respondido con más rapidez a la necesidad de integrarse que los propios gobernantes de los Estados. Chile, un país del Pacífico, es un importante inversor en Brasil, un país atlántico. En los últimos años ha invertido más de 24.000 millones de dólares en Brasil, creando así decenas de miles de empleos en sectores como la producción de celulosa, papel y electricidad, las tecnologías de la información, y las industrias química y metalúrgica. A sus empresas hay que añadir las de Argentina, Perú, Colombia y México, entre otros países, que operan en Brasil para abastecer a un creciente mercado interno de 200 millones de consumidores.


Por otra parte, hay que señalar que Brasil y Argentina, además de realizar inversiones mutuas, han apoyado varios proyectos industriales y de infraestructuras en otros Estados de la región. Por ejemplo, hasta 2006 solo dos empresas brasileñas operaban en Colombia. En la actualidad hay 40. En Chile funcionan 70 de propiedad brasileña y en Perú, 44. A todo ello hay que añadir la presencia de más países sudamericanos en Centroamérica y el Caribe, donde están invirtiendo en nuevas plantas industriales y financiando la construcción de puertos, aeropuertos, carreteras y metros.


La Alianza del Pacífico, que aspira exclusivamente a promover una unión económica de carácter modernizador, será más eficaz cuando se relacione más estrechamente con Brasil, Argentina y otros países del litoral atlántico. Del mismo modo, los países atlánticos tendrán todavía más peso cuando sus actividades internacionales vayan unidas a las de las naciones del Pacífico.


Y en este contexto es donde puede apreciarse el trabajo en pro de la integración de UNASUR, la Unión de Naciones Suramericanas, ya que, por su pluralidad y su autoridad, esta organización puede ser de utilidad para acometer las tareas que tenemos pendientes: la inversión en una red de vías férreas y puentes; la integración energética en una región rica en hidrocarburos, recursos hídricos y gas; la mejora del flujo de mercancías, que sirva para sustentar un dinámico crecimiento del comercio interregional que, aunque entre 2002 y 2013 pasó de 49.000 millones de dólares a 189.000, todavía representa menos del 20% del total; y la creación de nuevas políticas que aborden el fenómeno de la emigración y de respuestas al siempre creciente número de ciudadanos que exige libertad de movimiento.


Como se ha declarado recientemente en Quito, también son precisas políticas de defensa comunes que protejan nuestros recursos naturales y aúnen esfuerzos para que se nos reconozca como "zona de paz". La CELAC, a la que pertenecen 33 Estados, también debe servir para canalizar el debate sobre problemas políticos y económicos. Por ejemplo, esa organización regional podría reunirse dos meses antes de la cumbre del G-20 y las naciones de la zona podrían pedir a sus tres países presentes en dicho foro mundial —Argentina, Brasil y México— que plantearan nuestras posiciones respecto al cambio climático, la emigración, el proteccionismo, el tráfico de drogas, una nueva estructura financiera internacional y los mecanismos de seguridad y paz, entre otras cuestiones.


¿Pueden los países latinoamericanos consensuar una actuación conjunta? Indicios prometedores apuntan en esa dirección. Como se ha señalado recientemente durante un seminario organizado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO): "Para que exista una verdadera integración es preciso que se impongan los elementos de cooperación y que continúe la búsqueda de una posible convergencia, sin aspirar a eliminar las diferencias, sino más bien a hacerlas manejables".


El diálogo que está teniendo lugar entre la CELAC y China no es menos importante que las conversaciones que ahora se están manteniendo con Estados Unidos y la Unión Europea. Igualmente importante será que la agenda sudamericana se reactive con realismo y visión de futuro.
La clave será mantener la voluntad de actuar conjuntamente —dentro y fuera del continente—, sin perder de vista que hoy en día nuestros pueblos anhelan tener democracias no sólo legales, en las que el voto sea el instrumento más poderoso, sino también legítimas y realmente participativas, capaces de aplicar políticas que puedan interpretar adecuadamente los signos de los tiempos y actuar en consecuencia.

Por Luiz Inácio Lula da Silva fue presidente de Brasil y en la actualidad promueve iniciativas globales desde el Instituto Lula. Se le puede seguir en facebook.com/lula. Ricardo Lagos fue presidente de Chile.

.
Distribuido por The New York Times Syndicate.

Traducción de Jesús Cuéllar Menezo

Publicado enInternacional
De 1.4 billones de dólares, negocio de EU con la entrega de CFE: Bartlett

Carlos Pascual, ex embajador de Estados Unidos en México, reveló ante el Congreso de su país que planean establecer un sistema eléctrico hemisférico, con grandes beneficios para las trasnacionales estadunidenses.

 

El pasado 11 de abril, Pascual, quien ahora es jefe de Energía del Departamento de Estado, presentó a la Cámara de Representantes un documento donde detalla que hay un proyecto denominado Connect America, en el que las empresas de su país, desde la frontera con México, hasta la Tierra del Fuego, pueden establecer un sistema eléctrico, que representa un negocio de 1.4 billones de dólares.


En ese documento, Pascual insiste en que se trata de un sistema que operaría en todo el continente americano y es una gran oportunidad para las empresas de Estados Unidos de entrar a ese negocio, que vale billones de dólares.


Eso demuestra que la privatización de Pemex y de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) responde a los intereses de Estados Unidos y sus corporaciones financieras y energéticas, señaló el senador Manuel Bartlett.

 

Virtual golpe legislativo


Destacó que ahora que se consumó la reforma energética, con todo tipo de irregularidades, ilegalidades y trampas, en un virtual golpe legislativo, el ex embajador de Estados Unidos va a estar muy contento.


Recordó que el diplomático tuvo que ser removido del cargo a petición del ex presidente Felipe Calderón, por los mensajes que enviaba a Washington sobre la situación en México, mismos que fueron divulgados por Wikileaks.


El coordinador del PT en el Senado agregó que por ello, en esa reforma energética de Enrique Peña Nieto ya está todo listo para que las empresas extranjeras se apoderen de la infraestructura y las instalaciones de la CFE, empresa que al igual que Pemex va a ser desmantelada en un plazo de dos años.


"Las interconexiones están dadas desde la reforma que realizó el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, en la que se estableció que la importación y exportación de electricidad no es servicio público. Fue el primer paso; ahora llegarán las corporaciones eléctricas estadunidenses a poner en marcha su proyecto Connect America", dijo.


Pascual podrá hacer de México y su industria eléctrica una de las bases para que sus empresas ganen 1.4 billones de dólares en toda América Latina, recalcó.


Experto en derecho constitucional y en el tema energético, recordó que el ex presidente Ernesto Zedillo intentó privatizar la electricidad, e incluso envió una iniciativa que no prosperó porque el PAN no quiso votarla. Luego Vicente Fox intentó lo mismo, pero a través de modificar la Ley del Servicio Público de Energía Eléctrica, y la Suprema Corte lo echó abajo.


Sin embargo, ahora, Peña Nieto, con el aval del PAN, logró modificar los artículos 25, 27 y 28 de la Constitución, para desnacionalizar el petróleo y la electricidad. Es una reforma brutal, porque da derechos de propiedad a las corporaciones extranjeras sobre hidrocarburos, refinación, petroquimica y generación del servicio público de electricidad.


Bartlett explicó que durante la discusión del dictamen de la reforma energética, en comisiones y luego ante el pleno, acusó a Peña Nieto de traición a la patria porque es la verdad, ya que como se tipifica en la Constitución, por ceder a presiones de intereses extranjeros es traición a la patria destruir a la CFE, que tantos miles de millones nos ha costado, y permitir que el servicio público de energía eléctrica pase a ser un negocio para las trasnacionales de Estados Unidos, que además van a contar con un régimen legal que les permitirá llevarse todas las ganancias.


Dijo que la modificación al artículo 28, que quitó el carácter de estratégico al petróleo y la electricidad, cancela los derechos de México sobre sus recursos energéticos, reservados en el Tratado de Libre Comercio

.
Afirmó que miente descaradamente el gobierno de Peña Nieto cuando asegura que la gasolina y la electricidad bajarán de precio. Dijo que actualmente una tercera parte de la generación eléctrica la llevan a cabo empresas extranjeras, y lo que se ha visto es un incremento de tarifas, que va a continuar si se privatiza por completo la CFE.

 

Reveló que en el primer proyecto de dictamen de la reforma energética se planteaba eliminar los subsidios al consumo de combustibles; se sacó al final, pero seguramente se llevará a las leyes secundarias, ya que es obvio que las trasnacionales no van a querer subsidiar a la población.

Publicado enInternacional
El petróleo brasileño y la desestabilización de Bolivia

El 12 de noviembre la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés) publicó en Londres el informe Perspectivas para la energía mundial, en el que prevé que la demanda de energía crecerá un tercio hasta 2035, por la expansión del consumo de China, India y Medio Oriente. Entre muchos temas, el informe aborda las diferencias regionales en los precios de la energía y cómo ese factor puede frustrar el crecimiento de las economías.


El país estrella del informe es Brasil, al que dedica un capítulo asegurando que está a la vanguardia en exploración en aguas profundas y en energías que no provienen de los hidrocarburos, por sus vastos recursos hidroeléctricos. Adelanta que para 2035 Brasil se convertirá en un importante exportador de petróleo y un importante productor mundial de energía, siendo responsable de un tercio del crecimiento de la oferta mundial de petróleo.


La agencia internacional estima que los recursos de Brasil son abundantes y diversificados, donde conviven las energías renovables y los mayores descubrimientos de petróleo mundiales en la última década. Según las estimaciones de la IEA, coincidentes con los proyectos anunciados por Petrobras, la producción de petróleo de Brasil crecerá de los 2.2 millones de barriles diarios actuales a 4.1 millones en 2020 y a 6.5 millones en 2035, lo que lo colocará como el sexto productor mundial.


No queda ahí la potencialidad de la energía brasileña. La IEA asegura que para 2035 Brasil será responsable de 40 por ciento del comercio global de biocombustibles, ya que cuenta con tierras suficientes para expandir sus cultivos de caña de azúcar para etanol, que cubrirán un tercio de la demanda interna de combustibles para el transporte. Brasil ya es líder mundial en energías renovables y está en camino de duplicar su producción de combustibles renovables para 2035, dice el informe, hasta el equivalente de un millón de barriles diarios de petróleo.


Hacer realidad esas proyecciones impone gigantescas inversiones para la extracción en agua profundas, de alrededor de 60 mil millones de dólares anuales. Este año Petrobras instaló nueve plataformas marítimas e invirtió cerca de 50 mil millones de dólares. La agencia de energía calcula que para 2035 Petrobras será líder global, con 60 por ciento de la extracción mundial de petróleo en aguas profundas. De ese modo, Brasil es el único miembro de los BRICS que combina una potente industria, un enorme sector agroalimentario y elevada producción de energía, que lo hacen menos vulnerable que, por ejemplo, China.


¿Qué piensan hacer el Pentágono, el Comando Sur y el sector financiero de Estados Unidos ante esta situación que, de hecho, desafía la hegemonía de la superpotencia en la región? No lo sabemos con exactitud, pero todo apunta a una creciente desestabilización de Venezuela y de otros países que son claves para rodear a Brasil de conflictos, tal como se está haciendo para intentar frenar a China y Rusia.


Un reciente editorial de The Wall Street Journal devela algunos objetivos no declarados pero plausibles. En su columna semanal la editorialista Mary Anastasia O'Grady se pregunta: ¿Bolivia es el nuevo Afganistán? ( The Wall Street Journal, 27 de octubre de 2013). El editorial es alucinante y resultaría hilarante si no fuera porque fue publicado en uno de los diarios más influyentes del mundo, que refleja la visión de las élites del sector financiero y del sector más belicista de las fuerzas armadas.


El país andino se convirtió en un centro del crimen organizado y en un puerto seguro para los terroristas, reza en el subtítulo. Recuerda que luego de la ocupación soviética Afganistán se convirtió en una incubadora del crimen organizado, siendo un lugar propicio para personas como Osama Bin Laden. Algo parecido puede estar ocurriendo en Bolivia. El gobierno es un defensor de los productores de cocaína. La presencia iraní está creciendo. Agrega que Evo Morales y Álvaro García Linera "comenzaron a construir un narcoestado cuando llegaron al poder en 2006".


El editorial coloca supuestas informaciones al lado de afirmaciones dignas de una agencia de espionaje: Irán puede haber financiado total o parcialmente la construcción de una nueva base de entrenamiento militar de la Alba en la región de Santa Cruz. No hay nada que avale ese puede, más que el hecho de que la embajada iraní en La Paz tendría muchos funcionarios.


La columna de la semana siguiente fue contra Brasil y su puro teatro al denunciar el espionaje estadunidense. "El apoyo a Cuba –sostiene O'Grady– coloca a Brasil en el lado equivocado de la geopolítica" ( The Wall Street Journal, 3 de noviembre). Siempre puede pensarse que se trata de afirmaciones de una persona poco seria y, quizá, como sugiere la revista NACLA, casi delirantes. Pero O'Grady no es cualquier persona que escribe en un pequeño diario de provincias. Trabajó durante una década en la financiera Merrill Lynch e integra el selecto consejo de redacción del diario de mayor circulación en Estados Unidos.


¿Será un delirio pensar que ciertos sectores de poder están pergeñando operaciones mucho más ambiciosas que las que derribaron a Manuel Zelaya y a Fernando Lugo, ex presidentes de Honduras y Paraguay? Imposible saberlo con precisión, pero vale recordar que uno de los puntos nodales de la estrategia de Estados Unidos para mantenerse como superpotencia consiste en impedir el nacimiento de potencias regionales que puedan disputarle su lugar dominante.


Analistas brasileños admiten que la estrategia del Pentágono consiste en ejercer presión sobre las fronteras de Brasil convirtiendo a sus vecinos en Estados fallidos, categoría en la que pueden colocar en el futuro a países como Bolivia, y quizá Argentina, Paraguay y hasta Uruguay con la excusa del tránsito de drogas (Defesanet, primero de noviembre). Estamos transitando un periodo de cambios que incluye convulsiones de todo tipo. Es necesario prepararnos para afrontarlas.

Publicado enInternacional
Martes, 12 Noviembre 2013 19:00

Hacia una Cultura de la Integración

Hacia una Cultura de la Integración

UNO

 

En América Latina y América del Sur la integración es estratégica. Dentro de ese proceso, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) tiene un rol fundamental a jugar en el mundo de bloques que se va perfilando.

 

Unasur es el proceso más importante de integración que involucra a toda América del Sur. Surgió como una propuesta desde lo político, llevando adelante acciones trascendentes para solucionar conflictos, proteger la institucionalidad en los países suramericanos, fortalecer políticas de defensa y sociales integradoras, e inclusive posicionándose como un bloque a tener en cuenta a nivel mundial en el desarrollo de un mundo multipolar.

 

Más allá de las diferencias políticas o de visión económica entre los países que la integran, ha logrado levantarse como espacio de acuerdos y entendimientos desde la diversidad y ha generado un proceso integrador diferente. Ahora es necesario afianzar la Unión como bloque de poder e interlocución mundial. Dentro de ese proceso es fundamental afirmar la institucionalidad de sus diferentes instancias, particularmente de la Secretaría General.

 

Sin embargo, para proyectar la integración en América Latina y América del Sur, se debe crear una base simbólica que le dé sustento y aporte a una cultura de la integradora más allá de la muletilla de la Patria Grande.

 

DOS

 

La cultura del silencio impuesta por las dictaduras y reivindicada por buena parte de los grandes medios de comunicación, creó cimientos simbólicos para la integración de la represión, cuyo mejor ejemplo fue el Plan Cóndor. Cimientos para la desintegración de América Latina y América del Sur.

 

Si bien de a poco se fue dejando atrás esa realidad, parte de los grandes medios sigue jugando el mismo papel, e intenta recomponer ese sostén para la desintegración, atacando los procesos integradores y reivindicando procesos que fortalecen la dictadura del mercado.

 

Por lo tanto, en la construcción de una base simbólica y cultural de la integración juega un papel fundamental la comunicación. En ese proceso, un principio a rescatar es el de la democratización de la comunicación que pasa también por la democratización de los medios y debe vincularse a una política común integrada e integradora desde los distintos ámbitos, con el objetivo de fortalecer el camino integrador y aportar en la consolidación de esa base simbólica hacia una cultura de la integración.

 

La política de comunicación integrada e integradora debe desarrollarse desde los gobiernos, los medios alternativos, los medios públicos y las instancias de integración. Debe partir del significado de la Integración como proyecto estratégico y abrir el debate en América del Sur sobre el significado de la integración y los beneficios de consolidar procesos como el de Unasur o de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac).

 

En una política integrada e integradora los medios públicos y alternativos deben asumir una comunicación liberadora. Si, como hasta ahora, siguen copiando la lógica de la comunicación dominante poniendo énfasis solo en la efectividad el mensaje, con una mirada-producto de la comunicación, seguirán aportando poco o nada al proceso integrador. Es necesario dar mayor contexto, marco histórico, mostrar la multiplicidad de actores en los procesos de integración y abrir un debate desde el pensamiento crítico. Cuando solo se intenta imponer el mensaje las grandes masas no lo asumen como propio. Por lo tanto, cuando solo se intenta imponer el mensaje sobre integración termina siendo rechazado o se asume superficialmente y finalmente se olvida.

 

TRES

 

Para consolidar un futuro integrador hay que consolidar un pasado integrador.

Por eso es necesario que los medios públicos y alternativos cumplan un rol activo en la recuperación de la memoria histórica sobre integración más allá de los repetidos discursos rememorando a Simón Bolívar. Una política de comunicación integrada e integradora debe crear vínculos entre los medios, las universidades, centros de investigación y los procesos de integración, para realizar actividades conjuntas y armar una red que aportará en la consolidación de la base simbólica y cultural de la integración.

 

Desde el Centro de Comunicación e Integración de la Secretaría General de Unasur en los últimos meses iniciamos una recuperación de toda la memoria histórica de Unasur, organizando toda la documentación que es la base del proyecto estratégico de integración de América del Sur que se irá consolidando con el fortalecimiento de toda la Unión. Es fundamental que esa documentación esté al alcance de las universidades e instituciones y organismos vinculados con la integración, y además de los propios medios de comunicación. Además de esa recuperación de documentos está la recuperación de datos e indicadores necesarios para consolidar el proceso integrador. Por otro lado, también se inició la necesaria vinculación con las universidades de América del Sur, estableciendo vínculos a nivel académico, organizando actividades conjuntas y trabajando en el posicionamiento de la integración suramericana a nivel universitario y educativo en general con el objetivo de aportar y caminar hacia esa cultura de la integración.

 

Además, el CCI conecta mediante una tecnología de punta a las distintas instancias de Unasur permitiendo que se puedan desarrollar reuniones mediante videoconferencias y otras herramientas. Eso agilitará los procesos en los consejos sectoriales, grupos de trabajo y otras instancias y permitirá hacer un seguimiento permanente de políticas comunes, acuerdos, proyectos que van tejiendo la unidad de nuestras naciones y fortaleciendo la integración. Es una herramienta importante para una política integrada e integradora.

 

Los Institutos de Unasur también son importantes para una política integrada e integradora, y para consolidar una base simbólica y cultural, porque brindan a la integración elementos necesarios para elaborar políticas públicas comunes en las áreas que trabajan. El Instituto Suramericano de Gobierno en Salud (ISAGS) aporta a Unasur la generación de conocimiento para ir consolidando una mejor calidad de las políticas de salud en nuestros países, de las políticas comunes. Por lo tanto, realiza un aporte fundamental para mejorar la salud de la población de América del Sur.

 

El Centro de Estudios Estratégicos de Defensa (CEED) aporta con análisis, estudios y bases teóricas necesarias para consolidar una política estratégica de defensa desde América del Sur, desde una mirada común de nuestros países. Es una instancia necesaria para América del Sur, pero antes por diferentes intereses era imposible implementar, entonces asumíamos una estrategia común de defensa con los ojos de potencias externas.

 

Sin embargo todavía falta establecer una política integrada e integradora entre los institutos, el CCI, los Consejos y todas las instancias de Unasur, y consolidarla en el mediano plazo.

 

Como se ve hay mucho por hacer todavía para establecer las bases simbólicas necesarias que consoliden una cultura de la integración y el propio proceso integrador, y en ese camino la comunicación juega y jugará un papel fundamental.

 

Desde el Observatorio Latinoamericano de Medios de CIESPAL aportaremos hacia una mirada integrada e integradora de la comunicación, teniendo como objetivo ayudar a fortalecer los procesos integradores.

 

Por Kintto Lucas es Director del Observatorio Latinoamericano de Medios del CIESPAL (Mediaciones, 12 de noviembre de 2013. http://www.ciespal.net/mediaciones/)

 

ALAI AMLATINA, 12/11/2013.-

Publicado enInternacional
Lunes, 30 Septiembre 2013 07:11

Desarrollo humano

Desarrollo humano

El debate económico sobre indicadores estadísticos de precios, los números del Presupuesto o la magnitud del crecimiento económico han ingresado en el terreno gaseoso de la categoría "mentira" o "verdad". Transitar por esa línea orienta a un análisis con cierta tendencia a lo rústico. En ese fango, el emisor de la sentencia recibirá aprobación de acuerdo a la idea preconcebida o a la preferencia política de apoyo o rechazo al gobierno nacional del interlocutor ocasional. Esta dinámica de la evaluación de variables económicas pasó a formar parte de la disputa política electoral y de la construcción del sentido común para la interpretación sobre lo acontecido durante el kirchnerismo.

 

Este desvío se originó en la deficiente intervención oficial para instrumentar una necesaria reforma en la organización del Instituto Nacional de Estadística y Censos, como también una imprescindible actualización de índices claves, entre los que sobresalen precios al consumidor, línea de pobreza o distribución funcional del ingreso. La notable carencia informativa del Indec en la tarea de divulgación sobre los cambios realizados en un territorio hostil ha derivado en que especialistas en estrujar datos para presentar escenarios de zozobra, con el objetivo de domesticar a la población para que acepte el ajuste con pérdidas de derechos laborales y sociales, alcancen legitimidad en la exposición de sus propios números, también conocidos como "dibujos" en la jerga que utilizan para hablar de estadísticas oficiales.

 

Así, el FMI, cuyas proyecciones macroeconómicas, estudios técnicos sobre impacto de medidas de ajuste fiscal y los resultados por recetas impuestas a países vulnerables fueron y son un fiasco, se ha convertido en juez sobre la calidad de las estadísticas oficiales. Lo mismo que las calificadores de riesgo internacional (Standard & Poor's, Moo-dy's y Fitch) con varios antecedentes recientes de fraude con sus notas a países y compañías. Ese lugar de privilegio también pasó a ser ocupado por los hombres de negocios dedicados a la comercialización de información económica. Paladines indiscutidos en el libre juego de la búsqueda de profecías autocumplidas y en la elaboración de pronósticos fallidos. Ellos encontraron refugio al desprestigio provocado por sus desaciertos en la muletilla "el dibujo del Indec". Las cifras que difunden cada mes sobre el recorrido de los precios, sin precisar metodología ni alcance de la muestra ni lugares de captura de datos, han logrado aceptación social con el indisimulado apoyo de grandes medios y grupos de oposición pese a la fragilidad técnica de esos indicadores.

 

Conociendo antecedentes lejanos y recientes de esos protagonistas, se requiere de una férrea voluntad militante para dar crédito a las cifras que ofrecen. Es legítima las dudas sobre el Indec, pero avalar la de esas usinas es un acto de fe mística.

 

En ese escenario resbaladizo de las estadísticas se está desarrollando una disputa política acerca de los resultados económicos y sociales del ciclo kirchnerista, con el objetivo de proyectarse sobre la lectura histórica de este período político. La línea argumental por derecha e izquierda es explícita: no bajó la pobreza ni la indigencia, no hubo tanto crecimiento económico, las jubilaciones no avanzaron, las condiciones sociales y laborales no mejoraron, no ha habido industrialización y tampoco desendeudamiento. El destino de esta interpretación se dirimirá, por un lado, en el espacio político, y por otro, en el devenir histórico. Mientras, para aquellos que tienen la ambición de comprender más que de pontificar, existe abundante información local e internacional, diversas investigaciones cuantitativas y cualitativas privadas y públicas, nacionales y del exterior, para abordar esas cuestiones eludiendo ordinarias evaluaciones.

 

El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) ha publicado la investigación "Argentina en un mundo incierto: asegurar el desarrollo humano en el siglo XXI" como parte del informe nacional sobre desarrollo humano 2013 de la ONU. Martín Santiago Herrera, representante residente del PNUD, explica en el prólogo que ese documento "es el resultado de un proceso de reflexión, discusión e investigación" y "brinda un panorama de la evolución del desarrollo humano en Argentina, de las tendencias globales que condicionarán su futuro, y de las opciones estratégicas para aprovechar sus oportunidades y mitigar sus riesgos e incertidumbre".

 

El informe destaca que, entre 2003 y 2011, "se produjo una suave convergencia hacia niveles más altos de desarrollo humano y una disminución de su desigualdad, motorizada principalmente por mejoras en el nivel y la distribución del ingreso". Esta conclusión no inhibió para advertir que "estos logros invitan a redoblar esfuerzos para que el país alcance un desarrollo humano congruente con su potencial de recursos, y un grado de igualdad acorde con su historia social, objetivos aún distantes".

 

El análisis económico convencional considera que el crecimiento del ingreso per cápita es el objetivo principal de los gobiernos y que es una medición del desarrollo de los países. El PNUD, basado en el enfoque propuesto por el premio Nobel de Economía Amartya Sen, adoptó la idea que el bienestar de las personas es más que su nivel de ingresos, incluyendo como parte del desarrollo humano otros aspectos: tener una buena nutrición (alimentos) y servicios médicos (salud) que permitan gozar de una vida larga y saludable; una mejor educación que posibilite más conocimientos; buenas condiciones de trabajo y tiempo de descanso gratificante; protección contra la violencia; y un sentimiento de participación en la comunidad de pertenencia. "Todas esas dimensiones hacen al desarrollo humano", explica el documento, para presentar un indicador que trata de reflejarlo: el Indice de Desarrollo Humano (IDH). Este considera tres dimensiones básicas: salud, educación e ingresos.

 

"La trayectoria del desarrollo humano en Argentina fue ascendente en las últimas tres décadas a pesar de los avatares económicos, sociales y políticos que experimentó el país", destaca el informe, para precisar que el desempeño se mantuvo siempre por encima del promedio mundial y el de América latina y el Caribe, y por debajo del promedio de la OCDE. La brecha con los países más desarrollados fue disminuyendo, "especialmente luego de 2003".

 

El anexo estadístico detalla la evolución del IDH y de sus tres componentes (la escala 1 es el máximo desarrollo humano, y 0 el peor):

 

1996: 0,785
2001: 0,798
2011: 0,848

 

El documento del PNUD avanza sobre el concepto del IDH puesto que considera que ese análisis "nada dice sobre la igualdad en la distribución del ingreso". Entonces, para tener una aproximación cuantitativa del impacto de la desigualdad en el desarrollo humano, elaboraron el Indice de Desarrollo Humano ajustado por Desigualdad (IDHD). Este permite calcular la pérdida en desarrollo humano debida a la distribución desigual entre las tres dimensiones (salud, educación e ingreso) y dentro de cada una de ellas. En ese análisis que profundiza la dimensión de las transformaciones económicas y sociales en estos años se observa una mejora sustancial en la primera década del nuevo siglo: el retroceso en el desarrollo humano debido a la desigualdad de ingresos era de 4,9 por ciento en 2001, baja a 4,3 por ciento en 2006 y al 3,4 por ciento en 2011. Esto significa que las mejoras en el reparto de la riqueza en este período han logrado avances en el bienestar de la población en salud, educación e ingresos (en el desarrollo humano).

 

"Argentina se caracterizó durante gran parte del siglo XX por ser la sociedad más igualitaria de América latina, con sistemas de salud y educación y niveles de ingresos y seguridad social que facilitaban la movilidad social ascendente", recuerda el informe del PNUD. Señala que eso comenzó a revertirse en el último cuarto del siglo XX, "especialmente como efecto de una sucesión de experimentos macroeconómicos de consecuencias catastróficas". Para concluir que aún se está lejos de recuperar aquellos niveles de igualdad y aquella movilidad social, pero "esto podría cambiar si la tendencia de la última década se mantiene y profundiza".

 

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Publicado enInternacional
“La punta de lanza de la reacción imperialista, se llama hoy Alianza para el Pacífico”

El actual vicepresidente de Bolivia es un hombre que hizo de su vida un compendio de formación teórica y práctica revolucionaria. Una vez recibido de Matemático en México, donde residió varios años de su juventud, decidió volver a su patria natal para incorporarse activamente a la lucha guerrillera en los años 90. Así, participó en la insurgencia indigenista del Ejército Guerrillero Túpac Katari (EGTK), de orientación maoísta, hasta que fue arrestado y condenado a varios años de cárcel, los que aprovechó para recibirse de sociólogo.
Cuando recuperó la libertad siguió trabajando en defensa de la luchas indígenas de su país y el continente, hasta que ingresó al Movimiento Al Socialismo (MAS), que le sirvió de catapulta para llegar al actual cargo y acentuar la comunión política e ideológica con el presidente Evo Morales.

 

García Linera es sumamente didáctico a la hora de explicitar sus ideas, y quizás, por su formación en las matemáticas, apunta a los problemas con una minuciosidad admirable.

 

Esto precisamente es lo que se pudo ver y oír días pasados en una entrevista masiva en el ciclo sobre América Latina, organizado por el Centro Cultural de la Cooperación, en Buenos Aires. Se trató de una exposición ágil, franca y profunda, dictada por un hombre formado en el marxismo, y reivindicador de la unidad de la Patria Grande. En todos los momentos de su comparecencia, García Linera apostó por respuestas no desprovistas de imaginación para la resolución de las contradicciones que se pueden dar en el seno del pueblo en el enfrentamiento con el imperialismo.

 

Bolivia y su Revolución


“El proceso boliviano es el resultado del derrumbe de los antiguos sistemas políticos partidarios del antiguo régimen de dominación”, señaló García Linera, tratando de apurar un cuadro de situación sobre su país. Puntualizó enseguida que “en cada uno de nuestros países, durante décadas, se había establecido una rosca de partidos que se turnaban en los puestos públicos y le cantaban loas a la ideología del mercado y de las privatizaciones. Mientras eso sucedía, a los pueblos no le quedaba otra que ser votantes, cada cuatro o cinco años y consumidores cotidianos en las pequeñas tiendas o en los grandes centros comerciales”.


Enfatizó también que el derrumbe de este sistema no cayó regalado del cielo sino que “se produce en casi todo el continente, por la emergencia de la conflictividad. Por las marchas, los cortes de ruta, los piquetes y bloqueos, las protestas y asambleas populares. Esto significó que no sólo se desplomaba lo antiguo, la política usurpada por una elite de profesionales de la misma, sino que incursionaba la gente de la calle”.

 


El actual vicepresidente rindió entonces homenaje a “esos hombres y mujeres que estaban silenciosos, callados, y que irrumpieron en la escena social y política, que anhelaban no sólo protestar sino tomar parte en las decisiones de cada país”.

 

En ese sentido puso el dedo en la llaga de lo que está ocurriendo en Brasil, advirtiendo que “una movilización siempre es una forma de democratización. Está pasando en Brasil y también pasó en Bolivia, cuando se dio en su momento (a partir del año 2001) una paulatina irrupción de sindicatos de base, de comunidades urbanas, de movimientos sociales, de estudiantes, que decían: tenemos derecho a participar y a reclamar, y queremos hacerlo de manera colectiva, debatiendo los asuntos que antes eran asumidos por un pequeño grupo de profesionales del poder.”


García Linera opina entonces que: “esa gigantesca irrupción democrática permitió visibilizar nuevas organizaciones y grupos interesados en problemas comunes: el gas, el petróleo, la asamblea constituyente, la justicia, la distribución de la riqueza, la igualdad de derechos”.

 

De esta manera, explicó, irrumpen en el escenario boliviano los movimientos sociales, que son portadores de democracia y participación, pero también de una innegable voluntad de poder.

 


¿Qué es tener voluntad de poder?, se preguntó: “Es el impulso colectivo a debatir y asumir lo común, lo universal, lo que es de todos. Esa es la plataforma histórica que da lugar a la victoria del presidente Evo Morales”.

 

García Linera caracterizó a Evo como un hijo de todas esas luchas por el agua, por el gas, por la Constituyente, que hizo surgir una Confederación de organizaciones sociales que luego dieron lugar al nacimiento del instrumento político y electoral, que es el MAS.

 

Definió al gobierno boliviano como una estructura que no es de un partido, sino de una flexible y elástica confederación negociada de movimientos y organizaciones sociales. “Tiene la virtud de convertirse en factor de poder, por su capacidad de saber gestionar, de haber asumido la defensa de lo que es común a todos”, agregó.

 

Este ciclo que empezó a partir del 2001, muestra que las organizaciones sociales que hasta ese momento se habían mantenido encerradas en sus problemas locales, comienzan a construir una agenda de temáticas comunes, que sirva para las 36 naciones que integran la nación boliviana.

 


Insistiendo en un tema que hoy preocupa y llama la atención del continente, el de las grandes movilizaciones de Brasil, García Linera acercó datos de lo que se vivió en distintos momentos en Bolivia, y del que se extrajeron enseñanzas.

 

La explosión brasileña

 


“Nosotros vemos a las movilizaciones por salarios o por diversas demandas específicas, como parte de expresiones que alimentan al proceso revolucionario, y que no deben asustarnos. Cuando la gente sale a la calle nos está advirtiendo que algo está fallando, los canales de mediación institucional no son suficientes, y es por eso que la gente asume su propia representación. Puede haber movilizaciones con componentes conservadores, y otras de índole progresista, pero independientemente de eso, se está sacando a luz un debate que no puede estar fluyendo por el camino normal, y comienza a debatirse en la calle, en el piquete, en la movilización.

 

Con respecto a Brasil, la pregunta que se hace García Linera tiene su lógica: “¿Estas luchas son para poner en entredicho el orden económico imperante o persiguen la idea de distribuir el excedente?”

 

El vicepresidente de Evo, confiesa no tener una respuesta a esto, pero no tiene dudas que las marchas y movilizaciones son formas de acción colectiva, “que están visibilizando problemas y los están denunciando”, insiste. “Son formas de democratización de masas. Es gente que tiene derecho a reclamar más participación en la toma de decisiones en los grandes temas y hay que verlo como una oleada que democratizará el espectro político de Brasil”.

 

Dijo también que a diferencia de otras épocas donde las protestas tenían símbolos claros de organización, ahora se expresan a través de la multitud. “En este marco hay obreros, estudiantes, campesinos. Está sin definir qué ideología tomará el mando y eso va a surgir de la propia aglomeración”.

 

Esta forma de multitud, según Linera, es una movilización más flexible y laxa, pero más adecuada a la nueva composición de las clases sociales urbanas.


 

Lo que hay y lo que luego queda



En el caso de Bolivia los procesos de democratización, tuvieron un soporte material, como ser: la junta de vecinos y comunidades locales, que luego se convirtieron en plataforma de lucha por el poder, explicó Linera, consignando que todo proceso movilizatorio que no tenga esto resuelto, se irá diluyendo sin conseguir demasiado.

 

Sin embargo, expresó que estas grandes manifestaciones seguramente van a obligar a los sectores gobernantes a hacer cambios. “Eso desde ya, pero no necesariamente van a permitir dar nacimiento a una alternativa de poder”, dijo García Linera.

 

“Hay que estar atentos a lo que suceda. Nunca dejan de ser un llamado de atención. La democracia es participar en la toma de decisiones, y esto es lo que puede estar siendo cuestionado en el caso de Brasil”, concluyó.

 

La carretera del Tipnis


García Linera no dejó de tratar tampoco algunos temas álgidos de la gestión de su gobierno. En el caso del conflicto suscitado por la intención de construir una carretera en la zona del Tipnis, explicó que el objetivo era unir dos grandes zonas del país: el Occidente y el Oriente o Amazonía boliviana. Señaló que actualmente, para ir de un punto del altiplano a otro de la Amazonía se suele tardar 4 o 5 días, si no llueve, porque si no se puede extender a una semana. “Por eso y no por otra cosa, es que intentamos romper el aislamiento de esos pueblos indígenas, que viven en un inmenso territorio, pero donde la densidad demográfica es muy inferior a la zona del Altiplano”, dijo.


García Linera aceptó autocríticamente que hubo un movimiento social en torno a la defensa del parque por donde iba a pasar la carretera. “Reconocemos que no comunicamos bien sobre el proyecto, y no dialogamos lo suficiente con todos los habitantes (unas 5000 personas) que viven en el Tipnis. No supimos difundir la idea de que era un proyecto estratégico para toda Bolivia, y que además eran mentiras de que la carretera era bioceánica e iba a llegar hasta Brasil”.


Para Linera, lo ocurrido allí “es una contradicción al campo del pueblo, en el sentido maoísta de la expresión. Es una contradicción de un sector del movimiento indígena, que piensa que la carretera le puede afectar, con otro sector indígena mayoritario de Occidente, que sólo quiere comunicarse con esta parte del territorio boliviano”.

 

Señaló que obviamente también jugaron un rol determinante en trabar el diálogo, algunas ONGs que actúan como punta de lanza de empresas extranjeras.

 

En tono coloquial dio ejemplos del modus operandis de estas organizaciones: imaginó que una empresa trasnacional fabrica camiones, y su gobierno la premia con disminución de impuestos, si ese empresario le trae un certificado de preservación de 100 mil hectáreas de bosque. En ese caso no pagaría el 5% de los impuestos (que por esa cantidad de hectáreas serían unos 80 millones de dólares). Entonces la empresa recurre a una ONG ambientalista que hace la tarea de pedir zona protegida para tal o cual bosque en cualquier parte del Tercer Mundo, y luego le pasa este certificado otorgado a la empresa, por tal o cual gobierno.

 

Finalmente, la ONG se queda con una suculenta “comisión”, la empresa con la parte principal de la “donación”, y de “pura generosidad”, reparte pequeñas prebendas entre los habitantes de la zona.

 

“No digo que todas las ONGs actúen así, pero hay muchas que practican este método injerencista”, planteó el dirigente boliviano.
 

Cuidado con la Alianza del Pacífico


García Linera señaló que “el último intento que hizo el imperialismo de expandir su dominio continental fue realizado a través de querer imponer el ALCA, pero fracasaron. El ALCA fue derrotado. Esa victoria dejó a EEUU sin norte. Y dio aire para que avance la Revolución Bolivariana, que se conforme el ALBA, que surjan Unasur y la CELAC, que se fortalezca Mercosur. Que el continente haga aflorar sus propias alternativas”.

 


En tales circunstancias surgió, según el Vicepresidente boliviano, una década excepcional para América Latina”. Recordó que “desde la época de las guerrillas en las décadas del 60-70 nunca habíamos tenido en el continente una experiencia de internacionalización de luchas y proyectos, como ahora. Claro que no es el socialismo y el comunismo, pero son iniciativas de autonomía económica, política, social”.

 

Explicitó que “aún nos falta mucho para avanzar, pero ahora estamos pensando el continente desde nosotros mismos, y no desde la perspectiva de los que siempre lo administraron desde el Norte”.

 


Parafraseando a Lenin (“ahora estoy en mi etapa leninista”, ironizó), García Linera dijo que “el curso general de la Revolución ha confirmado de una manera admirable, una de las tesis de Marx: cuando la Revolución avanza, obliga al enemigo a recurrir métodos de defensa cada vez más extrema”.


Según García Linera, el ALBA, la Unasur, la CELAC son parte del proceso revolucionario de esta etapa, son alternativas distintas que surgen de la diversidad, pero esta autonomía que generan frente a los EEUU, desencadenan una contraofensiva por parte del Imperio. “En el actual momento, la punta de lanza de esta reacción, se llama Alianza para el Pacífico”, apuntó.

 


De acuerdo a su opinión, “se han alineado allí los gobiernos más conservadores del continente, comandados por EEUU, quien los reúne y articula, fijando una estrategia de contrainsurgencia continental, no para acabar con guerrillas sino para avanzar sobre Estados y gobiernos”.


En ese plano surgen “todo tipo de locuras, como es el hecho de querer convertirse en una fuerza más de la OTAN”.

 

“¿Qué tiene que ver la bella Colombia con una OTAN que está invadiendo países?, se preguntó Linera. “Es querer mirarse en el espejo del amo. Es una vergüenza continental”.

 

Sin dudarlo, señaló que “estamos ante la respuesta rabiosa de la reacción, y nos obliga a defendernos. Hay que estar atentos porque esta alianza es estrictamente militar, y apunta a todos nuestros países”.

 


Analizando las causas del surgimiento de estas nuevas iniciativas imperiales, consignó el momento de crisis producido tras la muerte de un hombre tan carismático como el comandante Chávez.

 

Por otra parte convocó a seguir con atención las luchas sociales que se habrán de potenciar en cada uno de los países que forman esa Alianza del Pacífico. “Si estas luchas a su interior avanzaran, es posible que fracase el muro que intentan construir los gobiernos de la Alianza para aislarnos”, añadió.


Se trata del poder


Linera encaró también algunos aspectos estratégicos de la lucha continental. En ese sentido, tras manifestar su respeto por el filósofo irlandés John Holloway ( autor de la tesis de que se puede cambiar el mundo sin tomar el poder) y el Subcomandante Marcos (que se manifiesta en términos parecidos), aclaró: “Mi experiencia comunista, en el gobierno, y mucho antes, en la guerrilla y en la cárcel, me lleva al convencimiento que por un buen tiempo no podemos abandonar la lucha por el poder”.

 

¿Qué es esa lucha?, volvió a preguntarse: “La que define qué grupo social es el que conduce el sentido de lo que es común a todo un país”.

 

Recordó que en “muchos de nuestros países” el Estado continúa en manos de sectores de terratenientes, empresarios y grupos concentrados. “Nosotros decimos, que hay que disputarles ese lugar. Desde los tiempos de la Comuna de París, la administración de lo universal, tiene que estructurarse en el Estado. Quizás algún día eso será la agremiación de productores, pero hoy eso no ocurre, y por ello, tenemos que pelear contra otros que tienen monopolizado el control de lo universal, que están dispuestos a insultarte, a golpearte, a matarte, a hacerte desaparecer. Debemos recuperar el poder del Estado”.


“Para quienes nos identificamos como marxistas -dijo Linera-, no estamos planteando la simple administración del viejo poder. Si caemos en eso estamos perdidos, porque nos habrá de triturar la máquina.

 

¿Cómo hacer entonces, que este nuevo sentido de lo universal, esté supeditado en la participación cada vez más amplia de la sociedad? Esa es la gran pregunta del “Qué hacer” de Lenin, o de Mao en sus libros de las contradicciones. Debemos imaginarnos cómo construimos un nuevo Estado que permita la mayor democratización de la sociedad. Si tienes un Estado que es como el viejo, estás perdido, te habrán cooptado. Si formas otro, donde impere la libre determinación , te aplastarán y hasta te asesinarán, y estarás cien años para recuperar lo perdido”.

 

En consecuencia, expresó: “Hay que buscar algo que como definiera (Antonio) Gramsci, sea el Estado integral. Un Estado que se va disolviendo en la sociedad. O mejor dicho: la sociedad va ocupando el Estado. ¿Cómo se logra eso? Sólo con lucha. Surgirá de esta misma lucha”, concluyó.

 

Fuente original: Resumen Latinoamericano

Publicado enInternacional
Theotonio dos Santos, Premio Economista Marxista 2013: “El camino es la integración”

ALAI AMLATINA, 11/06/2013.-  En el acto de apertura del VIII Foro de la Asociación Mundial de Economía Política (Florianópolis, 23-26 de mayo de 2013), el científico social brasileño Theotonio dos Santos fue galardonado con el Premio Economista Marxista 2013, que otorga esta entidad desde el año 2011, como reconocimiento a su dilatada producción intelectual que tiene como uno de los ejes la “Teoría de la Dependencia”, habida cuenta de que participó en la sustentación inicial de ella.
 


Titulado en economía, sociología y ciencia política, este profesor emérito de la Universidad Federal Fluminense y coordinador de la Cátedra y Red UNESCO-ONU de Economía Global y Desarrollo Sustentable (Reglen) llegó a la Conferencia de la Unión de Naciones Suramericanas sobre “Recursos Naturales para un Desarrollo Integral de la Región” (27-30 de mayo 2013) que tuvo lugar en Caracas, Venezuela, donde se dio el diálogo que sigue a continuación.


 

- Los últimos días del pasado mes de marzo estuviste en China, atendiendo las invitaciones de la Academia China de Ciencias Sociales y de la de Xangai.  ¿Qué nos puedes decir sobre las expectativas de ese país respecto a América Latina?


 
China tiene un interés muy grande por América Latina porque es una fuente de materias primas que para ella es fundamental.  En los ’90 también consideraron establecer acuerdos de cooperación tecnológica, particularmente con Brasil.  Entre el 94 y 95 finalmente se concretó uno en la cuestión espacial, pero Brasil no cumplió gran parte del acuerdo.  Y, bueno, China en este campo ha logrado un desarrollo colosal, mientras que Brasil no ha conseguido enviar ningún cohete al espacio.  Entonces, esta cooperación no avanzó mucho.  Ahora ellos piensan mucho en América Latina para llegar a acuerdos regionales y ya propusieron una reunión regional…


 
- ¿Con la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños)?


 
No tanto la Celac porque recién se formó, pero seguramente ahora lo van a hacer.  El interés manifiesto es respecto a Mercosur y Unasur, particularmente.  Ellos quieren llegar a acuerdos más amplios porque están trabajando con escalas de producción muy grande, pero nuestras comitivas que van allá llevan a empresarios que no conocen China, que no saben qué es lo que pueden hacer, lo cual es mucha pérdida de tiempo para ellos, siendo que esperan que se pueda hacer acuerdos regionales porque están acostumbrados a operar así.  Entonces, el problema es que nosotros no tenemos una articulación regional para hacer buenas propuestas con ellos, pero creo que Unasur ahora va tratar de crear condiciones para ese tipo de acuerdos, y para los chinos será más fácil negociar con Unasur.
 


- De hecho, si se establece una negociación en bloque hay mejores condiciones que si cada país va por su lado…
 


Claro que sí.  Podemos decir, por ejemplo, nosotros no queremos más exportar materia prima pura, queremos exportar pero con un valor agregado importante.  En algunos casos se puede llegar incluso a acuerdos con ellos porque si nosotros no tenemos las condiciones técnicas para hacer eso, creo que ellos estarán dispuestos a transferir tecnología para nosotros.  Alguna gente dice que los chinos nos están obligando a vender materia prima, no es así, no nos están obligando a vender materia prima, pues los chinos compran de EEUU básicamente productos industriales, compran de Europa y Japón productos industriales, ya que tienen necesidad de productos industriales.


 
Ahora bien, como nosotros no tenemos productos industriales tienen todo el interés en comprar como materia prima, pero no hacen tanta cuestión respecto de agregar valor porque ellos están trabajando mucho en inversiones de alta tecnología, etc.  El tipo de productos que podemos de inmediato ofrecer a ellos son, digamos, en vez de vender hierro, vender acero, tal vez algo de metalurgia, etc. Brasil podría, por ejemplo, hacerlo sin mucho problema.  Entonces es ese tipo de cosas que tenemos condiciones de vender ahora, pero con el tiempo podemos agregar más valor.


 
Con Venezuela hicieron un acuerdo para adquirir petróleo y van a entregar 17 acuerdos, ya entregaron un hospital completo con altísima tecnología.  Este fue un acuerdo de bloque por el cual Venezuela le va a asegurar una cuota de petróleo muy importante, tal vez con una cuota de exportación mayor que la que va para Estados Unidos.  De modo que para China va a ser muy importante tener una fuente definida a largo plazo, en este caso el petróleo, pero si Venezuela tuviera condiciones de exportar petroquímica creo que no sería tan dramático para ellos.


 
China está en una etapa de industrialización en la cual competir por estas fases iniciales de industrialización no es tan importante para ellos.  Claro que importa, pero si es condición para que obtenga una serie de productos que la región le puede ofrecer y ella necesita, pues tendrá que aceptar condiciones, no veo como puede dejar de aceptar.  Además nosotros tenemos que hacer eso en general, no solo con China.


 
- ¿Es esto factible con Estados Unidos y Europa?


 
Estados Unidos tiene dificultades de hacer negociaciones tan generales, pero se les puede imponer también.  Los europeos querían trabajar con el Mercosur a un nivel más regional y llegar a acuerdos más generales pero en las negociaciones Brasil, con el apoyo de los otros países, colocó una cuestión difícil: que dejen de subsidiar su agricultura.  Bueno, dejar de subsidiar su agricultura significa terminar con su agricultura y ahí hay un problema de seguridad alimenticia, que nosotros acá podemos entregar con cierta facilidad, pero gente que ha tenido varias guerras y que sabe lo que es no tener alimentos en tu propia nación y tener que importarlos en situación de guerra, sabe muy bien que esto es una cosa muy grave. Entonces no sé si Europa va a aceptar, veo que es muy difícil que dejen de subsidiar su producción agrícola.


 
Con Estados Unidos es lo mismo.  Brasil también quiere que abandonen ese subsidio, y Mercosur apoyó un poco esa idea, pero no creo que lo van a dejar de hacer porque si lo hacen la producción será cero porque es muy cara la producción agrícola en esos países, realmente no son competitivos.  En el caso de Japón incluso plantean que no pueden perder la tecnología agrícola de tipo campesino, etc. porque significa perder todo un conocimiento que es muy importante; lo mismo está pasando ahora con la industria, como han conservado también los artesanos, ya que tiene ese sistema de tesoros nacionales que son los grandes artesanos, los grandes actores de teatro, porque es una forma de conocimiento y una práctica que si se elimina totalmente se pierde toda una conexión histórica muy importante, y ahora con la industria está pasando eso.  En efecto, como la industria está saltando a la robótica y está desapareciendo la industria en muchos sectores, ellos están creando sistemas para que se pueda conservar producción industrial también con ese sentido de que no podemos perder toda una era económica que desaparezca así.  Por lo mismo, esa gente no creo que acepte esa idea de no subsidiar, de libre comercio, ellos quieren libre comercio de los otros no de ellos, los otros sí no pueden subsidiar, pero ellos sí.


 
- ¿Cómo evalúas los procesos de integración actualmente en curso en América Latina?


 
La región necesita integrarse.  Primero, por una cuestión muy importante: a todo nivel cuentan las escalas de producción.  Las nuevas tecnologías que se están desarrollando masivamente exigen escalas de producción muy grandes, entonces si no tienes un mercado local y regional que garantice ese mercado es muy difícil tener competitividad en cualquier producto.  Los chinos, por ejemplo, tienen un mercado interno muy grande pero a pesar de eso, en ciertos productos, para poder desarrollarlos, tienen que ser pensados en términos planetarios, y para eso hay que estar en la punta de la punta.  De modo que eso obliga a la región a buscar la integración, el camino es la integración, y no hay duda de que hemos avanzado bastante, por ejemplo, en muy poco tiempo el comercio de Brasil con el mercado latinoamericano creció de casi 0.2% a más del 20%; se ve que había un potencial de crecimiento enorme, paralizado por falta de políticas de integración.


 
Ahora se está tomando conciencia de la necesidad de invertir en infraestructura, por ejemplo, en materia de transportes, porque todo está orientado hacia Estados Unidos y Europa.  Las inversiones en infraestructura son relativamente grandes, pero existe un excedente financiero en la región muy alto que si se aplica bien se puede desarrollar eso internamente sin necesidad de ayuda internacional.
 


Desde el punto de vista cultural el avance ha sido pequeño, aunque hay muchas iniciativas que están surgiendo.  Telesur logró entrar en casi toda la región, pero no en Brasil.  En el plano cultural hay señales importantes, hay iniciativas de encuentros.  En el plano universitario, que debería ser mucho más amplio, no se ha logrado prosperar en la región, como en la cuestión del reconocimiento de títulos.  Y lo que Unasur está proponiendo es mucho más que eso: plantea que lleguemos a tener estrategias conjuntas y ojalá ello permita dar el salto.  Sería un error profundo no entender esto, aunque desgraciadamente nuestra clase dominante históricamente no ha demostrado una gran capacidad de buscar soluciones dentro de la región, confiando en que su papel subordinado en la economía mundial es lo mejor que pueda hacer.  Alguna gente ha ganado mucho con eso, las comisiones de la deuda, por ejemplo, fueron fantásticas y se creo ahí una burguesía compradora del sector financiero gigantesca. Compañeros que eran profesores se metieron al gobierno, entraron en esos acuerdos, obtuvieron sus comisiones, y hoy son banqueros.  Y eso no aparece como corrupción.


 
En este momento hay un intento de lo que podríamos llamar un nuevo “progresismo” que acepta que hay que permitir que haya ciertos avances e incluso promoverlos eventualmente, para ganar un espacio histórico amplio.  Y es así que gobiernos de derecha hablan de distribución de la renta, de preocupación con el medio ambiente, en fin, con la idea de hacer concesiones para evitar una radicalización muy grande, y para ellos la integración es parte de un proceso de ese tipo.


 
- En este contexto, ¿cómo ves la Alianza del Pacífico?


 
¿Qué es lo que el gobierno de Estados Unidos puede ofrecer a los países del área del Pacífico?, comercio con Estados Unidos.  Parte de la crisis de este país es que registra un superávit comercial porque importa mucho más de lo que exporta y eso tiene que ver con la valorización del dólar, por eso está devaluando el dólar para aumentar las exportaciones y lo está consiguiendo.  En tales condiciones, los países que entran en tal asociación no hacen acuerdos entre ellos, hacen acuerdos de cada uno de ellos con Estados Unidos, eso no es integración.  Es más, cada uno de ellos en la relación con Estados Unidos se va a convertir en deficitario.


 
Mira, Brasil, por ejemplo, tiene un superávit sobre todo con China, pero tiene déficit con Estados Unidos que incluso está comprometiendo el superávit en Brasil.  La relación con Estados Unidos tiende a ser deficitaria.  Parece que Estados Unidos está ganando mercados en Japón, pero Japón también está muy preocupado en mantener un superávit, no veo que Japón se comprometa en una política que le lleve a una posición deficitaria.  En todo caso, es evidente que es importante la relación con Asia, pero Asia significa China, India, que no están en el proyecto; entonces es una propuesta para que se pongan al servicio de Estados Unidos.  De modo que considero que se trata de una aventura y que los países que se embarquen van en un sentido anti-integración, sin poder incluso decirlo porque sería el colmo del error político y sus pueblos no aceptarían porque la idea de integración es mayoritaria.  Entonces por ahí no veo mucho futuro.

Publicado enInternacional

“Como dos Spitfires inclinando sus alas en el cielo, Gran Bretaña y Polonia empiezan a volar en direcciones diferentes. El piloto polaco va hacia Berlín, pero no para bombardearla, sino para unirse. El piloto británico se dirige al Atlántico.”

 

Así, Timothy Garton Ash, un historiador británico y conocedor de Polonia, describe las posturas de ambos países en la cada vez más desunida Europa: mientras Varsovia quiere tomar el lugar entre las naciones que deciden sobre el futuro de la Unión Europea (UE), Londres opta por dejarlo, aislándose del continente (The Guardian, 16/5/13).

 

El paralelismo (la historia de pilotos polacos y británicos que combatieron a los nazis en la batalla de Inglaterra, 1940-41) es emocional y lleno de carga histórica. Pero los divergentes “planes de vuelo” de dos miembros de la UE en los tiempos de la crisis se entienden sólo si el pasado y las emociones se ponen al lado de la fría calculación de intereses.

 

La apuesta por Alemania –por encima de la difícil historia– es una idée fix de Polonia. En 2011 el ministro de relaciones exteriores, Radek Sikorski, la expuso en la propia Berlín subrayando que hoy el mayor peligro para nuestro país y para la UE no son terrorismo, cohetes rusos ni tanques alemanes, sino el hundimiento de la eurozona: “Soy quizás el primer canciller polaco para decir que temo menos al poder alemán, que a la inactividad alemana” (Gazeta Wyborcza, 28/11/11).

 

Añadía que Polonia –que no ha adoptado el euro– está dispuesta a “ponerse a resolver los problemas de la UE” e “involucrarse más en la construcción de un nuevo orden europeo” (The Economist, 29/11/11).

 

Mientras los británicos hacen todo para “despegarse del muerto”, como dijo el premier David Cameron, mirando a Estados Unidos y debatiendo sobre una posible salida de la UE, Polonia quiere ubicarse más en su corazón.

 

Gritamos: “¡Europa, Europa!”, tratando de exorcizar la eterna desventaja geopolítica (antemurale europeo), nos reinventamos como un “país del norte” (¡sic!) –ya no del este y ni siquiera del centro...–, intentamos superar nuestros traumas (más de un siglo de no estar en el mapa, las guerras, el telón de acero, etcétera), pero al final acabamos cautivados por ellos: frente a la crisis no queremos quedarnos solos, como ya ocurrió varias veces en la historia.

 

Nos ayudamos con un poco de British-bashing: criticando a Londres por su falta de interés en Europa (como durante la mesa redonda Polaco-Británica en Cracovia, descrita por Garton Ash), resaltamos nuestro compromiso.

 

Lo que más tememos es el “egoísmo” de Francia y su visión de “pequeña Europa”; en un ejercicio de real politik y apostando por el “más fuerte” nos adherimos a Alemania y a su visión de la UE “grande y diversa” (que le permite a Berlín ejercer su hegemonía).

 

También es el dinero: Alemania es el mayor contribuyente al presupuesto común y Polonia el mayor beneficiario de los fondos para los nuevos miembros. Fue gracias a ellos –y a una afortunada confluencia de factores– que fuimos los únicos que evitamos una mayor recesión (algo que ya llega a su fin).


Pero es justamente aquí donde el curso a Berlín puede resultar mal calculado: las elites polacas alabando al modelo económico alemán, coinciden que la única receta para la eurozona es la “disciplina fiscal”. En su visión ésta ya tiene “buenos resultados” y la “recuperación está por llegar”; estando más cerca de Alemania nos montaremos mejor en la nueva ola del crecimiento (¡sic!). Tal vez será también el momento para entrar al euro, el tema principal en la agenda con Berlín (aunque en privado los políticos polacos son más reservados: la posibilidad de ir devaluando al zloty fue otro factor que nos salvó en estos años).

 

Sin embargo, según el nuevo y sombrío pronóstico de la misma Comisión Europea la recesión en la UE se prolongará “más de lo previsto” (Ap, 3/5/13). En vez de “recuperación” y “crecimiento”, habrá más austeridad y “sadismo económico” dictados desde Berlín que hasta ahora salvaron a la eurozona, pero sólo a costa de un enorme sufrimiento de sus habitantes.

 

La integración europea fue pensada en su origen como una herramienta para superar los traumas de la Segunda Guerra Mundial, que llevaron al continente al borde de la destrucción.

 

Una huella profunda reflejada por ejemplo en la obra de W. G. Sebald (1944-2001), un escritor alemán afincado en Inglaterra (Austerlitz, Los emigrados), transmitida por su padre, soldado de Wehrmacht que participó en la invasión de Polonia en 1939. Tratando con los viejos demonios Sebald tocó incluso –en Guerra aérea y literatura (Luftkrieg und literatur, en español: Sobre la historia natural de la destrucción)– un tema tan polémico como los bombardeos de las ciudades alemanas.

 

La UE como un adhesivo mantenía los viejos enemigos juntos, pero con la crisis algo empezó a soltar: volvieron las rivalidades y estereotipos nacionales, cosas que los pioneros de la unidad querían neutralizar.

 

Aunque el tema de una nueva guerra ya apareció en Europa (en 2011, Jacek Rostowski, el ministro de finanzas polaco, alertaba de que la crisis podría acabar en una), hoy el mayor peligro no es otro 1939, sino las mismas políticas que pretenden combatir la crisis, pero que arrasan con el continente.

 

Frente a esto, la postura de Varsovia –más un afán de mantenerse a flote, que salvar a la UE– no es ninguna alternativa, sino el respaldo al diktat alemán (“la vuelta a la competitividad tiene que doler”) y al proceso de reorganización europea según Berlín

 

La guerra aérea ya dejó de ser una historia de pilotos y batallas (y se volvió una cosa de drones), pero en Europa la amenaza sigue viniendo del cielo: Spitfires polacos y Messerschmitts alemanes volando en formación cerrada son un aviso de más destrucción.


Maciek Wisniewski, periodista polaco.

Publicado enInternacional

El Mercado Común del Sur (Mercosur) consolidó este 2012 su estructura y base con la incorporación plena de Venezuela y se erige hoy como la quinta economía del mundo con un Producto Interno Bruto de 3,3 billones de dólares y el 20 por ciento de las reservas probadas de petróleo.

 

Con más de 311 mil 865 millones de barriles de crudo en reservas certificadas por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), el Mercosur pasó a dominar una de las mayores provisiones de este combustible en el planeta.

 

Venezuela aparece con 296 mil 500 millones de barriles, seguida de Brasil, con 12 mil 860 millones y Argentina, con dos mil 505 millones, lo cual confirma la solidez de esta asociación regional.

 

Creado en 1991, el bloque transformó sus fronteras y ahora se extienden desde la Patagonia hasta el Caribe, lo cual representa un suspirado mercado de 275 millones de personas en un territorio de 12,8 millones de kilómetros cuadrados, el 72 por ciento de Sudamérica.

 

Además del petróleo, el Mercosur cuenta con grandes reservas comprobadas de gas natural al acumular más de 6,2 billones de metros cúbicos, de las cuales el 88,7 por ciento (5,5 billones de metros cúbicos) pertenecen a Venezuela.

 

Argentina aparece con 378 mil 800 millones y Brasil con 336 mil 400 millones. De concretarse al final del 2013 el ingreso de Bolivia, este próspero grupo sumaría otros 360 mil millones de metros cúbicos de gas natural.

 

En el espacio territorial de este bloque se concentran igualmente las dos terceras partes de la reserva de agua dulce del planeta, según estadísticas brasileñas.

 

Estos codiciados recursos vigorizan a tal mecanismo de integración, cuyos objetivos y propósito parecen retomar un nuevo rumbo que, sin despegarse de lo comercial, se inclinan por tornar la cooperación entre sus socios en un instrumento de la unión regional.

 

La presidencia pro tempore brasileña, concluida en la cumbre del 7 de diciembre último, abrió sus puertas además a Bolivia y Ecuador para que se integren al grupo, que mantiene suspendido a Paraguay desde junio pasado, luego de la amañada destitución del presidente Fernando Lugo

 

Medios políticos de Brasil llaman la atención de que después de la sanción aplicada al gobierno impuesto en Asunción, traslucieran con fuerza voces que hablan de inclusión y de libre circulación de personas y movilidad académica dentro del Mercado Común del Sur.

 

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, corroboró que durante la jefatura pro tempore del bloque se avanzó hacia nuevos mercados y Bolivia firmó el documento de adhesión, que establece un período de un año para concretar su entrada a este amplio mercado.

 

Guyana y Surinam solicitaron asimismo su alistamiento al bloque como asociados, para sumarse al conjunto de naciones con este estatus: Bolivia, Ecuador, Chile, Colombia y Perú.

 

El gobierno ecuatoriano anunció asimismo que evalúa los pro y contra que representarían para su economía el ingreso a esta asociación.

 

Según el presidente Rafael Correa, les "sobra voluntad", pero la decisión adoptada por ese país en la década de los 90, de asumir el dólar estadounidense como moneda, los privó de contar con una divisa nacional.

 

Tenemos que reflexionar mucho sobre las oportunidades y riesgos para aceptar los acuerdos", "ver el efecto y saber los costos prácticos económicos de ingresar al bloque y conversarlos con franqueza con Mercosur", aseveró.

 

Al cierre de 2012, Mercosur ratificó la suspensión de Paraguay y decidió "seguir examinando la situación", pero "sin alterar" la sanción impuesta a esa nación en junio pasado, tras la destitución del entonces presidente Fernando Lugo.

 

El ministro brasileño de Relaciones Exteriores, Antonio Patriota, explicó que el bloque actuará "de la mano" con la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que también sancionó a Paraguay y su retorno está condicionado a la celebración de elecciones generales en ese territorio.

 

Para Brasil, los pasos dados este año denotan que América Latina hace la diferencia, con el fortalecimiento del Mercosur y el afianzamiento político de la Unasur, en medio de una crisis económica mundial que mantiene en jaque a Europa.

 

Los propósitos anunciados por el grupo se encaminan a aplicar medidas que reduzcan la pobreza y garanticen una mejor distribución de las riquezas.

 

Para Uruguay, que se encargará en el primer semestre de 2013 de la presidencia del Mercosur, está presente el desafío de aprovechar el poder acumulado para promover un amplio intercambio regional, y que incorpore de lleno a la sociedad y ofrezca resultados en beneficio de los ciudadanos.

 

(Tomado de Prensa Latina)

 

Publicado enInternacional