Instalación de Chevron Texaco en Ecuador. Edu León

Las políticas neoliberales, con sus privatizaciones y tratados de libre comercio, provocan enormes desastres humanos y ambientales. Los grandes procesos de privatización en todos los sectores de la economía han dado a las multinacionales un poder ilimitado. Si bien en estos momentos los movimientos sociales globales no suponen una amenaza real para las grandes empresas, cuentan con una ventaja: no paran.


Cuando los noticieros televisivos muestran imágenes de pueblos africanos padeciendo severas hambrunas, desde la comodidad material del primer mundo se tiende a creer que el hambre es un problema provocado únicamente por fenómenos como las sequías o la incapacidad de determinadas regiones de producir alimentos. Si bien es cierto que en África, como en otras partes del planeta, ha habido hambrunas, grandes sequías y otras situaciones complicadas, estas se han dado en momentos concretos de la historia. Tal como se desprende al leer Crímenes de hambre (Alrevés, 2018), la última novela negra de denuncia social del escritor y antropólogo Miguel Pajares, los principales causantes del hambre en África y en otras regiones del planeta no son los desastres naturales sino las políticas de organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial.


Antes de la irrupción de estas instituciones, allá por la década de 1970, en países como Somalia o Níger no se pasaba hambre de manera continua. Según sostiene Pajares, que es también presidente de la Comisión Catalana de Ayuda al Refugiado (CCAR), “en África, como en otros lugares del mundo, cuando se sale de la colonización, se sale con deuda. Los nuevos gobiernos de la descolonización, de la liberación, tienen que asumir la deuda de los gobiernos anteriores. Y resulta además que la generosidad del FMI y el Banco Mundial es muy amplia, de manera que permiten que los gobiernos aumentan la deuda. Inicialmente, esto no tendría que suponer un grave problema. Pero la deuda es aprovechada para imponer las políticas neoliberales del FMI y el Banco Mundial”.


¿Cuáles son estas políticas? “Por un lado, consiguen que la deuda sea impagable. De ello se asegura la Reserva Federal de EEUU, que sube los tipos de interés por encima del 20%. Con semejante subida, las deudas son impagables. Porque los gobiernos, a pesar de ir pagando, solo pagan intereses. Y continuamente necesitan más dinero para seguir amortizando la deuda, de manera que se van endeudando cada vez más”, aclara Pajares.


Cuando llegan los plazos de amortización, el FMI y el Banco Mundial se ofrecen a prestar más dinero, pero con una serie de condiciones. Y es ahí donde imponen una políticas que, tal como afirma Pajares, “básicamente vienen a decir que las empresas tienen que poder expandirse por el mundo, que tienen que poder ganar dinero; que eso es bueno para todos porque así se desarrolla la economía; que las empresas no han de tener trabas para entrar en los países, no ha de haber aranceles y los impuestos tienen que ser los más bajos posibles. Desde la filosofía neoliberal se supone que, si las empresas funcionan bien, se invierte, se crea empleo y todos salen beneficiados”

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Tratados de libre comercio


Desde Justícia i Pau, una organización cristiana que desde Catalunya lucha por la defensa de los derechos humanos de las personas y los pueblos, se afirma que se ha puesto la economía en el centro de toda importancia y los beneficios económicos dentro del ámbito del comercio no regularizado se han convertido en lo más perseguido por las empresas transnacionales. Quienes son capaces de reducir costos lo hacen porque, sencillamente, dejan de pagar los costos reales de sus acciones.


Según Núria Carulla, responsable de la Comisión Norte Sur, integrada en el eje de desarrollo humano integral de Justícia i Pau, “las empresas transnacionales están protegidas por los tratados de libre comercio e inversión, que se consideran un elemento esencial para el desarrollo y la obtención de recursos necesarios para la vida actual y para el desarrollo de la tecnología tanto necesaria”.


Lejos de cumplir una función social, cosa que tratan de hacer entender a través de sus políticas de Responsabilidad Social Corporativa, lo que buscan la mayoría de empresas es reducir al mínimo los costes que generan sus actividades extractivas, industriales y energéticas. Como es sabido, esta reducción se consigue a base de desplazar las industrias hacia países con legislaciones laborales más débiles donde se puede explotar sin restricciones una mano de obra sin derecho ni a seguridad social, ni a medidas higiénicas y de seguridad laboral.
Tener productos abundantes y baratos significa que alguien, en algún otro lugar del planeta, lo está pagando muy caro. Tal como asegura Carulla, “las empresa también reducen costos en la protección del medio ambiente, se contaminan, tierras, agua y aire sin asumir los costes de reparación ni siquiera el coste de vidas humanas que ha provocado algún accidente por no invertir en medidas de seguridad”. Como ejemplo, recordemos el caso de la fábrica de productos químicos en Bhopal, India, donde una fuga de gas provocó la muerte de 25.000 personas que vivían en el entorno de las instalaciones.


El ejemplo de Níger


A partir de las peripecias del teniente Samuel Montcada, que trata de esclarecer las causas del asesinato en Barcelona de una activista reconocida internacionalmente, en Crímenes de hambre van asomando situaciones que permiten apreciar el verdadero alcance de las políticas neoliberales a escala mundial. Vemos, por ejemplo, el caso de Níger, un país que tenía la Oficina Nacional Veterinaria, una institución del Estado que, en situaciones de dificultad, repartía vitaminas y antiparasitarios a los pastores y los ganaderos.


Este país disponía también de una reserva de cereales para ser repartidos en casos de sequía o dificultades, y permitir a los agricultores hacer la siembra del año siguiente. Según Pajares, que se documenta a fondo para escribir sus novelas, “el gobierno fue obligado por el FMI y el Banco Mundial a desmantelar todo eso, ya que se supone que ese tipo de iniciativas o mecanismos van contra el libre mercado. En este contexto, en que no hay ningún tipo de restricción, quienes pueden penetrar mejor en el libre mercado son precisamente las grandes multinacionales, que se hacen con todo. Y a partir de ahí, sucede que los agricultores se arruinan, los pastores pierden sus ganados y no pueden comprar antiparasitarios y vitaminas a los precios de mercado”.


Luego viene el acaparamiento de tierras por parte de las multinacionales. Tal como remarca Pajares, “en los países africanos no hay títulos de propiedad sino que se rigen por un sistema consuetudinario en que los agricultores y los pastores tienen el uso de la tierra de generación en generación. Y lo que ha pasado es que los gobiernos han dicho que la tierra es suya y han empezado a venderla a las multinacionales, cosa que ha acarreado la expulsión de los agricultores de esos terrenos. Todo esto es lo que ha provocado el hambre. La mayor parte de las personas que pasan hambre en África habían sido agricultores que hasta antes de que se impusieran las condiciones del FMI y el Banco Mundial tenían más o menos resueltos los medios de subsistencia”, sentencia Pajares.


Las tierras, cedidas sin costo o compradas a bajo precio, sirven a las multinacionales para instalar explotaciones agrícolas intensivas o extractivas de minerales o combustibles fósiles. Movidos por el afán deobtener divisas, los gobiernos dan facilidad para la explotación de recursos naturales, pero no tienen en cuenta el derecho de las poblaciones que habitan ni el respeto al ecosistema. 

Privatización imparable


Durante las últimas décadas hemos asistido a grandes procesos de privatización en todos los sectores de la economía. Como consecuencia de ello, las multinacionales han acumulado poder hasta el punto de convertirse en el principal sujeto para vehicular las relaciones entre los países del norte y los del sur.


“Con el tema de las privatizaciones —sostiene Núria Carulla— se ha repetido como un mantra aquello de que las empresas públicas no funcionan porque son un nido de corrupción, porque los funcionarios son poco trabajadores o porque no cuentan con técnicos potentes. Bajo estos pretextos han querido hacer calar en la sociedad la idea de que las empresas privadas resultan más eficientes y salen más baratas a los estados”. Pero a esta incansable activista no les salen las cuentas ya que “la empresa pública, por muy mal que vaya, no deriva ni busca beneficios, mientras que la privada, sí. Por tanto, si las empresas privadas hacen las cosas más baratas, es sencillamente porque las hacen más mal. Y si las hacen bien, resulta que son más caras”.


En el ámbito de lo que se ha dado en llamar el Tercer Mundo, la cosa es mucho más grave. Según afirma Carulla, “las multinacionales y los grandes poderes actúan movidos por la idea de que los territorios son libres y que ellos pueden hacer lo que quieren porque los autóctonos son ignorantes e incapaces de oponer resistencia”.


Desastres medioambientales


El 25 de enero de 2019 quebró el dique de contención de una presa de residuos mineros de la compañía Vale, en Minas de Gerais, en el sudeste de Brasil. La tragedia se saldó con cerca de 200 muertos y más de 150 desaparecidos. Dos millones de toneladas de residuos contaminaron 305 quilómetros del río Paraopeba, dejando inservible sus aguas para todos los pueblos a los que abastecía.

Vale era una empresa pública brasileña que a partir de la primera década de 2000 comenzó a ser privatizada. Actualmente es la mayor empresa mundial en exportación de hierro. A pesar de la presión que puede ejercer la Agencia Nacional de Minería de Brasil, Vale, que tal como informaba hace algunas semanas Europa Press, ha instado a las compañías mineras a adoptar una serie de medidas de precaución y congelado más de 800 millones de reales (unos 191 millones de euros) de Vale para compensar a las víctimas, en general las multinacionales no están obligadas a rendir cuentas ante nadie, cosa que no pasaría si habláramos de empresas pública.


Según Núria Carulla, que ha realizado varias estancias en las comunidades indígenas de países latinoamericanos para visitar proyectos de cooperación y colaborar con organizaciones locales, “el problema de reclamar a las grandes empresas los males ambientales, el acaparamiento de tierra o las vulneraciones de derechos humanos que causan, es que se ha de pasar por un juicio de acuerdo con las leyes del país donde suceden los hechos. Lo que pasa es que muchas empresas multinacionales se rigen por las leyes en países donde tienen el capital. Entonces se amparan en que no pueden ofrecer compensaciones económicas porque en aquellos países no tienen capital”. Sus capitales se encuentran básicamente en paraísos fiscales.


Muchos recuerdan el caso de Chevron (antigua Texaco), la empresa petrolera norteamericana que contaminó miles de kilómetros en la amazonía ecuatoriana y provocó la desaparición de dos pueblos. Según ha informado recientemente el Observatorio Petrolero Sur, “la Corte de Justicia de Canadá negó la posibilidad a las comunidades ecuatorianas afectadas por Chevron-Texaco que buscaban continuar con el proceso judicial en el país”. Tras esta decisión, Chevron extiende su impunidad, mientras que la contaminación y las afectaciones de la amazonía ecuatoriana se agravan con el tiempo.

Carulla opina que las comunidades afectadas por Chevron se han organizado de un modo encomiable. “Hace más de veinte años que están de juicios y en todas partes, salvo en Canadá recientemente, les habían dado la razón; pero la compañía aún no ha pagado las indemnizaciones. Y luego hay otro problema: a pesar de que el Tribunal Supremo de Ecuador ha dado la razón a las comunidades, hay una figura curiosa que son los tribunales de arbitraje, un invento de las grandes empresas para que haya un tribunal que valore los litigios entre gobiernos y empresas. Son unos tribunales privados con muy pocos jueces que, con la legislación en la mano, siempre dan la razón al inversor o empresa ya que no existe una legislación internacional que compense. La cuestión de la privatización lleva todos estos males”. Y por otro lado, Carulla aclara que debemos tener presente que “la privatización, si se ha de realizar, debe ser en siempre el caso de subsidiariedad, es decir, cuando un ente público no puede llevar a cabo un trabajo determinado por una razón apremiante. Pero privatizar de manera sistemática y porque sí, no aporta ningún bien en principio”.


Plantando cara a las multinacionales


Puede que en estos momentos los movimientos sociales no sean una amenaza real para las grandes empresas. Pero cuentan con una ventaja: no paran. Cada vez son más quienes claman por el empoderamiento de los sectores más desfavorecidos y forman un frente común, desde campañas globales, a las multinacionales y al agronegocio, al capitalismo internacional y al libre comercio.


Nada menos que 200 millones de campesinos y campesinas de 81 países y agrupados en 182 organizaciones forman parte de La Vía Campesina, un movimiento internacional nacido en 1993 en Mons (Bélgica) con el afán de defender la soberanía alimentaria, los derechos campesinos, la promoción de agroecología, la defensa de las semillas locales y la descentralización del poder. “Globalicemos la luchas, globalicemos la esperanza”, es el lema de una organización “construida sobre un fuerte sentido de unidad, la solidaridad entre estos grupos, que defiende la agricultura campesina por la soberanía alimentaria como una forma de promover la justicia social y dignidad”.


Dos décadas después, en 2012 se inició otra campaña global, Dismantel Corporate Power, que pretende acabar con el poder y la impunidad de las empresas transnacionales. Según se afirma en el manifiesto del movimiento, “el 99% de los y las habitantes del planeta nos vemos afectados por la creciente concentración del poder en manos del 1 por ciento más rico. Este poder queda manifiestamente ilustrado con las 737 grandes transnacionales, muy conectadas entre sí, que controlan el 80 por ciento del capital de las mayores empresas del mundo. La mitad de ese capital está concentrado en las manos de apenas 147 empresas, la mayoría de las cuales son corporaciones financieras”. A esta campaña, que es una valiente respuesta por parte de las comunidades afectadas, se han adherido hasta ahora más de 200 organizaciones que luchan para parar los pies a estas grandes empresas. ¿Consiguen atemorizar a las grandes corporaciones estos movimientos? En opinión de Carulla, “por sí solos no representan ninguna amenaza preocupante para estas compañías”.


Fijémonos en Pablo Fajardo, el abogado de las comunidades afectadas en el caso Chevron. Además de afrontar constantemente el riesgo de ser asesinado, Fajardo tiene que luchar contra los 2.000 abogados contratados por Chevron, mientras que él solo cuenta con el apoyo de unos diez letrados, los cuales, por otra parte, no pueden ofrecerles ayuda a tiempo completo puesto que tienen que trabajar para poder mantenerse. Según manifiesta Carulla, “la amenaza para las compañías es que, gracias a las redes internacionales, todos nos enteramos de lo que pasa, por lo que podemos llevar a cabo acciones como hacer preguntas a un parlamento determinado, escribir cartas a las empresas, hacer un boicot a una marca y cosas por el estilo Y, si hay la posibilidad, también podemos dar apoyo económico y técnico a todos estos movimientos”.


Ante el poder de las empresas transnacionales, las comunidades de campesinos e indígenas de todo el mundo se pueden ver como la lucha de David contra Goliat, una lucha totalmente desproporcionada en la que el campesinado y los pueblos indígenas cuentan con pocas posibilidades de ganar. Sin embargo, la conciencia de la defensa de los derechos y la dignidad ha crecido mucho en los últimos años. Tal como recuerda Carulla, “cada vez más, las acciones para defender el territorio, el agua, y la naturaleza de la que depende la propia vida, así como sus derechos económicos, sociales y culturales se coordinan con otras organizaciones y redes que apoyan a las luchas locales”.


Decía Noam Chomsky que los pueblos indígenas están salvando el planeta de un desastre ambiental. Sin embargo, la defensa de los derechos humanos es, en opinión de Carulla, una tarea global en la que toda la ciudadanía consciente se debería implicar. “El cambio climático tiene causas muy diversas pero el medio ambiente es frágil y la contaminación de la tierra, agua, mares y aire no tiene fronteras, por lo que termina afectando a todo el planeta además de causar dolor y pérdida de calidad de vida a las poblaciones directamente afectadas. Hay muchas maneras de apoyar la lucha de las comunidades que están en primera línea, hay oenegés aquí que trabajan con estas comunidades y que con esta ayuda, difusión y denuncia pueden continuar este enfrentamiento tan desigual”.


Precariedad y pobreza


Hacia el final de Crímenes de hambre, Mario, el entrañable y pedagógico economista que acompaña al teniente Montcada, plantea una inquietante reflexión acerca de la pobreza y la precariedad. Viene a decir que en países como España, cada vez hay más gente que vive en situación de pobreza a pesar de tener un empleo. Sin embargo, a pesar de la precariedad creciente en que vivimos, no nos gusta pensar en la idea de que somos pobres o que corremos el riesgo de serlo en algún momento.
En la UE tenemos el paradigmático caso de Grecia, un país en cierto modo equiparable a España. Dada la situación que se vivía en sus fronteras con la llegada masiva de migrantes, al gobierno griego le concedieron unos préstamos muy importantes para “armarse” frente al problema migratorio. Con la llegada de la crisis, el país heleno no pudo pagar la deuda. ¿Y qué hizo la UE? Según afirma Carulla, “Europa dejó a Grecia en una situación bastante comprometida. Si bien hubo una especie de condonación de la deuda, esta se llevó a cabo con unas condiciones neoliberales brutales. Una de esas condiciones fue la de reducir las pensiones a la mitad. Una simple orden de la UE ha llevado a todo un país a una situación desesperada. De manera que el riesgo es real”.


Si bien Carulla considera que no se trata de meter miedo en el cuerpo, sí cree, en cambio, que la ciudadanía debe ser consciente de ciertas cosas y movilizarse: “Democráticamente, los ciudadanos únicamente decidimos quiénes queremos que sean nuestros gobernantes, aunque bien es cierto que muchas veces los resultados electorales no nos satisfacen. Pero aceptamos las reglas del juego democrático. Ahora bien, lo que no es tan aceptable es que el único poder de la ciudadanía resida en votar una vez cada cuatro años. El ciudadano ha de ser más activo en el tejido democrático. Por ejemplo, tenemos la cuestión de las pensiones: los pensionistas del país vasco se están manifestando constantemente y la sociedad responde llamándolos yayoflautas con cierto sentido despectivo. Ante cualquier situación contraria al statu quo y a la tranquilidad, la sociedad responde con una especie de desprecio hacia quienes de algún se muestran insistente reivindicando sus derechos. A los ecologistas, por ejemplo, hasta que no se ha demostrado que lo del cambio climático es completamente real, les han dicho de todo. Quienes se mueven y protestan son quienes hacen que una democracia sea más activa”, sentencia.

2019-04-10 06:36:00

 

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“La riqueza infinita en un mundo finito no es posible”

El pensador afirma que es falsa la promesa del capitalismo de un acceso a una riqueza ilimitada. Además declara que el amor está en peligro. A la vez, se siente esperanzado por las nuevas formas de ciudadanía que buscan combatir las desigualdades.

 Somos hijos de un delirio, que a su vez fecundó otros. El inicial se creó en Occidente y sus descendientes se expandieron por todo el mundo con el capitalismo como bandera. Casi no existe esfera que no haya sido contaminada por ese delirio que preside el destino del mundo. El filósofo francés Dany Robert Dufour, profesor de Ciencias de la Educación de la Universidad París VIII, ha trazado el itinerario de ese delirio y escaneado sus implicaciones nefastas en su libro El delirio Occidental y sus efectos actuales en la vida cotidiana: trabajo, amor y ocio (MRA Ediciones, Barcelona). Dufour es un sabio fiel a sus ideas, un tipo lleno de bondad y lucidez humanista. El ensayo es un extraordinario alegato contra el productivismo y la tecno dictadura así como una minuciosa desconstrucción de los mitos positivos del liberalismo: no libera sino que crea dependencias, no construye sino que destruye acumulando basura y desigualdad. 

Dany Robert Dufour tiene una obra filosófica muy rica consagrada a la amoralidad del liberalismo y sus consecuencias sobre el ser humano. En 2011, con su ensayo L’individu qui vient... après le libéralisme (El individuo que viene… después del liberalismo) Dufour se interrogaba sobre la forma de resistir a opresión liberal y sobre qué tipo de individuo vendría después. Ahora, con El delirio occidental, Dany Robert Dufour, nos habla de un individuo embrujado por ese delirio occidental. La reflexión la completa con otro ensayo de título exquisito y esperanzador: “La situación desesperada del presente me llena de esperanzas. Frente a tres delirios políticos, la hipótesis del arte de convivir”. En esta entrevista con PáginaI12 en París, el filósofo francés desenvuelve la red que nos captura y abre un par de ventanas hacia la emancipación.


–Su libro El delirio occidental y sus efectos actuales en la vida cotidiana: trabajo, amor y ocio aborda la dimensión predadora de Occidente y su capacidad de seducir, a pesar de que es un obvio modelo de destrucción. El origen filosófico de este delirio ha llevado al mundo a la fase de extinción de la que tanto se habla.


–El término delirio se aplica generalmente al campo de la psicología individual. Pero no hay que olvidar que el delirio forma una pareja con la razón. La racionalidad occidental nació con el filósofo Descartes en la primera parte del Siglo XVII. En su célebre libro El discurso del método, Descartes anuncia que las ciencias deben dejar de ser contemplativas para volverse activas. Ello tendrá como consecuencia el hecho de que los seres humanos van a convertirse en amos y dueños de la naturaleza. Es allí donde la razón occidental se vuelve delirante. Nuestro punto de partida es la naturaleza, somos parte de ella y no los amos. La pretensión de extraerse de la naturaleza crea una suerte de delirio de potencia y de grandeza. El capitalismo deriva de esa concepción cuando se dota de los medios de actuar en el mundo con su promesa de sacar al mundo del régimen de la penuria para ingresar en un mundo de abundancia. El capitalismo terminó produciendo un montón de esos artificios de los que hablaba Descartes, es decir, objetos manufacturados para el consumo. Es, de hecho, una promesa delirante con el fin de gozar de un montón de objetos destinados a ampliar la vida, nuestra presencia en el mundo y nuestro poder sobre él. Nos damos cuenta de que ese delirio que quiso controlar el mundo lo ha estado más bien destruyendo. Ha destruido nuestra relación con la naturaleza y los principales parámetros de los ecosistemas que regulan la vida en la tierra. Ese es el comienzo de la razón delirante. La promesa incumplible e insostenible del capitalismo se ha plasmado con el capitalismo del consumo, el cual, a su vez, destruye las bases de la vida. Se trata de un delirio occidental porque nació en Occidente pero terminó arrasando en todo el mundo. El corazón del capitalismo moderno remite al término griego de pleonexia, o sea, el apetito insaciable de poseer siempre más. Por eso los filósofos de la Grecia antigua recomendaban contener la pleonexia. Es preciso controlar esa dimensión que forma parte de la vida humana porque resulta muy destructiva. La promesa del capitalismo de un acceso a la riqueza infinita es falsa. La riqueza infinita en un mundo finito no es posible.

–Usted rescata una sensación contradictoria que afecta a los seres humanos inmersos en este delirio de consumo: el desencanto, la impotencia, lo que usted llama “la melancolía generacional de Occidente”.

–Ocurre que en el momento en que tenemos todo, nos damos cuenta de que no tenemos gran cosa. Tenemos objetos, posibilidades, tenemos diversiones, etc, etc. Pero desde el punto de vista del ser, hay algo que no está colmado. La multiplicación de las posesiones no nos llena. La dimensión fundamental del ser humano no está colmada, satisfecha. Hay entonces una melancolía porque percibimos que nos estamos perdiendo algo. La vida no consiste en poseer objetos manufacturados sino en fabricarlos nosotros mismos. Esos objetos pueden ser nuestros libros, nuestros cuadros, nuestras redes de amigos, nuestro lenguaje. Pero el mercado ofrece objetos manufacturados sin subjetividad. Fabricar nuestros propios objetos significa que hace falta un sujeto para fabricarlos, y ese sujeto soy yo. El trabajo moderno carece de subjetividad, está industrializado, instrumentalizado, parcelado, es meramente utilitario. Es delirante. De ello proviene la melancolía de la población. Hay mucho, pero no tenemos nada.

–Trabajo, ocio, amor: el delirio de Occidente contaminó cada espacio de nuestra vida. El amor es casi el único objeto revolucionario que nos queda, pero también está amenazado por la idea de marcado.


–Los efectos del delirio occidental en el trabajo lo acabamos de abordar. Y en lo que atañe al ocio, el delirio de Occidente lo pervierte porque el espacio del ocio se convirtió en un espacio de diversión y no de tiempo de trabajo para uno mismo y sobre uno mismo. Y el amor, que es lo más sorprendente y bello que hay en la vida, ha sido pervertido y reemplazado por la pornografía contemporánea de las satisfacciones. Ya no necesitamos encontrar a alguien para construir algo con él. El espacio amoroso está saturado por un mercado pornográfico que empieza a actuar desde la adolescencia con la meta de la eficacia sexual. Se olvida que, de pronto, hay algo más que se puede construir más allá de los objetos de satisfacción o de puro placer. El amor ha sido dañado por el delirio occidental. El amor está en peligro.


–La conquista occidental del mundo, la invasión del mercado como regulador de todo, no parece tener límite. Ha penetrado incluso a sociedades que contaban con su propia filosofía, con su propia cosmovisión. ¿Cómo se explica esa extraordinaria contaminación de todas las conciencias?.


–Las burguesías internacionales imponen sus modelos. Creo que si las poblaciones han sido receptivas a esta propuesta del capitalismo se debe, en parte, a que estas culturas posmodernas, esas culturas que acceden a un capitalismo tardío y su promesa de liberación absoluta, creen igualmente en la promesa de salir de los cercos morales heredados de las culturas clásicas o antiguas.¡Olviden todo y prueben la verdadera liberación del capitalismo, donde todo está autorizado y permitido!. El capitalismo funciona siempre así: promete una liberación que luego conduce a nuevas alienaciones. Fíjese la historia del cigarrillo y la liberación de la mujer. En 1929, los productores de cigarrillos estaban muy enojados porque la mitad de la humanidad, o sea las mujeres, no fumaba. Le encargaron una campaña a Edward Bernays, que era un sobrino de Freud. La campaña publicitaria de Bernays consistió en decir que el cigarrillo era una empresa de liberación de la mujer porque permitía que las mujeres se apoderaran de un objeto masculino. ¡ Fumando se volvían autónomas, liberadas con un tóxico mortal !. El modelo de liberación ofrecido por todos los objetos manufacturados no hace más que producir nuevas adicciones.

–Lo más escatológico es que, cuando más produce el capitalismo, más basura se acumula.

–Toda esta súper producción termina en basura que está cubriendo el mundo. Además del delirio, en el capitalismo hay una dimensión perversa. En la perversión, incluida la perversión freudiana, el primer estado de la perversión es el estado sádico-anal. Cambiamos mierda por algo, y ese algo se convierte en dinero y con él entramos en un ciclo infinito de dinero. Pero, al final, de ese ciclo, lo único que hay es mierda y basura. La misma que está recubriendo el mundo y con la cual no sabemos qué hacer. En los océanos hay continentes enteros de plástico que se desplazan por el mar. Los objetos tienen una obsolescencia programada. Continuamente los renovamos por otros que, a su vez, se vuelven basura. El límite moral del capitalismo fue hecho añicos. Pero desde ahora nos enfrentamos a un límite natural. El mundo no puede absorber más la masa de producción, todo el flujo de basura que perturba cada uno de los ciclos y altera la vida misma. No podemos continuar. Estamos en un sistema que nos conduce al abismo y no sabemos cómo detenerlo. En este momento estamos en la fase de frenesí del consumo. Pronto llegará la época del pánico.

–Y sin embargo, pese al panorama, su ultimo ensayo es un canto paradójico a la vida: “La situación desesperada del presente me llena de esperanzas. Frente a tres delirios políticos, la hipótesis del arte de convivir”.


–Bueno, lo primero: es una frase de Marx. Efectivamente, estamos no sólo en el delirio occidental sino que, encima, ese delirio suscita otros delirios. Políticamente hay tres. Uno: el de la pleonexia, o sea, el híper consumo. dos: el delirio de la pureza que consiste en recuperar la alianza original con Dios. Esa es la postura de los fundamentalistas, o sea, el teofascismo de los islamistas salafistas radicales que buscan la pureza original. Pero esa promesa de una pureza plena se transforma en suciedad absoluta: se dispara contra la multitud, se cortan cabezas, se mutilan miembros, etc. El delirio se encarna en la forma contraria que lo creó. El tercero: el delirio nacional de la identidad con su idea de una pureza del pueblo. El precio a pagar por ese delirio es la expulsión de los extranjeros y la fabricación de nuevos chivos expiatorios. Ese delirio de la identidad no puede sino conducir a lo que ocurrió en los años 30 del Siglo XX: nazismo, fascismo. ¿Cómo salir de esto y reconstruir una base para existir? No estoy desesperado ni tampoco soy completamente optimista. Pero todo esto me llena de esperanzas porque creo que hemos tocado fondo y ya no podemos ir más hacia abajo. Tal vez, en la conjunción de estos tres delirios hay una salida posible. Lo vemos en varios países del mundo, empezando por Francia con los chalecos amarillos donde todo emana del pueblo. El liberalismo continuó expandiéndose en el mundo con su lote de de-subjetivación, de de-socialización, de control de la población mediante los psico-poderes y de crecimiento de las desigualdades en el mundo. Sin embargo, hay muchos datos que muestran cómo la población resiste. La insurrección de los chalecos amarillos en Francia es una prueba de ello. El presidente Emmanuel Macron dijo en una entrevista que él era la “emanación del gusto del pueblo francés por lo romanesco”. Ahora está descubriendo que es la emanación del asco del pueblo francés por la desigualdad. Hay algo que se está armando y que tiene que ver con las nuevas formas de ciudadanía, con formas de combatir las desigualdades y de restaurar la dignidad de los individuos, con una manera de respetar el medio ambiente sin regresar a la vela. Hay búsquedas en curso y eso me evita estar completamente desesperado. El individuo post liberal se está preparando para llevar a cabo combates muy rudos. La gente reflexiona sobre lo que quiere y no quiere, y actúa.


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El capitalismo y los hoyos negros de la modernidad

El mundo moderno está en crisis y todo apunta a que o se detiene y se remonta, o se transita hacia el colapso de la civilización industrial. Aquí sostengo que hoy existe suficiente evidencia científica, la mayor parte producida en la reciente década, que permite reconocer las causas profundas de esta crisis y que, en consecuencia, se pueden y deben desarrollar procesos políticos de emancipación o liberación dirigidos a anularlas. La causa de esta crisis global, que aparece como una crisis doble (social y ecológica) es, por supuesto, el capitalismo en su fase corporativa, es decir la élite formada por uno por ciento de la hu¬manidad, que hoy opera como una "clase dominante trasnacional" cuyo poder se encuentra protegido por un formidable complejo industrial, militar y de medios. Este uno por ciento actúa como sector depredador (de la naturaleza) y parasitario (de los otros seres humanos). El gran reto es encontrar los mecanismos para acabar con ese poderío descomunal, cuya célula o aparato identificable es la corporación ( El capitalismo caníbal, Joel Bakan, 2009), donde nuestra mayor fortaleza, casi la única, se encuentra en que somos 99 por ciento de la especie. Toda la gama de conflictos que aparecen en escalas menores, conflictividades secundarias, terciarias, etcétera son, para mi gusto, choques que distraen y terminan por ocultar la "batalla central", que es evitar o desarticular ese enorme poderío concentrado en una minoría de minorías rapaz. Los conflictos generados en el mundo a raíz de los "ismos", sean ideológicos, religiosos, nacionales, etcétera, pierden sentido si no se encuadran en el gran objetivo de terminar con esas gigantescas maquinarias de extracción de riqueza, la cual obtienen de una doble explotación: del trabajo de los hombres y del trabajo de la naturaleza.

Estas máquinas de explotación y muerte, recuerdan de inmediato el caso de los hoyos negros encontrados por los astrofísicos en el universo: sistemas que todo lo atraen, succionan y desaparecen. Hoy son las corporaciones como sistemas globales de dominación, los hoyos negros de la modernidad. Sólo un ejemplo, aterrador: las corporaciones biotecnológicas encabezadas por Monsanto se han devorado toda la biodiversidad de 54 millones de hectáreas (selvas, bosques, matorrales, etcétera) para sembrar extensos monocultivos de soya transgénica en Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia. Esa superficie equivale casi a la de Francia o cinco veces el tamaño de Guatemala (https://bit.ly/2NWJwWo). ¿Dónde están los ambientalistas del mundo denunciando este atentado?

Comencemos por mostrar, con datos duros derivados de investigaciones recientes, algo que muy pocos saben: que estamos viviendo ¡el periodo con la mayor concentración de riqueza de toda la historia humana! Unas cuantas decenas de corporaciones, y cada vez menos conforme avanza la megamonopolización, controlan y dominan el mundo, la mitad de las cuales proceden de Francia, Alemania, Holanda, Japón y Estados Unidos. Estas corporaciones poseen 90 por ciento de las tecnologías y patentes del mundo, controlan 70 por ciento del comercio mundial, y emplean a decenas de miles de científicos e ingenieros. Su mayor poder radica en la extracción de minerales, petróleo, gas, diésel y turbosina. Pero también poseen la mayoría de productoras de energía hidroeléctrica, nuclear, carbonífera y de papel, así como en la producción, procesamiento y distribución de alimentos. Igualmente manufacturan y venden la mayoría de los autos, aviones, satélites, computadoras, químicos, medicamentos y productos biotecnológicos que se consumen en el mundo. El planeta, corporativizado.

Estudios científicos y análisis estadísticos han mostrado procesos históricos de máxima concentración de capital y las mayores tasas de ganancia registradas. Por ejemplo, los máximos históricos del índice Dow Jones, o las ganancias récord de los hombres de negocios más ricos, las que aumentaron en 2017 en 20 por ciento hasta alcanzar 8.9 billones de dólares (UBS Billonaires 2018). Los 62 seres más ricos del mundo (sólo nueve mujeres entre ellos) poseen una riqueza igual a la de 3 mil 600 millones. Destaca el estudio de tres investigadores suizos. Tras el análisis de la base de datos Orbis 2007, donde figuran 37 millones de empresas, encontraron que un grupo de solamente mil 318 corporativos y bancos domina la mayor parte de la economía mundial (New Scientist, 19/11/11). Complementando lo anterior P. Phillips y K. Soeiro describieron la "punta de la pirámide": 25 corporaciones encabezadas por la minera Freeport-McMoRan y el banco Black Rock Inc. (https://bit.ly/2SpFYmP).

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Viernes, 04 Enero 2019 06:59

Miseria y desigualdad en Colombia

Miseria y desigualdad en Colombia

Como el segundo país más desigual de América Latina aparece Colombia, donde el hambre y la miseria junto a los altos índices de criminalidad y difícil acceso a la educación y a la salud son hechos cotidianos para el grueso de su población.


Pese a ser Colombia uno de los principales aliados de Estados Unidos en la región, el dinero que le entrega la Casa Blanca va destinado al sector militar y no a resolver las necesidades de millones de ciudadanos pobres.


A Colombia las últimas administraciones norteamericanas y en especial la actual presidida por el magnate Donald Trump le han asignado la tarea de ser el principal actor contra la República Bolivariana de Venezuela, porque funcionaría como base logística y de agresión armada contra Caracas que ha decidido defender su independencia y se ha negado a instaurar un sistema neoliberal como exige Washington para la región.


Recordemos que en suelo colombiano están establecidas siete bases norteamericanas que cuentan con gran poder militar ubicadas en Apiay, Malambo, Cartagena, Palenguero, Tulemaida, Larandida y Bahía Málaga.


Después del recorrido realizado por el secretario de Estado norteamericano, Red Tillerson por México, Perú, Argentina, Colombia y Jamaica con el manifiesto propósito de incrementar las presiones económico-financieras contra Venezuela, el presidente colombiano Juan Manuel Santos inició conversaciones con el FMI, el BID y el BM para que cuando Caracas cambie o sea derrocado su gobierno, se apruebe un plan de rescate por 60 000 millones de dólares.


Esa información la ofreció el ministro de Hacienda colombiano, Mauricio Cárdenas quien agregó que a su país le gustaría tener un papel más destacado en Venezuela en caso de que se dé un cambio de gobierno tal como afirmó Tillerson en Austin, Texas antes de comenzar su periplo por América Latina.


Paradójicamente, los mismos organismos financieros con los cuales Santos quiere lograr una supuesta ayuda para Venezuela, confirman que Colombia vive una situación delicada, por ser una de las naciones más desiguales del mundo y la segunda de Latinoamérica.


Esto se debe a que el 20 % de los ingresos del país están concentrados en el 1 % de la población mientras la mitad de esas entradas la recibe solo el 10 %.
La política de expulsión de campesinos y de poblaciones indígenas bajo amenazas y asesinatos ha provocado que el 1 % de las familias ricas y empresas transnacionales sean dueñas del 81 % del territorio nacional.


Un informe presentado en la 62 sesión del Comité del Pacto de los Derechos Económicos, Sociales y Culturales, DES, de las Naciones Unidas, denuncia que de los 43 millones de personas en el país, 22 millones sobreviven en condiciones de pobreza


El documento asevera que el despojo generado por los desplazamientos permitió que entre 1980 a 2016 más de 7.4 millones de hectáreas cambiaran de dueños, lo cual profundizó el modelo de propiedad de tierra desigual.


Una de las denuncias más importantes es que a partir del 2002 hay un incremento en el otorgamiento de títulos mineros e hidrocarburos que se elevan a 4.9 millones de hectáreas a cambio de favores a funcionarios estatales, que ha provocado el quebrantamiento de grupos indígenas y graves afectaciones medioambientales. Privatizaciones indiscriminadas bajo el régimen neoliberal.


El Fondo de Naciones Unidas para la Educación y la Infancia (UNICEF) reveló que uno de cada diez niños sufre desnutrición crónica en ese país andino, mientras el Instituto Nacional de Salud advirtió que cada semana mueren al menos cinco menores a causa de la desnutrición.


Desde enero hasta de noviembre de 2016, en la Guajira fallecieron 66 niños por hambre, pertenecientes al pueblo indígena Wayúu. En la última década, en Colombia han muerto aproximadamente 2 000 niños y niñas por este mismo motivo.


Al igual que todos los gobiernos que aplican al pie de la letra las más estrictas leyes neoliberales, los ricos en Colombia pagan menos impuestos.
En cuanto a los empleos, el 64 % de los colombianos lo hacen en la informalidad, el 18 % bajo relaciones laborales ilegales, mientras que el 89 % de los asalariados rurales carece de protección social. Además, el 47.1 % de los trabajadores ganan menos del salario mínimo legal.


Las privatizaciones se extendieron por todos los sectores: bancario, empresas inmobiliarias, servicios de agua, alcantarillado, educación, salud, seguros, minería.
Con la entrada en vigor el 15 de mayo de 2012 del Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos, se aceleró la fuga de capitales, la destrucción ambiental; aumentó la privatización de servicios esenciales como educación, agua, electricidad y salud; se incrementó la desigualdad y el trabajo precario; se redujo la producción alimentaria con la entrada de mercancías subsidiadas procedentes de Estados Unidos, y sobre todo, se perdió la soberanía económica y política de la nación.
A todas estas desventajas sociales y económicas, se suma una violencia histórica que ni con la firma de los acuerdos de La Habana se han podido resolver ya que continúan los asesinatos a líderes sociales, desplazamientos forzados, hechos violentos, incumplimiento de acuerdos con sindicatos y falta de garantías para las protestas pacíficas.


Aunque el presidente Santos, con toda la maquinaria de los medios de comunicación occidentales que lo apoyan, trate de que ocurra un cambio de sistema en la República Bolivariana cuyo gobierno ha beneficiado a la mayoría menos favorecida de Venezuela, los datos que ofrece Colombia son la antítesis de lo que los pueblos latinoamericanos desean: atención educacional, salud, bienestar social y paz.


Hedelberto López Blanch, periodista, escritor e investigador cubano, especialista en política internacional.

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El 2019 será un año de incertidumbre para América Latina: CEPAL

El año 2019 se vislumbra como un período en el que lejos de disminuir, las incertidumbres económicas mundiales serán mayores y provenientes de distintos frentes. Esto repercutirá en el crecimiento de las economías de América Latina y el Caribe las que, en promedio, se expandirían 1,7% según nuevas proyecciones entregadas hoy por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
El organismo regional de las Naciones Unidas dio a conocer su último informe económico del año, el Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe 2018, en una conferencia de prensa encabezada por su Secretaria Ejecutiva, Alicia Bárcena, en Santiago de Chile.


Según el documento, los países de América Latina y el Caribe enfrentarán un escenario económico mundial complejo en los próximos años, en el cual se espera una reducción de la dinámica del crecimiento, tanto de los países desarrollados como de las economías emergentes, acompañada por un aumento en la volatilidad de los mercados financieros internacionales. A esto se suma el debilitamiento estructural del comercio internacional, agravado por las tensiones comerciales entre los Estados Unidos y China.


La proyección de crecimiento económico para América Latina y el Caribe en 2019 es de 1,7%, levemente inferior a la informada por la CEPAL en octubre pasado (1,8%), mientras que la estimación para el presente año (2018) también fue reducida ligeramente a 1,2% (desde el 1,3% señalado en octubre).


El mayor riesgo para el desempeño económico de la región de cara al 2019 sigue siendo un deterioro abrupto de las condiciones financieras para las economías emergentes, agrega el reporte. Durante 2018, los mercados emergentes, incluyendo América Latina, evidenciaron una importante reducción en los flujos de financiamiento externo, a la vez que aumentaron los niveles de riesgo soberano y se depreciaron sus monedas en relación al dólar. El texto señala que no pueden ser descartados nuevos episodios de deterioro en las condiciones financieras futuras, y que las consecuencias sobre los países dependerán de cuán expuestos se encuentren en términos de sus necesidades y perfiles de financiamiento externo.


“Se requiere de políticas públicas para fortalecer las fuentes de crecimiento y hacer frente al panorama de incertidumbre a nivel global”, señaló Alicia Bárcena. “Es necesario fortalecer el papel activo de la política fiscal de la región en materia de ingresos y gasto. En este sentido es fundamental reducir la elusión y evasión fiscal y los flujos financieros ilícitos. Conjuntamente, hay que fortalecer los impuestos directos y también los impuestos de tipo saludables y verdes. Por el lado de los gastos, para estabilizar y dinamizar el crecimiento es necesario reorientar la inversión pública a proyectos con impacto en el desarrollo sostenible, con énfasis en las asociaciones público-privadas y en la reconversión productiva, nuevas tecnologías y la inversión verde. Todo esto resguardando el gasto social, sobre todo en períodos de desaceleración económica de forma que este no se vea afectado por ajustes”, agregó la alta funcionaria de la ONU. Bárcena advirtió además que se deben cuidar los perfiles de deuda pública ante la incertidumbre que podría aumentar su costo y niveles.


Al igual que en años anteriores, en su Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe la CEPAL proyecta una dinámica de crecimiento con intensidades distintas entre países y subregiones, y que responde no solo a los impactos diferenciados del contexto internacional en cada economía, sino también a la dinámica de los componentes del gasto —principalmente el consumo y la inversión— que ha venido siguiendo patrones distintos en las economías del norte y en las del sur.


De esta forma se prevé que América Central (excluido México) crezca 3,3% en 2019, América del Sur 1,4% y el Caribe 2,1%. A nivel de países, la isla caribeña de Dominica encabezaría el crecimiento regional, con una expansión de 9,0%, seguida por República Dominicana (5,7%), Panamá (5,6%), Antigua y Barbuda (4,7%) y Guyana (4,6%). En el otro extremo, Venezuela sufriría una contracción de su economía de -10,0%, Nicaragua de -2,0% y Argentina de -1,8%. Las mayores economías de la región, Brasil y México, crecerían 2,0% y 2,1%, respectivamente.


En su balance del presente año 2018, el informe de la CEPAL indica que el crecimiento económico estuvo liderado por la demanda interna. La inversión fija mostró una dinámica de recuperación, a la vez que el consumo privado se mantuvo como principal fuente del crecimiento, no obstante que desde el segundo trimestre de 2018 se observa una moderación de sus tasas de crecimiento.


En materia de política fiscal, en 2018 se profundizó la consolidación y el proceso de ajuste fiscal llevó a una reducción del déficit primario (del 0,7% del PIB en 2017 al 0,6% del PIB en 2018), aunque acompañado de un pequeño aumento de la deuda pública.


 

El Salto

 

Las incertidumbres económicas de 2019

 

¿Cuáles serán los temas económicos que acapararán la atención en 2019? ¿Cómo están los ánimos para el comienzo del año? ¿Volverán las turbulencias?

 

MARTA LUENGO

“Ralentización” esa es la palabra que más se ha escuchado los últimos meses del año. 2019 no se presenta con el optimismo con el que recibimos el 2018 y los mercados empiezan a inquietarse, los organismos internacionales avisan de los riesgos que puede conllevar una crisis cuando la anterior no se ha acabado de superar y la desigualdad campa a sus anchas. ¿Son tan grandes los riesgos como los pintan? ¿En qué situación está la economía mundial?

¿NUEVA CRISIS A LA VISTA?

Salvo honrosas excepciones, nadie vio venir la crisis de 2008. Esta vez, por el contrario, parece que nadie, ni a diestra ni a siniestra, quiere quedarse sin anunciar la siguiente recesión. Pero la economía nunca fue una ciencia que sirviera para predecir el futuro y los intentos por poner una fecha y una magnitud al próximo bajón en el ciclo suelen quedar en agua de borrajas. El problema en la anterior ocasión fue que el mainstream económico, con la Gran Moderación de Ben Bernanke o el market know betterde Alan Greenspan, comenzó a pensar que las grandes crisis ya no eran posibles o que al menos ya no iban a ser de gran intensidad. Por razones obvias, ya nadie piensa así.

 

GUERRA COMERCIAL, GUERRA TECNOLÓGICA

Sin duda, el tema económico del año ha sido la nueva guerra comercial entre Estados Unidos y China. El valor de los aranceles impuestos a China asciende a 250.000 millones de dólares y esta ha respondido con medidas equivalentes. Parecía un capítulo más de la lucha por la hegemonía tecnológica entre ambas potencias, ya que no era la primera vez que un presidente estadounidense tomaba medidas así, pero Donald Trump parece dispuesto finalmente a que llegue la sangre al río. ¿O no?
En la pasada reunión del G20 en Argentina, Trump y Xi Jinping acordaron una tregua de 90 días para negociar un pacto con medidas concretas para la mejora de las relaciones comerciales entre ambos países. Sin embargo, no se trata de la primera tregua de estas características y la anterior se fue al traste por algo que no ha cambiado: el volátil comportamiento del presidente norteamericano.

BANCOS CENTRALES, ¿HAY MARGEN DE MANIOBRA?

Es bien sabido que, desde 2008, los bancos centrales de todo el mundo han dopado la economía mundial para sostener bancos y con ellos el sistema financiero al completo, a pesar del aumento flagrante de la desigualdad. A duras penas, intentan volver ahora a una política monetaria “normal” que pueda servir en tiempos de crisis.

La Reserva Federal (Fed), el banco central estadounidense, lleva ya dos años subiendo cuarto de punto a cuarto de punto los tipos de interés, algo que ha acabado disgustando —también— a Trump. En la última reunión la Fed, con Jerome Powell a la cabeza, decidió subir de nuevo los tipos a pesar de las presiones tuiteras del Trump, quien se dedica a aprobar medidas expansivas en favor de las clases altas, y del nerviosismo de los mercados que recibieron la medida con disgusto. Powell anunció nuevas subidas para el 2019, pero no quiso ser muy tajante con el número y parece que no serán tantas como las inicialmente planeadas, a la espera del comportamiento de la economía y del propio presidente de la Casa Blanca.


Por su parte, el Banco Central Europeo acaba de empezar la retirada del programa de estímulos conocido como Quantitative Easing (QE), lo que no significa que Mario Draghi haya anunciado en realidad su final: aunque no se vayan a comprar nuevos bonos de deuda pública, se reinvertirán los fondos obtenidos y el QE seguirá activo por lo menos todo el año que viene. La política de tipos de interés también va con retraso en relación con la aplicada al otro lado del Atlántico lo que, al margen de que se deba al propio ciclo europeo, entraña ciertos peligros, ya que la próxima recesión puede llegar cuando los tipos europeos no hayan alcanzado niveles cercanos a los normales.


Para colmo, a todas estas dudas en la política monetaria europea se añade la incertidumbre sobre el relevo de Draghi en octubre de 2019. Las quinielas actuales apuntan al irlandés Philip Lane y al finlandés Erkki Liikanen como posibles sustitutos, pero sobrevuela la candidatura alemana del halcón Jens Weidmann, un hombre lleno de prejuicios sobre los países del sur.

LOS MIL FANTASMAS EUROPEOS

Todo son miedos en el panorama político europeo. La ultraderecha florece por todas partes y el malestar por la globalización también se transforma en protestas como la de los chalecos amarillos y las que propiciaron el Brexit. El ámbito económico es subsidiario de la atonía y falta de fuelle en el impulso de una Unión Europea que no parece convencer más que a ciertos burócratas en Bruselas.

Durante todo el año 2018 se han propuesto innumerables medidas para el desarrollo de la Unión y de la arquitectura de la zona euro. Prácticamente todas han naufragado por la total falta de acuerdo. En las reuniones de diciembre, los líderes de la Unión, con mucho sudor y largas negociaciones, han aprobado finalmente el embrión del esperado brazo fiscal de la zona euro: un presupuesto propio. Este deberá estar listo en junio de 2019 pero sus recursos no serán un desahogo ante posibles turbulencias: no podrán emplearse en políticas “estabilizadoras”, porque han sido vetadas por los países del norte liderados por Holanda, quienes proponen que los fondos sean para más de lo mismo, la receta fracasada de “competitividad” y “convergencia”.


Por su parte, el drama del Brexit no parece tener fin y semana tras semana se suceden los actos de lo que parece que acabará siendo una tragedia. Ni los más cínicos podrán negar que lo que parece más probable, un Brexit sin acuerdo, traerá consecuencias negativas para el panorama europeo. Lo único cierto, aunque sea por el momento, es que el 29 de marzo Reino Unido saldrá de la UE.

CRIPTOS POR LOS SUELOS, PETRÓLEO AL ALZA

Las Bolsas acaban 2018 pasando bruscamente del rojo al verde y con evidente nerviosismo. Después de años de largas subidas, los dos últimos meses del año muestran lo que podría ser un cambio de tendencia premonitorio. La cuestión es dónde se habrán acumulado en esta ocasión los excesos de un sistema financiero que produjo la última crisis y al que no se le ha puesto límite alguno.
Hace 12 meses el mundo andaba alucinado con las criptomonedas y no invertir en bitcoin parecía como alquilar durante la burbuja inmobiliaria española, cosa de tontos. Desde entonces, bitcoin ha caído un 75% y ethereum más de un 90%, por mencionar algunas, confirmando que no eran más que activos financieros en una burbuja que ya ha explotado. ¿Volverán a subir en 2019? Nadie lo sabe pero Estados como Suecia ya flirtean con emitir su propia criptomoneda, lo que desactivaría mucho del potencial especulativo de las criptomonedas privadas.

Uno de los elementos más importantes de la economía mundial sigue siendo el petróleo que, tras una fuerte subida este año, vuelve a mínimos. Sin embargo, no hay lugar para confiarse: Arabia Saudí necesita subir los precios, a pesar de las reticencias de Trump, por lo que la OPEP buscará limitar la producción para una subida que se da por segura tras años de precios bajos.

ESPAÑA, MÁS DE LO MISMO

Uno de los temas que coparán la prensa económica en nuestro país en 2019 será el juicio por la salida a Bolsa de Bankia, donde no solo políticos y responsables del banco pueden salir condenados, sino que el propio Banco de España y la auditora Deloitte solo pueden salir mal parados. También la nueva ley hipotecaria llenará titulares y es muy probable que se quede muy corta después de una mala praxis bancaria que conllevó un rescate enorme y miles de desahucios.

De los riesgos que enfrenta la economía española, uno de los más alarmantes es el nivel de deuda pública, que marcó un nuevo récord en el último dato disponible (septiembre) y que, para disgusto de la ministra Nadia Calviño, volvió a subir la ratio deuda/PIB. Este último elemento hace más frágil la economía ante el mencionado fin del QE. Por su parte, el selectivo español Ibex 35 ha tenido un año que continúa la tendencia negativa que arrancó en 2017 y acumula fuertes pérdidas que acentúan la debilidad de la economía española, ya que la bolsa responderá bruscamente a cambios políticos y económicos.

No será tan relevante en titulares y agenda política pero la precariedad y la desigualdad son ya estructurales en España que, lejos de mejorar los datos con el aumento del PIB de los últimos años, marca continuos récords en trabajadores pobres y pobreza infantil. Por esta razón el riesgo de recesión económica es especialmente delicado para una población que ha soportado duros años de recortes sociales y la práctica desaparición de políticas redistributivas.

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La concentración de la riqueza, la distribución de la desigualdad

La concentración de la riqueza mundial en manos de unos pocos es un hecho confirmado. El Informe Sobre Desigualdad Global 2018 establece que a escala mundial, los ingresos del 1% más rico duplican los ingresos del 50% más pobre. Un dato alarmante, pero fácilmente comprobable en Colombia.

 

El Informe Sobre Desigualdad Global 2018, elaborado por World Inequality Lab bajo la coordinación del científico social Lucas Chancel, armoniza diferentes investigaciones realizadas por más de 100 hombres y mujeres a lo largo de todo el planeta, aportando herramientas y elementos para que los distintos actores sociales puedan participar y aportar en el debate sobre la desigualdad.

 


Uno de los elementos que más resaltan del informe, y que se articula con los presentados este año por el Banco Mundial y Oxfam, es que la desigualdad social se incrementó en todo el mundo. Los diferentes países analizados por el World Inequality Lab evidencian un aumento en la desigualdad; sin embargo sus niveles no son similares. Según los investigadores, esto se debe a que las diferentes políticas e instituciones adoptadas por cada país influyen directamente en la distribución de la riqueza.


Pero esto no es todo, una de las conclusiones más graves es que a partir de la década de los ochenta, la propiedad de la riqueza pasó de la mano de los Estados a la mano de privados. Dicho en otras palabras, a medida que los capitales privados se fortalecen y aumentan, los gobiernos disminuyen su poder y los Estados Nación se ven consumidos por la deuda externa. Tal es el caso de Estados Unidos, cuya deuda con la banca internacional es mayor que la suma de todos sus activos, ¿cómo puede ser entonces que un país en tan malas condiciones financieras sea el que defina el rumbo de nuestra región?


Las contradicciones no paran. Podemos ver como en Colombia, cuya economía se basa en la explotación y exportación de materias primas y recursos naturales, quiénes definen las políticas económicas se dan la mano con las empresas extranjeras y privadas. Hace mucho tiempo la prioridad para nuestros gobernantes dejó de ser la ciudadanía y pasó a ser el enriquecimiento personal. En nuestro país la riqueza de la Nación no solo está en manos de privados, sino que además esos privados han ocupado cargos públicos, concentrándose en despojar al pueblo de su patrimonio y sus derechos.

 


Todo esto tiene una causa común: el sistema económico capitalista. El informe lo dice sin decirlo, países como Rusia y China, anteriormente comunistas que dieron un vuelco al capitalismo, han visto sus niveles de desigualdad social subir como la espuma de la cerveza. El modelo económico imperante propende por la concentración de las riquezas y los privilegios en unos pocos, mientras el resto debe trabajar interminablemente para poder sobrevivir en un planeta cada vez más desigual.
Pero, además, el mismo sistema camufla la riqueza. Tal es el caso de los paraísos fiscales, que según el informe tienen en sus activos más del 10 por ciento del PIB mundial y, básicamente, permiten que las personas multimillonarias escondan a sus estados la verdadera cantidad de dinero que poseen, logrando así evadir impuestos y responsabilidades fiscales.


Lo que hace más grave todo esto, es que a medida que aumenta la concentración de la riqueza, disminuye el acceso a derechos debido a la poca capacidad de acción que tienen los Estados. Los discursos de los políticos se alimentan de eso, podemos verlo en la actual carrera hacia la presidencia. Pero en términos reales quienes se han enquistado en el poder lo han hecho para perpetuar sus fortunas, condenando al grueso de la población a trabajar sin la certeza de una pensión, a estudiar con un crédito sobre la espalda, a vivir en un mundo en donde los ricos son cada vez más ricos, y los pobres son cada vez mas pobres.


El panorama es evidente: hay que hacer algo. El informe señala que si el mundo sigue igual, la desigualdad social aumentará, la riqueza de la clase media disminuirá y la brecha entre ricos y pobres se hará cada vez más grande. Retroceder todo esto no es tarea fácil, ya que como está dicho, los Estados se han empobrecido. Sin embargo, las recomendaciones que presenta el informe no son cosa de otro mundo, se centran en un acceso igualitario a educación y empleos bien remunerados, inversión en los sistemas de salud y la protección del medio ambiente. Es decir, implementar unas pocas reformas para que todo siga igual.

 

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Miércoles, 12 Diciembre 2018 06:58

La cultura de los gases de efecto invernadero

La cultura de los gases de efecto invernadero

En 1992, la Organización de las Naciones Unidas organizó una conferencia cumbre sobre desarrollo y medio ambiente en Río de Janeiro. El resultado tangible más importante fue la firma de la Convención marco sobre Cambio Climático (Unfccc, por sus siglas en inglés). Es el tratado internacional más importante sobre cambio climático. La conferencia de las partes que se lleva a cabo en Katowice, en el corazón de la región productora de carbón en Polonia, es el último episodio de lo que cada vez más se parece a una trágica comedia de errores.

Mientras la comunidad científica publica informes cada vez más alarmantes, los gobiernos de los principales países emisores de gases de efecto invernadero (GEI) pretenden mantener negociaciones serias sobre la forma de evitar la catástrofe final. Las conferencias de las partes de la Unfccc se suceden año tras año sin que se tenga un instrumento confiable para la reducción de emisiones de GEI. La COP24 reunida en Katowice se desarrolla ante un telón de fondo ominoso.


De todas las fuentes de energía, el carbón es la que más GEI produce. Y Silesia, en Polonia, es la principal región productora de carbón en ese país. Así que no sorprende que los delegados puedan contemplar en el vestíbulo del centro de convenciones de Katowice pedazos de carbón desplegados como piezas de arte detrás de llamativas vitrinas. También se puede apreciar una exposición de joyería incrustada en carbón y cosméticos a base de hulla. Los asistentes a la COP24 pudieron también disfrutar de un concierto ejecutado por la banda de mineros del carbón. Los organizadores de la conferencia creyeron que era un buen momento para celebrar la cultura del carbón y las emisiones de gases invernadero.


Al mundo industrializado se le ocurrió otra forma de celebración: en los pasados dos años las emisiones de gases de efecto invernadero han vuelto a incrementarse después de cuatro años de haberse estabilizado. Estábamos mal, pero ahora estamos empeorando. Para confirmar lo anterior, en su discurso de apertura de la COP24, el presidente de Polonia, Andrzej Duda, señaló que su país tiene reservas de carbón para dos siglos. “Será difícil no utilizarlas”, sentenció.


Cuando se firmó la Unfccc en 1992, nadie preguntó si la estructura y dinámica de la economía mundial permitirían reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Estaban comenzando los años de lo que Greenspan, entonces presidente de la Reserva Federal, llamó la “gran moderación”, anunciando una época de estabilidad macroeconómica y crecimiento. Mientras se consolidaba el neoliberalismo, se cantaban loas a la globalización.


En 1997 se firmó el Protocolo de Kioto, que estableció un mercado de cuotas transferibles de carbono como mecanismo para reducir las emisiones de GEI. Las fuerzas del mercado eran el nuevo dios y la idea implícita era que la globalización neoliberal conduciría a evitar el cambio climático. El tratado terminó en el fracaso, pero inauguró una senda peligrosa de complacencia y de falsas soluciones.
En aquellos años la economía mundial ya mostraba una desigualdad que sería muy difícil revertir. Debajo de la aparente tranquilidad se estaban gestando las tormentas de una nutrida serie de crisis económicas que mostrarían que la inestabilidad del capitalismo era real. Pero el mensaje no sería escuchado. Todo siguió igual en las negociaciones sobre cambio climático y en otras conferencias de Naciones Unidas sobre los objetivos del milenio o respecto de las metas de desarrollo sustentable. Nadie cuestionaba las distorsiones, desequilibrios, desigualdad y el predominio del sector financiero.


En 2012 se llevó a cabo la conferencia en Río de Janeiro sobre desarrollo sustentable. Se suponía sería la celebración de “Río+20”. En plena debacle financiera global, el documento final ni siquiera menciona la palabra crisis. Hasta propuso que las inversiones necesarias para alcanzar las metas del desarrollo sustentable podrían provenir del sector financiero. En el colmo del engaño, el documento alardeaba estar basado en un modelo matemático de simulación de la economía global, en el cual ni siquiera se mencionaba al sector financiero.


Hace un mes el banco Credit Suisse (www.credit-suisse.com) dio a conocer su informe sobre riqueza y desigualdad en el mundo. Las cifras son aterradoras: 10 por ciento de habitantes del planeta posee 85 por ciento de la riqueza global. Según el texto, la concentración de riqueza y poder económico no tiene paralelo en la historia: uno por ciento de habitantes del planeta concentra 50 por ciento de la riqueza global. Lo más importante no aparece en el informe de este poderoso banco: las fuerzas económicas desatadas bajo el neoliberalismo son las responsables de esta desigualdad y se están encargando de intensificarla. Son las mismas fuerzas que se oponen a la descarbonización de la economía mundial. Su marco de política económica impide la transición energética hacia una economía alejada de los combustibles fósiles.


Twitter: @anadaloficial

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Sábado, 17 Noviembre 2018 05:44

La dictadura de Amazon

La dictadura de Amazon

“Me produce una gran indignación que Nueva York, bajo el gobierno de Cuomo, esté dispuesto a conceder hasta 3.000 millones de dólares del dinero de los contribuyentes sin consultar a nadie. ¿Cuál es el punto de tener un Senado con mayoría demócrata progresista, por el que trabajamos tan duro en el estado de Nueva York, si no podemos evitar que un hombre transfiera 3.000 millones de dólares del dinero de los contribuyentes al hombre más rico de este planeta?”, dijo Ron Kim, miembro de la Asamblea Legislativa del estado de Nueva York

 Amazon emitió esta semana su tan esperado anuncio: la revelación de dónde estará ubicada su segunda sede central, llamada HQ2 (por su sigla en inglés). El proceso de selección enfrentó a más de 200 ciudades que compitieron por la posibilidad de albergar el nuevo campus de la empresa, que traía de la mano la promesa de crear 50.000 empleos bien remunerados. En su competencia para ofrecerle a la empresa el mayor número posible de tentadores subsidios públicos y atractivas exenciones tributarias, los políticos se postraron ante el gigante de la venta por Internet y su fundador y director ejecutivo, Jeff Bezos, el hombre más rico del mundo. Cada una de estas autoridades locales tenía la esperanza de que la ciudad ganadora prosperara con el aumento de los ingresos fiscales y el surgimiento de un pujante polo tecnológico que podría competir con el mismísimo Silicon Valley. Finalmente, Amazon anunció que la nueva sede se iba a dividir en dos ubicaciones más pequeñas: una en Queens, Nueva York y la otra en Crystal City, Virginia. Si bien los detalles de los subsidios financiados con fondos públicos que se le otorgarán a Amazon siguen sin revelarse, lo que se sabe hasta ahora es suficiente para confirmar los peores temores de los numerosos críticos de Amazon: la licitación de la HQ2 fue, en el mejor de los casos, un derroche. Otro ejemplo más de bienestar corporativo, donde se transfiere el dinero de los contribuyentes de la clase trabajadora a un gigante empresarial y su dueño multimillonario.


Al día siguiente de que el gobernador del estado de Nueva York, Andrew Cuomo, y el alcalde de la ciudad de Nueva York, Bill de Blasio, dieran a conocer los detalles de la oferta ganadora de la ciudad para la sede reducida de Amazon, Ron Kim, miembro de la Asamblea Legislativa del estado de Nueva York y un demócrata progresista, dijo en una entrevista para Democracy Now!: “Me produce una gran indignación que Nueva York, bajo el gobierno de Cuomo, esté dispuesto a conceder hasta 3.000 millones de dólares del dinero de los contribuyentes sin consultar a nadie. ¿Cuál es el punto de tener un Senado con mayoría demócrata progresista, por el que trabajamos tan duro en el estado de Nueva York, si no podemos evitar que un hombre transfiera 3.000 millones de dólares del dinero de los contribuyentes al hombre más rico de este planeta?”. El representante Kim está haciendo referencia a la victoria del Partido Demócrata en el estado de Nueva York en las elecciones de la semana pasada, que le han permitido tomar el control del Senado del estado por tercera vez en los últimos 50 años. Kim se muestra optimista y considera que, entre la nueva composición del Senado y la Asamblea estatal —de la que él forma parte y que es ampliamente controlada por los demócratas—, los generosos subsidios se podrán rescindir.


La revista Time calculó que a Jeff Bezos, director ejecutivo de Amazon, le lleva solo nueve segundos ganar 28.000 dólares, lo que el trabajador promedio de Amazon gana en un año. Greg LeRoy, de la organización defensora de la responsabilidad empresarial y gubernamental en el desarrollo económico de las familias trabajadoras, “Good Jobs First” (“Buenos empleos primero”, en español), ha monitoreado durante mucho tiempo lo que él llama “megatransacciones persistentes”, como el cortejo que le hicieron Nueva York y Virginia a la sede HQ2 de Amazon. En una entrevista para Democracy Now!, LeRoy explicó: “Este es un nuevo ejemplo de Amazon recibiendo un pago por hacer lo que hubiera hecho de todos modos. Quería estar en la capital financiera del mundo, del país y en la capital política del país, por lo que no hay ninguna sorpresa en la ubicación elegida. Una vez más, estamos subsidiando enormemente a una empresa para que haga lo que de todos modos quería hacer”.


El alcalde Bill de Blasio celebró la decisión de Amazon de ubicar la sede en Long Island City, Queens: “Aquí vamos a tener una oportunidad para decenas de miles de neoyorquinos de a pie, niños que asisten a nuestras escuelas públicas, jóvenes que asisten a nuestras universidades comunitarias y las de cuatro años”. Ante estos dichos, Greg LeRoy respondió: “Sabemos que, por lo general, cuatro de cada cinco de los nuevos trabajadores en un proyecto como este no serán residentes actuales de Nueva York o Arlington [Virginia]. Serán personas que se trasladen al área desde afuera. Y eso significa que se produce una gran expansión, que se deben ampliar muchas escuelas y construir infraestructura y servicios públicos”. Todo esto lo pagan los contribuyentes, no Amazon.


LeRoy también sostuvo: “La mayoría de las ganancias, lo que incluye todas las ganancias durante algunos años, vienen de sus servicios informáticos en la nube, de los servicios en internet de Amazon. Es la mayor empresa informática de servicios en línea del mundo. Su cuota de mercado es de aproximadamente un 40%. Y entre sus clientes más lucrativos en ese espacio se encuentran el Pentágono, la CIA y otras agencias federales estadounidenses. Amazon está ejerciendo presión agresivamente para obtener un mayor control sobre las líneas de adquisiciones federales y las líneas de adquisiciones estatales y locales. La gente no se da cuenta de que la ubicación de la sede HQ2 en Crystal City, Virginia está muy cerca, literalmente, a unos metros, del Pentágono”.


“Amazon no solo quiere dominar el mercado; quiere convertirse en el mercado”, reza el titular de un artículo del semanario The Nation escrito por Stacy Mitchell, del Instituto para la Autosuficiencia Local. En una entrevista para Democracy Now!, Mitchell expresó: “En la actualidad, Amazon está capturando uno de cada dos dólares que los estadounidenses gastan en internet”. Además, elimina a los pequeños comercios. “Estamos perdiendo alrededor de dos trabajos minoristas por cada trabajo generado en un depósito de Amazon. Pero yo pienso que, en lugar de considerar a Amazon como el actor predominante en estos mercados, la forma de comprender qué implica realmente esta empresa es que Amazon procura el control de la infraestructura esencial que otras empresas necesitan usar para llegar al mercado. Con su plataforma en línea, más de la mitad de todas las búsquedas de productos en internet ahora comienzan en el sitio web de Amazon. Y lo que eso implica es que para una empresa que produce o vende al por menor, si desea poder llegar a los consumidores deberá cada vez más recurrir a vender en la plataforma de Amazon. Y eso significa que Amazon pasa a controlar esos negocios”.


En un principio, Jeff Bezos había llamado a su empresa “Cadabra”, como en “abracadabra”. Sin embargo, según la leyenda, su abogado le dijo que sonaba muy parecido a “cadáver”. Está por verse si este nuevo cuartel general de Amazon va a desatar una mágica era de alta tecnología en Queens, o si va a eliminar a los pequeños comercios, disparar los alquileres por las nubes y no dejar más nada que el cadáver de este vecindario de clase trabajadora.
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Traducción al español del texto en inglés: Inés Coira. Edición: María Eva Blotta y Democracy Now! en español, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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“Es una tragedia que Pablo Escobar sea un ídolo para tanta gente”

El cineasta colombiano Ciro Guerra dirige junto a Cristina Gallego 'Pájaros de verano', una película sobre el origen del narcotráfico en Colombia que compite en el Festival de Cine de Los Cabos.

En Pájaros de verano no hay capos idolatrados, sino víctimas que al mismo tiempo son victimarios. En esta cinta no aparecen Pablos Escobares, ni Chapos Guzmanes. En ella, los narcos no son héroes. No tienen mansiones, ni coches de lujo y tampoco acaban transformados en celebridades. Aquí el narcotráfico es una cruel guerra en la que una familia puede acabar enfrentada.


Esta película, de Cristina Gallego y Ciro Guerra, candidata a estar nominada para los Oscar y seleccionada para participar en el Festival Internacional de Cine de Los Cabos –que se celebra del 7 al 11 de noviembre–, narra cómo el narcotráfico permeó en territorio colombiano. Se adentra en la comunidad wayúu, en su lengua y sus ancestrales tradiciones para retratar el comienzo de esta epidemia que asola el continente. Una narración sobre los primeros narcos alejada de las grandilocuencias de Hollywood y de las series sobre capos del país que se han exportado al mundo. “La mirada que hasta ahora se ha llevado al cine no ha sido reflexiva, sino que ha consistido en construir ídolos y celebrar la violencia y la cultura narco”, cuenta Guerra, que en la última edición de los Oscar su película El abrazo de la serpiente estuvo nominada a Mejor película de habla no inglesa.

Pregunta. ¿Adentrarse en los orígenes del narcotráfico, ayuda a encontrar soluciones para el presente?

Respuesta. El narcotráfico se ha vuelto un tabú para los cineastas colombianos. Existió durante mucho tiempo la idea de que en el cine se hablaba mucho de este tema, pero en realidad solo se ha abordado en un puñado de películas. Realmente hemos dejado este asunto en manos de las películas de Hollywood y de las series norteamericanas que han presentado, en muchos casos, una imagen caricaturizada de este problema. Nos parece importante que los cineastas asumamos esa historia y la contemos desde nuestra perspectiva, alejándola del espectáculo y el chiste.

P. ¿Por qué cree que se ha convertido en un tabú?

R. El narcotráfico sigue siendo una herida abierta para nuestra sociedad, continúa sintiéndose una gran vergüenza social. De hecho, hay un fuerte desconocimiento sobre cómo fueron sus orígenes en Colombia. La mirada que se ha llevado al cine no ha sido reflexiva, sino que ha consistido en construir ídolos y celebrar la violencia y la cultura narco.

P. ¿Cómo ocurrió con Pablo Escobar?

R. Sí, es una gran tragedia que alguien como Pablo Escobar sea un ídolo para mucha gente. Así ocurre cuando las historias se cuentan desde la perspectiva de los victimarios y desde la irreflexividad del espectáculo.

P. ¿Su película es una forma de reconciliar el cine colombiano con el narcotráfico?

R. Sentimos que esta historia solo había sido tratada desde una óptica celebratoria, desde la mirada de los criminales y los bandidos, pero no se había contado qué significó para los colombianos. Fue una gran tragedia que acabó destruyendo nuestra sociedad y nuestras raíces. Es la historia del derramamiento de sangre en nuestro país, la del inicio de nuestra modernidad y también la de la llegada del capitalismo más salvaje, sin ningún tipo de contención, ni regulación.

P. Pájaros de verano habla del narcotráfico desde el punto de vista femenino, algo muy poco habitual.

R. Cuando empezamos a investigar sobre esta historia nos pareció interesante que ocurriera en una sociedad matriarcal donde las mujeres son tan fuertes, son las que perpetúan la línea familiar y tienen una importante participación en el comercio, la cultura y la política. Creíamos que era una oportunidad para darle una vuelta de tuerca al género y hacer algo que no se había visto hasta ahora.


P. El tráfico de drogas sigue dejando demasiados muertos en Colombia, ¿hay esperanza en que la violencia disminuya?


R. Hace mucho que el narcotráfico dejó de ser un problema colombiano y pasó a ser mundial. Es una guerra declarada por razones completamente locales de Estados Unidos que se ha propagado por todo el planeta como una epidemia. Actualmente, países que nunca tuvieron problemas con el tráfico de drogas, lo están sufriendo. Mientras no se legalice seguirá siendo una enfermedad que se expande por el mundo. Los colombianos durante décadas hemos puesto los muertos, hemos sufrido la crisis social que implica ese tráfico.


P. Esta película la protagonizan los wayúu y en El abrazo de la serpiente retratan a las comunidades del Amazonas, ¿es una obsesión en su cine adentrarse en la cultura indígena?


R. No es un objetivo que me haya marcado, simplemente busco las historias que me interesan y muchas están en ese universo oculto que ha sido negado durante tanto tiempo. Al final, lo que sucede en la Colombia profunda puede hablarle a cualquier persona del mundo. No hay necesidad de copiar modelos [de hacer películas] de otros países.


P. Sin embargo, el público suele ver más películas estadounidenses que colombianas.


R. Tenemos que fortalecer la presencia de nuestro cine en nuestros países. Es fundamental que los latinoamericanos veamos cine latinoamericano tanto por el crecimiento de nuestra industria como por nuestro crecimiento espiritual.


P. ¿El principal problema sigue siendo la distribución?


R. Sí, es el tema neurálgico. Falta mucho camino por recorrer. En cuanto a la producción, se han hecho grandes avances y hoy en día la cantidad de películas latinoamericanas es importante, pero todavía queda pendiente que nuestro cine se vea en mejores condiciones, se distribuya y se le dé el valor que tiene.



Las películas nominadas en el Festival de Cine de Los Cabos


Además de Pájaros de verano, en la séptima edición del Festival de Cine de los Cabos competirán Bisbee'17 de Robert Greene, que retrata un viejo pueblo minero en la frontera de Arizona y México que ha sufrido la deportación de 1.200 inmigrantes.


El cineasta Julio Hernández Cordón presentará Cómprame un revólver, donde una niña tendrá que enfrentarse a un mundo cruel tras la captura de su padre por un capo local.
Genèse, una película sobre las turbulencias del primer amor, también competirá en este festival. Una cinta de Philippe Lesage que se adentra en un mundo cruel y machista.


El viaje de Philippe, un imitador de Chaplin, por Estados Unidos durante una guerra mundial interminable queda retratado en The Great Darkened Days, del director Maxime Giroux.


Lemonade, de Ioana Uricaru, se adentra en la lucha de los migrantes rumanos en Estados ante la burocracia y la policía. Mientras que en Skate Kitchen, Crystal Moselle cuenta la historia de un grupo de patinadoras que descubren que la amistad es la mejor manera de subsistir en ambientes adversos para las mujeres.


Josephine Decker retrata en Madeline's Madline el proyecto de Evangeline, una directora teatral que aprovecha el conflicto entre la protagonista de la obra y se madre para potenciar su proyecto.


En We the animal, de Jeremiah Zagar, la imaginación del menor de tres hermanos será el mejor aliado ante una familia en desintegración, con un padre temperamental y una madre deprimida.

Por Víctor Usón
México 16 OCT 2018 - 15:52 COT

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Llama el BID a eliminar subsidios a combustibles

En lugar de mantener subsidios a combustibles, como gasolina, diésel y gas, que benefician más a la población de altos ingresos que a los hogares pobres, los gobiernos de América Latina y el Caribe deben entregar a éstos otro tipo de apoyos, por ejemplo, transferencias monetarias, vales o bonos para transporte y alimentos, que resultan más efectivos para compensarlos, aseguró el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Eliminar subsidios y aplicar impuestos a la energía puede ser difícil, ya que los hogares vulnerables dependen de tener energía a precios bajos, pero resultan regresivos, indicó.
Muchos estudios han concluido que, en general, los gobiernos tendrán poco éxito al reformar los subsidios si no comprenden los efectos que tendrá su eliminación en los hogares y en otros grupos clave. Además, si no adoptan medidas específicas para contrarrestar dichas consecuencias y no las comunican de manera apropiada. Independientemente de si los subsidios específicos son regresivos o progresivos, su eliminación gradual puede tener impactos nocivos en los hogares y votantes pobres y de clase media, señaló.


A partir de una investigación en 11 países de la región, el BID concluyó que los subsidios a la energía son una manera muy cara de transferir ingresos a los hogares pobres, porque de cada 12 dólares de apoyo sólo uno llega a la quinta parte de la población más pobre.


Por eso, dijo, son criticados. Promueven el uso derrochador de la energía y contribuyen a elevar las emisiones de carbono.

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