Nuestro hombre hicotea, sentipensante, hereje y luchador de nuestros tiempos

Remembrazas sobre Orlando Fals Borda, a propósito del décimo aniversario de su deceso. Su pensamiento sigue vivo, iluminando el ejercicio investigativo de decenas de miles de actores sociales.


Al indagar por Orlando Fals Borda como autor es necesario colocarlo en un escenario latinoamericano, en el cual se desarrolla un esfuerzo colectivo no programado ni organizado en sus inicios, por darle forma a un pensamiento propio que, a la vez que rompía con la “ciencia colonial” europea y estadounidense, recogía de las tradiciones originarias parte de la savia para darle forma a unos movimientos que desarrollaban un pensamiento que da identidad a nuestro contexto como formación social diferente y con proyectos que, manteniendo un nexo con la producción de otros lares, afirmaba las singularidades de lo propio como un ejercicio de complementariedad.

 

En ese sentido, quien inaugura este período es el peruano José Carlos Mariátegui, quien habló del “marxismo indoamericano”. También desde la especificidad colombiana, y muchos años después, Fals Borda hablaría del “socialismo raizal”. En el mismo período de la década del 30, Avelino Siñani y Elizardo Pérez en Bolivia, con la escuela Ayllu de Warisata, rompen el modelo eurocéntrico educativo proponiéndonos una educación indígena.

 

Ese escenario de “herejías” frente a lo establecido como conocimiento universal, va a tener en las décadas del 50 y 60 del siglo anterior una proliferación de propuestas, convertidas en movimientos con múltiples expresiones de resistencia y de construcción de procesos alternativos, lo cual nos permitió –a quienes veníamos después de ellos–, estar parados en “hombros de gigantes” como dirían algunos de Newton en las ciencias naturales. En nuestra realidad emergieron con contenido propio: la teología de la liberación (Gutiérrez), la teoría de la dependencia (Faletto), la comunicación popular (Kaplún), la psicología popular (Martín-Baró), el desarrollo a escala humana (Max-Neef), la educación popular (Freire), la filosofía latinoamericana (Dussel), el teatro del oprimido (Boal), colonialidad del saber y del conocimiento (Quijano), la ética del cuidado (Boff), la sistematización como una forma de investigar las prácticas (Martinic), las epistemologías contextuales (Zemelmann).

 

En el marco de estos desarrollos, nuestro recordado Orlando Fals desarrolla la investigación acción participante (IAP), articulada a una serie de experiencias en otros lugares de América Latina, como sucedió con las anteriormente citadas y para su caso con una mayor cercanía en Brasil, Chile, México, que luego atravesaría los océanos hacia la India, África y Australia. En su esfuerzo por cruzar educación popular e investigación se puede tomar como antecedente el trabajo de tres décadas antes, como las experiencias vividas en el desarrollo del proyecto educativo de la Anuc, el trabajo realizado en la costa caribe en el marco del movimiento campesino, y que luego va al movimiento pedagógico colombiano.

 

Orientando la mirada hacia la historia y lo popular

 

En la actualidad se ven cosas curiosas que hay que mirar críticamente, pues muchas de las teorías en boga, por ejemplo, algunos de los autores de la descolonización, en aras de una originalidad de estos tiempos, pareciera que no reconocieran aquellos gérmenes de ese “nuevo” pensamiento en los autores que nos antecedieron. Para este caso de la descolonización basta solo recordar cómo Simón Rodríguez había dicho en 1828, “la sabiduría de la Europa y la prosperidad de los Estados Unidos son dos enemigos de la libertad de pensar en América”1.

 

De igual manera, podemos ver cómo muchos de los temas planteados en estas nuevas corrientes ya estaban en los escritos de Fals Borda, que pese a su formación funcionalista en los Estados Unidos o sus coqueteos con el marxismo, rompió rápidamente sus propios muros a partir de su práctica en el Departamento de Boyacá, que lo llevaría a escribir uno de sus primeros textos, al que llamó “campesinos de los andes” y que luego retomó para su tesis doctoral, en donde ya plantea claramente un distanciamiento con las ciencias europeas, encontrando una reflexión a partir de la categoría de sentido común, con la cual toma el rumbo de reconocer que había un saber y un conocimiento propio en los sectores populares que le permitiría identificar y cuestionar al colonialismo intelectual como uno de los principales problemas de las ciencias sociales de estos lares2.

 

Esta idea, que va a permitir constituir el saber propio o popular, va a tener su clímax en el texto que lleva por título La Historia Doble de la Costa, en el cual mostró que esa lectura popular estaba presente en el imaginario de los grupos sociales populares con narrativas propias, que les permitían diferenciarse de otro tipo de producciones. Allí están sus cuatro libros3, donde él reconoce que su idea de “sentipensante” la apropió de estos campesinos, que dan cuenta siempre de la unidad del mundo explicitada en la unidad de la razón, la pasión, el cuerpo y el corazón.

 

Estos textos auscultan con profundidad la manera cómo los territorios son constituidos en sus múltiples aspectos, no solo por las narrativas del poder sino también por las de sus habitantes, los cuales la viven, la explican y la transforman desde sus comprensiones, que la mayoría de las veces son diferentes a las de la academia clásica, en cuanto son sus luchas y resistencias las que otorgan sentidos e identidades. En esta perspectiva, la idea de praxis que reelabora desde ese sentido común y de los saberes no académicos, le van a servir como horizonte de ruptura epistemológica que lo llevará a la formulación de que, si miramos la vida de la gente, es posible distanciarse del positivismo como única manera de explicarla4.

 

Investigación Acción Participante para entender la vida

 

Para resolver esta crítica propone la Investigación-Acción Participante, como ruta para ver de qué manera los grupos populares no academizados organizan un conocimiento desde su quehacer, mostrando cómo ese saber –que a veces es desdeñado como folclor–, tiene su propia racionalidad y su propia estructura de causalidad. En ese sentido, va a tener validez científica así esté por fuera del edificio formal de la ciencia clásica5.

 

Este camino de elaboración temprana va a tener una veta que nunca abandona en su obra, que lo llevará por el camino de reconocer ese saber de los sectores populares como otro tipo de conocimiento, el cual era muy visible en la vida indígena, las rebeliones, la experiencia de la gente en su día a día, o en las herejías. Frente a todo ello señalaba que para poder leerlas en otra clave, se requeire una opción ético-político-cognitiva, lo cual convierte a la investigación-acción participante como una forma de actuación política con un compromiso en una acción “científico-política”, que se vincula para ayudar en los procesos de empoderamiento, organización y lucha de los sectores sociales populares, a la vez que va a ser una crítica al predominio del positivismo en las ciencias sociales, y más radical, en cuanto permite la emergencia de una epistemología surgida en el sur6.

 

En esta mirada señala como esa organización de la sociedad –basada en la dicotomía entre desarrollo y subdesarrollo– ha sido construida por una escala de poder que desconoce la complejidad y la fragilidad del medio tropical, caracterizado por sus comunidades multiétnicas y biodiversas. Si las desconocemos, nos convertirán en promotores de la economía del consumo, que a nivel de conocimiento significa el uso de “paradigmas desarraigados del contexto propio”. Por ello propone la construcción de paradigmas endógenos enraizados en nuestras propias circunstancias, que no rompan la unidad humana-naturaleza y que encuentra interrelación con los paradigmas críticos europeos en desarrollo, por ejemplo en los procesos de complejidad, sistemas, fractalidad y otros.

 

Esto significaría: “sustituir las definiciones discriminatorias entre lo académico y lo popular; entre lo científico y lo político, sobre todo en la medida en que se haga énfasis en las relaciones complementarias”7. Para Fals, esas discusiones tenían consecuencias políticas y desde ese entendimiento plantea su “socialismo raizal”, diferenciándose también del eurocentrismo marxista, sin desecharlo, y da sentido a una acción política en nuestros contextos latino, caribe y mesoamericano soportados en las particularidades del humano tropical: la solidaridad del mundo indígena, la búsqueda de libertad del afro, los sentidos de autonomía de los españoles y la dignidad de los campesinos, lo cual nos va a dotar de un proyecto propio desde nuestras particularidades, para por esta vía establecer las bases referenciales y humanas para la segunda república.

 

Enfrentando la neutralidad valorativa para transformar la realidad

 

Todos estos planteamientos tienen su concreción en una propuesta investigativa que, recuperando los diferentes planteamientos de la teoría de la acción: Lewin, Sol Tax, Anisur Rahman, va a ir encontrando en Fals, a través de la participación, un núcleo de pensamiento que da forma a la investigación acción participante con una fundamentación que enfrentó la neutralidad valorativa, tan en boga en los científicos sociales. Ella dio lugar a la necesidad de reconocer al observador como parte del mundo que se investiga, de cómo la investigación tiene consecuencias transformadoras en la realidad, de cómo el mundo enunciado estaba construido desde múltiples mundos en unidad contradictoria, y que leerlos así implicaba enfrentar las dicotomías sobre las cuales estaba construido el relato occidental eurocéntrico. Esto mostraba la capacidad de ligar pensamiento transdisciplinar y pensamiento raizal propio.

 

Fals abandonó la Universidad a finales del 60 del siglo pasado, para hacer un trabajo coherente con su pensamiento en medio de los campesinos de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos –Anuc. Cuando 20 años después regresa a la Universidad, escribe un texto muy actual en donde invita a desafiar la manera cómo se había entronizado la institucionalidad de la ciencia eurocéntrica en nuestro contexto, mostrándolo como otro dogmatismo que invita a romper y a encontrar incesantemente las causas que hagan complementario, de una manera dialéctica, el conocimiento popular y el conocimiento científico8.

 

Aunque muchas veces no lo valoramos en su real dimensión, Fals fue un pensador que trascendió su territorio y tiempo, alcanzando a forjar un pensamiento que no se detiene, en cuanto sigue iluminando reflexiones para la nueva crítica de este tiempo. Qué mejor que cerrar esta corta nota con un párrafo de su intervención, cuando en 2007 le confirieron el premio Malinowsky:

 

Al tomar el contexto como referencia y a los conceptos teóricos de praxis con frónesis, descubrimos una veta casi virgen de ricos conocimientos de las realidades de nuestros pueblos autóctonos, de nuestras raíces más profundas, por fortuna todavía vivas. Recordemos que los paradigmas que han moldeado nuestra formación profesional, en general, han sido constructos socio-culturales de origen eurocéntrico. Ahora tratamos de inspirarnos en nuestro propio contexto y dar a nuestros trabajos el sabor y la consistencia propias del tercer mundo y su trópico, con un paradigma más flexible, de naturaleza holística y esencia participativa democrática. Para llegar a estas metas, la arrogancia académica es un serio obstáculo, debía archivarse9.

 

* Planeta Paz. Expedición Pedagógica Nacional
1 Rodríguez, S. Obras completas. Universidad Central de Venezuela. Tomo II. Caracas. 1975. p. 133.
2 Fals-Borda, O. El hombre y la tierra en Boyacá, base social para una reforma agraria. Bogotá. Áncora Editores. 1979.
3 Fals-Borda, O. Historia doble de la costa I: Mompox y Loba; Historia doble de la costa II: El presidente Nieto; Historia doble de la costa III: Resistencia en el San Jorge; Historia doble de la costa IV: retorno a la tierra. Bogotá. Áncora. 2002.
4 Fals-Borda, O. Ciencia propia y colonialismo intelectual. Bogotá. Carlos Valencia Editores. 1981.
5 Fals-Borda, O. La ciencia y el pueblo. Nuevas reflexiones sobre la investigación-acción, la sociología en Colombia: balance y perspectivas. Bogotá. Asociación colombiana de sociología. Tercer Congreso Nacional. 1981.
6 Fals-Borda, O. Orígenes universales y retos actuales de la IAP. En: revista Análisis Político Nº. 38. Bogotá. Universidad Nacional de Colombia. 1999. pp. 73-89.
7 Fals. B; Mora Osejo: la superación del eurocentrismo: enriquecimiento del saber sistémico y endógeno sobre nuestro contexto tropical. Revista Polis: revista de la universidad bolivariana. Vol. 2. Número 007. Universidad Bolivariana. Santiago de chile. 2004
8 Fals-Borda, O. El tercer mundo y la reorientación de la ciencia contemporánea. En: Herrera, N. y López, L. (compiladores). Ciencia, compromiso y cambio social. Orlando Fals Borda, Antología. Bogotá. Lanzas y Letras-Extensión Libros. 2013.
9 Fals-Borda, O. La Investigación Acción en convergencias disciplinarias. Conferencia para recibir el premio Malinowsky de la Society for Applied Anthropology y el premio Oxfam-América Martin Diskin de la Latin American Studies Association (Lasa). Borrador (3). Agosto de 2007.

Publicado enEdición Nº250
Fals Borda. Un ser humano hicotea y sentipensante

A diez años de su muerte es momento de recordar-lo, de volverlo a pasar por el corazón para traerlo a la memoria y reivindicar su obra.


El 12 de agosto de 2008 fallecía uno de los grandes del pensamiento latinoamericano, el sociólogo colombiano Orlando Fals Borda. La noticia me pilló en el aeropuerto de Medellín regresando a España, el obituario no tuvo mucho eco al otro lado del charco. O al menos no el que uno pensaría que merecía un personaje de la talla de Fals Borda.


El doctor Fals Borda era un hombre-hicotea por su saber soportar los golpes de la vida, enfrentarlos y superarlos, imitando a ese quelonio que se encierra en su caparazón para resistir y re-existir mientras siente y piensa, para volver a salir como un ser sentipensante que une corazón y cabeza para juntar acción y pensamiento.


Nació en Barranquilla el 11 de julio de 1925 y falleció en Bogotá el 12 de agosto de 2008. Considerado el padre de la sociología en Colombia, era doctor en Sociología Latinoamericana por la Universidad de Florida (EE.UU.) llegando a ocupar, en el periodo 1959-1967, la decanatura de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional de Colombia, primera en toda América Latina que él mismo contribuyó a fundar junto a, entre otros, Camilo Torres Restrepo, cura católico de la Teología de la Liberación y miembro del grupo guerrillero Ejército de Liberación Nacional (ENL).


Su propósito era “crear una escuela de sociología sembrada en las realidades colombianas, mediante la observación y la catalogación metódica de los hechos sociales locales, aunque sin perder de vista la dimensión universal de la ciencia”, tal como se recoge en el prólogo del libro “La violencia en Colombia: estudio de un proceso social”, en colaboración con Germán Guzmán Campos y Eduardo Umaña Luna, que fue y sigue siendo, casi seis décadas después, un hito en la manera de abordar el estudio de la violencia en el país. Desde la sociología ejerció una gran labor como comunicador, destacándose como un estudioso de la realidad social con un enorme interés por los procesos de cambio social.


Su actividad política, muy cercana a los ideales del grupo M-19, le costó ser perseguido y detenido, tal vez porque, como también consta en el prólogo citado, abordó “situaciones y problemas sociológicos peculiares del medio colombiano, aun a costa de rasgar velos, tocar áreas prohibidas y desafiar la ira de intereses creados.”


Fals Borda invita, como dice Sánchez Lopera, “a continuar el alegre desorden de las jerarquías” convocándonos a resistir frente a la fuerza de los imperios para “conmocionar la colonia que aún hoy nos habita”. El sociólogo colombiano era un amante del mundo de las palabras, creía que sus contrastes y malinterpretaciones provocaban “cismas ideológicos”. Así decía de la palabra “subversión”:


“es una de aquellas que no se entienden sino para referirse a actos que van en contra de la sociedad, y por lo tanto designa algo inmoral. Sin embargo, llega el momento de preguntarse: ¿cuál es la realidad en que se mueve y justifica la llamada subversión? ¿Qué nos enseña sobre este particular la evidencia histórica? ¿Qué nos dicen los hechos actuales sobre los “subversores”, “antisociales” y “enemigos de la sociedad”?

Una vez que se estudian las evidencias y se analizan los hechos, aparece aquella dimensión de la subversión que ignoran los mayores y los maestros, que omiten los diccionarios de la lengua y que hace enmudecer a los gobernantes: se descubre así cómo muchos subversores no pretenden “destruir la sociedad” porque sí, como un acto ciego y soberbio, sino más bien reconstruirla según novedosas ideas y siguiendo determinados ideales o “utopías” que no acoge la tradición. Como lo observaba Camus, el rebelde es un hombre que dice no, pero que no renuncia a su mundo y le dice sí, por cuanto en ello va el sentido de la conciencia de su lucha. Esta falta de congruencia consciente con la tradición puede ser muy positiva, y hasta constructiva. ¿No ocurre a veces que la falta de moral y el sentido encubierto de la destrucción se hallan precisamente en la tradición?”


Sus aportes para que la investigación social sirviera también para la transformación de la realidad se concentran en su método de Investigación-Acción-Participación que él consideraba una escuela metodológica y como un “paradigma alterno al desarrollismo norteamericano y al positivismo cartesiano”. Ya que para él, estos últimos eran “orientaciones ideológico-científicas que van hacia el ocaso.”


Su pensamiento y su acción son tan actuales hoy como cuando los escribió y los puso en marcha. Fue un transformador de las ciencias sociales que creía en la gente común, que estaba en contra del desarrollismo impuesto y que promovía que los subversores se unieran en su diversidad para buscar el cambio socioeconómico profundo que Colombia necesitaba y sigue demandando.


Para Fals Borda, como para muchas y muchos pensadores críticos latinoamericanos, la práctica antecede a la teoría “El problema de la relación entre el pensar y el actuar se resuelve reconociendo una actividad real de las cosas a la cual sólo se adviene por la práctica que, en este sentido, es anterior a la reflexión; allí se demuestra la verdad objetiva, que es la materia en movimiento.”


Destaca en la obra de Fals Borda esa manera suya de escribir los cuatro textos sobre la costa Caribe colombiana, su tierra y objeto de parte de sus investigaciones centradas en lo que se podría llamar la otra historia de la costa o la historia de la otra costa, ya que no se dedicó a escribir sobre lo más reconocido, sea en lo territorial, lo intelectual o lo cultural, sino sobre las otras y los otros, los secundarios o menos reconocidos. Esos volúmenes de “Historia doble de la costa” los redactó “en dos estilos o canales diferentes de comunicación”. Las páginas pares (a la izquierda) recogen “el relato, la descripción, el ambiente, la anécdota”, mientras que las impares (derecha) dan cuenta de la interpretación teórica respectiva, los conceptos, las fuentes y la metodología” de lo que aparece en las páginas enfrentadas.


El propio autor recomienda cómo leer esos “canales” comunicativos: “La lectura de cada canal puede hacerse de corrido independientemente, desde el principio hasta el final del libro. Sin embargo, la experiencia seguida por los lectores del primer tomo indica que es más productivo y pedagógico leer cada capítulo completo de un canal, seguido de la lectura de su contraparte del otro canal”.


Otra cosa que llama la atención es que, al indagar en esos otros territorios y en otras personalidades, recuperara al hasta ahora único, y olvidado, presidente negro de Colombia, Juan José Nieto “un niño fornido, de piel cetrina clara (o trigueña oscura), ojos zarcos verdosos, nariz recta y amplia, labios finos, cejas arqueadas y cabello negro medio rizado (…) Tanto la parentela de Nieto como la de Gil eran pobres. En ninguna de las dos figuraban poderosos señores ni funcionarios virreinales. Pero tampoco ninguno de sus miembros estaba sujeto a esclavitud ni servidumbre. Eran mestizos, mulatos, zambos, tercerones, cuarterones, quinterones, tentes-en-el-aire y blancos libres que, como sus descendientes en el mismo vecindario hoy —donde no existe el latifundio— vivían principalmente de la agricultura.”


El pensador barranquillero siempre buscó hacer que el hombre anduviera por caminos no vislumbrados, lo que “le hace pensar y le hace dudar, y así adquiere, quizá por primera vez, la conciencia de su condición vital. Esta conciencia es subversiva. Además, como la rebelión implica esta conciencia, y aquella en sí misma es constructiva, el subversor rebelde adquiere una actitud positiva hacia la sociedad.”


Siempre será un buen momento para evocar su memoria y su discurso, así como su “defensa del uso declarado de la imaginación y de la ideología en las pesquisas científicas.”

 

12AGO2018

Publicado enColombia
Viernes, 26 Enero 2018 06:41

Tres despachos sobre Zygmunt Bauman

Zygmunt Bauman

 

La vida. Pocos son los científicos sociales como Bauman (1925-2017) [goo.gl/nugJmB], cuya vida y obra se entrelazan tan íntimamente. Al contrario del dictum weberiano que la sociología debe ser una esfera neutral libre de valores personales, Bauman abre la puerta a su propia existencia y sus preocupaciones. Suele asegurar que para que algo tenga un valor, tiene que venir del reciclaje de las propias experiencias. Cada uno de los temas que analiza en sus más de 50 libros –modernidad, holocausto, libertad, ética, seguridad, comunidad, trabajo, socialismo, consumismo, educación, identidad, muerte, Estado, xenofobia, globalización, pobreza, migración, neoliberalismo, miedo, cultura, Europa o amor– lo vive de una u otra manera durante su larga, tendida entre la Gran Depresión de los 30 y la reciente crisis de los refugiados, vida. Esto es aún más cierto en su último periodo, cuando empieza a componer un solo libro sobre el cambiante estado de agregación de la modernidad, que va dividiendo en libritos (Büchleins) llenos de retornos y repeticiones. Pero también su obra más importante – Modernidad y holocausto (1989)– nace desde lo personal: gracias a la inspiración y vivencias de su primera esposa, Janina. A pesar de haber experimentado pobreza, guerra, purgas y exilio –o igual por eso–, Bauman parece amar la vida. Así, siempre entendía a su inseparable pipa, un vasito de whisky o vodka en las tardes y el gusto de estar con la gente. De allí vienen sus continuas alertas sobre diferentes peligros que corre nuestra sociedad. De allí que –tras quedarse viudo en 2009– se vuelve a enamorar y casar por segunda vez.

Él mismo. Así, abriendo un poco una puerta, mantiene un pie a la otra, la de su vida personal. En ocasiones, cuando indago sobre su –fascinante y turbulento– pasado dice que es uno de los temas más aburridos de los que pudiera hablar o que no sabe contar historias sobre sí mismo (...aunque es uno de los mejores storytellers en la sociología). Una vez, cuando a Peter Beilharz, otro sociólogo y su joven colega, se le ocurre escribir un texto más personal (Bauman’s coat, 2007), donde describe sus visitas a la casa del pensador polaco en Leeds, éste se siente molesto. “Luego –me dice Beilharz–, reseñando mi libro sobre el gran intelectual australiano Bernard Smith, en una alusión a esto me reprochó que me interesan más los ‘ornitólogos’ que los ‘pájaros’”. A Bauman, el gran ornitólogo [científico social], no le gusta que los pájaros [todos nosotros, objetos de sus estudios] lo estén mirando. De repente suelta algún detalle en una que otra entrevista, pero como una excepción que confirma la regla. A pesar de esto, en 2011 –sólo Dios sabe por qué– se nos ocurre con Artur Domoslawski [autor de la biografía de R. Kapuscinski a la que Bauman de hecho escribe un comentario] proponerle una serie de pláticas para un futuro libro biográfico. Sabemos bien de sus reticencias. Pero –sólo Dios sabe por qué– pensamos que a nosotros nos va a decir Sí (¡vamos a ser los primeros e únicos!). Aun así parece que desde el inicio ambos presentimos algo: “¡Anda, escríbele tú –le digo–, que lo conoces de más tiempo!”; “¡Anda, escríbele tú –me dice–, que tienes mejores contactos con él!” Finalmente le escribo yo. Pronto llega una respuesta, seca e inapelable [No], junto con las consecuencias: un pasajero embargo a las comunicaciones, el castigo por haber violado la regla y abusado de su confianza. Tardo casi un año en restablecerla.

La muerte. Para él, es uno de los grandes ausentes en la sociología y en la modernidad en general (la sociedad de consumidores perdió la capacidad de hablar sobre la muerte). Para remediarlo escribe Mortalidad, inmortalidad y otras estrategias de la vida (1992). Subraya que la muerte es parte integral de la experiencia de la vida, idea constitutiva de nuestra sociedad, último horizonte de la imaginación sobre ella y principal condición de la existencia de la cultura (con la cual tratamos de sobrevivir a nuestra propia muerte). Una vez dice que éste “es su libro favorito de los suyos. Con José Saramago –cuya novela Las intermitencias de la muerte (1998) [¡otro favorito!] narra una historia de un país imaginario donde un día la gente deja de morir– comparte la convicción de que la inmortalidad sería tanto fuente de posibilidades como origen de nuevos y serios problemas. Pasando los 85 años empieza a quejarse de su imperdonablemente larga vida y de vivir de tiempo prestado. Cuando una vez le pregunto por los planes, dice que quiere viajar lo más que pueda con las ponencias para huir de la soledad después de la muerte de Jasia [Janina], provocando a la suerte, pidiéndole a la huesuda que se apure, facilitándole el trabajo a la inevitabilidad... Su nuevo amor seguramente alteró estos planes, pero no cambió el horizonte. En uno de sus últimos libros cuenta una historia de cómo –ya acercándose bien a los 90– se le ocurre llenar un cuestionario online para pronosticar el tiempo restante de la vida; completada la operación en la pantalla aparece el resultado: Según nuestros cálculos usted ya está muerto. ¡Que tenga buen día! La repite unas veces más en sus siguientes Büchleins hasta que un día ya no logra engañar el cálculo de probabilidades y eludir a la inevitabilidad.

Coda. Convirtiendo a su sociología en una especie de literatura, Bauman solía pedir prestado tanto de sus colegas pensadores como de los novelistas: Kafka y Kundera, por ejemplo, eran para él los más perspicaces sociólogos jamás.

Lo mismo aplicaba a Italo Calvino: le gustaba retratar a los miembros de su sociedad líquida como habitantes de las calvinianas ciudades invisibles como Leonia, donde el progreso se medía por la cantidad de cosas y personas desechadas.

En los 80 Calvino preparó una serie de ponencias (Seis propuestas para el próximo milenio, 1988), cuyos temas –levedad, rapidez, exactitud, visibilidad, multiplicidad– parecen un manual de estudios baumanianos avant la lettre.

El trabajo sobre la sexta ponencia –consistencia– fue interrumpido por la muerte del autor.

Siempre me parecía el término exacto para hablar de la vida, obra y –ahora– la muerte misma de Bauman que, criticando los excesos de nuestra sociedad, destacaba por su humildad y, si pecaba de algo, era quizá de su desbordante hospitalidad y generosidad.

 

*Periodista polaco

 

Twitter: @MaciekWizz

 

Publicado enCultura
Domingo, 04 Junio 2017 06:36

Para una sociología de las ausencias

Para una sociología de las ausencias

Estamos en 1913, en el centro de la vida cultural y política de Europa, un centro que pasa fundamentalmente por Viena, Berlín, Praga, París, Múnich y, a lo lejos, Londres. Las élites culturales alimentan incesantemente su ilustración en los periódicos, folletines y saraos literarios, en las galerías de arte, los conciertos, las tertulias de café. Están febrilmente al corriente de la actualidad cultural y artística y siguen con cierta distancia la actualidad política, mucho menos excitante.


Pero entre esas élites hay jóvenes revolucionarios que en la clandestinidad van preparando tiempos nuevos. Son tiempos que imaginan llenos de creatividad, innovaciones e irreverencias que rompen con las rutinas, las inercias, las convenciones. Es el nuevo siglo en plena efervescencia de la primera juventud. Se discuten nombres, obras y acontecimientos, muchos de los cuales aún hoy, un siglo después, nos son familiares.


Kafka concluye La Metamorfosis, una de sus obras más geniales, que se publicará en 1915. Bajo pseudónimo, llega a Viena Joseph Stalin, mandado por Lenin para estudiar la cuestión nacional, un tema al que los marxistas austro-húngaros habían dedicado particular atención. Como Stalin no sabe alemán, será Nikolái Bujarin, otro revolucionario ruso en el exilio, quien le ayudará a leer la bibliografía. Este apoyo no mereció la gratitud de Stalin. Veinticinco años después, en 1938, Bujarin, sin duda uno de los más brillantes intelectuales de la Revolución rusa, será mandado asesinar por Stalin durante los infames juicios de Moscú. En la misma época y en la misma ciudad, un joven pinta, sin ninguna calidad, acuarelas de catedrales para vender a turistas. Se llama Adolf Hitler. Sigmund Freud publica Totem y tabú, un libro en el que el psicoanálisis se aplica a la antropología social y cultural y que resultaría tan influyente como controvertido. El conflicto en el interior del movimiento psicoanalítico entre Sigmund Freud y Carl Jung se agrava y alcanza proporciones que van mucho más allá de un debate científico. Thomas Mann acaba de publicar Muerte en Venecia, una novela que, según la intelectualidad maledicente, manifiesta la homosexualidad secreta del novelista. La famosa pintura de Leonardo, Mona Lisa, es encontrada en un hotel de Florencia, después de haber sido robada del Louvre en 1911 por un “nacionalista” italiano. En un reparto típicamente “igualitario”, según criterios eurocéntricos, los alemanes financian las excavaciones arqueológicas en Egipto; la mitad de los objetos se quedan en el Museo del Cairo y la otra mitad van al Museo de Berlín. Es en este año que viaja a Europa el busto más famoso del mundo, el busto de Nefertiti. Karl Kraus, uno de los periodistas y ensayistas más brillantes de su tiempo, publica regularmente en Viena su revista Die Fackel (La antorcha), invectiva contra la corrupción, el nacionalismo, el psicoanálisis, el mal gusto. Las polémicas e incluso las acciones judiciales se suceden. El placer de pensar y el milagro del lenguaje alcanzan en Kraus el paroxismo. Pablo Picasso y Georges Braque son los grandes pioneros del cubismo, que en esta época adquiere una nueva dimensión, el cubismo sintético. En 1913, Duchamp ejercita su “delirio de la imaginación” instalando una rueda de bicicleta en su estudio para mostrar que hay otros movimientos más allá del movimiento lineal del progreso. Es el año en que exhibe en Nueva York su Desnudo bajando una escalera. Los pintores descubren la desnudez, de Gustav Klimt a Egon Schiedle y Oskar Kokoschka. Este último se enamoró de Alma Mahler, viuda de Gustav Mahler, y a pesar de pintar las obras maestras que Alma exigía para ser “conquistada” por él, acabó por perder en su competencia con el gran arquitecto Walter Gropius, fundador de la Bauhaus y uno de los padres de la arquitectura modernista. Es la época en que buenas costumbres ceden ante la pornografía de la novela del vienés Felix Salten, Las memorias de Josephine Mutzenbacher, que los fans de las películas porno de los años setenta del siglo pasado verán interpretada por la famosa actriz porno, también austríaca, Patricia Rhomberg. Otro hijo de la efervescencia cultural de Viena es el filósofo Ludwig Wittgenstein, que en 1913 se retira, en compañía de su pareja, a una pequeña aldea noruega para escribir el Tractatus Logico-

 

Philosophicus. Arnold Schonberg escandaliza a Viena con su innovación en la escritura musical. Igor Stravinsky presenta en París La consagración de la primavera, 33 minutos que cambiaron la sensibilidad musical del llamado mundo culto. Marcel Proust publica el primer volumen de En busca del tiempo perdido, mientras que Max Beckmann escribe que “el hombre sigue siendo un cerdo de primera clase”. 1913 es el año en que Virginia Woolf intenta suicidarse por segunda vez (la primera fue en 1904). Solo tendrá “éxito” al tercer intento, en 1941, ante el espectáculo devastador de su casa bombardeada.


¿Qué falta en esta narrativa?


Aparentemente, nada. El mundo cultural hegemónico está aquí retratado en pleno. Prueba de ello es el hecho de que, cien años después, todos estos nombres nos son familiares. Empero, una reflexión más profunda revela dos ausencias fatales. La primera es que el discurso cultural de este año es totalmente indiferente respecto al peligro de ocurrencia de la catástrofe que, al año siguiente, sacudirá Europa y el mundo dependiente de ella, la Primera Guerra Mundial. En ella van a morir 17 millones de personas, militares y civiles, y, entre ellos, muchos africanos de cuya existencia la Europa culta nada sabe ni quiere saber. En las colonias francesas, 263.000 muertos; en las colonias inglesas, 141.000; en las colonias alemanas, 123.000; en la colonia portuguesa de Mozambique, 52.000. Estamos ante el acontecimiento más catastrófico desde la peste negra, que entre 1346 y 1353 segó la vida de 75 a 200 millones en Eurasia.


¿Por qué esta omisión de las élites culturales? Tal vez solo Karl Kraus estuviese atento a lo que estaba por venir con sus críticas a los generales y a los industriales que se lucrarían con la guerra, y a la prensa a su servicio. Por eso escribió, entre 1915 y 1922, su megapieza de teatro, Los últimos días de la humanidad. Y, en un registro totalmente diferente, un joven deprimido, de nombre Oswald Spengler, escribía en Múnich, en 1913, un libro que vendría a ser la Biblia de los reaccionarios europeos, La decadencia de Occidente. Había señales abundantes de que lo peor podía ocurrir, pero las élites culturales (y también políticas) se negaban a verlas. La normalidad de los excesos se convirtió en el exceso de la normalidad. ¿Y hoy?


La segunda ausencia tiene que ver con el hecho de que todo lo que ocurre fuera de Europa, o de manera específica fuera de Europa del Norte y Central, no existe, es decir, es producido como no existente por el pensamiento hegemónico. Este pensamiento cubre un pedazo minúsculo del mundo y, sin embargo, se arroga una manifestación del “universalismo europeo” (en sí mismo un oxímoron). Esto es posible porque, a partir de la expansión colonial europea a fines del siglo XV, una línea abisal, tan radical como invisible, fue trazada entre las relaciones sociales en el mundo de las metrópolis europeas y las relaciones sociales en el mundo de las colonias extraeuropeas. En los términos de esa línea, una línea geopolítica, ideológica y epistemológica, la realidad social, política, cultural y ética relevante, la que cuenta para definir principios, valores y criterios de sociabilidad social, ocurre de este lado de la línea, en las sociedades metropolitanas. Del otro lado de la línea viven seres subhumanos, hay un mundo de peligros a vencer y de recursos a ser apropiados, por la violencia si es necesario. Los europeos asumen de modo imperial esa división abisal, convencidos de que en el mundo metropolitano el regulador de la convivencia es la conciencia, mientras que en el mundo colonial es la conveniencia.


De ahí que la narrativa hegemónica no pueda imaginar como relevante que, en 1913, Gandhi organice en Sudáfrica la primera marcha de protesta en defensa de los mineros indios, un momento clave en la lucha y también de ambigüedad gandhiana de cara al Imperio británico. O que ese mismo año sea promulgado el Natives Land Act, la ley que reserva la tierra sudafricana para los blancos y apenas deja el siete por ciento de la tierra cultivable para los negros, a pesar de ser estos la amplia mayoría de la población. Por lo demás, del otro lado de la línea abisal, pensar en términos de acontecimientos aislados y fechados es una trampa epistemológica, porque lo que está en curso es un proceso continuo de apropiación violenta de recursos coloniales como resultado del primer reparto de África en la Conferencia de Berlín (1884-85), del genocidio de poblaciones nativas, tanto en las Américas, como en el “Estado Libre del Congo”, un eufemismo patético: el rey Leopoldo de Bélgica presidió ahí las atrocidades más crueles, conocidas como “los horrores del Congo”, que redujeron su población en varios millones de personas entre 1885 y 1908.


Contrariamente a las apariencias, la línea abisal no cesó con el fin del colonialismo de ocupación territorial. Permanece hoy, tal como continúa el colonialismo, aunque bajo nuevas formas. Es la línea abisal que justifica hoy el racismo, la xenofobia, la islamofobia, la destrucción de países como Irak, Libia o Siria, la “solución final” de Palestina, perpetrada por víctimas convertidas en agresores, el encarcelamiento masivo de los jóvenes negros norteamericanos, el tratamiento inhumano de refugiados. Tan diferentes, y sin embargo tan iguales, las ausencias de 1913 y las de hoy.

 

Traducción de Antoni Aguiló y José Luis Exeni Rodríguez

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La Investigación Acción  Participativa: Un camino para construir el cambio  y la transformación social

Este libro, si bien toma en cuenta los fundamentos meteorológicos, se vocaliza en el sentido de la Investigación Acción Participativa –IAP– como paradigma crítico social en los procesos de transformación de sociedades democráticas, especialmente en América Latina. A partir del rastreo de su origen histórico, ligado a los conflictos sociales vividos a partir de la segunda mitad del siglo XX, desarrolla el hilo conductor que permite caracterizar los supuestos epistemológicos, las principales orientadores meteorológicas de las diferentes corrientes y tendencias del IAP, surgidos en el contexto de la globalización para enfrentar el capitalismo y la situación actual de América Latina.

También dedica un espacio al análisis de la trascendencia que tiene la IAP en el análisis de las políticas públicas y la gobernanza, temas de vital importancia para la construcción de la democracia participativa. El documento cierra con una serie de interrogantes planteados a la IAP en la actual coyuntura política y social que vive el continente.

Miércoles, 26 Octubre 2016 18:15

Sociología de las tres dictaduras

Sociología de las tres dictaduras

Las clases medias están en su cuarto de hora: el populismo está a la orden del día, y si tiene que apelar a la violencia, en cualquiera de sus formas, no le tiembla la mano. Al fin y al cabo, las dictaduras constituyen la mejor expresión institucional de la violencia.

La idea no es nueva ni tampoco difícil de entender. Sin embargo, quisiera intentar una mayor profundidad en la misma.


Sociológicamente, existen tres dictaduras: i) para la aristocracia, se trata de la monarquía; ii) para el pueblo, es la dictadura del proletariado; y para la clase media, se trata del populismo.


Con la desaparición de las aristocracias, la monarquía cayó en desuso, aunque ha sabido mutarse, cumpliendo los mismo roles, en otros espacios. Hoy por hoy, con la excepción de un puñado de países, las monarquías son arcaísmos desuetos, pero no por ello las aristocracias han dejado de intentar su dictadura, con otros lenguajes, pero con las mismas actitudes.


(Entre paréntesis: vale recordar ese adagio de López Michelsen, cuando aún no era presidente, cuando sostenía, no sin razón, que en Colombia la clase alta se asimila al modelo y al ideal europeo, la clase media al norteamericano, y el pueblo se quiere mexicano. Palabras más, palabras menos).


Por su parte, el pueblo tiene su modelo e ideal de dictadura, a saber: la dictadura del proletariado. No cabe la menor duda de su eficacia, fuerza y sentido. Ahí está la historia para mostrarnos la capacidad de adaptación, desde Corea del Norte hasta Vietnam, desde la ex–Unión Soviética hasta las expresiones de Europa central y oriental, y otras. No sin razón decía Marx que las revoluciones son las fiestas de los más pobres.


Ahora bien, el sistema de libre mercado tiene un sincero afán por eliminar la pobreza, reducir la marginalidad y ampliar, tanto como sea posible, a la clase media, que constituye el verdadero colchón y resorte del capitalismo, de lejos. La eliminación de la pobreza y la ampliación de la clase media tiene un sentido al mismo tiempo cultural, social y político. Pues bien, la dictadura de la clase media es el populismo. Y sus expresiones tienen nombre propio: los Rajoy en España, los Macri en Argentina, los Uribe en Colombia, y más que Peña Nieto, el PRI en México, o también los Trump en EE. UU., por ejemplo.


Existe el populismo de derecha, el de centro–derecha, y también el de izquierda. No sin ambages, detrás del populismo reviven las 11 tesis propagandísticas de Goebbels. El populismo, como el fascismo, siempre ha sido un movimiento de masas, y logra calar muy fácilmente en el imaginario social. Sus argumentos son planos, están llenos de extremismos, adjetivos y adverbios, y se fundan en el maniqueísmo. Con un muy eficiente control de los medios. Marketing político y comunicación estratégica.


Ya sea de izquierda o de derecha, el populismo no exige grandes elaboraciones teóricas, y por eso mismo llega a las clases medias. Eso, las clases de los hombres estándar, promedio, mediocre. Como les encanta decir a los políticos norteamericanos: “gente como usted y yo” (people just like you and me).


Evidentemente que existen numerosos estudios sobre el populismo. Y desde el punto de vista del cruce entre sociología e historia, América Latina ha sido un crisol del populismo. Con los recurrentes llamados de Tirios y Troyanos a reducir la pobreza y aumentar la formalización de la ciudadanía, la institucionalización de los diferentes sectores sociales y económicos. Aquí la banca cumple un papel absolutamente determinante.
Los símbolos y signos del populismo son fáciles de identificar, aunque son amplios: desde el fútbol hasta determinados cantantes, desde la bandera hasta el himno nacional, desde la escuela hasta el clero, en fin, desde los mitos fundacionales hasta la estandarización y simplificación de la información.


Y es que las dictaduras se caracterizan exactamente por eso: por el rechazo a pensar, ya sea por pereza, por inutilidad, o por dificultad. Pensar, en el mejor de los casos, queda para unos pocos: y el eufemismo para ello es la distinción entre “políticos” y “técnicos”. Horribile dictum.


Los aristócratas deberán reinventarse alguna vez si es que quieren que su dictadura sea posible, de nuevo, en otra ocasión. De las tres formas de dictadura, la de la aristocracia la tiene más difícil. La dictadura del proletariado aún puede reinventarse así misma. Pero tiene la dificultad de los Pol Pot, los Gulags, y las purgas estalinistas, por ejemplo (la historia siempre ha sido y será políticamente incorrecta).
Pero las clases medias están en su cuarto de hora: el populismo está a la orden del día, y si tiene que apelar a la violencia, en cualquiera de sus formas, no le tiembla la mano. Al fin y al cabo, las dictaduras constituyen la mejor expresión institucional de la violencia.


Con un par de salvedades. La dictadura de las clases medias trabaja particularmente a partir de la violencia simbólica y pasiva. No es gratuito, por tanto, que, sociológicamente, en diversos espacios, se hable de bullying (matoneo), acoso sexual, acoso laboral, y otras. Colombia constituye un ejemplo magnífico al respecto, aunque no el único. En Colombia, el principal problema de salud pública es la salud mental. Depresiones, insatisfacciones con el propio cuerpo, bulimia y anorexia, sobrepeso y sedentarismo, obesidad y empresas de spa y ejercicios, depresión, ansiedad, altas tasas de suicidio sobre las cuales nadie habla, psicosis, esquizofrenia y otras patologías severas, muchas veces irreversibles.


El costo de la civilización se ha dicho. En realidad, desde el punto de vista sociológico, el costo de ser clase media y tratar de sostenerse en ella o acaso, incluso, intentar saltar hacia niveles superiores. La salud mental es en la sociedad actual, el precio de la clase media, pues lo pobres no pueden darse el lujo de deprimirse o aburrirse, por decir lo menos, y los más ricos pueden desviar sus crisis o encubrirlas de varias maneras.
El populismo es la dictadura de la clase media, y su expresión cotidiana es la sociedad de plástico, y el mundo líquido de que habla Bauman. Un mundo, la verdad sea dicha, feo. Pero que es ampliamente compartido y vivido por todos; o mejor, por muchos. Cuando el experimento funciona.

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Miércoles, 24 Septiembre 2014 16:15

"Estamos en un totalitarismo gradual"

"Estamos en un totalitarismo gradual"

El doctor en sociología del derecho, Boaventura de Soussa Santos, profesor en la Universidad de Coimbra –Portugal– y autor en temas de jurisprudencia, globalización, multiculturalismo y derechos humanos, habló con el periódico desde abajo en su reciente visita a Colombia en el marco del Noveno Congreso Nacional de Sociología. Boaventura analiza el panorama global de la democracia, en lo que para él es un contexto de pérdida del Estado social, y proyecta los retos a los que estaría enfrentado nuestro país de lograrse una resolución del conflicto armado.

 

Desde abajo –da– "Democratizar la democracia" es una de sus expresiones más conocidas, sin embargo si miramos la coyuntura internacional, con casos como el Medio Oriente o la ciudad de Ferguson en los Estados Unidos, puede pensarse que estamos ante una involución de las formas de la democracia liberal, ¿es realmente así?, ¿nos estamos alejando de la posibilidad de democratizar la democracia?
Boaventura de Sousa Santos –BS– En cuanto a la primera pregunta, pienso que sí, que estamos en un proceso de retroceso. Aparte de los ejemplos dados, quizás sea más elocuente citar lo que ocurre en Europa. De alguna manera, después de la Segunda Guerra, este continente fue visto como un ejemplo de buenas prácticas democráticas que fueron exportadas a otros países del mundo, pero hoy esos procesos democráticos retroceden.

Es decir, el capitalismo después de la Guerra estaba con miedo porque había otro sistema al otro lado de Europa que era el socialista, por eso hubo concesiones muy fuertes a los trabajadores. La tributación, por ejemplo, permitió que los más ricos aportaran más; el Estado pudo construirse como un estado social. Lo que ahora pasa en Europa, sobretodo desde 2008, es una destrucción gradual, pero persistente, de todo ese sistema social. Podríamos decir, por eso, que la democracia liberal está perdiendo la batalla ante el capitalismo. Y que el capital solamente tiene confianza en ser gobernado por gente que tenga una lógica de gobierno maximizadora de ganancias.


da. ¿Estamos, entonces, ante la reconversión del modelo de desarrollo?
BS. Evidentemente, el capital sabe que ha ganado mucho, perdió poder político pero ganó mucho poder económico. Eso me parece que es el frente del retroceso de los procesos democratizantes. Hubo algunos avances democráticos en el pasado, pero el aumento de la desigualdad está trayendo también un incremento del racismo y de la xenofobia.

La desigualdad en Europa produce, por ejemplo, políticas migratorias que son humillantes para los extranjeros, eso es colonialismo dentro del continente que parecía el más democrático. Ahora vemos en Latinoamérica a los grupos indígenas y campesinos, que bloquean una carretera en contra de una empresa minera, vistos como obstáculos para el desarrollo. Porque son salvajes, inferiores. Esa actuación viene desde siglos y está volviendo, y no es solamente acá, también se nota en países como los Estados Unidos.

Las relaciones humanas, con la desigualdad y el racismo son cada vez más violentas, y por eso las Naciones Unidas desarrolló el concepto de seguridad humana, que es la búsqueda de que la gente pueda vivir sin miedo y sin necesidades vitales por cumplir. Hoy, ese concepto de seguridad humana se transformó en seguridad nacional, y entonces las políticas son de vigilancia, de securitización de toda la sociedad. Los ciudadanos están sobre sospecha. Ya no son, a mi juicio, los llamados terroristas, es el ciudadano común que está constantemente vigilado con cámaras, y eso hace que sea un ciudadano peligroso. Esto es la negación de la democracia.

 

da. ¿Estamos entonces ante un retroceso de la democracia?
BS. En efecto. Así sucede porque las dinámicas del neoliberalismo crean imperativos globales que van en contra de la deliberación democrática. Así, por ejemplo, si un país decide incrementar las políticas públicas de salud, al día siguiente la Agencia respectiva hace una declaración diciendo que eso va a perjudicar el presupuesto nacional y que las tasas de las deudas soberanas van a incrementarse. Eso es un chantaje.

Todo esto, a mi juicio, se está articulando para disminuir el campo de liberación democrática, y cuando éste disminuye lo que aumenta es el campo de los despotismos sociales, lo que llamo en mi trabajo: el fascismo social. Las sociedades son políticamente democráticas, pero socialmente fascistas.

da. Precisamente, decía usted que el grado cero de legitimación del Estado es ese fascismo social. ¿Podría decirse que se está desdibujando el sentido de la democracia formal y que los Estados, incluso los del centro capitalista, están entrando en formas más directas de fascismo y de autoritarismos más explícitos?
BS. Sí, me parece. La fórmula es el estado de excepción, un estado de suspensión de las garantías constitucionales. El estado de excepción es excepcional. Pero lo que vemos hoy es su permanencia y, además, sin que signifique una suspensión de la Constitución. Pareciera que todo eso es normal porque ya hay otras formas de actuación. Por ejemplo, hay un recorte de pensiones en Portugal debido a una emergencia de la deuda, y esta emergencia se transforma en motivo suficiente para declarar, informalmente, un estado de excepción.

Entonces, aquí estamos en un borderline, es lo que llamo un totalitarismo gradual. Por eso ya estamos realmente entrando, en razón de lo que está pasando, en una forma de fascismo parapolítico dentro de las instituciones mismas del Estado.

da. Estamos en un momento en que el número de los excluidos es muchísimo mayor que el de los incluidos. Para poder democratizar la democracia, ¿primero tenemos que mirar cómo hacer más simétrico el ingreso? O, ¿la lucha por la democracia estaría primero, y luego la búsqueda de una igualdad en términos reales? ¿Es legítimo preguntarse de esta manera esto, o cómo ve usted el problema?
BS. Pienso que tenemos que hacer las dos cosas, la sociedad hoy no nos da otra alternativa. Es curioso ver que la expresión del 99-1 es muy antigua, creada en 1910 por Tolstoi para describir la Rusia de entonces. Para decir que el uno por ciento de Rusia dominaba al 99 por ciento, y el movimiento de Wall Street, algunos sin saber, otros sabiendo, aprovecharon ese concepto.

El capitalismo nos lleva hoy a formas de polarización, de desigualdades sociales casi como en el siglo XIX. Realmente si usted mira la concepción que hay de derechos laborales se ve un retroceso. Por eso debe reflexionarse si efectivamente es posible democratizar la democracia en estas condiciones. Pienso que va a ser muy difícil y será necesario algo más que la democracia representativa.

A los jóvenes que al final del siglo XIX lanzaban bombas en las calles de Chicago, Londres y Moscú, y a los anarquistas, por ejemplo, nunca les pasó por la cabeza pedir una democracia real. Un siglo después, está dentro del imaginario popular. La gente hoy tiene una concepción de derechos, como vemos con las tutelas aquí en Colombia, tienen una idea de que tenemos derechos y que hay que reivindicar y demandar para que sean cumplidos.

Algunas veces se dice que no hay capacidad de renovación de la democracia representativa, que ésta está realmente en grandes dificultades, como dice mi libro, pero hay siempre alguna innovación, por ejemplo, recientemente, para sorpresa de mucha gente, surge en España un partido, "Podemos", donde tenemos esperanza que realmente pueda surgir alguna renovación de la izquierda. La renovación que buscamos exige luchar a nivel de la democracia representativa y de la democracia participativa

Pienso que la democracia representativa en otros países está ocupada por anti-demócratas, gente que está al servicio del capital, de la corrupción, y que por eso no tiene ningún interés en representar a los representados. Por eso éste va a ser un tiempo lleno de luchas por las instituciones, y lucha desde afuera: antiinstitucional: en las calles, en las plazas, demandando derechos, democracia, paz. Entrando en lo que llamo un momento posinstitucional. La gente va a protestar porque tiene la idea de que las instituciones no están ejerciendo sus funciones como deberían. Eso va a ser, pienso, el escenario en el que vamos a vivir en este lado, claro, porque Medio Oriente cercano tiene otras dinámicas.

da. En América Latina vemos la resistencia de los poderes locales a la explotación minera, contraviniendo las políticas del Estado central. Podría decirse, en términos estratégicos, que ¿el Estado central está debilitado?

En esa misma línea, fenómenos como la separación de Cataluña o lo que vamos a tener ahora en Escocia, de alguna manera son ¿manifestaciones de una mayor independencia de lo local? ¿habría esperanzas en ese aspecto?
BS. Es una buena pregunta y merece una respuesta compleja porque, por un lado es verdad lo que estás diciendo, si miramos estos casos de impulso independentista de pueblos –como los catalanes o los escoceses– se ve que hay un esmero para crear un proyecto de país que está siendo destruido a nivel nacional por el neoliberalismo.

Los países fueron creados desde el concepto geopolítico de que cada uno puede tener su proyecto. Era un proyecto excluyente porque no incluía a las comunidades indígenas, ni los afro, pero era un proyecto de país. El neoliberalismo no era un proyecto de país, lo era de circuitos y de flujos globales, pero el movimiento en contra del Estado central empezó con políticas del Banco Mundial en los 90. El Banco, para debilitar el Estado central –que en ese entonces era muy fuerte– propuso medidas de descentralización, por ejemplo, que la educación básica debería pasar por los municipios.

Lo que pasó, como todo en la sociedad es dialéctico, fue que las fuerzas populares municipales aprovecharon este impulso descentralizador y se apropiaron de él. Y eso, cuando hay un agente político fuerte, como el caso del PT en Brasil –que decide en 1989 crear los presupuestos participativos en los municipios–, va a cambiar el Continente y va a provocar una revolución administrativa, política y local muy importante.

Pero tú cambias a nivel local y si no interfieres a nivel nacional, sigue la misma cosa. Necesitamos formas de democracia participativa a nivel nacional. Me sorprende que Bogotá no esté haciendo en este momento una experiencia novedosa de lo que podría ser una democracia participativa. Pienso que hay esperanzas de estas formas de democracia desde abajo, por así decir, que van a fortalecer los modelos que desde arriba están perdiendo dinámica, están perdiendo vitalidad.

da. Muchos de los movimientos en América Latina que en la última década lucharon por otros proyectos de nación se han agotado, y se encuentran con posibilidades de regresión, como en el caso de Venezuela y Brasil, ¿cómo ve el fenómeno de estos movimientos hacia el futuro?
BS. Lo que pasa es que la primera década del milenio fue luminosa en el Continente, llevando incluso a la discusión sobre el socialismo del siglo XXI, y por eso nos pareció que estábamos con una innovación política que podría arrastrar rápidamente otros países.

Pero no fue así. La segunda década es mucho menos brillante para el Continente, tuvimos acontecimientos muy peligrosos como el golpe en Honduras, más tarde en Paraguay y luego lo que pasó en Venezuela. El impulso de renovación política de la primera década disminuyó y perdió vitalidad por dos razones: una, que los movimientos sociales se desarmaron rápidamente cuando vieron que sus amigos habían llegado al poder. En Brasil eso fue claro: Lula es nuestro amigo, está en el poder, entonces ya no tenemos que trabajar. El único movimiento que no se desarmó fue el de los Sin Tierra. El resultado fue que el Presidente todos los días tenía la presión del capitalismo global y del capitalismo nacional y por eso muchas de las promesas se fueron frustrando.

Pero no es solamente esto, el otro factor, a mi juicio, es que desde abajo hubo poca presión y desde arriba hubo mucha del neoliberalismo y que en la década luminosa, la primera década, el imperialismo norteamericano estaba totalmente concentrado en Irak y por eso se olvidó de América Latina, donde siempre tuvo un papel de mucha injerencia, pero desde unos años pone de nuevo atención en esta parte del mundo.

da. En La Habana hay un avance como nunca había existido en diálogos anteriores entre la insurgencia y el gobierno colombiano. Después de tantos años de violencia sistemática en Colombia, teniendo en cuenta su conocimiento de los movimientos sociales qué le auguraría al país por lo menos en términos de ampliar la democracia, ¿sí es posible? O, ¿podríamos estar más cerca de un resultado como el de Guatemala?
BS. Las cosas son muy distintas obviamente y Colombia, a pesar de tener deficiencias institucionales muy fuertes tiene, en el caso del sistema judicial por ejemplo, una fuerza superior a otros países. Sobre todo después de la Constituyente del 91, la Corte Constitucional tuvo un papel pionero en el continente y hoy en día sigue siendo un ejemplo para el constitucionalismo transformador, como lo llamamos.

Ese aspecto no está en otros países. Pienso que aquí hay una institucionalidad quizá más fuerte y una sociedad que de tanta violencia se acostumbró a correr riesgos y por eso existen aún movimientos sociales. Los agrarios, los campesinos, los indígenas, como ya lo vimos en el paro agrario, siguen organizándose, siguen luchando, buscando solidaridad internacional.

Ahí quedan unos elementos de esperanza, pero una esperanza muy mitigada, muy cautelosa, porque depende mucho de que la sociedad civil organizada de Colombia, que tiene tantas aspiraciones y tantas expectativas en este proceso de paz, no se quede pasiva después de los acuerdos.

Yo pienso que debe tratarse de otras democracias, o sea, necesitamos una democracia intercultural en este país, y esa democracia deberá tener un componente obviamente representativo y una dimensión de democracia participativa y quizás de democracia comunitaria, como se determina en el caso de la constitución de Bolivia. Si eso se logra creo que habrá señales de esperanza para que este posconflicto ponga a Colombia como un ejemplo, para esta nueva década, de alguna creatividad política. Pero eso es una gran incógnita.

da. Lo que argumentan en esencia los que más se oponen al proceso de paz es que no puede haber paz con impunidad y pugnan porque, fundamentalmente, los jefes guerrilleros tengan que pagar cárcel. Desde la izquierda se dice que no es conveniente y que además debe permitírseles la participación en política. ¿Cómo ve usted este aspecto hacia futuro? ¿Eso podría constituirse hacia adelante en un obstáculo, incluso si se firman los acuerdos de paz? ¿Cómo ve usted este aspecto de la Justicia Transicional?
BS. Para mí es claro, la paz está primero que la justicia. Solo quien no conoce a Colombia puede decir que ahora vamos a aplicar todo como si nunca se hubiera presentado violencia, no es así. La paz está primero.

En segundo lugar, mira la historia ¿qué pasó en la Guerra Civil de los Estados Unidos entre el norte y el sur?, ¿cómo terminó la guerra? Con perdón recíproco, una guerra extremadamente violenta de todos los lados, y tuvo que haber perdón, no había jurisdicción universal en ese entonces, no había Tribunal Penal Internacional, pero hubo perdón. No podía ser de otra manera. Por eso pienso que los enemigos del proceso de paz van a utilizar todos los argumentos. Y, como te digo, el capitalismo internacional no está interesado quizás en una paz que no pueda controlarse después.

Con la paz las multinacionales podrán invertir mejor en Colombia, pero hay mucha gente que va a perder mucha plata con la paz. Y ellos no quieren perderla, y por eso van a resistir, por ejemplo, trayendo la legislación internacional de los crímenes contra la humanidad. Y ya están diciendo lo mismo a nivel de la Corte Penal Internacional: cuidado, porque hay este tipo de crímenes, etcétera.

da. Profesor, usted decía en uno de sus escritos que nos encontramos en un punto de bifurcación, para utilizar el lenguaje de Prigogine, y que cualquier elemento pequeño puede llevarnos a situaciones totalmente distintas, ¿qué resortes, diría usted, deberíamos tocar quienes propugnamos por un mundo más amable? ¿Hacia qué debemos apuntar para que sea posible en últimas democratizar la democracia?
BS. En cada país hay un contexto distinto, pero Colombia, en este momento, no es consciente de esto. Colombia está a punto de ser pionera de otro tipo de construcción de sociedad que es el proceso de paz en sí mismo y la posibilidad de un posconflicto, de una sociedad más reconciliada, más inclusiva.

Pienso que aquí la bifurcación es está: es un proceso de paz que, uno de dos, o va a lograr una sociedad más inclusiva, con una democracia más fuerte y una gran protección a todos los actores que están involucrados en el conflicto –para no repetir lo sucedido con la Unión Patriótica, y entonces, Colombia, que se quedó por fuera de toda la primera década de las cosas luminosas producidas en el Continente –debido a gobiernos conservadores como el de Uribe–, puede volver a tener un protagonismo. Pero en estas condiciones, porque ésta es la bifurcación, si hay un fracaso del proceso de paz se llegaría al punto del desastre total.

 

Video 

Entrevista completa: ¿Democratizar la democracia?

Publicado enEdición Nº206
Viernes, 17 Enero 2014 06:20

Amor, comunismo y capitalismo emocional

Amor, comunismo y capitalismo emocional

En lo que se refiere a la relación entre el amor y la política –véase El amor, la modernidad y la política, en La Jornada, 3/1/14–, Alain Badiou es más que claro: Lo político es opuesto al amor; el amor empieza donde lo político acaba ( Metapolitics, 2005, p. 151).


Sin embargo, invocando su hipótesis comunista (hay otra organización social posible más allá de la propiedad privada y la desigualdad), subraya que podrían encontrarse en el comunismo, que abre nuevas posibilidades para el amor ( In praise of love, 2012, p. 73).


La hipótesis comunista –y el regreso a la vieja idea comunista (el surgimiento 1792-1871, el intento de su realización 1914-1976, y dos interludios cuando ganaba la reacción: 1871-1917 y 1976 hasta el presente)– se vislumbra en este contexto como una salvación tanto para la izquierda (The communist hypothesis, en New Left Review, enero/febrero 2008, y el libro bajo el mismo título, 2010), como para el amor, cada vez más mercantilizado.


Ya que –subraya Badiou– sólo más allá del capital y de los intereses materiales será posible reinventar el amor, vaciado del contenido y etiquetado de precio.


Y –hay que añadir– cuyos mecanismos (los sentimientos, las emociones, la seducción, el deseo) han sido convertidos por el sistema en dientes de la máquina de consumo.


Un buen ejemplo –y una muestra de que no es un proceso reciente– es la exposición Explorando el capitalismo emocional, de Mieke Bal y Michelle Williams (Museo del Arte de Lodz, 6/12/13-9/2/14, madamebproject.com), videoinstalaciones basadas en Madame Bovary (1856) de Gustave Flaubert, sobre la relación entre el capitalismo, las emociones y los aspectos comerciales del amor romántico.
El capitalismo emocional sería otro nombre para el consumismo.


En una contemporización de Flaubert para la cultura global, observamos a Emma que en una locura de compras compulsivas se endeuda para ir consumiendo, fracasa en sus intentos de amar, vive entre pasión, desilusión y aburrimiento, y cuando su casa es objeto de ejecución hipotecaria, decide suicidarse.


La historia de la esposa de un médico rural que mediante sus romances y el deseo de poseer las cosas quería escapar de las banalidades de la provincia, resultando ser una persona igualmente banal, fue considerada como una fuerte crítica de la vanidad de la vida burguesa (James Wood, Flaubert: a biography, by Frederick Brown, en: Counterpunch, 16/4/06).


Su primera traductora al inglés, Eleanor Marx –hija menor de Karl–, se interesó en el libro por sus convicciones políticas, viéndolo como una crítica de la condición de las mujeres en el régimen de la hipocresía burguesa y los ideales mercantiles ( Financial Times, 5/5/12).


Sin embargo la crítica y la burguesofobia de Flaubert –que no mostraba interés en política o economía, observaba sin simpatía el activismo de los comunistas como Marx o la suerte de Comuna de Paris– eran más bien estéticos (llevaba la misma vida que diseccionaba: " Madame Bovary c'est moi!") y fueron objetados por los marxistas.


Sartre le reprochó dejarse seducir por los valores burgueses; Barthes, tratar de revalidar la forma de la novela en términos capitalistas (Laurence M. Porter, Eugene F. Gray, Gustave Flaubert's Madame Bovary: a reference guide, 2002, pp. 131-132).


La superficialidad de la crítica de Flaubert –nada radical, como insisten Bal y Williams– emana de la exposición y de las tesis del extenso (y vago) programa. La historia de Emma ya no es ninguna acusación, sino parte integral del sistema (las mujeres de hoy saben lo que es endeudarse para tener cosas).


La más reciente traducción de Madame Bovary, de Lydia Davis ( The Guardian, 28/11/10), apareció en entregas en Playboy, publicitada como la "más escandalosa novela ever".


Julian Barnes, uno de los principales flaubertianos, recuerda que los editores en Estados Unidos bautizaron a Emma como un arquetipo del ama de casa desesperada (vide: la teleserie), algo... no tan lejos de la verdad, ya que –según Barnes– Madame... es en efecto " the first great shopping and fucking novel" (sic) (London Review of Books, 18/11/10).


Un libro no sobre el amor, sino sobre su ausencia y –sigue Barnes al margen de los comentarios de Davis sobre Emma, una heroína que no piensa, ni siente– sobre (no) pensar y (no) sentir.


Un término que a su vez brilla por su ausencia en las exploraciones del capitalismo emocional (Bal/Williams) y que une el capitalismo y el amor, es el fetichismo, una categoría crítica tanto de Marx, como de Freud o Lacan.


El autor de El capital explicando la naturaleza fetichista del dinero y laas mercancías apuntaba incluso que las mercancías están enamoradas del dinero.


Según Slavoj Zizek –que junta a Marx con el sicoa¬nálisis–, en el capitalismo tardío los placeres individuales son parte integral de lo público; el fetichismo ya no es una aberración, sino un necesario e inconsciente mecanismo ideológico que sostiene el sistema, en que el constante deseo de poseer más mercancías (sin perspectivas a satisfacer) sanciona su vitalidad, (Adrian Johnston, Badiou, Zizek, and political transformations, 2009, p. 118).


Así estamos sumergidos en ideología y emociones: triunfa la economía conductual (Robert J. Shiller), que explica todo a través de emociones en el mercado; pronto los sensores en las pantallas escogerán la publicidad según nuestros datos emocionales ( El País, 11/1/14).
En un momento Badiou cita a Pessoa, que decía que el amor es una idea ( In praise..., p. 87), no un sentimiento, sino pensamiento, un claro contraste con (no) pensar de Emma que no ha conocido el amor.


Es justo lo que necesitamos para contrarrestar el capitalismo emocional: más ideas, teorías, organización, y el retorno a la idea comunista como una base para una nueva política de izquierda.


Pero, ¿cómo vencer el fetichismo de la mercancía, algo, como todo el fetiche, difícil de tratar?


Ojalá no sea igualmente duro que encontrar una cura para el amor.


* Periodista polaco

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La interpretación sociológica de la literatura –y ciertamente tanto de la culta como también la  determinada para las masas– es un campo al que las ciencias sociales no han consagrado hasta ahora una especial atención.

Desde que el estudio de la literatura se emancipó de las estrechas prescripciones metodológicas Y de la forzosa normatividad histórica de la filología, se siente autorizado, todo el que es suficientemente instruido y culto, a ejercer una crítica desde el punto de vista histórico, estético o sociológico o sacar las consecuencias generales de ello. Las disciplinas académicas, cuyas tareas tradicionales descansaban en la exposición de la historia de la literatura y en el análisis de las obras literarias, fueron completamente sorprendidas por la avalancha de la literatura de masas, de los bestsellers, de las revistas populares, de los comics, etc. Hasta ahora también ellas han tomado una posición de arrogante indiferencia frente a todas las obras de tercera y cuarta categoría. Por tanto un campo de conocimiento importante está aún inexplorado, una demanda aún incumplida, y ya es tiempo que los sociólogos se ocupen de estos problemas no solucionados. (2).

Las siguientes consideraciones no pretenden ser sistemáticas o completas. Ellas significan un ensayo destinado a ofrecer un panorama de los trabajos hasta ahora más significativos y de trazar nuevas, tareas futuras.

l. Literatura y sistema social

La cuestión de la relación entre literatura y sistema social nos conduce a un doble planteamiento. La primera tarea consiste en clasificar la literatura en el sistema de ordenamiento funcional dentro de una sociedad y de aquí de nuevo dentro de las diversas capas de esa sociedad. En muchas sociedades primitivas, pero también en algunas sociedades culturales altamente desarrolladas está integrada la literatura a otras formas de expresión social. Ella no posee allí una existencia autónoma frente al ceremonial ritual y religioso. Es ella más bien una emanación de las instituciones del culto y de la religión, como se muestran por ejemplo en los coros (canciones o estrofas que se repiten) de la temprana tragedia griega o en los misterios medioevales. Completamente diferente a esto, la literatura en el mundo burgués está separada de otras actividades culturales y puede ella misma cumplir tareas muy diferentes. Puede ella servir como en el Romanticismo de huída al escapismo de los grupos políticamente desilusionados, o puede convertirse en huída de las masas socialmente frustradas como se muestra en el fenómeno de la literatura de entretenimiento de la actualidad. Pues de nuevo puede convertirse la literatura en un instrumento de una ideología en el sentido preciso del término, en el que ella glorifica un sistema de poder determinado o contribuye a la consecución de sus objetivos educativos, como fue el caso de los dramaturgos españoles y franceses en la época del Absolutismo. Otra tarea consiste en la investigación de las formas literarias. Si el material de investigación de este trabajo es todavía menos rico, éste conduce, sin embargo, a un examen tan significativo en las relaciones sociales como las investigaciones arriba mencionadas. La poesía tanto épica como lírica, el drama como la novela están en una relación muy específica respecto al destino social particular del hombre. La soledad del individuo o el sentimiento de la seguridad colectiva, el optimismo o la incertidumbre social, el interés en la autoreflexión psicológica o la perseveración en una escala de valores objetivos son todos estas expresiones del hombre que deben ser consideradas como punto de partida para nuestras reflexiones, si investigamos renovadoramente las formas literarias del pasado a la luz de las situaciones sociales correspondientes. (3) El capítulo IV es un ejemplo de investigación de este estilo.

II. La posición del escritor en la sociedad

El escritor creador es el intelectual en sí. El material objetivo de fuentes no es para él otra cosa que un cofre enorme de estímulos que él, en caso de que (lo haga), usa caprichosamente conforme a sus propios objetivos estéticos. El encarna, pues, el prototipo del proceder intelectual, y la viva discusión entre los sociólogos sobre el papel de los intelectuales podría tal vez ser elevada a un nivel mucho más alto de hechos comprensibles, si se considera con mayor intensidad una de los oficios más viejos del espíritu.

Para ello se debería realizar ante todo un análisis documentado históricamente tanto de las funciones específicas como de las autocomprensión del escritor -en la medida en que fue relevante socialmente.

Basta enumerar aquí algunos pocos puntos de partida. Al lado de la autocomprensión subjetiva encontramos el fenómeno del escritor profético, el misionero, el que entretiene, el estrictamente artístico, el político y el que busca sólo beneficios. En el ámbito objetivo tenemos que investigar las fuentes de prestigio e ingresos, además la presión de los órganos institucionales de control social, no importa si actúan pública o anónimamente, y finalmente las influencias que son ejercidas por la técnica y el marketing. En estas se hace válida nuestra observación del estímulo y difusión de las obras literarias, como de la situación social, económica y cultural en las que el escritor se encuentra en las diferentes épocas históricas. Como ejemplo de temas importantes que requieren de una investigación sistemática, indicamos aquí sólo la relación de las cortes principescas, de las academias y salones, de los clubes de libros y la industria del cine con los escritores (4). Al lado de ello hay también problemas en los que se entrecruzan los aspectos subjetivos y objetivos, en qué medida, por ejemplo, bajo las condiciones de la producción moderna de libros y periódicos, es el escritor aún un individuo independiente de una profesión libre o más bien un dependiente de su editorial.

III. Sociedad y problemas sociales como materia literaria.

Con este tema entramos al campo tradicional de la sociología de la literatura. Hay un número incontable de libros y contribuciones sobre cómo escritores de cualquier país o lengua han tratado el Estado, la sociedad, la economía o este o aquel fenómeno social. No obstante que estas relaciones más o menos seguras de hechos proceden en gran parte de los escritores y que están más o menos arbitrariamente en todas las formulaciones de la teoría de las sociedades, sin embargo, no se puede sin más dejarlas a un lado. Ellas usan la literatura como fuente secundaria, y su valor es tanto más alto cuanto más escasas sean las fuentes originales de la época. Además contribuyen a nuestro conocimiento de la idea que tiene un determinado grupo social - en este caso el escritor- de determinado fenómeno social, y pertenecen por ello a los estudios propedeúticos de una historia y sociología de la conciencia social.

Pese a ello el sociólogo, que tiene intereses literarios y experiencia analítica en el campo de las bellas letras, no puede satisfacerse con interpretar el material literario, que es per definitionem sociológico. Su tarea también es la de investigar las implicaciones sociales de esos temas y motivos literarios que están muy apartados de los fenómenos estatales y sociales. El tratamiento específico que un escritor aplica a la naturaleza o el amor, a determinados gestos o sentimientos, a la sociabilidad o soledad humana, además del peso que en su obra ocupan las reflexiones, descripciones o diálogos- todo estos fenómenos pueden parecer a primera vista poco provechosos sociológicamente. Ellos son en realidad fuentes puras y originales, si queremos investigar en qué medida los ámbitos privado e íntimo de la vida individual están penetrados del clima social, en el que esa vida en últimas se realiza plenamente. Para las épocas pasadas es la literatura frecuentemente la única fuente disponible de la cual podemos obtener conocimientos de las costumbres y usos privados.

La miseria de las biografías populares contemporáneas consiste en parte en el intento de aclarar el personaje literario (y en gran medida también toda la situación social en la que él fue creado) a través de la psicología del hombre de nuestro tiempo. Pero mujeres como Madame Bovary, Anna Karerina o la Grechen del Fausto no se pueden explicar por simple analogía: sus problemas no pueden ser hoy fácilmente revivibles, porque la atmósfera en la que surge el conflicto, pertenece al pasado. Los fenómenos sociales de la época, en la que ellas se crearon, y el análisis social de los caracteres mismos nos proporcionan el material con cuya ayuda puede ser entendidos el sentido y la función de la obra de arte. Si los presuntos psicólogos de la literatura fueran honestos, deberían ellos reconocer que cada una de esas mujeres si viviera hoy, sería  vista como una estúpida, frustrada, neurótica que debería buscarse un trabajo agradabilísimo o someterse a un tratamiento psiquiátrico, para liberarse de sus de sus sugestiones e inhibiciones.

La tarea de la sociología de la literatura consiste en poner en relación los personajes imaginarios de la literatura con las situaciones históricas específicas de las que ellos surgen, y hacer de la hermenéutica literaria una parte de la ciencias sociales. En cierta medida, debe transferir los componentes privados de los temas y medios estilísticos a los componentes sociales (5). ( ... )(6)

Como ejemplo de un análisis pormenorizado de un escritor moderno, hago mención de un estudio que yo emprendí hace casi 30 años sobre Knut Hamsun y más tarde se manifestó como un exitoso pronóstico sociológico en el campo de la literatura (7). La tarea principal descansó en el análisis de los temas y motivos que no tenían una relación inmediata con los problemas sociales, pues ellos eran propios de la esfera privada. La investigación mostró que Hamsun era un fascista por disposición natural. Los resultados demostraron esta vez que al menos para un sociólogo de la literatura son posibles los pronósticos. Para sorpresa de la mayoría de los contémporáneos se reveló Hamsun como un colaborador voluntario del Nacionalsocialismo.

Aquí sólo puedo dar un par de ejemplos de esta forma de análisis. Especialmente instructivo es el tratamiento de Hamsun de la naturaleza. En el Estado autoritario al individuo se le obliga a la fuerza a ver el sentido de su vida en los factores naturales como la raza y la tierra. Siempre se le repite que él no es nada más que naturaleza, raza y la comunidad de vida "natural" a la que él pertenece. El lirismo panteísta de la naturaleza tal como es descrito y aceptado por Hamsun, conduce directamente a esta identidad predeterminada de individuo y fuerza  natural. El camino de uno al otro es sólo en apariencia algo más largo.

El tránsito del mundo de ensoñaciones del lirismo de la naturaleza a la realidad social de fascismo está fundada ya en el giro con el que el llamamiento de los elementos, la brutal violencia de la naturaleza, es descrito. Hamsun escribe (y lo siguiente es sólo una muestra que se repite en infinitas variaciones):

"Un viento se eleva, y de pronto retumba a lo lejos ...
Entonces centellea, y... el rayo retumba como una enorme avalancha allá entre las montañas ... Nuevamente relampaguea, y el trueno se acerca, empieza a llover; un chubasco, el eco es muy fuerte, toda la naturaleza es convocada... Más rayos y truenos, más aguaceros ... " (8).

Kant había demostrado en la experiencia de la tormenta el concepto de la majestad en la naturaleza, y por cierto examinó detenidamente que el hombre, en la experiencia de su impotencia como simple ser natural frente al poder de los hechos naturales, tiene precisamente la experiencia de la futilidad de lo que en el hombre no es más que naturaleza. Cierto que el hombre puede sucumbir a las fuerzas naturales, pero ello constituye una contingencia y una exterioridad frente a sus fuerzas espirituales y a su riqueza intelectual (9).


La conciencia social de Kant hace silenciar, por así decirlo, la naturaleza sobre lo que recibe del hombre y lo que ella puede hacer al hombre. En Hamsun, por el contrario, la tormenta no puede bramar lo suficiente como para hacer olvidar la incapacidad individual y social. La tormenta ofrece la ocasión de experimentar y formular la insignificancia del individuo. La concepción de Hamsun es, pues, justamente, la contraria de la de Kant. "Cuando me invade un instante de tristeza y la conciencia de mi propia futilidad frente a todas las fuerzas de mi alrededor, protesto y pienso: ¿qué clase de persona soy yo, o me he extraviado o acaso no soy más que esto? Y hablo fuerte y pronuncio mi nombre, para oir si él todavía está ahí" (10). Como afecto oculto, el miedo parece ser inseparable de este panteísmo tardío. El orgullo burgués de la autonomía del hombre de Kant no cede ningún espacio al miedo sentimental que se oculta pavorosamente ante la tormenta y que en Hamsun aparece como una mezcla indiferenciada de compasión sentimental y penuria moral. Los estrépitos de los truenos de Hamsun permiten vislumbrar la estrecha afinidad entre sentimentalismo y brutalidad que son inseparables en el fascismo.

De especial significación para la concepción de la naturaleza en Hamsun frecuencia, como si se tratara de una imitación del fenómeno mismo, "y así llegó el otoño, y así el invierno" (12). " ... pero la vida sigue, era primavera y verano en el mundo ... " (13).Finalmente el principio rítmico adopta un carácter normativo. El error de muchos hombres es "que ellos no desean ir al compás con la vida... pero nadie debe ir en contra de la vida". También las relaciones eróticas se orientan por el ciclo de la naturaleza. En otoño pasa de largo la pastorci11a con toda seguridad por la cabaña del cazador, como ella en primavera va hacia él. "El otoño, el invierno la había dominado, ya sus sentidos dormitaban" (15).

Si el ciclo natural no puede ni debe ser quebrantado en ninguna de sus momentos, la autoconciencia del hombre frente a la naturaleza queda completamente subrogada. En esta nueva ideología, en la que impotencia y subordinación buscan glorificarse, el individuo rinde las armas en una forma aparentemente voluntaria ante un poder más elevado. Al hombre le espera el horror dentro de una vida sin sentido, si él no acepta sumisamente primero la ley de la naturaleza antes que la suya propia. La solución social del acertijo por el ritmo natural es la disciplina ciega, los ritmos y los compases de las marchas y desfiles.

La concepción de Hamsun del amor y el puesto de la mujer se puede formular así: la mujer logra su propia determinación y su propia felicidad sólo si ella, en su función de ama de casa y madre aúna a la intimidad del hogar, la adherencia de la naturaleza de la vida natural. Inconfundiblemente se encuentran en Hamsun tendencias que reducen el papel de la mujer a sus puras funciones biológicas, a la obligación a dar una numerosa prole. Esas (tendencias) completan otro rasgo de Hamsun como contraimagen de la sociedad liberal que llegó a ser una realidad en el fascismo: "Una verdadera muchacha debe casarse, debe llegar a ser mujer de su marido, debe ser madre, debe tener mucha prole" (16). De esta fetichización de las funciones naturales hay incluso maliciosas observaciones sobre la reforma, emancipación y capacidad intelectual a que aspiran las mujeres, y aun burlas sobre la "mujer moderna" (17). Pura satisfacción individual parece darse sólo en la esfera de la sexualidad. Pero no es que esta felicidad sensual signifique que ella está en una determinada relación con el desarrollo de la individualidad; por el contrario, domina aquí una repugnancia y una malicia, frecuentemente vinculadas con un especial desprecio a la mujer: "Ven y muéstrame donde crecen las moras, dijo Gustaf. ¡Quién hubiera podido resisitir a ello!...¡Quién no lo hubiera hecho! Las mujeres no pueden diferenciar un hombre de otro, no siempre, no frecuentemente" (18).

Hamsun arropa esta sexualidad gozada indiferenciadamente dentro del ritmo natural. Pero también en esta concesión no hay interés en el compañero de felicidad y satisfacción; domina una completa pasividad, por así decirlo, una ley del servicio que ejecuta el hombre:"…deja al lado todos los escrúpulos y se vuelve cariñoso, Heuhalme lee sobre su pecho, Heuhalme le pasa las manos por su rodillas, acaricia, acaricia, la abraza. Algunos llaman esto la libre volunt.ad " (19). Donde los hombres están determinados por el amor, son ellos considerados por Hamsun, alumno aplicado del Relativismo moral del Fascismo, solapadamente como condenados a la pura naturaleza.

Aparece en Hamsun un tipo (personaje), que, al lado del campesino, despierta evidentemente su especial simpatía: el vagabundo. Como en los comienzos del Nacionalsocialismo alemán juega un papel una capa altiva individualista de literatos -que se las daban de héroes- de ningún modo autóctonos, así también en la antesala de la realidad nacionalsocialista es en la obra de Hamsun el vagabundo, un precursor del tipo del hombre brutal que llora en el bosque sobre los leños secos y muestra a su mujer los puños. En el coqueteo con el carácter anarquista del vagabundo se esconde una expresión social frívola y espiritualizada de la veneración de la fuerza heroica. Se encuentra en todos los periodos de Hamsun muchos documentos de ello. Por ejemplo, en una de las últimas novelas, donde August, el vagabundo, aspira a dispararle a "un hombre que deseaba robar billeteras, le quita el cuchillo de las manos", lo que sin duda hubiera significado un "milagro para los hombres de esta época" (20); o más aún, en sus escritos de poco antes de la Primera Guerra Mundial, donde él maneja un similar jugueteo con la carencia de los criminales demoníacos (21) o donde el concepto de la astucia burguesa es escarnecido por verdaderamente miserable –"nunca cae el rayo" (22)–, pero ya en los comienzos donde él vocifera igual que "semidioses gigantes" y divulga inconcientemente una praxis política, en la que toda esta ideología heroica es el paso previo y preparación: "El gran terrorista es lo más grande, su dimensión es una palanca fabulosa que puede levantar el mundo" (23). A la glorificación del Führer hay sólo un paso.

Para terminar basta un palabra sobre la relación de Hamsun con la humanidad como un todo. Es un ironía increíble que una comparación biológica que había sido elegida con complacencia en la literatura liberal cándidamente reformista como el signo de una de las más altas y útiles organizaciones sociales, contribuya a representar en Hamsun precisamente lo contrario: la falta de plan de la totalidad del género humano: "¡Oh, el pequeño cúmulo de hormigas! Todos los hombres son soportados por sí mismo, se encuentran en el camino, uno empuja al otro hacia un lado, a veces pasan por encima del otro. No pasa nada distinto, a veces pasan por encima del otro." (24)

Esta imagen de la vida y del hormiguear sin sentido del hombre cierra el círculo de la ideología antiliberal. El punto de partida, el mito de la naturaleza, ha quedado atrás.

IV. Determinaciones sociales del éxito

La verdadera contribución de la sociología de la literatura a la investigación de los medios de comunicación de masas está preferentemente en el desarrollo de las hipótesis para la indagación empírica de la significación de la lectura para el hombre. Pero él no puede satisfacerse tan sólo con el trabajo histórico, biográfico y analítico y dejar a cargo de sus colegas todo el resto de la investigación empírica. Pues hay determinados factores de una gran significación social que son de decisiva influencia en los efectos de gran escala, que requieren, empero, para su investigación sociológica de una indagación teorética y documentada.

Esto es válido, en primer lugar, para poner de relieve lo que nosotros sabemos sobre la influencia de toda la complejidad social sobre el escritor y el lector. ¿Son la guerra o la paz, las coyunturas económicas o las depresiones más favorables para la producción literaria? ¿Predominan obras literarias más o menos de determinado nivel, de determinada forma o determinado contenido? ¿Cómo aparece en torno al mercado de consumo, las editoriales, las tiradas y la competencia entre el libro y las revistas en las diferentes épocas? ¿Qué sabemos nosotros sobre el número de lectores de las bibliotecas populares y universitarias, en el ejército y en los hospitales -y por otra parte, sobre su distribución según las cambiantes relaciones sociales? ¿Qué sabemos cuantitativa y cualitativamente sobre las relaciones entre el consumo de la literatura y otros medios masivos dentro de las formas no habladas de la estructura organizada del tiempo libre? (26).

Una segunda tarea complementaria hace referencia al campo de los controles sociales. ¿Qué sabemos nosotros de la influencia de los productores y distribuidores de la literatura? Tenemos que ocuparnos, sólo para mencionar un par de ejemplos, con el fenómeno extendido en todo el mundo, a saber, los impuestos gastados para las bibliotecas públicas, además con la praxis (europea) de la subvención de teatros estatales y con la experiencia (norteamericana) en el apoyo de escritores con recursos oficiales (durante el New Deal). Debemos investigar la influencia que ejercen los premios públicos exclusivos y codiciados, desde los premios Nobel hasta concursos que dan las editoriales, desde los premios Pulitzer hasta los premios que otorgan las ciudades y Estados a autores exitosos que tienen la suerte de haber nacido en esa región. Naturalmente se debe también investigar los "controles manipuladores": la publicidad de las editoriales, las perspectivas de ganancias que son dadas por los clubes de lectores o la filmación, el enorme mercado de las novelas seriadas en las revistas, las editoriales que edita libros de bolsillo, etc. También el complejo problema de la censura no podría ser descuidado. El comprende las barreras institucionales, desde los comienzos del Index de la iglesia católica hasta los ordenamientos locales que prohiben la venta de determinados libros y revistas. Finalmente, debemos analizar y sistematizar lo que nos es conocido sobre los controles informales, la influencia de las reseñas y emisiones radiales, de los artículos de divulgación de los escritores, de los agitadores políticos, de los chismorreos literarios y conversaciones privadas.

Un tercer determinante social y seguramente el no menos significativo del éxito de un escritor tiene que ver con las transformaciones técnicas y sus consecuencias sociales y económicas (27). El desarrollo sorprendente del mundo editorial que hoy se permite ofrecer productos literarios de toda calidad a precios muy bajos, es superado sólo por los procedimientos de producción impresionantes de los otros medios de comunicación de masas. Valdría la pena investigar si los ingresos del escritor durante las últimas décadas pueden ser abonados en gran medida al mejoramiento de los procesos técnicos, dentro del ambiente de trabajo mismo de los autores, o si este desarrollo de las técnicas ha cambiado el estatus social del escritor como grupo. Proporcionalmente es poco conocido en qué medida el mejoramiento técnico en uno de los medios de masas produce un efecto acumulativo en otro. ¿Lee un número grande de personas más libros porque ellos ven más cine u oyen más radio, o es precisamente lo contrario? ¿O no hay ningún efecto de intercambio? (28). ¿Hay una relación entre la fácil accesibilidad de los productos editoriales en el mercado y los métodos de que se sirven las instituciones de enseñanza en todos los niveles?

Como ejemplo de los determinantes sociales que están condicionados para el éxito de un escritor, puede servir de ejemplo la amplia recepción, fuertemente matizada y claramente reconocible, de Dostoweski en Alemania. Una investigación del material disponible en libros, revistas y periódicos mostró que evidentemente ciertas necesidades psicológicas de la burguesía alemana se satisfacieron en una alta medida con la lectura de Dostoweski (29). A diferencia de la investigación en el caso de Hamsun nuestro interés no se orientó en la obra, sino en el trasfondo social de su recepción.
La burguesía alemana no había podido ganar aún en la época clásica del liberalismo una influencia decisiva en la política. Ello condujo a una permanente vacilación entre la identificación con los grupos dominantes agresivos e imperialistas y una actitud de derrotismo y pasividad que llevó una y otra vez, pese a toda la tradición de la filosofía idealista, a una sumisión voluntaria, tan pronto se creía percibir una personalidad directiva dominante. Las reacciones sadistas y masoquistas de ello resultantes encontraron en los héroes de las novelas de Dostoweski, que se torturaban a sí mismo y a los otros, un rico material para experiencias de identificación.

Desde el campo visual de amplias capas de la burguesía alemana, estuvo proscrito el proceso de vida activo de la sociedad humana, todas las fuerzas impulsoras fundadas en ella e, incluso, el ámbito general de las fuerzas productivas. En la recepción de Dostowiski se expresa ello, por ejemplo, aun en uno de los vacíos de su obra: falta la categoría de la felicidad terrena. La felicidad, en escala social, exige propiamente una transformación activa de la realidad en sentido del apartamiento de sus contradicciones extremas. Para ello sería necesario no sólo una transformación completa de las relaciones de poder existentes, sino también una reconstrucción de la conciencia social. En esencia, su impulso último se dirige a la realización de la felicidad social, cayendo en oposición inmediata con todo el aparato de poder existente. El papel insignificante que juega la categoría de la felicidad en toda conciencia social burguesa, debe ser entendido desde la totalidad de las relaciones de esta clase. Una constitución social satisfactoria le estaba cerrada como clase en ascenso y por tanto tenía que clausurársele la conciencia de la felicidad, en la significación propia de la palabra.

Esta concepción, que mostraba a Dostoweski como justificante de una ideología inactiva sustraída de la acción moral y de la solidaridad social, podría ser objetada, ya que era justamente muy poco propia de Dostoiwiski, pues él era el profeta de amor y la compasión para los hombres. De hecho, casi todas las manifestaciones literarias sobre Dostowiski varían este tema del amor y la compasión, pudiendo expresarse con elegancia en fórmulas como: "el descanso provechoso, por el que palpita no sólo algo así como una honda tristeza, como una compasión infinita" (30), o popularmente penosas como:"le temblaba el corazón de misericordia, de compasión" (31). Un pasaje muy ingenuo puede servir como indicativo de la significación social:
"Su debilidad por los oprimidos y corruptos adopta la forma enfermiza de la "compasión rusa", de una compasión que aparta a todos los hombres honrados, verdaderos trabajadores, y se limita sólo a las prostitutas, asesinos, alcohólicos y a otros de la misma especie del género humano" (32).

Por más simple que sea esta manifestación, apunta a algo ciertamente correcto. La recepción no se escandaliza de ninguna manera con que en Dostowiski el amor sea un asunto de puros sentimientos, una débil palpitación del alma, que sólo es de entender bajo el presupuesto de la defensa furiosa de todo cambio social, bajo el presupuesto de la pasividad fundamental frente a cualquier acción moral fáctica. En la pretensión hacia el amor y la compasión, podría descansar en sí una indicación de las contradicciones sociales y la necesidad de reforma; con esto se podría, igualmente, tender una salida afectiva hacia la actividad del hombre en sus pensamientos y obras. Aquí descansa tal vez la más precisa característica del lugar ideológico de este concepto del amor. El permanece como fenómeno de puro sentimiento: un tolerar, pero sin exigencias. A la conciencia social de capas relativamente impotentes no puede adherirse la exigencia -que ellas deberían manejar- y la idea que tendrían del poder. Igualmente tampoco pueden hacer una confesión de justicia que debería romper no sólo su solidaridad con la clase dominante, sino al contrario apuntar a sus intereses generales de clase con los dominados.

V. Algunas tareas urgentes.

Si el sociólogo de la literatura desea llegar a ser tomado en cuenta en la moderna investigación en la campo de los medios de comunicación de masas, tiene él que suministrar al menos un programa investigativo, cuya planteamiento de tareas se refiera a un círculo de problemas que surjan de de este campo, y al mismo tiempo él considere los conocimientos ya trabajados científicamente para los otros medios masivos. Si hasta ahora hemos señalado cuatro temas para los análisis teóricos, a continuación bosquejaremos igualmente cuatro campos sobre los cuales es posible emprender una investigación empírica.

Análisis funcional del contenido

Si se quiere conocer qué satisfacción esperan los hombres de la literatura de masas en una determinada situación social, o mejor, en un determinado momento histórico, es el presupuesto fundamental el que se tenga un conocimiento preciso del contenido de estas obras. Para ello requerimos de un inventario cuantitativo y cualitativo del contenido de la literatura de masas; ella tendría que proceder comparativamente y podríamos introducirnos no antes de los comienzos del siglo 19. Hay hasta ahora pocas investigaciones de este tipo (34), pese a que no se carece de descripciones especulativas del contenido hipotético de estas obras.

Si aceptamos tan sólo la opinión generalmente común que la tarea fundamental de la literatura de masas está en el proporcionar una salida a los impulsos escapistas del hombre frustrado, queda la pregunta de: ¿cómo sabemos que ello fue realmente cierto o si aún hoy es correcto? Tal vez el contenido funcional de la novela actual es más bien aleccionadoramente escapista: la literatura se ha convertido en una medio muy barato y fácilmente asequible, que se orienta hacia un mundo exterior e interiormente perturbado. El lector busca recetas para la superación de sus problemas interiores, él se confía, en alguna medida, a una cura muy breve y psicoanalítica entendible, que le posibilita encontrar una salida de sus perturbaciones internas por medio de la identificación e imitación. Pertenece a la huída de la realidad una conducta conciente que pude ser encontrada más en épocas en las que el individuo está integro que en nuestra época, en la que las debilidades del yo, la autoconciencia debilitada, requiere de muletas para su afirmación. No importa si esta hipótesis está confirmada o no, en todo caso ella puede proporcionar estímulos provechosos para la investigación de los esquemas de identificación e imitación que ofrecen la literatura de masas al lector. Seguramente se llegaría al resultado que, en oposición a las obras anteriores, la novela contemporánea revela un entretejido de acciones mucho más fuerte y veloz, mientras la reflexión y las descripciones son cada vez menores.

Sería muy interesante, por ejemplo, comparar las novelas históricas populares con las de las generaciones anteriores. Tal vez descubriríamos que las obras anteriores intentan ofrecer una pintura panorámica de la época, en la que el lector puede sentarse sosegadamente y cerca de los héroes históricos, en medio del cual se le amplia el panorama. Hoy, por el contrario, se disuelve la pintura en un complejo de figuras, situaciones y acciones, que le impide al lector el placer de sentarse imperceptiblemente al lado del héroe, que servía como medida y como norma para los otros personajes evocados por el escritor. La presión de la vida moderna cuyo producto es un yo profundamente debilitado que está expuesto a nuevas presiones, hace necesario el renunciar a la identificación con sólo un personaje o con los procesos psíquicos interiores o con ideas y valores teóricos.

De esta manera va en disminución la situación clásica de la lectura en la que el lector compartía la soledad -que algunas elecciones o el destino podían imponerle- con la soledad y particularidad de la obra de arte, una e irrepetible. En su lugar, entra la experiencia colectiva de una actividad bien organizada que resulta de la adaptación y el provecho de los trucos necesarios para la automanipulación. Cada día otras investigaciones proporcionan nuevo material (35), pero la profundización de la investigación sistemática- sociológica no está elaborada.

La conducta del escritor

Se debe diferenciar entre lo que el lector busca en las obras literarias y lo que, además, transmiten sin que el lector sea conciente de ello. El caso de Knut Hamsun es un ejemplo de un problema de esa clase.

Si y en qué grado las opiniones y conductas de los hombres son influidas por el escapismo de los obras literarias, depende no sólo de su contenido manifiesto, sino también de sus implicaciones ocultas. El deslindar las implicaciones, del contenido formulado, es ciertamente una tarea para la que no está elaborado ningún método. Pero desearíamos indicar que hay un laboratorio social sumamente barato que no hace necesario entrevistar personas con grandes gastos de tiempo y de dinero. Todo autor ejerce una influencia más o menos conciente (usualmente), buscando transmitir unos determinados "mensajes", que refleja su propia personalidad y sus problemas. Para determinar su punto de partida, valdría la pena revivirlo a él y a sus personajes, por decirlo así, con ayuda de la respiración artificial y subsumir los problemas y experimentos psicológicos que correspondan al estado de la investigación más reciente. Por ejemplo, podríamos con ayuda de un cuestionario estandarizado examinar una selección representativa de obras de literatura de masas y determinar la concepción de los autores, sus opiniones sobre la naturaleza del hombre, sobre las tensiones entre los grupos sociales, sobre las catástrofes históricas y naturales, sobre la sexualidad, sobre la oposición entre masas y grandes hombres, etc. Así podríamos contar las respuestas y ganaríamos, de esta forma, una medida cuantitativa y cualitativa con la que podríamos determinar la posición del escritor en la sociedad. Incluso podríamos atrevernos a pronosticar sobre su conducta como persona y la clase de obras que hasta ahora no ha escrito. Si ampliamos suficientemente nuestra selección, se nos permitiría saber algo sobre cómo se ven a sí mismos estos representantes de los medios masivos y sobre la posible influencia de este autoimagen oculta en el lector.

Un experimento de laboratorio de esta clase podría ser complementado, analizando la estructura de carácter de los personajes principales de su material literario. Las más recientes investigaciones de psicología social nos han proporcionado unos síndromes estructurales evidentes que pudieron ser obtenidos a partir de reacciones frente a procedimientos-entrevistas ideológicos y proyectivos. Con su ayuda podemos diagnosticar con un alto grado de probabilidad, si una persona, por su tipo, es autoritaria o no. Estas comprobaciones tienen para nosotros una significación inapreciable para pronosticar la conducta política, moral y emocional (del autor). Simples descripciones inducen frecuentemente a errores y pueden ser corregidas por medio de estos nuevos métodos.

Herencia cultural

En la investigación del contenido social (explícito y no explícito) de la literatura de masas merecen determinados fenómenos marginales una mayor consideración de la que hasta ahora ha tenido. Pensamos aquí, especialmente, en los Comics (37) y también en otros productos, en los cuales adultos y adolescentes encuentran por igual una diversión. Un análisis de contenido exhaustivo de este material deberá conducir a un gran número de valiosas hipótesis sobre la significación persistente de ideas, valores y sentimientos que proceden de situaciones que son hoy completamente superadas.

Para ello se debería investigar no sólo los motivos inconfundiblemente arcaicos e infantiles en el mundo fantástico infra y sobrehumano de los seriados, sino también todos los materiales en los cuales, bajo el pretexto de placeres y sufrimientos cotidianos, son visibles valores que están vinculados con los estadios de evolución anteriores de la sociedad moderna y especialmente con el estilo de vida más tranquilo del siglo 19. Si se compara, pues, este material con el contenido ideológico y material de la literatura tradicional, burguesa, se podría poner aún más en claro cómo el lector moderno se mueve de aquí para allá entre la necesidad de aprender los mecanismo de tensión y conformismo, y los sueños diurnos de un estilo de vida más feliz, a pesar de ser inalcanzable o históricamente ya no ser posible. Si se determinan contenidos propios para adultos y contenidos propios para adolescentes y se comparan unos con otros, se podrían desarrollar presumiblemente hipótesis que abrirían el camino a investigaciones sistemáticas de tendencias y rechazos en diferentes niveles de conciencia y en capas psicológicas que descansan más profundamente.

El papel de la situación social

En la descripción del ámbito temático para el análisis teórico, ya demostramos que hay tres diversos grupos de determinantes sociales para el éxito de las obras literarias. A dos de ellos queremos regresar aquí, para aclarar más precisamente qué investigaciones serían necesarias en este contexto.

En primer lugar, se trata del problema de si diferentes fases de los ciclos económicos y políticos influyen diferenciadamente en las obras literarias. La tarea de la investigación exigiría una transformación de las investigaciones funcionales de contenido. Teniendo a la mano una selección representativa de obras literarias de diferentes períodos de depresión y de coyunturas favorables, de tiempos de paz y de guerra, sería de elaborar un inventario completo que debería delimitarse ciertamente no sólo a un contado número de temas, sino que tendría ante todo que observar los modelos de conducta emocional, desde los cuales pueda aceptarse con gran seguridad que en ellos se reflejan especialmente claro las experiencias específicas de satisfacción y frustación del lector. Es posible aventurar la hipótesis, por ejemplo, que en el empleo del "Happy end", es decir, en una conclusión satisfactoria, se pueden comprobar diferencias específicas. En el punto más agudo de una crisis económica, posiblemente identificaciones escapistas -con agradables sueños diurno llenos de felicidad transparente- debieron dominar el escenario literario. Hoy, por el contrario, la solución pseudotrágica, que deja abierto los problemas insolubles, no es tan extraña, pues el relativo bienestar admite experiencias literarias que nos adhiere más a la realidad e incluso nos proporcionan una determina mirada sobre nuestras carencias psicológicas y culturales.

Aún otras relaciones tendrían que ser entresacadas y analizadas, antes que se pueda decir qué formas de contenido y cuáles motivos, en cada caso, son preferidos en las diferentes situaciones sociales en general. Una investigación que, a partir de los últimos 45 años, compare las dos coyunturas de postguerra con las dos crisis de preguerra, nos podría conducir de hecho a un punto desde el cual podríamos preveer hacia el futuro qué temas y qué contenidos se preferirán en la literatura. Las consecuencias que el educador y escritor pudieran sacar de ello, son tan evidentes que no requieren de una discusión más detallada.

En el campo de las determinaciones técnicas valdría la pena investigar y determinar la capacidad de lectura del hombre promedio, en qué forma ella se ha modificado a través de la experiencia con la radio, el cine y la televisión. Sabemos bastante sobre las incapacidades de lectura patológicas, pero proporcionalmente sabemos muy poco sobre la selectividad cultural en la lectura (38). En forma similar sería muy interesante investigar qué se lee y qué se recuerda y qué se lee a la carrera o no se lee de ninguna forma. Un conocimiento más preciso de en qué medida el lector es capaz o incapaz de interpretar el contenido, podría conducir hacia un ahorro de tiempo al escritor; por el contrario, los sociólogos ganarían un material que podría confirmar los resultados del análisis de contenido.

La reelaboración teórica de las tareas de la investigación está afectada de todas las carencias que tienen siempre las promesas incumplidas. Pero confiamos en que en el experto de las investigaciones en la comunicación se despierte el interés en los resultados y las tareas inquietantes de una rama investigativa vecina y se abra su visión hacia las posibles contribuciones a sus campos de investigación.

Quisiera concluir con una experiencia personal. Cuando el sociólogo analiza en seminarios o en cátedras las obras literarias, se tropezará con dos reacciones en dos sentidos: los estudiantes muestran, al principio, un vivo interés por las nuevas experiencias científicas, pero después de un tiempo, empiezan algunos de ellos a protestar contra la "disección" analítica de la obra estética. Los estudiantes exigen vivamente una conducción en un campo para ellos oscuro, pues no les ha quedado completamente claro qué es lo verdaderamente bueno o lo menos bueno. Esperan obtener una "fórmula infalible" que les alumbre de una vez para siempre un campo indeterminado y gigantesco, que se ubica en cualquier parte entre la cultura y el simple esparcimiento. Los estudiantes no saben que ya en él se manifiesta a su deseo el estadio de desarrollo propio sobre el cual se encuentra la interpretación sociológica de la literatura.

NOTAS.
(1) Este trabajo apareció por primera vez bajo el título "The Sociology of Literature" en "Communications in Modern Society" , ed. por Wilbur Schramm, Urbana, TII. 1948. Aquí se traduce de su versión alemana "Aufgaben der Literatursociologie" (págs. 328- 349) del libro "Literatur und Massenkultur". Editorial Suhrkamp, 1ra. ed. Fráncfort, 1990.
(2) Es sintomático que no haya (en Estados Unidos) hasta ahora ninguna bibliografía actualizada y global de la sociología del arte y la literatura. Las fuentes más valiosas se publicaron hace casi 10 años. Véase "General Bibliography" en "Language and Literature in Society" por Huhg Dalziel, Duncan, Chicago, 1953. Pág. 143- 214.
(3) La investigación más penetrante de este aspecto es la "Theorie des Romans" de Georg Lukacs, (2 ed.) Neuwied, 1962. Temáticamente también se expuso el problema en "The Philosophy of Literary Form" (Batan Rouge, Lousiana, 1941) de Kenneth
(4) Para la este campo se pueden encontrar veliosas indicaciones en "Literature and Society" de Albert Guérard, Bastan, 1935.
(5) Según mi opinión la obra de Eric Bentley, "The Playwright as Thinker", Nueva York (1946), es un exitoso intento de traducir los presupuestos privados en presupuestos sociales e interpretarlos como elementos sociológicamente relevantes.
(6) A diferencia de la redacción original en "Literatur und Gesellschaft" (Berlín- Neuwied, 1964) fue omitido en este pasaje el ejemplo de Shakespeare. Una exposición completa se encuentra en el capítulo "Shakespeare", Tomo II de los escritos (del autor).
(7) Véase Leo Lowentbal, "Literature and Image of Man", Boston, 1957, Capítulo VII. (Originalmente bajo el título "Knut Hamsun. Zur Geschichte der autoritärien Ideologie" en la "Zeitschrift für Sozialforschung", Año VI , 1937. Págs. 295 – 345).
(8) K. Hamsun, "Die Erzalungen". Tomo II,
letzte Freude. Samtliche Romane und Deutsche Buchgemeinschaft, Berlín, Darmstadt, Viena, 1959. Pág. 661.
(9) Véase Kant, "Kritik der Urteilskraft", Edición Reclam. pág. 140.
(10) "Die letzte Freude". Pág. 661.
(11) Véase, por ejemplo, "Pan", en op. cit., Tomo I. Pág. 880. "Levanto una rama seca y la sostengo en mi mano y la veo, mientras estoy sentado y pienso en mis cosas; la rama está casi podrida, su pobre corteza me produce una gran impresión, una compasión ronda por mi corazón. Cuando me levanto y me voy, no tiro la rama muy lejos, sino la dejo caer y permanezco parado y descubro su agradecimiento; al final, la veo por última vez con los ojos aguados, antes de que abandone el lugar".
(12) "Nach Jahr und Tag" , obra citada.
(13) "Der Ring schlielSt sich" op. cit., Tomo V, Pág. 516.
(14) "Segen der Erde"r op. cit., Tomo I. Pág. 961. Véase también "Rosa", op. cit. Tomo II: "¿Para qué está sentado aquí? ¡Oh, joven! dijo él y dejó su palma de la mano en alto. ¿Para qué estoy sentado? Me siento aquí y me adapto a mi existencia. Muy bien, eso hago".
(15) "Pan", op. cit. Tomo I. Pág. 961.
(16) "Die letzte Freude" , op. cit. pág. 691.
(17) "Das letzte Kapitel" , op. cit. Tomo V. pág. 107- 108.
(18) "Segen der Erde" , op. cit. Pág. 1053.
(19) "Das letzte Kapitel" , op. cit.
(20) "Nach Jahr und Tag" , op. cit.
(21) Compárese con: "Ve y roba una bolsa con dinero y objetos de plata en el pueblo y esconde la bolsa en las montañas que en las tardes de otoño una llama azul puede flotar sobre el lugar. Pero no me vengas con tres pares de guantes de boxeo y una tajada de tocino" ("Die letzte Freude", Pág. 645).
(22) "Kinder ihrer Zeit" , op. cit. Tomo II. Pág. 71.
(23) "Mysterien", op. cit. Tomo I. Pág. 222.
(24) "Die Frauen am Brunnen" , op. cit. Tomo III. Pág. 583.
(25) Véase el trabajo pionero de Douglas Waples, Bernard Berelson y Franklyn R. Bradshaw: "What Reading Does to People", Chicago, 1940.
(26) Véase Paul F. Lazarsfeld, "Radio and the printing Page", Nueva York, 1940.
(27) La contribución "Art and Mass Culture" de Max Horkheimer, publicada en "Studies in Philosophy and Social Science", Tomo IX" 1941 (en alemán "Neue Kunst und Massenkultur" en "Internationale Revue Umschau", Año III,1948, Pág. 445 Y siguientes) da los fundamentos teóricos para la investigación de los cambios de la técnica moderna y sus consecuencias sociales en el campo del arte. Las investigaciones del autor en este campo de la sociología de la literatura han sido incitadas, en buena medida, por esa contribución.
(28) Para el campo de la música, Adorno, y para el campo del cine, Walter Benjamin, han puesto de manifiesto magistralmente la influencia del desarrollo técnico sobre la producción y reproducción en el arte fílmico y musical. Compárese, por ejemplo, el artículo de Adorno "On popular Music" en "Studies in Philosophy and Social Science", Tomo IX, Nr. 1 (1941) Y el artículo de Benjamin "L'oevre d'art a l'époche de sa reproduction mécanisée" en "Zeitschrift fúr Sozialforschung", Tomo V, Nr.1 (1936) - Ahora en alemán, "Das Kunstwerk im Zeitalter seiner technischen Reproduzierbarkeit", en W. Benjamin, "Schriften", Tomo I, Fráncfort, 1955. Pág. 366 Y siguientes. Información valiosa sobre los efectos mutuos entre el cine y la producción literaria se encuentran en S. Kracauer, "From Caligari to Hitler Psychological History of German Film", Princeton, N.J.1947.
(29) Compárese Leo Lówenthal, "Die Auffassung Dostojewkijs im Vorkriegsdeutschland", Cap. IV de la primera parte del tomo I. (30) Hermann Conradi, "Dostojewski", en "Die Gesellschaft", Tomo 6. (1889)pág. 528.
(31) L. Brehm. "Dostojewskijs "Damonen"" en "Der Deutsche", Tomo 5. (1906), Pág. 346.
(32) C. Busse, "Geschichte der Weltliteratur", Tomo II, Bielefeld y Leipzig, 1913. Pág. 346.
(33) Los libros y artículos sobre Dostowiski que han aparecido desde la última guerra en Estados Unidos, ofrecen una buena ocasión para compararlos con la experiencia europea. Tengo la impresión que muchas de estas publicaciones muestran una atmósfera llena de confusiones y frustraciones en las que el sociólogo reconoce rasgos de necesidad y perturbaciones interiores, que estuvieron caracterizando la experiencia europea con Dostowiski durante las generaciones anteriores.
(34) Estoy agradecido com Ralph H. Ojemann de la Universidad Estatal de Iowa, quien me indicó el notable trabajo de doctorado que bajo su dirección escribió Evelyn Peters, "A Study of the Types of Behavior toward Children approved in Fiction Materials", 1946.
(35) Véase, por ejemplo, Frank Luther Mott, "Golden Multitudes", Nueva York, 1947; Alice Payne Hackett, "Fifty Years of Best Sellers", Nueva York, 1945; Edward H.O'Neil, "The History of American Biography", Philadelphia, 1935.
(36) Véase, por ejemplo, Th. Adorno, entre otros, "The Authoritarian personality" , Nueva York, 1950.
(37) Véase, sin embargo, Coulton Waug, "The Comics", Nueva York, 1947. Compárese con el capítulo I, nota 5.
(38) Compárese con Rudolf Flesch, "The Art of Plain Talk", Nueva York, 1946.

Viernes, 08 Octubre 2010 06:31

Sicología, sicoanálisis y crueldad

En una época que se afana por prestigiar la investigación experimental, la tecnología de punta y la comunicación a través de los mass media, de los datos verificables y cuantificables, de las verdades absolutas (?) ¿Cómo transmutar en análisis experimentales unas imágenes que no llegan a la conciencia y que la mágica sutileza del sicoanálisis, no reclama de nosotros otra realidad que ha de vivirse transportando a otro campo que se nos va de las manos? ¿Cómo transmutarlo si es el sicoanálisis con su instinto de muerte un reactivo al revés, una inopinada visión retrospectiva de lo que es y no es? Si el mundo se nos revela con ínfulas de urbanidad electrónica suprema, pero desmentido por las disonancia de una agitación estruendosa –guerras, hambre, terrorismo, crueldad, tortura, corrupción, violencia y desintegración familiar, desigualdad social, violación de los más elementales derechos humanos–, que lo invade todo, que se diría ser, una etapa masiva de cientificidad, que haga un hombre en trance de transformación y traslado, una partícula perfectamente hábil y anodina para el cumplimiento de unos fines que rebasan a la razón, pero lo adaptan a vivir en sociedad, y cuya finalidad nadie penetra.

El instinto de muerte freudiano es anterior a este desmando crítico, perpetuamente tornadizo apresado en garras de eternidad. Tratar de detener lo que se nos escapa, se nos va de las manos, en un laboratorio es cosa vana. ¿Es la materia la que queda o la que se va, la que se transforma, la que se traspone? ¿Y, las formas se pierden o, más bien, se repiten, se eternizan como anunciaba Sigmund Freud en Más allá del principio del placer? ¿Qué da movimiento al instinto de muerte, a la crueldad, a la violencia y a la tortura?

Freud amplía la noción de sique y al lado opuesto de la razón encuentra el inconsciente, y en oposición al instinto de vida encuentra el de muerte; estableciendo de este modo la posibilidad de concebir, como parte constitutiva de lo humano, esa fuerza contraria a la razón, determinante para explicar lo que hasta entonces había quedado inaccesible a la ciencia.

Esta pulsión es parte constitutiva tanto de la víctima como del victimario, pero que es lo que conduce al victimario enceguecido a infligirle a la víctima el sufrimiento, la tortura y a privarle de la vida, mientras que la víctima puede mantener en sus cauces esta parte pulsional sin atentar contra los derechos de los demás. ¿Qué circunstancias son las que condicionan que en algunos individuos la pulsión de vida (ligadora) predomine sobre la pulsión de muerte (desligadora)?

Los seres humanos no somos ni totalmente lobos ni totalmente corderos. En la clínica sicoanalítica vemos frecuentemente aquello que ya Freud había señalado en cuanto a la pulsión de destrucción. Nos encontramos con individuos que ocupan el lugar de víctima, pero que asimismo ejercen de victimarios con otras personas. En otros casos la pulsión de muerte los conduce a la propia autodestrucción no sin la fantasía inconsciente (por ejemplo, los suicidas) de que al matarse matan al otro que llevan consigo en el interior.

Lo que pretendo destacar con esta reflexión es que no basta con legislaciones ni con marcos jurídicos, ni con debates sobre la legalización de la pena de muerte para intentar abordar un problema tan complejo como la violencia y la delincuencia. Sería conveniente profundizar en la complejidad de la naturaleza humana y en esa fuerza oscura y silenciosa que es la pulsión de muerte.

Freud no es aceptado por la academia positivista propietaria de la ciencia, porque ésta es hija de la razón, y la razón no acepta al inconsciente, al no ser medible, ni predecible ni verificable.

Es el siglo XX, ¿y lo será el XXI? el de la ciencia de los hechos, el método experimental, el de intervenir en su conjunto, incluyendo al hombre dándole las formas más caprichosas. La estructura del universo se va descifrando por la actitud omnipotente del hombre que no considera límites físicos, ni sociales, ni morales a sus actos, pues cree que el mismo ser es quien los inventó.

Sin embargo, tanto cientificismo que deja de lado a la sicología de las profundidades de Freud no ha podido, sino por el contrario, frenar la descomposición social y la violencia y capacidad de la destructividad humana. No es ignorando al inconsciente y a la parte negra que nos habita y constituye como lograremos, si es que es posible dar todavía esperanza al futuro de la humanidad.

De nada ha servido la ciencia medible, precisa y aséptica que ha dado paso a la creación de tecnología de punta para crear armamento sofisticado para matar y aniquilar. Hartos estamos de escuchar discursos cargados de estulticia donde se habla y actúa desde la prepotencia imperialista de bombas Inteligentes, guerras (léase masacres) preventivas. Ya no cabe el engaño.

A pesar de la manipulación y el uso alevoso y perverso de los mass media, las imágenes de tortura no hacen sino constatar que hemos perdido el rumbo. Quizá aún haya tiempo de enmendar tantos errores. Pero para ello habrá que estudiar con más profundidad la naturaleza humana.

Por José Cueli
Publicado enInternacional
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