Viernes, 16 Marzo 2018 06:19

Podremos alimentarnos sin morir de sed?

Podremos alimentarnos sin morir de sed?

Ciudad del Cabo se está quedando sin agua. Desde el primero de febrero el límite de consumo por persona es de 50 litros por día. Si no llueve, se calcula que a partir del 11 de mayo no saldrá ni una gota de agua de sus grifos.


Pero este no sólo es un problema de Ciudad del Cabo. En los próximos 30 años tendremos que producir 70 por ciento más de alimentos debido al aumento poblacional y al cambio en la dieta. Un enorme obstáculo para alimentar a 9 mil millones de personas será la disponibilidad de agua dulce. Sin agua, no hay comida; así de simple. Entonces, ¿podremos alimentarnos sin morir de sed?


En los últimos 100 años aumentamos ocho veces la extracción global de agua dulce, hasta llegar a 4 mil kilómetros cúbicos anuales, equivalente a casi cinco veces el lago Titicaca. A escala mundial, de este inmenso mar de agua dulce, 70 por ciento se usa para producir comida.


El cambio climático añade aún más complejidad al desafío de producir alimentos para todos. Bajo un escenario conservador, países como Perú, Ecuador y Colombia experimentarán un aumento en promedio anual de las lluvias de alrededor de 30 por ciento, pero otras regiones como la Patagonia, México y el centro de Brasil se volverán más secos.


América Latina y el Caribe es la región con la mayor disponibilidad de agua dulce, con casi un tercio del volumen del planeta, y con sólo 9 por ciento de la población. En teoría tenemos 24 mil metros cúbicos por persona, un mundo de agua. Sin embargo, esta cifra esconde fuertes diferencias entre países y territorios: un tercio de la población regional vive en zonas áridas y semiáridas. Muchas áreas de Centroamérica, los Andes, el noreste brasileño y el Caribe, sufren carencia recurrente o crónica de agua y los asentamientos de la población no siempre coinciden con fuentes de agua abundantes. Además, existen diferencias climáticas dentro de un mismo país: la precipitación anual de Colombia varía de 300 milímetros al año en la península de La Guajira a 9 mil milímetros en la región del Pacífico.


Como tantas otras cosas, el agua también se reparte de forma desigual en América Latina y el Caribe. El consumo promedio por persona es de 240 litros al día, pero el consumo promedio de una familia acaudalada de Perú, que vive en San Isidro, es 25 veces superior al de una familia pobre de Lurigancho.


Pese a lo mencionado, somos una de las regiones con mayor potencial para aumentar de manera significativa su superficie agrícola regada. En la región, dos tercios de este potencial lo tienen cuatro países: Argentina, Brasil, México y Perú. En la región se podría extender el riego a una superficie equivalente a 106 millones de canchas de futbol. Sólo una quinta parte de esa superficie es regada hoy. Esto no es menor: una hectárea regada produce tres veces más comida que una que depende de la lluvia. Pero no estamos haciendo mucho por aprovechar ese potencial. Al ritmo que hemos invertido en las últimas cinco décadas, tardaremos más de 300 años en aprovechar nuestro potencial de riego.


Expandir la superficie regada es caro. Y tiene un lado oscuro desde el punto de vista ambiental y social. Afortunadamente, hoy existen variedades de plantas y animales que permiten producir más alimentos con menos agua. Además, podemos usar el agua de manera mucho más eficiente, si se modernizan los sistemas de riego y se adoptan técnicas que mejoran la calidad del suelo para que almacene más agua por más tiempo.


Implementar estas medidas requiere de un mayor esfuerzo: más inversión pública y privada, más organización social, mejor gobernanza del agua, de los suelos y los sistemas alimentarios. Y políticas públicas que faciliten todo lo anterior.


Entonces, ¿podremos alimentarnos sin morir de sed? La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura FAO es enfática al respecto: sí, ya que podemos producir muchos más alimentos con mucho menos agua. Pero debemos comenzar hoy mismo.


Por JULIO BERDEGUÉ, Representante regional de la FAO, y Elizabeth Coble, consultora de la FAO

 

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Sábado, 23 Abril 2016 06:24

Los árboles se mueven

Los árboles se desplazan hacia zonas más altas por el aumento de las temperaturas.
Las altas temperaturas están empujando a varias especies de árboles hacia las montañas, a cotas superiores para poder sobrevivir al calor y la falta de humedad
 

 

Los árboles se están desplazando. La subida de las temperaturas obliga a algunas especies arbóreas a migrar. El calor y la falta de humedad están empujando a algunos árboles a subir hacia la montaña y colonizar nuevos territorios.

 

“En la Sierra de Guadarrama es espectacular cómo están subiendo los pinos. En zonas de montaña donde hace 20 años no había nada ahora está creciendo el bosque”, explica Emilio Blanco, botánico, experto en árboles y profesor de la Universidad Europea de Madrid. El científico se refiere al pino silvestre (Pinus sylvestris) que está creciendo y arraigando en zonas altas debido a la subida de las temperaturas.

 

La Sierra de Guadarrama está situada en la mitad del Sistema Central y forma el límite natural entre las provincias de Madrid, al sureste, y Segovia y Ávila, al noroeste. Pre-cisamente, camino del pico más alto de Guadarrama, en Peñalara (2.430 metros), se aprecia cómo el pino silvestre, también conocido como pino de Valsaín, va ganando terreno donde antes no llegaba.

 

“Pero esto no sólo está ocurriendo en Guadarrama, también se observa en la Sierra de Urbión (noroeste de la provincia de Soria) y en Gredos, aunque allí menos, porque es una zona muy deforestada”, señala Blanco.

 

Los árboles, como otras especies, tratan de adaptarse al cambio de temperaturas, y eso ya se está produciendo. Que la fauna se mueve y trata de acomodarse a las nuevas condiciones climáticas ya lo indican diversos estudios, pero las evidencias muestran también que los árboles tienen un comportamiento parecido, aunque su desplazamiento es mucho más lento.

 

Recientemente, un informe de la Nasa y la Administración de Océanos y Atmósfera de Estados Unidos (NOAA) concluye que 2015 ha sido el año más caluroso desde que se tienen registros climáticos, en 1880, hace 136 años. La temperatura de la superficie terrestre y oceánica el año pasado se situó 0,9 grados centígrados por encima de la media registrada durante el siglo XX, que era de 13,9 grados centígrados, según el estudio. Además, 2015 fue 0,13 grados centígrados más caluroso que 2014, que hasta ahora tenía el récord de temperatura.

 

 

Adaptarse o morir

 

“Una de las pocas cosas que están claras es que hay unos cambios de altitud y latitud de los árboles, de los bosques y de la vegetación en general”, afirma Blanco. Y señala que los desplazamientos que se están observando son relativamente rápidos y se ven “a simple vista, sólo en la vida de una persona, que es un periodo de tiempo corto”. Esas avanzadillas de algunos árboles se están dando “en lo que llamamos pisos de vegetación, y en este caso la vegetación arbórea está subiendo un poco al piso supraforestal, por encima del bosque”.

 

El botánico matiza que no todo es cambio climático, o aún no se sabe... Las evidencias se ven, ¿pero qué causas empujan más a los árboles a subir? Para Blanco no está tan claro: “Es más que cambio climático, es también abandono del pastoreo o la falta de la agricultura de montaña”. Mantiene también que a día de hoy “no se sabe bien qué factor de éstos es más importante”, aunque los tres juegan un papel fundamental. “Parece claro que hay un cambio de ciclo de las plantas. También se observan variaciones en la caída de las hojas, o que la brotación a veces se adelanta y a veces se atrasa... Hay unas modificaciones pequeñas en la fenología de las especies”, dice.

 

Para la climatóloga y geógrafa María José Estrela, profesora de la Universidad de Valencia con una larga trayectoria en investigación, “los cambios se están produciendo”. Estrela dice que los estudios que han realizado desde el departamento que ella dirige así lo corroboran. “En la Comunidad Valenciana hemos visto que las temperaturas están subiendo más en el interior de las zonas altas de la montaña, más que en el litoral”.

 

La climatóloga asegura que esto es muy preocupante porque estas zonas son la recarga natural de los acuíferos y las que deben recibir las precipitaciones. Estrela, desde su área de investigación, ratifica: “Estoy de acuerdo al cien por cien con lo que apunta Emilio Blanco, desde nuestro campo climático, es cierto que los pisos bioclimáticos están variando. Éstos empiezan a tener más temperatura y especies que pertenecen a pisos bioclimáticos inferiores. Eso está pasando”.

 

La profesora apunta que la investigación que han realizado desde la Universidad de Valencia (estudio que está a punto de ser publicado por una revista científica) está basada en datos reales, no son modelos, no son proyecciones. “Hemos trabajado con datos de temperaturas, desde el scaling estadístico a fina escala, con información de la Comunidad Valenciana desde 1948 a 2012”, dice.

 

María José Estrela explica también que no hay que alarmar, pero señala rotunda que “es un hecho que la temperatura está subiendo en estas zonas altas de montaña”.

 

 

Otras especies

 

Para Blanco, el movimiento de las especies arbóreas a causa del calor no afecta sólo al pino de Valsaín. También están subiendo ladera arriba “las hayas, que son árboles asociados a la humedad y al mundo atlántico”, buenos indicadores de la sequía. E igualmente avanzan las sabinas, “otra especie que en algunos lugares está invadiendo antiguas zonas que eran suyas y ya no se cultivan”. Eso está ocurriendo en Segovia y Burgos, donde hay “grandes sabinares que van avanzando de forma espectacular, porque este árbol es muy pionero, muy colonizador”, señala, y eso está afectando a amplias áreas de Teruel y Burgos. Además, “la sabina es también un buen indicador de los cambios de temperatura”.

 

Emilio Blanco sostiene que los árboles son muy sensibles: “Cada árbol tiene su ecología particular, también cada planta, pero en los árboles se nota mucho. A eso se le llama la autoecología de las especies, es el hábitat donde viven”. Señala que una especie –como, por ejemplo, el haya, el tejo o la encina– requiere de unas condiciones para vivir, “y por debajo de unos niveles de precipitación no puede vivir”.

 

El botánico explica que se sabe que en el sur de la península hubo hayas y secuoyas y desaparecieron antes de que existiera el ser humano. “Igualmente, si hay cambios debido al cambio climático y son rápidos, puede ser que a muchos árboles no les dé tiempo a subir y emigrar a las montañas”.

 

 

Cambio climático

 

Según otro científico, Ángel Manuel Felicísimo, biólogo, profesor de Ciencias de la Univer-sidad de Extremadura y coordinador del libro Impactos, vulnerabilidad y adaptación al cambio climático de la biodiversidad española, publicado en 2011 por el Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente (Magrama), “sí existe evidencia de que el cambio climático está afectando a los árboles”. El investigador mantiene que el desplazamiento de los árboles se está produciendo lentamente: “A diferencia de la fauna, que es muy dinámica, los árboles tardan mucho en migrar porque tienen que llegar las semillas, arraigar y crecer”.

 

Y añade que, al igual que el comportamiento de algunas aves africanas que se veían por el sur hace unos años y ahora se quedan todo el año, “los árboles buscan también la temperatura propicia”. El libro que ha coordinado Felicísimo trata de establecer cómo será la vida de más de 80 especies de árboles y arbustos en el Estado español a partir de los modelos climáticos que se contemplan sobre la subida de las temperaturas. “Sabemos dónde estaban los árboles hace dos o tres décadas, y hemos modelizado qué va a pasar”, apunta.

 

El profesor cuenta a Diagonal que una de las conclusiones de esta investigación es también que “gran parte de las especies arbóreas de España verán su extensión reducida” debido a las temperaturas.

 

“Hay árboles que no soportan una temperatura en verano superior a los 40 grados. En el estudio hemos mirado dónde están los árboles y si las previsiones son que las temperaturas suban a 43 grados; si eso es así, es muy probable que se vayan a producir repercusiones, y esas zonas quedarían como no adecuadas para esos árboles”, dice Felicísimo.

 

Pone el ejemplo de Extremadura, “donde básicamente tenemos encinas, alcornoques y rebollos, todos son quercus. Uno de los que peor pronóstico tiene es el alcornoque porque necesita agua en verano y no aguanta tanto como la encina”. Y apunta que está claro que si el alcornoque no aguanta éste sería colonizado por la encina, “y en ese caso perderíamos diversidad”.

 

 
Cuidar los árboles

 

De hecho, estos días el Magrama ha publicado el informe anual sobre los incendios en 2015. El balance es desalentador. En ese año se quemaron 100.000 hectáreas de monte, el doble que el año anterior, según el ministerio. Los incendios provocados representan el 96% del total. Las condiciones climáticas de 2015, con un aumento significativo de las temperaturas y las olas de calor sufridas en verano, ayudaron a propagar cientos de incendios. Pero también los provocados en diciembre en Galicia, Cantabria y en Asturias, casi 500 en esta última comunidad, han arrasado importantes áreas de arbolado.

 

Pinos silvestres en zonas altas de la Sierra de Guadarra./ Emilio Blanco.

 

 

El investigador de la Universidad de Extremadura se muestra escéptico con los compromisos para cuidar el planeta. Relata que no espera mucho sobre los acuerdos de la reciente Cumbre del Clima de París. Y añade que comprende “que los agentes del cambio climático que han participado en las negociaciones estén entusiasmados con lo conseguido, pero yo no creo que haya compromiso por ninguna parte”.

 

Por eso, el profesor plantea que lo que hay que hacer es cambiar la política en el entorno rural. “La solución es el mantenimiento de los montes durante todo el año, poner medidas como la plantación de castaños para que sirvan de cortafuegos, la introducción de la cabra para limpiar el monte, entre otras medidas, pero sobre todo luchar contra el abandono del medio rural”, señala.

 

Algunas de esta medidas se van a poner en marcha en la Comunidad de Extremadura, según se ha anunciado: “Parece que nos han hecho caso” y se va a iniciar un plan integral de gestión de la Sierra de Gata, en Cáceres, tras la burrada del incendio sufrido el año pasado, con más de 8.000 hectáreas quemadas”.

 

Felicísimo concluye que “los incendios y las talas, aunque éstas, afortunadamente, cada vez menos, son la causa más preocupante para la cobertura arbórea en España. Los árboles no van a desparecer por la subida de las temperaturas, pero sí por los incendios”.

 


 
LA PROCESIONARIA Y EL ESTRÉS DE LOS ÁRBOLES

 

La procesonaria, una plaga de orugas que ataca a los pinos, se está generalizando en determinados lugares, y cada vez más en zonas de montaña donde antes no llegaba. “Eso indica que el pino no está en su lugar adecuado. El árbol tiene estrés y lo manifiesta con debilidad...”, dice a este medio el botánico Emilio Blanco. Eso indica también que las temperaturas han subido. “Por ejemplo, en las zonas el muérdago ataca a los pinos, pero todo está como equilibrado, pero en las zonas bajas se ve que el muérdago les afecta mucho más”, añade Blanco.

 

Este botánico dice que con la subida de las temperaturas la procesionaria ataca mucho más porque con ocho o diez grados bajo cero las larvas desaparecen, “pero ahora las larvas aguantan muy bien porque ya no hay heladas extremas que les afecten, y no mueren”.

 

 

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Sábado, 11 Julio 2015 05:43

Daños colaterales

Daños colaterales

La minera Cerrejón se apropia de un río en una tierra inclementemente golpeada por el sol, en la que todo el año se vive entre los 35 y los 42 grados. ¿Alguien oyó hablar de los al menos 5 mil niños wayúu muertos de hambre en la Guajira colombiana entre 2008 y 2013?

 

La nación wayúu es la comunidad indígena más grande de Colombia. Muchos lectores de Gabriel García Márquez la reconocerán en el grueso de su obra, ya que la bi-sabuela materna del autor pertenecía a ella, y en 2005 los wayúu le entregaron al escritor el bastón que lo elevaba a la condición de "palabrero".


A fines de 2004 este pueblo, que vive fundamentalmente del pastoreo, fue centro de las noticias por el asesinato de 13 de sus integrantes por paramilitares auspiciados por el gobierno de Álvaro Uribe. El hecho se conoció como "La masacre de Bahía Portete", y derivó en el de-splazamiento de cientos de indígenas hacia Venezuela. Los paramilitares actuaban al servicio de la minera Cerrejón, que ha ido dejando progresivamente sin agua a esta tierra inclementemente golpeada por el sol, en la que todo el año se vive entre los 35 y los 42 grados. A finales de 2010 el Fondo Financiero de Proyectos de Desarrollo decidió construir una represa en el área, en beneficio de las industrias agrícolas y de Cerrejón, propiedad de la australiana Bhp Billiton, la sudafricana Anglo American y la suiza Glencore. Aguas abajo, el río se fue secando y los habitantes de la zona se quedaron sin su mayor fuente de abastecimiento de agua. Les fue fatal.


La Guajira colombiana es la región más septentrional del continente sudamericano. El 45 por ciento de sus 930 mil habitantes pertenece a la nación wayúu, la cual se extiende también por el vecino estado venezolano de Zulia. La pediatra estadounidense Alicia Genisca compara la situación que ha encontrado en esta área con la que vio en Etiopía: la tasa de mortalidad de menores de 5 años es de 45 cada mil nacidos vivos.


Según el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, entre 2008 y 2013 murieron en la Guajira 4.151 niños por inanición y enfermedades prevenibles. Otros 37 mil se encontraban en estado de desnutrición. Líderes y médicos de la región, además de la propia Superintendencia de Salud, calculan que son muchos más. El Estado, dicen, está prácticamente ausente en la zona y los controles sanitarios son casi inexistentes. El representante legal de la Asociación de Autoridades Tradicionales Indígenas Wayúu Shipia Wayúu, Javier Rojas Uriana, presentó en febrero pasado, junto a otros cuatro líderes de esa comunidad, una denuncia contra el Estado colombiano ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la Oea por violación de derechos fundamentales. El informe contabiliza 4.700 defunciones de niños en cinco años, pero tan sólo en el 45 por ciento de las "rancherías" a las que se pudo acceder para realizar la investigación. Un documental del periodista Gonzalo Guillén, El río que se robaron, que la Cidh aceptó como prueba, habla de cerca de 14 mil niños fallecidos. "Antes se podía tomar líquido (mediante perforaciones) a tan sólo 20 metros de profundidad, ahora está a más de 60. Es casi imposible (...). Quieren exterminar a esa nación porque es un estorbo para las grandes compañías. Debajo del lecho seco del río Ranchería hay 550 millones de toneladas de carbón (...), quieren quitarles eso y acabar a esta gente, matarla, exterminarla y que se muera, como se está muriendo", dijo Gonzalo Guillén en una entrevista para Telesur. El gobierno de Juan Manuel Santos minimiza el problema y niega la realidad de las cifras probadas por estudios independientes.


En su documental, Guillén también denuncia la corrupción de las autoridades gubernamentales de la zona, que secuestran el dinero destinado por el propio Estado a proyectos de desarrollo en el área, así como los importes que reciben en compensación por la extracción del carbón y del gas que se encuentra bajo sus pies.


Los wayúu exigen la apertura de las compuertas de la presa El Cercado, para que los habitantes puedan acceder al agua. Recién una vez que eso se logre las industrias podrán abastecerse, dicen.

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Viernes, 12 Junio 2015 06:13

La tormenta sistémica ya está aquí

La tormenta sistémica ya está aquí

El Gran São Paulo tiene 22 millones de habitantes, distribuidos en 39 municipios. Es la mayor ciudad de América Latina y una de las más pobladas del mundo. El verano pasado los reservorios de agua que la abastecen cayeron a mínimos históricos de 5 por ciento de su capacidad. Hubo cortes de agua en algunas regiones y restricciones en otras. La región vive lo que los especialistas denominan un ciclo de escasez de agua que puede durar 20 o 30 años, algo bien diferente a una sequía puntual, como era habitual en otros periodos históricos en que no existía lo que conocemos como cambio climático ( Opera Mundi, 6 de mayo de 2015).


Lo que indican estos datos es que con casi total certeza en algún momento de los próximos años habrá un drástico corte de agua en una de las megaciudades del mundo, a pesar incluso de las obras que el gobierno estatal está realizando a las apuradas, antes que comience un nuevo verano.


Ante una situación tan grave como esta, el Comando Militar del Sureste se viene movilizando, realiza debates y operaciones militares. No para proveer agua a la población, sino para prevenir el caos social ante un posible corte de agua, ya que consideran la sequía como un caso de seguridad pública.


El 27 de mayo un comando de entre 70 y 100 militares armados con ametralladoras ocupó las dependencias de la compañía Sabesp (Saneamento Básico de São Paulo), previendo una eventual necesidad de ocupación en caso de crisis, según el comunicado del ejército (El País, 27 de mayo de 2015). Toda el área del complejo de la empresa es considerada estratégica y la acción forma parte de las actividades militares preventivas para la preservación del orden público y protección de las personas y del patrimonio, sigue el comunicado.


Un mes antes, el 28 de abril, el Comando Militar organizó un debate destinado a un público de oficiales, soldados y profesores universitarios simpatizantes de los militares, en cuya mesa estaba el director de Sabesp, una delegada de la Federación de Industrias de São Paulo, un profesor de ingeniería y el jefe militar del sureste. El objetivo era trazar un panorama técnico, político y social sobre la crisis hídrica. La crónica señala que la posibilidad de un corte de agua "provoca escalofríos en la cervical del establishment del estado", que los militares consideran que la población ideal de la ciudad debería ser de sólo 4 millones y que el conglomerado urbano puede quedarse sin agua a partir de julio de este año.


El director de Sabesp, Paulo Massato, fue muy claro al considerar las consecuencias sociales: Será el terror. No habrá alimentación ni energía eléctrica. Será un escenario de fin del mundo. Son millones de personas y estallará el caos social. No será sólo un problema de desabastecimiento de agua. Será mucho más serio que eso (Opera Mundi, 6 de mayo de 2015).
Pero el que dio el campanazo fue el general João Camilo Pires de Campos, el comandante militar del sureste, quien citó al ex presidente de la dictadura militar Ernesto Geisel (1974-1979): En época de vacas flacas es necesario atar el ternero. Para ellos, el ternero somos los sectores populares, como vemos.


Las revistas militares abordaron también el tema. Una de las más importantes destaca que en noviembre pasado la tensión era tan grande que la policía militar está llevando los camiones pipa con escolta hacia algunos puntos de la ciudad, sobre todo en la periferia, porque sectores populares apoyados por milicias están atacando los camiones de abastecimiento para saquear el agua (Defesanet, 30 de noviembre de 2014).


Citando a cientistas sociales, Defesanet asegura que grandes cambios fueron precedidos por alteraciones climáticas como la historia nos muestra en la Revolución Francesa, a la vez que asegura que São Paulo muestra que las convulsiones sociales son una constante en las grandes ciudades.


Pero uno de los hechos más sintomáticos que revela la publicación es que desde octubre del año pasado, cuando la sequía hacía temer cortes de agua, el gobierno estaba enviando militares para cursos con la SWAT (Special Weapons and Tactics), policía militar especializada en manifestaciones en Estados Unidos. Y agrega que existe la posibilidad "de grandes flujos migratorios hacia regiones donde aún existe agua (...) lo que llevaría al agotamiento de los recursos naturales, con gravísimos conflictos sobre el agua y la tierra, incluyendo la propiedad privada" (Defesanet, 27 de mayo de 2015).


Finalmente, la revista alerta que la crisis hídrica puede provocar insurrecciones, levantamientos sociales graves y hasta revoluciones armadas que podrían extenderse a todo el estado de São Paulo y a estados vecinos como Río de Janeiro y Minas Gerais, donde viven 100 millones de personas.


Hasta ahí el relato periodístico sobre el pensamiento de los militares y de la burocracia estatal. Sólo cabe agregar que en plena crisis, Sabesp difundió una lista de 537 clientes privilegiados que pagan menos cuanto más agua consumen (industrias, shoppings, redes como Mc Donald's), que en su conjunto consumen 3 por ciento del agua de la ciudad y tienen descuentos de 75 por ciento. Ellos consumen el equivalente al agua utilizada por 115 mil familias y fueron los mayores responsables por el aumento de 5.4 por ciento del consumo anual de agua (El País, 10 de marzo de 2015).


Lo anterior muestra dos cuestiones. Una, que ellos están preparados para una situación muy grave, que tienen previstas acciones militares y políticas para salir adelante en medio de un caos tremendo como sería la falta de agua.


Dos, que el acceso al agua es insultantemente desigual: desde 2005 el agua disponible para grandes clientes aumentó 92 veces en São Paulo.


¿Qué vamos a hacer? Es la pregunta que nos formuló el subcomandante insurgente Moisés durante el semillero El pensamiento crítico frente a la hidra capitalista. Es necesario que los movimientos tomen en serio este tipo de debates, en vez de plegarse a las agendas electorales, ya que es ahora cuando podemos hacer algo para cambiar el mundo.

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Lunes, 25 Agosto 2014 00:00

El Niño no tiene la culpa

Ad portas de un fenómeno de El Niño, que según el Ideam aún ni se pronuncia, Colombia vive una crisis de desabastecimiento de agua que requiere atención prioritaria. La falta de planes de acueductos efectivos, el aumento de actividad minera y la ausencia de leyes que protejan los ecosistemas de zonas de alta montaña, son algunas de las causas de esta crisis.

 

Dos escenas vividas paralelamente y con frecuencia en la geografía colombiana: la primera, protagonizada por Samuel Arregocés en Hato Nuevo, Guajira, bajo el sol implacable que sin conmiseración sube hasta los 36° centígrados y cae directo hacia su cabeza o sobre el pavimento, hirviendo. La piel áspera y agrietada de este Guajiro pidiendo en silencio agua, mientras alista baldes, ollas, vasijas y todo aquello que tenga la suficiente profundidad como para contener el líquido con el que podrá subsistir ocho días, o quizá diez, o quizá quince, ya que esta vez no se sabe con exactitud cuánto tiempo tardará el carrotanque en llegar a este municipio.

 

La segunda, a mil kilómetros de ahí, a una temperatura un poco más baja, sin quitarle lo implacable, en Yopal, Casanare. En este municipio la escena no cambia mucho, la única diferencia es que la piel áspera y agrietada que pide agua en silencio es la de un casanareño que desde hace tres años debe acercarse a las plantas portátiles de suministro de agua enviadas por diferentes instituciones o debe esperar a que uno de los carrotanques pase cerca a su casa para llenar albercas, canecas y ollas con el líquido que hoy para algunos en Colombia no parece ser tan preciado.


Podríamos describir más escenas: En Cartagena, Barranquilla, Montería, Santa Marta Magdalena, Putumayo, Vichada, Meta y hasta en el Chocó que, aunque no se nombran en esta coyuntura, han sufrido desde tiempos inmemorables el desabastecimiento de agua y el pésimo manejo de los planes de acueducto, realidades hoy acentadas con la sequía propiciada por un supuesto fenómeno del Niño que según los expertos aún ni se pronuncia. Sin embargo, empecemos por nombrar la reiterada paradoja tan popular de estos días: Colombia, el país con una de las mayores ofertas hídricas del planeta, el 60 por ciento del total de la riqueza hídrica del mundo para ser más exactos, según la revista The Economist, con una ubicación geográfica de variada topografía y clima diverso y privilegiado, hoy "muere" de sed.

 

La situación es crítica pues, de acuerdo con el Estudio Nacional del Agua –ENA– del 2013, 19 municipios tienen una vulnerabilidad hídrica de desabastecimiento muy alta y otros 117 tienen una vulnerabilidad alta. Esto sin tener en cuenta los 147 municipios colombianos que actualmente no cuentan con información registrada.


Tan serio es el hecho que, según el Instituto de Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), en los años noventa Colombia tenía alrededor de 737.000 cuerpos de agua entre ríos, lagunas y ciénagas, y era el cuarto país en el mundo con mayor cantidad de agua dulce por habitante. Ahora está en el puesto 24.

 

Hoy, de nuevo, es visible la crítica situación que vive gran parte del país por no tener la cantidad y calidad de agua necesaria para subsistir. Lo extraño es que ante esta crisis descarguen la culpa a un fenómeno climatológico que, según las apreciaciones de Gustavo Wilches Chaux, experto en derecho ambiental y autor de diversas obras sobre el fenómeno de El Niño, aún ni se pronuncia.

 

La culpa es de un niño que no ha despertado

 

Insiste el presidente Santos en los medios que, "el Gobierno está tratando de mitigar las consecuencias de El Niño, que causa un elevación de las temperaturas del planeta". Este discurso que afirma la existencia de un fenómeno que aún no es palpalbe, son desmentidas con las apreciaciones del investigador Whilches Chaux, "Lo que está ocurriendo no puede atribuirse al Niño ni al cambio climático, es más bien un fenómeno de sequía de variabilidad climática que se ha presentado con mucha frecuencia inclusive en épocas recientes. Lo que queda en evidencia es que los ecosistemas cada vez son más vulnerables y que han ido perdiendo la capacidad de convivir con los cambios del clima, no solo con lo "anormal" sino con lo normal".

 

Por otro lado, el activista de la organización Censat-Agua Viva, Danilo Urrea, opina que nombrar al fenómeno de El Niño es solo una estrategia de las entidades gubernamentales para culpabilizar a la naturaleza de los estragos causados por el modelo de desarrollo que viene aplicando el país en los últimos 50 años: "más que esas imaginaciones que las instituciones hoy ponen en la opinión pública para salvar su responsabilidad con lo que hoy pasa con el agua en el país, tendríamos que ver las causas estructurales entendidas en el modelo de desarrollo que ha venido aplicando Colombia", asevera Urrea.

 

Entonces si la culpa no es del niño ¿de quién es?

 

La lista de culpables del desabastecimiento de agua en Colombia es larga: la expansión de actividades agrícolas y ganaderas en la zona de páramos y bosques de niebla; la contaminación de las aguas superficiales por aguas residuales industriales, domésticas, y el arrastre de compuestos procedentes de los procesos de extracción minera; la deforestación por actividades extractivas; la minería descontrolada; la mala planificación del territorio; la ausencia de Planes de Ordenamiento Territorial efectivos; la falta de concientización ciudadana ante la necesidad de variar el modelo de desarrollo y de consumo; pero, sobre todo, por la falta de políticas públicas que prioricen el tratamiento y abastecimiento de agua en todos los rincones del país sobre cualquier tipo de actividad económica que pueda perjudicarla.
Parte de esta realidad está resumida en el comunicado del 4 de junio del Defensor del Pueblo, Jorge Otálora Gómez, cuando confirma que la situación de desabastecimiento que vive en estos momentos el país "evidencia la falta de planeación de algunas autoridades administrativas para ofrecer soluciones estructurales a los problemas de abastecimiento de agua en forma oportuna, continua y con calidad para todos los ciudadanos".

 

Hay que corregir. No tenemos mucho tiempo para dejar de cometer estos errores pues según predicciones del Ideam, hacia el año 2050 el 60 por ciento de los páramos del país serán historia. Los ecosistemas en mayor riesgo de desaparecer son los de alta montaña: páramos y glaciares donde está ubicada la mayor oferta hídrica que consumen los colombianos. Para evitar que esta alerta sea una realidad el Gobierno debe liderar la cuidadosa restauración de cada uno de los ecosistemas que son fundamentales en el ciclo del agua. Por la misma dirección se dirige la opinión del exministro de ambiente, Manuel Rodríguez en una entrevista para la W Radio: "Hemos producido una profunda desregulación al ciclo del agua. Uno puede decir que estos lugares en la época de lluvia acumulan un colchón de agua y en épocas de verano liberan el agua, pero cuando se deforesta desaparece ese repuesto y eso es lo que causa lo que estamos presenciando en estos años".

 

El país necesita la existencia de leyes que protejan de manera especial estas zonas de gran valor ambiental. vitales en la regulación del ciclo del agua. Ya en el pasado se intentó con el proyecto de ley 206 de 2013 que buscaba prohibir de manera total la exploración y la explotación de hidrocarburos y la minería en páramos, y hacerla parcial en humedales. Sin embargo el proyecto de ley está archivado a la espera de aprobación.

 

De la misma forma la Ley 1382 de 2010, que buscaba reformar el Código Minero de 2001 para excluir de esta actividad a las zonas protegidas y de reserva forestal y aumentar los requerimientos para obtener títulos mineros, la que fue demandada ante la Corte Constitucional debido a la ausencia de una consulta previa en las comunidades indígenas y perdió su plazo para legislar en mayo del 2013.

 

Asimismo quedó sin concreción la gran y oportuna iniciativa por el derecho al agua liderada por Ecofondo, saboteada en última instancia por el Congreso de la República. Iniciativa que cumplió con todos los requisto legales, entre ellas las miles de firmas (236 mil la estamparon, además de las 1.255 organizaciones sociales que también lo refrendaron) para inscribirlo ante la Registraduría Nacional, y los millones para presentar la iniciativa de Ley ante el Congreso.

 

Como podrá recordarse, esta era una propuesta de reforma constitucional denominada Referendo del Agua, que intentaba el reconocimiento del acceso al agua potable como un derecho humano fundamental, la garantía de un mínimo vital gratuito para todos, la conservación del medio ambiente para que haya agua abundante y limpia para las generaciones de hoy y de mañana, el respeto de la diversidad cultural y territorial del agua, y una gestión pública estatal y comunitaria de la misma sin ánimo de lucro que reverse la privatización actual.

 

Estas iniciativas, olvidadas, hoy son prioritarias, hoy deben ser un tema constante en los debates del Congreso, pues las predicciones del Ideam poco a poco están siendo parte de la realidad colombiana.

 

"El verdadero conflicto en Colombia será por el agua"

 

Ser el segundo país megadiverso en el mundo nos ha quedado grande. "Colombia tiene una tasa de deforestación cercana a 147 mil hectáreas de bosque al año. Estamos por encima de la media de la OEA", informa Omar Franco, director del Ideam, en entrevista para Entre Lineas, quien además agrega que "nos han hecho falta reglas de juego claras".


Falta controlar a las empresas de diveso carácter. Según la ley, los sectores productivos que lo requieran para su labor económica deben solicitar una concesión de aguas y son las Corporaciones Autónomas Regionales quienes la otorgan. La pregunta entonces que flota en el ambiene es, ¿qué regulación están haciendo de estas concesiones?

 

Del lado social y comunitario no hay pasividad. En el 2013 las luchas sociales en Colombia llegaron a la cifra de 1.027. De este número un 23 por ciento fueron ocasionaron por inconformidad en aspectos relacionados con el hábitat en donde se incluye, claramente, el problema del desabastecimiento del agua, convertido en uno de los motores de las luchas sociales en el país en los últimos años, "dado el incremento de actividades extractivas que amenazan destruir los territorios que garantizan el ciclo hídrico", afirma el informe especial del Centro de Investigación y Educación Popular - Programa por la Paz (Cinep) sobre Luchas sociales en Colombia 2013.

 

Entre las protestas sociales que tomaron cuerpo en tal año se encuentran: Tasco, Boyacá, en defensa del páramo de Pisba; Tabio, Cundinamarca y su marcha del 29 de abril ante la extracción de arcilla, gravilla y carbón en territorio donde están los seis nacimientos de agua que abastecen a la población; Castilla La Nueva y Guamal, Meta, población movilizada para evitar que Ecopetrol adelantara la exploración de pozos petroleros aguas arriba de la bocatoma de su acueducto; Bucaramanga y la extracción minera en el Páramo de Santurbán; Majagual, Sucre, que protestaron para denunciar que el agua que consumen está contaminada con bacterias, mercurio y plomo proveniente de la explotación minera de oro en el Río Cauca. La lista sigue y es larga. De seguir así, muy seguramente se cumpla la condena sentenciada por Tatiana Roa, directora de la organización Censat agua viva: "es probable que lleguemos a la solución del conflicto armado pero emergerán otros conflictos sociales y ambientales que por ahora han pasado desapercibidos".

 

La población del mar al borde de la sed: Costa Caribe

 

El protagonismo de esta ola de sequía que sufre el país sin duda está localizado en la Costa Caribe. Colombia, a pesar de ser una potencia hídrica cuenta con una distribución inequitativa del vital líquido. La región Caribe, junto a la Andina, representan el 70 por ciento del territorio colombiano y tienen solo el 21% de agua disponible.

 

Según aproximaciones realizadas por Omar Franco, 120 municipios de la región Caribe tienen en este momento la alerta roja por situación de abastecimiento de agua y afectación por la ganadería y la agricultura. Entre los departamentos con mayor afectación están: La Guajira, Magdalena, Córdoba, Atlántico, Sucre, Bolívar y Cesar. ¿Qué es lo que sucede en la costa Caribe?

 

Danilo Urrea, analiza el problema más allá de la coyuntura del cambio climático, remontándose al año 1994 fecha en la que se aplica en el Caribe colombiano la ley 142 o Servicios Públicos Domiciliarios, donde quedó definido que el servicio de agua puede ser prestado por empresas públicas o privadas. "Desde ese momento, y no quiero decir que antes estuviera mucho mejor la costa por que el Estado tampoco pudo resolver el problema de la prestación del agua cuando lo hacía directamente, se ha construido una política nacional de agua de espalda a las realidades territoriales, a unos fenómenos demográficos que, analizando adecuadamente, no tendrían tanta dificultad".

 

Un caso palpable de esta problemática es el de Santa Marta donde las redes de acueducto construidas en los años 50 aún son las mismas que abastecen a la población, sin tener una planificación del crecimiento demográfico.

 

En la Guajira, el problema es un poco más complejo y obedece también, según Urrea, a una privatización del recurso. Según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) "17 millones de litros de agua gasta al día la mina de carbón del Cerrejón, mientras una persona en la Guajira tiene acceso a 0.7 litros de agua al día", la cifra es preocupante si tenemos en cuenta que según el Derecho Humano al Agua de la ONU, la cantidad mínima del precioso líquido a la que una persona debe acceder al día es de 50 litros.

 

Urrea enfatiza, "Si vemos la minería del Cerrejón de 33 años en la Guajira y la explotación petrolera de casi 50 años en los Llanos Orientales analizamos que hay una confluencia de factores que ponen a esas regiones en sequia ¿será solo casualidad que los lugares donde se realice explotación las fuentes de agua se hayan secado y contaminado como el río Ranchería en la Guajira?".

 

Al problema que vive la Guajira, Samuel Arregocés, habitante de Hato Nuevo, plantea una pregunta: "El Cerrejón tiene tres plantas potabilizadoras y desalinizadoras de agua ¿por qué no poner una o dos plantas a disposición de la comunidad de la alta Guajira?"

 

Las decisioines por tomar no dan espera, más aíun cuando dificilmente puede verse como coincidencia el hecho de que los mismos lugares que sufrieron por las inundaciones en el 2010 y 2011 sean los que hoy sufren la sequía y sean quienes hoy también se disputan el agua con las multinacionales. El problema, más allá de si en algún momento habrá Niño o no es que en las diferentes mesas de diálogo instaladas entre comunidades en conflicto y el Gobierno persistan en prometer decisiones superficiales sobre el líquido, que hoy parece tener entre comillas su adjetivo "vital".

Publicado enEdición Nº 205
Lunes, 25 Agosto 2014 05:00

¿Planear el uso del agua?

En el debate realizado el pasado 6 de agosto en el Senado sobre la sequía que azota al país, la hoy exministra de medio ambiente y desarrollo sostenible, Luz Helena Sarmiento1, afirmó: "los colombianos no somos pobres en agua pero si debemos planear su uso".

 

¿Quiénes deben planear el uso del agua? En primer lugar el Estado y desde luego los usuarios, comenzando por quienes la utilizan para actividades productivas, con ánimo de lucro2.

 

Resulta paradójico, o más bien cínico, que la encargada de dirigir y orientar dicha planeación, resulte ahora diluyendo su responsabilidad, y la del gobierno Santos, en un plural y difuso conjunto de actores.

 

Y es particularmente irresponsable la afirmación de la Ministra pues tan solo catorce días antes de su comparecencia ante el Senado, la Contraloría General de la República –CGR– le había enviado una Función de Advertencia sobre, "debilidades técnicas, administrativas e institucionales de la gestión del recurso hídrico que impiden garantizar el agua como un bien público y derecho humano, individual y colectivo"3.

 

Ministra advertida...

 

En el mencionado documento, establecen una serie de hechos, aquí simplemente resaltados pues hablan por si solos4:

 

En cuanto a acceso y calidad del agua: "...el 39,49% de la población presumiblemente se abastece de agua con alguna deficiencia en su calidad, dentro de los niveles de riesgo medio hacia arriba (medio, alto e inviable sanitariamente)".


En cuanto al tratamiento de aguas residuales y citando a la Superintendencia de Servicios Públicos, anota la Contraloría: "Actualmente en Colombia se presentan significativos inconvenientes en lo referente al tratamiento de las aguas residuales municipales, que no permiten el propósito de enfocar esfuerzos en la realización de actividades que deriven en el mejoramiento de la calidad del agua vertida a cuerpos hídricos receptores y por ende el cumplimiento de lo expuesto en el Plan de Desarrollo 2010–2014, "Prosperidad para todos" y la normatividad existente".

 

En cuanto al ordenamiento ambiental del territorio en cuencas hidrográficas, señala la Contraloría que: "... no presenta la coherencia requerida la actual ordenación del territorio en cuencas hidrográficas dado que aún no se cuenta con los Planes Estratégicos por macrocuencas, los cuales se establecieron como base fundamental para la ordenación de cuencas en el documento de la Política de Gestión Integral del Recurso Hídrico". Por tal razón, según la Contraloría, tanto el Convenio 008 de 2012, por $315.000 millones de pesos, suscrito entre Minambiente y el Fondo de Adaptación al Cambio Climático, como el contrato 085 de 2013, por 7.500 millones de pesos celebrado con ASOCARS, encaminados ambos a mejorar la gestión del riesgo, y apoyar en el segundo caso la "formulación y/o actualización de 130 planes de ordenación o manejo de cuencas hidrográficas afectadas por el fenómeno de la niña 2010–2011, no están fundamentados en los Planes Estratégicos de las macrocuencas" (las negrillas son mías).

 

En cuanto a la oferta hídrica anota la Contraloría: "...existen vacíos y debilidades en la información climatológica histórica almacenada en las bases del IDEAM...ya que aunque existe una extensa red de 870 estaciones hidrológicas en el país a cargo del IDEAM, las mismas son obsoletas, y además la articulación de las Corporaciones, sobre el establecimiento de los puntos de monitoreo presenta deficiencias para consolidar la información".

 

En cuanto a la demanda hídrica, luego de instar a las CAR´s a identificar todos los tipos de consumo de la manera más detallada posible, lo cual vienen haciendo algunas Corporaciones a través de las "Estrategias Regionales del Agua", se subraya: "La CGR evidencia carencia de herramientas a nivel regional que involucren de forma integral los factores, técnicos, sociales, económicos, institucionales, políticos, ambientales y culturales, para la determinación de la demanda hídrica".

 

En cuanto al riesgo, "La CGR pudo determinar que el IDEAM no cuenta con los equipos e instrumentos tecnológicos y otros mecanismos para desarrollar de manera efectiva y eficiente la atención de los riesgos de calamidades, teniendo en cuenta que la intensidad y periodicidad de los eventos extremos de los últimos años traen consigo nuevos escenarios de riesgo..."

 

En cuanto a la institucionalidad, y esta es una de las principales conclusiones de la Contraloría: "En Colombia, las organizaciones estatales encargadas de la gestión del recurso, no tienen establecida una política efectiva, ni un marco legal apropiado para regular y gestionar el agua, que permita atender las necesidades ambientales, económicas, sociales y políticas del Estado, con la participación de todos los agentes sociales".

 

Eludiendo responsabilidades

 

Como puede verse, la planeación del uso del agua por la que aboga la Ministra no existe a nivel del Estado, ni el Ministerio a su cargo ha hecho mayor cosa por realizarla.

 

Las consecuencias están a la vista: una sequía, que es apenas el preludio del fenómeno del Niño anunciado por el Ideam, ha puesto ya en jaque al país.

 

Desde luego, las causas profundas del problema, la extrema vulnerabilidad que han generado las formas de ocupación del territorio, asociadas a sistemas productivos particularmente depredadores y vinculados a los requerimientos del mercado internacional, no forman parte del discurso oficial.

 

El deterioro de los ecosistemas, el agronegocio, la urbanización y la minería

 

Unos días antes de los debates, el 28 de julio, tuvo lugar la audiencia de pacto de cumplimiento en el proceso de acción popular interpuesto por varias organizaciones ambientalistas, y el hoy Senador Iván Cepeda, para exigir el cierre de la ventanilla para la recepción de solicitudes de títulos mineros pues no se han cumplido las condiciones que el mismo Gobierno adujo para cerrarla hace tres años.

 

Frente a la documentada exposición de los actores populares que demostraron la incoherencia de los dos gobiernos de Uribe y su sucesor Santos, al otorgar cerca de 12.000 títulos mineros de los cuales un poco más de 800 cumplen con la normatividad vigente, el Estado representado por los apoderados de los Ministerios de Minas y Medio Ambiente, de la Agencia Nacional Minera y de la Agencia Nacional de Licencias Ambientales, se limitaron a expresar que no estaban dispuestos a suscribir, ni siquiera a discutir, ningún pacto con los demandantes. Es decir, el Gobierno no se compromete a cumplir lo dispuesto en el Plan Nacional de Desarrollo en materia de protección de páramos, por ejemplo.

 

La posición oficial, además de cínica, es reiterada pues ya la inefable Ministra Sarmiento había declarado a Vanguardia Liberal5, que la delimitación de los páramos a escala 1:25.000 era "poco viable". Esta delimitación que se encargó al Instituto Von Humbolt es una medida mínima de protección para excluir los páramos de la minería.

 

Por cierto, la Contraloría al referirse a los conflictos por el uso del agua señala que: "La falta de cumplimiento de los objetivos y metas propuestas en las agendas ambientales del Sector Minero Energético se han traducido en retrasos en los objetivos y estrategias del Plan de Gestión Integral del Recurso Hídrico que tiene como fin último alcanzar el uso sustentable del recurso hídrico entendido este como la disponibilidad futura del recurso para las generaciones venideras".

 

El derecho humano al agua: cada vez lejos

 

En conclusión, la sequía que apenas inicia pone de presente los recurrentes obstáculos para hacer realidad el derecho humano al agua y reactualizan los puntos planteados por quienes promovimos el referendo cuya convocatoria fue olímpicamente negada por las mismas o similares mayorías a las que hoy dominan el legislativo. Lo novedoso es el cinismo de los funcionarios, como la Ministra de Ambiente, que niega toda negligencia del Gobierno en la prevención, no solo coyuntural sino estructural, de los desastres que estamos viviendo y viviremos con más rigor en el futuro.

 

* Ex vocero del Referendo por el Derecho Humano al Agua; integrante de Unión Libre Ambiental.


1 En Colombia el consumo doméstico solo de agua representa el 7% del total, frente el 54% del uso agrícola, el 19% para la generación eléctrica, el 6% para uso pecuario y el 5% del uso industrial. Datos del Ideam citados en la Función de Advertencia de la CGR, relacionada en este artículo.
2 Véase oficio 2014EE0123916, en www.contraloria.gov.co
3 Los entrecomillados que siguen a continuación son extraídos del oficio 2014EE0123916, visible en www.contraloria.gov.co
4 La ministra fue reemplazada el 12 de agosto por el empresario y experto en "servicio al cliente", Gabriel Vallejo, cuyo nombramiento recibió toda suerte de críticas por los ambientalistas dada su inexperiencia y falta de conocimiento del tema ambiental.
5 Véase, "En un mes entregaremos coordenadas de Santurbán", entrevista a Minambiente, en www.vanguardia.com , 15 de Julio de 2014.

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Colombia, sequía en el Casanare. ¿Quién tiene la culpa?

El agua, el vital líquido, del cual goza Colombia en abundancia, empieza a mostrar que sí se agota, y que sus consecuencias no son pocas. La actividad irresponsable del ser humano así lo propicia.


En efecto, reportes noticiosos de los últimos días provenientes del sur del país, departamento del Casanare, muestran con crudeza variedad de especies animales y vegetales muertas o en proceso de tal, en ríos secos o alrededor de sus deforestadas cuencas.


La noticia de la falta de agua se conoce ahora, pero desde diciembre de 2013 no llovía en algunos municipios del Casanare. En las imáenes de los noticieros se aprecian animales muertos, ríos secos y tierra hecha polvo. Se calcula que el impacto negativo de este hecho es irreversible y que por él murieron cerca del 10% de los animales que tenían este territorio como su espacio de vida.


Ante el desastre ambiental empezó la búsqueda de culpables: unos dicen que la culpa es de las petroleras, otros señalan a la ganadería, y algunos más dicen que sin lugar a dudas la culpa recae en la agricultura. Pero, por paradoja, todos tienen razón, ya que estas actividades, acompañadas de la corrupción y permisibilidad institucional, propiciaron la actual sequía.


El panorama de la región

 


El Instituto de HidroIogía, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam), en su estudio nacional del agua publicó que el Casanare mantendría hasta el 2025 grandes reservas de agua, incluso señalaba que el 95% de los municipios tendrían un índice de escasez no significativo (menor a 1 en una escala de 0 a 100).

 

 

MunicipioCapacidad de regulaciónVulnerabilidad hídrica año medioVulnerabilidad hídrica año secoEscasez hídrica año secoEscasez hídrica proyección 2026
Hato CorozalAltaBajaBaja2,1350,52
OrocuéModeradaBajaBaja2,6370,74
PoreAltaBajaBaja3,350,78
Paz de AriporoModeradaBajaBaja27.5250,63

FUENTE: IDEAM estudio nacional del agua

 

Como se puede deducir de este cuadro, los municipios del Casanare que hoy atraviesan la sequía no contaban con evidencia alguna sobre una posible crisis del agua, incluso, según proyecciones, ni siquiera para el 2026 tendrían algún problema con el vital líquido.. Entonces, ¿qué pasó?

 

El mal manejo por parte de las autoridades en cuanto a protección ambiental y regulación de las empresas y su impacto en el ambiente, generó que las actividades productivas realizadas en el departamento no tuvieran ningún control; solo para el 2012 el número de delitos ambientales en el Casanare fue de 243, mientras que el promedio del país fue de 55.


Como si fuera poco, la diferencia entre la inversión ambiental promedio del país y la del departamento supera los 26 mil millones de pesos, evidenciando una baja inversión para este rubro en un departamento en el que conviven la ganadería, la minería y la agricultura; actividades de alto impacto para el ambiente. Veamos bien su comportamiento:


La extracción de petróleo


Esta actividad está señalada como la principal culpable de la sequía que vive el Casanare, al parecer las explosiones y excavaciones propias de su actividad han contaminado y desviado las corrientes de agua, ocasionando el problema.


Estas acusaciones se fundamentan en problemas de contaminación ocurridos no solamente en el departamento, sino en el resto del país, no obstante las compañías petroleras argumentan que el impacto negativo de su actividad no es tan grande debido a 'su compromiso con la seguridad social y sus aportes al departamento por cuenta de las regalías'.


No obstante, esta ayuda de las multinacionales petroleras es totalmente insuficiente para aliviar la grave situación que vive el departamento. Para este caso, y luego de grandes debates, las empresas Pacific Rubiales, Ecopetrol, Geo Park, Cepcolsa, Petrominerales, New Granada y Parex, le ofrecieron a la gobernación 530 millones de pesos, entre dinero y maquinaria.


Aporte irrisorio. Marco Tulio Ruiz Riaño, gobernador del Casanare, afirma que los costos de movilización diarios de los elementos necesarios para superar la crisis ascienden a 100 millones de pesos, es decir, el dinero que aportan en conjunto las empresas pteroleras solo alcanzaría para 5 días de trabajo, necesitándose mínimo 15 días.


La agricultura y la ganadería intensivas


Las petroleras, y algunos entes gubernamentales, afirman que la culpa de la crisis ambiental no es de la explotación de petróleo sino de la actividad ganadera y de la agricultura, pues ambas se realizan de forma extensiva en el departamento.


Según estudios, la ganadería genera el 56% de los gases invernaderos del departamento, además de esto, tenemos que para el periodo comprendido entre el 2010 - 2012 se talaron 1.332 hectáreas anuales, el doble del promedio de tala anual de toda la década del 90, aportando así al calentamiento de la tierra –para el caso del municipio de Paz de Ariporo la temperatura pasó de 26° a 40°.

 

Las instituciones gubernamentales

 

No solo en el Casanare sino en toda Colombia las instituciones gubernamentales, desde las Corporaciones Autónomas Regionales hasta ministerios y entes de control, se han caracterizado por su permisibilidad y su corrupción.


Para el caso del departamento de Casanare, el 68,9% de su territorio cuenta con vocación de protección ambiental pero solo 2,1% ha sido efectivamente protegido; si a esto se le suma que las instituciones oficiales en lugar de cumplir su papel regulador toman partido por la empresa que los favorezca, entonces podemos encontrar al culpable de la crisis hídrica que hoy consume en la sed a decenas de especies animales y vegetales en este importante departamento de altillanura colombiana.

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Prevén hambre y violencia ante la peor sequía en EU desde 1956
Nueva York, 8 de agosto. Según datos oficiales, julio pasado fue el mes más caluroso jamás registrado en Estados Unidos, mientras casi dos tercios del país padecen condiciones de sequía e incendios en varias regiones, así como episodios de tormentas severas, lo que amenaza tanto vastos cultivos y ganado como comunidades, y genera pronósticos de alzas en los precios de alimentos con consecuencias mundiales.


Con el informe de hoy sobre las estadísticas oficiales de julio, los últimos 12 meses marcan el periodo de las temperaturas más altas reportadas en Estados Unidos desde 1956 –el gobierno empezó a monitorearlas en 1895–, informó hoy la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés), lo que significa que está sufriendo su peor sequía en más de medio siglo, la cual afecta a 63 por ciento del territorio.


Más de una quinta parte de la nación (22.3 por ciento) está declarada en sequía "extrema" o "excepcional", de acuerdo con las últimas estadísticas oficiales –área que se duplicó sólo en las últimas tres semanas.


Uno de los sectores más afectados por el fenómeno son los cultivos de alimentos: según cifras oficiales, 88 por ciento de los sembradíos de maíz están afectados, y también buena parte, aunque menor, de los de soya. De acuerdo con el Departamento de Agricultura, tres cuartas partes de las tierras dedicadas a ganado se encuentran dentro de la zona de sequía.


El gobierno federal y expertos pronostican incrementos en los precios de alimentos como resultado del esperado desplome en producción agropecuaria, con alzas de entre 4 y 5 por ciento para carne de res, así como encarecimiento en productos de leche y huevo. De hecho, durante los últimos dos meses las cotizaciones de maíz estadunidense subieron más de 50 por ciento, y las de soya 20 por ciento, reportó Reuters.


Con Estados Unidos como el principal exportador internacional de maíz, soya y trigo, se pronostica un impacto global de esta crisis.


El presidente Barack Obama se comprometió a hacer todo lo que pueda para amortiguar el impacto de la sequía, y esta semana asignó otros 30 millones de dólares para ese propósito. "Es una sequía histórica y tiene impacto profundo sobre granjeros y rancheros en muchos estados", afirmó el martes. Llamó a que el Congreso apruebe una iniciativa legislativa agraria que incluya asistencia contra desastres en varias zonas. Sin embargo, el Congreso no logró aprobar ningún apoyo al sector antes de empezar su receso de cinco semanas.


"La gran sequía de 2012 aún no concluye, pero ya sabemos que sus consecuencias serán severas", advierte Michael Klare, autor de varios libros sobre los conflictos por recursos naturales, profesor en Hampshire College y colaborador de La Jornada. En un artículo en TomDispatch.com, agrega que al caer la producción de granos y otros alimentos básicos, se incrementarán los precios tanto aquí como en el extranjero, “causando mayor miseria para granjeros y estadunidenses de ingresos bajos, además de mucho mayor privación a los pobres de naciones que dependen de la importación de granos estadunidenses. Sin embargo –advierte–, esto es sólo el inicio de las probables consecuencias si la historia sirve de guía, ya que alzas en precios de alimentos también llevarán a disturbios sociales y conflictos violentos”.


Durante los últimos meses, las noticias han dado cuenta de tormentas severas, algunas de las cuales causaron daños masivos en el centro del país y en la zona de Washington, con apagones que duraron días. Los noticieros repiten alertas de "tormentas peligrosas", tornados, granizo, vientos altísimos y más. Es cada vez más común ver noticias que reportan –como sucedió varias veces el mes pasado– "tormentas severas en el noreste, incendios masivos en el oeste e inundaciones en el sur".


Vinculado con las altas temperaturas y la sequía, continúan brotando incendios que consumen cientos de miles de hectáreas en varias partes del país. Actualmente hay 49 confla- graciones "grandes" no controladas y 228 incendios nuevos, reporta el Departamento de Agricultura. En las últimas semanas estos fenómenos han destruido viviendas y campos en varios estados, pero hay tantos en varias regiones más que cada vez es más difícil que equipos de bomberos y expertos en incendios forestales puedan ayudar a sus vecinos. Este verano han ocurrido cientos de conflagraciones que destruyeron decenas de viviendas y miles de hectáreas de bosques en el oeste del país, sobre todo en Oklahoma, Colorado y Nuevo México. Solo en julio, más de 800 mil hectáreas fueron consumidas por fuego.


Mientras tanto, ahora se reporta la multiplicación de ciertos insectos –como resultado de las condiciones imperantes– que atacan bosques y plantas, lo que contribuirá a la devastación de ciertas zonas.


Este escenario recuerda imágenes de los años 30, cuando durante la Gran Depresión hubo una sequía severa en el centro del país, el famoso Dust Bowl, con tormentas de polvo y granjeros abandonando sus tierras para ingresar al éxodo hacia el oeste, hecho capturado en las novelas de John Steinbeck, famosas fotos y canciones de Woody Guthrie.


Más aún, a veces parece algo así como las "siete plagas" y otras advertencias bíblicas, con inundaciones e incendios, polvo y cultivos secos, sobre todo en zonas rurales donde prevalecen los mensajes cristianos religiosos (por radio, televisión y espectaculares) rodeados de catástrofe.


Justo son los cristianos ultraconservadores los que suelen rechazar dichos de los científicos de que son manifestaciones del calentamiento global, pero aquí Dios parece estar mostrando que los científicos, y no los ultrafieles, podrán tener razón.

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