Sí se puede: los movimientos vuelven a la calle en Brasil

Los movimientos sociales brasileños están recuperando las calles durante el primer mes del gobierno de Jair Bolsonaro. Entre el 10 de enero y el 5 de febrero el Movimiento Pase Libre (MPL) realizó cinco manifestaciones en Sao Paulo, en pleno verano, contra el aumento de la tarifa del autobús a 4,30 reales (1,2 dólares o 23 pesos mexicanos ¡cada trayecto!). Lo que supone que una parte considerable del salario mínimo debe ser invertido para moverse por la ciudad.


Recordemos que el MPL fue el movimiento que protagonizó las jornadas de Junio de 2013, protestando contra el aumento del transporte en plena Copa de las Confederaciones, y demandando por el acceso igualitario a la ciudad. Sao Paulo tiene más de 300 helipuertos utilizados por la elite empresaria, mientras la población trabajadora debe gastar entre 3 y 4 dólares diarios y cuatro a cinco horas para transportarse en la megalópolis.


Cinco años atrás las movilizaciones del MPL fueron duramente reprimidas y en respuesta salieron a la calle 20 millones de personas durante el mes de junio, protestando contra la desigualdad. La derecha tuvo la capacidad de montarse sobre la oleada de descontento, mientras la izquierda estaba desconcertada, y aprovechó la coyuntura para desestabilizar al gobierno de Dilma Rousseff.


Ahora el MPL vuelve a las calles, que en realidad nunca abandonó. Las cinco manifestaciones tuvieron características comunes, que se pueden seguir en las crónicas del artista plástico e historiador Gavin Adams (https://outraspalavras.net/author/gavinadams/).,


La primera es que participan mayoritariamente jóvenes, varones y mujeres, en general estudiantes activistas. La segunda es la masiva presencia policial, con tanques anti-disturbios llamados caveiroes (por la calavera pintada que tienen), blindados que se usan habitualmente en las favelas. También había soldados, motocicletas y coches policiales, en un despliegue intimidatorio evidente. La represión con balas de goma y gases lacrimógenos fue constante asícomo los cercos a los manifestantes (kettling, una técnica inaugurada en Brasil durante el Mundial de Fútbol 2014 por el gobierno de Dilma), que inmovilizan cientos de personas.


La tercera es que las manifestaciones fueron combativas, tanto por los lemas que se coreaban como por haber hecho frente a la policía, con firmeza y serenidad. Los jóvenes se dispersan en pequeños grupos, para evitar que nadie quede aislado y sea víctima de los verdes.


La cuarta es que las marchas oscilaron entre 500 y 15 mil personas, cifras importantes en el verano paulista y, sobre todo, ante el clima de furor bolsonarista que se respira en Brasil. Son militantes organizados, que están dispuestos a salir a la calle contra viento y marea, desafiando el aislamiento y la represión.


El hecho del que el MPL retorne con fuerza a la calle, contribuye a animar a otros colectivos. El día de la cuarta marcha, a fines de enero, había cuatro movilizaciones: la del MPL; otra contra el desastre de la minera Vale en Brumadinho que costó la vida de 300 personas entre muertos y desaparecidos bajo el barro; un acto de los Sin Techo (MTST) por el derecho a la vivienda; y otro de apoyo al diputado Jean Wyllys, que desistió del cargo por estar amenazado por los paramiliatres que ya asesinaron a su compañera de partido, Marielle Franco.
Es interesante constara cómo la derecha ya no puede convocar masas a sus actos. En enero realizaron también una concentración en Sao Paulo contra Renán Calheiros, un ex aliado de Lula que era candidato a encabezar el senado. Convocada por el grupo Vem Pra Rua, que cuatro años atrás sacaba millones a las calles, apenas acudieron 150 manifestantes. En contrate, la manifestación en defensa de los pueblos indígenas, cuyos territorios están en la mira del gobierno, agrupó más de dos mil personas


La última cuestión es sin duda la más importante. Luego de la quinta manifestación el MPL decidió cerrar el ciclo de actividades en el centro de la ciudad para trasladarse a los barrios. Algo así ya hicieron varios grupos del MPL en la decena de ciudades donde actúan, luego de que la derecha copara las marchas en 2013. Sin embargo, es una decisión de profundo contenido político, que muestra los objetivos a largo plazo de movimiento: organizar a las camadas más pobres en sus propios territorios, allí donde no llegan ni los sindicatos ni los partidos de izquierda, pero sí los evangélicos y las milicias paramilitares.


El MPL está articulando las luchas del pasado con las que están naciendo y se proyectan hacia el futuro, en un arduo trabajo de organización pero también mostrando que es posible tomar la iniciativa aunque los analistas y los políticos de arriba digan que no hay condiciones para ello. Todo un ejemplo de ética abajo y a la izquierda, que está abriendo los senderosdel futuro.


11 febrero 2019

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Lunes, 11 Febrero 2019 19:17

Lucha de clases en Francia, año 2019

Y de repente, en la amable coreografía de la alternancia en el poder republicano de dos fracciones civilizadamente enfrentadas –conservadores versus progresistas, por ejemplo– de la misma clase social, irrumpe un actor impresentable. Francia siempre supo de estos estallidos que escalan a veces a revoluciones (1789, 1830, 1848, 1871...). Hoy los “chalecos amarillos”, cansados de tantas injusticias, pretenden que la historia reinicie su marcha.

Sábado, 09 Febrero 2019 06:36

El tuerto rey

El tuerto rey

Llevan tres meses manifestándose contra el gobierno de Emmanuel Macron y a muchos de ellos se les han mutilado ojos, pies y manos en una represión brutal. El sábado pasado marcharon sobre todo contra el uso de los lanzadores de balas defensivas, con los que las “fuerzas del orden” francesas atacan a los manifestantes con una violencia inédita desde 

 

Con ese inoxidable don francés gracias al que existir y representar la existencia se enlazan y borran precedencias o jerarquías, el sábado pasado tuvo lugar el llamado “acto XII” de las protestas de los chalecos amarillos. En este caso, la denominación teatral dada a cada una de las movilizaciones de quienes desde hace tres meses llevan adelante una sabatina (re)presentación de su determinación política estuvo más justificada que de costumbre.


En esta oportunidad, falsos y verdaderos heridos desfilaban para representar la saña represiva; los falsos, disfrazados y maquillados con ojos emparchados y mejillas sangrantes de ketchup, representaban a los numerosos heridos por aproximadamente 1.900 chalecos amarillos. Porque sucede que Macron –“elegido” con el argumento extorsivo que supuso declarar preferible cualquier cosa antes que el “fascismo” de Marine Le Pen– resultó ser un presidente golpeador, que ataca a los manifestantes con una violencia inédita desde 1968.


En particular, heridos e ilesos denuncian el uso de las púdicamente llamadas “armas intermediarias” (es decir, entre los cachiporrazos y los balazos), que, prohibidas en varios países de la Unión Europea, están permitidas en Francia, país en el que su stock crece, sobre todo si se trata de los lanzadores de balas defensivas (Lbd, variante de las flash-balls), ahora lanzadas con el beneplácito del Consejo de Estado, que el viernes 1 de febrero confirmó estar conforme con su uso, a pesar de los pedidos de supresión formulados por varios organismos de derechos humanos. El tiro tendido, en lugar de parabólico, de las granadas lacrimógenas y los Lbd supuestamente reservados para defender la integridad física de los policías fueron usados contra manifestantes notoriamente pacifistas, como sucedió el sábado 26 de enero con Jérôme Rodrigues, un chaleco amarillo que recibió un tiro de un Lbd en un ojo, mientras invitaba a sus compañeros a retirarse hacia lugares sin black blocksa la vista. A fines de diciembre, en la ciudad de Marsella, mientras intentaba cerrar las persianas de su casa para protegerse de los gases lacrimógenos lanzados contra los chalecos amarillos, Zineb Rom-dhane, de 80 años, recibió en su rostro impactos de granadas que le produjeron la muerte.

EN EL PAÍS DE LOS CIEGOS.


Una de las primeras víctimas de los Lbd fue en Nantes, en 2007, cuando un liceal de 16 años, que entonces se manifestaba contra la reforma universitaria (la ley Lru) directamente inspirada en el proceso de Bolonia y en la sujeción universitaria a criterios empresariales, recibió un tiro que le dejó el ojo, pero le llevó la vista. Hoy, entre los chalecos amarillos, es alto el número de a quienes se les han mutilado pies, manos y ojos, y los grupos de socorristas voluntarios que acompañan las movilizaciones sabatinas reparten ante cada carga policial gotas y dosis de suero fisiológico para calmar la vista en compota debido a los gases.


De ahí que entre los eslóganes fatídicamente ocurrentes de estos días figuren “en el país de los ciegos el tuerto es rey” o “esto es democracia, rompe los ojos”. La diversidad e inventiva de las consignas escandidas en grupo o inscriptas en un sinfín de soportes, que incluyen los chalecos amarillos propiamente dichos y banderolas de todo tipo y forma, muestra la extensión del hartazgo que en lo inmediato produjo Macron –someramente tratado de “presidente empleado de la banca Rothschild”– y que más profundamente produce un mundo que sólo ofrece trabajo y consumo, cuando ofrece algo.


Por esto, consignas que reclaman la reimplantación del impuesto a las fortunas, suprimido por Macron, o un sistema fiscal más justo, que permita una mejor redistribución de la riqueza, coexisten junto con consignas de mayor abstracción y alcance –“si no hay justicia, no hay paz”, “quien siembra vientos recoge tempestades”, “Macron, tu jihad contra los pobres no pasará”, “primer aviso en 2005, revolución en 2019”, “barrios populares y mundo rural”, “comé, adelgazá: la publicidad vuelve esquizofrénico”, “hermoso como una insurrección impura”, “Macron = Louis XVI”–, que muestran un mundo que ya no va, crecientemente inverosímil.

En ese elenco de denuncias, reivindicaciones, burlas y bravatas, se reserva un lugar notorio para la prensa y el sistema judicial, acusados de sumisión ante un Poder Ejecutivo omnipotente. De igual modo, el también inoxidable culto francés a la singularidad habilita a que cada uno diga lo suyo a propósito de lo que a todos involucra, y de esta manera se hacen presentes entre los manifestantes de los sábados en París los manifestantes de los viernes en Gaza.


UNA MULTITUD DE POSICIONES.


La decisión macroniana de ir a paso de carga contra los respetables restos del Estado de bienestar, que a la salida de la Segunda Guerra Mundial el gaullismo concedió a los comunistas para evitar un mal que imaginaban peor (una Francia bajo batuta soviética), y el palpable sinsentido de una vida en que el espíritu fue cooptado por las industrias culturales han logrado reunir un amplio arco de voluntades dispuestas a hacer de la calle, nuevamente, un lugar de encuentros ines-


perados, en los que el espíritu se pone de nuevo a soplar. La Navidad pasada hubo chalecos amarillos que prefirieron esperar la medianoche en el frío de las rotondas, compartiendo vituallas de supermercado, antes que abotagarse en los sofás delante de la tevé.


Ese arco que incluye a quienes blanden retratos del Che Guevara en rojo y negro y a quienes piden una fiscalidad más social no sólo es extenso, sino que además abarca una multitud de posiciones intermedias o ambiguas. La prensa que quisiera separar al buen chaleco amarillo pacifista y víctima del black block enteramente concentrado en su empresa de demolición suele ignorar a quienes, sin romper vidrieras ni mobiliario urbano, permanecen en la vuelta sin alejarse mucho de los “casseurs” (rompedores), que, uniformados de negro, se manifiestan con violencia.

POLICÍAS Y FLORES

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El sábado, horas después de que la Place de la République fuera desalojada por la Policía y el “acto XII” hubiera concluido, en el persistente tufo a gas lacrimógeno, un policía de una compañía Crs (compañías republicanas de seguridad), antaño temible y hoy superada en ferocidad por otros cuerpos policiales, intentaba obsequiar un ramo de flores a una transeúnte, mientras explicaba que, al recibirlas de regalo de manos de un chaleco amarillo, había dicho que se las ofrecería a alguna señora.


Y aunque en la víspera de la manifestación en las redes sociales se había instado a demostrar un ánimo fraterno con las “fuerzas del orden” llevándoles flores, y aunque haya quienes opinen que entre los Crs hoy hay unos cuantos que están a un paso de vestir chaleco amarillo, lo que más se oyó el sábado fue: “Todo el mundo detesta a la Policía”, eslogan escandido junto o separado de: “París, levantate, sublevate”.


En el paro general y la manifestación por la Rue de Rivoli que partieron en dos la tarde del martes, confluyeron los convocantes sindicales Cgt y Sud más una pléyade de grupos trotskistas, ecologistas, anarquistas y de chalecos amarillos. Las consignas ocurrentes volvieron a florearse, aunque probablemente la que mejor resume ese encuentro sea “fin de mes, fin del mundo”: la dificultad de tantos de llegar a fin de mes no es ajena a las dificultades planetarias, puesto que se trata del mismo sistema que depreda por igual vidas humanas y sistemas ecológicos.

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Chalecos amarillos lanzan marcha pacifista de Marsella a París

Integrantes del movimiento de los chalecos amarillos en Francia anunciaron que realizarán una marcha pacifista desde Marsella (sur) hasta esta capital, una nueva iniciativa dirigida a reforzar la movilización en el país.


En conferencia de prensa, los organizadores detallaron que un primer grupo de seis activistas partirá el domingo de la comuna de Boulou, en la frontera con España, y el 16 de febrero saldrá una decena de personas de la ciudad costera de Marsella.


Ambos cortejos convergerán el 19 de febrero en Avignon para continuar juntos la marcha hasta París, a donde pretender llegar el 17 de marzo.


Según las precisiones ofrecidas, el objetivo es que se sumen más chalecos amarillos procedentes de otros departamentos.


‘Estamos en contacto con grupos que saldrán de Bretaña, de Dunkerque, de Bordeaux, de Estrasburgo, para que se unan a nosotros’, indicó Sarah Chabut, una de las promotoras.
El plan es hacer trayectos diarios de 25 a 35 kilómetros, y hospedarse en casa de integrantes del movimiento en cada localidad.


Con la marcha pacifista, los chalecos amarillos buscan reforzar la movilización en defensa de sus reclamos.


‘Queremos un referendo ciudadano sin restricciones, luchamos por la justicia social y fiscal, por la ecología, y para dar nuestro apoyo a los manifestantes víctimas de violencia policial y de decisiones abusivas de la justicia’, explicó la joven.


En noviembre de 2018 comenzó el movimiento de chalecos amarillos con protestas en todo el país y ya sumen 12 sábados consecutivos de acciones.


Aunque el origen de la movilización fue el aumento de precios del combustible decretado por el Ejecutivo, luego las reivindicaciones se ampliaron al aumento de impuestos en general y la pérdida del poder adquisitivo como resultado de la política gubernamental.


Los chalecos amarillos ahora reclaman también reformar la Constitución en aras de una democracia plena y que los ciudadanos tengan la posibilidad de pedir e impulsar la realización de referendos nacionales sobre temas relevantes.

8 febrero 2019 


(Con información de Prensa Latina)

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Otra política es posible: desde abajo y desde adentro

Asistimos a la larga noche de la historia, a una guerra contra la vida. Las posibilidades de seguir reproduciendo la vida material se agotan, pero también el imperio de muerte se está encargando de matar nuestra vitalidad espiritual, es decir, nuestra capacidad creadora para creer que se pueden construir otros mundos, maneras y modos de relacionarnos y de vivir.

En la película Matrix hay un diálogo al inicio en el cual Neo, el protagonista, debe elegir entre dos pastillas, es decir, entre seguir engañado o buscar la verdad de lo real, ¿qué es lo real? quizás lo más real es el dolor, nuestra historia arrastra un dolor estructural que urge ser sanado y reparado. Por lo que habría que preguntarnos si las instituciones sociales o sirven a la vida o deberían desaparecer, crearse otras. Ya sean formas de organización social económica, política, cultural… que dejen de fundarse en la violencia hacia el otro y pongan en el centro el cuidado de la vida.


El poder ha configurado una sociedad normalizada, se ha instalado en nuestras cabezas que la realidad no puede ser de otra manera. Nos han convencido que ya no hay nada que hacer. Pero donde hay poder siempre habrá resistencias, ahí donde se pone todo en cuestión, en interrogante, donde se politiza la realidad de la vida cotidiana, cuando asumimos que “lo personal es político”. Las búsquedas de sentido y de alternativas no son fáciles, ni únicas, ni tienen un sólo camino. Pero necesariamente tienen que partir de un suelo firme, es decir, desde la base misma de la sociedad, es ahí donde verdaderamente se tejen otras realidades, donde caminan resistencias, desde abajo y desde adentro.


El capitalismo se sostiene por una totalidad estructural, por un sistema de relaciones de poder (formas de organización económicas, jurídicas y culturales) que lo hacen posible y reproducen, que superan lo meramente político, y mucho más lo electoral. Para cambiar la realidad hay que cambiar esa totalidad estructural de relaciones de poder, pero esas contrahegemonías deben cocerse desde las micropolíticas de lo cotidiano, de lo personal, cambiando el miedo que paraliza por la inventiva colectiva y organizada para autogobernarse, generando poder que crea y no que niega, siendo concientes que para ser libres ninguna otra voluntad “de arriba” debe decidir sobre nuestras vidas. Por lo que, hay que generar una disputa de la hegemonía económica, política y cultural (la macropolítica), pero también desde nuestras relaciones cotidianas (la micropolítica).
Crisis civilizatoria/ crisis de ecodependencia e interdependencia


La racionalidad de la modernidad capitalista nos ha conducido a la actual crisis civilizatoria, es decir, una crisis de las relaciones de ecodependencia e interdependencia. La primera generada por una organización social dependiente de la energía fósil (“la sangre del capitalismo”) y de energías no renovables, esta forma de organización nos están llevando a los límites y extinción del planeta. La disputa por el control de los recursos naturales por parte de los poderosos, está provocando fuertes conflictos ambientales, desplazamientos de comunidades, migración, y muertes.


Deberíamos estar preocupadas/os por generar alternativas a la energía fósil, debatiendo como deberíamos de organizarnos socialmente para vivir con menos uso de energías. Eso requiere apuestas y discusiones por ejemplo, cómo planificar un urbanismo menos dependiente de la energía fósil, apostarle a una agricultura ecológica y potenciar la soberanía alimentaria de los pueblos, el comercio local y solidario, la apuesta por un transporte colectivo alternativo, el uso de la bicicleta, etc.


La ecofeminista Yayo Herrero [1] señala que la acumulación por desposesión no solo se está manifestando en la crisis ecológica, sino también en una deuda de cuidados. Es decir, en la actual configuración laboral capitalista, exige menos disponibilidad de tiempo para cuidar. Únicamente quienes tienen privilegios pueden asegurar pagar más cuidados, además desde la división internacional del trabajo se transfiere trabajos de cuidados de las mujeres pobres del sur global al norte global. El modelo de vida urbana, las relaciones patriarcales entre hombres y mujeres, está dificultando la satisfacción de las necesidades de cuidados, creando un ‘lumpenproletariado’ femenino.


Además, la creciente precarización de la vida generada por la globalización neoliberal está generando masivos procesos migratorios globales. La influencia que los fundamentalismos religiosos están ganando en los Estados está dando auge a una nueva ola de extremas derechas y de odio al diferente, al otro. Sobre todo odio al migrante, a la comunidad LGBTI, al cuerpo de las mujeres.


En ese sentido señala Segales que este escenario “ reconfigura también la dicotomía izquierda-derecha, situando a la política en la necesaria tematización de proyectos nacionales post-occidentales.” [2] Es decir, la pregunta es cómo generar proyectos de vida colectiva para el 99% sobrante del poder financiero global, proyectos que frenen la lógica suicida del capitalismo.


¿Son posibles los encuentros entre la macropolítica estatal y las micropolíticas emancipadoras?


Como ya lo he manifestado en varias ocasiones, creo que los pilares que sostienen un cambio verdadero de la realidad por una diferente es la que se construye en el seno de la sociedad, que se construyen desde el margen, desde las orillas, desde el corazón sufriente y rebelde de los más pobres y desfavorecidos,

desde la organización del dolor y la rabia, desde la construcción de relaciones populares de poder, desde la organización barrial, asamblearia, colectiva, desde abajo y desde adentro.
En un segundo lugar queda para mí la lucha desde arriba “por hacerse del Estado”, si bien puede ser útil y hasta emancipatorio si obedece al poder popular, al mandar obedeciendo, sólo contribuye a mitigar el avance del imperio de muerte, muy importante si, pero no crea nuevas maneras de relaciones sociales y humanas, económicas, políticas, culturales. Si no hay lo primero lo segundo se cae, así ha sido. La pregunta es cómo las luchas desde arriba, por hacerse del Estado, confluyen con la lucha por la construcción de poder desde abajo, para fortalecerlo y no para debilitarlo. Es necesario generar poder popular desde lo local a lo global, como lo hace la Vía Campesina, o el movimiento feminista internacional Ni Una Menos, o el movimiento por el comercio justo, por mencionar unos ejemplos.


Frente al desencanto, la alegre rebeldía organizada


Existen alternativas. Por ejemplo desde lo económico pasa por como sociedad debatamos sobre qué producciones necesitamos, qué trabajos necesitamos, y eso pasa por definir cuáles son nuestras necesidades principales, y no confundirlas con satisfactores o deseos ilimitados. Necesitamos una reorganización del trabajo que ponga en el centro el cuidado de la vida.
Necesitamos de procesos de pedagogías populares en las comunidades, en las calles, en las plazas. Necesitamos de los conocimientos campesinos para enfrentar la crisis ecológica, una reorganización del trabajo de cuidados, que los hombres cuiden más. Necesitamos generar procesos de sanación colectiva, de fortalecimiento de vínculos, de cuidado de lo común, de dedicar tiempo al goce y al juego, como principio ético y político. Así enfrentamos la guerra contra la vida.


Frente al miedo la alegre rebeldía, la organización. Yo creo que la palanca del capitalismo puede ser detenida, pero requerirá de los lazos de solidaridad colectiva, de fortalecer la organización popular, de las luchas de la vida cotidiana, politizando lo personal, de nuestra inventiva creativa, y nuestras mejores energías humanas que sepamos generar.


Los poderosos nos quieren tristes, enojados, desmovilizados, sin esperanza, peleándonos pobres contra pobres, en guerra, ante esto debemos responder con la alegre rebeldía, con la afirmación de la vida. Otra realidad es posible, pero las esperanzas hay que buscarlas en otra parte, no desde arriba, sino desde la política que se construye desde abajo y desde adentro de la sociedad y desde el corazón humano mismo.


“Vengo de una tierra a la que le sobra corazón y voluntad” [3]


Notas:


[1] Herrero, Yayo. “El reto de reorganizar la vida en común”, 2 de octubre de 2018. En: https://temas.publico.es/precarios-del-mundo/2018/10/02/el-reto-de-reorganizar-la-vida-en-comun/?doing_wp_cron=1548981348.1290500164031982421875
[2] Bautista Segales, Rafael. “¿Golpe en venezuela o definición del cisma geopolítico global?”, 26 de enero de 2019. En: https://publicar.argentina.indymedia.org/?p=1433&fbclid=IwAR3JdIrzle15Vmr0XxSE_pRYu93A6BbucTOacmPNppBbavaUzX8spOnnX9s
[3] Marta Goméz, Canción: Confesión. En: https://www.youtube.com/watch?v=aavxgUxDD4Y

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Domingo, 03 Febrero 2019 05:36

Nuevos aires para los WikiLeaks

Nuevos aires para los WikiLeaks

Ante las restricciones que le impuso la embajada ecuatoriana, donde se encuentra asilado, Julian Assange, fundador de WikiLeaks, nombró en septiembre al periodista islandés Kristinn Hrafnssn para reemplazarlo como editor en jefe.

Tic toc tic toc. Pasan las horas los días los meses los años y la vista no cambia: abajo la calle, enfrente un gran edificio de ladrillos rojos expuestos. Una pared roja con agujeros de vidrio en el coqueto barrio londinense de Knightsbridge. Desde de su ventana de planta baja Julian Assange no alcanza a ver el cielo. Sólo ladrillos que nunca cambian de lugar. Cada tanto pispea por si los ladrillos se han movido, jugando con su mente para combatir la monotonía. Pero todo sigue igual. Hace más de seis años que el fundador del icónico sitio de megafiltraciones, WikiLeaks, vive en los confines de la embajada ecuatoriana de la capital británica, encerrado en dos cuartos chicos, una despensa, un bañito y un comedor.


No le gusta quedarse mucho tiempo mirando la ventana. Tiene miedo que le acierte un francotirador. Colecciona amenazas de muerte por internet y se las toma en serio. La embajada tiene un balcón. Lo ha usado pero apenas, siempre bajo estrictas medidas de seguridad, ya sea para hacer un anuncio importante o para mostrarse con alguna figura. Fueron las únicas veces que sintió el aire fresco en la cara y que pudo ver la luz del sol. En las fotos de balcón se le ven las mejillas rosadas y los ojos chiquitos.


Su situación es delicada en varios frentes. Necesita ir urgente al dentista para que le saque una muela que se le quebró hace más de dos años. Tiene un brazo que no puede levantar mas allá de su cintura y que ningún médico revisó a fondo, ya sea con una resonancia magnética o con una ecografía. Está pálido y flaco por la condiciones de su encierro, ni hablar de sus batallas en todos los frentes imaginables, necesita asistencia psicológica. También tiene a su cargo el cuidado e higiene de un gato, con el que comparte espacios, decisión de la que probablemente hoy se arrepiente, por más que su “Embassy Cat” tenga miles de followers en Twitter.


Sin embargo, las autoridades británicas no le permiten visitar a una clínica para una extracción de muela o para una resonancia de hombro, ni le permiten caminar una hora por día en un patio interno adyacente a la embajada, tal como han pedido los abogados del editor australiano para evitar que su salud no se siga deteriorando. Para la justicia británica Assange es un prófugo que violó su libertad condicional, ya que no reconocen el asilo que le dio Ecuador. Assange, que vivía en un régimen de libertad vigilada debido a un pedido de captura de Suecia, solicitó asilo después de que la corte suprema británica fallara 3-2 en su contra y le ordenara entregarse a las autoridades.


Hoy día Assange no tiene más problemas con la justicia sueca. Durante años una fiscal pidió su detención para ser investigado por un presunto delito sexual, pero el caso fue archivado en mayo de 2017 sin que mediara una acusación formal. Más allá de esa circunstancia, ni bien Assange salga de la embajada será arrestado por la justicia británica. En ese país evadir a la justicia no es un crimen demasiado pesado. Tiene hasta un año de castigo y casi siempre se paga con multa. El problema para Assange es que al momento de ser detenidoquedaría a tiro de extradición de Estados Unidos, donde en Arlington, Virginia, un Gran Jurado ha presentado cargos formales en su contra por las megafiltraciones de 2010 y 2011 de despachos de guerra y cables diplomáticos. La ley de Virginia permite que los cargos formulados por un Gran Jurado permanezcan “sellados” o bajo secreto de sumario hasta que el fiscal los haga públicos, cuestión que generalmente ocurre justo antes de la detención, para no perder el elemento sorpresa. Por lo tanto Assange y sus abogados creen que si cae detenido en Gran Bretaña aunque sea por unas horas sería se pondría en marcha un mecanismo para retenerlo bajo custodia hasta ser enviado a Estados Unidos, donde sería acusado de traición y terrorismo y condenado a varias décadas de prisión.


Desde el punto de vista político la situación de Assange también es harto complicada. Si bien obtuvo un gran triunfo diplomático tres años atrás cuando un panel de Naciones Unidas dictaminó que él era un preso político de Gran Bretaña y Suecia, su situación no mejoró, sino más bien lo contrario. Al año siguiente Lenin Moreno reemplazó a Rafael Correa en la presidencia de Ecuador y Assange perdió el apoyo del gobierno ecuatoriano. Antes había perdido a su principal apoyo a nivel global, la Unasur de los líderes progresistas que entonces gobernaban la región. En una de sus primeras declaraciones Moreno dijo que Assange era un estorbo y que debía entregarse a los ingleses. La relación con la Foreign Office británica nunca fue buena. Un eventual ascenso al poder del laborista Corbyn podría destrabar la situación, ya que Corbyn estaría dispuesto a ofrecer las garantías de no ser extraditado que Assange exige para entregarse. Pero ya van seis años tic tac tic tac y por ahora siguen gobernando los conservadores.


La relación con Estdos Unidos tampoco es buena. Al principio Trump había elogiado a WikiLeaks por las megafiltraciones sobre Hillary Clinton que lo ayudaron a vencer a su rival demócrata en las presidenciales del 2016. Pero todo cambió cuando WikiLeaks siguió publicando secretos de la CIA de Trump en dos megafiltraciones llamadas Vault 7 y Vault 8. Ahí el residente de la Casa Blanca, con los halcones revoloteando, cambió de canción y le ordenó públicamente a su entonces fiscal general, Jeff Sessions, que acelere las causa contra Assange y WikiLeaks.


La situación de Assange empeoró aún más a mediados del año pasado cuando a través de Twitter apoyó al independentismo catalán, al que llamó a perfeccionar sus redes informáticas. Los consejos públicos de Assange provocaron la reacción de varios países de la Unión Europea con problemas de separatismos varios, que se sumaron a la larga lista de enemigos de WikiLeaks. Esa lista, con el Pentágono y el Departamento de Estado a la cabeza, también se había el enojo de Rusia al sumar publicar los Emails de Bashir Al Assad con funcionarios rusos en 2017 y sobre todo el año pasado, cuando sumó un capítulo con firmas rusas a su famoso archivo de “Spy Files” dedicado a los agentes y equipos de espionaje en venta a través de contratistas privados. De China ni hablar, WikiLeaks.com está prohibida desde hace años por viejas revelaciones.


En medio de ese frágil tablero, con pocos apoyos y muchos frentes abiertos, los tuits sobre Cataluña gatillaron una reacción en cadena. Ante las quejas europeas la embajada ecuatoriana, bajo estrictas órdenes de Quito, tomó medidas drásticas. Le prohibió a Assange recibir visitas salvo sus abogados, le prohibió hacer declaraciones públicas sobre países “amigos” de Ecuador (o sea, prácticamente todos) y le cortó el acceso a internet. Hasta obligó a sus abogados a dejar los celulares en la puerta de la embajada.


Ante semejante emergencia Assange también tomó medidas drásticas y en septiembre del año pasado nombró al periodista islandés Kristinn Hrafnssn para reemplazarlo como editor en jefe de WikiLeaks.


Desde entonces no es mucho lo que ha cambiado. Assange sigue en un limbo jurídico y político mientras su salud se deteriora y sus anfitriones parecen perder la paciencia. Y WikiLeaks bajo Hrafnssn sigue publicando documentos secretos con impacto global. La última filtración, del martes pasado, revela comunicaciones secretas entre el Papa Francisco, un arzobispo y los principales líderes de la Orden de Malta, una de las instituciones más antiguas e influyentes de la Iglesia Católica. Los textos muestran que Francisco pidió que desplacen a un alto funcionario de la orden por repartir preservativos en Africa.


El mes pasado, también bajo la edición general de Hrafnsnn, WikiLeaks publicó las ubicaciones en la nube de los servidores que utiliza para guardar datos la empresa Amazon, que además de vender libros online es contratista del Pentágono. Ya en octubre el periodista islandés había debutado como editor general de WikiLeaks con un documento secreto de un abitraje por una venta de armas de Francia a Emiratos Arabes.


Hrafnssn había sido vocero de WikiLeaks desde el 2010. Durante ese período fue la cara pública de la publicación, una especie de embajador intinerante y portavoz del sitio de publicaciones, participando en diversos programas y congresos de periodismo, libertad de expresión y ciberdemocracia en distintos foros académicos, sociales y políticos por todo el mundo. Es uno de los poquísimos miembros de WikiLeaks que figuran como tales con nombre y apellido. De larga y reconocida trayectoria, antes de su trabajo con Assange, la Unión Nacional de Periodistas de su país lo había nombrado tres veces Periodista del Año por diversas investigaciones en su programa de tevé “Kompás”. Su primer trabajo para WikiLeaks fue completar la investigación y editar en el 2010 el famoso video “Asesinato Colateral” que muestra, con un audio escalofriante de los verdugos, cómo un helicóptero artillado estadounidense ametralla a un fotógrafo de Reuters y luego a un grupo de personas que intenta asistirlo en Baghdad, en julio del 2007.


Hrafnssn es flaco, alto, rubio ceniza, ojos celeste hielo, sonrisa afable, voz fuerte y clara, amistoso pero impenetrable. Al teléfono desde Reykiavik, mientras espera que la situación de Assange se resuelva en cualquier momento, cuenta las últimas novedades.


–¿Cómo está Assange?


–No está bien. Tantos años de encierro le están pasando factura. Su salud está peor, necesita atención médica urgente. Es absolutamente vergonzoso que el gobierno británico le niegue un salvoconducto y no reconzca su condición de asilado.


–¿Cuándo fue la última vez que lo vio?


–Hace un mes. Ahora han relajado la situación y se le permite recibir algunas visitas. También le han devuelto el acceso a Internet, pero sus condiciones de vida siguen siendo muy restrictivas. El embajador debe aprobar cada contacto y sé que muchos pedidos han sido denegados. Además lo vigilan las 24 horas.


–¿Cómo fue que usted asumido la dirección de WikiLeaks?


–Fue en esa época en que no tenía acceso a visitas o a Internet. Me pidió que asuma este rol porque tenía demasiados problemas. Nosotros venimos trabajando juntos desde el 2009 y no tuve problemas en decirle que sí. En este momento Julian está ocupado con su procesamiento en Virgina, que incluye miles de documentos y el testimonio de decenas de personas. Es un procesamiento absurdo porque tengo entendido que abarca las publicaciones del 2010 y el 2011. Esas filtraciones fueron compartidas y divulgas por decenas de medios de comunicación del mundo, incluyendo el suyo. Me da intriga saber qué va a hacer el Gran Jurado con los medios y periodistas que colaboraron con WikiLeaks.


–¿No le parece irónico que Assange, para muchos un ícono de la libertad de expresión, es quizás hoy la persona con menos libertad de expresión del mundo?


–Sí, es una ironía muy oscura. Lo que más me duele es que los periodistas no ven o no parece importarles la gravedad de la situación. Es una gran tragedia para toda la sociedad que un periodista esté encerrado por hacer su trabajo, que es revelar verdades y exponer la malicia de alguna gente.


–¿Cómo es WikiLeaks bajo su dirección editorial?


–Seguimos el mismo camino y no habrá cambios dramáticos. El modelo es muy simple, funciona muy bien y no es fácil cerrarlo (se refiere al sistema de recolección de datos que no puede ser rastreado y a la red de servidores espejo repartidos por el mundo para resistir ataques cibernéticos). Podrá haber ajustes menores porque Julian y yo tenemos personalidades distintas, pero en lo editorial mantenemos la misma estrategia y esperamos seguir publicando información útil.


Y mientras tanto, en la embajada, el tiempo no para de pasar, demasiado rápido, como escurriéndose de las manos. Pasan los presidentes, las filtraciones, las intrigas diplomáticas y las causas judiciales. Las noches de desvelo online con los cyberpunks, las interminables reuniones con los abogados. Las visitas de Pamela Anderson y las de su papá. Todo pasa delante de los ojos de como si fuera una película interminable. Por eso cada tanto mira por la ventana. Los ladrillos no cambian. Siguen ahí.


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Códigos, protocolos, y redes para la libertad

Internet*, en sus orígenes, amplió nuestra capacidad para comunicarnos y acceder a información a una escala global. Pero ahora la Red está controlada de forma masiva, centralizada y jerárquica. Los beneficios y el conocimiento que se extraen de nuestras comunicaciones se concentran en pocas empresas. Lo han logrado cerrando y privatizando el código informático, que antes era abierto y libre.


[No hacemos diferencia entre la Red de redes (WWW) e Internet, porque la mayoría de la gente las identifica. La WWW (World Wide Web) es un conjunto de protocolos que permite consultar páginas web y archivos. Internet es su medio de transmisión: un conjunto de redes de comunicación que utilizan protocolos TCP/IP que garantizan que las diferentes redes funcionen como una red única.]


La aparente complejidad tecnológica intimida a la población. Resulta increíble que usemos tantos aparatos digitales y desde hace tanto tiempo desconociendo el código, el protocolo informático y la arquitectura de las redes. Sirven para filtrar y sesgar los flujos comunicativos de las verdaderas redes sociales. Las formatean para que difundan publicidad. Interfieren en ellas por la configuración por defecto de las herramientas. Y realizan funciones que no hemos autorizado, no deseamos ni necesitamos.


Los programas informáticos realizan muchas tareas “invisibles”. Mientras tecleo, el procesador de texto guarda copias con mis metadatos (que me identifican), recuerda las palabras que uso, me sugiere otras … A veces pone puntos y mayúsculas, guiones y espacios donde no quiero. Pensemos, entonces, lo que las empresas pueden hacer si usan código cerrado (que no podemos conocer ni alterar).


Si delegamos en una empresa la tarea de tejer nuestras redes, le transferimos un poder enorme: impone su código o lenguaje. Y, además, su protocolo: las reglas y normas que permiten que varias personas o máquinas se comuniquen entre sí. Darle a la industria la capacidad de configurar nuestras redes sociales es como dejarle al jefe decidir si nos casamos. Si somos mujer, está claro que intentará disuadirnos para no pagar una baja de maternidad.


En la mayoría de las culturas, la red social más fuerte es la familia. Su importancia se manifiesta con un código y un protocolo bien estipulados. Hasta hace poco, una red familiar nacía del nodo de un matrimonio, firmado con el código heterosexual (hombre-mujer). La gente se casaba siguiendo el protocolo del noviazgo formal y la petición de mano a los padres de la novia. Y acababa en la boda con el cura, que cerraba el protocolo aplicando el código patriarcal (el padre-macho manda).


Además del código y del protocolo, la arquitectura de una red informática concentra o distribuye poder. Una familia tradicional puede dibujarse como una red centralizada. Todo pasa por el nodo central, que hace y deshace a su antojo. El padre controla los flujos de información. El resto de miembros, aunque hablen a sus espaldas, acata su palabra. La última decisión es suya o, en su ausencia, de la madre viuda. Si los progenitores mueren, puede producirse una desconexión de los otros nodos; por ejemplo, los hijos se dejan de hablar por la herencia. La familia tradicional encaja en el esquema de las redes centralizadas como Facebook. El Padre o Hermano Mayor ocupa el centro en ellas.


Frente a las redes centralizadas, pueden construirse redes distribuidas. El control pasa a todos los nodos conectados. Ninguno puede interrumpir la comunicación del resto. Están conectados entre sí y en pie de igualdad. No hay jerarquías sino horizontalidad. Era la arquitectura de la Internet originaria, que desapareció al ser conquistada por los estados y las empresas. Las corporaciones cerraron el código, impusieron el protocolo publicitario y privatizaron nuestra información.


El código patriarcal estaba claro. Se aprendía en la familia, la escuela y la parroquia. Después, también se aplicaba en el juzgado. Conociéndolo, podías seguirlo o saltártelo, sabiendo las consecuencias de esas decisiones. Pero era un código cerrado y no libre. No se podía cambiar ni adaptar. O lo acatabas o te quedabas “solo”; es decir, soltero o solterona, que sonaba peor.


Otras formas de amor han abierto el código y el protocolo del matrimonio. Lo hackearon, modificándolo para expresar otros afectos y formar nuevas unidades familiares. Al “abrirlo” permitieron que otras personas lo usaran para tejer matrimonios no heterosexuales. Y redes familiares menos dependientes del nodo central. En Internet ha ocurrido lo contrario: del amor libre entre iguales hemos pasado al matrimonio de conveniencia. Si no estás en las redes, no ligas. Y si ligas, será con códigos y protocolos publicitarios: vendiendo y comprando afectos en el mercado de “megustas”.


Cuando, además de abierto, el código informático es libre puede usarse, modificarse y distribuirse gratis. La potencia que desata tiene consecuencias inimaginables e impredecibles. Ya no digamos si lo adoptan los sectores sociales más dinámicos y jóvenes. El movimiento de los Indignados o 15M cobró fuerza en la red N-1. Era la aplicación libre y en abierto de Diáspora, una plataforma que habían programado tres estudiantes norteamericanos como proyecto de fin de carrera. Querían competir con Facebook. La diseñaron para que cualquier usuario controlase en todo momento qué información compartía y con quién. Fomentaba grupos de afinidad con objetivos colectivos y más allá de la Red.


El Partido X, surgido del 15M, pretendía transplantar su código a las instituciones. Intentó hackearlas: abrirlas para acabar con la corrupción y liberarlas, ponerlas al alcance de la mayoría social para que pudiese participar activamente en las cuestiones públicas.


Siendo vitales para el arranque y la ideología del 15M, las herramientas libres perdieron fuelle cuando el movimiento abrió cuentas en Facebook y Twitter. Ciertos portavoces centralizaron la comunicación. Las jerarquías tomaron cuerpo cuando los indignados relegaron el objetivo de coordinarse y se centraron en hacerse visibles. Pusieron su energía en las grandes redes, porque reunían muchos usuarios. El coste que pagaron fue que los activistas más dispuestos a trabajar a pie de calle perdieron peso.


Los ciberactivistas saben que necesitan redes propias. Como dicen en las escuelas de negocios: “nunca construyas tu casa en la tierra de otro”. O como sabe cualquier empresario: “cuando montas el negocio en torno a Facebook, en última instancia trabajas para Facebook, no en tu empresa”. El activista Shaun King, de Black Lives Matter (Las vidas negras importan, contra la violencia policial racista) vio bloqueada su cuenta en Facebook en 2016. Publicó correos que había recibido con insultos xenófobos. Y creyeron que él era el autor.
King escribió indignado:
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“No cerraron mi página de Facebook. Cerraron su página de Facebook, la que a mí me dejan usar… Esto que tardó diez años en construir, esta comunidad de más de 800.000 personas… Pensar que apretando solo un botón se puede cerrar todo eso deja un sentimiento extraño”.
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La extrañeza responde a que el código que uno creía que daba libertad se ha cerrado tanto que ya no está en manos de quien la ejerce. Las cuentas, los mensajes que compartimos y nuestros contactos son propiedad privada de las redes. Y solo entienden el protocolo publicitario.


Los algoritmos censuran contenidos que espantan a usuarios. El cierre automático presuponía que la cuenta de S. King pertenecía a un racista. La plataforma no concibe que la xenofobia se combata poniéndola en evidencia. Exponiendo que rezuma ignorancia e inseguridad. Apenas disimuladas con odio y violencia. Los protocolos publicitarios solo conciben mensajes que buscan aceptación y adeptos. Y lo peor es que podemos acabar usando las redes así. De modo inconsciente, constante y sin otro objetivo que el autobombo. Entonces, en lugar de darnos poder, nos debilitan.


*La semana pasada poníamos el foco en el contro al que nos vemos sometidos por el uso de nuestros datos que realizan los estados y las corporaciones. En este capítulo, apuntamos hacia ejemplos de todo lo contrario, en los que la tecnología se ha utilizado con propósitos emancipadores. Continuamos el debate en n/vuestra web.
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Por Víctor Sampedro
Texto original: Víctor Sampedro

Edición y actualización: Pedro Fernández de Castro

Ilustraciones: Raúl Arias

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Francia: Chalecos Amarillos se autoproclaman presidentes y dan una semana a Macron para convocar a elecciones

31 de enero de 2019.- Ante las presiones que pretenden imponer los gobiernos de Alemania, España y Francia, los Chalecos Amarillos, se han pronunciado a través de su cuenta en la red social Twitter, donde exigen la renuncia del presidente francés, Emmanuel Macron, al mismo tiempo, que le dan un ultimátum, para que convoque elecciones en el plazo de una semana.

De igual forma, el movimiento masivo, ha cuestionado que el mandatario francés ocupe más tiempo en interferir en los asuntos internos de otras naciones, mientras en su país ha hecho caso omiso a las peticiones que han realizado miles de ciudadanos, quienes se ven ahogados con sus políticas neoliberales.

“Chalecos Amarillos se autoproclama presidente de Francia en Acte XI y dan una semana a Emmanuel Macron para convocar elecciones en Francia, aprobar el RIC y responder ante el pueblo por la represion sufrida bajo su mandato”, indicó el movimiento.

Por su parte, el embajador ruso ante la Organización de Naciones Unidas, Vasili Nebenzia, tildó de “ridículo” el plazo de 8 días que han dado los Gobiernos de Alemania, Francia, Reino Unido y los Países Bajos, para que Venezuela realice elecciones, como una manera de presionar al mandatario constitucional Nicolás Maduro.

“¿Cómo reaccionarían si Rusia propusiera abordar en el Consejo de Seguridad la situación en Francia y las protestas de los ‘chalecos amarillos”, que solo este fin de semana han sido 22.000 personas que salieron a las calles? ¿Lo considerarían como diplomacia preventiva? Quiero tranquilizar a la representante de Francia, no lo vamos a proponer. A diferencia de ustedes, no tratamos de reconocer o no reconocer a alguien, aunque sí reconocemos al Gobierno legítimo de Venezuela”, apuntó Nebenzia

Por: Resumen Latinoamericano | Jueves, 31/01/2019 10:10 AM |

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Jueves, 31 Enero 2019 06:06

El presidente 2.0

El presidente 2.0

Desde Caracas. El 30 de enero fue la confirmación del terreno inédito en el cual se encuentra Venezuela: cámaras de todo el mundo en busca del “presidente interino Guaidó”, una ciudad que debía desbordar de apoyo para hacer valer su deseo de que el “nuevo presidente” esté donde deba estar, es decir, en el Palacio de Miraflores. La realidad fue nuevamente desconcertante para quienes sostienen esa idea, fueron puñados –literalmente– de manifestantes, y una aparición escueta de Guaidó rodeado de unas cincuenta personas. Los periodistas de los grandes medios se miraban sin entender. 

¿Eso es todo? Solo pudieron realizar planos cortos.


En cambió Guaidó escribió en su Twitter: “Hoy #30Ene los venezolanos salimos nuevamente a alzar nuestra voz, a reencontrarnos en las calles y demostrar que podemos cambiar el país”. Más temprano había agradecido la llamada que le había realizado Donald Trump, quien, a su vez, había tuiteado para celebrar la movilización masiva de ayer.


La distancia entre la construcción internacional, de redes sociales, con lo que se vive en el país es inmensa. No sucede lo que debería suceder pasada una semana de la autoproclamación. Guaidó sigue sin territorio, sin poder mandar sobre nadie, sin ser reconocido internamente ni despertar el apoyo que debería, y más cerca del ridículo que del poder. La expresión venezolana para calificarlo sería “pote de humo”.


Sin embargo, este mismo 30 de enero el Parlamento Europeo avanzó en su desconocimiento de Nicolás Maduro, al afirmar a través de Antonio Tajani, que Guaidó pasó a ser “el único interlocutor”, y que a partir de hoy será reconocido como presidente. Junto a eso los salones diplomáticos continuaron su avance golpista, con la reunión de Julio Borges, diputado prófugo, con varios senadores en Estados Unidos. Borges asumirá la representación del “gobierno de Guaidó” ante el Grupo de Lima.


El destiempo se agranda. Cualquier persona que recorra Caracas con sentido común y honestidad no podría afirmar que está en un país quebrado donde una parte ha decidido avanzar en nombrar un nuevo presidente, y que ese gobierno tiene pie en alguna parte.


Esta situación indica dos puntos centrales. En primer lugar, corrobora que la construcción de Guaidó ha sido armada desde el inicio desde el exterior a través de una potente operación comunicacional y política. No se deben buscar respuestas, por ahora, en el plano nacional para comprender qué está por venir. Los pocos anuncios que ha hecho Guaidó han sido para lo internacional: nombrar representantes en diferentes países, recibir llamados desde los Estados Unidos, anunciar que se preparan para hacer ingresar la ayuda humanitaria.


Esto significa que el plan, y las hipótesis de lo que pueda estar por venir deben buscarse en los pasillos de la Casa Blanca. Cada día refuerza más esa tesis. La decisión y la conducción están afuera. ¿Cómo llegó la derecha a esta situación? Sería necesario realizar un análisis de los últimos años, su cúmulo de fracasos políticos, así como matrices político/culturales que provienen de décadas y siglos. Por otro lado, analizar la política actual de los EE.UU. respecto de América latina, su necesidad de construir un control sin fisuras con gobiernos como el de Mauricio Macri o Iván Duque, en un contexto de disputas geopolíticas que tienen su correlato en el continente, centralmente en las inversiones. En segundo lugar, que el cuadro nacional presenta una alta inestabilidad. El enfriamiento de la calle que siguió al 23 de enero no significa que no puedan retomar una serie de acciones. Lo más probable es que lo hagan cuando llegue la orden. Será a través de dos dimensiones.


Uno, a través de su base social más activa, con la cual la derecha mantiene un pacto peligroso: solo logra convocarla para acciones que impliquen sacar a Nicolás Maduro del Palacio de Miraflores. Lo demás genera silbidos, rechazos, falta de participación. Han creado un apoyo que solo responde a los llamados golpistas. Lo saben, y es parte la negociación que tiene Guaidó con su la expectativa que ha creado y las lógicas construidas durante años.


Dos, a través de la activación de los grupos armados en los barrios populares. Según las investigaciones realizadas en los mismos territorios y las fuentes oficiales, se sabe que el precio por persona por noche para salir a armar un foco de violencia es de 30 dólares. Eso en el caso de las zonas donde se trata de generar un apoyo popular, un levantamiento que hasta el momento no se ha dado en ningún sitio, y explotar las pocas imágenes con una gran capacidad a través de las redes sociales. Un foco breve convertido en tendencia de Twitter tiene un alto impacto en la base social que busca convocar Guaidó.


En cambio, en otros territorios, donde el objetivo fue confrontar de manera armada con las fuerzas de seguridad del Estado –con granadas, armas cortas y largas– el precio fue aproximadamente 50 mil dólares, repartidos luego al interior de la banda contratada.


Esos escenarios podrían regresar en el momento en que la derecha plantee activarlos –no significa que tengan éxito–. La violencia es parte integral del esquema de asedio y asalto. Para comprender cómo la calibran parece necesario enlazarlas con los tiempos planteados para lograr el objetivo. El peligro de la derecha puede ser desgastar a su base social, a la vez que puede serlo un enfriamiento producto de la falta de llamados claros y de una inconsistencia sostenida de Guaidó si continúa sin tener nada nuevo que decir.


En ese contexto resulta contrastante la posición conjunta de los gobiernos de México y Uruguay que decidieron convocar a una reunión internacional para el 7 de febrero para abordar el tema Venezuela. El diálogo parece ser la única manera de desactivar la situación explosiva que está en pleno elevamiento, con la complicidad activa de gobiernos, grandes medios de comunicación y fuerzas subterráneas. ¿Si no qué? Maduro no renunciará. ¿La guerra abierta con mercenarios paramilitares?


Quienes conducen el conflicto contra Venezuela se acercan a límites peligrosos. Guaidó, el primer presidente 2.0, una ficción real, parece un peón en un esquema que lo ha puesto en ese lugar.


 La concentración antichavista fue mucho menor de lo previsto

Una protesta escuálida


La plaza Altamira, bastión opositor, congregó a un millar de manifestantes. Guaidó se dejó ver en el Hospital de la Universidad Central.

Por Felipe Yapur

Desde Caracas


La protesta o el plantón, como lo definen en Venezuela, convocada por el autodenominado presidente interino, Juan Guaidó, fue escasa y escuálida pero sobre todo circunscripta a los barrios del este de Caracas donde residen las clases más favorecidas de la sociedad venezolana. Guaidó se dejó ver en el Hospital de la Universidad Central donde estuvo rodeado por poco menos de un centenar de estudiantes y algunos profesores de medicina. La intención era señalar que en ese espacio se concentrará la denominada ayuda humanitaria que, según Guaidó, se concretará “en semanas”. Mientras tanto, el chavismo convocó para el próximo sábado a una gran movilización a realizarse en las avenidas principales del centro de Caracas. Ese día, la oposición realizará otra protesta.


La plaza Altamira, la zona cero de los opositores, congregó a casi un millar de manifestantes. La inmensa mayoría eran miembros de las clases privilegiadas de la sociedad caraqueña. Se notaba y mucho porque entre ellos se movía un pequeño grupo de jovencitos con sus ropas raídas y con los rostros cubiertos. Son los que los partidos de la oposición contratan para que realicen la tarea pesada de las protestas que se traduce en un protagonismo violento a la hora de la refriega con las fuerzas de seguridad. En esta oportunidad esos sucesos violentos no se concretaron. Según fuentes de los organismos de seguridad, estos muchachos cobran un jornal que oscila entre los 10 y 30 dólares según el tipo de manifestación. La suma máxima está destinada a esas jornadas de protesta que se extienden hasta la noche.


En uno de los plantones, frente a uno de los grandes edificios de la zona, está Sandra Pedraza, contadora pública y consultora gerencial. Afirma que está participando porque “es nuestro país y nos pertenece” y asegura que debe finalizar la presencia de cubanos que, según ella, “explotan y expropian el país”. La mujer, que seca el sudor de su frente con ahínco fruto del calor del mediodía y la alta humedad, sostiene que se ha logrado la unidad necesaria alrededor de Guaidó, a quien define como “un ingeniero serio, joven y con una familia hermosa”.


Cuando se le consulta sobre cuál debe ser la salida a la crisis política no duda en responder que el presidente Nicolás Maduro “debe irse porque es colombiano” y se sumerge en las frases acostumbradas de la oposición: “Estamos en manos de unas bandas de delincuentes y usurpadores”. Incluso sostiene que Guaidó ya está convocando a elecciones a pesar de que él no dijo nada al respecto pero de todas formas quiere que el Consejo Nacional Electoral (CNE) rápidamente las convoque. Cuando se le recuerda que este CNE es el mismo que organizó y avaló las elecciones donde Guaidó fue elegido diputado afirma que hay que cambiar a los integrantes “porque el 82 por ciento de los venezolanos nos opusimos”.


La intervención de los Estados Unidos, incluso con una posible invasión militar, no parece ser un problema para los opositores. Sandra dice que es importante que haya presencia estadounidense porque “son el principal mercado de los productos venezolanos”.


En la protesta hay un porcentaje algo mayor de mujeres que de hombres y ambos tienen una misma costumbre, no se despegan del celular. Hacen selfies por millares, se acomodan sus peinados y muestran su mejor sonrisa. Solo pierden la compostura cuando alguien grita el nombre de Maduro y todos responden “coño’e su madre”. Agitan banderas y lucen las gorras con los colores de la bandera venezolana.


María González es una joven de algo menos de 25 años. Anteojos de sol espejados y los labios recién y bien pintados. Acepta hablar con PáginaI12 y, seria, dice que está en la protesta porque “estoy cansada de éstos”. No nombra a Maduro ni siquiera habla de chavismo, se refiere a los miembros del gobierno y los que los respaldan como seres que no tienen entidad. Afirma que “no hay libertad y estamos reprimidos”, para luego hablar de la escasez de alimentos y medicinas. Considera que la participación de los Estados Unidos es positiva en tanto “nos pueda salvar” pero duda a la hora de responder ante una posible intervención militar del país del norte: “No me gustaría porque prefiero que se salga por la forma pacífica, la manera más legal para que ellos se vayan. Tal vez pueden irse por una ley de anmistía pero que se vayan de aquí”.


En cuanto a cómo debe continuar el proceso de reemplazo del gobierno afirma no saberlo y se limita a repetir lo que dice Guaidó: “Cese de usurpación, gobierno de transición y elecciones libres.”


–¿En esas elecciones libres participarán ellos? –preguntó Página/12.


–¿Quiénes? –respondió González.


–Hago referencia al chavismo.


–No, esperemos que no.


–Entonces no serían elecciones libres, ¿no le parece?


–Claro, entiendo lo que me dice. Pues que participen ellos pero que hay que cambiar al CNE porque están comprados –dice y agradece antes de retirarse.
Guaidó participó de la protesta. Primero estuvo en el Hospital de la Universidad Central de Venezuela. Allí se mostró rodeado de un grupo pequeño de estudiantes y médicos. No eran más de 60 y el “interino” buscó marcharse rápido porque la foto que buscaba no era la más conveniente. Se colocó una bata que le regalaron los estudiantes y pidió que “sigamos protestando y que Dios los bendiga”. Buscó mostrarse despreocupado por el pedido del fiscal general de Venezuela, Tarek William Saab, que le solicitó al máximo tribunal que prohíba la salida del país y congele las cuentas. “No he recibido ninguna orden, fue una declaración de quien usurpa funciones en la Fiscalía y quienes ocupan espacios en el Tribunal Superior de Justicia (TSJ)”.


Cuando se cumplió el plazo de duración de la protesta, que finalizó a las 14 hora de Caracas, la concentración se diluyó y en minutos no quedaron rastros de su presencia. En tanto, en el oeste de la capital venezolana no hubo manifestaciones. La vida se desarrolló de manera habitual y con el acostumbrado bullicio caribeño de Caracas. En la plaza de La Candelaria, en la zona céntrica de la capital, Anselmo está sentado en uno de los bancos. Acusa 75 años y acomoda su gorra a modo de saludo. Sobre la protesta opositora dijo que no pensaba siquiera participar y lo dijo un tanto directo: “Que esos come mierda no cuentan conmigo”, indicó para luego afirmar que si bien la situación económica está mal prefiere a Maduro antes que a cualquiera de “esos de la oposición” porque no le gusta la alianza de Guaidó con los Estados Unidos. “Los gringos quieren nuestro petróleo y nada más”, aseguró mientras dos amigos suyos a su lado asentían.


Para el próximo sábado están previstas dos grandes movilizaciones. La de Guaidó y la del chavismo. La primera tiene como objetivo acompañar el fin del ultimátum que la Unión Europea le hizo al presidente constitucional Nicolás Maduro para que llame a nuevas elecciones. La del gobierno buscará mostrar su capacidad de movilización, algo que vino haciendo durante esta semana en diferentes ciudades del interior con marchas multitudinarias, y a la vez reafirmar el rechazo a cualquier injerencia extranjera y sofocar el intento de golpe de Estado.

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La revuelta escolar calienta el debate ambiental en el corazón de Europa

Las huelgas de estudiantes llevan el cambio climático a la agenda del Gobierno belga


Bélgica está sorprendida. Sus adolescentes se han lanzado a la huelga en los institutos y en esta ocasión no piden tasas educativas más bajas ni oportunidades de empleo al salir de las aulas. Desde hace tres semanas, miles de estudiantes de secundaria y bachillerato han dejado de asistir a clase los jueves y desfilan por las calles de Bruselas escoltados por la policía con un objetivo altruista: reclamar medidas efectivas contra el cambio climático. El crecimiento de la protesta es exponencial. El 10 de enero fueron 3.000 manifestantes, luego 12.500 y la pasada semana 35.000.


En la mañana de este jueves vuelven a estar convocados, esta vez en la Estación del Norte de la capital belga, donde alumnos de todo el país se reunirán para una nueva demostración de fuerza. La cuestión climática ha aglutinado en Bélgica un descontento generacional tan poderoso como inesperado. Su potencia en la calle se ha vuelto imposible de ignorar. Y ha llevado la ecología a la agenda del primer ministro, Charles Michel, obligado a explicar en qué ha contribuido su Gobierno a frenar el deterioro del planeta. “Hemos hecho mucho, pero quizá no lo hemos sabido explicar demasiado bien”, justificó en el diario Le Soir.


Como en tantos otros movimientos, las redes sociales han sido claves en la organización de las marchas. ¿Por qué ahora? Una joven sueca tiene parte de culpa. A sus 16 años, Greta Thunberg inició en su país una protesta para apelar a los políticos a actuar contra los efectos del cambio climático. Decidió dejar de ir a clase los viernes y dedicar ese tiempo a sentarse ante el Parlamento con un cartel que rezaba “huelga escolar por el clima”. Su gesto no pasó inadvertido. Fue invitada a intervenir en la cumbre del clima de Katowice, y luego en el Foro Económico de Davos. Una frase demoledora lanzada a la cara de los líderes mundiales en la ciudad polaca terminó por convertirla en un icono para los defensores del planeta: “Estáis robando el futuro a vuestros hijos”.


Esa lúgubre advertencia impregna el movimiento en Bélgica. La flamenca Anuna de Wever, de 17 años, vio a Thunberg abochornar a los mayores y se propuso imitarla. Grabó un vídeo llamando a la huelga escolar por el clima y pronto se hizo viral en Facebook. Tras su llamamiento en redes sociales, su vida ha adquirido un ritmo frenético. El domingo intervino al término de una marcha contra el cambio climático en Bruselas en la que participaron 70.000 personas. Se ha reunido con ministros. Aparece en televisión. Está escribiendo un libro. Y ayer viajaba en tren a Bruselas desde su Flandes natal para acudir a una reunión en el Parlamento belga. Desde su asiento en el vagón, explicaba por teléfono el sentir de su generación sobre el deterioro del planeta. “Los jóvenes están muy asustados. Por eso, cuando conocí el movimiento de Greta Thunberg, me inspiró y me dije que tenía que hacer lo mismo en Bélgica. Pensé que podía ser una revolución que nuestra generación luchara en cada país”. ¿Cuándo pararán las huelgas? “Cuando el Gobierno consensúe un plan de acción contra el cambio climático con expertos”, contesta De Wever.


Para el sociólogo Johan Tirtiaux, de la Universidad de Namur, si el Ejecutivo quiere contentar a los escolares debe evitar la autocomplacencia y dar una respuesta ambiciosa y concreta, perceptible en el día a día. “El sentimiento general es que se hace poco”, alerta. Tirtiaux dirigió en 2016 un macroestudio sobre las inquietudes de los jóvenes de entre 18 y 34 años basado en 30.000 entrevistas. El medio ambiente apareció como la primera preocupación por delante del acceso al empleo y la calidad del sistema educativo. Un síntoma del malestar que hoy empuja a las calles a los hijos, sobrinos o hermanos pequeños de los que respondieron.


Descolocados ante la corta edad de los manifestantes, hay quien ve en el movimiento una mera excusa para perder clase. "No creo en la caricatura de que sean vagos que no quieren ir al colegio", rebate Tirtiaux. El sociólogo ve muy ambicioso que puedan mantener el poder de convocatoria actual cada jueves, aunque una protesta muy diferente, la de los chalecos amarillos, suma 11 sábados seguidos en las calles de París. Aún así, Tirtiaux cree que no hay que subestimar el aviso de los adolescentes. "Hay que tomar en serio ese sentimiento de declive. Esta generación ha crecido en medio de un discurso de crisis muy fuerte. Un relato de que todo se deteriora e incluso será peor para sus hijos y nietos".


Habitualmente desconectados del debate político, la fuerza con que el mensaje de la joven Greta ha conectado con adolescentes de todo el mundo tiene pocos precedentes. Sin llegar a las altas cifras de asistentes de Bélgica, ha habido marchas similares en Alemania, Australia, Canadá o Suiza. De Wever confía en que el fenómeno se vuelva global: “Quiero animar a todos los estudiantes a sumarse. Es importante que hagamos esto juntos”.

 

Por ÁLVARO SÁNCHEZ
Bruselas 30 ENE 2019 - 18:05 COT

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