Domingo, 22 Noviembre 2020 06:10

Vacunas, riesgos y negocios

Vacunas, riesgos y negocios

El desarrollo de vacunas contra el Covid-19 es un golpe histórico de ganancias para la gran industria farmacéutica. No sólo si logran efectividad y la venden, también desde antes por la especulación financiera con sus acciones y, sobre todo, gracias a los enormes subsidios gubernamentales que están recibiendo. Según el Financial Times, vender la vacuna puede ser pura ganancia, porque los costos ya han sido cubiertos por anticipado con dinero público. (Anna Gross, FT, 12/11/2020).

Otro aspecto muy preocupante: las empresas que han anunciado una efectividad de más de 90 por ciento en sus vacunas contra el Covid-19, Pfizer/BioNtech y Moderna, usan una nueva técnica de ingeniería genética (mRNA) nunca antes probada en seres humanos. La vacuna es experimental, pero también lo es la propia técnica y sus efectos imprevistos en general. Sus afirmaciones de que son seguras son más bien bravatas comerciales: no existe forma de asegurar que no tienen riesgos a mediano o largo plazos. Incluso a corto plazo, porque no se sabe qué efectos son detectados o no son reportados. Al respecto, la Unión de Científicos Comprometidos con la Sociedad y la Naturaleza en América Latina (UCCSNAL) emitió un pronunciamiento donde explica los riesgos potenciales y llama a aplicar extrema precaución y evaluación independiente antes de autorizar estas vacunas transgénicas (https://tinyurl.com/y6cb3w4k).

Las empresas saben de esa falta de certeza. El director ejecutivo de Pfizer, Albert Bourla, tenía fríamente calculado vender gran cantidad de sus acciones el día del anuncio de la nueva vacuna, día en el que experimentaron un aumento súbito de valor, por lo que obtuvo 5 millones 600 mil dólares. También la vicepresidente de la misma empresa, Sally Susman, vendió ese día acciones por valor de un millón 800 mil dólares. Además de la infidencia (permitida), refleja que ambos estimaron que luego las acciones podrían bajar. Las acciones de Pfizer subieron 7.7 por ciento y las de BioNtech 13.9 por ciento. Las de Moderna subieron una semana después 13 por ciento.

Por si les quedaban dudas, recordemos que el interés principal de las grandes trasnacionales farmacéuticas no es la salud, sino la ganancia. De hecho, su cliente ideal son las personas enfermas, porque sanas o fallecidas dejan de consumir. Esta industria ha hecho tales porcentajes de ganancia, que han sido objeto de análisis de varias comisiones de competencia, incluso en Estados Unidos, que confirmaron que tenían porcentajes de retorno de ganancia mayores que muchos otros rubros industriales. Además, tienen un amplio y pésimo historial en reconocer sus errores y los graves efectos secundarios que han provocado a diversas personas, así como en asumir los costos de éstas e indemnizarlas. Según la encuestadora Gallup, en 2019 las empresas farmacéuticas pasaron a ser las peores consideradas por el público de Estados Unidos, aun más abajo que las industria de petróleo y gas o las de propaganda por sus abusos.(https://tinyurl.com/y37d955r)

A principios de la pandemia, varias grandes farmacéuticas dudaban en invertir en vacunas, porque con las epidemias anteriores, los virus mutaron y no lo veían como una buena inversión. Anna Gross reporta en Financial Times que las empresas cambiaron de opinión cuando vieron que los contagios se trasmitían entre personas y que eso aseguraba un área y un periodo mucho mayor de permanencia de la pandemia. Pero el factor principal, agrega, fueron los cuantiosos subsidios públicos sin precendente, especialmente en Estados Unidos. La Operation Warp Speed de la administración estadunidense otorgó mil 200 millones de dólares a AstraZeneca; mil 500 millones a Johnson y Johnson; mil 600 millones a Novavax; mil 950 millones a Pfizer; 2 mil millones a Sanofi/GSK y 2 mil millones a Moderna, entre inversiones y acuerdos de compra. David Mitchell, de la asociación civil Pacientes por Medicamentos Accesibles, señaló que en el caso de Moderna, el gobierno parece haber pagado todos los costos de investigación y desarrollo, por lo que el alto precio de venta que anunció ( 60 dólares por vacuna, 3-6 veces mayor que otras en curso) es todo ganancia (https://tinyurl.com/FT121120). La colaboración de Moderna en el desarrollo de la vacuna con el Instituto Nacional de Salud, que dirige Anthony Fauci, le provee aún más recursos públicos, como reclutar y supervisar voluntarios, etcétera.

Moderna espera lucros adicionales con otras vacunas que tiene en camino, con la misma tecnología de mARN que nunca ha sido probada. Gracias al estado de aprobación urgente por la pandemia que están solicitando las empresas, esperan poder pronto comercializar las otras vacunas también.

No podemos permitir que esta industria de la ganancia proceda sin rigurosas evaluaciones independientes, en el mayor experimento humano transgénico hasta la fecha. Tampoco que se las apoye con dinero del erario y personas voluntarias a las que no se informa del espectro real de riesgos e incertidumbres que hay en juego. La vacuna es el más estrecho de los enfoques en la pandemia, y no la va a solucionar, de hecho se espera que el mercado subsista por años.

Lo que se necesita es cuestionar las causas y prevenir. Aún así, hay otras vacunas en desarrollo que no agregan la nueva capa de riesgos de estas de Pfizer, Moderna y otras de ARN y ADN.

Silvia Ribeiro, Investigadora del Grupo ETC

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Dispositivo de Dsruptive en funcionamiento

La implementación de chips o dispositivos dentro de la piel humana ya es posible. Una empresa en Suecia, con origen español, está utilizando esta idea para buscar soluciones en el ámbito sanitario.

 

Juanjo Tara, ingeniero informático, diseña dispositivos implantables en humanos desde 2016. Él, en concreto, tiene dos implantados, uno en cada mano. Cada vez que pasa una de sus manos por su teléfono, como hace durante la entrevista para hacer una demostración, se enciende una luz LED parpadeante debajo de la piel, indicando que el dispositivo está siendo usado. Pero utiliza un reloj analógico, porque considera que la utilización de la tecnología es una decisión personal y libre.

Con 19 años salió de Almería para empezar a formarse. Desde entonces, ha vivido en Madrid, Bruselas, Oslo, Estocolmo y China. Ahora, con 35, ha vuelto a la ciudad en la que nació para establecer la oficina de ingeniería de su empresa, DSruptive, que se dedica a vender implantables tecnológicos para humanos desde su lanzamiento, hace un año, y desde Suecia, donde tiene su sede.

Con su tecnología, que por ahora solo venden a empresas, el usuario puede entrar en su edificio de oficinas, hacer fotocopias o abrir su cuenta de LinkedIn en un móvil al que acerque su mano. Juanjo Tara asegura que esto es solo el principio. En la actualidad están desarrollando dos proyectos en paralelo, uno de ellos directamente relacionado con la sanidad, como por ejemplo, para que el dispositivo sea capaz de medir la temperatura corporal del usuario. El emprendedor y mentor de Open future de Telefónica contesta a las preguntas de elDiario.es días después de haber cerrado una ronda de financiación de 400.000 euros para seguir con el proyecto. “Podría usarse para monitorear la propagación de una epidemia como el virus COVID-19”, se puede leer en la página web de DSruptive

Además, la pandemia de COVID-19 hizo viral la pregunta sobre si era posible que a través de una vacuna se implantara un chip en las personas. Juanjo Tara fue uno de los expertos que lo desmintió.

¿Cómo empezó a interesarse por este tipo de dispositivos?

Pienso mucho en la evolución tecnológica. Al principio, se necesitaba un ordenador de mesa. Luego, se pasó a la era del ordenador personal y se convirtió en una herramienta más. De eso hemos pasado al móvil, coche y relojes inteligentes… Cada vez la tecnología se acerca más al cuerpo. El móvil lo puedes separar, pero un smartwatch ya está sobre el cuerpo. El siguiente paso de la tecnología es pasar la pequeña gran frontera que es la piel. 

Yo creo que va a llegar, aunque la pregunta es cuándo. Si preguntamos a la gente, puede contestar que en veinte años, pero si tenemos la tecnología ahora, se puede empezar a desarrollar. Va a llegar porque cada vez queremos saber más de nosotros, queremos más información. Será nuestro dispositivo u otro, pero va a pasar.

En España eso puede sonar un poco a ciencia ficción.

En Suecia hay unas 10.000 personas con un dispositivo implantado. Estamos vendiendo miles de unidades a Japón y Estados Unidos. En Londres empieza a moverse también. Es cuestión de tiempo. Requiere un esfuerzo para que en cada país haya empresas que promuevan, vendan, distribuyan… y cada país tiene una legislación diferente. Pero va a llegar y, mientras llega, nosotros hemos decidido apostar por la parte médica. Estamos trabajando en un dispositivo nuevo que todavía no podemos decir qué va a hacer, pero podemos decir que ya estamos haciendo los ensayos clínicos en el hospital de Estocolmo. Entendemos que por ahí, por la sanidad, puede haber mucho más impacto a nivel sociedad.

¿Cuáles son las actuales funciones del dispositivo?

Este dispositivo fue una prueba de concepto, mi demostración de que podemos hacer una tecnología nueva o que todavía no estaba desarrollada. En Suecia, el tren lo tiene integrado, puedes llevar el billete en el dispositivo y pasar la mano para entrar. En el centro de oficina de negocios donde estamos, no se lleva tarjeta, se entra pasando la mano. Igual que en las máquinas de vending, para entrar al despacho, hacer fotocopias o traspasar información. Puedo poner información de mi LinkedIn y pasarlo por tu móvil y que lo lea. Es como una tarjeta, que utiliza tecnología NFC. 

¿Se puede utilizar para pagar? Suecia espera operar “sin efectivo” para el año 2023.

Ahora mismo, para pagos tradiciones como con Visa o Mastercard no, porque hace falta hacer una certificación con ellos, aunque imagino que llegará un momento en el que se consiga. 

¿Cómo funciona el dispositivo? ¿Qué tipo de información almacena?

La información se la mandas tú a través de una aplicación de móvil. Se puede encriptar y poner contraseña o que una parte sea pública y otra privada. Tiene muchas configuraciones. Es un dispositivo pasivo, de dos kilobytes de memoria, que solo funciona cuando lo acerco al NFC. Mientras, está apagado, como si no existiese. No tiene botones y nosotros no queremos que sea un dispositivo que esté constantemente encendido. Queremos que se active cuando el usuario lo decida, para que no pierda el control de la tecnología. Tenemos una serie de valores éticos que no queremos pasar.

Ningún dispositivo puede ser implantado forzosamente. Es decir, ninguna empresa puede obligar a nadie a ponérselo. Intentamos que el proceso sea super transparente para que quien lo tenga sea porque él ha decidido tenerlo. Es la base de nuestro trabajo, como entendemos que estos dispositivos tienen que funcionar. Que no nos suene a la serie Black Mirror.

¿Cómo ha afectado la COVID-19 a vuestro proyecto?

El coronavirus ha conseguido poner la salud en el punto de mira de la opinión pública, que haya una conciencia de que la salud es lo más importante. A largo plazo, la pandemia va a marcar una generación.

Lo que ha hecho esta situación ha sido acelerar la digitalización, porque con el confinamiento hubo una hipernecesidad de comunicación a través de la tecnología, y eso ha hecho que la curva de aprendizaje fuese exponencial, aunque la brecha digital se ha notado bastante. Al final si la tecnología cubre una necesidad que realmente tenemos, la vamos a usar, el problema es que estamos sobresaturados de tecnología sobre cosas que no necesitamos. 

Por ejemplo, si el día de mañana tenemos que usar unas lentillas o gafas de realidad virtual porque es el siguiente paso para comunicarnos como es el Whatsapp de ahora, vamos a aprenderlo, porque al final lo que te aporta es mucho más que las desventajas. Ahora, continuamos haciendo un juicio de valor sobre la tecnología, pero el esfuerzo cuando es natural está bien.

En vuestro campo, ¿cómo se conectan la parte de tecnología y la salud?

Si empezamos a usar tecnología implantable electrónica que dura de entre 30 a 50 años, lo mismo podemos aportar nuevas soluciones frente a las medidas temporales actuales. Si conseguimos desarrollar un dispositivo que puede estar toda la vida contigo, que te va a medir parámetros médicos cuando los necesites… podemos llegar a una salud 2.0. Un tipo de tecnología que aprende para ti. 

Ahora, por ejemplo, si una persona necesita hacerse una prueba médica, la prueba se realiza en un lugar y momento determinados. Y ya está. Es una fotografía en un instante, pero lo mismo, por lo que sea, puede que esa no sea la imagen real. No hay un dispositivo que haga un seguimiento a diario. Por ahí es por donde nosotros queremos enfocarnos. Pero, como he dicho antes, sin que sea algo invasivo.

¿En qué punto de vuestro nuevo proyecto os encontráis? 

Ahora estamos en el foco de sanidad. Primero queremos certificar todo, que sea compatible con el cuerpo humano, hacer todas las pruebas de compatibilidad que necesitamos… Pasar las certificaciones de calidad. El cristal es biocompatible, la cápsula donde está la tecnología es un cristal médico de implantes, solo que nosotros lo diseñamos y hacemos a nuestra medida. No tiene ningún tipo de rechazo porque está probado médicamente y se usa desde que se empezaron a hacer implantes médicos. 

¿Si los dispositivos están relacionados con la salud de las personas serán más fácilmente aceptables por la sociedad?

Un marcapasos por ejemplo. Un marcapasos lo tenemos asumido como normal. Es curioso porque mucha gente piensa que vamos a ser cíborg. Pero, ¿cuál es el concepto del cíborg? Porque si tu tienes un marcapasos, ¿eres un cíborg o no? ¿Dónde está el límite? ¿En si usas algo porque estás enfermo o si solo lo usas para ampliar tus capacidades? Hay preguntas que todavía no están resueltas. Todavía queda mucho trabajo por hacer y al final va a ser una decisión personal usarlo o no.

¿Cómo podría ayudar vuestro dispositivo a la salud? ¿Qué ventajas tendría?

Yo soy muy optimista con esto, porque entiendo lo que puede ayudar, no solo en los países más desarrollados. Imagina un implante low cost para detectar enfermedades en países con menos potencial económico. Yo creo que puede ayudar muchísimo el tener a una persona con un dispositivo a través del cual se le pueda tratar o diagnosticar determinadas enfermedades durante 30 años. Aunque sea detectarlo, yo creo que tiene muchas posibilidades y mucho potencial para mejorar la salud de todo el mundo.

¿Cuál es el público objetivo de vuestro actual dispositivo?

En 2017, hicimos una prueba en un centro comercial en Gotemburgo. Ofrecimos 500 euros de crédito para gastar en los comercios a cualquier persona que quisiera ponerse un implante. Pusimos nuestros terminales, que no eran de pago real pero valían como dinero que luego se canjeaba. Esperábamos que el resultado iba a ser: 90%, hombres jóvenes de 20 a 40 años. Y luego vimos el mismo porcentaje entre hombre y mujeres, con edades comprendidas entre los 22 a los 67 años. Cada uno le ve su ventaja al dispositivo. Uno decía que era muy cómodo, otro que podía vacilar… cada uno tiene su objetivo, su concepto. Esa fueron otras de las razones en las que dijimos “igual esto no es solo para nerds”.

Ya ha pasado el momento del “wow” a pensar que es usable, cómodo y práctico. En este momento, yo lo veo muy parecido a cuando se inventaron los ordenadores, que era una tecnología muy primitiva. Siento que ahora está en esa etapa y que es el primer paso para profesionalizar todo y estar dentro del mercado.

Por Ana R. Segura

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21 de noviembre de 2020 22:54h

Jueves, 19 Noviembre 2020 05:31

Más Platón y menos Instagram

'La escuela de Atenas', fresco de Rafael Sanzio, en el Vaticano.

Este 19 de noviembre se celebra el día mundial de la filosofía, una (sino la que más) de las disciplinas más antiguas de nuestra sociedad. Aquella que dio luz y encumbró los valores de los que hoy hacemos gala: la democracia, la libertad, la racionalidad, el deber etc. Sin embargo, y a pesar de este extenso currículum, la filosofía (al menos en nuestro país) no pasa por su mejor momento. Un cambio de paradigma, que denosta las humanidades por improductivas y que entiende la escuela como propedéutica para el mercado, ha relegado a la filosofía a los márgenes de nuestras aulas. La asignatura que está llamada a ser la cuna del pensamiento crítico entre nuestros alumnos (para que así hagan un mundo mejor) es tratada por políticos y medios como un saber de anticuario, como un objeto de museo o acaso un saber sin utilidad práctica.

Y es que, ¿acaso no está todo en ruinas? Nuestra generación, la tan injuriada generación millenial, ha sido testigo de la mayor estafa en la historia reciente (además de la crisis de 2008): la ruptura del pacto intergeneracional. Un acuerdo tácito que nos decía que estudiáramos porque, si lo hacíamos, íbamos a poder progresar y vivir mejor que nuestros padres (como ellos lo hicieron con respecto a nuestros abuelos). Hoy, rozando o ya pasados los 30, somos la generación más preparada pero también la que más poder adquisitivo ha perdido, la que más tarde se va a independizar y la que menos estabilidad va a tener. No es de extrañar entonces los datos sobre salud mental y nuestra generación: hoy alrededor de 117 millones de niños y adolescentes en todo el mundo han sufrido un trastorno de ansiedad  según el Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos y cada año aumentan los casos de depresión entre los adolescentes (en torno al 21,6% según la FAD en 2018). Todo esto en un clima de derrumbe de los valores de nuestra sociedad. Nosotras, que vimos crecer las redes sociales desde Metroflog o Tuenti (¡y vimos sus peligros!), asistimos ahora a una generalización de la pantalla donde la prensa ha renunciado a su función crítica (la mitad de las noticias que circulen en 2022 serán falsas). Ante este desolado panorama ¿qué sentido tiene nuestra vida ahora?

Es justamente aquí donde nuestra generación puede (y debe) darse la mano con la filosofía para formular preguntas, para encontrar respuestas y para -incluso- dudar de estas últimas. Es por el camino de la filosofía donde se recupera esa actitud crítica ante la vida que no encontramos ya ni en nuestros dirigentes, ni tan siquiera en nosotros mismos -que nos hemos aferrado a ideologías y las defendemos como holligans-. Y aquí, entra la filosofía para recordarnos que "para investigar la verdad es preciso dudar, en cuanto sea posible, de todas las cosas" (Descartes)  o que "en todas las actividades es saludable, de vez en cuando, poner un signo de interrogación sobre aquellas cosas que por mucho tiempo se han dado como seguras" (Bertrand Russell). Este es, en definitiva, el imperativo de la actitud crítica ante la vida. Este posicionamiento ante la realidad nos permitirá discernir el sentido de la misma -si acaso tuviese algún sentido en términos universales- o, incluso, darle un valor o sentido a nuestra vida más allá del puramente material -respirar, caminar, comer…-, a saber, el de ser críticos con nuestra realidad presente, con nuestra historia y con nuestro porvenir. Esto es, amigos, la filosofía.

Pero, ¿cómo hacerlo? ¿Cómo empezar tan ardua y extensa tarea: la de la crítica de nuestra realidad en pos de un mundo mejor? Vamos con unos ejemplos. Con Lévinas podríamos darnos cuenta de la contradicción que existe cuando nos relacionamos con los otros: a pesar de que son personas radicalmente ajenas a mí sólo las puedo conocer subsumiéndolas en mi mundo e intereses (mi amiga, el panadero que vi ayer etc.). Con la filosofía de Marx, en cambio, podríamos, entre otras muchas cosas, darnos cuenta y señalar que todas las explicaciones que esconden la realidad económica son explicaciones con un fuerte interés de clase (como esa que dice nos vamos a otros países a trabajar porque nos gusta viajar) algo a lo que Marx llamó ideología. Podríamos viajar más atrás en el tiempo y entonces Aristóteles nos ayudaría a discernir quiénes de nuestros 793 amigos de Facebook son nuestros verdaderos amigos: frente a la amistad por utilidad o por interés, la verdadera amistad es aquella que nos impulsa a la nobleza del alma. Por último, y ante la crisis ecológica que ya está entre nosotros, el imperativo categórico de Kant nos puede dar una buena solución ante los retos que se nos vienen: si una acción no es universalizable, si no puede concebirse realizándose por todo el mundo, entonces no es una acción moral (¿será entonces moral tener un coche o gastar la energía que gastamos?).

Y, ¿cómo llegar a estos contenidos? ¿Cómo acceder a los sedimentos de sabiduría que nuestra sociedad ha ido depositando y que hoy nos hace más falta que nunca? Acostumbradas al consumo inmediato y rápido de información, a los contenidos escuetos, cortos, es necesario crear espacios y momentos que alienten la pausa en estos tiempos tan acelerados y de prisas. Espacios que supongan una ruptura y que potencien la reflexión recogiendo la historia de la filosofía y utilizando esta herramienta para analizar nuestro momento actual. Espacios así se pueden encontrar en múltiples coordenadas de nuestro hábitat cotidiano: espacios en redes sociales, librerías, instituciones culturales, en libros, etc. Desde los muchos eventos que organiza la librería Traficantes de Sueños hasta las clases grabadas en Youtube por Ernesto Castro. Desde el famoso y ya clásico El mundo de Sofía hasta nuestro nuevo libro Mentes Inquietas: contrarrefranes y cultura popular donde revisamos la cultura popular a través de los refranes dándoles la vuelta y proponiendo una lectura filosófica de ellos y relacionándolos con dilemas o problemáticas actuales.

En fin, la famosa frase atribuida a Sócrates ("sólo sé que no se nada") debe servirnos como primer paso para un pensamiento crítico. El filósofo, el intelectual, el crítico, no es el que sabe (¡justamente Sócrates reconoce que no sabe!) sino el que es consciente de su propia ignorancia. Frente a los dioses (que ya lo saben todo) y frente al ignorante (que ignora que es ignorante y cree que sabe todo), el filósofo admite su ignorancia y la establece como punto de partida para una vida llena de aprendizajes. Así, en los tiempos de la sobreinformación: humildad, aprendizaje y visión crítica. En los tiempos del consumo masivo: pausa, lectura y participación ciudadana.

Por Javier Correa Román y Myriam Rodríguez del Real

Fundadores de Colectivo Mentes Inquietas, un espacio de divulgación de la filosofía en redes sociales y autores de: 'Y pensar ¿para cuándo? Filosofía de jóvenes para jóvenes' (Autografía, 2018) y 'Mentes Inquietas. Contrarrefranes y cultura popular' (Punto de vista editores, 2020)

19/11/2020

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A la caza del aliado o la muerte de la “nueva masculinidad”

Hoy criticamos el concepto de “nuevas masculinidades”. Y para ello, dejadme que juegue a dos bandas: la de hater y la de comprensivo.

 

Pensar la masculinidad siempre tiene algo de incómodo, algo de apasionante y algo de arriesgado. Sobre todo, si se hace desde un cuerpo que ha integrado ese amasijo que es el género masculino. Es incómodo porque implica reconocer posiciones de ventaja y que, aunque suframos (y claro que lo hacemos), la nuestra es la posición social de dominación.

Es también apasionante porque desmontar las capas de cebolla de la masculinidad abre a lo diverso, a relajarse y a sentirse menos atado. Abre un mundo de posibilidades. Pero también es arriesgado, porque es fácil pensar que cuestionando algunos de los elementos que nos atraviesan estamos automáticamente “más allá” del machismo, somos “nuevos hombres” y nos olvidamos de que la dominación masculina no puede romperse mediante hombres que individualmente se sienten más libres y mejores persona.

Me gustaría abrir este genial espacio que se crea en El Salto reflexionando sobre uno de los ámbitos más mencionados, más ironizados y más cuestionables de la reflexión sobre la masculinidad. Para empezar con buen pie y las cosas claras. Hoy criticamos el concepto de “nuevas masculinidades”. Y para ello, dejadme que juegue a dos bandas: la de hater y la de comprensivo.

Lo “nuevo” de las nuevas masculinidades

Momento hater: decía que pensar las masculinidades es arriesgado por la facilidad que tenemos para confundir cambios individuales con cambios estructurales. Y con el tema de las nuevas masculinidades pasa algo parecido. Evidentemente, repensar privilegios y decidir meternos en el camino del compromiso y la responsabilidad es genial. Pero cuando la cosa se vuelve moda, se complica. Hablando en plata: se lleva hablando de las “nuevas” masculinidades desde hace más de treinta años. Y si de algo ha servido el tiempo es para enseñarnos algo que, cuando se habla de “nuevas” masculinidades, el adjetivo es certero, pero no adecuado. Me explico.

Es certero para referirse al hecho de que la masculinidad cambia, es mutable y ni de lejos hoy en día la masculinidad hegemónica (aquella que tiene el liderazgo cultural) es la misma que hace veinte años. Son nuevas masculinidades en el sentido de que la forma de expresarse estética, laboral o socialmente, es novedosa. Entonces, el adjetivo nuevo hace referencia simplemente a que es distinto a lo anterior, pero no implica, per sé, una mejora.

Pensar que nuevo es sinónimo de mejor implica una idea del progreso que ya ha sido desmontada muchas veces. La política no entiende de historia y así como el fascismo puede volver (y de hecho, lo está haciendo), las “nuevas” masculinidades pueden no ser mejores que las anteriores. De hecho, esa novedad podría ser la forma que tiene el orden patriarcal de incluir ciertas demandas de igualdad, pero sin trastocar en lo fundamental el reparto desigual de género. Serían nuevas en el sentido de adaptadas.

De hecho, ya en el 2014, Tristan Bridges y Cheri J. Pascoe hablaban de las masculinidades híbridas, formas de masculinidad que, por un lado cuestionan algunos elementos de la masculinidad hegemónica y, por otro, refuerzan la jerarquía de dominación de géneros. Son hombres que incluyen selectivamente elementos que anteriormente pertenecían a feminidades o a masculinidades subalternas (recursos estéticos como pintarse las uñas, preocupación emocional, interés en comunicación no violenta, sensibilidad, etc.) pero que no cuestionan el orden último de la jerarquía de género.

Gran parte de las críticas a las “nuevas masculinidades” viene por aquí, a que son más bien híbridas: dominantes pero blanditas. Los softboys. Y eso, queridos amigos, aunque lo podamos vivir como un gran cambio respecto a lo éramos antes, no termina de romper las dinámicas de desigualdad. También porque erramos en las formas y dedicamos mucho tiempo a la lucha individual.

Un proyecto individual

Este modelo de hombres “nuevos”, más atentos a las emociones, más blanditos y respetuosos, alternativos, de formas menos agresivas al expresarnos corporal y verbalmente, me chirría. No sólo por lo que decía al principio, de que es muy fácil pensarnos que así ya estamos “más allá” del machismo. Sino también porque parecemos no entender que el cambio de género no es una cuestión meramente individual.

El género es colectivo, son sistemas de relaciones sociales. Son símbolos, discursos, formas institucionales de funcionar. No sólo son formas individuales de expresar el género. Es mucho más. Perder de vista lo colectivo, lo social, del género es pensar que un cuerpo individualmente puede romper con el orden de género cuando no es así.

Ya lo decía Connell en su genial libro Masculinidades (Universidad Nacional Autónoma México, 2003): “El riesgo político de un proyecto individualizado de reforma de la masculinidad es que al final ayudará a modernizar el patriarcado en lugar de abolirlo”. Dar salidas individuales a problemas colectivos nunca fue solución. Lo digo siempre que comienzo un nuevo grupo de hombres: mi objetivo no es que en Barcelona haya seis hombres menos machistas. Y creo que la trampa del cambio moral individual es que nos mantiene en el mercado de revalorización individual.

Las masculinidades híbridas son posibles porque los discursos de género están cambiando y es posible incluir nuevos elementos. Pero aunque cambie, mantiene la misma lógica. Sigue siendo una competición donde los ganadores, los que poseemos el mayor capital de género, dominamos el partido. Ahora, la dominación ya no la realizan los hombres duros, insensibles, poco comunicativos (bueno, esa masculinidad sigue cotizando en algunos sectores, pero no en el mainstream), sino que la cúspide la ocupamos hombres emprendedores, dinámicos, sonrientes, estilizados, amables, sensibles.

La trampa del cambio individual es que sigue siendo la lógica de hombres queriendo ser mejores para cotizar individualmente en un mercado cambiante. La norma es adaptarse al mercado, pero intentando no cambiar tanto como para ser un perdedor.

¡A por el aliado!

Ahora bien, también necesitamos un momento comprensivo. Evidentemente, el cambio en los hombres es una buena noticia. Es genial que nos cuestionemos, de hecho, es vital que lo hagamos. Por ello, ¿es positiva tanta mofa contra las “nuevas masculinidades”?

No se me malinterprete. Estoy absolutamente de acuerdo con machacar a esos hombres que utilizan a su favor el feminismo y los nuevos modelos de masculinidad para hacerse un huequito de éxito o para mantener privilegios de otra clase (ligar más, resultar más atractivos, más aceptación social, etc.). Ahora bien, veo en redes una energía enorme y una cantidad desorbitada de horas dedicadas a reírse de estos hombres a través de memes y chistes. ¿Merece la pena?

Entiendo la gracia y, de verdad, algunos son muy graciosos, pero me preocupan algunas cosas de este escepticismo automático:

Primero, caemos mucho en un esencialismo del machismo. La sospecha a priori contra cualquier compromiso masculino hace que no parezca que haya salida a los comportamientos machistas y, si los hubiese, sólo esconden más comportamientos machistas. Casi un pecado original del que es imposible librarse.

Segundo, si todo es machista es fácil caer en lo que decía la genial Laura Macaya en el podcast de Clara Serra cuando hablaba de que no podemos denominar a todo violencia: perdemos la capacidad de distinguir matices, formas y modos, y confundimos estrategias y rigurosidad.

Tercero, esta lógica de ridiculización del aliado opera reafirmando al machista de siempre que se suma en la mofa contra los hombres que se alinean con el feminismo.

Y cuarto, es un debatazo el de la deseabilidad del cambio. ¿Cómo va a intentar un profesor meterle al discurso de la masculinidad no violenta a su alumno cuando esa masculinidad aliada es ridiculizada socialmente? ¿No es más útil defender que un cambio en los hombres es deseable y aunque sea todo un reto, el cambio es positivo?

Encontrarse con un escepticismo de primeras muchas veces desmotiva, quema y hace más difícil todo. Evidentemente, hay que tener tolerancia cero con los casos de lavado de cara. Las “nuevas masculinidades” como blanqueo del machismo merecen todo el rechazo.

Pero creo que debemos tener también tolerancia al fallo. Veo constantemente hombres que intentan cambiar y no saben cómo o hacia dónde. Evidentemente, en este lodazal, nos tropezaremos inevitablemente (un comentario indebido, hablar de más, actuar de menos, etc.). En estos casos hay que tener cuidado con ser intransigentes al error. Evitemos ver aquí una dicotomía moralista donde el fallo demuestra la verdadera identidad machista.

No se trata de no tener errores, sino de ver qué hacemos con esos errores. Tenemos que pensar que el cambio es complicado y que los fallos forman parte del proceso. Tenemos que ser responsables de ellos, integrarlos y hacerlo mejor la próxima vez. Ni caer en una autocomplacencia comodona (“estoy roto, esto no puede cambiarse”) ni en una autoexigencia culpabilizante (“soy lo peor”).

Esto no va de fórmulas individuales de bondad moral. Ser mejor persona individualmente está genial como proyecto ético, pero no es un proyecto político. Le decía a mi colega Guada hace poco, “¿Nuevas masculinidades? Somos más bien viejas masculinidades repensándonos”. Y seguimos tan en el barro como el resto. En vez de salir individualmente, intentemos drenar el lodazal.

Por ionel S. Delgado

@Lio_Delg

15 nov 2020 07:00

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Lunes, 09 Noviembre 2020 06:17

Caja vacía

Caja vacía

En un bello ensayo, por su brevedad, contenido y forma, Rafael Sánchez Ferlosio trata sobre el individuo que profesa el orden liberal y, desde ahí, plantea la tendencia progresiva del capitalismo a sustituir el "individualismo posesivo" por el "individualismo adquisitivo".

Imagina, respecto del segundo enunciado, un algo y un qué; una noción que puede expresarse como la existencia de un continente que justifique al objeto que lo llene. Esto lleva a la idea de una caja que precede a la naturaleza específica de las cosas que vayan llenándola. De ahí la denominación de caja vacía.

La caja ferlosiana no está ligada a la existencia o, incluso, a la prefiguración de algo concreto que la llene, es el punto de partida que promueve los elementos que la llenen y su justificación es, precisamente, la demanda de saciarla. "Vivimos en un mundo en que no son las cosas las que necesitan cajas, sino las cajas las que se anticipan a urgir la producción de cosas que las llenan".

En un ejercicio de alargamiento, esta noción podría aplicarse aquí a contenidos que no sean de índole material, por ejemplo, a una cuestión eminentemente política. Así, podría pensarse en las recientes elecciones en Estados Unidos que ofrecen un caso asimilable a la caja: el de la democracia; un asunto colectivo por naturaleza, pero que, finalmente, tiene por necesidad una expresión particular para los individuos.

Cuáles son hoy los elementos que exige la población, o los subconjuntos de ella, para llenar la caja de lo que todavía se llama como democracia y sobre la que al parecer se desvanece un consenso funcional.

Las circunstancias político electorales en Estados Unidos permiten formular un abanico de argumentos, obligadamente preliminares. La democracia en este caso (y otros también) puede calificarse con un adjetivo: democracia de mercado, por las enormes cantidades de dinero que exige ponerla en marcha para encontrar, primero, un candidato y luego al presidente y a los centenares de congresistas; proceso que se replica a su manera a escala estatal y municipal.

Así, la caja se va llenando. Las fuentes de ese dinero sesgan el funcionamiento del sistema político formalmente democrático. Hay personas y grupos, bien identificados, que literalmente invierten de modo abierto en la configuración de la democracia: los quienes, los qué y los cómo, incluyendo a los poderosos cabilderos de Washington. Esto no es ningún secreto, menos una conspiración, así está diseñado el sistema.

De la presidencia de Trump hay suficiente información disponible y cada uno la evaluará como prefiera. El caso es que, según los resultados de la elección, el voto mayoritario de los ciudadanos lo obtuvo Biden. Pero es una mayoría que exhibe un fenómeno social que seguirá ahí aun sin Trump. Lo relevante es que ahora podría atenderse esa situación sin un presidente manipulador, estridente, engañador y tuitero. Ésa será una condición relevante, sin duda.

Biden tiene hasta ahora una mayoría de alrededor de 4 millones del voto popular, 74 millones en total. Es obvio que el país está dividido. El triunfo es suficiente para ocupar la Casa Blanca, con obstáculos esperables para legislar y con una parte sustancial del mapa político pintado de rojo (color del Partido Republicano). Un mapa que muestra una configuración, llamémosla "translitoral", es decir, los demócratas con dominio de la costa oeste y del noreste.

Detrás de esa imagen hay un cúmulo de consideraciones, sociológicas, geográficas, religiosas, económicas, culturales y raciales. Al respecto puede verse el libro de J. D. Vance, Hillbilly Elegy : A Memoir of a Family and Culture in Crisis. Un mapa que indica que si sólo hubiese votado la población blanca, Trump habría ganado con una gran mayoría y si se tratará de la población de hombres blancos el triunfo sería completo. Esos no son datos menores en un país donde el conflicto racial sigue a flor de piel.

El triunfo de Biden no borra esas condiciones. Trump provocó al final un hartazgo en el que incidieron asuntos como la pésima gestión de la pandemia, la crisis económica asociada con ella, la permanente confrontación social; las fuertes fricciones raciales, el apoyo finalmente inequívoco al supremacismo blanco, el desdén por las repercusiones del cambio climático, las dificultades del sistema de salud, etcétera. Aun así, la mitad de los votantes lo eligieron.

En términos políticos, de los sistemas o modos de gobierno, de estilos de quienes lideran, cabe insistir en el cuestionamiento: ¿De qué se llena hoy la caja de la democracia? Una cosa parece clara y es que el contenido ha cambiado de modo significativo y por razones diversas, pero finalmente convergentes hacia un mayor tinte nacionalista, autoritario y populista. En algunas partes se aprecia todavía un mayor aguante, pero eso no conforma un dique tal que resista la marea. Habrá que ver el efecto que tenga la reciente elección estadunidense. Ésa es una gran incógnita.

El tema que desata la elección de Biden, crucial me parece, se verá con distintos ojos y con diversos ánimos en cada sociedad. Abre puertas para advertir lo que ocurre en conjuntos complejos de demografías, geografías y estructuras sociales.

1 "Las cajas vacías" en El alma y la vergüenza, Destino, Barcelona, 2000.

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Lunes, 09 Noviembre 2020 05:40

Los periodistas deben combatir la mentira

Detalle de un mural que conmemora el 'Domingo sangriento', Derry, Estados Unidos

Luego de la muerte de Robert Fisk el pasado viernes 30 de octubre, el 1 de noviembre de 2020 'The Independent' reprodujo algunos de sus mejores envíos en treinta años de labor informativa.

Publicado originalmente el 17 de enero de 2000, en este artículo Robert Fisk cuestiona por qué tantos corresponsales terminan a menudo como voceros de la propaganda militar cuando cubren guerras.

 

¿Quién podría sentirse sorprendido por los informes de que a Mark Laity, el corresponsal de defensa de la bbc, se le ha ofrecido el puesto de segundo al mando del vocero de la otan, James Shea? “No sentí que Jamie Shea me mintiera en absoluto”, anunció Laity. Esto lo dice después de una guerra en la que la otan contó mentirijillas acerca de sus ataques a convoyes de refugiados, del bombardeo en el centro de Prístina, de atacar un hospital de Surdulica, sobre el número de tanques serbios destruidos, y de que –asombrosamente– rehusó contestar las preguntas de una comisión de la onu sobre el uso de municiones de uranio deprimido en el bombardeo a Kosovo.

Pero, ¿qué pasa con los corresponsales de defensa que tan a menudo terminan en voceros de la más cruda propaganda militar? Sin duda no es nada nuevo. En la primera guerra mundial, los corresponsales informaban obedientemente sobre niños crucificados por los alemanes en las puertas de las iglesias y de cómo los alegres soldados británicos tomaron la sangrienta batalla del Somme como si fuera cosa de todos los días.

De hecho, Jamie Shea escribió su tesis de doctorado acerca de la propaganda británica en la primera guerra mundial. Se deja ver. La otan realizó su campaña de propaganda desde Bruselas como una tirada populista en la que Shea citó a Shakespeare –“incómoda descansa la cabeza que lleva una corona”– para ilustrar los problemas del líder serbio Slobodan Milosevic, a quien luego llamó Al Capone. Mientras se montaba este teatro encantador, los corresponsales de defensa que se reunían para las conferencias cotidianas eran arcilla en sus manos. Los serbios cometían crímenes de guerra, atrocidades –y de hecho lo eran–, así que, ¿quién osaría criticar a la otan?

En realidad, Laity es un tipo simpático, y sus constantes y confiadas apariciones en Bruselas eran un bálsamo para los espectadores de la bbc que, al leer periódicos más críticos, se preguntaban si podría haber algo indebido en una campaña de bombardeos de la otan que comenzó contra cuarteles militares y luego se extendió con promiscuidad hacia puentes, un tren, vías férreas, fábricas, convoyes de refugiados, hospitales y a veces hasta un tanque serbio. Así pues, cuando la otan masacró a docenas de refugiados albaneses en el primero de sus “errores” masivos, Laity sabía de qué lado estaba su juicio.

Shea apremió a los periodistas a parar el fuego, a no acusar a la otan de asesinar a los refugiados hasta que no presentara una explicación. No tuvo problemas con Laity. “Entendí desde el principio que aquí había una guerra de propaganda”, reconoció Laity más tarde. “Y mi juicio era que los serbios eran muy capaces de crear confusión deliberadamente; sabíamos –y con el tiempo los sucesos lo demostraron sin lugar a dudas– que los serbios mataban un montón de albaneses. Deliberadamente. Así que, si mataban albaneses deliberadamente y podían culpar a la otan a la vez, pues era una especie de doble golpe. Así pues, yo lo que quería era que la gente tomara las cosas con calma.”

Sólo después de que algunos periodistas fueron llevados a Kosovo por los serbios, y la evidencia que encontraron –The Independent recogió de la escena las claves de computadora de pedazos de bombas– demostró que la otan era responsable, fue cuando Shea presentó al comandante de los jets estadunidenses que bombardearon el convoy. En su mayoría, nuestros colegas en Bruselas recibieron la línea de la otan y la repitieron al aire como loros. “La otan tiene plena confianza en que atacó un convoy militar”, informó Laity en un principio. Nótese la redacción. No informó que la otan “dijo” tener confianza. Su confianza fue tomada como un hecho, exactamente como Shea quería.

Podemos entender los problemas de los corresponsales de defensa, en especial si trabajan para la bbc. No quieren perder sus contactos. “Yo hablaba con buenas personas, no con propagandistas”, diría Laity más tarde acerca de sus fuentes. Si los periodistas se volvían indebidamente escépticos, podrían ser considerados fuera de lugar, cínicos, incluso antipatrióticos. Nada nuevo en eso. Todavía recuerdo cómo un montón de corresponsales intentaron justificar la matanza del Domingo Sangriento en Derry en 1972 repitiendo las mentiras del ejército británico. Lo mismo ocurrió en la Guerra del Golfo de 1992.

El Servicio Mundial de la bbc eliminó poco a poco cualquier comentario crítico de su cobertura en el Golfo. Recuerdo haber encontrado un convoy médico del ejército británico, enviado a la frontera de Kuwait sin mapas, a punto de cruzar hacia territorio iraquí ocupado. Un montón de fuerzas especiales estadunidenses, un fotógrafo francés y yo los encontramos cuando intentaban negociar para que los dejaran cruzar la estación fronteriza saudita en Khafji, mientras su comandante –proveniente de Armagh, en Irlanda del Norte– me rogaba usar mi mapa porque no traía uno.

Cuando di cuenta de esto, la bbc optó por no entrevistarme. En cambio, dos reporteros fueron al aire para desacreditar mi reporte. “Anecdótico”, dijeron. Uno de ellos era Mark Laity.

Tal vez ese es el trabajo de un corresponsal de defensa: presentar el punto de vista del ejército. Por eso –con crueldad, pero, me temo, con veracidad– me referí en este diario al desempeño de Laity como el de “una oveja con piel de oveja”.
No he cambiado de opinión. Los corresponsales
de defensa fallaron en confrontar a Shea sobre el uso de cartuchos de uranio deprimido, sobre los civiles muertos en el hospital de Surdulica donde se escondían soldados serbios, sobre los informes de testigos de que el piloto de la otan que lanzó cohetes al tren yugoslavo en Gurdulice regresó para un segundo ataque, y sobre la crítica demanda de la otan de que los serbios permitieran que las tropas aliadas cruzaran por Yugoslavia, nación que fue simplemente abandonada al final de la guerra de Kosovo. Ningún reportero en Bruselas preguntó qué protección planeaba dar la otan a la minoría serbia en Kosovo después de la guerra. En su momento, la mayoría fueron “limpiados” por los albaneses a plena vista de la otan.

Los reporteros de la cadena británica itv tuvieron muchas más agallas. Quien haya observado la soberbia transmisión de Jonathan Dimbleby en la televisora lwt de esa cadena –desde dentro de Kosovo– puede ver de qué debe tratarse la información televisiva. Su cobertura de las expulsiones de serbios, de la intimidación del Ejército de Liberación de Kosovo a sus propios ciudadanos, y de la incapacidad de la otan de imponer orden, fue todo un modelo.

Dimbleby, junto con Keith Graves, de Sky, y otros, tal vez sean lobos en piel de lobo, pero hacen su trabajo, a diferencia de otros entre nuestros colegas durante la guerra. Veamos, por ejemplo, ese tren al que se ve acercarse a velocidad a la vista del bombardero en Gurdulice, demasiado tarde para poder evitar el ataque. ¿Parece que va demasiado rápido para ser un tren eléctrico que corre por un viaducto sobre el desfiladero de un río? En el video que Shea mostró a los chicos de la defensa, parecía moverse a la velocidad del Eurostar. Ahora resulta que la otan aumentó tres veces la velocidad del filme. Los reporteros en Bruselas no se dieron cuenta. Confiaron en la otan. Creían que la otan nunca mentía.

El 30 de agosto del año pasado, escasos dos meses después del fin de la guerra de Kosovo, los periodistas de la televisión se reunieron en Edimburgo para debatir su cobertura. Hubo algunos mea culpa y un montón de palmadas en la espalda –los chicos de la tele no se distinguen por su modestia– y, cuando sugerí que la cobertura de la otan había estado en el nivel de una revista militar para hombres, muchos menearon la cabeza. Laity calificó de “diatriba” mis críticas –yo había repetido la descripción de la “oveja”– y trató de justificar la guerra de la otan comparando el número de “errores” con el de ataques “exitosos”, proporción que, según recuerdo, supuestamente ascendía a uno por mil. En algún momento Laity reveló que, en las últimas etapas de la guerra, la otan tomó la decisión táctica de dejar de disculparse por la muerte de civiles en Yugoslavia. Era la primera vez que yo sabía de eso. ¿Por qué no nos lo dijeron en su momento?

Pero yo no estoy en contra de Laity. Estoy en contra de la cultura de la profesión de los corresponsales de guerra, como si su razón de ser fuera ofrecer el lado militar del argumento en vez de desafiar a los poderosos generales sobre un tema en el que se supone que los corresponsales son expertos. Los corresponsales de defensa trabajan duro. Recuerdo que Laity dijo que había hecho más de ochocientas transmisiones desde el cuartel de la otan durante el bombardeo; probablemente hizo muchas más en Bruselas, y a bajo costo, desde luego, para sus patrones. Pero luego, con una gran sonrisa, añadió en broma: “Yo era fácil, salía barato.”

Informes sobre la propuesta de empleo de la otan a Laity indican que todavía negocia una cifra más alta que las 100 mil libras que se piensa que le han ofrecido. Fácil, tal vez. Pero, sin duda, nada barato l

-08 Nov 2020 07:04


The Independent
Traducción de Jorge Anaya

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En Detroit, Michigan, cientos marcharon para celebrar la victoria de Joe Biden; Black Lives Matter también se movilizó para denunciar la violencia policial.Foto Afp

Nuevo York., Joseph Biden es presidente electo, pero la noticia que la mayoría festeja es que Donald Trump fue derrotado en una elección que fue, sobre todo, un referendo de su presidencia.

Biden y su compañera de fórmula, Kamala Harris, junto con gran parte de la cúpula política y económica del país, así como casi todos los medios y decenas de mandatarios que enviaron sus felicitaciones alrededor del mundo, de inmediato empezaron a preparar la transición, ignorando por completo la insistencia de Trump en que esto no ha acabado.

Trump rehusó reconocer el resultado, por ahora. Esta mañana escribió en un tuit: "Yo gané en grande", y se fue a jugar golf, donde recibió la noticia de que su contrincante fue declarado victorioso por los principales medios. Poco después agregó que "el hecho es que esta elección está lejos de acabarse", y mientras repite que la contienda "fue robada", informó que a partir del lunes su equipo la estará disputando en tribunales.

A la vez, rompiendo con la tradición, el alto liderazgo republicano guardó silencio sobre el triunfo de Biden, provocando aún más tensión sobre el conflicto que busca detonar el presidente. Pero la atención ya no giraba en torno a él, sino en el inicio de la era posTrump.

Biden ofreció su primer discurso como presidente electo esta noche cerca de su casa en Wilmington, Delaware, y nunca mencionó el nombre del actual mandatario. Declaró: "Me comprometo a ser un presidente que no busca dividir, sino unificar", y resaltó su mensaje de campaña, de buscar la presidencia "para restaurar el alma de Estados Unidos" y que ésta "es la hora para sanar".

Afirmó que el mandato de esta contienda es "promover las fuerzas de la decencia", la ciencia y la esperanza para "la batalla contra la pandemia, por la justicia racial y para salvar al mundo al controlar el cambio climático".

Aseguró que esta elección "fue una victoria por nosotros, el pueblo" (primera frase del preámbulo a la Constitución) y que se ganó con la mayor cantidad de votos (74 millones) en la historia. Indicó que su campaña fue impulsada por una coalición multirracial amplia y de identidades, incluyendo republicanos, y que como presidente gobernará para todos.

"Esta noche todo el mundo está viendo a Estados Unidos", al cual llamó "un faro para el mundo, pero no sólo por nuestro poder, sino por nuestro ejemplo", y con ello subrayó que trabajará para recuperar el respeto internacional por este país.

Ofreció una apasionada defensa del mito del "sueño americano", y aseguró que su país ofrece una oportunidad igual a todos. Insistió en que “somos un pueblo bueno… Somos Estados Unidos de América, no hay nada que no podamos hacer”. Y concluyó: "Seamos la nación que sabemos que podemos ser".

Harris, quien hace historia como la primera mujer, persona de color e hija de migrantes (su madre es de India y su padre de Jamaica) en ocupar la vicepresidencia, declaró al presentar a Biden en el acto de victoria: “Por cuatro años ustedes marcharon y se organizaron por la igualdad y la justicia, por nuestras vidas y nuestro planeta y después votaron… Optaron por la esperanza, la unidad, la decencia, la ciencia, y sí, la verdad”.

Resaltó el papel de las mujeres, sobre todo las de color, que han rescatado esta democracia constantemente. En cuanto al momento histórico de su próximo papel, dijo: "Yo seré la primera mujer en este puesto, pero no la última". Ahora empieza la tarea más difícil: combatir la pandemia, el racismo, la crisis económica. Estados Unidos "está listo, y también Joe y yo".

El festejo concluyó con fuegos artificiales, configuraciones aéreas con el número 46 y otras realizadas por drones guiados por computadora.

Después de cuatro años de ser considerado por una amplia gama como "el presidente más peligroso de la historia" de Estados Unidos, caracterizado por la persecución de migrantes, incluyendo el enjaulamiento de niños, el abierto endoso de agrupaciones supremacistas blancas y neonazis, el desmantelamiento de normas ambientales, el deterioro de los derechos civiles y el manejo irresponsable de la pandemia, Trump es ahora también el primer presidente desde 1992 en no ser relegido.

Biden será el presidente de Estados Unidos número 46. Ganó su tercera candidatura con el mensaje de restaurar la unidad y la "normalidad" política, así como su empatía personal en un país agotado debido al manejo errático de un mandatario distinguido por haber mentido y engañado más de 20 mil veces, incluso sobre su manejo de la pandemia, que fue probablemente el factor principal de su derrota.

Biden, quien cumplirá 78 años este mes, será el presidente de mayor edad al iniciar su mandato. También será el segundo católico, después de John F. Kennedy.

Pero estos comicios no fueron entre candidatos de dos partidos, sino, como repetía el senador Bernie Sanders, "entre la democracia y Donald Trump". El presidente electo, cuya carrera de 48 años en Washington lo distinguió como político centrista del Partido Demócrata y campeón de esfuerzos y negociaciones bipartidistas, nunca generó entusiasmo masivo entre el electorado.

Por lo tanto, su tarea de reparación de daños y restauración de normas también tendrá que responder a las diversas corrientes dentro y fuera del Partido Demócrata, un abanico amplio de sectores e intereses que se unieron en su objetivo de derrotar a Trump, pero que no tienen un consenso más allá de eso.

El triunfo electoral no fue de las dimensiones que deseaban los demócratas, quienes esperaban una "ola" suficientemente masiva como para ahogar la era Trump y proclamar que fue un desvío anormal de esta democracia. Pero aunque Biden obtuvo 4 millones más votos que Trump, su contrincante llegó a más de 70 millones, incrementando la cifra con que ganó en 2016. Por lo tanto, la amenaza del populismo derechista con tintes neofascistas no se ha aniquilado, sino estará más que presente al iniciar la era posTrump.

Pero aun con gran parte de Washington, Wall Street y el mundo reconociendo el resultado, Trump rehúsa ingresar a su postera y procederá a disputar la legitimidad de esta elección, tanto ante tribunales como con sus bases ultraderechistas en las calles, como empezó a suceder hoy en varias entidades, donde coreaban el lema "Alto al robo".

El nuevo presidente tiene cita el 20 de enero de 2021 para asumir su puesto. Entre hoy y esa fecha, Trump sigue como residente de la Casa Blanca y todos saben que es capaz de hacer mucho daño en lo que deben ser sus días finales.

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Bloqueos y protesta de la derecha en Santa Cruz de la Sierra  ________________________________________ Imagen: EFE

El país está en calma, con sus actividades normalizadas, sin cuarentena. Pero los focos de protesta se mantuvieron en Santa Cruz y, en menor medida,  Cochambamba.

 

Desde La Paz. Bolivia es un río revuelto de acontecimientos a menos de 48 horas de la toma de posesión de Luis Arce y David Choquehuanca. Se trata de una situación fuera de lo común: un gobierno de facto en retirada desordenada con mezcla de huida y movimientos desesperados, y un gobierno electo bajo amenazas y con gran respaldo popular.

La última de esas amenazas, pasada al acto, fue el ataque con dinamita al local del Movimiento al Socialismo (MAS) donde se encontraba Arce, que ocurrió el jueves en la noche en la ciudad de La Paz. La detonación tuvo lugar luego de un nuevo intento de movilización por parte de sectores de derecha que denuncian que tuvo lugar un fraude electoral y piden que se suspenda la toma de posesión.

El intento de generar acciones fuertes en La Paz no dio resultado hasta el momento. La ciudad está en calma, con sus actividades normalizadas, sin cuarentena. Los focos de protesta se mantuvieron en las zonas fuertes de la derecha, en Santa Cruz y, en menor medida, Cochabamba, en lo que es la geografía actual del conflicto boliviano: con fuerza en oriente, menor capacidad en el centro, hasta poco o casi nada en el centro del poder político paceño.

Las protestas tampoco demostraron un gran apoyo popular en el principal bastión cruceño. Allí, donde comenzó el viernes un “paro cívico” anunciado por el Comité Cívico, se reportaron tensiones entre quienes llevan adelante los bloqueos y habitantes de algunos barrios debido a la falta de consenso. En Cochabamba, donde la derecha desplegó grupos armados, se reportaron enfrentamientos con transportistas.

Rómulo Calvo, presidente del Comité, quien pedía a Jeanine Añez que suspendiera la toma de posesión del próximo domingo, afirmó en la tarde del viernes que “lamentablemente las acciones más importantes que tenía que haberlas dado nuestra presidenta, como parar el cambio de mano, no lo ha hecho, está dejando un país convulsionado”.

Junto a las acciones callejeras sin la repercusión esperada por sus dirigentes, se han dado nuevos intentos de desconocer los resultados electorales del pasado 18 de octubre. El principal acontecimiento tuvo lugar el jueves con una carta enviada por la vocal del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Rosario Baptista, al secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, para solicitarle una “auditoría especializada e independiente”, debido a la “posible existencia de un bloque de data alterno, técnicamente reservado, con acceso privilegiado, restringido y secreto (…) que podría haber condicionado el resultado final”.

La carta enviada por Baptista se tradujo en que otros dirigentes de la derecha se sumaran a cuestionar el resultado del 18 de octubre, como Jorge Quiroga, quien había desistido de su candidatura presidencial poco antes de la contienda. Carlos Mesa, segundo en las elecciones -con 26 puntos menos que Arce-, pidió al TSE dar explicaciones acerca de la carta presentada por Baptista.

La Sala Plena del TSE, encabezada por su presidente Salvador Romero, volvió a ratificar los resultados de las elecciones en una conferencia de prensa. El jefe de la misión del Centro Carter, José Antonio de Gabriel, quien fue parte de la observación electoral, también respaldó el resultado: “cuando se pone en duda una elección que se ha conducido con tanta transparencia, es muy importante que de manera igualmente transparente se aporten datos concretos (…) no simplemente echar una sombra de duda”.

En ese contexto, el gobierno de facto emite diferentes mensajes. Por un lado, el ministro de la presidencia, Yerko Nuñez, también le solicitó una auditoría al TSE. Por otro lado, Añez, envió un mensaje de cierre de gestión, y en cuanto a Arturo Murillo, quien fue ministro de facto de Gobierno, se especula que podría intentar una fuga del país, suposición que toma fuerza con la notificación hecha por la justicia a migraciones sobre la prohibición de salida del país de Murillo y de Fernando López –ex ministro de facto de Defensa.

El plan de última hora de un sector de la derecha parece entonces estar en proceso de naufragar debido al poco consenso social, falta de unidad, y activación tardía de las acciones. Mientras tanto, en la mañana del viernes, Arce y Choquehuanca estuvieron en el Tiwanaku, donde se realizó una ofrenda a la Pachamama, y ambos recibieron el bastón de mando de los amautas “para gobernar en paz, prosperidad y unidad”, según afirmó el nuevo presidente de Bolivia que asumirá el domingo.

En el centro de La Paz ya han comenzado a reunirse en la Plaza Murillo los primeros movimientos sociales, indígenas, venidos de diferentes puntos del país. Se espera también la llegada de la Central Obrera Boliviana que se declaró en emergencia y vigila debido a las amenazas de sectores de la derecha golpista. La toma de posesión del nuevo gobierno estará acompañada en las calles por quienes protagonizaron meses de resistencia, primero para impedir el golpe, luego ante sus imposiciones, persecuciones y masacres, y finalmente para lograr que se realizaran las elecciones que le dieron la victoria al MAS.

La jornada del domingo será seguida de la llegada de Evo Morales a Villazón el día lunes, desde donde comenzará una caravana que se espera multitudinaria hasta llegar a Chimoré el día 11 de noviembre, con una gran carga simbólica ya que, desde ese sitio, exactamente un año antes, tuvo que dejar el país producto del golpe de Estado y la persecución desatada. Con la asunción de Arce y Choquehuanca, y el regreso de Morales, habrá comenzado una nueva etapa en Bolivia, compleja y bajo asedios anunciados de un sector de la derecha. 

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Luis Arce, el 11 de marzo de 2019.Foto Roberto García Ortiz

Al nuevo gobierno le llevará hasta dos años y medio recuperarse del desastre financiero que deja el régimen de facto

Hace menos de un año, Luis Arce, ministro de Economía del gobierno de Evo Morales, se refugió en México. Este 8 de noviembre, tomará posesión como presidente del Estado Plurinacional de Bolivia.

 

Triunfador en los pasados comicios con más de 55 por ciento de la votación, artífice del milagro económico que su país vivió durante 13 años, se enfrentará ahora al desastre financiero dejado por el gobierno golpista de Jeanine Áñez. En escasos 11 meses la economía cayó entre 8 y 11 por ciento.

En entrevista exclusiva para La Jornada, Arce anuncia que a su país le tomará hasta dos años y medio recuperar las tasas de crecimiento que tenía antes del gobierno de facto.

A continuación, una síntesis de la charla con el mandatario electo.

–Un año después de un golpe de Estado, usted toma posesión como presidente de su país. ¿Cómo explicar este vuelco en la correlación de fuerzas? ¿De qué es resultado?

–Es una suma de cosas. La primera, lo ocurrido con los movimientos sociales. Cuando dan el golpe, nos encuentra desorganizados, desunidos y con una victoria en las elecciones, empañada por la participación de la OEA, que veía un supuesto fraude.

“Las organizaciones sociales estaban en la incertidumbre ante una derecha que tenía 21 días bloqueando el país, particularmente las ciudades, con efectos en la gestión y en la economía. Ese movimiento desata el golpe de Estado.

“Nuestras organizaciones sociales se movilizaron tímidamente para defender al gobierno del compañero Evo. No pudieron reaccionar oportunamente. Cuando viene la reacción es tarde, porque el golpe se consuma. Vienen las fuerzas armadas, la policía y todos los órganos represivos del Estado y se consolida el golpe.

“Fue un golpe de Estado cruento, que instauró un régimen que no era democracia. El ascenso de la señora Áñez fue inconstitucional. La población tiene una herida de no haber podido reaccionar oportunamente. Tiene una deuda con el Movimiento al Socialismo (MAS), luego de haber hecho tantas cosas por el país: de haber crecido, hecho obras, mejorado la educación, la salud, el nivel de vida de la gente. Todo eso se acumula junto con la derrota por la fuerza del pueblo en las calles. Ahí hay una herida en el pueblo boliviano que no estaba cicatrizada.

“El segundo consiste en que el gobierno de facto, en lugar de hacer gestión, empieza a hacer persecución política a dirigentes con el pretexto de la pacificación. Mete a muchos de ellos en la cárcel por actos supuestamente sediciosos.

“Luego viene una sensación de que la economía está mal. En el último trimestre del año pasado y en el primer trimestre de este año, sin coronavirus, el manejo económico era malo.

“El tercer elemento tiene que ver con la pandemia, su mal manejo, y el uso que le dan. La derecha tenía el plan de que las elecciones se realizaran hasta 2021. La pandemia les da oportunidad de postergarlas. En una primera instancia, la fecha de elecciones era el 3 de mayo. En abril, deciden llevarlo a agosto, luego a septiembre y luego a octubre. El pueblo, a través de la Central Obrera Boliviana y el Pacto de Unidad, se moviliza en plena pandemia y logra arrancar una fecha definitiva para las elecciones: el 18 de octubre.

“Son un cúmulo de cosas, más el mal manejo de la pandemia, que puso a Bolivia en el sexto lugar en la relación de muertes con respecto a habitantes. En las elecciones se va viendo eso y a una derecha sin ideas, sin propuestas. No proponían algo nuevo. Su consigna era ‘que no vuelva el MAS’.

"En cambio, nosotros fuimos con una propuesta para salir de la crisis. Tuvimos el voto oculto de la clase media, que había participado en las jornadas de octubre del año pasado y que se volcó al MAS, porque era el único partido que le podía proponer y garantizar estabilidad económica, política y social."

–En el golpe de Estado desempeñó un papel muy importante el Ejército y la policía. Al parecer se subestimó cómo estos actores podían involucrarse en una iniciativa golpista. ¿Qué garantía hay ahora de que eso no volverá a suceder?

–Nunca existe una garantía cuando están las cosas así y además la policía es endeble. Pero ahora las condiciones son diferentes.

"Primero, tenemos una victoria contundente del pueblo boliviano con 55 por ciento, inobjetable. Con un árbitro de ellos, designado por este gobierno, por la dictadura, por los partidos políticos que participaron en el golpe Estado. Las fuerzas armadas y la policía han sido duramente criticadas por el pueblo de Bolivia por lo que ocurrió. Ellos saben que han dañado su imagen e institucionalidad. La población se está dando cuenta ahora de que en realidad estos minoritarios son los que buscan la violencia, no nosotros."

–El golpe de Estado se impuso a sangre y fuego, con masacres en Senkata y Sacaba y civiles muertos. ¿Serán juzgados y castigados los responsables de esa represión?

–La Asamblea Legislativa Plurinacional ya ha dado un paso importante, al aprobar un juicio de responsabilidades para el gobierno autor. Anteriormente, ha habido grupos civiles que han iniciado cuestiones judiciales contra los asesinatos, que superan 36, y miles de heridos. La sentencia que corresponde escapa al control del Ejecutivo.

–¿Hay posibilidades de recomponer la economía en corto plazo? ¿Qué tan mal dejaron los golpistas las cosas?

–Para darle algunas cifras de comparación. La proyección de interno bruto para esta gestión 2020 está entre menos 8 y menos 11 por ciento. Es más, de acuerdo con las cifras oficiales de este gobierno, tres meses atrás ya habríamos alcanzado menos 8. Estamos con rumbo a profundizar la crisis. Esto, cuando Bolivia crecía a 8.2 por ciento. Es una caída de 15 o 16 puntos porcentuales, que es mucho. Por otra parte, el desempleo. Teníamos un desempleo de apenas 4 por ciento. Ahora supera 30 por ciento.

“Otro elemento es el déficit fiscal. Planteamos que íbamos a llegar a 6 por ciento de déficit fiscal. Pero ellos, ya a esta altura –y no ha acabado el año–, están en 9 por ciento de déficit fiscal. ¡50 por ciento más!

“El otro tema es la deuda. Es un tema muy preocupante. La deuda la dejamos en 25 por ciento del PIB. Ahora ya está a más de 32 por ciento, acercándose a 38 por ciento.

“Lo más importante: ha crecido la deuda interna del Banco Central, es decir, la maquinita de hacer billetes. Nosotros dejamos una deuda de cerca de 3 mil millones, más o menos, y ellos, en este tiempo, ya se han prestado entre 7 mil y 9 mil millones. Sumando estos 3 mil, ya estamos entre 11 y 12 mil millones. Es la estimación, porque no hay cifras. Estamos hablando que se habría cuadruplicado la deuda interna, con sus consiguientes riesgos sobre la inflación.

“El deterioro es muy fuerte. Con las cifras que hemos visto, salir de la crisis, para retomar el nivel de crecimiento, nos va a demandar entre uno y medio y dos y medio años. Va a ser un trabajo duro.

"Felizmente tenemos un plan para sacar el país adelante. Queremos implementarlo a la brevedad. Entre el siguiente año, el año y medio que viene, vamos a estar retomando las cifras que teníamos antes del golpe de Estado y de la pandemia."

–¿El triunfo de ustedes en Bolivia anuncia un cambio en la correlación de fuerzas en toda América Latina?

–Nuestra victoria en los comicios es del pueblo boliviano que recupera la democracia, el proceso de cambio. El mensaje es claro: no se puede, con un golpe de Estado, destruir un proceso que ha estado dando prosperidad a un pueblo, en lo económico en lo social. El pueblo, al final, sabe entender y es muy justo; es muy sabio al momento de decidir.

–¿Algún mensaje para México?

–Nuestro mensaje a los amigos allá que nos recibieron con los brazos abiertos es de un agradecimiento profundo, una predisposición completa a que trabajemos con el pueblo y con el gobierno mexicano, que estrechemos vínculos. Tenemos muchas cosas en común. Esperemos que con el gobierno del MAS y con el del presidente Andrés Manuel López Obrador podamos generar un clima propicio para mejorar nuestras relaciones.

"Un gran abrazo a todo lo que ha hecho el pueblo mexicano por los bolivianos que estábamos asilados allá. A nuestra embajadora, María Teresa Mercado, a la que siempre recuerdo, un gran saludo. Ella se impuso y permitió que saliera del país. Igual, quizás la historia hubiese sido otra. Muchas gracias. Esperemos que cada vez estemos más unidos en una diplomacia de los pueblos."

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En El Alto, Bolivia, mujeres participan en los festejos por la victoria con mayoría absoluta del Movimiento al Socialismo (MAS) en las elecciones generales del 18 de octubre.Foto Xinhua

La Paz., Vestidos de azul, con banderas indígenas wiphala, danzas y música de pueblos originarios, decenas de miles de personas celebraron ayer en Bolivia la victoria del Movimiento al Socialismo (MAS), alcanzada en las elecciones del pasado domingo.

El presidente y vicepresidente electos, Luis Arce y David Choquehuanca, participaron en la gran festividad en la ciudad de El Alto, adonde llegaron también habitantes de los más lejanos territorios del país andino-amazónico.

Arce y Choquehuanca fueron recibidos en medio de un ritual andino en el que chamanes aymaras –ataviados con tradicionales ponchos y gorros de lana de alpaca– les colgaron coronas de flores al cuello, y en una mesa con palos de madera quemaron una pequeña llama para pedirle a la Pachamama (Madre Tierra) que los acompañe en su gobierno.

"El pueblo conquistó con su lucha la alegría de la victoria. Unidos, al ritmo de moseñadas, bandas musicales y grupos autóctonos, celebramos la recuperación de la esperanza para todas y todos los bolivianos. Con la fuerza del pueblo #VamosASalirAdelante", escribió el presidente electo en su cuenta en Twitter.

Asimismo, Choquehuanca, ex canciller y ex secretario de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, aseguró que el MAS, junto a los distintos pueblos ancestrales que conforman el país, organizaciones sindicales, estudiantiles y otras, logró recuperar la democracia.

Luego de casi un año de un gobierno de facto instalado en el poder vía un golpe de Estado contra el entonces presidente Evo Morales, gran parte de los bolivianos celebra la derrota del golpismo.

Las autoridades transitorias (de acuerdo con numerosas denuncias), además de cometer matanzas, perseguir a los dirigentes y simpatizantes del MAS, incurrir en delitos de corrupción y desmantelar los programas sociales y económicos a favor de las mayorías, consumó actos de racismo.

Uno de los primeros fue desconocer la bandera wiphala que ondeaba en el palacio de gobierno, símbolo de la pluriculturalidad de este país, y además, llamar "salvajes" a los indígenas.

El gobierno encabezado por la saliente mandataria de facto, Jeanine Áñez, fue incapaz de atender con eficiencia la pandemia de Covid-19, la cual sirvió de pretexto a su régimen para cometer ilícitos, como la compra de respiradores artificiales a sobreprecio, entre otros.

“¡Un jallalla para todos! Esto es una demostración cultural por la recuperación de la democracia; el pueblo ha recuperado su ajayu y su coraje, el pueblo perdió el miedo”, expresó Choquehuanca en medio de la música, los vítores y la alegría.

El pasado domingo, con una participación superior a 80 por ciento, el binomio del MAS ganó en primera vuelta y de manera rotunda los comicios en Bolivia.

Arce y Choquehuanca obtuvieron 55.09 por ciento de los sufragios, 27.10 puntos porcentuales por encima de Carlos Mesa, de Comunidad Ciudadana, y 41.9 sobre Fernando Camacho, de Creemos.

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