Viernes, 05 Febrero 2016 05:42

¿Quién pagará la crisis?

¿Quién pagará la crisis?

Se puede dudar del fin del ciclo progresista, pero no cabe la menor duda de que el ciclo de los altos precios de las commodities [simplificando, materias primas] ha llegado a su fin. Los gobiernos hicieron sus presupuestos con el barril de petróleo a 100 dólares, pero cuando se cotiza por debajo de los 30 dólares es evidente que las cuentas ya no cuadran.
Pero no todos los países se verán afectados del mismo modo. Vene¬zuela y Ecuador, por ejemplo, están enfrentando graves problemas que han provocado la derrota del gobierno de Nicolás Maduro en las elecciones del 6 de diciembre pasado y la decisión de Rafael Correa de no competir por la reelección el año próximo.


Aunque es evidente que ésa no es la única razón de la "emergencia económica" que anuncia el gobernante bolivariano, agrava las cosas hasta límites casi insostenibles. Dis¬tinto es el caso de aquellos países donde los hidrocarburos no son el centro de sus exportaciones.


En los países donde la minería es la principal fuente de divisas, como Chile y Perú, las cosas marchan por un camino similar. Pero en los del resto del Cono Sur, la mayor diversificación de sus economías les brinda mayores márgenes. Lo común, en todo caso, es el frenazo abrupto de las economías, la tendencia al estancamiento y aún el retroceso del producto interior bruto.


En relación a las políticas sociales, la crisis en curso no tendrá mayores consecuencias. El programa social estrella de Brasil, Bolsa Familia, supone apenas el 0,5% del PIB, una cifra tan pequeña que no puede desestabilizar ningún presupuesto.


En todos los países de la región las políticas sociales consumen porciones pequeñas de los presupuestos, por lo cual es difícil pensar que se produzcan recortes. Por otro lado, estas transferencias monetarias son importantes fuentes de ingresos para las familias pobres y han mostrado que contribuyen a desactivar la protesta social. Por esta razón, ningún gobierno se va a atrever a sacar la tijera para podarlas.


Los problemas se dan en otros lugares. Por un lado, en los servicios. Los sistemas sanitario y educativo no han tenido cambios importantes aunque la cantidad de usuarios ha crecido. El resultado es un notable desborde de la capacidad de atención, que perjudica a los sectores de menores ingresos, que son los que los utilizan mayormente.


El caso del Sistema Unificado de Salud brasileño, al borde del colapso, es el más significativo. Buena parte de la capacidad de inversión de los gobiernos de la región descansaba en los enormes superávits por los altos precios de las exportaciones, que ahora se han evaporado. Estamos asistiendo a la incapacidad para invertir en mejorar los servicios públicos, lo que perjudica de modo notable a los sectores populares.


El otro problema grave es que las familias están sobreendeudadas. Veamos el caso de Brasil. El gobierno del PT impulsó, desde 2003, una consistente expansión del crédito que comenzó con el crédito consignado que se descuenta de la nómina, extendido en 2004 a los jubilados y pensionistas, y luego a los beneficiarios del programa Bolsa Familia, con lo que se consiguió el acceso al mercado crediticio de las capas más pobres de la población, que hasta ese momento quedaban fuera del mismo. Esos sectores comenzaron a participar del Proyecto de Inclusión Bancaria, que lleva los servicios financieros al público receptor de los programas contra la pobreza.


La expansión fue asombrosa: en 2001 el crédito representaba el 22% del PIB, y en 2014 superaba el 58%. Entre los más pobres, casi se duplicaron los que accedieron a tarjetas de crédito y cuentas corrientes. De ese modo, mientras el salario creció un 80% entre 2001 y 2015, el crédito individual aumentó un 140%.


Cuando llega la crisis y aumentan las tasas de interés, que en el comercio superan el 5% mensual, el resultado amenaza con ser catastrófico. En 2015 el endeudamiento de las familias para con el sistema financiero comprometía el 48% de sus ingresos frente al 22% en 2006.


Por eso las fabulosas ganancias de la banca aún en plena crisis. Entre la clase media, donde se sitúa la mayoría de los brasileños gracias a las políticas sociales de los gobiernos del PT, el 65% de sus ingresos van al pago de servicios financieros.


Esto explica en gran medida el malestar de amplias capas de la población. La crisis les permite descubrir que las políticas impulsadas por los gobiernos progresistas redundaron en un fortalecimiento del sector financiero y en el endeudamiento de los trabajadores, que terminan siendo rehenes de la banca.


Porque el tipo de 'desarrollo' promovido por el progresismo en toda la región se basó en el consumismo. Entre 2003 y 2013, la tasa de acceso al saneamiento entre el 10% más pobre en Brasil pasó del 25% al 35%, un aumento más que moderado. En el mismo período el uso de móviles pasó del 10% al 80%, y el consumo de electrodomésticos importados creció un 34%.


El expresidente del Banco Nacio¬nal de Desarrollo Económico y So¬cial, Carlos Lessa, lo expresó de forma muy clara: "En lugar de mejorar las inversiones en salud, educación, infraestructura y movilidad urbana, seguridad pública, la masa de recursos que fue posible obtener a partir del boom de los emergentes y de la prosperidad en ese período (2007¬2010) llevó a Brasil al camino del creciente endeudamiento privado".


En síntesis, no se aprovechó el momento del crecimiento para desarrollar los servicios sociales ni para promover la industria, sino apenas el consumo. Cuando llega la crisis, las familias pobres se encuentran con empleos de baja calidad y remuneración, sobre todo precarios e informales, con mayores índices de desempleo y sin haber podido salir del círculo de la pobreza porque sus hijos no accedieron a empleos cualificados. Y además están endeudadas. Ante semejante panorama no puede resultar extraño que Dilma Rousseff lleve un año gobernando con apenas el 8% de aprobación.


¿Esto quiere decir que la crisis la están pagando los de abajo, como siempre? La respuesta es afirmativa pero con matices. En la medida en que no hubo cambios estructurales, ésa es la tendencia principal. Pero incluso las derechas parecen haber comprendido que hacerle pagar la crisis a los más pobres implica correr un riesgo muy elevado, como lo muestran las decenas de insurrecciones habidas entre el Caracazo de 1989 y las guerras del gas bolivianas de 2003 y 2005.


Incluso Mauricio Macri, que elimina subvenciones y eleva las tarifas eléctricas hasta un increíble 500%, se cuida de no recortar los programas sociales focalizados. Habrá que esperar para saber si este tipo de medidas afectarán a todos los sectores populares por igual, o bien a las clases medias profesionales, a los trabajadores cualificados o, como en los 90, a los jóvenes de las periferias.

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Viernes, 16 Octubre 2015 06:14

Un plan no crea dependencia

Un plan no crea dependencia

Según el informe anual del organismo de la ONU especializado en alimentación, los programas de protección social mejoran la nutrición, la salud y la educación, no reducen el esfuerzo laboral y tampoco fomentan la dependencia.


La FAO, Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, con sede en Roma, celebra hoy el Día Mundial de la Alimentación, una ocasión cada año para hacer un balance sobre el estado nutricional de la población mundial. Para eso la FAO presenta anualmente el "Informe mundial sobre el estado de la agricultura y la alimentación" que este año se centró sobre todo en los efectos de la "protección social" –las ayudas provistas por el Estado como las asignaciones familiares– sobre la pobreza y la malnutrición. Entre sus conclusiones destacó que "los programas de protección social reducen la pobreza alimentaria", que esos programas si están dirigidos hacia las mujeres "tienen mayores efectos en la seguridad alimentaria y la nutrición", que "la protección social mejora la nutrición, la salud y la educación", que "no reduce el esfuerzo laboral" y tampoco fomenta "la dependencia". En una entrevista con Página/12, Benjamin Davis, economista, vicedirector de la División de Economía del Desarrollo Agrícola y líder del programa PtoP (De la protección a la producción) de la FAO –uno de los departamentos que más trabajaron en el Informe de este año– abordó todos estos temas.


–SeñorDavis, ¿qué entiende la FAO por protección social?


–No hay una definición única pero hablando ampliamente podemos decir que es un conjunto de intervenciones del Estado cuyo objetivo es reducir el riesgo y la vulnerabilidad social y económica, la pobreza extrema y el hambre. Hay tres tipos de programas de protección social: la asistencia social, que supone transferencias –en dinero efectivo o en bienes– sin que el beneficiario tenga que hacer ninguna contribución. Este es el programa más común en América latina, como el llamado "Bolsa familia" en Brasil. El segundo tipo es el seguro social, es decir especie de pensiones para grupos específicos de trabajadores donde esas personas contribuyen con una parte y el Estado con otra. El tercero está referido al mercado laboral, y son por ejemplo las ayudas para los desempleados o para mejorar la preparación de los trabajadores.


–¿Por qué esta protección social es fundamental para la seguridad alimentaria y la nutrición en las familias?


–Cuando se reciben transferencias de dinero las personas inmediatamente pueden comprar comida e incluso mejorar la calidad de los alimentos que consumen. Asimismo esas transferencias ayudan a minimizar el nivel de pobreza. Muchos de los beneficiarios viven en las zonas rurales o trabajan por cuenta propia, y a menudo no tienen acceso al crédito. Por eso la gente puede invertir también parte de ese dinero en la propia actividad económica, sea agrícola o de pequeña empresa. La protección social tiene como objetivo aumentar el consumo de alimentos pero también mejorar el acceso a la educación y a la salud.


–¿Por qué los planes de protección social son particularmente eficaces cuando están dirigidos a las mujeres?


–En América latina en general, las mujeres tienen más responsabilidades sobre lo que es el cuidado de los niños, la preparación de la comida, la educación, etc. Ha habido muchos estudios que han demostrado que cuando una transferencia de dinero llega a las manos de una mujer, ella piensa más en la salud, la comida, la educación. También puede aumentar su propia capacidad económica y su capacidad de decisión en la familia. Por eso, particularmente en América latina, se tiende a focalizar los programas en las mujeres.


–En algunos países de América latina los programas de protección social, como las asignaciones familiares en Argentina, han sido acusados de favorecer la pereza. Pero el informe de FAO subraya que la protección social no reduce el esfuerzo laboral y refuerza los medios de vida en lugar de fomentar la dependencia. ¿Podría explicar mejor los alcances de esta afirmación?


–Esa acusación es un mito. Decir que los programas de protección social fomentan la dependencia y bajan el esfuerzo laboral no es verdad. Lo que nosotros hemos visto, basado en las evidencias que surgen de nuestras investigaciones, es que el impacto es al contrario. Ese impacto cambia según los continentes. En Africa las familias, además de usar la transferencia de dinero para la comida, como son pequeños productores lo invierten también en sus actividades productivas. Por lo cual producen más, no menos. Lo que sí se produce es una mayor flexibilidad en el tipo de actividades laborales que desarrollan. Por ejemplo, tienden a reducir su participación en el trabajo temporario agrícola (recolección de verduras o frutas por ejemplo, ndr), que son actividades que la gente hace sólo cuando necesita. En vez de eso prefieren trabajar más en su propia parcela o actividad. De hecho hay un cambio en la actividad laboral pero no una reducción del esfuerzo.


–¿Y en América latina?


–En América latina es un poco diferente, aunque en las zonas agrícolas donde hay pequeños productores se da este mismo fenómeno. No hay una reducción laboral sino que la gente se concentra en la propia actividad y no en ir a trabajar para otros.

Un tema que no está en el informe de FAO pero es un punto de investigación en América latina es si esos programas generan o fomentan el trabajo informal (en negro o no regularizado, ndr). Dadas las reglas de esos programas, si tienes un trabajo formal pierdes la posibilidad de seguir recibiendo las ayudas. Entonces ocurre que la gente tiende a mantenerse en el mercado informal para no perder esa asistencia. Este tema se está estudiando pero en general no se ve que exista un impacto negativo.


Davis nombró un estudio realizado por dos expertos del Cedlas –Centro de Estudios distributivos laborales y sociales– de la Universidad de La Plata, que analizaron los efectos del programa de Asignación Universal por Hijo sobre el mercado laboral. El estudio destacó que ese programa tiene "un innegablemente positivo impacto social" aunque podría tener "algunos efectos no queridos sobre el mercado laboral" que podrían corregirse con ciertos ajustes al programa.


–Las afirmaciones del Informe parecen provenir del análisis a nivel agrícola, pero dado que el hambre y la malnutrición no son sólo un problema de las familias que viven en el campo, ¿esas conclusiones se aplican a los programas de protección social puestos en práctica en las ciudades?


–El enfoque del Informe de FAO se centró sobre protección social y agricultura. Pero obviamente muchos de esos programas también están implementados en zonas urbanas como por ejemplo en Brasil, México o Argentina. Los impactos de programas de esta naturaleza sobre la nutrición siguen siendo válidos, lo mismo que sobre el consumo de alimentos y su diversidad. En cuanto al impacto a nivel de la nutrición, se ha demostrado que estos programas son aún más eficaces en las zonas urbanas El impacto sobre salud y educación a veces hasta son más fuertes que en las zonas agrícolas porque en las ciudades se tiene más fácil acceso a un sistema escolar y al sistema sanitario.

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En riesgo de regresar a la pobreza, 208 millones de latinoamericanos

La desaceleración del crecimiento en América Latina, que puso fin a una década dorada de avances en el terreno económico y social, colocó en riesgo de regresar a la pobreza a cuatro de cada diez habitantes de la región, unas 208 millones de personas, advirtió este miércoles el Banco Mundial (BM).


La región vivió una década dorada, con crecimientos de 4 a 6 por ciento en promedio anual –impulsada por el alto precio de las materias primas y el auge exportador a China– que se interrumpió recientemente, expuso Jorge Familiar Calderón, vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe.


El crecimiento de la región en esos años dio paso a una importante transformación social, que permitió a millones de latinoamericanos salir de la pobreza, dijo Familiar Calderón al participar en el 14 Encuentro Santander América Latina, organizado por esa entidad financiera y la Universidad Complutense de Madrid.


Un tema importante en la transformación social que vivió América Latina es que la clase social más numerosa en la región es la que llamamos vulnerable; ya no son pobres pero tampoco son clase media. Tienen un ingreso de entre cuatro y diez dólares por día y representan 40 por ciento de la población de la región. Este grupo está en riesgo de regresar a la pobreza por la pérdida de dinamismo económico de la región, apuntó el vicepresidente del organismo multilateral.


La población de América Latina y el Caribe es de 521.9 millones de personas, de acuerdo con datos del banco. El 40 por ciento de latinoamericanos en condición vulnerable, con un ingreso de 4 a 10 dólares por día, es equivalente a 208.7 millones de personas, de acuerdo con los datos del Banco Mundial.


Después de crecer a tasas hasta de 6 por ciento anual en los años previos a la crisis de 2009, Latinoamérica desaceleró su ritmo de expansión hasta 0.8 por ciento previsto para este año. El mayor impulso al crecimiento estuvo determinado por el auge de exportaciones de materias primas a Asia, principalmente desde Sudamérica.


Latinoamérica y el Caribe vivieron una época dorada de crecimiento, con tasas que fueron de 4 a 6 por ciento anual, dijo Familiar. Ello provocó una transformación social sin precedente. La pobreza, en la que es incluida la población que tiene un ingreso menor a 2.5 dólares por día, se redujo a la mitad y por primera vez en la historia de la región el número de personas que forman parte de la clase media (con ingresos de entre 10 y 50 dólares al día, según clasificación del organismo) superó al de aquellos en pobreza, aseguró.


Para las clasificaciones del organismo, la pobreza extrema considera a personas de ingreso menor a 2.5 dólares diarios; pobreza, quienes perciben hasta cuatro dólares por día; vulnerables, entre cuatro y diez dólares, y clase media entre 10 y 50 dólares de ingreso diario.


Muchas de las condiciones que dieron lugar al crecimiento de la región y a la transformación social ya no están con nosotros, dijo. Citó la caída en el precio de las materias primas –como metales, petróleo y granos–, que constituyen buena parte de las exportaciones de la región, y el bajo crecimiento de China, uno de los principales compradores de las materias primas latinoamericanas.

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La Reserva Federal de EE UU mantiene la intensidad del estímulo económico

Wall Street está de fiesta, tras recuperar hace dos semanas todo lo perdido durante la crisis y registrar el mejor primer trimestre en 15 años. Pero la Reserva Federal (Fed) no es partidaria aún de retirar el ponche, ni de aguarlo. El banco central de EE UU decidió mantener el ritmo de los estímulos, lo que en la práctica se traduce a tipos cerca del 0% y a imprimir 85.000 millones de dólares al mes para poder comprar deuda pública e hipotecaria.

 

El impasse que sufre la negociación fiscal entre el Congreso y la Casa Blanca y la recurrente crisis en Europa, ahora por los problemas del sector bancario en Chipre, no dan a la institución que preside Ben Bernanke una alternativa mucho mejor. Además, volvió a dejar claro en su comunicado que solo habrá un cambio de estrategia tengan evidencias claras de que la economía y el mercado laboral pueden empezar a sostenerse por si solas.

 

El dato de empleo de febrero fue alentador, como el de las ventas en el comercio y los de vivienda. Pero la pregunta que se sigue haciendo la Fed es si la caída del desempleo es real. El paro bajó al 7,7% el mes pasado gracia a que se ocuparon 236.000 nuevos puestos de trabajo. El problema es que gran parte de la mejora en el desempleo se debe también a que cae en la tasa de participación, que está al nivel más bajo en tres décadas.

 

Ben Bernanke, presidente de la Fed, confirmó en una rueda de prensa que en la reunión se discutieron los riesgos de la actual política. "Son manejables", aseguró. Insiste en que el objetivo antes de retirar los estímulos es llegar a una tasa de parp del 6,5% al 2,5% de inflación. Esto, añadió son las "indicaciones", no el "gatillo" de la acción monetaria.


Un 2,5% de crecimiento en 2013

 

La previsión de la Fed es que la economía de EE UU crezca un 2,5% este año y que repunte al 3,15% en 2014 y al 3,3% en 2015. El paro, de acuerdo con la última proyección, no bajará del 7% hasta entrado 2014. El banco central utiliza como guía para modular su estímulo una tasa de desempleo del 6,5%, que se logrará en 2015. En cuanto a la inflación, habla de que las perspectivas son estables y estará por debajo del 2,5% de referencia.

 

Los tipos de interés están estancados entre el 0% y el 0,25% desde diciembre de 2008. Desde entonces procedió a tres rondas de estímulos por la vía no convencional, que dispararon los activos que tiene en balance a 3,16 billones. Al ritmo actual de la compra bonos, llegará a los cuatro billones antes de que ac

abe el año. Bernanke insiste que puede desmontarlo sin crear tensión en el mercado y garantiza que comunicará cualquier movimiento.

 

Aunque la incertidumbre sigue dominando, eso no impide que los miembros de la Fed mantengan un debate sobre los próximos pasos a adoptar. De hecho, para esta reunión se esperaba que marcara el inicio de la discusión a futuro. Lo que está por ver es cómo el recorte del gasto público en EE UU y ahora la crisis financiera en Chipre puede afectar a la economía de aquí al verano, en una secuencia que lleva tres años repitiéndose.

 

La nota final de la Reserva Federal omite esta vez, sin embargo, cualquier referencia a los riesgos de las tensiones en los mercados financieros. Aunque Bernanke señaló que la situación en Chipre es "muy difícil" por el tamaño de su sistema bancario respecto al PIB, viendo el comportamiento de las bolsas considera que "el impacto no fue enorme" y no ve riesgos mayores para la economía de EE UU. Aún así, sigue de cerca la situación. Se mostró confiado con el trabajo del Eurogrupo para dar con una solución justa al problema.
En busca del impulso de la economía real

 

Las proyecciones de crecimiento reflejan una ligera revisión a la baja de una décima respecto a diciembre. Aun así, la Fed considera que la economía avanza a un ritmo “moderado” tras la “pausa” vista a final de 2012, cuando la expansión fue de un 0,1%. También señala para justificar su decisión que sigue habiendo “riesgos a la baja”. La estrategia de la Reserva Federal recibió el voto en contra de Elizabeth Duke, la presidenta de la Fed de Kansas City.

 

El acta de la última reunión del banco central mostró que cada vez hay más miembros que consideran que hay que empezar a retirar los estímulos más pronto que tarde. Ben Bernanke insiste que no quiere hacerlo antes de tiempo y lamentarlo después. La otra pregunta que ronda en el seno de la Fed y entre los analistas es si verdaderamente son efectivos. Para Wall Street sí. Pero no está tan claro para la economía real, donde la fiesta aún no empezó.

 

De momento, no hay una respuesta clara y parece claro que la acción de la Fed estará determinada, no solo por la marcha del empleo, también por el coste del operativo. Por si sirve de orientación para anticipar futuros movimientos o cambios de lenguaje, la encuesta interna de sus miembros revela que 13 miembros ve la política actual “apropiada” hasta 2015. A cuatro le gustaría un cambio ya en 2014 y uno este año.

 

Por Sandro Pozzi Nueva York 20 MAR 2013 - 20:06 CET

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