Millennials con el socialista Bernie a quien temen más demócratas que republicanos

El 70 por ciento de los "millennials y/o generación Y", quienes nacieron después de 1980, tienden a votar por un socialista, pese a que el término socialismo es anatema en EU y del que el renergizado Trump, después del fallido impeachment, ha hecho su tiro al blanco propagandístico para enarbolar las bondades del capitalismo de Wall Street que ha llevado sus acciones a la estratósfera, en contraste con su economía que exhibe una patente mediocridad –exceptuando la aristocrática "economía digitálica" de Silicon Valley.

Los jóvenes de EU han perdido la fe en el capitalismo y ahora abrazan al socialismo, mientras que la principal propuesta de "cuidados médicos" de Bernie Sanders, confeso socialista demócrata, quien ondea la bandera de "Cuidados médicos para todos" que ha atraído a los millennials y "ha movido a la izquierda al Partido Demócrata en forma significativa" (https://bit.ly/3bllP72).

El 50 por ciento de los millennials y el 51 por ciento de la generación Z "sienten que el sistema económico de EU ha trabajado en su contra" y tienen una "mayor vista desfavorable del capitalismo".

Muchos de los jóvenes se encuentran abrumados con sus deudas colegiales, mientras que "el socialismo y comunismo" no aportan las mismas asociaciones negativas y memorias que sus generaciones previas.

Según Market Watch, los millennials representan 40 por ciento de los desempleados cuando más de 40 por ciento de los universitarios recién graduados son subempleados: sus empleos no cubren los créditos de sus costosos títulos universitarios (https://bit.ly/2SaqgtR).

El 19 por ciento de millennials y 12 por ciento de la generación Z juzgan que el Manifiesto Comunista "garantiza mejor la libertad y la igualdad para todos" que la Declaración de Independencia, en contraste a los baby boomers (nacidos después 1945 hasta 1960) y a la generación X.

El "socialista Demócrata" Bernie, de 77 años, es quien más atrae a los millennials (https://bit.ly/39dxXVM).

El desastre de los "cuidados médicos" y sus "seguros" en EU angustia a los estudiantes quienes adeudan 1.5 millones de millones de dólares, en comparación a 200 millones de dólares del año 2000 (https://bit.ly/3bl98Jr): ¡7 mil 500 veces más en 20 años: una monstruosidad!

Entre los estratosféricos pagos de los seguros médicos y el adeudo de sus préstamos colegiales, los millennials se han refugiado con Bernie, admirable judío progresista que choca con sus correligionarios de Wall Street: tanto de George Soros como de Jared Kushner.

El "socialismo democrático" de Bernie apela a la reforma de Wall Street mediante impuestos para beneficios sociales, más que en "la propiedad social de la producción".

Es notorio el choque electoral y cosmogónico entre los millennials (73 millones) y los baby boomers (76 millones).

Un problema del entusiasmo de los millennials es que en la elección de 2016 sólo votó la mitad –ahuyentados por el fraude del establishment demócrata a favor de Hillary contra Bernie–, en comparación de las 2/3 partes de sus mayores de edad.

El mafioso establishment del Partido Demócrata no sabe cómo contener a Bernie y busca impulsar al multimillonario Mike Bloomberg, ex alcalde de Nueva York con una fortuna de 61 mil millones de dólares, para literalmente comprar la convención demócrata.

Bloomberg todavía no aparece en los debates ni en las primarias de arranque de New Hampshire, pero ha gastado millones en publicidad para prepararse a contender en el famoso supermartes y así obtener un sustancial número de delegados (https://washex.am/2ODIoKi).

El desastre electoral "ciber-antidemocrático" de Iowa fue diseñado para debilitar a Bernie y favorecer a Bloomberg, mediante el ascenso artificial del racista Pete Buttigieg, de 38 años y anterior espía del Pentágono en Afganistán (https://bit.ly/2H72mJt).

La pandilla de los Clinton/Obama/Biden/Buttigieg fue expuesta en el caucus en Iowa mediante el manoseo digitálico del conglomerado empresarial de Shadow/Acronym/Pacronym y cuya primera víctima ha sido el ex vicepresidente Joe Biden. (https://bit.ly/39kVdkY).

¿Podrá detener a los millennials el arcaico Partido Demócrata?

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La desigualdad económica: ¿Qué hay de nuevo?

Los estadounidenses de entre 18 y 29 años con una opinión favorable del capitalismo han caído del 68% en 2010 al 45%

Soy capitalista y hasta yo pienso que el capitalismo está roto”, afirmó hace poco Ray Dalio, el fundador de Bridgewater, uno de los fondos privados de inversión más grandes del mundo. Según la revista Forbes, Dalio ocupa el puesto número 60 en la lista de las personas más ricas del planeta. “Si el capitalismo no evoluciona, va a desaparecer”, dijo.

Jamie Dimon es el jefe del gigantesco banco JPMorganChase y también anda preocupado por la salud del capitalismo. Dimon, cuyo sueldo el año pasado fue de 30 millones de dólares, afirma: “Gracias al capitalismo, millones de personas han sa

lido de la pobreza, pero esto no quiere decir que el capitalismo no tiene defectos, que no está dejando mucha gente atrás o que no debe ser mejorado”.
Esto es nuevo. Las denuncias contra el capitalismo y la desigualdad que este genera y perpetúa son tan viejas como Karl Marx. Lo nuevo es que los titanes de la industria, cuyos intereses están muy atados al capitalismo, lo están criticando tan ferozmente como los más agresivos militantes de la izquierda. Los empresarios lo quieren reparar, mientras que los críticos más radicales lo quieren reemplazar.


Los grandes empresarios no son los únicos que tienen críticas al capitalismo. Según la encuestadora Gallup, el porcentaje de los estadounidenses entre los 18 y los 29 años de edad que tienen una opinión favorable del capitalismo ha caído del 68% en 2010 al 45%. Hoy, el 51% de ellos tiene una opinión positiva del socialismo. Esto también es nuevo.
En el mundo académico hay las mismas preocupaciones. Paul Collier, por ejemplo, es un renombrado economista y profesor de la Universidad de Oxford quien el año pasado publicó El Futuro del Capitalismo. En este libro advierte que “el capitalismo moderno tiene el potencial de elevarnos a todos a un nivel de prosperidad sin precedentes, pero actualmente está en bancarrota moral y va encaminado hacia una tragedia”.


Las críticas al capitalismo son muchas y variadas y, la mayoría, muy antiguas. La más común es que el capitalismo condena a las grandes masas a la pobreza y concentra ingresos y riquezas en una pequeña élite. Esta crítica se había atenuado gracias al éxito que tuvieron países como China, India y otros en reducir la pobreza. Esto se debió, en gran medida, a la adopción de políticas de liberalización económica que estimularon el crecimiento, el empleo y aumentaron los ingresos. Así apareció la clase media más numerosa de la historia de la humanidad, otra novedad.


Pero el crash financiero de 2008 trajo de regreso la preocupación por la desigualdad y reanimó las denuncias contra el capitalismo. Mientras que para países como Brasil o Sudáfrica, la desigualdad económica había sido la norma, para otros significaba el regreso de una dolorosa realidad que se creía superada. Varios países europeos y Estados Unidos se unieron al grupo de naciones que vieron aumentar la desigualdad entre sus habitantes.


Con las recientes erupciones de populismo e inestabilidad política se ha generalizado la idea de que es urgente reducir la desigualdad económica. Pero el acuerdo sobre la necesidad de intervenir no ha venido acompañado de un acuerdo sobre cómo hacerlo. La falta de consenso acerca de qué hacer tiene mucho que ver con diferencias de opinión sobre las causas de la desigualdad. Para Donald Trump no hay dudas: las importaciones de China y los inmigrantes ilegales son la explicación del sufrimiento económico de los estadounidenses que han dejado de beneficiarse del sueño americano. Esto no es cierto. Todos los estudios demuestran que las nuevas tecnologías que destruyen puestos de trabajo y mantienen bajos los salarios de las ocupaciones que menos formación requieren, son la más importante fuente de desigualdad. Una variante de esta teoría es que un creciente número de sectores están dominados por un pequeño número de empresas muy exitosas, y de gran tamaño, cuyas estrategias de negocios inhiben el aumento de los salarios, la inflación y el crecimiento económico. En Estados Unidos, con frecuencia se señala el desproporcionado peso económico, y la consecuente influencia política, que han adquirido el sector financiero y el de la salud. Para economistas como Thomas Piketty, Emmanuel Sáenz y otros, “la desigualdad económica es principalmente causada por la desigual propiedad del capital, tanto el privado como el público”.


Estas generalizaciones son engañosas. Las causas del aumento de la desigualdad en la India son diferentes a las de Estados Unidos y las de Rusia distintas a las de Chile o China. En algunos países, la causa más importante de la desigualdad es la corrupción, en otros no.


Es muy probable, además, que estemos pensando en batallas del siglo pasado y que los nuevos retos requerirán nuevas ideas. El impacto de la Inteligencia Artificial en la desigualdad es aún incierto, pero todo indica que será enorme. Y esta novedad puede hacer obsoletas todas nuestras ideas acerca de las causas de la desigualdad y sus consecuencias.


Será todo nuevo.

Por Moisés Naím
1 JUN 2019 - 17:00 COT

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Lunes, 04 Marzo 2019 06:09

Entre dos palabras

Entre dos palabras

Como periodistas dedicados a reportar sobre Estados Unidos, hay dos palabras que hasta hace poco nunca imaginamos necesitar para relatar la coyuntura en este país: fascismo y socialismo.

Aunque lo hemos comentado anteriormente, vale repetirlo ahora al arrancar el largo camino a las elecciones de 2020, ya que esas dos palabras –y sigue siendo asombroso decirlo– definirán de alguna manera lo que viene.

Por un lado, con el bufón peligroso en la Casa Blanca se expresa un tipo de "neofascismo": la toma del poder por una figura populista de derecha promovida por un sector retrógrada de la cúpula económica del país, quien emplea el racismo y la xenofobia para nutrir el temor y el odio, y que invita a sectores, sobre todo blancos asustados por los cambios en su país, a un glorioso pasado que nunca existió. A la vez, busca minar la credibilidad de las instituciones, medios no leales y cualquier opositor acusándolos de ser "enemigos del pueblo" o parte del complot de un "Estado profundo".

Tal vez lo más escalofriante de la comparecencia de Michael Cohen, el ex abogado personal de Trump, quien denunció durante horas el comportamiento criminal de su ex jefe ante el Congreso la semana pasada, fue el final, donde afirmó: "dada mi experiencia trabajando para el señor Trump, temo que si pierde la elección en 2020, nunca habrá una transición pacífica del poder, y es por esto que acepté presentarme hoy ante ustedes".

John Dean, quien fue abogado de Richard Nixon y testificó en su contra ante el Congreso, advierte en un artículo en el New York Times, que Trump es el primer presidente "autoritario", después de su ex jefe, y subrayó lo dicho por Cohen.

O sea, están alertando acerca de que el actual presidente podría rehusar, por primera vez desde la Guerra Civil, la transición pacífica del poder político, pilar fundamental de la democracia estadunidense.

La otra palabra, socialismo, ha renacido –después de ser una palabra casi prohibida o como identificación de un enemigo histórico– como antídoto a estas tendencias neofascistas. De repente, ser "socialista" está de moda, sobre todo entre los jóvenes. Dos de las figuras políticas más influyentes y con mayor presencia popular en este país se identifican como "socialistas democráticos": el senador Bernie Sanders, quien acaba de estrenar su segunda campaña, a los 77 años edad, y la legisladora novata Alexandria Ocasio-Cortez, a sus 29 años, la mujer más joven en llegar al Congreso.

Es importante subrayar que el "socialismo" en este contexto se refiere más al tipo practicado por socialdemócratas en países europeos. No proponen el fin del capitalismo, sino una serie de reformas fundamentales para fortalecer el sistema de bienestar social para las mayorías, denunciar la concentración de riqueza y poder político del "uno por ciento" y establecer mayor "justicia política, económica, racial y ambiental".

Ahora, al arrancar la contienda presidencial de 2020, todo indica que gran parte de la batalla girará en torno a estas dos palabras.

Los republicanos ya decidieron que su estrategia es pintar de rojo a los demócratas. Trump declaró la semana pasada ante una organización conservadora que “el socialismo se trata sólo de una cosa: se llama poder para la clase gobernante. Todos estamos aquí hoy porque sabemos que el futuro no les pertenece a aquellos que creen en el socialismo… creemos en el sueño americano, no en la pesadilla socialista”.

El vicepresidente, Mike Pence, usó el mismo guion: “la decisión que enfrentamos hoy… es entre la libertad y el socialismo… el momento en que America se vuelva un país socialista es el día en que America deja de ser America”.

Sanders y sus aliados nunca dicen que su lucha es por el "socialismo", afirman que es para derrotar "al presidente más peligroso de la era moderna" y rescatar los principios y avances democráticos de este país el fruto de sus grandes luchas laborales, de derechos civiles y antiguerra, y ahora, por el futuro ambiental del planeta.

Tal vez es el momento, entre estas dos palabras, de traducir Bella Ciao al inglés.

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Lunes, 29 Octubre 2018 05:46

Dos palabras

Dos palabras

 A lo largo de más de 25 años reportando sobre Estados Unidos para La Jornada nunca imaginé que algún día tendríamos que usar dos palabras para informar sobre la realidad nacional de este país: "fascismo" y "socialismo".

Pero desde las campañas electorales de 2016 y su culminación en el triunfo de un bufón peligroso, esas dos palabras se han vuelto necesarias. Primero, las malas noticias:

La violencia ultraderechista vinculada con los neonazis y otras agrupaciones supremacistas blancas, nutrida por la retórica explícitamente racista, xenófoba, antimigrante y "nacionalista" proveniente de la Casa Blanca tuvo su expresión más reciente en lo que la Liga de Anti-Difamación (principal organización judía de defensa de derechos civiles) califica como el peor ataque mortal antisemita en la historia del país: 11 muertos y seis heridos en una sinagoga en Pittsburgh. El responsable acusó a los judíos de apoyar a refugiados "morenos" y musulmanes que están invadiendo al país para destruir a "mi gente". Esto, en una semana en la que otro ultraderechista envió 14 bombas a prominentes críticos de Trump –casi todos calificados como "enemigos" por el mandatario– y el asesinato al azar de dos personas afroestadunidenses en un supermercado por un hombre que antes buscaba ingresar para matar a afroestadunidenses en una iglesia.

Vale subrayar que todos estos atentados de "terror" y odio violento de los días recientes –como gran mayoría de los incidentes de tiroteos masivos en los últimos años– han sido realizados no por mexicanos o centroamericanos, ni por otros inmigrantes "criminales", ni por musulmanes, sino por hombres estadunidenses blancos.

La ultraderecha y sus seguidores aquí tienen una larga historia de violencia, pero nunca antes han contado con un presidente que habla su mismo idioma y que activamente alienta el racismo, la xenofobia, el sexismo y el antisemitismo que los caracteriza.

Hace unos días en un mitin electoral en apoyo de candidatos republicanos, Trump proclamó que es "un nacionalista", y se opone a los "globalistas". Los "nacionalistas blancos" entendieron perfecto y, como señala el profesor de historia en la Universidad de Michigan Juan Cole, Trump está imitando a Mussolini, quien se definió como un "fascista nacionalista".

Aquí, según la narrativa ultraderechista, los "nacionalistas" combaten al "complot internacional judío", o a veces "comunista", contra este país. Por eso cuando Trump se declaró "nacionalista", su público empezó a corear "encarcelen a Soros", el prominente filántropo judío liberal que tanto es usado como ejemplo de ese "complot" (poco después recibió uno de los paquetes-bomba), y quien ha sido culpado por el presidente y/o sus aliados de promover la migración, incluso de financiar la caminata de centroamericanos. Trump sonrió y se sumó al coro.

El profesor Jason Stanley, de la Universidad de Yale, alerta que Trump está empleando las tradicionales políticas fascistas para promover su agenda.

El profesor Henry Giroux, de la Universidad McMaster, considera que esta agenda política está produciendo "una formación económico-política que llamaría fascismo neoliberal". Señala que el “fascismo empieza con idioma y se vuelve una fuerza organizativa para formar una cultura y legitimar lo que se pensaba era inimaginable, como la violencia indiscriminada contra grupos enteros: negros, inmigrantes, judíos, musulmanes… Trump enmarca a sus críticos como enemigos del pueblo estadunidense. Esto es verdaderamente un resurgimiento de la ideología fascista actualizada para el siglo XXI”.

Respondiendo a la noticia del asalto contra la sinagoga, el cineasta Michael Moore expresó su solidaridad en un tuit, y preguntó si alguien en este país aún recuerda que había un acuerdo de que "ante la primera señal de fascismo, lo frenaríamos antes de que creciera y se convirtiera en algo peor. Bueno, ese momento es ahora".

Ahora hay un masivo coro de repudio y resistencia por todo el país que grita "no pasarán". Entre ellos (tema de la segunda parte de esta columna) los que afirman que en un futuro próximo, Estados Unidos será socialista.

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A medio siglo del fin de la Primavera de Praga

En la noche del 20 al 21 de agosto de 1968, hace exactamente 50 años, las tropas del Pacto de Varsovia dirigidas por la Unión Soviética, ponían fin al proceso de reformas checoslovaco. La llamada Primavera de Praga fue el intento de construir, en palabras de su líder Alexander Dubèek, un “socialismo con rostro humano”.


Durante la década del 60 todas las economías de los países del bloque soviético venían enfrentado de manera cada vez más pronunciada una serie de problemas: la prioridad otorgada a la industria pesada exigía posponer otro tipo de inversiones, cada año la producción crecía a menor ritmo a pesar del aumento de las inversiones, los bienes de consumo eran limitados en cantidad y variedad, el nivel de vida empezaba a estancarse en comparación con el de Europa occidental.


La transición de un crecimiento de tipo extensivo a uno intensivo fue un problema que afrontaron todas las economías del bloque soviético en algún momento. Sin embargo, al ser la economía de Checoslovaquia la única altamente industrializada desde antes de la Segunda Guerra Mundial, aquí el problema se presentó antes que en cualquier otro país.


La reforma checoslovaca buscaba relanzar la economía, evitando la rigidez de la planificación centralizada e incentivando la participación. La burocracia administrativa debía ceder una parte significativa de su poder y las empresas pasarían a ser controladas por los consejos obreros, órganos cuya creación se reglamentó a principios de 1968. Era un proyecto más radical que el realizado en Yugoslavia, donde el Partido conservaba el poder de nombrar y destituir a los directores, y por lo tanto, seguía manteniendo el poder de control sobre las empresas. Se buscaba construir no sólo un modelo económico que tuviera en cuenta las necesidades concretas de la población en el presente sino involucrar a los ciudadanos en una mayor toma de decisiones: el corolario necesario era limitar el poder de censura del partido y otorgar mayores libertades políticas.


Hace cincuenta años también se produjo el Mayo Francés, hecho mencionado recientemente en numerosos medios y ámbitos. Sin embargo, el intento de introducir reformas en uno de los países del “socialismo realmente existente” es prácticamente ignorado. Las razones son múltiples.


Cualquier movimiento en Europa Occidental tiene más repercusiones que en otras partes, incluso que en otra lugar de la propia Europa. Pero no menos importante en esta amnesia selectiva es que recordar estos intentos de reforma implicaría considerar la posibilidad de que el socialismo soviético era capaz de ser reformado y por lo tanto, podría haber existido un modelo viable con un predominio de la propiedad pública.


Hace cincuenta años las tropas de los países del Pacto de Varsovia (la versión comunista de la OTAN) puso punto final al “socialismo con rostro humano”. El único modelo imperante a partir de entonces en Europa Oriental sería el socialismo con rostro de burócrata. Poco más de dos décadas después ni siquiera eso quedaría en Europa Oriental.


A veces se dice que a fines de los 60 hubo una ebullición social en Europa, a ambos lados de las fronteras que separaban a los bloques. Sin embargo no se puede poner como similares el Mayo francés y la Primavera de Praga. En el primer caso, por más impactantes que fueran sus consignas, el movimiento estudiantil en Francia no pudo articular una acción común con los sindicatos: fueron vistos como un reclamo de sectores de clase media, alejados de los problemas reales de la mayoría de la población. Por eso mismo fue un vendaval que removió algunos personajes de la escena política, pero el sistema capitalista siguió poco después por sus cauces naturales.


Por el contrario, el movimiento que se dio en Checoslovaquia no solo llegó a tener amplio respaldo popular sino que se intentó desde los principales puestos del aparato estatal llevar adelante sus propuestas. Era una auténtica revolución en marcha. Por eso la represión de la Primavera de Praga trazó una división tajante entre la burocracia del partido comunista de Checoslovaquia y sus aliados soviéticos de un lado, y la amplia mayoría de la sociedad por el otro.


El temor al contagio de la reforma entre la dirigencia de los otros países socialistas llevó a frenar cualquier intento de cambios que cuestionaran los efectos negativos de la burocratización sobre la economía. Así, mientras en Occidente la crisis del 73 fue de la mano de profundas modificaciones en el aparato productivo (relocalización de empresas, ahorro de energía y mano de obra, producción sectorizada para consumidores con poder adquisitivo diverso, etc) en Europa Oriental se mantuvo la lógica heredada de la planificación centralizada: priorizar las inversiones en la industria pesada, producción estandarizada para un público uniforme, uso extensivo de mano de obra y energía en pos de lograr las cuotas de producción. El conservadurismo ancló la economía a un modelo cada vez más obsoleto.


La invasión se justificó con la Doctrina Brezhnev, la cual sostenía que cualquier país donde el socialismo estuviera amenazado y se pretendiera reinstaurar el capitalismo, sería socorrido por las fuerzas de los demás países socialistas. Fue la misma lógica que llevó a la Unión Soviética a intervenir militarmente en Afganistán. Sin embargo, en Checoslovaquia no era el socialismo lo que estaba en peligro, sino la burocracia que se había consolidado en el poder bajo las banderas del socialismo.


La invasión no sólo alejó a las masas de Europa oriental definitivamente del socialismo sino que alejo a los partidos comunistas también de Moscú y del bloque soviético: el eurocomunismo fue el intento de marcar una distancia con los aspectos cuestionables de los regímenes imperantes en Europa Oriental.


Pero el aplastamiento del experimento representado por la Primavera de Praga también terminó por quitarle respaldo a las propuestas de izquierda en general. El ascenso del neoliberalismo pocos años después está vinculado directamente a la imposibilidad de presentar un modelo más sensible a las demandas que se extendían por Occidente: menos de un cuarto de siglo después del fracaso de la Primavera de Praga, el “socialismo con rostro humano” no fue reemplazado por un socialismo burocrático, sino por un capitalismo hegemónico sin rostro.


* Investigador del Centro de Estudios sobre Genocidio (Untref) y docente en la Facultad de Ciencias Sociales (UBA).

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Carta Magna de la transformación en Cuba

“Cuba pasará a ser un Estado socialista de derecho”, un concepto novedoso. En materia económica, se incorporan otras definiciones de propiedad diferentes a la estatal. El presidente no podrá superar dos mandatos consecutivos.

Cuba se dará para sí una nueva constitución a más tardar en noviembre. Con sus propios tiempos, bajo la reafirmación del modelo socialista, pero con reformas añadidas que cambiarán bastante lo conocido hasta ahora. En materia económica, la incorporación de otras definiciones de propiedad diferentes a la estatal. La ratificación política de que el presidente no podrá superar dos mandatos consecutivos de cinco años cada uno. O en la ampliación de derechos civiles, la incorporación del matrimonio entre personas de un mismo sexo. En los hechos, las dos primeras situaciones ya se están dando. Pero la isla se rige por una carta magna de 1976 que el gobierno necesitaba actualizar. El proyecto ya se venía estudiando desde 2013 y ahora será bajado a una consulta popular para su discusión. La ley máxima del Estado pasará de 137 artículos a 224. Solo quedarán 11 vigentes de los que rigen desde hace 42 años, se modificarán 113 y se eliminarán 13.


El 22 de julio, el presidente Miguel Díaz Canel definía ante la Asamblea del Poder Popular que la reforma será “profunda” porque la constitución debía “actualizarse para que la institucionalidad se fortalezca y con ella el modelo económico y social”. Los medios extranjeros en general pusieron el foco en que se suprimirá el concepto de “comunismo” de la ley. Interpretaron que, con los cambios, Cuba renunciaría a desarrollar esa fase superior del socialismo. La respuesta a esa inferencia es una sola: “el papel rector del Partido Comunista” como lo establecerá la carta magna –y como Granma hizo trascender – no se modificará. Una síntesis de lo debatido en la Asamblea y que no tiene status de documento oficial, menciona que “el proyecto reafirma el carácter socialista de nuestro sistema político, económico y social”.


La fecha para la consulta popular que deberá realizarse entre el 13 de agosto y el 15 de noviembre falta confirmarse. Es el requisito previo para que después el texto vuelva a la Asamblea y eventualmente se agreguen, quiten o modifiquen artículos. Cumplido este paso, la reforma volverá al poder legislativo para su análisis final.


Cuba confirmó su cronograma de cambios en un momento donde recrudece la injerencia de Estados Unidos en América Latina. El dato es insoslayable, aunque no debería computarse como una debilidad política. La isla fue sede del último Foro de San Pablo, la caja de resonancia de un antimperialismo que también crece. Y en los cambios propuestos ahora a su máxima ley – mucho más profundos que los concretados en 1978, 1992 y 2002 – la Asamblea estudió varias constituciones, pero sobre todo las de Venezuela, Bolivia y Ecuador en el continente o las de Vietnam y China en el resto del mundo.


También se tomaron en cuenta los antecedentes locales de 1940 y 1959, el año de la Revolución. Cuba atravesó el siglo XIX con varias constituciones mambisas. La primera intervención de Estados Unidos interrumpió la vigencia de la votada en 1897. Apenas duró un año. Incluso en 1901 el gobierno de la isla incorporó la enmienda Platt a su carta magna bajo presión de EE.UU. Esta le permitía intervenir a la potencia vecina “para la conservación de la independencia cubana”. De eso ya no se habla porque parecería prehistórico. Pero condicionó las décadas posteriores y todavía conserva un símbolo muy fuerte: la base ilegal de Guantánamo ocupada desde 1898, cuando Estados Unidos le declaró la guerra a España e invadió Cuba.


El proyecto de constitución cerró una tarea de cinco años que comenzó Raúl Castro cuando creó un grupo de trabajo, allá por 2013. No es un texto coyuntural. Articula cambios en vías de consolidación que no aparecían en la ley, como las nuevas formas de propiedad privada y el reconocimiento del papel del mercado. “Cuba pasará a ser un estado socialista de derecho”, un concepto novedoso. Pero a lo que aspira su presidente Díaz Canel, es que después de la consulta popular se fortalezca “la unidad de los cubanos en torno a la Revolución” como afirmó el 22 de julio en el Palacio de las Convenciones. Dos meses antes, en el mismo escenario, había sido votado presidente para suceder a Raúl Castro.

Cuando intervino ante la Asamblea, el secretario del Consejo de Estado Homero Acosta se preguntó: “¿Ha cambiado el modelo socialista cubano? No ha cambiado en sus principios. Los conceptos fundamentales de nuestro socialismo están ahí… El papel del partido Comunista, de la economía estatal, de la propiedad socialista siguen incólumes. Pero sí se necesita hacer una transformación”.


La nueva constitución –señaló el sitio Cubadebate– “al definir los diferentes tipos de propiedad que pueden coexistir en la economía (socialista de todo el pueblo; cooperativa, mixta; de las organizaciones políticas, de masas y sociales; privada y personal), reconoce que pueden existir otras, así como que el Estado va a estimular aquellas de carácter más social”. La nueva constitución generó coincidencias desusadas en Cuba y en el exterior sobre la incorporación de derechos civiles. La principal fue sobre el matrimonio igualitario ya que el texto dejará de decir “entre un hombre y una mujer” y señalará “entre dos personas”.


La constitución renovada modificará también a las autoridades provinciales. Dejarán de existir las asambleas del Poder Popular y se establecerá el cargo de gobernador y un consejo a ese nivel del Estado. En materia de política exterior, Cuba ratificará los principios con que se rigió hasta hoy e incorporará otros: entre los nuevos, la multipolaridad en las relaciones entre los Estados, más la protección y conservación del medio ambiente y la lucha contra el cambio climático. Y mantendrá su habitual “condena al imperialismo, al fascismo, al colonialismo o neocolonialismo en cualquiera de sus manifestaciones”.


La salud pública como un derecho de todas las personas y la educación gratuita “desde prescolar hasta la enseñanza universitaria de pregrado” continuarán como hasta ahora bajo el programa de economía planificada del estado socialista cubano. Díaz Canel no podrá seguir en el gobierno más allá de 2028 y quien lo suceda deberá cumplir un requisito que señalará la constitución: no podrá superar los sesenta años.


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Sábado, 05 Mayo 2018 06:53

El valor del marxismo hoy

El valor del marxismo hoy

El 5 de mayo se cumplen 200 años del nacimiento de Karl Marx. Y este año, 170 de la aparición del Manifiesto comunista, su obra más difundida, escrita junto a su inseparable camarada Federico Engels. El materialismo dialéctico es una de las tres grandes concepciones de la civilización occidental, precedida por el cristianismo y luego por la individualista, que surgió con Montaigne en el siglo XVI y que históricamente corresponde al liberalismo y la concepción burguesa del mundo.


Una concepción es una visión de conjunto de la naturaleza y de la sociedad. Representa una filosofía, pero además una acción, una actitud militante y no espectadora. Y es la obra y la expresión de una época. La materialista dialéctica se desprende del conocimiento racional, científico, y por consiguiente, no termina con Marx y Engels. Por eso Marx dijo que él no era marxista, porque el materialismo dialéctico tiene la particularidad de poder negar sus propias afirmaciones, en tanto el análisis científico lo determine.1
Desde la caída de los regímenes del “socialismo real”, el materialismo dialéc-tico se presenta como una concepción abierta, sin pretensiones de infalibilidad, y sobre todo con una tradición de teoría al servicio de las clases y sectores explotados, oprimidos y alienados. En los aportes de sus fundadores y de sus continuadores están las raíces críticas del capitalismo y la promoción de la lucha revolucionaria en pos de una nueva sociedad, con una primera fase socialista y una segunda comunista, meta última de Marx y Engels, cuando cada individuo aportaría de acuerdo a sus posibilidades, y recibiría de acuerdo a sus necesidades. La teoría es plenamente reivindicable y es ajena a la pretensión doctrinaria de una filosofía de la historia o sociología de las clases que anuncie la inevitable victoria del proletariado, o de la idea de la inexorabilidad del progreso.
El capitalismo del siglo XXI


El capitalismo ha demostrado adaptabilidad y ha sobrevivido a las diversas crisis y a las luchas de las clases, capas y sectores explotados y oprimidos. Con los descubrimientos e inventos que más le sirven, ha conseguido desarrollar las fuerzas productivas, que en la actualidad se expanden especialmente con las tecnologías de la información y la comunicación. Además, la tendencia de la burguesía es a unificar sus empresas y su poder a escala mundial, lo que se ha denominado “globalización”. Y por encima de los organismos oficiales –como la Onu, la Otan, el Banco Mundial y el Fmi– existe un verdadero poder en las sombras, el denominado Club de Bilderberg, en el que desde hace décadas los principales líderes políticos y empresariales del mundo delinean las orientaciones de las organizaciones antedichas y de los estados nacionales. Al creciente poder centralizado que opera en el campo económico, político, militar, etcétera, se agrega el inmenso poder de los medios masivos de comunicación, de iglesias oscurantistas y de Ong “humanitarias” que “orientan” la opinión de las grandes masas en beneficio de esos poderes y no de ellas mismas.


El materialismo dialéctico nació con la revolución industrial y el proletariado moderno y pensó en esta clase como la revolucionaria por excelencia. Una clase constituida por los que sólo poseen su fuerza de trabajo, que tiene su fuente de ingresos en el salario y que se destaca por su elevada concentración en un mismo lugar de trabajo, una característica derivada de la gran industria. Sin embargo, con las revoluciones científico-técnicas ocurridas en los últimos dos siglos, el motor del desarrollo económico se ha desplazado de la industria a los servicios, y todas las modificaciones estructurales del capitalismo han fragmentado al proletariado y transformado el conjunto de la masa trabajadora.


El resultado es la existencia de una nueva clase trabajadora, también explotada, oprimida, alienada, pero con otras características. Además, ha aumentado la cantidad de marginados, carentes de una concepción revolucionaria, que se contentan –para decirlo con palabras de Lenin– con “las migajas” del festín de la burguesía trasnacional. Todo lo cual obliga a analizar las nuevas relaciones sociales entre las clases y sus luchas, que involucran también a otros componentes, como las etnias (muy importantes en ciertas regiones de nuestra América) y diversos sectores componentes del bloque popular.


Del socialismo en estado larvario al socialismo


El materialismo dialéctico debe asumir el fracaso del presunto “sistema socialista”, mejor definido como protosocialismo o socialismo en estado larvario,2 que no ha conducido al socialismo, lo que es muy bien utilizado por el bloque burgués dominante.


Fracaso que abre la interrogante: ¿hay motivos para pensar que habrá una transición socialista en el futuro? En todo caso, el desarrollo histórico no es lineal y lo confirma el capitalismo. Un “primer capitalismo” triunfó en Europa en el siglo XVI en la zona mediterránea, desapareció ante la reacción nobiliaria y reapareció en la Inglaterra de la revolución industrial, en los siglos XVIII y XIX.3


¿Qué han dejado dichas experiencias? De las afirmaciones de los principales teóricos vale rescatar dos conclusiones: que el socialismo es imposible de construir mientras haya pobreza material y espiritual de los pueblos, y que son inviables las construcciones aisladas en los marcos nacionales.


De lo expuesto, ¿puede inferirse que la humanidad debe optar por el capitalismo, pues quizás consiga superar sus deficiencias? No lo creemos, porque las razones para combatir al capitalismo son cada día mayores. Señalamos las principales. Pese a que toda la humanidad podría vivir bien, asistimos a una repugnante desigualdad: las ocho personas más ricas del mundo poseen la misma riqueza que la mitad más pobre de la humanidad, aproximadamente 3.500 millones. La cantidad de personas subalimentadas aumenta: de 777 millones en 2015 a 815 millones en 2016. Pero la ganancia está ante todo: en 2017 en Uruguay se tiraron toneladas de manzanas para evitar la caída de su precio.
El capitalismo además perturba peligrosamente a la naturaleza. Contamina el agua, el aire, la tierra, al tiempo que desaparecen especies animales y vegetales. Lo ha dicho el papa Francisco y Evo Morales lo ha sintetizado así: “o muere el capitalismo o muere la madre Tierra”.


Otro asunto “menor” es el de los problemas físicos y psíquicos perjudiciales para los seres humanos, que el capitalismo no ha creado, pero que agrava. El sedentarismo es uno de ellos. Hemos pasado de ser animales altamente activos a sedentarios. Desde la era industrial se ha acentuado la discordancia entre el pasado del género humano y el presente. Sabemos que es preciso equilibrar el ejercicio físico y el mental, pero las condiciones económicas, tecnológicas, y aun culturales, lo impiden para las grandes mayorías.
Aceptar el funcionamiento del capitalismo actual además vuelve imposible la equidad, naciones pobres no podrían vivir como las ricas, porque si todas adoptaran el modo de vida estadounidense se necesitarían cinco o seis planetas como la Tierra para abastecerlas. Con el 7 por ciento de la población mundial, Estados Unidos consume la cuarta parte de los recursos del planeta. Si todos los habitantes vivieran con el nivel de vida medio de Francia se necesitarían tres planetas. Al capitalismo lo disfrutan pocos y lo sufren muchos.


¿Son tiempos de revoluciones?


A nivel mundial en general no son tiempos de revoluciones, como los de la revolución francesa o la rusa. Para que haya una revolución es precisa una situación revolucionaria, caracterizada por que las clases dominantes no pueden mantener inmutable su dominación, porque se agravan la miseria y los sufrimientos del bloque social explotado y oprimido. Y porque hay intensa actividad de resistencia de las masas, de la población activa. Además, se precisa una crisis revolucionaria que agregue a esas condiciones la capacidad de los “de abajo” de accionar con fuerza para derribar al régimen cuestionado. La crisis del sistema capitalista se perfila de larga duración, y no habrá retroceso inmediato del sistema porque no hay quien lo derribe.


En tales condiciones, vale trabajar con base en la clase trabajadora –aunque sea diferente al proletariado fordista–, perfeccionando la lucha ideológica desde diversos puntos del mundo, contra la alienación propagada por el gran capital, para que se enhebren procesos, acercando progresivamente las legítimas y diversas experiencias de los pueblos en la búsqueda del socialismo y del comunismo. Para ello es primordial fortalecer el internacionalismo de los trabajadores, imprescindible ante el poder mundial de las grandes trasnacionales.


Parece atinado contribuir desde el “arriba” del poder estatal si se cuenta con él, por quienes buscan la meta socialista, aunque no sea una “dictadura del proletariado” (por ejemplo, China o Cuba), o en cualquier país, desde el “abajo” de las organizaciones sociales y políticas. Desde el poder estatal se contribuye con cierta planificación y defendiendo formas de propiedad colectivas y estatales, con vistas a eliminar el hambre, la miseria, la ignorancia. Y, por ese camino, posibilitar que efectivamente las grandes mayorías puedan pelear por sus derechos, haciendo viables la plena libertad y la igualdad, eliminando la propiedad capitalista.


En todos los casos –con o sin el poder estatal–, desde el “abajo” resulta acertado desarrollar la conciencia de clase de los trabajadores y de sus aliados populares, extender las organizaciones de masas y luchar por su funcionamiento democrático, al mismo tiempo que fortalecer las movilizaciones. Para que de esta manera, a través de una lucha de clases que será prolongada, se conduzca a la humanidad a los destinos soñados por tantos, entre otros por Marx y Engels. En suma, una meta que se irá perfeccionando a medida que la praxis de esas grandes masas lo permita.


1. Una elaboración más desarrollada de esto se encuentra en Marxismo, ese ocultado, de mi autoría (Arca, 2007).
2. Rudolf Bahro, La alternativa. Contribución crítica al socialismo realmente existente. Alianza Editorial, Madrid, 1979.
3. Jürgen Kuczynski, Breve historia de la economía. Colección Hechos, Ideas y Ciencia. Buenos Aires, 1961.

 

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Director de “El joven Karl Marx”: Hago cine político inspirado por una lucha actual

Karl Marx siempre ha sido “una clase de pilar científico y político para mí”, declaró Raoul Peck, director de la película “El joven Karl Marx”, durante una reciente entrevista exclusiva con Xinhua.


El director haitiano ha realizado una serie de películas políticas, entre las que destaca “No soy tu negro”, que cuenta la historia de las luchas sociales y políticas de los estadounidenses negros con base en textos inéditos del escritor James Baldwin. También realizó “Lumumba”, basada en el primer primer ministro de la República Democrática del Congo.


Con “El joven Karl Marx”, basada en el autor de “El Capital”, Peck no oculta su compromiso político. “No soy un director que hace películas sólo para divertirse o simplemente para contar historias. Hago cine político inspirado por una lucha actual”, señaló el director.


Peck pasó su juventud en la República Democrática del Congo y después fue a Alemania para estudiar la universidad, donde comenzó a estudiar a Marx. En la década de los 80 se volvió periodista y fotógrafo, y más tarde director. Fue ministro de Cultura en Haití de 1996 a 1997.


Para el director, “el cine siempre tiene el objetivo de la lucha”. La inspiración para “El joven Karl Marx” y “No soy tu negro” surgió en un momento en que se percató de que “el mundo, en particular el mundo occidental, se hallaba en un momento de decadencia. La política es decretada, y el crecimiento de los populistas, una señal de que la gente tiene problemas con los líderes”.


Como artista y cineasta “era necesario que hallara mi propia respuesta; se trató de un retorno a los fundamentos. Tuve dos fundamentos principales en mi vida: James Baldwin y Karl Marx”, explicó Peck.


“Con estas dos películas, espero mostrar sus ideas y conocimiento a las nuevas generaciones, para que puedan almacenar estas ideas para ellos mismos y luchen, se trata de acción política contemporánea comprometida”.


Peck tuvo la oportunidad de estudiar a Marx desde los 20 años y completó cuatro años de seminarios sobre “El Capital” en un sistema universitario “no dogmático”. “Estudiar a Marx en ese momento, consistía en recurrir a los trabajos del filósofo, del economista, del político y del historiador para mi propia reflexión, una reflexión que pudo modernizarme a mí mismo. Es por esta razón que hasta hoy, puedo utilizar esos instrumentos para analizar lo que está ocurriendo en el mundo”, comentó el cineasta.


“Marx me ha acompañado toda mi vida. Siempre ha sido una especie de pilar científico y político para mí”, dijo Peck.


La película biográfica franco-alemán-belga sobre Karl Marx, un proyecto de 10 años, se concentra en el período de 1843 a 1848, durante el cual Marx se exilió en París. Ahí fue donde conoció a Engels, y ambos crearon la Liga Comunista y escribieron la “biblia” de las revoluciones de los trabajadores en Europa, “El Manifiesto Comunista”, publicado en 1848.


El filme relata los momentos más importantes en la vida de Marx y muestra la evolución de su pensamiento y el inicio de la lucha entre el socialismo utópico, el socialismo anarquista y el socialismo científico presentado por Marx, y que culmina en el manifiesto, explicó el director.


Peck dijo que el guión de la película fue escrito con base en la correspondencia entre Marx y Engels. “Hay escenas que son exactamente como lo señala la correspondencia; incluso los diálogos son auténticos”.


Es importante presentar la historia auténticamente cuando la gente en Occidente tiene tantos prejuicios respecto al marxismo, subrayó.


Para Peck, el pensamiento marxista sigue siendo el instrumento perfecto para entender el mundo actual. “El primer capítulo del manifiesto es una descripción de lo que está ocurriendo en el mundo actual, muchas de las frases del manifiesto son duras frases de hoy”.


A pesar del descenso general de la influencia marxista en Occidente, Marx ha estado en la portada de revistas económicas occidentales, en especial desde la crisis financiera de 2008, mencionó Peck.


“Cada día hay artículos sobre Marx. Entonces, ¿Marx es obsoleto o no?. Nos damos cuenta de que Marx es relevante mientras haya una sociedad capitalista”, observó.
En el París de 1844, tras exiliarse, Karl Marx conoce a Friedrich Engels, quien investigaba el nacimiento de la clase obrera británica. Engels proporcionó la última pieza del puzle a la visión del mundo del joven Marx. Juntos, entre censuras, represión policial, revueltas y conflictos políticos, lideraron el movimiento obrero durante su desarrollo hacia la era moderna.


(Con información de Xinhua)

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Lunes, 15 Enero 2018 06:08

El 68 comenzó en Praga

El 68 comenzó en Praga

 

 

Hace cincuenta años, el 5 de enero de 1968, Dubcek reemplazó a Novotny como jefe del Partido Comunista checoslovaco. Más que una revolución de palacio, es el comienzo de la "Primavera de Praga". Como el sol, 1968 se levanta al Este, con la promesa de un "socialismo con rostro humano", el de una dinámica de autogestión encarnada por los consejos obreros. La Guerra Fría parecía hundirse en un año en el que todo era posible, desde la Ofensiva del Têt en Vietnam, Mayo del 68 en Francia, el Movimiento contra la Guerra y por los Derechos Civiles en EE UU y el Viejo Topo de la revolución reaparecia en las luchas anticapitalistas, antiburocráticas y antiimperialistas. Sin Permiso comienza con estos artículos la conmemoración del 50º aniversario del 68.

 

 

La Primavera de Praga y los consejos obreros (1968/1969)

 

Robi Morder

 

"Praga solo conmovió a la opinión revolucionaria en la semana de su caída". (Gilles Martinet, Los Cinco Comunismos).

Los cambios ocurridos a principios de 1968 en el seno del Partido comunista checoslovaco, sustitución de Novotny por Dubcek al frente del Partido comunista en enero, después por Svoboda en la presidencia de la Federación en marzo, no se reducen a una revolución de palacio. La "sociedad civil" puesta en marcha aprovechó la ocasión: abolición de la censura, libertad de expresión y, dentro de las mismas empresas, nacimiento de los “consejos de empresa” o "consejos obreros" que van a multiplicarse y coordinarse principalmente después del 21 de agosto de 1968 hasta el final de 1969.

 

I- La civilización en la encrucijada, Checoslovaquia en el semáforo rojo

 

Crisis económica y reformas en la década de 1960.

 

A principios de la década de 1960, las dificultades económicas se reflejaron tanto en la disminución del ingreso nacional bruto como en los salarios nominales y reales. "El culto al plan" se pone en entredicho (Radoslav Selucki, 1963). Se intenta una reforma económica, que da un mayor protagonismo a los directores de empresa, empresas más autónomas en una planificación ahora indicativa. Los bloqueos en el partido, el aparato del estado, y sobre todo en los organismos económicos y de planificación llevan al 13º congreso del PCT, en 1966, a constituir, además del equipo de Ota Sik encargado de la reforma económica, una "Comisión Estatal de gestión y organización". Se trata de darle más importancia a la "participación obrera". Los reformadores deben buscar el apoyo de otras fuerzas sociales, y algunos de ellos no tienen la intención de simplemente reemplazar a los burócratas por tecnócratas. Paralelamente, a partir de 1963, año del tercer congreso de escritores que denuncia el culto a la personalidad, una cierta liberalización política, limitada pero real, aporta algunos cambios: presos políticos liberados, rehabilitación de los condenados en los procesos de la década de 1950, facilitación de los viajes al exterior, modificaciones del código laboral. Estos procesos, impulsados ​​por la dirección y una parte del aparato del PCT, con el apoyo de los intelectuales, disminuyen la rigidez burocrática en la vida cotidiana de los grupos sociales.

El trabajo y los trabajadores en la era de la revolución científica y tecnológica.

Checoslovaquia disponía ya de un proletariado desarrollado en el período de entreguerras. El componente obrero, fuerte en 1947 (53%) aumenta ligeramente (57.6% en 1970), mientras que el número de empleados se duplica al mismo tiempo (de 16% a 31.7%). La industrialización ha provocado intensas migraciones hacia las ciudades, alimentando en particular a la industria pesada. En 1970, los 3.800.000 trabajadores se encuentran principalmente en la industria, mientras que la otra (pequeña) mitad se divide entre la construcción (11%), los transportes (8%), el comercio (5%) el sector agrícola-forestal (10%) y otros (12%). Las estadísticas confirman una promoción obrera real, y una parte no negligible de antiguos trabajadores se ha integrado en el aparato de gestión, lo que no significa gestión obrera. En 1963, de un total de 11.941 gerentes y adjuntos, sólo 2.822 tienen una educación superior, una situación criticada por los reformadores que lo ven como una gran debilidad del cuadro dirigente.

Bajo la dirección del filósofo Radovan Richta, un equipo multidisciplinario de 45 especialistas, constituido por iniciativa conjunta del Comité Central del PCT y del presidente de la Academia de Ciencias, hace público en 1966 un resumen de su obra, titulada La civilización en la encrucijada. En el centro de este libro, la "revolución científica y técnica" (RST) y sus consecuencias en la sociedad. La RST revierte la tendencia a la parcelación de tareas de la revolución industrial, la automatización elimina la carga de trabajo simple y transforma el trabajo complejo. Con la "revolución terciaria", la transformación del trabajo humano en actividad creativa implica una "revolución de las habilidades" y una "revolución en la educación". Es necesaria una transformación radical de los sistemas organizativos y de mando y reducir la dicotomía entre dirigentes y dirigidos. De una manera distinta de la que existe en los países capitalistas. La RST debe utilizarse con fines humanos. El equipo de Richta se centra en el desarrollo de la formación y las cualificaciones, para poner en práctica modelos de gestión basados en la iniciativa humana, que conciernen no solo a las empresas, sino a la sociedad en su conjunto .

 
II- 1968/1969: luz verde a los consejos obreros

 

Durante 1968 y 1969, la participación en la gestión y el lugar de los trabajadores en el sistema político se mantienen estrechamente vinculados. El "proceso desde abajo" se impone, con objetivos estructurales que modifican cualitativamente los procesos de reformas.

 

La experiencia del movimiento obrero

 

La experiencia de la clase trabajadora checoslovaca es rica. En agosto de 1944, los sindicalistas desempeñan un papel importante en la creación de nuevas instituciones. Se da por supuesto que los comités de empresa han de desempeñar un papel en el control de la producción y la gestión de las fábricas. Sin embargo, pierden rápidamente toda independencia. Después de la toma del poder por el Partido Comunista, la función reivindicativa de los sindicatos se convierte en instrumento de movilización de los trabajadores para la producción. Se preconiza el "esfuerzo del trabajador" como forma de "participación de los trabajadores en la gestión". En principio, los órganos sindicales de la empresa gozan de amplias atribuciones (preparación del plan, celebración de convenios colectivos, opinión sobre las inversiones). Las decisiones de la dirección empresarial se someten a la aprobación del sindicato (sobre salarios, horas de trabajo, bonos, contratación, despido, clasificación de trabajadores en distintas categorías). Pero estos derechos están de hecho sujetos a las directivas emitidas por el gobierno. El director de la fábrica generalmente es elegido por el Estado, es decir, por el partido en el poder. En virtud de su "papel dirigente", la célula del partido suplanta a la sección sindical.

 

Primeros aires primaverales en las fábricas

 

Después del aparato, después de los intelectuales y los estudiantes, es el turno de los trabajadores. La autogestión es un tema de discusión en las fábricas. En abril de 1968, el PCT adopta un programa de acción que anuncia el principio de la autogestión de la propiedad social (y ya no del Estado) sin definir sus contornos. Presionando a la dirección, la base sindical se moviliza. A partir de mediados de mayo, se reúnen los comités y las asambleas para preparar una ley sobre la "empresa socialista". Estallan huelgas contra la incompetencia de algunos líderes empresariales. A principios de junio comienzan a establecerse consejos en las fortalezas obreras de CKD-Praga (fábrica W. Pieck) y en Skoda Plzen.

Partiendo de problemas materiales y económicos, el movimiento de los consejos toma una dimensión política: la participación democrática tanto en la empresa como en la sociedad. Por un lado, los economistas y los directores, apoyados por los órganos dirigentes del partido y del gobierno, no piensan atribuir a los consejos más que poderes limitados en un sistema de cogestión, para crear un clima favorable a la racionalización de la gestión y al aumento de la productividad El partido utiliza el término "consejos de empresa" más bien que el de "consejos obreros".

Se afirma otra concepción de inspiración autogestionaria. Los consejos deben elaborar por sí mismos los objetivos de producción. Con una visión más política, los partidarios de la autogestión abogan por la coordinación de los consejos como expresión independiente del movimiento obrero.

El 8 de junio, el Gobierno formula los "principios provisionales para la constitución de consejos obreros", discutidos en una reunión nacional consultiva de los sindicatos el 20 de junio, publicado el 30 de junio de 1968 en el diario Rude Pravo. Los trabajadores se consideran ahora como "productores y co-empresarios socialistas” involucrados en la elaboración de la política económica. No se prevé la existencia de consejos en los servicios públicos. Los sindicatos piden que se elimine cualquier referencia a "órganos superiores". El 30 de junio, unas directivas autorizan la constitución de consejos "a título experimental", lo que comienza a materializarse durante el verano.

 
El movimiento de los consejos crece después de la intervención soviética

 

Con la invasión del territorio el 21 de agosto de 1968, el proceso se acelera y se politiza.

El congreso clandestino del PCT se pronuncia a favor de una concepción más bien autogestionaria. El 23 de agosto, una huelga general de protesta contra la invasión moviliza a los trabajadores. La dinámica de unión entre la "izquierda política", las estructuras obreras y los estudiantes se pone en marcha. En las fábricas, los trabajadores y los sindicatos amenazan con recurrir a la huelga si el comité central, que se reúne el 14 de noviembre de 1968, condena la política de antes de agosto. Los estudiantes, por su parte, van a la huelga en noviembre en base a los "diez puntos", entre los cuales: el rechazo de la "política de concesiones" a los soviéticos, el restablecimiento de los consejos. En las empresas se manifiesta de diversas formas la solidaridad con los estudiantes: folletos, sirenas, envío de mociones, resoluciones sindicales, colectas de dinero e incluso paros breves de trabajo. En el congreso de la federación metalúrgica (900 000 miembros), los 1200 delegados ratifican un acuerdo alcanzado con el sindicato estudiantil.

Los consejos se multiplican: 19 en septiembre, 120 a fines de 1968, a pesar de la prudencia del gobierno que estima el 24 de octubre que no resulta útil continuar este experimento. En enero de 1969 en la fábrica Skoda en Pilsen, las delegaciones de 182 grandes empresas que representan a 890.000 empleados, o sea, más de una cuarta parte de los trabajadores de Checoslovaquia, se reúnen en un encuentro consultativo. Rudolf Slansky, hijo de uno de los condenados en los juicios de Praga de la década de 1950, propone establecer un comité asesor de los consejos. El movimiento continúa. El Congreso de Sindicatos se reúne del 4 al 7 de marzo de 1969 y pide la legalización de los consejos obreros, presionando a su vez al gobierno para que apruebe la ley referente a la empresa socialista, y para que condene la intervención del Pacto de Varsovia.

En junio de 1969, más de 300 consejos están en funcionamiento, en verano de 1969 hay más de 500 empresas y más de un millón de trabajadores involucrados.

 

De la cogestión a la autogestión.

 

Los estatutos reales de los consejos a menudo exceden las recomendaciones de los líderes del Estado y del partido. Se llevan a cabo encuestas sociológicas. Los representantes electos del personal de la empresa constituyen en general entre 2/3 y 4/5 de los miembros del consejo. A veces, incluso los miembros externos son elegidos por el conjunto del personal.

Los consejos se eligen por sufragio universal y por votación secreta. En según que casos, para ser elegido hay que cumplir ciertas condiciones de conocimiento de la empresa y de antigüedad, que varía de 2 a 5 años. El consejo debe estar compuesto por representantes de todas los sectores de actividad de la empresa. Lejos de tener solo atributos de asesoramiento, todos los estatutos reservan al poder integral del consejo: el nombramiento y el despido del director, el nombramiento de otros miembros de la dirección de la empresa. En algunos casos, el poder del consejo se extiende a otros asuntos relativos a la gestión. Muchos prevén un derecho de veto de los consejos respecto a numerosas cuestiones más allá de las grandes inversiones.

El 25% de los miembros electos tienen una educación general, el 50%, estudios secundarios (pero solo la mitad los han terminado) y el 25% proviene de la educación superior. La mayoría de los empleados electos son los técnicos (más de dos tercios), mientras que los obreros representan solo una cuarta parte de ellos, siendo principalmente obreros calificados. Esta sub-representación de los obreros podría interpretarse como una falta de confianza en sí mismos. Sin embargo, la presencia significativa de trabajadores cualificados, técnicos, era un argumento de "competencia" en contraposición a los adversarios de la autogestión que predecían grandes pérdidas y dificultades a causa del diletantismo, es decir, la supuesta irresponsabilidad de la masa de obreros sin educación, como si el nombramiento de directores por parte del aparato político, administrativo y económico del Estado hubiera sido una garantía de competencia.

 

Obstáculos y frenos

 

Según las encuestas, los asalariados del aparato sindical, especialmente los que ejercían sus funciones desde hacia más de diez años, son críticos respecto a los consejos obreros, lo que les distingue de los militantes y “jóvenes funcionarios” sindicales. Hay que recordar que el aparato sindical ha sufrido una profunda renovación. Al principio lenta, se acelera después de la intervención soviética. A finales de 1978, el 70-80% de los dirigentes sindicales habían sido reemplazados

En busca de un compromiso con los soviéticos, la dirección dubcekiana, frena. El comité central había confirmado en enero de 1969 el programa de acción de 1968, pero en febrero de 1969 el plan del gobierno condujo a una forma limitada de cogestión (solo un tercio de representantes electos obreros, derecho de veto otorgado al Estado y a los directores).

El 3 de abril se restablece la censura. El 17 de abril, Dubcek se ve obligado a abandonar el liderazgo del PCT, Husak le sucede. El 29 de abril de 1969, el Consejo Nacional Checo anuncia la postergación de la discusión del proyecto de ley a una fecha indefinida. El 31 de mayo Cernik, primer ministro, abandona la autogestión industrial. No habrá ley sobre consejos.

El sindicato estudiantil es disuelto en junio de 1969 y los comités sindicales sufren verdaderas purgas. En la fábrica Skoda, el consejo decide disolverse en noviembre de 1969. Durante el año 1970, 50,000 sindicalistas fueron cesados de sus funciones. En septiembre de 1970, el sindicato de escritores se disolvió. En el Partido Comunista, la purga llega a medio millón de miembros.

A fines de 1969, el comité central "normalizado" del PCT, estimando demasiado amplias las competencias de los consejos y demasiado elevado el número de trabajadores de las empresas en su seno, consideran que han debilitado el trabajo y la eficiencia de los directores de las empresas . Algunos consejos habrían seguido "tendencias extremistas y anarquistas" debilitando el papel del Partido. Ciertamente, la "abolición del Estado" y la autogestión siguen siendo los "objetivos", pero son "metas distantes". Como evoca Vercors en "El viaje en invierno", mientras tanto el partido se "sacrifica" para asumir las tareas ingratas. "La autogestión y sus grandes responsabilidades tomarían a los obreros demasiado tiempo y demasiada energía intelectual, privándolos del ocio que necesitan". Los consejos se extinguen de buen o -más frecuentemente- mal grado.

Temiendo una restauración del capitalismo en el Tercer Mundo, muchos partidos y gobiernos, como en Cuba, aprobaron la intervención soviética en nombre de su rechazo a debilitar el "campo socialista".

Un maoísta italiano, Marco Maccio, en Los Tiempos Modernos en abril de 1969, aún condenando la intervención, criticó las reformas de la primavera checoslovaca que la arriesgaban a reinsertarla , como Yugoslavia, en el mercado mundial.

En Occidente, y particularmente en Francia, se hablará poco de esta experiencia, exceptuando las corrientes intelectuales, políticas o sindicales ya partidarias de las tesis autogestionarias. En 1968, la revista El hombre y la sociedad, publica incluso un número que reagrupa varios textos de sociólogos checoslovacos, incluidos los de Richta. Yvon Bourdet, Pierre Naville, Victor Faye y otros militantes o próximos a la CFDT, al PSU, opositores del PCF o miembros de corrientes "marxistas revolucionarias" publican algunos artículos. La revista Autogestión le dedica contribuciones, luego un número especial. En la prensa militante, como Bajo la bandera del socialismo, la Internacional o Comuna (periódicos de la Alianza Marxista Revolucionaria, o de los Comités comunistas para la autogestión) se (re) publican en los años setenta y ochenta, a título de "documento" los estatutos del consejo de la empresa CKD- fábrica W Pieck, que también se publican en la revista Autogestión y en el libro Praga, la revolución de los consejos obreros, publicado en 1977. En el partido comunista francés y sus disidencias, Roger Garaudy, que había utilizado la expresión "primavera de Praga" en 1963, con ocasión del congreso de escritores, retoma ampliamente la experiencia checoeslovaca, a partir de la revolución científica y técnica y los textos de Richta, en El gran giro del socialismo, publicado en 1969. Pero todo esto permanece en círculos restringidos. Sin duda, la experiencia autogestionaria de 1968/1969 fue más "discreta" y se encontró "acallada" entre la gran duración del modelo Yugoslavia, por una parte, y las huelgas obreras y luego la formación de Solidarnosc y su programa de autogestión en la década de 1980.

En la misma Checoslovaquia, la experiencia alimenta reflexiones como las de Petr Uhl en El socialismo encarcelado. En 1977, un tercio de los mil firmantes de la “Carta 77” eran obreros. La caída del Muro de Berlín y la "revolución de terciopelo" han permitido la restauración de las libertades políticas. Pero la llegada de inversionistas extranjeros se ha visto acompañada de la liquidación de los viejos derechos de los asalariados y de sus representantes. De las ideas de la primavera del 68, la del mercado ha subsistido perfectamente, pero amputado de la propiedad social y de la autogestión, que eran entonces inseparables del mismo.

 

BIBLIOGRAFÍA

 

Números especiales de revistas:

"Sociología y renovación checoslovaca del pensamiento marxista", L’Homme et la société, No. 9, julio - septiembre de 1968.

"Consejos obreros en Checoslovaquia", Nº especial Autogestion et socialisme Nº 11-12, marzo-junio de 1970.

 

Recopilación comentada de documentos:

Jiri Pelikan, Le congrès clandestin, protocole secret et documents du XIVe congrès extraordinaire du parti communiste tchécoslovaque, Le Seuil, Paris, 1970.

Pierre Broué, Ecrits à Prague sous la censure, août 1968 – juin 1969 , (cap V, « Conseils ouvriers et autogestion »), EDI, Paris, 1973.

Jean-Pierre Faye, Vladimir Claude Fisera, Prague, la révolution des conseils ouvriers, 1968-1969, Seghers / Laffont, París, 1977.

Otras contribuciones

Milos Barta, "Los Consejos obreros como movimiento social", Autogestion, No. 9-10, septiembre-diciembre 1969.

Karel Bartosek, "reunión inesperada en Checoslovaquia (octubre de 1968 - junio de 1969)", en Fejtő François y Jacques Rupnik, Le printemps tchécoslovaque 1968 Ed. Complexe, Bruselas, 1999. (especialmente las contribuciones de Jaromir Veprek sobre la reforma económica y de Andre Gauron sobre la política de Ota Sik).

José y Vladimir Fišera, "cogestión empresarial y la economía socialista, el experimento de Checoslovaquia, 1967-1970" Revue de l’Est, Vol 2, No. 1, CNRS, París, 1971.

Gilles Martinet, Les cinq communismes, Le Seuil, colección puntos, París, 1974.

Robi Morder, "Praga, una Primavera en invierno, Consejos obreros y autogestión en Checoslovaquia, 1968/1969", en Genevieve Dreyfus Armand (coord), Les années 68, un monde en mouvement, BCID, Syllepse 1968.

Jacques Rupnik, "La clase obrera checoslovaca", en "Estructuras sociales en Europa del Este (2. Transformación de la clase obrera)", Notes et études documentaires N ° 4.511 a 4.512, 10 de mayo de 1979, Documentation française, París , 1979

Radovan Richta, La civilisation au carrefour, Antrhopos, París, 1969 (reimpreso en Seuil, colección política, 1974)

Rudolf Slansky, "Los primeros pasos de la autogestión en Checoslovaquia", Autogestion, No. 7, diciembre 1968.

Petr Uhl, Le socialisme emprisonné, La Brèche, París, 1982Petr Uhl, "Reformar desde arriba o democracia desde abajo", L’homme et la société, No. 2-3, 1988 (nueva serie No. 88-89)

https://blogs.mediapart.fr/robi-morder/blog/050118/5-janvier-il-y-50-ans...

 

 


 

 

68 prague

 

 

"La revuelta de Praga contra Moscú no fue un fenómeno aislado". Entrevista

 

Petr Uhl

 

Opositor marxista checoslovaco, condenado en dos ocasiones (a 4 años de cárcel en 1969 y a 5 años en 1979), firmante de la Carta 77 y fundador del VONS (Comité para la Defensa de los Perseguidos Injustamente), Petr Uhl es actualmente periodista en Praga.

 

La Primavera checoslovaca parece ser un contratiempo con respecto a la evolución de los países del Este: en 1968 la liberalización de Polonia de 1956 ya es historia y todo parece controlado y encauzado; en la URSS Kruschev ha sido destituido y reemplazado por Brézhnev-Kosyguin, lo cual pone fin a la desestalinización desarrollada en el XXº y el XXIIº Congreso del PCUS; en Hungría la liberalización económica real aparece tras la represión masiva de 1956-1958... y puede por tanto estabilizarse al margen de cuestiones políticas ¿Cómo explicas esta excepción checoslovaca?

Petr Uhl: No veo estos acontecimientos (la llegada de Dubcek y la revuelta de Praga contra Moscú, sobre todo a partir del verano de 1968) como un fenómeno aislado. En la URSS Brézhnev-Kosyguin aún representan un ala más bien reformista en relación con Souslov y Andropov (por aquel entonces). Los soviéticos se vieron obligados a retomar el camino conservador con la intervención en Checoslovaquia, lo cual significaba la caída de la corriente reformista en la URSS. Hasta el momento había ciertas tendencias dirigidas a frenar la liberalización, pero en mi opinión es en agosto de 1968 cuando se produce la ruptura en la URSS. La Primavera checoslovaca es fruto de un proceso que comienza en nuestro país tras la muerte de Stalin y que se interrumpe durante un tiempo por los eventos revolucionarios en Hungría y Polonia y por la represión que les sigue. El movimiento reaparece en 1963, cuando los reformistas –los liberales– llegan progresivamente al poder en el seno del PC. Recuerdo que en este período de 1963-1968 (yo venía de terminar mis estudios universitarios) cada mes se producía un cierto alivio, una pequeña liberalización en el ámbito de los viajes, de la cultura, de la información... El régimen policial era mucho más flexible. Se trataba de una liberalización real que duró varios años. El año 1963 es un año decisivo, porque se forma el nuevo gobierno de Jozef Lenárt. En este sentido, 1968, con la cuestión eslovaca y los conflictos internos del PC, es fruto de un proceso que se gesta durante varios años.

Este proceso desbordó la puesta en escena del Partido. El pueblo comenzó a auto-organizarse y a luchar por sus intereses. Hasta el momento era el Partido quien definía los límites y toleraba esto o aquello. En la Primavera de 1968 la iniciativa pasó progresivamente a los estudiantes, a los sindicalistas, a los artistas e incluso a los trabajadores. No se trataba del pueblo en abstracto, sino de sectores concretos de la sociedad que expresaban sus propios intereses y de los que, en cierta manera, se hacían eco en el aparato del Partido.

 

En la Primavera checoslovaca hay varias corrientes: la de los liberales del aparato del Partido, pero también la corriente más democrática, compuesta en gran parte por estudiantes e intelectuales, y que se centra sobre todo en la cuestión de la censura...

Petr Uhl: Para ser históricamente exactos, habría que decir que la abolición de la censura fue una decisión del presídium del Partido y no tanto una reivindicación primaria de los estudiantes y los intelectuales ni una decisión del aparato. Es el propio Partido el que, el 29 de febrero de 1968, decide no aplicar más la censura preliminar. En aquella época la división no tenía lugar entre los que estaban y no estaban en el partido. Las fracturas se producían en otra parte. Había un grupo de conservadores pro-soviéticos, casi todos del Partido, pero eran una minoría. La mayoría se encontraba, en cambio, alejada de estos asuntos: algunos eran más audaces, otros eran menos valientes, pero todos querían conseguir la democracia por el camino de la democratización, es decir, por la vía del compromiso, el consenso etc. No creo que hubiera diferencias políticas entre, por ejemplo, los estudiantes y el aparato. Por aquel entonces yo era bastante activo en el movimiento estudiantil, y recuerdo que teníamos contacto con el aparato del Partido en Praga. Se trataba, por tanto, de la misma voluntad, de las mismas perspectivas. Las diferencias se encontraban en otra parte: entre los pro-soviéticos y los demócratas, entre los que eran políticamente activos y aquellos que aún conservaban cierta apatía.

No hay que olvidar los movimientos populares de 1968 y también de 1969, porque durante los meses posteriores a la intervención, los valores y las instituciones se habían conservado; incluso había instituciones –sindicatos, asociaciones de artistas o la asociación de rumanos (gitanos)– cuyas estructuras habían sido creadas tras la intervención militar. Se trataba, en cierto sentido, de una Primavera prolongada.

 

En el Partido, el momento más desarrollado fue el congreso clandestino después de la intervención...

Petr Uhl: Sí, pero aun estábamos en un momento de impulso inicial, justo después de la intervención. Aquello de lo que vengo hablando se produce más tarde, después de diciembre de 1968. Seguía sin haber censura y se presionaba cada vez más, sobre todo en mayo y junio de 1969. En diciembre de 1969 fui arrestado y enviado a prisión durante 4 años. Me acuerdo muy bien cómo se iba degradando la situación, pero aún había momentos de radicalización, con importantes disturbios en Praga, donde sobre todo los jóvenes mostraban un espíritu combativo por los ideales democráticos, en las barricadas, con adoquines en la mano...

 

Treinta años después, ¿cómo se interpreta en la República Checa la Primavera checoslovaca?

Petr Uhl: Actualmente hay dos concepciones. La primera, que es la dominante, entiende que el comunismo es un mal y que los cuarenta años fueron malos, sin detenerse en ningún año en particular. En esta visión la Primavera de Praga se reduce a una lucha por el poder en el interior del Partido. La otra imagen tiene que ver con la idea de que en 1968 el Partido, su comité central y el aparato, estaban en el buen camino para llevar al pueblo hacia la democracia, pero que, desgraciadamente, los soviéticos intervinieron. Yo creo que los dos esquemas son falsos y que la verdad está en otra parte: lo que ocurrió fue un desbordamiento popular.

Dicho esto, 1968 se nos ha ocultado. El Presidente del Senado Petr Pithart (quien en 1968 estaba en el Partido y muy comprometido con las reformas) organizó un coloquio en París pero no en Praga, y podemos pensar que si no se hubiera tratado de su propia historia, quizás no lo habría organizado. Desde hace nueve años nadie en mi país –en mis países, en Eslovaquia y en la República Checa– habla de los comunistas víctimas del estalinismo; está prohibido. Los niños que van a la escuela aprenden que hubo una gran resistencia anticomunista y que los terribles comunistas estaban unidos para hacer el mal. Incluso tenemos una ley que lo dice. Rebautizamos las calles de forma selectiva. Por ejemplo, no hay por ningún lado una calle “Zavis Kalandra”, que no estaba en el PC (le habían expulsado por ser trotskista) y que fue ejecutado a partir del mismo juicio que Milena Horakava (nada sospechosa de simpatizar con el comunismo). Pues bien, en todas las ciudades hay actualmente una calle Horakava. ¿Estamos por tanto ante un caso de amnesia colectiva? ¿O más bien ante una desfiguración de la memoria colectiva? Gente como Karel Bartosek, que apareció recientemente distinguido en el Libro negro del comunismo, participan en este tipo de desfiguración. Hace unos días asistí en París a una charla sobre la Primavera checoslovaca organizada por los Senados francés y checo. En cierta ocasión, Jacques Rupnik (que es un antiguo izquierdista; incluso creo que pasó por la Liga) y Pavel Tigrid comentaron, grosso modo, que no es útil hablar de 1968 porque hay que hablar, sobre todo, de los crímenes comunistas y de la lucha por el poder.

 

En la Primavera de Praga no había una corriente que estuviera a favor de restaurar el capitalismo, por lo que el año 1968 perturba actualmente esta reinterpretación de la historia...

Petr Uhl: Sí, es cierto que no había tal corriente, y también es cierto que tampoco la hubo durante la Revolución de Terciopelo de 1989. No será hasta más tarde cuando esta corriente aparezca. Hay que destacar que en 1968, por ejemplo, ¡ni una sola cooperativa agrícola se disolvió! Un año antes de la Revolución de Terciopelo, en septiembre de 1988, fue creado el Movimiento por la Libertad Cívica. Desde la oposición nos referíamos sarcásticamente a la “corriente de la libertad burguesa”. Se trataba de una corriente socialista liberal que no estaba destinada a desarticular el Estado (nada que ver con la realidad de hoy en día) y promovía solamente la propiedad privada de la pequeña y mediana empresa (en nuestro país, a diferencia de Polonia y la RDA, todo estaba nacionalizado). Era una cuestión de mercado, pero combinado con cierta planificación, por lo que se trataba de un proyecto de economía mixta. Y esta era la corriente opositora más a la derecha del momento. ¡Nada que ver con los neoliberales! Por supuesto que había algunos que hablaban positivamente de Pinochet, pero no se puede hablar de una corriente como tal, sino más bien de individuos aislados.

 

¿De qué manera el tránsito a la restauración se hizo tan rápidamente?

Petr Uhl: Creo que se debió a la descomposición de la URSS. Este monolito, este coloso, se rompió. Toda la rígida estructura de deshizo y no hubo alternativa. La autogestión obrera no era una alternativa real, porque era el propio Estado represivo el que estaba involucrado. Entonces se transitó hacia una concepción del Estado liberal, con una concepción burguesa de los derechos del hombre y con la filosofía fundamental de un liberalismo político que no incluye necesariamente un liberalismo económico ni el capitalismo. El capitalismo como referencia ideológica llegó a nuestro país más tarde, tras el liberalismo político. A decir verdad, aun no tenemos un capitalismo propiamente dicho, pues la mayoría de las industrias –no reestructuradas– son administradas por bancos que siguen siendo propiedad del Estado o que aun pertenecen a los fondos de propiedad nacionales. Es formalmente una propiedad del Estado, aun cuando en la práctica la administración juega el papel del jefe (no del director sino del jefe).

Pero parece que el péndulo histórico regresa en cierto modo actualmente. La socialdemocracia ha progresado en las elecciones y es mucho más estatista y social y mucho menos liberal. Los esquemas neoliberales, que no son eficaces y destruyen el país, parece que irán desapareciendo.

 

Después de 1968 fuiste uno de los que intentó fundar un partido, el Partido Revolucionario Socialista Checoslovaco (PRST)...

Petr Uhl: No, no, no, esto es un malentendido. Nosotros habíamos fundado un grupo político al que llamábamos Movimiento de la Juventud Revolucionaria –un centenar de personas como máximo. No teníamos la perspectiva de fundar un partido, pero con el fin de difundir un panfleto durante el primer aniversario de la intervención soviética en agosto de 1969 creamos un nuevo nombre para el grupo y así evitamos firmarlo en el nuestro, pues éramos conocidos. Por ello fundamos el PRST –yo estaba en contra, pero los otros me convencieron de que la palabra “Partido” era mejor. Todo era un fraude y desde luego no teníamos la tentación de fundar un partido. Nunca he tenido una aspiración de este tipo...

 

Partido o movimiento, se trataba sin embargo de una organización socialista revolucionaria con una gran influencia del Mayo francés, de la corriente antiautoritaria alemana...¿qué queda de él?

Petr Uhl: El grupo que habíamos intentado crear entonces era de hecho muy conservador. Queríamos conservar los valores de los procesos de democratización. No queríamos que se perdieran. Era una organización de autodefensa, dirigida sobre todo a conservar los logros alcanzados, pero no un proyecto para ir más allá de ellos. No queda nada de esto. Algunos, como Jaroslav Suk, que está en Suecia, o yo mismo, mantenemos convicciones socialistas; otros se han hecho socialdemócratas, como Jaroslav Basta, quien quizá acabe siendo Ministro del Interior; otros tantos han girado a la derecha. Pero incluso aquellos que se acercaron a la derecha, están volviendo lentamente hoy en día hacia la izquierda.

(Entrevista a cargo de Jan Malewski)

 

http://www.preavis.org/breche-numerique/article864.html

 

 

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Venezuela Pre-insurreccional: Batalla entre Herodes y la vieja Guardia chavista

1. Maduro, Ramírez y Saab


Nunca Rafael Ramírez, confidente presidencial del desarrollismo y bolivarianismo petrolero de Hugo Chávez --junto con Alí Rodríguez y Bernardo Mommer-- se imaginó, que algún día su joven y simpático amigo Tarek William Saab, defensor de los Derechos Humanos, se convirtiera en su némesis.


La inesperada metamorfósis del mal poeta --pero, en su momento, buen amigo Tarek-- en perseguidor, resulta de tres factores:


1. la confidencia de Fidel, de que Tarek algún día podría llegar a ser presidente de Venezuela;
2. la ilusión del poeta, de que sus servicios de Calibán (golpeador) para Maduro-Cabello-Padrino López serán retribuidos oportunamente por la troika de Miraflores, vía la concreción del oráculo del Comandante;
3. la Ley de la Revolución (Vergniaud), que estipula, que ésta, como Saturno, "devora a sus hijos" (la révolution, comme Saturne, ne dévore successivement tous ses enfants.); es decir, la inevitable "depuración" del colectivo insurgente exitoso en nuevos vencedores y vencidos, como en el caso de Stalin y Trotski, o Hitler y Roehm.

2. Ramírez versus el "Infanticida"


El camarada Ramírez, quién estaba hibernando en los acogedores entornos del Primer Mundo, mientras la economía y la democracia en Venezuela se fueron al carajo, se dio cuenta tardíamente, que los Bosses de Miraflores y su ambicioso poeta-fiscal lo habían escogido como animal de sacrificio, para ofrendarlo en el altar de la lucha anti-corrupción y, de esta manera, salvar sus pellejos en las elecciones presidenciales del 2018. No dispuesto a ser el Cordero de Miraflores, Ramírez se armó de valor y embistió a Maduro de frente. Aprovechando los muy presentes instintos católicos de los nativos, el arquitecto de la "Nueva PdVSA Roja Rojita" acusó con tierno lenguaje bíblico al "Presidente Obrero" de infanticidio de la Revolución: "Hoy día la Revolución Bolivariana, esa criatura, niña aún, es sacrificada en aras del poder, de mantener los privilegios, la prepotencia y la ceguera de Herodes".


3. La Ley de Herodes


La astuta referencia bíblica de Ramírez a la ley de Herodes, que fácilmente encuentra eco en una población permeada profundamente por el adoctrinamiento católico, da con la esencia del conflicto venezolano: la incestuosa reproducción de las clases dominantes y castas en el poder y su brutal bloqueo de todo intento de transformación social y democratización "desde abajo". Donde erra Ramírez, es en la afirmación de que Herodes actuó por prepotencia y ceguera. Herodes el Grande era un consumado político y vasallo de Roma, una encarnación fiel de Il Principe de Maquiavelo, que ejecutaba en forma prototípica una ley fundamental de la evolución política humana: la monopolización y perpetuación de las élites dominantes en el poder, al precio que sea. La troika burguesa de Miraflores, Maduro, Cabello, Padrino López, actúa con la lógica de este principio de organización clasista humana, cuyo parangón animal se encuentra en el infanticidio de los leones.


4. La Lista Nazionale


La acusación de Ramírez contra Maduro es, por supuesto, correcta. La decapitación jurídica-política de los partidos y líderes de la MUD por el triunvirato gobernante, es el equivalente funcional de la medida de Herodes. Es una estratagema, que aprovecha la eterna verdad de las elites dominantes: que, al quitarle a la manada sus líderes, al des-cabezarla física o virtualmente, ésta se convierte en una turba fácilmente dominable, porque su comportamiento se vuelve caótico o robótico. La misma fabricación de la Asamblea Nacional Constituyente y las futuras elecciones presidenciales (2018), concebidas, sin duda, al estilo de la Lista Nazionale (1924) de Mussolini, ilustran esa "férrea ley de la oligarquía" (das eherne Gesetz der Oligarchie, R. Michels) y de los conquistadores del poder. La nostálgica interrogante de Ramírez, de cómo fue que la Vieja Guardia –los grognards de Chávez-- perdió el control del proceso, es la clásica pregunta de los vencidos. De Gorbachev a Yeltsin, y de la centroizquierda latinoamericana a Rousseff, Lula y Kirchner.


5. The winner takes it all


En su más reciente artículo, el líder bolivariano pregunta (Aporrea, 7.1.2018): "¿Como fue que llegamos a esta situación?" La respuesta es evidente y el mismo Rafael la sabe. Que no la explicite es humanamente comprensible; pero, políticamente, es un error. Se llegó a esta situación, porque el Comandante Hugo Chávez nunca preparó una vanguardia revolucionaria que pudiera conducir el proceso de transformación del país, en caso de su ausencia. No la preparó a nivel de Estado, ni de Partido, ni de la sociedad.

Cuando se acercó su trágico fin físico, provocado o natural, la ausencia de estructuras sólidas y eficientes de decisión generó un vacío de poder. La Vieja Guardia, en lugar de preparar la toma del poder para terminar la obra del fundador, se quedó pasiva. Carecía de la visión estratégica napoleónica en la batalla de Waterloo, de arriesgar todo en un último esfuerzo. Sin audacia, ni estrategia, dejó el campo libre a una camarilla oportunista, que se apoderó rápidamente del proceso de transición. Por su manifiesta ineptitud, ambición y falta de ética, era inevitable, que esa camarilla llevara el proyecto desarrollista de Chávez al colapso. Ahora, a la Vieja Guardia orillada y hostigada, solo le queda recitar la canción de Abba, cuyo título citamos arriba: "I've played all my cards and that's what you've done too. Nothing more to say, no more ace to play."


6. Transiciones: Rusia, Cuba, China, Venezuela


Consciente de su frágil estado de salud y de los peligros de involución de la Revolución soviética, Lenin trató de blindar el proceso de transición a fines de 1922. Identificaba el gran peligro para la revolución en la fracción y praxis del Secretario General del Partido, Iósif Stalin y trató de evitar que heredara el poder. Trágicamente, la muerte temprana de Lenin y la incapacidad de vanguardia de Trotski, malograron la estrategia de salvación del proceso (ver testamento de Lenin). En consecuencia, el jacobinismo estalinista logró usurpar a la Revolución Soviética y la destruyó.


En Cuba, la Revolución contó con una moratoria, por la feliz circunstancia de que Raúl podía llenar el vacío que dejó Fidel. Sin embargo, la moratoria es transitoria para el único régimen socialista (del Siglo 20) de América Latina, porque en Abril del 2018 se cierra el ciclo de la era Fidel-Raúl. En China, Deng Xiao Ping evitó el colapso de la Revolución mediante la implementación de la Nueva Política Económica (NEP) de Lenin, que Xi pretende elevar al Socialismo Universal del Siglo 21. En Venezuela, la transición de la Quinta República al Socialismo del Siglo 21, terminó en una grotesca dictadura burguesa, reminiscente de la época de Yeltsin en Rusia.


7. Venezuela: la transición fallida I


En la transición venezolana, era obvio, que el "maoísta" y rufián sindical Maduro no "daba el ancho" para garantizar la evolución de la Revolución. Por lo tanto, y pese a los intereses particulares del Caribe y dos potencias mundiales, el Presidente nunca debía haberlo colocado en la cúspide del poder. El apparatchik Diosdado Cabello, quién se auto-catapultó al centro del poder, fue peor. Fiel creyente de los métodos de la Cosa Nostra, de que la cooptación de los líderes de un partido revolucionario debe ser por la nomenclatura --no mediante elecciones-- nunca debía haber ocupado un cargo clave en la organización de la Revolución Bolivariana. Al igual que el nombramiento de Jorge Arreaza como Coordinador de la Escuela de Cuadros del Sistema de Formación Socialista Simón Rodríguez del PSUV, que ya indicó claramente la desnaturalización de la Revolución hacia la parodia tragicómica.


8. Venezuela: la transición fallida II


La corresponsabilidad del desastre corresponde, por supuesto, a la Vieja Guardia del oficialismo, que se calló la boca ante los errores del proceso. Lo que Rafael Ramírez, José Vicente Rangel, Jorge Giordani et al le critican hoy al Madurismo, es el resultado de un largo cáncer de oportunismo que destruyó al movimiento-partido. Cuando empezó la "depuración" del proceso –el Thermidor de la derecha-- no hubo resistencia de los auténticos revolucionarios: ni siquiera en el affaire Dreyfus de la Fuerza Armada Bolivariana, la persecución del General Baduel. La derecha pudo poner impunemente a la persona, que había salvado a la Revolución y decenas de miles de vidas, ante el pinochetazo venezolano ---como reconocieron Fidel y Hugo Chávez en su famoso telefonema, publicado en el Granma-- en la cárcel, sin que apareciera ningún Zola para protestar. Este fue el punto de quiebre y viraje moral de la Revolución: el Thermidor triunfante de la nueva socialdemocracia venezolana, travestiada de bolivariana, socialista y chavista. Si Rafael Ramírez teme ahora, que el triunvirato le aplique la ley de Saturno, debe recordar, que el momento de parar la instalación de ese mecanismo se le pasó hace muchos años.


9. ¿Qué va a pasar?


La segunda pregunta de Ramírez es: "¿Qué va a pasar?... El Comandante, creó mecanismos para la defensa de nuestra revolución, de la Quinta República. ¿Dónde están? ¿Se va a perder todo este esfuerzo? Ya el retroceso es brutal." Nuevamente, la respuesta es clara. Los legítimos y legales mecanismos de defensa de la revolución ya no existen. Por una parte, los usurpadores socialdemócratas del poder controlan antidemocráticamente el aparato de Estado (división de poderes, constitución etc.). Por otra, la identificación de las masas con su líder y su proyecto, que era el sostén fundamental del poder de Chávez, se ha desvanecido. Hoy día, el poder oficial está repartido entre la vieja (Ramos Allup) y la nueva socialdemocracia (la troika tóxica) venezolana, en un modelo de dominación sostenida sobre la mentira, las bayonetas y los dólares.


¿Qué propone Ramírez ante esta correlación de fuerzas? ¿La alianza con los neo-mantuanos que complementan el arco de poder de la clase política venezolana? Parece, que no. Dice que "lo único que salva a este proceso, a nuestro pueblo, es Chávez, su legado, su obra y la conciencia que sembró en los más pobres, en las instituciones que creó, en los soldados, trabajadores, en el Poder Popular". Es decir, no tiene propuesta. Nuevamente, en este momento estratégico --como en el quiebre moral del proceso, el encarcelamiento del General Baduel, y en la usurpación de la transición, a la muerte del Comandante Chávez-- la Vieja Guardia se queda sin praxis de vanguardia. Ante el poder de la Razón cínica, apela a fantasmas de salvación.


10. Chávez, Ramírez y Stalingrado


Encerrado en su Stalingrado económico-político de una megainflación del 2,600 por ciento (2017); con una PdVSA destruida; sin líquidez, ni moneda internacional; con creciente aislamiento global, sin proyecto económico –más allá de sus nuevas estupideces de voodoo economics, recomendadas por sus asesores económicos analfabetos españoles, como el Petro, las granjas de minería, etcétera-- ni político, la troika tóxica está buscando condiciones de rendición aceptables, en las negociaciones secretas de Santo Domingo.


En estas condiciones, la frase de Ramírez, de que "lo único que salva a este proceso...es Chávez", sólo puede tener dos significados reales: un levantamiento militar contra el estancado régimen burgués, como el "bolivariano" de febrero del 1992; o una insurrección popular, como la que derrotó a la dictadura militar de Abril 2002. Lo que falta en ambos escenarios actuales, es el ingrediente decisivo: el líder-mártir que derrota a los Herodes tropicales, en beneficio del pueblo.

 

Por: Heinz Dieterich | Sábado, 13/01/2018 05:04 PM |

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