Nicholas Negroponte, durante la entrevista este miércoles en Madrid. ULY MARTIN

El fundador del Media Lab del MIT vaticina un salto para la humanidad gracias a la bioingeniería, la producción de alimentos artificiales y la irrupción de una energía limpia

 

Tiene motivos para presumir de dones proféticos, porque estuvo en primera fila del despertar digital y vio con claridad lo que vendría después. En los años ochenta y noventa, cuando la mayoría de la población desconocía o empezaba a acercarse a Internet, Nicholas Negroponte (Nueva York, 1943), informático y arquitecto, fundador y director del Media Lab del Massachusetts Institute of Technology (MIT), vaticinó que íbamos a tener ordenadores en los bolsillos, pantallas táctiles, televisión a la carta como la de Netflix, altavoces inteligentes y hogares conectados. Y entendió que vendrían profundos cambios sociales. Sus artículos en la última página de Wired o su libro El mundo digital (1995) eran seguidos como un oráculo.

El tiempo le ha dado la razón en casi todo. Negroponte conversa en Madrid, donde participa este jueves en la jornada Cruce de Caminos, organizada por Banco Caminos y Bancofar. Sigue confiado en sus visiones del futuro, que hoy suenan muy atrevidas. Claro que también era atrevido lo que decía hace 30 años.

Pregunta. ¿Cuál es el próximo hito para la humanidad?

Respuesta. El mundo digital se ha integrado en nuestras vidas. Lo que vendrá ahora ya no serán extrapolaciones de la informática, como las que hemos visto.

Pregunta. ¿Es la bioingeniería la próxima revolución?

Respuesta. Esa será una de las grandes cosas que vengan, sí. Tendremos humanos genéticamente modificados y corregiremos los errores de la naturaleza. Será un futuro muy distinto.

P. ¿De verdad podremos vivir 150 o 200 años? ¿Lo haremos nosotros o nuestros descendientes?

R. Eso ocurrirá con seguridad en la próxima generación. Es un poco tarde para nosotros, porque revertir el envejecimiento es más difícil. Pero no hay duda de que sus hijos y mis nietos vivirán hasta los 150 años. Y haremos que los discapacitados puedan andar, luego podremos eliminar las enfermedades raras...

P. Y se alimentará al mundo con comida artificial.

R. Crear carne que no proceda de las vacas es un proyecto maravilloso. Podremos replicar las células de las vacas sin hacer daño a animales, sin el CO2 que emiten, ahorrando agua, cuidando el medio ambiente, y logrando que la gente tenga carne.

P. ¿Nos salvará la tecnología también del cambio climático?

R. La tecnología es la única solución al cambio climático. No hay otra. Tenemos que encontrar la forma de producir energía, no necesariamente de fuentes renovables, como el viento o el sol, sino haciendo que la fusión nuclear funcione. En 50 años tendremos una economía distinta y un mundo mejor gracias a ella.

P. Usted pronostica avances enormes para la humanidad. ¿No teme que las miserias humanas, o los intereses políticos y económicos, impidan que lleguen a beneficiar a la mayoría?

R. Los intereses corporativos suelen frenar algunos avances, pero no por mucho tiempo. Es bien conocido que quienes tienen intereses en el petróleo pueden forzar un retraso en las tecnologías alternativas. Por eso es tan difícil hacer pronósticos sobre cuándo llegarán algunas cosas, porque a menudo los retrasos vienen de fuerzas externas que no tienen que ver con la tecnología.

P. El 5G, el sistema que dominará las comunicaciones móviles, está siendo el centro de esta Segunda Guerra Fría, un campo de batalla entre EE UU y China por esa tecnología. ¿Quién ganará?

R. Hace 15 años que EE UU se ha rendido en las tecnologías de la telecomunicación. Los principales actores ya no son empresas americanas. El repentino interés por el 5G, y en particular por Huawei, me parece increíble. Porque el 5G no es tan importante como están vendiendo. Es solo un cambio incremental sobre el 4G. El hito fue el 3G. Esto no es la fusión nuclear. Si alguien domina la fusión nuclear, cambiará las reglas del juego. El 5G no va a ser rompedor. Y si miramos lo que hace China en áreas como el 5G, está muy por delante de EE UU.

P. Usted representa el optimismo ante los cambios tecnológicos. Pero todo indica que la opinión pública ha ido pasando del entusiasmo al pesimismo.

R. Sigo siendo optimista, pero eso es verdad. Hay un creciente sentimiento en todo el mundo de escepticismo, de que la tecnología ha creado muchos de los problemas que tenemos que arreglar. Si lo miras objetivamente y con perspectiva, la tecnología ha traído muchas soluciones, como en la medicina, y los problemas son sobre todo por cómo usamos la tecnología.

P. Los gigantes de Internet son vistos ahora como un gran oligopolio que hace negocio sin control con nuestros datos. Una especie de Gran Hermano.

R. Pondré otro ejemplo. Cuando las revelaciones de Snowden, muchos americanos como yo nos sorprendimos de que el Gobierno nos estaba vigilando. Si vas a China, y acabo de estar allí, ves cientos de cámaras en la calle haciendo reconocimiento facial y creando una casi perfecta seguridad. Y la gente está satisfecha. Dicen: de acuerdo, quizás se viole lo que vosotros los occidentales consideráis intimidad, pero no tenemos delincuencia. Son cosas que se ven distintas desde cada cultura.

P. ¿Juega China con ventaja en la carrera tecnológica por la falta de garantías para la intimidad? Allí se puede crear una gigantesca base de datos genéticos que en Occidente no sería viable.

R. Europa es quizás el líder mundial en protección de la intimidad. Por otro lado, hay mucha gente que muere en Alemania porque es ilegal compartir datos que permitirían salvarlos. Es un difícil equilibrio. Si me atropella un coche, no quiero que mis datos médicos estén protegidos, quiero que cuando llegue la ambulancia lo sepan todo.

P. ¿Cree que los gigantes de Silicon Valley deben ser divididos como otros monopolios en el pasado, lo que ha propuesto la senadora Elizabeth Warren?

R. No estoy seguro de que dividir a estas compañías garantice asuntos como la privacidad. A nadie le gusta que una empresa crezca tanto y sea dominante, pero lo que tenemos que mirar es qué sacamos de ellos, quién está contribuyendo más al conocimiento y la ciencia. Es sorprendente qué poco aportan muchas de esas grandes compañías. La gente joven quiere ser Mark Zuckerberg, no quieren ser Alan Turing. Es decepcionante. Necesitamos gente que invente y sea imaginativa como Turing.

P. ¿Están afectando las redes sociales a la calidad de la democracia? Allí se expanden ideas extremistas, mensajes de odio…

R. No uso mucho las redes sociales. Soy más un observador. Está claro que están teniendo un impacto. En unas partes, están creando democracia, en otras partes la están debilitando. El balance es probablemente a favor de la democracia.

P. Diversos estudios alertan de la destrucción de millones de empleos por la robotización, incluso en las actividades más intelectuales. Esto está generando ansiedad en la población y abriendo debates como el de la renta universal. ¿Cuál es el futuro del empleo?

R. Es más fácil automatizar la mayoría de actividades intelectuales que la mayoría de empleos en servicios, como preparar comida rápida. Es más fácil tener un robot abogado, o contable. El desplazamiento del empleo no dependerá de las capacidades intelectuales. En algún momento tendremos que repensar el concepto del trabajo. Una parte del concepto tiene que ver con tener un sentido, un propósito. La gente siempre tendrá un propósito, pero puede no ser llevar un salario a casa, que es lo que define el empleo hoy.

P. ¿Vamos a tener algún día una verdadera inteligencia artificial, que tenga conciencia?

R. Esa es la pregunta, la conciencia, y la mayoría de la gente no se la hace. No estoy seguro de que lo vaya a ver en mi vida. Pero antes de eso veremos máquinas que tendrán sentido del humor, y será asombroso. Otra pregunta que no parece interesante es: ¿por qué los hombres apreciamos la música?

P. ¿Hay que reivindicar las humanidades, o la filosofía, en una sociedad hipertecnológica?

R. Las humanidades son la cosa más importante que puedes estudiar

Madrid 20 JUN 2019 - 04:39 COT

¿Ganará Trump otra vez? Lo que dicen las encuestas y la experiencia

El modo más exitoso de predecir el resultado en EEUU se ha basado en dos variables: si el candidato era ya el presidente y el estado de la economía del país

La última vez que un presidente fue reelegido con una aprobación por debajo del 48% fue en 1952, pero los datos económicos son muy buenos

La mayoría de los votantes no pulsa "refrescar" cada cinco minutos en The New York Times para leer indignados la última barbaridad que ha dicho el presidente, pero sí su cuenta corriente

 

 

 Donald Trump arrancó anoche su campaña para la reelección con un mitin multitudinario en un estadio de la NBA. No había mucho suspense sobre su decisión de presentarse porque siempre había dicho que quería quedarse ocho años, pero la gran incógnita sigue abierta: ¿le darán los votantes la oportunidad de repetir? Vamos a por los datos.

Trump tiene el viento a favor

Hay una dura realidad: un presidente que se presenta a la reelección casi siempre gana, eso es estadísticamente cierto. Hace ya 30 años desde la última vez que un presidente perdió sus segundas elecciones y, en el último siglo, solamente cuatro personas han perdido unas elecciones viviendo en la Casa Blanca. Así que Trump, solo por eso, ya tiene ventaja. Durante las últimas décadas, el modo más exitoso de predecir el resultado en EEUU se ha basado en dos variables: si el candidato era ya el presidente y el estado de la economía del país. Y en lo de la economía, también a Trump le va bien.

Hay que asumir que la gran mayoría de los votantes estadounidenses no están pulsando "refrescar" cada cinco minutos en The New York Times para leer indignados la última barbaridad que ha dicho el presidente. De hecho, la gente que decide las elecciones no suele leer The New York Times, pero sí que lee muy habitualmente el extracto de su cuenta corriente. Y la economía estadounidense de la era Trump va como un tiro: el paro está en el 3,6%, el más bajo de los últimos 50 años. Wall Street, donde medio país tiene invertido el dinero de su futura jubilación, ha subido un 33% desde el día en que tomó posesión. Y para encontrar un momento de mayor crecimiento económico, hay que viajar dos décadas al pasado. Por supuesto, se puede argumentar que todo esto no es obra suya o que hay nubarrones en el futuro por su guerra comercial contra China, pero de nuevo debemos recordar que la mayoría de los votantes no profundiza tanto. ¿Con Trump vivimos bien? Con Trump vivimos bien.

¿Qué dicen las encuestas?

Las encuestas dicen muchas cosas y todas hay que mirarlas con cautela. Empecemos por la popularidad de Trump, por su nivel de aprobación: en el último año, las cifras se han mantenido bastante estables y podemos decir que algo más de la mitad de la gente le da un suspenso, mientras que entorno al 40% le aprueban ¿Qué significa esto? Pues pinta un mal panorama para Trump, porque la última vez que un presidente fue reelegido con una aprobación por debajo del 48% fue en... 1952. Además si miramos a los 'match-ups', es decir, las encuestas que miden cómo lo haría Trump en una elección frente a cada uno de los candidatos demócratas a sucederle, vemos que pierde con casi todos ¿Eso quiere decir que ya está muerto y enterrado? No, nada de eso.

Para empezar, es todavía muy pronto. Queda casi año y medio para las elecciones y, a estas alturas de la película, en su día Obama era un perfecto desconocido y Trump poco más que un chiste. La inmensa mayoría de los votantes no ha empezado a prestar atención y en las encuestas brillan los nombres más conocidos. Además, y esto es enormemente importante, Trump todavía no tiene un rival. Es prácticamente seguro que él será el candidato republicano, pero los demócratas aún tienen que elegir en primarias entre una veintena de aspirantes que quieren enfrentarse al presidente en noviembre de 2020. Si en algo es bueno Trump, es en definir a sus adversarios: les pone motes, les provoca, explota sus puntos débiles... Aún no ha lanzado todo su arsenal contra uno de ellos porque no sabe todavía con quién se las verá, pero es seguro que el elegido sufrirá más en las encuestas cuando lleve encima el peso de la candidatura demócrata.

Una oposición dividida y una base sólida

Los republicanos llevan una década a la greña: una batalla cruenta de radicales contra moderados en la que, una y otra vez, los radicales de ayer acaban por convertirse en los moderados de hoy. El punto de mayor violencia se produjo en las elecciones de 2016 que ganó Trump, cuando buena parte del establishment del partido rechazaba abierta o soterradamente a su candidato. Sin embargo, eso se acabó. La victoria de Trump es total, el partido es suyo.

En torno al 90% de los republicanos aprueban la gestión del presidente y un 96% de los estadounidenses que le votaron no se arrepienten de haberlo hecho. Eso es una base sólida de cara a las próximas elecciones y, lo que es más importante, bien repartida geográficamente. Recordemos que las elecciones en EEUU no las gana el que saca más votos, sino el que logra la mayoría en un complicado sistema que beneficia a los estados con menos población. Hillary Clinton logró unos tres millones más de votos pero, si los demócratas no logran arrebatar a Trump la victoria en al menos tres estados medianos, podrían estar otros cuatro años llorando amargamente por el sistema electoral.

Los demócratas, al contrario que los republicanos, llegan a estas elecciones mucho más divididos que de costumbre. En lugar de tener dos o tres candidatos fuertes en primarias como ha sucedido en las últimas décadas, esta vez tienen que elegir entre 23 personas. Y aunque el partido está unido en su rechazo a Trump, surgen diferencias entorno a cómo lograrlo (impeachment sí, impeachment no) y también sobre si electoralmente es mejor el giro al centro o proponer medidas más izquierdistas.

En resumen: ¿ganará Trump otra vez?

Es imposible saberlo, pero tiene más posibilidades de las que uno diría a primera vista cuando le ve ir de escándalo en escándalo. A pesar de todos sus defectos, Trump fue un gran candidato y tiene una conexión profunda con muchos de sus votantes. Si a esto le sumamos la buena marcha de la economía y el simple hecho de que EEUU suele reelegir a sus presidentes, hay que andarse con cuidado de aquí al 3 de noviembre de 2020.

 

Por Carlos Hernández-Echevarría

19/06/2019 - 09:26h

 

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Lunes, 17 Junio 2019 06:04

Asombros

Bernie Sanders, precandidato presidencial demócrata, pronunció un discurso la semana pasada en Washington en el cual explicó que él define el "socialismo democrático" como la continuación del legado de Franklin D. Roosevelt. Subrayó que una democracia requiere tanto derechos políticos como derechos económicos básicos.Foto Afp

Abajo y a los lados, a veces casi invisible, y por supuesto sin captar la misma atención que la perversidad, engaño, ataques, obscenidad y crueldad que proviene desde la Casa Blanca y sus alrededores, hay una sorprendente ola de rebeliones, algunas expresadas en las calles, otras en la naciente contienda electoral presidencial, y muchas no temen autoidentificarse como luchas de clase y hasta "socialistas".

 

Sarah Nelson, presidenta del gremio nacional de sobrecargos, Association of Flight Attendants, representando a 50 mil miembros de 20 aerolíneas (gremio que se negó a trabajar en todo vuelo que se usó para la separación de familias inmigrantes ordenada por Trump), recientemente ofreció un discurso ante los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA), vieja organización social demócrata que en los últimos tres años ha experimentado un renacimiento dramático.

 

Recordando que Eugene Debs, Helen Keller, Albert Einstein, fundadores de sindicatos como el automotriz, fueron "socialistas democráticos", Nelson señaló que ante toda la oscuridad y el odio generado por las fuerzas derechistas, en el último año cientos de miles de maestras/os, decenas de miles de trabajadores de supermercados, miles de trabajadores de hoteles, ingenieros de Google y choferes de Uber, participaron en huelgas; más de las que se había registrado en décadas. “Estas huelgas eran trabajadores tomando la ofensiva… Estas huelgas eran visionarias, porque construyeron poder, porque construyeron ahí mismo en el piquete el tipo de país que queremos ser; donde nos cuidamos entre nosotros, donde luchamos mano en mano por nuestra democracia, donde nuestra "multitud" –nuestras muchas nacionalidades y razas y religiones y diversidad de género e identidad de género– es fuente de orgullo, fuerza y amor. Y porque ganamos. Ganamos contra los jefes de avaricia de Wall Street y sus peones políticos que deseaban destruir las escuelas de Los Ángeles al servicio de sus ganancias. Ganamos contra los tecnobarones de Google… Ganamos contra las empresas multinacionales que son dueñas de los hoteles y los supermercados de nuestra nación, quienes ganan miles de millones pero dejan que nuestros niños pasen hambre”. Habló de la solidaridad, incluyendo la internacional con la gente trabajadora de México y otros países, como clave en la lucha para el bien de todos.

 

Son palabras que no hace tanto habrían sonado nostálgicas, pero son muy contemporáneas, y este tipo de mensaje de repente ya no es sólo para veteranos de otras historias, sino por y para jóvenes que desean hacer historia aquí y ahora.

 

Y no deja de sorprender que dentro de estas luchas, y sobre todo entre los jóvenes, muchos –muchísimos– no temen declarar su simpatía por algo que llaman "socialismo".

 

Cuatro de cada 10 estadunidenses preferirían vivir en un país socialista que en uno capitalista, mientras 55 por ciento de mujeres entre 18 y 54 años expresaron una preferencia por el socialismo, según encuestas recientes (vale recordar que la gente entiende "socialismo" de múltiples maneras). Al medirlo en términos muy generales, se puede hasta afirmar que, según las encuestas más recientes, el socialismo es más popular que Trump.

 

El senador y candidato presidencial demócrata Bernie Sanders es tal vez la figura política de mayor perfil de esta expresión y la semana pasada pronunció un discurso explicando su "socialismo democrático" como la continuación del legado de Franklin D. Roosevelt. Subrayó que una democracia requiere tanto derechos políticos como derechos económicos básicos, los cuales "son derechos humanos", y que se requiere una "revolución política" con la participación masiva electoral para lograr esto y argumentó que el futuro en este y otros países se disputa entre una derecha nacionalista y el socialismo democrático. (https://berniesanders.com/sanders- calls-for-21st-century-bill-of-rights/).

 

El solo hecho de que el "socialismo" sea ahora parte del debate nacional cotidiano en Estados Unidos (algo que asusta tanto a Trump como a la cúpula demócrata) no deja de asombrar.

 

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La nueva movilización, estimada en 2 millones de participantes, contra el controvertido proyecto de ley para autorizar extradiciones a China continental, obligó a la gobernante, Carrie Lam, a ofrecer "disculpas" y a reconocer "defi ciencias" en su gobierno, los cuales propiciaron conflictos sociales. El sábado pasado ya había anunciado la suspensión de la polémica enmienda. Foto Ap.

Cerca de dos millones de personas marcharon en contra de la brutalidad policial y criticaron a la jefa de gobierno pro-Beijing, Carrie Lam.

Casi dos millones de personas inundaron ayer las calles de Hong Kong para exigir que se retire definitivamente el proyecto de ley que autorizaría las extradiciones a China. La masiva manifestación, que duplicó la del domingo pasado, forzó a la jefa de gobierno pro-Beijing, Carrie Lam, a pedir disculpas por haber provocado, según dijo, conflictos y disputas. Hoy, los habitantes de la ciudad están llamados a una huelga general.

 “Fuera Lam, no a la ley de extradición a China”, gritaban en cantonés los manifestantes que enarbolaban también carteles como “Libre Hong Kong” o “No a la brutalidad policial”, mientras caminaban pacíficamente entre los grandes rascacielos de la isla que alberga al centro de la ciudad. En la marea humana –30 por ciento de los habitantes de Hong Kong– se movían jóvenes, adultos, ancianos, familias con niños pequeños y bebés, discapacitados en sillas de ruedas, profesores, estudiantes y trabajadores de todas las ramas. La gran mayoría de ellos marchaban hacia el Parlamento vestidos de negro, en señal de duelo por la pérdida de libertades que, a su juicio, está viviendo la ciudad en los últimos años y que ha terminado de concretarse con el proyecto de ley de extradición impulsado por Lam. 

“Si se aprobase esa ley, el modelo de ‘un país, dos sistemas’ que China se ha comprometido a respetar al menos hasta el traspaso final de la soberanía en el año 2047 se destruiría”, dijo Monique Mok, una estudiante de literatura de 22 años que vestía una camiseta negra con el lema “Queremos conservar nuestra democracia”. En 1997, el Reino Unido devolvió Hong Kong –hasta entonces colonia británica– a China. En ese momento, Beijing se comprometió a respetar un estatuto especial durante 50 años, por lo que, desde entonces, administra el territorio bajo el principio de “un país, dos sistemas”. Así, mientras que Hong Kong ha mantenido su propia legislatura, sistema económico, independencia judicial y su moneda, Pekín controla los asuntos exteriores y de defensa. Por ello, los hongkoneses gozan de libertades que son poco comunes en la China continental

Al concluir la manifestación a medianoche, diez horas después de su inicio, los organizadores del Frente Civil de Derechos Humanos cifraban la asistencia en casi dos millones de personas. Sin embargo, la cifra de asistentes no pudo ser confirmada en fuentes independientes. La Policía local habló, por su parte, de 338.000 asistentes, pero reconoció que no habían contado a la gente en las calles adyacentes y solo la del recorrido original. En cualquier caso, se trató de la mayor manifestación registrada en el distrito desde 1997.

Muchas personas, especialmente las de más edad, aseguraban haber acudido a la marcha por la indignación que les causaron las imágenes de la represión  policial durante la manifestación del pasado miércoles, una violencia pocas veces vista en la ciudad. “No queremos ver un Tiananmen en Hong Kong”, comentó el profesor universitario jubilado Dan Yiu mientras intentaba a duras penas hacer pasar el carrito de su nieta entre la muchedumbre. “Si China tiene que hacerse con el control total de nuestro territorio dentro de 28 años, queremos que al menos lo haga más despacio, no a esta velocidad”, clamaba Yiu. Lam justificó la represión del miércoles alegando actos de violencia por parte de manifestantes, pero la oposición afirma que se trató de una ínfima minoría en el conjunto de las protestas, que en su mayor parte fueron pacíficas. “Policía de Hong Kong, debes protegernos, no dispararnos”, se leía ayer en una pancarta.

La dimisión de Lam era una de las peticiones más escuchadas entre los manifestantes. “Personalmente creo que ya no puede gobernar Hong Kong, ha perdido a la opinión pública”, afirmó Dave Wong, un manifestante de 38 años que trabaja en finanzas. Ayer, seis horas después del inicio de la manifestación y ante la gigantesca convocatoria, Lam      –quien ya el sábado había anunciado la suspensión del proyecto de ley– emitió un comunicado en el que pidió disculpas, aunque en ningún momento habló de su renuncia. “La jefa del Ejecutivo reconoce que las deficiencias en el trabajo del Gobierno han creado controversias sustanciales y disputas en la sociedad, decepcionando y entristeciendo a mucha gente”, se limitó a señalar la nota.

Aún si la mandataria dimite, sólo la retirada total del controvertido proyecto sería capaz de calmar los ánimos de los manifestantes, que también demandan que se dejen de definir las protestas como disturbios, como ha hecho Lam, y la libertad de los detenidos. La oposición del proyecto de ley reúne a abogados, organizaciones jurídicas, líderes empresariales, cámaras de comercio, periodistas y diplomáticos occidentales. Según los detractores, el proyecto de ley colocaría a la población de la excolonia británica a merced del sistema judicial de China, al que consideran opaco y bajo influencia del Partido Comunista. Dentro de las pruebas que esgrimen los opositores se encuentran los casos de personas desaparecidas en Hong Kong que posteriormente reaparecieron en China y a disposición de la justicia. Los círculos empresariales temen, asimismo, que la reforma perjudique la imagen internacional de Hong Kong y su atractivo como centro financiero.

En medio de la presión de la que está siendo blanco la jefa del Ejecutivo, se anunció ayer la liberación del militante prodemocrático Joshua Wong, líder de la célebre “revolución de los paraguas” de Hong Kong en 2014. El joven de 22 años, que pidió en vano la elección del jefe de gobierno por sufragio universal, será puesto en libertad hoy.  

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 Buenos Aires se quedó sin servicio de Metro por el colapso del Sistema Argentino de Interconexión, que provocó uno de los apagones más grandes en la historia.Foto Ap

Argentina, Uruguay, partes de Brasil, Paraguay y Chile quedan sin luz; el suministro de agua también sufre interrupciones

 

Buenos Aires. Un excepcional fallo en el sistema de interconexión eléctrica dejó ayer sin luz a Argentina, Uruguay, partes del sur de Brasil, algunas zonas de Paraguay y varias ciudades de Chile, lo que afectó al menos a 45 millones de personas, informaron las empresas eléctricas de la zona.

 

El suministro, que se interrumpió a las 7:06 (hora local) y se restableció en la mayoría de las zonas afectadas más de 10 horas después, se originó porque "las tormentas del litoral sacaron de sistema líneas de Yacyretá-Salto Grande", lo que provocó el colapso del Sistema Argentino de Interconexión (SADI), informó el ministerio de Energía. En concreto, habría sido un fallo en la conexión entre las centrales de Yacyretá sobre el río Paraná, que a su vez afectó la de Salto Grande, en el litoral argentino.

 

Página/12 informó que antes del apagón hubo una alerta que fue ignorada y ese problema inicial que no fue atendido tuvo un efecto dominó y todas las centrales dejaron de funcionar.

 

Lo que tendrían que haber notado es que cuando la frecuencia de las centrales se ve alterada, salen de funcionamiento como mecanismo de protección. Esa fue la situación, de acuerdo con la empresa de energía eléctrica Edesur, que generó el problema.

 

Es la primera vez que ocurre un apagón que alcanza a la totalidad de Argentina y Uruguay. En Paraguay se registraron cortes momentáneos de energía.

 

Uruguay y Argentina están interconectados, lo cual "permite que los sistemas de los países se protejan ante insuficiencias en cada uno", explicó el ministro de Industria, Guillermo Moncecchi.

 

Argentina, con 44 millones de habitantes, y Uruguay, con 3.4 millones, comparten un sistema de interconexión eléctrico centrado en la represa binacional de Salto Grande, ubicada unos 450 kilómetros al norte de Buenos Aires y unos 500 kilómetros al norte de Montevideo.

 

El presidente Mauricio Macri tardó horas en lamentar lo sucedido y alrededor de las 2 de la tarde anunció que se había restablecido la mitad del sistema eléctrico. "En este momento la situación de 50 por ciento de los usuarios ya se encuentra normalizada. Con el correr de las horas se restablecerá el servicio para todos los usuarios", tuiteó Macri.

 

De acuerdo con Página/12, el gobierno descartó que se haya tratado de un ciberataque como hipótesis principal y afirmó que en 48 horas habrá un primer informe de lo que pudo haber ocurrido, mientras la Secretaría de Energía precisó que "las causas se sabrán en 15 días".

 

En Argentina el corte de suministro eléctrico afectó a quienes se alistaban a celebrar el Día del Padre, el transporte y el alumbrado público. Se interrumpieron el suministro de agua, las comunicaciones telefónicas y el servicio de Internet en las principales ciudades.

 

"Me levanté a las 9 de la mañana, no había wifi, la nevera tampoco funcionaba, ni el agua del servicio central", explicó un joven llamado Iván.

 

El apagón masivo dejó sin semáforos Buenos Aires, lo que ocasionó más accidentes de lo habitual y obligó a reforzar los controles de tránsito en toda la ciudad.

 

Resultó afectado el sistema de distribución de agua potable durante unas horas debido a una falla general en el sistema de interconexión, confirmó la empresa pública Agua y Saneamientos Argentinos (Aysa), que tuvo que facilitar líquido a cuatro hospitales.

 

Todos los centros sanitarios tuvieron que recurrir a generadores externos para mantener los servicios de emergencia.

 

Los aeropuertos funcionaron durante unas horas gracias a generadores, mientras el servicio de trenes y el Metro de la capital argentina se interrumpió y casi todos los locales del centro porteño cerraron.

 

Un portavoz de la petrolera argentina YPF declaró a la agencia Reuters que todas las plantas en su refinería La Plata, clave en la cadena de suministro petrolero, fueron cerradas por el corte.

 

El apagón también incidió en los comicios de ayer en tres de las cuatro provincias del país para elegir a su próximo gobernador: Santa Fe (centro-oeste), San Luis (oeste) y Formosa (norte).

 

La cuarta provincia que convocó a sus ciudadanos a las urnas, Tierra del Fuego (sur), no se vio afectada, ya que no forma parte del sistema de interconexión nacional.

 

Alberto Fernández, uno de los candidatos presidenciales peronistas que buscan sacar a Macri en los comicios de octubre, tuiteó: "el presidente debería dar explicaciones sobre lo que están padeciendo los argentinos. Subieron las tarifas tanto como sus amigos exigieron, y generaron el apagón más grande de la historia", denunció quien lleva como compañera de fórmula para vicepresidenta a Cristina Fernández de Kirchner.

 

Usuarios de redes sociales dijeron que el corte alcanzó también a Paraguay y Brasil, aunque el operador del sistema brasileño de electricidad aseguró que no afectó al país.

 

Con el hashtag #Sin Luz, el apagón se convirtió trending topic en el Cono Sur. No faltaron los memes y las fotografías de las ciudades argentinas y uruguayas en completa oscuridad.

 

Una de las mayores preocupaciones en Uruguay era que la luz llegara "a las siete de la tarde", para ver un partido de futbol de la Copa América.

 

La compañía de electricidad de Paraguay, ANDE, informó que parte de la hidroeléctrica de Yaciretá quedó bloqueada y en consecuencia se fue brevemente el servicio en las ciudades de Ayolas, Villalbin, Pilar y otras aledañas.

 

Los servicios de energía comenzaron a restablecerse "lentamente" en Argentina y Uruguay

 

A las 18:30 horas (local), 98.5 por ciento de los servicios se encontraban conectados a la red de energía uruguaya, informaron autoridades. A las 20:15 ya se encontraban normalizado 98 por ciento de la demanda total, según la Secretaría de Energía.

 

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El Gobierno de Hong Kong anuncia la suspensión del polémico proyecto de ley de extradición

La ministra jefa, Carrie Lam, hace pública la decisión en una rueda de prensa

 

 

El Gobierno autónomo de Hong Kong ha anunciado este sábado la suspensión, sin fecha para retomarlo, del polémico proyecto de ley de extradición que permitiría por primera vez entregar sospechosos a China. El aplazamiento sine die representa una espectacular marcha atrás de la ministra jefa, Carrie Lam, que tras la manifestación de protesta hace una semana, en la que participaron un millón de personas, insistió en que seguiría adelante con los planes. Pero los opositores de la ley no lo interpretan como una victoria, sino una maniobra de Lam para ganar tiempo. E insisten en que mantendrán la presión y la nueva gran manifestación convocada para este domingo hasta que el proyecto de ley acabe definitivamente en la papelera.

“Tras repetidas deliberaciones internas en los últimos dos días, anuncio que el Gobierno ha decidido suspender la tramitación de la enmienda legislativa, empezar de nuevo nuestra comunicación con todos los sectores de la sociedad, explicar más y escuchar los distintos puntos de vista de la sociedad”, indicó Lam, en una acalorada rueda de prensa en la sede de las oficinas del Gobierno de Pekín en Hong Kong.

El proyecto de ley tiene su origen en un caso de asesinato en Taiwán, del que es principal sospechoso un individuo actualmente preso en Hong Kong por otros delitos. El territorio autónomo solo puede entregar fugitivos a la veintena de países con los que mantiene un acuerdo de extradición. Es “un obvio vacío legal”, sostenía ministra jefa, al defender aún este sábado, tras el abandono al menos temporal del proyecto de ley, la necesidad de la medida.

Pero, en lugar de pactar un acuerdo con Taiwán, el Gobierno autónomo hongkonés planteó una reforma a la ley para permitir la extradición, siempre caso por caso, de sospechosos, tanto locales como extranjeros, a países con los que no mantuviera acuerdos. Incluido China.

Macarena Vidal Liy

Hong Kong 15 JUN 2019 - 09:36 COT

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David Harvey: "Veremos un resurgimiento de la izquierda, pero tiene que buscar una nueva voz"

"Tenemos que quitarnos el capitalismo de nuestras cabezas", asegura uno de los científicos sociales de referencia para los movimientos de izquierdas

 

David Harvey (Gillingham, 1935) es un geógrafo marxista de origen británico que  trabaja como profesor en la City University of New York (CUNY) y que se ha convertido en uno de los científicos sociales de referencia para muchos movimientos de izquierdas. Estos días visita Barcelona para presentar su nuevo libro La lógica geográfica del capitalismo (Icaria Editorial), una obra biográfica en la que se ofrece un repaso histórico de la trayectoria del autor, una entrevista realizada en 2015, nuevos textos traducidos al castellano y un capítulo inédito.

 

Usted se define como anticapitalista antes que socialista, comunista, anarquista o populista. ¿Por qué?

El capital tiene mucha influencia sobre muchos aspectos de la vida diaria. No es solo la economía. Es la cultura, la forma de pensar o las estructuras de conocimiento. Conceptos como el comunismo o el socialismo suelen estar muy asociados con una concepción del mundo muy rígida. Las relaciones sociales entre las personas deben ser transformadas, pero esto requerirá muchas transformaciones mentales. Por eso pienso que tenemos que quitarnos el capitalismo de nuestras cabezas, así como de las calles y de la vida.

¿Y el anticapitalismo es un término que engloba más aspectos que conceptos como el socialismo o el comunismo?

Sí. Creo que no estamos en una posición como para describir ahora una alternativa al capitalismo y quiero escapar de la caja que es el comunismo, el socialismo o el anarquismo.

Después de un periodo de silencio, parece que en los últimos años ha habido un interés creciente por el comunismo. Aquí en España, por ejemplo, en 2017 Alberto Garzón publicó Por qué soy comunista. ¿Cómo se materializa el comunismo hoy?

No lo sé. Tampoco sé qué piensa Garzón sobre el comunismo. De lo que estoy seguro es de que los niveles de desigualdad actuales son inaceptables. No creo en una absoluta igualdad, creo que ciertas desigualdades son interesantes, pero ciertamente las desigualdades de ingresos están revirtiendo muchas de las cosas que deberíamos poder alcanzar.

Una de las cosas en las que pienso más al final del día es en la calidad de las relaciones sociales entre las personas. Uno de los efectos de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos ha sido la degradación de las relaciones entre grupos de inmigrantes o entre grupos con diferentes orientaciones sexuales. La transformación de estas relaciones sociales está yendo en una dirección muy negativa.

¿El comunismo ha evolucionado desde la caída del muro de Berlín en 1989 o la disolución de la Unión Soviética en 1991?

El comunismo es crítico, obviamente ha evolucionado desde 1989 y creo que, de alguna forma, el colapso de la Unión Soviética y todo lo que ello supuso permitió la reevaluación de lo que debía ser el proyecto comunista. Tenemos un gobierno en China que se llama a sí mismo comunista. Mucha gente no se lo toma en serio, pero deberían hacerlo. Lo que deben hacer o hacia dónde tienen que ir es una gran pregunta para mí.

¿Cree que es una sociedad comunista?

No, no es una sociedad comunista, pero ideológicamente ellos han reivindicado que para el año 2050 serán una sociedad plenamente socialista. Yo me tomo muy en serio esa proclamación, a pesar de algunas medidas que han adoptado, como el intercambio mercantil capitalista. Hay problemas de desigualdad social y de degradación ambiental, pero todos los países los tienen. Ellos han dicho que serán plenamente socialistas para el año 2050 y esto significa combatir el problema medioambiental y la desigualdad social.

Una de las cosas que sabemos de China es que cuando dicen que van a hacer algo lo hacen y lo hacen muy rápido, no son demócratas para nada, pero no hay que subestimar las posibilidades que tiene China. Trump está organizando una política antichina ahora mismo y es un profundo error por parte de los Estados Unidos, porque está empujando a China a ser más autónoma.

Dos de las corrientes de pensamiento más recientes son el feminismo y el ecologismo. ¿Cómo coexisten estos dos movimientos con el sistema económico actual?

Una de las cosas interesantes de estos dos movimientos es que el neoliberalismo ha puesto desde 1970 un gran énfasis en el emprendimiento y ha abierto la posibilidad a que el feminismo use esta ideología para crear lo que podríamos llamar un feminismo corporativo. Ese es el feminismo de Hillary Clinton, un tipo de emprendimiento satisfactorio en el que, por supuesto, hay la posibilidad de que las mujeres ocupen posiciones importantes en el mundo académico, por ejemplo. Lo mismo podría ocurrir con el multiculturalismo y la orientación sexual.

El neoliberalismo puede ser visto como una apertura que permite un progreso en los derechos del colectivo LGTBI y de las mujeres. De todos modos, creo que muchas feministas se están dando cuenta de que el neoliberalismo no es la solución sino que es su enemigo prioritario. Hay una transformación en algunas pensadoras feministas que dicen que no pueden lograr sus objetivos desde el neoliberalismo y que hay que moverse hacia unas posiciones anticapitalistas. Lo mismo se puede decir del movimiento ecologista.

Entonces, ¿es compatible defender el capitalismo a la vez que el feminismo y el ecologismo?

Si defiendes el sistema económico actual te encontrarás defendiendo un tipo de feminismo que se basa en incorporar más mujeres en empresas, pero el problema ahora mismo son las condiciones salariales de las mujeres trabajadoras, que están viviendo en unas condiciones muy difíciles. Ellas son las que están sufriendo las políticas neoliberales. Mientras que una mujer de clase media se puede beneficiar del neoliberalismo, muchas de las trabajadoras están sufriendo mucho bajo las políticas de austeridad. Algunas mujeres y ecologistas se benefician del neoliberalismo, pero las problemáticas principales están fuera de la dinámica capitalista.

¿Usted cree que en los próximos años el capitalismo evolucionará y defenderá el ecologismo, en aras de generar un beneficio económico de ello, o se mantendrá en el mismo punto en el que está ahora?

El ecologismo forma parte de un gran negocio, hay sectores del mercado que están tratando de lidiar con el cambio climático. No digo que el capitalismo no haya prestado atención a las cuestiones medioambientales, lo que cuestiono es el límite del beneficio capitalista. La industrialización de la agricultura, por ejemplo, ha creado un serio efecto secundario. Estos son problemas que llevan al límite la capacidad del sistema económico capitalista.

¿Las problemáticas que van más allá de lo material invisibilizan la lucha de clases?

Hay una tendencia que consiste en evitar la cuestión de clase, particularmente desde la caída de la Unión Soviética había una tendencia que decía que Marx y el conflicto de clases sociales estaban muertos. Si preguntamos ahora mismo cuáles son los agentes activos, en términos de políticas de izquierdas, ya no son los trabajadores fabriles. La clásica visión del proletariado que se va a emancipar es el trabajador de una fábrica.

El problema principal es preguntarse quién es el proletario hoy en día. Cuando nos hacemos esta pregunta tenemos que pensar en una configuración distinta. El otro día, cuando estaba en un aeropuerto, miré por la ventana y vi la fuerza del trabajo. ¿Quién hace funcionar un aeropuerto? Cuando miras a los Estados Unidos, ves a mucha gente de color, muchos inmigrantes y mujeres asalariadas. Si toda esta gente de golpe deciden hacer huelga, el aeropuerto tiene que cerrar. El capital estaría completamente bloqueado. Este es el nuevo proletariado.

En esta década los partidos de extrema derecha han crecido. De hecho, en las últimas elecciones europeas han ganado en Francia, el Reino Unido, Italia, Hungría y Polonia. ¿Cómo deben responder los partidos de izquierdas, ya que una parte de los votantes de extrema derecha son antiguos votantes de izquierdas?

Hace falta una reorientación de las políticas de izquierdas y creo que las bases institucionales de las políticas de izquierdas no han sobrevivido demasiado bien. Las políticas de izquierdas han fallado en gran medida en los últimos 10 o 15 años, con algunas excepciones. Por ejemplo, el auge inicial de Podemos fue una cosa muy positiva, pero creo que está aún en formación. Hay una vasta parte de la población descontenta con las políticas neoliberales. Es un momento muy interesante. Tengo la sensación de que en un futuro muy próximo veremos un resurgimiento de la izquierda, pero tiene que buscar una nueva voz y hablar de un modo distinto. La conversación debe estar basada en una configuración ideológica distinta.

¿En qué se debe basar esa conversación?

Tiene que estar basada en cómo entender las políticas anticapitalistas en la actual conjunción. Las transformaciones revolucionarias no serán violentas. En los últimos 20 años hemos vivido una presión en la calle muy fuerte, un ejemplo actual de ello son los chalecos amarillos en Francia. La gran pregunta es hacia dónde va políticamente. Tenemos que repensar cómo deben ser las políticas. Para eso hay que tener una conversación sobre qué es el anticapitalismo.

Usted concibe la historia y la geografía como dos disciplinas inseparables que, juntas, explican qué está sucediendo en el mundo. De todos modos, hoy en día se estudian por separado. ¿Esto es un error del mundo académico?

Es un profundo error, sí. La especialización es importante, pero lo que realmente no me gusta es la creación de aprendizajes que se supone que no se deben comunicar con otras disciplinas. ¿Por qué estamos segmentando de esta forma? Una cosa peculiar en el mundo académico en Estados Unidos, no sé si también ocurre aquí, es que hay una constante demanda de multidisciplinaridad.

¿Por qué cree usted que la geografía es una disciplina útil para comprender la realidad?

Uno de los motivos es que el hecho de que la geografía no sea una disciplina muy organizada crea una gran oportunidad. Dudo que me pudieran haber dejado hacer en otra disciplina todo lo que he hecho en geografía. La geografía es más abierta, un poco porque la gente no sabe exactamente lo que es, eso está bien, pero a su vez está mal porque los administradores académicos no saben qué hacer con ello.

No sé si está muy pendiente de la situación política en Barcelona. Después de las elecciones municipales, Ada Colau tratará este sábado de ser reelegida alcaldesa con el apoyo del PSC y de la lista de Manuel Valls, que está apoyada por Ciudadanos. Si eso ocurre, ERC, que ganó las elecciones, se convertiría en el principal partido de la oposición. ¿Cuál sería el mejor escenario para gobernar Barcelona, según su opinión?

La gestión de Colau fue muy importante para la gente que, como yo, cree que la organización del poder municipal es parte de un proceso político muy crítico en el mundo ahora mismo. Creo que lo que pasa en el nivel municipal es importante y la administración de Colau ha sido una muestra importante para el resto del mundo, enseñando que las cosas se pueden hacer.

La cuestión independentista se tiene que abordar, este es un hecho muy particular que hace las cosas difíciles, no es una cosa de partidos de izquierdas contra partidos de derechas. Personalmente no me emociona demasiado la idea de una Catalunya independiente, creo que no va a suceder y no creo que la Unión Europea lo vaya a aceptar, pero eso es solo mi opinión desde fuera. Puedo ser persuadido [ríe].

Por Edgar Sapiña

14/06/2019 - 22:30h

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Xiomara Castro, ex candidata presidencial y esposa de Manuel Zelaya.

Castro afirma que en estos diez años después del golpe se privatizaron los servicios públicos y los recursos naturales. Ahora están en riesgo la salud y la educación.

 

“Yo estoy convencida de que cuando las mujeres gobiernan los pueblos cambian”, dijo Xiomara Castro, candidata a presidenta y vicepresidenta en las dos últimas elecciones de Honduras. Su breve paso por Buenos Aires le permitió tomar un descanso de las tensiones que vive diariamente en su país, sumido en un estado de excepcionalidad permanente desde que el ex presidente Manuel Zelaya, su marido, fuera derrocado hace diez años, el 28 de junio de 2009. “En Honduras hoy sos culpable hasta que demuestres lo contrario. El país y el pueblo están en una indefensión total”, afirmó.

Esta mujer de hablar suave estuvo en la ciudad recientemente en su rol de presidenta de la Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y el Caribe (Copppal) Mujeres, que junto con el Observatorio Electoral de Copppal organizó el Conversatorio “Desafíos actuales de la participación política de las mujeres en América Latina y el Caribe” en la UMET. 

 

–¿Cómo evaluaron la situación de las mujeres políticas en la región?

– Hay avances en muchos países. En México se ha aprobado la paridad en todas las áreas (los tres poderes). Hay otros países con bastantes avances. En el caso de Honduras se aprobó, está dentro de la ley del Tribunal Supremo Electoral y nosotros como partido hemos impulsado una iniciativa que nos permita que exista una verdadera participación. En las elecciones pasadas no solo tenemos la paridad, sino la alternancia (#unoyuna), como un mecanismo de que las mujeres también lleguemos a posiciones de primer lugar.

–Comentó que hay más de un 11 por ciento de mujeres analfabetas en Honduras…

–Así es. Entonces, en Honduras hay gran analfabetismo pero también existe el problema de la falta de formación política para poder participar. Igual una de las grandes desventajas que la mujer tiene es lo económico, no podemos competir. Muchas veces lo que tenemos es para subsistir, pero ya cuando nos toca entrar a competir no tenemos la capacidad de afiches, de propaganda, de acceso a los medios de comunicación. Yo comentaba que en mi primera campaña fui invisibilizada por los medios.

También fue maltratada. Le dijeron que era un “títere de su esposo”, que “regrese a casa a cuidar a sus hijos”, entre otros tantos comentarios misóginos.

–Usted ha dicho que no tenía entre tus objetivos de vida dedicarse a la política ¿verdad?

–En absoluto. Mi esposo sí más de 35 años ha estado en política. He estado acompañándolo en forma activa y en su gobierno desarrollamos programas importantes que apoyaron especialmente al sector social para salir de las condiciones en que se encontraban. Me tocó a mí coordinar dentro del gobierno el programa más sensible que era el de erradicar la extrema pobreza. Fue en el único gobierno en que se ha logrado disminuir la extrema pobreza, el gobierno de Zelaya. Y desde el golpe de Estado, cuando atentan contra la democracia, dimos un pie adelante, nos pusimos a la par del pueblo, acompañando al pueblo, nunca fue una aspiración personal la política; yo pude haber ocupado puestos, pero nunca lo vi.

–¿Fue una necesidad después del golpe?

–Al crear el partido, que es un partido nuevo, Libertad y refundación, después del retorno de Mel del exilio y ahí son las mismas bases las que piden que yo encabece las listas.

Castro le dice Mel a su marido, Manuel Zelaya, hoy presidente del joven partido que se ha convertido en el principal opositor al gobierno. Castro explicó, café de por medio en una Buenos Aires demasiado fría para sus acostumbrados treinta y tantos grados, que en Honduras la reelección presidencial no está permitida, por lo que Zelaya no puede volver a candidatearse a no ser que se modifique la Constitución (imposible en este contexto).

–¿Cómo está Honduras a diez años del golpe, siguen en estado de excepcionalidad?

–No le dan un golpe de estado a un presidente sacándolo de su casa, asesinando como fue después... no lo van a dar solo para después decir “no, mira, nos equivocamos”. Al contrario, han venido profundizando un modelo neoliberal que ha privatizado todos los servicios públicos, los recursos naturales y en este momento está pretendiendo privatizar también la salud y la educación. Y a partir de eso se ha establecido una dictadura, donde no hay derecho a protestas, donde pueden entrar a tu casa sin una orden judicial, requisarte, meterte preso. Sos culpable hasta que demuestres lo contrario. Entonces el país y el pueblo están en una indefensión total.

–Durante el Conversatorio comentó que la gran cantidad de migrantes que buscan salida afuera es producto del golpe.

– ¿Cómo funciona una dictadura? Funciona generando miedo y terror. Entonces nos convertimos en el país más violento. Hay grupos paramilitares que funcionan y que cumplen con una cantidad de personas que hay que asesinar. Unas son escogidas muy estudiadas y otras al azar porque la idea es precisamente sembrar miedo.

–¿Tienen estadísticas?

–Después del golpe de estado más de 350 personas fueron asesinadas, personas que estaban en las movilizaciones. Otras fueron (asesinatos) selectivos, en sus casas. Después el fraude electoral de 2017, 22 personas fueron identificadas por Naciones Unidas como asesinadas por armas militares. El resto muchas veces ni se menciona porque muchas familias prefieren ocultar para no ser ellas también identificadas y perseguidas. Honduras es un estado fallido. 

El hermano del presidente está acusado y preso en EE.UU. por narcotráfico.

Castro se indigna ante la evidencia del vínculo de los gobernantes con EE.UU. “Acusan a otros países por violadores de los derechos humanos pero callan cuando en Honduras se están violando los derechos humanos y se asesina”, comentó. Recordó en ese sentido, el asesinato de la líder indígena y feminista Berta Cáceres sucedido en 2016 y cuyos autores intelectuales todavía no fueron identificados por la justicia.

–En 2016, decidió dar un paso al costado para que sea candidato a presidente un compañero, mientras usted fue candidata a vicepresidenta, algo que se puede comparar con lo que hizo Cristina Fernández con Alberto Fernández ¿por qué lo hizo? 

–Yo te hablaba de la conciencia de las mujeres, que va más allá de un interés personal, que sobrepasa un interés partidario. Nosotros consideramos que si somos parte de una lucha de un país sabemos que hay que buscar lo mejor para el pueblo. La decisión que me tocó tomar fue dura. Después de venir de un golpe de estado, de humillaciones, de persecuciones, haber ido a elecciones y que nos la robaran, y luego volver a otro proceso electoral y tomar esa decisión con dignidad y decir queremos la unidad porque nuestro propósito es derrotar a la dictadura, derrotar a los que tienen a nuestro pueblo sumido en la pobreza… Si era necesario dar ese paso había que darlo.

Yo entiendo perfectamente a Cristina. 

Los ojos negros de Castro enrojecen y se humedecen apenas. Se emociona al recordarse y al reconocerse en Cristina Fernández, a quien siempre admiró. “Y la sigo admirando porque ella con todas las posibilidades de ganar dice “este es el momento de buscar una alianza, una unidad con otros partidos” que al final estando a la cabeza no se da. Una tiene que ceder para que los otros puedan entonces unirse. Eso hicimos nosotros y logramos ganar. Pero claro el fraude volvió a presentarse”.

 

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EEUU solicita formalmente a Reino Unido la extradición de Assange, según 'The Washington Post'

El Gobierno estadounidense ha presentado 18 cargos contra el fundador de Wikileaks, entre ellos uno por espionaje, desde su detención en la embajada ecuatoriana de Londres.

 

El Departamento de Justicia de Estados Unidos ha solicitado formalmente a Reino Unido la extradición del fundador de Wikileaks, Julian Assange, a quien persigue por la publicación de miles de documentos clasificados sobre las guerras de Irak y Afganistán, que evidenciaban torturas por parte del ejército estadounidense, según ha informado este martes The Washington Post.

Una fuente estadounidense ha asegurado que la petición formal se envió el pasado jueves a las autoridades británicas. El tratado de extradición entre Washington y Londres requería que se hiciera en los 60 días siguientes a la detención de Assange, esto es, desde el 11 de abril.

Estados Unidos presentó los primeros cargos contra Assange el mismo día de su arresto. En un primer momento, le acusó de un cargo federal de conspirar para acceder ilegalmente a un ordenador del Gobierno, por el cual podría ser condenado a hasta cinco años de cárcel. Un mes después, le imputó otros 17 cargos por violar la Ley de Espionaje.

Un gran jurado estudia ya el caso Assange. La ex analista de Inteligencia militar Chelsea Manning, que fue condenada y encarcelada por entregar la información clasificada a Wikileaks, volvió a entrar en prisión en mayo por negarse a testificar en esta nueva causa.

 

Siete años de encierro

 

Assange se refugió en la Embajada de Ecuador en Londres en junio de 2012 para evitar que Reino Unido le detuviera y extraditara a Suecia, por unas denuncias de abusos sexuales en su contra, desde donde temía ser enviado a Estados Unidos por publicar información clasificada.

El entonces Gobierno de Rafael Correa le concedió el asilo diplomático permitiéndole permanecer en su Embajada de Londres, donde se encontraba en ese momento, hasta que Reino Unido accediera a darle el salvoconducto necesario para viajar a Ecuador.

El 11 de abril, el nuevo Gobierno de Lenín Moreno, que considera a Assange un problema heredado, le revocó el asilo diplomático argumentando que había tenido un comportamiento inadecuado, incluso "agresivo", en la Embajada, después de casi dos años de reproches mutuos. Ese mismo día, el fundador de Wikileaks fue detenido y condenado en Reino Unido por violar los términos de la libertad condicional que le concedió en 2012. Ha sido sentenciado a 50 semanas de cárcel. 

La Fiscalía sueca, por su parte, ha reabierto la investigación contra Assange por violación que cerró en 2017 por la imposibilidad de avanzar debido a la reclusión del periodista australiano en la Embajada.

11/06/2019 11:58 Actualizado: 11/06/2019 11:58

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Esa masacre detrás del actual pacto social chino

El giro de Deng Xiaoping, —una acumulación basada en el mercado para luego lanzar los cimientos del socialismo chino—, se había materializado desde principios de la década de 1980 con la cancelación de los 60.000 municipios populares y el inicio de la distribución del trabajo en el campo sobre una base productivista y ya no igualitaria.

En la noche entre el 3 y el 4 de junio de 1989, el Ejército Popular Chino reprimió con la violencia de los tanques la protesta masiva que desde el 26 de abril y por iniciativa de los estudiantes que querían celebrar la muerte del ex secretario del Partido Comunista Hu Yaobang, se habían instalado y habían estado manifestándose durante semanas en la plaza de Tianannmen.

Fue un baño de sangre, el de los jóvenes estudiantes que habían comenzado la protesta, pero al final la mayoría de las víctimas fueron los trabajadores, las fuentes oficiales hablaron de 300 muertos, pero otras fuentes, tanto internas como externas, hablaron, de forma más veraz, de miles de muertos. Lo que realmente no podía soportar el nuevo liderazgo chino guiado por Deng Xiaoping, el modernizador pro-occidental que había regresado al poder a fines de la década de 1970 después de haber sido derrocado por el movimiento de la Revolución Cultural nacido contra la ocupación de parte del partido de toda la esfera política y contra la «vía capitalista de Deng», era la extensión de la protesta, ahora generalizada en todo el país y precedida, un mes antes, por la sangrienta revuelta de los trabajadores de Changsha.

Tianannmen será el catalizador, símbolo y detonador de esta protesta social. Desde ese momento, hasta el día de hoy, según las mismas fuentes oficiales chinas, las victimas han sido decenas y decenas de miles, como nuestra Angela Pascucci siempre ha recordado.

En 1989, la extensión y radicalidad de la movilización social cuestionó dos principios fundamentales del giro de Deng: por un lado, las modernizaciones (industria, agricultura, defensa, ciencia/tecnología) comenzaron con la expectativa de la innombrable «quinta» modernización, la de la democratización de la política y la sociedad sobre la que había insistido el movimiento del «Muro de la Democracia» ya en 1979, también aquel reprimido por Deng; y, por otro lado, la unidad del Partido Comunista Chino que cuestionó la gran movilización en curso. No se pudo imitar el cambio que Gorbachov, de visita en China justo a mediados mayo, representó en la URSS.

Los ojos de los medios de comunicación internacionales se limitaron a ver la representación en papel maché de la estatua de la libertad, la americana, erigida en Tianannmen por grupos de estudiantes y la pintura arrojada en un único retrato de Mao. Pero había algo más en la plaza. Además de las miles de imágenes de Mao y las banderas rojas, había trabajadores, campesinos inmigrantes, mujeres…, el ágora, la práctica de la democracia para los sujetos golpeados por las reformas de Dengh.

Esta era la total representación del descontento de la nueva China, devastada por un modelo distorsionado que desde principios de la década de 1980 Deng puso en marcha junto con la dirección del partido guiado entonces por Zhao Ziyang, que luego se opondría a la represión de la protesta.

El giro de Deng Xiaoping, una acumulación basada en el mercado para comenzar entonces las bases del socialismo chino, se había materializado desde principios de los años 80 con el cierre de los 60,000 municipios populares y el inicio de la distribución del trabajo en el campo sobre una base productivista que ya no era igualitaria; con el sistema de doble precio, con los mínimos bajo control estatal en lugar del control del mercado de materias primas (antesala de un vasto sistema de corrupción); con, la introducción de «zonas económicas especiales» abiertas a inversiones capitalistas extranjeras; el inicio de las migraciones masivas del orden de cientos de millones de personas a las ciudades «especiales» disponibles para la sobreexplotación de las multinacionales, con el empobrecimiento de la gran China del interior, distorsionando el equilibrio existente entre el campo y la ciudad; la construcción de una nueva clase de súper ricos con la reducción a cero del «tazón de arroz de hierro», el bienestar mínimo pero igual para todos.

Las transformaciones sociales y las contradicciones que se derivarán de ello se refieren a la China de hoy, que se ha convertido en el único país verdaderamente capitalista en la faz del mundo, con ganancias y un alto PIB (un espejismo para Occidente) reinvertido. El pacto social actual en China se basa en la violencia «oculta» ejercida en aquellos días de principios de junio de 1989 en Tianannmen.

Es cierto que el modelo chino de transformación del «socialismo real», que podríamos llamar capitalismo de partido centrado solo en el crecimiento económico, no ha fracasado como la iniciativa de Michail Gorbachov en la URSS con la perestroika, la glasnost y el Congreso de los Diputados del Pueblo que tuvo como objetivo cambiar sólo la esfera política; pero el alto PIB alcanzado, el hiperproductivismo y ahora la siempre importante «Ruta de la Seda», que no compensan al nuevo liderazgo «armonioso» de Xi Jinping de los desastres causados por la destrucción del medio ambiente en China, con el abismo de la desigualdad rampante. y con la búsqueda espasmódica y competitiva de materias primas por el mundo.

La realidad china actual muestra los términos de un desarrollo que para poder existir debe dividir a 1.400 millones de seres humanos de manera desigual y debe destruir y robar los recursos energéticos. Nosotros, a partir de la masacre de Tianannmen, podemos preguntarnos: ¿a qué precio?

09/06/2019

Tommaso de Francesco

veterano periodista romano, es codirector desde 2014, junto a Norma Rangeri, del diario “il manifesto”. Poeta epigramático y satírico, es también autor de novelas y cuentos y compilador de diversas antologías literarias.

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