“Como dos Spitfires inclinando sus alas en el cielo, Gran Bretaña y Polonia empiezan a volar en direcciones diferentes. El piloto polaco va hacia Berlín, pero no para bombardearla, sino para unirse. El piloto británico se dirige al Atlántico.”

 

Así, Timothy Garton Ash, un historiador británico y conocedor de Polonia, describe las posturas de ambos países en la cada vez más desunida Europa: mientras Varsovia quiere tomar el lugar entre las naciones que deciden sobre el futuro de la Unión Europea (UE), Londres opta por dejarlo, aislándose del continente (The Guardian, 16/5/13).

 

El paralelismo (la historia de pilotos polacos y británicos que combatieron a los nazis en la batalla de Inglaterra, 1940-41) es emocional y lleno de carga histórica. Pero los divergentes “planes de vuelo” de dos miembros de la UE en los tiempos de la crisis se entienden sólo si el pasado y las emociones se ponen al lado de la fría calculación de intereses.

 

La apuesta por Alemania –por encima de la difícil historia– es una idée fix de Polonia. En 2011 el ministro de relaciones exteriores, Radek Sikorski, la expuso en la propia Berlín subrayando que hoy el mayor peligro para nuestro país y para la UE no son terrorismo, cohetes rusos ni tanques alemanes, sino el hundimiento de la eurozona: “Soy quizás el primer canciller polaco para decir que temo menos al poder alemán, que a la inactividad alemana” (Gazeta Wyborcza, 28/11/11).

 

Añadía que Polonia –que no ha adoptado el euro– está dispuesta a “ponerse a resolver los problemas de la UE” e “involucrarse más en la construcción de un nuevo orden europeo” (The Economist, 29/11/11).

 

Mientras los británicos hacen todo para “despegarse del muerto”, como dijo el premier David Cameron, mirando a Estados Unidos y debatiendo sobre una posible salida de la UE, Polonia quiere ubicarse más en su corazón.

 

Gritamos: “¡Europa, Europa!”, tratando de exorcizar la eterna desventaja geopolítica (antemurale europeo), nos reinventamos como un “país del norte” (¡sic!) –ya no del este y ni siquiera del centro...–, intentamos superar nuestros traumas (más de un siglo de no estar en el mapa, las guerras, el telón de acero, etcétera), pero al final acabamos cautivados por ellos: frente a la crisis no queremos quedarnos solos, como ya ocurrió varias veces en la historia.

 

Nos ayudamos con un poco de British-bashing: criticando a Londres por su falta de interés en Europa (como durante la mesa redonda Polaco-Británica en Cracovia, descrita por Garton Ash), resaltamos nuestro compromiso.

 

Lo que más tememos es el “egoísmo” de Francia y su visión de “pequeña Europa”; en un ejercicio de real politik y apostando por el “más fuerte” nos adherimos a Alemania y a su visión de la UE “grande y diversa” (que le permite a Berlín ejercer su hegemonía).

 

También es el dinero: Alemania es el mayor contribuyente al presupuesto común y Polonia el mayor beneficiario de los fondos para los nuevos miembros. Fue gracias a ellos –y a una afortunada confluencia de factores– que fuimos los únicos que evitamos una mayor recesión (algo que ya llega a su fin).


Pero es justamente aquí donde el curso a Berlín puede resultar mal calculado: las elites polacas alabando al modelo económico alemán, coinciden que la única receta para la eurozona es la “disciplina fiscal”. En su visión ésta ya tiene “buenos resultados” y la “recuperación está por llegar”; estando más cerca de Alemania nos montaremos mejor en la nueva ola del crecimiento (¡sic!). Tal vez será también el momento para entrar al euro, el tema principal en la agenda con Berlín (aunque en privado los políticos polacos son más reservados: la posibilidad de ir devaluando al zloty fue otro factor que nos salvó en estos años).

 

Sin embargo, según el nuevo y sombrío pronóstico de la misma Comisión Europea la recesión en la UE se prolongará “más de lo previsto” (Ap, 3/5/13). En vez de “recuperación” y “crecimiento”, habrá más austeridad y “sadismo económico” dictados desde Berlín que hasta ahora salvaron a la eurozona, pero sólo a costa de un enorme sufrimiento de sus habitantes.

 

La integración europea fue pensada en su origen como una herramienta para superar los traumas de la Segunda Guerra Mundial, que llevaron al continente al borde de la destrucción.

 

Una huella profunda reflejada por ejemplo en la obra de W. G. Sebald (1944-2001), un escritor alemán afincado en Inglaterra (Austerlitz, Los emigrados), transmitida por su padre, soldado de Wehrmacht que participó en la invasión de Polonia en 1939. Tratando con los viejos demonios Sebald tocó incluso –en Guerra aérea y literatura (Luftkrieg und literatur, en español: Sobre la historia natural de la destrucción)– un tema tan polémico como los bombardeos de las ciudades alemanas.

 

La UE como un adhesivo mantenía los viejos enemigos juntos, pero con la crisis algo empezó a soltar: volvieron las rivalidades y estereotipos nacionales, cosas que los pioneros de la unidad querían neutralizar.

 

Aunque el tema de una nueva guerra ya apareció en Europa (en 2011, Jacek Rostowski, el ministro de finanzas polaco, alertaba de que la crisis podría acabar en una), hoy el mayor peligro no es otro 1939, sino las mismas políticas que pretenden combatir la crisis, pero que arrasan con el continente.

 

Frente a esto, la postura de Varsovia –más un afán de mantenerse a flote, que salvar a la UE– no es ninguna alternativa, sino el respaldo al diktat alemán (“la vuelta a la competitividad tiene que doler”) y al proceso de reorganización europea según Berlín

 

La guerra aérea ya dejó de ser una historia de pilotos y batallas (y se volvió una cosa de drones), pero en Europa la amenaza sigue viniendo del cielo: Spitfires polacos y Messerschmitts alemanes volando en formación cerrada son un aviso de más destrucción.


Maciek Wisniewski, periodista polaco.

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El Mercado Común del Sur (Mercosur) consolidó este 2012 su estructura y base con la incorporación plena de Venezuela y se erige hoy como la quinta economía del mundo con un Producto Interno Bruto de 3,3 billones de dólares y el 20 por ciento de las reservas probadas de petróleo.

 

Con más de 311 mil 865 millones de barriles de crudo en reservas certificadas por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), el Mercosur pasó a dominar una de las mayores provisiones de este combustible en el planeta.

 

Venezuela aparece con 296 mil 500 millones de barriles, seguida de Brasil, con 12 mil 860 millones y Argentina, con dos mil 505 millones, lo cual confirma la solidez de esta asociación regional.

 

Creado en 1991, el bloque transformó sus fronteras y ahora se extienden desde la Patagonia hasta el Caribe, lo cual representa un suspirado mercado de 275 millones de personas en un territorio de 12,8 millones de kilómetros cuadrados, el 72 por ciento de Sudamérica.

 

Además del petróleo, el Mercosur cuenta con grandes reservas comprobadas de gas natural al acumular más de 6,2 billones de metros cúbicos, de las cuales el 88,7 por ciento (5,5 billones de metros cúbicos) pertenecen a Venezuela.

 

Argentina aparece con 378 mil 800 millones y Brasil con 336 mil 400 millones. De concretarse al final del 2013 el ingreso de Bolivia, este próspero grupo sumaría otros 360 mil millones de metros cúbicos de gas natural.

 

En el espacio territorial de este bloque se concentran igualmente las dos terceras partes de la reserva de agua dulce del planeta, según estadísticas brasileñas.

 

Estos codiciados recursos vigorizan a tal mecanismo de integración, cuyos objetivos y propósito parecen retomar un nuevo rumbo que, sin despegarse de lo comercial, se inclinan por tornar la cooperación entre sus socios en un instrumento de la unión regional.

 

La presidencia pro tempore brasileña, concluida en la cumbre del 7 de diciembre último, abrió sus puertas además a Bolivia y Ecuador para que se integren al grupo, que mantiene suspendido a Paraguay desde junio pasado, luego de la amañada destitución del presidente Fernando Lugo

 

Medios políticos de Brasil llaman la atención de que después de la sanción aplicada al gobierno impuesto en Asunción, traslucieran con fuerza voces que hablan de inclusión y de libre circulación de personas y movilidad académica dentro del Mercado Común del Sur.

 

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, corroboró que durante la jefatura pro tempore del bloque se avanzó hacia nuevos mercados y Bolivia firmó el documento de adhesión, que establece un período de un año para concretar su entrada a este amplio mercado.

 

Guyana y Surinam solicitaron asimismo su alistamiento al bloque como asociados, para sumarse al conjunto de naciones con este estatus: Bolivia, Ecuador, Chile, Colombia y Perú.

 

El gobierno ecuatoriano anunció asimismo que evalúa los pro y contra que representarían para su economía el ingreso a esta asociación.

 

Según el presidente Rafael Correa, les "sobra voluntad", pero la decisión adoptada por ese país en la década de los 90, de asumir el dólar estadounidense como moneda, los privó de contar con una divisa nacional.

 

Tenemos que reflexionar mucho sobre las oportunidades y riesgos para aceptar los acuerdos", "ver el efecto y saber los costos prácticos económicos de ingresar al bloque y conversarlos con franqueza con Mercosur", aseveró.

 

Al cierre de 2012, Mercosur ratificó la suspensión de Paraguay y decidió "seguir examinando la situación", pero "sin alterar" la sanción impuesta a esa nación en junio pasado, tras la destitución del entonces presidente Fernando Lugo.

 

El ministro brasileño de Relaciones Exteriores, Antonio Patriota, explicó que el bloque actuará "de la mano" con la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que también sancionó a Paraguay y su retorno está condicionado a la celebración de elecciones generales en ese territorio.

 

Para Brasil, los pasos dados este año denotan que América Latina hace la diferencia, con el fortalecimiento del Mercosur y el afianzamiento político de la Unasur, en medio de una crisis económica mundial que mantiene en jaque a Europa.

 

Los propósitos anunciados por el grupo se encaminan a aplicar medidas que reduzcan la pobreza y garanticen una mejor distribución de las riquezas.

 

Para Uruguay, que se encargará en el primer semestre de 2013 de la presidencia del Mercosur, está presente el desafío de aprovechar el poder acumulado para promover un amplio intercambio regional, y que incorpore de lleno a la sociedad y ofrezca resultados en beneficio de los ciudadanos.

 

(Tomado de Prensa Latina)

 

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Informe: Economía de AL crecerá 3,2% en 2012 y 4 % en 2013

La economía de América Latina crecerá un 3,2% este año y un 4 % en 2013, según el informe de la OCDE y la CEPAL difundido hoy en el marco de la Cumbre Iberoamericana en la ciudad española de Cádiz.


 
Pese a continúo crecimiento del Producto Interior Bruto (PIB) de América Latina, las perspectivas económicas de la región “están sujetas a incertidumbre y volatilidad en el contexto externo”, señala el informe, presentado por el secretario general de la OCDE, Ángel Gurría, y la secretaria ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena.


 
El crecimiento en América Latina “es casi un cliché”, dijo Gurría al resaltar que la región sigue “resistiendo mejor los embates de la crisis global” y debe seguir haciéndolo pese a los “importantes desafíos” que afronta a largo plazo, como la reducción la demanda interna y la exportación de recursos naturales.


 
La recaudación tributaria “sigue siendo excesivamente baja” en América Latina, señaló, al recordar que ha pasado de un 14 % a un 19,4 % de 1990 a 2010, pero sigue lejos del 34 % de media en los países de la OCDE.


 
Este tipo de informe, que desde hace seis años se presenta en el marco de la Cumbre Iberoamericana, se centra en esta ocasión en la Pymes (pequeñas y medianas empresas) latinoamericanas y la forma de impulsarlas con cambios estructurales.


 
La economía mundial registrará una “lenta expansión”, debido a los problemas fiscales, la fragilidad financiera y los altos niveles de desempleo en la zona euro, según el documento que indica que la consolidación del crecimiento en Estados Unidos continuará débil.


 
En ese contexto, se estima que las economías de China e India, que han sido un motor importante para el crecimiento mundial, en particular para América Latina, registrarán una desaceleración.


 
Las tasas de desempleo en 2012 serán de un 6,5% en la región, frente a un 8% en la OCDE y un 11,5 en la zona euro, con tendencia a aumentar a un 12% en 2013, señaló Gurría.


 
América Latina en su conjunto ha fortalecido su posición en términos de reservas internacionales, un 16% del PIB, y muchos países de la región tienen una deuda relativamente baja y buen acceso a financiación internacional, lo que permitirá evitar una contracción de la economía, señala el estudio.


 
El informe recomienda, entre otros, una mayor inversión en infraestructuras y asegurar la coherencia entre las políticas de estabilización a corto plazo y las medidas estructurales para aumentar el crecimiento potencial.
 


Pese a que la mayoría de los países latinoamericanos han logrado combinar las tasas de crecimiento económico con la reducción de la pobreza en los últimos años, las desigualdades en la región siguen siendo de las más altas del mundo, con un 31 % de la población en niveles de pobreza.


 
En cuanto a las Pymes, el estudio subraya que son “actores clave para incrementar el crecimiento potencial de América Latina”, pero, indica que estas empresas presentan una baja productividad y gran heterogeneidad en su acceso a mercados tecnologías y capital humano.


 
Las pymes representan el 99% de las empresas en América Latina, donde emplean a 67 % de la población activa, y sin embargo, su contribución al PIB es relativamente baja.


 
Las grandes empresas en la región tienen niveles de productividad que llegan a ser 33 veces mayores que las de las microempresas y seis veces más que las pequeñas, comparado con 1,3 y 2,4 veces en los países de la OCDE, señala el informe.


 
La financiación y el acceso a la información son dos aspectos claves para un mejor desarrollo de las pymes en América Latina, según el informe, aspectos resaltados tanto por Gurría como por Bárcenas en su presentación, en la que intervinieron el ministro español de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, y el secretario general iberoamericano, Enrique Iglesias.


 
Tambien estuvieron el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Luis Alberto Moreno, y Enrique García, presidente del CAF, banco de desarrollo de América Latina.

 

 17 Noviembre 2012
 
(Con información de NO365)

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Domingo, 05 Agosto 2012 06:10

Uno más

Uno más
Venezuela es la cuarta potencia de América del Sur. Tiene una población de 30 millones de personas. En 2011, el PBI fue de 342 mil millones de dólares, que implica un Producto per cápita de 11.400 dólares, uno de los más altos de la región. En ese mismo año, el saldo comercial positivo sumó 46 mil millones de dólares, obtenido fundamentalmente por las exportaciones de petróleo. Con los recursos de la Faja del Orinoco, es el país con las mayores reservas de hidrocarburos líquidos pesados y extra pesados probadas del mundo. Durante casi seis años distintos bloqueos en los Congresos de Brasil, Uruguay y Paraguay impidieron concretar el ingreso de Venezuela al Mercosur. El último bastión de resistencia era el Senado de Paraguay. El golpe parlamentario contra el presidente de Paraguay Fernando Lugo derivó en la suspensión de los guaraníes del bloque y terminó así facilitando la incorporación de Venezuela.


El nuevo socio en el Mercosur muestra que el bloque no está agonizando, como postulan en expresión de deseo los sectores conservadores que amplifican cualquier diferencia comercial entre los socios. Por el contrario, la incorporación de Venezuela es uno de los hechos más relevantes desde la constitución de esa unión. En muchas ocasiones algunas decisiones político-económicas no adquieren en su momento la justa importancia por contaminación cortoplacista, pero el transcurso del tiempo pone en perspectiva medidas que terminan cambiando el desarrollo de los acontecimientos. Es necesario remontarse 27 años y analizar el recorrido transitado desde el abrazo de los presidentes de Argentina y Brasil, Raúl Alfonsín y José Sarney, en Foz de Iguazú, el 30 de noviembre de 1985, suscribiendo el acuerdo de integración de ambos países. Fue el primer paso para la creación posterior del Mercosur, con la firma del Tratado de Asunción el 26 de marzo de 1991. Este proceso dinámico invita a evaluar que las puertas que se abren con vocación de integración regional son mucho más atractivas que las que invitan a países en forma individual a ingresar en acuerdos de libre comercio con potencias económicas.


Los economistas Alejandro Robba, Agustín D’Attellis y Emiliano Colombo elaboraron un ilustrativo informe sobre los cambios que tendrá el Mercosur con el ingreso de Venezuela. El PBI en dólares del bloque se incrementa en 11 por ciento con la suma de Venezuela llevando el valor total del PBI-Mercosur desde los 2,96 hasta 3,28 billones de dólares. La población total del Mercosur ascendía a unas 245 millones de personas y ahora con Venezuela pasa a totalizar 275 millones de personas. Es decir que el país caribeño aporta un 12 por ciento más de personas, tres veces la población de Paraguay y Uruguay juntos. El volumen del comercio exterior del Mercosur en los últimos años viene creciendo a una tasa promedio del 20 por ciento anual, con exportaciones totales subiendo el 28 por ciento en 2011 respecto de 2010, y 232 por ciento en relación a 2003. Las importaciones por su parte ascendieron 23,6 por ciento en 2011 respecto del año anterior y 383 por ciento desde 2003. Venezuela, en tanto, ampliaría el tamaño de las exportaciones del Mercosur en un 20 por ciento (92.000 millones de dólares), por encima del aporte en términos de PBI (11 por ciento). La estructura de las exportaciones venezolanas está dominada casi en forma excluyente de petróleo, al absorber el 95 por ciento de las totales. Las importaciones de Venezuela se expandieron a una tasa del 20 por ciento en 2011 al representar 46.000 millones de dólares, representando el 12 por ciento de todas las importaciones del Mercosur.


“La oportunidad de comercio para los países se acrecienta notablemente, ya que Venezuela se ubica como el tercer mercado por tamaño de importancia en el Mercosur”, afirman Robba, D’Attellis y Colombo.


La relevancia de la suma de Venezuela sólo puede ser ignorada por los mismos que minimizaron el acuerdo inicial de integración Argentina-Brasil. Desde entonces, el Mercosur, con tensiones, diferencias y cooperación, ha adquirido un papel destacado en el nuevo mapa de la economía mundial. La incorporación de Venezuela tiene la misma importancia histórica de la Declaración de Foz de Iguazú, que dejó atrás las rivalidades para pasar a transitar un marco de confianza y colaboración entre las dos economías más grandes de América latina.


En un mundo donde las potencias económicas conviven con descalabros financieros, estancamiento, default sociolaboral, restricciones de derechos de trabajadores y jubilados, y pérdida de legitimidad política de gobiernos sometidos a instrumentar ajustes recesivos, la ampliación del Mercosur es un avance sustancial para enfrentar con mejores herramientas el nuevo escenario global.


La ortodoxia rechaza esa posibilidad no sólo porque están subordinados a los intereses de Estados Unidos que combaten a Hugo Chávez. Lo hace fundamentalmente por una cuestión conceptual que postula la integración pasiva a la economía mundial. Sostiene que las economías nacionales son segmentos del mercado mundial, el cual determina la asignación de los recursos, la distribución del ingreso y la posición de cada una de ellas en la división internacional del trabajo, en las corrientes financieras, en las cadenas transnacionales de valor y en la creación y gestión del progreso técnico. De allí deriva la propuesta de política económica basada en la apertura incondicional al mercado mundial, la especialización en la exportación de materias primas, la reducción del Estado a la mínima expresión y el abandono de toda pretensión de construir proyectos nacionales de desarrollo.


Las contribuciones de Raúl Prebisch desde la Cepal fueron esenciales en la construcción de una nueva visión de la problemática latinoamericana en la década del ’50 y ’60. Prebisch escribió en Capitalismo periférico, crisis y transformación que “si las perspectivas de los centros no son auspiciosas para el intercambio con la periferia, ¿por qué seguir desperdiciando el considerable potencial del comercio recíproco? ¿Es razonable seguir insistiendo en una liberalización del intercambio con los centros cuando apenas hemos logrado liberalizar tímidamente el intercambio entre países de la periferia?”.


El bloque regional tiene problemas y debilidades, tuvo conflictos y especulaciones, y los seguirá teniendo. Pese a esas restricciones, el Mercosur, es una herramienta poderosa de América latina para disputar en un mundo abierto, globalizado, dominado por bloques económicos regionales. Esto no significa que no haya desafíos complejos por delante. La incorporación de Venezuela alterará la actual dinámica de funcionamiento del Mercosur donde dos grandes (Argentina y Brasil) discuten con intensidad sus temas bilaterales de comercio, mientras los dos hermanos menores (Uruguay y Paraguay) son espectadores de esa contienda. Aparecerá ahora un tercero en discordia que no es tan grande pero tampoco tan pequeño, y que tiene un poder nada despreciable al contar con un recurso preciado y estratégico como el petróleo. Las negociaciones serán distintas. Si bien Argentina y Brasil seguirán teniendo un peso relevante en la estructura de poder en Latinoamérica, ya no será tan cerrada y pasará a ser necesariamente un poco más flexible y, por lo tanto, dará aún mayor vitalidad al más importante bloque de integración regional.

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La Alianza del Pacífico echa a andar en Chile
A 2.635 metros de altura, en el cerro Paranal, en el desierto chileno de Atacama, el más seco del mundo, se constituyó formalmente la Alianza del Pacífico, un bloque regional que agrupa a los principales países iberoamericanos ribereños de dicho océano y que aspira a profundizar la integración económica entre sus miembros y a establecer vínculos conjuntos con la región de Asia Pacífico. Firmaron el tratado funcional los presidentes de Chile, Sebastián Piñera; Colombia, Juan Manuel Santos; Perú, Ollanta Humala; y México, Felipe Calderón.

El anfitrión de la cumbre, el chileno Piñera, subrayó que la alianza supone un mercado de 207 millones de consumidores y representa más de un tercio del PIB total de América Latina y más del 50% de su comercio. Agrupa a algunas de las economías más dinámicas de la región, con crecimientos medios del 7% anual. Subrayó que su objetivo es ir más allá del libre comercio, ya consagrado en los acuerdos bilaterales, hacia la libre circulación de servicios, capitales y personas.

El colombiano José Manuel Santos subrayó que la alianza “no va contra nadie”, está abierta a la incorporación de nuevos socios, y no es "excluyente, ni incompatible" con otros procesos de integración latinoamericanos. Lo cierto es que hasta ahora solo Costa Rica —que anunció su propósito de ingresar en el club— y Panamá se han incorporado como observadores; mientras que Ecuador, miembro del eje bolivariano, se mantiene significativamente ausente.

México, Colombia y Chile se caracterizan por ser los países latinoamericanos con economías más abiertas del continente y haber suscrito acuerdos de libre comercio con EE UU. La excepción la constituye el peruano Ollanta Humala, que ha heredado el proyecto de su antecesor, Alan García, quien fue precisamente el promotor de la idea, en abril de 2011. Humala, en todo caso, no ha querido bajarse del tren y subrayó que se trata de una iniciativa “no confrontacional ni ideológica”, a la que puso deberes sociales al destacar que uno de sus objetivos debe ser la lucha contra la pobreza y la educación, “como instrumento de integración social”.

Pese a ello, una de las ventajas de la alianza es su cohesión. El Pacto Andino se ha fracturado en la negociación del acuerdo comercial con la Unión Europea y Mercosur, el bloque comercial más importante, está dividido por las barreras proteccionistas que Argentina impone a sus propios socios y vecinos. La alianza se perfila así, aunque evite presentarse como tal, como la alternativa liberal al eje bolivariano que encabeza el venezolano Hugo Chávez —en un momento en que este acusa su debilidad, tanto física como política— y también a Brasil, convertida en potencia hegemónica continental.

Además, como recordó Piñera, la región de Asia Pacífico ha dejado de ser una promesa de futuro para convertirse en opción de presente. Sobre todo para América Latina, de la que China se ha convertido en el primer cliente y voraz consumidor de sus materias primas. Solo los cuatro miembros de la alianza exportaron en 2011 bienes por valor de 71.000 millones de dólares a Asia, con un crecimiento anual del 10%.

Las claves de la alianza
  • • La alianza agrupa a Chile, Colombia, México y Perú. Costa Rica ha anunciado su intención de entrar. La alianza concentra más del 50% del comercio de América Latina.
  • • El tratado agrupa a cuatro de las economías más dinámicas de la región, con crecimientos medios del 7% anual.
  • • Los cuatro miembros de la alianza exportaron en 2011 bienes por valor de cerca de 71.000 millones de dólares a Asia, con un crecimiento del 10%.

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En Caracas hoy nace la CELAC: ¿el futuro sustituto de la OEA?
Jefes de Estado y cancilleres de 33 países de América Latina y el Caribe muestran hoy y mañana en Caracas su voluntad política de constituir la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), el nuevo foro de integración continental que excluye a EEUU y Canadá. Con el andar del tiempo, la Celac terminará –en los hechos prácticos– por anular a la anacrónica Organización de Estados Americanos (OEA), básicamente concebida en su tiempo como instrumento para el manejo de un "patio trasero" que vivió un siglo 20 azotado por dictaduras impuestas y apoyadas por el socio principal.

La Celac será una representación política más genuina de los pueblos de América Latina y el Caribe que hablan diferentes lenguas, poseen variadas culturas, como países tienen distintos tamaños y con diversos matices socio-económicos y políticos abordan una lucha común permanente por mejorar sus condiciones de vida. La diversidad tras objetivos políticos comunes le dará un nuevo sentido independiente a la palabra “integración”, diferente a los designios rapaces de naciones grandes que sólo buscan mercados y materias primas baratas a través de sus transnacionales. También quedan fuera de juego las ex metrópolis ibéricas, España y Portugal, sumergidas hoy en sus propias dificultades.

Breve historia


La Celac remontó un largo camino propio, desde que en los ’80 se constituyó el Grupo de Contadora (Colombia, México, Panamá y Venezuela) para promover la paz centroamericana ante los conflictos armados internos en El Salvador, Nicaragua y Guatemala. En los '90 devino en el Grupo de Río, que continuó la labor de Contadora con más países involucrados, como Argentina, Brasil, Colombia, México, Panamá, Perú, Uruguay y Venezuela, que incorporaron de a poco a naciones de la Comunidad del Caribe (Caricom), en una trayectoria de 22 cumbres que abordaron situaciones clave de la región.

El paso siguiente fue la Cumbre sobre Integración y Desarrollo de América Latina y el Caribe (CALC), impulsada desde el Grupo de Río por el entonces presidente brasilero Luiz Inacio Lula Da Silva, para articular procesos propios de integración y desarrollo frente a los desafíos de la crisis financiera de los países desarrollados, la crisis económica y la crisis alimentaria. El primer encuentro cumbre de la CALC en Brasil, en 2008, incluyó representaciones del Mercosur, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y el Grupo de Río.

La Celac estará formada por Antigua y Barbuda, Argentina, Bahamas, Barbados, Belice, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Cuba, Dominica, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Granada, Guyana, Haití, Honduras, Jamaica, México, Nicaragua, Paraguay, Perú, Panamá, República Dominicana, San Cristóbal y Nieves, San Vicente y Las Granadinas, Santa Lucía, Surinam, Trinidad y Tobago, Uruguay y Venezuela.

Diversidad ideológica


Lo esencial es que Caracas cobija un encuentro de mandatarios ideológicamente tan disímiles como el chileno Sebastián Piñera, el venezolano Hugo Chávez, el colombiano Manuel Santos, el ecuatoriano Rafael Correa, el mexicano Felipe Calderón, el peruano Ollanta Humala, el nicaragüense Daniel Ortega, la argentina Cristina Fernández y muchos otros surgidos de elecciones impecablemente libres.

Los coordinadores de los 33 países fundadores prepararon del 28 de noviembre al 1 de noviembre los documentos que serán adoptados en la Cumbre del viernes y sábado: la Declaración de Caracas, que proclama el nacimiento de la organización, el Plan de Caracas, que fija los lineamientos a seguir para que la Comunidad cumpla sus objetivos, el estatuto de funcionamiento y procedimientos y 18 comunicados que incluyen aspectos educativos, ambientales y de desarrollo social.  La opinión mayoritaria se inclinó por darle a la Celac el carácter de foro de integración, sin burocracia funcionaria y complementaria de instancia como Unasur y la propia OEA.

El borrador de los Cancilleres establece que los órganos de la Celac serán la Cumbre de Jefes de Estado, la reunión de Cancilleres, la Presidencia pro tempore, la reunión de coordinadores nacionales, las reuniones especializadas y la tríada integrada por el Estado que ostenta la Presidencia, el precedente y el sucesor. La reunión de Jefes de Estado será la instancia suprema de la Comunidad y deben reunirse ordinariamente en el país que ostente la Presidencia.

Los Cancilleres resolvieron por unanimidad que Cuba sea sede de la Cumbre 2013 y Costa Rica en 2014. Al acordarse en México el embrión de la Celac en 2010, se decidió que la siguiente Cumbre 2012 fuera en Chile. La designación de Cuba para 2013 fue un acto de justicia sin reparos con un país excluido de la OEA entre 1962 y 2009. Entre otros, el peruano Rafael Rocangiolo dijo que "constituye una reivindicación histórica indispensable por lo que ha sido la historia en estas décadas y por lo que Cuba significa como símbolo de la causa de América Latina y el Caribe".

Los cancilleres estuvieron de acuerdo en que la Celac puede fortalecer la región ante la crisis financiera mundial, pero aún ni está definido si las decisiones se alcanzarán por consenso o mayoría calificada. El canciller chileno Alfredo Moreno opinó que América Latina y el Caribe "han mostrado que pueden progresar en un momento en el que otros países más desarrollados han tenido dificultades". Dijo que estos países se han preparado "sumando fuerzas", actuando en mecanismos como Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) y ahora lo harán desde la Celac "aprovechando que hay mercados que están creciendo".

El tema subyacente fue la supervivencia de la OEA. El canciller ecuatoriano, Ricardo Patiño, afirmó que la Celac reemplazará a la OEA, idea compartida por el presidente anfitrión, Hugo Chávez. "Ese es el destino de la Celac, llegar a sustituir a la OEA (...), los temas de la región deben tratarse en la región", dijo Chávez. Para Patiño surge una oportunidad de mejorar el diálogo regional y abordar temas como la presencia colonial de Estados Unidos en Guantánamo, tema que no se puede tratar en la OEA.

Según Chávez, "a medida que pasen los años, [la Celac] dejará atrás a la vieja y desgastada OEA", fundada en 1948 por iniciativa de EEUU. La OEA "es un organismo mellado por lo viejo, por el desgaste de los años, muy lejos del espíritu de nuestros pueblos, de la independencia, de la integración de América Latina", apuntó el venezolano.

La canciller mexicana, Patricia Espinosa, cree que la OEA, asentada en Washington, y la Celac "son esfuerzos de cooperación y diálogo complementarios". Para el canciller uruguayo Luis Almagro, la OEA y la Celac "son dos cosas absolutamente diferentes". Indicó que la OEA "incluye a una potencia mundial con una instancia de diálogo diferente", mientras que el nuevo organismo ofrece una visión latinoamericana y caribeña "para lograr mejores oportunidades para la región".

*) Ernesto Carmona, periodista y escritor chileno
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En la reciente cumbre de la Unasur sobre la instalación de las bases militares de Estados Unidos en Colombia, el mecanismo de integración suramericano continuó consolidándose como espacio reconocido por todos los gobiernos para el debate y la concertación política regional. Hay ideas rescatables en las intervenciones de casi todos los presidentes, que se esforzaron visiblemente en trabajar como equipo en una atmósfera cordial sin dejar de exponer al mismo tiempo sus puntos de vista pero las intervenciones de Hugo Chávez, Rafael Correa y Evo Morales marcaron un hito fundamental por su solidez argumentativa y conceptual, desnudando a Estados Unidos en su condición histórica y estructural de potencia agresiva e intervensionista a escala mundial y cuestionando su discurso falso e hipócrita sobre el narcotráfico y el terrorismo. Correa demolió las justificaciones que intentó dar Uribe a las nuevas bases, demostró el fracaso del Plan Colombia en su objetivo de contener el narcotráfico y cómo se ha elevado la eficacia de Venezuela, Bolivia y Ecuador en la lucha contra ese flagelo desde que expulsaron a la DEA de sus países. Chávez aportó profundidad al debate al leer a sus colegas reveladores fragmentos de un documento académico estadunidense que analiza la proyección del poder militar aéreo hegemónico de Estados Unidos en la región y en el mundo y en este contexto asigna un papel de primer orden a Palanquero, una de las nuevas siete bases yanquis en Colombia; recordó también con ejemplos irrefutables la complicidad de Bogotá con el golpismo y la sedición en Venezuela. Evo fue muy auténtico y convincente al relatar su experiencia con la política injerencista y represiva de Washington, primero como líder cocalero y luego como jefe de Estado, y al igual que Chávez y Correa se opuso resueltamente a la instalación de las bases de Estados Unidos. Es inteligente su propuesta de prohibir todas las bases militares extranjeras en la región. No es casual que estos tres hombre hayan promovido enérgicamente y, a la par, sean fruto de los tres grandes procesos constituyentes latinoamericanos de honda raíz popular.

Se ha dicho acertadamente que Uribe quedó aislado en la reunión pues resultó inequívoca la preocupación expresada por la mayoría de los líderes regionales sobre la instalación de bases militares en Colombia. También es cierto que esto no parece quitar el sueño al presidente colombiano, quien actúa de forma desafiante como una suerte de emisario oficioso del Comando Sur y la IV Flota, paladín regional de la guerra global contra el terrorismo. A la personalidad y el papel de Uribe en América Latina como caballo de Troya del imperio dedicaré un artículo próximo pues puede resultar provechoso discutir las características y raíces del único caudillo político relevante que ha dado la derecha latinoamericana en los últimos años.

Pero el debate sobre las bases yanquis está lejos de haber concluido. Por lo pronto están citados este mes los ministros de relaciones exteriores y defensa de la Unasur con la encomienda de presentar un informe a los presidentes sobre esta situación. Lo que está muy claro es que las bases son un hecho consumado e irreversible por el momento pues ya está firmado el convenio respectivo entre Colombia y Estados Unidos por más que se haya hecho en violación de varios artículos de la Constitución colombiana. La batalla en la Unasur es muy importante y debemos estar atentos a su desenlace pero la única que puede desmantelar esas bases es la que deben dar los pueblos latinoamericanos contra esta amenaza tan grave. Mientras más se piensa el asunto más cuenta nos damos que esta nuevas bases son una virtual declaración de guerra de Estados Unidos contra América Latina. Sí, nada menos que con Barak Obama en la Casa Blanca.

Ángel Guerra Cabrera
Publicado enInternacional
Jueves, 06 Agosto 2009 06:48

Unos vecinos que no son muy queridos

“Echémosle cabeza”, fue el modismo que utilizó el presidente de Colombia, Alvaro Uribe, para pedirle a Cristina Kirchner que piense una salida al entuerto creado a partir de su decisión de permitir la instalación de cinco bases militares norteamericanas en suelo colombiano. La Presidenta le dijo que esa presencia “crea alta conflictividad en la región” y que estaba preocupada por el “voltaje político” generado entre varios países, siempre con Colombia como epicentro: relaciones rotas con Ecuador, conflicto permanente con Venezuela y ahora las bases. Uribe dio algunas explicaciones pero adelantó que no pensaba dar marcha atrás con la medida. “Lo vi muy jugado”, les comentó la Presidenta a sus íntimos.

Uribe emprendió una gira supersónica por la región para explicarle personalmente a cada presidente los alcances de su decisión. El colombiano no irá a la cumbre de la Unasur que se hará el lunes que viene en Quito, porque mantiene el vínculo quebrado con el presidente Rafael Correa desde aquella incursión del ejército colombiano en la selva ecuatoriana para matar a Raúl Reyes, el segundo de las FARC. Pero en un encuentro que mantuvieron la semana pasada en San Pablo, Luiz Inácio Lula da Silva y Michelle Bachelet habían planteado que la Unasur era el lugar indicado para debatir qué postura tomar ante la instalación de las bases, una de ellas muy cercana al Amazonas. Ante esa perspectiva, Uribe se adelantó a detallar sus argumentos a cada uno de sus pares.

Su vocero había prometido que sería una gira “muda”, porque Uribe no tenía pensado hablar con la prensa, sólo con los presidentes. Sin embargo, ayer el Salón Sur de la Casa Rosada se había preparado como para una conferencia. Resultó un fiasco. Uribe apareció junto al canciller Jorge Taiana para contar que había mantenido con Cristina Kirchner “una reunión amplia en la que se trataron temas bien importantes”. Agradeció a la Presidenta por recibirlo y mandó un saludo al pueblo argentino. En total, habló unos 40 segundos.

La reunión, en cambio, duró una hora y cuarto. Uribe estuvo acompañado por su canciller Jaime Bermúdez. A la izquierda de Cristina Kirchner se sentó Taiana. Apenas terminó, Uribe salió rumbo al aeropuerto para seguir viaje a Paraguay, donde se entrevistó ayer mismo con Fernando Lugo. Por la mañana se había reunido en Santiago de Chile con Bachelet.

Según el relato de una alta fuente del Gobierno, Cristina Kirchner le preguntó a Uribe si era necesario ampliar el llamado Plan Colombia –de asistencia militar norteamericana– en estos términos. Basándose en las propias afirmaciones del presidente colombiano, recordó que las FARC fueron reducidas y están prácticamente desarticuladas. Uribe habló entonces del problema que planteaba el tráfico de 500 toneladas de cocaína y también hizo un descargo. Por ejemplo, que lo que será instalado no serán exactamente bases militares. “¿Y qué son?”, le preguntó la Presidenta. Uribe prometió hacerle llegar una copia del tratado firmado para que vea las condiciones del acuerdo. También sostuvo que los militares norteamericanos estarán bajo las órdenes de los colombianos. “Vamos, en ningún lugar del mundo un general Fernández le da órdenes a un general Johnson”, bromeó Cristina.

Otro punto que le preocupó a la Presidenta fue la exigencia de inmunidad jurídica que exigen las tropas norteamericanas para viajar, un dato que alguna vez frustró un ejercicio combinado en el país. Pero en lo que más insistió fue en que se debía buscar la manera de bajar el nivel de conflictividad de la región y extremar los recaudos para no elevarla. “Lo de las bases es una bomba de tiempo, ¿qué pasaría si uno de estos militares norteamericanos cruza la frontera y entra a Venezuela?”, se preguntaban en Gobierno.

La Presidenta también le recordó a Uribe que no habían sido buenas las experiencias en cuestión de bases norteamericanas en la región. Pero el colombiano subrayó que el Tratado en el que se basaba esa asistencia era de 1952 y que no estaba en sus planes revisarlo. “Echémosle cabeza”, insistió Uribe, para que le encontraran la vuelta a la cuestión. Igual, no quedó claro cómo. En la Rosada concluían que si Colombia no cedía algo se instalaría como un factor de conflicto en la región. “Es clave que cedan”, marcaban.

Por Fernando Cibeira

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